Kitabı oku: «La aplicación judicial de los derechos fundamentales»

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Barak, Aharon, 1936-

La aplicación judicial de los derechos fundamentales : escritos sobre derechos fundamentales y teoría constitucional / Aharon Barak ; Amaya Álvez Marín, Joel I. Colón-Ríos (editores). -- Bogotá : Universidad Externado de Colombia. 2020.

530 páginas ; 24 cm. (Intermedia de Teoría Jurídica y Filosofía del Derecho ; 27)

Nota bibliográfica

ISBN: 9789587904628

1. Protección de los derechos fundamentales -- Aspectos constitucionales 2. Protección de los derechos humanos -- Aspectos jurídicos 3. Principio de proporcionalidad (Derecho constitucional) 4. Interpretación del derecho constitucional 5. Administración de justicia 6. Discrecionalidad judicial I. Álvez Marín, Amaya, editora II. Colon-Rios, Joel I. editor III. Universidad Externado de Colombia IV. Título V. Serie

342.22 SCDD 15

Catalogación en la fuente -- Universidad Externado de Colombia. Biblioteca EAP

noviembre de 2020

Serie orientada por Diego Moreno Cruz

ISBN 978-958-790-462-8

© 2020, AHARON BARAK

© 2020, AMAYA ÁLVEZ MARÍN Y JOEL I. COLÓN-RÍOS (EDS.)

© 2020, UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA

Calle 12 n.º 1-17 Este, Bogotá

Teléfono (57 1) 342 0288

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(Capítulo IV: “Interpretación constitucional”, traducción de Joel I. Colón-Ríos y Jhonny Antonio Pabón Cadavid; Capítulo IX: “La protección de la constitución y la democracia”, traducción de Amaya Álvez Marín y Jhonny Antonio Pabón Cadavid).

Primera edición: noviembre de 2020

Diseño de cubierta: Departamento de Publicaciones

Corrección de estilo: Óscar Torres Angarita

Composición: David Alba

Impresión y encuadernación: Panamericana, formas e impresos S.A.

Tiraje: de 1 a 1.000 ejemplares

Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra, sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad del autor.

Diseño epub: Hipertexto – Netizen Digital Solutions

CONTENIDO

ESTUDIO INTRODUCTORIO IDEAS CONSTITUCIONALES PARA LATINOAMÉRICA: REFLEXIONES A PARTIR DE LAS PROPUESTAS DE AHARON BARAK

CAPÍTULO PRIMERO PROPORCIONALIDAD

I. La distinción entre el ámbito de un derecho constitucional y su limitación

A. Ámbito y limitación

B. El ámbito del derecho constitucional y la colisión de derechos

C. El rol de la proporcionalidad

D. Las fuentes legales de la proporcionalidad

II. Los elementos de la proporcionalidad

A. Comentarios iniciales

B. Objetivo legítimo

C. Conexión racional

D. Necesidad

E. Proporcionalidad stricto sensu: ponderación

1. La importancia social del objetivo y de evitar la limitación del derecho constitucional

2. La regla de la ponderación

3. Desarrollo del elemento de la proporcionalidad stricto sensu (ponderación)

III. La zona de la proporcionalidad

A. Legislador y juez

B. La zona de la proporcionalidad y el margen de apreciación

IV. Evaluando la proporcionalidad

A. La importancia de la proporcionalidad

B. Críticas a la proporcionalidad y respuestas

C. Alternativas a la proporcionalidad

1. Proporcionalidad determinada por el legislador

2. La categorización estadounidense

CAPÍTULO SEGUNDO SOBRE LOS CONFLICTOS ENTRE DERECHOS CONSTITUCIONALES

I. Distinciones fundamentales: el ámbito del derecho y su protección

II. Distinciones fundamentales: principios y reglas

III. Distinciones fundamentales y conflictos entre derechos constitucionales

IV. Conflictos entre derechos constitucionales formulados como reglas

V. Colisiones entre derechos constitucionales formulados como principios

A. El ámbito de los derechos no cambia

B. Resolución del conflicto a nivel subconstitucional

C. El conflicto entre normas formuladas como principios y el Estado de Derecho

D. El conflicto entre un derecho constitucional formulado como una regla y un derecho constitucional formulado como un principio en lugar de una conclusión

CAPÍTULO TERCERO DERECHOS CONSTITUCIONALES Y DERECHO PRIVADO

I. Presentación del problema

II. Los cuatro modelos

A. El modelo de la aplicación directa

B. El modelo de no-aplicación

C. La aplicación a través de la rama judicial

D. El modelo de aplicación indirecta

III. Los modelos de aplicación indirecta en acción

A. Los derechos constitucionales como valores objetivos

B. El primer canal de aplicación: la interpretación del derecho privado

1. Los aspectos objetivos de los derechos constitucionales y la interpretación del derecho privado

2. La interpretación de conceptos válvula

a. Interpretación a la luz del aspecto objetivo de los derechos constitucionales

b. Política pública

c. La buena fe

3. La interpretación del derecho privado y su validez

C. El segundo canal de aplicación: solución negativa y laguna

1. El silencio del derecho privado

2. Solución negativa

3. Lagunas

D. El tercer canal de aplicación: la creación de nuevo derecho privado

1. Legislación nueva y el desarrollo del derecho común

2. Legislación nueva

3. El desarrollo del derecho común

4. La proporcionalidad de la legislación nueva y el desarrollo del derecho común

5. Legislación nueva y el desarrollo del derecho común - discreción u obligación

a. Derechos negativos y derechos positivos

b. Satisfacer el deber en los derechos positivos

IV. La aplicación indirecta en Israel

Conclusión

CAPÍTULO CUARTO INTERPRETACIÓN CONSTITUCIONAL

I. La singularidad de una constitución y cómo esto afecta a la interpretación

A. La constitución como una norma superior (o supernorma)

1. La singularidad de una constitución y la interpretación teleológica

2. Interpretación teleológica de una constitución: derecho comparado

II. El lenguaje de una constitución

A. “Generalizaciones majestuosas”

B. Lenguaje constitucional y estructura constitucional

C. El doble rol del lenguaje en la interpretación constitucional

III. El propósito subjetivo de una constitución

A. Su esencia

B. Sus fuentes: el texto como un todo

C. Sus fuentes: historia constitucional

IV. La finalidad objetiva de una constitución

A. Su esencia

B. Los niveles de abstracción de la finalidad objetiva

V. Fuentes de la finalidad objetiva

A. Fuentes internas: la constitución como un todo y la búsqueda de la coherencia constitucional

B. Fuentes externas: historia posterior a la promulgación

C. Fuentes externas: jurisprudencia constitucional

D. Fuentes externas: valores fundamentales

E. Fuentes externas: derecho comparado

VI. La finalidad última de una constitución

A. ¿Cómo se determina la finalidad última?

B. La perspectiva de la interpretación teleológica

C. El propósito subjetivo de una constitución no es decisivo

D. El propósito objetivo y la protección del individuo

E. ‘Constitución viva’ y ‘árbol vivo’

F. Interpretación con una visión amplia

G. La discreción judicial en la determinación de la finalidad última de una constitución

CAPÍTULO QUINTO SOBRE LAS IMPLICACIONES CONSTITUCIONALES Y LA ESTRUCTURA CONSTITUCIONAL

I. Presentación del problema

II. El modelo interpretativo

A. Extraer el significado jurídico del significado lingüístico

B. El significado expreso

C. El significado implícito

1. Significado indirecto

2. El significado implícito y la estructura constitucional

3. La base jurídica para la implicación constitucional

a. El significado del silencio constitucional

b. Significado constitucional implícito y texto constitucional

c. Características de la norma constitucional implícita

III. Ejemplos de implicación constitucional

A. Implicación de valores constitucionales

B. Implicación de derechos constitucionales

C. Cláusula limitativa implícita

D. Revisión judicial implícita

E. Cláusulas pétreas implícitas

IV. La implicación constitucional y los sistemas de interpretación

A. Sistemas de interpretación

B. Implicación constitucional e intencionalismo

C. Implicación constitucional y originalismo

D. Implicación constitucional e interpretación teleológica

V. Implicación constitucional y pragmática

A. Semántica y pragmática

B. La pragmática de Grice

C. Pragmática e interpretación constitucional

Conclusión

CAPÍTULO SEXTO ACTIVISMO Y AUTORRESTRICCIÓN

I. Definición de los términos

A. La necesidad de una definición

B. Únicamente relevantes cuando existe discreción judicial

C. Liberal versus conservador

D. El activismo y la autorrestricción son dos extremos de un espectro

E. Los términos dependen del contexto social y de la cultura jurídica

II. Algunas definiciones y sus críticas

A. Bork

B. Posner

C. Canon

D. Roach

III. Definición de activismo y autorrestricción

A. Definición de los términos de acuerdo a sus objetivos

B. La definición de activismo y de autorrestricción

C. Exhaustividad

D. El problema de la legitimidad judicial

E. Activismo, autorrestricción, y el punto de vista personal de un juez

F. Relación con políticas públicas establecidas en el pasado

G. Sistemas de interpretación

H. Precedente

I. Los medios disponibles para un juez

J. No hay activismo total ni autorrestricción total

IV. La deseabilidad del activismo o de la autorrestricción

A. Activismo, autorrestricción, y el rol del juez

B. Cerrar la brecha entre el derecho y la sociedad

C. La protección de la constitución y sus valores

D. Nuevos medios

CAPÍTULO SÉPTIMO DERECHOS HUMANOS EN TIEMPOS DE TERROR: UNA PERSPECTIVA JUDICIAL

I. El rol del juez: proteger la democracia

II. La batalla contra el terror - conforme a derecho

III. La necesidad de una perspectiva ponderada

IV. El caso de Israel

V. La revisión judicial de la lucha contra el terror

CAPÍTULO OCTAVO SOCIEDAD, DERECHO Y ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA

I. Sobre la sociedad

II. Sobre el derecho

III. Sobre la administración de la justicia

A. Al decidir sobre controversias

B. Legislación judicial

C. Discreción judicial

D. Sobre el rol de un juez

IV. Sobre la realización del rol judicial

A. La legitimidad de los medios

B. Sobre la interpretación

C. Sobre la ponderación

D. Sobre la justiciabilidad

E. Sobre la legitimación activa

F. El derecho comparado

V. Sobre filosofía judicial y jurídica

Comentarios finales

CAPÍTULO NOVENO LA PROTECCIÓN DE LA CONSTITUCIÓN Y LA DEMOCRACIA

I. La lucha por la democracia

II. ¿Qué es la democracia?

A. La esencia de la democracia

III. Democracia formal y supremacía legislativa

A. Democracia formal y elecciones

B. Elecciones democráticas y partidos no democráticos

IV. Supremacía legislativa

A. Democracia sustantiva

V. La separación de poderes

A. La separación de poderes como columna vertebral de la democracia

B. La relación entre una rama y sus funciones

C. La no intervención en el ejercicio de la discrecionalidad

VI. Controles y equilibrios

A. La separación de poderes, controles y equilibrios

VII. Equilibrios

VIII. Controles

IX. ¿Está constitucionalizada la separación de poderes?

X. El rol del juez en la protección de la separación de poderes

XI. La separación de poderes y las interpretaciones legislativas

XII. La separación de poderes y la protección de la jurisdicción de las cortes

XIII. La separación de poderes y la competencia para interpretar

A. Diferentes modelos de separación de poderes

XIV. Democracia y el Estado de Derecho (rule of law)

A. La naturaleza del Estado de Derecho

B. El Estado de Derecho, no el gobierno de hombres o mujeres

C. El aspecto formal del Estado de Derecho

D. El concepto jurisprudencial del Estado de Derecho

E. El concepto sustantivo del Estado de Derecho

F. El Estado de Derecho y el rol del juez

XV. Principios fundamentales

A. Democracia y principios fundamentales

B. ¿Cuáles son los principios fundamentales?

C. Las fuentes de los principios fundamentales

D. Nuevos y antiguos principios fundamentales

E. El estatus y el peso de los principios fundamentales

F. Tolerancia

G. Buena fe

H. La justicia

XVI. Razonabilidad

A. ¿Qué es la razonabilidad?

XVII. La zona de la razonabilidad

A. Orden público

XVIII. Independencia del poder judicial

A. Democracia e independencia judicial

B. Independencia personal

C. Independencia institucional

XIX. Derechos humanos

A. Derechos humanos y democracia

B. El ámbito de los derechos y sus limitaciones

C. Dignidad humana

XX. Crítica y respuesta

A. La crítica

B. El rol del juez como creador del derecho común

C. El rol del juez como intérprete de la constitución y la ley

D. El rol del juez y la revisión judicial de la constitucionalidad de las leyes

CAPÍTULO DÉCIMO DIGNIDAD HUMANA: EL VALOR CONSTITUCIONAL Y EL DERECHO CONSTITUCIONAL

I. El significado constitucional de la dignidad humana

II. La dignidad humana como valor constitucional

A. La dignidad humana como un valor constitucional expreso o implícito

B. El rol de la dignidad humana como valor constitucional

C. El significado de la dignidad humana como valor constitucional

III. Dignidad humana como derecho constitucional

A. Reconocimiento de la dignidad humana como un derecho constitucional

B. El contenido del derecho constitucional a la dignidad humana: el ámbito del derecho a la dignidad humana

1. El ámbito del derecho humano a la dignidad humana

2. El caso estándar: una superposición entre el derecho y el valor de la dignidad humana

3. El caso especial de la dignidad humana como derecho constitucional en la Ley Fundamental de Alemania

4. El área cubierta por el derecho a la dignidad humana

a. El área cubierta y el problema de la superposición parcial

b. El área exclusivamente cubierta por el derecho a la dignidad humana

5. Superposición complementaria entre el derecho constitucional a la dignidad humana y otros derechos constitucionales

6. Superposición conflictiva (colisión) entre el derecho constitucional a la dignidad humana y otros derechos constitucionales

Conclusión

CAPÍTULO UNDÉCIMO LA FUNCIÓN DE LA DIGNIDAD HUMANA COMO VALOR CONSTITUCIONAL

I. Tres roles de la dignidad humana como valor constitucional

II. La dignidad humana como valor constitucional que establece una base para todos los derechos

III. El rol interpretativo de la dignidad humana como valor constitucional

A. Un rol interpretativo general

B. Un rol interpretativo particular: interpretación del derecho a la dignidad humana

IV. La dignidad humana como valor constitucional en la limitación de los derechos constitucionales

CAPÍTULO DUODÉCIMO TRES MODELOS PARA DETERMINAR EL CONTENIDO DEL VALOR CONSTITUCIONAL DE LA DIGNIDAD HUMANA

I. Modelos teológicos, modelos filosóficos y modelos constitucionales

II. Modelos teológicos

III. Modelos filosóficos

A. Evaluación de los modelos filosóficos

B. Kant y la dignidad humana

C. Dworkin y la dignidad humana

D. Dignidad humana: Margalit y Statman

IV. Los modelos constitucionales

A. Características de los modelos constitucionales

1. Un enfoque interpretativo con visión amplia

2. Interpretación del valor constitucional de la dignidad humana y los derechos constitucionales con enfoque amplio

3. La multiplicidad de modelos constitucionales

B. El contenido del valor constitucional de la dignidad humana

1. La dignidad humana como la humanidad de la persona como ser humano

2. La humanidad de la persona como ser libre

3. La humanidad de la persona como autonomía de la voluntad

4. La humanidad de la persona como rechazo a considerarla solo como un medio

5. La humanidad en el marco de una sociedad

6. La humanidad de la persona y la raza humana

C. Críticas al modelo constitucional de humanidad

CAPÍTULO DECIMOTERCERO LA DIGNIDAD HUMANA COMO DERECHO CONSTITUCIONAL

I. Reconocimiento constitucional

A. Reconocimiento expreso de un derecho constitucional a la dignidad humana

B. Reconocimiento de un derecho constitucional a la dignidad humana por implicación

C. Reconocimiento de la dignidad humana como derecho constitucional para resolver una laguna en una constitución

1. La laguna

2. ¿Una laguna en una constitución?

II. El contenido del derecho constitucional: la realización del valor constitucional

A. El enfoque general

B. El caso particular de la Ley Fundamental Alemana

III. Interpretación constitucional teleológica y dignidad humana

A. Interpretación con una visión amplia

B. Una visión amplia no es una visión sin límites

C. Interpretación teleológica de la dignidad humana y limitación de otro derecho

D. Interpretación teleológica de la dignidad humana y la limitación de los intereses públicos

E. Críticas a mi propuesta y respuesta

CAPÍTULO DECIMOCUARTO LA DIGNIDAD HUMANA EN EL DERECHO CONSTITUCIONAL ISRAELÍ

I. El rasgo normativo de la dignidad humana

A. Artículos 2 y 4 de la ley fundamental

B. La dignidad humana como derecho relativo

C. La dignidad humana no es un derecho eterno

1. La ausencia de una cláusula de eternidad expresa

2. ¿Existe una cláusula de eternidad implícita?

D. Dignidad humana como valor supremo

E. El área cubierta por la dignidad humana como derecho constitucional

II. Los derechos-hijos de la dignidad humana

A. El derecho a la personalidad

B. El derecho a la subsistencia humana digna

C. El derecho a la reputación

D. El derecho a la vida familiar

E. El derecho a la igualdad

F. El derecho a la libertad de expresión

G. El derecho a la libertad de conciencia y de credo

H. El derecho a la libertad de movimiento

I. El derecho a la educación

J. El derecho al empleo

K. El derecho a un debido proceso

III. La titularidad del derecho fundamental

A. El titular del derecho a la dignidad humana

1. La persona

2. Los grupos

3 La corporación

B. El sujeto pasivo

IV. Aplicación temporal

A. Aplicación activa de la ley fundamental

B. Una anomalía normativa

CAPÍTULO DECIMOQUINTO REFORMAS CONSTITUCIONALES INCONSTITUCIONALES

I. Presentación del problema

II. Derecho comparado

A. Enmiendas constitucionales inconstitucionales en Turquía

B. Enmiendas inconstitucionales a la constitución de India

C. Enmiendas constitucionales inconstitucionales en Austria

D. Enmiendas constitucionales inconstitucionales en Alemania

E. Enmiendas constitucionales inconstitucionales en Estados Unidos

F. Enmiendas constitucionales inconstitucionales en Irlanda

G. Enmiendas constitucionales inconstitucionales en Brasil

H. Disposiciones constitucionales expresas sobre la revisión judicial de la constitucionalidad de una enmienda constitucional

III. Lecciones desde el derecho comparado

IV. Estándares substantivos para enmendar la constitución

V. Enmiendas constitucionales inconstitucionales en Israel

CAPÍTULO DECIMOSEXTO CARACTERÍSTICAS DE LA DISCRECIÓN JUDICIAL

I. Obstáculos para la comprensión de la discreción judicial

II. La discreción judicial definida

A. Libertad de elección: discreción amplia y discreción restringida

B. La discreción judicial y la comunidad jurídica

C. Resumen: la zona de legitimidad formal

III. El objeto de la discreción judicial

A. El hecho, la aplicación de una norma y la norma misma

B. La discreción judicial y los hechos

C. Discreción judicial y la aplicación de una norma

D. Discreción judicial y la norma en cuestión

E. La distinción entre los diversos objetivos de la discreción judicial

IV. El ámbito de la discreción judicial

A. Discreción limitada y discreción absoluta

B. La discreción judicial nunca es absoluta

C. La discreción judicial como discreción limitada

D. Discreción judicial limitada: limitaciones procesales

E. Discreción judicial limitada: limitaciones sustantivas (razonabilidad)

V. El problema: ¿existe la discreción judicial?

A. Cada problema jurídico tiene una solución legal

B. Las normas jurídicas que rigen al juez

C. Crítica al enfoque de Dworkin: la discreción judicial existe

VI. Discreción judicial, ¿en cada caso?

A. El problema

B. Discreción judicial en cada caso

C. Los casos fáciles

D. Casos intermedios

E. Los casos difíciles

F. Discreción judicial, ¿en cuántos casos?

G. La distinción entre los tres tipos de casos

H. Una mirada retrospectiva

NOTAS AL PIE

ESTUDIO INTRODUCTORIO
IDEAS CONSTITUCIONALES PARA LATINOAMÉRICA: REFLEXIONES A PARTIR DE LAS PROPUESTAS DE AHARON BARAK

AMAYA ÁLVEZ MARÍN*

La obra del juez y académico constitucionalista Aharon Barak es abundante. Este es autor de libros como Dignidad humana: el valor constitucional y el derecho constitucional1, Proporcionalidad: los derechos constitucionales y sus limitaciones2, Interpretación propositiva en el derecho3 y El juez en una democracia4, los cuales han tenido una influencia enorme en el mundo anglosajón debido a la profundidad de sus ideas y a su publicación en editoriales de prestigio global.

Su actividad como profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, le ha permitido ser parte de las élites académicas e influir decisivamente en su pensamiento. Así también, su participación generosa como profesor visitante en numerosas universidades, entre ellas la Facultad de Derecho de la Universidad de Toronto, me permitió ser su alumna hace ya una década. Estas felices circunstancias han abierto puertas a estudiantes del Sur Global, posibilitando estar en contacto y ser permeados por su obra, uno de cuyos resultados hoy se pone a disposición de la comunidad jurídica latinoamericana de idioma español5. Estas ideas constitucionales se nutren de una profunda sabiduría y sentido común adquirido principalmente en su labor como juez.

En las siguientes páginas quisiera resaltar aquellos aspectos que, me parece, desafían algunos axiomas del modo en que se suele entender el derecho constitucional y particularmente la labor del juez en nuestros confines, y por otra parte proporcionar algún contexto a las ideas propuestas por el académico Aharon Barak. Esta sección tiene por objeto examinar algunos aspectos relevantes en el ámbito latinoamericano, con el objeto de romper con esa inercia epistemológica de la que todos somos parte, ofreciendo una reflexión jurídica situada en la práctica constitucional de nuestro subcontinente6. Es sin embargo necesario reconocer que participamos específicamente del ordenamiento jurídico chileno, y por ello somos solamente observadores de las prácticas constitucionales de los países latinoamericanos examinados, lo que nos conduce a admitir desde ya un conocimiento limitado de dicho contexto.

Tras el término del Imperio español en la década de 1810, el marco teórico e ideológico invocado por el naciente constitucionalismo en América fue la Revolución Francesa (1789), por un lado, y por otro la independencia de las Trece Colonias de Norteamérica (1776), unido a un desinterés temporal por el legado español y la negación de un reconocimiento formal de los pueblos indígenas. Académicos como Wiarda afirman que, tras del uso de “categorías democráticas” a inicios del siglo XIX, el sistema latinoamericano ocultó la pervivencia de la influencia española, lo que se traduce en una estructura oligárquica basada en el patrimonio, el nepotismo y una política de clientelismo como características de la práctica política7.

Es importante considerar que el constitucionalismo en América Latina ha sido un ámbito objeto de numerosos desafíos desde la independencia. Por un lado, las constituciones han sido reemplazadas incesantemente; así, por ejemplo, Venezuela ha tenido veinticuatro constituciones8, Ecuador veintitrés9, Bolivia dieciséis10, Perú trece11, Chile doce12, Colombia once13 y Uruguay siete14. Por otra parte, una crítica general ha sido el exceso de importancia dado al texto escrito de las constituciones, con la utilización de sistemas textualistas de interpretación, y el déficit de utilización de contexto. El fracaso en la adopción de ordenamientos constitucionales estables en América Latina ha sido explicado con la idea de que después de la independencia las élites gobernantes, si bien utilizaron un nuevo lenguaje republicano, mantuvieron en la realidad un sistema clientelista y patrimonial basado en el estatus, lo que dio lugar a repúblicas de baja intensidad democrática15.

Durante la década de 1990 la mayoría de los Estados latinoamericanos incorporaron un sistema democrático institucionalizado en constituciones que buscaban superar décadas de gobierno militar y dictaduras.

En las raíces de las débiles democracias latinoamericanas, en una especie de círculo vicioso, está la constante regresión a los regímenes autoritarios. Nuestras democracias han sido tradicionalmente de baja intensidad, centradas principalmente en elecciones periódicas y una débil concepción del constitucionalismo, donde una crítica reiterada es que los segmentos más vulnerables de la población han sido tratados por los regímenes democráticos de una manera similar a la forma en que lo han sido bajo regímenes autoritarios en el pasado. Por otra parte, la democracia en América Latina se ha reducido tradicionalmente a la existencia de un legislativo elegido que opera bajo el principio de la regla de la mayoría, donde las minorías no tienen ninguna consideración o protección especial. Otra dificultad es que el interés de los representantes políticos puede ser diferente, no solo del cuerpo electoral sino de sus propios intereses, sirviendo los intereses de los más poderosos, ya sea por las presiones provenientes del ejecutivo o de sus propios partidos políticos. Debido a que la mayor parte del tiempo estas democracias se han centrado principalmente en las elecciones políticas periódicas, los ciudadanos tienden a ser considerados solo esporádicamente, como votantes, en una posición muy inestable y débil. Por lo tanto, la efectividad real del votante, particularmente si las elecciones están lejos en el tiempo, será mínima.

Barak construye su obra con miras a una democracia liberal estable y define de modo amplio a la constitución como un texto legal que fundamenta una norma jurídica diseñada para guiar el actuar humano. Refleja el comportamiento del pasado, establece una base para el presente y moldea el futuro. Barak le reconoce a la carta política un componente filosófico, político, social y jurídico. La textura abierta del texto de la constitución impone mayores dificultades a la interpretación, debiendo distinguir entre propósitos subjetivos, esto es, los intereses, valores, metas y políticas que los creadores de la constitución aspiraron a lograr a través de la consideración de la historia. La finalidad objetiva se logra mediante la búsqueda de coherencia constitucional. El intérprete es invitado por el autor a no quedarse en el significado semántico de las disposiciones constitucionales y la intratextualidad de la constitución. El interés superior debiera ser el significado jurídico como un reflejo de la finalidad constitucional. Barak critica el quedarse estancado en la intención de los creadores de una constitución y defiende la visión moderna de entender la constitución mediante sus interpretaciones. Esta labor debería permitir alcanzar la finalidad última de la constitución, una que refleje la continuidad histórica y perspectivas fundamentales modernas. Propone Barak que cada texto constitucional está conformado por el significado expreso y un significado implícito, basado en la pragmática16 así como en las doctrinas de interpretación jurídica. Para entender a cabalidad una constitución se ha reconocido que es relevante darle importancia al contexto con el objeto de poder atribuirle un significado a un texto; esto se denomina implicación constitucional, y supone quitarle el peso decisivo a la intención del constituyente. Para ello Barak propone tres caminos: primero, ahondar en la estructura constitucional y en sus suposiciones fundamentales subyacentes; segundo, vincular los elementos de la constitución no escrita, y tercero, desarrollar conexiones entre la pragmática y la teoría de la implicación constitucional.

Mi percepción es que la inestabilidad política de Latinoamérica ha impedido visiones de largo plazo respecto del rol que pueden jugar las constituciones políticas tal como lo propone Barak en su obra. La pregunta es si el origen no democrático o autoritario de un texto constitucional influye en la propuesta hermenéutica de Barak. Así, por ejemplo, en Chile, autores como Jaime Bassa han criticado el denominado “originalismo a la chilena”, que toma la norma civilista denominada “historia fidedigna del establecimiento de la ley”, ya que petrifica el contenido de la Constitución recurriendo en forma acrítica y permanente a las actas de la Comisión de Estudio de la Nueva Constitución, órgano meramente consultivo de la Junta Militar que se atribuyó el poder constituyente en 1973 en Chile. La mayor problemática es que se limita la participación democrática y protege el contenido material de la Constitución autoritaria de 1980. La interpretación originalista cierra el sistema de fuentes a la discusión política, estableciendo el modelo inicial como pétreo17.

Respecto del rol de los jueces en una sociedad democrática, Barak propone centrar el debate en la discreción judicial y en el contexto de un determinado ordenamiento jurídico. La discreción judicial es entendida como la opción de elegir entre dos o más alternativas legales que tiene el operador jurídico. Un juez activista es aquel que, en la búsqueda del equilibrio entre valores sociales en conflicto, acepta modificar el derecho existente. Si el juez enfrentado a ese mismo dilema preserva el derecho existente, se trata de un acto de autorrestricción judicial. Es importante la aclaración formulada por Barak en relación con el punto de vista personal del juez, ya que exige que el ejercicio de la discreción judicial ocurra siempre dentro de los valores reconocidos por la sociedad y no de acuerdo con su preferencia personal. Respecto de los medios disponibles para el juez, si se trata de una mirada “activista” se abrirá a una extensa legitimidad activa, y si se trata de una perspectiva “autorrestringida” será minimalista y evitará desarrollar nuevos medios invocando la certeza jurídica.

En el modelo propuesto de adjudicación de derechos fundamentales por Barak, el rol central del juez es cerrar la brecha entre el derecho y la sociedad, promover un cambio gradual manteniendo la estabilidad; conforme al marco general del sistema, con coherencia normativa y un crecimiento orgánico. Una labor complementaria del juez es la protección de la democracia formal y sustantiva entendida como el gobierno de los valores fundamentales y los derechos humanos subyacentes. Estos principios constituyen los cimientos éticos, sociales y las formas adecuadas de comportamiento (tolerancia, buena fe, justicia) y están sujetos a una evolución y desarrollo en el tiempo. Me parece difícil la labor de definir si un principio fundamental ya ha cristalizado en la sociedad, para luego ser adjudicado por el juez; me parece que el juez puede llegar a reconocer esos valores solo si ha habido previamente una consagración expresa de ellos por autoridades políticas (Congreso Nacional o presidente de la república). La independencia del sistema judicial (el juez como individuo, el poder judicial como rama del Estado) es una componente central en el trabajo de Barak y tiene una doble función: garantizar la equidad en el proceso judicial individual y garantizar la protección de la democracia y sus valores.

Otra temática relevante en el ámbito constitucional latinoamericano es la aplicación del catálogo de derechos y libertades de modo directo, vale decir, sin intermediación de norma legal, a las relaciones entre individuos. Esto ha sido una práctica frecuente en Chile; así, tenemos que para Eduardo Aldunate la aplicación directa de la carta política es una consecuencia eventual, y no por ello menos relevante, de la aplicación del artículo 6 de la Constitución de 1980; no es una cualidad de la norma fundamental, sino que es una consecuencia de la fuerza normativa de la Constitución en tanto regla de derecho18. Esta situación, la aplicación normativa directa de la Constitución, es considerada incorrecta por Barak, quien señala que al elevar un derecho a un estatus constitucional se le hace oponible al Estado, lo que no ocurriría entre particulares. La propuesta es una aplicación indirecta de los derechos constitucionales entre individuos en el ámbito infraconstitucional, lo que se asume mediante la incorporación en los propósitos de toda norma legal privada de los valores fundamentales del ordenamiento jurídico. Esta distinción es fundamental, ya que reconoce la plenitud de los derechos y libertades fundamentales para con el Estado, y la interpretación más restringida que de ellas hayan hecho las normas legales proporcionales entre individuos.

En la propuesta constitucional de Barak, una idea que parecería muy relevante es que el ámbito de un derecho constitucional en tanto principio fundamental está supeditado a las normas de la hermenéutica, y su limitación ocurre en la esfera infraconstitucional por medio de la legislación ordinaria. Ello permite que principios constitucionales en tensión tengan plena validez en el ámbito constitucional, y que luego la limitación proporcional sea resuelta mediante una norma adoptada por el legislador. Esto hace posible reivindicar el rol de representación política del Congreso Nacional, su legitimidad democrática, y dar sentido a la noción actual de supremacía constitucional cruzada por límites como los impuestos por los tratados de derechos humanos ratificados y vigentes.

Para Barak, los derechos humanos son el parámetro de la vida social, no son absolutos y sus limitaciones deben estar establecidas en cláusulas de limitación generales o adecuadas a cada derecho o libertad fundamental. Estas limitaciones constituyen un compromiso nacional entre las necesidades del Estado y los derechos del individuo. El papel del juez en una democracia es preservar ambas limitaciones, velar por la seguridad y existencia del Estado, así como por el cumplimiento de los derechos fundamentales. Estos desafíos parecen imponer sobre los hombros de los magistrados una labor ajena a la que tradicionalmente les ha correspondido en Latinoamérica, la que se agota en resolver la contienda sometida a su decisión.

Barak propone un modelo constitucional-interpretativo en que la dignidad humana actúa como propósito general de todos los derechos fundamentales. Esta situación genera muchas preguntas. ¿Hay o no un área de la existencia humana que esté únicamente cubierta por el derecho constitucional a la dignidad humana?, ¿cuál es la función del derecho constitucional a la dignidad humana en áreas donde hay una superposición complementaria entre el derecho a la dignidad humana y otros derechos constitucionales?, ¿cuál es la relación entre el derecho constitucional a la dignidad humana y el derecho constitucional a la libertad personal?, ¿debería el derecho a la dignidad humana ser considerado un derecho residual?

La propuesta de Barak es distinguir al menos tres funciones constitucionales de la dignidad humana. La primera función de la dignidad humana como valor constitucional es expresada en el enfoque que comprende las bases de todos los derechos constitucionales. La dignidad humana es el argumento central, la justificación para la existencia de los restantes derechos humanos, entendida como la humanidad, esto es, la libertad y el principio de autodeterminación, contenida en ese ser humano. Ello implica rechazar la utilización de cualquier ser humano para la consecución de un fin, y supone la necesidad de contextualizar su existencia en una sociedad colectiva y a la vez global como parte de la raza humana19.

La segunda función de la dignidad humana como valor constitucional es proveer de un significado a las normas del sistema legal. Sobre la base de una interpretación propositiva, para Barak es aquel enfoque interpretativo que considera tanto la intención de los redactores de la constitución como la opinión pública original, y en la que el peso decisivo recae en la finalidad fundamental que subyace a la constitución en el momento de la interpretación20. Todas las disposiciones de la constitución, y en particular las del catálogo de derechos fundamentales, son interpretadas a la luz de la dignidad humana entendida como un derecho madre del cual se derivan otros. Esta es vista como un principio básico y un valor superior. Ella sirve como un principio regulador, organizador, integrador y comprensivo21.

La tercera función de la dignidad humana como valor constitucional es su rol en delimitar los márgenes de los derechos constitucionales. La mayoría de los derechos constitucionales son relativos, ellos pueden ser limitados a condición de que la limitación sea proporcional. En la determinación de la proporcionalidad de las limitaciones, el valor constitucional de la dignidad humana juega un papel que debe ser definido por el contexto evolutivo dado por el ordenamiento constitucional al cual se aplica22.

Barak resalta el rol que cumple el derecho comparado. Para el juez, el derecho comparado abre perspectivas, expande el horizonte y las posibilidades interpretativas. Sin embargo, debe ser consciente de los elementos en común tanto como de aquello que distingue a su ordenamiento jurídico. Sería muy interesante conocer el rol que el propio autor admite que podría tener su obra constitucional, pensada para democracias liberales estables, en el Sur Global. En el contexto latinoamericano, la Corte Constitucional colombiana ha hecho uso del concepto de dignidad humana, el cual definió en el año 200223. En el caso particular, la Corte señaló:

Al tener como punto de vista el objeto de protección del enunciado normativo “dignidad humana”, la Sala ha identificado a lo largo de la jurisprudencia de la Corte, tres lineamientos claros y diferenciables: (i) La dignidad humana entendida como autonomía o como posibilidad de diseñar un plan vital y de determinarse según sus características (vivir como quiera). (ii) La dignidad humana entendida como ciertas condiciones materiales concretas de existencia (vivir bien). Y (iii) la dignidad humana entendida como intangibilidad de los bienes no patrimoniales, integridad física e integridad moral (vivir sin humillaciones). De otro lado al tener como punto de vista la funcionalidad, del enunciado normativo “dignidad humana”, la Sala ha identificado tres lineamientos: (i) la dignidad humana entendida como principio fundante del ordenamiento jurídico y por tanto del Estado, y en este sentido la dignidad como valor. (ii) La dignidad humana entendida como principio constitucional. Y (iii) la dignidad humana entendida como derecho fundamental autónomo24.

Resulta relevante destacar el caso de la Corte Constitucional colombiana como una de las pocas excepciones que dentro de nuestro subcontinente han logrado dar una definición del concepto de dignidad humana que escape de la tautología utilizada por sus pares jurisdiccionales.

También desde una perspectiva comparada, Barak propone un examen del derecho constitucional de su país, Israel, ejemplificando el modo como sus diversas doctrinas operan. Así, tenemos que el artículo 2.º de la Ley Fundamental sobre “Dignidad Humana y Libertad” señala que “la vida, el cuerpo o la dignidad de una persona, como ser humano, no se puede limitar”, y de esta ley se derivan numerosos derechos constitucionales independientes y autónomos: derecho a la personalidad, derecho a la subsistencia humana digna, derecho a la reputación, derecho a la vida familiar, derecho a la igualdad, derecho a la libertad de expresión, entre otros. Respecto de los titulares de derechos fundamentales reconoce a las personas naturales o jurídicas, y respecto de las personas colectivas señala que se trataría de la sumatoria de todas las individualidades. Sobre este punto nos atrevemos a disentir, toda vez que las personas colectivas también pueden ser titulares de derechos colectivos, como es el caso de los “pueblos originarios”, según lo disponen el Convenio 169 de la OIT25 y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada por 143 Estados el 13 de diciembre de 200726. Respecto del sujeto pasivo de los derechos y libertades fundamentales, lo es el Estado (aplicación vertical). En cuanto a ello, queda la duda del rol que los tratados internacionales de derechos humanos ratificados por Israel, y que se encuentran en la actualidad vigentes, tienen en el sistema de fuentes constitucional, específicamente en el ámbito de los derechos fundamentales, y el modo en que inciden en los planteamientos de Barak aquí expuestos.

Como ya lo señalamos, en la actualidad adquiere relevancia el aporte de los tratados internacionales como fuente del orden constitucional interno, y la medición de su impacto local. Para Eslava y Pahuja, “es muy importante llevar el derecho internacional al ámbito de una jurisdicción nacional pues ello nos habilita para hablar, interactuar e incluso accionar la protección de las garantías allí contenidas”27. El utilizar argumentos insertos en tratados de derechos humanos cumple varias funciones: dotar a grupos de base de herramientas o instrumentos para exigir al poder ejecutivo un cierto actuar, y a la vez dotar a la Administración y al legislativo de las directrices que permitan la armonización de la norma interna.

Proponemos una visión crítica respecto a las reales posibilidades de los tratados de derechos humanos de incidir en la realidad material y las contradicciones que han marcado la construcción de los derechos humanos como proyecto ético-político-jurídico en Latinoamérica. Ello, ya que la construcción de los derechos humanos no es una historia lineal incremental, sino que para algunos, como Samuel Moyn, incluso “han nacido muertos”28. Hay casos en que su uso ha significado una victoria para las demandas sociales, pero también han sido utilizados como un elemento de distracción, sin implicar un cambio real en el modelo político o económico. En años recientes, un debate relevante entre académicos de derecho internacional público ha sido el referido al impacto que puede esperarse de tratados de derechos humanos en el ámbito interno. Moyn señala que el estudio de la relevancia puramente normativa de los tratados de derechos humanos obscurece las circunstancias históricas que permitirían cambios substantivos o modelos y discursos alternativos. Además, este autor manifiesta que la aplicación de un tratado de derechos humanos en el plano local requerirá la apropiación de los términos por una comunidad jurídica determinada, realizando una intermediación entre los destinatarios directos y las normas del tratado. Esa intermediación no es neutra ni objetiva, en opinión de Moyn29.

Otro gran tema que debe ser debatido es el de los límites del control de constitucionalidad. Así, por ejemplo, se discute si es posible controlar una reforma a la constitución. Algunos estiman que esta revisión estaría fuera del límite de las competencias del juez constitucional, pero en ciertos casos, como en el de la Constitución de 1988 de Brasil, se permite expresamente la revisión judicial de algunos aspectos considerados basales, tales como la forma jurídica federal, el voto directo, secreto, universal y periódico, la separación de los poderes del Estado y el catálogo de derechos y garantías individuales, bajo la nomenclatura de “cláusulas pétreas”.

El método propuesto por Barak como aquel que mejor logra cerrar la brecha entre el derecho y la sociedad, protegiendo a la constitución y sus valores, es el método de la proporcionalidad; descarta alternativas como la limitación entregada a la mayoría legislativa, o como la categorización estadounidense que incluye la necesidad de que la limitación se justifique en un interés estatal apremiante, que se trate de un asunto de necesidad pública urgente o de interés estatal sustancial30. Un mecanismo alternativo es la razonabilidad, entendido como enfrentado a una pluralidad de factores que requieren ser evaluados respecto de su relevancia para un enfoque común (función de valor). Se trata de un parámetro de conducta del denominado “hombre razonable”; sin embargo, este parámetro también ha sido puesto en duda por no representar al ser humano como un ente que también tiene emociones, las cuales participan asimismo en el proceso decisorio y por ello deben ser consideradas31.

La proporcionalidad o ponderación es una construcción jurídica que permitirá saber si una norma legal que limita un derecho fundamental es constitucional. Barak la define en sentido amplio como “el conjunto de reglas que determinan las condiciones necesarias y suficientes para que la limitación por ley de un derecho constitucionalmente protegido pueda ser considerada admisible”32. Sin embargo, es relevante reconocer que la metodología de la proporcionalidad requiere una contextualización, una toma de posición sobre la importancia de los derechos fundamentales y su relación con el interés público en el respectivo orden constitucional. Se trata de un método que debe ser dotado de contenido, pero que supone la realización de los derechos humanos.

El análisis doctrinario más extendido de la proporcionalidad en la literatura hispana se presenta en una distinción inicial respecto de la finalidad del acto estatal y luego en tres fases: el subprincipio de idoneidad, el subprincipio de necesidad y el subprincipio de proporcionalidad en sentido estricto, o juicio de ponderabilidad33. Los fines de la medida deben ser de tal entidad que justifiquen la limitación de un derecho constitucional consagrado y protegido en el ordenamiento jurídico. El carácter escalonado del examen de proporcionalidad es quizás una de las características más relevantes de este mecanismo constitucional, adoptado del modelo alemán. No se trata de un examen en el que resulte indiferente el orden en que son aplicados los subprincipios, sino que, muy por el contrario, la técnica consiste justamente en que solo se pasa a la siguiente subetapa una vez aprobada la anterior. El fundamento de esta técnica es sustantivo, al exigirse el cumplimiento de requisitos que van de lo general, adecuación del medio utilizado a una finalidad constitucional legítima, a un examen particular de la medida adoptada y cómo afecta en el ámbito individual los derechos constitucionales versus el interés público que se logra proteger. Los tribunales de algunas jurisdicciones, como el Tribunal Constitucional de Sudáfrica, han dedicado gran atención a la distinción entre la metodología de la proporcionalidad y la fórmula americana de “niveles de escrutinio estricto” en materia constitucional34. La Corte admitió que se requería una ponderación, pero rechazó el “escrutinio estricto” propio de la jurisprudencia estadounidense, decidiéndose por la adopción de un análisis de proporcionalidad considerado “matizado y sensible al contexto”35. Este ejemplo ilustra cómo algunos tribunales constitucionales están preocupados por las opciones metodológicas y sus implicancias.

Esta metodología de adjudicación en materia de derechos fundamentales ha sido recibida de modo muy limitado en Chile36. Las razones que se esgrimen se vinculan al denominado margen de apreciación, pero en la realidad no ha habido un ejercicio de los gobiernos de cada Estado por definir con cierta coherencia la importancia social relativa de los intereses públicos y la de los derechos fundamentales individuales o colectivos. Me parece atractiva la proporcionalidad presentada de manera contextual, en donde al aplicarla se debe justificar y dotar de sentido racional la decisión.

A modo de conclusión, a mi juicio, la mayor novedad del texto de Aharon Barak es reclamar un rol para el juez en sostener la institucionalidad democrática y los valores constitucionales fundamentales. Esta obligación del juez consiste en una ponderación o análisis de los diversos resultados posibles en cada caso; sin embargo, solamente en algunos, los denominados “casos difíciles”, aquel deberá optar entre lo legal y lo legítimo. Este rol entregado a los jueces es aún vivamente rechazado por buena parte de la doctrina latinoamericana, quizás en cierta medida debido al rol deferente que los jueces tuvieron respecto de regímenes autoritarios y graves atentados a los derechos fundamentales; y también con base en que el concepto de derecho hegemónico es de carácter eminentemente formal, debido a la influencia en Latinoamérica de la Escuela de la Exégesis y el Historicismo alemán desde el siglo XIX37. La consecuencia es que el derecho reconoce como fuente casi únicamente a la ley, lo que empuja a la periferia a las restantes fuentes, entre ellas, a la jurisprudencia de los tribunales de justicia.

Una reacción posible a las ideas de Barak está basada en la percepción de que las ideas jurídicas más relevantes parecen haber sido siempre creadas lejos de las aulas latinoamericanas, y el conocimiento del denominado Sur Global aparece en los márgenes38. Durante la codificación, los productores del conocimiento jurídico aspiraron a crear normas racionales atemporales. Tal como lo recuerdan Merryman y Pérez-Perdomo: “El derecho fruto de la razón era inmune a las diferencias culturales”39. Necesario también parece reconocer desde la vereda latinoamericana que la inercia epistemológica en buena medida ha sido voluntaria o al menos aceptada, desconociendo aspectos en los que, por ejemplo, los pueblos originarios de nuestros territorios pudiesen ofrecer legalidades alternativas. Así, por ejemplo, autores como Carlos Volkmer proponen reconocer como modelo alternativo al neoconstitucionalismo el que él denomina “constitucionalismo andino”40, que busca conservar la biodiversidad estructurada sobre la noción de titularidad de derechos de la naturaleza. Carducci, por su parte, habla incluso de una “democracia ecosistémica fundada en la idea que únicamente la co-evolución entre la cultura y la naturaleza es capaz de sustentar la diversidad biológica y la vida”41. Principales representantes de esta vertiente serían las constituciones de Ecuador (2008) y Bolivia (2009).

A la luz de las problemáticas señaladas, la obra del juez y académico Aharon Barak es una invitación a la reflexión y al diálogo crítico en el ámbito del derecho constitucional.

Concepción, Chile, enero de 2017

CAPÍTULO PRIMERO
Proporcionalidad

El profesor Schlink ha explorado el ámbito de la proporcionalidad en todos sus aspectos1. En este capítulo quiero enfocarme en un área gobernada por la proporcionalidad, a saber, situaciones en las cuales un derecho constitucional ha sido limitado por una norma subconstitucional (p. ej., una ley ordinaria o una regla del common law). Dicha limitación será conforme a la constitución solo si la misma es proporcional. Consideraré además la aplicación de la proporcionalidad en ordenamientos jurídicos en los cuales no existe una carta de derechos con rango constitucional (como en el Reino Unido, Nueva Zelanda y el Estado de Victoria en Australia), donde los derechos están reconocidos en una ley ordinaria que establece, en su cláusula limitativa, que los mismos pueden ser limitados por ley. Dicha limitación, también, será lícita solamente si es proporcional2. En todos estos asuntos me concentraré en aspectos complementarios a los examinados por el profesor Schlink o en aquellas áreas en las cuales estamos en desacuerdo.

El punto de partida de mi investigación es el aspecto metodológico de la proporcionalidad como el criterio para determinar la constitucionalidad de una norma subconstitucional que limita un derecho constitucional. Ese punto de partida es, por su propia naturaleza, analítico, y tiene como propósito investigar la construcción jurídica sobre la cual descansa la proporcionalidad. Se examinarán los cuatro elementos de la proporcionalidad –objetivo legítimo (proper purpose), conexión racional, necesidad, y proporcionalidad stricto sensu (ponderación)– así como el rol formal de la proporcionalidad en cuanto a la limitación de un derecho constitucional.

La investigación analítica determinará las preguntas que surgen de los elementos de la proporcionalidad; pero la investigación analítica, por sí misma, es incapaz de proveer respuestas a esas preguntas. Dichas respuestas se encuentran principalmente en la manera en que una sociedad concibe la democracia, la separación de poderes y los derechos constitucionales. Son estas respuestas las que otorgan a la proporcionalidad su profundidad moral.

I. LA DISTINCIÓN ENTRE EL ÁMBITO DE UN DERECHO CONSTITUCIONAL Y SU LIMITACIÓN
A. ÁMBITO Y LIMITACIÓN

La doctrina moderna de los derechos constitucionales tomó forma a partir de la Segunda Guerra Mundial3. Esta doctrina distingue entre dos conceptos fundamentales: el ámbito de un derecho constitucional y las limitaciones a las cuales está sujeto4. El ámbito de un derecho constitucional define el campo cubierto por este –su contenido y sus fronteras– y puede ser modificado solamente por medio de una enmienda constitucional. La limitación de los derechos constitucionales establece las condiciones bajo las cuales es permitido que un derecho no sea plenamente realizado. Estas condiciones están basadas en una cláusula limitativa, que puede ser expresa o implícita, y permiten que un derecho constitucional sea limitado, en una manera proporcional, por una norma (ya sea una ley ordinaria o un precedente judicial) subconstitucional. Hay un pequeño número de derechos constitucionales que son absolutos y no están sujetos a limitación alguna5. La mayoría de los derechos humanos constitucionales, sin embargo, son relativos, sujetos a ser limitados por normas subconstitucionales. En algunos ordenamientos jurídicos los derechos relativos tienen un núcleo que no puede ser limitado6; ese núcleo es absoluto. Que un derecho constitucional sea relativo no significa, sin embargo, que sea un derecho prima facie. Un derecho relativo es siempre un derecho definido7.

La distinción entre ámbito y limitación establece dos etapas del análisis constitucional. En la primera etapa, la pregunta es si el derecho constitucional se encuentra limitado por una norma subconstitucional. En esa etapa el peso de la prueba recae en quien alega que dicha limitación existe. En la segunda etapa, la pregunta es si la limitación del derecho constitucional es proporcional. El peso de la prueba en esta etapa recaerá sobre quien alegue que la limitación es proporcional.

B. EL ÁMBITO DEL DERECHO CONSTITUCIONAL Y LA COLISIÓN DE DERECHOS

El ámbito de un derecho constitucional es determinado de acuerdo a los principios de interpretación constitucional8 –desde mi punto de vista, con base en el objetivo o razón subyacente al derecho en cuestión–. Al determinar este ámbito no debe tomarse en cuenta ningún otro derecho constitucional que se oponga al primero ni ningún interés público que se encuentre en conflicto con el mismo9. Por eso habrá muchos casos en los cuales un derecho constitucional colisione con otro. ¿Cómo deben ser resueltos esos conflictos?10 Yo diría que cuando uno de los derechos en colisión ha sido formulado como una regla (o cuando ambos han sido formulados de ese modo), la colisión debe ser resuelta en el plano constitucional mediante la aplicación de las máximas ordinarias conforme a las cuales una norma posterior prevalece sobre la anterior (lex posterior derogat priori) y una norma específica prevalece sobre la general (lex specialis derogat legi generali). Estas máximas determinan la validez y ámbito de los derechos en colisión. Este no es el caso, sin embargo, cuando los derechos en colisión han sido formulados como principios. En ese contexto, ambos derechos mantienen su total validez en el plano constitucional, y la colisión tiene que ser resuelta en el plano subconstitucional. La validez de la ley que limita un derecho (que ha sido formulado como un principio) en aras de realizar otro derecho (también formulado como un principio) será determinada de acuerdo a la cláusula limitativa –y dicha determinación será hecha siguiendo las reglas de la proporcionalidad.

C. EL ROL DE LA PROPORCIONALIDAD

Los elementos de la proporcionalidad son parte de la constitución, explícitamente establecidos en la cláusula limitativa11. Puede haber una cláusula limitativa general, aplicable a todos los derechos constitucionales12, o una cláusula limitativa específica para cada uno de ellos13; a veces ambos tipos de cláusulas existen al mismo tiempo14. En ocasiones una constitución simplemente establece que un derecho constitucional puede ser limitado por ley, sin hacer referencia explícita a la proporcionalidad, pero el punto de vista convencional es que la ley que limita el derecho debe hacerlo de manera proporcional. En algunos casos una constitución puede declarar la sustancia de un derecho sin decir nada acerca de su limitación. El punto de vista convencional es que el silencio constitucional no hace que un derecho sea absoluto; el derecho puede ser limitado por ley siempre y cuando la limitación sea proporcional. En esa situación la proporcionalidad se encuentra implícita en la constitución; lleva a veces el nombre de “cláusula limitativa judicial”.

La limitación proporcional de un derecho constitucional tiene que estar basada en la ley. En jurisdicciones civilistas esto significa que la limitación tiene que basarse en un estatuto adoptado por el legislador. En jurisdicciones del common law la limitación puede también surgir de normas de derecho común. En la ausencia de una norma que limite un derecho constitucional, la cuestión de la proporcionalidad es irrelevante.

El rol formal de la proporcionalidad es asegurar que una norma subconstitucional que limite un derecho constitucional satisfaga cuatro elementos. Si estos elementos no son satisfechos, la norma subconstitucional carecerá de la fuerza para limitar el derecho constitucional, pues una norma de mayor jerarquía supera una norma de menor jerarquía. De hecho, el rol formal de la proporcionalidad es superar los efectos de la supremacía de una norma constitucional. En consecuencia, cuando un derecho constitucional es limitado por otra norma constitucional, los cuatro elementos de la proporcionalidad no aplican. La colisión sería resuelta no a nivel constitucional, sino en el plano subconstitucional.

Hemos visto que la proporcionalidad es un constructo jurídico. La misma establece cuatro elementos cuya satisfacción permite que la limitación de un derecho constitucional por una norma subconstitucional sea conforme a la constitución. Cada ordenamiento jurídico que adopta la proporcionalidad tiene que determinar por sí mismo la forma como estos elementos de la proporcionalidad serán satisfechos. Al alcanzar esa conclusión, el ordenamiento jurídico estará expresando la manera en que esa sociedad entiende la democracia. Dicha conclusión reflejará su visión acerca de la importancia de los derechos constitucionales y su relación con el interés público, acerca de la separación de poderes y acerca del rol de cada rama gubernamental. La proporcionalidad, entonces, es un marco que tiene que ser llenado de contenido. El marco establece los cuatro elementos que tienen que ser satisfechos, pero el contenido de esos elementos será determinado por una serie de consideraciones que son externas a la proporcionalidad y que la informan. Ese contenido, por lo tanto, variará de un ordenamiento jurídico a otro. Pero cuidado: la proporcionalidad no es neutral respecto a los derechos humanos, y no es indiferente a su limitación. La misma está basada en la necesidad de que los derechos humanos sean realizados. Las limitaciones que la proporcionalidad impone en la realización de los derechos humanos surgen de la misma fuente que los propios derechos; descansan en el entendimiento que una sociedad tiene de la democracia.

En fin, los elementos de la proporcionalidad reflejan la idea de que una norma subconstitucional puede imponer límites en un derecho constitucional, pero esos límites a su vez tienen fronteras. Este es el concepto de los “límites sobre las limitaciones”15.

D. LAS FUENTES LEGALES DE LA PROPORCIONALIDAD

¿Cuál es la fuente legal de la proporcionalidad? La proporcionalidad aparece con ese nombre en muy pocas constituciones16, y aun en esos casos surgen dudas acerca de la interpretación de sus elementos. Esto ocurre todavía más en ausencia de una referencia explícita a la proporcionalidad y cuando la misma es solamente insinuada. Hay quien identifica el origen jurisprudencial de la proporcionalidad en la democracia misma. Si la democracia tiene un estatus constitucional, esta implica la necesidad de establecer un equilibrio entre los derechos humanos y los principios constitucionales que se les opongan. Dicho equilibrio se expresa a través de la proporcionalidad. De forma similar, el Estado de derecho (Rechtsstaat, l’état de droit) puede ser visto como un principio que tiene estatus constitucional, desde el cual la proporcionalidad puede ser inferida. Algunos ven la fuente de la proporcionalidad en la formulación de derechos constitucionales como principios. Conforme a este punto de vista, defendido por Alexy, “los principios son normas que requieren que algo sea realizado en el mayor grado posible, tomando en cuenta las posibilidades legales y fácticas”17. Las posibilidades fácticas que limitan la realización de un principio son aquellas que surgen de los elementos de la proporcionalidad relativos a la existencia de una conexión racional y a la necesidad; las posibilidades legales que limitan la realización de un principio son aquellas que surgen de la proporcionalidad en sentido estricto, es decir, de la ponderación. De esto se desprende, según la perspectiva de Alexy, que existe una relación directa y firme entre los derechos formulados como principios y la proporcionalidad. Finalmente, la fuente de la proporcionalidad podría encontrarse en la interpretación constitucional. Conforme a este punto de vista, aun en casos en donde la proporcionalidad no es explícitamente mencionada en la constitución, la misma está implícita en la arquitectura de los derechos humanos y en el interés público subyacente. Estas cuatro explicaciones son complementarias.

II. LOS ELEMENTOS DE LA PROPORCIONALIDAD
A. COMENTARIOS INICIALES

La proporcionalidad tiene cuatro elementos: objetivo legítimo, conexión racional, necesidad, y proporcionalidad en sentido estricto (ponderación). No obstante, no todo el mundo coincide en dicha taxonomía. Algunos no consideran que un objetivo legítimo sea un elemento de la proporcionalidad; otros unen la consideración del objetivo legítimo a la de la conexión racional. En ocasiones un ordenamiento jurídico puede no reconocer uno de estos elementos. La Constitución de Sudáfrica requiere que estos cuatro elementos sean satisfechos, pero establece que los mismos no son exclusivos y que podría haber otras consideraciones relevantes18.

Los cuatro elementos de la proporcionalidad aplican tanto a los derechos negativos como a los derechos positivos. Los derechos negativos definen las limitaciones que el Estado no puede imponer sobre un derecho constitucional. Los derechos positivos definen las acciones que el Estado está obligado a llevar a cabo para proteger un derecho constitucional19. Con respecto a los derechos negativos, la proporcionalidad examina si la limitación impuesta por una ley sobre la plena realización de un derecho constitucional es proporcional. Con respecto a los derechos positivos, la proporcionalidad examina si la falta de protección al ámbito total del derecho constitucional es proporcional. En ambos casos aplican los cuatro elementos mencionados anteriormente20.

En algunas jurisdicciones del common law ha surgido la interrogante acerca de la relación entre la proporcionalidad (con sus cuatro elementos) y la razonabilidad21. La razonabilidad es reconocida en el derecho administrativo en jurisdicciones de derecho común como base de la revisión judicial de actos administrativos, y también es a veces aplicada en el derecho constitucional. ¿Acaso la proporcionalidad sustituye a la razonabilidad? La respuesta a esta pregunta no es tan sencilla debido a que existe una falta de claridad respecto a cuáles son los elementos de la razonabilidad22. Podemos distinguir entre la razonabilidad en un sentido débil y la razonabilidad en un sentido fuerte23. La razonabilidad en un sentido débil asume determinada acción como irrazonable si la misma es “[tan] absurda que ninguna persona sensible podría imaginar que se encuentra dentro de las facultades de una autoridad”24. En su sentido débil, la razonabilidad no se constituye paso a paso. Por ello no diferencia entre varios elementos y no reconoce claramente la necesidad de ponderar consideraciones en conflicto. Esta manera de pensar es sustantivamente diferente a la asociada con la proporcionalidad25, y la transición desde la razonabilidad en un sentido débil a la proporcionalidad puede resultar difícil. La razonabilidad en un sentido fuerte, sin embargo, está basada en la ponderación de intereses en conflicto. Una decisión es razonable en el sentido fuerte si la misma se toma luego de haber sopesado los distintos factores que debían ser tenidos en cuenta. La razonabilidad en este sentido resulta en un equilibrio apropiado de las consideraciones relevantes26, y no difiere sustancialmente de la proporcionalidad. La proporcionalidad puede verse como un desarrollo posterior de la razonabilidad27, y la transición de una a otra no tiene por qué ser difícil.

Finalmente, surge una pregunta acerca de cuándo es que los cuatro elementos de la proporcionalidad tienen que ser satisfechos por una ley que limita un derecho constitucional. ¿Es suficiente que los mismos sean satisfechos cuando la ley es creada? ¿O es necesario que tengan que ser satisfechos a través del tiempo? Desde mi punto de vista, los requisitos de la proporcionalidad son continuos. La ley a la que los mismos aplican está sujeta a ellos mientras esté en vigor.

B. OBJETIVO LEGÍTIMO

El primer elemento de la proporcionalidad requiere que una ley que limite un derecho constitucional tenga un objetivo legítimo. Este es un requisito umbral que no envuelve un balance concreto. Generalmente se acepta que una limitación a un derecho constitucional es constitucional si tiene como propósito la protección de otros derechos (constitucionales o subconstitucionales)28. Sin embargo, cuando el derecho constitucional es limitado para promover el interés público, entramos a un área gris. ¿Qué interés público puede justificar que se limite un derecho constitucional? A veces la propia constitución especifica los intereses públicos cuya realización justificará la limitación de ciertos derechos. ¿Pero qué hacer si la constitución no dice nada al respecto? El derecho constitucional alemán entiende que es suficiente que el interés público no sea contrario a la constitución29. El derecho constitucional canadiense, por el contario, requiere que el interés público sea apremiante y sustancial30. En ambos sistemas el requisito del objetivo legítimo aplica a todos los derechos constitucionales, sin ningún esfuerzo de distinguir entre derechos sobre la base de su importancia.

C. CONEXIÓN RACIONAL

El segundo componente de la proporcionalidad es que el medio adoptado por la ley debe ser capaz de promover la realización de su objetivo legítimo31. Esto no requiere que el medio sea el único que pueda promover ese objetivo, o que el mismo realice el objetivo plenamente, o que lo haga eficientemente. El requisito es que el medio tenga el potencial de promover el objetivo en un grado que no sea meramente marginal, precario o teórico.

D. NECESIDAD

El tercer componente de la proporcionalidad requiere que el objetivo legítimo no sea alcanzable a través de medios menos restrictivos del derecho constitucional32. Si existe alguna alternativa que sea igualmente efectiva y conlleve una limitación menor del derecho constitucional, la ley en cuestión no será necesaria33. Sin embargo, si la alternativa es menos intrusiva con respecto al derecho constitucional pero solo alcanza parcialmente el objetivo legítimo de la ley, la ley será necesaria. Una ley también será considerada necesaria si la alternativa, aunque alcance plenamente el objetivo legítimo de la ley, limita algún otro derecho o perjudica algún otro interés público. Esto es, la ley es necesaria si la alternativa restringe menos el derecho constitucional en cuestión pero es más costosa. Por supuesto, el rechazo de dichas alternativas puede no satisfacer el juicio de ponderación requerido por el cuarto elemento de la proporcionalidad (proporcionalidad stricto sensu).

El juicio de necesidad requiere que los medios seleccionados por la ley hayan sido diseñados para alcanzar el objetivo legítimo. Uno “no puede dispararle a un gorrión con un cañón”34; el medio tiene que ser adecuado para los fines. Cuando el objetivo puede ser alcanzado por un medio menos restrictivo de los derechos constitucionales, ese medio debe ser seleccionado, y la ley bajo revisión no sería necesaria. Aunque la sobreinclusión debe ser evitada, se convierte en necesaria cuando es imposible separar las medidas más limitadas para alcanzar el objetivo de la ley de aquellas que son demasiado inclusivas. En ese tipo de situación, la sobreinclusión es considerada en el contexto del cuarto componente, es decir, la ponderación. Por ejemplo, considérese una ley cuyo objetivo es proteger el interés público y los derechos individuales de la amenaza del terrorismo. Dada la inhabilidad de distinguir a un terrorista de un no terrorista por medio de un examen individual, una prohibición general que afecte los derechos de ambos grupos podría ser impuesta. Esa inhabilidad de descansar en un examen individual (que impondría una limitación menor al derecho constitucional) transforma la prohibición general (que limitaría el derecho constitucional ampliamente) en algo necesario35.

E. PROPORCIONALIDAD STRICTO SENSU: PONDERACIÓN
1. LA IMPORTANCIA SOCIAL DEL OBJETIVO Y DE EVITAR LA LIMITACIÓN DEL DERECHO CONSTITUCIONAL

El cuarto elemento de la proporcionalidad requiere una relación apropiada entre el beneficio social de alcanzar el objetivo legítimo y el beneficio social de evitar la limitación del derecho constitucional36. El elemento de la conexión racional y el elemento de la necesidad se refieren a la relación entre el objetivo de la ley y los medios adoptados para alcanzar ese objetivo. El análisis medios-fines que se lleva a cabo en estas etapas no toma en cuenta si alcanzar el objetivo justifica la limitación del derecho constitucional; el mismo no está basado en la ponderación. Pero las cosas son muy diferentes cuando llegamos a la proporcionalidad stricto sensu. En esta etapa examinamos la relación entre el objetivo de la ley y los derechos constitucionales afectados, y dicho examen incluye la ponderación37.

Hablar de “ponderación” es hablar metafóricamente, pero el modo de análisis es normativo38. El análisis está basado en reglas jurídicas que determinan cuándo un objetivo legítimo puede ser realizado a pesar de limitar un derecho constitucional. No existe consenso, sin embargo, acerca de la sustancia de dichas reglas jurídicas. Desde mi punto de vista, las mismas deberían estar basadas, de una parte, en la ponderación de la importancia social del beneficio obtenido a través de la realización del objetivo (la protección de derechos o la promoción del interés público), y de la otra, de la importancia social de evitar la limitación de un derecho constitucional39.

Esta comparación no toma en cuenta la importancia general del objetivo o la importancia general del derecho constitucional que está siendo limitado. Esto es, la comparación es entre el estatus del objetivo y el estatus del derecho antes y después de la ley restrictiva en cuestión. La importancia social del efecto marginal de la ley en el alcance del objetivo es balanceada con la importancia social de evitar la limitación marginal del derecho por la ley. La comparación, entonces, es llevada a cabo en términos del beneficio social marginal40.

En ocasiones, los parámetros de la comparación son todavía más estrechos. Esto ocurre cuando el examen del elemento de la necesidad considera una alternativa menos restrictiva del derecho constitucional que es a su vez incapaz de realizar plenamente el objetivo de la ley. Ya que no puede realizar el objetivo plenamente, la alternativa menos restrictiva no excluye una determinación de necesidad. No obstante, en la medida que la alternativa sea proporcional, la misma podría resultar en un balance apropiado entre la importancia del beneficio marginal de realizar el objetivo y la importancia del beneficio marginal de evitar la limitación del derecho.

La importancia social del beneficio marginal de realizar el objetivo de la ley depende de la naturaleza de dicho objetivo. No todos los objetivos legítimos tienen la misma importancia social. Cuando el objetivo es la protección de un derecho constitucional, el beneficio social marginal depende de la importancia del derecho en cuestión. Cuando el objetivo es la protección de un interés público, el beneficio social marginal depende de la importancia de dicho interés. La importancia –tanto respecto a la protección de los derechos constitucionales como a la promoción del interés público– será una función de la historia social del Estado, su ideología socio-política, su estructura política y gubernamental, y su compromiso con los valores democráticos. Cuando trabajamos con estos asuntos es necesario ver a la sociedad y su estructura normativa de forma integrada.

Al determinar la importancia social del beneficio marginal de realizar el objetivo tenemos que tomar en cuenta –cuando el objetivo es la protección de los derechos humanos– el grado de protección de que estos derechos gozaban antes de la ley y la protección que recibirán bajo la ley. Este es el caso también de los objetivos sociales relacionados con la promoción de un interés público. En todos estos casos debemos tener en cuenta la probabilidad de que el objetivo sea alcanzado si la ley continúa en vigencia. Dicha probabilidad depende de la situación de hecho y de una prognosis acerca de la posibilidad de que el objetivo vaya a ser realizado41.

La importancia social de evitar la limitación del derecho constitucional depende de la importancia social del derecho. La pregunta clave aquí es si todos los derechos constitucionales son de igual importancia. Este en un asunto sobre el cual no existe consenso. Yo creo que no todos los derechos constitucionales son iguales en términos de su importancia social. La importancia de un derecho constitucional es determinada con base en consideraciones externas e internas. Las consideraciones externas incluyen los conceptos básicos de la sociedad, su historia social y cultural, y su carácter particular. Ese tipo de trasfondo externo nos permite, por ejemplo, entender la importancia tan alta que se atribuye a los valores de la dignidad humana y la igualdad en la Alemania post-nazi y en la Sudáfrica post-apartheid. Las consideraciones internas toman en cuenta la relación entre los distintos derechos. En ese sentido, un derecho que sirve de precondición a la existencia y operación de otro derecho será visto como el más importante de los dos. De ahí la alta importancia social de los derechos a la vida, la dignidad, la igualdad y la expresión política.

La importancia social de evitar la limitación de un derecho está influenciada por el ámbito de la limitación y su alcance. La severidad de la limitación también influye en la importancia social de evitarla. La limitación de un derecho, entonces, no es igual que la limitación de varios derechos; una limitación que se acerca al núcleo de un derecho no es igual a una que lo afecta solo en la periferia; una limitación permanente no es lo mismo que una temporal; y una limitación muy probable no es igual a una cuya probabilidad de realización es más remota.

2. LA REGLA DE LA PONDERACIÓN

La ponderación entre el beneficio social marginal de alcanzar el objetivo de la ley y el beneficio social marginal de evitar la limitación del derecho constitucional puede ser expresada de la siguiente manera: mientras más aumenta la importancia de evitar la limitación marginal del derecho (así como de que dicha limitación ocurra), mayor deberá ser el beneficio marginal para el interés público (o la importancia del derecho en colisión) y la probabilidad de que dicho beneficio sea realizado. Este punto de vista es consistente con la ponderación sustantiva de la ley desarrollada por Alexy, conforme a la cual42 mientras “mayor sea el grado de no-satisfacción de, o de detrimento a, un principio, mayor tiene que ser la importancia de satisfacer el otro”. Nótese, sin embargo, la diferencia entre la perspectiva de Alexy y la mía. Alexy no toma en cuenta la importancia del derecho que está siendo limitado, sino solamente el grado de dicha limitación.

Mi regla de ponderación, por el contrario, toma en cuenta no solamente el grado de la limitación sino también la importancia del objetivo de la ley y la importancia del derecho constitucional. De esta forma, le ofrece una voz a la perspectiva de la sociedad en cuanto a la importancia marginal del objetivo social que la ley busca promover –su sustancia y la probabilidad de su realización– y a la importancia social marginal de evitar una limitación de un derecho constitucional que a la sociedad le interesa proteger.

¿Qué ocurre si la ponderación resulta en un empate, y la importancia social marginal de alcanzar el objetivo es igual a la importancia marginal de evitar la limitación de un derecho constitucional?43. La respuesta a esta pregunta se encuentra en conceptos fundamentales de la democracia constitucional, respecto a los cuales es probable que haya opiniones divergentes y hasta conflictivas. Desde mi punto de vista, cuando un derecho constitucional es limitado para proteger otro derecho, no hay razón para impugnar la constitucionalidad de la legislación limitante. Sin embargo, cuando el derecho constitucional es limitado en aras de promover el interés público, el derecho constitucional debe tener prioridad: in dubio pro libertate.

3. DESARROLLO DEL ELEMENTO DE LA PROPORCIONALIDAD STRICTO SENSU (PONDERACIÓN)

El elemento central de la proporcionalidad es la ponderación, expresada en la regla básica de la ponderación. Dicha regla se sitúa en un nivel de abstracción muy alto. La misma no se refiere a aspectos específicos de distintos derechos; no se enfoca en los principios que subyacen a los varios derechos y que justifican su protección o limitación; y tampoco refleja las consideraciones características de la protección adecuada de la constitucionalidad. Contra ese trasfondo, propongo que se reconozca un nivel adicional de normas, un nivel intermedio entre la (altamente abstracta) regla básica de la ponderación y su implementación práctica en cada caso (esto es, la ponderación concreta). Esto podría ser llamado “la ponderación de principios”, y traduciría la regla básica de la ponderación a reglas de ponderación de principios que podrían ser formulados a un nivel de abstracción menor que el de la regla básica pero superior al de la ponderación concreta. Este nivel de abstracción expresaría las consideraciones de principio en las que descansa un derecho constitucional y las justificaciones para limitarlo44.

Considérese, por ejemplo, una ley que limita la libertad de expresión política, un derecho de la más alta importancia. Asúmase que el objetivo de dicha restricción es proteger el orden público de expresiones políticas que inciten a la violencia. La ponderación de principios, aplicada a la colisión entre la libertad de expresión política y la protección del orden público frente a expresiones que inciten a la violencia, podría resultar en la determinación de que una limitación a la expresión política sea aceptable solamente si el propósito de proteger el orden público frente a expresiones que inciten a la violencia se reputa como vital para alcanzar una necesidad social apremiante, como lo sería el evitar daños inmediatos y generalizados al orden público. La ponderación de principios se caracteriza porque opera a un nivel de abstracción inferior al de la regla básica de la ponderación pero superior a aquel de la ponderación concreta. La misma opera a un nivel de abstracción que expresa las razones subyacentes a un derecho constitucional y justifican su debilitamiento o su protección.

III. LA ZONA DE LA PROPORCIONALIDAD
A. LEGISLADOR Y JUEZ

Las reglas de la proporcionalidad están dirigidas hacia todas las ramas del gobierno. Las mismas otorgan discreción a las autoridades gubernamentales; es decir, les otorgan la facultad de elegir entre un número de alternativas constitucionales. Pero dicha discreción no es absoluta. Toda autoridad gubernamental está limitada por las reglas de la proporcionalidad, y las mismas reglas de proporcionalidad aplican a todas las autoridades gubernamentales. Sin embargo, en el contexto de esas reglas, cada autoridad gubernamental tiene su propio tipo de discreción, la cual será determinada de acuerdo a su rol en el marco de la separación de poderes45.

Bajo la separación de poderes, el rol de la rama judicial es asegurarse de que la rama legislativa ejerza su autoridad conforme al marco constitucional. La rama legislativa es independiente en su área de discreción siempre y cuando actúe conforme a sus poderes. La separación de poderes no le otorga al legislador una licencia para violar la constitución. En el evento de una disputa acerca del ámbito de la autoridad constitucional de la rama legislativa tiene que existir un mecanismo para decidir si la rama legislativa ha excedido su autoridad. Dicho mecanismo tiene que ser independiente de la rama legislativa. El mismo debe recaer en las manos de la rama judicial. La consecuencia de lo anterior es el reconocimiento del poder de la rama judicial para revisar la constitucionalidad de una ley, mediante una declaración de incompatibilidad o una determinación de nulidad. La revisión judicial no tiene el propósito de reemplazar la estructura legislativa con una creada por la judicatura. La corte no se coloca en los zapatos del legislador y no se pregunta a sí misma qué objetivos quisiera alcanzar a través de la legislación. La corte examina la constitucionalidad de una la ley, no su sabiduría.

Existe una opinión generalizada, especialmente en los sistemas de derecho común, conforme a la cual, al decidir acerca de la constitucionalidad de una ley, la corte debe mostrar deferencia hacia la decisión de la rama legislativa46. La deferencia no causaría problemas si la misma solamente implicara que la rama judicial viene obligada a respetar a la rama legislativa y a considerar sus posiciones de forma seria, cuidadosa y comedida. La separación de poderes no requiere menos que eso. Pero la deferencia incluye algo más; no satisfecha meramente con el respeto, la misma requiere sumisión47. Desde ese punto de vista, el juez viene obligado a aceptar la posición jurídica de la rama legislativa respecto a los elementos de la proporcionalidad en circunstancias que, si no fuera por su compromiso con la deferencia, no aceptaría48. En mi opinión, no debe haber un lugar para la deferencia tal como yo la he definido. Mi razonamiento es el siguiente: si la posición asumida por la rama legislativa con respecto a los elementos de la proporcionalidad es sensata aun en la ausencia de deferencia, el juez viene obligado a respetarla independientemente de la deferencia. Si, por otro lado, la posición asumida por la legislatura no es sensata en la ausencia de deferencia, el juez viene obligado a rechazarla independientemente de la deferencia. En ambos casos la deferencia no juega ningún rol.

B. LA ZONA DE LA PROPORCIONALIDAD Y EL MARGEN DE APRECIACIÓN

Las reglas de la proporcionalidad otorgan al legislador un área de discreción que incluye asuntos tales como la necesidad de la legislación, sus objetivos, los medios por adoptar para alcanzar dichos objetivos y las limitaciones que pueden ser impuestas a los derechos constitucionales. El legislador puede determinar la relación entre estos asuntos siempre y cuando las reglas de la proporcionalidad sean satisfechas; dentro de la zona de la proporcionalidad, el legislador tiene libertad para maniobrar. Las fronteras de la zona de proporcionalidad separan al legislador del juez de manera consistente con la separación de poderes. La zona de la proporcionalidad es la esfera en donde opera el legislador. Mantener las fronteras de esa zona es la responsabilidad del juez.

Es necesario distinguir entre la zona de proporcionalidad y el margen de apreciación49. El margen de apreciación les reconoce un área de discreción a las entidades nacionales distinta a la de una corte internacional; entre otras cosas, reconoce que no existe un consenso internacional acerca de la importancia social relativa de los intereses públicos y de los derechos individuales. De esta forma, se hace necesario tomar en cuenta la importancia atribuida a estos en el Estado cuya ley se alega restringe desproporcionadamente un derecho humano reconocido en un acuerdo internacional. Contra ese trasfondo es que podemos ver la diferencia entre la zona de proporcionalidad y el margen de apreciación. La zona de proporcionalidad refleja la constitucionalidad de una limitación a un derecho desde un punto de vista nacional, mientras que el margen de apreciación refleja la constitucionalidad de un derecho desde una perspectiva internacional. La zona de proporcionalidad expresa la frontera que divide la discreción del legislador nacional de la del juez nacional; la misma se deriva del principio de la separación de poderes. El margen de apreciación, por el contrario, expresa la frontera que separa la discreción de una entidad nacional –ya sea legislativa, ejecutiva o judicial– de la discreción del juez internacional. El margen de apreciación no está atado al principio de la separación de poderes. Por ello, el mismo no debe ser relevante en el contexto de la ley doméstica o de la relación entre el legislador y el juez nacional50. Allí solamente aplica la zona de proporcionalidad.

IV. EVALUANDO LA PROPORCIONALIDAD
A. LA IMPORTANCIA DE LA PROPORCIONALIDAD

Desde la Segunda Guerra Mundial, la idea de proporcionalidad (con la ponderación en su núcleo) ha ido desarrollándose y su influencia ha aumentado. La razón principal de su éxito ha sido la insistencia en que las entidades gubernamentales justifiquen cada limitación subconstitucional de un derecho. Dicha justificación siempre está sujeta a revisión, y el resultado de ese requisito ha sido el surgimiento de una “cultura de justificación”51. La democracia está basada en los derechos humanos, y la restricción de esos derechos no puede ser rutinaria. Requiere una justificación continua, fundamentada en la razón pública52. La mentalidad asociada con la proporcionalidad apunta hacia una indagación continua acerca de si existe una justificación pertinente para la limitación de un derecho, tomando en cuenta las circunstancias de cada caso.

La proporcionalidad está basada en una discreción estructurada, un proceso que ofrece numerosas ventajas53. Este proceso requiere que el agente que ejerce la discreción opere de una manera ordenada, sin descuidar nada que deba ser tomado en cuenta. Esto hace al proceso transparente54, y permite que cada una de sus etapas sea identificada. La transparencia aumenta la confianza en la constitucionalidad de las decisiones tomadas por las entidades gubernamentales, y posibilita que los fundamentos de dichas decisiones sean comprendidos.

Esta comprensión, a su vez, promueve respeto, aun de parte de aquellos que no están de acuerdo con el resultado. La transparencia sirve de base al discurso público inteligente y al diálogo entre las ramas legislativa y judicial55, impidiendo consideraciones ulteriores y garantizando un alto grado de objetividad56. Además, estructurar el ejercicio de la discreción permite que se tomen en cuenta los factores apropiados en los contextos apropiados. Se asegura, por ejemplo, que las consideraciones relacionadas con el interés público o con la protección de un derecho constitucional sean tomadas en cuenta en el momento en que la restricción del derecho va a ser justificada, y no en el momento en el cual el ámbito del derecho es establecido.

B. CRÍTICAS A LA PROPORCIONALIDAD Y RESPUESTAS

La proporcionalidad está sujeta a una crítica persistente, dirigida principalmente a los elementos de la proporcionalidad stricto sensu, esto es, a la ponderación57. Esta crítica puede ser dividida en aspectos internos y externos58, y trataré de responder a ambos. Espero que mis respuestas sean adecuadamente reconfortantes; en cualquier caso –y esta es la base de mi respuesta–, las alternativas ofrecidas por los críticos no son superiores. Sus deficiencias exceden las de la proporcionalidad.

La crítica interna sostiene que el denominador común requerido para una ponderación genuina no existe; aquello que se pretende balancear es inconmensurable59. Por esto, la ponderación no es racional; la misma es intuitiva, improvisada, subjetiva e imprecisa. El uso de la metáfora de la ponderación ofrece un falso sentido de análisis científico.

Mi respuesta a esa crítica interna es que existe un denominador común que permite la ponderación racional60; este denominador común es la importancia social de realizar un principio y de evitar la limitación de otro. La pregunta que surge es si el beneficio social marginal del primer principio es suficiente para justificar la limitación marginal del segundo. Esta manera contextual de presentar la ponderación le otorga una base racional. Es cierto, la ponderación no es silogística y a veces le permite al que la lleva a cabo (ya sea el legislador, el poder ejecutivo o el juez) actuar discrecionalmente, pero la presencia de discreción no significa que la ponderación sea irracional61.

La crítica externa asume distintas formas. Se insiste, primero, en que el elemento de la ponderación le otorga al juez una discreción excesiva, y por lo tanto perjudica tanto a la seguridad jurídica como a la protección de los derechos humanos. Se arguye, además, que es el legislador quien debe llevar a cabo la ponderación. El juez que pondera estaría actuando sin legitimidad constitucional, pues habría rebasado el campo de acción del legislador, violentando la separación de poderes, y comportándose de forma antidemocrática. En adición a eso, se dice que el juez carece de las herramientas necesarias para llevar a cabo una ponderación adecuada. Las características del proceso judicial resultan en una perspectiva demasiado estrecha, y la habilidad del juez para trabajar con datos empíricos es limitada. Finalmente, el entendimiento judicial se mueve hacia un estrechamiento del ámbito de la discreción, hasta el punto de que la proporcionalidad dejará de incluir el elemento de la ponderación.

Ciertamente, la ponderación le otorga al juez discreción. ¿Pero bajo qué criterio puede decirse que dicha discreción es demasiado amplia? Si el criterio lo constituyen las alternativas a la proporcionalidad, estas, también, le otorgan discreción al juez, y no ha sido demostrado que la discreción que se asocia con la proporcionalidad sea más amplia. ¿Acaso la discreción de la Corte Constitucional Federal alemana es más amplia que la de la Corte Suprema de Estados Unidos? ¿Cómo podría probarse dicha aseveración? Pero aun si la discreción asociada con la proporcionalidad es más amplia, ¿cuál es el daño que de ahí resulta? No ha sido demostrado, por ejemplo, que los sistemas jurídicos en donde la proporcionalidad y la ponderación han sido aceptadas manifiestan una certeza jurídica inferior a la de otros sistemas. Y si hay un defecto en el ámbito de la discreción que la proporcionalidad otorga a los jueces, ¿es ese defecto más importante que el beneficio asociado a ella? Los críticos del elemento de la ponderación no han presentado respuestas adecuadas a estas preguntas.

Con respecto a la protección de los derechos humanos, dos puntos deben ser presentados. Primero, no hay razón para asumir a priori que los jueces otorgarán menos protección a los derechos humanos bajo un sistema de proporcionalidad (centrado en la ponderación) que bajo otras alternativas. La proporcionalidad es un marco que necesita ser provisto de contenido y que permite distintos grados de protección. Segundo, no se ha evidenciado que, en términos prácticos, la protección de los derechos humanos sea menor en los sistemas que aplican la proporcionalidad y la ponderación que bajo otros sistemas jurídicos. Además, es difícil entender cómo dicha aseveración pudiera ser probada. El asunto tiende a ser lo suficientemente complicado como para evitar una respuesta ambigua. Una respuesta precisa requeriría un examen de cada derecho, tanto en el ámbito práctico como en el teórico.

La respuesta formal a la alegada ilegitimidad de la ponderación judicial es que, en general, la autoridad para llevar a cabo la revisión judicial de la legislación, y en particular la autoridad del juez de balancear principios en conflicto (en el contexto de una determinación acerca de la limitación de un derecho), descansan (expresa o implícitamente) en la propia constitución. De la misma manera en que la constitución le otorga autoridad legislativa al legislador, también le atribuye al juez la autoridad de determinar que una ley no es proporcional.

La respuesta sustantiva es que la ponderación judicial protege la democracia y la separación de poderes, defendiendo la constitución y asegurándose de que cualquier limitación de derechos sea proporcional. Ofrecer esta protección es el rol de la rama judicial bajo el esquema de la separación de poderes62. Por supuesto, el legislador también establece un balance entre los derechos del individuo y el interés público. Pero bajo la separación de poderes la decisión final en torno a la constitucionalidad de dicho balance recae en la rama judicial. Así como la separación de poderes en el derecho administrativo le atribuye a la rama judicial y no al ejecutivo la última palabra en torno a la ponderación en el contexto de la proporcionalidad, en el derecho constitucional el mismo principio le asigna a la rama judicial y no a la rama legislativa la última palabra en torno a la ponderación en el contexto de la proporcionalidad. Atribuirle a la corte la última palabra acerca de la ponderación asegura la protección constitucional de los derechos humanos y conduce hacia la democracia sustantiva, basada en un delicado balance entre la regla de la mayoría y los derechos individuales63. La estructura institucional de la corte, su independencia y su no sujeción a presiones políticas acercan la ponderación judicial a la requerida por la constitución más que cualquier otro mecanismo. Lo que realmente subyace a la crítica a la proporcionalidad y a la ponderación no es otra cosa que el argumento general en contra de la revisión judicial de la constitucionalidad de las leyes –un asunto que se encuentra más allá del alcance de este capítulo.

Se argumenta que la corte carece de las herramientas necesarias para llevar a cabo la ponderación requerida por la proporcionalidad; yo pienso que ese argumento está insuficientemente fundado. La estructura del sistema le permite a la corte evaluar los hechos presentados y examinar si estos han sido tratados de manera proporcional. Esto es lo que hace un juez cuando decide, en un caso de daños extracontractuales, si un médico, un piloto o un ingeniero actuó negligentemente, y el juez puede hacer lo mismo en el contexto del derecho constitucional, decidiendo si la ponderación ha sido llevada a cabo de una manera que satisface el requerimiento de la proporcionalidad. Pero hay que señalar: el objetivo de dicha investigación no es permitirle al juez poner en vigor una nueva estructura legislativa que sea constitucional, es determinar la constitucionalidad de la estructura puesta en vigor por el legislador. El propósito del examen de la corte no es fijar las prioridades nacionales; es decidir si la legislación adoptada de acuerdo a las prioridades establecidas por el legislador es proporcional.

En cuanto a la perspectiva judicial, solamente diría que esta no puede reemplazar la obligación constitucional. La corte no existe para proteger su poder y su autoridad, existe para proteger la democracia y la constitución. Si la constitución pretende impedir que la corte implemente la proporcionalidad en general y la ponderación en particular, lo debería decir explícitamente.

C. ALTERNATIVAS A LA PROPORCIONALIDAD
1. PROPORCIONALIDAD DETERMINADA POR EL LEGISLADOR

La proporcionalidad es un mecanismo que se utiliza para resolver colisiones entre derechos constitucionales y entre derechos constitucionales y el interés público. Pero no es el único mecanismo disponible para ese propósito, existen otras alternativas64. Entre estas sobresale lo que podríamos llamar la categorización, comúnmente utilizada en Estados Unidos. Otras alternativas incluyen aquella propuesta por Webber65, quien sugiere que el ámbito de los derechos constitucionales debe ser establecido por la interpretación y construcción llevada a cabo en la legislatura. Para Webber, las limitaciones son parte del derecho constitucional, ni lo perjudican ni lo niegan; por el contrario, fijan su sustancia de acuerdo al entendimiento de la sociedad en determinado momento. Estos entendimientos son expresados por medio del proceso legislativo ordinario, el cual expresa la voluntad popular. El legislador está sujeto a la dirección de la cláusula limitativa, que lo obliga a prestar atención a la justificación subyacente a un derecho en una sociedad libre y democrática. Es el legislador quien determina los límites de los derechos. Una vez dichos límites son establecidos, el derecho en cuestión es absoluto. La proporcionalidad y la ponderación que se encuentra en su núcleo no juegan ningún rol y no constriñen al legislador. El rol judicial está limitado a considerar si el legislador ha ejercido su discreción de forma arbitraria.

La apreciación negativa de Webber acerca de la proporcionalidad y la ponderación está basada en un concepto de los derechos constitucionales que me parece erróneo. El entendimiento convencional, y correcto, mira a los derechos constitucionales como un medio para proteger al individuo de la mayoría, cuya voluntad es expresada a través del legislador. Para Webber, por el contrario, es la mayoría, expresándose a través del legislador, quien determina el ámbito de los derechos constitucionales. Las limitaciones al poder legislativo, de acuerdo a Webber, son reducidas. Me parece que este entendimiento no permite que haya un lugar para las cartas de derechos constitucionales; para las limitaciones al poder legislativo con respecto a los derechos humanos; para la revisión judicial sustantiva de una ley que afecte derechos constitucionales; ni, definitivamente, para la proporcionalidad y la ponderación como medios de evitar dicha afectación. La perspectiva de Webber, entonces, no es únicamente una alternativa a la proporcionalidad; es una alternativa a la idea convencional de los derechos constitucionales. Al tratar a la constitución como un proceso de negociación continuo en la sociedad, resuelto por el legislador, Webber efectivamente despoja a las cartas de derechos constitucionales de su poder de proteger a los individuos de la mayoría. Lo que aparece como un derecho constitucional no es otra cosa que un derecho subconstitucional. Interpretar el derecho y establecer sus límites de tiempo en tiempo recaería enteramente en el terreno del legislador.

2. LA CATEGORIZACIÓN ESTADOUNIDENSE

La perspectiva aceptada en el derecho constitucional estadounidense distingue sustantiva pero no exclusivamente entre tres categorías de derechos constitucionales, cada una sujeta a niveles diferentes de escrutinio constitucional. Lo que estas tres categorías tienen en común es una carencia de ponderación concreta entre el beneficio de alcanzar el objetivo y la afectación del derecho constitucional66. Es verdad que cada categoría descansa en una ponderación basada en principios y en definiciones que determina el ámbito del derecho67. Pero una vez dicha ponderación es llevada a cabo, no se aplica ninguna ponderación concreta (ad hoc). El alcance de este capítulo no nos permite un examen completo del sistema estadounidense, incluyendo la forma en que este determina el alcance de los diferentes derechos y las limitaciones impuestas a cada uno de estos. La jurisprudencia estadounidense es extremadamente rica, caracterizada por perspectivas diversas, e inclusive opuestas68, acerca de cómo el ámbito de un derecho es determinado, cómo las limitaciones son establecidas, y cómo estos dos procesos interactúan. Por lo tanto me limitaré a analizar los tres niveles de escrutinio aceptados en el derecho constitucional estadounidense69, sin reclamar haber examinado al sistema estadounidense en su plena complejidad.

En primer lugar encontramos la categoría de derechos que el derecho constitucional estadounidense identifica como “derechos fundamentales”. Estos incluyen el derecho a la libertad de expresión y asociación, el derecho a la libertad de culto, el derecho al libre movimiento dentro del país y el derecho al voto. Bajo esta categoría también se incluye el derecho a la igualdad, esto es, el derecho a estar libre de formas sospechosas de discriminación basadas en aspectos como residencia o raza. Una ley que restrinja cualquiera de los derechos en esta categoría estará sometida a un escrutinio estricto70, el cual se extenderá tanto a los objetivos de la ley como a los medios seleccionados para alcanzarlos. Con respecto al objetivo, una ley que limite un derecho en esta categoría será declarada inconstitucional a menos que la misma sirva a un interés estatal apremiante o que se trate de un asunto de necesidad pública urgente o de interés estatal sustancial. Los medios seleccionados tienen que ser necesarios y estar confeccionados a la medida (narrowly tailored) para alcanzar el objetivo. Esta idea conlleva dos corolarios: que no existan medios menos restrictivos del derecho y que los medios no sean sobreinclusivos o subinclusivos.

La segunda categoría incluye la igualdad, cuando las distinciones relevantes son “cuasisospechosas”71, como aquellas relacionadas con el género o la edad, entre otras. También incluye restricciones a la expresión comercial y a la expresión en foros públicos. Una acción legislativa en esta categoría será constitucional solamente si su objetivo es servir a un interés gubernamental importante. Los medios seleccionados serán constitucionales si existe una relación sustancial entre estos y el objetivo en cuestión (escrutinio intermedio).

La tercera categoría incluye a los demás derechos constitucionales72. Incluye evitar la discriminación sobre la base de clasificaciones que no son ni sospechosas (residencia, raza) ni cuasisospechosas (género, edad), así como otros derechos tales como la libertad de movimiento fuera de Estados Unidos. Las restricciones a los derechos en esta categoría son constitucionales si las mismas sirven a un objetivo gubernamental legítimo; no se requiere una investigación adicional acerca de la importancia de dicho objetivo. Los medios para alcanzar el objetivo serán constitucionales si tienen una base racional. Al evaluar esa base racional se toman en cuenta las consecuencias y la existencia de otras alternativas posibles (escrutinio mínimo).

Parecería que los niveles intermedios y mínimos de escrutinio en el derecho estadounidense permiten limitaciones más amplias de los derechos a los cuales estos aplican que lo que permitiría la proporcionalidad. Sin embargo, comparar los efectos del escrutinio estricto y la proporcionalidad es más difícil. La dificultad es doble: hay una dificultad teórica que surge de la falta de claridad en el derecho estadounidense en cuanto a los términos del escrutinio estricto, y una dificultad relacionada con la comparación de los efectos de los diversos requerimientos en la práctica.

Cuando se trata del objetivo legítimo, los requerimientos impuestos por el escrutinio estricto parecen ser más rigurosos que aquellos que aplican en la mayoría de los sistemas jurídicos que hacen uso de la proporcionalidad. La dificultad principal se centra en el requisito estadounidense de que los medios sean “confeccionados a la medida” para alcanzar el objetivo, lo cual requiere, entre otras cosas, que se evite un exceso de amplitud (over-breadth). ¿Pero cuál es el resultado si el exceso de amplitud es inherente, no puede ser evitado y los objetivos de la ley no pueden ser alcanzados sin los medios que crean el exceso? La respuesta de la jurisprudencia estadounidense no es del todo clara. Si el derecho estadounidense entiende que la respuesta es que un exceso de amplitud inevitable implica que la ley en cuestión no ha sido confeccionada a la medida para alcanzar su objetivo, se les otorgaría mayor protección a los derechos mediante el escrutinio estricto que la que estos disfrutarían bajo la proporcionalidad. Sin embargo, si el derecho estadounidense tratara a una ley que acarrea un exceso de amplitud inevitable como confeccionada a la medida y por lo tanto constitucional, les otorgaría menos protección a los derechos en esa categoría que la que estos disfrutarían bajo la proporcionalidad. Es también posible que en caso de un exceso de amplitud inevitable el derecho estadounidense adoptara la ponderación concreta73. Si así fuera, la diferencia entre ambos sistemas sería menor.

Hasta aquí hemos comparado el escrutinio estricto con la proporcionalidad en un plano teórico solamente, y no hemos considerado su aspecto práctico. El punto de vista convencional en Estados Unidos es que la mayoría de las restricciones a los derechos constitucionales que invocan el escrutinio estricto serán inconstitucionales. La observación de Gunther en este aspecto es bastante conocida: el escrutinio estricto es “estricto en teoría y fatal en los hechos”74. Este no es el caso bajo la proporcionalidad.

La proporcionalidad puede ser criticada, pero la categorización no es la respuesta. Todo sistema tiene sus ventajas y desventajas, y ha sido desarrollado frente a un trasfondo histórico y en el contexto de los problemas particulares de la sociedad en donde opera. Es justo asumir que los dos sistemas confluirán en el futuro75, y el derecho estadounidense ya está mostrando las primeras señales de adoptar la proporcionalidad76. Todavía no podemos evaluar el resultado, y es enteramente posible que la categorización desplace a la proporcionalidad77. Tanto la proporcionalidad como la categorización son parte de la arquitectura jurisprudencial. Cada una refleja la sociedad donde ha surgido y cada una es influenciada por eventos que van más allá de las fronteras de dicha sociedad. Es difícil identificar los vectores de desarrollo e influencia.

CAPÍTULO SEGUNDO
Sobre los conflictos entre derechos constitucionales
I. DISTINCIONES FUNDAMENTALES: EL ÁMBITO DEL DERECHO Y SU PROTECCIÓN

Mi acercamiento a los conflictos entre derechos fundamentales (el “modelo de conflictos”) se basa en dos distinciones principales. La primera es la distinción entre el ámbito de un derecho constitucional y el alcance de la protección otorgada a este1. El “ámbito de un derecho” se refiere a todas aquellas actividades que se encuentran dentro de los límites del derecho en cuestión. El ámbito de un derecho es determinado mediante la interpretación constitucional2. La interpretación demarca los perímetros de un derecho. Define sus fronteras. Podemos establecer, por ejemplo, que la libertad de expresión cubre expresiones que contengan racismo u obscenidad3. Dichos tipos de expresión se encuentran dentro del marco del derecho a la libertad de expresión. Se encuentran dentro de su ámbito. El “alcance de la protección” otorgada a un derecho constitucional se refiere a la posibilidad de ejercerlo dentro del marco del sistema jurídico y conforme a su ámbito. El alcance de la protección demarca las posibilidades de violar un derecho constitucional de forma legalmente válida. El alcance de la protección otorgada a un derecho está determinado por límites que son externos al ámbito del derecho pero reconocidos por la constitución. Estos límites establecen la posibilidad de violaciones legalmente válidas de un derecho constitucional por medio de normas subconstitucionales, esto es, por normas derivadas (directa o indirectamente) de la constitución, sin ser parte de esta. Las normas subconstitucionales incluyen las leyes “ordinarias” (esto es, no las Leyes Fundamentales que en Israel conforman una norma constitucional) y la legislación secundaria. El derecho común israelí también constituye una norma subconstitucional en tanto no interpreta una disposición constitucional, ya que cuando eso ocurre el derecho común adquiere el estatus constitucional de la norma que interpreta.

Las limitaciones o las violaciones de un derecho constitucional son analizadas conforme a la cláusula limitativa de la constitución4. La cláusula limitativa israelí dispone5: “No habrá violación de derechos bajo esta Ley Fundamental excepto por una ley adecuada a los valores del Estado de Israel, adoptada para un propósito legítimo, y con un alcance que no sea mayor que el requerido”.

Así, una ley que prohíba la expresión racista u obscena podría ser constitucional –siempre y cuanto satisfaga las condiciones de la cláusula limitativa referente a las restricciones sobre el derecho constitucional a la libertad de expresión.

En una decisión judicial articulé la siguiente distinción entre el ámbito del derecho constitucional y el alcance de su protección:

Distinguimos entre el ámbito de un derecho constitucional y el alcance de la protección otorgada al mismo en la legislación ordinaria […] El ámbito del derecho es determinado mediante la interpretación de su lenguaje, de acuerdo a su finalidad. El alcance de su protección es usualmente determinado por la legislación ordinaria. Así, por ejemplo, la libertad de expresión cubre e incluye dentro de su ámbito expresiones que son racistas, obscenas, incitadoras o dañinas a la reputación de alguna persona. Sin embargo, las expresiones racistas, obscenas, incitadoras o dañinas a la reputación de alguna persona no están protegidas por nuestro ordenamiento jurídico. Las autoridades públicas pueden actuar para impedirlas, y quien las pronuncie podría estar sujeto a responsabilidad civil o criminal. El alcance de la protección está determinado por una disposición estatutaria que tiene que satisfacer las condiciones de una cláusula limitativa. La disposición estatutaria no puede transformar los límites del derecho, ni el interés ni el valor constitucional que refleja. Carece de la autoridad para hacerlo; no obstante, la disposición estatutaria “transgrede” el derecho constitucional, y dicha transgresión es constitucional porque encuentra refugio bajo la sombra de la cláusula limitativa6.

La distinción entre el ámbito del derecho y el grado de protección que se le otorga a este es de importancia central para el derecho constitucional. La misma determina las fases de la investigación constitucional7. Descansa en la base de nuestro acercamiento a la solución de conflictos entre derechos constitucionales8.

Tomando en cuenta este trasfondo, también tenemos que distinguir entre aquellas “limitaciones” que son internas al derecho (que denominamos como “demarcaciones” o “modificadores internos”) y aquellas limitaciones (o transgresiones) que son externas al derecho (“limitaciones”)9. Los modificadores internos afectan la determinación del ámbito del derecho. Las limitaciones externas determinan el potencial para la realización o transgresión del derecho.

La Constitución de Sudáfrica ofrece el siguiente ejemplo de un modificador interno: “Cada persona tiene el derecho, pacíficamente y desarmada, a la reunión, a la demostración, al piquete y a presentar peticiones”10.

La palabra “pacífica” conforma un modificador interno a la libertad de asamblea y demostración. Impacta el ámbito del derecho. Sin esta demarcación se podría presumir que la libertad de asamblea y demostración incluye asambleas y demostraciones llevadas a cabo pacíficamente, así como asambleas y demostraciones no conducidas pacíficamente. Para poder excluir dicho ámbito, la constitución provee que el ámbito del derecho únicamente cubre el caso de asambleas y demostraciones conducidas pacíficamente.

Un ejemplo de una limitación (o transgresión) externa a un derecho es la cláusula limitativa en las Leyes Fundamentales de Israel11. Otro ejemplo es la siguiente disposición de la Ley Fundamental alemana: “En ningún caso habrá una violación del contenido esencial (Wesensgehalt) de un derecho fundamental”12.

Este requisito acerca del “contenido esencial” de un derecho fundamental no es un elemento del derecho fundamental. Constituye un principio externo que limita el potencial de transgresión y limitación de un derecho constitucional.

II. DISTINCIONES FUNDAMENTALES: PRINCIPIOS Y REGLAS

La segunda distinción en la que se basa mi acercamiento a los conflictos entre derechos constitucionales es aquella entre principios y reglas13. Esta distinción es bien conocida en la teoría del derecho y, de forma más específica, en el derecho constitucional. Los conceptos de “principios” y “reglas” carecen de definiciones estándar. Estos conceptos están imbuidos de diferentes significados en contextos diferentes. En el presente contexto defino una norma jurídica formulada como un principio de la siguiente manera: una norma que contiene entre sus elementos valores fundamentales, los cuales una vez se materializan requieren una conclusión normativa. Los valores fundamentales son elementos internos de la norma. Una característica de estos valores fundamentales es que reflejan ideales que aspiran a su máxima realización. Sin embargo, aquellos pueden ser realizados en distintos grados de intensidad. Un valor fundamental no pierde su carácter de valor fundamental aun cuando su máxima realización sea inalcanzable14. Así, por ejemplo, la sección 2 de la Ley Fundamental: Dignidad Humana y Libertad, que establece que “no habrá violación de la vida, la persona o la dignidad de un ser humano”, constituye una norma jurídico-constitucional formulada como un principio. Los valores fundamentales de la vida y la dignidad humana son elementos (internos) del propio derecho en cuestión.

En contraposición al principio se encuentra la regla. Defino una norma jurídica formulada como una regla de la siguiente manera: una norma que incluye entre sus elementos situaciones fácticas cuya realización requiere una conclusión normativa15. Una norma jurídica formulada como una regla usualmente descansa en un valor fundamental. No obstante, los valores fundamentales no son elementos de la norma. No son parte del texto, aunque sí del contexto requerido para entender la norma. Son externos al texto y utilizados para su interpretación. De esta forma, por ejemplo, la sección 5 de la Ley Fundamental: El Knesset, que establece que “cada ciudadano israelí de dieciocho años o más tiene el derecho a votar por el Knesset si la corte no le ha privado de ese derecho conforme a la ley”, constituye una norma jurídico-constitucional formulada como una regla. Claramente, esta norma busca realizar valores fundamentales democráticos y humanos. Sin embargo, dichos valores no son elementos internos del derecho. Son externos a este, y los elementos del derecho que se derivan de esos valores fundamentales son establecidos por la propia constitución.

Con respecto a una norma formulada como un principio, la constitución provee que un valor fundamental (p. ej., la dignidad o la libertad humana) sea un componente interno del derecho constitucional, obligando a la corte a interpretar dicho componente y por lo tanto a determinar el ámbito de cobertura del valor en cuestión. Por ejemplo, la corte tiene que interpretar los conceptos de “dignidad humana” y “libertad” en la Ley Fundamental, y establecer así el ámbito de esos derechos. Por el contrario, cuando una norma ha sido formulada como una regla (p. ej., una persona mayor de dieciocho años tiene derecho al voto), el valor fundamental es externo a los elementos de la norma. La propia constitución “derivó” del valor fundamental aquellos elementos que determinan el derecho. Esos elementos tienen características “fácticas” (p. ej., edad, estatus, tiempo, distancia). La constitución obliga a la corte a interpretar esos elementos. Sería superfluo notar que entre un principio y una regla existen situaciones intermedias que frecuentemente dan lugar a problemas de difícil solución.

III. DISTINCIONES FUNDAMENTALES Y CONFLICTOS ENTRE DERECHOS CONSTITUCIONALES

¿Cuál es la norma jurídica aplicable cuando dos derechos apoyados en la constitución colisionan entre sí? A falta de disposiciones específicas en el texto constitucional para esas situaciones, el modelo de conflictos ofrece la siguiente solución: cuando las dos normas en conflicto han sido formuladas como principios, entonces la colisión no afecta ni la validez ni el ámbito de los derechos en cuestión. El conflicto solamente afecta el modo en que los derechos pueden ser realizados, lo cual se determinará a nivel subconstitucional (p. ej., una ley que transgreda ambos derechos constitucionales, o que los limite). Estas transgresiones o limitaciones serán constitucionales únicamente si satisfacen los requisitos de la cláusula limitativa. Cuando uno o ambos derechos en colisión han sido formulados como una regla, entonces el conflicto afecta la validez o el ámbito del derecho. Este efecto es determinado por las reglas usuales aplicables a los conflictos entre normas, conforme a las cuales la norma más recientemente adoptada prevalece –a menos que la norma más antigua constituya un caso especial–. Resumamos este modelo utilizando tres situaciones principales:

(a) Conflictos entre derechos constitucionales formulados como reglas;

(b) Conflictos entre derechos constitucionales formulados como principios, y

(c) Conflictos entre un derecho constitucional formulado como una regla y un derecho constitucional formulado como un principio.

Supongamos que una cláusula constitucional limitativa existe en cada una de estas situaciones16. Esta cláusula establece las condiciones que tienen que ser satisfechas para que una transgresión o limitación a la realización de un derecho constitucional sea permisible. La limitación es impuesta por medio de normas subconstitucionales, por ejemplo, una ley o una norma de derecho común, que transgreda o restrinja la realización de un derecho constitucional. Así, nuestra suposición es que los derechos constitucionales no son absolutos sino relativos, como en Israel17. Conforme a mi definición, un derecho constitucional es absoluto cuando no puede ser restringido o limitado. El carácter absoluto es expresado por la falta de autoridad para evitar la realización de su pleno ámbito. El derecho a la dignidad humana en la jurisprudencia constitucional alemana es un ejemplo de un derecho absoluto18. Conforme a mi definición, un derecho constitucional es relativo si puede ser limitado o restringido por medio de una norma subconstitucional. El potencial para imponer limitaciones está sujeto a las restricciones establecidas en una cláusula limitativa (ya sea explícita o implícita, general o específica). Nótese que el carácter absoluto o relativo de los derechos constitucionales no se refiere al ámbito del derecho, sino a las oportunidades de realizarlo.

El modelo propuesto se refiere a colisiones entre derechos constitucionales. El modelo no se refiere a conflictos entre un derecho constitucional y un interés público (p. ej., la seguridad estatal y el orden público) que no constituye un elemento de un derecho constitucional. La distinción entre un interés público y un derecho no es sencilla. Además, la relación entre derechos en conflicto entre sí y entre la colisión de un derecho con un interés público no es sencilla tampoco. Yo he considerado este asunto en otros escritos. La ponderación que examino en este modelo tiene lugar a nivel subconstitucional, por ejemplo, a nivel de una ley o norma del derecho común que transgreda o restrinja un derecho constitucional sin afectar su ámbito.

IV. CONFLICTOS ENTRE DERECHOS CONSTITUCIONALES FORMULADOS COMO REGLAS

La premisa inicial es que, en conflictos entre dos normas que han sido formuladas como reglas, determinamos qué norma va a permanecer en el ordenamiento jurídico y qué norma va a ser expulsada de este. Solamente una de las dos será válida. Las dos no pueden permanecer en el ordenamiento jurídico. Otorgar validez simultánea a dos normas en conflicto contradice el concepto mínimo de existencia de un ordenamiento jurídico19. Un evento como ese es inconsistente con el Estado de derecho. El mantener en vigencia dos normas inconsistentes entre sí es un error jurídico que ha de ser evitado. Una de las dos normas tiene que ser privada de su validez.

Cada ordenamiento jurídico desarrolla sus propias reglas para solucionar estos conflictos20, a las que llamamos reglas de “elección del derecho aplicable” (choice of law rules)21. El concepto estándar es que cuando dos normas formuladas como reglas colisionan, la norma más recientemente adoptada prevalece (lex posterior derogat legi priori), a menos que la norma anterior sea una norma específica. En esos casos, la norma anterior que gobierna el asunto específico prevalece (lex specialis derogat legi generali). En una colisión entre dos derechos constitucionales asumimos, por supuesto, que estos comparten un estatus normativo idéntico, ya que ambos son parte de la constitución (o de las leyes fundamentales). Si ambos derechos se encuentran sujetos a normas que no son idénticas en jerarquía, por ejemplo, una constitución (incluyendo las Leyes Fundamentales) y una ley (ya sea estatutaria o creada por el derecho común), la norma superior prevalece sobre la norma inferior (lex superior derogat inferiori).

Estas reglas de elección del derecho aplican a conflictos genuinos entre normas formuladas como reglas. La colisión es genuina si al completarse el proceso interpretativo con respecto a cada una de las normas en conflicto –otorgando el peso correspondiente al requisito de mantener la armonía y la reconciliación normativa, y el deber del intérprete de respetar este requisito– las dos normas no pueden ser reconciliadas22. Por ejemplo, una norma requiere llevar a cabo una acción, la otra lo prohíbe, y ninguna de las normas puede ser construida como una excepción a la otra. Las reglas de elección del derecho aplicable son pertinentes en esta situación. Desde mi punto de vista, la regla referente a un conflicto entre una norma específica anterior y una norma general subsecuente no se basa en un conflicto genuino sino únicamente en uno aparente. La solución al conflicto es simplemente que la norma general subsecuente se interpreta como incluyendo una excepción que toma la forma de la norma específica anteriormente promulgada23.

V. COLISIONES ENTRE DERECHOS CONSTITUCIONALES FORMULADOS COMO PRINCIPIOS
A. EL ÁMBITO DE LOS DERECHOS NO CAMBIA

¿Cuáles son las consecuencias de un conflicto entre dos normas que han sido formuladas como principios?24. Asumamos, por ejemplo, que en un ordenamiento jurídico dado la libertad de expresión y la reputación son derechos constitucionales. Estos dos derechos entran en conflicto. ¿Qué norma jurídica gobierna dicho conflicto? Conforme al modelo de conflictos, esta colisión no afecta la validez de las dos normas ni el ámbito de los derechos atados a ellas. Las reglas de elección de derecho consideradas anteriormente no aplican25. Como he señalado en otras ocasiones, un conflicto entre normas formuladas como reglas indica un error en el ordenamiento jurídico26. El derecho inferior de acuerdo a las reglas de elección del derecho aplicable es expulsado del ordenamiento. No ocurre así con los conflictos entre normas que han sido formuladas como principios. Ambas normas permanecen en el ordenamiento jurídico con toda su fuerza y ámbito. El conflicto no emana de un error en el ordenamiento jurídico. Por el contrario, la colisión es inevitable; refleja una situación ordinaria y natural; expresa el carácter de los principios –estos aspiran a su máxima realización, y debido a esta aspiración entran en conflicto con otros principios que comparten dicha aspiración–. Este conflicto no se resuelve invalidando uno de los derechos o reduciendo su ámbito, ni por una revisión a nivel constitucional del ámbito del derecho ni de las fronteras entre los derechos en cuestión. La resolución de este conflicto no tiene lugar a nivel constitucional. A este nivel, donde se determina la validez y el ámbito de los derechos en conflicto, no ocurre ningún cambio.

B. RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO A NIVEL SUBCONSTITUCIONAL

Entonces, ¿cómo se resuelve el conflicto? Mi respuesta es que la colisión se resuelve a nivel subconstitucional. Se resuelve al nivel de la ley ordinaria o del derecho común. Dicha solución no afecta el ámbito de los derechos sino el alcance de la protección que se les otorga, y el potencial para su realización. Lo que se impacta es el potencial de transgredir o limitar el derecho a nivel subconstitucional.

Imagínese una colisión a nivel constitucional entre la libertad de expresión y la reputación. La resolución de este conflicto ocurre a nivel de las normas subconstitucionales que crean un equilibrio entre esos principios, por ejemplo, las leyes en contra de la difamación. A nivel subconstitucional, estas leyes establecen un equilibrio entre dos derechos constitucionales en conflicto (la reputación y la libertad de expresión). Establecen situaciones en las cuales la reputación es transgredida y no puede ser realizada, y situaciones en las cuales la libertad de expresión es transgredida y no puede ser realizada. Estas transgresiones y limitaciones no afectan el ámbito de los derechos constitucionales a nivel constitucional. Afectan la realización de los derechos a nivel subconstitucional. La transgresión de uno o dos de los derechos constitucionales por una ley ordinaria o norma de derecho común será constitucional solamente si satisface las condiciones de la cláusula limitativa. Asumamos que, a la luz del objetivo de la norma subconstitucional transgresora de proteger un derecho constitucional, la transgresión o restricción es consistente con los valores del Estado de Israel y sirve un propósito legítimo. Esto, por supuesto, no es suficiente. La norma subconstitucional que transgrede o limita un derecho humano también tiene que ser proporcional. De hecho, la norma transgresora tiene que satisfacer todas las condiciones de la cláusula limitativa. Yo presenté este punto de vista en una opinión judicial de la siguiente manera:

La democracia se caracteriza por una riqueza de derechos, valores y principios, y por el conflicto permanente entre ellos. Más de una vez se ha dicho que los derechos constitucionales, los valores y los principios aparecen en pares contradictorios. De hecho, la resolución de estas contradicciones –que son naturales a la democracia y le otorgan su vitalidad– generalmente no ocurre por medio de la determinación del ámbito de los derechos, valores e intereses o de la remoción de los intereses subordinados de las disciplinas del discurso y la crítica constitucional. La resolución de estas contradicciones tiene lugar permitiendo la contradicción a nivel constitucional, mientras determinamos el alcance de la protección otorgada a los derechos, valores e intereses en conflicto a nivel de la ley ordinaria (ponderación horizontal), la cual tiene que satisfacer los requisitos de la cláusula limitativa. Así es que diferenciamos entre el ámbito del derecho constitucional y el alcance de la protección otorgada al mismo por la legislación ordinaria […] El ámbito del derecho se determina interpretando su lenguaje de acuerdo a su finalidad. El alcance de su protección es usualmente establecido mediante legislación ordinaria27.

La resolución a nivel subconstitucional es relativamente simple cuando la ponderación de derechos constitucionales se lleva a cabo conforme a una disposición estatutaria, cuya constitucionalidad es determinada por una cláusula limitativa común a todos los derechos constitucionales. La resolución se vuelve más compleja cuando el ordenamiento jurídico contiene una ley que protege un derecho constitucional y otra que protege otro derecho. Esta situación se complica más aún cuando la cláusula limitativa de varios derechos no es consistente. A pesar de la dificultad que surge de estas situaciones, hay un modelo uniforme para solucionarlas. La constitucionalidad de una ley se determina conforme a la cláusula limitativa.

¿Cuáles son las consecuencias de un conflicto entre dos normas subconstitucionales? Por ejemplo, ¿qué ocurre si una ley que realiza la libertad de expresión y transgrede el derecho a la reputación colisiona con una ley que realiza el derecho a la reputación y transgrede el derecho a la libertad de expresión? La respuesta es que cada una de estas leyes será usualmente formulada como una regla. Al resolver el conflicto, por lo tanto, las reglas de “elección del derecho aplicable gobiernan la situación. Si dos leyes creadas judicialmente colisionan, o si una ley creada judicialmente colisiona con un estatuto, las reglas usuales aplican”28. ¿Y cuáles son las consecuencias cuando ninguna ley realiza los derechos constitucionales a nivel subconstitucional? En esa situación, si el silencio de la ley constituye una “laguna”, el conflicto se resuelve mediante aquellas normas que se utilizan para llenar lagunas29. ¿Y cuáles son las consecuencias si la ausencia de una disposición estatutaria no envuelve una “laguna” (en su significado técnico)? Mi respuesta es que la resolución de la colisión entre derechos constitucionales siempre se lleva a cabo a nivel subconstitucional. En ausencia de una ley, la solución probablemente se encontrará en la obligación del legislador de crear la ley necesaria. Esta obligación es deducida de los propios derechos constitucionales. Estos derechos no son únicamente derechos negativos (status negativus) que buscan prevenir que la legislatura cause daños. Son también derechos positivos (status positivus) que la legislatura viene obligada a proteger. Esta obligación de la legislatura ha sido desarrollada en el derecho comparado30. Todavía no ha sido desarrollada por el derecho constitucional de Israel. Sin embargo, debe reconocerse que las cortes en Israel, como creadoras del derecho común, tienen la obligación de realizar los derechos constitucionales dentro de las fronteras del derecho común. Nótese que la resolución de los conflictos a nivel constitucional probablemente aparecerá –junto a las leyes ordinarias, y mientras no haya sido realizada por un estatuto– en el derecho común israelí. El derecho común retiene su estatus incluso luego de la adopción de las Leyes Fundamentales sobre los derechos humanos. Al desarrollar este derecho, la judicatura tiene que honrar los derechos constitucionales establecidos en las Leyes Fundamentales. La Ley Fundamental que establece que “cada autoridad gubernamental tiene que honrar los derechos establecidos en esta Ley Fundamental”31 también aplica a la judicatura, pues la judicatura es una de las autoridades gubernamentales. Al resolver el conflicto, las normas creadas por los jueces –al igual que los estatutos– tienen que satisfacer los requisitos de la cláusula limitativa. La disposición de la cláusula limitativa conforme a la cual las violaciones a los derechos constitucionales únicamente pueden ocurrir “por ley” no excluye al derecho común. La frase “por ley” en el contexto de la provisión limitativa significa “autorizado por ley” o “legalmente”32.

C. EL CONFLICTO ENTRE NORMAS FORMULADAS COMO PRINCIPIOS Y EL ESTADO DE DERECHO

Se dirá: el modelo de los conflictos para resolver colisiones entre normas formuladas como principios toma en consideración situaciones en las cuales bajo el mismo ordenamiento jurídico y la misma constitución existen normas constitucionales contradictorias, sin resolver dichas contradicciones a nivel constitucional. ¿Cómo puede ser constitucional bajo el mismo ordenamiento jurídico y bajo la misma constitución reconocer a la vez la libertad de expresión y la reputación cuando estas entran en conflicto? ¿No será esencial proveer una solución a este conflicto a nivel constitucional? ¿Acaso mi punto de vista contradice el principio del Estado de Derecho (rule of law)?

Mi respuesta es que nuestro universo constitucional es más completo de lo que parece a primera vista; que los derechos constitucionales, los cuales contienen valores fundamentales entre sus elementos, reflejan ideales que aspiran a su máxima realización; que es parte de la naturaleza de la sociedad humana que estos ideales colisionen unos con otros; y que la resolución de estos conflictos no ocurre por medio de la restricción constitucional de uno de los ideales o de la abrogación de su validez. La solución apropiada yace en reconocer la existencia constitucional de ideas simultáneamente contradictorias. Podría indicarse que en esencia la contradicción entre normas “formuladas” por principios contradictorios no es de hecho una contradicción genuina, sino aparente33. La contradicción real existe únicamente a nivel subconstitucional, y al moverse del nivel constitucional al subconstitucional se convierte en un conflicto (genuino) entre reglas, y no en un conflicto (aparente) entre principios.

D. EL CONFLICTO ENTRE UN DERECHO CONSTITUCIONAL FORMULADO COMO UNA REGLA Y UN DERECHO CONSTITUCIONAL FORMULADO COMO UN PRINCIPIO

Cada intento de resolver conflictos “constitucionales” entre una norma formulada como una regla y una norma formulada como un principio comienza con la interpretación de cada uno de los derechos de manera que el conflicto tienda a ser evitado. El intérprete tratará de sostener la existencia mutua de las dos normas, como derechos constitucionales aceptados. Además, llevará a cabo el esfuerzo interpretativo para entender las normas en conflicto de manera que el conflicto sea aparente y no real. Así, por ejemplo, intentará mirar a la norma formulada como una regla como a una norma que busca realizar el principio que yace en su base (y que contradice la norma constitucional formulada como un principio), en vez de como a una norma que busca transgredir el ámbito de la norma formulada como un principio. ¿Pero cuáles son las consecuencias si este intento fracasa? ¿Cuál es la ley si la interpretación de la norma formulada como una regla conduce a la conclusión de que la regla tiene la intención de influenciar el ámbito de la norma formulada como un principio, a diferencia del modo de su realización? ¿Cuál de las dos normas en conflicto debe prevalecer? Desde mi punto de vista, las reglas de selección del derecho aplicable usuales aplican a este conflicto. Nos enfrentamos a una suerte de error constitucional que debe ser solucionado por métodos estándar, conforme a los cuales la norma más reciente prevalece sobre la más antigua –a menos que la norma más antigua sea específica, y la más reciente general–. Ya que la norma formulada como una regla será específica al ser comparada con la norma formulada como un principio, esta prevalecerá –independientemente de si la contradicción es genuina o aparente.

EN LUGAR DE UNA CONCLUSIÓN

Hay dos consideraciones que yacen en los cimientos de este modelo de conflictos: la primera es el deseo de reconocer el ámbito pleno de los derechos humanos. Este ámbito es determinado por la interpretación teleológica de los derechos. No es influenciado por la existencia de derechos constitucionales contradictorios. Los derechos humanos, en su totalidad, cubren nuestro universo constitucional. Por lo tanto, tenemos que asegurarles su máxima validez y reconocimiento a nivel constitucional. La otra consideración es el reconocimiento de la existencia de conflictos reales entre derechos humanos y la necesidad de resolver este conflicto logrando un balance apropiado entre los derechos en colisión. Este balance se lleva a cabo a nivel subconstitucional.

Este modelo de dos etapas asegura, por un lado, la valorización plena de los derechos constitucionales, mientras por otro lado permite su transgresión o limitación, siempre y cuando esto se lleve a cabo para alcanzar un objetivo legítimo y por medios adecuados. De hecho, en la base del modelo de conflictos se encuentra la necesidad de llevar a cabo un ejercicio de ponderación entre los derechos constitucionales en conflicto. Sin embargo, la ponderación no se lleva a cabo a nivel constitucional, sino a nivel subconstitucional. De esa manera se protege la validez de los derechos y su pleno ámbito, mientras se permite su transgresión y limitación en aras de propósitos apropiados por medios proporcionales. Así, enfocamos la restricción de los derechos a situaciones concretas y evitamos decisiones basadas en principios que reducen el ámbito de los derechos. A la vez, permitimos el análisis judicial de la existencia de objetivos apropiados y del alcance de la transgresión o limitación.

Resolver conflictos entre derechos constitucionales es sin duda el tema importante y central. Sin embargo, el tratamiento de este problema en el derecho anglosajón en general y en el derecho israelí en particular es incompleto. De manera similar, en el derecho continental este problema no presenta una solución uniforme34. En este capítulo intenté presentar un modelo teórico para resolverlo. Este es tan solo el comienzo de un largo viaje.

CAPÍTULO TERCERO
Derechos constitucionales y derecho privado
I. PRESENTACIÓN DEL PROBLEMA

Todos están de acuerdo en que los derechos constitucionales1 de un individuo están dirigidos hacia el Estado. La historia de los derechos humanos es la historia del reconocimiento de los derechos individuales vis-à-vis el Estado. Los textos de las distintas constituciones han transformado esta historia en una realidad. Frecuentemente, las constituciones contienen disposiciones expresas que establecen que el Estado debe respetar determinados derechos2. La pregunta a la que nos enfrentamos es: ¿están los derechos constitucionales dirigidos hacia el Estado únicamente (relación vertical) o están dirigidos también hacia los individuos (relación horizontal)? ¿Es el derecho a la libertad de expresión de un obrero (al igual que el de cualquier otro individuo), oponible al Estado, también un derecho a la libertad de expresión vis-à-vis el patrono? El derecho constitucional comparado se refiere a esta pregunta como una de efectos frente a terceros (Drittwirkung). El primer actor es el individuo, el segundo el Estado y el tercero otro individuo. La pregunta es: ¿son los derechos constitucionales reconocidos por la constitución con relación al primer actor (el individuo) oponibles únicamente al segundo actor (el Estado), o son también oponibles a un tercero (otro individuo)? La literatura sobre este tema es abundante3.

Este dilema parece tener solución cuando la constitución asume (expresa o implícitamente) una posición clara. En algunas constituciones existe una referencia explícita al efecto horizontal. Así, por ejemplo, la Constitución de la República de Sudáfrica contiene una disposición explícita que establece cuanto sigue4: “Una disposición de la Carta de Derechos obliga a una persona natural o jurídica si, y en la medida en que, es aplicable, tomando en cuenta la naturaleza del derecho y cualquier deber impuesto por el derecho”.

Conforme a esta disposición, parecería que la pregunta en Sudáfrica se refiere al ámbito de la disposición y las circunstancias en que sus condiciones son satisfechas5. Esta conclusión no está libre de dudas6, pues la Corte Constitucional ha resuelto que su aplicación es indirecta7. En un pequeño número de constituciones existen disposiciones acerca de la aplicación horizontal de determinados derechos constitucionales8.

La Carta de Derechos de la Constitución de los Estados Unidos de América está redactada de una manera que descarta el efecto horizontal de la mayoría de los derechos. Así, por ejemplo, la Primera Enmienda establece9: “El Congreso no hará ley alguna por la que se adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba practicarla libremente, o que coarte la libertad de palabra o de imprenta, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente y para pedir al gobierno la reparación de agravios”.

Esta disposición está dirigida al Congreso, imponiéndole diversas obligaciones. La misma solamente tiene un efecto vertical.

Si una constitución no está restringida expresamente a tener un efecto vertical, surge la pregunta de si los derechos constitucionales también aplican a las relaciones horizontales. La respuesta a esta pregunta es de carácter interpretativo10. ¿Cuáles son las alternativas disponibles para el intérprete?11. En principio, se podría pensar en cuatro modelos: (1) el modelo de aplicación directa; (2) el modelo de no-aplicación; (3) el modelo de aplicación a través de la rama judicial, y (4) el modelo de aplicación indirecta. En la segunda parte de este capítulo se discuten esos cuatro modelos y explico mi preferencia por el cuarto modelo (la aplicación indirecta). En la tercera parte discuto la aplicación del cuarto modelo en más detalle. La cuarta parte considera la aplicación de este modelo en Israel. Finalmente, se ofrecen algunas conclusiones generales acerca del modelo de aplicación indirecta y su relación con el modelo de aplicación directa.

II. LOS CUATRO MODELOS
A. EL MODELO DE LA APLICACIÓN DIRECTA

El primer modelo disponible es el interpretar las disposiciones de la constitución relacionadas con los derechos humanos como si estuvieran dirigidas tanto al Estado como a los individuos12. Conforme a este punto de vista, los derechos constitucionales aplican directamente a las relaciones entre los individuos. Así, por ejemplo, de acuerdo con esta alternativa, el derecho a la dignidad y a la libertad que encontramos en la Ley Fundamental de Israel también aplica a las relaciones entre los individuos. Desde esta perspectiva, la Ley Fundamental reconoce la obligación constitucional de un patrono de no limitar la dignidad humana de un obrero y el derecho constitucional del obrero de no limitar la dignidad humana de su patrono. Asimismo, la libertad de expresión basada en la constitución no es solamente la libertad del individuo vis-à-vis el Estado sino también vis-à-vis todos los demás individuos. Dos consideraciones apoyan esta alternativa: primero, en la realidad moderna, las amenazas a los derechos constitucionales no solamente provienen del Estado sino también de otros individuos. A veces, estos últimos tienen poderes que no son inferiores a los del Estado. Los derechos constitucionales deben entonces aplicar a las relaciones horizontales13. Segundo, nos enfrentamos a un proceso expansivo de privatización14. Los poderes del Estado, cuyo uso por las autoridades gubernamentales tiene que respetar los derechos constitucionales de los individuos vis-à-vis el Estado, son transferidos al sector privado. Si dentro de este sector los derechos constitucionales no continúan aplicando, el resultado será que la privatización liberará al Estado de sus obligaciones constitucionales sin a su vez imponerlas al sector privado.

Independientemente de la fuerza de estas consideraciones, yo pienso que este modelo no es adecuado15. Las razones que se mencionan en su defensa no son suficientes para sostenerlo. En términos de la primera consideración (el poder que ciertos individuos tienen), pienso que la protección de un individuo vis-à-vis otro individuo, no importa cuán poderosos sean, debe ser resuelta en el plano del derecho privado (ya sea mediante una ley ordinaria o mediante una regla de derecho común). No hay una justificación para otorgarle a un individuo más débil un derecho constitucional oponible a un individuo más fuerte. El otorgar estatus constitucional a un derecho es equivalente a proteger ese derecho frente al Estado, una entidad que puede crear leyes o desarrollar el derecho común y por lo tanto limitar el derecho en cuestión. El otorgamiento de estatus constitucional a un derecho le impone límites al Estado. Este resultado es irrelevante con respecto a la protección de los derechos de un individuo más débil frente a los de un individuo más fuerte. En cuanto a la relación entre el individuo más débil y el individuo más fuerte, el derecho sub-constitucional es suficiente. El individuo más fuerte carece de poder legislativo y la cláusula limitativa –que opera cuando un derecho constitucional es limitado por una norma sub-constitucional–16 no aplica. Por supuesto, en la medida en que una norma sub-constitucional no tome suficientemente en cuenta la debilidad de una parte, especialmente si se trata de una debilidad crónica, el camino estará abierto para considerar su constitucionalidad. De hecho, si una norma de derecho privado protege a los débiles de los fuertes de una manera no proporcional, la misma podría ser inconstitucional. En ese sentido, el derecho constitucional de la parte más débil vis-à-vis el Estado es suficiente. No hay necesidad de reconocer dicho derecho como un derecho constitucional oponible a la parte más fuerte. El efecto vertical se caracteriza por el derecho constitucional del individuo frente el Estado. El Estado carece de derechos constitucionales vis-à-vis el individuo.

La segunda consideración (la privatización que resulta en la liberación de las obligaciones constitucionales) puede ser relevante cuando se considera la constitucionalidad de la privatización17. Así, por ejemplo, la privatización de las cárceles fue declarada inconstitucional en Israel debido a la limitación no proporcional de los derechos de los prisioneros vis-à-vis el Estado18. Cuando la privatización es constitucional, la ley que aplica a la relación entre los individuos debe ser la ley sub-constitucional, que ha sido transformada para ser consistente con la privatización19. No es adecuado que la relación vertical que aplicaba vis-à-vis el Estado antes de la privatización continúe aplicando, vis-à-vis otros individuos, luego de la privatización.

El modelo de la aplicación directa es metodológicamente problemático. Su aplicación no es satisfactoria. Metodológicamente, cuando dos derechos constitucionales que tienen la forma de principios entran en conflicto –ya sea el derecho constitucional de un individuo vis-à-vis el Estado o el derecho constitucional de un individuo vis-à-vis otro individuo (conforme al modelo de aplicación directa)– la solución al conflicto no se encuentra a nivel constitucional20. El ámbito del derecho constitucional no cambia. La solución a la colisión se encuentra a nivel sub-constitucional, ya sea en términos de legislación o de derecho común. En este nivel determinamos si la ley que limita un derecho para realizar otro derecho es constitucional. Por eso, aun si la aplicación directa fuese reconocida, la solución al conflicto en cuanto al alcance de los derechos no se ubica a nivel constitucional sino a nivel sub-constitucional, esto es, en proveer una respuesta a la pregunta de si la ley que limita el derecho es constitucional. En este nivel tienen por supuesto que satisfacerse los requisitos de la cláusula limitativa. Así, en Israel, la limitación de un derecho constitucional tiene que llevarse a cabo “hasta un punto que no sea mayor que el requerido”21 –esto es, proporcionalmente.

Por lo tanto, el reconocimiento del modelo de aplicación directa (horizontal) es incorrecto en términos metodológicos. La razón que hace necesario reconocer el derecho constitucional del individuo vis-à-vis el Estado no está presente en cuanto al reconocimiento del derecho constitucional de un individuo frente a otro22.

B. EL MODELO DE NO-APLICACIÓN

El segundo modelo establece que los derechos constitucionales aplican únicamente vis-à-vis el Estado (relación vertical). Una constitución debe proteger al individuo del Estado, y la misma no tiene el objetivo de intervenir en las relaciones interpersonales (horizontales), relaciones que siempre han sido reguladas a través del derecho privado. Conforme a esta alternativa, todo lo relacionado con las relaciones interpersonales debe ser regulado por el derecho privado, sin ninguna influencia o intervención de las disposiciones constitucionales, las cuales son parte de la esfera pública. Por supuesto, la frontera entre el derecho público y el derecho privado no es tan clara ni impenetrable. Existen lazos recíprocos entre el derecho público y el derecho privado. Así, al desarrollar doctrinas sobre derecho privado, el juez considera el derecho público. Dicha consideración refleja la necesidad de prestar atención a la estructura entera de la sociedad, al derecho y al sistema jurídico. Sin embargo, conforme al segundo modelo, cuando el juez lleva a cabo dicha consideración no lo hace basado en la aplicación –directa o indirecta– de las disposiciones constitucionales referentes a los derechos humanos a relaciones interpersonales.

El derecho canadiense refleja esencialmente23 la segunda opción24. Así se determinó en el caso Dolphin Delivery25. En dicho caso, un sindicato de trabajadores organizó una huelga. Dolphin Delivery Company no era el patrono, sino que le proveía productos a este. A pesar de ello, el sindicato decidió realizar una demostración en contra de Dolphin Delivery Company. La corporación solicitó a la Corte que emitiera una orden impidiéndole al sindicato llevar a cabo el acto ilícito civil de inducir a un incumplimiento contractual. En la Corte, el sindicato arguyó que dicha orden no debía ser emitida ya que la misma limitaría su derecho a la libertad de expresión, protegido por la Carta de Derechos y Libertades canadiense. La Corte Suprema rechazó este argumento: determinó que los derechos constitucionales contenidos en la Carta se ejercen contra el Estado y no contra otros individuos.

El modelo de no-aplicación es adecuado en cuanto rechaza el modelo de aplicación directa. Sin embargo, crea una separación demasiado profunda entre el derecho constitucional y el derecho privado. La relación entre el derecho constitucional y el derecho privado es mucho más cercana de lo que sugiere el modelo de no-aplicación. En el centro de esta relación se encuentran los deberes de derecho privado –y el deber del legislador y los jueces que crean el derecho privado– de cumplir con los valores y principios constitucionales26.

C. LA APLICACIÓN A TRAVÉS DE LA RAMA JUDICIAL

El tercer modelo es la aplicación por conducto de la rama judicial27. El punto de partida es que los derechos constitucionales están únicamente dirigidos al Estado. No obstante, un juez es un órgano del Estado y por lo tanto el derecho constitucional en cuestión está dirigido hacia él. Conforme a este modelo, cuando el juez habla, el Estado habla; cuando el juez actúa, el Estado actúa. El juez es el Estado y los derechos humanos necesitan también ser protegidos frente a él. Esto significa, desde el punto de vista del juez, dos cosas: primero, que el juez debe desarrollar el derecho común de una manera que se ajuste a su deber de no limitar desproporcionadamente los derechos constitucionales. Segundo, que el juez tiene que actuar dentro de los confines de la disputa en cuestión de una manera consistente con los derechos constitucionales de las partes vis-à-vis el Estado.

Este modelo ha sido desarrollado en el derecho constitucional estadounidense, donde los derechos constitucionales están dirigidos hacia el Estado. En el caso New York Times Co. v. Sullivan28, el modelo se utilizó en el contexto del desarrollo de las normas de difamación en el derecho de daños y perjuicios. En ese caso, la discusión giraba alrededor de una demanda de difamación presentada por Sullivan (una figura pública) en contra del New York Times. Se determinó que la Corte debía desarrollar el derecho común de la difamación conforme a la Primera Enmienda. En el caso Shelley v. Kraemer29, el modelo fue aplicado para prevenir remedios discriminatorios a disputas entre individuos. En el caso, la familia Shelley (una familia afroamericana) había comprado una casa. Kraemer vivía en el mismo vecindario y le solicitó a la Corte que emitiera una medida cautelar que impidiera que la familia Shelley tomara posesión de la casa pues dicho acto sería contrario a un convenio restrictivo (restrictive covenant) aplicable a la casa, conforme al cual la misma no podía ser adquirida por un ‘negro’. La Corte Suprema determinó que un juez no puede emitir una medida cautelar que limite el principio de igualdad contenido en la Decimocuarta Enmienda.

El tercer modelo –en tanto se refiere a una disputa entre individuos– es incorrecto30. A pesar de esto, dicho modelo es correcto cuando se refiere al derecho común. Desde mi punto de vista, el derecho común está sujeto a la estructura constitucional general31. Un precedente de derecho común puede limitar legalmente un derecho constitucional. Para hacerlo, tiene que cumplir con los requisitos de la cláusula limitativa –tiene que ser proporcional32. Por ello, entiendo que New York Times Co. v. Sullivan fue correctamente decidido33. No así Shelley v. Kraemer34. Cuando llega el momento en que un juez tiene que emitir una medida cautelar, este tiene que actuar conforme a las reglas del derecho común, pues ese es el marco jurídico en donde se desarrollaron las reglas de los convenios restrictivos y su aplicación. Si estas reglas permiten que no se emita un interdicto discriminatorio, el juez debe actuar conforme a ellas. Si estas reglas establecen que hay espacio para emitir un interdicto discriminatorio, el juez tiene el deber de promover el cambio de las reglas (únicamente si tiene la autoridad para hacerlo de acuerdo a la jerarquía judicial –p. ej., si el asunto está ante la Corte Suprema– o de acuerdo a las reglas del poder judicial –en el sistema jurídico federal). Las reglas de derecho común no pueden limitar los derechos constitucionales, a menos que satisfagan los requisitos impuestos por la legislación que limita el derecho constitucional en cuestión. Mientras el derecho común no cambie, el juez debe actuar conforme a las reglas de derecho común. De otra manera, las disposiciones constitucionales en donde el derecho a la igualdad aparece como un derecho vis-à-vis el Estado y no vis-à-vis otros individuos, de un momento a otro darían paso a un derecho a la igualdad frente a los demás individuos. Un juez no tiene la autoridad de hacer eso. Si la disposición constitucional referente al derecho a la igualdad aplica únicamente vis-à-vis el Estado, y no a las relaciones entre los individuos, no hay lugar para concluir que cuando una disputa entre individuos llega a la Corte el juez debe decidirla como si no hubiese diferencia. Esta conclusión dejaría sin efecto a la disposición constitucional conforme a la cual el derecho a la igualdad aplica solamente a las relaciones entre el individuo y el Estado.

De hecho, la determinación en Shelley v. Kraemer no fue sostenida. En su lugar, las cortes desarrollaron la doctrina de la acción estatal35. La aplicación de los derechos constitucionales incluidos en la Carta de Derechos vis-à-vis el juez depende de que el individuo en cuestión limite los derechos constitucionales de otros y lleve a cabo funciones tradicionalmente atribuidas al Estado. Una cantidad considerable de jurisprudencia ha sido dedicada a este asunto y ha determinado cuándo la relación entre el Estado y el individuo es lo suficientemente cercana, tan cercana que es posible atribuirle al Estado los actos del individuo. Esta doctrina revoca, si bien no explícitamente, la decisión en el caso Shelley v. Kraemer. Frente al desarrollo de esta doctrina, el derecho estadounidense ya no puede ser visto como un sistema que adopta el modelo de la aplicación a través de la rama judicial. Hay quien piensa que el derecho estadounidense ha adoptado el modelo de aplicación indirecta36.

D. EL MODELO DE APLICACIÓN INDIRECTA

El cuarto modelo es el de la aplicación indirecta (unmittelbare Drittwirkung)37. Conforme a este modelo, los derechos constitucionales del individuo aplican directamente vis-à-vis el Estado e indirectamente vis-à-vis el individuo. El individuo no se coloca en los zapatos del Estado, quien posee el deber de proteger los derechos constitucionales. Un individuo no tiene derechos constitucionales vis-à-vis otro individuo. Los derechos entre los individuos se ubican a nivel sub-constitucional (leyes ordinarias o derecho común) y no a nivel constitucional. De hecho, “los deberes del Estado de respetar los derechos humanos no tienen el mismo contenido que el deber del individuo de respetar los derechos humanos”38. “El deber del Estado de actuar equitativamente vis-à-vis el individuo no tiene el mismo contenido que el deber del individuo de actuar equitativamente vis-à-vis otro individuo”39. La libertad de ocupación del individuo vis-à-vis el Estado tiene un ámbito diferente que la libertad de ocupación de un individuo vis-à-vis otro individuo. Sin embargo, los derechos constitucionales de un individuo vis-à-vis el Estado aplican indirectamente a las relaciones entre los individuos. La aplicación indirecta está basada en la suposición de que cada uno de los derechos constitucionales de un individuo vis-à-vis el Estado tiene un valor objetivo que se proyecta hacia todas las ramas del derecho. Esto quiere decir que los derechos individuales vis-à-vis el Estado a la dignidad, la libertad, la privacidad y la propiedad expresan valores objetivos (pero no derechos) que les dan forma a las relaciones entre los individuos en el contexto del derecho privado. Estos valores son utilizados para la interpretación del derecho privado, para suplir una laguna o para desarrollarlo. En tanto el derecho privado existente limita los derechos constitucionales ‘negativos’ del individuo vis-à-vis el Estado, la norma (una ley ordinaria o regla de derecho común) será únicamente constitucional si es proporcional. En tanto la norma no proteja proporcionalmente los derechos individuales ‘positivos’ vis-à-vis el Estado, el Estado debe desarrollar el derecho privado hasta hacerlo proporcional40.

De los cuatro modelos que hemos discutido, este es el correcto. El mismo es aceptado en todos los sistemas jurídicos en donde el problema se ha suscitado41. También aplica dentro del marco de la Convención Europea de los Derechos Humanos42. Entre los sistemas jurídicos en que se utiliza el modelo de aplicación indirecta se encuentran Alemania43, Italia44, Países Bajos45 y Nueva Zelanda46. Este modelo reconoce la diferencia entre el derecho constitucional individual dirigido al Estado y el derecho individual sub-constitucional (ley ordinaria o derecho común) dirigido hacia otro individuo. Esta diferencia se encuentra expresada en el estatus normativo de un derecho y su ámbito. En términos del estatus normativo, aunque el derecho del individuo vis-à-vis el Estado es un derecho a nivel constitucional, el derecho de un individuo frente a otro individuo es un derecho a nivel sub-constitucional. Mayormente lo vemos en el derecho privado. El ámbito, de un derecho constitucional individual vis-à-vis el Estado es más amplio que el derecho de un individuo frente a otro individuo. Hay dos razones para ello: primero, los objetivos del derecho constitucional adquieren plena fuerza cuando se aplican frente al Estado. Segundo, al determinar el ámbito de un derecho constitucional individual vis-à-vis el Estado, se debe tener en cuenta la razón en que descansa el derecho. No se debe llevar cabo la ponderación a nivel constitucional entre dicha razón y las consideraciones que justifican la limitación del derecho (es decir, el interés público o los derechos de otros individuos). La ponderación solamente se debe llevar a cabo cuando se determina la constitucionalidad de la limitación del derecho constitucional por una norma sub-constitucional47. Con respecto a la determinación del ámbito de un derecho individual vis-à-vis otro individuo, el mismo es determinado por una norma sub-constitucional (tal como una ley ordinaria o una regla de derecho común) y es producto de la ponderación entre la razón en la cual descansa el derecho individual y la razón en la cual descansan los derechos de los demás individuos o el interés público. La constitucionalidad de esta ponderación es determinada por la cláusula limitativa, esto es, la norma sub-constitucional será constitucional solamente si es proporcional.

El modelo de aplicación indirecta no oscurece la distinción entre el derecho constitucional del individuo vis-à-vis el Estado y el derecho individual vis-à-vis otro individuo. Conforme a este modelo, los derechos que existen entre los individuos no son derechos constitucionales. No son parte de la constitución, sino del derecho sub-constitucional. Los mismos descansan en la legislación ordinaria o en el derecho común (p. ej., en el derecho de contratos, en el derecho de daños, en el derecho de propiedad, en el derecho laboral). Los derechos y remedios aplicables cuando ocurre una violación se han creado desde el derecho privado, a través del tiempo. En dicha formación se le otorga un peso importante al hecho de que el derecho constitucional reconoce la existencia de derechos vis-à-vis el Estado (relación vertical). La existencia de esta relación afecta directamente la constitucionalidad de la norma sub-constitucional, y afecta los derechos de los individuos vis-à-vis el Estado. Así, el derecho sub-constitucional afecta indirectamente los derechos entre los individuos (relación horizontal). Esta influencia se encuentra bien expresada en la interpretación de las normas de derecho privado, cuando se intenta llenar las lagunas que allí aparecen, y en el desarrollo de normas de derecho privado nuevas y proporcionales. Vemos aquí la diferencia entre esta perspectiva y el modelo de no-aplicación. El modelo de no-aplicación crea una barrera entre el derecho privado y los derechos constitucionales. La barrera solamente se rompe cuando se determina que el desarrollo del derecho común es afectado por los derechos constitucionales. El modelo de aplicación indirecta asume una posición mucho más fuerte. La influencia de los derechos constitucionales sobre el derecho común es amplia y mucho más fuerte en el modelo de aplicación indirecta que en el modelo de no-aplicación. El derecho privado, creado mediante ley ordinaria o derecho común48, puede infringir el derecho constitucional de cada individuo vis-à-vis el Estado, y está por tanto sujeto a la cláusula limitativa.

La relación entre el modelo de aplicación indirecta y el modelo de aplicación a través de la rama judicial es compleja. Por una parte, ambos modelos proponen que los derechos constitucionales solamente aplican de manera vertical. Conforme a ambos modelos, el legislador y el juez deben actuar para ajustar la legislación y el derecho común a los derechos constitucionales. Por esta razón, la decisión en el caso New York Times Co. v. Sullivan49 se ajusta a ambos modelos. Por otra parte, el modelo de aplicación indirecta asume los derechos constitucionales como valores objetivos que operan en el derecho privado y de acuerdo a este. Esto no es así con respecto a la aplicación por la rama judicial. La doctrina de la acción estatal, tal y como ha sido desarrollada en Estados Unidos, opera fuera del derecho privado. Su operación se ubica en el derecho público, y el derecho constitucional no solamente se dirige hacia el Estado, sino también vis-à-vis los individuos que llevan a cabo funciones estatales.

III. LOS MODELOS DE APLICACIÓN INDIRECTA EN ACCIÓN
A. LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES COMO VALORES OBJETIVOS

El punto de partida del modelo de aplicación indirecta se encuentra en la percepción de que los derechos constitucionales tienen un componente subjetivo y un componente objetivo50. El componente subjetivo es la obligación que estos le imponen al Estado vis-à-vis el individuo. Junto a ese componente subjetivo se encuentra un componente objetivo (objektive Wertordnung). Todo derecho constitucional subjetivo refleja un valor objetivo. Estos valores objetivos operan sobre todas las ramas del derecho. Así, por ejemplo, la dignidad humana tiene dos elementos –uno subjetivo y otro objetivo. El elemento subjetivo está expresado en el derecho constitucional a la dignidad humana que se le reconoce al individuo vis-à-vis el Estado. El elemento objetivo es expresado por el hecho de que la dignidad humana es un valor objetivo del ordenamiento jurídico en general y del derecho privado en particular.

La distinción entre estos dos elementos ha sido expresada en el caso Lüth, decidido por la Corte Constitucional alemana51. En dicho caso se examinó la legalidad de la conducta de Lüth, quien le solicitó al público boicotear una película dirigida por un renombrado nazi. El productor de la película presentó una solicitud ante la Corte Civil en aras de evitar que Lüth continuara promoviendo el boicot. La Corte determinó que la conducta de Lüth constituía un acto ilícito conforme a la sección 826 del Código Civil alemán (BGB) que establece: “Toda persona que, de manera contraria a la política pública [die guten Sitten, o buenas costumbres], causa intencionalmente daño a otra persona, está obligada a compensarla por el daño causado”.

Lüth recurrió a la Corte Constitucional. Alegó que dicha determinación limitaba su derecho constitucional a la libertad de expresión. La Corte Constitucional concluyó que el derecho constitucional de Lüth a la libertad de expresión era un valor objetivo del ordenamiento jurídico. El término ‘política pública’, presente en la sección 826 del BGB, debía ser interpretado en una manera consistente con dicho valor objetivo. Dada las circunstancias del caso, la conducta de Lüth no debería ser considerada contraria a la ‘política pública’.

El derecho constitucional de Lüth a la libertad de expresión estaba dirigido únicamente contra el Estado. Lüth no tenía un derecho constitucional a la libertad de expresión vis-à-vis el productor de la película. Sin embargo, en la relación entre Lüth y el productor, el valor objetivo de la libertad de expresión aplicaba. Este valor influye en el significado de las disposiciones del derecho privado sobre ‘las buenas costumbres’ [good morals] y otros ‘conceptos válvula’ [valve concepts] del derecho privado.

Ahora examinaremos los diferentes canales a través de los cuales los aspectos objetivos del derecho constitucional afectan el derecho privado (ya sean leyes ordinarias o principios del derecho común). Discutiré tres canales principales: (1) la interpretación del derecho privado; (2) la referencia a las lagunas y a los arreglos negativos en el derecho privado, y (3) el desarrollo del derecho privado.

B. EL PRIMER CANAL DE APLICACIÓN: LA INTERPRETACIÓN DEL DERECHO PRIVADO
1. LOS ASPECTOS OBJETIVOS DE LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES Y LA INTERPRETACIÓN DEL DERECHO PRIVADO

El modelo de aplicación indirecta asume que los derechos constitucionales únicamente aplican a la relación entre el individuo y el Estado. No obstante, cada uno de los derechos constitucionales de un individuo vis-à-vis el Estado expresa un valor objetivo del ordenamiento jurídico. Este valor objetivo no se limita a la relación entre el individuo y el Estado. El mismo aplica a todas las áreas del ordenamiento jurídico, y a todas las relaciones jurídicas, incluyendo las relaciones entre individuos. Aplica en el derecho privado52.

Estos elementos objetivos –derivados de los derechos constitucionales del individuo vis-à-vis el Estado– gozan de gran importancia en el derecho privado. El valor objetivo encuentra expresión en la interpretación del derecho privado estatutario. En Israel, dicha interpretación es una interpretación teleológica53. Conforme a la misma, el texto de la ley es interpretado de manera que permita la satisfacción de su propósito. Este propósito, a un nivel elevado de abstracción, incluye los valores fundamentales del ordenamiento jurídico54. Esos valores conforman una “sombrilla normativa que se extiende sobre toda la legislación”55. Lo anterior es un reflejo del hecho de que el derecho es una “criatura viva dentro de su entorno”56. El entorno de la ley no solamente incluye “el contexto legislativo cercano, sino círculos amplios de principios aceptados, propósitos fundamentales y estándares básicos”57. Estos principios fundamentales incluyen los valores objetivos en los que se basan los derechos constitucionales. Dichos valores penetran el derecho privado a través de la interpretación teleológica. Por ello, las normas del derecho de contratos, del derecho de daños o del derecho de propiedad que forman parte del derecho privado deben ser interpretadas de una manera que satisfaga la dignidad humana, la libertad, la propiedad y los otros valores objetivos que se derivan de los derechos constitucionales.

Al igual que los principios fundamentales que les dan forma a los propósitos de un estatuto, los valores objetivos están en constante conflicto58. El aspecto objetivo de un derecho constitucional (libertad de expresión) colisiona con el aspecto objetivo de otro derecho constitucional (privacidad). A veces el aspecto objetivo del derecho constitucional colisiona con principios objetivos como el interés público, la seguridad, el orden público y la salud. Esta colisión no se resuelve mediante la ‘victoria’ de un aspecto objetivo y la ‘derrota’ de otro. La solución a este conflicto conforme al propósito legislativo se encuentra en la ponderación de los valores en colisión de acuerdo a su importancia en cuanto al punto en cuestión. Esta es una ponderación interpretativa59. Para satisfacer las necesidades de la ponderación, una analogía interpretativa puede ser importada del elemento de proporcionalidad stricto sensu que forma parte de las reglas de la proporcionalidad constitucional60. Sin embargo, la cláusula limitativa no aplica. Estamos frente a un ejercicio de ponderación para propósitos interpretativos y no para determinar validez constitucional.

2. LA INTERPRETACIÓN DE CONCEPTOS VÁLVULA
a. INTERPRETACIÓN A LA LUZ DEL ASPECTO OBJETIVO DE LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES

Observamos un caso especial de interpretación del derecho privado cuando el mismo utiliza conceptos válvula (Ventilbegriffe, concetti valvola). Ejemplos de estos son la buena fe, la política pública o la negligencia. Estos conceptos tienen la forma de principios (distinguibles de las reglas)61. Reflejan los valores y principios básicos de la sociedad. Proveen al ordenamiento jurídico la flexibilidad necesaria. Con su ayuda, el ordenamiento jurídico se ajusta a las necesidades cambiantes, permaneciendo a la vez leal a sí mismo. Tanto la legislación como el derecho común utilizan estos conceptos válvula para evitar el estancamiento del derecho y para ajustarlo a situaciones cambiantes.

La interpretación de los conceptos válvula que aplica en el derecho privado ocurre en el trasfondo de los valores básicos del ordenamiento jurídico. Estos incluyen los aspectos objetivos de los derechos constitucionales a la dignidad humana, la propiedad, la privacidad, la libertad de movimiento y de ocupación. De hecho, los conceptos válvula del derecho privado asumen un significado que está influenciado por el aspecto objetivo de los derechos constitucionales. Este aspecto objetivo tiene un ‘efecto irradiador’ en los conceptos válvula62. El contenido de un concepto válvula es determinado por medio de la ponderación interpretativa entre todos los valores que lo expresan, tomando en cuenta el aspecto objetivo de los derechos constitucionales. Demostraré este punto mediante dos importantes conceptos válvula del derecho privado: la política pública y la buena fe.

b. POLÍTICA PÚBLICA

La política pública es uno de los conceptos válvula más importantes. El mismo opera tanto en el derecho público como en el privado. A través de este concepto, “el ordenamiento jurídico asegura el flujo constante de valores fundamentales hacia el derecho privado. Esto promueve armonía en el ordenamiento jurídico. A través de la ‘política pública’ el ordenamiento jurídico asegura un comportamiento adecuado en las relaciones interpersonales”63.

Los principales componentes de la política pública son los valores que conforman el aspecto objetivo de los derechos constitucionales. La política pública constituye la satisfacción de valores como la dignidad humana, la libertad, la privacidad, la propiedad y la libertad de ocupación. Por supuesto, junto a estos valores se encuentran otros valores adicionales que reflejan el interés público. Estos valores colisionan.

Frecuentemente, estos principios básicos colisionan el uno con el otro […] La libertad de ocupación de una persona limita la libertad de contrato de otra. La libertad de expresión de un individuo limitad la dignidad humana de otro. Esto es especialmente obvio dentro del marco de ‘política pública’ del derecho de contratos, ya que uno de los principios básicos de nuestro ordenamiento jurídico es la libertad contractual […] y uno de los derechos fundamentales del hombre que tiene que ser tomado en cuenta es la autonomía de la voluntad individual. Esto es parte de la dignidad humana y la libertad. Una relación contractual es una expresión de esta autonomía. La libertad de contrato es un derecho constitucional. Cuando el contenido de un contrato limita la libertad de ocupación, la dignidad humana, la libertad de movimiento, la libertad de consciencia y religión o la libertad de expresión, la ‘política pública’ no debe entenderse con base en la simple aplicación de esos principios64.

La solución a este conflicto se encuentra en una ponderación adecuada que refleje la importancia relativa de los valores en colisión. “Cuando se determina el ámbito de la ‘política pública’ tiene que llevarse a cabo una ponderación interna entre los valores e intereses en conflicto”65.

Únicamente cuando el peso de los principios relacionados con la libertad de contratos y con la autonomía de la voluntad del individuo es menor que el peso del valor que se le opone, habrá espacio para invalidar una estipulación contractual, o la totalidad de un contrato, debido a un conflicto con la política pública66.

El juez Procaccia tenía razón cuando expresó que “determinar el ámbito de la política pública requiere una ponderación delicada y compleja entre los valores e intereses en colisión”67. Dicha ponderación se puede aprender, a través de la analogía interpretativa, de las reglas de ponderación de la proporcionalidad constitucional68.

c. LA BUENA FE

La buena fe, para propósitos de este capítulo, es un criterio objetivo. El mismo expresa un estándar de honestidad, justicia y lealtad entre adversarios69. Tiene el objetivo de asegurar que una persona que busca promover sus intereses lo haga de una manera justa y siempre tomando en cuenta las expectativas justas de la otra parte. “Ser humano frente a ser humano, uno no puede comportarse como un lobo, pero tampoco tiene uno que ser un ángel. Ser humano frente a ser humano, uno tiene que actuar como ser humano”70.

La honestidad y la justicia entre rivales son requeridas por la buena fe y reflejan valores que le dan forma al aspecto objetivo de los derechos constitucionales. La buena fe refleja la consideración de los valores objetivos que se refieren a la dignidad humana, a la privacidad, a la propiedad y a la libertad. La buena fe es de hecho un “canal”71 a través del cual fluyen los valores objetivos del ordenamiento jurídico, y que refleja los valores del derecho constitucional en el derecho privado. Otros valores relacionados con el comportamiento interpersonal de individuos con intereses opuestos también fluyen por este canal. Estos valores se hallan en colisión constante. La buena fe refleja el balance apropiado que debe haber entre ellos. Este balance expresa la importancia social relativa de los valores en conflicto72. Al establecer este balance es posible aprender, por analogía, de las reglas de ponderación que son parte de la proporcionalidad constitucional73.

3. LA INTERPRETACIÓN DEL DERECHO PRIVADO Y SU VALIDEZ

¿Qué ocurre si la interpretación del derecho privado –la cual toma en consideración los aspectos objetivos de los derechos constitucionales– conduce a un resultado que no expresa plenamente este aspecto? Este es el caso cuando una norma de derecho privado provee una solución que no se ajusta a la ponderación interpretativa entre los aspectos objetivos de los derechos constitucionales o entre los demás valores objetivos protegidos constitucionalmente. ¿Cuál es el efecto de dicha norma de derecho privado? La respuesta es que su constitucionalidad será cuestionada. De hecho, dicha norma de derecho privado es el resultado de un acto estatal (ya sea mediante la adopción de una ley ordinaria o del desarrollo del derecho común). En la medida en que esta norma limite el derecho constitucional de un individuo vis-à-vis el Estado, esta limitación será inconstitucional a menos que se satisfagan los requerimientos de la cláusula limitativa en general y los requisitos de la proporcionalidad stricto sensu en particular. Así, la irradiación de los valores objetivos en la base de los derechos constitucionales hacia el derecho privado no garantiza, por sí misma, que una norma de derecho privado sea constitucional. Es posible que debido a limitaciones lingüísticas, y a la existencia de valores adicionales y contradictorios, el intérprete concluya que la norma limita los derechos constitucionales individuales vis-à-vis el Estado, y que dicha limitación no es proporcional.

C. EL SEGUNDO CANAL DE APLICACIÓN: SOLUCIÓN NEGATIVA Y LAGUNA
1. EL SILENCIO DEL DERECHO PRIVADO

La interpretación del derecho privado asume la existencia de un texto legal relevante. ¿Qué ocurre si dicho texto no existe? Si la absorción de los derechos constitucionales como valores objetivos en el derecho privado ocurre mediante las propias disposiciones de este último, ¿qué ocurre cuando no existe una norma relevante de derecho privado? ¿Es este el punto en que la aplicación indirecta deja de funcionar?

Para poder responder a esta pregunta debemos enumerar los diferentes significados del silencio en el derecho privado74. Este silencio asume diferentes voces. Por ello, los dos significados relevantes que le pueden ser atribuidos son la solución negativa y la laguna.

2. SOLUCIÓN NEGATIVA

Una solución negativa consiste en una conclusión interpretativa conforme a la cual la solución provista en la ley contiene una solución negativa implícita con relación a asuntos no regulados por ley. A veces, la solución negativa reflejará los aspectos objetivos de los derechos constitucionales. En una situación como esa, la aplicación indirecta es determinada por la solución negativa. ¿Pero qué ocurre si la solución negativa rechaza la irradiación que surge de los valores objetivos del derecho constitucional? ¿Cuál es el destino de la aplicación indirecta en una situación como esa? En esa situación, ¿acaso la aplicación indirecta de los derechos constitucionales se hace imposible?

Mi respuesta es que la no-expresión de los valores objetivos de los derechos constitucionales puede limitar desproporcionadamente los derechos constitucionales de un individuo vis-à-vis el Estado. El resultado puede ser la inconstitucionalidad de la solución negativa. De hecho, el destino de la solución negativa en cuanto a la constitucionalidad será el mismo que el de una solución positiva en cuanto a la constitucionalidad. Ambas podrían limitar desproporcionadamente el derecho constitucional de un individuo vis-à-vis el Estado.

3. LAGUNAS

Asumamos que una norma de derecho privado no establece un texto que deba ser interpretado con el aspecto objetivo de un derecho constitucional en su trasfondo. Asumamos además que la ausencia de texto legislativo se debe a una laguna. ¿Significa esto último que no hay espacio para la aplicación indirecta?

Para responder a esta pregunta tenemos que examinar primero las reglas que aplican a las lagunas y la reacción a las lagunas. Si la corte carece de la autoridad para llenar una laguna en la legislación –como ocurre en la mayoría de los sistemas de derecho común–75, entonces la laguna permanece. La solución a este problema jurídico se encuentra dentro de los límites del derecho común. El derecho común establece una ‘red de seguridad’ que tiene el propósito de solucionar, entre otras cosas, la mayoría de las lagunas en la ley. El único punto a examinar es si esa norma de derecho común –similar a una solución negativa– es constitucional. En la mayoría de los sistemas continentales y en Israel, la corte tiene la autoridad de llenar lagunas76. La creación de esta norma complementaria se basa en una analogía con una norma similar de derecho privado. En ausencia de una analogía apropiada, el juez recurrirá a los principios generales del derecho.

El acto de llenar una laguna no es meramente un poder que se les otorga a los jueces. Es un deber impuesto sobre estos. Una vez se ha descubierto una laguna en la ley, los jueces deben llenar el vacío de acuerdo a las reglas aplicables en el ordenamiento jurídico en el que operan. Una vez la laguna ha sido llenada, una nueva norma es añadida al derecho privado. Esta norma complementaria habrá sido creada por autoridad judicial. Es una norma sub-constitucional. Añade una norma complementaria a la ley. Como las normas del derecho común, esa norma podría limitar un derecho constitucional de un individuo vis-à-vis el Estado. La constitucionalidad de esta limitación será determinada conforme a su proporcionalidad.

D. EL TERCER CANAL DE APLICACIÓN: LA CREACIÓN DE NUEVO DERECHO PRIVADO
1. LEGISLACIÓN NUEVA Y EL DESARROLLO DEL DERECHO COMúN

La interpretación del derecho privado –incluyendo sus conceptos válvula– puede llevar a la conclusión de que estas soluciones no son capaces de ‘absorber’ la irradiación del aspecto objetivo de los derechos constitucionales. Además, esta interpretación puede llevar a la conclusión de que la ausencia de una solución desde el derecho privado en cuanto a la absorción de los valores objetivos no equivale a una solución negativa ni tampoco significa que hay una laguna. ¿Acaso esta situación representa el final del camino para el modelo de aplicación indirecta? Mi respuesta es no. Si la norma de derecho privado no existe, debe ser creada. Ni el legislador (dentro del marco legislativo) ni el juez (dentro del marco del derecho común) pueden lavarse las manos ante una situación como esta. Ellos deben crear nuevas normas (legislativas o de derecho común) que puedan expresar los valores objetivos de los derechos constitucionales.

2. LEGISLACIÓN NUEVA

Gran parte del derecho privado es legislado. Si no existe legislación que pueda ‘absorber’ los aspectos objetivos de los derechos constitucionales, no hay escapatoria a la adopción de nueva legislación. El legislador adoptará nuevas leyes para solucionar un problema que aún no ha sido resuelto por el derecho privado. Por medio de su contenido, la nueva legislación expresará el aspecto objetivo de los derechos constitucionales. Esto ocurrirá mediante el reconocimiento legislativo de nuevos derechos sub-constitucionales de los individuos vis-à-vis otros individuos.

3. EL DESARROLLO DEL DERECHO COMÚN

Los sistemas de derecho común reconocen el poder de los jueces de crear derecho. El derecho de contratos y el derecho de daños en la mayoría de los sistemas de derecho común están basados en normas desarrolladas caso a caso, y la presencia de la legislación en esta área es mínima. El desarrollo de la jurisprudencia también tiene que llevarse a cabo de esta manera. Cuando un juez se enfrenta a una controversia jurídica en torno a una relación interpersonal cuyos valores básicos se derivan del aspecto objetivo de los derechos constitucionales de un individuo vis-à-vis el Estado, el juez debe desarrollar el derecho común de manera tal que los valores constitucionales básicos sean absorbidos por el derecho privado. El desarrollo del derecho común traducirá el aspecto objetivo de los derechos constitucionales en derecho sub-constitucional creando derechos de individuos oponibles a otros individuos. Esta perspectiva es la adoptada por la Constitución de Sudáfrica, la cual dispone77:

(a) en aras de realizar un derecho contenido en la Carta, debe aplicarse, o si es necesario desarrollarse, el derecho común en tanto la legislación no implemente dicho derecho; y

(b) pueden desarrollarse reglas de derecho común que limiten el derecho en cuestión, siempre y cuando dicha limitación sea consistente con la Sección 36(1).

Esta disposición parece indicar que el desarrollo del derecho común es el deber de la rama judicial. Es innecesario repetir que este desarrollo solamente será posible cuando la legislación no establezca una solución contraria. El derecho común no puede alterar la legislación. La actividad judicial en el desarrollo del derecho común, tal como señaló Holmes en una frase frecuentemente citada, es ‘intersticial’78.

La Corte Suprema de Israel actuó conforme a esta perspectiva al reconocer la compensación como remedio a la limitación de la voluntad de un individuo cuando una cirugía es llevada a cabo sin consentimiento informado79. De manera similar, la Corte Suprema recibió una solicitud a los efectos de reconocer determinados arreglos procesales que permitirían la exposición de la identidad de aquellos que hagan comentarios difamatorios en línea. Esta solicitud fue rechazada por la mayoría de los jueces80.

4. LA PROPORCIONALIDAD DE LA LEGISLACIÓN NUEVA Y EL DESARROLLO DEL DERECHO COMÚN

La legislación nueva y el desarrollo del derecho común tienen que ser proporcionales. De hecho, el desarrollo del derecho privado por la legislatura o por la rama judicial constituye una acción estatal. Esta acción podría limitar el derecho constitucional de un individuo. Esta limitación será constitucional únicamente si es proporcional81. Por lo tanto, la misma debe asegurar que el balance entre los aspectos objetivos en colisión coincida con el balance entre el derecho constitucional del individuo vis-à-vis el Estado y los derechos constitucionales de los demás individuos. Este balance será determinado a través de la proporcionalidad stricto sensu.

5. LEGISLACIÓN NUEVA Y EL DESARROLLO DEL DERECHO COMÚN - DISCRECIÓN U OBLIGACIÓN
a. DERECHOS NEGATIVOS Y DERECHOS POSITIVOS

El modelo de aplicación indirecta está basado en el derecho privado existente, incluyendo la eliminación de lagunas, que ‘absorbe’ el aspecto objetivo de los derechos constitucionales. Cuando tal norma de derecho privado no existe, la absorción del aspecto objetivo se llevará a cabo por una nueva norma basada en la legislación o en el derecho común que desarrolla el derecho privado. La pregunta que surge es la de si el desarrollo de esta norma de derecho privado es un acto discrecional del legislador (desarrollando legislación) o del juez (desarrollando el derecho común), o bien un deber que les ha sido impuesto. Si el desarrollo del derecho privado no es una obligación se pone en duda la eficiencia del modelo de aplicación indirecta.

La respuesta a esta pregunta nos lleva a una cuestión importante en el derecho constitucional, relacionada con el aspecto ‘positivo’ de los derechos constitucionales82. La pregunta es si los derechos constitucionales meramente son derechos negativos, es decir, derechos que imponen en el Estado (en la rama legislativa, ejecutiva y judicial) el deber de no limitar al sujeto de derecho, o si también son derechos positivos, es decir, derechos que imponen en el Estado el deber de proteger al sujeto de derecho. Cuando se entiende que el deber estatal es únicamente uno negativo, no se impone el deber de proteger el derecho constitucional del individuo. Esto implica la ausencia de un deber de desarrollar el derecho privado en el espíritu del modelo de aplicación indirecta.

Si el deber del Estado es además un deber positivo, entonces el Estado viene obligado a proteger los derechos constitucionales del individuo frente a otros individuos. El Estado habrá cumplido con su deber al desarrollar el derecho conforme al aspecto objetivo del derecho constitucional. El Estado actuará de esa forma, inter alia, si reconoce el derecho sub-constitucional del individuo vis-à-vis otros individuos. Así, creará parte de las normas del derecho privado.

La respuesta a la pregunta del ‘aspecto positivo’ de los derechos constitucionales será distinta en cada ordenamiento jurídico. El derecho norteamericano no reconoce, en principio, el aspecto positivo83. La Carta de Derechos fue creada para prevenir la limitación de los derechos constitucionales por el Estado. La misma no tiene la función de imponer en el Estado el deber de proteger al individuo. Otros ordenamientos jurídicos reconocen los aspectos positivos de algunos derechos constitucionales, pero no de todos84.

El derecho constitucional alemán reconoce el aspecto positivo de todos los derechos constitucionales (el Schutzpflicht)85, y este también es el caso de la Constitución de Sudáfrica86.

La situación en el ordenamiento jurídico de Israel no es del todo clara. Parecería que los derechos a la vida, a la integridad corporal y a la dignidad tienen un aspecto negativo y uno positivo87. El aspecto negativo (el deber del Estado de no limitar un derecho constitucional) encuentra expresión en la Sección 2 de Ley Fundamental: Dignidad Humana y Libertad88: “No existirá limitación a la vida, a la integridad corporal o a la dignidad de ninguna persona”.

El aspecto positivo (el deber del Estado de proteger el derecho constitucional) se encuentra determinado en la Sección 4 de la Ley Fundamental: Dignidad Humana y Libertad89: “Todas las personas tienen el derecho a la protección de su vida, su integridad corporal y su dignidad”.

A través de este aspecto positivo el Estado de Israel se encuentra bajo el deber de proteger la libertad, la integridad corporal y la dignidad de un individuo frente a otros individuos90. La cuestión que aún no ha sido resuelta en Israel es si el aspecto positivo del derecho constitucional únicamente aplica en relación con la vida, la integridad corporal y la dignidad incluidas en la Sección 4 de la Ley Fundamental o si se extiende a la totalidad de los derechos constitucionales contenidos en dicha ley fundamental (la propiedad, la libertad, la movilidad y la privacidad) y en la Ley Fundamental: Libertad de Ocupación.

Reconocer el aspecto positivo de los derechos constitucionales (o de algunos de ellos) da lugar a dos preguntas. Primero, ¿dónde encontramos el derecho del individuo vis-à-vis el deber del Estado? Segundo, ¿cómo puede un individuo realizar el deber positivo?

b. SATISFACER EL DEBER EN LOS DERECHOS POSITIVOS

Sobre la primera pregunta, entiendo que si el deber de proteger ciertos valores es impuesto en el Estado, entonces al otro lado de ese deber se ubica el derecho individual91. El deber del Estado es el derecho del individuo. De hecho, la Ley Fundamental: Dignidad Humana y Libertad establece de forma explícita que “toda persona tiene el derecho”92 a la protección de su vida, integridad corporal y dignidad. La dignidad humana no es solamente un derecho ‘negativo’, sino también un derecho ‘positivo’. Las ramas legislativa, ejecutiva y judicial tienen una obligación constitucional de proteger los derechos positivos de los individuos. No es un poder discrecional, es una obligación. Por lo tanto, la rama judicial está obligada a desarrollar el derecho común de una manera que garantice la protección de los derechos individuales vis-à-vis el Estado93.

¿Cómo un individuo satisface un derecho positivo? Mi respuesta es que lo hará en una de las maneras disponibles para la realización de un derecho negativo. La Corte Constitucional alemana ha ordenado a la legislatura, más de una vez, utilizar sus poderes legislativos para satisfacer el aspecto positivo de los derechos constitucionales94. En los sistemas de derecho común el sujeto de derecho puede solicitarle a la corte que utilice su poder para crear normas de derecho común95. Naturalmente, si dichas normas de derecho común no son del agrado del legislador, este tiene el poder para abolirlas o modificarlas.

El aspecto positivo de los derechos constitucionales –de forma similar al aspecto negativo– no reconoce un derecho positivo absoluto. Se trata de un derecho positivo relativo. El mismo puede ser limitado por una disposición legal proporcional (ya sea una ley ordinaria o una norma de derecho común). Ya que cada aspecto positivo de un derecho constitucional no se encuentra protegido por el ordenamiento jurídico, será posible que una determinación sea constitucional si la misma también es proporcional96. La nueva legislación que protege un derecho positivo tiene que ser proporcional. Este también es el caso de normas nuevas de derecho común. La legislación que deje sin efecto o modifique una norma de derecho común y satisfaga el aspecto positivo del derecho solamente es constitucional si es proporcional.

IV. LA APLICACIÓN INDIRECTA EN ISRAEL

La Ley Fundamental: Dignidad Humana y Libertad y la Ley Fundamental: Libertad de Ocupación establecen una serie de derechos constitucionales. El lenguaje de estas normas no establece quiénes son los sujetos de derecho. No hay una respuesta explícita a la pregunta de si estos derechos están dirigidos hacia el Estado o si también lo están hacia otros individuos. Ambas normas establecen que “todas las autoridades gubernamentales vienen obligadas a respetar”97 los derechos que ellas establecen. No hay una determinación acerca de si esta obligación únicamente aplica al Estado. La cuestión de la aplicación de los derechos constitucionales a las relaciones interpersonales (aplicación horizontal) parece permanecer abierta y sujeta a una determinación interpretativa de la corte.

Este asunto surgió por primera vez en el caso Jerusalem Community Burial Society v. Kestenbaum98. Ese caso consideró la pregunta de si los parientes de una persona fallecida tienen el derecho de colocar en su tumba su nombre en letras latinas así como su fecha de nacimiento y muerte en numeración arábiga. En mi opinión, señalé que tal derecho podría estar basado en normas de derecho privado. En ese contexto mencioné que el requisito de utilizar solamente letras en hebreo, que descansaba en el contrato firmado por el esposo de la persona fallecida, era contrario a la política pública y, por lo tanto, nulo. Dicha conclusión se basó en el modelo de aplicación indirecta, tomando en consideración que la cuestión de la aplicación directa permanecía abierta99. La línea argumentativa bajo la cual el caso fue tratado fue la siguiente100:

Los principios básicos del sistema en general y los derechos humanos de una persona en particular no se limitan al derecho público. La distinción entre el derecho público y el derecho privado no es tan tajante. El ordenamiento jurídico no es una confederación de campos jurídicos. El mismo configura la unificación de método y justicia. Por ello, los principios básicos son principios de todo el ordenamiento, y no solamente del derecho público.

La pregunta que discutí en mi opinión fue la de “cómo los principios básicos del derecho público fluyen hacia el derecho privado, y de ahí son aplicados a la conducta de un individuo en su relación con otros individuos”101. En mi respuesta me referí a los principios de interpretación102. Además, mencioné que el “derecho privado incluye varias doctrinas que utilizan herramientas a través de las cuales los principios básicos del ordenamiento en general y los derechos básicos de las personas en particular fluyen hacia el derecho privado”103. Una de esas doctrinas es la de la política pública. Señalé que “esta disposición […] canaliza en el derecho privado los principios básicos del derecho en general y los derechos humanos básicos en particular”104. Subrayé:

Al transferir los principios básicos del ordenamiento en general y el derecho humano de una persona en particular desde el derecho público hacia el privado, ocurre una transformación. El deber del Estado de satisfacer los derechos humanos tiene un contenido diferente al deber de un individuo de satisfacer los derechos humanos. Está claro que el deber del Estado es más intenso y que la protección de un derecho básico frente a este es más amplia. Sin embargo, cada individuo también está obligado a respetar los derechos básicos de otros individuos. De hecho, el deber individual de realizar los derechos básicos del otro se deriva de la misma fuente que el deber del Estado –esto es, los entendimientos sociales básicos y los principios jurídicos básicos en los cuales descansa el ordenamiento jurídico105.

El asunto de la aplicación indirecta apareció de nuevo en el caso AES System Inc. v. Saar106. En este caso, un empleado firmó un acuerdo de no competencia. La pregunta era si este acuerdo era válido. Como en el caso Jerusalem Community Burial Society v. Kestenbaum107, se determinó que el acuerdo era inválido porque contradecía la política pública. El modelo de aplicación indirecta de los derechos constitucionales ha sido reconocido en todas las áreas del derecho privado108. Así, por ejemplo, el mismo aplica en el derecho de contratos109, en el derecho de daños110 y en el derecho laboral111.

CONCLUSIÓN

Con el reconocimiento del deber del Estado de actuar –así como del ámbito de este deber–, el ciclo ha sido completado. El derecho constitucional subjetivo que opera en la relación entre el individuo y el Estado a nivel constitucional se transforma en un derecho sub-constitucional subjetivo del individuo vis-à-vis otros individuos. Esta metamorfosis ocurre en tres etapas: durante la primera, valores constitucionales objetivos son tomados de los derechos constitucionales subjetivos del individuo vis-à-vis el Estado. Durante la segunda etapa, estos valores objetivos penetran el derecho privado –a través de la interpretación y la eliminación de lagunas. Durante la tercera etapa, el aspecto objetivo del derecho constitucional penetra en el derecho privado a través de legislación nueva o de normas nuevas de derecho común. Si dicha legislación y dicho desarrollo jurisprudencial son el deber del legislador y del juez –como de hecho lo son si el ordenamiento jurídico reconoce derechos positivos–, entonces estos cumplirán con su deber mediante el reconocimiento legislativo o jurisprudencial de los derechos subjetivos –al nivel de la legislación o del derecho común (esto es, a nivel sub-constitucional)– de un individuo vis-à-vis otro individuo. Esta norma sub-constitucional solamente será constitucional si es proporcional.

Es importante notar que el modelo de aplicación indirecta afecta a las relaciones interpersonales. No obstante, este no las transforma en relaciones constitucionales. A nivel constitucional encontramos la relación entre el individuo y el Estado. Las relaciones entre individuos, cuyo contenido es afectado por la aplicación indirecta, no ocurren a nivel constitucional, sino a nivel sub-constitucional. El nivel constitucional expresa el derecho constitucional de un individuo frente al Estado en su máxima expresión. La posibilidad constitucional de limitar este ámbito no lo reduce, sino que afecta la constitucionalidad de la norma sub-constitucional que lo limita112. Esta norma sub-constitucional –que refleja la norma de derecho privado tal como fue entendida conforme a los efectos de la aplicación indirecta– no expresa el ámbito total del derecho constitucional. El derecho privado expresará el derecho constitucional tal como el mismo fue limitado por el derecho constitucional de otro individuo y por el interés público. El derecho de un individuo en el derecho privado vis-à-vis otro individuo siempre tendrá un alcance menor que el derecho de un individuo vis-à-vis el Estado113. El derecho de un individuo vis-à-vis otro individuo, en el contexto del derecho privado, refleja las limitaciones proporcionales en la satisfacción de un derecho constitucional. Es una expresión del entendimiento de que el derecho constitucional de un individuo vis-à-vis el Estado aparece en el derecho privado como el derecho de un individuo vis-à-vis otro individuo. Este derecho expresa las limitaciones proporcionales a la realización de los derechos constitucionales vis-à-vis el Estado en el derecho privado. Mientras el ámbito del derecho constitucional de un individuo frente al Estado es más amplio que el ámbito de derecho sub-constitucional, la realización del derecho constitucional frente al Estado también ocurre en la norma sub-constitucional. Por ello la similitud entre ambos. Sin embargo, esta similitud no significa que sean idénticos. Esto es un resultado de la diferencia entre los principios y valores a ponderar114.

En muchos casos, el resultado alcanzado por el modelo de aplicación indirecta no es distinto del que se alcanzaría por medio del modelo de aplicación indirecta115. Una investigación de derecho comparado subraya que, en ocasiones, en el mismo ordenamiento jurídico se utilizan los dos modelos, sin que la corte defina la diferencia entre ambos116. Un ordenamiento (p. ej., el derecho constitucional alemán) en donde pueden observarse todas las etapas –la transformación de un derecho constitucional subjetivo en un valor objetivo, la penetración de valores objetivos en el derecho privado a través de la interpretación y la eliminación de lagunas, el deber de desarrollar el derecho privado por el legislador– desarrollará soluciones conforme a ambos métodos de aplicación. Sin embargo, la diferencia entre estos modelos no debe ser obscurecida. Los resultados no siempre serán los mismos: el aspecto objetivo de cada derecho constitucional no siempre será reconocido; la interpretación teleológica que atribuye un estatus interpretativo al propósito objetivo de cada norma jurídica no siempre aplicará; el ordenamiento jurídico no siempre admitirá la penetración de valores objetivos en sus conceptos válvula; el deber de desarrollar el derecho de manera que satisfaga el aspecto objetivo de los derechos constitucionales no siempre será impuesto en la rama legislativa o en la rama judicial.

En todo caso en donde una de las etapas no se active de manera plena, la diferencia entre del modelo de aplicación directa y el modelo de aplicación indirecta será resaltada. Aun si todas las etapas son plenamente activadas, existirá una diferencia clara entre ambos modelos. Esta diferencia encuentra expresión en el hecho de que en el modelo de aplicación directa el individuo tiene un derecho constitucional vis-à-vis otro individuo. El modelo de aplicación indirecta no reconoce derechos constitucionales entre individuos. El modelo de aplicación indirecta reconoce el derecho individual sub-constitucional (ya sea en forma de legislación o de norma de derecho común) vis-à-vis otro individuo. Esta diferencia puede tener poco significado práctico, porque en ambos modelos la realización del derecho y los remedios para su limitación se ubican en el nivel sub-constitucional. Puede haber una diferencia muy pequeña entre el contenido de una norma sub-constitucional que realiza el derecho de un individuo vis-à-vis el Estado y el contenido de una norma sub-constitucional que realiza el derecho de un individuo vis-à-vis otro individuo. No obstante, hay una diferencia. Los intereses y valores que se toman en cuenta para desarrollar una norma sub-constitucional que se refiera al derecho de un individuo frente al Estado son significativamente distintos de los intereses y valores a tomar en consideración en el desarrollo de una norma sub-constitucional que se refiere al derecho de un individuo frente a otro individuo.

CAPÍTULO CUARTO
Interpretación constitucional *
I. LA SINGULARIDAD DE UNA CONSTITUCIÓN Y CÓMO ESTO AFECTA A LA INTERPRETACIÓN
A. LA CONSTITUCIÓN COMO UNA NORMA SUPERIOR (O SUPERNORMA)

La constitución es un texto legal1 que fundamenta una norma jurídica. En cuanto tal, debe ser interpretado como cualquier otro texto legal. Sin embargo, la constitución se encuentra en la parte superior de la pirámide normativa. Ella moldea el carácter de la sociedad y sus aspiraciones2 a lo largo de la historia. Ella establece los puntos de vista políticos básicos de una nación. Ella establece las bases de los valores sociales, objetivos básicos, obligaciones3 y tendencias. Está diseñada para guiar el comportamiento humano durante un período prolongado, estableciendo el marco para promulgar legislación4 y dirigir el gobierno nacional5. Ella refleja los acontecimientos del pasado, establece una base para el presente y moldea el futuro. Es al mismo tiempo filosofía, política, sociedad y derecho. Las características únicas de una constitución aconsejan un enfoque interpretativo especial para su interpretación6, porque “es una constitución lo que estamos analizando”7. El juez Dickson, presidente de la Corte Suprema de Canadá, dijo lo mismo en una de las primeras decisiones que interpretó la Carta canadiense de Derechos y Libertades:

La tarea de analizar una constitución es crucialmente diferente de interpretar una ley. Una ley define los derechos y las obligaciones presentes, es de fácil promulgación y con la misma facilidad puede ser derogada. Una constitución, por el contrario, se redacta mirando hacia el futuro. Su función es proporcionar el marco operacional del poder gubernamental y, unida a una Carta de Derechos, proporcionar un andamiaje para la protección incesante de derechos y libertades individuales. Una vez promulgada, sus disposiciones no pueden ser fácilmente derogadas o modificadas. Debe por lo tanto ser capaz de crecer y desarrollarse en el tiempo para satisfacer las nuevas realidades sociales, políticas e históricas, a menudo no imaginadas por sus creadores. El poder judicial es el guardián de la constitución y deberá, en la interpretación de sus disposiciones, tener estas consideraciones en mente8.

Una constitución ocupa una posición especial en el ordenamiento jurídico. Desempeña un papel que ningún otro texto legal puede cumplir9.

1. LA SINGULARIDAD DE UNA CONSTITUCIÓN Y LA INTERPRETACIÓN TELEOLÓGICA

En el tratamiento de las constituciones la interpretación teleológica mantiene la integridad de su método de interpretación con relación a todos los textos jurídicos al mismo tiempo que manifiesta la singularidad del texto constitucional. La interpretación teleológica demuestra su sensibilidad a la singularidad de la constitución en el equilibrio entre la finalidad subjetiva (la intención de los autores de la constitución) y la finalidad objetiva (la intención del sistema). Como ocurre con otros textos legales, el intérprete teleológico identifica estas finalidades del lenguaje del texto y de diversas fuentes externas. Sin negar la aplicabilidad de la finalidad subjetiva, la interpretación teleológica favorece la finalidad objetiva en la interpretación constitucional.

2. INTERPRETACIÓN TELEOLÓGICA DE UNA CONSTITUCIÓN: DERECHO COMPARADO

Los ordenamientos jurídicos de diferentes países reconocen que una constitución debe interpretarse de acuerdo con su finalidad10. El juez Dickson, presidente de la Corte Suprema de Canadá, expresó este principio en una opinión que sostiene que las cortes deben dar a la constitución canadiense (más notablemente a su Carta de Derechos y Libertades) una interpretación teleológica: “El método adecuado para la definición de los derechos y libertades garantizados por la Carta es el teleológico. El significado de un derecho o una libertad garantizada por la Carta debe ser determinado por un análisis de la finalidad de esas garantías”11. En otras palabras, para interpretar el texto de la constitución, las cortes canadienses deben evaluar el interés que la constitución buscó proteger cuando fue diseñada12. La Corte Constitucional alemana tiene un enfoque similar, otorgando un peso decisivo al telos de las cláusulas constitucionales y a la función que deberán cumplir en el momento de la interpretación13.

II. EL LENGUAJE DE UNA CONSTITUCIÓN
A. “GENERALIZACIONES MAJESTUOSAS”

El lenguaje constitucional no es diferente de cualquier otro tipo de lenguaje. Es el lenguaje natural utilizado por una sociedad específica en un punto específico en el tiempo. Las constituciones, sin embargo, contienen más expresiones “opacas” que otros textos legales14. Ellas incluyen muchos términos que pueden ser interpretados de diversas maneras, y muchas de las disposiciones constitucionales son de “textura abierta”15 y opaca. Por supuesto, todo lenguaje puede ser de textura abierta y opaca por un conjunto de factores, pero el lenguaje constitucional es de textura abierta y opaca por muchos, si no la mayoría, de los factores. Tres razones principales explican este estado de cosas: primero, un texto constitucional expresa un acuerdo nacional. Con el fin de llegar a un acuerdo, las naciones en general se limitan a sí mismas en términos opacos y abiertos, reflejando su capacidad para lograr consensos únicamente posibles a un elevado nivel de abstracción. En segundo lugar, un texto constitucional busca establecer los valores fundamentales, acuerdos y puntos de vista sociales de la nación. Tendemos a expresar esos conceptos en un lenguaje cargado de valores, transmitiendo un mensaje que es rara vez claro o inequívoco. En tercer lugar, un texto constitucional tiene por objeto regular el comportamiento humano para las generaciones futuras. El texto adopta una visión a largo plazo, asumiendo que los puntos de vista, posiciones y el comportamiento social cambiarán. Se debe adoptar un lenguaje lo suficientemente flexible como para incluir nuevos puntos de vista, posiciones y formas de comportamiento que no se pueden predecir en el momento en que es escrita. De lo contrario, el texto constitucional podría ser obsoleto el día de su promulgación. Al mismo tiempo, un texto constitucional debe ser lo suficientemente definitivo para obligar a los poderes del Estado y evitar que se comporten en el futuro de una manera contraria a los puntos de vista, posiciones y el comportamiento social que el texto busca preservar. El lenguaje de un texto constitucional debe ser a la vez rígido y flexible. Las ‘válvulas de escape’ o los términos abiertos que pueden ser interpretados de varias maneras sirven para este propósito. Las constituciones definen los derechos humanos a través de una textura abierta usando “generalidades majestuosas”16. Junto con esas generalidades, sin embargo, las constituciones incluyen disposiciones de ‘textura cerrada’, o reglas en lugar de estándares. Hay que tener en cuenta que el lenguaje de textura abierta u opaco no necesariamente implica que sea un lenguaje incompleto. Esto es importante porque cuando se enfrenta una laguna o un vacío, un juez debe utilizar doctrinas no interpretativas para llenar la laguna17. Dentro de los límites de la interpretación, sin embargo, el juez debe respetar los límites del lenguaje constitucional.

B. LENGUAJE CONSTITUCIONAL Y ESTRUCTURA CONSTITUCIONAL

El lenguaje constitucional incluye tanto el lenguaje explícito como el implícito18. Lo implícito es tan parte del texto constitucional como sus disposiciones explícitas. Lo implícito está escrito en la constitución entre las líneas, en tinta invisible. El intérprete discierne lo implícito de la estructura del texto como un todo19. Como lo señaló el profesor Tribe:

La ‘estructura’ de la constitución es (tomando prestada la famosa distinción de Wittgenstein) lo que muestra el texto pero sin decirlo directamente. La dicción, las repeticiones de palabras y formas de organización documentales (por ejemplo, la división del texto en artículos, o la posición separada del preámbulo y las enmiendas), por ejemplo, contribuyen a un sentido de la constitución que es tan obviamente ‘constitucional’ como lo son las palabras contenidas en el texto20.

Por lo tanto, inferimos el principio de la separación de poderes y la independencia del poder judicial de las disposiciones constitucionales que establecen el poder de cada una de las tres ramas de gobierno (legislativa, ejecutiva y judicial) y de las disposiciones constitucionales que protegen los derechos humanos. ¿Qué más se puede deducir? ¿Podemos reconocer un derecho constitucional implícito a la libertad de expresión política de una disposición constitucional que establece un régimen democrático? La Corte Suprema de Australia contestó esta pregunta afirmativamente21. Del mismo modo, el juez Douglas reconoció los derechos humanos establecidos en la Constitución de Estados Unidos en sus penumbras, incluido el derecho a la privacidad22. La estructura de la constitución puede dar un significado implícito a lo que está escrito entre las líneas del texto, pero no puede añadir líneas al texto. Para ello debe llenar los vacíos o lagunas23, usando doctrinas no interpretativas. Tribe acierta al afirmar que el texto de la constitución no es solo sus palabras sino también “espacios que llenan las estructuras y cuyos patrones definen las estructuras”24, pero sin embargo debemos tener el cuidado de preservar los límites del lenguaje (implícito) de una constitución.

C. EL DOBLE ROL DEL LENGUAJE EN LA INTERPRETACIÓN CONSTITUCIONAL

El lenguaje constitucional, como el lenguaje de cualquier texto jurídico, juega un doble rol25. Por un lado, establece los límites de la interpretación. El lenguaje de la constitución no es arcilla en manos del intérprete para ser moldeado como él o ella quiera26. Una constitución no es una metáfora27 ni tampoco una recomendación no vinculante28. Por otro lado, el lenguaje de la constitución es una fuente de su finalidad. Con seguridad existen otras fuentes, pero el lenguaje constitucional es una fuente importante de información y es altamente confiable. El hecho de que podamos identificar el propósito de una constitución con base en fuentes externas a ella no significa que podemos dar a una constitución un significado que es inconsistente con su lenguaje explícito o implícito. La interpretación no puede crear un nuevo texto constitucional. Hablar de que los jueces modifican la constitución a través de la interpretación constitucional es tan solo una metáfora29. La afirmación de que el texto constitucional limita pero no manda30 es cierta solo para el número limitado de casos en los que después de haber agotado todos los instrumentos de interpretación podemos todavía extraer más de un significado jurídico del lenguaje constitucional y por lo tanto se debe dejar la decisión final a la discreción judicial. En estos casos excepcionales, el lenguaje proporciona una dirección general, pero no dibuja un mapa preciso de cómo llegar al destino31. Por lo general, sin embargo, el lenguaje constitucional establece no solo los límites de la interpretación, sino también su contenido específico.

III. EL PROPÓSITO SUBJETIVO DE UNA CONSTITUCIÓN
A. SU ESENCIA

El propósito subjetivo de una constitución lo constituyen los objetivos, intereses, valores, metas, políticas y la función que sus creadores aspiraron a lograr. A pesar de la literatura que argumenta lo contrario32, yo creo que una constitución tiene un propósito subjetivo que los jueces pueden identificar. Sin esa intención los creadores no podrían haber promulgado la constitución. Si existe información histórica fidedigna sobre la constitución, entonces esta intención y finalidad pueden ser identificadas33. Recordemos que estamos interesados en una intención abstracta, no en una intención concreta o interpretativa. No estamos interesados en cómo los autores de la constitución imaginaron que un determinado derecho se aplicaría a un determinado conjunto de hechos (intención concreta)34. Su intención subjetiva abstracta existe en diferentes niveles de abstracción35 y el intérprete teleológico considera todas ellas. Donde el texto constitucional dice que las elecciones deben ser igualitarias, por ejemplo, el intérprete se pregunta cómo sus autores entendieron la igualdad. ¿Se enfocaron ellos en ‘una persona, un voto’ o también consideraron la igualdad de oportunidades? El intérprete no preguntará si los autores de un texto constitucional consideraron igualitaria una ley específica sobre elecciones. La constitucionalidad de una ley en particular es una decisión interpretativa que pertenece al poder judicial. Ninguna decisión interpretativa por los creadores constitucionales es vinculante.

Por supuesto, los jueces deben tomar en cuenta el propósito subjetivo solamente si puede lograrse a través del lenguaje de la constitución. Si descubrimos a partir de fuentes externas que los creadores pretendían algo que no se puede lograr a través del lenguaje de la constitución, debemos concluir que no pudieron ponerse de acuerdo sobre un texto que hiciera posible lograr esa finalidad determinada. Infortunadamente, habrían desperdiciado la oportunidad.

B. SUS FUENTES: EL TEXTO COMO UN TODO

El texto es una fuente de alta credibilidad del propósito subjetivo porque suponemos que los creadores de una constitución expresaron sus intenciones mediante el lenguaje constitucional. Nos acercamos a la constitución con nuestra previa comprensión, incluyendo nuestros valores y nuestro enfoque interpretativo. Esta previa comprensión nos permite entender la esencia de la intención misma desde el lenguaje que interpretamos de acuerdo a la intención abstracta. Leemos el texto como un todo, prestando atención a su estructura y a su división en diferentes disposiciones que desempeñan diferentes funciones. El uso de disposiciones idénticas o diferentes ofrece información acerca de su intención36. El intérprete investiga el propósito subjetivo del lenguaje natural y ordinario de la constitución, así como de su lenguaje técnico o extraordinario.

C. SUS FUENTES: HISTORIA CONSTITUCIONAL

Una constitución es el producto de la historia de un pueblo y de una nación. Por lo tanto, podemos derivar su propósito subjetivo de su historia, incluyendo la historia de su promulgación (el trasfondo social y jurídico que dio origen a la constitución). La historia constitucional incluye la historia de los procedimientos mediante los cuales se creó la constitución, incluyendo la asamblea constituyente que la creó y el proceso por el cual la nación la ratificó. Las actas de los debates en la asamblea constituyente (en la plenaria y en comisiones) revelan la intención (manifiesta) de los autores del texto. Los jueces también pueden inferir la intención autoral de desarrollos posteriores a la promulgación, como las enmiendas constitucionales que proporcionan información sobre las intenciones originales37.

IV. LA FINALIDAD OBJETIVA DE UNA CONSTITUCIÓN
A. SU ESENCIA

El propósito objetivo de una constitución se refiere a los intereses, objetivos, valores, metas, políticas y funciones que el texto constitucional busca promover en una democracia. Los valores y principios de un sistema legal democrático dan forma al propósito objetivo de su constitución. El texto constitucional une estrechamente su propósito objetivo de dos maneras: primero, la esencia del propósito objetivo de una constitución puede surgir de su lenguaje; y segundo, no se puede utilizar la constitución para lograr una finalidad que no encuentre apoyo en su lenguaje.

B. LOS NIVELES DE ABSTRACCIÓN DE LA FINALIDAD OBJETIVA

El propósito objetivo de una constitución existe en diversos niveles de abstracción. En el nivel más bajo, es la reconstrucción imaginativa, la finalidad que los autores de la constitución podrían haber proyectado si hubieran considerado el asunto. El siguiente nivel se pregunta qué finalidad razonable los autores de la constitución habrían proyectado. A un nivel más alto de abstracción, el intérprete busca la finalidad en el núcleo del arreglo constitucional correspondiente, en otras palabras, la finalidad de un derecho constitucional en particular o la estructura política fundamental. En el más alto nivel de abstracción, el propósito objetivo consiste en los valores fundamentales del sistema que forman el marco normativo que se extiende sobre todos los textos jurídicos, incluyendo el texto constitucional.

V. FUENTES DE LA FINALIDAD OBJETIVA
A. FUENTES INTERNAS: LA CONSTITUCIÓN COMO UN TODO Y LA BÚSQUEDA DE LA COHERENCIA CONSTITUCIONAL

La estructura de la constitución y la relación entre sus diferentes partes proporciona información acerca de las funciones, valores y principios para los cuales (objetivamente) está diseñada38. El juez Lamer de Canadá expresó esto claramente al señalar que “Nuestra Carta Constitucional debe ser interpretada como un sistema donde cada componente contribuye al significado como un todo, y este todo otorga significado a sus partes […] La Corte debe interpretar cada sección de la Carta en relación con las otras”39. Asumimos la unidad constitucional40. Una norma constitucional es parte de un proyecto constitucional más amplio. Una disposición constitucional específica afecta nuestra comprensión de la constitución como un todo, y viceversa. Al formular la finalidad de un texto constitucional el intérprete debe buscar la finalidad que mejor promueva la armonía y unidad constitucional. Él o ella deben evitar una finalidad constitucional objetiva que disuelva la unidad constitucional o divida sus disposiciones en partes desconectadas.

No debemos exagerar la unidad constitucional. La vida social no es perfecta y tampoco lo es el texto constitucional. La interpretación no debe disolver la unidad constitucional, pero tampoco debe imponer artificialmente la unidad cuando esta no existe. No queremos ni desintegración ni hiperintegración41. Los creadores de una constitución mezclan perspectivas políticas, filosóficas, sociales y legales que no siempre reflejan un enfoque coherente. El juez Holmes de manera correcta observó que generalmente una constitución no refleja un único punto de vista social o filosófico: “La Decimocuarta Enmienda no promulga la Estática Social de Herbert Spencer […] [Una] constitución no tiene la intención de incorporar una teoría económica en particular, ya sea del paternalismo y la relación orgánica del ciudadano con el Estado o del laissez faire”42. Yo hice una observación similar en un caso que abordó el alcance del derecho a la dignidad: “La dignidad humana es un principio complicado. En su formulación, un intérprete no debe tratar de adoptar una u otra visión moral o filosófica del mundo, tampoco debe él o ella convertir la dignidad humana en un concepto kantiano, o una expresión de concepciones del derecho natural”. Una constitución es la totalidad de la experiencia nacional unida en torno a un núcleo común. Nunca podemos lograr una constitución perfecta pero debemos seguir aspirando a la unidad constitucional sujeta a lo que sabemos acerca de la constitución y a los límites del compromiso nacional que esta refleje. No solo buscamos el significado semántico de las disposiciones constitucionales y la intratextualidad de la constitución43. Estamos interesados en su significado jurídico como un reflejo de la finalidad constitucional (“intrafinalidad”).

Una constitución se encuentra a veces “fragmentada” entre diferentes documentos promulgados en diferentes momentos. Este es el caso de las Leyes Fundamentales de Israel, las cuales integran su constitución y se promulgaron a lo largo de cinco décadas. Lo mismo cabe decir de las constituciones que han sido modificadas a lo largo de los años. La interpretación teleológica observa todas las partes de la constitución como una unidad44. Esta deriva la finalidad de una disposición constitucional de la de otras que se encuentran separadas en los textos constitucionales o en enmiendas posteriores. Una norma constitucional no existe en forma aislada. Es parte de un proyecto constitucional que puede abarcar varios textos constitucionales. Todos los textos constitucionales constituyen una totalidad de la cual el intérprete identifica la finalidad de cada parte. Un texto constitucional posterior puede influir en la comprensión de uno anterior45, ya que los jueces interpretan las disposiciones anteriores para evitar contradicciones internas en el texto. Existe una presunción (objetiva) refutable de que las diversas disposiciones de una constitución nacional no se contradicen entre sí. Los jueces pueden tener que revisar su examen de un texto constitucional antiguo en aras de mantener su coherencia con un nuevo texto constitucional.

B. FUENTES EXTERNAS: HISTORIA POSTERIOR A LA PROMULGACIÓN

La historia posterior a la promulgación de una constitución es importante para formular su propósito objetivo. Comprender una constitución requiere entender la continuidad histórica de la que forma parte o la ruptura de la continuidad y el comienzo de algo nuevo. Como señalara el juez Holmes: “El caso que nos ocupa debe ser considerado a la luz de nuestra experiencia total y no solamente a la luz de aquello que fue dicho hace cien años”46. Un intérprete identifica el propósito objetivo de la constitución de su continuidad histórica47. Nos entendemos a nosotros mismos al entender de dónde venimos. Miramos a la historia no en busca de respuestas a las preguntas modernas, sino más bien para orientarnos en la formulación moderna de la finalidad objetiva y los propósitos de la constitución.

C. FUENTES EXTERNAS: JURISPRUDENCIA CONSTITUCIONAL

Otra fuente externa importante del propósito objetivo es la jurisprudencia. Una opinión judicial que interpreta la constitución es algo más que una directiva operacional sobre el significado de un texto constitucional específico. Una opinión judicial incluye un componente general que proporciona explicaciones para su resultado operativo. Estas explicaciones son generalizaciones cargadas de valores acerca del propósito objetivo del texto constitucional48. El intérprete moderno no opera en un vacío sin precedentes. Él o ella son solo un eslabón en una cadena jurídica común49 que afecta directa e indirectamente su trabajo50. El impacto directo se presenta en forma de stare decisis; un juez moderno no puede ignorar las decisiones judiciales previas interpretando la finalidad de la disposición constitucional, con independencia de si él o ella están de acuerdo con ellas. Incluso cuando no son absolutamente vinculantes, los precedentes siempre influyen en la decisión del juez moderno, aunque sea únicamente como datos de referencia a tener en cuenta por el juez. Un precedente afecta el trabajo del juez de manera indirecta por la carga que impone al juez para mantener la unidad constitucional. Una argumentación judicial que determina la finalidad de una disposición constitucional afecta la interpretación de disposiciones constitucionales similares51. Las interpretaciones judiciales previas crean una continuidad jurisprudencial que afecta (directa o indirectamente) la finalidad constitucional que se determine en el presente. Esta influencia es particularmente fuerte cuando el juez considera una pregunta que implica el propósito objetivo de la constitución en el nivel correspondiente de abstracción. Una decisión previa que establece el nivel de abstracción en el que un juez debe tratar una disposición constitucional puede afectar el nivel de abstracción en el que un juez debe tratar tal disposición constitucional al interpretarla en el presente52. Una determinación judicial sobre el nivel adecuado de abstracción en el que se debe interpretar una disposición constitucional afecta la interpretación de otra disposición indirectamente relacionada con la primera.

Diferentes disposiciones constitucionales se basan a menudo en un principio común. Cuando los jueces atribuyen finalidades a las disposiciones constitucionales individuales, las decisiones que ellos escriben dan forma a los principios en el núcleo de dichas disposiciones. Ese principio constitucional, a su vez, da forma a las finalidades de esas disposiciones. El derecho es un sistema cuyos componentes trabajan juntos. Los casos que interpretan disposiciones constitucionales juegan un rol central53 en el trabajo de los jueces modernos que adjudican la finalidad de aquellas54.

D. FUENTES EXTERNAS: VALORES FUNDAMENTALES

Una constitución vive de valores fundamentales que a su vez son una herramienta importante para determinar su propósito objetivo55. Los valores fundamentales reflejan puntos de vista arraigados en una sociedad56. Ellos expresan el ethos nacional, su legado cultural, su tradición social y la totalidad de su experiencia histórica. Valores fundamentales como la libertad, la dignidad humana, la privacidad y la igualdad saturan los textos constitucionales. Estos valores fundamentales están incorporados en las palabras de la constitución que requieren interpretación así como en el propósito objetivo que guía la interpretación. Valores fundamentales adicionales externos57 abarcan la constitución y forman parte de su propósito objetivo. Estos valores pueden incluir la separación de poderes, la independencia judicial, el Estado de Derecho, la preservación del Estado y su seguridad, la justicia, la equidad, la seguridad en las relaciones interpersonales y muchos otros. El intérprete identifica estos valores en documentos fundamentales como la declaración de independencia, en la jurisprudencia y en la totalidad de la experiencia nacional.

Me gustaría hacer tres observaciones acerca de los valores fundamentales. En primer lugar, independiente de que reciban o no una mención explícita en la constitución, los valores fundamentales deben ser interpretados de acuerdo con su significado en el momento de la interpretación. Ellos reflejan necesidades contemporáneas58. La pregunta no es cómo los creadores de la constitución entendieron la libertad, sino más bien lo que significa en nuestra comprensión moderna. En segundo lugar, los valores fundamentales deben ser entendidos por el intérprete contemporáneo como los puntos de vista fundamentales de la sociedad, no sus tendencias pasajeras. El intérprete busca “pactos de la sociedad a largo plazo”59. Él o ella debe “descubrir lo que es básico y cargado de valor, rechazando lo que es fugaz”60. Las generaciones modernas utilizan la interpretación constitucional para expresar sus puntos de vista fundamentales incluso cuando estos puntos de vista difieran de los de los creadores constitucionales o de los de generaciones previas61. En tercer lugar, el intérprete debe tener en cuenta solamente los valores fundamentales que se pueden alcanzar a través del texto constitucional. Un texto constitucional no es un marco vacío para ser llenado con cada nuevo valor independientemente de lo importante que pueda ser. El principio básico de que el lenguaje limita la interpretación y de que los límites de la interpretación son los límites del lenguaje aplica a la interpretación constitucional.

E. FUENTES EXTERNAS: DERECHO COMPARADO

El derecho comparado es una fuente de información acerca del propósito objetivo de un texto constitucional. Los países democráticos comparten valores fundamentales y sus instituciones legales cumplen funciones similares. El significado que un ordenamiento jurídico le atribuye a una disposición constitucional puede dar una idea de la finalidad que cumple una disposición similar en otro sistema62. El derecho constitucional comparado ayuda a ampliar los horizontes y compartir información a través de diversos sistemas63. Este es obviamente el caso cuando el texto constitucional de un país influye en el texto constitucional de otro64. Pero la inspiración interpretativa tiene lugar incluso en ausencia de la influencia directa o indirecta de un texto constitucional sobre otro. Esto es especialmente cierto cuando una constitución hace referencia a valores democráticos65 o a sociedades democráticas66. Aun cuando la constitución no se refiere a valores comunes de todas las democracias, los jueces pueden consultar la legislación comparada67, en tanto que los dos países compartan una base ideológica común y valores fundamentales comunes. Yo señalé en un caso:

Desde la fundación del Estado, dibujamos una extensa inspiración interpretativa de las fuentes del derecho constitucional estadounidense e inglés. Los puntos de vista de estos países en muchas áreas, como los derechos humanos, a menudo sirven como un ejemplo para nosotros. Sin embargo, hay que limitar el sustento que buscamos en ellos. La inspiración sólo puede ocurrir si hay una base común. Solo podemos comparar las instituciones, procedimientos y perspectivas que tienen una base común68.

La existencia de una base común es una condición necesaria pero no suficiente. Un juez debe estudiar el desarrollo histórico del sistema extranjero y su tejido social para encontrar diferencias que harían inútil o inapropiada la inspiración interpretativa69. Cuando los dos sistemas comparten una base común, el juez podrá derivar la inspiración interpretativa del derecho extranjero e internacional, en particular de los convenios internacionales que fundamentan los valores constitucionales70. Estos pactos influyen en la forma en que las cortes formulan el propósito objetivo de un texto constitucional nacional. La jurisprudencia de las cortes internacionales y extranjeras que interpretan esos convenios es también una buena fuente de inspiración para la interpretación de una constitución nacional.

VI. LA FINALIDAD ÚLTIMA DE UNA CONSTITUCIÓN
A. ¿CÓMO SE DETERMINA LA FINALIDAD ÚLTIMA?

Los jueces reúnen diferentes clases de información acerca de la finalidad constitucional incluyendo información sobre el propósito subjetivo (abstracto) e información sobre el propósito objetivo obtenida de otras disposiciones constitucionales, de la historia constitucional, de la jurisprudencia, de los valores fundamentales y del derecho comparado. Cuando toda la información apunta en la misma dirección, no es difícil determinar el propósito final del texto constitucional. Esto es lo que generalmente sucede71. Ocasionalmente, sin embargo, los datos se contradicen entre sí. ¿Qué deben hacer los jueces en esos casos?72. ¿Gozan de discreción para determinar la finalidad última, o podemos guiar dicha determinación? Si es así, ¿qué tipo de orientación podemos ofrecer?

No hay un “verdadero” fin último ya que no tenemos un conocimiento pre-interpretativo para comparar con el conocimiento post-interpretativo. Eso no significa, sin embargo, que debamos abandonar la comprensión de un texto constitucional al capricho de cada intérprete. El hecho de que exista una diversidad de maneras en las que podemos interpretar un texto constitucional73 no significa que exista un número igual de maneras en las que debemos interpretarlo74. Buscamos desarrollar un sistema que dé prioridad a una comprensión sobre otra sin pretender que una interpretación sea más cierta que otra75. Tribe tenía razón al señalar que ningún criterio externo de una constitución puede determinar cómo dar prioridad a las diversas consideraciones interpretativas76. Sin embargo, la ausencia de un significado ‘verdadero’ no impide la búsqueda de un significado apropiado77. Tal significado no se encuentra en el texto de la constitución en sí misma, sino más bien en una interpretación constitucional basada en una interpretación y perspectiva constitucional particular78. Volvemos ahora a nuestra pregunta original: en la búsqueda para encontrar la finalidad última, ¿cómo la interpretación teleológica formula la relación adecuada (no la verdadera) entre los diferentes tipos de datos sobre el propósito subjetivo y objetivo?

B. LA PERSPECTIVA DE LA INTERPRETACIÓN TELEOLÓGICA

La interpretación teleológica requiere que el intérprete examine todos los datos acerca de la finalidad del texto constitucional. No hay fases de transición de un tipo de dato a otro, tampoco una clasificación a priori de los datos. Aunque el intérprete no puede entender un texto constitucional sin considerar la intención de sus autores, él o ella no limitan su comprensión solo a la intención de sus autores79. El intérprete teleológico aspira a la síntesis y la coordinación entre las distintas piezas de información, resolviendo cualquier falta de coordinación entre los diferentes niveles de abstracción del propósito subjetivo eligiendo el nivel de abstracción consistente con el propósito objetivo. En la misma clase de proceso, el intérprete elige el nivel de abstracción para el propósito objetivo que es compatible con el propósito subjetivo. Sin embargo, ¿qué hace un juez cuando los datos sobre los propósitos subjetivos y objetivos de una constitución son incompatibles?

La interpretación teleológica otorga un peso decisivo al propósito objetivo en la interpretación constitucional. Es solo entonces cuando la constitución cumple su propósito; solo entonces puede guiar la conducta humana a través de generaciones de cambio social; solo entonces puede responder a las necesidades modernas; solo entonces puede equilibrar el pasado, el presente y el futuro. El pasado guía el presente, pero no lo esclaviza. Perspectivas sociales fundamentales, que cobran vida del pasado y se entrelazan en la historia socio-jurídica, encuentran expresión moderna en los antiguos textos constitucionales80. El juez Brennan expresó esta idea elocuentemente en los siguientes comentarios:

Como jueces leemos la constitución de la única manera que podemos: como estadounidenses del siglo XX. Examinamos la historia en el momento de la creación de la constitución y la subsiguiente historia de su interpretación. Pero en última instancia la pregunta tiene que ser, ¿qué significan las palabras del texto en nuestro tiempo? El genio de la constitución no descansa en un significado fijo que pudiese haber tenido en un mundo que ha muerto y que ya no está con nosotros, sino en la adaptabilidad de sus grandes principios para lidiar con problemas y necesidades del presente. Lo que los fundamentos constitucionales significan en la sabiduría de otros tiempos no puede ser la medida de la visión de nuestro tiempo. Del mismo modo, nuestros descendientes aprenderán que lo que significan esos fundamentos para nosotros no puede ser la medida de la visión de su tiempo81.

De una forma similar, el magistrado Kirby de la Corte Suprema de Australia manifestó:

En el tipo de democracia que una constitución como la nuestra establece, los jueces deben tomar sus decisiones dando significado a las palabras de una manera que proteja y desarrolle el carácter esencial de la sociedad establecida por la constitución. En Australia, esta función se realiza sin la necesidad constante de mirar sobre nuestros hombros y hacer referencia a comprensiones del texto que eran comunes en 1900 cuando la sociedad a la que la constitución se dirigía era muy diferente. Es la comprensión de hoy la que cuenta. Referirse a 1900, si se hace, debe ser de manera marginal y en gran parte por interés histórico. No para establecer limitaciones legales. En mi opinión, la regla que debemos aplicar consistentemente es la idea de que la constitución fue liberada de sus creadores. Que nuestra constitución pertenece a las generaciones sucesivas del pueblo australiano. Que está destinada a ser leída de forma cambiante mientras el tiempo pasa y las circunstancias cambian. Que debe ser leída con el fin de lograr los propósitos de buen gobierno con que la Constitución fue diseñada para promover y asegurar. Nuestra Constitución pertenece al siglo XXI, no al XIX82.

C. EL PROPÓSITO SUBJETIVO DE UNA CONSTITUCIÓN NO ES DECISIVO

El propósito subjetivo no es decisivo. Los jueces no lo deben ignorar, pero tampoco deben atribuirle un papel central en la formulación de la finalidad última constitucional. Los ordenamientos jurídicos de diversos países adoptan este enfoque.

La Corte Suprema de Canadá, por ejemplo, solo otorga un peso mínimo a la intención de los autores constitucionales en su interpretación de la constitución83. En un caso que discutió una disposición de la Carta canadiense que establece que toda persona tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad, y que estos derechos no pueden ser negados “excepto de acuerdo con los principios de justicia fundamental”84, se planteó la pregunta que si ‘la justicia fundamental’ es procesal (justicia natural) o sustancial. La Corte consideró argumentos acerca de que la intención subjetiva era procesal, de que los autores de la Carta, conscientes de la controversia sobre el ‘debido proceso’ en Estados Unidos, evitaron intencionalmente usar la frase estadounidense para indicar que se referían a la justicia procesal, no a la sustancial. La Corte canadiense decidió no otorgar un peso significativo a la intención subjetiva, sosteniendo en un dictamen del juez Lamer:

Otro peligro de interpretar el artículo 7 en términos de los comentarios hechos por aquellos escuchados durante el Comité Especial conjunto del Comité de Procedimientos es que, al hacerlo, los derechos, las libertades y los valores consagrados en la Carta, en efecto, se habrían congelado en el tiempo al momento de la adopción con poca o ninguna posibilidad de crecimiento, desarrollo y ajuste a las cambiantes necesidades sociales […] Si el recién sembrado ‘árbol vivo’ que es la Carta va a tener la posibilidad de crecer y ajustarse con el tiempo, se debe tener el cuidado de asegurar que los materiales históricos […] no atrofien su crecimiento85.

La Corte Suprema de Australia ha adoptado una posición similar en una serie de opiniones86, advirtiendo en contra de dejar las decisiones en las manos muertas de los creadores de la constitución, quienes desde sus tumbas obstruyen o limitan lo que está implícito en las doctrinas y disposiciones constitucionales. La Corte Constitucional alemana también ha adoptado este punto de vista, notablemente en un caso que consideró que una sentencia de cadena perpetua sin posibilidad de libertad es incompatible con la ‘dignidad humana’. La Corte falló en contra de negar a un prisionero una luz de esperanza de libertad, rechazando los argumentos de que la intención de los creadores de la constitución fue imponer la cadena perpetua como una sentencia obligatoria, en lugar de la pena de muerte:

Ni la historia original ni las ideas y las intenciones de los redactores son de importancia decisiva en la interpretación de disposiciones particulares de la Ley Fundamental. Desde la aprobación de la Ley Fundamental, nuestro entendimiento del contenido, función y efecto de los derechos básicos se ha profundizado. Además, ahora conocemos más sobre los efectos médicos, psicológicos y sociológicos de la cadena perpetua. Las actitudes actuales son importantes para evaluar la constitucionalidad de la cadena perpetua. Nuevos pensamientos pueden influir e incluso cambiar la evaluación de este castigo en términos de la dignidad humana y los principios del Estado constitucional87.

Resumiendo el enfoque alemán para la interpretación constitucional, Kommers manifestó:

En Alemania, la historia original, que consiste en las intenciones de los redactores, es raramente determinante en resolver el significado de la Ley Fundamental. La Corte ha declarado que “la historia original de una determinada disposición de la Ley Fundamental no tiene una importancia decisiva” en la interpretación constitucional. La historia original funciona en el mejor de los casos de manera auxiliar prestando apoyo a un resultado al cual ya se ha llegado por otros métodos interpretativos. Cuando hay conflicto, sin embargo, los argumentos basados en el texto, la estructura o la teleología prevalecerán sobre los que se basan en la historia88.

Estos ordenamientos jurídicos (canadienses, australianos, alemanes) no dedican recursos judiciales significativos a consideraciones sobre el propósito subjetivo89. No lo ignoran, pero tampoco lo convierten en un factor principal, contrario al sistema legal estadounidense, cuyos jueces y académicos participan en discusiones extensas sobre la intención original de los padres fundadores de la constitución90. La Corte Suprema de Estados Unidos se ha dividido sobre este asunto91. El derecho constitucional estadounidense está en crisis debido a la incapacidad de la comunidad jurídica estadounidense de alcanzar un consenso sobre la relación entre la intención de los creadores de la Constitución92, el entendimiento original de la Constitución en el momento de su creación, y la visión moderna de entender la Constitución a través de su interpretación. Canadá y Alemania han evitado este conflicto, y espero que otros ordenamientos jurídicos hagan lo mismo.

La interpretación teleológica no ignora el propósito subjetivo en la interpretación constitucional, pero no le da un papel preeminente. En cambio, favorece el propósito objetivo que refleja profundas perspectivas modernas en el movimiento del ordenamiento jurídico a lo largo de la historia. A través del propósito objetivo la constitución permanece siendo una norma viva, no fosilizada. Recurrir al propósito objetivo evita que el presente sea esclavizado por el pasado. La interpretación constitucional es un proceso en el que cada generación expresa sus puntos de vista fundamentales, tal como están formulados en el contexto de su pasado93. Este proceso no es libre. Un intérprete que interpreta una disposición constitucional opera en un determinado marco socio-histórico. Él o ella puede a veces tener discreción, pero tal discreción opera dentro de un determinado sistema de valores, tradición, historia y texto. Un intérprete moderno debe respetar el pasado. Él, o ella, formula finalidades constitucionales modernas mientras forja una conexión con el pasado y permanece entrelazado con él. La finalidad constitucional última es moderna, pero sus raíces están en el pasado.

D. EL PROPÓSITO OBJETIVO Y LA PROTECCIÓN DEL INDIVIDUO

Scalia argumenta que otorgarle al lenguaje de la constitución un significado moderno paraliza la constitución como fuente de protección del individuo frente a la colectividad94. En su opinión, si los jueces interpretan la constitución de acuerdo con la visión del mundo moderno, la constitución reflejará las perspectivas de la mayoría, a costa de los derechos de la minoría. Una respuesta a esta afirmación es que una perspectiva moderna sobre los derechos humanos no significa necesariamente el punto de vista que la mayoría favorece. Como hemos visto, el enfoque teleológico interpreta la constitución de acuerdo con los valores básicos y fundamentales que reflejan perspectivas arraigadas en la sociedad moderna, no tendencias pasajeras95. Es cierto que no siempre es fácil para un juez ignorar las tendencias populares y dar expresión a las perspectivas profundas de la sociedad; no es fácil reflejar la historia y no la histeria. Los jueces desempeñan este papel con su actividad judicial, sin embargo, ellos deberán saber cómo evitar la tiranía de la mayoría en la interpretación que dan a la constitución.

E. ‘CONSTITUCIÓN VIVA’ Y ‘ÁRBOL VIVO’

Recurrir a la finalidad última de una constitución le permite a esta hacer frente a las realidades cambiantes de la vida. En la creación de la constitución, sus autores establecen las bases del documento que pretende ejercer control sobre el futuro. Para que este control no sea dominante debe ser lo suficientemente flexible como para permitir el desarrollo. Ese es el significado de la metáfora de ‘una constitución viva’. Su vida no se expresa en la imposición de viejos principios constitucionales en nuevas circunstancias96. La vitalidad de una constitución significa atribuir un contenido moderno a los viejos principios constitucionales97. Este es también el significado de la metáfora que compara una constitución con un árbol vivo98. Hay que tener en cuenta que el árbol está enraizado. La vitalidad de los valores fundamentales no es licencia para que un juez haga con ellos lo que desee. No hay que reemplazar la subjetividad de los autores de la constitución por la subjetividad de las personas que la interpretan. El contenido que evoluciona de los valores fundamentales refleja los cambios en las perspectivas fundamentales de la sociedad en su credo nacional. Estos cambios reflejan la historia, la tradición y el tejido de la vida común de la nación. No deben reflejar la individualidad del juez.

F. INTERPRETACIÓN CON UNA VISIÓN AMPLIA

Los jueces deben adoptar una perspectiva amplia sobre la interpretación constitucional. Su interpretación debe ser generosa99, no legalista o pedante100. Una constitución establece una estructura para el gobierno, su régimen, y las protecciones de los individuos. Su interpretación debe reflejar el amplio alcance de su rol. Como señalara el juez Agranat: “Cuando el asunto se refiere a un documento que establece un marco para la autoridad del Estado, la corte debe adoptar una visión amplia de las facultades que enumera”101. Yo hice eco de sus palabras en otro caso, señalando:

Estamos interesados en la interpretación de una disposición constitucional fundamental. Debemos tener una ‘visión amplia’ de la interpretación de una disposición fundamental, con el entendimiento de que estamos interesados en una disposición que determine formas de vida […] estamos interesados en la experiencia humana que debe adaptarse a las realidades cambiantes de la vida102.

En otro caso observé:

La propuesta constitucional es que las disposiciones constitucionales deben ser interpretadas de acuerdo con su estatus superior y como corresponde a su tendencia a determinar formas de vida. Una disposición fundamental no se congela en una situación existente. Ella guía a la experiencia humana y, por lo tanto, debe ser interpretada con una visión amplia, no meramente técnica103.

Tener una visión amplia de la interpretación no significa interpretar de una manera que exceda el significado de las palabras. Un juez que tenga una visión amplia de la interpretación dará a la constitución un significado que alcance su finalidad (última), una finalidad que refleje la continuidad histórica y perspectivas fundamentales modernas. Esto significa una interpretación que aspira a la unidad constitucional y a la armonía. Una visión amplia de la interpretación va más allá del significado de las palabras en el contexto histórico-literal que las creó. Esta visión otorga al lenguaje de la constitución significado en su contexto histórico, en el marco de las perspectivas fundamentales modernas. El juez Holmes escribió:

Las disposiciones de la constitución no son fórmulas matemáticas cuya esencia radica en su forma; ellas son instituciones orgánicas vivas trasplantadas del suelo inglés. Su importancia es vital, no formal; su importancia es tomada, no simplemente de las palabras y un diccionario, sino teniendo en cuenta su origen y la línea de su crecimiento104.

La interpretación constitucional desde una visión amplia es la interpretación teleológica. Un juez que tenga una visión amplia mira al pasado, al presente y al futuro para aprender del lenguaje, la historia, la cultura y los principios fundamentales modernos. Él o ella adopta una perspectiva comprehensiva sobre el derecho en un momento y en una sociedad determinados. Una visión amplia de la interpretación no es una interpretación expansiva (o liberal). Una visión amplia significa que los jueces adoptan un enfoque teleológico de la interpretación constitucional, pero no prejuzgan los resultados de este enfoque. Una visión amplia de la interpretación puede conducir a un resultado interpretativo restrictivo o expansivo. Una visión amplia de la interpretación se refiere a la disposición constitucional en todo su contexto, como parte de la vida de la nación, en el curso de su historia.

G. LA DISCRECIÓN JUDICIAL EN LA DETERMINACIÓN DE LA FINALIDAD ÚLTIMA DE UNA CONSTITUCIÓN

El pensamiento interpretativo constitucional ha recorrido un largo camino desde la proclamación ingenua del juez Roberts de que todo lo que el juez hace es “colocar el artículo de la Constitución que se invoca al lado de la ley que es demandada y decide si esta última encaja con el primero”105. El rol interpretativo es mucho más complicado. En la interpretación constitucional, como en la interpretación de cualquier texto legal, el juez debe tener oportunidad de ejercer discreción judicial106. Este espacio es siempre limitado107. Puede ser que los jueces no encuentren sus cosmovisiones personales en el texto constitucional108. Ellos deben interpretar las disposiciones de una constitución objetivamente109. El resultado de su interpretación no debe determinar los principios constitucionales; los principios constitucionales deben determinar el resultado de su interpretación. Ese es el significado de la exigencia de que los jueces ejerzan su discreción neutralmente110. La neutralidad exige que el juez llegue al resultado interpretativo mediante la aplicación de los principios constitucionales, independientemente de si él o ella aprueba el resultado. Sin embargo, debemos reconocer que a veces no hay más remedio que recurrir a la discreción judicial111. El juez Frankfurter expresó bien esta idea cuando dijo: “Las palabras de la constitución […] son tan incapaces de ser restringidas por su significado intrínseco, por su historia, por la tradición o por decisiones anteriores que le otorgan libertad al juez, si es que no lo obligan a extraer su significado no de la lectura de la constitución, sino de la vida”112. Al ejercer discreción, un intérprete puede elegir solamente la solución que mejor le parezca, tomando en cuenta consideraciones prácticas. Diferentes intérpretes llegarán a resultados diferentes. Mi sugerencia es aspirar a la solución constitucional que sea más justa. Entonces el derecho y la justicia se encuentran; ¿podría haber un mejor encuentro?

CAPÍTULO QUINTO
Sobre las implicaciones constitucionales y la estructura constitucional
I. PRESENTACIÓN DEL PROBLEMA

Este capítulo trata de la interpretación jurídica del texto de una constitución formal. Asumo por lo tanto que en el país en cuestión existe una constitución de este tipo1. Dicha formalidad se manifiesta, inter alia, en la adopción de un texto escrito. En la mayoría de los casos, este texto es difícil de enmendar. Las normas constitucionales que surgen del texto generalmente tienen un estatus más alto que las leyes ordinarias. En la mayoría de los casos se reconoce el poder de la corte de invalidar cualquier ley en conflicto con las normas constitucionales.

Cada texto (escrito) tiene dos significados: un significado expreso y un significado implícito2. Esto lo sabemos tanto gracias al campo de la lingüística que se conoce como pragmática3 como a las doctrinas de la interpretación jurídica. Conforme a ambas teorías, la norma jurídica surge del significado expreso del texto y de su significado implícito. No es fácil distinguir entre estos dos significados4, pero la existencia de los mismos en todo texto, incluyendo cualquier texto constitucional, no está en duda. Un ejemplo de la teoría pragmática, provisto por Grice5: un estudiante le pide a su profesor de filosofía una carta de recomendación para una posición académica; en la carta de recomendación, el profesor escribe que el estudiante tiene un buen dominio del idioma inglés y que asistió a clases regularmente. No deberíamos tener ninguna dificultad en deducir, por implicación, que el profesor no tiene una buena opinión de las habilidades filosóficas del estudiante. Este significado –la pobre opinión sobre la habilidad filosófica– no surge directamente del lenguaje utilizado por el profesor; está implícito en el contexto en que la declaración fue hecha. De forma similar, la Corte Suprema de Australia determinó que un derecho constitucional implícito a la libertad de expresión política puede inferirse de la estructura de la constitución, aun ante la ausencia de una carta de derechos constitucionales6.

En este capítulo me propongo discutir el significado implícito del texto escrito de una constitución formal. No me voy a referir, por lo tanto, a una constitución implícita, sino a lo que está implícito en una constitución escrita.

Goldsworthy ha estudiado el significado implícito de las constituciones escritas y ha realizado contribuciones importantes a este campo7. Ha argumentado que la implicación constitucional solo es posible si realiza la intención de los padres fundadores. Él se apoya en la pragmática griceana8 para sustentar este acercamiento. Yo, como Goldsworthy, argumento que la clave para la implicación se encuentra en la interpretación constitucional. En contraste con Goldsworthy, yo no argumento que solamente la interpretación intencionalista puede apoyar la implicación constitucional. En mi opinión9, cada uno de los tres sistemas principales de interpretación10 –intencionalismo11, originalismo12 y la interpretación teleológica (“la constitución viviente”)13– puede sustentar la implicación constitucional, aunque las implicaciones reconocidas por cada uno de los sistemas pueden ser diferentes. La teoría de la pragmática también apoya este acercamiento.

El concepto de la estructura constitucional constituye los cimientos de mi acercamiento interpretativo hacia la implicación constitucional. La estructura constitucional crea el nexo necesario entre el lenguaje constitucional y las implicaciones inferidas de esta. Este nexo le confiere legitimidad a la implicación constitucional. La estructura constitucional está basada en la arquitectura constitucional y en las suposiciones subyacentes. Este concepto fue desarrollado extensamente por Black14 y Tribe15.

El modelo interpretativo que yace en la base de este capítulo se diferencia de varios conceptos que pueden ser agrupados bajo la sombrilla de una constitución no escrita16. Así, por ejemplo, una parte importante de la literatura considera los principios constitucionales implícitos en ausencia de una constitución formal17. Este capítulo no pretende examinar esa literatura, ya que asumo la existencia de un texto constitucional escrito-canónico, y examino qué implica esa estructura. Existe una literatura interesante que considera la pregunta sobre si las normas implícitas que existen por encima de una constitución formal (como lo sería el derecho natural18) o en igualdad de rango (como lo sería la costumbre constitucional19) pueden ser reconocidas. Cualquier discusión sobre alguna lex non scripta se encuentra fuera del alcance de este capítulo. La implicación constitucional que a mí me concierne es la implicación del texto de una constitución formal. La literatura estadounidense que trata sobre la revisión judicial no interpretativa de la constitucionalidad de las leyes20 también está fuera del alcance de este capítulo, que se basa en el modelo interpretativo. Muchos de los escritos estadounidenses tratan sobre ‘la constitución viva’21. Esta literatura es pertinente a este capítulo en tanto está basada en la interpretación del texto constitucional. En su libro America’s Unwritten Constitution22, Akhil Amar incluye bajo el concepto constitución no escrita cualquier norma constitucional que se encuentra fuera de los confines de las 8.000 palabras del texto de la Constitución de los Estados Unidos de América. Mi acercamiento es mucho más estrecho. El significado implícito es el de una constitución escrita y es parte de su lenguaje, tal y como debe ser entendido con base en la estructura constitucional.

Voy a comenzar este capítulo con una descripción del modelo interpretativo basado en la estructura constitucional, que es la base de mi acercamiento, distinguiendo entre el significado expreso del texto constitucional y su significado implícito (sección II). La sección III presentará unos ejemplos típicos de implicación constitucional. Luego voy a discutir el acercamiento de varios sistemas de interpretación a la implicación constitucional (sección IV), seguido por un examen de la relación entre la implicación constitucional y la pragmática (sección V). Termino el capítulo con direcciones sobre caminos de investigación que deben ser explorados para adquirir un conocimiento más profundo acerca de la implicación constitucional y, además, de la interpretación constitucional en general (sección “Conclusión”). De hecho, este capítulo solo representa unos primeros pasos en esa dirección.

II. EL MODELO INTERPRETATIVO
A. EXTRAER EL SIGNIFICADO JURÍDICO DEL SIGNIFICADO LINGÜÍSTICO

La interpretación jurídica es un proceso por medio del cual entendemos un texto jurídico23. Todo entendimiento es el resultado de la interpretación. Estamos interesados en la interpretación de una constitución escrita. La interpretación constitucional busca entender el mensaje normativo que surge del texto constitucional. Extrae la norma constitucional del receptáculo lingüístico. Transforma un texto constitucional lingüístico en una norma constitucional. El texto constitucional tiene dos significados: uno expreso, otro implícito24. Distinguir entre estos dos significados no es fácil, y toda distinción se pone en duda25. Procederé ahora a examinar esta distinción, la cual se ubica en la base de este capítulo.

B. EL SIGNIFICADO EXPRESO

El significado expreso del texto constitucional se obtiene directamente de la lectura del lenguaje constitucional. Este es el significado literal indicado por la semántica y la sintaxis. Es el significado de diccionario del texto26.

Con frecuencia, el texto de una constitución escrita contiene lenguaje formulado como principios. Este lenguaje contiene principios como el Estado de derecho, la libertad, la libertad de expresión y la dignidad humana. El significado jurídico que se le atribuya a este texto es parte del significado expreso de la constitución27. Así, por ejemplo, donde el texto constitucional establece el derecho a la libertad o a la libertad de expresión, la interpretación que se le dé al término ‘libertad’ o a ‘libertad de expresión’ es una interpretación basada en el significado expreso porque es obtenida directamente del lenguaje del documento. Este significado extrae la norma constitucional de la libertad o de la libertad de expresión del texto lingüístico. Esta es una actividad interpretativa, realizada conforme al método de interpretación aplicado por el intérprete, que determina el alcance del significado expreso del texto constitucional. Este alcance puede operar a varios niveles de generalidad28. Así, por ejemplo, la Corte Suprema de Estados Unidos derivó el derecho a la privacidad, a un nivel de generalidad bajo, del derecho a la libertad29. El derecho de las mujeres al aborto se deriva, a un nivel de generalidad todavía más bajo, del derecho a la privacidad30. De forma similar, el derecho a quemar la bandera se deriva del derecho a la libertad de expresión31. Todos estos niveles de generalidad son parte del significado expreso de la expresión ‘libertad’ o ‘libertad de expresión’.

El significado expreso de una expresión formulada como un principio tiene que operar dentro de los límites de su significado lingüístico. Aun una expresión formulada como un principio tiene límites que el intérprete no puede rebasar. Así, por ejemplo, por amplio que sea el ámbito del derecho a la dignidad humana, el mismo no puede ser aplicado a una corporación.

Hay muchas palabras que los diccionarios definen de varias maneras. Una oración lingüística a veces es vaga o ambigua. La semántica y la sintaxis son insuficientes para extraer una norma jurídica única del significado expreso del texto. Esto es cierto para todo texto, y es cierto para un texto constitucional. De hecho, el lenguaje de una constitución frecuentemente tiene varios significados expresos. Tanto los límites del lenguaje como el uso de generalizaciones y la falta de habilidad de parte del redactor de la ley contribuyen a que esto ocurra. Esto es correcto en términos generales, y especialmente cuando se trata de generalizaciones constitucionales. No existe un significado expreso único para los términos ‘libertad de expresión’, ‘libertad’ o ‘dignidad humana’. Estos términos tienen diversos significados de diccionario. Para atribuirle significado jurídico al lenguaje constitucional –para extraer la norma constitucional de la variedad de significados expresos–, el contexto relevante, incluyendo la estructura constitucional, tiene que tomarse en cuenta.

En la base de esta perspectiva interpretativa descansan consideraciones constitucionales como la democracia, el Estado de derecho y la separación de poderes. La legitimidad de la interpretación recibe su fuerza de la legitimidad de la constitución misma. La promulgación de una constitución constituye a su vez una autorización para interpretarla. Una constitución no puede ser entendida si no es interpretada. Ahí radica la legitimidad constitucional de extraer una norma constitucional del significado expreso del texto constitucional. Cuando un juez interpreta un texto constitucional –incluyendo un texto vago y ambiguo–, la legitimidad de su interpretación se deriva de la legitimidad del texto constitucional.

C. EL SIGNIFICADO IMPLÍCITO
1. SIGNIFICADO INDIRECTO

La interpretación jurídica extrae el significado jurídico –la norma jurídica– no solamente del significado expreso del texto constitucional escrito, sino también de su significado implícito. El significado implícito del texto se obtiene –como el significado expreso– del lenguaje del texto constitucional. Sin embargo, no se obtiene directamente del lenguaje. El mismo no surge de la aplicación de las reglas de la semántica y la sintaxis. El diccionario no nos ayuda a entenderlo. En el ejemplo sobre la libertad de expresión en la constitución australiana, el significado implícito trata acerca de la pregunta de si existe un derecho constitucional de libertad de expresión política. ¿Cómo se determina el significado implícito del texto constitucional? En la ausencia de un significado que surja directamente del lenguaje de la constitución, ¿qué impide que el intérprete extraiga cualquier significado que desee del lenguaje constitucional? Mi contestación es que el significado implícito tiene que surgir de la estructura constitucional. Esta estructura constitucional, la cual esquematizaré luego, crea el nexo necesario entre el lenguaje constitucional y su implicación. La implicación no tiene que ser esencial o necesaria32. El significado implícito no tiene que ser obvio. El significado implícito tiene que poder ser inferido razonablemente de la estructura de la constitución.

Esta es la teoría de implicación constitucional en la que se basa mi acercamiento. Descansa en la existencia de un nexo entre el lenguaje constitucional y sus implicaciones. Este nexo es la estructura constitucional y es lo que le confiere legitimidad constitucional a la implicación constitucional. De hecho, igual que cuando el texto constitucional le otorga legitimidad a la interpretación dada al significado expreso del lenguaje constitucional, la estructura constitucional le imparte legitimidad a la interpretación dada al significado implícito del texto constitucional. Lo que puede ser leído directamente del texto constitucional puede ser leído indirectamente del texto constitucional, según este es informado por su estructura. Cuando el significado es explícito, hay una conexión lingüística directa entre el lenguaje constitucional y el significado lingüístico. Cuando el significado es implícito, no hay un nexo directo entre el texto constitucional y su significado. El nexo directo es reemplazado por la estructura constitucional, la cual funciona como nexo entre el texto constitucional y su significado implícito. Esto le permite al intérprete establecer el significado implícito. La norma constitucional surge de este significado.

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22 ekim 2025
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ISBN:
9789587905724
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