Kitabı oku: «Espléndida iracundia»

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La publicación de esta obra se realiza al amparo de la autorización contenida en el inciso a) del artículo 43 del Decreto Legislativo 822, el cual expresa a la letra:

“Respecto de las obras ya divulgadas lícitamente es permitida sin autorizaciones del autor:

La reproducción por medios reprográficos para la enseñanza o la realización de exámenes en instituciones educativas, siempre que no haya fines de lucro y en la medida justificada por el objetivo perseguido, de artículos o breves extractos de obras lícitamente publicadas, a condición de que tal utilización se haga conforme a los usos honrados y que la misma no sea objeto de venta u otra transacción a título oneroso, ni tenga directa o indirectamente fines de lucro”.



Colección Investigaciones

Espléndida iracundia. Antología consultada de la poesía peruana 1968-2008

Primera edición digital, septiembre de 2016

© Universidad de Lima

Fondo Editorial

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Apartado postal 852, Lima 100, Perú

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www.ulima.edu.pe

Diseño, edición y carátula: Fondo Editorial de la Universidad de Lima

Ilustración de carátula: Le poète, Gerardo Chávez, óleo sobre tela, 1,80 x 1,50 m, 1985

Ilustraciones de páginas interiores: Gerardo Chávez

Versión ebook 2016

Digitalizado y distribuido por Saxo.com Peru S.A.C.

https://yopublico.saxo.com/

Teléfono: 51-1-221-9998

Avenida Dos de Mayo 534, Of. 304, Miraflores

Lima - Perú

Se prohíbe la reproducción total o parcial de este libro sin permiso expreso del Fondo Editorial.

ISBN versión electrónica: 978-9972-45-379-3

Índice

Advertencia al lector

Introducción

1. Sobre el campo literario: posibilidades de aplicación

2. La antología consultada y el campo literario

3. Las antologías y la poesía peruana 1968-2008

4. Esta antología

Antología consultada de la poesía peruana (1968-2008). Poemas

Manuel Morales

Juan Ramírez Ruiz

Cesáreo Martínez

Armando Rojas

José Watanabe

Elqui Burgos

Guillermo Chirinos Cúneo

Abelardo Sánchez León

Carmen Ollé

María Emilia Cornejo

Luis La Hoz

Vladimir Herrera

Enrique Verástegui

Ana María Gazzolo

Carlos López Degregori

Giovanna Pollarolo

Oswaldo Chanove

Jorge Eslava

Mario Montalbetti

José Morales Saravia

Roger Santiváñez

Magdalena Chocano

Eduardo Chirinos

Domingo de Ramos

Rosella Di Paolo

Mariela Dreyfus

Patricia Alba

José Antonio Mazzotti

Rafael Espinosa

Doris Moromisato

Rocío Silva Santisteban

Luis Fernando Chueca

Rodrigo Quijano

Roxana Crisólogo

Xavier Echarri

Jorge Frisancho

Montserrat Álvarez

Lorenzo Helguero

Martín Rodríguez-Gaona

Miguel Ildefonso

Victoria Guerrero

José Carlos Yrigoyen

Paul Guillén

Anexo

HOY día he visto a la Diosa Ambarina — la misma tez de ámbar — sus ojos de llamarada y tiniebla — encarnación de la única y perennal Belleza.

Su espléndida Iracundia me abrazó el alma — su Belleza funesta se cebó en mi sangre — sus desproporcionados Rencor y Odio me fueron de gloria.

No soy — no seré sino sonámbulo atónito ante la Belleza tremebunda de la Diosa Ambarina.

Nada existe — nada puede existir sino la Diosa Ambarina y su Belleza de Medusa arrebatadora y mortífera.

E.A. WESTPHALEN.

Ha vuelto la diosa ambarina

Advertencia al lector

Mil veces he jurado No hacer más epigramas Valiéronme las iras De mucha gente.

Estos versos de Paladas de Alejandría pertenecen a un epigrama recogido en la legendaria Antología Palatina griega y bien podrían ser un aviso en la conciencia y las expectativas de todo aquel que emprenda la difícil tarea de antologar, aunque los cuatro autores que firmamos este libro decidimos desoírlo. Pero vayamos por partes. El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) indica que una antología es la selección de aquello “digno de ser destacado”; en este sentido, representa inevitablemente una valoración (la del antologador o de los antologadores) con relación a lo más relevante de entre todo aquello producido o existente en el marco establecido en su criterio delimitador. Demetrio Estébanez Calderón en su Diccionario de términos literarios añade una idea interesante para determinar su identidad en tanto cualquier antología es una “[...] forma colectiva intertextual que supone la reescritura o reelaboración, por parte de un lector, de textos ya existentes mediante su inserción en conjuntos nuevos” (1996: 45).

La acotación de Estébanez reconoce a toda antología como una propuesta creativa, es cierto, pero, al mismo tiempo, subjetiva y parcial; la extracción de autores o intertextos del ámbito originario al que pertenecen y su inserción posterior en un nuevo marco son actividades históricas y falibles y el resultado supone inclusiones y exclusiones necesariamente discutibles. Una antología no es, así, un objeto científico susceptible de ser validado cuantitativamente o con criterios objetivos, ni tiene jamás la última palabra; su vigencia responde a unas determinadas coordenadas cronológicas y a la mirada más o menos arriesgada del antologador que ofrece su selección a partir de sus conocimientos y presupuestos estéticos, es cierto, pero también de su ideología y de un amplio abanico de motivaciones personales. Este carácter parcial y provisional se acentúa en nuestra propuesta, que es diferente a muchas otras que han pretendido auscultar la poesía peruana de los últimos cuarenta años. El título de Antología consultada responde, precisamente, a este carácter singular, pues la nómina de cuarenta y cinco autores incluidos no es el resultado de la decisión de uno o algunos pocos antologadores, sino de un cierto consenso de ciento veinticuatro personas que generosamente nos brindaron su opinión. Fuimos nosotros, por supuesto, los encargados de seleccionar la lista de opinantes y de elegir los poemas a incluirse en este libro.

Consideramos oportuna esta advertencia y una explicación inicial del sentido y características de este proyecto, pues uno de los principales reparos que podría hacerse al trabajo que tiene el lector entre manos sería que no refleja sino la arbitrariedad. Debemos ser enfáticos al respecto: es cierto, la refleja y ninguna antología podría dejar de reflejarla, pero en esta oportunidad se trata de la nuestra como responsables de la composición de la lista y también de la arbitrariedad en las opiniones de nuestros consultados. Nos complace contribuir al debate y nos alegra que este pueda ampliarse. La circulación de poesía en el Perú, restringida casi a un intercambio entre poetas y apenas algunos lectores más, necesita vías de contacto con sectores más amplios y esta antología puede avanzar en esta dirección.

Iniciamos este trabajo gracias al auspicio del Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima, en abril del 2009, con el objetivo preciso de indagar la percepción sobre la poesía peruana de las últimas décadas de un grupo significativo de miembros de nuestra comunidad literaria y algunos estudiosos o entendidos extranjeros. Para proponer nuestra consulta, partimos del supuesto de que en el proceso de nuestra poesía ya están consolidadas, en líneas generales, las voces y obras de los poetas peruanos anteriores a la denominada Generación del 70, mientras que por su mayor cercanía y por el hecho de haber sido poco estudiada, la etapa de los poetas surgidos a partir de 1968 se presta a múltiples opiniones divergentes así como a discusiones. Elegimos ese año como punto de partida —adicionalmente, un momento de grandes connotaciones simbólicas—, puesto que en 1967 apareció la antología Los nuevos, de Leonidas Cevallos, que propuso una lectura de la ya mencionada generación y, en buena medida, tal lectura sigue vigente. Decidimos, igualmente, que nuestra consulta inquiriera por los autores nacidos hasta 1980 que contaran, por lo menos, con un poemario editado y cuyos libros hubieran aparecido a partir de 1968. Elegimos ese marco cronológico para que ello nos facultara a considerar escritores con una obra consolidada o en proceso de lograrlo.1

Con la finalidad de facilitar la consulta, procedimos a elaborar una lista de poetas que se situaran dentro del marco cronológico establecido y que fuimos completando con los aportes de muchos opinantes; en dicha nómina incluimos los nombres de tres de los que firman este proyecto pues sus obras poéticas forman parte del proceso de la poesía peruana de los últimos cuarenta años. Esta lista no aspiraba a ser exhaustiva, pero era bastante plural y recogía la producción de gran parte de los escritores que han publicado en los años que cubre esta antología. Con el objeto de disminuir, en alguna medida, el carácter subjetivo y parcial de toda antología, identificamos a ciento treinta y siete representantes de nuestra comunidad literaria, todos ellos lectores informados de poesía peruana contemporánea o de un ámbito dentro de ella. Buscamos que ellos pertenecieran a distintas promociones poéticas y que representaran estéticas diversas; igualmente, tratamos de que se situaran en los distintos espacios del sistema literario entre poetas, críticos, editores, antologadores e investigadores académicos. Incluso, recurrimos a la opinión de algunos estudiosos extranjeros que sobresalen por sus trabajos sobre poesía peruana y por la preparación de antologías dedicadas a la poesía peruana o hispanoamericana contemporáneas.

A cada consultado le solicitamos una lista de veinte poetas representativos que a su juicio deberían figurar en una antología de la poesía peruana y, adicionalmente, si lo consideraban conveniente, podían ofrecer los títulos de cinco libros decisivos en el proceso de la poesía peruana 1968-2008. Le remitimos una carta vía correo electrónico y recibimos las respuestas de ciento veinticinco consultados.2

La lista de aquellos que atendieron a nuestra solicitud y nos enviaron su propuesta es la siguiente:

Ágreda, Javier / Agurto, Gastón / Ampuero, Fernando / Ángeles, César / Anicama, Joel / Ayllón, Ricardo / Bances, Miguel / Barrientos, Violeta / Belli, Carlos Germán / Bernabé, Mónica (Argentina) / Cabel, Andrea / Cabel, Jesús / Cabrera, Miguel / Canfield, Martha (Uruguay-Italia) / Carrión, Ernesto (Ecuador) / Castillo, Luis Alberto / Cisneros, Antonio / Cisneros Cox, Alfonso / Cerón, Rocío (México) / Córdova, José / Crisólogo, Roxana / Chirinos, Eduardo / De Lima, Paolo / De la Fuente, Juan Carlos / De Ramos, Domingo / Di Paolo, Rosella / Dreyfus, Mariela / Elmore, Peter / Eslava, Jorge / Espinoza, Gabriel / Estela, Carlos / Falconí, Ana María /Faverón, Gustavo / Fernández, Carolina / Fernández Cozman, Camilo / Ferreira, Rocío / Gálvez, Javier / García, Luis Eduardo / García Miranda, Carlos / Garvich, Javier / Gazzolo, Ana María / Ghersi, Érika / Gómez, Willy / Gonzales, Odi / González Vigil, Ricardo / Guerrero, Gustavo / Guerrero, Victoria / Guillén, Paul /Helguero, Lorenzo / Henderson, Carlos / Hernández Montesinos, Héctor (Chile) / Huamán, Miguel Ángel / Huamán, Reinhard / Ildefonso, Miguel / Infantas, Ignacio / Iparraguirre, Alexis / Jiménez, Reynaldo / León, Úrsula / Limache, Óscar / López Maguiña, Santiago / Lumbreras, Ernesto (México) / Málaga, Óscar / Malpartida, Miguel Ángel /Martos, Marco / Medo, Maurizio / Mendiola, Víctor Manuel (México) / Mendizábal, Bruno / Mendizábal, Raúl / Mondoñedo, Marcos / Morales Saravia, José / Montalbetti, Mario / Nájar, Jorge / Niño de Guzmán, Guillermo / Ollé, Carmen / Otero, Diego / Oquendo, Abelardo / Orte ga, Julio / Oviedo, José Miguel / Padilla, José Ignacio / Pérez, Hildebrando / Pinasco, Sandra / Planas, Enrique / Polack, Bruno / Pollarolo, Giovanna / Quiroz, Rubén / Rabí, Alonso / Reisz, Susana / Rivera Martínez, Edgardo / Rodríguez-Gaona, Martín / Rodríguez Zavaleta, Jaime / Rohner, Fred / Rosas, Patrick / Ruiz, Víctor / Ruiz Rosas, Alonso / Sabogal, Isabel / Salazar, Claudia / Salazar, Ina / Sánchez Hernani, Enrique / Sánchez León, Abelardo / Sandoval, Renato / Santiváñez, Roger / Sordómez, Romy / Soto, Juan José / Sotomayor, Carlos / Suárez, Modesta (España) / Thays, Iván / Torres Rotondo, Carlos / Tumi, Mito / Urco, Jaime / Usandizaga, Helena (España) / Valdivia, Alberto / Vega, Selenco / Vega, Stanley / Vega Farfán, Denisse / Velásquez, Marcel / Vélez, Elio / Villacorta, Carlos / Wiener, Gabriela / Wiesse, Jorge / Ybarra, Rodolfo / Yrigoyen, José Carlos / Yushimito, Carlos / Zapata, Miguel Ángel / Zúñiga, Luis / Zurita, Raúl (Chile).

Durante los meses de mayo, junio y julio del 2009 recibimos las propuestas de los consultados y con ellas elaboramos el corpus de cuarenta y cinco poetas que forman parte de este libro. Una precisión es necesaria: esta lista no constituye de ninguna manera un orden de méritos, ni es tampoco una nómina de los mejores poetas de las últimas cuatro décadas (algo que no puede decidirse por decreto ni como resultado de una consulta); se trata únicamente del espacio de intersecciones en las preferencias de los ciento veinticinco opinantes que ofrecen su mirada y valoración de la poesía peruana de las últimas cuatro décadas en este momento y como tal debe evaluarse y discutirse. A continuación ofrecemos la lista de los cuarenta y cinco poetas que obtuvieron más menciones en estricto orden alfabético y cuyos poemas son recogidos en este volumen; con la excepción de Jorge Pimentel y Tulio Mora, quienes decidieron no aparecer en esta antología consultada:3

Patricia Alba, Montserrat Álvarez, Elqui Burgos, María Emilia Cornejo, Roxana Crisólogo, Osvaldo Chanove, Guillermo Chirinos Cúneo, Eduardo Chirinos, Magdalena Chocano, Luis Fernando Chueca, Domingo de Ramos, Rosella Di Paolo, Mariela Dreyfus, Xavier Echarri, Jorge Eslava, Rafael Espinosa, Jorge Frisancho, Ana María Gazzolo, Victoria Guerrero, Paul Guillén, Lorenzo Helguero, Vladimir Herrera, Miguel Ildefonso, Luis La Hoz, Carlos López Degregori, Cesáreo Martínez, José Antonio Mazzotti, Mario Montalbetti, Tulio Mora, Manuel Morales, José Morales Saravia, Doris Moromisato, Carmen Ollé, Jorge Pimentel, Giovanna Pollarolo, Rodrigo Quijano, Juan Ramírez Ruiz, Martín Rodríguez-Gaona, Armando Rojas, Abelardo Sánchez León, Roger Santiváñez, Rocío Silva Santisteban, Enrique Verástegui, José Watanabe y José Carlos Yrigoyen.

Quienes contribuyeron con este trabajo no necesariamente estarán de acuerdo con todos los poetas incluidos, pues verán que no figuran seguramente algunos de los veinte que mencionaron y además encontrarán algunos nombres que no hubieran aceptado. Sin embargo, se trata de consensos y creemos que mucho de interés ofrecen los resultados obtenidos.


Les Chercheurs de la lune, óleo sobre tela, 1.46 x 1.14 m, 1982

1. Sobre el campo literario: Posibilidades de aplicación

Todo acercamiento a la producción literaria escrita (y, dentro de ella, la poética) de una determinada sociedad o de un periodo específico en esta no puede realizarse únicamente sobre la base de los textos existentes. Una aproximación de este tipo exige, adicionalmente: (1) un reconocimiento del sistema de relaciones objetivas e intercambios en el que se inscriben tanto la producción como la recepción literarias, y (2) un examen de cómo se clasifican y valoran los textos literarios dentro de ese sistema. En este sentido, las relaciones que se establecen entre poéticas diversas, textos, autores, editores, críticos y lectores no permanecen ajenas a los procesos y dinámicas de dicha sociedad, y más bien involucran tanto las estructuras sociales y de clase como las jerarquías culturales históricamente construidas y consolidadas ideológicamente, el ejercicio del poder y los micropoderes en el interior del llamado “campo literario”,1 y, por último, la ubicación de dicha sociedad en el mundo globalizado.

Pierre Bourdieu considera indispensable no perder de vista el hecho de que el campo literario se caracteriza por la “extrema permeabilidad de sus fronteras” y “por un grado de codificación muy débil” (1995: 335),2 que se evidencia en “la ausencia total de arbitraje y de garantía jurídica o institucional en los conflictos de prioridad o de autoridad y, más generalmente, en las luchas por la defensa o la conquista de posiciones dominantes” (343). Es, sobre todo, por esta razón que Bourdieu prefiere evitar la utilización de la expresión “institución literaria” para referirse al campo literario: su uso —señala el crítico— podría hacer menos notorio su débil grado de institucionalización y dar una engañosa “imagen consensual de un universo muy conflictivo” (343).3

Bourdieu recalca asimismo que teniendo en consideración que “la obra de arte solo existe como objeto simbólico provisto de valor si es conocida y está reconocida, es decir si está socialmente instituida como obra de arte por unos espectadores dotados de la disposición y de la competencia estéticas necesarias para conocerla y reconocerla como tal” (339), el estudio del arte o de la literatura debe tener en cuenta, “no solo a los productores directos de la obra en su materialidad (artista, escritor, etcétera), sino también al conjunto de los agentes y de las instituciones que participan en la producción del valor de la obra a través de la producción de la creencia en el valor de la obra de arte en general y en el valor distintivo de tal o cual obra de arte” (339). De esta forma, distingue dentro del campo literario “una red de relaciones objetivas entre posiciones objetivamente definidas” y, en particular dos campos “metodológicamente indisociables”: el “campo de las posiciones” y el de las “tomas de posición”. Para el crítico francés, el primero tiende a imponerse sobre el segundo:

Las transformaciones radicales del espacio de las tomas de posiciones (las revoluciones literarias o artísticas) solo podrán resultar de transformaciones de las relaciones de fuerza constitutivas del espacio de las posiciones que a su vez se han hecho posibles gracias a la concurrencia de las intenciones subversivas de una fracción del público (interno y externo), por lo tanto gracias a una transformación de las relaciones entre el campo intelectual y el campo de poder. Cuando un nuevo grupo literario o artístico se impone en el campo, todo el espacio de las posiciones y el espacio de los posibles correspondientes, por lo tanto toda la problemática, se encuentran modificados: con su acceso a la existencia, es decir a la diferencia, el universo de las opciones posibles resulta transformado, ya que las producciones hasta entonces dominantes pueden, por ejemplo, ser remitidas al estatuto de producto desclasificado, o clásico (347).

Por otra parte, la indisociabilidad de estos campos puede a su vez también manifestarse en un sentido distinto que involucra los cambios operados dentro del campo literario a lo largo del tiempo:

[…] una toma de posición cambia, aunque permanezca idéntica, cuando cambia el universo de las opciones que son ofrecidas simultáneamente a la elección de los productores y de los consumidores. El sentido de una obra (artística, literaria, filosófica, religiosa, etc.) cambia automáticamente cuando cambia el campo dentro del cual ella se sitúa para el espectador o el lector (Bourdieu 1989: 5).

Es necesario apuntar que la noción de “campo literario” —y dentro de este de las nociones de “campo de las posiciones” y de “tomas de posición”— formulada por Bourdieu (1997) resulta pertinente en la configuración de las bases metodológicas de una antología como la que se plantea en esta investigación. De hecho, por una parte, la noción permite la superación definitiva de la dicotomía que sitúa en dos planos contrapuestos el análisis inmanente del texto —ejemplificada en la lectura «pura» propia del New Criticism o en la teoría estructuralista que confiere “un aura de cientificidad a la lectura interna como deconstrucción formal de textos intemporales” (55)— y el análisis externo “que, integrando la relación entre el mundo social y las obras culturales en la lógica del reflejo, vincula directamente las obras con las características sociales de los autores (con su origen social) o de los grupos que eran sus destinatarios reales o supuestos, y cuyas expectativas supuestamente han de cumplir” (58). Por otra parte, si atendemos a la muestra de textos poéticos incluidos en esta antología consultada, producto de un consenso implícito al que llegan, en primer lugar, los encuestados y, en segundo, los encuestadores al seleccionar los textos a partir del voto formulado por los primeros, creemos que esta selección debe ser examinada a la luz del campo literario del cual se origina, esto es, a partir de las relaciones objetivas que se establecen entre todos aquellos autores, textos, poéticas, críticos, editores y lectores participantes —e, incluso, de quienes conscientemente se hayan abstenido de hacerlo— y la dinámica de los conflictos y luchas que en la actualidad se establecen entre una serie de posibilidades creativas y críticas del quehacer poético en nuestro país. Sin lugar a dudas, la diversidad y heterogeneidad de “las posiciones” y “tomas de posición” constituyen hoy en día el “campo literario” y, en particular, el “campo poético” peruano más allá de las dicotomías que atienden a variables simplificadoras tales como la procedencia geográfica, el género del autor(a) o la extracción social —más aún, consideradas aisladamente— que, aun cuando representan singularidades ineludibles, no comportan un mejor conocimiento de las diversas estrategias y tácticas que adoptan, ya sea los autores o los grupos a los cuales pertenecen estos y que han contribuido a una gradual transformación de nuestra poesía a partir de la fecha que se toma como punto de partida de esta antología, esto es 1968.

En relación con el carácter de la producción y recepción poéticas en el Perú, un hecho de fácil comprobación radica en que el número de volúmenes de poesía publicados guarda una diferencia abismal con aquellos que, en última instancia, acceden al reconocimiento simbólico ya sea a través de la labor de los críticos o el reconocimiento del público lector de poesía.4 Como bien se sabe, los tirajes en muchos casos apenas superan los doscientos o doscientos cincuenta ejemplares, lo que hace difícil alcanzar una repercusión mediática significativa o una atención crítica sostenida.5 De esta manera, en nuestro “campo poético” existe una primera condición que atañe al modo como una obra de arte o, más precisamente, un “libro de poesía” puede llegar a constituirse en un “objeto simbólico provisto de valor”; en tal sentido, resulta evidente que el proceso por el cual la obra entra en contacto con “espectadores dotados de la disposición y de competencia estéticas necesarias” y, en última instancia, con “agentes o instituciones que participan en la producción de valor de la obra” aparece signado por una marcada tendencia a posponer o desplazar ese valor en función de los intereses de determinados grupos de poder, “agentes” o “instituciones” que no necesariamente disponen o participan de las competencias estéticas o críticas a las que alude el modelo planteado por Bourdieu. Por otra parte, resulta también cierto que la adopción de los criterios diferenciadores planteados por el crítico puede resultar problemática en la medida en que las competencias estéticas, como bien se sabe, sufren a su vez una serie de transformaciones que atañen no exclusivamente al cambio de los gustos o convenciones propios del público lector, sino sobre todo al surgimiento de nuevas sensibilidades como producto de la influencia de factores tan disímiles como la tecnología, los cambios que atañen a la estructura socioeconómica y, en general, a los modos como se configura la subjetividad. Por ello, dada la precariedad de las condiciones que en nuestro “campo poético” podrían contribuir a asignar un valor específico a una obra de arte tal como un libro de poesía, creemos que se hace necesario considerar la discontinuidad y precariedad como rasgos inherentes de nuestra recepción poética y, no exclusivamente, como factores distractores de la atribución de valor de un texto poético.6

La consideración de las fuerzas contradictorias que operan en el campo literario encuentra asidero en el modelo planteado por Itamar Even-Zohar, quien inscribe el estudio de la literatura dentro de su teoría de los polisistemas,7 en la que retoma ciertas aproximaciones de Boris Eichenbaum, uno de los formalistas rusos más insatisfechos con los acercamientos excluyentemente autónomos al texto literario. Para el desarrollo de sus planteamientos, Even-Zohar toma prestado el esquema de la comunicación diseñado por Roman Jakobson, haciendo la salvedad de que mientras el punto de partida de este “es el enunciado aislado observado desde el punto de vista de sus constricciones” (Even-Zohar, en línea), lo que él busca “está pensado principalmente para representar los macro-factores implicados en el funcionamiento del sistema literario” (5). Con todo, Even-Zohar reconoce como fundamental en Jakobson —y en ello radica el interés en su propuesta— la visión de que “el lenguaje debe investigarse en toda la variedad de sus funciones” (6). A partir de ello, sustituye los términos que Jakobson utiliza en su esquema por otros que le resultan más pertinentes: “productor” por “emisor”, “consumidor” por “receptor”, “institución” por “contexto”, “repertorio” por “código”, “mercado” por “canal” y “producto” por “mensaje”. Señala al respecto que “la diferencia más importante reside quizá en mi introducción de la ‘institución’ donde Jakobson tiene ‘contexto’”.8

Sobre el concepto de “institución”, Even-Zohar indica que “consiste en el agregado de factores implicados en el mantenimiento de la literatura como actividad socio-cultural” y que “incluye al menos parte de los productores, ‘críticos’ (de cualquier clase), casas editoras, publicaciones periódicas, clubes, grupos de escritores, cuerpos de gobierno (como oficinas ministeriales y academias), instituciones educativas (escuelas de cualquier nivel, incluyendo las universidades), los medios de comunicación de masas en todas sus facetas, y más” (11). El resultado, anota el crítico, no puede verse como “un cuerpo homogéneo, capaz —por así decirlo— de actuar armónicamente y con éxito seguro a la hora de imponer sus preferencias. Dentro de la institución misma hay luchas por el dominio, de modo que en cada ocasión uno u otro grupo logra ocupar el centro de la institución, convirtiéndose en el estamento rector” (11).

Otro aspecto interesante en la propuesta de Even-Zohar radica en que su teoría de los polisistemas invita expresamente a atender a los sistemas literarios de sociedades con una profunda heterogeneidad cultural y a los conflictos, fisuras y posibilidades que esto implica. En sociedades bilingües o plurilingües, por ejemplo, esto se manifiesta “en una situación en que una comunidad posee dos (o más) sistemas literarios, como si de dos ‘literaturas’ se tratase” (4). Este planteamiento puede relacionarse, sin duda, con la noción de totalidad contradictoria acuñada por Antonio Cornejo Polar (1989) para el estudio de la(s) literatura(s) en el Perú. Señala Cornejo Polar que en la literatura peruana coexisten al menos tres sistemas: el culto, el popular y el de las literaturas étnicas, cuyo alto grado de autonomía tiene como una de sus bases la oposición “entre oralidad y escritura que recorre e impregna la totalidad de la vida social y cultural del Perú” (191). Dicha oposición, añade, que “hace crisis en el espacio de nuestra literatura”, puesto que

[...] no solo implica dos modos incompatibles de producción literaria; implica también, en el sector de la literatura culta que quiere trascender sus límites originarios, revelando o reproduciendo lo que Ciro Alegría llamó ‘la sabiduría de los ignorantes’, una tensión extrema que bien podría condensarse en esa imposible nostalgia de oralidad que nutre, con su utopía, a lo mejor de nuestra literatura (1989: 191).

Los conflictos, tensiones y luchas dentro del campo literario o la institución literaria, mencionados tanto por Bourdieu como por Even-Zohar, permiten traer a colación otra muy útil explicación sobre la dinámica del sistema literario y el proceso de la formación, en este, del centro o los centros hegemónicos en un determinado estadio y una determinada sociedad. Nos referimos al concepto de metatexto abordado por Iuri Lotman (1976), quien señala que el mecanismo de la vida activa de la literatura necesariamente conlleva la presencia de dos tendencias en conflicto (122) y, además, propone que “la literatura nunca es una suma amorfa y homogénea de textos: es no solo una organización sino también un mecanismo que se autoorganiza” y que el “más alto escalón de la organización, segrega un grupo de textos de un nivel más abstracto que el de toda la masa restante de textos, es decir, metatextos” (115). El concepto de metatexto es a su vez explicado por Susana Reisz (1986) como un “sistema de designación, clasificación y evaluación reconstruible a partir de todos los textos que lo manifiestan en forma explícita o implícita (escritos técnicos, artículos críticos, artes poéticas, manifiestos, declaraciones públicas de artistas o lectores competentes, etcétera” (44, énfasis nuestro), que es “variable según los diferentes sistemas literarios y los distintos estadios de un mismo sistema” (44). Es importante no perder de vista el carácter reconstruible del metatexto apuntado por Reisz, pues ello implica que dicho punto de referencia para la aceptación, clasificación y valoración de un texto como literario (el metatexto) es una abstracción por definición inestable. Dependerá tanto de las modificaciones en el sistema a partir del paso del tiempo o del reajuste en las posiciones y correlaciones de fuerza entre los participantes del juego literario, como de cada nueva intervención que explícita o implícitamente apunte a su definición y redefinición. Pero también ostentará características diferentes —en un mismo momento, una misma cultura y un mismo sistema— para cada actor o grupo de actores del campo literario, en función de su conocimiento de los textos pertinentes, así como de su ideología y de su ubicación en la dinámica del sistema.

El concepto de metatexto propuesto por Lotman —y desarrollado por Reisz— resulta de suma utilidad para entender el carácter discontinuo y heterogéneo de la producción y recepción de nuestro “campo poético” y, ciertamente, complementa las falencias del modelo de Bourdieu en relación con la inestabilidad de criterios tales como la “competencia estética” en la asignación de valor del texto poético. El metatexto se constituye en una herramienta dúctil en la medida en que se adapta mejor a los requerimientos de un campo en el que la valoración y, en última instancia, la codificación de un texto literario está permanentemente signada no solo por las relaciones de conflicto y lucha que establecen entre sí poetas, textos, poéticas, editores o críticos sino, además, por la precariedad propia de las condiciones que marcan la producción y recepción de los textos poéticos que ya hemos mencionado. De hecho, el concepto de metatexto resulta fundamental para poder examinar de cerca las preferencias a las que llegan quienes han participado en la encuesta que hace posible esta antología, pues ciertamente estas nos proporcionan una lectura transversal y consensual de cómo las fronteras que regulan la inclusión o exclusión de nuestro campo literario —y poético, en última instancia— se han sometido a una serie de transformaciones en el periodo que abarca esta antología. Es de esperarse que, como señala Bourdieu, “[e]l incremento del volumen de la población de los productores es una de las vías principales a través de las cuales los cambios externos afectan a las relaciones de fuerza en el seno del campo” (1995: 334), de ahí que pueda deducirse que el interés de una antología consultada como la que se propone en este trabajo radique no en plantear una homologación en los criterios de selección de los encuestados —lo cual la llevaría a constituirse exclusivamente en una herramienta de consolidación y canonización de un conjunto predeterminado de poetas— sino más bien lo contrario, es decir, una indagación acerca de cómo se constituye el llamado el “espacio de los posibles” dentro de nuestro campo literario, esto es, aquello que Bourdieu llama “lagunas estructurales”:

Para que las osadías de la búsqueda innovadora o revolucionaria tengan posibilidades de ser concebidas, tienen que existir en estado potencial en el seno del sistema de posibilidades ya realizadas, en forma de lagunas estructurales que parecen estar esperando y pidiendo ser colmadas, en forma de direcciones potenciales de desarrollo, en forma de vías posibles de búsqueda (1995: 349, énfasis del autor).

Estas “direcciones potenciales de desarrollo” estarían en cierto modo inscritas en las respuestas de un número significativo de los opinantes de esta muestra, pues, como se ha visto anteriormente, todo campo literario se caracteriza, sobre todo, por un “grado de codificación muy débil”, y es de presumir que estas direcciones estén presentes —en particular, pero, como es obvio, no exclusivamente— entre los “recién llegados” al campo:

Bien es verdad que la iniciativa del cambio pertenece casi por definición a los recién llegados, es decir a los más jóvenes, que también son los que más carecen de capital específico, y que, en un universo donde existir es diferir, es decir ocupar una posición distinta y distintiva, solo existen, sin tener necesidad de pretenderlo, en tanto en cuanto consiguen afirmar su identidad, es decir su diferencia […] (Bourdieu 1995: 355).

Creemos, por lo tanto, que uno de los aspectos más relevantes de esta antología ha de radicar en el hecho de contribuir a convocar un espacio de encuentro en el que un conjunto significativo de fuerzas —a través de las relaciones objetivas que establecen sí las posiciones y tomas de posiciones representadas en el voto emitido por cada consultado— genera identidades y diferencias que dan cuenta de las dinámicas de inclusión y exclusión del campo en su totalidad y que involucra la (re)definición de categorías tales como lo “literario” —o, más exactamente, “lo poético”—, así como las de “escritorpoeta”, “lenguaje poético”, entre otras, dinámicas por las cuales nuestra poesía ha atravesado en años recientes y, como es de suponer, continuará atravesando.

2. La antología consultada y el campo literario

Fue a partir de las consideraciones anteriores que diseñamos la consulta que nos llevó a la elaboración de la presente antología. Como quedó señalado, la propuesta era indagar acerca de la opinión de un número significativo de miembros calificados de nuestro campo literario —incluidos algunos extranjeros conocedores del proceso de nuestra poesía reciente— sobre quiénes eran para ellos los autores, entre los que comenzaron a publicar poemarios después de 1968 y nacieron hasta 1978, cuyo trabajo poético reconocían entre lo más destacable o representativo.

Esta delimitación inicial nos enfrenta a un universo vasto y múltiple cuya valoración supone inclusiones y exclusiones necesariamente discutibles. Como se verá en el siguiente apartado, varias de las antologías que han cubierto el mismo ámbito y periodo que el propuesto por nuestro trabajo —o que lo incluyen o corresponden a una parte de él— han pretendido ofrecer una mirada ajustada únicamente a la calidad poética, como si aquello que se suele calificarse como lo “exclusivamente literario” pudiera desprenderse de otros criterios que inevitablemente se ponen en juego en toda evaluación. Entre dichas antologías, sin embargo, es posible reconocer algunas que han dejado claros sus presupuestos o coordenadas de lectura,9 mientras que otras han dado, al menos, algunos indicios respecto a la posición desde donde se establecieron las decisiones que dieron lugar al corpus presentado.10 Otras, finalmente, han declarado el sesgo que las llevó a privilegiar ciertas producciones por encima de otras.11

A diferencia de todas las antologías existentes de poesía peruana, la nuestra se propuso desde un inicio no representar la mirada particular (preferencias y valoraciones) de un antologador o un reducido grupo de estos, sino de ser “consultada”, es decir, registrar una suerte de consenso dentro de la dinámica de tensión y lucha del campo literario. Esto, si bien no elimina los sesgos operantes en la opinión de cada consultado, sí permite limitar los efectos de la primacía de un modo de leer sobre otros. No obstante —como se puede intuir—, los resultados arrojados por esta consulta, aun cuando puedan ayudar a delinear aquello que podría identificarse entre “lo más representativo” del periodo mencionado, no pueden ni deben, en ningún caso, llevarnos a suponer que equivalen a una valoración definitiva. En tal sentido, creemos que una de las mayores ventajas del método adoptado en esta selección consiste en demostrar precisamente el carácter provisorio y proteico, por definición, de toda selección: a pesar de que puede resultar paradójico formular un juicio de tales alcances en una “antología consultada”, es necesario recordar que toda antología se define precisamente por su carácter antinómico, esto es, por la naturaleza cambiante de aquellas elecciones que realizan el o los antologadores. La posición estratégica de quien selecciona resulta entonces ser el producto de una operación contradictoria que habla más bien acerca de su propia imposibilidad de dar un juicio permanente y perdurable acerca de aquello que conoce, pues quien elige no hace más que afirmar el carácter provisional de su propia configuración como sujeto, construcción que a su vez se enmarca dentro de un determinado periodo histórico.

Nuestra consulta, sosteniéndose como está en una lista referencial de autores peruanos que han publicado poemarios en un lapso determinado, considera específicamente —a partir de un recorte inicial en el concepto de “poesía peruana”— la producción poética desde el soporte fundamental de la escritura, dejando de lado la poesía oral en castellano o lenguas indígenas, o las más recientes búsquedas en las posibilidades de la poesía registrada en soporte audiovisual, electrónico o sonoro. Haber incluido estos caminos hubiera supuesto un trabajo y unos objetivos claramente diferentes de los que propusimos, y necesariamente supondría otros marcos teóricos y referenciales más allá de los utilizados, además de otros sujetos participantes de la consulta y la consideración de otros sistemas de difusión de los productos. Incluso, a partir de todo ello, implicaría un cuestionamiento radical sobre las fronteras de lo que acostumbramos llamar género poético. Si bien sería interesante, como lo han intentado algunos proyectos,12 una exploración como la mencionada, que incluya dentro del corpus de la poesía peruana toda su amplitud y complejidad cultural y discursiva, e indagar en las fracturas producidas en la relación entre los diversos sistemas literarios —como los llamó Antonio Cornejo Polar— que coexisten en nuestro país, sus comunicaciones e incomunicaciones, era evidente, desde el diseño de nuestro proyecto, que no apuntábamos en esa ambiciosa dirección.

Lo que buscábamos, entonces, era obtener un consenso que pudiera representar una aplicación posible —en el terreno de la poesía peruana de las últimas décadas y dentro del “sistema literario culto” (Cornejo Polar 1989)— del metatexto vigente. Una aplicación posible, insistimos, y no la única, pues pensar en una sola es obviar la dinámica de tensiones y fricciones de todo campo literario referida en las páginas anteriores. Además, en tanto esta aplicación es el resultado de una consulta realizada a partir de una selección particular de opinantes (establecida por nosotros, lo que supone inevitablemente también decisiones de carácter subjetivo y marcadas ideológicamente) que bien podría haber sido diferente, con la consecuente variación, mayor o menor, de resultados.

Para lograr lo señalado, se contó con la opinión de un conjunto de ciento veinticinco miembros del campo literario peruano (incluidos algunos extranjeros, como lo explicamos) conocedores de nuestra poesía escrita de las últimas décadas. Tratamos en lo posible de acoger dentro de lo uniforme —esto es, el interés que suscita entre los encuestados la producción poética del periodo señalado— la heterogeneidad que atañe, principalmente, a las diferentes posiciones que ocupan estos sujetos dentro del campo. Se puede reconocer, así, entre nuestros opinantes la presencia tanto de investigadores académicos como de críticos literarios, periodistas y promotores culturales, así como creadores de diverso origen cuyas preferencias estéticas, perspectivas ideológicas, pertenencias grupales y procedencias geográficas varían significativamente.

De los ciento veinticinco opinantes, ciento catorce son peruanos y once extranjeros. Entre los primeros, ochenta y ocho son poetas, la mayoría de ellos integrantes del periodo establecido por la consulta. De estos, entre setenta y cinco y ochenta, además de poetas, son o han sido investigadores académicos, periodistas culturales, promotores o gestores culturales, editores de revistas o directores de editoriales. Obviamente no todos realizan en la actualidad dichas tareas, pero las han realizado y por periodos extensos en muchos casos, lo que los ubica como agentes dinámicos del proceso y nos permite suponer en ellos un conocimiento sistemático de la poesía del periodo o de parte de ella, incluso más allá, si cabe, de la que demanda por sí sola la actividad creativa. Algo semejante se puede decir de los veintiséis consultados peruanos que no escriben poesía, sino narrativa o exclusivamente crítica o estudios literarios, además de que varios de ellos fueron, incluso, compañeros de ruta de poetas o de grupos poéticos en diversos momentos durante las últimas décadas. Queda claro, con lo anotado, que la consulta no pretendía convocar exclusivamente a los especialistas académicos en poesía peruana contemporánea (que, además, pudieran demostrar tal condición con diversos ensayos o estudios publicados), sino a quienes, por su participación activa en el proceso, desde diversas posiciones, forman parte del conglomerado que implícitamente determinó o determina las valoraciones en la poesía peruana reciente. Por su parte, entre los doce extranjeros consultados, siete han elaborado antologías de poesía peruana o hispanoamericana contemporánea; los cuatro restantes, estudiosos de la literatura, han publicado trabajos diversos sobre poesía peruana como parte destacada de sus intereses académicos.

De lo anterior se desprende que no pretendíamos que todos nuestros consultados tuvieran un conocimiento relativamente exhaustivo e integral del proceso poético peruano de los últimos cuarenta años y que —aunque respetamos las opiniones de quienes se excusaron de responder la consulta aduciendo desconocimiento de una parte significativa del corpus propuesto (porque, en esa medida, pensaban que su respuesta partiría necesariamente de un universo recortado que dejaría de lado involuntariamente voces probablemente valiosas y, quién sabe, más valiosas que otras sí consideradas)—, a nuestro juicio, un conocimiento profundo aunque parcial de este era no solo suficiente para responder cabalmente la consulta, sino la condición de la mayor parte de nuestros opinantes. Por ello nuestro interés en abarcar un número significativo de actores del proceso, cuyas opiniones, al complementarse y contraponerse, permitieran que los resultados reflejaran cierta diversidad de pareceres existente sobre aquella poesía que, como señala Bourdieu, está “socialmente instituida como obra de arte por unos espectadores dotados de la disposición y de la competencia estéticas necesarias para conocerla y reconocerla como tal” (Bourdieu 1995: 339).

Cabe señalar que esa misma información profunda aunque parcial ha sido el punto de partida de diversas antologías de poesía peruana contemporánea, en las que los antologadores han buscado apoyarse en consultas informales hechas a unas pocas personas con el objetivo de acceder a un corpus mayor. Pensamos que una consulta como la nuestra puede ofrecer —como creemos que efectivamente lo ha hecho— un resultado que reduzca limitaciones de este tipo y que conlleve un mayor margen de inclusión y consideración dada la multiplicación de las perspectivas y pautas de los encuestados, todo lo cual redundaría en la posibilidad de ofrecer un panorama más completo del estado actual de la opinión de nuestro campo literario sobre lo más relevante de la producción poética contemporánea. Aun así, tal como se verá más adelante, se ha podido constatar la presencia de otros factores condicionantes que contribuyen a explicar mejor el desconocimiento aludido por algunos de los convocados y que trascienden su interés particular o la imposibilidad individual de conocerlo todo.

Con relación al número de poetas incluidos entre los consultados y, sobre todo, poetas participantes del mismo proceso en evaluación, alguien podría hacer un reparo afirmando que eso supone un sesgo peligroso por el hecho de que muchas de las opiniones brindadas por ellos corresponden a algo que directamente les compete, lo cual a su vez podría traslucir ciertos intereses personales o de grupo. Creemos, sin embargo, que existen dos razones fundamentales para desvirtuar esta objeción. La primera reside en el hecho de que difícilmente podría haberse logrado una consulta seria y exhaustiva si se hubiera dejado de lado a quienes están directamente involucrados con el quehacer poético. Como bien se sabe, desde el surgimiento de aquello que solemos llamar “modernidad poética”, a mediados del siglo XIX, y su configuración en las múltiples manifestaciones de la poesía contemporánea, han sido muchas veces los propios poetas quienes se han dedicado más esforzada y lúcidamente a la reflexión acerca del fenómeno poético, no solo a través de un sinnúmero de poéticas y manifiestos, sino también directamente del ensayo, la crítica y los estudios literarios. Esto, como se conoce, es lo que ocurre —y no solo en nuestro país— con la reflexión acerca de la poesía contemporánea (y en especial la más reciente), por lo general desatendida por la crítica académica ejercida por autores dedicados exclusivamente a la investigación. Bastaría un registro de los libros más recientemente publicados sobre poesía peruana para darse cuenta de ello. El trabajo de los poetas sobre la poesía, en ese sentido, ha resultado fundamental no solo para entender el alcance y valor de sus respectivas obras, sino la de aquellos que han compartido o, incluso, enfrentado sus posiciones o tomas de posición (Bourdieu). Pensamos, por tanto, que el deslinde entre “creadores” y “críticos” en este caso no parece redundar en una aproximación más objetiva al problema que nos ocupa, sino que, creemos, obedece más bien a una visión bastante estereotipada acerca de cómo se produce el proceso de la comunicación literaria. Si asumimos que hoy en día la tarea del lector de un texto literario, sea un crítico o investigador o no, implica la necesidad de producir un conjunto de lectura(s) que contribuyan a darle vida al texto dentro de una sociedad o periodo determinados, resulta claro que no existe lector que no se haga responsable de la representatividad de un texto: todo texto reclama un lector y todo lector ha de ser considerado copartícipe del texto que enfrenta en la medida en que este no existe sino a través del acto de la lectura.

En segundo lugar, con relación a la presencia de cierto tipo de intereses que obliguen a desvirtuar la respuesta de un creador en una encuesta de este tipo, tampoco creemos que exista una lectura desinteresada. De hecho, la posición que ocupa el crítico, ya sea como reseñista de un medio de comunicación o como académico universitario interesado en nuestro proceso poético, necesariamente se vincula con ciertos intereses personales o de grupo o ciertos presupuestos ideológicos de lectura que de algún modo determinan sus juicios estéticos. No debemos olvidar que en ambos casos se trata de instituciones desde las cuales el crítico/estudioso ejerce una influencia muy importante en el reconocimiento de una determinada obra o autor: no existen, en tal sentido, críticos “puros”, “imparciales” u “objetivos” que ejerzan desinteresadamente la función de consagrar a tales autores u obras. Existen, más bien, críticos cuyas lecturas obedecen a criterios establecidos de antemano a través de ciertas valoraciones de lo que ideológicamente consideran “literario” o no. En esta medida resulta evidente, una vez más, que los textos literarios existen siempre en función de aquellas subjetividades que establecen contacto con ellos y, en tal caso, la tarea más productiva para el crítico ha de consistir en determinar cómo se han configurado esas subjetividades y a qué condiciones sociales o históricas responden.

Con relación a las diferencias que atañen a aquello que podríamos caracterizar como “lecturas generacionales” —y que se vinculan con las edades de nuestros encuestados— constatamos que la inclusión y consideración de un número proporcional de participantes cuyas edades fluctúan, casi todos, entre los treinta y los setenta años nos ha permitido establecer una aproximación equitativa de la producción poética del periodo. Aun cuando resulta evidente que el conocimiento del estado de la cuestión entre poetas-críticos-estudiosos de edades mayores —y probablemente más aún en el caso de quienes residen fuera de nuestro país— puede resultar insuficiente dado que su conocimiento de la producción más reciente se ha ido debilitando, resulta también claro que la participación de los más jóvenes poetas-críticos-estudiosos ha contribuido a atenuar el efecto que ello podría suponer. Igualmente, es posible suponer en muchos de estos últimos un conocimiento más panorámico (quizá más endeudado con las consagraciones y canonizaciones establecidas a través del tiempo) del proceso poético de las décadas de 1970 y 1980, por lo que la participación de un buen número de poetas-críticos-estudiosos mayores resulta fundamental.

Así como pretendimos cubrir diferentes edades entre los consultados, creemos que la selección de opinantes logra abarcar también las diversas corrientes dentro del panorama de nuestra poesía reciente. En este sentido, entre los convocados, puede reconocerse no solo a poetas que pertenecieron a algunos de los grupos más importantes de la escena nacional durante el periodo estudiado (Hora Zero, La Sagrada Familia, Kloaka, Neón, Noble Katerba, Inmanencia), sino también a diversos miembros del campo literario vinculados con otras posibilidades de lo que Raymond Williams llamaría “formaciones literarias” (Williams 2000: 141) que, como explican Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano, corresponde a “los movimientos, los círculos, las escuelas, es decir la variada gama de formas de agrupamiento intelectual a través de cuya existencia y actividad se manifiestan algunas de las tendencias de la producción artística y literaria” (Altamirano y Sarlo 1993: 97). Así, están incluidos entre los consultados poetas representativos de diversas estéticas y registros explorados o consolidados durante el periodo estudiado, así como también críticos, estudiosos o gestores culturales, que sin necesidad de ser necesariamente “orgánicos” a tal o cual corriente, sí han demostrado una preferencia clara o un interés particular por alguna de estas, sin que ello signifique que la elección de su nómina de poetas se viera restringida a la tendencia o grupo en cuestión.

En cuanto a la distribución de género de los consultados, pensamos que el número de mujeres (veinticinco) y de hombres incluidos (cien), a pesar de evidenciar un fuerte desequilibrio, refleja aún, lamentablemente, la realidad de la dinámica de nuestro campo literario.13

Uno de los aspectos más delicados en la búsqueda de heterogeneidad en la lista de consultados está vinculado con la representatividad geográfica. En este sentido, pretendimos que los opinantes peruanos correspondieran a diversos lugares de nuestro país, pero sin que esto significara la postulación de la existencia de un campo literario imaginariamente descentralizado y realmente democrático, en donde los actores de todas las regiones tuvieran —en la disputa de poderes que constituye la dinámica del campo— igual posibilidad de participación e influencia a la hora de definir las valoraciones de la poesía, situación que, como es claro, no se condice con la precariedad institucional literaria en el Perú ni con las desigualdades y fracturas de nuestra sociedad. Es necesario señalar, entonces, que la configuración de la lista de opinantes buscó reflejar la realidad de la dinámica de nuestro campo literario, antes que los deseos de una urgente e indispensable modificación de las estructuras de este y del conjunto de la sociedad.

Obviamente, la concreción de este empeño no se puede sostener sino en intuiciones, percepciones relativamente subjetivas y, a lo más, en indicios que no pueden asumirse como definitivos en tanto se carece de datos sistematizados al respecto. Veamos: de los ciento catorce consultados peruanos cerca de treinta están vinculados con provincias distintas de Lima; esto quiere decir que nacieron y vivieron un tiempo prolongado en ciudades diferentes de la capital, que viven actualmente en ellas o que, siendo limeños, cuentan con una relación muy estrecha con la producción literaria de provincias.14 Como anotamos, a pesar de la desproporción numérica, pensamos que estas cifras no están lejos de reflejar la real dinámica de funcionamiento, en la actualidad, de nuestro campo literario. Uno de los indicios que permiten esta sospecha se vincula con los lugares de publicación de poemarios de los poetas peruanos de las últimas décadas que gozan de algún tipo de reconocimiento relativamente consensual. En su estudio Fiesta prohibida. Apuntes para una interpretación de la nueva poesía peruana 60/80, Jesús Cabel incluye una “Bibliografía selecta de la poesía peruana”. Allí, en la sección correspondiente a “Libros”15 registra ciento cincuenta y cinco títulos, de los cuales solo veintiocho fueron publicados en provincias diferentes de Lima (Cabel 1986: 341-349). El dato es interesante en tanto el estudio de Cabel busca abarcar los procesos poéticos de los diversos lugares del país. En los cuadros estadísticos que aparecen al final de este mismo estudio, informa Cabel que entre Lima y Callao habita el 52,8 por ciento de los poetas peruanos nacidos después de 1935 que logra registrar (371).16 Otro libro cuya referencia resulta interesante como indicio, es la antología Poesía peruana. Siglo XX de Ricardo González Vigil, publicada en dos tomos por Ediciones Copé en el año 2000. En el segundo tomo, a partir de la sección dedicada a la Generación del 70 (acápites “Generación del 70”, “De los años 70 a los 80” y “Años 90”), es posible reconocer, entre los noventa y siete autores incluidos en total en dichos bloques, que solo dieciséis de ellos cuentan entre sus títulos con algunos publicados en provincias.17 De los ciento un títulos que suman en total estos dieciséis autores, solo treinta y tres han sido publicados en provincias distintas de Lima, mientras que treinta y seis aparecieron fuera del Perú.

Otro dato que puede ayudar a formar una idea sobre la realidad del campo literario peruano es el número y la distribución de facultades de literatura en el país: solo hay cinco en un total de ciento dos universidades existentes en el territorio nacional; cuatro de ellas en Lima y una en Arequipa.18 Aunque sería absurdo afirmar que solo aquellos que han cursado estudios formales de literatura pueden lograr un cabal acercamiento a la poesía o ser poetas, creemos que las cifras evidencian carencias y debilidades que redundan en la desigual posibilidad de participación de los miembros del campo literario peruano en las luchas que lo configuran y lo redefinen permanentemente y, por ende, en las valoraciones de la poesía actual. Muchos otros factores, además, han agravado y agravan las dificultades para estructurar un campo literario más descentralizado y democrático; entre ellos, por ejemplo, la dificultad de encontrar en bibliotecas públicas y universitarias material bibliográfico que permita una sólida información y formación en poesía contemporánea, la carencia de librerías que merezcan realmente ese nombre, las dificultades económicas que obligan a que las revistas sean empresas truncas y que impiden, por tanto, la configuración de escenarios de discusión enriquecedora, e, incluso, la acción de ciertos núcleos con poder local más bien empeñados en mantener y propugnar retóricas obsoletas como base para su prestigio. Un factor adicional se puede vincular con la ausencia de concursos poéticos de proyección nacional convocados fuera de Lima: aunque han existido y existen (como el concurso Poeta Joven del Perú), estos son muy escasos y en la actualidad llevados a cabo con mucha irregularidad.

Lo anterior no implica, por supuesto, desconocer la importante actividad poética existente más allá de Lima y la configuración de núcleos dinámicos en diversos lugares, con recitales, revistas y, en los últimos años, incluso con encuentros de poesía y —aunque todavía muy pocas— ferias de libros. En este escenario, Arequipa, Trujillo, Chiclayo o Chimbote parecen ser algunos de los polos en que la mayor efervescencia se ha dado la mano con una más acentuada voluntad de diálogo e intercambio con otros espacios del país, e incluso con el extranjero. Sin embargo, en general, todavía el impacto de dichos eventos fuera del espacio local es muy reducido, al punto que —a diferencia de lo que sucedió, por ejemplo, en los años veinte con las vanguardias o, en alguna medida a inicios de los setenta— tiene muy poca capacidad de influencia en las decisiones y valoraciones a las que se les reconoce un carácter “nacional”. No obstante, es posible esperar que precisamente en estos momentos se esté gestando —sobre todo en la promoción que sigue al periodo abordado por nuestra antología, o a los menores entre los incluidos— un interesante cambio, vinculado fundamentalmente con las posibilidades que ofrece internet para el acceso a una formación y un conocimiento poéticos que no dependa del objeto físico libro ni, por tanto, de las bibliotecas entendidas en un sentido tradicional. Obviamente para ello no bastan los recursos electrónicos; ni únicamente la mayor y mejor formación poética de muchos actores de los procesos más allá de Lima será suficiente para quebrar la correlación de fuerzas que coloca a la capital como escenario no solo hegemónico sino fuertemente excluyente. Pero la posibilidad existe y, sin duda, podría permitir que el proceso poético que siga al contemplado por esta muestra evidencie una configuración del campo literario y poético radicalmente distinta de la actual.

Finalmente, en esta revisión sobre la metodología empleada por nosotros para elaborar la presente antología consultada, valdría preguntarse a modo de ensayo abierto de respuestas, cuáles pudieron ser los criterios que llevaron a un opinante a establecer su lista de veinte poetas, que fue lo que les solicitamos en la invitación a la participación en esta consulta. Damos por descontadas las razones vinculadas con el nudo conocimiento/desconocimiento explorado líneas arriba, y confiamos plenamente en que los consultados han partido de la consideración del valor poético de sus elegidos como factor fundamental. Sin embargo, como lo señalamos páginas atrás, no hay valoración que pueda atenerse a criterios “exclusivamente literarios”, puesto que estos siempre —y creemos que se puede desprender del recorrido que hemos trazado— están teñidos de otros componentes, intereses, preocupaciones, poéticas, etcétera. A propósito de esto, son interesantes los comentarios de Wendell V. Harris en su trabajo “La canonicidad”. Señala Harris que los criterios en que se basan las selecciones que pretenden establecer un canon literario o poético (o de cualquier tipo, en última instancia)19 son diversos y se encuentran habitualmente entremezclados. Y apunta algunas de estas posibilidades (mencionaremos o reseñaremos brevemente aquellos que creemos podrían haber intervenido en la selecciones de nuestros opinantes): a) la estimación personal que “trata de hallar un sentido en relación con las necesidades y experiencias individuales”; b) la estimación histórica que “trata de proporcionarnos los hitos que marcan los cruces y giros en el desarrollo histórico de los géneros, los temas nuevos y las características formales”; c) la provisión de modelos, ideales e inspiración; aunque apunta que “en la actualidad moralizante e inspirador son términos que están bastante pasados de moda como adjetivos honoríficos para la literatura, […] las funciones que designan siguen siendo todavía operativas”, y señala los ejemplos de las selecciones establecidas desde los discursos marxista y feminista; d) el intercambio de favores, que explica a partir de la idea de que “los escritores han conseguido entrar en el canon del día no solo por el poder de sus obras (‘poder’ podría entenderse como ‘interesante para unos intereses [sic] críticos o sociales existentes’) sino también por la aceptación activa de textos o criterios compatibles con sus propios objetivos”; e) la legitimación de la teoría; pone como hipótesis el caso de “[u]n crítico experimentado practicante del new criticism, la deconstrucción o el marxismo [que] puede, naturalmente, leer casi cualquier texto de modo que apoye sus propias preferencias, pero los textos que selecciona cada grupo son aquellos que le permiten ofrecer una mirada más rica, dramática o convincente; y f) la pretensión de pluralismo; es decir, de lograr una imagen variada que represente los diversos ámbitos recorridos por los textos literarios (Harris 1998: 37-60).

En el caso de nuestra muestra, al ser tanto poetas como opinantes contemporáneos, es inevitable que las selecciones de estos últimos hayan estado mediadas también por cercanías o distancias irreconciliables — amicales, grupales o ideológicas— con los posibles elegidos. Incluso, al tratarse de una antología que parte de una invitación realizada por, junto a un narrador, tres poetas del periodo, no es imposible imaginar que las decisiones de incluir o no incluir en la lista a alguno de nosotros haya estado tamizada por esta circunstancia.

Todo lo señalado nos lleva a reafirmar que la multiplicidad de miradas o posiciones que pudiesen existir respecto a aquello que podríamos definir como “lo poético” —representado a su vez bajo otra forma de heterogeneidad que involucraría las diversas posibilidades que asume “lo poético” en la propia obra de los poetas considerados en la encuesta—, y que hemos tratado de reflejar en la lista de consultados, no conlleva necesariamente al establecimiento de una valoración definitiva u objetiva del periodo que nos ocupa. Como bien intuye el lector literario, una de las condiciones que definen todo juicio estético o crítico que se realiza acerca de un texto se funda no solo a partir de una experiencia y competencia lectora individual, sino también a partir de una posición dentro de una determinada sociedad y estructura económica, una pertenencia a un determinado género o una identificación con determinados discursos históricos o literarios vigentes, entre otros elementos.20

3. Las antologías y la poesía peruana 1968-2008

Nuestra antología consultada21 se sitúa al lado de muchas otras selecciones que con mayor o menor rigor han pretendido observar la poesía peruana de los últimos cuarenta años. Una somera revisión de algunas de ellas es, entonces, indispensable para entender y valorar el sentido de nuestra propuesta y para recalcar que todas ellas son marcas transitorias, espejos móviles y parciales y que de ninguna manera significan el arribo a un parnaso definitivo.22 El año 1973, José Miguel Oviedo publicó la antología Estos 13 con la intención de auscultar la nueva sensibilidad que empezaba a percibirse en nuestra poesía y que aparecía en la producción de Manuel Morales, Antonio Cillóniz, Jorge Nájar, José Watanabe, Óscar Málaga, Elqui Burgos, Juan Ramírez Ruiz, Abelardo Sánchez León, Feliciano Mejía, Tulio Mora, José Rosas Ribeyro, José Cerna y Enrique Verástegui. El crítico señalaba que los nuevos poetas, a pesar de estar cercanos cronológicamente a los autores de la generación del sesenta, le otorgaban una actitud vitalista y parricida a nuestra tradición.23 Una serie de hechos y referentes culturales los marcaban: el fracaso de las guerrillas del sesenta, la muerte del Che Guevara en Bolivia en 1967, los acontecimientos insurgentes del mayo del 68, el gobierno reformista de Velasco, los movimientos hippies y pacifistas y, sobre todo, los “hervores” —para utilizar la expresión arguediana— de las migraciones de esos años, que configuraron el nuevo rostro sociocultural peruano. Casualmente, ese era el tronco que reunía una serie de propuestas y de voces disímiles:

Creo que uno de los aspectos más interesantes y significativos que está detrás de la poesía peruana última, es el hecho de que sus nuevos autores pertenezcan (con una o dos excepciones; notoriamente la de Abelardo Sánchez León, que surge de un sector cómodo de la clase media limeña) a una capa proletarizada, de extracción obrera o artesanal, que proviene del interior del país. […] Proletarios y provincianos, estos jóvenes incorporan a la literatura de la metrópoli un rasgo que había casi desaparecido en los últimos 30 años: el espíritu regionalista, esa esperanza de articular las formas de la cultura local en un solo proyecto de alcance nacional (11-12).

La antología de Oviedo configuró el rostro más visible de esos años. Se trataba de una voz que discurría casi monolíticamente por los cauces de lo conversacional en el espesor del discurso, recorría ardorosamente las calles y exploraba los cimientos de una conflictiva identidad. Cualquier otra mirada o disonancia era entonces leída y valorada como una aventura insular.

Una propuesta más abierta podemos encontrarla en Antología de la poesía peruana del siglo XX: (años 60/70) de César Toro Montalvo (1978).24 Esta selección es el primer intento de ampliar la mirada del setenta reconociendo la existencia de distintas poéticas que van del registro conversacional a algunas modulaciones más líricas, a otras míticas y trascendentes y a un espacio adicional que privilegia la experimentación y las exploraciones visuales. No obstante, la ratificación del peso conferido a la línea urbana y conversacional la hallamos, unos años después, en Fondo de fuego. La generación del setenta de Ricardo Falla (1990)25 que revisa los colectivos y las revistas de Gleba, Estación Reunida, Nueva Humanidad y Hora Zero. Para Falla solo han existido tres generaciones en la poesía peruana: la Generación de la década del veinte que surgió con el propósito de aniquilar el contenido y la forma del Modernismo, la “Generación del 50” en la que incluye a los poetas surgidos en los años sesenta y la “Generación del 70”. Esta última puede ser definida como la de la ruptura y el cambio:

Como rasgo expresivo, el poeta del 70 manifestó la caótica heterogeneidad o la irregularidad formal, como resultado de la interacción social y cultural de Lima y la provincia, y la del castellano con estructuras lingüísticas traducidas. Esta irregularidad se desarrolló en las formas arquetípicas del verso libre articulado por el lenguaje narrativo y las palabras prosaicas. Por ello, la poesía adquirió un matiz abierto, de clara rebelión contra las tradiciones académicas cerradas. En este sentido clausuró la época de la poesía cerrada para dar paso a la poesía abierta que invita e incita a la participación de todos (141).

La última cena (1987) es la antología elaborada por José Antonio Mazzotti, Rafael Dávila Franco y Roger Santiváñez, los anónimos autores del prólogo,26 quienes escindieron el río central de la década en dos vertientes que señalaron los rumbos de la poesía ochentera: la de la actitud contestataria y expresionista, por un lado, encarnada en el movimiento Kloaka, y la de la renovación de los moldes consagrados por otro en el dominio de una narratividad culturalista; a ellos se unía la irrupción del sujeto poético femenino. En el volumen se ofrecían poemas de José Velarde, Raúl Mendizábal, Roger Santiváñez, Dalmacia Ruiz Rosas, Julio Heredia, Rafael Dávila Franco, Eduardo Chirinos, Domingo de Ramos, César Ángeles, José Antonio Mazzotti, Rodrigo Quijano y Jorge Frisancho.27 Esta mirada de los ochenta fue ampliada en El bosque de los huesos / Antología de la nueva poesía peruana 1963-1993, elaborada por Miguel Ángel Zapata y José Antonio Mazzotti. Después de revisar “las fundaciones de los años 60”, el prólogo reconoce en el tronco principal de los setenta, a diferencia de los poetas surgidos en la década anterior, el “código popular y el coloquialismo exacerbado” (1995: 24). La poesía surgida en los ochenta oscila entre las tres vertientes ya identificadas en La última cena, aunque en la parte correspondiente del estudio introductorio se resalta la propuesta de Kloaka como el aporte más novedoso de la década. Igualmente, el lector puede percibir cierta escisión entre los juicios del prólogo y la selección de autores del cuerpo de la antología que revelan varios registros poco o nada atendidos en el estudio introductorio.28

Aunque no se trata de una antología, el siguiente eslabón le corresponde a Luis Fernando Chueca (2001) con su trabajo “Consagración de lo diverso. Una lectura de la poesía peruana de los noventa”, en el que se refiere al fin de la hegemonía de lo conversacional como rasgo distintivo de los setenta y ochenta. Chueca distingue una serie de compartimientos por los que empieza a discurrir la poesía de los noventa: el malditismo urbano, la representación del espacio suburbano y popular, el coloquialismo y el discurso de la cotidianidad, la veta culturalista, la construcción del sujeto autobiográfico, la poesía como espacio de ritualización, el lirismo extremo, las poéticas constructivas y barrocas y la poesía de la libertad total de la palabra.29 Hubo que esperar algunos años para que apareciera una antología que contextualizara la poesía surgida en la década de 1990 y seleccionara a sus autores representativos. Nos referimos a Los relojes se han roto. Antología de poesía peruana de los noventa de Enrique Bernales y Carlos Villacorta (2005). En el prólogo los antologadores agrupan a los nuevos creadores surgidos al final del siglo XX bajo el rótulo de “generación de la violencia” sumida en un camino de desesperación, para usar el título de un poemario de uno de sus autores representativos,30 aunque varios de los poetas incluidos procesen esta experiencia de un modo oblicuo o simbólico. Estilísticamente, los autores de los noventa encarnan el desgaste de lo conversacional como poética hegemónica y exploran una pluralidad de registros. El libro recoge poemas de Montserrat Álvarez, Roxana Crisólogo, Xavier Echarri, Victoria Guerrero, Lorenzo Helguero, Miguel Ildefonso, Carlos Oliva, Josemári Recalde, Martín Rodríguez-Gaona, José Carlos Yrigoyen y Chrystian Zegarra.

La propuesta de Los relojes se han roto revela además el aliento de casi todas las antologías de poesía peruana aparecidas en la primera década del siglo XXI: leer y valorar la poesía de los 70, 80, 90 y 2000 desde el cristal de la diversidad, desde las coordenadas de un sin-centro y desde la inclusión de un discurso otrora marginal como el de Hora Zero y Kloaka en el seno del canon. Una muestra de ello la hallamos en La mitad del cuerpo sonríe. Antología de la poesía peruana de Víctor Manuel Mendiola (2005)31 o Antología de la poesía peruana. Fuego abierto de Carmen Ollé (2008) que acogen otros caminos alternativos a la poética conversacional en los setenta y ochenta. Mendiola busca en el prólogo contrastar la poesía peruana con la mexicana y percibe en la nuestra la búsqueda de una “modernidad más pura, radical” para observar, en la clausura del siglo XX, poemas que se sitúan “[…] lejos de la armonía tradicional y sin olvidar las aportaciones de la vanguardia, están creando una nueva lírica donde el verso y la prosa, lo simultáneo y lo lineal, la forma y el contenido, la poesía del lenguaje y la poesía de la experiencia, se mezclan” (2005: 39). Ollé, por su parte, le otorga el mismo peso específico a distintas variantes que oscilan, con múltiples modulaciones, entre “una poesía que nace de la tradición y vuelve a ella sin contaminarse con el ruido social” y otra que “refleja una cultura mixta, híbrida en la que lo culto y popular no se diferencian con facilidad” (2008: 9). Del periodo que nos interesa, Ollé selecciona 42 poetas y los agrupa en siete compartimentos identificados con los títulos de algunos libros de la poesía peruana de los últimos treinta años. Estos son, respectivamente: “En los extramuros del mundo”, “Contra el ensimismamiento”, “Amores imperfectos”, “Flama y respiración”, “O un cuchillo esperándome”, “Ya nadie incendia el mundo” y “Delgadísima nube”. Si bien Ollé no explora los rasgos esenciales de cada una de estas zonas, su reconocimiento sugiere una pugna o un diálogo que refleja, a fin de cuentas, la mirada plural que se tiene de la poesía peruana contemporánea en este nuevo siglo.32 Esta antología, a diferencia de todas las otras muestras, recoge textos de 24 poetas mujeres, en contraposición a los 18 poetas varones seleccionados.

El mismo interés por la diversidad puede percibirse en el trabajo de Paul Guillén, Poesía peruana contemporánea. 33 poetas del 70 (2005),33 que examina la pluralidad de lenguajes en una década en la que las antologías anteriores solo descubrían el discurso urbano y conversacional. En esta selección coexisten el discurso de la oralidad y las calles, con lenguajes afincados en el neobarroco, el simbolismo, el expresionismo o la experimentación lingüística. Algo parecido propone La letra en que nació la pena (2004)34 de Raúl Zurita y Maurizio Medo, quienes reconocen, a partir de los setenta, una “dispersión” creciente en el discurso poético peruano. Esta muestra, como manifiestan los antologadores, pretende ser la auscultación de la polifonía presente en la poesía actual y el reconocimiento de diversos autores no atendidos suficientemente por la crítica y por otras selecciones. Referida a las promociones de los ochenta y noventa, puede mencionarse también Caudal de piedra. Veinte poetas peruanos (1955-1971) (2005) del mexicano Julio Trujillo, que busca dar cuenta de la diversidad de la poesía peruana reciente, pero apoyada en “una solidez existente que se llama tradición”.35

Dos selecciones aparecidas en los últimos años exploran territorios alejados de la poesía conversacional. La primera de ellas es Actual triantología de la poesía argentina, brasileña y peruana (2004) de la revista Homúnculus, que pretende recoger el reverso de lo conversacional soterrado en las selecciones previas y privilegiando, en cambio, el neobarroco y la experimentación.36 La otra propuesta está en Festivas formas. Poesía peruana comtemporánea del uruguayo Eduardo Espina (2009).37 El prólogo es elocuente y está encaminado a reconocer, según el autor, el declive de la retórica de lo conversacional:

La lírica peruana actual, antes como instancia histórica que como coincidencia de propuestas generacionales, se caracteriza por un replanteamiento de la poesía en tanto problema específicamente lingüístico. Es crítica de su proceder en el idioma, y como tal acumula un necesario despilfarro de discursos. La historicidad del poema tiene tanto en cuenta lo que dice como la forma en que lo expresa. La única coartada de trascendencia es retórica (2009: 29).

Si bien Espina se refiere a los poetas aparecidos en los últimos años, el juicio revela el lugar de la mirada para valorar la poesía previa.

Una antología importante, por la audiencia internacional que concita y porque se enmarca en una serie de volúmenes que ofrecen un panorama de la poesía latinoamericana de la actualidad, es La poesía del siglo XX en Perú de José Miguel Oviedo. Si bien esta muestra revisa la poesía peruana del siglo XX partiendo de Eguren y Vallejo, es interesante observar la lectura y valoración que hace Oviedo del setenta, treinta y cinco años después de Estos trece. Luego de afirmar que un sector considerable de la poesía de ese periodo estuvo a cargo de los grupos Hora Zero y Estación Reunida señala que ellos propusieron un modo de escribir “bastante hirsuto, anárquico e impulsivo […] un síntoma agriado de que la poesía había entrado en una fase de emergencia y desmantelamiento general” (1973: 41-42). La elección de Oviedo privilegia dos voces ajenas a los proyectos colectivos, Watanabe y Sánchez León, y subraya que especialmente el primero sobresale por el cuidado y exactitud en el trabajo del poema muy lejos de cualquier condición “hirsuta” o de “desmantelamiento” del buen decir. En la poesía surgida en los años ochenta observa un aislamiento y ausencia de actitudes de ruptura en los dos poetas seleccionados (Di Paolo y Chirinos). En líneas generales, y reconociendo el valor de los poetas elegidos por Oviedo, puede decirse que su lectura para este periodo es conservadora y respetuosa del canon y las expectativas internacionales.

No podemos dejar de considerar en esta revisión la antología Poesía peruana siglo XX. Tomo II de Ricardo González Vigil (1999). Aparecida a fines de la década del noventa, pretende ofrecer un recuento integral de la poesía peruana del siglo XX y como tal es inclusiva y casi censal; basta consignar que dicho volumen recoge los poemas de 122 poetas para el periodo cronológico 1960-1999 y en ella figuran poemas de 40 de los autores que forman parte de nuestra propuesta.38 La misma situación puede observarse en casi todas las antologías aparecidas a partir de El bosque de los huesos. Salvando el marco cronológico que cubre cada una de ellas y el criterio establecido por el antologador hay alrededor de treinta poetas cuyos poemas aparecen en varias de ellas. Esta convergencia revela el valor y el interés de nuestra antología consultada que surge como el espacio de un consenso espinoso y parcial, es cierto, pero consenso al fin. En él están consolidándose, como ya lo hemos señalado, poéticas otrora poco visibles o calificadas de “insulares” y que ahora adquieren un mayor peso específico en el complejo tejido de la poesía peruana reciente.

4. Esta antología

Revisemos ahora la muestra resultante. Tomemos como punto de partida la lista que elaboramos para iniciar la consulta: una lista de cerca de trescientos autores, la misma que se vio enriquecida a partir de las primeras respuestas, hasta llegar a cerca de trescientos cincuenta poetas. Esta, en tanto fue presentada en todo momento como referencial, dejaba constancia de que no cubría la totalidad de poetas enmarcados en las coordenadas definidas. Es más, no sería imposible pensar en que por lo menos una cantidad semejante a la de los autores considerados no fue reconocida ni por nosotros ni por los opinantes. A estos autores ni se les dio ni lograron visibilidad en esta consulta. Frente a esto sería posible responder que su desconocimiento por parte de los opinantes convocados es una evidencia de su poca importancia o representatividad en el espectro de la producción poética reciente. Aunque muy probablemente esto sea cierto en la mayoría de los casos imaginables, no deja de ser problemático puesto que nos conduce a varios nudos del campo literario peruano.

Uno primero es la relación entre los espacios centrales y los periféricos. Dos dimensiones constitutivas de todo campo cultural que —como ha anotado José María Pozuelo Yvancos a partir de los planteamientos de Iuri Lotman— funcionan interdependientemente: “no hay centro sin periferia y el dominio de la cultura, su propia constitución interna, precisa de lo externo a ella para definirse” (1998: 225). Al respecto, podemos mencionar, como ejemplo, la polaridad Lima-provincias. El hecho de que los 45 seleccionados para esta antología, casi ninguno de ellos viva actualmente en alguna provincia peruana diferente de Lima39 es un dato innegablemente revelador no solo de cómo se tejen los prestigios en nuestra ciudad letrada, sino quizá también —y de modo más preocupante— de cómo se construyen o no los espacios y condiciones indispensables (léase posibilidades de lecturas, diálogos, intercambios, retroalimentación crítica, etcétera) para el desarrollo de una obra solvente. Aunque es esperable, como señalamos, que estas circunstancias puedan cambiar como efecto de las modalidades comunicativas contemporáneas, que ponen fácilmente al alcance de las nuevas generaciones accesos e intercambios antes poco imaginables, se observa aún un rezago frente a la escena limeña en lo concerniente a los autores mayores de treinta años.

No obstante, aproximadamente una tercera parte de los autores seleccionados no nacieron en Lima, sino que llegaron a formar parte fundamental del campo literario peruano —varios de ellos, al menos— gracias a las modificaciones ocurridas en los años sesenta y fundamentalmente en los setenta, que alteraron radicalmente las estructuras tradicionales (de carácter notoriamente más criollo-cosmopolita y centralista) de nuestra literatura, con lo que se recuperaba un dinamismo de carácter nacional semejante al observado en la agitada escena vanguardista de los años veinte. Las transformaciones producidas en la configuración de la sociedad durante los años setenta y, en particular, las demandas de importantes sectores, entre los productores literarios, por la renovación desde una perspectiva nacional y más democrática del quehacer escritural resultaron muy significativos para este proceso que —es posible afirmar a modo de hipótesis— se vio alterado, durante los años ochenta y buena parte de los noventa, entre otras razones, con el inicio de las acciones armadas de Sendero Luminoso y la respuesta antisubversiva del Estado, que limitaron los intercambios geográficos y con ello la posibilidad de desarrollar polos descentralizados de producción poética dinámica y renovada. Otra razón podría vincularse con la retracción de la presencia del Estado, así como de espacios privados, en el campo de la promoción y difusión de la cultura literaria letrada fuera de Lima; nos referimos, por ejemplo, a la disminución de la actividad editorial estatal en contraste con la que tuvo en la década de 1970 la Casa de la Cultura, que luego se constituyó en Instituto Nacional de Cultura;40 igualmente a la casi absoluta desaparición de librerías que tuvieran una oferta poética amplia para los lectores interesados. Si una importante cantidad de autores no limeños de estos años ochenta y noventa figuran en la muestra, su presencia se relaciona más con los procesos de migración hacia la capital, que con un sólido y sostenido desarrollo poético local con proyección nacional en otras provincias del Perú. Hubo, por supuesto, excepciones, pero en general durante estos años las posibilidades de desarrollo y reconocimiento en la escena poética nacional pasaban por estar o al menos recalar en la capital peruana durante un tiempo. Y estas migraciones, a la vez que modificaron definitivamente el rostro de la ciudad y del país, condujeron a nuevas ampliaciones de los registros de la creación poética que se abrió, así, a múltiples procesos de hibridación que se cuentan entre lo más novedoso del periodo.

Otro aspecto también relacionado con los espacios centrales y periféricos de nuestro campo literario, y que permite seguir indagando acerca de la heterogeneidad conflictiva de nuestro país (Cornejo Polar), se relaciona con el hecho de que nuestra propuesta de una antología consultada de la “poesía peruana” —elaborada a partir de la consideración del soporte de la escritura, como ya explicamos—, fue entendida, aparentemente, como de “poesía peruana escrita en castellano”, como sucede habitualmente en nuestra ciudad letrada en antologías, estudios literarios, cursos universitarios y escolares, reseñas y recuentos periodísticos.41 Esto ocurrió a pesar de que en nuestro listado referencial incluimos nombres como los de Odi González, Dida Aguirre o José Luis Ayala, entre otros más, que corresponden a la producción poética contemporánea escrita en lengua quechua o aimara, ninguno de ellos llegó al número de menciones suficientes para ser considerado dentro de la antología, y salvo González, ninguno fue considerado siquiera cercanamente. El caso de Odi González es particularmente interesante puesto que se trata de un poeta bilingüe quechua-castellano que solo en los últimos tiempos ha incursionado en la escritura (o al menos en la publicación) en quechua de su propia poesía. Podría señalarse que esto está relacionado con que mayoritariamente los opinantes desconocen estas lenguas y que, a pesar de que los libros de los autores incluidos en la lista referencial están publicados en ediciones bilingües, consideraron que su acercamiento no sería a los textos reales sino a la “versión traicionera” o “traidora” que corresponde a toda traducción. Si bien esta posibilidad existe, es más verosímil pensar que esta exclusión tiene que ver con el desconocimiento no solo de esta producción sino, quizás en muchos casos, de la posibilidad y el valor de dicha producción. El glotocentrismo42 del castellano y la centralidad de la escritura en la consideración de la producción literaria peruana no competen, por supuesto, exclusivamente a esta antología y a nuestro modo de establecer quiénes serían los opinantes. Son fracturas que configuran raigalmente nuestra sociedad y que representan sin duda, en este sentido, puntos pendientes no solo en la agenda de la crítica literaria peruana sino, más amplia y urgentemente, en la configuración de nuestra nacionalidad.

Sin embargo, a pesar de la marginación que sufren las lenguas indígenas y culturas subalternas en nuestro campo literario, resultan significativas las transformaciones ocurridas en las últimas décadas que se relacionan no únicamente con el plano de la producción sino también con el de la recepción poéticas y que involucra a un número importante de los autores seleccionados —en tre ellos, algunos de los once que alcanzan el mayor número de menciones—43 poetas en cuyas obras está presente una hibridación lingüística o cultural que comprende no solo lo andino, sino también lo urbano popular, lo mestizo, lo marginal y lo lumpen, como se observa, por ejemplo, en obras como las de Manuel Morales, Jorge Pimentel,44 Juan Ramírez Ruiz, Cesáreo Martínez, Enrique Verástegui, Roger Santiváñez, Domingo de Ramos, Rodrigo Quijano, Roxana Crisólogo o Paul Guillén, además de varios de los poetas mencionados anteriormente. Creemos que, en este sentido, la muestra obtenida a través de nuestra consulta evidencia el lugar cada vez más importante que ocupan los procesos de hibridación y transculturación dentro de nuestro campo literario.

Retomemos ahora el comentario acerca del escaso o nulo conocimiento que muchos opinantes presumiblemente poseen de buena parte de los poetas incluidos en la lista referencial (y, más aún, de los no incluidos). Como señalamos, esto no se explica únicamente por las posibilidades de conocimiento individual o por las preferencias estéticas de los lectores, sino que está muy relacionado con los mecanismos de difusión pública de la producción poética y, en especial, de las posibilidades de “consagración” de un autor como representativo o, incluso, canónico. Con relación a esto, una primera observación posible se relaciona con la poca o nula distancia temporal, en muchos de los casos, entre la producción poética considerada y la consulta realizada. Es conocido y repetido que el tiempo es el mejor y más implacable crítico literario. De ello se desprende que la acción del tiempo permitiría resolver la pregunta planteada sobre los autores más relevantes del periodo 1968-2008 de mejor manera que cualquier consulta. Aceptar esto sin discusiones —a pesar de la posibilidad de objeciones surgidas, a modo de ejemplo, desde la recuperación de autores y voces por antologías como El libro de unos sonidos. 37 poetas del Perú, preparada por Reynaldo Jiménez, o por compilaciones como Los otros (I y II hasta el momento), llevadas a cabo por el equipo conformado por Carlos Carnero, Gonzalo Portals y Rubén Quiroz, o 10 aves raras de la poesía peruana, elaborada por Luis La Hoz—, llevaría a renunciar a cualquier pretensión de sistematizar el panorama de la producción de los poetas en actividad y contribuiría, en ese sentido, a mayores exclusiones, olvidos y desconocimientos. También frente a ello fue que optamos por desarrollar este proyecto a pesar de las mayores dificultades y riesgos y a sabiendas de las limitaciones insalvables.

Otra dimensión de este problema se relaciona con los sistemas de difusión de nuestra producción literaria reciente y, entonces, con la construcción de la imagen de nuestra literatura en actividad a través de los medios de comunicación y de las publicaciones y estudios especializados. Como es sabido, ambos espacios, aunque definitivamente relacionados no son analogables. Como señalan Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano, el estudio o el comentario de autores en la crítica especializada contribuye a la permanencia de estos y a su reconocimiento a largo plazo, mientras que la creación de la imagen pública de lo que se entiende por literatura (o poesía, en este caso) contemporánea y viva, depende mucho más directamente de la mención o aparición de estos en los medios de comunicación.45 Entre ambos espacios están las publicaciones que corresponden a las “formaciones literarias”, como apuntan Sarlo y Altamirano a partir de Raymond Williams; es decir, las publicaciones que corresponden a los propios actores de la producción literaria: órganos de grupos literarios o revistas interesadas sobre todo en relievar aquello vinculado con las perspectivas, gustos, ideologías e intereses de sus actores.

El periodo abordado por nuestra antología es sumamente complejo en cuanto a lo señalado y, en esta medida, son muchos los lados desde donde se fuerza o se invita a la construcción de una imagen de nuestra poesía contemporánea. El resultado es un espejo trizado que nos ofrece rostros diferentes, incluso a veces irreconciliables. Queda claro, en dicho momento, quizás como no sucedía desde la acción de las vanguardias estético-ideológicas de los años veinte y treinta que, como señala Pierre Bourdieu (enero de 1989-diciembre de 1990), el campo literario es “[…] un campo de fuerzas que actúan sobre todos los que entran en ese espacio y de maneras diferentes según la posición que ellos ocupan en él […], a la vez que un campo de luchas que procuran transformar ese campo de fuerzas” y que, como el mismo Bordieu anota a continuación, “la lucha cuya escena es la República de las letras constituye el verdadero principio de las tomas de posición artísticas y literarias”.

Como señalamos, en la década de 1970 se produce una serie de modificaciones que dan un rostro distinto a nuestro campo literario. La aparición del movimiento Hora Zero en 1970 con su manifiesto “Palabras urgentes”, en que sometió a un severo juicio a la poesía peruana contemporánea (descalificando a todos los poetas salvo a César Vallejo y Javier Heraud), representó un importante punto de inflexión que —enmarcado en un periodo de transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales que exacerbaron las expectativas de nuevos modos de ubicación, presencia y representación en la sociedad por parte de diversos actores tradicionalmente ubicados en los márgenes— contribuyó a rediseñar las fronteras del campo literario. Este se hizo más inclusivo en cuanto a los autores reconocidos en la escena poética, incorporando, como sugerimos líneas arriba, a muchos que las coordenadas anteriores hubieran dejado probablemente al margen: poetas provenientes de los sectores medios proletarizados o de capas populares emergentes, limeños y no limeños, varios de ellos ajenos, además, a las instituciones tradicionalmente reconocidas como los espacios de formación de los nuevos poetas, como eran la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la Pontificia Universidad Católica del Perú.

No obstante, no debe suponerse que este proceso produjo (como anunciaban los manifiestos inaugurales de Hora Zero) un corte que modificó raigalmente el discurso y los registros poéticos que se venían desarrollando. Como es conocido, la poesía de los años sesenta consolidó, sobre todo hacia la mitad de la década, una serie de posibilidades discursivas que pueden verse, como apuntó Alberto Escobar en su Antología de la poesía peruana de 1973, como el inicio “de un nuevo ciclo en la evolución de nuestra poesía” (1973: 7). Nos referimos a las correspondientes al registro narrativo-conversacional que, como parte de los procesos de transformación social y de la inquietud renovadora e incluso revolucionaria juvenil, se afirmó en todo el continente.46 La obra de los poetas de la Generación del 70, con su rostro más visible en Hora Zero, no inauguró en ese sentido, una nueva veta discursiva, sino que radicalizó —desde una perspectiva vinculada con las posibilidades de un lenguaje más arriesgadamente coloquial y en contacto más cercano con los pulsos de una urbe en proceso de transformación, de una mirada más atenta a lo nacional y de una ruptura de ciertos marcos de formalidad— caminos que poetas como Antonio Cisneros, Luis Hernández, Rodolfo Hinostroza, Marco Martos o Mirko Lauer venían desarrollando, aunque sin la beligerancia rupturista y parricida que caracterizó a los más jóvenes.47

Fue en ese proceso que —aunque la opinión de algunos de los miembros del movimiento Hora Zero insistan, incluso en la actualidad, en su ubicación antiinstitucional o al margen de la oficialidad literaria— ellos pasaron a formar la parte central del campo literario, como se demuestra por la atención brindada en los medios de prensa, en primer lugar a sus declaraciones y rápidamente a sus primeras entregas poéticas, y por lo revelador de la inclusión de varios de sus miembros en el volumen Estos 13 (publicado en 1973 por José Miguel Oviedo, uno de los críticos más reconocidos del momento) y, en ese mismo año, en el tomo II de la citada Antología de la poesía peruana de Alberto Escobar, que apareció en la Biblioteca Peruana de Peisa, colección de voluminoso tiraje auspiciada por el gobierno de Velasco. A estos hechos se les puede sumar la evidencia de que la propuesta poética de Hora Zero, que en líneas generales se puede ampliar a varios otros de los integrantes de la llamada Generación del 70 (sin desconocer la realidad de que las obras de todos ellos presentan a la vez importantes elementos que las distinguen entre sí, incluso desde sus primeros momentos) pasaron a configurar lo central del metatexto48 del que bebió la mayor parte de los jóvenes poetas que aparecieron a lo largo de toda esa década, y siguió siendo pieza fundamental en la formación de los poetas de las promociones posteriores.

Durante los años ochenta puede reconocerse aún con claridad la preeminencia del registro conversacional. En esta década, resultado del proceso iniciado, consolidado y radicalizado en las anteriores, se observan tres líneas, como ya se señaló en el apartado dedicado a las antologías.49 Una de ellas se aleja de las agudizaciones del coloquialismo setentero, regresando a una poesía más cuidada, claramente culturalista antes que vitalista y de muy marcada y explícita vocación intertextual. Otra corresponde con la presencia inédita en nuestra tradición de un importante contingente de poetas mujeres que aparecidas simultáneamente en la escena literaria, con obras que, en general dentro del marco conversacional, colocaban acentos particulares vinculados con la reivindicación del sujeto femenino como hablante de los textos, y a la vez portando una mirada que otorgaba protagonismo a lo corporal, erótico o tanático. La tercera es la vía representada fundamentalmente por el movimiento Kloaka, que extrema la apuesta vanguardista y callejera de Hora Zero, pero, al beber intensamente del clima de caos, desestructuración y violencia de esos años, se aleja del exteriorismo más característico de estos para sumergirse en un discurso que incorpora la fractura del mundo que se experimenta; el lenguaje, entonces, se disloca y fragmenta hasta el punto de constituir un registro aún conversacional, pero estallado y hasta colindante con el hermetismo.50

Aunque pueden registrarse diferencias valorativas en la evaluación de estas tres vertientes, que tendía, en general, por esos años, a un aval mayor por parte de la institucionalidad literaria a las dos primeras, se puede afirmar que las tres, a pesar de las discrepancias, descalificaciones y polémicas, pasaron igualmente a configurar inevitablemente el sentido común de las posibilidades de la poesía peruana y a ser reconocidas como voces y caminos infaltables en cualquier panorama medianamente serio de nuestra poesía. Debe señalarse también que en el panorama desarrollado en las líneas anteriores, que ha tratado de presentar someramente la fuerza de lo conversacional en nuestra tradición a partir de los años sesenta, hasta el punto de poder considerar esta línea como hegemónica, no debería perderse de vista que entre los dos momentos reseñados (inicios de los setenta e inicios de los ochenta, respectivamente), varios otros poetas y procesos resultan fundamentales. Nos referimos, por ejemplo, a los ocurridos en 1977: la formación del colectivo La Sagrada Familia, la rearticulación de Hora Zero o las actividades iniciales de la movida arequipeño-limeña Ómnibus/Macho Cabrío. Asimismo, al trabajo individual de poetas como Mario Montalbetti, cuyo primer libro, Perro negro (1978), es un hito importante para entender la mayor pluralidad de desarrollos dentro del registro conversacional a partir de 1980.

Al llegar la década de 1990, los años iniciales presentan semejanzas frente a lo visto en los ochenta; es decir, es posible reconocer aún la hegemonía conversacional en el desarrollo de varias de sus dimensiones: la culturalista, la callejera, la que representa el discurso malditista e incluso, aunque en menor medida, la que corresponde a las coordenadas propuestas por el llamado boom de la poesía escrita por mujeres. Incluso aparecen colectivos como Neón o Noble Katerba, de signos semejantes a los de los ochenta. Este proceso de consolidación y auge de lo conversacional hizo difícil que otras vetas que se desarrollaron paralelamente pudieran ser visibilizadas con la misma nitidez o valoradas sin sesgos que las tacharan frecuentemente de “pasatistas” o cuando menos las relegaran al casillero, de cierto prestigio pero de poco impacto, de lo insular. Entre otros ejemplos que pueden citarse está el de los libros iniciales de José Morales Saravia, hoy reconocidos como textos precursores del neobarroco local; el de Vladimir Herrera, sobre todo de su obra posterior a Mate de cedrón, o los de Alfonso Cisneros Cox, Carlos López Degregori y Magdalena Chocano. Todos ellos debieron esperar a que, entre mediados y finales de los años noventa, al lado de un proceso de mayor dispersión discursiva en los actores más jóvenes de la escena literaria —que va muy de la mano del discurso posmodernista de la caída de los grandes relatos y del desconcierto ante la violencia agudizada en los primeros años de la década y el surgimiento de un nuevo gobierno dictatorial, paradójicamente apoyado mayoritariamente—, se mirara de otro modo no solo la pluralidad de posibilidades recorridas en esos años por ellos mismos, sino también la algo ocultada complejidad de la poesía de las décadas anteriores. Incluso, con estas nuevas revisiones cobra mayor importancia la propia diversidad dentro del registro conversacional, que se percibe entonces incluso más variado y abierto.51 Casi todos estos poetas han sido reconocidos por esta consulta.

El panorama esbozado en las páginas anteriores estuvo atravesado por dos aspectos que volvieron aún más complejas su configuración y su dinámica. Uno es la correspondencia con momentos muy agitados de transformaciones sociales y de luchas políticas e ideológicas, cuando menos durante las décadas de 1970 y 1980. En ese contexto, las batallas por la legitimidad y representatividad poética —el “capital simbólico” de los involucrados— no correspondían únicamente a las conocidas batallas entre viejos consagrados y nuevos poetas en busca de reconocimiento, sino que estas se entremezclaron con agudas discusiones y conflictos vinculados con la procedencia social de los actores en las luchas literarias, su posición ideológica y las consideraciones sobre el papel que debe cumplir o no la poesía en la sociedad. Ejemplos evidentes de esto se pueden observar en prácticamente todos los manifiestos de los grupos mencionados en las páginas precedentes. En los años noventa, y no solo en los poetas que comenzaron a publicar en este periodo, se puede reconocer una disminución de los acentos políticos en las discusiones literarias.

El otro aspecto por mencionar corresponde a la disminución progresiva de espacios dedicados a la poesía en los medios de difusión masiva. Si bien, incluso durante las primeras décadas del periodo abordado por esta muestra, la poesía peruana gozaba de una destacada presencia en los medios de prensa diaria y suplementos o revistas culturales de amplia difusión, al llegar los años noventa, y sobre todo a partir de la consolidación del modelo neoliberal en la economía peruana, la atención dada a la literatura se ha visto considerablemente mermada, a la vez que casi ha desaparecido la que se brindaba a la poesía. Lo que queda, o se limita a notas y recensiones reducidas a su mínima expresión, o se dedica a nombres habitualmente conocidos, sin que se observe un riesgo ni una vocación en los medios de prensa por indagar acerca de lo que ocurre poéticamente en el país y asumir, de ese modo, su responsabilidad en la construcción de una imagen, discutible pero al menos cabal, de la poesía peruana. Hay, por supuesto, excepciones, pero que no alcanzan para significar una contraparte necesaria frente a la dinámica producción poética de nuestro país. Ante tal vacío, son varios los espacios de internet que han aparecido en los últimos años y permiten un cierto nivel de información y discusión, sobre todo blogs, Facebook y diversas publicaciones en la red, pero sin lograr constituir, aún, una escena suficientemente sólida y plural que signifique una clara referencia para aquellos interesados en seguir los derroteros de la poesía peruana.

Estas últimas observaciones nos devuelven al problema que referíamos en páginas anteriores acerca del desconocimiento de muchos opinantes respecto de los nombres de la lista referencial. Por razones obvias, entonces, nombres como el de Chrystian Zegarra —que ha publicado ya tres poemarios de gran interés, uno de ellos ganador de un premio Copé de poesía, pero que no solo vive fuera del Perú sino que tampoco se ha interesado por una difusión más amplia de su obra posterior a su etapa como miembro de Inmanencia, uno de los grupos poéticos de los noventa— no ha sido referido por suficientes autores como para integrar la muestra que ofrecemos. El alejamiento del Perú podría explicar, también, la ausencia de Reynaldo Jiménez, cuyos textos han sido recogidos en las más importantes muestras de poesía neobarroca latinoamericana. Razones vinculadas con la poca circulación en nuestro medio de los libros más recientes de Maurizio Medo, todos escritos en Arequipa, podrían explicar su ausencia en esta muestra, mientras paralelamente viene concitando creciente atención en el ámbito latinoamericano. Está también el caso de Odi González, a quien ya mencionamos, o el de Josemári Recalde, que dejó un solo libro, valioso e innovador en varias de sus propuestas, pero que tal vez por su corta trayectoria pública no llegó a llamar la atención sobre su obra, quizá opacada por su trágica muerte. Tal vez más comprensible resulte el caso de Enriqueta Beleván, que luego de sus Poemas de la bella pájara hornera (1984) no ha publicado otro poemario y se encuentra voluntariamente alejada de los espacios habituales de circulación de poesía. Todos estos autores (al igual que Enrique Sánchez Hernani y Alfonso Cisneros Cox, entre otros) merecerían haber integrado nuestra antología, tanto como varios que sí fueron mencionados de modo suficiente.

Podemos concluir estas páginas reconociendo que el campo literario percibe en la actualidad el fin de un gran ciclo narrativo-conversacional hegemónico. No es que este haya desaparecido o no entregue ya hallazgos consistentes. Ocurre que es solo un sector en el seno de una totalidad de tensiones que evidencian un panorama complejo y en constante ebullición en el que están cobrando importancia registros neoexpresionistas, neovanguardistas o neobarrocos. El hecho de que en esta muestra aparezcan autores como Chirinos Cúneo, Vladimir Herrera, Morales Saravia, Chocano o Rafael Espinosa, que han tenido una presencia casi secreta en los recuentos citados, indica el cambio en la mirada y la valoración de nuestros lectores. Lo mismo se puede decir de la importancia, ya mencionada, de poetas cuyas voces están marcadas por la hibridez cultural. Por otro lado, llama la atención que varios de los poetas que más menciones obtuvieron no sean los más representativos de la poética urbana y del registro narrativo conversacional. Watanabe se diferencia de la mayor parte de sus contemporáneos y propone una obra mucho más reflexiva, parabólica y con una preocupación por la palabra exacta y contenida. Verástegui es mucho más experimental y sintoniza con las rupturas del vanguardismo y la experimentación formal; Ollé, que por edad corresponde al mismo periodo, ensaya una propuesta que cuestiona las convenciones sobre las identidades genéricas textuales y sexuales e inaugura la irrupción de voces femeninas de los ochenta. Igualmente, la aparición, entre otras, de las obras de Montalbetti, Santiváñez, De Ramos, Di Paolo, Chirinos o López Degregori, todos con una escritura que recorre caminos distintos, muestran la pluralidad en la poesía peruana que se produce en este momento. Y con esto no estamos refiriéndonos a un supuesto canon estrecho e inamovible, sino a un espectro más amplio y mutable, y por ello mismo provisional, que refleja, eso sí, un reconocimiento dentro del campo literario peruano. Todo esto demuestra que el consenso relativo alcanzado por nuestra consulta dista mucho de cualquier visión tradicional de la poesía peruana.

Los cuatro autores que firmamos este libro estamos convencidos de la importancia de nuestra propuesta aunque alguna vez pensamos que hubiera sido más cómodo atender los versos de Paladas de Alejandría citados al inicio de este prólogo. Creemos que este volumen se convertirá en una referencia importante para observar el proceso de la poesía peruana contemporánea. El lector tiene la palabra.

Lima, marzo del 2011

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Mangeur d’illusions, óleo sobre tela, 2.00 x 2.10 mm, 1985

Manuel Morales

(Iquitos, 1943 - Porto Alegre, 2008)

• Poemas de entrecasa. Lima: Universidad Nacional de Educación, 1969.

NO BUSQUEN UNA PATRIA

que contenga rosas. Hoy

ya no existen las rosas. Sólo existe

una patria en la palma del pecho

y otra

en el centro del ojo.

Sigan buscando rosas. Encontrarán

un balazo en el pecho

y otro

en el centro del ojo.

SI TIENES UN AMIGO QUE TOCA TAMBOR

Si tienes un amigo que toca tambor

Cuídalo, es más que un consejo, cuídalo.

Porque ahora ya nadie toca tambor,

Más aún, ya nadie tiene un amigo.

Cuídalo, entonces,

Que ese amigo guardará tu casa.

Pero no lo dejes con tu mujer, recuerda

Que es tu mujer y no la de tu amigo.

Si sigues este consejo, vivirás

Mucho tiempo. Y tendrás tu mujer

Y un amigo que toca tambor.

IDIOSINCRASIA

Estamos acostumbrados a las mentiras.

Nos tratan peor que a negros.

Nos humillan peor que a negros.

Hasta nos venden como negros.

Y este país es el despelote.

Con el cuento del pueblo — nos estafan.

Nos hacen a diario el cuento del tío.

Estamos acostumbrados a las mentiras.

Al tira y afloja de unos cuantos pendejos.

Pero ya se les va acabar,

Porque un día de estos se nos sale el indio.

RESUCITO

Aquí va esto que es mi historia.

Yo resucito todos los días

de los desayunos. Me cuelgo

en realidad de las tazas?

Soy en verdad un ángel o farsante

o como diría aquel, que está

sentado y se rascó la espalda,

“eres un tal por cual”

Pero que me importa. 190 veces

me repito lo mismo,

cuchomil novecientas veces

me repiten lo mismo.

Adivino que eso es la historia.

El levantarse desnudo,

ponerse los zapatos, maldecir

la burocracia, no da derecho

a ser considerado poeta social.

Será mi suegra poeta social?

Ojito ojito: si se ponen de acuerdo

ya saben dónde encontrarme. Yo resucito

todos los días de los desayunos.

USOS SON DE LA GUERRA

—En el amor y en la cama

Napoleón fue un fracasado. No digo lo mismo

en la guerra. Su éxito

consistía en envolver al enemigo,

y Francia lo tuvo

como su más grande hijo predilecto;

y le dio fama

y sus más hermosas mujeres.

Grande en estrategia

y corto en pene, en la cama.

mandaban sus mujeres (La victoria

correspondió a sus generales).

EL TRUCO DE ESTE MUNDO

Ahora tenemos que ser parcos.

La alegría nos reconforta

como un hermano.

Pero el mundo no está hecho

a la medida de nuestros sueños.

Tenemos ganas de encendernos

a cada instante

mirar una calle, hablar

hasta cansarnos

porque atrás

una sombra nos persigue.

Es decir, este mundo

tiene su truco.

El mundo es como un lunar

en el rostro de una muchacha.

No podemos inventar paraísos

porque no estamos

autorizados para ello.

Ahora tenemos que ser cautos.

No presumir que nuestro corazón

es puro y, calladamente,

adaptarnos

al truco de este mundo.

LA MALA DISTRIBUCIÓN DE MI TIEMPO

Jamás he negado que tengo malas costumbres.

Sobre todo cuando el sol hace garabatos en mis ojos,

o cuando una muchacha me sonríe con su blusa amarilla.

Por eso siempre que puedo dirijo mi batuta hacia mis viejos,

y hacia esos despojos solemnes que frecuentan mi casa;

a la abuela, sobre todo, que aún sueña con Rodolfo Valentino.

Este tiempo asqueroso que me ha tocado vivir lo tengo mal distribuido,

hablo demasiado y no construyo más que castillos en el aire;

y de noche me atormento como un miserable y hago invocaciones al

Marqués de Sade.

Pero a veces yo me escapo de esta rutina y frío monos en la sartén de palo;

vivo en constante peligro de encontrarme con la horma de mis zapatos,

de encontrarme con algún enemigo que me ponga los puntos en las íes,

o de que mi padre se encarache y me mande al diablo.

Pese a todo visito las cantinas,

escupo en los lugares públicos donde no debo hacerlo,

y toco los timbres de los vecinos y corro como un cretino.

Ya los policías se han dado cuenta y me tienen entre ojos,

me marcan a presión y me han acusado de tener malas costumbres;

y el día que me agarren la voy a pagar una por todas.

Pero yo me río,

porque este tiempo asqueroso que me ha tocado vivir

lo tengo mal distribuido.

de Poemas de entrecasa

RÉQUIEM PARA EL SORDOMUDO JACK QUINTANILLA QUE DEJÓ LA VIDA TIRADA SOBRE LOS ASFALTOS (HISTORIA DE CHOBORRAS)

Te acordarás de este otario

que un día, cansado

se puso a ladrar...

(Yira... Yira... tango)

ENRIQUE DISCÉPOLO

Por primera vez desde aquel encuentro

En La Chilena el sol se habrá borrado de su rostro. Y ebrios y gamberizos,

Choborras y guaraperos abrieron su corazón rojo-pisco al desborde

De la ternura. Jack Quintanilla sumido en la niebla.

Imagino también a la canalla, fracasados triunfantes de la vida. A Toto,

Obdulio, Rafo, Al Trabuzón Zapata, Al Mocho Gutarra y Dedalito, amigo

De las grandes procacidades y el trago corto Y las muchachas antiguas

Criaturas pasadas de moda— buitriando un gato de los mil demonios,

No es menos interesante, por cierto, la historia de Faltapincho castrado

En la guerra del Chaco. Jack Quintanilla sumido en la niebla

Y esa terrible mirada condimentada con ajos y cebollas, esa terrible

mirada antologizando los principales burdeles y chongos de la costa, es

De pronto en picada una campana apachurrada bajo las ruedas de un FORD.

(Intuyo que nuestro tiempo llama presto a celebrar la amistad).

Un rumor de botellas vacías los separaba para siempre. Y Bienvenido

Granda,

Daniel Santos y la Sonora Matancera, y otras caliginosas voces,

Se adhieren al merecido homenaje y callan desde a radiola AMI music,

Y hasta Sudapisco, el perro

Alcohólico de Marambio, tirado sobre los gargajos.

Y el aserrín ocre del piso, deja escapar lágrimas caninas, testimonio

Del más grande homenaje. Jack Quintanilla bajo los neumáticos.

Y dicen las malas o buenas lenguas— que llegó de Chincha con dos

Soles cincuenta y una chalina. Afirman. Sordomudo de nacimiento.

Su idioma, indiscutible, mágico mundo de señales, era

Para entenderlo de corazón a corazón. El mundo aparecía en sus manos,

Hasta aquí mi historia no deja de ser cierta. Había recibido 10 kilos.

Y decidir celebrarlo con los amigos. Y fui a buscarlos donde siempre.

Sabido es que en La Chilena, los borrachos

Arrojan sus problemas a empellones, las sillas vuelan

Y nadie sabe quién pegó a quién. O mejor dicho,

Los entripados y los pleitos de barrio comienzan en la calle; hasta que,

Finalmente, uno se arma de coraje y decide concluirlos en La Chilena.

(Por supuesto que hay libertad de cátedra y carajos).

Cuando llegué después de seis meses de exilio voluntario, de pugnas

Y claudicaciones interiores, todos estaban con el suelo en los ojos

Jack Quintanilla sumido en la muerte. Había

Dejado la vida tirada sobre los asfaltos, para siempre

Y ahora que estoy en Chincha con Jorge Vega, con Enano y Peluca, yo

Le ofrezco dos palmadas de tierra de mi corazón. Jack Quintanilla.

Descansa en paz.

Juan Ramírez Ruiz

(Chiclayo, 1944 - 2007)

• Un par de vueltas por la realidad. Lima: Movimiento Hora Zero, 1971.

• Vida perpetua. Lima: Ames, 1978.

• Las armas molidas. Lima: Arteidea Editores, 1996.

I

Sin vanidad ni modestia

no delante ni detrás de nada

y nadie;

sabiendo que no hubo ni habrá

otro

como cada uno de ellos,

un día y un poeta

cruzan juntos

la semilla del Perú.

La oscuridad hendida

indica Kay: excursión excepcional

y el rumbo que conducen

señala

… cada cual sabe dónde va…

… ” ” ” qué trae…

El día avanza firmando los rincones

y trajeando —veloz— las superficies.

El poeta firma incendios perfectos

y criaturas interrumpidas completa.

Sosegados por el amor bravío

van de cosa en cosa

y ninguno olvida qué falta

y qué no falta fuera y muy dentro

de la semilla del Perú.

El poeta limpia los materiales

que el día trabaja

y el día con ellos deja la melodía

que nunca en ninguna semilla falta.

El poeta reúne las partes más lejanas

y las une con las maneras de curar:

en la luz colocada en, sobre la noche,

cuando llega el sonoro resplandor

arrulla las casas,

pone con ellas el día que falta

y después se va en con la sangre del número

y después regresa en por la carne de palabras…

¡El tu mi Perú próximo Hanan, escucha

a la luz que tiene sus vergüenzas,

al ojo pleno de virtud no conocida

y a la paz que funda lo sagrado!

Un Día y un Poeta

de Las armas molidas

EL JÚBILO

Atención, éste es el júbilo, éste es el júbilo

huyendo del silencio, viene, viene, se queda,

limpia, éste es el júbilo, el silencio le huye.

Elfina tú decías no, pero está conmigo

tómalo en mis ojos, en mis manos. Elfina

deja la tarde en la calle, avisa y que vengan,

que se alejen de las ofensas, que descuiden la

acechanza, el improperio, la alevosía,

aviso, dilo y abandona las oficinas,

corre, ven con todos, corre, separa tus dedos

de las máquinas sumadoras, cierra cierra,

los libros, los llaveros, los insultos, éste es el júbilo,

éste es el júbilo, reconócelo Elfina, éste es el júbilo.

Este que se aleja de la redondez del cuatro,

de la punta involuntaria del cinco

o del alambre que sigue al viento. Este es el júbilo,

éste es el júbilo, éste viento cargado

con sonidos de vidrios verdes, éste es el júbilo

y conmigo está mirando la tarde. Entro en los pechos,

en las frescas canciones, entro, éste es el júbilo,

esa música, esa abundancia, ese relumbre

que dejó caer sin recogerlo, éste es el júbilo,

reconócelo Elfina, éste es el júbilo.

EL ÚNICO AMOR POSIBLE

ENTRE UNA ESTUDIANTE EN LA ACADEMIA

DE DECORACIÓN Y ARTESANÍA

Y UN POETA LATINOAMERICANO

A C. a su semblante y a su recuerdo

en cualquier lugar en donde esté

En mi cabeza se bambolea tu cara, tus cabellos,

tu cuerpo, todo tu cuerpo de 20 años

y nuestro amor, nuestro amor el único posible.

Y nuestro amor sucedió porque yo caminaba y tú comprabas cosméticos y

perfumes

junto a mujeres grávidas y vírgenes dudosas y utilizamos todo ese día

para un largo dime y te digo confidencias —como por ejemplo—


Yo maldigo el día domingo— — Murió en el mar mi novio por 5 años
Yo tengo un cuarto en San Diego — Menstrúo los fines de mes.
Yo tuve una vez gonorrea —Tengo presentimientos, amo niños.
Yo tengo conversaciones sólo para ti — Éramos cuatro hermanos, una se casó, el (menor murió.
Yo desesperaba y he amado tan mal, tan (bruscamente —He roto fotos, direcciones, quiero (olvidar lo que pasó el 4 de Mayo de 1963
Yo un día. —He llorado por cosas sin importancia y (también por cosas importantes

Y luego martes, miércoles, jueves de una docena de proyectos a otra docena

de proyectos,

de una semana a otra con chocolate por las noches, con playa los feriados,

con cigarros y café en el Caribe, con películas de Claude Lelouch o de

Antonioni

en el Metro, en el Maximil en Marzo en Abril. Y de pronto

tu quiero ir a una ciudad, caminar, entrar tú a una librería y tu comprar

un libro de Onetti. O mejor no. Quiero tu dejarlo todo, ir tú al mar

frecuentar la avenida Arequipa, escribir tú cartas a tu padre, a tu madre

que permanece en la región central del Perú, escribir tú más cartas

a tu amiga Amalia la medio puta, la pampera que se fue al Canadá

junto al río Ontario y te extraña.

Y yo basta o hasta cuándo con la misma vaina

con la misma vaina.

Y tú quiero, voy, vengo,

he perdido el tiempo o déjate

de tantas cosas o ¿la Belleza?

¡la practicidad, eso, los años vuelan!

Y yo, deja esa sonaja o basta o camina

o no te mojes en agua pasada.

Pero llantos vidrios quebrados, puertas cerradas violentamente o tú dejada sola

de pie en una calle. O yo en una butaca de cine. O yo y tú en silencio

a través de neblina y barrios durante días para que todo julio afuera

una breve algarabía y agosto una hecatombe que duró hasta setiembre

cuando me brotó un flujo de luz y las calles giraban, el piso era deslizante

difícil la conversación, imposible la calma, absolutamente necesario el relax.

Y siempre adherido a tacos, a brillos tuyos, a carteras de charol,

a cabellos largos, a tu cuerpo de 20 años adherido y pongo 748 kilómetros

y tú escribes cartas, yo mando postal. Tú una carta, yo otra carta, tú más

cartas

Vuelvo y aquí está noviembre lleno de fiestas, visitas al parque Garcilaso

la primera vez de noche, de noche —la noche de cual día—

de noche contra un árbol sin precauciones, nuestros y luego

en los parques de la Aurora, en un cuartucho, en las arenas de Agua Dulce

en los toldos donde hombre y mujer solos,

otras redes tejen detrás de las paredes de tela.

Y lo sabían todos,

todos lo sabían y allí mezclaron kilos de mierda en las palabras de su

conversación

y a ti te cayó la pestilencia. Y yo requinté, solté trampas.

Pero todo se perdió en las diversas formas del murmullo.

Y entonces había que variar cambiar de vida por ti y por mí,

pero TU la televisión TU Natalie Wood TU Caterine Deneuve

TU la Colmena de noche, el Mercado Mayorista, los camales.

YO el Cuarto Tribunal, TU una familia de barrio pobre.

YO una universidad de Lima.

YO calle de Piura.

TU tradicional partido político de derecha, la Radio Onda Popular de Perú

YO edificio de 40 departamentos y 500 familias.

YO estadio de 80 mil aficionados al box. YO clínica siquiátrica.

TU libro de poemas surrealistas. Bienal de Brasil o de Venecia, Rayuela de

Cortázar.

YO miércoles de verano, jueves sábado de invierno. TU invasión armada.

TU congreso de americanistas, una conversación en el Pentágono,

YO fábrica de municiones, la lluvia en Santiago, la Plaza de la Revolución

en Cuba el 26 de Julio. TU mi poema el Júbilo y también este poema.

TU la exposición del 70 en Osaka. TU la vida de tu hermana.

TU la cuarta explosión en el Pacífico, el cohete cantor de China. TU

Machupicchu

la violencia, el final del siglo, el Oráculo de Osiris, las revueltas en América.

TU la vejez de la belleza TU las postrimerías de una época TU y eso también

un enorme vacío, un hueco móvil y succionante ¡el espanto! ¡la demencia!

Y aquí conmigo

Y aquí conmigo tú me falta un brillo, tu quiero dejarlo todo,

tu quiero encerrarme en la cabina de una discoteca, escuchar tú y tú varios

discos

después comprar el último larga duración de Juan Manuel Serrat. O mejor no

Coger tres vestidos, dos pares de zapatos tu y dejar el trabajo, la academia

y largarte y dejarlo todo, mi colchón, mi mesa, mis piernas, mis manos

mis testículos y dejarlo todo, todo!

¡Pero tú pisas, bebes agua estancada! ¡Crías víboras

y sapos! Tú amamantas perros! ¡Tú miedos, tú sobresaltos!

Pero ¡NO TU! ¡TU NO!

Tú no respondes por la mierda de bestia que perfora tus sentidos.

Tú no respondes por la mierda de bestia que trepa la inteligencia, los días,

la voluntad, los días y los días ciegos horribles demenciales y miedos, miedos!

y vidas humanas en toneles, en botellas de vinagre vidas

vidas humanas en acuarios. Y tu no respondes mi mariposa, mi nerviosa tu

no respondes

y yo me pongo en mis manos, en mis brazos yo me pongo en mis piernas

me pongo

en mis riñones para que todo o algo sea duradero y golpeo una puerta que

tarda

en abrirse, golpeo muchas puertas que tardan en abrirse

y una telaraña te envuelve, envuelve, envuelve todo.

Y tú no respondes ¡TU NO! ¡NO TU!

Y sin embargo hubo que colocar entre tú y yo 748 kilómetros, y rápidamente

luego

colocar semanas, habitaciones y después de manera incontenible

miles de libros de decoración y artesanía, proyectos de lo que será el hombre

en el año 2000 entre tú y yo, revistas llenas de fotos de Apolo XI,

el movimiento Hora Zero, los discursos de Velasco, el Diario del CHE,

y ciudades enteras; Trujillo, Huacho, Chimbote, Lima, todo el agua del río

Santa, del río Moche, del río Virú entre tú y yo; y vidas de 30, de 40, de 50,

de 60 años entre tú y yo y mundos llenos de sonidos, ideas,

pensamientos y costos.

Sobre todo costos

y pensamientos.

de Un par de vueltas por la realidad

PRIMERA PARTE / XXV

i

LOS COMBATES INNUMERABLES

54 Aguas que estoy bebiendo— déjenme pues pasar…

sé quién eres— me ha dicho el siku—

sé quien eres...

y ya partí una roca dura para conocer

mi propio corazón...

aguas que estoy bebiendo— déjenme pues seguir:

Si no recuerdo cada una de las guerras

es porque son innumerables... —

y ese mar rompe mis caminos...

pero aún reteniendo los susurros

no olvidaré los alaridos...

55 Aguas que estoy bebiendo— déjenme pues pasar...

si no recuerdo cada uno de los combates

es porque ni aun el arenal puede contarlos:

sé en qué batalla cayó usted Francisco Chichina

pero no sé en qué combate transeúnte

cayeron los delicados alzados aquel año...

56 Aguas que estoy bebiendo— déjenme pues pasar…

si no recuerdo cada una de las batallas

es porque ni aun las briznas pueden todavía contarlas.

ii

PRONUNCIACIÓN

57 Cada gota de agua musita un nombre ungido

y todo grano de arena esculpe un nombre

inquebrantable.

La huella del acto puro— y cada flor que pinta

el airecillo repican otros nombres:

son tantos— emanan también de las frutas y los

panes—

son tantos— los recién nacidos incluso los pronuncian.

iii

ACTUALES Y FUTUROS

58 Tierra Cordial que acoges la tumba de los venerables

compañeros del Sr. Aza Inolvidable— Tierra Cordial—

¿sólo el mar sigue tumba de M. G. Inolvidable?

¿sólo con las huellas de A. B. Inolvidable

y de A. A. C. InolvidableA se agita el polvo del Sur?...

Aguas que estoy bebiendo déjenme pues seguirB

59 Nombrada la respiración cuando va serena—

actuales y futuros— lo llamado Aquí

va en ellos como tatuaje— o fragancia de fruta eterna.

60 A— por— con ellos sale el disparo a todos los blancos

y el aliento envía muy lejos a los ojos

que buscan su mirada por en el infatigable suelo...

61 ¡Separado el tiempo por vivir— allí están poblándolo:

su patria es la respiración— su nación los latidos—

y así cada resplandor reparte sus retratos!

62 Suenan cuando el cuerpo directo toca al mar…

y con el pie que acaricia al polvo se les toca.

Crecen como el cabello y las uñas—

y sólo así dan la vuelta por calles y galaxias.

63 Se han ido lejos— más cerca aún que debajo de la piel.

iv

LAS AGUAS IRREPETIBLES

64 Todavía se percibe cierta huella en cierto espacio recorrido

sin la hora empapelada y sin los huesos ya recibidos.—

de ella viene el viento cuando acude sin llamadas

de aquí su perfume está— es herido todavía por la luz:

65 Entre los jilgueros que remontan los cristales más altos

a su rumbo entretejiendo rutas que se reparten como

etiquetas

y ese rumbo tocamos cuando la mano viaja cabelleras—

aguas

y milagros instantáneos como enseñanzas vegetales.

67 ¡Aguas Irrepetibles en los Suelos Embalsamados— quién

quita

Esos puertos— nunca por la respiración abandonados—

quién!...

68 Ni los horarios ni los barcos borran al mar—

la orilla no deja a la laguna

y los médanos no entran sin estruendo a los jardines:

69 ¡En qué parque no vibra una opulenta joyería

conducida (como niña) por las manos ultralimpias!

70 ¡Dónde el agua no tiene los fulgores del incendio!

71 ¡Qué mineral no imantan— qué vegetal no sueltan

por— para labrar con cada piedra un tambor ajado!

72 ¡Qué daño hará la espina al mármol— qué mente entera

no echa su torrente fuera de las venas!

73 ¡Qué susurro— qué susurro no embarca al silencio

hacia las sinfonías aún no repartidas!

74 ¡Quién no derrama sus las maletas en el mar

si con una brizna abre todos los candados.—

quién burila mejor al fuego— sino quien da

viandas de leña seca— catastros de panteones—

brillos embalsamados y hogueras vendadas— quién!

75 ¡Dónde (en esta tierra) no se escribe el apelativo

y el nombre completo del futuro.— dónde!

¡Aguas que estoy bebiendo— déjenme pues seguir!

__________________

A. y no de L.P. M.P. o Basilio Auki Inolvidable— más cerca aún que debajo de la piel

-------------------------

B. Los vientos corren como perros asustados

pisando las huellas de montoneros y rabonas—

y yo que sé a donde van— informaron

los soñadores indios— los mestizos cariñosos

y los Juan Bustamante— los Tomás Laynes— los

Briceño—

informaron: Mejor nos quedamos aquí

con los Narciso Aréstegui— los Berkelio

y en con el día que comienza temprano

y con los Layo Arapa Wala— los Kamjata

los Congo— los Locumí— pues también en con ellos

se estremece el polvo eterno...

¡Aguas que estoy bebiendo— déjenme pues seguir!

Aguas que estoy bebiendo

PRIMERA PARTE / XXVIII

A ti te conozco terror, te conozco:

tú preguntabas por mí, hurgando en

mis ojos

con una luna chueca; y yo a ti te encontré

mirando suelo y cielo, solo,

buscando mi error con las dos manos.

Tú querías matarme con astros bizcos,

tú columpiabas mi mente expelida por un golpe:

a ti te conozco terror, te conozco.

Pero si oscuro va el bosque,

lo que ocultas (¡aquí está!) va más oscuro todavía:

¡remolino de hechos que vomita

un incendio antropomórfico, mi cuerpo

como látigo se agitaba contra mí

con el peso del ojo en la mirada!

Te conozco, a ti te conozco terror;

tú ya no puedes mi mente columpiar.

Encuentro con el terror

TERCERA PARTE / VI

i

MANIFIESTO

198 Perro jalado por los ojos—perro embutido

en un florero—

(a) perro que rasca el aire mordido por el humo...

¡el martillo ya encontró también

los clavos invisibles!

199 Por ojoreja rebosante de realidad perfumada—

por amor bravío extendido corno el aire—

me puse de pie en mi propio cráneo

y dije con legiones de perros ahorcados:

¡Están llevando a los mansos al suplicio!

—Un torrente de pampa seca...

¡UN GOLPE!

y todo se cubre de verdor:

200 …………………………………………………….

…………………………………………………….

…………………………………………………….

ii

MANIFIESTO

201 ¡Los negros cerros sellados con brasas

son páginas del libro natural—

(b) cuando en ellas brilla mi su escritura

regresa la oscuridad a su madriguera

y baja el torrente de los brazos

a repartir puertas en los parques

y parques en las pampas— sin ninguna condición!

iii

TESTIGOS

202 ¡Por esta luz que me alumbra! ¡Por este sol!

¡ruego por favor me crean!:

En la cumbre donde gime el paisaje

yo vi a Manuel Riego— jefe de Coop. Chota—

embutir un waype

en muchas bocas que ya después no respiraron...

203 ¡Aquí en este suelo están los testigos...

todos muertos...

menos uno: yo que no puedo callar...!

iv

CONFRONTACIÓN

204 Por todo lo que convierte un cráneo en pedestal—

¡ruego otra vez por favor me crean!:

Las mujeres arrojaban sus bebes a la cara de los ogros.

se arrojaban ellas mismas a los pies de los ogros.

Las mujeres””para que no mataran a los padres

de sus bebes.

””arrojaban a sus bebes.

”””a sus bebes a los pies de los ogros.

””se arrojaban ellas mismas a la cara de los ogros.

””””para que no mataran a los padres

de sus bebes.

205 Y los ogros mataron a las mujeres a los padres y a los bebes.

v

DESAPARECIDO

206¡Por este límpido cielo azul! ¡Por este suelo bendito!

¡Esto también es cierto!...:

Así como visto casi siempre: pantalón azul

camisa blanca— zapatos negros—

iba Cóndor Quispe por el Jr. Cañete s/n

y cuatro soldados de civil lo detuvieron.

Fui al cuartel Los Cabitos: ¡silencio!

Fui a la Fiscalía: ¡silencio!

Fui al Palacio de Justicia: ¡silencio!

¡Ha desaparecido! ¡Javier Cóndor Quispe ha desaparecido!

207 ¡Aló dígame por favor dónde está

qué ha pasado ayer estuvo aquí tomé una foto

tomé esta foto ¡aló! aló! qué pasa

qué está sucediendo qué ocurreA

por qué no contestan qué ocurre

por qué no contestan qué pasa ¡aló! ¡aló!

vi

VIENTO Y LUZ

208 En Ayacucho—

en vuestra tumba muchacha eterna—

hay dos velas alumbrando. El viento viene y las apaga—

pero suaves manos una y otra vez las vuelven a encender...

vii

DECLARACIÓN

209 Sr. Morales— Sr. Morales

veo cuerpos que— ay— pronto o rápido

guardarán una bala— un hachazo

o un bulto de agua turbia...

210 A cada rato veo cuerpos vivos por última vezB

y yo me cubro— ay— con lo que amo...

y doy al golondrino lo que olí

y vi en las manzanas de este año...:

¡la quemazón que se traga las chozas de Soccos

y el dolor que dibuja el hueco de mi tamaño!

viii

IRA

211 Sr. Morales Sr. Morales—

brotan chispas de mi serenidad

¡ya no puedo esconder la ira en mi cuerpo!

ix

IGNACIO

212 Mi hijo Ignacio Quispe ha nacido

en la cárcel de Andahuaylas— allí ha nacido—

¡y desde ahora su rostro firmará

los regalos a con cada cuchillo nuevo!

213 ¡Su rostro firmará la respiración!

¡Firmará el suelo todo el suelo y las alas

derribadas en el fondo del pie!

¡Y porque así ha nacido—

y por haber nacido

también su rostro firmará el camino—

todo el camino

y las puertas atoradas con ventanas!

____________________________

A. ¡Cuenta cuenta Jaime Ayala—

qué está pasando en Huanta

qué está pasando en Huanta!

……………………………………..

B. A cada rato veo cuerpos vivos por primera vez...

El almanaque perdido

TERCERA PARTE / XXXI

Pregúntale a los muchachos, pregúntale:

ellos saben que los días no perdonan,

ellos conocen que en cualquier hora

cae una jaula dentro del cuerpo

que después incluso la respiración propaga…

Pregúntale a los muchachos, pregúntale:

ellos saben que no se puede salir de la tierra

y que eso no es castigo

sino el perfume de un milagro inacabable

Ellos (como debe ser) son fuertes

porque la naturaleza los jala al amor puro,

al amor puro posado sobre el suelo

como una piedra blanca

o un pájaro cordial recién llegado.

Pregúntale a los muchachos a dónde llegarán,

quiénes están viajando y qué encontrarán

los que están buscando.

Pregúntale qué color tiene la explosión,

qué sabor el trago de incendios.

Y dónde están ahora los 36 kilómetros de vía férrea

que la dinamita, de la Cordillera Negra, separó.

Pregúntale no qué agua rasguña la sed colosal,

sino qué álgebras no mostrarán al firmamento

los nuevos valles que vienen apurados.

Pregúntales lo que harán los niños

con las lunas arrugadas

y con los luceros recogidos por el pensamiento

detrás y lejos de la carne de los sueños…

Pregúntale a los muchachos

Pregúntale a los muchachos…

Los muchachos

de Las armas molidas

Cesáreo Martínez

(Cotahuasi, 1945 - Lima, 2002)

• Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga). Lima: Quipu, 1978.

• Donde mancó el árbol de la espada y arcoíris (Bando para que la dirigencia se alinee con las masas). Lima: Campo de Concentración, 1980.

• Celebración de Sara Botticelli. Lima: Haraui, 1983.

• El sordo cantar de Lima. Lima: Ediciones de los Lunes, 1993.

PROEMA

Yo quería pintar un poema muy audaz

Una visión fugaz o cualquier otro animal imprevisible

Quería trabajar precisamente en un poema fundamental

Algo que al ser rozado produzca muchos arcoíris

o la muchacha del cuello que filosofa y camina

Es decir un poema que se exalte y tenga hijos

Quise ver al monstruo en su estado puro y atacarlo

entre las frases del jardín

Un poema de factura insospechada que jamás se deprima

Más bien un animal sagrado cruzando Colmena Izquierda

Un árbol muy común pero que en el bosque no se pierda

Yo quise pintar un torrente de ojos fantásticos

Que se ame a sí mismo y se detenga en cada esquina

Inclusive quise que apareciera en la televisión

No es exageración pero yo quise pintar un poema y no otro

Un poema que se agite, suba las gradas de su casa,

penetre en su cuarto,

abra las ventanas y exponga su largo cuello al rocío

Pues yo quise pintar precisamente el poema que ves en la ventana

El poema que jamás se deprime, tira las ventanas al viento,

baja las gradas de su casa

y viene volando a abrazarme.

de Celebración de Sara Botticelli

EL SORDO CANTAR DE LIMA

I

Está abriéndose la noche.

Está abriéndose el tiempo.

La gran puerta de Lima se está abriendo.

hay un estruendo como de cielos que crujen,

como de hombres que crujen.

Oigan animalitos y hombres desterrados, la puerta de Lima

está abriéndose.

Veamos. Un solo grito más, una sola señal humana

sufriente,

y habrá pasado el primer hombre.

Con su temeroso cargamento de amuletos y arco iris, ellos,

los desterrados,

estamos sacudiendo la puerta de Lima.

Ahora ya está abierta para todos.

Mostrando sus entrañas de locura y agua muerta, la ciudad

de Lima esta aquí.

Inclusive para los raudos pájaros de cantar nocturno, abierta

para los rayos del sol.

Oscurecidos por la indiferencia, encallecidos por el sol,

penetremos ahora.

La tierra está humeando. Y en tu rostro aún gimen

las briznas de la noche.

He dejado a descansar mi caballo brioso y he plantado

mi cabeza en el arenal.

Mis brazos en el arenal. Y estos ojos transidos de vigilia

en el seco arenal.

He desparramado mi cabeza entre las arenas. Aquí es donde

alcanzará alguna belleza.

O tal vez, con sus horrendos zumbidos, estos locos vientos

la despeñen en el desatino,

irremediablemente en el desatino.

Las arenas retienen la calentura para la noche.

Pero la noche,

lo sé, tardará mucho.

He de hacerme un espacio para entonces,

un espacio de verdura y aguas vivas,

pero que no exceda el tamaño de mi familia.

Vuelve mi cabeza. Se sacude se extiende se extraña

y se olvida.

Tensada por el aire,

tristemente atenazada por las abluciones de estos vientos,

se olvida.

Ahora el sol asciende con malicia.

El mismo sol que abunda y merodea tanto tiempo

en los cielos, tanto tiempo abundando

sobre nosotros, sin embargo lejos de nosotros.

He plantado mi choza en los alrededores, donde los dioses

disputan un espacio a las ratas.

Pero las ratas, con sus ojos azorados, invierten el tiempo

de los hombres.

Y el tiempo de los dioses parece que ha concluido.

II

No es el día ni es la noche.

Sólo amanece o anochece; no lo sé.

Una sombra quebradiza se arrastra oscureciendo el aire

y la visión de las cosas.

No hay rastros de dioses ni la pezuña gris de las bestias

oliendo el arco iris.

Sólo amanece o anochece. No lo sé ni podré ya saberlo.

Seca y sorda es esta tierra.

Seca y sorda para mis sentidos (que ya no sienten); para mis

ojos que sabían tantear en la oscuridad.

Atrás, muy lejos, aúllan los abismos cirniendo la arena azul

del tiempo.

Sé que esos aullidos tienen una voz para mí. Una señal sutil

que salvaría mi cuerpo.

Pero ya no entiendo su parloteo; ya no percibo su mensaje.

No puedo volver la cabeza.

Algo atroz como los reflejos del sol en la nieve

me lo impide.

No puedo enderezar mis ideas.

Sólo tiemblo y habito en silencio.

No sé si amanece o anochece. Es incierta esta hora

y el miedo amenaza desde cualquier lugar.

Presintiendo que entraba en otros abismos, abrí los ojos

para no extraviarme,

Ni de día ni de noche. Sólo la tenaz niebla arrastrando

este mundo.

Sólo este chirriar de la niebla atormentando mis ojos.

Abro el corazón, entonces, para ver mejor. Mas el corazón

está flojo, pesado pedernal de niebla.

La gran puerta de Lima es la niebla. Sus patios y despensas

son de niebla.

Nacen en la niebla. Comen y se ayuntan en la niebla.

Si sueñan, sus sueños son de neblina.

En Lima sólo amanece o sólo anochece. No es el día,

que es perfecto y hecho de urgencias.

Ni es la noche, que es cerrada tutaytuta.

Penetré en la niebla a tajo abierto. Abrí la niebla para que

mis pies conocieran las arenas.

Y las arenas al principio calentaron mi corazón. Entonces

toqué las puertas de niebla.

Toqué las grandes y las chiquitas. Toqué las puertas

diminutas.

Aquéllas que son alumbradas por la esperanza y la sombra

de quien llega.

Pero jamás llegué. Descansé mucho para llegar tarde

sobre las arenas de la niebla.

La niebla es buena en Lima. Pero no es la noche.

No hay noche ni día en Lima.

Entre la niebla es difícil saber quién te habla, quién te

ama,

quién te escupe.

Puede estar abierta la ciudad. Puede estar despierta

o dormida.

O pudieron haberla trastornado.

Pero la niebla te arrastra haciéndote extraño a ti mismo.

Urgido de sol trago niebla. No me equivoco. Transito bajo

la niebla ceremoniosamente.

Ahora ya no podré volver la cabeza.

Siento arder mis ojos y temo la enorme sombra de los

cerros que aún crece en mi memoria.

III

Visto el sol

Sólo el sol. El único

Es decir el cínico

El que se zafó de mí y vino a sentarse

a esta mesa

Veámoslo arder:

Sólo bajo este sol sentencioso

hablará la sabiduría.

Y cantará para todos

Y todos los animales brillarán

Sacudiendo sus cuerpos deformes bailarán

Clavando sus garras en la tierra danzarán

Ya verán. El sol besará a todos

Y todos lo besarán

Diminutos para el sol

Oscuros para el sol arden los hombres

Solo el sol de quinientos mil años

El sol sólo de quinientas mil barbas

Sólo el sol siempre solícito

El que se zafó de mí y se fue saltando

a danzar con ustedes

El verde sol oscuro

El que desata el arco iris

Este que nos abandona sin inmutarse

El que se quita y nos deja llorando

El purísimo sol arcaico

Este novísimo sol incaico

El que se zafó de ti y vino llorando

a encender mis sueños

Este rico sol de los pobres

Este más rico sol de los más pobres

Sólo el sol siempre solícito

No este que está arriba

Sino el que está más arriba

El que está en el cielo de Lima

El único. Sólo el sol

El sol de Lima.

IV

¿Dónde están ahora los dioses?

Bajo esta sorda tierra no se mueven.

Tal vez estén ocultos, dominando con sus alas

otros mundos,

otros resplandores.

Tal vez. Tal vez.

Dónde están ahora que profano sus nombres,

convocándolos a esta danza,

incitándolos a que bailen y se pronuncien.

Porque si no danzan, consideraremos que han perecido.

Hace tiempo que no se escucha el dulce canto de la torcaza

y sé que esta mañana

nuevamente será de urgencias. Y sé que hacia el mediodía

arderá la bruma.

Ni dioses, ni bestias.

Sólo estos hombres, carcomidos por el uso de las auras,

sintetizados por la luz,

discurriendo bajo la niebla,

Tan atentos a las cosas, entresacados de las cosas,

sin la capacidad

de nombrarse a sí mismos, sin la potencia ya de un grito.

¿Hacia dónde encaminas ahora tus pasos, presuroso

corredor de los ceros,

antaño tronador de las eras?

Con la mirada incierta mides el declive de los edificios

donde tú mismo,

a la hora de la existencia, habrías cambiado de plumaje.

Escuchas el trotar de la muchedumbre (¿hacia dónde van?)

y aguaitas

el interior de las casas; intuyes que todo bien.

Todos están vivos pero nadie te ha visto; ninguna sombra

se ha topado con tu sombra.

Habitas. Solamente habitas.

Sin embargo presumes que existes.

Ellos escrutaron tu rostro mas tu cuerpo se mantiene

intacto.

Tu cerebro camina pero esta mañana ha gemido tanto;

salvado de las charcas,

tu cerebro ha explotado muchas veces.

Pero tu cerebro trabaja y tus brazos descansan esperando

el abrazo de tus bestias.

Animalito citadino, reconoce tus alimentos.

Ya es mediodía.

Ha caído la bruma y la hambruna.

Sobre los techos de las casas repta la bruma.

Sobre los pechos de los hombres crepita la hambruna.

Ni dioses, ni bestias.

Melanio Ataucuri Sono, sobre tus ojos violentos

ha caído la bruma.

V

Algo de paz, Señor

Hay un estruendo como de hombres que crujen

Sobre las alas de la luciérnaga se viene la noche

Y pronto nos habrá engullido a todos por igual

Un hombre vestido de hombre contempla el horizonte

desde el puente de Chosica

Y allá en el cielo no hay menos rojo que azul; aunque

el ocre ya se insinúa

Este hombre ha perecido tanto durante el día

En el día ha mutado tanto que ya no tiene memoria

Sólo la baranda del puente, Señor, resiste su temblor

Rencorosas bajan las aguas del río ya sin sol

Y las sombras, vengativas, ascienden por el valle

Es la hora de los deslindes entre el cielo y la tierra

La hora en que la simple luciérnaga lo dice todo

El hombre ha Vuelto la cabeza del lado de los vientos

Es que necesita aire para seguir pereciendo

Ahora el cielo ha completado su telar ocre

Animal insurrecto, el río, ha levantado la voz

Sobre los ruidos humanos, Señor, el río ha levantado

su voz

Pero el hombre está allí, perplejo y maravillado

La escena del horizonte lo tiene embrujado

Aunque, al parecer, es el crepúsculo quien gime

Como una fiera descubierta en su acto sagrado, gime

Que esta visión sea, por hoy, su recompensa.

de El sordo cantar de Lima

Armando Rojas

(Huancabamba, 1945 - París, 1986)

• Bosques. Lima: Arte/Reda, 1973.

• S & Q. París: L’Oiseau-Felin, invierno 1978-1979.

• Après la brève lumière du jour / Tras la breve luz del día. París: Belacque Press, 1979.

• Le soleil dans le miroir / El Sol en el espejo. París: Ceteclam Editeur, 1983.

• Arte de granujas. Lima: Antares, 1987.

• “Gaviotas en el lienzo”. Lienzo 12. Lima: Universidad de Lima, diciembre de 1991.

COMO QUERIENDO HALLAR UN CIELO QUIETO

Escribiré una y otra vez y alguna vez

este poema

hasta que en la colina no haya árboles

Ni césped ni testigos

Tampoco haya sol y la casa en verano

esté iluminada por las pobres palabras

Escribiré mil veces sobre el musgo

Como queriendo hallar un suelo quieto

El único lugar que escapa al pico del verdugo

En este yermo vivir tal vez es bueno

y nunca faltan cuerpos, ángeles extraviados

Pero fatiga, el tiempo y muchas

son las palabras falsas o sangrantes

A veces hay espejo, lámpara, botella,

que se quiebran se quiebran se quiebran

Su diálogo de amor son alaridos

intermitentes en tu sueño, en mis gastadas

páginas: Escríbelo

Y es imposible entonces corregir

Con tinta falsamente clara retrazar el huidizo

corazón que nos falla.

de “Gaviotas en el lienzo”

QUÉ SOSTIENE TU CUERPO EN EL VACÍO

qué sostiene tu cuerpo en el vacío

pájaro gris

pájaro tus ojos

qué levantan

de la cola del viento

y en el cielo manchado

de hollín qué mundos aleatorios

avellonan tus alas y

rompen sus sonidos

sobre yertos cabellos

si resplandeces

y en equilibrio alzas

montes cuerpos ciudades y

nada te es ajeno y

en tus alas van y

vienen planetas

girando

y arremolinándose en

el aire sopla

y desciende.

TIRA SI PUEDES LOS PECES EN EL RÍO

a janín

tira si puedes los peces en el río

y fluyan sus formas oscuras en el fondo

y asome tu cabeza

bajo el ave que extingue las colinas

de marzo sétima viña

alturas murmurando sin término

cuando la noche cae y

sus brotes encienden

collados esbeltos

astros encima

en el viento que es

viejo loco subiendo

y bajando

mientras el cielo vibra

y lanza sus dioses a la pradera oscura

y no vamos sino

hurgando crías de luz en la corriente

yendo y viniendo en las almenas

extraviados en la altura que palidece

y emprende vuelo en las hojas

que aprisionan la música del aire

a medianoche

de Bosques

SOBRE AGUA

Estoy llorando

En lo rojo de la tierra

Torrentes de metal y qué podrían

Ser sino gotas de derretido acero

Lo que crían mis ojos

Lo que abnegadamente mi ser ha cobijado

Estoy llorando con las manos abiertas

Con las alas abiertas

Con el pecho de par en par abierto

Lloro a gritos

Y es como si nadie me escuchase

Como si clamara bajo reinos de cobre

Hay realmente alguien más en la tierra

En la encrucijada de esta habitación

Completamente ardiendo

Arrojando aves y diamantes

La vida toda que se agolpa en los ojos

Y de pronto se desploma

Silenciosamente

Puertas y nubes en el polvo

Lloro

Solo

Sin rabia

Sin atuendos

Quebrado de pena

De tristeza

En mi piel de jacinto lloro

Fuera de mi cuerpo lloro

Y no hay mundo ni pasado

Sombras únicamente montes de negrura

Y una que otra camisa despedazándose en el agua

LÍRICA

Qué pensarías

Si te dejan al fondo de un planeta

Sin aviso alguno

Un planeta desprovisto de hermosura

Es decir de silvas y unicornios

Susurrando a tus pies

En un instante tomas las riendas

Y cruzas el blanco solo

Qué creerías

Bajo el secreto de los cielos

Si se unen y ya no te obedecen

Y los días pierden su dulzura

Borrándote al paso de la vida

Una noche ser alcanzado por un rayo

Por un odio deslumbrante

Que refriega su espuela

Tronchando todo hueso

Qué dirías

Boca abajo

Cuando te abandonan los deseos

El amor y hasta los recuerdos

Prestos a volar para siempre

Y habitan adelante tus ojos

El terciopelo del cerebro

Mundos solitarios

Seres de mica desconchados espacios

Qué harías

Si no te resta nada

Más que la verde espalda

El día a medio abrir

Y un sueño deshojándose

de S & Q

BAILARINA CON CABEZA DE PÁJAROS

Imita al cervatillo

Imítalo y suelta el angustioso peso

de un sol imposible y colibríes

Pasión y gula el felino concede

hasta la noche lame su pelaje

estrella sin fin mieles sin ruido

pero imita ese mundo en llamas

Dueña del fresco está posada

hónrala con el pie con tu simple sandalia

No teníamos un coro no teníamos

y los castrados huyeron con el mar

Cuchicheos aletazos ¿Te recuerdan el cuento de los antiguos

dioses del Perú?

No supimos qué hacer con ellos

Femenino fue el pájaro

el jorobado sopló su caramillo

soles y bestias ayuntando

(En las cerdas flotaba ese ritmo

de una aurora oh oh tan pegajosa

No olvides la risa de los héroes sacándote al umbral

sobrevolando reducidas cabezas)

Esplende ensueño de la vida

el anca húmeda en mis manos de fuego

La estrella en el mamut

Flechas ecos plumas

Contra la piel hachazos lentos

Esplende ensueño de la vida

Ea ea donde huyen los pájaros

Donde huyen las gacelas

EL SOL EN EL ESPEJO

Una tarde. Un fresno se inclina inexorable;

la fronda que se instala.

A contrafuego, abajo, el muslo;

atada la muñeca desatada en lo fugaz del óleo.

Va a llover; cielos furiosos, verdes.

Una tarde no como otras.

Ni tú ni yo mas los murientes reinos en los ojos

y un frío en las entrañas.

Una tarde poblada de lanzas, de tambores

y de más cerca el desgarrado giro de los ópalos.

Tinieblas. Soledad. Se adormece el acerbo.

De más en más ceden los mármoles.

Tu rodilla sitia el corazón del suelo.

Un llorar en la piedra; más adentro, en el túmulo.

Brasas. La carne duele.

La pavesa ligera traspone la muralla.

Se escuchan trinos.

Argucia de lo oscuro. Nunca es mañana

mas la memoria del sol en el espejo.

No amanece y abres la ventana.

Nunca sorprendes las vírgenes leonadas.

Hoy siempre hoy bajo amargos ojuelos.

Aunque fustiga el viento muy temprano

dominas ángeles y bestias.

de Le soleil dans le miroir /El Sol en el espejo

ARTE DE GRANUJAS

De nuict et jour fault estre advantureux

CLEMENT MAROT

Reino de espadas Reino de tréboles Reino de corazones

Tornasolea el día como una baraja

dispuesta por el Siervo de la luna

No es un decir

cuánta belleza en el tiempo desvelado se congela

¡Reinen los tréboles! ¡Reine el corazón! ¡Reinen las espadas!

en el puente canta la turba su cancioncilla

¿Alguien ha de morir?

Por la tierra de siempre, por las soledades

va Nuestra Señora de los Tréboles

Toquen fulleros, enamorados toquen

el sueño duro de las mandolinas

Como un manto de aceite, su silencio

como el húmedo fuego, sus amores

Buena es la música y ha emprendido vuelo

eterno vuelo la máquina de rubíes

¿Alguien ha de morir?

No me solazo en vano

el beso de la Reyna me protege

Poseo el mundo sobre el terciopelo

Fatal y utópica mañana

mi As de Corazones deslumbra lo escondido:

un desmentir de nieve, un sol liviano

y una sombra irreal que nunca llega

Vuelta sin tino, vuelta sin ti ¡no! ¡Vueltas!

Mi ácida hiel se va con tus hijuelas yendo

¿Alguien ha de morir?

Salen las hadas las invisibles hadas ¡Espadas!

Muy débil yace el reino bajo el secreto

de una daga

Mi gorrioncillo, los nardos fustigando

¿Me fallarás rey perdedor?

Apenas tiembla mi estrella en el olvido

Cantando están

Tu dama obscura fuga de su palacio claro

y corceles de angustia pueblan el mediodía

¿Alguien ha de morir?

Reyna de Tréboles Reyna de Espadas Reyna de Corazones

vuestra mano escarlata me guía a mi destino

La belleza, mi desdicha entrelazadas

Vuestra mano y no el mundo ¡ay!

Quien ama así se hurta de la muerte

dase en amor lo que los cielos le negaran

¡Campanazos Ruina Desesperación!

Nadie ha de morir.

de Arte de granujas

CUANDO UNA RAMA DE MELOCOTONERO HALLA OTRA RAMA DE MELOCOTONERO

Como una rama de melocotonero pliega la luz y el aire salado

Tiendes tu cuerpo sin que nadie lo impida

Ni el abatimiento ni la mala yerba

Y en la mitad de mayo el mundo permanece quieto

Llevándose la mosca lo acerbo de la tierra

Lacio el corazón y los lebreles incógnitos al fondo,

Como otra rama de melocotonero anula lo perfecto

Se desenlaza del lenguaje del cielo

del ritmo de millares de estrellas

Peligrosamente se inclina hacia el musgo

Conos y círculos en la pendiente que ha ornamentado tu piel

Y el sol rehúsa, del éter divino

se aparta,

y baja a tenderse en el cuenco de una imagen final

al lado de sus restallantes frutos y sus aves

Como es tú y yo cuando vienen a combarnos los deseos

y escuchas más allá de la pureza de sus láminas

más allá del silbo del escorpión

y en tu seno esperas más que el monólogo de las piedras

Como es tú y yo cuando ya no hay arcángeles

ni corazones celestes chorreando por el pasto

ni el vertiginoso anhelo de la tierra bajo el lomo del caballo

Sino esas dos ramas inútiles pero maravillosamente juntas

en un creciente bamboleo sobre el gras

Esta vida irreal que ha de quebrarse en un beso real

Extraño ¿no? Sublime ¿no? Humanamente ajeno

Lo que hasta ayer fuera un árbol insensible

con ramos de hielo y flores de tinieblas

cambia rápidamente en el traspaso de dos leños

en el destino fulgurante de unas hojas

Espera el advenimiento de los brotes y el estampido bajo

Que es bello y colosal trabarse la cabeza en la luz

Olvidar las manos y los ojos en el pecho de la aurora

Y todo porque una rama de melocotonero quiso ser yo

en su descenso

Y otra rama no quiso perecer sino aferrarse

Ocurre claro y así es todo

Créelo por Dios la sangre quema en tus labios y va susurrando

una nueva locura

ENTRE LINCES, ACACIAS & ARCÁNGELES MUERTOS

Obscurece

Con las últimas sirenas solemnemente canta el

viento

En las lentas costas peruanas no hay victorias

Sólo una luna tallada encima de las bolicheras

Obscurece

Caballo de fuego el que salta por las lomas

y enfrenta la cólera del mar

mientras sirenas y medusas limpian sus heridas

Obscurece

En las lentas costas peruanas no hay gaviotas

y la luna no aplaca al amo de nuestras vidas

mas sus candelas merodean

tiemplan los sueños,

viajan con duendes y jureles ciegos

Obscurece

En las lentas costas peruanas no hay congojas

Es la luna que sale se escapa nunca se detiene

Así son las palabras, así son los deseos

y nos huye el amor

la eterna musiquilla en medio del desierto

Obscurece

Lámparas y cangrejos desesperan

Y entre linces acacias & arcángeles muertos

auscultamos los mares, este último reino de

desastres

de “Gaviotas en el lienzo”

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Yaş sınırı:
0+
Hacim:
414 s. 7 illüstrasyon
ISBN:
9789972453793
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:

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