Kitabı oku: «P.E.I.demia: Crónica de una crisis educativa anunciada»
ANA DEL PILAR GONZÁLEZ PEREIRA
P.E.I.demia
2020 la crónica de una crisis educativa anunciada

González Pereira, Ana
P.E.I.demia : crónica de una crisis educativa anunciada / Ana González Pereira.- 1a ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: online
ISBN 978-987-87-1668-8
1. Crónicas. I. Título.
CDD 306.432
EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA
www.autoresdeargentina.com info@autoresdeargentina.com
Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723
Impreso en Argentina – Printed in Argentina
A mi familia. A mi compañero de ruta Sergio, por ofrecerme todos los espacios posibles para crear y crecer; a mis hijas María Constanza, María Fernanda, María del Pilar y María Isabel, los cuatro pilares que sostienen mi proyecto de vida.
A mi madre María Inés, a mis hermanos Lalo, Sonia, Isabel, Carmen y Kena por el incondicional apoyo de siempre, no sólo con la palabra, sino que también compartiendo experiencias y el trabajo.
Para Elvira, mi amiga. Gracias por guiarme crítica y constructivamente, por el apoyo y todas las enseñanzas.
A Gladys, Lucía y José, gracias por su amistad y compañerismo, por acompañar y apoyar cada una de las ideas dándome seguridad, brindándome consejos para aprender, y por empujarme hacia los logros.
Para Mónica y Samanta, Directoras de Nivel Inicial del Instituto Mariano Pachecoy, por haber abrazado con amor cada proyecto y haber avanzado con inteligencia, sabiduría y alegría, junto a las maestras jardineras, un año de enseñanza tan complejo con niños tan pequeños. Las admiro.
A todas las personas que conforman el Instituto Superior Mariano W. Pachecoy de la Ciudad de Puerto Iguazú, Misiones.
Agradecimientos
Era lunes 23 de mayo de 2016, recién comenzábamos la carrera de Profesorado en TIC, nuestra primera carrera de formación docente. Trabajábamos en una Jornada de Formación Situada la construcción del perfil del docente formador del Instituto Superior Mariano Pachecoy. Fue a raíz de esa jornada, en la reflexión final, que la profesora de teatro, Susana Marianetti, nos regaló estas palabras…
Perfil Docente ISMP
Un Maestro pacíficamente armado que acerque su integridad en forma de trabajo.
Un profesor práctico enseñando con la vida desatrincherando -si se me permite neologismo- fronteras, el “mute estudiantil” y las barreras.
Un docente en fortaleza, capaz de descubrir el pensamiento crítico en los que con él comparten el Salón de la Reflexión.
Un profesional estratégico buscando la innovación en plena era de la información.
Un guía en tiempo y forma sin perder en ese tramo el ritmo y la cadencia de cada partícipe en la más completa experiencia.
Un lector no sólo de letras sino de ojos y expresiones capaz de mutar, compartir y expresar el contenido humano imprescindible.
Susana ya no trabaja con nosotros, regresó a su Brasil natal. Sus palabras quedaron plasmadas en mi alma. Aún recuerdo la emoción que sentí al leer su texto poético, y el gran sentimiento de responsabilidad que me embargó, pensé… “si ella percibe en nosotros estas características, debo buscar la forma de sostenerlas más allá de los tiempos, y transformarlas en realidad” … Pasaron seis años desde entonces, Susy sin darse cuenta, dejó plasmadas unas altas expectativas en nuestra institución.
Somos una institución pública de gestión privada, incorporada al Servicio Provincial de Enseñanza Privada de Misiones – SPEPM – con el código Nº0922. Estamos ubicados en la Ciudad de Puerto Iguazú, Misiones. Se creó el 2 de Julio de 1990, con el nombre Jardín “El Pato Lucas”, hasta el año 2010, que por razones del crecimiento de la institución con la apertura del Nivel Superior, cambió su nombre por Instituto “Mariano W. Pachecoy”.
Mariano Wenceslao Pachecoy fue un pequeño que partió a otra dimensión a los ocho años, que supo ganarle a la adversidad en el corto tiempo que duró su vida. Ingresó al jardín con dos años y egresó a los siete. En su tránsito por el Nivel Inicial se ganó la admiración de chicos y grandes por su alegría y ganas de aprender. Mariano era un niño con hidrocefalia.
“Una vez me preguntaron en qué prócer había inspirado el nombre del “Instituto Mariano W. Pachecoy”. Le contesté, no está en los libros de historia, él escribió una parte de nuestra historia. Fue el prócer de la alegría y de la amabilidad, de la buena educación, de la inclusión con amor ...” Ana González
En nuestras aulas se imparte Formación Docente Inicial con tres profesorados: Matemática, Música y Tecnologías de la Información y de la Comunicación; Formación Superior Técnica con dos tecnicaturas: Gestión Contable e Impositiva y Acompañamiento Terapéutico; y Formación Profesional con tres cursos: Auxiliar en Marketing, Auxiliar en Recursos Humanos y Auxiliar Administrativo Contable. Cuenta desde la génesis, con el Nivel Inicial de Educación con salitas de tres, cuatro y cinco años en turnos mañana y tarde. Nuestra trayectoria se inició con el Nivel Inicial y nos fuimos fortaleciendo con los años proyectando la institución actual.
La Institución cuenta con la colaboración de la Escuela 818 “Cataratas del Iguazú”, que con tanto cariño nos presta los salones para impartir clases del profesorado. Es para nosotros y para la comunidad de Puerto Iguazú un gran aporte ya que se encuentra ubicada en un lugar estratégico, cerca de la zona donde vive la mayoría de los estudiantes. Mi infinito agradecimiento a su directora, Cecilia Eugenia González, y especialmente al portero Dardo de Lara, un gran y amoroso colaborador.
En 2016, desde el Instituto de Formación Docente se creó el Departamento de Investigación, Extensión y Capacitación; plataforma de lanzamiento del recorrido de esta maravillosa experiencia de reinventar y reimaginar el Proyecto Educativo Institucional (PEI) en tiempos de pandemia; de allí el nombre “P.E.I.demia” de este libro.
En el corazón de esta obra está impreso el proceso que realizamos para iniciar la innovación y transformación educativa que tanto deseamos; y de cómo, desde la cotidianeidad de la escuela, debemos estar prevenidos y preparados para los desafíos que habremos de enfrentar en este siglo.
El recorrido lo verán plasmado en cada una de las páginas con las respuestas, ideas y reflexiones de los docentes y que se transcriben tal y cual fueron escritas; todas ellas, tomadas como punto de partida para encontrar la solución a muchos de los problemas que surgieron durante la contingencia educativa. Es mi deseo que sirva como referencia para las escuelas, para repensar el proyecto educativo y los puntos estratégicos para trabajar nuevas formas de enseñar y de evaluar.
Agradezco la predisposición de los estudiantes del Nivel Superior que participaron con mucho compromiso en todas las consultas y capacitaciones, serán grandes profesionales de la educación y técnicos, comprometidos con su trabajo y con la comunidad.
Deseo agradecer al Servicio Provincial de Enseñanza Privada de Misiones – SPEPM – especialmente al Director de Control Pedagógico, Lic. Marcelo Giménez, por la recepción abierta y flexible de nuestros proyectos.
Agradezco infinitamente a los docentes del Instituto Superior por el esfuerzo puesto cada día, por sus aportes, por la paciencia y el corazón, por la profesionalidad. Los invito a seguir construyendo juntos una institución con base firme y buenos cimientos, que colabore en el desarrollo de ciudadanos y profesionales, brindándole herramientas para que puedan insertarse laboralmente en cualquier lugar.
Infinitas gracias a:
Agostina Cáceres
Carlos Rodríguez
Carmen Gloria González (Secretaria Académica)
Claudia Giombini
Constanza Spallanzani (Secretaria Administrativa)
Diana Ethel Argüello
Diego Daniel Encinas
Dulcinea Joaquín Cárdenas
Florencia Gisella Valiente
Gabriel Benítez
Gabriela Rusnok (Coordinadora de AT)
Gladys Fattore (Regente ISFD)
Guillermo Verón
Helena Walkyria Bóveda
José Oscar Pasero (Asesor Pedagógico)
karen soledad Folgmann (Coordinadora Prof. TIC)
María Laura Ferreyra
Lorena Soledad Yánez
Lucía Francia (Regente de IES)
Miguel Alejandro Farías
Néstor López
Sebastian Pereyra
Sergio Bullon
Sergio Eduardo Pérez González (Bedel de Prof.)
Sergio Verón (Coordinador Prof. De Matemática)
Silvana Raquel Ortega
Valeria Cristina Alvez (Coordinadora de FPI)
Valeria Rebinski (Coordinadora de Gestión Contable)
Vanesa Ruppel
Yahía Antonio
Acerca de la autora
Mi nombre es Ana del Pilar González Pereira, chilena de nacimiento, misionera por adopción y corazón, “iguazuense”, para ser más exacta. Cuarenta y cuatro años me unen a esta hermosa provincia y pintoresca ciudad. Vivir aquí, tiene un valor agregado natural, las Cataratas del Iguazú. El mundo tiene los ojos puestos en esta maravilla hídrica, en nuestra selva y en el servicio de hospedaje y gastronomía que ofrece la ciudad, sumada la cercanía de Brasil y Paraguay, personalmente lo considero, el lugar natural más bello de la provincia.
Me formé en Argentina, hice la secundaria en la Escuela Normal Superior Nº8 de Iguazú con orientación pedagógica. Me gradué en Comunicación en las Organizaciones; he realizado varios postítulos en los que puedo contar la Formación Pedagógica para el Nivel Medio y Superior; Diplomatura en Sujeto Pedagógico y Sujeto de Aprendizaje; Diplomatura y Especialidad en Pedagogía y Sujetos de la Educación; Postítulo en Pedagogía, Sujetos y Currículum; Postítulo en Pensar la escuela y el Aprendizaje; Postítulo en Evaluación y los Acuerdos en la Escuela; Postítulo en Educación Emocional. Me gusta pensarme como una educadora entusiasta y proactiva. Amo enseñar y crear espacios para la formación.
Soy Socia Gerente y Representante Legal del Instituto Primario y Secundario “San Lucas” de la Ciudad de Puerto Iguazú; Representante Legal y Rectora de Nivel Superior del Instituto “Mariano W. Pachecoy”; Coordinadora del Departamento de Extensión del Instituto de Formación Docente oferente de Postítulos, Capacitaciones y Charlas educativas.
Presidente Vitalicio de la Fundación Santa María del Iguazú – PJ. A-4278, organización sin fines de lucro que tiene como misión ayudar a generar igualdad de oportunidades mediante la implementación de programas, proyectos y actividades en el área de la educación formal; la cultura; la docencia e investigación y en el desarrollo social, teniendo siempre como eje la educación, la excelencia académica y la formación profesional para mejorar la calidad de vida y promover la autonomía de las personas que se encuentran en un marco de la desigualdad social y de pobreza. A través de la Fundación hemos otorgado becas de estudio a estudiantes de bajos recursos, realizado programas de alfabetización, capacitaciones y encuentros educativos. Cuenta hoy con alrededor de veinte profesionales egresados, profesionales técnicos y docentes becados que estudiaron de forma gratuita.
He realizado pequeñas publicaciones y documentos de Trabajo:
Revista “Actualización Académica en Educación Emocional”, en formato digital – Distribuida por Educación Emocional Misiones a través de su página WEB. Esta publicación reúne experiencias y recomendaciones para educadores. El material fue puesto a disposición como recurso pedagógico a través del sitio web https://educacionsocioemocional.misiones.gob.a.
Material gráfico – Dispositivos I-II-III- del Enfoque AAP – Aprendiz, Autónomo y Pensante. Dispositivo 1 “Marco Teórico”; Dispositivo 2 “Rutinas de Pensamiento”; Dispositivo 3 “La Planificación”; Dispositivo 4 “La Evaluación”. Material ofrecido únicamente a los docentes de nuestras instituciones, no está en la web ni a la venta.
Autora de los proyectos de Diplomados, postítulos de Especialización y Actualización académica ofrecidos por el Departamento de Extensión. Coordinación y Conducción: Ciclo de Webinarios de apoyo a la práctica docente, transmitidos a través de streamming por el Canal de YouTube Institucional.
Prólogo
De pronto, la realidad superó los cánones previstos en educación…
Bajo esta premisa una mujer luchadora, con fe y mucha fuerza puesta en la esperanza de una comunidad salió a vencer la adversidad. Y esta no es la primera vez que sale a enfrentar vientos cruzados. Ella es mi amiga, colega y por sobre todo una educadora apasionada por el valor de los procesos educativos en la formación de niños, adolescentes y jóvenes, comprometida con la vida y con lo que hace. Poniendo la educación al servicio de la ciudadanía. Así es Ana Gonzalez Pereira, creadora de este hermoso libro que nos invita a mirar la realidad con nuevos ojos, ofreciendo todo su saber para gestionar las instituciones en tiempos bravos, sin perder el horizonte. Y ella, muy generosa nos muestra como dar el gran salto: de la educación “controlada” en piloto automático (como nos encontró a todos en esta pandemia) a la nueva contingencia. La necesidad se hizo presente sin previo aviso.
El relato que atraviesa todo el libro nos interpela constantemente y nos desafía a contestar estas preguntas. ¿Qué conservarías de la anterior presencialidad? ¿Qué conservarías de la educación remota?
El libro además, rescata y enaltece el lugar del equipo de formación institucional, que salió a atender esta demanda y que confió en la capacidad de su equipo docente, para que encuentren en sí mismos con las herramientas brindadas, su poder de transformación sobre las prácticas educativas.
La revalorización de la tecnología para permitir el encuentro docente- estudiante-conocimiento.
Pero lo más importante: La sistematización y documentación de este proceso de transformación para dar forma a esta nueva manera de educar y enseñar. Del territorio al papel. Una práctica que solo hacen las instituciones que aprenden y buscan la excelencia educativa.
“Si pretendemos lograr una cultura más compleja, rica en valores contrastados, debemos reconocer toda la gama de potencialidades humanas y urdir un tejido social menos arbitrario en el que cada talento humano pueda hallar su lugar apropiado”
Margaret Mead
Premisa que está presente en todo este maravilloso libro donde el relato recupera todo el tiempo las distintas voces de docentes, estudiantes y familia.
Celebro la escritura de este libro, y animo a Ana a seguir dejando su huella escrita para que sea un bien compartido y anime a nuevas generaciones de profesionales egresados de dicha institución. A seguir creyendo, que sólo a través de la educación un pueblo crece, progresa y vive plenamente sus derechos con dignidad.
Elvira Milano, docente, pero por sobre todo, un compartir juntas en la vida la pasión por dar forma a la escuela tal como cada una, soñó la suya…
Lic. Elvira Milano
Directora del Instituto Integral del Sud San Telmo – Capital Federal
Prefacio
El año 2020 marcó un hito en la historia educativa del mundo. Todo se detuvo, nos quedamos en pausa. En educación fue una pausa de quince días, para volver diferentes y a otro tipo de escuelas y aulas. Continuamos trabajando todos los días, conteniendo, enseñando, reimaginando clases con formatos digitales apenas conocidos. Al interior de las casas la cosa se puso complicada, nos transformamos en personas atemporales; las horas del día eran insuficientes, se sumaron las de la noche. Se mezcló el trabajo con las relaciones familiares, los límites se borronearon a tal punto, que era casi imposible establecer horarios y prioridades.
El desborde emocional podía percibirse en estudiantes, familias y profesores, y el fantasma de la deserción comenzó a rondar a las instituciones de enseñanza no obligatoria.
Las instituciones educativas debimos responder a millones de exigencias, mucho más que otras. Día a día se sumaban demandas tecnológicas, curriculares, sociales, familiares y ministeriales; la realidad es que no estábamos preparados para responder con rapidez a ninguna de ellas. Salir de la parálisis y de la incertidumbre fue difícil, pero no imposible. En estas páginas intentaré narrar, con la mayor claridad y exactitud posible, el trabajo que realizamos al interior del nivel superior y cómo hicimos para enfrentar la crisis educativa, responder a las demandas, acompañar a los estudiantes, no perder la continuidad pedagógica, y no morir en el intento.
Este libro, no es una investigación ni es un texto académico. No encontrarán en estas líneas consejos o directrices de cómo deben trabajar en sus escuelas; es la crónica de la experiencia institucional de nivel superior de reinventar el Proyecto Educativo Institucional (P.E.I.) en tiempos de pandemia, que considero de una gran riqueza para compartir. Intenté volcar en estas páginas, las habilidades, las competencias y prácticas educativas, la cultura institucional y por sobre todas las cosas, los aprendizajes que hemos realizado durante el aislamiento. Es nuestra historia reciente.
El trabajo que iniciamos en el 2020 aún no concluye, y como todo en educación, deberá someterse a constantes evaluaciones para mejorar y proponer nuevas acciones.
Este libro está dirigido a los colegas, pero con el pensamiento puesto en que sean los estudiantes los que recojan los beneficios a futuro. Salimos del centro para ponernos al costado, guiarlos en el proceso y aprender de ellos. Muchos de ustedes se reconocerán en esta historia, ya que docentes y directivos, hemos realizado grandes esfuerzos y logrado ricas experiencias en esta contingencia.
El libro tiene varios propósitos, entre ellos:
Que debemos estar atentos a los cambios, innovaciones y transformaciones que puede sufrir el sistema educativo en este siglo.
Que tenemos que acompañar estos cambios con inteligencia, empatía y creatividad.
Que es importante tomar el tiempo para pensar, indagar, planificar, mejorar.
Que es posible crear sistemas propios, sin incumplir la normativa, para la consecución de los propósitos.
Que tener miedo es normal, pero lejos de paralizar, debe ser la plataforma de lanzamiento para crear prácticas transformadoras.
Que hay miles de formas posibles de enfrentar los problemas y las contingencias sin perder el propósito de la educación, ni la vida.
Que el compromiso y el conocimiento son las herramientas fundamentales para la innovación y la transformación educativa.
Tengo la esperanza que este libro pueda motivar algunos cambios en la forma de enseñar y de aprender; a la revisión constante del PEI, como tarea sustanciosa, positiva y de crecimiento para la institución; que la construcción de este importante documento institucional no sea sólo una fecha o dos en el calendario escolar, sino que un trabajo consciente, profundo, de reflexión, que provoque cambios interesantes en el colectivo institucional. La revisión del PEI no se puede hacer en un solo día, es un proceso largo, hay que darle tiempo y parar a pensar cada vez que sea necesario.
Dicen que esta Pandemia por Covid-19 no será ni la primera ni la última de esta década, se avecinan otras, no sabemos para cuándo o cómo serán, lo que si sabemos, es que debemos estar preparados para enfrentarlas. La próxima vez no nos encontrará tan desprevenidos.
Primera parte
¿Hemos podido descubrir el inmenso tesoro que encierra la educación?
“Este 2020 ha sido un año extraño y difícil con un fuerte impacto en nuestras vidas y sociedades, en términos de salud física y emocional, de economía, de educación… pero, a la vez, ha sido un período de nuestra vida que no olvidaremos jamás y que nos ha obligado a replantear miradas, a superar inercias, a rehacer mapas y rutas… ¡Quién nos habría dicho, hace unos años, que en estos momentos nos moveríamos de esta forma!”
Xavier Aragay,
experto y consultor internacional
Pues bien, es verdad que no estábamos preparados para enfrentar una pandemia; pero nadie puede negar que hemos recibido varias advertencias de que esto podría llegar suceder.
Soy una docente como cualquiera. Una entre muchas y muchos que nos levantamos felices cada día, para tirar hacia adelante el carro de un sistema que sabemos es obsoleto. Esta crisis sanitaria, social y económica mundial por la pandemia, no hizo otra cosa que dejar al descubierto las carencias que el sistema educativo siempre ha presentado, pero que ahora, se hicieron mucho más visibles y palpables. Brechas enormes se abrieron entre los que tenían acceso a internet y los que no; los que poseían una herramienta digital y los que no; los que sabían utilizar una herramienta digital y los que no; entre las familias que por factores socioculturales pudieron ayudar a sus hijos y las que no; entre los que tuvieron ganas de aprender y los que no; entre los que hicieron la diferencia con lápiz y papel y los que se quejaron por no poder hacer nada.
Por otra parte, los Estados tuvieron que definir - especialmente en Latinoamérica - si invertían el presupuesto en salud, en seguridad o en educación. Lo cierto es que, de las tres categorías, la menos prioritaria fue la educación. Cada docente, cada familia, cada escuela tuvo que arreglarse con sus propios medios, sus propios elementos, tiempos, presupuestos y espacios. Los docentes, como nunca, tuvieron que aprender a manejar herramientas tecnológicas, contener sus emociones, ser tolerantes, aprendices y super creativos.
Es posible que mucho de lo que pasamos las escuelas a partir del 2020 pudo haberse evitado, especialmente si los gobiernos hubieran estado atentos a lo que los expertos en educación vienen anticipando desde hace décadas; tal vez, estaríamos mejor preparados para enfrentar semejante crisis sanitaria.
Desde hace muchos años, científicos, pensadores y expertos en educación vienen advirtiendo y ofreciendo informes acerca de las tensiones y de los desafíos que debería enfrentar la educación en el Siglo XXI. La UNESCO1, la OCDE2 y la ONU3, han realizado investigaciones profundas en el plano de las políticas educativas y han invitado a los responsables educativos de los Estados a sumarse a las iniciativas, debates, reflexiones y propuestas. Algunos Estados han introducido cambios notables en su sistema educativo y han ponderado las sugerencias recibidas por los expertos internacionales. Otros sistemas educativos más tradicionales y resistentes a los cambios propenden a dar prioridad sólo a la adquisición de conocimiento (sobrecarga de contenidos en los diseños curriculares), en detrimento de otras formas de aprendizaje (nuevas metodologías y enfoques). Lo que buscan las organizaciones mundiales con sus reflexiones y sugerencias, es concebir la educación como un todo y, es en esa concepción, que buscan inspirar y orientar las reformas educativas, tanto en la elaboración de los programas como en la definición de las nuevas y modernas políticas pedagógicas.
En las siguientes líneas intentaré señalar la vigencia de los puntos reflexivos y centrales del pensamiento educativo de la llamada Comisión Delors que vieron la luz en la década final del siglo XX (1993/1996) y cómo este informe, continúa impactando en las primeras dos décadas del siglo XXI.
En 1993 la UNESCO encargó a la “Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI” 4, presidida por Jacques Delors, junto a otras catorce personalidades del mundo procedentes de diversos medios culturales y profesionales, la misión de analizar los desafíos para la educación y el aprendizaje en el nuevo siglo y plantear reflexiones y propuestas en un programa de renovación y acción a presentar a los responsables oficiales (Ministros de Educación) de la toma de decisiones de los Estados parte. En 1996 en las conclusiones presentadas en el Informe final “La Educación encierra un tesoro”5, los miembros de la Comisión expresaron su deseo que el informe “contribuya a suscitar en cada país y en la comunidad internacional un debate que nos parece fundamental sobre el futuro de la educación”.
En la introducción, cuyo título es “La educación o la utopía necesaria”, Jacques Delors, explicita las líneas maestras del trabajo de la Comisión, asumiendo que la educación es un instrumento de un valor indispensable para el progreso de la humanidad, poniendo como prioridad a los niños y adolescentes, revalorizando los aspectos éticos y culturales, señalando la idea de que la educación para toda la vida puede conducirnos a una sociedad de conocimiento y aprendizaje. Alerta también a los Estados acerca de que, el crecimiento económico de la industria, no está alineado con el progreso material y la equidad, con el respeto de la condición humana y con el cuidado y respeto del medio ambiente. Expresa Delors:
“Frente a los numerosos desafíos del porvenir, la educación constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social. Al concluir sus labores, la Comisión desea por tanto afirmar su convicción respecto a la función esencial de la educación en el desarrollo continuo de la persona y las sociedades, no como un remedio milagroso -el «Ábrete Sésamo» de un mundo que ha llegado a la realización de todos estos ideales- sino como una vía, ciertamente entre otras pero más que otras, al servicio de un desarrollo humano más armonioso, más genuino, para hacer retroceder la pobreza, la exclusión, las incomprensiones, las opresiones, las guerras, etc.”
Continúa Delors,
“La Comisión desea compartir con el gran público esta convicción mediante sus análisis, sus reflexiones y sus propuestas, en un momento en que las políticas de educación son objeto de vivas críticas o son relegadas, por razones económicas y financieras, a la última categoría de prioridades”.
En este apartado, Jacques Delors explicita claramente una de las mayores problemáticas de la educación, que la misma no es una prioridad; lo podemos confirmar hoy, en pleno Siglo XXI, mientras atravesamos una pandemia.
En el informe, la Comisión planteó una concepción amplia de la educación que permitiría a cada uno descubrir, despertar e incrementar sus potencialidades y su desarrollo creativo, buscar “el tesoro” escondido en su interior; ir más allá de la percepción de la educación como única vía de adquisición de conocimientos o estabilidad económica, para considerarla como vía de transformación individual y colectiva, que genere sociedades más armónicas, respetuosas y tolerantes.
Por otro lado, aborda Delors las que llamó “tensiones” que, en este entrado Siglo XXI, habrían de superarse y que las políticas educativas de los Estados deberían tener presentes para contribuir a “un mundo mejor, a un desarrollo humano sostenible, al entendimiento mutuo entre los pueblos, a una renovación de la democracia efectivamente vivida”.
En el Informe Final, Delors cataloga las tensiones de la siguiente forma:
La tensión entre lo mundial y lo local: convertirse poco a poco en ciudadano del mundo sin perder sus raíces y participando activamente en la vida de la nación y las comunidades de base.
La tensión entre lo universal y lo singular: la mundialización de la cultura se realiza progresivamente pero todavía parcialmente. De hecho, es inevitable, con sus promesas y sus riesgos, entre los cuales no es el menor el de olvidar el carácter único de cada persona, su vocación de escoger su destino y realizar todo su potencial, en la riqueza mantenida de sus tradiciones y de su propia cultura, amenazada, si no se presta atención, por las evoluciones que se están produciendo.
La tensión entre tradición y modernidad pertenece a la misma problemática: adaptarse sin negarse a sí mismo, edificar su autonomía en dialéctica con la libertad y la evolución de los demás, dominar el progreso científico. Con este ánimo conviene enfrentarse al desafío de las nuevas tecnologías de la información.
La tensión entre el largo plazo y el corto plazo: tensión eterna pero alimentada actualmente por un predominio de lo efímero y de la instantaneidad, en un contexto en que la plétora de informaciones y emociones fugaces conduce incesantemente a una concentración en los problemas inmediatos. Las opiniones piden respuestas y soluciones rápidas, mientras que muchos de los problemas encontrados necesitan una estrategia paciente, concertada y negociada de reforma. Tal es precisamente el caso de las políticas educativas.
La tensión entre la indispensable competencia y la preocupación por la igualdad de oportunidades: cuestión clásica, planteada desde comienzo de siglo a las políticas económicas y sociales y a las políticas educativas; cuestión resuelta a veces, pero nunca en forma duradera. Hoy, la Comisión corre el riesgo de afirmar que la presión de la competencia hace olvidar a muchos directivos la misión de dar a cada ser humano los medios de aprovechar todas sus oportunidades. Esta constatación nos ha conducido, en el campo que abarca este informe, a retomar y actualizar el concepto de educación durante toda la vida, para conciliar la competencia que estimula, la cooperación que fortalece y la solidaridad que une.
La tensión entre el extraordinario desarrollo de los conocimientos y las capacidades de asimilación del ser humano: la Comisión no resistió a la tentación de añadir nuevas disciplinas como el conocimiento de sí mismo y los medios de mantener la salud física y psicológica, o el aprendizaje para conocer mejor el medio ambiente natural y preservarlo. Y sin embargo los programas escolares cada vez están más recargados. Por tanto, será necesario escoger, en una clara estrategia de reforma, pero a condición de preservar los elementos esenciales de una educación básica que enseñe a vivir mejor mediante el conocimiento, la experimentación y la formación de una cultura personal.
Por último, la tensión entre lo espiritual y lo material, que también es una constatación eterna. El mundo, frecuentemente sin sentirlo o expresarlo, tiene sed de ideal y de valores que vamos a llamar morales para no ofender a nadie. ¡Qué noble tarea de la educación la de suscitar en cada persona, según sus tradiciones y sus convicciones y con pleno respeto del pluralismo, esta elevación del pensamiento y el espíritu hasta lo universal y a una cierta superación de sí mismo! La supervivencia de la humanidad -la Comisión lo dice midiendo las palabras- depende de ello.
Veinticuatro años después de la publicación del informe Delors, muchas de las conclusiones continúan vigentes. Entonces me pregunto ¿Ha evolucionado realmente el sistema educativo argentino hacia uno más adaptado a las complejidades del siglo XXI? ¿Nos preparamos o preparamos a nuestros niños y adolescentes para enfrentar los desafíos que nos presenta este siglo? ¿Hemos adaptado los modos de enseñar a estos desafíos? ¿Llevamos a la práctica los cuatro pilares de la educación para toda la vida?
La educación, esa utopía necesaria, la que nos hace caminar al decir de Eduardo Galeano, “tiene la misión de permitir a todos sin excepción hacer fructificar todos sus talentos y todas sus capacidades de creación, lo que implica que cada uno pueda responsabilizarse de sí mismo y realizar su proyecto personal” (Delors, 1996).
La Educación para toda la vida, a la que se refiere Jacques Delors, se presenta como una de las claves para enfrentar los desafíos del Siglo XXI ya que responde a un mundo de rápidos cambios y de difíciles realidades, donde aprender a vivir juntos, es uno de los mayores propósitos ya que nos permite pensar en conocer a un “otro” en todas sus dimensiones; trabajar juntos en proyectos comunes; buscar juntos soluciones a problemas cotidianos y soluciones a problemas que implican destrabar grandes conflictos.
Delors lo define como “los cuatro pilares de la educación”, como aquellos cuatro aprendizajes fundamentales que, en el trascurso de la vida, deberían sostener el conocimiento. Así como las cuatro patas de una silla, que deben sostener con firmeza el cuerpo de una persona, darle seguridad, estabilidad, equilibrio y armonía.
“Los Cuatro Pilares de la educación para toda la vida”
Centraré “Los Cuatro Pilares de la Educación para toda la Vida”, como los cuatro fundamentos que sostienen el acto educativo, la tesis de Delors más humana y sustantiva, ya que han sido adoptadas por muchos países, casualmente los más desarrollados del planeta, para incluirlas en sus diseños curriculares, programas, proyectos, modelos y enfoques pedagógicos.
El primero, aprender a conocer. Pero teniendo en cuenta los avances de la ciencia y las nuevas formas de la actividad económica y social, conviene compaginar una cultura general suficientemente amplia con la posibilidad de estudiar a fondo un número reducido de materias. Esta cultura general sirve de pasaporte para una educación permanente, en la medida en que supone un aliciente y además sienta las bases para aprender durante toda la vida.
“El incremento del saber (…) favorece el despertar de la curiosidad intelectual, estimula el sentido crítico y permite descifrar la realidad, adquiriendo al mismo tiempo una autonomía de juicio”.
Jacques Delors
También, aprender a hacer. Conviene no limitarse a conseguir el aprendizaje de un oficio y, en un sentido más amplio, adquirir una competencia que permita hacer frente a numerosas situaciones, algunas imprevisibles, y que facilite el trabajo en equipo, dimensión demasiado olvidada en los métodos de enseñanza actuales. En numerosos casos esta competencia y estas calificaciones se hacen más accesibles si alumnos y estudiantes cuentan con la posibilidad de evaluarse y de enriquecerse participando en actividades profesionales o sociales de forma paralela a sus estudios, lo que justifica el lugar más relevante que deberían ocupar las distintas posibilidades de alternancia entre la escuela y el trabajo.
Y sobre todo, aprender a ser. Éste era el tema dominante del informe Edgar Fauré publicado en 1972 bajo los auspicios de la UNESCO. Sus recomendaciones conservan una gran actualidad, puesto que el siglo XXI nos exigirá una mayor autonomía y capacidad de juicio junto con el fortalecimiento de la responsabilidad personal en la realización del destino colectivo. Y también, por otra obligación destacada por este informe, no dejar sin explorar ninguno de los talentos que, como tesoros, están enterrados en el fondo de cada persona. Citemos, sin ser exhaustivos, la memoria, el raciocinio, la imaginación, las aptitudes físicas, el sentido de la estética, la facilidad para comunicar con los demás, el carisma natural del dirigente, etc. Todo ello viene a confirmar la necesidad de comprenderse mejor uno mismo. La Comisión se ha hecho eco de otra utopía: la sociedad educativa basada en la adquisición, la actualización y el uso de los conocimientos. Éstas son las tres funciones que conviene poner de relieve en el proceso educativo. Mientras la sociedad de la información se desarrolla y multiplica las posibilidades de acceso a los datos y a los hechos, la educación debe permitir que todos puedan aprovechar esta información, recabarla, seleccionarla, ordenarla, manejarla y utilizarla.
Finalmente, la educación debe enseñar a convivir, o sea, debe enfrentar las dificultades que como sociedad global se le plantean a la humanidad en el siglo XXI. Nos referimos a la violencia, la discriminación, la desigualdad y la injusticia, problemas que parecen muy difíciles de resolver, pero que aun así deben comenzar a pensarse desde temprana edad.
La formación social, moral y ética de las nuevas generaciones no depende sino de su educación a manos de las anteriores. Por eso se hace indispensable educar en función de la armonía en el descubrimiento del otro, y en un sentido profundo de comunidad que permita resolver las diferencias habidas o por haber de una manera civilizada, responsable y sobre todo ética.6
Situémonos otra vez, en el año 2020. La pandemia por Covid-19. El sistema educativo juega hoy un rol crucial en los nuevos retos sistémicos a los que nos enfrentamos como comunidad; un desafío colectivo en el que participan gobiernos, ciudadanía, instituciones públicas y privadas y todos los actores de la educación. Hoy el informe Delors nos parece actual, como armado para la contingencia. La tensión entre el largo plazo y el corto plazo nos marcó profundamente, tuvimos que movernos a un ritmo inesperado, en tiempos acelerados y ampliados, con herramientas digitales desconocidas, sin capacitación y con mucha ansiedad y desconcierto. Pongámonos una mano en el corazón, las políticas educativas poco han contribuido en afianzar estos pilares por lo que, en muchos países, continúan siendo una utopía. Tal vez algún día, pasada la crisis de salud mundial, podremos decir que nos hemos acercado un pasito.
Los Desafíos para el Siglo XXI
A las tensiones descritas en el Informe Delors, se le suman los desafíos que debe enfrentar la educación en el Siglo XXI de acuerdo con la OCDE7 y la ONU8 que, en Latinoamérica principalmente, han venido aparejados con la expansión industrial en desmedro del medio ambiente, el crecimiento económico desigual, el crecimiento de populismos, la inequidad laboral, los problemas de género, entre otras tantas cuestiones.
Como verán, este siglo estaba lejos de plantearse como un camino recto y feliz, avanza, según los expertos e investigadores, lleno de curvas y contracurvas, de precipicios, de tensiones y desafíos para los que la educación debía y debe aún prepararse para dar respuesta. Como espacio de formación de los ciudadanos del futuro, la escuela como institución y la educación como proceso, tienen el gran desafío de ponerse a la vanguardia de la transformación, para poder así, enfrentar estos grandes retos y cambios que se nos plantean y con urgencia, implementar un nuevo paradigma educativo que prepare a los niños y adolescentes para enfrentar los retos, de los cuales nos vienen alertando. Son los siguientes:
1 Cambio climático y calentamiento global.
2 Problemas de salud mundial (epidemias, pandemias).
3 Crecimiento de la población.
4 Migraciones.
5 Impactos en el desarrollo de la economía global.
6 Contaminación del aire.
7 Conflictos internacionales.
8 Hambre y malnutrición en distintas partes del mundo.
9 Causas de la pobreza.
10 El acelerado tiempo de cambio tecnológico en el mundo.
11 El impacto del envejecimiento de la población.
12 Igualdad entre hombres y mujeres.
13 Consecuencias de la tala indiscriminada para otros usos del suelo.
A la exclamación de Xavier Aragay “¡Quién nos habría dicho, hace unos años, que en estos momentos nos moveríamos de esta forma!” puedo responder que desde hace muchos años nos están advirtiendo que debemos tomar precauciones y estar preparados para afrontar grandes movimientos o crisis mundiales, ya sea por el cambio climático, por el rápido cambio tecnológico, las migraciones, las pandemias y epidemias, la deforestación que impacta de lleno en el cambio climático, etc. Vuelvo a las preguntas antes formuladas: ¿Ha evolucionado realmente el sistema educativo argentino hacia uno más adaptado a las complejidades del siglo XXI? ¿Nos preparamos o preparamos a nuestros niños y adolescentes para enfrentar los desafíos que nos presenta este siglo? ¿Hemos adaptado los modos de enseñar a estos desafíos? En el año ٢٠٢٠ comenzamos a atravesar una pandemia, un problema de salud mundial que nos ha puesto de piernas por el aire, definitivamente nadie nos preparó para enfrentarla.
La pandemia nos mostró nuestras debilidades, pero también nos hizo conocer nuestras potencialidades, sacamos fuerzas y tiempo no sabemos de dónde; nos enfrentamos con nuestros más profundos temores y pudores. Nuestra privacidad dejó de ser “privada” para pasar a ser “compartida”, nuestro rincón de la casa, nuestros números de teléfonos celulares y correos electrónicos. Tuvimos felizmente, el apoyo escolar de las familias, padres y madres transformados de la noche a la mañana en “parejas pedagógicas” de la maestra o del profesor para lograr juntos una misión casi imposible: que los chicos aprendan y no pierdan el año. ¿Será ésta la gran oportunidad para un trabajo mancomunado familia-escuela que tanto estábamos esperando? ¿Nos habremos convertido en una gran comunidad de aprendizaje y aún no lo hemos notado? ¿Tenemos el gran tesoro en frente y aún no lo hemos descubierto?
Por supuesto que extrañábamos el espacio escuela, el aula, a los estudiantes; que nos extrañamos entre colegas, que nos faltaron las risas y los abrazos, el compartir. añorábamos volver a la presencialidad, a la normalidad. ¿Y cómo volveremos? ¿Volveremos iguales o aprovecharemos la oportunidad para hacer los cambios que pensamos necesarios e imprescindibles?
Finalmente, en el apartado “Reconsiderar y unir las distintas etapas de la educación”, el informe Delors concluye:
Al centrar sus propuestas en torno al concepto de educación durante toda la vida, la Comisión no ha querido decir con ello que este salto cualitativo dispensara de una reflexión sobre las distintas etapas de la enseñanza. Al contrario, se proponía confirmar ciertas grandes orientaciones definidas por la UNESCO, por ejemplo, la importancia vital de la educación básica y, al mismo tiempo, dar pie a una revisión de las funciones desempeñadas por la enseñanza secundaria, o incluso responder a los interrogantes que inevitablemente plantea la evolución de la enseñanza superior y, sobre todo, el fenómeno de la masificación. La educación durante toda la vida permite, sencillamente, ordenar las distintas etapas, preparar las transiciones, diversificar y valorizar las trayectorias. De esta forma, saldríamos del terrible dilema que se plantea entre seleccionar, y, con ello, multiplicar el fracaso escolar y los riesgos de exclusión, o igualar, pero en detrimento de la promoción de personas con talento.
El 20 de noviembre de 2018, Howard Gardner y Verónica Boix Mansilla9, investigadores principales del “Project Zero de la Harvard Graduate School of Education”, retoman en una conferencia promovida por la Fundación “La Caixa”10 de España, una temática que podríamos vincular con el informe Delors, el análisis de la OCDE y de la ONU. Hacían referencia precisamente a los cambios políticos, económicos y culturales que están impactando a todos los países y las sociedades del mundo: internet y la hiperconectividad, el cambio climático, los procesos migratorios, las crisis económicas y el surgimiento de populismos, entre otros. En este contexto global, la educación debería preparar al alumnado para desenvolverse en la diversidad y la complejidad de su entorno inmediato y global. “Hay que desarrollar en ellos” … expresó Gardner en la conferencia, … “el respeto hacia lo diferente y empoderarles para hacer frente y sacar provecho de lo complejo y lo incierto”. Es decir, potenciar las competencias globales del alumnado.
Por su parte la educadora e investigadora Verónica Boix Mansilla definió la competencia global como: “la capacidad y disposición para comprender y actuar sobre asuntos de relevancia local, regional, global e intercultural; respetando a las personas que tengan perspectivas y culturas diversas y contribuyendo al bien común y a un desarrollo sostenible”.
Verónica Boix Mansilla explicó en la conferencia, que estas competencias globales, constituyen una visión integral de la educación que debería propender a ser disciplinar e interdisciplinar. La clave estaría en enfocar las disciplinas tradicionales como herramientas para ver, comprender y actuar sobre el mundo.
Si veintidós años después de la presentación del Informe Delors, expertos en educación insisten en estas cuestiones, ampliando conceptos y definiendo puntos de vista en contextos más actuales ¿Qué hemos estado haciendo durante tanto tiempo? ¿Por qué nos gana la inercia? ¿Qué enseñanza nos deja para el futuro inmediato que aún no avizora mejorías? Pienso en el momento que estamos atravesando, de encierro y detenimiento, con una alegoría: ¿Cuál sería el mejor refrán para definir esta historia?, tal vez, “Camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.
Podría concluir que no estamos ajenos a lo que ocurre en el mundo, que la complejidad y la diversidad llegará a las escuelas tarde o temprano; que los directivos y docentes debemos aprender más e informarnos mejor, transformar y transformarnos, prevenir y anticipar; dejar de resistir a los cambios, elegir mejor lo que vamos a enseñar, acompañarnos y trabajar juntos interdisciplinariamente; comunicarnos mejor, ser creativos, proponer ideas, actualizarnos y capacitarnos, ser uno mismo y estar abiertos a nuevas experiencias educativas… ¡Nada más y nada menos!
¡Vaya si la educación encierra un gran tesoro!
Nuevas iniciativas
Nuevas iniciativas, reflexiones y sugerencias se avecinan. “Los futuros de la Educación”11 de la UNESCO. Con la mirada puesta en el 2050 y más allá, propone aprender a transformarse a reexaminar y replantear la manera en que la educación y el conocimiento pueden contribuir al bien común mundial.
Se puede leer en la página web de la UNESCO que “La iniciativa movilizará las muchas y ricas formas de ser y saber en todo el mundo con el fin de aprovechar la inteligencia colectiva de la humanidad. Se basa en un proceso consultivo amplio y abierto en el que participan los jóvenes, los educadores, la sociedad civil, los gobiernos, las empresas y otras partes interesadas. La labor la guiará una Comisión Internacional de alto nivel integrada por líderes de pensamiento de muchos ámbitos y regiones del mundo. En noviembre de 2021, la Comisión publicará un informe destinado a compartir una visión de futuro sobre qué es lo que la educación puede llegar a ser, y a ofrecer un programa de acción política”
La iniciativa “Los futuros de la educación: aprender a transformarse” catalizará un debate mundial sobre cómo el conocimiento y el aprendizaje pueden moldear el futuro de la humanidad y del planeta (Fuente: UNESCO).
Mientras tanto aquí, en Puerto Iguazú, esta pequeña ciudad del NEA, de tierra colorada y verde intenso, vamos oteando el horizonte, para estar prevenidos y anticipar las tormentas.
Segunda parte
2020: un año en clave de cambio, innovación y transformación…
Ante un futuro tan incierto, la respuesta no es mejorar la situación, sino ir en otra dirección. El desafío no consiste en reparar el sistema, sino en cambiarlo; no se trata de reformarlo, sino de transformarlo.
Sir Ken Robinson
Sin dudas el año 2020 fue un año lleno de incertidumbre y miedo; un año por demás extraño y difícil. Los dos primeros meses estuvieron marcados por la desorientación, la búsqueda de información y de herramientas tecnológicas que nos ayudaran, de la mejor manera posible, con el trabajo. Nos desacomodamos completamente, fuimos impactados de lleno como sociedad y como personas, nuestras vidas se vieron modificadas completamente. Nuestro mundo, que giraba a una velocidad uniforme, tal vez demasiado rápido para algunas cuestiones y muy lento para otras, se vio impactado por un repentino, desconocido y amenazante fenómeno mundial, la pandemia por Covid-19.
Me aventuraré en la física, no sin margen de error ya que no es precisamente mi campo de acción. Pero considero que todo lo que nos está pasando se relaciona fuertemente con esta disciplina. Los expertos nos hablan de “ir en otra dirección” (Ken Robinson), de “superar inercias, rehacer mapas y rutas” (Aragay), en definitiva de “movimiento”.
Entender la lógica del movimiento es bastante complejo. En física se define como un cambio de la posición de un cuerpo a lo largo del tiempo respecto de un sistema de referencia. Podría decir que es relativo a la posición en la que nos encontramos situados y del punto de vista de cada uno con respecto a una determinada acción.
Hablar de movimiento, es en principio, pensar en Newton, en sus Leyes o principios. Podría, creo yo, hacer una analogía aplicando los principios de Newton a este período de grandes y bruscos movimientos sociales y educativos ¿Se acuerdan de las Leyes de Newton? ¿De la inercia, la dinámica (o fuerza) y la acción y reacción?.
La Primera ley o ley de la inercia. Postula que un cuerpo permanecerá en reposo o en movimiento recto con una velocidad constante, a menos que se aplique una fuerza externa.
Pues bien, en el año 2006, el catedrático uruguayo Luis Osín, Dr. En Ciencias de la Computación y Máster en Ingeniería Eléctrica, entre otros, expresaba categóricamente: “el obstáculo más importante para el éxito es la inercia del sistema educativo”. Continuaba Luis Osín:
“Ya en el siglo pasado se escucharon fuertes voces en contra de la masificación ciega de la enseñanza, pero sin mucho éxito, como lo prueba la siguiente cita de William H. Kilpatrick, publicada en 1925 en el anuario de la NSSE dedicado al tema: “Adaptando las escuelas a las diferencias individuales”: “Ningún procedimiento se adecuaba a todos los niños en una clase, cualquiera que ésta fuese. Era el viejo problema de institución contra individuo. Y, como de costumbre, la solución más fácil fue apoyar a la institución y dejar que el individuo sufra. Y eso hicimos.”
“¡Extraordinaria honestidad intelectual! Y agreguemos que, cuando nos referimos a la inercia del sistema educativo, no hay prueba más clara que el hecho de que hace ٨٠ años ya se había reconocido claramente que se debía buscar una solución sistémica al problema de las diferencias individuales, y seguimos esperándola”.12
De la ponencia de Osín en el 2006 a hoy, han pasado 14 años…Pese a la reforma educativa, a los rápidos avances tecnológicos y el acceso a los mismos que hemos tenido los ciudadanos comunes en los últimos años, a los esfuerzos por realizar pequeños cambios, la inercia siguió dominando la concepción del sistema educativo, “cambiamos” para continuar haciendo lo mismo. Esta inercia, de más de cien años, finalmente se vio sacudida por una gran fuerza: una pandemia, una inesperada crisis de salud mundial que motivó cambios, innovaciones y transformaciones tan deseadas y esperadas, no sólo por los expertos en educación, sino que por los estudiantes durante largo tiempo. Estos cambios se estaban produciendo con mucha fuerza en este exacto momento. ¡Se agotó el tiempo! ¡La transformación en educación es aquí y ahora!
Al respecto señalaban Mariano Narodowski y Delfina Campetella en el documento “Pensar la educación en tiempos de pandemia: Entre la emergencia, el compromiso y la espera”13, lo siguiente:
“Si pensamos a la escuela de la modernidad como una estructura musical, veremos que ella permaneció constante a lo largo de tres siglos. Su permanencia, sin embargo, está obviamente interpretada por medio de variaciones muy diversas y hasta en algunos casos aparentemente contradictorias entre sí pero que hasta antes de la pandemia de 2020 no habían logrado una disrupción tal que conforme un motivo radicalmente diferente, desarticulando la armonía original y convirtiéndola en otra”.
La Segunda ley o ley fundamental de la dinámica, postula que la fuerza neta que es aplicada sobre un cuerpo es proporcional a la aceleración que adquiere en su trayectoria. O sea, aunque se aplique la misma fuerza a cuerpos de distintos tamaños y pesos, estos alcanzarán una aceleración diferente.
Las normativas emanadas del Ministerio de Educación de la Nación y de los Ministerios provinciales durante este período de contingencia, llegaron con la misma fuerza para todas las escuelas, públicas y privadas, sin importar el volumen ni las realidades sociales, siempre pensadas desde un paradigma homogeneizante; pero ¿todas las escuelas podíamos hacer lo mismo? ¿podíamos obtener los mismos resultados? Obviamente que no, cada contexto tiene cultura, su lenguaje, sus recursos y sus tiempos.
Las escuelas son diferentes, como diferentes son las comunidades donde está inserta. La pandemia por coronavirus no ha hecho otra cosa que agravar esas diferencias, mostrándolas desde los que quedaron afuera, lo excluidos, donde la normativa no impacta porque falta casi todo. Es importante que se reconozca la diversidad como parte constitutiva del colectivo estudiantil, ya que los niños, adolescentes y jóvenes provienen de distintos contextos y realidades, y creer que la educación llegará a todos por igual y que responderán de la misma forma, es una utopía.
Lo cierto es que ante el mismo requerimiento, las escuelas, docentes y directivos se movieron como pudieron, algunos más lento y otros más rápido, de acuerdo con sus posibilidades y arrojaron resultados conforme a su situación. Las escuelas con estudiantes con mayor poder adquisitivo y acceso a las tecnologías salieron rápidamente a resolver la contingencia. Las escuelas cuyos estudiantes cuentan con poca o nada de tecnología debieron organizarse de otra forma obstaculizando, en muchos casos, la continuidad pedagógica y ralentizando las trayectorias educativas. Pudimos percibir la famosa “brecha digital”, que castigó a los estudiantes que provenían de hogares de bajos recursos que contaban con menos herramientas para acceder a la educación remota de emergencia.
La Tercera ley o principio de acción y reacción. El postulado de la tercera ley de Newton dice que toda acción genera una reacción igual, pero en sentido opuesto. Es cuando tenemos que mover un cuerpo, o cualquier objeto pesado. La fuerza de acción aplicada sobre el objeto hace que este se desplace, pero al mismo tiempo genera una fuerza de reacción en dirección opuesta que percibimos como una resistencia del objeto.
Llegamos a la parte difícil, la de la reflexión y la autocrítica, la resistencia al cambio.
El gran desafío que tuvieron que enfrentar la mayoría de los docentes, en la primera etapa de la Pandemia, fue el de superar el analfabetismo digital y la resistencia al saber tecnológico. ¿Qué es analfabetismo digital? Principalmente el nivel de desconocimiento que tenían los docentes acerca de las nuevas tecnologías, que les impidió, al principio, interactuar a través de éstas con sus estudiantes. Pero, no voy a generalizar, muchos docentes no pudieron acceder a la alfabetización digital por falta de recursos y herramientas, por problemas de conectividad o por situación geográfica. Otros sin embargo, no la alcanzaron por miedo a “romper algo”, a “tocar mal las teclas”, “meter mal el dedo”, etc. Lo desconocido angustia y el miedo simplemente paraliza.
La situación que vivimos generaba todo tipo de resistencias. Nos vimos obligados a modificar rutinas, hábitos de vida y profesionales, a aceptar con impotencia el miedo o dificultad de realizar algo nuevo o diferente, a la exposición, a equivocarnos, a la que se le suma la biografía escolar que nos obliga a repetir patrones de conducta aprendidos desde la niñez.
La resistencia es particular, cada uno la vive desde la propia experiencia personal y desde la capacidad o disposición que posee para aceptar los cambios. Perdimos el control de la clase, por lo que entramos en una terrible incertidumbre y caos. Que hubo resistencias, las hubo, pero finalmente muchos lo lograron y vivieron la alegría de emprender algo nuevo, tomar otros rumbos y reconfigurar mapas. Aprendimos y avanzamos, lento o rápido, no importa, avanzamos.
“Nada sucede hasta que algo se mueve”
Albert Einstein
Marzo de 2020, el principio de todo…
El día 12 de marzo de 2020, recibimos del Servicio Provincial de Educación Privada de Misiones, SPEPM, el primer comunicado a través de la Circular 15/2020 de adhesión al Decreto 331/20 del Poder Ejecutivo Provincial, que dispuso “la suspensión de todo acto oficial que implique la concurrencia de público masivo por el plazo de 20 días”. Se leía:
“Prohíbase en el ámbito de la Administración Pública Provincial la realización de actos de carácter público oficiales, protocolares e institucionales que puedan implicar la aglomeración de personas. Esta prohibición se establece por el plazo de 20 días corridos, luego de los cuales se evaluará el estado de situación de prórroga” y en su Artículo 3º: “(…) se invita a reprogramar los ya pautados durante los próximos veinte días corridos”.
Continuaba la Circular,
Se recomienda a las Autoridades de las diferentes instituciones Educativas reprogramar todo acto o reunión que implique aglomeración de personas (actos protocolares, reunión de padres, asambleas, etc.)
Cabe mencionar que el presente Decreto Provincial no hace referencia a la suspensión de clases en ninguno de los niveles, hasta tanto las autoridades sanitarias hagan mención expresa del mismo. Esto implica redoblar y extremar los cuidados para la prevención tanto de DENGUE como de CORONAVIRUS, en los salones de clases, patios y lugares de mayor circulación de personas.14
Eran los primeros movimientos con que las escuelas iniciábamos esta Pandemia. El mismo 12 de marzo de 2020, cerca de la medianoche, llegó una nueva comunicación del SPEPM:
A través de la presente, informamos a los Equipos de Conducción de todas las Instituciones Educativas (Nivel de Educación Inicial- Nivel de Educación Primaria- Nivel de Educación Secundaria- Nivel de Educación Superior de Formación docente o de Formación Técnica) que, de acuerdo con lo planteado por el Gobernador de la provincia, las clases en todos los niveles educativos de la Jurisdicción se suspenden por el término de quince (15) días a partir del día 13 de marzo/2020.
No había tiempo de informar a las familias ni a los estudiantes de la suspensión de las clases, por lo que el viernes 13 de marzo se transformó “literal”, en el último día de clases del 2020.
Lo que comenzó siendo un “receso escolar sanitario” de quince días se convirtió en ASPO - Aislamiento Social Preventivo Obligatorio. Pasaron las semanas, los meses y el año escolar 2020 completo…cinco cuarentenas, si las pensamos de cuarenta días.
El Covid-19 ya estaba entre nosotros, era una realidad incuestionable. Vino para quedarse por tiempo indefinido y para desacreditar cualquier método pedagógico presente. Lo cierto es que estudiantes, familias, docentes tuvimos que quedarnos en casa aislados de nuestra vida normal. Las escuelas, los institutos y universidades debieron cerrarse, también los trabajos considerados “no esenciales” ¡estábamos simplemente acorralados!
Los primeros quince días de confinamiento, los tomamos como algo pasajero, algunos pensaron que era un pequeño “presente” de extensión de las vacaciones. No nos detuvimos a pensar en lo que tendríamos que hacer si esto continuaba. El remezón fuerte llegó cuando se declara la primera cuarentena. A los veinte días iniciales de receso, se le suman cuarenta… y la incertidumbre se apoderó de nosotros ¿Cómo haremos para trabajar? ¿Con qué? ¿Y cómo vamos a hacer con los más pequeños? ¿Y cómo vamos a motivar a los adolescentes? ¿Cómo nos vamos a comunicar con las familias? ¿Y las tareas? ¿Y la evaluación? Comenzó la desesperación por trasladar las clases normales al trabajo online, los que tenían acceso. Una lista interminable de Apps, programas, plataformas hasta ese momento desconocidas, aparecieron para apoyar la labor de los docentes. La idea era intentar llevar a las casas lo que se podía de la actividad educativa presencial y así garantizar la continuidad pedagógica: contenidos, tareas, ejercitación, trabajos de lectura, reflexión y aprendizaje para no perder, hasta ese momento, los dos primeros meses de clases.
Durante la primera cuarentena, todavía algo incrédulos, veíamos con horror los datos acerca del Covid-19 que la televisión arrojaba día tras día de Europa y otros continentes, una cuenta interminable y asustadora de contagios y muertes. El mundo definitivamente paró…
De la noche a la mañana, la docencia se convirtió – junto a los trabajadores de la salud, la seguridad y la limpieza – en lo que se llamó “trabajadores esenciales”. Docentes de todos los niveles comenzamos a buscar, las que consideramos mejores herramientas, para llegar a nuestros estudiantes. Se jugó a partir de allí el liderazgo directivo, la gestión, la supervisión, la comunicación, la determinación del docente, la creatividad, la innovación y la transformación. Los cambios habían llegado a la educación imprevistamente, ya no serían “para más adelante” como siempre se planteaban. Pensándolo bien, nunca las escuelas tuvieron mucho tiempo para parar a pensar en innovaciones, transformaciones o cambios durante el Ciclo Lectivo. Año tras año, de principio a fin, se dedicaban a impartir clases con el extensísimo diseño curricular, haciéndole pequeñas e insignificantes modificaciones; lo mismo con los proyectos educativos anuales, proyectos artísticos, con fechas y formatos preestablecidos. Comenzaban el año con el calendario bien afinado, contando días de clases, feriados, reuniones de PEI, Formaciones Situadas, Actos Escolares, Ferias de Ciencias y Pedagógicas, etc., todo bien armado una semana antes de empezar las clases. Ahora, lo que se dice “tiempo” para pensar en una verdadera transformación educativa al interior de la escuela, raras veces sucedió.
Para transformar es necesario replantear el proceso de enseñanza y de aprendizaje, y eso lleva tiempo de reflexión, de debates y consensos, de capacitación, tiempo que casi nunca nos tomamos ¿Podríamos considerar esta pandemia una oportunidad? ¿Es esta la oportunidad que esperábamos para hacer cambios profundos en la forma de enseñar y aprender en la escuela? Esta pandemia ¿Nos está ofreciendo ese tiempo para pensar?
Expertos del mundo educativo se hicieron presentes a través de charlas online para debatir todos los asuntos inherentes a estas cuestiones. ¿Cuál será la escuela de la post pandemia? ¿Cuáles serán los cambios que deben realizarse? ¿Hacia dónde se encaminará la educación? Muchas preguntas con pocas o iguales respuestas: transformación, innovación y cambio.
En esos primeros meses nos preocupaban mucho los estudiantes ¿Qué estaría pasando con ellos en sus casas? ¿Cómo se sentirían encerrados sin poder asistir a clases? ¿Y los padres? ¿Cómo estarían haciendo los padres para ayudar a sus hijos para no perder el año? Vamos a ser sinceros, hasta este momento, siempre fue responsabilidad de la escuela lo que aprendían los estudiantes y cómo lo aprendían: de la maestra y de los profesores, del proyecto educativo; muy pocas familias asumían el rol que les compete de acompañar el proceso educativo de sus hijos, este es sin dudas un momento de muchos aprendizajes.
La situación de aislamiento, confinamiento y enfermedad resultó por demás extraña, incomprensible, inimaginable. No hubo tiempo de planificar, el apuro por acatar la normativa que exigía el confinamiento no dio lugar a reuniones de equipos directivos para consensuar el rumbo de la institución en este mar de incertidumbre. Tardamos en reaccionar y darnos cuenta de las herramientas digitales que teníamos a mano para seguir adelante.
La única certeza que tuvimos desde el principio, directores y docentes, es que era imprescindible dar a los estudiantes herramientas para afrontar esta situación difícil de profundos cambios. ¿Cómo lo haríamos? muchos desconocían las herramientas digitales, salvo el Aula Virtual, las demás herramientas nunca las habíamos utilizado, porque en la presencialidad no eran una prioridad. Una especie de negación y dificultad se hizo presente; el “encierro” iba más allá de estar atrapados dentro de las paredes de nuestra casa; era un “cierre” mental que surgió como un mecanismo de defensa ante la imposibilidad del manejo de la tecnología sugerida o exigida por la contingencia. Aún hoy, después de un año con las escuelas cerradas, existen docentes con dificultades en el aprendizaje digital. ¿Cómo haríamos para enseñar desde lo desconocido? Obviamente, primero teníamos que aprender nosotros. Surgieron así, los primeros instructivos de utilización del Aula Virtual y de las redes sociales.
La meta era sostener y fortalecer los vínculos con las familias y estudiantes, permanecer cerca, hacer sentir que, a pesar de todo, la escuela estaba allí, en cada docente, en cada casa, en cada pantalla al margen de las innumerables dificultades. En este sentido Inés Dussel señaló en su ponencia, “Clase en pantuflas: reflexiones a partir de la excepcionalidad”, lo siguiente:
“Hay que hacer escuela en estas condiciones, hay que dar clase en pantuflas, hay que disponerse lo mejor que podamos en este tiempo tan raro para dar lo mejor de nosotros, para que el día de pasado mañana, en julio, agosto o septiembre, quién sabe, volvamos a vernos las caras en el aula, volvamos a compartir risas y chistes, y los chicos sepan y nosotros sepamos que estos no fueron meses perdidos, sino que fue un tiempo excepcional en el que estuvimos dispuestos, contra viento y marea, que en nuestro caso se llaman virus y crisis, a seguir aprendiendo y construyendo algo juntos. Que sepan que ellos nos importan, que nosotros importamos, y que al final lo que tenemos es eso: el nosotros. Si aprenden eso, si aprendemos eso, vamos a estar bien”.
Los docentes en general, nos lamentábamos día a día por los proyectos que habíamos imaginado para la presencialidad y que quedaron suspendidos; por lo que considerábamos debían aprender los estudiantes y no teníamos certeza si lo estábamos logrando; de los “agujeros” que quedarían en los contenidos para enfrentar el ciclo siguiente; de la imposibilidad del trabajo en equipo a través de las redes; de la difícil aplicación de la interdisciplina entre colegas; de lo difícil que resultaba consensuar por Zoom… siempre pensado en lo que no podíamos, lamentándonos todo el tiempo de lo que nos pasaba, es cierto, la desazón se había apoderado de nosotros. Nos llevó tiempo pensar que sí podíamos, que estábamos delante de una gran oportunidad, que teníamos mucho que aprender si mirábamos con otros ojos, desde otra perspectiva. Teníamos que hacernos otras preguntas, por ejemplo ¿cómo volveríamos fortalecidos y preparados para enfrentar otras crisis? ¿Qué podríamos aprender de todo esto? ¿Cómo nos ayudaría a futuro en la profesión? ¿Cuán diferentes seríamos al regresar? Si, nos llevó tiempo comprender que también somos aprendices, y de lo importante que es nuestra presencia en la escuela, porque finalmente quedó al descubierto que la docencia es imprescindible, esencial e insustituible. La sociedad nos necesita y el futuro escolar de los estudiantes siempre dependerá de nosotros.
La Fundación Santillana desde España, lanzaba en mayo de 2020 el ciclo de reflexión “La Escuela que viene: reflexión para la Acción”15, cuya premisa era “Una crisis como oportunidad para contribuir a la mejora de la educación y la escuela”. Uno de los invitados, Alejandro Quecedo, joven estudiante español y activista climático, expresaba lo siguiente:
Ahora es el momento de extrapolar esta conclusión pues si la escuela ha podido adaptarse a la COVID puede también adaptarse a las necesidades lectivas y sociales del siglo XXI. Sin embargo, en esta extrapolación debemos transformar la perspectiva de cambio, pues ya no se trata de crear un paradigma en el que la escuela sobreviva, se trata de crear un nuevo paradigma para una nueva escuela estimulante, útil y catalizadora. Y para ello, la escuela que viene debe ser muchas cosas.
En virtud de esto ¿Vamos a poder, luego de esta experiencia crítica de salud mundial que nos ha mantenido encerrados, pensar en un nuevo eje de transformación educativa? ¿Vamos a poder pensar en una enseñanza para toda la vida que les haga sentido a los estudiantes con otro tipo de escuela, con otros formatos? ¿Creen que hemos podido avanzar hacia el pensamiento de un cambio profundo en educación?
Antes de la Pandemia expertos en educación decían que estos cambios profundos se revelarían en los próximos cinco o diez años, ejemplo de ello, la Secundaria Federal 2030 como política de implementación para transformar la escuela secundaria, cuyas habilidades para el futuro como: Aprender a aprender; Resolución de problemas; Compromiso y responsabilidad; Trabajo con otros; Pensamiento crítico y Comunicación; pensadas como estrategias a desarrollar desde el 2018 y como meta el 2030, se adelantaron al 2020 con dudosa previsión de éxito.
Siguiendo a los expertos, estos nos adelantaron que los cambios profundos afectarían de lleno la forma cómo pensamos, vivimos, trabajamos y nos relacionamos, y que, por supuesto, también afectarían de lleno a la educación. ¡Y cómo nos afectarían! El cambio está acá, llegó en el 2020, se adelantó, cambió todo, la forma de relacionarnos, de comunicarnos, de trabajar, de estudiar, de asistir a la escuela, nuestra forma de vivir, sumada la incertidumbre de no saber cuándo volveremos a nuestras actividades normalmente o, si volveremos.
De lo mucho que leímos y escuchamos en el 2020, hay tres palabras que se repitieron con mucha fuerza y convicción: “cambio”, “transformación” e “innovación”; Pero ¿qué significa transformación e innovación? Es tan fácil y bonito utilizar estas palabras que corren serio riesgo de transformarse en clichés. Compartirán conmigo que escuchamos infinitas veces estas frases: “estamos realizando una transformación profunda en educación”; “estamos realizando una gran innovación en los programas educativos” … realmente ¿Hemos transformado? ¿Hemos innovado?
De hecho, si lo pensamos bien, todos hemos hecho cambios importantes durante este período tan particular. Unos más que otros, de acuerdo con nuestros conocimientos y posibilidades, de acuerdo con nuestra personalidad. ¿Cómo transitamos esta acomodación? ¿Qué rutinas o comportamientos nos vimos obligados a cambiar? ¿Cómo nos sentimos con estos cambios? ¿Cómo vivimos este duelo de la pérdida? Porque hemos perdido mucho: perdimos el espacio aula, el mirarnos cara a cara, retroalimentarnos; perdimos amigos, familia, vecinos, perdimos el trabajo… ¿Estábamos preparados emocionalmente para lo que tuvimos que enfrentar? Puedo decir con seguridad que no, pero las respuestas a estas preguntas fueron el puntapié inicial para comenzar el proceso de transformación e innovación educativa en nuestra Institución.
En principio, para aclarar los términos o al menos saber de qué hablamos cuando hablamos de transformación, innovación y cambio; vamos a traer, en primer lugar, el concepto “transformar”, que segúnel “diccionario ABC”, “es hacer que algo cambie sin alterar sus características esenciales”. Desde el aspecto personal, es un cambio, una evolución que pasa por dejar atrás algunas costumbres para asumir otras nuevas, “el concepto es usado de manera extendida en el plano social para referirse a aquellos cambios que experimentan los colectivos sociales como consecuencia de factores políticos, económicos y hasta culturales, que ejercen una enorme presión y entonces, la sociedad se transforma en la dirección que estos le imponen”16 Aportaría a esta definición los factores del cuidado de la salud mundial.
La “innovación” en cambio, es un término que se lo puede considerar como el concepto de renovar, mejorar algo al punto de que parezca nuevo, alterando casi todas sus características. En educación significaría, por ejemplo, poder realizar un cambio profundo a un modelo o paradigma educativo tradicional que quedó obsoleto, suspendido en el tiempo. No podemos seguir enseñando como en el siglo pasado, debemos preparar a los estudiantes para afrontar la realidad del mundo de hoy, intentar transformarlos en ciudadanos del mundo, que aprendan a cuidar el medio ambiente, preparados para convivir con otros y trabajar juntos en una sociedad que cambia constantemente.
Innovar es reimaginar, recrear, volver a crear desde lo que ya está creado y con ello producir nuevas experiencias, generar nuevas oportunidades de aprendizaje. En palabras de Saturnino de la Torre (1997) “La innovación es uno de los niveles más altos de creatividad. Integra categorías como iniciativa, inventiva, originalidad, disposición al cambio, aceptación del riesgo, proceso adaptativo, pero sobre todo colaboración y disposición a compartir valores, proyectos, procesos, actuaciones conjuntas y propuestas evaluativas. La polinización de la creatividad tiene lugar a través de proyectos de innovación curricular”.
Se entiende entonces, que la innovación es un proceso mucho más profundo y drástico, que nos pone en situación de cambio total, del surgimiento de nuevas ideas, de nuevas formas. Un proceso que no termina, que se abre un sin número de posibilidades de seguir ideando, cambiando y desarrollándonos. Pensemos juntos y en profundidad, en este entrado Siglo XXI. ¿Hemos cambiado nuestras prácticas para otras más innovadoras? ¿Hasta dónde y cuánto hemos transformado el aula con estrategias innovadoras? ¿Hemos colaborado a introducir cambios significativos en la escuela que trabajamos? ¿Tuvimos la posibilidad de colaborar en el cambio? ¿Cuán profundos fueron esos cambios? Rebobinemos el tiempo, pensémonos 10 años atrás… cinco años atrás, en el 2015 ¿Hemos cambiado desde entonces? ¿Cómo llegamos preparados al 2020? ¿Cómo nos encontró la pandemia? ¿Y cómo queremos estar dentro de 10 años, cuando todo pase?
Xavier Aragay, Experto y Consultor internacional, en su blog17, escribía el 23 de marzo de 2020:
¿Dónde querremos estar en el 2030, es decir, dentro de diez años? ¿Cuántas crisis como esta viviremos en esta época? ¿Cómo habrá avanzado la inteligencia artificial y cómo podremos incorporarla a favor de nuestro proyecto educativo? ¿Dónde nos habrá conducido el calentamiento del planeta y cómo estaremos educando experiencialmente de otra forma? ¿Cómo habremos superado el pensamiento simple basado en la transmisión de disciplinas separadas entre ellas y habremos avanzado decididamente hacia el pensamiento crítico y complejo basado en la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad? ¿Cómo habremos cambiado la cultura interna de nuestra institución? Es preciso que seamos disruptivos, que avancemos con más ambición y sueños… Hace falta que pasemos de la innovación a la transformación sin dejarse la piel… Y para ello necesitamos nuevas reflexiones, nuevas estrategias y metodologías del proceso de cambio. Si seguimos haciendo lo mismo que hasta ahora, no va a cambiar nada…
Sabias y acertadas palabras. Pues bien, ya comenzamos a recorrer el año 2021, no nos queda mucho tiempo para el 2030 que plantea Xavier Aragay. No sabemos cómo será calidad del tiempo que nos queda hasta llegar allá, cuántas crisis o pandemias nos quedan por delante. La única certeza que tenemos es que necesitamos cambiar, aunque los diseños curriculares sigan siendo los mismos, hay que buscar la forma de innovarlos y aplicarlos de manera que al estudiante le haga sentido. Hay que encontrar el tiempo, especialmente con los Equipos de Conducción, para consensuar, hablar de lo importante, de lo necesario, de un Proyecto Educativo innovador, actualizado, real, que valga la pena. Debemos hablar de la escuela que queremos…de la nueva, no de la vieja.
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