Kitabı oku: «La controversia Chomsky-Skinner»

Yazı tipi:

Índice de contenido

INTRODUCCIÓN

Capítulo I. LA COMPETENCIA Y EL CAMBIO CIENTÍFICO: LA NECESIDAD DE UNA TEORÍA DIALÓGICA INTRODUCCIÓN

La objetividad del conocimiento

La construcción de la realidad

La pluralidad

La racionalidad contextual

El progreso discontinuo

La competencia en la dinámica del cambio científico

ANTECEDENTES. LA DIALÉCTICA, LA CRÍTICA Y EL CAMBIO

La dialéctica

La libertad como precondición de la crítica

Rescher y el cambio

La dialéctica de la competencia teórica

La crítica de la dialéctica

LOS MODELOS DEL CAMBIO CIENTÍFICO

El positivismo lógico y el progreso acumulativo

Popper y el progreso evolutivo

Kuhn y las revoluciones científicas

Lakatos y el progreso por competencia de programas

LA COMPETENCIA ENTRE PROGRAMAS

Larry Laudan y la competencia entre tradiciones

Feyerabend y la proliferación teórica

El modelo intermedio de Kitcher

Las prácticas de consenso

EL MARCO GENERAL DE UN MODELO DE COMPETENCIA TEÓRICA

La competencia y la crítica

La elección de teorías en competencia

CONCLUSIÓN

Capítulo II. ANTECEDENTES DE LA CONTROVERSIA CHOMSKY-SKINNER

LA POLÉMICA RACIONALISMO-EMPIRISMO

EL PUNTO CRÍTICO DE LA POLÉMICA El cartesianismo

La duda y la certeza

El legado metodológico

EL EMPIRISMO Francis Bacon

La realidad y el engaño

La nueva lógica de Bacon

John Locke

Las objeciones al racionalismo

LOS ARGUMENTOS EMPIRISTAS

La mente y la experiencia

HUME

Crítica del racionalismo

CONCLUSIÓN

Capítulo III. LA REPRESENTACIÓN EN GRAFOS DE LAS TEORÍAS DE CHOMSKY-SKINNER

LA TEORÍA DE LOS GRAFOS

LA METODOLOGÍA

LA TEORÍA E-R DE SKINNER

Introducción

La teoría del conductismo

La tradición conductista

El modelo conductista La teoría de Skinner

El conductismo de Skinner

Postulados fundamentales del conductismo

Las regularidades conductuales

Algunos programas

La teorización del modelo E-R

Teoría estímulo-respuesta de Skinner en grafos

Conclusión

LA TEORÍA DE CHOMSKY Introducción

Noam Chomsky y la lingüística transformacional

Presupuestos del cognoscitivismo

La teoría de 1957

La versión teórica de 1957

La estructura teórica

Las reglas de estructura de frase

Algunas restricciones

Reglas transformacionales

Reglas morfofonémicas

LA VERSIÓN TEÓRICA DE 1965 La estructura

El componente sintáctico

Teoría generativa transformacional de Chomsky (estándar)

CONCLUSIÓN

Capítulo IV. LA METODOLOGÍA DE DASCAL APLICADA AL ANÁLISIS DE LA CONTROVERSIA CHOMSKY-SKINNER

INTRODUCCIÓN

LA METODOLOGÍA Y LAS CONTROVERSIAS La metodología de Dascal

Características de las controversias, según Dascal (1998)

Análisis de la metodología de Dascal

Las tesis de Dascal

Las cualidades de las controversias según Dascal (1998)

La dinámica de la controversia

ANÁLISIS DE LA CONTROVERSIA CHOMSKY-SKINNER

El contexto

LA CENTRALIDAD DEL CONDUCTISMO

OBSERVACIONES AL CONDUCTISMO

ORIGEN Y FUNDACIÓN DEL COGNOSCITIVISMO

Antecedentes

La fundación de la ciencia cognoscitiva

TEXTO

COTEXTO

ANÁLISIS DE LAS CRÍTICAS DE CHOMSKY A SKINNER

EXPANSIÓN DE LA CRÍTICA

LAS CRÍTICAS DE CHOMSKY A SKINNER Y SUS RÉPLICAS (cuadro 1, p. 186)

DINÁMICA DE LA CONTROVERSIA

RESULTADOS DE LA CONTROVERSIA CHOMSKY-SKINNER

ANÁLISIS DE LA CONTROVERSIA

¿QUÉ NOS REVELA LA CONTROVERSIA ENTRE CHOMSKY Y SKINNER?

DESDE LAS PROPUESTAS DE KUHN

INTERPRETACIÓN DESDE UNA TEORÍA DE LA COMPETENCIA

SÍNTESIS DE LOS RESULTADOS

¿CONTROVERSIA O DISPUTA?

CONCLUSIÓN

CONCLUSIÓN GENERAL

BIBLIOGRAFÍA

AVISO LEGAL

INTRODUCCIÓN

Esta investigación muestra que la controversia Chomsky-Skinner contribuyó de manera decisiva al advenimiento de la revolución cognoscitiva (Gardner, 1985; Baars, 1986; Fetzer, 1991), pues, como dice Laudan, “se produce una revolución científica cuando una tradición de investigación, hasta entonces desconocida o ignorada por los científicos de un campo dado, alcanza un grado de desarrollo tal que los científicos del campo se sienten obligados a considerarla seriamente como aspirante a su lealtad o la de sus colegas” (Laudan, 1977, p. 179). El estudio de la mente, un tema proscrito por los conductistas, comienza a ser tema de interés, al igual que la analogía mente-computación, la metodología dominante. Con ello dicha controversia muestra su papel progresivo en la historia y en la filosofía de la ciencia.

El trabajo consta de tres partes: un esbozo de una teoría de la competencia, la representación en grafos de las teorías de Chomsky y Skinner y la controversia Chomsky-Skinner. Los primeros trazos de una teoría de la competencia como marco teórico explicativo mediante el cual se leerá la controversia Chomsky-Skinner. Pretende cubrir la carencia de una teoría de la crítica, ya que el estudio de las controversias se reduce hasta ahora al trabajo empírico. La teoría de la competencia explica el papel de la crítica y de las controversias científicas. Además, podría constituir el boceto de una teoría de la crítica para la filosofía y la historia de la ciencia.

Se utilizó la metodología de los grafos con la finalidad de hacer la representación gráfica de las teorías de Chomsky y Skinner. Partimos del supuesto de que los grafos tienen como mérito la transparencia y claridad de las teorías. Esa representación nos facilitó destacar la parte estructural de las teorías de Chomsky y Skinner y sus leyes, además de formular con claridad las dos teorías. En el caso de Chomsky representamos la teoría estándar, en tanto no pretendimos representar su última propuesta teórica, sino el estado de la teoría del lenguaje en que se suscita la controversia (1959), sin ningún demérito teórico, pues, como dicen Eguren y Fernández, pese a los cambios en la teoría lingüística de Chomsky, el núcleo duro se mantiene a lo largo de todo la obra (Eguren y Fernández, 2004). Por otra parte, la teoría de Skinner es tácita, producto de su negativa a teorizar, antes de establecer una sólida base empírica:

La ciencia es desde luego, algo más que un conjunto de actitudes. Es la búsqueda de un orden, de relaciones válidas entre los hechos […]. En un estadio posterior, la ciencia avanza de la recopilación de reglas o leyes a más amplias ordenaciones sistemáticas. No solamente hace afirmaciones acerca del mundo, sino que elabora proposiciones de proposiciones. Construye un modelo del tema que le interesa (Skinner, 1953, p. 44).

Esta propuesta facilitó mostrar el potencial heurístico y didáctico de la representación en grafos de la teoría estímulo-respuesta. Conviene considerar este ejercicio como un primer paso con el que se espera inaugurar una nueva forma de la representación en grafos de las controversias científicas.

La controversia Chomsky-Skinner es el núcleo central de la investigación, a la que en un primer momento se aplicó la metodología de Dascal (1998a) para el estudio de controversias. Se espera que los resultados contribuyan a esclarecer el papel de las controversias en la ciencia; se muestra que el caso Chomsky-Skinner coadyuvó al surgimiento de la revolución cognoscitiva, en tanto que demostró las insuficiencias de la teoría de Skinner y presentó como promisorio el nuevo paradigma cognoscitivo. La propuesta lingüística de Chomsky contribuyó en la fundamentación del cognoscitivismo y, además, ayudó a desarrollar una nueva área de investigación: la psicolingüística, con lo que no sólo se hicieron evidentes las insuficiencias de la teoría criticada, sino que se creó un nuevo horizonte teórico.

La metodología de Dascal (1998a) nos permitió comprender la dinámica de la controversia, y también distinguir entre controversia, disputa y discusión.

En síntesis, el esbozo de una teoría de la competencia es el marco explicativo de la controversia Chomsky-Skinner, que muestra el papel progresivo de las controversias científicas en la ciencia. Se representaron en grafos las teorías de Chomsky y Skinner como paso previo para representar en grafo la controversia misma. Así, la idea es mostrar el papel progresivo que jugó la controversia Chomsky-Skinner en la historia de las ciencias cognitivas en psicología.

LA COMPETENCIA Y EL CAMBIO CIENTÍFICO:
LA NECESIDAD DE UNA TEORÍA DIALÓGICA

INTRODUCCIÓN

En este apartado se desarrolla una visión de la ciencia que rompe con la noción idealizada que presuponía la transparencia de los hechos del mundo y una racionalidad sostenida por reglas incontrovertibles, normativas y hegemónicas. Se destaca de la ciencia su contexto histórico, su carácter humano, sus recursos teóricos y cognoscitivos. Los científicos compiten con criterios de validez que ellos han creando. No obstante, el conocimiento científico es objetivo, racional y progresa; por ejemplo, para Laudan la resolución de problemas y el progreso científico forman una unidad al aumentar los problemas que podemos resolver y disminuir los problemas conceptuales y anomalías. Concluye: “He aseverado que cualquier tradición de investigación que pueda ejemplificar este proceso a lo largo del tiempo es progresiva” (Laudan, 1977, p. 164). Para llegar a esbozar un modelo de la teoría de la competencia teórica es necesario hacer un breve recorrido histórico que nos muestre cómo han sido las diferentes formas como la objetividad científica, la racionalidad y el progreso científico.

Para el positivismo lógico la base del conocimiento estaba en la observación de los hechos: “Entre los positivistas lógicos llegó a prevalecer la opinión de que la exigencia de un enunciado sea verificable de un modo concluyente […]. En vez de ello optaron por darse por satisfechos con un criterio más débil, que únicamente exigía que un enunciado fuese capaz de ser confirmado o refutado en algún grado de observación” (Ayer, 1959, p. 20), pero la realidad es que entre el agente y los hechos existe una mediación teórica que abarca paradigmas, programas de investigación, tradiciones, etc., lo cual no niega el carácter objetivo de los hechos; no obstante, se afirma que éstos no se entienden ni explican al margen del marco teórico o referencial desde donde son concebidos. Dice Putnam: “La mente y el mundo, en común, constituyen la mente y el mundo” (Putnam, 1987, p. 39).

Los marcos teóricos con los cuales nos acercamos a los hechos del mundo tienen carácter histórico; no son suprahistóricos ni suprahumanos, están sujetos a la prueba y a la crítica de su tiempo. Por esta razón consideremos que son relativos en relación con el contexto histórico; así, tanto la teoría de Galileo como la de Newton son más transparentes racionalmente a la luz del contexto que les dio validez científica, y de la crítica y las controversias a las que se sometieron (Dascal, 1995, 1999).

Como nos muestra la historia, no existe un solo marco conceptual con el cual nos acercamos al mundo, sino que hay diversidad de tradiciones y escuelas de pensamiento. Existe pluralidad de formas de concebir al mundo y las teorías se validan desde el marco conceptual que constituye su génesis. Esta visión puede desembocar en un relativismo donde todo sea válido y dependa del cristal con que se mire. La forma de resolver este problema consiste en reconocer que como el motor de la historia de la ciencia es la actividad crítica, una adecuada conceptuación de la competencia teórica (históricamente contextualizada) permitirá señalar en qué sentido una teoría puede explicar mejor el mundo.

Si no hay una forma única e incontrovertible de concebir la realidad, tampoco existe una racionalidad universal, válida para todo tiempo y lugar, sino una racionalidad contextual históricamente determinada, desde donde se considera válida una teoría o tradición científica. Claro está que esta validez no surge al margen de la competencia científica, de las controversias ni de la crítica de sus competidoras.

Ésta es una visión más acorde con el carácter humano de la ciencia, limitada tanto por sus recursos conceptuales como por la tradición o la época en que se postula. De ahí que el desarrollo de la ciencia no sea lineal, como lo concibió la versión clásica, sino discontinuo o, mejor dicho, en zigzag (Dascal, 1995).

Sostengo que la base de la comprensión de las polémicas en la ciencia, su carácter crítico y las controversias científicas sólo resultarán claros a la luz de una teoría aún ausente de la competencia científica, mejor dicho de la competencia-cooperación, debido a que el “arma” de la competencia teórica es la crítica. Por ello se desarrolla un “esbozo teórico-conceptual”, en donde la competencia científica es el motor del desarrollo de la ciencia y se rige bajo criterios epistémicos1 de un diálogo controversial, el cual es racional porque consiste en dar y recibir razones.

La objetividad del conocimiento

En un primer momento, la concepción heredada consideró que la observación proporcionaba una base segura e incontrovertible del conocimiento, a partir de la cual era posible establecer consenso universal. Carnap,2 uno de los más significativos defensores de esta pos tura, afirmó:

a) Hay una clara distinción entre el lenguaje observacional y el lenguaje teórico.

b) Hay una base observacional, no problemática, que se acepta sin más.

c) El vínculo entre el lenguaje teórico y el observacional se establece por medio de reglas de correspondencia.

d) En el lenguaje teórico también puede establecerse una línea de demarcación, que separe lo que tiene significado científico de lo que no (Carnap, 1956, pp. 300-310).

La tradición empirista inglesa, principalmente Locke (1690), sostenía que nuestras ideas provienen de la experiencia y que las ideas complejas se forman a partir de ideas simples. Los términos con significado deben ser definidos en términos elementales, esto es, como elementos de la experiencia. El problema desde entonces consiste en preguntarnos qué pasa con aquellas entidades que no son directamente observables. ¿Cuál es el papel de la teoría? ¿Son necesarias las teorías? Bertrand Russell trató de darle respuesta a estas interrogantes tratando de hacer equivalentes las entidades teóricas con “construcciones lógicas” (Russell, 1951).

Se trató de resolver el problema por medio del operacionalismo de Bridgman: pasando de entidades teóricas a operaciones de la experiencia, pero un problema surgió inmediatamente: ¿qué se quiere decir con operación? Más aún, términos como “espacio absoluto”, relevantes para la ciencia, no pueden ser definidos operacionalmente (Shapere, 1965). La principal crítica al operacionalismo la dio Carnap (1956) al señalar que si el significado estaba dado por el conjunto de procedimientos asociados a la determinación de un término, entonces habría tantos conceptos de X como formas de determinar si es o no el caso que X (o el valor de X para los conceptos métricos), con lo cual los conceptos científicos perderían universalidad.

Respecto a la distinción entre teoría y observación, Maxwell señaló que no es posible establecer una demarcación clara entre ambas. Aun eliminando los términos teóricos, no podemos por ello eliminar la “referencia a entidades inobservables” (Maxwell, 1962). Las dificultades que se presentan en la distinción teoría-observación, según Shapere, son: “Después de todo, ¿exactamente bajo qué circunstancias estamos ‘meramente observando’ y no interpretando a la luz de la teoría?” (Shapere, 1965, p. 62).

Por su parte, para los relativistas, en particular para Rorty, la filosofía debería renunciar a su pretensión de establecer un tribunal infalible de la razón y aceptar que lo conmensurable sería el producto de acuerdos a los que llegaremos a partir de un conjunto de reglas, resolviendo con ello la diversidad de puntos de vista y los respectivos conflictos derivados (Rorty, 1979). El planteamiento de Rorty es: si no podemos establecer una base incontrovertible a partir de lo dado, la única opción consiste en destacar el carácter dialógico del conocimiento, a partir del cual podemos alcanzar más fácilmente consensos, los que pueden ser el único referente posible de lo “real”. Recordemos que lo real, para el relativismo, es consensual. El problema del consensualismo es que enfatiza los acuerdos, olvidando que es necesario que dichos acuerdos surjan sin suprimir las divergencias; se trata de que los acuerdos sean producto de discrepancias de carácter racional, a partir de evidencias emanadas de la “realidad”; de otra manera sería movernos en el vacío. Si llevamos a sus últimas consecuencias el anarquismo metodológico del “todo vale” de Feyerabend, se hace insostenible el absolutismo de la razón, pero se arriba a un relativismo extremo donde la subjetividad establece sus reales. De esa forma el relativismo, al tratar de evitar el “objetivismo”, toma partido por la subjetividad. Kuhn, siguiendo la tradición constructivista kantiana (Olivé, 2000, p. 172), considera que en la conformación de la realidad intervienen tanto ésta como los esquemas a partir de los cuales se estructura lo real (Kuhn, 1962).

En la tradición pospositivista se reconoce que la “observación está cargada de teoría” (Duhem, 1954; Kuhn, 1962) —en contraposición al positivismo lógico, donde la observación es neutra—, ya que la inducción es insostenible lógica y empíricamente (Popper, 1959); la evaluación teórica no se realiza contrastando la teoría con los datos, sino a la luz de otras teorías en competencia con los datos (Laudan, 1977); las causas de la dinámica de la ciencia no son sólo internas, sino también externas; el desarrollo de la ciencia no sigue un proceso lineal y continuo, sino discontinuo, ya que existen —entre otros procesos— revoluciones científicas, cambios de paradigmas (Kuhn, 1962).

Desde nuestro punto de vista, la única manera de salvar el relativismo y el objetivismo es considerar que la objetividad de los hechos y el mundo está mediada por el contexto histórico desde donde se enfocan; con ello no se niega que existan aquéllos, como lo ha venido señalando el positivismo lógico, lo que se objeta es que exista una representación-espejo de lo real en la conciencia del agente.

La construcción de la realidad

Partimos de la idea de que en la construcción de lo “real” intervienen tanto el mundo como los esquemas con los cuales nos apropiamos de él (Putnam, 1987). Por ello, lo “real” es producto de los insumos de la realidad y de las mentes; dicha realidad no se refleja en los esquemas- espejo del realismo ingenuo con los que se supone que nos apropiamos del mundo.

1. La tesis central del realismo: la realidad existe independientemente del agente.

2. La tesis central del constructivismo radical: la realidad es una construcción del agente.

El constructivismo débil sostiene que en la construcción del mundo participan tanto éste como los esquemas con los cuales nos apropiamos del mundo (Olivé, 2000). Esta postura tiene varias ventajas para alcanzar una noción racional, objetiva y válida del conocimiento, al margen de los inconvenientes epistémicos del realismo metafísico y el constructivismo radical.

Es incorrecta la tesis de que la realidad existe independientemente de la subjetividad humana si se excluyen las teorías, categorías, metodologías, paradigmas, etc., marcos conceptuales con los cuales nos apropiamos del mundo. En sus extremos, esta tesis es fundamentalista, pues postula a la observación como el punto incontrovertible y pretende que no haya sesgo ni mediación de categorías entre el observador y el hecho observado.

La tesis del constructivismo radical también es insostenible, ya que pretende hacernos creer que el mundo es creado al margen de la realidad, es decir que no conocemos el mundo sino la construcción que hacemos de él.

El constructivismo débil recupera parte del realismo metafísico y parte del constructivismo radical, al afirmar que conocemos el mundo mediante marcos categoriales, construidos por nosotros. Se retoma del realismo al reconocer la participación del mundo, los hechos y las cosas y del constructivismo, la postura de que dicha construcción se basa en los esquemas. Así, la apropiación del mundo es construida por los marcos conceptuales.

La pluralidad

Dado que en la conformación de lo real interviene tanto lo real como los esquemas con los cuales nos representamos el mundo, no existe una visión única de lo real. Esto no implica que no exista una tradición de investigación más progresiva que otra: si bien en la elección de una tradición no hay consenso, “los inductivistas dirán elige a la teoría con mayor grado de confirmación o elige a la teoría de más utilidad; los falsacionistas —si es que dan algún consejo— dirán elige la teoría con el grado de falsabilidad más alto… Mi propia respuesta a la pregunta sería, por supuesto, elige la teoría (o tradición de investigación) más adecuada para resolver problemas” (Laudan, 1977, pp. 147-148). Visión del mundo considerada mejor que otra en un momento de la historia y en un contexto dado; con ello evitamos el fundamentalismo de la racionalidad universal y el relativismo extremo. El primero expresa una visión idealizada de la ciencia a partir del presupuesto erróneo de que cualquier agente que se encuentre en las condiciones normales representará a la realidad de la misma manera. Así, el conocimiento es válido porque se corresponde con la “realidad”. Tal presupuesto comporta la idea de que existe una visión única y verdadera de la realidad, esto es, un fundamentalismo cientificista.

El relativismo extremo expresa un pluralismo en el que “todos los gatos son pardos”, existen tantas realidades como esquemas posibles, tesis que en un extremo niega las posibilidades de distinguir el conocimiento científico de otra forma de conocimiento.

La postura kuhniana tiene la virtud de rescatar el papel del lenguaje, el carácter social e histórico del conocimiento (contextual) y la importancia de los esquemas en la construcción del mundo, pero el problema consiste en que podemos caer en una postura ecléctica si nos negamos a defender un punto de vista, ya que si bien la pluralidad implica el reconocimiento a la diversidad, no se niega que una postura puede ser más válida que otra (Putnam, 1987). Dar un paso más implica reconocer que, aunque controvertible, una postura en competencia con otras puede ser más aceptable ante la comunidad científica en un contexto histórico, como en su momento y lugar lo fue la teoría de la gravitación de Newton. Así, en la dinámica científica se evita la idea de que existen presupuestos “prácticamente unánimes” como los paradigmas kuhnianos; tampoco la ciencia vive una revolución permanente, cuestionando constantemente sus fundamentos, como lo concibe Popper (1994). La pluralidad y la diversidad de formas con las cuales nos acercamos al mundo no son obstáculo para comprometernos y defender una visión considerada correcta por un agente o grupo. Por el contrario, el pluralismo requiere auténtico compromiso con una visión de la realidad. El eclecticismo evita asumir una postura, remite a un vacío filosófico sin compromiso intelectual.

La racionalidad contextual

Toda vez que resulta insostenible la existencia de una base empírica observacional incontrovertible y la inducción es también insostenible lógica y empíricamente, ergo la idea de una racionalidad universal, aplicable a todo tiempo y lugar, resulta también insostenible.

En la tradición historicista, posterior a Kuhn (1962), se reconoce una racionalidad acotada históricamente, limitada al contexto. Sin embargo, no es posible circunscribir la racionalidad a un paradigma o a una comunidad científica que define lo racional, a partir de criterios racionales reconocidos. Dicha postura es insostenible porque, como dice Laudan: el estado normal de la ciencia es de coexistencia de dos o más tradiciones, así como el de la crítica entre las teorías. En la perspectiva kuhniana se propone una hegemonía insostenible: “Hay muchas pruebas, sin embargo, que apuntan a que ni las revoluciones científicas son tan revolucionarias ni la ciencia normal es tan normal… el debate sobre los fundamentos conceptuales de cualquier paradigma o tradición de investigación científica es un proceso históricamente continuo” (Laudan, 1977, p. 174). Consideramos que una perspectiva más acorde con la historia de la ciencia implica reconocer que en un contexto histórico es racional una teoría que, a la luz de la crítica y la competencia, es considerada más válida por la comunidad o comunidades, a partir de los criterios prevalentes. No hay un consenso al respecto, sea porque resuelve más problemas que otra (Laudan, 1977) o porque pertenece al programa más progresivo (Lakatos, 1972) o porque muestra temple y no ha sido falsa (Popper, 1994), etc. Dice Laudan acerca del carácter progresivo de una teoría y de la racionalidad:

Podemos preguntar si el triunfo global de la tradición de investigación newtoniana sobre las tradiciones de investigación cartesiana y leibniziana en el siglo XVIII fue progresivo. Al responder a dichas preguntas hemos de atender muy cuidadosamente a los parámetros del debate y la controversia científica contemporánea, por ser precisamente allí donde el historiador puede descubrir cuáles eran los problemas empíricos y conceptuales reconocidos (Laudan, 1977, pp. 167-168).

El progreso discontinuo

La idea del progreso científico no es nueva, ni la idea del progreso lineal de la ciencia, como en la visión estándar. La idea de progreso lineal comienza a ser seriamente cuestionada por Thomas Kuhn (1962) en dos vertientes centrales: a) para explicar la direccionalidad de la ciencia; b) las causas del cambio.

La idea de inconmensurabilidad de Kuhn (1962) y Feyerabend (1962) plantea el problema del carácter acumulativo de la ciencia: “La tradición científica normal que surge de una revolución científica es no sólo inconmensurable sino también a menudo realmente incomparable con la que existía con anterioridad” (Kuhn, 1962, p. 166). Si lo señalado por Kuhn, de que los paradigmas son inconmensurables, es decir, no son progresivos, entonces es falso que el paradigma de Einstein surja como consecuencia acumulativa del de Newton: “Precisamente porque no implica la introducción de objetos o conceptos adicionales, la transición de la mecánica de Newton a la de Einstein ilustra con una claridad particular la revolución científica como un desplazamiento de la red de conceptos a través de la que ven el mundo los científicos” (Kuhn, 1962, p. 164).

Las soluciones a dicho problema pueden ser diversas, pero señalaremos las dos más polémicas: Popper (1994), sin plantearse el problema de cómo se relacionan dos teorías en secuencia, sostiene la tesis de que cuando existen dos teorías sucesivas, una contiene a la teoría anterior, estructurada en una nueva forma, en un marco distinto. La solución de Kuhn consiste en que el nuevo paradigma es una nueva forma de estructurar el mundo y no necesariamente contiene al paradigma que le precede. En este último se reconoce un problema de comunicación entre los paradigmas sucesivos, lo que no impide su comprensión, pero sí la traducción (Pérez, 1999).

A Reichenbach (1938) le debemos haber hecho la distinción entre contexto de descubrimiento y contexto de justificación: en el último privan los elementos lógicos y empíricos del conocimiento, los cuales fueron privilegiados por la noción clásica de la ciencia. En el contexto de descubrimiento, al contrario, son los elementos sociológicos y psicológicos los que predominan y actúan en el descubrimiento científico. Es decir, los elementos sociopsicológicos son ajenos a las reglas algorítmicas, las cuales privilegió la tradición positivista en la explicación del conocimiento. Durante el desarrollo de la filosofía de la ciencia posempirista, se demostraría que no hay distinción tajante entre el contexto de descubrimiento y el de justificación (Kuhn, 1962).

A Hanson (1958) y Koyré (1957), entre otros, debemos la idea de que en el desarrollo de la historia de la ciencia actúan tanto elementos internos como externos. Kuhn se inspiró en éstos y en la noción de Duhem (1954): “La carga teórica de la información”, lo que le permitió afirmar: “Durante las revoluciones, los científicos ven cosas nuevas y diferentes al mirar con instrumentos conocidos en lugares en los que ya habían buscado antes. Es algo así como si la comunidad profesional fuera transportada repentinamente a otro planeta, donde los objetos familiares se ven bajo una luz diferente y, además, se unen a otros objetos desconocidos” (Kuhn, 1962, p. 176). En el mismo sentido se expresa Feyerabend: “El significado de las oraciones de observación está determinado por las teorías con las que están relacionadas” (Feyerabend, 1983, p. 308). En esa misma línea de reflexión, Hesse dice: “Los hechos teóricos no se sostienen por sí mismos, sino que están ligados entre sí dentro de una red de leyes” (Hesse, 1974, p. 406).

En síntesis: 1. Los hechos no son ajenos a la teoría. 2. La construcción de los marcos interpretativos de los hechos no está determinada por los hechos mismos ni es ajena a las tradiciones, paradigmas, etc. 3. Los marcos interpretativos no se construyen en forma acumulativa ni lineal.

Para ejemplificar conviene referir el papel de los marcos interpretativos: la teoría, conjetura, de Darwin antecedió a la acumulación de datos de su viaje en el Beagle; su conjunto de supuestos “procedía de actividades prácticas y del área más amplia del debate filosófico, teológico y social que proporcionaba el marco dentro del cual se dio un significado científico a las observaciones” (Mulkay, 1985, p. 360). Se identifican los factores que influyeron en la construcción teórica de sus observaciones: 1. Los hechos de la historia natural y la anatomía comparada se podían explicar mejor mediante el desarrollo evolutivo. 2. El cambio de especies a través del tiempo. 3. Las estructuras biológicas y el ambiente se adaptaban funcionalmente. 4. La selección artificial de animales y plantas domésticas fue el modelo para interpretar la selección natural. La teoría social de Malthus jugó un papel muy importante, la cual en síntesis señala lo siguiente: el crecimiento de la población siempre sobrepasará al crecimiento de alimentos. Darwin y Wallace tomaron estas ideas y las aplicaron a la selección de organismos biológicos en escenarios naturales; sólo los más aptos sobrevivirán (Gould, 2007).

En general, la ciencia ha progresado a lo largo de su historia, aunque el progreso no es lineal ni acumulativo, y en cada momento de la historia de la ciencia se define el progreso de acuerdo con los parámetros construidos por las comunidades que lo evalúan bajo tensiones entre los subgrupos3 y los paradigmas y teorías en competencia. Así, tanto los factores internos como externos son determinantes del cambio científico.

Recapitulando: en este apartado hemos sostenido que existe una mediación teórico-conceptual, sean paradigmas, tradiciones de investigación, ethos, programas de investigación, etc., entre el agente y el mundo. No se puede observar el mundo en forma directa y sin sesgo, al margen de nociones acerca del mismo, lo que cuenta con el aval de las ciencias cognoscitivas (Fetzer, 1991); esto no es un obstáculo para la objetividad ni para la racionalidad científica.

Lo que es válido científicamente es válido en un contexto determinado y en el concierto de las tradiciones y teorías en competencia.

La dinámica del cambio científico. Aun en el concepto de ciencia normal de Kuhn (1962), las polémicas siempre existen a través del ejercicio de la crítica; no hay presupuestos que una vez establecidos alcancen consenso definitivo ni desaparecen las teorías derrotadas. Para una teoría de la competencia científica, tan pronto nace un paradigma o teoría, nacen los críticos que señalarán sus limitaciones. Así, la competencia científica se convierte en el motor de la ciencia, las controversias son cruciales para el progreso científico, las cuales, por cierto, resultan más visibles en periodos de crisis, pero no dejan de existir e incidir en cada periodo de la historia de la ciencia.

La competencia en la dinámica del cambio científico

El modelo del cambio científico considera que la competencia tiene un papel central en el desarrollo de la ciencia; presente en Sócrates (Platón, Diálogos, 2000), entendido como dialéctica, es una dinámica en la cual uno de los participantes trata de llevar al otro a un plano crítico, revelando sus inconsistencias, de tal forma que aquél se mueva de una verdad parcial a una total; en dicho proceso son centrales la crítica y las discrepancias. John Stuart Mill, en su obra clásica On Liberty (1991), otorga un papel relevante a la libertad para el desempeño de la crítica, crucial para la innovación del conocimiento. Popper (1994), en esa línea de reflexión, destaca el desempeño de la crítica y el choque cultural para el desarrollo del científico. En Kuhn (1962), la crítica y la competencia científica se retraen, reduciéndose a periodos de ciencia extraordinaria; en los periodos de ciencia normal, las polémicas se reducen al plano de las diferencias entre ortodoxos y heterodoxos, de discrepancias teóricas en las comunidades científicas y a la elección teórica. Resurge el papel de la competencia teórica con Lakatos, quien destaca la competencia entre programas de investigación; Feyerabend resalta el juego libre de la competencia en la proliferación teórica; Laudan (1977) coincide con la visión popperiana (1972) de la crítica, al reconocer la competencia y su importancia para la elección de teorías en un contexto de pluralidad paradigmática. Dice Popper de la crítica y competencia: “Los científicos intentan eliminar sus teorías falsas, intentan dejarlas morir en un rincón. El creyente —hombre o animal— perece junto con sus creencias” (Popper, 1972, p. 120). Hasta la llegada de los estudios de controversia científica se redefine la competencia y su papel central en la dinámica del cambio científico. Veamos con más detenimiento.

ANTECEDENTES. LA DIALÉCTICA, LA CRÍTICA Y EL CAMBIO

En este apartado se explica la relación entre la dialéctica y la crítica, ya que desde los jonios esta última ha sido para la primera un instrumento del cambio. Noción en la que se inspira Rescher para explicar cómo la innovación filosófica conceptual es la consecuencia de la lucha de los sistemas, donde la criticidad juega un papel primordial.

La dialéctica

Heráclito afirmaba que todo está en constante cambio, como un río que fluye, producto del enfrentamiento de los contrarios. Veamos lo que dice al respecto: “El Dios es día y noche buena consejera, invierno y verano, guerra y paz, saciedad y hambre; cambia de forma como el fuego que, al mezclarse con los aromas, del deleite de cada aroma recibe un nuevo nombre” (Heráclito, 2002, pp. 244-245). No obstante, en Heráclito la unidad de los contrarios sólo es apariencia, ya que las fuerzas en tensión desequilibra y equilibra; para ilustrar tal idea dice: “Lo distendido vuelve a equilibrio; de equilibrio en tensión se hace bellísimo coajuste, que todas las cosas se engendran de discordia” (Heráclito, 2002, p. 240). Platón, siguiendo la tradición heracliteana, desarrolla en sus diálogos un proceso parecido para explicar el cambio, aunque no como proceso de la naturaleza, como en Heráclito, sino del diálogo, donde un interlocutor como Sócrates señala a otro sus inconsistencias lógicas conceptuales, a fin de encontrar una solución, con lo cual se produce un progreso conceptual. El método de Platón es ascendente porque va hacia las ideas últimas; es positivo porque partiendo de ciertas ideas asciende de contenido en contenido. Veamos cómo lo expresa Platón: “El método dialéctico es el único que, dejando a un lado la hipótesis, se remonta hasta el principio para establecerlo firmemente, extrae poco a poco el ojo del alma del cieno en que estaba sumido, y lo eleva hacia lo alto con el auxilio y por el misterio de las artes de que hemos hablado” (Platón, La República, 1998, p. 348).

El papel crítico de la polémica, la dialéctica como forma de diálogo crítico, se expresa en Platón. No obstante, es Aristóteles quien expresamente entiende la dialéctica como crítica, como el arte universal cuyo fin es descubrir lo oculto, la falsedad de las apariencias, poner en crisis la cotidianidad de la vida. En tanto quien inicia un diálogo filosófico lo hace con una tesis, la tarea del dialéctico es juzgar dicha afirmación con la finalidad de producir en el increpado una crisis intelectual, dirigiéndonos a un terreno oculto, más completo, la diálegein. Dice Aristóteles al respecto:

Y la misma dialéctica es también crítica pues tampoco la crítica es del mismo tipo que la geometría, sino algo que puede uno dominar sin saber nada. Cabe, en efecto, que aun el que no conoce el tema comprenda la crítica de otro que no lo conoce, si éste concede, no de lo que sabe ni de lo propio del tema, sino de todas aquellas consecuencias, tales que nada impide que el que las conozca no conozca su técnica, y el que no las conozca la ignore también necesariamente (Aristóteles, clásico, 1998, pp. 337, 338).

Hegel, ya en la época moderna, siguió la tradición dialéctica de los griegos y expresó particular interés en la dialéctica platónica. Consideró que tres elementos constituyen la esencia de la dialéctica. El primero, pensar es pensar algo en sí mismo; segundo, el pensamiento es un conjunto de determinaciones contradictorias; tercero, el pensamiento es la unidad de determinaciones contradictorias, en tanto son superadas en una unidad. Postura de Hegel que bien podría llevarse al plano de la filosofía de la ciencia, tal como lo pretende Feyerabend:

Un tercer principio de la cosmología de Hegel es que el resultado de la negación “no es mera nada, es un contenido especial, porque… es la negación de una cosa determinada y bien definida”. Conceptualmente hablando, llegamos “a un nuevo concepto, que es más elevado, más rico, que el que le precedió así como a su negación, siendo la unidad de su concepto original y de su oposición”. Ésta es un excelente descripción, por ejemplo, de la transición de la concepción newtoniana del espacio a la de Einstein, a condición de que continuamos usando el concepto newtoniano inalterado (Feyerabend, 1970, p. 36).

En resumen, debemos a Heráclito la intuición de la dialéctica como noción del cambio, a Platón la concepción del diálogo crítico como forma de la innovación conceptual, a Aristóteles la noción de la dialéctica como crítica y a Hegel la dialéctica como noción del cambio, en su versión contemporánea.

La libertad como precondición de la crítica

En John Stuart Mill (1991) encontramos los antecedentes de los presupuestos teóricos del papel de las polémicas en el desarrollo de la ciencia. Él hace dos contribuciones centrales a la ciencia: en la primera formula el papel de la inducción en el conocimiento científico, ya que se impugna no considerar el papel de las hipótesis implícitas en la inducción. La segunda contribución de ese método es de particular importancia para entender el papel de las polémicas en el progreso científico y los antecedentes para la formulación de las bases teóricas de las competencias en el desarrollo de la ciencia; veamos:

1. Destaca la importancia de la libertad contra el dogma en el desarrollo del conocimiento científico.

2. Señala la importancia de la crítica para incorporar los puntos de vista de nuestros adversarios, como la otra cara de la verdad, en tanto ésta es la suma de verdades parciales.

3. Considera la importancia de la pluralidad de ideas como necesidad porque facilita el intercambio de ideas requerido para alcanzar la verdad.

4. Resalta el papel de la discusión racional y de la crítica en el progreso individual y social.

Para Mill la libertad es la base de todo progreso humano. Se le compara con Bentham por su animadversión al dogmatismo, al trascendentalismo y al oscurantismo, y a todo lo que evite el arribo a la razón, al análisis y la ciencia empírica. Concebía la necesidad de verdades parciales, a partir de las cuales arribamos a verdades totales, incluida en particular la verdad de nuestro crítico. Pensaba que sin la total libertad de discusión, la verdad no puede surgir.

Presupone el carácter falible del ser humano, de ahí la necesidad de estar abierto a toda crítica y discusión racional que le permita, con las verdades aproximadas de los otros, arribar a un estadio mayor del conocimiento. Reconoce que la pluralidad de ideas ha sido el puntal del avance europeo, ya que de los desacuerdos y diferencias nace la necesidad de ser tolerantes con nuestro opositor. Considera que es más fácil que la verdad aflore en la competencia entre puntos de vista, que en un contexto cerrado y al margen de la discusión racional y de la crítica. Dice:

Que los hombres no son infalibles; que sus verdades, en la mayor parte, no son más que verdades a medias; que la unanimidad de opinión no es deseable, a menos que resulte de la más completa y libre comparación de opiniones opuestas y que la diversidad no es un mal sino un bien, hasta que la humanidad sea mucho más capaz de lo que es al presente de reconocer todos los aspectos de la verdad, son principios aplicables a la manera de obrar de los hombres (Mill, 1991, p. 127).

J. S. Mill (1991) postula que las polémicas son posibles sólo en un régimen de libertad absoluta, pero desconocía el papel del contexto en el cual operan las comunidades epistémicas, a partir del cual se valora lo que es racional, progresivo y válido científicamente. Entiende, ingenuamente, que en la crítica y en las polémicas libres de prejuicios y dogmas surge la nitidez de los “hechos”, y a partir de ellos opera la inducción, de lo particular a lo general, y así se formulan las leyes y las teorías.

Rescher y el cambio

Rescher (1985) rescata la tradición de Hegel para explicar el cambio a través de un proceso dialéctico, aun cuando difiere en su noción de la historia como sucesión de sistemas, ya que considera, siguiendo a Dilthey, que el cambio en la historia se suscita por un “paralelismo progresivo de sistemas en conflicto” (Rescher, 1985, p. 131), lo que no permite que sean eliminadas en ese proceso de competencia las teorías perdedoras; como dice Popper, “mueren en lugar de nosotros”. No tiene cabida en ese proceso de competencia filosófica ningún acuerdo: “Lo que tenemos en filosofía no es la evolución del consenso, sino la controversia continua. La lucha entre idealistas y realistas, deterministas y defensores del libre albedrío, escépticos y cognoscitivistas, deontologistas y consecuencialistas, y así sucesivamente, todas representan ramificaciones de un río que fluye sin cesar” (Rescher, 1985, p. 131). Si para explicar el cambio científico llevamos la noción de competencia al plano de la ciencia, veremos que prevalecen tanto los consensos como los disensos, y ambos forman parte de un proceso de cooperación-competencia.

No obstante, para Rescher la innovación científica, al igual que la innovación filosófica, se presenta “como un refinamiento progresivo de doctrinas preexistentes, un desarrollo en cuyo curso doctrinas divergentes cada vez más sofisticadas surgen de las discordias fundamentales de programas viejos, establecidos. Está marcada por la persistencia del conflicto entre las escuelas, una rivalidad progresiva de los sistemas” (Rescher, 1985, p. 131). La innovación en la ciencia también es un proceso que surge como consecuencia de la competencia entre tradiciones o paradigmas, y especialmente de una de las formas más depuradas de la crítica, la controversia científica, que no es otra cosa sino una expresión de la competencia entre dos científicos en pleno ejercicio argumentativo.

Según Rescher, el refinamiento conceptual, la sofisticación, o innovación diría Dascal, ocurre a través de un proceso dialéctico:

Las respuestas que damos a las preguntas filosóficas son siempre burdas y aproximadas. Nuestras soluciones a los problemas filosóficos engendran nuevos problemas. Siempre están abiertas a desafíos que requieren elaboraciones y refinamientos adicionales. En filosofía siempre estamos impelidos hacia una sofisticación mayor; nuestras distinciones para resolver problemas siempre acarrean distinciones ulteriores. No hay un párrafo de ningún texto filosófico sobre el que un pensador sagaz no pueda escribir un volumen de críticas sólidas (Rescher, 1985, pp. 119-121).

Veamos cómo expresa Rescher la dialéctica del cambio:

Figura 1

El ciclo dialéctico de la investigación filosófica

(Rescher, 1985, p. 119)


En la figura 1, Rescher considera que a toda posición teórica o tesis (T1) se le antepone una crítica (C), que señala la inconsistencia teórica de la T1, lo cual obliga a dicha tesis a modificarse o ser modificada, con lo que se remplaza dicha posición dando pie a la T1*.

La dialéctica de la innovación filosófica se produce de la siguiente manera:

Figura 2

Dialéctica de los problemas de la filosofía

(Rescher, 1985, p. 121)


En esta figura, el proceso dialéctico parte de un problema filosófico: la inconsistencia aporética; al ser resuelto se presenta como reto para el surgimiento de nuevas formas de solución, nuevos retos y dificultades y, posteriormente, nuevas respuestas, que en su desarrollo posterior se encontrarán con nuevas inconsistencias, con lo que se genera la innovación científica. A un ciclo aporético sigue otro; por ley dialéctica todo sistema está en constante perfeccionamiento, por lo que no hay nada definitivo ni absoluto. “En nuestro trato con los grupos aporético y las antinomias en la filosofía, la consistencia, una vez establecida, no se sostendrá para siempre. Pues al resolver nuestros problemas siempre empezamos con las soluciones viables más simples. Pero la dificultad invariablemente acecha en cada esquina” (Rescher, 1985, p. 121).

La dialéctica de la competencia teórica

Desde nuestro punto de vista, la dinámica de la competencia científica se da así, simplificando: la competencia se da entre tradiciones y entre teorías aun dentro de la misma tradición, así T1 compite con T2 y con T3, de la misma manera que T1 y T3 están en competencia, una de las tres será la triunfadora (Tx), que a su vez competirá con otras teorías que surjan posteriormente, de las cuales una de tantas será la ganadora. De esta manera, las teorías perdedoras serán eliminadas, pero algunas teorías perdedoras no desapareceran del todo, pueden ser archivadas, como diría Lakatos, para posteriormente ser reformuladas y refinadas o formar teorías híbridas y reaparecer nuevamente en la contienda.

El refinamiento teórico conceptual, a través de la competencia entre tradiciones y teorías, es constante, siempre hay pérdidas y ganancias; aun las teorías perdedoras contribuyen al progreso conceptual (Kitcher, 1993). El progreso podría ser evolutivo o revolucionario: el cambio evolutivo se produce dentro de una misma tradición o teoría; el revolucionario es un cambio de tradición, es menos frecuente, aparecen nuevos esquemas para enfocar la realidad.

La crítica de la dialéctica

Karl Popper, en su artículo “¿Qué es la dialéctica?”, publicado en 1963, hace señalamientos críticos hacia la dialéctica, que es importante considerar:

a) La dialéctica y las contradicciones. La dialéctica se enfrenta a un dilema; si bien las contradicciones son fructíferas, fértiles y fecundas para el progreso, ninguna ciencia puede aceptar las contradicciones, pues echan por la borda toda fecundidad. La labor de la crítica es señalar las contradicciones y la de la ciencia no admitirlas, ya que “una teoría que contiene una contradicción es por consiguiente totalmente inútil como teoría” (Popper, 1963, p. 383). La tarea de la crítica consiste en señalar contradicciones, es la antítesis ante la tesis en la teoría criticada, entre una teoría y otra o entre la teoría y ciertos hechos; es la fuerza motriz del desarrollo intelectual: “Sin contradicciones, sin crítica, no habría motivos racionales para cambiar nuestras teorías: no habría progreso intelectual” (Popper, 1963, p. 379). Este autor acepta que la dialéctica está en lo correcto cuando señala que la crítica es la fuerza progresiva, pero rechaza que las contradicciones sean inevitables y simplemente haya que vivir con ellas, ya que se propiciaría el estancamiento de la ciencia. La importancia de la crítica y de la competencia teórica está en la eliminación de las teorías; en eso consiste su fuerza progresiva. No obstante, ninguna teoría está libre de contradicciones, señala Popper, ni siquiera la teoría de Newton, como el perihelio de Mercurio (Lakatos, 1970).

b) La vaguedad de la dialéctica es otro peligro que nos permite forzar una interpretación de todo desarrollo, incluso hasta de cosas contradictorias. Lo mismo sirve para explicar el desarrollo de la sociedad, la naturaleza y las matemáticas; se habla de leyes para explicar el todo. El ejemplo lo tenemos en las matemáticas, en la llamada síntesis superior de Engels: “La ley de la síntesis superior es usada comúnmente en las matemáticas. El número negativo (-a) multiplicado por sí mismo se convierte en a2, es decir, la negación de la negación ha logrado una nueva síntesis” (Popper, 1963, p. 387). Ante esto, Popper se pregunta por qué habría de multiplicar -a por sí misma, pues si multiplicara -(-a) el resultado sería: a, lo cual es una síntesis superior. De la misma manera, si se suma la tesis con la antítesis el resultado sería: 0. Todo lo anterior “muestra la extrema arbitrariedad con que se aplican las vagas ideas de la dialéctica” (Popper, 1963, p. 388).

c) Lo engañoso de las interpretaciones de la dialéctica de Hegel. Para Hegel la lucha entre el racionalismo (cartesiano) y el empirismo (británico) se resuelve con la síntesis kantiana. Kant trató de presentar su obra Crítica de la razón pura como una síntesis de ambas posturas, pero según Popper esa propuesta no es más que “una forma modificada de empirismo”, cuya pretensión fue refutar al racionalismo puro. No es una síntesis de la lucha entre este último y el empirismo.

d) Las inconsistencias de la dialéctica de Hegel son el dogmatismo reforzado, la incorporación de la dialéctica a la lógica y el panlogismo de Hegel, temas en los cuales no abundaremos.

No obstante, Popper considera que la dialéctica es una descripción bastante adecuada de ciertos pasos de la historia y de algunos desarrollos de movimientos sociales de ideas y teorías, pero que el método de ensayo y error puede sustituir dicha descripción dialéctica, ya que la crítica se puede interpretar como la antítesis dirigida hacia la tesis y, además, “la competencia de teorías lleva a la adopción de nuevas teorías sólo si se dispone de suficientes teorías para someter a ensayo (Popper, 1963, p. 377). En el ensayo y el error, Popper expresa la relación de una idea con su crítica, no la lucha entre una tesis y su antítesis, cuya consecuencia es la síntesis. Sugiere en todo caso la expresión de que la contraposición entre una tesis y su antítesis conduce a la eliminación de una u otra. Esto es, un modelo de competencia que produce nuevas teorías sólo si se cuenta con suficientes teorías para el ensayo.

Destaca la importancia que Popper atribuye tanto al ensayo y error como a su interpretación de la dialéctica como modelo de competencia entre teorías, cuyo parteaguas para la supervivencia de la teoría es la crítica, pero también se subraya que él no considera que la crítica nos permita la reformulación de una teoría en competencia, lo cual nos lleve al refinamiento de las teorías; la función de ésta se reduce a la eliminación de teorías por medio de la falsación. En ese sentido, tanto Dascal como Rescher nos dan las pautas para considerar el papel de la crítica en un modelo de competencia teórica, en la evolución conceptual de la ciencia.

LOS MODELOS DEL CAMBIO CIENTÍFICO
El positivismo lógico y el progreso acumulativo

Aunque el positivismo lógico no es una postura homogénea, y más bien el término tiene que ver con quienes se agruparon alrededor del Círculo de Viena, enriquecida al principio con las contribuciones del Círculo de Frankfort y del primer Wittgenstein, el del Tractatus, es una escuela que fue cambiando hasta adoptar su forma más acabada con las contribuciones de Carnap-Hempel (Suppe, 1974). Se caracteriza por su confianza en “las técnicas de la lógica matemática para formular y tratar sus problemas” (Shapere, 1966, p. 59), por su rechazo a la metafísica y su énfasis en la verificación de los enunciados teóricos a través de reglas de correspondencia con los hechos, así como por su noción del progreso acumulativo. Esa última noción se expresa, según Suppe (1974), en tres formas:

a) Aunque la teoría haya sido ampliamente aceptada, por haber sido confirmada, su grado de confirmación será aminorado debido a que los adelantos tecnológicos mostrarán sus límites predictivos.

b) En tanto que la teoría continúe siendo confirmada, ampliará su campo hasta abarcar un número mayor de sistemas y fenómenos.

c) Las teorías dispares, con alto grado de confirmación, se incluirán en otras teorías más amplias.

En síntesis: “La ciencia es, pues, una empresa acumulativa de extensión y enriquecimiento de viejos logros con otros nuevos; las viejas teorías no se rechazan o abandonan una vez que se han aceptado; más bien lo que hacen es ceder su sitio a otras más amplias a las que se reducen” (Suppe, 1974, p. 77). El desarrollo posterior de la filosofía de la ciencia se caracterizó por el cuestionamiento y la refutación del programa del positivismo lógico, sin que hubiese una clara alternativa que lo sustituyera, no obstante que la noción de progreso acumulativo pasó a segundo plano.

Popper y el progreso evolutivo

Popper (1958, 1959, 1981, 1994) es otro autor de no menor importancia en la búsqueda de las bases teóricas de la controversia científica, pese a su limitada noción del papel de la crítica, ya que la reduce a un plano cuasi algorítmico (Dascal, 1997). Conviene distinguir de sus ideas la demarcación entre ciencia y metafísica y la idea de que el método de las ciencias naturales y las sociales es el mismo, ideas que, por cierto, bien pueden ser vistas como reservorios del ideal positivista. No obstante, en lo referente al desarrollo del conocimiento, Popper resulta relevante por lo siguiente:

1. Presupone la teoría de la evolución como el sustento teórico que explica el origen de la discusión racional.

2. Considera que, desde el punto de vista del evolucionismo, en la naturaleza se elimina al miembro que comete errores, pero el hombre “ha alcanzado la posibilidad de ser crítico de sus propios ensayos tentativos, de sus propias teorías” (Popper, 1994, p. 76), y así evita ser eliminado por las exigencias del medio.

3. Destaca la importancia de las luchas interculturales en el desarrollo del conocimiento, el papel de las polémicas diría Dascal (1995), las cuales se expresan en las controversias científicas.

Popper parte de una idea evolucionista para explicar tanto el comportamiento animal como el humano. La similitud consiste en que ambos actúan por ensayo y error; la diferencia básica es que los ensayos erróneos en los animales se pagan con la vida, en tanto el ser humano rectifica sus errores por medio de la retroalimentación y la reflexión, arribando con ello a un mejor nivel de conocimiento, incluyendo, por supuesto, el científico. Explica la importancia del conflicto en el descubrimiento científico, el cual, contrariamente a la concepción heredada, es no acumulativo; por tal motivo —afirma— es necesario derrotar a la teoría que le precede. Dice al respecto: “En primer lugar, para que una teoría nueva constituya un descubrimiento o un paso adelante, es menester que entre en conflicto con “En primer lugar, para que una teoría nueva constituya un descubrimiento o un paso adelante, es menester que entre en conflicto con su predecesora […]; significa que debe contradecir a su predecesora: debe derrocarla” (Popper, 1994, p. 24). La crítica tiene un papel central en la supervivencia humana, ya que permite la corrección del error y así “podemos librarnos de una teoría que no se adapta, antes de que su adopción nos convierta en inadaptados para sobrevivir. Mediante la crítica de nuestras teorías podemos dejarlas morir en nuestro lugar” (Popper, 1994, p. 24).

Desde el punto de vista evolutivo de Popper, la ciencia progresa con fines de adaptación al medio, sea para invadir nuevos nichos ambientales o para inventar otros. Existen tres tipos de adaptación: la genética, el aprendizaje conductista y el descubrimiento científico, aunque en lo fundamental el mecanismo de adaptación es el mismo. Los tipos de adaptación se explican por el proceso adaptativo, entendido como una estructura heredada “por pruebas tentativas que están sujetas a la natural selección o la eliminación del error” (Popper, 1981, p. 160). Pero las interpretaciones sobre los tipos de adaptación no están exentas de diferencias; una de ellas es central entre la postura genética y la conductista. La primera postula que las mutaciones genéticas no sólo son aleatorias, sino completamente a ciegas. Los conductistas, en cambio, consideran que son más o menos aleatorias, pero no son completamente a ciegas, ya que son dirigidas a un objetivo, y de ellas se aprende y se aprovechan los resultados, a la vez que se evita el comportamiento que puede conducir al fracaso.

Además, la adaptación, según el concepto conductista, es un proceso sumamente activo, aunque dicho aprendizaje o insigth pueda ser erróneo, de ahí que tenga el carácter de conjetura o hipótesis y deba ponerse a prueba; así que los animales y el hombre requieren “emplear el método de pruebas y eliminación del error” (Popper, 1981, p. 163). Por ello, las teorías científicas al formularse lingüísticamente, se vuelven objetos de sí mismo, objetos abiertos a la investigación y a la crítica. El descubrimiento científico depende del lenguaje, un juego abierto y susceptible a la crítica, que además nos permite entrar al terreno de la creatividad.

El método crítico se explica por el choque de culturas: “La tradición crítica se fundó con la adopción del método según el cual se criticaba un relato o explicación heredada y luego se procedía a crear un nuevo relato imaginario mejor que el anterior, el cual se sometía a su vez a la crítica. Sugiero que éste es el método de la ciencia” (Popper, 1994, p. 54).

Para Popper, la búsqueda de la “verdad” y la competencia son procesos distintos, aunque relacionados. El intercambio de ideas y los proyectos comunes son la parte amistosa entre los científicos en la búsqueda de la verdad; la parte hostil comienza cuando se inicia la competencia por no ser eliminados teóricamente, ya que, como dice Popper, “los científicos no mueren”, pero sí pagan el precio de la marginación.

Más aún, el progreso científico está directamente relacionado con la competencia científica, en lo que no podríamos estar más de acuerdo con su postura. “Nuestras creencias son reemplazadas por teorías en competencia recíproca, por conjeturas rivales. Y a través de la discusión crítica de esas teoría podemos progresar” (Popper, 1994, p. 64). Considera que el lenguaje desempeña un papel primordial para estimular la “imaginación creadora”, por lo que el mito, la imaginación poética y el descubrimiento científico tienen funciones heurísticas, pero el desarrollo de la imaginación hace necesario el control y la participación de la crítica interpersonal, explicadas por la cooperación hostil-amistosa de los científicos, “que parcialmente se basa en la competencia y parcialmente en la meta común de acercarse a la verdad” (Popper, 1981, p. 167), cuyas repercusiones se expresan en el descubrimiento científico.

En una clara analogía de la competencia teórica con la supervivencia de los más aptos de Darwin, Popper dice que la crítica evita que nos volvamos ineptos: “Criticando nuestras teorías podemos dejar que las teorías mueran en lugar de nosotros” (Popper, 1981, p. 166). El papel de la crítica se explica porque dicho conocimiento sólo se alcanza como conocimiento público; la comunidad científica juega el papel de árbitro para otorgar legitimidad a quien lo amerite. La crítica es un procedimiento de refinamiento conceptual, por lo que la competencia entre científicos es un acto deliberado de eliminación de teorías, compiten por alcanzar la verdad y legitimidad ante la comunidad científica en forma semejante, análoga, a la función biológica de la supervivencia de los más aptos, pero con carácter social. Se trata de la lucha por la supervivencia teórica entre los científicos, cuyas “garras y uñas” son la crítica (Laudan, 1977).

Popper entiende el papel revolucionario del cambio puesto que en este proceso queda implícita la competencia: “Para que una nueva teoría constituya un descubrimiento o un paso adelante, debe entrar en conflicto con su predecesora, es decir, debe conducir al menos a algunos resultados conflictivos. Pero esto, desde un punto de vista lógico, significa que debe contradecir a su predecesora: debe derrocarla. En ese sentido, el progreso en la ciencia —o al menos el gran progreso— siempre es revolucionario” (Popper, 1981, p. 178). De acuerdo con Popper, la competencia es un proceso constante en la lucha por la supervivencia teórica: se lucha al mismo tiempo para no ser eliminado y para derrocar teorías incapaces de resistir el proceso de crítica, de ser falsadas. El progreso científico se da como consecuencia del descarte de teorías y el triunfo de las teorías con temple, resistentes a la refutación.

Éste es el plano de la crítica que reconoce Kuhn, aunque la reduce a la ciencia extraordinaria, donde el intento por derrocar al paradigma en competencia hace explícito el papel de la crítica. Pero la función de la crítica, como reconoce Popper, se expresa en la historia de la ciencia formando parte del progreso científico, por lo que se suscita una revolución permanente; como consecuencia, la racionalidad se identifica con la decibilidad de “si una teoría es mejor o no que su predecesora” (Popper, 1981, p. 181). El cambio científico normalmente es evolutivo y progresivo y, al mismo tiempo, el gran cambio es revolucionario.

Popper sugiere que los cambios científicos son evolutivos, como sucede en el mundo vivo y son explicados por la selección “natural”, pero hay una diferencia sustantiva entre la naturaleza y el progreso científico: existen obstáculos ideológicos, como el de la intolerancia ideológica y la religiosa como los procesos realizados contra Giordano Bruno y Galileo. Las revoluciones científicas están sujetas a normas racionales, pero las ideologías excepcionalmente son de carácter racional.

Popper considera que entre los obstáculos económicos e ideológicos contra el progreso científico son más apremiantes los últimos, entre los que destacan, como se dijo, la intolerancia ideológica y la religiosa, que siempre va acompañada por dosis de dogmatismo y por falta de imaginación; no obstante, una pequeña dosis de dogmatismo en la ciencia siempre es necesaria, ya que “sin una seria lucha por la supervivencia en que las antiguas teorías se defienden tenazmente, ninguna de las teorías en competencia podrá mostrar su temple; es decir, su poder explicativo y su contenido de verdad” (Popper, 1981, p. 187). Lucha de la supervivencia por demostrar qué teoría pasa la prueba de la competencia teórica, filtro necesario para validar el conocimiento.

Recapitulando, el problema que encuentro en Popper es que reduce el papel de la crítica, aunque es fundamental en su idea del progreso científico: “Hablaré ahora del progreso en la ciencia. Enfocaré este tema desde un punto de vista biológico o evolucionista” (Popper, 1981, p. 155), donde la supervivencia es de carácter darwiniano y una teoría elimina a otra por su supervivencia; con él no se entiende el conocimiento como proceso público, social, donde aquél es sometido a la prueba de la crítica, y el científico alcanza la legitimidad, el reconocimiento de sus pares, de la comunidad científica, por sus contribuciones a la búsqueda común de la verdad, que es la coronación a su esfuerzo, y lo logra eliminando teorías, mostrando sus insuficiencias conceptuales o empíricas.

Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.

Yaş sınırı:
0+
Hacim:
223 s. 22 illüstrasyon
ISBN:
9786070252860
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:

Benzer kitaplar