Kitabı oku: «La Orden de Montesa y San Jorge de Alfama»

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LA ORDEN DE MONTESA Y SAN JORGE DE ALFAMA

ARQUITECTURAS, IMÁGENES Y TEXTOS (SS. XIV-XIX)

LA ORDEN DE MONTESA Y SAN JORGE DE ALFAMA

ARQUITECTURAS, IMÁGENES Y TEXTOS (SS. XIV-XIX)

Yolanda Gil, Ester Alba, Enric Guinot, eds.

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA


Esta publicación cuenta con una ayuda de la Conselleria d’Educació, Investigació, Cultura i Esport de la Generalitat Valenciana para la organización de congresos (DOGV 30/01/2017). Dicha colaboración se inscribe en el marco de la convocatoria de subvenciones del Programa para la promoción de la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación en la Comunitat Valenciana [2017/647].


Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.

© de los textos: los autores, 2019

© de esta edición: Universitat de València, 2019

© de la ilustración de la cubierta: Museo Nacional del Prado

Coordinación editorial: Maite Simón

Maquetación: Inmaculada Mesa

Cubierta:

Ilustración: Antoni Peris, Nuestra Señora de Gracia y los grandes maestres de Montesa (ca. 1412). Temple sobre tabla, 128 × 105 cm. Retablo de la iglesia del Castillo de Montesa (Museo Nacional del Prado)

Diseño: Celso Hernández de la Figuera

Corrección: Iván García Esteve / Elvira

Iñigo ISBN: 978-84-9134-530-5

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN, Yolanda Gil, Ester Alba, Enric Guinot

I ARQUITECTURAS

El Palacio Maestral de la Orden de Montesa en Sant Mateu. Localización y restitución hipotética de un edificio desaparecido, Arturo Zaragozá Catalán

Memoria de un espacio montesiano desaparecido: la Iglesia y Colegio de San Jorge en la ciudad de Valencia, Yolanda Gil Saura

Oración, guerra y prestigio: las casas madre de las órdenes militares peninsulares, Sonia Jiménez-Hortelano

Evolució topogràfica del castell de Xivert (ss. XIV al XVI) i les reformes sota l’Orde de Montesa. Les dades arqueològiques, Ferran Falomir

La arquitectura de la fortaleza de Peñíscola (Castellón). Una lectura del conjunto tras la restauración, M.ª Josefa Balaguer Dezcallar

En los confines de la Orden. El proyecto de intervención, conservación y musealización del Castell de Perputxent (L’Orxa, Alicante), J. L. Menéndez, R. Pérez, J. Pina, A. Sánchez, F. Vilaplana, B. Revert

II IMÁGENES

Arte mueble de la Orden de Montesa en los siglos XV y XVI, Mercedes Gómez-Ferrer.

Entre la Corte y Valencia: la querella artística en la iglesia de Santa María del Temple de Valencia, Ester Alba Pagán

Imagen del caballero de la Orden de Montesa en el arte español, Julio Jiménez y Gómez-Chamorro

Estereotipos y convencionalismos en batallas. El caso del Retablo de san Jorge del Centenar de la Ploma, Enric Olivares Torres

III TEXTOS

Dispacci in volgare italiano di Lluís Despuig. Con una lettera inedita a Francesco Sforza (Napoli, 13 febbraio 1456), Andrea Maggi

L’orde de Montesa a la Itàlia d’Alfons el Magnànim i les al·lusions a sant Jordi en Curial e Güelfa, Abel Soler Molina

Producció literària i cultura escrita al Maestrat, Enric Querol Coll

Ex bibliotheca regalis conventus Montesiae: los libros de la Orden de Montesa en la Universitat de València-Estudi General, Bárbara Barberá, Carlos M. García

La documentació de l’Orde de Montesa en l’Arxiu del Regne de València i l’Arxivo Histórico Nacional, Francesc Torres Faus

Llaurar per al futur. Reflexions sobre l’arxiu de l’Orde de Montesa i el seu butllari en la segona meitat del segle XVIII, Maria Llum Juan Liern

Perfil de los autores

INTRODUCCIÓN

Hablar de patrimonio conservado o desaparecido, imágenes, arquitecturas o documentos en torno a la Orden Militar de Santa María de Montesa ofrece la posibilidad de plantear numerosos interrogantes sobre las diferentes maneras de interpelar a nuestro pasado, pero al mismo tiempo analizar el presente. Esta mirada conforma un camino lleno de huellas que, desde el análisis de la historia del arte y la historia cultural, no solo pone el acento en los vestigios arquitectónicos, las obras de arte y los documentos o los libros, es decir, los objetos, sino que también permite establecer diálogos cruzados en los que el mecenazgo, la cultura visual y el gusto cultural y artístico ayudan a establecer las coordenadas de una mayor comprensión del papel que esta orden militar tuvo en el panorama cultural valenciano de su época.

También es cierto que la percepción de las obras de arte y de los vestigios de nuestro pasado no es un hecho inmutable al paso del tiempo. Al contrario, hay que analizar las transformaciones y mutaciones en la valoración de los bienes histórico-artísticos, cambios que han influido en su permanencia y conservación, pero también en su destrucción o alteración. Desde una perspectiva histórica, la comprensión de la noción de patrimonio cultural, su significado y su valor, se nos desvela como necesaria en el proceso de indagación de lo heredado, pero también de lo que hemos perdido, pues permite apreciar de qué manera se han mantenido, destruido o mutado los valores culturales, y comprender con qué criterios sociales, políticos y económicos asociados a un bien histórico, artístico o cultural se ha producido.

Por eso, este libro no pretende construir una historia cultural y del arte desde una mirada clásica, sino que el diálogo permite transitar por los espacios construidos: las arquitecturas como manifestación del devenir histórico, como expresión del poder, pero también como espacios de representación y de la vida cotidiana. Las imágenes, entendidas como las obras artísticas que nos ayudan a comprender la evolución de estéticas e iconografías a lo largo de la historia, pero que al mismo tiempo nos hablan del gusto artístico y del papel de los comitentes o mecenas, así como de su personalidad en la sociedad de la época. Y en tercer lugar, pero no último, los textos, los documentos y los escritos, los cuales nos ofrecen un diálogo cruzado con imágenes y arquitecturas que permite, en una mirada más amplia todavía, ubicar las cuestiones artísticas en relación con el pensamiento y con la propia huella documental.

Esta narración nos permite aproximarnos a la noción actual de la memoria conservada, pero también a la de la perdida, y ayuda a la comprensión de los valores culturales que, a lo largo de la historia, han pesado en las decisiones en torno a reconstrucciones, modificaciones de usos y funciones o de la carga simbólica a lo largo del tiempo. Esta evolución ofrece la oportunidad de valorar y comprender cómo a lo largo de la historia se han ido construyendo los procesos culturales ligados a la historia de la Orden de Montesa, no solo a través de los objetos artísticos, de los monumentos o de los textos, sino también a través del propio proceso de escritura, es decir, de la narración construida por los historiadores e historiadoras.

La Orden Militar de Santa María de Montesa fue fundada por una bula otorgada por el papa Juan XXII el 10 de junio de 1317, aunque por razones de conflicto político no se puso en marcha con los primeros freiles hasta julio de 1319. Su origen tiene directamente que ver con el proceso contra la Orden del Temple abierto diez años antes y culminado con la bula papal para su disolución en el Concilio de Vienne del año 1312. Las negociaciones en la Corona de Aragón fueron dirigidas por el rey Jaime II y culminaron con esta decisión de fundar una nueva orden militar en el Reino de Valencia con los bienes de las órdenes del Temple y del Hospital y unir los bienes templarios en Cataluña y Aragón al patrimonio de dicha Orden de San Juan del Hospital.

Es así como nació la única orden militar de nuestra historia totalmente valenciana en su presencia territorial, patrimonio y participación en la vida política y social. Ampliada el año 1400 con los pocos bienes de la Orden de San Jorge de Alfama, arraigada solamente en la zona de Tortosa, Montesa incorporó como aspectos más visibles desde aquel momento este segundo componente de su nombre como orden militar, así como su cruz, la cruz de San Jorge, que se convirtió en símbolo propio durante los siglos posteriores. La trayectoria de la Orden de Montesa se extendió así un poco más de cinco siglos, desde 1317 a 1835, cuando las órdenes militares, representantes de las formas de poder y dominio de la sociedad feudal, fueron disueltas como tales por el Estado liberal y sus bienes expropiados.

Como es evidente, este largo recorrido montesiano tiene una densa historia que comprende tanto la Baja Edad Media como toda la Edad Moderna hasta principios del siglo XIX. Y por razones internas a la propia institución queda dividida en dos grandes periodos. La época de los maestres, entre 1319 y 1592, con una historia considerablemente autónoma del resto de poderes políticos y con una presencia institucional en la sociedad que va más allá de la vida interna; y una segunda a partir de dicho año, entre 1592 y 1835, durante la cual la Orden fue incorporada a la Corona y regida desde las instituciones políticas de la monarquía, combinándose con una transformación humana importante, dado que se permitía el ingreso de caballeros casados. Se convertiría así, como en el caso de las otras órdenes militares, en una institución basada en los caballeros de hábito.

Pero Montesa no fueron solamente personas, sino también un espacio construido. La presencia montesiana en el territorio valenciano es realmente importante y se extiende por diversas comarcas, desde el Maestrazgo de Castellón a la Plana Baixa, pasando por l’Horta de Valencia y la Ribera hasta llegar al Comtat. Así mismo, es cierto que sus villas o castillos más emblemáticos son, sin duda, el castillo-convento de Montesa, la ciudad de Valencia y su Palacio del Temple, y la villa de San Mateo y el extenso territorio que la rodea por el Alto y Bajo Maestrazgo, con cerca de cuarenta poblaciones.

Dentro de este contexto en 2017 se ha conmemorado el séptimo centenario de su fundación con la oportunidad de hacer un balance actualizando lo que ya sabemos y lo que nos falta por saber sobre su historia, patrimonio, protagonistas, actividades, rentas, documentos, etc. Los textos reunidos en esta obra colectiva representan una parte de estos estudios e investigaciones, unidos por el hilo conductor de la memoria de los lugares y espacios de Montesa; los edificios, palacios e iglesias que construían sus miembros o las gentes que vivían en los pueblos de su señoría. Su contenido material, mueble, pergaminos y expedientes en papel de sus archivos, la actividad pictórica, arquitectónica, escultórica pero también literaria y cultural que en esos cinco siglos tuvieron su escenario natural en el territorio montesiano. Por todas estas razones, reproducir la historia de la Orden de Montesa no es solamente recrear la historia de la institución, de sus miembros, los freiles montesianos, sino también de los territorios que conformaron su señoría y de la gente que vivió en ellos durante esos siglos.

El libro se ha dividido en tres partes buscando la mayor coherencia posible de los temas tratados: arquitecturas, imágenes, textos. Tres grandes bloques que nos dibujan el camino de lectura guiada para sumergirnos en la reconstrucción de la memoria de los espacios y lugares ahora desaparecidos o transformados que conforman el escenario histórico de esta orden militar. Así mismo, el volumen también incorpora la visión de algunos de los trabajos que no solo se centran en el caso montesiano, sino que aportan una visión comparada, una reflexión sobre las peculiaridades de los asentamientos, espacios y ámbitos propios de las órdenes militares en la historia, sea Montesa o alguna de las otras órdenes paralelas castellanas.

Así, este conjunto de estudios propone ayudar al lector a comprender y apreciar el inmenso tapiz de configura el universo artístico, creativo y cultural que se genera en torno a la Orden de Montesa. Los autores ofrecen relatos desde distintas perspectivas: la historia de la arquitectura, la arqueología, la vida cultural, el mecenazgo, las obras artísticas, las devociones, las empresas constructivas y monumentales, los espacios de representación y la evolución del pensamiento cultural. Estos estudios, sin ánimo de agotar el tema, pretenden mostrar nuevos caminos en la investigación aplicada a las órdenes militares y cubrir las facetas más relevantes y significativas en la comprensión de su historia desde una perspectiva cultural.

Del primero de estos ámbitos, de las arquitecturas, se ha ocupado Sonia Jiménez con una aportación sobre diferentes casas madre de las principales órdenes militares ibéricas. Por su parte, Mercedes Gómez-Ferrer se ha ocupado del antiguo castillo-convento de la Orden en la población de Montesa, teniendo en cuenta su riquísimo patrimonio, desgraciadamente hoy disperso. Asismismo, Arturo Zaragozá ha atendido en su colaboración a uno de estos espacios ya desaparecido, el antiguo palacio que los maestres medievales hicieron construir en la villa de Sant Mateu para residir parte del tiempo y gobernar con más facilidad la parte más extensa de su patrimonio, los territorios conocidos como el Maestrazgo Viejo.

Este primer ámbito de construcciones no podía dejar de lado diversas aportaciones sobre los castillos montesianos. Fortificaciones en ocasiones anteriores a la existencia de la Orden, reconstruidas muchas veces para volver a caer otras tantas en algunos casos. Así, Pepa Balaguer se ha ocupado de la arquitectura del castillo de Peñíscola, fortificación de los templarios, del Papa Luna y de los arquitectos italianos del Renacimiento, pero también castillo montesiano durante más de siglo y medio. Por su parte, Ferran Falomir nos aporta una aproximación al castillo de Xivert, en el término de Alcalá, con orígenes andalusí y montesiano durante varios siglos. Finalmente J. L. Menéndez y el equipo que ha llevado a cabo el proyecto de intervención arqueológica y restauración de los restos del castillo de Perputxent nos presentan las primeras conclusiones, datos y planimetrías de su trabajo.

En cuanto a la ciudad de Valencia y su patrimonio montesiano, la Orden heredó dos construcciones significativas. La primera es la capilla de San Jorge de Alfama junto al colegio de formación de clérigos que se instaló en el siglo XVII, hoy en día desaparecido y del que nos hace una aproximación Yolanda Gil. La otra construcción era y es el Palacio del Temple, residencia montesiana durante siglos en la capital y que fue totalmente transformado a mediados del siglo XVIII, después del terremoto que asoló el convento del castillo de Montesa. Precisamente sobre su iglesia de Santa María del Temple versa el estudio realizado por Ester Alba.

En referencia al segundo ámbito del libro, imágenes, aunque parte de los trabajos anteriores sobre arquitecturas tenían igualmente una innegable vertiente visual, desde el ámbito más estricto de las representaciones y producciones pictóricas el libro reúne dos aportaciones. Una primera es la recopilación de los abundantes testimonios de retratos de caballeros de Montesa, muy mayoritariamente de los dos últimos siglos, que es presentada por Julio Jiménez y que nos permite igualmente conocer con las ilustraciones que aporta los hábitos y símbolos que utilizaron sus miembros. La segunda es la colaboración de Enric Olivares, en la que se plantea la relación entre la Orden de Montesa y una obra tan conocida y reconocida como es el retablo del Centenar de la Ploma.

En cuanto al apartado de textos, el tercero de los que habíamos enumerado en el índice, se han incluido dos grandes ámbitos: los estudios sobre la producción literaria en torno a Montesa, y un segundo sobre sus archivos y documentos. Respecto al primero, ubicado en época bajomedieval y especialmente entre los siglos XV y XVI, la Orden de Montesa estuvo estrechamente ligada a la historia del Reino de Nápoles, de buena parte de Italia y, por tanto, del escenario principal del Renacimiento europeo. En este contexto, Andrea Maggi nos explica las características de un cuerpo documental de cartas escrito en italiano a finales del siglo XV por el maestre de Montesa frey Lluís Despuig, él mismo diplomático, jefe militar, pero también patrocinador de actividades humanistas en la ciudad de Valencia en las décadas de 1470 y 1480. Por su parte, Abel Soler plantea una relación entre sus estudios sobre la gran obra literaria del Curial e Güelfa y las alusiones a Sant Jordi en la obra, en relación con el patrón y símbolo montesiano de su cruz. Por último, Enric Querol centra su texto en una aproximación moderna a la cultura literaria del Maestrazgo Viejo de Montesa durante el siglo XVII y las relaciones con las tierras del entorno, especialmente la ciudad de Tortosa.

Así mismo, los testimonios escritos, bibliográficos y archivísticos vinculados a la Orden de Montesa son igualmente abundantes y todavía contribuirán con importantes novedades a las investigaciones. Francesc Torres se ha ocupado de presentar la documentación histórica de la institución, acumulada durante los más de cinco siglos de su actividad, y actualmente repartida aproximadamente a la mitad entre el Archivo del Reino de Valencia y el Archivo Histórico Nacional de Madrid, una consecuencia más de los acontecimientos sufridos por su patrimonio después de la desamortización del siglo XIX.

Por su parte, Llum Juan realiza una detallada aproximación al que sería el legado documental del bulario de la Orden de Montesa durante la segunda mitad del siglo XVIII, y, por último, Bárbara Barberá y Carlos García Martínez nos presentan un estudio sobre lo que fue la última biblioteca del convento de la Orden de Montesa en el Palacio del Temple de Valencia, a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Una biblioteca que por las mismas razones que el archivo de la Orden, en este caso, acabó incorporada en parte a la Biblioteca Histórica de la Universitat de València.

Todas estas aportaciones son sin duda un balance de lo que sabemos en este momento, pero también significan la apertura de una ventana sobre la multiplicidad de caminos que el estudio sobre la Orden de Montesa nos depara. Algunos de ellos fueron primeramente recorridos por los mismos u otros autores en diversos ámbitos académicos y líneas de investigación, pero otros todavía esperan ser transitados. No hay ninguna duda de que cada época, probablemente cada una de las generaciones, proyecta una mirada sobre su pasado y a menudo lee e interpreta de maneras diferentes esos testimonios. Por eso, aniversarios como el que se cumplió el año 2017 y vuelve a producirse en cierta manera este 2019 sirven para revisar el panorama historiográfico, evaluar lo ya realizado y para acometer con más fuerza todo lo que queda por saber sobre la Orden de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama.

Yolanda Gil, Ester Alba, Enric Guinot

I

ARQUITECTURAS

EL PALACIO MAESTRAL DE LA ORDEN DE MONTESA EN SANT MATEU

Localización y restitución hipotética de un edificio desaparecido

Arturo Zaragozá Catalán Real Academia de Bellas Artes de San Carlos

El Palacio Maestral de la Orden Santa María de Montesa y de San Jorge de Alfama en Sant Mateu fue, junto con el castillo y palacio de Peñíscola, el edificio civil de mayor interés histórico del Maestrazgo. La Torre-Palacio Maestral debió de construirse al poco de la conquista cristiana del territorio. Tuvo su mayor esplendor entre los siglos XIV y XVI. A finales del siglo XVIII su función se reducía, prácticamente, a servir de almacén de diezmos de la Orden de Montesa. Fue destruido durante las guerras civiles españolas del siglo XIX. Con su desaparición se perdió hasta la memoria del lugar preciso en el que se situaba. El inesperado hallazgo de un conjunto de planos correspondientes a proyectos de renovación del edificio, realizados en el último tercio del siglo XVIII, permitió conocer su localización precisa e igualmente hizo posible la restitución hipotética de cómo fue este histórico edificio al cabo de casi doscientos años de su desaparición.1

1. LA TORRE MAESTRAL

La torre o palacio fortificado maestral de Sant Mateu debió de construirse al poco de la conquista cristiana del territorio. Debemos a don José Mateo Vidal Adell que haya subrayado este hecho y lo haya confirmado documentalmente. Igualmente, ha indicado que la torre aparece citada desde 1260 y que otro documento señala su posición exacta; a la salida de Sant Mateu, desde donde arrancaba el camino hacia Traiguera.2

Esta torre, construida por la Orden Militar del Hospital de San Juan de Jerusalén, pasaría, junto con todas las posesiones de esta orden en el Reino de Valencia, a formar parte de la nueva Orden de Montesa. En el importante corpus documental montesiano publicado por don Eugenio Díaz Manteca, que contiene los primeros documentos emitidos por los maestres de Montesa, puede verse como, con frecuencia a partir de 1321, estos se emiten desde Turre nostra de Sancti Mathei.3 La Torre del Hospital debió de ser ampliada y mejorada por Montesa; el cronista Martín de Viciana, en el libro tercero de la Crónica de la Inclita i Coronada Ciudad de Valencia y su reyno (1563), da las razones:

... vino que esta villa (Sant Mateu) fue la mejor e mayor de la comarca... E como el reverendísimo maestre de Montesa, señor de la mesa maestral vido el aventaje y mejoría que tenía la villa de Sant Matheo al castillo de Cervera por ser mas apacible y graciosa de habitar. Mandó edificar un palacio y casa para apossiento del maestre. E mas instituyo de tener ordinariamente en Sant Matheo un gobernador que gobernase toda la mesa maestral en paz y justicia. Y a este puso nombre de administrador que agora le llamamos lugarteniente general. El cual tiene su corte formada de acessor, avogado y otros ministros de justicia y le sommetio todas las causas y pleytos criminales y ceviles por apelación de recurso o evocación no solamente de los ocho pueblos de la mesa maestral pero aun de todas las encomiendas de Montesa que recahen en la comarca desde el collado de la garofera hacia levante y septentrión.

2. UN SITIO HISTÓRICO

La única descripción precisa, aunque elemental, de la Torre-Palacio de Montesa, previa a su destrucción, se la debemos al padre Ildefonso Aleu. Este religioso benedictino, sanmatevano de nacimiento, escribió una inédita Historia de San Mateo a comienzos del siglo XIX.4 Al título séptimo de esta obra lo llamó «Los maestres de Montesa residen en San Mateo» y en ella dice lo siguiente:

Como la villa de San Mateo está situada en paraje llano y delicioso; como la hermosura de sus calles, plazas y abundancia de aguas convidan a habitarla y como viene a estar en medio de los Estados de la Orden de Montesa, fueron estos otros tantos alicientes y poderosos atractivos que movieron a los Grandes Maestres a escogerla lugar de su corte y residencia, haciéndola Cabeza del Maestrado. Fabricaron para su habilitación un magnífico palacio que ellos llamaban «Torre»; estaba como está ahora a la otra parte del riachuelo que le servía de foso, para más seguridad y grandeza de las personas que lo habitan. Se hizo a la parte que va al Camino de Barcelona, cerrado con portales en una espaciosa calle y una plaza delante de la puerta del palacio, para formación de la guardia, cerrada con otro portal; de modo que el palacio venía a ser un fuerte con toda seguridad que era menester en aquellos tiempos que aún no se usaban armas y máquinas de fuego.

La entrada en este Palacio ha mudado de sitio desde fines del siglo XVIII, se abrió una puerta a la mitad de la calle donde está ahora la entrada y se tapió el portal de la plaza que al cabo de ella, por una magnífica portalada que aún existe se entraba al Palacio. La Plaza se ha convertido ahora en patio o huerto para comodidad de los habitantes que son los Administradores de los diezmos; esto después que se suprimió el empleo de Gobernador; antes lo habitaba éste y es ahora del Rey como a perceptor de los diezmos a cuya administración está anejo el Palacio. El otro portal que cerraba la calle por la parte del Convento de Santo Domingo se derribó a principios de este siglo diecinueve para hacer la calle más despejada y dar mejor punto de vista desde el puente y salida de la Villa a la Plaza de Santo Domingo llamada antes de la Piedad, por una imagen de la Virgen María que había antiguamente con este título.


Detalle del plano parcelario de Sant Mateu, hoja 01, clave 12/100. Ministerio de Hacienda, Servicio de Valoración Urbana. 5.XII.1974. La tinta negra señala el río de Palacio. La manzana 35 (en tinta gris) muestra la parcela que ocupó la torre-palacio de Montesa. La iglesia parroquial se sitúa en la manzana 36.


Reconstrucción hipotética del palacio maestral de Sant Mateu a finales de la Edad Media. El puente (1) y la torre (2), aunque modificados, existen todavía. El portal (3) puede situarse por la descripción del padre Aleu. La distribución del huerto con el aljibe y la noria (4) aparecen en los planos y existen todavía. La plaza de armas (5), la volumetría, la composición de huecos y la existencia de la andana se deducen igualmente de los planos y de las memorias. La disposición de las cubiertas puede deducirse gracias a las patologías constructivas descritas en las memorias de los proyectos.

La existencia de la plaza de armas, en el interior del palacio, que cita el padre Aleu en la descripción que hemos transcrito, podría deducirse igualmente de una curiosa noticia recogida por el archivero del monasterio de Santa María de Benifassà, y más tarde abad cuatrienal, fray Joaquín Chavalera. Este, en los inéditos Anales del Real Monasterio de Nuestra Señora de Benifazá redactados inicialmente por fray Miguel Joan Gisbert (años 1195-1604) y seguidos por Fray Joaquín Chavalera (años 1604-1820), refiriéndose al abad Daroca de Benifassà (1459-1532), cuenta que:

De su agilidad y fuerza física (del abad Daroca) se cuenta que iba con frecuencia a San Mateo a pasar temporadas con el Maestre de Montessa Llansol de Romaní, de quien era confesor, y con su teniente Despuig, y allí, en el palacio del maestre se ejercitaban en juegos de destreza; armados de punta en blanco el abad y el maestre se tendían al suelo y competían en agilidad para levantarse venciendo el inconveniente de las armas, en lo cual siempre salía victorioso el abad.5

Otras referencias literarias relativas al Palacio Maestral de Sant Mateu son ya, aunque de interés, posteriores a su destrucción. Estas reseñas suelen repetir noticias dispersas tomadas de la obra ya citada del padre Aleu. Entre estas reseñas cabe recordar las de Teodoro Llorente Olivares y la de Carlos Sarthou Carreres.

Teodoro Llorente, en Valencia, sus Monumentos y Ares, su Naturaleza e Historia,6 nos informa que:

Era San Mateo cabeza de una extensa gobernación, que comprendía veintinueve villas y lugares, y estaba a su frente un gobernador, intitulado Lugarteniente y capitán del Maestrazgo Viejo de Montesa. Los maestres tenían palacio en esta villa, y residían en él con tanta frecuencia, que, de los catorce que hubo (he aquí la lista de los maestres y fecha de su elección: 1319, Guillem de Eril, que murió a los tres meses en Peñíscola; 1319, Arnaldo de Soler; 1327, Pedro de Thous; 1374, Amberto de Thous; 1382, Berenguer Marco (estos cuatro murieron en San Mateo); 1411, Romeu de Corbera, almirante; 1445, Gilaberto de Montsoriu; 1453, Luís Despuig, llamado el Buen Maestre, ilustre capitán que se distinguió mucho al servicio de Alfonso V y Juan II, 1482, Felipe Boil (murió también en San Mateo); 1484, Felipe de Aragón, que murió en la guerra de Granada; 1488, Francisco Sanz; 1506, Bernardo Despuig; 1542, Francisco Llansol de Romaní; 1544, Pedro Luís Garcerán de Borja), cinco murieron allí. El cargo de lugarteniente fue suprimido en 1784 y entró San Mateo en la jurisdicción común.

Levantábase el palacio maestral (Torre, lo llamaron) a la otra parte de un barranquillo que ciñe la población: en su fortificado recinto celebró capítulos generales la Orden (en 1330 y 1550), reuniéndose ceremoniosamente todos los comendadores. Hoy apenas queda rastro de aquellas grandezas. La primera guerra carlista arrasó el alcázar de los maestres; el recinto que ocupaba es hoy un huerto, cuyas tapias han sido construidas con los disgregados sillares; en los andenes, bordeados de rosales, y en los cenadores, cubiertos de jazmines, he visto aún, esparcidos por el suelo, fustes de columnas rotos y chapiteles del gusto gótico más depurado (pertenece hoy ese huerto a D. Luís Beltrán White). Junto a la Torre, fundóse en 1360, por concesión de los Maestres, un convento de dominicos, que fue famoso, y en el que se celebró muchas veces capítulo provincial. También arrasó la guerra civil la iglesia y el convento, que hoy se levanta [la torre campanario], como solitario obelisco, en medio de una pradera donde pacen tranquilamente las vacas.

Don Luís Beltrán White, el propietario, en época de Teodoro Llorente, del solar donde un día se levantó el Palacio Maestral, pertenecía a una rica familia de Benicarló que había hecho su fortuna en el comercio del vino. El palacio, o su solar, debió de adquirirlo esta familia en época de la desamortización de Mendizábal.

Carlos Sarthou Carreres, en el tomo correspondiente a Castellón de la Geografía General del Reino de Valencia,7 recuerda que:

El señorío del Hospital cesó a 3 Diciembre 1317 y tomó posesión el de Montesa a 31 Agosto 1319. Esta orden hizo construir aquí (Sant Mateu) un palacio residencial del Gran Maestre, y en dicho edificio celebrose, en 25 de Mayo 1330 el primer capítulo general de esta religión. En 6 Noviembre 1327 murió aquí el Gran Maestre Fray Arnaldo Soler; y en el mismo siglo XIV murieron, en Agosto de 1374 y Julio 1382 respectivamente, los Maestres Fray Pedro y Fray Alberto de Thous.

... En 14 Agosto 1429 ocurrió en esta villa la extinción del cisma de Occidente con la abdicación de Clemente VIII (Gil Sánchez Muñoz) en manos del cardenal don Pedro de Foix, legado de Martino V. Verificose este histórico acto en el palacio del Maestre de Montesa (destruido después de la guerra civil de los siete años). Antes de ello, en 1414, había estado en esta villa (Benedicto XIII) con todos sus cardenales y servidumbre pontificia, celebrándose aquí las últimas sesiones del congreso cristiano-rabínico de la Corona de Aragón, que principió en Febrero de 1413 en Tortosa...

El 14 de abril de 1550 la Orden de Montesa celebró capítulo general en el palacio del Gran Maestre, que era a la sazón Pedro Luis Galcerán de Borja.

Las estancias del Papa Luna, en Sant Mateu, que cita Carlos Sarthou, fueron ampliamente documentadas por el historiador sanmatevano Betí Bofill en su Itinerario de Benedicto XIII, el Papa Luna.8

3. UN HALLAZGO INESPERADO

Hace algunos años el catedrático don Joaquín Bérchez me preguntó, pensando que yo conocería mejor la zona, dónde podría estar el Palacio Real de Sant Mateu. La pregunta correspondía a una noticia que el profesor Bérchez había encontrado manejando cierta documentación de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia correspondiente a 1768. La documentación señalaba que el arquitecto Rafael Morata «... a formado planos y relación que se envió a la corte para la reparación del palacio de la villa de San Mateo». Pasada la primera sorpresa (¿un Palacio Real en Sant Mateu?), pensé que podría referirse al palacio de los Maestres de Montesa, que en su última época, por las vicisitudes de la Orden, había pasado a patronato real.

La búsqueda de los planos citados, o de copia de ellos, en la Real Academia de San Carlos de Valencia, cuyos fondos habían sido catalogados precisamente por el profesor Bérchez, resultó infructuosa.

Al cabo de unos años y olvidada la noticia, cuando me encontraba en el Archivo Histórico Nacional, en Madrid, rebuscando unos papeles que nada tenían que ver con el Maestrazgo, casualmente pasó por mi mano una larga y extraña relación de planos sin catalogar como tales correspondientes a toda España. Entre ellos se encontraban reseñados «6 planos del palacio magistral de la villa de San Mateo de la Orden de Montesa». Me vino enseguida a la memoria la noticia de la Academia de San Carlos de Valencia. Los planos citados son los que a continuación se reseñan.

4. LA CATALOGACIÓN DE LOS PLANOS

Los seis planos encontrados en el Archivo Histórico Nacional de Madrid procedían del Consejo de Ordenes, legajo 3741, y llevan los números 58 al 63 de la carpeta 5. Presentándolos por orden cronológico, y adjuntando a cada uno la correspondiente letra del alfabeto, sus características son las siguientes:

EL PLANO A (AHN, OM, MPD.63_1).

Título: Explicación del Plan.

Autor: Bautista Muñoz.

Fecha S/D. 20 enero 1762.

Dimensiones: 36,7 × 53,5 cm.

Escala: Gráfica en palmos valencianos.


Plano A, Explicación del Plan, Bautista Muñoz, 20 de enero de 1762.

Técnica de representación: Manuscrito a la acuarela sobre papel. Tintas roja, azul y pajiza.

Observaciones: El plano lleva la siguiente leyenda: «1. Ventana al poniente y camino real; 2. Ventana al Huerto entre levante y cierzo; 3. Conducto cubierto para dar salida a las aguas que se recogen en aquella y parte y se introducen en el Almahacen. 4. Entrada al Almahacen; 6. Tinaja enterrada en el medio, a la que se puede encaminar el Aceyte si alguna se desgracia; 7. El Terreno que ocupa la Torre, debajo de la cual, al piso de tierra esta el Almahacen; 8. La pared restante del palacio por la misma parte del Camino Real».

El plano muestra una torre de planta cuadrada de 41,5 palmos valencianos de lado (9,4 metros), utilizada como almacén de aceite en su planta baja. El escrito que a continuación transcribimos indica que la torre se mantenía sólida mientras el adjunto muro del palacio estaba «viciado». Acaso porque la torre era construcción más fuerte y antigua.

Las anotaciones de que la ventana 1 y la pared restante del palacio dan al camino Real son valiosas informaciones que permiten situar la torre y el palacio. En cualquier caso, la torre con el almacén de aceite puede localizarse fácilmente gracias al plano B.

Junto a este plano debe relacionarse el siguiente escrito del mismo legajo:

Certifico el infrascrito maestro de Obras de la presente Ciudad haber pasado en compañía de don Bartholome Villarroya, Administrador general de la Mensa Maestral de la Orden de Nuestra Señora de Montesa a la villa de San Matheo, y reconocido con el mayor cuidado, si el Almahacen destinado en aquel palacio para recoger y guardar el fruto del Azeyte de la Administración, esta bien acondicionado o necesita de algunas obras o repasos; he hallado en todo el sola la necesidad de que se haga un conducto señalado N. 3 de el diseño que he formado y va firmado de mi mano para dar salida a las aguas que en aquel sitio, por alguna profundidad se recogen, y llegan a los Cimientos a introducirse en el mismo Almahacén, y pasan en la tinaja del medio N.6 cuyo conducto deverá fabricarse con su suelo pavimentado de ladrillo y argamasa blanca, y bien cubierto con losas algo distantes unas de otras para que las aguas puedan introducirse en el conducto. Cuyo importe, y el de algunos reparos muy ligeros, se juzgo según mi entender, con manos y materiales. Pues aunque es verdad que la pared de dicho palacio que corre desde el principio de la raya azul N.8 hasta encontrar con la pajiza N.7 esta viciada, este defecto no le padece la Torre, pues se mantiene con su rectitud o perpendicularmente. Y assi lo siento, y aparece actualmente sin que por ahora parezca, ni amenace ruhina alguna a dicho almahacen, sus paredes, y techo. Valencia 20 de Enero de 1762. Bautista Muñoz.

EL PLANO B (AHN, OM, MPD.61_1)

Título: Explicación del Plano del suelo bajo del palacio de la Villa de San Mateo según en el día existe.

Autor: Vicente Gascó.

Fecha: 3 de febrero de 1762.

Dimensiones: 53,5 × 37,5 cm.

Escala: Gráfica en palmos valencianos.

Técnica de representación: Manuscrito a la acuarela sobre papel.

Observaciones: Este plano lleva, en su parte superior, la siguiente leyenda: «1. Puerta principal; 2. Luna del patio; 3. Zaguan; 4. Escalera; 5. Luna de la escalera; 6. Paso; 7. Bugadero; 8. Cosina; 9. Cavallerias; 10. Corral; 11. Gallinero; 12. Lugares comunes; 13. Bodega en que estan treinta y sinco Tinajas del acite perteneciente a la Mensa Maestral; 14. Pajar; 15. Sebadera; 16. Cochera; 17. Quartos; 16. Archivo; 19. Huerto».


Plano B, Explicación del Plano del suelo bajo del palacio de la Villa de San Mateo según en el día existe. Vicente Gascó. 3 de febrero de 1762.

En el artículo del mismo título de 19939 se aclaraba que

aunque los planos B y C no están firmados, efectuada consulta a don Joaquín Bérchez, máximo especialista en la colección de dibujos de la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, éste nos comunicó que el tipo de letra de las leyendas y la forma del dibujo indican que podría haber sido realizado por el famoso arquitecto y director de la Academia de San Carlos de Valencia, Vicente Gascó.

En realidad no era de extrañar esta posibilidad, ya que Gascó realizó diversos proyectos para la zona y dos de ellos para la propia población de San Mateo: la renovación de la iglesia arciprestal y un puente en el camino a Traiguera.10 Los nuevos documentos localizados por la catedrática Mercedes Gómez-Ferrer Lozano confirman definitivamente esta hipótesis.

Una serie de letras distribuidas por el plano, con otro color, y con referencia literaria en hoja aparte, describe el proyecto. Este tipo de representación proyectual era frecuente en la época. El documento comienza de la siguiente forma:

Aviendome constituido el infra firmado maestro mayor de las obras reales y de la religión de Montesa en el Real Palacio de la Villa de San mateo a fin de reconocer el estado actual de dicho palacio y las obras que se necesitan hazer en el para su conservación y precisa desensia de la avitación correspondiente he formado los planos adjuntos que demuestran su distribución, figura y capacidad en el suelo baxo y habitación principal para poder notar en ellos quales sean las obras y en qué partes devan executarse las que precisamente se necesitan que son las siguientes...

El proyecto hace un detenido y muy profesional análisis de las patologías constructivas, señalando especialmente el mal estado del muro recayente al camino real, la pudrición de las vigas del techo de la planta noble y la ruina de las cubiertas y terrados. La memoria va dando y valorando económicamente cada solución con una expresión concisa y suficiente. El documento podría ponerse como modelo para los proyectos actuales, mucho más extensos y menos precisos. La cuantía de la obra la valora en 1.919 pesos.

No obstante, la memoria acaba proponiendo:

Pero considerando que la suma declarada solo se emplea en obras y reparos de precisa necesidad y conservación y que después de executadas estas quedara el palacio con las mismas incomodidades que tiene en el dia de tener solas dos alcobas en la avitación principal, y estar muy reducidas, tener la avitación mirando al norte, y a una altura de techos desproporcionada que todo contribuye a la incomodidad mayormemente en un pahis frio y no teniendo el palacio edificio alguno que lo resguarde y tener el archivo en el suelo bajo en que tomando los papeles la humedad se echan a perder y lo que mas es que por ser la obra de este palacio un edificio grande que es de ver en los planos y estar muy deteriorado generalmente en sus paredes, suelos y cubiertas quedara siempre expuesto a indispensables y cotidianos gastos para su conservación. Por tanto parece ser de mi obligación hacer presente que lo mas útil y conveniente serie demoler el palacio que existe y aprovechando todos los materiales de este disponer una nueva fabrica en la situación de la letra M, radicada a la precisa avitación que necesita el gobernador con lo qual se lograría la comodidad de aproximarle a la población y la de disponer la vivienda a la región del medio dia, y el archivo en paraje propio para custodia de los papeles y sobre que la nueva obra costaría muy poco mas de dos mil pesos, ese lograba la utilidad de que esta nueva fabrica no ocasionaría gastos de conservación que de componer el palacio antiguo no podrán evitarse.

EL PLANO C (AHN, OM, MPD.62_1)

Título: Explicación del Plano de la Avitación Principal del Palacio de la Villa de San Mateo según en el dia existe.

Autor: Vicente Gascó.

Fecha: 3 de febrero de 1762.

Dimensiones: 53,5 × 36,7 cm.

Escala: Gráfica en palmos valencianos.

Técnica de representación: Manuscrito a la acuarela sobre papel.

Observaciones: Este plano complementa al anterior, ya que dibuja la planta noble del mismo edificio. La leyenda situada, como en el plano B, en la parte superior indica: «1. Escalera principal; 2. Luna de la escalera; 3. Recividor x Oratorio; 4. Salón; 5. Quarto que le priva la chimenea de la cocina de bajo; 5. Quartos; 7. Alcobas; 8. Quadra; 9. Trancito para la cosina; 10. Cosina; 11. Poso; 12. Comedor; 13. Rebostes; 14. Piezas que solo sirven de transito; 15. Escalera que comunica a los desvanes y Texado; 16. Carbonera; 17. Lugares comunes; 18. Situación del corral en el suelo bajo; 19. Situación de la luna del patio en el suelo bajo; 20. Situación del huerto en el suelo bajo».


Plano C, Explicación del Plano de la Avitación Principal del Palacio de la Villa de San Mateo según en el día existe. Vicente Gascó. 3 de febrero de 1762.

EL PLANO D (AHN, OM, MPD.59_1)

Título: Plan del palacio de la Villa de San Matheo. Plan piso Tierra.

Autores: Raphael Morata y Bautista Muñoz.

Fecha: S/D, 6 de marzo de 1762.

Dimensiones: 94 × 41,5 cm.

Escala: Gráfica en palmos valencianos.

Técnica de realización: Manuscrito a la acuarela sobre papel. Tintas roja y pajiza.

Observaciones: Un cartucho situado a la derecha del plano y encabezado por una cruz lleva la siguiente leyenda: «1. Plaza o Patio; 2. Carrosera; 3. Saguan; 4. Luna; 5. Pozo y Pila; 6. Escalera; 7. Transito; 8. Cuartos de cuadra; 9. Caballeriza; 10. Pajar; 11. Corral; 12. Almacen de aceyte; 13. almacen de Trigo; 14. Bodega; 15. lagares; 16. Huerta; 17. Noria; 18. Balsa; 19. Poyos y pilares de emparrado».

El plano muestra, igual que los anteriores B y C, aunque con grafismo muy diferente, una parcela aproximadamente rectangular de 460 × 175 palmos valencianos (104,1 × 39,6 metros) limitada por una gruesa tapia y situada junto a un camino. La parte construida se sitúa junto al camino y se accede a ella a través de una plaza o patio. El edificio se desarrolla a partir de otro patio, interior, donde se sitúa la escalera que lleva a la planta noble. La planta baja o piso tierra, que se representa en este plano, estaba destinada a albergar cuadras y caballerizas, así como almacenes de trigo, aceite y vino. Estos almacenes disponían, cada uno, de una puerta que abría directamente al camino. La zona situada entre la tapia exterior y la edificación era una huerta, que estaba regada por una noria y que disponía de una balsa, una canalización de riego y un emparrado de obra.

La documentación que se corresponde con este plano señala:

Se muestra lavada con el color encarnado lo que en el dia existe, y se puede continuar sin novedad, y lo que se distingue con el color pajizo es la que parece conveniente que nuevamente se haga y parte de ella se ha de deshacer y volver a ejecutar por estar arruinada según se dira en su lugar y parte planteada de nuevo por el nuevo proyecto y con relación a los números pasamos a señalar [...].

Las propuestas de actuación de este segundo proyecto son similares al de Vicente Gascó, es decir, rehacer los muros recayentes al camino y reparar techos y cubiertas. Su propuesta de reparación costaba 2.935 libras.


Plano D, Plan del palacio de la Villa de San Matheo. Plan piso Tierra. Raphael Morata y Bautista Muñoz. 6 de marzo de 1762.

EL PLANO E (AHN, OM, MPD.60_1).

Título: Plan de la havitacion pral. del Palacio de la Villa de Sn. Matheo.

Autores: Raphael Morata y Bautista Muñoz.

Fecha: S/D. 6 de marzo de 1762.

Escala: Gráfica en palmos valencianos.

Técnica de realización: Manuscrito a la acuarela sobre papel. Tintas roja y pajiza.

Observaciones: Como en el plano D, un cartucho se dispone a la derecha del plano y va encabezado por una cruz. Lleva la siguiente leyenda: «1. Recibidor; 2. Trancito; 3. Quadra; 4. Alcoba; 5. Luna; 6. Sottea; 7, Quarto; 8. Oratorio; 9. Cosina; 10. Comedor; 11. Poso y Pila; 12. Lugar coún; 13. Sala; 14. Sala de Audiencia; 15. Archivo; 15. Reboste. Plan del piso de la Abitación del Gobernador».

El plano E se corresponde en todo con el D y muestra la planta piso correspondiente al plano anterior. Al igual que este último, va firmado por los maestros de obras y por el administrador general Villarroya. Los comentarios realizados para el plano anterior son válidos para este. El plano muestra las dependencias de la planta noble de un palacio de característica disposición medieval.


Plano E, Plan de la havitacion pral. del Palacio de la Villa de Sn. Matheo. Raphael Morata y Bautista Muñoz. 6 de marzo de 1762.

EL PLANO F (AHN, OM, MPD.58_1)

Título: Frontispicio principal del real Palacio Maestral de la Villa de San Mateo y Planta del piso principal de el según existe oy 8 de enero 1781.

Fecha: 8 de enero de 1781.

Dimensiones: 53,5 × 36,7 cm.

Autor: Anónimo, atribuible a Rafael Morata.

Escala: Gráfica en palmos valencianos.

Técnica de representación: Manuscrito a la acuarela sobre papel.

Observaciones: Este plano carece de toda referencia documental en el legajo. El título del plano menciona un «frontispicio» o fachada que ha desaparecido.

El plano muestra un proyecto de renovación y redistribución de la planta principal del palacio. Las anotaciones distribuidas por el plano y una leyenda situada en la parte superior, con referencias alfabéticas, informan de las reformas. Una referencia suplementaria de números distribuidos por el plano, que debía de ir explicada en una hoja aparte, se ha perdido.

La leyenda situada en la parte superior del plano dice lo siguiente: «A. Puerta principal para la sala del descanso de la escalera; B. Puerta que entra de la Naya al recibidor; C. Puerta para entrar a la Sala de la Frontera de Palacio; D. Una alcova en dicha sala sobre la escalera; E. Puerta de la cocina; F. Puerta de la quadra; G. Ventana que mira al jardín; H. Ventana al jardín; J. Ventana que mira a un descubierto; M. Puertas para salas y quartos; P. Ventanas a la calle y luna; R. Puerta ventana que sala a Pozo y Pila».

El hecho de que el título del plano señale expresamente que se trata de la «Planta del piso principal de el según existe oy» indica que las obras propuestas en los proyectos citados en los planos B, C, D y E se realizaron. El cambio en la disposición de las piezas recayentes al camino que no aparecían en ninguno de los proyectos cabe entenderlo dentro de la operación de demoler y reconstruir el arruinado muro del camino. Al carecer de la memoria de este plano desconocemos la referencia. No obstante, dado que todas las llamadas se sitúan en puertas y ventanas, podría tratarse de una memoria de carpintería.

La noticia citada inicialmente gracias al profesor Bérchez de que en 1768 «el arquitecto Rafael Morata... a formado planos y relación que se envió a la corte para la reparación del palacio de la villa de San Mateo», hace pensar que este plano es parte de un tercer proyecto, que es el que se llevaría a cabo. Cabe recordar que, generalmente, los planos que se conservan son los que no se han utilizado y a este plano le faltan el «frontispicio» y la planta baja.


Plano F, Frontispicio principal del real Palacio Maestral de la Villa de San Mateo y Planta del piso principal de el según existe oy 8 de enero 1781. Anónimo.

5. UN PALACIO GÓTICO

Los planos encontrados en el Archivo Histórico Nacional permiten la localización precisa del lugar en el que se encontraba el Palacio Maestral. El histórico solar de Montesa es actualmente una parcela cercada con fuerte tapia (como estaba antiguamente) en la que hay una vivienda en parte de la zona que ocupó el palacio. El resto está destinado a huerta. La parcela se localiza a la salida de Sant Mateu, junto a la carretera que va desde esta población a Cervera del Maestre. El lugar coincide con la descripción de la situación dada por el padre Aleu y por el esquemático dibujo que de «La casa del gobernador» da el plano de las Monjas Agustinas de 1773.11


Detalle del plano de Sant Mateu de 1773 que custodian las monjas agustinas. En la parte superior, dibujados de forma convencional, pueden verse «La Casa del Governador» y el Convento de Santo Domingo.

La situación de la Torre-Palacio fuera de las murallas y a la otra parte del río de Palacio no es extraña. La situación de la residencia señorial cercana, pero separada de la población, era frecuente en la Edad Media. Las peculiares relaciones entre el señorío y sus súbditos así lo aconsejaban. Cabe recordar que el Palacio Real de Valencia se situaba con disposición muy similar a la de Sant Mateu; junto a la ribera del río Turia, pero en la orilla contraria en la que se situaba la ciudad.

El Palacio Maestral estaba construido en una amplia parcela cercada por más de 4000 m². Los planos muestran una construcción en la parte recayente al camino real, a la que se accedía a través de una plaza o patio de armas, rodeada igualmente por una fuerte tapia. Este patio de armas debía de ser donde el abad Daroca y el maestre Llansol de Romaní se ejercitaban en juegos de destreza.

El palacio propiamente dicho se desarrollaba a partir de un patio descubierto desde donde se accedía a las caballerizas, bodegas, depósitos y dependencias de la planta baja. En el mismo patio se situaba una escalera en ángulo, al descubierto, aunque al amparo de techado. En la planta noble se situaban las salas, el oratorio, los archivos y las cocinas. Sobre esta planta había otra con desvanes. La situación de la escalera de acceso a estos desvanes está señalada en los planos. Junto al palacio se situaba una fuerte torre de construcción más sólida (y acaso más antigua) que el palacio. El certificado de Bautista Muñoz realizado en 1762 indica que aunque los muros del palacio estaban «viciados» la torre permanecía en buen estado.

El edificio que muestran los planos sigue puntualmente el tipo de palacios góticos que se desarrollaron a lo largo del Mediterráneo controlado por la Corona de Aragón en la Edad Media.12 Alrededor del palacio y hasta la tapia habría un huerto jardín como los que tan frecuentemente se representan en los libros miniados medievales. Nada sabemos de las fachadas, aunque no es precisa mucha imaginación para pensar que los portales de entrada serían arcos dovelados de medio punto y las ventanas estarían formadas con finos parteluces, como todavía pueden verse en la Sala Municipal y en la casa Borrull o en el palacio de la Audiencia en el mismo Sant Mateu.13 Las salas de la planta noble, en la que se desarrollaron tantos hechos históricos, estarían cubiertas por techos formados por vigas y tableros policromados.


(1) Fragmento de tracería de ventana aparecido en el solar de la torre-palacio de Montesa. (2) Reconstrucción parcial de la tracería de la ventana a partir del fragmento aparecido.

La documentación del Archivo General de Simancas señala que el edificio, desde que lo desocuparon los maestres, había sido ocupado por los gobernadores, lugartenientes del Maestrazgo. Entre 1750 y 1757 se extinguió el empleo de Gobernador, y el edificio era utilizado por el administrador para almacenar los frutos; al nombrarse nuevo gobernador en 1757, este solicitó su reparo para poder habitarlo. Surgió entonces el debate sobre si era necesario dar casa al gobernado y componer un edificio que no tenía un uso claro. A pesar de todo y a solicitud del administrador, a 18 de junio de 1761 se había decidido hacer obras en el edificio, en 1762 se realizaron unos planos –los conservados en el Archivo Histórico Nacional– y en 1768 un arquitecto del Maestrazgo realizó otro plano. Se decide entonces –en mayo de 1768– reparar el palacio llevando a cabo solamente una parte de las obras propuestas en 1762.

Del examen de los escritos que acompañan a los planos se desprende que el palacio se utilizaba únicamente como almacén y se encontraba, en 1762, en peligroso estado de ruina. El muro recayente al camino real estaba vencido y muchas de la vigas podridas; las cubiertas amenazaban también ruina. El gobernador de Sant Mateu se había visto obligado a trasladar su residencia a otro edificio, había solicitado la reparación del inmueble y encargado el proyecto al arquitecto Juan Barceló, «el más hábil de los que se encuentran en el Maestrazgo». El administrador general de la Mensa Maestral, Villarroya, no fue de la misma opinión; propuso el reconocimiento y plan realizados por un maestro de obras de la ciudad de Valencia «inteligente y de confianza», como subraya Villarroya. Este era sin duda Vicente Gascó y Masot, «maestro mayor de las obras reales y de la religión de Montesa», como firma el documento; arquitecto con formación universitaria y que en el mismo año 1762 había obtenido el grado de académico de mérito por la Academia de San Fernando, y que al año siguiente comenzaría la decoración de la basílica de Nuestra Señora de los Desamparados de Valencia.14 Como sería habitual en él, acabó la memoria proponiendo la demolición del palacio y la construcción de otro nuevo aprovechando los materiales de derribo. De hecho, hizo la misma propuesta para la iglesia arciprestal de Sant Mateu y para la catedral de Segorbe, entre otras. Acaso por esta razón, o por sus múltiples ocupaciones, se realizó otro proyecto por dos maestros de obras de Valencia, Raphael Morata y Bautista Muñoz.15

No obstante, como se ha dicho anteriormente, sabemos de un tercer proyecto, ya que en 1768 «el arquitecto Rafael Morata... a formado planos y relación que se envió a la corte para la reparación del palacio de la villa de San Mateo». Acaso el plano E es parte de este tercer proyecto, que es el que se llevaría a cabo. Cabe recordar que, generalmente, los planos que se conservan son los que no se han utilizado, y este plano está recortado, con las leyendas situadas en lugar impropio, y ha perdido el «frontispicio» y la planta baja.

El hecho de que Morata y Muñoz ya en su memorias correspondientes a los planos D y E no presupuestaban la carpintería de taller (sí la de armar) es acaso el motivo por el que aparece el último, anónimo y reaprovechado plano con la obra realizada y referencias únicamente a puertas y ventanas.

Tras las destrucciones de la primera guerra carlista y la desamortización de Mendizábal, el nuevo propietario, Luis Beltrán White, construyó sobre el solar un jardín que, aunque arruinado, permanece en parte. Los actuales propietarios han tenido la amabilidad de mostrarme el edificio. Del antiguo palacio, tal como se presenta en los planos, solo parece subsistir la noria, la balsa y el pozo del patio. Tanto en las tapias como por el interior de la parcela se ven restos dispersos de cantería medieval utilizada al rehacer los muros. Únicamente una excavación arqueológica añadiría nuevos conocimientos sobre el insigne Palacio de los Maestres de Montesa.

APÉNDICE DOCUMENTAL

Localización de nuevos documentos y transcripción: Mercedes Gómez-Ferrer Lozano.

1.

AHN, Órdenes Militares, legajo: 3741. Caja 2.

Reconocimiento de las obras que necesita el palacio de San Matheo 20 de enero de 1762 remito reconocimiento y plan del Palacio, y almazen, su quebranto y costo de su reparo que regula el maestro de obras. Firmado por Bautista Muñoz.

Certifico el infrafirmado maestro de obras de la presente ciudad, haver pasado en compañía de Bartolomé Villaroya administrador General de la Mensa Maestral de la orden de Nuestra Señora de Montesa a la villa de San Matheo y reconocido con el mayor cuidado, si el Almahacen destinado en aquel palacio para recoger y guardar el fruto del azeyte de la Administración, está bien acondicionado o necesita de algunas obras o reparos, he hallado en todo el sola la necesidad de que se haga un conducto señalado n.º 3 en el diseño que he formado y va firmado de mi mano para dar salida a las aguas que en aquel sitio por alguna profundidad se recogen y llegan por los cimientos a introducirse en el mismo almahacen y paran en la tinaja del medio n.º 6, cuyo conducto deberá fabricarse con su suelo pavimentado de ladrillo y argamasa blanca y bien cubierto con losas algo distantes una de otras par que las aguas puedan introducirse en el conducto, cuyo importe y el de algunos reparos muy ligeros le juzgo según mi entender y practica por diez libras de esta moneda con manos y materiales. Pues aunque es verdad que la pared de dicho palacio que corre desde el principio de la raya azul n.º 8 hasta encontrar con la pajiza n.º 7 está viciada, este defecto no le padece la torre, pues se mantiene con su rectitud o perpendicularmente. Y assi lo siento y aparece actualmente sin que por ahora aparezca ni amenace ruina alguna a dicho al macen y sus paredes, y hecho en Valencia a 20 de enero de 1762, Bautista Muñoz.

2.

Luego que recebí lla de V Ex de 19 del pasado en que se servia darme aviso de haver conferido su M a V ex la dirección de la obra que se necesite en este palacio, mandé llamar al maestro Juan Barcelo, vecino de la villa de Alcalá, el más hábil de los que se encuentran en el Maestrazgo, y habiendo en el dia de ayer finalisado el reconocimiento de el, me expuso haría un plan del palacio, su situación, abitaciones y estado en el que se hallaba, y el cortes que tendría su reparo con individualidad de materiales, manos y demás pertrechos...

El maestro me dixo convendría se sacase quanto havia en el palacio inmediatamente pues amenasaba mucha ruina y estando aun en el archivo he practicado diligencia de hacer vaciar una casa contigua a la que arrendé para mi habitación y trasladar dicho archivo a la expresada casa...

2 de enero de 1762. José Tomas Garcés de Marcilla.

3.

Muy señor mío, acompaño la relación del maestro y planos del palacio de San Matheo, la breve relación histórica de su fundación.

En el año 1754, hospedé en el, ocho o diez días, y reconocí lo mismo que expone el maestro, y su dictamen de que se haga una casa decente para el gobernador, lo tengo por arreglado y aun necesario respeto de que los materiales del palacio se pueden aprovechar y habrá bastante piedra y madera para la nueva fabrica, que puede ser más reducida y acomodada, siendo el palacio actual un cascarón totalmente desacomodado para invierno y verano. 31 de enero de 1762, lo firma Fray José Ramírez.

En su historia dice que el Palacio Maestral lo fabricaron el maestre y cavalleros de San Juan antes de la Fundación de la orden de Montesa, como lo demuestra las armas y cruzes colocadas a la portada y en diferentes piezas, y lo mismo aparece por las memorias y documentos de aquellos tiempos. Y no hay memoria de que se haya hecho alguna obra capital en dicho palacio.

Aviendome constituido el infra firmado maestro mayor de las obras reales y de la religión de Montesa en el Real Palacio de la Villa de San mateo a fin de reconocer el estado actual de dicho palacio y las obras que se necesitan hazer en el para su conservación y precisa desensia de la avitación correspondiente he formado los planos adjuntos que demuestran su distribución, figura y capacidad en el suelo baxo y habitación principal para poder notar en ellos quales sean las obras y en qué partes devan executarse las que precisamente se necesitan que son las siguientes:

La porción de pared que va notada en los planos con las letras A en toda la distancia que dicha letra demuestra y altura del Palacio que es de cinquenta palmos está amenazando ruina, y en puerta de esto esta privado el transito de carruajes en el dia, por estar dicha pared muy desplomada y averse ya separado de las demás paredes con diferentes roturas que lo acreditan, y a este efecto se han de apuntalar las cubiertas que carguen en ella y son las del piso de la habitación principal, la del piso del desban y la del tejado, y en seguida practicar la demolición de la pared desde lo alto hasta sus cimientos y si estos se encontrasen buenos se cargaría sobre ellos y de lo contrario se deberán abrir de nuevo con quatro palmos y medio de ancho y la profundidad que pida el terreno hasta que se encuentre firme, y se llenaran de piedra reble y argamasa blanca hasta igualar con el suelo de la calle donde tomará principio la nueva pared de tres palmos de grueso hasta el piso principal, de este al del desban de dos palmos y medio y de dos palmos solo hasta el tejado todo de piedra reble, aprovechando la que saliere de la demolición y argamasa blanca, haciendo unas cadenas de tres iladas de ladrillos de seis en seis palmos, y dejando en los parajes que en el dia existen los vacíos de puertas y ventanas para poder aprovechar las mismas que sirven formando brancas de ladrillo y argamasa y los arcos de ladrillo y hierro y reponer las ciutadas puertas y ventanas en sus lugares, restituir el alero y volada del tejado y lo que se hubiese descompuesto de los piezas y lucir la referida pared con argamasa blanca interior y exteriormente en lo qual como pende parte del cortes de la buena o mala calidad de los cimientos viejos y de la mayor o menor demolición que en la execución resulta precisa en las paredes a quien esta unida la que se proyecta, no puede hazerse puntual y exacta averiguación de su coste, pero con todo al poco mas o menos costará setecientos y treinta pesos.

El recibidor que va notado con la letra B, tiene podridas la mayor parte de las bigas de su techo, por lo que se haze preciso quitarlas y poner en su lugar veynte revoltones nuevos de un palmo en quadro cada uno y veinte y quatro palmos de largo, que sepillados y obrados constará cada uno tres pesos y todos sesenta pesos.

Se deveran hazer las bovedillas de cincos revoltones, luzirlas con yeso por bajo y hazer el suelo de arroba trespolado con hiesso y argamasa lo que costara de manos y materiales quarenta pesos.

Hallandose el suelo del mismo recibidor pavimentado de ladrillos y tan desquiciado que apenas ay alguno de ellos entero, se haze preciso reponer en esta pieza un nuevo piso de tablero pequeños sentados con argamasa blanca que costara de manos y materiales veinte y cinco pesos.

Estando el quarto de la letra C sin uso alguno por estar ocupado de una chimenea la cocina del suelo bajo que no sirve de utilidad alguna y carenciendo esta avitación de una pieza para el juzgado o tribunal en parte libre del transito de los domesticos y siendo el mas propio terreno que para ella puede destinarse el citado cuarto de la letra C, y el de la letra D, deberá quitarse la chimenea que le ocupa y la pared que divide entrambos y de ellos hazer una sola pieza colocando diez revoltones que formen el piso del cuarto C, otros seis que formen el techo y siete bigas para cubrirlo de tejado, poniendo bovedilla y suelo de tableros en lo que mira a la habitación principal, traspolandolo con hieso y argamasa en lo que mira al desban y pavimentando con tejas y argamasa blanca en lo que respeta al tejado, en lo qual podrán aprovechar los revoltones que salieren buenos de los que se propuesto quitar del recibidor y asi mismo devera abrirse el bacio de una puerta de cinco palmos de ancho y diez de alto para que de comunicación del recibidor a esta pieza y en dicho bazio se colocará una puerta de dos cloendas guarnecida con su pasador, serraja y lleve, lo que costara de manos y todo materiales noventa y cinco pesos.

Encontradose el techo de la pieza de la letra E tan inútil que todos los revoltones están podrecidos y amenazando ruina a causa de que el techo que les cubre es terrado y todo el se llueve se haze preciso deshacer este techo y bolberle a formar poniendo dos revoltones de trenta y seis palmos de largo, un palmo y medio de alto y un palmo y dos dedos de grueso que cada uno cale obrado y sepillado seis pesos y todos setenta y dos.

Y asi mismo se han de hazer las bovedillas de estos revoltones de ladrillo y hieso luciéndolas por abajo y traspolando un piso por arriba con hiesso y argamasa lo que costará cinquenta pesos.

Siendo el motivo de la ruina de la pieza antecedente las goteras del terrado que la cubre y se dilata en todo el ámbito que comprenden la letra F, para evitar semejante ruina la restante porción que aun esta de mediano uso y precaver la nueva reboltonada, que se ha propuesta se devera cubrir de tejado toda la porción referida para lo qual se necesitan treinta bigas de treinta y seis palmos de largo, un palmo y medio de alto, un palmo de grueso que costará cada una cinco pesos y todas ciento y cinquenta.

Asi mismo se devera encambironarse todo con listones de tres y cinco del palmo clavados a todas las bigas y entabacarlo con ladrillo delgado y jaherrado con hiesso y hazer el tejado con teja y argamasa blanca lo que costará de manos y todos los materiales trescientos quarenta pesos.

Respecto a la ciutada pieza de la letra E ay una chimenea volante a l aparte del corral con unos permodos de piedra que sostienen sus paredes y que el peso de estas ha inclinado los permodos y arrastra tras si la pared de dicha pieza deberá demolerse esta chimenea y hazer un repie en la parte de la pared vencida lo que costará veinte y cinco pesos.

Hallandose el quarto de la letra G sin otra luz que la que puede tomar de otra pieza y siendo su entrada incomoda por una grada que tiene deberá ocurrirse a estos inconvenientes mazisando la puerta y quitando el tabique que media entre este quarto y el reboste y abrir una puerta en el tabique y sobre esta una ventanas para que reciba luz y colorar la referida puerta de quatro palmos y medio de ancho, nueve de alta de una hoja llana con su serraja y llave todo lo que costará diez y ocho pesos.

No teniendo el palacio lugar donde poner un coche al cubierto, ni lugar a mano de que poder valerse por estar fuera de la población y siendo el lugar mas propio y en que a menos costa puede hazerse carrozera el terreno de la letra H deberá abrierse una puerta con un arco capaz para un coche en la situación de la letra I colocando una puerta en la pared del patio y quitar la pared de la letra J de forma que todo quede de una sola pieza lo que costará cincuenta y cinco pesos.

Por quanto la alcoba que va figurada con la letra L esta volante para dejar libertad a la escalera principal y carga sobre una solera de piedra que se ha rompido, deberá apuntarlarse el tabique y quitar dicha solera poniendo en su lugar una solera de madera y falcar nuevamente el tabique lo que costara cuatro pesos.

Encontradose las paredes de todo el palacio generalmente maltratadas por su mucha antigüedad y por aver penetrado las aguas a causa de no estar lucidas en lo exterior se haze preciso hazer en todo el cuerpo de la obra muchos pies y repies y tapar diferentes descarnados y grietas lo que costará con poca diferencia ciento y veinte pesos.

Igualmente se encentran todos los suelos de la avitación muy desquiciados, los tejados faltos de teja lo que devera reponser para que quede todo con la precisa decencia y costara ochenta y cinco pesos. Y ultimamente se deveran componer muchas puertas y ventanas que están descompuestas poniendo en algunas las bisagras y pasadores que faltaren lo que costará cinquenta pesos. Total 1.919 pesos.

Pero considerando que la suma declarada solo se emplea en obras y reparos de precisa necesidad y conservación y que después de executadas estas quedara el palacio con las mismas incomodidades que tiene en el dia de tener solas dos alcobas en la avitación principal, y estar muy reducidas, tener la avitación mirando al norte, y a una altura de techos desproporcionada que todo contribuye a la incomodidad mayormente en un pahis frio y no teniendo el palacio edificio alguno que lo resguarde y tener el archivo en el suelo bajo en que tomando los papeles la humedad se echan a perder y lo que mas es que por ser la obra de este palacio un edificio grande que es de ver en los planos y estar muy deteriorado generalmente en sus paredes, suelos y cubiertas quedara siempre expuesto a indispensables y cotidianos gastos para su conservación. Por tanto parece ser de mi obligación hacer presente que lo mas útil y conveniente serie demoler el palacio que existe y aprovechando todos los materiales de este disponer una nueva fabrica en la situación de la letra M, radicada a la precisa avitación que necesita el gobernador con lo qual se lograría la comodidad de aproximarle a la población y la de disponer la vivienda a la región del medio dia, y el archivo en paraje propio para custodia de los papeles y sobre que la nueva obra costaría muy poco mas de dos mil pesos, ese lograba la utilidad de que esta nueva fabrica no ocasionaría gastos de conservación que de componer el palacio antiguo no podrán evitarse.

Valencia 3 de febrero de 1762, Vicente Gascó.

4.

Hay otra propuesta de Rafael Morata y Bautista Muñoz (con otras aportaciones), que son a las que se refieren los planos.

Están firmadas el 6 de marzo de 1762.

Su propuesta de reparación cuesta 2.935 libras.

Se muestra lavada con el color encarnado lo que en el dia existe, y se puede continuar sin novedad, y lo que se distingue con el color pajizo es la que parece conveniente que nuevamente se haga y parte de ella se ha de deshacer y volver a ejecutar por estar arruinada según se dira en su lugar y parte planteada de nuevo por el nuevo proyecto y con relación a los números pasamos a señalar [...].

Lo de la pared exterior concluyen lo mismo, que seria conveniente el deshazerla.

Respecto al almacen de trigo y azeite, n.os 12 y 13, hazer nuevamente todas las paredes y formar la pieza.

Almazen de aceite 12, abrir puerta a la calle.

Construir lagares inmediatos a la bodega, en el n.º 15.

Formar la carrozera que demuestra el n.º 2.

Hazer las dos paredes del corral.

Componer la caballeriza, n.º 9 del plan.

Habitaciones principales para el gobernador, 1, 2, 3 hazer diversas obras.

Quitar jazenas podrecidas.

Quitar una alcoba que esta en voladizo sobre la escalera principal.

Pieza tres que mira a la plaza del palacio, hacer un cielo raso, porque el cielo que hoy tiene esta tercera pieza es elevadísimo y todo ahumado por hallarse en este lugar la cocina.

N.º 4, lo mismo cielo raso por la misma razón, nuevos pavimentos.

7, 8 y 9 descarnados, grietas y pavimentos.

9 formar una cocina como lo demuestra el plan y una escalera de caracol para subir a los desvanes y tejados.

16 y las dos inmediatas, componer paredes, hazer nuevo el pozo, pila y lugar común como manifiesta el plan n.os 11 y 12.

13 tiene arruinado el techo errado toda la madera podrecida.

Pieza 14 se podrá formar una sala para audiencia derribar una gran chimenea que sube hasta lo alto de la casa, desde la cocina que en tiempo delas pasadas guerras para el uso de los ingleses alojados en aquel palacio se hixo en el piso de tierra y ocupa la mitad de esta pieza hazer cubiertas.

1. El presente artículo remite y pone al día otro con el mismo título y contenido publicado en las Actas de las Terceras Jornadas de Historia, Arte y Tradiciones Populares del Maestrazgo realizadas por el Centro de Estudios del Maestrazgo (San Mateo 5, 6 y 7 de diciembre de 1992, pp. 113-132). Agradezco a la profesora Yolanda Gil las laboriosas gestiones realizadas para obtener las copias en color de los planos del Palacio de Montesa que se custodian en el Archivo Histórico Nacional. También agradezco a las profesoras Mercedes Gómez-Ferrer Lozano y Yolanda Gil la localización y la transcripción in extenso de nuevos documentos de archivo procedentes del Archivo Histórico Nacional y del Archivo de Simancas que aclaran definitivamente la autoría de algunos planos y el proceso de su realización. Reitero el agradecimiento al propietario del histórico solar, don Eduardo Ferreres, por las facilidades para visitarlo.

2. José Mateo Vidal Adell: «Sobre Betí y los nuevos mitos de San Mateo», en Terceras Jornadas sobre Historia, Arte y Tradiciones Populares del Maestrazgo: Sant Mateu, 5, 6 y 7 de diciembre de 1992, Benicarló, 1993, pp. 183-196.

3. Eugenio Díaz Manteca: El Libro de poblaciones y privilegios dela Orden de Santa María de Montesa (1234-1429), Diputación de Castellón, 1987.

4. Ildefonso Aleu: Historia de la Ilustre villa de San Mateo de las Fuentes del Maestrazgo de Montesa, o relación de lo ocurrido en ella desde su fundación hasta el tiempo presente; con la noticia de sus privilegios, escritores, hombres famosos, comunidades, Gobierno y otras cosas que lo ilustran. Manuscrito inédito, escrito hacia 1836. Copia transcrita por Manuel Betí y facilitada cortésmente por el Ayuntamiento de Sant Mateu. Agradezco especialmente la atención de don Jaime Besalduch.

5. Josep Alanyà i Roig: «Fra Daroca i el Conjur de Benifassá», Boletín de Amigos de Morella y su Comarca, 7, 1985-1986, pp. 67-89.

6. Teodoro Llorente: España, sus Monumentos y Artes – su Naturaleza e Historia, Valencia, Barcelona, 1887, pp. 287-288.

7. Carlos Sarthou Carreres: Geografía del Reino de Valencia, tomo IV (Castellón de la Plana), Barcelona, S/F, 1919.

8. Manuel Betí Bonfill: «Itinerario de Benedicto XIII en España (1409-1423)», Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, IV, 1923, pp. 51-94.

9. Véase nota 1.

10. Arturo Zaragozá Catalán: «La Iglesia arciprestal de Sant Mateu», en Yolanda Gil: La Llum de les Imatges 2005, Generalitat Valenciana, 2005, pp. 94-123.

11. Arturo Zaragozá Catalán y Miguel García Lisón: «El plano de San Mateo de 1773 que custodian las monjas agustinas», Boletín del Centro de Estudios de Maestrazgo, 32, 1990, pp. 103-104, portada y contraportada.

12. Arturo Zaragozá Catalán: Arquitectura Gótica Valenciana, Valencia, 2000.

13. De las ventanas del Palacio de los Maestres de Montesa en San Mateo conocemos al menos un fragmento aparecido en el subsuelo del antiguo palacio, noticia que nos ha sido facilitada por su actual propietario, don Eduardo Ferreres. Al ser un fragmento de tracería, este permite la reconstrucción del su conjunto. Su restauración gráfica permite comprobar que la ventana era similar a una de las existentes en el palacio del rey Martín en Poblet y no de menor excelencia en su factura. El diseño es altamente interesante porque remite a formas empleadas de manera coetánea en Venecia. Su labra debe atribuirse al taller de Sant Mateu. Arturo Zaragozá Catalán: El taller de Imágenes de piedra del Siglo XIV de San Mateo (Castellón). Recomponiendo un mundo de fragmentos, Diputación de Castellón, 2015.

14. Joaquín Bérchez: La renovacion ilustrada de la cathedral de Segorbe: del Obispo Alonso Cano al arquitecto Vicente Gascó, Valencia, Fundación de la Comunidad Valenciana La Luz de las Imágenes, 2001.

15. Raphael Morata era maestro de obras del gremio de Valencia desde 1737; Bautista Muñoz (III) lo era desde 1748. Fernando Pingarrón-Esaín Seco: «Maestros de obras de la ciudad de Valencia entre 1676 y 1787 y sus exámenes», Ars Longa, 13, 2004, pp. 33-51. En el Archivo General de Simancas se conserva el «Extracto y sucinto apuntamiento del contenido de los capítulos formados por Rafael Morata y Bautista Muñoz, Maestros Albañiles, y firmados a los 4 de marzo de 1762. Sobre el reconocimiento que hicieron de las obras que se ofrecían hacer en el Palacio de la Orden de Nuestra Señora de Montesa, fuera, y cerca de los Muros de la Villa de San Matheo».

MEMORIA DE UN ESPACIO MONTESIANO DESAPARECIDO

La iglesia y colegio de San Jorge en la ciudad de Valencia*

Yolanda Gil Saura Universitat de València

En el paisaje urbano de Valencia la memoria de la Orden de Montesa se localiza en el imponente conjunto de la iglesia y palacio todavía conocido como «del Temple», construido a partir de 1761 por orden de Carlos III. Pero no siempre fue así: este edificio se levantó como consecuencia del terremoto de Montesa de 1748 que arruinó el convento que la orden poseía en el castillo de esa población. Se decidió entonces reunir en el nuevo y monumental conjunto las funciones que hasta ese momento había asumido el antiguo convento de Montesa: la iglesia y palacio del Temple de la ciudad de Valencia y la iglesia y colegio de San Jorge de la misma ciudad. Del castillo-convento de Montesa resta una ruina,1 del conjunto de San Jorge que procedía de la antigua y disuelta Orden de San Jorge de Alfama no queda ni la memoria del topónimo en el paisaje urbano.2

1. LA IGLESIA DE SAN JORGE

Una primera capilla dedicada a San Jorge en la ciudad de Valencia tiene su origen casi en el mismo momento de la repoblación cristiana de la ciudad. La devoción al mítico guerrero se había ido extendiendo desde Oriente y muy pronto fue asociado a la imagen del rey Jaume I y, en el caso de Valencia, a la batalla de El Puig de 1239. Esa primera capilla se situaba en una zona de la ciudad con repobladores mayormente catalanes y donde también se situaban los terrenos que en el Repartiment habían sido cedidos a la Orden de San Jorge de Alfama. En 1324 la Orden solicitó que le fuese concedida esa capilla estableciendo una concordia con la parroquia de San Andrés, de la que dependía.


Figura 1. La iglesia y colegio de San Jorge en el plano de Antonio Mancelli (1608), donde todavía pueden verse las casas frente a la fachada derribadas en 1665.

Durante los años siguientes el rey Pedro IV promovió la devoción al santo, que arraigó en la ciudad. Al menos desde 1341 se celebraba la festividad; en 1365 se instituyó el priorato de San Jorge con sede en el templo, en 1373 el papa aprobó canónicamente la Orden de San Jorge de Alfama y en 1372 el propio rey donó a la ciudad de Valencia una reliquia de un dedo del santo en un relicario de plata.3

A pesar de los intentos reales de ampliar el templo, estos no fructificaron, ni tampoco debieron de facilitarlos los enfrentamientos entre el prior de San Jorge de Valencia y el maestre de la Orden. Finalmente, Martín I el Humano, ante las continuas crisis de la orden y su pequeño tamaño, decidió unirla a la de Montesa, que pasó entonces a denominarse «de Montesa y San Jorge de Alfama».4

Fue a propósito de la unión de las órdenes cuando el 27 de mayo de 1401 se consagró la iglesia de San Jorge de Valencia:

Memòria que a 27 de maigany mil quatre-sents y hu, dich 1401, fonch consagrada la iglesia del benaventurat Sant Jordi de València per lo arquebisbe de Càlleratrobant-se en València, ab llicència del bisbe de València, essénmestre de Montesa y de Sant Jordi fra Berenguer March y prior de dita iglesia frey [Gil Dalvir], a peticiódelsconfrares y del sentenar de Sant Jordi.5

No sabemos qué aspecto debía de tener en ese momento. En 1738 Gaspar de la Figuera decía de ella: «es esta un mediano templo, i solo tiene de singular el Altar Mayor, en el qual se halla, de una finissima pintura, toda la historia del martirio de San Jorge. Esta está repartida en varios quadros, i en el medio está la imagen de San Jorge».6 Poco antes de su derribo, Pascual Madoz todavía hablaba de ella como «la misma que se conserva hoy día, manifestando en sus ojivas, ventanas, arcos apuntados y retablo mayor, la antigüedad de su fábrica».7

Esa iglesia en el plano del padre Tosca (figura 3) se presenta como un pequeño templo de una nave con cubierta a dos aguas, espadaña frontal y dos entradas, una delantera recayente al Pla de Sant Jordi –ahora plaza Rodrigo Botet– y otra lateral al denominado carrer dels Trànsits. Probablemente la tipología inicial era la de un templo de los denominados «de arco diafragma» con cubierta de madera a dos aguas, seguramente más tarde abovedado. El altar de finísima pintura al que hace referencia la descripción no es sino el conocido como retablo del Centenar de la Ploma, que probablemente debió de pintarse después de esta consagración y al que se hace referencia en otras páginas de este mismo volumen.8

En la gestión del espacio del templo se entrecruzaron muy pronto las competencias. La capilla original tenía una dependencia administrativa de la cercana parroquia de San Andrés, con la que se llegó a un acuerdo en 1324. Al aprobarse canónicamente la Orden en 1373 esa dependencia en parte desapareció pero la parroquia siguió participando en muchas de las ceremonias celebradas en el templo hasta que en el siglo XVII estallaron los conflictos de preeminencias a los que más tarde nos referiremos. Por otro lado, en la iglesia iban a tener su sede desde 1353 la efímera Orden de los Caballeros de San Jorge,9 a partir de 1365, la Compañía del Centenar de la Ploma y a partir de 1371 la cofradía de San Jorge, de la que acabarían formando parte obligatoriamente todos los miembros del Centenar.10

La milicia del Centenar de la Ploma fue creada en 1365 por Pere IV –el mismo año que se creaba el priorato de San Jorge–. Era una compañía de infantería armada de ballestas constituida por menestrales que estaba bajo la comandancia de justicia y los jurados y tenía como misión la custodia del estandarte real. Al margen de la casa de la Ballestería donde celebraban sus juntas y practicaban sus maniobras, los miembros del Centenar formaban parte de la cofradía de San Jorge y tenían capilla propia en la iglesia. La capilla era la primera a mano derecha del templo; Vicente Ortí y Mayor señalaba en 1738 que allí se encontraba «una imagen de Nuestra Señora, alta unos cinco palmos, con el Niño Jesús en su izquierda, con un rotulo al pie de el trono, que dice: N.ra. S.a DE LA VITORIA».11

La de la Victoria era una de esas esculturas de bulto medievales, de tradición románica, que representaba a una Virgen sedente y que se asociaba a la figura de Jaume I y al momento de la conquista. Era, pues, una de esas imágenes que reciben también el nombre de «Virgen de las Batallas», que se consideraba que acompañaban a las tropas, normalmente en la lucha contra el infiel. Esta imagen, como muchas otras, debió de ser objeto de frecuentes composiciones en los siglos posteriores: se le añadió la figura del niño, se policromó y se la dotó de joyas y cabelleras; una parte de estas intervenciones hemos podido documentarlas.12 Esta imagen debió de permanecer en su capilla hasta que el templo fue desacralizado, se trasladó entonces a la parroquia de San Andrés y actualmente –recientemente restaurada y desprovista de aditamentos– se conserva en la nueva parroquia de esta advocación en la calle Colón (figura 2a y b).13

Nada conocíamos del resto de capillas del templo. La documentación apunta que además de la de la Virgen de la Victoria en el templo había una capilla del Crucifijo, cuya importancia no debió de ser desdeñable. Los visitantes en 1585 hacen referencia a ella como «la capella del cruciffisi feta per lo mre. Llançol», «trobaren aquella ben adornada ab un frontal en lo altar de çamellot carmesí y groch y damunt lo cruciffisi un vel de rissa».14 El hecho de que la capilla fuese costeada por el maestre de la orden, fra Francesc Llançol de Romaní (1537-44), la inscribe en una cronología muy concreta y sobre todo en unas maneras de construir de las que hacían gala las otras obras patrocinadas por él,15 frecuentemente obras de mármol en las que se introducían los modos a la italiana. Francesc Llançol de Romaní se preocupó por los edificios de la Orden –se conserva la portada de su celda en el castillo de Montesa, ahora en el Palau de la Generalitat, y restos de su sepulcro en la actual iglesia del Temple–; los datos aportados nos muestran que en la iglesia de San Jorge fabricó una capilla con un crucifijo de bulto. Esta capilla seguía adecentándose en el siglo XVIII encarnando de nuevo la imagen.16


Figura 2a. Imagen de Nuestra Señora de las Victorias o de las Batallas. Fotografía realizada por Martínez Aloy en 1868 por encargo de Lo Rat Penat. Col. Huguet.


Figura 2b. La misma imagen conservada hoy en la parroquia de San Andrés. Madera tallada y policromada, 83 × 37,5 × 25 cm. Fotografía: Institut Valencià de Conservació, Restauració i Investigació IVCR+i.

Esa debió de ser la época de mayor esplendor del templo, configurado ya como un edificio dedicado a San Jorge y flanqueado por la Virgen y el crucifijo, tal y como aparecía en los estandartes y en los textos hagiográficos. Un templo con una advocación cuya devoción se extiende por la ciudad y cada vez más se hace imprescindible en los rituales urbanos. Con una cofradía de San Jorge, de la que formaban parte los milicianos del Centenar que comparte el uso con la Orden, también de origen militar, hasta el punto de que las propiedades y las competencias se difuminan. Ya hemos visto cómo en el momento de la consagración del templo en 1401 se especificaba que esta se hacía «a petició dels confrares y del sentenar de Sant Jordi». Todavía en 1585 los visitadores, al reconocer la sacristía, preguntaban al prior si este no tenía ningún cáliz, el cual afirmaba que lo tenía pero era de los cofrades de San Jorge, «y vist y regonegut en aquell trobaren que tenia una figura de Sent Jordi y tenia per armes una ballesta».17

En la misma plaza de San Jorge por entonces habitaba el palacio, que en el siglo XV había sido de don Pedro de Vilaragut, Margarita de Borja, viuda de Fadrique de Portugal, junto con su hija, Ana de Portugal y Borja. Margarita era uno de los once hijos que tuvo el III duque de Gandía con su segunda mujer, Francisca de Castro y Pinós. Medio hermano suyo era el IV duque, Francisco de Borja –luego santo–, una de sus hermanas fue la primera abadesa del monasterio de las Descalzas Reales de Madrid y, sobre todo, era hermana de Pedro Luis Garceran de Borja, último maestre de la Orden de Montesa (1528-92).18 Margarita se había casado con Fadrique de Noronha –conocido como Fadrique de Portugal–, caballerizo mayor primero de la que más tarde sería María, emperatriz de Austria, y de la reina Isabel de Valois, esposa de Felipe II.

Fue Vicente Boix el que señaló la existencia de un «arco o pasillo» que comunicaba el antiguo palacio con la iglesia de San Jorge, un arco que cuando escribía Boix acababa de ser derribado y que según el cronista fue mandado construir por Doña Margarita de Borja con la aprobación del Consejo General de la Ciudad el 11 de mayo de 1579.19 Nueva documentación nos muestra que Margarita de Borja y su hija Ana de Portugal y Borja solicitaron el permiso de la Orden de Montesa reunida en capítulo general el 29 de abril en Carpesa; allí se les concedió para que desde su casa pudiesen hacer pasadizo y, abriendo la pared de la iglesia, construir una tribuna y oír misa en la iglesia de San Jorge. La documentación hace referencia a un pasadizo construido por encima de la calle sin abrir ventanas ni puerta en la iglesia para disponer de una tribuna que no alterase el interior del templo.20

Por entonces, los pasadizos entre palacios y conventos adyacentes eran relativamente frecuentes, pero mucho menos los pasos elevados que como en este caso requerían de la posterior autorización municipal que se produjo pocos días después, el 11 de mayo. Los más conocidos de este tipo en Valencia son los dos que todavía comunican la catedral con el Palacio Arzobispal y la Basílica de la Virgen de los Desamparados. Era lógico que una dama acostumbrada a los usos de la Corte aspirase a un paso privado entre el palacio que habitaba en ese momento en Valencia y el templo que tenía a pocos metros, un templo, además, del cual era señor su hermano.21 Este paso aparece insinuado en el plano de Tosca uniendo la esquina del palacio con el lateral de la iglesia22 (figura 3).


Figura 3. La iglesia, colegio y casa prioral de San Jorge en el plano de Tomás Vicente Tosca (1704).

Poco más sabemos de la configuración del templo. La conservación de la iglesia no debía de ser buena en el siglo XVII: en 1638 y 1640 no pudo acoger la importante procesión del día de San Jorge por haberse caído un lienzo de pared.23 Por entonces debieron de realizarse reformas cuyo alcance no conocemos.

2. EL COLEGIO DE SAN JORGE

A pesar de todo lo descrito, y tal vez en parte por esa convivencia con la milicia del Centenar y la cofradía de San Jorge, esta iglesia en principio tuvo un papel marginal en el conjunto de posesiones de la Orden cuya sede principal en la ciudad de Valencia siempre fue la iglesia y casas del Temple. Era, por tanto, un emplazamiento más importante por su papel en el ceremonial urbano vinculado a la rememoración de la conquista que por su vinculación a la orden. Este papel cambia con la incorporación a la Corona. Una de las primeras decisiones del rey fue la creación del colegio de San Jorge anexo a la iglesia, equiparando a Montesa con el resto de órdenes militares que por la misma época fundaron colegios que permitiesen a sus miembros asistir a la universidad y residir en comunidad. Hay que recordar que en 1529 se había fundado el colegio de la Orden de Santiago en Alcalá; en 1534 se fundaban en Salamanca tanto el colegio de la Orden de Santiago como el colegio de los Comendadores de San Juan de Rodas de la Orden de Malta,24 y en 1552 se fundarían tanto el colegio de Calatrava como el de los Comendadores de Alcántara. También por los mismos años se fundaban en Valencia otros colegios vinculados a la Universidad.25 En el caso de Montesa el colegio contribuiría a encauzar la relajación observada en la época del último maestre y sobre todo capacitaría a los freiles para ocupar los curatos de las villas dependientes de la Orden, tal y como había sido establecido por bula de Clemente VIII.26

Si seguimos la narración de Samper, el 22 de noviembre de 1593 el rey Felipe II escribió a frey Juan Ferrer de Calatayud, lugarteniente de la Orden, que había resuelto que cuatro freiles del convento estudiasen en la Universidad de Valencia y para ello se instalasen en la casa del prior de San Jorge.27 El rey dio orden para que la Junta Patrimonial comprase algunas casas junto a la del prior y con ellas se hiciesen los aposentos necesarios para los estudiantes,28 pero esa solución no satisfacía a la Orden y el 9 de agosto de 1594 se escribió al rey que «havia grande inconveniente en unir las casillas con la de el Prior; porque además de ser esto remiendo, seria la obra infructuosa, y que dentro de pocos años se havria de volver a reparar, por ser viejas todas las casas». Se decidió entonces derribar dichas casas e iniciar una nueva construcción «en forma de colegio», para lo que don Juan Ferrer de Calatayud envió al rey dos plantas, una estimada en 3.000 y otra en 4.000 ducados. El 28 de septiembre de 1594 el rey señalaba al virrey marqués de Aytona la planta del colegio por edificar, en concreto la que costaba 4.000 ducados.

El 23 de diciembre de 1594 el rey volvía a escribir a frey Juan Ferrer: «No he sabido si se comenzó la obra, ni su estado; mandoos, que me lo aviséis, y que deis mucha prisa en que pase adelante, como lo he mandado, que en ello me serviréis». A pesar de la insistencia, las obras no se empezaron hasta finales de 1595, y en 1598 se detuvieron por la muerte del rey y sobre todo por el destierro del lugarteniente.29 El colegio se concluyó finalmente en 1606.

Documentación inédita nos ha descubierto que el tracista del colegio fue Francesc Antón y el encargado de ejecutar la obra Joan Maria Quetze y de Morco.30 Francesc Antón se hallaba por entonces construyendo el crucero de la iglesia de los jesuitas; antes se había hecho cargo de la parroquia de Alacuás, el Hospital General y el convento de los capuchinos de la Sangre de Valencia. Antón era un hábil maestro al que frecuentemente encontramos dando trazas. Joan María Quetze era un experto en el trabajo del estuco de origen milanés que había llegado a Valencia junto a la familia Aprile, estos últimos vinculados a diferentes obras en la parroquia de Montesa. Junto a Joan Baptista Abril había contratado en 1573 una obra similar a la que nos ocupa, el colegio de la Purificación. Antón y Quetze volverían a aparecer juntos pocos años después, a partir de 1601, en la construcción de la cabecera de la iglesia de San Andrés, donde Joan Maria Quetze realizaría las trazas y ejecutaría la obra con la supervisión de Antón como experto.31

Para Samper, el definitivo adelanto de la obra debió mucho al nuevo lugarteniente general, Francisco Crespí de Borja, que «era el más cuidadoso sobrestante de la fábrica de esta casa». El resultado fue que, «aunque la casa era pequeña, se fabricó con tal arte, que parecen eternas sus paredes; fue fuerza las levantaran despacio, que aprisa nada se hace con acierto».32

El edificio construido en un principio debía de ser muy modesto; las constituciones aprobadas en 1611 dan alguna idea de su conformación, un «patio de abajo» al cual podían acceder personas principales el día de San Jorge y un «claustro de arriba» donde estaban las celdas, este de acceso prohibido. Existía un refectorio donde se comía a las once todo el año y se cenaba a las seis en verano y a las ocho en invierno. Las constituciones indican que para tratar cosas de la orden se solían reunir en el refectorio o sacristía;33 este doble uso del espacio evidencia las limitaciones del edificio original. Si observamos el plano de Tosca (figura 3) todavía podemos apreciar el bloque cuadrado que flanquea por la derecha la iglesia de San Jorge frente al pla de Sant Jordi con cuatro pandas en torno a un reducido patio o claustro. Una idea de ese reducido claustro de dos pisos nos la da una fotografía publicada por Martínez Aloy, que lo muestra ya en el siglo XIX, enajenado y convertido en sede de una imprenta, con amplios arcos aparentemente construidos en ladrillo sobre pilares de escueta, con poca si no nula ornamentación (figura 4).34


Figura 4. Taller de la imprenta de José Rius en el claustro del Colegio de San Jorge. Fotografía de Martínez Aloy en 1868. Col. Huguet.

Las quejas en torno a la modestia del edificio llegarían pronto.35 Su principal problema era la falta de espacio, hasta el punto de que en 1640 se pensó en cambiar algún aspecto de las constituciones que permitiese la salida de los estudiantes los días de asueto, ya que la casa «era muy corta, apretada y melancólica, sin huerta o patio para recreos».36 En 1641 el rector del colegio, frey Pablo Climent, pidió que se comprasen algunas casas para su ampliación;37 esto en principio no debió de llevarse a cabo, de hecho en 1653 se llevó a cabo la reforma de las constituciones38 y estas seguían insistiendo en que, puesto que no existía en la casa huerta o patio para el recreo, el rector podría concederles permiso los días de asueto para salir fuera de la ciudad de dos en dos.39

En el mismo mes de octubre de 1653, siendo rector frey Diego Pablo Ferriz, el rey concedió dos mil ducados para el ensanche del colegio. Samper atribuye al cuidado de Ferriz «el haver intentado desahogar esta casa, si bien no pasaron a execucion sus deseos». Los conflictos de jurisdicción de 1658 hicieron que esa concesión se paralizase y Diego Pablo Ferriz fuese suspendido como rector retirándose a Alcalà de Xivert.40

A partir de ese momento el protagonismo lo asumen los hermanos Juan Crespí –lugarteniente– y Cristóbal Crespí41 –vicecanciller del Consejo de Aragón y asesor general de la Orden–, hijos de Francisco Crespí de Borja, quien, como vimos, había culminado la construcción del colegio en su primera fase. Estos tienen como ejecutor a frey Hipólito de Samper, que al mismo tiempo es la fuente interesada que nos ha trasladado esta narración. Frey Hipólito de Samper se convertiría en secretario y mano derecha de Juan Crespí; en 1659 fue nombrado vicerrector y, por fin, en 1662, rector del colegio y prior de San Jorge.

Así, el 15 de diciembre de 1661 el rey confirmó los 2.000 ducados para el ensanche del colegio que ya había previsto en 1653. No hay duda de la implicación de los hermanos Crespí en la construcción; el vicecanciller Cristóbal Crespí escribía desde la Corte a su hermano Juan Crespí en febrero de 1662:

No dexe ud de hazer que se compre con efeto la casa para ensanche del colegio, pues es tan buena la ocasión habiendo estado vacía tantos años y yo aun quisiera que se comprasen por el otro lado de las espaldas algunas casillas que ay, que podría hazerse jardín. Vs lo haga, que será mejora digna de su tiempo, porque podrán los moços que allí se crian, obligarse a salir menos, y ellos tendrán dentro de casa lugar de recreación y desahogo que lo han menester los que trabajan y estudian.42

Las nuevas constituciones habían aumentado el número de colegiales y ello impuso la necesidad de la ampliación, que en un principio se vio limitada por la imposibilidad de adquirir la casa llamada de los Ferril. Finalmente –tal y como deseaba Cristóbal Crespí– el 15 de diciembre de 1663 se compra la casa de al lado del colegio por 875 escudos y el 9 de febrero dos casillas que estaban a las espaldas del colegio por 250 escudos. Sabemos que las obras se concertaron el 21 de marzo de 1664 por un valor de 1.600 escudos. No conocemos tracista ni maestros de obras, las obras se iban a iniciar el 8 de mayo con la colocación de la primera piedra del cuarto del rector. El 10 de mayo todavía se arbitraron 600 libras más «para las mejoras que se arbitraron necesarias»: «comprar una casilla, que está al lado del colegio, i ha de servir para hacer parte del refetorio, i de un aposento que faltava para la habitación decente de los colegiales, i que todos estén a un suelo...». Nuevas cantidades se aportaban el 20 de septiembre del mismo año y aún el 25 de mayo de 1665.

El 12 de mayo de 1665, frey Hipólito de Samper redacta un memorial al rey que nos informa de lo ya realizado y de la intención de las obras. El rey había concedido 4.000 ducados para el ensanche y ampliación del colegio. La obra implicaba la construcción de un nuevo refectorio, que tras ser capitulado tuvo que cambiar su emplazamiento. Samper señala, además, la necesidad del huerto o jardín; proponía comprar dos casas que permitirían que «quedara un huerto de ciento y seis palmos en quadro, que es harto capaz», habría que «hacer la cerca al huerto, conducir el agua, plantar árboles, hacer conductos, i andamios», con lo que se conseguiría que «parecerá obra de V. M.». El último requerimiento era derribar unas casas situadas frente a la puerta del colegio que no permitían siquiera «que llegue un coche a la puerta», «derribando estas casillas quedara una plaça en quadro mui buena i el colegio manifiesto, i con las armas de V. M. que se pondrán encima su puerta, parecerá lo que es».43

Concluida la obra, Samper manifestaba su satisfacción:

Con la qual cantidad de seis mil ducados se ha hecho el Colegio tan capaz, decente, desahogado, y alegre, que no desmerece tener por Patrón al Mayor Monarca de Europa: porque además de haberse mejorado, lucido, y ensanchado todos los Aposentos de los Colegiales, Familiares, y Criados; se ha labrado de nuevo el Quarto Prioral, las Oficinas y puestos comunes del Colegio; y para divertimento de los Estudiantes se ha hecho un ameno Jardín, que con haverse acabado de plantar los arboles el primero dia de enero de el año 1667 se maravillan quantos ven su loçania. Y aunque esta gran favrica se debe al Rey nuestro Señor (que Dios haya) pues de su Mesa Maestral dio el dinero; con todo, sino fuera por el zelo, cuidado, y amor que de su padre heredaron a esta casa los Escelentisimos y Ilustrisimos Señores Frey Don Chrisitoval Crespi de Valdaura, y Frey Don Juan Crespi y Brizuela, es constante, que no se huviera hecho. Solo en esta parte se le podrá deber al Retor la solicitud y cuidado que ha puesto den su execucion, y el haver pasado por las incomodidades y malos ratos que ocasionan las obras para que sus sucesores los tengan buenos en habitación tan famosa, que no hay Prelado en Valencia, que la tenga mejor.44

Samper elogia a sus mentores, los hermanos Crespí y a sí mismo –el rector incomodado– para describir una ampliación que había supuesto finalmente la remodelación del bloque cuadrado en torno al claustro finalizado en 1606, la construcción de una nueva casa prioral en la parte posterior de la iglesia y un jardín al que daban tanto la trasera del colegio como de la casa prioral, un conjunto bien identificable en el plano de Tomás Vicente Tosca (fig. 3).

El plano también muestra la última de las modificaciones a las que hace referencia Samper, el derribo de unas casas frente a la fachada permitió la apertura de una nueva plazuela que facilitó el tráfico de los carruajes que se iban imponiendo en la ciudad y que otorgó nueva prestancia a la fachada de un edificio que debía ostentar claramente su patronato real. La comparación de los planos de Manceli y Tosca evidencia el derribo de las casas y la creación de ese nuevo espacio ante la iglesia (figuras 1 y 3). Es significativo que Samper insista en que el jardín conseguiría que el edificio pareciera obra del rey y que las armas reales se colocarían en la fachada para que el edificio pareciese lo que era. La obsesión de Samper era la ostentación del patronato real sobre el edificio y así se entiende que firmase una y otra vez sus escritos «en el Real de San George de Valencia».

3. EL AMUEBLAMIENTO DEL CONJUNTO

En 1692 el lugarteniente general de la Orden, José Folch de Cardona, conde de Cardona, realizó una queja «de la gran falta de alajas que hay en la iglesia y sacristía del colegio de San Jorge»; se establecieron entonces unos arbitrios para que se ingresara una cantidad anualmente, y a partir de ese momento disponemos de una gestión detalladísima de esos fondos que nos permite aproximarnos de manera parcial al amueblamiento del conjunto.45

En esos años se debieron de llevar a cabo algunas pequeñas reformas en el templo. Sabemos que en 1701 se construyó una reja para la ventana del coro que daba a la iglesia y se pagó a Hipólito Ravanals por las celosías –probablemente se tratase de la tribuna construida por Margarita de Borja, que no sabemos hasta qué momento estuvo en funcionamiento–, también se compuso un trasagrario –no sabemos si nueva construcción o probablemente mera composición– y el propio Hipólito Ravanals cobró en 1704 por una escalera para el púlpito.

Son frecuentes los pagos por los remiendos en pinturas antiguas, en 1694 se hizo un marco para el altar mayor de San Jorge, en 1708 se colocaron nuevos marcos en el cuadro pequeño de San Jorge y en el de San Pascual, en 1709 se colocaron guarniciones en los cuadros de la Purísima y el Santo Ecce Homo del cuarto rectoral y se corló la guarnición del cuadro del rey Don Jaime, al tiempo que en 1712 «Gaspar» –Gaspar de la Huerta– debió de «renovar y pintar el lienzo de San Jorge».

Pero sobre todo en esos años se adquirió un buen número de nuevos lienzos tanto para la iglesia como para el cuarto prioral. En cuanto a la iglesia, en 1708, el que entonces era rector del colegio, frey Juan Bautista Oloriz y Franqueza, compró un lienzo de Nuestro Señor para la sacristía y en 1709 se compraron para el mismo espacio cuatro lienzos de los cuatro evangelistas, además de construir un reloj de sol, probablemente en la fachada exterior. En 1720 se encargaron ocho lienzos del nacimiento y niñez de Nuestro Señor para cubrir las paredes del coro, aunque no debieron de gustar «por ser la pintura tan ordinaria», así que en 1725 se encargaron otros ocho lienzos con el mismo tema para el mismo lugar a Juan Bautista Simó; se especifica en este caso «La niñez de Nuestro Señor, Tránsito y entierro de la Virgen Santísima». Los antiguos se quitaron del coro y se trasladaron a la sacristía, donde se dice que estaba colocado un Descendimiento de la cruz en la cabecera –tal vez el lienzo de Nuestro Señor comprado en 1708–.

Espacio privilegiado debió de ser el refectorio, denominado en una ocasión como «el refectorio grande que sale al huerto», donde se colocó en 1712 un lienzo de la Última Cena pintado también por Gaspar de la Huerta.

Una buena parte de las alhajas se concentraron en el cuarto denominado del rector, ocupado por el rector del colegio o el prior de San Jorge –casi siempre la misma persona–. Son frecuentes los pagos por mobiliario y por pinturas; en 1705 se compró un bufete de nogal y en 1749 se debió de realizar una renovación casi completa: se vendieron tres arquimesas y se compraron dos contadores de concha con doce cajones con su mesa de chacalandana, una escribanía nueva de nogal y un guardarropa para la primera pieza.

Los gastos en pinturas son frecuentes: en 1697 se colocaron dos cuadros, uno de la Virgen del Rosario y otro de San Jorge, y en 1714 se colocaron un lienzo grande de Santa Rosa de Lima y otro de la Virgen de los Desamparados. Debía de tratarse de una construcción amplia, ya que en 1715 se colocó «todo un apostolado de cuerpo entero» en el «primer salón del cuarto rectoral». En el cuarto que salía al huerto había seis láminas con diferentes santos y un lienzo con San Bernardo y Jesucristo, en la antesala sobre la ventana un lienzo pequeño de San Pedro y en la primera pieza del cuarto rectoral una Virgen de los Desamparados.

Este cuarto se construyó en relación con el jardín, sabemos que estaba cubierto de terrado, y allí se plantó en 1731 una parra, con unas cañas y un encañizado; el cuarto disponía de un balcón y unas ventanas con mosquiteras que daban al huerto y dos ventanas con rejas que daban a la calle. Tal vez este era el «enrejado de la lonjeta de la habitación» del que hablaba frey Vicente Capera en 1758.46

La Orden de Montesa contó con una galería de retratos de sus lugartenientes, de los cuales se conservan ocho en el convento de las Comendadoras de Santiago en Madrid, sede hoy de las órdenes de caballería de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Desparecido el de Juan Ferrer de Calatayud, que conocemos por una fotografía, aún disponemos de los de Pedro de Rojas, Francisco Crespí, Cristóbal Despuig, Gaspar Juan, Juan Crespí, el conde de Cardona, Gerónimo Vallterra y Benito de la Figuera. No sabemos en qué momento se inició la galería, pero Josep Cerdà apunta que probablemente lo hizo en época del IX lugarteniente, frey Juan Crespí y Brizuela (1646-1689), ya que en la inscripción del retrato –hoy en depósito en el Museu Parroquial de Montesa– se lo define como «el que mandó poner aquí los retratos para memoria».47 Es probable que la serie se concibiese al mismo tiempo que se ampliaba el colegio con la casa prioral y el jardín, mientras Hipólito Samper redactaba los textos más importantes de la historia de la Orden, de los que esta galería se convertiría en paralelo pintado. Crespí –y Samper como brazo ejecutor– debió de encargar los retratos de los ocho lugartenientes que le habían precedido y estableció que a partir de ese momento se encargase el retrato de cada uno de los lugartenientes cuando falleciesen o finalizase su mandato. Hasta ahora se había supuesto que esta galería procedía del convento de Montesa o del conjunto del Temple. Pero en 1692 el conde de Cardona, lugarteniente desde 1689, alude a que «después que yo entré en el puesto de lugarteniente general haya mandado dar al rector [del colegio de San Jorge] en una ocasión cinquenta libras para poner un retrato nuevo de V. M., renovar los antiguos de los lugartenientes generales y para hacer la casulla buena que hoy tiene».48 Estas pinturas vuelven a aparecer en el colegio en 1738: en ese año, los retratos de los once lugartenientes que se habían sucedido hasta el momento fueron colocados en la fachada del edificio en la conmemoración del V Centenario de la Conquista, flanqueando el retrato del rey.49 Y allí permanecían, en la llamada pieza de retratos del colegio, en marzo de 1820.50 Sin duda, en el colegio debió de conservarse siempre esa galería de retratos de lugartenientes junto al retrato de Jaime I al que se hace referencia en los documentos y el del rey reinante correspondiente.

4. LAS FESTIVIDADES. SAN JORGE, SAN DIONISIO Y LAS FIESTAS CENTENARIAS

La fiesta propia de la iglesia era la de San Jorge. Así la describía La Figuera:

El día de San Jorge es Fiesta de Corte, y en su Templo del Colegio le festejan los Cavalleros de Montesa con gran solemnidad, asistiendo muchos de ellos, con sus mantos capitulares, a las vísperas, y a la misa, que en su dia se canta, a todo lo qual preside el Teniente General, el qual, de antigua costumbre come también en aquel dia en el Refectorio del Colegio, acompañado del Predicador, de algunos Caballeros, que se combida, i de algunos Priores Freyles de la Orden, que suelen venir de los lugares circunvezinos, a hallarse en la solemne fiesta que se le haze en su dia.51

Según la tradición, San Jorge había intervenido en la conquista cristiana del reino, «por la qual desde la conquista hasta hoy, se haze en Valencia grande fiesta el dia de San Jorge, y se predica la vitoria alcançada por su ayuda».52 En la Catedral de Valencia se conservaba según la tradición la bandera que llevaba San Jorge en las batallas y la reliquia del brazo derecho del santo, que todos los años se llevaba a la iglesia de San Jorge el día de su festividad.

Fue precisamente en torno a la festividad de San Jorge cuando se produjeron conflictos de preeminencias, tanto entre caballeros y religiosos como entre la Orden de Montesa y la parroquia de San Andrés, que siempre intentó extender su autoridad sobre el templo. El día de San Jorge asistían a las celebraciones los caballeros de la Orden, los colegiales y los religiosos. La Orden se sentaba en sus bancos dentro del presbiterio y los clérigos al fondo de la iglesia, al lado de la puerta y frente al altar mayor. Cuando el rector salía a celebrar la misa se esperaba que saludase al lugarteniente y la Orden distribuidos en el presbiterio. Desde tiempo de los maestres era costumbre que el prior sacara la reliquia de San Jorge acompañado de los caballeros y recibieran en la calle al cabildo, que llegaba en procesión con la milicia del Centenar de la Ploma y las parroquias que albergaban la reliquia de San Jorge que se custodiaba en la catedral. Entraban todos en el templo y el cabildo hacía la bendición del estandarte en el altar mayor, volviendo la Orden a acompañar al cabildo al exterior, esta vez por la puerta lateral del templo.


Figura 5. San Jorge. Relieve. Piedra, 69 × 87 cm. Museo de Bellas Artes de Valencia, n.º inv. 533, procedente probablemente de la Casa de la Ballestería.

El otro día en que el templo asumía todo el protagonismo era el de San Dionisio, el 9 de octubre.53 También fue Escolano el que en 1611 recogió la creencia de que la iglesia había sido mandada construir por Jaime I, «por la memoria de aquel beneficio, que fue la llave de la toma de la ciudad».54 Marco Antonio Ortí afirmaba que la de San Jorge fue la primera iglesia bendecida por Pedro de Albalat después de la catedral, «y por esto fueron a ella el mismo dia de San Dionisio, el Rey y su ejército vitorioso en procesión de Cruzes y clerecía», «Después la Ciudad y su Concejo [...] deliberaron, que todos os años el dia de S. Dionisio se hiciese una procesión como esta a la Iglesia de San Jorge, llevando en ella el estandarte de las armas del Rey don Jayme [...]», «suele acompañar esta procesión una lucida compañía de solados, que llama del Centenar, erigida por la misma Ciudad».55

En las fiestas celebradas en los Centenares de la Conquista, la iglesia de San Jorge era la primera estación de la procesión. Joseph Vicente Ortí y Mayor –siguiendo a Escolano– recuerda que desde 1343 cada 9 de octubre se realizaba una procesión a la iglesia de San Jorge conmemorando la conquista de la ciudad, tradición que solo se rompió en 1707.56

La conmemoración del 9 de octubre adquiría especial relevancia en los años denominados centenarios. En el de 1638 la estación de la procesión en la iglesia de San Jorge no pudo realizarse por estar la iglesia medio derruida;57 sin embargo, gracias a Ortí y Mayor conocemos especialmente bien el papel que asumió el espacio en el Quinto Centenario, el 9 de octubre de 1738. En ese año se formó de nuevo la Compañía del Centenar de la Ploma, que se había disuelto tras la Nueva Planta. Describe entonces Ortí y Mayor la imagen de la Virgen de la Victoria en su capilla de la iglesia y hace referencia a los pedestales del retablo, donde «se ven las insignias de la Compañía, que son la Cruz, y Ballesta».58


Figura 6. Retablo del Centenar de la Ploma. Victoria and Albert Museum, Londres.

Las fiestas se desarrollaron el 8 y el 9 de octubre. El miércoles 8 pudo visitarse la puerta de la iglesia de San Jorge y la plaza. En la fachada secundaria –suponemos que la lateral de la iglesia en la calle Trànsits alineada con el cuarto prioral–

se levantaron unos bastidores vestidos de tapices, y cortinas de terciopelo verde, y encima de la puerta debaxo de un dosel de damasco, se colocó el Retrato de el Rey nuestro Señor Felipe V, a cuyos lados se pusieron, como sirviendo de escolta a Su Magestad, las efigies de onze Lugar-Tenientes Generales de la Orden de Montesa.59

La fachada del Colegio de San Jorge recayente a la plaza del mismo nombre se cubrió con dos órdenes de tapices y cortinas. Sobre los tapices se pusieron «diez lienzos grandes en que estaban pintadas las Ciencias naturales, y Virtudes Theologicas, pintura muy exquisita de Italia, que servia no solamente para aplaudir lo delicado de el pincel, sino de generoso estimulo para adquirir lo que significavan». El espacio que quedaba desde la pared del Colegio hasta la casa inmediata se cubrió con dos órdenes de tapicerías, para que «asi concordasse con el frontis, en el qual sobre la puerta principal de el Templo se colocó una prodigiosa pintura de el Invicto Martir San Jorge, y sobre la Portería otra de el glorioso Conquistador Rey Don Jayme, y ambos lienzos estaban sobre unas cortinas de damasco carmesí».60

Encontramos aquí expuestos en la calle los retratos de los lugartenientes a los que antes hemos hecho referencia. También, como se dijo, los lienzos de San Jorge y de Jaime I, a los que se alude siempre en el cuarto prioral. En cuanto a los lienzos de supuesta procedencia italiana de ciencias y virtudes, no conocemos su autoría ni emplazamiento habitual.

Las fiestas continuaron el día 10, cuando la procesión entró en la iglesia de San Jorge. En ese día salían a la puerta tres religiosos franciscanos con la reliquia del santo.61 La decoración del templo corrió a cargo de frey Juan Bautista Sancho, prior del Colegio:

Viose toda la Iglesia cubierta de hermosas cortinas, siendo las de el Presbiterio de terciopelo carmesí, propias de el Real Convento de Montesa. El Altar principal tenia siete gradas con dos piñas a sus lados, en cuyos remates se colocaron los dos insignes Patriarcas de la Religión Cisterciense de cuerpo entero, que eran San Benito, y San Bernardo, con vestidos de tela y de oro, báculos, y pectorales ricos. A proporcionada distancia, y entre las dos piñas avia una mesa de Altar, sobre la qual se descubría un medio cuerpo de plata de San Jorge labrado con primorosa arquitectura (que también era de el Convento de Montesa) el qual assentava sobre un ayrosissimo trono plateado, y dorado, debajo de un dosel muy rico, y a los lados de el Santo arrimadas al dosel avia dos cornucopias doradas con luzes, sin los seis ciriales de a tres libras, seis velas de media libra, docientas y cinquenta entre las gradas, vestidas estas de una alfombra bordada, con gran variedad de artificiales flores, y otros seis ciriales, y seis velas sobre otra mesa de Altar que se avia dispuesto al piso de el Presbiterio, para hacerse en ella la Estación al Santo.62

5. EL TRASLADO AL TEMPLE, EL ABANDONO Y EL DERRIBO

Es bien conocido que en 1748 un terremoto asoló el convento de Montesa; ese mismo año Fernando VI decretó que la comunidad se trasladase al palacio e iglesia del Temple de la ciudad de Valencia, pero no fue hasta 1761 cuando Carlos III decretó que se construyese en Valencia un nuevo edificio que había de servir de iglesia, convento y colegio de la Orden Militar.

La intención de la Corona debió de fraguarse años antes, así se explica que apenas cuatro años después del traslado de la comunidad de Montesa al Temple Vicente Ximeno –beneficiado de la Catedral, miembro de la Academia Valenciana, y que por entonces ya había publicado los dos volúmenes de su Escritores del Reyno de Valencia– planeara un nuevo destino para el edificio del colegio de San Jorge. Ximeno firma el 21 de junio de 1752 un informe al respecto de la propuesta de reunir los seis archivos que la Corona tenía en la ciudad de Valencia en una sola sede y los posibles emplazamientos para ella. Ximeno señala que «según tengo entendido» el rey había ordenado que la comunidad de Montesa se instalase en el Temple, «el sitio que ocupa es muy grande»,

ofrece terreno bastante para toda la comunidad de los freiles, y aún para agregar a ella el Colegio de San Jorge, que ahora queda mui distante, dando el retor y colegiales, que a lo más pueden ser ocho, habitación y capilla separada, y aún su govierno distinto como lo han tenido siempre. Esta obra puede hacerse de dinero de la orden, y en efecto el año pasado oí que se ideaba algo de esto mismo.

Ximeno recoge lo que al parecer en ese momento era solamente un rumor en la ciudad. Evidentemente el interés de Ximeno radicaba en el edificio del colegio de San Jorge que previsiblemente quedaría vacío, «Si esta agregación se executara y más ahora que está solo el retor y un lego, y no hai colegial alguno, pudiera mandarse desocupar el antiguo Colegio de San Jorge y sin dilación mandarse disponer en lo material el archivo». Si la afirmación de Ximeno es cierta, por entonces la Orden no contaba con colegiales y el colegio se encontraba prácticamente desocupado.

Realiza entonces Vicente Ximeno una descripción de gran precisión del colegio:

Este colegio se halla situado en un parage bellísimo y de mucha quietud para las oficinas. Está en una plaza despejada, la pared de enfrente tiene de largo 159 palmos, La de mano derecho, donde está lo largo de la capilla y quarto retoral, 138, y la de la mano hizquierda aún excede. Tiene a más de la capilla, que es mui vieja, varias piezas y oficinas espaciosas: al ángulo de mano hizquierda un descubierto; en el centro un claustro no mui grande; y en las espaldas un jardín, que tiene de largo 92 palmos, y de ancho 69. Sobre las referidas piezas y oficinas hai diez quartos, de los quales, sin más que derribar tabiques y abrir o cerrar puertas, se pueden formar divisiones para el archivo, como también tomar de lo de abajo lo que sea menester. Lo de encima de todo, menos de la capilla, son desvanes.63

El colegio de San Jorge nunca sería utilizado como archivo. En 1766 se produjo el traslado efectivo del colegio al nuevo edificio. En ese momento el rector del colegio, frey Vicente Capera, que lo era desde 1754, renunció al cargo limitándose al de prior de San Jorge para no trasladar su residencia al nuevo edificio, cuidar la iglesia del Santo y estar más cerca de la Universidad.64 Capera, catedrático de Matemáticas en la Universidad y académico de mérito en la Academia de Santa Bárbara, quedó como único custodio del edificio hasta su muerte en 1785; allí debió de utilizar el telescopio y el astrolabio que legó a la Universidad,65 y allí también debieron de colgar los ocho paisajes que Francisco Bonay poseía, según Orellana.66

La muerte de Capera supuso de alguna manera la muerte efectiva también del colegio. En ese año de 1785 frey Manuel Climent aconsejó reducirlo a habitaciones en alquiler para poder dotar mejor el priorato.67 El colegio nunca volvería a ser ocupado por la Orden y desde el principio se intentó buscarle un destino mientras seguía utilizándose la iglesia como lugar de culto y el prior –que ya no era rector del colegio– habitaba la casa prioral. En 1787 se ordenó que se tapiasen todas las puertas que comunicaban la casa del prior con el edificio del colegio, las llaves del colegio fueron entregadas a José Villarroya y la orden se reservó solamente las de la iglesia y casa prioral. En 1792 el prior de San Jorge, frey Miguel Molina, realizó un informe sobre el estado del edificio y el uso que se le podría dar planteando si «se podría vender, reedificar, hacer casas, o destinarlo en beneficio y utilidad de la Orden».68 Al parecer diferentes personas habían solicitado ver el colegio y se habían interesado, pero «hasta ahora no se ha hecho novedad en ello, se conserva cerrado y en la propia forma y estado que tenía quando de orden superior de 27 de septiembre de 1787 se entregaron las llaves a D. Joseph Villarroya». Veintiséis años después del traslado de los colegiales al Temple todavía se planteaba que «parece convendría que habiendo sido esta casa formada para la crianza y educación de los freyles de la orden, se destinase en beneficio de la misma, con utilidad de sus hijos o del mismo priorato, cuyo territorio se haya unido y tal vez confundido con el terreno que se destino para formar el colegio». «La venta de este edificio seria de cortísima utilidad por ser pequeño y muy deteriorado». La opción propuesta «se reduce a restablecer en dicho edificio el colegio de la orden, como estaba antes de la reedificación de aquella casa y unión a ella del colegio». Se resalta lo inconveniente de la unión y la distancia de la Universidad, pero sobre todo: «Además de lo insinuado se conseguiría y es lo principal, restablecer a su antiguo honor el priorato de San Jorge», uniéndolo una vez más a la plaza de rector del colegio. Por último, «el culto del Santo se conservará y aumentará con ventaja conocida si en lugar de un prior solo, se pusiesen individuos que formasen cuerpo y comunidad».69

Si en 1787 se hablaba de la presencia única de un prior, tras la Guerra de la Independencia, en 1816, el templo había quedado sin culto. En ese año la iglesia del Temple utilizó en los oficios de Viernes Santo la custodia o viril de la iglesia de San Jorge, «la qual se halla sin sacerdote de la Orden contra la práctica que siempre se ha observado, aún quando el prior de aquella iglesia lo ha sido de la nuestra, cuia inobservancia puede causar perjuicio a los derechos y privilegios de la misma».70 Tres años después, en 1819, la tradicional fiesta de San Jorge no se celebraba en la iglesia del Santo sino en la del Temple.71

Aunque se ha afirmado que fue desacralizada en 1836 y en ese año pasaron sus bienes a la parroquia de San Andrés,72 en 1850 la iglesia debió de seguir en pie, ya que los caballeros de Montesa se reunieron en ella el día de San Jorge, al no poderse utilizar la del Temple por haberse desamortizado.73

Madoz todavía describe la iglesia en pie y con el retablo, «la misma que se conserva hoy día, manifestando en sus ojivas, ventanas, arcos apuntados y retablo mayor la antigüedad de su fábrica». En cuanto al edificio del colegio, Madoz afirmaba: «Es un edificio muy sólido y espacioso, con su jardín y demás comodidades: se halla unido a la misma iglesia y lo circuye por dos de sus lados». Madoz añadía que «en la actualidad la parte que mira a la indicada plaza de San Jorge, habiendo pasado a manos particulares se ha renovado, y presenta una linda fachada; lo demás del edificio se encuentra en el mismo estado que cuando se construyó».74

La parte de la plaza de San Jorge no era sino la fachada principal del colegio desde la que se accedía al claustro, quedando en la parte trasera de la iglesia el edificio de la casa prioral. El edificio del colegio fue asumiendo diferentes funciones, y a partir de 1864 se encontraba allí instalada la imprenta de José Rius (figura 4).75

La iglesia y el arco que comunicaba con el palacio contiguo debieron de ser derribados en 1860. En enero de 1861 Vicente Alcayne recibía el permiso municipal para construir una casa de «arquitectura árabe» que todavía llegaría a ver Vicente Boix.76 El edificio del colegio, aunque transformado en su fachada, conservó su estructura hasta que en 1919 Demetrio Ribes construyó un almacén.77 Por entonces la antigua plaza de San Jorge ya había sustituido su nombre por la de Rodrigo Botet y ni siquiera la toponimia recordaba el histórico emplazamiento.

* Este trabajo se inserta en el proyecto de investigación HAR2017-83070-P, «Geografías de la movilidad artística. Valencia en Época Moderna».

1. El trabajo más reciente sobre el conjunto lo aborda Josep Cerdà i Ballester: «Les excavacions de postguerra al castell de Montesa (1946-1950)», Papers de la Costera, 16, 2017, pp. 111-120. La monografía hoy de referencia: Josep Cerdà i Ballester y Juan Carlos Navarro Fajardo: El Castillo y Sacro Convento de la Orden de Montesa. Historia y arquitectura, Valencia, Universitat Politècnica de València, 2017.

2. El trabajo más completo es el de Aurea Javierre Mur: «El colegio de San Jorge de la Orden de Montesa», Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 73, 1966, pp. 335-407, que además es una guía imprescindible para la localización de la documentación referida al colegio en el Archivo Histórico Nacional.

3. Al parecer, Pedro el Ceremonioso mandó esta reliquia a los jurados y prohombres de Valencia después de que estos presentasen una petición a través del prior de la «casa de San Jorge». Peregrin Llorens Raga: Relicario de la Catedral de Valencia, Valencia, 1964, pp. 172-173. Tras la llegada del Tesoro Real de la Corona de Aragón en la catedral de Valencia se conservaban hasta tres relicarios de San Jorge. La identificación de cada uno de ellos no es clara.

4. Sobre este periodo, véase Regina Sainz de la Maza Lasoli: La Orden de San Jorge de Alfama: aproximación a su historia, Barcelona, CSIC-Institució Milá y Fontanals, 1990.

5. Real Academia de la Historia (RAH), Colección Salazar y Castro, sig. I-49, f. 269; Hipólito de Samper: Montesa Ilustrada, Valencia, Gerónymo Vilagrasa, 1669, vol. II, p. 800. Debo esta referencia a Josep Cerdà.

6. Gaspar de la Figuera: Vida... i excelencias del insigne mártir... San Jorge, Valencia, Antonio Balle, 1738, p. 304.

7. Pascual Madoz: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultra-mar, t. XV, Madrid, 1849, p. 385.

8. Sobre el retablo, véase Matilde Miquel: «El gótico internacional en la ciudad de Valencia: El retablo de san Jorge del Centenar de la Ploma», Goya, 336, 2011, pp. 191-213.

9. Jose Francisco Ballester-Olmos: El Centenar de la Ploma en los documentos, Valencia, Ajuntament de València, 2015, pp. 540-541.

10. Fueron los miembros del Centenar los que solicitaron la creación de la Cofradía de San Jorge haciendo constar «que los de la dita almoyna se puxen aplegar cascunany, lo dia de la festa de Sent Jordi, a la esglesia que a honor d’aquelll es edificada en la ciutat de Valencia», el día de San Jorge podían «fer pietança en les cases de la esgleya del dit Sent Jordi en la Ciutat de Valencia». Desde 1693 es obligatorio que todos los miembros del Centenar sean miembros de la cofradía, y se especifica que la cofradía puede tener «totes e qualsevol ymages, corones, pedres precioses, perles, correges, draps, senyals, ornaments [...] dins e fora ecclesies de la dita confraria [...] e campanes en la casa de l’església de Sent Jordi de València...». J. F. Ballester-Olmos: El Centenar de la Ploma..., pp. 545-552.

11. Jose Vicente Ortí y Mayor: Fiestas centenarias, con que la insigne, noble, leal, y coronada ciudad de Valencia celebró en el dia 9 de octubre de 1738 la quinta centuria de su christiana conquista, Valencia, Antonio Bordazar, 1740, p. 51.

12. En 1717 la capilla debió de ser modernizada: se pintó, se ensanchó el nicho y el altar, que se pintó de azul; ese mismo año se compró una diadema de plata para el Niño Jesús, y en 1727 se le colocaba a la Virgen «una cruz dorada con relumbrones grandes». Los pagos por las vestiduras de la Virgen son frecuentes en 1718 y 1731, pero más todavía las cabelleras, de las que al menos se compraron en 1717, 1718, 1725, 1728 y 1731. Al mismo tiempo, en 1719 se colocaba un «frontal colorado para el altar de la Virgen de indiana fina», y en 1749 se compraba una cruz con un crucifijo de bronce dorado «para el altar de la Virgen de la Victoria». Archivo Histórico Nacional (AHN) OOMM l. 1507-C Sacristía y Ropería de San Jorge, 1692-1711.

13. El año 2010 el IVACOR restauró la pieza eliminando el Niño Jesús del siglo XVIII y la corona. Véase Virgen de las Victorias, anónimo de la Corona de Aragón del siglo XIII: Parroquia de San Andrés, Valencia, Castellón, Institut Valencià de Conservació i Restauració de Bens Culturals, 2010.

14. RAH, Salazar y Castro, 74664. Visita del priorato de San Jorge de Valencia hecha por fr. Benito Roca, comendador de Burriana y por fr. Tomás Selva, prior de Cervera, Valencia, 1585, 25 de mayo, leg. 8, carpeta 15, s/p.

15. Sobre el resto de obras que promueve, véase el capítulo de la profesora Mercedes Gómez-Ferrer en este mismo volumen.

16. En 1696 se compraban dos candelabros para el altar y en 1709 se pintaba la capilla y se encarnaba de nuevo la imagen; en 1710 se le hacía un frontal y un dosel y en 1719 se hicieron para él dos frontales, uno morado y otro colorado y un tapete. AHN, OOMM, Libro 1507-C Sacristía y Ropería de San Jorge, 1692-1711.

17. RAH, Salazar y Castro, 74.664. Visita del priorato de San Jorge de Valencia hecha por fr. Benito Roca, comendador de Burriana y por fr. Tomás Selva, prior de Cervera, Valencia, 1585, 25 de mayo, leg. 8, carpeta 15, s/p.

18. Enrique García Hernán: «Francisco de Borja y su familia», Revista Borja. Revista de l’Institut Internacional d’Estudis Borgians, 4, 2012-13, pp. 61-81.

19. Vicente Boix: Valencia histórica y topográfica, t. I, Valencia, 1862, pp. 358-359.

20. Archivo Histórico de Protocolos de Zaragoza (AHPZ), Expedientes Casa Ducal de Híjar, P/1-199-8. Licencia otorgada por la Orden de Ntra. Sra de Montesa y San Jorge a Doña Margarita de Borja, viuda de Don Fadrique de Portugal y a su hija Ana, para construir una tribuna para oír misa, que comunique su casa, sita en Valencia, con la iglesia de San Jorge: «Fuerunt faciendi dictum aditum sive passadiso a dicta domo ad dictam ecclesiam dicti Georgii supra vicum medium inter dictam domum et dictam ecclesiam nec non faciendi et aperiendi fenestram sive portam in pariete dicte ecclesie et ibi intus dictam ecclesiam construendi faciendi habendi et ad usum tenendi tribunam in qua como de videri et audiri possint missarum solempnia». Agradezco al profesor Javier Ibáñez que consultase este documento.

21. En esos momentos Pedro Luis Garcerán de Borja tenía importantes dificultades: había participado en las bandosidades nobiliarias de los años cincuenta, tras los cuales fue alejado de la ciudad al virreinato de Orán y, a su vuelta, en 1572 fue procesado por sodomía y condenado a reclusión en el castillo de Montesa durante diez años. A pesar de todo mantuvo el título de maestre de Montesa hasta su muerte en 1592, incluso después de que en 1587 se hubiese firmado la bula de incorporación a la Corona. Fernando Andrés Robres: «Garcerán de Borja, Felipe II y la tardía incorporación del Maestrazgo de la Orden de Montesa a la corona. Los hechos (1492-1592)», en Enrique Martínez Simón y Vicente Suárez Grimón (eds.): Iglesia y sociedad en el Antiguo Régimen, vol. I, Universidad de las Palmas de Gran Canaria, 1994, pp. 409-420.

22. Margarita debió de ser mujer de fuerte personalidad. Casada en 1568 con Fadrique de Portugal, le dio los hijos que este no tuvo en sus dos matrimonios anteriores. En 1548 Don Fadrique había heredado de su hermana Guiomar de Castro, casada con Juan Maza de Lizana, sin descendencia, algunas villas y baronías. En 1572 el maestre Pedro Galcerán de Borja también donó a su hermana los derechos de la herencia de Nicolás Carroz. Cuando su esposo falleció en 1573 Margarita instituyó el mayorazgo de Orani, que iba a heredar su hija Ana de Portugal. Ana de Portugal y Borja debió de instalarse con su madre en Valencia tras su matrimonio con Rodrigo de Silva y Mendoza, II duque de Pastrana en 1584, y en 1585 dio a luz en Valencia a Rui Gómez de Silva de Mendoza de la Cerca, que iba a ser III duque de Pastrana. Es en ese contexto de consolidación de la casa y de estrecha relación con la Orden de Montesa como hay que entender la construcción del pasadizo.

23. Consulta que hizo al rey Don Juan Crespí y Brizuela, lugarteniente general de la Orden, el 4 de agosto de 1665 a propósito de la disputa del clero de la parroquia de San Andrés contra el Colegio de San Jorge: «No se pudo executar tan apriessa esta resolución porque aviendose caído un lienzo de pared de la Iglesia de San Jorge, en tres años no vino la Procession a ella, hasta el de 1641», reproducida en Buenaventura de Tristany: Escudo Montesiano, Barcelona, 1703, p. 558.

24. Virginia Tovar Martín: «El colegio de la Orden Militar de Santiago, en Salamanca», Archivo Español de Arte, 49, 196, 1976, pp. 417-434. En 1562 el capítulo de la Orden Militar de Santiago acuerda fundar en Salamanca un convento-colegio fundiendo en él el que tenían aquí las casas de Uclés y de San Marcos de León. Es conocido también como colegio del Rey o de Uclés.

25. Mercedes Vico Monteoliva: Los antiguos colegios de estudios valencianos, Zaragoza, Anubar, 1978; Los colegios de estudios valencianos postridentinos a través de sus constituciones, Valencia, Nau Llibres, 1981.

26. Josep Cerdà i Ballester: Los caballeros y religiosos de la Orden de Montesa en tiempo de los Austrias (1592-1700), Madrid, CSIC, 2014, pp. 339 y ss.

27. En el momento de incorporación del Maestrazgo a la Corona, la iglesia debía de tener anexa una pequeña casa para el prior. En la visita de 1585 se dice: «entraren en la casa del dit Rt prior y trobaren aquella sens cuyna y veren en una paret del ortet de la dita casa un peu nou y paymentat un terrat y la mitat del altre les quals obres dix lo dit Rt. Prior les havia fetes a ses despeses y que en elles havia gastat deu lliures reals de Valencia», RAH, Salazar y Castro, 74.664. Visita del priorato de San Jorge de Valencia hecha por fr. Benito Roca, comendador de Burriana y por fr. Tomás Selva, prior de Cervera, Valencia, 1585, 25 de mayo, leg. 8, carpeta 15.

28. H. de Samper: Montesa Ilustrada, Valencia, Geronymo Vilagrasa, 1669, p. 746.

29. Juan Ferrer de Calatayud estaba casado con Luisa de Próxita; siendo lugarteniente mandó asesinar a su esposa y su amante, Jerónimo Artés de Albanelll y Carroz, por lo que fue temporalmente condenado a destierro. Véase Ricardo Santarrufina: «Los Próxita. Un linaje de origen napolitano en el Reino de Valencia», Estudis. Revista de Historia Moderna, 40, 2014, pp. 237-254.

30. «Francisco Antón obrer de vila» cobraba el 15 de marzo de 1595, «per fer les traces per ales obres del collegi», ARV, Mestre Racional, 7105, p. XXV. En mayo se inician los pagos a «Joan Maria obrer de vila per la obra de dit collegi junt a la esglesia de St Jordi», ARV, Mestre Racional, 7105, p. LXVIIII, 7016, p. LXXV. La obra se había contratado el 8 de febrero con el notario Jaume Martí Vaziero. Los pagos en APPV, Jaume Martí Vaziero, prot. 16.783, 13 de mayo de 1596.

31. Mercedes Gómez-Ferrer Lozano: «La antigua iglesia parroquial de San Andrés de Valencia y la arquitectura valenciana en la transición al siglo XVII», Academia: Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1995, 80, pp. 235-258. Sobre estos maestros, véase Mercedes Gómez-Ferrer Lozano: Arquitectura en la Valencia del siglo XVI. El Hospital General y sus artífices, Valencia, Albatros, 1998, pp. 243-250 y 265-280.

32. H. de Samper: Montesa Ilustrada, t. II, pp. 726-727.

33. Constituciones de 11 de marzo de 1611 reproducidas en A. Javierre: «El Colegio de San Jorge...».

34. La fotografía de Martínez Aloy, recogida en Miguel Ángel Catalá Gorgues y Susana Vega Barbena: Valencia 1900: el legado fotográfico de J. Martínez Aloy, Valencia, Ajuntament de València, 2007. Antes fue publicada en la Geografía General del Reino de Valencia dirigida por F. Carreras i Candi.

35. En 1608 se decía que «el dicho collegio de San George se entiende que esta muy desacomodado servido, y que no tiene manteles, ni otras cosas necesarias para la limpieza y comodidad de los collegiales», acordando el rey que se enviase del convento de Montesa uno de sus donados, se tomase la cantidad necesaria para manteles y alhajas y se llevasen algunos libros del convento de Montesa. A. Javierre: «El Colegio de San Jorge...».

36. A. Javierre: «El Colegio de San Jorge...».

37. Archivo de la Corona de Aragón (ACA), Consejo de Aragón, leg. 0884, 059, 1641. Frey Pablo Climent, rector del colegio de San Jorge de Valencia, expone el poco espacio que tienen y pide que se compren unas casas para su ampliación.

38. A. Javierre: «El Colegio de San Jorge...», AHN, Órdenes Militares, Consejo, leg. 3.723, I, n.os 32-34 y 36.

39. A. Javierre: «El Colegio de San Jorge...».

40. H. de Samper: Montesa Ilustrada, p. 756.

41. RAH, Salazar y Castro, 37.905. Cédula del rey Felipe IV dirigida a Cristóbal Crespí de Valldaura, lugarteniente de la Orden de Montesa en la que trata del destino que se ha de dar a las 500 liras consignadas para la ampliación del colegio de San Jorge de Valencia, el 13 de noviembre de 1658.

42. Universidad de Valladolid (UV), U/Bc Ms 173. Fragmentos de 362 cartas sobre asuntos del Gobierno de Valencia, desde el 6 de enero de 1655 hasta el 10 de diciembre de 1663. Periodos de carta del 27 de febrero de 1662, pp. 125v-126r.

43. Informe de frey Hipólito de Samper al rey Felipe IV, sobre las obras que se habían realizado en el Colegio de la Orden de Montesa, y las que faltaban aún por realizar, RAH, Salazar y Castro, leg. 8, carpeta 9, I.

44. H. de Samper: Montesa Ilustrada, pp. 758-759.

45. AHN, OOMM, l. 1507-C, Sacristía y ropería de San Jorge, 1692-1711.

46. Descargo del dinero cobrado por el Dr. Frey Vicente Capera prior de San Jorge y rector de su Real Colegio por la administración de Ropería y Sacristía desde el día 15 de abril de 1754 hasta el último de diciembre de 1757, AHN, OOMM, Libro 1.507-C, Sacristía y ropería de San Jorge, p. 78r.

47. Josep Cerdà i Ballester: Els cavallers i religiosos de l’Orde de Montesa en temps dels Àustria (1592-1700), Valencia, Universitat de València, 2012, tesis doctoral dirigida por el Dr. Fernando Andrés Robres, vol. I, pp. 496-500. Disponible en: <http://roderic.uv.es//handle/10550/24971>.

48. AHN. OOMM, legajo 3.723/1, n.º 77. Carta del lugarteniente general de Montesa del 18 de mayo de 1692 dirigida a S. M. Seguidamente aparece la contestación de la Corona concediendo los arbitrios.

49. Joseph Vicente Ortí y Mayor: Fiestas centenarias con que la insigne, noble, leal y coronada ciudad de Valencia celebró en el dia 9 de octubre de 1738 la quinta centuria de su christiana conquista, Valencia, Antonio Bordazar, 1740, pp. 131-132.

50. Esta última noticia fue proporcionada por Josep Cerdà.

51. Gaspar de la Figuera: Vida... i excelencias del insigne mártir... San Jorge, Valencia, Antonio Balle, 1738.

52. Gaspar Escolano: Década primera de la Historia de la insigne y coronada ciudad y Reyno de Valencia, Valencia, Pedro Patricio Mey, 1611, p. 1055.

53. Rafael Narbona Vizcaíno: El nou d’Octubre. Ressenya històrica d’una festa valenciana (segles XIV-XX), Valencia, Generalitat Valenciana, 1997.

54. G. Escolano: Década primera..., p. 367.

55. Marco Antonio Ortí: Siglo quarto de la conquista de Valencia..., Valencia, Iuan Bautista Marçal, 1640, Disc. I, p. 2v.

56. Joseph Vicente Ortí y Mayor: Fiestas centenarias con que la insigne, noble, leal y coronada ciudad de Valencia celebró en el dia 9 de octubre de 1738 la quinta centuria de su christiana conquista, Valencia, Antonio Bordazar, 1740, p. 14.

57. Marco Antonio Ortí: Siglo quarto de la conquista de Valencia..., Valencia, Iuan Bautista Marçal, 1640, p. 124.

58. J. V. Ortí y Mayor: Fiestas centenarias..., p. 51.

59. Ibíd., pp. 131-132.

60. Ibíd., pp. 131-132.

61. Según Ortí, «El hacer estos oficios los Religiosos Observantes no fue novedad ahora, pues este era el estilo que se practicava en años pasados, quando se celebrava la procession de San Jorge en su dia veinte y tres de abil, que iva por la mañana a esta iglesia». J. V. Orti y Mayor: Fiestas centenarias..., pp. 399-400.

62. J. V. Ortí y Mayor: Fiestas centenarias..., pp. 400-401.

63. Francesc Torres Faus, Laura Ménsua Muñoz y Sergio Urzainqui Sánchez: «Los archivos de la ciudad de Valencia en 1751 según los informes secretos de Asensio Sales y Vicente Ximeno», en La catedral ilustrada: Iglesia, sociedad y cultura en la Valencia del siglo XVIII, vol. III, Valencia, 2015, pp. 211-249. Agradezco a Francesc Torres que me advirtiese de esta noticia.

64. Roberto Muñiz: Medula Histórica Cisterciense, t. VIII, Valladolid, 1791, pp. 180-181.

65. Josep Cerdà i Ballester: «Els clergues de l’Orde de Montesa durant el segle XVIII: catàleg i estudi (1700-1808)», en La catedral ilustrada. Iglesia, sociedad y cultura en la Valencia del siglo XVIII, vol. IV, Valencia, 2017, pp. 163-200.

66. Marcos Antonio de Orellana: Biografía pictórica valentina (ed. de Xavier de Salas), Madrid, 1930, p. 304.

67. «Para que los hijos beneméritos de la orden (en que apenas hay alicientes ni premio alguno) tuviesen este retiro. Y para que de esa forma se conservase en su iglesia el culto de su Patrón San Jorge, lo que fácilmente se lograría si S.M. mandase reparar el edificio que sirvió de colegio reduciendo su fabrica en forma de habitaciones para alquilar cuyos productos quedasen a favor del mencionado priorato». Carta de Manuel Climent de 15 de junio de 1785, AHN, OOMM, leg. 3735/3, n.º 7. Expediente sobre destino del antiguo colegio de San Jorge de la Orden de Montesa.

68. AHN, OOMM, leg. 3735/3, n.º 7. Colegio antiguo de San Jorge. Sobre dar destino al edificio en beneficio de la Orden y el Priorato de San Jorge de ella.

69. AHN, OOMM, leg. 3735/3, n.º 7. Expediente sobre destino del antiguo colegio de San Jorge de la Orden de Montesa.

70. AHN, OOMM, 3735/3. Doc. 10. Cuentas de la reposición del sacro convento en los años 1815 y 1816. Carta de Francisco Estruch del 20 de julio de 1816.

71. Francisco Hurtado: Sermón de San Jorge mártir, que en su día 23 de abril de 1819 predicó en la iglesia del... convento de Na. Sa. de Montesa..., Valencia, Benito Monfort, 1819.

72. «...la iglesia o ermita donde ha permanecido hasta el año de 1836, en el ámbito de la parroquia de San Andrés, y plazuela llamada de San Jorge dese entonces». Jose María Zacarés: «Sacro Real Convento e Iglesia de Nuestra Señora del Temple XXV», El Fénix, 139, domingo 28 de mayo de 1848 (Valencia artística y monumental).

73. «Según escriben de Valencia el 23 del pasado se celebró una gran función de iglesia de las que tanto agradan en aquella ciudad con motivo de reunirse el capítulo de caballeros de la Orden Militar de Montesa a tributar solemnes culto a su patrono San Jorge en cumplimiento de sus estatutos. La función fue brillante, contribuyendo [...] la función se celebró en la iglesia de San Jorge; lástima que no hubiera podido efectuarse en la suntuosa iglesia de la Orden llamada del Temple, que a sus bellezas artísticas reúne una gran capacidad. El mismo día el señor Felipe de Agramunt gobernador eclesiástico de la orden y prior de San Jorge de Valencia dio un espléndido y delicado convite a todos los caballeros que asistieron al capítulo». La Esperanza, Madrid, 7 de mayo de 1850.

74. P. Madoz: Diccionario geográfico-estadístico-histórico..., t. IX, Madrid, 1847.

75. El espacio se alquila a la viuda de D. Ramón Rodríguez y se detalla que linda con la «hermita de San Jorge, con casa y huerto de la misma procedencia». Ana María Reig Ferrer: «Fuentes para el estudio de la imprenta valenciana: El archivo familiar de los Monfort-Rius», en Pasiones bibliográficas, Valencia, Societat Bibliogràfica Valenciana Jerònima Galés.

76 Archivo Municipal de Valencia (AMV), Policía Urbana, 1861, caja 93 (116), exp. 110.

77. El propietario era entonces José Tomás Belda, AMV, Policía Urbana.

ORACIÓN, GUERRA Y PRESTIGIO

Las casas madre de las órdenes militares peninsulares

Sonia Jiménez-Hortelano Universitat Jaume I

Congregóse un convento y exército de los pueblos de Israel, y le ordenaron que todos estuviesen apercibidos de armas y a punto de guerra, usando de los medios humanos para su defensa, y que juntamente con este apercibimiento, se aprovechasen de otras armas espirituales, haciendo oración a Dios y pidiéndole misericordia y perdón de sus pecados.

Palabras son dignas de notar, porque en todo conforman con lo que los fundadores de las órdenes de Cavallería hizieron, es a saber que para defender el pueblo cristiano del poderío de los Moros que reynavan en España, instituyeron estas religiosas cavallerías, ordenando que en ellas oviese unos religiosos milites o cavalleros de armas dedicados principalmente para el exercicio de las armas, que es el medio humano para defenderlas de la christiandad y otros religiosos clérigos dedicados principalmente para el culto divino y para pelear contra los moros con armas espirituales, es a saber, con oraciones ayunos, abstinencias y otras obras de religión.

FRANCISCO RADES

Crónica de las tres Órdenes y Cavallerías... (1572) Prólogo del autor a los lectores.

El fraile y cronista calatravo Francisco de Rades justificaba con estas palabras a sus lectores la creación de un novedoso cuerpo de religiosos en el Occidente europeo destinados a combatir –material y espiritualmente– al enemigo musulmán. Lo contradictorio de esta labor no pasaba desapercibida para el propio Rades, que buscó, como antes habían hecho otros, su justificación en los textos sagrados.1 Este fragmento que Rades incluía en su prólogo a su insigne obra Crónica de las tres Órdenes llamaba además la atención sobre esa comunidad de religiosos como «convento», haciendo alusión de forma indirecta a la sede o espacio físico que habría de ser lugar de reunión de oratores y milites, y haciendo una distinción muy marcada entre las dos facetas de un mismo cuerpo de religiosos.

Como es bien sabido, las órdenes militares de Calatrava, Santiago y Alcántara y más tarde Montesa habían nacido bajo el amparo de la monarquía; las tres primeras en el contexto de la conquista cristiana y la última quizá más como una forma de contrarrestar el poder entre la nobleza laica, la Iglesia y los crecientes municipios, por parte del poder real.2 Es también bien sabido que las órdenes militares se caracterizaron durante la Edad Media por su potencia territorial, formando una gran franja que prácticamente dividía la península ibérica en dos, debido a su originario carácter de posición de frontera. Esa presencia en el territorio se hizo efectiva con la posesión de toda una serie de arquitecturas que ayudaron a ejercer el control fáctico, jurisdiccional, económico y espiritual y simbólico.3

En relación con ese carácter de posición de frontera y ocupación del territorio, muchos han sido los estudios que se han centrado en el conocimiento de las fortificaciones de estas órdenes, no solo en cuanto a su construcción material, sino también a los usos y funciones que a lo largo de distintas épocas se han conferido a estos espacios.4 En nuestro país, a partir de los años ochenta del pasado siglo se ha dado un gran impulso en la investigación del arte y la arquitectura vinculada a estas órdenes; además, al estudio de la arquitectura de control del territorio se han sumado otros centrados en diferentes tipologías constructivas,5 cuestiones de representación social6 o incluso aspectos relacionados con el urbanismo.7 Por lo que respecta al estudio de la arquitectura religiosa desarrollada en el seno de estas instituciones, son también numerosos los estudios que se han desarrollado en los últimos años, ya sea a la hora de estudiar un territorio o de forma monográfica sobre algún edificio en particular,8 si bien los trabajos en los que se ha puesto en común la arquitectura religiosa de estas milicias entre sí han sido menos habituales en nuestra historiografía.9 En este trabajo, proponemos un primer acercamiento a una comparativa de las cuatro sedes espirituales principales de las órdenes de Calatrava, Alcántara, Santiago y Montesa, como una futura vía de estudio para el avance del conocimiento de las propuestas artísticas elaboradas a través de los siglos por estas instituciones y sus puntos de contacto.

En el congreso internacional sobre órdenes militares celebrado en mayo de 1996 en la Universidad de Castilla La Mancha, el profesor Miguel Cortés Arrese se preguntó si era posible detectar algún elemento único, claramente diferenciador, que nos lleve a considerar la existencia de un modelo arquitectónico exclusivo de las órdenes militares.10 A la luz de los trabajos que se han llevado a cabo sobre esta temática, podríamos coincidir en que no existe una tipología arquitectónica propia que pueda asignarse como particular de las órdenes militares peninsulares. A la vista de los estudios realizados sobre el tema, podemos decir que las órdenes militares no crearon tipologías arquitectónicas distintas a las imperantes en su época, sino que más bien se produjo una adaptación de modelos existentes a sus propias necesidades. Este hecho, sin embargo, no obsta para que podamos establecer comparativas entre las arquitecturas llevadas a cabo en los territorios de las propias órdenes, especialmente en espacios dotados de especial carga simbólica para la institución, como es el caso de las sedes espirituales de cada una de ellas, también llamadas «casas mayores» o «casas madre», donde las fronteras que dividían la vida religiosa de la civil llegaban a ser líneas verdaderamente difuminadas.11

Desde sus orígenes, y como consecuencia de la doble vertiente espiritual y militar, las órdenes, una vez confirmadas por el papado, del que dependían directamente, fundaron monasterios o casas madre como sedes espirituales de sus milicias: Calatrava (1158), San Benito de Alcántara (trasladada desde San Julián del Pereiro, hacia 1219), Santiago en Uclés (1175) y, años después, Montesa (ca. 1338), junto a la población homónima. La vida en estos monasterios estaba sujeta a las reglas monásticas del Císter (Alcántara, Calatrava y Montesa) y a una combinación del modelo benedictino y agustiniano en el caso de Santiago,12 si bien cada una de estas órdenes fue perfilando sus propias normativas a través de estatutos, establecimientos o definiciones.

El estudio de estos edificios religiosos es hoy en día complejo y desigual, ya que los restos que nos han quedado están, en todos los casos y sin excepción, gravemente alterados. Los conventos de Calatrava la Vieja y Calatrava la Nueva fueron abandonados, el primero en 1195 y el segundo en 1804, cuando se trasladó su sede a Almagro. Del convento medieval de Uclés no conservamos prácticamente ningún vestigio, ya que a partir de 1529 fue reedificado sobre sus propios cimientos. En cuanto a Alcántara, solo resta en pie el último de los cuatro conventos que tuvo, iniciado a comienzos del siglo XVI, muy restaurado después de ser afectado por el seísmo de Lisboa en 1755 y por el expolio sufrido a principios del siglo XX. Gravemente dañado quedó también el convento de Montesa tras el terremoto de 1748 y el desmantelamiento que sufriría durante los siguientes años. Además, a todo ello habría que sumar la venta de bienes a particulares, el decreto de Isabel II de 1841 de supresión de parroquias y la pública almoneda de los bienes de las órdenes, iniciada en 1847 en el marco de la desamortización de Mendizábal.13 No obstante, los restos materiales todavía conservados, el análisis de fuentes documentales y los esfuerzos que muchos investigadores han venido haciendo en los últimos años nos permiten trazar una panorámica general sobre lo que fueron la sede del poder espiritual de estas grandes milicias. Otro aspecto notable es que la construcción de los monasterios de Calatrava la Nueva, San Benito de Alcántara, Santiago de Uclés y Santa María de Alfama responden a periodos históricos muy amplios, por lo que la arquitectura de cada uno de ellos se adapta a las necesidades específicas y condiciones técnicas propias del momento y el lugar en las que fueron concebidos y en muchos casos reedificados. La comparativa que estableceremos en este trabajo se basará, por tanto, en aquellos aspectos comunes a todas ellas, fundamentalmente, los relativos a los valores de uso y representación social y espiritual de las órdenes militares.

El primer rasgo común a todos estos edificios, quizá el más evidente, es la fuerte connotación defensiva presente en muchos de los casos. Los cuatro ejemplos anteriormente mencionados se encuentran sobre altos peñascales, junto a una fortaleza, con la que incluso comparten normalmente un mismo perímetro amurallado, que conferiría a estos monasterios un carácter de edificio fuerte. Esa primera necesidad defensiva ante el musulmán (que se perderá una vez finalizada la conquista) se mantendrá a lo largo de los siglos como forma de control fiscal y jurisdiccional del territorio, uno de los rasgos comunes que pervivirá todavía muchos siglos después en el ideario romántico (imagen 1) como referente de la grandeza que en un pasado alcanzaron estas instituciones.14


Imagen 1. Estampa del convento de Calatrava la Nueva, de Parcerisa, contenida en la obra de José María Cuadrado: Recuerdos y bellezas de España, Castilla-La Nueva, vol. II, de 1853, p. 480.

Más allá de los aspectos defensivos, más fácilmente reconocibles como propios de este tipo de arquitecturas, existen una serie de características en el uso y valor simbólico otorgado a estos espacios, que dotaron de enorme riqueza a sus monasterios, difícil de imaginar hoy ante el precario estado que presentan. En primer lugar, hemos de tener presente que las casas madre de las órdenes militares cumplían un importante papel en lo relativo a la formación de sus miembros, ya fueran religiosos (en el más estricto sentido de la palabra) o caballeros, por lo que se generó en estos lugares una constante convivencia entre estos dos colectivos.

Si atendemos a los Establecimientos y Definiciones de las órdenes, la ceremonia de la toma del hábito de los aspirantes a formar parte de la caballería correspondiente se debía llevar a cabo en el convento principal de cada una de ellas, si bien también era habitual que se concedieran dispensas a esta obligación por parte del rey.15 Tras haber sido armado caballero, el pretendiente pasaba un periodo variable de tiempo hasta poder efectuar la ceremonia de profesión, por la cual aceptaba los votos sacramentales de su orden. Durante esta etapa de formación en los preceptos de la institución, el pretendiente debía residir en el convento principal de la correspondiente orden (salvo excepciones), para ser evaluado después por su prior. Este hecho ocasionó algunos problemas a la vida de los conventuales, ya que los caballeros podían tener acceso al claustro, participaban del capítulo y de las comidas, si bien siempre en lugares separados de los religiosos. Otro de los problemas que ocasionaba para el monasterio era el mantenimiento de estos caballeros durante largas estancias, por lo que los libros de establecimientos de las órdenes fueron regulando los gastos que estos caballeros y el propio monasterio debían correr.

Como es lógico, durante el tiempo variable que se seguía de este proceso, el convento debía disponer de toda una serie de estancias separadas para albergar a este número variable de caballeros lo suficientemente dignas para el aposento de personalidades de la nobleza. Entre los pocos ejemplos relativamente conservados que tenemos de este tipo de dependencias, conocidas como hospederías, podríamos destacar el ejemplo de san Benito de Alcántara. En 1560 se decidió destinar a hospedería las dependencias que se habían empezado a construir como estancias académicas, una vez que se establecieron los principales estudios de la Orden en un colegio en Salamanca.16 Esta hospedería se corresponde con la magnífica galería de arcos flanqueados por dos cubos cilíndricos, el uno con las armas del emperador y el otro con las de Felipe II, muy dañada después de la desamortización, hoy en día reconstruida y restaurada (imagen 2). Estas estancias, aunque incluidas en el recinto monacal, representaban la visión más laica de las dependencias monásticas. En este sentido, Torres y Tapia describía la hospedería alcantarina como «una fuerte y lustrosa casa para aquellos tiempos [...] no es en forma monástica [...] sino como casa de un gran Señor, con dos órdenes de corredores que caen a un patio que está a la entrada de la puerta principal».17


Imagen 2. Galería de San Benito de Alcántara. Autor José Luis Filpo Cabana. Licencia Creative Com-mons Attibution-Share Alike 4.0 International.

Además, la pertenencia a la Orden conllevaba la aceptación de la reglamentación y formas de castigo propias, que los miembros debían cumplir y aceptar. La inobservancia de los votos monásticos conllevaba el castigo de los infractores con penas variables, en función del crimen cometido, siendo considerados más graves los relacionados con el voto de obediencia al maestre. La casa madre era el lugar donde los caballeros, en caso de cometer algún crimen, debían ir presos, por lo que todos estos monasterios disponían de este tipo de estancias punitivas. En Uclés, por ejemplo, sabemos que se encontraba en la parte oriental del conjunto y que tuvo el honor de albergar entre sus distinguidos huéspedes al propio Quevedo en 1620.18 En el convento de Montesa tenemos constancia de la cárcel del monasterio, al menos desde finales del siglo XIV, en una antigua torre en la parte oriental del conjunto, cuyos restos son todavía hoy visibles (imagen 3).19 De la cárcel de Alcántara sabemos que se situaba entre salas que servían de dependencias y audiencia del prior.20


Imagen 3. Restos de la cárcel de Santa María de Montesa. Fotografía de la autora.

Por otro lado, como no podía ser de otro modo, el núcleo de estas fundaciones se localizaba en la iglesia y el claustro anejo. A través de estos dos elementos se organizaba la vida espiritual de la comunidad y eran estos dos espacios los destinados a recoger las mayores atribuciones simbólicas del edificio. Las iglesias de las casas madre fueron el escenario donde se desarrollaron durante la Edad Media los actos más destacados del ceremonial de las órdenes, entre los que se encontraban la elección del maestre y, en ocasiones, incluso su deposición. En el convento de Uclés, contamos no solo con imágenes de principios del siglo XX de la llamada «silla maestral», sino también con interesantes descripciones de cómo, en 1431, se procedió a la deposición del maestre de Santiago entre los muros del convento. Por la Crónica del Halconero sabemos que en 1431, en el contexto de los enfrentamientos entre el condestable Álvaro de Luna y el infante Enrique de Aragón, los partidarios del primero se trasladaron hasta la iglesia de Santiago de Uclés para deponerle de la dignidad maestral «en efigie». Para ello, sentaron en la silla maestral a un muñeco revestido de los atributos del maestre: capa, birrete, espada, sello y el pendón de la Orden. Iniciada la ceremonia, los comendadores asistentes fueron retirando uno a uno estos atributos hasta hacer caer al muñeco de la propia silla, símbolo por excelencia del poder del maestre.21

Además de estas ceremonias corporativas, el principal papel que desempeñaron estos monasterios, prácticamente desde su fundación, fue el de servir de lugar de enterramiento de sus altas dignidades. Desde sus orígenes se dieron numerosos ingresos de caballeros en las órdenes de Calatrava, Alcántara y Santiago a cambio de donaciones económicas, en muchos casos con la contrapartida de recibir el privilegio de ser enterrados en el convento cabeza de la Orden. De esta manera, al parecer tal y como lo narra Diego de la Mota, el conde Álvaro Núñez de Lara, tras haber ingresado en la Orden de Santiago en 1217, muerto en Toro dos años después, haría trasladar su cuerpo hasta el monasterio de Uclés para recibir sepultura.22 Entre estos ejemplos, quizá uno de los enterramientos concebidos más notables en el monasterio de Uclés fue el del infante don Manuel y su mujer doña Constanza, los cuales, tras ingresar en la Orden, decidieron enterrarse allí tanto ellos como su linaje, dando 2.000 maravedís para poseer su capilla y capellanes.23 Años después, en 1476, el maestre de Santiago Rodrigo Manrique elegiría este mismo monasterio como lugar de enterramiento, dando además toda una serie de pautas relativas a cómo debía ser su sepultura en piedra.24 Por último, existía en Uclés un espacio destinado a recoger la memoria de los miembros de la Orden de manera colectiva. En la panda este del desaparecido claustro medieval de Santiago encontraríamos la capilla de San Agustín o «de los maestres pasados». Si atendemos a la documentación, a finales del siglo XV esta es sin duda una de las capillas más destacadas dentro del claustro ucleseño, calificada en varias ocasiones como «especial».25 Se trataba de una capilla situada en la parte más meridional de la panda oriental del claustro, lindando al sur con la cabecera de la iglesia, y al este y al exterior con una de las garitas empleadas como entrada al convento. Este espacio estaba cubierto por una bóveda de cal y canto labrado y en 1478 contaba con un retablo y un bulto de alabastro del apóstol Santiago. Además, tendría un husillo para subir a la parte superior de la bóveda y vidrieras al exterior. Esta capilla era la encargada de recoger las sepulturas de ciertos maestres de la Orden, de identidad desconocida, inhumados en el monasterio de Uclés, que representaba a los difuntos en bultos de yeso,26 los cuales a finales del siglo XV se consideraban ya muy antiguos. Tras la derrota de la batalla de Alarcos, los calatravos se dedicarían a transportar los restos de sus compañeros fallecidos hasta el nuevo monasterio, donde serían enterrados en un cementerio calificado como «Campo de mártires». Algo similar sucedería muchos años después en Alcántara, cuando el maestre Diego Gómez Barroso, elegido en 1383, moría poco después luchando en las tierras de Badajoz, por lo que se trasladó su cuerpo y el de todos aquellos que murieron a la casa madre de Alcántara.27 Llama la atención cómo en San Benito el ceremonial relativo a la muerte estaba perfectamente reglado, hasta el punto de disponer la manera de proceder de los monjes para recibir a los cuerpos de los comendadores de la Orden que hubieran de enterrarse en su convento, recibiéndolos en determinados puntos de culto de la población según el lugar por el que el difunto había entrado a la villa.28 Entre los restos más importantes que albergaban los alcantarinos, podían contarse sepulcros tan notables como los del maestre frey Martín Yáñez de Barbudo, trasladado hasta Alcántara cuando perdió la vida y trescientas lanzas en 1394 contra Muhammad VII de Granada29 o el del comendador de Piedrabuena, un extraordinario ejemplo gravemente alterado, cuyo sepulcro en mármol puede admirarse hoy en la iglesia de santa María de Alcover.30 Calatrava albergó la capilla funeraria de Pedro Girón, que antes de morir en 1466 había dejado especificado en su testamento que el autor de su capilla debería ser el por entonces ya afamado Hanequín de Bruselas.31 Santa María de Montesa, a pesar de la alterada imagen que presenta hoy día, también hizo gala de notables ejemplos artísticos relativos a enterramientos de la nobleza montesiana. Según las fuentes documentales conservadas, se cree que a espaldas del altar mayor podría encontrarse el sepulcro de Jerónimo Pardo de la Casta, comendador mayor de la Orden muerto en 1576, con una sepultura arquitectónica en mármoles blancos y negros, ejecutados por Francisco de Aprile.32 Otro espacio interesante sería la capilla de Santa Ana fundada por Pere de Tous, en la que había un retablo en el que aparecía el propio maestre, o la de Santa Úrsula, con los restos del maestre frey Francesc Llançol de Romaní (enterrado en 1544), con una sepultura de mármol que se conserva hoy en la iglesia del Temple de Valencia.33

Otra de las atribuciones de estas casas madre fue la custodia de la riqueza simbólica de las órdenes, materializada a través de sus archivos y en importantes colecciones suntuarias, entre las que gozan de un lugar preeminente de relicarios. En cuanto al valor que se otorgaba a los primeros, nos habla el hecho de que, en muchos de estos lugares, estas dependencias se encontraran en origen en los propios tesoros del monasterio, junto a las reliquias y las piezas más destacadas de orfebrería. Hemos de tener en cuenta la gran importancia que tenía para las órdenes la custodia de estos grandes fondos documentales, ya que, en definitiva, estos archivos eran el garante de las posesiones de las órdenes y sus miembros, al contener los registros de pruebas de limpieza de sangre, además de privilegios papales, reales establecimientos, correspondencia, visitas al priorato, etc. Las definiciones de las órdenes establecían cómo debían de conservarse los archivos y determinaba qué miembros de la comunidad debían custodiar las llaves de las arcas que los contenían. En el archivo de Alcántara, por ejemplo, entre otros aspectos, se velaba para que no se dejara sacar los documentos del propio archivo, si la persona que los solicitaba no tenía la pertinente cédula firmada por el maestre, depositando en ocasiones elevadas sumas de dinero hasta su devolución.34 A mediados del siglo XVII, el convento de Calatrava la Nueva conservaba un gran archivo para el que se había destinado una sala ex profeso para su perfecta conservación en una zona alta y separada de elementos leñosos con el fin de que, en caso de incendio, pudiera salvaguardarse.35 La acumulación de una documentación generada a lo largo de los siglos provocó que durante el siglo XVIII se detectara en muchos de estos archivos un estado de desorden notable. En 1720, en Alcántara se llama la atención sobre la mala conservación de los documentos y se deja ordenado el reparo de la sala que los albergaba, si bien entre 1744 y 1748 se optó por la construcción de un nuevo archivo en el segundo claustro, sobre la sala de armas.36 Algo similar ocurría en el importante archivo de Uclés, por lo que a finales del siglo XVIII y por instancia del prior don Antonio Tavira, se ordena la fábrica de un impresionante mobiliario para organizar los fondos documentales de la institución.37 Montesa guardó sus documentos hasta 1556 en el castillo de Cervera del Maestrat, cuando en esta fecha se construye un archivo en la casa madre. La documentación que después del terremoto se pudo salvar se llevó al Palacio del Temple y desde allí al Archivo Histórico Nacional.

A lo largo de los siglos, estas sedes espirituales alcanzaron grandes riquezas, producto no solo generado a través de sus numerosas posesiones, sino también a través de donaciones de muchos de sus miembros. De entre todas estas riquezas custodiadas en estos monasterios, hemos querido destacar el hecho de cómo con el tiempo estos espacios se convirtieron en verdaderos cofres de innumerables reliquias, de ahí que conventos como el de Calatrava la Nueva y san Pedro de Alcántara tuvieran el título de Real y Sacro convento. Uclés tuvo el privilegio de albergar, entre otras, la reliquia del brazo del apóstol Santiago, entregado al monasterio en cumplimiento de las mandas testamentarias de Felipe II.38 En cuanto a Calatrava, su fundación conlleva la idea de las reliquias de mártires en sí misma, ya que, como hemos señalado anteriormente, tras la batalla de Alarcos los calatravos transportaron los restos de los fallecidos en el combate para ser enterrados en el nuevo monasterio, en un cementerio al que llamaron «campo de los Mártires» y que al parecer estaba compuesto de tierra traída del camposanto de Roma.39 En Calatrava las innumerables reliquias se veneraban en un retablo-relicario de hasta catorce nichos, cerrado con dos grandes puertas esculpidas, en la sala del tesoro a mediados del siglo XVII.40 La cantidad de reliquias de distintos santos que este monasterio reunió a lo largo de los siglos fue tal que en el siglo XVII se planteó la opción de construir una sala-relicario para su correcta observación y culto, si bien las obras nunca llegaron a producirse.41 En la lipsanoteca de Montesa encontraríamos un fragmento del lignum crucis engastado en una cruz de plata labrada, regalada por el maestre Despuig, una Santa Espina y un busto con parte de la cabeza de San Jorge, que había sido encargado por el propio Felipe II a Juan de Arfe, cuyo valor alcanzó los 1.674 ducados.42 También en San Benito de Alcántara se conservaba un gran número de reliquias, entre las cuales se encontraban las de San Matías, San Felipe, San Bartolomé, San Pablo, San Mateo, Santa María Magdalena, San Agustín, etc.43 y que, como en el caso de Calatrava, para su mejor exhibición y culto se encargó en 1721 un retablo-relicario barroco al entallador José Vélez de Pomar.44

La riqueza que estas órdenes alcanzaron y la idea de ser sedes espirituales de la caballería de Cristo unida a ellas convirtieron en definitiva estos espacios monásticos en símbolos en sí mismos de prestigio. Si durante la Edad Media la alta nobleza de las órdenes destinó importantes donativos a estas instituciones y eligió sus muros como lugar de reposo de sus cuerpos tras la muerte, será a finales del siglo XV cuando la monarquía empiece a mediatizar este tipo de prácticas hacia su propia figura, algo que se iniciará con el reinado de Isabel y Fernando y que perdurará de forma notable durante los reinados de los llamados Austrias mayores.

Bajo la administración de las órdenes militares por parte de los Reyes Católicos se lleva a cabo toda una serie de iniciativas reformadoras que afectaron de manera directa a la vida en los conventos de las órdenes y a la organización de la institución.45 Dentro de esta tendencia, Fernando el Católico intentó sin éxito hacerse con el control de la Orden de Montesa en 1492, a la muerte del maestre Felipe Vives de Camañas y Boil que, sin embargo, no pudo obtener del recién electo papa Alejandro VI posiblemente por sus propios intereses personales,46 de tal manera que la incorporación del maestrazgo de Montesa a la Corona aún debería esperar hasta 1592, bajo el reinado ya de Felipe II.

El control de las órdenes se intensificó todavía más con la llegada al trono de Carlos V, cuando, a partir de 1523, con la bula papal concedida por Adriano VI, el maestrazgo de Santiago, Calatrava y Alcántara pasaría a estar unido de forma permanente a la Corona real, siendo su máximo administrador el propio rey. Este hecho supuso un cambio radical en la forma de administrar las órdenes, que a partir de ahora pasaron a gobernarse de una manera mucho más centralizada, mediante el omnipresente control del Consejo de las Órdenes Militares.

Que las sedes espirituales de las órdenes eran símbolo de prestigio queda puesto de manifiesto cuando la monarquía hispánica, como administradora, incorporó con carácter protagonista las actuaciones arquitectónicas como proyectos propios en los que exhibir su control de estas instituciones a través de las armas reales. Conocemos la carga simbólica que existió en las dependencias monacales de las órdenes gracias a la documentación y a descripciones posteriores. De esta manera, consta que entre 1489 y 1495 se instalaron en el convento de Calatrava la Nueva las armas de los Reyes Católicos tanto en la capilla Castrillo, en el refectorio (con tres escudos de dos varas de largo esculpidos en los pechos de tres águilas en las tres paredes),47 en la sala de huéspedes de la llamada casa Pavones48 y en la puerta de acceso a la iglesia desde el claustro,49 así como en los lados de la bóveda de la capilla mayor,50 en muchas ocasiones sustituyendo los escudos de otros benefactores de la Orden por los suyos.51

Tal y como se describe este conjunto a mediados del siglo XVII, vemos cómo el proceso de introducción de los símbolos de la monarquía proseguiría años después, de tal forma que en la puerta de entrada a este refectorio estaban pintadas las armas de Felipe II anteriores a la incorporación de Portugal.52 En los dormitorios, en la pared principal, había esculpido un escudo de dos varas de largo, con las armas de todos los reinos del emperador Carlos V y con las águilas del Imperio de oro.53 De nuevo, en una de las puertas de acceso a la hospedería, sobre un arco principal que miraba al patio, las armas esculpidas de Carlos V.54

En relación con Alcántara, las actuaciones emprendidas por la monarquía en 1504 fueron más allá, de tal manera que, en el capítulo general de la Orden de Alcántara bajo el auspicio de Fernando el Católico, se acordó el traslado de la casa madre desde fuera de la población, al interior a la villa de Alcántara.55 La nueva iglesia alcantarina haría gala también de un despliegue de escudos de los Reyes Católicos, fundamentalmente el yugo y las flechas, junto al escudo real y la cruz de Alcántara. Años después, en 1523, Carlos V atendió la necesidad económica del monasterio para su construcción, otorgando 500 ducados anuales procedentes de la mesa maestral y ordenando que los comendadores de la orden entregaran para tal fin otros 500 ducados.56 En San Benito, las armas reales de Carlos V y Felipe II se situarían en lugares preeminentes de la obra, donde destacan de entre todas ellas las incluidas en los dos cubos que flanquean la galería renacentista de la fachada este.57 Dentro de este contexto, la renovación del convento de Uclés a partir de 1529 desde sus cimientos, será la última de las grandes empresas edilicias emprendidas desde la monarquía que afectan desde finales del siglo XV y principios del XVI a los principales conventos de las ordenes militares (imagen 4).


Imagen 4. Vista del monasterio de Santiago de Uclés y la fortaleza aneja. Fotografía de la autora.

Más difícil es observar este fenómeno mediatizador de la monarquía hacia estas fábricas en el caso de Montesa, por su más tardía incorporación a la Corona ya a finales de siglo XVI. En este sentido, el dato más interesante que tenemos hasta ahora se corresponde con la rigurosa inspección al convento de Montesa por parte de los visitadores Juan Pacheco y frey Juan de Quintanilla, caballero y clérigo de Calatrava, en 1592, al tomar posesión de la Orden en nombre de Felipe II, primer administrador perpetuo.58 Aunque son pocas las noticias que tenemos sobre las intervenciones arquitectónicas a partir de este momento, contamos con algunos datos, por ejemplo que entorno a 1595 Felipe II había hecho reparar las cocinas del convento y labrar una chimenea59 y que en 1652, bajo el reinado de Felipe IV, se concertaron obras de reparación y ampliación en diversas dependencias monásticas, como el refectorio y la ampliación de la sacristía, sobre la que se construiría una librería.60 En el caso de Montesa, tendremos que esperar hasta una fecha tan tardía como 1748, cuando aparentemente las casas madre (en entornos considerados ya como rurales y alejados de los centros de poder) habían dejado de ser objetos de importancia para la monarquía, para que tras el terremoto de 1748 se decida la construcción de una nueva sede espiritual para los montesianos, ya en la ciudad de Valencia, proyecto arquitectónico que asumirá Carlos III, como administrador de la Orden, como tantos años antes habían hecho sus predecesores, pero ahora ante contextos y motivaciones distintas.

1. Entronca así con la llamada «doctrina de las dos espadas», versículo de la doctrina gelasiana que atribuye a la iglesia la legítima utilización de la espada de lo espiritual y de lo material. San Bernardo desarrolló en la primera mitad del siglo XII esta doctrina. Carlos de Ayala Martínez: «Las Órdenes Militares “internacionales” en el contexto del siglo XII: religión y milicia», en José Ángel García de Cortázar y Ramón Teja (coords.): Del silencio de la cartuja al fragor de la orden militar, Fundación Santa María la Real, 2010, pp. 127-166.

2. Myriam Navarro Benito: «Los castillos de la Orden de Montesa en el contexto del siglo XIV», Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval, 13, 2000-2002, pp. 28-29.

3. Carlos de Ayala Martínez: «Fortalezas y creación de espacio político: La Orden de Santiago y el territorio conquense (siglos XII-XIII)», Meridies (Revista de Historia Medieval), 2, 1995, p. 26.

4. El número de publicaciones relativas al estudio de las fortificaciones de las órdenes militares es amplísimo, especialmente en los estudios relativos a la orden de Santiago. Sobre las posibilidades de este tipo de estudios véase J. Santiago Palacios Ontalva: «La arquitectura militar de las órdenes militares hispánicas: posibilidades de estudio», en Ángel Luis Molina y Jorge Alejandro Eiroa (coords.): El castillo medieval en tiempos de Alfonso X el sabio, Murcia, Publicaciones de la Universidad de Murcia, 2009, pp. 173-190.

5. En este sentido, pueden destacarse, entre otros, los estudios sobre la arquitectura de las casas de encomienda: Jesús Molero García: «Castillos-casas de la Encomienda en el Campo de Calatrava», en Amador Ruibal (coord.): Actas del III Congreso de Castellología Ibérica, Madrid, Asociación Española de Amigos de los Castillos, Diputación Provincial de Guadalajara, 2005, pp. 657-680. Concepción Moya y Carlos Fernández-Pacheco: «Las casas de Bastimento y Encomienda del Campo de Montiel en los siglos XV y XVI», en Francisco Alía, Jerónimo Anaya, Luis Mansilla y Jorge Sánchez (coords): II Congreso Nacional Ciudad Real y su Provincia, Ciudad Real, Instituto de Estudios Manchegos, 2016, pp. 158-175. José María Arcos: «Tipologías de la arquitectura civil de la Orden de Alcántara: la casa de encomienda en el partido de la Serena», Norba: Revista de Arte, 22-23, 2002-2003, pp. 101-118. Aurora Ruiz Mateos: Arquitectura civil de la orden de Santiago en Extremadura: la casa de la Encomienda: su proyección en Hispanoamérica, Badajoz, Diputación Provincial de Badajoz, 1985.

6. Miguel Cortés Arrese: El espacio de la Muerte y el arte en las Órdenes Militares, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 1999.

7. María Griñán Montealegre: Arquitectura y urbanismo en la encomienda santiaguista de Caravaca durante los siglos XVI y XVII: la consolidación de la ciudad renacentista, tesis doctoral, Murcia, Facultad de Letras de la Universidad de Murcia, 1999.

8. Destacamos en este aspecto trabajos como los de Pilar Molina Chamizo sobre las iglesias santiaguistas en el Campo de Montiel: De la fortaleza al templo: arquitectura religiosa de la Orden de Santiago en la provincia de Ciudad Real (siglos XV-XVIII), Ciudad Real, Área de Cultura, Diputación Provincial, 2006, o el capítulo que Juliana Beldad dedica a la vida monástica femenina: Monjas y conventos en Castilla-La Nueva: Un modelo de vida religiosa rural en los siglos XVI-XVII, Almud, Ediciones de Castilla-La Mancha, 2010.

9. Destacan en esta perspectiva los trabajos de Olga Pérez Monzón: «La imagen del poder nobiliario en Castilla: el arte y las Órdenes Militares en el Tardogótico», Anuario de Estudios Medievales, 37-2, 2007, pp. 907-956; Olga Pérez Monzón: «Representación, utilidad y pragmatismo. El arte de las órdenes militares en la Castilla bajomedieval», en Begoña Alonso y Juan Clemente Rodríguez Estévez: 1514: arquitectos tardogóticos en la encrucijada, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2016, pp. 221-236. Olga Pérez Monzón: «La arquitectura religiosa y civil de las órdenes militares en la Castilla Medieval», en J. Á. García de Cortázar y R. Teja (coords.): Del silencio de la cartuja..., pp. 201-134.

10. Esta anécdota es recogida por P. Molina Chamizo: De la fortaleza al templo..., p. 448.

11. Elena Postigo Castellanos: «Las tres ilustres órdenes y religiosas cavallerias instituidas por los reyes de Castilla y León: Santiago, Calatrava y Alcántara», Studia Historica. Historia Moderna, 24, 2002, p. 61.

12. No hay unanimidad entre los historiadores en cuanto a la preeminencia de una u otra tendencia. Enrique Rodríguez-Picavea: «Entre la religión y la guerra: las órdenes militares en los reinos ibéricos medievales», en J. Á. García de Cortázar, R. Teja (coords.): Del silencio..., pp. 167-200.

13. O. Pérez Monzón: «La arquitectura religiosa y civil...», p. 209.

14. Sirva como ejemplo la descripción de Cuadrado sobre las ruinas de Calatrava la Nueva: «Asombro y casi pavor infunden, aun ahora indefensos y abandonados, los muros á enorme altura suspendidos sobre la angosta senda, incrustados en la tajada roca [...]. En el descarnado pedernal de la triple cerca, al pie de sus numerosas y diversas torres para los rudos combates fabricadas, allí ve estrellarse la fantasía golpes de máquina furibundos, altas llamas de pez nutridas, guerreros con agilidad de gamos, y esfuerzo de leones: diriges que la fortaleza se hizo a prueba de fundieses hercúleos y asaltos de gigantes». José María Cuadrado: Recuerdos y bellezas de España. Castilla-La Nueva, Barcelona, Imp. de Joaquín Verdaguer, 1853, vol. II, p. 480.

15. Domingo Marcos Giménez: Los caballeros de las órdenes militares castellanas: Entre Austrias y Borbones, Almería, Universidad de Almería, 2016, p. 184. Sobre este ceremonial, véase Elena Postigo Castellanos: Honor y privilegio en la Corona de Castilla, Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 1988, pp. 209-210.

16. Salvador Andrés Ordax: El Sacro Convento de San Benito de Alcántara, de la Orden de Alcántara, Madrid, Fundación San Benito de Alcántara, 2004, p. 305.

17. Alonso Torres y Tapia: Crónica de la Orden de Alcántara, Madrid, 1763, tomo II, p. 632. Reproducido en: S. Andrés Ordax: El Sacro Convento de San Benito..., p. 307.

18. Pablo Jauralde: Francisco de Quevedo (1580-1645), Madrid, Castalia, 1998, p. 418.

19. Josep Cerdà y Juan Carlos Navarro: El castillo y sacro convento de la Orden de Montesa. Historia y arquitectura, Valencia, Universitat Politècnica de València, 2017, pp. 96-97. El propio maestre de Montesa frey Garcerán de Borja sería condenado a diez años de reclusión en el castillo de Montesa, condenado por el Santo Oficio ante los cargos de sodomía a los que tuvo que hacer frente. Fernando Andrés Robres: «Garcerán de Borja, Felipe II y la tardía incorporación del maestrazgo de montesa a la corona (1492-1592)», en E. Martínez y V. Suárez (eds.): Iglesia y sociedad en el antiguo régimen, Las Palmas de Gran Canaria, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 1995, p. 412.

20. S. Andrés Ordax: El Sacro Convento de San Benito..., p. 293.

21. Para evitar ser partícipe de estos hechos, el prior de Uclés se ausentó de su sede y estuvo recorriendo la Corona de Aragón. Pedro Carrillo de Huete: Crónica del Halconero de Juan II (ed. de Juan de Mata Carriazo), Madrid, Espasa, 1953, cap. LXX, pp. 86-87. Lope Barrientos: Refundición de la Crónica del Halconero (ed. de Juan de Mata Carriazo), Madrid, 1946, cap. LX, pp. 111-113.

22. María Milagros Rivera Garretas: La Encomienda, el Priorato y la villa de Uclés en la Edad Media, 1174-1310. Formación de un señorío de la Orden de Santiago, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1985, p. 292.

23. Ibíd., p. 421.

24. Luis de Salazar y Castro: Pruebas de la Historia de la Casa de Lara, sacadas de los instrumentos de diversas Iglesias, Monasterios, de los Archivos de sus mismos descendientes, de distintos pleitos que entre sí han seguido, y de los escritores de mayor crédito, y puntualidad, Madrid, Imprenta Real, vol. IV, 1694.

25. Eduardo Jiménez, Manuel Retuerce y Cristina Segura (coords.): Libros de visita de la Orden Militar de Santiago: Provincia de Cuenca: Siglos XV-XVI, Madrid, Asociación Cultural Al-Mudayna, 2009, p. 157.

26. O. Pérez Monzón: «La imagen del poder nobiliario...», p. 924.

27. Francisco de Rades: Chronica de las tres ordenes y cauallerias de Sanctiago, Calatraua y Alcantara, Toledo, Casa de Juan de Ayala, 1572, f. 32v (parte de la Chronica de Alcantara). Torres Tapia matizará que los cuerpos fueron enterrados en Alcántara pero no en San Benito, sino en Santa María de Almocóvar. A. Torres y Tapia: Crónica de la Orden de Alcántara..., tomo II, p. 151. Salvador Andrés Ordax explica esta ubicación por la escasa capacidad de la iglesia de los frailes en la fortaleza. S. Andrés Ordax: El sacro convento de San Benito..., p. 183. Sobre los sepulcros de los maestres alcantarinos véanse pp. 181-191.

28. S. Andrés Ordax: El Sacro Convento de San Benito..., p. 181.

29. Miguel Cortés Arrese: «Los espacios funerarios en los conventos de las Órdenes Militares», en J. Á. García de Cortázar y R. Teja (coords.): Del silencio..., pp. 235-254.

30. Antonio Navareño Mateos: «La capilla del comendador de Piedrabuena en el convento de San Benito de Alcántara. Aportación documental», Norba, Revista de Arte, 14-15, 1994-1995, pp. 70-71.

31. Blas Casado Quintanilla: Corona de Castilla: Documentos de la Orden de Calatrava pertenecientes a los tres últimos maestrazgos (1445-1498), Madrid, 1997, p. 296.

32. Mercedes Gómez-Ferrer: «El taller escultórico de Juan de Lugano y Francisco Aprile en Valencia», en Joaquín Bérchez, Mercedes Gómez-Ferrer y Amadeo Serra (coords.): El Mediterráneo y el Arte Español: Actas del XI Congreso del CEHA, 1998, pp. 122-129.

33. J. Cerdà y J. C. Navarro: El castillo y sacro convento..., p. 113.

34. S. Andrés Ordax: El sacro convento de San Benito..., p. 300.

35. «De donde se sube al archibo, que es una pieza de bóbeda capaz y grande con una rexa [...]. Y está con tal disposición esta estancia, que quando el fuego se atrebiera a todas las fábricas inferiores de madera, quedará el archibo essento de ese peligro, así por su altura como por estar tan separado y guardado de la voracidad de este elemento». Vicente Castañeda: «Descripción del Sacro Convento y Castillo de Calatrava la Nueva y de su iglesia, capillas y enterramientos», Boletín de la Real Academia de la Historia, 92, 1928, p. 406.

36. S. Andrés Ordax: El sacro convento de San Benito..., pp. 300-301.

37. Archivo Histórico Nacional (AHN), Archivo de Uclés, carpeta 14, doc. 22, ff. 21-22.

38. AHN, Órdenes Militares, Libro 1532, f. 10r-v.

39. V. Castañeda: «Descripción del Sacro Convento...», p. 440.

40. Ibíd., p. 430.

41. Juan Zapata Alarcón: «El culto a los mártires: Visión y símbolo del medievo a la Contrarreforma. La construcción del relicario del Sacro Convento de Calatrava la Nueva», en Ricardo Izquierdo Benito y Francisco Ruiz Gómez (coords.): Actas del Congreso Internacional conmemorativo del VIII centenario de la Batalla de Alarcos, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, pp. 613-624.

42. J. Cerdà y J. C. Navarro: El castillo y sacro convento..., p. 93.

43. S. Andrés Ordax: El sacro convento de San Benito..., p. 178.

44. Vicente Méndez Hernán: «Trazas de José Vélez de Pormar para el retablo-relicario del sacro y real convento de San Benito de Alcántara (Cáceres)», Norba-Arte, XXIV, 2004, pp. 227-236 y 229.

45. Sirva como ejemplo la manera en la que, como medida de control, consiguieron del papa Alejandro VI que a partir de 1502 el cargo de prior de Uclés dejara de ser vitalicio, para pasar a ser trienal; en 1505 se redactó, con el acuerdo del prior de Uclés y el de San Marcos de León, el texto con los aspectos que podían ser reformados en la Orden y que afectaban al quehacer diario de los monjes. La reforma contemplaba también cómo se elegía al nuevo prior trienal, ahora bajo el efectivo y directo control real, que debía confirmar el cargo para que este fuera efectivo. Daniel Rodríguez Blanco: «La reforma de la Orden de Santiago», en En la España medieval, 1986, p. 946.

46. Precisamente, el último de los maestres de Montesa, Galcerán de Borja, era bisnieto de Alejandro VI. F. Andrés Robres: «Garcerán de Borja...», p. 410.

47. V. Castañeda: «Descripción del Sacro Convento...», pp. 407-408.

48. Jesús Espino Nuño: «Obras de los Reyes Católicos en el Sacro convento de Calatrava la Nueva», en Comité Español de Historia del Arte (coord.): 1992: El arte español en épocas de transición, vol. 1, 1992, pp. 309-314; O. Pérez Monzón: «La imagen del poder nobiliario...», p. 921.

49. V. Castañeda: «Descripción del Sacro Convento...», p. 416.

50. Ibíd., p. 421.

51. «Sobre la puerta desta pieza [relicario] a la parte de la sacristía ay una corona de madera de colores y oro de la echura de la que está sobre el altar mayor; conócese con evidencia que estaba ella allá porque tiene las armas de don Garci López que tiene el retablo y es de la misma labor de ella. Y la corona que tiene el retablo con las armas Reales se ve que es más moderna¡ y de escultura más superior sin duda que quando los Reyes Cathólicos tomaron la administración del Maestrazgo quitaron aquella corona y pusieron la sua, y lo mismo hizieron en el remat de la Capilla Mayor, bóbeda della y remate de el Cruzero en que estaban las armas de Don Garci López (como en lo restante de la nave de en medio y dos colaterales están) y pusieron las suyas de Castilla y León, Aragón y Sicilia, que por ser escudos de madera se pudo hazer más fácilmente». V. Castañeda: «Descripción del Sacro Convento...», p. 429.

52. V. Castañeda: «Descripción del Sacro Convento...», pp. 407-408.

53. Ibíd., p. 410.

54. Ibíd., p. 411.

55. S. Andrés Ordax: El sacro convento de San Benito..., p. 50.

56. Ibíd., p. 88. Esta dotación pareció mantenerse a lo largo de los años, si bien a finales del siglo XVI los problemas económicos hicieron tomar la decisión de terminar la nave de la iglesia en el tercer tramo.

57. Ibíd., p. 95.

58. J. Cerdà y J. C. Navarro: El castillo y sacro convento..., p. 80.

59. Ibíd., p. 96.

60. Ibíd., p. 91.

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