Kitabı oku: «Caracterización agroecológica y resiliencia de sistemas citrícolas en el departamento del Meta, Colombia»



© Universidad Nacional de Colombia
© Editorial Universidad Nacional de Colombia
© José Alejandro Cleves-Leguízamo
Editorial Universidad Nacional de Colombia
Gustavo Adolfo Silva Carrero
Director
Comité editorial
Gustavo Adolfo Silva Carrero
Ana Patricia Noguera de Echeverry
Fabio Andrés Pavas Martínez
Veronique Claudine Bellanger
Fredy Fernando Chaparro Sanabria
Jairo Iván Peña Ayazo
Pedro Nel Benjumea Hernández
Primera edición, febrero de 2022
ISBN 978-958-761-794-720-5 (rústico)
ISBN 978-958-761-794-721-2 (e-book)
Edición
Editorial Universidad Nacional de Colombia
www.editorial.unal.edu.co
Colección Techné
Diseño de la colección: Andrea Kratzer M.
Coordinación editorial: Liliana C. Guzmán Rios
Diagramación: Henry Ramírez Fajardo
Corrección de estilo: Felipe Chavarro
Conversión a epub
Mákina Editorial
https://makinaeditorial.com
Bogotá, D. C., Colombia, 2022
Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.
Impreso y hecho en Bogotá, D. C., Colombia
Catalogación en la publicación Universidad Nacional de Colombia
Cleves Leguízamo, José Alejandro, 1962-
Caracterización agroecológica y resiliencia de sistemas citrícolas en el departamento del Meta, Colombia / José Alejandro Cleves-Leguízamo. -- Primera edición. -- Bogotá : Editorial Universidad Nacional de Colombia, 2022
1 CD-ROM (254 páginas) : ilustraciones (principalmente a color), diagramas, formas, fotografías, mapas. -- (Colección Techné)
Incluye referencias bibliográficas e índice temático
ISBN 978-958-794-721-2 (e-pub)
1. Fruticultura -- Ecología -- Meta -- Colombia 2. Frutas cítricas 3. Cítricos sinensis 4. Naranja dulce 5. Agroecología 6. Agroecosistemas 7. Resiliencia de los ecosistemas 8. Cambio climático 9. Producción ecológica I. Título II. Serie
CDD-23 634.3048 / 2022
Contenido
Lista de figuras
Figura 1.Esquema del concepto de agroecología
Figura 2.Esquema del concepto de clima
Figura 3.Relación entre vulnerabilidad y resiliencia
Figura 4.Regiones naturales de Colombia
Figura 5.Ubicación departamental y municipal del área de estudio
Figura 6.Dendrograma de los sistemas de producción citrícola en el departamento del Meta
Figura 7.Fases del fenómeno El Niño Oscilación Sur (ENOS)
Figura 8.Zonas de monitoreo de la temperatura superficial del mar (TSM)
Figura 9.Precipitación mensual-multianual en el departamento de Meta
Figura 10.Distribución mensual de la precipitación (series multianuales 1968-2013). Estación La Libertad
Figura 11.Distribución mensual de la precipitación (series multianuales 1979-2013). Estación Guamal
Figura 12.Distribución mensual de la precipitación (series multianuales 1985-2013). Estación La Holanda
Figura 13.Distribución mensual de la precipitación (series multianuales 1968-2013). Estaciones La Libertad, La Holanda y Lejanías
Figura 14.Anomalías de lluvias acumuladas anual. Estación La Libertad (1973-2015)
Figura 15.Anomalías de lluvias acumuladas anual. Estación La Holanda (1979-2015)
Figura 16.Anomalías de lluvias acumuladas anual. Estación Lejanía (1989-2015)
Figura 17.Promedios mensuales multianuales de las temperaturas (1981-2010). Estación La Libertad
Figura 18.Promedios mensuales multianuales de las temperaturas (1981-2010). Estación La Holanda
Figura 19.Regresión lineal entre las variables precipitación y producción de naranja var. Valencia (2004-2013). Estación Corpoica - La Libertad
Figura 20.Balance hídrico agrícola en cultivo de naranja var. Valencia (2008). Estación la Libertad
Figura 21.Balance hídrico agrícola en cultivo de naranja var. Valencia (2009). Estación la Libertad
Figura 22.Perfil geomorfológico y estructural de los paisajes en el departamento del Meta y de las tierras adyacentes
Figura 23.Perfil de suelo Aquic Tropaquept. Hacienda El Refugio
Figura 24.Perfil del suelo Typic Dystrudepts. Finca El Caimito
Figura 25.Perfil del suelo Typic Fluvaquents. Finca Villa Morales
Figura 26.Perfil del suelo Oxic Dystrudepts. Finca Villa Alicia
Figura 27.Conectividad con la CEEP. Agrícola El Naranjal
Figura 28.Conectividad con la EEP. Finca La Alcancía
Figura 29.Finca Cítricos del Milenio
Figura 30.Finca El Porvenir 1
Figura 31.Uso del suelo (US). Finca El Recuerdo
Figura 32.Finca hacienda El Refugio
Figura 33.Grupo 3: sin cuerpos de agua y pocos conectores externos (CE). Finca Los Guásimos
Figura 34.Diversidad de sus conectores externos (DCE) en el límite superior. Finca El Cortijo
Figura 35.Diversidad de conectores internos (DCI). Finca El Caimito
Figura 36.Sin conectores internos. Finca Villa Morales
Figura 37.Relación EAP y PD en seis grupos o dominios de recomendación en agroecosistemas citrícolas del departamento del Meta
Figura 38.EAP y NCF en seis grupos o dominios de recomendación de agroecosistemas citrícolas tipificados en el departamento del Meta
Figura 39.Correlación EAP-NCF en seis grupos o dominios de recomendación de agroecosistemas citrícolas tipificados en el departamento del Meta
Figura 40.Correlación NCF-PD (sin control) en 18 agroecosistemas citrícolas tipificados en el departamento del Meta
Figura 41.Etimología de la palabra resiliencia
Figura 42.Índice de resiliencia agroecosistémico (IRAg)/grupo
Lista de tablas
Tabla 1.Relación entre unidades de calor y altura
Tabla 2.Criterios de diferenciación y variables evaluadas
Tabla 3.Varianzas acumuladas de las variables sintéticas del análisis multivariado
Tabla 4.Variables extraídas por vector
Tabla 5.Características de los dominios de recomendación
Tabla 6.Estaciones climáticas con series de precipitación incluidas en el estudio
Tabla 7.Estaciones climáticas con series de temperatura incluidas en el estudio
Tabla 8.Promedios multianuales (mm), desviación estándar (DE en mm) y coeficiente de variación (CV en %) de las series de precipitación (PPT)
Tabla 9.Estadísticos de dispersión de la precipitación (series mensuales multianuales 1968-2013). Estaciones La Libertad, Guamal y La Holanda
Tabla 10.Matriz de correlación cruzada (Pearson) de las series mensuales multianuales de precipitación y los índices oceánico-atmosféricos
Tabla 11.Estadísticos de tendencias de Sen de las series anuales de precipitación
Tabla 12.Promedios y estadísticos de variabilidad de los valores anuales de temperatura (1981-2010)
Tabla 13.Matriz de correlación cruzada (Pearson) de las series mensuales multianuales de la temperatura del aire y los índices oceánico-atmosféricos
Tabla 14.Estadísticos de las tendencias de Sen de las series multianuales de temperatura del aire. Estaciones la Holanda y La Libertad
Tabla 15.Gradiente térmico. Estación La Libertad
Tabla 16.Gradiente térmico. Estación La Holanda
Tabla 17.Precipitación (mm/año) y producción de naranja var. Valencia (kg/árbol), periodo 2004-2013. Estación Corpoica - La Libertad
Tabla 18.Correlación entre las variables precipitación (mm/año) y producción de naranja var. Valencia (kg/árbol), periodo 2004-2013. Estación Corpoica - La Libertad
Tabla 19.Localización de las fincas por dominio de recomendación
Tabla 20.Ubicación de las fincas donde se realizó chequeo de suelos
Tabla 21.Métricas y criterios de valorización utilizados para calcular la conexión de las fincas con la estructura ecológica principal del paisaje (CEEP)
Tabla 22.Criterios utilizados para calcular la extensión de conectores externos (ECE) de los agroecosistemas
Tabla 23.Criterios para evaluar la extensión de conectores internos (ECI) de los agroecosistemas
Tabla 24.Criterios para evaluar la diversidad de los conectores externos (DCE) de las fincas
Tabla 25.Criterios para evaluar la diversidad de conectores internos (DCI) de las fincas
Tabla 26.Criterios para evaluar los usos del suelo (US) en las fincas
Tabla 27.Criterios para evaluar el manejo de arvenses (MA) en las fincas
Tabla 28.Criterios para evaluar otras prácticas de manejo (OP) en las fincas
Tabla 29.Criterios para evaluar la percepción-conciencia de los agricultores
Tabla 30.Criterios para evaluar el nivel de capacidad para la acción (CA) de los agricultores
Tabla 31.Interpretación de las escalas de valoración de la EAP
Tabla 32.Métricas del paisaje asociadas a la conectividad con la estructura ecológica principal del paisaje (EEP) de 18 agroecosistemas citrícolas del departamento del Meta
Tabla 33.Conexión con la estructura ecológica principal del paisaje (CEEP) en 18 agroecosistemas citrícolas del departamento del Meta
Tabla 34.Extensión de conectores externos (ECE) en 18 agroecosistemas citrícolas del departamento del Meta
Tabla 35.Especies y número de individuos de porte arbustivo y arbóreo
Tabla 36.Usos del suelo (US), en 18 agroecosistemas citrícolas del departamento del Meta
Tabla 37.Cobertura de las especies arvenses
Tabla 38.Valoración de los distintos parámetros de la capacidad para la acción (CA) en 18 agroecosistemas citrícolas del departamento del Meta
Tabla 39.Evaluación de la EAP para 18 agroecosistemas citrícolas en el departamento del Meta
Tabla 40.Prueba de comparación entre de medias de Tukey para la variable EAP, a (p ≤ 0.05)
Tabla 41.Análisis de componentes principales de la EAP en 18 agroecosistemas citrícolas del departamento del Meta
Tabla 42.Varianza acumulada de los componentes principales de la EAP en 18 agroecosistemas citrícolas del departamento del Meta
Tabla 43.Prueba de comparación entre de medias de Tukey para la variable productividad (PD), a (p ≤ 0.05)
Tabla 44.Comparativo de las metodologías analizadas para evaluar la resiliencia
Tabla 45.Ponderación de las categorías
Tabla 46.Ponderación de los componentes y parámetros por categoría
Tabla 47.Escalas interpretativas de los parámetros
Tabla 48.Interpretación del índice de resiliencia agroecosistémico (IRAg)
Tabla 49.Principales atributos de las fincas citrícolas, agrupados en dominios de recomendación
Tabla 50.Resultados del índice de resiliencia agroecosistémico (IRAg) en seis grupos de agroecosistemas citrícolas (18 fincas)
Lista de siglas
| Asohofrucol | Asociación Hortofrutícola de Colombia |
| ACP | análisis de componentes principales |
| AMF | asociación con micorrizas arbusculares |
| ARH | índice del dipolo del Amazonas |
| CA | capacidad para la acción |
| CC | cambio climático |
| CEEP | estructura ecológica principal del paisaje |
| CE | conectividad externa/conectores externos |
| CL | conectividad interna/conectores internos |
| CLC | Corine Land Cover |
| ECO | estación climatológica ordinaria |
| ECP | estación climatológica principal |
| CV | coeficientes de variación |
| DCA | distancia entre cuerpos de agua |
| DCACF | distancia de cuerpos de agua al centro de la finca |
| DCE | diversidad de conectores externos |
| DCI | diversidad de conectores internos |
| DE | desviación estándar |
| DFB | distancia de fragmentos de bosque |
| DFBCF | distancia de fragmentos de bosque al centro de la finca |
| EAP | estructura agroecológica principal |
| ECE | extensión de conectores externos |
| ECI | extensión de los conectores internos |
| EEP | estructura ecológica principal |
| EEPP | estructura ecológica principal del paisaje |
| EES | estructura ecológica de soporte de la nación |
| EHE | eventos hidrometeorológicos extremos |
| ENOS | El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) |
| FB | fragmento de bosque natural |
| ICA | Instituto Agropecuario Colombiano |
| ICC | índice compuesto de capital |
| IE | infraestructura ecológica |
| IHR | índice holístico del riesgo |
| IOS/SOI | Índice de Oscilación del Sur |
| IPCC | Intergovernmental Panel on Climate Change |
| IRAG | índice de resiliencia agroecosistémica |
| MA | manejo de arvenses |
| MADR | Ministerio de Ambiente y Desarrollo Rural |
| MAGNA | Marco Geocéntrico Nacional de Referencia |
| MEI | índice multivariado El Niño |
| NCF | número de controles fitosanitarios |
| NOAA | National Oceanic and Atmospheric Administration |
| NV | naranja var. Valencia |
| OMM | Organización Meteorológica Mundial (WMO por sus siglas en inglés de Word Meteorological Organization) |
| ONI | índice oceánico El Niño |
| OP | otras prácticas de manejo |
| P-C | percepción-conciencia |
| PD | productividad |
| PM | desviación |
| POT | plan de ordenamiento territorial |
| PPT | series de precipitación |
| RIMISP | Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural |
| SAF | sistemas agroforestales con frutales |
| SAG | Sociedad de Agricultores y Ganaderos del Valle del Cauca |
| SIRGAS | International Terrestrial Reference System |
| SSP | sistemas silvopastoriles |
| TSM | temperatura superficial del mar |
| UAF | unidad agrícola familiar |
| UC | unidades de calor |
| US | uso del suelo |
| VC | variabilidad climática |
| ZCIT | zona de convergencia intertropical |
Presentación
Esta obra académica participó en la Convocatoria 2020 de la Editorial de la Universidad Nacional de Colombia, fue sometida a la evaluación de pares externos y posteriormente seleccionada; surge de una tesis que recibió distinción académica del Doctorado de Agroecología de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia.
En este documento se presenta en forma sistemática los resultados de tres proyectos de investigación titulados “Situación actual y perspectivas de la citricultura en el departamento del Meta, Colombia”, “Evaluación de la metodología de Corine Land Cover en agroecosistemas citrícolas tipificados en el departamento del Meta, Colombia” y “Análisis de la estructura agroecológica principal (EAP) en agroecosistemas citrícolas tipificados en el departamento del Meta, Colombia”, identificados con los códigos del Sistema de Gestión de Investigaciones (SGI) 1372, 2227 y 1780 respectivamente, asignados por la Vicerrectoría de Investigación y Extensión de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.
Nuestro país, por su posición geodésica, se encuentra expuesto en forma cada vez más recurrente y con mayor intensidad a las oscilaciones climáticas asociadas a la variabilidad y cambio climático, con amplias repercusiones en las poblaciones más vulnerables y con manifiesta incidencia en el sector productivo primario, como lo es el agropecuario.
La implementación de procesos productivos bajo condiciones tropicales presenta grandes ventajas competitivas por la amplia oferta ambiental. En el caso específico de la fruticultura, se ha podido evidenciar un aumento sostenido en la tasa de crecimiento anual del consumo per capita, estimado en 24 kilogramos por habitante; ante este escenario, y para satisfacer la creciente demanda, se ha hecho necesario importar especies y variedades que nuestro país está en capacidad de ofertar.
Como se refirió anteriormente, una de las limitaciones es la incidencia de los factores climáticos, la ausencia de programas eficientes de transferencia de tecnología, informalidad en la tenencia de la tierra y, por ende, desvinculación del sector financiero, entre muchos otros factores que limitan el establecimiento, desarrollo y producción de los cultivos, disminuyendo la renovación y área de siembra.
En la Orinoquía colombiana, investigadores de Corpoica La Libertad han reportado la disponibilidad de 200 000 hectáreas con condiciones edafoclimáticas óptimas para el establecimiento de especies citrícolas, con especial énfasis en la naranja var. Valencia (Citrus sinensis L. Osbeck), especie que ha demostrado amplia adaptabilidad a las condiciones del trópico bajo colombiano.
El presente trabajo aborda el análisis de la resiliencia a la variabilidad climática de agroecosistemas citrícolas ubicados en el departamento del Meta, evaluando inicialmente el concepto en evaluación de la estructura agroecológica principal (EAP), para finalmente proponer la metodología denominada índice de resiliencia agroecosistémico (IRAg).
El libro está dividido en cinco capítulos; en el primero se analizan los ejes conceptuales que sustentan la investigación, referidos específicamente al pensamiento ambiental y a la agroecología como ciencia. En el segundo se presenta la caracterización, tipificación y clasificación de los sistemas de producción citrícola. En el tercero se presenta la caracterización de la variabilidad climática. En el cuarto se determina la EAP de los sistemas productivos de naranja var. Valencia tipificados, relacionándolos con la productividad (t/ha-1) y con el número de controles fitosanitarios por unidad productiva (NCF/UP). Finalmente, en el quinto y último capítulo se evalúa la resiliencia (ecosistémica y cultural) de los sistemas productivos de naranja var. Valencia.
En los procesos de recopilación de la información en fuentes primarias y secundarias, se constató la ausencia de políticas públicas fehacientes, que condenan al abandono y al ostracismo los esfuerzos de los productores que, pese a tantas adversidades, suministran, con extremo heroísmo, productos para el beneficio de la población ubicada en los centros urbanos.
Los resultados validaron la hipótesis planteada, en el sentido en que los agroecosistemas que presentaban mayor agrobiodiversidad son más resilientes ante la ocurrencia de fenómenos asociados a la variabilidad y cambio climático, presentan en forma simultánea mejor estado fitosanitario y requieren menor número de controles fitosanitarios, pudiéndose obtener mayor volumen de producción y de óptima calidad.
Agradecimientos
Quiero expresar mis agradecimientos a los funcionarios administrativos e investigadores del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá, con especial reconocimiento a los profesores Tomás León Sicard y Javier Toro Calderón, igualmente al profesor Diego Miranda Lasprilla, adscrito a la Facultad de Ciencias Agrarias, y a la Vicerrectoría Académica de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), por el apoyo logístico brindado para llevar a feliz término el presente producto académico.
Introducción
La agricultura es la interacción más significativa que el ser humano ha desarrollado con la naturaleza, actividad que está vinculada al comportamiento impredecible del sistema climático. A nivel mundial se constatan los efectos negativos del cambio climático (CC) y de la variabilidad climática (VC) sobre el rendimiento de los cultivos, convirtiéndose en una amenaza para la seguridad y soberanía alimentaria (Casanova, Martínez, López, Landeros y López, 2018; Food and Agriculture Organization of the United Nations [FAO], 2011; Van Asten et al., 2015).
En la actualidad, la VC es un tema relevante, debido a sus efectos en todas las escalas geográficas, e incide en aspectos sociales, económicos y ecosistémicos (Intergovernmental Panel on Climate Change [IPCC], 2007). Los eventos climáticos extremos como sequías, inundaciones y altas temperaturas también afectan las propiedades químicas, físicas y biológicas del suelo, alteran los parámetros hidrofísicos, predisponen al arrastre del suelo y modifican la ocurrencia e intensidad de los patógenos y su control (Sloat et al., 2020; Word Meteorological Organization [WMO], 2011).
Trabajos desarrollados en América Latina muestran los efectos de las variaciones climáticas, manifestados en pérdidas de la biodiversidad, incremento de la temperatura, sequías, precipitaciones fuertes, procesos de salinización, desertificación, disminución de tierras agrícolas y en general, reducción de la productividad del sector agropecuario hasta en un 50 % (Altieri y Nicholls, 2008; 2017; Nicholls y Altieri, 2011; 2012a; Rojas, 2011; Rosenzweig y Hillel, 2008).
Las fluctuaciones del clima, asociadas a teleconexiones, afectan significativamente los procesos fisiológicos de las plantas y la actividad humana, produciendo impactos socioeconómicos y ambientales de grandes proporciones, de ahí la importancia de analizar las fluctuaciones de la precipitación, al igual que la variabilidad de la temperatura del aire (Yang y Wang, 2019), relacionadas con las propiedades físicas del suelo, cobertura y pendiente (Liu et al., 2020).
Bajo condiciones tropicales las anomalías son cada vez más recurrentes e intensas y están asociadas a fenómenos de VC y CC (Montealegre y Pabón, 2000).
En Colombia, los efectos de las anomalías climáticas se expresan con mayor intensidad, comparativamente con otros países de la región, debido a su ubicación geográfica próxima al sector 3-4, donde se manifiesta el aumento de la temperatura superficial del mar (TSM) de las aguas del océano Pacífico. La tendencia del calentamiento se hace evidente al analizar las series de temperaturas mínimas, que concuerdan con las series de las temperaturas medias. La causa de este calentamiento se relaciona con la concentración en la atmósfera de los gases de efecto invernadero, como también con los procesos asociados a las actividades de los seres humanos, como por ejemplo procesos de urbanización, construcción de diferentes clases de infraestructuras, talas, quemas, deforestación y en resumen por cambio en el uso del suelo (Pérez, Poveda, Mesa, Carvajal y Ochoa, 1998; Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo [PNUD], 2011; Rodríguez, 2007).
Ante este panorama existen múltiples estrategias para interactuar con los cambios ambientales. En el caso de las ciencias agrícolas, se han propuesto diferentes enfoques. El tradicional se fundamenta en técnicas convencionales, caracterizadas por altos subsidios externos de materia y energía, disminuyendo la biodiversidad con algunas afectaciones medioambientales que se evidencian en procedimientos y protocolos productivos. Otros enfoques complementarios o alternativos como los que plantea la agroecología como ciencia, dimensionan la producción como un sistema complejo donde interactúan los agroecosistemas con la oferta ambiental, y se convierten en una estrategia efectiva, con capacidad de respuestas de largo plazo a este tipo de problemas.
Bajo el enfoque agroecológico se diseñan prácticas agrarias con base en conocimientos tradicionales o ancestrales, se promueve la agrobiodiversidad (intensificación ecológica y cultural), la autonomía de los productores y la conservación y manejo adecuado de los recursos naturales, estimulando con éxito las regulaciones biológicas aún en agriculturas campesinas de pequeña escala (Altieri, 1999; García, 2000; Hainzelin, 2013; León y Altieri, 2010; Méndez y Gliessman, 2002; Toledo, 1990).
La agroecología no excluye otras ciencias y técnicas, sino que las complementa e integra; su objeto de estudio son los agroecosistemas, caracterizados por su alta complejidad.
Un concepto integrador de este enfoque es la estructura agroecológica principal (EAP), propuesto por León (2010a) y sobre el cual se están desarrollando múltiples investigaciones (Cleves-Leguízamo, 2018; Cleves-Leguízamo, Toro, Martínez y León, 2017; Córdoba y León 2013; León, 2014; León, Mendoza y Córdoba, 2014; León, Toro, Martínez y Cleves-Leguízamo, 2018; Mesa, 2012) que evidencian que la EAP es una herramienta útil para evaluar diferentes componentes de los sistemas de producción.
La EAP se convierte en una expresión de la diversidad (ecosistémica y cultural) de los agroecosistemas y, por lo tanto, está asociada a la resiliencia B, definida como la capacidad de un sistema para mantener su estructura organizacional y su productividad tras una perturbación, en respuesta a las fluctuaciones ambientales, considerando a la biodiversidad funcional como un factor atenuante (Lin, 2007).
La agrobiodiversidad potencializa las posibilidades de respuesta, generándole al sistema mayor resiliencia. En este aspecto, las prácticas culturales cumplen un papel fundamental debido a que pueden adaptarse para responder ante cambios de origen natural o antropogénico, en lo que se denomina resiliencia social o adquirida, y en este sentido la evaluación de la EAP podría potencializar la resiliencia inherente (propia de cada sistema).
El punto de partida para identificar, implementar y monitorear acciones estratégicas de resiliencia a la VC y CC requiere del análisis de la situación de la vulnerabilidad, con un énfasis en las condiciones climáticas locales (Instituto de Estudios Ambientales, Hidrología y Meteorología [Ideam] y Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural [MADR], 2012). El reto es identificar las capacidades de resiliencia, de manera que la vulnerabilidad pueda ser reducida, permitiendo a los agricultores resistir y recuperarse de los eventos climáticos (Nicholls y Altieri, 2012a).
La producción de cítricos en el departamento del Meta fue introducida por colonos provenientes del interior del país en la década de los sesenta, proceso en el que el apoyo institucional (ICA-Corpoica) en los procesos de investigación y extensión ha sido fundamental. La citricultura, en general, ha presentado buena adaptación a las condiciones del trópico bajo. Aun así, los agricultores han manifestado que en los últimos diez años han sido más evidentes los problemas asociados a la ocurrencia de eventos climáticos extremos de diferentes escalas temporales. De acuerdo a lo reportado por Montealegre (2010a), estas anomalías son cada vez más frecuentes e intensas y afectan significativamente los procesos fisiológicos de las plantas. La justificación que soporta la elección de estos agroecosistemas y su ubicación geográfica se relaciona con los cambios notables que el sector agrario ha enfrentado recientemente.
A pesar de que el departamento del Meta presenta condiciones edafoclimáticas adecuadas para la producción de cítricos, según el trabajo de investigación de Orduz y Garzón (2012), los factores climáticos inciden en la fenología de la naranja var. Valencia y se expresan en la producción (kg/árbol), así como en la ocurrencia de la alternancia. La capacidad de respuesta de las comunidades agrícolas frente a las anomalías climáticas está en función de la disponibilidad de recursos ecosistémicos y de factores culturales como el mercado, las políticas públicas, la oferta institucional, la situación social, además de la disponibilidad de infraestructura y de bienes de capital (Boshell, 2008).
En concordancia con el objetivo, se evaluó la resiliencia a la VC de agroecosistemas citrícolas de naranja var. Valencia con diferente EAP, localizados en el departamento del Meta, Colombia.
Entre los objetivos específicos se propusieron: i) caracterizar, tipificar y clasificar los sistemas productivos citrícolas localizados en el departamento del Meta; ii) caracterizar la VC de la zona; iii) determinar la EAP, en sistemas productivos de naranja var. Valencia tipificados en el departamento del Meta, Colombia, y iv) estudiar los factores culturales y ecosistémicos (ecofisiología) asociados a la resiliencia de los agroecosistemas de naranja var. Valencia.
Capítulo 1.
Sustento conceptual
En el presente capítulo se analizan los principales ejes conceptuales abordados en esta investigación: el pensamiento ambiental relacionado con la agroecología como ciencia, la estructura agroecológica principal (EAP), la variabilidad climática (VC), los requerimientos ecofisiológicos de los cítricos y la resiliencia considerada como una característica “emergente” de los agroecosistemas.
Pensamiento ambiental y agroecología
En esencia, el pensamiento ambiental reconoce y plantea que los seres humanos no tienen nicho ecológico o función natural dentro de los ecosistemas, y que para transformar su entorno construyeron un sistema parabiológico de adaptación y transformación de los ecosistemas. A este sistema se le reconoce como “cultura”, y es la manera particular como los seres humanos se relacionan con su base de sustentación ecosistémica de acuerdo con sus múltiples intereses, relaciones simbólicas, económicas, sociales, políticas y tecnológicas (Ángel, 1996, 2003).
El complejo sistema cultural incluye tres dimensiones. i) la primera de ellas corresponde a las construcciones teóricas de tipo simbólico, es decir, las construcciones mentales, las ideas o las formas de pensar y de entender el mundo, que van desde los mitos hasta la ciencia, pasando por el derecho, la filosofía, el análisis histórico, las creencias religiosas, las representaciones ideológicas o las expresiones del arte. ii) La segunda dimensión se refiere a los tipos de organización (socioeconómica, religiosa, militar y política) construidos por los grupos humanos a lo largo de la historia. iii) La tercera dimensión son las plataformas tecnológicas que, inmersas en los símbolos y en las organizaciones sociales, se constituyen en los sistemas e instrumentos para transformar el medio ecosistémico. La cultura, así entendida, es un macroconcepto unificador que engloba todas las actuaciones de los seres humanos y la incidencia de sus actividades en la transformación del resto de la naturaleza para propiciar su capacidad adaptativa, incluyendo la ciencia y la técnica (Ángel, 1995, 1996).
En este contexto, la agricultura es la actividad en la que se manifiesta con mayor intensidad la interacción humana con su entorno natural. Es un proceso de coevolución entre los ecosistemas artificializados y las culturas humanas (Hecht, 1995, 1999). En el plano agrario, la dimensión ambiental exige entonces comprender las limitaciones y potencialidades del escenario biofísico o ecosistémico en el que se desarrollan las actividades de producción, pero al mismo tiempo dicha dimensión implica una aproximación cultural a los grupos humanos, de manera que se puedan entender las trasformaciones de la naturaleza que han propiciado su capacidad adaptativa (León, 2014).
A raíz de las grandes hambrunas ocurridas en China e India, en los años sesenta los países industrializados diseñaron a nivel global un programa técnico, económico y administrativo denominado genéricamente Revolución verde y caracterizado, entre otros aspectos, por: aumento significativo en la producción y productividad, principalmente de monocultivos semestrales (cereales) mejorados genéticamente, alto uso de insumos de síntesis química y desarrollo de maquinaria agrícola especializada, con marcada incidencia ambiental, los procesos de comercialización, la concentración de la tierra y graves implicaciones en la salud de los productores. A nivel global, esta etapa coincidió con alzas sin precedentes en el costo y en el consumo de energías no renovables, ocasionando pérdidas económicas, desplazamiento de los pequeños productores y concentración de la propiedad (Núñez, 2005).
Méndez y Gliessman (2002) indican que la agroecología surgió como respuesta a los problemas de sustentabilidad y deterioro ambiental anteriormente mencionados. El uso contemporáneo del término “agroecología” data de los años setenta, pero la ciencia y práctica de la agricultura ecológica es tan antigua como el origen mismo de la agricultura (Altieri, 1999).
Por su parte, Gliessman (2001) sitúa el origen de la agroecología en la combinación de esfuerzos entre agrónomos y ecólogos, con la que se amplía la participación del componente social y se valoran los conocimientos tradicionales ancestrales y los saberes aprendidos.
Teóricos como León y Altieri (2010) consideran que la agroecología como ciencia tiene como objeto de estudio los agroecosistemas, y que analiza en ellos las interacciones ecológicas y culturales desde una mirada sistémica, siendo una expresión natural de las discusiones ambientales que han sido trasladadas al sector productivo primario (León, 2010b, 2014) (figura 1).
Figura 1. Esquema del concepto de agroecología

Fuente: elaboración propia con base en datos de León (2010a, 2014) y León y Altieri (2010).
Como se indicó previamente, el enfoque agroecológico considera a los agroecosistemas como su unidad de estudio y analiza los ciclos de los minerales, las transformaciones de la energía, los procesos biológicos y las relaciones socioeconómicas (Altieri, 2010; Altieri y Nicholls, 2008).
León (2014) los definió como:
El conjunto de relaciones e interacciones que suceden entre suelos, climas, plantas cultivadas, organismos de distintos niveles tróficos, plantas adventicias y grupos humanos en determinados espacios geográficos, cuando son enfocadas desde el punto de vista de sus flujos energéticos y de información, de sus ciclos materiales y de sus relaciones simbólicas, sociales, económicas y políticas, que se expresan en distintas formas tecnológicas de manejo dentro de contextos culturales específicos, tanto desde el punto de vista de las interacciones ecológicas como culturales. (p. 53)
La estructura de los agroecosistemas es una construcción sociocultural producto de la evolución del hombre con el resto de la naturaleza, cuyo dinamismo y complejidad se deben a su interacción con los factores ambientales. Su localización en un espacio geográfico es un factor que facilita su estudio (Altieri, 1999; León, 2014).
El clima
Para conceptualizar la VC es necesario abordar, en primer lugar, la definición de clima. Clima es el estado del sistema climático; es una red altamente compleja integrada por la atmósfera, la hidrósfera, la criósfera, la superficie terrestre, la biósfera y las interacciones entre estos elementos, que definen la influencia de las oscilaciones atmosféricas, al igual que las condiciones ambientales predominantes en un lugar.
En este contexto cambia el sentido que los meteorólogos le atribuyen a la palabra “ambiente”, que se trata más como un referente climático que como las relaciones ecosistema-cultura a las que alude Ángel (1997) en su definición del concepto, que resulta mucho más extenso (figura 2):
[…] [el ambiente] no solo designa las condiciones abióticas del medio físico que rodea a los sistemas vivos e influye en su formación, sino también cualquier medio en el que se desarrolle la formación de cualquier sistema, como por ejemplo el ambiente social en el que se desenvuelve el individuo. (p. 51)
Figura 2. Esquema del concepto de clima

Fuente: elaboración propia con base en datos de Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC, 1992), IPCC (2007) y Semarnat e INE (2009).
Sin embargo, puede afirmarse que el concepto de clima es también una construcción cultural que se elabora a partir de procesos materiales y simbólicos y que involucra el reconocimiento de los saberes, creencias y prácticas que tienen las comunidades con respecto a la incidencia física de las variables ambientales más importantes: temperatura, precipitación, humedad relativa y velocidad del viento, contribuyen al diseño de medidas de mitigación y adaptación ante la ocurrencia de eventos climáticos extremos (Correa, 2011; Mariño, 2011).
Cambio climático (CC)
El cambio climático (CC) se define como la variación del estado del clima durante largos periodos de tiempo. Se hace evidente en el aumento mundial del promedio de la temperatura del aire, del nivel del mar y en los constantes deshielos, y se origina tanto en procesos naturales como en cambios de origen antropogénicos asociados a procesos productivos industriales, agrícolas y mineros, expresados con cambios en el uso del suelo que afectan la composición química de la atmósfera (Hurtado, González y Valbuena, 2019; IPCC, 2007).
Variabilidad climática (VC)
La variabilidad climática (VC) se define como las fluctuaciones del clima durante periodos de tiempo relativamente cortos. Se mide por las desviaciones estadísticas de una variable meteorológica con relación a su promedio en un mismo periodo de tiempo, diferencia que se denomina “anomalía” (Montealegre, 2010a, 2010b; Pabón, 1997).
La VC responde, entre otros fenómenos, al establecimiento y desarrollo de oscilaciones o fluctuaciones atmosféricas que pueden afectar amplias y lejanas regiones del planeta. Esta característica, llamada teleconexión, describe la estructura espacial de la VC y ayuda a entenderla en un amplio rango de escalas tanto espaciales como temporales (Ruiz, 2008).
En América Latina, la VC ha impactado diferentes regiones, lo cual se evidencia con el incremento de la ocurrencia e intensidad de eventos climáticos extremos, cada vez más frecuentes e intensos. En Colombia, por su ubicación en la zona de influencia directa del calentamiento de las aguas del océano Pacífico, el impacto es mucho más significativo que en cualquier otro país de la región, afectando severamente los procesos productivos (Altieri et al., 2012; FAO, 2011; Instituto Nacional de Ciencia Agrícola [Inca] y Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, 2012; IPCC, 2001; Leblanc, Russo, Cueva y Subia, 2006; Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo [PNUD], 2011; Rodríguez, 2007).
La VC y el CC se manifiestan por el incremento considerable de inundaciones, sequías, deslizamientos y pérdida de suelos (entre otros).
La agricultura colombiana, en especial la de los pequeños productores, tiene una alta dependencia de las condiciones ambientales locales, que inciden sobre la fisiología de las especies cultivadas, la eficiencia de los sistemas productivos y la reducción del componente de subsistencia si no se dispone de medidas de mitigación adecuadas (Altieri y Nicholls, 2008; Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales [Ideam], Agropecuaria Somos Campo [Asocampo] y Asociación de Cabildos Genaro Sánchez; Cardona, 2010; Pabón, 2011).
Escalas de la VC
Las escalas de la VC incluyen variaciones temporales como estacional (escala semanal), intraestacional (escala mensual), interanual (escala anual, asociada a la ocurrencia de los eventos ENOS o ENSO —por sus siglas en inglés— El Niño-Oscilación del Sur) e interdecadal (escala multianual), que son las de mayor importancia en la determinación y modulación de los procesos atmosféricos (Ideam, 2005; Montealegre, 2010a, 2012; Montealegre y Pabón, 2000; National Oceanic and Atmospheric Administration [NOAA], 2003; Pabón y Hurtado, 2002; Rojas, 2011).
La VC, valorada en escala interanual, está asociada con fenómenos locales como heladas, sequías, precipitaciones extremas, aumento en frecuencias e intensidad de huracanes, tornados y ventiscas que generan igualmente procesos de remoción en masa (derrumbes, avalanchas, coladas de barro), inundaciones y otros desastres (IPCC, 2001).
Incidencia de la vc en el sector agropecuario
El sector agropecuario es altamente sensible a cambios en los factores climáticos que impactan de manera diversa la base ecosistémica, la economía y la sociedad en general y que afectan principalmente a las poblaciones más pobres y vulnerables.
Los efectos más significativos de las variaciones climáticas sobre el componente ecosistémico de los agroecosistemas se expresan en pérdida de la materia orgánica, disminución de la capacidad de almacenamiento de agua en el suelo, disminución de la cobertura vegetal, aumento de la erosión, proliferación de insectos plaga, diseminación de enfermedades, afectación de la fisiología de las plantas, disminución de los rendimientos, pérdidas de las cosechas natas y contaminación ambiental por el uso exagerado de insumos de síntesis química para su control (Álzate et al. 2021; Cai et al. 2018; Sánchez, Jiménez, Martínez, Pinilla y Fischer, 2019).
Por su parte, en el componente cultural tales efectos se visibilizan en la trashumancia, la pérdida de recursos genéticos locales y cambios en las dietas alimenticias; en los últimos años, se han reportado afectaciones por la incidencia de efectos ambientales adversos, asociados con variaciones en los patrones normales de distribución de las lluvias en cuanto a cantidad, frecuencia e intensidad, además de la ocurrencia de altas temperaturas (Boshell, 2008; Cleves-Leguízamo, Toro y Martínez, 2016; Haggag, Saber, Abouziena, Hoballah y Zaghloul, 2016; Magrin, 2007).
Resiliencia de los agroecosistemas
La resiliencia es un concepto de amplio uso en el análisis de los problemas ambientales y se define en el contexto del estudio de los agroecosistemas como la capacidad del sistema agrícola de interactuar con una “onda” o disturbio de naturaleza ecosistémico o cultural, adaptarse, recuperarse y retornar a un estado funcional y estructural. Los límites en los que se mueve un sistema son los márgenes de la resiliencia y están acordes con el flujo de las condiciones ambientales. El análisis del nivel de vulnerabilidad sirve para proponer medidas tendientes a aumentar la resiliencia y persistencia de los agroecosistemas en el tiempo (Ángel, 1996, 1997; Córdoba, Hortúa y León, 2020; Kochhar y Gujral, 2021).
La implementación de medidas de mitigación o de adaptación en referencia a las condiciones ecosistémicas locales y a las apropiaciones culturales de los agricultores aumenta la sostenibilidad de los agroecosistemas (Alomar y Albajes, 2005; Altieri, 1994, 1999; Ángel, 2003; Landis, Wratten y Gurr, 2000; Nicholls, Parrilla y Altieri, 2001; Van der Putten, Vet, Harvey y Wackers, 2001). Nicholls (2013) considera que los sistemas agrícolas diversificados son agroecosistemas complejos y presentan mayor integralidad y capacidad de resiliencia ante la ocurrencia de eventos climáticos extremos.
El estado de la estructura y la función de los ecosistemas determinarán la magnitud de respuesta a los disturbios. Los sistemas agrícolas diversificados y por ende complejos están en capacidad de adaptarse y resistir los efectos de los eventos climáticos y, por lo tanto, la diversificación de los cultivos es una estrategia a largo plazo para proteger a los agricultores de los efectos ambientales asociados con la VC y el CC (González, 2018; León, 2010a; Nicholls y Altieri, 2011, 2012a).
Se considera que hay dos tipos de resiliencia: i) la inherente o propia del sistema y ii) la social o adquirida, que incluyen no solo la aplicación de avances tecnológicos sino también las apropiaciones culturales generadas por los propios agricultores para adaptarse al medio biofísico. Esta resiliencia implica introducir modificaciones en las prácticas de manejo y está condicionada por la actitud, capacitación y disponibilidad de recursos económicos, logísticos y de capacitación de los agricultores (Kaly, Pratt y Mitchell, 2004).
Teniendo en cuenta la complejidad de la resiliencia y la robustez del modelo requerido para su cuantificación, esta se ha medido en forma indirecta a través de la vulnerabilidad (susceptibilidad al cambio generado por el disturbio), integrando el análisis de las interrelaciones entre los ecosistemas y la sociedad. Este concepto se asocia a factores físicos, socioeconómicos y ecosistémicos, definiendo la exposición del sistema a los impactos e incidiendo en la capacidad de soporte a las necesidades de los agricultores (EVI, 2008; IPCC, 2001, 2007, 2013; Toro, Requena y Zamorano, 2012). La vulnerabilidad y la resiliencia son inversamente proporcionales: un sistema aumenta su vulnerabilidad en la medida en que disminuya su resiliencia (Kaly et al., 2004; Pratt, Kaly y Mitchell, 2004) (figura 3).
Figura 3. Relación entre vulnerabilidad y resiliencia

Fuente: elaboración propia con base en datos de Kaly et al. (2004) y Pratt et al. (2004).
Para reducir la vulnerabilidad cultural se debe consolidar el tejido humano. A nivel local y regional, las sociedades rurales pueden amortiguar las perturbaciones con métodos agroecológicos, producto de desarrollos tecnológicos apropiados, fomentando espacios colectivos que posibiliten la organización de la dimensión social de los agricultores (Fitt, Hudher y Stotz, 2016; Holt, 2001a; Nicholls y Altieri, 2012a).
Aspectos generales de la citricultura en Colombia
Los cítricos son de origen subtropical, y las mayores regiones productoras se localizan en el denominado “cinturón citrícola” ubicado entre los 25° latitud N a 40° latitud S (Davies y Albrigo, 1994), en el que se cultiva más del 85 % de la producción mundial de naranjas. Los principales países productores son: Brasil (29 %), Estados Unidos (11 %), México (7 %), India (6 %) y China (5 %); Indonesia, España, Irán e Italia suman el 4 % del total; Colombia ocupa el puesto número 17 (FAO, 2015).
En las condiciones del trópico (franja comprendida entre los 0° de latitud N y los 23.5° de latitud S), los cítricos se han adaptado con eficiencia, presentan un buen comportamiento productivo en el que la floración, y en consecuencia las épocas de cosecha, están definidas por la oferta hídrica (Aguilar, Escobar y Passaro, 2012; Davies y Albrigo, 1994).
Patiño (1969) indicó que las primeras semillas de cítricos fueron introducidas en Suramérica en el segundo viaje de Cristóbal Colón en 1493. A Colombia arribaron en el siglo XVI por la costa norte de Chocó, diseminándose por los departamentos del Magdalena, Tolima, Cauca y Valle del Cauca.
Los cítricos en Colombia se cultivan desde el nivel del mar hasta los 2000 m s. n. m., siendo el grupo de frutales más cultivado y el segundo en área después del banano; a nivel regional se diferencian seis núcleos productivos:
1.Costa Atlántica: Atlántico, Magdalena, Cesar, Bolívar.
2.Nororiente: Santander, Norte de Santander, Boyacá.
3.Centro: Cundinamarca, Tolima, Huila.
4.Llanos Orientales: Meta, Casanare.
5.Occidente: Antioquia, Valle del Cauca, Caldas, Risaralda, Quindío.
6.Suroccidente y Sur: Cauca, Nariño.
A nivel gubernamental, las distintas instituciones agropecuarias refieren diferentes cifras. El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR, 2020) reportó 90 007 hectáreas sembradas, 84 147 hectáreas cosechadas, con un volumen de producción de 1 254 474 toneladas, fundamentalmente como materia prima para abastecer mercados nacionales en fresco, con una productividad promedio de 15.2 t/ha-1, de las cuales el 60 % corresponde a naranja, 20 % a mandarinas, 12 % a limas ácidas y 8 % a tangelo Minneola, generando 419 059 empleos directos. El departamento del Meta produce 110 920 toneladas de cítricos/año con una productividad de 17.7 t/ha-1 (MADR, 2020).
Por otra parte, estudio de Orduz y Mateus (2012) reporta un rango de productividad estimado a nivel nacional entre 10-40 t/ha-1 dependiendo de la especie, variedad, zona, nivel tecnológico, sistema de producción y edad de la plantación.
En el departamento del Meta existen condiciones edafoclimáticas favorables para la producción de cítricos (Orduz, 2012); en forma similar a los reportes de siembra a nivel nacional, a nivel departamental las cifras son igualmente erráticas y desactualizadas.
Los asistentes técnicos regionales consideran que para el 2021 en el Meta hay 10 500 hectáreas sembradas en diferentes especies citrícolas, destacándose la naranja var. Valencia como la más importante por el área de siembra (90 %) y producción, obteniéndose más de 150 000 t/año con una productividad promedio de 19 t/ha-1.
En orden de importancia, los municipios con mayor área de siembra y volumen de producción de cítricos son Lejanías, Villavicencio, Guamal, Barranca de Upía, Granada y San Juan de Arama (Instituto Colombiano Agropecuario [ICA], 2019).
La naranja var. Valencia se originó en China y fue identificada en Portugal en 1865. En el subtrópico se clasifica como de cosecha tardía (Davies y Jackson, 1999). El fruto tiene un tamaño de mediano a grande, con aproximadamente 10 cm de diámetro, esférico ligeramente alargado, de color intenso y de corteza fina. Es la variedad de naranja dulce más cultivada en las regiones citrícolas del mundo; en la región central de Colombia el 18 % se siembra asociado con café y el 82 % se siembra en monocultivo, con las condiciones del trópico bajo, correspondiente a la franja altitudinal comprendida entre los 0 y 700 m s. n. m. (Orduz y Garzón, 2012).
Los estudios para tipificar, caracterizar y clasificar los sistemas de producción de cítricos en el departamento del Meta evidenciaron que la tecnología utilizada tiene un gran componente empírico. Las producciones presentan alternancia, los costos de producción son muy elevados, las prácticas de poscosecha son mínimas y toda la producción está destinada para el consumo en fresco a nivel regional y nacional (Cleves-Leguízamo y Jarma, 2014; Cleves-Leguízamo, Orduz y Fonseca, 2012).
Para comprender la capacidad de respuesta de los agroecosistemas (resiliencia propia o innata) a la VC, es necesario hacer un análisis general de la ecofisiología de los cítricos en el trópico bajo, la cual se presenta a continuación.
Ecofisiología de los cítricos en el trópico bajo
Según Agustí (2003), la fisiología de la planta está asociada a la interacción del genotipo (G) con el ambiente (A), en la cual se establecen mecanismos endógenos que inciden en el crecimiento y desarrollo de los cítricos; entender estos mecanismos es fundamental para efectuar ajustes ecosistémicos (diseño del agroecosistema) o culturales (tecnológicos).
En la región subtropical el principal factor que incide en el crecimiento y desarrollo de los cítricos es el cambio de la temperatura y de la radiación solar incidente asociada a las variaciones estacionales (verano-invierno), que tiene influencia directa sobre la duración de cada fase fenológica, específicamente sobre la inducción floral, desarrollo de las flores, brotaciones, crecimiento y tamaño, desarrollo y calidad de los frutos (Orduz y Garzón, 2012).
En la región tropical, los cítricos se cultivan desde 0 a 2000 m s. n. m.; en esta región el principal factor que incide en la fenología del cultivo es la precipitación en cuanto a su distribución, volumen e intensidad, y en menor proporción las horas luz/día (nubosidad) (Orduz, 2007a).
En el trópico, cambios en la altitud inciden en variaciones de la temperatura, reflejándose en las unidades de calor (UC) (grados días de calor). Este concepto se define como la relación entre una unidad de tiempo (día, mes, año) con la temperatura promedio/día, tomando como referencia el umbral biológico (temperatura base) que para el caso de los cítricos se estima en 12.5 °C/día (ecuación 1).
Temperatura máxima ° + Temperatura mínima ° /2 – 12.5 °C(1)
Desarrollando la anterior ecuación, la relación UC y altura se indica en la tabla 1.
Tabla 1. Relación entre unidades de calor y altura
| Trópico | Altura m s. n. m. | Unidades de calor UC/año |
|---|---|---|
| Bajo | 0-700 | 5000 |
| Medio | 800-1500 | 3500 |
| Alto | 1500-2000 | 2000 |
Fuente: elaboración propia con base en datos de Orduz y Garzón (2012).
Como se puede observar, en el trópico bajo se presenta la mayor acumulación de UC asociada a constantes temperaturas medias-altas a lo largo del año, que provocan altas tasas respiratorias en las plantas (Davies y Albrigo, 1994), disminuyendo los niveles de sólidos solubles y de acidez en la fruta, siendo esta la principal razón para la amplia aceptación de la naranja var. Valencia en los diferentes mercados (Orduz, 2007a).
En el trópico bajo la precipitación tiene una distribución monomodal, en la que se diferencia una estación lluviosa con una duración de nueve meses y una estación seca de tres meses que da origen a un estrés hídrico y detención del crecimiento vegetativo, dando inicio al ciclo reproductivo (inducción floral).
La floración principal se presenta dos semanas después de iniciarse la precipitación (finalizando la época seca); esta floración da origen a la cosecha principal, nueve meses después de la antesis, es decir, en los meses de noviembre a diciembre, aunque también es posible la ocurrencia de floraciones menores en época de lluvia, en ausencia de estrés hídrico (asociadas a mecanismos endógenos de carácter desconocido). Estas floraciones extemporáneas generalmente ocurren en los meses de agosto o septiembre, generando la cosecha denominada “mitaca” o secundaria, que se recolecta en los meses de junio a agosto del año siguiente (Orduz, 2007a; Orduz y Garzón, 2012).
Orduz y Fischer (2007), establecieron que un cultivo adulto de mandarina Arrayana requiere 1046 mm de agua al año, que corresponden al 77 % de la evaporación total anual, establecida en 1357 mm para las condiciones del piedemonte del Meta.
Estructura agroecológica principal (EAP) de los agroecosistemas
El desarrollo conceptual de la EAP se remonta a los trabajos de Van der Hammen (1998) durante el desarrollo del Plan Ambiental de la Cuenca Alta del río Bogotá, quien definió el concepto de estructura ecológica principal (EEP).
Posteriormente, Van der Hammen y Andrade (2003), en virtud de los compromisos internacionales adquiridos por Colombia para preservar la biodiversidad, la salud (calidad de vida) y la integridad (conservación) de los ecosistemas del país, propusieron el concepto de estructura ecológica de soporte de la nación (EES), el cual se compone de dos elementos: i) estructura ecológica principal del paisaje (EEP) e ii) infraestructura ecológica (IE).
La EEP se define como el sistema de áreas del territorio nacional que aseguran en el tiempo la conservación de la biodiversidad, su funcionalidad y la provisión de servicios ecosistémicos, definidos como los beneficios que los seres humanos obtienen directa e indirectamente de los procesos y funciones de los ecosistemas, útiles para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de los habitantes y el bienestar de la población (Ideam y MADR, 2012; Rodríguez et al., 2011; United Nations Environment Programme [UNEP] - World Conservation Monitoring Centre [WCMC], 2011; Van der Hammen y Andrade, 2003).
De acuerdo con esta propuesta, el objetivo principal de la EEP es el manejo adecuado de los ecosistemas naturales.
El Decreto 3600 de 2007 considera que la EEP corresponde a los elementos bióticos y abióticos del sistema que sustentan los procesos ecológicos esenciales del territorio, y que su finalidad principal es la preservación, conservación, restauración, uso y manejo sostenible de los recursos naturales renovables que soportan el desarrollo socioeconómico (Ideam, 2011). El Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014 “Prosperidad para Todos”, considera que en la EEP convergen los ecosistemas denominados estratégicos, que están en la posibilidad de garantizar la integridad de la biodiversidad, al igual que la provisión de servicios ecosistémicos para satisfacer las necesidades de la población (Congreso de Colombia, 2011).
Conceptos como la EEP representan un enfoque para el aumento de la conectividad de las poblaciones y comunidades bióticas y se constituyen en una herramienta útil para el ordenamiento, la planificación y la gestión del territorio en concordancia con un conjunto de ecosistemas naturales y seminaturales que interactúan como un sistema (Rincón, 2008).
El segundo elemento esencial de la EES es la IE, considerada como la conectividad que se da entre los relictos de vegetación natural, seminatural, corredores, incluyendo áreas a restaurar en los agroecosistemas y áreas intervenidas (urbanas, degradadas), con una función específica como es la conservación de la biodiversidad asociada a la productividad, a fin de mejorar la calidad de vida de la población (Rodríguez et al., 2011; Van der Hammen y Andrade, 2003).
Debido a que la mayor parte de los relictos de vegetación natural y corredores biológicos que se mencionan en la IE se ubican al interior del agroecosistema, y con la idea de establecer puentes conceptuales entre la ecología del paisaje y la agroecología, León (2010a) propuso el concepto de la EAP, que analiza variables de tipo ecosistémico y cultural referidas a la agrobiodiversidad.
Estructura agroecológica principal (EAP)
León (2010a) reconoce que la agroecología como ciencia analiza las múltiples interacciones que se suceden en los agroecosistemas, y propone el concepto de EAP como un índice para evaluar la diversidad. Plantea que la EAP está relacionada con la biodiversidad funcional y, por lo tanto, una alta interconectividad de la finca con la EEP da cuenta de una EAP articulada que ofrece mayores posibilidades de regulación biológica, resiliencia climática y manejo fitosanitario (León, 2010b).
La EAP se define como:
[…] la configuración o arreglo espacial interno de la finca y la conectividad entre sus distintos sectores, parches y corredores de vegetación o sistemas productivos […], que permite el movimiento y el intercambio de distintas especies animales y vegetales, les ofrece refugio, hábitat y alimento, provee regulaciones microclimáticas e incide en la producción, conservación de recursos naturales y en otros aspectos ecosistémicos y culturales [de los agroecosistemas mayores]. (León, 2014, p. 156)
La caracterización de la EAP es una herramienta metodológica útil para el manejo integrado de los agroecosistemas, que el mismo autor propone analizar en dos escalas o niveles: i) en el agroecosistema mayor (finca) y ii) en el agroecosistema menor (lote o cultivo); la forma en que estos últimos se agrupen, articulen o dispongan con el paisaje define la EAP de la finca. Teniendo en cuenta lo anterior, es posible afirmar que la EAP es un concepto que pretende describir las relaciones estructurales y funcionales de los agroecosistemas mayores, facilitando su estudio espacial (León, 2014, p. 156).
Los criterios propuestos por Córdoba y León (2013) y León, Toro, Martínez y Cleves-Leguízamo (2014), tendientes a evaluar la EAP, corresponden a la sumatoria sin ponderación de diez parámetros, cinco ecosistémicos y cinco culturales, que se analizarán a profundidad en el capítulo quinto.
Capítulo 2.
Caracterización, tipificación y clasificación de los sistemas de producción citrícola
Este capítulo presenta el ejercicio desarrollado para caracterizar, clasificar y tipificar los agroecosistemas citrícolas del departamento del Meta. Para cumplir este objetivo se diseñó una encuesta en la que se agrupan las variables según la metodología denominada análisis de medios de vida. Se efectuaron entrevistas en los municipios de Puerto López, Villavicencio, Granada, Lejanías, Guamal y San Martín.
El sistema de producción se define como un conjunto de actividades que los seres humanos realizan según sus objetivos, necesidades y disponibilidad de recursos de su entorno, en las que adquiere relevancia la interacción sociedad-resto de la naturaleza o ecosistema-cultura (Ángel, 1996; Duarte, 1990; Hart, 1985; Leal, 2007; León, 2014; León y Altieri, 2010).
La caracterización de los sistemas de producción consiste en la descripción de los principales atributos y de las interacciones entre los componentes del sistema productivo. Por otra parte, la tipificación es la construcción y agrupamiento de tipos posibles de productores con base en sus atributos y características, que expresa el funcionamiento particular del sistema productivo. Lo anterior permite la organización conceptual de la diversidad existente en los predios agrícolas y, por lo tanto, se convierte en una herramienta metodológica para diseñar estrategias de gestión en concordancia con los recursos disponibles (Berdegué y Nazif 1988; Cabrera et al., 2004; Escobar y Berdegué, 1990; García y Ramírez, 2011; Larrea et al., 1998; Mantilla, Argüello y Méndez, 2000; Moreno, 2011; Pulido, Arguelles, Alvarado y Polanco, 2009).
A continuación se indican las etapas implementadas para efectuar la caracterización, clasificación y tipificación de los sistemas citrícolas. La caracterización es el punto de partida de la investigación con enfoque en sistemas de producción, de gran importancia para la optimización de los recursos en las actividades de investigación y extensión (Miranda, Arce y Gómez, 1998; Miranda, Fischer y Carranza, 2012).
Se consideraron la encuesta y la entrevista como instrumentos idóneos para la captura de información primaria, a partir de la cual se estructuró una base de datos, realizando análisis de tipo multivariado con el software estadístico Statistix versión 9.0®, licenciado. El dendrograma definió la conformación de seis grupos de agricultores, todos con características similares al interior del grupo, pero con atributos muy diferentes entre ellos. Los grupos conformados fueron posteriormente validados en campo con asistentes técnicos y con la comunidad, encontrando que los resultados obtenidos eran concordantes con la realidad.
Metodología
El estudio se desarrolló en el departamento del Meta, ubicado en la región natural de la Orinoquía colombiana (figura 4) y conformada por los departamentos de Meta, Arauca, Casanare y Vichada. Comprende un área de 310 000 km2, que en conjunto representa el 27.19 % del territorio colombiano.
El departamento del Meta tiene un área de 85 635 km2, equivalentes al 7.5 % del territorio nacional, en donde 2 973 333 hectáreas están dedicadas al sector pecuario y tan solo 224 887 hectáreas al agrícola (Dane, 2010; MADR, Fondo Nacional de Fomento Hortofrutícola [FNFH], Asociación Hortofrutícola de Colombia [Asohofrucol] y Sociedad de Agricultores y Ganaderos del Valle del Cauca [SAG], 2006a, 2006b).
La zona de estudio se localizó en los municipios de Lejanías, Villavicencio, Guamal y Granada, cuenca del río Ariari, región donde se concentra el 89 % del área de siembra, obteniéndose el 95 % del volumen de producción citrícola del departamento del Meta (Cleves-Leguízamo, 2020; Cleves-Leguízamo, Ramírez y Díaz, 2021; Cleves-Leguízamo, Salamanca-Sanjuanes y Martínez-Bernal, 2019).
Figura 4. Regiones naturales de Colombia

Fuente: elaboración propia con base en cartografía básica Igac (2019), Cartografía base.
Mapa base Esri Terrain. Sistema de referencia Datum WGS84.
Se definió como objeto de estudio a los productores de cítricos localizados en el departamento del Meta, independientemente del nivel tecnológico y tamaño predial. Para lograr una aproximación, se programaron y realizaron ocho recorridos de campo, efectuando cinco reuniones con agricultores y diez acercamientos con las comunidades y productores, contando en todos los casos con la colaboración de instituciones con amplio arraigo en la región como son Corpoica e ICA. De igual manera, se contactó a la Secretaría Departamental de Agricultura del Meta, agremiaciones vinculadas al sector agrícola de la región como Asohofrucol, así como a asistentes técnicos particulares.
Siguiendo la metodología propuesta por Cabrera et al. (2004) y por García y Ramírez (2011), en la caracterización, clasificación y tipificación de los productores de cítricos se cumplieron las siguientes etapas: i) recolección de información primaria y secundaria, ii) definición del marco teórico, iii) definición de la hipótesis de trabajo, iv) selección y definición de las variables, v) diseño de la encuesta, vi) pruebas piloto (validación y ajuste) con la comunidad, vii) captura de la información, viii) análisis estadístico de la información, y ix) validación de las tipologías obtenidas, con la situación real en campo.
Para la construcción del marco teórico se procedió a la revisión de fuentes primarias y secundarias que permitieron la conceptualización general de la problemática de producción citrícola en el departamento del Meta: orígenes, distribución, zonas productoras, características y limitaciones. Con la información recopilada, en cinco reuniones con las comunidades se discutió y propuso la hipótesis del trabajo, reconociendo que, en diferentes zonas productoras, el volumen y la calidad están en función de las características ecosistémicas y culturales del lugar donde se localizan las fincas.
Según lo propuesto por Alwang, Siegel, Pichon y Raine (2005), Bermúdez (2008) y Mora, Castellanos, Cardona, Pinzón y Vargas (2011), se procedió a la selección y definición de las variables, agrupándolas en índices compuestos de capital (ICC) de la siguiente manera: i) capital natural, ii) capital humano, iii) capital social, iv) capital físico y v) capital económico.
En la tabla 2 se indican los criterios, con sus respectivas variables de diferenciación.
Tabla 2. Criterios de diferenciación y variables evaluadas
| Componentes del sistema | Criterio | Variables evaluadas |
|---|---|---|
| 1. Capital natural | Biodiversidad | Área de la finca, área sembrada en cítricos, sistema de producción, configuración EAP, productividad, preferencia de producción, fitosanidad, limitaciones, material vegetal. |
| Recurso hídrico | Disponibilidad, fuente, tipo de sistema de riego, uso sistema de riego. | |
| Suelo | Coberturas, clase agrológica, pendiente, control de arvenses, tipo de fertilizantes. | |
| Clima | Variaciones climáticas, ajustes en el sistema productivo, pronósticos, disponibilidad de información climática, relación con los patógenos, uso de bioindicadores. | |
| 2. Capital humano | Fuerza de trabajo | Disponibilidad, capacitación, servicios de salud, estado de salud, nivel de protección en la aplicación de agroquímicos, consideración del efecto de plaguicidas, experiencia, tipo de registros, tenencia de registros, relación con la tenencia del predio, relación con la administración del predio, protección, escolaridad, actividad principal, tipo de tenencia de la tierra. |
| 3. Capital social | Organización | Asociatividad, asistencia técnica, tipo de asistencia técnica, suministro de la asistencia técnica, perspectivas, administración. |
| 4. Capital físico | Infraestructura | Servicios domiciliarios, nivel infraestructura, área de la casa. |
| 5. Capital económico | Recursos | Capacidad de ahorro, disponibilidad de crédito, rentabilidad, destino de la producción, fuente de los ingresos, nivel de los ingresos, potencialidad de la actividad. |
Fuente: elaboración propia.
A continuación se procedió a diseñar la encuesta tipo estructurado para la recolección de la información (anexo 1). Este instrumento fue concertado con agricultores, técnicos agrícolas e instituciones; al recibir sus observaciones, se procedió a efectuar los ajustes indicados.
Una vez aprobadas, se realizaron pruebas piloto en los municipios productores. En total se encuestaron 51 predios, equivalentes al 30.35 % de los predios en producción; se cubrió un área de 710 ha, correspondiente al 18.90 % del total del área en producción del departamento del Meta, considerada estadísticamente como una muestra representativa.
En la figura 5 se indican los municipios del área de estudio; el geoposicionamiento de las fincas se indica en el anexo 2.
Figura 5. Ubicación departamental y municipal del área de estudio

Fuente: elaboración propia con base en Igac (2019). Cartografía base.
Mapa base Esri Terrain. Sistemas de referencia Datum WGS84.
Procesamiento de los datos
El análisis partió de la estructuración de una base de datos a partir de la cual se desarrolló un análisis de tipo multivariado, considerando una técnica estadística pertinente para analizar en forma simultánea variables cualitativas y cuantitativas que influyen en la descripción del sistema productivo. En este, las relaciones inter- e intraespecíficas (objeto de estudio) son estudiadas como un todo, obteniéndose un entendimiento amplio, completo y real del entorno ecosistémico y cultural (Carrillo, Moreira y González, 2011; Coronel y Ortuño, 2005; Cuadras, 2007; Escobar y Berdegué, 1990; Gélvez, Andrade, Hernández, Osorio y Rodríguez, 2002; Jänicke y Klaus, 2006; Kennedy, Henning, Vandeveer y Dai, 1997; Leeson, Sheard y Thomas, 1999; López y Borges, 2009).
Las variables evaluadas se tabularon en hojas de cálculo del software Microsoft Excel ®. Para reducir la dimensionalidad del conjunto de datos, se realizó una depuración de las variables categóricas que fueron utilizadas en la descripción de tipo cualitativo. Algunas variables de tipo cualitativo se transformaron a cuantitativas mediante la introducción de categorías. En total se definieron 26 variables cuantitativas, a las que se les efectuó análisis estadístico descriptivo, empleándose el software licenciado Statistix versión 9.0 ®, con el que se calcularon promedios, desviaciones estándar (DE) y coeficientes de variación (CV). Las variables con mayor CV en orden descendente fueron:
1.Área de la finca (282.87 %).
2.Área sembrada en cítricos (211.93 %).
3.Teneduría de registros (177.73 %).
4.Productividad (108.75 %).
5.Ingresos totales (102.82 %).
6.Nivel de protección para el control de patógenos (77.822 %).
7.Tipo de registros (65.397 %).
8.Tipo de asistencia técnica (64.005 %).
Con las variables retenidas se realizó el análisis de correlación entre variables y se calculó la matriz de correlaciones, determinándose sus grados de asociación o significancia. Se pudo constatar que los ocho primeros vectores o variables sintéticas explicaban el 77.2 % de la varianza acumulada de los datos (tabla 3).
Tabla 3. Varianzas acumuladas de las variables sintéticas del análisis multivariado

Fuente: elaboración propia.
En cada vector o componente principal (CP) se seleccionaron las variables con mayor representatividad al interior del mismo, es decir, con mayor peso por componente.
En total se seleccionaron 15 variables, y con el fin de homogenizarlas, se estandarizaron usando la distribución “zeta”. Las variables extraídas se indican a continuación (tabla 4).
Tabla 4. Variables extraídas por vector
| Vector | Variables |
|---|---|
| 1 | Área sembrada en cítricos, área de la finca, productividad. |
| 2 | Área de la casa, nivel de escolaridad. |
| 3 | Actividad principal, experiencia en agricultura. |
| 4 | Tipo de tenencia de la tierra. |
| 5 | Disponibilidad de fuentes de agua, tipo de asistencia técnica. |
| 6 | Manejo de arvenses, protección en la fumigación. |
| 7 | Estructura agroecológica principal, tipo de fertilizantes. |
| 8 | Disponibilidad de mano de obra. |
Fuente: elaboración propia.
A continuación se realizó el análisis de conglomerados (clúster análisis) con base en el concepto de la distancia euclidiana, usando el método Ward, según el cual, a menor distancia entre las unidades productivas, existe mayor similitud y, por lo tanto, pertenecen al mismo grupo. En caso contrario se ubican en grupos diferentes.
Resultados y discusión
Se identificaron seis grupos o dominios de recomendación, cuyo agrupamiento se expresa en la figura 6.
Los principales atributos de los dominios de recomendación contrastados en campo fueron los siguientes:
•Grupo 1
Conformado por ocho predios (15.68 % de las fincas), 90 % localizados en el municipio de Lejanías, con un área promedio de 6.33 hectáreas. Todas las unidades productivas disponen de un sistema básico de riego por goteo a partir de pozos profundos, el único proceso de poscosecha implementado es la selección por tamaño, el manejo fitosanitario es deficiente, el nivel de escolaridad es bajo (primaria incompleta), no pertenecen a ningún tipo de asociación y reciben la asistencia técnica de los comercializadores de insumos. La disponibilidad de mano de obra es exclusivamente familiar y tienen adecuado nivel de servicios domiciliarios.
•Grupo 2
Conformado por nueve fincas (17.64 % de las unidades productivas), localizadas en un 95 % en el municipio de Lejanías, área promedio de 2.3 hectáreas. El 45 % de los predios dispone de infraestructura de riego, extraen el agua de pozos profundos. El nivel de escolaridad es medio y superior (bachiller, técnico), nunca han recibido asistencia técnica, el nivel de protección en las prácticas de control químico es nulo, utilizan fumigadoras de motor. No tienen ningún tipo de organización administrativa, están vinculados al sistema financiero. Se consideran afectados por las variaciones climáticas ocurridas en los últimos años. Tienen una adecuada infraestructura logística. El proceso de poscosecha es básico y la comercialización está desarticulada de mercados específicos.
Figura 6. Dendrograma de los sistemas de producción citrícola en el departamento del Meta

Fuente: Cleves-Leguízamo y Jarma (2014, p. 118).
•Grupo 3
Conformado por once fincas (21.56 % de los predios), todas localizadas en el municipio de Lejanías, con áreas promedio de 9.6 hectáreas. Todos los predios disponen de fuentes de agua para riego. La disponibilidad y nivel de la infraestructura es alto, tienen equipos de fumigación neumáticos, el control de arvenses es mecánico y químico. Un 60 % de las fincas están articuladas a algún tipo de asociación, tienen información actualizada sobre precios, reciben o han recibido asistencia técnica por parte de técnicos agrícolas capacitados y de representantes de casas comerciales. Los agricultores tienen gran experiencia en el manejo del cultivo de cítricos, el 100 % son propietarios y administran directamente sus predios, son emprendedores. Tienen capacidad de ahorro y disponen de crédito. Nunca han recibido información climática y relacionan las altas temperaturas con la presencia de plagas.
•Grupo 4
Este grupo está constituido por tres fincas agroindustriales (6 % de los predios encuestados), localizadas en la vereda Puerto Colombia, municipio de Villavicencio, con un área promedio de 117.33 hectáreas. Se hace un adecuado manejo fitosanitario, efectúan evaluaciones (prognosis) en forma constante, desarrollan procesos de viverismo tecnificado. Disponen de sólida infraestructura logística, administrativa, técnica, económica y financiera, importante articulación a mercados especializados y de futuros. Procesan y analizan información climatología in situ y la incorporan al manejo fitosanitario. La administración es efectuada por ingenieros agrónomos, están desarrollando procesos de aseguramiento de la calidad con fines de certificación. Los dueños son inversionistas radicados en Bogotá y están dedicados a múltiples actividades comerciales.
•Grupo 5
Constituido por ocho fincas (15.68 % de los cultivos), localizadas en los municipios de Granada y Lejanías, con áreas promedio de 4.25 hectáreas. Las fincas disponen de abundante oferta hídrica (agua corriente y pozos profundos), son cultivos jóvenes (5-10 años), con productividad en aumento. Se observa interés creciente por hacer renovaciones con diferentes especies citrícolas, principalmente naranja var. Valencia y Tangelo Minneola injertado sobre Fly Dragón. Los agricultores tienen experiencia intermedia (entre 5-10 años), el nivel de infraestructura es bajo, al igual que el nivel de escolaridad (primaria incompleta). No han recibido asistencia técnica, no disponen de articulación organizacional o de mercadeo, tienen capacidad de ahorro y no han recibido información climatológica.
•Grupo 6
Conformado por doce unidades productivas (23.52 % de los cultivos), localizadas en los municipios de Guamal y Lejanías, con áreas promedio de 6.79 hectáreas. Es una región con alta influencia de actividades asociadas con la extracción petrolera, los agricultores están cambiando de actividad dedicándose a labores agroturísticas y sociales. Los cultivos cumplen fundamentalmente labores paisajísticas. La principal labor cultural es el control mecánico y químico de arvenses.
Las características particulares por grupo se indican en la tabla 5.
Tabla 5. Características de los dominios de recomendación

Fuente: elaboración propia.
Nota: * Naranja var. Valencia (NV); Mandarina Arrayana (MA); Tangelo (T); Lima Tahití (LT).
Puntualmente el estudio demostró, entre varios aspectos, los siguientes:
El 92.2 % de los productores están asociados a una agricultura de pequeña y mediana escala, con limitaciones de diferente naturaleza como organización, adecuados canales de comercialización, bajo nivel educativo, escaso relevo generacional, informalidad crediticia y escasa asistencia técnica. Solo el 7.8 % son grandes productores.
En este aspecto se destacan las fincas del grupo 4, que son agroempresas con una fuerte estructura administrativa, técnica y económica. Están en capacidad de analizar información climatológica, incorporándola en las prácticas de manejo fitosanitario, tienen personal de campo capacitado en evaluación de plagas y enfermedades y cuando es requerido efectúan control químico localizado donde se presentan los “focos”. Es el grupo de mayor productividad y área, que les permite efectuar rotación de lotes con cultivos semestrales (arroz y maíz). Incorporan en su manejo especies pecuarias mayores (vacunos) y menores (abejas). En su perímetro disponen de bosques de galerías, que se convierten en corredores biológicos que ofrecen refugio a una variada fauna autóctona.
Por otra parte, están los agricultores de las fincas del grupo 6, quienes, a pesar de poseer un alto nivel educativo, de disponer recursos y de estar vinculados al sector financiero, efectúan un limitado control fitosanitario, reducido exclusivamente al control de arvenses. Solo les interesa mantener los árboles como un objeto decorativo o paisajístico, ya que ofrecen en sus propiedades servicios agroturísticos y han convertido sus fincas en sedes de eventos sociales.
Los grupos 1 y 5 tienen características similares: bajo nivel de escolaridad, limitada infraestructura y manejo fitosanitario, con buena disponibilidad del recurso hídrico. Los grupos 2 y 3 tienen nivel de escolaridad medio, presentan mejor grado de organización, han tenido asistencia técnica institucional, que los ha asesorado en los últimos cuatro años en el proceso de renovación de cítricos (que han cumplido su ciclo productivo) por cacao y tangelo Minneola injertados sobre el patrón enanizante Fly Dragón, que tienen mejor precio y mayor estabilidad en los mercados.
Solo los productores agroindustriales poseen canales de comercialización. El 63.11 % del volumen de producción se comercializa en Bogotá, el 29.13 % se distribuye en la región y el 7.77 % se vende a nivel local. No se produce para la exportación.
En general, los agricultores no están organizados, la comercialización la efectúan intermediarios quienes a su vez cumplen funciones de asistentes técnicos y proveedores de insumos. El manejo de la poscosecha es deficiente. El 61.7 % de los cultivadores no realizan ningún tipo de transformación y la generación de valor agregado es limitada.
Aunque Corpoica ha efectuado significativos y valiosos aportes en la investigación de diferentes portainjertos y copas, se constató que el patrón más utilizado (82.5 %) es mandarina Cleopatra, de porte muy alto, lo cual hace reducir el número de árboles/ha, además de ser de tardío rendimiento y comportamiento errático. Por otra parte, se constató que de cada especie solo se cultiva una variedad.
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