Kitabı oku: «Nuevas estrategias de inserción internacional para América Latina»

Yazı tipi:




Nuevas estrategias de inserción internacional para América Latina / Martha Ardila [y otros] ; Graziano Palamara, editor. – Bogotá : Universidad Externado de Colombia. 2019.

390 páginas : mapas ; 21 cm.

Incluye referencias bibliográficas.

ISBN: 9789587902150

1. Economía internacional – Historia -- América Latina 2. Comercio internacional -- América Latina 3. Relaciones internacionales -- América Latina 4. Colombia -- Relaciones económicas exteriores -- América Latina I. Palamara, Graziano, editor II. Universidad Externado de Colombia III. Título

327.09SCDD 21

Catalogación en la fuente -- Universidad Externado de Colombia. Biblioteca. EAP.

Octubre de 2019

ISBN 978-958-790-215-0

©2019, GRAZIANO PALAMARA (ED.)

©2019, UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA

Calle 12 n.º 1-17 este, Bogotá

Teléfono (57-1) 342 02 88

publicaciones@uexternado.edu.co

www.uexternado.edu.co

Primera edición: octubre de 2019

Diseño de cubierta: Departamento de Publicaciones

Corrección de estilo: Luis Fernando García Núñez

Composición: Precolombi EU - David Reyes

Impresión: Xpress Estudio Gráfico y Digital S.A.S. - Xpress Kimpres

Tiraje de 1 a 1.000 ejemplares

Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra, sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad de los autores.

Diseño epub:

Hipertexto – Netizen Digital Solutions

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO PRIMERO PENSAMIENTO DECOLONIAL Y NUEVOS ESTUDIOS INTERNACIONALES LATINOAMERICANOS

Aldo Olano Alor

Introducción

1. La metodología transdisciplinar y los estudios internacionales

2. La colonialidad del poder y los estudios internacionales latinoamericanos

3. Una teoría situada para el nuevo contexto mundial

Consideraciones finales

Referencias

CAPÍTULO SEGUNDO LA INSERCIÓN INTERNACIONAL DE LA ALIANZA DEL PACÍFICO EN LA VISIÓN DE SUS EMPRESARIOS

Rita Giacalone

Introducción

1. El discurso del Ceap sobre inserción internacional y Asia-Pacífico

2. El discurso sobre inserción internacional y Asia Pacífico en los capítulos nacionales

3. Interpretación del discurso sobre inserción internacional del Ceap

Consideraciones finales

Referencias

CAPÍTULO TERCERO BRASIL Y EL PACÍFICO SURAMERICANO: VISIONES GEOPOLÍTICAS Y GRAN ESTRATEGIA (2003-2018)

Gisela da Silva Guevara

Introducción

1. Acercamientos teóricos a la temática

2. Pensamiento brasileño y escuelas geopolíticas

3. Una (nueva) identidad suramericana

4. La gran estrategia de Brasil

Consideraciones finales

Referencias

CAPÍTULO CUARTO PARADIPLOMACIA, CIUDADES Y REGIONES. VINCULACIÓN ENTRE LO INTERNO Y LO EXTERNO

Martha Ardila

Introducción

1. Diplomacia interméstica y paradiplomacia multinivel

2. Algunos tipos de paradiplomacia en América Latina

3. Brasil y Colombia: paradiplomacia cooperante y multinivel

4. Bogotá: una paradiplomacia independiente y centralizada

5. Nariño global y la paradiplomacia transfronteriza

Consideraciones finales

Referencias

CAPÍTULO QUINTO LA INSERCIÓN INTERNACIONAL EN SEGURIDAD Y DEFENSA DE COLOMBIA: UNA CUESTIÓN ESTATAL

Rafael Enrique Piñeros Ayala

Introducción

1. Una aproximación conceptual y teórica a los factores internos

2. El peso de elementos regionales e internacionales sobre lo local

3. Articulación gubernamental e internacionalización en seguridad y defensa

4. Un entorno regional e internacional cambiante e influyente

Consideraciones finales

Referencias

CAPÍTULO SEXTO LA RELACIÓN ESTADO-SOCIEDAD: UNA VARIABLE PARA LA INSERCIÓN INTERNACIONAL. LAS AGENDAS DE CHILE Y BOLIVIA

Graziano Palamara

Introducción

1. Para un acercamiento teórico a la relación Estado-sociedad

2. Las transiciones y la relación Estado-sociedad en Chile y Bolivia

3. Una agenda internacional inspirada por la diplomacia presidencial

4. Una agenda internacional impulsada por la diplomacia de los pueblos

Consideraciones finales

Referencias

NOTAS AL PIE

LOS AUTORES DEL LIBRO

INTRODUCCIÓN

La inversión de tendencia entre las dinámicas globales y aquellas regionales es uno de los mayores rasgos de la estructura internacional actual. En el siglo XX, el peso de los procesos globales niveló las diferencias de los contextos regionales hasta casi anularlas. La mundialización de mecanismos como los de la lógica colonial antes y de su legado después, de institutos de poder como el Estado-nación o las organizaciones universales, y el elevado nivel de penetración diplomática y estratégica de un restringido grupo de grandes potencias mantuvieron los espacios regionales en un constante grado de subordinación.

En las décadas de la guerra fría esta relación resultó aún más evidente, no solo por la circulación global de dos únicos lenguajes universales –el democrático-liberal y el socialista– sino también por la consecuencia del esquema bipolar dominante, bajo cuya relevancia se ejemplificó toda la complejidad de las dimensiones regionales. Pero la heterogeneidad de los procesos que estallaron después de la crisis del sistema bipolar, y aún más tras la ilusión de la única e incuestionable hegemonía estadounidense, revertieron esta jerarquía. A partir de ese momento la estructura internacional vino regionalizándose a un ritmo creciente, evidenciando el deslizamiento paulatino del centro de gravedad de la política y de la economía mundial desde un pequeño grupo de grandes potencias a un conjunto de actores, geográfica y culturalmente más heterogéneo (Colombo, 2011).

La nueva dimensión geopolítica que América Latina ha alcanzado en el ajedrez global en las últimas décadas dejó evidencia del reequilibrio en curso. Desmintiendo a quienes habían anunciado una ineludible marginalización de la región, absorbida por los procesos de globalización política y económica con la pauta estadounidense, América Latina pudo modificar sus tradicionales líneas de geografía política y colocarse al centro de nuevos intereses mundiales. El protagonismo del área se vio impulsado por unas dinámicas inéditas y profundas que tocaron los dos principales retos de la historia internacional latinoamericana: la búsqueda de autonomía y la necesidad de diversificar las relaciones con el mundo. El afianzamiento de poderes y socios extracontinentales alternativos a los Estados Unidos, como lo son China y Rusia, la adopción de nuevos modelos económicos y la irrupción de una generación de líderes deseosos de buscar soluciones endógenas a los problemas del continente (Gardini, 2012), fueron tal vez los factores que más contribuyeron a la nueva visibilidad latinoamericana.

Estos impulsos resultaron eficaces sobre todo entre 2003 y 2013, cuando la posibilidad de asumir posiciones más asertivas se nutrió del ciclo expansivo asegurado por el boom de las commodities. Gracias al conjunto de estos elementos, al comienzo del siglo XXI América Latina logró consolidarse como la segunda región emergente del planeta después de Asia (Van Klaveren, 2012), y unos de sus países, como Brasil, México y la Venezuela de Chávez se distinguieron incluso por un importante protagonismo internacional. Pese al reposicionamiento experimentado, América Latina no supo corregir, sin embargo, las tensiones que históricamente marcaron su realidad tanto al interior de cada país como a la hora de proyectar la región en su conjunto en el escenario mundial.

Factores como la asimetría de poder entre los actores latinoamericanos y los Estados Unidos, la dependencia de los mercados de exportación, el histerismo de los esquemas integracionistas y las desigualdades en la redistribución de las riquezas nacionales, no acaso, hicieron de contrapunto a los elementos de trasformación. El peso de los factores de persistencias resultó además aún más visible en el último lustro, a medida que los procesos de cambio se opacaron, volviendo a exhibir las tradicionales “venas abiertas” del subcontinente. Suspendida entre horizontes de progreso y una histórica falta de homogeneidad, entre la búsqueda de un perfil internacional más elevado y la vieja tensión entre mundialización y aislacionismo, América Latina sigue siendo entonces una apuesta abierta. Lo que es cierto, también a raíz del tránsito del sistema internacional de un mundo unipolar a otro con diversos tipos de potencias regionales, es que América Latina ya no puede ser analizada con las categorías geopolíticas del pasado; más bien, necesita ser examinada y estudiada a través de marcos teóricos y estratégicos distintos, que tengan en cuenta las modificaciones y transiciones de un orden mundial cambiante.

A partir de estas premisas, el grupo de autores que dan vida a la obra aquí presentada se interroga sobra las nuevas dinámicas y características de la inserción internacional latinoamericana. La proyección política, diplomática, económica y comercial de América Latina se analiza resaltando no solo las propuestas de los actores estatales, sino también aquellas de la sociedad civil, en sus complejos y contradictorios relacionamientos con los Estados, y las proposiciones de los organismos regionales. La pluralidad de temas y visiones que esta elección metodológica surte, encuentra un primer elemento de equilibrio en las preguntas puntuales que guían e inspiran la investigación: ¿de qué manera América Latina se inserta en los escenarios globales y regionales?; ¿cuáles son sus mecanismos de vinculación y gestión?; ¿qué variables o concursos de factores inciden sobre las estrategias de inserción?; ¿qué efectos produce la internacionalización, tanto en términos de relacionamiento externo de la región, como sobre los equilibrios de fuerza entre los actores que conforman el área?

Fruto de distintos abordajes investigativos, el libro halla un segundo elemento de homogeneidad en la conceptualización de inserción internacional que los diferentes capítulos expresan para un imprescindible esfuerzo de síntesis. Como lo ha recientemente señalado Fabricio Chaga-Bastos (2018, pp. 10-30), el término inserción internacional surtió a partir de la preocupación de académicos y políticos sobre la posición estructural dependiente de América Latina. Pero, por décadas, la expresión se ha empleado a menudo de manera flexible y genérica, en la afanosa tentativa de explicar un conjunto de fenómenos sociales, económicos y políticos. Solo en estos últimos años, la idea ha conocido una mayor sistematización. Los trabajos de Chaga-Bastos (2015; 2018) han demostrado que su verdadera génesis está en la intersección entre la literatura del análisis de política exterior, APE, y de la economía política internacional, EPI.

Los aportes de estos dos ámbitos han convertido el concepto en una “pieza importante del pensamiento internacional latinoamericano del Sur Global” (Chaga-Bastos, 2018, p. 11); desde luego, la inserción internacional se ha transformado en un poderoso instrumento conceptual para comprender de qué manera los Estados del Sur global pueden emerger en las jerarquías globales; ser reconocidos con el estatus de actores relevantes por los mantenedores de la sociedad internacional, y apuntar a mejores posiciones políticas, militares y económicas sin desestabilizar al orden internacional (Chaga-Bastos, 2018, p. 27). Insertándose en este debate sugestivo y conscientes de la necesidad de definir el contenido de un proceso de muchas dimensiones y tramas, los autores de la obra asumen entonces el concepto de inserción internacional como una configuración de dinámicas que atañe a las tres esferas fundamentales de la escena mundial: la distribución del poder y del prestigio de los sujetos internacionales, la escalera geográfica de las relaciones entre los actores, y el grado de su similitud cultural e institucional.

En consecuencia, la inserción internacional no particulariza el mero momento de inclusión en ciertos circuitos económicos, políticos, diplomáticos o comerciales de alcance regional o mundial. Más bien, hace referencia al conjunto de estrategias y actores que, individualizando formas de acción externa al espacio de una comunidad política organizada, por lo general la del Estado, buscan vincularse a (o generar) ejes y dimensiones estratégicas con las cuales mejorar su estatus internacional. En el juego de la inserción internacional, por ende, entra un complejo número de variables, agentes y vínculos, cuya interacción produce y consolida diferentes modos de inclusión.

Con el fin de brindar una muestra exhaustiva de esta pluralidad de factores, la obra plantea la inserción internacional a partir de tres componentes íntimamente conectados entre sí. En primer lugar, el componente del desarrollo. La asunción de este elemento resulta ineludible si se considera que, en las últimas décadas, el concepto de desarrollo ha venido conociendo una objetiva extensión, cuyo corolario ha sido (y sigue siendo) la constante redefinición de los asuntos, de los objetivos y hasta de los saberes y de los discursos que definen las relaciones entre los sujetos internacionales. De la teoría de la modernización a las recetas del Consenso de Washington, de la afluencia de los muchos adjetivos anexados a la noción de desarrollo, sostenible, humano, responsable, a su conexión con el tema de la seguridad, el concepto ha ampliado, de hecho, su significado y naturaleza convirtiéndose en un contenido imprescindible para muchas modalidades de inserción internacional.

El segundo componente se refiere a la vinculación entre factores internos y externos. El relacionamiento de un actor con el contexto mundial o con su entorno regional más cercano no responde a una sola variable; más bien, se nutre de mecanismos de interrelación recíproca originados dentro y fuera de cada país. A los factores internos pertenecen, entre otros, la estructura social y económica, el carácter del régimen y la forma de toma de decisiones. Entre los externos están, en cambio, la naturaleza del sistema internacional, la jerarquía del poder, su distribución espacial y la congruencia de las estructuras sobre las que ese mismo poder descansa. Cada correlación entre estas dos gamas de elementos puede engendrar una específica estrategia de inserción internacional, cuya eficacia y continuidad dependerán, a su vez, de la evolución de las dinámicas de conexión entre los mismos factores.

El tercer componente, en fin, se refiere a la que podríamos definir una especificación más, sino incluso una verdadera subcategoría de los factores internos: la relación Estado-sociedad civil. El modelo de interacción entre el Estado y los actores sociales, sus términos de conexión y la distinta disponibilidad de canales de acceso de sujetos privados a los centros decisionales del Estado, influencian, de hecho, la definición de la agenda internacional de un país, repercutiéndose sobre sus estrategias de inserción externa. Para mejor resaltar este nexo, a partir de un enfoque neoweberiano, los autores del libro asumen un concepto abierto de sociedad civil. Esta es entonces observada, ya sea en su dimensión colectiva, en la centralidad de un espacio común de interacción, ya sea en su dimensión individual, en el reconocimiento de sectores específicos (por ejemplo, lo empresarial) concebidos como agentes autónomos. En este sentido, la sociedad civil aparece como un conjunto de actores y organizaciones de distintas naturalezas y ámbitos relacionales que operan con sus expectativas y exigencias dentro del espacio político y social de una comunidad. La problematización de las entidades estatales, de sus distintos niveles de autonomía respecto a la sociedad civil, de sus vínculos con el sistema interestatal y aquello transnacional se convierte así en una perspectiva privilegiada para investigar los procesos de inserción internacional y superar, al mismo tiempo, la debilidad explicativa de enfoques más tradicionales que desestiman las dinámicas internas a los Estados.

En su conjunto, estos tres componentes teóricos soportan entonces un concepto de inserción amplio, capaz de involucrar todos los recursos, las representaciones discursivas, las ambiciones y las dimensiones simbólicas e institucionales que proporcionan la elaboración y la implementación de una propuesta de inclusión. Las seis contribuciones que conforman la obra calibran, además, este concepto sobre distintos ámbitos disciplinarios, que van de las relaciones internacionales a la historia, de la teoría política a los estudios culturales. Cada ámbito enriquece el análisis con sus categorías y sensibilidades interpretativas, dando orden y gradación a los procesos abordados.

A través de un enfoque analítico así estructurado, en el primer capítulo Aldo Olano propone un análisis sobre los caminos teóricos de los así llamados nuevos estudios internacionales latinoamericanos. Con base en la metodología transdisciplinar crítica, el autor se centra en el estudio de los núcleos fundamentales de la teoría de la colonialidad del poder y la del sistema-mundo moderno y colonial. A través de una presentación puntual de ensayos y trabajos sobre el tema, el capítulo destaca, pues la potencialidad explicativa que esos elementos teóricos tienen para comprender la proyección internacional de América Latina y su relacionamiento con el mundo, buscando la inserción en las academias que se precian de ser igualmente globales. En este sentido, se dilucidan los confines de una propuesta epistémica que, estableciendo novedosas conexiones teóricas y prácticas, exhibe nuevas concepciones sobre el escenario internacional, las relaciones entre los Estados y las articulaciones de los vínculos entre las distintas dimensiones políticas, económicas, sociales y culturales de los países. El espesor teórico de la discusión sobre la decolonialidad del poder enriquece, por ende, el debate sobre la inserción internacional en la medida que le devuelve valores, significados y experiencias históricas a menudo ignoradas por las categorías con las que se quiso tradicionalmente explicar la presencia de los “países periféricos” en el sistema internacional.

En la segunda contribución Rita Giacalone indaga la inserción internacional de la Alianza del Pacífico, AP, a través de la visión de sus empresarios. Asumiendo el análisis del discurso como técnica de investigación y complejizando el examen de los procesos decisionales según el juego de los dos niveles de Robert Putnam, el capítulo explora, de manera detenida, las relaciones empresariado-Estado por cada uno de los países de la Alianza. En el entramado de estas relaciones se divisan las formas en que los grupos empresariales y los gobiernos negocian la inserción internacional de la AP. El análisis del discurso del Consejo Empresarial de la AP, el Ceap, es, a su vez, presentado para entender en qué medida los empresarios coinciden sobre una misma modalidad de inserción, respaldan las estrategias de sus Estados, o más bien le apuestan a un modelo compartido, capaz de procurar mayor cohesión para toda la AP. En este orden de ideas, la autora tiene el mérito de no limitarse a la mera dimensión económica de la proyección del organismo, sino rescatar también aquella política y ética.

Las dinámicas de inserción en la región Asia-Pacífico están también al centro del tercer capítulo contenido en el libro. El escrito de Gisela da Silva las reanuda sopesando las directrices de la llamada gran estrategia brasilera. Exhibida como el conjunto de “preferencias” desarrolladas por geopolitólogos, líderes políticos y sectores empresariales, la GE de Brasil tendría la ambición de unir el Atlántico al Pacífico como uno de sus grandes ejes. Esta aspiración, aclara el capítulo, se nutrió de los planteamientos de distintas escuelas geopolíticas hasta encontrar, pese a la oposición de algunos, una nueva y potencial oportunidad estratégica en la AP. El trabajo explora entonces las visiones geopolíticas con las que Brasilia podría acercarse a sus vecinos del Pacífico. Y lo hace en el marco de una más amplia reflexión sobre la conducta internacional brasileña entre 2003 y 2018. Una conducta, concluye el capítulo, que deja evidencia de cómo la vía para que Brasil se convierta definitivamente en una potencia mundial tendrá que pasar no solo por una asunción de compromisos puntuales, sino también por una elección de imagen e identidad.

La intervención en el escenario mundial ya cuenta con una participación diversificada, no más limitada a la mera acción del Estado. Es a partir de esta evidencia que en el cuarto capítulo Martha Ardila investiga la temática particular de la inserción de las unidades subnacionales. La contribución se inserta, antes que todo, en el debate contemporáneo sobre el desarrollo de la política internacional por parte de las instituciones subestatales, regionales y locales. Así brinda una muestra exhaustiva de las iniciativas políticas inauguradas al respecto en otras áreas del mundo, Europa, Asia y África, Ardila detalla la naturaleza de la llamada paradiplomacia. Asimismo, en el capítulo se analizan las estrategias de inserción internacional implementadas por los gobiernos locales de Colombia. Al respecto, el trabajo propone una novedosa comparación entre los ejes de internacionalización de la Alcaldía de Bogotá y el Departamento fronterizo de Nariño, al confín con Ecuador. La promoción de oficinas de cooperación, la construcción de alianzas público-privadas y la participación en redes trasnacionales vienen así asumidas como perspectivas ideales para valorar un conjunto de estrategias encaminadas a crear o a fortalecer la vinculación nacional e internacional de las unidades subestatales.

Manteniendo a Colombia como unidad de análisis, Rafael Piñeros explora en el quinto capítulo la aproximación del Estado colombiano a los temas de seguridad y defensa entre 1998 y 2018. La tesis del escrito es que la securitización de la acción externa de Bogotá no respondió únicamente a las condiciones materiales del sistema internacional, o a sus cambios coyunturales y estructurales, sino también a la presión de distintos factores internos. Los primeros fueron filtrados, sobre todo, por el profundo arraigo de los Estados Unidos en la vida política colombiana; los segundos obedecieron más bien a la espasmódica búsqueda de una solución al problema de la guerra interna contra las Farc.

La actuación conjunta de estas dos clases de factores moldearía el relacionamiento de Colombia con las problemáticas de seguridad y defensa de alcance regional e internacional. Prueba de ello estaría en la ampliación de los espacios de cooperación que Bogotá protagonizó desde la última década del siglo XX. En ellos, sostiene el trabajo, se percibiría el peso de los imperativos del conflicto interno, la tendencia, en unos casos, a privilegiar el instrumento militar, pero también la evidencia de factores ideacionales, testimonios de la interiorización de una cultura, de la seguridad ya adquirida por unos tomadores de decisiones en Colombia.

La obra se cierra con el capítulo de Graziano Palamara dedicado a investigar de qué manera la reestructuración de las relaciones entre Estado y sociedad incide en la inserción internacional de los países. A través de un estudio comparativo, el escrito explora la realidad chilena y boliviana y sus distintos mecanismos de diplomacia presidencial y diplomacia de los pueblos. La lectura de las transformaciones políticas, de los cambios en la forma del Estado y de los niveles de autonomía que este exhibe con respecto a los actores sociales, son así asumidas como variables explicativas para comprender la búsqueda chilena de mejores posiciones políticas, económicas y comerciales en el orden internacional tras el fin de la dictadura de Pinochet, y la aparición disidente de la Bolivia de Evo Morales.

En suma, todos los autores analizan el tema de la inserción como combinación de iniciativas llevadas a cabo por actores públicos y/o privados encaminadas a desarrollar los márgenes de maniobra de América Latina a nivel mundial. Apartándose de una interpretación restrictiva, los capítulos acogen, entonces, a una categoría analítica de inserción internacional que mira más allá de las estrategias de las políticas exteriores. En su conjunto, de hecho, los trabajos que componen el libro rescatan ejes teóricos y temáticos que, al centrarse en los aspectos políticos, económicos, estratégicos y culturales de la acción internacional de América Latina, exploran la inserción como el fruto de distintos componentes. De los valores redimidos por la teoría de la decolonialidad a las distintas articulaciones de la sociedad civil, de la clásica acción del Estado, como forma histórica de ordenamiento jurídico, a las construcciones intelectuales que terminan forjando “creencias geopolíticas”, hasta el activismo de los gobiernos nacionales, la obra reúne en fin las principales dinámicas que están marcando la inserción internacional de América Latina.

Todos los capítulos que conforman el libro, además, dan una atención especial a la dimensión histórica de las dinámicas abordadas; es decir, las ubican en sus respectivos ámbitos temporal y espacial. Una de las debilidades que por mucho tiempo afectaron el concepto de inserción internacional fue precisamente su vaguedad histórica (Chaga-Bastos, 2018). Es así que, reconociendo la importancia de los procesos de cambio y continuidad, todos los autores de los capítulos presentados contextualizan las temáticas del sistema internacional, sus dimensiones y alcances. Aun así, no se puede ignorar que este esfuerzo metodológico no puede sustraerse a la imposibilidad de sopesar sincrónicamente todas las variables de eventos contingentes y en curso.

Los recientes cambios a la guía de los dos países más grandes de América Latina, la elección de Andrés Manuel López Obrador en México y de Jair Messias Bolsonaro en Brasil, y los seis comicios presidenciales que esperan a la región a lo largo de este 2019 sugirieron a los autores de este libro no plantear conclusiones, sino más bien unas consideraciones finales a sus investigaciones. Al igual que otros escenarios regionales, el contexto latinoamericano es hoy en día una apuesta abierta. Las muchas consecuencias posibles que de esta apuesta puedan salir, influenciarán las formas en que los países de América Latina, sus distintos actores y plataformas institucionales interactuarán con las jerarquías globales y, por ende, las modalidades y las estrategias de inserción internacional.

REFERENCIAS

COLOMBO, A. (2011). L’ordine globale e l’ascesa delle grandi potenze regionali. Quaderni di Relazioni Internazionali, 14, 2011, pp. 4-15.

CHAGAS-BASTOS, F. H. (2015). Modelos de Inserção Internacional na América Latina do início do século XXI (1990-2014): Uma análise comparativa de Brasil e México. Tesis de Doctorado. São Paulo: Universidad de São Paulo.

CHAGAS-BASTOS, F. (2018). La invención de la inserción internacional: fundaciones intelectuales y evolución histórica del concepto. Análisis Político 31 (94), 10-30.

GARDINI, G. L. (2012). Latin America in the 21st Century: Nations, Regionalism, Globalization. Londres: Zed Books.

VAN KLAVEREN, A. (2012). América Latina en un nuevo mundo. Revista CIDOB d’Afers Internacionals. 100, pp. 131-150.

CAPÍTULO PRIMERO PENSAMIENTO DECOLONIAL Y NUEVOS ESTUDIOS INTERNACIONALES LATINOAMERICANOS

ALDO OLANO ALOR

Resumen

En este capítulo se presentan los avances obtenidos por la teoría del sistema-mundo moderno y colonial junto a la teoría de la colonialidad del poder, en el actual debate adelantado en América Latina sobre la organización y el funcionamiento del sistema mundial contemporáneo. Siendo ambos dos componentes fundamentales en el pensamiento decolonial, proponemos que su participación abra múltiples posibilidades para continuar avanzando en la formación de los nuevos estudios internacionales latinoamericanos, los cuales son hoy en día una prueba del alto grado de inserción internacional alcanzado también en los campos intelectual y político, es decir, el de la disputa entre epistemes. De distinta manera, se han elaborado múltiples propuestas desde las particularidades aquí contenidas, y por su importancia recurro a la metodología transdisciplinar crítica en aras de alcanzar los objetivos planteados.

Palabras clave: sistema-mundo moderno colonial, colonialidad del poder, nuevos estudios internacionales latinoamericanos, América Latina.

INTRODUCCIÓN

En este capítulo se hace notar la presencia de la teoría de la colonialidad del poder y la teoría del sistema-mundo moderno y colonial, en el debate adelantado sobre su organización y funcionamiento en la fase actual del sistema-mundo, el de la colonialidad global. Así, proponemos que lo producido de manera reciente con las teorías y estudios sobre la inserción del continente en el sistema mencionado, abra múltiples posibilidades para continuar consolidando lo que hemos denominado los nuevos estudios internacionales latinoamericanos. Debemos señalar que estos últimos se han fortalecido durante la última década debido a la apertura de nuevos caminos teóricos y metodológicos, algunos de los cuales son aquí trabajados, trayendo consigo posibilidad de un entendimiento más integral de la participación de América Latina en el proceso que acarreó el surgimiento de un sistema de alcance realmente mundial.

De igual manera, destacamos cómo los principios de ambas teorías se han posicionado en múltiples escenarios académicos, como también en proyectos políticos y movimientos sociales que le apuestan a la transformación del orden mundial actualmente vigente. Como veremos a lo largo del libro, el debate sobre inserción internacional involucra temas como seguridad y defensa con la visible interacción entre lo externo y lo interno, o las relaciones que se han ido construyendo entre entidades subnacionales conforme la figura del Estado-nación se ha ido cuestionando en la fase actual del sistema-mundo. De igual manera, como se ha incrementado la participación de la sociedad civil, ya sea por medio de los gremios empresariales o los movimientos de los pueblos originarios en la elaboración de la política exterior de cualquier Estado latinoamericano. Súmenle la presencia de los intelectuales, militares o globalizadas tecnocracias que utilizando una renovada versión de la geopolítica en tanto disciplina, proponen esquemas de inserción regional distintas a las practicadas en décadas anteriores. En tal sentido, nos apropiamos de la definición que considera al concepto

de inserción internacional [como] una contribución original al debate agente-estructura realizada desde una perspectiva de la toma de decisiones en política exterior y de la economía política en temas internacionales. […] Su origen es parte de la misma frustración intelectual con las teorías estructurales demasiado deterministas, pero con profundas raíces en las sensibilidades del Sur en general y del pensamiento internacional de América Latina en particular (Chagas, 2018, p. 12).

Pero al lado de esto no podemos ignorar la propuesta intelectual y política contenida en el pensamiento decolonial latinoamericano, la misma que hoy muestra una activa participación en los debates inter-epistémicos que se vienen dando en distintas partes del planeta. Es una inserción que trasciende los temas de análisis ya mencionados y que, por ejemplo, permite avanzar en las nuevas miradas sobre el rol desempeñado por el continente en la formación de un sistema hoy vigente, y también participar en un tipo de inserción al interior de un régimen intelectual y académico que justamente se promueve desde escenarios que, de manera inevitable, se piensan como de alcance global. En tal sentido, debemos señalar que el capítulo fue expresamente elaborado con un conjunto de teorías inscritas en la trayectoria intelectual e histórica del continente, con las cuales se ha venido contribuyendo en la formación del que hemos llamado pensamiento decolonial latinoamericano.

Algunos de estos principios fueron formulados de manera temprana por los integrantes del proyecto modernidad/colonialidad, en el marco de una búsqueda intelectual por dar un nuevo contenido al pensamiento que se origina en la región, el cual habría sido relanzado con la teoría de la colonialidad del poder formulada por Aníbal Quijano. No está demás compartir los argumentos utilizados por la profesora colombiana Vianney Díaz, en relación con los aportes de quienes lo integraban, pues es muy importante verlo como:

una construcción alterna, crítica e innovadora que reflexiona sobre las complejas relaciones de dominación entre Europa y América Latina, con el objetivo de promover una nueva postura de pensamiento que desarraigue la herencia colonial, palpable en las relaciones sociales y culturales que aún permanecen como vestigio no tan endeble de la construcción de una identidad, la cual se forjó desde los albores de la modernidad en los siglos XV y XVI (Díaz, 2017, p. 129).

Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, el capítulo ha sido dividido en tres partes. En el acápite uno se adelanta una breve explicación sobre la viabilidad adquirida por la metodología transdisciplinar en el pensamiento decolonial, y se hace notar cómo ha contribuido a renovar los estudios internacionales latinoamericanos, en un contexto marcado por la polémica sobre un sistema-mundo que es, a su vez, moderno y colonial. Es una aspiración compartida en distintos medios académicos con la finalidad de ir propiciando conocimientos situados en términos teóricos y metodológicos claramente establecidos. En este propósito, se ubican la teoría de la colonialidad del poder y la teoría del sistema-mundo moderno colonial, como teorías que surgen en la particularidad del entorno regional y están enraizadas en una trayectoria histórica: América Latina.

En el acápite dos, se adelanta la revisión de algunos de los aportes que se han hecho desde la teoría de la colonialidad del poder, en lo relacionado con el funcionamiento del sistema-mundo moderno colonial en su fase actual, el de la globalidad liberal. Por ello, continuamos mostrando el interés adquirido por dicha teoría en la región, haciendo una breve presentación de ensayos y artículos escritos de manera reciente, en particular aquellos que forman parte de los nuevos estudios internacionales latinoamericanos. La novedad hacia el final del acápite es que dicha teoría comienza también a ser referida en otras regiones del planeta, por ejemplo, en ciertos países y regiones en Europa occidental.

En el acápite tres, se establecen los criterios mínimos con que se ha organizado la teoría del sistema-mundo moderno colonial. Aquí hacemos notar una interesante disputa epistemológica, la cual, y como ha sucedido tantas veces, trae consecuencias en el campo de la política internacional. En este caso nos referimos a la establecida con la teoría de la gobernanza global, pues esta última no viene sino a mostrarnos la continuidad del eurocentrismo en el estudio del sistema-mundo, y con aquella se busca legitimar el dominio de los Estados occidentales en el sistema. Para ello se cuenta con una institucionalidad multilateral y distintas academias que promueven la gobernanza global, la misma que en todo momento se precia de ser democrática e incluyente.

Antes de continuar, y como una forma de esclarecer un concepto utilizado a lo largo del trabajo, quisiera dar una definición de eurocentrismo. Este se identifica como:

el nombre de una perspectiva de conocimiento cuya elaboración sistemática comenzó en Europa Occidental antes de mediados del siglo XVII, aunque algunas de sus raíces son sin duda más viejas, incluso antiguas, y que en las centurias siguientes se hizo mundialmente hegemónica recorriendo el mismo cauce del dominio de la Europa burguesa. Su constitución ocurrió asociada a la específica secularización burguesa del pensamiento europeo y a la experiencia y las necesidades del patrón mundial de poder capitalista, colonial/moderno, eurocentrado, establecido a partir de América (Quijano, 2000, p. 218).

A lo largo del capítulo, salen a relucir las particularidades regionales y que hacen notar trayectorias históricas que claramente se pueden diferenciar de la construida en Europa o América del Norte. Cerramos con unas apreciaciones que no pretenden ser definitivas, sino más bien buscan fomentar y profundizar la conversación sobre problemáticas muy actuales. Al finalizar la introducción, hacemos notar que en este capítulo se utilizan algunas referencias de un escrito anterior (Olano, 2018), y lo hicimos con la ahora manifiesta voluntad de profundizar en el estudio de teorías y metodologías cuyo análisis pudiera haber pasado como incompleto en ese primer trabajo.

1. LA METODOLOGÍA TRANSDISCIPLINAR Y LOS ESTUDIOS INTERNACIONALES

En esta primera parte, quisiéramos destacar la validez que durante las últimas dos décadas adquirió, lo que distintos académicos e intelectuales han denominado metodología transdisciplinar crítica, sobre todo cuando trabajos elaborados desde esta perspectiva han contribuido a la organización de los nuevos estudios internacionales latinoamericanos. De igual manera, de entrada decimos que se mantiene una abierta disposición a distanciarnos de teorías, conceptos y definiciones inscritas en la tradición intelectual de las disciplinas ciencia política y relaciones internacionales, por estar no solo mediadas sino formulados con los principios del eurocentrismo.

Por eso es que el capítulo se relaciona con quienes cuestionan los mecanicistas principios de aquella epistemología, y se asocia con la búsqueda por las bases de una nueva composición en la forma de acceder al saber. Así se puede entender la crítica al eurocentrismo y su inmovilismo teórico generado por un tipo de episteme, que “tiene como núcleo central la racionalidad cognitivo-instrumental centrada en el principio cartesiano de la simplificación y en el principio newtoniano de la estabilidad de sistemas deterministas regidos por leyes válidas universalmente” (Germaná, 2017, p. 269). En el caso específico de la propuesta metodológica que manejamos, muchos de aquellos estudios y con una fundamentación metodológica de orientación clara y abiertamente positivista, han tenido y visto a Latinoamérica como tema-problema y objeto de investigación. Una situación que tendió a agravarse cuando se produjo la organización de los estudios de área al interior de la disciplina relaciones internacionales, los estudios latinoamericanos, por ejemplo, justo en los momentos que Estados Unidos lograba la hegemonía global.

Con la metodología propuesta, nos interesa también observar a quienes están por fuera de las teorías y la disciplina relaciones internacionales en la investigación del sistema-mundo que aquí lo consideramos también moderno y colonial. Las particularidades que veremos en los siguientes acápites, alientan que las lecturas e interpretaciones desde la región aporten en una perspectiva donde quedaron eliminadas las unilaterales visiones del racionalismo, sí, el mismo que desde sus orígenes implantó el pienso, luego existo como fundamento de su lectura e interpretación del mundo. Esto significa abandonar también el principio de la negación tan propio de la ciencia moderna, sobre todo en la vertiente de la dialéctica, aceptando la existencia de múltiples mundos y civilizaciones cuyos integrantes son, también, sujetos de conocimiento pensando desde su diversidad ontológica.

De igual manera, la transdisciplinariedad crítica propone que no se fragmente la realidad con base en vanidosos principios de superioridad, y más bien se destaque la relacionalidad heterárquica, manteniendo las diferencias y acabando con las jerarquías en los tipos de saber. Por eso, lo transdisciplinar propone una actitud siempre dialógica, reconociendo la complejidad susceptible de encontrarse en todo nivel de análisis. Entonces, comparto la idea que sostiene la vigencia de tipos de pensamientos donde se ponen en juego la igualdad y la diversidad, como también la posibilidad de una relación heterárquica, puesto que esto:

es un intento por conceptualizar las estructuras sociales con un nuevo lenguaje que desborda el paradigma de la ciencia social eurocéntrica heredado desde el siglo XIX. El viejo lenguaje es para sistemas cerrados, pues tiene una lógica única que determina todo lo demás desde una sola jerarquía de poder. […] Las heterarquías son estructuras complejas en las que no existe un nivel básico que gobierna sobre los demás, sino que todos los niveles ejercen algún grado de influencia mutua en diferentes aspectos particulares y atendiendo a coyunturas históricas específicas (Castro-Gómez y Grosfogel, 2007, p. 18).

Ahora ya se conoce la poca disposición del pensamiento disciplinar por aceptar la existencia de múltiples realidades, y su dinámica interacción en la actual organización y funcionamiento del mundo contemporáneo. El método transdisciplinar-crítico se preocupa por construir un tipo de conocimiento relacional y complejo, que involucre la multiplicidad de aquellas, además de estar siempre inacabado pues es susceptible de revisarse todas las veces que sea necesario. Con esta metodología, se elimina la idea de verdad universal por el hecho de considerarse científica, y porque muestra la voluntad y preocupación de los administradores del conocimiento por encontrarla, para luego instrumentalizarla en beneficio de determinados intereses.

Al respecto, un buen análisis de las teorías que han dominado al interior de la disciplina relaciones internacionales, el mainstream del que tanto se habla, fue realizado por el politólogo polaco Marek Pietrás en un artículo que fue publicado con el título de “El cambio en la ontología y epistemología de la ciencia de relaciones internacionales”. Pietrás sostiene que la mayor parte de todas esas teorías, son también parte de un conocimiento situado y están relacionadas con una ontología y trayectoria histórica ya establecida1. En todo caso, eliminar la verdad procedente del saber científico institucionalizado, resulta relevante para el estudio que aquí se realiza, pues se propone un tipo de interacción con grupos no profesionalizados en relaciones internacionales, pero que desde hace mucho tiempo puede llamárseles especialistas por sus estudios sobre aspectos que también son parte del sistema-mundo.

Desde esta perspectiva metodológica, es posible afirmar que los nuevos estudios internacionales latinoamericanos se caracterizan desde su origen por el multicentrismo. Es decir, parten por considerar que los centros y sus correspondientes periferias son irreales, producto más del sesgo ideológico con que han pensado los miembros de la disciplina, pero también por considerar que el mundo se mira y se piensa independientemente del lugar donde se ubique el sujeto del saber. Esto último le da sentido a la necesidad de profundizar en el giro epistémico decolonial, en tanto es una propuesta dirigida a la validación de todo tipo de conocimiento, el que se funda en su ontología y se define como situado. Entonces, y por medio de una actividad cognoscente plenamente localizada, el giro epistémico decolonial:

pone en cuestión el orden de conocimiento prevalente, sus modos de validación y sus localidades. Para establecer un proyecto decolonial, es necesario primero una crítica epistemo-ética. Es la recuperación de otras voces provenientes de localidades geográficas no europeas: el pensamiento del Sur, de América Latina e India; es un modo de expandir la geografía del conocimiento. El giro epistémico decolonial comienza por reconocer que existe una geopolítica y una corpo-política del conocimiento. Los sujetos hablamos y pensamos desde una localización geográfica y dentro de una estructura de relaciones de poder (O’Connor, 2016, p. 132).

Además, no se restringe a ciertos campos de análisis y sin abandonar su particularidad situacional, siempre parte de una perspectiva de totalidad, pues las relaciones al interior del sistema-mundo moderno y colonial, exigen un encaramiento exhaustivo de las partes actuando de manera relacional. Así se propone que los actores pueden participar en la organización de un renovado sistema, sin afán de dominio sobre las partes que lo componen y menos dominarlo en su totalidad. De igual manera, con la metodología transdisciplinar crítica, se puede ir más allá de los focalizados estudios que muchas veces diferencian lo nacional, su trayectoria histórica, de las formas en que se han organizado los sistemas regionales y globales. Por ejemplo, así se naturaliza la idea de que la república sea unitaria o federal, y sumada al régimen político democrático liberal es alcanzable en las condiciones en que se desenvuelven los países latinoamericanos.

Por eso afirmamos, que al incorporarse una multiplicidad de nuevos actores en el entendimiento del sistema mundo, se puede ir más allá de los estudios y las relaciones internacionales con que se ha constituido el multilateralismo en sus distintas expresiones. Esto podría llevarnos a una integración participativa y multinivel, por ejemplo, involucrando en las políticas e instituciones públicas a sectores sociales y cosmogonías que antes no fueron tomados en cuenta. No se puede obviar la posibilidad metodológica de explorar en los intersticios y en las rugosidades del sistema, sin relativizar los resultados obtenidos en el proceso investigativo. Así se fortalece el involucramiento de diversos actores en el proceso de investigación, desde los estrictamente profesionales y también quienes se desempeñan en actividades no directamente vinculadas a la disciplina relaciones internacionales. Todo lo mencionado significa ver a lo transdisciplinar crítico como parte de un entorno de investigación y formación permanente, además de estar orientado a dialogar con la pluralidad contenida en todo lugar o territorio.

Con esto último, se superan los límites del tradicional conocimiento disciplinario, reduccionista por lo compartimentalizado, necesariamente adscrito a un campo del saber científico y actuando en sus orígenes bajo el impulso y protección del Estado, pero también objeto de la iniciativa privada con el apoyo a los centros de investigación o universidades de élite. No debemos pasar por alto que de distintas formas, la transdiciplinariedad crítica llega a ser una metodología que se relaciona con el proyecto intelectual y político transmoderno pues en este, y siguiendo lo formulado por el filósofo argentino Enrique Dussel (2015), convergen las bases del ideal liberador de todo lo que ha significado el eurocentrismo. Este pensador lo resumiría como la búsqueda por el reposicionamiento “de los momentos culturales propios negados o simplemente despreciados que se encuentran en la exterioridad de la Modernidad”; […] los cuales deben constituirse en aportes al pensamiento decolonial latinoamericano “desde las posibilidades hermenéuticas propias de la misma cultura”.

Esta última idea, permitiría aportar en la medida de ser un pensamiento crítico y situado que se origina en la biculturalidad de las fronteras, según el mismo Dussel, donde América Latina, e incorporando la multiversidad epistemológica que la caracteriza, retoma parte del espacio perdido ante la ofensiva del pensamiento liberal. Nuevamente la opción de llevar adelante la visualización de las llamadas gnosis de frontera, según lo consideró Walter Mignolo en un desarrollo de la metodología y el pensamiento transmoderno. Los intersticios pueden ser hoy en día los lugares en los cuales se puede articular lo que este autor ha definido como pensamiento de frontera, la cual sería una gnosis incluyente con nuevas categorías, producto de la ruptura con los límites establecidos cuando se institucionalizó un tipo de saber, el científico, en manos de los adscritos a la teoría tradicional y a las ciencias nomotéticas (en Walsh, 2002, p. 18).

Es por eso entendible la atención prestada por quienes trabajamos con la interdisciplinariedad crítica, a todas aquellas epistemes que coexisten de manera conflictiva en las fronteras de los múltiples sistemas, lugares donde legalidades con diverso grado de legitimidad se entrecruzan, en tanto partes de un orden global cuyos impulsores promueven una mayor desregulación y reducción del Estado. Por último, y retomando la propuesta de Dussel, se necesita poner en marcha una estrategia de “crecimiento y creatividad de una renovada cultura no solo descolonizada sino novedosa” (Dussel, 2015). Con esta propuesta, se refuerza la posibilidad de tener diversas ontologías enraizadas en lo local en un contexto donde es posible

vincular y relacionar campos de la vida y establecer conexiones entre lo ontológico (la decisión de existir en tanto autoafirmación), teleológico (las metas transgeneracionales que animan las existencias negadas), epistemológico (los métodos y las formas de pensar que han hecho posible tales existencias) y accional (las capacidades de actuar y decidir que hacen posible las existencias) (Juncosa, 2014, pp. 24-25).

En esta parte del capítulo, es posible afirmar que la metodología transdisciplinar no absolutiza sobre la base de principios universalizados desde relaciones de poder históricamente constituidas, sino que propone incorporar las diversas y complejas visiones con las cuales se construyen realidades, las cuales, y de manera obvia, nunca perderán su particularidad. Es tal la fuerza de esta argumentación, que distintos estudiosos latinoamericanos del sistema internacional, claramente identificados con los principios de las ciencias nomotéticas contenidos en la disciplina relaciones internacionales, llegaron a considerar que los conocimientos producidos en su interior

son el resultado de un tiempo y un espacio social y político determinado. La interpretación del mundo que expresa un paradigma se hace desde un punto de vista definible en términos de nación, clase social, poder ascendente o declinante. Esto es válido tanto para aquellas formulaciones originadas en el “Norte”, como para aquellas construidas en el “Sur”. La predominancia de una determinada visión del mundo, de un paradigma e, incluso, de una “escuela” o “tradición de pensamiento” expresa solo eso y, en ningún caso, el dominio de la verdad (Bernal, 2006).

Aquí se debe mencionar la cercanía con lo que proponen los seguidores de las ciencias de la complejidad, puesto que aceptan la posibilidad de las emergencias y las irrupciones en todo tipo de procesos, desde los sociales hasta los biológicos. Con los obvios matices que deben tener en su interior, cosa similar se propone desde lo transdisciplinar crítico con el principio de la heterarquía. En este último se plantea que toda forma de conocimiento en su proceso de constitución como tal, mantiene el principio de la incertidumbre y su historicidad, además de trascender los límites disciplinares. El filósofo colombiano Carlos Maldonado ha considerado que las emergencias e irrupciones rompen las jerarquías en el conocimiento, e implican no solo lo “inter, trans y multidisciplinariedad; sino, mejor aún, [generan] el cruce mismo, el diálogo, la cooperación entre enfoques, métodos, lenguajes y disciplinas distintas” (2015, p. 40).

Siguiendo los argumentos esgrimidos por el economista argentino e historiador de las relaciones internacionales, Mario Rapaport (2014), los estudios internacionales adelantados en América Latina, han mantenido la particular, y por ello valiosa característica, de indagar por el sistema internacional o sistema-mundo recurriendo a lo interdisciplinario. Se puede afirmar que en sus primeros momentos, durante los años sesenta y setenta del siglo pasado, la profesionalización disciplinar en el continente se vio desalentada, ya sea por las recurrentes limitaciones presupuestales más las debilidades institucionales de tipo público o privado, las cuales invariablemente afectaron a los centros de educación superior o de investigación. Todo esto quizá fue más producto de la indeseada voluntad de los gobiernos latinoamericanos, al constatar la escasa capacidad de sus Estados para influir en los temas y problemas de alcance global.

En todo caso, es posible asegurar que desde sus inicios y con la escasa institucionalización que habían logrado, los estudios internacionales en América Latina tuvieron un fundamento interdisciplinar. Por el momento en que se dieron, los casos más notables han sido el Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México y el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. Así lo hizo notar de manera temprana, el cientista político chileno Heraldo Muñoz (1980). Lo mencionado ha resultado positivo para el desarrollo de los estudios internacionales latinoamericanos, en tanto aporte a la formación de un tipo de conocimiento al que ya he considerado como situado. En tal sentido, desde los primeros trabajos en la década del sesenta hasta los muy actuales, la mayor parte de estos estudios han tenido la confluencia de:

la diplomacia, la economía, la geografía, la demografía, las ciencias políticas y sociales, el estudio de las instituciones, el análisis comparado y, en la medida en que existen mediciones cuantitativas, estadísticas y documentación numérica, dentro de contextos históricos, que evolucionan en el corto y el largo plazo. Entre otras cosas, la ventaja del trabajo pluridisciplinario reside en la facultad de cruzar las teorías de esas distintas disciplinas (Rapaport, 2014).

Teniendo esto en cuenta, y si aceptamos que los estudios poscoloniales se mueven en los espacios metodológicos promovidos por lo transdisciplinar crítico, reconociendo los invalorables aportes de diversos movimientos y teorías como los feminismos decoloniales y ambientalistas, el movimiento de los comunes y sus prácticas políticas, por ejemplo las que están enmarcadas en el bien vivir y el co-cuidado, entonces tendríamos que todas nos indican la situacionalidad en el conocer, leer, interpretar. En consecuencia, las teorías críticas producidas en años recientes han logrado:

señalar la imposibilidad de un conocimiento no-situado: [puesto que] centran sus investigaciones tanto en el sujeto cognoscente realmente existente –y por lo tanto en su sexo, su clase y su «raza»– como en los lugares y situaciones en donde se realiza la producción de conocimiento –y por lo tanto en sus relaciones, instituciones y estructuras sociales–. […] han logrado evidenciar que detrás de la presunta no-situacionalidad y no-corporeidad del conocimiento científico suele esconderse no la mirada de Dios, sino del hombre blanco, occidental y colonizador. [Lo cual] ha socavado las bases sobre las que suelen sostenerse la objetividad y universalidad del conocimiento científico: [este siempre es], un conocimiento producido por sujetos dentro y desde ciertos lugares (Pimmer, 2017, p. 279).

2. LA COLONIALIDAD DEL PODER Y LOS ESTUDIOS INTERNACIONALES LATINOAMERICANOS

En este proceso de renovación teórico/metodológico de los estudios internacionales adelantados en la región, hay una teoría que ha sido objeto de especial atención por parte de investigadores ubicados en distintos lugares del continente. La teoría de la colonialidad del poder, elaborada por el sociólogo peruano Aníbal Quijano en la última década del siglo pasado, ha llegado a ocupar un lugar preponderante en la controversia sobre la organización y funcionamiento del sistema-mundo, pues, así como anima discusiones en distintos medios intelectuales y académicos, también influye en el accionar de diversos movimientos sociales alrededor del continente. Incluso orienta la elaboración de la política exterior de un Estado en América Latina, tal como lo demuestra Graziano Palamara, al estudiar el caso del Estado plurinacional boliviano en el capítulo sexto de este libro, titulado “La relación Estado-sociedad: una variable para la inserción internacional. El caso de las agendas de Chile y Bolivia”.

En todo caso, la mayor parte de estos nuevos movimientos sociales y políticos pueden ser definidos desde antihegemónicos o alterglobales, hasta plurinacionales e interculturales2, y sin importar mucho las diferencias que puedan existir entre ellos, rescatan el legado de quien tuvo:

la suficiente osadía intelectual como para ir en contra del hegemónico pensamiento eurocéntrico y, desde de la periferia del sistema-mundo colonial/moderno, plantear categorías y conceptos que permiten establecer otra mirada sobre la realidad histórico-social que revela una configuración epistemológica que conforma una episteme descolonial. […] Se puede considerar que el principio de la colonialidad del poder [es] capaz de llevar adelante una ruptura epistemológica con el pensamiento eurocéntrico […] y que se impuso como la perspectiva de conocimiento hegemónica en el sistema-mundo colonial/moderno (Germaná, 2017, p. 269).

Aquella teoría se nutre de las particularidades regionales y está presente en el debate contemporáneo desde y sobre América Latina, puesto que sus primeras definiciones surgen aquí para llegar a ser una teoría situada en la trayectoria histórica de un continente, la misma que ha estado marcada por la presencia de múltiples factores: los pueblos originarios en tanto civilizaciones realmente existentes en la actualidad, el colonialismo del siglo XVI y la modernidad del XIX, el neocolonialismo y la colonialidad del siglo XX como también por el viejo y el nuevo extractivismo, el de la acumulación por desposesión. Involucrando aspectos con los cuales se constituye cualquier civilización, la teoría de la colonialidad del poder logra ser una forma de entender el actual orden planetario, su autor diría el patrón del poder mundial, pues hace ver los fundamentos mismos de su actual organización y funcionamiento.

Al mismo tiempo, y teniendo de por medio los momentos en que se asentaron las bases de lo que después fue conocido como Occidente y modernidad, Aníbal Quijano estableció que fue en América Latina donde se establecieron las bases del sistema-mundo moderno colonial. Una propuesta que refuerza la teoría de la colonialidad del poder considera que la constitución del sistema fue consecuencia de:

la “apertura” geopolítica de Europa al Atlántico; [fue] el despliegue y control del “sistema-mundo” en sentido estricto, [es] la “invención” del sistema colonial, que durante 300 años irá inclinando lentamente la balanza económica-política a favor de la antigua Europa aislada y periférica. Todo lo cual es simultáneo al origen y desarrollo del capitalismo (mercantil en su inicio, de mera acumulación originaria de dinero). Es decir: modernidad, colonialismo, sistema-mundo y capitalismo son aspectos de una misma realidad simultánea y mutuamente constituyente (Dussel, 2015).

Sobre la teoría elaborada por Aníbal Quijano, la antropóloga y teórica feminista argentina Rita Segato ha destacado su enraizada relación con la trayectoria histórica del continente, una mirada localizada la define esta pensadora y así se entiende la situacionalidad de su origen. Con esta teoría se altera la subalterna figura de la región en la historiografía imperialista, posicionándola en un lugar relevante en la “estructura de poder mundial”, y permite identificar con mayor precisión, los fundamentos del poder globalmente hegemónico. Por último, dicha teoría se caracteriza por llegar a ser un cambio radical de paradigma, en las lecturas sobre el colonialismo y la colonialidad (Segato, 2014, p. 176).

La teoría ha hecho presencia por haber establecido la perpetuación del racismo, el patriarcalismo y la consecuente discriminación por cuestiones de género, más el abierto clasismo de la superioridad por razones económicas en la fase actual del sistema-mundo moderno y colonial. Sobre esto último, es la respuesta a quienes reiteran hasta el cansancio, las diferencias entre el llamado primer mundo, moderno, rico, industrial y desarrollado, con su opuesto antagónico del tercer mundo, tradicional, pobre, agrario, en consecuencia, subdesarrollado. Un conocimiento producto de utilizar argumentos que favorecen una visión simplista y naturalizadora, de origen binario, basada en el opuesto antagónico y maniquea por principios morales y políticos harto cuestionables. Ellos se encuentran en los múltiples documentos producidos por las distintas instituciones multilaterales, contando para su elaboración con la experticia de los consultores desde hace ya setenta años, quienes para el caso, y con otra forma de denominar, serían la tecnoburocracia del institucionalismo neoliberal y la colonialidad global.

El pensamiento decolonial en los nuevos estudios internacionales latinoamericanos más bien hace notar la proporcional correlación que la colonialidad del poder mantiene con la del saber, el ser y la naturaleza, y todo esto debe tomárseles en cuenta dentro del proceso que ha llevado a la colonialidad global. Teniéndolos como un espacio donde se adelanta la revisión del sistema-mundo, desde la teoría en la que se produce una lacerante realidad, quedan involucrados los impactos negativos que el racismo, el patriarcalismo y el clasismo generaron como elementos fundantes de tal sistema. Al basarse en la larga duración, ayuda a entender la construcción de una subjetividad colonizada que a pesar del tiempo transcurrido, ha logrado sostenerse en la conducción de los Estados y sociedades neocoloniales, por eso la teoría logra capacidad explicativa del proceso puesto que se:

refiere al crucial proceso de estructuración de este sistema-mundo que articula de manera enredada las localizaciones periféricas en la división internacional del trabajo con la jerarquía etno-racial global [y en la actualidad] articula a los migrantes del tercer mundo inscritos en la jerarquía etno-racial de las ciudades globales metropolitanas con la acumulación de capital a escala mundial. [Hoy en día] Los Estados-naciones periféricos y los pueblos no-europeos viven […] bajo el régimen de la colonialidad global […] (Grosfoguel, 2007).

Puedo afirmar que el período considerado en sus estudios, primero por Aníbal Quijano, Enrique Dussel e Immanuel Wallerstein, y luego en los trabajos de Walter Mignolo, Ramón Grosfogel y Nelson Maldonado, entre muchos otros, ha sido estudiado con seriedad en América Latina durante las últimas dos décadas y con las conclusiones alcanzadas, han logrado establecer las bases fundamentales de lo que significa la colonialidad del poder. En resumen, sería el logro en la construcción/control de subjetividades colonizadas, subalternizadas por la epistemología dominante del eurocentrismo en sus componentes ya mencionados, y además han llegado a ser partes constitutivas dentro de una amplia gama de mecanismos para el dominio global.

En la actualidad se mantiene el control del trabajo y la economía en función de un sistema donde se conjugan el libre mercado, el capital oligopólico actuante a través de las corporaciones transnacionales más el inocultable accionar imperialista de ciertos Estados. Todo lo cual sucede en un sistema internacional que cuenta con múltiples instituciones que buscan desde regular la economía mundial o estar defendiendo los derechos humanos, con la retórica de contribuir a la paz mundial. Todas ellas pertenecientes al sistema de la gobernanza global y donde las más representativas, luego de las Naciones Unidas claro está, siguen siendo el Fondo Monetario Internacional, el grupo del Banco Mundial y las cinco agencias que lo integran, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Organización Mundial del Comercio.

De igual manera, las autoridades locales e internacionales y sus coercitivas instituciones, es decir, el Estado-nación como actor del sistema teniendo a su lado los múltiples espacios donde actúan las autoridades globales. Podríamos mencionar a ciertas instituciones, sobre todo las que tienen que ver con los sistemas de seguridad global o protección de los derechos de la humanidad, pues como siempre hablan en su nombre. En todo caso, lo anterior ha sido posible puesto que:

mientras que para unos existen amenazas, para otros es bienestar, algunos ven riesgos donde otros buscan reducir la desigualdad. El discurso dominante naturaliza el predominio de una ideología, el liberalismo desde su neutralidad y manteniendo el control de las instituciones multilaterales, ha llevado a la aceptación de un orden dirigido por ciertos Estados quienes afirman decisiones basadas en su soberanía, mientras que promueve la desregulación por el lado de los que menos capacidad de resistencia tienen (Zuleta, Cubides y Escobar, 2007).

Por último, pero no por eso menos importante, el sexo y la raza como condiciones históricas y culturales constituidas en mecanismos de poder y tan útiles para la reproducción del sistema mundo. Lo primero es igualmente complejo por la conjunción de lo emocional y físico, pero quedó reducido a ser instrumento para la reproducción de la especie y la mano de obra, al tiempo que se producía la subalternización de la mujer. La segunda también garantizaba mano de obra abundante, por lo tanto, barata y al estar asociada con la esclavitud y la servidumbre, condujo a la subalternización de quienes ya habían sido identificados como negros e indios en las regiones donde el capitalismo de las materias primas quedó instalado. En síntesis, las relaciones que predominan, tal como fueron presentadas por Aníbal Quijano, se dan sobre la raza, el género y la clase para de allí incorporarse y naturalizarse en los pensamientos con que se organiza la modernidad.

Pero como no se busca dar por verdad última a lo concluido por Quijano, ya se tienen opiniones que confronta con argumentos igualmente muy serios, la originalidad del componente colonialidad en la teoría sobre el poder y el patrón de dominación gobernante a escala global. Según Ramón Grosfogel, y sin ganas de profundizar en esta crítica, antes de Quijano hubo otros autores y autoras que alcanzaron a definirla de distinta manera, y que igualmente habían tomado en sus estudios, el impacto del colonialismo en la trayectoria histórica de la comunidad social y política en la que habían vivido. La herida colonial de las que hace algunas décadas atrás nos habló Aimé Césaire, luego Gloria Anzaldúa y de manera más reciente Walter Mignolo, se ha expresado en formas tan diversas como el:

capitalismo racial (Robinson, 1981), racismo como infraestructura (Fanon, 1952, 1961), occidentóxico (Ahmad, 1984), colonialismo interno (Rivera 1993; Barrera, 1979; Casanova, 1965), género como privilegio de la mujer blanca o las mujeres negras vistas como hembras y no como mujeres (Davis, 1981), supremacía blanca (Dubois, 1935, Malcolm X, 1965), relación no reduccionista entre raza y clase (Cesaire 1950, 1957), ego cónquiro (Dussel, 1994), […] El asunto importante a retener aquí es que la modernidad no existe sin colonialidad, [y se expresa en] todas las relaciones sociales y jerarquías de dominación de la modernidad (Grosfogel, 2016, pp. 158-159)3.

Pero bueno, tal como se ha venido sosteniendo desde el inicio del capítulo, en la actualidad se cuenta con nuevos aportes de la teoría en el debate contemporáneo, y ello ha contribuido en el fortalecimiento de los nuevos estudios internacionales latinoamericanos. Lo significativo es que la teoría ha logrado posicionar como lugares epistemológicos a los múltiples territorios en donde habitó el colonialismo y permanece la colonialidad. Al respecto, y con las intenciones de hacer expresa esta última afirmación, se puede afirmar que ya existe una reciente e igualmente rica tradición en el estudio de la experiencia colonial africana, la misma que estuvo basada en el racismo y el eurocentrismo y susceptible de ser analizada con el proyecto intelectual y político del pensamiento decolonial (Valero, 2017).

La colonialidad del poder y los nuevos estudios internacionales latinoamericanos neutralizan aspectos fundamentales de las teorías, conceptos y métodos contenidos en la disciplina relaciones internacionales, tan ampliamente utilizados en los estudios del sistema internacional y sus múltiples componentes. Se insertan en el sistema-mundo moderno y colonial, subvirtiendo la posición de los centros académicos que elaboran las teorías involucradas en el llamado mainstream en relaciones internacionales. Por ejemplo, uno de esos logros es haber establecido los mecanismos con que Occidente administra las instituciones que son parte integrante del sistema-mundo, y que este dominio se construye sobre las normas utilizando las fuentes de su tradición jurídica, la misma que se fortaleció en el tránsito del positivista derecho europeo hacia el derecho internacional. Así surge un tipo de derecho que busca resolver el conflicto entre los Estados sin diferenciar sus condiciones, además de regular el funcionamiento de las instituciones multilaterales.

Según lo planteado por el colombiano Fernando Galindo, esto sería parte de un proceso histórico de larga duración, donde una de sus manifestaciones ha sido, justamente, la naturalización de aquella idea de que los Estados dominantes buscaron la forma de sostener el llamado sistema internacional con la elaboración de normas y la organización de un conjunto de múltiples instituciones, basándose en la suposición de tener la suficiente y legítima capacidad para regular las relaciones entre Estados (Galindo, 2013, p. 87). Otro aspecto de una tradición intelectual que, para no tener que ir tan atrás, se iniciaría con las distintas propuestas contenidas en La paz perpetua del filósofo alemán Immanuel Kant. Un libro donde queda establecido que el actor principal en todo el proceso de alcanzar y mantener la paz será, sin duda alguna, el Estado en su perfección jurídica-racionalista.

Sobre esto último, una opinión similar mantiene el mexicano Germán Sandoval Trigo cuando desde una perspectiva decolonial, propone que los fundamentos epistemológicos del derecho internacional son la proyección a escala global de un tipo situado de pensamiento: el moderno-occidental. Es el mismo que fundamenta el accionar en el campo de lo internacional del Estado-nación, argumentando sobre los principios básicos de soberanía y libre determinación, le dicen el derecho de los pueblos, pero donde se ha logrado que los principios e instituciones mencionados, llegaron a ser dominantes en la fundamentación teórico-institucional del sistema-mundo. Una aceptable explicación de este dominio considera que todos ellos:

bajo la producción moderna [adquirieron] un matiz y una centralidad argumentativa determinada por un fundamento epistémico que repercute en el encubrimiento de otras posibilidades de entendimiento y producción de poder. Por tanto, sus fundamentos están repletos de instituciones y concepciones de diversas eras, pero que celosamente derivan de la afirmación de una sola civilización: Europa (Sandoval, 2018, pp. 93-94).

Esto no significa que al interior de la tradición del eurocentrismo, no se hayan dejado de lado el estudio, también el uso claro está, de otras variables para el sostenimiento de lo que denominan sistema internacional. Entonces, y retomando aspectos contenidos en el trabajo de Fernando Galindo, pensamos en la instrumentalización de la guerra como legítima decisión fundamentada en el principio de soberanía nacional, y legalmente enmarcada en el derecho internacional que administran instituciones como la ONU y la Otán. Espacios donde difícilmente se analizará el uso de la voluntad imperial, por parte de quienes han buscado incrementar su influencia en el sistema mundo de la modernidad y la colonialidad. Militaristas decisiones que a pesar de los daños ocasionados a bastiones donde también radica la humanidad, muchas veces han terminado siendo justificadas por este tipo de análisis e instituciones.

El sistema se realiza a partir de su modelo único de sociedad internacional basado en el Estado-nación, el mismo que les niega a comunidades políticas anteriores a su existencia, la posibilidad de ser actores y sujetos al interior de este. La razón esgrimida es que al haberse estancado en su evolución, solo queda limitarles o excluirlos de la participación en los democráticos foros convocados por estas instituciones, las mismas que desde su fundación invocan los principios de libertad e igualdad.

Al mismo tiempo en que se hace un permanente acto de fe en las instituciones multilaterales, aquella realidad jurídica-administrativa como el Estado, tan apreciado en determinados círculos académicos y políticos por ser un elemento organizado en paralelo a la modernidad, aparece como una necesidad para quienes buscan destacarse en el escenario internacional. Algo que se necesita para lograr mayores niveles de respetabilidad, en un mundo caracterizado por la presencia de otros actores que también están dispuestos a incrementarla en él, puedo señalar corporaciones transnacionales de distinto tipo, por ejemplo, empresas, ONG y asociaciones deportivas.

El Estado es imposible dejarlo de lado y hay que fundarlo y refundarlo las veces que sean necesarias, pues coaliga al conjunto de la sociedad por medio de un pacto político que se legitima en el contrato que incluso puede ser social, según lo difunden sus estudiosos y seguidores. Los pesimistas dirían que fue una simple imposición de quienes vencieron en las guerras que conllevaron la formación de este tipo de Estado. En ambos casos no se tiene en cuenta que el Estado es una estructura de poder y trabaja sobre aspectos constitutivos de todo tipo de sociedad, por ejemplo, la construcción de una subjetividad colonizada y el simultáneo control a que la somete. Con los análisis liberales o posmodernos, se olvida que

todo Estado-nación posible es una estructura de poder, del mismo modo en que es producto del poder. En otros términos, del modo en que han quedado configuradas las disputas por el control del trabajo, sus recursos y productos; del sexo, sus recursos y productos; de la autoridad y de su específica violencia; de la intersubjetividad y del conocimiento (Quijano, 2000, p. 226).

En un escenario marcado por la preeminencia del Estado-nación, sobre todo de quienes conforman el grupo de los más poderosos, muy poco aparecen las sociedades políticas anteriores a la modernidad o aquellas con pasado colonial. Invisibilidad que tienen las actuales colonias como también las mal llamadas periferias, salvo si sus gobernantes pretenden alterar el orden establecido o porque son escenarios de graves conflictos bélicos. Su irrelevancia se nota de manera permanente en los foros multilaterales. La consecuencia es que muy poco se ven realizados los intereses de un importante número de Estados, a pesar de que algunos de ellos han tratado de organizar su política exterior enarbolando, por ejemplo, el principio de la autonomía por sobre una potencial hegemonía (Da Silva & Ardila, 2018).

Por último, y ya en el extremo del idealismo universalizado, la democracia liberal viene a ser el destino ineluctable de todo tipo de comunidad política, basada en la firme creencia de que con la organizada participación electoral de una ciudadanía bien informada, se garantizará su llegada para luego hacerla irreversible. El simple hecho de tenerla condiciona su aceptabilidad, es necesaria por ser la forma de gobierno más elevada que se haya conocido. Y si la democracia representativa falla, entonces se ponen en marcha mecanismos de democracia directa para así involucrar a la ciudadanía en decisiones políticas. En gran medida, esta forma de pensar y actuar es el predominio de:

las “verdades universales y eternas” basadas solo en el uso del poder, [y como] carentes de toda reflexión sobre lo humano, la naturaleza y la cultura, pasaron a formar parte del sentido, estrategia y discurso del pensamiento único, en donde la ausencia y negación de cualquier reflexión política, social, cultural y económica diferente a la dominante fue la impronta de la imposición por los académicos, intelectuales y funcionarios apologistas del pragmatismo del poder […] orientados a presentar al capitalismo con un rostro humano de justicia y de paz (Sosa, 2014, p. 75).

Por último, ese mismo tipo de democracia sería el fundamento de la paz mundial, según la tradición jurídica iusnaturalista fundada por Hugo Grocio, principio asumido primero por el idealismo en relaciones internacionales y luego por el institucionalismo neoliberal en sus teorías e instituciones (Fonseca y Jerrems, 2012, pp. 109-113). En la actualidad, el camino para el logro de un orden realmente de alcance global se había empezado a transitar teniendo en su base no solo la fuerza de las ideas; sino también de las armas como un requisito indispensable para los objetivos trazados. El sistema-mundo moderno colonial en su fase actual, se fortalece acompañado del amplio respaldo que le han otorgado distintos gobernantes, los mismos que vieron un mundo de posibilidades en la globalidad contemporánea y de las cuales se han aferrado sin mucho cuestionamiento.

Lo anterior termina cuestionando lo afirmado por los seguidores de la ideología constructivista, cuando se impulsa un tipo de sistema internacional basado en la fallida tradición idealista, más que todo por el irrestricto apoyo de múltiples Estados e instituciones en un contexto marcado por acontecimientos ya conocidos. En consecuencia, iniciando la década del 90 y de manera quizá algo inesperada, el constructivismo logra el apoyo del cual habían carecido anteriores proyectos académicos. En nuestra opinión, se tuvo con la teoría un desmesurado entusiasmo en la posibilidad de una globalidad que se presenta como diversa y pluricultural a partir del respeto que deben adquirir las ideas y las normas sociales, como medios para renovar el sistema internacional.

A nuestro modo de ver, resulta fácil constatar que el constructivismo y sus factores ideacionales son más bien parte de una propuesta teórica conducente a la renovación del institucionalismo neoliberal. Según lo sostiene la internacionalista venezolana Yetzy Villarroel, no se debe olvidar que:

incluso dentro de la crítica al pensamiento positivista, se produce una exclusión ya que las referencias culturales a las que hace alusión Wendt, no incluyen otras culturas como las de América Latina, Asia, África. Es decir, sigue girando en torno al modo de ser y pensar anglosajón y europeo. Si bien la dinámica internacional está determinada por actores que producen mayor peso y contrapesos en los procesos de interrelación, también es cierto que desde otros espacios culturales, que aunque no sean visibles no significa que sean inexistentes (Villarroel, 2016, pp. 18-19).

La anterior cita hace notar que en muchos análisis elaborados durante las últimas tres décadas, parte de ellos han traído serias consecuencias para sectores de la humanidad puesto que detrás de las decisiones, por ejemplo, no hay seres humanos sino el accionar de los Estados-nación constituidos en potencias, hegemones o súper poderes actuando con altos niveles de independencia en el sistema. Es el mismo que deben controlar por ser racionales en sí mismos, lo han estudiado y cuentan con profesionales muy bien capacitados para su manejo. Esto último sería la realización de una propuesta procedente del institucionalismo histórico, con la cual se realiza una contribución fundamental a las aspiraciones de administrar el sistema de forma incluyente y estabilizadora. La ansiada y bien difundida gobernanza global, que en este caso y para el logro de sus más caras aspiraciones, contaría con una burocracia weberiana al frente del sistema internacional.

Así se propone una renovada conducción imperial del sistema, que se legitima en la tradición teórica e interpretativa procedente de mediados del siglo anterior, aquella que estuvo fundada en principios pertenecientes al mundo westfaliano como el de soberanía nacional, no intervención en asuntos internos de otros Estados o la extraterritorialidad de las sedes diplomáticas. El poder se concentra y ejerce desde territorios que solo pueden ser identificados con el nombre de sus capitales, las cuales inspiran respeto al solo escucharlas, pues refiere a los centros del poder mundial, las cuales ocultan a quienes realmente están en los medios decisores en política internacional.

En gran medida y sin aspirar a un estudio de mayor profundidad, esto último sería producto del predominio de una ontología estatalista, la del ser occidental contenida en el ego cónquiro, el ser que conquista y que terminó por dominar los paradigmas y las teorías pertenecientes a la disciplina en que se fundamentó la organización del sistema internacional. Según Michael Barnett (2008, p. 3), “aquella ontología nos explica cómo está dividido el mundo, los actores definidores de ese sistema global y lo que estructura y guía sus interacciones, y, además, sobre qué bases reclaman autoridad en la política global y, por tanto, influyen en los resultados y defienden su espacio territorial”.

Un pequeño grupo de Estados que se organizan en territorios nacionales, algunos incorporan los de ultramar o insulares, y pasan a ser lugares donde por distintos mecanismos, llegan a concentrar el poder al interior del sistema internacional. Ya sea por tener las alianzas militares, encargadas de garantizar la defensa y la seguridad de los distintos niveles de la gobernanza global, o porque están establecidas las instituciones internacionales encargadas de proteger la vigencia de la democracia liberal o la economía de mercado. Por lo demás, aquellos garantizan el orden ante lo que consideran amenazante presencia de comunidades políticas, las mismas que no están preparadas para asumir los desafíos de conducir o participar en la administración del sistema-mundo moderno y colonial. No reúnen los requisitos para ser más determinantes en el funcionamiento de las instituciones multilaterales.

Desde su fundación, estas se han presentado como medios para garantizar la paz y la prosperidad en el planeta, y el principio de igualdad entre todos sus integrantes es parte de su organización, pero que ha sido muy difícil de alcanzar en el campo de la política real. Otro elemento para tomar en cuenta es que en estos mismos Estados funcionan las cortes locales con influencia global, donde se ven las demandas de inmensos conglomerados económicos contra Estados que incumplen sus compromisos de otorgar, entre otras cosas, seguridad jurídica a las inversiones que realizan. El resultado de esta decisión determina que los Estados financian al sector privado en una economía mundializada, dejando de lado las demandas de numerosos grupos sociales que también requieren su atención. Son cortes que actúan con un determinado tipo de orden legal, el del Estado donde se asienta la demanda judicial, así el problema haya surgido en lugares algo distantes.

De igual manera, se encuentran las instituciones que crean el derecho internacional y a la vez aplican justicia, la cual casi siempre ha recaído en gobernantes violadores de aquellos derechos que están contenidos en la retórica universalista de las instituciones multilaterales. Hemos visto en distintos medios de comunicación, que el accionar del derecho y justicia internacional muestra a quienes han cometido serios crímenes contra los principios allí contenidos. No sorprende que la casi totalidad de estos violadores procedan de Estados surgidos de la descolonización, que han vivido su presente neocolonial o han estado inmersos en interminables conflictos armados. Algunos de ellos trabajaron con quienes impulsaron el colonialismo, o promovieron las independencias previa aceptación de las condiciones establecidas por el colonizador. A nuestro modo de ver, es una continuidad de lo que Frantz Fanon descubrió a mediados del siglo pasado cuando estudió la construcción de una subjetividad colonizada en el Caribe francófono.

En el plano del multilateralismo neoliberal, el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias es una institución que dentro del Banco Mundial se encarga de velar por el adecuado funcionamiento de las normas relacionadas con el respeto a las inversiones privadas y extranjeras. Cómo no creerles cuando dicen que es la institución “líder a nivel mundial dedicada al arreglo de diferencias relativas a inversiones internacionales”, legitimada en la soberana decisión de los comprometidos, quienes “han acordado que el Ciadi sea el foro destinado al arreglo de diferencias entre inversionistas y Estados en la mayoría de los tratados internacionales de inversión”. Objetiva en sus decisiones ha llegado a ser una “institución de arreglo de diferencias independiente, apolítica y eficaz” (Ciadi, 2019).

Pero como lo privado busca la forma de imponer sus intereses, estos mismos conglomerados adelantan su comportamiento en un tipo de acuerdos que se definen como multilaterales y apegados a las normas internacionales. Así tienen la posibilidad de recurrir a los tribunales de arbitramento, espacios en los que el sistema judicial de cualquier país ya no tiene la posibilidad de participar, pues ahora la ley ha pasado a ser administrada por personas caracterizadas por una cuestionable probidad. Hoy en día, la mayor parte de los nuevos administradores de justicia a gran escala son los árbitros, quienes en muchos casos son los funcionarios de los gremios empresariales agrupados en las cámaras de comercio de su país, sus decisiones son inapelables y de obligatorio cumplimiento por el infractor. De qué sorprenderse, entonces, que el Estado en su mayoría pierda en los arbitrajes a los que se somete4.

Un sistema basado en leyes e instituciones que están muy distantes de un concepto mínimo de democracia es la consecuencia lógica de un sistema-mundo jerarquizado producto de las diferencias en los recursos de poder, cierto, pero sobre todo producto de la actitud exclusionaria de la epistemología que ha gobernado el pensamiento occidental, y las instituciones que tan ávidamente se han encargado de promover para controlar. El mismo con el cual se ha ordenado el sistema desde mediados del siglo XVI. Algo de eso se puede ver en los distintos niveles de la gobernanza global, con la reiterada utilización de adjetivos que solo descalifican y que a la vez se han vuelto conceptos: Estado débil o rufián, artificial o estratégico, al tiempo que hay quienes promueven el terrorismo e insurgencias de todo tipo, todos ellos vueltos amenaza a la seguridad mundial. Estados que se ubican en territorios que fueron objeto del imperialismo, se caracterizan por no tener legitimidad y autoridad en su política interior, al haberse ausentado de regiones enteras y ser incapaces de dirigir a su población y economía (Barnett, 2008, p. 13).

Narrando desde la epopeya, algunos Estados han justificado su dominio a escala regional y global basándose en la idea, equivocada claro está, de que estos distintos niveles deben estar gobernados por valores comunes, los cuales en realidad son los de una civilización emanada de su correspondiente trayectoria histórica. En esta situación, otros Estados van dejando de ser sujetos del derecho internacional, se busca que su soberanía se traslade a las instituciones multilaterales u organizaciones no gubernamentales, al tiempo que su cultura pasa a ser patrimonio inmaterial de la humanidad, pero a la vez ampliamente comercializada en los circuitos mercantiles del capitalismo globalizado. En caso de mostrar signos de mayor rebeldía o resistencia, contra estos Estados siempre quedará el recurso de la fuerza para reintegrarlos al orden mundial, puesto que la paz no se puede poner en riesgo por el irresponsable accionar de actores que no aceptan el lugar donde están ubicados. Un lugar en el mundo que la mayoría de las veces fue, y sigue siendo, producto del dominio colonial.

Utilizando esta perspectiva en el análisis, pocas veces se tomó en cuenta que la división del planeta en lugares claramente diferenciados ha sido parte de un proceso histórico que conllevó la subalternización de territorios y todo lo allí contenido, tierra, recursos y pobladores, y para ello fue de mucha utilidad un lenguaje que termina naturalizando la diferencia. La incomprensible exterioridad para el científico o investigador que asume el eurocentrismo y la ciencia normal en su entendimiento de las múltiples realidades, llega a ser la causa por la que:

la nominación tercer mundo está presente en el lenguaje coloquial aún hoy es porque, recrea la posibilidad de imaginar al otro en un contexto donde lo euro-referenciado es la norma. … La expresión tercer mundo es el primer dispositivo ideológico que encarna la lógica moderna-colonial de otrificación en el contexto de fin del colonialismo. Desde la invención del desarrollo se define su contenido remitiendo a la pobreza –entiéndase incapacidad de producir riqueza–, a la ignorancia –entiéndase incapacidad para generar conocimiento–, al tradicionalismo –entiéndase atraso– (Bello, 2015, p. 50).

En la actualidad se puede observar la confluencia de aspectos contenidos en las teorías de la colonialidad del poder, que permiten explicar realidades tan lejanas en lo geográfico, y a la vez tan cercanas en su trayectoria histórica. Es el caso de lo sucedido en distintas partes de Europa, tanto en su parte continental como insular, sobre todo si revisamos los casos del colonialismo inglés en Irlanda y Gales, como la consolidación del Estado unitario y la afectación entre los siglos XVIII y XX de la multiplicidad de naciones que han dado forma a la actual España. Algo similar puedo decir del imperio austriaco y su presencia en parte de Europa oriental y el norte de los Balcanes.

De igual manera, el dominio alemán en Europa oriental y siempre teniendo a la actual Polonia como uno de sus principales objetivos, a lo cual fácilmente se podría sumar el caso de las regiones que componen la parte meridional de Italia, muy subalternizadas todas ellas desde el norte del mencionado país, espacio donde supuestamente habita la civilización y el desarrollo. Súmele la ocupación por Rusia de los territorios que conforman el Asia central o la anexión japonesa de Corea, para así tratar de responder la siguiente pregunta: ¿Qué tenían en común todos aquellos territorios y comunidades políticas conquistadas y dominadas por otros más poderosos? Que la dominación externa y el subdesarrollo allí implantados, eran también expresiones de su inferioridad ontológica y racial, una responsabilidad de la cual no podían escapar. Algo similar a lo que se hizo durante la conquista de América desde inicios del siglo XVI.

Es algo que en partes del sur de Europa y en la misma Irlanda puede actualmente encontrarse, donde cada vez un mayor número de intelectuales y activistas aceptan que aquellos principios y formas de actuación solo han conllevado el afianzamiento del “modelo de desarrollo y de vida occidental”. Si incorporamos en el análisis las políticas de ajuste implementadas en estas regiones desde el 2008, se observa la presencia de voces al interior de Europa que asumen una postura crítica con las consecuencias de una política económica implementada en las últimas dos décadas. El movimiento de los comunes en España, consideran que lo allí sucedido se puede entender con la sumatoria de los conceptos del colonialismo interno y externo, ya que el ajuste y la reforma económica se hicieron sobre la base de adelantar “un nuevo proceso de acumulación por desposesión en el sur de la Unión Europea” (Calle, Suriñach y Piñeiro, 2017, p. 15).

El traspaso de una gran cantidad de recursos monetarios desde el sur de Europa hacia las economías más poderosas del norte, han condicionado el aumento de las desigualdades entre las distintas regiones que forman el continente, pero también es muy cierto que estas dinámicas productivistas y extractivistas, han llevado a profundizar las diferencias entre los ciudadanos europeos. Por eso, analistas ubicados en uno de los lugares de Europa occidental que más ha sufrido los efectos generados por la globalidad liberal y la integración forzada, evalúan que en la actualidad:

la crisis económica insiste en reproducir sus mimbres especulativas, sacrificando derechos sociales. […] la deuda externa se confirma como un mecanismo de trasvase de fondos hacia las economías centrales europeas; mientras que en estos países se agrandan las desigualdades sociales. Crisis económica que es crisis política, como no podía ser de otra manera: [lo cual] destapa el verdadero sentido de fondo de la UE, más allá de retóricas, como potencia que trata de hacer valer su mercado único interno y sus intereses mercantiles externos. Las personas no aparecen por ningún lado, como centro del hacer institucional oficial, ni en la economía ni en lo político (Calle, Suriñach y Piñeiro, 2017, p. 15).

Tomando en cuenta algunos de los aspectos hasta ahora mencionados, Stepan Fimmer considera que la dominación colonial o colonialidad del poder “no es solo una forma de diferenciación aplicada a las colonias europeas en ultramar, sino un mecanismo que opera también –aunque sea de manera algo distinta– en el interior de los países occidentales” (Fimmer, 2017, p. 296). Aquí tenemos un tema susceptible de ser trabajado y difundido con mayor intensidad, un análisis en perspectiva comparada sobre los efectos del colonialismo interno en América Latina y Europa occidental, sin dejar de lado una posible comparación con regiones y territorios ubicados en los continentes asiático y africano.

3. UNA TEORÍA SITUADA PARA EL NUEVO CONTEXTO MUNDIAL

En las últimas tres décadas se han producido numerosos estudios dirigidos a entender el sistema-mundo moderno y colonial, ubicando a Latinoamérica como un referente en su organización. Por eso, este acápite se inició con una cita de la que puede ser considerada la primera, y por eso muy temprana opinión sobre la forma en que el continente contribuyó en la formación y posterior funcionamiento del sistema-mundo. Sus autores consideraron que:

El moderno sistema mundial [había nacido] a lo largo del siglo XVI. América –como entidad geosocial– nació a lo largo del siglo XVI. La creación de esta entidad geosocial, América, fue el acto constitutivo del moderno sistema mundial. América no se incorporó en una ya existente economía-mundo capitalista. Una economía mundo capitalista no hubiera tenido lugar sin América (Quijano y Wallerstein, 1992, p. 583).

A quienes puede considerárseles fundadores y actualmente partícipes y seguidores de esta teoría, han sido y son académicos instalados en distintas universidades y centros de investigación en América, desde Canadá hasta Argentina, sin desconocer, claro está, a los pensadores que se ubican por fuera de las instituciones donde se produce y administra el conocimiento. Los fundadores, aunque creo que a ellos no les gustaría que los denominen así, estuvieron formando parte del Grupo Latinoamericano de Estudios Subalternos y del proyecto modernidad/colonialidad, y son quienes entre otras cosas propusieron identificar y (des)centralizar nuevos aportes en una perspectiva inter y transdisciplinar, en aras de renovar el pensamiento crítico latinoamericano.

Esto último se hizo necesario, pues había llegado a ser un tipo de pensamiento que finalizando la década del ochenta, mostraba serias limitaciones para un entendimiento más certero del sistema referido. Aquello fue producto de dos factores: el primero de tipo teórico, basado en el agotamiento de las posibilidades explicativas y transformadoras que habían adquirido las tendencias estructuralistas: funcionalismo, marxismo y desarrollismo cepalino. Asociado a esta crítica situación de las teorías que se habían disputado el dominio al interior del eurocentrismo, y ya producto de la trayectoria histórica revisada líneas arriba, la crisis terminal del modelo de crecimiento y desarrollo económico aplicado en el continente desde inicios de la década del cincuenta5.

Es bien sabido que distintas instituciones multilaterales y bajo el mando de funcionarios procedentes de los países desarrollados lo promovieron con inusual entusiasmo para que casi cinco décadas después, impulsar su desmantelamiento en un proceso que no estuvo exento de confrontaciones e inéditas formas de resistencia. Por último, y en una idea que aquí solo enunciamos, el escaso enraizamiento de la democracia liberal y las limitaciones políticas contenidas en el ideario y la normatividad del Estado uninacional y monocultural. Bueno, en este momento queremos decir que también se ha abierto un importante debate sobre los orígenes de la teoría y sin necesidad de profundizar en aquel, solo mencionaremos que en un artículo publicado originalmente en el 2000, el propio Wallerstein los encuentra en la obra del pensador marxista nacido en Trinidad y Tobago, Oliver Cox.

En este trabajo, Wallerstein consideró que cinco de los principios básicos de la teoría habían sido formulados un par de décadas antes, los cuales consistieron en que:

1. El capitalismo no es solo un sistema, es un sistema-mundo; 2. El capitalismo opera como una economía-mundo capitalista, basada en la acumulación interminable de capital; 3. Hay una división axial del trabajo en la economía-mundo capitalista, basado en la antinomia centro-periferia; 4. Existe un cambio constante inevitable en la localización de la nación dirigente del sistema; y 5. El capitalismo no fue inventado varias veces, es original (Montañez, 2018, p. 156).

En los términos formulados por el semiólogo Walter Mignolo, la teoría del sistema-mundo moderno y colonial resulta muy útil para entender la presencia del continente y su particular trayectoria histórica, en la formación de tal sistema. Con dicha teoría, es posible una forma de aportar desde el interior de los estudios internacionales latinoamericanos, sobre todo porque posiciona al continente desde su complejidad, como una región que provee muchas de las características con que se organiza por primera vez, un sistema de alcance realmente global. Tal teoría:

aventaja al período moderno temprano en que introduce una dimensión espacial que a este último le falta […] el mundo moderno/colonial lleva el planeta entero a la vista, ya que contempla, […], la aparición y la expansión del circuito comercial atlántico, su transformación con la Revolución Industrial y su expansión a las Américas, Asia y África. Además, el mundo moderno/colonial se abre a la posibilidad de contar historias […] desde la perspectiva de lo ‘colonial’ y su constante posición subalterna (Maldonado-Torres, 2006, pp. 92-93).

Pensando desde una perspectiva también interdisciplinar, la teoría del sistema mundo-moderno y colonial se ve enriquecida cuando posibilita pensar el actual patrón de poder mundial involucrando múltiples aspectos. Con ella ha sido posible construir una teoría donde confluyen aspectos de tipo ideológico y cultural, económico y social, político e institucional, dándole así un carácter holístico y dialogante, pero además se proclama integradora, pues busca anular las jerarquías y se propone un contenido en permanente cambio. Relacionada con lo transdisciplinar crítico, conforme quedan involucrados aportes que se construyen sobre la base del lugar desde el cual se mira y analiza:

La noción de sistema-mundo constituye una aplicación de la teoría de los sistemas complejos al entendimiento del proceso de formación de la sociedad global como proceso histórico multidimensional, […] la noción de sistema mundo es estratégica, hoy, para desarrollar la crítica a la visión simplificada de globalización que privilegia el factor económico sobre el conjunto de factores intervinientes en la realidad, y para pronunciar globalización en plural (Martins, 2015, p. 72).

Se puede sostener que la teoría del sistema-mundo moderno colonial ha sido utilizada y enriquecida de manera permanente durante las últimas dos décadas, explicando un sistema cuya característica principal reúne el ser a la vez moderno, el del capitalismo, la industrialización y el Estado racional, más los principios de la ideología iluminista como libertad e igualdad, pero también el del colonialismo y su accionar por medio de la esclavitud, el racismo, la explotación y el genocidio. Lo anterior constituye “una inspiración cada vez más evidente para la construcción de los lenguajes críticos y de las metas políticas que orientan diversos frentes de lucha de la sociedad, muy especialmente los movimientos indígena y ambientalista”, afirma Rita Segato (2014, p. 176).

Retomando lo señalado por P. H. Martins, los avances alcanzados durante las últimas tres décadas por las ciencias sociales latinoamericanas pasan justamente por los estudios sobre uno de los aspectos involucrados en la formación del sistema-mundo, la colonialidad. A esto se le sumaría la crítica a la modernidad, desde una perspectiva que está por fuera de la crítica de raíz marxista, la posestructuralista o la posmoderna. Aquí se reivindica el hecho de que al haber sido la región el primer eslabón para la formación de tal sistema, América Latina nos muestra el producto de la temprana unión entre capitalismo y colonialidad. Asimismo, considera que el proceso resultó en una simbiosis producto de sumar el uso de una fuerza militar conquistadora, la expansión mercantil y la evangelización, teniendo a las élites hispano-coloniales controlando un proceso que conllevó la catástrofe de las civilizaciones ancestrales, ajenas a la tradición ideológica y política vigente en la Europa occidental de aquel entonces (Martins, 2015, p. 77).

En todo caso, y como una contribución al entendimiento de la fase actual del sistema-mundo, es el debate que algunos de sus seguidores han propiciado alrededor del concepto de gobernanza global, el mismo que ha sido tan difundido en círculos académicos y medios decisores de política en las últimas tres décadas. Un concepto que ha sido objeto de cientos de conversaciones en instituciones y medios de distinta índole. Allí han confluido infinidad de académicos y funcionarios procedentes de múltiples universidades, centros de investigación públicos y privados, instituciones multilaterales del viejo y nuevo regionalismo, gobiernos del primer y tercer mundo tanto democráticos como autoritarios.

En estos escenarios, se observa la ausencia de cuestionamientos al contenido del concepto y el proyecto multilateral en el cual se materializa. Será por eso que ha logrado su incondicional aceptación entre los decisores locales en política exterior, más los incentivos otorgados por las instituciones multilaterales de todo tipo, a su difusión e implementación. Un concepto que al ser analizado en clave decolonial, muestra serias limitaciones sobre su eficacia interpretativa, pues está enmarcado en la trayectoria del eurocentrismo como epistemología, y en las relaciones internacionales como disciplina

que presume producir conocimiento sobre el mundo, [y] lo hace desde un profundo desconocimiento del mundo al silenciar a millones de personas que no comulgan con esos principios existenciales que se presumen y se imponen como universales. En la medida en que el otro no se comporta según esas expectativas creadas para él en Occidente, se lo mantiene al margen, por fuera de la racionalidad que hoy en día impera en las instituciones de la Gobernanza Global, [que] no da cuenta de la diversidad que existe en el mundo y restringe la posibilidad de pensar cuestiones globales desde otras posiciones que no sean aquellas legitimadas o habilitadas para hacerlo (Querejazu, 2017, p. 53).

Al igual que muchos otros conceptos procedentes de la disciplina relaciones internacionales, el de gobernanza ha sido naturalizado como realmente necesario y abarcativo para el adecuado funcionamiento del sistema vigente. Es el mismo que sobre todo se legitima por su lugar de enunciación, y de donde proceden las ideas con las cuales se ha organizado y administrado el sistema-mundo en las últimas siete décadas. Un concepto escasamente confrontado en los centros decisores de política local e internacional, pero que igualmente muestra profundas fisuras cuando se hacen lecturas desde las particularidades que caracterizan las distintas regiones del planeta. Un caso a destacar es el análisis hecho en distintas publicaciones por la abogada boliviana Amaya Querejazu, donde hace notar que su indiscutida aceptación no toma en cuenta un conjunto de limitaciones epistemológicas, pero también implicaciones para el sostenimiento del vigente patrón de poder mundial. Según esta autora, el concepto:

refleja una perspectiva predominante de la realidad, occidental y universalista, y se presenta como un proyecto positivo basado en los valores liberales que permite enfrentar los efectos negativos de la globalización; como fenómeno, se constituye a partir de las relaciones interestatales y de otros actores, con una agenda que está lejos de ser neutral o incluyente (Querejazu, 2016, p. 151).

El concepto de gobernanza global se ha posicionado de manera neutral en la administración de la actual fase del sistema-mundo moderno colonial, y con sus muy sesgadas definiciones reinventa el eurocentrismo desde el momento en que opta por universalizarse, y continúa hablando en nombre de la humanidad. Esgrimiendo lo que el filósofo colombiano Pío García ha venido estudiando de manera reciente, la razón multilateral (2018), no sobra decir que durante las últimas décadas, y junto al ascenso de las propuestas conducentes a fortalecer la institucionalidad de la gobernanza global, además de ser multinivel, ha sucedido que un conjunto de bienes naturales muy apetecidos por el capitalismo contemporáneo, deben ser patrimonio de la humanidad o administrados según los términos contenidos en las definiciones más utilizadas para la gobernanza.

Solo por dar un ejemplo que ubico en América Latina, el cual está relacionado con el manejo de una buena cantidad de recursos hídricos: la administración de la Amazonía y la Patagonia. Parte del institucionalismo neoliberal en la actual fase del sistema-mundo, ha venido argumentando que al comprobarse la incapacidad de las poblaciones y autoridades locales para administrar de manera racional los territorios y sus recursos, los ahora llamados bienes públicos globales deben pasar a manos de quien sí pueda administrarlos de manera correcta y responsable. Entonces, es más que necesaria la presencia del Estado uninacional y monocultural más las instituciones multilaterales, por medio de expertos formados en centros académicos de renombre para que aquellos recursos puedan ser puestos al servicio de la humanidad con su profesional participación.

Asistimos entonces a que una tecnocracia formada en una academia que actualmente se piensa como de alcance global, más los funcionarios de las instituciones multilaterales actuantes en la actual fase del sistema-mundo, se hace cargo de los también llamados bienes públicos globales, pero sin responsabilidad política en las consecuencias que sus decisiones puedan traer. La mayor parte de ellos se presentan como técnicos de altísimo nivel, y que han llegado a serlo en la medida que sus créditos profesionales se legitiman en títulos otorgados por las universidades que siempre están, y estarán, en el top de la calidad académica. Debemos decir, una cuestionable posición, pues la mayor parte de las veces han llegado a ocupar tan importantes posiciones al utilizar en su favor las sesgadas mediciones que realizan con los estándares de calidad educativa existentes en sus países.

De nuevo el particularismo de una trayectoria histórica y ahora académica que permanece como universal, continúa organizando y administrando la educación superior según los principios contenidos en su tradición a pesar de los alegatos que hablan de las perspectivas pluri y multiculturales en el contenido de sus propuestas y accionar. En las dos últimas décadas, se afianzó la idea de que son instituciones producto de la trayectoria histórica que dio forma al particularismo europeo y en su caso la universidad es parte importante en este proceso donde se modeló e instaló el espíritu científico, el mismo que a lo largo de su historia, y a través de un accionar ya institucionalizado, terminó por organizarse con la epistemología del eurocentrismo.

En todo caso y teniendo de por medio un proceso dirigido a renovar la tecnocrática administración del sistema-mundo, ahora por medio de la gobernanza global, no se pueden dejar de mencionar los aportes de los técnicos nacionales. La mayor parte de ellos cuenta con una trayectoria de servicio a los agentes económicos privados del país, e igualmente siempre aparecen dispuestos a sacrificar los ingresos que obtienen en aquel sector, para colaborar con el Estado y la sociedad en el objetivo nacional de alcanzar el desarrollo. En la línea del pensamiento único, la idea dominante volvió necesaria la inserción del país en el sistema económico internacional, entonces, las opciones terminan siendo inexistentes. Ante el inevitable destino de ser parte subalterna en la globalidad contemporánea, solo queda la negociación con las instituciones y el grupo de Estados que mantienen el control de la gobernanza global.

Con estos antecedentes en su accionar, se han elaborado muy serios argumentos para considerar que el concepto de gobernanza global no viene a ser sino la actualización de formas de violencia epistémica históricamente constituidas, la continuación en el dominio del eurocentrismo al interior del sistema-mundo moderno y colonial en su fase de la globalidad liberal. Esto sucede cuando, por ejemplo, se elaboran despolitizados discursos sobre los beneficios de la cooperación internacional, aquellos que en medio de costosas consultorías son elaborados por bien conocidas y rankeadas ONG, sean centros de pensamiento y todo tipo de organizaciones que ubican sus orígenes en el difuso concepto de sociedad civil. Parte de ellas adscritas a determinadas actividades que involucran al mundo entero, pero que al final de cuentas contribuyen con la reproducción de una relación basada en el desigual intercambio entre epistemologías: una entrega conocimiento o saber científico, mientras la otra sigue dando referentes empíricos.

Siguiendo con este tipo de argumentación, es posible tomar en cuenta lo estudiado por Melody Fonseca y Ari Jerrems (2012), quienes en un ensayo publicado hace ya algunos años, concluyeron que la naturalización de las relaciones de poder al interior del sistema-mundo, se ha fortalecido con una renovada asepsia en el discurso y el neutral accionar de sus actores. Estos últimos son los mismos que se organizaron alrededor de una institucionalidad en que predomina la retórica del consenso y la necesidad de los acuerdos, pero donde se imponen las decisiones por medio de un tipo de institucionalidad donde todo está absolutamente jerarquizado y, a la vez, siempre funciona con base en las normas. A sus propios ojos, logra ser justa e imparcial.

Así se entiende por qué no son aceptados actores, sujetos ni agentes, cuyo pensamiento o forma de actuar sea distinto al administrado por el racionalismo de la gobernanza global, la misma que ha sido construida con la situacionalidad de estos principios. Esto me trae a la memoria uno de los múltiples debates tenido en la Unión Europea durante los últimos años, pues los partidarios de sancionar a las disidencias aparecidas en este bloque, las exigen por el desacato a las normas y los valores europeos, los cuales están hoy contenidos en el Tratado de Lisboa. En este documento cargado de humanística retórica y sutil oficialismo, es claro que no podría ser de otra forma, se recogen como valores fundamentales de esta institución “el respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad y los derechos humanos y establece que la Unión tiene como finalidad promover la paz y el bienestar de sus pueblos” (Parlamento Europeo, 2014).

De manera muy similar piensan quienes están siempre dispuestos a subalternizar el territorio/mundo donde viven, a partir de la profunda y acrítica admiración que sienten por aquella tradición política y cultural, sus valores e instituciones de un proceso que se sigue presentando como ejemplo y modelo para otras regiones del planeta. Después de todo, una apologética opinión considera que la UE ha logrado todo lo que tiene, puesto que es

una comunidad de países en donde predomina la democracia, la estabilidad política, la prosperidad, la economía de mercado, el respeto por el Estado de derecho y en donde las diferencias que surgen entre los miembros de la UE se solucionan de manera institucionalizada. [Un lugar] en donde prevalece la paz, la estabilidad y la integración política y económica. [Además] la UE continúa siendo un referente de integración a nivel mundial, así como uno de los actores políticos más importantes del escenario internacional (Rodríguez y López, 2018, p. 106).

Con este tipo de argumentos, México y Latinoamérica, al igual que Europa del Este para el caso que ellos más estudian, no pueden ser considerados lugares de enunciación en el entendimiento y funcionamiento del sistema-mundo, sino que deben ser simples receptores de teorías y modelos con que se construye la gobernanza global. Si académicos como Pedro Rodríguez y Gustavo López realizan sus análisis y elaboran sus reflexiones con un escaso nivel de criticidad, no debe sorprender que concluyan en que la integración donde quiera que esta se haga, siempre tendrá deficiencias. En todo caso, a esta oficialista enunciación se le podría preguntar sobre el lugar que ocupan al interior de los valores europeos el racismo, el exterminio de pueblos originarios en distintas partes del planeta, el imperialismo y el colonialismo. De igual forma, sobre la implantación del extractivismo y del carácter patriarcal de su cultura en los territorios que fueron conquistados durante el último milenio. Todos estos son también parte de una trayectoria histórica.

Me pregunto si acaso esto ha terminado, después de observar lo ocurrido en años recientes, en sitios tan dispares como Siria o el Congo, Libia o el norte de México, Yemen o Malí, Níger o la Amazonía, territorios donde los conflictos allí ocurridos cuentan con la participación de varios Estados europeos como actores políticos, y capital privado nacional y transnacional como agentes económicos. Es por ello que en América Latina, el pensamiento y la crítica decolonial cuestionan las suposiciones en que el sistema internacional legitima su existencia y funcionamiento, las mismas que dieron forma a la epistemología del eurocentrismo que hasta ahora condicionan las decisiones en la política internacional. Es lo sucedido desde sus orígenes con el realismo, y de manera más reciente con la interdependencia o el constructivismo, a las cuales hemos considerado teorías acompañantes en la organización no solo de un pensamiento situado en relaciones internacionales, sino también partícipes en la institucionalización de la fase actual del sistema-mundo moderno y colonial.

El Estado moderno terminó por dominar el sistema-mundo utilizando distintos medios, hayan sido materiales o epistemológicos. Uno de estos últimos fue la imposición del eurocentrismo en todas las formas de colonialidad existentes, las mismas que no hubieran sido posible sin el colonialismo del siglo XVI y aquellos aspectos que se condensan en el lado oscuro de la modernidad. En relación con esta trayectoria, la misma Amaya Querejazu nos habla de tres formas de violencias encubiertas que se manifiestan en el accionar de quienes propenden por alcanzar la gobernanza global: “el proceso de construcción del otro, la forma como se habilita la posibilidad de producir conocimiento sobre el mundo y, por lo tanto, las soluciones a sus problemas en la forma de Gobernanza Global, y la restricción de las categorías de análisis de RR. II. en las cuales [aquella] se circunscribe” (Querejazu, 2016, p. 154).

CONSIDERACIONES FINALES

En este trabajo nos propusimos mostrar la importancia adquirida por la teoría de la colonialidad del poder y la teoría del sistema-mundo moderno colonial, en la formación de lo que hemos denominado los nuevos estudios internacionales latinoamericanos. Desde el momento en que ambas fueron formuladas, mediados de la década del noventa del siglo pasado, han contribuido a un mayor entendimiento del rol jugado por América Latina en la formación y funcionamiento del sistema mencionado. Sus aportes se basan en la incorporación de eventos, procesos, actores, agentes y agencias que la disciplina o ciencia normal encargada de adelantar tales estudios, pocas veces tomó en cuenta. Podemos concluir que las relaciones internacionales han tenido desde su fundación el predominio de la epistemología del eurocentrismo, y con este se le dio forma a la institucionalidad internacional que tenemos desde hace setenta años.

Para alcanzar los objetivos inicialmente planteados, consideramos darle mayor cabida a la transdisciplinariedad crítica como aspecto metodológico del trabajo adelantado. Por eso, en el primer acápite, nos permitimos presentar de una manera resumida, los principales aportes que han dado forma a esta nueva metodología. Aunque algunos incluso la llaman pensamiento, se puede decir que con los estudios realizados por sus seguidores y las propuestas que han elaborado, y donde no ocultan su voluntad política, se busca un tipo de relacionalidad heterárquica entre las distintas formas del saber actualmente existentes. Son quienes han asumido como un compromiso ético, trabajar de manera conjunta en aras de transformar el sistema actualmente vigente, y en esta voluntad de contribuir a un mundo distinto, han confluido académicos e intelectuales que adelantan sus labores en instituciones alrededor del planeta, con movimientos, actores sociales y políticos de diverso tipo que de igual manera han logrado proyectar sus propuestas a escala global.

En el segundo acápite, se trabajó la presencia de la teoría de la colonialidad del poder en distintos medios académicos y políticos latinoamericanos, sobre todo con el ánimo de constatar su cada vez mayor presencia en los nuevos estudios internacionales que se adelantan en la región. Aquí optamos por presentar las opiniones de distintos investigadores, muchos de ellos intelectuales que igualmente se definen como activistas, a los cuales hemos considerado que llegan a realizar importantes aportes a los nuevos estudios internacionales latinoamericanos. Una teoría que siendo parte del giro epistémico decolonial, de igual manera nos muestra su llegada a otras regiones del planeta, en este caso para el estudio de muy específicos territorios dentro de Europa occidental, logrando identificar causas y consecuencias muy similares en sus recientes crisis, a los tenidos en América Latina durante décadas anteriores. Una conclusión sería que el factor colonial afecta por igual a los involucrados en el funcionamiento del sistema, y siempre reaparece a pesar de las opiniones y deseos de quienes pretenden ocultarlo.

En el tercer acápite, nos dedicamos a revisar, de manera breve, la presencia de la teoría del sistema-mundo moderno colonial en los nuevos estudios internacionales latinoamericanos, sobre todo en la crítica realizada al concepto y práctica de la gobernanza global. Como se pudo ver en este breve registro, con la utilización de la teoría se ha podido constatar en el multilateralismo del siglo XXI, el de la fase actual del sistema-mundo, la continuidad de normas e instituciones procedentes de una trayectoria histórica determinada por el lugar en que se originó. De igual manera, y al estar sus integrantes comprometidos con el fortalecimiento de pensamientos situados y sus aspiraciones heterárquicas, teorizan el proceso y la fase actual del sistema-mundo moderno y colonial desde las particularidades del continente. La renovación y vigencia de la teoría logra darse gracias a los aportes formulados por estos estudiosos.

Todos los aspectos aquí trabajados buscan contribuir en la formación de las bases teóricas y metodológicas de los nuevos estudios internacionales latinoamericanos.

REFERENCIAS

BARNETT, M. (2008). Autoridad, intervención y los límites externos de la teoría de las relaciones internacionales. En Revista Académica de Relaciones Internacionales, n.º 8. Recuperado de https://revistas.uam.es/index.php/relacionesinternacionales/article/view/4917/5382

BELLO URREGO, A. (2015). Análisis de la categoría tercer mundo como dispositivo moderno/colonial de reproducción de hegemonía eurorreferenciada. En Universitas Humanística, n.º 79.

BERNAL MEZA, R. (2006). Aportes teórico-metodológicos latinoamericanos recientes al estudio de las relaciones internacionales. En Revista de Historia Actual, vol. 4, n.º 4, 227-238. Recuperado de https://historia-actual.org/Publicaciones/index.php/rha/article/view/381

CALLE COLLADO, A.; SURIÑACH PADILLA, R. y PIÑEIRO, C. (2017). Comunes y economías para la sostenibilidad de la vida. En VV.AA. Rebeldías en común. Sobre comunales, nuevos comunes y economías cooperativas. Madrid: Libros en Acción, 15-46. Recuperado de https://www.ecologistasenaccion.org/tienda/editorial/1792-libro-rebeldias-en-comun.html

CHAGAS-BASTOS, F. (2018). La invención de la inserción internacional: fundaciones intelectuales y evolución histórica del concepto. En Análisis Político, n.º 94 (pp. 10-30). Recuperado de: https://revistas.unal.edu.co/index.php/anpol/article/view/78305/69910

Ciadi. (2019). Acerca del Ciadi. Recuperado de: https://icsid.worldbank.org/sp/Pages/about/default.aspx

DA SILVA GUEVARA, G. & ARDILA, M. (2018). Un conocimiento situado en perspectiva comparada. El concepto de autonomía en México y Brasil. En Teorías sobre relaciones internacionales. Perspectivas y lecturas desde América Latina. Bogotá: Universidad Externado de Colombia.

DÍAZ, V. (2017). El pensamiento decolonial: una apuesta por los saberes ancestrales para la construcción de la identidad latinoamericana. En Actualidades Pedagógicas, (70). Recuperado de http://dx.doi.org/10.19052/ap.4177

DUSSEL, E. (2015). Filosofía de la cultura y trans-modernidad. México DF.: Universidad Autónoma Ciudad de México.

FONSECA, M. y JERREMS, A. (2012). Pensamiento decolonial: ¿una “nueva” apuesta en las relaciones internacionales? En Relaciones Internacionales, n.º 19, 103-121. Recuperado de https://repositorio.uam.es/handle/10486/668333

GALINDO, F. (2013). Enfoques poscoloniales en relaciones internacionales: un breve recorrido por sus debates y sus desarrollos teóricos. En Relaciones Internacionales, n.º 22. 85-107. Recuperado de https://revistas.uam.es/index.php/relacionesinternacionales/article/view/5164/5612

GERMANÁ, C. (2017). Por una ciencia social descolonial. En Investigaciones Sociales, vol. 21, n.º 38, 267-271. Recuperado de http://revistasinvestigacion.unmsm.edu.pe/index.php/sociales/article/view/14231

GROSFOGEL, R. (2016). Caos sistémico, crisis civilizatoria y proyectos descoloniales. Pensar más allá del proceso civilizatorio de la modernidad/colonialidad. En Tabula Rasa, n.º 25. 153-174. Recuperado de: http://www.revistatabularasa.org/numero-25/05Grosfoguel.pdf

GROSFOGUEL, R. (2007). Implicaciones de las alteridades epistémicas en la redefinición del capitalismo global: transmodernidad, pensamiento fronterizo y colonialidad global. En ZULETA, M.; ESCOBAR, M. y CUBIDES, H. (Eds.), ¿Uno solo o varios mundos? Diferencia, subjetividad y conocimientos en las ciencias sociales (pp. 99-116). Bogotá: Iesco-Universidad Central.

JUNCOSA, J. E. (2014). Buen vivir, relacionalidad y disciplina desde el pensamiento de Lewis Gordon y Martin Nakata. Pistas epistémicas decoloniales para la educación superior. En Alteridad. Revista de Educación, 9(1), pp. 19-34. Recuperado de https://doi.org/10.17163/alt.v9n1.2014.02

MARTINS, P. H. (2015). Sistema-mundo, globalizaciones y América Latina. En BIALAKOWSKY, A.; CATHALIFAUD, A. y MARTINS, P. H. (Comps.), El pensamiento latinoamericano: diálogos en Alas: sociedad y sociología (pp. 63-85). Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Teseo-Clacso. Recuperado de http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20151124031216/ElPensamientoLatinoamericano.pdf

MONTAÑEZ PICO, D. (2018). La teoría del sistema-mundo es negra y caribeña: capitalismo y racismo en el pensamiento crítico de Oliver Cox. Tabula Rasa, (28). Recuperado de https://doi.org/10.25058/20112742.n28.7

MUÑOZ, H. (1980). Los estudios internacionales en América Latina: problemas fundamentales. En Estudios Internacionales, Año 13, n.º 51. Recuperado de https://doi.org/10.5354/0719-3769.2011.16643

O’CONNOR ACEVEDO, R. (2016) El giro epistémico decolonial: crítica de la colonialidad modernidad hacia un proyecto transmoderno. En Diálogos, n.º 99, pp. 127-137. Recuperado de https://revistas.upr.edu/index.php/dialogos/article/view/13169/10847

OLANO, A. (2018). Estudios internacionales latinoamericanos. Aportes a un conocimiento situado. En AA.VV., Teorías sobre relaciones internacionales. Perspectivas y lecturas desde América Latina (pp. 71-109). Bogotá: Universidad Externado de Colombia.

PALAMARA, G. (2019). La relación Estado-sociedad: una variable para la inserción internacional. Las agendas de Chile y Bolivia. En PALAMARA, G. (ed.), Nuevas estrategias de inserción internacional para América Latina. Bogotá: Universidad Externado de Colombia.

Parlamento Europeo. (2018). Europa: Una cuestión de valores. Recuperado de http://www.europarl.europa.eu/spain/es/sala_de_prensa/communicados_de_prensa/pr-2014/pr-2014-may/dato10.html

PIMMER, S. (2017). El pensamiento y su lugar: consideraciones epistemológicas en torno al punto de vista feminista y el pensamiento fronterizo. En Tabula Rasa, n.º 27. Recuperado de https://doi.org/10.25058/20112742.452

QUEREJAZU, A. (2017). Gobernanzas pluriversales: una aproximación alternativa a la gobernanza global desde la cosmovivencia andina (Tesis de doctorado, Universidad de los Andes).

QUEREJAZU, A. (2016). Violencias encubiertas de la gobernanza global. En Estudios Políticos, n.º 49. Recuperado de http://dx.doi.org/10.17533/udea.espo.n49a08.

QUIJANO, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En LANDER, E. (comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales

QUIJANO, A. y WALLERSTEIN, I. (1992). La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial. En Revista Internacional de Ciencias Sociales, vol. XLIV, n.º 4, pp. 583-592. Recuperado de https://www.academia.edu/7355085/Wallerstein_y_Quijano

RAPAPORT, M. (2014). Una contribución al estudio de la historia de las relaciones internacionales en América Latina desde fines del siglo XX, en Horizontes Latinoamericanos, vol. 1, n.º 2, pp. 93-104. Recuperado de http://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/10824

RODRÍGUEZ SUÁREZ, P. y LÓPEZ ÁNGEL, G. (2018). Las ampliaciones de la Unión Europea hacia Europa del este: impacto político, económico y social y nuevos nacionalismos. En OASIS, n.º 28. Recuperado de https://doi.org/10.18601/16577558.n28.07

SANDOVAL TRIGO, G. (2018). La libre autodeterminación de los pueblos en el siglo XXI: Una aproximación de la historia del colonialismo y el neocolonialismo desde los pueblos del tercer mundo en el derecho internacional. En Revista de Direito Internacional, vol. 15, n.º 1. Recuperado de https://doi.org/10.5102/rdi.v15i1.4986

SEGATO, R. (2014). La perspectiva de la colonialidad del poder y el giro descolonial. En CORAGGIO, J. L. y LAVILLE, J.-L. (coords.), Reinventar la izquierda en el siglo XXI: hacia un diálogo Norte-Sur (pp. 175-190). Los Polvorines: Universidad Nacional de General Sarmiento. Recuperado de http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20140918020441/ReinventarLaIzquierda.pdf

SOSA FUENTES, S. (2012). Otro mundo es posible: crítica del pensamiento neoliberal y su visión universalista y lineal de las relaciones internacionales y el sistema mundial. En Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, Año LVII, n.º 214. Recuperado de http://dx.doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2012.214.32516

VALERO PACHECO, P. (2017). Hacia una nueva historia global no eurocéntrica: un balance crítico. En Trashumante. Revista Americana de Historia Social, n.º 9, pp. 157 y ss.

VILLARROEL, Y. (2016). Una visión reflectivista de la otredad en el marco de las relaciones internacionales. En Conjuntura Austral. Journal of the Global South, vol. 7, n.º 36. Recuperado de https://doi.org/10.22456/2178-8839.62775

WALSH, C. (2002). Las geopolíticas del conocimiento y colonialidad del poder. Entrevista a Walter Mignolo. En WALSH, C.; SCHIWY, F. y CASTRO-GÓMEZ, S. (editores), Indisciplinar las ciencias sociales. Geopolíticas del conocimiento y colonialidad del poder. Perspectivas desde lo Andino. Quito: uasb/Abya Yala.

ZULETA, M.; ESCOBAR, M. y CUBIDES, H. (2007). ¿Uno solo o varios mundos? Diferencia, subjetividad y conocimientos en las ciencias sociales. Bogotá: Iesco-Universidad Central.

CAPÍTULO SEGUNDO LA INSERCIÓN INTERNACIONAL DE LA ALIANZA DEL PACÍFICO EN LA VISIÓN DE SUS EMPRESARIOS

RITA GIACALONE

Resumen

El objetivo de este capítulo es analizar el discurso sobre la inserción internacional en Asia Pacífico del Consejo Empresarial de la Alianza del Pacífico (Ceap), al nivel central y de sus secciones nacionales, asumiendo que representa un conjunto de ideas que no pueden entenderse sin una reconstrucción histórica del contexto social (constructivismo social). Asimismo, se asume que las imágenes proyectadas en el discurso del Ceap reflejan los aspectos identitarios de los que hablan (post-estructuralismo). Se argumenta que la inserción internacional que plantea el organismo empresarial constituye un factor de cohesión de la AP. También se reafirma el rol de las ideas en la política exterior y se agregan nuevos matices al análisis de la política exterior como un juego de dos niveles.

Palabras claves: análisis del discurso, Asia-Pacífico, Ceap, constructivismo social, post-estructuralismo.

INTRODUCCIÓN

En este capítulo se explora qué representa para los grandes empresarios de la Alianza del Pacífico (AP, Chile, Colombia, México, Perú, 2012) la inserción internacional en Asia Pacífico, a través del análisis del discurso del Consejo Empresarial de la AP (Ceap) y de algunos de sus miembros. La cuestión de cómo insertar a América Latina en la economía global fue pospuesta en la primera década del siglo XXI porque los países de la región, sin tener en cuenta el modelo de desarrollo, régimen político y tipo de inserción internacional, se beneficiaron del boom de las exportaciones de productos básicos. En esa etapa, los empresarios tuvieron menos poder que en los noventa, pero el crecimiento económico permitió alcanzar acuerdos entre políticas redistributivas y políticas beneficiosas para el capital. Como plantea Serna “había margen para las dos cosas sin la amenaza de veto de los sectores económicos más poderosos” (Rey, 2017).

Cuando el contexto global cambió, después de la crisis financiera de 2008 y la desaceleración china, la inserción internacional reapareció en la agenda de los países latinoamericanos y los empresarios muestran ahora mayor interés en incidir, alterar o profundizar los patrones de inserción. Kakowicz (2008) resume las opciones de inserción internacional de América Latina en apertura unilateral, articulación trans-regional y profundización de la integración intra-regional. Cada opción de inserción se asocia a un modelo de desarrollo económico, tal como la apertura unilateral al modelo primario-exportador, la articulación transregional al de las cadenas de valor globales y la integración intrarregional al de la industrialización por sustitución de importaciones1.

La AP ofrece un interesante caso de estudio debido a la participación de los empresarios en su creación y evolución y su vocación por una inserción abierta y orientada hacia Asia Pacífico, que corresponde al patrón de inserción transnacional (2008) mediante cadenas de valor. Sin embargo, este capítulo no trata la inserción internacional de la AP sino el discurso del Ceap sobre inserción en Asia Pacífico buscando destacar sus vínculos con el desarrollo y la relación entre factores internos y externos y entre Estado y actores no estatales.

El Ceap se creó el 29 de agosto de 2012 en la ciudad de México. Aunque su formación resultó de la acción de empresarios designados por los cuatro gobiernos, el Consejo no forma parte de la estructura prevista en el Acuerdo Marco de la AP (Castaño Peña, 2016). En el Ceap destaca que los empresarios que participan representan a grandes empresas y grupos económicos, que ya están internacionalizados y exportan o tienen inversiones en Asia Pacífico (Giacalone, 2019). Como, debido a su tamaño y poder económico no necesitaron la intervención de sus gobiernos para insertarse en esa región, se plantea como interrogantes qué objetivos persiguen los empresarios en su discurso actual sobre inserción internacional y Asia Pacífico, y si hay diferencias en esos objetivos entre sus capítulos nacionales.

Como metodología, se utiliza el análisis del contenido sustantivo del discurso del Ceap, además de la revisión de fuentes primarias, declaraciones y entrevistas a sus miembros, y secundarias sobre la AP, entre mediados de 2012 (creación del Ceap) y marzo de 2019. Se analiza, primero, su discurso sobre inserción internacional y Asia Pacífico, para luego establecer si existen diferencias en el discurso de sus capítulos nacionales. Finalmente, se discuten los resultados del análisis para identificar objetivos del discurso empresarial y similitudes y diferencias entre ellos, a fin de evaluar si la inserción internacional que promueven constituye un factor de cohesión del acuerdo.

El marco interpretativo se basa en el análisis de las ideas que influyen en la política exterior como resultado de un juego de dos niveles, a través del discurso del Ceap, sus miembros y sus capítulos nacionales. Ese análisis combina dos enfoques metodológicos: uno del constructivismo social, que proviene de la Escuela francesa de Grize (1984), difundido en América Latina por Silvia Gutiérrez (2003, 2017), y otro post-estructuralista desarrollado por Lene Hansen (2006). El primero enfatiza los aspectos sociológicos, el contexto en que se produce el discurso, como necesarios para interpretar su contenido, basándose en la lógica natural del lenguaje. Según este enfoque, el discurso “afirma y representa algo”, que no se puede analizar sin una reconstrucción histórico-sociológica sobre el emisor del discurso, el contexto social en que habla y a quienes se dirige. Recién entonces se puede analizar su discurso, pero, a la vez, el análisis debe culminar en una interpretación, que cumple dos funciones: integrar el conocimiento adquirido y articularlo con una realidad teórica.

En el constructivismo social se ubica Wendt (1992) para quien las relaciones internacionales derivan de las interpretaciones que sus actores (agentes) hacen de distintas situaciones, pero su visión es estadocéntrica porque se trataría solo de actores estatales. Jorgensen y Wong (2016), también constructivistas sociales, extienden el concepto de actores a los no estatales y consideran que ellos ordenan sus preferencias según distintas imágenes de sí mismos y según sus relaciones con otros actores hayan sido exitosas o no. De esta manera, su discurso dice más acerca de ellos que del tema a que se refieren. Esto nos acerca al segundo enfoque, donde el discurso que justifica o legitima la política exterior de un país o un grupo de países está formado por las imágenes que los emisores proyectan de regiones, países, eventos y personalidades.

Según Hansen (2006, p. 214), las imágenes proyectadas en el discurso se caracterizan por ser construcciones espaciales, temporales y éticas2, que reflejan aspectos psicológicos del emisor del discurso asociados a su identidad. El discurso legitimador de la política exterior, por ejemplo, puede usar el concepto de interés nacional para justificar la responsabilidad ética que tiene el Estado de tomar decisiones para defenderlo, pero el contenido del interés nacional varía en espacio y tiempo. Hansen (2006, p. 51) concluye que al establecer cómo se construye la diferencia entre “nosotros” y “otros” en esas tres dimensiones es posible captar el contenido político de las ideas que inspiran la política exterior.

Los dos planteamientos implican una mayor complejización del análisis de la política exterior como un juego de dos niveles. Para Putnam (1988), en política exterior los gobiernos interectúan simultáneamente entre ellos y con otros actores de su espacio doméstico (Cap. 4, infra). El objetivo de incorporar al juego a los actores domésticos es asegurar su ratificación, segundo paso, de la política exterior formulada por el poder ejecutivo, primer paso. Sin embargo, la incorporación de los grandes empresarios en la AP mediante el Ceap se produjo durante el primer paso. Esto se explica porque el poder económico y político de los grupos y empresas, representado en el Ceap hace imposible para los gobiernos obviar la necesidad de alcanzar su ratificación previa para negociar la inserción internacional.

1. EL DISCURSO DEL CEAP SOBRE INSERCIÓN INTERNACIONAL Y ASIA-PACÍFICO

Cuando se fundó el Ceap, el secretario de economía de México, Bruno Ferrari, declaró que

el intercambio comercial entre nuestros países podrá ser mucho mayor si logramos aprovechar los lazos entre nuestros países…, pero en particular, si aprovechamos las relaciones que se puedan construir entre nuestros sectores empresariales. De esta forma, […], este Consejo será un elemento fundamental para fortalecer los vínculos económicos y comerciales entre nuestros países y… tendrá la capacidad de realizar importantes recomendaciones y propuestas a nuestros gobiernos (México. Secretaría de Economía, 2012).

Los objetivos del Documento Constitutivo del Ceap (Constitución del Consejo Empresarial de la Alianza del Pacífico, 2012) incluyen impulsar e “incentivar los vínculos con terceros mercados, especialmente con la región de Asia Pacífico”, junto con el de promover a la AP y hacer recomendaciones a las asociaciones de sus países miembros3. Su directorio está compuesto por 6 empresarios cada uno de Chile, Colombia, Perú y México, más un representante por cada capítulo.

El Ceap participa en reuniones cumbres de la AP y se reúne con el Grupo de Alto Nivel, GAN, el cual está encargado de responder los documentos que el Consejo presenta. El Ceap es reconocido como el “único interlocutor válido” del sector empresarial por la AP4 y cuenta con asesoría de la consultora Price Waterhouse Coopers, el Banco Interamericano de Desarrollo, Microsoft y estudios de abogados de cada país miembro (Declaración del Consejo Empresarial de la Alianza del Pacífico, Punta Pita, México, 19 de junio de 2014). El Ceap creó, además, un Comité de Expertos, C-Ceap, en Cali-Colombia en mayo de 2013 (https://alianzapacifico.net/en/technical-group-committee-of-experts-ceap/), que analiza temas sugeridos por el Ceap y presenta propuestas a la AP (Colombia. Mincit, s.f.).

Desde su primera declaración oficial (enero de 2013) el Ceap destacó la importancia de promover el comercio de bienes y servicios entre los cuatro países y con Asia Pacífico. Insistió en la necesidad de fortalecer las relaciones del sector privado con sus gobiernos para “obtener los mejores resultados” y propuso una agenda de temas concretos como tratamiento tributario, acumulación de origen, integración financiera, homologación de normas técnicas y cooperación en educación. Su declaración de Cali en 2013 (Declaración del Ceap, 22 de mayo de 2013) recoge los puntos centrales de esa agenda. En la cumbre de Cartagena (Colombia, 2014), el Ceap incorporó a su agenda puntos de la Declaración de la Reunión Cumbre como transporte aéreo, productos agropecuarios, desarrollo de infraestructura y promoción del deporte que no estaban entre sus temas de interés, mostrando su voluntad de trabajar en forma conjunta con los gobiernos de la AP.

Durante la cumbre realizada en Paracas-Perú el 2 de julio de 2015, el Ceap incluyó en su declaración la solicitud hecha por el GAN de que el Consejo otorgara prioridad a los temas que aquel presenta en su agenda. El Ceap acordó que sus temas prioritarios eran integración financiera, infraestructura, educación, innovación y emprendimiento, obstáculos técnicos al comercio y pequeñas y medianas empresas, pymes. En relación con la inserción internacional, el Ceap felicitó a la AP por su decisión de que los cuatro países fueran miembros de la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico, Ocde, el Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico (Apec) y el Acuerdo TransPacífico de Cooperación Económica, TPP, que impulsaba Estados Unidos.

En junio de 2017, durante la XII Cumbre de la AP realizada en Cali, Colombia, fue cuando la AP anunció que buscaría establecer acuerdos de libre comercio con naciones de Asia Pacífico. La respuesta empresarial fue positiva. Se consideraba que los nuevos Estados asociados, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Singapur, estarían en una posición más comprometida que la de observadores, lo que representaba un salto cualitativo para convertir a la AP en una plataforma de comercio e inversión (Heraldo Muñoz, citado en AFP, 2017, 29 de junio).

Si un objetivo expreso de la XII Cumbre de la AP en Cali era profundizar el comercio con la región Asia Pacífico, según María Claudia Lacouture, ministra de comercio, industria y turismo de Colombia, su importancia radicaba en las oportunidades que abría para los empresarios:

Estos cuatro nuevos Estados asociados, en conjunto con la Alianza, van a lograr generar el 20% del comercio del Asia-Pacífico. Es una nueva oportunidad que se abre y que la da un nuevo dinamismo no solamente… a los países… sino a los empresarios [ya] que se les abre una nueva ruta de trabajo (Lacouture, 2017).

En la misma reunión, el presidente del Ceap-Colombia, Martín Carrizosa, señaló que:

La agenda existente es amplia y demanda resultados concretos, esperamos entonces que la materialización de la nueva categoría de Estados asociados (…) contribuya a consolidar nuestra dinámica intrabloque y también a materializar nuestra aproximación, como bloque, a la región Asia-Pacífico (Carrizosa, 2017).

Carrizosa agregó que “somos los empresarios la fuerza que mueve la Alianza” y que la asistencia de 700 empresarios de treinta países mostraba que la AP era la “más importante alianza público-privada de la región” (Carrizosa, 2017). Un año antes, en una entrevista con Juan Manuel Ferrón, socio de PwC Advisory México y asesor del Ceap, este manifestaba que el Consejo trabajaba en “incluir un apartado que aterrice y homologue todo el tema de servicios, porque el Protocolo Comercial que se firmó y entró en vigor el 1 de mayo pasado no tiene ese alcance” (Amcham, 2016). También se estudiaba crear un fondo en infraestructura, para reinvertir fondos del BID y la Corporación Andina de Fomento en proyectos de los cuatro países. Esto limitaría el riesgo y minimizaría el costo financiero de la infraestructura, por lo que atraería inversionistas. Ferrón también destacaba el rol de los empresarios y la sinergia entre ellos,

Como asesor del Ceap he podido ver la extraordinaria integración que han logrado los empresarios de los cuatro países. A pesar de que partimos de realidades…, difíciles y que en los últimos años económicamente no han sido fáciles, la disposición de los empresarios siempre ha sido positiva, con una visión futurista (Amcham Colombia, 2016).

En el discurso del Ceap, la AP se asocia a palabras o expresiones como “la alianza hace la fuerza”, “impulso al comercio y la innovación”, “dinamismo”, “crecimiento productivo”, defensa “contra la piratería”, “fortaleza contra la incertidumbre” (Amcham, 2018), indicando que en su visión de la Alianza coexisten elementos proactivos y defensivos. Ambos elementos aparecen en citas de representantes empresariales de los cuatro países (PWC, 2016). La visión “positiva u optimista” plantea la existencia de una “próxima frontera” al referirse a la libre exportación de servicios.

La economía moderna del conocimiento se basa en el desarrollo de servicios y la Alianza tiene que desarrollar los mecanismos tributarios, normativos y los incentivos para que se desarrollen los emprendimientos innovadores en su zona y de ahí se expandan. Esta es nuestra misión después una vez acordados los términos comunes del libre comercio de bienes (Jorge Errázuriz, Miembro del Ceap, Capítulo Chile) (PWC, 2016, p. 11).

Esa situación se contrasta con el hecho que

Hoy en día, los gobiernos no ofrecen los incentivos correctos ni tratamientos homologados, en materia tributaria o regulatoria, en los cuatro países para los servicios, y como resultado las empresas de servicios se radican en países que les ofrecen mayores ventajas y donde hay menores trabas para hacerlo (PWC, 2016, p. 10).

Aparecen también temas nuevos asociados al acuerdo, que representan el reconocimiento de los aspectos negativos que puede producir el crecimiento económico, al que ahora se le agrega el adjetivo sostenido. Se explica que “El crecimiento económico sostenido es un aspecto… importante de la Alianza del Pacífico. Los cuatro países miembros han llegado a acuerdos en áreas relacionadas con el medio ambiente” (PWC, 2016, p. 15), “por lo cual el modelo extractivo que impulsó el crecimiento de la región se considera obsoleto” (PWC, 2016, p. 17).

Según el discurso del Ceap, la economía es el camino más apto para insertarse internacionalmente y no se puede avanzar en él sin el sector privado (Fernández de Soto y Pineda, 2012). La autoimagen de los empresarios es positiva y se asocia a palabras como dinamismo, motor, crecimiento, que también se asocian a la imagen de Asia Pacífico (Giacalone, 2019). Hay un esfuerzo por legitimarse como intermediarios positivos para la inserción internacional y la AP es para los empresarios un mecanismo de proyección y una respuesta defensiva a amenazas del sistema global, como el proteccionismo de países desarrollados.

El sentido práctico y defensivo de la AP resalta en citas tales como que

La integración puede utilizarse para proteger a las naciones de crisis económicas. Un mayor mercado integrado protegerá a la Alianza del Pacífico de fallas en el sistema financiero. Esto es muy importante ahora que el crecimiento comienza a desacelerarse (Tuesta, 2016, p. 11).

Esto permite definir los objetivos de dos tipos de discurso: el técnico o especializado y el argumentativo (Gutiérrez, 2006). El primero se encuentra en los documentos que el Ceap eleva a consideración de los gobiernos de la AP en sus reuniones cumbre, donde aboga por medidas de interés económico. El argumentativo se dirige a convencer a otros empresarios y a la opinión pública sobre las ventajas del modelo de inserción internacional de la AP y se observa en especial en el discurso de sus capítulos nacionales, que se analiza a continuación.

2. EL DISCURSO SOBRE INSERCIÓN INTERNACIONAL Y ASIA PACÍFICO EN LOS CAPÍTULOS NACIONALES

En esta sección se analiza para cada país de la AP el contexto de la relación Estado-empresarios y ejemplos del discurso argumentativo de estos últimos aplicando el enfoque constructivista y el post-estructuralista.

Chile

El gobierno militar chileno se interesó en diversificar sus relaciones con Asia Pacífico por la situación de aislamiento internacional en que se encontraba en relación con Estados Unidos y Europa. El pragmatismo de la política exterior y el hecho que varios gobiernos asiáticos tienen carácter militar o autoritario facilitó la relación (Prieto y Ladino, 2014, pp. 254). Desde principios de los ochenta empresarios chilenos promovieron el ingreso de Chile al Consejo Económico de la Cuenca del Pacífico, PBEC, que en 1983 se reunió en Santiago. Para 1989, 27% de las exportaciones chilenas tenían por destino al este asiático y en 1995, ya alcanzaban 33% (Prieto y Ladino, 2014, pp. 256, 258). Paralelamente, en 1987 el desarrollo económico chileno comenzó a considerarse como “modelo de buena economía” (Fernandois, 2006, p. 92).

En 1994, junto con su ingreso a la Apec, surgió la idea de Chile como país puente, asociada con la de “país puerto” para que por él salieran hacia Asia Pacifico los productos de países latinoamericanos del Atlántico. La idea forma parte de una identidad pacífica de Chile, pero se justifica frente a sus vecinos latinoamericanos ofreciéndose a abrirles la puerta de Asia Pacífico para exportar (Prieto y Ladino, 2014, pp. 266-268)5. Esta visión se sofisticó posteriormente porque desde mediados de los noventa se asoció con la imagen de la economía chilena como más avanzada dentro de América Latina, cuyas ventajas intangibles como eran buena imagen, estabilidad y transparencia, le permitían actuar como vaso comunicante entre las dos regiones (Recabarren, 2016, p. 131).

En la primera década del siglo XXI, si bien Chile no fue reconocido como puente entre la región y Asia Pacífico, el interés chileno se reflejó en la organización de la cumbre de la Apec en el año 2004, la negociación de tratados de libre comercio con países de esa región y la firma en 2005 del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica con Nueva Zelanda, Singapur y Brunei, que dio origen al TPP (Prieto y Landino, 2014, p. 265). En esos años fue evidente el interés del gobierno chileno por participar, en forma activa, en el establecimiento de los estándares en materia de intercambio de bienes, servicios y capitales “que regirán en el mundo en las próximas décadas” (Recabarren, 2016, p. 137).

En Chile la relación empresarios-Estado se afianzó luego de las transformaciones económicas de los ochenta, cuando Chile pasó de una economía mixta con un mercado doméstico pequeño y una industria protegida a una economía abierta con mercados internacionales diversificados para sus exportaciones derivadas de recursos naturales (Montero, 1997). Los cambios en el Estado fueron lentos, aun después de la redemocratización, de forma que el rol empresarial en el desarrollo económico se mantiene vigente. La asociación empresarios-Estado se da mediante su participación en la negociación e implementación de acuerdos comerciales y el fomento de la actividad productiva.

Según Montero (1997, p. 2), “existe una convergencia en las estrategias de los agentes económicos con el Estado” pero su acceso a las instancias gubernamentales no es como en la fase de la ISI porque ahora hay mayor interdependencia. Esto se debe, según Bull (2008, pp. 208-219), a que los empresarios se profesionalizaron en los noventa para atender la demanda estatal de asesoría y, para fines de la administración de Ricardo Lagos, el gobierno dependía del conocimiento técnico de Sofofa en sus negociaciones internacionales.

Montero (1999) destaca que sí hubo “una revolución empresarial, un cambio radical que colocó a los empresarios en el centro de la escena” y de la cual ellos se beneficiaron, eso no significa que los empresarios dirigieron el proceso. Históricamente, la modernización de la economía chilena surgió del choque de una sucesión de proyectos de las élites políticas. En ese proceso, Undurraga (2011) sostiene que los principales grupos económicos chilenos en 2010 eran diferentes de los de cuarenta años antes y también era diferente su forma de hacer negocios. Ello se debe a que los empresarios han asumido una posición de poder en las décadas recientes no solo por su concentración de riqueza, visibilidad e influencia, sino porque la forma que adoptó el capitalismo en Chile los ubicó como protagonistas centrales.

Dentro de ese contexto, en 2013, el presidente del capítulo local del Ceap era el presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio, CPC, Andrés Santa Cruz, acompañado en el Comité Directivo por el presidente de Sofofa, Hermann Von Mühlenbrock, y de las empresas Celfín, Jorge Errázuriz, Sigdo Koppers a cargo de Juan Eduardo Errázuriz y Molymet dirigida por John Graell. Las recomendaciones de sus reuniones se entregaban a la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales, Direcon, y en enero de ese año, el Ceap Chile participó de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y la Unión Europea (BCN, 07/06/2013), demostrando su interés por otras formas de inserción internacional además de Asia Pacífico.

Según Recabarren (2015), desde su origen la participación empresarial chilena en la AP ha sido “entusiasta y activa”. Luego de la creación del Ceap, los empresarios promovieron seminarios, participaron en macro ruedas de negocios y actividades de las agencias de exportación, actuaron en forma conjunta frente a China (Consejo de Negocios Chile-China) y crearon la Cámara de Comercio de la AP. En 2016, la inserción en Asia Pacífico era destacada por el entonces presidente del Ceap-Chile y la CPC, Alberto Salas, quien se refería a la AP como “un mercado amplio y dinámico que tiene posibilidades de extenderse al otro lado del océano Pacífico y es una plataforma continental para atraer negocios e inversiones para el desarrollo de nuestros países” (Chile difunde beneficios de Alianza del Pacífico para empresarios del país, 2016).

Otros testimonios presentan una imagen de Asia Pacífico como algo desconocido donde solo se aventuran pioneros como los empresarios:

una zona enigmática y llena de exotismo. Su lejanía física y mental, sumada a la baja cobertura de prensa que realizan los medios nacionales, lo convierten en un destino remoto, en una gran incógnita solo descifrada por una élite de aventureros que ha logrado ver más allá de la opacidad y que ha descubierto sus oportunidades (Chile y sus posibilidades en el sudeste asiático, 2014).

La combinación de la imagen de Asia Pacífico como región desconocida y remota y la imagen de los empresarios como pioneros en aventurarse relaciona a Asia Pacífico con elementos identitarios de los empresarios. Las dos imágenes, a la vez, se acompañan de señalamientos desde el lado asiático que puntualizan que “si la Alianza prosperara sería el candidato natural en un diálogo con América Latina, y que Chile debiera tomar el liderazgo de esta vinculación” [Li Peng, directora general para Asean del Ministerio de Relaciones Exteriores de Singapur]. Esto se justifica porque “La Alianza del Pacífico y Asean tienen gruesamente la misma población, el mismo PIB, y una convergencia en que queremos regiones y asociaciones abiertas e inclusivas… Es una asociación natural” (Chile y sus posibilidades en el sudeste asiático, 2014).

La Fundación Imagen y la Biblioteca del Congreso Nacional (BCN, 2013) realizaron un estudio de la imagen de Chile en el sudeste asiático, que puede haber inspirado la posición del canciller Heraldo Muñoz cuando, en 2014, lanzó la propuesta de convergencia entre AP y el Mercado Común del Sur, Mercosur. Muñoz destacó que la imagen de América Latina en el exterior no diferencia entre las capacidades y potencialidades de sus países. Es una visión indiferenciada y por ello la imagen negativa de un país afecta a todos. Su propuesta de convergencia apunta a mejorar las condiciones de desarrollo y la imagen de la región en conjunto6. Además de que “hay acciones concretas que podemos hacer mejor juntos en vez de por separado. Por ejemplo: facilitación de comercio, ventanillas electrónicas únicas, promoción de la internacionalización de las pymes, cooperación aduanera, movilidad de personas” (citado en Álvarez, 2017).

En 2016, en una mesa redonda sobre la AP, el gerente internacional de Sofofa, Pedro Reus, destacaba que empresas chilenas como Sigdo Koppers y Molymet que participan del Ceap-Chile, tenían inversiones en países como Tailandia que servían de plataforma para vender en toda Asia (Mesa Redonda: Chile, trayectoria y proyección en el Asia-Pacífico, 2016). Mientras en la misma Mesa Redonda (2016), Alicia Frohman, consultora de Cepal, insistía en que

Para los chilenos, Asia y lo asiático significan, en buena medida, lo desconocido, la alteridad. Frente a lo asiático existe cierta mezcla de curiosidad, prejuicio, fascinación e incluso perplejidad. Esto seguramente también incide en los alcances y limitaciones de la relación económico-comercial bilateral.

El embajador Diego Velasco, subdirector de la Dirección Asia Pacífico del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, opinaba que:

Por suerte, esta situación ha ido cambiando, en parte, gracias a los programas de becas y a distintos mecanismos desarrollados en los últimos diez años para facilitar a los jóvenes cruzar al otro lado –como los programas Working Holidays y las Becas Chile–… muchos jóvenes están formándose y estableciendo una relación más estrecha con Asia. Pude verlo hace ya doce años, cinco de los cuales estuve destinado en Tailandia. Realmente me impresionó la agilidad con que funcionaban estos programas… con Australia.

En marzo de 2018, con ocasión de la firma del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífica, TTP 2, en Santiago de Chile, entre Chile, México, Perú y ocho economías de Asia Pacífico, el canciller Muñoz dijo “Vamos a dar una señal muy poderosa de que este grupo de países, que son más de 500 millones de personas y representan alrededor de 10 trillones de dólares en la suma de sus economías, están a favor de la apertura y del comercio” (2018).

En Chile, queda clara la vinculación de la inserción en Asia Pacífico con el modelo de desarrollo abierto que se aplica desde hace décadas, lo que parece influir para que haya menos necesidad por parte de los empresarios de justificar su apoyo a la política de inserción internacional del gobierno en la que, además, Asia Pacífico no es el único polo de interés (Wilhelmy, 2013). Sin embargo, los empresarios están conscientes de que “hay una potencialidad positiva por la experiencia directa que tienen las personas con sus empresas, […] el problema es la brecha que tiene eso con la opinión que hay de la empresa privada en general” (Larraín, 2018)7.

Con respecto a las tres dimensiones del discurso, la temporal se observa en que la visión de Asia Pacífico ha ido cambiando en el tiempo desde un lugar exótico y desconocido hacia otro en el cual gobiernos y empresarios hacen esfuerzos para comprenderlo y presentarlo con una imagen positiva. La dimensión espacial se expresa en un contexto donde no parece haber gran presión para que los empresarios necesiten defender su posición de forma proactiva. La dimensión ética se encuentra en la afirmación del espíritu aventurero de los empresarios que los lleva a arriesgarse en territorios no explorados.

Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.

Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
426 s. 11 illüstrasyon
ISBN:
9789587904147
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:

Benzer kitaplar