Kitabı oku: «La siderurgia de Sagunto durante el primer Franquismo (1940-1958)»

Yazı tipi:

LA SIDERURGIA DE SAGUNTO

DURANTE EL PRIMER FRANQUISMO

(1940-1958)

ESTRUCTURA ORGANIZATIVA,

PRODUCCIÓN Y POLÍTICA SOCIAL

LA SIDERURGIA DE SAGUNTO

DURANTE EL PRIMER FRANQUISMO

(1940-1958)

ESTRUCTURA ORGANIZATIVA,

PRODUCCIÓN Y POLÍTICA SOCIAL

Ana María Quílez Pardo

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.

© Ana María Quílez Pardo, 2016

© De esta edición: Publicacions de la Universitat de València, 2016

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es publicacions@uv.es

Fotografía de la cubierta: Altos Hornos de Vizcaya, Fábrica de Sagunto, 1950

Fundación del Patrimonio Industrial de Sagunto

Maquetación: Textual IM

Corrección: Communico-Letras y Píxeles S.L.

ISBN: 978-84-9134-036-2

A mis padres.

In memoriam.

ÍNDICE

ABREVIATURAS

PRESENTACIÓN Y AGRADECIMIENTOS

I. INTRODUCCIÓN: CÓMO FUNCIONA UNA ACERÍA

1. Proceso de fabricación. Peculiaridades de la fábrica de Sagunto

2. Otras instalaciones localizadas en la fábrica de Sagunto

II. BREVE HISTORIA DE LA EMPRESA SIDERÚRGICA SAGUNTINA HASTA SU ADQUISICIÓN POR AHV SA

1. Precedentes en la obtención del hierro y primeros avances tecnológicos previos al proceso de industrialización

2. Orígenes de la Industria Siderúrgica en España

3. Origen de la Industria Siderúrgica del Puerto de Sagunto. Síntesis histórica

III. ESTRUCTURA ORGANIZATIVA DE LA EMPRESA. AHV SA

1. Introducción

2. Características y conceptualización

3. Partes de una organización

4. Parámetros de diseño de una organización

5. Factores de contingencia

5.1 La edad de la empresa y época en que se fundó el sector

5.2 El tamaño

5.3 El sistema técnico

5.4 El entorno

5.5 El poder

6. Tipo de estructura organizativa de AHV, SA

6.1 La organización maquinal, burocracia maquinal o empresa funcional centralizada

IV. LA ACTIVIDAD PRODUCTIVA

1. La política económica del Gobierno

1.1 La autarquía económica y el intervencionismo estatal

2. Evolución de las producciones, inversiones y beneficios según la secuencia anual

2.1 Propiedades, beneficios, nuevas instalaciones y mejoras del material industrial

3. Producción, consumo y mano de obra

3.1 Producción

3.2 Consumo

3.3 La mano de obra

4. La ciudad-fábrica

V. LA POLÍTICA SOCIAL

1. Introducción

2. Política social del régimen franquista

2.1 Fundamentos ideológicos

2.2 Objetivos e instrumentalización de la política social

3. La política social de la empresa

3.1 Marco laboral

3.2 Marco social

A. El Economato

B. La Enseñanza

C. El Sanatorio

D. La Vivienda

E. El Casino Recreativo y la Biblioteca

F. Deportes

VI. CONCLUSIONES GENERALES

VII. ARCHIVOS, FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

1. Archivos

2. Fuentes

3. Revistas y periódicos

4. Bibliografía

5. Sitios web

VIII. ANEXOS

1. Estadísticos

2. Documentales

ABREVIATURAS


AHM Altos Hornos del Mediterráneo
AHV SA Altos Hornos de Vizcaya, Sociedad Anónima
BBV Banco Bilbao Vizcaya
BOE Bolentín Oficial del Estado
Carp. Carpeta
CC. OO. Comisiones Obreras
CMSM Compañía Minera de Sierra Menera
Coord. Coordinador
CSM Compañía Siderúrgica del Mediterráneo
CSE Central Siderúrgica Española
Dir. Director
FET Falange Española Tradicionalista
HOAC Hermandad Obrera de Acción Católica
IVE Instituto Valenciano de Economía
IVE Instituto Valenciano de Estadística
INE Instituto Nacional de Estadística
INI Instituto Nacional de Industria
JOC Juventud Obrera Católica
JONS Juventud Obrera Nacional Sindicalista
OSE Organización Sindical Española
PIB Producto interior bruto
PUV Publicacions de la Universitat de València
PV País Valenciá
SECN Sociedad Española de Construcción Naval
SEU Sindicato Español Universitario
TBC Tren de bandas en caliente
TBF Tren de bandas en frío
UGT Unión General de Trabajadores
URSS Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
USO Unión Sindical Obrera
VV. AA. Varios autores

PRESENTACIÓN Y AGRADECIMIENTOS

El trabajo de investigación que a continuación se expone se planteó en un principio con la pretensión de analizar las relaciones laborales en la factoría siderúrgica de Sagunto durante el periodo del franquismo que normalmente se denomina «autarquía económica».

Sin embargo, el intento de abordar los dos ámbitos de estudio: empresa y trabajadores, superaba los límites de este trabajo de investigación, hecho que llevó a considerar mucho más adecuado ahondar en un único ámbito, que en este caso será la empresa, y plantearlo como punto de partida para otros proyectos futuros que abordasen las relaciones laborales de forma más extensa y completa, y durante un periodo en el que la parte trabajadora pudiera desempeñar un papel más activo al que durante las dos décadas del presente estudio debió renunciar.

Las circunstancias específicas del periodo tratado, junto a la incorporación de la factoría saguntina a la empresa siderúrgica Altos Hornos de Vizcaya (AHV) recién acabada la Guerra Civil, llevó a centrar el trabajo en aquellos aspectos que nos informan sobre el funcionamiento de esta industria, de la empresa, su organización y su adaptación, tanto a las circunstancias impuestas por el régimen franquista y la aplicación concreta de estas por parte de la empresa, como a aquellas que se derivan del ámbito internacional, político o económico, y que también afectan al transcurrir del sector y de los distintos centros fabriles. Es por ello que el estudio contempla con frecuencia el análisis de algunos elementos no específicos de la factoría de Sagunto, pero siempre a modo instrumental para explicar y entender mejor el caso concreto de la siderurgia saguntina, de modo que todos los datos generales buscan relacionarse y vincularse con esta.

A partir de estas consideraciones, la estructura del trabajo es bastante sencilla. En primer lugar, dado que este debe ser un trabajo de investigación histórica, que como especialidad se encuentra alejado de las nociones básicas de ingeniería industrial, se ha hecho necesario un primer apartado a modo de introducción en el que, de forma sencilla, se explique cómo funciona una factoría siderúrgica, pues, de lo contrario, resultaba muy difícil analizar e interpretar buena parte de las fuentes consultadas, además de que ello proporcionará un instrumento valioso para entender las distintas actuaciones o políticas en inversiones, mercado, personal laboral, política social, etc.

De esta manera, en el segundo apartado, ya nos introducimos en el marco de fondo a través de los orígenes de la industria siderúrgica y los precedentes y primeras actuaciones de la factoría saguntina, justo hasta el momento en el que se inicia el análisis de todos los documentos reseñados, es decir, hasta el final de la Guerra Civil y la adquisición de la siderúrgica saguntina por la empresa más importante del sector en esos momentos: la Sociedad Anónima Altos Hornos de Vizcaya. Para este capítulo han sido muy útiles las aportaciones hechas de este periodo por parte de Manuel Girona y José Vila, tanto para la Compañía Siderúrgica del Mediterráneo como para la Compañía Minera de Sierra Menera, junto a otros documentos originales localizados en el archivo de Altos Hornos del Mediterráneo y el de la Compañía Minera de Sierra Menera.

El hecho de que el trabajo trate específicamente del ámbito de la empresa ha llevado a abordar otras disciplinas no directamente relacionadas con la Historia, sobre todo en lo que se refiere a la organización de la empresa (tercer apartado), una tarea compleja para quien no está acostumbrado a moverse en esta disciplina, de modo que su exposición pudiera presentarse de forma sencilla y adecuada, y sin que ello pudiera restar carácter científico por un posible análisis inadecuado de los documentos.

Por otro lado, para explicar y dar sentido a las cifras de producción, inversión, financiación, gastos, costos, ocupación obrera, etc., ha sido necesario introducirse en el ámbito de los datos estadísticos, la economía o la demografía, pero también de la política económica del régimen franquista y de las condiciones económicas internacionales relacionadas con el sector siderúrgico. Este apartado del trabajo ha resultado ser muy laborioso en cuanto a la elaboración de las distintas tablas y gráficos, aunque resulta reconfortante comprobar que detrás de la frialdad de las cifras, su estudio y análisis nos pueden ofrecer un mundo amplio de ideas y conclusiones de distinto tipo.

El capítulo cuarto, el último del trabajo antes de llegar a las conclusiones generales, es realmente el colofón de este trabajo de investigación y sobre el que, en mayor grado, descansan los objetivos de este. Para abordar la política social de Altos Hornos de Vizcaya en Sagunto, ha sido necesario primero plantear la política social que el régimen dictatorial impone, para luego ver cómo y en qué medida se aplica esta en Sagunto, uno más de los tres apéndices productivos con los que cuenta la empresa propietaria Altos Hornos de Vizcaya.

Dado el contexto histórico particular en el que se produce esta política social (los años de la posguerra), con la absorción por parte de una nueva empresa propietaria de la factoría de Sagunto creada por Ramón de la Sota, no hubiera sido posible abordar en profundidad este último apartado y sacar las conclusiones pertinentes sin antes atravesar los tramos expuestos en los capítulos anteriores.

La consecución de estos objetivos requiere el ejercicio de un trabajo interdisciplinar, extremo, por otra parte, sano y conveniente para el análisis histórico de cualquier acontecimiento o periodo, pues cualquiera de ellos no se produce por un único y determinado ámbito, sino por la confluencia de varios de distinto tipo. Aunque de una forma discreta, se pretende aplicar la fórmula planteada por el maestro Pierre Vilar de hacer una Historia Total, donde se traten todas las circunstancias, sectores, condicionantes, etc., que ayuden a explicar e interpretar de forma más clara, completa y convincente un hecho o periodo histórico.

Respecto a la documentación empleada, la mayor parte de las fuentes documentales han sido recogidas del Archivo de Altos Hornos del Mediterráneo, ubicado en esos momentos en los locales de la antigua Gerencia de la empresa. Se trata, pues, de un archivo privado que se encuentra insertado dentro de la Fundación para la Protección del Patrimonio Histórico Industrial de Sagunto, desde donde su entonces gerente, D. José Vila, me facilitó el acceso y consulta de la documentación allí depositada durante todo el tiempo que fue necesario. El resto de esta corresponde a distintos organismos oficiales (INE) o a archivos y bibliotecas de la Comunidad Valenciana.

Para el uso, análisis y posterior interpretación de buena parte de las fuentes y bibliografía consultadas, han sido muy útiles las explicaciones de aquellas personas que pertenecen a disciplinas no históricas: en particular D. José Vila como ingeniero, quien consiguió hacerme más accesibles la comprensión e interpretación de los datos de carácter tecnológico; el profesor de Estadística Rafael Díez, quien colaboró en la elaboración de los gráficos estadísticos; y el doctor Rafael Fernández Guerrero como profesor de Organización y Dirección de Empresa y, además, el primero que me animó en la puesta en marcha de este trabajo. Gracias a él he podido tener una idea más clara sobre la estructura y el funcionamiento de la empresa en general y la de AHV en particular. Sin su consejo, apoyo y paciencia hubiese sido imposible la realización de este trabajo tal cual se presenta.

Lógicamente, en los aspectos más directamente relacionados con el quehacer histórico he contado con la atención y el ánimo de distintos compañeros de la materia, pero de forma especial el director de este trabajo, el doctor Marc Baldó, quien siempre tenía la respuesta adecuada a mis preguntas tanto técnicas como metodológicas, pero a quien quiero también agradecer su apoyo personal, su comprensión y discrecionalidad, elementos todos ellos que adquieren una relevancia tan importante como la que se refiere al ámbito puramente técnico y disciplinar, y de lo que cualquier persona que inicia su trayectoria investigadora puede dar buena cuenta.

Finalmente, y dentro de esta última idea, no quisiera dejar pasar la oportunidad de dejar constancia escrita de mi agradecimiento a todas aquellas personas: familia, compañeros, amigos, que, junto a las arriba nombradas, han colaborado de distinta manera en que consiguiera superar todos los obstáculos y barreras personales que han condicionado el transcurrir de este trabajo de investigación y cuyo punto y final se ha demorado en demasía.

I. INTRODUCCIÓN: ¿CÓMO FUNCIONA UNA ACERÍA?

1. PROCESO DE FABRICACIÓN. PECULIARIDADES DE LA FÁBRICA DE SAGUNTO1

En términos generales, una planta siderúrgica integral es aquella que permite la obtención de productos derivados del acero, totalmente elaborados o semielaborados, a partir de los minerales de hierro.

Los primeros pasos del proceso tienen lugar en las denominadas instalaciones de cabecera. En una de ellas (horno alto) se obtiene el arrabio o hierro fundido a partir del mineral de hierro, carbón de coque y fundentes.

Este arrabio obtenido se procesa en la acería a través de los siguientes métodos: hornos Martin Siemens, convertidores al oxígeno u hornos eléctricos. Así obtenemos el acero, que puede llevar dos caminos: en uno se solidifica en lingotes y luego se lamina en el tren desbastador; en el otro, en forma líquida, se procesa en colada continua, pudiendo obtener, en ambos casos, desbastes y planchones.

Los desbastes pasan a unos trenes de laminación que los transforman en vigas, ángulos, redondos, carriles, etc. Por otra parte, los planchones son tratados en otros trenes donde se puede obtener: chapa gruesa, chapa fina, galvanizada, hojalata, etc.

La tendencia moderna en la fabricación de productos planos ha sido instalar trenes laminadores continuos de bandas en caliente (TBC) con un espesor de hasta 10 mm, y trenes laminadores de bandas en frío (TBF), que obtienen productos superiores a 0,15 mm.

Los productos obtenidos en estas instalaciones son utilizados en las industrias navales, del automóvil, de electrodomésticos, de construcción, etc.

Para explicar el proceso de una forma más detallada, se seguirá la relación de los distintos elementos que intervienen en él, pero especificando las particularidades de la fábrica de Sagunto.

El mineral de hierro, el carbón y los fundentes son las principales materias empleadas en la fabricación del arrabio (hierro líquido) y del acero. Se extraen de las minas y son transportados hasta las plantas siderúrgicas principalmente por vía marítima y almacenados en grandes espacios destinados al efecto.

El mineral de hierro se criba y los finos se tratan por sinterización antes de emplearlos en el horno alto. El mineral de hierro que se emplea en la acería saguntina procede de las minas de Ojos Negros (Teruel) y Setiles (Guadalajara), pertenecientes ambas a la CMSM, y cuyo dueño y principal accionista es también, durante los años que estudiamos, miembro del Consejo de Administración de AHV S. A., por lo que se mantiene una relación estrecha entre ambas empresas. La necesidad de hierro por parte de la siderurgia saguntina tras la guerra –necesitaba en torno a 500 Tm/día de mineral– llevará a la puesta en marcha de la explotación minera, paralizada durante la Guerra Civil, y a la reparación del ferrocarril que debía transportar el mineral hasta los Altos Hornos.

El carbón procedía fundamentalmente de Inglaterra y de las minas de Turón (Asturias). La carencia de este combustible durante los años de la autarquía será uno de los problemas que tendrá que abordar la siderurgia saguntina desde 1939 a 1954.

Las baterías de coque

El carbón se convierte en coque calentándolo, para eliminar las materias volátiles, en unos hornos especiales, que se agrupan en baterías y que se cargan por la parte superior. El tiempo de coquización es de unas 16 horas. Después se descargan mediante máquinas deshornadoras y el coque cae a unos vagones-tolvas que lo conducen a la torre de enfriamiento, efectuándose este con agua. El coque, una vez triturado a granulometría adecuada, se emplea en hornos altos como elemento termógeno y reductor. Los productos volátiles desprendidos se aprovechan como gases combustibles y para la obtención de productos químicos.

Las baterías de coque fueron la primera instalación productiva que se puso en funcionamiento en Sagunto en 1922. Como consecuencia de la crisis de 1929, la batería paró en 1932 y no volvería a arrancar hasta el 20 de enero de 1941. Desde 1949 comenzaron a instalarse nuevas baterías de la marca alemana OTTO, que producían más cantidad de coque que las anteriores (Hürez), pero que también originaban gran cantidad de gases, hecho que obligó a ampliar las instalaciones para la obtención de los subproductos del coque: fabricación de sulfato amónico, destilación de benzoles y alquitranes, y los almacenes de benzoles, naftalinas, aceites, etc.

Sinterización

Los minerales finos (menores de 8 mm) no deben meterse al horno alto porque dificultarían el paso del gas en su marcha ascendente, por lo que es necesario convertir esos finos en un producto adecuado. A este proceso se denomina sinterizar y para ello hace falta una instalación compuesta de: parque de descarga, silos de almacenamiento, cintas transportadoras, trómel mezclador, trómel agrumador, depósitos de material de mezcla y de cama, cinta sinterizadora, horno de ignición, soplante de aspiración de la máquina, triturador de barrotes, cribado en caliente, refrigerador circular, cribado en frío y soplante de desempolvado de la nave. Para la obtención de este sínter se emplean minerales de hierro, fundentes y, como combustibles, carbón de coque molido y gas de hornos altos.

Debido al carácter polvoriento del mineral procedente de Ojos Negros, la CMSM ya había montado a pie de mina y en Sagunto unos talleres de briquetas y de nódulos para tal fin. Pero estos sistemas de aglomeración eran muy laboriosos y de coste elevado, por lo que al instalarse la siderurgia en Sagunto, que debía utilizar el mineral de la misma procedencia, se instaló una máquina de sinterizar para una producción de 200 Tm/día, que empezó a funcionar en 1925; la segunda lo hizo en 1931; la tercera en 1955, con una capacidad de producción de 800 Tm/día; la cuarta lo hará en 1964 coincidiendo con la puesta en marcha del horno alto n.º 2.

Hornos altos

La fabricación de arrabio o hierro líquido se produce en los hornos altos. Los carros de carga suben por un plano inclinado con las materias primas: mineral de hierro, coque y fundentes, y se vierten por la parte superior, denominada tragante. El aire, de humedad controlada, antes de su inyección por las toberas, situadas en la parte inferior del horno, se calienta en estufas, lo que hace que el coque se queme y produzca una gran cantidad de calor. Se inyecta el fuel-oil por las toberas y el mineral se reduce, transformándose en gotas de hierro que se depositan en el fondo del horno. Los fundentes se unen a las impurezas para formar escoria, que flota sobre el hierro fundido, y en la colada se vierte por separado, pasando a una instalación de granular para ser empleada en fábricas de cemento. El arrabio se destina principalmente a los hornos de acero, transformando el excedente en lingotes de hierro para su empleo en fundición.

De los dos altos hornos construidos, en 1941 se procedió al encendido del n.º 2. Hasta el encendido del alto horno n.º 3 en 1954 no hubo coincidencia en el funcionamiento de los altos hornos debido a que solo había coque para el funcionamiento de uno. Al finalizar las dificultades en el suministro de carbón y el relanzamiento de la siderurgia nacional a partir de 1954, se procederá a instalar el alto horno n.º 3, mientras que el n.º 2 fue reconstruido desde su base en 1952. En 1961 fue derribado totalmente por segunda vez y se pondrá en marcha en 1964.2

Hornos de acero

El arrabio todavía contiene varias impurezas. Para transformarlo en acero se carga, con cantidades variables de chatarra, en los hornos Martin Siemens y convertidores LD de oxígeno, donde se afina el arrabio hasta obtener la composición deseada. La fábrica de Sagunto cuenta con hornos Martin Siemens, y hasta 1967 no se incorporan los convertidores LD de oxígeno, momento en el que la dirección de AHV decide trasladar a Sagunto dos convertidores que llevaban instalados cuatro años en Baracaldo.

Hornos Martin Siemens

Las primeras materias son introducidas en el horno, a través de las puertas, por medio de máquinas cargadoras. Con ellas se bascula en el interior la chatarra, el mineral y los fundentes. A continuación, se carga el arrabio con cucharas procedentes de los hornos altos o de los mezcladores. Después de ocho a doce horas de intenso calor producido por combustión del fuel-oil, se sangra del horno el acero líquido, ya purificado, realizándose las adiciones necesarias, y se vierte en una cuchara.

Convertidores LD de oxígeno

Uno de estos convertidores tarda de 35 a 45 minutos en obtener una colada de acero partiendo de una colada inicial de chatarra y arrabio. Primero se bascula el convertidor hacia un lado, introduciéndose por la boca el arrabio y la chatarra; después se hace girar de nuevo hasta la posición vertical y se inyecta el oxígeno sobre el baño a una elevada velocidad, quemando las impurezas del arrabio. Tan pronto como se da paso al oxígeno, se añade cal viva. Cuando el acero está ya purificado, se bascula de nuevo al crisol, se realizan las adiciones convenientes y se cuela el acero en una cuchara.

Colada de lingoteras

La cuchara en la que se ha convertido el acero es llevada, por medio de una grúa, sobre una hilera de lingoteras. En su fondo se abre una válvula y sale un chorro de acero que va llenando sucesivamente los moldes.

Deslingotado

Una vez solidificado, el acero líquido se convierte en un lingote, que es la primera forma sólida del acero. Después las lingoteras son separadas de los bloques mediante grúas denominadas «strippers» y manejados los lingotes por grúas equipadas con pinzas.

Laminación

Hornos de fosa

Como los lingotes se solidifican rápidamente en la superficie, pero lentamente en el centro, deben colocarse en hornos de fosa, donde se recalientan hasta conseguir una temperatura uniforme para su laminado.

Tren desbastador (blooming)

El acero calentado a alta temperatura es bastante blando, por lo que se le puede dar la forma que se desee a través de una fuerte compresión. El lingote caliente pasa a través de potentes cilindros giratorios de acero, los cuales por presión reducen la sección del lingote y lo alargan considerablemente. En primer lugar, los lingotes van al tren desbastador, donde se reducen a desbastes o blooms y planchones o slabs. En Sagunto funcionó desde 1924 hasta el 24 de marzo de 1983.

Tren estructural (tren de perfiles o tren 28)

Los desbastes o blooms de sección cuadrada pasan directamente, o por intermedio de un horno de recalentar, al tren de perfiles estructurales. Este tren, en esencia, está formado por tres cajas de trío dispuestas en línea. Existen en Sagunto cuatro carros transportadores que son los encargados de conducir y recoger el material que se está laminando en dichas cajas. Los productos obtenidos: vigas, ángulos y carriles, se utilizan en la construcción de estructuras metálicas, puentes, líneas de ferrocarril, etc. Funcionó desde 1924 hasta septiembre de 1983.

Tren de chapa gruesa

Paralelamente al eje del tren estructural se encuentran las instalaciones del tren de chapa gruesa. En este tren se laminan los slabs o planchones procedentes del tren desbastador, para la obtención de chapa gruesa (de 8 a 30 mm de espesor), que se utiliza principalmente en la construcción naval, calderas, etc. Funcionó de 1926 a 1978.

Tren comercial

Para laminar todo tipo de perfiles de hasta 8 mm de lado. Desde 1924 a 1968.

Tren de chapa fina

Para laminar entre 0,4 a 3 mm de espesor. Funcionó entre 1946 y 1962.

Todos los hornos de los trenes de laminación disponían de gasógenos para obtener gas del carbón, hasta que en 1955 se sustituyó por el fuel-oil.

Taller de acabados

Necesario para enderezar todos los perfiles y carriles. Las pequeñas deformidades se salvaban con una prensa hidráulica. Aquí se cortan, taladran o punzan carriles, placas o bridas según los pedidos.

2. OTRAS INSTALACIONES LOCALIZADAS EN LA FÁBRICA DE SAGUNTO

El puerto

Construido por la CMSM con objeto de dar salida al mineral de hierro procedente de Ojos Negros, fue condición indispensable para acometer la construcción de la siderúrgica saguntina. La relación estrecha entre la empresa propietaria (CMSM) y la fábrica de Sagunto, una vez que esta es adquirida por AHV, llevará a un acuerdo entre ambas para crear en 1943 una junta encargada de regular las operaciones de limpieza y conservación del puerto.

En el muelle norte se encuentra el muelle comercial, donde se cargan los productos siderúrgicos y se descargan materias varias. Se prolongará en 98 m, y tendrán derecho de uso las dos compañías.

Talleres de construcción

Los primeros comenzaron a construirse en 1918, y en ellos se localizaban secciones de calderería, reparación de locomotoras, ajuste y fundición. En 1954 se construyeron unos más grandes que empezarán a funcionar tres años después.

El laboratorio

Construido en 1922, se traslada en 1946 a un edificio independiente junto a la acería. Estaba preparado con los equipos de análisis más modernos.

1 El documento que me ha facilitado en mayor medida la comprensión de todo el proceso de producción y reproducirlo de una forma sintética ha sido el folleto interno divulgativo «Qué es una siderurgia integral», editado por AHV, fábrica de Sagunto, 1974, si bien he incorporado algunos apuntes o explicaciones en aspectos concretos procedentes de otros documentos reseñados en la bibliografía.

2 En la mayoría de los casos, la secuencia cronológica en cuanto a la instalación, puesta a punto, renovación, etc., de las distintas instalaciones ha sido tomada de Girona y Vila: Arqueología industrial en Sagunto, y contrastada, a su vez, con otras fuentes originales procedentes de informes internos de la fábrica.

II. BREVE HISTORIA DE LA EMPRESA HASTA SU ADQUISICIÓN POR AHV SA

1. PRECEDENTES EN LA OBTENCIÓN DEL HIERRO Y PRIMEROS AVANCES TECNOLÓGICOS PREVIOS AL PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN

El mineral de hierro se encuentra de forma abundante en la corteza terrestre, pero combinado con otros elementos. Lo cierto es que las dificultades de orden técnico que presenta su extracción, fusión y trabajo fueron la causa de que pasara tanto tiempo antes de su utilización a gran escala.

Parece que la primera vez que el hombre entró en contacto con el hierro como tal fue a través de meteoritos, es decir, fragmentos de astros caídos a la tierra. Quizá por ello, la etimología del término siderurgia hace referencia al latín sidus, que significa ‘estrella’ o ‘astro’. Y tal vez debido a ello se explique, en parte, el hecho de que durante mucho tiempo este metal tuviera un carácter mágico y simbólico. Como señala Ramiro Reig:

Desde el neolítico, el dominio del hierro fue, hasta fechas recientes, el símbolo de la conquista de la naturaleza por la inteligencia y la técnica. Los hombres de hierro, como los de La fragua de Vulcano velazqueña, aparecen rodeados de una aureola mítica.1

Respecto a la primera industria del hierro, su datación histórica se refiere a la primera mitad del segundo milenio a. C., coincidiendo de lleno con el florecimiento de los hititas, al sur del Cáucaso, en las regiones de la costa sur del mar Negro y en las montañas de Armenia. Parece que los hititas, conscientes de las ventajas que les aportaban las armas de hierro sobre sus enemigos, restringieron las exportaciones. Es a la caída del imperio hitita cuando el trabajo del hierro se extiende a zonas más amplias: Siria, Palestina, Anatolia y Persia, donde se extiende su aplicación a actividades económicas, en especial para la agricultura y usos militares. Desde allí, esta industria da muestras de su desarrollo en Egipto, Grecia, Italia, Europa central, Francia, Suiza, España…, siempre varios siglos a. C. Esta industria encontraba su mayor aplicación en la elaboración de material bélico, por lo que su producción llevaba implícita una connotación de fuerza, si bien también se empleó para la agricultura y oficios diversos.

Los procesos de obtención y transformación del hierro desde su estado natural fueron mejorando con el transcurrir del tiempo. Hasta el siglo XIV (1340) no se conseguirá obtener el hierro en estado líquido, también llamado arrabio o hierro fundido. Esto será posible gracias a que el horno, al tomar más altura, alcance mayores temperaturas. El combustible básico empleado durante mucho tiempo para este fin fue el carbón vegetal, lo que obligaba a talar muchos árboles. Los elementos auxiliares de la industria del hierro (fuelles, martillos, cilindros para laminar, etc.) requerían de la energía hidráulica, por lo cual se hará necesario que la localización prioritaria de esta industria se dé en lugares con abundante agua y bosques para el carbón. Los países nórdicos responden a estos requisitos, y durante mucho tiempo serán más competentes en el mercado del hierro, al tiempo que también les permitirá avanzar en desarrollo tecnológico.

Cuando los bosques se fueron agotando se hará necesario la utilización de la hulla como combustible. A principios del siglo XVIII (1709), el inglés Abraham Darby obtuvo hierro fundido empleando coque, lo que supone un paso más en la progresión tecnológica; y en esta misma línea, la máquina de vapor ideada por Watt (1770) fue desplazando a la rueda hidráulica en las tareas de transformación del hierro.

A mediados del siglo XIX (1856), el inglés Bessemer obtiene el acero, una vez que se ha eliminado al mínimo el contenido de carbono, manganeso y silicio en el hierro fundido. Esto lo consigue a través de una corriente de aire que atravesaba, por el fondo de un convertidor, el baño de hierro fundido que previamente se había obtenido en el horno alto. Estos elementos se oxidan por efecto del aire y de la elevada temperatura, con lo que pasan a formar parte de la escoria, y ese hierro con bajo contenido de estos es lo que llamamos acero. El convertidor Bessemer permitirá a la siderurgia europea producir nuevas calidades de acero a gran escala. La incorporación de esta tecnología por la siderurgia vizcaína fue uno de los factores que le llevaron a la primacía siderúrgica en España.

Los hermanos Siemens, para poder elevar la temperatura de llama, desarrollaron la idea de calentar previamente el aire de combustión por medio de regeneradores o apilados de material refractario calentados por los gases de combustión antes de salir por la chimenea. Con el aire caliente y utilizando gas de carbón, se pudieron alcanzar temperaturas superiores a 1.525 grados centígrados, necesarios para fundir el acero.

Los hermanos Martin consiguieron mejorar el sistema fundiendo una mezcla de arrabio y chatarra, por lo que a este proceso se le conoce como Siemens-Martin. Con la aparición del «horno abierto» Martin-Siemens se mejora el método Bessemer. Vizcaya incorpora este sistema y mantiene su hegemonía en España.

En las ciudades austriacas de Linz y Dusenverforen en 1952 y 1953 se utilizó la aplicación directa del oxígeno puro en los convertidores, por lo que a este procedimiento se le conoce por las siglas L.D., iniciales respectivas de las dos ciudades mencionadas.

2. ORÍGENES DE LA INDUSTRIA SIDERÚRGICA EN ESPAÑA

La industria siderúrgica en España tiene una antigua tradición debido a la abundancia y calidad de sus menas, de fama reconocida desde la época más remota.

Los inicios de la industria del hierro se remontan a la denominada Edad del Hierro, entre los siglos VIII y II a. C., con los celtas e íberos fundamentalmente. Pero desde los tiempos primitivos hasta la aparición del horno alto habrá que esperar bastantes siglos, en el transcurso de los cuales se practica una técnica rudimentaria, limitada a reducir minerales muy ricos por medio de carbones vegetales.

En el siglo XII aparecen las Ferrerías del Norte y las Forjas catalanas, y España llega a adquirir una posición destacada por la alta calidad de sus aceros, entre los que sobresalen los de Toledo, Vizcaya y Mondragón, que compiten ventajosamente con otros extranjeros.

En su decurso, la industria española pierde su prestigio por razones de tipo político y económico, derivadas de sus empresas guerreras y el mantenimiento de sus extensos dominios. Sin embargo, el primer horno alto construido en España del que se tiene noticia corresponde a la época de las manufacturas reales, en 1726, en el pueblo de Júzcar, correspondiente a la serranía de Ronda (Málaga), en la denominada «Real Fábrica de Hoja de Lata de San Miguel». Este horno consumía carbón vegetal y producía 2,5 Tm/día en barras o lingotes que luego pasaban por un rudimentario tren de laminación. Estas instalaciones funcionaron hasta finales del siglo XVIII.

Posteriormente, en la última década del siglo XVIII se instalaron otros hornos altos como en La Cavada (Santander), Sargadelos (Lugo) en 1791 y Trubia (Asturias), a orillas del Nalón, en 1794, donde se empezó a utilizar el carbón de coque, con el que se obtuvieron resultados satisfactorios hacia mediados del siglo XIX. También son de esta época las fábricas de Heredia, en Marbella (Málaga); la de Pedroso, en Cazalla de la Sierra (Sevilla); la de Guriezo, en Santander, y las de Villayana, Mieres y Sama, en Asturias. En 1848 se fundó la empresa Santa Ana de Bolueta (Vizcaya), que será la que ponga en funcionamiento el primer alto horno en la provincia.

En 1855 se instaló en Baracaldo la fábrica de hierro de Nuestra Señora de la Merced. En ella se instalaron tres hornos altos, de los que uno de ellos funcionaba con carbón vegetal y los otros dos con coque. El hierro obtenido se transformaba en acero por medio de hornos «Pudler».

Pero es a partir del inicio de la implantación de los métodos Bessemer, Siemens y Thomas, para la fabricación de aceros, cuando surgen las industrias de mayor importancia, como son Altos Hornos y Fábricas de Aceros de Bilbao SA Echevarría. Esta empresa se había creado en 1882 a partir de la fusión de la de Santa Ana de Bolueta y la Fábrica Nuestra Señora del Carmen, creada por la familia Ibarra en Baracaldo; junto a ella se encuentran también: la SA Metalúrgica y Construcciones La Vizcaya; las fábricas de San Francisco del Desierto; la Compañía Anónima Basconia; San Pedro de Elgóibar; Industrial Asturiana; Sociedad Metalúrgica Duro Felguera; Fábrica de Mieres; La Unión Cerrajera; Nueva Montaña del Hierro y del Acero; José María Quijano; Forjas de Buelma. A su vez, en 1902 se funden Altos Hornos y Fábricas de Acero de Bilbao con La Vizcaya e Iberia, constituyéndose la sociedad anónima Altos Hornos de Vizcaya, durante mucho tiempo emblema de la industria bilbaína; y, por último, la Siderúrgica del Mediterráneo, ya bien entrado el siglo XX.

De este modo, aunque Cataluña continuó siendo el complejo industrial más grande de España, en la década de 1870 se estaba desarrollando un segundo centro en las provincias vascas en torno a la industria del hierro, por lo que la prosperidad vasca se basó en las minas de hierro de Vizcaya.

Fueron las leyes liberales sobre la minería de la Revolución de Septiembre de 1868, unidas a las demandas del proceso Bessemer para las «menas rojas» vizcaínas de bajo contenido en fósforo, las que animaron la inversión extranjera, en particular la británica, en las minas de Vizcaya. Las minas de hierro abiertas se encontraban próximas al mar y había una importante oferta de trabajo barato. En 1889 se exportaron al sur de Gales cinco millones de toneladas de mineral.

Estas inversiones se contemplaban como una «explotación colonial». Pero fueron las rentas que se pagaban a los propietarios de las minas y los fletes de regreso con coque barato los que proporcionaron el dinero y el combustible barato para modernizar la industria del hierro vasca, técnicamente atrasada. El primer horno de coque –horno alto– empezó a funcionar en 1865, tal como se ha apuntado arriba. El primer convertidor Bessemer para la producción de acero dio su primera colada en 1885 en la Fábrica Altos Hornos de Bilbao creada en 1882. En esta misma instalación, en 1900 había instaladas tres baterías de coque y tres hornos altos de 100 Tm de capacidad cada uno.

También apareció, a finales de siglo, una industria astillera y de metalurgia pesada. La primera locomotora se fabricó en 1884. Las distintas factorías siderúrgicas de AHV SA en Baracaldo, Sestao y Sagunto producirán este tipo de productos. Muchas embarcaciones propiedad de AHV aparecen relacionadas con nombres de personas que son accionistas importantes de la susodicha empresa.2 Conviene recordar que el transporte marítimo de mineral constituirá siendo uno de los elementos de la acumulación originaria de capital para la industria siderúrgica y, además, posterior sostén para un desarrollo sostenido. También resulta oportuno señalar que los principales propietarios de AHV lo son también de empresas relacionadas con el sector: astilleros, minería, transporte marítimo y entidades de crédito, formando, así, un grupo empresarial muy potente.

Durante estos años se establecieron los grandes bancos mixtos vizcaínos, que junto con las compañías ferroviarias, no solo fueron las primeras corporaciones modernas de España, sino que en el caso concreto de Vizcaya iban a desempeñar un papel importante al inyectar ahorros para el crecimiento industrial. El Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya, luego fusionados en BBV, ocuparon un papel importante en la financiación de esta industria. Se puede observar una coincidencia de apellidos en los consejos de administración del Banco de Bilbao, AHV y la Sociedad Española de Construcción Naval,3 donde se localizan las familias Ibarra, Chavarri, Urquijo y Gandarias, todas ellas pertenecientes al grupo oligárquico empresarial referenciado arriba.

Los hornos altos marcharon hacia donde se encontraban las minas de hierro y la posibilidad de conseguir coque galés barato. De ahí que en 1844 Málaga producía el 72% del hierro español, mientras que en 1868 solo suponía un 5%.

Aun así, la mayor parte del mineral de hierro español salía de España. Solo una décima parte de este iba a parar a los altos hornos locales. A pesar de ello, en 1900 había registrados en el censo más obreros que artesanos, y en este contexto, la industria vasca era una industria moderna que contaba con un auténtico proletariado industrial.

La empresa propietaria de la instalación siderúrgica saguntina durante el periodo que abarca este trabajo, Altos Hornos de Vizcaya, se constituyó en 1902 para explotar las fábricas de hierro, acero y hojalata de Baracaldo y Sestao, para lo cual se fusionaron tres sociedades: Altos Hornos de Bilbao, Sociedad de Metalurgia y Construcción de Vizcaya y la Compañía Anónima Iberia. Es en 1908 cuando Tomás Zubiría Ibarra, conde de Zubiría, creó la Sociedad Española de Construcción Naval (SECN) con elementos de Altos Hornos de Vizcaya y junto a otras que constituirían un emporio industrial en la ría de Bilbao.

La industria siderúrgica saguntina se instalará ya dentro del siglo XX, pero vinculada a las circunstancias apuntadas sobre el desarrollo industrial vasco a partir de la explotación del hierro, comercialización y posterior producción de acero. De hecho, los propietarios que la ponen en marcha son vascos, y también lo era el propietario de las minas de Ojos Negros y Setiles (Echevarría), y que previamente habían constituido la sociedad Sierra Menera para la explotación de minas de hierro y su posterior comercialización, la cual va a actuar durante mucho tiempo como «empresa madre» de la Compañía Siderúrgica del Mediterráneo.

A partir de la Primera Guerra Mundial se instalan en España varias fábricas de relaminación y acerías al horno eléctrico. Es precisamente hacia los años veinte cuando la siderurgia saguntina se convierte en la principal competidora de la de Vizcaya. Pero el verdadero auge de estas no llega hasta después de la Guerra Civil española y a medida que la demanda de acero laminado crece con la industrialización del país. Es así como en 1950, por decreto de la Presidencia del Gobierno del 15 de junio, se creó la Empresa Nacional Siderúrgica SA (ENSIDESA), filial del Instituto Nacional de Industria, con la que se pretendía cubrir el déficit existente en el mercado interior, e incluso llegar a realizar, si las circunstancias lo aconsejaban, exportaciones de coque, lingote y laminados. Más tarde, ENSIDESA se convierte en ACERALIA que, al integrarse a la francesa USINOR y la luxemburguesa ARBED, dieron lugar a la actual ARCELOR, actual propietaria de la siderurgia saguntina a la finalización de este estudio. Por otro lado, la antigua AHV SA, se convirtió en Acería Compacta de Bizkaia (ACB), situada en Sestao, en las antiguas instalaciones de AHV SA.

3. ORIGEN DE LA INDUSTRIA SIDERÚRGICA DE SAGUNTO. SÍNTESIS HISTÓRICA

Durante el periodo que ocupa este trabajo, la empresa siderúrgica saguntina pertenecía a la Sociedad Altos Hornos de Vizcaya SA, con el nombre Altos Hornos de Vizcaya SA, Fábrica de Sagunto. Así lo fue desde 1941 a 1974, y, a partir de entonces, pasaría a ser Altos Hornos del Mediterráneo hasta que en 1979, AHM (Sagunto) pasó a formar parte de la empresa pública ENSIDESA, que desmanteló los hornos altos y mantuvo la planta de laminación en frío del Puerto de Sagunto. Más tarde, esta fábrica se vendería a una empresa de Luxemburgo, constituyéndose SIDMED, y posteriormente, al integrarse la compañía luxemburguesa ARBED con la francesa USINOR, dieron lugar a ARCELOR, actual propietaria de la siderurgia saguntina.

Pero el origen de esta industria en Sagunto hay que situarlo en 1917, cuando se crea la Compañía Siderúrgica del Mediterráneo por parte de la Sociedad Sota y Aznar, y en relación con la actividad de extracción del mineral de hierro y su salida por el Mediterráneo a través de Sagunto, una actividad que ya habían iniciado estos empresarios vascos desde principios del siglo XX.

La CSM aparece desde su constitución como sociedad vinculada al grupo de empresas Sota y Aznar, pero, sobre todo, a la Compañía Minera de Sierra Menera. Esta le asegurará el suministro necesario de hierro a través del ferrocarril que unía las minas de Ojos Negros y Setiles con Sagunto, y le proporcionará todas las instalaciones y servicios de los que disponía esta empresa en Sagunto, incluidos los talleres de briquetas y nódulos, almacenes y el puerto, si bien para este último, la CSM aportaría el capital necesario para las obras de acondicionamiento y ampliación que requiriera.

El principal propietario, Ramón de la Sota y Llano, había iniciado sus negocios en el campo de la minería del hierro y el transporte marítimo cuando los ingleses establecieron numerosas empresas mineras en Asturias y el País Vasco. Otros países europeos siguieron a los ingleses en su búsqueda del hierro necesario para la siderurgia europea. El mineral de hierro español era muy deseado por su alta calidad y por su bajo precio, con lo cual la exportación y producción del mineral fueron muy importantes a finales del siglo XIX. La Sociedad Sota y Aznar comenzó sus actividades en este ambiente y centraron sus negocios en la explotación minera y el transporte marítimo del mineral. En esta segunda actividad se aprovechaba para traer los barcos de vuelta (de Inglaterra principalmente) cargados de carbón para la siderurgia vasca, con lo que la actividad naviera se convertía en altamente rentable. En esta misma línea hay que señalar que los titulares de la Sociedad Sota y Aznar también eran propietarios de la mayor empresa de astilleros localizada en Vizcaya, se trataba de Euskalduna.

Los grandes beneficios obtenidos de estas actividades originaron una acumulación de capital que llevó a Sota y Aznar a extender su inversión a otras áreas relacionadas con las primeras, tratando, a su vez, de hacer entre ellas un círculo de colaboración, apoyo o compensación. Es así como se creó Euskalduna, para la construcción y reparación de buques; una empresa de seguros: Seguros Polar, y su propio banco: el Banco de Comercio, que más tarde sería el principal accionista del Banco de Bilbao.

Cuando se crea la CMSM, con ella sus propietarios trasladan la zona tradicional de explotación minera y su salida al exterior desde Asturias o Vizcaya a la zona de Sierra Menera (en las provincias de Teruel y Guadalajara) en cuanto a la explotación del hierro, y desde el Cantábrico al Mediterráneo en cuanto a la salida para la exportación. Solo quedaba completar el ciclo de producción con la puesta en marcha de una siderurgia en Sagunto, en la zona más cercana al mar, punto de salida del producto acabado para la exportación, y de entrada de carbón a través de buques de gran calado.

Según apunta Girona,4 la idea de crear una acería ya está en la mente de Ramón de la Sota cuando se crea la CMSM, pero no será hasta que se produzcan las circunstancias especiales que conllevó la Primera Guerra Mundial cuando se decida a utilizar parte de los beneficios obtenidos en los fletes durante el periodo de guerra por la compañía naviera que formaba parte del grupo de empresas Sota y Aznar, en la construcción de una acería.

Las expectativas en que se fundaba el proyecto consistían en proporcionar productos acabados a los países mediterráneos que no poseían siderurgias, y teniendo en cuenta que durante el conflicto bélico se reclamaban más productos acabados que materia prima. Además, se contaba con el incremento de los beneficios que supone vender el mineral de hierro ya transformado en laminados. Por otro lado, se había llegado a conseguir unos índices de extracción de mineral en Ojos Negros y Setiles más que suficientes para su empleo en una acería; el ferrocarril que transportaba el mineral de hierro a Sagunto había demostrado sus posibilidades; y el problema del mineral polvoriento había sido resuelto con la instalación de talleres de briquetas y nódulos en Sagunto, y por tanto, dispuestos para ser utilizados en los hornos.

La Compañía Siderúrgica del Mediterráneo fue constituida formalmente el 28 de agosto de 1917, con un capital social de cien millones de pesetas, con domicilio social en Bilbao y cuyos directores gerentes deberían serlo durante el tiempo que durara esta: D. Ramón de la Sota y D. Luis M.ª de Aznar. Su objeto es la fabricación y elaboración de hierros y aceros, y de todas las operaciones necesarias para el desarrollo de dicho objetivo.

La CSM se establecerá sobre 66 Ha de terreno en el municipio de Sagunto, en la zona del Puerto, al sur del embarcadero y el ferrocarril de la CMSM con el que lindaba.

La fábrica se realizará según el proyecto del ingeniero americano Frank C. Roberts, quien, a su vez, sería el director de la construcción de la nueva siderurgia. El proyecto original contemplaba una producción anual de 300.000 toneladas de aceros laminados a obtener a partir de cuatro hornos altos (que al final se quedaron en tres), diez hornos de acero Martin Siemens, laminadores y servicios auxiliares. Para esa producción era necesario disponer de una planta de coque de 125 hornos. En la práctica, el proyecto quedó limitado a una batería de setenta hornos más un adicional de quince hornos en la década de los cuarenta. Aquella planta de coque tenía incorporadas las instalaciones para la recuperación y tratamiento de subproductos: gas, sulfato amónico, alquitrán, creosotas, breas, fenol, benzoles, etc.

La participación valenciana en el proceso de creación de la siderurgia saguntina fue muy escasa; se limitó a aportar los terrenos y mano de obra no especializada.

El capital con el que se puso en marcha la empresa fue exclusivamente vasco. Fue muy importante en este sentido la aportación de la CMSM, no solo aportando instalaciones de las que esta ya disponía, sino que incluso acometió las obras de ampliación del puerto, las plantas de coque, hornos altos y de acero, planta de laminación y central de fuerza. Incluso se hizo una fábrica en Sagunto solo para producir el material refractario (ladrillos) para los hornos. En muchas de las actividades de construcciones metálicas también colaboraron los talleres de Euskalduna. Por otro lado, la mayoría de los materiales necesarios para la construcción de la siderurgia se compraron a la industria vizcaína.

El proceso de integración horizontal de las actividades del grupo empresarial vasco Sota y Aznar funcionaba en este caso aportando medios endógenos para culminar el cierre del círculo empresarial, en torno a las actividades relacionadas con el mineral del hierro, con la construcción de la siderurgia.

El proceso productivo de la CSM se inicia el 7 de enero de 1923 con la primera colada de lingote en su horno alto n.º 1, y cuando la plantilla de la empresa se cifraba en 1.841 trabajadores. Parecía entonces que los cien millones invertidos empezaban a dar sus frutos. Pero no hay que olvidar que el objetivo principal de la CSM era producir laminados, que tenían un mercado menos cubierto y un margen mayor de beneficio. De esta manera, las inversiones siguen y el 31 de agosto de 1924 sale el primer acero del horno Martin Siemens y se pone en marcha la laminación, con los trenes blooming, estructural y comercial. El 16 de junio de 1926 dio su primera colada el horno alto n.º 2 y ya funcionan tres hornos de acero, una batería de coque, un tren de chapas y un tren comercial. De este modo, quedaba culminada la primera etapa de construcción que permitía una producción de 125.000 Tm de laminados y 245.000 Tm de lingote. Más tarde, en 1928, queda terminado el 4.º horno de acero, con lo que podían obtenerse 190.000 Tm de acero. Por su parte, los departamentos de laminación están dispuestos para transformar en perfiles de todas clases hasta 300.000 Tm/anuales.

Con el final de la Primera Guerra Mundial las potencias europeas beligerantes iniciarán la reconstrucción de sus respectivas siderurgias. La recuperación de esos países inicia una etapa de prosperidad que repercute en un reavivamiento del tráfico en el puerto de Sagunto, adonde los buques que transportaban mineral de hierro vuelven cargados de hulla para alimentar la siderurgia.

También, el inicio de la explotación contó con otro elemento favorable debido a la fuerte expansión de las obras públicas impulsadas por la Dictadura de Primo de Rivera; incluso el rey Alfonso XIII visita en 1927 la fábrica de Sagunto como prueba del interés que esta inspiraba a los entonces gobernantes del país. De hecho, era reconocida en esos momentos como una de las mejores y más modernas de Europa.

Sin embargo, esa coyuntura favorable duró poco y la empresa tuvo que afrontar el problema de que la fábrica estaba pensada para producir el doble de lo que el mercado estaba absorbiendo. El mercado nacional le proporcionaba pedidos que apenas cubrían el 50% de su capacidad de producción. Las pretensiones de sus fundadores, al estar la fábrica situada a orillas del Mediterráneo, eran vender productos laminados en el mercado mediterráneo, especialmente a los mercados francés e italiano, que en esa época carecían de siderurgia propia. Pero al final de la guerra europea se dio un empuje siderúrgico en Italia y esto acabó con las ilusiones de inundar ese mercado con laminados fabricados en Sagunto.

La planta siderúrgica de Sagunto alcanzaba en 1929 su máximo nivel productivo (181.392 Tm de acero) con solo dos hornos altos de los cuatro proyectados y una plantilla de 2.900 obreros. A partir de entonces la producción inicia su caída en picado. El horno alto n.º 2 se apaga el 31 de julio de 1930 y no volverá a encenderse hasta el 27 de febrero de 1941. El horno alto n.º 1 se para el 24 de abril de 1932 y no volverá a encenderse hasta el 5 de marzo de 1948.

Sin embargo, el Catálogo General que la CSM presentó a la Exposición Internacional de 1929 celebrada en Barcelona muestra la gran capacidad de producción de esta fábrica, que utiliza una tecnología y medios muy modernos, aunque no acordes con sus posibilidades de mercado. También da cuenta de la gran variedad de productos acabados y ofertados al mercado, y todos los servicios que eran complemento preciso de los departamentos de producción, desde su conexión con el ferrocarril de Ojos Negros y el ferrocarril que tenía la Compañía de Ferrocarriles del Norte y Central de Aragón, hasta la libre disposición de un puerto particular, una batería de 16 calderas, central eléctrica, taller de mantenimiento mecánico y eléctrico, fabricación de ladrillos refractarios y laboratorios para el control de fabricación. La plantilla era en 1929 de 4.000 hombres (entre empleados y obreros).

Del lado de lo social, en esta fecha ya existen una sociedad de auxilios mutuos, con secciones de enfermedad y defunción; un hospital de 30 camas; una cooperativa de consumo; una escuela graduada y otra de artes y oficios; la iglesia; un barrio de chalets para ingenieros y altos empleados, y otro muy importante de casas de obreros.

Sin embargo, a partir de 1929, como ya se ha avanzado anteriormente, se inicia un proceso de crisis que se hace notar en julio de 1930 con el cierre del Alto Horno n.º 2 y con el desarrollo de importantes huelgas por parte de quienes veían peligrar su puesto de trabajo. En la huelga de febrero de 1930 se llegó a crear un movimiento de solidaridad impulsado por el diario El Pueblo, el partido Unión Republicana y el Sindicato Metalúrgico, que llevó incluso a que centenares de niños, hijos de trabajadores en huelga o despedidos, fuesen acogidos por familias de Valencia.

Cuando se apaga el horno alto n.º 1 en abril de 1932 la situación se agrava, pues se cierran otras instalaciones como la fábrica de ladrillos refractarios, talleres, horno de nódulos, etc., con el consiguiente despido de obreros, reducción de salarios o de tiempos de trabajo. Durante este año, el goteo de cierres y despidos continúa y se recrudecen los movimientos huelguísticos, en unos casos con el objetivo de evitar el cierre total de las instalaciones, y en otros, los que conservaban sus puestos de trabajo, en defensa de sus jornales y condiciones de trabajo.

Un sector de trabajadores abandonó Sagunto con sus familias y volvieron a sus lugares de origen, en algunos casos con billetes pagados por el Ayuntamiento de Sagunto.

Al final, en julio de 1932, la empresa decide cerrar totalmente ante la carencia de perspectivas de encargos por parte del Estado, cuya política económica ahora priorizaba otros sectores más directamente sociales, y, excepto 600 obreros que se mantienen en el taller de calderería, se despide a 1.100 trabajadores.

La situación para todos estos trabajadores se hace tan desesperada que se conseguirá por mediación del Ayuntamiento, Diputación y la ciudad de Valencia, a través de su prensa, la suficiente resonancia para que el asunto fuese tratado por el Consejo de Ministros, que el 13 de octubre de 1933 decide «someter a conocimiento y acuerdo de la Diputación Permanente de las Cortes la aprobación de un crédito extraordinario para la adquisición de material ferroviario a la CSM». Así, se aprobó una ayuda de 10 millones de pesetas para que Sagunto fabricase 25.000 Tm de carriles para el ferrocarril, lo cual supuso la reanudación del trabajo en la acería y laminación durante unos meses. Después de cumplido el encargo del Estado, los intentos por relanzar la actividad no tuvieron ningún éxito.

En esta situación de crisis y de baja actividad comienza la Guerra Civil (1936), dividiendo al país en dos zonas enfrentadas y levantadas en armas.

En el Puerto de Sagunto se organiza una manifestación multitudinaria de apoyo a la República, y el mismo 18 de julio una multitud de obreros acudieron a la factoría y se hicieron cargo de ella para ponerla al servicio de la República. Mientras tanto, el Gobierno comienza a publicar decretos económicos encaminados a defender la legalidad constitucional. A través de su ministro de Industria, Juan Peiró, se pone de manifiesto la necesidad de incautar e intervenir toda la maquinaria industrial y económica del país, convirtiendo así la acería de Sagunto en industria de guerra. Durante los años que van de 1936 a 1939, la fábrica de Sagunto será incautada por el Gobierno republicano y funcionará como la Fábrica n.º 15 de la Subsecretaría de Armamento, hecho que le hará ser objeto de numerosos bombardeos por parte del ejército rebelde.

A pesar de todo, los hornos altos no llegaron a encenderse y, por otra parte, las instalaciones serían objeto de numerosos bombardeos a fin de paralizar la fabricación de material de guerra, que fundamentalmente se resumía en vasos para proyectiles, piquetas para alambradas, bombas de medio y grueso calibre para la aviación e incluso se llegaron a construir cuatro trenes blindados. Se calcula en alrededor de 3.000 obreros los que trabajan en esta época en la fábrica.

La eficacia y rentabilidad de la siderurgia saguntina quedó en entredicho por dos hechos que determinaron esencialmente su papel durante la confrontación bélica. Por un lado, la instauración del control obrero bajo la dirección de CNT y UGT propició un enfrentamiento entre los trabajadores y los que defendían los intereses de la CSM, y se produjo una considerable disminución (tanto física como profesional) de los técnicos y personal especializado, que provocó importantes errores en los proyectos de producción de la acería, y al mismo tiempo mermó el rendimiento y las aportaciones que unas instalaciones como las del Puerto de Sagunto pudieron haber hecho al ejército republicano. Como botón de muestra de esta apreciación se puede dar cuenta de la construcción de un tren blindado que no pudo entrar en combate en el frente de Teruel porque sus dimensiones –mal calculadas– impidieron que el referido tren pudiera pasar por debajo de los puentes.

El final de la guerra y el cambio de titularidad

Finalizada la guerra, todos los bienes muebles e inmuebles de D. Ramón de la Sota son incautados debido, fundamentalmente, a su vinculación con el Partido Nacionalista Vasco. La CSM, como el resto de sus empresas en las que era el socio mayoritario, sufrirá las consecuencias de esta decisión. La empresa quedaba bajo la dirección del otro gran propietario, D. José Luis Aznar (hijo del anterior cofundador de la empresa), quien se declaraba fiel al nuevo régimen y que pronto traspasará la empresa siderúrgica saguntina a la que hasta entonces había sido su principal competidora, Altos Hornos de Vizcaya SA,5 asegurándose, por otra parte, un puesto en el Consejo de Administración.

Después de numerosos contactos y negociaciones para fijar las condiciones de absorción de CSM por AHV, se llega a un acuerdo a mediados de 1940 por el que se entrega todo el activo de la CSM a AHV, y, en compensación, se entrega a los accionistas de la CSM 27.444 acciones de AHV. De este modo, AHV consiguió hacerse con la empresa competidora solo con la emisión de 50.000 nuevas acciones y ningún desembolso en efectivo. El 31 de diciembre de 1940 la CSM será adquirida formalmente por AHV, registrándose como Altos Hornos de Vizcaya SA, Fábrica de Sagunto.

A partir de este momento, la Fábrica de Sagunto será una más, junto a la de Baracaldo y Sestao, de AHV, y en ella se aplicará una política de complementariedad de la de Vizcaya. Toda la maquinaria moderna será instalada en Vizcaya, y en Sagunto se instalará aquello que ha sido usado en Bilbao. Las ventas y la política general serán centralizadas por Bilbao.

1 Ramiro Reig: «Recuérdalo tú y cuéntaselo a otros. Las relaciones laborales en Altos Hornos de Sagunto», en Revolución y reconversión. Industrialización y patrimonio en el Puerto de Sagunto, Valencia, Universitat de València, 1999, p. 47.

2 Véase anexo de fotografías relacionadas con la industria naviera y astilleros.

3 Véase anexo de M. Tuñón de Lara (dir.): Historia de España, tomo X. pp. 570, 572.

4 M. Girona Rubio: Minería y siderurgia en Sagunto (1900-1936), Valencia, IVEI, 1989.

5 En estos momentos AHV se encuentra en fase de absorción de empresas del mismo sector para asegurarse un mayor control de este.

III. ESTRUCTURA ORGANIZATIVA DE LA EMPRESA

1. INTRODUCCIÓN

La cronología de este trabajo comienza, de hecho, a partir de la adquisición de la Compañía Siderúrgica del Mediterráneo por Altos Hornos de Vizcaya. Se trata, esta última, de una empresa ya existente, dentro del mismo sector, y que con esta adquisición experimenta un proceso de crecimiento.

Es por ello que se hace necesario un apartado que caracterice las formas organizativas con las que cuenta la empresa adquisidora, de tal manera que ayude a analizar y comprender los resultados de su implantación en Sagunto, tanto a nivel productivo como de los recursos humanos. Al mismo tiempo, al evidenciar los distintos factores que llevan a constituir la estructura y tipología propia de AHV, también podrá constatarse la causa de la compra de la empresa saguntina y lo que ello significó para AHV a nivel global de la empresa.

Sin embargo, antes de comenzar a dilucidar las características de la estructura organizativa y la tipología resultante para el caso de la empresa tratada, conviene hacer referencia a algunas consideraciones generales y específicas de la empresa adquisidora desde sus orígenes y de cómo la encontramos en el momento de la adquisición de la CSM.

La compañía adquisidora de la CSM pertenecía al grupo empresarial AHVSECN, cuyos máximos exponentes fueron las familias Ibarra-Zubiría y Chávarri, la cual mantiene un alto grado de integración vertical en la ría de Bilbao y que reunía a la industria siderúrgica, construcción naval, Banco de Vizcaya, grupo hidroeléctrico, minería, transporte marítimo, metalurgia y ferrocarriles.

El crecimiento de las empresas industriales durante la Primera Guerra Mundial hizo necesario un cambio en los esquemas de organización y sistemas de gestión. La tendencia general de las grandes empresas europeas y americanas en las primeras décadas del siglo XX llevó a una descentralización cada vez mayor, por líneas de producción o por áreas geográficas. Así, las jerarquías resultantes de la organización de la empresa industrial moderna se establecieron sobre una base funcional.

En el caso de las empresas vascas y en España en general, no se produjo la inversión en medios productivos lo bastante grande como para producir ventajas derivadas de la descentralización y de la construcción de redes de marketing, distribución y aprovisionamiento.

La reestructuración organizativa emprendida por varias grandes sociedades vascas en la postguerra, y por el impacto de la crisis de 1921, consistió en establecer comisiones delegadas derivadas del Consejo de Administración que, en coordinación con la Gerencia y con la Dirección Técnica fueran despachando los asuntos cotidianos. La Gerencia centralizada se mantuvo en todo caso.

AHV emprendió, en esta línea, en 1921 una ambiciosa reorganización de su estructura interna. De acuerdo con el planteamiento de su jefe administrativo, Eduardo Merello,1 la reorganización efectuada se limitó al establecimiento de cuatro comisiones asesoras de carácter exclusivamente deliberante o consultivo. Las comisiones creadas, fabricación, buques, minas y asuntos generales, revelaban la estrategia que había desarrollado AHV durante la guerra europea: integración vertical hacia atrás para asegurarse el suministro de materias primas y el transporte de estas.

Así pues, pasados los efectos beneficiosos que ejerció la contienda sobre la acumulación de capital, hacia 1921 se inicia la crisis posbélica, que supondrá una disminución de pedidos a los astilleros y un aumento de la competencia siderúrgica por la entrada en funcionamiento de la CSM.

Aprovechando la coyuntura de crisis, el conde de Zubiría y Fernando Ibarra comprarán la fábrica de San Francisco y los Astilleros de Nervión, pertenecientes a los herederos de Martínez Rivas, con objeto de mantener su hegemonía en la siderurgia y la construcción naval.

En esta misma línea, la crisis de la CSM que llevó al cierre de los hornos altos en 1932 y la posterior incautación de los bienes de Ramón de la Sota con el inicio de la contienda crearán la oportunidad para que AHV acceda fácilmente a la única competidora real en la industria siderúrgica, a través de un acuerdo con el otro socio de la empresa, José Luis Aznar. De este modo, el grupo empresarial AHV-SECN se constituirá como el gran vencedor en la lucha por el mercado interior, una victoria que quedaría redondeada con la fusión que dio origen a Iberduero en 1944.

2. CARACTERÍSTICAS Y CONCEPTUALIZACIÓN

Distintos autores, desde Fayol a principios del siglo XX con su Teoría de la Organización (1916),2 hasta Mintzberg3 o Strategor,4 han intentado definir y caracterizar la estructura organizativa empresarial. De acuerdo con el estudio realizado por Menguzzato, Renau y otros,5 en el que se han valorado las distintas propuestas, se puede establecer que las características principales de una estructura organizativa consisten en la especialización, coordinación y formalización, elementos que deben estar interconectados para hacer eficaz el objetivo trazado, fruto de lo cual se podrá establecer el modelo o tipología organizativa específica para cada empresa.

Respecto a la especialización, consiste en esencia en dividir el trabajo en actividades más simples y agruparlas en unidades organizativas. Para Fayol (1916) la finalidad de la especialización o división del trabajo es producir más y mejor con el mismo esfuerzo. Otra cuestión será el modo de especialización empleado. De este modo, la separación de actividades supone hablar de departamentalización. A su vez, los departamentos se pueden establecer por funciones, por productos, por áreas geográficas o mercados, u otros criterios de los que quisiéramos destacar el caso de la departamentalización por tiempo o proceso. La necesidad de reseñarlo aquí es debido a que, junto a la departamentalización por funciones, AHV SA también establecerá este tipo por tiempo o proceso. Esta última departamentalización se aplica para agrupar actividades en aquellas áreas de la empresa en las que la duración del tiempo de trabajo sea superior a la normal del resto de la empresa. Este es el caso de empresas como Altos Hornos, en el hierro, que, como consecuencia de la tecnología empleada, obliga al departamento de producción a trabajar las 24 horas del día, lo que obligará a establecer turnos de trabajo en fábrica y crear departamentos con cometidos iguales pero en momentos de tiempo diferentes.

Otro elemento que constituye una estructura formal es la coordinación que se establece entre las distintas unidades organizativas en aras a conseguir los objetivos marcados por la empresa. Las formas de realizarse la coordinación son variadas. Siguiendo el estudio ya citado de Menguzzato, ya Fayol estableció en 1916 la unidad de mando y de jerarquía como principal mecanismo de coordinación, lo que coincide con la denominada supervisión directa de Mintzberg6 (1984), que permite que un superior coordine las tareas de quienes están bajo su mando directo. Cuando la empresa aumenta su tamaño y, por tanto, crece el número de subordinados, deberán producirse más eslabones en la cadena de mando y, por tanto, la complejidad de la coordinación será mayor.

El tercer elemento que constituye una estructura organizativa es la formalización, que consiste en el establecimiento de todos aquellos procedimientos de trabajo para conseguir los objetivos trazados. Un problema puede darse si se da una excesiva burocratización, ya que esto puede derivar en una pérdida de flexibilidad necesaria para adaptarse a nuevas circunstancias. En los años del franquismo que aquí estudiamos las empresas tendrán que adecuar sus procedimientos de trabajo a la abundante normativa laboral que desde los distintos ministerios y gobiernos se pone en marcha, y a una política económica que se deriva de una coyuntura quasi autárquica y depresiva durante estos años. Ello supondrá, sobre todo, un mayor esfuerzo por parte de empresas grandes como es el caso de AHV SA para adecuar sus mecanismos de formalización y coordinación a fórmulas más complejas.

Para el estudio de esta empresa en concreto, aquí se ha optado por seguir, fundamentalmente, el modelo de Mintzberg debido a que su exposición resulta más sencilla pero, al mismo tiempo, completa en cuanto a todos los elementos que aborda,7 sobre todo teniendo en cuenta que se trata de una empresa de mediados del siglo XX y creada a principios de siglo.

Siguiendo esta línea de trabajo, el estudio de las organizaciones consta de la mezcla de recursos materiales y humanos, su distribución, coordinación e integración.

La distribución espacial y jerárquica de los medios materiales y humanos que componen una organización-empresa define el concepto de «estructura». Según Mintzberg, el diseño de una estructura se establece a través de nueve parámetros agrupados en cuatro bloques: diseño de puestos, de la superestructura, de vínculos y enlaces y del sistema decisor.

Por otro lado, la estructura existente representa, con frecuencia, las fuerzas establecidas de la costumbre y de la tradición, así como el poder, lo cual supone fuertes resistencias al cambio.

También se puede señalar que

por su acción integradora, la cultura de empresa homogeneiza las conductas personales y refuerza implícitamente el sistema de reglas y la configuración del poder: cultura y estructura se refuerzan mutuamente y condicionan las decisiones y las acciones.8

Asimismo, la cultura está en la base de la identidad, e influye en ella en la medida en que contribuye a moldear la imagen de la empresa.9

Autores como Schmartz, Davis, Blake y Mouton sostienen que los dirigentes de las empresas son los principales creadores de cultura. Así, la dirección estratégica, que muestra cuál es la dirección emprendida por la empresa a través de sus sucesivas estrategias, es influenciada por la cultura, pero, a su vez, suele provocar cambios en la misma.10

De este modo, «el componente cultural y el adoctrinamiento en valores son parte fundamental (cultura de compromiso) y estratégica de la empresa».11

En el caso de AHV, pronto va a implantar en Sagunto aquellos valores y creencias que compartirán la gran mayoría de trabajadores de la empresa a partir de un proceso de adoctrinamiento y socialización por parte de la Dirección de esta, como anteriormente lo había hecho el fundador de la primera siderúrgica saguntina, Ramón de la Sota, un trabajo que no será demasiado costoso debido a las connotaciones específicas de la factoría de Sagunto, cuya población nace y progresa de acuerdo con esta industria siderúrgica. Cumple, pues, todos los requisitos que se requieren para constituirse como una factory town.

3. PARTES DE UNA ORGANIZACIÓN

En la base de toda organización podemos situar a los «operarios», que son los que transforman los inputs en bienes y servicios y que, en cuanto al número, constituyen el componente más amplio de la organización. Arriba se sitúa el área de la «administración», formada por los directivos, que se encuentran en la parte más alta de la jerarquía de poder («ápice estratégico»), y, por debajo de estos, lo que se denomina la «línea media». A la izquierda situaremos a la «tecnocracia», constituida por técnicos y analistas que facilitan la adaptación de la organización a su entorno. En el caso de AHV se trata, fundamentalmente, de ingenieros. Finalmente, a la derecha, el «staff de apoyo», sin conexión con el trabajo de operaciones y que actúan como asesores (jurídicos, fiscales, etc.). Esta delimitación de los recursos humanos de una empresa queda representada en la figura 3.1.


Figura 3.1 Elementos humanos de una organización.

4. PARÁMETROS DE DISEÑO DE UNA ORGANIZACIÓN

Son aquellos elementos que conforman los diferentes tipos de organización. Aquí nos centraremos en aquellos que constituyen la tipología organizativa de AHV.

El primer parámetro que establece Mintzberg es la especialización del trabajo, que hace referencia a las tareas específicas a las que se refiere el puesto de trabajo.

Tiene dos dimensiones: horizontal y vertical. La especialización horizontal del puesto es la forma predominante de división del trabajo y constituye una parte intrínseca de toda organización.

La división del trabajo aumenta la productividad al simplificar la tarea del operario y ahorrar tiempo. El trabajo repetitivo que supone la especialización horizontal tiene como ventaja para la empresa el aumento de la productividad, pero como inconveniente genera falta de motivación por parte del operario y absentismo laboral.

En cuanto a las soluciones propuestas para paliar este problema, aumento del número de tareas por trabajador y de la responsabilidad de este en las tareas realizadas, esta circunstancia no se da en AHV durante los años de nuestro estudio: años cuarenta y cincuenta. Durante estos años la empresa cuenta con un entorno externo favorable para obligar al trabajador a rendir al máximo y no abandonar el puesto de trabajo, por lo que podremos concluir que conseguirá mantener una alta especialización horizontal y, como consecuencia, una mayor pérdida de control por parte del trabajador sobre las tareas realizadas y una mayor despersonalización. Aun así, en ocasiones, la desmotivación del trabajador llevará al empresario a incentivarlo con recompensas o castigos. La segunda situación es propia de los años sesenta y setenta, cuando la acción sindical presiona en esta línea de cambios en lo que se llama especialización vertical, por la cual se establece la medida en que el trabajador es más o menos responsable de su trabajo. Así, cuanto mayor es la especialización horizontal, más despersonalización se producirá en el ámbito de la especialización vertical.

El siguiente parámetro que establece Mintzberg es el de la formalización, por la cual se establecen los comportamientos estándar. AHV, en gran medida debido al tipo de actividad que realiza y al tamaño de la empresa, se encuentra fuertemente formalizada.

Las organizaciones que se basan en la formalización del comportamiento para conseguir una coordinación de las actividades son llamadas «burocracias». La estructura burocrática es propia de organizaciones de envergadura con pautas de comportamiento más o menos estables. Este es el caso de AHV durante las décadas estudiadas aquí.

Al igual que en el caso de la especialización, una organización fuertemente formalizada produce falta de iniciativa y de motivación en los trabajadores, lo que puede dar lugar en estos a diversas patologías: rechazo a cualquier innovación, mal trato a clientes, huelgas o absentismo.

De nuevo, las condiciones del entorno externo (político y jurídico) que se dan en los años cuarenta y cincuenta permiten a AHV mantener un grado de formalización alta con escaso esfuerzo o utilización de otros recursos, desde castigos a incentivos.

Siguiendo en esta misma línea, la empresa se asegurará de que el trabajador interiorice las creencias y los valores de la empresa, así como los conocimientos y las habilidades para el puesto de trabajo. Se trata, en este caso, del parámetro denominado preparación y adoctrinamiento. Para conseguirlo, utilizará dos procedimientos: el de reclutamiento y selección de acuerdo con el currículum del trabajador o el de establecer programas para formar a individuos ya contratados.

En este caso, AHV utilizó, para los puestos de operarios, la Escuela de Aprendices, experiencia trasladada desde las sedes de la empresa en Sestao y Baracaldo hasta Sagunto a partir del año 1942. Durante 1941, mientras se estaba rehabilitando el edificio que sería la sede de la Escuela de Aprendices, un grupo de hijos de productores de 15 y 16 años ingresaron en la Fábrica como aprendices en diferentes departamentos. Este trabajo les servía de prácticas de taller, y las clases teóricas las recibían en clases nocturnas en diversas escuelas del Puerto: la de D. José Tarazona, D. Serafín Ortiz y D. Paco Blasco. En los niveles intermedios, analistas o staff, se utiliza más el sistema de selección o reclutamiento, y con frecuencia se recurre a personal de fuera del Puerto de Sagunto, llegando en gran medida procedente de Vizcaya.

Otro de los elementos constitutivos de una organización es la agrupación de unidades (según Mintzberg, el parámetro 4). Se puede establecer una agrupación funcional por la que se reúnen recursos humanos y materiales para un mismo tipo de proceso. Estimula la especialización propia del trabajo no cualificado y de organizaciones burocráticas con una fuerte formalización. Es por ello por lo que este tipo de agrupación es más frecuente en el núcleo de operaciones, que en AHV se corresponde con los departamentos. Los departamentos de producción que durante estos años existen en la Fábrica de Sagunto son los siguientes: n.º 1: Puerto; n.º 2: Fábrica de Ladrillos; n.º 3: Talleres; n.º 4: Hornos de Cok;12 n.º 5: Hornos Altos; n.º 6: Hornos de acero; n.º 7: Obras; n.º 8: Tendido Eléctrico y Movimientos; n.º 9: Laminación; n.º 10: Laboratorio; n.º 11: Central Térmica.

La agrupación más frecuente en los niveles directivos es la de mercado, que resulta más autónoma y menos burocrática que las funcionales. En el caso de AHV, debido a que la política de mercado, inversión, ventas, etc., está centralizada en el ápice estratégico y en Vizcaya, para el caso de la Fábrica de Sagunto, junto a los departamentos de producción, podemos constatar la existencia de distintas agrupaciones de unidades, aquí denominadas divisiones, y que afectan al ámbito de lo social. Durante estas décadas cuenta con las siguientes: División de Personal, Seguridad e Higiene, Formación, Asistencial y Sanatorio. Sin embargo, también podemos decir que esta distribución de las distintas divisiones tiene también un carácter funcional, aunque el tamaño de los departamentos de producción suele ser más grande que el de las divisiones de lo social.

En este sentido el tamaño de la unidad constituye otro de los parámetros (n.º 5) que es necesario tener en cuenta en la configuración de una organización-empresa.

El tamaño de una unidad depende de la naturaleza del trabajo que realiza y de los mecanismos de coordinación que ese trabajo requiere. A mayor normalización, mayor será el tamaño de la unidad.

También el tamaño de la unidad dependerá del lugar de la organización en que se encuentre. Las unidades mayores se encuentran en el núcleo de operaciones (más normalización) y el tamaño va disminuyendo según subimos por la escala jerárquica. Finalmente, podemos decir que el tamaño de la unidad forma parte de la estructura organizativa.

El parámetro número seis establece los sistemas de planificación de acciones y control del rendimiento de las unidades.

Respecto al control de los resultados globales de las distintas unidades, se hace en un tiempo determinado. En la Fábrica de Sagunto cada jefe de departamento o división elabora una memoria anual de resultados.

Por otro lado, respecto a la planificación de acciones, pueden existir interdependencias entre distintas unidades. Por ello, aunque en la memoria de cada departamento aparezca una propuesta de planificación de acciones de cada unidad, sin embargo, para una planificación global se hace necesaria, como sistema de coordinación, la supervisión directa mediante la distribución del poder en la jerarquía.

En este sentido, el director general presenta a la Junta de Accionistas una Memoria Anual donde aparecen no solo los resultados alcanzados en las distintas unidades y apéndices fabriles con los que cuenta la empresa, sino también la planificación global de las distintas acciones, estableciendo dónde, en qué medida, inversiones, medios, financiación, etc. En este caso, es la figura del director general quien recibe toda la información de las distintas unidades y, por tanto, quien tiene una visión global de las necesidades, dificultades o problemas que es necesario resolver.

Podemos constatar, así, que, a través del seguimiento de las diferentes memorias y balances anuales que hemos realizado, la Fábrica de Sagunto, durante las décadas que estudiamos, va a ser tratada en inferioridad de condiciones respecto a recursos, inversiones, medios, etc., que las de Baracaldo o Sestao, a las que se les da prioridad en todos estos aspectos. Pero esta cuestión la veremos de forma más concreta y específica en el siguiente capítulo.

Por otro lado, toda organización necesita la adaptación mutua o dispositivos de enlace (parámetro n.º 7) para estimular los contactos entre las personas. Estos pueden ser unipersonales, para coordinar distintas unidades, o colectivos. También pueden tener un carácter temporal (para resolver algún problema o realizar una acción específica) o permanente. Los dispositivos de enlace permanente pasan a formar parte de la estructura organizativa y, a su vez, son más adecuados en los niveles intermedios de la organización o en los staff que realicen un trabajo complejo e interdependiente.

Los parámetros 8 y 9 se refieren al diseño del sistema decisor. Son la descentralización vertical (n.º 8) y la descentralización horizontal (n.º 9).

La descentralización hace referencia al modo en que se distribuye el poder en la toma de decisiones. Cuando todo el poder reside en un solo punto de la organización, decimos que su estructura está centralizada; si el poder de tomar decisiones está disperso entre muchos individuos, decimos que (la organización) está relativamente descentralizada.13

Así, la organización centralizada presenta muchos inconvenientes en una organización grande, con un alto grado de especialización y formalización, ya que este tipo de organización carece de flexibilidad y rapidez para tomar las decisiones adecuadas. También es prácticamente imposible que una persona disponga de toda la información o capacidad para decidir lo más adecuado, y, finalmente, entorpece la iniciativa de personas creativas e inteligentes a las que no se les da poder de decisión.

Es por ello por lo que una empresa como AHV responde a la fórmula de descentralización del poder. Por un lado se corresponde con la descentralización vertical, mediante la cual se delega el poder desde el ápice estratégico hasta otros directivos inferiores (jefes de departamento). También puede ser al mismo tiempo selectiva cuando se descentralizan algunas decisiones sobre funciones o áreas funcionales, algo que se da en la mayoría de los departamentos de producción y de lo social.

La transmisión del poder por parte de los directivos a otras personas que están fuera de la línea jerárquica establece distintos grados de descentralización horizontal, último parámetro que Mintzberg establece para el diseño de la estructura organizativa. Aquí el poder se puede establecer desde el analista o experto hasta los operarios profesionales. En el caso de AHV esta forma de descentralización es utilizada en escasas ocasiones. No afecta, pues, a operarios o tecnocracia salvo en decisiones concretas.

Respecto al funcionamiento de esta organización en concreto, pensamos que lo hace como sistema de autoridad formal, que describe el uso de la autoridad o poder formal mediante la supervisión directa.

Como conclusión, podemos establecer, siguiendo a Mintzberg, que la única forma mediante la que podemos realmente empezar a entender cómo funciona una organización es prestando atención a las diferentes partes de esta, es decir, al modo como en la estructura se distribuyen los medios materiales y humanos, más el conjunto de los «flujos reales de autoridad, de materiales de trabajo, de información y de procesos de decisión».14

5. FACTORES DE CONTINGENCIA

Vistos los nueve parámetros de diseño que conforman los diferentes tipos de organización, ahora se trata de ver cómo selecciona la organización estos parámetros. Cuáles son los factores que nos indican por qué la organización diseña su estructura y sus procesos de una determinada manera.

Los últimos estudios vienen a demostrar que el éxito de una organización depende de la combinación de los parámetros más adecuados.

De este modo, será necesario un adecuado ajuste entre los parámetros de diseño y los factores de contingencia. Aunque de estos últimos Mintzberg15 establece hasta doce, nosotros vamos a tratar solo aquellos que pensamos que tienen más relevancia en la empresa que estudiamos, de modo que, a partir de aquí, podamos describir y confirmar su tipología.

5.1 La edad de la empresa y época en que se fundó el sector

Cuanto más antigua sea la empresa, más formalizado será su comportamiento, pues la experiencia suele traducirse en reglas y normas. También las empresas suelen mantener algunas de las características iniciales o de cuando se fundó el sector. En el caso de AHV, su nacimiento se produce a principios del siglo XX, al tiempo que se inicia el sector siderúrgico en España. Aunque la Fábrica de Sagunto no pertenezca a AHV en la época de su creación, sin embargo ya existe como Compañía Siderúrgica del Mediterráneo desde principios del siglo XX, por lo que ambas asumen este factor de contingencia y, cuando AHV compre la Fábrica de Sagunto, no necesitará hacer prácticamente cambios al respecto.

Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.