Kitabı oku: «Protocolos de familia: su relevancia como mecanismo de gobierno familiar y empresarial»




658.041 / G993p 2020
Guzmán Vásquez, Alexander
Protocolos de familia: su relevancia como mecanismo de gobierno familiar y empresarial / Alexander Guzmán Vásquez, María Andrea Trujillo Dávila, José Elías del Hierro, Mónica Paola Higuera, Felipe Hoyos, Diego Felipe Márquez, María Paz Mejía y Juliana Téllez. Bogotá: Colegio de Estudios Superiores de Administración – CESA, 2020. 230 p.
DESCRIPTORES:
1. Administración de empresas familiares 2. Planificación empresarial 3. Estrategias empresariales 4. Gobierno corporativo 5. Juntas directivas 6. Toma de decisiones
© 2020 CESA - Colegio de Estudios Superiores de Administración
© Alexander Guzmán
© María Andrea Trujillo
© Del Hierro abogados
© José Elías del Hierro
© Mónica Paola Higuera
© Felipe Hoyos
© Diego Felipe Márquez
© María Paz Mejía
© Juliana Téllez
ISBN impreso: 978-958-8988-49-8
ISBN digital: 978-958-8988-50-4
Editorial CESA
Casa Incolda
Diagonal 34a No 5a - 23
www.editorialcesa.com
www.cesa.edu.co
Línea de investigación en Finanzas y Economía
Proyecto: Gobierno Corporativo
Código interno: 21008
Bogotá, D.C, octubre de 2020
Dirección: Editorial CESA
Corrección de estilo: José Ignacio Curcio Pennen
Diseño de portada y diagramación: Yimmy Alberto Ortiz Arias
Impresión: Imageprinting Ltda.
Todos los derechos reservados. Esta obra no puede ser reproducida sin el permiso previo escrito.
Diseño epub: Hipertexto – Netizen Digital Solutions
SOBRE LOS AUTORES
Equipo CESA
MARÍA ANDREA TRUJILLO DÁVILA, PH. D.
Profesora titular del Colegio de Estudios Superiores de Administración –CESA, magíster y doctora en Administración de la Universidad de los Andes e Ingeniera Sanitaria de la Universidad de Antioquia.
ALEXANDER GUZMÁN VÁSQUEZ, PH. D.
Profesor titular del Colegio de Estudios Superiores de Administración –CESA; Administrador de Empresas de la Universidad Externado de Colombia; magíster en Administración y doctor en Administración de la Universidad de los Andes; especialista en Gerencia de Mercadeo de la Universidad del Rosario, y en Finanzas de la Universidad Externado de Colombia.
Los profesores Trujillo y Guzmán. Investigadores sénior desde el año 2015 por el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación (antes Colciencias), son fundadores y codirectores del Centro de Estudios en Gobierno Corporativo (CEGC) del CESA; miembros fundadores del Instituto Colombiano de Gobierno Corporativo (ICGC); asesores en la implementación de buenas prácticas de gobierno y miembros de la Red de América Latina para la Investigación Académica del Gobierno Corporativo de la OCDE, IFC y el Banco Mundial; profesores de finanzas y gobierno corporativo; sus proyectos de investigación en gobierno corporativo han contado con el apoyo del Grupo Banco Mundial a través de la IFC, la Embajada Suiza en Colombia (a través de SECO), la Consejería para la Gestión y Cumplimiento de la Presidencia de la República, el Ministerio de Educación Nacional, la Bolsa de Valores de Colombia, la Superintendencia de Sociedades, la Superintendencia Financiera, el Consejo Privado de Competitividad, Sodexo, Confecámaras, la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia y la Cámara de Comercio de Bogotá, entre otros; han publicado varios libros de investigación y de texto, y más de cuarenta artículos en revistas científicas indexadas.
Equipo Del Hierro Abogados
JOSÉ ELÍAS DEL HIERRO HOYOS
Abogado y profesor de Derecho Romano, de Sociedades, Contratos y Aeronáutico en la Universidad Javeriana; con especialización en Derecho Financiero de la Universidad de los Andes y Derecho Civil Obligaciones en París II Pantheon-Assas; profesor del Colegio de Estudios Superiores de Administración (CESA) en Derecho de Empresa; conferencista invitado en distintos foros nacionales y extranjeros en temas tales como Planeación Patrimonial, Gobierno Corporativo, Protocolos de Familia, Emprendimiento e Innovación; consultor y asesor en los mencionados temas; socio fundador de la firma Del Hierro Abogados; columnista invitado del diario La República.
MÓNICA PAOLA HIGUERA RODRÍGUEZ
Abogada del Colegio Mayor Nuestra Señora del Rosario de Bogotá; especialista en Derecho Comercial, con diplomado en Derecho Societario de la Pontificia Universidad Javeriana; con amplia experiencia en Derecho Societario y Tributario; ha publicado columnas de opinión en el consultorio de Asuntos Legales, y colaboró en la elaboración del artículo “Controles: registro web, transparencia y normas antiabuso”, Entidades del régimen Tributario Especial: Manual Básico, Instituto Colombiano de Derecho Tributario (2018); es Abogada asociada del área de práctica de Derecho Tributario y Derecho Corporativo en Del Hierro Abogados.
FELIPE HOYOS VARGAS
Abogado de la Universidad de la Sabana; magíster en Derecho con énfasis en Regulación Minera, Petrolera y Energética en la Universidad Externado de Colombia; diplomado en Derecho Petrolero en la Pontificia Universidad Javeriana, y en Arbitraje Nacional e Internacional en la Cámara de Comercio de Bogotá; es candidato LL.M en Derecho Comparado y Solución de Controversias Internacionales en Queen Mary University de Londres, UK; codirector del área de Litigios y líder del equipo de recursos naturales en en Del Hierro Abogados; es columnista invitado en el diario La República en la separata “Asuntos Legales”.
DIEGO FELIPE MÁRQUEZ ARANGO
Abogado de la Pontificia Universidad Javeriana; especialista en Economía de la Universidad de los Andes; magíster en Derecho Empresarial y Negocios Internacionales de la Universidad Católica de Ávila (España); especialista en Prácticas Emergentes del Derecho y Sectores Regulados en el Centro de Estudios Garrigues de Madrid (España); Columnista invitado en el diario La República en la separata “Asuntos Legales”, autor del artículo “Innovación. Una perspectiva jurídica desde la agroindustria colombiana, y la necesidad de la promoción de la iniciativa privada a través de beneficios tributarios” de la Revista Jurídica de Agronegocios, IJ Editores, Argentina (2018); ha colaborado en distintos artículos académicos relativos al TLC, asuntos tributarios y temas relacionados con los registros administrados por las Cámaras de Comercio; es coautor del libro “Entidades sin ánimo de lucro: asociaciones, fundaciones y corporaciones”, publicado por la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia en mayo de 2019; coordinador del área de práctica de Derecho Tributario y Derecho Corporativo y líder del equipo de gestión del patrimonio familiar, agroindustria, sector HORECA, en Del Hierro Abogados.
MARÍA PAZ MEJÍA LONDOÑO
Abogada y especialista en Derecho Administrativo de la de la Pontificia Universidad Javeriana; magíster (LLM) en Derecho Comercial y Corporativo de London School of Economics and Political Science; coautora del Anexo 7 “Por un Nuevo Sistema General de Microfinanzas”, del libro Finanzas y Microfinanzas para el Desarrollo, escrito por César Ferrari; abogada asociada en las áreas de derecho corporativo y directora del área de financiamientos de Del Hierro Abogados.
JULIANA TÉLLEZ WILCHES
Abogada con énfasis en derecho comercial de la Universidad del Rosario y magíster (LLM) de la Universidad de Washington; ganadora del segundo lugar en el Concurso Internacional ALADA 2016 con la ponencia “El régimen de responsabilidad de los agentes intervinientes en actividades en plataforma”; ponente del Primer Congreso de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario en 2018 con la ponencia “La interpretación prejudicial del Tribunal Andino en procesos de protección al consumidor del servicio de transporte aéreo” y coautora de la sección de Colombia sobre regulación de drones publicada por la red L2BAviation en 2019; abogada asociada del área de Derecho Aeronáutico en Del Hierro Abogados.
CONTENIDO
Prólogo
1. Particularidades de las empresas familiares y las familias empresarias
1.1. Generalidades
1.2. Propiedad y control de la empresa familiar
1.2.1. Control familiar y decisiones de financiación
1.2.2. Control familiar, entorno económico y resultados financieros a nivel empresa
1.3. Gerencia y capital humano
1.3.1. La empresa familiar con menor exposición a la miopía gerencial
1.3.2. Gerente familiar: fundador versus herederos
1.3.3. La empresa familiar y el capital humano
1.4. La cultura y la riqueza socioemocional de la familia, y su efecto en las decisiones empresariales
1.4.1. Cultura en la empresa familiar
1.4.2. La riqueza socioemocional de las familias empresarias
1.5. Gobierno en la empresa familiar
1.5.1. Mecanismos de gobierno corporativo
1.5.2. Mecanismos de gobierno familiar
1.5.3. Interacción entre los mecanismos de gobierno corporativo y familiar
2. Los protocolos de familia en la literatura de empresas familiares
2.1. Generalidades
2.2. Investigaciones previas sobre los protocolos de familia
2.2.1. Investigaciones descriptivas
2.2.2. Estudios cuantitativos multivariados
2.3. Comentario de cierre
3. Metodología y valoración de las familias empresarias respecto de los protocolos de familia
3.1. Metodología
3.1.1. Alcance y propósito general
3.1.2. El análisis documental como una forma de investigación cualitativa
3.1.3. Al análisis de contenido de los protocolos de familia como una forma de investigación cualitativa
3.1.4. Caracterizando los protocolos de familia analizados
3.1.5. Complementando el análisis a través de entrevistas a profundidad
3.2. Valoración de las familias empresarias respecto a los protocolos de familia
3.3. Evidencia empírica derivada del análisis de contenido realizado a los protocolos
4. Generalidades de los protocolos de familia: la posición de los asesores
4.1. Definición y finalidad del protocolo de familia
4.2. Estructura y contenido del protocolo de familia
4.3. Rol del asesor externo en el protocolo de familia
5. Propiedad y control de la empresa familiar
5.1. Sucesiones patrimoniales
5.1.1. Fiducia mercantil
5.1.2. Fideicomiso civil (propiedad fiduciaria)
5.1.3. Sociedades por Acciones Simplificadas (S.A.S)
i. Diferentes tipos de acciones
ii. Forma de gobierno
iii. Obligatoriedad de los acuerdos de accionistas
5.1.4. Usufructo
5.1.5. Testamento
5.1.6. Donaciones entre vivos
5.1.7. Herencia en vida
5.2. Protección de bienes en la sociedad conyugal/patrimonial
5.2.1. La sociedad conyugal
5.2.2. La sociedad patrimonial de hecho
5.2.3. Las capitulaciones matrimoniales o maritales
5.2.4. Disolución y liquidación de la sociedad conyugal
5.3. Protección de las acciones
5.3.1. Derecho de preferencia
5.3.2. Clases de acciones
i. Derecho a participar en las asambleas
ii. Derecho de voto
iii. Derecho a recibir dividendos
iv. Derecho a recibir activos sociales en liquidación
v. Derecho de inspeccionar libros
vi. Derecho de membresía
5.3.3. Exclusión de accionistas
5.4. Dividendos
5.4.1. Posibilidad de pactar dividendos diferenciales
5.4.2. Algunos escenarios en los protocolos de familia frente a dividendos diferenciales
Escenario 1. Dos bloques familiares que son los empresarios
Escenario 2. Un bloque familiar, pero participación minoritaria de algunos miembros familiares
Escenario 3. Un bloque familiar con participación minoritaria de terceros
Escenario 4. Hay un solo bloque familiar, pero participación de la segunda generación diferenciada
Escenario 5. Primera generación retirada con dividendo fijo, y segunda generación a cargo
5.4.3. El desvío de las utilidades
6. Gerencia y capital humano de la empresa familiar
6.1. Capital humano
6.2. Gerencia y dirección de las empresas familiares
6.2.1. ¿Profesionalización de la empresa?
6.2.2. Requisitos
6.2.3. El ejercicio de la gerencia y los principales deberes
6.2.4. Responsabilidad
i. Responsabilidad solidaria e ilimitada por los perjuicios que le ocasionen a la empresa familiar o a terceros
ii. Criterios para presumir la responsabilidad del gerente
6.3. Remuneración de los miembros de la familia
6.4. Jubilación de los miembros de la familia
7. La cultura y la riqueza socioemocional de la familia en las decisiones empresariales
La cultura y la riqueza socioemocional de la familia en las decisiones empresariales
7.1 Mensaje del abuelo
7.2. Principios
7.3. Interpretación del protocolo
7.4. La toma de decisiones empresariales al interior de una empresa familiar
8. Gobierno de la empresa familiar
8.1. El consejo de familia
8.1.1 Funciones del consejo de familia
8.1.2. Buenas prácticas
8.1.3 Composición
8.2. La asamblea de accionistas, la junta directiva y la relación con el consejo de familia
8.2.1 La asamblea de accionistas
8.2.2 La junta directiva
8.3. Conflictos de interés
8.4. Cómo gestionar el conflicto con accionistas minoritarios o paritarios
8.4.1. Herramientas de prevención
8.5. Empresas multifamiliares
8.6. Herramientas anticorrupción para controlar operaciones
8.6.1. Transparencia e información
8.6.2. Ética en la manera de hacer los negocios
8.6.3. Revisor fiscal
8.6.4. Mecanismos de conocimiento de contrapartes
8.6.5. Límites a los representantes legales
9. Instrumentalización y fuerza legal de los protocolos
9.1. Los protocolos de familia son contratos
9.2. Instrumentalización del protocolo de familia a través de una sociedad
9.3. Vinculación y desvinculación a los protocolos de familia
9.4. Sanciones en los protocolos de familia
9.5. Solución de controversias en los protocolos de familia
10. Bibliografía
PRÓLOGO
Por: José Manuel Restrepo
MINISTRO DE COMERCIO, INDUSTRIA Y TURISMO
REPÚBLICA DE COLOMBIA
El desarrollo económico y social de un país depende en gran medida de la consistencia y estabilidad de su sector empresarial, el cual se encarga de aportarle empleo, innovación y crecimiento. A nivel global se ha demostrado que las familias son las primeras en encontrar su vocación a través del emprendimiento, y que con los años han ido transformando la dinámica empresarial de los países, pues las empresas familiares se caracterizan por conservar el legado y la experiencia como un factor diferencial en el mercado.
Colombia no es la excepción, pues su sector empresarial está mayormente conformado por organizaciones familiares que asumen el reto de impulsar su consolidación a fin de hacerlo más consistente e innovador, y capaz de crear nuevas empresas.
Es por ello que constantemente los hacedores de política, al igual que la academia, diseñan métodos e idean estrategias que le permitan al sector empresarial realizar eficazmente su actividad, adaptarse a las nuevas condiciones del entorno, y generar riqueza y valor compartido para todos los actores involucrados, entre ellos los proveedores, los empleados, los clientes, las comunidades con las que se relaciona y, en general, sus grupos de interés.
En ese sentido, recobran importancia los postulados de innovación de Schumpeter, quien asegura que el empresario es el agente encargado de combinar creativamente los factores de producción que generan disrupción, y que a través de la innovación las empresas logran adaptarse a las demandas del entorno y subsistir en el largo plazo.
Para consolidar un sector empresarial estable e innovador es preciso superar dos desafíos importantes. El primero es facilitar las condiciones para que las nuevas ideas de negocio, y los emprendimientos nacientes encuentren un entorno institucional favorable que les permita desarrollarse y consolidarse. La tarea está en facilitar la formalización y la constitución legal, la financiación, el desarrollo de capacidades, la apropiación de conocimiento y, en general, todo aquello que conduzca a un nuevo emprendimiento, es decir, pasar de una idea con potencial a una empresa con buen desempeño financiero y capacidad de aportar al desarrollo económico y social del país.
El segundo desafío consiste en generar las condiciones adecuadas para que las empresas puedan perdurar y adaptarse. De hecho, las empresas familiares que alcanzan una tercera o cuarta generación son minoría, lo que demuestra que una buena idea de negocio con potencial de crecimiento, que finalmente puede alcanzar cierto grado de madurez, no necesariamente se convierte en una empresa con capacidad para adaptarse a las demandas del entorno y subsistir en el largo plazo. Este segundo desafío es tan relevante como el primero, pues es inútil apoyar emprendimientos que han demostrado su capacidad de generación de valor, pero cuyas prácticas de administración y gestión les impiden perdurar.
De lo anterior se desprende que es tan importante facilitar el surgimiento de nuevas empresas como apoyar las ya constituidas para que desarrollen e implementen buenas prácticas que les permitan fortalecerse. Uno de los principales desafíos que deben enfrentar las empresas familiares consiste en armonizar la relación entre la familia y sus integrantes, y para superarlo es importante que puedan desarrollar prácticas que les permitan apropiarse de las externalidades positivas del involucramiento familiar, como el compromiso y la visión de largo plazo, y evitar las dinámicas que afectan la estabilidad económica, como las disputas entre los integrantes de la familia, o las reglas poco claras respecto de su participación en la administración de la empresa.
Estos retos se deben resolver a partir de la transparencia y la equidad, valores transversales que conviene fomentar en cualquier dinámica empresarial. En concordancia con lo anterior, el gobierno corporativo proporciona herramientas idóneas para equilibrar los poderes e internalizar las expectativas de los diferentes grupos de interés, favoreciendo el crecimiento de las organizaciones y su aporte a la sociedad.
Los autores de este libro se esforzaron para entregar al sector empresarial un texto riguroso, detallado y profundo, que permite comprender las ventajas de desarrollar protocolos de familia como mecanismo de gobierno familiar y corporativo, con el fin de armonizar la relación entre la familia y la empresa, lo que incrementa la probabilidad de supervivencia y buen desempeño financiero de las empresas familiares.
Desde el año 2010 el Centro de Estudios en Gobierno Corporativo del CESA se ha dedicado a producir literatura para el sector empresarial abordando, entre otros aspectos, la importancia de las buenas prácticas, la relevancia de las juntas directivas, el alcance de la información tanto financiera como no financiera, los códigos de buen gobierno para el país y la empresa, y el valor que adquiere el gobierno de los grupos de interés estratégicos. Este texto representa una pieza que faltaba para apoyar el entramado empresarial conformado por familias emprendedoras que le han apostado al desarrollo económico y social del país.
Al prestar especial atención a las discusiones y conclusiones de este libro, el sector empresarial podrá utilizarlas como una poderosa herramienta para analizar las prácticas de gobierno que ha desarrollado, y encontrar aquellas que aún se pueden implementar para facilitar la perdurabilidad de sus empresas.
1. PARTICULARIDADES DE LAS EMPRESAS FAMILIARES Y LAS FAMILIAS EMPRESARIAS
1. PARTICULARIDADES DE LAS EMPRESAS FAMILIARES Y LAS FAMILIAS EMPRESARIAS
1.1. Generalidades
Tradicionalmente las familias han fungido como actores fundamentales en el desarrollo económico y social de las naciones. Se puede afirmar que la actividad emprendedora es desarrollada mayormente por empresarios con capacidad de identificar oportunidades rentables en el entorno, y suplir necesidades para generar empleo y riqueza. Una revisión a la literatura de la economía financiera en la empresa familiar realizada por Villalonga et al. (2015), muestra que las familias son el tipo de accionistas controlantes más común en el mundo, incluso más prevalente que los gobiernos, los bancos u otras empresas (Claessens, Djankov y Lang, 2000; Faccio y Lang, 2002; La Porta, López de Silanes y Shleifer, 1999). Los estudios señalan que las empresas familiares representan el 33% de las empresas más grandes y listadas en bolsa de los Estados Unidos, o el 55%, si se incluyen empresas medianas y pequeñas, y cerca del 90%, si se tienen en cuenta las empresas de capital cerrado (Villalonga y Amit, 2006, 2010).
La situación es similar alrededor del mundo. Por ejemplo, La Porta, López de Silanes y Shleifer (1999) analizan las 27 economías más importantes a nivel mundial, y encuentran que el 53% de las empresas listadas en ellas están bajo control familiar. Además, Claessens, Djankov y Lang (2000), y Faccio y Lang (2002) encuentran porcentajes del 66 y el 44% para el Sureste Asiático y Europa Oriental, respectivamente. La perspectiva comparativa entre empresas familiares elaborada por Colli y Rose (2003) resalta que a mitad de los años noventa la mayoría de las empresas registradas en Europa pertenecía a familias (70% del total de empresas en Portugal y 95% en Italia).
En América Latina la situación es similar. González, Guzmán, Téllez y Trujillo (2020) analizan una muestra de las 454 empresas más importantes en los seis mercados de capitales más relevantes de la región: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. A través de propiedad directa, o por medio de propiedad piramidal, las familias controlan aproximadamente el 70% de las empresas. Este porcentaje se incrementa al incluir las empresas de capital cerrado, que representan la mayoría en la región. Según Villalonga et al. (2019), y de acuerdo incluso con información provista por las bases de datos del Banco Mundial, Colombia cuenta con por lo menos un millón y medio de empresas privadas, prácticamente todas ellas de capital cerrado (la Bolsa de Valores de Colombia registra menos de setenta emisores de acciones), y bajo el control de las familias que las crearon. Villalonga et al. (2019) señalan que la mayoría de empresas de capital cerrado del país están en los sectores de comercio (32%), manufactura (21%), inmobiliario (17%), y construcción (9%). Así, las familias empresarias constituyen una institución.
Por lo anterior, las empresas familiares han sido ampliamente estudiadas en la literatura. Sin embargo, entender la empresa familiar representa un desafío no trivial. El análisis requiere un enfoque multidisciplinario que involucra aspectos propios de la economía financiera, el derecho, la sociología y la psicología, para mencionar tan solo algunos, que permiten entender el papel de las familias empresarias en la sociedad, sus decisiones financieras, de talento humano, de producción, e incluso, de incursión en determinados sectores, y cómo la legislación tributaria y la actividad empresarial afectan sus decisiones.
Las características de la familia empresaria, determinadas por sus motivaciones, valores y principios, número de generaciones, número de herederos, su propensión a involucrarse en actividades y causas altruistas, la cantidad de recursos financieros y no financieros de que dispone, junto con su involucramiento en las empresas que crean, generan particularidades que en ocasiones potencian su desempeño y productividad, pero que en otras la restringen y afectan. En este capítulo se aborda esta extensa literatura para resaltar las particularidades que más se relacionan con los protocolos de familia, instrumento de gobierno familiar y empresarial que este libro analiza a profundidad.
De acuerdo con Villalonga et al. (2015) el protocolo familiar es un acuerdo escrito, moral y, en ocasiones, legalmente vinculante, entre los miembros de la familia, que articula la misión, la visión y los valores familiares con la empresa familiar, y que define las políticas, reglas y acuerdos que regulan la forma en que los miembros de la familia se relacionan con la empresa, como empleados, propietarios o miembros de la familia empresaria.
Este capítulo ofrece en consecuencia el soporte teórico sobre la propiedad y el control de la empresa familiar, la gerencia y el capital humano en este tipo de organizaciones, la cultura y la riqueza socioemocional de las familias, y su efecto en las decisiones empresariales, y el gobierno de la empresa familiar. En capítulos posteriores se abordarán los mismos elementos mediante una revisión profunda de los contenidos de diferentes protocolos.
1.2. Propiedad y control de la empresa familiar
La literatura de las empresas familiares ha resaltado la propensión de las familias empresarias a conservar el control de sus emprendimientos. Bertrand y Schoar (2006) analizan el papel de las familias en las empresas familiares y aseguran que es común encontrar que los fundadores y demás miembros familiares perciben la empresa como un legado que se construye y se debe preservar para las futuras generaciones. Lo anterior genera consecuencias al mismo tiempo favorables y desfavorables para los propietarios familiares y no familiares, así como para otros grupos de interés. Por ejemplo, Bertrand y Schoar (2006), señalan que la longevidad de las empresas familiares ha generado la creencia de que se administran bajo un enfoque de largo plazo, evitando la miopía gerencial, aspecto que abordaremos en el siguiente aparte. Además, estos autores citan empresarios que aseguran que la empresa familiar es una herencia que debe protegerse y entregarse a otros miembros de la familia, y la perciben como un legado del cual son responsables antes que propietarios. Lo anterior les permite enfocarse en oportunidades que maximicen el valor de la empresa en el largo plazo.
Sin embargo, para Bertrand y Schoar (2006) concebir la empresa como un legado puede llevar a las familias empresarias a tratar de preservar a toda costa el control de sus emprendimientos, lo que puede no necesariamente estar en concordancia con la mejor estrategia para la empresa, específicamente cuando la compañía se administra con una excesiva aversión al riesgo, o cuando se dejan pasar oportunidades de expansión o fusiones con otras empresas que resultarían benéficas para los resultados económicos, pero que pondrían en riesgo el control sobre la empresa.
En línea con lo anterior, Caprio, Croci y Del Giudice (2011) analizan el comportamiento de más de 770 empresas de Europa Continental (la mayor parte del continente europeo) entre 1998 y 2008. El estudio se centra en observar cómo la propiedad y el control familiar influencian la decisión de las empresas de formar parte de una fusión o adquisición, sea como adquiriente o adquirida. Los autores encuentran que las empresas controladas por familias muestran una menor propensión de lanzar ofertas para compra de otras empresas, especialmente cuando la operación no permite asegurar la persistencia del control familiar. Además, el control familiar reduce la probabilidad de que las empresas sean adquiridas por otra contraparte.
1.2.1. CONTROL FAMILIAR Y DECISIONES DE FINANCIACIÓN
El interés supremo de las familias por el control de sus empresas sgeneralmente tiene un impacto en las decisiones financieras. Por ejemplo, en un estudio clásico, Mishra y McConaughy (1999) analizan el comportamiento de un poco más de 100 empresas controladas por sus familias fundadoras en Estados Unidos, relevantes en la Bolsa de Valores de Nueva York. Según los autores, las empresas controladas por sus fundadores usan menos deuda por el riesgo a perder el control. Este riesgo se incrementa con el nivel de endeudamiento porque de manera paralela crece el riesgo de una cesación de pagos y una bancarrota. En las empresas analizadas, los fundadores, o personas muy cercanas a ellos, ocupaban la posición de presidente de la empresa. Según los autores del estudio, los gerentes familiares fundadores tienen una gran riqueza personal invertida en la empresa, así como su conocimiento y experiencia, es decir, su capital humano. Además, un gerente fundador genera beneficios en la toma de decisiones y obtiene beneficios que regularmente no están disponibles para otro tipo de gerentes. Por lo tanto, los fundadores en estas empresas tienen mucho que perder ante un cambio de control.
Los resultados de Mishra y McConaughy (1999) proveen soporte empírico para estos argumentos. Los autores encuentran que las empresas controladas por sus familias fundadoras utilizan menos deuda en comparación con empresas no controladas por familias. Además, la utilización de la deuda depende de las condiciones asociadas con el riesgo de perder el control de la empresa pactadas en los contratos. Finalmente, cualquier beneficio asociado con el control familiar se puede perder en el momento en que se presente estrés financiero. El hecho de que las empresas no puedan pagar oportunamente sus obligaciones a los acreedores financieros puede resultar en acciones legales de estos últimos para tomar el control de los activos o la gerencia de la empresa.
Esto sucede no solo en el caso de Estados Unidos. González, Guzmán, Pombo y Trujillo (2013) realizan un estudio para el caso colombiano, en el que analizan las decisiones de endeudamiento de 523 empresas, la mayoría de ellas afiliadas a uno de los 28 grupos económicos más relevantes del país. Los hallazgos de los autores muestran cómo el nivel de endeudamiento de las empresas familiares cambia dependiendo de su ciclo de vida. Específicamente, empresas jóvenes, con menos de 25 años de actividad económica, y con el fundador o uno de los herederos ejerciendo la función de presidente o gerente general, muestran en promedio un menor nivel de endeudamiento en comparación con empresas sin involucramiento familiar. Sin embargo, cuando las empresas con involucramiento familiar envejecen, los niveles de endeudamiento son mayores que los de otro tipo de empresas.
González et al. (2013) interpretan sus hallazgos de la siguiente manera. Al igual que en el estudio de Mishra y McConaughy (1999), los fundadores son adversos al riesgo y evitan la deuda porque no quieren exponer su empresa, su legado familiar, a un proceso de estrés financiero y bancarrota. Sin embargo, en la medida en que la empresa crece, se hace más compleja y se consolida en el mercado, requiere de fondos externos para financiar su crecimiento y oportunidades de inversión. La generación interna de fondos de las empresas será la primera fuente natural, pero una vez agotada esa posibilidad, la disyuntiva está entre endeudarse o invitar nuevos socios al negocio familiar. Claramente, el deseo de las familias de preservar el control llevará a las empresas a preferir deuda antes que nuevos propietarios. Por lo tanto, las empresas familiares prefieren incrementar su endeudamiento antes que realizar nuevas emisiones de capital.
Sin embargo, ¿será más sencillo conseguir endeudamiento para la empresa familiar?, ¿a qué costo? Anderson, Mansi y Reeb (2003) demuestran que las empresas familiares no solo están más endeudadas, sino que cuentan con la capacidad de conseguir los recursos a un menor costo. Lo anterior por diferentes razones. Por ejemplo, la importante proporción de la riqueza familiar representada en la empresa, el deseo de heredarla a las futuras generaciones, y las preocupaciones de la familia por su reputación hacen que, como propietarias, las familias velen por la perdurabilidad de la empresa y la buena relación con sus acreedores financieros, honrando los compromisos adquiridos. La buena relación de las empresas familiares con sus acreedores financieros lleva al desarrollo de relaciones personales y menores asimetrías de información, y a una menor probabilidad de incumplimiento por la preservación de la reputación familiar.
Croci, Doukas, y Gonenc (2011), estudian las decisiones de financiación de más de 770 empresas de Europa Continental (misma muestra de empresas del estudio de Caprio et al., 2011), y sus resultados señalan que las empresas analizadas prefieren la deuda por ser un mecanismo con poca incidencia en el control que ejercen las familias, y son más reacias que las empresas no familiares a financiarse con nuevas emisiones de capital. Además, los autores encuentran que los acreedores financieros están dispuestos a ofrecer a las empresas familiares deuda de largo plazo, sugiriendo que ven sus decisiones de inversión menos riesgosas. Croci et al. (2011) también descubren que las empresas familiares invierten menos en proyectos de investigación y desarrollo riesgosos, pero no en inversiones en activos fijos de bajo riesgo. Los autores interpretan lo anterior como una evidencia de que las familias toman menos riesgo buscando preservar el control de sus empresas.
1.2.2. CONTROL FAMILIAR, ENTORNO ECONóMICO Y RESULTADOS FINANCIEROS A NIVEL EMPRESA
El debate respecto de las bondades o consecuencias negativas del involucramiento familiar en las empresas ha sido álgido y no alcanza un consenso. Los autores de este libro hemos argumentado en otras publicaciones que para generar un ambiente en el que se potencie el impacto que generan las empresas familiares en la economía son necesarias instituciones nacionales apropiadas, con reglas de juego claras para los actores económicos (Guzmán et al., 2020), además de sistemas de gobierno corporativo y familiar que mitiguen los conflictos de interés que surgen regularmente en la empresa, y que, debido a la relación familia-empresa, potencian los beneficios del control mayoritario de las familias sobre sus empresas (Villalonga et al., 2015). A continuación, discutimos algunas de las posiciones que frecuentemente se han abordado en estudios previos.
Respecto del impacto del control familiar en la economía, Morck y Yeung (2004) argumentan la importancia de prevenir que las familias adineradas que controlan las grandes corporaciones en un país, obtengan beneficios mayores del lobby, la corrupción y el soborno a funcionarios públicos, en comparación con los derivados de la inversión en investigación, desarrollo e innovación. Si esto sucede, las empresas y las familias que las controlan pueden decidir canalizar recursos para cooptar a los legisladores y otros funcionarios públicos, con el fin de favorecer sus propios intereses en detrimento del bienestar común. Lo anterior desvía recursos que de otra manera serían invertidos en actividades que incrementan la competitividad y que permiten mayor innovación, y, por ende, desarrollo económico.
Fogel (2006) contrasta empíricamente los efectos del control familiar extensivo en las grandes corporaciones de un país con los resultados socioeconómicos. En su estudio, analiza 41 países, entre emergentes y desarrollados, y especialmente varios países latinoamericanos, como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela. Para cada uno de los países de la muestra identifica el control familiar sobre los diez conglomerados privados más grandes, encontrando contrastes interesantes. En algunos países, como Chile, Malasia, México, Pakistán, Perú, Tailandia y Venezuela, los diez grupos empresariales más grandes son controlados por familias. En otros, como Australia, Alemania, Estados Unidos, Japón y Reino Unido, el control familiar sobre los conglomerados más relevantes es inferior al 20%.
De acuerdo con los análisis realizados por la autora, el control familiar sobre las grandes corporaciones está asociado con peores resultados socioeconómicos a nivel país. Además, la prevalencia del control familiar es más común en países donde la administración pública es menos eficiente, el gobierno más intervencionista, la corrupción más lucrativa y los mercados financieros menos desarrollados. De acuerdo con Fogel (2006), lo anterior sugiere que un amplio control familiar de las grandes corporaciones puede ser resultado de un desarrollo institucional, económico y social pobre, y una administración pública ineficiente; lo que es consistente con estudios previos que sugieren que los grupos económicos son substitutos de las instituciones nacionales cuando estas no están suficientemente desarrolladas, y que la concentración del control corporativo es ventajosa en entornos con baja protección a los inversionistas.
Diferentes estudios han demostrado efectos positivos en los resultados financieros de las empresas cuando se han involucrado las familias fundadoras. Por ejemplo, Barontini y Caprio (2006) analizan los efectos del control familiar en una muestra de 675 empresas listadas en bolsas de valores en 11 países de Europa Continental. La evidencia empírica sugiere que el control familiar genera un efecto positivo sobre su valor y su desempeño operativo. Es evidente que las familias utilizan mecanismos para retener el control de sus empresas, pero eso no afecta su desempeño y la valoración que de ellas realiza el mercado. Todo lo contrario, empresas donde el fundador es el gerente de la compañía obtienen mejores desempeños que empresas sin involucramiento familiar.
Además, Barontini y Caprio (2006) demuestran que las empresas donde los herederos del fundador participan en las juntas directivas también presentan desempeños y valoraciones superiores al de empresas no familiares. Más aún, cuando los herederos fungen como gerentes, los resultados entre empresas familiares y no familiares no difieren de manera significativa. Es decir, en términos generales los autores encuentran beneficioso el control familiar para el valor de las empresas.
De manera similar, Allouche et al. (2008) evalúan el impacto del control familiar en el desempeño financiero de empresas japonesas. Algo interesante en ese estudio es la adopción de diferentes niveles de control de involucramiento familiar. Como argüiremos más adelante, desde Villalonga y Amit (2006) se discute cómo las familias pueden tener diferentes niveles de involucramiento, y, por ende, diferentes niveles de control sobre la empresa. Allouche et al. (2008) tienen en cuenta para su análisis tres diferentes niveles de control: un control familiar fuerte cuando las familias están entre los accionistas más relevantes, y además ocupan posiciones en la alta gerencia o la junta directiva; un control moderado cuando las familias son accionistas relevantes, pero no ocupan posiciones en la alta gerencia o la junta directiva, y un control débil de la familia sobre la empresa cuando se involucra únicamente en la junta directiva o el equipo de alta dirección sin participación en la propiedad. Allouche y colaboradores demuestran que las empresas bajo un control familiar fuerte alcanzan un desempeño financiero superior y una estructura financiera más sólida, en comparación con empresas sin involucramiento familiar, o empresas con un control débil de la familia.
Para el caso de Estados Unidos, Villalonga y Amit (2006) realizan un estudio en el que tienen en cuenta el control familiar y sus efectos, dependiendo del tipo de familia (fundadora o no) y el sector industrial. De acuerdo con sus análisis, cuando el control es ejercido por la familia fundadora, la empresa no solo tiene un mejor desempeño financiero, sino que tanto los propietarios familiares como los no familiares alcanzan beneficios mayores a los que obtienen en otras empresas. Las familias fundadoras conservan el control de las empresas cuando las necesidades de inversión no son tan altas, cuando es necesaria una alta supervisión al equipo gerencial y cuando los horizontes de inversión son de largo plazo. Así, las familias fundadoras retienen el control de la empresa cuando les genera una ventaja competitiva. Los autores igualmente demuestran que las familias que no son fundadoras, sino que adquieren el control de las empresas en una etapa posterior por motivos diferentes, aunque generan beneficios positivos para la empresa en cuanto a desempeño, pueden adoptar un comportamiento oportunista afectando a los minoritarios.
Los estudios anteriores han encontrado en general que el control familiar trae consigo efectos positivos para el desempeño de las empresas. Sin embargo, las familias toman decisiones atendiendo primero a sus motivaciones y deseos, lo que en ocasiones puede implicar un desempeño pobre. Por ejemplo, Lins, Volpin y Wagner (2013) estudian el efecto del control familiar en 8.500 empresas de 35 países, teniendo en cuenta las decisiones de inversión en el periodo de la crisis financiera global de 2008-2009. Los autores demuestran que las empresas controladas por familias obtienen un desempeño inferior en este periodo, y que este resultado se debe al recorte de inversiones productivas, posiblemente porque las familias prefieren contar con la liquidez para enfrentar los periodos de crisis privilegiando la preservación y supervivencia de la empresa, antes que su rentabilidad.
Finalmente, queremos resaltar el estudio de Chu (2011) para el caso de Taiwán. El autor analiza los efectos del control familiar en 786 empresas listadas para el periodo 2002-2007 y encuentra una relación positiva entre propiedad familiar y desempeño financiero. Según sus análisis, el efecto positivo depende particularmente del involucramiento de los miembros de la familia fundadora en posiciones de liderazgo dentro de la empresa, como ejecutivos principales (presidentes o gerentes generales), miembros del equipo de alta gerencia, presidentes de la junta directiva o miembros de este órgano de gobierno en general. Lo anterior da paso a las discusiones que tendremos en el siguiente aparte, respecto de las consecuencias del involucramiento de miembros de la familia fundadora como gerentes o miembros de las juntas directivas de sus empresas.
1.3. Gerencia y capital humano
Como lo hemos venido resaltando, el tipo de involucramiento de las familias en las empresas genera mayor o menor nivel de control en la toma de decisiones. Por ejemplo, las familias pueden involucrarse a través de una participación mayoritaria en la propiedad de la empresa o generar control por medio de propiedad indirecta, a través de estructuras piramidales. La estructura piramidal se genera cuando el control de la familia se desarrolla a través de diferentes capas de propiedad. Por ejemplo, la familia cuenta con el 80% de las acciones de la firma A, lo que le otorga el control sobre sus decisiones. A su vez, la firma A posee el 80% de las acciones de la firma B, la cual a su vez posee el 70% de las acciones de la firma C. Lo anterior implica que, debido al control que la familia ejerce sobre la firma A, de manera indirecta, o por medio de propiedad indirecta, controla las firmas B y C. Además, puede controlar la empresa involucrándose en la junta directiva. Y, finalmente, lo puede hacer ocupando los cargos de ejecutivo principal y otras posiciones en el equipo de alta gerencia.
De acuerdo con las investigaciones desarrolladas por el Centro de Estudios en Gobierno Corporativo del CESA, la combinación de varios de estos mecanismos les genera a las familias un fuerte control sobre sus empresas. Lo anterior señala que, a través de un alto nivel de involucramiento, la familia fundadora puede tener posiciones en la junta directiva, contar con el fundador o un heredero como gerente o ejecutivo principal de la empresa y, además, ejercer como propietaria mayoritaria. Lo anterior se ha estudiado en detalle en la literatura (p. ej., González et al., 2012, 2013, 2014, 2015). En este aparte nos ocuparemos de discutir las implicaciones del involucramiento de las familias en el equipo de alta gerencia, especialmente en el cargo del ejecutivo principal (presidente o gerente general de la empresa).
1.3.1. LA EMPRESA FAMILIAR CON MENOR EXPOSICIÓN A LA MIOPÍA GERENCIAL
Durante la década de los 80 en Estados Unidos hubo una gran cantidad de takeovers o tomas de control en el mercado. Una toma de control requiere primero un bajo nivel de concentración de la propiedad de la empresa, donde los accionistas con mayor número de acciones o participación en el capital accionario difícilmente alcanzan entre un 5 y un 10% del total de acciones emitidas. Cuando una de estas empresas presenta un desempeño pobre en el mercado se hace susceptible a una toma de control. Es decir, un inversionista o grupo de inversionistas decide comprar acciones en el mercado a un precio relativamente bajo (debido al pobre desempeño de la empresa), hasta que logra hacerse con el control de la compañía, y luego realiza cambios en la alta dirección y la junta directiva, asignando personas competentes que mejoran su desempeño. Después de un tiempo relativamente corto (un par de años) las acciones pueden ser vendidas nuevamente en el mercado, logrando un mejor precio y una ganancia importante.
Por lo anterior, las tomas de control en el mercado de Estados Unidos son consideradas un mecanismo que disciplina a gerentes y juntas directivas de bajo desempeño, y que, además, permiten a las empresas adquiridas obtener conocimiento y habilidades gerenciales en el mercado que las lleva a un mejor desempeño financiero. Todo lo anterior en favor de los miles de accionistas de esas compañías con propiedad dispersa. Sin embargo, Stein (1988) asegura que esta disciplina del mercado puede generar miopía gerencial. Es decir, la presión de convertirse en objetivo de una toma de control y el temor a que la empresa resulte subvalorada y sea adquirida a un precio bajo, lleva a los gerentes y sus juntas directivas a enfocarse en las utilidades de corto plazo antes que en la estrategia y los objetivos de largo plazo.
De acuerdo con Stein (1988), el problema se hace más complejo en la medida en que existan más asimetrías de información en el mercado, e igualmente depende del tipo de accionista y del deseo de los gerentes de retener el cargo y el control gerencial de las empresas. Respecto de las asimetrías de información, si finalmente los accionistas o propietarios externos pudiesen observar todo lo que hace el equipo de alta gerencia y tuvieran la capacidad de evaluar las decisiones que toma la empresa, estarían igualmente en capacidad de discernir si un bajo nivel de desempeño en el corto plazo es temporal y si la empresa está orientada a su estrategia en el largo plazo. Sin embargo, si los accionistas o propietarios no cuentan con toda la información respecto de lo que sucede en la empresa, y no están en capacidad de analizar si un bajo desempeño es temporal o es una señal de alerta, empezarán a presionar a la alta dirección y la junta directiva para obtener cambios en su desempeño lo más pronto posible. En términos un poco más técnicos, las asimetrías (es decir, la falta) de información hacen que los accionistas externos tomen sus decisiones especialmente teniendo en cuenta el desempeño financiero de la empresa en el corto plazo, llevando muy probablemente a un actuar miope del gerente.
Por otra parte, el tipo de accionista es igualmente relevante. Según Stein (1988), un accionista paciente no se desanima con un reporte de utilidades bajas porque puede atribuirlo a diferentes razones no necesariamente perjudiciales; por ejemplo, a una política de inversión de la empresa en el largo plazo. Así, si la mayoría de propietarios son pacientes, un reporte de utilidades bajas no llevará a una subvaloración del precio de la acción o de la empresa, y, en consecuencia, el gerente no estará tan preocupado por los resultados financieros en el corto plazo. Sin embargo, si la mayoría de los accionistas son impacientes, el bajo nivel de utilidades reportadas en un periodo en particular puede llevar a una venta masiva de acciones en el mercado, afectando negativamente la valoración de la empresa. A su vez, lo anterior puede llevar al gerente a implementar acciones en el corto plazo para mejorar las utilidades y el precio de la acción, distrayendo a la compañía de la estrategia y utilidades en el largo plazo.
Finalmente, para Stein (1988), si el gerente está interesado en conservar su cargo y el control que el mismo le genera sobre la empresa, se verá tentado a implementar acciones miopes que lo lleven a reportar siempre un alto nivel de utilidades en el corto plazo, evitando reclamos de los accionistas, decisiones de la junta directiva o actividad en el mercado que lo terminen separando de sus funciones.
El autor refuerza sus argumentos en Stein (1989). Lo anterior porque, aunque la miopía gerencial es aceptada y discutida por los gerentes, los hacedores de política, e incluso los medios de comunicación, algunos académicos aseguran que las preocupaciones sobre un actuar miope de los gerentes son infundadas. Bajo este punto de vista, si el mercado es eficiente, los inversionistas no pueden ser engañados simplemente incrementado el nivel de utilidades en el corto plazo. Los inversionistas están en capacidad de hacer una valoración adecuada de las empresas cuando los equipos gerenciales se enfocan en la estrategia de largo plazo, y así los gerentes no tienen que preocuparse por mostrar resultados positivos en el corto plazo. Stein (1989) sostiene que este argumento no es válido, debido a las asimetrías de información.
El autor asegura que incluso en un mercado totalmente eficiente y desarrollado los gerentes están preocupados por el precio de las acciones de la empresa, y entre más preocupados estén más crítico será el problema de miopía gerencial. El precio de la acción resulta de un proceso de valoración en el que los inversionistas toman los resultados financieros actuales para proyectar el desempeño de la empresa en el futuro. Por lo tanto, el valor de una empresa está altamente correlacionado con las utilidades que genera en el presente, y las utilidades proyectadas serán mayores entre más altas sean las actuales. Como resultado, los gerentes que se preocupan por el precio de las acciones en el mercado se ven altamente inclinados a buscar un incremento de las utilidades en el corto plazo, incurriendo en miopía gerencial.
Un estudio un poco más reciente, desarrollado por Zhao et al. (2012), ofrece soporte a las predicciones de Stein (1988, 1989). Los autores analizan la manipulación de estados financieros para mostrar mayores utilidades en las 500 empresas más importantes de los Estados Unidos (que hacen parte del S&P 500) entre 1995 y 2008. Además tienen en cuenta si las empresas han contraído protecciones frente a las tomas de control. El estudio es muy interesante porque presenta posiciones que compiten respecto a las bondades de las tomas de control. Por un lado, la disciplina de mercado debería mantener a los gerentes orientados a administrar de la mejor manera sus empresas. Por lo tanto, cuando cuentan con protecciones que dificultan la ocurrencia de una toma de control, pueden dedicarse a extraer beneficios y a administrar de manera menos adecuada las empresas. Por otro lado, la posibilidad de una toma de control puede generar miopía gerencial y llevar a los gerentes a privilegiar acciones de corto plazo, descuidando la estrategia e, incluso, incurriendo en manipulación de los estados financieros para mantener la valoración de la empresa y el precio de las acciones lo más alto posible.
De acuerdo con los resultados de Zhao et al. (2012), la protección en contra de las tomas de control hace que los gerentes estén menos preocupados por los resultados en el corto plazo e incurran en menos actividades de manipulación de los estados financieros para cumplir con las metas de utilidades esperadas en el mercado. Los autores interpretan esto como una evidencia a favor de las predicciones de Stein (1988, 1989), sugiriendo que cuando los gerentes están menos presionados por una amenaza de toma de control por actores del mercado, tienen una menor probabilidad de actuar bajo la miopía gerencial.
Ahora bien, ¿cómo se ha analizado la posibilidad de miopía gerencial en la empresa familiar? James (1999) realizó una discusión profunda al respecto. Lo primero que resaltó fue la prevalencia de la empresa de propiedad cerrada bajo el control de las familias. Para la época en que escribió el artículo había aproximadamente 22 millones de negocios en Estados Unidos, de los cuales 20 millones por lo menos estaban bajo la propiedad y el control familiar. Una proporción mayoritaria de las ventas, la generación de empleo y de riqueza, se debía a estas empresas. Por lo anterior, James (1999) aseguró que en comparación con otro tipo de empresas las familiares cuentan con ventajas que las hace predominantes en la economía. De acuerdo con el autor, el horizonte de largo plazo que caracteriza a estas empresas crea los incentivos necesarios para que los gerentes propietarios tomen decisiones acertadas, de acuerdo con las reglas de mercado, que favorecen a la empresa como un todo, y por ende a la familia propietaria, renunciando a los beneficios privados que podrían obtener persiguiendo sus propios intereses.
Para James (1999) este horizonte de inversión extendido se genera por tres causas en particular: primero, porque el gerente propietario, miembro de la familia, actúa concibiendo la empresa como un legado que dejará a las futuras generaciones, por lo que los vínculos familiares y la lealtad hacia sus parientes hacen que sus acciones y decisiones tengan en cuenta el bienestar de sus hijos, nietos, sobrinos y, en general, de las futuras generaciones; segundo, porque la empresa familiar ofrece una especie de seguro a los miembros de la familia, en términos de sostenibilidad financiera e, incluso, de oportunidades laborales, es decir, puede concebirse como una especie de seguro de desempleo, por lo que la supervivencia y consolidación del negocio familiar se convierte en una prioridad, y tercero, porque la estabilidad del sistema familiar fortalece la empresa. Todo lo anterior puede llevar a que la empresa familiar se administre evitando la miopía gerencial y, en lugar de procurar beneficios de corto plazo, es posible que la administración se enfoque en obtener beneficios en el largo plazo.
Claramente, el autor identifica riesgos que pueden alterar los horizontes de inversión en la empresa familiar, como dificultades en la sucesión, el nepotismo y la inestabilidad del sistema familiar, cuya armonía es necesaria para su consolidación. Sin embargo, se podría argumentar que la miopía gerencial es menos común en la empresa de familia. Lo anterior encuentra soporte empírico en los hallazgos de Schuster, Nicolai y Covin (2020), quienes analizan el comportamiento de las 1.500 empresas listadas en bolsa más importantes en Estados Unidos (S&P 1.500) entre 1992 y 2013. Para comprobar el actuar miope de los gerentes, determinan si realizan recortes a los gastos de investigación y desarrollo para satisfacer las expectativas de los inversionistas y alcanzar los resultados financieros esperados en el corto plazo, y encuentran que la miopía gerencial es un fenómeno presente en las grandes empresas de Estados Unidos, pero que las firmas que están bajo la administración de sus fundadores tienen una probabilidad mucho menor de actuar de esa manera.
Los argumentos y estudios discutidos previamente sugieren que las empresas familiares están menos expuestas al problema de miopía gerencial, cuentan con horizontes de inversión de largo plazo, y buscan incrementar la probabilidad de que la empresa sobreviva, dados los beneficios que reportan para la generación presente y las futuras. Esto sucede especialmente cuando las empresas son dirigidas por un gerente propietario, lo que nos lleva a cuestionarnos si todos los gerentes familiares obtienen desempeños financieros superiores cuando dirigen la empresa familiar, o si existe alguna diferencia entre el gerente fundador y el gerente heredero, discusión que abordaremos a continuación.
1.3.2. GERENTE FAMILIAR: FUNDADOR VERSUS HEREDEROS
Al parecer el gerente familiar no solo trae consigo un nivel de involucramiento de la familia fundadora en la gerencia, sino, además, horizontes de inversión de largo plazo y menos miopía gerencial. Por lo tanto, una empresa administrada por un gerente familiar debería obtener siempre resultados financieros superiores a los que obtienen sus pares no familiares, e incluso empresas familiares en las que la posición de ejecutivo principal está asignada a un profesional que no pertenece a la familia. Sin embargo, diferentes investigaciones sugieren que este efecto positivo en el desempeño financiero se genera cuando la gerencia está a cargo del fundador, pero no necesariamente cuando está a cargo de uno de sus herederos.
Un estudio fundamental que resalta las diferencias entre el gerente fundador y los gerentes herederos es el de Villalonga y Amit (2006), quienes analizaron el involucramiento familiar en las 500 empresas más importantes de Estados Unidos entre 1994 y 2000, teniendo en cuenta no solo la presencia de la familia como propietaria, sino además la utilización de mecanismos que incrementan el control, tales como estructuras piramidales, o la emisión de diversas clases de acciones con diferentes derechos de voto. Además, observaron el involucramiento de la familia en la junta directiva y en la gerencia.
Los resultados del estudio señalan que la propiedad familiar crea valor para todos los accionistas y lleva a la empresa a un desempeño financiero superior solo cuando el fundador se encuentra activamente involucrado en la empresa, sea como gerente o como presidente de la junta directiva con un externo ejerciendo las funciones de gerente. Cuando la gerencia de la empresa es ocupada por un heredero los accionistas minoritarios perciben menos beneficios que los que obtendrían invirtiendo en una empresa no familiar. Además, los resultados igualmente sugieren que la situación menos favorable se presenta cuando la empresa cuenta con el fundador como presidente de la junta y un heredero como gerente.
El efecto positivo del fundador ha sido corroborado por diferentes estudios. Por ejemplo, Fahlenbrach (2009) asegura que en Estados Unidos el 11% de las empresas más grandes está aún bajo la gerencia del fundador. Su análisis revela que los gerentes fundadores muestran unos patrones de inversión estadísticamente diferentes y económicamente significativos en comparación con otros gerentes. Los fundadores invierten un 22% más en investigación y desarrollo y un 38% más en activos fijos. Además, realizan fusiones o adquisiciones más convenientes y enfocadas al objeto social de la empresa. El autor demuestra que este comportamiento diferencial implica un mejor desempeño financiero y una mayor valoración en el mercado para las empresas dirigidas por gerentes fundadores, y para ello analiza el retorno que se hubiese alcanzado al invertir en un portafolio conformado por las empresas dirigidas por sus fundadores entre 1993 y 2002, y encuentra que se hubiese alcanzado un retorno adicional de 8.3% anual.
De manera similar, Adams, Almeida y Ferreira (2009) analizan las 500 empresas más grandes estadounidenses para el periodo 1992-1999, y encuentran no solo que efectivamente los gerentes fundadores generan un desempeño financiero superior, sino que, además, ante muy malos o muy buenos desempeños están dispuestos a dejar la posición que ocupan en la empresa. Los autores aseguran que esto sucede porque los fundadores piensan en el bienestar de sus empresas. Así, ante malos desempeños se harán a un lado para contratar un gerente con habilidades suficientes para recuperar el desempeño financiero de la empresa. Y ante un muy buen desempeño financiero, deciden llevar a cabo la sucesión gerencial que han planeado, retirándose de manera oportuna y conservando su reputación como ejecutivos excepcionales.
Para el caso colombiano, González et al. (2012) analizan 523 empresas para el periodo 1996-2006, la mayoría de ellas con afiliación a los principales grupos económicos en el país. Los resultados sugieren que los gerentes fundadores impactan de manera positiva y significativa el desempeño de las empresas. Sin embargo, este efecto decrece con el tamaño y edad de las empresas, sugiriendo que cuando las operaciones se hacen más complejas el fundador no agrega tanto valor en el cargo de ejecutivo principal. Para el caso de los herederos, los análisis estadísticos realizados por los autores no encuentran ningún impacto diferenciado en el desempeño de la empresa. Es decir, el desempeño de la empresa no es mejor ni peor al que se obtiene al nombrar un gerente externo a la familia propietaria.
Cabe preguntarse, entonces, ¿qué sucede con los herederos? Es necesario resaltar que los análisis que se realizan en estudios econométricos arrojan resultados promedio respecto de la muestra, lo que implica que no todos los herederos necesariamente destruyen valor, pero sí que en promedio afectan de manera negativa el desempeño financiero de la empresa. Es decir, son más los que destruyen que los que generan valor. Un estudio muy relevante al respecto es el de Pérez-González (2006), quien analizó 335 sucesiones gerenciales de empresas estadounidenses no financieras con más de 20 años de fundadas. De ellas, 122 podían clasificarse como familiares, porque la persona nombrada en el cargo de gerente era familiar del gerente saliente, el fundador o el accionista mayoritario.
Los resultados de Pérez-González (2006) demuestran que las promociones de gerentes sin vínculos familiares fueron las únicas que generaron un mejor desempeño operativo en los tres años subsiguientes al nombramiento del gerente. En un análisis más detallado, el autor encontró que los gerentes familiares nombrados en la muestra de empresas analizadas eran ocho años menores en promedio que los gerentes externos. Luego, para comprobar si la causa del nombramiento era principalmente el nepotismo (favorecimiento de familiares sin el cumplimiento de los requisitos) realizó un análisis de las hojas de vida de los gerentes familiares con el fin de determinar si la universidad donde obtuvieron el grado era de calidad y prestigio. Pérez-González (2006) encontró que 45% de los gerentes familiares asistieron a universidades de dudoso prestigio, y que, en ese subgrupo, las empresas obtuvieron los resultados más bajos tres años después de la sucesión.
Bennedsen et al. (2007) alcanzaron resultados similares analizando una muestra de empresas dinamarquesas. Los autores encontraron que las sucesiones gerenciales familiares impactaron de manera negativa y significativa la rentabilidad operativa sobre los activos. Además, demostraron que el impacto negativo fue aún mayor en industrias de crecimiento acelerado y en aquellas donde se requería personal altamente calificado.
Sin embargo, no todos los estudios encuentran un efecto negativo de los gerentes herederos sobre el desempeño. Por ejemplo, Poutziouris, Savva y Hadjielias (2015) analizaron los efectos sobre el desempeño financiero del involucramiento familiar en las empresas listadas en la Bolsa de Valores de Londres. Los resultados señalan que tanto los gerentes fundadores como los gerentes herederos estaban relacionados de manera positiva y significativa con el retorno obtenido sobre los activos. De igual manera, Sraer y Thesmar (2007) estudiaron el desempeño de las empresas familiares listadas en el mercado de valores francés, y encontraron que en general las empresas familiares alcanzaron un mayor desempeño financiero, en comparación con las empresas de propiedad dispersa. Lo interesante es que este resultado se mantiene para empresas dirigidas por el fundador y por los herederos.
Estos resultados sin consenso sugieren que bajo ciertas condiciones los gerentes herederos están en capacidad de agregar valor. Lo anterior puede obedecer a la utilización de mecanismos de gobierno corporativo que mejoran la probabilidad de una sucesión gerencial exitosa. Por ejemplo, González et al. (2010) analizaron el caso de Carvajal, empresa familiar fundada en 1904 que estuvo bajo la administración de gerentes familiares durante 104 años y fue capaz de crecer y consolidarse en el país y en el exterior. A través del análisis de este caso, los autores argumentan que el conocimiento tácito de las actividades de la empresa, que es complejo de adquirir, puede trasmitirse con mayor facilidad a los herederos si se les capacita e involucra tempranamente, lo que lleva a adquirir no solo un conocimiento muy específico, sino además a desarrollar las habilidades gerenciales en la empresa familiar. Además, los beneficios no monetarios (socioemocionales) de dirigir la empresa de la familia, junto con el conocimiento tácito y las habilidades gerenciales adquiridas, pueden llevar a los gerentes herederos a alcanzar resultados financieros superiores a los de un gerente externo y similares a los de un gerente fundador.
El problema de los herederos en la empresa familiar está en llegar a las posiciones gerenciales sin las capacidades apropiadas para desempeñarse de manera adecuada. De acuerdo con Caselli y Gennaioli (2012), la gerencia familiar dinástica, es decir, aquella que pasa de una generación familiar a otra, representa una falla de la meritocracia que reduce la productividad total de las empresas cuando los herederos no cuentan con el talento para la toma de decisiones gerenciales.
Finalmente, queremos realizar una breve discusión sobre la equidad de género en la empresa familiar, específicamente en las posiciones de gerencia. A pesar de las bondades demostradas al involucrar mujeres en posiciones de liderazgo, al formar capital humano femenino, y al mantener la presencia de mujeres en las juntas directivas, las herederas parecen no ser parte de las prioridades de las familias empresarias. Terjesen, Couto y Francisco (2016) analizaron 3.876 empresas listadas en bolsa en 47 países y encontraron que las empresas con más mujeres en las juntas directivas alcanzaron una mejor valoración en el mercado y un mejor desempeño financiero, medido a través del retorno sobre sus activos. Además, los resultados sugieren que la contribución de los miembros de junta directiva independientes se presenta solo cuando las juntas muestran diversidad en términos de género.
A pesar de lo anterior, los estudios señalan una preferencia de los herederos hombres para los cargos gerenciales y la formación de capital humano en las empresas familiares. Para el caso de Dinamarca, Bennedsen et al. (2007) demostraron que cuando el primogénito es un hombre, la probabilidad de una sucesión gerencial familiar es 33% mayor. Los autores afirmaron que ese hallazgo representaba evidencia empírica en favor de la evidencia anecdótica sobre la preferencia de hijos hombres al momento de la sucesión gerencial. Además, aseguraron que escoger el sucesor por el orden de nacimiento o el género, antes que por sus habilidades gerenciales, tuvo un impacto negativo en el desempeño de la empresa.
Para el caso colombiano, González, Guzmán, Pablo y Trujillo (2020) analizaron las juntas directivas de 523 grandes empresas entre 1996 y 2006, la mayoría de ellas afiliadas a uno de los 28 grupos más importantes del país y encontraron que los herederos hombres que ocupaban posiciones en las juntas directivas contaban con mayor capital humano en comparación con sus pares mujeres, medido principalmente por la formación y la experiencia profesional. Así, los herederos hombres alcanzaron mayores niveles de capital humano, seguidos por las mujeres independientes a la familia fundadora, los hombres independientes a la familia fundadora y, en el último lugar, las mujeres herederas.
Para González et al. (2020) lo anterior evidencia la preferencia de las familias por los herederos hombres, y, también, la necesidad para las mujeres sin lazos familiares de prepararse más que sus pares hombres, para poder ocupar posiciones de liderazgo en las empresas. Además, los autores demostraron que no es el género lo que impacta el desempeño financiero, sino el talento medido por el capital humano y, en consecuencia, entre mayor preparación y experiencia, mayor capacidad del miembro de junta para aportar a la empresa. Esto debe invitar a las familias empresarias para formar todos sus herederos de igual manera, a fin de que estén en capacidad de generar valor y aportar en la consolidación de la empresa familiar.
1.3.3. LA EMPRESA FAMILIAR Y EL CAPITAL HUMANO
La administración del capital humano en la empresa familiar está expuesta a sus particularidades. Se han identificado ventajas y desventajas para las personas que sin vínculos familiares deciden invertir su capital humano en la empresa familiar. A continuación, discutiremos estudios que señalan las principales ventajas y desventajas, y que resaltan de nuevo la importancia de desarrollar mecanismos de gobierno corporativo que permitan a la empresa familiar potenciar sus fortalezas y evitar incurrir en prácticas que acentúen sus debilidades.
Sraer y Thesmar (2007) analizan la productividad del capital humano para una muestra de empresas familiares francesas, y descubren que los empleados están igualmente calificados y alcanzan a un menor costo niveles de productividad mayores a los de las empresas no familiares. La pregunta, entonces, es: ¿por qué el personal calificado estaría dispuesto a ganar un poco menos o a ejercer un mayor nivel de esfuerzo en la empresa familiar, teniendo otras oportunidades en el mercado? Los autores argumentan que las familias establecen implícitamente contratos laborales de largo plazo con sus empleados, a través de los cuales les garantizan que conservarán sus posiciones, incluso si el entorno económico o la rentabilidad de la empresa se deteriora. Así, la empresa familiar ofrece una especie de seguro de empleo a sus trabajadores, y por eso los empleados están dispuestos a trabajar por un menor salario, o a recibir el mismo salario, realizando un mayor esfuerzo o trabajando más duro.
Los resultados de Sraer y Thesmar (2007) están en línea con los de James (1999) y Stein (1988, 1989) discutidos previamente. Las familias tienen horizontes de inversión de largo plazo, no están tan preocupadas por los resultados de corto plazo, y buscan especialmente la supervivencia de la empresa. De igual manera están en línea con los resultados de Anderson, Mansi y Reeb (2003), quienes argumentan que la reputación es fundamental para las familiares empresarias, y por eso están en capacidad de establecer relaciones sólidas y de largo plazo.
Sin embargo, las relaciones entre las empresas familiares y sus trabajadores, especialmente aquellos más talentosos, se ven en riesgo por el potencial nepotismo en la toma de decisiones al asignar posiciones de liderazgo. De acuerdo con Bertrand y Schoar (2006), una cultura basada en vínculos familiares fuertes puede dar origen al nepotismo, específicamente debido a que los fundadores se sienten satisfechos al ver a sus familiares involucrados en la empresa, y deciden contratar las posiciones gerenciales más relevantes escogiendo los gerentes entre los integrantes de su familia, en lugar de tener en cuenta personas más calificadas para esas posiciones. Bertrand y Schoar (2006) aseguran que esto puede traer consecuencias adversas creando incentivos negativos en la organización. Si los empleados saben que las decisiones de promoción no están determinadas por el desempeño, pueden sentirse motivados a desarrollar menores niveles de esfuerzo o, incluso, decidir abandonar la empresa, lo que dificulta retener el mejor talento humano.
De manera similar, Abdalla, Maghrabi y Raggad (1998) discuten algunas desventajas asociadas con el nepotismo, y señalan que esa práctica puede afectar la moral de los empleados que deben supervisar a los miembros de la familia fundadora que trabajan en la empresa, o a quienes conforman con ellos los equipos de trabajo, y sentir que las promociones y recompensas se asignan de manera injustificada a miembros de la familia empresaria. El nepotismo afecta igualmente la motivación, impone presión al miembro familiar beneficiado, y expone a la organización a conflictos familiares y rivalidad entre familiares por la sucesión gerencial.
Para potenciar los beneficios y mitigar las desventajas en la administración del capital humano en la empresa familiar es necesario contar con mecanismos de gobierno que hagan explícitas y claras las reglas del involucramiento de los miembros de la familia fundadora en la empresa, y que propendan por que los miembros no familiares cuenten con las mismas probabilidades de alcanzar posiciones de liderazgo. Lo anterior, para conservar la motivación y el compromiso de los empleados, preservar las relaciones de largo plazo, y retener a los empleados más valiosos para la empresa.
1.4. La cultura y la riqueza socioemocional de la familia, y su efecto en las decisiones empresariales
En los apartes anteriores abordamos la manera en que las diferentes formas de involucramiento familiar, especialmente la propiedad y la utilización de mecanismos que incrementan el control de la familia sobre la empresa, así como la presencia de la familia en el cargo de ejecutivo principal, afectan el proceso de toma de decisiones y llevan a las empresas familiares a gozar de unas ventajas y soportar unas debilidades inherentes a su naturaleza. Sin embargo, para entender las motivaciones y mecanismos que generan particularidades en la empresa familiar es necesario reflexionar acerca de la cultura y la riqueza socioemocional de la familia fundadora, aspectos que abordaremos a continuación.
1.4.1. CULTURA EN LA EMPRESA FAMILIAR
En la literatura económica se ha discutido ampliamente cómo los valores culturales pueden alentar o restringir el desarrollo económico y la generación de riqueza. Por ejemplo, Weber (1904) argumenta que las culturas que otorgan un alto valor a los vínculos familiares pueden generar restricciones a las actividades económicas capitalistas, las cuales requieren de ausencia de nepotismo y una forma de emprendimiento más individualista. Además, varios autores, entre ellos Fukuyama (1995), aseguran que cuando se enseña a las personas a confiar en el pequeño reino de las redes de familiares ello incluye desconfiar de las personas que no pertenecen a él, y de la sociedad en general, lo que impacta el desempeño de las instituciones, incluyendo las empresas.
Según Bertrand y Schoar (2006), de dichas configuraciones culturales pueden emerger organizaciones no óptimas desde el punto de vista económico, especialmente cuando los padres se sienten inclinados a mantener el negocio bajo control familiar, posiblemente debido a un alto sentido del deber, o de obligación, hacia otros miembros familiares, o por su deseo de mantener la empresa como un legado familiar. De acuerdo con Bertrand y Schoar (2006), aún no es claro si las empresas familiares son prevalentes porque representan una respuesta eficiente a los entornos de mercado e institucionales, o si son un resultado de las normas culturales que puede ser costoso para las decisiones corporativas y para los resultados económicos.
Por su parte, Zahra (2005) examina otro aspecto de la relación entre cultura y empresa familiar, y en lugar de analizar la cultura de la sociedad estudia el efecto de la cultura en la actividad emprendedora de la empresa y su propensión a tomar riesgos. Según el autor, es imposible negar la importancia de los fundadores al configurar la cultura organizacional. Además, los fundadores pueden intensificar el conservadurismo y restringir la actividad emprendedora, y en general la toma de riesgo para crear valor. Sin embargo, no todas las empresas familiares fallan al adoptar una estrategia demasiado simplista. Algunas empresas familiares recompensan la actividad emprendedora y la toma de riesgos calculada. Zahra (2005) analiza una muestra de un poco más de 200 empresas estadounidenses, y encuentra que mientras la propiedad familiar en general alienta la actividad emprendedora, cuando los fundadores permanecen demasiado tiempo en la posición de ejecutivo principal terminan por producir el efecto contrario. Lo anterior sugiere que el atrincheramiento del fundador en el cargo de ejecutivo principal puede generar una especie de desalineación estratégica.
Un estudio clásico de la cultura organizacional en la empresa familiar es el de Dyer (1988), quien identifica cuatro culturas de negocios que emergen del estudio de los patrones culturales en 40 empresas familiares estadounidenses. En primer lugar, la cultura paternalista, la más común en las empresas analizadas, en la que las relaciones son jerárquicas, la familia ocupa los principales cargos gerenciales, centraliza el poder, conserva el control, toma las decisiones más importantes, desconfía de los externos, y supervisa y otorga poca libertad a los internos. En segundo lugar, la cultura del laisser-faire, o dejar hacer, muy similar a la paternalista, orientada a alcanzar los objetivos familiares; en esta cultura las familias conservan el control, y confían en los empleados, que cuentan con autoridad y discreción para escoger la manera en que se persiguen los objetivos de las familias.
Una tercera cultura de negocios identificada por Dyer (1988) en las empresas familiares es la participativa, y aunque es la menos común, aún está presente en el 10% de ellas. Este patrón cultural difiere significativamente de los dos anteriores pues implica relaciones más igualitarias ya que otorga mayor relevancia al trabajo en equipo. En él no son tan marcados el poder y el estatus de la familia, y los empleados son considerados confiables y motivados a trabajar en conjunto con otros para alcanzar los objetivos trazados; finalmente, un cuarto patrón de cultura señalado por Dyer (1988) es la profesional, que se caracteriza por entregar la administración de la empresa familiar a gerentes externos, profesionales dedicados a esta labor. La cultura profesional se vuelve más individualista con cada empleado preocupado por alcanzar su progreso personal y el avance en su carrera. Los empleados son evaluados por su capacidad de contribuir a las utilidades de la empresa, y el involucramiento familiar se hace menos importante y, en ocasiones, imperceptible.
Claramente, cada patrón cultural evidenciado por Dyer (1988) implica una configuración cultural que afecta el método para tomar decisiones, determinar objetivos estratégicos, establecer el propósito de la empresa, acordar las relaciones entre los empleados y, en consecuencia, la forma en que estos se comportan y contribuyen a desarrollar la empresa familiar.
Finalmente, consideramos valioso resaltar el trabajo de Denison, Lief y Ward (2004), quienes aseguran que las empresas familiares están en una posición única envidiable en la medida en que su conexión con creencias fuertes y valores centrales es real. El papel del fundador es clave para establecer la identidad, los valores y las creencias de la organización, y su influencia generalmente trasciende diferentes generaciones, independientemente de la estructura de la propiedad, la localización, el tamaño o la industria. Por lo tanto, Denison y colaboradores se preguntan si la cultura organizacional de la empresa familiar es más positiva que el de las empresas no familiares, y qué aspectos la diferencian más.
Para responder esta pregunta analizan cuatro atributos culturales, cada uno de ellos explicados a partir de tres índices. El primero es la adaptabilidad, es decir, la capacidad de la organización para balancear la identidad interna con el cambio del entorno. Los tres índices que miden adaptabilidad son la creación de cambio, el foco en el cliente y el aprendizaje organizacional. El segundo atributo cultural es la misión, que expresa los objetivos y la visión de futuro de la organización, y se analiza a través de los índices de propósito y dirección estratégica, visión, y objetivos y metas.
El tercer atributo cultural es la consistencia, que describe el enfoque unificado de la organización para la solución de problemas y la persecución de sus objetivos, lo que provee la resonancia interna ideal para hacer frente a los desafíos externos y las situaciones inesperadas, y se mide a través de los índices de valores centrales: la coordinación, la integración y la concordancia. Finalmente, el cuarto atributo cultural es el involucramiento, que se mide por los índices de empoderamiento, orientación al equipo y desarrollo de capacidades organizacionales.
Aun cuando la muestra de los autores es pequeña, los resultados señalan que las empresas familiares obtienen mayor puntaje en cada uno de los doce índices, y, por ende, en los cuatro atributos culturales. Los índices con mayor variación entre empresas familiares y no familiares en este estudio son el desarrollo de capacidades organizacionales, los valores centrales, la concordancia organizacional, la creación de cambio, y el aprendizaje organizacional.
Las diferencias se hacen más interesantes si se tiene en cuenta que en estudios previos los autores han demostrado que los doce índices tienen un impacto positivo y significativo en el desempeño financiero de las empresas, especialmente en el retorno sobre activos, el crecimiento de las ventas y la participación de mercado.
En general, los estudios aquí reseñados permiten concluir que las empresas familiares se pueden considerar en primer lugar fruto de la cultura de las sociedades donde prevalecen, y segundo, pueden desarrollar características de la cultura organizacional que las diferencian de las empresas no familiares y que pueden incidir en los resultados financieros y la generación de riqueza. La cultura desarrollada al interior de la empresa puede castigar o alentar la actividad emprendedora, la toma de riesgos, la adaptabilidad de la organización al entorno, su consistencia y claridad respecto a su razón de ser, y el involucramiento del talento humano. Lo anterior invita a una evaluación constante de las características de la cultura organizacional con el fin de reforzar aquellas positivas y modificar las que impiden el crecimiento y éxito empresarial.
1.4.2. LA RIQUEZA SOCIOEMOCIONAL DE LAS FAMILIAS EMPRESARIAS
En este capítulo hemos reseñado diferentes estudios, algunos de los cuales muestran un desempeño superior de las empresas familiares en comparación con sus pares no familiares, y otros vinculan las empresas familiares con resultados financieros no óptimos. La visión de una alta aversión al riesgo y de efectos negativos en el desarrollo económico nacional (Weber, 1904; Fukuyama, 1995; Morck & Yeung, 2004; Zahra, 2005; Fogel, 2006), sugiere que las empresas familiares pueden tomar decisiones que no obedecen a las reglas de mercado y a la maximización de la riqueza. De acuerdo con La Porta, López-de-Silanes y Shleifer (1999), la concentración de la riqueza en una sola empresa lleva a una mayor aversión al riesgo en la empresa familiar, y debido a la prevalencia de ese tipo de empresas en la economía, a nivel agregado, la inclinación a evitar riesgos propios de la actividad empresarial puede afectar el crecimiento económico.
Según Gómez-Mejía et al. (2007), los dueños de las empresas familiares no se preocupan exclusivamente por el desempeño financiero, sino que además tienen en cuenta la riqueza socioemocional que generan. Los autores definen la riqueza socioemocional como todos los aspectos no financieros que satisfacen las necesidades afectivas de las familias, como la identidad, la posibilidad de ejercer influencia familiar y la perpetuación de la dinastía familiar. Desde el punto de vista de la riqueza socioemocional tiene sentido que las familias valoren ampliamente la posibilidad de mantener el control sobre sus empresas, incluso si eso implica aceptar un desempeño financiero inferior al esperado. Finalmente, al priorizar la supervivencia de la empresa familiar, las familias están en capacidad de actuar más conservadoramente y evitar decisiones que incrementen tanto la rentabilidad como la variabilidad del desempeño financiero.
La literatura ha resaltado diferentes aspectos que Gómez-Mejía et al. (2007) consideran hacen parte de la riqueza socioemocional de las familias empresarias. Por ejemplo, Schulze, Lubatkin y Dino (2003) analizan el altruismo con los miembros de las familias empresarias en el contexto de la empresa familiar. Según ellos, bajo una perspectiva económica el altruismo es una función de utilidad en la cual el bienestar de un individuo está vinculado con el bienestar de otros. De esa manera, los padres son generosos y caritativos con sus hijos no solo porque los aman, sino porque su propio bienestar puede verse afectado si se comportan de manera diferente. Sin embargo, esta generosidad en el contexto de la empresa familiar puede llevar a los herederos a adoptar una posición cómoda y aprovechar el altruismo de los padres conservando la dependencia, realizando un nivel bajo de esfuerzo, trabajando poco o gastando demasiado. Lo anterior puede generar conflictos de interés en el contexto de la empresa familiar, los cuales pueden ser más severos cuando el número de herederos aumenta.
En un estudio clásico, Kepner (1983) asegura que no se puede estudiar la empresa familiar sin analizar la familia empresaria como un sistema, y que el deseo de mantener la integridad y la cohesión de la familia puede afectar la toma de decisiones y el funcionamiento racional de la empresa. Según la autora, la familia evoluciona de manera paralela con la empresa, y mientras el negocio familiar adopta la lógica o racionalidad de los modelos gerenciales, la familia se rige por reglas muy diferentes. La membresía familiar se da por vínculos de sangre o civiles y no por competencias, y la manera de perseguir los objetivos familiares varía dependiendo de la cultura, la clase social, los valores y las creencias. Lo anterior lleva a que el desarrollo y bienestar de los miembros familiares, sean la esposa, los hijos del fundador o sus compañeros sentimentales, junto con las dinámicas de rivalidad y discriminación de género propios de las familias, afecten la manera como se toman las decisiones en la empresa, separándola de la racionalidad pura de los negocios.
Por su parte, Handler (1990) analiza la sucesión gerencial que enfrenta al fundador con su retiro como un momento especial en la vida de la empresa familiar, por cuanto las motivaciones del gerente fundador y las relaciones intrafamiliares afectan la racionalidad con que se aborda este proceso. Por ejemplo, la falta de interés por otros asuntos diferentes a la empresa familiar, la identificación sicológica del fundador con la empresa, el miedo a envejecer, al retiro y a la muerte, la necesidad de reforzar la autoestima y el ego, y la pérdida de estatus, son algunos de los factores que pueden llevar al fundador a aferrarse a su cargo como gerente y no planear o permitir una sucesión adecuada para la empresa. Lo anterior puede verse reforzado por problemas al interior de la familia, como la falta de confianza entre sus miembros, un exceso de crítica, falta de soporte, rivalidad entre hermanos, desacuerdo respecto de ideas, políticas y conflictos en el contexto empresarial, todo lo cual lleva a tomar decisiones no necesariamente racionales al momento de planear y ejecutar la sucesión gerencial.
Otro aspecto que afecta la racionalidad con que se toman las decisiones desde el punto de vista económico, pero que puede tener un efecto sobre la riqueza socioemocional de las familias empresarias, es el dinástico. De acuerdo con Casson (1999), el motivo dinástico en el contexto de la empresa familiar supone que las familias ven la empresa como una herencia que las futuras generaciones deben preservar y trasmitir al interior de la descendencia familiar. Por lo tanto, los gerentes familiares son administradores de esta herencia, cuyo principal deber es conservarla. La lealtad respecto de ese legado implica sacrificar beneficios de posibles ventas y fusiones de la empresa familiar, o no tomar riesgos para aprovechar oportunidades de negocio, con tal de preservar la empresa y mantenerla en el largo plazo funcionando bajo el control familiar. Además, lo anterior implica evitar el reclutamiento de administradores o gerentes no familiares, independientemente de que puedan constituir la mejor opción para la empresa.
De acuerdo con Gómez-Mejía et al. (2007), las anteriores discusiones representan tan solo algunos ejemplos de lo que se puede denominar riqueza socioemocional. Según ellos, preservar esta riqueza es uno de los objetivos primordiales para las familias empresarias y, el hecho de que dicha riqueza esté indisolublemente ligada a la empresa, explica por qué, sin importar las consideraciones de tipo financiero, las familias buscan conservar a toda costa su control.
Buscando generar un mayor entendimiento de lo que las familias empresarias consideran riqueza socioemocional, Berrone, Cruz y Gómez-Mejía (2012) desarrollan una propuesta de cinco dimensiones específicas partiendo de los estudios teóricos y empíricos de la empresa familiar. La primera dimensión se refiere al control y la influencia familiar. Según los autores, una característica de la empresa familiar es el control que ejercen los miembros de la familia en las decisiones estratégicas, a través de involucrarse principalmente en la propiedad y la gerencia. El fundador, o una coalición dominante en la familia, ejerce ese control para preservar la riqueza socioemocional, independientemente de las consideraciones financieras.
La segunda dimensión propuesta por Berrone et al. (2012) es identificar los miembros de la familia con la empresa. El entretejido que se genera entre familia y empresa resulta en una sola identidad en la empresa familiar. Por ejemplo, cuando la empresa adopta el apellido de la familia, los diferentes grupos de interés internos y externos la ven como una extensión de la familia, afectando internamente la actitud hacia los empleados, los procesos internos y la calidad de los productos y servicios producidos, y exacerbando externamente la preocupación por la reputación de la familia a través del posicionamiento de la empresa. Así, un escándalo o mala imagen corporativa afecta a los miembros familiares, y la preocupación por la reputación lleva a las empresas familiares a ser socialmente más responsables y a establecer mejores relaciones con sus grupos de interés.
Según los autores citados, la tercera dimensión tiene que ver con el fortalecimiento de los vínculos sociales, no solo entre los miembros de la familia, sino con un amplio conjunto de contrapartes relacionadas con la empresa. Bajo esta dimensión la riqueza socioemocional está relacionada con la confianza en las relaciones y los sentimientos de solidaridad y cercanía interpersonal. Las empresas familiares establecen relaciones de largo plazo con sus vendedores y proveedores, y el sentido de pertenencia es compartido por los empleados no familiares, generando estabilidad y compromiso con la empresa y creando vínculos sociales fuertes con la comunidad, lo que implica que la empresa familiar trabaja por el bienestar de los que la rodean, financiando actividades valiosas para la comunidad.
De acuerdo con Berrone et al. (2012), la cuarta dimensión de la riqueza socioemocional tiene que ver con el vínculo emocional, y se refiere al papel de las emociones en el contexto de la empresa familiar. Aunque las emociones están presentes en todo tipo de empresas, el entretejido de factores emocionales que emerge como resultado del involucramiento de la familia es reconocido como un atributo de la empresa familiar. Eventos que afectan la empresa familiar, como la sucesión gerencial, los divorcios, las dificultades relacionadas con la salud de los miembros, la pérdida de un miembro o del control sobre la empresa, la quiebra económica, entre otros, son situaciones que generan un rango de emociones que van desde la ternura, el amor, la consolación, la felicidad, la ira, pasando por el miedo, la soledad, la ansiedad, la tristeza, hasta la depresión. Debido a la barrera difusa entre familia y empresa, estas emociones permean el contexto empresarial e influencian la toma de decisiones. Lo anterior puede explicar por qué las empresas familiares desean preservar relaciones conflictivas de manera involuntaria con la esperanza de llevarlas a una condición de armonía.
Finalmente, para estos autores la quinta dimensión se refiere a la renovación de los vínculos afectivos de la familia con la empresa a través de la sucesión dinástica. La sostenibilidad trasngeneracional, o la preservación del control familiar en manos de las futuras generaciones, ha sido reseñada en la literatura como un aspecto central de la riqueza socioemocional. El comportamiento dinástico de las familias empresarias tiene implicaciones directas en la toma de decisiones y en los horizontes de inversión. Por ejemplo, se debe preservar la propiedad porque representa la herencia y la tradición familiar, y no se puede vender como un activo más. Las investigaciones han demostrado que preservar la empresa para futuras generaciones es un objetivo clave en la empresa familiar, lo que puede llevar al atrincheramiento en los cargos de alta gerencia y conflictos alrededor de las sucesiones, pero a la vez implica la creación de capital paciente, evitando la miopía gerencial y priorizando los resultados en el largo plazo.
Múltiples estudios han realizado contrastaciones empíricas respecto de la existencia de la riqueza socioemocional y su impacto en las decisiones de la empresa familiar. Por ejemplo, para Zellweger, Kellermanns, Chrisman y Chua (2012) la riqueza socioemocional se incrementa proporcionalmente respecto del tiempo que la empresa ha permanecido bajo el control familiar y según el nivel de intervención que puede alcanzar la familia en las decisiones empresariales, lo cual afecta el precio al cual las familias están dispuestas a vender su empresa. Por otra parte, Berrone, Cruz, Gómez-Mejía y Larraza-Kintana (2010) demuestran que las empresas familiares protegen su riqueza emocional a través de un mejor comportamiento ambiental. Lo anterior porque, debido al valor que otorgan a la reputación, las familias son más propensas a responder a las demandas institucionales del entorno. Las familias se sienten más vulnerables ante posibles valoraciones negativas de externos y otorgan un mayor valor a la legitimidad social.
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