Kitabı oku: «Universidad y Sociedad: Historia y pervivencias»
UNIVERSIDAD Y SOCIEDAD: HISTORIA Y PERVIVENCIAS

Col·lecció Cinc Segles
Edita: Servei de Publicacions de la Universitat de València
© del text: els autors, 2018
© d’aquesta edició: Universitat de València, 2018
Publicacions de la Universitat de València
http://puv.uv.es Publicacions@uv.es
Il·lustració de coberta: Biblioteca de la facultat de dret de València, 1967, fotografia de Luis Vidal, Arxiu municipal de València. Fotocomposició, maquetació: Guada Impressors
ISBN: 978-84-9134-319-6
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ÍNDEX
Prólogo
MARC BALDÓ LACOMBA
La biblioteca de Juan Negrín. Una nota
SALVADOR ALBIÑANA
Anotaciones sobre las reformas de los estudios jurídicos en la Universidad de Salamanca durante el siglo XVIII
Ma PAZ ALONSO ROMERO
Ernest Lluch, intelectual comprometido de la generación del consenso
MARC BALDÓ LACOMBA
Mujeres y Universidad en República Democrática del Congo. Una primera aproximación
YOLANDA BLASCO GIL
EVA MARÍA JURADO CEPAS
Mosén Francisco Jerónimo Simó, el primer santo del Estudi General valentino
EMILIO CALLADO ESTELA
Discursos de apertura de la Facultad de Derecho de Valencia: falangismo y nacionalcatolicismo
JORGE CORREA
La pobreza en el colegio de San Ildefonso de Alcalá
DÁMASO DE LARIO
La instrucción pública en la Guinea Ecuatorial durante el colonialismo
CHRISTINE DEUTSCH
El maestro valenciano Fray Bernat Oliver (c. 1280-1348), Doctor parisiense, lector de teología, obispo y autor, entre otras obras, del tratado «concordanciæ decretorum cum bibliæ»
MANUEL VTE. FEBRER ROMAGUERA
Miguel Vilar de Villena (1609-1685). De la Facultad de Medicina de Valencia a la Cámara Real
AMPARO FELIPO ORTS
Inquisición y universidad (Valencia, 1814-1820)
PILAR GARCÍA TROBAT
Los grados universitarios en las Indias (siglos XVI-XIX). Problemática y fuentes
ENRIQUE GONZÁLEZ GONZÁLEZ
VÍCTOR GUTIÉRREZ RODRÍGUEZ
Disciplina colegial y desórdenes estudiantiles en la Salamanca del Siglo de Oro
GUSTAVO HERNÁNDEZ SÁNCHEZ
El Catedrático de Medicina y Rector de la Universidad de Valencia, Mariano Batlles: la vía política de la promoción académica
TELESFORO M. HERNÁNDEZ
Profesores antifascistas en España e Italia (1923-1945). La limpieza política del profesorado de Segunda Enseñanza en perspectiva comparada
MARGARITA IBÁÓEZ TARÍN
La autoridad de escuela frente a la libertad de filosofar en el Estudi General. El enfrentamiento ideológico entre el pavordRe Calatayud y el círculo mayansiano
VICENTE LEÓN NAVARRO
Universidad y justicia desde la Cátedra y el Ministerio
PASCUAL MARZAL RODRÍGUEZ
La secularización de las doctrinas de indios y los aranceles eclesiásticos
MARGARITA MENEGUS
Francisco Murillo Ferrol, primer director del colegio mayor «Luis Vives»
JAVIER PALAO GIL
Sobre la efeméride de apertura de la Real Universidad de México
ARMANDO PAVÓN ROMERO
Los estudiantes trashumantes, o el impacto de la creación de la universidad de Murcia entre los escolares de Valencia
GERMÁN PERALES BIRLANGA
Los colegios tridentinos en América, siglo XVI
LETICIA PÉREZ PUENTE
La Universidad en las Cartas críticas sobre la Italia del Jesuita exiliado José García de la Huerta
JOSÉ LUIS PESET
El Hospital de Pobres estudiantes del estudio general de Valencia
MARIO FRANCISCO QUIRÓS SORO
Las Universidad de Salamanca vista desde la sapienza en el siglo XVII
RAFAEL RAMIS BARCELÓ
Los Reyes Católicos y la Universidad de Salamanca
LUIS E. RODRÍGUEZ-SAN PEDRO BEZARES
Catedráticos y Universidades de la Edad Moderna: elementos para un estudio de grupo
FRANCISCO JAVIER RUBIO MUÑOZ
Texto y contexto lingüístico de las Constitucions del Estudi General de Valencia de 1611
CARLES TORMO CAMALLONGA
PRÓLOGO1
MARC BALDÓ LACOMBA
Universitat de València
La historia de las universidades ha cambiado profundamente desde que en los años setenta del siglo XX la historiografía social y luego la cultural sustituyó el paradigma anterior. Hasta mediados del XX la historia de las universidades era de carácter institucional, estaba muy vinculada a la historia eclesiástica y se hacía de una manera formalista, sin observar lo que sucedía en la experiencia de las universidades más allá de lo que dictaban sus normas; tenía además una tendencia marcada a la hagiografía y desde el punto de vista social era casi terra incognita. Los cambios de enfoque de la disciplina histórica se abrieron a nuevas preguntas y ello afectó, como no podía ser de otro modo, a la historiografía sobre la universidad. Pero seguramente también influyó el impulso de la propia transformación de estas instituciones y el papel que desde finales del siglo XX empezaron a desempeñar en nuestras sociedades del saber estos centros de estudio.
Nos interesa atender los cambios que propició la historiografía, porque bastantes de ellos se recogen en las colaboraciones de este libro. Los objetivos de estudio se hicieron mucho más amplios, se cuestionaron las tradicionales interpretaciones recargadas de exageraciones endogámicas y mitos particulares, se desarrolló una gran diversificación de temas y preguntas; se buscó fundamentar la exploración mediante nuevas preguntas, nuevas estrategias metodológicas, acceso a fuentes primarias o documentales (usualmente poco exploradas hasta los años setenta u ochenta), edición de fuentes. La nueva historiografía universitaria, como corresponde con la nueva historia, usa fuentes documentales (no sólo internas) como nunca habían sido exploradas y desarrolla la crítica de fuentes, es decir, pondera y valora sus alcances y límites. La historiografía universitaria, como la historia social, se abrió a nuevas disciplinas como la sociología, la estadística social, la prosopografía (como estudios biográficos colectivos de profesores o graduados), el derecho y la historia de derecho y las instituciones, la historia de la ciencia y del pensamiento, la historia de la educación, la del arte y una nueva historia institucional que supera el carácter descriptivo y conecta la institución universitaria con la sociedad y las maneras de actuar, pensar y sentir de las personas de las que se nutren, rigen y conforman estas escuelas.
El estudio de las universidades ha ampliado sus campos de trabajo y se ha abierto a nuevas dimensiones y a no pocos temas colaterales que enriquecen la estricta historia universitaria, como puede verse en muchos trabajos de este libro. Entre esos temas colaterales debe mencionarse –algunos en las páginas que siguen y otro no– los siguientes: rentas eclesiásticas, evangelización de indios, inquisición, contrarreforma, jesuitas, nobleza, historia eclesiástica, burocratización de los estados, centralización, nacionalización de clases medias, segunda enseñanza, colegios profesionales, liberalismo, fascismos, exilios políticos, la universidad como espacio social, relaciones entre universidades e historia urbana (tanto en el Antiguo Régimen como en los siglos contemporáneos), historia comparada, miradas a la universidad desde fuera (desde otra universidad, desde el exilio, desde los ojos del viajero…), simbología de estas instituciones (sus efemérides, sus ritos, sus lenguajes, el acto mismo de graduar…), biografías integradas en el contexto social que muestran, también en este campo, el retorno al sujeto (y si puede, según las fuentes, se aproximan a los aspectos privados y a la individualidad o singularidad de la vida de los personajes).
Averiguar la función social de las universidades en cada tiempo ha sido la cuestión central del nuevo estudio de la historia universitaria, que se ha articulado en cuatro grandes ejes. En primer lugar se intenta saber quiénes son sus estudiantes y su procedencia o extracción social, a quién o se admite y a quién se excluye el acceso y por qué motivos (pureza de sangre, recursos económicos familiares y coste de los estudios, profesión familiar). A estas cuestiones se añade el estudio de la sociabilidad y socialización de los estudiantes en colegios universitarios y facultades, los vínculos colegiales, tan importantes en la Edad Moderna, y no faltan estudios sobre las cuestiones cotidianas, el régimen académico, la disciplina, las revueltas, las identidades políticas de los escolares o los movimientos estudiantiles. También es importante –y se ha cultivado mucho en los siglos de la Edad Moderna– lo que desempeñan estos estudiantes después de graduarse, su profesión y qué han aportado con su trabajo a la sociedad, los procesos de profesionalización, la burocratización de la administración de la Monarquía y de la Iglesia, de los Estados-nación, así como la movilidad social y sus límites (criollos) y sus exclusiones (indios y castas) o inclusiones. También se estudia en esta nueva historiografía el acceso a las universidades, que hasta los años setenta del siglo XX era un privilegio y desde entonces pasó a ser –y cada vez más, incluso pese a la crisis actual– un derecho, una etapa formativa que alcanza a más jóvenes y, más tarde, se abre a personas de más edad que acuden a completar y mejorar su formación o aprender. Con la masificación del final del siglo XX, gracias al crecimiento de los estudiantes, las universidades dejaron de ser la torre de marfil que hasta entonces habían sido. La incorporación de mujeres, aspecto clave en la demografía y la democratización universitaria, es una de las más importantes novedades de los últimos cincuenta años y expresa lo que, seguramente, es la principal transformación histórica del siglo XX y principios del XXI.
Un segundo eje, que metodológicamente mira a la historia de la ciencia y las disciplinas, es conocer qué saberes se administran en sus aulas, por qué esos y no otros, cómo se dispensan y cómo y porqué cambian. Ámbito favorito de estas aportaciones es analizar las relaciones entre las universidades y el pensamiento teológico, filosófico y científico.
Averiguar las tensiones entre innovación y tradición o las que existen entre la autoridad de las «escuelas» y la libertad de filosofar son cuestiones muy tratadas por los estudiosos de historia de la ciencia y de las universidades de la Edad Moderna, como puede verse en algunos trabajos de este libro. Se trata de una valiosa aportación, a mi modo de ver, porque muestra que las ciencias no se cultivan aisladamente y sin marco institucional. Para los siglos XIX y XX la fusión entre la historia de las universidades y de la ciencia es más compleja, porque requiere una especialización que los historiadores generales sólo tienen en su ámbito: el jurista accede bien a los saberes jurídicos, el historiador al mundo de las letras; pero medicina, física, química matemáticas, economía… requieren de una formación de la que se resiente el tipo de investigador que se especializa en historia de las universidades. Sin embargo hay cambios en los siglos XIX y XX que sí que pueden ser cubiertos (y crecientemente lo son) por los que se dedican a la historia universitaria por ser más sociológicos,como,porejemplo,laincorporaciónde las mujeres a la enseñanza superior (tema que tiene equipos de investigación), o por qué y cómo las universidades y otras instituciones de educación superior se han orientado hacia conocimientos prácticos y profesionales, o cuándo y porqué la educación técnica se convierte en pieza clave del sistema o, en fin, analizar los factores que explican por qué las universidades ya no se dedican sólo a formar la élite intelectual, político-administrativa o espiritual, sino que aportan una formación del capital humano que requieren las sociedades capitalistas avanzadas.
Un tercer aspecto es estudiar quienes son sus docentes: su origen, procedimientos de nombramiento y control sobre su trabajo, estilo de vida (aspecto reforzado por la historia cultural), legado intelectual y hasta testamentario, papel político y compromisos, posición social e imagen. La importancia que ha tenido la secularización, la burocratización, la especialización, la aparición de nuevas cátedras son aspectos que también analiza esta nueva historiografía. Por supuesto las coyunturas: guerras y depuraciones, exilios… Y también se ha desarrollado un notable crecimiento de biografías, como este libro muestra y el ejercicio profesional de graduados y profesores fuera de los claustros, como puede ser el caso de médicos, canónigos o juristas.
En fin, el cuarto foco, seguramente el que más atención ha atraído por ser básico, es analizar cómo se gobiernan estas escuelas, pero a diferencia de hacerlo como lo hacía la historiografía anterior a la renovación, desde finales del siglo XX se hace con nuevas preguntas: interesa conocer la universidad desde la experiencia de cada día y no la descripción estática del gobierno basado en las normas y las leyes. Las actas de las facultades, la correspondencia de los universitarios o las minutas de las autoridades académicas se convierten en documentos tan valiosos como las bulas y las reales órdenes o leyes; la aplicación del plan de estudios desde la práctica de una cátedra concreta o un compendio, un manual, unos apuntes o desde lo que dicen sus alumnos (en cartas, memorias u otros textos) interesa tanto como lo que dice el propio plan. Es decir, se pasa de atender sólo la norma a dar cuenta de la práctica, la experiencia.
También se estudian los recursos con que cuentan para su funcionamiento, aspecto nuclear de las universidades.
Importante es discernir, en este cuarto vector, los nexos que hay entre las universidades y las estructuras de poder. La idea de reforma –ilustrada, liberal, democrática– o contrarreforma –absolutista, fascista– es un asunto central del estudio de la historia universitaria. Estos análisis amplían lo que desde siempre ha sido un tema clásico en esta historiografía: los modelos universitarios. El estudio de los «modelos universitarios» de la Edad Moderna (universidades reales, municipales, colegiales, conventuales, las especificidades de las coloniales…), así como las características primordiales de la migración de modelos europeos a Ultramar y las características propias de las universidades coloniales (por ejemplo, el peso del poder real en las de la Monarquía española) son un aspecto relevante del análisis, porque dibujan las relaciones universidad-poder, o si se quiere los nexos de las universidades y el medio social y político donde operan e interactúan. Desde las reformas liberales, unidos a las reformas universitarias impulsadas por éstos, surgieron nuevos modelos: principalmente el napoleónico y el humboldltiano (al margen del británico), que se extendieron durante el siglo XIX y primera mitad del XX, y en los que es importante la gestión del poder que desarrolla el Estado-nación de cada país. Recientemente, después de la Segunda Guerra Mundial, se opera un fenómeno diferente. Se reforman otra vez los modelos anteriores: se impone la norteamericanización de las universidades europeas y americanas y la inserción de estas instituciones en un panorama globalizado, donde quien marca la pauta a las universidades del mundo occidental no son ya las universidades europeas, sino las norteamericanas y anglosajonas, aunque el peso de las tradiciones y pervivencias se mantenga. Y en este contexto de conexión entre las universidades y el medio social, la historiografía explora otros modelos, como en este libro puede verse un trabajo sobre caso africano… Debe subrayarse la importancia de estos esfuerzos, porque es importante conocer desde el sur, por cuanto confronta un monocultivo desde los países occidentales y aborda una historia de ausencias que se debe reivindicar y conocer.
En cualquier caso, estudiar modelos universitarios y marcos legales de los Estados- nación o tendencias de amplias regiones del mundo, así como reformas, ha sido cuestión importante en esta historiografía. No se trata de una vuelta a la vieja historia estática institucional sino de mirar el tema con nuevas preguntas, nuevos instrumentos teóricos y usando las fuentes. Es un modo de abordar la política universitaria, la interrelación con el marco legal de cada Estado, las interrelaciones entre universidades…
En resumen, estudiantes, profesores, saberes y gobierno universitario en el espacio social y cultural son el nuevo horizonte de estudio de la historia universitaria.
Esta renovación historiográfica se advierte en todo el mundo occidental. Unos pocos nombres expresan el cambio: Lawrence Stone (The University in Society, 1974), Richard Kagan (Students and Society in Early Modern Spain, 1974, traducida al castellano en 1981), Mariano y José Luis Peset (La universidad española (siglos XVIII y XIX). Despotismo ilustrado y revoluciónliberal,1974), Dominique Julia, Jacques Revely Roger Chartier (Les Universités europeénnes du XVIè au XVIIIè siècle. Histoire social des populations étudiantes, 1986-1989) o Walter Rüegg (que es editor de la monumental Ahistoryofthe University in Europe, 1993-2010).
Como se observa, uno de los grandes renovadores de la nueva historia universitaria es Mariano Peset, quien, además de sus trabajos sobre la universidad española desde el siglo XVI al XX desde la perspectiva social, ha estudiado a partir de 1980 el estudio de las universidades del mundo hispánico en diversos trabajos recogidos en Obra dispersa: la Universidad de México, 2012. Pero hay otra cuestión relativa a este profesor que concierne a este libro y a la secuencia de las actas de congresos anteriores que debe señalarse. Desde 1985, Peset aglutinó un grupo de investigadores de diversas universidades españolas y americanas sobre historia universitaria. En conexión con este núcleo se organizaron varios grupos de investigación (universidades de Valencia y Salamanca, esporádicamente profesores de otras, y centros de investigación como el Instituto de investigación sobre la universidad y la educación de México, el Instituto Antonio de Nebrija de la Carlos III de Madrid y el CSIC) que colaboran entre ellos y organizan periódicamente reuniones científicas en diversas ciudades. Esta red desde los ochenta viene trabajando con unidad de método las cuestiones que plantea la nueva historia universitaria. Sus investigaciones se han centrado en los siglos de la Edad Moderna, aunque cada vez gana espacio el estudio de los siglos XIX y XX. Hoy cuenta con treinta y tres años seguidos de trabajo, se ha servido de proyectos subvencionados competitivamente y ha realizado catorce reuniones científicas o congresos con publicación de actas, contando este libro, Universidad y sociedad: historia y pervivencias, que reúne el Symposium correspondiente que se hizo en 2016. En la actualidad este amplio grupo sigue reuniendo periódicamente a investigadores de ambas orillas del Atlántico y a colegas de otras universidades españolas no citadas antes y de otros países europeos.
Este es el contexto de este libro. Da cuenta de los nexos entre la universidad y la sociedad, de las interrelaciones entre una y otra, y de una cuestión que a los historiadores nos parece esencial: la historia de estas instituciones y los anclajes y pervivencias del presente con el pasado y una propuesta de reflexión sobre los retos que nos plantea.
La historiografía universitaria, en fin, deja para otros lo que «deberían ser» estas instituciones, aunque estudiando su experiencia histórica por un lado reflexiona sobre sus desafíos, que son constantes a lo largo de la historia y hoy no son menores a los de otros tiempos y, por otro, observa también su función cambiante, histórica en sentido estricto. Las universidades nacieron en la Edad Media, entre otras funciones, para entender el mundo desde un sistema racional y para actuar sobre él, así como para reformarlo acumulando conocimientos, conscientes de las limitaciones humanas. Y en cierto modo siguen aportando esa función a nuestras sociedades. Además quienes investigamos la historia universitaria suponemos –o deseamos– que esa función, esa tarea, ese empeño sea emancipador: que cree un ámbito de estudio y lucidez crítica para seguir avanzando en la búsqueda del conocimiento. Como decía Mario Bunge «el conocimiento científico, la tecnología de base científica y las humanidades racionalistas no sólo son bienes públicos intrínsecamente valiosos sino también medios de producción y bienestar, así como condiciones para el debate democrático y la resolución racional de conflictos». (M. Bunge, La relación entre sociología y filosofía, 2000, 329).
1. Tanto el Symposium sobre historia de las universidades como la presente publicación se han llevado a cabo en el marco de los proyectos de investigación financiados por el ministerio de economía y competitividad DER2013-45743-R y DER2016-78166-R, titulados ambos ALMA MATER TOTIUS HISPANIAE: PROYECCION SOCIAL, HISTORIA Y PERVIVENCIAS DE LAS UNIVERSIDADES HISPANICAS. (SIGLOS XVI-XX).
LA BIBLIOTECA DE JUAN NEGRÍN. UNA NOTA
SALVADOR ALBIÑANA
Universitat de València*
«Gran devorador de libros y periódicos, su silueta sería incompleta si no le viéramos cargado de material de lectura que adquiría a todas horas en kioskos y librerías». Así evocó Mariano Ansó a Juan Negrín a mediados de los años veinte. Una estampa similar ofreció el pintor Luis Quintanilla, otro amigo al que por entonces también trató a menudo. Quintanilla, a quien Negrín encargó algunos frescos para la Facultad de Medicina y el Pabellón de Gobierno de la nueva Ciudad Universitaria, le describió muy atento a actividades intelectuales y artísticas. Era corriente encontrarlo en algún café «leyendo libros y revistas en los intervalos de sus ocupaciones. De Alemania trajo su biblioteca que pasaría de diez mil obras, entre ellas bastantes de artes, las cuales me prestaba y motivaban nuestra conversación, pues estima mi criterio y creía en mis dotes artísticas». Esa inicial biblioteca no cesó de crecer, la pasión bibliográfica –iniciada en Leipzig en sus años de formación como fisiólogo– le acompañó toda su vida. En 1944 en una carta a Luis Araquistáin se calificó de «maniático e indiscriminador coleccionista de libros».1
Destacado miembro de la Generación del 14, la primera generación universitaria y europeísta, Juan Negrín (1892-1956) fue un lector atento, curioso y cosmopolita cuya biblioteca –pronto fragmentada y dispersa– apenas conocemos. Algo sabemos de la valiosa colección de libros y revistas científicas de su propiedad que acomodó en el Laboratorio de Fisiología de la Junta para Ampliación de Estudios, del que fue nombrado director en 1916. Algo sabemos también de la subasta de una parte de sus libros, decidida por sus hijos, Juan, Rómulo y Miguel, y por su viuda, Maria Mijailov, poco después de su fallecimiento. En 1958 la firma londinense Sotheby & Co. publicaba el Catalogue of a Library of Spanish Books, European Literature and Works on a variety of Learned Subjects, propiedad de un Spanish Private Collector que no era otro que don Juan Negrín. De lo que sucedió con sus libros entre ambas fechas, entre 1916 y 1958, las noticias escasean y están algo deshilvanadas. Este apunte aspira a paliar esa precariedad. Lo que aquí se ofrece es un vislumbre que aguarda la catalogación definitiva del archivo Negrín, depositado en la Fundación Juan Negrín, y sobre todo la precisa catalogación de los libros, revistas y folletos que con tanto esmero y esfuerzo han logrado conservar, en el que fue su domicilio en París, Feliciana López de Dom Pablo, la mujer que compartió su vida con Negrín desde 1925 y, fallecida ésta en 1987, su nieta Carmen Negrín.2
Entre Las Palmas de Gran Canaria, la ciudad que le vio nacer 1892, y París, donde falleció el 12 de noviembre de 1956, hubo muchas geografías en la vida de Negrín. Geografías elegidas, pero sobre todo dictadas por circunstancias políticas entre 1936 y 1946. Con él viajaron sus libros y documentos y cuando no fue posible, como sucedió al llegar exiliado a Francia y apenas un año después a Inglaterra –donde residió entre 1940 y 1947–, colmó su residencia de volúmenes recién adquiridos. Lo que llamamos biblioteca de Negrín es, sobre todo, la imposible reunión de dispersos fragmentos de bibliotecas.
ENTRE LEIPZIG Y MADRID (1911-1936)
No debieron ser diez mil los libros que trajo de Alemania, como pensaba Quintanilla, pero fue un número considerable, sin duda. Allí comenzó su pasión por los libros. Formado en Kiel y Leipzig, en el reconocido Instituto de Fisiología que dirigía Theodor von Brücke, Negrín obtuvo el doctorado en Medicina en 1912, iniciando una carrera académica que se vio interrumpida por el estallido de la Gran Guerra en julio de 1914. A comienzos de ese año había contraído matrimonio con Maria Mijailov Fiedelmann, una estudiante de música, perteneciente a una acomodada familia judía llegada de Ucrania, y a fines de 1914 nació su primer hijo, Juan Negrín Mijailov. Las circunstancias familiares y las dificultades creadas por la guerra aconsejaban el regresó a España. Fue entonces, señala Moradiellos, cuando aprovechando la caída del precio de los libros causada por el conflicto y con la ayuda económica de su padre comenzó a adquirir una amplía biblioteca de Fisiología y de Química Fisiológica. Leipzig que era el más importante centro editorial alemán, alentó el gusto por la bibliofilia y amplió sus intereses temáticos, dos rasgos que siempre conservó. La ciudad invitaba a la lectura, recordó Julio Álvarez del Vayo, estudiante por un tiempo, que bien pudo conocerle en 1913.3 En su biblioteca se conserva Neue Französische Malerei, una antología preparada por Hans Arp –el primer libro del artista–, impresa en Leipzig en 1913. Allí debió adquirir obras científicas como Biochemische Central-Blatt, Chemische Krystallographie, o Handbuch der Spectroscopie que aparecen en el catálogo londinense, también publicadas en la ciudad sajona.
La estancia de Negrín en Las Palmas, a donde llegó en octubre de 1915, fue breve. Un año después se instalaba en Madrid al serle ofrecida por Santiago Ramón y Cajal la dirección del recién creado Laboratorio de Fisiología de la Junta para Ampliación de Estudios. Los libros se habían quedado en Leipzig y tardarían en llegar, lo hicieron acabada la guerra al regularizarse las comunicaciones y los transportes. La biblioteca médica y científica se acomodó en el Laboratorio; en tanto los libros de artes, letras, historia o ensayo, debieron ir a su domicilio de la calle Serrano. Es conocida la fotografía que muestra la biblioteca del Laboratorio. Fue publicada en la revista Residencia, en febrero de 1934. «Solamente la Biblioteca era amplia y estaba muy bien surtida», escribió José María García Valdecasas en 1961, «subscrita a las principales revistas científicas, de algunas de ellas existía la colección completa a partir del primer número. Con sus estanterías hasta el techo, plenas de libros, ofrecía un ambiente agradable y acogedor». Un ambiente que describieron otros discípulos como Rafael Méndez, José Puche, Francisco Grande Covián o Severo Ochoa: «La sala contigua, a la izquierda del mismo según se entraba, contenía una magnífica biblioteca. Esta biblioteca, creación de Negrín, era sin duda en aquellos tiempos las más completa que en el área de la biología existía en el país». Allí leyó Ochoa la obra de Jacques Loeb, The Mechanistic Conception of Life, publicado la Universidad de Chicago en 1912.4 Esa edición, que hoy aparece entre los fondos de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, bien pudo llegar desde el Laboratorio de la Residencia. Es, con toda probabilidad, uno de los libros olvidados de Negrín.
En marzo de 1922, tras convalidar sus títulos en España, obtuvo la cátedra de Fisiología de la Facultad de Medicina de la que no tardó en ser elegido secretario. Ese mismo año colaboró en el Libro en honor de D. S. Ramón y Cajal y fue uno de los firmantes de la convocatoria de la cena en homenaje a Valle-Inclán que organizó la revista España. También le encontraremos entre los muchos que fueron a la Estación de Atocha de Madrid a la despedida de Miguel de Unamuno, camino de su exilio en Fuerteventura en 1924.5 Las ciencias y las letras se confunden en su biblioteca porque se fueron confundiendo en su vida desde fechas muy tempranas. Junto a obras de Albert Einstein –la tercera edición ampliada de Über die spezielle und die allgemeine Relativitätstheorie (Braunschweig, 1918)–, de Max Planck o de su amigo y compañero de la Residencia de Estudiantes Blas Cabrera, primer divulgador de la relatividad eisensteniana, encontramos libros de Juan Ramón Jiménez, Marinetti, Julio Camba –Alemania (1916), publicado el año de la llegada de Negrín a Madrid–, Valentín Andrés Álvarez, Rufino Blanco-Fombona o Tomas Meabe. Las dedicatorias de muchos de ellos orientan sobre su cercanía a los ambientes literarios y artísticos. Teresa de la Cruz, pseudónimo de Teresa Wilms, le dedicó sus Cuentos para hombres que todavía son niños (Buenos Aires, 1919). «Muy afectuosamente al compañero de viaje. Thérèse de la † Julio 1919», escribió la bella y turbadora poeta chilena. También dedicados, en 1924, entraban en su biblioteca Crítica al margen (Primera Serie), de Juan de la Encina (Ricardo Gutiérrez Abascal), otro de sus amigos de tertulia, y el primer libro de Pedro Salinas, Presagios, con un cordial autógrafo: «A Juan Negrín, diminuto en nombre, positivo en ciencia, aumentativo en bondad corpórea, su doliente amigo Pedro Salinas. 29 de junio de 1924». Por entonces su nombre aparecía entre los de José Moreno Villa y Edgar Neville en la relación de suscriptores –suerte de breve compendio de la Edad de Plata– de la «plaquette» en homenaje al poeta ultraista José de Ciria y Escalante, fallecido ese año.6 A Moreno Villa lo trató en el Laboratorio de la Residencia –ocasión de una tertulia «después de las comidas a tomar café» a la que el pintor y escritor acudía a menudo. Allí fue donde Moreno Villa se interesó por el color de los reactivos y en 1931 comenzó a dibujar sobre los papeles ahumados –los llamados grafumos– que se utilizaban para los registros.7
A comienzos de 1926 su nombre aparecía junto a los de Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Manuel Azaña o Gregorio Marañón, entre otros, en el Manifiesto fundacional de «Alianza Republicana», clara muestra de su filiación progresista y del trato con los círculos intelectuales. Ese año significó un tournant en su biografía: publicó sus últimos trabajos de investigación –una versión mejorada de su estalagmógrafo, aparecida en el Boletín de la Sociedad Española de Biología– y se dedicó a la formación de un sobresaliente grupo de discípulos que lograron crear una escuela fisiológica de renombre internacional.8 También por entonces, la necesidad de aumentar sus ingresos le llevó a abrir un laboratorio de análisis clínicos –que pronto alcanzó reputación– y a editar un manual para estudiantes de medicina, tareas en las que contó con la ayuda económica de un familiar muy cercano, su tío Domingo López Marrero. A fines de 1927, con el sello Imprenta de Blass, apareció la obra Elementos de Bioquímica, escrita por sus discípulos José Hernández Guerra y Severo Ochoa de Albornoz, con una colaboración de Negrín, cuya autoría no consta, sobre «Enzimas». Era el primer libro español sobre la disciplina y no tardó en agotarse. La segunda edición, con ajustes en diferentes capítulos, apareció a fines de 1929 ahora ya con el crédito Editorial España. La tercera –Negrín no debió errar demasiado en el cálculo de sus ganancias– se acabó de imprimir en diciembre de 1932.9 Para entonces todavía atendía la cátedra –la Facultad de Medicina imprimió su programa del curso 1932-1933–, pero no tardó en solicitar la excedencia en la cátedra absorbido por las tareas políticas. Lo hizo en 1934.10
En 1927, al tiempo que se ocupaba de la docencia, los laboratorios y de la Secretaría de la Facultad de Medicina, se incorporó a la recién creada Junta Constructora de la Ciudad Universitaria, una iniciativa de la Monarquía que con la República cobró más aliento. Negrín trabajó como Secretario de la Junta con tanta eficacia como empeño.11 No sorprende que entre sus libros menudeen las monografías sobre arquitectura aparecidas en los años en que se levantaba el campus de la Moncloa. Atento al movimiento moderno, bien pudo escuchar a Walter Gropius que en 1930 habló de «Arquitectura funcional» invitado por la Residencia de Estudiantes y señaló como ejemplo el Pabellón de Laboratorios. En su biblioteca se reunían Internationale Architektur (1925), de Gropius; el influyente Glas im Bau und als Gebrauchsgegenstand (1929), de Arthur Korn, con un acopio de imágenes muy cercano a la Nueva Objetividad; Bauten der Volkserziehung und Volksgesundheit (1930), de Margold, y obras del editor Julius Hoffmann, promotor de los difundidos Baubücher.12 También una entrega de La Demeure Française sobre Charles Siclis, el arquitecto e interiorista que proyectó con Teodoro de Anasagasti la reforma del edificio Madrid-París en 1934; y Actar (París, 1931), libro-manifiesto del arquitecto, urbanista y paisajista Nicolau Maria Rubió i Tudurí que criticaba los excesos del movimiento funcionalista. De la singular figura de Rubió, quien durante la guerra civil fue delegado en Francia del Comissariat de Propaganda de Jaume Miratvilles y trabajó para la diplomacia paralela de Lluis Companys, también se encuentra Sahara-Niger (1932), el primero de sus libros de viajes por África, con fotografías de Vallés, Botey, Puig i Cufí.13
A través de Juan Negrín, la Facultad de Medicina y el Laboratorio de Fisiología fueron generosos clientes de la Librería de León Sánchez Cuesta; al llamado «librero del 27» también le compraba para su biblioteca, en particular libros alemanes. El apunte de títulos evoca de nuevo un variado registro de lecturas entre los Elementos de Histología Normal y de Técnica Micrográfica de Santiago Ramón y Cajal y de su discípulo José Francisco Tello y Muñoz, el Handbuch der Weltpresse 1931, Le Malade Imaginaire, de Molière, o los cuatro volúmenes de System der Soziologie, de Franz Oppenheimer, sociólogo y economista, defensor de un socialismo liberal al que Negrín debió sentirse cercano desde sus días de Leipzig.14 Hubo otros proveedores. Entre ellos, la Librería Nacional y Extranjera de Barcelona, cuyo sello aparece en portadas como Das Neue Gesicht der Herrschenden Klase. 60 Neue Zeichmumgen, de Georg Grosz, publicado por Malik en 1930, y en el anuario fotográfico Das Deutsche Lichtbild: Jahressschau 1934 (Berlín, 1933). El interés de Negrín por la fotografía y el diseño gráfico lo recuerda algunas entregas de Arts et Métiers Graphiques como el espléndido Paris de Nuit, de Paul Morand y Brassaï; el primer libro de Marcel Natkin, La photographie sur le petit format. Le Leica (París, 1933), que fue también el primer manual sobre la pronto celebrada cámara; y la revistas D’Aci i d’Allà o Europa, publicación de corta vida que promovía en Barcelona el psicoanalista húngaro Oliver-Brachfeld.15
En 1929, con sus amigos Luis Araquistáin y Julio Álvarez del Vayo, que ese año propiciaron su ingresó en el Partido Socialista, fundó la Editorial España, rótulo en el que resuena el semanario dirigida por Araquistáin entre 1916 y 1922. El primer libro fue Sin novedad en el frente, la exitosa novela antibelicista de Erich Maria Remarque, publicada en Alemania en enero de 1929. Al parecer, la elección fue sugerencia de Gertrudis Graa, periodista y esposa de Araquistáin, y de la traducción se ocuparon el periodista alemán Eduardo Foerstsch y el escritor Benjamín Jarnés. Impreso en junio de 1929, alcanzó nueve ediciones en un año y se llegaron a imprimir 110.000 ejemplares. La novela de Remarque –escribió mordaz Álvarez del Vayo– «estuvo a punto de hacernos ricos […] Nos hubiese hecho ricos a Araquistáin y a mí, puesto que Negrín ya lo era de familia».16 En línea con las llamadas editoriales de avanzada como Cenit, Oriente, Ulises o Zeus –cuyos títulos también menudean en la biblioteca de Negrín–, España publicó diferentes colecciones: novela, viajes y aventuras, biografías, ideas y hechos sociales, teatro y biología y medicina. Muy activa entre 1929 y 1935, en el catálogo encontramos: Mis peripecias en España (1929), de Trotski, traducido por Andreu Nin; Grandeza y servidumbre de la prensa (1930), de Alfonso Ungría, introductor en España de los análisis sobre prensa y opinión pública; Ocaso de un régimen (1930), reedición revisada del libro que Araquistáin –autor frecuente en el catálogo– había publicado como España en el crisol (Barcelona, Minerva, 1920); Cuestiones de dietética (1933), de Jaume Pi-Sunyer, iniciador de los estudios de nutrición, con prólogo de Negrín; El cáncer de útero (1931), trabajo pionero de Sebastián Recasens; Stalin (1932), del misterioso y antisoviético Essad Bey (Lev Nussimbaum); Rusia al día (1932), de Julián Zugazagoitia; Nosotros, los marxistas. Lenin contra Marx (1932), de Antonio Ramos Oliveira; ¡Écue-Yamba-O! novela afrocubana (1933), la primera obra de Alejo Carpentier, feliz en Madrid con las mil pesetas que le habían pagado por los derechos, o La educación y el orden social, de Bertrand Rusell (1934).17 España dio cobertura a Leviatán, mensual de orientación marxista dirigido por Araquistáin que apareció entre mayo de 1934 y julio de 1936. Vinculada a la revista, Ediciones Leviatán publicó en 1935 Las fábulas del errabundo, de Tomás Meabe –sobria figura que Juan Ramón Jiménez evocó en una de sus caricaturas–, con prólogo de Julián Zugazagoitia y cubierta de Mauricio Amster.
Esa primera biblioteca aunque sedentaria y madrileña debió estar repartida por diferentes lugares de la ciudad como su domicilio en la calle Serrano (número 85), el laboratorio particular –también en Serrano (número 73) y, más tarde, en la calle Ferraz–, el Laboratorio de la Residencia, la Facultad de Medicina o en la Casa de las Flores, el edificio de Secundino Zuazo, donde vivía Feli López, que debió ser para Negrín una frecuentada segunda residencia. Los libros, revistas y separatas que habían estado en la Residencia pasarían a la nueva Facultad de Medicina entre noviembre de 1934 y febrero de 1935. En la Biblioteca de la Facultad puede consultarse la obra del fisiólogo y pionero de la fotografía Jules-Étienne Marey, Physiologie du mouvement. Le vol des oiseaux (París 1890), un ejemplar con autógrafo de Juan Negrín. Otro de sus libros olvidados.
ENTRE MADRID, NÁQUERA Y BARCELONA (1936-1939)
Transcribo una carta recibida en Cultura Popular –escribió Arturo Serrano Plaja en diciembre de 1936– en la tarde de un día que por la mañana hubimos de visitar unos de nuestros frentes y en él hablar de la cultura con nuestros milicianos, dentro de las trincheras. «Estimados camaradas: […] en la mayoría de estos hoteles (hay que aclarar para la mejor comprensión de esta carta que se trata de hoteles deshabitados y situados en plena línea de fuego) existen bibliotecas con valiosas colecciones expuestas a ser destruidas por los obuses (y la incultura de algunos milicianos, los menos). ¿Por qué no nombráis una comisión que venga a rescatarlos? Espero que así lo haréis. Con saludos revolucionarios. Emeterio Orgaz, 4a Compañía de Asturias. 1a Brigada Internacional». No parece que la petición de éste oficial fuera atendida, pero algo pudo salvarse en esos devastados escenarios cercanos a Madrid. Debemos al esfuerzo de José María Corral, discípulo y amigo de Negrín, quien tras la guerra civil dirigió el Instituto Cajal, el rescate de una parte de los libros y revistas que se habían depositado un año antes en la recién creada Ciudad Universitaria. Una arriesgada intervención que le fue agradecida por la Junta para Ampliación de Estudios a fines de 1938. Convertida en frente de guerra, los libros de mayor tamaño sirvieron –como recordó el brigadista Bernard Knox y testimonia alguna foto de Robert Capa– en barricada y protección ante las balas enemigas.18
En 1936 llegarían las incautaciones oficiales que pretendían la salvaguarda del patrimonio bibliográfico y las requisas que aspiraban a socializar la lectura, pero prevalecieron la destrucción causada por las bombardeos franquistas y el hurto y la rapiña –que Gloria Fuertes ilustró con algún vivido recuerdo del Madrid de su juventud. Fueron muchas las bibliotecas desaparecidas entre 1936 y 1939.19 «No tengo un solo libro de mi biblioteca de Madrid», escribió en 1954 Alberto Jiménez Fraud, director de la Residencia de Estudiantes, que había dejado España en septiembre de 1936. En sus Caminos inversos, el fisiólogo Rafael Méndez –otro discípulo de Negrín de quien fue secretario cuando éste ocupó el ministerio de Hacienda–, agradeció que algún libro suyo rescatado por manos amigas le llegara a México, pero lamentó la pérdida de su ejemplar del Romancero Gitano que García Lorca, compañero de la Residencia, le había dedicado, adornando con dibujos algunos de los romances.20
Los libros de Negrín estuvieron en Madrid hasta que el Gobierno de la República se trasladó a Valencia. Fue entonces cuando la biblioteca inició un incierto éxodo que el final de la guerra y las circunstancias del exilio convirtieron en serpenteante y laberíntico. Feli López y Elías Delgado, técnico de laboratorio de Negrín y después secretario del Presidente, se ocuparon de trasladar la valiosa y amplia biblioteca a Náquera, una localidad cercana a Valencia en cuya urbanización La Carrasca se alojaron algunos ministros.21 Al parecer Negrín, ministro de Hacienda desde septiembre de 1936, ocupó una espaciosa casa conocida como «El Pinaret». Alguna huella dejó en sus anaqueles la estancia valenciana. Entre otras, Propaganda y cultura en los frentes de guerra, parte de cuya tirada se destinó a los asistentes al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura reunido en Valencia en julio de 1937. Generoso arsenal de información gráfica y literaria, el libro, que debió coordinar Gabriel García Maroto, se imprimió en los talleres de La Semana Gráfica, de donde también salieron los romances de Emilio Prados, Llanto en la sangre, ilustrados por Miguel Prieto. También valenciano es el folleto Oficina de Adquisición de Libros. Memoria. Marzo-Noviembre 1937, preparado por María Moliner, entonces directora de la biblioteca de la Universidad de Valencia.22 A Valencia debió llegar otro de los libros para los agasajados congresistas de julio, la Crónica general de la Guerra Civil (1937), textos recopilados por María Teresa León con la ayuda de José Miñana, publicada por la Alianza de Intelectuales Antifascistas, que cierra el emocionado «Homenaje» de Luis Cernuda aparecido en El Mono Azul en febrero de ese año.
A fines de 1937 la biblioteca continuó su obligada errancia acompañando el repliegue republicano, ahora hacia Barcelona. Quedó instalada en la que fue residencia oficial de Negrín, una magnífica torre en Pedralbes que pertenecía a la familia Roviralta, donde el primero de mayo de 1938 se presentó el programa de gobierno, los conocidos 13 puntos. Por aquella Barcelona andaba Eduardo Zamacois quien relató en sus memorias, Un hombre que se va…, la peculiar protección que le ofreció Negrín cuando la novela El asedio de Madrid fue denunciada por derrotista. También en Barcelona estaba Luis Araquistáin, enfrentado a Negrín desde la caída de Francisco Largo Caballero en abril de 1937. Había logrado sacar su biblioteca de Madrid –le llegó por vía marítima desde Valencia–, y entretenía sus ocios con frecuentes compras en la librería de Antonio Palau Dulcet que fue –al decir del periodista y escritor– «origen de mi bibliofilia». Negrín no debió comprar tantos libros, pero alguno adquirió, a través de su hijo Juan, en subastas de bibliotecas clausuradas. Es el caso de Typografie als Kunst, de Paul Renner, y Duinesen Elegien, de Rilke, que procedían de la Biblioteca del grupo DAS (Deutsche Anarchosyndikalisten), que tanto había colaborado en la denuncia de las redes nazis en Barcelona y sería víctima del acoso comunista contra el POUM y los libertarios. En otro título, Der Arbeiter. Herrschatf und Gestalt (Hamburgo, 1932), de Ernst Jünger, aparece el sello del Centro de Estudios Alemanes y de Intercambio de Barcelona, fechado en 1938.23
La biblioteca de Negrín reúne una selecta muestra de la edición republicana, en particular de la propaganda en el exterior. Arthur Koestler figura en ella con Spanish Testament (Londres, Victor Gollancz, 1937) y con Menschenopfer Unerhört. Ein Schwarzbuch über Spanien, publicado en las parisinas Éditions du Carrefour, un sello que Pierre G. Levy, el editor de Bifour, había creado en 1928. A comienzos de los años treinta lo había cedido a Willi Münzerberger, quien con la ayuda financiera de la Komintern, para quien trabajaba, saneó sus decaídas cuentas.24 París fue un centro editorial muy relevante de la agitprop comunista. Allí se imprimió en 1938 Espionnage en Espagne (Dënoel, 1938), libelo contra el POUM que contó con un prólogo de José Bergamín y firmó un inexistente Max Rieger. Rieger, supuesto integrante de las Brigadas Internacionales, enmascaraba a un colectivo aunque la autoría determinante fue la de Wenceslao Roces –entonces subsecretario del ministerio de Instrucción Pública–, o bien, lo han apuntado Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo, la de Georges Soria, periodista y militante del partido comunista francés. Panfleto bien fabricado por la inteligencia estalinista, plagado de equívocos, que pretendía justificar la represión contra los troskistas y la atrocidad cometida por los comunistas con Andreu Nin en junio de 1937. La edición francesa aparecía traducida –de una supuesta edición española– por Jean Cassou, en tanto la edición española, publicada ese mismo año en Ediciones Unidad, sello del partido comunista de España, acreditaba la traducción de Lucienne y Arturo Perucho, ambos de obediencia comunista, de un texto francés previo. También ha suscitado alguna controversia la colaboración de Bergamín, por entonces presidente de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, cuya firma avalaba la represión del POUM, calificada de caballo de Troya y de eficaz instrumento fascista en el territorio republicano. A juicio de Gonzalo Penalva, Bergamín aceptó escribir el prólogo –del que nunca abjuró– porque se lo había pedido Negrín y porque estaba convencido de la verdad de las acusaciones.25 Otros libros, también parisinos: La République espagnole lutte pour la défense de la démocratie (Imprimerie Coopérative Étoile, 1937), de Jean Cassou; La Guerre en Espagne (Imprimerie Coopérative Étoile, 1937), de Louis Fischer, periodista cercano a Negrín hacia el final de la guerra, muy involucrado en la difusión de propaganda republicana.26 La persécution religieuse en Espagne (Librairie Plon, 1937), con el poema de Paul Claudel y los textos reunidos por Joan Estelrich, traducidos por Francis de Miomandre; y Une jeune mère dans les prisons de Franco, de Pilar Fidalgo (1939), estremecedor relato de los días en la cárcel de Zamora al inicio de la guerra y del asesinato de Amparo Barayón, la esposa de Ramón J. Sender.27
La activa Embajada de Londres, a cuyo frente estaba Pablo de Azcárate, publicó dos importantes fotolibros de cuya edición se ocupó Antonio Ramos Oliveira, responsable de prensa: La lucha del pueblo español por su libertad (1937) y Work and War in Spain (1938). También en Londres, con Charles Duff como editor literario, se publicó Spain at War, revista mensual cuyo primer número apareció en abril de 1938. En la biblioteca de Negrín menudean folletos y discursos, entre ellos los referidos a los 13 puntos: aparecen en un folleto traducido al francés por André Malraux –Les 13 points pour lesquels combat l’Espagne– y en la carpeta Declaración de Principios del Gobierno de la República Española, impresa en Barcelona y editada por el Comisariado del Cuerpo de Ejércitos de la Región Central, con textos de Bibiano F. Osorio-Tafall y de Jesús Hernández. La atribución del diseño a Josep Renau ha sido discutida recientemente; la autoría artística resulta un tanto esquiva y en la composición de la portada con montaje fotográfico pudo intervenir Antonio Ballester, colaborador gráfico del Comisariado.28
La espléndida nómina de artistas gráficos republicanos la recuerdan la carpeta de litografías Madrid. Álbum de Homenaje a la gloriosa capital de España, con texto de Antonio Machado y portada de Enrique Climent, y varios libros y folletos. Entre otros, 7 de octubre. Una nueva era en el campo (1936), colaboración de José Renau y Mauricio Amster, con dibujo de Renau en la cubierta; el fotomontaje de Renau para El fruto del trabajo del labrador es tan sagrado para todos como el salario que recibe el obrero (1937), también editado por el Ministerio de Agricultura; Los caricaturistas y la guerra española (1937), repertorio de viñetas antifascistas reunidas por Gabriel García Maroto, responsable del Servicio de Propaganda del Ministerio de Instrucción Pública; y –también en Ediciones Españolas– los Dibujos de Guerra de Arturo Souto (1937). Merecen crédito dos folletos poco conocidos: Le Palais National (Madrid), con letras dibujadas de Ramón Gaya, cuaderno nº 6 de la Oficina Nacional de Turismo (1938); y L’affiche de guerre (1938), impreso en Barcelona en los talleres Llauger, con unas cubiertas que podrían haber salido del Estudi Fototècnic Publicitari de Pere Català Pic o de quienes colaboraban con el departamento fotográfico del Comissariat de Propaganda, como –valgan solo unos nombres– Agustí Centelles, Miquel Agulló, Gabriel Casas o Josep Sala.29 A modo de prólogo, un texto anónimo de título idéntico recuerda la exposición de carteles de la Gran Guerra –«leçon que la guerre européenne avait donné a la propagande publicitaire, leçon renouvelée par la révolution russe»–, presentada en Barcelona en 1929 y el ciclo de conferencias que la acompañó, abierto por el presidente del Publi-Club de Barcelona, Rafael Bori Llobet, que justamente habló de «El cartel de guerra».
En el apartado literario menudean títulos que merecen mención. Entre otros, la rara partitura Ay, ay ¡hui! Coplas del Fuerte de San Cristóbal, con texto de Emilio Prados y música de Rodolfo Halffter (1938). Y también con el sello Ediciones Españolas, Guerra Viva, poemario de José Herrera Petere, con litografías coloreadas de Manuel Ángeles Ortiz (1938). Ese mismo año, Hora de España –que, a juicio de Mainer, clausuraba, inadvertidamente y con brillantez la Edad de Plata, publicó Entre dos fuegos, narraciones de Antonio Sánchez Barbudo, y El hombre y el trabajo, de Arturo Serrano Plaja, con dibujos de Gaya, que Trapiello destaca como un primer intento de poesía social. También clausuraba la edición republicana ese prodigio de la imprenta errante que es España en el corazón, de Pablo Neruda. Al cuidado de Manuel Altolaguirre, se acabaron de imprimir los quinientos ejemplares –el de Negrín es el número 9– en el Monasterio de Montserrat el 7 de noviembre de 1938, conmemorando el segundo aniversario de la defensa de Madrid. Primera edición española del libro de Neruda que está documentada en muy escasas bibliotecas.30
TOULOUSE, MARSELLA, PARÍS, ANDRÉSY, BOVINGDON, CHIDDINGFOLD Y DE NUEVO PARÍS (1939-1956)
El 22 de enero de 1939, Negrín ordenó la evacuación de Barcelona. Ese día abandonaba la ciudad Luis Araquistáin con sus libros y objetos de arte gracias a las ambulancias que le facilitó el doctor Eduardo Arín, Jefe de Sanidad Militar. Un recurso que escandalizó a Constancia de la Mora cuando días después vio las bien equipadas ambulancias estacionadas ante el ayuntamiento de Cerbère. Negrín debió apurar la salida y los servicios del Jefe de Gobierno retiraron libros muy recientes dejados en su residencia por Fernando Vázquez Ocaña, socialista y director de La Vanguardia entre octubre de 1937 y enero de 1939 y jefe de prensa del presidente del gobierno desde mayo de 1937 hasta abril de 1939. En alguno de esos libros –las Nuevas Crónicas de Gerardo Rivera, de Juan José Domenchina, publicadas en Barcelona a fines de 1938– puede leerse esta dedicatoria: «A Fernando Vázquez Ocaña este libro de crónicas absolutamente inactuales. J. José Domenchina. Ba enero 1939». Contenida muestra de estoicismo en una ciudad enmudecida por la derrota.31
«Un silencio completo y enormes remolinos de papeles rotos y quemados, empujados por el viento que entraba por las esquinas y bocacalles acogió a los “vencedores”». Así evocó Constancia de la Mora en Doble esplendor –unas memorias acabadas de escribir en Nueva York en el verano de 1939–, la llegada de las tropas de Yagüe a Barcelona el 26 de enero. Esas hogueras, que hacían desaparecer documentos comprometedores y también sirvieron para combatir el frío, tardaron en apagarse. En la retirada hacia la frontera, ya cerca de Figueras, Ehrenburg encontró a Sávich y a Kótov quemando la biblioteca de la embajada soviética en una masía. «No iban a dejar libros rusos a los fascistas», le dijeron. Kótov, que según observó Eherenburg, quemaba los libros con delectación, no era otro que Leonid Eitingon, agente de la NKVD que no tardaría en aparecer por México para acabar con Trotski. Ovadi Sávich, corresponsal de la agencia Tass, hispanista y asistente al Congreso de Escritores de Valencia, había preparado en colaboración con Manuel Altolaguirre la edición de dos dramas de Alejandro Pushkin, publicados en Barcelona en 1938. También los encontramos entre los libros de Negrín.32
Negrín salió de España el 6 de marzo de 1939. Un avión pilotado por Diego Hidalgo de Cisneros le llevó del aeródromo de Monóvar a Toulouse. Allí estaban ya su biblioteca y su archivo de cuyo traslado desde Barcelona se ocupó José de Arizmendi, un oficial del Cuerpo de Carabineros, quien, algo después, ante el avance alemán y siguiendo instrucciones de Francisco Méndez Aspe, se trasladó a Marsella, y solicitó la ayuda de Gilberto Bosques, cónsul de México. Las cajas contenían una parte de la biblioteca y los documentos relativos a su gestión como ministro y jefe de Gobierno. Todo quedó bajo custodia de las autoridades diplomáticas mexicanas. Una parte de los libros y documentos –los de carácter más privado, quizá– pronto viajó de Toulouse a París; la otra –de índole más oficial y asociada a la guerra– lo hizo a Marsella en 1941.33 Tardarían en reunirse.
La biblioteca personal quedó acomodada en un apartamento de la Avenida Charles Floquet en el que residió Negrín hasta mediados de 1940. En mayo de 1939 de camino a México –donde participó en la recepción de los pasajeros republicanos del Sinaia en el puerto de Veracruz– se detuvo en Nueva York para ver a sus hijos y mantener algunas entrevistas políticas. Fue entonces cuando Luis Quintanilla, llegado en enero para ocuparse del Pabellón Español de la Feria Internacional de Nueva York que canceló el final de la guerra, debió dedicarle su recién aparecido All the Brave, título tomado –recuerda el pintor– de una poesía que celebraba el heroísmo español en la época napoleónica, un símil recurrente en la España republicana. Con dibujos de guerra y textos de Elliot Paul, Jay Allen y Ernest Hemingway, el libro lo había editado el sello neoyorquino Modern Age Books. «A Juan Negrín –leemos al pie de un poema de Wordsworth– con un fuerte abrazo de nuestra vieja amistad. Luis Quintanilla. New York. Mayo 1939». La dedicatoria la acompaña el dibujo de una botella de sifón, un guiño privado, una burlona alusión al laboratorio de Negrín, un motivo que Quintanilla ya había utilizado en los frescos pintados en la Ciudad Universitaria. Este ejemplar de All the Brave está en una biblioteca particular francesa y quizás llegó a ella con la dispersión de los libros que durante unos años, ya muerto Negrín, estuvieron en la residencia veraniega que su hijo Juan tenía en Niza.34 Es otro de sus libros olvidados. De vuelta en París, en julio de 1939, Negrín se tropezó en más de una ocasión con la periodista Josefina Carabias que le recordó vigoroso y atento a la Oficina de Ayuda a los Refugiados Españoles, en el Boulevard Hausmann. También se encontró con Max Aub, que pronto sería detenido, con quien había comentado el proyecto de crear una colección de clásicos españoles en Gallimard y de otra serie de libros sobre la guerra con el editor Léon Pierre-Quint, director de Saggittaire. Algo después –ya desde Londres– Negrín apoyaría a José Bergamín –a través de su hombre de confianza, el doctor José Puche– en la recién creada Editorial Séneca.35
El avance alemán obligó a Negrín a abandonar París el once de junio de 1940. Antes de hacerlo, quizá ayudado por sus amigos Germaine y Jules Moch, debió depositar su biblioteca en Andrésy, una pequeña localidad cercana a París, al amparo de Maître Coquelin, un notario de simpatías republicanas.36 El 21 de junio, provisto de un pasaporte mexicano, Negrín embarcó en Burdeos con destino a Inglaterra. Lo hizo «en un barco carbonero desmantelado», se lee en el Informe de Luis Ignacio Rodríguez Taboada, Ministro de México en Francia, a quien Negrín entregó «para su custodia, restos del archivo republicano, que dejaba en los “trailers”, así como prendas y objetos de su uso personal». Esos documentos viajaron a Marsella y allí se reunieron con los procedentes de Toulouse.37
La presencia de Negrín en Inglaterra resultó incomoda para el gobierno de Winston Churchill que pronto le informó de que debía abstenerse de participar en actividades políticas, invitándole a abandonar el país. No fue así. Negrín, que contó con el apoyo de los laboristas, mantuvo una vida política discreta y promovió empeños culturales como The Juan Luis Vives Scholarship Trust, creado en mayo de 1942, o el Instituto Español de Londres, proyecto de Pablo de Azcárate, abierto a comienzos de 1944. Colaboró en algún experimento científico con la Royal Navy y con J. B. S. Haldane, catedrático de biometría de la Universidad de Londres, y en 1941 fue invitado en dos ocasiones por la Sociedad Fabiana, núcleo intelectual del laborismo. Mantuvo un trato muy cercano con Azcárate y con Antonio Ramos Oliveira, colaborador de The Left Book, quien hizo una elogiosa consideración de Negrín en su Politics, economics and men of modern Spain, 1808-1946, que Victor Gollanz publicó en 1946: hombre de ciencia que las circunstancias –no su deseo, precisó Ramos Oliveira– convirtieron en líder indispensable de la guerra y de la República. Negrín se incorporó a la escena del exilio republicano londinense y el periodista y escritor Esteban Salazar Chapela, que dirigió el Instituto Español hasta su clausura en 1950, le mencionó en alguna ocasión –sin ocultarlo bajo seudónimo, como sucede con otros protagonistas– en Perico en Londres, autobiografía y novela memorialística, como la caracteriza Francisca Montiel Rayo, aparecida en Buenos Aires, en 1947.38
Negrín llegó a Londres sin libros, pero se apresuró a comenzar una nueva biblioteca, ahora orientada hacia la bibliofilia, una decisión que no descuidaba el valor de mercado que pudiera lograr con el tiempo. Algunas pistas ofrecen las memorias de Pablo de Azcárate y los partes de los agentes de la embajada española. Un informe para el duque de Alba de 27 de julio de 1940 precisaba que días atrás Negrín y Feli López habían visitado librerías en Bedford Street y en Charing Cross, así como establecimientos de venta de microscopios y material químico. «Ha comprado una verdadera biblioteca» –anotó el antiguo embajador republicano y cercano amigo de Negrín, en diciembre de 1940. Para entonces había alquilado Dormers, una bella casa de campo en la localidad de Bovingdon, que distaba 38 millas de Londres. Allí fue acomodando un laboratorio químico-fisiológico y sus recientes adquisiciones. Negrín –se lamentó Azcárate en febrero de 1941–, se ha encerrado «con la biblioteca que se ha comprado y unos cuantos “pasatiempos”». «Todo el espacio disponible en la casa en que vive en Bovingdon –precisó el espía del duque de Alba en octubre de 1942– está llenó ahora de libros caros».39
Negrín fue reuniendo una valiosa librería en la que había repertorios de bibliógrafo, literatura científica contemporánea, algunos incunables españoles y numerosas ediciones de los siglos XVI a XVIII. Justamente, una obra médica del Renacimiento –Novae veraeque Medicinae (Medina del Campo 1558), de Gómez Pereira–, que había adquirido en la librería de Albrecht Rosenthal, en Oxford, fue la ocasión para un cruce de cartas con Araquistáin en 1944, un irónico ejercicio de esgrima epistolar. Araquistáin, recién nombrado representante en Londres de la Junta de Liberación Española –lo que mereció algún sarcasmo de su corresponsal–, le ofrecía intercambiar el libro de Gómez Pereira por cualquier otro de un valor análogo. Negrín no atendió la sugerencia –«no quisiera desprenderme de él»– y en su respuesta demostró un solvente conocimiento de la literatura histórico-médica española. El anhelo del regreso a España –el avance de la guerra apuntaba el éxito aliado– es manifiesto y compartido por ambos. Araquistáin se mostraba interesado en coordinar una Historia de la Ciencia Española –un estudio que rehabilitara, escribe, la difamada cultura hispánica– y animaba a Negrín a volver al antiguo oficio de editores y «resucitar nuestra vieja Editorial España, pero en grande y ahora con mejor conocimiento de causa».40
En 1945 vencía el contrato de arrendamiento de Dormers y Negrín decidió adquirir Combe Court, una hermosa propiedad de estilo isabelino situada en la localidad de Chiddingfold, 42 millas al sur de Londres. Un nuevo traslado de la biblioteca. La mudanza no concluyó hasta octubre de 1946 y para entonces, circunstancias políticas y también de índole familiar aconsejaban fijar la residencia en París lo que sucedió de manera definitiva a fines de 1947. Los libros comprados en Inglaterra entre 1940 y 1947 se debieron quedar en Combe Court, aunque en los viajes entre París y Chiddingfold, regulares hasta mediados de los años cincuenta, también iban y venían libros y revistas.
La mayoría de la biblioteca inglesa quedó en Inglaterra hasta que fue subastada entre 1957 y 1958, tras la muerte de Negrín. En septiembre de 1957 la firma John D. Wood & Co gestionó la venta de Combe Court, junto con el mobiliario, colecciones de discos y algunos libros. El catálogo no los describe, pero menciona lotes de novelas, obras de jardinería, fauna, o fotografía, y en una de las entradas se precisa: «The War on Spain, 4; other Works on Spain, 10». Estos primeros debieron ser, quizá, libros que quedaron aislados en alguna dependencia y de menor valor económico. Los valiosos salieron al mercado meses después. «En Sotheby –escribió Rómulo Negrín a su hermano Juan en noviembre de 1957– me dijeron que estaban haciendo la agrupación de los libros para preparar el catálogo y que la venta no la podrían hacer antes de fines de enero. Ninguna fecha concreta, pues no querían comprometerse, dada la gran cantidad de libros que tienen que cataloga». El catálogo de Sotheby, publicado en 1958, ofrecía 544 lotes que se subastaron en dos sesiones celebradas a comienzos de febrero. Por esos días, Rómulo informó a sus hermanos Juan y Miguel del resultado de la primera subasta: «En el caso de los libros, las ediciones de libros franceses, aún las buenas, han sido las que se han vendido mal, luego vienen las ediciones inglesas, y las que mejor se han vendido han sido los libros españoles y los alemanes».41
Entre los libros franceses estaban los veintiocho volúmenes de la primera edición de la Encyclopédie (París 1751-1772); también la edición príncipe del Traité élémentaire de chimie (1789), de Lavoisier; repertorios como el de Jacques-Charles Brunet, Manuel du Libraire et de l’amateur de livres (París, 1860-1878, 8 vols.); y las obras completas de Molière y de Balzac, aunque estas no se vendieron y se conservan en París, en el domicilio familiar. En lengua inglesa, Francis Bacon, Charles Darwin, Thomas Carlyle, los Sketches de William Bradford (1810) y el muy raro –«No copy has been offered for sale by auction in this country or America for the past twenty-five years», se lee en la entrada– de Bernaldino Delgadillo de Avellaneda, A Libell of Spanish lies, impreso en Londres en 1596. Entre los libros alemanes, junto a variadas colecciones médicas, como los 36 volúmenes de Ergenbisse der Physiologie (Wiesbaden-Múnich 1902-1932), se ofrecían obras completas de Goethe y Schiller; los Schriften (1925-1928), de Sigmund Freud; Werke, de Rainer Maria Rilke (Leipzig 1927); y la primera edición de Die Bestimmung des Menschen (Berlín 1800), de Johann Gottlieb Fichte. Aunque había ejemplares muy valiosos de la cultura humanista con autores como Tomás Moro o Ptolomeo, el rango y la densidad de la alta bibliofilia se alcanzó con libros españoles como el ya citado de Gómez Pereira. Valgan algunos ejemplos. La Compendiosa Historia Hispanica, de Rodrigo Sánchez de Arévalo, impresa en Roma hacia 1470; las Epistolas de Séneca (Toledo 1502); Crónica abreviada de España, de Diego de Valera, la Valeriana, como la llamó el autor, en las prensas sevillanas de Cromberger, en 1543; Los Seys libros de la Galatea, de Cervantes, por Cormellas (1618); diferentes ediciones de El Quijote; el Discurso Poético, de Juan de Jáuregui (1624); Conquista y Antigüedades de las Islas de la Gran Canaria (1676), de Juan Núñez de la Peña, que hace unos años editó Antonio Bèthencourt; el arbitrismo de la Representación al Rey (1732), de Miguel de Zavala, que se considera «An important work on political economy, of American interest»; los elegantes 18 volúmenes del Viage de España, de Antonio Ponz (1772-1794), o la Bibliotheca Hispana Vetus (Madrid, 1788, 2 vol.), de Nicolás Antonio, ambas en la Imprenta de Joaquín Ibarra. En un conjunto en el que, con la salvedad de la literatura científica y médica, predominan los autores clásicos sorprende encontrarse el Picasso, 1930-1935, de Christian Zervos (París, Cahiers d’Art, 1935), o Poems (Londres, The Dolphin Book, 1939), selección de poemas de García Lorca preparada por Rafael Martínez Nadal, traducidos por Stephen Spender y J. L. Gili, y editados por The Dolphin Book, sello que Gili había creado en 1934.42
A fines de 1947 Negrín se instaló en París en un amplio piso de la avenida Henri Martin, cercano al Trocadero. Fue entonces cuando pudo recuperar aquella parte de su biblioteca depositada en 1940 en Andrésy, al amparo del notario Coquelin. En 1945 con ocasión de un viaje a México, Negrín solicitó al Secretario de Relaciones Exteriores, Francisco Castillo Nájera, que se le permitiera recuperar los libros que en 1941 habían quedado en Marsella bajo la protección de las autoridades mexicanas. La respuesta fue atenta e inmediata y en 1946 esas cajas viajaron de nuevo, en esta ocasión de Marsella a la notaría de Andrésy, ahora atendida por Georges Pelé.43 Allí permanecieron hasta 1954 cuando siguiendo instrucciones de Mariano Ansó, llegaron a París. Después de quince años, se reunían los libros y papeles que habían salido de España en 1939.
Por un tiempo, entre 1947 y 1954, hubo de nuevo dos bibliotecas, una en Chiddingfold y otra en París y aunque entre ellas hubo trato y vaivén de papeles, la biblioteca abierta, viva y renovada fue la francesa. En el que fue despacho de Negrín, al hojear algún libro puede uno encontrar una nota de 1952 del editor de los Keesing’s Contemporary Archives, o un saludo de la librería londinense John & Edward Bumpus, fechado en octubre de 1956, pocas semanas antes de su fallecimiento.
Los libros de estos años mantienen el gusto por lecturas muy variadas, entre el documentado relato biográfico de Robert Capa, Slightly Out of Focus (1947), y algún libro de Albert Camus, a quien debió conocer a través de la actriz María Casares, amiga de Feli López de Dom Pablo, que le dedicó La devotion a la croix, adaptación del auto sacramental de Pedro Calderon de la Barca (París, Gallimard, 1953). Obras de Einstein o de Norbert Wiener recuerdan la atención por la ciencia, interés que le llevó a colaborar con Raymond Moch, investigador del Laboratorio de Física Atómica del Collège de France.44 Atento a la política internacional, en abril de 1948 publicó unos artículos en el New York Herald Tribune en los que defendió que España no debía quedar excluida del Plan Marshall, una opinión muy criticada por el exilio. No obstante, desde México llegaron amistosos envíos como Recordación de Cajal (1952), homenaje editado por la revista Cuadernos Americanos en el que participaban discípulos y amigos como José Puche Álvarez o Arturo Rosenblueth; 50 años de arquitectura española (1900-1950), de Bernardo Giner de los Ríos; y No (1952), de Max Aub, que le dedicó el libro «con la devoción de siempre». Aub, también expulsado del Partido socialista en 1946, escribió la necrológica «Juan Negrín, el guerrillero», que no corrió de molde hasta 1967.45 También de la diáspora proceden dos libros: el Gulliver de Jonathan Swift, ilustrado por Luis Quintanilla (Nueva York, 1947), con una dedicatoria cómplice a quien «también conoce quienes son los pequeños, los grandes, los filósofos, los sabios y los Yahoos»; y Spanien mot Franco (1949), resultado de una estancia en Estocolmo, que incluye una traducción del poema de Machado dedicado a Lorca, preparada por Ernesto Dethorey, periodista y traductor que durante la guerra civil había estado muy vinculado a la embajada de España en Suecia.46 Un folleto de su biblioteca, Beograd 1936-1956, recuerda que en el otoño de 1956 Negrín viajó a Belgrado, donde los voluntarios yugoeslavos celebraban el veinte aniversario de la creación de las Brigadas Internacionales. Alguna fotografía le muestra con un grupo de combatientes. Debió ser la última. Fue también su último viaje. Falleció en París el 12 de noviembre de 1956.
Días después, el 27 de noviembre, un documento notarial ofrecía una sumaria descripción de los muebles y objetos del domicilio de Negrín, entre ellos una cámara Leica. En su despacho «quatre bibliothèques ouvertes entièrement garnies de livres brochés ou reliés français et étrangers»; en el pasillo: «Soixante quatorze rayonnages contenant des livres brochés et reliés soit en Français soit en langue étrangère». Por entonces se decidió la venta de Combe Court, así como de los libros, cuya subasta en Sotheby produjo unos beneficios netos de 9.000 libras.47 La biblioteca de Henri Martin, enriquecida con los libros no vendidos en Londres, se mantuvo al cuidado de Feli López, si bien Juan y Rómulo Negrín quisieron conservar algunos libros y documentos. «Papá –escribió Juan a su hermano el 16 de noviembre de 1956– me habló con mucho más detalle que en otras ocasiones de los libros que preparaba y particularmente de la parte dedicada a la guerra de España. Me pidió comprobara y añadiera ciertos datos, fechas y detalles con ayuda de papeles y documentos que yo guardo».48 Los libros y papeles retirados por Juan –entre ellos una colección completa de la Editorial España– fueron a Nueva York aunque acabaron en una residencia que este tenía en Niza, y no parece que sus heredero hayan mostrado interés por conservar el legado. Algo similar ocurrió con los impresos –entre los que había algún incunable– que Rómulo se llevó a México.
No fueron esos los únicos libros olvidados. A los de Jules-Étienne Marey y Jacques Loeb, a los que ya me he referido, podría añadirse una cuidada edición de El Príncipe, de Maquiavelo que, según comentó Serrano Suñer, le ofreció Negrín en un vuelo entre Madrid y Las Palmas, en la primavera de 1936, cuando ambos eran diputados. Debió haber muchos más. A partir de 1969, Feli López viajó con alguna regularidad a Madrid para visitar a sus familiares y en ocasiones lo hacía con los libros que estaba leyendo. Uno de ellos ya no volvió a París y debemos darlo por desaparecido. Era –debo la noticia a Carmen Negrín–, la Historia de la guerra en España, de Julián Zugazagoitia, publicada en Buenos Aires en 1940, un ejemplar que en los márgenes tenía anotaciones de Negrín relacionadas con el asesinato de Andreu Nin. En los dramáticos días de la retirada republicana, en enero de 1939, recordó Zugazagoitia que todo su consuelo intelectual se lo procuraban dos lecturas, El sermón sobre la muerte y la Meditación sobre la brevedad de la vida, de Bossuet, y las cartas de amor de sor Mariana Alcoforado al caballero de Chamilly: «A Negrín le interesó Bossuet. Se lo negué. El libro me servía para hacer ejercicios de serenidad». Ese sermón barroco que Negrín no consiguió leer en el castillo de Figueras y que con toda probabilidad nunca leyó, es quizá otro de los libros olvidados.49
Al igual que la biblioteca de Alberto Manguel, reunida a lo largo de una vida peregrina, la de Negrín es el resultado de diferentes bibliotecas fragmentarias. Bibliotecas interrumpidas o abandonadas y vueltas a comenzar al albur de una vida nómada y del caleidoscopio de sus cambiantes intereses como lector. Esta nota es apenas un esbozo de las identidades lectoras de Negrín. Un apunte a la espera de una precisa catalogación de los fondos del Archivo de la Fundación Juan Negrín y del inventario completo de los libros, revistas y folletos que se conservan en el domicilio familiar, en París. Algunos no han podido ser desembalados desde aquel último traslado de Andrésy, en 1954, y se conservan con razonable desorden en baldas y rimeros cumpliendo la exigencia que, a juicio de Umberto Eco, debe tener toda biblioteca: participar de la azarosa condición de Rastro. 50
DOCUMENTOS
DOCUMENTO 1
Carta de Luis Araquistáin a Juan Negrín, Londres, 24 de marzo de 1944
Londres, 24 / 3 / 1944
Querido Negrín: Gracias por la invitación. Temo que no pueda asistir. Desde hace seis o siete años, no sé por qué aciaga influencia de algún astro, cuando llega esa festividad abrileña nunca falta un gripazo más o menos ibérico o alguna otra pejiguera por el estilo que hace más imperiosos mis hábitos eremíticos y acentúa mi natural misantropía.
Pero usted, que sabe disimular la suya con delicadas cortesías y goza de una salud a prueba de bombas y galopes del tiempo, véngase por casa cualquier día próximo a comerse un arroz, regado con algún caldillo galo que aún queda, avisando con un par de días de anticipación, de paso que me trae su adhesión a la Junta auténtica y no suprema. Por el artículo adjunto verá que también se lo pide Finki, y a él, como representante de la nueva generación, no puede usted negárselo.
De paso también me traerá usted un libro de Gómez Pereira que no hace mucho vendió el librero Rosenthal, de Oxford, y como en este país no hay seguramente más que dos personas a quien esa obra interesa, usted y yo, sólo usted debe ser el comprador. A pesar del título, el libro trata de Medicina menos que de otros asuntos que a mí probablemente me interesan más que a usted: el asunto es un poco largo de explicar ahora y ya se lo diré cuando nos veamos. De modo que hará Vd. una obra de justicia cultural y caridad humana canjeándome ese libro que busco desde hace años por algún otro de mi biblioteca que sea también digno de la suya.
Tengo que hablar mucho con usted de libros en relación con una Historia de la Ciencia Española, de tipo colectivo, que quisiera planear y comadrear [¿] cuando, terminada la guerra, me aparte para siempre de nuestra estúpida política y vuelva a nuestro antiguo oficio de editores. Ojalá estuviera usted también animado de análogos propósitos y dispuesto a resucitar nuestra vieja Editorial España, pero en grande y ahora con mejor conocimiento de causa, a ver si rehabilitamos nuestra desconocida y difamada cultura hispánica. El libro de su amigo el judío Braunthal, tan ignorante como audaz, ha removido mis posos patrióticos y quisiera dedicar el resto de mis días a esta obra de redescubrimiento. Un abrazo
Luis Araquistáin
[Fundación Juan Negrín, Archivo, Carpeta 29, número 27. Texto autógrafo escrito en papel timbrado de la Junta Española de Liberación / Spanish Committee of Liberation. Mexico City. United Estates of Mexico. / Delegation in Great Britain: 113 Arthur Court, Queensway, London, W.2].
DOCUMENTO 2
Carta de Juan Negrín a Luis Araquistáin, Bovingdon, 25 de marzo de 1944
Bovingdon, 25 de marzo de 1944
Q. A.: Acabo de echar un vistazo a su carta, con el membrete de su última tienda de juguetes. Me han divertido mucho: carta y letrero.
Por cierto, adviértale al cartelista que ESTATES se letrea STATES desde hace muchos, muchísimos años, salvo en una acepción que no es la que aquí conviene. ESTATES es del siglo XVIII.
Gran pena que su «malaise» periódica coincida con el 14 de abril hasta en los años bisiestos. Si, como yo, estuviera Ud. mitridatizado contra los males «de humano origine» no le aquejarían tales dolencias.
A buen seguro no habrá pasado por sus mientes que voy a leer esas buenas diez onzas de legajo que me envía. Aunque maniático e indiscriminador coleccionista de libros, me horroriza todo lo impreso, restrinjo mis lecturas al Kempis y al Sermón de la Montaña.
Muy recomendable para el hígado y para preservar ilusiones. Seguro remedio de perenne juventud. Más seguro que el caldero de Medea.
Le envío por fin el «Duden» inglés. Ya me dirá, cuando nos veamos, que le parece. De algo así me imagino haberle oído hablar, hace muchos años. Bastante antes de que el primer «Duden» alemán (1935) se publicara; pero creo más bien que U. pensaba en algo más completo, que equivaldría a la combinación de éste y el J. Casares. ¿Me equivoco?
El único libro por Gómez Pereira que tengo es: Novae veraeque Medicinae, experimentis et evidentibus rationibus comprobate. Prima pars (Dícese que la única publicada) Franciscus a Canto, Methymnae Duelli, Anno 1588 [sic, por 1558].
No quisiera desprenderme de él; ni creo que sea esto lo que busca. Es un tratado exclusivamente médico. El primer capítulo se epigrafía: «Calorem febrilem et naturalem ejusdem esse speciei»; el último: «De morbillo et variolis»; los restantes 21 intercalados versan sobre fiebres, infecciones y contagios. Obra de controversia sobre la concepción galénica de fiebre e infecciones, su principal atractivo estriba, para mí, en que sienta como base que la observación y la experiencia personales, ilustradas por la razón, han de prevalecer en Ciencia y Filosofía, como fuente de adquisición del conocimiento, sobre el saber transmitido, la tradición y la autoridad consagrada. Se anticipó así –con otros– a poner en práctica el criterio que más tarde había de aplicar Galileo, y que muchos atribuyen a éste último. Por lo que indirectamente conozco, presumo que G. P. pudiera ser uno de los precursores –con Vives, entre otros–, de Fr. Bacon y R. Descartes. Como el «Novum Organum» y el «Discours de la Méthode» son, con «L’introduction à l’étude de la Medécine expérimentale» de Cl. Bernard, las obras clásicas de la Criteriología y Metodología de la investigación científica moderna, ando hace tiempo tras de la «Antoniana Margarita», para confirmar o desvanecer mis barruntos. Esta es sin duda la obra que U. también persigue. Si cayera en mis manos no la soltara por las razones que van y por las que vienen.
G. P. fue quizá uno de los médicos españoles del XVI que mejor conocían la Escuela Cordobesa, cuna –antes y más que Salerno– del renacimiento médico, escuela revolucionaria, no sólo en Medicina sino en Ciencia y Filosofía.
Porque sospecho que Pereira ha sido el primero, o uno de los primeros, en manejar en bruto, las nociones de «behaviourismo», «reflejo condicional» y «automatismo», tal y como han sido recreadas y estilizadas en la psicofisiología contemporánea.
Porque sospecho que él, con Vives, los dos Valdés, Servet, Valles, Huarte y algún otro, más o menos contemporáneo, son el exponente de lo que era la verdadera cultura española de la época, de la que –siempre en la cuerda floja de los presentimientos– presumo solo conocemos retazos y quizá los menos significativos e importantes. No creo que fuera estéril el encaminar en ese sentido los escudriños de manuscritos y obras no conocidas, no sólo en España, sino más que nada en las colecciones de Universidades, Sociedades sabias, etc., en los Países Bajos, Italia y el Vaticano. ¡Esencial para adquirir la noción exacta de lo que fue nuestra contribución a la Cultura desde fines del XV a mediados del XVI! ¡No me cabe duda!
También barrunto que G. P. –cronológicamente uno de los primeros alienistas– debió de informar en el caso del Príncipe Carlos, y que su informe, quizá con el de Basil –médico flamenco que hizo trepanar a D. Carlos, cuando este medio se desnucó al caer por las escaleras de Palacio– formaba parte del expediente abierto por Espinoza, siguiendo las órdenes de Felipe II; expediente archivado en Simancas, desaparecido de Simancas, y cuyos rastros mi olfato me llevaría a buscar en los antiguos Archivos Imperiales Privados (Secretos) de Viena. Si yo me dedicara a tales cosas.
Vea U. si hay motivos para que me interese el precitado gallego. Como infiero que a U. también le interesa, he hecho estas consideraciones, algunas de las cuales no creo encuentre en la bibliografía. Otros datos podrá encontrar en las Historias de la Medicina de Chinchilla y Hernández Morejón (que no tengo); en las «Abhand. z. Gesch. d. Med». de Max Neuburger; en los «Beitr». (¿) de Karl Sudhoff. Nada de esto tengo. Otros aspectos, no médicos, es probable los encuentre en el cajón de sastre de Cejador (en la London Library, si no se lo ha tragado el Blitz; un ejemplar, carísimo en Maggs) y en el estudio de Narciso Alonso Cortés. Si no recuerdo mal algo publicó la Junta, el Centro de Estudios Históricos, o alguna de esas Instituciones Norteamericanas de Investigaciones Hispánicas. No recuerdo cual.
¿Quién es ese Braunthal que U. me regala como amigo? y ¿a qué libro alude?
De proyectos para cuando volvamos a España ¿a qué hablar? Yo que sigo siendo un optimista impenitente confío ciegamente en el porvenir de nuestro país y por eso espero que el pueblo nos colgará a todos el día ya próximo que en España volvamos a sentar pie. Caerá algún justo que otro entre muchos contumaces, pero qué se le va a hacer si esa es la noria de la Historia. Yo me resigno a mi suerte, aunque no paso de la categoría de aquellos a quienes se desahucia del limbo para, cuando las cosas van mal, descargar en ellos el mochuelo. Lástima que el empavesado de cabezas en perspectiva no se haya hecho antes de empezar nuestra guerra, limitándola a los profesionales de la política. No la hubiéramos perdido y yo no correría riesgos.
Se me acaba el papel y veo, con espanto, que se me acaba también la cuota de escritura que me había asignado para el decenio en curso.
Un abrazo y el viejo afecto de su amigo
J. Negrín
[Fundación Juan Negrín, Archivo, Carpeta 29, número 26. Texto mecanografiado. En la parte superior izquierda: Copia a archivar. Carta a Araquistáin].
DOCUMENTO 3
Carta de Juan Negrín a Francisco Castillo Nájera, Ciudad de México, 19 de noviembre de 1945.
México, 19 de Noviembre de 1945
Excelentísimo Señor D. Francisco Castillo Nájera
Secretario de Relaciones Exteriores de México
Ciudad.
Mi distinguido amigo: Me permito solicitar su atención porqué en estos días, quienes tuvieron a su cargo cuidar la evacuación a través de la frontera franco-española, infórmanme que una parte de los libros que constituían mi biblioteca personal están depositados en un guardamuebles de Marsella, con el conocimiento y bajo la protección de los representantes diplomáticos de México en Francia.
El señor Arizmendi, oficial de Carabineros destacado en la frontera por aquel entonces, recabó la valiosa intervención de D. Gilberto Bosques, a la sazón Cónsul de México en Marsella, para poner a salvo varias cajas conteniendo lo más importante de la citada biblioteca. Antes de otorgar su conformidad, el señor Bosques hizo saber a nuestro representante, que dichas cajas no habrían de contener documentos ni efectos que pudieran conculcar ninguna de las disposiciones internacionales de las que su Nación era fiel observante.
Una vez que el señor Arizmendi dio al señor Bosques las seguridades exigidas, hízose el depósito en el lugar citado, cubriendo el funcionario español los gastos pertinentes hasta fines del año 1941.
Expuestos estos antecedentes, ruego a Vd., no sin cierta turbación por tratarse de un asunto que me concierne personalmente, se sirva girar las órdenes oportunas para que el actual señor Cónsul de México en París, Sr. González Roa, tenga a bien, a mi próxima llegada a Francia, facilitarme el acceso para recuperar mis libros. Excuso decir, por descontado, que haré efectivo en dicho Consulado el importe de los gastos que haya podido irrogar el depósito aludido.
Muy agradecido por la atención, reitérole el testimonio de mi consideración y afecto personal.
J. Negrín
[Fundación Juan Negrín, Archivo, Carpeta 101, número 72. Copia].
* Este trabajo reelabora el titulado, «Una biblioteca en retazos», en Salvador Albiñana y Juan Manuel Bonet (eds.), La biblioteca errante. Juan Negrín y los libros, Las Palmas de Gran Canaria-París, Fundación Juan Negrín-Instituto Cervantes, 2015, 41-69, catálogo de una exposición que reunía en torno a cien libros y revistas de la Biblioteca, aparecidas en vida de Negrín, entre 1892 y 1956. En el otoño de 2017, la Sala Duc de Calàbria de la Biblioteca de la universidad presentó la muestra La biblioteca errrant. Juan Negrín i els llibres, que amplió a ciento cincuenta el número de las obras exhibidas.
1. Mariano Ansó, Yo fui ministro de Negrín, memorias ineludibles, Barcelona, Planeta, 1976, 189. Luis Quintanilla, «Pasatiempo». La vida de un pintor (Memorias), edición, estudio introductorio y notas de Esther López Sobrado, A Coruña, Edicios do Castro, 2004, 262-263. La carta en documento número 2. Debo el conocimiento de las tres cartas que aquí se publican a la generosidad de José Medina Jiménez, Presidente de la Fundación Juan Negrín.
2. Entre los biógrafos, Enrique Moradiellos es quien ha prestado atención al Negrín bibliógrafo, Negrín. Una biografía de la figura más difamada de la España del siglo XX, Barcelona, Península, 2013 (primera edición, 2006). Carmen Negrín, «Crecer entre los libros», Salvador Albiñana y Juan Manuel Bonet (eds.), La biblioteca errante…, 107-110. Gabriel Jackson, uno de los primeros investigadores que trabajó en el archivo de Negrín, recordó la biblioteca en su visita a la casa familiar en 2001, Juan Negrín, médico, socialista y jefe de gobierno de la II República española, Barcelona, Critica, 2008.
3. Enrique Moradiellos, Negrín…, 57. Julio Álvarez del Vayo, En la lucha. Memorias, México, Grijalbo, 1975, 39.
4. José María García Valdecasas (ed.), El Dr. Severo Ochoa, Premio Nobel de Medicina, visto por algunos de sus más íntimos colaboradores, México, 1962; entre otros, Francisco Grande Covián y José Puche Álvarez. José Puche, «El Laboratorio de Fisiología», Residencia (número conmemorativo), México, 1963, 63-66.
5. Enrique Moradiellos, Negrín…, 93, 96. Libro en honor de D. S. Ramón y Cajal. Trabajos originales de sus admiradores y discípulos, extranjeros y nacionales, 2 vols., Madrid, Publicaciones de la Junta para el Homenaje a Cajal, 1922. Negrín aparece entre los firmantes de la dedicatoria y publicó «El papel de los adrenes en las glucosurias de origen bulbar», 2, 577-608.
6. Juan Manuel Bonet, «Juan Negrín: algunas cosas que nos cuenta su biblioteca», Salvador Albiñana y Juan Manuel Bonet (eds.), La biblioteca…, 13-39. Sobre los escritores y artistas de los años veinte y treinta, Juan Manuel Bonet, Diccionario de las vanguardias en España, 1907-1936, Madrid, Alianza, 2007, 3a ed. Andrés Trapiello, Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939), Barcelona, destino, 2010, edición revisada.
7. Juan Pérez de Ayala, «José Moreno Villa, grabador», Residencia, 7, 2003, puede consultarse en www.residencia.csic.es. Moreno Villa vivió en la Residencia entre 1917 y fines de 1936; la evocó en sus Memorias, recordando esa hora del café al que Negrín «solo alguna vez concurría», Vida en claro. Autobiografía, México, El Colegio de México, 1944, 105. Francisco Grande Covián recordó que el precipitado de los azúcares adquiría «un hermoso color azul pálido que era motivo de gran interés para Moreno Villa», «Aficiones artísticas», José María García Valdecasas, El Dr. Severo Ochoa…, 49-50.
8. Josep Lluís Barona, «Juan Negrín, ciencia y compromiso político», Achúcarro, Marañón, Negrín. Medicina y compromiso, entre la experimentación y la política, Madrid, Nivola, 2001, 79-107.
9. En 1926 Negrín calculaba una tirada de 3.000 ejemplares que le podía reportar un beneficio de 90.000 pesetas, Enrique Moradiellos, Negrín…, 84, 102-103. El manual fue útil hasta finales de los años cincuenta, Juan Negrín Mijailov, «El fisiólogo Juan Negrín. Su medio ambiente de ayer y de hoy», Revista de la Real Academias de Medicina de Barcelona, vol. 6, 1991, 67-72.
10. Juan Negrín, Programa de Fisiología especial. Curso 1932-33, Madrid, Universidad de Madrid. Facultad de Medicina, 1932. Ese año escribió Ramón y Cajal a su discípulo Jorge Francisco Tello, lamentando el decaimiento del Laboratorio de Investigaciones Biológicas, instalado en el Museo Antropológico; el problema deben resolverlo «ustedes solos (Negrín, Lafora, Del Río, etc. y usted)». José María López Piñero, Cajal, Madrid, Debate, 2000, 226-227.
11. Pilar Chías Navarro, La ciudad universitaria de Madrid. Génesis y realización, Madrid, Universidad Complutense, 1986.
12. Isabel Pérez-Villanueva, La Residencia de Estudiantes. Grupos universitarios y de señoritas. Madrid, 1910-1936, Madrid. Ministerio de Educación y Ciencia, 1990, 104. Según testimonio de Marcelino Pascua, quien desde 1921 mantuvo un trato frecuente en la Residencia, a Negrín le interesaban la ciencia, la música, el urbanismo y la arquitectura funcionalista, no mostrando gran inclinación por la pintura, la literatura o la historia, Santiago Álvarez, Negrín, personalidad histórica, Madrid, Ediciones de la Torre, 1994, vol. II, documento 25.
13. Josep Maria Quintana, Nicolau Maria Rubió i Tudurí (1881-1981), literatura i pensament, Barcelona, Curial, 2002. Rafael Pascuet y Enric Pujol (dirs.), La revolució del bon gust. Jaume Miratvilles i el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya (1936-1939), Barcelona, Viena Edicions, 2006. Actar apareció en lengua francesa y ese mismo año se publicó en catalán en la Revista de Catalunya.
14. Ana Martínez Rus, «San León librero»: las empresas culturales de Sánchez Cuesta, Gijón, Trea, 2007, 57.
15. Joan Manuel Tresseras i Gago, D’Ací i d’Allà (1918-1936), aparador de la modernitat i la masificació, Barcelona, Llibres de l’Index, 1992.
16. Trudi Araquistáin sugirió la edición de Remarque, Juan-Simeón Vidarte, Todos fuimos culpables. Testimonio de un socialista español, México, Tezontle, 1973, 593. Julio Álvarez del Vayo, En la lucha…, 216.
17. Gonzalo Santonja, La república de los libros, Barcelona, Anthropos, 1989. Ana Martínez Rus, «La república de los libros», Hispania Nova, 11, 2013, puede consultarse en http://hispanianova.rediris.es. En la Biblioteca de Negrín había una colección completa de los títulos de España. Tras su fallecimiento, pasó a manos de su hijo Juan Negrín Mijailov que al parecer la conservaba en su residencia de Niza, pero ahí se pierde la pista. Debo la noticia a Carmen Negrín (2015). La referencia a Carpentier en Javier Rubio Navarro, «Luis Araquistáin (1886-1959). Cinco notas», La Ilustración liberal, 12, 2002. En la información editorial de la novela de Wilder se anuncian en prensa dos obras, con prólogo de Negrín, que no parece que llegaran a publicarse: Kerridge, Elementos de Química-Fisica; y Schenck & Gürber, Elementos de Fisiología. Negrín tenía la obra de Grigorii Grinko, El plan quinquenal de los soviets, (traducción de Antonio Buendía Aragón), Madrid, Cenit, 1931, 2a edición. Unos años después, Grinko, en calidad de Comisario del pueblo de Finanzas, fue uno de los firmantes del acta de recepción del oro del Banco de España enviado a la URSS.
18. El texto de Herrera Petere –«Dos mundos frente a frente»–, en J. R. López García, Vanguardia, revolución y exilio: la poesía de Arturo Serrano Plaja (1929-1945), tesis de doctorado, Universidad Autónoma de Barcelona, 2005, vol. II, 934-935. Negrín ofreció ayuda, no siempre con éxito, a José María Corral, de ideas católicas y conservadoras, Carlos Corral, El doctor Juan Negrín y el Laboratorio de Fisiología de la Junta para Ampliación de Estudios (1916-1936), Las Palmas de Gran Canaria, Fundación Juan Negrín, 2008, 63-64, 221-224, 237. J. Rascón, El Instituto de Fisiología, Madrid, 1957. Bernard Knox, Premature Anti-Fascist, Nueva York, Abraham Lincoln Brigade Archives, 1998.
19. Ana Martínez Rus, La persecución del libro. Hogueras, infiernos y buenas lecturas, 1936-1951, Gijón, Trea, 2014. Hay numerosas referencias en trabajos de Gonzalo Santonja y Andrés Trapiello, como también en los diarios y memorias, Salvador Albiñana, «Libros en guerra, 1936-1939», VV. AA. Facultades y Grados, Valencia, 2010, I, 59-78. Gloria Fuertes vivió en un hotelito de la calle Zurbano cuyo garaje era un almacén de libros robados por un grupo de milicianos. «Me hinché a leer… […] bibliotecas enteras del barrio de Salamanca». Pedro Montoliu, Madrid en la guerra civil. Los protagonistas, Madrid, Sílex, 1999, 118.
20. Alberto Jiménez Fraud, «Hoja de un álbum [Keynes]», Residentes, semblanzas y recuerdos, Madrid, Alianza, 1989, 31. Rafael Méndez, Caminos inversos. Vivencias de ciencia y guerra, México, 1987, 26-27.
21. Enrique Moradiellos, Negrín…, 224-225.
22. Salvador Albiñana, «María Moliner en la Universidad de Valencia, 1936-1939», VV. AA., Matrículas y lecciones, Valencia, Universitat de Valencia, 2012, 89-117.
23. Enrique Moradiellos, Negrín…, 307. Eduardo Zamacois, Un hombre que se va… (Memorias), Barcelona, Editorial AHR, 1964, 458-459. Juan Francisco Fuentes, Luis Araquistain y el socialismo español en el exilio (1939-1959), Madrid, Biblioteca Nueva, 2002, 28. Dieter Nelles, Ulrich Linse. Harald Piotrowski, Carlos García, Antifascistas alemanes en Barcelona (1933-1939). El Grupo DAS: sus actividades contra la red nazi y en el frente de Aragón, Sintra Editorial, 2010.
24. Jean-Michel Palmier, «Quelques remarques sur les techniques de propagande de Willi Münzerberger», y Catherine Lawton, «Les Éditions du Carrefour, rappel d’un passé antérieur», en VV.AA., Willi Münzerberger, un homme contre. Actes, Aix-en-Provence, Bibliothèque Méjanes-Institut de l’Image, 1993, 39-57 y 173-175, respectivamente.
25. Gonzalo Penalva, Tras las huellas de un fantasma. Aproximación a la vida y obra de José Bergamín, Madrid, Turner, 1985, 118-120. Sobre la discutida autoría, Max Rieger, Espionaje en España, seguido de El trotskismo al servicio de Franco, un testimonio documentado de la traición del POUM en España por Georges Soria. Introducción de Pelai Pagès, Sevilla, Espuela de Plata, 2007. Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo, Queridos camaradas. La Internacional Comunista en España, 1919-1939, Barcelona, Planeta, 1999, 99. Enrique Moradiellos, Negrín…, 271-280, comenta unas notas no fechadas de Negrín –La «desaparición» de Nin–, que revelan que mostró su rechazo a las autoridades soviéticas, aunque razones políticas no le permitieron hacer pública esa disconformidad.
26. Hugh Thomas, La guerra civil española, París, Ruedo Ibérico, 1962, 364.
27. Pilar Fidalgo, esposa del periodista y diplomático José Almoina, asesinado en México en 1960 por orden del dictador Trujillo, logró salir de la cárcel mediante un canje; su testimonio se había publicado en El Socialista, en mayo de 1937. La edición parisina lleva en cubierta una ilustración de Sueño y mentira de Franco, de Picasso. Sobre Amparo Barayón, Helen Graham, La guerra y su sombra. Una visión de la tragedia española en el largo siglo XX europeo, Barcelona, Crítica, 2013, 95-134.
28. Horacio Fernández y Javier Ortiz-Echagüe, «A modo de introducción», Horacio Fernández (ed.), fotos & libros. España 1905-1977, Madrid-México, MNCARS-RM, 2014, 33.
29. Rafael Pascuet y Enric Pujol (dirs.), La revolució del bon gust…, 108-110.
30. José-Carlos Mainer, La Edad de Plata (1902-1939), ensayo de interpretación, Madrid, Cátedra, 2016, 4a edición, 339. Andrés Trapiello, Las armas y las letras…, 249. James Valender, Pablo Neruda y Manuel Altolaguirre. Notas sobre la primera edición española de España en el corazón, texto que acompaña la edición facsímil del poema de Neruda, Sevilla, Renacimiento, 2004.
31. Juan Francisco Fuentes, Luis Araquistáin y el socialismo español en el exilio (1939-1959), Madrid, Biblioteca Nueva, 2002, 26-34. Constancia de la Mora, Doble esplendor. Autobiografía de una mujer española, México, Atlante, 1944, 483, 498. Vázquez Ocaña hizo alguna referencia elogiosa a la biblioteca de Negrín, Pasión y muerte de la Segunda República española, Madrid, FCE, 2007, 103; la primera edición se publicó en París en 1940. Sobre Vázquez Ocaña, Manuel Aznar Soler, «Los escritores en lengua castellana en Barcelona, capital literaria de la República (1938)», Laia Arañó Vega (ed.), Barcelona, 1938. Capital de tres governs, vol. III, Fundació Pi i Sunyer, 2010, 307-346.
32. Constancia de la Mora, Doble esplendor…, 483. Ilya Ehrenburg, Gente, años, vida. (Memorias 1891-1967), Barcelona, Acantilado, 2014, 1007, 1117, considera a Sávich un auténtico bibliófilo.
33. José Medina Jiménez, «Negrín y la pasión por los libros», Salvador Albiñana y Juan Manuel Bonet (eds.), La biblioteca errante…, 113-120. Misión de Luis I. Rodríguez en Francia. La protección a los refugiados españoles, julio a diciembre de 1940, prólogo de Rafael Segovia y Fernando Serrano, México, El Colegio de México, 2000. Véase la carta de Negrín en documento número 3.
34. En la biblioteca de Michel Lefebvre-Peña, Guerra Gráfica. Fotógrafos, artistas y escritores en Guerra. España 1936-1939, Barcelona-Madrid, Lunwerg, 2013, 299.
35. Josefina Carabias, Azaña: los que le llamábamos don Manuel, Barcelona, Plaza & Janés, 1980, 257-262. Gérald Malgat, Max Aub y Francia o la esperanza traicionada, Sevilla, Renacimiento, 2007, 82-94. Max Aub, Diarios (1939-1972), edición, estudio introductorio y notas de Manuel Aznar Soler, Barcelona, Alba, 1998, 45, 187-188. Gonzalo Santonja, Al otro lado del mar. Bergamín y la editorial Séneca, Madrid, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 1999.
36. En la biblioteca se conserva el libro de Germaine Picard-Moch y Jules Moch, L’oeuvre d’une Révolution. L’Espagne Républicaine (París, Éditions Rieder, 1933, 3a edición). Mantuvieron siempre una íntima amistad; a fines de 1956 escribieron «Notre ami Juan Negrín», Enrique Moradiellos, Negrín…, 585-587, 594. La nota era para un número especial de El Socialista en homenaje a Negrín, pero la noticia de la entrega de la documentación sobre el depósito del oro del Banco de España al gobierno de Franco, canceló el proyecto, Luis Monferrer Catalán, «El Dr. Juan Negrín», Odisea en Albión. Los republicanos españoles en Gran Bretaña (1936-1977), Madrid, Ediciones de la Torre, 2007, 220.
37. Misión de Luis I. Rodríguez en Francia. La protección de los refugiados españoles, julio a diciembre de 1940, México, El Colegio de México-Secretaría de Relaciones Exteriores-Conaculta, 2000, 367-368.
38. Michael Alpert, «Don Juan Negrín en Londres, 1940-1956», Javier Tusell, Alicia Alted, Abdón Mateos (coords.), La oposición al régimen de Franco, Madrid, Uned, 1990, I, 73-90. Enrique Moradiellos, Negrín…, 506-539. Luis Monferrer Catalán, «El Dr. Juan Negrín», en Odisea en Albión…, 207-220. Antonio Ramos Oliveira, Politics, Economics and Men of Modern Spain, 1808-1946, Londres, Victor Gollancz, 1946, 607; Ramos dedicó mayor atención a Negrín en su Historia de España, México, Compañía General de Ediciones, 1952, III, 323-327. Francisca Montiel Rayo, «Una visión del exilio republicano en Gran Bretaña. Perico en Londres, de Esteban Salazar Chapela», Exils et migrations ibériques au XXe siècle, 6, 1999, 209-226.
39. Pablo de Azcárate, En defensa de la República, con Negrín en el exilio, edición, estudio preliminar y notas de Ángel Viñas, Barcelona, Crítica, 2010, 379-380. Enrique Moradiellos, Juan Negrín…, 517.
40. Las cartas en documentos, números 1 y 2. Araquistáin menciona «el libro de su amigo el judío Braunthal», que Negrín confiesa desconocer. No me ha sido posible documentar la referencia. No parece que se trate de Julius Braunthal, historiador, editor y activista político austríaco que emigró a Gran Bretaña en 1938, y secretario de la Internacional Socialista entre 1951 y 1956.
41. Todos los documentos en la Fundación Juan Negrín, Archivo. Sección 3. Personal. John Wood, The Combe Court Estate. 363 Acres, London 1957, Carpeta XX, número XX. Sotheby & Co., Catalogue of a Library of Spanish Books, European Literature and Works on a variety of learned subjects. The Property of a Spanish Private Collector, London, 1958. Carta de Rómulo Negrín a su hermano Juan, París, 16 de noviembre de 1957. Carta de Rómulo Negrín a sus hermanos Juan y Miguel, París, 7 de febrero de 1958.
42. Sobre Gili, «Aun más delfines. Joan Gili i Serra y sus Dolphin Books», negritas y cursivas. libro e historia editorial, revista electrónica, 23.10.2015. En una nota fechada el 2 de abril de 1942, Gili anuncia a Negrín el envío de 29 volúmenes encuadernados de la Enciclopedia Espasa, Fundación Juan Negrín, Archivo, Carpeta 29, número 160.
43. La carta en documento número 3. Véase la nota 33.
44. Sobre Raymond Moch, Gabriel Jackson, Juan Negrín…, 13-14. Fallecido Negrín, su hijo Rómulo hizo donación de algunos libros al Collège de France.
45. La nota iba a publicarse en El Socialista, número fallido, como se ha dicho. Apareció en Hablo como hombre, México, Joaquín Mortiz, 1967.
46. Sobre Dethorey, Juan Manuel Bonet, Diccionario…, 197, y «Juan Negrín: algunas cosas que nos cuenta su biblioteca», Salvador Albiñana y Juan Manuel Bonet (eds.), La biblioteca…, 38-39.
47. Enrique Moradiellos, Negrín…, 609. Carta de Rómulo Negrín a sus hermanos Juan y Miguel, París, 22 de marzo de 1958, Fundación Juan Negrín. Archivo, Sección 3. Personal.
48. Carta de Juan Negrín Mijailov a su hermano Rómulo, Nueva York, 16 de noviembre de 1956, Fundación Juan Negrín, Archivo. Sección 3. Personal.
49. Ramón Serrano Suñer, Entre el silencio y la propaganda. La Historia como fue. Memorias, Barcelona, Planeta, 1977, 50. Conversación con Carmen Negrín en París, en marzo de 2013. A partir de 1968 la obra de Julián Zugazagoitia fue editada como Guerra y vicisitudes de los españoles (París, Librería Española, 2 vols.); cito por la edición de Tusquets, Barcelona, 2007, 527. En la Biblioteca del Ateneo Español de México se conserva un libro dedicado a Negrín, Julián Henríquez Caubín, La batalla del Ebro. Maniobra de una división, México, edición del autor, 1944. Prólogo de Vicente Rojo y cubierta de Josep Renau.
50. Alberto Manguel, La biblioteca de noche, Madrid, Alianza, 2007, 222, 398-399.
ANOTACIONES SOBRE LAS REFORMAS DE LOS ESTUDIOS JURÍDICOS EN LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA DURANTE EL SIGLO XVIII
Ma PAZ ALONSO ROMERO Universidad de Salamanca
Bajo el título que las encabeza, el propósito de estas páginas es hacer algunas reflexiones sobre el modo como se vivió en la Universidad de Salamanca el proceso de reforma de los estudios jurídicos a lo largo del siglo XVIII hasta desembocar en el Plan de Estudios de 1771. En concreto, me interesa prestar atención a los objetivos hacia los que se orientaron los cambios y al protagonismo respectivo de la Universidad y la Monarquía en su impulso, así como a los procedimientos con los que se quisieron llevar a la práctica y en los que se puso de manifiesto una vez más la compleja naturaleza jurídica de este centro y su difícil posición institucional en el juego de los poderes que intervinieron en su historia –pontificio, regio y corporativo–, además de su crónica conflictividad interna. El desenlace final de lo que por momentos se planteó como un pulso de autoridad entre la Universidad y la Monarquía lo puso el Plan de 1771, con el que quedó bien claro el sometimiento de aquella a esta, pero lo que también se desprende de la documentación de estas décadas es que la Universidad de Salamanca no fue indiferente, ni mucho menos, a la necesidad de las reformas, y que si de desidia hay que hablar para explicar su retraso las miradas deberían dirigirse más bien hacia el Consejo Real.
Para entonces lo que quedaba de la influencia de los papas en este centro era el grueso de su marco normativo –las constituciones de Martín V de 1422– y un puñado de privilegios entre los que se encontraba el otorgado por Paulo III en 1543, que concedía a la Universidad la facultad de corregir, reformar, ampliar, restringir o anular las constituciones pontificias y hacer otras nuevas, con el acuerdo de las dos terceras partes del claustro pleno y bajo la condición de que no fuesen contrarias a los sagrados cánones.1 Conseguida en la etapa de mayor gloria del centro, la bula paulina habría supuesto un impulso decisivo al fortalecimiento corporativo de la institución si no fuera por la tutela sobre ella que correspondía a los reyes en su condición de patronos y fundadores del Estudio y en base a la cual se justificó su progresivo intervencionismo. En lo relativo al ejercicio de la facultad estatutaria, tal tutela se concretaba en la necesaria confirmación en el Consejo Real de cualquier reforma normativa que aprobara la Universidad, y de hecho así se venía haciendo desde que en el año 1538 vieran la luz sus primeros estatutos impresos. De ahí que resultara infructuoso el intento del claustro salmantino de conseguir en 1557 la licencia del rey Felipe II para elaborar estatutos sin necesidad de esa confirmación, lo que habría supuesto el disfrute de la plena autonomía estatutaria.2 Denegada la autorización, el alcance efectivo de la bula de Paulo III quedó en realidad limitado a remover un obstáculo en beneficio de la Monarquía, al posibilitar que la Universidad hiciera de puente entre ella y el Papado a la hora de disponer cualquier reforma que significase una alteración de las constituciones pontificias.
Pese a todo, en el siglo XVIII hubo quienes desde el Estudio salmantino pensaron que la bula daba pie para poner en marcha unilateralmente cambios en los estatutos con los que se esperaba lograr alguna mejora de la situación decadente en la que se encontraba, y de hecho, amparados en ella, consiguieron que tales alteraciones llegaran a aprobarse con todas las condiciones requeridas en el privilegio paulino. Frente a ellos, otros le negaron tal eficacia, y entre unos y otros se defendieron con argumentos jurídicos las respectivas posiciones, en un interesante debate que también merece la pena ser recordado para comprobar hasta qué punto el derecho impregnaba la vida cotidiana de un organismo cuyo status institucional continuaba poniéndose en cuestión a cada paso.
Sería ilusorio pretender reconstruir en unas pocas páginas esa historia y lo que significó para el desarrollo de los estudios jurídicos en esta Universidad, por lo que me limitaré a recordar algunos de sus hitos más relevantes al hilo de tres de los objetivos principales a los que apuntaron las reformas hasta el Plan de 1771: 1º) el cambio de las asignaturas de las cátedras; 2º) la nueva regulación de los requisitos para los grados y 3º) el restablecimiento de estatutos sobre actividades académicas caídas en desuso.
EL AMBIO DE LAS ASIGNATURAS DE LAS CÁTEDRAS
Esto sitúa el arranque de estas reflexiones a finales del año 1713, cuando se recibieron en la Universidad dos importantes disposiciones del Consejo Real, inspiradas por su recién nombrado fiscal Macanaz. Son bien conocidas.3 La primera de ellas, una carta orden de 29 de noviembre, le encargaba que informase sobre el modo de conseguir que las cátedras de Leyes se asignasen al estudio de «aquellas leyes por las quales se deben determinar los pleitos en estos Reynos a fin que la jubentud se instruya en ellas y desde el prinzipio les cobre aficion».4 La segunda, unos días después, solicitaba asimismo un informe sobre lo que se leía en Cánones y anunciaba el deseo de que en lo sucesivo sus cátedras se dedicasen al estudio de los concilios, nacionales y generales, así como de las materias prácticas necesarias para instruir a todos los que quisieran ejercer la judicatura en los tribunales superiores, por cuanto se alegaba que esta era la aspiración de la mayoría de los catedráticos y profesores y que en las materias relativas a la jurisdicción regia no se entraba en aquellas, atentas solo a la jurisdicción eclesiástica y por tanto inútiles para desempeñar luego esos oficios en las instituciones de la justicia superior del rey.5 Estaba bien patente en ambas órdenes del Consejo la conexión de las reformas pretendidas con las necesidades de la administración de justicia regia, mucho más explícita en la segunda de ellas, que para justificar el mandato apelaba al deseo de tranquilizar la conciencia del rey y evitar escrúpulos a la hora de «acomodar en las Plazas de ministros â semejantes profesores por la obligazion que tienen según las leyes de estos Reynos de sustanciar y determinar todos los pleytos según ellas, y no según las reglas que obserua la jurisdizion eclesiastica fuera de ellos ygnorandolas casi del todo quando salen de las Vniversidades y Colegios».6
Ambos encargos se recibieron pacíficamente en el Estudio salmantino, donde, tras barajar dos posibles opciones en relación con el primero de ellos –insistir en la mención de las leyes patrias por la vía de las concordancias o alternar anualmente entre el derecho real y el derecho romano en las cátedras de propiedad de Leyes–, se optó por la segunda, mientras que de forma más vaga para Cánones se acordó simplemente prestar más atención en sus cátedras a los concilios.7 Sin embargo, tales acuerdos no llegaron a ejecutarse. Unos meses después el Consejo se hizo eco de ellos e instó a la Universidad a tener «gran cuidado en obseruarlo asi, y en ir desterrando todo lo que no sea vtil y nezesario a la practica y mejor ynteligencia de las Leyes del reyno», pero su parte más novedosa, esa alternancia anual entre derecho romano y derecho patrio en las cátedras de Prima y Vísperas de Leyes, no llegó a ponerse en práctica.8 Es cierto que, encomendada a la Facultad de ambos Derechos la respuesta a esta última orden, de inmediato se dispuso en su junta que se empezaran a formar ya «asignaturas practicas» a fin de que los catedráticos a quienes tocase leer y enseñar las leyes del reino así lo hicieran, pero, ante la imposibilidad de que en tan corto tiempo pudiesen preparar el «papel para enseñarle i explicarle a los oientes», se acordó que ese curso continuaran leyendo por las asignaturas del estatuto, con la condición de detenerse de manera especial en las materias que tuviesen «conzernencia» con las leyes patrias, explicándolas con toda claridad para el aprovechamiento que quería el rey.9 Y de momento en eso quedaron las cosas. La Guerra de Sucesión estaba llegando a su fin tras la rendición de Barcelona y en la Corte se acumulaban otros asuntos. Poco más tarde caía Macanaz.
No muchos años después, en 1719, la Universidad achacó la paralización al silencio del Consejo. Así lo hizo constar en un nuevo informe elaborado también a instancias del Consejo Real que, por carta orden de 5 de abril de ese año, requirió su pronunciamiento sobre otra serie de puntos, entre los que se encontraba la conveniencia de cambiar las asignaturas de las cátedras dispuestas por los visitadores en los estatutos.10 En ese caso la orden se planteaba en términos generales y no hacía indicaciones sobre el sentido de los cambios ni referencia expresa al derecho patrio, pero el acuerdo que había adoptado sobre su enseñanza la Universidad en 1714 se incorporó al memorial que, como respuesta a la solicitud del Consejo, aprobó el claustro pleno el 30 de junio de 1719.11
Obra del doctor Bernardino Francos (por entonces recién ascendido a catedrático de Vísperas de Leyes), el Informe de 1719 fue el documento de mayor trascendencia dentro de todo el proceso de reforma de esta Universidad en el siglo XVIII hasta el Plan de 1771.12 En cuestión de asignaturas jurídicas, se recordaba en él ese acuerdo de 1714 y se mostraba la predisposición para ponerlo en ejecución no solo en las cátedras de Prima y Vísperas sino también en las de Código, e incluso para enseñar en todas «pura practica» adornada con las correspondientes remisiones al derecho romano (es decir, cambiando lo que había sido el orden tradicional de la relación derecho romano/derecho propio en las lecturas de Leyes) si, llegado el caso, así lo ordenaba el Consejo.13 Yendo aún más allá en la actitud reformista, se reconocía que las asignaturas de las cátedras de ambos derechos estaban anticuadas y que sobre ellas había ya tanto escrito que resultaba difícil añadir algo nuevo, por lo que, frente a la rigidez de los programas marcados en los estatutos, se proponía dejarlos a la elección de los catedráticos, de modo que fuesen ellos quienes cada año, con la necesaria coordinación, señalasen dentro de los diferentes libros del Corpus Iuris Civilis correspondientes a sus cátedras los títulos objeto de estudio durante el siguiente.14
De haberse puesto en práctica, el Informe de 1719 podría haber supuesto un paso decisivo en la renovación de los estudios jurídicos en Salamanca, con sus contenidos orientados hacia una mayor presencia del derecho patrio y abiertos a nuevas materias, pero todo ello exigía la conformidad del Consejo Real y allí el documento se estancó. Cinco años después, en una nueva carta orden fechada en Madrid el 25 de enero de 1724 en la que el Consejo solicitaba información sobre otra serie de asuntos (ninguno relativo a los estudios jurídicos), se reconocía que se había visto varias veces en él y que, tras haber respondido a cada uno de sus puntos el fiscal, se había ordenado formar una junta de consejeros presidida por Francisco de Arana y Parra para resolver lo más conveniente.15 No obstante, aunque el claustro envió también entonces su respuesta, el Informe continuó paralizado y en suspenso en el Consejo, con la consiguiente frustración de cualquier propósito de mejora. El hecho de estar en curso de tramitación el expediente en la Corte ataba las manos de la Universidad y le impedía cualquier arreglo que afectase a los asuntos de los que trataba, como se reconoció en 1728.16 Pero por su parte no cayó en el olvido, pues el claustro lo recordó en diferentes momentos y siguió considerándolo válido, de lo que hizo manifestación expresa en el año 1729 y también en 1734, cuando, tras nombrarse otra junta para examinarlo (con Bernardino Francos, por entonces ya catedrático de Prima de Leyes, entre sus miembros), se insistió en la necesidad de aplicarlo.17 Al año siguiente se acordó incluso escribir a las universidades de Valladolid y Alcalá para darles conocimiento de él y buscar su apoyo, y en 1736 se ratificó en todos sus términos.18 La muerte de dos de los cuatro miembros de la junta nombrada en el Consejo Real para su estudio sin haber sido reemplazados por otros era el motivo al que desde la Universidad se achacaba su paralización.19
Más allá de su trascendencia en el tema que nos ocupa, el Informe de 1719 contenía todo un plan general de renovación y saneamiento de la enseñanza universitaria en Salamanca y eran muchos los puntos sobre los que ofrecía soluciones. La Universidad no estaba inmóvil ni mucho menos, hasta el punto de que desde 1735 algunas voces empezaron a clamar por la necesaria petición de un visitador regio para abordar la reforma con su mediación y aplicar las medidas acordadas por el centro en 1719.20 Un visitador que, al igual que habían hecho sus antecesores desde el siglo XVI, examinara in situ los problemas, escuchara las propuestas y canalizara las posibles soluciones a plantear luego ante el Consejo y de las que, con la aprobación de este, surgieran nuevos estatutos. Receptivo a esas voces, el 22 de marzo de 1736, tras ratificar el Informe, el claustro pleno acordó en votación secreta, nemine discrepante, pedir al rey un visitador.21 Se estimaba que ese sería el camino más breve y efectivo, pues eran tantos los puntos necesitados de arreglo que resultaba imposible exponerlos bien en una simple representación.22 Eso por no hablar de las deficiencias e inevitables retrasos que llevaba consigo el habitual medio de comunicación entre la Universidad y la Corte por medio de representaciones o memoriales escritos, con todo su acompañamiento de actuaciones para llevarlos a buen fin (elección de comisionados para encargarse de su redacción y/o su gestión en Madrid, movilización de agentes en la capital, contactos con los cortesanos o personajes influyentes, viajes, correspondencia con el claustro, acuerdos, etc, etc), y los considerables costes que conllevaban. Pero tampoco eso se consiguió. Ya no eran tiempos de visitas.23
Salió algo de su mutismo el Consejo el 15 de noviembre de 1741 con un nuevo pronunciamiento sobre la enseñanza del derecho patrio, en el que se reconocía que en diferentes ocasiones tanto el rey como él mismo habían tratado de que en lugar del derecho común se restableciese en las universidades la lectura y explicación de las leyes reales y se dispusiesen cátedras para dictar derecho patrio. No era ese, sin embargo, el criterio seguido en esta ocasión, que, sin introducir cambios en las cátedras ni en las asignaturas dispuestas en los estatutos, optaba por la vía de las concordancias y antinomias del derecho propio respecto al común: «y considerando el Consejo la suma vtilidad, que producirà a la Jubentud aplicada al estudio de los canones, y leyes, se dicte y esplique tambien sin falttar al estatuto, y asignacion en sus cathedras los que las regentaren, el derecho Real exponiendo las leyes patrias, pertenecienttes al tittulo, materia, y paragrafo de la lecttura diaria, tanto las concordantes, como las conttrarias, modificativas, v derogatorias, ha resuelto aôra, que los Catthedraticos y Profesores en ambos derechos ttengan cuydado de leer con el derecho comun las leyes del reyno, correspondientes a la matteria que esplicaren».24
La respuesta a por qué el Consejo Real retomó el asunto en esos momentos y lo enfocó hacia esa línea se encuentra en los trabajos preparatorios de lo que acabaría siendo la edición de 1745 de la Nueva Recopilación, como ha demostrado José Luis Bermejo.25 Más en concreto, en el auto acordado de 29 de mayo de 1741, donde, de acuerdo con lo informado por los fiscales, se fijaban las directrices para llevarla a cabo, que se cerraban precisamente con esa decisión.26 El claustro salmantino respondió a esta nueva orden alegando que así se venía haciendo y acordó simplemente poner más diligencia en ello, además de lo cual decidió aprovechar la ocasión para atacar a las universidades menores.27 Bien porque su respuesta pareciese satisfactoria a las altas esferas, bien porque, más que la preocupación por el contenido de los estudios jurídicos, detrás de la orden estuvieran los intereses comerciales de los editores y su deseo de garantizar la suficiente demanda de esos libros, el hecho es que por parte de la Monarquía no hubo más insistencia en el asunto.
En cualquier caso, después de eso ya no se volvió a hablar de renovación de asignaturas hasta 1767, cuando, a raíz de un nuevo informe sobre arreglo de cátedras solicitado por el Consejo Real, la Universidad hizo un reconocimiento genérico de la necesidad de cambiar algunas, aunque en esta ocasión sin hacer especial mención a los programas de Leyes y Cánones.28 Ocurrió en el claustro del 13 de octubre de ese año, en el que se acordó responder a ese requerimiento del Consejo diciendo que todas las cátedras existentes eran muy necesarias para la enseñanza pública, que en algunas era preciso un aumento de la renta para evitar que los catedráticos tuvieran que buscar su sustento en otras partes, y que muchas requerían asímismo un cambio en las asignaturas, antaño consideradas muy útiles pero en el momento más aprovechables con otros contenidos, que los claustrales se ofrecían a detallar si así se les ordenase.29
Dos años después, en la Instrucción dada a los recién creados directores de Universidades se incluyó un capítulo que situaba expresamente entre sus cometidos la información y propuestas sobre asignaturas de cátedras.30 De acuerdo con ello, el director de Salamanca, Ventura Figueroa, solicitó esos informes al claustro, y la respuesta de este se incorporó en el Consejo al expediente que finalmente acabó conduciendo al Plan de 1771. Cerrando el largo paréntesis abierto en los años 1714 y 1719 con los acuerdos del claustro salmantino sobre las asignaturas jurídicas, la propuesta de Salamanca volvió a inclinarse por la alternancia anual entre el derecho romano y el derecho patrio (concretado ahora en el texto de la Nueva Recopilación) en las cátedras de Prima y Vísperas de Leyes que cursaban los estudiantes del cuarto y último año necesario para el grado de bachiller.31 Pero ya se sabe que no fue esa la solución por la que al cabo se inclinó el fiscal Campomanes y que se aceptó en el Consejo para el Plan de 1771, que fiaba a la tradicional vía de las concordancias la referencia al derecho propio en esa fase primera de los estudios jurídicos y trasladaba a la posterior de licenciatura su enseñanza específica, a cargo de nuevas cátedras de Derecho Real.32
LA NUEVA REGULACIÓN DE LOS GRADOS
El segundo punto al que quiero referirme es el relativo a la nueva regulación de los requisitos para obtener los grados, que fue otro de los objetivos perseguidos a lo largo del periodo y en el que alcanzaron de igual modo un particular protagonismo los juristas. Sus inicios nos llevan también a 1713, cuando, en su respuesta a la misma carta orden del Consejo de 29 de noviembre de ese año sobre el derecho patrio con la que se iniciaba el epígrafe anterior, el claustro de la Universidad de Salamanca acordó implantar un examen al final del quinto año de Leyes y Cánones para graduarse de bachiller, al objeto de «hazer concepto de sufizienzia y aprouechamiento» y verificar la capacitación de los estudiantes; un examen que debería exigirse asimismo para incorporar aquí los grados de otras universidades y que se proponía como obligatorio en todas a fin de evitar la huída a aquellas donde no se hiciese ni se observasen «las justas formalidades que ai en esta».33
En el trasfondo de todos los propósitos de reforma en la época hay que percibir siempre el deseo de atraer estudiantes a unas aulas que se encontraban vacías, entre otras cosas (y esta era una explicación recurrente), por la facilidad para conseguir los grados o los certificados de cursos en otros centros menos rigurosos. De ahí que la demanda por la uniformidad en exigencias que pudieran actuar como un factor disuasorio fuese también continua, pues no ha de olvidarse tampoco que para la decadente Universidad salmantina en definitiva el objetivo principal era recuperar su antiguo esplendor y que eso requería volver a endurecer sus condiciones.
La exigencia de este examen para el grado de bachiller (que en el caso de Leyes se haría sobre la Instituta) se incluyó luego también en el Informe de 1719, con la consabida prevención de extenderlo a todas las universidades.34 Además de él, y al objeto de mejorar el aprovechamiento de los estudiantes, el Informe proponía restablecer la observancia puntual de los estatutos en cuestiones en las que se había relajado de modo alarmante, como ocurría con la asistencia a las lecturas (de cátedra y extraordinarias) y la participación en actos de conclusiones. A tal fin, se ponía bajo la responsabilidad de los catedráticos el control estricto de sus oyentes, de modo que las cédulas de cursos con las que se demostraba la realización de todos los exigidos para la obtención del grado se concediesen solo a quienes hubieran concurrido regularmente a las lecturas ordinarias, y se obligaba a los estudiantes a asistir a dos lecciones de extraordinario cada curso y a participar al menos en un acto de conclusiones a partir del tercero.35
La suerte conocida de este Informe dejó sobre el papel tales acuerdos, pero ya sabemos que la Universidad fue insistente. Nombrada por el claustro a finales de 1734 una «Junta sobre aumento y aprovechamiento de la juventud», sus miembros volvieron a reiterarse en ellos al aprobar de nuevo en su tenor literal el Informe, decisión que, como ya se ha indicado, fue confirmada por el claustro pleno el 15 de junio de 1736.36 Lo ocurrido con él, sin embargo, animaba a buscar otras vías en pro de ese «aumento y aprovechamiento de la juventud», y en ese empeño fue cuando, además de la ya recordada petición de visitador, se decidió echar mano del privilegio concedido por el papa Paulo III en 1543. De hecho, a su amparo se reunió ese claustro, con invocación expresa de la bula paulina en la cédula de convocatoria.37
En el ejercicio de la facultad que le confería, ese día sus asistentes tomaron algunas decisiones de gran calado para los estudios jurídicos, adaptadas a las propuestas de esa junta. Entre ellas, reducir la duración del grado de bachiller en Leyes y en Cánones de cinco cursos a cuatro, más un cursillo en cualquiera de ellos, con la posibilidad de rebajarla aún a tres si se superaba un examen «a claustro pleno» a base de preguntas sobre la Instituta por parte de los claustrales. Asimismo, y de acuerdo con una decisión que se había planteado ya en 1725, se dejaron en tres los cuatro años de pasantía necesarios para el posterior grado de licenciado, si bien esta medida se hacía extensiva solamente a los bachilleres por esta Universidad que hubiesen continuado en ella durante ese tiempo «dando muestras de su aplicazion y suficiencia, presidiendo, ô sustentando conclusiones, arguiendo en ellas y esplicando extraordinario»; si el pretendiente además fuese noble de sangre constituido en dignidad y abundante en riquezas, la pasantía podría incluso reducirse a dos años. Y junto a todo esto, se endurecían los requisitos para las incorporaciones de los grados obtenidos en otras universidades.38 Los acuerdos se tomaron en votación secreta «con mucho exceso de votos respecto de lo prebenido por la Bulla de la Santidad de Paulo 3º», como indicaba el acta, donde así mismo se hacía constar que «por auerse determinado con las condiziones de dicha Bulla: La referida Vniversidad en los menzionados puntos Declarò se entendiessen nuevo estatuto con toda la fuerza, y validazion que la dicha Bulla le conzede âl Claustro Pleno: Y asi se publico, y la Vniversidad mando se ympriman, y se de vn tanto â cada señor Cathedratico para la mas segura inteligencia de los ôyentes».39
A partir de ahí se abrió el debate sobre el alcance de la bula.40 No fue un jurista, sin embargo, sino un catedrático de Artes, el maestro fray Manuel Calderón de la Barca, quien con argumentos jurídicos y a modo de disputa dialéctica defendió la falta de validez de esas reformas hasta que no obtuviesen confirmación en el Consejo Real. No se había encontrado entre los asistentes al claustro del 15 de junio, pero cuando la Universidad quiso ejecutar alguno de sus acuerdos, planteó su oposición y la argumentó en un voto escrito que presentó en el claustro del 9 de noviembre de ese año 1736.41 Para ello partía de dos presupuestos aceptados por todos: la facultad concedida a la Universidad por la bula de Paulo III y la jurisdicción del rey en la Universidad como dueño y patrono de ella, esto último con la correspondiente cita del De iure académico de Andrés Mendo publicado en 1655. Una vez afirmados, apoyaba la necesidad de permiso regio para ejecutar los nuevos estatutos en dos argumentos principales: a) por ser derogatorios de leyes y estatutos anteriores dados o confirmados por los reyes y convertidos en leyes regias al haberse incorporado las diferentes reformas estatutarias a sendas reales cédulas que ordenaban su cumplimiento (muchas de ellas posteriores a la bula de 1543); y b) por la práctica seguida hasta entonces y que había respetado esa exigencia de confirmación real. De acuerdo siempre con el estilo dialéctico propio del lenguaje universitario, rebatía luego los posibles argumentos contrarios. El principal, la facultad originaria de todo pueblo o comunidad para su autorreglamentación, de la que él inmediatamente excluía la derogación de normas del príncipe o superior y cualquier estatuto contra legem (como eran los del 15 de junio), de acuerdo con la «Practica de España» y órdenes reales que, por tanto, la limitaban a los supuestos iuxta y praeter legem. Por si eso no fuera suficiente, recordaba que las propias bulas pontificias en el momento estaban sometidas al filtro del pase regio, que impedía la vigencia en estas tierras de las que pudieran suponer un recorte a las regalías, de modo que resultaba fuera de toda duda que incluso «si ôy viniera Bulla del Papa haziendo estos nuebos estatutos y rebocando los anteriores se devia dicha Bulla mostrar âl Real Consejo para que si no era contra las regalias de S. M. ô en perjuicio de tercero ô en manifiesto escandalo destos reynos, se hiziesse a la Vniversidad conserbar dichos estatutos». Y aún cerraba sus razones con el argumento de la seguridad, que perecería si faltase en las normas ese respaldo superior y la Universidad pudiera introducir a su arbitrio leyes y estatutos.42
Sus razones convencieron a algunos, y entre ellos al dr. Diego Treviño, catedrático de Prima de Cánones, quien, tras reconocer como muy justos y arreglados los acuerdos del 15 de junio, en lo relativo a su práctica añadió que en esta Universidad concurrían cummulative «las dos Jurisdicciones ô Potestades Pontificia y regia» y que en el caso presente era «indubitable» que el ejercicio de la pontificia en virtud de la bula de Paulo III no podía perjudicar y menos destruir la regia, lo que hacía imprescindible la confirmación del rey para la ejecución de los nuevos estatutos, so pena de atentar contra las regalías.43 Pero no fue esa la postura mayoritaria del claustro, más receptivo a la contraria liderada por el dr. Primo Feliciano San Juan (para entonces catedrático de una cursatoria de Cánones), que justificaba la capacidad estatutaria de la Universidad al amparo de la bula con argumentos como el aprovechamiento y la utilidad pública que se derivaban de los nuevos arreglos, la práctica efectiva de algunos de ellos, la confirmación regia de la bula y consiguiente aceptación de sus términos por parte del rey o el hecho de que los estatutos salmantinos solo prohibían expresamente hacer uno nuevo en causa pendiente.44
Finalmente, después de que Calderón y Treviño pusieran en conocimiento del Consejo los hechos, por real provisión de 7 de diciembre de 1736 se ordenó a la Universidad remitir los estatutos para su examen y paralizar su ejecución hasta nuevo pronunciamiento.45 El claustro obedeció la orden y acordó representar al Consejo las justas razones de los nuevos estatutos y la posesión en que estaba la Universidad para hacerlos, así como todo lo que se estimase pertinente «para la justa defensa de la Vniversidad y de sus Leyes».46 Encargada la junta de juristas de elaborar el correspondiente memorial, el dr. Bernardino Francos llegó a preparar un borrador con los puntos sobre los que argumentar la defensa de la facultad estatutaria, pero al cabo la Universidad desistió de enviar sus razones y el Consejo no se pronunció de ninguna manera, de modo que los cambios quedaron en el aire una vez más.47
Sólo muchos años después, casi treinta, la Universidad de Salamanca volvió a tomar la iniciativa en la empresa reformista, y en esta ocasión ya con otras consecuencias. Se puso en marcha a partir del claustro pleno del 26 de agosto de 1765, convocado para tratar «sobre el punto de asistencia à Cathedras recepcion de Grados de Bachiller, cedulas de los Cathedraticos, y demas que sea conducente, é incidente à esta materia para que los estudiantes procedan conforme a los estatutos de dicha Vniversidad y se eviten los fraudes y perjuicios, que sobre esto se pueden orijinar».48 Su resultado, tras coincidir sus miembros en la gravedad de la situación y la necesidad de abordar más asuntos que pedían una seria y pausada reflexión, y después de que fueran expuestas en él «muchas i mui sabias razones dirigidas â promover el aprovechamiento de los estudiantes, restablecer el mayor esplendor de este estudio, y descubrir, i cortar la causa de la decadencia de ambos», fue el acuerdo de nombrar ocho comisarios, dos por cada facultad, para el estudio y propuesta de soluciones.49
«Comisarios de la buena enseñanza» se les llamó luego. Fueron el arranque del proceso que acabó conduciendo al Plan de 1771. Antes de él, la real cédula de 24 de enero de 1770 impuso por decisión regia a todas las universidades una nueva reglamentación de los requisitos para obtener los grados y las incorporaciones, donde, amén de la propia uniformización que implicaba, se recogían algunas de las propuestas salmantinas frustradas, como el control estricto de la asistencia a las cátedras por los catedráticos y la reducción del bachillerato en Leyes y en Cánones a cuatro cursos en otros tantos años, más un cursillo en uno de ellos, y al menos la participación en un acto de conclusiones; la posibilidad de dejarlo en tres años previo un examen a claustro pleno; la prueba final de suficiencia (exigida también para las incorporaciones), y la prohibición rotunda de dispensar estos requisitos.50 La cédula insistía en la especial importancia de este grado de bachiller, por ser la puerta de entrada a las oposiciones de cátedras y al ejercicio de la abogacía.
Otro de los medios que también en el Informe de 1719 había propuesto la Universidad de Salamanca para arreglar el deterioro generalizado de la enseñanza, y en concreto la eliminación de la multitud de universidades existentes («que solo sirven de habilitar con indignidad notoria infinitos sugetos, confiriendoles los Grados sin examenes, ni cursos de que se siguen muchos males en la administracion de justicia: lo que es cosa lamentable, y pide prompto remedio, sin que baste el prohibirles dar los Grados»), aún tendría que esperar al siguiente siglo. Para «el continente de nuestra España», se había dicho entonces en él, bastaban las mayores, las de Salamanca, Valladolid y Alcalá.51
EL RESTABLECIMIENTO DE ESTATUTOS SOBRE ACTIVIDADES ACADÉMICAS CAÍDAS EN DESUSO
Objetivo del proceso reformista fue también, por último, el restablecimiento de actividades académicas caídas en desuso desde mucho tiempo atrás. Entre ellas se encontraban las solemnes repetitiones o relectiones anuales de los catedráticos de propiedad y los veinticuatro actos de conclusiones pro Universitate en Leyes y Cánones que debían realizarse cada año bajo la presidencia de un doctor.
La recuperación de unas y otras en su estricta regulación estatutaria se planteó asimismo en el Informe de 1719, donde se reconocía que por costumbre inmemorial la normativa salmantina había dejado de aplicarse en esos ejercicios. Así, en lugar de las relectiones ordenadas en las constituciones pontificias (que, de resultas de las visitas de Covarrubias y de Zúñiga, desde la segunda mitad del siglo XVI se había permitido presentar por escrito), los catedráticos de propiedad se limitaban a reunirse un día de asueto en un burdo rito de una hora para ganar la propina correspondiente. Frente a eso, el Informe se decantaba por restablecerlas en el tenor literal dispuesto en constituciones y estatutos y castigar su incumplimiento, con lo que se esperaba aumentar la aplicación de los catedráticos en utilidad de los discípulos y aportar a la Universidad unos escritos que podrían imprimirse.52 De igual modo, la reposición de los actos de conclusiones mayores en Leyes y Cánones de acuerdo con los requisitos fijados en el título XXIII de los estatutos se planteaba en el Informe como alternativa a otra práctica instaurada también por estilo «de tan antiguo, que memoria de hombres no alcança», que los había sustituído por unos actos formularios, de pura ceremonia y escasos minutos de duración (los llamados «actos toreros»), a cargo de los diez titulares de las cátedras menores.53
Por lo que sé, sobre las repetitiones de los catedráticos de propiedad la Universidad de Salamanca no volvió a insistir, pero no ocurrió lo mismo con los actos de conclusiones. A finales de la década de 1730 hubo algún intento de restablecerlos (entre otras cosas, como se dijo en 1737, para responder a las críticas por la presunta inactividad de los juristas académicos que se escuchaban en Madrid y en la propia Salamanca), pero en número menor de lo preceptuado y sin afectar a los catedráticos, pues se cargaban sobre los hombros de los doctores opositores a cátedras.54 El asunto desató de nuevo otro interesante debate jurídico sobre los requisitos y límites de la facultad estatutaria (en este caso con apelación a la vieja regla quod omnes tangit ab omnibus debet approbari para negar validez a una decisión que atentaba contra la necesaria igualdad entre los doctores), en el que llevó la voz cantante el doctor Andrés Blas de las Infantas.55 Y de hecho la iniciativa no siguió adelante.56
Tras eso, en 1743 se recibió una carta orden del Consejo, con fecha de 23 de marzo de ese año y tramitada a instancias de su fiscal, que mandaba cumplir «estrecha, y religiosamente todos los estatutos, y Constituziones, Pontificios, y regios» relativos a los actos de conclusiones pro Universitate en Cánones y Leyes y enviar en lo sucesivo a Madrid el testimonio anual de los celebrados.57 En el curso de los debates sobre si cumplirla o no, se constató el desuso de la normativa desde más de un siglo atrás y se reconoció que la inobservancia se daba solamente en Leyes y Cánones, pues en Teología y Medicina estos ejercicios seguían realizándose correctamente; a la vez, se hizo evidente la resistencia de los catedráticos a presidir tales actos, pese a lo cual, después de tratar sobre el tema en varias juntas de juristas, a los dos meses el claustro pleno acordó restablecerlos en sus términos reglamentarios, conforme a la orden del Consejo, y obligar a todos los doctores, catedráticos y no catedráticos, a presidirlos.58 No obstante, de momento nada de eso llegó a ejecutarse. La protesta de un grupo de catedráticos y su representación al Consejo (alegando que entre sus numerosas obligaciones estatutarias no se encontraba esta, que ya los diez catedráticos menores hacían los suyos –formularios desde hacía mas de ciento treinta años– y que los restantes debían corresponder a los opositores, más libres de tareas que ellos) consiguieron que éste suspendiera la ejecución de la orden.59 Una vez más, pues, el propósito reformista se paró en el Consejo, sensible, por lo que se ve, a la influencia de los catedráticos juristas.
Y de nuevo fue la Universidad la que protagonizó años después la iniciativa que acabó sacándolo adelante, cuando el 11 de marzo de 1766 los «comisarios de la buena enseñanza» dieron parte al claustro del estado en el que había quedado el expediente sobre los actos de conclusiones y le plantearon la conveniencia de insistir de nuevo en la reposición de los estatutos y la eliminación de los actos toreros, tras lo cual se acordó solicitar al Consejo el cumplimiento de la orden de 23 de marzo de 1743 y volver al rigor estatutario.60 Un nuevo cruce de representaciones al Consejo por parte del claustro y los catedráticos doctores (quienes añadían a sus razones la hostilidad de que se sentían objeto por parte de las otras facultades) acabó por inclinar a aquel hacia el primero, y una real provisión de 8 de enero de 1769 ordenó que en lo sucesivo volvieran a celebrarse cada año en Salamanca los veinticuatro actos mayores de conclusiones en Leyes y Cánones como ordenaba su normativa propia.61 La decisión se apoyó en la necesidad de acabar con una enseñanza decaída por la desidia e inobservancia de los estatutos y en la conveniencia de controlar desde el Consejo «la aplicación, trabajo, adelantamiento, y merito de los Doctores, Maestros, y Professores de Jurisprudencia Canonica, y Civil» merced a las obligatorias relaciones anuales sobre los actos celebrados, su materia y nombres de los participantes, que servirían también para conocer mejor los méritos de los opositores a las cátedras.62
De ese modo se fue preparando el terreno para el nuevo escenario que acabaría instaurando el Plan de 1771.
1. En Constitvtiones apostolicas, y estatvtos de la mvy insigne Vniversidad de Salamanca, Salamanca, Diego de Cvsio, MDCXXV –en adelante, Recopilación 1625–, pp. 125-128. Se dio a petición de la Universidad.
2. Sobre el episodio, Alonso Romero, M. P., Universidad y sociedad corporativa. Historia del privilegio jurisdiccional del Estudio salmantino, Madrid, Tecnos, 1997, pp. 151-152.
3. Y al respecto, dos remisiones generales: Peset, M., «Derecho romano y derecho real en las universidades del siglo XVIII», AHDE XLV (1975), pp. 273-339 y Alonso Romero, M. P., Salamanca, escuela de juristas. Estudios sobre la enseñanza del derecho en el Antiguo Régimen, Madrid, Universidad Carlos III de Madrid, 2012, esp. caps. 3 y 6.
4. La carta orden, firmada por el Abad de Vivanco, se leyó inicialmente en el claustro de diputados del 2 de diciembre de ese año (Archivo de la Universidad de Salamanca –AUSA– 183, ff. 3r-4r), en el que se acordó someterla al claustro pleno, reunido con ese motivo el 11 de diciembre (id., ff. 10r ss).
5. Carta orden de 5-XII-1713, leída en el claustro pleno del 3-I-1714 (AUSA 183, ff. 22v-24r).
6. AUSA 183, f. 23v.
7. Sobre las cátedras de Leyes, esa fue la solución adoptada el 17-XII-1713 por la junta nombrada al efecto en el claustro pleno y que éste aprobó el 3-I-1714 (AUSA 183, ff. 12v-13r y f. 22r). Para las de Cánones, el acuerdo se decidió el 27-I-1714 en la junta de todos los graduados de la Facultad de Derechos a la que se había encomendado el asunto, y se aprobó por el claustro pleno dos días después (AUSA 183, ff. 31 ss, 34v y 37r).
8. En carta orden fechada en Madrid el 7-IX-1714 y leída en el claustro pleno del día 18, AUSA 183, ff. 72r ss.
9. El acuerdo, en la «Junta de señores de la facultad de Derechos tocante a lecturas de practica en cathedras de Leies» de 23-IX-1714 (AUSA 183, ff. 77r-78r). Se decidió también que fuesen los dos catedráticos más antiguos de Prima y Vísperas de Leyes quienes comenzasen con esos cambios.
10. La carta orden, leída en el claustro pleno del 13-IV-1719, en AUSA 187, ff. 10v-11v. Mandaba a la Universidad nombrar en claustro pleno juntas compuestas por cuatro graduados de cada facultad para deliberar sobre todos los puntos planteados; para la junta de Derechos se nombró a los doctores Bernardino Francos, Joseph de Argüelles, Manuel Martínez Carvajal y Bernardo Santos (f. 12r), aunque enseguida se encomendó al primero de ellos la búsqueda de datos en el archivo y la elaboración del informe final, como reconocía él mismo en el momento de presentarlo al claustro meses después (f. 17r).
11. El acta del claustro, en AUSA 187, ff. 16r-19v. El informe, impreso en 32 páginas, se cosió al final de ese libro, ff. 46r-61v., fechado en Salamanca a 30 de junio de 1719 y firmado por el rector, Geronymo Grosso, los doctores Bernardino Antonio Francos Valdés, Pedro Joseph Samaniego y Pedro Carrasco Zambrano, además del maestro Andrés Zid. El claustro acordó enviarlo a Mateo Pérez Galeote, fiscal del Consejo Real, por quien había llegado la carta orden (id., f. 17v). Lo mencionaré en adelante como Informe de 1719.
12. Juan Luis Polo lo considera el primer intento de reforma global universitaria y atribuye su orientación al interés de los docentes («Reformas en la Universidad de Salamanca de los primeros Borbones (1700-1759)», en Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV, Historia Moderna, T. 7 (1994), pp. 145-174, esp. 164).
13. AUSA 187, f. 57v-58r, donde se recordaba expresamente la real orden de 29-XI-1713 y el acuerdo del claustro del 3-I-1714 sobre el que se había informado al Consejo, y se aludía a que en ese estado se había quedado esa real providencia, al no atreverse los catedráticos a hacer los cambios sin la aceptación expresa de aquel.
14. AUSA 187, ff. 57rv.
15. AUSA 191, ff. 100r ss, claustro pleno de 3-II-1724, en el que se leyó también una carta del rey Luis I con la noticia de su exaltación al trono.
16. AUSA 196, ff. 70r ss., esp. 76r y 78v-79r, claustro pleno de 27-III-1728.
17. AUSA 197, ff. 51v ss., claustro pleno de 28-VII-1729, en el que se dio comisión al catedrático de Teología Juan Mateo para que, entre otras cosas, solicitase «con toda vigilancia, el que la Junta mandada formar por su Magestad para ver el ynforme que esta Vniversidad (de su orden) le hizo el año de 1719 para el maior augmento de esta escuela, Consulte a su Magestad como le esta mandado para tomar la resolucion que parezca mas probechosa y combeniente al vien de esta Vniuersidad» (f. 56v); AUSA 203, ff. 7r-8v, claustro pleno de 10-XII-1734. Con anterioridad, lo habían sacado también a colación el dr. Benito Zid en el claustro pleno del 27-I-1728 (AUSA 196, f. 38v) y el dr Bernardino Francos en el del 28-II-1728 (id., f. 53v), ambos con la indicación de que el Consejo no había resuelto aún sobre él.
18. AUSA 203, ff. 39v-45r, claustro pleno de 29-IV-1735, donde se aprobó la propuesta presentada por la junta de «señores Comisarios nombrados, para discurrir medios en el aprobechamiento de la Jubentud, y augmento de esta escuela», que incluía entre sus puntos el mencionado; AUSA 204, ff. 21v-24r, claustro pleno de 22-III-1736, convocado también para determinar sobre las decisiones de esos comisarios, entre las que se encontraba «Que en quanto al expediente del año de 1719 se aprobaba por la Junta, como lo estaba por la Vniversidad. Acordando se insistiese en el por todos los medios posibles hasta que tenga efecto su resolucion; para lo qual fueron de parezer los señores de la Junta se escriba al señor Presidente de Castilla, señor Cancellario electo, y demas señores que combenga» (ff. 22v-23r); AUSA 204, f. 55v., aprobación en el claustro pleno del 15-VI-1736 de los puntos propuestos por la junta.
19. En ese mismo claustro del 22-III-1736 algunos propusieron que el dr. Primo Feliciano, a la sazón en Madrid, suplicase al presidente del Consejo el nombramiento de otras personas para esas dos vacantes (AUSA, 204, f. 23r). Cuatro días después, el 26 de marzo, en la junta de comisarios sobre la petición de visitador (a lo que enseguida me referiré) se reconoció que el expediente no había tenido «determinacion por la casualidad de auer muerto dos Ministros de quatro que el Consejo nombró para su resolucion» (f. 24v).
20. En el dictamen presentado al claustro pleno de 29-IV-1735 por el dr. Joseph Flores (uno de los comisarios de la junta «para discurrir medios en el aprobechamiento de la Jubentud, y augmento de esta escuela»), donde a los puntos acordados por aquella se añadía «que para el planteo, practica, y ejecucion del referido arreglamento y para ôcurrir asimismo á otros perniçiosos abusos que en materias gravissimas se ben introducidos contra las constituciones, y contra la enseñanza publica, se suplicase â su Magestad se digne de embiar vn visitador, con cuia proteczion, y authoridad se pueda libremente ordenar y establezer quanto parezca mas conveniente para suscitar, y restablezer el antiguo explendor de este estudio, su maior lustre, y estimacion y el aprobechamiento comun de todos sus yndividuos» (AUSA 203, f. 42rv). El claustro acordó remitirlo a la junta para que informase sobre él, al que se adhirió luego el maestro Terán por entender «que era el medio que discurria mas eficaz para lo que la Vniversidad deseaba» (f. 45r).
21. AUSA 204, f. 23 rv. Se encargó la redacción del correspondiente memorial a los dres. Bernardino Francos, Alonso Quirós, Joseph Flores y Juan de Miranda. Cuatro días después decidieron entre ellos encargarlo a Miranda, con la instrucción expresa de hacer referencia en él al Informe de 1719 (id., f. 24rv). Una medida, el envío de «un visitador sabio, celoso, de probada y conocida indiferencia» para hacer la reforma «alterando y mudando leyes, corrigiendo abusos y dando un nuevo ser a aquellos estudios», por la que optaría también varias décadas después el obispo Tavira en su proyecto de plan de estudios para esta Universidad –Madrid, 28.VII.1767– (Saugnieux, Joël, La Ilustración católica en España. Escritos de D. Antonio Tavira, obispo de Salamanca (1737-1807), Salamanca, Universidad de Salamanca/Centro de Estudios del Siglo XVIII Universidad de Oviedo, 1986, p. 114).
22. Así lo indicaban el 26-III-1736 los miembros de la junta encargada de sacar adelante la petición, entre las instrucciones dadas al dr. Miranda para la redacción del memorial, tras incluir en ellas la expresa mención del Informe de 1719 y su paralización por la muerte de dos de los miembros de la junta nombrada por el Consejo para examinarlo: «Y que entendida la Vniversidad de que prosiguiendo el mismo expediente con la formalidad de Junta â de admitir largas dilaziones: Desea que S. M. para el pronto remedio que requiere el casso nombre visitador como lo hizieron sus gloriosos Predecessores en otros tiempos, nombrando persona de summa Authoridad, Ciencia, y Prudencia, los quales ordenaron los estatutos con que oy se govierna, Junto con la Vniversidad en quien reside la Jurisdicion Pontificia en fuerza de Bullas Apostholicas» (AUSA 204, f. 24v).
23. Lo que se demostró igualmente en 1774 cuando se repitió la petición de visitador, con el mismo resultado infructuoso, para comprobar in situ los «reparos» al Plan de 1771 planteados por la Universidad: Alonso Romero, M. P., «Entre inercias y reformas: el Plan de estudios de 1771 en Salamanca», en A. Romano (coord.), Dalla lectura all’e-learning, Bolonia, CLUEB, 2015, pp. 35-46.
24. Carta orden de 15 de noviembre de 1741 dirigida al cancelario Manuel Pérez Minayo, que se leyó en el claustro pleno del día 20, AUSA 209, f. 99rv.
25. En «Nueva Recopilación y Autos Acordados (1618-1745)», AHDE LXX (2000), pp. 37-88, esp. 48 ss.
26. «Que en cuanto a mandar a las universidades de estos reynos explicar en ellas juntamente con los leyes y cánones el derecho real, exponiendo las leyes patrias correspondientes a cada materia, se remita la orden de que los catedráticos y profesores tengan cuidado de leer con el derecho común las leyes del reyno concernientes a la materia que explicaren» (ibidem, apéndice nº 6, pp. 80-81). En el curso del expediente, en un informe del 22-X-1740 los fiscales del Consejo habían subrayado la necesidad de promover desde las esferas oficiales el estudio del derecho real en las universidades y la formación de manuales a modo de adiciones a la obra de Vinnio u otro institutista (ibid., pp. 57-58).
27. Acuerdo que se alcanzó nemine discrepante después de que muchos insistieran en que «el dictarse con las materias del derecho comun, las leyes patrias» era la pauta en esta Universidad, «y asi mesmo el que acaso nacerìa esta resolucion del real Consexo, por muchos, que consiguen en Vniversidades menores cursos y grados, sin estudio alguno, por lo que se reconocera no estar actos en las leyes patrias, ni en las del derecho comun, en lo que se deuia representar a S. A. lo combeniente al bien publico» (AUSA 209, f. 99v). El acuerdo incluía también la decisión de representar a los señores de la Camara de Castilla «los muchos, y grandes sujetos, que ay en esta Vniuersidad de suma antigüedad, y merito para que se sirban tenerlos presentes para consultarles a Su Magestad en los empleos que merecen», aunque días después, en el claustro del 24 de noviembre, se acordó suspender esto de momento (id., f. 101v).
28. Carta orden, Madrid, 16-IX-1767. Impresa, en AUSA 234, ff. 176r-177r. En ella se solicitaba información detallada acerca del procedimiento de las oposiciones a cátedras y sobre si habría que disminuir o aumentar el número de estas para dotar de las necesarias a la enseñanza pública.
29. AUSA 234, f. 120rv, acuerdo que ratificaba la propuesta de la junta nombrada al efecto en su reunión del día 10 anterior (id., ff. 116v-117r).
30. R.c. El Pardo, 14-III-1769, (enviada al rector y claustro de la Universidad de Salamanca el 29 de marzo), por la que se mandaba cumplir y ejecutar dos autos acordados sobre la creación de los directores de Universidades (2-XII-1768) y su correspondiente Instrucción (14-II-1769), que se incorporaban por sobrecarta. En el cap. XXIII de la Instrucción (elaborada por los fiscales Pedro Rodríguez Campomanes y José Moñino) se les ordenaba hacer la relación exacta de las cátedras de cada universidad y procurar que en cada una se diese un curso completo cada año, y en el XXIV informarse sobre sus asignaturas y proponer mejoras (Colección de los Reales Decretos, Ordenes, y Cedulas de su Magestad (que Dios guarde) de las Reales Provisiones, y Cartas-ordenes del Real, y Supremo Consejo de Castilla, dirigidas a la Universidad de Salamanca desde el año de 1760 y siguientes hasta el presente de 1770; y mandadas reimprimir por el mismo Real Consejo, Salamanca, García de Honorato y Villagordo de Alcaraz, 1770, pp. 153 ss., esp. p. 162).
31. Plan general de estudios dirigido a la Universidad de Salamanca por el Real, Supremo Consejo de Castilla, y mandado imprimir de su orden, Salamanca, Juan Antonio de Lasanta, 1772 –Plan 1771–, pp. 33 (con expresa mención del acuerdo de 1714, aludido también en relación con Cánones, p. 40) y 45-54.
32. Esta es la opinión que le mereció a Campomanes la propuesta de la Universidad salmantina: «que esta alternativa, y distribucion en la explicacion de las Leyes Reales, tiene mucha arbitrariedad y poca conexión, por lo que apenas producirá ningun fruto» (Plan 1771, pp. 101-102; la propuesta del fiscal, en pp. 107-109, y la resolución del Consejo en lo relativo a este punto, en p. 138).
33. AUSA 183, f. 22r, claustro pleno de 3-I-1714. Decisión que ratificaba los acuerdos de la «Junta tocante de enseñar Practica en esta Vniversidad» celebrada el 17-XII-1713 (f. 13r), el último de los cuales era informar al rey y al Consejo que se impusiese el examen en todas las universidades.
34. AUSA 187, f. 55rv: «Serà muy conveniente, que en los Grados de Bachilleres de Canones, y Leyes, aya algun examen, y se hagan preguntas por los rudimentos de la Instituta, ò que à lo menos se practique el estatuto, que no se observa titulo 28. §. 32. y siguientes, por lo que se experimenta, que en la forma que se dàn ay graves inconvenientes, pues con ocasión de verse Graduados muchos que son inhabiles, abogan, y juzgan causas, cometiendo muchos absurdos, pero se debe advertir, que en caso de tomarse en esto alguna providencia, es menester que abraçe igualmente à todas las Universidades: porque de no ser assi, sucederà el que los Estudiantes se vayan à otras, donde se les trate con menos rigor, ò ya que vengan à esta serà solo à cursar, y se iràn à graduar à otra». Para el bachiller en Cánones y Leyes el capítulo aludido de los estatutos exigía el desarrollo de diez lecciones (previstas en las constituciones de Martín V de 1422) y una disertación sobre una decretal o una ley asignada dos días antes por el doctor que actuase de padrino, «à la qual pongan el caso, saquen la conclusion, y la razon de dudar y de decidir» (Recopilación 1625, XXVIII, 32, p. 212).
35. AUSA 187, ff. 54v-55r. Con el control de la asistencia se decía que se conseguirían dos cosas: «la vna, que ningun Cathedratico dexe de leer por falta de oyentes, y la otra la precissa assistencia de los discipulos, y que se eviten muchos engaños, y juramentos falsos en las pruebas de los Cursos».
36. El nombramiento de la junta, en el claustro pleno de 10-XII-1734 (AUSA 203, ff. 7r ss.), convocado «para que la Vniversidad trate, confiera, y determine lo conveniente en razon del aprobechamiento de los estudiantes, y vien de esta escuela» a tenor de la decisión tomada en el claustro de diputados del 29 de noviembre ante las alarmantes ausencias de catedráticos y estudiantes (id., f. 6v). El acta indica que, tras el informe del rector, se trató largamente sobre el tema («teniendosse presente que la falta de estudiantes nacia de no guardarsseles los muchos fueros, y Privilegios que tienen, lo caro delos bastimentos, las muchas Vniversidades que ai, enlas que se graduan, sin cursos, ô sacando testimonios de ellos sin auerlos ganado con la formalidad devida, con los que se vienen â graduar âlas Vniversidades Mayores, ô â yncorporar los Grados en ellas rezividos») y se acordó nombrar ocho comisarios, dos por cada facultad, para revisar el Informe de 1719 y examinar «con toda reflexion, y madurez que pide materia tan grabe para reconozer de donde dimana la falta de concursos, discurriendo todos los medios posibles para su restaurazion, ya sea recurriendo a su Magestad en derechura, para la manutencion de los Previlegios, y demas que necesario fuesse, ya para que la Vniversidad arregle lo que discurra ser vtil a este fin, y pueda hazer por si sin otro recurso»(id., ff. 8v-9r). Por Leyes se designó a los dres. Bernardino Francos y Joseph Flores. La confirmación del Informe por el claustro de 15-VI-1736, en AUSA 204, f. 55v.
37. Citados los claustrales «para dar quenta â la Vniversidad de los Puntos determinados, de su orden, por la Junta sobre el aumento, y aprouechamiento de la Juventud […] y resolver la Vniversidad sobre ellos conforme â la facultad, que tiene por la Bulla de la Santidad de Paulo Tercero» (AUSA 204, f. 53 rv).
38. AUSA 204, ff. 53v-55v. Respecto a la reducción del tiempo de pasantía, véanse los claustros de 5-II-1725, 13-IV-1725 y 24-IV-1725 (AUSA 193, ff. 17v ss., 27v ss. y 37r ss.), donde se trató sobre la interpretación de la constitución 18 de Martín V, que permitía la dispensa a los nobles.
39. AUSA 204, f. 55v.
40. Sobre lo que ya se había tratado en los claustros de 9-V-1727 (para decidir si en virtud de esa bula convendría hacer nuevo estatuto sobre elección de diputados, AUSA 195, ff. 62r ss.) y de 22-XII-1727 (también al amparo de la bula, donde se aprobaron nuevos arreglos sobre reducción de gastos y elección de rector y consiliarios, AUSA 196, ff. 18r-29v). La reacción del Consejo fue una carta acordada de 21-II-1728 ordenando la remisión de los nuevos estatutos, informe y paralización de su ejecución (AUSA 196, ff. 51v-57r, claustro de 28 de febrero).
41. AUSA 204, ff. 88v ss., donde se trató de nuevo sobre la petición de un estudiante de que se le aplicara el «nuevo arreglamento âcerca de los Grados de bachiller» examinada en el claustro anterior, el 5 de noviembre, en el que Calderón ya se había opuesto a su admisión alegando que después de la bula de Paulo III «auia zedulas reales para que solamente fuesen balidos los estatutos que la Vniuersidad en virtud de ella ejecutase, siendo confirmados por S. M. ô su Real Consejo» (id, ff. 86v ss, esp. 88v).
42. AUSA 204, ff. 90r-93r.
43. Ibid., f. 94v. Concluía con la protesta de nulidad de todo lo que se hiciera sin la aprobación superior.
44. Ibid., f. 93v. En conformidad con esa opinión mayoritaria, el claustro acordó aceptar la petición del estudiante «por los motibos, y razones expresados por el sr. Dr. Dn. Primo Feliziano en su voto, y conferencia» (f. 95r).
45. AUSA 205, ff. 173r-175r, cosida al final del libro.
46. Ibid., ff. 13r ss., claustro pleno de 17-XII-1736; el acuerdo, en f. 16r.
47. Poco después de ese claustro, en el de 20-XII-1736 se recordó que desde 1728 el rey tenía «tomada la mano» en el asunto relativo al alcance de la bula de Paulo III (AUSA 205, ff. 17r-19r), y en la junta de juristas sobre los nuevos estatutos celebrada el 4-II-1737 se decidió no remitir al Consejo las razones de la Universidad para hacer los nuevos estatutos hasta que aquél no se las pidiera y que, en relación con el tema de fondo pendiente desde 1728, se empezara a trabajar sobre los siete puntos planteados por Bernardino Francos a favor de la facultad estatutaria que le concedía la bula (AUSA 205, ff. 56v-58r). Se repartieron los puntos entre los comisarios para su desarrollo, pero no tengo noticias de que esos trabajos llegaran a hacerse.
48. AUSA 232, ff. 59r ss. A raíz de que se constataran fraudes en la Facultad de Medicina sobre dispensas de cursos.
49. Id., f. 60rv.
50. Leída en el claustro pleno de 6-III-1770, se acordó obedecer, guardar y cumplir lo ordenado en ella e imprimirla para repartir entre los graduados (AUSA 236, ff. 59r-60v). Se incluyó en la Colección de los Reales Decretos… cit, pp. 254-264 y en la Novísima Recopilación, NoR VIII, 8, 7.
51. AUSA 187, ff. 53v-54r.
52. AUSA 187, f. 56rv.
53. Id., f. 56v-57r, con la explicación detallada de la práctica.
54. AUSA 205, ff. 28r ss., «Junta de señores Juristas sobre tener Actos», 11-VII-1737, a propuesta del decano, Bernardino Francos.
55. Voto particular presentado en el claustro pleno de 4-XI-1737, donde empezaba solicitando un pronunciamiento claro sobre la vigencia o desuso del estatuto que obligaba a presidir los 24 actos a todos los doctores de la Facultad (tít XXIII § 14). Contrario por completo a dejar su alteración en manos de la junta de juristas, apelaba, entre otros argumentos, a esa vieja regla canónica del quod omnes tangit para reclamar el asentimiento de todos los graduados, en cuanto que la decisión afectaba a omnibus ut singulis y no a omnibus ut universis. Argumentaba también que iba contra derecho imponer una decisión que no se quería observar por quien la imponía; que la desigualdad pretendida violaba las exigencias de igualdad, justicia y honestidad requeridas a toda ley, y que resultaba especialmente repugnante en una comunidad cuyos individuos componían un cuerpo. Todo ello, con abundancia de citas de la Biblia, textos y doctrina de derecho romano y canónico. Por último, concluía que si el estatuto no estaba derogado, su alteración, de acuerdo con la bula de Paulo III, correspondería a las dos terceras partes del claustro pleno y nunca a la junta de juristas, y que si lo estaba «por el no uso o contraria practica», habría que hacer una nueva constitución aprobada por todos los del colegio de juristas, puesto que les afectaba a omnibus ut singulis (AUSA 205, ff. 184r-188r).
56. Como se reconoció en el «Claustro de señores juristas» de 2 de abril de 1743 (AUSA 211, f. 33r).
57. Leída en el claustro pleno de 29-III-1743, AUSA 211, ff. 26v. ss.
58. El 6-VI-1743, AUSA 211, ff. 55r-59v.
59. Carta acordada Madrid, 31-VIII-1743, leída en el claustro pleno del 5 de septiembre, AUSA 211, ff. 70r-72r. Ordenaba «que en el estilo, y modo con que los Cathedraticos cumplen el estatuto de los actos, y repetiziones, no se haga la menor nouedad, porque la costumbre antiquisima que en esta parte se advierte no pudo dejar de tener motiuo muy razional, y prinzipio honesto, y el alterar, ô innovar ahora esta practica puede acaso descomponer la armonia de ese estudio general al que principalmente conviene el sosiego para el credito de sus escuelas pues la fama de tan apreciable circunstancia bien mantenida las ha de poblar de jentes lucidas aunque al presente por el estrago y contratiempo de varios accidentes se vean poco llenas». Y aceptaba que, además de los diez actos de los catedráticos no propietarios, los catorce restantes los presidieran los doctores no catedráticos. El claustro acordó obedecer la carta y en cuanto a su cumplimiento, suplicar de ella, «para lo que se nombre Junta amplia Jeneral, dezisiua, sin limitazion alguna de caso, ô cosa con todas las facultades de la dicha Vniversidad a fin de que los actos pro Vniversitate de la facultad de Derechos se presidan por todos los Doctores, Cathedraticos y no Cathedraticos en conformidad de lo que mandan los estatutos, y se obserua en las facultades de Theologia y Medizina»; junta integrada por seis doctores no juristas (f. 74rv).
60. AUSA 233, ff. 39v-42v.
61. Colección de los Reales Decretos… cit., pp. 173-203. Contenía la relación detallada de los hechos desde 1743, con copia de las representaciones y de las órdenes del Consejo. Entre ellas, la definitiva representación de los comisarios del claustro de 3-V-1766, donde, respecto a la súplica contra la carta de 31-VIII-1743, se decía que «varios accidentes que sobrevinieron» habían impedido continuar el expediente (p. 185); la resolución del Consejo, distribuida en capítulos, en pp. 198-203. Se leyó y acordó obedecer en el claustro pleno del 20 de enero y se encargó a la junta de juristas su ejecución, organizada a los pocos días (AUSA 237, ff. 184r ss.; 192r ss. y 196v. ss). Se mandó imprimir.
62. Ibid., p. 203.
ERNEST LLUCH, INTELECTUAL COMPROMETIDO DE LA GENERACIÓN DEL CONSENSO
MARC BALDÓ LACOMBA
Universitat de València
GENERACIÓN Y COMPROMISO
En este trabajo se considera que Ernest Lluch pertenece a la generación del 56. Estudiar generaciones históricas es una forma de construcción conceptual para captar el tiempo histórico. Entiendo por generación a aquel grupo de personas que se ven condicionadas en su vida adulta por determinados acontecimientos históricos que sucedieron principalmente en su infancia y juventud. El resto de la vida también influye, es evidente, pero los primeros veinticinco o treinta años marcan con fuerza la personalidad (y, sobre todo, la marcaba más fuertemente que no ahora en la segunda mitad del siglo XX, según criterio de Zigmunt Bauman).1
Cuando restringimos el campo de estudio a grupos concretos y relativamente reducidos, como son los universitarios (como hacemos ahora mismo), se destacan los rasgos comunes de una posición generacional, lo que nos ayuda a entender un tiempo histórico determinado y las circunstancias que contribuyen a perfilar las actitudes de las personas que integran el grupo.2 Hablar de generaciones es una manera de hablar de coyuntura. Se hace referencia a un tiempo vivencial que comporta «un reaccionar unitario» y sobre todo «un agitarse juntos» transversal. Por otra parte, los límites entre generaciones, como se desprende, nunca están perfectamente delimitados, dándose cierta superposición, y además varias generaciones conviven en un mismo tiempo histórico y se condicionan.
En la historia de la universidad española de la segunda mitad del siglo XX ha habido dos generaciones importantes: la de 1956 y la de 1968. La primera tiene estudiantes que nacieron durante los años de la República y la guerra; la segunda, comprende personas nacidas en la postguerra.3 Estas dos generaciones, disconformes cada vez más con el franquismo, presentan un rasgo común: se rebelaron contra la dictadura. Lo hicieron con estilos diferentes una y otra: con un tono más moderado, formal y convencional los del 56, y de forma más radical y libertaria los del 68. Los rebeldes del 56 actuaron desde formaciones clandestinas clásicas (PCE, PSUC, ASU, cristianos…), aunque con notables novedades como el FLP (FOC o ESBA). Los del 68, además de mantener la fidelidad a los grupos de oposición clásicos, se abrieron a grupos situados a la izquierda del PCE y a nuevas plataformas radicalizadas y con maneras libertarias, efecto del mayo francés. Unos y otros se rebelaron contra la dictadura y buscaron construir el futuro, lo que fue, probablemente, la más importante de las tareas que hicieron. Los del 68, además de oponerse a la dictadura, se opusieron con audacia a las convenciones sociales, contribuyendo así a construir el futuro y transformar el mundo. No faltaron matices y diferencias entre una y otra generación, diferencias que, cuando llegó la hora de la Transición en España fueron perceptibles. Mientras los jóvenes del 56, casi en bloque, apoyaron el proceso que fraguó el consenso, este posicionamiento fue más matizado en los jóvenes del 68, donde un sector (ni mucho menos todos) de aquella oposición antifranquista, entre 1975 y 1978 procuró «romper el consenso»: abocar a un proceso de transición «rupturista».4
Lluch, como otros compañeros de la su época, miraron hacia dentro y hacia el mundo, hacia el país atrasado y hacia Europa. Aprendieron, paso a paso, a ser libres, pensando y construyendo proyectos que planteaban un país mejor y un mundo mejor. Se hicieron demócratas dialogando y discrepando entre ellos y fueron maestros de universitarios e intelectuales comprometidos y algunos de ellos, como Lluch, llevaron el compromiso a la meta de la responsabilidad política. En 1974, Elías Díaz, escribía que este «grupo generacional» se caracterizaba por tres aspectos que me parecen relevantes que retratan a muchas de estas personas y, sin duda a Lluch: 1) por su seriedad científica (más que por el ensayismo brillante aunque superficial de otras generaciones universitarias anteriores), 2) por la ideología democrática y 3) por la mentalidad crítica respecto al sistema político entonces establecido.5 Rigor científico, democracia (más exactamente socialdemocracia) y antifranquismo, son, ciertamente, tres elementos clave que definen a Lluch.
La generación del 56 inició una nueva cultura política que tenía dos características.6 La primera eran las «inquietudes» de los jóvenes estudiantes, pronto rebeldía o protesta contra la universidad existente.7 Rebelarse era una forma de ganar el futuro. Estas actitudes fueron creciendo a lo largo de la década de los cincuenta y con ellas se encontró Ernest Lluch cuando llegó a la facultad de Económicas. El segundo aspecto es el respeto, la tolerancia, la idea de dialogar, negociar, hablar. Lluch, como muchos jóvenes de su generación, apostaba por el diálogo, el acuerdo, el razonamiento, la ecuanimidad, el gradualismo… Se oponía al dogmatismo y a las actitudes excluyentes. Cultivaba la convivencia civil y el diálogo desde que era estudiante. Lluch y muchos de sus compañeros y compañeras aprendieron de este modo un talante, una manera de obrar, una forma de hacer política (una cultura política dicho de otro modo) que ha sido muy importante para la política española de la Transición. El compromiso de esta generación –también de otras anteriores y posteriores– con la reconstrucción de la democracia es uno de sus principales haberes. Ernest Lluch pertenece, en resumen, a una generación en la que se produjo una mudanza en la cultura política que pugna, a la vez, contra el mundo cerrado de la dictadura y reclama el reconocimiento del pluralismo, el debate y el diálogo entre diversas posiciones, lo que fue importante para entender lo que sucedió en los años de la Transición.
FORMACIÓN
Ernest Lluch nació el 21 de enero de 1937 en Vilassar de Mar donde estaban, por razones de la guerra, la madre y los hijos de la familia, mientras el padre iba y volvía a Barcelona donde tenía el trabajo. Ernest Lluch era el menor de cuatro hermanos (Enric, Montserrat, Francesc –que murió de polio siendo niño– y Ernest). La familia vivía en Barcelona. Tenían un pequeño negocio familiar dedicado a fabricar y vender ligas, cinturones, tirantes, cintas de persiana. Una familia, pues, de clase media trabajadora, un ámbito privilegiado de aprendizaje para la vida, en el que la austeridad era un valor y en la convicción de que el trabajo es lo que forma a las personas. Ernest en su casa aprendió lo importante que era el esfuerzo y el trabajo que veía hacer a sus padres e hizo él mismo. En su personalidad tuvo una gran influencia su hermano mayor, que fue geógrafo en la Universidad de Barcelona y se llevaba 9 años con Ernest, pero también su madre, hija del médico de Vilassar, su hermana y dos tíos médicos.
Su padre era de Acció Catalana y Lluch recuerda que en su casa eran antifranquistas, a pesar de haber conocido una experiencia traumática: un familiar de nombre Ernest, de la parte de su madre, fue fusilado por la FAI y esa es la razón por la que a Lluch le pusieron el mismo nombre del familiar muerto.8 Sus primeros recuerdos son de los años de la autarquía. En su casa, su hermano escuchaba la BBC, leían la prensa diariamente y recibían la revista Destino. Estaban a favor de los Aliados y su madre admiraba el sistema político británico. En este ambiente, el pequeño Ernest tampoco simpatizaba con el régimen. Cuenta que cuando era colegial, de niño, se negó a acudir de público a una visita del dictador a Catalunya (era costumbre hacer ir a los niños con banderitas) para sorpresa de los profesores y de los compañeros de la clase.9
El colegio era el de los Salesianos «Josepets», donde hizo a la primaria y secundaria. Muchos padres republicanos, si tenían medios, enviaban a sus hijos a escuelas no estatales, fuesen academias o colegios religiosos, esquivando así el adoctrinamiento falangista más extremo de los años cuarenta. Además, de los tres colegios que los salesianos tenían en Barcelona, al que iba Lluch estaba pensado para la clase media y se encontraba cerca de donde vivía la familia. Los 53 compañeros que acabaron el bachiller mantuvieron una reunión anual, lo que le permitió a Lluch, escrutador infatigable de cuanto lo rodeaba, observar la evolución, en vivo, de una generación de clase media, la de su promoción.10
Ernest tenía un espíritu curioso y poseía una potente dotación intelectual y física. Devoraba libros desde jovencito y además era muy aficcionado al deporte, terreno en el que, siendo adolescente y joven (también después), destacó. Consiguió trofeos en atletismo11 y más tarde practicó el básquet. El deporte y los valores de disciplina, superación y esfuerzo que comporta se deben considerar como una parte importante de su educación y la conformación de su personalidad. El propio Lluch ha reconocido que su entrenador, Nemesi Ponsati, le enseñó mucho.12
Ernest Lluch entró a estudiar Económicas en la Universidad de Barcelona en 1956 y se licenció en 1961. Para las familias de clase media menestral, los estudios universitarios comportaban muchos sacrificios y suscitaban dudas que se produjeron en otros casos y también en la familia Lluch. Cuando acabó el bachiller en 1953, se dedicó al negocio familiar. Su padre era, como se ha dicho, guarnicionero y él se dedicó unos tres años a ser el viajante de la empresa familiar, tarea que le permitió recorrer y conocer buena parte de España, lo que le valió, dadas sus dotes de perspicaz y agudo observador, para el conocimiento directo del país.13
Lluch comenzó a estudiar en la universidad un poco a escondidas de su padre, que tenía previsto que se dedicara al negocio familiar. La atracción de Ernest por el estudio y la complicidad de su madre (una señora que leía todos los días la prensa, cosa nada común en aquellos años) y su hermana que siempre le apoyó, fueron más poderosas que la voluntad paterna. Comenzó el curso 1956-57 mientras hacía la mili (de voluntario en Montjuïc, para compatibilizar el servicio militar y las obligaciones del negocio familiar). Empezó Económicas sin sentir una atracción especial, casi por azar. Él sentía inclinación por la arquitectura, aunque de hecho le gustaba todo y entendía que todo podía acabar interesándole y gustándole si se entregaba y lo trabajaba. Además, Económicas era una mezcla de ciencias y letras y a Lluch la interdisciplinariedad siempre le cautivó, pero sobre todo tenía las clases por la tarde lo que le permitía seguir ayudando en el taller familiar.14 Las facultades de Económicas, por otro lado, entonces se estaban creando y eran el núcleo intelectual más dinámico y comprometido de la universidad española, y a su vez el más combativo tanto a nivel discente como docente, por reunir profesores más jóvenes y profesores consolidados que compatibilizaban su facultad de origen (derecho o letras, por ejemplo) con los retos del nuevo saber académico.15
La universidad de los años cincuenta aún no era exactamente el espacio de hijos de menestrales fabricantes de guarniciones, sino un «espacio burgués», dirá Fernández Buey, donde acudían, especialmente, hijos de profesionales.16 El mismo Lluch recordaba que de los treinta y siete compañeros que acabaron Económicas, siete eran modestos y al resto los veía, por sus costumbres y hábitos, de clase media más elevada. En este sentido debe señalarse que él, como otros compañeros de generación y alguna compañera (usualmente de letras) pertenecen al grupo de familias que comenzaron a romper el techo de cristal de una universidad restringida y elitista. No sería, sin embargo, el único techo que los de su generación rompieron, como veremos.
Fue un estudiante esforzado y brillante: obtuvo premio extraordinario17 y una de las «subvenciones fin de carrera» que estableció la Caja de Ahorros de la Diputación Provincial de Barcelona para premiar los estudiantes que hubiesen destacado en sus promociones.18 Aprovechó perfectamente los buenos profesores que le dieron clase: Vicens Vives, Jordi Nadal y sobre todo Fabià Estapé. No todos los universitarios de aquella época encontraban maestro. Lluch, en este sentido, fue afortunado: el profesor Fabià Estapé (1923-1912) fue un excelente economista e introductor en España de los estudios de Joseph Schumpeter y John Kenneth Galbraith. La relación entre Lluch y Estapé fue siempre intensa y estuvo llena de complicidades y admiración mutua.19 Desde la primavera de 1962 empezó a escribir artículos de economía en diversos medios (entre ellos Información Comercial Española, donde participó en un monográfico titulado «Noticia de Cataluña») o a participar en congresos, cursos y conferencias sobre temas económicos, lo que constataba la excelencia del joven economista.20
Pero, además de tener excelentes profesores y un buen maestro, por encima de todo LLuch, como otros estudiantes vivaces de su época, fue un joven curioso, despierto y crítico. Una personalidad con «criterios propios».21 Un estudiante «con inquietudes», se decía en el lenguaje un tanto cursilón de la época. Y fue un joven políticamente comprometido. Las convicciones políticas democráticas fueron tempranas: venían de la familia y además había un componente generacional: ni a él ni a muchos compañeros les satisfacía la dictadura y el limitado horizonte cultural y vital que ofrecía y se opusieron al franquismo. Muchos estudiantes de aquella generación desarrollaron una actitud cívica y política de rechazo a la dictadura. Esta actitud crecientemente crítica los aglutinaba, aunque las estrategias que pensaban sobre el futuro del país eran diversas.
Lluch estaba próximo al MSC, se sentía catalanista y del grupo de Serra d’Or.22 De estudiante mediaba entre todas estas tendencias y aún otras. Fue delegado demócrata en la primera vez que se hicieron estas votaciones en el curso 1959-60 en el marco del SEU. En estas elecciones a Cámaras de facultad fueron elegidos antifranquistas y críticos (también hubo falangistas). Lluch fue representante de su facultad y con otros organizó plataformas de representantes (Interfacultats se llamaban en Barcelona) que articulaban trabajo sindical reivindicativo y socialización cultural y política, organizando conferencias, cine-clubs, teatro, revistas internas (Oikos en Económicas)23 y otras actividades culturales –como cursos de catalán– desde las que creaban opinión y alcanzaban a otros compañeros. En este primer núcleo de oposición «Inter» estuvieron estudiantes como Isidor Boix, Isidre Molas, Albert Balcells, Rosa Borràs, Jordi Sales, Pere Parra, Octavi Gustà y el propio Lluch.24
Comenzó entonces a escribir en Serra d’Or, revista del área cultural catalana nacida en 1959 que aglutinaba puntos de vista diferentes de jóvenes intelectuales, y en la que Lluch se encargó de la sección de economía.25 Tres veces fue detenido cuando estudiaba Económicas: en una concentración de estudiantes demócratas de Montserrat (1959),26 en las acciones (pintadas) ocasionadas por el encarcelamiento de Jordi Pujol (1960), y por acudir a una asamblea de estudiantes de Derecho (1961), donde diversos representantes de los estudiantes se adhirieron a la realización de una conferencia internacional contra la dictadura. Fue juzgado por el TOP que, sin embargo, no pudo condenarlo por falta de pruebas (Lluch dijo que no estaba en ninguna asamblea), aunque fue destituido como representante y expedientado, problema del que pudo salir airoso gracias a las influencias de un primo hermano de su abuela que era cardenal.27
En 1962 completó sus estudios en París, en l’École de Haute Études. Siguió clases de Pierre Vilar y Jean Weiller. Trabajó sobre el pensamiento económico (Quesnay, John Stuart Mill y Helen Taylor, Marx, F. Engels, Schumpeter, John M. Keynes) y se centró en el análisis del pensamiento económico que influyó en España, tema del que trataría su tesis doctoral. En Francia, según ha explicado Estapé, además reforzó sus convicciones políticas, estudiando y articulando las líneas básicas de su visión para la democratización y la modernización del país, tarea a la que, complementaria a su función investigadora y docente, se dedicó tan pronto como retornó a Barcelona como profesor auxiliar. De este modo, según su maestro pasó de ser «líder natural a líder político».28
PERSONALIDAD, ULTURA POLÍTICA E IDEARIO
Ernest Lluch tenía una personalidad «abassegadora», que todo lo alcanza. Profesor: catedrático de historia económica, historiador destacado del pensamiento de los siglos XVIII y XIX y de historia política y social, economista, creador de una escuela académica, rector de universidad; en clase era un «hombre cercano» ha dicho Clementina Ródenas.29 Político: dirigente estudiantil antifranquista, movilizador de grupos de oposición a la dictadura, cofundador de agrupaciones políticas, diputado, ministro. Intelectual en el sentido clásico de la palabra.30 Marçal Sintes lo define como «una autoridad moral».31 Desde los 22 años hasta su muerte fue divulgador incansable de sus conocimientos y analista de la sociedad a través de los medios. Practicó el atletismo y era competente comentarista de fútbol y otros deportes. Además, era culer, socio del Barça y de la Real Sociedad.32 Promovió en la editorial Oikos Tau una colección de libros de economistas contemporáneos y clásicos que aproximaron el pensamiento contemporáneo a estudiantes de ciencias sociales y humanidades.33 Tenía sentido del humor y estimaba vital e intelectualmente todas las tierras por las que pasaba.34 Entendido en música, fue capaz de desenterrar partituras de compositores del siglo XVIII.35 Sabía de arquitectura, gastronomía… Sentía una enorme curiosidad por todo, hacía hipótesis sobre todo,36 aunque de aquello que más le interesaba no hablaba a la ligera: se documentaba con rigor antes de dar opiniones.37
Para entender una personalidad tan multifacética no deben hacerse parcelas. Evidentemente, trabajaba mucho, tenía ilusión por el trabajo y era tenaz. «No sabía descansar si no era trabajando en otra cosa», ha señalado Vicent Llombart.38 Era capaz de combinar la actividad política intensa con la investigación: siendo ministro, por ejemplo buscaba libros viejos, acudía a leer a la Biblioteca Nacional –cerca del Ministerio de Sanidad y Consumo–, estaba al tanto de novedades científicas y hasta se informaba un día a la semana cuando era ministro sobre los trabajos y actividades de sus discípulos.39
Lluch es considerado por todos los testimonios que hay como un ejemplo de diálogo en todos los aspectos, pero principalmente en la política. Desde joven también buscaba el diálogo. Ya en 1959 consiguió poner de acuerdo al PSUC, PLP/FOC y MSC para llegar a un programa común en la facultad donde estudiaba y ser elegido delegado en el marco del SEU, pero en elecciones libres por primera vez.40 Era un hombre aglutinador de opiniones diferentes y sabía encontrar puntos de encuentro.41 Cuando era un joven profesor en Barcelona contribuyó a crear la Taula Rodona, precedente de l’Assemblea de Catalunya, y más tarde, en Valencia, aglutinó a los socialistas y actuó en la creación del Consell Democràtic del País Valencià.42
Este carácter dialogante, que no eludía en ocasiones las polémicas académicas y de interpretación histórica o políticas de quienes discrepaba, lo mantendría tota la vida.43 Gemma Nierga, el día de la gran manifestación de Barcelona después de matarlo ETA, pudo decir: «Estoy convencida que Ernest, hasta con la persona que le mató, hubiera intentado dialogar; ustedes que pueden dialoguen por favor».44 En la campaña de las elecciones municipales de 1999, en una de las treguas de ETA, apoyó a Odón Elorza en Donosti, y en un mitin, mietras le insultaba la izquierda abertzale, les respondía con vehemencia desde la tribuna: «¡Qué alegría llegar a esta plaza y ver que los que ahora gritan, antes mataban y ahora solo gritan: qué alegría…! ¡Gritad más porque mientras gritéis no mataréis!».45 Entendía que el diálogo comenzaba por hacer comprensible la opinión de los contrarios y oponentes, lo que Jonan Fernández ha visto como «una visión muy creativa de la política».46 No era un hombre de temperamento doctrinario y ha sido definido como alérgico a las lógicas de aparato de partido,47 aunque hemos de decir que se supo manejar muy bien en el PSC y en todos los que estuvo. Estaba convencido de que un político, por negra, dura y compleja que fuese la situación, siempre tenía que buscar salidas y posibilidades de solución o mejora de problemas.48 Era consciente de los condicionamientos sociales que la acción política tenía y consideraba que todo político debía contar con ellos y ser hábil y operativo.49
Lluch era un hombre de izquierda moderada. Su hija Rosa lo define como una persona entre el socialismo, la socialdemocracia y el cristianismo de base.50 Y este perfil debió definirse muy joven: en sus años de formación, y lo mantuvo toda su vida. Es importante reseñar que en sus años de estudiante nunca estuvo en la órbita comunista, a diferencia de muchos compañeros que llegaron a las aulas algo después que él.51 Cuando era estudiante, Vidal Villa lo consideró como una personalidad definida por dos ideas: el antifranquismo y el catalanismo, sin embargo debía tener alguna más, si atendemos a lo que publicaba en la prensa juvenil y estudiantil: cuestiones sobre el estado del bienestar, reforma agraria… Sus ideas socialdemócratas cuajaron desde pronto. Cuando era estudiante se había interesado por los Informes Beveridge de 1942-44, base del Welfar State y la política d’Aneurin Bevan, ministro de Salud británico que en el gobierno de Attle de la postguerra introdujo el National Health Service.52 Esta posición socialdemócrata de Lluch era no propia de los estudiantes del 68, más radicales, pero sí de los del 56, más moderados. Tampoco era excepcional el posicionamiento que tenía ante la OTAN, a la que veía más como instrumento militar de la democracia que como instrumento del imperialismo, como sin duda captaba casi en bloque la generación del 68.53 Posiblemente su afección a la socialdemocracia europea se consolidó cuando estudió en París. Lluis Foix lo define como «un hombre de Bag-Godesberg».54 Segundo Bru ha dicho que Lluch era «radicalmente socialdemócrata».55 En los años setenta, en sus clases de la Universidad de Valencia, cuando los profesores progresistas hacían leer y comentaban el Manifesto Comunista, él explicaba y recomendaba el manifiesto de Bad-Godesberg (1959).56
Socialismo moderado y al catalanismo. Se sentía catalanista, pero no nacionalista, por entender que éste exalta el sentimiento de identidad por encima de todos los demás derechos que subordina y reduce.57 Además entendía que debía contarse con la experiencia del siglo XX en que el nacionalismo exaltado tuvo funestas consecuencias. Aquí entra su idea de la historia como retrovisor que sirve para caminar hacia delante: había que caminar hacia delante, mirando también el retrovisor, la experiencia del pasado.58 Mirar al pasado era, según Lluch, importante para saber qué era España. Quería profundizar en la Constitución y construir una España donde cupiesen todos los territorios e identidades y se encontrasen las naciones españolas a gusto. Esta idea se intensificó desde su experiencia política como diputado y ministro. En este sentido, detectó el cambio que se operó con el segundo mandato del presidente Aznar, que sutilmente se orientó a una recentralización.59
TRAYECTORIA PROFESIONAL: RENOVAR EL SABER Y REFORMAR LA SOCIEDAD
1963-1970
Acabados los estudios y ya de profesor ayudante de la facultad de Económicas, siguió su carrera profesional, su pasión por comunicar temas de su especialidad y su compromiso político. Fue ayudante de Estapé desde el curso 1963-64 hasta el año 1967, en que fue expulsado de la Universidad.
Su carrera académica se fue centrando en trabajos sobre estructura y política económica principalmente de Cataluña. Los trabajos tenían proyección práctica: precios el suelo industrial, regiones económicas de Lleida o Tarragona, pero también el País Valenciano o Escocia…, y paralelamente se fue especializado en el pensamiento económico, tema del que unos años después leyó su tesis doctoral.
Su faceta de comunicador también se consolidó durante los años de ayudante. Fue una de las actividades que más atraían a joven profesor y se vio potenciada cuando lo expulsaron de la Universidad y empezó a publicar casi cada día en la prensa. Abordó los más variados temas. Escribía sobre demografía, economía catalana, banca, balanza de pagos, turismo, las autopistas, Guinea, Japón, los países de Europa oriental, las raíces de la Mafia, el Mercado Común, la comarcalización, el País Valenciano o Aragón, sobre temas históricos… Traducía a Schumpeter y hacía crítica de libros y revistas, lo que le servía para estudiarlos a fondo y creo que eso, además de su inagotable capacidad de trabajo, era una de sus fuentes del saber. Es importante destacar que en algunos de sus trabajos de investigador y comunicador trabajaba con otros (Eugeni Giral, Joan Gaspar, Ramon Seró, Ramon Garrabou…), lo que significa otra fuente de su saber: el enriquecimiento mutuo inducido por el contraste de opiniones.
También intensificó el compromiso. Fue miembro de la primera plataforma unitaria de fuerzas políticas democráticas de Cataluña, la Taula Rodona Democràtica (1966, en el contexto de la Caputxinada), donde se integraban el PSUC, Unió Democràtica, los socialistas del MSC, el Front Obrer Català y el Front Nacional de Catalunya.60 La policía franquista también tenía claro su activismo y el su compromiso: lo tenía fichado como democratacristiano y socialista.61 Fue expedientado otra vez, pero en esta ocasión lo expulsaron de la Universidad de Barcelona por dos años, junto a otros 70 profesores ayudantes, encargados de curso y adjuntos más, por haber firmado en 1967 un telegrama que demandaba la dimisión del rector García Valdecasas (el represor de la Caputxinada).62 Valdecasas, Batlle Vázquez y Lora Tamayo fueron los responsables de esta purga, en el más puro estilo franquista.
Fuera de la Universidad, aunque mantuvo contactos con las universidades de Madrid, Zaragoza y Barcelona, Lluch se dedicó a ejercer el oficio de economista y escribir en la prensa. Hizo trabajos de campo sobre economía regional y urbanismo, al tiempo que avanzaba su tesis. La expulsión no lo acobardó como político e intelectual de oposición. Más bien al contrario. Incrementó su compromiso. Intensificó su colaboración habitual en revistas como Promos, Serra d’Or, Información Comercial Española, Banca Catalana, y añadió, des del 1967, artículos casi diarios en los periódicos El Correo Catalán (1977-68) y Tele/Exprés (1969-79).
En 1970 volvió a la Universidad. Fue contratado en la joven facultad de Económicas de Valencia por Rafael Martínez Cortina, que era discípulo de José Luis Sampedro y había ganado ese mismo año la cátedra de estructura económica de esta Universidad. Lluch pronto ganó la plaza de profesor agregado. Su presencia en Valencia fue un golpe de suerte para los estudios de economía y, en el fondo, para una generación de activos estudiantes de Económicas.
Ese mismo año leyó su tesis doctoral, El pensamiento económico en Cataluña entre el renacimiento y la Revolución Industrial: la integración de la escuela clásica y la respuesta proteccionista, que publicó en catalán en 1973.63 La investigación analiza cómo se produjo la acumulación de capital en Cataluña y se centra en la aportación que tuvieron las ideas económicas y políticas. Es muy lluchiana: muestra cómo las ideas promueven y condicionan la industrialización. Lluch siempre consideró que las estructuras (entonces en apoteosis historiográfica) son muy importantes, pero no piensan, por mucho que condicionen.64 Muestra, asimismo, la escasa importancia que tuvieron en Cataluña las Sociedades Económicas de Amigos del País y otras instituciones oficiales, y lo relevantes que fueron las iniciativas de la sociedad civil (que llamaríamos ahora) adaptando ideas del mercantilismo liberal.65 Lluch era economista e historiador y la historia la concebía como un instrumento para para explicarnos el presente.66 Era un historiador que gustaba de la exhumación documental y la constatación de preguntas, datos y hechos. Vibraba ante el documento y comprobación de datos. En su tesis doctoral, centrada en los siglos XVIII y XIX, le interesaron los precedentes del liberalismo económico y cómo ha condicionado este proceso la historia de Cataluña.
Pero más allá de su tesis, Lluch destacó como economista. La economía la entendía en su sentido práctico, como aplicación de ideas que no se imponían mecánicamente, sino pugnando en su contexto histórico: adaptándose a las experiencias, a los intereses políticos y sociales.67 Se sintió atraído por el keynesianismo de izquierda. Fue introductor de Piero Sraffa,68 Pierangelo Caregnani, Geoffrey Colin Harcourt, Joan Robinson, Paolo Sylos Labini, Siro Lombardini o Claudio Napoleoni. Como ha dicho Fabià Estapé:
«La visió teòrica i intel·lectual d’Ernest Lluch de l’economia era fonamentalment pragmàtica i utilitària, indissociable del seu pensament polític socialdemòcrata. El que Lluch ambicionà tota la vida era ajudar a canviar les coses d’una societat i d’un país que eren lluny de la democràcia i de la justícia social. El factor humanista era el motor que l’empenyia en la política i en l’economia. El capital humà era per a ell el més important i la base de tota transformació. Però, essent home d’ideals i de moltes idees en política no era un idealista somia truites ni un teòric estratosfèric com tants n’hi ha. Al contrari, volia resultats concrets, avenços reals i possibles. Era un pragmàtic allunyat de la fraseologia i la demagògia».69
1970-1976
En sus años valencianos, 1970-1976, se implicó en los movimientos cívicos y políticos del País Valenciano, trabajando para la recuperación de la democracia, la identidad valenciana, y el estudio de la economía y la sociedad. Fue uno de los organizadores del socialismo valenciano, el PSPV. Pero entiendo que sobre todo destacó su aportación universitaria e intelectual, planteando preguntas y alternativas a las explicaciones de la historia económica del País y su economía. Sus investigaciones –más allá de seguir las líneas de trabajo que venía desarrollando– en estos años se centraron en la economía contemporánea. Formó escuela en la Universidad valenciana y sus principales reflexiones las publicó reunidas en un libro germinal de ideas y estrategias políticas, La vía valenciana (1975). Este trabajo es muy lluchiano en el sentido de que la historia –conociéndola contrastadamente– sirve para para diagnosticar correctamente problemas y aspectos de una sociedad y permitir hacer una mejor gestión política que tenga en cuenta este conocimiento. El ensayo se construyó sobre la interpretación que Joan Fuster hizo en Nosaltres els valencians de la historia valenciana de los siglos XIX y XX. Fuster negaba importancia a la burguesía emprendedora o industrial y subrayaba su subordinación a la burguesía agraria, que propiamente al de Sueca no le parecía burguesa. Lluch advirtió, en cambio, la existencia de un sector dinámico e «industrializador» autóctono, similar al de la Mezzo Itàlia, que enraizaba con núcleos artesanos y había tejido una importante red de empresas industriales de pequeño tamaño, y también advirtió –y en esto podría ser coincidente con Fuster– un divorcio entre este sector y la burguesía terrateniente o «aristocracia financiera y especulativa», que desarrolló una ideología y una política conservadora, folklorista y acuñó los grandes tópicos sobre los valencianos que aún sostiene la derecha actual. Divorcio entre estos sectores económicos sería la palabra nuclear del ensayo. Lluch, a partir de este diagnóstico, planteaba la posibilidad de un futuro económico diferente: una política industrial que atendiera a estos sectores mezzo y potenciase al sector industrial marginado históricamente por la oligarquía de los prebostes.70 Sus discípulos, que gobernaron en los ochenta en la Generalitat y Ayuntamiento de Valencia, impulsaron con solvencia estas directrices.
1976-1986
Entre 1976 y 1986 Lluch fue figura política de primer nivel, como ha estudiado Salvador Almenar.71 Fue diputado y ministro. Fue diputado del PSC por Girona (desde 1976) y Barcelona (desde 1982) y además ministro de sanidad y consumo del primer gobierno socialista (1982-1986). Todavía siguió de diputado entre 1986 y 1989, pero apenas sin actividad parlamentaria.
En su etapa de diputado anterior a ministro fue portavoz del grupo parlamentario Socialistes de Catalunya desde 1980 y deben destacarse sus intervenciones sobre la política económica y sobre la organización territorial del Estado. Sobre el primer aspecto se mostró partidario de desarrollar una política económica que consolidase la democracia y los Pactos de la Moncloa e hizo un seguimiento minucioso de éstos, siendo crítico con la forma de aplicación del ministro Abril Martorell.72 Con Trías Fargas también tuvo debates relacionados con las posiciones y la política económica de CiU. Sobre la cuestión territorial participó en la discusión de la Ley Orgánica de Financiación de Comunidades Autónomas (LOFCA), aprobada en septiembre de 1980, y en la mucho más polémica Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA), aprobada después del 23F, en junio de 1982. La primera de estas leyes, que regulaba la financiación de las autonomías de «régimen común» (todas menos País Vasco y Navarra), consiguió el acuerdo entre centristas, socialistas (incluidos los catalanes) y comunistas. Los partidos de izquierda, que la negociaron con el gobierno, al final del proceso la consideraron aceptable, no así los nacionalistas (CiU, Esquerra Republicana y PNV) que la vieron contraria a las emergentes o futuras autonomías. Lluch la defendió y entendió que era un primer paso sólido en la descentralización y traspaso de recursos así como en la creación del Fondo de Compensación Interterritorial, lo que le supuso vivaces debates con los nacionalistas catalanes.73
Mucho más polémica fue su participación en la LOAPA. Desde que empezó el proceso de discusión de esta ley, en marzo de 1981, surgieron puntos de vista diferentes entre el PSOE y el PSC y dentro mismo del PSC.74 Lluch entendía que debía configurarse un desarrollo autonómico viable y basado en el realismo político.75 Buscaba una posición constructiva que diera estabilidad tras la crisis política del 23 F y estaba convencido de que regular/ordenar/armonizar el proceso autonómico era una necesidad política para consolidar las autonomías, aún en germen.76 El PSC, con sus dos almas identitarias, se tensionó. Lluch tenía una posición distinta a la de la dirección del PSC y, paradójicamente, ésta quiso que fuese él quien entregara en el último instante unas enmiendas (tendentes a salvaguardar la autonomía catalana) en el texto pactado por UCD y PSOE. Lluch no quiso hacerlo. Las razones eran tres: porque era condición del acuerdo llevar a la mesa del debate los diversos asuntos y no presentar enmiendas no negociadas en el último momento; porque, en el fondo, Lluch no era partidario de gestos o posiciones testimoniales si, como era el caso, se podía avanzar en la negociación de la mesa del acuerdo, y porque entendía que la proyecto de ley no afectaba a las competencias autonómicas catalanas.77 El debate fue intenso y el parlamento se dividió entre una mayoría pro LOAPA y una minoría anti LOAPA, que recurrió al Tribunal Constitucional, el cual falló con una sentencia salomónica (agosto 1983) que limitaba el carácter orgánico de poder armonizar las competencias de las autonomías recogidas en la Constitución.78
Lluch fue ministro de Sanidad y Consumo por decisión de Felipe González, para mantener precisamente una línea moderada frente a la radical que mantenían muchos socialistas, y precisamente porque era un economista y humanista comprometido y conocedor de la socialdemocracia lo veía el presidente con buenas perspectivas para hacer la reforma sanitaria que se precisaba. Su carácter cuadraba mucho con este tipo de actividad política que es capaz de ayudar a los conciudadanos. El día que se aprobó la Ley de Sanidad, su hija Rosa, entonces muy joven, recuerda que cuando llegó a casa dijo: «avui puc dormir tranquil perquè sé que des d’ara qualsevol persona que necessite un metge el tindrà».79 Su filosofía de servicio a la comunidad, de creer que al final de la vida uno tiene que dar a los demás más de lo que ha recibido,80 cobraba toda su fuerza.
La reforma que hizo Ernest Lluch en la sanidad, una de las grandes conquistas sociales y pilar fundamental del estado del bienestar se recoge en la Ley General de Sanidad de 1986 y otras normas como la regulación de estructuras sanitarias básicas, el régimen de incompatibilidades, la regulación del gasto farmacéutico…
La ley de 198681 ha sido el marco regulador encargado de dar coherencia al sistema sanitario previsto en la Constitución; además, ha completado la transformación del sistema que comenzó a plantearse después de las reformas de 1978 derivadas de los Pactos de la Moncloa. La ley Lluch se inspiraba en el modelo del National Health Service británico y para España significaba un cambio de rumbo del modelo sanitario por el que se pasaba del modelo «continental» (que cubría a los trabajadores y dependientes de éstos) al modelo socialdemócrata (que cubría a todos los ciudadanos).82 Sus objetivos, principalmente, eren tres: 1) extender la cobertura del sistema sanitario a toda la población con derecho de ciudadanía; 2) crear un sistema descentralizado que atendiera la salud de los ciudadanos, acercándoles el servicio y promoviendo la salud comunitaria, y que profundizara en el proceso de transferencias de competencias sanitarias a las comunidades autónomas (proceso que se hizo entre 1985 y 2001), y 3) establecer el marco de coordinación («engarce organizativo general») entre los sistemas de salud de las autonomías y el central.83 El cambio de modelo no fue sencillo.
El nuevo modelo sanitario, aunque lo condensa la ley Lluch, tuvo precedentes desde la conquista de la democracia. Por ejemplo, antes del primer gobierno socialista se fue ampliando la cobertura a sectores excluidos de atención (como el incremento de edades de los hijos de los trabajadores, los clérigos y otros sectores) y se introdujeron otras novedades que allanaron el camino para poder dar el salto a la ley de 1986.
Una de las novedades principales fue aumentar las prestaciones sanitarias; especialmente relevantes han sido la mejora de la atención primaria y la organización de áreas de salud, piezas básicas de los servicios sanitarios comarcales. La atención primaria obligó a crear centros de salud, equipos de atención primaria, dar un nuevo enfoque de la medicina familiar y comunitaria y nuevas funciones a la enfermería. Otras novedades eren fomentar la investigación biomédica y los convenios educativos con las universidades, definir los derechos y deberes de los usuarios, la relación médico-enfermo, así como ordenar las actividades privadas de los facultativos.84 La cobertura, en unos años, aumentó hasta el 99 por ciento de la población, incorporándose ocho millones de personas, lo que comportó incrementar el gasto sanitario público y los correspondientes ajustes fiscales. Los resultados se reflejan en los indicadores subjetivos.
Esta reforma tuvo un largo proceso de gestación (dos años de gestación y 14 borradores),85 difíciles puntos de equilibrio entre diversos intereses (organizaciones médicas, sindicatos…), amplia votación a favor de la ley, adecuación a las disponibilidades presupuestarias, programación paulatina de la generalización de las prestaciones gratuitas y de las transferencias autonómicas… La ley de Lluch tuvo que afrontar, por otro lado, duras presiones que convergieron con protestas como la reforma de despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en tres supuestos (1983-1985). Esta campaña estaba perfectamente orquestada por los poderosos intereses privados que la ley lesionaba los cuales organizaron una «campaña destinada a la sensibilización de la opinión pública» que ha sido descubierta en sus propios documentos y publicada después, y que dirigió Pedro Arriola.86
Importante fue también en su gestión ministerial la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, que aspiraba a dotar a los consumidores de instrumentos para su defensa; el Real Decreto que definió y sentó las bases de la red de atención primaria; el Plan Nacional sobre Drogas; la aplicación de la Ley de Incompatibilidades, así como la comisión de estudio orientada a lograr una utilización más racional de los medicamentos.87
1986-2000
El último tramo de la vida de Lluch cubre los años que van de 1986 a su asesinato por ETA en 2000. Aunque continuó su actividad parlamentaria hasta 1989, ésta disminuyó del protagonismo anterior. Dedicó su vida a sus grandes pasiones que eran la universidad (investigación y gestión) y la colaboración con los medios. En 1986 ganó la cátedra de Doctrinas Económicas de Barcelona; entre 1989 y 1995 fue rector de la UIMP, y luego se reincorporó a la cátedra de Barcelona. Como rector de la UIMP, relanzó su proyección internacional y su presencia en España creando o impulsando otros centros. En su tarea de intelectual comprometido con la regeneración del país, participó de forma estable, desde septiembre de 1986, en El Periódico de Cataluña, Cinco Días, La Vanguardia y en otros muchos esporádicamente, o en tertulias radiofónicas como la de la SER. Hombre multifacético, entre 1987 y 1991 fue presidente de la Fundación Riotinto para la Historia de la Minería y la Metalurgia (luego pasó a formar parte del patronato), en la que impulsó la creación del Museo Minero que abrió en 1988, y desde 1989 fue miembro del patronato de la Fundación Duques de Soria, dedicada a difundir la cultura española colaborando con el hispanismo y las universidades.
Pero desde el punto de vista académico, lo más destacable de su actividad fueron sus investigaciones, tanto sobre pensamiento económico como sobre historia política y social. Como historiador, Lluch desde siempre buscaba explorar la génesis (los factores, fundamentos y procesos) de las experiencias históricas que han condicionado el siglo XX, sin desatender –y esto es importante para lo que vamos a comentar– las alternativas que se plantearon y no se desarrollaron, pero que explican tendencias, líneas segmentadas de historia que retornan.88
Así sucede exactamente con la cuestión de la organización territorial de España. Las investigaciones que desarrolló se vinculaban a dar respuesta a estas cuestiones. Exhumó y analizó los planteamientos neoforalistas de la Corona de Aragón que no se impusieron, que fueron vencidos por imponerse los centralistas. Sin embargo, los planteamientos derrotados laten y en determinados momentos del XVIII, del XIX, del XX (y del XXI) retornan. Se trataba de investigar con erudición contundente la vieja cuestión de la organización territorial de las Españas. Y a ello se dedicó los últimos años de su vida. En sus libros La Catalunya vençuda del segle XVIII (1996), Las Españas vencidas del siglo XVIII (1999), La alternativa catalana (1700-1714-1740) (2000) plantea una reflexión sobre la organización territorial de España basada en estudios históricos sólidos en los que exhuma material de archivo y manuscritos a veces totalmente olvidados.89 En su investigación, Lluch arranca en el siglo XVIII porque de haberse seguido con el neoforalismo que tenían los cuatro territorios de la Corona de Aragón en vez del unitarismo centralizador, tal vez se hubiese seguido un camino histórico distinto, a la inglesa o la holandesa, y menos traumático.90 La centralización borbónica eliminó antiguas libertades (mayores o menores), hipermilitarizó los territorios de la Monarquía tanto en España como en América, no potenció el pensamiento crítico aunque existiese, prohibió el uso administrativo y religioso de los idiomas que no fuesen el castellano… Era partidario, en fin, de la convivencia de formas e identidades culturales e historias diversas que compartían España y se beneficiaban mutuamente por esta convivencia.91 Tuvo una idea de España como pluralidad y creía que debían buscarse fórmulas para la integración en el marco constitucional de los hechos diferenciales. Y, lógicamente, desde esta perspectiva, polemizó con profesores que defendían otras posiciones.
Conocedor profundo de las Españas, estudió a fondo la cuestión vasca, país con el que compenetró desde su llegada al rectorado de la UIMP. Se comprometió con su identidad y su cultura y participó (con el sentido práctico que nunca faltó en sus investigaciones, fuesen de economía, pensamiento económico o historia política) en obras colectivas dedicadas a resolver cuestiones prácticas, como es el caso del libro colectivo Derechos históricos y constitucionalismo útil (2001).92 Paradójicamente, por situarse al lado de la cultura de Euskadi y defenderla desde la política y rechazar de plano la violencia e irracionalidad de ETA, ésta organización lo asesinó el 21 de noviembre del 2000.
1. Para al concepto de generación, desde una perspectiva histórica, sigo a Karl Mannheim (1993 [1928]), «El problema de las generaciones», originalmente publicado en 1928 y reeditado en 1993 por la Revista española de investigaciones sociológicas, 62 (1993), pp. 193-242. La cita en p. 225. Sobre el concepto han aportado, entre muchos, Comte, Dilthey, Ortega y Gasset, Heidegger, Gramsci o Zygmun Bauman. Una síntesis reciente en Carmen Leccardi y Carles Feixa: «El concepto generación en las teorías sobre la juventud», Última década, 34 (2011), pp. 42-50. La propuesta inicial de José Ortega y Gasset en: En torno a Galileo, O.C., Madrid, Taurus y Fundación José Ortega y Gasset, 2004-2010, vol. VI; y los planteamientos de Zygmun Bauman en El arte de la vida: de la vida como obra de arte, pp., Barcelona, Paidós, 2009, pp. 73-113.
2. Si, por contra, se amplía el concepto de la generación a más grupos (como por ejemplo universitarios y trabajadores, mujeres…), sus rasgos ciertamente se difuminan.
3. Ideológicamente, y no solo en España, son dos generaciones con horizontes culturales diferentes. Marc Baldó, «Los movimientos estudiantiles en la España de los cincuenta y sesenta», en Aurora Bosch; Teresa Carnero; Sergio Valero eds., Entre la reforma y la Revolución: la construcción de la democracia desde la izquierda, Granada, Comares, 2013, pp. 105-121.
4. Gonzalo Wilhelmi, Romper el consenso: la izquierda radical en la transición española (1975-1982), Madrid, Siglo XXI, 2016.
5. Elías Díaz, Pensamiento español 1939-1973, Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1974, p. 264 ss.
6. Por cultura política entiendo, siguiendo el rastro de Gabriel A. Almond y Sidney Verba, el conjunto de orientaciones que tienen las personas o los grupos sobre un sistema político y sus elementos así como las actitudes sobre el sistema y las formas de participación. Para el concepto cultura política, G. A. Almond y S. Verba, «La cultura política» en Almond et al., Diez textos básicos de ciencia política, Barcelona, Ariel, 1992, pp. 171-201 (la cita en p. 175), también Javier de Diego Romero, «El concepto de “cultura política” en ciencia política y sus implicaciones en historia», Ayer (2006), pp. 233-266.
7. En la de Barcelona tenía raíces desde finales de los años cuarenta y primeros cincuenta, cuando aparecieron revistas universitarias que expresaban este mundo de inquietudes. En 1949, Curial, que se proponía «evitar aquesta vida mecànica i gris de la majoria d’estudiants». Otra revista, de vida tan breve como la anterior, Ictini, en 1950, reiteraba la idea de «derrocar l’estancament, la inactivitat i la manca de zel per a les coses que han de merèixer l’aprovació de la humanitat sencera». El mismo año, Fòrum denunciaba la miseria de la universidad española y reclamaba una vida intelectual activa y a la altura del mundo, proponía seminarios, «cercles d’estudi» y se preocupaba por el paro que afectaba a los jóvenes profesionales. La dictadura acabó con les revistas de los estudiantes, pero no con las ideas… Sobre estas revistas, Joan Samsó, La cultura catalana: entre la clandestinitat i la represa pública, 2 t., Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, t. II, pp. 185-199; J. M. Colomer i Calsina (1978), Els estudiants de Barcelona sota el franquisme, 2 vols., Barcelona, Curial, 1978, v. I, pp. 81-85; Albert Manent, La represa: Memòria personal, crónica d’una generació, Barcelona, Edicions 62, 2010. En 1949, 1950 y 1951-52, los estudiantes catalanes publicaron antologías poéticas de estudiantes universitarios.
8. Entrevista a Rosa Lluch Bramon, Mestres de Ciutadania, http://147.156.205.24/mestresciutadania/sobre-ernest-lluch.html
9. Marçal Sintes, Qué piensa Ernest Lluch, Barcelona, Dèria, 2001, p. 51. Testimonio en Fundació Ernest Lluch, Ernest Lluch: l’esforç per construir un país amb la força del diàleg, https://www.youtube.com/watch?v=wvUPF-3RS-w
10. Sintes, Qué piensa…, p. 20.
11. En los campeonatos juveniles de 1957, campeonatos juveniles de Cataluña, 3000 metros lisos y relevos 4x100, La Vanguardia española, 18-9-1957.
12. Sintes, Qué piensa…, p. 24; Entrevista a Rosa Lluch en Mestres de ciutadania…
13. Testimonio del propio Lluch, intervención de Fabià Estapé y de Eugeni Giralt en Ernest Lluch: el diàleg, A la Carta, TVE de Catalunya, 17 de noviembre de 2009, <http://www.rtve.es/alacarta/videos/arxiu/arxiu-tve-catalunya-ernest-lluch-dialeg/625610/>.
14. Sintes, Qué piensa…, p. 22.
15. Entrevista a Josep Fontana en Mestres de ciutadania…
16. Fernández Buey, Por una universidad democrática: escritos sobre la universidad y los movimientos universitarios (1965-2009), Barcelona, El Viejo Topo, 2009, vid. «Estudiantes y profesores universitarios contra Franco».
17. La Vanguardia española, 6 octubre de 1962.
18. La Vanguardia española, 2 de noviembre de 1961.
19. Entrevista a Rosa Lluch en Mestres de ciutadania…
20. Información Comercial Española, 342 (febrero 1962); La Vanguardia española, 4 de abril de 1962.
21. Este rasgo de su personalidad lo destaca Odón Elorza. Véase su testimonio en Ernest Lluch: el diàleg…
22. Sintes, Qué piensa…, pp. 29-30.
23. Oikos: Revista del Consejo de Segundo de Ciencias Económicas, 1 (1960).
24. Josep Maria Colomer, Els estudiants de Barcelona sota el franquisme, Barcelona, Curial, 1978, v.1, 110.
25. La revista fue fundada el 1959 «amb la voluntat de cercar un mitjà d’expressió que atorgués un lloc plural a les diferents expressions artístiques, literàries, historiogràfiques, polítiques i crítiques de la cultura catalana sota el franquisme», veure Lletra de literatura catalana <http://lletra.uoc.edu/ca/revista/serra-dor-1959-2>.
26. Montserrat expresa la recuperación del sentimiento catalán, apisonado por el nacionalcatolicismo subsiguiente a 1939. Jaume Vicens Vives señalaba refiriéndose a la iglesia catalana que era testimonio de «una preocupació cada día més considerable i un encorament pregon a les [v]eus indestructibles de l’esperit de la terra». Véase Notícia de Catalunya, 2a edición, Barcelona, Àncora, 1960, p. 103.
27. Sintes, Qué piensa…, p. 53; Colomer, Els estudiants de Barcelona…, pp. 164-165.
28. Testimonio de Fabià Estapé, Ernest Lluch: el diàleg…
29. Entrevista a Clementina Ródenas, Mestres de ciutadania…
30. Por intelectual entiendo a una personalidad destacada en su campo que ejerce una función crítica y reflexiva de la política y la sociedad y que analiza con independencia y libre criterio el poder, procura descubrir sus problemas y contradicciones y da a conocer –a través de los medios de comunicación– sus posiciones, ideas, reflexiones y propuestas. Enzo Traverso, ¿Qué fue de los intelectuales?, Buenos Aires, Siglo XXI, 2014; Josep Picó y Juan Pecourt, Los intelectuales nunca mueren, Barcelona, RBA, 2013; Pascal Ory y Jean François Sirinelli, Los intelectuales en Francia: del caso Dreyfus a nuestros días, Valencia, PUV, 2007; Michel Wiknok, El siglo de los intelectuales, Barcelona, Edhasa, 2010; Pierre Bourdieu, Intelectuales, política y poder, Madrid, Eudeba, 2012. El primer autor citado define: «El intelectual cuestiona el poder, objeta el discurso dominante, provoca la discordia, introduce un punto de vista crítico», p. 18.
31. Entrevista a Maçal Sintes, Mestres de ciutadania…
32. Sintes, Qué piensa…, pp. 34-38.
33. Dirigió la colección de economía de la editorial Oikos Tau, fundada el 1963 por Jordi García i Bosch, a partir de una empresa de artes gráficas familiar. <http://www.elpuntavui.cat/article/29-necrologiques/340969-jordi-garcia-i-bosch.html>.
34. Entrevistas Lluis Foix y Vicent Soler en Mestres de ciutadania…
35. Ernest Lluch, La passió per la música. Recerques d’un músic il·lustrat, ed. de Oriol Pérez i Treviño, Girona, Edicions CCG, 2004.
36. Véanse las entrevistas a Salvador Almenar y Lluis Foix en Mestres de ciutadania…
37. Entrevista a Rosa Lluch, Mestres de ciutadania…
38. Entrevista a Vicent Llombart, Mestres de ciutadania…
39. Entrevista a Salvador Almenar, Mestres de ciutadania…
40. José María Vidal Villa, «Han matado a un profesor: Ernest Lluch», Butlletí informatiu de la Fundació MÓN-3, 79 (2000), cit. en Josep Maria Carreras Puigdengolas, «Enrest Lluch i Martin: economista i polític a Catalunya, 1956-1970», en II Congrés «Societat, treball i llengua»: la potenciació económica de l’arc, mediterrani en homenatge a Ernest Lluch, Valencia, UGT, 2007, p. 76.
41. Entrevista a Marçal Sintes, Mestres de ciutadania…; Lluis Maria de Puig, «Pròleg» a Ernest Lluch, Darrers escrits, Barcelona, Editorial Base, pp. 11-28.
42. Entrevistas a Vicent Llombart y a Vicent Soler, Mestres de ciutadania…
43. Por ejemplo sobre la evolución de la identidad de España, con Fusi, Savater… Véase Lluch, «La España del vasco-españolismo según Fusi», Pasajes, 3 (2000), pp. 147-151.
44. Parlamento final de la manifestación de Barcelona el 23 de novembre de 2000 realizado por Gemma Nierga y reproducido en Ernest Lluch: el diàleg…
45. Ernest Lluch dando el mítin, reproducido en Ernest Lluch: el diàleg…
46. Testimonio de Jonan Fernández en Ernest Lluch: el diàleg…
47. Testimonio de Raimon Obiols en Ernest Lluch: el diàleg…
48. Entrevista a Salvador Almenar, Mestres de ciutadania…
49. Entrevista a Marçal Sintes, Mestres de ciutadania…
50. Entrevista a Rosa Lluch, Mestres de ciutadania…
51. Entrevista a Marçal Sintes, Mestres de ciutadania…
52. Ernest Lluch, «Beveridge-Bevan», Promos, 6 (1960), pp. 45-48.
53. En una ocasión, muchos años después le preguntaron a Lluch si era «antiatlantista», y contesto, marcando las diferencies con la generación universitaria siguiente, que no: «No, nunca lo he sido. Antes que nada, por la edad. No tengo una posición tan anti OTAN porque yo entendía la OTAN como el triunfo de los Aliados contra los nazis, mientras que la gente más joven lo analizaba más bien en clave anticomunista». Véase Marçal Sintes, Qué piensa…, p. 49.
54. Entrevista a Lluis Foix, Mestres de ciutadania…
55. Entrevista a Segundo Bru, Mestres de ciutadania…
56. Entrevista a Segundo Bru, Mestres de ciutadania… El programa de Godesberg es famoso porque el SPD abandonaba el marxismo y la hostilidad al capitalismo, se abría a capas medias (no solo a la clase obrera), predominaba la negociación y el acuerdo frente a la nacionalización/socialización de los medios de producción, etc. Se trataba de un socialismo de contenido «crítico», de raíz neokantiana que fomentaba la idea de socialismo como postulado práctico para la vida humana comunitaria y era solidario con un mundo moderno de trabajo. El socialismo era para el presente (no tanto para un futuro). Era más que no meta, camino. «Libertad, justicia y solidaridad son los valores del socialismo democrático», dice el programa. Y añade: «Los socialistas luchan por una sociedad en la que cada hombre pueda desarrollar libremente su personalidad y como miembro al servicio de la comunidad pueda colaborar responsablemente en la vida política, económica y cultural de la humanidad», citado en Ignacio de Otto y Pardo, El Partido Socialdemócrata Alemán: de la oposición a la participación en el Gobierno, en O.C., Oviedo, Universidad de Oviedo-Centro de Estudios Constitucionales, 2010, p. 234.
57. Ernest Lluch, «Catalanisme y nacionalisme», Darrers escrits, p. 227.
58. Entrevista a Lluis Foix, Mestres de ciutadania…
59. Por ejemplo, el año de su muerte publicó en La Vanguardia artículos como «Federal de 1706 o actual» (6 enero); «Nacionalismo y catalanismo» (10 de febrero); «Contra la angustia nacionalista» (24 de febrero); «El castellano también» (6 de abril); «Nacionalismo español cañí» (25 de mayo); «La España invariable» (6 de julio); «Catalán: respeto y protección» (20 de julio).
60. Joan Creixell, La Caputxinada, Barcelona, Edicions 62, 1987, p. 113. Veu Taula Rodona de Maria Capdevila i Candell a en el diccionario Catalunya durant el franquisme, Vic, Eumo editorial Vic, 2006.
61. Sàpiens, 118 (juliol 2012).
62. La Vanguardia española, 16 septiembre de 1966.
63. Con el título El pensament econòmic a Cataluña (1760-1840): els orígens ideològics del proteccionsime i la presa de consciència de la burgesia catalana, Barcelona, Edicions 62, 1973. La noticia de novedad editorial apareció en la prensa en febrero de 1974. Fue reseñado brevemente en La Vanguardia española el 4 de abril de 1974 y ampliamente el 25 de abril del mismo año.
64. Ernest Lluch, «Pròleg inacabat» al libro de Rosa Maria Alabrús, Felip V i l’opinió dels catalans, Lleida, Pagès, 2001, cito por Darrers escrits, p. 29.
65. Éste y otros libros eran retos que estimulaban a los jóvenes intelectuales y suscitaban debates sobre el pasado, el presente y futuro, razón por la que los franquistas solían entorpecer su difusión. Así, el acto de presentación previsto en Valencia por Fontana, fue suspendido por Oltra Moltó, el gobernador civil de las multas. La Vanguardia española, 17 de julio de 1974.
66. Salvador Almenar Palau, «Aportacions d’Ernest Lluch a la història del pensament econòmic», Revista Econòmica de Catalunya, 42 (2001), pp. 581-588.
67. Entrevista a Vicent Llombart, Mestres de ciutadania…
68. Josep Maria Bricall Masip, «Ernest Lluch i la introducció de Sraffa», Revista Econòmica de Catalunya, 42 (2001), pp. 30-33.
69. Fabià Estapé, «Pròleg», Miscel·lània d’homenatge a Ernest Lluch (coord. Jaume Claret), Vilassar de Mar, 2006, v. 1, p. 17.
70. Ernest Lluch, La via valenciana (introducció epíleg i bibliografia de Vicent Soler), Catarroja, Afers, 2003, 3a edició. Vicent Soler i Marco, «Lluch i la via valenciana», Revista Econòmica de Catalunya, 42 (2001), pp. 46-49. También una síntesis de los planteamientos de este trabajo en la entrevista a Clementina Ródenas, Mestres de ciutadania…
71. Para la etapa política de Lluch, Salvador Almenar, «La luz de la política: Ernest Lluch, Diputado y Ministro», en II Congrés, Societat Treball i Llengüa, Ernest Lluch, Valencia, UGT, 2007, pp. 101-121.
72. Lo ilustra, por ejemplo, Boletín Oficial de las Cortes, 29 de junio de 1978, p. 2572. Véase Joan Trullen i Thomas, «Ernest Lluch i els Acords de la Moncloa», Revista Econòmica de Catalunya, 42 (2001), pp. 50-55.
73. Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, 15 de abril de 1980, pp. 5414-5415; La Vanguardia, 17 de abril de 1980.
74. La Vanguardia, de 7 abril de 1981.
75. Declaraciones a La Vanguardia, 13 de octubre de 1981.
76. Ver sus intervenciones en Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados. Comisión Constitucional, 1 de junio de 1982, pp. 3979-3980; Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, 23 de junio de 1982, pp. 14646-14648.
77. La Vanguardia, 19, 20, 23 y 24 de diciembre de 1981.
78. Sintes, Qué piensa…, pp. 69-73.
79. Entrevista a Rosa Lluch, Mestres de ciutadania…
80. Sintes, Qué piensa…, 26.
81. Ley 14/1986 General de Sanidad de 25 de abril.
82. Entrevista a Ana Marta Guillén, Mestres de ciutadania… Es importante en este sistema el reconocimiento del derecho de ciudadanía, como la coyuntura reciente ha puesto de manifiesto. Véase también de Ana Marta Guillén y Margarita León, eds, The Spanish Welfare State in European Context, Farnham, Ashgate, 2011.
83. Diario de Sesiones del Congreso de Diputados, 11 de junio de 1985, pp. 9852-9855, 9871-9872.
84. Francisco Javier Moreno Fuentes, «Del sistema sanitario de la Seguridad Social al Sistema Nacional de Salud descentralizado» y Manuel Aguilar Hendreickson, «Servicios sociales: las tribulaciones de un sector emergente», en Luis Moreno (ed.), Reformas de las políticas del bienestar en España, Madrid, Siglo XXI, 2009, pp. 101-135 y 171-205 respectivamente; Fernando Lamata Cotanda y Cristina Pérez Andrés, «25 años después de la reforma sanitaria de Ernest Lluch», Revista Española de Salud Pública, 84 (2011), pp. 241-246; Fernando Lamata y Francisco Ortega, «La Ley General de Sanidad (Ley 14/1986 de 25 de abril)», en Francisco Ortega y Fernando Lamata, eds., La dècada de la reforma sanitaria, Madrid, Ex-Libris, 1998, pp. 21-27; Francesc Raventós Pujol, «L’etapa d’Ernest Lluch com a ministre de Sanitat i Consum», Revista Econòmica de Catalunya, 42 (2001), pp. 56-62; María del Carmen Giménez Muñoz, «La reforma sanitaria durante el período de Ernest Lluch (1982-1986)», Historia del Presente, 27 (2026), pp. 131-148.
85. La Vanguardia, 3 de abril de 1985.
86. Ernest Lluch, «La “Operación Primavera” contra la Ley General de Sanidad» en F, Ortega y F. Lamata, La década de la reforma sanitaria…, pp. 29-34 y en el mismo libro: «Anexo III. Notas para una campaña destinada a la sensiblilización de la opinión pública y de la Administración, en torno al tema de la sanidad 83 de enero de 1984)», pp. 495-504.
87. Ley 26/1984, de 19 de julio, General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios; Real Decreto 137/1984, de 11 de enero, sobre Estructuras Básicas de Salud que desarrollaba la atención primaria; Real Decreto 1677/1985, de 11 de septiembre, de Coordinación Interministerial para la ejecución del Plan Nacional sobre Drogas.
88. Ernest Lluch, Darrers escrits, p. 19.
89. Ernest Lluch, La Catalunya vençuda del segle XVIII: foscors i claros de la Il·lustració, Barcelona, Bsrcelona, Edicions 62, 1996; Las Españas vencidas del siglo XVIII, Barcelona, Crítica, 1999; La alternativa catalana (1700-1714-1740) (2000). Lluis Foix, entrevista en Mestres de Ciutadania…
90. Ernest Lluch, «L’Espanya invariable», Darrers escrits, 247.
91. Ernest Lluch, «Perquè soc austrohongarès», Darrers escrits, p. 258.
92. Miguel Herrero de Miñón y Ernest Lluch (eds.), Derechos históricos y constitucionalismo útil, Barcelona, Crítica, 2001.
MUJERES Y UNIVERSIDAD EN REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO. UNA PRIMERA APROXIMACIÓN
YOLANDA BLASCO GIL y EVA MARÍA JURADO CEPAS
Universitat de València
A Greg Basue Babu Kazadi, In memoriam...
MODELOS DE EDUCACIÓN EN ÁFRICA
Las creaciones culturales son elaboradas y difundidas por las instituciones de socialización, como la familia, la escuela, los medios de comunicación o la religión. En el África tradicional la familia asegura la perpetuidad del grupo, dotándolo de los recursos humanos, materiales y culturales.1 Ésta proporciona no solamente los medios de cohesión social por medio de la educación o la transmisión de valores, también los de protección de toda la sociedad política. En la etapa precolonial, la tarea de educar a los jóvenes estaba garantizada por tres sistemas de enseñanza diferenciados según la región: principalmente, un sistema de educación autóctono o tradicional de cultura oral; el sistema islámico, y finalmente, el sistema de educación afro-cristiano, según las primeras tradiciones que sobrevivieron en Etiopía y también por la influencia de los coptos en Egipto.2
La enseñanza superior no fue una novedad para el continente africano. En el siglo XVI, la universidad de Sankoré en Tombouctou constituía un foco de estudio y conocimiento del derecho, de la filosofía y la teología. Según el historiador Cheikh Anta Diop, los documentos que se disponen, entre otros el Ta’rîj al-sûdân, permiten describir con detalle la vida intelectual de aquellos centros, en especial el de Sankoré. Los estudiantes se agrupaban sin distinción de edad atraídos por un afán de conocimiento en torno a la mezquita. No era un edificio de estado, sino la obra piadosa de un cadí devoto con la asistencia del resto de la población, al menos en su origen probablemente.3
En las sociedades modernas africanas la educación tradicional fue sustituida por sistemas occidentales de enseñanza. Las exploraciones del XIX encabezadas por comerciantes, exploradores y misioneros, europeos y americanos, abrieron vías de incursión hacia el interior del continente. Durante este período cobra especial relevancia la tarea evangelizadora realizada por estos últimos, junto a obras de carácter filantrópico provenientes principalmente de ambientes anglosajones. Los esfuerzos, desplegados durante este siglo, por expandir el cristianismo en África favorecieron la difusión de la educación occidental y la alfabetización, no solamente en la lengua del colonizador sino también en la vernácula.4 Este hecho va a suponer un cambio social decisivo al pasar de un modo de transmisión de la cultura en su mayoría oral a un modelo de comunicación a través de la escritura. El acceso al pensamiento occidental por parte de una reducida elite instruida, en su mayoría urbana, va a permitir establecer diálogos con el colonizador y familiarizarse con los modos y costumbres europeos. En contrapartida, al quedar condenadas prácticas tradicionales de carácter social o religioso como la poligamia y el animismo, se produjo un debilitamiento de la estructura familiar tradicional en África.5 Esta primera etapa de implantación de la educación occidental, ligada estrechamente a las misiones, tiene un carácter instrumental y estará desigualmente distribuida y mal orientada… Habrá que esperar a los cambios sociales, políticos y económicos surgidos tras el final de la segunda guerra mundial para ver aparecer las primeras escuelas técnicas y colegios universitarios implantados según el modelo de universidades europeas y norteamericanas. Sin embargo, la gran eclosión de la universidad en África se produce con los diferentes procesos de descolonización.6 Y uno de los impactos del colonialismo en África fue el deterioro del status social de la mujer, con la introducción de los nuevos modelos económicos de producción y la acentuación de la dependencia jurídica y material frente al hombre, especialmente al marido.
En este trabajo pretendemos ofrecer una primera aproximación a la historia reciente de la mujer africana en el entorno universitario congoleño, a través de testimonios y de diversas entrevistas realizadas.
ESTUDIOS SOBRE MUJERES
La mujer fue excluida de la mayor parte de las actividades introducidas o intensificadas por el proceso de dominación del colonialismo, como fue la educación y, por tanto, de ámbitos profesionales como el derecho o la medicina. La consecuencia inmediata será la escasa representación femenina en la nueva estructura política colonial.7 El fin de la segunda guerra mundial va a suponer la revisión de los ordenamientos jurídicos de muchos países, con el objetivo de eliminar las disposiciones discriminatorias e implementar aquellas que fomenten la igualdad entre hombres y mujeres, especialmente en la década de los setenta. Sin embargo, en general, como señala Encarnación Fernández, el principal obstáculo no reside tanto en la igualdad jurídica como en el de la igualdad de facto.8 Por otra parte, el concepto de género conlleva:
… un proceso histórico relacionado con la construcción de un campo científico en el que subyacen las relaciones entre hombres y mujeres, signadas por el poder hegemónico de los primeros y la subordinación de ellas …9
No pretendemos encajar una realidad tan compleja y diferenciada en los marcos teóricos construidos desde occidente, entendiendo que los procesos históricos pueden ser variados y diferentes en función de su localización geográfica.10 En efecto, el concepto de género es de orden sociológico, constituye una categorización socialmente construida para identificar los roles diferentes de los hombres y de las mujeres en las sociedades, en función de valores culturales, de nivel de desarrollo o de otros factores. Las relaciones de género entre el hombre y la mujer pueden ser relaciones de poder jerárquico, de familia, de mercado… Desde el momento que esas relaciones se refieren a una construcción social, éstas se caracterizan por una evolución en el tiempo, una diferenciación según las sociedades y una dificultad de generalización.11
Pues bien, a raíz de la tesis doctoral de Eva María Jurado –defendida en la universidad de Valencia en 2014– sobre la universidad de Kinshasa, fundada en 1954 como universidad Lovanium, decidimos abordar la posición de las mujeres en la universidad en esta parte de África. A comienzos de los años 60 aparecerán las primeras matrículas de mujeres. Al principio se incorporan a las escuelas de maestras, de enfermería, y las primeras mujeres serán religiosas y extranjeras, belgas o nigerianas. Centrándonos en el tema de los estudios de género realizados sobre mujeres en la universidad, intentamos abordar este estudio en el momento actual, repasando su reciente historia en los dos últimos siglos. Los problemas en el Congo serán los de una sociedad, en general, patriarcal y conservadora, donde el rol de la mujer estará muy marcado en su papel de atender a la familia, y donde éste problema se trasladará también a la universidad.
En la historia reciente del país encontramos que desde época colonial, en el siglo XX, los programas de estudios, en todos los niveles, estarán claramente diferenciados para mujeres y hombres. Por otra parte, en la investigación realizada los problemas encontrados son: primero la falta de acceso a los libros de matrículas en los centros de estudios y estadísticas, la falta de archivos, siendo los que hay de difícil acceso y, por otra parte, la reticencia de las pocas mujeres universitarias o con estudios superiores a hablar de su situación. Por eso una forma de abordar el estudio de las mujeres y la universidad es a través de las fuentes orales, de primera mano, que permitan recomponer su historia a través de entrevistas realizadas. Para ello elaboramos un protocolo previo de preguntas para centrar el tema sobre la universidad, que se irá perfilando poco a poco –por ejemplo, con preguntas como cuantas mujeres eran en el aula, cuantos hermanos con estudios tenían y qué lugar ocupaban en la familia…, con un protocolo, claro está, adecuado a la situación allí vivida– y que contestaran cuestiones sobre: su origen geográfico y social, relaciones familiares, vinculación con instituciones eclesiásticas o participación en la política… La finalidad es ver su trayectoria académica y profesional, así como comprobar su percepción como mujeres de la universidad que vivieron y viven.12
Por una parte, encontramos que no hay muchas mujeres con tesis doctorales, por lo caro de los estudios de tercer ciclo, las largas distancias para acceder a la universidad, problemas familiares… Por lo que hemos tenido que bajar el escalón a aquellas con estudios superiores o técnicos, enfermería, ayudantes, jefas de trabajos… Por otra parte, como ya hemos mencionado, la dificultad en encontrar mujeres que quisieran contar su experiencia. Nuestra idea sería poder hacer un estudio comparativo con otras universidades, como las españolas o mexicanas…13
En esta parte de África observamos algunas características comunes que ya adelantamos y sobre las que volveremos después:
– una escasez de mujeres en el tercer ciclo de doctorado y que ocupen cargos académicos
– para conseguir realizar estudios hay dos factores muy importantes a tener en cuenta: los antecedentes familiares con estudios del padre o abuelo… El vínculo familiar, social y económico es muy importante, ya que se trata de una élite reducida. Por otra parte, la vinculación a los estudios viene dada a través de la iglesia, ya sea católica o protestante, a través de la pertenencia a órdenes religiosas de las mujeres.
Como se ha comentado, la mayoría de mujeres abandonan los estudios para cuidar a la familia…, o porque los estudios resultan muy caros, no hay sistemas de ayudas o becas, y por problemas geográficos de largas distancias con la universidad. En las mujeres que realizan estudios encontramos que prima el aspecto de la cercanía geográfica, la buena posición social y étnica dominante, que estarán también vinculados con sus trayectorias profesionales. Veremos qué, al final, una vez se posicionan estarán en igualdad de condiciones que el hombre –en la política, en la universidad, en la ciencia, su percepción es que es la misma que la de los hombres–. La diferencia radica en el número, es cuantitativa. Por otra parte, el mayor número de alumnas depende de si se trata de una universidad de provincias, mientras que en zonas rurales será menor.14 En la universidad pública de Kinshasa hay igualdad de mujeres y hombres, estará más equilibrado el número de hombres y mujeres. Pero en todas estas universidades habrá una actitud más pasiva de las mujeres frente a los hombres en las aulas. Presentamos algunos testimonios concretos de mujeres, con antecedentes familiares o vinculación eclesiástica para acceder a los estudios junto con la historia universitaria de este país. Antes repasaremos los antecedentes de la historia reciente de la universidad en el Congo.
ORGANIZACIÓN DE LA ENSEÑANZA EN EL CONGO ANTES DE LA REFORMA DE 1948
El nacimiento de la escuela occidental en el Congo es consecutivo a la doble evangelización que conoció el país, la primera en el siglo XV y la segunda a finales del XIX. Durante este segundo periodo, la formación oral de carácter rudimentario impartida por misioneros nativos es sustituida, con el tiempo y las necesidades de la iglesia, el estado y la administración pública, por un verdadero sistema escolar. Sin embargo, fue necesario hacer frente a la resistencia de la población indígena contraria a la penetración cultural europea en general y especialmente a la idea de someter a los jóvenes al aprendizaje de lo que denominaban les choses des blancs.15
La tarea de educar a los nativos –secundaria en relación a los intereses de penetración de la Cuenca del Congo–, se dejó en manos de la iglesia, a quien los poderes públicos concedieron el monopolio de la educación otorgándole facilidades y la libertad de organizar escuelas, en la creencia que el cristianismo, y en particular el catolicismo, basado en la autoridad, era capaz de cambiar la mentalidad indígena y de inspirar un espíritu patriótico y de lealtad a Bélgica.16 De esta manera, aprovechando la primera empresa civilizadora y de evangelización, la iglesia fue implantando poco a poco un sistema escolar de enseñanza primaria y post-primaria, cuyo objetivo obedecía a la necesidad de formar en aquellas profesiones de carácter auxiliar. Así aparecen las primeras escuelas de misiones y las colonias escolares. En 1880, los Pères du Saint Esprit fundan en Boma la primera escuela. Siendo de carácter privado, acogía en su mayoría a niños indígenas abandonados por sus padres o rescatados del tráfico de esclavos. Por su parte, el estado comenzará a ordenar estos centros bajo la forma de internado. Los niños en situación de desamparo quedarán bajo su tutela, permitiendo la admisión de aquellos que lo soliciten de manera voluntaria. En realidad, muchos de estos niños eran reclutados por la fuerza contra la voluntad de sus padres, para ser formados en ciertas materias y trabajos de utilidad pública. Los primeros centros que se abrieron tenían el aspecto de una escuela militar. El director de la escuela tenía como adjunto a un sub-oficial de la Force publique, encargado especialmente de la instrucción militar y de la disciplina. En la región de Bas Congo y en el Bandundu actual, los jesuitas, a quienes el estado había confiado el vasto vicariado de Kwango, organizaron a partir de 1895 las fermes chapelles, o agrupaciones de niños bautizados bajo la autoridad de un jefe –casado–, que era a la vez su catequista, su instructor y su director de trabajos. Más tarde, las fermes chapelles, darían paso a las écoles chapelles. En esta época conviven dos líneas de enseñanza: una enseñanza organizada por el estado y una organizada por los misioneros. Los dos sectores están, no obstante, bajo la supervisión de estos últimos.17
La convención entre la santa sede y el estado independiente del Congo, firmada en 1906, supone el florecimiento de las misiones católicas belgas, confiando a las misiones nacionales el monopolio de la enseñanza mediante la concesión de tierras y subsidios, en detrimento de las escuelas protestantes, las cuales son excluidas de estos beneficios al ser consideradas misiones extranjeras.18 A cambio, cada establecimiento de misión se comprometía a fundar una escuela donde los indígenas recibían una instrucción elemental. El programa, sometido al control del estado, comportaba principalmente una enseñanza agrícola y agrónoma-forestal, así como una formación práctica de materias de carácter manual. La enseñanza de las lenguas nacionales formará parte esencial del programa.19 Este concordato estableció un marco gracias al cual se desarrolló, en materia de educación, un sistema de cooperación entre misiones católicas y administración, que no solamente influirá en la estructura y contenido de la enseñanza en el Congo, sino que constituirá un elemento importante de estabilidad del régimen colonial.20
En la enseñanza primaria, la organización general del sistema escolar preveía dos tipos de escuelas: las escuelas primarias de primer grado; las escuelas primarias de segundo grado o écoles sélectionnées y; las «escuelas especiales para la formación de la élite». Estas últimas formaban parte de un sistema de enseñanza post-primario, integrado a su vez por varios tipos de escuelas: écoles normales o écoles des moniteurs; escuelas medias que dispensaban una formación para ocupar los puestos auxiliares en la administración y las empresas privadas; y las escuelas profesionales que formaban a los obreros.21
La colonización contribuyó a la construcción de un nuevo modelo de relaciones de género, similar al de la metrópoli, valiéndose de la educación y el derecho escrito. La enseñanza, confiada en sus inicios a los misioneros, permitió que los valores de una educación cristiana fueran adquiridos tanto por los niños como por las niñas. A su vez, la enseñanza se apoyaba en unas bases racistas y sexistas. Esta discriminación, fundada en el género, aparece claramente constatada en la elaboración de los programas a partir del segundo grado de las escuelas primarias. El programa para chicos desembocaba en una formación profesional de carácter auxiliar, mientras que el de las chicas estaba orientado hacia una enseñanza práctica en el ámbito del hogar y de aprendizaje pedagógico.
En el Congo belga, el derecho escrito había reforzado también esta imagen de la mujer como esposa y madre, que atiende un hogar y que era a su vez un signo de civilización. Existía una doble jurisdicción: el derecho escrito y el droit coutmier o la costumbre. Una lectura rápida de algunos decretos del momento permite ver la construcción de un tipo de relaciones de género que ponen a la mujer bajo tutela y tienden a confinarla en el ámbito del hogar. Se trata de la exigencia de autorización marital en materia de contrato de trabajo o en vistas a obtener el permis de mutation, con el objetivo de controlar la movilidad de las mujeres en la ciudad.22
LA ENSEÑANZA SECUNDARIA PARA LA ELITE
La segunda guerra mundial viene a acelerar el proceso de escolarización de manera indirecta. En primer lugar, por la imposibilidad de importar técnicos europeos durante la contienda. En segundo lugar, tras finalizar la guerra el progreso industrial y el desarrollo de la colonia se vieron frenados por la escasez de mano de obra cualificada. A esta circunstancia se unieron las críticas internacionales, censurando la ausencia de una enseñanza secundaria y superior en el Congo belga. La afluencia de niños europeos al Congo a partir de 1939 también estimuló la construcción de nuevas escuelas, especialmente escuelas secundarias donde se impartía un programa belga. Tras la guerra, el acceso a estas escuelas resulta trascendental para una élite nativa, cuyo nivel de vida va a depender de los estudios. En 1946, el ministro Godding introduce las escuelas oficiales y los athénées officiels, llamados laicos o de régimen metropolitano, por oposición a la enseñanza oficial congregacional. Reservado para los hijos de los colonos, se implantaron en las principales ciudades de la época: Léopoldville, Elisabethville y Stanleyville. Poco a poco se irán abriendo, primero a los mestizos reconocidos y asiáticos, y posteriormente a los congoleños o autochtones méritants.23
Las autoridades van a decidir elevar el nivel de formación. La reglamentación escolar de 1948 tenía como objetivo diferenciar una «enseñanza de masas», de aquella en la que se realizaba una selección del alumnado: mejorar el nivel primario, y extender la enseñanza secundaria con la creación de escuelas secundarias generales que dieran acceso a la enseñanza superior. Esta reforma de 1948 introdujo un programa vasto y diversificado en materias de enseñanza primaria y secundaria. Se pretendía también preparar a una elite seleccionada. Para las niñas, más allá de una enseñanza primaria específica para ellas, estaba prevista la école ménagère, de cara a formarlas en las materias llamadas femeninas y del hogar –costura, cocina, etc.– La école moyenne ménagère dispensaba una instrucción de un nivel superior respecto de la école ménagère. El objetivo era preparar al évolué una compañera –esposa y madre– digna de su evolución.24 A pesar de la modificación en la estructura de la enseñanza, la reforma mantenía y reforzaba la orientación sexista de los programas.
Sobre el impacto de la reforma, la profesora Bernadette Lacroix de la universidad de Kinshasa, mantiene que:
… La reforma de la enseñanza puesta en marcha en 1948, marca un cambio importante en la política escolar colonial, por la decisión de introducir en la red de enseñanza, las escuelas secundarias generales que daban acceso a la enseñanza superior. En efecto, la organización de la enseñanza superior estaba subordinada a la existencia de una enseñanza secundaria de un nivel más elevado que la enseñanza media: la enseñanza secundaria general no existía en el Congo. Antes de 1946, año en el que los jesuitas abren los primeros collèges latins para congoleños, con un programa completo de humanidades, no existían, excepto las escuelas reservadas a los europeos y los pequeños seminarios, una sola escuela secundaria de formación general que diera acceso a la enseñanza universitaria. La ausencia de escuelas secundarias explica por qué no había estudiantes congoleños laicos en universidades extranjeras con anterioridad a 1952. Bélgica no solamente no había formado, a la manera de la política escolar colonial francesa, una pequeña elite culturalmente asimilada, sino que la política de «educación de masas», por la cual los belgas justificaron su retraso en la enseñanza secundaria y superior, no proporcionaba un nivel real de alfabetización, ni de cualificación profesional.25
Si bien, en 1920, en nombre de la Union Congolaise, el nacionalista Paul Farnana ya expuso ante las instancias metropolitanas el problema de la creación de escuelas oficiales para nativos, no fue hasta 1954, con la ascensión al poder del gobierno socialista-liberal y el nombramiento del nuevo ministro para las colonias Auguste Buisseret, que la extensión de la escuela oficial laica para congoleños se hace realidad.26
LOS CUATRO PERIODOS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR
1. Las primeras iniciativas (1954-1971)
El nacimiento de la primera universidad en el Congo fue posible gracias al empeño de sus promotores frente a las reticencias del poder colonial y la opinión pública belga, que estimaba ser una aventura prematura pero también un peligroso acelerador del proceso de descolonización. La universidad Lovanium fue fundada en 1954 en Léopoldvile (Kinshasa), bajo los auspicios de la universidad católica de Lovaina. Los objetivos se enmarcaban en la perspectiva de su obra evangelizadora. El colonizador, y especialmente el colonizador cristiano, debía adoptar un nuevo papel de formador y guía de esa elite que, junto a la sociedad congoleña, comenzaba a reclamar la emancipación política del país. En 1956, el estado abrió en Elisabethville (Lubumbashi) una universidad oficial para contrarrestar el monopolio del que desfrutaba la universidad Lovanium (católica) de Léopoldville. En tanto que universidad de estado contaba en su consejo de administración con la representación de las cuatro universidades belgas. La tercera universidad en ver la luz fue la universidad libre del Congo, en Stanleyville (Kisangani) en 1963. De confesión protestante siguió la organización y el modelo de Lovanium.27 Estas instituciones, calcadas sobre el modelo occidental, disfrutaron de una larga autonomía interna incluso tras la ascensión del país a la independencia en 1960.
2. La Universidad Nacional del Zaire (1971-1981)
Motivada más por razones políticas que por razones pedagógicas o académicas, la reforma de la enseñanza superior en 1971 fusionó las tres universidades y los institutos superiores para crear la Universidad nacional del Zaire (UNAZA). El régimen de Mobutu (1965-1997) contó desde sus inicios con la contestación de los estudiantes denunciando sus pésimas condiciones de vida y la deriva autoritaria del país. En 1969, las protestas exigiendo mayor participación en los asuntos de la universidad desembocaron en una manifestación contra el poder político que fue duramente reprimida.28 Los objetivos de la reforma pretendían la afirmación de la soberanía nacional, una gestión administrativa y financiera unificada y el control político de la universidad. Los rectores nombrados por el jefe del estado constituían una extensión más del movimiento popular para la revolución (MPR).29
3. La descentralización de 1981
De la reforma de 1981 destaca: el retorno a una autonomía relativa de las universidades y los institutos superiores; los tres campus anteriores se convertirán en universidades de Kinshasa, Lubumbashi y Kisangani; el mantenimiento de tres consejos de administración respecto de las tres universidades.
4. La liberalización (1989-1992)
El principio de liberalización supone la aceptación de una enseñanza superior privada junto a la oficial. El comité central de MPR decidió relevar al estado del monopolio de la organización de la enseñanza superior y universitaria, autorizando a las personas físicas o entidades no gubernamentales a tomar parte activa en las iniciativas de creación y de gestión de establecimientos de enseñanza superior. La decisión de estado de 1989, relativa a la enseñanza superior y universitaria, preveía la creación de un conjunto de facultades e institutos superiores con la finalidad de descongestionar los establecimientos de enseñanza superior y universitaria, así como acometer la descentralización de las estructuras con la creación de los consejos de administración autónomos para cada establecimiento.30
PRIMERAS MUJERES UNIVERSITARIAS. TESTIMONIOS
En el contexto general de evolución del sistema de enseñanza en el Congo, la labor de las hermanas misioneras será también notable, en especial en hospitales, escuelas y orfanatos. En 1947, las religiosas del Sacré-Coeur crean en Mbanza-Mboma, en la región de Bas-Congo, un internado para jóvenes congoleñas de familias de évolués. En Europa esta congregación, nacida en su mayoría de la alta burguesía o de la aristocracia, tenía como misión la instrucción de las jóvenes provenientes de este entorno. La enseñanza se impartía únicamente en francés en la escuela primaria, que era seguida de la école ménagère, donde se formaba a las jóvenes en el conjunto de técnicas en el marco del hogar y la familia. Años más tarde, las Soeurs Ursulines, fundaron a su vez, una institución parecida en Luisha, en la provincia de Katanga. Cuando se abren las primeras secciones post-primarias para chicas, corresponden a estudios relacionados con el hogar y la familia, y más tarde escuelas de monitrices, enfermeras, seguidas de las escuelas de secretarias: estas secciones conducían al ejercicio de materias llamadas femeninas. Como afirma una de las primeras diplomadas en la universidad de Lovanium, la doctora en filosofía y letras Élisabeth Mudimbe:
… asistiremos de hecho en el Congo, como en Occidente, a una feminización de materias: los trabajos de secretaria, de enfermera, exclusivamente masculinas en sus inicios, fueron progresivamente abandonados por los hombres, a medida que las mujeres entraban.31
Élisabeth Mudimbe elabora un relato autobiográfico, así como una reflexión personal de su paso por la universidad como estudiante y más tarde como profesora, hasta su exilio en 1980. Constituye el testimonio de una pionera, al convertirse en la primera africana diplomada en la universidad Lovanium. Describe como en Kalina (Léopoldville), se encontraba la escuela dirigida por las religiosas del Sacré-Coeur reservada para los hijos de colonos, donde se impartía un ciclo de humanidades. Lo mismo ocurría con el Institut Marie-Josée en Elisabethville y el Institut Janua Coeli en Luluabourg (Kananga). Señala como a partir de 1956, tras la visita del rey Balduino al Congo en 1955, las escuelas reservadas a los niños europeos serán accesibles a los niños congoleños, al menos teóricamente, no sin antes superar numerosas formalidades administrativas –exámenes de moralidad, sanidad…– a menudo de carácter vejatorio, exigidas por la administración de la colonia.
En 1956, tras finalizar la educación primaria en el instituto Janua Coeli de las Soeurs de la Charité de Gand, emprendió su formación en humanités gréco-latines en el Collège Saint-Louis, de Luluabourg. Oficialmente se trataba de un instituto de enseñanza para chicos, pero el centro admitía a las jóvenes del Janua Coeli a nivel de secundaria: en la época, la educación mixta en las escuelas católicas era algo impensable, tanto en la metrópoli como en la colonia. La razón era simplemente que no había suficientes hijas de colonos a nivel de secundaria para abrir una escuela independiente. Tanto las hijas de colonos como las pocas congoleñas que entraron en secundaria optaron en su mayoría por la sección de humanités modernes. Es a partir de 1960, tras la independencia del país, que comienzan a inscribirse en la sección greco-latina. Las humanidades greco-latinas abrían las puertas a todas las disciplinas universitarias, mientras que el diploma de humanidades modernas excluía los estudios de derecho y medicina.
El éxodo masivo tras la independencia provocó que las escuelas llamadas «interraciales» se encontraran sin alumnos y sin profesores: los unos y los otros, prácticamente todos, colonos e hijos de colonos, habían abandonado de manera precipitada el Congo hacia la metrópoli.
Élisabeth Mudimbe, como las primeras congoleñas que entraron en la sección de humanidades de la escuela secundaria, era hija de évolués. Su padre pertenecía, a su vez, a la primera generación de ayudantes médicos del Congo belga formados en la escuela AMI –asistentes médicos indígenas–. A través de la revista La Voix du Congolais, los évolués, reclamaron la educación en francés para sus hijas, ya que su conocimiento era un signo de civilización y de asimilación.32
Al terminar la escuela secundaria, en una institución católica, la universidad católica de Lovaina parecía el camino trazado para proseguir los estudios universitarios. Tras un corto espacio de tiempo en su facultad de filosofía y letras –departamento de filología romana–, a finales de 1963 regresó al Congo para proseguir en la universidad Lovanium sus estudios. Élisabeth hará la siguiente reflexión –citamos en el idioma original a fin de reflejar fielmente el pensamiento de la autora–:
… Le Collège Saint-Louis, où j’avais fait mes humanités jusqu’en classe de Poésie, était mixte. Je ne m’étais jamais posé la question de ma place comme fille, et je n’ai jamais éprouvé de complexe à être pendant quelques années la seule fille noire. Être en tête de clase me donnait sans doute l’assurance qui était la mienne, supprimait peut-être l’arrogance posible du groupe dominant, et compensait en quelque sorte le rapport d»inégalité qui existait entre les filles, mins nombreuses, et les garçons majoritaires, et puisque nos sommes en période coloniale, entre sujets blancs et sujets noirs.33
Mientras que en los años sesenta la universidad belga contaba ya con un buen número de mujeres, en Lovanium apenas había una media docena de estudiantes nigerianas anglófonas y tres congoleñas: Philomène Makolo que terminará sus estudios en ciencias sociales en los Estados Unidos, Marie-Louise Kabangui que continuará ciencias políticas en Lovaina y la propia Élisabeth Mudimbe. Formarán la primera generación de congoleñas en la universidad, junto a Ina Disengomoka en medicina en la universidad libre de Bruselas y Madeleine-Sophie Lihau-Kanza en ciencias económicas en la universidad de Ginebra, primera diplomada universitaria congoleña. Después, en 1967, Élisabeth Mudimbe será la segunda mujer congoleña en obtener un diploma universitario, la primera congoleña diplomada de Lovanium y nombrada profesora ayudante en la universidad y la primera también en presentar una tesis doctoral. Finalmente, a pesar de la sociedad sexista y de expresiones como femmes savants o haute coutume que circulaban en el campus para designar a las mujeres universitarias, la autora guarda el recuerdo cordial de sus relaciones con sus condiscípulos del departamento de filología romana y sus profesores, todos hombres, sin que en ese tiempo manifestarán actitudes discriminatorias: a pesar de las estructuras heredadas de la universidad occidental, existía en Lovanium un espacio de pensamiento independiente y de iniciativas, de diversidad y de creatividad individual y colectiva.34
La llegada de la mujer a la universidad congoleña se manifestó en un primer momento a través de la escuela de enfermería anexa a las clínicas universitarias. Inaugurada en 1958 para las jeunes filles, la construcción de los edificios definitivos –escuela e internado– aspiraba a albergar unas 100 alumnas. El 15 de julio de 1961 se expidieron los tres primeros diplomas.35 Durante los primeros años la estudiante universitaria era religiosa o extrajera, en su mayoría belga o nigeriana.36 Siguiendo la población estudiantil de la universidad Lovanium, en el año académico 1962-1963 se inscribió la primera mujer en la facultad de ciencias económicas y sociales, frente a un total de 987 hombres. Las facultades con mayor presencia femenina durante el período comprendido entre 1962-1970 fueron en primer lugar, la facultad de ciencias económicas y sociales, seguida de la facultad de filosofía y letras, pedagogía y psicología y derecho.37
En el año académico 1978-1975 el campus de Kinshasa contaba con 538 mujeres frente a 4.379 hombres. El campus universitario de Lubumbashi tenía inscritas en 1971-1972 197 mujeres, frente a 4.073 hombres, alcanzando la cifra de 316 mujeres en 1978-1979, frente a 4.020 hombres. En cuanto a la universidad libre del Congo, inició el año académico 1969-1970 con 16 mujeres, frente a 561 hombres. Durante el año 1977-1978, la universidad, convertida ya en campus universitario de Kisangani, albergaba en sus aulas un total de 126 mujeres frente a 1.145 hombres.38
La universidad del Congo postcolonial de la primera república (1960-1965) estuvo bajo el dominio de una elite que había asimilado el modelo de género aportado por el colono, esto es, el modelo tradicional patriarcal: marido proveedor, mujer jurídicamente incapaz y limitada al cuidado de la familia. La universidad de la segunda república abre un periodo de reconstrucción que pretende deshacerse de la herencia colonial. Bajo el recurso a la «autenticidad», el régimen de Mobutu abre el espacio público a las mujeres alentándolas a participar en la revolución. Se les anima igualmente a estudiar y a integrarse en el mercado de trabajo. El derecho al voto –concedido a las mujeres en 1970– y el nombramiento de mujeres en puestos políticos reflejan esa ruptura con el pasado. Sophie Lihau-Nkanza fue nombrada ministra de asuntos sociales en 1966.
Sin duda, las políticas de emancipación de las mujeres suscitaron el debate en la opinión pública. Para algunos, las bases de la igualdad entre hombres y mujeres ya existen, existe el reconocimiento jurídico. Sin embargo, la promoción de la mujer, principalmente en el ámbito de la educación superior y universitaria, no acaba de producirse. La opinión mayoritaria es favorable a la igualdad de la mujer en derechos y libertades, la paridad y su visibilidad en el espacio público. No obstante, antes de lanzarse a la conquista del poder político debe alcanzar otras virtudes como madre y esposa…
ENTREVISTAS A UNIVERSITARIAS. PRIMERAS NOTAS
Una vez trazado el panorama de la evolución de la mujer en la universidad congoleña, siguiendo un protocolo de trabajo elaborado por Yolanda Blasco Gil para las fuentes orales,39 decidimos proceder a realizar las entrevistas. Aparte de las matrículas como fuente de información –dado el complicado acceso a los archivos–, se trata de obtener testimonios orales de mujeres universitarias diplomadas o con estudios. Fuentes orales que nos servirán para recoger una historia oral y analizar: trayectorias académicas, profesionales y experiencias vitales, es decir, como lo vivieron ellas en primera persona. Observar las diferencias entre unas y otras desde su percepción como mujeres de la universidad que vivieron, su integración en ese mundo laboral de hombres y sus dificultades o facilidades para realizar la carrera, ejercer y ocupar cargos y su experiencia como mujeres, hijas, esposas y madres siendo universitarias. Testimonios orales donde quede reflejado su procedencia geográfica, status social, edad, nacimiento, inicio de carrera, movilidad, participación en la política, ejercicio profesional, publicaciones… No obstante, hemos encontrado muchas dificultades:
– Alrededor del 20% de las matrículas corresponden a mujeres, con una diferencia de actitud en las aulas porque las mujeres se muestran generalmente más pasivas que los varones.
– Esta cifra aumenta ligeramente en número en el caso de la universidad de Kinshasa, en la capital, en relación a los establecimientos superiores y universitarios de otras provincias menos pobladas.
– Hay muy pocas mujeres en tercer ciclo y ocupando cargos académicos.
– Muy pocas mujeres profesoras.
– A la hora de abordar el trabajo surge el problema en cuanto a la reticencia de la mujer a hablar de temas personales académicos.
– Abandono de los estudios por el matrimonio y cuidado de los hijos y el hogar.
– Los estudios de tercer ciclo son costosos, a menudo hay que desplazarse a Kinshasa. Hay ausencia de sistema de ayudas públicas o becas.
– También a menudo la iglesia católica proporciona ese colchón, ese amparo para proseguir los estudios. Muchas de las mujeres que prosiguen los estudios pertenecen a una orden religiosa.
– Importancia de los antecedentes familiares con estudios y posibilidades económicas.
– Ha sido necesario adaptar las preguntas del protocolo de las preguntas al contexto congoleño.
– Las entrevistas no están acabadas, es una primera toma de contacto, hay que retomarlas, perfilar algunas preguntas antes de elaborar unas conclusiones y realizar más entrevistas para poder realizar un estudio comparativo.
Ahora presentamos en este primer avance las entrevistas realizadas a dos profesoras universitarias. Se trata de dos mujeres nacidas en los años previos a la independencia del país, 1960, por lo tanto de edades similares –57 y 59 años–. Vemos dos perfiles diferentes en su educación universitaria: una con clara influencia de su entorno familiar y otra con el apoyo de la iglesia. Las dos son doctoras en derecho: Marie Therese Kenge es profesora de la facultad de derecho de la universidad de Kinshasa, establecimiento público, y Joséphine Bitota es profesora de la facultad de derecho de la universidad Notre-Dame du Kasayi en Kananga, institución privada de confesión católica.
Kinshasa es la capital del país y la mayor ciudad de la RDC, pertenece a un contexto urbano, multiétnico y superpoblado. Es el centro administrativo, económico y cultural del país. Posee a su vez el status administrativo de ciudad y provincia. El número de habitantes supera los 10.000.000 millones. Es una de las ciudades más pobladas de África. Mientras, Kananga corresponde a una ciudad media, capital de provincias, que constituye un centro comercial y administrativo importante, ubicada en la zona sur del país con una población aproximada de 1.130.000 habitantes. Ha sido el destino de habitantes de zonas rurales en busca de mejores oportunidades, pero también en la última década la capital ha conocido la llegada masiva de desplazados a causa de los conflictos armados que resisten en el este del país.
1a Entrevista a Marie Therese Kenge Ngomba Tshilombayi, decana de la facultad de derecho de la universidad de Kinshasa. Ostenta el rango de viceministra ya que es miembro de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Además, ha trabajado activamente en la Comisión de reforma de derecho congoleño.
Fecha de la entrevista: 06/05/2016.
Nacida el 17 de septiembre de 1957 en Kinshasa, edad 59 años.
Profesora ordinaire (equivaldría a catedrática en España) Familia procedente de la provincia de Kasai Oriental. Zona de procedencia de muchos universitarios debido a la implantación de misiones.
– A la pregunta de si hubo una razón que condicionó sus estudios responde que en principio la opción elegida en secundaria, literatura opción latín-filosofía seguida de la influencia de su padre.
– Acerca de si los estudios de sus padres condicionaron los suyos responde que si, ya que su padre era doctor en derecho.
– A la pregunta de si el diploma de estado orientó la elección universitaria contesta que si, la opción literaria latín-filosofía.
– Sobre si existe alguien en la familia que ha hecho los mismos estudios responde que sí, su padre, doctor en derecho por la universidad Lovanium, Dipumba Mtba Barthelémy, en 1962.
– Estudió en la universidad de Kinshasa, licenciatura en derecho en 1983 y doctorado en 1999.
– A la pregunta de cómo fue la experiencia en la universidad responde que no fue demasiado difícil para ella ya que estaba prevenida por su padre que había estudiado en la misma universidad.
– En cuanto a los profesores que le marcaron nos habla del profesor Kalongo Mbikayi, que dirigió su tesis de doctorado. El profesor Kalongo fue antiguo decano de la facultad de derecho.
– A la pregunta de si ha conocido durante el periodo universitario algún profesor extranjero, responde que sí, pero en la distancia, sin viajar. Manifiesta que no ha viajado al extranjero y que no ha disfrutado de ninguna beca de estudios.
– En cuanto a la motivación para la elección de la especialización, responde que la vocación surgió a través de su padre, que se formó en el campo que constituye su especialidad actual.
– Sobre un momento crucial durante la evolución de su carrera, manifiesta que fue la defensa de su tesis doctoral, Indemnización de las víctimas de accidentes de la circulación. ¿Seguro de responsabilidad o seguro directo?, en la universidad de Kinshasa, 1999.
– A la pregunta de cuál es la visión de la universidad frente al conflicto de género, manifiesta que el de la promoción de la mujer.
– En cuanto al rôle de la mujer en la universidad actual, expresa que el de profesora, competitiva, autoridad académica o de la facultad, ayudante, etc.
– ¿Cuál es su visión como mujer de la evolución de la ciencia? Responde que igual al hombre en el trabajo y en la ciencia.
– Ha publicado dos libros: Droit Civil, Les Suretes, Kinshasa, Editions Mont Sinai, 2008 y Suretes OHADA, Kinshasa, Editions Mont Sinai, 2014.
– Los artículos publicados en revistas científicas han sido varios, así como las conferencias y comunicaciones. Ha dirigido tres tesis doctorales en 2010, 2012 y 2015-2016.
– Publicaciones electrónicas: «Crédit lail ou leasing en droit congolais»
2a Entrevista a Joséphine Bitota Muamba, catedrática, profesosseur ordinaire, en la universidad Notre-Dame de Kasayi, universidad católica de Kananga. Fue nombrada en 2015. Desde el año 2011 ostenta el cargo de secretaria general administrativa de dicha universidad (equivaldría a vicerrectora en España). Es una mujer laica consagrada.
Fecha de la entrevista: 14/03/2016
Nacida el 15 de mayo de 1959 en Bunkonde, Kananga. Tiene 57 años de edad. Originaria de Kananga, sus padres también son de allí.
– A la pregunta de la razón que ha condicionado sus estudios responde que las injusticias en nuestro país.
– Los estudios de los padres no condicionaron los suyos.
– Su diploma de estado no orientó su elección universitaria.
– No tiene antecedentes familiares que hayan realizado los mismos estudios que ella.
– Define la universidad donde estudió como «una muy buena universidad». Se refiere a la Universidad de Toulouse I, en Francia, donde realizó la licenciatura, el DEA y el doctorado. Defendió su tesis en dicha universidad bajo el título: Investigaciones sobre el estatuto jurídico de la mujer en África, en el año 2003.
– A la pregunta de cómo fue desembarcar en una universidad con tu propia visión responde que: la universidad no tenía nada que ver con mi visión.
– Sobre los profesores que le marcaron y sobre sus compañeros manifiesta que: algún profesor de derecho internacional privado tenía buen humor… y que dos compañeros le ayudaron a seguir hasta finalizar el doctorado.
– Si ha obtenido alguna beca de estudios durante su formación afirma que no. Durante sus estudios realizó pequeños trabajos de limpieza y como cuidadora de personas mayores.
– Afirma que siempre tuvo la voluntad de especializarse en el tema de su tesis doctoral al observar la condición de la mujer en África, pero que no ha sido formada en el campo que constituye su especialidad actual. Por ejemplo, su memoria del DEA versaba sobre La complementariedad de las competencias públicas en la República del Zaïre.
– Sobre un momento crucial en la evolución de su carrera: afirma que cuando fue nombrada secretaria general administrativa.
– A la pregunta ¿cuál es la visión de la universidad frente al conflicto de género? explica que en teoría la universidad acepta a la mujer, pero en la práctica las mujeres son algunas veces discriminadas. Según ella, en la universidad la mujer debe ocupar el lugar que le corresponde por competencia. En la universidad actual la mujer intenta emerger, pero le siguen considerando como mujer no como igual, y añade, en su papel tradicional.
– Sobre cuál es su visión en tanto que mujer sobre la evolución de la ciencia, considera que la en la ciencia no hay distinción entre los dos sexos.
– Sobre sus artículos y conferencias remite a su currículum manuscrito que presenta y que ahora transcribimos íntegramente:
1) A propos du travail, 50 ans après l’indépendance du Congo in:
a) Annales de l’Université St Augustin /Kinshasa (USAKIN).
b) Revue Ethique et Société / Bujumbura, Vol. 6, La religion et le processus démocratique, nº 2, Mai-Août 2010.
2) La parité homme/femme dans le domaine public in:
a) Revue Éthique et Société / Bujumbura, Avril 2010.
b) Congo Afrique / Mars 2010.
3) Des 8 mars qui ses succèdent, quelles implications pour les femmes congolaises in Revue Congo Afrique/ mars 2012.
4) Le droit et la foi sont-ils compatibles? in Revue Ethique et société/ Bujumbura Mars 2013.
5) Peut-on à jamais désespérer de la corruption en RD Congo? in Revue Éthique et société/ Bujumbura Décembre 2013.
6) Du droit à l’éducation des femmes africaines, quelle vision étriquée? in Revue Éthique et société Bujumbura, Janvier 2014.
7) Du droit des femmes à l’éducation:
– D’une vision utilitariste à l’affirmation d’un droit absolu in Congo-Afrique, nº483-484/ Mars-Avril 2014, 53ème année, pp 260-281.
8) Le mariage civil confronté aux traditions africaines in Revue Éthique et société/ Bujumbura Avril 2014.
9) Qu’en est-il du droit au travail consacré à l’article 36 de la Constitution et à l’article 23 de la Déclaration Universelle des droits de l’Homme (DUDH) in Revue de l’UKA/ Mai 2014.
10) Le Droit de la famille en Afrique: entre tradition et modernité in Congo-Afrique, nº 493, Mars 2015.
Ouvrages en chantier:
– Du droit qui asservit à la foi qui libère: un ouvrage collectif en deux parties: la première juridique et la deuxième théologique par un Bibliste.
– La paix dans le monde: utopie ou horizon d’espérance? Idem.
Cours dispensés:
– Introduction générale à l’étude de Droit / Ier graduat Droit: 90h.
– Droit pénal général/ IIème graduat Droit: 90h.
– Droit pénal spécial/ IIème Graduat Droit: 30h.
– Criminologie/ IIIème graduat Droit: 30h.
– Régimes matrimoniaux, Successions et Libéralités/Ière Licence Droit: 90h.
Conférences:
– Le respect des droits de l’homme, gage d’un développement participatif/ Conférence au Colloque portant sur le thème: «Église du Kasaï et développement» du 07 au 09 avril 2016.
– Franchir le pas vers l’égalité des sexes: mais par quel mécanisme? Conférence à l’Institut Supérieur d’Études Sociales (ISES), 8 mars 2016.
– Peut-on à jamais désespérer de la corruption en R. D. Congo?/Séminaire scientifique sur les droits humains et la Bonne gouvernance, Université Notre-Dame du Kasayi, Décembre 2015.
– La paix et le respect des droits, quelle relation de cause à effet? Conférence organisée par Afrika Telema, Brazzaville, Décembre 2015.
– «l’Autonomisation et la participation politique de la femme congolaise», Conférence à l’Université Notre-Dame du Kasayi, 8 Mars 2015.
– Du droit à l’éducation des femmes, quelle vision étriquée? /Séminaire scientifique sur les Droits humains, Université Notre-Dame du Kasayi, Mai 2014.
– Qu’en est-il du droit au travail consacré à l’article 36 de la Constitution et à l’article 23 de la DUDH. / Séminaire scientifique sur les Droits humains et le développement durable/ Université Notre-Dame du Kasayi, octobre 2013.
– Violences faites aux femmes/ Kananga dans le cadre de la commémoration de la journée internationale de la femme/ Monusco/ Mars 2013.
– Formation sur la prise en compte de la dimension gender dans la Police Nationale congolaise (PNC)/ Monusco/ mai 2012.
– Les droits des veuves/ Kananga dans le cadre de la commémoration de la journée internationale des veuves/ Monusco/ juin 2012.
– Le pouvoir traditionnel face à l’autorité des Entités territoriales décentralisées (ETD) / Kinshasa / Université catholique du Congo (UCC) / Mai 2010.
– Femmes et égalité des chances / Kananga dans le cadre des activités de commémoration du 50 aire de l’indépendance / Avril 2010.
– Femme et Parité, pour une égalité des chances dans un Congo cinquantenaire/ Monuc / Mars 2010 à l’occasion de la journée internationale de la femme.
– La dimension juridique de la gestion intégrée des ressources en eau / Bujumbura / Novembre/ 2007 (NBI).
– Les femmes dans la prise de décision / Kananga/ Monuc/ Mars 2006.
– Essai d’une législation en matière d’environnement / Kinshasa / Ministère de l’environnement /juin 2006.
– Les femmes africaines et droit à l’éducation / Kananga Université Notre Dame du Kasayi/ Novembre2004.
– Les femmes africaines: les oubliées de la mondialisation / Fribourg / colloque à l’Institut d’études africaines /Novembre 2003.
Formations:
– Séminaire sur les conclusions de l’enquête sur la féminisation de la magistrature par la Programme d’d’Appui à la reforme de la Justice (PARJ)/ Kinshasa/ Novembre 2013.
– Séminaire national de validation du diagnostic et du programme prioritaire de drafting législatif par la Programme d’d’Appui à la Reforme de la Justice (PARJ)/ Kinshasa/ Mars 2013.
– Atelier sur le changement climatique /Ouganda (Kampala)/ Mai 2009/ Nile Basin Initiative (NBI).
– Atelier sur la Décentralisation et découpage territoriale / Mbuji-Mayi /Décembre 2009 (SERACOB et Alerte international).
– Atelier pour la formation des facilitateurs / Tanzanie (zanzibar) / Août 2008 (NBI).
– Consultation sur l’intégration de la politique de l’eau/ Egypte (Caire) / Novembre 2009/ Nile Basin Initiative (NBI).
– Atelier sur la décentralisation et problèmes identitaires / Mbandaka/ Mai 2009 (SERACOB et Alerte internationale).
– Atelier des formateurs des animateurs de Justice et Paix au niveau l’Association des Conférences Episcopales de l’Afrique centrale (ACEAC) /Kinshasa/ Mars 2007.
– Atelier sur la gestion intégrée des ressources en eau (GIRE)/ Kigali: Juillet 2006/ Nile basin Initiative (NBI).
Langues parlées:
– Français: TB.
– Tshiluba: TB.
– Lingala: B.
– Swahili: AB.
– Anglais: AB.
Observamos en estas dos profesoras de derecho su buena formación, a la vez que unas trayectorias profesionales destacadas. Una pertenece a la universidad pública y la otra a la universidad privada católica. Una de una universidad de capital y la otra de provincia. Ambas, de parecida edad, tienen varias publicaciones sobre su especialidad y ocupan cargos académicos relevantes. Aunque ninguna ha disfrutado de becas ni ha realizado estudios en el extranjero. Hablan varios idiomas y pertenecen a diversas asociaciones o fundaciones. No obstante, por sus perfiles podemos considerarlas, en general, una excepción dentro de las universidades africanas. Dos maneras de llegar a la universidad, un estudio que esperamos ir completando con posteriores entrevistas realizadas a más profesoras…
* * * * *
En definitiva, hemos realizado dos entrevistas a dos mujeres universitarias, una excepción dentro de la sociedad congoleña. Ambas pertenecen a un reducido grupo social y a una élite académica pero representan las dos vías de acceso posible a la universidad: una, con un camino allanado, a través de su vinculación familiar universitaria y; otra, desde abajo, por su pertenencia eclesiástica. Presentamos una primera aproximación de la investigación que estamos realizando, esperamos realizar más entrevistas a universitarias para poder perfilar su situación como mujeres en el Congo, e incluso hacer el estudio comparativo con otras universidades. En un futuro pretendemos poder trazar el perfil de las mujeres universitarias congoleñas, atendiendo a los indicadores señalados por Bourdieu en su Homo academicus, sobre el estudio de los profesores franceses en el XX: carrera académica, movilidad, becas, origen geográfico y social, participación en la política, ejercicio profesional, relaciones científicas, publicaciones, libros, artículos, tesis dirigidas, retratos o descripciones de sus alumnos o de otros profesores.40 Y con ello ir haciendo un estudio global, más general, de la posición de la mujer en la universidad africana.
Podríamos concluir que la riqueza de un país reside en la formación de sus hombres y mujeres, y esta realidad señala la necesidad de unir a las formas tradicionales o congoleñas de iniciación las fortalezas de la escuela moderna, que ha permitido la apertura del individuo a su entorno más cercano y a un mundo cada vez más globalizado. De este modo, la educación ha constituido un factor de desarrollo de estas generaciones, permitiendo el florecimiento en el individuo de aquellas capacidades y aptitudes susceptibles de asegurar su integración social, económica y cultural. Por tanto, en la educación en República Democrática del Congo es necesario destacar el papel que ha jugado la mujer en el proceso de integración nacional, la promoción de la cultura de la paz y de los derechos humanos, porque en caso de conflictos armados son las mujeres las primeras víctimas…41 La mujer congoleña ha desempeñado un papel primordial en la lucha por la promoción de los derechos humanos, la erradicación de la discriminación y el desarrollo de políticas que impulsen la paridad. Destaca igualmente el trabajo de organizaciones no gubernamentales lideradas por mujeres que luchan por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y la no discriminación.42 No obstante, los objetivos de igualdad no se han alcanzado. La tasa de escolarización de las niñas es todavía muy inferior respecto al de los niños, sobre todo en zonas rurales, y la falta de formación hace más difícil la incorporación de la mujer al mercado de trabajo. Para algunas mujeres el acceso al trabajo está sometido a la autorización del marido. También encontramos desigualdades de índole cultural, fundamentalmente las relativas a toda forma de exclusión social preferentemente en zonas rurales donde los padres dan preferencia a la educación de los hijos varones frente a las hijas.
El líder político burquinés Thomas Sankara manifestó: «oigo el ruido del silencio de las mujeres…» Porque la mujer congoleña no ha dejado que la silencien, su voz suena alto luchando cada día por ocupar espacios hasta ahora vedados. Si bien es cierto que el papel de la mujer en África sigue estando muy determinado por la posición que ocupa en la estructura social, como madre y esposa, no ha dejado de reivindicar cada vez más la igualdad de derechos y su participación en la vida pública y, en este sentido, la educación evidentemente juega un papel esencial.
1. Greg Basue Babu Kazadi, L’action internationale en faveur de la d''émocratie en Afrique: Le cas du Zaire, tesis doctoral inédita, Universidad de Nancy II, 1999; Droit, structures et institutions socio-politics de l’Afrique traditionelle, kinshasa, PUIC, 2013.
2. Para contextualizar la educación en la República Democrática del Congo, Eva María Jurado Cepas, La Universidad en la República Democrática del Congo. De la Universidad Lovanium a la Universidad Nacional del Zaire (1954-1971), tesis doctoral inédita, Valencia, Universitat de València, 2014, pp. 28-30 y «Orígenes de la educación superior y universitaria en la República Democrática del Congo: La Universidad Lovanium (1954-1971)», CIAN-Revista de Historia de las Universidades, 17/2 (2014), pp. 71-194. Hacia el siglo VII la introducción del islam significó una transformación de la vida religiosa, social, cultural y política en la historia del África septentrional. Estas sociedades valoran la lectura y la escritura y su aprendizaje como medios de aproximación al Corán. La educación se centra en las mezquitas, sin embargo, el número de alumnos obligó a construir edificios donde albergarlos, lo que dio lugar al nacimiento de la madraza. Antonio Malpica, «La Madraza», La Universidad. Una historia ilustrada, Santander, 2012, pp. 36-37.
3. Otra institución de importancia comparable fue la universidad al-Azhar en el Cairo, que data del año 988, anterior a las más antiguas universidades europeas de París, Oxford y Montpelier. Véase en Cheikh Anta Diop, L’Afrique noire précoloniale, París/Dakar, Présence Africaine, 1987, p. 165.
4. El autor nigeriano Kole Omotoso, en su descripción del colonialismo británico, cita la novela del maliense Cheikh Hamidou Kane, Ambiguous Adventure, donde reconoce esta dualidad de la educación occidental: por un lado, su naturaleza utilitaria pero también su inmoralidad. La novela relata la conmovedora derrota de los dialobe a manos del conquistador francés y los motivos que la causaron. Con el fin de protegerse en un futuro, deciden enviar a sus hijos a colegios franceses para que aprendan «el arte de conquistar sin tener razón». Kole Omotoso, Migración hacia el Sur, Barcelona, Edicions Bellaterra, 2000, pp. 44-47. Eva María Jurado Cepas, La Universidad en la República Democrática del Congo…, p. 35.
5. Véase Adiele Eberechukuwu Afigbo, «Les répercussions sociales de la domination coloniale: les nouvelles structures sociales», Histoire General de l’Afrique (VII). L’Afrique sous domination coloniale 1880-1935, A. Adu Boahen (dir.), París, Unesco, 1987, p. 536.
6. Eva María Jurado Cepas, La Universidad en la República Democrática del Congo…, pp. 38-59.
7. Albert Adu Boahen «Le colonialisme en Afrique: impact et signification», Histoire General de l’Afrique (VII). L’Afrique sous domination coloniale 1880-1935…, pp. 852-858. Como pone de manifiesto la escritora nigeriana Chimanda Ngozi Adichie: «en África las mujeres tenían más poder antes de la colonialización», en entrevista publicada por Patricia Reguero en El salto diario, el 10-07-2017.
8. Encarnación Fernández, «Los derechos de las mujeres», Derechos Humanos, Jesús Ballesteros (ed.), Madrid, Tecnos, 1992, pp. 144-162.
9. Introducción de Virginia Ávila y Paola Suárez, Los estudios de género hoy. Debates y perspectivas, Virginia Ávila y Paola Suárez (coord.), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2015, p. 7.
10. Desde la historia del derecho en España, Margarita Serna Vallejo, «La reivindicación de la iguadad entre mujeres y hombres en los siglos XVIII y XIX», Mujeres y derecho. Una perspectiva histórico-jurídica, Encuentro de Historiadores del Derecho: Actas, Barcelona, 26-27 de noviembre de 2014, Francisco Luis Pacheco Caballero (coord.), Barcelona, Associació Catalana d’Història del Dret Jaume de Montjuic, 2015, pp. 65-126.
11. M. P. Thiriat, Statistique de genre. Rapport du K54 sur la statistique pour la politique sociales, Kinshasa, 22-24 septiembre, 2009, p. 53.
12. Nos servimos de los trabajos de Pierre Bourdieu, Homo academicus, París, Minuit, 1984 y La dominación masculina, Barcelona, Anagrama, 1999.
13. En México los estudios realizados por Paola Suárez Ávila, «El reto de la incorporación de la teoría feminista y de género en las antropologías del mundo»; Armando Pavón y Clara Ramírez, «Roles de género en la organización familiar novohispana». Los efectos de la primera integración planetaria, ambos en Los estudios de género hoy. Debates y perspectivas…, pp. 55-75 y 127-149, respectivamente. Por su parte, Clara Ramírez dirige en la UNAM un proyecto PAPIIT, «Escrito de mujeres», 2015, «Archivos de mujeres. Educación y cultura» desde 2016. También el trabajo de Armando Pavón Romero, «La universidad masculina: La Real Universidad de México en la época colonial», en prensa. En Valencia caben destacar; entre otros muchos, los trabajos de Mónica Bolufer e Isabel Morant Deusa, «Sobre la razón, la educación y el amor de las mujeres: mujeres y hombres en la España y en la Francia de las luces», Studia Histórica. Historia Moderna, 15 (1996), pp. 179-208 y Ana Aguado y Luz Sanfeliu, «Juventud, socialismo y compromiso político femenino: entre el asociacionismo y la militancia (1906-1931)», Ayer 100, Revista de historia contemporánea, dosier: Género, juventud y compromiso, 4 (2015), pp. 47-72.
14. Teniendo en cuenta que para el año 2010 la tasa de escolarización de mujeres en el Congo era del 28,8% frente al 42,5% de hombres. Fuente: «Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)», Rapport National sur le développement Humain, 2009, gouvernance pour le développement humain en República Democrática del Congo, p. 216.
15. Richard Ngub’Usim Mpey-Nka, Kikwit, de la mégapole scolaire, à la ville universitaire. Pages d’histoire de l’Université du Bandundu à Kikwit (UB-UNIKIK), Kinshasa, Editions U-Psychcom, 2012, pp. 21-25.
16. La ocupación de la cuenca del Congo codiciada por Leopoldo II se verá acompañada de una administración progresiva de este territorio que afianzaba el poder del rey y el del capital privado, entre el que se encontraba el de la familia real belga, con el fin de explotar mejor los inmensos recursos naturales de este vasto territorio. El africanista Crawford Young utiliza el término «trinidad colonial», para designar el cartel constituido por el estado, la iglesia y el gran capital privado, en vistas de una eficaz y rentable colonización del Congo. Véase en Crawford Young, The african colonial state in comparative perspective, Yale University Press, 1994. También Kita K. M., Colonisation et Enseignement: cas du Zaïre avant 1960, Bukavu, Ceruki, p. 101.
17. Richard Ngub’Usim Mpey-Nka, Kikwit, de la mégapole scolaire, à la ville universitaire. Pages d’histoire de l’Université du Bandundu à Kikwit (UB-UNIKIK)…, pp. 28-29.
18. En 1946 el ministerio para las colonias extendió a las escuelas protestantes el régimen de subvenciones, hasta ahora reservado a las escuelas católicas.
19. J. M. K. Mutamba Makombo, L’Histoire du Congo par les textes, Tomo II: 1885-1955, Kinshasa, Editions Universitaires Africaines, 2007, pp. 55-58.
20. En 1926 el estado colonial firmó con cada misión otras convenciones escolares, en virtud de la cual las misiones nacionales estaban llamadas a hacerse cargo de las escuelas, siguiendo un programa de enseñanza, un baremo de subsidios y un sistema de inspección y de control ordenados por el gobierno. Kita K. M., Colonisation et Enseignement: cas du Zaïre avant 1960…, pp. 169-174.
21. Dos escuelas podían ser consideradas como escuelas superiores especializadas: la Escuela oficial de ayudantes médicos indígenas, en Leopoldville (1935), a semejanza de la Escuela de medicina de Dakar (África occidental francesa), y la Escuela de ayudantes médicos de la Fondation Médicale de l’Université de Louvain au Congo (FOMUAC), en Kisantu (1937), accesibles a los portadores de un diploma de cuatro años de estudios medios. Guy Malengreau, L’Université Lovanium. Des origines lointaines à 1960, Kinshasa, Editions Universitaires Africaines, 2008, pp. 5-6.
22. Gertrude Mianda, «Du Congo des évolués au Congo des universitaires: la représentation du genre», L’Université dans le devenir de l’Afrique. Un demi-siècle de présence au Congo-Zaïre, Isidore Ndaywel è Nzien (dir), París, l’Harmattan, 2007, pp. 221-236.
23. Bernadette Lacroix, «Pouvoirs et structures de l’Université Lovanium», Les Cahiers du Cedaf, 2/3 (1972), Bruxelles, pp. 13-15.
24. Évolué será el término francés utilizado durante el período colonial aplicado al nativo de origen africano o asiático, que había recibido una educación europea u occidental. También describe a una creciente clase media nativa que surge en el Congo belga en el período de entreguerras y se afirma definitivamente en los años cuarenta. Véase Isidore Ndaywel, Histoire du Zaïre. De l’heritage ancien à l’âge contemporain, Louvain-la-Neuve, Duculot, 1997, p. 447.
25. Bernadette Lacroix, «Pouvoirs et structures de l’Université Lovanium» …, p. 9. La traducción del francés es obra de las autoras.
26. J. M. K. Mutamba Makombo, L’Histoire du Congo par les textes, Tomo II: 1885-1955…, p. 232.
27. Richard Mugaruka M., «Les universités congolaises. Cinquante ans après l»accession de la RD Congo à l’indépendance: Bilan et Perspectives», Congo-Afrique XLIX ème Année, nº 446 (Juin-Juillet-Août 2010), p. 468.
28. Hasta la fecha siguen sin existir datos oficiales del número de estudiantes fallecidos durante la manifestación del 4 de junio de 1969.
29. Bernard Mumpasi Lututala, «L’Université de Kinshasa: “colline du savoir”, colline des transactions», JHEA/ RESA, Kinshasa, vol. 10, nº 1 (2012), p. 27.
30. Tharcisse Tshibangu, L’université congolaise. Etapes historiques, situation actuelle et défis à relever, Kinshasa, Editions universitaires africaines, 2006, pp. 26-43.
31. Élisabeth Mudimbe-Boyi, «Université congolaise: souvenirs en ré-mineur», L’Université dans le devenir de l’Afrique. Un demi-siècle de présence au Congo-Zaïre…, p. 61.
32. La Voix du Congolais, revista publicada con el apoyo del gobierno de la colonia, constituyó el medio de información para los évolués, desde su creación en 1945, hasta su desaparición en 1959. Estuvo dirigida por Antoine-Roger Bolamba. J. M. K. Mutamba Makombo, L’Histoire du Congo par les textes. Tomo II: 1885-1955…, pp. 143-144.
33. Élisabeth Mudimbe-Boyi, «Université congolaise: souvenirs en ré-mineur», L’Université dans le devenir de l’Afrique. Un demi-siècle de présence au Congo-Zaïre…, p. 63.
34. Élisabeth Mudimbe-Boyi, «Université congolaise: souvenirs en ré-mineur», L’Université dans le devenir de l’Afrique. Un demi-siècle de présence au Congo-Zaïre…, p. 64. Véase también de la misma autora, sobre la cuestión de la mujer, la enseñanza colonial, el papel de la literatura y la función de los intelectuales, «Le Français, langue paternelle», La Culture française vue d’ici et d’ailleurs, Thomas Spear (dir.), París, Karthala, 2002, pp. 73-95; «Pourquoi la littérature?», Mondialisation, cultures et développement, Isidore Ndaywel y Julien Kilanga (dir.), París, Maisonneuve et Larose, 2005, pp. 173-186; «Victor Bol, ouvrier de la première heure: la forcé des mots», Littérature francophone, université et societé au Congo-Zaïre. Hommage à Victor Bol, Nyunda ya Rubango et Bogumil Jewsiewicki (dir.), París, L’Harmattan, 2005, pp. 75-87.
35. Université Lovanium 1962-1963, Léopoldville, République du Congo, p. 14.
36. Isidore Ndaywell è Nziem, Les Années Lovanium. La première université francophone d’Afrique subsaharienne. Tomo I. Textos recogidos por Isidore Ndaywell è Nziem, París, L’Harmattan, 2010, p. 13.
37. Université Lovanium, Secrétariat général, Service des statistiques.
38. Tharcisse Tshibangu, L’université congolaise. Etapes historiques, situation actuelle et défis à relever…, pp. 211-214.
39. Yolanda Blasco Gil, Protocolo de trabajo en las fuentes orales, elaborado para realizar entrevistas a los personajes biografiados y sus familiares en el proyecto «Científicos y humanistas valencianos del siglo XX. VESTIGIUM», Proyecto Vestigium, constituido en 2013 hasta la actualidad, dirigido por Rafael Aleixandre Benavent de la Universitat de València. Protocolo recogido en Alicia García García, Integración de contenidos semánticos en un portal web de científicos y humanistas valencianos: Vestigium, tesis doctoral inédita, Valencia, 2014, pp. 494-499, en particular p. 498.
40. Véase Yolanda Blasco Gil, La facultad de derecho de Valencia durante la restauración, 1875-1900, Valencia, Universitat de València, 2000, capítulo IX, El cuerpo profesoral: poder social y prestigio académico, en particular pp. 275-313; «Entre la trayectoria universitaria y social: los catedráticos de derecho en Valencia, 1900-1939», Promoción universitaria en el mundo hispánico, siglos XVI al XX, Armando Pavón Romero (coord.), México, UNAM-IISUE, 2012, pp. 191-233.
41. La abogada y periodista congoleña Caddy Adzuba, premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2014, es conocida por denunciar las sistemáticas violaciones que sufren las mujeres en República Democrática del Congo. Son numerosos los informes internacionales que relatan la violencia contra las mujeres en RDC y la utilización de su cuerpo como arma de guerra. Véase «Sexual violence against women in the Democratic Republic of the Congo: population-based estimates and determinants», informe dirigido por Amber Peterman, publicado en el American Journal of Public Health, mayo 2011.
42. «Les universitaires de Kinshasa en quête de démocratie et de paix pour la Republique Démocratique du Congo», Rapport général du Séminaire sur «Démocratie et paix en RDC», realizado en Kinshasa, del 22 al 25 septiembre de 1999, Congo Afrique, nº 345 (mayo 2000), pp. 278-290.
MOSÉN FRANCISCO JERÓNIMO SIMÓ, EL PRIMER SANTO DEL ESTUDI GENERAL VALENTINO*
EMILIO CALLADO ESTELA
Universidad CEU-Cardenal Herrera
La muerte en opinión de santidad de mosén Francisco Jerónimo Simó (1578-†1612) y su posterior intento de beatificación estarían en el origen de uno de los fenómenos de convulsión social y religiosa más espectaculares del siglo XVII, para el conjunto de la Monarquía Hispánica en general y la Valencia barroca muy particularmente. Ambos acontecimientos desataron las tensiones espirituales contenidas durante el pontificado del Patriarca Ribera, quien había logrado mantener a la Iglesia valentina al margen de los sobresaltos experimentados por otras diócesis españolas. Dos modelos de religiosidad colisionaron con toda virulencia. El tradicional, encarnado principalmente por la orden de Predicadores, quedó espantado ante la nueva espiritualidad de espectro contemplativo subyacente en el simonismo, no tanto por el recuerdo de los lejanos grupúsculos luteranos de Valladolid y Sevilla y el miedo al rebrote del alumbradismo –que también– como sobre todo por la pérdida de protagonismo religioso y las nefastas consecuencias materiales derivadas, entre otras para sus propios procesos de beatificación, contados por decenas. La rotunda oposición de tales sectores tendría enfrente el sentir mayoritario de la sociedad valenciana, volcada con una causa extraordinariamente popular que el Santo Oficio acabaría abortando pese a los esfuerzos en sentido contrario de las principales instituciones regnícolas, tan dispares como los estamentos del Reino, el cabildo metropolitano o la propia Universidad.1
Esta última quizá con mayor motivo para hacerlo que otras, ya que mosén Simó se había formado en sus aulas. A nadie podía disgustar, en plena Contrarreforma además, tener en los altares a uno de los suyos, con el consiguiente honor, parangón y beneficios reportados. De la etapa universitaria del primer santo del Estudi General –como llegaría a conocérsele– y de la implicación de profesores y alumnos bajo diferentes especies en su carrera frustrada hacia la santidad versan las siguientes páginas.
* * * * *
Con el alborear del Seiscientos la mayoría de los candidatos al sacerdocio en la tierras españolas continuaba preparándose en fementidas escuelas de Gramática, bajo la férula de un dómine cualquiera encargado de enseñarles apenas un poco de mal latín y otros rudimentos académicos más. Cierto que algunos podían llegar a hacerlo en las cátedras conventuales, e incluso en la Universidad, con una formación de mejor calidad sin duda, aunque en un ambiente poco adecuado para los futuros ministros de Cristo.2 En Valencia, con peor o mejor fortuna, hacía años que las autoridades diocesanas venían tratando de impulsar centros específicos para sus huestes.3 Sería finalmente el arzobispo Juan de Ribera quien diera el impulso definitivo al asunto con la aplicación del decreto tridentino sobre seminarios sacerdotales, materializado en la erección del Real Colegio de Corpus Christi.4

Mosén Francisco Jerónimo Simó, sin embargo, no tuvo la suerte de formarse en ninguno de tales nuevos institutos. En 1585, todavía niño, había empezado a recibir las primeras letras a cargo del presbítero Francisco Cortel, curiosamente del referido colegio.5 La temprana desaparición de sus padres interrumpió estas clases, al verse abocado el pequeño a servir en diferentes casas para poder sobrevivir. En la última de ellas retomaría su formación de la mano del doctor Juan Pérez, «graduado en Theología, varón exemplar e insigne en todo género de virtud, santidad y letras», cuyo modelo de vida estimuló la vocación religiosa de nuestro protagonista. Durante una década aproximadamente mosén Simó aprendió de los círculos reunidos en torno a su señor, a quien acudían personajes de la más diversa condición para consultarle «negocios de sciencia y de conciencia», desde miembros de la nobleza y la jerarquía eclesiástica hasta destacadas figuras del mundo espiritual local.6 Y también insignes catedráticos del Estudi General valentino, de la talla de los Trilles, Pedro Juan y Jerónimo, de Sagrada Escritura el primero7 y de Hebreo el segundo;8 Honorato Ausina, de Poesía y Oratoria;9 o Vicente Borrás de Vilafranca, de Teología.10
No resulta casual, pues, que según sus biógrafos Francisco Jerónimo acabara siendo alumno de esta Universidad para «criarse en su casa y a los pechos de sus enseñanças». Efectivamente, entre los nueve y veinte años de edad, cursaría Gramática, Lógica, Filosofía y Teología escolástica, expositiva y moral, así como también Latín, Griego y Hebreo. Lo confirma uno de sus mejores conocedores, por quien sabemos además de los avances del joven en cada una de las materias apuntadas:
«[…] supo perfectamente la lengua Latina, muy bien la Griega y suficientemente la Hebrea. Fue gran lógico y excelente filósofo y gran theólogo escolástico […]. En la Expositiva hizo grandes progressos, y a más de aver traducido de griego en latín el Testamento Nuevo […] era ambiciosíssimo de leer y penetrar los profundos mysterios de la Sagrada Escritura […]. En la Moral era más continuo su estudio […]. Y quánto aprovechó en la Mystica […]: en ella reducía a práctica la theórica que leía y estudiava en las obras de los santos y libros de devoción»11
Incluso ha llegado hasta nosotros la nómina de profesores que impartió tales disciplinas a mosén Simó, gracias en este caso a las decenas de testimonios recogidos con ocasión de su posterior intento de beatificación.12 Así las cosas, Antonio Noguera, catedrático por entonces de Filosofía, lo tuvo entre sus alumnos de Lógica.13 Durante más de un lustro el citado Pedro Juan Trilles –a cuya residencia particular solía acudir el interesado para resolver dudas de estudio– le enseñó Teología, junto al doctor Vicente Soriano,14 los padres agustinos Gregorio Satorre15 y Miguel Bartolomé Salón16 y el dominico fray Diego Mas.17 De la Retórica –también del Griego– se ocuparían el ciceroniano Blas García18 y el ínclito Pedro Juan Nuñez,19 y de la Prosodia un relevante miembro de la saga de impresores Mey, Felipe.20 Por último, el igualmente mencionado Jerónimo Trilles guió los pasos del muchacho en el aprendizaje del Hebrero.21
En aquellas aulas y entre sus condiscípulos forjó Francisco Jerónimo algunas importantes amistades. Desde luego, y además de Gaspar Ximeno,22 con Jerónimo Martínez de la Vega,23 Gregorio Torrent,24 Marco Antonio Palau25 y Juan García y Artes.26 Los cuatro incorporados años después al clero, en calidad de beneficiados los tres primeros, en San Andrés, Santa Cruz y Dénia, respectivamente, y como canónigo de la seo valentina y obispo de Orihuela el cuarto. Coincidiría asimismo con otros alumnos, al tiempo insignes eclesiásticos y de destacada participación en los sucesos acaecidos tras su fallecimiento. Lo fue sin duda, como se verá, el sobrino del arzobispo Ribera don Baltasar de Borja, arcediano de Xàtiva en la catedral y vicario general de la sede vacante tras el pontificado de su tío antes de ingresar en el episcopado.27
Testigos de excepción todos de esta etapa en la vida de Francisco Jerónimo, corroborarían su asistencia puntual a las clases. O a la oración diaria en la capilla universitaria de Nuestra Señora de la Sabiduría. Ninguno lo contó, sin embargo, en las frecuentes algaradas estudiantiles. Antes al contrario,
«[…] siendo estudiante este siervo de Dios y oyendo Theología con el dicho pabordre Trilles, acababa la liçión el dicho pabordre, se ponía al poste según era costumbre, y rodeándole los estudiantes haviendo precedido alguna inquietud en la liçión entre los estudiantes, como suele de moverse entre ellos alguna matraca, dezía el dicho pabordre Trilles que quién havía sido el promovedor […] y todos los estudiantes callavan. Y entonces el dicho pabordre Trilles dezía al dicho siervo de Dios: ¿Vuestra merced, señor mossén Hyerónimo Symó a sido el promovedor desto? Y entonces el dicho siervo de Dios respondía con su grande humildad: Yo, señor, significando que él no lo havía echo. Y muy bien sabía el dicho pabordre Trilles que no lo havía hecho […]»28
Episodios como éste explicarían las mofas de ciertos compañeros hacia mosén Simó, cuya tez amoriscada y vestido raído –«de paño de mescla, con unas medias de cordellate pardo, con unos çapatos gordos y con un sombrero largo»– terminaron valiéndole entre tales el apodo de Joroni Comprau Feyxets.29
Pero nada distraería la atención del joven estudiante por los libros. Ni siquiera el logro de un beneficio eclesiástico en la cercana parroquia de San Andrés, del que tomó posesión en 1603 sin poder ser admitido a residencia ni gozar de los emolumentos de esta prebenda hasta ser ordenado in sacris un par de años después.30 De hecho,
«[…] todos los días, quando passava a dezir missa a su iglesia de San Andrés, se llevava consigo algún libro del assumpto; y mientras se hazía hora o se desocupava del altar donde avía de celebrar se estava leyendo en él»31
Para entonces Francisco Jerónimo habría compuesto ya varias obras bajo la supervisión de sus profesores. Ni rastro han quedado de algunas. No de la Gramática hebrea que el catedrático Jerónimo Trilles tuvo ocasión de corregir.32 Como tampoco del tratado De Trinitate, «muy docto y erudito», a decir del también catedrático Antonio Noguera.33 Sí se han conservado, por el contrario, unas breves Liras espirituales, atribuidas a su pluma al igual que los Avisos para consuelo y bien de las almas o la Dotrina espiritual que escrivió a una religiosa descalça para instrucción del alma en las virtudes y exercicios espirituales que más agradan a su Divina Magestad, impresas a su muerte.34
De la lectura de tales páginas se desprenden algunos rasgos de la religiosidad de su autor, contemplativa, de corte interior y sobre la que estudiosos e investigadores continúan sin ponerse de acuerdo. Fuera exponente de la mística auténtica,35 cabecilla de un foco prequietista36 o simple anécdota espiritual,37 mosén Simó habría adquirirido en el Estudi General buena parte del bagaje personal que le permitió pasar a a la Historia. Aunque nunca se graduara ni su nombre figurara entre los alumnos que presentaron testimoniales en ella.38
Cuantos émulos y detractores de la fama de santidad de Francisco Jerónimo surgieron con su óbito esgrimirían este hecho precisamente para negarle cualquier afán intelectual. Recibió sí enseñanzas en la Universidad de Valencia, pero «en todos estos estudios era muy corto, como dizen sus condiscípulos, porque jamás le vieron tener acto de letras alguno, ni jamás de saber, más que acudir a sus liciones». Nada que ver, pues, con el alumno ejemplar descrito por otros. Al contrario, según diferentes testimonios recopilados por el dominico fray Juan Gavastón.39 Por ejemplo:
«[…] oía Teología con el pavorde Soriano, el cual como un día en la lección hubiese citado a santo Tomás, a Cayetano, a Soto y a otros frailes que hacían a propósito salidos a la lección al poste, dijo mosén Simón al dicho maestro: ¿Por qué nos ha citado a tantos frailazos? Respondióle su maestro escandalizado, que era muy recatado y siervo de Dios dicho pavorde: ¡Ay Señor!, ¿y eso ha de decir?»40
Como quiera que fuese, la desaparición de Francisco Jerónimo con fama de santo, el 25 de abril de 1612 y a los treinta y tres años de edad, motivaría la rápida determinación del rector del Estudi General Juan Bautista Pellicer para tributar a su alumno unas de las más solemnes honras hasta entonces recordadas.41 La ceremonia hubo de ser pospuesta hasta el día 10 de julio, festividad de San Cristóbal. Sólo de este modo pudieron habilitarse los espacios académicos para albergar a toda la comunidad universitaria, autoridades civiles y eclesiásticas de la ciudad. Hasta el punto de descartarse la capilla y trasladar las celebraciones a los dos patios del edificio. El ornato de ambos bien merece detenernos en sus pormenores:
«En el patio primero […] se erigieron dos altares a uno y otro lado de la entrada al patio mayor. Estavan vestidas sus paredes de hermosas colgaduras, sirviéndolas de cenefa una orden de bellíssimas pinturas, tan bien ajustadas que parecían hechas al intento. Sobre las cortinas avía muchos geroglíficos e ingeniosos versos. Todo el patio grande se cubrió de los toldos de lienço que sirven a la festividad del Corpus en las plaças de la Seo y del Mercado. Sus quatro seras, desde los texados hasta el suelo, se entapizaron de damascos, terciopelos y brocados, corriendo por lo alto otra hilera de quadros como en el primer patio. En el medio del mayor se erigió el túmulo, y su planta era de 36 palmos en quadro. Del primer cuerpo, elevado siete palmos del suelo, salían a cada esquina una pirámide de bien pintados jaspes y 24 palmos de alto; cada una contenía un nicho bien formado y en él un hermoso y devoto Niño. Del medio de este primer plano se levantavan quatro gradas en seisavo y sobre ellas doze proporcionadas colunas, de orden corinthio, con sus capiteles, arquitrave, friso y cornisa, que coronavan una galería de bien imitado bronce, con muchas luzes y con doze floreros en los ángulos. En el friso, con bien formados caracteres, se leía este lugar de Escritura Oculus Dei respexit illum in bono, et erexit eum ab humilitate ipsius, et exaltavit caput eius (Ecclesiati. 11, 13). Por dentro se descubría un Cielo raso azul sembrado de estrellas de oro y por fuera se elevava un cimborio, o media naranja seisavada, de 11 palmos de alto, que rematava en una proporcionada bola y su pirámide por difinición. En el centro de la obra, sobre el seisavo, sentava la tumba o féretro, cubierto de un riquíssimo paño de brocado y tres almohadas de lo mismo y un bonete negro de clérigo encima, con una curiosa guirnalda de flores que sustentavan dos ángeles»42
Junto a ello, se encargaron tres ricos altares para cada una de las paredes del patrio principal, dedicados a san José, santo Tomás de Aquino y san Carlos Borromeo, cuyas imágenes de bulto redondo coronarían las estructuras. Más centenares de epitafios, epigramas, jeroglíficos y poesías varias –en valenciano, castellano, griego, hebreo y latín– a la lumbre de un millar de velas y hachas ardientes.43
A primera hora del día señalado la Universidad reunía en sus instalaciones a un concurrido público, con los jurados de la Ciudad en lugar destacado. Veinticinco catedráticos, doctores y maestros, revestidos todos para la ocasión, escoltaron a don Baltasar de Borja, encargado de oficiar la misa, y al canónigo –y futuro rector– Martín Bellmont, a cuya cuenta corrió el sermón. Los músicos de la catedral aderezarían la ceremonia con algunas piezas ensayadas para ésta. Por la tarde, y en el mismo Estudi General, hubo certamen poético a la mayor gloria del difunto mosén Simó, a quien también se dedicó una serenata final «con variedad de música de vozes y instrumentos, compitiendo la suavidad con la destreza».44
Por aquellas mismas semanas profesores y condiscípulos de Francisco Jerónimo eran requeridos para predicar en las exequias funerales organizadas en su memoria a lo largo y ancho del reino. Sirva de ejemplo el caso del tantas veces mencionado catedrático Antonio Noguera, con un sermón pronunciado en la parroquia de San Nicolás de Valencia que según los allí presentes:
«[…] fue muy crecido el concurso que juntó en aquella iglesia la curiosidad y deseo de oír y saber de tan abonado y fiel testigo las virtudes que en aquella edad y profesión de moço y estudiante resplandecía ya en el siervo de Dios. Dexó admirado y enternecido al auditorio el sermón y con mayor conocimiento de las profundas raízes que aquella planta tierna avía hechado en el campo de la virtud para crecer árbol robusto en la perfección»45
Otros colegas del doctor Noguera en la Universidad, si no profesores de mosén Simó directamente, conocidos al menos por el susodicho, harían lo propio ante diferentes auditorios de la capital. Lorenzo Ximénez de Arguedes,46 catedrático de Filosofía Moral durante aquel tiempo, predicó en las iglesias de San Miguel y San Lorenzo, además del oficio de Carpinteros.47 Sus homónimos de Metafísica, y beneficiados ambos de la catedral, Andrés Guillonda48 y Cristóbal Nadal,49 en San Martín y San Nicolás50 y San Juan del Mercado,51 respectivamente. Los habría también como el catedrático Felipe Mey –en colaboración en este caso con su hermano Pedro Patricio– que desde sus imprentas contribuirían decisivamente a perpetuar y difundir la memoria del finado.52
Entretanto, el Estudi General se habría sumado ya a la parte promotora de la beatificación de su antiguo alumno.53 Solicitándola primero al vicario general de la sede vacante, quien instruyó un proceso diocesano a este respecto en el que depusieron su testimonio representantes de todos los estamentos universitarios.54 Y poco después al nuevo arzobispo fray Isidoro Aliaga, llegado a Valencia en noviembre de 1612 y desde entonces principal obstáculo en el camino a los altares de Francisco Jerónimo.55
El prelado, un fraile dominico de formación muy tradicional, luego ajeno como sus hermanos de hábito al modelo espiritual por Francisco Jerónimo representado, acabaría convirtiéndose en la bestia negra del simonismo. En tal sentido, la Universidad pronto hizo público su malestar hacia el padre Aliaga, contra quien se manifestó por vez primera antes incluso de su entrada oficial en la capital. Decenas de estudiantes se arremolinaron junto al palacio episcopal el día de Santa María Magdalena para quemar un muñeco de paja, mitrado, con hábito blanquinegro y al que habían paseado por toda la ciudad a lomos de un jumentillo al grito de «Vítor lo pare Simó a pesar del archebisbe, que és un frare motiló…!».56
Desde aquella fecha no habría manifestación contraria al ordinario diocesano que no tuviera entre sus promotores o participantes alumnos y profesores del Estudi General, quienes desafiaron abiertamente los sucesivos mandatos arzobispales limitando la devoción simonista. En este sentido, durante la procesión del Viernes Santo de 1613, junto a las andas de la Pasión, desfilaría un Crucifijo con Francisco Jerónimo a los pies bañado por la sangre que emanaba de las santas llagas. En otro de los pasos el mismo sacerdote ayudaba a Cristo a portar la cruz. El prelado puso en marcha una investigación para esclarecer la autoría de ambas invenciones, atribuidas al catedrático Blas García, que daría con sus huesos en la cárcel provocando un hondo malestar entre el claustro universitario.57
Encontronazos similares se sucedieron en los años siguientes. Hasta que las tensiones alcanzaran su punto más álgido a comienzos de 1619. Para entonces fray Isidoro Aliaga habría arrancado al Santo Oficio la prohibición de cualquier manifestación de culto público a mosén Simó. El día previo a la publicación de los correspondientes decretos inquisitoriales un grupo de estudiantes llamó a rebato mediante la pega masiva de cedulones en las fachadas de los principales edificios del cap i casal, entre ellos el de la propia Universidad convocante. Decían así los carteles:
«De orden y decreto de nuestra Academia supplicamos a vuestras mercedes acudan con sus armas, antes del sermón, a la iglesia mayor con los señores pescadores para no dar lugar a que se publique un edicto mandando quitar los altares y figuras de nuestro muy venerado padre Francisco Hierónimo Simón, para lo cual nos mueve sus virtudes, santidad y milagros. Salgamos juntos para que salgamos con victoria de tantos émulos y contrarios que a nuestro santo padre Simón persiguen, y antes perdamos las vidas que salgan con sus intentos. Dada en nuestra Academia, a 2 de marzo de 1619. La Universidad y Academia. Todo hombre salga y nadie falte»58
Efectivamente el domingo 3 de marzo un motín encabezado por jóvenes interrumpiría la promulgación de tales edictos ante la incapacidad de las autoridades civiles y religiosas para contener el tumulto. Desde el Estudi General los manifestantes, con caja, pífanos y vítores a Francisco Jerónimo, marcharon por la urbe dándose a mil demasías, prolongadas durante la jornada siguiente. Poco antes del mediodía un centenar de estudiantes irrumpía en las dependencias universitarias y se llevaba consigo al dominico fray Jacinto Roig, hijo del vicecanciller del Consejo de Aragón y lector de Artes a la sazón, por negarse a secundar sus desmanes. Según un dietario coetáneo:
«[…] echaron mano del letor de Artes que en la Universidad leía, fray Hyacinto Roig, hijo del vicecanciller, y de su compañero, fray Henrique Ruiz, y los llevaron a hombros por todas las calles, haziéndoles vozear a ellos mismos ¡Vítor mosén Simón! y haziéndoles bessar, de quando en quando, una estampa del sobredicho. Y dando con ellos en San Andrés les hizieron arrodillar delante su altar y en boz alta rezar el Pater Noster»59
Extremos confirmados por mosén Porcar, con algunos detalles más sobre el incidente:
«Dilluns de matí, a 4, vingué a llegir a l´Estudi fra Roig, fill de vicecanceller. Lo arrebataren y li clavaren un paper del pare Simó en los pits; y·l portaren a Sant Andreu y l´assentaren en una cadira del chor i accabà de oyr lo sermó. I aprés, lo portaren a la capella de mosén Simó y lo feren agenollar y dir Víctor lo pare Simó y li feren donar caritat per a la capella. Y·l portaren per tots los carrers dels Peixcadors i per tota València fent-li dir Víctor lo pare Simó i li fien bessar un paper del venerable Simó. Y açò fonch en retorn perquè, poch dies enans, en la aula, li digueren que digués Víctor lo pare Simó y tant importunan-lo dix que·l diumenge o veurien en la seu, que fonch causa de que no·l deixaren llegir y feren lo que feren […]»60
Entretanto otra escuadra de estudiantes –muchos con sambenitos, corozas de papel y aspas de penitentes– se daba cita en el portal de los Judíos para marchar sobre el Santo Oficio «con determinación de matar y degollar» a quienes secundaran el veto inquisitorial. El rector Juan Bautista Pellicer personalmente hubo de terciar para calmarlos, autorizando la colocación en el patio de la Universidad de una imagen del venerable sacerdote ante la cual rendirían homenaje los jóvenes durante el resto del día.61 Algunos, desde el exterior, prosiguieron hasta la madrugada con toda suerte de chanzas en desacato de inquisidores, obispos e incluso el papa. El popular Albert, en lo alto de un improvisado tablado, clamaría a los cuatro vientos entre las risas de sus compañeros:
«Yo soy papa, y assí, a los que ayer lo hicieron mejor en el motín los quiero premiar. A fulano –nombrándole– le concedo cien años de perdón. Y a fulano, que lo hizo aventajadamente, le hago cardenal. Y a fulano, etcétera»62
De todo ello supo fray Isidoro Aliaga desde su retiro en las afueras de la capital, que se negó a abandonar pese a los ruegos de autoridades civiles y eclesiásticas para que regresara. Entre las razones esgrimidas por el arzobispo se hallaría el desacato del Estudi General, en relación a la causa de Francisco Jerónimo desde luego, pero también con respecto al juramento inmaculista pretendido por la institución y del que el prelado –como buen fraile dominico– nada quería saber.63
En un gesto conciliador y bajo la atenta mirada de la Inquisición, los jurados de Valencia se comprometieron a pacificar la Universidad –bajo su patronato, no se olvide– mediante una redada saldada con el arresto de doce estudiantes implicados al parecer en las algaradas de marzo y asiduos de la cátedra del doctor Jerónimo Agustín Morlá, clausurada sine die por obstrucción de su titular a la investigación.64 Lo cuentan los hermanos Vich:
«[…] dos frayles dominicos, en el general del doctor Morlá, cathedrático de Artes, al darle unas conclusiones para que asistiesse a ellas en Santo Domingo, dos o tres de sus discípulos comenzaron a dar vaya a dichos religiosos diciendo ¡Arrápalo [Simó]!, lo qual reprendió dicho doctor Morlá con prudencia, pero no valió para que cessasse el rauido. Quejáronse los religiosos a su superior y éste dio razón de esto a los jurados, al vicario general y al rector, los quales mandaron al doctor Morlá dixesse quiénes eran los dichos estudiantes, y no queriéndolo hacer, le han privado la lección desde el sábado a 2 de noviembre»65
A poco debieron de saber al padre Aliaga tales procedimientos. Hasta el extremo de plantearse la excomunión de los responsables universitarios. Si bien ésta nunca se produjo, las tensiones acumuladas entre mitra y rectorado –bajo la apariencia de un conflicto de preeminencias– desencadenarían una crisis sin precedentes en el seno de la institución, con la renuncia del arzobispo a la cancillería de la misma y la consiguiente suspensión en la expedición de cualquier título o grado. El caos por ello generado en el Estudi General justificó que la Ciudad tratara de complacer a fray Isidoro con el reconocimiento de mayores prerrogativas episcopales en la gestión del centro a cambio de restablecer la normalidad académica.66
Semejante componenda no dejó más salida al rector Juan Bautista Pellicer que dimitir y volver a su canonicato en la catedral, como hizo en julio de 1620 siendo sustituido por el pavorde José Rocafull.67 La mudanza coincidiría con el apercibimiento regio a los jurados de Valencia para que en lo venidero la Universidad se mostrara respetuosa con el arzobispo. El toque de atención disgustó a parte del claustro, convencido de que «los estudiantes estavan muy quietos y olvidados de las cosas passadas y que sería posible que con advertirles de la orden dicha bolviessen de nuevo a tales disparates».68
No los hubo desde luego, por cuanto la reciente intervención inquisitorial, así como la represión del núcleo duro del simonismo en las aulas universitarias, había dejado fuera de juego a sus militantes. En realidad, podría decirse que el intento de beatificación del venerable sacerdote era ya un imposible y que el Estudi General valentino tendría que buscarse a otro santo…
* El presente trabajo forma parte del Proyecto de Investigación La Catedral Barroca. Iglesia, sociedad y cultura en la Valencia del siglo XVII, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (HAR 2016-7490-R).
1. Además de los citados en posteriores páginas, remitimos a nuestros trabajos sobre el tema. En concreto, «Aproximación a los simonistas. Una contribución al estudio de los defensores de la beatificación de Francisco Jerónimo Simó», Estudis, 23 (1997), pp. 185-210; «Simonismo y luchas de poder en la corte de Felipe III y Felipe IV. Los hermanos Aliaga y la beatificación de Francisco Jerónimo Simó», Escritos del Vedat, XXIX (1999), pp. 251-270; Devoción popular y convulsión social en la Valencia del Seiscientos. El intento de beatificación de Francisco Jerónimo Simó, Valencia, 2000; «Los dominicos valencianos y su oposición a la santidad del pare Simó», Archivo Dominicano, XXIII (2002), pp. 307-317; «Plumas blancas, plumas negras. Hagiografías y vilipendios de un santo frustrado, el valenciano pare Simó (siglo XVII)», Memoria Ecclesiae, 26 (2005), pp. 615-630; y «El pare Simó. Breve historia de una santidad frustrada», en E. Callado Estela, Valencianos en la Historia de la Iglesia I, Valencia, 2005, pp. 161-210.
2. A. Domínguez Ortiz, Las clases privilegiadas en el Antiguo Régimen. Madrid, 1973, p. 209. También A. Morgado García, Ser clérigo en la España del Antiguo Régimen, Cádiz, 2000.
3. El último de ellos, el de la Presentación, fundado por santo Tomás de Villanueva. V. Cárcel Ortí, «Notas sobre la formación sacerdotal en Valencia desde el siglo XIII al XIX», Hispania Sacra, XVII (1974), pp. 151-199.
4. P. Barrachina Estevan, «Figura jurídica del Real Colegio de Corpus Christi de Valencia»,«Exención del Colegio-Seminario de Corpus Christi de Valencia», y «Derecho de visita del Colegio de Corpus Christi», los tres en Revista Española de Derecho Canónico, 2 (1947), 4 (1949) y 6 (1951), pp. 446-456, 765-790, y 49-77; R. Robres Lluch, San Juan de Ribera. Patriarca de Antioquía, arzobispo y virrey de Valencia 1532-1611. Un obispo según el ideal de Trento, Barcelona, 1960; F. Hipola, «La estructura interna de las constituciones de la capilla de Corpus Christi (aspectos jurídicos)», Anales del Seminario de Valencia, 1 (1961), pp. 215-243; y J. Seguí Cantos, «El Colegio Seminario de Corpus Christi», en E. Callado Estela (Coord.), El Patriarca Ribera y su tiempo. Religión, cultura y política en la Edad Moderna, Valencia, 2012, pp. 423-440.
5. Archivo Diocesano de Valencia[=ADV]. Procesos, 46. Copia seu transumptum processus informationis authoritate ordinaria recepta in curia ecclesiastica valentina super sanctitate vitae ac moribus laudabilibus servi Dei Francisci Hieronymi Simo, presbyteri valentini et benefficiati in ecclesia parrochiali Sancti Andrea civitate Valentiae, et super miraculis eius meritis et intercessione a Deo optimo maximo facti et operatis, f. 289.
6. Ibid., ff. 171, 241, 401-403…
7. Pavorde de Teología, desde 1611, fue presbítero y calificador del Santo Oficio. A. Felipo Orts y E. Callado Estela, Entre la cátedra y el púlpito. Los pavordes de la Universidad de Valencia (siglos XVI-XVII), Valencia, 2016, p. 250.
8. Beneficiado de la parroquial de San Esteban, catedrático de Principios de Hebrero desde 1610 y pavorde de Teología a partir de 1626. Ibid.
9. A. Felipo Orts, La Universidad de Valencia durante el siglo XVI (14991611), Valencia, 1993, p. 132.
10. Pavorde de Teología desde 1611. A. Felipo Orts y E. Callado Estela, Entre la cátedra y el púlpito…, p. 16.
11. I. Aparicio Gilart, Vida del venerable mosén Francisco Gerónimo Simón, valenciano y beneficiado de la real iglesia parroquial del Apóstol San Andrés de esta ciudad de Valencia, Valencia, 1703, pp. 86-87.
12. ADV. Procesos, 46. Copia seu transumptum…, ff. 241, 247, 273, 303…
13. Catedrático de Súmulas desde 1597, entre 1604 y 1609 ocupó la catedrilla de Teología. A. Felipo Orts, La Universidad de Valencia durante el siglo XVI…, pp. 118 y 173.
14. En la Facultad de Artes y Teología había desarrollado toda su carrera este sacerdote hasta su promoción en 1595 a una pavordía terciaria que regentó hasta su fallecimiento. Ibid., p. 171.
15. Al frente de tal cátedra hasta enero de 1606. Ibid., p. 169.
16. Catedrático de Santo Tomás a partir de 1586, ejerció como prior del convento agustino de Orihuela, Socors y San Agustín de Valencia, además de calificador inquisitorial. Ibid., pp. 162-164.
17. Profesor desde 1581 en la Facultades de Artes y Teología, fue también calificador del Santo Oficio, prior del convento de Santo Domingo de Valencia y vicario de la Provincia dominicana de Aragón. Ibid., pp. 115-115.
18. Catedrático en la misma desde 1597 se ocuparía de la impartición de esta materia hasta 1611. Ibid., pp. 95-96.
19. Ibid., pp. 100-103.
20. Cátedra que regentó desde 1593 hasta 1611, simultaneándola con la de Griego y la de Historia, que compaginó al mismo tiempo con su trabajo como impresor en Valencia y Barcelona. A. Felipo Orts, La Universidad de Valencia durante el siglo XVII (1611-1707), Valencia, 1991, p. 353.
21. ADV. Procesos, 46. Copia seu transumptum…, f. 403v.
22. I. Aparicio Gilart, op. cit., p. 95. En 1603 obtendría el bachiller en Artes. F Miralles Vives, «La Facultad de Artes 1610-1611: Provisión de cátedras y graduados en la ciudad de Valencia», Saitabi, XXXII (1982), p. 59.
23. ADV. Procesos, 46. Copia seu transumptum…, f. 318-318v y V. Ximeno, Escritores del reyno de Valencia, Valencia, 1747, vol. I, pp. 323-324. No consta que obtuviera grado alguno, al menos en el Estudi General de Valencia.
24. I. Aparicio Gilart, op. cit., p. 156. Tampoco hay indicios de su graduación académica.
25. Ibid, p. 181. Bachiller en Teología en 1614. A. Felipo Orts, La Universidad de Valencia durante el siglo XVII…, p. 174.
26. I. Aparicio Gilart, op. cit., pp. 180-181. Desde 1611 bachiller en Artes. F. Miralles Vives, «La Facultad de Artes…», p. 59. Véase J. B. Vilar, Orihuela, una ciudad valenciana en la España Moderna. Historia de la ciudad y obispado de Orihuela, Murcia 1981, tomo IV, vol. III, pp. 186-190.
27. Bachiller y maestro en Artes en 1604. Tres años más tarde obtenía un segundo bachillerato, en Cánones, y el doctorado en esta misma disciplina. E. Callado Estela, Todos los hombres del Patriarca. Obispos del entorno de don Juan de Ribera, Valencia, 2011, pp.
28. ADV. Procesos, 46. Copia seu transumptum…, f. 236.
29. Ibid., f. 403v.
30. Ibid., ff. 32-33.
31. I. Aparicio Gilart, op. cit., p. 88. Tuvo otras lecturas habituales, como «el Libro de las Revelaciones de santa Gertrudis y de Enrico Suso y las Obras de Blosio, fray Luis de Granada –compró El Símbolo de la Fe– y otros libros de devoción». ADV. Procesos, 46. Copia seu transumptum…, f. 230.
32. «Compendiosa y escrita toda de la mano y letra del dicho mossén Symó», declararía el citado ante las autoridades diocesanas. Ibid, f. 403v.
33. J. Pastor Fuster, Biblioteca Valenciana de los escritores que florecieron hasta nuestros días, Valencia, 1830, tomo I, p. 209.
34. Ejemplares de las tres pueden consultarse en la Biblioteca Universitaria de Valencia [=BUV].
35. M. Andrés, «Místicos y alumbrados en la cornisa valenciana (1565-1675)», en Enigmas de la Iglesia valenciana, Valencia, 1997, pp. 143-156.
36. R. Robres Lluch, «En torno a Miguel de Molinos y los orígenes de su doctrina. Aspectos de la piedad barroca en Valencia» y «Pasión religiosa y literatura secreta en la Valencia de Miguel de Molinos (1612-1625)», Anthologica Annua, 18 (1971) y 27-27 (1980), pp. 353-465 y 281-406, respectivamente.
37. F. Pons Fuster, Místicos, beatas y alumbrados, Valencia, 1991, y «La proyección social de la santidad frustrada de Francisco Jerónimo Simó (1612-1619)», Estudis, 23 (1997), pp. 149-184.
38. A. Felipo Orts y F. Miralles Vives, Colación de grados en la Universidad valenciana foral. Graduados entre 1580 y 1611, Valencia, 2002. De las mismas autoras, en esta ocasión junto a F. J. Peris Felipo, Estudiantes y probanzas de cursos en la Universidad de Valencia (1561-1707), Valencia, 2013.
39. En su obra Vida escandalosa de mosén Francisco Gerónimo Simón. Refiérense muchos milagros falsos, embelecos y el motín, conservada manuscrita en el Archivo de la Catedral de Valencia [=ACV].
40. Cit. R. Robres Lluch, «Pasión Religiosa y literatura secreta…», pp. 280-281.
41. P. J. Porcar, Coses evengudes en la ciutat y regne de València (1589-1629). Transcripción y prólogo de V. Castañeda Alcover, Madrid, 1934, p. 139.
42. I. Aparicio Gilart, op. cit., pp. 168-169.
43. Una de aquellas composiciones literarias del siguiente tenor: «Parca, Minerva, Deus ditavit, fovit, et auxit/ Corpus, vitam, animam, funere, dote, Polo». Ibid., p. 169. Sobre éste y otros dejó anotado el dietarista de san Martín «y agués agudíssimes enigmas y altres curiositats com s·esperava». P. J. Porcar, op. cit., p. 139.
44. I. Aparicio Gilart, op. cit., p. 170.
45. Ibid., p. 151.
46. Catedrático de Súmulas en 1598 y de Filosofía Moral desde 1606 hasta 1616, en que obtuvo una pavordía terciaria de Teología. A. Felipo Orts y E. Callado Estela, Entre la cátedra y el púlpito…, p. 257.
47. I. Aparicio Gilart, op. cit., pp. 158, 160 y 165.
48. Obtenida esta cátedra en propiedad el año 1614. Poco después logró una pavordía secundaria de Teología. A. Felipo Orts y E. Callado Estela, Entre la cátedra y el púlpito… p. 228.
49. Lo era desde 1611. A. Felipo Orts, La Universidad de Valencia durante el siglo XVII…, p. 357.
50. I. Aparicio Gilart, op. cit., pp. 142-144.
51. Ibid., p. 145.
52. Además de la ya citada Dotrina espiritual del propio moseén Francisco Jerónimo Simó, con las obras de A. Sobrino, Al felicíssimo tránsito del angélico sacerdote Francisco Gerónimo Simón, Valencia, 1612; E. de Thous, Sermón en las honras que hizo el convento de Nuestra Señora del Carmen de Valencia al venerado y devoto sacerdote mosén Francisco Gerónimo Simón, Valencia, 1612; Redondillas en alabança del siervo de Dios mossén Francisco Gerónymo Simón, Valencia, 1612; J. B. Polo, Consultación en drecho sobre la veneración y culto que se hace al bendito padre mossén Francisco Gerónimo Simón, Valencia, 1613; G. Gil Polo, Veneración que en Valencia se hace al padre mossén Francisco Gerónimo Simón, Segorbe, 1613; D. Salcedo de Loayza, Breve y sumaria relación de la vida, muerte y milagros del venerable presbítero mossén Francisco Gerónimo Simón, Segorbe, 1614; etcétera. Sobre los Mey véase P. Hernández Royo, La imprenta valenciana de la familia Mey-Huete en el siglo XVI: producción y tipografía. Tesis Doctoral inédita. Universitat de València, 1995.
53. A. Felipo Orts, «La actitud institucional ante el proceso de beatificación de Francisco Jerónimo Simó durante el siglo XVII», Estudis, 23 (1997), pp. 117 y ss.
54. Véase sino ADV. Procesos, 46. Copia seu transumptum…
55. E. Callado Estela, Iglesia, poder y sociedad. El arzobispo de Valencia fray Isidoro Aliaga, Valencia, 2001.
56. J. Gavastón, op. cit., ff. 63-66v.
57. R. Robres Lluch, «Pasión Religiosa y literatura secreta…», p. 352.
58. BUV. Ms.104, La Verdad sin Rebozo, f. 224.
59. A. y D. Vich, Dietario Valenciano (1619-1632), Valencia, 1921, p. 7.
60. P. J. Porcar, op. cit., pp. 311-312. Según el mismo dietarista, muy poco después fray Jacinto obtendría de la Ciudad una examinatura en Teología antes de doctorarse en esta disciplina, «miren quina confianza es pot tenir del govern de tal gent». Ibid., p. 317. Lo cierto es que el padre Roig lograría tal grado –como previamente los de bachiller y maestro en Artes– sin haber hecho los cursos correspondientes. Su primera cátedra de Artes la había ganado, no obstante, en 1618. Ya en 1620 sustituiría a su titular en la de Santo Tomás, de la que se posesionó definitivamente al año siguiente. A. Felipo Orts, La Universidad de Valencia durante el siglo XVII…, p. 372.
61. J. Gavastón, op. cit., ff. 139v-140.
62. Cit. R. Robres Lluch, «Pasión Religiosa y literatura secreta…», p. 397.
63. E. Callado Estela, «Inmaculismo y Universidad en la Valencia del siglo XVII», en Ciencia y Academia. IXº Congreso Internacional de Historia de las Universidades Hispánicas, Valencia, 2008, vol. I, pp. 253-272.
64. Morlá acababa de obtener la segunda cátedra de Artes de la Universidad, de la que acabaría convirtiéndose en rector en 1632. Fue además canónigo de la catedral, subcolector de la Cámara Apostólica y calificador del Santo Oficio. A. Felipo Orts, La Universidad de Valencia durante el siglo XVII…, p. 356.
65. A. y D. Vich, op. cit., pp. 30-31.
66. E. Callado Estela, «La disputa de 1619 entre el rector y el canciller del Estudi General de Valencia», Aulas y saberes. VIº Congreso Internacional de Historia de las Universidades Hispánicas, Valencia, 2003, vol. I, pp. 267-276.
67. Archivo Municipal de Valencia [=AMV]. Manual de Consells, A-147, f. 52. Diría a este respecto un buen conocedor del asunto que Pellicer «defendió los derechos de este empleo con generoso esfuerzo». F. Ortí y Figuerola, Memorias históricas de la fundación y progressos de la insigne Universidad de Valencia, Madrid, 1730, p. 319. En la seo valentina permanecería el canónigo hasta su ingreso en el episcopado, el año 1636, como obispo de Segorbe. Noticias de Segorbe y de su obispado, Segorbe, 1975, tomo I, pp. 410-415.
68. A. y D. Vich, op. cit., p. 31.
DISCURSOS DE APERTURA DE LA FACULTAD DE DERECHO DE VALENCIA: FALANGISMO Y NACIONALCATOLICISMO
JORGE CORREA
Universitat de València
Los primeros años de la universidad española del franquismo disponen de una nutrida bibliografía que ha explorado desde las depuraciones y el asalto a las cátedras hasta los encuadramientos estudiantiles fascistas o el control de la docencia y la investigación desde instancias eclesiales. En este trabajo se trata de revisar los actos políticos y religiosos, conferencias y cursillos; las actividades menos vinculadas con la enseñanza reglada y las explicaciones de licenciatura desde la cátedra. Abordo los cursos inmediatos a la guerra en la facultad de derecho valenciana a través de los discursos de apertura de sus profesores y desde la crónica de la vida universitaria. Las facultades de Filosofía y Letras, Derecho, Medicina y Ciencias se turnaban ordenadamente para protagonizar el discurso de apertura anual.1
Un catedrático, por turno riguroso entre éstas y por antigüedad dentro de la suya, asume cada año el alto honor y la ardua responsabilidad de pronunciar la lección inaugural del curso académico.2
Las que interesan ahora se publicaron en Anales de la Universidad de Valencia (1920-1976), cuya creación fue iniciativa del claustro de derecho3 que articuló una propuesta completa a finales de mayo de 1920 aceptada inmediatamente por la universidad. Estipulaba una junta de redacción integrada por el secretario de la universidad y los de las cuatro facultades para la preparación y edición de los materiales. Debía aparecer ese mismo curso de 1920-21 y publicaría el discurso de apertura, la memoria y estadísticas anuales de la institución, memorias especiales de las facultades, datos económicos, resúmenes de publicaciones, conferencias, trabajos de investigación, crónicas de la vida escolar…; en general, decía, «todo cuanto contribuya a difundir la historia, actividad y aspiraciones de la universidad y sus facultades».4
Tras la sublevación militar que dio inicio a la guerra civil la universidad limitó extraordinariamente su actividad. El curso 1936-1937 se organizó un «Ciclo de conferencias y cursos breves organizados por la Universidad de Valencia y Casa de la Cultura». En la facultad de derecho se trabajaba sobre un nuevo plan de estudios que tendría tres secciones: jurídicas, políticas y económicas y en materia docente apenas se realizó un programa de cursillos en el que abundaban las referencias a la lucha de clases y a la guerra.5 Mariano Gómez, ya presidente del tribunal supremo, fue invitado para hablar sobre la justicia militar y José María Ots Capdequí, decano de derecho, tituló su conferencia «El elemento popular y las minorías gobernantes en la obra de expansión española en América».6
Terminada la guerra, el 12 de abril de 1939 es nombrado rector Zumalacárregui, que ya lo había sido entre marzo de 1930 y mayo de 1931. Venía a sustituir al autoproclamado Manuel Batlle, catedrático de civil,7 que había designado decano de la facultad de filosofía al falangista Francisco Alcayde y Vilar y de derecho a Salvador Salom Antequera; serán los dos catedráticos que pronuncien los primeros discursos de apertura tras la guerra.
La guerra destruyó la actividad universitaria habitual. La última junta de la facultad de derecho se celebró del 14 de marzo de 1938, escrita su acta en el libro correspondiente.8 No habrá nueva entrada hasta comienzos del curso del 41; el secretario de la facultad es en ese momento Alfonso García Gallo, de historia del derecho, aunque partirá pronto hacia Madrid,9 que escribe:
… desaparecidas por fortuna aquellas circunstancias fruto de la guerra, y casi normalizada la vida académica, es un deber ineludible dejar constancia de las actividades de la Facultad, no solo como decía la R.O. del 27 de marzo de 1930, para memoria y debido reconocimiento, sino también, y muy especialmente, para que, el día de mañana, los futuros historiadores no encuentren soluciones de continuidad en la investigación y rebusca de datos para escribir la Historia de nuestra Universidad valenciana.
Hay manifiesto interés en mostrar que la universidad del general Franco ha vuelto a la normalidad académica, lo que no era cierto. Tras la tragedia de los tres años de guerra comenzó para los vencidos la depuración y el exilio, mientras que los vencedores ocuparon los puestos de mando universitarios y las cátedras. Había nacido una corporación distinta, alejada de toda idea democrática,
… cuando la calle, con sus gritos democráticos, irrumpió en nuestros claustros, no hizo más que profanarlos, atentando contra la cultura (…) Ha pasado vuestra generación por cauce áspero, rugoso y agitado por aguas rojas teñidas con sangre y alborotadas por olas de pasión en dias de sollozos e inquietudes. Ya está serena y limpia Ia corriente. A trabajar todos unidos en Ia paz.10
Esta universidad valenciana la definió hace tiempo en sus rasgos esenciales M.ª Fernanda Mancebo: «catolicismo integrista, negación de cualquier pluralismo, patriotismo y españolismo frente a las influencias extranjerizantes europeas. Revivió los valores del pasado, de la escolástica y de una ciencia fuertemente ideologizada. Trasmitió en fin, un mensaje militarista autoritario y jerárquico, que caracterizaba al “glorioso” movimiento nacional».11
PRIMEROS DISCURSOS
Inmediatamente antes de la guerra civil le correspondió a la facultad de derecho actuar en 1923, 1927 y 1931:12 primera dictadura y segunda república. Dos momentos políticos muy diferentes, pero entre los catedráticos hay clara afinidad religiosa en los discursos, pues salvo en periodos excepcionales el estado español es confesional y en estos años está vigente el Concordato de 1851. Manuel Cabrera Warleta, de derecho canónico, dió una lección titulada La hipótesis de una primitiva religión totémica ante la prehistoria y la etnología. Enfoca el problema desde estas ciencias, no desde la teología, aunque señala que ha cumplido con el deber impuesto de previa censura por el canon 1385 del código de derecho canónico.13 En 1927, el catedrático de derecho romano y nuevo rector designado por el ministro Callejo, Joaquín Ros Gómez, diserta sobre la abogacía; era buen conocedor y parte interesada pues compaginó durante años, como tantos otros, la docencia con el ejercicio de la profesión. Perora sobre la necesidad de la disciplina social, que según él es promovida por el derecho, sobre la abogacía como sacerdocio pero que sufre la mala opinión de los literatos y, sobre todo, del vulgo, que muestra su desprecio en el refranero; pero, en todo caso, la peor amenaza para la profesión era el comunismo. Elabora un recorrido que arranca en el antiguo testamento y alcanza hasta las leyes de las repúblicas hispanoamericanas, cuyas «instituciones judiciales y forenses son reflejo de las de la madre España»;14 culmina con las palabras de una oración mariana, la Salve, que presenta a la virgen madre de Dios como abogada de los creyentes.15 En 1931 se abría el curso en el paraninfo con la presencia del ministro de educación de la recién estrenada república. Es recibido con un altercado entre estudiantes que el rector Mariano Gómez consigue calmar. El discurso del decano José Castán Tobeñas16 versó acerca de la cuestión social, «el fárrago desconcertante de las teorías sociales» en este periodo de crisis de valores morales y materiales y de enfrentamiento social que tiene como asunto central la cuestión obrera; «porque siempre ha existido lucha de clases antagónicas» y a su lado, dice, encontramos el problema agrario, el de las clases medias, el feminista o el de los niños. No quiere entrar en valoraciones ni proponer novedad alguna, solo trazar un esquema o síntesis lo más claro posible acerca de las concepciones filosóficas primarias, el individualismo y el socialismo, sus derivaciones y aplicaciones prácticas. En todo caso, se cuida de insistir en el enfrentamiento entre socialismo y religión a lo largo de sus páginas: «la idea de religion, lo mismo que la idea de familia y la idea de patria, tan combatidas hoy por el socialismo obrero, engendraron en los hombres una serie de sentimientos elevados, heroismo, abnegación, honor, sacrificio, cuyo derrumbamiento habría de producir un deficit moral, difícil de llenar con otros valores éticos improvisados».17
Ya no habrá más discursos de derecho hasta 1940. En octubre de 1939 el decano de la facultad de filosofía y letras, Francisco Alcayde, falangista, inaugura los de la posguerra; titula «El concepto de nación según José Antonio» en el que analiza brevemente el Ensayo sobre Nacionalismo. Afirma que es un tema nuevo, de actualidad, vital, deseado, importante, que interesa a todo el mundo. Pero antes de abordar su disertación académica dedica unos párrafos a los sucesos recientes: tras los años de barbarie y anarquía la universidad se abre de nuevo; termina la tenebrosa noche y comienza el día luminoso…
Asistimos en el día de hoy, en la Universidad, a un nacimiento y a una muerte. Todos los aquí reunidos, como supervivientes de un naufragio, estamos decididos a que no vuelva nunca la oleada de materialismo que quería convertir a nuestros hijos en bestias, que pisoteaba todo destello de espiritualidad. Y siendo la Universidad la casa simbólica de la cultura, de la espiritualidad, de los valores y de las esencias de la civilización, es la Universidad misma la que renace en el día de hoy. No solo conmemora el final de la anarquía y el principio de la cultura y la civilización, sino que ella misma es la que renace para cumplir su misión propia y específica.
Inmediatamente enfatizaba con ayuda de mayúsculas la íntima relación entre el ejército de Franco y la universidad: «lo que somos, lo debemos a Él». Luego recuerda al hijo del rector Zumalacárregui,18 uno de los universitarios víctimas de la barbarie.
El tema de la lección inaugural tiene su origen en la idea de Alcayde de asociar el método de investigación del fundador de la Falange con el método fenomenológico. En la primera parte de su exposición sintetiza el texto resaltando pasajes en los que lo ve aplicado, en la segunda expone la «síntesis del método fenomenológico de investigación de las esencias» y en la tercera muestra la identidad de ambos discursos. Concluye que la visión de José Antonio acerca del nacionalismo tiene que ver con la aplicación del método de investigación de las esencias propio de la fenomenología de Husserl; así, el nacionalismo no tiene que ver con sentimientos vagos de pertenencia por lengua, folklore o características físicas a una comunidad19 sino por tener un destino histórico diferenciado de otras naciones: la unidad de destino en lo universal. Frente a un sentimiento patriótico localista y primitivo, tan susceptible a la crítica, tan dado a sentirse herido por otras ideas políticas, tan propenso al separatismo, debe imponerse el mero sentimiento patriótico unitario.
¡Cuántas reacciones violentas y viriles, cuántas guerras fratricidas se habrian evitado no ofendiendo a esos sentimientos primarios instalados en lo profundo de la espontaneidad de un pueblo!
Parecia más bien un empeño de los politicos herir y ofender siempre esos sentimientos, como si se propusiesen fomentar o crear los separatismos.
Si sabemos aplicar la concepción auténtica de José Antonio, quedará para siempre curado el mal.
Ese mismo curso recogen los Anales una conferencia del catedrático de filosofía de instituto Féliz García Blázquez, titulada «La nación como comunidad de existencia» que dedica a su amigo Ramiro Ledesma Ramos.20 Un tercio de sus treinta y siete páginas las dedica a hablar de la universidad y luego define la nación en negativo, lo que no es, para terminar tras ejemplos patrióticos –la última guerra contra el francés– exaltando la raza, principio real de la nación, la libertad y el «genio»: «porque si una nación no pone sus fines propios para el ejercicio de la voluntad es que carece de genio, carece de espiritu. Puede tener buena base racial, pero es una raza torpe, en definitiva bárbara, que carece de genio auténtico, esclava de sus pasiones … España que viene dando tumbos hace siglos, nación con su genio dormido, tiene ahora Ia ocasión de desperezarse, de desentumecerse, como se despierta la vida a los anuncios del dia. El genio nacional debe ahora conocer su aurora».21
El curso siguiente corresponde el discurso de apertura al catedrático de derecho civil Salvador Salom Antequera,22 hijo del también catedrático Salvador Salom Puig.23 Este curso se introduce en el protocolo un discurso del jefe del S.E.U. que se pronunciará durante los años siguientes. Salom fue nombrado decano por Batlle en marzo del 39, pero enseguida fue sustituido por Ricardo Mur Sancho de derecho mercantil; volvería a ser decano desde el 6 de septiembre del 41 por Orden del ministerio de educación nacional hasta 1948.24 Salom titula su lección: “La responsabilidad aquiliana de los propietarios de edificios y de los arquitectos y contratistas, según el código civil español”.25 Su contenido es netamente jurídico-positivo, pero iba precedido por unas páginas con dos apartados: “La labor realizada por la Universidad durante el pasado curso” y “Misión de la Universidad en el nuevo Estado Nacional Sindicalista”. En el acto de apertura se limitó a esta primera parte, dejando para la publicación impresa el resto, en la que el catedrático de civil resumía el estado de la universidad tras la contienda y la forzada inactividad:
… entre los estudiantes: unos muertos, ya vilmente asesinados por la horda, ya gloriosamente cara al sol en los campos de batalla; otros continuaban en las filas de nuestro invicto ejército, y los que se encontraban en sus casas, muchos estaban depauperados por el hambre y los tormentos sufridos en las cárceles y checas, y entre los Catedráticos, unos habían sido también asesinados, otros expulsados de sus Cátedras por los rojos, andaban perseguidos ocultándose y los que no habían sido perseguidos conservaban bien visibles las huellas de las pasadas amarguras.
Tras la victoria, en dos meses se puso en marcha de nuevo. Se impartieron cursillos, muy útiles para los estudiantes que en doce meses aprobaron dos cursos completos de carrera, aunque reconoce que poco profundos científicamente. También hubo conferencias y “cursos extraordinarios con la valiosa cooperación del S.E.U.”.26 Para restablecer la auténtica universidad se organizaron dos eventos. Primero un “Curso de Teología dogmática” en el que se habló del origen divino de la iglesia, su magisterio infalible, relaciones con el estado… Luego hubo otro de Exaltación de valores hispánicos dedicado a Luis Vives27 –aunque apenas se habló de él–. Los conferenciantes son jerarcas de la iglesia y falangistas, catedráticos y un académico,28
… terminando tan brillante y macizo Curso con una solemnísima sesión en la que el libertador de Valencia, el glorioso General Aranda pronuncidó una magistral e interesante conferencia acerca del Paralelismo entre la campaña del Mio Cid y la del Cuerpo de Ejército de Galicia, poniendo punto final al acto y al Curso unas palabras rebosantes de exaltado patriotismo pronunciadas por el Excmo. Sr. Ministro de Educación Nacional.
La segunda parte de su discurso discurre desde los puntos de la Falange y citas del Fundador para, primero, afirmar el sometimiento de la universidad al nuevo estado totalitario29 y, segundo, señalar que los fines de la institución los impone el estado que la organiza. Y como organismo del estado, “de la misma manera que no debe tolerarse que sea discutido el Ejército ni la Magistratura, tampoco debe tolerarse que sea discutida la Universidad” ya que hasta la crítica más inocente puede resultar demoledora. Desde su función investigadora la universidad debe analizar y constrastar nuevas doctrinas científicas para convencerse de su ortodoxia, pero ahora, la nueva universidad, en el nuevo estado, de acuerdo con el movimiento nacional, incorporará “el sentido católico, de gloriosa tradición y predominio en España a la reconstrucción nacional, sin tolerar que desde las aulas se ponga en cuestión la religión, el interés público, la unidad, la seguridad y la prosperidad del Estado”. La auténtica tradición universitaria había sido destruída por los principios y doctrinas del liberalismo, la democracia y el laicismo; la enciclopedia, la libertad de pensamiento y de cátedra la prostituyeron en tiempos de la monarquía y la república… El viejo concordato de 1851 ha resucitado tras haber sido dado por derogado durante la república… En cuanto órgano docente –escuela profesional y “vivero” de funcionarios– “deberá seguir las directrices fijadas por el Estado enseñando lo que el Estado mande y como lo mande”: amor a la Patria, servicio a España y al Imperio para formar al hombre nuevo y para descubrir la verdad y grandeza de España. A cada nivel de la enseñanza corresponde una tarea:
… la Escuela debe hablar a los niños con exaltado cariño de la Patria, despertando su orgullo de ser españoles; el Instituto debe cantar a los adolescentes las glorias, grandezas y virtudes inmarcesibles de España y la Universidad debe explicar el porqué de nuestras glorias, grandezas y virtudes, esto es, el porqué debemos estar orgullosos de ser españoles.
La historia española no es como la de las demás naciones colonizadoras, y entonces viene la exaltación hispanoamericana y las glorias antiguas desde Séneca a Vives, la unidad de destino en lo universal y la conciencia de ser “uno de los pueblos elegidos por Dios para dirigir los destinos de la Humanidad”.30 Un magnífico resumen acaba de presentar Salom, en unas pocas páginas, de lo que se espera de la universidad.
Por lo que respecta a la parte más científica de su discurso, la responsabilidad aquiliana, se trata de establecer la especificada en el artículo 1907 del código civil, con especial relación al 1909.31 Explica que trae su origen del código napoleónico y que en el derecho histórico español –que reduce al castellano, como es habitual– o en el romano no podemos encontrar su antecedente.32 Compara con los preceptos de los códigos alemán, italiano y francés y luego va desgranando su análisis sobre la responsabilidad, la culpa, el riesgo… Reseña las soluciones de la jurisprudencia y va analizando minuciosamente –el texto ocupa ochenta páginas y está profusamente anotado– todos los problemas y consecuencias que se pueden derivar de la cuestión regulada por el artículo. Está en contra de la excepción de reponsabilidad del 1909 –defecto en la construcción y responsabilidad del arquitecto o constructor– y piensa que es injusta la solución y debe ser eliminada porque es contradictoria con la establecida para otros casos de ruina de edificios y plantea problemas de dificil solución».33
El rector Rodríguez-Fornos fue el encargado de la lección en 1941. Recuerda su llegada en 1911 y los primeros años en Valencia como profesor; los compañeros de claustro, las aulas en Guillén de Castro y la fiesta de la apertura en «los tiempos gloriosos de nuestra Universidad» que fue perdiendo valor «a medida que los hombres perdieron la fe en Dios y en la Patria». Recuerda la guerra contra el comunismo con sus héroes y mártires. Hace una increíble defensa de la universidad española que equipara con las muchas europeas y americanas que ha visitado: Chicago, Oxford… Abomina de la leyenda negra que acerca de la universidad española esparcieron por Europa los pensionados de la Junta de ampliación de estudios y lucubra sobre la decadencia de la universidad de la edad de oro a partir del siglo XVI: la abandonaron los poderes públicos y las corporaciones provinciales y municipales, no investigó ni se dotó de laboratorios, «esperamos hoy con fe en nuestro Caudillo y Altas Jerarquías la reconstrucción material y espiritual…». Reivindica los colegios mayores –cita al de Burjassot– y equipara la vocación universitaria con la de los doce apóstoles mientras van desfilando el Padre Ayala y el Kempis, Marañón y santo Tomás, Luis Vives, Vitoria, Menéndez y Pelayo, Ortega y Cajal. Había comenzado con Camaradas universitarios y terminaba con Por Dios. Por la Patria. Por Franco. ¡Arriba España!34 El 8 de noviembre de 1951 fallece.35 En el acto necrológico su compañero Manuel Beltrán Báguena le recuerda en el año 36: «días azarosos de lucha desesperada contra aquello que pretendía, con su ciclónica violencia, destrozar la Universidad» y un «espíritu avieso y ambicioso» que ansioso de sucederle en el rectorado dirige a la turba contra el rector que quedaba preso en su casa… y continuaba Beltrán hablando de la anti-España. El entonces vicerrector Corts cerraba el acto con un discurso sobre las virtudes cristianas en la enfermedad y la muerte.36 El ministro Ruiz Giménez inaugura una placa al rector fallecido (viene con Laín, rector en Madrid, y Jordana Fuentes, Jefe Nacional del S.E.U).
Ignacio Ribas –«bastante nazi» dice Mancebo– habló en 1942 sobre El corcho y el falangista Ballesteros-Gaibrois el curso siguiente sobre Valencia y los Reyes Católicos (1479-1943).37
En 1944, cuatro años antes de su jubilación, el catedrático de derecho mercantil, Ricardo Mur Sancho, inaugura el curso con una lección sobre la quiebra. Había sido depurado por la república y militó en el ejército franquista como capitán del cuerpo jurídico. Tras la guerra, por su adhesión al nuevo régimen, fue inmediatamente repuesto en la universidad y designado decano en abril del 39 –lo había sido accidental por renuncia de Salom de diciembre del 35 a marzo del 36–; compaginó la cátedra de mercantil con la de procesal desde el 40 y también ejerció desde su prestigioso despacho.38
Se plantea, ante la elección del contenido del discurso, la habitual disyuntiva: o un tema docente, sobre reformas necesarias y aspiraciones universitarias o, bien, un asunto científico. Si el rector Rodríguez Fornos optó por el primero, hoy, gracias a la ley de 1943 de ordenación universitaria ya es inútil dedicarse a esas cuestiones, pues todo se solucionará gracias a ella…39
El contenido científico (páginas 15-97) es sobre la quiebra –situación anormal del comerciante– y sus soluciones: liquidación mediante el procedimiento de quiebra, concordato, concordato preventivo, suspensión de pagos y otras para casos extraordinarios.
Al observar la anormalidad económica que en el mundo existe, perturbadora de las empresas mercantiles, muchas de las cuales van a su ruina, y que el Derecho ha de atender a su remedio, y que esa anormalidad ha de salir más a la superficie al terminar la guerra, he creído que llenaría mi cometido si trataba de la situación anormal del comerciante y sus soluciones legales.40
La lección se expone con lenguaje accesible y ejemplos cotidianos comprensibles por todos. Hace un esfuerzo por ser claro. Sigue el código y la obra de mercantilistas clásicos (Salgado de Somoza, González de la Huebra o Martí de Eixalá) y cita prácticamente a todos los catedráticos contemporáneos (Benito y Endara el más citado de quien se dice discípulo, González de Echavarri, Álvarez del Manzano, Blanco y Constants, De la Figuera, A. Vicente Gella, Langle Rubio, E. Miguel Romero, Garrigues y Díaz Cañabate…). Referencias a Partidas, Recopilación, alguna sentencia del supremo, discusiones parlamentarias, comisión codificadora; también maneja la doctrina francesa e italiana en buena medida.41
Termina con una alocución que insta a los estudiantes a aprovechar el tiempo de formación que les proporcionará más tarde una «ascensión sin límites» frente a los no universitarios.42 Pero previamente había iniciado el discurso con una docena de páginas claramente ideológicas. Una invocación a María Inmaculada, pues la universidad de Valencia fue la primera que «juró defender tu incomparable privilegio de la Concepción sin mancilla…» y, además, es símbolo de la sabiduría: sedes sapientiae.43 Le pide a la virgen que ayude al jefe del estado:
Protégele, aliéntale, en la ingente labor que sobre sí ha tomado de instaurare omnia in Christo, especialmente en lo que mira a la enseñanza, donde tan denodadamente la ha iniciado y prosigue, y haz, que así como con tu auxilio el espiritualismo cristiano español venció a la barbarie musulmana en aquella secular cruzada que inició Pelayo, así ahora, también con tu poderosísimo auxilio, ese mismo espiritu cristiano que cobijó la bandera que un glorioso 18 de julio enarboló el Generalísimo, nota esplendente de las Universidades de España, aniquile totalmente de estas tierras occidentales la nueva barbarie de aquella cienaga abyecta del materialisrno que nos estaba asfixiando, y que nuevos Tarikes y Muzas habían traido a esta bendita tierra tuya, en la que quisiste incrustar indeleblemente, como su medula y corona, el más pujante espiritu cristiano cuando viniste a ella posándote sobre pilar sagrado, junto a las márgenes del Ebro.
La alusión a la virgen del Pilar tiene que ver con la visita del rector el 23 de octubre de 1942 que juró «defender la verdad de tu Asunción corporal y de ser Tu Medianera Universal de las gracias», al tiempo que pedía a la virgen que «libres a España y a la Universidad de cuanto pueda menoscabar el espiritualismo cristiano que ha sido siempre timbre de nuestra patria y blasón de la Universidad española».44 También menciona la restauración de los colegios mayores –tradición gloriosa…– por la ley del ministro valenciano Ibáñez Martín –que estuvo presente en el acto y dio un discurso–. Cita el de Burjassot, el de san Vicente Ferrer, la construcción de los del S.E.U. En fin, todo gracias a los develos del caudillo tras la persección roja.
Los años siguientes cambia el tono –no dispongo de la lección de 1948 y 1957, pues no se publicaron durante unos años los anales– y los catedráticos de derecho se limitan por lo general a la exposición de sus lecciones sin prolegómenos marianos ni referencias a la guerra ni a los vencidos.
En 1953 el catedrático de penal José Arturo Rodríguez Muñoz45 titula su discurso La doctrina de la acción finalista.46 Trabaja y escribe con Jiménez de Asúa, Antón Oneca y Rodríguez Devesa. Un discurso estrictamente académico, una larguísima lección, con abundancia de bibliografía alemana, que conoce bien pues es traductor del criminólogo nazi Edmund Mezguer. También se ciñe a cuestiones de su asignatura Adolfo Miaja de la Muela, que en 1965, diez años después de que España entrara en la ONU, titula su discurso de apertura La emancipación de los pueblos coloniales y el derecho internacional. Buen conocedor de su materia adelantaba algunas consecuencias para España:
Arma de doble filo, la autodeterminación puede implicar para nosotros la dolorosa consecuencia de tener algún dIa que abandonar nuestras antiguas colonias, hoy provincias africanas, con la contrapartida feliz de navegar actualmente a favor de corriente, por primera vez en dos siglos y medio, la legítima aspiración española a la recuperación de Gibraltar, que tan difIcil de sostener era ante el Derecho internacional clásico.47
Antes, en 1961, Álvaro Calvo Alfageme,48 separándose de la mayoría, piensa que el discurso debe tratar sobre los problemas de la universidad y quiere repasar los últimos cincuenta años –desde que comenzó sus estudios en Madrid en 1910– con uno titulado Estampa universitaria. Con algunas referencias a Laín y Marías, y más extensamente a Fernández de la Mora, comienza su relato en la restauración. Habla de sus profesores; el de romano, tío paterno, Santamaría de Paredes, Sánchez Román –de aspecto judío– y Clemente de Diego. Recuerda la tertulia de Bonilla y Díaz Canseco, peculiar historiador del derecho de quien escribe largo desde el texto de Carande. Pasa al 98, a la institución… Cuenta el discurso de Federico de Onís sobre El problema de la universidad española, en Oviedo en 1912 y termina con alguna referencia a la universidad posterior al 36, desde Fernandez de la Mora, mucho más breve. Su análisis se limita en su mayor parte a estos recuerdos de profesores y a diversas anécdotas sin mayor referencia a las cuestiones del régimen y la religión que tantgo preocupaban unos años antes.
Mientras para la mayor parte de los profesores y autoridades académicas la vida universitaria discurría sin salirse de los cauces del movimiento nacional, entre los estudiantes, desde los cincuenta, comienzan los cambios. Marc Baldó o Ma Fernanda Mancebo los han analizado y muestran la creación de circuitos alternativos al régimen del sindicato único estudiantil: charlas y tertulias, lecturas y edición de revistas en las facultades –en la de derecho Diàleg–, cine clubs e incluso militancia en grupos de oposición. También se introdujeron listas o candidaturas a consejeros y delegados del sindicato único de estudiantes –hasta su desaparición en 1965– integradas por estudiantes independientes, alejados o contrarios al falangismo.49
VIDA ACADÉMICA NACIONALCATÓLICA
La vida universitaria más pública nos ofrece una cuidada mezcolanza de religión y falangismo; cualquier acto –apertura, homenajes, fiestas de patrones…– se inicia con celebración eucarística y se sigue de discursos falangistas y académicos, a veces difíciles de distinguir unos de otros. Casi cada curso podía tener –además de las ceremonias y celebraciones habituales– un gran momento de exaltación catolica: asunción de la virgen, María inmaculada o mediadora, reliquias de san José de Calasanz, procesión con el brazo de san Francisco Javier o coronación de la virgen de los Desamparados. José Pemartín, Director general de enseñanza superior, explicitaba en 1938 el proyecto nacionalcatólico: había que recatolizar la universidad, que no quedara piedra sobre piedra de la Institución libre de enseñanza, porque la enseñanza será patriótica, católica y leal.50
En 1945 los Anales dedicaban mas de cuarenta páginas a la memoria del curso.
«Grande ha sido la actividad de la Universidad de Valencia durante el curso 1945-46, en que ha proseguido la aplicación y el desenvolvimiento del estatuto universitario, constituido por ley de 22 de julio de 1943 y los Reglamentos de las Facultades».51
Seguían idas y venidas del profesorado: Torres Martínez, de economía política, y Calvo Serer, de historia universal, habían «triunfado» en sus oposiciones y se habían ido a la universidad central. Llegaba Naharro Mora, a suplir a Torres, Elorrieta, de político, volvía a la universidad para ocupar la cátedra de político –se fue en el 43 por excedencia voluntaria junto con el procesalista Enciso Calvo– y Gordillo la de procesal. Luego, la inauguración del curso, que seguía un protocolo que se prolongaría durante los largos años del franquismo: misa del Espíritu Santo en la capilla de la Sapiencia, apertura de curso en el paraninfo con presidencia del rector y asistencia de «primeras autoridades y jerarquías» del Movimiento nacional, claustro, estudiantes y numeroso público. Discurso del camarada «Jefe del Frente de Juventudes», que entonces era Rafael Cerezo, discurso de apertura, entrega de premios extraordinarios, himno nacional e invocaciones del Movimiento pronunciadas por el rector.
El 10 febrero homenaje a los «estudiantes caídos»: misa en la iglesia de los dominicos, acto en la escalera de la universidad y en la cruz de los caídos con lectura de la oración de Sánchez Mazas, Cara al sol e himno nacional. El día del patrón, santo Tomás de Aquino, otra misa en dominicos con obispo, autoridades, claustro… más tarde, ya en la universidad, discurso del jefe de propaganda del frente de juventudes, otro del padre Garganta y cierra el catedrático de historia Manuel Ballesteros;52 por último, en el colegio mayor Salazar,53 del S.E.U., velada musical nocturna. A lo largo del curso las facultades, con similar ceremonia, celebran a sus santos patronos.54 Sigue la crónica con mención de conferencias políticas y religiosas,55 más actos religiosos56 y culturales,57 actividad de las facultades e institutos universitarios, publicaciones destacadas, otras conferencias y cursillos, más académicos, organizados desde las cátedras, teatro… En las páginas de la facultad de derecho solamente se informa del establecimiento pionero de los estudios de doctorado.58 Una sección para las obras: las del colegio mayor Luis Vives que se prolongarán durante años59 y reformas en el claustro y en los locales de filosofía y letras, derecho y otras de pendencias. Termina con mención a antiguos alumnos, una nota necrológica,60 reportaje fotográfico de los colegios mayores del S.E.U.61 y estadísticas varias.62
Unos años después, en 1951, se aprecian algunos cambios. Mientras la doctrina eclesiástica nacionalcatólica sigue omnipresente, parece que la presión ideológica falangista se va diluyendo, y así se refleja en la crónica universitaria que publica este curso la revista Anales. Tras la victoria aliada en la guerra mundial, en las aperturas de curso de esos años, hasta 1948, se habían limitado las formas fascistas: «recomposición del tono académico y ocultación de la simbología del alzamiento».63
La apertura se inicia con la tradicional Misa del Espíritu Santo, discurso breve del jefe del S.E.U., Vicente López Rosat, y discurso de apertura.64
Numerosos actos religiosos van salpicando el curso.65 Se celebra el 7 de marzo Santo Tomás de Aquino, día del estudiante. Se inicia con discurso del estudiante camarada Augusto Rieta, que recuerda, por ejemplo, la gloria de los colegios mayores –como la ley de 1943–; sigue el dominico Joaquín Dos Santos sobre Libertad moral y sociedad ecuménica y se refiere a la conferencia internacional de la N.A.T.O., celebrada en Lisboa en febrero, para afirmar que el estatuto de Lisboa es «ajustado en su redacción a los principios tomistas», pero contiene un defecto esencial y es por tanto «esencialmente malo»; sospecho, pues nada explicita, que el defecto estaba en la no admisión de España.
El catedrático de química analítica Francisco Bosch Ariño habla a continuación sobre el santo patrón –nada de química– con un discurso más eclesial que el del clérigo anterior:
España vive con la Iglesia, siente con la Iglesia. A la Universidad española de hoy se le puede tildar con el título que más gloria le da, el de ser una Universidad Católica, y el de hacer lo posible por que ese nombre no sea un mero título, sino del que puede honrarse, con toda razón, por las orientaciones recibidas, desde las más altas jerarquías hasta la actuación del último de sus estudiantes.
Cuatro días después, el mismo catedrático diserta sobre Pío XII y la Ciencia en el día del Papa: «…los últimos pormenores de la ciencia de hoy demuestran una vez más la profunda hermandad de la ciencia y la fe, fuentes de la verdad, procedentes ambas de un mismo origen».66 Font Rius, de historia del derecho, impartió una conferencia, esta sí de contenido científico, sobre paces y treguas y el pontificado medieval. Las celebraciones se cerraron el día 13 de forma solemne con presidencia del arzobispo Olaechea, autoridades municipales, claustro en pleno y discurso del rector Corts, que señalaba: «Recientemente, al cerrar el acto académico del Día del Estudiante, hube de subrayar la urgencia de pedirle a Dios, no solo la penetración tomista, sino el apasionamiento tomista por la verdad…».
En la facultad de derecho se celebró la fiesta del patrón, 23 de enero, con la correspondiente misa. Se organizó un ciclo de conferencias sobre La Encíclica Humani generis y la Filosofía actual, clausurada por Corts, que también se desplazó a Gerona en abril para dar tres conferencias sobre La familia cristiana y había participado en la universidad de verano de Santander en el curso de Aspectos actuales del catolicismo como forma de vida.
En el apartado de «Vida religiosa de la Universidad» se detallan las misas y comuniones: en total, de octubre a junio, 216 misas y 815 comuniones. Fue un año extraordinario, pues el curso anterior solamente se celebraron 60 (348 comuniones) y el de 1952-53, 86 (453 comuniones). Además ejercicios espirituales en el colegio del Patriarca, cursos de formación religiosa en todas las facultades, destacando las de filosofía y letras y derecho: «…nuestra fe y nuestra historia de tiempos pretéritos, nos está recordando a gritos que, precisamente por haber vivido ese sentimiento católico y ese espíritu, hoy todavía somos nosotros los hijos afortunados de una España Misionera del Siglo de Oro». Así justificaba monseñor Juan de Unzalu el curso de Misionología Práctica en la facultad de derecho para preparar a los alumnos de primero y segundo «en su peregrinación cuatro veces centenaria por Nuestra Patria Misionera» acompañando al «Brazo Milagroso de San Francisco Xavier».67 Los alumnos de tercero tuvieron clases de Moral y los de cuarto Moral Profesional del Abogado, impartida por el jesuita José Salsmans.
… Y FALANGISTA
No todo son actos religiosos en la universidad valenciana. También hay algunos de orientación política falangista, sin la relevancia ni la omnipresencia de los católicos, y a partir de los 50 casi anecdóticos. Pero el falangismo en los actos de la universidad en los primeros años está muy presente con intervención del jefe del sindicato de estudiantes en la apertura. En 1942 Ibáñez Martín participó en la inauguración del curso valenciano con la retórica propia del movimiento remarcada por el discurso de Cerezo, jefe falangista:
El día 8 de octubre, con la solemnidad acostumbrada, la asistencia de nuestras primeras autoridades académicas, civiles y militares, jerarquías del Partido y un lleno rebosante, se celebró en nuestro Paraninfo la solemne apertura del Curso Académico de 1942-43.
En la presidencia se confundían en apretado haz las policromadas togas de nuestros catedráticos con los uniformes del Ejército y de la Falange; en el patio e interior del Paraninfo guardaban el orden las Milicias Universitarias, alta responsabilidad encomendada a ellas por deseo de nuestro Caudillo.
En este ambiente comenzó su discurso el Jefe del Distrito Universitario de Valencia, Rafael Cerezo. Recién venido de los campos de batalla, fueron sus palabras un llamamiento a los estudiantes y profesores para que, sacudiendo la vida fácil y monótona, se superen en su labor en pro de la Universidad y de España.68
A partir de los 50 la presencia falangista no tiene la misma relevancia. Parece que en ocasiones la presión ideológica falangista se va moderando o disimulando tras el fin de la guerra mundial, mientras seguía omnipresente la doctrina eclesiástica nacionalcatólica. Las actividades del S.E.U. ya se limitaron el curso 51-52 a una serie de conferencias, la mayoría sin contenido político, cine club universitario, tuna y coro mixto, albergues, creación del Servicio Universitario de Trabajo –asistencia a Empresas Nacionales para «convivir» con los trabajadores– y actividades deportivas.69 Por otro lado, Raimundo Fernández Cuesta al ser nombrado miembro de la Academia Valenciana de Jurisprudencia, ofrece en el paraninfo su discurso de entrada titulado Los derechos de la personalidad en la filosofía jurídica del Movimiento. Y nada más, salvo escueta noticia –profesores y calificaciones– de las clases de formación política.70 La exaltación del principio va diluyéndose y se va abandonando la retórica de la guerra, de las hordas rojas y demás demonios del franquismo: el comunismo, los masones, la institución libre de enseñanza y los krausistas –tan píos como eran y convertidos en bestias negras…–. Ejemplo patriotico es la guerra de la independencia, pero sobre todo la conquista de América. Una patria unida y el genio español –sea esto lo que sea–. Las referencias más académicas son a la universidad y los grandes juristas y teólogos del siglo de oro, a Santo Tomás y a los colegios mayores del antiguo régimen… El falangismo cotidiano fue diluyéndose en mayor medida que el omnipresente catolicismo como puede verse en las conferencias, cursillos, ejercicios espirituales o cursos como el de misionología; pero en todo caso, claro, son los miembros del régimen los que tienen el poder; todo el poder en el ministerio, y en las universidades a través del SEU. Luego, es ya otra historia, llegó la transición política…
1. María Fernanda Mancebo vio los primeros años en «Los Anales de la Universidad de Valencia y los discursos de apertura del primer franquismo, 1939-1947», en E. González González y L. Pérez Puente, (coordinadores), Permanencia y cambio. Universidades hispánicas. 1551-2001, México, 2 volúmenes, 2005, vol. I, 445-461. Pedro Ruiz publicó algunos de los de historia en Discursos sobre la historia. Lecciones de apertura de curso en la universidad de Valencia (1870-1937), Valencia, 2007. Sobre los años de la posguerra y el franquismo en la facultad de derecho veánse los capítulos de Mariano Peset «Los años de espera» y «La etapa final de Franco» y el de Yolanda Blasco Gil y J. Correa «Nacionalcatolicismo y posguerra», en Mariano Peset y Jorge Correa (coordinadores), Historia de la facultad de derecho de Valencia (1499-1975), Universitat de València, en prensa. A las cuatro facultades iniciales se irán sumando al protocolo del discurso las nuevas: ciencias económicas en 1966; farmacia en 1974; en 1977 la facultad de ciencias se divide en cuatro: ciencias químicas, físicas, matemáticas y biológicas; en 1983 psicología y más tarde otras.
2. Del discurso de Adolfo Miaja de la Muela en 1965 en Anales de la Universidad de Valencia, XXXIX (1965-1966), cuaderno I, p. 7.
3. Era decano accidental Luis Gestoso y secretario el activo y luego exiliado Mariano Gómez. El rector era el médico Rafael Pastor González (1916-1927). La propuesta es de la Junta de facultad de 29 de mayo y se aprueba en el claustro ordinario universitario de 23 de junio de 1920.
4. La propuesta está reproducida en el primer número de la revista. Debía informar sobre la situación economica de la institución, mediante resumen de las cuentas y de la gestión de la junta económica, y de las actividades del instituto de idiomas, observatorio astronómico, jardín botánico y otros organismos propios. Se sufragará con cantidades del estado, de la universidad (se prevé que con los fondos dedicados a la impresión del discurso y memoria anual), subvención de la junta económica y del instituto de idiomas y venta de ejemplares. Algunos años, 1947 a 1950, no hay publicación de Anales; durante la guerra cambia su formato y en otros momentos no llegan a la imprenta todos los cuadernos previstos, aunque se mantiene numeración correlativa de los inexistentes; desaparece en 1976.
5. José María Zumalacárregui, «Desarrollo histórico de los hechos y de las doctrinas en la lucha de clases»; Joaquín Ros Gómez, «La lucha de clases en Roma: la aristocracia y la plebe. Su equiparación en los diversos órdenes de la vida social»; Salvador Salom y Antequera, «Nuevas orientaciones del derecho civil»; José María Ots Capdequí, «Las clases sociales en la historia del derecho español»; José Ramón Orúe, «Consideraciones actuales sobre los conceptos guerra y neutralidad»; Antonio Rodríguez Muñoz, «El nuevo derecho penal»; Francisco Vives Villamazares, «El derecho protector de los menores en el derecho actual»; José Colvée Reig, «Las leyes caducarias como consecuencia de las guerras civiles»; Luis Donderis, «Evolución de las ideas democráticas y tendencias políticas contemporáneas; Juan Galvañ, «El régimen municipal: transformaciones que necesita en los momentos presentes y para el porvenir»; Elías Ros Pallarés, «El derecho de asociación en el derecho mercantil y sus nuevas orientaciones».
6. Pueden verse todas las conferencias en Anales de la universidad de Valencia, Segunda época, 1937, números 1 a 3. En el número primero se explica que el hecho de trasladarse el gobierno republicano a Valencia ha permitido la participación en los cursos y conferencias «de un grupo selecto de profesores y artistas del glorioso Madrid». Estos números de la denominada segunda época de Anales desaparecerán de la cuenta de la publicación tras la guerra, pasando del número 120 del volumen 15 correspondiente a los años 1934-35, al número 121, volumen 16 de 1939-1940. Otras conferencias fueron: Pedro Bosch Gimpera, rector de de la universidad de Barcelona, «España»; Julián Bonfante, de la universidad de Nápoles, «La cuestión de los arios»; José Deleito Piñuela, «El primer golpe de estado contra el régimen constitucional de España» (Valencia, 1814); Ricardo Gutiérrez Abascal, director del museo de arte moderno de Madrid, «Juan de la Encina»; Juan Peset, «Las individualidades y la situación en las conductas actuales»; Gonzalo R. Lafora, director de la clínica psiquiátrica del hospital provincial de Madrid, «Sobre la personalidad»; Demófilo de Buen, del tribunal supremo, «La revolución y el derecho privado».
7. A finales de marzo, junto con quintacolumnistas y falangistas, había ocupado el edificio de la universidad en nombre del Partido Nacional de España. Ocupó la universidad y levantó la correspondiente acta del suceso que firmaron veinte catedráticos y auxiliares, varios administrativos y algunos profesores del conservatorio y de instituto. Por la facultad lo hicieron los catedráticos José Ramón de Orúe, decano accidental –Ots Capdequí ya había iniciado el exilio–, Joaquín Ros Gómez, José Arturo Rodríguez Muñoz y José Viñas Mey, y los auxiliares Elías Ros Pallarés, Francisco Bonet Ramón, y Miguel Hernández. Batlle se había incorporado a la universidad de Valencia en septiembre de 1937; Sebastiá García Martínez y Vicent Ll. Salavert Fabiani, «L’ocupació de la Universitat de Valencia el 1939 pel quintacolumnista Manuel Batle, catedrátic de Murcia», Afers, 3 (1986), 123-198.
8. El libro abarca desde 1933 hasta junio de 1950, en proceso de catalogación en el Archivo Histórico de la Universitat de València.
9. Cercano al Opus Dei, controló durante muchos años la asignatura de historia del derecho, especialmente el acceso a las cátedras. Ocupó la cátedra de Historia de las Instituciones políticas y civiles de América del Doctorado de las Facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid hasta su supresión en 1955; http://portal.uc3m.es/portal/page/portal/instituto_figuerola/programas/phu/diccionariodecatedraticos/lcatedraticos/garciagallodediego_a, consulta 20/04/2016. En 1944 marcha a Madrid, pero aún había tenido tiempo de dar tres conferencias (14, 16 y 18 de abril del 42) sobre «El imperio español», como se reseña en las actas citadas.
10. Del discurso de apertura del rector médico F. Rodríguez-Fornos y González, «A Maestros y Escolares», Anales…, 18 (1941), pp. 44 y 47.
11. Sobre la guerra y depuraciones, M.ª F. Mancebo, La universidad de Valencia en guerra. La FUE (1936-39), Valencia, 1988, pp. 175-206; «Consecuencias de la guerra civil en la universidad valenciana: depuraciones y exilios», Cuadernos del Instituto Antonio de Nebrija de estudios sobre la Universidad, 4 (2001), p. 168. M. Baldó Lacomba, «Cambios de profesores en la Universidad de Valencia. Sanciones y depuraciones (1936-1939)», en Valencia capital de la República, Valencia, 1986; Jaume Claret. El atroz desmoche. La represión franquista en la universidad española, 1936-1945, Barcelona, 2006.
12. Joaquín Cabrera Warleta, «La hipótesis de una primitiva religión totémica ante la prehistoria y la etnología», Anales…, 25 (1923), 7-67; Joaquín Ros y Gómez, «El abogado: su reivindicación profesional», Anales …, 57 (1927), 7-61; José Castán y Tobeñas, «Los sistemas sociales contemporáneos y sus direcciones convergentes», Anales …, 89 (1931), 7-119.
13. Codex iuris canonici de 1917: De praevia librorum censura. Can. 1385. § 1. Nisi censura ecclesiastica praecesserit, ne edantur etiam a laicis: 1.º Libri sacrarum Scripturarum vel eorundem adnotationes et commentaria; 2.º Libri qui divinas Scripturas, sacram theologiam, historiam ecclesiasticam, ius canonicum, theologiam naturalem, ethicen aliasve huiusmodi religiosas ac morales disciplinas spectant; libri ac libelli precum, devotionis vel doctrinae institutionisque religiosae, moralis, asceticae, mysticae aliique huiusmodi, quamvis ad fovendam pietatem conducere videantur; ac generaliter scripta in quibus aliquid sit quod religionis ac morum honestatis peculiariter intersit; 3.º Imagines sacrae quovis modo imprimendae, sive preces adiunctas habeant, sive sine illis edantur. § 2. Licentiam edendi libros et imagines de quibus in § 1, dare potest vel loci Ordinarius proprius auctoris, vel Ordinarius loci in quo libri vel imagines publici iuris fiant, vel Ordinarius loci in quo imprimantur, ita tamen ut, si quis ex iis Ordinariis licentiam denegaverit, eam ab alio Ordinario petere auctor nequeat, nisi eundem certiorem fecerit de denegata ab alio licentia.
14. Joaquín Ros y Gómez, «El abogado…», p. 33.
15. «Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, / vida, dulzura y esperanza nuestra. / Dios te salve. / A Tí clamamos los desterrados hijos de Eva, / a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. / Ea, pues, Señora Abogada Nuestra, / vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, / y después de este destierro, muéstranos a Jesús, / fruto bendito de tu vientre. / ¡Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! / Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, / para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. / Amén».
16. La primera apertura de curso republicana sustituyó la misa del espíritu santo por actos civiles; las palabras del ministro Marcelino Domingo se interrumpieron por enfrentamientos estudiantiles y tuvo que poner orden el rector, Mariano Gómez; se pidió concordia y finalmente leyó su discurso Castán. Este fue magistrado de la sala de lo civil del tribunal supremo desde 1934 y su presidente durante el franquismo (1945-1967), su manual de derecho civil fue estudiado por generaciones de alumnos juristas, además de «divulgador radiofónico de las Leyes Fundamentales del Movimiento», Antonio Serrano, Un día en la vida de Castán Tobeñas, Valencia, 2001.
17. José Castán y Tobeñas, «Los sistemas sociales…», p. 105; más referencias, incluído el catolicismo reformador en páginas 83, 98, 101, 102, 104.
18. «Y en esto hemos de ver la unión íntima entre la Universidad y el Ejército. Gracias a Franco y a su ejército, puede ser el día de hoy principio y fin. Sin Él, hace ya tiempo que era solo fin». Francisco Alcayde y Vilar, «El concepto de nación según José Antonio», Anales de la Universidad de Valencia, 121 (1939), 7-29, p. 8., las mayúsculas son del original.
19. «Los nacionalismos locales, hábilmente, han puesto en juego resortes primarios de los pueblos donde se han producido: la tierra, la música, la lengua, los viejos usos campesinos, el recuerdo familiar de los mayores…», Francisco Alcayde y Vilar, «El concepto de nación…», p. 28.
20. Era doctor y catedrático del instituto san Vicente Ferrer de Valencia, Anales…, cuaderno 122, conferencia en la universidad de Valencia el 14 de diciembre de 1939. Ledesma era fundador de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS).
21. Anales…, cuaderno 122, pp. 35 y 37.
22. Opositó a la cátedra de Murcia y la ganó en 1918, pero ocupó la vacante de su padre en Valencia.
23. Seminarista y más tarde estudiante de derecho hizo la carrera en Valencia desde auxiliar a catedrático; prácticamente pasó por todas las asignaturas, ocupando la cátedra de mercantil entre 1887 y 1895. Fue catedrático de civil desde esa fecha hasta su muerte en 1912, la había permutado con Lorenzo Benito Endara.
24. Salom ya había ejercido el decanato desde febrero de 1933 –cuando Castán es nombrado magistrado del tribunal supremo– hasta el triunfo del frente popular en 1936, momento en el que presenta su dimisión irrevocable por «los últimos sucesos ocurridos en la universidad», sin que en el acta de la junta de facultad se de más explicación. Tras el nombramiento de 1941 ocupa el cargo hasta su muerte el 8 de mayo de 1948.
25. Salvador Salom Antequera, «La responsabilidad aquiliana de los propietarios de edificios y de los arquitectos y contratistas, según el código civil español», Anales de la Universidad de Valencia, 129 (1940), 7-78.
26. Entre las conferencias, la citada de García Blázquez y la de Manuel Souto Vilas, profesor de instituto, sobre «Platón y una Idea actual del Estado».
27. «… valenciano eminente y discípulo preclaro de esta Escuela … este año, al cumplirse el cuarto centenario de su muerte, el Alma Mater, ha querido honrar a su hijo muy dilecto, organizando un Curso de exaltación de valores hispánicos, en el que si bien es verdad que se habló poco de Vives, en cambio se estudiaron problemas interesantísimos», «La responsabilidad aquiliana…», p. 14.
28. Los clérigos fueron los doctores Tomás Lopez, S. I.; Vicente Montserrat, Provincial de los Dominicos; José Belarte, Catedrático del Seminario Conciliar; Guillermo Hijarrubia, Canónigo y Luis Colomer, Guardián de los Franciscanos.
Las conferencias de exaltación: pronunciadas por Consejeros Nacionales: Valencia y Roma, Ernesto Giménez Caballero; El problema del carácter nacional, Pedro Laín Entralgo; El hombre español a través de la historia, Juan José Lopez Ibor; de catedráticos de universidad: La llama de la hispanidad, Angel Gonzalez Palencia, Madrid; El arte español, José Camón Aznar, Zaragoza; Idea del Imperio en la baja Edad Media, Pascual Galindo Romeo, Zaragoza; La escuela de Cervera en el siglo XVIII, Fernando Valls, Barcelona; Comentario español a Oswald Spengler, Santiago Montero Diaz, Madrid. El miembro de la Real Academia Española y charlista Federico García Sanchiz es el único que habla de Vives: El gran valenciano. Finalmente, Mr. Maurice Legendre, El valor universal de la Historia de España y Rafael Calvo Serer, El sentido de la cultura hispánica; S. Salom, «La responsabilidad aquiliana…», pp. 11-15.
29. «No tan solo orienta y dirige todos los fines, sino que además los somete en absoluto a la férrea disciplina de sus nuevas leyes», «La responsabilidad aquiliana…», p. 16. Unos años después, otro catedrático de la facultad, Galvañ, calificará la dictadura como estado de derecho, pues se rige por leyes… Lo cita Pascual Marzal en “Juan Galván Escutia: catedrático de derecho administrativo», Facultades y grados, X congreso internacional de historia de las universidades hispánicas (Valencia, Noviembre 2007), prólogo de Mariano Peset, 2 vols., Universitat de València, 2010, II, 85-107.
30. «La responsabilidad aquiliana…», pp. 16-21.
31. Artículo 1907. El propietario de un edificio es responsable de los daños que resulten de la ruina de todo o parte de él, si ésta sobreviniere por falta de las reparaciones necesarias.
Artículo 1909. Si el daño de que tratan los dos artículos anteriores resultare por defecto de construcción, el tercero que lo sufra sólo podrá repetir contra el arquitecto, o, en su caso, contra el constructor, dentro del tiempo legal.
32. «…no encuentra su antecedente en la cautio damni infecti de los romanos, ni en las Partidas, ni en la Nueva, ni en la Novísima Recopilación», «La responsabilidad aquiliana…», p. 26.
33. El desarrollo en pp. 71 y siguientes.
34. F. Rodríguez-Fornos y González, «A maestros y escolares», pp. 10, 12-24, 44 y 47.
35. Había sido rector desde 1941 hasta su muerte. El día 9 misa de corpore insepulto en la capilla de la universidad presidida por el arzobispo, recorrido del féretro por le claustro, responso del arzobispo e inhumación en el cementerio. El 17 del mismo mes funeral organizado por la universidad en la iglesia del Patriarca y acto homenaje en el paraninfo con discurso de Beltrán Báguena, catedrático de medicina.
36. José Corts Grau, catedrático de Filosofía del derecho, antiguo colegial de Burjassot, falangista, pero sobre todo persona de hondas convicciones católicas, le sustituirá y será rector hasta 1967.
37. Ma. F. Mancebo, «Los anales…», pp. 456-460. Venía Ignacio Ribas de Salamanca, catedrático de ciencias que dedica «un elogio emocionado a nuestros estudiantes voluntarios de la División Azul». Ballesteros se limita al asunto histórico desde una visión idílica de las relaciones de los reyes con Valencia. Para Baldó, es uno de los artífices de la historia oficial, M. Baldó, «Nacionalcatolicismo en la facultad de letras…», p. 200.
38. Los datos académicos en P. Marzal Rodríguez, Mur Sancho, Ricardo (1878-1971), en Diccionario de catedráticos españoles de derecho (1847-1943), Universidad Carlos III de Madrid. Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2011, http://portal.uc3m.es/portal/page/portal/instituto_figuerola/programas/phu/diccionariodecatedraticos/lcatedraticos/mur, consulta 12 de mayo de 2016.
39. Sobre esta norma de José Ibáñez Martín, M. Peset, «La Ley de Ordenación Universitaria de 1943», en J. J. Carreras Ares y M. A. Ruiz Carnicer (editores), La universidad española bajo el régimen de Franco (1939-1975), Zaragoza, 1995, 125-158.
40. R. Mur Sancho, «La situación anormal del comerciante y sus soluciones legales», Anales de la Universidad de Valencia, XXI (1944-45), cuaderno 161, p. 15.
41. Una cita para Pío XII en p. 78.
42. R. Mur Sancho, «La situación anormal del comerciante …», pp. 88 y ss.
43. R. Mur Sancho, «La situación anormal del comerciante…», p. 2, y para toda la introducción religiosa y patriótica, hasta la página 14.
44. R. Mur Sancho, «La situación anormal del comerciante…», pp. 8 y 9.
45. Véase http://portal.uc3m.es/portal/page/portal/instituto_figuerola/programas/phu/diccionariodecatedraticos/lcatedraticos/rmunoz y Pelaez.
46. Anales de la Universidad de Valencia, XVIII (1953-1954), cuaderno I.
47. Anales… XXXIX (1965-66), cuaderno I, p. 172. Terminaba con recuerdo a los grandes teólogos y juristas del siglo XVI y una invocación piadosa: ¡Que el Espíritu Santo nos ilumine para acometer esta empresa!
48. Puede verse sobre su depuración: http://portal.uc3m.es/portal/page/portal/instituto_figuerola/programas/phu/diccionariodecatedraticos/lcatedraticos/calfageme.
49. Marc Baldó Lacomba, «Los alumnos», en M. Peset Historia de la universidad de Valencia, 3 volúmenes, Valencia, 2000, vol. III, 261-274; «Los estudiantes universitarios españoles en la Edad Contemporánea: líneas de investigación», Miscelánea Alfonso IX (2012), 243-267; «La rebelión de los estudiantes», Matrículas y lecciones: XI Congreso Internacional de Historia de la universidades hipánicas, v. I. Valencia, 2012, 233-249; «Los movimientos estudiantiles en la España de los años cincuenta y sesenta», en A. Bosch, T. Carnero y S. Valero eds., Entre la Reforma y la Revolución: la construcción de la democracia desde la izquierda, Granada, 2013, 105-121; María Fernanda Mancebo Alonso, «Hijos de un Dios menor», en B. Sanz y R. I. Rodríguez (editores), Memoria del antifranquismo. La universidad de Valencia bajo el franquismo, Valencia, 1999, 145-160, y en la misma obra Benito Sanz Díaz, «Tiempo de silencio: la dictadura franquista sin oposición. Universidad de Valencia. 1939-1965», 29-74. La revista Claustro aparece en el curso 1949-50 y ha sido analizada por S. Rodríguez Tejada, Zonas de libertad. Dictadura franquista y movimiento estudiantil en la universidad de Valencia, Valencia, 2 volúmenes, 2009, Vol. I 1939-1965, p. 216 y ss.
50. J. Pemartín, Qué es lo nuevo…: consideraciones sobre el momento español presente, Santander, 1938. L. E. Otero Carvajal, «La universidad nacionalcatólica», en La universidad nacionalcatólica. La reacción antimoderna., Madrid, 2014, 69-130.
51. Memoria anual de la universidad de Valencia. Curso de 1945-46, Secretariado de publicaciones. Intercambio científico y extensión universitaria, Valencia, 1947.
52. Marc Baldó, «Nacionalcatolicismo en la facultad de letras de valencia en los años cuarenta», Aulas y saberes, dos volúmenes, Valencia, 2003, vol. I, 193-209.
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