Kitabı oku: «Tecnología y nuevos modelos de negocio para la paz»

Yazı tipi:



AGRADECIMIENTOS

Queremos agradecer a los equipos de IDEA y de iLAB, en especial a Ana Sylvia González y René Tapia, integrantes del primero, y a Carmen Santiesteban y Rodrigo Condado, miembros del segundo. Su entusiasmo en diferentes flancos operativos y logísticos es invaluable, y sin su apoyo esta obra no sería realidad. Nuestro reconocimiento para ellos.

ÍNDICE

PORTADA

CONTRAPORTADA

AGRADECIMIENTOS

INTRODUCCIÓN

PRÓLOGO

1. La tecnología: ¿un medio o el objeto del progreso?

Movilizar a una generación de creadores

Referencias citadas

2. Todos podemos ser creadores (sobre todo si actuamos en conjunto)

Convertir los obstáculos en visiones del futuro

Referencias citadas

3. Hacer lo impensable posible

La visión moviliza la acción

Referencias citadas

4. Diseñar el futuro requiere recursos, tecnología y reglas que romper

El enfoque

EL CASO DE VISIONSPRING Y WARBY PARKER

EL CASO DE OTHER HALF PROCESSING Y TIMBERLAND

Al infinito y más allá

Referencias citadas

5. De la evolución industrial a la revolución del futuro

El CASO DE METHOD: ADAM LOWRY Y ERIC RYAN

El CASO DE KHAN ACADEMY: SALMAN KHAN

El CASO DE FITBIT: JAMES PARK

Creadores de soluciones

Una pandemia de ideas

El desacuerdo, madre de la invención

Cercano, conectado a todo y para todos

Encontrar oportunidades de servicio inteligente

Referencias citadas

6. De un telescopio a un caleidoscopio

Hacia el pasado mañana: la necesidad de una nueva relación con el hábitat

La innovación climática y el riesgo de no aportar a esta

Modelos de negocio regenerativos

Que la naturaleza lo revele

Referencias citadas

7. La innovación que genera progreso

La teoría de la destrucción creativa

Referencias citadas

8. Palancas de cambio

Inteligencia artificial (IA)

Imprimir lo que se piensa

Interfaz hombre-máquina

Hambre cero

EL CASO DE IMPOSSIBLE FOODS: PAT BROWN

SOLUCIONES ALTERNATIVAS: EL CASO DE MARS PETCARE, ŸNSECT Y GOURMET GRUBB

Los activos digitales

La cadena de bloques redefine la seguridad de los procesos

Un ecosistema dentro de nosotros

LA COMIDA ES LA MEDICINA: LOS CASOS DE PATTERN AG, MICROOMICS, SEED HEALTH Y ZOE

Energía para todos

Referencias citadas

9. Abrir paso a lo impensable

EL CASO DE 23ANDME

10. Un problema complejo, pero no imposible

Los cuadrantes de Steven Johnson

EL CASO DE KICKSTARTER

Referencias citadas

11. Innovar con propósito

Cuando la tecnología encuentra un mercado

El ciclo de vida de una tecnología

Referencias citadas

12. Hacia un futuro posible

Cada persona, una solución en potencia

Referencias citadas

CONCLUSIONES

FUENTES CONSULTADAS

CASOS DE ÉXITO

Accenture

MiCochinito.com

Kuspit (Microsoft)

Auronix

Tu Futuro Financiero

Al Rescate de Alimentos en Hoteles y Restaurantes

Fundación ProEmpleo

Instituto BIVA

Driscoll’s

HomeBiogas

Wizeline

SEMBLANZAS DE LOS AUTORES

PÁGINA LEGAL

PUBLICIDAD LID EDITORIAL

INTRODUCCIÓN

Sergi Corbeto, fundador de la iniciativa Mind the Gap, escribía que «de pronto a 7,800 millones de personas se nos metió en un saco, en un clic, en un zap, en un desastre natural deslocalizado, y tuvimos que improvisar ante lo inimaginable» (Corbeto, s.f.)[*]. Encontrar soluciones a una crisis sanitaria, que luego se convertiría en una económica, demostró una gran capacidad de resiliencia y de actuar de manera innovadora y colaborativa en los momentos más urgentes. De otra manera, hubiera sido imposible el desarrollo de vacunas que nos dieran una luz al final del túnel.

Y así, en un entorno de distanciamiento e incertidumbre, las oportunidades se fueron presentando copiosamente. No debe extrañarnos cómo la innovación se catapultó a tal punto que, solo en Estados Unidos, el número de patentes concedidas en 2020 duplica la cantidad otorgada en 2019 (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual [OMPI], s.f.).

En efecto, lo que hemos vivido en los últimos meses ha sido un laboratorio experimental en muchos sentidos. La pandemia nos puso a «distancia», pero también nos «puso de cara» a la tecnología. La aceleración de la revolución 4.0 se hizo evidente y, de acuerdo con un estudio del Boston Consulting Group (2020), la transformación digital se adelantó de diez a quince años.

Así, no solo en esta crisis, sino en general, la tecnología marca la pauta del avance de una empresa, de una industria, de una nación. Quizá la pregunta que debemos hacernos es cómo hacerla accesible a todos, cómo convertirla en un catalizador para disminuir brechas entre países y lograr que ofrezca la posibilidad de generar mejores condiciones de vida.

Resolver los grandes desafíos que hoy nos aquejan no radica solo en hacernos las preguntas correctas, sino en conectar individuos con propósitos específicos, aprender y cocrear; se trata de alinear las expectativas económicas, sociales y ambientales.

¿Qué acciones deberían tomar, entonces, las instituciones de educación superior y las organizaciones de la sociedad civil para trasmitir el conocimiento, comprometer y empoderar a miles de jóvenes que pasan por sus aulas o que colaboran en sus proyectos? Divulgar, enseñar, concientizar, existen muchas y diversas formas de entrarle al estudio y a la comprensión de la tecnología, de su impacto y de cómo su uso puede enfocarse en el bien de la sociedad para coadyuvar a la construcción de un mundo de paz.

El objetivo es muy importante cuando se busca informar, sí, pero ante todo cuando se quiere desafiar e inspirar; estar conscientes de que la tecnología es una herramienta más en la amalgama de los negocios, que «es un proceso, es la capacidad de transformar o combinar algo ya existente para construir algo nuevo o darle otra función» (Universidad Nacional del Litoral [UNL], s.f.); pero esta no alcanza su justa dimensión cuando el ser humano no se pone en el centro, cuando no permite una mayor inclusión, cuando no contribuye al desarrollo de sociedades más equitativas, solidarias y pacíficas.

En esta ocasión, además de las clases regulares de licenciatura y posgrado, de los seminarios y talleres con expertos, de la asociación con empresas de tecnología, las prácticas de laboratorio, investigación y desarrollo en el Fab Lab (acrónimo del inglés Fabrication Laboratory) y los programas de entrenamiento empresarial, entre otras actividades, apostamos por escribir un libro.

Como cualquier obra colegiada, este resume el esfuerzo de muchas voluntades y experiencias: Laura Iturbide, Tamara Kolangui y Jorge Reyes diseñaron y conceptualizaron el contexto general del mismo, que después, en discusiones con Víctor Moctezuma, Alfredo Nava y Ana Paula Franco, acabó de perfilarse en esta publicación que hoy es una realidad.

Así, Laura, Alfredo y Ana Paula se expresan en la introducción. Tamara tomó la estafeta para escribir el prólogo, Víctor la batuta para desarrollar los capítulos y hacer las entrevistas de las empresas participantes, y Jorge aceptó la responsabilidad de escribir las conclusiones.

Nuestra intención es que este libro sea algo diferente, vivo, que incluya códigos QR de material audiovisual abierto en Internet, y también que tenga una versión electrónica (e-book) que esté disponible en las principales plataformas para su fácil acceso; un texto que recogiera, sobre todo, casos de modelos de negocio reales que, descritos por los responsables de las propias empresas, nos acerquen al entendimiento de cómo distintas compañías —de diversas industrias— han enfrentado los desafíos que el siglo XXI impuso, y que les permitieron generar soluciones que abonan a una cultura de paz, desde la tecnología.

De esta manera, deseamos que esta publicación se convierta en una plataforma dinámica y gratuita de aprendizaje, cuyo contenido será vertido, a su vez, en una serie de seminarios web, paneles de discusión de casos, entrevistas a empresarios y soluciones tecnológicas con un alcance nacional e internacional mucho mayor que el de los cientos de libros que serán distribuidos entre estudiantes, gracias al patrocinio de generosos y comprometidos empresarios.

Nuestro propósito es que el contenido de esta obra —materializado de diversas formas— convierta a sus lectores en «agentes de cambio», y que la información difundida conlleve una curiosidad natural de indagar y de aprender más; así como de desarrollar una responsabilidad compartida de forjar un futuro más equitativo y socialmente responsable.

Referencias citadas

Corbeto, S. (s.f.). «Freestyle management. Improvisación consciente en tiempos de incertidumbre». LinkedIn. https://www.linkedin.com/feed/update/urn:li:activity:6736250257643995136/

Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. (OMPI). (s.f.). Datos y cifras de la OMPI sobre PI, edición de 2020. https://www.wipo.int/edocs/pubdocs/es/wipo_pub_943_2020.pdf

Boston Consulting Group. (2020, May 1). Covid-19 BCG Perspectives. https://media-publications.bcg.com/BCG-COVID-19-BCG-Perspectives-Version4.pdf

Universidad Nacional del Litoral. (UNL). (s.f.). ¿Qué es la Tecnología? http://www.unl.edu.ar/ingreso/cursos/cac/21ot/

[*] Nota: las referencias citadas se ubican al final de cada apartado o capítulo, en el orden en el que aparecen.

PRÓLOGO

Crear tecnología e innovación con consciencia

¿Qué podemos hacer para que la tecnología y la ciencia sirvan para construir la paz y debiliten la violencia? ¿Cómo podemos utilizar las tecnologías innovadoras para contribuir a acabar con los conflictos y promover una paz sostenible?

Empecemos por entender el término «paz» en su manera más amplia para que podamos integrarla al discurso de «las tecnologías para la paz», y así combatir, minimizar o tratar de eliminar la violencia.

Los nuevos paradigmas generados por el avance de la ciencia y la tecnología han contribuido al cambio de las percepciones que tienen los individuos sobre ellos mismos, sobre la forma en la que interactúan y sobre la manera de relacionarse con la naturaleza.

El aumento cada vez mayor de la falta de veracidad en la información, la desinformación de las personas, la falta de educación, el ciberacoso, el empleo de algoritmos que deciden por nosotros o que manipulan nuestras preferencias, así como el constante uso de nuestros datos, tienen en común que surgen del avance e implementación de la tecnología, y aunque no es la intención de su creador que el impacto sea negativo, el devenir cultural, social y económico de la sociedad ha propiciado una utilización diversa y extrema de esta sin calcular las consecuencias, por lo que algunas de sus aplicaciones no han favorecido el bienestar de la sociedad.

En contraposición con lo anterior, también existen muchas iniciativas, académicos, investigadores y organizaciones que promueven el buen uso de la tecnología para que sea encaminada al bien común, al bienestar de la población; son personas que luchan porque su utilización aminore los efectos negativos y contribuya a enfrentar los retos sociales.

La mayoría de las personas, al escuchar el término «paz», inmediatamente lo contraponen al de «guerra»; pero debemos ir más allá del concepto negativo y violento, entendiendo como violencia todo aquello que, pudiéndose evitar, obstaculiza la potencialidad y el desarrollo del hombre. En cambio, la «paz», se puede entender como el proceso que contribuye a la satisfacción de las necesidades del ser humano, al respeto de sus derechos y al desarrollo de estos, en un ambiente de equidad y sostenibilidad (Sánchez y Rodríguez, 2004a).

En este orden de ideas, es de sumo interés entender la contribución de la tecnología tanto a la violencia como a la paz. La ciencia y la tecnología —a través de la innovación— pueden actuar como elementos transformadores pacíficos en contextos de conflictos sociales, teniendo en cuenta siempre que la tecnología se debe desarrollar con consciencia y responsabilidad, pues su finalidad debe ser el bienestar y el progreso social. Esto nos llevará a mejorar las condiciones de vida del hombre en sociedad y, por lo tanto, a trabajar por un ambiente adecuado y sano para poder vivir en paz.

El ser humano se encuentra en constante cambio y evolución de su entorno, y por eso se hace cada día más necesaria la innovación para poder ayudarlo a satisfacer sus necesidades y transformar su realidad. Esto, sin menospreciar el concepto de que las tecnologías actúan como factores que pueden acelerar procesos violentos, tales como la creación de armas de destrucción individual y masiva, armas biológicas y químicas.

De acuerdo con Sánchez y Rodríguez (2004b), las tecnologías aparecen relacionadas con procesos que provocan un deterioro en el medio ambiente y que generan conflictos sociales como los vinculados con la insatisfacción de las necesidades bá­sicas (agua potable, energía, alimentación, vivienda, salud, educación, etc.), la mala distribución de fuentes de riqueza, la proliferación y desarrollo de armas nucleares y de destrucción masiva, así como el crecimiento de empresas transnacionales que muchas veces dificultan la promoción de la equidad entre los hombres y la puesta en marcha de un sistema económico justo.

Es por esta razón que debemos poner énfasis en el desarrollo y fomento de la investigación para la paz, la cual debe preocuparse por la relación de la tecnociencia con otras formas de violencia y con la promoción de condiciones pacíficas. Impulsar esta línea en los distintos centros universitarios y organizaciones, contribuirá a identificar los campos de acción fundamentales donde se debe marcar un camino para implementar y construir una cultura de paz.

Cabe mencionar que el grado máximo de concreción sobre la cultura de paz se dio en 1999, con la aprobación de la Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas. En ella se sientan las bases conceptuales, así como las directrices y medidas para su desarrollo al señalar que:

La cultura de paz es un conjunto de valores, actitudes y comportamientos que reflejan el respeto a la vida, al ser humano y su dignidad. Que pone en primer plano los derechos humanos, el rechazo a la violencia en todas sus formas y la adhesión a los principios de libertad, justicia, solidaridad y tolerancia, así como la comprensión entre los pueblos, los colectivos y las personas (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1999).

Esta definición es importante para que la ubiquemos en tiempo y espacio en nuestra realidad y pronunciemos nuestros esfuerzos por alcanzarla, y en esta línea de ideas utilicemos la tecnología como instrumento para construir una cultura de paz. Por lo tanto, tecnología es toda aquella solución, desarrollo o conocimiento que facilita la vida en sociedad.

En el último medio siglo, los adelantos tecnológicos han sido tan trascendentes que, incluso, han modificado nuestra forma de vivir, de comunicarnos y de relacionarnos. La tecnología ayuda a resolver los desafíos del futuro, y uno muy importante es aprender a vivir en paz y crear las condiciones necesarias para poder trabajar en construir una cultura en este sentido, en donde se luche por satisfacer las necesidades de las personas en sociedad, por atender las del prójimo y erradicar la pobreza, combatir el subdesarrollo y tratar de vivir en armonía.

La tecnología siempre debe ir acompañada de una intención, de un propósito y de consciencia hacia los demás seres humanos. Debe proveer soluciones a los problemas de alimentación, falta de agua, sistemas de salud, energía, comunicación, movilidad y recursos para subsistir sanamente; también deberá tratar de llegar a todos los rincones, abordando distintos aspectos de la vida que se encuentran en constante cambio.

Temas como tecnología de la información, ciberseguridad, salud digital, inteligencia artificial, tecnología en alimentos, innovación sobre medicamentos que salvan vidas, aparatos médicos que ayudan al diagnóstico oportuno, sistemas de navegación y agrotecnología, entre otros, acercan al mundo, crean convivencia, construyen vínculos de cooperación y solidaridad entre sociedades, comunidades y países. A través de su uso adecuado, se invoca un espíritu de esperanza y nuevas posibilidades de colaboración, que ofrecen la posibilidad de abrir canales de comunicación que permitan trabajar para crear un ambiente donde haya solidaridad, ayuda, consciencia de acción y responsabilidad social.

La historia nos convierte en testigos de que la invención de la escritura, la imprenta, la pólvora, la brújula, la metalurgia del hierro, del bronce, la regla de cálculo, el telar automático, la vacuna contra las enfermedades, la locomotora, los automóviles, entre otros, dieron un giro radical a la vida de los seres humanos en todas sus dimensiones (económica, política, cultural, social). Este cambio, por sí solo, no hubiera tenido un desarrollo exponencial si no fuera porque el hombre decide cómo aplicará dichos inventos y hacia dónde dirigirá su desarrollo; a quién impactará y cómo manejará la invención para promover un bienestar social.

Generalmente, el punto de partida radica en la identificación del problema, ya que muchas veces se inventan o descubren hallazgos sin que haya una intención determinada. Como por ejemplo, en América Latina, la búsqueda constante de alternativas que contribuyan al desarrollo de un modelo de crecimiento con equidad social, y que ayuden a erradicar la pobreza e implementen formas de satisfacer las necesidades de los países en desarrollo, ha sido una de las tareas importantes de la promoción del estudio de la ciencia, la tecnología, la sociedad y la innovación (CSTI).

La determinación de situaciones que lleven al individuo a responder a la necesidad, la formulación del principio de funcionamiento, la idea que se llevará a la operatividad, el diseño anterior a la construcción del invento, la simulación o construcción de un prototipo, la fase de prueba, la validación y elaboración de una teoría general que sustente y valide el resultado, así como la consciencia de lo que se está creando, es lo que nos lleva a la implementación de tecnologías que sean solo una herramienta y no el fin. Instrumentos que puedan subsanar las necesidades básicas del hombre, que mitiguen la violencia, produzcan bienestar y una sana convivencia entre los hombres, dando como resultado la construcción de una cultura de paz.

Indudablemente, la actividad tecnológica repercute en el progreso social y económico, pero la gran interrogante es entender su carácter comercial, cuál es la dirección que seguirá, cómo entiende el Estado el bien común y cómo podemos medir la moralidad de las posturas de investigadores, científicos y opinión pública, entendiendo que el principal objetivo es satisfacer necesidades presentes de la sociedad y mejorar su bienestar (Aguilar, 2011).

El uso de la tecnología está determinado por la óptica del sujeto que la utiliza y que la valora; lo que permite inferir que puede ser comprendida como proceso observable que se pone en evidencia en los diversos procedimientos de formación y de aprendizaje; como sistema, expresada mediante las instituciones sociales; como producto, entendida como resultado de una acción; como modificadora de conductas, reflejadas en las actitudes y comportamientos individuales, sociales y culturales en general.

Al hablar de tecnología, y en especial en este contexto, debemos tener presente la intención de dirigirla hacia el propósito de construir una cultura de paz. Las tecnologías para la paz ponen el foco en los nuevos actores del cambio social: la ciudadanía, que contribuye mediante la promoción de la democracia, la defensa de los derechos humanos y la lucha contra las desigualdades al desarrollo de sociedades más justas, equitativas, solidarias y pacíficas; que tratan de visibilizar el uso y el conocimiento de las nuevas tecnologías como un medio para borrar brechas sociales, generar innovación social y propiciar el empoderamiento de los ciudadanos.

El cumplimiento de estos objetivos se logra mediante cuatro líneas de acción:

1 Ser vocero de la realidad social que se vive.

2 Generar un cambio en esa realidad a través de la voz o de las acciones.

3 Promover la paz, la democracia, la justicia, la igualdad y la defensa de los derechos humanos.

4 Utilizar las distintas herramientas tecnológicas a nuestro alcance para la promoción de una cultura de paz.

Cuando se habla de la construcción de la paz a través de la tecnología se hace referencia a la promoción y a la detección de experiencias e iniciativas donde se utilicen las tecnologías de la información y de la comunicación para construirla y prevenir conflictos. A espacios donde dichas tecnologías abren accesos a oportunidades económicas que favorecen la existencia de me­dios de vida sostenibles y servicios sociales básicos; a fomentar y fortalecer el respeto a los derechos humanos, ya que promueven un mayor conocimiento de los ciudadanos sobre sus propios derechos, para exigirlos y denunciar su no cumplimiento; al impulso de la participación activa de los ciudadanos en todos los aspectos de la vida política, económica y social y, particularmente, en los asuntos que les afectan directamente; por último, se refiere a la prevención del uso de armas y a la erradicación de aquellas causas que incentivan su uso.

Todo lo anterior desde una comunicación efectiva y asertiva, donde los individuos puedan comunicar mensajes de contenido y educar en favor de estas grandes necesidades; donde exista un eco entre el que habla y el que escucha, que sea capaz de abrir un entendimiento sin juicios, para evitar conflictos y poder construir relaciones duraderas.

Así mismo, debemos usar la tecnología para contribuir al desarrollo y consolidación de la democracia y del Estado de Derecho, del respeto a los derechos humanos y de las libertades fundamentales, temática importante en el desarrollo de una cultura de paz.

Es aquí donde se abre el debate a los siguientes cuestionamientos que pueden llevar a diversos conflictos:

 ¿Qué genera, crea o posibilita la tecnología?

 ¿Qué preserva o aumenta?

 ¿Qué recupera o revaloriza?

 ¿Qué reemplaza o deja obsoleto?

 ¿Son deseables todos los efectos sociales y ambientales de las tecnologías actuales y venideras?

 ¿A qué objetivos y prioridades deberían servir las modernas tecnologías?

 ¿Qué cambios serían necesarios en la construcción de la tecnociencia con el objeto de modificar sus efectos y ponerla al servicio de objetivos socialmente más deseables?

El uso de la tecnología puede constituirse en un problema o en una posibilidad; puede alienar, cosificar, destruir, marginar o puede potenciar la superación, el progreso, el confort, el bienestar. Por ejemplo, un arma puede usarse para matar a una persona y apropiarse de sus bienes o para salvar su vida matando a un animal salvaje que atenta contra ella.

Identificar cuál es la tecnología apropiada y hacer un uso adecuado de la misma son tareas fundamentales de todo ser humano en la actualidad. Pero he aquí otro problema a considerar: ¿cuándo son apropiadas las tecnologías? Generalmente, se considera que lo son cuando tienen efectos benéficos sobre las personas y el medio ambiente.

A pesar de que el tema es y seguirá siendo objeto de intenso debate, hay algunos acuerdos sobre las principales características que una tecnología debe tener para ser social y ambientalmente apropiada. Se enumeran a continuación.

 No causar daño previsible a las personas ni daño innecesario a los animales y las plantas.

 No comprometer ni arriesgar el patrimonio natural de las futuras generaciones con un daño que sea irreparable.

 Esforzarse en mejorar las condiciones básicas de vida de las personas, independientemente de su situación económica.

 Respetar los derechos de quienes utilizan o no la tecnología, ya que el uso de esta es personal.

 No provocar efectos sociales irreversibles, aunque parezca que pueden crear algún beneficio específico.

 La satisfacción de las necesidades humanas básicas debe ser prioritaria para los gobiernos en el tema de la implementación de tecnologías.

En los últimos tiempos, la tecnología de la información y de la comunicación ha creado una nueva plataforma: la digital. En ella, Internet es un puerto virtual importante en la era del acceso, del conocimiento y de la información. Vivimos una época donde el concepto de «red» posee consecuencias prácticas para la determinación estructural de la nueva sociedad que exige no solamente el procesamiento de la información, sino también el procesamiento del saber.

La educación, basada en la tecnología, deberá proponerse como tareas:

 Concientizar acerca del uso de los medios de información y de comunicación.

 Proporcionar técnicas, tácticas y estrategias para resolver problemas.

 Potenciar la capacidad comunicativa.

 Promover la formación de individuos con principios y valores.

 Propiciar el desarrollo del espíritu crítico, analítico, reflexivo, constructivo y propositivo.

 Generar seres autónomos, libres pensadores y emprendedores capaces de responder a las nuevas exigencias sociales.

Por el contrario, quien no se aproxime al conocimiento y al uso de la nueva tecnología corre el riesgo de quedar marginado y de ser parte del analfabetismo digital. De acuerdo con Aguilar (2011), para cumplir con las tareas mencionadas la educación deberá superar una serie de dogmas, falsas creencias, suposiciones y mitos que obstaculizan el logro de una educación integral.

La puesta en práctica del uso de las redes tecnológicas en la educación es múltiple, involucra innumerables cambios cuan­titativos y cualitativos, modificaciones en las concepciones del tiempo y del espacio, en la forma de enseñar y de aprender que configuran un entorno social, laboral, educativo y cultural diferente; amplía las posibilidades de aprender de modo diversificado y autónomo; potencia la producción de conocimientos y el desarrollo de la creatividad; crea procesos integrados e integrales en diferentes situaciones de aprendizaje; propicia modificaciones en las relaciones de poder y de control, así como en los cambios de roles que garantizan el protagonismo del estudiante como constructor de su conocimiento, con competencia para cuestionar, asimilar, comparar, argumentar, indagar, interpretar y producir; promueve transformaciones en los modos de acceder a la información y en la construcción del conocimiento; modificaciones en hábitos y costumbres personales y sociales; en fin, tiene influencia en todos los niveles y dimensiones humanas.

La educación, considerada como institución multicultural, debe ser portadora de nuevos valores y estructuras mentales capaces de incorporar la tecnología, la ciencia y, por ende, la innovación a través de una propuesta que tenga alto contenido social, donde el hombre y la sociedad sean su foco principal; una formación que estimule siempre el desarrollo de un pensamiento constructivo y crítico con una identidad amplia y una capacidad para abrir espacios de valor y justicia para nuestras comunidades, instituciones y sociedades; que trate de cambiar el enfoque de valor económico y social, transformando el individualismo competitivo en una cultura de colaboración y solidaridad. Es muy importante, por lo tanto, que las instituciones educativas incorporen en sus planes de estudios a la ciencia, la tecnología y la innovación como parte de una formación estratégica para construir un mundo mejor.

Se trabajará en la promoción de una comprensión social de la ciencia con valores que lleven a propuestas para resolver problemáticas y necesidades sociales con base en un análisis de desarrollo humanista, donde la ciencia, la tecnología y la sociedad representan espacios de interacción de constante conocimiento y participación pública.

Por esta razón, se hace un llamado general a adoptar una consciencia con responsabilidad, ética y compromiso social. Se hace un llamado a la sociedad para poder desarrollar actitudes y aptitudes que ayuden al científico a tomar decisiones adecuadas, y así poder resolver conflictos de manera constructiva y manifestar una actitud responsable frente al desarrollo.

Al respecto, José A. López Cerezo opina que:

El cambio académico de la imagen de la ciencia y la tecnología es un proceso que comienza en los años 70 y que hoy se halla en fase de intenso desarrollo. Se trata de los estudios CTS (ciencia, tecnología y sociedad). La clave se encuentra en presentar la ciencia-tecnología no como un proceso o actividad autónoma que sigue una lógica interna de desarrollo en su funcionamiento óptimo, sino como un proceso o producto inherente social donde los elementos no teóricos (por ejemplo: valores morales, convicciones religiosas, intereses profesionales, presiones económicas, etc.) desempeñan un papel decisivo en su génesis y consolidación. La complejidad de los problemas abordados y su flexibilidad interpretativa desde distintos marcos teóricos, hacen necesaria la presencia de esos elementos no técnicos bajo la forma de valores o intereses contextuales (López, 1998).

Estos estudios tenían la función primordial de educar a los científicos en temas humanísticos para que pudieran entender la ciencia y la tecnología de manera humana y con un carácter social, con esto el científico se haría responsable de sus propios actos ante la sociedad. Por todo ello, uno de los objetivos principales de los estudios CTS es «alfabetizar a los científicos» en estos temas, promoviendo una visión más humanista de su trabajo y de los efectos que genera. Los CTS apoyan la participación de la comunidad en las decisiones sobre el control del desarrollo tecnológico y en la evaluación de los distintos proyectos con miras a marcar las estrategias a seguir con un profundo sentido social. Lo que da como resultado una preocupación por la sociedad y la promoción de un sentido que marcará el camino para trabajar en aras de una cultura de paz.

La Conferencia de Budapest (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO],1999) considera, además, prioritarias las siguientes estrategias para la educación sobre tecnología dirigida a promover la paz y el desarrollo:

 La educación en ciencias sociales.

 La educación en ciencias ambientales.

 La evaluación de riesgos y vulnerabilidad, así como la alerta sobre catástrofes y riesgos naturales.

 La educación interdisciplinaria.

 La cooperación entre universidad e industria.

 La educación en cultura y desarrollo.

 La búsqueda de la cooperación internacional y regional.

 Consolidar la integración universitaria a nivel interno.

 Manejar una política de actualización permanente.

 Involucrar a los estudiantes en la investigación.

 Poner la ciencia y la tecnología al servicio de la paz, el desarrollo y la coexistencia.

Todas ellas involucran una educación interdisciplinaria, apoyando diferentes enfoques que tienen algo que decir en el campo del desarrollo de la innovación tecnológica, donde se pretende que el sistema educativo tenga una actitud cultural de innovación fundamentada en una mentalidad abierta de cambio, haciendo contrapeso para neutralizar los múltiples conflictos que nos exigen una innovación social, ética y moral de la estructura de la educación actual, donde el diálogo, la empatía y la tolerancia sean pilares importantes y con ellos promovamos un espíritu crítico para un buen desarrollo de la economía y la ciudadanía.

Entre los cambios que pueden llegar a modificar una época están:

 La distribución de la riqueza y la lucha contra la pobreza.

 La ampliación del espacio de solidaridad social y responsabilidad pública.

 La demanda del carácter público (educación, salud y las distintas esferas públicas) como ámbito de democratización.

 La demanda de marcos regulatorios para la protección de los derechos del usuario y del consumidor.

 La demanda de marcos regulatorios de las economías. La revolución en la tecnología de la información también viabiliza otras revoluciones como la robótica, nuevos materiales, nanotecnología, ingeniería genética (biogenética, biotecnología), etc. (de Souza, 2004).

Más allá de la economía, la tecnología, la ecología y la ciencia, la convivencia social de las personas se convertirá en el motor creativo para buscar tecnologías que satisfagan las necesidades tanto individuales como sociales; lo que obligará al ser humano a desarrollar habilidades y destrezas que le permitan enfrentar los nuevos desafíos, que le exijan también buscar mecanismos diversos para responder a los nuevos requerimientos de la cultura de la humanidad. Esto requerirá de nuevos conocimientos, métodos y estrategias para afrontar y resolver los conflictos que se dejan ver como las misiones de paz, por ejemplo, en contraposición con la idea de la guerra.

La sociedad ha tenido que repensar el fenómeno de la guerra, y en lugar de implementar e invertir conocimientos para de­sarrollarla, tuvo que inventar y poner en marcha estrategias para evitarla y mantener la paz; así como tecnologías para satisfacer las necesidades individuales y globales ante la violencia y la destrucción. Para ello, ha creado herramientas como satélites, cables submarinos, Internet, antenas de alto alcance, inteligencia artificial, ciberseguridad y computación cuántica, y las ha utilizado para abordar perspectivas de políticas y seguridad pública. Estas tecnologías no solo responden a contextos geopolíticos, a las finanzas, la salud, el comercio o la seguridad, sino que también sirven para misiones de mantenimiento de la paz.

El uso de estas tecnologías aporta un valor, reduce la incertidumbre y permite agilizar los procesos donde hay falta de recursos y choque de intereses. Sin olvidar que esto puede traer aparejados fallos, deficiencias y puntos ciegos. Además, no debemos olvidar que ni las tecnologías son todo lo que necesitan las misiones para preservar la paz, ni las personas deben confiar 100 % en ellas y delegarles toda la responsabilidad sobre los efectos que puedan traer. Las tecnologías podrán mejorar la gestión de los recursos, ser preventivas, agilizar las respuestas que se deben tener ante una crisis compleja y facilitar el cumplimiento de instrucciones bajo poderes; pero la decisión de usarlas, por sobre todas las consideraciones, es solo del hombre. De ahí que se presenten las siguientes interrogantes:

 ¿Quién posee la titularidad de la tecnología y qué garantías, transparencia y limitaciones tiene su uso?

 ¿Cómo proteger la vulnerabilidad y la desprotección tecnológica de aquellos que no tienen recursos para adquirirla o conocimiento para operarla?

 ¿Cómo afectarán las tecnologías los derechos de los seres humanos?

Estas reflexiones son esenciales en su aplicación para el bie­nestar social y global. Podríamos preguntarnos dónde está la madurez de la humanidad para afrontar las nuevas realidades y tratar de vivir en un mundo democrático donde el bienestar común sea el móvil principal, donde la credibilidad de la construcción de la paz y la seguridad internacional sean el parteaguas de la transición.

Si las usamos para velar por la paz ante las injusticias de la violencia, por qué no usarlas para preservarla persiguiendo un bien común y el bienestar social, satisfaciendo las necesidades de los individuos en sociedad y siempre con una aplicación en un tono ético y moral: con responsabilidad social.

La tecnología lleva consigo nuevas maneras de transformar al mundo, nuevas formas de entender el entorno y nuevos mecanismos de instalarse o situarse en este. Lo que da como resultado una nueva configuración de todo lo que nos rodea. Y como parte del mundo que se transforma, el hombre, a través del trabajo físico e intelectual, evoluciona dentro de nuevas realidades y retos que lo llevan a determinar dónde está su terreno de acción y hacia dónde dirige el impacto de estas acciones.

Por una tecnología más humana

Una de las finalidades de las tecnologías es la tendencia a lograr la transformación del entorno humano (natural y social) para adaptarlo de la mejor forma posible a sus necesidades y deseos. El avance científico y tecnológico genera nuevas formas de ser, de pensar y de estar en el mundo. El ser humano deberá realizar un uso racional de la tecnología para evitar la cosificación e instrumentalización, o inclusive, su propia destrucción, recordando que la tecnología no es un fin en sí mismo, sino que constituye un medio para alcanzar las metas y objetivos propuestos. Es preciso considerar que la tecnología en sí no es buena ni mala, es su uso lo que de­ter­mina la calidad del juicio valorativo emitido por el sujeto que juzga.

A través del tiempo se ha demostrado que el ser humano —como creador de tecnología— ha ido depositando cada vez más la confianza en sus productos con miras a lograr niveles superiores de desarrollo, de progreso, de superación. Dando un giro humanista a la tecnología, y entendiendo cuál es el lugar del ser humano en el mundo con respecto al uso de esta, podremos promover siempre una cultura de paz donde, con un gran sentido de responsabilidad, la utilicemos para el bienestar de la sociedad.

La educación en ciencia, tecnología, sociedad e innovación implica una enorme transversalidad que debe recorrer sostenidamente la formación superior, la investigación y la extensión universitaria. Por lo tanto, los cuadros académicos y administrativos deben participar en este proceso de alfabetización social del desarrollo tecnológico, descubriendo valores y principios para la construcción de una nueva sociedad. La innovación, como proceso social, debe responder entonces a políticas de estímulo, fomento y apoyo generalizado, teniendo en cuenta que compromete la creatividad, la calidad y la excelencia. (Acevedo y Núñez, 2008).

La ciencia y la tecnología tienen límites, es preciso conocerlos y evaluarlos para poder superar las barreras del subdesarrollo en materia de investigaciones científicas e innovaciones tecnológicas. Es necesario programar cursos, seminarios, foros, debates, publicaciones, investigaciones y unidades académicas dedicadas a fortalecer una educación científica y tecnológica de amplio contenido social.

El proceso de una educación y el impulso de una cultura de paz exigen el apoyo nacional e internacional, con el fin de crear un clima favorable de desarrollo, cuyos desafíos impactan vertical y horizontalmente a la sociedad. Por ello, es muy importante plantear las aspiraciones democráticas de nuestros pueblos como una importante estrategia para lograr la equidad, cualidad que a su vez permitirá orientar una mayor asignación de flujos de presupuesto en tecnologías de paz y no de guerra.

Es entonces cuando los principios éticos de la ciencia deben desempeñar un rol importante en las estrategias tecnológicas y científicas de una sociedad, y con ellos construir economías de desarrollo que involucren negocios inclusivos, verdes y de responsabilidad social, donde el prójimo sea una importante preocupación del progreso social y con ello erigir culturas de armonía, empatía y paz.

Debemos declararle la guerra a la guerra, luchar por aminorar los conflictos internos, sociológicos, psicológicos, políticos, sociales, económicos y culturales que atraviesa la sociedad contemporánea, para construir partiendo de la adecuada enseñanza de la ciencia, la tecnología, la innovación y la sociedad; impulsando la participación de fuerzas productivas generadoras de cambios sostenidos, y creando un ambiente de paz y democracia para propiciar un desarrollo del conocimiento con responsabilidad social y ética ambiental; configurando así una cultura de paz donde valores como la tolerancia, el diálogo, la cooperación, la solidaridad, el desarrollo y una visión interdisciplinaria, marquen las posibles soluciones hacia una nueva estructura de paz.

Referencias citadas

Sánchez, J. A. y Rodríguez, F. J. (2004a). «Ciencia y tecnología para la Paz». En: López, M. (dir.). Enciclopedia de Paz y Conflictos. Universidad de Granada.

Sánchez, J. A. y Rodríguez, F. J. (2004b). «Ciencia y tecnología para la paz». En: Molina, B. y Muñoz, F. A. (coords.). Manual de paz y conflictos. Universidad de Granada.

Asamblea General de las Naciones Unidas. (1999). Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz. https://www.un.org/es/ga/62/plenary/peaceculture/bkg.shtml

Aguilar, F. (30 de diciembre de 2011). «Reflexiones filosóficas sobre la tecnología y sus nuevos escenarios». Colección de filosofía de la educación. https://doi.org/10.17163/soph.n11.2011.06

López, J. A. (1998). «Ciencia, Tecnología y Sociedad: El Estado de la cuestión en Europa y Estados Unidos». Revista Iberoamericana de Educación. Vol. 18. https://doi.org/10.35362/rie1801091

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (UNESCO). (1999). Declaración de Budapest. Conferencia Mundial sobre Ciencia para el siglo XXI. Un Nuevo compromiso. https://ilamdocs.org/documento/2870/

de Souza, J. (2004). «La Educación Latinoamericana en el Siglo XXI. Escenarios hacia las pedagogías de la alienación, domesticación y transformación». Red «Nuevo Paradigma» para la Innovación Institucional en América Latina. Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI). http://www.actaf.co.cu/index.php?option=com_mtree&task=att_download&link_id=890&cf_id=24

Acevedo, E. B. y Núñez, J. (2008). Apreciación social de la ciencia en la periferia. Universidad Tecnológica de Pereira, Colombia. Universidad de la Habana, Cuba. Cátedra Colombia de CTS+ICOLCIENCIAS - OEI.



Muchas veces, cuando algo se inventa, no se tiene definido el espectro de todo lo que podría abarcar el resultado de esa invención ni de la manera en la que sus aplicaciones podrían usarse.

La tecnología ha estado presente de manera determinante en distintos momentos de la historia. Los romanos, por ejemplo, concibieron una metalurgia y una ingeniería desarrolladas para atacar a distancia con mayor precisión; aplicar la ciencia y la ingeniería en la navegación permitió a los británicos contar con una mejor flota para dominar los océanos. Así pues, la tecnología ha generado diversos avances y ha contribuido a que, con el tiempo, los países puedan sentirse más seguros en su territorio.

Hoy la tecnología marca la pauta del progreso económico. Un ciudadano común con conocimientos de programación puede hacer temblar a las economías mundiales, si se lo propone. La nueva carrera armamentista no se librará con tecnología bélica, sino con patentes, aplicaciones digitales, sistemas de gestión de datos, de reconocimiento facial, proyectos de salud genómica, nuevos materiales y aplicaciones de energía y alimentación. La tecnología que se utilice para desarrollar la economía y dominar un campo específico tendrá mayor relevancia que la conquista de un territorio geográfico, como solía suceder en siglos pasados.

El ejemplo más reciente de lo anterior es la creación de la vacuna contra el coronavirus: pasamos de un proceso que tomaría diez años para su desarrollo a uno de ocho meses, y esta aceleración llevó a las naciones a ver la ciencia y la innovación como tablas de salvación. En el desarrollo de esta vacuna y en su aplicación basaron también sus modelos de crecimiento económico, sus cadenas de suministro y la distribución de recursos humanitarios.

A pesar de que la tecnología a menudo es guiada por intenciones militares (Internet comenzó en parte con la financiación del Departamento de Defensa de Estados Unidos), el 2020 dejó como aprendizaje que la equidad y la justicia hoy son instrumentadas por los avances en este campo.

Imagen 1. Robots inteligentes de compañía


Fuente: «Six Rules Effective Forecasting» (Saffo, 2007).

Quizá la cuestión sea resolver cómo esa tecnología será accesible para todos y cómo nos permitirá disolver un poco las asimetrías económicas. A continuación, algunos ejemplos de fenómenos geopolíticos que demuestran que el conocimiento tecnológico y los medios para aplicarlo en distintos procesos son hoy el nuevo espacio de la política.

 Bolivia tiene las minas de litio más abundantes del mundo, pero no tiene el conocimiento tecnológico y los medios para explotarlas y convertirse en proveedor de componentes de baterías (el principal uso de este elemento), por eso lo exporta como mineral. Son China y Estados Unidos los encargados de procesar, industrializar y comerciar ese litio, ya sea como producto (autos eléctricos) o como componente (baterías).

 China, que por hacer accesible un progreso económico a las clases medias enfrenta desafíos ambientales, es ahora el mayor instalador de energías renovables y el mercado más grande de vehículos eléctricos en el mundo. El gobierno comunista ha fijado agresivos objetivos de reducción de emisiones abriendo programas de inversión pública orientados a la energía, la agricultura y la sistematización de sus procesos. El desarrollo obliga a una respuesta tecnológica.

 Estados Unidos, que hasta hace quince años importaba combustibles fósiles, se ha convertido en su mayor productor, debido al reacondicionamiento de su infraestructura con tecnologías más eficientes. Hoy este país está volcado en una reformulación de sus objetivos industriales, debido a su deseo de regresar a liderar la agenda climática.

 En el tercer mundo, los medicamentos genéricos y los alimentos genéticamente modificados han mejorado la calidad y expectativa de vida de las personas, y han disminuido los índices de pobreza y mortalidad.

Pero también tenemos un ángulo opuesto en el que el desarrollo tecnológico puede generar malos entendidos. Estamos interconectados, hiperinformados, atados de forma ininterrumpida a un teléfono que es una ventana de opinión que se puede reproducir al infinito, lo que nos puede hacer pensar que este instrumento, que ayuda a la cooperación e integración, es el fin último de la tecnología.

En una época de redes sociales en la que podemos manifestarnos, opinar, organizarnos y cocrear, es la tecnología —no el dispositivo y el medio de comunicación al que se tenga acceso—, la que nos da el superpoder (y con este también una responsabilidad) de utilizarla para cambiar al mundo con base en un bien común. La pregunta no es quién controla la tecnología, sino cómo la desarrollamos, orientamos y aplicamos colectivamente para crear cosas.

Ejemplos de cómo la concentración de los recursos de la ciencia y la tecnología permite crear soluciones que dan paso al desarrollo industrial.

El mundo resolvió el problema del ozono. Puede resolver el cambio climático. Ver enlace

¿Qué tecnología ganó la Segunda Guerra Mundial? La mayoría de la gente diría que la bomba atómica, pero la verdadera respuesta es el radar. Ver enlace

Los científicos crearon la pintura más blanca del mundo. Esto podría eliminar la necesidad de aire acondicionado. Ver enlace

Movilizar a una generación de creadores

La tecnología tiene el poder de unirnos y de mejorar nuestra calidad de vida si es empleada de manera adecuada. Innovaciones como los asistentes de voz con inteligencia artificial (IA) pueden ser un ejemplo práctico, ya que su aplicación puede ayudarnos a realizar labores rutinarias, aumentando las posibilidades de colaboración y comunicación. Es un proyecto que, además, tuvo su origen en las interfaces para personas con discapacidad en la movilidad y que, con los años, ha evolucionado hasta alcanzar a todo tipo de usuarios.

Hoy en día convivimos entre pantallas, grabando notas de voz y videos, generando likes y hasta en marchas virtuales; en cadenas de mensajes y chats que buscan organizar a la sociedad para un fin común. Por única ocasión, la COVID-19 nos hizo padecer a todos (en igualdad de circunstancias) un fenómeno que demostró que:

 La suma de voluntades puede resolver más que las diferencias sociales.

 Los conflictos y las diferencias culturales no tienen cabida cuando la supervivencia de todos está en juego.

 Sin importar la raza, credo, condición económica o geográfica, un simple virus dobló los egos al demostrar que la naturaleza está por encima de nuestra voluntad.

La reclusión generó millones de historias que buscaban, desde la improvisación y la emergencia, aportar y resolver desde y para la sociedad cuestiones como la manera de hacer llegar alimentos y medicinas a pesar del aislamiento, mantener condiciones seguras para convivir, rediseñar los procesos y dispositivos médicos para llegar a más personas con menos recursos o simplemente mantenernos productivos. Todos, al unísono, estuvimos conectados, educados y activos mediante formatos análogos y digitales.

Lo que enfrentamos fue un sentido colectivo de urgencia y empatía que nos obligó a resolver, y las respuestas no pararon de llegar, esta vez no desde empresas o programas de gobierno, sino desde, por y para los ciudadanos como usuarios.

El principio de toda acción orientada a emprender es una necesidad evidente no satisfecha.

Ejemplos de cómo la inventiva resuelve crisis y propone soluciones creativas, solidarias e innovadoras que se traducen en productos, servicios y plataformas sociales.

Los voluntarios producen válvulas impresas en 3D para tratamientos de coronavirus que salvan vidas. Ver enlace

Los extraordinarios inventos que la gente común está haciendo para combatir el coronavirus. Ver enlace

No solo los científicos, las grandes corporaciones o los emprendedores tecnológicos se esforzaron en proponer soluciones, también los usuarios trabajaron colaborativamente para hacerlo.

Imagen 2. Top 50 de tecnologías emergentes


Fuente: «Frost & Sullivan Reveals the 50 Game-changing Technologies Transforming the Future» (2021).

Las propuestas más innovadoras vinieron de personas comunes que entendieron que había que hacer algo y se concentraron en buscar información, en entender el problema y aplicar el ingenio en una solución creativa que fuera compartida con otros inmediatamente. Estos ejemplos dan cuenta del ingenio como base de la creación, y de que solo necesita nutrirse de un poco de empatía y algo más de sentido de urgencia para aportar a la sociedad.

Una generación privilegiada como la de los jóvenes de hoy en día (que tiene en los bolsillos herramientas de comunicación con acceso a una vasta red de conocimiento) fue el medio para explorar las ideas, conectar a los actores relevantes y organizarse para escalar rápidamente entre validaciones, y desde ahí desarrollar soluciones a la situación que estábamos viviendo.

Ya sea estudiantes reflexionando sobre su elección de carrera o profesionistas y emprendedores sondeando maneras de mantenerse a flote, nos preparamos para la siguiente etapa —adaptados ya a la incertidumbre— para formar, reconstruir o salir a cazar la siguiente oportunidad; pues todos vencimos la ansiedad de un aislamiento global y los efectos posteriores que se generaron desde la economía y las relaciones sociales.

El coronavirus nos enfrentó a decisiones postergadas de lo que nos era útil o necesario, y sobre lo que era urgente de entre lo que era preferible. La digitalización de nuestra cotidianeidad —tan sobradamente expuesta— se hizo realidad en cuestión de días, pues trasladamos la convivencia a un espacio entre pantallas. Todos los estratos, edades y geografías resolvimos que nuestra vida diaria girara en torno a una videoconferencia.

Tuvimos también sacrificios y mucho aprendizaje no solo por lo que significó alterar las rutinas y concentrarnos en hacer una vida profesional desde el hogar, sino porque millones aprovecharon el tiempo para educarse. La oferta de contenido se centuplicó. Así, el 2020 debería ser considerado como el año global de la reflexión, el aprendizaje y la reinvención.

Referencias citadas

Saffo, P. (2007, July 1). «Six Rules Effective Forecasting». Harvard Business Review. https://store.hbr.org/product/six-rules-for-effective-forecasting/R0707K

«Frost & Sullivan Reveals the 50 Game-changing Technologies Transforming the Future». (2021, April 13). Frost & Sullivan. https://www.frost.com/news/press-releases/frost-sullivan-reveals-the-50-game-changing-technologies-transforming-the-future/



Más que solo digitalizar, las empresas están llevando sus servicios a la posibilidad de consumirlos en pantalla, práctica cada vez más imperante en la sociedad. Basta con ver que después de años de menospreciar el valor de la telemedicina, la educación en línea y el trabajo remoto, estas tres fuerzas sostuvieron la productividad y se consolidaron como los grandes ejes de cambio que acelerarán la creación de riqueza.

En este contexto, hay espacio para el diseño de servicios que los consumidores, de alguna manera, ya han estado probando y validando durante el aislamiento. Ya no hay distancia física o restricción tecnológica, y los que no lo vean claro vivirán con el apego de lo que fue y no será más. Este cambio será el imperativo de los nuevos diseños de empresas y modelos de negocio que se consolidarán en el futuro. En palabras del mercadólogo Scott Galloway, esta gran dispersión de personas y recursos «ofrece el mismo potencial que la globalización y la digitalización» (Galloway, 2020).

Este nuevo diseño económico puede ser la palanca de cambio hacia la desconcentración de la riqueza con base en recetas económicas y ciclos de crecimiento del pasado, y las innovaciones tecnológicas que lo hagan posible darán lugar a mejores condiciones de vida.

En su momento, las grandes empresas han consolidado sus apuestas en ello, por ejemplo Amazon, Airbnb, Uber, Netflix, Disney no solo han aprovechado los espacios de ocio para mantenernos como consumidores cautivos, sino que han trasladado necesidades hacia un nuevo diseño de soluciones con implicaciones digitales. Sin embargo, para llevarlas a cabo es necesaria la conexión entre personas, porque con ella se da vida a nuevas creaciones capaces de solucionar problemas.

Y para que estas conexiones puedan darse, es necesario que los espacios de trabajo y estudio se conviertan en vehículos para fomentar la cooperación e integración social. A pesar de la presencia de plataformas e iniciativas para aprovechar la virtualidad y sostener nuevos modelos de convivencia, no se ha logrado activar el sentido de comunidad.

Las herramientas y los modelos actuales están ayudando a comunicarnos, a organizarnos y a mantenernos productivos, pero no a integrarnos creativamente en la construcción de soluciones de más calado. Necesitamos esos momentos casuales de integración y la creatividad o ideación que emerge de ellos.

De esta manera, la gran dispersión que los modelos de negocio y sus productos tecnológicos están generando puede volverse un arma de doble filo, pues nos empuja a aceptar que la falta de atención, de opiniones y de ideas sea el premio del individuo, a costa de la erosión de la empatía.

Ejemplo de cómo ser un narrador de historias y del valor de la creatividad.

Date permiso para ser creativo. Ethan Hawke. Ver enlace

Convertir los obstáculos en visiones del futuro

Con plataformas que nos resuelven el ocio, el consumo, la educación, la movilidad y la productividad, estamos aprovechando herramientas que, si bien mejoran algunos aspectos de los servicios, no necesariamente amplifican nuestras capacidades ni nos devuelven humanidad para crear. Depende de cada uno resolverlo.

Rodeados de oportunidades, enfrentamos la abundancia de recursos mientras comprometemos los ecosistemas de la naturaleza al seguirlos explotando. Podemos producir riqueza en exceso desde un servicio en línea, pero enfrentamos una baja productividad por individuo al evaluar quiénes y en qué trabajan. No respetamos la igualdad de género, pero reconocemos la importancia de la inteligencia de las máquinas. Al aspirar a controlar todo lo que nos rodea, intentamos rehacernos manipulando el código genético y alteramos el ciclo de vida para imponer las condiciones del suelo y del clima.

Ante este panorama, la tecnología es un medio para ecualizar diferencias y permitirnos descubrir cómo hacer algo distinto, y no solo más rápido y eficiente. De muchas formas, humaniza nuestras apuestas al futuro.

La propuesta es descubrir nuestras capacidades creativas. Después de todo, nuestra naturaleza es esa: fuimos programados por selección natural para adaptarnos, adoptar y prosperar. El pasado demuestra que siempre encontramos una forma de interactuar, comunicarnos, coordinarnos y crear. Aprendimos de lo que nos rodeaba y de esas experiencias y enseñanzas llegamos al hoy.

¿Quiénes enfrentarán los siguientes desafíos e inventarán y diseñarán el ensamble de conocimiento y tecnología que permita un crecimiento responsable? Cada vez que en la historia se genera un cambio derivado de una combinación de recursos-tecnología, una concentración económica y un nuevo paradigma de sociedad surgen. Así sucedió con la mecanización de la agricultura en zonas feudales y, siglos más tarde, con el aprovechamiento de la energía en la transportación.

La nueva realidad pospandémica y digital presenta oportunidades para establecer fórmulas para la exploración de ideas y la construcción de proyectos de forma deslocalizada. Hasta hace poco, la barrera pudo haber sido de acceso al conocimiento, el idioma o la distancia, pero una vez más la tecnología y la forma de ensamblarla en soluciones mercadeables se ha encargado de cerrar las brechas. Ejemplo de ello es lo que representan para las personas y las empresas herramientas como Google Translate, Duolingo, Zoom, Microsoft HoloLens, Freelancer.com, etc.

Las generaciones de la X a la Z son y serán las creadoras del desarrollo. Si sumáramos sus años productivos, estaríamos asegurando más de un siglo de cambios. La siguiente oleada de negocios habilitados por tecnología o de ideas posibilitadas a partir de esta, se encuentra en potencia en esas generaciones.

Pensar en el futuro desde el presente puede no ser una tarea para optimistas porque podríamos no resolver los problemas más urgentes en salud, agricultura, educación, energía e interacción social, aun cuando el progreso se está acelerando. Que esto cambie depende solo de hacernos las preguntas correctas, de conectarnos, aprender y cocrear al alinear las expectativas económicas con las ambientales y sociales.


Preguntas detonantes:• ¿Cómo será la nueva realidad considerando los avances en biotecnología y en tecnologías de la información?• ¿Cuáles pueden ser las soluciones para alinear las diferencias en términos de acceso a la comunicación, productividad, economía y desigualdad social?• ¿Qué necesitamos resolver hoy para anticipar las fricciones que podemos vislumbrar en el futuro?Me atrevo a decir que las respuestas parten de cambiar de paradigma, de dejar de depender de lo que sabemos y de explorar aquello que no conocemos lo suficiente.

Ejemplos de cómo el pensar diferente y de forma curiosa es la base de la innovación.

No existe el MILAGRO, consejo de Richard Feynman a los estudiantes. Ver enlace

Tiger apuesta por Divvy Homes cuando la start-up alcanza una valoración de 2.000 millones de dólares. Ver enlace

La barrera más común para la invención y la aplicación práctica del conocimiento siempre será ideológica, porque estamos anclados a lo que consideramos debe ser y prestamos poca atención a lo que podría ser. Cambiar el horizonte en el que opera una idea o un proyecto es romper con la inercia del «casi» y entrar al terreno de convertir los obstáculos en palancas de cambio.

La creatividad que evoluciona a innovación es un modelo mental, lo que implica que se puede aprender y desaprender en función de la experiencia, mucho más si se forma parte de una iniciativa de alto impacto en la que exista un propósito de liderazgo social. En estos casos, es común no solo compartir una visión y metas, sino el desapego: el objetivo es más importante que el ego de imponer un resultado personal a una definición específica.

En este sentido, la visión deberá ser la de un proceso de adaptación entre los usuarios o beneficiarios, los diseñadores o articuladores y los ensambladores por medio de los elementos de tecnología y monetización. No hay una sola respuesta, sino la convergencia de soluciones, los avances desde distintas áreas de conocimiento que redimensionan el problema y los elementos tecnológicos que hacen posible generar el modelo de solución.

Todos estos elementos refuerzan la idea de que no hay un solo camino a explorar, sino que este proceso es un sistema a integrar que requiere planeación y cooperación. Lo que lo hará visible es el compromiso y el liderazgo personal de quien encabece este esfuerzo, al esbozar una visión con propósito de crear futuro.

Se trata de entender cómo otros sufren el problema, y de crear una visión periférica de este para articular la situación y desentrañar sus efectos, sus actores y sus variables.

Ejemplos de cómo explorar los retos que enfrentamos desde dos técnicas: el pensamiento ascendente y la visión de largo plazo.

Pensamiento ascendente. Dave Trott. Ver enlace

Roman Krznaric. El buen antepasado: una receta radical para el pensamiento a largo plazo. Ver enlace

«Hemos construido una sociedad basada en la ciencia y la tecnología en la que nadie entiende nada acerca de la ciencia de la tecnología. Esta mezcla explosiva de ignorancia y poder, tarde o temprano, nos va a estallar en la cara. ¿Quién está decidiendo sobre ciencia y tecnología en una democracia, si la gente no sabe nada al respecto? La ciencia es más que un cuerpo de conocimiento, es una manera de pensar. Una manera de interrogar con escepticismo al universo, comprendiendo la falibilidad humana. Si no somos capaces de hacer preguntas escépticas para interrogar a los que nos dicen que algo es verdad, de ser escépticos con las autoridades, entonces estamos a merced del siguiente charlatán, político o religioso, que se nos cruce en el camino».

CARL SAGAN,

entrevista con Charlie Rose (Kirshenbaum, 2011).

Referencias citadas

Galloway, S. (2020, December 4). «The Great Dispersion». No Mercy/No Malice. https://www.profgalloway.com/the-great-dispersion/

Kirshenbaum, S. (2011, May 21). «A Day to Remember Carl Sagan». Wired. https://www.wired.com/2011/05/a-day-to-remember-carl-sagan/



Una de las referencias más explotadas como imagen de inspiración es el proceso que hizo realidad la misión del Apolo 11. Desde las historias de ficción de Julio Verne, hasta los que con esa inspiración diseñaron la tecnología necesaria para llevar al hombre a caminar por primera vez a la luna. Fue la suma de miles de acciones que se enfocaron en un propósito superior.

Esa capacidad de visualizar lo impensable y de hacerlo posible es a lo que se le denomina moonshot. Es una visión que se transforma en acciones en secuencia, en procesos que aseguran su cumplimiento y hacen posible alcanzar el objetivo en su totalidad. Es mucho más que solo ideas en un plan: se trata de una cultura que moviliza los recursos, concentra los talentos y enfoca las decisiones.

Aquí caben tanto los pragmáticos como los idealistas y rebeldes, siempre y cuando haya claridad en que el objetivo, y cumplirlo, es lo único importante. Es desde distintas miradas que el ensamble de oportunidades realmente originales se constituye. En este tipo de proyectos el plazo es complejo, los recursos se deben inventar y la ambición se traduce en conseguir resolver desde el propósito de alcanzar un ideal o bien común.

Los desafíos que enfrentamos como sociedad nos demandan una imaginación orientada a proponer soluciones no convencionales para los retos ambientales, demográficos y socioeconómicos; a ser capaces de encontrar el equilibrio entre la eficiencia y el costo de oportunidad, de salvaguardar el largo plazo de un desarrollo ético y participativo construyéndolo desde ahora. Necesitamos prepararnos para encontrar las respuestas a problemas de los que hoy solo anticipamos algunas de las consecuencias.

Los que operan bajo esta premisa buscan que su visión confronte el estatus de normalidad, estudian y se activan para demostrar el «cómo sí»; analizan, difunden y convencen con resultados más que con propuestas aisladas. Coordinan talentos, forman en otros un nuevo paradigma en el que los retos sean compartidos y trabajan con una serie de premisas que definen sus acciones, como por ejemplo:

 Se enfocan en responder preguntas y situaciones que son analizadas como una meta a cumplir.

 No esperan a que se les diga qué hacer sino que investigan, concretan y resuelven.

 Deciden con base en información, datos, análisis y discuten con otros para conocer y entender.

 Se atreven a proponer hacia una nueva dirección.

 Toman riesgos —la mayoría calculados— y en sus decisiones involucran activamente a todos los que puedan intervenir para hacer del objetivo algo específico y tangible; además, experimentan y aprenden porque desde ahí crean la innovación.

 Buscan la simplicidad al aplicar el criterio común antes de complicar una decisión.

 Trabajan pequeñas (y múltiples) acciones que, a su vez, se ensamblan con elementos que forman parte de un plan más complejo y de largo plazo.

Recientemente, el término moonshot cobró nuevamente fuerza debido a programas y proyectos impulsados por Google, Singularity University o las compañías espaciales Blue Origin o SpaceX. Estas empresas buscan resolver cuestiones que no solo resulten en oportunidades de negocio, sino que tengan la ambición de mitigar problemas con consecuencias sociales: comunicación, ciudades inteligentes, prevención de riesgos de salud, educación universal accesible, etc.

La exdirectora ejecutiva de Yahoo, Marissa Mayer, predecía que los moonshots debían estar «en cada teléfono inteligente, en cada tableta, todos los días, para cada usuario de Internet» (Scott y Johnson, 2013) y con ello se refería a que los resultados de esas visiones a realizar se concluyeran en la siguiente generación de tecnologías y que fueran accesibles para todos.

La visión moviliza la acción

Los creadores de soluciones de alto impacto aplican este enfoque para concretar una visión de cambio desde la que es posible establecer objetivos como llegar a la luna, unir a la humanidad a través de metas comunes o desarrollar tecnología que sirva de base a nuevos productos. Esta visión desde el futuro y hacia el presente genera consensos. No se trata de planificación de escenarios —donde se considera una gama de posibilidades—, sino de una apuesta ambiciosa que especifica cómo debe verse el resultado y los moonshots que intentarán resolverlo.

Su puesta en marcha tiene tres propósitos fundamentales:

1 Inspirar. Casi todos han escuchado el discurso del presidente John F. Kennedy respecto al viaje a la luna. La visión moviliza a la acción.

2 Ser creíble. Es fácil asumir que un moonshot es solo una idea visionaria, un reto con todas sus complejidades, y para el que no se tiene aún una forma concreta de resolverlo. Kennedy hizo que el vicepresidente Lyndon B. Johnson hiciera una evaluación detallada de las tendencias tecnológicas para garantizar que el objetivo tuviera una posibilidad razonable de éxito.

3 Ser imaginativa. No es una extrapolación de lo que está sucediendo hoy (que para Kennedy simplemente habría sido volar más lejos en el espacio), sino algo que ofrece una ruptura significativa con el pasado.

Retos impensables de lograr en plazos imposibles de conseguir; un idealismo que puede ser conectado con todos en el mundo; ideas aparentemente imposibles que pueden cambiarlo todo; la combinación de un gran problema, una solución radical y la tecnología que podría hacerlo realidad.

Puede parecer más ficción que ciencia porque no sabemos cómo hacerlo, no se tienen los recursos y solo se conoce que el problema existe y debe ser resuelto. Es algo ambicioso, pero no egoísta.

Una nueva generación de innovadores, emprendedores y gente con sentido de comunidad está surgiendo, con voces activas al diseñar y al hacer accesibles productos y servicios apoyados por todo aquello que permite la hiperconectividad y la tecnología. Sin necesidad de ser expertos en un tema, sin una carrera de años, y algunos, sin el cobijo de la inversión, la experiencia o el prestigio.

Muchos de los nuevos actores en el campo de la innovación trabajan por intuición, se hacen de habilidades al revisar tutoriales en YouTube, colaborando con otros de forma remota en plataformas e interactuando directamente con los problemas en distintas partes del mundo. Son emprendedores que van más allá de evaluar posibilidades, retos y oportunidades; son quienes logran que la creatividad emerja para explorar sus posibilidades de aplicación.

Referencias citadas

Scott, D. A. y Johnson, M. (2013, May 14). «What a Good Moonshot Is Really For». Harvard Business Review. https://hbr.org/2013/05/what-a-good-moonshot-is-really-2



Explorar el futuro nos remite al análisis de las tenden­cias y, al revisarlas, encontramos dos elementos: por un lado, las opiniones informadas sobre cambios que ya son evidentes porque hay investigación y aplicaciones al respecto; por el otro, las consecuencias sobre temas presentes cuyo efecto se acelera por la simplicidad en la adopción de la tecnología. Pero si analizamos una capa antes, podemos encontrar fuerzas que apoyan estas tendencias y que son el pivote del cambio en sí.

En su libro Think Like a Futurist: Know What Changes, What Doesn’t, and What’s Next, Cecily Sommers (2012) enlista estas fuerzas: recursos, tecnología, demografía y gobernanza. El futurólogo Paul Saffo agrega que la moda —considerando el tiempo que tarda un concepto o producto en hacerse masivo— es un acelerador en el proceso de cambio.

Aquí el detalle de la lista que hace Cecily Sommers:

 Recursos: los disponibles para producir, ya sea materiales o en conocimientos.

 Tecnología: los medios para transformar los recursos en herramientas, servicios, productos y que se convierten en la aplicación del conocimiento.

 Demografía: la diversidad y representación desde distintos grupos e intereses.

 Gobernanza: la distribución y organización de los recursos y los valores compartidos entre las personas.

Ambos autores coinciden en que estos elementos tienen una permanencia diferente a la de las tendencias, pero sus efectos son más prolongados, por lo que la atención debe darse entre los cruces de cada capa considerando lo que no podemos anticipar al compararlas.

Por ello, creamos escenarios, historias que desde el presente dan una idea de cómo pueden entenderse las consecuencias de las fuerzas sobre las tendencias, y desde ahí los múltiples efectos posibles a desencadenarse. Un ejemplo sería tomar la energía como un recurso. Tuvieron que pasar muchos años para que dejáramos de usar cera y utilizáramos carbón o aceite en lámparas, y de ahí transcurrieron siglos para que existieran y se utilizaran los focos tal y como hoy los conocemos. El conocimiento se tomó su tiempo para dar forma a la tecnología que lo hiciera posible, y para que esta tuviera un precio accesible al gran público.

Ejemplo del progreso que representa el impacto de un avance tecnológico.

La vida antes de la luz artificial. Ver enlace

Cuando se presentaron los resultados sobre la experimentación de células madre, se generó polémica por las implicaciones éticas que tendría crear órganos en un laboratorio, pero parte de esos estudios fueron la base para las técnicas de edición genómica con las que se logró la vacuna contra la COVID-19 en el plazo impensable en el que se desarrolló.

La relación entre tecnología, conocimiento y aplicación —lo que en este concepto se concibe como moda— es el acelerador para que la sociedad pase del lujo del asombro a la normalidad del uso y término en común. Si los recursos y conocimientos están disponibles, y si la tecnología lo hace viable, el disparador es el incentivo de hacerlo no solo posible, sino rentable.

Ha tomado veinte años en la historia reciente de la industria de la movilidad trabajar con las tecnologías en la transición a la propulsión eléctrica; le ha tomado treinta a la energía solar ser más barata de producir que el petróleo. El tiempo es solo un elemento, pues el cambio en la percepción de los beneficios al aplicar energía eléctrica en la movilidad es resultado de avances tecnológicos en manufactura, en los sistemas de energía fotovoltaica y en su aplicación en baterías.

Imagen 3. Consumo mundial de energía primaria por fuente


Fuente: «Energy Production and Consumption» (Ritchie y Roser, 2020).

Los cambios de necesidades en el segmento de clase media, las transformaciones de la industria energética global, todo mezclado desde la óptica de una visión empresarial nos acerca, cada vez más, a que los hogares cuenten con más de un elemento de movilidad: una combinación de carga eléctrica y solar.

(Curiosidad + Ingenio) / Alcance del impacto en la sociedad

Ejemplos de cómo la imaginación y el ingenio nos permitirán transitar el milenio.

Presentamos Vollebak: la marca que diseña la ropa del futuro. Ver enlace

Uso de herramientas digitales para respaldar una atención médica verdaderamente personalizada. Ver enlace

El enfoque

A toda generación le llega un momento en el que se compara y cree que los tiempos pasados han sido mejores, que el momento histórico que le corresponde del presente está cargado de obstáculos y responsabilidades inmerecidamente heredadas. Y eso podría ser parcialmente cierto si no fuese un ciclo que se repite para enmarcar el paso entre eventos y sucesos.

En estos últimos treinta años, y debido a la masificación del acceso a Internet desde los teléfonos celulares, hay definitivamente un antes y un después en la historia. Podemos y debemos ser optimistas sobre el futuro. Una nueva generación de innovadores redefinirá las reglas con las que se construye y se desarrolla la economía, y desde esta, el impacto en la sociedad. Solo se requiere estar abiertos a asumir una actitud en la que:

 La curiosidad lleve a descubrir respuestas.

 Recopilemos hechos, consensos, experiencias y evidencias antes que opiniones.

 Actuemos y propongamos respuestas desde la empatía.

 Aprendamos, comenzando el proceso con pequeños experimentos.

 Busquemos las señales que indiquen que vamos en la dirección opuesta a la hipótesis, a las soluciones definidas por otros, ya que esto indica que algo no se está considerando (usémoslas como elemento creativo).

 Pongamos atención al sistema, observemos patrones, límites, relaciones de causa y efecto; conectemos todo lo no relacionado y, de ahí, formemos un criterio que pueda ser compartido y activado con otros que tengan el mismo propósito.

Con el acceso al conocimiento del que se dispone, no es lejano empezar a escuchar con frecuencia de proyectos generados por solucionadores de problemas conectados en redes de soporte, que aprenden unos de otros en comunidades y que representan a un amplio espectro de la sociedad; personas resolutivas que asumen como propio el reto de diseñar propuestas tecnológicas y de encontrar la forma de llevarlas a escalar como productos y servicios.

Jóvenes, y no tanto, que al aplicar pragmatismo a las consecuencias de los problemas estén dispuestos a recurrir a la tecnología como facilitador, y a entender los procesos de la economía y la financiación a través de esta para hacer factible el lanzamiento de una propuesta viable de un producto o servicio.

La diferencia con otras generaciones es que tenemos el acceso a servicios de información y de conocimiento prácticamente infinitos, que solo están limitados por el desconocimiento de su uso y aplicación; es una generación sensible a los desafíos sociales, y por ello receptiva a participar y a probar soluciones innovadoras que sean puestas al servicio de un beneficio común.

Si bien en México y en el mundo se han tenido avances sin precedentes en temas como el combate a la pobreza o la detección y prevención de algunas enfermedades, en comparación con el siglo pasado, a los rezagos habrá que sumar la lista de nuevos desafíos, muchos de ellos consecuencia de ese mismo desarrollo.

Los críticos de las nuevas generaciones argumentan falta de carácter y de resiliencia para saber adaptarse a las circunstancias, se les culpa también de una falta de compromiso. Sin embargo, en muchos casos, precisamente el compromiso termina siendo su fortaleza, como en los temas de ciertas causas ambientales y sociales.

Quizá una propuesta que facilite romper la barrera intergeneracional sea la de mezclar las experiencias de todos y unirlas en causas comunes. Los modelos de mentoría han sido popularizados en un ambiente de negocio como una forma de conducir con guía una actividad, así como de generar un espacio de reflexión sobre la conducción de una estrategia específica para que alguien —experimentado— ofrezca apoyo, asesoría y orientación a otro.

Un proceso de mentoría implica transferir experiencia y pericia para la resolución de algo concreto. Y se puede llevar un paso más allá y hacer que por la fusión de dos visiones se cierre la brecha de conocimiento; que las fórmulas de negocio que se propongan incorporen la experiencia de una o dos generaciones arriba, no solo en el diseño —considerándolas como un grupo objetivo de usuarios, que de hecho lo son—, sino pensando en la mejor ejecución. Combinar equipos de ejecución con energía y experiencia podría resolver las diferencias que se presentan naturalmente en cuanto a conocimientos, además de que aseguraría las competencias necesarias para la puesta en marcha.

Si tomamos como válida la premisa de que la generación que está por debajo de los treinta años enfrentará una panorama económico adverso, sería solo porque en esta no se dio la apertura de usar las herramientas y el acceso al conocimiento, además de que no se permitió escuchar y aprender de la experiencia de otros, cocreando con quienes están en mejor posición de contribuir.

La actitud que conseguirá este resultado es aquella en la que se pruebe algo nuevo en lugar de solo aderezar lo que está en marcha. Conducir el diseño de la tecnología del siglo XXI demanda cambiar los modelos mentales, aprendiendo a integrar los recursos para aprovechar y hacer virtuosas este tipo de sinergias.

Diseñar soluciones tecnológicas persigue un objetivo de servicio, es decir, lo que se aporta en la solución de algún problema social y puede, a su vez, convertirse en una herramienta de cambio o progreso económico bajo un objetivo de impacto social.

El diseño de este tipo de innovaciones se fundamenta en hacer accesible un producto o servicio de forma que no sea invasivo de los procesos culturales existentes, y que su integración en la vida de los usuarios permita progreso y movilidad social.

Es, en sí misma, una solución híbrida entre el mundo sin fines de lucro y las empresas tradicionales con fines de lucro. Son empresas sociales porque su objetivo es igualmente económico, generan utilidades, solo que estas se reinvierten en la creación de una mayor cobertura en servicios o en proyectos de impacto comunitario.

A diferencia de la mayoría de los grupos sin fines de lucro, estas organizaciones generan una fuente sostenible de ingresos y no dependen de la filantropía. Las ganancias se retienen y reinvierten en lugar de distribuirse entre colaboradores o accionistas.

Los nuevos modelos de intervención social encarnan una fórmula que consiste en tratar los problemas que involucren tecnología y reflejen las condiciones o restricciones como oportunidades de negocio. Los ciudadanos, actuando de manera emprendedora y mezclando herramientas de negocio con experiencia social relevante, son la mejor esperanza para encontrar soluciones que escalen desde lo local, que sean compartidas y asimiladas influenciando una visión de acción colaborativa.

William Drayton, fundador de Ashoka, organización que desde 1981 ha proporcionado fondos y apoyo intelectual a líderes sociales de todo el mundo, refiere que:

Los emprendedores sociales son la fuerza histórica más importante. Los verdaderos emprendedores sociales son transformadores. Personas con nuevas ideas para abordar problemas importantes, que son implacables en la búsqueda de sus visiones y que no se rendirán hasta que hayan difundido sus ideas por todas partes (Eakin, 2003).

Ejemplos del impacto de los modelos de negocio sostenibles.

Negocios para el bien 2019: Stuart Hart. Ver enlace

La crisis de las bolsas de algodón. Ver enlace

Solución de embalaje como servicio reutilizable que los consumidores pueden devolver por correo utilizando una etiqueta de prepago. Ver enlace

Existen muchos ejemplos de grupos que nacen para promover causas y crear alguna actividad comercial para su mantenimiento, pero esto no los hace, necesariamente, una empresa social, sino más bien una causa que se sostiene de sus fondos.

Las empresas sociales que están emergiendo a partir de hacer viable la tecnología y de encontrar un modelo de negocio adecuado para escalar en la solución del problema abarcando más potenciales usuarios o beneficiarios, están apalancadas en procesos que tienen una de dos características: la primera estriba en usar la innovación tecnológica como motor de cambio; la segunda, se refiere a transformar los problemas sociales en servicios o productos desde soluciones prácticas y simples fácilmente identificadas.

Un ejemplo dentro del primer grupo puede ser Mozilla Corporation, una subsidiaria de la Fundación Mozilla que coordina e integra el desarrollo de aplicaciones relacionadas con Internet, como el navegador web Firefox. Fue fundada por una comunidad global de desarrolladores de código abierto —algunos de los cuales son empleados por la propia corporación— que ahora distribuye software comercial a grupos sin fines de lucro en catorce países.

Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.

Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
251 s. 53 illüstrasyon
ISBN:
9786078704514
Yayıncı:
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:

Benzer kitaplar