Su dueño, el muchacho Dias, cuidaba con más esmero al Zapato Derecho, y sobre Izquierdo se olvidaba constantemente. El Zapato izquierdo se ofendía y con lágrimas en los ojos, solía quejarse amargamente al hermano: «Huiré del amo, él por mí no se preocupa, no me cuida, no me limpía