Kitabı oku: «Impactos de la COVID-19 en el sistema internacional y en la integración regional»

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Impactos de la covid-19 en el sistema internacional y en la integración regional

¿Cómo citar este libro? / How to cite this book?

Vieira Posada, E. y Peña, F. (Eds.). (2021). Impactos de la covid-19 en el sistema internacional y en la integración regional (vol. 7). Ediciones Universidad Cooperativa de Colombia. https://doi.org/10.16925/9789587602937

Impactos de la covid-19 en el sistema internacional y en la integración regional

Edgar Vieira Posada y Félix Peña (Editores)




Impactos de la covid-19 en el sistema internacional y en la integración regional

© Ediciones Universidad Cooperativa de Colombia, Bogotá, febrero de 2021

© Miguel Ángel Vázquez Ruiz, Carmen O. Bocanegra Gastelum, Amalia Stuhldreher, Amílcar Davyt, Alberto José Hurtado Briceño, Johana del Valle Molina Durán, Sadcidi Zerpa de Hurtado, Roberto Goulart Menezes, Rafael Alexandre Mello, Jorge Damián Rodríguez Díaz, Stéphan Sberro

ISBN (impreso): 978-958-760-292-0

ISBN (PDF): 978-958-760-294-4

ISBN (EPUB): 978-958-760-293-7

DOI: https://doi.org/10.16925/9789587602937

Colección Gridale

Proceso de arbitraje doble ciego

Recepción: 14 de octubre de 2020

Evaluación de contenidos: 30 de noviembre de 2020

Corrección de autores: 13 de diciembre de 2020

Aprobación: 16 de diciembre de 2020

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Impreso en Bogotá, Colombia. Depósito legal según el Decreto 460 de 1995

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Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia

Impactos de la covid-19 en el sistema internacional y en la integración regional / Édgar Vieira Posada y Félix Peña, editores. -- Bogotá : Universidad Cooperativa de Colombia, 2021.

p. -- (Colección Gridale ; Tomo 7)

Incluye datos de los autores. -- Incluye referencias bibliográficas al final de cada capítulo. -- Texto en español con resumen en inglés.

1. Integración económica internacional 2. covid-19 (Enfermedad) - Aspectos económicos 3. Cooperación internacional 4. Integración latinoamericana I. Vieira Posada, Edgar, editor

II. Peña, Félix, 1938-, editor III. Serie

CDD: 337.18 ed. 23

CO-BoBN- a1068925

Contenido

Introducción

Capítulo 1. Recesión global, covid-19 y viabilidad de estrategias poskeynesianas: la perspectiva en América del Norte

Miguel Ángel Vázquez Ruiz, Carmen O. Bocanegra Gastelum

Capítulo 2. Desafíos de la pandemia a la gobernanza multinivel en América Latina y el rol de la academia: consideraciones desde Uruguay

Amalia Stuhldreher, Amílcar Davyt

Capítulo 3. covid-19 y los servicios Fintech en América Latina: impacto y opciones de política

Alberto José Hurtado Briceño, Johana del Valle Molina Durán

Capítulo 4. Inteligencia artificial (ia) y covid-19: análisis comparativo China-América Latina

Sadcidi Zerpa de Hurtado

Capítulo 5. Neoliberalism, State and Welfare: What Does the Pandemic Interrupt or Reinforce in Brazil?

Roberto Goulart Menezes, Rafael Alexandre Mello

Capítulo 6. El impacto de la covid-19 en el sector de la industria automotriz: desafíos y oportunidades para la factoría en Mercosur

Jorge Damián Rodríguez Díaz

Capítulo 7. Geopolítica de la covid-19 en el sur global: el caso del Medio Oriente

Stéphan Sberro

Sobre los autores

Resúmenes / Abstracts

Introducción

La covid-19 es la primera pandemia que vive el planeta en el contexto de un proceso de interdependencia e intercomunicación planetaria, que aceleró no solo los contagios, sino también la reacción de los países para enfrentarla. Lamentablemente, con una reacción individual y particular de cada país, cuando los procesos de integración existentes podrían haber sido en la pandemia —y deberán ser en la pospandemia— instrumentos válidos y efectivos para racionalizar y maximizar el aprovechamiento de recursos y la eficiencia de las medidas por adoptar para enfrentarla.

La pandemia de la covid-19 es una de las variantes del coronavirus existente hace ya un tiempo y ha sido precedido en el presente siglo por otros coronavirus como el sars, en el 2003, que causó el síndrome respiratorio agudo grave, el mers, en el 2012, conocido como síndrome respiratorio de Oriente Medio y ahora, la covid-19, más transmisible que los anteriores. Los coronavirus son una gran familia de la cual el sars-cov2 es de los alfa-coronavirus presentes en los mamíferos; también hay otros coronavirus como los beta-coronavirus, adaptados principalmente a los murciélagos, pero poco adaptados a los humanos, con lo cual al pasar a estos hay un choque entre el microrganismo y el humano que lo aloja.

Las epidemias han venido aumentando su frecuencia y, en buena parte, son enfermedades producidas por transmisiones de agentes patógenos entre animales y humanos, situación debida especialmente a la deforestación que ha ejercido una presión sobre los animales, con lo cual al ser expulsados de sus hábitats naturales se ha facilitado el cruce con los humanos en ecosistemas desequilibrados entre otros factores por el calentamiento global. La realidad es que el origen de estas epidemias son los trastornos causados a la biodiversidad, por lo tanto, se requiere una mayor vigilancia epidemiológica con el funcionamiento de alertas tempranas.

La covid-19 se convirtió en un problema en todo el planeta ante la realidad de un mundo interconectado e interdependiente y ha sido enfrentado tanto de manera global a través de organismos multilaterales como la Organización Mundial de la Salud (oms), como particular con la actuación irregular de los Estados, unos responsables en las medidas para afrontar la pandemia, mientras otros han tenido un manejo que ha facilitado su expansión y contagio. El seguimiento simultáneo de su evolución por todo el planeta ha estado acompañado de informaciones exageradas y distorsionadas de noticias falsas en las redes, que han ocasionado dificultades para la aceptación de las medidas de control y contribuido a una mayor incertidumbre y angustia.

La esperanza es que estos largos meses vividos bajo la pandemia permita que la humanidad reaccione y examine cómo y por qué contribuimos a que se produjera, replanteando varios de los postulados y los paradigmas que hasta ahora nos han regido, de manera que, en vez de continuar con la depredación del planeta y la actuación egoísta de países y personas, el mundo pasara a un reforzamiento de los dispositivos globales y multilaterales y actuase de manera más solidaria, entre otras, a través de la integración.

El trasfondo y la reacción a la pandemia en el contexto mundial podría ser de ajuste del proceso de globalización desarrollado en el planeta durante tres décadas, para que no continuase soportado en un libre mercado caracterizado por la actuación especulativa y sin control del sistema financiero, que resultados tan malos tuvo en la distribución del ingreso y en el agravamiento de las inequidades sociales. Lo aconsejable sería una reafirmación de un Estado de bienestar poskeynesiano, el cual, en el caso de las políticas de salud pública, les otorgue la prioridad que se merecen para enfrentar de manera preventiva las nuevas pandemias que le llegarán al planeta. Por eso, son de utilidad los análisis sobre la aplicación de políticas poskeynesianas por regiones, como la de América del Norte, o en países de las dimensiones de Brasil, realizados en este tomo.

Uno de los campos principales en el cual habrá cambios profundos es el tecnológico, en el cual la pandemia aceleró varias de las tecnologías disruptivas del proceso globalizador, en particular, la inteligencia artificial, la robotización y la big data, las cuales brindaron elementos de control del coronavirus, como es el caso de China analizado en este libro, que a pesar de que su enorme población ha logrado implementar medidas de vigilancia soportadas en estas tecnologías de punta que tiene la expansión del virus bajo control. Se contrasta con América Latina que también ha tenido avances tecnológicos en estos campos, aunque muy desiguales, que deberán ser tratados con mayor atención por los procesos de integración latinoamericanos.

También es una oportunidad para considerar en este libro políticas públicas ajustadas a los cambios producidos en el contexto mundial, como los servicios Fintech en América Latina o políticas en sectores específicos como el automotriz en la región del Mercosur o la aplicación de principios de gobernanza multinivel en América Latina con resultados exitosos, como el caso de Uruguay, uno de los países latinoamericanos más efectivos en el control de la pandemia.

En el campo geopolítico, la pandemia pone en entredicho la falta de liderazgo de países como Brasil y México, como también los débiles liderazgos existentes en muchos de los países, donde han tenido lamentablemente más protagonismo liderazgos no colaborativos, en los que el hiperpresidencialismo ha aprovechado la coyuntura para debilitar los procedimientos democráticos y consolidar un mayor control de las instituciones y ha mostrado la ineficacia en enfrentar debidamente la pandemia en casos tan evidentes como el del actual gobierno de Brasil, analizado en este tomo.

En el ámbito global, los recientes resultados de las elecciones en Estados Unidos permiten esperar que el nuevo gobierno demócrata de Joe Biden rectifique medidas equivocadas aislacionistas y permitan en la pospandemia contar con la participación de ese país en los distintos foros multilaterales en los que se tomarán medidas globales para enfrentar los estragos que deja la pandemia. Parece conveniente la revisión de los instrumentos de gobernabilidad mundial, en los cuales varias de las organizaciones internacionales necesitan profundas reformas para adecuarlas a las nuevas realidades del siglo xxi y en los que lo multilateral debería disponer de reglas de aplicación mundial en el enfrentamiento de la pandemia que eviten la ineficiencia de medidas fragmentadas o contradictorias de cada país. Este reposicionamiento a favor del multilateralismo es fundamental para los procesos latinoamericanos de integración, para quienes las reglas multilaterales, como marco negociador de los acuerdos, dan mayor seguridad y beneficios, que el marco bilateral de negociación desde posiciones neoproteccionistas como las del gobierno saliente de Estados Unidos.

Otro problema geopolítico en la pospandemia es el peligro que las poblaciones frustradas por los efectos desastrosos de desempleo, de faltas de oportunidad y de pérdida de confianza en sus dirigentes, pasen a apoyar y dar respaldo a caudillismos populistas de alternativas demagógicas, de posiciones políticas extremas, con la reactivación de estilos de gobierno que tanto mal le han ocasionado a los avances de la integración latinoamericana, al contribuir a la división ideológica en la orientación de los procesos de integración.

En el caso de la integración latinoamericana, no deja de ser muy preocupante el desinterés y la falta de iniciativa de acudir a instrumentos de los procesos regionales de integración para procurar una respuesta comunitaria y colectiva a la pandemia, que unificará acciones, maximizará la utilización de presupuestos y de ayudas internacionales y programará medidas para la pospandemia. Ha sido notorio el posicionamiento individual de cada país en la adopción de políticas contra el virus, sin las coordinaciones necesarias, al menos de los ministros de salud, bien sea en la Comunidad Andina (can) y su convenio para temas sanitarios, sea el Mercado Común del Sur (Mercosur) y su institucionalidad para temas sociales adelantados al comienzo de siglo, sea el Sistema de Integración Centroamericana (Sica) para los países centroamericanos y mucho menos en una Alianza del Pacífico sin institucionalidad y con el aislamiento del presidente López Obrador de México, a pesar de que Chile, Colombia y Perú fueron de los países latinoamericanos de mayores niveles de contaminación.

Se debe insistir en que la integración puede y debe ser herramienta fundamental de trabajo comunitario, colectivo y consensuado, de espíritu solidario, que invita al tratamiento de dispositivos y medidas en la pospandemia y en el replanteamiento de varios de los paradigmas que, hasta ahora, habían regido el mundo, ya se trate de la recuperación de un Estado de bienestar más responsable en la aplicación de políticas públicas, comenzando por la salud, en un proceso de armonización de políticas macroeconómicas y sociales; del cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible y de los compromisos sobre cambio climático; de enfrentar los estragos enormes de recesión mundial y desempleo ocasionados por la covid-19, mediante la revalorización de políticas sociales y de empleo, como también de políticas multilaterales, en las cuales se enmarquen los diferentes acuerdos comerciales que permitan aumentar exportaciones y reconstituir las economías mediante inversión y tecnología, y el desarrollo de energías limpias sustitutivas, acompañadas de encadenamientos productivos generadores de valor en las exportaciones de la región que reemplacen la participación actual de las exportaciones de materias primas.

La integración latinoamericana tiene la oportunidad histórica de responder a la pandemia y posicionarse de manera unida en la pospandemia, reconsiderando objetivos y planes de acción orientados a consolidar una integración multidimensional que equipare aspectos económico-comerciales, con aspectos de profundas reformas sociales y políticas, en un contexto de economía más solidaria que permita superar egoísmos nacionales en favor del bien común.

Los aspectos institucionales merecerían ser considerados, a fin de contar con una institucionalidad al menos operativa, la cual, frente al desgaste de posiciones aisladas nacionales, les permitiera a los gobiernos trabajar de manera colaborativa, compartiendo su soberanía en la puesta en marcha de soluciones comunitarias al problema de inequidad y de distribución de la riqueza y en mejores resultados en el bienestar y las condiciones de vida de la población.

Los impactos y las consecuencias de la covid-19 en la pospandemia son de una temática tan variada y diversa, que permitió tratar los temas en dos colecciones diferentes: la presente colección del Grupo de Reflexión sobre Integración y Desarrollo en América Latina y Europa (Gridale), con los tomos 6, 7 y 8, dedicada a analizar las temáticas desde la óptica y el enfoque de la integración en sus diferentes componentes multidimensionales, y la otra colección de Pensamiento Global, con cuatro obras más sobre impactos más generales y globales de la pandemia.

Estructura de la obra

Desde marzo del 2020, cuando se comenzó a diseminar la epidemia de la covid-19 por el planeta y se convirtió en pandemia, el Centro de Pensamiento Global (Cepeg), de la Universidad Cooperativa de Colombia, procedió a preparar con Ediciones ucc una convocatoria abierta para autores interesados en tratar los principales aspectos multidimensionales característicos de este fenómeno con resultados de confinamiento nunca experimentados con anterioridad en el mundo y con consecuencias en la pospandemia de una dimensión enorme. El retroceso que sufrirá América Latina en sus condiciones de desarrollo a situaciones existentes en décadas anteriores es muy preocupante y encontrar respuestas adecuadas interpretando lo que ha sucedido y los impactos en distintos órdenes políticos, económicos y sociales es un desafío. Allí la integración latinoamericana tiene la oportunidad de reconfigurarse para ser un instrumento eficaz en esa reactivación.

El resultado de la convocatoria fue muy favorable, con más de sesenta (60) propuestas seleccionadas que, luego de la evaluación por dobles pares de los capítulos correspondientes, permitieron estructurar siete (7) libros que se distribuyen en dos colecciones: tres libros, correspondientes a los tomos 6, 7 y 8 en la colección Gridale y cuatro libros correspondientes, a los tomos 3, 4, 5 y 6 en la colección Pensamiento Global.

En la colección Gridale, los libros tratarán los siguientes temas:

 Tomo 6: La covid-19 y la integración ante los desafíos de un nuevo orden mundial

 Tomo 7: Impactos de la covid-19 en el sistema internacional y en la integración regional

 Tomo 8: La covid-19 y los cambios en la integración latinoamericana y europea

En la colección Pensamiento Global se tratarán estos temas:

 Tomo 3: La pandemia de la covid-19 y un nuevo orden mundial

 Tomo 4: La pandemia de la covid-19 y los cambios en las condiciones de vida

 Tomo 5: La pospandemia en un contexto de desarrollo solidario

 Tomo 6: La pospandemia y políticas públicas para enfrentarla

El presente tomo, Impactos de la covid-19 en el sistema internacional y en la integración regional, tiene siete (7) capítulos. En el primer capítulo, “Recesión global y viabilidad de estrategias poskeynesianas: la perspectiva en América del Norte”, Miguel Ángel Vásquez Ruiz y Carmen O. Bocanegra Gastelum parten del hecho de que el libre mercado ha dejado de ser el que todo lo ponía en su lugar, lo cual plantea el reto de reposicionar el papel que desempeña el Estado en la pospandemia. El objetivo es analizar la recesión producida por la pandemia y el eventual reposicionamiento del Estado con medidas de expansión del gasto público, para estimular la demanda agregada y el pleno empleo en los países de América del Norte integrantes del tratado del t-mec (México, Estados Unidos y Canadá).

Luego de considerar cifras sobre la grave situación de depresión económica con motivo de la covid-19 en los tres países, se analizan los ciclos del Estado, relevando su importancia en tiempos del presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roossevelt, y la política del New Deal, los cambios en la década de los ochenta con la llegada del neoliberalismo del Consenso de Washington interrumpidos por la grave crisis financiera del 2018, en la que salió el Estado al rescate de los mercados. En momentos de renegociación del t-mec aparece la covid-19, como pandemia que modifica el papel que desempeña el Estado, el cual debe actuar en alianza con la sociedad frente a las fuerzas del mercado, en el caso de los Estados Unidos, con políticas de atención a la salud más equitativas, en donde parte de la apuesta mexicana de recuperación tiene que ver con la suerte de este país con el nuevo papel del Estado y con el rol que desempeñan el Estado, la sociedad, la empresa y la ciencia, ofreciendo soluciones a la pandemia.

En el segundo capítulo, “Desafíos de la pandemia a la gobernanza multinivel en América Latina y el rol de la academia: consideraciones desde Uruguay”, Amalia Stuhldreher y Amílcar Davyt analizan las oportunidades y los desafíos, en términos de gobernanza multinivel, que surgen en el marco de la reconfiguración del regionalismo en América Latina, en especial, en el contexto de la covid-19, que implica la redefinición de normas e instituciones en un mundo que avanza hacia una posglobalización; para lo anterior, toman a nivel país el caso del Uruguay y en el ámbito región al Mercosur, en una América Latina segmentada en modelos de desarrollo diferentes, lo que limita esquemas de gobernanza más efectivos.

Se considera la situación de gobernanza en la política sanitaria con la articulación de instituciones y actores a un periodo de pandemia. Desde el Uruguay se considera su articulación con la región, con impacto diferente, según condiciones propias del desarrollo subnacional, donde en medidas regionales de salud pública falta todavía mayor integración en ciencia y tecnología, como también en ciencia y academia con un mayor número de redes científicas. Pero ha habido cambios institucionales significativos en Uruguay en años recientes explicados en detalle, lo cual le ha permitido al país, en comparación con otros de América Latina, ser uno de los más exitosos en la contención de la covid-19, gracias a una gobernanza interinstitucional en la que ha jugado un papel muy importante la academia.

En el tercer capítulo, “covid-19 y los servicios Fintech en América Latina: impacto y opciones de política”, Alberto José Hurtado Briceño y Johana del Valle Molina Durán analizan los efectos que la crisis de la covid-19 ha tenido en el uso de los servicios Fintech (unión de finance y technology: finanzas y tecnología) en América Latina. Las tecnologías de información y comunicación son una solución ante el incremento del intercambio de mercancías en línea y el pago mediante servicios de tecnología financiera (fintech), que simplifica los procesos prestados por el sector financiero tradicional o por nuevas empresas tecnológicas innovadoras (startups) ante el avance tecnológico de Internet y la cadena de bloques (blockchain).

Las empresas fintech latinoamericanas se han posicionado en áreas de pagos y remesas; préstamos y gestión de finanzas empresariales; más del 85 %, en cinco países. Luego de comentar las principales implicaciones del coronavirus, se analiza el desarrollo del entorno digital y los servicios más utilizados en los países y la afectación del crecimiento del sector en medio de la pandemia. Finalmente, se reflexiona sobre el impulso a la inclusión financiera en Latinoamérica mediante iniciativas públicas y privadas que brinden productos y servicios adaptables a las necesidades de las personas y las empresas e incrementen los beneficios del uso de servicios fintech en América Latina.

En el cuarto capítulo, “Inteligencia artificial (ia) y covid-19: análisis comparativo China-América Latina”, Sadcidi Zerpa de Hurtado analiza el establecimiento de un nuevo orden global mediante el mayor uso de la tecnología para interconectar todos los procesos y alcanzar una automatización efectiva en momentos de expansión de la covid-19, con el mayor uso de tecnologías 4.0, principalmente, basadas en Internet de las cosas (iot), big data, robótica e inteligencia artificial (ia). Se aborda el papel que juega la ia durante la pandemia en China y América Latina, para lo cual se puntualizan los alcances la ia, la cual puede realizar tareas y acciones similares a las cognitivas o inteligencia humana; ahora bien, también se plantean los desafíos del uso de ia en la fábrica inteligente y las múltiples oportunidades y usos que ya tiene en la industria, la agricultura, el monitoreo del clima, la educación, la medicina y la farmacéutica con la posibilidad de revolucionar las prácticas de gestión. En este capítulo, se caracterizan los usos públicos y privados dados en China y en Latinoamérica durante la crisis de la covid-19 a la ia, de lo que se vio un bajo crecimiento de los ecosistemas digitales latinoamericanos por la carente infraestructura digital en la región ante la falta de acceso a Internet, en contraste con China, país que mejor ha manejado la pandemia usando su tecnología en ia en detección, prevención, respuesta y recuperación de la covid-19. Este ejemplo plantea las oportunidades y los desafíos de la utilización de la ia, tanto en China como en América Latina en el marco de la pandemia en momentos en que la era de la digitalización es una realidad.

En el quinto capítulo, “Neoliberalism, State and Welfare: What Does the Pandemic Interrupt or Reinforce in Brazil?”, Roberto Goulart Menezes y Rafael Alexandre Moreira Mello analizan el caso particular del Brasil ante los cambios de política sobre el papel que juega el Estado y el mercado, influenciados por la evolución y los cambios del sistema capitalista mundial a través de la historia, principalmente, con la formulación de la teoría del Estado de bienestar y los ajustes institucionales de Bretton Woods, el paso a una economía de mercado y la eliminación del papel que juega el Estado, la crisis financiera mundial del 2008 y la actuación de los Estados para superarla. La llegada del gobierno de derecha neoliberal extrema del presidente Jair Bolsonaro y de su superministro de Economía, Paulo Guedes de la Escuela de Chicago, se orienta al desmonte del Estado de bienestar y al regreso al mercado de políticas públicas, como la provisión de educación, salud y seguridad social, entre otras áreas. Esto ocurre en momentos en que la pandemia es desconocida por el Gobierno Bolsonaro y se agrava la situación social y los niveles de desigualdad ante la insuficiencia de las ayudas gubernamentales a los más débiles de la población; estas políticas son contrastadas con las de administraciones anteriores. Entre los más débiles, están las poblaciones indígenas y las minorías étnicas que han visto agravadas sus situaciones de pobreza; además, la situación llegó a tales niveles que el Congreso se vio obligado a aprobar un ingreso básico ante la profundidad de la crisis social y económica.

En el sexto capítulo, “El impacto de la covid-19 en el sector de la industria automotriz: desafíos y oportunidades para la factoría en Mercosur”, Jorge Damián Rodríguez Díaz analiza uno de los sectores estratégicos en la industrialización de Mercosur, pieza clave del comercio intrarregional, que presenta cambios influenciados por la “cuarta revolución industrial”, en el marco de la disputa entre los Estados Unidos y China, y las consecuencias de la pandemia de la covid-19.

El sector automotriz en el Mercosur está en transición hacia un mayor respeto de lo ambiental, en un proceso de deslocalización productiva con estrategias basadas en las regiones, a las que se suman proveedores digitales de servicios tecnológicos en una transformación hacia la provisión de servicios de movilidad más que de fabricación de automóviles, donde la integración y la complementariedad productiva regional resulta clave para una inserción competitiva, digital y sustentable en el mercado mundial. Se explica la evolución del sector, dominado fundamentalmente por Brasil y Argentina; el hecho de no haber logrado desarrollar la política automotriz común sino acuerdos bilaterales que han postergado la liberalización hasta el 2029, mientras los compromisos con la Unión Europea fueron negociados como bloque. A lo anterior se le agregan los efectos negativos de la pandemia con respecto a la caída de la producción del sector, pero se espera restablecer un trabajo más cooperativo e integrado entre Brasil y Argentina.

En el séptimo capítulo, “Geopolítica de la covid-19 en el sur global: el caso del Medio Oriente”, Stéphan Sberro comienza con ciertas características del Medio Oriente en su menor contagio de la covid-19, mientras países, como Irán, presentan altos niveles de contagio. Se abordan las consecuencias políticas, se analiza cómo la mayoría de los países de la región sufrían una crisis política, económica y social, con la particularidad del efecto devastador de la pandemia más por frágiles equilibrios geopolíticos que por salud pública. La crisis económica proviene de la baja en los precios del petróleo, que es la fuente presupuestaria de la mayoría. En relación con la diversidad regional, se analizan países fallidos como Sudán y Siria y recientemente Líbano; países que comenzaron bien el control de la pandemia, pero que luego se les agravó terriblemente como Israel o países exitosos como Jordania. La pandemia contribuyó al acercamiento político de algunos Estados árabes con Israel, como Arabia Saudita y Bahrein, pues tienen en común la enemistad con Irán, estar mayormente expuestos a la covid-19, por su estilo de vida que favorece la mortalidad y ser proestadounidenses. Por otra parte, la tendencia actual es hacia la consolidación de una integración regional en materia de seguridad, pero algunos países, como Turquía, multiplican las provocaciones externas, mientras otros pierden peso geopolítico en la región, como es el caso de Egipto y subsiste la duda sobre lo que hará en el futuro Irán, muy afectado por la pandemia.

En conclusión, la covid-19 tiene impactos en el sistema internacional con ajustes en el modelo económico ante la prevalencia de concepciones poskeynesianas de mayores responsabilidades en políticas públicas como las de la salud en áreas como América del Norte; con las oportunidades y los desafíos que se le abren a la gobernanza en América Latina, donde el caso del Uruguay ha sido un buen ejemplo al enfrentar la pandemia exitosamente mediante una gobernanza interinstitucional; con desarrollos de emprendimiento novedoso a través startups de inteligencia financiera (Fintech) que incorporan nuevas tecnologías en la integración latinoamericana; con la profundización de tecnologías disruptivas 4.0, en particular con los grandes avances en China de la inteligencia artificial que, junto con la big data y la robótica, le está permitiendo a ese país acelerar su disputa de liderazgo mundial con Estados Unidos, mientras América Latina muestra también avances, pero de menor alcance e impacto en determinados países latinoamericanos; con las alternativas entre neoliberalismo y Estado de bienestar que tiene Brasil, hoy orientado por un neoliberalismo extremo que desconoce la misma pandemia; el proceso de integración de Mercosur en el que se producen acomodamientos a la pandemia en el caso del sector automotriz, y con impactos en el sistema internacional en regiones como el Medio Oriente.

Edgar Vieira Posada y Félix Peña

Editores

Diciembre del 2020

Capítulo 1. Recesión global, covid-19 y viabilidad de estrategias poskeynesianas: la perspectiva en América del Norte

Miguel Ángel Vázquez Ruiz

Carmen O. Bocanegra Gastelum

¿Cómo citar este capítulo? / How to cite this chapter?

Vásquez Ruiz, M. Á. y Bocanegra Gastelum, C. O. (2021). Recesión global, covid-19 y viabilidad de estrategias poskeynesianas: la perspectiva en América del Norte. En E. Vieira Posada y F. Peña (Eds.), Impactos de la covid-19 en el sistema internacional y en la integración regional (vol. 7, pp. 19-42). Ediciones Universidad Cooperativa de Colombia. https://doi.org/10.16925/9789587602937

Introducción

No es la primera vez en la historia de la humanidad que una pandemia llegó, contagió, causo muertes, desolación y parálisis en las actividades de la sociedad en amplias regiones de cada uno de los continentes. Harari (2016) documenta varios hechos históricos: la peste negra, desarrollada en la década de 1330, en Asia oriental o central, cuando las pulgas propagaron la bacteria Yersinia Pestis en humanos desde Asia hasta Europa, África y América, lo que causó entre 75 y 200 millones de muertes. Después del cruce del Atlántico, los europeos trajeron y dispersaron la viruela en Australia y América; uno de los países más afectados fue México y, en particular, Tenochtitlan, la capital azteca, que en dos meses vio minada su población de 250 mil habitantes en un tercio. En las primeras dos décadas del siglo xx, en Europa, comenzó a extenderse la llamada “gripe española” que en un año provocó la muerte de entre 50 y 100 millones de personas. En pleno siglo xxi, las pestes son una amenaza latente: entre el 2002 y 2003, se sintió la presencia del síndrome respiratorio agudo grave (sars), en el 2005 la gripe aviar, entre el 2009 y 2010, la gripe porcina y, en el 2014, el ébola (Harari, 2016, pp. 16-21). Sin embargo, en los anales de la historia quedará registrado el 2020, como el año de la covid-19.

En el caso de la covid-19, lo inédito es la rapidez cómo la pandemia brincó de un continente a otro; el ataque sorpresa a las instituciones de salud que no estaban preparadas para atender a los cientos de contagiados diariamente; el reclamo inmediato de la sociedad al Estado para que tome medidas de contención a la mortífera enfermedad; y la forma como reaccionaron las sociedades de los distintos países, dividiendo su percepción entre los que acataron inmediatamente las medidas de quedarse en casa y guardar la sana distancia usando el cubrebocas; mientras que otra parte reaccionó con indiferencia e incredulidad ante el eventual contagio, asegurando que era una artimaña de los gobiernos para desmovilizar a la gente, crear controles e imponer el super negocio de las vacunas. El hecho es que el problema existe y ha puesto en entredicho a la ciencia y su capacidad de predicción para tomar medidas ex ante, a los sistemas de salud de países desarrollados, en vías de desarrollo y a los más pobres; a los gobiernos y la direccionalidad de sus políticas y a la propia sociedad, que suele esperar a que las instituciones le resuelvan sus incidentes y problemas.

Todo indica que asistimos al fin de una era. Ante lo viejo que muere, el mundo se reconfigura de norte a sur, de este a oeste. Estados Unidos pierde espacios que había ganado a partir de la crisis de 1929 y la segunda posguerra del siglo anterior, universos que está llenando la milenaria China, que ahora reconstruye la ruta de la seda para llegar a cada rincón del mundo.

El paradigma dominante ha perdido fuerza en sus ideas. El mundo de hoy ya no podrá organizarse tomando solo en consideración la dinámica del mercado, la competencia, los negocios y las ganancias, por la evolución darwiniana, por el sálvese quien pueda. El escenario actual exige otras estrategias para reinventar las formas de convivencia: regular mercados, cooperación, solidaridad, sustentabilidad, vecindad, utopías, tal vez difícil de lograr, pero alcanzables cuando lo que está en juego es la preservación de la vida. ¿Exagerado? ¿Acaso no es esa la principal preocupación ante el asecho del coronavirus?

El mercado ha dejado de tener la sabiduría que se le atribuyó, en el sentido de que todo lo ponía en su lugar, hasta lograr equilibrios perfectos. La realidad del siglo xxi indica que está agotado dejando como herencia un mundo donde cada vez hay más pobres más pobres y menos ricos más ricos. Como dice Joseph E. Stiglitz (2016), ahora hay que enfrentar “el precio de la desigualdad”; también pestes y pandemias, naturaleza devastada, océanos llenos de basura, descomposición social y que lo que antes eran bienes públicos gratuitos, serán privados y tendrán precio, el mejor ejemplo es el agua.

Ante un mundo descompuesto, el reto es reposicionar el liderazgo del Estado, única institución que, de manera racional, puede planear haciendo uso de los instrumentos de los que dispone para hacer política económica: política fiscal, monetaria, manejo de tipos de cambio, aranceles y comercio exterior, como también acuerdos con los países y las instituciones del mundo. Para ello, se requiere claridad de objetivos y estrategias, honestidad, reglas fijas y claras para convenir con la empresa y la sociedad. Un horizonte con rutas de llegada, claras y precisas.

Las tareas del Estado no son menores, son colosales. A la urgencia de aplicar medidas contra cíclicas a través del gasto público y la política monetaria, ahora hay que añadirle muchas más: el manejo de la pandemia, los problemas de inseguridad y violencia, la descomposición social y la educación, que ahora enfrenta el reto de superar lo presencial a través de las nuevas tecnologías, en cuyo manejo no son millones los iniciados.

La sociedad discurre hacia una nueva realidad. Más temprano que tarde, tendrá que asimilar que el problema no es únicamente el aburrimiento causado por cuatro paredes, un techo y un piso, o tomar distancia ante un enmascarado que no conoce, a quien se ve de reojo con recelo; o que no son suficiente las compras de pánico, haciendo kilométricas filas para abastecer la alacena.

Demasiadas cosas a la vez, para asimilarlas de un solo golpe. No debería haber espacio para el hastío, sino para el replanteamiento, la reflexión y la construcción de nuevas formas de convivencia. La suerte está echada, estamos ante acontecimientos que parten la historia. A la realidad de hoy no se le puede eludir desde el hastío, sino enfrentarla desde todas las trincheras. Porque como dijera Ryszard Kapuscinski: “No hay atajos en la historia” (1997, p. 1).

El objetivo de este texto es documentar los efectos de la recesión 2019-2020, inducida por la covid-19, con especial énfasis en los países agrupados en el t-mec, como también analizar el eventual reposicionamiento del Estado para hacerle frente a través de medidas anticíclicas que vayan más allá de la expansión del gasto público para estimular la demanda agregada y el pleno empleo, e incluyan cambios internos que sean innovadores y alianzas con la sociedad en vía de asumir funciones protagónicas y activas. La metodología que se va a emplear es documental, descriptiva y analítica. Para describir el estado que guardan los países en los diversos bloques del mundo, se recurrió a la información estadística de instituciones supranacionales como el Banco Mundial (bm), el Fondo Monetario Internacional (fmi) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (ocde). Asimismo, se hace un recuento de las diversas corrientes explicativas de la evolución del Estado, en particular, en la arena donde convive con el mercado. La interpretación teórica se nutre de las visiones keynesianas y poskeynesianas.

El capítulo se compone de varios apartados. Después de esta introducción, en el primer apartado, se dimensiona la recesión con base en las peculiaridades que tiene como fenómeno histórico de alcance inédito. En el segundo, se describe la situación de América del Norte, con énfasis de los impactos de la covid-19 en crecimiento; empleo, contagiados y fallecidos. Seguidamente, en el tercer apartado, se analizan los distintos ciclos del Estado, para explicar su tránsito de regreso ante la recesión y las demandas sociales vigentes. En la cuarta parte, se discute sobre la necesidad de buscar nuevas salidas al panorama prevaleciente, a través de vincular los intereses del mercado, el Estado y la sociedad. Finalmente, se plantean las conclusiones y se presenta la relación de referencias y bibliografía consultada.

Algunas dimensiones de la recesión

El 2020 quedará registrado en la historia de la humanidad como uno de los más aciagos de su evolución. Justo cuando el hombre atestigua el desbordamiento de su creatividad con los avances tecnológicos alcanzados en las etapas de la globalización, como el desarrollo computacional y la revolución de Internet con su masificación, la conexión en redes sociales, el Internet de las cosas, la miniaturización sin límites en la nanotecnología y la biogenética, los nanotubos de carbono y el grafeno, como también otras tecnologías disruptivas en las que se destacan la robótica avanzada y la tecnología artificial (Vieira, 2016, pp. 60-95), un enemigo invisible lo ha puesto de rodillas, la covid-19, sin que esa grandeza se haya podido activar para que la especie humana supere su cotidianidad; y es que “Con todo esto, parece imposible que aún muera gente, habiendo tanto remedio y salvaguarda”, dice Saramago (2016, p. 202). El hecho es que:

La economía mundial se encuentra paralizada por la primera cuarentena global de la historia. En el mundo entero hay crisis, a la vez, de la demanda y de la oferta. Unos ciento setenta países (de los ciento noventa y cinco que existen) tendrán un crecimiento negativo en 2020. O sea, peor tragedia económica que la Gran Recesión de 1929. (Ramonet, 2020).

En efecto, los datos son contundentes y con poca variación entre sí en la información estadística proporcionada por los gobiernos y las distintas instituciones supranacionales que siguen el comportamiento de las variables económicas y sociales. Desde la perspectiva de los campos de competencia del andamiaje mundial, en la cual el Banco Mundial (bm) tiene como principal propósito el desarrollo de los países; el Fondo Monetario Internacional (fmi), la estabilidad de los tipos de cambio y los problemas estructurales de balanzas de pagos; la omc, el estímulo al comercio internacional a través de aranceles mínimos, como también la ocde que se sitúa en los ámbitos del desarrollo y el bienestar de la población, no hay una de estas instituciones que se manifiesten optimistas sobre la situación de recesión actual y, por el contrario, todas tienen como telón de fondo un aura de pesimismo; acaso la diferencia está en los datos que presentan en sus proyecciones de crecimiento y empleo.

En algunas de ellas, como es el caso del fmi, se observa un cambio en su tradicional esquema de política económica de liberalización de los mercados, que ante problemas de déficit estructurales siempre sugirió la “jibarización” del Estado en términos de manejo fiscal y presupuestal. En el entorno de hoy, la propia directora de la institución, Kristalina Georgieva, hizo un llamado para que los gobiernos abran sus arcas públicas en aras de superar la emergencia provocada por la covid-19. En reunión ministerial efectuada el 23 de marzo del 2020 estas fueron sus palabras:

Respaldamos firmemente las medidas fiscales extraordinarias que ya han tomado muchos países para dar apoyo a los sistemas sanitarios y a los trabajadores y empresas afectados, y nos parece positiva la decisión de los principales bancos centrales de flexibilizar la política monetaria. Estos valerosos esfuerzos redundan no solo en interés de cada país sino de la economía mundial en su conjunto. Se requerirá aún más, especialmente en el plano fiscal. (Georgieva, 2020)

En la adversidad hay coincidencia en el estado de cosas, causado por un ente invisible y en el regreso a políticas públicas expansivas, por parte del Estado. Ante lo intenso de la recesión, no hay empacho en regresar a Keynes. En efecto, en la lógica de que la economía se mueve por ciclos, esta entró en una de sus etapas más críticas desde la gran depresión de 1929-1932. Nunca, como ahora, los indicadores habían tenido tanta coincidencia en el contenido de los datos con respecto a la evolución del producto interno bruto (pib), el comportamiento del empleo, los ingresos y el consumo, como también en la información sobre las conexiones entre países en la economía global, como son el flujo de exportaciones e importaciones y el comportamiento de la inversión extranjera, tanto la directa como la asociada con los movimientos de cartera.

En esta tesitura, el informe sobre prospectivas de la economía global del bm, de junio del 2020, plantea un escenario en el cual se calcula que la economía mundial caerá 5,2 % este año, para constituirse en la recesión más severa después de la Segunda Guerra Mundial, con una caída en el ingreso per cápita, que sobresale por el número de países involucrados en el desplome desde 1870; es decir, si el indicador se mide por el conjunto de países afectados en el ingreso por persona, el retroceso es de 150 años.

Según las proyecciones de esta misma institución, en el 2020, las economías avanzadas se encogieron un 7 %, mientras que los llamados mercados emergentes y las economías en desarrollo (meed) lo harán en un 2,5 %, lo cual será la primera contracción como grupo de países en 60 años. El ingreso per cápita se prevé que caiga en un 3,6 %, con las implicaciones que esto tendrá en la población de menores ingresos. El bloque de Asía Oriental y el Pacífico tendrá un crecimiento del 0,5 %, cifra que contrasta con el 5,9 % del 2019. En este bloque, China tiene un estimado de 1 %, contra el 6,1 del año anterior. En cambio, para Europa y Asia Central, auguran una caída de menos 4,7, en la que Rusia reduce su crecimiento en el 6 %. Por su parte, América Latina y el Caribe se observan uniformemente afectados con una contracción del 7,1 %, en la que Brasil reduce su tasa en el 8 %, México en el 7,5 % y el caso más grave es Argentina que caerá el 7,3 %, para coronar una caída secuencial con los 2 años anteriores. Oriente Medio y África del Norte muestra una caída de menos el 4,2 %; todos los países de este bloque de países tienen tasas negativas con excepción de Egipto con crecimiento del 3 % y Bangladesh con el 1,5 % (bm, 2020, p. 4). Los datos se pueden ver en la tabla 1.

Tabla 1. Crecimiento del producto interno bruto (pib) en regiones del mundo (pib real, variación con respecto al año anterior)


Economías avanzadas
Países20182019e.2020of2021f
Estados Unidos2,11,6–73,9
Zona Euro1,91,2–9,14,5
Japón0,30,7–6,12,5
Mercados emergentes y economías en desarrollo (meed)
meed4,33,5–5,24,6
eme de x de básicos2,11,5–4,83,1
Otras eme5,74,8–1,15,5
Otras eme, excluida China4,83,2–3,63,6
Asia oriental y el Pacífico6,35,00,56,6
China6,66,11,06,9
Indonesia5,25,00,04,8
Tailandia4,22,4–54,1
Europa y Asia Central3,32,2–4,73,6
Rusia2,51,3–62,7
Turquía2,80,9–3,85
Polonia5,34,1–4,22,8
América Latina y el Caribe1,70,8–7,22,8
Brasil1,31,1–82,2
México2,2-0,3–7,53
Argentina-2,5- 2,2–7,32,1
Oriente Medio y África del Norte0,9-0,2–4,22,3
Arabia Saudita2,40,3–3,82,5
Irán–4,7-8,2–5,32,1
Egipto5,35,632,1
Asia del Sur6,54,7–2,72,8
India6,14,2–3,23,1
Paquistán5,51,9–2,6–0,2
Bangladesch7,98,21,61
África subsahariana2,62,2–2,83,1
Nigeria1,92,2–3,21,7
Sudáfrica0,80,2–7,12,9
Angola–0,2–0,9–43,1
Mundo32,4–5,24,2

Nota: elaboración propia con base en la tabla 1.1 pib real, tomada del Banco Mundial (2020, p. 4).

La situación en Norteamérica

En el entorno global, el subbloque norteamericano, conformado por Estados Unidos, Canadá y México, actualmente agrupados en el t-mec, forma una tríada en la cual los dos primeros pueden catalogarse como países desarrollados, con altos niveles salariales y de calidad de vida de la gente. La diferencia entre ambos estriba en que Estados Unidos es superpotencia económica y militar en lucha por mantener la hegemonía que adquirió después de la Segunda Guerra Mundial, abriendo diferentes frentes de batalla con China; Canadá, en cambio, es un país desarrollado sin intereses hegemónicos, expansionistas o militares, con preocupaciones endógenos que lo han llevado a conformar una nación de poca población, diversidad multicultural, en un vasto y frío territorio, con alto índice de desarrollo humano1.

Por su parte, México, el vecino del sur, donde comienza Latinoamérica, por azares de la geografía, la historia y la geopolítica, comparte 3169 kilómetros de frontera con Estados Unidos y es la parte subdesarrollada de la triada, que, no obstante, su pertenencia a la ocde, no ha podido dejar atrás esa condición, aunque se le ubique como país en vías de desarrollo. Es una nación desigual, con altas tasas de desempleo y de población en la informalidad, pobreza y deficiente calidad de vida para la mayoría de la población. Sus aspiraciones de liderazgo en América Latina las abandonó apenas iniciada la década de los ochenta del siglo xx, cuando el primer gobierno neoliberal, el de Miguel de la Madrid (1982-1988) trazó una estrategia de ajustes y cambios estructurales para redefinir la forma de inserción con América del Norte, que comenzó por ingresar al Acuerdo General de Aranceles y Comercio (gatt) en 1986.

Las últimas cuatro décadas han sido de estrategias compartidas entre estos tres países, con medidas en política económica interna e internacional, que buscan cohesionarlos y converger entre ellos. Canadá firmó con Estados Unidos un Acuerdo de Libre Comercio en 1988, mientras que México acordó con ambos el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (tlcan), en 1992, para entrar en vigor en enero de 1994. Un cuarto de siglo después, las normas establecidas para la integración económica fueron revisadas, ampliadas y reescritas en un nuevo tratado (Umsca o t-mec) el cual entró en vigor el 1.° de julio del 2020.

Para el 2019, el subbloque norteamericano tenía un pib equivalente al 18,3 % de la economía global, cifra que lo ubicaba en el segundo lugar del mundo. Asimismo, en el 2018, fue el primer receptor mundial de Inversión Extranjera Directa (ied) con una participación del 23,1 % y el segundo exportador mundial con una participación del 16 %. De las tres economías, la que tiene mayor grado de apertura internacional es México2, no obstante, es la de menor desarrollo. La información se puede ver en la tabla 2.

Tabla 2. Datos generales de Norteamérica (2019)


ConceptosCantidadesParticipación mundial (%)Lugar en el mundo
Población493 millones de personas6,5----
pib26 billones de dólares18,3Segunda economía
ied323 millones de dólares23,1*Primera receptora
Comercio6 billones de dólares15,9Segundo mayor intercambio
Comercio intrafirma1,2 billones de dólares20Comercio total de la región

Nota: tomado de De la Mora (2020). *2018

Crecimiento, empleo y covid-19

Como ha acontecido en la inmensa mayoría de las economías del mundo, el subloque norteamericano sufrió un colapso en el binomio crecimiento-empleo. En la tabla 3, se observa cómo Estados Unidos vio caer su pib anualizado en 31,7, durante el segundo trimestre del 2020; en correlación con la contracción económica, la tasa de desempleo presagió lo que venía al situarse en el 14, 4 % en abril, cifra que para julio se había reducido al 10,2 %, indicios de recuperación económica para finales del año. Asimismo, para el 25 de septiembre, Estados Unidos es el país con mayor cantidad de contagiados y fallecidos por la covid-19 en el mundo: 6 990 568 y 203 047 personas, respectivamente, para encabezar la lista en América Latina.

Canadá, por su parte, parecería el menos afectado. La caída más fuerte del producto se dio en junio con una contracción del 7,8 % del pib, con impactos negativos en la tasa de desempleo para agosto del 10,2 %. El número de afectados por la covid-19 era de 151 970 y los fallecidos, 9304, en la misma fecha mencionada.

El caso mexicano es peculiar. En el segundo trimestre del 2020, el pib cayó el 18,7 %, mientras que el desempleo de marzo alcanzó una tasa del 3,5 %3. El número de contagiados fue de 715 457, mientras que los fallecidos alcanzaban la cifra de 75 439, el mismo día, 25 de septiembre del 2020.

Tabla 3. América del Norte: crecimiento, desempleo y covid-19 (2019-2020)


PaísCrecimiento*Desempleocovid-19Casos*****covid-19Fallecidos
Estados Unidos–31,7 (2T)14,7**6990,568203 047
Canadá–7,8 (27)10,2***151 9709304
México–18,7 (2T)3,5****715 45775 439

Nota: elaboración propia con base en la información del Bureau of Economic Analysis (2020), Statista (2020), Expansión/Datosmacro.com (s. f.), University Johns Hopkings (2020). *Las cifras son hasta el segundo trimestre del 2020. **Cifras a abril del 2020. ***Cifras a agosto del 2020. ****Cifras a marzo del 2020. *****Las cifras de casos y fallecidos por la covid-19 son hasta el 25 de septiembre del 2020.

De lo anterior no deja de asombrar las cifras de contagiados de Estados Unidos que acumula millones y más de 200 000 fallecidos, hasta ese momento. Las cifras de México podrían concebirse en el marco de un país en la trampa del subdesarrollo, con un sistema de salud atendido por pocos recursos humanos, infraestructura hospitalaria insuficiente y presupuesto que deja que desear; mientras que Canadá exhibe su condición de país desarrollado con buen sistema de salud pública.

Los Gobiernos de América del Norte han respondido a los retos de la covid-19 aplicando parte de sus recursos presupuestales, por una parte, a la atención directa de los problemas de la covid-19 (infraestructura física en hospitales, médicos, enfermeras, medicamentos); por otra, a los efectos indirectos a empresas y familias. La información por país, registrada por el fmi, evidencia el diferenciado poder fiscal y presupuestal de cada uno de los tres países.

Estados Unidos

En un marco en el cual el sistema de salud pública de este país se sustenta en el Medicaid y el Medicare, ambos complementados con el “Obamacare”, hasta agosto del 2020, Estados Unidos había invertido alrededor de 2,3 billones de dólares (estimado en el 11 % del pib) para la Ley Ayuda y Seguridad Económica por Coronavirus (Ley Cares) distribuidos de esta manera: 1) 293 mil millones de dólares para devoluciones de impuestos por única vez a las personas; 2) 268 mil millones de dólares para ampliar las prestaciones por desempleo; 3) 25 mil millones para proporcionar una red de seguridad alimentaria para los más vulnerables; 4) 510 mil millones de dólares para prevenir la bancarrota de empresas, proporcionando préstamos, garantías a través de programa de la Reserva Federal 13 (3); 5) 349 mil millones de dólares en préstamos y garantías condonables para ayudar a las pequeñas empresas que retienen trabajadores; 6) 100 mil millones de dólares para hospitales; 7) 150 mil millones de dólares en transferencias a gobiernos estatales y locales; y 8) 49,9 mil millones para asistencia internacional (fmi, 2020).

Canadá

El sistema de salud de este país se sustenta en la Canada Health Act, jurisprudencia que establece que la federación y las provincias comparten responsabilidades. En el caso de la covid-19, vía medidas fiscales y de gasto, había invertido 317 millones de dólares (15 % del pib) que incluyen: 1) 20 000 millones de dólares (0,9 % del pib) al sistema de salud para apoyar el aumento de las pruebas, el desarrollo de vacunas, los suministros médicos, los esfuerzos de mitigación y un mayor apoyo a las comunidades indígenas; 2) alrededor de 212 000 millones de dólares (10 % del pib) en ayuda directa a hogares y empresas, incluidos subsidios salariales, pagos a trabajadores sin licencia por enfermedad y acceso al seguro de empleo, un aumento de los créditos fiscales existentes y beneficios de cuidado de niños, y un nuevo Fondo de Apoyo Comunitario Indígena basado en distinciones; y 3) alrededor de 85 mil millones de dólares (4 % del pib) en apoyo de liquidez a través de aplazamientos fiscales (fmi, 2020).

México

México se encuentra en situación ostensiblemente desventajosa ya que solo destina alrededor del 1 % del pib a la contingencia sanitaria. Según el fmi, el gasto fiscal asciende al 0,2 % del pib, por encima de la línea presupuestaria para salud; 0,5 para apoyos a empresas y hogares; 0,5 del pib para préstamos a trabajadores formales despedidos a causa de la pandemia y pasivos contingentes (fmi, 2020).

Es el caso más delicado, ya que, según los análisis realizados en el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria de la Cámara de Diputados de México (ciep), durante los últimos 10 años, el presupuesto en salud se contrajo significativamente de la siguiente manera: en el 2013, alcanzó el 2,87 % del pib, punto de inflexión desde donde comenzó a decrecer; para el 2019, el monto fue de 624 mil 474 millones de pesos, equivalente al 2,55 % respecto del pib, con un ligero repunte en el 2020, que representa el 2,76 % del pib (Méndez, 2019).

De este país habría que destacar la cobertura nacional del Seguro Social, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (issste), el Seguro Popular, sustituido por el Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (Insabi).

Los ciclos del Estado

No se puede investigar en búsqueda de medios e instrumentos para superar la crisis actual, sin poner sobre la mesa la trayectoria del Estado. Como es sabido, una polémica nunca zanjada en economía es la disyuntiva entre mercado y Estado. Desde Thomas Hobbes y el Estado Leviatán, hasta el siglo xxi, cada ciclo histórico se ha caracterizado por una mayor o menor presencia del Estado. Si bien es cierto, los tres países de América del Norte han tenido una importante participación del Estado en ámbitos económicos y sociales, después de la Segunda Guerra Mundial, Canadá construyó un sistema de seguridad social que, en la actualidad, es uno de los con más alto índice de desarrollo humano en el mundo. En contraste, México, en el marco de esfuerzos para impulsar la agricultura y la industria a través de la sustitución de importaciones, creó instituciones para la salud como las mencionadas, Seguro Social y el Instituto para la Seguridad de los Trabajadores del Estado (issste), sistemas de atención a trabajadores y empleados, los cuales, en la medida en que aumentó la población y con ello la demanda de servicios para la salud, se fueron desgastando. En esta situación de instituciones desgastadas en infraestructura, número de médicos y enfermeras, como también presupuesto para medicamentos, los sorprendió la covid-19.

Es en Estados Unidos donde la inflexión histórica del Estado dejó una huella indeleble para los anales del Estado moderno. La referencia en el Continente Americano es la crisis de 1929-1932, cuando el gobierno de Franklin D. Roosevelt remodeló su estructura para tener el poder que le permitieran salir de aquella crisis, hoy referente obligatorio. Con Roosevelt:

Se comienzan a definir las bases del gran proyecto nacional que hará de los Estados Unidos la primera potencia del mundo en la segunda posguerra y le asegurará durante varias décadas a su pueblo niveles de prosperidad y expansión que ningún otro país había conocido antes. Si el presidente Roosevelt es una de las figuras principales de la historia norteamericana […] lo es ante todo por su capacidad para remodelar el gobierno y la economía de los Estados Unidos en función de objetivos políticos exactos y de opciones filosóficas claramente de definidas. (Maira, 1981, p. 124)

El mismo autor apuntala sobre la “restauración del papel del Estado”:

Este proyecto nacional, cuyo contenido fuera complementado durante la administración Truman en los años finales de la década de los cuarenta, incluyó una reestructuración de la organización pública, la reestructuración económica y la restauración del papel del Estado en su funcionamiento, así como del papel de los Estados Unidos en la política mundial. (Maira, 1981, p. 124)

De la nueva visión nació el informe Brownlo que dio lugar a la Oficina Ejecutiva del Presidente, cuya fortaleza la ungió la creación del Consejo de Seguridad Nacional, el Consejo de Asesores Económicos y la Oficina de Administración y Presupuesto. Así se construyó la cimentación de lo que habría de ser conocido como el New Deal (Maira, 1981, pp. 125-126). Devino, entonces, el tiempo de ilusiones del capitalismo, cuya etapa marcó el “sueño americano” hasta finales de la década de los setenta y principios de los años ochenta del siglo xx.

El ciclo largo de la participación del Estado en la economía, auspiciado por las ideas keynesianas de impulsar la demanda agregada a través del pleno empleo, con políticas fiscales y presupuestales ad hoc, comenzó su cuestionamiento cuando las economías comenzaron a mostrar déficit en las finanzas, brotes inflacionarios, inestabilidad de los tipos de cambio, del dólar en especial, desempleo y caídas en la productividad. Los ochenta marcaron entonces una nueva época en términos de política económica, conocidos por la “crisis fiscal del Estado”. El nuevo ciclo lo concibió Ronald Reagan, Margaret Thatcher y el Consenso de Washington.

Para Reagan, Thatcher y el Consenso de Washington, la solución a la nueva crisis histórica del capitalismo era volver a reposicionar el mercado, mientras el Estado hacia mínimas funciones. Reagan, apoyado en las ideas de Arthur Laffer y su curva que relaciona política impositiva con recaudación, sostenía que esta habitaba una zona prohibida, por lo que el exceso de impuestos había llevado a la caída de la inversión, la producción y el empleo, por lo tanto, se suscitó un problema de oferta para las empresas. La ley de Say y su axioma de que toda oferta crea su propia demanda remitían a los planteamientos de la economía clásica y sus postulados de la competencia perfecta. El Estado, según Reagan, lo que había hecho era estimular con su política social el ocio de la gente, a quien hay que enseñarle a pescar no solo a recibir prebendas.

Estos postulados, teóricamente sustentados en los premios Nobel de Economía, Milton Friedman y Robert Lucas, como se sabe, dominaron gran parte de la economía mundial por tres décadas, hasta que estalló la crisis del sistema financiero por la quiebra de Lehman Brothers y sus secuelas posteriores en el 2008. La conocida crisis de las hipotecas subprime envolvió al sistema financiero internacional y a las grandes empresas. George Bush Jr. y el secretario del Tesoro, Henry Paulson, salieron al rescate con 750 mil millones de dólares de las arcas públicas para regular la crisis y, con ello, el mito de que la intervención del Estado es negativa se derrumbó (Álvarez, 2018, pp. 151-155). Una vez más, el Estado, a través de la política fiscal y monetaria y de generar confianza, se puso al servicio del rescate de los mercados.

El proceso de recuperación se prolongó por una década y con ello el crecimiento, el empleo y los ingresos, con ritmos distintos en los tres países de Norteamérica, apuntalados por el cordón umbilical que los unió por más de un cuarto de siglo, el tlcan. Empero, justo cuando se hacían los reacomodos para formalizar la integración económica a través del sustituto de este (el t-mec), aparece un fenómeno invisible que, de nuevo, conduce a una recesión económica concebida como histórica en parangón con la de 1929-1932. La covid-19 se difunde por los tejidos del mundo, en un tiempo inusitadamente rápido de China a Italia, de Europa a Estados Unidos y al resto del continente americano. El rápido contagio pone en el frente de batalla a los distintos sistemas de salud y, por ende, los distintos Estados nacionales.

En consecuencia, es el Estado y no las empresas de salud privada quien encabeza las estrategias para enfrentar los avances de la covid-19 en los diversos segmentos de la sociedad y, con ello, comienza una nueva etapa en la coordinación de los intereses nacionales. El Estado encabeza un nuevo reto en diversas tareas de gobernanza. Pero su poder es insuficiente.

Estado, mercado y sociedad

Visto que el mercado desarrolla su propia lógica, direccionado por las fuerzas más poderosas, reivindicándose así la lógica darwinista que desfavorece a los más débiles, le corresponde al Estado, en alianza con la sociedad, establecer nuevas coordenadas para el desarrollo. Concierne a esta hacer sentir su presencia para que, como fuerza de presión, demande frutos de honestidad, empleo, ingreso, sistemas educativos y de salud, en pocas palabras, calidad de vida. Para que el arrastre sea recíproco, la sociedad debe de aportar su parte: no ser participe de corrupción, sino asumir tareas colectivas y de solidaridad, ahí donde sea necesario. Situarse en el escenario actual, donde los grandes problemas de desigualdad, contaminación y abatimiento del medio ambiente solo serán superados con un esfuerzo colectivo. Esto implica que la sociedad deje de ser un ente pasivo, que busca que todo se lo resuelvan desde afuera.

Joseph E. Stiglitz, en su libro El precio de la desigualdad, ha dedicado una buena parte a reflexionar el tema. Dice el premio Nobel en un apartado del capítulo 10 sobre el pacto social:

Mantener un tipo de sociedad y un tipo de gobierno que esté al servicio de todo el pueblo —que sea coherente con los principios de justicia, de juego limpio y de igualdad de oportunidades— no ocurre así como así. Alguien tiene que velar por ello, de lo contrario nuestro gobierno y nuestras instituciones acaban siendo captadas por intereses especiales. Como mínimo necesitamos unos poderes que hagan de contrapeso. Pero, nuestra sociedad y nuestro sistema de gobierno han acabado estropeándose. (Stiglitz, 2016, p. 347)

En este sentido, Ramonet (2020) es muy claro:

La gente busca también refugio y protección en el Estado que tras la pandemia podría regresar con fuerza en detrimento del mercado. En general el miedo colectivo cuanto más traumático, más aviva el deseo de Estado, de Autoridad de Orientación.

Como se sabe, el llamado “sueño americano” ha trastocado su esencia a partir de la emergencia de varios cambios internos en su estructura social y de gobierno, entre los cuales destacan que, en la competencia electoral, más allá de la tradicional contienda entre el partido Demócrata y el Republicano, la opción socialista de Bernie Sanders ya tiene un número importante de seguidores, lo cual es indicador de pluralidad ideológica de la sociedad estadounidense. Asimismo, amplios segmentos de la sociedad estadounidense, que antes se manifestaban en pequeños grupos para protestar por las acciones del Gobierno, ahora lo hacen por miles en las principales ciudades del país, como lo testimonian los eventos de los últimos años, ante las medidas antimigratorias de la Border Patrol y racistas de la policía. Es decir, la sociedad estadounidense vive un proceso de organización espontanea para enfrentar medidas autoritarias del Gobierno no compartidas.

Es necesario construir nuevos escenarios:

Para anticipar lo que puede (y debe) venir a continuación, hay que comenzar por comprender las necesidades actuales. Es evidente que muchas economías avanzadas necesitan una red de seguridad social más vigorosa, mejor coordinación, regulación más inteligente, gobierno más eficaz, una mejoría sustancial del sistema de salud pública y, en el caso de Estados Unidos, políticas de atención a la salud más confiables y equitativas. Casi nadie niega que los gobiernos tienen que asumir más responsabilidad y, al mismo tiempo, volverse más eficientes. Tampoco es aventurado suponer que la expansión del gasto, la regulación, la provisión de liquidez y otras intervenciones en la era de la pandemia se volverán hasta cierto punto permanentes (aunque en algún momento también deberá incluir un aumento de la tributación) […] en la trayectoria de imitación de China. Habría un fortalecimiento no solo del Estado, sino también de las instituciones democráticas y de mecanismos de participación política adecuados para el control y la rendición de cuentas de las acciones gubernamentales. (Acemoglu, 2020, p. 50)

Conclusiones

La caída del crecimiento económico en proceso, entorpecido por la covid-19, ha cuestionado la viabilidad de que el paradigma hasta hoy dominante cuente con los instrumentos necesarios para enfrentar una crisis, que en realidad augura una depresión. El neoliberalismo ha perdido fuerza en sus ideas y su praxis.

Nunca como hoy ha tenido tanta vigencia el pensamiento de Herbert Marshall Mcluhan en el sentido de que vivimos en una “aldea global”. No importan los nacionalismos y los intentos de medidas proteccionistas por parte de algunos gobiernos (Estados Unidos, en específico), la humanidad ha generado un cúmulo de problemas y necesidades que requieren la cooperación entre sí, como también la integración entre países. Los hechos se han venido sumando: sobrecalentamiento de la tierra por las emanaciones de gases de las empresas, acumulación de basura en la tierra y los océanos, desigualdad y pobreza ante la falta de empleos y bienestar, que en muchos casos termina por expresarse en violencia, robos e inseguridad social. En la actualidad, hay sorpresivos asaltos a la salud humana, por “ejércitos invisibles” como dice Harari (2016, p. 16), que tienen una interacción y comunicación, propia de la era las tecnologías de la información y la comunicación, la cuarta revolución industrial y la nanotecnología. Es decir, por más que el hombre se empeñe en establecer fronteras y muros, como es el caso de Trump, se reproducen entes que se traspasan a las personas, a las comunidades y los países, que destruyen mucho antes de que los hombres adviertan de su existencia. El caso dramático de la covid-19, en el cual personas contagiadas no lo sienten porque son “asintomáticas”, o cuando se está en un grupo portadores del virus, al individuo se le manifiesta hasta dos semanas después.

También son nuevos los fenómenos de la economía. La trayectoria cíclica de la economía —expresada en auges, recesiones, crisis, depresiones y recuperaciones— siempre fue explicada por los llamados datos duros expresados en crecimiento económico, generación de empleos, ingresos, capacidad de consumo de los individuos, las familias y las empresas, como también por los flujos del comercio internacional expresados en la balanza comercial. En este sentido, los países de Norteamérica atraviesan una coyuntura peculiar, Estados Unidos viene de una fase de 11 años ininterrumpidos de crecimiento, mientras que México no ha podido salir de un largo periodo de desaceleración y aletargamiento económico. En este caso, el binomio peculiar es la relación entre México y Estados Unidos. El 80 % de las exportaciones del primero tienen como destino el segundo. Así, en la lectura cíclica de la economía, las curvas de crecimiento de ambos países suelen mostrar la misma tendencia. Esto significa que, hoy en día, parte de la apuesta mexicana para recuperarse tiene que ver con la suerte de Estados Unidos y los efectos que pueda tener el t-mec, los cuales no podrían ser inmediatos, sino de mediano y largo plazo.

Sin embargo, ante los embates endógenos y exógenos, se necesita de algo más que las inercias positivas del ciclo económico aderezado por las fuerzas del mercado. Es menester investigar en los instrumentos de la economía keynesiana y poskeynesiana en un entorno en el cual la objetividad y la subjetividad caminan tomadas de la mano; es decir, en el que los hechos simbolizados en números sean explicados a partir de las conductas de los individuos y de las emergencias no visualizadas, como en este caso, el coronavirus. Los planteamientos keynesianos encaminados hacia un siglo de vigencia históricamente han demostrado su eficacia; aún más, en este paradigma están presentes las eventuales reacciones de los agentes económicos ante expectativas de incertidumbre y volatilidad de los mercados.

Es evidente que se requiere un nuevo Estado, cuyas medidas no sean procíclicas, sino innovadoramente anticíclicas. Un Estado, cuyas reglas sean claras y precisas, que construya márgenes tolerables para el manejo del déficit presupuestal, cuyos recursos se canalicen en un marco de planeación inductiva hacia varios propósitos: creación de empleo y abatimiento de la pobreza, lo cual implica poner lo social en el centro de las preocupaciones públicas, la construcción de sistemas de seguridad pública y la modernización de la infraestructura con visiones económicas complementarias para el mercado interno y el externo, los cuales son receptores de productos distintos y de alcance diferente.

Aun en épocas de globalización, la apuesta no puede ser que el universo de empresas de un país se avoque totalmente a la búsqueda de los mercados internacionales, cuando existe una realidad dicotómica que muestra que es solo una parte de la economía la que cuenta con niveles de productividad y competitividad acordes con las exigencias de los mercados internacionales. En esta lógica, el Estado estimular el reparto de los mercados.

Adicionalmente, el Estado debe generar medidas para la seguridad nacional de su población, que tengan que ver con hacer planeación prospectiva, capaz de avizorar con anticipación ocurrencias de avance invisible, como son las infecciones y los contagios trasmitidos por entes invisibles como la covid-19. Resulta inaudito que, en tiempos de intenso despliegue tecnológico, drones y detectores de diversa índole, con un nivel de la ciencia inmemorial, el hombre sea sorprendido por los llamados “ejércitos invisibles” de Harari.

Pero si el mercado transitó de la “mano invisible” de Adam Smith, en la cual la competencia se suponía perfecta, a los monopolios que controlan escalas de producción, perfil y calidad de las mercancías y precios, hasta llegar el momento en que desvirtuaron la armonía de la economía, para ofrecer igualdad de oportunidades, al imponerse la evolución darwiniana y, en la actualidad, la reconfiguración del Estado se vuelve a ofrecer como la opción para salir de un pantano de donde millones de personas no pueden salir, es menester que la fuerza centrípeta de la sociedad se exprese con intensidad. Para esto se requiere la creación de una conciencia social que se retroalimente de las diversas partes del mundo para tener convergencia en la defensa mutua de las estrategias autoritarias y antidemocráticas de muchos Gobiernos, en la defensa del entorno que se genera en la interrelación de la producción con la naturaleza, es decir, que favorezca un desarrollo sustentable; una sociedad que sea vigilante y que evalué las promesas y las acciones del Estado, es decir, se requiere una sociedad menos pasiva, participativa de los hechos sociales que incumben a aquel, para diagnosticarlos, evaluarlos, fortalecerlos si arrojan resultados, y suspenderlos si no tienen trayectoria social positiva.

Lo anterior implica también que las instituciones educativas y de investigación asuman la responsabilidad social de hacer ciencia básica y aplicada, no solo para diagnosticar el pasado y el presente, sino también para que, junto con visión prospectiva, se adelante en la identificación de la diversidad de problemas que enfrenta la humanidad y, de igual forma, ofrezca soluciones con impactos innovadores a favor de las mayorías.

Estado, sociedad, empresa y ciencia se convierten en una amalgama que ofrece soluciones que benefician a todos, constituyen una fuerza capaz de doblegar los vaivenes de la economía y a los entes nanotecnológicos que son peor amenaza, porque se esconden en su invisibilidad. ¿Una utopía?, tal vez, pero de cómo se asuma dependerá la próxima trayectoria de la sociedad global, en sus respectivas comunidades y países. Finalmente, surge la pregunta: “¿Son síntomas de la senilidad de un sistema que hoy se hace imperativo superar para asegurar la supervivencia de la civilización humana”? (Amin, 2003, p. 10).

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1 Nos referimos al Índice de Desarrollo Humano, de Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud), cuyos subíndices son ingreso per cápita, esperanza de vida al nacer y nivel de escolaridad. El mejor nivel es cuando el índice se acerca a uno. Según el Informe del pnud, para el 2019, el de Canadá fue de 0,922, arriba de Estados Unidos, 0,920 y de México, 0,767.

2 El grado de apertura internacional mide el total de las m+x/pib.

3 La enorme diferencia en desempleo de México con los otros dos países es un espejismo que tiene como telón de fondo dos cosas: una, la forma de calcular la tasa de desempleo, es decir, el Inegi toma como empleados a las personas que hayan trabajado al menos una hora en la semana de la encuesta y dos, el enorme peso que tiene la ocupación informal dentro de la Población Económicamente Activa.

Capítulo 2. Desafíos de la pandemia a la gobernanza multinivel en América Latina y el rol de la academia: consideraciones desde Uruguay

Amalia Stuhldreher

Amílcar Davyt

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Stuhldreher, A. y Davyt, A. (2021). Desafíos de la pandemia a la gobernanza multinivel en América Latina y el rol de la academia: consideraciones desde Uruguay. En E. Vieira Posada y F. Peña (Eds.), Impactos de la covid-19 en el sistema internacional y en la integración regional (vol. 7, pp. 43-82). Ediciones Universidad Cooperativa de Colombia. https://doi.org/10.16925/9789587602937

Introducción1

El siglo xxi ha sido testigo de un contexto internacional en permanente cambio, marcado por el riesgo, la incertidumbre y los fuertes desafíos al multilateralismo, como también por una fragmentación en regiones con disloque de los procesos de desarrollo económico, político y social como resultado de la profundización de la globalización en las últimas décadas (Serbin, 2019). La reconfiguración, producto de la crisis económica global del 2008 y el auge de nuevas tendencias políticas de corte iliberal, para autores como Sanahuja (2018), constituyen eventos que trascienden lo coyuntural: más bien expresan una amplia crisis de globalización, entendida como modelo hegemónico, lo que le da fin a la etapa de posguerra fría, signada por avances de la democracia y el internacionalismo liberal, como también por la globalización económica. Lo anterior implicaría para América Latina la necesidad de enfrentar un cambio estructural del sistema internacional, desde la perspectiva de una etapa de posglobalización (Sanahuja, 2020a).

Con la crisis del coronavirus el sistema internacional enfrenta la paradoja de no poder volver atrás ni tampoco avanzar en una reforma de la gobernanza internacional (Morillas, 2020): el Estado-nación se vería reforzado con la gestión de la crisis en términos sanitarios, de control de fronteras o planes de estímulo, lo que no equivaldría a una disminución de lo global de la crisis. Como precisan Hirst y Malacalza (2020), la pandemia acelera transformaciones que ya estaban en curso en la política mundial, como la disputa hegemónica entre Estados Unidos y China, y afecta seriamente las organizaciones multilaterales, tanto en el ámbito mundial como regional.

Frente a la covid-19, la Organización Mundial de la Salud (oms) alertó acerca del peligro del nacionalismo en cuestión de vacunas (vaccine nationalism), materializado en los intentos de distintos Estados que priorizaron la investigación, la producción y la distribución nacional por sobre el proyecto de la oms de liderar una iniciativa global. La organización lanzó la iniciativa Accelerator (act) para concertar esfuerzos de científicos, organismos internacionales, Estados y organizaciones civiles: aunque la propuesta adopte rasgos de un proyecto colaborativo y participativo, actores privados como la Fundación Bill Gates buscan asumir el rol que le correspondería al capital público.

En este escenario, este trabajo explora oportunidades y desafíos en términos de gobernanza multinivel en un contexto de reconfiguración del regionalismo en América Latina. Teniendo como punto de partida para el análisis la particular situación sanitaria y las respuestas institucionales específicas de Uruguay en el contexto de la pandemia global. Desde su llegada al país en marzo, se planteó un conjunto de preguntas interconectadas: ¿cuáles han sido las instituciones estatales y no estatales involucradas en las diferentes formas de gobernanza producidas en este periodo? ¿Cuál ha sido el grado y el tipo de involucramiento de cada uno de los actores identificados en las dinámicas institucionales analizadas? ¿Cuáles han sido las distintas relaciones establecidas entre instituciones y actores y cómo se fueron modificando a lo largo del periodo? ¿Cuáles fueron los actores que lideraron los cambios institucionales y a través de qué acciones específicas? ¿Cuál ha sido el papel que desempeñan los actores académicos y del campo científico-tecnológico en esas dinámicas alternativas de gobernanza? ¿Qué papel jugó la articulación de los distintos actores, en diferentes niveles, con países de la región, con énfasis en los del Mercado Común del Sur (Mercosur)? ¿Qué dinámicas institucionales pueden distinguirse en el ámbito subnacional, sobre todo, en zonas rezagadas desde el punto de vista de su desarrollo, pero que parecen haber logrado articular capacidades mínimas en esta crisis?

En torno a estas cuestiones, se desarrolló la estrategia de investigación con un diseño metodológico-cualitativo, que incluyó revisión bibliográfica, documental y periodística del tema (datos primarios y secundarios), y la realización de entrevistas semiestructuradas a actores estatales y académicos2 durante agosto y septiembre del 2020 (datos primarios). Se consideraron las circunstancias de Uruguay en su integración al mundo en materia científico-tecnológica y su capacidad para generar respuestas adecuadas a los desafíos sanitarios, económicos y políticos del impacto de la covid-19. Por sus características, le cabe a la Universidad de la República (Udelar) desempeñar un rol diferencial, orientado por su concepto de autonomía conectada, con posibilidades de acción en relativa independencia de los poderes públicos, pero en relación estrecha con demandas y necesidades sociales.

Aunque el capítulo se circunscribe al caso uruguayo y sus conclusiones no son trasladables a otras situaciones, aparecen elementos relevantes para la discusión regional. Tras una sección conceptual, las siguientes tres secciones consideran esfuerzos de articulación en materia sanitaria y científica en lo regional, lo nacional y lo subnacional. La sección final sintetiza los hallazgos y explora perspectivas futuras.

Encuadre conceptual y antecedentes

En términos teóricos, el trabajo se remite a la categoría conceptual de gobernanza, noción que, en sus orígenes, derivó de la economía institucional, con antecedentes a comienzos del siglo xx. Asimismo, el concepto reconoce aportes de la escuela de la regulación, surgida en los pasados años setenta, cuando se hacía manifiesto el fin de una etapa relativamente estable, en la cual ciertas formas institucionales políticas y sociales habían regulado coherentemente la economía. Este enfoque vinculaba estrechamente la idea de gobernanza con el mercado, procurando optimizar procesos de regulación e intervención pública y facilitando la toma de decisiones al resto de los actores. Gradualmente, el concepto fue adoptado por disciplinas como la ciencia política y la administración, focalizando formas relacionales organizadas en lógica horizontal y apuntando a una gestión más inclusiva que habilitara a diversos agentes sociales asumir responsabilidades, en contraposición con modelos más tradicionales-burocráticos caracterizados por la imposición. Por su connotación polisémica, el concepto fue incorporado por corrientes teóricas tan diversas como la nueva gerencia pública de la nueva derecha, el neoinstitucionalismo o el universalismo comunitario de la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales (Farinós Dasi, 2008).

La noción de gobernanza también fue incluida en abordajes diversos que buscaban dar cuenta de cambios del sistema internacional en las últimas décadas. Como señala José Briceño Ruiz (2015) al revisar la trayectoria del concepto en el área de las relaciones internacionales, su uso se generaliza a partir del libro Governance without Government: Order and Change in World Politics, de Rosenau y Czempiel (1992). En la bibliografía del hemisferio norte sobre gobernanza, se subrayan los espacios de cooperación en una economía crecientemente internacionalizada, donde la política era concebida como policéntrica (Hirst y Thompson, 1999) y donde se discutía la capacidad exclusiva del Estado de legitimar acuerdos tanto “hacia arriba” en su carácter de representante de la población como “hacia abajo” en correspondencia con su legítima base de poder constitucional (Hirst y Thompson, 1996).

Recientemente, se registra en América Latina un fuerte debate sobre la gobernanza regional, que remite a la discusión de esta categoría desde los años noventa, en relación con la integración regional y el rol que desempeña el regionalismo en la nueva arquitectura global. En las conceptualizaciones de la Comission on Global Governance (1995), de Naciones Unidas, se subrayaban las interacciones entre el nivel regional y el multilateral: la integración regional no podía ser considerada en forma aislada de las instituciones globales. También surgieron visiones académicas y político-diplomáticas críticas de esa visión adaptativa o funcional de la gobernanza en clave global y el rol asignado al elemento regional (De Sousa, 2005).

En términos teóricos, el regionalismo se entiende como un concepto que trasciende, aunque también puede incluir la integración regional; como señala Clemente (2016), entre los regionalismos de este milenio, algunos son nuevos desarrollos de bloques ya existentes y otros implican nuevas formaciones a partir de prácticas de concertación o cooperación, pero no incluyen dimensiones de integración. Para Bernal-Meza (2005), los regionalismos expresan una transformación espacial de las relaciones internacionales que resultan de la reestructuración del capitalismo mundial: en el marco de una regionalización avanzada puede vislumbrarse una transición desde un sistema internacional de Estados dotados de diversos grados de autonomía hacia un sistema de subsistemas regionales y bloques.

De hecho, el devenir del regionalismo latinoamericano fue testigo de diversas fases desde la etapa de los años noventa, caracterizada por iniciativas asociadas al llamado nuevo regionalismo o regionalismo abierto, como el Mercosur o el relanzamiento del Pacto Andino en la Comunidad Andina de Naciones (can). A partir del cambio de siglo, la discusión en torno a los esquemas regionales se vinculó con la cuestión de la consolidación de la gobernanza regional que permitiera convergencias hacia adentro y hacia afuera del subcontinente. Dichos debates ganan vuelo con propuestas de articulación que podrían entenderse como alternativas, con esquemas denominados posliberales o poshegemónicos, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (alba), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Como respuesta, también surgieron intentos articulados en torno a la Alianza Pacífico o el casi episódico Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur).

Tal segmentación, asociada a tensiones político-ideológicas y a la pugna entre modelos de desarrollo, debilitó la posibilidad de consensos que viabilizaran esquemas de gobernanza efectivos (Grabendorff, 2015), hipotecando la posibilidad de “convergencia en la divergencia” (Peña, 2015). Todo ello representó un desafío que la academia hizo suyo; aportes como el Handbook of South American Governance, editado por Riggirozzi y Wylde (2018), vinculan la categoría conceptual de la gobernanza con la problemática del desarrollo y focalizan aspectos institucionales y el espectro de actores como factores cruciales de los procesos de integración regional. En particular, se postulaba la pertinencia de un enfoque multinivel para el estudio de instituciones estatales y no estatales que producen y reproducen determinadas modalidades de gobernanza en áreas temáticas específicas y durante ciertos periodos.

Trabajos recientes subrayan las tendencias divergentes que siguen hipotecando la arquitectura multilateral de cooperación en la región (Nolte, 2020). Para Sanahuja (2020a), eventos como la crisis financiera del 2008 trascienden lo coyuntural, lo que evidencia una crisis profunda de la globalización y cuestiona su hegemónica pretensión narrativa.

La pandemia del 2020 representaría una coyuntura crítica, que tendería a reforzar la crisis ya existente (una crisis dentro de otra crisis), con implicancias refundantes en términos de correlación de fuerzas y redefinición de normas e instituciones en las que se basa la estructura social, económica y política, con espacio propicio para construir nuevos principios y criterios de legitimidad (Sanahuja, 2020b). En contraposición, para Rodrik (2020), la crisis del coronavirus reforzaría tendencias ya presentes en los respectivos países: no se trataría de un punto de quiebre de las dinámicas políticas y económicas mundiales que, efectivamente, permitiera visualizar un derrotero nuevo, sino que intensificaría propensiones ya previsibles.

Es evidente que, aunque lo singular de la pandemia de la covid-19 está dado por su impacto global, no constituye un fenómeno sin antecedentes. Análisis preexistentes elaborados en el marco de la oms visualizaban escenarios de pandemia (Global Preparedness Monitoring Board [gpmb], 2019; Sojo, 2020), vinculando su prevención con la necesidad de ambientes saludables y señalando los riesgos ambientales como factor asociado a la morbilidad (Prüss-Üstün, 2006). Estudios del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente (pnuma) señalaban que el surgimiento de enfermedades zoonóticas susceptibles de ser transmitidas a los seres humanos con frecuencia se vinculaba a perturbaciones ambientales, siendo potenciadas por fenómenos como eventos climáticos, inundaciones y hambrunas (unep, 2016).

Tras los antecedentes de pandemias, desde la década de los noventa como el virus de inmunodeficiencia humana (vih), el síndrome respiratorio agudo severo (sars) o la influenza pandémica A (h1n1), a inicios de diciembre del 2019, en la provincia china de Wuhan se inician los contagios masivos de la covid-19, lo que lleva a la oms a declarar el estado de pandemia el 30 de enero del 2020. A fines de febrero el virus llega a América Latina y a mediados de marzo a Uruguay.

Como señala Ayuso (2020), la covid-19 pone a prueba las capacidades nacionales y regionales, en un desafío que trasciende la crisis sanitaria: las diversas respuestas que se han intentado ponen en evidencia las posibilidades efectivas de coordinación regional en América Latina y la fragilidad de las instituciones y del modelo social. Para Ayuso, la crisis sanitaria corporiza una crisis de gobernabilidad nacional y regional, y a su vez, plantea el interrogante acerca de la capacidad de liderazgo para articular políticas exitosas para controlar la pandemia. Autores, como Riggirozzi (2020), subrayan la necesidad de ponderar las implicancias de la covid-19 en términos de impactos sobre la salud pública y vinculación con la vulnerabilidad, las desigualdades y la exclusión de diversos grupos de población, mientras se consideran las consecuencias económicas de la retracción productiva: la amenaza del virus corporizaría una tormenta perfecta, desde el punto de vista de gobernanza. Asumiendo esa complejidad, este trabajo explora las oportunidades y los desafíos de la gobernanza multinivel en América Latina frente a la covid-19, en un marco de profundas escisiones políticas. A esto se le suma una perspectiva multiactoral, que incluye a actores estatales, sociedad civil y, en particular, la academia y los referentes del área de ciencia y tecnología.

Esfuerzos de articulación de políticas en el ámbito regional

En el campo de políticas sanitarias —sin ser las primeras iniciativas—, a inicios de siglo, se esbozaron esquemas de concertación asociados al auge regionalista. Según Riggirozzi (2020), la salud fue un parámetro abordado en clave regional, promoviendo acuerdos que permitieran el acceso a la salud pública en los Estados y en zonas fronterizas, creándose nuevos marcos normativos, estructurando modelos de gobernanza nacional y regional y articulando redes intergubernamentales de expertos. Se buscó redistribuir recursos materiales y saberes, apoyando las políticas públicas y se habilitaron nuevas dinámicas de representación externa de la región.

En Unasur y Mercosur, surgieron oportunidades para la producción, la comercialización, el intercambio de conocimientos y las buenas prácticas; se desplegó una nueva diplomacia para aprovechar ventajas competitivas y negociar el acceso internacional a medicamentos; se coordinaron compras a la Organización Panamericana de la Salud (ops) y en las negociaciones internacionales se procuró desarrollar un banco de precios compartidos, concertando posiciones entre el 2010 y 2015 en las asambleas anuales de la oms. Desde el 2010, dichas estrategias se difuminaron con la reorientación ideológica de varios países, lo que, para Riggirozzi, determina la actual notoria ausencia de coordinación.

Desde la visión del exsecretario general del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (Cyted), Alberto Majó, durante las últimas décadas, en América Latina, las áreas de salud pública y de investigación en salud no eran ámbitos que cooperaran, sino que su interaccionar era complejo, algo no exclusivo de la región. Más allá de declaraciones, no se veía como natural del lado de la salud pública la cooperación estrecha con los laboratorios de cyt.

Recién, en los últimos años, se dio una progresiva aproximación —con ejemplos en Cyted en torno de enfermedades como el chikunguña—, explicitando interés en profundizar la interacción, en contraste con cierto recelo frente a la ops (Alberto Majó Piñeyrú, comunicación personal, 2 de septiembre del 2020)3. El exencargado de la Coordinación Técnica de la Comisión Nacional de Zoonosis, Julio Sayes, señala que la distribución geográfica de estas enfermedades ha estructurado la cooperación de la política pública sanitaria en América Latina, más que un corte político-institucional. A partir de iniciativas apoyadas por la oms y la ops, se va hacia proyectos de cooperación técnica, para luego plantear programas específicos para incluirlos en las políticas públicas de los países —por ejemplo, en hidatidosis o mal de Chagas—, sin referencias a la institucionalidad de algún bloque y siempre dependiente de la voluntad política de los gobiernos. Se suma la complejidad de articular organigramas de características diversas, según los niveles de gobierno de los distintos países (Julio Sayes, comunicación personal, 20 de agosto del 2020)4.

Dentro del Mercosur, cabe mencionar la creación en 1996 del Subgrupo de Trabajo (sgt) n.°11 referido a salud5, la firma de la Carta de Compromiso Social de Buenos Aires (2000) y el Plan Estratégico de Acción Social (2010). Los esfuerzos por articular compras conjuntas de medicamentos de alto precio han tenido continuidad a través de la Reunión de Ministros de Salud (rms), orientándose a medicamentos oncológicos, para vih/sida y hepatitis C. También se trabajó sobre prevención de enfermedades, vacunas y resistencia antimicrobiana y se firmaron tres acuerdos para fortalecer acciones de vigilancia y disminuir riesgos de reintroducción de enfermedades erradicadas (sarampión, rubéola y poliomielitis).

Por otra parte, en el 2011, se aprobó, en el marco del Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (Focem), el Proyecto Plurinacional “Investigación, Educación y Biotecnologías aplicadas a la Salud” para desarrollar acciones de investigación, mejoras en infraestructura, equipamiento y un programa de doctorado en Salud en los cuatro países fundadores del bloque. Esto generó una red regional entre instituciones de investigación en salud pública (Instituto de Biomedicina de Buenos Aires (Ibioba-Conicet) de Argentina, Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) de Brasil, Laboratorio Central de Salud Pública (lcsp) de Paraguay e Instituto Pasteur de Uruguay, que actúa de manera coordinada con los ministerios de ciencia y salud. Frente a la covid-19, el bloque aprobó un aporte de usd 16 000 000 adicionales, no reembolsable y sin cobro de intereses (Mercosur, 2020). El Instituto Pasteur recibió usd 2 720 000, para desarrollar pruebas de diagnóstico y serodiagnóstico, que le permitiría ejecutar 50 000 determinaciones diagnósticas por el método pcr (“reacción en cadena de la polimerasa”, por su sigla en inglés) y realizar 200 000 ensayos serológicos para medir anticuerpos en la comunidad. Uruguay se comprometió a producir kits de serodiagnóstico para Argentina y Paraguay (Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur [Focem], 2020).

El Focem también apoyó en el 2018 la creación de una Red de Institutos de Investigaciones en Biomedicina para el análisis biológico, epidemiológico y sociológico de enfermedades degenerativas, que involucra los organismos de investigación mencionados. Esto permitió incorporar equipamientos de alta tecnología, por lo que se definieron algunas líneas de investigación como neurociencias, oncología y enfermedades infecciosas (Chagas, Leishmaniasis, Zika). Sin embargo, expertos cercanos al Gobierno son un poco escépticos con respecto a la capacidad de acción de la institucionalidad del bloque: “El Mercosur ha andado a los bandazos, la coordinación se ha burocratizado demasiado y en algún momento tendrá que reformatearse” (Alberto Majó Piñeyrúa, comunicación personal, 2 de septiembre del 2020). Referentes de la academia también señalan que la región ha adolecido de una real política de integración en materia de cyt vinculada a las cuestiones sanitarias, aunque Uruguay participe de iniciativas bilaterales (sobre todo con Argentina y Brasil) o se asignen algunos fondos regionales acotados:

Hay una protoestructura, de escaso monto y alcance [...]. Hay una comunidad científica que colabora y que se conoce. Pero no hay una superestructura que permita que los investigadores de cada país aprovechen al máximo las capacidades regionales y que la calidad de la ciencia regional dé un salto, en colaboración con los mejores. Nunca se termina de dar por falta de financiación real. En definitiva, del 1 al 10 estamos en 2,5. (Rafael Radi, comunicación personal, 31 de agosto del 2020)6

El rector de Udelar, Rodrigo Arim, coincide con respecto a la fragilidad de la cooperación en el bloque; según su visión, la cooperación científica y académica no ha sido parte de la agenda del Mercosur. La mayor parte de los mecanismos de cooperación académica tiene más que ver más con la educación superior (es) que con la investigación: “Si bien los países tienen algunas políticas con estos objetivos —unos más fuertes, otros más débiles—, el Mercosur como tal tiene cosas muy elementales, no es ni embrionario, es como para decir ‘hacemos algo’, como el intercambio docente” (Rodrigo Arim, comunicación personal, 4 de septiembre del 2020)7. Haciendo un balance, el rector señala:

El Mercosur tiene 30 años, si uno lo juzga por su historia, no puede estar contento con sus resultados […] Estamos a años luz de tenerlo en la agenda. Lo cual no quiere decir que no haya instrumentos, generados en el Mercosur, que no son específicamente para cyt o para es, que pueden utilizarse para estas áreas, como el caso más reciente del Focem.

Esto contrasta con el accionar de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (augm), la cual, aun con problemas, genera más oportunidades para investigadores y estudiantes: “El Mercosur, como mecanismo entre gobiernos y Estados, genera menos incentivos que un grupo de universidades públicas, relativamente pobres, que se pusieron de acuerdo en compartir recursos. Es bastante contradictorio” (Rodrigo Arim, comunicación personal, 4 de septiembre del 2020).

En forma similar se pronuncia el virólogo Rodney Colina, que es crítico de las políticas de cyt de Argentina y Brasil durante los gobiernos de Mauricio Macri y Jair Bolsonaro, aunque indica que las políticas de investigación de las instituciones no siempre coinciden con las que despliegan los respectivos Estados:

Incluso en ausencia de recursos hay muchas cosas que se pueden hacer (formar recursos humanos, estudiantes que viajan, proyectos conjuntos). Eso ya existe en la comunidad científica uruguaya, en muchas áreas. Eso es un potenciador, ayuda mucho a Uruguay, lo posiciona. Independientemente de los gobiernos de turno, hay redes regionales que nos fortalecen, no sería el mismo Uruguay si estuviera aislado. (Rodney Colina, comunicación personal, 27 de agosto del 2020)8

En relación con Uruguay, varios entrevistados subrayan el carácter estratégico de las vinculaciones científicas, en especial, con Argentina y Brasil y, en menor medida, con Chile (Rodney Colina, Alberto Majó Piñeyrúa y Rodrigo Arim, comunicaciones personales). Al respecto, el presidente del Conicyt, Miguel Ángel Sierra, subraya:

Diría que, aunque no sea tan explícito hoy, en la acumulación que tienen estos grupos de investigación (uruguayos) y en su consolidación y desarrollo, las vinculaciones con los colegas de Argentina y Brasil tienen un papel clave. Son las bondades de estar en un contexto regional donde, al menos en algunas áreas, hay gran reconocimiento internacional. Una de esas áreas es la biomedicina, salud humana, también en salud animal. (Miguel Ángel Sierra, comunicación personal, 27 de agosto del 2020)9

Otros señalan que lo que faltaría es comprender el enorme potencial que tiene la cooperación de Uruguay con otros países de América Latina (Alberto Majó Piñeyrú, comunicación personal, 2 de septiembre del 2020).

Más allá de las acciones desplegadas por la institucionalidad de bloques, como el Mercosur, la capacidad de articulación de los investigadores representa un factor que favorece el desarrollo de capacidades que eventualmente les permiten a los países integrantes reaccionar frente a desafíos como el de la pandemia actual. Para algunos entrevistados, reviste especial importancia la existencia previa de redes, que en algunos casos se remontan a décadas. En el marco de las Redes Temáticas de Cyted, es un antecedente significativo la creación en el 2010 de la Red de Virosis Emergentes (Virored), a raíz de la gripe ah1n1. Con ella se buscó optimizar y estandarizar los procesos de diagnóstico y seguimiento de virosis emergentes en el área; logró establecer vínculos de cooperación entre instituciones de referencia nacionales, favorecer el intercambio de información y reactivos, como también la realización de estudios de epidemiología molecular y variabilidad genética. Frente al nuevo desafío, Cyted resolvió implementar una Acción Estratégica sobre covid-19; por iniciativa del secretario general, se designó al Dr. Juan Arbiza, docente de la Facultad de Ciencias de Udelar, como coordinador de una nueva red, denominada covired (Alberto Majó Piñeyrú, comunicación personal, 2 de septiembre del 2020)10: se busca facilitar el intercambio de conocimientos científico-técnicos entre países, potenciar la capacidad de respuesta ante la emergencia, promover la formación de recursos humanos y establecer relaciones interinstitucionales. Inicialmente, se concentró en aspectos que se consideran de urgente tratamiento para que los países puedan contar con recomendaciones derivadas de discusiones con base científica para tomar decisiones y acciones: cuestiones ligadas a los diagnósticos y los aspectos virológicos, clínicos, de tratamiento y prevención. En la visión de Majó, el episodio de la covid-19 potencia el rol que desempeñan las redes ya existentes, respaldándolas políticamente y posicionándolas en la opinión pública, mientras que vincula la cooperación científica y tecnológica directamente con el nivel de ministros y presidentes.

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Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
23 ocak 2025
Hacim:
315 s. 9 illüstrasyon
ISBN:
9789587602937
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:

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