Kitabı oku: «Ni Juniors, ni Seniors: perennials»

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Sobre este libro

El mundo se encargó de unir puntos y derribar barreras. La estrepitosa realidad que nos impuso convivir con el dolor y la incertidumbre sin tener espacio ni tiempo para la reacción y la planificación, también nos señaló un camino y una única posibilidad: el movimiento. Covid inundó a la Aldea Global, nunca antes se había visto de un modo tan patente desdibujarse las fronteras. Covid se llevó a pobres y a ricos, no respetó ni edades ni géneros, tampoco las barreras socio económicas sirvieron. Todas las murallas se rindieron a su tenaz amenaza.

Este libro se fue gestando en el momento en que debía gestarse y ve la luz cuando más necesario es, en el tiempo de aceptar una realidad desafiante y permanente que exige profundos rediseños personales, profesionales y estructurales y es aquí donde los perennials con sus personalidades sin limitantes, etiquetas ni fronteras generacionales y quienes mejor ejercen y gestionan el cambio constante desde su personalidad innovadora, abierta, adaptable llegan aportando con su liderazgo y mentalidad. Si estás sosteniendo este libro entre tus manos, es probable que ya seas un perennial, aunque aún no le hayas puesto nombre.

En estas páginas lúcidas y llenas de contenido, encontrarás temas fundamentales no solo para el desarrollo personal sino para el organizacional, como el talento humano, la importancia de ver a los trabajadores como colaboradores, la identificación de los perennials, cómo comprenderlos y empoderarlos, los perennials como gestores de cambio y la humanización del mundo laboral. Para una realidad cambiante, se necesitan nuevos líderes y para la autora, la periniality es una respuesta tan sólida y flexible como el desafío de la realidad reclama.

Índice

Sobre este libro

Perennials

Prólogo

Introducción

AÑO 2020

AÑO 2021

1

Entendiendo el talento humano

1.1. Del trabajador al colaborador

1.2. El talento humano en la Era de la Información

1.3. Haciendo frente a la escasez de talento

1.4. Menos esquemas tradicionales, más negocios exitosos

1.5. Personas tratando con personas

1.6. Estrategias globales para planes de acción completos

1.7. ¿Confunde y reinarás?

1.8. La construcción social de las generaciones

1.9. Evitar las generalizaciones para generar comprensión

1.10. ¿El abecedario seguirá creciendo?

1.11. Bienvenidas las antigeneraciones

2

Identificando a los perennials

2.1. ¿Perennial? ¿Eso con qué se come?

2.2. Las antigeneraciones son la respuesta

2.4. Encarar la realidad desde la diferencia: la mentalidad del perennial

2.5. 10/10 de los Perennials

2.6. En tu empresa, seguro, ya hay perennials

2.7. Más acción, menos quejas

2.8. El sello personal de un Perennial en las organizaciones

2.9. Empodéralos, enamóralos y retenlos

2.10. Invertir en los Perennial: el negocio que optimiza las organizaciones

2.11. ¿Cuál es el sentido de ser Perennial?

2.12. Bueno, ¿y de qué me sirve ser Perennial?

3

Los perennials y su entorno de vida

3.1. Los espacios que te forman

3.2. El entorno familiar

3.3. El entorno social

3.4. Papel ciudadano y en la sociedad

Anexo

Los perennials como gestores de cambio

4

Perennials, los colaboradores que necesitan todas las empresas

4.1. Desafían esquemas y paradigmas

4.2. Cómo se relacionan

4.3. Su papel dentro de la organización

4.4. Líderes y agentes de cambio

5

Cómo entenderlos y empoderarlos

5.1. Cómo descubrirlos

5.2. Cómo potenciarlos

5.3. Líderes innatos

5.4. Conectar con ellos

6

Humanizando el mundo laboral

6.1. ¡No te engañes! Los colaboradores ya no son iguales

6.2. Volviendo al face to face: interacciones reales, equipos comprometidos

6.3. Que tu trabajo no te cueste la vida

6.4. Actívate, motívate, valórate

6.5. Palabras-acción para transformar

6.6. Primera palabra-acción: curiosidad

6.7. Segunda palabra-acción: aprendizaje

6.8. Tercera palabra-acción: transformación

6.9. Cuarta palabra-acción: comunicación

10.1. Palabras para el perennial que hay en ti

Anexo

Datos curiosos

Sobre la autora

Material de investigación Posta

Consejo Editorial de LID Editorial Colombia:

Alejandro Beltrán, Gabriel Calzada, Marcelino Elosua, Alan Farcas, Pedro Hidalgo, Camelia Ilie, Álvaro Jaramillo, Víctor Malagón, Carlos Martí, Alejandro Moreno, Fernando Quijano, Gonzalo Restrepo, René Rojas y Jaime Serida.

Colección Acción Empresarial

Coeditado por:

Biblo Market SA, representante exclusivo de LID Editorial en Colombia

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EDICIONESDELAU.COM

EAN-ISBN 978-958-53517-2-1

Equipo editorial

Gerente editorial: María del Pilar Flórez

Edición: María Laura Caruso

Corrección: Pablo Di Julio

Diseño de portada y maquetación: Cecilia Ricci

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright. Reservados todos los derechos, incluido el derecho de venta, alquiler, préstamo o cualquier otra forma de cesión del uso del ejemplar.

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Ana Eloísa Zúñiga
Ni juniors, ni seniors:
Perennials
Con prólogo de Gina Pell



A mi madre Graciela, a mis hijas Ana María y María José, a mi esposo José Antonio, a mis hermanos Belisario, Iván y Graciela.

A mi inspiración Perennial, mi tía y madrina Rita Leonor Vargas

A los líderes con los que he trabajado, amigos, colaboradores y seguidores.

Agradecimientos

Por todo su apoyo en la realización de este libro, a Paola Velandia y a Lina Molina.

A mis editores Maria Laura Caruso y César Piernavieja y a LID Editorial por hacer realidad otro sueño.

Prólogo

En octubre de 2016, publiqué un artículo titulado Meet The Perennials. Fue un artículo de opinión impulsado por una epifanía que experimenté a mitad de camino, en mi viaje como emprendedora tecnológica estadounidense. Vendí mi primera empresa de medios en línea durante una época en la que los cuatro grandes (Google, Facebook, Amazon y Apple) estaban empezando a monopolizar el tiempo de pantalla, los ingresos publicitarios y nuestra psique global.

En aquel entonces, el mundo estaba centrando su atención en los millennials, una generación de 1.800 millones de personas en todo el mundo, nacidas aproximadamente entre 1981 y 1996. Los editores cambiaron el nombre de las noticias para los millennials, los estudios rehicieron películas para los millennials y los fabricantes de alimentos, incluso, inventaron pasabocas para los millennials. En cuanto al resto, más jóvenes o mayores, ¿quienes caimos a ambos lados de la línea de tiempo millennials, no hay pasabocas para nosotros. Nos desvanecimos en el fondo. Pero, ¿por qué ?, me preguntaba. Si las empresas de tecnología más poderosas del mundo nos atacan o somos sus objetivos en función del comportamiento, lo que realmente hacemos en línea, ¿por qué limitaríamos, juzgaríamos o aislaríamos a las personas en función de algo tan trivial como el año de su nacimiento?

Estaba obsesionada con crear un término que pudiera arraigarse en el léxico público, para dejar claro que, debido a la esperanza de vida más larga y los algoritmos tecnológicos, la edad cronológica era mucho menos importante que la actitud. Vivimos en una época que nos permite trascender el pensamiento lineal, de la misma manera que los enlaces de hipertexto nos separaron de una narrativa y una experiencia lineales. En línea elegimos donde queremos ir. Ya no estamos pasando páginas numeradas fijas con un principio, un medio y un final. Hacemos clic en un enlace que nos interesa y descubrimos algo nuevo. ¿Por qué no debería ser igual en la vida? Así nació mi concepto de Perennial.

Muchos de nosotros estamos familiarizados con las definiciones estándar de la palabra perenne, como aguantar durante un largo período de tiempo o una planta que florece año tras año. De manera similar, el término perennial que acuñé describe una mentalidad de personas relevantes y siempre florecientes, que desafían la categoría y el estereotipo generacional. Las plantas perennes siempre han entendido que la edad no es un factor limitante. Desde la niñez y más allá, las personas perennials se involucran, mantienen la curiosidad, son mentores de otros, son apasionadas, compasivas, creativas, seguras, colaboradoras, de mentalidad global, asumen riesgos que continúan presionando contra nuestra creciente ventaja y saben cómo apresurarse. Comprendemos una mentalidad inclusiva y duradera, no un grupo demográfico divisivo.

Los perennials también son vectores, que tienen un gran atractivo, difunden ideas y comercian más rápido que cualquier generación. Hay plantas perennes siempre florecientes a nuestro alrededor, pero para usar ejemplos populares de personas que van más allá de los límites: el icónico productor de televisión Norman Lear, que cumple 99 este año, Lady Gaga + Tony Bennett, Pharrell Williams, Justin Trudeau, Lin-Manuel Miranda o Ai Weiwei; entre otros. Y obviamente, gente como Ana Eloísa Zúñiga, la autora de este libro y perennial por naturaleza, que ofrece un texto poderoso, que contribuye a una comprensión profunda de la “perenneidad”, en el mundo hispanohablante.

Para mi deleite, la mentalidad perennial se ha vuelto viral en todo el mundo y fiel a su homónimo, sigue apareciendo en la prensa, cada tantos meses. El artículo original se ha traducido a once idiomas, y el concepto se ha escrito o mencionado en más de 100 artículos en todo el mundo. Perennials ha aparecido en CNN, MSNBC, The Guardian UK, New York Magazine, The Wall Street Journal, Sydney Morning Herald, Vogue, Il Messggero, Le Monde, El Espectador y la lista continúa. En mis veinte años como creadora de contenido, fue la primera vez que algo que había escrito resonó tan rápida y profundamente en la gente de todo el mundo. Creo que parte de su éxito es que los lectores comprenden que el propósito y la relevancia pertenecen a todas las épocas y no solo a las generaciones que ascienden al poder.

A lo largo de los años, he recibido cientos de mensajes de correos electrónicos atentos, de personas mayores de 40 años, agradeciéndome por darles un término que les ayudó a seguir sintiéndose vitales, lo que me emociona, pero mi intención no era justificar la relevancia de mi grupo post-millennial, sino sobre sacar a TODAS las personas de una línea de tiempo lineal. Los millennials pueden ser perennial. Los octogenarios pueden ser perennial. Incluso los niños pueden ser perennial. Se trata de una mentalidad y ya no de una línea de tiempo unidimensional que va desde el nacimiento hasta la muerte. También me inspiré en Malala Yousafzai, la activista paquistaní ganadora del Premio Nobel, que comenzó su blog a los 12 años, defendiendo el derecho a la educación de las niñas. Los talibanes intentaron asesinarla, pero ella sobrevivió a una herida de bala en la cabeza y continúa su misión hoy en día, además de Greta Thunberg, la adolescente activista ambiental sueca, que desafía a los líderes mundiales a tomar medidas más firmes contra el cambio climático y que fue la persona más joven del año en Time.

Si tiene este libro en sus manos, es probable que ya sea un perennial, incluso si aún no le ha puesto nombre. Ana Eloísa recorrerá cada característica de vivir perennial, pero aquí, vuelvo a esos adjetivos, para que usted vea las cualidades que lo acercan a esta mentalidad, clave en estos momentos del mundo: además de ser curiosos, los perennial son apasionados, flexibles, atrevidos, colaborativos, resistentes, generosos, proactivos, humildes y abiertos. Ana Eloísa encarna todas estas cualidades perennes. También rechaza las etiquetas y los estereotipos.

Lo que sentimos por nosotros mismos influye en cómo nos ven los demás. Somos, y siempre hemos sido capaces de más que simplemente seguir el guion social, desde el nacimiento hasta la muerte, marcado por hitos del trabajo, el matrimonio, los hijos, la jubilación y el cuidado de los padres que envejecen. Ver el mundo a través de una lente perennial: florecer donde usted está y elegir cuándo hacerlo, sabiendo que todo vuelve, es la postura más segura que usted debe tomar, ya sea una persona, una marca o una institución. Abordar los problemas con curiosidad, en lugar de sentir pánico y pavor, y saber que, con el trabajo duro, las cosas volverán a crecer ha sido un salvavidas, especialmente en tiempos difíciles. Ser perennial simplemente significa tomar el control de su propia narrativa. Y nadie hace esto mejor que Ana Eloísa, una líder transformadora, que sabe lo que quiere, cómo luchar para conseguirlo y enseñar a otros a hacer lo mismo, perennemente.

Gina Pell, Perenne 1

San Francisco, CA

1. Mientras que el mundo discute sobre quién, o qué generación, es relevante, Gina Pell ha acuñado el término Perennials para describir un grupo de personas de TODAS las edades, razas y tipos, que siempre están floreciendo y que trascienden el estereotipo, y que hacen conexiones entre sí y el mundo que los rodea. Los perennials no permiten que la edad defina sus intereses, gustos ni comportamiento social, y comprenden una mentalidad inclusiva y duradera, no un grupo demográfico divisivo.

Introducción

El mundo se encargó de unir puntos y derribar barreras. La estrepitosa realidad que nos impuso convivir con el dolor y la incertidumbre sin tener espacio ni tiempo para la reacción y la planificación, también nos señaló un camino y una única posibilidad: el movimiento.

Covid inundó a la Aldea Global, nunca antes se había visto de un modo tan patente desdibujarse las fronteras. Covid se llevó a pobres y a ricos, no respetó ni edades ni géneros, tampoco las barreras socio económicas sirvieron. La pandemia enfermó a quien no tuvo acceso a la educación formal y al doctor, al obrero y al presidente. Todas las murallas se rindieron a su tenaz amenaza.

Este libro se fue gestando en el momento en que debía gestarse y ve la luz cuando más necesario es, en el tiempo de aceptar una realidad desafiante y permanente que exige profundos rediseños personales, profesionales y estructurales y es aquí donde Los perennials con sus personalidades sin limitantes, etiquetas ni fronteras generacionales y quienes mejor ejercen y gestionan el cambio constante desde su personalidad innovadora, abierta, adaptable llegan aportando con su liderazgo y mentalidad.

AÑO 2020

En un mundo atacado por la sobreinformación y en donde todo puede ser expuesto, es muy necesario cambiar algunos paradigmas para encontrar más aliados que enemigos y más talento que personas que actúen como máquinas.

Pero una reconfiguración de la mente no es posible sin antes entender por qué los esquemas mentales en los que estamos inmersos han quedado obsoletos. Por eso, el libro inicia dando a conocer los pros y contras de las generaciones y haciendo una clasificación muy primaria, en la cual y de alguna manera, todos nos podemos sentir identificados.

Las divisiones generacionales, además de brindar características específicas, también han dotado a los grupos etarios de algunas etiquetas negativas; es como si pertenecer a una determinada generación implicara haber nacido con defectos que nos acompañarán a lo largo de nuestra vida y que se manifestarán en nuestro desarrollo personal y profesional.

Ser condicionados por ideas como la anteriormente descrita, hace que no podamos creer en el poder, también innato, que tenemos de darle una perspectiva nueva a la realidad propia para encontrar las mejores soluciones.

Desde ese poder de elección la psicóloga Carol Dweck (Lewis & Eaton Professor de la Universidad de Stanford, Estados Unidos) desarrolla su teoría del mindset como la reprogramación que nos lleva al éxito.

Esta primera identificación es necesaria porque con ella podemos continuar al concepto novedoso que pretendemos plantear: es necesario un cambio de mentalidades, uno que pueda llevarnos a un estilo de vida con el que creemos otros principios y valores desde los cuales actuar en el mundo.

Ya hay personas que están viviendo esos valores y rompiendo paradigmas. Son los denominados perennials –término acuñado por la periodista estadounidense Gina Pell–, quienes han llegado para sacudir esos cimientos clásicos y plantear una nueva mentalidad que nos ayude a construir una manera diferente de vivir. Son ellos los que están liderando este mundo en permanente cambio, digitalizado y tecnologizado.

Un espacio como el laboral, que sufre profundos cambios de forma continua, exige hoy más que nunca, cuando estamos atravesando la pandemia del Covid-19, tener la suficiente capacidad para abstraer de ellos lo que más nos conviene. Si no lo logramos, nos resultará más difícil ser parte de la fuerza de trabajo del futuro.

Aunque el concepto de cambiar de mentalidades siempre ha estado sobre la mesa, más allá de las múltiples lecturas y espacios en los cuales puede ser aplicable, necesitamos una transformación que implique un compromiso serio y constante sobre lo que se quiere cambiar.

Los seres humanos cometemos el error constante de pensar que no somos nosotros los que debemos hacer los cambios, como si se tratara de una pelea con el mundo cuando, en realidad, tenemos más responsabilidades de las que creemos sobre las dificultades que atravesamos en nuestros diversos entornos.

Así que, para comenzar con una revolución ideal y que nos cambie el chip, es importante reconocer que no siempre se tendrá la mejor disposición del otro lado para acoger las ideas.

Atravesar el terreno de la incertidumbre es difícil, porque el cambio siempre está acompañado de ellas. Pero, cuando aprendamos a hacerlo, estaremos más receptivos a oportunidades de negocio más interesantes y a colaboradores más talentosos.

Pero esto, además, nos demuestra que la vulnerabilidad humana también trae beneficios y que depende de nosotros mismos que tan asertivos somos en recibir o no un nuevo conocimiento porque la palabra “todavía” o “aún puedo” está presente e implica una nueva variación en nuestro nivel de apertura.

Lo estática que mantenemos nuestra mente o lo amplia que la volvamos depende solo de nosotros.

Entonces, ¿no son más los beneficios que nos ofrece el Perennial Mindset que continuar viviendo de la misma manera? Si aprendemos a ver soluciones en los oficios y profesiones que ejercemos, más oportunidades tendremos de modificar lo que ya no tiene utilidad. Y cuando un colaborador o emprendedor sabe cómo usar sus habilidades para mejorar su sello personal en pro de beneficios comunes, la palabra éxito se hace más evidente.

Este libro presenta a esas nuevas personas: los Perennials que más allá de su edad o sus preferencias, van a modificar su realidad, desde un entendimiento más amplio de su contexto. Son esas personas dinámicas, capaces, entregadas, aquellas que se identifican desde lejos. Tomen estos capítulos como una guía de formación y entrenamiento, que los acerca desde su propia realidad y bajo sus propios términos a lo que ustedes ven como oportunidad de cambio. Hay múltiples mentalidades y diversos caminos para llegar a ellas, escojan con los que más se identifican.

Cuando estábamos terminando este libro el mundo cambió. La pandemia conocida como Covid-19, llegó y transformó la vida de las personas, empresas, instituciones y naciones. Una situación como esta no estaba en el radar de ningún experto ni futurólogo. Llegó de manera imprevista y sin tener tiempo de hacer la gestión del cambio, a la cual estamos acostumbrados.

Es aquí, entonces, donde ese Mindset empezó a operar en muchas personas, porque algunos aún no aceptan los cambios que se han generado.

En mi caso, con mi identidad perennial, vi todas las oportunidades que tenía a mi alcance para empezar a hacer los cambios que el universo me estaba brindando y por diversas razones no había realizado. Desde lo personal, adopté un nuevo estilo de vida saludable, con hábitos alimenticios más sanos y adecuados para mí. En lo profesional, revalué conceptos, como el del teletrabajo, encontrando muchas ventajas en él. He disfrutado, así mismo, de cosas sencillas que están a nuestro alcance y que por estar en la multiplicidad de tareas autoimpuestas no había valorado antes.

Este libro fue escrito en un año como el 2020 que siempre será recordado por la humanidad como el tiempo en que las personas tuvimos que hacer cambios y adaptaciones a nuestros modelos de vida, siendo un referente de las inmensas posibilidades que todos tenemos para identificarnos como Perennial.

Los invito a conocer los cambios de mentalidad que podemos hacer a lo largo de nuestra vida hasta vivir un estilo de vida que nos mantenga vigentes, libres de paradigmas y siempre listos para adaptarnos a ver lo mejor que el entorno nos ofrece.

Los Perennials, ni junior ni Senior, llegan en el momento justo de cambios, adaptaciones, nuevas experiencias, nuevas formas de vida, reinvenciones y revoluciones. Todo lo que conocíamos cambió y solo si nuestra mente está abierta para recibirlos podemos continuar avanzando como personas y como miembros de una sociedad.

Bienvenidos al mundo de los Perennials.

AÑO 2021

El universo en su sabiduría, se encarga de darle a las personas las herramientas necesarias para adaptar o cambiar lo que se requiere para ser parte de este ecosistema en el cual nos movemos.

Llegó el 2021 con mucha ilusión, pensando que lo vivido en un 2020 atípico para el mundo, iba a quedar atrás como la historia que se vivió, pero la cual no queremos recordar.

Sin embargo, pasó el primer trimestre, y los hechos y las cifras nos indican que los cambios en lo que conocíamos como normal serán cosas del pasado y el aprendizaje es como logramos esa adaptación de lo que fue el mundo laboral hasta el inicio del 2020 y lo que hoy se vive.

Las palabras que están en la portada del libro, nos traen cada una de ellas un mensaje de lo que quizás sea la ruta o camino a seguir dentro de la incertidumbre que hoy afrontan las empresas y quizás la solución a muchos de los problemas que se hicieron visible durante la pandemia.

Quiero referirme a cada una de ellas en esta inusual segunda presentación de un libro, que estaba listo para ser lanzado en abril del 2020, pero que la pandemia, no lo permitió o como bien digo en mi mantra personal, Todo llega cuando estamos listos para recibirlo.

Transformación es la primera palabra a la que quiero referirme, porque desde la óptica de un Perennial, es el resultado de un proceso de cambio y si eso es lo que hoy estamos viviendo un día a día diferente al otro como consecuencia de uno o varios aprendizajes que nos ha tocado afrontar, vivir para tener la flexibilidad necesaria que debe tener el talento humano fuerza motora de las empresas. El futuro del trabajo pasa inicialmente por la transformación del ser humano.

En el 2020 una de las palabras mas usadas fue la innovación, como la tabla de salvación ante la crisis de la pandemia. Fueron muchos los cambios de paradigmas que nos toco aceptar como la digitalización, lo presencial cada día es menos, los avanzados modelos de comunicación, léase zoom, meet, teams y clubhouse, entre otras.

Para lograrlo, tuvimos que trabajar mucho en la adaptación, reto que no siempre es fácil para los seres humanos, pero que terminamos lográndolo a través de los cambios de mentalidad. Esta no llega sola, primero pasa por la curiosidad esa intención que unos tenemos más desarrolladas que otros de descubrir algo que desconocemos y que trae como resultado la tan valorada y deseada creatividad esa capacidad que tenemos para crear a partir de otras ideas, dando solución o respuesta a problemas grandes o pequeños y que desafían lo ya establecido

Me falta mencionar dos palabras que las deje de ultimo porque son el abrebocas de lo que es el eje estructural de este libro la Diversidad generacional y la Inclusión.

La diversidad generacional no es más que la coexistencia de todas las personas de diferentes edades en las empresas, entendiendo que la diversidad no es un problema, sino una oportunidad muchas veces desaprovechada por los estigmas y estereotipos alrededor de la edad, una de las principales características de un Perennial que vemos la edad como un número que contiene los años físicos, pero no las capacidades mentales y cognitivas.

Por su parte la inclusión busca reconocer que todas las personas poseen habilidades y potencialidades propias, distintas a las de los demás, fomentando que toda persona se sienta “parte de” un equipo de trabajo a pesar de sus diferencias y estas pueden ser muy diversas.

Todas estas palabras vienen a colación, como resultados de los paradigmas que tienen que ser replanteados en el ámbito laboral, diferente al que conocimos hasta el 2019.

El desarrollo, éxito, crecimiento y sostenibilidad de cualquier empresa por pequeña o grande que sea esta en el equipo humano que la compone. No me cansare de decir, que la tecnología, creada por el hombre está para apoyar a este y no para remplazarlo. Detrás de una maquina esta la inteligencia de un hombre, de ahí la importancia de los cambios de mentalidad de generar estereotipos como los juniors o lo senior, cuando lo ideal es encontrar los puntos de encuentro y generar equilibrios entre las llamadas generaciones joven, millennials y centennials, y la generación mayor o sénior, los Baby Boomers o Café como muy bien la define Camilo Herrera, quien desde hace mas de 11 años viene desarrollado un estudio de las generaciones en Colombia.

Después de un 2020 donde pasamos de ir de casa a trabajar a la oficina a traer la oficina a la casa y adaptarnos en el entorno familiar, laboral y social para dar lo mejor de nosotros como seres en constante evolución, llegamos los Perennial, los perennes lo que trascendemos a través del tiempo, lo que vivimos en permanente cambio, porque sabemos que detrás de ellos viene la evolución y el verdadero sentido del ser humano.

Como bien lo expresa Pablo González Ruiz de la Torre, Fundador y CEO de Trivu “necesitamos un mundo donde el talento sea libre y capaz de desatar todo su entusiasmo, pasión y energía. Ser uno mismo en la vida es la primera y más importante condición para llegar lejos y esto, no entiende de edad”

Este libro llega a ustedes hoy aun en medio de una pandemia mundial que no se ha superado, a pesar de todos los esfuerzos de los científicos, y sin ser futuróloga, por que no lo soy, me lleva a concluir que los cambios de mindset al que nos esta llevando la vida, van en la ruta propuesta de los Perennial, quienes rompiendo los estereotipos de edades, generaciones, y adaptaciones al cambio no conduce al camino de la apertura hacia la esencia del valor del talento humano que requieren las compañías hoy.

Nuevamente bienvenidos al mundo de los Perennials.

1

Entendiendo el talento humano

«Existe algo mucho más escaso, fino y raro que el talento. Es el talento de reconocer a los talentosos».

Elbert Hubbard2

Las sociedades son movidas por las personas. Sin cada individuo que forma, a su vez, parte de los grupos con los que se siente conectado, no sería posible articular procesos ni formar alianzas que permitan construir grandes empresas y países industrializados. Pero, a pesar de que sabemos sobradamente lo importante que es el capital humano, hace muy poco que se lo toma como una rama de estudio.

Con la evolución de las sociedades y las formas de trabajo, pasamos de retener a las personas en sus puestos bajo alguna amenaza o presión, como sucedía en las fábricas, a la necesidad de comprenderlas como un todo que puede ofrecernos sus mejores capacidades en búsqueda del cumplimiento de los objetivos de las organizaciones.

1.1. Del trabajador al colaborador

El concepto de gestión del talento humano fue popularizado en 1998 en un artículo publicado por David Watkings de Softscape3, aunque un año antes McKinsey & Company ya había ofrecido su propia definición. A grandes rasgos, estos autores afirman que se trata del proceso por el cual atraigo y retengo a las personas más talentosas en mi organización. Suena sencillo, ¿verdad? Podríamos pensar que basta con ser muy buenos observadores para captar esas cualidades únicas que tienen determinados colaboradores y que marcan la diferencia con sus compañeros. Pero es justo en esos procesos en los que muchas organizaciones se quedan estancadas, porque cada etapa requiere un sentido y sin un objetivo claro, quedan como un barco a la deriva.

Desde las premisas de buscar la mejora continua, ejecutar las estrategias organizacionales y disminuir los niveles de rotación, muchas compañías descubrieron la importancia de conocer realmente a las personas y entenderlas. Por eso, en los años 90 hubo un auge en los departamentos de recursos humanos, dando paso también a la creación de nuevos profesionales que se capacitaban constantemente para contribuir a la búsqueda y retención del candidato ideal. Claro que esto produjo consecuencias en la manera de interactuar con los demás.

En 2001 autores como Beth Axelrod, Ed Michaels y Helen Handfield-Jones comenzaron a hablar de la «guerra del talento»4 para referirse a la lucha para seducir a los potenciales trabajadores por medio de bonificaciones, aumentos y reclutadores experimentados en vender a cada empresa como la mejor de su sector.

Hablamos, por supuesto, de un momento en el que el acceso a la información, tal y como lo tenemos hoy en día, no existía. El auge de internet llevaba alrededor de ocho años y las compañías, ante la novedad que este avance tecnológico suponía, dudaban acerca de los beneficios que podría tener en sus negocios. Eran los años en los que la economía se estaba ajustando para dar paso a lo que conocemos hoy como comercio electrónico. Muchos trabajadores de la época deseaban forman parte de las empresas puntocom que surgían casi a cada minuto.

Ante ese crecimiento económico y las favorables cifras que mostraba el índice Nasdaq, la bolsa de valores, que aglutina empresas de alta tecnología, telecomunicaciones y biotecnología, entre otros sectores, de Estados Unidos, no fueron pocas las empresas que entraron en la puja por invertir, para ver sus ganancias crecer como arroz. Pero pronto la burbuja explotó dando como resultado un gran desconcierto y cuantiosas pérdidas. Muchas empresas quebraron y otras, aunque al principio no lograron la esperada rentabilidad, pronto comenzaron a verla. Tal es el caso de una de las empresas más sólidas en la actualidad, Google.

1.2. El talento humano en la Era de la Información

Con este panorama, los departamentos de recursos humanos se fueron convirtiendo en un aliado cada vez más importante. La guerra por el talento siguió, solo que ahora se manifestaba desde ejes diferentes, los mismos que hasta hoy han determinado la manera en que se entiende, retiene y capacita a los colaboradores.

El primero de estos ejes es que hemos pasado de la era industrial a la era de la información.

Eso ya no tiene vuelta atrás y las organizaciones que no entiendan cómo generar participación, renovar procesos y usar a su favor el acceso al conocimiento con el que contamos en la actualidad, están destinadas a desaparecer.

Nuestra época trae consigo una constante globalización e hiperconectividad. Esto quiere decir que países en vías de desarrollo y personas que viven en zonas lejanas, ahora pueden tener las mismas oportunidades de mostrarse e interactuar en la gran vitrina virtual que supone internet.

Es tanto el interés y los beneficios que representa conectarse con todo el mundo que, en septiembre de 2018, Amazon, el mercado virtual por excelencia y una de las empresas con mayor capitalización bursátil en la actualidad, anunciaba el reclutamiento del mejor talento para trabajar en un «gran y atrevido proyecto espacial». En abril de 2019 desveló su secreto ante la Comisión Federal de Comunicaciones5 esperando su regulación. Se trata de Proyect Kuiper que, por medio de satélites (se habla de aproximadamente 3.236), quiere ofrecer cobertura de internet para al menos el 95% de la población mundial.

Claro que no es la única empresa que ha pensado en lanzar internet al espacio. Otras compañías como SpaceX, por medio de su proyecto Starlink, propiedad de Elson Musk pretende hacer lo propio hacia 2024. Parece que ahora no se trata de conquistar la luna o los demás planetas del sistema solar, sino de captar la mayor cantidad de potenciales clientes a través de algo tan atractivo como sumergirlos en el universo virtual.

Por los alcances que tiene internet en la actualidad, estamos llamados a hacer un cambio de chip, a recordar que ni los trabajadores ni el mercado son los mismos que hace 20 años. La competencia es mayor cada día, pero también nos brinda retos interesantes para ofrecernos como la mejor opción y destacar por prácticas éticas en nuestros procesos, con nuestros colaboradores y en lo que brindamos por medio de nuestros servicios o productos.

Y así emerge el segundo eje, que es la demanda de un talento a nivel gerencial de cualidades extraordinarias.

El liderazgo ha mutado. Ser un jefe rígido y parcial ya no es lo que necesitan las empresas. La era de la información y los propios cambios sociales de los que somos testigos y protagonistas promulgan una apertura, una nueva era de la colaboración se pone a la cabeza. Lo que se busca ahora son personas capaces de interactuar positivamente para que, por medio del diálogo, la colaboración y el desarrollo personal, las compañías alcancen sus objetivos de la mano del mejor equipo posible.

1.3. Haciendo frente a la escasez de talento

Hablo de cualidades extraordinarias porque, aunque es evidente que no buscamos un superhéroe o una superheroína, sí se trata de encontrar a esos individuos capaces de pensar fuera de la caja. Desde ese pensamiento creativo existe la posibilidad de generar soluciones que están a la altura de los retos que nos presenta el mundo actual. No basta con el reclutamiento de perfiles cualificados, esa es la mitad del trabajo; es necesario complementarlo con prácticas que gestionen adecuadamente la retención y el desarrollo de los colaboradores.

Según una encuesta realizada por ManpowerGroup en 20196, estamos ante una escasez de talento a nivel global sin precedentes. De acuerdo con dicho estudio, el 45% de los empleadores no logran encontrar al candidato o equipo que reúna las habilidades requeridas. En el caso de las organizaciones con más de 250 colaboradores, el porcentaje llega hasta un arrollador 67%.

¿Es la era de la información la culpable de la aparente muerte de la creatividad y el talento humano? ¿Los líderes no cuentan con la suficiente preparación? ¿Las máquinas y los robots serán capaces de reemplazar muchas de las funciones que realiza nuestro cerebro? Puede que sea así, pero también es necesario plantearse qué están haciendo realmente las organizaciones por descubrir y construir las mejores habilidades. Hay falencias que se presentan en doble vía; la clave está en descubrirlas y solucionarlas a tiempo.

Desde este aspecto se explica, en parte, una tendencia que, si bien se atribuye a determinadas generaciones de las que hablaremos más adelante, se da cada vez más en personas de todas las edades. Es la que hace a la gente cambiar de una empresa a otra constantemente. Si las cifras de rotación de una compañía van en aumento se podría pensar que es porque no hay talento, pero esta simplicidad impide reconocer otras razones por las cuales esto sucede, como una falta de reconocimiento sobre el colaborador, una incompatibilidad entre lo que busca el empleador y lo que desea el individuo o una falla de comunicación sobre las expectativas que se tienen en el área y qué conocimientos y habilidades son las que se requieren.

A veces el cambio puede surgir de algo tan simple como una oferta mal redactada o de un currículum que se envía sin antes entender lo que se busca. También, es importante entender que la gestión del talento humano no es algo que se limita a una sola área o departamento o de la que forman parte solo un grupo determinado de personas.

Si el activo más importante de una compañía son sus colaboradores, ¿no es lógico que sea una sinergia creada entre las mismas personas la que permita avanzar en la consecución de más y mejores metas?

Desde los mandos bajos, pasando por los medios y por supuesto, llegando a los altos, todos los individuos tienen una implicación clara en cada proceso. Por tanto, es necesario encontrar las singularidades de las personas que trabajan con nosotros y comprender de qué manera sus aportes suman en lugar de restar.

1.4. Menos esquemas tradicionales, más negocios exitosos

El futuro será alentador para quien se atreva a vivir el cambio desde otra perspectiva. Esa parece ser la conclusión a la que han llegado estudios de las firmas Mercer y Deloitte7 al analizar las tendencias globales del talento y el capital humano durante 2019. Hay aspectos positivos que dejan entrever la capacidad de las personas para separarse de los esquemas tradicionales, que, si bien sirvieron en otra época, en este momento han quedado obsoletos.

Un ejemplo es la conciencia que hay sobre la disrupción de los negocios en el contexto actual y la que vendrá. Frente a un 26% que creía, en 2018, que tardaría más tiempo, ahora un 73% de los ejecutivos consideran que se dará en los siguientes tres años. Esto nos demuestra que hay más personas dispuestas a garantizar que sus organizaciones mejoren de cara al futuro, esperemos que lo hagan sin arriesgar el capital humano.

De todas formas, para demostrar de qué estamos hechos y cómo el capital humano genera influencia y beneficios, es necesario partir de lo más primario: desaprender. Una tarea que hasta el día de hoy sigue siendo el problema en muchas organizaciones y resulta imprescindible ante los retos actuales.

Por otra parte, el 84% de los encuestados por Deloitte afirman que en su lugar de trabajo la experiencia del empleado tiene fallas. Esta se entiende como la suma de procesos que va más allá de las recompensas y se traduce en cómo las funciones que realiza el colaborador son relevantes y, a su vez, otorgan un sentido de identidad. Lo preocupante es que solo un 9% de ese porcentaje siente que está listo para abordar dicha problemática.

Sin duda, las megatendencias de las que formaremos parte en muy poco tiempo nos fuerzan a un cambio de mentalidad, a una renuncia de prácticas que, por insustanciales, no han brindado los mejores beneficios y a innovar en nuestros esquemas mentales. No es una tarea sencilla, pero la evolución solo llega cuando somos capaces de dejar de lado nuestro estado de comodidad y trabajamos por lograr un objetivo que solo es posible a través de la renovación.

¿Quieres ver crecer a tu compañía? ¿Quieres tener de tu lado a los mejores equipos? Dale prioridad a la innovación y suelta esos viejos fantasmas del pasado.

1.5. Personas tratando con personas

Una de las primeras ideas que hay que desterrar para favorecer el cambio en nuestras organizaciones es la de ver a nuestros colaboradores como individuos que solo están ahí para cumplir con lo que se les exige. Claro que el cumplimiento de sus tareas es parte del acuerdo que tienen con la empresa, pero poner esa idea como bandera es lo que ocasiona que los veamos más como máquinas y menos como personas.

Con esto me refiero a las oportunidades de mejora y crecimiento que ofrecemos como compañía. Es ilógico hablar en cada reunión de inicio de año de nuevos objetivos de expansión, pensar en abrir nuevas sucursales o referirse a la siguiente meta económica cuando se mantiene la misma visión sobre los procesos y la gente que trabaja en la compañía. No tiene mucha coherencia, porque para que el desarrollo sea sostenible en el tiempo, necesita de una construcción equilibrada que nace desde la mejora continua en cada aspecto operativo y organizacional de la empresa.

Ya no debe ser una simple tendencia -en lo personal me niego a verlo así- la necesidad de retomar el enfoque de liderar y hacer parte de empresas sociales. Con esto no me refiero a las organizaciones que tienen políticas de responsabilidad social, sino a aquellas que han asumido el reto de mejorar las condiciones laborales, de buscar el bien común y promulgar el mejoramiento, porque saben que esa es la opción adecuada para conseguir mayores ganancias y atraer a los mejores inversores. Se trata de una garantía: si cuento con un equipo de trabajo comprometido, lograré tejer redes de relacionamiento, impactaré en sectores o sitios donde aún no lo he hecho y comprenderé qué es lo que me falta para estar a la altura de las organizaciones más sólidas del mundo.

Lo importante es entender que, aunque las habilidades y los talentos no son tan fáciles de percibir en un primer momento –incluso medirlos es complicado–, hay que rechazar las actitudes que nos invitan a ignorarlos, a pasar de largo, a no detenernos a analizarlo.

Como diría Eduardo P. Braun en su libro Las personas primero8, «el poder de la cultura, de encender los corazones y los espíritus de las personas dándoles un propósito y un sentido de pertenencia, no aparece en un ningún asiento contable».

Lo anterior confirma la idea que se desarrolla en párrafos anteriores y es que en la construcción de una empresa con verdadero capital humano destacable hay que hacer partícipes a todos los individuos que pertenecen a ella. Debe ser capaz de prestarle la atención que necesitan, a sabiendas de conocer que no se tratan de activos tangibles y que para generar ganancias sobre todas estas acciones «intangibles» primero hay que hacer varios sacrificios.

Es correcto pensar en términos de estrategia. Pensamiento estratégico, alianzas estratégicas, cambios en ese mismo orden; todos esos aspectos que, bien planteados y sopesados entre sí, nos dan la seguridad de mayores ventajas con una pérdida mínima.


Fuente: Elaboración propia

1.6. Estrategias globales para planes de acción completos

Contar con un pensamiento estratégico integral va más allá de un departamento de comunicaciones o de mercadeo. Es, precisamente, unir todos los esfuerzos y los objetivos de cada grupo con las actividades y la meta en común que los convoca. Por eso, ni se hace solo ni se crea en unanimidad. Como este modelo tiene en cuenta todas las variables, es más acertado prever qué obstáculos se van a presentar y, por supuesto, cuáles son las mejores soluciones para cada problema.

Te pongo un ejemplo muy simple. Si eres del área comercial es obvio que debes contar con personas capacitadas para la atención al cliente. Resulta que las tienes, pero ves que el desempeño de tu vendedor estrella ha caído. En la lógica tradicional de la gerencia de empresas, un jefe autoritario podría exigir el despido por la baja en su rendimiento; pero, en cambio, un líder con apertura al cambio dialoga con su colaborador sobre el problema que haya ocasionado que no rinda como usualmente lo hacía y le ofrece soluciones, si están a su alcance.

Esta historia me permite introducir el punto al que quiero llegar. En un mundo de alta rotación, donde la informalidad está cada vez más presente y los colaboradores comprometidos son un bien escaso, ¿no es mejor brindar alternativas que permitan llegar a un ganar–ganar reteniendo al mejor talento con el que ya cuento? La respuesta es un contundente «sí».

Pero el pensamiento estratégico no se detiene solo en la retención, también se refiere a la sostenibilidad.

Con esto hago énfasis en que las mejores estrategias comerciales tienen como meta construir valor en dos vías: para la marca y para las personas.

Sabemos que una buena reputación empresarial tiene relación directa con su productividad. Cuantas mejores referencias tenemos de un determinado producto o servicio, más ganas tenemos de probarlo –por lo menos lo tenemos en cuenta a la hora de elegirlo sobre otras opciones que tiene el mercado–.

Por eso, si nos concentramos en ser parte de compañías que están preocupadas por la seguridad laboral, dejaremos de lado aquellos índices que parecen vaticinar que el futuro es oscuro, además de ampliar el concepto de las estrategias dejando de encasillarlas en aspectos meramente cuantitativos.

Las personas no son números. Entonces, ¿por qué nos empeñamos en seguirlas viendo como tal? No se trata de dejar de lado los valiosos aportes que las estadísticas nos dan sobre el comportamiento laboral, sino contrastar esas cifras con testimonios. Solo hay una forma de lograrlo y es través de la evaluación consciente de esos datos en comparación con lo que tengo en mi organización, a lo que dicen los colaboradores de sus funciones y la percepción de la compañía que tienen los públicos internos y externos.

Porque si hay algo claro, es que no debemos dar por sentado lo que creemos saber. Si creemos que conocemos perfectamente algo, la vida nos muestra que todo siempre es susceptible a cambiar. No hay nada estático y bajo esa idea debe ser nuestra autoevaluación: con la capacidad para determinar cómo esos objetivos del papel son de verdad realistas frente a mi contexto y a las personas junto a las que trabajo. Esta es la vía más efectiva para pasar de las ideas a la acción y dejar de profesar, entre los departamentos de mi organización, ideas que se quedan en el aire.

Para recapitular, dejemos claro que una correcta administración de nuestros recursos requiere entender las estrategias, ser consciente de lo que tenemos y lo que nos hace falta y, a su vez, combinarlo con las ayudas que el talento humano, la tecnología y la optimización de procesos nos ofrecen.

Estoy segura de que muchos de esos puntos ya los tienen en cuenta las empresas, incluso tú que estás leyendo estas líneas podrías pensar que no te estoy ofreciendo algo novedoso.

Pero todo tiene un inicio y, en este caso, es sumamente importante apuntarnos a ese primer objetivo que es potencializar nuestras empresas en el entorno actual. Si tenemos claro lo que queremos alcanzar, sin perder el foco, podremos estar seguros de que estamos trabajando con la intención clara de cambio y, así mismo, tendremos la capacidad de reconocer cuáles son los errores que nos han llevado a que aún no hayamos logrado las transformaciones que buscamos.

Como en todo proceso lógico, lo primero es conocer las raíces del problema. Dentro de lo que hace que una empresa no logre lo que se plantea hay muchas aristas; unas pueden depender del contexto, otras del mercado, unas más por los consumidores y algunas responderán a problemas estructurales. En todo caso, hay una que descuidan las organizaciones, al darla por sentada, y es la necesidad de los cambios de paradigmas.

El mundo avanza a pasos agigantados y ese avance no nace por mantenerse con las mismas ideas siempre. Dentro de mi experiencia empresarial y de mis anécdotas personales, identifiqué que hace falta más integración, más interacción y más inteligencia de relacionamiento.

No darle la validez que se merece a este tema ha ocasionado que existan islas que, por permanecer apartadas, causan desde ruidos de comunicación hasta problemas de ventas. Y en este aspecto descubrí que hay un concepto que se posicionó, poco a poco, en todos los medios, hasta llevarnos a crear ideas erróneas sobre lo que de verdad deberíamos buscar en nuestros colaboradores, y son todos los pensamientos que creamos cuando nos hablan sobre generaciones.

1.7. ¿Confunde y reinarás?

El término de generación ha sido usado, sobre todo, en las ciencias sociales. Este concepto permite categorizar a las personas de acuerdo con parámetros establecidos para diferentes estudios o con determinados años que serán objeto de observación. Sin duda, para muchos campos del saber trae beneficios porque son un complemento que permite estudiar las capas que componen lo humano y cómo esas interacciones gestan nuevas relaciones, movimientos, ideas e hitos históricos.

Pero ¿es igual de relevante cuando hablamos de nuestros colaboradores? Más allá de una segmentación básica basada en la edad, no hay nada sustancial que nos permita conocer en profundidad a los miembros que forman parte de nuestro equipo. Quedarnos con datos tan simples puede ocasionar que todos nuestros intentos por cambiar la cultura y el clima organizacional fracasen.

Debemos recordar que somos personas tratando con personas, lo que implica escuchar, observar y actuar en consecuencia, estar atentos y, a la vez, ser responsables del conocimiento que recibimos y transmitimos.

La verdad es que la concepción actual que tenemos de las generaciones no se puede tomar como algo absolutamente negativo. Mucho viene dado precisamente por ese intercambio de saberes del que todos los días somos partícipes. Incluso, ese es uno de los aspectos de los que habla la Real Academia Española al definir a las generaciones así: «Conjunto de personas que, habiendo nacido en fechas próximas y recibido educación e influjos culturales y sociales semejantes, adoptan una actitud en cierto modo común en el ámbito del pensamiento o de la creación». Esto quiere decir que por haber nacido en un sitio determinado y en un año específico, muchos de nuestros comportamientos serán parecidos, al igual que algunos gustos o formas de ser y estar que adoptamos dentro de la sociedad.

Este punto tiene relevancia si pensamos en lo que ha unido a los grandes pensadores de nuestra historia. Por ejemplo, la lucha por los derechos civiles encontró en un mismo escenario a dos líderes como Martín Luther King y Malcom X, quienes, desde distintas orillas, se plantearon soluciones diferentes para una problemática que compartían, la segregación racial. Así mismo pasó con todos los jóvenes que desafiaban la autoridad con sonidos que se distinguían entre la multitud.

Como vemos, dentro de ese conjunto de personas que comparte un determinado sistema de valores, se distinguen ciertas características que son las que llevaron a varios autores a plantearse la cuestión de las teorías generacionales. La más difundida hasta hoy es la que desarrollaron William Strauss y Neil Howe9 en su libro publicado en 1991 Generations: The History of America’s Future10. La principal hipótesis de este texto es que la historia de la humanidad está conformada por ciclos generacionales, los cuales tienden a tener una duración de entre 20 y 22 años. En el caso específico de su obra, hicieron la observación de los Estados Unidos a las luces de todos los relevos entre grupos etarios que habían sucedido desde 1584.

Aunque dicho estudio se haya centrado en Estados Unidos, estas ideas son aplicables en términos de tendencias y productos a otros muchos lugares. Pensar en ello me hace recordar lo mucho que me gusta la ropa de otras épocas y cómo hablaba con mi mamá sobre esos estilos clásicos y elegantes que tanto distinguían a las primeras actrices de Hollywood. Mi madre, sin saberlo, me decía, las nuevas generaciones van a desear tener cosas que nosotros ya tuvimos. Ella me repetía, cuando me quejaba por no encontrar esas prendas en la actualidad «no te preocupes hija, eso pronto volverá a estar de moda».

Y tenía razón. Era cuestión de años –incluso de meses– ver cómo ciertas modas volvían a llenar los escaparates de las tiendas: pantalones bota campana, camisetas con estampados psicodélicos, vestidos de corte princesa o tacones de aguja volvían a ser tendencia. Si hablamos de productos, en la actualidad vemos un repunte de todos esos productos que nos hacen tener un pie en el pasado de la nostalgia.

Las series que nos recuerdan los programas que veíamos de niños, los accesorios coleccionables que conmemoran el estilo de otras épocas y los programas de radio que reproducen esas canciones que cantábamos a todo pulmón en nuestra adolescencia son una muestra de ello. Basta con ver el enorme éxito que ha tenido la serie original de Netflix Stranger Things –quienes fueron niños en los años en los que se desarrolla la historia se ven identificados con cada singularidad que retratan allí–.

En este sentido, la clasificación no se realiza desde una visión biológica, sino que, por el contrario, se traduce en una comprensión social que es la que nos lleva a entender nuestra historia y el papel que jugamos en ella. Las generaciones son unas de las herramientas que hemos utilizado para explicar nuestro paso por el mundo y, sobre todo, para articular con sentido la continuidad que los seres humanos le hemos dado a los aspectos esenciales para nuestra evolución: las instituciones, los inventos, el progreso y las relaciones.

1.8. La construcción social de las generaciones

Dentro de la definición que ofrecen Strauss y Howe sobre las generaciones hay un aspecto fundamental: esta clasificación ofrece una imagen colectiva. Es fácil identificarnos con nuestros coterráneos porque sabemos que ellos han compartido o, por lo menos, saben qué es pasar por las mismas situaciones por las que nosotros lo hemos hecho. En consecuencia, ese compartir de vivencias es el que hace que las personas tengan un sentido de identidad que conecta con cierto grupo, pero a la vez los separa de otros.

El sentimiento de pertenencia es necesario en todos los seres humanos, la pregunta es cómo gestionamos esos puntos en común que tenemos con otros y cuánto nos atrevemos a salir del contexto típico en el que crecimos.

Pensemos en las personas mayores que conocemos. Ellos, que ya están rondando los 80 o 90 años, pueden expresar dos opiniones contrarias al tiempo, por un lado, piensan que «todo tiempo pasado fue mejor» pero también creen que «los jóvenes de ahora no saben de sacrificios». Lo curioso es que esto no solo pasa en ese grupo etario. En individuos de todas las edades vemos ese rechazo por el otro, en menor o mayor medida, porque no somos lo suficientemente capaces de comprender la manera en que ellos ven su vida y no nos atrevemos a evaluar cómo ha influido el contexto en las expectativas que tiene sobre su existencia.

Como una guía para hablar sobre lo que identifica a una generación frente a otra, y casi como respuesta a disputas como la antes descripta, varios autores han hecho una clasificación que habla de las singularidades y a su vez busca dar explicación a las características gestadas dentro de contextos específicos que hacen que una persona sea de una forma y no de otra.

Aquí es interesante ver cómo muchos de los nombres que tan comúnmente escuchamos, no fueron proporcionados por personas expertas en estos temas. En ocasiones se trataba de una nominación que estaba ligada a los hechos del momento y los sentimientos de intriga o, incluso, de pánico frente a los cambios.

La denominación de generación perdida –que hace referencia a individuos que nacieron entre 1880 y 1900– no se trata de un insulto. Es una forma de identificación que empleó la novelista Gertrude Stain11, quien según la Universidad de Oxford pretendía usar estas palabras para darle nombre a su círculo íntimo de amigos escritores. Sin embargo, esta denominación resultó bastante acorde con los acontecimientos de la época: la sensación de las personas al dejar atrás todos los valores, la moral y los ideales tras la finalización de la Primera Guerra Mundial.

Por otro lado, unos fotógrafos húngaros fueron los encargados, sin pretenderlo, de darle nombre a la generación X (1965–1979). Bajo el pseudónimo de Robert Capa publicaron unas fotos en blanco y negro en el Reino Unido sobre la cultura después de la Segunda Guerra Mundial de jóvenes de alrededor de 20 años. Les colocaron ese título pues en las imágenes se retrataba el inconformismo con los modelos tradicionales, la actitud imperante de no sentirse identificados con otras generaciones y el rechazo a las etiquetas.

Luego, la novela de Douglas Coupland Generación X publicada en 199112 terminó de popularizar el término al contar la historia de tres amigos que deciden abandonar las ciudades industrializadas porque no querían sentirse con la obligación de escoger una carrera, ni vivir el día a día solo para recibir un salario que se iría en pagar deudas. Además, el cantante Billy Idol fundó su banda de punk copiando el nombre, contribuyendo a expandir y generalizar esta denominación con los mensajes que trasmitía en sus canciones.

Por otro lado, la aceleración de la tecnología, el acceso a la información y la masificación de productos hacían que revistas prestigiosas como Time hablaran de un «pensamiento millennial», término que finalmente mutó para nombrar a todo el conjunto de personas nacidas entre 1982 y 1996.

Traigo todos estos ejemplos porque me resulta muy interesante el origen de nuestra necesidad de identificarnos con algo y saber que somos parte de un movimiento más grande que nosotros. Por supuesto, entre las razones que hay para explicarlo, sin duda, está el carácter social que caracteriza a los seres humanos; es imposible vernos siempre de manera individual. Más aún cuando desde la época de las cavernas nuestros ancestros se movilizaban en manada para conseguir alimentos y estar a salvo de los peligros de la vida salvaje.

La curiosidad por la denominación que recibirá la próxima generación me parece que proviene de saber que no estamos solos ante las adversidades que se presentan en nuestra vida –muestra de ello es el Covid-19 que nos ha atravesado mundialmente- y que contamos con un grupo para poder hacer frente a la competencia que vendrá. Hablo de sentimiento de competitividad.

Saber que la fuerza laboral está cambiando es una sensación que seguramente ha estado presente en todas las épocas.

Pensemos cuando pasamos de labores agrestes en el campo a ciudades industrializadas donde lo que mandaba eran las máquinas, los horarios y el uniforme. Ahora estamos en un escenario en el que de nuevo están en riesgo muchas de las profesiones tal y como las conocemos hoy en día. Con la proliferación de la inteligencia artificial, el Big data y otras tecnologías exponenciales no son pocas las personas que podríamos quedar sin trabajo al ser reemplazadas por robots.

1.9. Evitar las generalizaciones para generar comprensión

En este sentido, y teniendo en cuenta los cambios sustanciales que han surgido en la sociedad, como las nuevas visiones sobre la conformación de la familia, la exigencia de derechos y los espacios de participación de las minorías, hemos buscado incansablemente tener una justificación para explicar por qué somos de una determinada manera. Es como si tuviéramos la necesidad de encontrar en lo externo esas causas que nos convirtieron a nosotros en el efecto, algo así como «no soy yo, es mi contexto», «no es mi culpa haber nacido en esta época» o «así soy yo y qué le puedo hacer». Pero estoy segura de que muchas de las personas que están leyendo estás líneas no se sienten identificadas con estas premisas.

Varios lectores estarán pensando en cómo su país, clase social, nivel educativo o formas de ser y pensar han influenciado en cada una de las decisiones que han tomado, pero también puede que tengan la consciencia plena para reconocer la responsabilidad individual en sus actos.

Desde esta percepción es lógico afirmar que las hipótesis sobre generaciones no tendrían validez porque tratan de una acepción muy amplia de características que no se cumplen en todos los casos. Ese es uno de los problemas que para mí tiene la clasificación en generaciones, que sus descripciones se basan en generalizaciones.

Frente a este concepto me encontré con una perspectiva interesante, la ofrecida por la autora Claire Raines en su libro Connecting Generations13 al afirmar que «las generalizaciones son útiles, como una forma de comenzar a entender a alguien más, como una guía. Nos brindan los conocimientos, la conciencia y la empatía que pueden conducir a nuevos enfoques, cambios en nuestro propio comportamiento y adaptaciones que pueden crear más comprensión, cohesión, creatividad y productividad».

Si tomáramos las generaciones desde esta premisa, seguramente, muchas de las opiniones prefabricadas que existen acerca de determinada época serían menos. Pero no sucede así, porque nos hemos encargado de dotar a las generalizaciones de un concepto negativo en el cual las tomamos como ideas rígidas, sin una oportunidad de mejora y que seguirán existiendo sin importar lo que suceda.

Es curioso, porque el tiempo nos ha demostrado que todo es variable, que los estados pasan, mutan, adoptan formas y cambian, de acuerdo con lo que el entorno les ofrece. En este caso generalizaciones que contribuyan a ampliar la mirada, modificar los comportamientos e incluso tomar iniciativa irían más en tono con la fluidez requerida.

Sin embargo, aún vemos cómo la guerra del talento, de la que hablábamos en el primer apartado, ahora está mediada por personas que compiten desde sus generaciones por ocupar un rol y obtener reconocimiento. Por lo menos así son las cifras, estudios y extensos artículos que nos hablan de las dificultades de crear equipos multigeneracionales.

La fuerza laboral ha cambiado tanto como lo han hecho los espacios de trabajo, por lo que mantener las mismas concepciones y transmitir las mismas sensaciones de angustia por el futuro y la competencia en todos los niveles no parece lo más acertado.

Para debatir sobre estas ideas y contribuir a la mejor gestión del talento humano es importante entender cuáles han sido esas generalizaciones que, hasta hoy, contribuyeron a formarnos una percepción sobre lo que valora más un trabajador sobre otro en la actualidad. Por eso, en la siguiente sección veremos en detalle esas diferencias generacionales y, espero, podamos ver que esos supuestos son susceptibles al cambio.

Tal vez, incluso, nos sorprendamos al descubrir que somos un híbrido entre diversas generaciones y que nuestro comportamiento ha nacido más de nuestras experiencias, las personas con las que hemos convivido y los conocimientos que a lo largo de los años hemos adquirido.

1.9.1. El abecedario de las generaciones


Fuente: Elaboración propia

Los estudios sobre generaciones, que a lo largo de los años han salido a la luz, se basan usualmente en las mismas variables: los cambios históricos y cómo estos han influido sobre las personas durante un periodo de tiempo específico. Esta perspectiva es tan interesante como amplia, porque un mismo acontecimiento no va a producir los mismos efectos sobre todas las personas.

Con esto volvemos cómo todos los aspectos que influyen en nuestra vida: la familia, el acceso a la educación, el dinero, las relaciones, el contexto social, la clase social, entre otros, tienen en su conjunto una correlación directa con lo que sucede dentro de un marco de referencia.

Para los estudiosos del tema, las generaciones cumplen con un patrón, entendiendo este como una estructura que emula diversos aspectos; hay variables, pero también hay puntos claros que se replican hasta otorgar la capacidad de predecir. Los autores que han hablado sobre estos relevos entre grupos etarios afirman que, tomando como base los precedentes históricos, es sencillo pronosticar los pensamientos y comportamientos de los individuos del futuro.

Pero puede que, a estos estudiosos, se les haya escapado tener en cuenta otras nociones. Precisamente, aunque se habla en plural, los estudios se han enfocado en cómo actúan los individuos dentro de sociedades particulares (la mayoría se desarrollan en Estados Unidos), sin tener en cuenta que cada movimiento cíclico tiene un ADN distinto donde lo macro, que proviene desde nuestra ubicación geográfica, tiene relevancia.

No fue lo mismo para un joven estadounidense su relación con la cultura a partir de estrenos cinematográficos masivos como la saga de películas de Star Wars, que para un joven argentino o chileno que tuvo como principal mediador, en su consumo artístico, las tensiones sufridas por las represiones de las dictaduras, ejemplos tan característicos en Latinoamérica.

Si estamos realmente interesados en conocer a las personas que trabajan con nosotros, comencemos por entender las variables que han influido en su comportamiento.

Tomarnos como primer objeto de estudio puede ser una buena alternativa. Saber que nuestra percepción de seguridad es distinta si nacimos en años donde el conflicto armado era una constante, nos dará luz, por ejemplo, sobre de qué manera pensamos en la estabilidad o la confianza en espacios laborales. Y, a su vez, al menos nos atreveríamos a preguntar qué situaciones han favorecido a la apertura en la época actual y los beneficios y desafíos que suponen formar parte de una sociedad tan hiperconectada como en la que estamos viviendo.

En la actualidad se habla de cuatro generaciones que representan la totalidad de la fuerza laboral. Hablaremos de cada una, para asumir los conceptos de la visión que nos ha acompañado hasta hoy, pero ahora lo haremos desde una actitud más integral, sin tomarlas como una concepción rígida ni de verdad absoluta.

Para ello tomaremos como referencia los estudios de Strauss & Howe así como los diferentes informes que las firmas, medios de comunicación y multinacionales han realizado al respecto.

Pensemos en las generalizaciones como términos que nos ayudan a construir.

1.9.1.1. Hijos de la guerra

Una de las generaciones más importantes en los espacios de trabajo. Nacieron durante 1945 y 1964 en una época de transición donde el mundo estaba comenzando a despertar de los desastres que dejó la Segunda Guerra Mundial. El nombre de baby boomers proviene de la increíble alza en la tasa de natalidad que se produjo para la época, principalmente, en Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda.

Para Strauss & Howe (1991) «cada generación tiene una programación colectiva asociada a las experiencias a las que se ha expuesto durante su formación. Vivencias compartidas como eventos mundiales, condiciones económicas, desastres naturales, héroes, villanos y políticos de esa época, permiten que los miembros de una generación desarrollen características comunes».

Teniendo en cuenta lo anterior, los baby boomers son percibidos como personas que respetan la autoridad, ven el trabajo como un privilegio y crecieron con la mentalidad de que siempre hay algo por hacer sin importar la cantidad de recursos que se tengan. Al parecer, repetir los procesos haciéndolos del mismo modo los ha vuelto resistentes a los cambios y al nuevo contexto tecnológico que nos acompaña.

Hay que tener en cuenta que es uno de los grupos etarios que más hechos históricos vivió. Entre ellos están la llegada del hombre a la Luna, la Guerra Fría, la Guerra de Vietnam y el asesinato de personajes que marcaron la historia como Martin Luther King y John F. Kennedy. Dentro de ese espectro de acontecimientos notables, también está la aparición primaria de la tecnología cuando se encontraban en la etapa de jóvenes adultos (entre los 20 y 30 años), ya que al mundo llegó el primer computador desarrollado por IBM.

Por estos hechos se los considera como inmigrantes digitales, pues, aunque no estaban totalmente sumergidos en la era de la información, sí contaban con acceso a la televisión a color, a la radio y a los teléfonos fijos. También vieron cómo nacían nuevos formatos que hoy en día poco escuchamos como el VHS y el DVD.

Se trata de una de las generaciones con ingresos más altos. Según el artículo de Merca 2.0 Las cifras que te guiarán hacia a los “Baby Boomers”14, en América los más de 76 millones de niños que nacieron en esa época, representan ahora un control de gastos por alrededor de 2.000 millones de dólares.

1.9.1.2. Los baby boomers en el trabajo

Dentro del panorama laboral actual, un gran número de cargos directivos está en cabeza de los baby boomers. Sin duda, se trata de las personas con mayor experiencia en los contextos laborales actuales, no solo tienen amplios conocimientos en sus áreas, sino que también han experimentado los cambios, incorporando a su manera los que más los favorecen.

Esta dedicación es la que los hace destacar como personas leales a las organizaciones, con visión clara y que prestan una gran atención a los procesos. Aunque algunos hayan pensado en el retiro, la mayoría prefiere mantenerse en actividad. Son de los grupos que esperan encontrar en su trabajo seguridad y estabilidad, puesto que la mayoría han desarrollado un plan de carrera de toda una vida en el mismo lugar. Es lo que veíamos en las historias de nuestros abuelos, quienes le dedicaban sus mejores años a la misma organización y comenzaban a escalar en los puestos hasta alcanzar mejores posiciones.

Según las conclusiones del Observatorio de Generación y Talento en colaboración con la Universidad Europea de Madrid (2018)15, los baby boomers como jefes se destacan por «otorgar gran importancia a los objetivos organizacionales, se esfuerzan en transmitirlos y en identificar las oportunidades de desarrollo de sus colaboradores, como puntos fuertes. Sin embargo, siguen teniendo dificultades en la conciliación y en trasladar el disfrute en los equipos como parte inherente al trabajo bien hecho». Como vemos, representan valor en la cadena de producción y creación dentro de las organizaciones.

En conclusión, son lo que llamaríamos unos workaholics en toda dimensión de la palabra, las cifras lo respaldan. Pues de acuerdo con los datos de la oficina de estadísticas laborales de Estados Unidos, citado por el artículo de Merca 2.0, las personas mayores de 65 años que forman parte del mercado laboral «ha pasado de un 12% a mediados de los años 90 a un 19% en la actualidad». Lo que demuestra que piensan en la jubilación como una opción lejana. Lo malo es que dentro de la mayoría de las organizaciones no se cuenta con un plan que favorezca el retiro adecuado de estas personas y muchas de ellas se ven forzadas a realizar un trabajo inadecuado.

1.9.2. Los renegados

Conocidos también como la generación X, reciben este nombre, como veíamos antes, por su actitud desafiante e inconformista ante la vida. Aunque no hay un consenso sobre la división etaria, se habla aproximadamente de las personas nacidas entre 1965 y 1981.

Vivieron un mundo de cambios mediados por la llegada de internet y el consumismo. Esta relación naciente con la información les permitió ser una de las primeras generaciones en tener un mejor acceso a la educación. Sus formas de entretenimiento también cambiaron cuando aparecieron las consolas de videojuegos en las salas de las casas.

Muchos estudiosos de las teorías generacionales los definen como una «generación puente», porque recuerdan la vida sin internet, pero a la vez la etapa de adultez ya estaba permeada por el uso de aparatos tecnológicos. Son los pioneros en usar estos avances para su ocio.

La generación X estuvo en medio de explosiones. Lo digo porque todo cambio que nació en estos años llegó exponencialmente y no se produjo de manera gradual, como sí le sucedió a los baby boomers. Los de la generación X fueron testigos de la caída del Muro de Berlín –que daría fin a la Guerra Fría– y de la expansión trágica del SIDA. En este punto es importante recordar que las maneras de ser de este grupo están marcadas por una ruptura con los modelos de sus padres, no se sentían identificados con el trabajo tradicional, buscaban movilización y la encontraron por medio de la música y los movimientos contracultura que dieron paso a pequeños nichos.

Su visión del mundo, tan distinta al resto, los hace ser vistos como personas rebeldes, que buscan ser independientes rápidamente y son inconformistas. Exigen calidad y veracidad en los productos que consumen y en el contenido que ven. Desean no perder la vitalidad, para ellos las experiencias y personas que los hacen sentir valorados son lo que necesitan no perder de vista. Esto hace que asuman, ante la vida, una actitud llena de curiosidad, de investigación e interés por lo nuevo.

Frente a sus hábitos de consumo, son de los primeros en plantearse las distintas formas de conformación familiar al poner sobre la mesa, la opción de formar vida en pareja excluyendo la necesidad de tener hijos. Como parte de su crianza vino de su relación con internet, son altos consumidores de tendencias por lo que permanecen pendientes de los últimos y mejores modelos en moda, viajes, tecnología, entre otros. Así mismo, realizan muchas de sus compras por medio de los nuevos canales de comunicación.

1.9.2.1. La generación X en el trabajo

En el aspecto laboral se distinguen por ser flexibles y estar orientados a los resultados. Como han visto los efectos de tener un mismo trabajo para toda la vida en sus padres (los baby boomers), la generación X busca ahora un equilibrio entre la vida personal y sus responsabilidades profesionales. Aunque piensan en un empleo estable, esperan que este reúna características específicas como un sueldo competitivo y la oportunidad de socializar.

Pero si hay algo que los destaca, es que esta generación marcó un antes y un después en el concepto de emprendimiento. Se plantearon la meta de ser sus propios jefes y las ideas de negocio nacieron rápidamente durante estos años buscando la seguridad financiera, la flexibilidad y las oportunidades de liderazgo. Desde alguna perspectiva se piensa que son personas cínicas y que la opción de ser independientes surge de la falta de competencias para trabajar en equipo.

Para el Observatorio de Generación y Talento, la generación X como jefes tiene fortalezas: «En trasladar los valores al día a día y en la consecución de objetivos. Sin embargo, sus áreas de mejora se centran en el trabajo en equipo con sus compañeros o el liderazgo colaborativo, que la generación posterior les reclama». Lo que nos habla de la necesidad de compaginar su capacidad operativa con la búsqueda de un mejor clima organizacional que favorezca a todas las áreas de una empresa.

Es una generación que debe hacerse cargo de muchas responsabilidades al mismo tiempo, por eso buscan la eficacia ya que saben que gestionar mal las horas con las que cuentan les puede salir caro. Esa es una de las premisas a las que llegó Alliance Data en 2017 a través de su estudio The generational perspective: How our past defines our future buying behaviors16, en el cual concluyó que «la generación X necesita variedad y accesibilidad. Pero no tienen tiempo para concentrarse mucho en los detalles. Están balanceando carreras con su familia y necesitan saber por qué lo que vendes es lo que necesitan».

Es interesante ver cómo al encontrarse atrapados entre dos momentos, se ven forzados a aceptar condiciones que no van acordes a sus capacidades. Así lo demostró el estudio de la consultora de liderazgo Development Dimensions International que, a partir de información recopilada de más de 25.000 líderes, concluyó que, en 2019, la generación X es la que más tarda en escalar en el trabajo, al recibir tan solo «1.2 ascensos en los últimos cinco años ( ), en comparación con un promedio de 1.6 para los millennials y 1.4 para los baby boomers». La explicación estaría en el aplazo que le dan los mayores de 60 a su jubilación y el rápido crecimiento de la generación Y que se postula como la más grande y predominante para los próximos años.

En conclusión, al ser una generación puente, tienen tanto los defectos como las cualidades de ese sándwich en el que se encuentran. Por un lado, saben los beneficios del trabajo duro, pero, por otro, aprendieron que la flexibilidad también es una alternativa válida si quieren tener tiempo para su desarrollo personal y profesional.

1.9.3. Los incomprendidos

Llegamos a la generación más famosa en la actualidad. Los millennials o generación Y parecen ser ese grupo del que todos quieren hablar, es más, buscar documentación sobre ellos para este libro fue mucho más fácil que para otras generaciones. En este caso tampoco existe una distinción clara de cuándo comienza y en qué año termina, pero se tiene como referencia que se trata de personas que nacieron entre 1982 y 1996.

Los millennials se han convertido en todo un objeto de estudio. Principalmente porque se suman a la fuerza laboral día a día y, por otro lado, llegaron con la masificación de internet.

Si anteriormente hablábamos de la manera en que la generación X aprovechó la tecnología y el cambio que supuso para la época, los también llamados generación Y hacen de estos aparatos herramientas para su aprendizaje, diversión y socialización.

Al igual que han generado mucha atención, también han sido objeto de opiniones variadas sobre las características de su personalidad; para unos se trata de la generación más diversa y mejor educada hasta ahora. Entre sus cualidades positivas resaltan el ser nativos digitales, su nivel de creatividad y lo anclados que están a sus ideales.

Desde la percepción más negativa, se les considera personas que nacieron llenos de privilegios, por lo que desconocen los sacrificios hechos por generaciones anteriores, lo que finalmente los convirtió en individuos perezosos, desleales e impacientes. Unido a esto, también existen opiniones que hablan sobre su incapacidad de comprometerse a largo plazo, ya sea con un trabajo o alguna causa externa a sus intereses.

Para los millennials la conexión emocional que va en concordancia con sus principios es muy importante. Se trata de personas que tienen claro que lo más relevante es el bienestar de ellos mismos y, por esa razón, buscan marcas, contenido y figuras que representen sus aspiraciones. En este sentido, también hay un aspecto que influye mucho en su manera de ver el mundo, y es que, al nacer en un mundo dominado por la inmediatez, buscan que todo esté en sus manos antes de que acaben de pedirlo. Si algo no cumple con esta expectativa, sencillamente es desechado.

1.9.3.1. Los millennials en el trabajo

En el plano laboral, han cambiado la manera de ver el trabajo, pues buscan estar más conectados con su propósito y gustos personales. Esto los hace pensar en compensaciones que van más allá del dinero; de ahí que conceptos como «salario emocional» estén tomando cada vez más relevancia. Para ellos, aspectos como la seguridad social y las prestaciones no son un regalo sino lo mínimo que deberían tener los sitios donde trabajen.

Debido a la alta competencia que hay en el mercado, a los millennials se les exige estar cada vez más preparados, sin embargo, apilar una lista de títulos no les garantiza un buen salario. El centro de estudios Resolución Foundation17 publicó en 2018 un informe en el que analizó los ingresos en ocho países con economías altas. Concluyeron que este grupo etario tiene «ingresos familiares un 4% más bajos que los miembros de la llamada generación X a la misma edad». En España y Reino Unido es donde más se evidencia esta problemática, ya que la dificultad para adquirir vivienda propia y la baja en salarios –que alcanza hasta un 13%– es más notorio que en naciones como Estados Unidos o Alemania.

En esta generación existe una creciente tendencia a durar poco en los trabajos, pues cada vez notan más la necesidad de apuntar a ofertas con mayores beneficios. En este sentido, tratan de acoger las mejores experiencias, conocimientos y reconocimientos económicos, pero no sienten un apego por las organizaciones para las que trabajan. La rotación de personal en las empresas está en aumento, pero sube exponencialmente en aquellas que no son capaces de transformarse en la era de la expansión digital.

El cambio que demandan los millennials va más hacia un adecuado manejo del tiempo, a mejorar su calidad de vida, a tener oportunidades para el desarrollo profesional y a sentirse validados en compañías que tienen un buen clima laboral. Por eso, modalidades como las del teletrabajo, los horarios flexibles y el coworking se ponen a la delantera como modelos ideales para los colaboradores del futuro. El panorama actual no les permite pensar en una jubilación o planes a largo plazo viables como sus padres; según el Foro Económico Mundial, cuando en el 2050 la generación Y comience a retirarse de la fuerza laboral, la brecha de ahorro para un retiro óptimo será de $427.000 millones de dólares18.

Los millennials seguirán formando parte de las noticias, los estudios y las tendencias del futuro. Por esta razón hay que encontrar una forma de compaginar adecuadamente con sus nuevas formas de ver y relacionarse con su entorno. El contexto en el que se mueven, al ser hiperconectado, sobrecargado de información e inmediato, los obliga a ser personas dinámicas, activas y con apertura a los cambios. Tal vez, aprender algo de su filosofía «vive el hoy» le pueda servir a las organizaciones para atreverse a reestructurarse, expandiendo sus fortalezas y aprovechando sus oportunidades de mejora.

1.9.4. Los últimos serán los primeros

Los jóvenes que nacieron después de 1996 hasta aproximadamente 2003 son la nueva fuerza económica y laboral que se está adueñando de los mercados, las tendencias y hasta las causas sociales. Son los denominados generación Z o centennials, llegaron al mundo en pleno cambio de siglo y con la aceleración tecnológica han hecho que se adapte el dicho popular: «cada niño de ahora nace con un smartphone debajo del brazo».

El ADN de esta generación está marcado por la tecnología. La usan en todo momento y son cada vez más dependientes de ella. Por medio de las redes sociales se enteran de las novedades, socializan y se educan, pero la sobreinformación a la que están expuestos los ha convertido en consumidores a quienes los gustos les cambian de un día para otro.

Aunque comparten algunas características con los millennials, se distinguen de ellos en la manera en que asumen las plataformas virtuales como una zona de denuncia. Se dice que será una de las generaciones más tolerantes y la incursión de figuras de todas las nacionalidades, géneros y color de piel les da la razón. Admiran la diversidad y le dan voz a los individuos que están cómodos con su diferencia. Para muestra están los canales de YouTube de hombres como James Charles o Marc Zapanta que, a través de tutoriales de maquillaje, han logrado conectar con las masas.

Tienen una cualidad particular y es que les dan poder a los emprendimientos sociales. Estos jóvenes han crecido en tiempos de recesión y crisis, por lo que para ellos el dinero sin un trasfondo pierde el sentido. Es la generación que más le apunta a servir a los demás a través de los voluntariados o eventos en los que puedan compartir sus conocimientos. Un informe de Sparks & Honey revela que de cada diez centenialls, seis desean que sus acciones tengan un impacto positivo en el mundo19.

Sin embargo, a pesar de estas cifras y de los actos de unión que ya han protagonizado, como la marcha para una legislación más estricta en el porte legal de armas, March for our lives en Estados Unidos, por citar un ejemplo, las personas de otras generaciones siguen teniendo concepciones negativas sobre ellos. Muchos los tildan de egoístas, faltos de habilidades para crear relaciones interpersonales por su dependencia de la tecnología y por eso mismo son definidos como apáticos.

Más allá de las diferentes miradas que se puede tener sobre un mismo grupo, la generación Z está compuesta por personas multitarea, aunque su tiempo de atención sea breve, buscan la independencia, promulgan la sinceridad y son pragmáticas. Estas características las demuestran en todas las facetas de su vida.

Son consumidores más conscientes que le exigen a las marcas procesos de fabricación transparentes y que no le causen daño al medio ambiente. Quieren encontrar practicidad en plataformas de pago a través de redes sociales como Instagram, incluso en encuentros cara a cara con influencers con quienes de verdad se sientan identificados en la presentación de productos.

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Yaş sınırı:
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Litres'teki yayın tarihi:
22 ekim 2025
Hacim:
247 s. 12 illüstrasyon
ISBN:
9789585351721
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