Kitabı oku: «Testimonios y fragmentos. Retórica a Alejandro.»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 341


Asesores para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por CARLOS MEGINO RODRÍGUEZ (Alcidamante de Etea) y DAVID HERNÁNDEZ DE LA FUENTE (Anaxímenes de Lámpsaco).

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2005.

www.editorialgredos.com

La Introducción, traducción y notas de Alcidamante de Elea han sido realizadas por JUAN LUIS LÓPEZ CRUCES (Introducción, Testimonios, Sobre los sofistas y Fragmentos 1-3, 7-33, 37-39) y JAVIER CAMPOS DAROCA (Introducción, Odiseo y Fragmentos 4-6, 34-36).

La Introducción, traducción y notas de Anaxímenes de Lámpsaco han sido llevadas a cabo por MIGUEL ÁNGEL MÁRQUEZ GUERRERO .

REF. GEBO421

ISBN 9788424937171

ALCIDAMANTE DE ELEA

TESTIMONIOS Y FRAGMENTOS

INTRODUCCIÓN
I. DATOS BIOGRÁFICOS

La Suda, el famoso diccionario del siglo X , dedica a Alcidamante una entrada (test. 1), según la cual era hijo de un tal Diocles 1 y originario de Elea, en Asia Menor 2 . La misma entrada lo presenta como discípulo del sofista Gorgias de Leontinos, en lo que coincide con diversos testimonios, que parten de Dionisio de Halicarnaso en el siglo I a. C. (test. 16) 3 . Dos argumentos avalan la noticia: primero, la defensa de la improvisación que leemos en su discurso Sobre los que componen discursos escritos o Sobre los sofistas es heredera del reto que hacía Gorgias a sus audiencias de que le propusieran el tema que quisiesen, porque estaba seguro de poder disertar sobre lo que fuera sin preparación previa 4 ; segundo, los rasgos más característicos del estilo de Alcidamante acusan el influjo de la dicción gorgiana. La misma Suda (test. 2) convierte a nuestro orador en sucesor del sofista al frente de una escuela de retórica; dado que no hay constancia de que Gorgias instituyera en Atenas una escuela, más allá de dar unos cursos de elocuencia durante su estancia en 427 a. C., la noticia debe interpretarse en el sentido de que Alcidamante fue el discípulo de Gorgias que dio a sus enseñanzas un marco educativo estable. La creación de esta escuela no puede datarse con precisión, pero hubo de tener lugar entre los últimos decenios del siglo v y los primeros años del IV , es decir, entre la estancia de Gorgias en Atenas en 427 y la publicación del discurso Sobre los sofistas en 391/390 a. C. 5 . En el período de su magisterio deben situarse los discursos conservados íntegra y fragmentariamente. El más antiguo parece ser el Odiseo, fechado por Auer hacia 400 a. C. 6 ; sigue Sobre los sofistas, hacia 391/ 390; el Mesenio data con seguridad de los años que siguieron a la expedición de Epaminondas contra Esparta en 369, pudiendo haber sido compuesto incluso en la década de los años 50; finalmente, si el fr. 14 pertenece, como suele pensarse, al Museo y, además, es correcta la identificación de los dirigentes tebanos allí mencionados con Epaminondas y Pelópidas, parece razonable que la obra fuera publicada sólo tras la muerte del primero de ellos en 362 7 .

Según una noticia que procura Ctesibio de Calcis (siglos IV -III a. C.) y repiten varios autores de época imperial y medieval, Alcidamante ejerció un notable influjo en Demóstenes, que logró hacerse con una copia de sus discursos y los estudió detenidamente 8 . Según el rétor Cecilio de Calacte (siglo I a. C.), Esquines fue discípulo directo de Alcidamante 9 , pero hay que tener presente que cuando un autor antiguo dice que un personaje «escuchó» a otro y fue discípulo suyo, con frecuencia quiere decir, simplemente, que leyó u oyó recitar obras suyas, sin que existiera un contacto personal 10 . Es, pues, probable, como sugirió Blass, que Cecilio —o su fuente— dedujera la conexión de Esquines con Alcidamante de una serie de rasgos comunes de estilo, como la improvisación, la solemnidad, el talento y la aparente falta de técnica 11 .

En resumen, podemos afirmar que Alcidamante de Elea fue un discípulo de Gorgias que fundó a finales del siglo V o a comienzos del IV una escuela de elocuencia donde enseñó el arte de la improvisación, pero nada sabemos con certeza de sus discípulos, ya que las noticias acerca de un trato personal con Demóstenes y, sobre todo, con Esquines resultan sospechosas 12 . Con todo, es notable la fama de que gozó en la Antigüedad. Platón, en el Banquete (197c), pone en boca del gorgiano Agatón la imagen alcidamantina de las leyes como «soberanas de la ciudad» (fr. 24); Aristóteles (test. 14) emplea pasajes suyos para ejemplificar los defectos del estilo frío y rebuscado; Dionisio de Halicarnaso lo incluye entre los autores «famosos y dignos de un renombre no modesto» (test. 16) y entre quienes hicieron aportaciones al arte retórica (test. 17); Cicerón lo consideró «un rétor antiguo muy famoso» (test. 11); finalmente, el autor anónimo del Certamen de Homero y Hesíodo, de época antonina, se sirvió de la versión que del episodio había ofrecido Alcidamante en el Museo. Además, la Suda (test. 1) lo presenta como un filósofo, lo cual invita a no establecer una separación tajante entre retórica y filosofía a propósito de la actividad de los sofistas de los siglos V y IV a. C. 13 .

II. OBRAS
a) «Sobre los que componen discursos escritos» o «Sobre los sofistas» 14

La Antigüedad nos ha legado dos discursos completos de Alcidamante, cuya autoría ha sido cuestionada en mayor o menor grado. En lo que respecta al discurso Sobre los sofistas, sólo Sauppe lo consideró apócrifo, pero sin razones de peso, de modo que hoy se considera auténtico. De principio, su antigüedad está garantizada por el juego de referencias cruzadas con el discurso Contra los sofistas de Isócrates, datable hacia 391/390 a. C.; tanto si el discurso alcidamantino motivó el escrito isocrateo como si ocurrió al revés, ambos escritos deben de haberse gestado en los mismos años 15 . Existen, además, indicios externos e internos no sólo de su antigüedad, sino también de la paternidad de Alcidamante. En primer lugar, la atribución figura ya en el códice más antiguo que lo conserva, el Palatinus graecus 88, del siglo XII . En esa misma época Juan Tzetzes, quien declara haber leído muchas obras de Alcidamante (test. 12), procura dos informaciones que podemos conectar con el discurso. En una de ellas llama al rétor technoélenchos, «el refutador del arte» (fr. 10), un calificativo que puede conectarse con la reivindicación alcidamantina de la improvisación, que comporta una imitación del modo de hablar común del auditorio y la simulación de una falta de técnica 16 . En la otra (fr. 11), Tzetzes recuerda que Alcidamante echaba en cara a otros el mucho tiempo que emplearon en redactar un escrito, lo cual hace, en concreto, al comienzo de este discurso (§ 2). Junto a estos indicios externos, el análisis estilístico revela el empleo de aquellos rasgos que Aristotéles (test. 14) había criticado en nuestro orador por producir un estilo frío y rebuscado.

Existe un gran acuerdo en considerar el discurso como una defensa de su enseñanza de la improvisación ante la inevitable pérdida de alumnos que hubo de suponerle la apertura de la escuela de Isócrates, donde se aprendía elocuencia por medio de la composición escrita de discursos y de la imitación de los modelos literarios que el maestro seleccionaba 17 . Dos son los ejes de la argumentación de Alcidamante 18 : uno, la inadecuación de la composición escrita a las circunstancias de la vida cívica en las que tiene lugar la toma de decisiones; dos, la asimilación del arte de la escritura a las actividades artesanales y crematísticas. Examinémoslos.

En primer lugar, la escritura es una facultad inútil, porque la redacción de un escrito requiere más tiempo que el que exigen las circunstancias perentorias de la vida comunitaria 19 . Alcidamante ridiculiza las pretensiones de la escritura describiendo el apresuramiento de un hipotético escritor que, en medio del calor del debate asambleario o judicial, se sentara a componer su intervención sobre una tablilla (§ 11); sólo un tirano podría actuar así, por ser el único que tiene la potestad de convocar al pueblo a escuchar su discurso cuando lo tenga terminado. A la inadecuación se une la falta de destreza: quien más acostumbrado está a pulir por escrito los discursos, persiguiendo las expresiones más exactas, es quien peor se expresa en público. En efecto, es fácil que, en pleno debate, no dé con la palabra precisa y se quede callado sin saber qué decir, provocando el enojo y el alboroto de la concurrencia (§§ 16 y 20-21); si cuesta trabajo memorizar los temas que se van a exponer y su orden, mucha más trabajoso es recordar las palabras exactas que se pretende emplear (§ 18). Por ello, quienes recitan discursos escritos son semejantes a los presos, que, una vez liberados, siguen caminando como cuando llevaban los pies encadenados (§ 17). Quien recita un escrito no puede aprovechar los argumentos de la parte contraria ni complacer a su audiencia alargando o acortando el discurso en función de las expectativas (§§ 22-26). En conclusión, el escrito es rígido e inmóvil, incapaz de adaptarse a las circunstancias: si a algo se parece es a las obras de arte, deleitosas pero completamente e inútiles (§ 27).

Esto conduce al otro eje de la argumentación: los escritos no merecen el nombre de ‘discursos’ (lógoi), sino el de poiḗmata (§ 27), pues sus creadores, que pretenden pasar por sofistas, son en realidad poiētaí (§§ 2 y 34). Este término comporta una doble descalificación: por un lado, los ‘poetas’ quedan marginados de la esfera de los sofistas, de acuerdo con una distinción consagrada en su época 20 ; por otro, son, en su sentido etimológico, ‘artesanos’, lo que los desautoriza por limitarse a fabricar unos discursos que luego no son capaces de pronunciar 21 ; son meros artesanos de la palabra, que comercian con sus manufacturas y carecen de cualquier compromiso con la sabiduría del verdadero sofista (§ 2). Ambos sentidos contribuyen a presentar al logógrafo como un heredero directo de los poetas celebrativos, quienes a cambio de remuneración económica ensalzaban a los patrocinadores de sus poesías, independientemente de las ideas políticas que sostuvieran 22 . A lo largo del discurso, Alcidamante caracteriza la labor del escritor en unos términos artesanales que pronto se convirtieron en tecnicismos para describir el proceso de composición literaria: los discursos escritos aspiran a la exactitud propia del artesano (akríbeia, §§ 11, 13-14, 16, 25, 33-34) y son «elaborados» (exeirgasménoi), semejantes a poesías (poiḗmasin... eoikótes) y «moldeados y ensamblados» con esmero (peplásthai kaì synkeîsthai, § 12) 23 .

Los dos ejes del ataque conducen a una misma conclusión: el discurso escrito no sirve como vehículo de participación política. Cuando la difusión de la escritura está cambiando los modos del pensamiento, Alcidamante parece ir en contra de los tiempos al reivindicar el tradicional modelo ‘fonocéntrico’ ateniense, conforme al cual las grandes decisiones que afectan a la ciudadanía y a los particulares se toman en contextos en los que se enfrentan discursos expuestos verbalmente 24 . La escritura había distorsionado este panorama: por su causa cualquier individuo podía ahora encumbrarse a posiciones de poder contratando a un logógrafo, un escritor de discursos profesional que redactaba el discurso que él debía recitar. Así, la arena política se estaba viendo invadida por una hornada de políticos-actores, que declamaban un texto aprendido de memoria —escrito, incluso, por un desconocido—, del que iba a depender el porvenir de la ciudad.

A pesar de todo, la negación de la escritura no es absoluta, entre otras cosas porque, aunque trate de presentar su discurso como un divertimento (paígnion), no deja de ser paradójico atacar la escritura por medio de una composición escrita. Hacia el final, Alcidamante se hace eco de las objeciones que, en este sentido, un interlocutor ficticio podría hacer a su intervención (§ 29). Su réplica (§§ 30-33) revela que el discurso escrito tiene cabida dentro de la ciudad, pero únicamente en aquellas situaciones en las que los discursos no tienen que competir y no comportan la toma de decisiones. Así, no sólo son diferentes los tiempos del discurso improvisado y del escrito, sino también sus espacios: el primero es útil en todas las circunstancias, mientras que el segundo sólo sirve para el disfrute, pero carece de utilidad 25 . Aun así, la recitación de un discurso escrito tiene sus virtudes: puede tolerarse como exhibición de la destreza del orador ante un público poco preparado, como propaganda, como memoria del autor y, finalmente, como constatación del progreso en la elocuencia.

Esta distinción ha sido puesta en paralelo con un pasaje de la Retórica de Aristóteles (III 12, 1413b8-9) donde se distingue claramente entre el estilo escrito (léxis graphikḗ) y el propio de los enfrentamientos (léxis agōnistikḗ): «La expresión escrita es mucho más precisa (akribestátē), mientras que la de los enfrentamientos es mucho más próxima a la representación teatral». Es posible que el Estagirita, como Alcidamante, asociara el primer estilo al espectáculo de los discursos demostrativos o epidícticos, y el segundo, a aquellos casos en los que el ciudadano actúa como un juez que toma decisiones, ya sea sobre el futuro en las asambleas (discursos deliberativos) o sobre el pasado en los tribunales (discursos judiciales) 26 . Frente al estilo exacto de la escritura, la retórica agonal se construye a partir de su semejanza con las demás lides o combates: «Es preciso —decía Gorgias— utilizar la retórica del mismo modo que los demás medios de combate (agōníāi)» 27 . En este sentido, a la caracterización artesanal de la composición escrita contrapone Alcidamante el empleo de imágenes y palabras del deporte (cf. § 7) y la guerra para caracterizar positivamente la improvisación y negativamente la escritura. Así, el escrito es fácil de atacar (euepíthetos, § 3), pues no hay quien lo socorra a él (dysepikoúrētos, § 21), y él, a su vez, procura menos auxilio (epikouría, § 26) que la suerte al no poder aprovechar argumentos del adversario; eso sí, cuando lo intenta, termina por destruir y demoler (dialýein kai synereípein, § 25) la estructuración que se hubiera dado al discurso. El público, nos dice Alcidamante, distingue nítidamente estos dos estilos, y desconfía del discurso excesivamente elaborado en las asambleas y los tribunales, de modo que se da la paradoja de que los mejores discursos escritos son aquellos que más se parecen a los improvisados (§ 13). Desafortunadamente para ellos, los escritores tienden por hábito a su estilo favorito y acaban mezclando los dos: produce una alternancia de partes elaboradas y corrientes que, al enturbiar el discurso, genera desconfianza y lo hace fracasar en su intento de persuadir (§§ 13-14,24-25).

El epílogo del discurso (§ 34) sirve para recapitular los puntos esenciales de la argumentación: la técnica del discurso improvisado que Alcidamante enseña convierte a quien la aprende en un orador consumado que sabe aprovechar las circunstancias y ganarse el favor de la concurrencia, porque, dotado de una inteligencia viva, es capaz de encontrar prontamente las palabras necesarias para dar solución a las exigencias de la vida.

Alcidamante habría perseguido con el discurso un doble objetivo 28 : por un lado, demostrar al público medio que quien sabe improvisar un discurso sabe también componerlo por escrito, incluso mejor que los escritores profesionales 29 ; por otro, haría ver al lector avezado en los trucos de la retórica que la verdadera espontaneidad no puede plasmarse por escrito. Así, si el método de los escritores funciona, Alcidamante ha triunfado en su ataque, pero si no funciona, tanto mayores serán, por lo mismo, su ofensiva y su victoria.

b) «Odiseo» o «Contra Palamedes por traición»

La atribución de este discurso a Alcidamante es unánime en la tradición manuscrita. Fue cuestionado por primera vez por Foss 30 , quien adujo dos argumentos: uno, su estilo nada tiene en común con el que critica Aristóteles al orador (test. 14) 31 ; dos, depende del Palamedes gorgiano, que él consideraba tardío. A la misma conclusión llegó Vahlen, aunque con argumentos diferentes 32 . Poco valor probatorio daba a la evitación del hiato 33 y las demás diferencias estilísticas entre el Odiseo y Sobre los sofistas, que él atribuía a la diferencia del género oratorio 34 . La única prueba decisiva era, a su juicio, que un discurso que es, aparentemente, una acusación, flaquea en la invención y la articulación de los argumentos; en su lugar encontramos una invención mitológica privada de toda función probatoria y que adolece de un desorden «infantil» 35 . En una línea semejante, Blass 36 consideró el Odiseo, por la forma de fundamentar la acusación, un ejemplo extremo de oratoria sofística, cuyo único fin sería la exhibición de la erudición de su autor. Con todo, prevenía de la identificación entre lo inauténtico y lo tardío: frente a Foss, defendía la antigüedad del escrito, pues no veía en él indicios lingüísticos que lo situaran en época tardía 37 .

La paternidad alcidamantina del Odiseo tiene también sus valedores desde el comienzo del debate 38 , aunque no han logrado imponerse, como demuestran las últimas ediciones 39 . La defensa más decidida sigue siendo la de Auer, quien recogió los argumentos avanzados por los investigadores hasta 1913. En primer lugar, consideraba inadecuado tomar las críticas de Aristóteles al estilo de Alcidamante como criterio de autenticidad; como contrapartida, argumentaba que ninguna de las numerosas citas que hace Aristóteles de Alcidamante deriva del discurso Sobre los sofistas 40 . A su juicio, la singularidad estilística del Odiseo se explica por el género al que pertenece. Entre las pruebas positivas, Auer indicaba también la estructura misma del discurso, que encontraba en correspondencia con los avances teóricos atribuidos al rétor 41 . Apuntaba, además, el uso de determinadas conjunciones, que sólo usa Andócides; el cotejo con los discursos de este orador lo llevó a datar el Odiseo en los primeros años del siglo IV , antes del Sobre los sofistas 42 .

Auer refutó igualmente la pretendida inconveniencia de la invención mitológica: ésta resulta pertinente para dar solidez a una acusación que carece de pruebas. La historia de Auge y Télefo tiene el sentido de implicar a Palamedes, a través de Nauplio, su padre, en la responsabilidad del inicio de la guerra de Troya, confirmada por el comportamiento de Palamedes ante la fechoría de Paris y en la reunión de la expedición aquea. Se crea así un contexto narrativo en el que el entendimiento previo entre Palamedes y los troyanos sugerido en § 7 se hace creíble. En cuanto a la coherencia de las historias mitológicas, Auer señala que vicios semejantes se encontran en toda la literatura oratoria de la época, sobre todo en la judicial 43 .

Si, conforme a la tendencia más general de la crítica, aceptamos, al menos, la pertenencia del Odiseo a la producción oratoria del siglo IV , se impone examinar su relación con obras que le son especialmente afines 44 . El hecho de que el discurso de Alcidamante y el Palamedes de Gorgias 45 se correspondan entre sí como acusación y defensa a cargo de los protagonistas de la historia mítica concede especial interés a la relación intertextual entre ambos discursos. Auer resolvió la cuestión asignando la prelación temporal al Odiseo a partir de una serie de correspondencias 46 , pero un cotejo detallado de ambas obras ha llevado a Zographou-Lyra, también defensora de la autenticidad del Odiseo, a la conclusión contraria 47 . Según esta autora, existen correspondencias significativas en la partición, la estructura, el estilo y los modos y contenidos de la argumentación, de suerte que el Odiseo parece una contestación a la apología gorgiana por medio de una acusación que sea indemne a la rigurosa argumentación dialéctica de aquélla 48 . Así, a los argumentos estrictamente lógicos de la primera sección del Palamedes, que desmontan la posibilidad del acto mismo, tanto en su modalidad objetiva de ‘poder’ (§§ 6-12) como en la subjetiva de ‘querer’ (§§ 13-21), contesta el Odiseo alcidamantino con una narración que, mediante una relación detallada de los hechos y de los antecedentes del héroe, muestra no sólo la posibilidad del entendimiento, sino su realización por la relación que une a Palamedes con figuras señeras del bando enemigo 49 .

La argumentación de Gorgias no se funda en la exposición de detalles narrativos de una historia que, como en el caso del Encomio de Helena, se da por supuesta, sino en una teoría y una psicología de la acción aplicadas al caso, mientras que la argumentación del Odiseo depende de la elaboración de los detalles de la tradición mitológica sobre Palamedes, de modo que los «hechos» pasados iluminen acusadoramente las acciones presentes 50 . Así, Zographou-Lyra da razón retórica de aquello que, precisamente, le ha valido al Odiseo su condena: la desaforada y ociosa invención mitológica. Su importancia como opción retórica en la pieza obliga a tener en cuenta el trasfondo de leyendas sobre el cual elabora el orador su argumento 51 .

En la elaboración retórica de la narración por parte de Alcidamante distinguimos dos aspectos fundamentales, que plantean relaciones intertextuales de orden diverso. En primer lugar, en cuanto al trasfondo narrativo, el rétor presenta el caso como si fuera una escena de la Ilíada, lo cual significa casi reescribirla en un punto crucial, pues a los antiguos no había pasado inadvertida la total ausencia de Palamedes del poema 52 . El hecho fundamental de la narración, el descubrimiento del mensaje revelador, es situado en el curso de una batalla que parece tomada, con pocas diferencias, del canto XII de la Ilíada, tanto por los personajes presentes como por el momento de la guerra 53 . Igualmente, el conocimiento de determinados pasajes de la Ilíada da sentido a los de la narración, como hemos señalado puntualmente en las notas. De este modo Homero aparece, significativamente, «corregido».

En segundo lugar, llama la atención el volumen de invención mitológica de la historia con fines de prueba. La versión del Odiseo se destaca repetidamente de las demás en detalles muy significativos, como los concernientes a la comunicación entre Palamedes y los troyanos. Aquí el mensaje está inscrito en la flecha y no es propiamente una carta. El detalle recuerda un episodio famoso de la versión euripídea, en la que Éaco, el hermano de Palamedes, denunciaba el crimen de los griegos inscribiéndolo en un remo: en uno y otro caso, la escritura se apropia inteligentemente del uso anómalo de un objeto para una mayor eficacia 54 .

La libertad de invención del Odiseo se localiza también en la segunda narración. En ella, la historia de Palamedes se vincula a la de un héroe también querido de la tragedia, Télefo, quien ya había mediado en el mensaje de la flecha. De nuevo, la versión alcidamantina plantea problemas a cualquier intento de conciliaria con las trágicas del mismo mito 55 . Conviene destacar el valor probatorio de los detalles inéditos en un discurso que persigue demostrar el entendimiento ancestral de Palamedes con los enemigos de los griegos.

El final del discurso es un tercer lugar de invención mitológica. Gorgias hacía seguir a la demostración de lo implausible de la traición una exhibición del carácter de Palamedes, que integraba una breve relación de sus inventos 56 . Alcidamante contesta el valor de esa relación, aquí más extensa 57 , señalando, de un lado, que la mayoría —formaciones militares, música, moneda, letras— son ajenos, mientras que los que se le pueden atribuir —pesos, medidas, dados y damas, señales luminosas— son perniciosos 58 . Además, con viene considerar el modo en que son enjuiciadas todas estas invenciones, dado que su valoración nos acerca a un pasaje del Fedro platónico repetidamente relacionado con Alcidamante (test. *20): al autor de un hallazgo no le corresponde juzgar acerca de su utilidad 59 . Además, si bien Odiseo no señala la posibilidad del buen y mal uso de una misma invención, sí que la implica en el caso concreto de la escritura; aunque no se cuenta explícitamente entre las artes perjudiciales de Palamedes, sí que evidencia un abuso por su parte 60 . Así pues, Alcidamante convierte el motivo trágico del inventor que sufre por efecto de sus propios inventos en la figura complementaria de aquel que aprovecha para su propio beneficio un invento ajeno, de modo que Odiseo hace de su rival Palamedes una semblanza muy cercana a la que la tradición nos ha legado de él mismo 61 .

c) Obras fragmentarias

1. Museo (frs. 4-6, 13-33, *35-*36, *38-*39)

El Museo (Mouseîon) es una obra problemática desde el propio título. La referencia etimológica a las Musas tiene su principal antecedente en Heráclito, cuya obra, conocida como Sobre la naturaleza, recibió también el nombre de Musas 62 . Un titulo igualmente cercano lo transmite la Suda (test. 1), según la cual el padre del propio Alcidamante —si no él mismo— habría escrito libros que reciben la descripción o el título de mousiká, término que un editor propuso corregir, precisamente, en Mouseîon 63 . De mayor importancia es el hecho de que el término fuera utilizado por el propio rétor y que su uso llamara la atención de Aristóteles por su peculiaridad estilística (fr. 26).

Más dificultades plantea dar una traducción del término mouseîon que no induzca a error. En su significado primero, designa un lugar sagrado dedicado a las Musas, pero pronto encuentra en él su sitio aquello que simboliza la competencia que ellas otorgan: el canto, los discursos (lógoi) y los libros 64 , de forma que, como título, mouseîon desplaza su sentido al espacio de la escritura. En esta línea, West, tras la estela de Sauppe, ha defendido que Alcidamante se sirve del término —como más tarde Apolodoro o Diodoro de Sicilia de bibliothḗkē — para designar un libro en el que se conservan otros libros 65 ; sería, pues, una obra de erudición especialmente ambiciosa, que adelantaría las colecciones alejandrinas. No es de extrañar que muchas obras de Alcidamante hayan sido concebidas, tarde o temprano, como secciones del Museo: ha pasado con el Físico, con el Encomio de la muerte y el Encomio de Nais; también con el discurso Sobre los sofistas, donde Alcidamante propugna una buena erudición (historía) 66 y grandes dotes de improvisación, que son las mismas cualidades que adornan al Homero del Certamen 67 , heredero del que aparecía en el Museo. Para muchos, este compendio lo habría diseñado el rétor con vistas a su actividad docente 68 .

En cuanto al contenido de la obra, poco podemos adscribirle con seguridad. Estobeo le asignó dos hexámetros, que encierran una de las expresiones más cumplidas del pesimismo griego (fr. 4) 69 . El hecho de que estos versos aparezcan en el opúsculo de época antonina conocido como el Certamen de Homero y Hesíodo 70 y de que en él se cite el Museo de Alcidamente como fuente de una versión de la muerte de Hesíodo (fr. 5), condujo a Nietzsche a considerar que el Certamen original fue obra de nuestro orador 71 ; dado que en esta obrita anónima se exalta la capacidad de improvisación de Homero, las coincidencias y citas que acabamos de señalar hacen muy plausible la atribución 72 . Pese a encontrar pronto detractores 73 , la propuesta ha recibido el respaldo de una serie de hallazgos papiráceos, que han mostrado, primero, que el Certamen, al menos en una versión muy cercana a la que conservamos, circulaba ya en la época helenística temprana 74 , y, segundo, que una obra de Alcidamante dedicada a Homero contenía materiales que hoy leemos en el Certamen (fr. 6). La hipótesis de Nietzsche goza, pues, si no de reconocimiento unánime, sí al menos de aceptación general 75 .

Posteriormente ha sido retomada por West 76 , quien piensa que debe atribuirse a Alcidamante no sólo el escrito original, sino también la invención de la historia del certamen entre Homero y Hesíodo, encuadrada en el marco narrativo de los oráculos y la muerte de ambos poetas 77 . En esta propuesta hay dos cuestiones fundamentales, la primera de las cuales concierne a la historia literaria y a los antecedentes arcaicos y clásicos del Certamen 78 . Quienes consideran poco creíble que Alcidamante inventara la historia señalan el carácter tradicional del motivo de la competición entre sabios o poetas 79 . Además, Aristófanes, en un contexto también de rivalidad poética (Paz 1282-1283), emplea unos versos que en el Certamen aparecen con variantes como respuesta de Homero a la tercera cuestión que le plantea Hesíodo (pág. 229, 107-108 Allen) y que dan entrada a la serie de versos ambiguos con los que el poeta de Ascra pone a prueba la maestría de Homero. Avezzù señala que los versos sirven ya en la comedia aristofánica para una contraposición entre guerra y paz básica en el Certamen, de modo que tenemos que contar con un texto semejante que fue parodiado por el comediógrafo 80 ; ello hace plausible una versión del Certamen conocida del público ateniense ya en el siglo V a. C. West, por su parte, admite que Alcidamante hizo uso de material ya existente para las situaciones típicas del concurso 81 , pero defiende que no hay testimonio fiable del Certamen anterior a Alcidamante 82 .

La segunda cuestión tiene que ver con la estructura del Certamen original y el modo en que ésta es reelaborada en el texto de época antonina que conocemos. West hace una relación de los pasajes del Certamen que pueden remontarse al ancestro de Alcidamante, en la que se distinguen los bloques que han servido de base a la edición de Avezzù 83 :


Poco es, por tanto, lo que podemos atribuir con cierta seguridad al Museo: sabemos que en él se citaban unos versos ya difundidos en la cultura literaria de finales del siglo V a. C. y que se trataba la muerte de Hesíodo 85 y de Homero, sin que podamos precisar con qué extensión y detalle 86 . Sin embargo, la atribución rara vez se ha restringido a estos mínimos. El empleo del término mouseîon en una expresión criticada estilísticamente por Aristóteles («el santuario natural de las Musas», fr. 26) sugiere su adscripción a la obra. Además, la presencia de materia homérica en los fragmentos 19, 26, 29 y 33 se ha considerado un indicio plausible de pertenencia al Museo 87 . Asimismo, la consideración de la poesía como sabiduría y el reconocimiento que ésta merece han permitido considerar la asignación a la obra de los fragmentos 13 y 14, que aparecen seguidos en la misma sección del libro II de la Retórica aristotélica y comparten la misma temática: el primero refiere la veneración universal de los sabios, y el segundo, el beneficio que aportan los legisladores cuando unen a las tareas políticas el amor por la filosofía 88 .

Finalmente, debemos a Solmsen una atractiva hipótesis sobre la adscripción al Museo del conjunto de los pasajes alcidamantinos citados por Aristóteles en el libro III de la Retórica (15-33), exponentes de cuatro tipos de defectos que producen un estilo frío 89 . A partir del cotejo de esta cadena de citas con otras dos de la Retórica que contienen pasajes de Isócrates 90 , deduce que, como en estas últimas, Aristóteles ha debido de respetar el orden relativo que los pasajes citados observaban en la fuente original. Basándose, en primer lugar, en la repetición de un mismo pasaje (fr. 19) para ejemplificar dos defectos diferentes de Alcidamante —el mal empleo de las palabras peregrinas y de las metáforas— y, segundo, en la presencia de motivos odiseicos en los pasajes aducidos para criticar el abuso de los epítetos y las metáforas (cf. frs. 27-29 y 33), concluyó que los pasajes de los cuatro grupos derivan de una misma obra, el Museo, y concretamente de su proemio, ya que todos parecen hablar de la naturaleza y los efectos de la poesía, tanto épica como dramática. De ser así, todos los pasajes alcidamantinos que el Estagirita cita en los libros II (13-14) y III (15-33) de la Retórica podrían derivar perfectamente del proemio del Museo.

En resumen, el Museo, partiendo de tres fragmentos bastantes seguros, ha ido adquiriendo dimensiones monumentales en tamaño y también en importancia, pues varias de las ideas literarias implicadas en los breves fragmentos —la mímesis poética, el efecto psicológico de la poesía, la economía poética— son originales o, al menos, de extraordinaria importancia en la tradición literaria antigua. Alcidamante aparece, en fin, como el referente polémico del famoso veredicto contra los poetas que Platón falla en el últmo libro de la República 91 .

2. Físico (frs. 1, *37)

A juzgar por el único fragmento seguro que se conserva, la obra trataba de las vidas de los filósofos llamados «Físicos», aquellos dedicados al estudio de la naturaleza. Como ya hemos avanzado, es posible que el título no corresponda a una obra completa, sino a una sección de una obra mayor; Avezzù 92 , siguiendo a Sauppe, la concibió como una sección del Museo a partir del fragmento 26, donde se integra la mención del museo con la reflexión sobre la naturaleza. El mismo editor, siguiendo una indicación de Diels 93 , asignó a la obra una anécdota protagonizada por Zenón y Protágoras que transmite Simplicio (fr. *37 = 9 Avezzù) y, además, los frs. 13 y 14, donde Alcidamante alaba sucesivamente a los poetas, a los filósofos contemplativos y a los activos. No aduce, sin embargo, razón alguna que justifique su proceder, por lo que hemos optado por incluir el primero entre los fragmentos dudosos y los dos restantes, entre los citados por Aristóteles sin asignación específica de obra. Si el fr. *37 procede realmente de esta obra, es razonable pensar que ésta incluía tanto partes narradas como dialógicas.

3. Mesenio (frs. 2-3)

La base para la reconstrucción de este discurso son las informaciones que procura el comentarista anónimo de la Retórica 94 . Se trata de una declamación (melétē), no exenta de intencionalidad política: en ella el orador se dirige a los espartanos instándoles a acordar la paz con los mesenios, que se habían rebelado contra ellos, sus ancestrales dominadores, tras la victoria tebana en Leuctra (371 a. C.) y la consiguiente expedición de Epaminondas contra Lacedemonia. Suele aceptarse que el discurso fue compuesto como contestación al Arquidamo de Isócrates, quien a través de la figura de este rey espartano había defendido los derechos históricos de Esparta sobre Mesenia 95 .

En cuanto a la datación del discurso, depende también de Isócrates y, en concreto, de la concepción que tengamos de él: si lo vemos como un analista político especialmente perspicaz, hubo de componer el Arquidamo durante la crisis de Esparta posterior a la expedición de Epaminondas, hacia 366 a. C., en cuyo caso el Mesenio de Alcidamante sería, aproximadamente, de 366-365 a. C. 96 . Ahora bien, si Isócrates, como su contemporáneo Platón, reelaboraba en sus discursos situaciones de un pasado reciente 97 , el Arquidamo isocrateo pudo haber sido redactado años más tarde, seguramente después de 355 a. C., como propuso Harding 98 , en cuyo caso también el Mesenio sería posterior a ese año.

4. Sobre la música (fr. *34)

El Papiro Hibeh I 13 (2438 Pack2 ) es uno de los documentos más antiguos sobre la estética musical antigua 99 . Hay acuerdo en conceder a la obra una datación alta, probablemente comienzos del IV 100 , y ello por dos razones. Una es el análisis literario, que revela abundantes estilemas en común con la prosa oratoria de la época, en especial con la isocratea 101 . Otra es el empleo de las expresiones musicales en un sentido terminológicamente vago, ajeno a una construcción teórico-científica y afín, más bien, a una labor de crítica musical, lo cual invita a datar el escrito en época anterior a Aristóxeno 102 .

El texto revela la existencia de una fuerte polémica en medios retóricos contra la cultura musical, en competencia con las pretensiones educativas de la retórica 103 . Fue atribuido a Hipias de Élide, a Demócrito y a Dracón, discípulo de Damón y maestro de Platón 104 . Sin embargo, Brancacci ha argumentado con detalle a favor de la atribución a Alcidamante, cuya cronología cuadra muy bien con la que se ha propuesto para el texto papiráceo 105 . Las pruebas aducidas son de orden textual, pero las más importantes conciernen a las ideas polémicas por las que es sobre todo conocido el rétor de Elea, así como al estilo argumentativo de ambos escritos 106 . West, en su reciente edición y estudio del papiro, considera la atribución convincente 107 .

d) Obras perdidas

Conservamos los títulos de otras tres obras, todas ellas de carácter encomiástico. Según Ateneo (test. 9), compuso un Encomio de Nais (Enkṓmion Naḯdos), una declamación en honor de una famosa cortesana del siglo IV 108 . Por su parte, Menandro el Rétor (test. 10) procura el nombre de dos encomios paradójicos 109 . Uno es el Encomio de la muerte (tò toû Thanátou enkṓmion), concebido por Sauppe 110 como una sección de una obra más amplia —seguramente el Museo —, donde se acumulaban pasajes consolatorios sobre el poder liberador de la muerte 111 . Ya en el siglo XII la obra debió de haberse perdido, porque Tzetzes, que conoce otras obras de Alcidamante, confiesa no haber leído escrito alguno suyo sobre el tema (test. 12). Aunque el juicio de Cicerón sobre la obra (test. 11) demuestra que la ha leído y conoce sus contenidos 112 , Avezzù ha sostenido la posibilidad de que el encomio no haya existido nunca 113 . Según él, Cicerón habría manejado una lista de citas sobre la muerte en la que se atribuiría ya a Alcidamante el pasaje del Certamen que le asigna también Estobeo en la sección dedicada al «Encomio de la muerte» (fr. 4), lo cual permitiría explicar la familiaridad con que el orador habla de una obra inexistente; Menandro el Rétor habría usado la misma fuente que Cicerón, igual que, siglos más tarde, Tzetzes (test. 12), quien reconoce no haberlo leído.

En segundo lugar, Menandro el Rétor (test. 10) informa de la existencia de un Encomio de la pobreza o Encomio de Proteo, el perro (tò tês Penías, ḕ toû Prōtéōs toû kynós), del que nada sabemos. Cornford 114 conectó el segundo título con un pasaje de la Retórica aristotélica, donde el Estagirita, para ejemplificar los entimemas derivados de equívocos, se plantea el supuesto de lo que podría argumentar quien quisiera ensalzar al perro (kýna enkōmiázōn, fr. *37). Como Cornford, Avezzù 115 admite la duplicidad del título, y sostiene que el contenido de la obra tiene que ver con que Alcidamante sea presentado por Luciano siglos más tarde como un filósofo cínico (test. *22). Sin embargo, la mayoría de los estudiosos consideran problemático el segundo título y eliminan el último «o», leyendo «De la pobreza de Proteo, el perro», por entender que el Encomio de la pobreza es obra del cínico del siglo II llamado Peregrino Proteo 116 .

Finalmente, Plutarco toma de Hermipo (s. III a. C.) la noticia de que Demóstenes tuvo en sus manos los «tratados de retórica (téchnai)» de nuestro rétor (test. 13). Actualmente, la crítica tiende mayoritariamente a pensar que Alcidamante, como Isócrates, jamás escribió un tratado metódico de retórica al estilo del aristotélico, sino que las reflexiones y los hallazgos retóricos que le atribuyeron los antiguos (cf. frs. 7-12) derivan, más bien, de discursos modélicos, también denominados téchnai 117 . Ahora bien, si se acepta que Alcidamante es el personaje que en el Fedro platónico extiende la aplicación de la retórica incluso a las conversaciones privadas y recibe del filósofo el calificativo de «Palamedes eleático» (cf. test. *20-*21), quizás habría que asignarle un tratamiento del poder de la retórica bastante más sistemático que unos simples hallazgos dispersos.

III. EL CONTEXTO RETÓRICO Y FILOSÓFICO DE ALCIDAMANTE
a) Alcidamante e Isócrates

Las enseñanzas de Gorgias en Grecia generaron dos tipos diferentes de discípulos: de un lado, los defensores de la destreza en improvisar un discurso sobre cualquier tema que se planteara, como Alcidamante; del otro, los cultivadores del discurso escrito, como Isócrates 118 . Éste abrió su escuela hacia 393/392 119 y, poco tiempo más tarde, hacia 391/390, publicó su discurso Contra los sofistas (Katà tôn sophistôn), que presenta numerosos puntos de polémica con el alcidamantino Sobre los sofistas. Los esenciales son los siguientes 120 :

1) En el exordio, Isócrates critica a quienes fanfarronean irreflexivamente, pues consiguen que parezcan más sensatos quienes eligen la molicie que quienes se ocupan de la filosofía (§ 1); Alcidamante, ante la acusación de un interlocutor ficticio de que considera más sensatos a quienes hablan atolondradamente que a quienes escriben con preparación (§ 29), distingue la improvisación del atolondramiento: la primera exige planificación de los argumentos, el segundo no (§33).

2) Isócrates ataca, entre otros, a quienes prometen enseñar el discurso político, pero escriben «peores discursos que los que improvisarían algunos profanos» (§ 9), de modo que la improvisación queda por debajo de la composición escrita; con su arte, dicen, se puede todo, y sería de desear que la filosofía tuviera tanto poder, porque, entonces, Isócrates no se quedaría atrás del todo ni gozaría de la parte más pequeña del arte (§ 11); pero estos sofistas se sirven burdamente del alfabeto, una técnica fija, para describir el funcionamiento de la retórica, que es una actividad creativa (§§ 12-13). Por su parte, Alcidamante ataca a los escritores, que «son tan inexpertos como los profanos en la facultad de pronunciar discursos» —lo cual es, justamente, la inversión de la jerarquía isocratea entre escritura e improvisación— y, estando en posesión de una mínima parte de la retórica, reivindican el arte entera (§ 1). Uno argumento para descalificar la escritura es que es una técnica fácil, y aquí Alcidamante mezcla deliberadamente sentidos técnicos de la escritura con otros más corrientes, para asimilarla al aprendizaje del alfabeto 121 .

3) Alcidamante niega a los escritores la condición de sofistas y los asimila a los poetas, en cuanto artesanos de la composición escrita (cf. supra); Isócrates distingue a los «creadores de discursos» (poiētaì lógōn, § 15) de los litigantes, y considera una virtud de la persona dotada para la retórica el saber «esmaltar» (katapoikîlai) hábilmente los pensamientos y dar a las palabras una disposición rítmica y musical (§ 16) 122 .

Tratar de establecer una cronología precisa de esta polémica es difícil, ya que los dos rétores podían conocer la actividad de la escuela rival sin necesidad de informarse de ella a través de escritos propagandísticos. Actualmente prevalece la idea de que el escrito de Isócrates es anterior 123 . Ello explica, entre otras cosas, que en el Panegírico, en cuya redacción empleó diez años, conteste a Alcidamante mediante su censura de quienes «critican los discursos de nivel superior al normal y elaborados en exceso (lían apēkribōménois, § 11)» y confunden los discursos que versan sobre contratos con estos otros, insuperables y efectistas; su discurso, nos dice, va dirigido a quienes no admitirán lo que se diga a la ligera (eikêi, § 12) 124 . También explica por qué el Contra los sofistas no contiene ninguna réplica a la asimilación de la composición escrita a la escultura y la pintura, placenteras, pero inútiles, que hallamos en Alcidamante (§ 27) 125 .

Como hemos avanzado, los tiempos habrían de dar la victoria a Isócrates: la escritura permitía reflexionar detenida y desapasionadamente sobre los contenidos de un escrito y hacer juicios razonados sobre coyunturas políticas amplias, más allá de la circunstancia puntual de la Asamblea 126 . Por eso el ataque de Alcidamante no podía triunfar: que la palabra escrita fuera inadecuada a un modelo de participación política en franca recesión no podía restar prestigio a Isócrates, quien jamás necesitó pronunciar un discurso en público 127 .

b) Alcidamante y Platón 128

Alcidamante niega a las composiciones escritas el nombre de ‘discursos’ porque, en realidad, son sólo «simulacros, figuras e imitaciones de discursos» (eídōla kaì schḗmata kaì mimḗmata lógōn, § 27). Mientras que el discurso improvisado está lleno de vida y se asemeja a los cuerpos de las personas, el escrito carece de vigor por ser sólo una imagen y asemejarse a una estatua, que tiene una sola forma y una sola disposición (§ 28). La misma contraposición se lee en el Fedro platónico, donde el discurso «que se escribe con ciencia en el alma del que aprende» aparece caracterizado como aquel que está «lleno de vida y de alma, justamente el que sabe y del que el escrito se podría justamente decir que es el reflejo (eídōlon)» 129 . Por ser también imitaciones (mimḗmata) degradadas del verdadero ser, Platón expulsó de su ciudad perfecta a Homero y los trágicos 130 . La cronología generalmente aceptada concede una mayor antigüedad a la formulación alcidamantina, aunque ello no implica que Platón se inspirara forzosamente en él 131 .

No es éste el único punto de coincidencia del discurso con Platón. En § 17, Alcidamante compara la torpeza de los escritores a la hora de pronunciar un discurso con un preso que, una vez liberado de los grilletes que aprisionaban sus pies, durante cierto tiempo sigue caminando como si aún los llevara. La imagen presenta notables semejanzas con la caverna de la República (VII 514a-518d): cuando los encadenados se liberan de las cadenas, tardan en abandonar los viejos hábitos y en acostumbrarse a mirar la realidad de un modo diferente. Debido a la cronología relativa de los escritos, es plausible que Platón haya reelaborado filosóficamente la imagen retórica de Alcidamante, aunque, de nuevo, hay que tener en cuenta un conocimiento directo de las enseñanzas escolares que no pase por la lectura de las obras publicadas 132 .

El problema de la cronología relativa se ha planteado de un modo acuciante a propósito del Gorgias y Sobre los sofistas, para determinar quién fue el primero, si Platón o Alcidamante, en emplear e, incluso, acuñar el término ‘retórica’ (rhētorikḗ) 133 . Alcidamante lo emplea dos veces en el exordio de su discurso, la segunda de ellas para designar una actividad distinta de la filosofía (§ 2) 134 ; por su parte. Platón se sirve del término en el Gorgias como si ya fuera conocido (tḕn kalouménēn rhētorikḗn, 448d; cf. también 449a). Según Schiappa y Cole 135 , fue Platón quien acuñó el término, como otros con el sufijo -ikḗ constatados por vez primera en sus diálogos; al dar una denominación colectiva a todos sus adversarios, habría logrado apropiarse del término ‘filosofía’, en disputa durante la primera mitad del siglo IV a. C., para designar su propia actividad. Sin embargo, tal propuesta comporta necesariamente, primero, rebajar la datación de nuestro discurso hasta después de 380 a. C.; segundo, restar importancia a que en el Gorgias se hable de «la llamada retórica» como algo conocido; y tercero, pensar que la disciplina sólo surge cuando existe un término para designarla 136 .

c) Alcidamante y Antístenes

La obra de Alcidamante encuentra un horizonte de referencia diverso en otros desarrollos de la tradición socrática, entre los que, siguiendo a Avezzù, merece la pena destacar a otro de sus contemporáneos: Antístenes de Atenas 137 . De entrada, la proximidad de ambos aparece ya operante en el criterio de selección de las piezas oratorias del códice X, que transmite, a continuación de Sobre los sofistas y Odiseo, los dos únicos discursos conocidos de Antístenes, Ayante y Odiseo, por su afinidad de tema y naturaleza oratoria 138 . Es significativo, además, que ambos rétores fueran tenidos por discípulos de Gorgias, una de cuyas composiciones de mitología forense, el Encomio de Helena , cierra el códice mencionado 139 .

Numerosos aspectos de su producción denuncian la convergencia literaria e intelectual de ambos autores. Destaca, en primer lugar, su común cuestionamiento de los escritores de discursos 140 y, en continuidad con él, la importancia considerable que otorgan al estudio y clarificación de la personalidad poética de Homero. A ella dedicó Antístenes un considerable número de obras 141 , en las que se constata una inclinación especial por la Odisea como modelo ético, lo cual, de nuevo, lo acerca a Alcidamante en una de sus expresiones más renombradas (fr. 33) 142 . También puede aducirse el interés por las cuestiones de filosofía natural 143 , cuyo valor fue disputado por algunas orientaciones, tanto de la socrática como de la filosofía oratoria del siglo IV . A continuación, merece señalarse la existencia en ambos de una marcada inquietud por la problemática de la muerte, tema de varios escritos de Antístenes 144 y de un discurso de Alcidamante, que le valió la estima de Cicerón (test. 11) 145 . A ello añade Avezzù el protagonismo de la figura del perro en ambos, aunque la escasa información impide precisar el alcance del paralelo 146 .

IV. EL ESTILO DE ALCIDAMANTE 147

A este respecto se impone una distinción entre, por un lado, el discurso Sobre los sofistas y las informaciones que nos procura Aristóteles en el libro III de la Retórica (test. 14), que son coherentes entre sí, y, por otro, el Odiseo, cuya singularidad estilística ha sido esgrimida para negar la paternidad de Alcidamante.

En general, el estilo del Sobre los sofistas de Alcidamante permite descubrir en él a un fiel seguidor de Gorgias, aunque ya hemos visto que de la rica enseñanza de éste surgieron dos tendencias estilísticas divergentes, que defendían el cultivo de la composición escrita y el de la improvisación, respectivamente. En efecto, sus discursos contenían tanto los ritmos elementales y los adornos estructurales que Isócrates retomó y refinó como aquellas peculiaridades de dicción que Alcidamante adoptó, Isócrates evitó y Aristóteles contribuyó a desacreditar, consistentes en el empleo abusivo de compuestos, palabras extravagantes 148 , epítetos y metáforas 149 . Aunque se trataba de dos desarrollos igualmente legítimos de una misma enseñanza, la crítica aristotélica es un indicio de lo pronto que prevaleció en el Ática la línea isocratea como definitoria de la prosa artística 150 ; la tendencia gorgiana a la ampulosidad y la grandilocuencia, que nuestro orador desarrolla, encontrarán su continuación en el asianismo 151 .

Si algo caracteriza el estilo de Alcidamante es la tendencia al pleonasmo: según Aristóteles, convierte los epítetos —y, en general, las perífrasis— no en un aderezo del discurso, sino en su plato fuerte. Dos ejemplos: en Sof. 25, «las exactitudes del tratamiento de las palabras» es una perífrasis por «las palabras precisas», y en 16 resulta superfluo caracterizar la agudeza mental como «desenvuelta» 152 . Dentro de esta redundancia, llama poderosamente la atención el uso masivo de términos abstractos, sobre todo verbales —los que expresan una acción—, como, por ejemplo, «emprender una acusación» (katēgorían poiḗsasthai, § 1) en vez de, directamente, «acusar (katēgorêsai )» 153 . Dentro de ellos, a su vez, abundan los sustantivos abstractos que denotan procesos mentales, con frecuencia en plural, en lo que Alcidamante responde, una vez más, a las enseñanzas de los sofistas, que habían introducido una novedosa terminología para dar cuenta de la actividad psicológica del ser humano 154 . A ellas se debe, igualmente, el tono sentencioso de muchas secciones y el empleo abundante de afirmaciones de carácter universal 155 .

En cuanto al Odiseo, todos los estudios sobre Alcidamante deben afrontar la diversidad estilística casi inconciliable que lo separa del discurso Sobre los sofistas, que le ha acarreado frecuentemente su condena como espurio. En este extremo podemos situar el análisis de Blass, quien muestra que, además de su despreocupación por el hiato, al autor se atiene a una construcción sintáctica dominada por la parataxis; sólo en el exordio y la peroración aparece una cierta elaboración del período 156 . Hay pocas figuras de dicción y una ausencia casi completa de las figuras gorgianas: tan sólo un homeoteleuto en § 13 y el uso de sinónimos en § 27. En el extremo opuesto se situó Auer, quien, analizando el mismo texto, llegó a unas conclusiones contrarias 157 . Señalaba la necesidad de reconocer la diversidad de estilos a disposición del orador en función de los diferentes géneros oratorios, así como el abuso que supone generalizar a partir del único conocido. Por lo demás, no están ausentes del Odiseo algunos de los rasgos citados por Aristóteles 158 : además del empleo abusivo de epítetos en § 27, descubre figuras gorgianas como los párisa en § 13, el homeoteleuto en §§ 13, 16, 19, 23, y la paronomasia en § 19. Forman parte del estilo peculiar del discurso otras figuras que le confieren vivacidad, como las interrogaciones retóricas en §§ 9, 12, 18, 19, 26 159 . A ello hay que añadir, finalmente, la diferencia en la frecuencia de hiatos, que puede ser deliberada: si dispusiéramos de especímenes de improvisaciones de Alcidamante, seguramente veríamos que no se da en ellas la evitación del hiato, que sólo puede lograrse en una composición escrita como Sobre los sofistas 160 .

V. HISTORIA DE LA TRANSMISIÓN TEXTUAL
a) Manuscritos y papiros

El primer hito crucial de la transmisión manuscrita de Alcidamante es el siglo XII . En esa época el erudito bizantino Juan Tzetzes afirmaba conocer un buen número de sus discursos (test. 12): entre ellos cabe contar, con bastante seguridad, Sobre los sofistas y, posiblemente, la versión alcidamantina del concurso entre Homero y Hesíodo que figuraba en el Museo y que sirvió de modelo o fuente al Certamen anónimo de edad Antonina que ha llegado hasta nosotros (cf. fr. 5). Por lo que sabemos, a partir de ese momento el volumen de obras transmitidas de Alcidamante se vio drásticamente reducido a los dos discursos que hoy conservamos.

Los testimonios manuscritos para constituir el texto presentan una ascendencia doble, aunque hay indicios que permiten suponer un ancestro común. De un lado está el Palatinus Graecus 88 (X, según Bekker), del siglo XII , famoso por ser testimonio fundamental del corpus Lysiacum; incluye una pequeña colección de discursos, básicamente de los oradores menores (que Avezzù designa con la sigla ξ) 161 .

Para el Odiseo contamos con un segundo testimonio de importancia: el Burneianus 95, conocido también como Crippsianus (sigla A), un manuscrito de finales del siglo XIII o comienzos del XIV que se conserva en el Museo Británico. Contiene una colección diferente de oradores menores, denominada α por Avezzù, con una nómina más extensa que ξ 162 . De Alcidamante transmite únicamente el Odiseo , porque el criterio seguido en la selección de las piezas es, esencialmente, su pertenencia al género judicial o, en general, no epidíttico 163 . Los únicos autores que figuran en ambas colecciones son Alcidamante y su maestro Gorgias, y lo hacen de forma complementaria: el Encomio de Helena de Gorgias y el Odiseo de Alcidamante aparecen tanto en X como en A, pero el primero añade el Sobre los sofistas y el segundo, el Palamedes 164 . Hasta el siglo XVII este códice sólo se conocía en Europa gracias a la copia que del mismo hizo Láscaris en 1492/1493, que describimos más adelante.

Mención aparte merece el Vaticanus Graecus 2207 (Sof ., fol. 306v -309r ; Odiseo, fol. 309r -311r ), copiado en las primeras décadas del siglo XIV , papel (sigla Co). Avezzù, a quien debemos el estudio más detallado del códice, no lo considera, frente a la opinión común, un apógrafo de X 165 , sino un representante de una rama alternativa a X, lo cual permite postular un ancestro común 166 .

Un segundo hito en el proceso de transmisión ha de situarse en Padua hacia mediados del siglo XV , cuando el bizantino lohannes Skoutariotes hace tres copias —quizás cuatro 167 — del manuscrito X en la biblioteca de P. Strozzi. Los manuscritos son 168 :

M Vaticanus graecus 66 (Sof., fol. 99r -103r ; Odiseo, fol. 103r -106r ). Siglo XV (ca. 1453), pergamino.

N Vaticanus graecus 1366 (Sof., fol. 101v -105v ; Odiseo, fol. 105v -108r ). En el fol. 111v aparece suscrita la fecha de 18 de marzo de 1453; papel.

Mu Bibl. Univ. graecus 3 (Moscú), olim Coislinianus 342 (Sof., fol. 113r -117r ; Odiseo, fol. 117r -120r ). Siglo XV .

En la misma época y contexto se sitúan otros manuscritos:

Am4 , Ambrosianus graecus 436 (Sof., fol. 120v -124r ; Odiseo, fol. 125r -128v ). Siglo XV , papel, realizado por Andronico Kallistos, probablemente en Padua.

C Laurentianus LVII.4 (Sof., fol. 140r -145r ; Odiseo, fol. 145v -149r ). Entre 1453 y 1475, papel. Copiado por I. Roso a partir de Am4 .

I Marcianus graecus 522 (Sof., fol. 79v -82v , Odiseo, fol. 82v -85r ). Pergamino, copiado entre 1465 y 1468 por Cosme Hieromonachos.

Los años finales del siglo XV constituyen el tercer momento de interés para la transmisión de los discursos de Alcidamante. Hacia 1491/92 Ianos Láscaris realiza una copia de A en el monasterio de Vatopedi, en el monte Atos: se trata del Laurentianus IV. 11, en papel (sigla B). Los manuscritos posteriores, que podemos designar con Avezzù como ‘florentinos’, acusan el influjo de este nuevo testimonio, que contamina la tradición de X. Son los siguientes:

Am1 Ambrosianus Graecus 26 (Sof., fol. 211r -213r ; Odiseo, 213r -214v ). Finales del siglo XV , papel. Copiado en Florencia por Miguel Souliardos y Aristoboulos Apostoles.

E Laurentianus LVII.52 (Sof., fol. 169r -174v ; Odiseo, 174v -178v ). Siglo XV , papel. Copiado por Marcos Musuros en Florencia.

K Marcianus Gr. App. VIII. 1 (Sof., fol. 92r -95r ; Odiseo, 95r -97r ). Finales del siglo XV , pergamino. Copiado por Aristoboulos Apostoles.

Bu Burneianus 96 (Odiseo, fol. 132r -134r ). Finales del siglo XV , papel. Copiado por Marcos Musuros.

Z Magdalenaeus Graecus 1069 (Odiseo, 124r -126v ). Finales del siglo XV o principios del XVI , papel. Copiado por Manuel Gregorópoulos (es copia de Bu).

Este grupo de manuscritos florentinos, que dan testimonio de la intensa actividad de Marcos Musuros, sirvieron de base a la edición aldina, en la que también tuvo un papel especial el erudito cretense (cf. infra).

La tradición directa de la obra Alcidamante se completa con un documento muy controvertido: el Papiro Michigan 2754, de los siglos II o III . Contiene el final de un escrito en cuya suscripción puede reconstruirse, con mucha probabilidad, «De [Alci]damante, Sobre Homero» 169 . Al primer editor no le cupo duda de que el descubrimiento confirmaba la idea de Nietzsche sobre el autor y la obra que está en el origen del Certamen, pero un análisis más detallado permite otras valoraciones. Dado que el papiro presenta dos partes estilísticamente bien diferenciadas —líneas 1-14 y 15-23, respectivamente—, Kirk defendió que sólo cabía atribuir a Alcidamante la segunda parte, siendo la primera, en la que él reconocía indicios de un estado de lengua de época helenística y de erudición tardoalejandrina, una cita del propio Alcidamante o, más bien, una interpolación tardía en el texto del sofista 170 . Dodds, por su parte, interpretó la diferencia como un indicio de que se trata de un papiro de extractos sobre Homero 171 ; a su juicio, algunos aspectos del estilo de la segunda sección del papiro no eran propios de la conclusión de un escrito, sino de una parte introductoria: el autor del papiro habría tomado del prefacio del Museo de Alcidamante una pieza para cerrar su libro.

Para West, la señalada diferencia de estilos entre las partes se explica por sus diferentes propósitos: narrativo en el relato de la muerte de Homero, declamativo en la sección programática que sigue 172 . Los últimos tratamientos detallados del tema, con exhaustivas exploraciones del léxico en busca de indicios de datacion, son los de Koniaris y Renehan, quienes mantienen la cuestión en suspenso, pues aportan pruebas que refuerzan, respectivamente, las posiciones de Kirk-Dodds y Nietzsche-West. Un argumento de Renehan merece destacarse: la atribución del texto a Alcidamante depende estrictamente de la información de la primera parte del papiro. Sólo gracias a ella y a las coincidencias que muestra con el Certamen, el nombre de Alcidamante es el candidato inmediato para suplir las primeras letras del nombre del autor. Si se defiende la separación de las partes, hay que contar también con que aumenta la incertidumbre sobre cómo suplir las primeras letras del nombre del autor 173 .

b) Ediciones 174

La edición príncipe de Sobre los sofistas y Odiseo, obra de Aldo Manuzio (Aldus Manutius), vio la luz en Venecia en 1513 dentro de la edición de los oradores menores, y conoció una segunda edición en 1534. Esta edición está organizada en tres partes, que adaptan las dos antologías conocidas (cf. supra) redistribuyendo los autores para abarcarlos a todos, pero con resultados no muy satisfactorios. Debido a la circunstancia ya señalada de que tanto Alcidamante como Gorgias aparecían en ambas antologías, en la nueva reordenación editorial la breve obra de ambos oradores sufrió la suerte de ser separada en partes diferentes. La primera parte se inspira en la antología ξ e incluye a Esquines, Lisias, Alcidamante —sólo el Odiseo —, Antístenes y Demades; la segunda incorpora todos los autores de la antología α, exceptuando, naturalmente, a Alcidamante y el Encomio de Helena gorgiano. Por recomendación de Musuros, el discurso Sobre los sofistas fue integrado, junto con el Encomio de Helena, en una tercera parte, encabezada por Isócrates y cerrada por los encomios de Roma y Atenas de Elio Aristides. Las tres partes tienen numeración e incluso fecha independiente —abril de 1513 para las partes segunda y tercera, mayo de 1513 para la primera—. Por lo que hemos podido comprobar, la tercera parte circuló como volumen independiente y es la base de la segunda edición Aldina, la cual, por esta causa, no incorpora el Odiseo de Alcidamante 175 .

Muchos de los errores de la edición Aldina penetraron en la de Henri Estienne (Henricus Stephanus, Ginebra, 1575), quien, no obstante, cotejó puntualmente la vulgata con el códice T. Dos siglos más tarde, en 1773, Reiske hizo la colación completa de T e incorporó en las notas sus sugerencias y un incipiente aparato crítico. Ya en el siglo XIX , las dos ediciones que de los discursos publicó Bekker en 1823 y 1824, casi iguales 176 , supusieron un notable avance textual. Además de X y los apógrafos CIKMNTZ, usados para los dos discursos 177 , por vez primera se emplearon los códices A y B para el Odiseo; de todos ellos, Bekker concedió un valor especial a C. La edición de Dobson (Londres, 1828) retomó su texto, pero lo enriqueció con diversos materiales textuales y exegéticos. En primer lugar, incluyó dos aparatos: uno, con un elenco de sus divergencias respecto de Reiske, y otro, con los marginalia de Stephanus, las notas de Reiske y unas cuantas notas de su propia cosecha. A ello añadió la traducción de Canter, los comentarios (Adversaria) de Dobree 178 y, al final del volumen, las variantes textuales.

En 1848 Sauppe llevó a cabo una nueva recensión de los mismos códices empleados por Bekker 179 pero, en los casos de divergencias entre A y X, optó por la lección que ofrecía X frente a las innovaciones de C 180 ; ofrecía, además, la primera sistematización de los fragmentos del orador. El texto de su edición fue reproducido por Mueller en 1858, quien le añadió las traducciones del Odiseo de Canter y la suya propia del Sobre los sofistas; también adoptó de Sauppe la disposición de los fragmentos. Pocos años más tarde, en 1871, apareció la primera edición de Blass, quien, aun reconociendo la validez de la recensión de Sauppe 181 , dio cierto valor al códice C, por conservar lecturas que no le parecían meras conjeturas, sino fruto del cotejo de otros ejemplares 182 .

En el siglo XX aparecieron dos ediciones. La primera fue obra de Radermacher en 1951, dentro de su colección de los restos de la retórica prearistotélica 183 . En numeración correlativa se ofrecen mezclados testimonios de su vida, informaciones sobre su obra y fragmentos de interés retórico (1-14), los dos discursos (15-16) y una observación sobre el carácter propagandístico del Mesenio (17) 184 . La siguiente edición, obra de Avezzù, es la vigente hoy día. Se basa en una nueva colación de los manuscritos, que contiene un detallado análisis de la tradición textual, a resultas del cual concede un crédito especial a los dos más antiguos, X y Co 185 . Es una edición sólida y un punto de referencia obligado para el estudio del orador; no en vano, ha servido de base a la edición revisada de Muir (Londres, 2001), cuyas disensiones ocasionales se justifican en la sección correspondiente del comentario. De esta edición, que carece de aparato crítico, han quedado fuera los fragmentos que, pese a transmitir informaciones derivadas de obras de Alcidamante, no contienen citas literales 186 ; además, se atribuye el fragmento papiráceo 6 no al Museo, sino, respetando el colofón del papiro, a un tratado Sobre Homero. Finalmente, la edición de Avezzù también aparece reproducida en el rico comentario del discurso Sobre los sofistas debido a Mariss. Su autora, a diferencia de Muir, ha preferido no incluir en el texto las divergencias, por lo demás muy sensatas, que hallan cumplida explicación en la sección del comentario.

c) Traducciones

Sobre los sofistas fue traducido por vez primera al francés por el Abate Auger en París en 1781 187 . En el siglo XIX aparecieron las traducciones de Doukas en 1812 188 , de Dilthey al alemán en 1827 189 y de Müller al latín en 1858. Durante el siglo XX ha sido traducido al inglés por Van Hook, Matsen, Gagarin y Muir 190 ; al griego moderno, por Dimitriadis 191 ; al italiano, por Gastaldi y Avezzù 192 ; al holandés, por Bons 193 , al alemán, por Georgemanns 194 y al castellano, por López Alcalá 195 . Por su parte, el Odiseo fue traducido en el siglo XVI al latín por Canter 196 , y en el siglo XIX , por Doukas en 1813 197 y Dobson en 1828 198 . Del siglo XX son las traducciones al italiano de Tortonesi 199 y Avezzú 200 y al inglés de Gagarin y Muir 201 . Finalmente, el conjunto de los fragmentos ha sido traducido al italiano por Avezzù y al inglés por Muir 202 , y el fr. *34, en concreto, al italiano por Untersteiner y Brancacci 203 .

d) Pervivencia

Las noticias antiguas sobre el orador asoman esporádicamente entre los autores del Renacimiento, pero siempre de forma secundaria. Por ejemplo, la de Cicerón sobre el Encomio de la muerte (test. 11) reaparece en el capítulo 13 de la Mitología de Natale Conti, dedicado a la Muerte 204 . En cuanto a la difusión de Alcidamante en España, la inexistencia de copias de los manuscritos italianos en nuestras bibliotecas se vio compensada por la circulación de las primeras ediciones de Manutius y Stephanus. Con todo, la repercusión de los discursos fue escasísima, seguramente porque la enseñanza de la retórica en la época se basaba en el modelo isocrateo de la composición escrita y, también, por el peso del juicio negativo de Aristóteles sobre el estilo alcidamantino. Sólo recientemente, con el auge de los estudios sobre los medios de comunicación y los modos de persuasión, sus discursos están siendo objeto de un análisis detallado 205 .

Algo más conocido fue Alcidamante en el mundo de habla hispana por las críticas que Aristóteles vertió contra él en el libro III de la Retórica (test. 14), y ello a pesar de la tendencia de la tratadística retórica a reemplazar los ejemplos griegos por otros de la propia lengua. Alonso López Pinciano, en la «Epístola sexta» de su Philosophía Antigua Poética (Madrid, 1596), que versa sobre el lenguaje poético, recogía las siguientes intervenciones de Fadrique y Hugo, sus dos contertulios habituales 206 :

Fadr[ique ], como forçado, empeçó assí: Estos que dezís synónymos, permitidos son tanto al orador como al poeta, y aún más. Otro ornato sé yo que, vsado, ofende al orador y hermosea al poeta; éste es el que dezimos epítheto, por cuyo vso demasiado Aristóteles, en el libro tercero de sus Rhetóricos a Theodecte, reprehende a Alcidamante, orador: «Ha[n ] de ser, dize, los epíthetos como salsa al orador, y como vianda al poeta».

También, dixo Vgo, le reprehende por el vso de los vocablos compuestos.

Y con razón, respondió Fadrique, porque assí éstos, como aquéllos, son más propios al poeta.

Del siglo XVIII es la Retórica de Gregorio Mayans y Sisear (Valencia, 1752), en cuyo capítulo XX, que trata «De los caracteres del decir, i especialmente del magnífico», señalaba:

Segundariamente, se considera el estilo frío en las palabras i frasis estrangeras, vicio que hoi es mui común; i en los epíthetos sobreabundantes o fuera del caso, assí como Alcidamante, que llamó húmedo al sudor, i quando el comendador Hernando de Ludueña dijo: «Saber es ser mui ageno / De todo vicio vicioso» 207 .

Ya en el siglo XX , Alfonso Reyes seleccionaba en su estudio sobre La crítica en la edad ateniense 208 pasajes del orador para ejemplificar los epítetos pleonásticos («Alcidamas abusa de ellos: ‘el sudor húmedo’, ‘el colmo superlativo de la maldad’») y los circunloquios ridículos («Alcidamas no dice ‘la carrera’, sino ‘aquel arrastre del alma que nos hace correr’»). Como sus predecesores, reconocía que estos errores que producen frigidez o frialdad de estilo «se perdonan más en la fantasía del verso que en el rigor de la prosa».

Tanto es así que alguna de las metáforas de Alcidamante, desprovistas de su contexto prosaico, resultaron especialmente bellas a la posteridad. Es el caso de la descripción de la Odisea como un «hermoso espejo de la vida del hombre» (fr. 33), que obtuvo un gran éxito en la literatura latina antigua y medieval 209 . Siglos más tarde desempeñó un papel relevante en el primer contacto con Homero del venezolano Francisco de Miranda (1750-1816) 210 . Cuenta García Bacca 211 en la biografia que dedicó al personaje que, cuando cayó en sus manos la edición oxoniense de los poemas homéricos (Oxford, 1801), Miranda leyó la sentencia en la portada del segundo volumen y la subrayó. Y Alcidamante estaba en lo cierto: al leer sobre Odiseo, según cuenta el biógrafo, «Miranda se vio ser ese varón». La misma metáfora, finalmente, resultó clarificadora también a Alfonso Reyes. Comentando un pasaje de la Poética aristotélica, explicaba que la poesía no cuenta lo que sucede, como la historia, sino «lo verosímil, las especies imperecederas que siempre pueden suceder, las virtudes siempre operantes de la vida humana», y aclaraba: «Sólo en este sentido, y no en el sentido práctico, puede aceptarse aquella afirmación de Alcidamas: ‘La Odisea es el espejo de la vida’» 212 .

1 Poco sabemos de él. La Suda le atribuye la autoría de tratados de música (mousiká), pero lo más probable es que el texto esté corrupto y los tratados sean del propio orador; cf. infra, nota 2 al test. 1.

2 Su fundador, el mítico Menesteo de Atenas, es mencionado por Alcidamante en Odiseo 23. El personaje debió de atraer su atención por otra razón: se le atribuye la invención del género de la oratoria judicial (dikanikón); cf. Proleg. in Hermog. Περὶ στάσεων (Rhet. Gr. XIV, pág. 189, 7-11 RABE ); BROWN , Extemporary speech, pág. 8 y notas 5-6. De este modo, el héroe era tanto el vínculo de su patria con Atenas como una prefiguración de su propia actividad oratoria.

3 Cf., además, los tests. 2, 5 y 9.

4 Cf. GORGIAS , test. 1, la y 20 (II, pàgs. 271, 31; 272 y 277 D.K.); ALCID ., Sof. 31; HUDSON -WILLIAMS , «Impromptu speaking».

5 F. SUSEMIHL , De carminis lucretiani proemio..., de vita Alcidamantis quaestiones epicriticae, Ind. Schol. Greifswald, 1884, págs. XIX -XX , la dató en torno a 410 a. C., y, STEIDLE , «Redekunst und Bildung», pág. 287, hacia 391/390 a. C., por asociar el discurso al inicio de su actividad docente.

6 Cf. infra , pág. 23. Según EUCKEN , Isokrates, pág. 121, nota 1, también el Encomio de Nais debe de ser bastante temprano.

7 A partir de que ARISTÓFANES cita dos versos recogidos en el Certamen (Paz 1282-83 = Cert. 55-56 AVEZZÙ ), NARCY , «Alcidamas d’Élée», pág. 103, ha propuesto datar el Museo antes de 421. A nuestro juicio, es una datación excesivamente temprana e incompatible con la concepción de la obra como un compendio de lo más brillante de su producción (cf. infra).

8 Ps. LUCIANO (test. 3) traduce este conocimiento a un discipulato directo que es altamente inverosímil y fruto, más bien, de la voluntad de que el orador supremo debiera mucho a la tradición oratoria; cf. BLASS , Attische Beredsamkeit, vol. III 1, pág. 16, nota 7.

9 Test. 6, del que derivan los de Focio y la Suda (test. 7 y 8).

10 Cf. D. M. SCHENKEVELD , «Prose Usages of AKOYEIN ‘To Read’», Class. Quart . n.s. 42 (1992), 129-141.

11 Attische Beredsamkeit, vol. II, pág. 346, nota 1 y III 2, pág. 157.

12 Cf. BRZOSKA , «Alkidamas», col. 1534, quien contrasta la ausencia de datos sobre sus discípulos con el rico caudal de informaciones sobre los muchos alumnos de su rival Isócrates.

13 Una sobrevaloración de la dimensión retórica de Alcidamante en detrimento de su interés filosófico (cf. frs. 2-3) motivó que Diels y Kranz lo excluyeran de su edición de los filósofos presocráticos, donde sí aparece, en cambio, su contemporáneo Licofrón, también discípulo de Gorgias; cf. GUTHRIE , Historia..., vol. III. pág. 303, nota 112.

14 L. RADERMACHER , «Über den Cynegeticus des Xenophon», Rhein. Mus. 52 (1897), 13-41, en concreto pág. 19, nota 4, dudó de la autenticidad del primer título Peri tôn graptoùs lógous graphóntōn, lit. «Sobre los que escriben discursos escritos»; con todo, la redundancia es un rasgo destacado del estilo de Alcidamante (cf. infra). Dado que éste niega a los escritores de discursos la condición de sofistas (§ 2), AVEZZÙ , pág. XXII , consideró un añadido tardío el segundo título, que falta en el ms. Co. No obstante, Alcidamante puede haberlo escogido para asociar su escrito al Contra los sofistas de ISÓCRATES (cf. EUCKEN , Isokrates, pág. 122); además, el paralelo con el título doble del tratado Sobre el no ser o Sobre la naturaleza de GORGIAS y con los muchos títulos alternativos del catálogo de obras de Antístenes contribuye a eliminar las sospechas.

15 Aceptan la datación, e. g. , BRZOSKA , «Alkidamas», col. 1535; AVEZZ Ù , pág. 71, y MARISS , Alkidamas, pág. 55.

16 Cf. AVEZZÙ , págs. 71 y 73; MARISS , ibid., pág. 1.

17 Cf. e. g. K. HUBÍK , «Alkidamas oder Isokrates? Ein Beitrag zur Geschichte der griechischen Rhetorik», Wien. Stud. 23 (1901), 234-251; H. RAEDER , «Alkidamas und Platon als Gegner des Isokrates», Rhein. Mus. 63 (1908), 495-511.

18 Vid. en nuestra lengua LÓPEZ EIRF , «Retórica y oralidad». págs. 115-120, y GUILLÉN DE LA NAVA , «Reflexiones».

19 En gr. ho kairós (hoi kairoí) tōn pragmátōn, cf. §§ 3 y 9-10; DEM ., IV 37. Vid. VALLOZZA , «Καιρός nella teoria retorica»; TORDESILLAS , «Lieux et temps rhétoriques chez Alcidamas»; MARISS , Alkidamas, págs. 107-109, 148 y 241.

20 La distinción alcidamantina tiene antecedentes en Gorgias y en un discípulo de Helánico, Damastes, quien escribió un tratado Sobre poetas y sofistas (cf. Suda, s. v. Damástēs. Δ 41). Con todo, hubo sofistas que cultivaron también la poesía;. cf. NORDEN , La prosa artística, págs. 98-100. Alcidamante emplea el término ‘sofistas’ en un sentido neutro, habitual en su tiempo, para referirse a los profesionales del saber, que pretendían estar en posesión de una vasta cultura general. Tal pretensión hizo que el término adquiriera pronto connotaciones peyorativas, sobre todo en manos de Platón; cf., e. g.. Fedro 258d; Rep. VI 493a; Sof. 230ab; ARISTÓF ., Nubes 331-334, y, sobre el término ‘sofista’, fr. 79 D.-K.; UNTERSTEINER , Sofisti., vol. I, págs. XVI -XXIII y 2-13; G. B. KERFERD , The Sophistic Movement, Cambridge, 1981, págs. 24-41.

21 Cf. PLATÓN , Fedro 278de.

22 Cf. SVENBRO , La parola e il marmo, págs. 146-160.

23 Cf. test. 7. La apropiación del vocabulario de la escultura es propia de la poesía celebrativa y forma parte de la reivindicación de su condición artesanal; cf. PÍND ., Í stm. I 14-16; SIMÓN ., fr. 36, 3 PAGE . La contraposición entre movilidad de la poesía e inmovilidad de la escultura, que Alcidamante reelabora en §§ 27-28 para enfrentar el discurso improvisado al escrito y los restantes productos artesanales, aparece ya en PÍND , Nem. V 1-2 («No soy escultor y por ello no hago estatuas inmóviles») e Ístm. II 45-46; cf. VALLOZZA , «Alcuni motivi...», págs. 51-52. Sobre la asimilación de la poesía a la pintura, que Alcidamante explota en § 27, cf. Simónides en PLUT ., Sobre si los atenieses fueron más ilustres en guerra o en sabiduría 3, 346f: «Definía la pintura como una poesía silenciosa, y la poesía, como pintura parlante», y, en general, N. GALÍ , Poesía silenciosa. pintura que habla. Barcelona, 1999.

24 Cf. GASTALDI , «La retorica del IV secolo». Sobre el impacto de la escritura en la transformación de la oratoria, cf. R. J. CONNORS , «Greek rhetoric and the transition from orality», Philos. & Rhet. 19 (1986), 38-65; C. G. THOMAS , E. K. EDWARDS , «From orality to rhetoric: an intellectual transformation», en I. WORTHINGTON (ed.), Persuasion. Greek rhetoric in action, Londres-Nueva York, 1994, págs. 3-25.

25 Cf. TORDESILLAS , «Lieux et temps...», pág. 222.

26 Cf. ARIST ., ibid. I 3, 1358a36-b8 y el cuadro que ofrece O’SULLIVAN (Alcidamas, pág. 48) de los géneros de elocuencia ordenados conforme a estos dos estilos; también J. A. E. BONS , «Alcidamas On the sophists and epideictic rhetoric», en A. P. ORBAN , M. G. M. VAN DER POEL (eds.), Ad litteras. Latin studies in honour of J. H. Brouwers , Nimega, 2001, 97-105. En concreto sobre el influjo en la Retórica a Alejandro, cf. BARWICK , «Die Rhetorik ad Alexandrum», págs. 219-222.

27 PLATÓN , Gorg. 456c (trad. de J. CALONGE en Diálogos, vol. II, B.C.G. 61, Madrid, 1983).

28 Según la propuesta de LIEBERSOHN , «Alcidamas’ On the sophists ».

29 Ya VAHLEN , «Der Rhetor Alkidamas», pág. 507, defendió que el discurso no era la transcripción de una intervención improvisada, sino un graptòs lógos compuesto con todo cuidado y detenimiento.

30 De Gorgia..., págs. 84 ss. Una relación de los autores que rechazaron la autoría de Alcidamante se lee en AUER , De Alcidamantis..., pág. 6, nota 1, y MARISS , Alkidamas, págs. 18-20, a los que hay que añadir BAMHAUER , «Alkidamas», col. 503. Entre ellos destaca G. A. KENNEDY , The art of persuasion in Greece, Princeton, 1963, págs. 172-173, quien aduce que la enumeración de casos en que se puede usar la escritura en Sof. 29-30 afecta sólo al discurso en que se enuncia y contradice, por tanto, la existencia de otros discursos escritos del autor. Para Kennedy, el Odiseo es un producto de la escuela gorgiana que hay que datar, por el uso que hace de las pruebas éticas, ya entrado el siglo IV .

31 Consideraba, además, que la versión de la historia de Auge y Télefo en §§ 14-17 estaba basada en DIOD . SIC ., IV 33, por lo que habría que datar el Odiseo en época tardohelenística. BRZOSKA , «Alkidamas», col. 1536, recoge las dataciones propuestas por Rosenberg (posterior al Contra Leócrates de LICURGO ) y Schöll (siglos III o II ).

32 VAHLEN , «Der Rhetor Alkidamas», págs. 522-525.

33 Significativamente, G. BENSELER , De hiatu in oratoribus Atticis et historieis Graecis, Friburgo, 1841, pág. 170, concluyó, a partir de esta opción estilística, que el discurso auténtico era el Odiseo.

34 Cf. Sof. 13 e ISÓCR ., XII 2. Tampoco serían convincentes las pruebas derivadas de la relación con el discurso de Gorgias o con la narración de Diodoro; cf. JAHN , Palamedes, págs. 15-16.

35 VAHLEN , «Der Rhetor Alkidamas», págs. 323-325.

36 BLASS , Attische Beredsamkeit, vol. II, pág. 359.

37 Ibid. , vol. II, pág. 361-363. Por supuesto, tampoco le parecían probatorios los argumentos mitológicos.

38 Que incluye a autoridades como Wilamowitz y Maas; cf. la lista de AUER , De Alcidamantis..., págs. 6-7, a la que hay que añadir: F. JOUAN , Euripide et les légendes des Chants cypriens, París, 1966, pág. 342; M. GAGARIN , «Probability and persuasion», pág. 67, nota 20, y ZOGRAPHOU- LYRA , «Γοργία ‘Υπέρ Παλαμήδους ἀπολογία», págs. 56-59.

39 AVEZZÙ , pág. 79, se limita a esbozar un estado de la cuestión, mientras que MUIR , págs. XVII -XVIII , se inclina por la autenticidad, aunque señala la fuerza de las razones en contra, lo que suele ser la práctica habitual. Muir señala, entre las coincidencias que unen ambos discursos, la presencia de metáforas musicales —aunque para el Odiseo sólo puede señalar el término plēmmelés en § 2— y de imágenes monetarias. MARISS , Alkidamas, pág. 20, se muestra escéptica.

40 AUER , De Alcidamantis..., págs. 11-13.

41 Según AUER , ibid., pág. 22, el discurso se divide en prooimion (1-4), diḗgēsis (5-7), písteis (8-12, más las dos narraciones subsidiarias o paradiēgḗseis en 13-21 y 22-28) y epílogos (29), lo cual coincide con la teoría de Alcidamante formulada en el fr. 33, donde se recomienda que la narración siga a la argumentación. Con todo, la división del Odiseo es controvertida. AVEZZÙ , pág. 80, propone una tripartita, «según la escuela siciliana», en prooímion (1-5), agṓn (5-28), y epílogos (29), y una segunda, según la «terminología más reciente», en proemium (1-3), propositio (4), narratio I (5-7), argumentatio (8-11), recapitulatio (12), narratio II (12-21), refutatio (22-28) y peroratio (29). ZOGRAPHOU -LYRA , «Γοργία ‘Υπέρ Παλαμήδους ἀπολογία», pág. 13, propone la siguiente división, paralela a la del Palamedes de Gorgias: prooimion (Pal. 1-4/Od. 1-3), próthesis (Pal. 5/ Od. 4), písteis (I, Pal. 6-12/Od. 5-7; II, Pal. 13-21 /Od. 8-11), apostrophḕ pròs tòn katḗgoron (Pal. 22-27 /Od. 22-28), apostrophḕ pròs toùs dikastás (Pal. 28-32/Od. 22-28) y epílogos (Pal. 33-37/Od. 29).

42 AUER , ibid., págs. 42.

43 Aduce (ibid., pág. 32), con Wilamowitz, que al extenderse en estos mitos del territorio de Misia, el orador exaltaba su lugar de origen. Sobre Télefo y su lugar en la segunda narración del Odiseo, cf. infra, notas 133-134.

44 Además de la Defensa de Palamedes de Gorgias, AVEZZÙ , pág. 79, relaciona el Odiseo con el Busiris de Isócrates, por cuanto ambos afrontan el motivo del inventor y su misión civilizadora, a lo que cabe añadir el parentesco que une a los protagonistas como descendientes de Posidón. En su contestación a Polícrates, Isócrates implica, según Avezzù, las figuras de Sócrates y Palamedes, una asociación que había llevado a AUER (ibid., págs. 48-49, siguiendo a JAHN , Palamedes. pág. 11), a datar el discurso de Alcidamante no mucho después del 399. Sobre el talante filosófico de Palamedes y su afinidad con Sócrates en la tradición socrática, cf. J. BARRETT , «Plato’s Apology: Philosophy, Rhetoric and the World of Myth», Class. World 45.I (2001), 3-30.

45 Este discurso presenta sus propios problemas de autenticidad y datación. AUER , ibid., pág. 50, nota 1. ofrece un elenco de los estudiosos que lo han considerado espurio, encabezados por U. VON WILAMOWITZ , Aristoteles und Athen. Berlín, 1893, vol. II, pág. 236, nota 20.

46 Cf. AUER , ibid., págs. 51-53. y, en el mismo sentido, AVEZZÙ , pág. 79, quien considera espuria la Defensa de Palamedes. Las correspondencias se encuentran en los siguientes párrafos de una y otra obra: Od. 10/Pal. 8; Od. 22/Pal. 22 y 30; Od. 28/Pal. 18, 25 y 32. Que el discurso de Alcidamante responde al de Gorgias era ya la opinión de H. GOMPERZ , Sophistik und Rhetorik, Leipzig-Berlín, 1913, pág. 16, nota 22b. La línea de investigación que cuestiona la autoría de Alcidamante suele coincidir también en sus reservas a la posibilidad de relacionar ambos discursos; cf. VAHLEN , «Der Rhetor Alkidamas», pág. 149; BLASS , Attische Beredsamkeit, vols. I, pág. 79 y II, pág. 360; BRZOSKA , col. 1536.

47 ZOGRAPHOU -LYRA , «Γοργία ‘Υπέρ Παλαμήδους ἀπολογία», págs 56-59.

48 Algunos detalles del Odiseo se entienden por relación al discurso gorgiano: primero, la precisión de Odiseo en § 11 «sin mediación de mensajeros», al describir la comunicación entre Palamedes y los troyanos, anula la pretensión del Palamedes de que era imposible la comunicación previa «sin mensajeros» (Palam. 6; la relación entre ambos pasajes ya fue señalada por AUER , De Alcidamantis..., pág. 51, siguiendo a Zycha); segundo, la ambientación iliádica del Odiseo elimina el problema de la lengua de comunicación entre Palamedes y Príamo (Palam. 7); tercero, el catálogo de los inventos que el Palamedes gorgiano presenta en la parte «ética» de su discurso (§ 30) es una versión reducida del alcidamantino; finalmente, la descripción del varón virtuoso que cierra la refutación de los méritos de Palamedes (§ 28) tiene su paralelo en el que este mismo propone al final del discurso gorgiano (§ 32). Cf. ZOGRAPHOU -LYRA , ibid., págs. 49-50 y 54.

49 ZOGRAPHOU -LYRA , ibid., págs. 54-55.

50 ZOGRAPHOU -LYRA , ibid., págs. 41-44 y 55-56.

51 Vid. G. ZOGRAPHOU -LYRA , Ο μύθος του Παλαμήδη στην αρχαία ελληνική γραμματεία. Iánnina, 1987; Κ. USENER , «Palamedes. Bedeutung und Wandel eines Heldenbildes in der antiken Literatur», Würzb. Beitr. zur Altertumswiss. 20 (1994-1995), 47-78, esp. págs. 70-73, y T. GANTZ , Early Greek Mythology. A guide to literary and artistic sources, Baltimore-Londres, 1995, págs. 576-578 y 603-606.

52 Es conocida la excusa de esta ignorancia homérica en ESTRABÓN , VIII 6, 2, derivada de la erudición alejandrina.

53 Como señaló AUER , De Alcidamantis..., págs. 29-30. Los griegos se han refugiado en la muralla del campamento que, según algunas versiones, había sido también invención de Palamedes: cf. SÓFOCLES , fr. 432 RADT , perteneciente a uno de los dramas dedicados a Nauplio.

54 Esta elaboración de un detalle a partir de un hipotexto trágico ha sido señalada por F. JOUAN , H. VAN LOOY , Euripide. Fragments, vol. VIII 2. París, 2000, págs. 494-495, y por MUIR , pág. XVII.

55 ESQUILO había escrito unos Misios y un Télefo, que, probablemente, formaban trilogía con una tercera pieza. De EURÍPIDES conocemos dos dramas, Télefo y Auge, el primero de los cuales tuvo una enorme resonancia filosófica. Para nuestro discurso, la pieza fundamental es Los Aléadas, de SÓFOCLES (TrGF IV fr. 84-87 RADT ), sobre la cual vid. J. M. LUCAS DE DIOS , Sófocles, Fragmentos, Madrid, Gredos, 1987, págs. 50-52 y 299-301. Sobre la tragedia de Sófocles como fuente del Odiseo , cf. GANTZ , Greek Mythology, págs. 428-429.

56 Sobre la personalidad heurematológica de Palamedes, cf. KLEINGÜNTHER , Πρῶτος Εὑρετής, pág. 28 y 78-84; en concreto para su relación con Prometeo y el catálogo de sus inventos en los trágicos, Gorgias y Alcidamante, también L. ROMERO MARISCAL , «Sófocles y el mito de Palamedes. Pensamiento y tragedia en el siglo V a. C.», en A. PÉREZ JIMÉNEZ , C. ALCALDE , R. CABALLERO (eds.), Sófocles el hombre, Sófocles el poeta, Málaga, 2004, págs. 145-156.

57 Se añaden la invención de la música, los dados y la moneda. Como indica ZOGRAPHOU -LYRA , «Γοργία ‘Υπὲρ Παλαμήδους ἀπολογία», pág. 54, resulta más difícil suponer que sea Gorgias quien restringe el número de inventos. El incremento es complementario de la demostración inmediata del «robo» de los inventos, aunque cabe interpretar, como sugería KLEINGÜNTHER , ibid., págs. 80, nota 27, y 118, nota 39, que Odiseo refuta un discurso diferente, tal vez con una lista aumentada de inventos. Cf. AVEZZÙ , pág. 81, con una presentación tabular de las invenciones atribuibles a los trágicos, que permite un cotejo con las de los oradores.

58 De nuevo, la invención mitológica se muestra no sólo en el número de los hallazgos de Palamedes, sino también en sus atribuciones. Así, que los fenicios inventen la moneda es una novedad absoluta; sólo FILÓSTR ., Heroico 10, incluye la moneda entre los inventos de Palamedes, pero no hay paralelos en los fragmentos de los trágicos. Cf. L. KURKE , Coins, bodies, games and gold. The politics of meaning in Archaic Greece, Princeton, 1999, págs. 251-253. Algo semejante podemos decir de la atribución inédita de los números a Museo (cf. notas 176-177 al pasaje).

59 Sobre la evaluación de las artes en Platón, cf. G. CAMBIANO , Platone e le tecniche, Roma-Bari, 1991, págs. 74-76.

60 Cf. las breves observaciones de AVEZZÙ , pág. 80, quien señala que Alcidamante, al negar por boca de Odiseo la idea en boga del progreso de las técnicas (cf. ISÓCR ., IV 2), se alinea con el esquema psicológico básico del discurso Sobre los sofistas.

61 Ésta es la diferencia entre las sabidurías de Palamedes y Odiseo, a quien los antiguos no asignaron invención alguna; cf. KLEINGÜNTHER , Πρῶτος Εὑρετής, pág. 118; Μ. GUARDINI , «Le forma della sapienza in Odisseo e Palamede», en L. DE FINIS , V. CITTI , L. BELLONI (eds.), Odisseo dal Mediterraneo all’Europa, Trento, 2001, págs. 57-67.

62 DIÓG . LAERC ., IX 12 = HERÁCLITO , test. 1 D.-K. Sobre la obra del sofista Polo titulada Museo de discursos, cf. infra, nota 64.

63 Trasilo (siglo I ), al agrupar en tetralogías las obras de Demócrito, llamó Mousik á a los escritos de tema filológico (test. 33 D.-K.).

64 El final del Fedro (278b) es importante para el sentido del término. Sócrates piensa que ya se han recreado suficientemente con los discursos: Fedro debe referir a Lisias que ambos han bajado a la fuente y santuario (mouseîon) de las ninfas y han escuchado discursos (lógoi) que les permiten dar instrucciones a cuantos se dedican a ellos; cf. MILNE , A study..., págs. 60-61. Antes (Fedro 267b = XIV fr. 16 RADERMACHER ), Sócrates ha dicho: «¿Y qué decir de los Museos de palabras (mouseîa lógōn) de Polo, como las redundancias, las sentencias, las iconologías...?» (trad. de E. LLEDÓ ÍÑIGO ). RADERMACHER , Artium scriptores, pág. I 14. interpretaba mouseia como las piezas oratorias de Polo, por referencia a ARISTÓF ., Ranas 93 (que, según MILNE , ibid., pág. 62, es una parodia de EUR ., Hel. 174, 1107 y fr. 89 N2 ). Los escolios al Fedro refieren el término a las figuras gorgianas del párison y la diplasiología.

65 Cf. WEST , «The Contest», pág. 438, nota 4; CALÍMACO , fr. 339 PFEIFFER .

66 Cf. ALCID . Sof. 1, fr. 6 y, en general sobre el sentido de historía , MARISS , Alkidamas, págs. 83-84. PFEIFFER , Historia..., vol. I, pág. 106, destaca la naturaleza erudita del Museo, que lo vincula a la corriente sofística de Hipias.

67 MILNE , A study..., págs. 61-62, propuso que el discurso Sobre los sofistas pudo constituir la introducción al Museo, siendo el certamen la parte central. La obra se cerraría con los politikoì lógoi del rétor, donde, al modo de Isócrates, expondría el núcleo de sus ideas retóricas —incluyendo la comparación entre idéai y letras, que Milne atribuía a Alcidamante—. Cf. RICHARDSON , «The Contest», págs. 9-10.

68 De ahí las traducciones que vierten el título con terminología escolar, comenzando por la «Escuela de la oratoria», de NIETZSCHE , «Das Florentinischer Traktat», págs. 298-299; no en vano, el uso de ‘escuela’ no es infrecuente en castellano para los libros didácticos del siglo XVII . Otras interpretaciones, en BRZOSKA , «Alkidamas», col 1538 y AVEZZÙ , pág. 86.

69 Los versos, junto con un famoso fragmento del Cresfontes de Eurípides (fr. 449 N2 ; cf. CIC ., Tuscul. I 48, 115 y PLUT ., Escrito de Consolación a Apolonio 109BD) forman el núcleo de las antologías sobre el ‘encomio de la muerte’. Los citan SEXT . EMP ., Esbozos pirrónicos III 230-231; CLEM . AL ., Strom. III, III 15, 1; ESTOBEO , IV 52, 42 (éstos últimos, con EUR ., fr. 908 N2 ). Cf. NIETZSCHE , ibid., págs. 299-296 y, sobre la relación de estos versos con el Encomio de la muerte atribuido a Alcidamante, infra, pág. 43.

70 El título completo de la obra en el manuscrito es Sobre Homero y Hesíodo, su origen y el certamen entre ellos: lo citaremos por la edición de ALLEN . vid. HELDMANN , Die Niederlage..., págs. 1-37, que incluye un análisis de la relación con el Museo de Alcidamante, que ha sido resumida por AVEZZÙ , págs. 84-87.

71 Cf. «Die Florentinische Traktat», págs. 283-288. Nietzsche hizo también una edición del Certamen, publicada en las Acta Societatis Philologicae Lipsiensis en 1871. Sobre el interés de Nietzsche por este opúsculo, vid. E. VOGT , «Nietzsche und der Wettkampf Homers», Ant. und AbendI. 11 (1962), 103-113.

72 Cf. infra, págs. 45 ss.; PFEIFFER , Historia..., vol. I. págs. 104-105. Sobre la improvisación, cf. O’SULLIVAN , Alcidamas, págs. 63-78.

73 E. MEYER , «Homerische Parerga, 4: Der Wettkampf Homers und Hesiods», Hermes 27 (1892), 377-380 y, como era de esperar, U. VON WILAMOWITZ , Die Ilias und Homer, Berlín, 19202 , pág. 401, quien atribuía la historia del certamen a un libro tradicional (Volksbuch) en prosa y verso que habría que situar en el siglo VI a. C.

74 El Pap. Flinders Petrie 25 (ahora Pap. Lit. Lond. 191, recogido en pág. 225 ALLEN ), del siglo III a. C., presenta un fragmento que coincide, con escasas variantes, con Cert., págs. 228, 73-229, 101 ALLEN .

75 Excesiva, según KONIARIS , «The Michigan papyrus 2754», pág. 107.

76 También GALLAVOTTI , «Genesi e tradizione», pág. 32, considera que lo esencial del Certamen deriva de Alcidamante.

77 Vid. el análisis de estas muertes de C. MIRALLES , J. PÒRTULAS , «L’image du poète en Grèce archaïque», en N. LORAUX -C. MIRALLES (eds.), Figures de l’intellectuel en Grèce ancienne, París, 1998, págs. 15-63.

78 Cf. VOGT , «Die Schrift vom Wettkampf», págs. 218-219; RICHARDSON , «The Contest», págs. 1-3, y FORD , The origins..., págs. 275-277. El punto de partida parecen ser los propios versos de Hesíodo, tanto Trabajos 654-662, donde menciona su travesía a Calcis, donde triunfó en el concurso que motiva su viaje, como su programa poético en Teog. 1-35.

79 Aducen la de Calcante contra Mopso de la Melampodia (HES ., fr. 278 M.-W.) y la famosa justa poética entre Eurípides y Esquilo en las Ranas de Aristófanes, así como las competiciones simposíacas; cf. W. J. FROLEKYS , Der ‘Αγὼν λόγων in der antiken Literatur, Bonn, 1973. A diferencia de todos ellos, en el certamen de Homero y Hesíodo sólo el primero es puesto a prueba, como ya observó J. T. KAKRIDIS , «Zum Αγὼν ‘Oμήρου καί ‘Ησιόδου», en P. HÄNDEL , W. MEID (eds.), Festchrift für R. Muth, Innsbruck, 1983, págs. 189-192. A su juicio, Alcidamante habría unido en su escrito dos tradiciones relativas a Homero: la que lo pone en rivalidad con Hesíodo como un igual y la que, como a Esopo, lo pone en el trance de ganarse el favor de un poderoso con su ingenio. HELDMANN , Die Niederlage..., esp. págs. 84-90, ha reconstruido un Urcertamen a partir de DIÓN CRIS ., II 9-12 y PLUT ., Banquete de los siete sabios 10, 153F, que habría sido reelaborado, primero, en un sentido antihesiódico y, posteriormente, prohesiódico mediante el añadido del veredicto «pacifista» de Panedes (págs. 45-53). Por su parte, H. ERBSE , «Homer und Hesiod in Chalkis», Rhein. Mus. 139 (1996), 308-315, acepta la hipótesis de West sobre la autoría de Alcidamante y defiende que el certamen originario habría estado constituido por el enfrentamiento final de los dos tipos de poesía; los episodios primeros se justificarían como prueba de que es el poeta más joven, Homero —cuya única obra es, por el momento, el Margites —. quien ha de demostrar su calidad ante el mayor.

80 AVEZZÙ , pág. 84. Según WEST , «The Contest», pág. 443, la victoria de Hesíodo como poeta de la paz podría relacionarse con la posición que Alcidamante adoptó ante el problema de Mesenia (cf. frs. 2-3); cita como posible contestación a Alcidamante la anécdota que conocemos por PLUT ., Apophth. Lac. 223a: «Cleómenes, el de Anaxándrides, decía que Homero era el poeta de los lacedemonios y Hesíodo el de los hilotas, pues el uno instruye en cómo hay que guerrear y el otro, en cómo hay que labrar».

81 Aunque, según WEST , ibid., pág. 445, no siempre supo adaptarlos adecuadamente al concurso entre los poetas; cf. HELLMANN , Die Niederlage.... pág. 82, así como las reservas de V. DI BENEDETTO , «Aristophanes, Pax 1228-9 e il Certamen tra Omero e Esiodo», Real. Accad. Lincei, Class. sc. mor., s. VIII 24 (1969), 161-165.

82 WEST , ibid., págs. 438-440, cuestiona también el valor de la noticia de PLUT ., Banquete de los siete sabios 153F, donde se menciona el enfrentamiento de los sabios más ilustres en Calcis con ocasión de los funerales de Anfidamante. Esta vez la dificultad del dictamen es resuelta por Lesques, quien propone a Hesíodo la misma cuestión —aunque con diferentes versos— que en el Certamen él había planteado a Homero. La respuesta es en ambos casos idéntica. West considera que el nombre de Lesques se habría insertado en el texto a partir de una nota marginal, desplazando el de Homero. Por otro lado, están los conocidos versos que Filócoro (IV -III a. C.) atribuyó a Hesíodo (fr. 22 JACOBY = HES ., fr. 357 M.-W.). Éste habla de un certamen en Delos en el que habría competido con Homero, quien fue derrotado. Según West, tal poema es probablemente posterior a Alcidamante, quien, en todo caso, no lo conoció, tal vez como resultado de una circulación escasa. Cf. HELLMANN , Die Niederlage..., págs. 14-20.

83 Excepción hecha de la sección correspondiente al epitafio de Midas (fr. *36), que él glosa en su fr. 6. En el cuadro citamos las páginas (en cursiva) y las líneas del Certamen conforme a la edición de ALLEN .

84 Sólo pág. 228, 78-79 ALLEN .

85 VAHLEN , «Der Rhetor AIkidamas», pág. 502, reconoció aquí un caso del tópico de la protección divina, conocido sobre todo por Horacio.

86 Muir asigna al Museo sólo los dos versos que transmite Estobeo (fr. 4), y recoge el texto del papiro de Michigan en una entrada Sobre Homero.

87 Cf. RICHARDSON , «The Contest», pág. 6.

88 VAHLEN , «Der Rhetor Alkidamas», págs. 503-504, propuso asignar los fragmentos a un Museo de la sabiduría, que habría formado parte del gran Museo; BLASS , Attische Beredsamkeit, vol. II, pág. 351, secundó la propuesta y sugirió, además, asignar a la misma obra el fr. *39, con ejemplos anónimos del tópos de ‘el más y el menos’, citados poco antes de los frs. 13-14. En la misma línea, MUIR , pág. 87, ha sugerido que ambos fragmentos pueden proceder, en concreto, del proemio del Museo.

89 «Drei Rekonstruktionen», págs. 133-144. AVEZZÙ , pág. XXVIII . se ha pronunciado tajantemente en contra.

90 Cf. ARIST ., Ret. III 9, 1409b33 ss. y III 10, 141 1b11.

91 Sobre la originalidad de la idea de mímesis y su lugar en la polémica platónica, cf. RICHARDSON , «The Contest», págs. 7-9, así como su intervención en el debate que siguió a la conferencia de G. ARRIGHETTI , «Riflessione sulla letteratura e biografi presso i Greci», en F. MONTANARI (ed.), La philologie grecque à l’époque hellénistique et romaine (Entretiens sur l’Antiquité Classique. 40), Vandœuvres-Ginebra. 1994. págs. 211-262, esp. págs. 256-257, donde sugiere que Aristóteles reelaboró en su diálogo Sobre los poetas material de Alcidamante.

92 Cf. AVEZZÙ , págs. XXIX y 90, y supra, pág. 31 para el Museo.

93 DIELS , «Gorgias und Empedokles», págs. 334, nota 1, y 357-358; cf. VS , vol. I, pág. 254 D.-K., y AVEZZÙ , págs. 52 y 54.

94 Cf. frs. 2-3, con las notas correspondientes.

95 Cf. SPENGEL , Συναγωγἡ τεχνῶν, pág. 7; VAHLEN , «Der Rhetor Alkidamas», pág. 506. Según AVEZZÙ , págs. 82-83, es verosímil que Alcidamante rebatiera, punto por punto, los argumentos del discurso de su rival, centrándose en los siguientes aspectos: primero, la incorporación de los episodios y las figuras señeras de la primera guerra mesenia, para favorecer la propaganda del general tebano Epaminondas y de los «nuevos» mesenios; segundo, la apelación a la igualdad natural de los hombres, en polémica con el mito de los Heraclidas, en el que Arquidamo basaba los derechos históricos de Esparta al control de Mesenia.

96 Es la datación que aceptan e. g. BRZOSKA , «Alkidamas», col. 1536, y AVEZZÙ , pág. 82.

97 VAHLEN («Der Rhetor Akidamas», pág. 506) consideró el Mesenio de Alcidamante no una demegoría, sino un discurso de destinación escolar. Según MUIR , pág. XVIII , no puede saberse a ciencia cierta si el orador fue invitado a pronunciar un discurso en celebración de la victoria de Leuctra o si se trataba, sencillamente, de un paignion o divertimento.

98 P. HARDING , «The purpose of Isokrates’ Archidamos and On the peace», Calif. Stud. Class. Ant. 6 (1973), 137-149. Su propuesta de datación se basa en que este discurso y Sobre la paz, compuesto por Isócrates después de 355 a. C., defienden principios contrarios y parecen concebidos como discursos antilógicos. Sólo cuando el rétor capta el contraste entre la coyuntura contemporánea de Atenas y la de Esparta en la década anterior puede proceder a redactar ambos discursos.

99 Este papiro, del siglo III a. C., fue publicado por primera vez por B. P. GRENFELL , A. S. HUNT , The Hibeh Papyri I, Londres, 1906, n° 13, págs. 45-48, y, después, por H. ABERT , «Ein neuer musikalischer Papyrusfund», Zeitschr. Intern. Musikges. 7 (1960), 79-83; C. E. RUELLE , «Le papyrus musical de Hibeh», Rev. Philol. 31 (1907), 235-240. Nosotros seguiremos la edición de W. CRÖNERT , «Die Hibehrede», como UNTERSTEINER , Sofisti, vol. III, págs. 208-211, y BRANCACCI , «Alcidamante e PHibeh 13», teniendo siempre presentes las propuestas de WEST , «Analecta Musica».

100 Cf. BRANCACCI , ibid., págs. 64-65. M. C. DI GIORGI , «Papiri d’argomento musicale. Status e prospettiva di ricerca», Pap. Luppiensia 4 (1994), pág. 252, y «Sull discorso intorno alla musica del PHibeh I 13», en Proceedings of the 20th Congress of Papyrology, Copenhague, 1994, págs. 295-298, lo data entre finales del siglo IV y principios del III a. C. También A. BARKER , Greek Musical Writings, vol. I, Cambridge, 1984, pág. 183, considera la posibilidad de una datación posterior a Aristóxeno.

101 El autor no evita el hiato, lo que excluye la autoría de Isócrates.

102 En la misma dirección apunta la referencia al género enarmónico como característico de la tragedia; cf. ARISTÓX ., Armónicas I 23; W. D. ANDERSON , Ethos and education in Greek music: the evidence of poetry and philosophy, Cambridge (Mass.), 1966, pág. 149.

103 Cf. BRANCACCI , «Alcidamante e PHibeh 13», págs. 66-68.

104 Cf., respectivamente. RUELLE , «Le papyrus musical de Hibeh» (cit. supra, nota 99), págs. 356-357 (Hipias); BRANCACCI , «Alcidamante e PHibeh 13», págs. 74-76 (Demócrito), y CRÖNERT , «Die Hibehrede», pág. 519 (Dracón, aunque también apunta la posibilidad de Alcidamante).

105 BRANCACCI , ibid., págs. 78-82.

106 Así, el exordio del papiro es semejante a Odiseo 1, y coincide con Sof. 1 en el papel central de la idea de eikêi lêgein y en el uso polémico de la capacidad de improvisar para definir la competencia; también, en la referencia a la capacidad profesional como criterio de calidad en el ejercicio de un arte determinado, frente al diletantismo de los nuevos especialistas en una «parte» del arte. La argumentación procede aquí no por medios teóricos, sino por la enumeración de ejemplos tomados de la historía , lo que conduce de nuevo a Alcidamante.

107 WEST , «Analecta Musica», pág. 16.

108 La pertenencia de este encomio al génos epideiktikón fue propuesta por BRZOSKA , «Alkidamas», col. 1536. EUCKEN , Isokrates, pág. 121, nota 1, sugiere cautamente que pudo haber sido compuesto para rivalizar con el Encomio de Helena isocrateo, y VAHLEN , «Der Rhetor Alkidamas», pág. 504, que pudo ser parte del Museo.

109 Son aquéllos en los que se ensalza algo que no merece habitualmente consideración alguna. Cf. PLATÓN , Fedro 177b y, sobre Polícrates, autor de un encomio de la sal, infra, test. 5. Isócrates se muestra en su Encomio de Helena (§ 8 ss.) un decidido adversario de la práctica de este tipo de encomios.

110 Citado por VAHLEN , «Der Rhetor Alkidamas», pág. 501.

111 Cf. R. KASSEL , Untersuchungen zur griechischen und römischen Konsolationsliteratur, Múnich, 1958, pág. 11, nota 3.

112 Cf. O’SULLIVAN , Alcidamas, pág. 81, nota 114; MUIR . pág. XVIII .

113 Págs. 68-69.

114 «Hermes, Pan, Logos».

115 Pág. 68. Lo apoyan O’SULLIVAN , Alcidamas, pág. 111, nota 27, y MUIR , pág. XXVIII .

116 Cf. e. g. D. RUSSELL , N. WILSON (eds.), Menander Rhetor, Oxford, 1981, pág. 249, y el juicio de NARCY , «Alcidamas d’Élée», pág. 108.

117 En esta dirección apunta el plural («tratados de retórica») que emplea Hermipo; cf. BLASS , Attische Beredsamkeit, vol. II, pág. 348. Sobre la significación de téchn ē en época clásica, vid. COLE , Origins of Rhetoric, págs. 82-88, con las precisiones de GAGARIN , «Probability and persuasion», págs. 61-62.

118 Sobre estas dos derivaciones de la enseñanza gorgiana, cf. WALBERER , Isokrates und Alkidamas, págs. 22-23; GUTHRIE , Historia..., vol. III, pág. 301. El aprendizaje de Isócrates con Gorgias puede ser fruto de un contacto directo o de una lectura de sus obras. Dudas sobre un trato directo se leen en Too, The Rheloric of Identity..., págs. 235-239.

119 Cf. LÓPEZ CRUCES -FUENTES GONZÁLEZ , «Isocrate», pág. 897.

120 Sobre la relación entre estos oradores, cf. MARISS , Alkidamas, págs. 26-55, quien da cuenta de todas las polémicas veladas que se ha creído ver en discursos isocrateos posteriores. Muchas de ellas son cuestionables; en las notas al discurso indicamos las más probables. Por lo demás, la rivalidad no excluye puntos de convergencia, como en el reconocimiento de que los mejores discursos judiciales son los que parecen fruto de una sencillez poco artística; cf. Sof. 13; ISÓCRATES , XII 1-2; W. SÜSS , Ethos. Studien zur älteren griechischen Rhetorik, Leipzig-Berlín, 1910 (reimpr. Darmstadt, 1975), págs. 34-37, con un cotejo de pasajes de los dos dicursos y el Fedro platónico.

121 Cf. FRIEMANN , «Überlegungen», pág. 302 y, sobre el ejemplo de las letras, WALBERER , Isokrates und Alkidamas, pág. 37, nota 16.

122 Cf. XV 192, donde se presenta a sí mismo como un poiētḕs lógōn; también IV 11 y XV 192, con una valoración de la exactitud (akríbeia).

123 Es el orden propuesto, entre otros, por SPENGEL , Συναγωγή τεχνῶν, págs. 173 ss., y EUCKEN , Isokrates, págs. 121-132. Para un breve estado de la cuestión de las propuestas de cronología de estos escritos y el Fedro platónico, cf. NARCY , «Alcidamas d’Élée», págs. 102-103.

124 La alusión fue señalada por C. REINHARDT , De Isocratis aemulis, Tesis, Bonn, 1873, pág. 16, y aceptada, e. g., por EUCKEN , Isokrates, pág. 125 ss., y FRIEMANN , «Überlegungen», pág. 306, nota 11.

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