Kitabı oku: «Poesía, teatro y juego cortesano»

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POESÍA, TEATRO Y JUEGO CORTESANO

PAPELES INÉDITOS DEL MARQUÉS DE VILLATORCAS

COLECCIÓN PARNASEO

27

Colección dirigida por

José Luis Canet

Coordinación

Rafael Beltrán

Marta Haro Cortés

Evangelina Rodríguez

POESÍA, TEATRO Y JUEGO CORTESANO

PAPELES INÉDITOS DEL MARQUÉS DE VILLATORCAS

José Luis Canet, Amparo Felipo, Pasqual Mas, Evangelina Rodríguez y Francisco Javier Vellón

Coord. José Luis Canet


©

De esta edición:

Publicacions de la Universitat de València

Los autores

Mayo de 2016

I.S.B.N.: 978-84-9134-037-9

Diseño de la cubierta:

Celso Hernández de la Figuera y J. L. Canet

Imagen de portada:

Dibujo de la representación de La fiera, el rayo y la piedra de Calderón

(Valencia, 1690). Ms. 14614 BNM, fol. 39ro.

Maquetación:

José Luis Canet

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es

publicacions@uv.es

Parnaseo

http://parnaseo.uv.es

Esta colección se incluye dentro del Proyecto de Investigación del

Ministerio de Ciencia e Innovación, referencia FFI2014-51781-P

Poesía, teatro y juego cortesano: papeles inéditos del Marqués de Villatorcas / José Luis Canet, Amparo Felipo, Pasqual Mas, Evangelina Rodríguez, Francisco Javier Vellón ; coord. José Luis Canet

Valencia : Publicacions de la Universitat de València, 2016

468 p. ; 17 × 23,5 cm — (Parnaseo ; 27)

ISBN: 978-84-9134-037-9

1. Castellví y Alagón, José de, Marqués de Villatorcas. Crítica i interpretació. I. Canet Vallés, José Luis. II. Felipo Orts, Amparo. III. Mas, Paqual. IV. Rodríguez, Evangelina. V. Vellón Lahoz, Francisco Javier. VI. Publicacions de la Universitat de València.

821.134.2 Castellví y Alagón, José de

ÍNDICE GENERAL

PREÁMBULO Y CRITERIOS DE EDICIÓN

EL MARQUÉS DE VILLATORCAS. APUNTES BIOGRÁFICOS

La actividad política

Patrimonio material y sensibilidad artística

Las inquietudes intelectuales

Entre sus papeles. Obras inéditas de la actividad literaria a finales del siglo XVII

POESÍAS Y ACADEMIAS

Jhesús, María, Joseph. Muerte, juycio, ynfierno y gloria. Dedicados a Christo en la Cruz. Del ynfierno. Discurso tercero.

Poesías académicas

– Varias poesías de la Justa Poética que celebraron los cavalleros de la Academia de las Ciencias

– Vejamen de la Academia de San Miguel de Liria

Poesías de autores desconocidos

Tradúcese en un soneto español la epigrama 86 de el libro 6 de Marcial

ERUDICIÓN POSHUMANISTA Y TEATRO POPULAR

Del eclecticismo alegórico al entretenimiento

Un Prometeo «a lo divino»: edición de un auto sacramental

En la tabla de juego: edición de un baile cantado y entremesado

JUEGO CORTESANO

Libros de suertes

Libro de los oráculos de Urganda

A Josep LLuís Sirera Turó

In memoriam

PREÁMBULO

Hacia el último trimestre de 2014, la profesora Amparo Felipo me comentó que en sus investigaciones sobre el Marqués de Villatorcas, sobre quien acababa de publicar el libro: Nobleza, poder y cultura. El linaje Castellví y el marquesado de Villatorcas, había localizado en la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional, entre los legajos relativos al citado marqués, varios textos literarios; muy gentilmente me mostró la transcripción que había realizado y me comentó su interés en que salieran publicados conjuntamente en alguna de las colecciones del Servicio de Publicaciones de la Universitat de València. Inmediatamente le indiqué que por la materia, la mejor colección sería la de Parnaseo, dedicada al ámbito de la Literatura Hispánica.

Una vez leídos los textos, me parecieron súmamente interesantes, pues mostraban el mundo literario y cultural de finales del Barroco en Valencia. Todos ellos a mi parecer eran inéditos, y por tanto había que sacarlos a la luz. Le propuse, pues, que dichos textos incoporaran un estudio y una edición rigurosa y anotada; cosa que inmediatamente aceptó.

Como había unos pocos textos teatrales y otros de poesía —entre los que se incluían vejámenes y una Justa poética, correspondientes a la Academias de las Ciencias y la de San Miguel de Líria—, le propuse que lo mejor era que integráramos a varios colegas y amigos especialistas en cada una de las materias. Y fue así como me puse en contacto en primer lugar con Evangelina Rodríguez y Josep LLuís Sirera a quienes propuse participar en el proyecto de edición. Quedamos en leer tranquilamente la inicial transcripción de Amparo Felipo y comentar en una siguiente reunión la distribución de las obras, que convoqué para el mes de febrero de 2015, y en la que participaron también, a propuesta de todos, Pasqual Mas y Francisco Javier Vellón como estudiosos de la poesía y las academias literarias. El profesor Josep LLuís Sirera me anunció mediante un correo electrónico que por una serie de circunstancias, entre ellas la de su jubilación y diferentes trabajos en los que estaba inmerso, pero sobre todo para no retrasar demasiado la salida del libro, prefería no participar.

Así pues, en las reuniones de febrero y marzo, cada uno de nosotros escogió los textos más en consonancia con su especialización. La profesora Amparo Felipo, catedrática en Historia e interesada por el estudio de la nobleza valenciana del siglo XVII, propuso realizar la Biografía del Marqués, incluyendo los datos imprescindibles para poder entender la actividad política y cultural de don José de Castellví y Alagón, marqués de Villatorcas, así como su mecenazgo literario y académico.

Pasqual Mas y Francisco Javier Vellón manifestaron su interés por editar todo lo relacionado con la poesía y Academias literarias; la profesora Evangelina Rodríguez lo relativo a las piezas teatrales (auto sacramental y baile entremesado); finalmente, quedó la parte lúdica-adivinatoria, un libro completo de suertes, que sugerí editarlo sin perder la foliación de la época para poder utilizarlo en la actualidad como lo hicieron los nobles cortesanos de antaño mediante preguntas y respuestas de oráculos y sibilas.

Finalmente se decidió unificar los criterios de transcripción y anotación para todos los textos, similares a los que habíamos utilizado para las Actas de la Academia de los Nocturnos, en un intendo de seguir con la mayor fidelidad posible el original. El resultado de todo este esfuerzo es el que el lector tiene entre sus manos. Et vale.

José Luis Canet

Criterios de transcripción

Criterios gráficos y ortográficos

1. Reproducción de las grafías originales de los textos, cuando no supongan ninguna dificultad para su comprensión, exceptuando la u y la v, y la i y la j, que se transcriben según su valor vocálico o consonántico.

2. Modernización de la puntuación, acentuación y uso de mayúsculas según el uso actual.

3. Desarrollo de las abreviaturas, enmarcando entre corchetes lo añadido, a excepción de la q desarrollada de modo sistemático.

4. Las grafías o partículas añadidas, para facilitar la comprensión del texto, irán enmarcadas en corchetes.

5. Separación de palabras (excepto las contracciones deste/a/o, della/o, etc.).

6. Las tachaduras o enmiendas se señalarán en nota, transcribiéndolas si son legibles.

Aparato crítico

1. Se proporcionará el significado de las palabras que puedan determinar un significado o un contexto semántico concreto, evitando las notas léxicas más obvias, al esperarse que el lector del trabajo sea un especialista y no un público popular.

2. Se anotarán los datos, expresiones, referencias históricas, bíblicas, poéticas o de cultura del contexto que abunden en la comprensión nítida de los textos.

EL MARQUÉS DE VILLATORCAS

APUNTES BIOGRÁFICOS

Amparo Felipo Orts

(Universitat de València)

EL MARQUÉS DE VILLATORCAS

APUNTES BIOGRÁFICOS

Hijo de don Basilio de Castellví y Pons y de doña Laura de Alagón, don José de Castellví y Alagón nació en Valencia en diciembre de 1653. En 1672 contrajo matrimonio con doña Guiomar Coloma Pérez Calvillo, hija de don Juan Andrés Coloma Pérez Calvillo, conde de Elda, y de doña Isabel Francisca Pujades y Borja, condesa de Elda y Anna, en una ceremonia oficiada por poderes en la iglesia parroquial de Santa Ana de Elda, en la que actuó como procurador don Antonio Coloma Pujades y Borja, conde de Anna. Suponía ésta el entronque del linaje Castellví con las destacadas casas nobiliarias de Elda y Anna, que participaban de unas comunes inquietudes culturales. Por lo demás, la trayectoria vital de don José de Castellví y Alagón se caracterizó por una importante labor desarrollada en la doble dimensión política y cultural, que no le impidió reunir un valioso patrimonio, resultado de las herencias recibidas y de las adquisiciones personales1.

LA ACTIVIDAD POLÍTICA

Ciertamente, siguiendo una larga tradición familiar de servicios a la Monarquía, que se remonta cuanto menos al siglo XVI, don José de Castellví desarrolló una intensa actividad política. Menino de Carlos II y castellano del castillo de Orihuela, accedió al oficio de portantveus de general governador de la Ciudad y Reino de Valencia a la muerte de su padre en 1672, de cuya sucesión le había hecho merced el monarca. En 1691 promocionó al virreinato de Mallorca, cargo que le fue prorrogado en 1694 y que desempeñó hasta marzo de 1698.2 Mientras tanto, en documento expedido el 25 de diciembre de 1690 había obtenido el título de marqués de Villatorcas, en compensación a los servicios familiares y personales prestados a la Corona3. Por otra parte, aunque su condición de virrey de Mallorca le impidió desempeñar el puesto, el marqués, que ya había accedido al Consejo de Aragón como consejero supernumerario en 16884, obtuvo el 29 de abril de 1694 el privilegio de ocupar una plaza de consejero de capa y espada, vacante por muerte del marqués de Castelnovo.5 Concluido el segundo virreinato, se incorporó de nuevo al Consejo de Aragón, puesto que continuaba ocupando cuando comenzó la Guerra de Sucesión.

No obstante, como ocurriría con el resto de la sociedad valenciana, el marqués de Villatorcas no pudo verse libre de las implicaciones del conflicto. En su condición de miembro del Consejo de Aragón, como ha estudiado J. Arrieta, su adscripción a uno u otro bando puede intuirse a raíz de los decretos de 17 y 21 de junio de 1706 por los que el rey disponía el traslado de sus ministros y consejeros a Guadalajara y Burgos respectivamente, ordenando la suspensión de sus cargos de quienes no cumplieran esta orden. En su opinión, esta medida permite determinar los pocos personajes que en ese momento se definieron como leales a Felipe V. Entre ellos no figuraba el marqués de Villatorcas quien, por el contrario, sería uno de los que, por el hecho de haber permanecido en el Consejo de Aragón austriacista, sería calificado como «intruso» desde la óptica borbónica y, como tal, reemplazado de su condición de consejero de capa y espada por Valencia por el marqués del Bosque en octubre de 1706. Aunque a consecuencia de ello fue suspendido de su cargo, posteriormente un decreto de Felipe V de 3 de marzo de 1707 le declaraba —junto con una larga lista de personajes— «libre del crimen de infidelidad». En todo caso, lo cierto es que aunque, según este autor, los miembros del Consejo de Aragón calificado de «intruso» terminaron reintegrándose en la órbita borbónica, don José de Castellví ya no figuraría en el Consejo renovado «con savia felipista»6 del que hasta su supresión sí continuaría formando parte el marqués del Bosque. Desde este momento perdemos el rastro de cualquier otra actividad política que hubiera podido desarrollar.

PATRIMONIO MATERIAL Y SENSIBILIDAD ARTÍSTICA

Simultáneamente, don José de Castellví reunió un destacable patrimonio, fruto de herencias y de compras personales, en el que las propiedades rústicas y urbanas se complementaron con un lujoso mobiliario, objetos decorativos de estimable valor, ricos tapices y una valiosa colección pictórica.

Por parte paterna, percibió los bienes transmitidos por sus abuelos, don Juan de Castellví y doña Luisa Pons, y por su padre, don Basilio. Se trata de un vasto agregado de propiedades urbanas, que él mismo había incrementado con la compra en 1691 de una casa en la Plaza de Santo Domingo y tres casas y un «cuarto» en la calle de la Xerea en 1695. Constituía la principal la llamada Casa Grande —actual Palacio de Cervelló—, sita en la Plaza de Predicadores, lindante con el horno denominado de Santo Domingo y con la calle de la Xerea, situada frente al convento de Santo Domingo. Se añadía a ésta otra casa situada junto a ella que lindaba por la parte anterior con la Iglesia del Convento de Santo Domingo y por la posterior con el huerto de la casa anteriormente referida; otra casa sita en la calle de Xerea, limítrofe con la calle de la Noria, con una casa de esta herencia, con otra casa recayente en la herencia de don Luis March y con la calle de la Noria. Otra casa en la misma calle, y adyacente al huerto de la Casa Grande; otra casa baja y escalerilla contigua en la calle de la Xerea; otra casa en la misma calle, fronteriza por su parte delantera con el horno de la Parreta; otra casa en dicha calle, lindante con otra de la propia herencia, con una propiedad del convento de Santo Domingo, con el horno de la Parreta y con un callejón; y por último otra casa en la misma calle, contigua por su parte trasera, a la Casa Grande. Es decir, el conjunto de edificios reunía en aquellos momentos prácticamente toda la manzana.

Se añadían a ellos el goce del dominio, propiedad y usufructos de los bienes, casas, censales, rentas, derechos y acciones recayentes y que pudieran recaer en las herencias, vínculos y mayorazgos de Marco Antonio Pons; los bienes, derechos y acciones recayentes en el vínculo instituido por doña Leonor Martí, viuda y heredera del vicecanciller don José Pons, conformados por diferentes heredades, censos, el peso de la ciudad de Xàtiva y el lugar de Villatorcas.7

Elementos ornamentales y colección pictórica

Atesoró también el marqués de Villatorcas un fabuloso acopio de piezas decorativas y obras de arte de gran valor. De ello nos informa el legado que recibió de su madre, doña Laura de Alagón, que, inventariado en septiembre de 1694, comprendía un amplio conjunto de muebles, entre los que destacan escritorios de madera de ébano decorados con marfil, veladores, bufetes, tocadores, vitrinas —entre las que sobresale una ricamente decorada con una imagen de plata de la Inmaculada Concepción—, camas, baúles… Se incluían también ocho cuadros en los que —junto al retrato del rey— dominaba la temática religiosa, con preeminencia de imágenes de vírgenes bajo diferentes advocaciones —Nuestra Señora del Sagrario, del Traspaso y de la Contemplación— representaciones de Cristo —Nacimiento, Adoración de los Reyes, Descendimiento— y de san Pedro de Alcántara. Constituían un apartado importante y de considerable riqueza las piezas de plata y muy especialmente las valiosísimas joyas engarzadas con piedras preciosas, especialmente esmeraldas, diamantes y rubíes, entre las que sobresalen un fastuoso pectoral, relicarios, cajas de oro con piedras incrustadas y riquísimos rosarios, aunque también se incluyan gargantillas, pendientes o sortijas.8

Sabemos también que en 1702 disponía de una magnífica colección de ricos objetos de que hizo donación a su hijo don Juan Basilio de Castellví con motivo de sus capitulaciones matrimoniales con doña Laura María de Cervelló.9 Se trata de un lujoso mobiliario y su aderezo que incluía: «dos camas, la una de palo santo y la otra de alavern, quatro colgaduras de cama, una de damasco verde, otra de gasa blanca bordada, otra de la China y otra de tafetán carmesí y amarillo. Catorce almuadas de estrado de damaso verde y seis cortinas de lo propio, doce almuadas de estrado de damasco verde bordadas de plata, catorce almuadas de estrado de terciopelo y damasco carmesí, doze almuadas de tercipelo y damasco carmesí, tres alfombras, una grande y dos medianas, catorze espejos con guarniciones doradas y dos guarniciones de cristal, seis escritorios grandes de evano y vidrios pintados, dos escritorios de palo santo y piedras embutidas para estrado, dos niños de Nápoles con sus urnas de cristales, dos escaparates de coral, una lámina de bronze y coral, seis bufetes embutidos de pasta… Seis reposteros y un dosel bordados de matizes sobre raso verde, dos alfombras grandes y tres pequeñas de Cicilia afelpadas… seis sillas de damasco verde. Seis docenas de sillas de nogal y baqueta nuevas con clavazón dorado. Ocho bufetes de nogal».

Le donaba también suntuosos objetos de plata: «diez y ocho trincheros, tres platos reales, tres flamenquillas, dos fuentes, un jarro, un taller grande y otro pequeño con todas sus piezas, una frutera, dos velones pequeños, tres pares de candelabros, dos docenas de cucharas, veinte y dos tenedores, diez y siete cuchillos con cabos de plata, dos pavos de plata, una pileta para agua bendita, unas tixeras y espabiladeras, seis vasos de camino, una salva». Más valor cabe atribuir al conjunto integrado por «una tapicería de Flandes historiada, que consta de ocho paños» y «Barios tapizes antiguos bien tratados para colgar, tres o quatro piezas», además de dos esculturas: «Un Santo Cristo de marfil. Otro Santo Cristo de lo mismo sobre el sepulcro». Con todo, especial relevancia adquiere la impresionante colección de cuadros que recibía don Juan Basilio. Se trata de los siguientes:

Nueve quadros grandes de batallas de mar y tierra de Carlos y Cornelia la Valle con guarniciones doradas.

Un quadro de los enemigos del Alma de Tempesta.

Un quadro del Arca de Noé del Boni.

Tres quadros del españoleto, uno de San Francisco Xavier, otro del Nacimiento y otro de la Piedad humana.

Dos quadros, uno de San Pedro y otro de la Magdalena de españoleto.

Un quadro de San Antón y San Pablo del cavallero Mathías.

Un quadro de San Pablo de Jacintho Brandi.

Un quadro de Santiago de la Valle.

Un quadro del cavallero Máximo de Lucrecia.

Un quadro pequeño de Nuestra Señora, Jesús y san Juan.

Un quadro de San Anastasio y otro de Nuestra Señora del Cartujo.

Seis quadros grandes de varias historias de la Escritura de Estevan March y otro del mismo prolongado.

Veinte payses de tierras y marina de buenas manos de Italia.

Un apostholado de Estevan March.

Cinco quadros de árboles y frutos al natural de excelentes manos de Italia. Quatro quadros de cozina de muy buena mano de Italia. Todos los dichos tienen guarniciones doradas.

Ay también hasta doze o quinze quadros grandes y pequeños de varias manos. Quatro láminas, una de Nuestra Señora, otra de Christo, otra de la Magadalena y otra de la Adoración de los Reyes, estas son para sobre los bufetes.

Una lámina de Nuestra Señora del Populo para el doselito de la cama, otras tres para lo mismo con guarniciones de bronze y piedras.10

Así pues, junto al lujoso mobiliario, los objetos de plata y los espejos, merecen especial mención la colección de tapices de Flandes y los cuadros de afamados pintores como Tempesta, José de Ribera o Esteban March, entre otros.

Pero las obras de arte donadas a su primogénito no eran las únicas que poseía. Así lo demuestra el inventario de sus pertenencias que a su muerte en Madrid en 1722 todavía custodiaba la casa familiar de la plaza de Predicadores de Valencia. Limitado al mobiliario, los cuadros y otros elementos decorativos, así como a la biblioteca, no incorporaba, sin embargo, otros bienes usualmente presentes en este tipo de documentos como el ajuar doméstico, vajilla y menaje de cocina, plata... Pese a ello, el habitual procedimiento de realizar el inventario particularizando el contenido de cada una de las habitaciones nos permite conocer con detalle la distribución de la casa, con los muebles, cuadros y otros ornamentos propios de cada una de las estancias, lo que nos acerca a los gustos y preferencias del personaje que las habitaba.11

Comenzaba la descripción por la denominada «sala obscura», pieza que, además de tres goteras talladas, decoraban lienzos representativos de la Purísima Concepción, san Antonio de Padua, santo Tomás de Villanueva, cuatro cuadros de paisajes, cinco lienzos con representaciones alusivas al Génesis y dos lienzos de temática histórica ricamente guarnecidos. Conformaban los bienes de la «galería del jardín» un total de ocho espejos de diferente forma y tamaño, profusamente guarnecidos y «pendientes todos de unos cordones de seda verde con sus borlas», goteras, un bufete de nogal y un lienzo de Historia Sagrada sobre la cama. Dos cuadros de paisajes marinos y otro de corderillos, constituían el ornamento de uno de los «gavinetillos» que conducía a dicha galería, mientras una lámina de la Virgen con orla de flores adornaba el «gavinetillo» situado a la izquierda de ésta, si bien en este caso la alcoba se encontraba vacía. La antesala de la casa acomodaba un sillón de vaqueta y dos bufetes. Componían el mobiliario de la siguiente sala siete sillas, cinco goteras de talla azul sobre las tres puertas y dos ventanas, decorando las paredes lienzos representativos de san Pedro, de la Magdalena, de la Virgen, de Santiago, de san Pablo, de san Antonio, de los santos Juanes y tres paisajes, además de cuatro espejos con ornamento de talla dorada. Otra habitación albergaba siete sillas de vaqueta, un escritorio de nogal, una lámina del Ecce Homo, un lienzo de Lucrecia, un «apostolado» y tres pinturas de pequeño tamaño sobre tabla.

La sala que daba paso a la capilla se decoraba con un lienzo del Salvador atado a la columna y otro alusivo a Nuestra Señora de la Asunción. Presidía el oratorio un retablo de madera sin dorar con frontal de hierro en el que estaban representadas las armas de la Casa, mientras la denominada sala de «los arcos» disponía de 16 sillas, dos bufetes, cuatro goteras «con collage» situadas sobre las puertas y ventanas y lienzos alusivos a san Francisco de Paula, san Francisco Javier, los tres enemigos del alma, la Piedad romana, el arca de Noé, y tres representaciones de países sobre la cama, además de dos espejos ricamente decorados. La llamada pieza de los «Atajados», reunía dieciocho sillas, diez ricas goteras de talla sobre puertas y ventanas, —«el campo de color concha y el follage corlado»— seis mesas de diferentes tamaños con pies negros labrados y profusamente decorados con flores y follajes; seis escritorios, dos de ellos más grandes adornados con escenas de Historia Sagrada pintadas sobre vidrio; dos medianos y dos pequeños pintados del mismo modo con motivos paisajísticos; seis cuadros con representaciones de países, dos con escenas de batallas y un lienzo de San Francisco de Paula. La segunda estancia se ornamentaba con cinco bodegones y un lienzo de San Francisco de Asís; la tercera con tres lienzos representativos de batallas; la cuarta con tres cuadros de temas marinos y los retratos de don José de Castellví y de doña Giomar Coloma. En la habitación denominada de «las criadas» se ubicaba un bufete de nogal. En el entresuelo se distribuían tres habitaciones. Decoraban la primera dos bufetes y lienzos representativos de la Adoración de los Santos Reyes y de una borrasca; la segunda, once sillas de vaqueta, dos bufetes de nogal y ocho lienzos alusivos a la Creación del mundo; y la tercera una mesa, un bufete, seis pinturas sobre tabla de la Pasión de Cristo, un lienzo de San Vicente Ferrer y cuatro retratos de cuerpo entero de miembros de la Casa. El resto de las habitaciones, al parecer, permanecían vacías, anotándose en el inventario que «en las demás piezas no se halló nada».

De esta relación merece destacarse el rico mobiliario y las goteras que ornamentaban puertas y ventanas, así como un particular gusto por los espejos, cuya suma asciende a 14. Con todo, creemos necesario llamar la atención, de nuevo, sobre los cuadros y lienzos que decoraban las paredes de las distintas habitaciones, que conformaban una colección de un total de 89 composiciones de diferente temática. Compartían espacio las obras de carácter religioso, que, con un total de 45 cuadros constituían prácticamente la mitad, con otras con motivos paisajísticos (23), de contenido histórico (7), retratos familiares (6) y bodegones y otros temas (8). Al respecto, su conocida afición por la pintura se manifiesta en la adquisición de una rica colección de cuadros, en gran parte importados de Italia, que Y. Gil ha calificado de excepcional, escogida y propia de una minoría culta del siglo XVII, que persigue la ostentación de los autores pero también la de los temas.12

En definitiva, resulta evidente que la suma de herencias paternas y maternas y las adquisiciones propias habían permitido al marqués de Villatorcas atesorar un rico patrimonio material y cultural. Pero a él todavía cabe añadir otro no menos valioso, el intelectual.

LAS INQUIETUDES INTELECTUALES

La personalidad de don José de Castellví y Alagón se acrecienta si a las facetas reseñadas añadimos sus inquietudes intelectuales. En este sentido, el extraordinario dinamismo adquirido por la vida cultural valenciana a finales del siglo XVII, la participación en el proceso de renovación científica e intelectual, las inquietudes de la élite y el patrocinio de las letras y las ciencias por destacados miembros de la nobleza han merecido la atención de investigadores de diferentes campos, cuyos trabajos complementarios permiten que en la actualidad haya quedado suficientemente perfilado el marco general13. También el protagonismo del marqués de Villatorcas como impulsor de esta realidad resulta incuestionable y de ello constituye una excelente prueba su caracterización por Antonio Mestre como «uno de los símbolos del movimiento» y la de su biblioteca «en torno a la cual se reunían científicos y hombres de letras» como «uno de los referentes de la actividad del grupo».14

La biblioteca

De su dimensión como bibliófilo y poseedor de una fabulosa biblioteca15 —que debió de ser la más importante de la Valencia de su tiempo— y de la excepcionalidad de su contenido constituye una evidencia que, según ellos mismos refieren, fuera ampliamente consultada por José Rodríguez y Vicente Ximeno para la elaboración de sus respectivas obras.16 De hecho, tan buen conocedor de la misma como Rodríguez la describió como una «copiosa y selecta librería que, a expensas de su inteligencia y afición, ha formado de más de siete mil cuerpos de libros en variedad de idiomas y los más escogidos de todas facultades, entre los quales se cuenta copioso número de manuscritos y de extraordinarios códices, que los unos por su antigüedad y por su novedad los otros, juntamente con la capacidad y claridad del sitio, artificio de los estantes, adorno de sus remates, uniformidad de sus senos, custodia de los libros, correspondencia de sus divisiones y hermosura de globos, mapas y esferas la constituyen estancia utilísima, majestuosa y muy digna de recomendación»17, versión que compartía y corroboraba Ximeno.18

La documentación de que disponemos no nos permite precisar la génesis de la biblioteca. No obstante, las aficiones literarias del padre del marqués, don Basilio de Castellví y Pons —cuyo nombramiento como regente de la lugartenencia y capitanía general en 1658 festejó con la promoción de dos fiestas académicas cuyo contenido publicó bajo los títulos de Sol de Academias o Academia de Soles en los lucidos ingenios de Valencia que la celebraron y en la hermosura y nobleza que la asistieron (1658) y Repetida Carrera del Sol de Academias o Academias de Soles (1659)— permite pensar que entre sus pertenencias se encontraran libros pero carecemos de inventario de sus bienes, tan útil en estos casos. Sí sabemos que los poseía su madre, doña Laura de Alagón y Cardona, dama de honor de la reina, quien a su muerte en 1694 legó al marqués una pequeña colección de 15 libros de temática esencialmente religiosa.19 Resulta lógico que estos pasaran a engrosar una biblioteca propia, que ya debía ser importante a juzgar por la valiosa información que en su correspondencia cruzada Rodríguez aseguraba haber obtenido de «libros que Vs. me favoreció antes del virreinato de Mallorca».20 Y don José aún la amplió más cuando en 1692 compró en Pollensa a Juana Aixartell y sus hijos la biblioteca que habían heredado de Gabriel Martorell y Aixartell, doctor en Teología y vicario general. Aunque ignoramos su volumen, se sabe que pagó «600 piezas de 8» y que actuó como mediador de la compraventa Joaquim Fiol y Sastre, catedrático de la Universidad de Mallorca, consejero del Gran y General Consell, asesor de baile y consultor y juez de bienes confiscados del Santo Oficio.21

Todavía, de su etapa como virrey de Mallorca conservamos un documento inestimable que nos ilustra sobre su bibliofilia. Se trata de la licencia papal para leer libros prohibidos, otorgada en agosto de 1696:

Fray Bernardo Joseph de Jesús María, predicador de su Magestad, calificador del Santo Officio, examinador synodal del arzobispado de Valencia y comissario general de Tierra Santa en la corte de Roma, de la regular observancia de nuestro padre san Francisco… En virtud de las presentes, hago fee y verdadero testimonio, etiam cum iuramento, como el día seys de agosto del presente año mil seyscientos noventa y seis a las quatro de la tarde, en la audiencia que me dio la santidad de nuestro beatíssimo padre Innocencio duodécimo, a petición mía concedió al illustríssimo marqués de Villatorcas, al presente virrey y capitán general del Reyno de Mallorca, licencia y facultad para leer qualesquiera libros prohibidos generalmente, sin reservación alguna ni limitación de tiempo…22

Concluido el virreinato en marzo de 1698, se incorporó al Consejo de Aragón y fijó su residencia en Madrid, donde trasladó parte de sus libros. Así lo muestra la correspondencia que mantuvo con José Rodríguez entre 1700 y 1702, cuando se refería a determinadas obras que afirmaba «tengo en mi poder».23 Pero la mayor parte de la biblioteca quedó en Valencia.

El inventario de la misma realizado a su muerte en 1722 nos informa de la parte que quedó en la casa familiar de la Plaza de Predicadores. Conformada por 3.152 volúmenes correspondientes a 2.675 títulos, se considera la más amplia y completa de la Valencia del momento y su valor se agiganta si tenemos en cuenta que era todavía más extensa cuando fue confiscada por el gobierno borbónico en diciembre de 1710 por creerla propiedad de su hijo austriacista don Juan Basilio de Castellví. A este respecto, la Biblioteca Nacional nos brinda una información excepcional bajo el título de «Relación de los libros que de orden del Sr. Don Joseph Pedrajas, cavallero de la orden de Santiago, del Consejo de S. M. superintendente general de las rentas y los bienes de confiscación de esta ciudad y reyno de Valencia, se han inventariado y existen en la biblioteca de la casa en que habita el Excmo. Señor Don Francisco Caetano, embargada de don Juan de Castellví».24 En ella se hacen constar un total de 3.785 volúmenes correspondientes a 2.885 títulos, lo que supone una disminución de 633 volúmenes.25 En cualquier caso una excelente biblioteca si la comparamos con las de otros miembros de la nobleza valenciana para las que disponemos de estudios. Así, la biblioteca del conde de Villafranqueza contenía 167 volúmenes en 167026 y la del conde de Alcudia la integraban 923 tomos en 1689.27 Mayor entidad adquiere la de don Gerardo de Cervelló, I conde de Cervelló, que inventariada en 1673 constaba de 1.994 volúmenes28 y sólo a principios del siglo XVIII la del primer marqués de Dos Aguas reunió 2.723 volúmenes.29

Profundizando en su temática hemos podido establecer cinco grandes campos en función de los criterios que brindaba la propia biblioteca. Religión y Teología con 1.151 volúmenes constituye el bloque más amplio, con una materia muy diversa que incluye Teología, Biblia, Sagrada Escritura y Santos Padres, Espiritualidad y Devoción, Doctrina y Controversia, Hagiografías, Moral, Sermones…, del que merecen destacarse la presencia de autores representativos de vías muy distintas, incluido Lutero, además de otros autores prohibidos para cuya lectura el marqués había obtenido licencia papal en 1696. Y también relevante es el grupo de hagiografías entre las que adquieren particular significación las biografías de monjas, beatas y santas, sin duda base de la obra que les dedicara Villatorcas. Le sigue en importancia numérica el conjunto formado por Filosofía, Ciencias y Artes Aplicadas con 574 volúmenes. El apartado de Filosofía incluye obras fundamentales de los filósofos más destacados y los registros clásicos conviven con los autores del Renacimiento hasta llegar a la Filosofía Moderna, con Descartes como representante más destacado. Ciencias engloba obras de Medicina, Aritmética y Matemáticas, Geometría, Astrología, Astronomía y Cosmografía, Geografía, Historia Natural, Agricultura, Física, Química y Farmacia principalmente, materias en las que también los autores clásicos y fundamentales comparten anaqueles con los representantes de la Ciencia Moderna. La biblioteca cuenta también con una cuidada selección de autores y obras relacionadas con el arte y disciplina militar, tratados de artillería, fortificación y arquitectura militar. Junto a ellas encontramos obras vinculadas al arte de navegación, tratados de caballería, muy particularmente escritas en lengua italiana. Y tampoco faltan las relativas a manifestaciones artísticas, como la música, arquitectura o escultura.

Literatura y Gramática, con 489 volúmenes constituye un conjunto en el que tienen cabida casi todos los géneros si bien es la poesía el dominante, con representación de poesía española, italiana, latina, portuguesa o francesa. En el grupo de gramática y diccionarios resulta reseñable la presencia de una rica colección de diccionarios en variedad de lenguas (trilingüe, latín, árabe, grecolatino, italiano o francés); también abundantes son los de materias y los de términos: botánicos, eclesiásticos, geográficos, históricos, jurídicos, médicos o de nombres propios. Entre las gramáticas, junto a las latinas —más habituales en las bibliotecas— y castellanas, figuran francesas, italianas, árabes, hebreas y catalana. Y completan el bloque los clásicos grecolatinos, con presencia de los autores esenciales además de sus comentaristas.

Un cuarto bloque comprendería las obras de Historia, con 484 volúmenes entre los que distinguimos Historia civil, Historia eclesiástica y Biografías. De ellas, es la civil la de mayor peso específico en un conjunto con especial protagonismo de las civilizaciones antiguas, especialmente Roma, y en la que la historia universal se impone sobre la nacional. En cuanto a la producción biográfica, más interesado por las vidas de personajes ilustres, apenas encuentran lugar las vidas de monarcas o emperadores. Política y Derecho con 359 volúmenes conforman otro bloque que reúne obras de pensamiento político, Derecho Civil, Derecho Canónico y recopilaciones de Leyes, con un absoluto predominio de obras de moral política destinadas a la educación de príncipes y gobernantes. Completan el conjunto 95 volúmenes correspondientes a obras no especificadas y no identificadas.

No cabe duda, pues, de que la de Villatorcas era una magnífica biblioteca, que aunaba exuberancia de volúmenes, diversidad temática, amplitud cronológica y excelencia de contenidos. Tiene, evidentemente, una importante dimensión física y un valor intelectual estimable. Pero quizás su mayor riqueza la encierre el esmero que su propietario había puesto en la reunión de sus volúmenes, lo que la convierte en una muestra de la íntima relación que en este caso se estableció entre libro y lector; realidad que constata el uso de parte de su contenido en la elaboración de las obras que compuso. No se trata solo de la biblioteca de un mecenas poseedor de una buena colección de libros a disposición de estudiosos y eruditos, aunque también. De sus contenidos, dos conjuntos con personalidad propia traslucen su doble uso: Ciencias y Artes aplicadas e Historia, Literatura y Gramática. Si el primero parece vincularse a la promoción de academias científicas, el segundo muestra mayor relación con los intereses personales de su propietario. Al respecto, las investigaciones de Mestre desvelan la formación y actitud intelectual de Villatorcas así como su excelente conocimiento del contenido de su biblioteca. Es más, autor de unos «apuntamientos», de su análisis concluye Mestre que «el aristócrata conocía bien la bibliografía extranjera impresa en pleno siglo XVII y en los lugares más dispersos»; que muestra haber leído a los autores que cita y «saber matizar la amplitud de noticias», atribuyéndole un elevado dominio de las fuentes.30 Por tanto, para este destacado miembro de la nobleza valenciana la posesión de la biblioteca rebasó ampliamente el mero carácter suntuario.



Mecenazgo cultural y legado escrito

Indudablemente, Villatorcas sintió una especial afición por las letras, que tuvo una de sus manifestaciones en su activa participación en las tertulias y academias literarias y científicas que proliferaron en la ciudad de Valencia a finales del siglo XVII. Respecto a su importancia, ya señaló Sebastián García que el aspecto más interesante de la cultura valenciana del último tercio del Seiscientos no era la ciencia tradicional y caduca enquistada en la Universidad, sino la aparición de un importante movimiento renovador que, conformado por los novatores, hubo de desarrollarse en núcleos no oficiales, tales como academias, tertulias o bibliotecas surgidas bajo el mecenazgo de un noble y que uno de estos centros de renovación surgiría precisamente en casa de don José de Castellví.31

En su caso, su atracción por las Academias literarias, lejos de limitarse a la recopilación de los asuntos abordados en la Academia de París, se tradujo en una activa participación en la Academia del Alcázar que, perteneciente al tipo de las academias azarzueladas, se reunía periódicamente en el Palacio Real. De hecho, fue uno de sus presidentes y bajo su patrocinio se desplegó una extensa labor creativa que culminó con la publicación en 1681 de un volumen de poesías en honor de Calderón de la Barca, fallecido ese mismo año. En estas circunstancias, no puede sorprender que don José de Castellví acabara reuniendo una de estas tertulias en su propia casa. Sería concretamente en 1690, pocos días antes de ausentarse de Valencia el virrey conde de Altamira, cuando se celebró el primer ejercicio de esta Academia que, bajo el nombre de Academia de Desamparados San Francisco Javier —aunque también conocida como Academia del marqués de Villatorcas—, surgió, según estipulaban las constituciones presentadas en la primera sesión por José Ortí y Moles, como una institución dedicada al cultivo de la política, matemáticas, poesía, música, danza y representación.32 De ella formaron parte, entre otros, el propio marqués de Villatorcas, el conde de Alcudia, así como destacados novatores como Tomás Vicente Tosca, Juan Bautista Corachán o Baltasar Íñigo. No obstante, señala Mas i Usó que los académicos que empezaron reuniéndose en casa del marqués de Villatorcas acabaron celebrando sus sesiones en la del conde de Alcudia. El factor determinante del cambio de sede de esta Academia hubo de ser el nombramiento de don José de Castellví como virrey de Mallorca, cargo que desempeñó durante más de dos trienios. Ahora bien, su ausencia de Valencia, que ya sería definitiva, no cercenó su contacto con los intelectuales valencianos ni impidió que durante los años siguientes continuara desarrollando una activa labor intelectual.

Esta es, sin duda, su faceta cultural más conocida. Pero a ella cabe añadir un mecenazgo del que se conoce su dimensión como editor de libros. En 1681 patrocinó la publicación de la obra titulada Fúnebres elogios a la memoria de don Pedro Calderón de la Barca. Escritos por algunos aficionados suyos del Alcázar.33 También a su mecenazgo se debe la edición del sacramental de Vicente Díaz de Serralde titulado Auto sacramental, historial, y alegórico, intitulado El salvador en su imagen: derivado de la sagrada historia, y prodigiosa venida del Santo Christo de S. Salvador a la Ciudad de Valencia / Compuesto por Vicente Diaz de Sarralde...; Dirigido a los sagrados pies de tan prodigiosa imagen por manos del... Señor Don Joseph de Castelví, y Alagón, Marqués de Villatorcas (Valencia 1701).34 En esta misma línea A. Mestre ha estudiado su cercana colaboración con José Rodríguez, autor de Biblioteca Valentina, para cuya confección le proporcionó libros e información.35

Una actividad que, sin duda, evidencia la doble consideración de amante de las letras y aficionado a intervenir en las Academias literarias de su tiempo que mereciera a Ximeno36 y que corroboran los numerosos manuscritos de variada temática que dejó compuestos. Se incluían en ellos traducciones de obras en francés al castellano,37 catálogos de asuntos diversos,38 tratados,39 discursos,40 índices41 e incluso poesías.42 Así pues, hombre de fuertes inquietudes culturales, don José de Castellví se nos muestra también como un autor polifacético. De ello, la documentación nos ha legado muestras incompletas pero significativas para exhibir sus variadas manifestaciones literarias. Las poesías dedicadas a Carlos II y a Calderón de la Barca, las aportaciones a la obra de Rodríguez, su manuscrito sobre las santas imágenes del Reino de Valencia y el vejamen compuesto para una Academia, son suficientes para descubrirnos a un Villatorcas capaz de armonizar la seriedad de unos versos fúnebres, el profundo conocimiento de las fuentes documentales, la investigación de archivo y el tono jocoso de un vejamen literario.

La aportación a la Biblioteca de Escritores de Rodríguez

En el caso de la Biblioteca de Escritores Valencianos de José Rodríguez el mecenazgo de Villatorcas, más allá de la búsqueda de ayuda económica —más usual— se tradujo en una estrecha colaboración personal en el rastreo de información sobre autores y obras, como pusiera de relieve A. Mestre.43 La documentación custodiada en el Archivo del Patriarca de Valencia nos permite, hasta donde llegan los documentos, acercarnos a la actuación del marqués en este ámbito. En principio, no cabe duda de que Villatorcas interpuso su mediación para conseguir una subvención que permitiera su costosa publicación. Pero más importante resulta la información sobre autores y noticias que facilitaran la elaboración de la obra de Rodríguez. A este respecto, Castellví reunió, por una parte, datos sobre algunos escritores y sus obras, agrupando por separado a aquellos que alcanzaron la dignidad de cardenales, arzobispos y obispos. A estas anotaciones, sumó un amplio listado de autores, acompañado de la referencia de volumen y folio en el que podían encontrarse noticias sobre cada uno de ellos. Incluyó también simples listados de nombres y apellidos dispuestos por orden alfabético con la intención de completar la información con posterioridad. Ahora bien, la información que proporcionó a Rodríguez no se limitó a los listados. A través de la correspondencia cruzada que mantuvieron entre 1700 y 1702, Castellví le aportó datos personales sobre algunos escritores, caso de Luis de les Daunes o Gaspar Molés, entre otros.

Pero la implicación de Villatorcas en la obra todavía tendría otra dimensión más: la revisión final, que las propias palabras de Rodríguez dejan fuera de toda duda. Concluida la primera parte del proyecto le hizo llegar una muestra: «Ya parece que está nuestra biblioteca concluida pues que ya la tenemos començada. Van con ésta los tres pliegos primeros, assí porque VS se alegre de ver fruto de sementera, que toda se debe a su dirección, como porque leyéndolos juntamente con el señor don Juan de la Torre y otros señores puedan advertirme lo que deviera enmendarse en la materia, en la forma, en los elogios, en las relaciones, en lo categórico, en lo ortográfico, para que así continúe en lo que siguiere y sean los defetos tan menos como sea possible…».44 Es más, tras la lectura de sus páginas, Villatorcas no duda en plantearle la necesidad de hacer rectificaciones de expresión y de estilo: «…y ahora la daré a todo lo que me pareciere digno de reparo. Y será lo primero el error que cometemos todos los valencianos, siguiendo el bárbaro estilo de los notarios, y así dice vuestra reverendísima en el folio 29 línea 20 y dejando por otro de sus albazeas. Y parece ser que para decir otro se avía de decir antes uno para ablar con conseqüencia y con más elegancia y también es más propio de la lengua castellana el dezir testamentarios y no albazeas».45

Quizás más interesante todavía resulta constatar el esfuerzo de búsqueda y erudición que desarrolló Villatorcas. Realizada una primera relación de autores, con posterioridad acometería la ampliación con cuantas referencias encontrara sobre ellos, tarea que prosiguió hasta enero de 1701. Sin perder de vista su intención, que como tal se limita a lo que él mismo califica de «apuntamientos» y, por consiguiente, no puede considerarse como una obra, su análisis nos acerca a la dimensión de su labor intelectual en el campo de la heurística. Él mismo señaló a Rodríguez la necesidad de acudir a los documentos originales como medio de evitar errores, insistiéndole en que «siempre se apoye lo que se dice con muchos autores» y dejó constancia escrita de las fuentes de que se sirvió.46

Una simple aproximación a los lugares y fechas de edición de las fuentes de información de Castellví resulta suficiente para advertir que el marqués conocía y manejaba la producción extranjera más reciente no sólo en lengua latina sino también en francés e italiano. Es más, para la realización de sus apuntamientos traducirá amplios fragmentos de obras escritas en ambas lenguas, caso de El juicio de los sabios publicada en francés o de Ristretto delle vite de gli huomuni illustri… en italiano, entre otras. Ello confiere a su tarea un valor más estimable que la mera recopilación de datos, consideración que se acrecienta todavía más si tenemos en cuenta que no se limita a copiar sino que adopta una actitud crítica ante cuanto lee. Así lo muestran algunas de sus anotaciones marginales en las que cuestiona algunas de las afirmaciones vertidas por los escritores.

Respecto a los autores, del análisis de las anotaciones de Villatorcas se desprende que centró su atención en un conjunto no excesivamente amplio sobre el que recopiló la información que le proporcionaron todas las obras utilizadas. Parece evidente que por parte del marqués existía un criterio de selección y así queda patente en la relación. Villatorcas ciñó sus indagaciones al siglo XVI y a autores con gran significación— ya fuera humanista, teológica o médica —en el ámbito valenciano cuya inclusión justificó refiriendo que «el motivo de poner todos estos escritores a sido porque, aunque don Nicolás Antonio abla de casi todos, pero en algunos e encontrado más y menos circunstancias que me a parecido no se devían omitir».47

Resulta obvio que unas anotaciones destinadas a componer una Biblioteca de escritores tuviera como objetivo la recopilación de noticias sobre autores y obras. Pero en la mente del marqués de Villatorcas no fue el único. De las obras que consultó extrajo cuanta información le proporcionaron sobre otros espacios culturales que le resultaban cercanos: las bibliotecas y las universidades. Respecto a las primeras, tradujo del francés la parte del Tratado de las más excelentes bibliotecas públicas y particulares... de Challonnois relativa a las bibliotecas del Reino de Valencia y, al advertir que sólo se refería de manera específica a la que albergaba el Convento de Carmelitas, no pudo evitar incorporar al margen la siguiente nota: «Este autor pone mucho número de bibliothecas del Reyno de Aragón y Principado de Cataluña y en Valencia solo puso la del convento de su religión; y no dexaría de aver entonces y ay aora otras más numerosas de que acer mención y este autor pone también las de qualquiera particular».48 Tampoco dejó de anotar las referencias a la Universidad de Valencia y la de Gandía, de la mano de Jacobo Middendorpio y su Academiarum Hispaniae Catalogus, ni de traducir del italiano las que Luigi Torelli incluyó sobre la de Valencia en su Ristretto delle vite huomini Illustri…

Sin embargo, su búsqueda no debió concluir con estas páginas. Al pie del último folio el propio marqués anotaba: «parece falta otro quaderno que sigue a este y no se a encontrado ahora».49

El Catálogo de santas imágenes de Nuestra Señora

Bajo el título de Catálogo de todas las santas imágenes de Nuestra Señora que dichosamente se veneran en la ciudad, villas y lugares, en el reino de Valencia con una breve descripción del modo, sitio y lugares en donde se hallaron y tuvieron el origen las santíssimas imágenes con sus invocaciones,50 don José de Castellví, muy aficionado a los catálogos, dedicó uno de ellos a las imágenes veneradas en el reino que, por referencias internas del mismo, sabemos que estaba escribiendo durante el año 1689.51 No se trata, sin embargo, de un elenco completo y la impresión que se desprende de su lectura es la de ser una obra inacabada en la que se advierte el interés de recoger noticias de las imágenes marianas del reino independientemente de que su advocación fuera la misma. Elemento común a todas ellas es que no refiere apariciones de la Virgen sino el descubrimiento o el inicio de la devoción hacia las imágenes que relaciona. Parece que, conocedor de la postura crítica que comenzaban a adquirir los falsos cronicones, evita referir apariciones de la Virgen aunque las sustituya por hallazgos de imágenes, aspecto en el que a lo largo de la obra se constata su evidente interés por dejar claramente diferenciadas las noticias que puede documentar a partir de las fuentes y aquellas que son exclusivamente resultado de la tradición.

Para escribirla puso a contribución todas las fuentes de información a su alcance. A lo largo de la obra encontramos evidencias de que para la confección de su obra Villatorcas pudo contar con las noticias que le facilitaron personajes coetáneos, caso de José Rodríguez sobre la Virgen del Remedio que se veneraba en el convento de Nuestra Señora del Remedio de la orden de la Trinidad; o de José de San Sebastián sobre la Virgen del Niño Perdido de Caudiel. Tampoco faltan evidencias de que, al menos algunos pasajes, fueron leídos por una segunda persona después de escritos. Aunque concede validez a las informaciones orales de los coetáneos, se apoya principalmente en obras impresas, obras manuscritas y documentación de archivo.

Las obras impresas constituyen la principal fuente de información de Castellví para la elaboración de su relato sobre varias de las imágenes, caso de la Virgen del Puig. Pero tampoco dejó de recurrir a obras que no habían sido llevadas a la imprenta, caso de la Virgen de la Salud de Algemesí. Asimismo, su afán de recopilación le llevaría a consultar, más allá de la suya, bibliotecas privadas de las que poder extraer información como indica al reseñar la tradición sobre la devoción de la imagen de la Virgen del Pie de la Cruz. También recurrió a la investigación a partir de documentación de archivo para indagar los orígenes de la devoción a las imágenes y de ello constituyen una muestra las referencias aportadas sobre la Virgen de los Ángeles de San Mateo. Es más, siendo una imagen de propiedad particular, recoge la donación hecha a la Iglesia mediante la referencia al correspondiente documento notarial. Pero sus mejores resultados son los derivados del cruce de información de diferentes procedencias. Un buen ejemplo en este sentido lo constituye su relato sobre la Virgen de la Balma de Zorita en que se combinan las obras impresas, los documentos de archivo y el análisis del contenido de unos gozos antiguamente cantados. Tampoco renuncia a la crítica de las fuentes que hace servir, corrigiendo aquellos datos que contradicen las fuentes primarias e insiste en la prioridad que se debe conceder a los documentos originales.

Resultado de su indagación es una obra en la que la diferente profundización en cada una de las imágenes parece condicionada por la cantidad y calidad de las noticias que le proporcionan las fuentes y que también se muestra irregular en cuanto a la extensión e incluso al interés de un contenido, que armoniza iconografía, devoción, historia y arte.

Las iconografías objeto de atención se encuentran ubicadas en espacios públicos, como iglesias, ermitas, santuarios o conventos, pero también en espacios privados, ya sea la capilla del palacio de los condes de Cocentaina o un convento de clausura como el de la Trinidad de Valencia. Elemento común a anotar para todas las advocaciones será el origen de la veneración, los prodigios y milagros que la propiciaron y las características físicas y materiales de las imágenes. Como origen de devoción se mencionan a lo largo de la obra iniciativas populares vinculadas a la peste o a las malas cosechas. No obstante, resultan mucho más abundantes las referencias al origen particular de un fervor que posteriormente pudo extenderse. Destacados miembros de la nobleza como don Blasco de Aragón, doña Violante Mompalau, los marqueses de Benavites, don Alonso Coloma, el señor de Agres, los condes de Carlet, don Francisco Lançol —maestre del Orden de Montesa—, el duque de Segorbe o el arzobispo Ribera se sitúan entre sus promotores.

En el manuscrito encuentran también reflejo las diversas expresiones de la religiosidad barroca, desde la vida solitaria y ascética del eremita a las demostraciones festivas de mayor fastuosidad, pasando por las procesiones acompañadas de rogativas o la presentación de ofrendas para ornato de la imagen. Ahora bien, Castellví no ciñe su narración a los aspectos estrictamente devocionales. Partiendo de ellos, su curiosidad le lleva a incorporar también referencias a las que se puede conceder cierto valor desde el punto de vista histórico y la misma aspiración cabe atribuir a los comentarios sobre el valor artístico de algunas imágenes o de los retablos, capillas o templos que las acogían, muy abundantes a lo largo del texto. Desde esta perspectiva, la obra ofrece una información que supera el simple catálogo y que, independientemente de su interés histórico, resulta de utilidad por lo que supone de aportación al conocimiento de su autor y de su legado escrito.

Academias, poesía y teatro

Que don José de Castellví tuvo una presencia muy activa en las Academias de su tiempo y que además fue un apasionado de la poesía y del teatro resulta cada vez más evidente a la luz de los estudios existentes. De su temprana participación en las Academias y de sus contribuciones poéticas constituye una excelente muestra el hecho de que su nombre figurara entre los poetas que participaron en la Real Academia celebrada a los años de Carlos II que, con una introducción del conde de Alcudia, publicó en 1669 Gerónimo Vilagrasa.52 Para la ocasión, un joven don José de apenas 16 años compuso en obsequio al séptimo cumpleaños del rey un extenso poema de setenta y dos versos con el lema de A un amor desinteressado en que hacía gala de su condición de menino de doña Mariana de Austria.53



Mayor es la información que se conserva sobre la actividad que desplegó en la Academia del Alcázar. No por casualidad formó parte de ella como electo de la Poesía, bajo cuya autoridad se situaron ocho socios con la denominación de «efectos de la poesía»: José Coloma, Diego de Escals, Francisco Figuerola, Jaime Fuster, Gaspar Mercader, Vicente del Olmo, José y Marco Antonio Ortí y Moles. En condición de tal, destacó muy especialmente en la organización del homenaje poético póstumo a Calderón de la Barca en 1681. Los pormenores de la gestación del acto, el soporte de la Academia del Alcázar, la edición a cargo de Castellví y el contenido de la publicación fueron objeto de profuso estudio por Mas y Usó54 y más recientemente P. Pérez ha incidido en la personalidad de los autores del poemario.55 La conservación de un ejemplar de la obra en la Biblioteca Nacional, permite, además, conocer la contribución de Villatorcas al mismo.56 En honor del dramaturgo, compuso un soneto y un romance heroico. Si la figura literaria de morir para nacer a la fama, la alabanza, la gloria y la victoria impregna los versos del soneto, en el Romance heroico afloran el fúnebre lamento por la muerte del literato; la alabanza de su ingenio, de su obra y de su contribución al enaltecimiento del teatro; la exaltación de sus obras profanas y de sus autos sacramentales, en clara alusión al que dejara inacabado por su encargo; el canto a su inmortalidad y a su renacer, cual Ave Fénix, y el anhelo de eterno descanso e infinita gloria.



Pero las evidencias de su auténtico entusiasmo por la poesía no concluyen aquí. La correspondencia mantenida con José Rodríguez nos muestra a un Villatorcas profundamente conocedor de las obras poéticas que atesoraba su biblioteca. No de otro modo, desde su residencia de Madrid pudo trasladar al trinitario informaciones como las siguientes sobre obras de Roís de Corella, el Cancionero General o las composiciones poéticas del marqués de Quirra, que se encontraban en Valencia:

En orden a don Juan Ruiz de Çorella puedo decir que me parece que ha de aver en mi librería un libro en quarto viejo, y creo que con las cubiertas de tabla y badana, y ese Ms. en que hay diferentes poesías. Y creo que ha de aber algunas obras de ese cavallero, y así hará vuestra reverendíssima a don Isidro o a mi hijo que lo vean, que a de estar en el estante de la Poesía.57

El cançionero general le tengo ahí en mi librería en el estante de la Poesía bulgar o castellana. Es un libro en quarto poco más gordo que uno de Comedias pero también concuerdo en que estas obras no son para puestas en la Biblioteca.58

De el marqués de Quirra tengo ahí en mi librería un libro de Ms. de Poesías y otros ha de aver también de Poesías de M. Navarro.59

Que hubiera trasladado consigo composiciones poéticas manuscritas de Fenollar, Francisco Aguilar o don Gilabert de Centelles, entre otras, no hace sino abundar en esta consideración:

Aquí tengo un libro Ms. de letra antiga y entre otras cosas hallo lo siguiente: «Obra feta sobre hun deport de la Albufera per lo reverent Mosen Fenollar, prevere e magnífich mosen Johanot, scrivà, cavaller, mestre racional del molt alt Senyor Rey en lo Regne de Valencia». Y esta obra, constando de 42 ojas, se puede casi comparar a Poema. De mossen Fenollar hay obras que si fuere menester se referirán por menor, aunque son menores que la pasada. También hay obras de mosen Gerónimo Aguilar y de Francisco de Aguilar. Ay otra obra de mosen Francisco Gilabert de Zentellas, conde de Oliva a sus hijos. Ay otras poesías en este libro en castellano que no sabré assegurar si son los autores valencianos. Si vuestra reverendíssima quisiere zertificarse más, será fácil embiar ahí el libro.60

También queda fuera de toda duda que Castellví fuera un amante del teatro y que sintiera una especial admiración por Calderón. De su habitual asistencia a las representaciones del Corral de la Olivera ha dado buena cuenta P. Pérez.61 El propio Villatorcas nos informa sobre su declarada veneración por el dramaturgo —«y aviendo yo sido uno de sus más amigos y aficionados viviendo, no he querido faltar a solicitarle las alabanças en su muerte»62— a quien aseguraba haber participado las actividades del Alcázar: «Y aviendo yo remitido a Madrid un papel de los exercicios y disposición deste Alcaçar, con la noticia de las fiestas, y aviéndole visto don Pedro, fueron sus alabanças como nacidas de su ingenio».63 Pero tampoco en esta esfera su participación se limitó a la de mero espectador. Su biblioteca contaba también con un abultado número de ejemplares de este género, que como en el caso de la poesía conocía bien. Todavía la biblioteca de su hijo y heredero don Juan Basilio, conde de Cervelló, conservaba entre las obras manuscritas el formidable número de 14 Autos Sacramentales de Calderón, así como Loas de este mismo autor.64

Como también parecía estar al corriente de los que poseían otros miembros de la nobleza valenciana cuando aconsejaba a Rodríguez buscar información al respecto en la de don Giner de Perellós:

Si acaso puede recompensar mi librería lo que no se le franquee en la de Don Giner de Perellos, podrá vuestra reverendíssima ver en la mía todos los libros que hay de Comedias, que yo también recurriré a las listas que tengo acá dellas y avisaré las que son de Poetas Valencianos y siempre entenderé que será mejor que vuestra reverendíssima exprese todos los títulos de las Comedias para que se conserve la noticia y no se olvide.65

Tampoco se puede olvidar que la producción de espectáculos teatrales fue uno de los fines de la Academia del Alcázar y que sus académicos no sólo estuvieron familiarizados sino que participaron activamente en las representaciones como autor, actor u organizador. En este contexto, el nombre del marqués de Villatorcas aparece asociado, cuanto menos, a la representación en el Palacio Real de la comedia mitológica La fiera, el rayo y la piedra, obra escrita por Calderón de la Barca hacia 1651 ó 1652, con la que el virrey conde de Altamira quiso culminar los festejos destinados a celebrar el matrimonio de Carlos II con Mariana de Neoburgo en 1690. La escenificación de esta obra calderoniana, llevada a cabo el 4 de junio de 1690, quedó inmortalizada en un precioso manuscrito que en la actualidad custodia la Biblioteca Nacional de España, que además del texto completo de la comedia y los de su loa, entremeses y mojiganga conserva veinticinco láminas plegadas con dibujos a pluma de la escenografía de las piezas representadas. Es precisamente esta excepcionalidad la que ha permitido que haya sido objeto de atención por parte de diversos especialistas desde perspectivas diferentes.66

Que detrás de la misma estuvieran una o varias academias parece ser opinión común. A ello se refirieron hace unos años J. Vellón y P. Mas67 y más recientemente P. Pérez se pregunta: «Ahora bien ¿qué academia o academias pudieron ser estas? ¿el Alcázar? ¿Desamparados-San José? ¿la Matemática? ¿Otra distinta, como la academia-tertulia del Marqués de Villatorcas? ¿Todas colaborando unidas? ¿Sólo algunos miembros de cada una de ellas trabajando conjuntamente?».68 De lo que no cabe duda es del protagonismo de dos habituales de las Academias como Francisco Figuerola y José Ortí y Molés. El ejemplar referido contiene sucesivamente la Loa para la comedia de la Fiera el Rayo y la Piedra de Francisco Figuerola; y los bailes entremesados titulados De el amor y la esperanza en Palacio compuesto por José Ortí y Molés; De el verde del mes de mayo y Fiestas de Valencia en el jardín de Flora de Francisco Figuerola.

Pero nos informa de algo más. La «disposición» de la representación la dejó el virrey Altamira al «cuydado» del marqués de Villatorcas. Nos indica también que sería otra persona, cuyo nombre no trasciende, quien se encargara de llevarla a cabo obedeciendo «las órdenes de la acertada dirección del marqués».69 De su implicación parece dar buena cuenta que todavía en el inventario de la biblioteca de su hijo, don Juan de Castellví, en 1754 se conservaran en la sección de manuscritos las obras con los siguientes títulos: Comedia por el Conde de Altamira, con mapas, y Loa para la Comedia la Fiera, el Rayo, etc.70 Es más, el registro bibliográfico del Catálogo de la Biblioteca Nacional de España incorpora como procedencia el conde de Cervelló.


BNE. Mss. 14614

ENTRE SUS PAPELES. OBRAS INÉDITAS DE LA ACTIVIDAD LITERARIA DE VALENCIA A FINALES DEL SIGLO XVII

La personalidad del marqués de Villatorcas todavía depara nuevas sorpresas. Sus inquietudes literarias y su manifiesta afición por los manuscritos le condujeron a atesorar importantes testimonios de la actividad cultural de la Valencia de finales del siglo XVII que, resguardados entre sus documentos, habían permanecido en la sombra, custodiados en la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional. La investigación sobre su figura ha desvelado la existencia de una rica compilación de composiciones literarias totalmente inéditas, que podrían situarse aproximadamente entre 1686 y 1690, que con toda probabilidad se unieron en forma de legajo con posterioridad y que ahora sacamos a la luz. Se trata de un conjunto que incorpora composiciones tan diversas, y a la vez tan habituales en los ambientes académicos, como dos sesiones académicas, un soneto en laberinto en forma de acróstico, la traducción de un epigrama de Marcial, un grupo de poemas en italiano, algunas poesías sueltas, varias piezas teatrales de diversa consideración y un texto tan raro como un libro del juego de las suertes.

Por lo que se refiere a las Academias, bajo el rótulo de Varias poesías de la justa poética que celebraron los cavalleros de la Academia de las Ciencias en casa de don Vicente Falcó de Belaochaga, en las fiestas de la toma de Buda que sucedió a 2 de setiembre del año 1686 y se celebró a 14 de octubre del mismo año, se reúnen los poemas que, en una manifestación más de las muchas con que en Valencia se festejó la toma de Buda, compusieron destacados miembros de la nobleza valenciana, como don Vicente Carrós, capitán de caballos de las costas del Reino, don Andrés Monserrat y Crespí de Valdaura, don Luis Juan de Torres, conde de Peñalva, don Antonio Milán de Aragón, canónigo de la Catedral de Valencia y hermano del marqués de Albaida, don Vicente Falcó de Belaochaga y Blanes, caballero del hábito de Montesa, el conde del Real y Villamonte y el conde de la Alcudia y Gestalgar, además de dos señalados miembros de la oligarquía como Vicente del Olmo, secretario de la Inquisición, y Marco Antonio Ortí, secretario de la Ciudad de Valencia.71

La otra responde al modelo de las academias literarias de ocasión, que se celebró —o simula hacerlo— en san Miguel de Liria. Aúna, como era habitual en este tipo de actos académicos, un vejamen en tono jocoso y los numerosos poemas de sus participantes, que cierran las Dézimas a la feliz honrra que ha obtenido la villa de Liria con la venida de mi señora doña Guiomar Coloma y de Castellví, Illustre marquesa de Villatorcas, que le dedicara Francisco Aragón.72

El Soneto laberinto acróstico viene encabezado por el título A la feliz mejoría del excelentísimo señor duque de Medinaceli y posiblemente está dedicado a don Juan Francisco de la Cerda Enríquez de Ribera, VIII duque de Medinaceli, fallecido en 1691.73


La traducción de un epigrama de Marcial, bajo el epígrafe de Tradúcese un soneto español la epigrama 86 de el libro 6. de Marcial, aseguraba pretender alabar la nieve, circunstancia que no desperdiciaba su autor para introducir una nota alusiva a que «en España dizen que introduxo la nieve un cavallero valenciano de la familia Castellví», que evoca el contexto en el que se concibió.74

Los poemas en italiano fueron compuestos con motivo de la muerte del papa Inocencio XI, Benedetto Giulio Odescalchi, fallecido en agosto de 1689.75


Al respecto, consideramos significativo remarcar que a su condición de pontífice y a su fuerte implicación en la organización de la Liga Santa que llevó a cabo la toma de Hungría —en la que las ciudades de Buda y de Pest fueron reconquistadas en 1686— cabe añadir para el caso que nos ocupa la muy estrecha relación que mantuvo con su sobrino don Manuel de Cernesio, conde de Parcent, cuya vinculación, a su vez, con los círculos intelectuales del momento está fuera de toda duda.76 Se suman a ellas algunos poemas sueltos, sin expresión de su autor.77


Otro importante bloque lo conforman varias piezas teatrales de diversa consideración, que incorporan el auto sacramental titulado Muerte, juycio, infierno y gloria. Dedicados a Christo en la Cruz, que por comparación con manuscritos del mismo periodo, no creo descabellado atribuir a Calderón.


AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C.1562, D. 2, nº 17

Completan el conjunto el autillo incompleto —cuyo primer verso reza Las aves publiquen—,78 el baile entremesado —Fuera que sale a las tablas un bayle—79 o las seguidillas,80 todas ellas de pluma de difícil identificación pero no exentas de enorme interés. Como también lo tiene, y mucho, el libro del juego de las suertes que, bajo el rótulo de Panetas,81 aspira, como los escasos ejemplares de este tipo que se conservan, a proporcionar un divertimento para el tiempo de ocio.

En definitiva, una rica colección de textos manuscritos que ponen a nuestro alcance una parte hasta ahora desconocida de la creación literaria de Valencia durante las últimas décadas del siglo XVII.


1.– Tanto el linaje Castellví como la personalidad de don José han sido objeto de un estudio más amplio en A. Felipo Orts, Nobleza, poder y cultura. El linaje Castellví y el marquesado de Villatorcas, Valencia, 2014.

2.– J. Juan Vidal, Els virreis de Mallorca (ss. XVI –XVII), Mallorca, 2002, p. 74.

3.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 212, D. 69.

4.– J. Arrieta Alberdi, El Consejo Supremo de la Corona de Aragón (1494-1707), Zaragoza, 1994, p. 610.

5.– A. Felipo Orts, Nobleza, poder y cultura…, ed. cit., pp. 143-149.

6.– J. Arrieta Alberdi, El Consejo Supremo…, ed. cit., pp. 211-214.

7.– Don Basilio había invertido importantes esfuerzos económicos en la adquisición del lugar de Torcas. Sin embargo, nada sabemos acerca de su administración por su parte y tampoco tenemos noticia de que su hijo llevara a cabo alguna actuación anterior. Pero, transcurridos unos años desde que sucediera a su padre en él, don José de Castellví llevó a cabo un proceso de colonización de la heredad mediante la cesión de casas y parcelas de tierra en enfiteusis a 26 pobladores en 1696. Los censos no pudieron tener ninguna relevancia especial ni trastocar la economía del marqués de Villatorcas pero, con las medidas adoptadas, don José amplió y reforzó las bases agrarias y convirtió el lugar de Torcas en cabeza del marquesado de Villatorcas.

8.– A. Felipo Orts, Nobleza, poder y cultura…, ed. cit., pp 128-130.

9.– A. Felipo Orts, El conde de Cervelló y el Consejo de Italia. Escritos políticos en el exilio austracista (1724-1746), Valencia, 2007, pp. 16-18.

10.– A. Felipo Orts, El conde de Cervelló…, ed. cit., p. 17.

11.–A. Felipo Orts, Nobleza, poder y cultura…, ed. cit., pp. 484-486.

12.– Y. Gil Saura, «Los gustos artísticos de los «novatores» valencianos en torno a 1700: la colección de pintura de los marqueses de Villatorcas», LOCVS AMOENVS, 9 (2007-2008), pp. 176-185.

13.– S. García Martínez, Els fonaments del País Valencià modern, Valencia, Ed. Tres i Quatre, 1968, p. 153; V. Navarro Brotons, Tradició i canvi científic al País Valencià modern, Valencia, Ed. Tres i Quatre, 1985, pp. 50-51; P. Álvarez de Miranda, «Las Academias de los novatores» en De las Academias a la Enciclopedia, Valencia, Edicions Alfons el Magnànim, 1993, pp. 263-300; P. Mas i Usó, «Academias Valencianas durante el Barroco» en De las Academias a la Enciclopedia, Valencia, Edicions Alfons el Magnànim, 1993, pp. 212-218; P. Pérez García y J. A. Catalá Sanz, «Renovación intelectual y prestigio social: Novatores, Academias e Instituciones públicas en la Valencia de finales del siglo XVII y principios del XVIII», Saitabi, 58 (2008), pp. 219-250; P. Pérez García, Moradas de Apolo. Palacios, ceremoniales y academias en la Valencia del Barroco (1679-1707), Valencia, Institució Alfons el Magnànim, 2010.

14.– A. Mestre Sanchis «Los novatores y la Biblioteca Valentina del P. Rodríguez (La aportación del marqués de Villatorcas), en Ciencia y Academia. IX Congreso Internacional de historia de las Universidades Hispánicas, Valencia, Universitat de València, 2008, vol II, pp.137-154.

15.– P. Mas y Usó y L. Torres Bellés publicaron un excelente artículo títulado «La Biblioteca Valenciana del Marqués de Villatorcas y Conde de Cervellón (el Barroco científico)», Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, Tomo LXXI (1995), pp. 211-245, que estudiaba la biblioteca que en 1754 legó don Juan Basilio de Castellví, conde de Cervelló y II marqués de Villatorcas. La que nos ocupa es la que poseía su padre, don José de Castellví, en Valencia a su muerte en 1722. Es, por tanto, una biblioteca diferente, aunque constituyera la base de la del conde de Cervelló, que la heredó y acrecentó. Sobre este personaje vid. A. Felipo Orts, El conde de Cervelló…, op. cit.

16.– V. Ximeno, Escritores del Reyno de Valencia, Valencia, 1730; José Rodríguez, Biblioteca Valentina, Valencia, 1747.

17.– J. Rodríguez, Biblioteca…, ed. cit., p. 208.

18.– V. Ximeno, Escritores…, ed. cit., pp. 190-192.

19.– Se trata de los siguientes: «Un libro que se intitula Fray Luis de Granada. Más la benerable Madre Rocaberttí de los estados. Más dos tomos de los sagrados huesos de Christo. Más otro tomo, Templo del Espíritu Santo. Más un memorial que se intitula Crisol de la verdad. Más un libro que se intitula Sermones de San Luis Beltrán con paz de preffectos. Más la vida de Santo Domingo de Siles. Más un libro que se intitula ydea de exemplar de prelado. Más la vida del beato Pascual Beylón. Más un libro que se intitula Catecismo con el rossario. Más un libro que se intitula Temor de Dios e himitaciones tenporales. Más un libro que se intitula Vida de la sereníssima ynfanta sor Margarita de la Cruz. Más un libro que se intitula Flos Antonio de Villegas, primera y segunda parte. Más un libro que se intitula Fundaciones de los ospitales de Arjel». A. Felipo Orts, Nobleza, poder y cultura…, ed. cit., p. 199.

20.– A. Mestre Sanchis, «Los novatores…», art. cit., p. 144.

21.– Y. Gil Saura, «Los gustos artísticos…», art. cit., p. 174.

22.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 2333, D. 13.

23.– A. Mestre Sanchis, «Los novatores…», art. cit., p. 146.

24.– BNE. Mss, 19516.

25.– Dado que el marqués de Villatorcas había trasladado a su residencia de Madrid algunas obras, cuyo número desconocemos, no podemos determinar si la confiscación comportó algún menoscabo.

26.–A. Felipo Orts, «Aproximación al estudio de un austracista valenciano. El conde de Villafranqueza» en Antonio Mestre Sanchis y Enrique Giménez López (eds.), Disidencias y exilios en la España Moderna, Actas de la IV Reunión Científica de la Asociación Española de Historia Moderna, Alicante, Universidad de Alicante, 1997, pp. 522-537.

27.– V. Vallés Borrás, L’Alcudia 750 anys. De la carta de poblament a l’ocàs de l’Àntic Règim (1252-1800), Alcúdia, Ajuntament de l’Alcúdia, 2002, p. 321.

28.– A. Felipo Orts, De nobles, armas y letras. El linaje Cervelló en la Valencia del siglo XVII, Valencia, Institució Alfons el Magnànim, 2015.

29.– J. A. Catalá Sanz y J. J. Boigues Palomares, La biblioteca del primer marqués de Dos Aguas, 1707, Valencia, Departamento Historia Moderna, 1992. De los mismos autores «Bibliotecas nobiliarias: una primera aproximación a las lecturas de la nobleza valenciana del siglo XVIII», Estudis, 14 (1988), pp. 103-144.

30.– A. Mestre Sanchis, «Los novatores…», art. cit., p. 148.

31.– S. García Martínez, Els fonaments…, ed. cit., pp. 147-148.

32.– P. Mas i Usó, Justas, academias y convocatorias literarias en la Valencia Barroca (1591-1705). Teoría y Práctica de una convención, Tesis doctoral en microficha, Valencia, 1993, pp. 531-571.

33.– Utilizamos el ejemplar de la Biblioteca Nacional. Signatura. R.22/11693.

34.– Se conserva un ejemplar en la Biblioteca Histórica de Valencia bajo la signatura BH Var. 205 (14).

35.– A. Mestre Sanchis «Los novatores…», art. cit., pp. 137-154.

36.– Vicente Ximeno, Escritores…, ed. cit., p. 190.

37.– Traducción de Francés en Castellano de las Conferencias que se tienen en la Academia de París, con Adiciones para mayor explicación de los puntos que se controvierten; Traducción de Francés en Español de una Novela, intitulada: La Ariadna. V. Ximeno, op. cit. p. 191.

38.– Catálogo de todas las Santas Imágenes de nuestra Señora, que dichosamente se veneran en la Ciudad y Reyno de Valencia. Con una breve descripción del modo, sitio y lugares donde se hallaron y tuvieron el origen; Catálogo de los Governadores que ha avido en la Ciudad y Reyno de Valencia desde el tiempo de su Conquista, año 1238, hasta el de 1700. Con noticia de sus servicios, casas y familias y de algunos susessos particulares que acaecieron en tiempo de su Govierno; Noticia de los oficios, assí Reales como pertenecientes a la Casa de la Ciudad, que tienen jurisdición en la de Valencia; Catálogo de todos los Governadores y Virreyes que ha avido en la Isla de Mallorca, con relacion de sus familias, de los puestos que ocuparon antes y después de su Govierno, de su entrada en la Isla y el recibimiento que les hicieron, de su salida o muerte, de lo que sucedió en el tiempo de su Govierno que tuvo dicha Isla, desde sus primeros Fundadores hasta que se puso debaxo del Dominio de los Reyes de España. Ibidem

39.– Tratado de los Sepulcros, Ritos, costumbres y ceremonias de los Entierros, assí de los Antiguos como de los Modernos entre diferentes Naciones; Un Tratado de las Comedias, assí antiguas como modernas, de su origen, diferencias, progressos y reglas entre diferentes Naciones; Tratado sobre la expulsión de los judios ocultos, que viven en los Reynos de la Monarquía Cathólica. Divídese en tres partes; en la primera se ponderan en general los daños que ha ocasionado en diferentes Provincias y Reynos el permitirlos; en la segunda quánto peor daño es el que professen su Ley ocultamente que no que se consientan declarados; en la tercera, la utilidad y decoro que se sacaría de su expulsión. Y últimamente se responde a todos los argumentos y objecciones que se pueden hacer para no practicar su execución y destierro. Ibidem

40.– Un tomo de discursos Académicos que se propusieron y resolvieron en la Academia de Valencia; Discurso Politico Militar, dando la forma de todo lo que se avía de disponer y executar en caso de querer algunos enemigos tirar Bombas a la Ciudad de Mallorca. Ibidem

41.– Indice de los libros contenidos en la Librería del Marqués de Villatorcas, por orden alfabetico; en el qual se habla de la calidad de los Autores, sus Professiones, Empleos y todas las Obras que cada uno ha escrito, con unos Symbolos correspondientes a la Facultad que han professado o la Dignidad que han tenido o la Materia de que han escrito. Ibidem

42.– Poesías varias a diferentes asuntos. Ibidem

43.– A. Mestre Sanchis, «Los novatores…», art. cit., pp.137-154.

44.– ACCV, Fondo Mayansiano, BAHM, 81, fol. 61. Carta de Rodríguez a Villatorcas, 8 febrero de 1701.

45.– Ibidem. fol. 69. Villatorcas a Rodríguez, 2 de marzo de 1701.

46.– Se trata, según sus propias citas, de las siguientes, además de Biblioteca Vetus de Nicolás Antonio: Tratado de las más excelentes bibliotecas públicas y particulares de todo el mundo del P. Luis Jacobo Challonnois, en francés (París, 1644); Juicio de los sabios sobre las principales obras de los autores, de autor anónimo, en francés (París, 1685); Suplementum de scriptoribus vel scriptis ecclesiastici Bellarmino omissis de F. Casimiro Oudin ( París, 1686); De scriptis medicis de Juan Antonio Van der Linden, (Amsterdam 1637); Hispania Bibliotheca seu de Academiis ac bibliothecis. Item elogia et nomenclator clarorum hispaniae scrpitorum de Andrea Scoto (Francfort, 1608); Academiarum Hispaniae Catalogus; Bibliotheca Pontificia de Luis Jacobo de San Carlos (Lyon, 1643); Dialogi duo de poetis nostrorum temporum de Lilius Gregorius Giraldus (Florencia, 1551); Catalogus auctorum qui librorum catalogos, indices, bibliothecas, virorum literarum elogia, vitas aut orationes funebres sciptis consignarunt de Antonio Teisseiro (Ginebra, 1686); Apparatus sacer ad scriptores Veteris et Novi Testamenti de Antonio Possevino (1603-1606); Censura celebriorum aucthorum sive tractatus in quo varia virorum doctorum declarissimis cuiusque seculi scriptoribus judicia traduntur de Tomás Popeblount (Ginebra, 1694); El Gran Dictionario Historico de Luis Moreri, en francés; Ristretto delle vite de gli huomuni illustri in santita et altri famosi soggeti per rara e singolar bonta insigni e venerabili dell´ordine agostiniano de Liugi Torelli (Bolonia, 1647); Bibliotheca Classica singularum facultatum ac professionum de Georgio Draudio (Amberes, 1639-1642); las obras de Martín Lipenio Bibliotheca realis Iuridica (1679), Bibliotheca realis Philosophica (1682) y Bibliotheca realis Theologica (1685); Le Grand Dictionarie Historique de Louys Moreri (Lyon, 1683); Sicilia Sacra de Pirro Rocco (Panormi, 1644); Catalogus illustrium virorum de Juan Tritemius ( Mainz, 1495); Catalogus de Scriptoribus ecclesiasticis de Bellarmino (Roma, 1613); Bibliotheca Medica de Pascual Gallo; Commentarium in Acta Appostolorum ( 1581) y Conciones de festis Christi Domini (1625). Todavía a esta extensa relación cabe añadir algunos autores cuya obra no citó, caso de Zurita, Escolano, Mariana, Guichiardini, Rafael Volaterrano, Dupraeu, Duhesne, Papirio Mason, Spondano, Genebrardo, Ciaconio, Brovio, Rainaldo, Platina, Aubertus Miraus… A. Felipo Orts, Nobleza, poder y cultura…, ed. cit., pp. 170-171.

47.–ACCV, Fondo Mayansiano, BAHM, 81, fol. 112v.

48.– Ibidem. fol. 86.

49.– Ibidem. fol. 115v.

50.– Ejemplar manuscrito conservado en Real Biblioteca, signatura II/2012.

51.– En estas páginas partimos del estudio de la obra realizado en A. Felipo Orts, Nobleza, poder y cultura…, pp. 175-200.

52.– Utilizamos el ejemplar que con la signatura XVII/990 se conserva en la Biblioteca Valenciana.

53.– Se ubica en las páginas 71-72 de la obra.

54.– P. Mas i Usó, Justas..., ed. cit., pp. 66-205.

55.– P. Pérez García, Moradas de Apolo…, ed. cit., pp. 186-188.

56.– BNE. Signatura, 11.693. R.22.

57.– ACCV, Fondo Mayansiano, BAHM, 81, fol. 52. Carta de Villatorcas a Rodríguez, 22 diciembre 1700.

58.– ACCV, Fondo Mayansiano, BAHM, 81, fol. 56v. Carta de Villatorcas a Rodríguez, 5 enero de 1701.

59.– ACCV, Fondo Mayansiano, BAHM, 81, fol. 53v. Carta de Villatorcas a Rodríguez, 22 diciembre 1700.

60.–ACCV, Fondo Mayansiano, BAHM, 81, fol. 53v. Carta de Villatorcas a Rodríguez, 22 diciembre 1700.

61.– P. Pérez García, Moradas de Apolo…, ed. cit., pp. 199-204.

62.– Fúnebres elogios…, ed. cit., fol. 3.

63.– Fúnebres elogios…, ed. cit., fol. 4.

64.– Índice de la librería que por fallecimiento del Excelentísimo señor conde de Cerbellón se halla comprehendida en su herencia. AMV. Biblioteca Serrano Morales, A-22/236, fol. 146.

65.– ACCV, Fondo Mayansiano, BAHM, 81, fols. 69v-70. Carta de Villatorcas a Rodríguez, 2 marzo 1701.

66.–M. Sánchez y J. Portus, La fiera el rayo y la piedra, comedia de Pedro Calderón de la Barca, según la representación que se hizo en el palacio Real de Valencia el 4 de junio de 1690, transcripción, edición y notas, Madrid, 1987; A. Egido, Calderón de la Barca. La fiera el rayo y la piedra, estudio preliminar, edición y notas, Madrid, 1989; A. Bombi, Entre tradición y modernidad. El italianismo musical en Valencia (1685-1738), Valencia, IVAM, Centre Julio González, 2012, pp. 452-456.

67.– V. Vellón y P. Mas, «Teatro de Academias, Academias en el teatro», Studia Áurea. Actas del III Congreso de la AISO, II, Toulouse-Pamplona, 1996, pp. 417.

68.– P. Pérez, Moradas de Apolo…, ed. cit., p. 424.

69.– Fiesta de la comedia que mandó ejecutar, en Real Palacio de Valencia, el Excelentísimo señor don Luis de Moscoso Ossorio, Hurtado de Mendoza, Sandoval y Roxas, conde de Altamira, … virrey y capitán general del Reyno de Valencia. BNE. Ms. 14614.

70.– AMV. Biblioteca Serrano Morales, A-22/236. Índice de la librería… fols. 144 y 147.

71.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 1562, D. 2, nº 1.

72.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 1562, D. 2, nº 3-14.

73.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 1562, D. 2, nº 2.

74.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 1562, D. 2, nº 15.

75.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 1562, D. 2, nº 15.

76.– J. San Ruperto Albert, «Apuntalarse como noble: cultura, arte y mecenazgo en la Valencia del siglo XVII. Representación y perpetuidad en la familia Cernesio, condes de Parcent», en A. Felipo Orts y C. Pérez Aparicio (eds.) La nobleza valenciana en la edad moderna. Patrimonio, poder y cultura, Valencia, 2014, pp. 237- 286.

77.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 1562, D. 2, nº 5.

78.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 1562, D. 2, núm. 16.

79.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 1562, D. 2, núm. 16.

80.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 1562, D. 2, núm. 4.

81.– AHN. Sección Nobleza, Fondo Fernán Núñez, C. 1562, D. 2, núm. 18.

POESÍAS Y ACADEMIAS

Pasqual Mas y Fco. Javier Vellón

(Universitat Jaume I)

Jhesús, María, Joseph. Muerte, juycio, ynfierno y gloria. Dedicados a Christo en la Cruz. Del ynfierno. Discurso tercero.

El primer bloque de la obra está formado por 108 octavas —si bien con alguna irregularidad en el cómputo métrico, tal como se señala en la edición— que constituyen un sermón moral en torno a la contraposición entre la redención y la visión escalofriante del infierno, a través de un recorrido que se detiene en los aspectos más sórdidos de la condena del ser humano al castigo eterno.

El poema se inscribe en la tradición escatológica cristiana, concretamente en las denominadas cuatro postrimerías, quattuor hominum novissima, que determinaban los cuatro instantes finales en la vida del hombre sobre los que se debía meditar: mors, iudicum, infernus et gaudia coeli.

El modelo tridentino revitalizó este tópico de la cultura religiosa a través, sobre todo, de la obra de Laurentius Cuperus Anthropon eschata quattuor hominum novissima (1585). En él se recogía una reflexión en torno a las cuatro etapas que culminan la vida a partir de la imagen del Cristo Crucificado: la decadencia física y la agonía, el juicio particular, la opción entre el cielo y el infierno, y, finalmente, la contemplación de la divinidad.

La pieza que presentamos a continuación corresponde a la tercera etapa, el infierno, sin duda la más llamativa desde la perspectiva de la creación artística y literaria, como puede comprobarse a través de prácticas culturales que van desde la danzas de la muerte medievales a su recreación por parte de diversas corrientes pictóricas —de Hyeronymus Bosch y Pieter Brueghel a Valdés Leal—, sin olvidar el género poético de los sermones morales tan del gusto del Barroco.

Como apuntamos en la introducción, el poema podría ser atribuido a Calderón. Proponemos esta posibilidad a partir de tres evidencias:

• Las coincidencias observadas tras comparar la letra del manuscrito con los autógrafos conservados del dramaturgo;

• la relación personal entre el escritor y el marqués fue intensa, hasta el punto de que, como indicamos (vid. Supra pp. 37-38), el noble valenciano no duda en calificarla como “amistad”. De sus palabras se desprende que entre ambos debió existir una relación epistolar fluida;

• existe en la obra calderoniana el antecedente de un texto de similares características, el Discurso métrico-ascético sobre la inscripción ‘Psalle el Sile’ que está grabada en la verja del coro de la Santa Iglesia de Toledo, de 525 versos, con diversidad de metros —cuartetas asonantadas, cuartetos, tercetos, décimas— y una presencia relevante de octavas.

El autor utiliza el modelo de la octava rima —ABABABACC— para enmarcar una larga exposición didáctico-moralizante, como corresponde a un género poético que las preceptivas habían señalado como idóneo para tal fin.

En efecto, en todas ellas se destacan las siguientes características:

• Es una estrofa «muy a propósito a las comedias / para razonamientos y oraciones» (Juan Díaz Rengifo, Arte poética), lo que confirmó Lope de Vega en su Arte nuevo al oponerla al romance para las «relaciones» («las relaciones piden los romances / aunque en otavas lucen en extremo»). Se trata, por tanto, de un esquema métrico adecuado para los extensos discursos especulativos, en los que es conveniente introducir secuencias dialógicas, como sucede en el caso que nos ocupa, a través del estilo directo.

• Juan de la Cueva (Exemplar poético) destaca su versatilidad, pues «a todo se acomoda, y en su canto / parece bien, guardando propiamente / el decoro, que en ella importa tanto». La mención del «decoro» se ajusta al contenido moral considerado como genuino de la octava, incluso en su dimensión ejemplificadora y didáctica, según recomienda Díaz Rengifo: «Han de rematar la octava con alguna sentencia, o dicho que dexe con sabor, y gusto al que la lee» (Cap. LIV, 59).

• La octava real pasará a ser la estrofa preferida de la épica culta y, por ende, habrá de ajustarse al «estilo sublime», lo que exigirá un lenguaje y un ornato poético que se manifestará en la selección de los tópicos temáticos y de los recursos más elaborados («Palabras sublimes me son a mí aquellas, que en su significación demuestran cosa grande, como Dios, Ángel, Sol, Luna, Mundo, o que son compuestos de sýllabas hinchadas, como trompa, campo, ronco», Juan de Guzmán, Primera Parte de la Rhetorica), lo que llevará a un estilo excesivo en su manierismo en autores como el que nos ocupa.

Así pues, la octava fue desde el Renacimiento el formato habitual de la épica, tanto en su vertiente religiosa como profana. En el Barroco su uso se extendió a los poemas mitológicos (el Polifemo de Góngora), y encontró cabida en la escritura teatral como expresión de determinadas situaciones dramáticas.

En la época en que se escribió la pieza siguiente, sin embargo, su uso era ya muy limitado, tanto en el ámbito poético como en el teatral. Basten algunas muestras de escritores valencianos de la época para confirmarlo.

En lo que se refiere a la poesía, en un certamen académico como la Academia de las señoras (1698), presidida por Ladrón de Pallás y José Ortí y Moles y redactada por este último, solo aparecen cuatro octavas.

Más ilustrativos son los datos en los textos teatrales: en la obra de Ortí y Moles Aire, tierra y mar son fuego solo aparece una octava; su presencia en la obra de Alejandro Arboreda apenas sobrepasa el 1%;1 y en la de Manuel Vidal i Salvador únicamente se utiliza en una comedia, El sol robado de un ciego y el panal en el león, y además desde una perspectiva paródica, pues es el metro elegido para una escena entremesil entre los graciosos, lo que demuestra hasta qué punto se habían desvirtuado sus rasgos originales.

El contenido de la pieza se nutre de la literatura religiosa, tanto de la Biblia —Antiguo y Nuevo Testamento—, como de los comentarios de los padres de la Iglesia, sobre todo de San Gregorio, recogidos, sin duda, en los manuales de citas, habituales en la época, que organizaban tematológicamente las referencias. Dichas citas aparecen en el manuscrito en los márgenes de cada estrofa, práctica frecuente en las obras de esta índole, como puede observarse en los autos sacramentales de un coetáneo del marqués, Manuel Vidal i Salvador, en cuyos manuscritos aparecen anotados los diferentes mensajes de autoridad sobre los que se cimenta una escena.

En el caso que nos ocupa, la obra de referencia fue una de las polianteas más famosas de la época, utilizada profusamente por los escritores desde su aparición a comienzos del siglo XVI: la Polyanthea del dominico Nanus Mirabellius, editada por primera vez en 1503. Frente a otros tratados de miscelánea erudita, esta tenía un carácter enciclopédico y, además de las citas de autores clásicos grecolatinos, poseía un gran peso la literatura doctrinal y la historia sagrada, por lo que se adecuaba perfectamente a los objetivos del autor. La poliantea consultada pudo ser la original o, con mayor seguridad, las sucesivas ampliaciones, tanto la de 1573 y 1585 de Francisco Tortius y Bartholomeus Amantius, como la de Iosephus Langius en 1598, con numerosas reediciones posteriores.

El tratamiento del tema se vertebra a través de una tonalidad imprecatoria a partir de la cual se simultanean la exposición y advertencia moral, centradas ambas en la idea del pecado, de la posibilidad de redención con el sometimiento a la voluntad divina y de la amenaza del castigo eterno. Este último aspecto es el que ocupa la parte central de la composición, con dos núcleos articuladores de la materia literaria.

En primer lugar, el recorrido por la geografía infernal, a partir de la octava 35, «el reyno en reynos dividido», a través de sus «cuatro estancias», situado «En las duras entrañas de la tierra / por coraçón, por alma de su centro», idea presente en la tradición literaria y religiosa, como resumen estas palabras de Melibea: «a ti que los cielos, mar y tierra, con los infernales centrales obedecen» (La Celestina, Auto X). Esta panorámica del averno recoge los tópicos asentados en una larga trayectoria figurativa, que parte de Luciano y su Diálogo de los muertos, y de Virgilio en su Libro VI de la Eneida, y se proyecta en la literatura moderna a partir de la obra de Dante. A diferencia del tratamiento del tema en autores como Quevedo, en los Sueños, la carga satírica y de crítica social queda aquí difuminada tras el efectismo de las imágenes.

El segundo núcleo argumental, cuyo comienzo se sitúa en la octava 54, es el relato apocalíptico, centrado en las descripciones de monstruosidades, plagas y demás castigos que asolaron el mundo.

Tanto el periplo infernal como el tributo a la escatología responden a una visión hiperbólica e icónica, muy del gusto barroco, que se recrea en el detallismo para ofrecer un paisaje del horror (término muy repetido) que determina la creación poética hasta convertirla en una enumeración de imágenes impactantes, canalizadas por el estilo estridente barroquista hacia su función doctrinal.

La arquitectura formal es heredera del desbordamiento estilístico del Barroco; el alarde inventivo basado en la variedad y en la amplificación constante, cuyo resultado es un texto en el que el mensaje moralizante, esencial en sus principios doctrinales, se expresa por medio de la «libertad de ingenio», esa norma sobre la que se fundamenta la poética de la época.

Las octavas más representativas de la composición evidencian una estructura simétrica por medio de la pausa fuerte que divide la estrofa por la mitad. Este modelo constructivo, de raíz gongorina, afecta a la disposición de los recursos formales que canalizan la exposición conceptual, hasta lograr una creación que sintetiza los dos polos aparentemente opuestos de la poesía barroca: un entramado argumental lógicamente definido a través de premisas y sentencias que conducen hacia las claves didáctico-moralizantes del poema; por otra parte, los efectos impresionistas del despliegue y acumulación de técnicas artificiosas —el estilo más sublimen según la preceptiva de Gracián—, que persiguen el asombro basado en el alarde de inventiva.

En esta línea, las fórmulas simétricas y de equivalencia, como los esquemas bimembres, los paralelismos continuados, las estructuras distributivas y las correlaciones, las enumeraciones argumentativas, la presencia de las imágenes metafóricas y comparativas, la suspensión del significado por los desplazamientos y el hipérbaton extremo, los contrastes violentos, determinan el tributo del autor a la poética dominante, de raíz barroquista, basada en la amplificación como mecanismo que actúa en dos direcciones: la expresión del ingenio del autor y la capacidad de captar la atención y de sorprender al lector.

Jhesús, María, Joseph, muerte, juycio, ynfierno y gloria

Dedicados

a

Christo en la Cruz

Del infierno

Discurso tercero2

In inferno autem quis confitebitur tibi?3

1

Desde la voz de la primer mentira

que introdujo la muerte en el pecado,

hijo heredero el hombre de su ira

nace a morir y muere a ser juzgado,

en cuyo trance a eterno llanto espira, 5

si en triste espira4 en miserable estado;

no, pues, Señor, en tu furor me arguyas

ni me arrebates en las iras tuyas.5

2

Mira que se desluce tu grandeza

al parecer en competir conmigo.6 10

¿Quién soy yo? ¿Quién mi vil naturaleza

para costar cuydados de enemigo?

¿Contra una [h]oja, que la lijereça

del viento vasta para su castigo

contra una arista, un átomo liviano? 15

Todo es poder de Dios, toda su mano.7

3

No, Señor, no, Señor, ni se reciba

tan del todo8 la qüenta de la nada

que partida a partida se le escriba

de sus veredas la menor pisada. 20

Y ya que su castigo se aperciba,

¿contra quién tomáis9 la espada10

de tanto ardiente [h]orror, de tanto ruydo

si todo está de más contra un rendido?

4

Vos, con solo querer, porque quisistis,11 25

los cielos y la tierra fabricastis,

la luz de las tinieblas dividistis,

las aguas de las aguas separastis,

las flores, plantas y árboles hicistis,

los peces, aves12 y fieras enjendrastis 30

y con solo querer, por querer solo,

criastis al hombre rey de polo a polo.

5

Pues, ¿para qué, Señor, Señor divino,

es la ruyna, el estrago, la violencia,

que para deshacerte nos previno 35

la ynspirada verdad de vuestra ciencia?

¿Quién del no ser al ser llamado vino

al concurso que obró vuestra asistencia

del ser no hará al no ser el mysmo curso

con solo suspender vuestro concurso? 40

6

Pues si a una voz se viera destruydo

todo lo que a una voz se vio criado,

¿para qué, para qué, Señor, [h]a sido

tanto infalible estruendo amenaçado

como un siglo por siglos consumido,13 45

un avysmo en avysmos desatado?

¿Quándo tubo la fábrica más vella?

¿Más costa al deshacella que al hacella?

7

Mas, ¡ay!, que en Vos definición perfeta14

nada [h]ay superfluo, nada diminuto, 50

y este [h]orror que nos vence y nos sujeta,

de justiciero usando el atributo,

de combenencia pública y secreta

tray, si savemos conocerlo el fruto,

quando en la ingratitud de nuestro pecho 55

haga el temor lo que el amor no [h]a hecho.15

8

¿Qué padre por piadoso que [h]aya sido

tal vez al hijo no se muestre ayrado

y a precio de mirarle reducido

hace la indignación raçón de Estado? 60

Así, Vos, con [h]orrores detenido,

le enmendáis16 los errores de no amado;

porque si no de amor de temor lleno,

sea menos malo ya que no más bueno.17


9

Y tanto vuestro amor es infinito, 65

que viendo que no tiene18 amor perfecto

aquel que de temor re[h]úsa el delito,19

le buscastis reparos20 al defeto

dándole arbitrios con que desde atrito

a contrito se pase, cuyo efeto 70

con eterna virtud inmensa y [h]arta

suple el temor lo que al amor le falta.

10

¡O[h], mañosa piedad, quán prevenida

contra la ynperfección de nuestro engaño

facilitar supiste la salida 75

en veneficio convertido el daño!

A vista [h]oy del infierno hable mi vida,

pues al terror de asunto tan estraño

no mereciendo el grado más supremo,

confieso que si os amo es porque os temo. 80

11

Mas, si confieso, gran Señor, que os ama

aunque el temeros sea en más exceso,

perfecto21 haga el temor con que os aclama

el no perfecto amor con que os confieso,

que si una vez en vuestro ardor inflamo 85

el coraçón, y de tan grave peso

sacudo la cerviz, no dificulto

que de esta confesión goce el indulto.22

12

A cuyo fin tercera vez postrado

buelbo a buscaros en la cruz, que quiero 90

más en ella teneros en alabado

que con ella temeros justiciero;

porque si aquí piadoso, si allí ayrado,

si aquí venigno estáis, si allí severo,

¿quién, Señor, quién os buscará juzgando 95

con tiempo para hallaros perdonando?

13

Vos me le dais no porque merecido

le tenga yo, mas porque, jeneroso,

sois quien sois, soy quien soy, y [h]avéis querido

justificaros misericordioso 100

para que yo, llorando perdido,

sienta el pesar de ver que lo que piadoso

me distis para amaros y temeros

se gaste solamente en ofenderos.

14

Y aunque el pesar no sea tan perfecto 105

como deviera ser [h]aviendo sido

no de temor sino de amor efeto,

pesándome de [h]averos ofendido

por ser quien sois y no por el respeto

del ynfierno que tengo merecido, 110

admitilde, o[h] Señor, pues ya confiesa

que me pesa de ver que no me pesa.

15

Conque, si no del todo confiado

desconfiado no del todo, puedo,

viendo ese leño en púrpura vañado, 115

alentar ya que no perder el miedo,

que, aunque en la multitud de mi pecado

luces, arenas y átomos excedo,

no hallando más queriendo hallar disculpas,

son más vuestras piedades que mis culpas.23 120

16

Pues aunque fuera su concurso tanto

que arenas, luces y átomos venciera,

llegando a Vos vañadas en mi llanto

la desesperación no me rindiera,

que sois mi Dios y en ese leño santo 125

estáis muriendo porque yo no muera,

y hubierais por mí solo padecido

quando os hubiera solo yo ofendido.

17

Luego vien, o[h]Señor, llegando a veros

tan de mi parte, mal desconfiarme 130

podrá el temor a vista aun de los fieros

avismos que procuran sepultarme,

pues ni yo pude ni podré ofenderos

tanto, como podéis Vos ver, donarme

con un dolor de [h]averos ofendido. 135

Este dádmele Vos, pues yo os le pido.24

18

Que mi dolor a mi maldad no yguala

y es tal mi voluntad de errores llena,

que vasto yo sin Vos25 a hacerla mala

y yo sin Vos no basto a hacerla buena, 140

que si una vez en lágrimas se exs[h]ala

el coraçón, rompida la cadena

que arrastro [h]errado, esclavo de mí mismo,

no me dará temor todo el avismo.

19

Mas, ¡ay!, pues dará; pues de la26 suerte 145

que allá al aliento el número está escrito

en papel de ayre, aquí, si vien se advierte,

escrito está en papel de humo al delito.

Y como allá, en el último, la muerte

luego ejecuta al término prescrito, 150

temo que aquí, prescrita mi malicia,

se ejecute tanvién vuestra justicia.

20

No porque en Vos no sobren las piedades,

que en número son más que las estrellas,

mas porque en mi montón de yniquidades 155

falta raçón de aprobecharme de ellas.

[H]artas voces me dieron las verdades

vuestras. Si yo no supe respondellas,

pereçoso de un día en otro día,

ciérrese el libro de la qüenta mía. 160

21

Ciérrese, pues, y, con lamento grave,

pondere las miserias de su estado

el que save pecar quando no save,

si será aquel el último pecado

en que se llene el número y se acabe 165

para ser para siempre condenado

y, ¡ay!, tan rebelde de coraçón, tan fiero,

que no tenga al postrero por postrero.

22

Mas aunque la justicia [h]aya tenido

tan nibelado el fiel de su valança, 170

yo, Señor, no [h]e de darme por vencido

al ciego error de la desconfiança;

no porque la esperança [h]aya querido

para pecar en fe de la esperança,

sino porque en su fe de ella [h]a de pesarme 175

y sois mi Dios, y [h]avéis de perdonarme.

23

En desqüento de tanto cometido

número reciviendo a mi pecado,

que aunque siempre mi vida os [h]a ofendido,

nunca mi coraçón os [h]a negado 180

constante, en cuya fee buelbo rendido

a protestar el sínbolo sagrado

que os vio27 una vez de padre hijo sin madre,

y de madre, otra vez, hijo sin padre.28

24

Creyendo como creo que, engendrado29 185

Dios de Dios, luz de luz, del Padre, fuistis

consustancial al Padre, y que, encarnado

en Virjen madre, carne el Verbo hicistis,

crucificado, muerto y sepultado,

creo tanvién que al infierno descendistis 190

las almas a librar que en él [h]avía.

¡A[h], pues, Señor, librad, librad la mía!

25

Pues la mía tanvién de [h]orrores llena

—vien que en lugar donde piedad espera—

muerta en la culpa está sino en la pena. 195

Muerta, es verdad, porque si vien se infiere,

no muere el alma quando se condena,

pues quando peca el alma es quando muere;

pero muerte que puede a nueba vida

de gracia ser de Vos restituyda. 200

26

Puesto que Vos, quando [h]a la carne muerto,

los muertos del ynfierno estáis librando

y quando a Vos, que estáys tanvién es cierto

en el cielo los vivos restaurado,30

sin que al mundo faltéis, quando os advierto 205

en cielo, ynfierno y tierra a un tiempo, dando

igual luz, que31 con Vos de un mismo modo

todo se llena estando todo en todo.32

27

Y así, pues, de la muerte os [h]e ofrecido,

Señor, el canto allá en la cruz muriendo 210

y ceder juycio al sepulchro reducido

triunfante en él para juzgar venciendo

de él [h]aviendo al infierno descendido.

En él tanvién de Vos valerme entiendo,

pues lo que en él me tiene mi pecado 215

en presente justicia condenado.

28

Y33 si a la voz que34 del avismo profundo os llama

respondéis, su estación lóbrega y fría

yluminando con la viva llama

que a tanta noche restituye el día 220

—la mía tanvién desde el profundo clama

de su culpa—, atended a la voz mía,

y aplicando, Señor, vuestros oídos

llegue a Vos el clamor de mis jemidos.35

29

No hagáis memoria, no, de las pasadas 225

yniquidades que hubo en mi malicia,

porque si Vos las obserbáis guardadas,

¿quién resistir podrá vuestra justicia?36

Queden en vuestro olvido sepultadas,

y pues vuestra piedad37 siempre es propicia, 230

libradme a mí de mí, que soy mi avismo

por mí, por vuestra ley y por Vos mismo.38

30

En fee, Señor, de la palabra vuestra

espera su salud el alma mía;

custodia suya sois, como lo muestra, 235

que vuestra gracia, que es la luz del día

hasta la noche que es la culpa nuestra,

vela sobre Ysrael diciendo pía

que espere en el Señor su jenerosa

misericordia y redención copiosa.39 240

31

Pues si a Ysrael redime y es expresada40

en el común sentir la humana vida,

la mía no dude en lágrimas vañada

ser en vuestra palabra comprehendida,

y más [h]oy que cobardemente osada, 245

que osadamente triste y rendida,

en el juycio, Señor, buelbe a buscaros.

¡O[h] si el temeros la enseñase a amaros!41

32

Quedastis, pues, en vuestro solo santo

pronunciando la última sentencia 250

que al goço eterno, que al eterno llanto,

firmaron la justicia y la clemencia

por árvitro la una de [h]onor tanto,

la otra porque de Cristo en la presencia

nadie de congruo42 merecer sea visto 255

sino en fee de los méritos de Cristo.

33

Pues el más justo no podrá sin ellos

justificarse viéndose goçallos

de digno él solo, y de condigno43 aquellos

que están44 capaces de participallos. 260

Y así, siendo clemencia a uno ofrecellos;

y así, siendo justicia a otro negallos,

¿quién podrá, quién, negar que su sentencia

aun siendo de justicia es de clemencia?

34

Y viendo en el discurso a que me ofrezco 265

todo45 el vien, todo46 el mal; y viendo al velle

que al uno ymajina lleno, merezco,

quando merezco al otro, padecelle,

por ver si así mis obras aborrezco,

disponiéndome ellas a temelle, 270

dice el [h]orror de aquel profundo averno

a quien dio lo ynferior nombre de ynfierno.47

35

En las duras entrañas de la tierra

por coraçón, por alma de su centro,

de fuego un48 piélago49 se encierra 275

que eternamente está purgando50 dentro.

Confuso imperio de continua guerra

su espacio es, que a un enqüentro y otro enqüentro,

vien como reyno en reynos dividido,

contiene un seno en senos repartido. 280

36

Quatro son las estancias de su avismo:51

una la de los míseros dañados;

otra de los infantes sin bautismo

y otra de los que purgan sus pecados;

otra, en fin, de los padres que del mismo 285

sol clamaban52 la luz depositados,

guardando en su mejor o peor fortuna53

el grado que le toca cada una.

37

Tinieblas de la gloria y de la gracia

ocupan la primera, que esto [h]a sido 290

luces de gracia y gloria su desgracia,

mientras Dios fuere Dios, [h]aver perdido,

a cuya siempre lóbrega eficacia

se le añaden las penas de sentido,

de suerte que en tres grados vibe54 llena: 295

de tinieblas, de gracia y gloria en55 pena.56

38

En la segunda oscuramente yace,

sin que más luz ni vien ni mal espere,

aquel que aborto muere, antes que nace

vague, que antes que discurra muere. 300

Aqueste, pues, que ni padece ni hace

de aquellos grados en su estancia adquiere

de tres los dos, pues sin la pena en nieblas

tiene de gracia y gloria las tinieblas.57

39

La tercera que es la viva58 llama 305

que acendra, que acrisola y purifica,

de las tres en las dos también se ynflama,

mas no las dos, que la segunda esplica,

pues las tinieblas de la gloria que ama

padece solas, porque comunica 310

luces de gracia [h]aviéndose añadido

las temporales penas del sentido.59

40

La quarta, pues,60 en que esperar se vían

depositadas las ynmensas jentes

que en la fee de Abrahán muertas vivían, 315

y de quien como padre de creyentes

tomó su nombre el seno en que yacían

uno de los tres grados precedentes,

sentía solo, pues solo lamentaba

tinieblas de la gloria que esperaba.61 320

41

Destas, pues, quatro estancias, la primera

combiene sola a nuestro asunto, puesto

que es el lugar que desde el juycio espera

durar a eterna confusión expuesto.

Pero, primero que entre en él, quisiera 325

una duda apurar, si ya no es esto,

viendo mi vida y su terror tan junto

rodear los sobresaltos del asunto.

42

Y pues la duda no le toca nada

al tercero,62 lugar cuya vacía 330

región63 —la menor culpa acrisolada—

toda ynfierno será desde aquel día;

ni64 al tercero, pues siempre reserbada

quedará su estación lóbrega y fría,

sin pena ni gloria con la duda quiero 335

pasar desde el primero hasta el postrero.

43

Porque si desde aquel primero ynstante

que falleció el primer condenado,

aviertos los candados de diamante,

tubo infierno en que ser atormentado, 340

no tubo el justo hasta otra hedad distante

cielo tamvién a donde ser premiado.

Y estando siempre Dios de piedad lleno,

dio pena al malo que antes gloria al bueno.

44

Pero qué fácilmente respondido 345

de mi ygnorancia está el trivial desvelo,

con que el infierno estaba merecido

quando aún no estaba merecido el cielo.

Como esta distinción65 se [h]aya entendido,

aunque ygnorante esplicara66 mi celo, 350

perdone el que lo sabe porque agora

quien lo ygnora [h]a de hablar con quien lo ygnora.67

45

Al hombre colocó en el paraíso,

patria feliz de orijinal justicia,

Dios con aquel precepto cuyo aviso 355

desperdició el amor de una delicia.

Al mismo instante, hacerse fue preciso

enemigo de Dios por su malicia;

luego el que ya de Dios era enemigo,

ya desde luego merecía el castigo. 360

46

Reconoce su culpa, llora y piensa

quanto satisfacerla necesita,

pero siendo ynfinito Dios, la ofensa

que contra Dios se hiço fue ynfinita.

Y así quedó yncapaz de recompensa 365

el hombre cuya acción la acción le qüenta

del premio, pues ninguno [h]a merecido

todo el tiempo que a Dios tiene ofendido.68

47

Mas viendo Dios que el hombre no pudiese

satisfacer por sí sin que vajase 370

quien infinito mérito huviese

que lo infinito sobre sí tomase,

su Hijo embió, porque satisfaciese

Dios a Dios y hombre al hombre restaurase;

conque dueño inculpable del delito 375

pagó con lo infinito lo infinito.

48

En cuya solución69 queda esplicado:

con quán justo decreto legal moría

en desgracia de Dios, de su pecado

desde luego el castigo merecía; 380

y el que en gracia moría dilatado,

el premio en solas esperanças vía,

pues aunque el justo le tenía seguro

era en fe de llegar Cristo venturo.

49

De quien ya las sagradas profecías 385

en dos maneras la venida viera,

una como pacífico Mesías,

quando al justo las nubes nos llovieron,

y otra de grande70 día de los dioses

como severo Juez, quando71 antevieron72 390

las mismas nubes en73 su seno frío

forjar el rayo, pues quajó el rocío.74

50

Y pues ya la primera vio infalible

el siglo de la paz pues vio humanado

lo divino, posible lo imposible 395

y lo inmenso ceñido y abrebiado,

lo más incomprehensible comprehensible,

lo más innumerable numerado,

caviendo en las entrañas de María

quien en cielo y en tierra no cavía. 400

51

Vamos a la segunda, que inbiolable

verá tanvién el siglo de la guerra

quando —como yo dije— en miserable

ruyna el cadáver de la madre tierra

de la alta cumbre vea formidable 405

que sobre sí precipitada yerra

la piedra del escándalo violento

que del monte caerá del restamento.75

52

A cuyo golpe el coraçón difunto,

despedaçado, abortaría funesto 410

en bocas mías el [h]órrido trasunto

que al eterno clamor está dispuesto.

¡A qué puesto, ay de mí, bolbió76 el asunto!

Mas, por tal de que fuera, puesto

que la pena aunque a siglos se rodeara, 415

llegara a ynstantes siempre que llegara.

53

Y ya que no es posible que mi vida,

según mi vida es, huya de vella,

cayga ya del impireo77 desasida

la errada luz, la aborrecida estrella 420

que allá en el sello sétimo78 [h]omizida

para aqueste lugar quedó, pues ella,

ya que [h]e de entrar en el avysmo mismo,

es la que tray las llaves del avysmo.

54

Cayó79, dice la poesía sagrada,80 425

una estrella del alto firmamento

que de su hermosa fábrica arrancada81

fue escandalosa ex[h]alación del viento,82

hasta verse en el centro sepultada

del orbe, que a jemir de tan violento 430

susto, pabor, asombro, pasmo y grima,

en vez de voca, abrió toda una sima,

55

cuya profundidad vien como poço

de requemada cal con terror sumo

bostezaba del [h]ondo calaboço 435

quejas de fuego entre alalidos de humo.83

de aqueste84, pues, jamás visto destroço

el mundo vio que a su final consumo,

de fieras que las llamas producían

ejércitos de ejércitos salían. 440

56

[H]orrible era su vista, y tan [h]orrible

que de langostas a la faz primera

dilubio parecía que invencible

talaba al sol los campos de su esfera;

después armada grey de terrible 445

aspecto, pues coraça armada era

con colas de escorpiones y cada monstruo

de mujer el cavello descubre el rostro.

57

Estos, pues, o langostas o escorpiones

—que el propio nombre apenas se les halla 450

si ya no es solo el de [h]órridas visiones—

teniendo todo85 el ayre por su valla,

corrían en formados vatallones

de ruydoso aparato de vatalla,

siendo así que86 su diente jamás muerde 455

ni mies, ni flor, ni fruto, ni [h]oja verde.

58

Tanpoco en los humanos presa hacían

universal, porque seguros d’ellos

entre ellos mismos libres discurrían,

vien como allá en el quinto de los sellos,87 460

todos los que en sus frentes la cruz vían

y solo se cebaban en aquellos

míseros que a tenerla no llegaron

o, ya que la tuvieron, la borraron.

59

De esta letra alegórico el sentido 465

claro se deja ver, pues el lucero

del alto firmamento desasido

vien dice que es aquel [h]orrible y fiero

apóstata de Dios, que aborrecido

de la luz de quien fue splendor primero, 470

vajó al centro en las alas de sus nieblas

príncipe a ser de sombras y tinieblas.

60

Los monstruos que las llamas abortaron,

las fieras [quando del humo la prisión]88 rompieron,

son sus sequaces, que el motín firmaron 475

por quien la gracia y la verdad perdieron.

Las verdes plantas a que no llegaron

y los de la señal a quien temieron

los justos son, que89 el justo sus legiones

pisa entre90 vasiliscos y dragones. 480

61

El profundo bosteço, que entreavierta

dejó la [h]orrible voca que escupía

a fuego y humo, que miró91 subía

de empañado arrebol la luz del día,

la boca es, que para siempre abierta 485

tendrá el infierno en la última agonía,

que de Dios se separen los proscritos92

a nunca ver a Dios, de Dios malditos.

62

¡O[h], quién aquí, quando pensarlo intenta

no se pasma, confunde y estremeze 490

al dictallo, qué voz no desalienta,

qué mano al escrivillo no entorpeze,

qué coraçón al leello no revienta,

qué spíritu al oýllo no falleze!

Mas, ¿qué mortal [h]abrá que lo perciba, 495

que piense, que hable, lea, oyga ni escriba?

63

Y si son las Sagradas Scrituras

voces de Dios y Dios hablando en ellas

por metáforas, sombras y figuras,

sus penas nos propone antes de vellas, 500

¿cómo podrán humanas conjeturas

percivillas jamás ni conprehendellas

si aun le es al triste que llegó a mirallas

más fácil padecellas que esplicallas?


64

Y siendo así que solicita en vano, 505

desvelado el spíritu más grave,

darse a entender sentándonos por llano

que el saverlo es saver que lo save,

proporciona, o[h] mortal, al ser humano

la imposibilidad; y pues no cabe 510

su objeto en tu raçón, quepa en tu mente

por consideraciones solamente.

65

Y sea la primera en tanto empeño

el sumo amor de Dios crucificado,

quando de su pecado se hiço dueño 515

para satisfacer a tu pecado.

La segunda, mirarle en aquel leño

escarnecido, herido y ultrajado

del mismo pecador que redimía

y el mismo para quien perdón pedía. 520

66

La tercera, que [h]aviéndote llamado

tantas veces jamás le [h]as respondido

hasta que llegas para ser juzgado

sin tiempo para ser arepentido.

La quarta, que a medida del pecado 525

[h]a de ser el castigo merecido.

Y en solas estas quatro considera

las demás, pues bolviendo a la primera,

67

puesto que en Dios ni puede [h]aver ni [h]a [h]avido93

desigualdad de afectos, al momento 530

que mires el amor que te [h]a tenido

verás tanvién el aborrecimiento

quando en desprecio de su sangre [h]as sido

tan cruel, tan ingrato, tan violento

que dolor a dolor le multiplicas, 535

pues si [h]oy le ofendes, [h]oy le crucificas.

68

Y siendo, como dije, tu delito

ynfinito y sus méritos bastantes

solo a satisfacerle, si94 precito95

desaprobechas dichas semejantes, 540

cierto es que, como antes, infinito

se queda y tú sujeto como antes

a ynfinito dolor, pues tu malicia

méritos ynfinitos desperdicia.

69

Luego abusando tú de su clemencia, 545

siendo tú mismo el más cruel contigo,

siendo Dios quien pronuncia tu sentencia,

siendo quien la executa tu enemigo,

vien se ve una y otra conseqüencia

quál la pena será, quál el castigo, 550

pues infierno y demonio dar le plugo,

uno por cárcel y otro por verdugo.

70

Mira, ay de mí y de ti, si no te ciegas

con sombras de tus mismas fantasías,

a qué prisión la libertad entregas 555

y de qué amor la voluntad desvías.

Al sumo vien, o[h] bárbaro, te niegas;

al sumo mal, o[h] mísero, te fías

sin atender que cada vez que pecas

al mismo Dios por demonio truecas. 560

71

En poder de su saña al arrojarte

Dios de sí, y tú de Dios de despedirte

te [h]as de ver96 concurriendo al despeñarte

todo el odio97 de Dios a destruirte,

el del demonio todo a atormentarte 565

y el de todo el ynfierno a recevirte.

O[h] pues, o[h] pues, ¿qué voz en tal fatiga

podrá decirte más aunque98 te diga?99

72

Despaborido el más sutil conceto,

que es su dolor efeto sin efeto,100 570

que es su pena certeza sin certeza,

que es su terror defeto sin defeto,

muerte que vibe y fin siempre enpieza,

pues tanto allí la muerte el fin no dilata101

que es fin sin fin y muerte que no mata,102 575

73

siendo el diluvio de las llamas ciego

que se esplayó sobre la faz del mundo

un mar, un lago, un piélago de fuego

sin marjen, ancho y sin raudal, profundo,

este, sin ley, sin orden, sin sosiego, 580

cruel siempre, siempre ayrado, siempre inmundo,

será en terrores, quejas y bramidos,

confusa confusión de tus sentidos.

74

Pues su golfo a la vista es espantable,

al oýdo su estrépito terrible, 585

al olfato su olor yncomparable,103

al gusto su amargura ynpercetible,

su inmenso104 ardor al tacto intolerable,105

y en todos sus efetos106 insufrible,

sin alguna107 piedad, sin vien alguno108 590

todos lo digan o mejor ninguno.

75

Pues la vista sus crispas109 y eriçadas

ondas, siempre en sí mismas encendidas,

ve allí110 de humanas gentes [h]avitadas

dentro de sus espumas sumerjidas 595

marinas fieras de furor armadas,

en [h]orrorosas formas competidas,

les harán compañía111 sin que se vea

objeto que ynfernal visión no sea, 600

76

entre cuyos asombros el oýdo

oye de sus embates [h]obstigado112

siempre un113 tremendo, un paboroso ruydo,

desacordadamente acompañado

de un jemido ynfeliz y otro jemido, 605

sin que se [h]aya en su música escuchado más [h]imnos, más endechas, más canciones

que blasfemias de Dios y maldiciones.

77

No menos el olfato paboroso114

siente115 allí de su objeto los rigores, 610

porque su cieno sucio y asqueroso,

siempre ex[h]alando fétidos olores,

respira116 inficionando117 riguroso118

el viento con los humos y vapores

de la pez, la resina y el açofre, 615

que otros aromas su rejión no sufre.

78

Viendo que el cielo allí rocío no lluebe,

por una gota de agua arde y suspira

el gusto, y con la sed a que le atreve

la angustia del ardor en que se mira, 620

líquido fuego de las ondas vebe,

y apenas de las ondas se retira,

quando con nueba sed buelbe a ellas luego

raviosamente [h]ydrópico119 de fuego.

79

El tacto entre la llama que le abraça 625

porque de sus delicias más se aqüerde

que enroscada culebra no le enlaça,120

que víbora pisada no le muerde,

que sierpe [h]orible no le despedaça,

hasta que ya que agoniçando pierde 630

la vida, ve la muerte, va a abraçalla

y por más que la busca, no la halla.

80

Y ya que se esplicó cada sentido,

siendo a todos comunes sus pasiones,

explíquense sin darlas al olvido 635

particulares las inclinaciones

que soberbio, que aquí desvanecido,

desestimó miserias y afliciones

del pobre que a sus puertas acudía

y no lloraba121 aunque122 llorar le vía. 640

81

Allí no mira, [h]ollado ynfamemente

de la planta más vil, más vil criatura;

ya el laurel [h]oya el oro de su frente

conociendo que fue humo su locura

y humo tan de los otros diferente, 645

que aquel se causa de la llama pura

y este la llama d’él, pues que con sumo

terror es fuego allí lo que aquí es humo.

82

Que abaro, que del mismo sol guardaba

lo que el sol le engendró viéndole tesoro 650

que con medios ylícitos juntaba,

no reconoce con eterno lloro

que el yerro con el oro atesoraba,

y que el yerro quedó, yéndose el oro,

pues,123 aumentando el uno cada día, 655

era el caudal del otro el que crecía.

83

Que lascibo, que de ýdolos humanos

ydólatra, adoraba la velleça

en mentidos altares con profanos

sacrificios en que arde la torpeza, 660

no reconoce quánto fueron banos

los gustos de esta vil naturaleza,

junto a sí viendo embuelto en alfombra oscura

el caduco splendor de la hermosura.

84

Que sangriento furor, que de yra armado 665

hacer oficio la vengança estila,

no ve al puñal que en sangre vio manchado

ser piedra el coraçón en que se asila.

Que glotón de viandas regalado

néctares cuaja y ámbares destila, 670

siendo su vientre el Dios que más le debe

que ya ponçoña de áspides no bebe.

85

Que humano vasilisco, que embidioso

con la vista mataba el vien ajeno,

embidiando a los justos su reposo 675

no muere al verse así de su veneno.

Que espíritu dormido y pereçoso,

al vien obrar de flojedades lleno

en el lecho letal que a verse llega

ni duerme, ni descansa, ni sosiega. 680

86

Siendo así que no solo el fuego [h]a sido

quien a él y a todos [h]aya desvelado,

sino el yelo también que arde encendido

vien así como el fuego pasma [h]elado,

temblor y ardor no ygual [h]an padecido 685

en la cisión de su ynfelice estado,

viéndose con efetos diferentes

torcer las manos y crujir los dientes.124

87

No ygual dije, porque no siendo yguales

las culpas no lo [h]an de ser los tormentos; 690

pero ellos son en sus efetos tales

que el menor basta de sus sentimientos

para ser el mayor de nuestros males,

y que mayor, aunque en merecimientos,

la culpa sea igual125 que nos condena 695

que ser igual lo eterno de la pena.126

88

Lo eterno de la pena, que constante

siempre, siempre en un ser yndificiente127

ni podrá descrecer un solo ynstante,

ni dejar de abrasar eternamente, 700

que, aunque el viento su llama no lebante

ni la materia su caudal128 fomente,

ynestinguible durará encendido

siempre voraz y nunca consumido.129

89

Que aunque es corpóreo, puesto que [h]a abrasado 705

lo corporal del hombre miserable,

tan elevadamente fue criado

que130 no gasta de sí, siempre insaciable,131

vien como el cuerpo que bolbió elebado

yncombustible132 a ser ynsaturable, 710

con modo tal que juzgó a más acierto

dudar lo oculto que asentar lo ya cierto.

90133

Y así solo diré que, pues que pudo

siendo el ángel spíritu criado

padecer este fuego —pues no dudo 715

que él fue134 del primero condenado135—,

fuego tan penetrante y tan agudo

que se vio en un spíritu cebado,

¿quién duda que un alma lo esté y todo,

pues136 quiso Dios con ynenable137 modo? 720

91

Si vien al alma, aunque hasta aquí [h]aya sido

suyo el dolor, la resta el más estraño,

pues sucede a la pena del sentido

otra pena mayor que es la del daño;

y138 si en aquella el cuerpo [h]a padecido, 725

el spíritu, en esta,139 en desengaño

de que el mismo dolor le aumenta y crece

la angustia140 que el spíritu padece.

92

Vien como acá, que acontecernos suele

tener uno un dolor y al mismo instante 730

un pesar que le aflija y le desvele

y estando todo junto está distante,

pues uno en la ofendida parte duele

y otro en el corazón, cuyo bastante

ejemplo da a entender lo que [h]ayan sido 735

penas de daño y penas de sentido.141

93

Pues al tiempo que aflijen los rigores

más fieros, más atroces, más violentos,

arde en el corazón aun con mayores

angustias, con mayores sentimientos 740

el más vibo dolor de los dolores,

el tormento mayor de los tormentos,

que es saber que [h]a de estar de Dios ausente,

careciendo de Dios eternamente.

94

Sin que pueda esperar que sus enojos 745

ya sin sacrificio templar pueda,

o[h] cierra aquí, católico, los ojos

y mirando [h]acia a ti un instante queda;

verás tejer vilísimos despojos

de142 quien en ningún alivio te conceda 750

y antes en ti de Dios tome vengança

sin tener esperança de esperança.

95

Pues si en su pena el mísero supiera

que de mil en mil años que llorara

una lágrima sola hasta que fuera 755

tanta la cantidad que derramara

que hacer lágrima a lágrima pudiera

de lágrimas un mar con que apagara

un átomo no más de tanto fuego

y de mucho bolviera a llorar luego, 760

96

para otra gota sola otros mil años

y otros tantos millares de millares

para otro mar con ciertos desengaños

de que llorando así mares de mares

[h]avía de hallar el límite a sus daños, 765

[h]avía de ver el fin de sus pesares,

padeciera contento en que tenía

su padecer determinado día.

97

Mas tan pribado está de confianza,

tan carecido vive de consuelo, 770

tan negado del vien de la esperanza,143

tan imposible144 de145 la luz del cielo,

que es su defeto146 el no tener mudanza,

pues quando su dolor, su ansia, su han[h]elo

el mar lágrima a lágrima hecho147 hubiera 775

y otra vez siglo a siglo le veviera.148

98

Aún no podía esperar ver que podía

llegar jamás el día que esperaba,

pues quando viera que llegaba el día

el consuelo no viera que llegaba, 780

porque la duración de su agonía

continuamente empieza donde acaba

tan siempre,149 que siempre cesar no puede,

y tan nunca,150 que nunca se sucede.

99

Sin que pueda decir, al fin, de quánto 785

siglo de siglos padeció, que a qüenta

ya de lo que [h]a de padecer su llanto

aquello padecido se descuenta,

pues, quanto más y más padezca tanto

más y más [h]ay que padecer atenta; 790

151lo diga la raçón, pues siempre [h]a hallado

que es más lo por venir que lo pasado.152

100

Fácil demonstración esta evidencia

al más escaso discurrir previene,

pues ya tubo principio su sentencia 795

y sin la ejecución de ella no tiene.

Y así, siempre que llegue la esperiencia,

siempre hallará quán relatibo153 viene,

que pues no [h]ay fin donde principio [h]a avido,

[h]ay más que padecer que padecido. 800

101

De suerte que después de [h]aver llegado

nuestra ymaginación, el tal porfía

a ver número a número juntado

quántos cupieron en la fantasía:

respeto154 a lo futuro, lo pasado 805

aún no es real, pero solo pasado un día155

y esto sin redención, porque en fortuna

tan ynfeliz no [h]ay redención ninguna.156

102

No [h]ay redención porque ymposible fuera

que Dios decretos suyos retratara; 810

no [h]ay redención porque en prisión tan fiera

ninguno entró que a livertad tornara;

no [h]ay redención porque fabor no espera;

no [h]ay redención157 porque a ninguno ampara158

padre, hermano ni amigo, ni [h]ay quien venga 815

a ayudarle ni aun lástima le tenga.

103

Y así como de Dios aborrecido

y como de su amor desesperado,

como de su piedad desconocido

y como de su gracia desterrado 820

en blasfemo sacrílego jemido,

este de Dios159 sin Dios gremio apartado

sus duras penas significa atroces

diciendo en una voz de muchas voces:

104

«Malditos sean los padres que nos dieron 825

el ser y en punto tal nos enjendraron,

malditas sean las madres que trajeron

vívoras en su seno y no abortaron,

malditos sean los pechos que tuvieron

tan piadosa crueldad que nos criaron, 830

maldita sea la luz del primer día

hasta nuestra postrera noche fría,

105

malditas sean las [h]oras que vivimos

y maldita la tierra que pisamos,

maldito sea el calor que recivimos 835

y maldito el ambiente que respiramos,

maldita el agua sea que vevímos,

el pan y el alimento que gustamos,

y malditas con él160 las luces vellas

del cielo, el sol, la tierra y las estrellas, 840

106

malditos sean tanvién los elejidos

a quien no duelen más aflicciones».161

Aciérrense162 cristianos tres en dos;

no escuches, no, sus desesperaciones,

que si oyes ynormes alaridos,163 845

a Dios se atreberán sus maldiciones,

porque no le conocen164 desde el día

que él les dijo que no los conocía.

107

Si [no] pie[nsas lo] que [de - - - ]eras,165

si en el ynstante que esto lees te hallaras 850

en pecado y de súvito murieras,

y pues lo incierto de morir reparas,

pues lo cierto del juycio consideras

y lo yncierto y yncierto de estas raras

penas en quien concurren inmortales 855

sin ningún vien166 los males de los males,

108

buélbete a ti tus sinrazones, mira,

buélbete a Dios y mira su clemencia;

y, pues a tiempo estás, llora y suspira

porque antes que llegue la sentencia167 860

suspensa en Dios, de Dios la gracia168

trocándote en amor la penitencia,169

el temor de pensar en un ynfierno

que es, o[h] mortal, eterno, eterno, eterno.


Poesías académicas

Tanto la Justa literaria celebrada en la Academia de las ciencias del 14 de diciembre de 1686 como la Academia a san Miguel de 1690 que ahora editamos son ejemplos cercanos a las academias de ocasión170 que se sucedieron en Valencia a partir de la segunda mitad del siglo XVII.

Los presentes textos académicos, a pesar de que uno de ellos se presente como perteneciente a una academia «de ciencias»,171 se inscriben en un ámbito más cercano a las celebraciones de carácter excepcional —una canonización, una batalla, un aniversario…— que a un tipo de reunión con encuentros sucesivos. De ahí que, aun transcurriendo paralelamente a la Academia Matemática de 1687, ya en manos de los novatores, aquí destaque su carácter meramente literario y se trate de celebraciones únicas, a menudo sometidas a una teatralización protocolaria, pues no solo importarán los textos, sino su recitado y su «puesta en escena».

Respecto a la estructura de ambas celebraciones, además de los poemas de los autoress participantes en la Justa y en la Academia centrados en los asuntos propuestos, ambos eventos coinciden en la presencia de una introducción y de un vejamen. En cambio, se diferencian en que las academias de ocasión suelen llevar unas cedulillas en las que se desarrollan temas relacionados con el evento, mientras que las justas se acompañan de sentencia, en la que se nombran los ganadores y se les asignan los respectivos premios.

Sin embargo, los casos que ahora editamos están incompletos, pues de la Justa celebrada en la Academia de Ciencias en 1686 solo tenemos los poemas, quizá los ganadores por tratarse de asuntos diferentes. Y en el caso de la Academia de san Miguel de Liria, además de algunos poemas —la mayoría de autores desconocidos—, contamos con el vejamen en el que se cita también al marqués de Villatorcas, a Manuel Mercader y a Francisco Figuerola.

En la Justa poética de la Academia de Ciencias de 1686 —centrada en la toma de Buda— participaron Marco Antonio Ortí, Vicente del Olmo, Vicente Carrós, Andrés Monserrat Crespí de Valdaura, Luis Juan de Torres, Antonio Milán de Alagón, el anfitrión Vicente Falcó de Belaochaga, el conde del Real, Manuel Belvís y el conde de la Alcudia, Vicente Escrivá de Íxar, todos ellos conocidos académicos de las celebraciones finiseculares.

Por lo que se deduce de la lectura de los poemas, se trataron los siguientes asuntos: la supuesta coincidencia de la fecha de la toma de Buda con la del mandato de los césares romanos y de la victoria de Augusto contra Marco Aurelio, los embozados mandados por el bajá, el mesar de barbas del visir al serasquier, la participación de los jesuitas en la guerra, el retraso del último día de toros para coincidir con la toma de Buda, por qué los poetas han de festejar a los soldados, cómo se adelantaron algunos a celebrar la gesta antes de que sucediera, las máscaras que se celebraron y la importancia de la toma frente al socorro de Viena.

En la Academia de san Miguel de Liria de 1690172 el marqués de Villatorcas José de Castelví y Alagón realizó la introducción, Manuel Mercader actuó como juez, Francisco Figuerola escribió una cedulilla y en el vejamen aparecen citados Cristóbal Monsoriú, Bautista Ruiz, Feliciano Aguerri, Miguel Aguerri (por Aguirre), Francisco Llopis, Maestro Aparicio, Miguel Sala, Vicente Güil, Adrián Gil, Marcos Monsonís, Vicente Armengol, José Monravá, Miguel Sala, Juan Monravá, Francisco Aragón, Mosén Vicente Calbo, Roque Garrigós, Juan Calbo y Mosén Juan Monravá. Aunque sólo se conservan poemas de Vicente Calbo, Francisco Llopis, Cristóbal Monsoriú, Francisco Aragón, Vicente Güil, Miguel Aguirre, y el reverendo maestro Aparicio, más un par de poemas de autores desconocidos y otro de José Ortí en el que se disculpa por no llegar a tiempo a la academia y un fragmento de un autor no identificado.

De la lectura del vejamen y de los poemas se coligen los siguientes asuntos: ¿quién tiene más paciencia, un pescador de caña o un maestro de niños?; ¿qué es mejor, ser escribano o poeta?; ¿quién tiene mejor vida, el clérigo o el padre del hijo clérigo?; ¿qué es mejor, cazar de día o de noche?; ¿qué le ocurrió a Manuel Mercader?; a un sueño, a los gordos, a los flacos, a los calvos, a la ponderación de las armas de la villa de Liria y a la feliz llegada a esa ciudad de doña Guiomar Coloma y de Castellví, marquesa de Villatorcas.

Los dos eventos que aquí incluimos se desarrollaron en esferas públicas diferentes. La primera, la Justa a la toma de Buda, se llevó a cabo en Valencia y de ahí que tengamos referencias de todos sus participantes; en cambio, de la celebrada en Liria tan solo son bien conocidos los organizadores, pero del resto apenas constan algunas pinceladas biográficas referidas a la profesión o al cargo religioso.

Otros poemas académicos

Reunimos en este apartado poemas sueltos del mismo manuscrito, la mayoría de carácter marcadamente académico, de eventos sin documentar. Aunque de autoría desconocida, pertenecen al ámbito del Marqués de Villatorcas, lo que permite identificar a algunos de los personajes citados, así como intuir la autoría de los textos. Por ejemplo, en el caso de un mencionado «Isidro» en un poema crítico y escatológico contra un soneto que este habría escrito, parece lógico pensar que se trate de Isidro Costa de Alón y Segura, secretario del citado marqués.



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