Kitabı oku: «Miradas territoriales a los estudios urbano-regionales»

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G633

Gómez Vélez, María Alejandra y otros 21, autores

Miradas territoriales a los estudios urbano-regionales / María Alejandra Gómez Vélez, Cathalina Sánchez Escobar, John Jaime Bustamante Arango, editores y compiladores académicos – 1 edición – Medellín : UPB, 2020.

210 páginas, 17 x 24 cm.

ISBN: 978-958-764-855-3 (Versión epub)

1. Desarrollo y territorio – 2. Competitividad territorial – 3. Desarrollo urbano 4. Desarrollo rural – I. Sánchez Escobar, Cathalina, editor y compilador – II. Bustamante Arango, John Jaime, editor y compilador – III. Título

CO-MdUPB / spa / RDA

SCDD 21 / Cutter-Sanborn

© Luis Alberto Castrillón López

© Paola Andrea Calderón Carrascal

© María Alejandra Gómez Vélez

© Janeth González Ramírez

© John Jairo Hurtado López

© Gloria María Jiménez González

© Bibiana Mercedes Patiño Álzate

© Holmedo Peláez-Grisales

© César Augusto Salazar-Hernández

© Eduard Steven Quinchía

© Juan Esteban Vargas Guerra

© Editorial Universidad Pontificia Bolivariana

Vigilada Mineducación

© Cathalina Sánchez Escobar

© Guillermo David Hincapié

© Israel Díaz Arredondo

© Daniel Alejandro García García

© Laura Lotero Vélez

© Alejandro Builes-Jaramillo

© Ana María Miralles

© Javier Darío Fernández-Ledesma

© Ferney Amaya-Fernández

© Carlos Ángel Arboleda Mora

© John Jaime Bustamante Arango

Miradas territoriales a los estudios urbano-regionales

ISBN: 978-958-764-855-3 (Versión epub)

Primera edición, 2020

Escuela de Ciencias Sociales

Instituto de Estudios Metropolitanos y Regionales - IEMR

CIDI. Proyecto: Cultura política para la paz: Procesos socioeducativos ciudadanos para la transformación de los imaginarios y prácticas políticas en Medellín en el marco del posacuerdo.

Radicado: 158C-06/18-7

Gran Canciller UPB y Arzobispo de Medellín: Mons. Ricardo Tobón Restrepo

Rector General: Pbro. Julio Jairo Ceballos Sepúlveda

Vicerrector Académico: Álvaro Gómez Fernández

Decano Escuela de Ciencias Sociales: Ramón Arturo Maya Gualdrón

Editor: Juan Carlos Rodas Montoya

Coordinación de Producción: Ana Milena Gómez Correa

Diagramación: Jorge Alberto Vélez Misas

Corrección de Estilo: Eduardo Franco

Ilustraciones: www.pixabay.com, www.freepik.com

Dirección Editorial:

Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, 2020

Correo electrónico: editorial@upb.edu.co

www.upb.edu.co

Telefax: (57)(4) 354 4565

A.A. 56006 - Medellín - Colombia

Radicado: 1945-07-02-20

Prohibida la reproducción total o parcial, en cualquier medio o para cualquier propósito, sin la autorización escrita de la Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.

Diseño epub:

Hipertexto – Netizen Digital Solutions

Contenido

Introducción

María Alejandra Gómez Vélez

Cathalina Sánchez-Escobar

John Jaime Bustamante Arango

Editores y compiladores académicos

Aglomeración, competitividad territorial y sistemas de ciudades

Teorías de localización y descentralización de actividades económicas

John Jaime Bustamante Arango

Juan Esteban Vargas Guerra

Clúster de competitividad territorial y potencial del área metropolitana

John Jaime Bustamante Arango

Guillermo David Hincapié

Israel Díaz Arredondo

Daniel Alejandro García García

Potenciales ejes de desarrollo territorial en el departamento de Antioquia impulsados por los proyectos de infraestructura vial 4G

César Augusto Salazar Hernández

Bibiana Mercedes Patiño Alzate

John Jairo Hurtado López

Retos y desafíos del desarrollo urbano y rural

Herramientas de las ciudades inteligentes como apoyo a la identificación, el entendimiento y la gestión de dinámicas urbanas complejas

Laura Lotero Vélez

Alejandro Builes-Jaramillo

Ana María Miralles

Javier Darío Fernández-Ledesma

Ferney Amaya-Fernández

El caso de los habitantes de calle del río Medellín: ¿sujetos de protección o de violencia estatal en la ciudad?

Holmedo Peláez-Grisales

El papel de la familia en el acceso al mercado laboral de universitarios en práctica profesional formativa en Medellín

María Alejandra Gómez Vélez

Gloria Jiménez González

Janeth González Ramírez

Paola Calderón Carrascal

Dominación, resistencia y religiosidad en la cultura popular de San Antero, en el departamento de Córdoba

Carlos Ángel Arboleda Mora

Luis Alberto Castrillón López

Eduard Steven Quinchía

Consideraciones finales: para no concluir

María Alejandra Gómez Vélez

Cathalina Sánchez-Escobar

John Jaime Bustamante Arango

Notas al Pie

Introducción

María Alejandra Gómez Vélez1 Cathalina Sánchez-Escobar2 John Jaime Bustamante Arango3

Editores y compiladores académicos

La preocupación por los estudios urbano-regionales constituye un hecho evidente que ha ido fortaleciéndose en la medida en que se exacerba la dinámica de la urbanización en los diferentes territorios. Si bien, en principio, existió la preocupación por los problemas urbanos en sí, en el que la ciudad recaba motivaciones para la práctica de diferentes investigaciones, ella ha asumido formas y configuraciones internas motivadas por diferentes causalidades que han llevado a que, la preocupación por lo urbano, sea rebasado por lo metropolitano y lo regional, en donde la ruralidad va asumiendo un papel primordial y las dinámicas pasan de lo urbano, en estricto sentido, a lo metropolitano expandido y a lo regional.

El asunto neurálgico no está en la configuración territorial o, si se quiere, en las escalas territoriales en las cuales se ponga el foco de las miradas a los problemas territoriales, sino que va más allá de la forma territorial y de su configuración físico-espacial. De lo que se trata es de lo que ocurre con el contenido de la forma, es decir, de lo que sucede en el “espíritu o el alma” del territorio.

En esta perspectiva analítica, es en la que cobra sentido el nombre de este libro: Miradas territoriales a los estudios urbano-regionales, el cual se preocupa por pensar, leer e investigar el territorio, pero no como un ejercicio de recabar en lo ocurre con la forma, sus cambios y mutaciones, sino también con la gente y la materialización del juego de sus relaciones, de estas con la naturaleza y de todas las manifestaciones problemáticas ocasionadas por aquel juego de interacciones sociales que se expresan de manera concreta en el territorio, en sus diferentes formas y contenidos, como un todo.

Los trabajos que se presentan recogen reflexiones en la dirección planteada y ratifican la posibilidad de realizar esfuerzos de método, metodologías y procesos de investigación, desde diversas miradas disciplinares, que se adentran en el juego interdisciplinar, para dar cuenta de lo que ocurre en la esencia de los procesos territoriales. De ahí que los autores sean arquitectos, psicólogos, abogados, negociadores internacionales, trabajadores sociales, economistas, politólogos, entre otras formaciones disciplinares, miembros de grupos y redes de investigación reconocidos por Colciencias y de la Universidad Pontificia Bolivariana.

En el caso del primer estudio, “Teorías de localización y descentralización de actividades económicas”, de los profesores John Jaime Bustamante Arango y Juan Esteban Vargas Guerra, se formula la idea central en la cual la localización de las actividades económicas en el territorio tiene fundamento no solo en el pensamiento de la economía espacial, sino también en los aportes de otras disciplinas, como la geografía económica o la geografía empresarial. Las teorías clásicas de la localización, entre otras, incitan a la idea de la existencia de un “proceso epistemológico y analítico en la investigación de la localización industrial”. Consideran que en “este capítulo se hace una revisión de los principales aportes teóricos sobre la localización de las actividades económicas, a partir de las teorías clásicas de la localización de los círculos concéntricos del modelo de Von Thünen hasta llegar a la descripción de las fuerzas centrífugas y centrípetas propuestas por Krugman para explicar la concentración de las actividades”.

Por otra parte, en el capítulo de Guillermo David Hincapié, John Jaime Bustamante Arango, Israel Díaz Arredondo y Daniel Alejando García García, titulado “Clúster de competitividad territorial y potencial de área metropolitana”, se plantea como “objetivo determinar la forma en que se establecen agrupamientos territoriales o clústeres de municipios competitivos en una subregión del departamento de Antioquia, conocida como Valle de San Nicolás, además de establecer con ello lo que sería una potencial área metropolitana”, recurriendo, en primer lugar, a establecer un conjunto de municipios agrupados bajo la forma de clústeres territoriales, y sobre la base de un indicador sintético de competitividad, identificar los más y menos competitivos. Luego, y con una metodología de flujos de movilidad, con “la matriz de origen y destino en los municipios del oriente antioqueño, es correcto afirmar la posibilidad de plantear una configuración de área metropolitana en algunos de los municipios de este territorio, específicamente aquellos ubicados en el Valle de San Nicolás, debido a su alto índice de competitividad evidenciado en los resultados del componente económico propio del índice” calculado por ellos.

Desde una perspectiva territorialista, César Augusto Salazar-Hernández y Bibiana Mercedes Patiño Alzate, con el apoyo de John Jairo Hurtado López, reconocen en su trabajo “Potenciales ejes de desarrollo territorial en el departamento de Antioquia impulsados por los proyectos de infraestructura vial 4G”, el papel que desempeñan “los proyectos de infraestructura vial de cuarta generación y cómo “abren una oportunidad en el departamento de Antioquia para que en esta región se pueda iniciar un ciclo virtuoso de cierre de brechas entre el centro y la periferia, a partir del mejoramiento de los niveles de accesibilidad que mejorarían el intercambio de bienes y servicios y la movilidad de personas, principio fundamental para dinamizar el sistema de pueblos y ciudades”.

Por otra parte, hay que destacar que la investigación posibilita nuevos “elementos en la construcción de políticas públicas tendientes a fortalecer el Sistema Urbano Regional de Antioquia (SURA), basada en parte de los hallazgos del Estudio análisis de las implicaciones sociales y económicas de las Autopistas para la Prosperidad en el departamento de Antioquia. Particularmente, se señala cómo el SURA podría reintegrarse a la Red Básica Nacional en la que se interconectan 18 aglomeraciones urbanas, aprovechando las reducciones de tiempo de conexión en los ejes de desarrollo territorial: Bogotá-Cartagena y Bogotá-Turbo”. Por destacar, asimismo, el hecho de que los autores incorporan, en su análisis investigativo, “conceptos como aglomeración urbana y conmutación laboral” para darle soporte teórico a la investigación.

En el capítulo “Herramientas de las ciudades inteligentes como apoyo a la identificación, el entendimiento y la gestión de dinámicas urbanas complejas”, formulado por Laura Lotero, Alejandro Builes-Jaramillo, Ana María Miralles, Javier Darío Fernández-Ledesma y Ferney Amaya, señalan que “la capacidad de vincular y modelar diferentes tipos de datos y sistemas urbanos es indispensable para una comprensión holística de las ciudades como sistemas adaptativos complejos”. De esta forma, los autores señalan que “la ciencia de la complejidad y su combinación con el análisis de grandes volúmenes de datos (big data), en un contexto de ciudades inteligentes, podría ayudar a revelar patrones en la dinámica de las ciudades y derivar modelos que permitan entender, predecir y controlar estos patrones”. El trabajo considera que, “para sintetizar y presentar las tendencias en las herramientas de las ciudades inteligentes y su relación con los procesos urbanos complejos, se desarrolló una revisión sistemática de literatura la cual buscó dar respuestas a preguntas como ¿qué es una dinámica urbana compleja?, ¿cómo se entiende la ciudad desde la teoría de la complejidad y la sostenibilidad? y ¿qué herramientas desarrollan las ciudades inteligentes para la toma de decisiones?”.

En el capítulo titulado “El caso de los habitantes de calle del río Medellín: ¿sujetos de protección o de violencia estatal en la ciudad?, escrito por Holmedo Peláez-Grisales, se “aborda un estudio de caso etnográfico de los habitantes de calle del río Medellín a partir de una perspectiva sociojurídica crítica, que cuestiona desde la propia voz de los sujetos la violación sistemática de sus derechos humanos por parte de los gobiernos de turno de Aníbal Gaviria y Federico Gutiérrez entre 2013 y 2018”.

Tal como señala el autor, “el estudio se centra en contradecir desde los hechos el discurso formal de la norma y del poder estatal, […] con el fin de hacer una etnografía crítica que en adelante demuestra el estado de opresión oficial que resisten desde el testimonio de los habitantes de la calle”. De ahí que “el trabajo desarrolla tres argumentos: a) habitantes de calle del río Medellín por la fuerza, b) el gobierno de Aníbal Gaviria: ¿un gobierno protector o de violencia? y c) habitantes de calle bajo un gobierno sin justicia: el papel de los jueces en la violencia del régimen. A partir de allí, defiende que estos habitantes de calle están oprimidos y enfrentan un campo de batalla que les niega el derecho a vivir en el espacio público y los determina a sobrevivir en medio de la exclusión y la violencia en la ciudad”.

Termina postulando el autor, por parte del Estado colombiano, “una materialización concreta del derecho a la especial protección de los habitantes de calle, que modifique las estructuras y las prácticas institucionales violentas del municipio, reproductoras de su discriminación, marginalidad y debilidad manifiesta, y exige una tutela judicial efectiva, que implica cambiar el papel pasivo del juez por uno activo garante de sus derechos, que ponga límites reales al poder del Gobierno de turno”.

Por otro lado, y bajo una mirada local de las relaciones entre el mercado laboral y los estudiantes de práctica profesional, en el capítulo “El papel de la familia en el acceso al mercado laboral de universitarios en práctica profesional formativa en Medellín”, María Alejandra Gómez Vélez, Gloria Jiménez González, Janeth González Ramírez y Paola Calderón Carrascal consideran que, “cuando se hace referencia al acceso de los jóvenes al mercado laboral, esto plantea una dificultad mayor, dado que la condición de inserción laboral de los jóvenes es más compleja por la falta de experiencia, requisitos educativos, etc. Y aun cuando los jóvenes logren una formación mayor, es decir, una formación en educación superior, cuando logran estar calificados, también tienen problemas para el acceso al trabajo, sobre todo en contextos en los que no se cuenta con la generación de nuevos puestos de trabajo”.

Pese a que la investigación formula que la familia constituye una pieza fundamental en el proceso de interacción laboral de los jóvenes, también señala “el acceso al mercado laboral de jóvenes universitarios recién egresados se encuentra con obstáculos, tales como la falta de experiencia laboral, los requisitos educativos que el sector productivo privilegia en quienes elige, los puestos disponibles e, incluso, las expectativas de las familias en relación con las características de los puestos de trabajo que les ofrecen a sus hijos”.

Por lo anterior, los autores concluyen que, “para mitigar la falta de experiencia de los jóvenes profesionales, es clave vigorizar las competencias que ya tienen, desarrollar una gran capacidad para manejar las redes sociales profesionales con la finalidad de hacer conocer su currículo, mantener una búsqueda de información de calidad y perseverar en su esfuerzo de acceder al empleo”.

Finalmente, en el trabajo “Dominación, resistencia y religiosidad en la cultura popular de San Antero, en el departamento de Córdoba”, los investigadores Eduard Steven Quinchía y Carlos Arboleda Mora, consideran que “todos los procesos de dominación, resistencia y religiosidad tienen un trasfondo histórico y cultural; este es el caso de San Antero que tiene una larga historia desde el comienzo de la Conquista”. Consideran “que la cultura de San Antero es el resultado de un largo proceso de mestizaje entre españoles, negros e indígenas, que da como consecuencia una cultura propia y una religiosidad popular que se han vivido en la región en condiciones de aislamiento, guerras civiles, presión de los gobiernos y de la Iglesia; de ahí el carácter liberal y de resistencia de su cultura”.

Con un enfoque cualitativo de tipo etnográfico, que se centra en la descripción y la comprensión de los fenómenos que la integran y de la observación participante, concluyen que “no hay una sola cultura española presente en la Conquista, sino que hay varias culturas nacionales, con diversas características regionales y diferentes religiosidades populares, aunque, en general, era una cultura guerrera, tomista-tridentina y contrarreformista”. Por lo demás, disponen que “América Latina no es católica con un catolicismo puro” y que, por otro lado, los análisis los llevan a formular que “el carnaval y el contrabando son formas de hacer resistencia a la institucionalidad, al Estado y al poder de unos cuantos. Son la forma de expresión de una libertad luchada y que no se da; es la manera de hacerle el quite a la ley instituida y conservar algo de libertad”.

Esperamos que las diversas reflexiones y resultados que ofrece este libro contribuyan a establecer directrices y orientaciones de gestión territorial y sea posible la formulación de políticas públicas y el inicio de nueva investigación que contribuya al fortalecimiento de miradas interdisciplinares en los estudios metropolitanos y regionales en nuestro medio.

Aglomeración, competitividad territorial y sistemas de ciudades


Teorías de localización y descentralización de actividades económicas 1

John Jaime Bustamante Arango2 Juan Esteban Vargas Guerra3

Introducción

La localización de las actividades económicas ha ocupado un lugar importante en el desarrollo investigativo tanto de la economía espacial como de la geografía económica, de modo que es la localización industrial uno de los temas más estudiados en estas disciplinas. En este sentido, la distribución espacial de la industria ha sido analizada desde diferentes perspectivas a lo largo del tiempo y reflejando la evolución académica de la ciencia económica en lo que concierne a los aspectos territoriales. Desde esta perspectiva, Precedo y Villarino (1992) distinguen tres etapas del proceso epistemológico y analítico en la investigación de la localización industrial.

La primera etapa va hasta 1950, periodo en que el análisis desde la geografía se enfoca en los métodos fisionómicos e históricos, es decir, abordan la localización industrial con el estudio de caso y le dan mayor importancia al medio físico. Por su parte, la ciencia económica planteó la localización desde la corriente teórica weberiana, pues sus principales aportes se orientaron a la búsqueda del lugar óptimo que redujera los costos de producción y distribución (Precedo y Villarino, 1992, pp. 17-18).

El segundo periodo se establece en la década de 1960, con el surgimiento de la economía espacial, nueva disciplina que se preocupa por la construcción de una teoría económica del espacio. En cuanto a los aportes de los geógrafos, vuelven a enfocarse en lo descriptivo y morfológico del estudio de caso (Precedo y Villarino, 1992, p. 18).

La última etapa que reconocen Precedo y Villarino (1992) surge en la década de 1970, en que se destaca el aporte de la geografía, puesto que se introduce el método de análisis histórico-dinámico, con lo cual se señala la importancia de los factores humanos, técnicos, además de los naturales que ya habían sido trabajados. En este punto, es importante resaltar el aporte que introduce la variable comportamental del empresario, ya que, al tomar este las decisiones de localización de una empresa en particular pueden no considerar toda la información, es decir, que cambia el sujeto racional de los modelos económicos por un individuo irracional que puede no tomar siempre las decisiones óptimas.

En esta perspectiva, en este capítulo, se hace una revisión de los principales aportes teóricos sobre la localización de las actividades económicas, a partir de las teorías clásicas de la localización de los círculos concéntricos del modelo de Johann Heinrich von Thünen hasta llegar a la descripción de las fuerzas centrífugas y centrípetas propuestas por Paul Krugman para explicar la concentración de las actividades.

Los aportes de la geografía

Los geógrafos realizaron sus primeros análisis desde una perspectiva descriptiva y morfológica mediante el estudio caso, sin embargo, sus investigaciones, a pesar de ser particulares y de tipo empírico sobre localización industrial, han contribuido a un mayor entendimiento de este fenómeno espacial.

Entre los aportes más destacados se encuentra el de G. Renner (1947-1950), citado por Precedo y Villarino, (1992), cuya formulación expresaba que “una industria tiende a localizarse en aquel punto que les proporcione un acceso óptimo a sus elementos componente” (p. 26). Esta idea compagina con el modelo de Alfred Weber (tabla 1.1), que se analizará más adelante y que trata de encontrar un lugar central entre el mercado y las materias primas. Otro aporte importante de Renner es el concepto de simbiosis industrial, que se asemeja al desarrollado desde la economía como aglomeración.

Otra contribución importante tiene que ver con los tres principios de E. M Rawstron (Precedo y Villarino, 1992), que explican cómo la elección de localización se restringe por una viabilidad económica, sustentada en los principios de restricción física, restricción económica y restricción técnica, los cuales determinarán un costo total de localización, que al mismo tiempo fijará unos márgenes especiales de beneficio. En otras palabras, en “la teoría de Rawstron está explícita la idea de las restricciones espaciales, e implícitamente la elección locacional a partir del establecimiento de los márgenes de beneficio” (pp. 27-28).

El modelo del geógrafo inglés David Smith es otra de los aportes más importantes en el campo teórico de la localización industrial, su mode-lo recibe el nombre de teoría espacial de coste-beneficio, y en ella expresa que “la localización óptima de una empresa es aquella donde el beneficio es máximo” (Precedo y Villarino, 1992, p. 29). Es decir, que, como los costos y los ingresos varían de un lugar a otro, se debe buscar, por tanto, aquella localización donde los ingresos sean los máximos y los costos sean los mínimos.

Finalmente, otro aporte desde la geografía fue el modelo que introdujo el método comportamental, ya que para este el hombre económico completamente informado no existe, por lo que las decisiones de localización son en realidad subóptimas.

Las teorías clásicas de localización de actividades económicas

Las teorías clásicas de localización han desarrollado su investigación especialmente para la actividad industrial, reflejadas en la búsqueda de soluciones óptimas que dan mayor peso a variables, como: el costo de transporte del producto final, el precio y la cercanía de los insumos y las relaciones con los productores y el mercado; en otras palabras, minimizar costos de producción, todo sobre la base de la competencia perfecta, de la racionalidad económica del individuo metodológico.

Algunos autores han distinguido los principales aportes de esta teoría en tres grupos, lo cual permite entender mejor el alcance y los límites que tiene cada una (tabla 1.1):

1. Los aportes del modelo de Von Thünen (1820), pionero en este campo teórico para la economía, relaciona la localización de los usos agrarios de acuerdo con la distancia del mercado urbano, de modo que es la renta de suelo uno de los factores que ayudaría a explicar el emplazamiento de las actividades económicas, dado que aquellas que requieren estar más cerca de la ciudad estarán dispuestas a pagar un precio más alto.

Al reconocer los limitantes de esta teoría, por estar fundada en la competencia perfecta, esta ayuda a comprender la instalación de los establecimientos manufactureros en la corona metropolitana, puesto que, al tener una ocupación de carácter extensivo, no estarían dispuestos a pagar los elevados precios del suelo de los espacios centrales si no se hace necesario.

2. La teoría del mínimo coste, cuyo principal representante es Alfred Weber (1905), quien basa su análisis en la minimización de los costos de transporte tanto para acceder a los insumos como al mercado (demanda), es decir, esta teoría permitiría inferir que aquellas industrias cuyas materias primas tengan un peso importante en sus costos se orientarán hacia esta fuente, como es el caso de las actividades extractivistas.

Al igual que con el modelo de Von Thünen, es claro lo limitado de esta teoría por los supuestos que maneja, pero da luces para entender la desconcentración industrial en la búsqueda de reducir los costos de producción de acuerdo con su sensibilidad a las economías de aglomeración.

3. El tercer grupo analiza la localización industrial desde las áreas de mercado, pues defienden que el lugar óptimo de una empresa es aquel en el que pueda acceder a un mayor número de consumidores. Los principales representantes de este pensamiento son August Lösch, y otros autores que contribuyen a estos temas, tal como lo señalan Precedo y Villarino, (1992). En otras palabras, estos autores trataron de explicar el alcance del mercado para cada una de las empresas, ya que estas se encontraban protegidas por los accidentes geográficos.

Estos modelos se basan en el supuesto de la distribución de la demanda, a diferencia de Weber que establece un solo mercado, los representantes de esta corriente defienden la existencia de varios consumidores concentrados en el espacio, por lo que la localización óptima será aquella en la que el productor se acerque más a esta demanda (Precedo y Villarino, 1992).

Precedo y Villarino (1992) reconocen otros análisis, como la teoría de coste-beneficio de Smith, y los aportes de Walter Isard, que centran su análisis en la variación en el tiempo y en el espacio de los costos y de los ingresos, en busca de la maximización del beneficio a través de la sustitución de los factores para obtener la mejor combinación.

Tabla 1.1. Modelos económicos en las teorías de la localización



Fuente: Elaboración propia según Camagni (2005), Krugman (1994), Méndez (1997), Polese (1998) y Precedo y Villarino (1992).

Esquema gráfico. Localización de actividades agrarias de Von Thünen


Esquema gráfico. La teoría del mínimo coste de Weber


Esquema gráfico. Las áreas de mercado de Lösch y Christaller


Como se puede observar en la tabla 1.1, muchas de las limitaciones de los modelos clásicos de localización están dadas por los supuestos de competencia perfecta en los que se fundamentan, pero aun así siguen teniendo validez interpretativa para analizar la geografía económica. Ejemplo de ello es la importancia de los costos de transporte en la localización de actividades económicas, pero ya no asumidos como estáticos, sino desde los costos de transbordo y centros intermodales que permiten reducir los costos de transporte de las mercancías, por lo cual se consolidan en muchas regiones grandes corredores industriales y de logística (figura 1.1).

Figura 1.1. Coste de transporte como factor de localización en la actualidad.


Fuente: Elaboración propia según Méndez (1997, pp. 279-280).

La teoría de localización de actividades económicas desde la economía espacial o nueva geografía económica (economías de aglomeración)

Aclarada esa perspectiva histórica, y reconociendo las limitaciones de los supuestos que fundamentan las teorías clásicas de localización, desde la década de 1970, como se mencionaba, han surgido nuevas propuestas para entender la relación entre las variables espaciales y las económicas, a partir del avance en las herramientas técnicas que permitieron incorporar los rendimientos crecientes y la competencia imperfecta, supuestos más cercanos a la realidad.

De esta manera, las nuevas propuestas teóricas retoman las denominadas economías externas introducidas por Alfred Marshall, al referirse a las ventajas que tenía una industria de producir dentro la zona de Sheffield, caracterizada por la concentración espacial de las industrias de cuchillería. En este sentido, las ventajas de localizarse cerca de otros productores en la misma la rama industrial eran:

• Estar cerca de los proveedores especializados

• Mercado laboral especializado y disponible

• La circulación de la información con mayor facilidad al estar concentrada geográficamente esta rama industrial (Krugman, 1999)

En este orden ideas, las economías externas fueron introducidas en el análisis económico espacial para dar explicación a las concentraciones de actividades económicas en un determinado territorio, en alusión a ellas como un factor externo a las empresas que les permitía ganar en productividad al estar cerca de otras actividades (Polèse, 1998).

Por esta razón, al industrial le resultaba más rentable buscar un lugar donde encontrarse con otros productores y contar, además, con el mercado laboral para el desarrollo de su actividad manufacturera, es decir, se presenta una lógica circular en que se autorreforzaba la concentración en el espacio de actividades económicas, y sobrevenían las denominadas economías de aglomeración, que corresponden a las ganancias en productividad por la existencia de economías externas (Camagni, 2005; Krugman, 1994; Polese, 1998).

Como se puede evidenciar en la figura 1.2, la concentración espacial a través de las economías de aglomeración acarrea una serie de beneficios a las firmas que se emplacen en esos espacios, que van desde la reducción de los costos de producción hasta el acceso a información y tecnología a la que es difícil de adherirse si no se hace parte de este lugar. Algunos de los efectos positivos que acarrean las economías de aglomeración en el territorio son (Camagni, 2005):

Figura 1.2. Economías de aglomeración.


Fuente: Elaboración propia según Camagni (2005), García y Muñiz (2005), Krugman (1994), Méndez (1997) y Polese (1998).

• Reducción de los costos de transacciones debido a la proximidad geográfica de las diferentes empresas

• Difusión de los procesos de innovación

• Sinergias entre las diferentes actividades económicas que consolidan la economía local

• Incremento del stock del capital humano gracias a las dinámicas del mercado laboral

• Aparición de economías de escala en la prestación de los servicios públicos

Dentro de este análisis, se destaca el stock de capital e inversión pública con que cuenta un territorio (economías de urbanización) como uno los principales factores que inciden en las localizaciones de actividades económicas, al generar un ahorro privado para productores que quieren asentarse en un determinado territorio (Méndez, 1997) (figura 1.3).

Figura 1.3. Stock capital público como factor de localización.


Fuente: Elaboración propia según Méndez (1997, p. 283).

Al reconocer la causación circular de la concentración de actividades económicas, en que las economías de aglomeración autorrefuerzan progresivamente los procesos de localización de actividades económicas, Krugman (1994) establece que este proceso tiene un límite, es decir, se llega a un punto de equilibrio entre “las fuerzas centrípetas, esto es, las que tienden a provocar una concentración espacial de la actividad económica, y las fuerzas centrífugas, que se oponen a dichas concentraciones” (p. 19), que termina por moldear la estructura económica del territorio.

En este sentido, Krugman (1994) reconoce como fuerzas centrífugas y fuerzas centrípetas los factores que se describen en la figura 1.4.

Figura 1.4. Lista de algunas fuerzas centrípetas y centrífugas de algunos modelos de crecimiento urbano según Krugman.


Fuente: Elaboración propia según Krugman (1994, p. 243).

Asimismo, lo reconoce Méndez (1997) al referirse a las deseconomías externas de aglomeración: “Al elevar los costes empresariales (encarecimientos del suelo, los inmuebles, los salarios, etc.), favorecen la relocalización de aquellas actividades no necesitadas de un alto nivel de centralidad, provocando movimientos de carácter centrífugo frente a las anteriores tendencias centrípetas, con la reducción de algunos contrastes” (p. 288).

La dinámica del sistema de localización: una mirada teórica a la desconcentración de actividades económicas

Según lo establecido en la sección anterior, algunos investigadores han reconocido que la desconcentración de actividades económicas asociadas a las ciudades primadas (principales) se realiza en zonas cercanas a estas aglomeraciones; en esta medida, los efectos o las economías de aglomeración siguen siendo un punto importante para la localización de actividades económicas, situación que coincide con el campo de externalidad metropolitana. García y Muñiz (2005) identifican tres factores que estimulan o ayudan a comprender esta desconcentración de la actividad industrial del centro de las ciudades:

• La planeación, pues muchas de estas propuestas políticas terminan por expulsar o desplazar las actividades industriales ante el rigor de las normativas por las externalidades que dichas actividades generan, además de darles prioridad a otros usos con más intensidad (sector servicios) de acuerdo con las nuevas demandas espaciales del mercado.

• Deseconomías de la aglomeración de la ciudad central: la congestión vial es uno de los factores que lleva a muchas industrias de ocupación extensiva a buscar otros espacios que les permitan realizar sus labores manufactureras de manera más eficiente.

• Abaratamiento de los costes de transporte o evolución en los medios de transporte y sistemas viales, que les permite desplazarse de la ciudad central sin dejar de estar relativamente cerca de las ventajas que traen las economías de aglomeración (García y Muñiz, 2005).

En esta perspectiva, se destaca el modelo de crecimiento regional de Jerome H. Friedman (1966), que reconoce varias etapas del crecimiento espacial de la industria, coincidente con algunos de los planteamientos de Philippe Aydalot, pues ambos parten y terminan con la dispersión industrial, cuya última etapa se caracteriza por los procesos de desconcentración (Precedo y Villarino, 1992).

La primera fase es conocida como sociedad preindustrial, que tiene como característica la localización de la industria en centros locales independientes con muy poca interconexión. En la segunda, se empiezan aprovechar las economías de escala, por lo que recibe el nombre de industrialización inicial, que da lugar al surgimiento de algunos polos de desarrollo bajo la estructura de centro-periferia, mientras las regiones donde no se localizan las actividades industriales son succionadas de sus recursos, efecto conocido como backwash (Precedo y Villarino, 1992).

La tercera etapa es denominada madurez industrial, en la que el centro o polo de desarrollo sigue teniendo la importancia de la fase anterior gracias a las economías de aglomeración, pero al mismo tiempo surge un proceso de descentralización industrial (efecto spread) hacia ciertas regiones de la periferia, donde llegan a localizarse filiales de las empresas que permanecen en el centro, todo justificado en la reducción de los costos de transporte. Es importante señalar que los corredores de transporte son los principales ejes de esta descentralización productiva (Precedo y Villarino, 1992).

En la cuarta y última etapa, se logra la integración del sistema regional, pues se consolida el proceso de descentralización industrial, aunque los centros de decisión permanecen en el centro (Precedo y Villarino, 1992).

Otros autores como Méndez (1997) reconocen también que no solo existe un proceso de expulsión (push) por las deseconomías que se presentan en las grandes ciudades, sino que también en las regiones cercanas y bien comunicadas a estas aglomeraciones se presentan factores de atracción (pull), como la abundante oferta de suelo, las políticas de apoyo local, los costes menores de mano de obra, entre otros.

Además, Méndez (1997) distingue varios tipos de difusión territoriales de las actividades económicas en el actual modelo de desconcentración (figura 1.5).

Figura 1.5. Tipos de difusión territorial de las actividades económicas.


Fuente: Elaboración propia según Méndez (1997).

En este punto es importante recordar a Lotero (2009), quien manifestaba que uno de los objetivos de la aplicación de las políticas aperturistas para Colombia era desconcentrar las actividades económicas para alcanzar el desarrollo de las regiones más atrasadas, pero este propósito no se alcanzó. Al contrario, desde la escala nacional, la actividades industriales se polarizaron aún más en las áreas metropolitanas de las ciudades primadas del país, tras lo cual se consolidó el proceso de desconcentración concentrada en el campo aglomerativo metropolitano que ocurre desde la década de 1970; en otras palabras, desde la escala nacional, no se desencadenaron fuerzas centrífugas con la apertura, pero, desde una escala regional metropolitana, estas se vienen manifestando desde la década de 1980 (Lotero, 2009).

En este mismo campo de análisis, Polese (1998) resalta que los cambios de usos del suelo, tanto en la parte central como en los suburbios, hacen parte de un proceso de expulsión-sucesión, puesto que lo que realmente ocurre en el centro de la ciudad es un cambio en las actividades económicas que se venían desarrollando. En cuanto a las localidades que reciben las actividades desconcentradas, las denomina espacios en mutación, que albergan en gran medida el éxodo de las actividades manufactureras que buscan emplazarse en los límites del perímetro de expansión suburbano.

Asimismo, el geógrafo español Ricardo Méndez ha realizado varios estudios sobre las transformaciones económicas y territoriales de los procesos de localización y desconcentración de la industria en las áreas metropolitanas de algunas ciudades españolas. Entre sus principales conclusiones o síntesis de este proceso, se encuentran:

• Comportamiento muy dinámico, localizándose parques industriales y empresariales a los que se trasladan actividades y funciones necesitadas de accesibilidad y estatus, lo que explica su ubicación en sectores muy valorados, con buena accesibilidad y próximos a áreas residenciales de calidad (Caravaca y Méndez, 2003, p. 46).

• En coherencia con lo anterior, Caravaca y Méndez (2003) postulan como ejemplo la ciudad de Madrid, cuyo proceso de relocalización industrial se caracteriza por presentar una ocupación de carácter axial, es decir, las actividades económicas de ocupación extensiva se han desconcentrado a lo largo de las vías que salen de esta ciudad y han conformado un mapa industrial en forma tentacular, dado por las ventajas que encuentran al estar cerca de la metrópoli nacional (Méndez, 2001).

• Otros de los principales aportes de Méndez para entender la desconcentración industrial es enmarcar este proceso dentro del cambio de la ciudad nuclear metropolitana a la de la región metropolitana, esta última se caracteriza por presentar una reducción de la participación de las actividades industriales en la ciudad central, mientras que los núcleos próximos en la corona metropolitana o espacio dependiente ganan participación en este rubro. La corona metropolitana no solo recibe las industrias que se trasladan de la ciudad central, sino que también llegan a este espacio industrias provenientes de otras regiones, ampliaciones de empresas que permanecen con parte de su producción en la ciudad central y nuevas industriales locales (Caravaca y Méndez, 2003) (figura 1.6).

Figura 1.6. Tipos de implantaciones industriales en la corona metropolitana.


Fuente: Caravaca y Méndez (2003, p. 44)

• En este orden de ideas, Caravaca y Méndez (2003) hablan de la ampliación del campo de externalidad metropolitana citando a Giuseppe Dematteis, o de una metropolización expandida utilizando el concepto empleado por Carlos de Mattos, para referirse a la dinámica económica que se presenta en las localidades vecinas al núcleo central metropolitano. Esta situación acarrea unas demandas territoriales en materia económica, espacial, ambiental, social, etc., que deben ser previstas por las políticas de desarrollo y ordenación territorial, pues de no ser así podrían afectar la competitividad de la región.

• Otras de las síntesis realizadas por los autores referidos, en el análisis de las economías metropolitanas, es destacar el dinamismo que estas siguen teniendo a pesar de que desde las teorías de producción flexible argumentaban que entrarían en declive. En otras palabras, el catedrático español resume las características que desde la bibliografía de la geografía económica se le da a la evolución de las transformaciones espaciales de la economía metropolitana.

En síntesis, los trabajos de Caravaca y Méndez (2003) resaltan la importancia y el dinamismo económico que ocurren en las coronas metropolitanas y las tensiones que allí se presentan, conflicto al cual las municipalidades deben responder adecuadamente por las demandas espaciales de los nuevos actores, es decir, las entidades territoriales pueden incurrir en costo de oportunidad territorial si no aplican adecuadamente los instrumentos de intervención urbanística estatal.

Finalmente, Moncayo (2004) menciona algunos estudios de localización de actividades económicas desde la perspectiva del desarrollo regional, y los separa, además, de acuerdo con el enfoque teórico bajo el cual fueron realizados. En este sentido, Moncayo distingue para la década de 1990 un especial interés por los temas de la geografía económica y el desarrollo regional, de acuerdo con las corrientes intelectuales que estaban de moda. En las décadas de 1970 y 1980, las investigaciones fueron pocas y se centraron en los estudios de caso para la localización industrial y la evolución histórica de las disparidades regionales.

Sobre los estudios de localización industrial, Moncayo (2004) señala que estos lograron establecer nociones y regularidades espaciales de las actividades económicas en el país:

• Difusión de actividades económicas en el modelo cuadricefálico, la industria se consolidó en las principales ciudades del país (Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla), aunque los últimos años Bogotá ha ganado participación en este sector en relación con las demás ciudades.

• Correlación directa entre tamaño, empleo, productividad y grado de mecanización de las empresas y la talla de los centros urbanos.

• Metropolización de los sectores más dinámicos en las ciudades más grandes, este patrón es semejante al concepto de campo de externalidad metropolitana utilizado por Ricardo Méndez, al referirse al asentamiento de actividades económicas en los municipios periféricos a las principales ciudades del país.

• Correlación inversa entre tamaño de los centros urbanos y el grado de especialización, con esta afirmación aludía a la localización de industrias, como la minería en algunas municipalidades, que no se caracterizaban por tener un número importante de población.

En esta misma perspectiva, el autor resalta las metodologías utilizadas para analizar los procesos de localización, como los índices de concentración y especialización industrial.

Consideraciones finales

Las diferentes teorías, modelos y estudios de caso que buscan explicar los procesos de localización y desconcentración de actividades productivas siguen teniendo validez para la comprensión de las cuestiones económicas que acontecen en el ordenamiento económico territorial. En esta perspectiva, estos análisis muestran que las decisiones de localización dependen de diferentes factores, entre ellos, el costo de los insumos, el tamaño del mercado, la competencia, sin embargo, esta decisión siempre será tomada por los agentes económicos conforme a la información que tengan disponible.

Aún hoy, este tipo de temas revisten importancia y utilidad para los análisis sobre las realidades socioterritoriales en espacios subregionales.

Referencias

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Precedo Ledo, A. y Villarino Pérez, M. (1992). La localización industrial. Madrid, España: Síntesis.

Clúster de competitividad territorial y potencial del área metropolitana 1

John Jaime Bustamante Arango2 Guillermo David Hincapié3 Israel Díaz Arredondo4 Daniel Alejando García García5

Introducción

Los procesos de aglomeración territorial, de población y de actividades económicas constituyen un asunto que ha ocurrido durante muchos años, incluso desde la Antigüedad, solo que en épocas más recientes y con el avance de las técnicas de análisis territorial, especialmente con el uso de la econometría espacial, se ha podido ahondar en el tema. Ello se ha vuelto más recurrente a partir de los años en los cuales el proceso de globalización ha irrumpido en el mundo y, de manera especial, en los países de América Latina, donde se produjeron cambios socioterritoriales en la ocupación de los territorios y en los usos del suelo, particularmente urbanos (Jungemann, 2002).

En la literatura, hemos identificado investigaciones en este campo de estudio. Concretamente, nos planteamos como objetivo determinar la forma en que se establecen agrupamientos territoriales o clúster de municipios competitivos en una subregión del departamento de Antioquia, conocida como Valles de San Nicolás, además de establecer con ello lo que sería una potencial área metropolitana. La importancia de este propósito radica en que no se trata solo de poder dar cuenta de esta forma, sino de cómo dentro de estas es dable encontrar evidencias empíricas de la manera en que los clústeres se definen, de acuerdo con la información disponible y dan cuenta de una competitividad territorial en la cual el territorio se constituye no solo en un factor clave para la localización de las unidades económicas en esa subregión (atributos territoriales), sino que su despliegue territorial, bajo estas formas de agrupamientos, posibilitan las oportunidades de hacer y mejorar negocios para las empresas en un marco de competitividad. El trabajo se concentró fundamentalmente en 2015, debido a la disponibilidad de datos, aunque los ejercicios también se hacen comparativos con respecto a 2005.

El capítulo está organizado en cuatro apartados. En el primero de ellos, se hace la localización del área de trabajo desde lo especial de la investigación. El segundo se dedica a precisar el estado actual. En el tercero, se detalla la metodología del trabajo y se muestra el índice obtenido y, de acuerdo con él, se determinan los clústeres o las aglomeraciones competitivas de la subregión. En el cuarto, además de mostrar los resultados, se realiza una descripción y análisis de la información. Finalmente, se formulan unas observaciones finales y conclusiones, de tal manera que se delimiten algunas directrices de gestión concretas para la subregión.

Así pues, los resultados de ese trabajo servirán como una guía básica para establecer líneas de acción encaminadas a delinear políticas públicas relativas al ordenamiento y la planificación territorial en consideración a la conformación de clústeres de competitividad territorial, establecidos de acuerdo con las dinámicas territoriales propias de los municipios del Valle de San Nicolás en el oriente antioqueño y describir las ventajas de localizar allí empresas para el aprovechamiento de las ventajas competitivas del territorio como formas de desarrollo de oportunidades de negocio en la región.

Descripción de la localización del área de estudio

A efectos prácticos, y como establecimiento de un necesario marco contextual, se hace una descripción del territorio alrededor del cual gira este trabajo de investigación, que es el Valle de San Nicolás en el oriente cercano antioqueño.6

El oriente es una de las nueve subregiones que componen el departamento de Antioquia, ubicado al noroeste de Colombia en la región andina. De los 125 municipios de Antioquia, este territorio está conformado por 23 municipios con un área aproximada de 827 600 ha correspondientes al 13% del departamento y el 0,7% de Colombia (Zapata, Barrera, Gómez y Naranjo, 2015).

Esta región está distribuida a su vez en cinco subregiones más:

• Valles de San Nicolás, con un área de 176 600 ha (31 400 urbanas y 145 200 rurales), correspondiente a los municipios de El Carmen de Viboral, El Retiro, El Santuario, Guarne, La Ceja, La Unión, Marinilla, Rionegro y San Vicente (Zapata et al., 2015).

• Bosques, con 162 700 ha (2200 urbanas y 160 500 rurales) e integrada por los municipios de Cocorná, San Francisco, San Luis y Puerto Triunfo (Zapata et al., 2015).

• Aguas, con una extensión de 146 500 ha (urbanas 4600 y rurales 141 900), correspondiente a los municipios de El Peñol, Granada, Guatapé, San Carlos y San Rafael (Zapata et al., 2015).

• Porce Nus, un área correspondiente a 101 700 ha (urbanas 7200 y rural 94 500) de los municipios de Alejandría, Concepción, San Roque y Santo Domingo (Zapata et al., 2015).

• Páramo, en una extensión de 240 200 ha (urbanas 6600 y rural 233 600), correspondiente a los municipios de Abejorral, Argelia, Nariño y Sonsón (Zapata et al., 2015).

En la figura 2.1, puede verse la localización de toda la región del oriente antioqueño, con cada una de las subregiones, donde se muestra la subregión objeto de nuestro estudio: el Valle de San Nicolás.

Esta subregión posee una oferta paisajística muy atractiva y su nivel de desarrollo en general es alto. Es la segunda subregión más poblada después del Valle de Aburrá, y la sigue en importancia económica (Gobernación de Antioquia, s. f.).

Esta región posee gran riqueza en oferta hídrica y es la mayor productora de energía en Colombia (Gobernación de Antioquia, s.f.), con los embalses Peñol-Guatapé, Playas, Puchiná, Riogrande II, Miraflores y Porce II, y las represas de La Fe y Piedras Blancas.

Figura 2.1. Distribución del territorio subregión oriente de Antioquia.


Fuente: Zapata et al. (2017).

El oriente entonces ha sido un representante del desarrollo departamental y nacional, y se ha posicionado como una zona geoestratégicamente ubicada con seis embalses y cinco centrales hidroeléctricas (Playas, Guatapé, San Carlos, Jaguas y Calderas) que generan el 29% de la energía nacional y el 73% de la energía departamental; además, ha sido una región atractiva para el asentamiento de grandes industrias, lo que ha permitido el desarrollo de infraestructura y la posibilidad de nuevos negocios que impacten directamente el desempeño económico del departamento, así como el aprovechamiento de ventajas competitivas que desde el sector logístico ha evidenciado mejoramientos en las cadenas de suministro, transporte de carga y facilidades para las operaciones de comercio exterior gracias a las condiciones terrestres, la infraestructura vial y el fácil acceso al Aeropuerto Internacional José María Córdoba y la Zona Franca de Rionegro.

Estado actual para la investigación y marco teórico

Si bien la literatura más reciente, especialmente en América Latina se robustece desde comienzos de la década de 1990 debido a las implicaciones de los cambios socioterritoriales de la globalización en marcha, ya en países de Europa se avanzaba en propuestas teórico-analíticas desde la década de 1980.

Para los fines de la presente investigación, consideramos pertinente agrupar las propuestas de la literatura en dos campos analíticos. Por una parte, los que llegan a considerar las formas de organización de las actividades económicas productivas en los territorios y, por otro, las que ven en el territorio un factor no solo de atractividad para ellas, sino que suscitan la idea de que el territorio es un factor de desarrollo que promueve e incita a la competitividad de las empresas y, por ende, del territorio mismo.

La organización de las actividades productivas en el territorio

Para tener una idea de algunos de los diferentes enfoques que han hecho propuestas respecto a los procesos de aglomeración en el territorio, Elizalde (2003, p. 27) formula un agrupamiento en la tabla 2.1. Señala la fuente, de acuerdo con el estudio de redes, que ello deriva en varios conceptos que, a su vez, pueden tener diferentes alcances, pero conservando en su esencia un mínimo funcionamiento de un conjunto de distintos actores productivos, referenciando, por ejemplo, los acuerdos de cooperación, el clúster, los distritos industriales y las redes productivas, de suministro, de conocimiento, de innovación, entre otros (figura 2.2).

Tabla 2.1. Diferentes enfoques sobre procesos de aglomeración territorial


Enfoque Autor Propuesta
Nueva geografía económica Krugman, Paul (1998) Elaborada a partir de las contribuciones pioneras de Alfred Marshall. Las aglomeraciones resultan de la acción acumulativa inducida por la presencia de economías externas locales. Las economías externas son incidentales, y la estructura espacial de la economía es determinada por procesos de mano invisible que opera fuerzas centrífugas y centrípetas, por lo cual hay poco espacio para políticas públicas.
Economía de los negocios Porter (1998) Resalta la importancia de economías externas geográficamente restrictivas (concentraciones de habilidades y conocimientos altamente especializados, instituciones, rivales, actividades correlacionadas y consumidores sofisticados) en la competencia internacional. Las estrategias locales nacionales son parte de la estrategia de los negocios. Las fuerzas de los mercados determinan el desempeño del clúster. El Gobierno debe proveer educación, infraestructura física y reglas para la competencia.
Economía regional Scott (1998) La geografía económica y el des- empeño industrial están interrelacionados. Existe una tendencia endémica en el capitalismo en dirección a compactos clústeres localizados. Esos clústeres son constituidos como economías regionales intensivas en transacciones que a su vez son enlazadas por estructuras de interdependencia que están dispersas por todo el globo. La coordinación extramercado y las políticas públicas son esenciales en la construcción de ventajas competitivas localizadas.
Economía de la innovación Audretsch (1998) La proximidad local facilita el flujo de información y la diseminación del conocimiento. Las actividades económicas según nuevos conocimientos tienen una gran propensión a agruparse dentro de regiones geográficas. Esto ha desencadenado un cambio que ha desechado las políticas que coactan.
Pequeñas empresas y distritos industriales Schmitz (1997, 1999) Además de las economías externas locales incidentales o espontáneas, existe también una fuerza deliberada en acción, derivada de la cooperación consistente entre agentes privados y del apoyo del sector público. El concepto de eficiencia colectiva combina los efectos espontáneos (o no planificados) y aquellos conscientemente buscados (o planificados), y es definida como “la ventaja competitiva derivada de las economías externas locales y de la acción conjunta”.

Fuente: Suzigan et al. (2000), citado por Elizalde (2003, p. 27).

Figura 2.2. Definiciones utilizadas en la teoría económica de redes y sistemas


Fuente: Alburquerque (2004).

El distrito marshalliano

Ya en el pensamiento de un economista neoclásico como Alfred Marshall había una idea bastante avanzada para la época en que publica sus Principios de economía (1890): la de los distritos industriales. Para él venían registrándose fenómenos de aglomeraciones en forma natural en ciertos asentamientos poblacionales en los procesos que caracterizan al capitalismo del siglo XIX en Inglaterra. Aunque la publicación de sus Principios de economía data de 1890, ya existían unos manuscritos Marshallianos de alrededor de 1870.

Como lo señala Becattini (2002) en su trabajo sobre el distrito marshalliano:

Leyendo las descripciones de la época de la industria británica, razonando sobre los textos de economía más difundidos, y observando con atención la realidad que le rodea (por ejemplo, la cuchillería de Sheffield o el metal de Birmingham), Marshall llega muy pronto a la conclusión de que, por lo menos para ciertos tipos de producción, existen dos modos de producción eficientes: el conocido, basado en grandes unidades productivas integradas verticalmente en su interior, y un segundo, basado en la concentración de numerosas fábricas de pequeñas dimensiones y especializadas en las diferentes fases de un único proceso productivo en una o varias localidades. (pp. 10-11).

Esta segunda forma de producción formulada por Marshall es la que configuraría la idea del distrito marshalliano, como bien lo expone Becattini (2002, p. 11): “Por tanto, tanto las grandes como las pequeñas empresas obtienen beneficios […] (de la ubicación de la industria), pero estos beneficios son más importantes para las pequeñas empresas porque les evitan muchas de las desventajas que sufrirían al tener que competir con las grandes empresas”. Por último, “en estos distritos se ha desarrollado una posterior subdivisión de la especialización; además, los intercambios por separado han buscado localidades separadas […]. Quienes trabajan la lana generalmente no viven entre los trabajadores del algodón de Lancashire, sino que se hallan en Yorkshire, y ellos mismos se dividen en “comercio de la lana cardada” y “comercio del peinado de la lana” y, a su vez, “estos se subdividen en diferentes ramos, cada uno de los cuales tiene un distrito favorito”.

Esta idea de la forma de la aglomeración de actividades productivas en el territorio, si bien mejora la idea de la producción con integración vertical para hacerla menos rígida, no necesariamente se empareja con la idea de la especialización flexible, especialmente a partir de la década de 1990, como una forma de la organización del despliegue territorial de la producción. Tal como lo precisa Becattini (2006, p. 23):

Los que hemos aceptado la idea de que los distritos industriales son una manifestación particular de la tendencia a la especialización flexible, pero, a la larga, a medida que se desarrollaban los estudios de campo, los dos caminos, el de los distritos y el de la especialización flexible, se han separado, con gran ventaja, creo, para la clarificación de las ideas.

A diferencia de la especialización flexible como tal, Becattini (2006, p. 23) plantea:

La gran cualidad del distrito, yo creo, no es la de contar con muchas empresas flexibles cada una en sentido técnico (por ejemplo, mediante la difusión de máquinas de control numérico) sino la de ser una comunidad de productores que —para no salir del aspecto productivo estricto— integra flexiblemente, es decir, adaptándose rápidamente a la coyuntura del mercado, múltiples poblaciones de empresas especializadas. Integración, pues, no especialización, flexible.

La cualidad, pues, del distrito consiste precisamente en integrar en el territorio, dadas sus capacidades propias (naturales y creadas), a una comunidad de empresas grandes, medianas y pequeñas, integradas flexiblemente y con capacidad de asociatividad empresarial, cooperación y adaptabilidad de acuerdo con las condiciones del mercado, y así hace figura una forma más “eficiente” del tejido empresarial.

De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2010), los distritos industriales italianos fueron centro de atención para estudiosos del desarrollo local, entre ellos, Pyke y Sengenberger (1993), quienes consideraban que estos podían ser opciones para impulsar el crecimiento del producto y el empleo. Para estos autores, los distritos industriales son sistemas productivos definidos geográficamente, caracterizados por un gran número de pymes que se ocupan de diversas fases o formas en la elaboración de un producto. En su mayoría, los distritos se especializan en una clase de producto con distintos tipos de complejidad y uso final.

Finalmente, y retomando los aportes de Elizalde (2003, p. 35), puede considerarse:

Los distritos poseen una serie de ventajas tales como: el logro de mayores niveles de eficiencia y destreza en la producción a través de la especialización; disponibilidad y fácil acceso a la gama de especializaciones de la cadena productiva; disponibilidad de talentos y capacidades locales; presencia de una atmósfera industrial que permite diseminar rápidamente las nuevas ideas; existencia de una mezcla de relaciones de cooperación y competencia entre las empresas; fomento de una cultura emprendedora; presencia de un medio ambiente que promueva el consenso y fomento de un tejido social de instituciones de apoyo.

El clúster territorial

Siguiendo al PNUD (2010), Alfred Marshall en 1920 daba la primera idea de la existencia de esta forma productiva. Según el PNUD, para Marshall la noción de clúster “involucra a las compañías que de acuerdo con las dinámicas conjuntas generan economías externas para la reducción de costos de productores aglomerados o agrupados en un mismo territorio” (p.22).

El clúster es entendido, entonces, como una forma de superar las limitaciones en cuanto a la escala, los requerimientos tecnológicos, el poder de compra, la innovación, el acceso a mercados internacionales, entre otras ventajas. En la década de 1990, Michael Porter daba su definición de clúster como “una concentración geográfica de empresas, proveedores de insumos y servicios especializados, e instituciones conexas, todos los cuales trabajan en forma coordinada, en estrecha interacción, de lo que derivan sinergias y externalidades positivas” (Dirven, 2005, p. 54).

Otro autor, Dávalos (2002), indica que se podrían esquematizar cuatro estilos de regiones que emergieron debido a las presiones y las transformaciones económicas y tecnológicas a que han estado sujetas los territorios (citado por Elizalde, 2003, p. 28):

• Los complejos científico-productivos, que incluyen actividades con altos niveles tecnológicos, creadoras de tecnología.

• Aglomeraciones justo a tiempo: aquí se contemplan las aglomeraciones de proveedores para la planta terminal, que se organizan en redes de empresas.

• Distritos industriales: estarían contempladas aquí las áreas regionales de producción especializada, por lo general con abundantes pymes, que se concentran territorialmente.

• División del trabajo regional bajo esquema neofordista: se refiere a situaciones en las que se fragmenta el proceso productivo desde el punto de vista del territorio, a través de mecanismos como la subcontratación internacional.

Nuevamente la figura de los distritos aparece en esta clasificación, además de los complejos científico-tecnológicos y en el literal d llama la atención el tipo de organización de la producción bajo la figura de fragmentación del proceso productivo en la subcontratación internacional entre empresas.

En atención a lo anterior, lo que logra identificar al clúster de esas otras formas de aglomeración empresarial son las acciones iniciadas principalmente por las compañías y apoyada por un conjunto de instituciones, por ejemplo, las gremiales y gubernamentales. El clúster necesita de apoyo gubernamental del ente local, regional o nacional tanto para su fortalecimiento como para su creación, de tal manera que puedan ofrecer las condiciones idóneas para el desarrollo de estos.

Una definición de competitividad de los territorios

Para nuestro trabajo, el territorio es “la unidad espacial compuesta por un tejido social propio, que se encuentra asentada en una base de recursos naturales particular, con ciertas formas de producción, consumo e intercambio, y que está regida por instituciones y formas de organización también particulares” (Cordero-Salas, Chavarría, Echeverri y Sepúlveda, 2003, p. 1).

De acuerdo con Cordero-Salas et al. (2003), entendiendo cómo funcionan los territorios desde esta perspectiva, surgen unas ventajas que citaremos a continuación:

• Permite entender y gestionar el desarrollo más eficientemente.

• Explica mejor las relaciones intersectoriales y posibilita el trabajo multidisciplinario.

• Permite integrar los ejes fundamentales del desarrollo sostenible; esto es, los aspectos de organización económica, la relación con el medio natural, de organización sociopolítica, así como los elementos culturales que le otorgan idiosincrasia al territorio.

• Posibilita la integración del conocimiento acumulado por las sociedades, a efectos de lograr un desarrollo armónico y democrático.

Así pues, un territorio adquiere carácter competitivo si puede afrontar la competencia del mercado y garantizar al mismo tiempo la viabilidad medioambiental, económica, social y cultural, aplicando lógicas de red y de articulación interterritorial (Observatorio Europeo LEADER, 1999).

De este modo, y de acuerdo con Cordero-Salas et al. (2003), se define la competitividad territorial como

la capacidad dinámica de una cadena productiva para mantener, ampliar, y mejorar de manera continua y sostenida, su participación en el mercado, tanto doméstico como extranjero, por medio de la producción, la distribución y la venta de bienes y servicios en el momento, lugar y forma solicitadas, y sin olvidar que el fin último de su actividad es buscar el beneficio de la sociedad. (pp. 6-7)

Además, puede aludirse al concepto de competitividad urbana, el cual apunta a la capacidad de una ciudad para penetrar en los mercados local y de exportación, y a su relación con el crecimiento económico local y el incremento de la calidad de vida de sus residentes (Sobrino, 2002).

A partir de lo anterior, conviene resaltar que para realizar un análisis de competitividad territorial se hace uso de indicadores que miden el cambio de la distinta participación en los mercados, los cuales, según Sobrino (2002), provienen de la interacción de tres tipos de ventajas competitivas:

• Ventajas competitivas empresariales: comportamiento de la productividad, capital humano y el proceso productivo (Sobrino, 2002).

• Ventajas competitivas territoriales: definido como las condiciones externas que ofrecen los centros urbanos para la eficiencia microeconómica, tales como la oferta de suelo, la intervención del gobierno, el mercado de trabajo, entre otros (Bustamante, 2008).

• Ventajas competitivas distributivas: relacionado con la posición geográfica, condiciones para la circulación y áreas de mercados (Bustamante, 2008).

Por otro lado, según Cabrero, Orihuela y Ziccardi (2003), respecto de la competitividad territorial, se distinguen dos tipos clave:

• Estáticas: que se derivan de aglomeración o concentración geográfica.

• Dinámicas: que provienen de la capacidad innovadora y que son originadas por las empresas y los gobiernos locales proponiendo la integración del concepto de competitividad con el de integración.

Además, Cabrero et al. (2003) proponen que a través de un método de análisis factorial se puede evaluar la competitividad de las ciudades bajo distintos componentes, entre ellos, el económico, sociodemográfico, urbano-espacial e institucional.

Finalmente, concretamos que, para el trabajo de investigación, preferimos hablar de competitividad territorial con referencia a las ventajas competitivas localizadas, tal como lo sugiere Bustamante (2008, p. 49):

La ventaja competitiva localizada refiere a aquellos elementos constitutivos7 del territorio que conforman el entorno para la población y empresas ubicadas allí y que contribuyen a conformar y reforzar la aglomeración8 en él. Esos elementos constitutivos, por otra parte, contribuyen a la calidad de vida de las personas que lo habitan y, por lo demás, crean y ayudan a mantener la ventaja comparativa y competitiva de las firmas ubicadas en dicho territorio, siendo la ventaja competitiva territorial, de esta forma, un fenómeno eminentemente localizado. Es en este sentido que preferimos hablar de la competitividad de los territorios.

Metodología para el trabajo de investigación

El otro propósito del trabajo es delimitar un área metropolitana potencial para la subregión del oriente cercano del departamento de Antioquia. El marco teórico y contextual analizado llevó a la conclusión según la cual los territorios y las regiones competitivas que tienen el potencial de constituir un área metropolitana exigen para su análisis una consideración fundamentalmente multidimensional del concepto de competitividad territorial.

De esta manera, resulta crucial múltiples dimensiones de los atributos de los municipios objeto de estudio y buscar mediante técnicas y análisis una forma de sintetizar la información multidimensional encontrada. Este procedimiento ha sido realizado por muchos investigadores en los ámbitos nacional e internacional, pero esta investigación constituye una primera aproximación al problema de caracterizar la competitividad subregional de Antioquia y cómo, a partir de esta consideración, se pueden establecer criterios para delimitar áreas metropolitanas.

De esta manera, la investigación siguió tres fases importantes en su esquema metodológico, a saber: construcción del indicador sintético de ventajas competitivas locales, un proceso de contabilidad de los viajes por motivos laborales y flujos de carga entre municipios, y, finalmente, los análisis de estadística y econometría espacial para la delimitación objetiva y técnica de un área metropolitana.

Cómputo del indicador sintético de ventajas competitivas locales

Según una recolección de datos de variables económicas, sociales, ambientales e institucionales, divididas en subcomponentes, se procedió a calcular, mediante el análisis de componentes principales, el indicador sintético de ventajas competitivas locales (ISVCL). La tabla 2.3 muestra los distintos subcomponentes seleccionados en el análisis y las variables que los componen. Cada componente se encuentra conformado por una serie de indicadores, de los cuales se hace una distinción de la correspondencia urbana o rural de las localidades objeto de estudio.

Dado que cada componente, de los cinco, está compuesto por otros subindicadores, el análisis de componentes principales se realiza en dos fases: en primer lugar, se desarrolla un análisis de componentes principales sobre los cinco componentes definidos; en segundo lugar, se realiza un análisis de componentes principales sobre cada grupo de subindicadores, para determinar cuáles son las variables que explican en mayor medida la nube total de puntos.

Tabla 2.3. Variables seleccionadas para el indicador compuesto


Subcomponente Variable
ICVCL_CE: Componente EconómicoÍCVCL: Índice Compuesto de Ventajas Competitivas Locas PET, industria y comercio, cantidad de establecimientos comerciales, cantidad de establecimientos industriales, cantidad de establecimientos de servicios.
ICVL_CSC: componente socioeconómico Hogares comunitarios, casa de la cultura, establecimientos educativos, bibliotecas, EPS.
ICVL_CFE: componente físicoespacial Extensión urbana, extensión rural, vías, viviendas, parques, equipamiento deportivo.
ICVL_CAM: componente ambiental Microcuencas, oferta hídrica, parques ecológicos, malezas
ICVL_CSI: componente de servicios institucionales Juzgados, fiscalías y notarias.

PET: Población en Edad de Trabajar. EPS: empresas promotoras de salud. ICVCL: Índice Compuesto de Ventajas Competitivas Locas

Fuente: Gobernación de Antioquia (s. f.).

Las anteriores variables constituirán una matriz de variables correlacionadas sobre las cuales se aplicó la técnica de componentes principales, con el fin de determinar los componentes principales y su porcentaje de explicación de las variables (Cuadras, 2007). Estos componentes se seleccionan según el porcentaje acumulado de explicación de los componentes sobre la variabilidad total de los datos, esto es, el porcentaje de la varianza explicada.

De esta manera, el indicador final calculado se hace según los primeros dos componentes con una suma ponderada de cada variable y su correlación con cada uno de los componentes, como se muestra en la ecuación (1). En este sentido, se construye un índice sintético de ventajas competitivas localizadas que tienen en cuenta el 94% de la información soportada en la base de datos.

IVCLi=cp1ixj+=1cp2ixj(1).

Este indicador tiene una direccionalidad creciente, esto es, que refleja una mayor ventaja competitiva del municipio en la medida en que toma valores mayores. Con este indicador, entonces, serán analizados los distintos municipios de la subregión del oriente, con el cual se explica las características de aquellos que tienen una alta competitividad de aquellos que tienen una baja competitividad. Finalmente, con este mismo indicador, se determinaron los patrones espaciales de este y cómo se configuran clústeres de alta competitividad que ayudarían como criterio a delimitar áreas metropolitanas.

Los anteriores resultados se complementarían con un examen de la forma en que interactúan los municipios de la subregión del oriente respecto de su movilidad laboral, es decir, de acuerdo con el conteo de los viajes por motivos de trabajo de un municipio a otro. Esta mirada ayudará a delimitar el área metropolitana del oriente. La información del commuting laboral está soportada por la llamada encuesta origen-destino llevada a cabo por el departamento de Antioquia y a continuación se describen sus características básicas.

Definición de la encuesta origen-destino

Inicialmente, la razón por la que se utiliza el procedimiento de matriz origen-destino es debido a que la movilidad de las ciudades contribuye a su consolidación, a crear un sistema económico cada vez más globalizado y competitivo en busca de mejores condiciones de vida y facilidades para la ejecución de actividades productivas de la población. La comprensión de los sistemas de movilidad podría tener efectos sobre la eficiencia de la economía urbana (Amézquita, Durán, Morales y Heriberth, 2016).

La matriz cuantificada para el departamento de Antioquia ofrece información del número de viajes por motivos laborales, de recreación, entre otros. Asimismo, contiene información de los flujos de carga de cada municipio en atención al municipio de destino y de origen tanto de la carga como de los pasajeros. Esta información ayudará a dimensionar qué municipios presentan altos niveles de actividad e interacción económico-social y a establecer criterios para delimitar el área metropolitana de la subregión objeto de análisis.

Los análisis anteriores aplicados sobre los indicadores de ventajas competitivas y sobre el conteo de viajes por trabajo permitirán determinar la delimitación geográfica y política del área metropolitana de la subregión del oriente antioqueño.

Finalmente, surge un interrogante importante: ¿no existe relación entre el número de viajes por motivos laborales o los flujos de carga intermunicipal con las ventajas competitivas locales? Es decir, ¿los municipios con mayores viajes por motivos laborales no tendrán asociación con un mayor nivel de ventajas competitivas locales? Todo el marco teórico examinado en esta tesis apunta a una respuesta positiva a tales preguntas. De esta manera, y para cuantificar esta correlación, se establecieron modelos básicos de econometría espacial que tienen la siguiente estructura determinada por la ecuación (2):

yt=δ0+β1 ivci+β2W*ivci+ei (2).

Donde el término yt representa el flujo de pasajeros por destino y el flujo de carga, es decir, la estimación compromete una regresión para cada variable dependiente. De esta manera, se quiere determinar si estos flujos de pasajeros y de carga están asociados al indicador de ventajas competitivas locales, como ya empieza a sugerirlo los análisis de estadística espacial llevados a cabo. En efecto, se espera que este indicador compuesto explique bajo su significancia estadística la dinámica del transporte de pasajeros y de carga.

Es importante clarificar un hecho metodológico: la subregión del oriente tiene 23 municipios, por lo que, en principio, se tendría una regresión con menos de 30 datos como lo sugiere la literatura, aspecto que puede significar problemas, aunque la diferencia de datos no es muy grande. Por tanto, y con el fin de solucionar este problema, los indicadores de ventajas competitivas y el cómputo de los flujos de carga y de pasajeros se computan para 10 municipios más, próximos a la subregión del oriente, como municipios de la subregión del Valle de Aburrá y la subregión del norte. Naturalmente, se eligieron municipios que no implicaran una alteración en la estructura distribucional de las variables en cuestión, para no sesgar la media.

Hallazgos de la investigación
Resultados sobre los clústeres de competitividad territorial

Como se advirtió, estos clústeres requieren el ISVCL o indicador compuesto de ventajas competitivas locales (ICVCL) para poder seguir el proceso y establecer los agrupamientos con la ayuda de técnicas de econometría espacial. Tal como se señaló en la sección metodológica, las ventajas competitivas locales se refieren a la dotación misma que los municipios tienen para afrontar su competitividad económica general. Por tanto, tienen en cuenta varias dimensiones, que van desde lo puramente económico, hasta lo ambiental, pasando por lo institucional. Justamente, el análisis de componentes principales tiene el propósito de determinar un índice compuesto o sintético que considere también la importancia de cada uno de estos componentes.

Como puede verse en la tabla 2.4, existe una importante desigualdad o disparidad de los municipios de la subregión del Valle de San Nicolás en relación con sus ventajas competitivas. Por ejemplo, los municipios de Alejandría, Argelia y Cocorná, entre otros, presentan los niveles más bajos de este indicador, en tanto que los municipios como Rionegro, El Carmen y La Ceja tienen los niveles más altos con respecto al promedio (4,34%).

Tabla 2.4. Ranking de municipios en sus ventajas competitivas locales (valores en porcentajes)


Municipios Indicador (Estandarizado)
Rionegro 31
El Carmen de Viboral 10
Granada 9
La Ceja 6
San Rafael 5
Sonsón 5
Marinilla 4
Guarne 4
El Retiro 4
El Santuario 3
La Unión 3
San Carlos 3
Abejorral 2
San Luis 2
El Peñol 1
Guatapé 1
San Vicente 1
Alejandría 1
Argelia 1
Cocorná 1
Concepción 1
San Francisco 1
Nariño 1

Fuente: Cálculos propios según Gobernación de Antioquia (s. f.).

Si se agrupan los municipios por niveles de competitividad territorial, podría elaborarse una tabla adicional en la cual se destacará una competitividad territorial excepcional o muy alta como la de Rionegro (31%), una competitividad alta que va de un 10 a un 9%, una media entre el 6 y el 3% y una baja que se ubica entre el 2 y el 1%.

De acuerdo con lo anterior, se tienen 14 municipios de 23 en el oriente de Antioquia con un nivel de competitividad baja.

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Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
281 s. 52 illüstrasyon
ISBN:
9789587648553
Telif hakkı:
Bookwire
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