Kitabı oku: «Catatumbo resiste cincuenta y tres días de paro»

CATALOGACIÓN EN LA PUBLICACIÓN UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA
Catatumbo resiste cincuenta y tres días de paro / Jairo Estrada Álvarez, Carolina Jiménez Martín, José Francisco Puello-Socarrás, editores. -- Primera edición.-- Bogotá : Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Instituto Unidad de Investigaciones Jurídico Sociales Gerardo Molina (UNIJUS), 2019.
220 páginas : ilustraciones (algunas a color), diagramas, mapas. -- (Colección Gerardo Molina ; 78)
Incluye referencias bibliográficas al final de cada capítulo e índices temático, onomástico y toponímico. ISBN 978-958-783-863-3 (rústica). -- ISBN 978-958-783-864-0 (e-book). -- ISBN 978-958-783-865-7 (impresión bajo demanda).
1. Conflicto armado -- Región del Catatumbo -- Norte de Santander -- Colombia -- 2013 2. Campesinos 3. Movimientos campesinos 4. Sublevaciones campesinas 5. Asociaciones campesinas 6. Huelgas 7. Luchas sociales 8. Solución de conflictos 9. Región del Catatumbo (Norte de Santander) (Colombia) -- Insurrección de los campesinos, 2013 I. Estrada Álvarez, Jairo Hernando, 1957-, editor II. Jiménez Martín, Andrea Carolina, 1982-, editor III. Puello Socarrás, José Francisco, 1977-, editor IV. Serie
CDD-23 305.563309861 / 2019
Catatumbo resiste cincuenta y tres días de paro Colección Gerardo Molina
© Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales
© Jairo Hernando Estrada Álvarez, Andrea Carolina Jiménez Martín y José Francisco Puello-Socarrás, editores, 2019
© Jairo Hernando Estrada Álvarez, Andrea Carolina Jiménez Martín, José Francisco Puello-Socarrás, José Rafael Cristancho González, Laura Chica Velásquez, Cristhian David Gavilán Gómez, Andrés Lozano Reyes, Camilo Andrés González Rodríguez, Diana Ximena Machuca Pérez, Jesús Andrés Chicaíza Taramuel, María Cristina Corredor Ávila y Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat), autores, 2019.
Primera edición, 2019
ISBN (papel): 978-958-783-863-3
ISBN (digital): 978-958-783-864-0
ISBN (IBD): 978-958-783-865-7
Comité de Publicaciones
André-Noël Roth Deubel
Vicedecano de Investigación y Extensión
Omar Huertas Díaz
Director del Instituto Unidad de Investigaciones
Jurídico-Sociales Gerardo Molina, Unijus
Andrea Carolina Jiménez Martín
Directora del Departamento de Ciencia Política
Jorge Enrique Carvajal
Director del Departamento de Derecho
Bernd Marquardt
Director de la revista Pensamiento Jurídico
Leopoldo Alberto Múnera Ruiz
Director (e) de la revista Ciencia Política
Este libro, resultado de investigación, evaluado por
dos pares académicos con título de doctorado, y
ajenos a la Universidad Nacional de Colombia,
fue producido por el Grupo Interdisciplinario de
Estudios Políticos y Sociales, Theseus, cuyo director
es Jairo Hernando Estrada Álvarez.
Preparación editorial
Instituto Unidad de Investigaciones Jurídico-Sociales Gerardo Molina, Unijus
http://derecho.bogota.unal.edu.co/publicaciones/
insisjpg_bog@unal.edu.co
(57+1) 3165000, exts. 29264 y 29266
Diagonal 40 A bis n.° 15-38, Complejo Casa Gaitán
Juan Sebastián Solano
Coordinador editorial
Solvey Castro Otálora
Editora
Ángela María Herrera Castillo
Coordinadora académica
Paula Alejandra Enciso Bautista
Coordinadora administrativa
Melissa Ruano Chacón
Diseñadora gráfica
Diseño original de la Colección Gerardo Molina
Diego Mesa Quintero
Corrección de estilo
Hernando Sierra
Imagen de portada
Andrés Lozano Reyes
Conversión a ePub
Mákina Editorial
https://makinaeditorial.com/
Prohibida la reproducción total o
parcial por cualquier medio sin la autorización
del titular de los derechos patrimoniales.
CONTENIDO
Lista de tablas
Lista de figuras
Lista de siglas y acrónimos
Prólogo
Jairo Hernando Estrada Álvarez, Andrea Carolina Jiménez Martín,
José Francisco Puello-Socarrás
Agradecimientos
Nota metodológica
Catatumbo: un territorio en disputa, una región que resiste
Diana Ximena Machuca Pérez, Andrés Lozano Reyes, Jesús Andrés
Chicaíza Taramuel, Laura Chica Velásquez, María Cristina Corredor Ávila
Un territorio en disputa
Una historia de luchas y resistencia
La Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat), por la vida, la dignidad, la tenencia de la tierra y la defensa del territorio
Referencias
Las propuestas del campesinado del Catatumbo durante el Paro del 2013: una apuesta alternativa de organización común de la vida y el territorio
José Rafael Cristancho González, Laura Chica Velásquez, Cristhian David Gavilán Gómez y Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat)
Nace el Paro
Participación, fortalecimiento del tejido social y protección de derechos
Una nueva relación con el territorio y la naturaleza
A tener en cuenta para continuar
Referencias
Prácticas de la resistencia y la dominación: el ser, el saber y el hacer de la organización campesina
Andrés Lozano Reyes, Camilo Andrés González Rodríguez y Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat)
Las asambleas de las tres de la tarde: organización y dirección colectiva
El bloqueo cierra la vía, pero abre el camino
Los casos de Germán, Garrapata y Don Vladimir
Edison Franco, Leonel Jácome, Diomar Angarita y Hermides Palacio: los cuatro mártires del Catatumbo
Las solidaridades: base del Paro
El caso de Elibaneth
El sustento del bloqueo
El refugio humanitario para preservar la vida
Las prácticas de dominación. El Gobierno nacional y la deslegitimación del Paro
Los aprendizajes del Paro. Preservar la vida, la comunidad y el territorio: la Guardia Campesina
Referencias
La negociación: el pulso político con el Gobiern
Diana Ximena Machuca Pérez, Jesús Andrés Chicaíza Taramuel y Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat)
La organización de la resistencia desde la negociación: la instalación de la Mesa de Interlocución y Acuerdo (MIA)
Los desaires del Gobierno. “Ni guerrilleros, ni obligados, ni infiltrados: ¡Campesinos embejucaos!”
Se levanta el Paro: los principales acuerdos firmados
El balance de los acuerdos. Sus limitaciones y alcances. Qué tanto se ha cumplido
Referencias
La lucha campesina del Catatumbo y la construcción de una paz popular
Andrea Carolina Jiménez Martín y José Francisco Puello-Socarrás
Presentación
LISTA DE TABLAS
Catatumbo: un territorio en disputa, una región que resiste
Tabla 1. Hectáreas de coca cultivada en el Catatumbo (2006-2016)
La lucha campesina del Catatumbo y la construcción de una paz popular
Tabla 1. Tasas de homicidio por cada cien mil habitantes en Colombia (total)
LISTA DE FIGURAS
Catatumbo: un territorio en disputa, una región que resiste
Figura 1.Distribución de cultivos de coca en la región del Catatumbo
Figura 2.Palma de aceite Tibú (2007-2016)
Las propuestas del campesinado del Catatumbo durante el Paro del 2013: una apuesta alternativa de organización común de la vida y el territorio
Figura 1. Reunión en el marco de la Mesa de Interlocución y Acuerdo – Catatumbo (MIA-C)
Figura 2. La solidaridad en el Paro
Figura 3. Movilización de reclamo frente a la Zona de Reserva Campesina
Figura 4. La manifestación frente a la policía
Prácticas de la resistencia y la dominación: el ser, el saber y el hacer de la organización campesina
Figura 1. Asamblea durante el Paro
Figura 2. Enfrentamiento con el Esmad durante el Paro
Figura 3. Material usado por el Esmad durante los bloqueos
Figura 4. Sangre campesina en la carretera durante los bloqueos
Figura 5. Casquillos de bala en la carretera luego de los bloqueos
Figura 6. Preparación de los alimentos en el Paro
Figura 7. Refugio humanitario para preservar la vida
Figura 8. Angelino Garzón precede reunión de la MIA-Catatumbo
Figura 9. El bolillo patriótico de la Guardia Campesina del Catatumbo
Figura 10. La Guardia Campesina del Catatumbo para preservar la vida y el territorio
LISTA DE SIGLAS Y ACRÓNIMOS
ACVC: Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra
ANUC: Asociación de Usuarios Campesinos
Ascamcat: Asociación Campesina del Catatumbo
Asocbarí: Asociación Comunidad Motilón Barí de Colombia
Asodepo: Asociación de Desplazados de la Provincia de Ocaña
AUC: Autodefensas Unidas de Colombia
CAR: Corporación Autónoma Regional
CCALCP: Corporación Colectivo de Abogados Luis Carlos Pérez
Cisca: Comité de Integración Social del Catatumbo l
CNMH: Centro Nacional de Memoria Histórica
COCCAM: Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana
COT: Comisión de Ordenamiento Territorial
DANE: Departamento Administrativo Nacional de Estadística
ELN: Ejército de Liberación Nacional
EPL: Ejército Popular de Liberación
ECICP: Equipo Colombiano de Investigación en Conflicto y Paz
Esmad: Escuadrón Móvil Antidisturbios
ESAP: Escuela Superior de Administración Pública
FAA-DR: Fondo Andino Amazónico de Desarrollo Rural
FARC-EP: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo
FF. MM.: Fuerza Militares
IPDRS: Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica
Incoder: Instituto Colombiano de Desarrollo Rural
Iepri: Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales
JAC: Juntas de Acción Comunal
MIA: Mesa de Interlocución y Acuerdo
MCP: Movimiento por la Constituyente Popular
ONU: Organización de las Naciones Unidas
PDS: Plan de Desarrollo Sostenible
PNCRT: Política Nacional de Consolidación y Reconciliación Territorial
PDET: Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial
PNUD: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
UAF: Unidad Agrícola Familiar
UPA: Unidad de Producción Agropecuaria
UP: Unión Patriótica
ZRC: Zona de Reserva Campesina
ZRC-C: Zona de Reserva Campesina del Catatumbo
ZRF: Zonas de Reserva Forestal
ZVTN: Zona Veredal Transitoria de Normalización

PRÓLOGO

LA CASA DE LOS TRUENOS
Sujetos, vías y voces retumban desde el Catatumbo
El derecho de recordar no figura entre los derechos
humanos consagrados por las Naciones Unidas, pero
hoy es más que nunca necesario reivindicarlo y ponerlo
en práctica: no para repetir el pasado, sino para evitar
que se repita; no para que los vivos seamos ventrílocuos
de los muertos, sino para que seamos capaces de
hablar con voces no condenadas al eco perpetuo de la
estupidez y la desgracia. Cuando está de veras viva,
la memoria no contempla la historia, sino que invita a
hacerla. Más que en los museos, la memoria está en el
aire que respiramos; y ella, desde el aire, nos respira.
EDUARDO GALEANO, Patas arriba: la escuela del mundo al revés
El destino del futuro, tal y como aún lo construyen los pueblos, solo se labra al recobrar los orígenes.
El Catatumbo –etimológicamente, ‘la casa de los truenos’– es una subregión transfronteriza ubicada entre Colombia y Venezuela. Ha sido célebre de manera venturosa gracias a la inmortalización, realizada por las crónicas de los tiempos coloniales, de un fenómeno natural maravilloso de tormentas eléctricas denominado “el relámpago del Catatumbo”. Los barí lo definieron como “la concentración de millones de cocuyos” (luciérnagas).
Fiel a la referencia heredada de este singular paisaje, la cual no solo se revela desde la majestuosidad de la naturaleza, sino que ha sabido, con generosidad, dejar su impronta en la mentalidad de sus pobladores a través de una larga historia de luchas populares, el Paro que retumbó desde el Catatumbo entre el 11 de junio y el 4 de agosto del 2013 es, en un caleidoscopio de expresiones desde abajo en tiempos recientes en Colombia, una apuesta por constituir, persistir y resistir, en la que se izan las banderas de la vida digna, las voces nativas de los sujetos y las energías inagotables de las vías plebeyas.
Este texto no tiene más pretensiones que la de hacer visible –o incluso, la de hacer sensible– la memoria. A fin de que truenen las voces de aquellos que, por lo general, se encuentran sometidos al silenciamiento, y los ecos de la reinvención que son el fruto de las pequeñas gigantes historias de los pueblos comunales –la única manera de construir vías alternas y nativas (alternativas) para las transformaciones necesarias y los urgentes cambios– sirvan en el propósito de no errar y no repetir. En últimas, se trata de un llamado a no sucumbir ante el no-futuro que las imposibilidades del mundo actual, para la ciudad en general y el campo en particular, pretenden imponer sin pedir permiso.
La primera parte de este escrito se abre con una reflexión sobre la constitución del sujeto campesino. De esta manera, caracteriza el Catatumbo desde su doble dimensión natural y societal, y realiza una aproximación a las razones por las cuales se concibe como un “territorio en disputa”. La resistencia frente a condiciones de exclusión y pobreza, así como las luchas por la vida, la dignidad, la justicia y el bienestar de las comunidades en el territorio exaltan formas de organización específicas y procesos de constitución de un sujeto político, en todo lo cual la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat) es protagonista.
La segunda parte se concentra en las motivaciones comunales que permiten comprender el contexto de la emergencia del Paro. Apunta a sintetizar cronológica, temática y, sobre todo, políticamente distintos reclamos y reivindicaciones sociales, antes y durante el Paro del 2013, de modo que se destacan las apuestas alternativas de organización de la vida en común dentro del territorio formuladas por Ascamcat, y las cuales permiten entender en profundidad ese acontecimiento contencioso.
Sintetizar el “ser, saber y hacer” de Ascamcat es el propósito del tercer apartado. Este capítulo devela los procesos mediante los cuales las acciones disruptivas de la movilización social de la asociación transitan desde las protestas hacia las propuestas que resignifican la resistencia como proyecto (re)existencial. La defensa de las reivindicaciones populares por medio de diferentes repertorios como, por ejemplo, los cortes de vías, las asambleas y las redes de apoyo se relatan en relación con las reacciones estatales de coerción y coacción frente al Paro. Con esto, se exponen los aprendizajes que son fruto de ese acontecimiento en una perspectiva de la preservación de la vida, la comunidad y el territorio, y se materializan alrededor de la organización de la Guardia Campesina, entre otros procesos.
La cuarta parte de este escrito narra y reconstruye las trayectorias y las dinámicas políticas del Paro a partir de los diálogos entre Ascamcat, el Estado y el Gobierno colombianos. En este punto el momento de negociación con la instalación de la Mesa de Interlocución y Acuerdo (MIA) resulta crucial. Más allá de la mera descripción de los principales “acuerdos” logrados entre las partes –que, a la postre, conducirían a declarar el “levantamiento” del Paro–, este apartado presenta un balance entre las tácticas y las estrategias políticas, los impactos socioeconómicos que podrían –según Ollin Wrigth– “envisionarse” en el corto y mediano plazos, así como los resultados de las acciones contenciosas claves protagonizadas por Ascamcat.
El último capítulo sintetiza el significado político de estas luchas campesinas en y para el Catatumbo en la perspectiva de los acuerdos de paz. Vincula la actualidad de la coyuntura política del país con respecto a los procesos asociados con la firma de los acuerdos de paz en La Habana entre el Estado colombiano y los grupos insurgentes, en concreto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP). Asimismo, destaca cuáles han sido las contribuciones históricas, hoy vigentes, del movimiento social popular campesino al valorar los aprendizajes del Paro, en especial aquellos temas cruciales para la construcción de la paz territorial y la profundización de los gobiernos comunales como alternativas para lograr ese propósito.
Por último, antes de anticipar más detalles sobre las crónicas que desarrollan los sucesos y los acontecimientos que pretendemos reconstruir alrededor del Paro en el Catatumbo durante el 2013, las cuales invitamos a los lectores y lectoras a conocer, reconocer y reflexionar de forma directa, quisiéramos interponer una justa observación.
Los hacedores de este texto no quisimos figurar como ventrílocuos de los sucesos –o peor aún, de los sujetos–, sino más bien reservar la rememoración como simples mediadores de los acontecimientos.
Cuidamos que la memoria de las gentes del común –narrada aquí como un campo insustituible de las luchas que se han librado dentro de la denominada “Colombia profunda”, esta vez en el Catatumbo– se resguarde como un ejemplo a partir de sus propios relatos, no solo desde abajo sino también desde adentro.
Es más, con el propósito de rescatar el devenir plebeyo que esto representa de las frecuentes vindicaciones que la palabra ofcial –en el pasado, pero también en la actualidad– condena y archiva en el olvido.
De igual forma, con el fin de escuchar a los sujetos y sus voces, entender sus vías, aprender de los aciertos, de los retos y de las encrucijadas, y así permitirnos enseñar sus aprendizajes, reconocer nuevos senderos y otras rutas, de modo que se conozcan, a la vez, los sueños individuales y las utopías colectivas de las gentes que habitan la Casa de los Truenos, debemos insistir en preservar sus memorias, escucharlas y hacerlas escuchar como otro de los irreemplazables bienes comunales que permitirán enfrentar los desafíos mayúsculos que este momento histórico, del cual hoy todos somos testigos y partícipes, nos exige.
Este texto recoge un trabajo colectivo realizado por los Grupos de Investigación Theseus comUNAL de la Universidad Nacional de Colombia y ComunAL (Subgrupo de Estudios Comunales en Nuestramérica) de la Escuela Superior de Administración Pública, y la Ascamcat. Atendió las inquietudes del campesinado de la región por sistematizar una de sus más valiosas experiencias de lucha y resistencia, como lo fue el Paro del 2013.
Por tanto, esta sistematización no solo reivindica el derecho a recordar y visibilizar la memoria que las gentes del común tienen sobre este acontecimiento; se trata, también, de compartir el aprendizaje de sus luchas con otros procesos sociales.
La construcción del libro se realizó a varias voces y manos. No obstante, se pretendió que fueran las voces y las narraciones de los protagonistas de este acontecimiento las que definieran y marcaran la línea de argumentación. Se realizaron entrevistas, se utilizaron materiales producidos por la organización a lo largo de sus años de existencia y resistencia, y se revisaron en la prensa nacional y local, así como en los medios de comunicación, las posiciones expresadas por los diferentes actores sociales y estatales.
La versión que hoy tienen los y las lectoras en sus manos es, entonces, el resultado de varias reelaboraciones de los textos entre los integrantes de Theseus, ComunAL y Ascamcat. Es un texto que sintetiza un diálogo profundo de saberes, tal como lo propuso el maestro Orlando Fals Borda.
Bogotá, febrero del 2019
Los editores,
Jairo Hernando Estrada Álvarez
Andrea Carolina Jiménez Martín
José Francisco Puello-Socarrás

AGRADECIMIENTOS

E l Grupo Interdisciplinario de Estudios Políticos y Sociales, Theseus, de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, quiere agradecer a la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat) por su participación en la elaboración de este libro. Este trabajo conjunto es resultado de los espacios de deliberación y decisión, en el marco de la sistematización de experiencias del Paro del 2013, en los que participamos gracias a la disposición de Ascamcat. A través de esta publicación, queremos honrar a Ascamcat por la valerosa lucha de su pueblo, así como a los miles de hombres y mujeres, adultos, jóvenes y niños, que en este territorio han resistido con dignidad y nos han enseñado que la defensa de lo común es el soporte vital de nuestras existencias. Finalmente, agradecemos al Grupo de Investigación ComunAL, de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP), por el apoyo en los diferentes momentos de redacción y discusión de esta obra.


NOTA METODOLÓGICA

E l proceso de investigación que condensa este libro es el resultado del trabajo del Grupo Interdisciplinario de Estudios Sociales y Políticos Theseus, como parte de un proceso inacabado de comprensión de las complejas dinámicas sociales, culturales, políticas y económicas de nuestro país, el cual ha permitido, fundamentalmente, establecer un diálogo con la región del Catatumbo y sus dinámicas específicas.
El ejercicio investigativo decantó un acercamiento a las dinámicas de movilización social en nuestro país que permitió indagar tres dimensiones claves: en primer lugar, la importancia de lo regional y del diálogo entre la academia y las regiones; en segundo lugar, las movilizaciones sociales populares; y, por último, las memorias plebeyas. El abordaje conjunto de estos tres elementos hace pertinente el análisis sobre las dinámicas contenciosas de las expresiones del movimiento social popular en el Catatumbo colombiano, tal como se planteó en el proyecto de investigación “Poder(es) en movimientos(s) procesos y dinámicas (re)constituyentes en Colombia durante el siglo XXI”.
El análisis de las dinámicas contenciosas más recientes en el país nos aproximó a las disputas del campesinado mediante la defensa de construcciones territoriales derivadas de procesos sociales y políticos comunitarios. En este contexto, se adelantó el proceso investigativo en torno al Paro del Catatumbo. En la investigación se asumió la importancia de plantear una metodología de trabajo que permitiera, por una parte, suplir los vacíos académicos que existían en torno al análisis de la movilización social desplegada en el Paro y, por otra, generar una dinámica de producción de conocimiento sustentada en la comprensión de lo regional, así como en el diálogo de saberes, al asumir la importancia de la comunidad campesina como un sujeto político portador de saberes y productor de conocimiento; una situación, por lo general, silenciada en el ámbito de la política, pero también desde los escenarios académicos.
Con base en esta doble exigencia de la perspectiva metodológica esta nota pretende, en primer lugar, situar la investigación con respecto a otras realizadas sobre el Catatumbo. En segundo lugar, fundamentar la perspectiva teórica desde la cual abordamos la investigación y orienta el acercamiento a la comunidad campesina y, finalmente, explicitar la materialización de esa perspectiva en los acuerdos llevados a cabo entre la mirada académica y la del campesinado. Así, entonces, esta perspectiva metodológica se estructura en tres momentos. El primero da cuenta de la producción bibliográfica con respecto al Paro; resalta cómo no existen documentos que, de forma sistemática, den cuenta del proceso de configuración y despliegue de las dinámicas de movilización social popular del campesinado catatumbero en el marco del Paro. En el segundo momento se expone la perspectiva metodológica que signó el proceso de investigación y sitúa el diálogo de saberes como un elemento central de nuestra perspectiva. En el tercer momento se exponen los acuerdos de trabajo que encaminaron el proceso dialógico con Ascamcat.
EL ESTADO DEL PROBLEMA
Gran parte de la producción académica sobre el Catatumbo coincide al afirmar que esta es una región históricamente atravesada por múltiples dinámicas de conflictividad, relacionadas, sobre todo, con luchas por la tierra, los recursos naturales y el control territorial entre diversos actores. En este marco se pueden rastrear tres ejes principales, estudiados y documentados como antecedentes académicos del presente trabajo: la caracterización histórica y geográfica de la región, la conflictividad territorial y el conflicto armado, y la movilización social.
Caracterización geográfica y geopolítica
Dada su incidencia en el desarrollo de la conflictividad en el Catatumbo, varios autores incluyen secciones de contextualización de la región desde el punto de vista geográfico. Camila Carvajal (s. f.), cuyo propósito es repasar los procesos históricos de configuración del Catatumbo con el fin de establecer posibles interpretaciones y explicaciones de la situación de conflictividad de esta región (p. 2), comienza por articular una breve caracterización (la ubicación, las características geofísicas, el ordenamiento del territorio, la composición geográfica y la ubicación desde la perspectiva geopolítica). A su vez, el informe Catatumbo, territorio de paz. Informe de derechos humanos, elaborado por la Corporación Colectivo de Abogados Luis Carlos Pérez-CCALCP (2012) inicia con una descripción geográfica, en la cual se resalta cómo, al contar con altísimas riquezas naturales y medioambientales (inmensos recursos hídricos, forestales, faunísticos, florísticos, petroleros y carboníferos, entre otros), la región del Catatumbo llama la atención del Estado, de grandes inversionistas de nivel nacional e internacional y de grupos armados ilegales. Es decir, de todo un conjunto de intereses que mantienen a la región en una constante tensión por el dominio y el control del territorio:
La región del Catatumbo se constituye geopolíticamente como área estratégica por tratarse de una zona limítrofe que comunica al Urabá [sic] con la República Bolivariana de Venezuela, al mismo tiempo, posee las inmensas riquezas ya mencionadas, razones que la convierten en un punto clave para las operaciones militares y económicas del Estado y a su vez, para el asentamiento de grupos armados ilegales que luchan por el control del territorio. En síntesis, la tensión por el territorio catatumbero se configura porque allí: se cultiva coca y palma; se contrabandea combustible, ganado y armas; se extrae petróleo y se explotan minerales de amplia demanda nacional e internacional. (CCALCP, 2012, p. 8)
Martínez (2012), cuyo propósito es realizar una aproximación a las dinámicas y las tendencias generales de acumulación en la región del Catatumbo, también analiza sus características geográficas y hace énfasis en sus implicaciones geopolíticas: las condiciones naturales del territorio y su potencial de interconexión debido al estatus de frontera lo hacen, según la autora, un corredor de integración estratégica.
Por su parte, Torres (2010) realiza una descripción de la zona en su estudio Impacto de la cooperación internacional en la sustitución de cultivos ilícitos y ordenamiento del Catatumbo. Estudio de caso del municipio de Tibú-Norte de Santander (2001-2007), dado que en esta convergen las principales variables propuestas en su trabajo como dinamizadoras del ordenamiento del territorio: establecimiento de cultivos ilícitos, economías ilegales, así como erradicación y sustitución de cultivos ilícitos por medio de la cooperación internacional (p. 72). Esta caracterización incluye la localización, las características fisiográficas y la importancia geopolítica. Según este documento, la importancia geopolítica de la región radica en que la cuenca sedimentaria del Catatumbo es una de las áreas en las que se encuentra gran producción de petróleo en el país (p. 75).
De acuerdo con Ordóñez (2007), el Catatumbo reviste un gran interés para diversos sectores, entre muchas razones por las múltiples condiciones geográficas con diferentes características topográficas y climáticas que se encuentran a lo largo del territorio y posibilitan la producción agropecuaria diversificada. Además, denota una gran riqueza natural, forestal, faunística, hídrica y mineral (principalmente petróleo y carbón) lo cual motivó su colonización en el siglo XVIII e inicios del XIX, sobre todo, de colonos atraídos por la fertilidad de sus suelos para el cultivo de café. Luego, en el siglo XX, la colonización se dio en razón a la existencia de yacimientos de recursos naturales como, por ejemplo, el petróleo, promovido desde 1933 mediante la Concesión Barco. En este sentido, la región del Catatumbo tiene un valor geopolítico, económico y fronterizo regional gigantesco, en tanto “se convierte en un punto de interconexión de toda la infraestructura energética, de transporte, ambiental, social e industrial que requiere el comercio transnacional” (p. 158).
Conflictividad territorial y conflicto armado
A fin de aproximarse a la situación de conflictividad presente en el Catatumbo, Carvajal (s. f.) aborda sus dinámicas históricas de configuración territorial. La autora parte del reconocimiento del territorio ancestral del pueblo barí, lugar de una permanente “circulación cultural” de distintas técnicas de subsistencia, de lenguas, de artes y de razas (p. 9). A continuación, analiza varios periodos temporales en la configuración territorial de la región: el primer proceso de colonización del entonces territorio barí (finales del siglo XVI a finales del siglo XVIII), la superposición de colonizaciones determinadas por la Concesión Barco y su consiguiente densificación demográfica, sumada al crecimiento poblacional en la zona derivado de la violencia bipartidista y, por último, un periodo de,
reestructuración inestable de la configuración del territorio, derivada tanto de la bonanza cocalera, como de la expansión del proyecto paramilitar, procesos ambos que derivaron en la conformación de una estructura agraria multimodal informal, la existencia de procesos de minería informal, con profundas implicaciones negativas en materia ambiental, y configurando la existencia paralela de varios modelos de desarrollo, algunas veces contradictorios entre sí. (Carvajal, s. f., p. 8)
Tras realizar este recorrido, la autora concluye:
Desde la Colonia hasta mediados del siglo XX, tanto las transformaciones espaciales, como los procesos de apropiación territorial y poblamiento en el Catatumbo transcurrieron al margen de las directrices del Estado (Cinep, 2016), y fueron dinamizados por lógicas económicas que poco tenían que ver con la integración de la región a las dinámicas nacionales. De ahí que los pobladores abriguen la idea del Estado como una existencia difusa. La ausencia de la maquinaria burocrática estatal en la zona incidió en el hecho de que la construcción de la legalidad y la legitimidad no fuera producto de su presencia efectiva sino de su anclaje en la experiencia propia de los pobladores locales (Aponte, 2012). Y esta situación limitó la posibilidad de que los poderes regionales, apoyados en la economía petrolera, pudieran constituirse como intermediarios de la articulación de la subregión con los mandos regional y nacional, como resultado de su poca injerencia en el proceso de poblamiento local. Así, las únicas vías para el ejercicio de la ciudadanía eran las elecciones y los controles militares (Minga y Progresar, 2008, p. 18)
Posteriormente, Carvajal (s. f.) introduce distintas temporalidades del conflicto armado en la región del Catatumbo a mediados del siglo anterior (“Inserción guerrillera 1970-1981”, “El orden guerrillero y los albores de la incursión paramilitar 1982-1998”, “Escalamiento del conflicto: disputas territoriales y configuración de un clúster cocalero 1999-2006”, y “El proceso de rearme 2006-2016”).
Por su parte, la CCALCP (2012) también se propone describir la historia de las dinámicas de violencia en la región, de manera que ubica sus orígenes en la década de los treinta del siglo XX, cuando el Gobierno, a través de la Concesión Barco, entrega los derechos de explotación sobre el Catatumbo a las empresas petroleras estadounidenses Colombian Petroleum Company o Colpet, y a la South American Gulf Oil Company o Sagoc (CCALCP, 2012, p. 14). Tanto el CCALCP (2012) como Martínez (2012), y Carvajal (s. f.), coinciden en relacionar las dinámicas de explotación de recursos energéticos en el Catatumbo con la conflictividad territorial y la aparición de organizaciones guerrilleras en la zona.
El conflicto presente en la región del Catatumbo lo caracteriza Loingsigh (2008) como resultado de los planes estatales y empresariales en la zona, motivados por la riqueza de recursos tanto naturales como minero-energéticos que promueven desde los sectores poderosos con la intención de instalar un modelo social y económico acorde con el neoliberalismo. El análisis del autor se concentra en la acción estatal y paramilitar a partir de la incursión de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) a la región en 1999, de modo que define la dinámica violenta en dicha región como un conflicto económico decidido a implementar un nuevo modelo de desarrollo en el que la guerra garantiza la explotación de los recursos:
La violencia allí se debe entender como una faceta más de una pugna por los recursos naturales, donde se considera a la población civil como una población sobrante asentada sobre riquezas naturales y como parte de una estrategia militar para derrotar a la insurgencia. (Loingsigh, 2008, p. 22)
El conflicto que vive la región del Catatumbo lo explica Ordóñez (2007) como una disputa por el control del territorio, producto de la importancia económica y geopolítica que reviste dicha zona. El autor, al igual que Loingsigh, se concentra en estudiar el conflicto a partir de la incursión paramilitar en 1999 (el periodo más cruento en cuanto a violaciones al derecho internacional de los derechos humanos y al derecho internacional humanitario), hasta el 2007, después de la desmovilización de las AUC, cuando se instaló una violencia basada en la estigmatización hacia la organización social y el campesinado por parte del Estado y su estrategia de seguridad democrática, y de reconversión de los paramilitares a grupos armados como, por ejemplo, las Águilas Negras.
Así, Ordóñez pone como corolario del conflicto en la región la disputa por los recursos, en la medida en que esta violencia es garante de la explotación petrolera, minera y agroindustrial emprendida históricamente en la zona, la cual ha tenido como medios predilectos el despojo y la militarización de la vida:
La militarización en el marco de la seguridad democrática ha beneficiado exclusivamente a los propietarios de cultivos agroindustriales de palma aceitera y de caucho, quienes por el contrario no han sido objeto de abusos por parte de la fuerza pública, también la militarización intenta demostrar la presencia y control estatal del Catatumbo para la puesta en marcha y ejecución de los megaproyectos anteriormente mencionados. (2007, p. 177)
La Ascamcat, en compañía de ACT Alliance, el Equipo Colombiano de Investigación en Conflicto y Paz (ECICP) y la Iglesia Presbiteriana de Colombia realizó también, en el 2014, una aproximación al conflicto territorial en la región del Catatumbo en el estudio Catatumbo; un territorio en disputa. Notas aproximatorias al conflicto (2014). En este estudio, los autores se proponen entender el conflicto colombiano de forma multidimensional, contrario –según ellos– al entendimiento convencional, propio de los sectores socioeconómicos y políticos dominantes. Así, conciben el conflicto colombiano (económico, social, político, ambiental, cultural y armado) como consecuencia de políticas económicas generadoras de carencias materiales en la población y fragmentaciones de los tejidos sociales, y de un régimen político excesivamente cerrado. Estos rasgos se reproducen particularmente en los escenarios locales y regionales, por lo que son, a su vez, constitutivos de las conflictividades territoriales en estas escalas.
Los autores comienzan por proporcionar un contexto que analiza la configuración de un Estado burocrático autoritario en Colombia y la implantación de la “Doctrina de Seguridad Nacional”, pasan luego por su declinación y el tránsito hacia un “Estado permanente de anormalidad territorial” (Ascamcat, 2014). A continuación, los autores enmarcan su objeto de estudio, esto es, el conflicto territorial del Catatumbo, como una disputa en el ejercicio de poder que se realiza a través de la estrategia neoliberal de la desterritorialización y el despojo. Junto con este panorama, el estudio presenta las implicaciones de la propuesta de constitución de una zona de reserva campesina en la producción del espacio social. En un tercer momento, el texto discurre sobre una aproximación a la naturaleza de Ascamcat como sujeto colectivo (la organización en cuanto expresión del movimiento campesino del Catatumbo, las causas y los momentos que han cruzado sus objetivos, su constitución como alternativa de paz y la estigmatización y persecución política que ha sufrido en la región).
Movilización social
Este eje no cuenta con tantos abordajes como los anteriores dos temas, dado que es un tópico de reciente incursión en la bibliografía sobre la región y se presenta de manera secundaria en las aproximaciones que pretenden dar cuenta de la dinámica de conflictividad y de construcción de paz en la zona. Así, Carvajal (s. f.), en su caracterización de la región del Catatumbo, realiza un balance tanto de los ejercicios de movilización y protesta popular como de los diversos actores no armados que convergen en el territorio.
La autora comienza por anotar que la movilización en esta región no es coyuntural, ni reactiva, sino que, por el contrario, obedece a luchas históricas por parte de los sectores populares a causa de la represión y la conflictividad, la falta de condiciones mínimas de vida y el abandono e incumplimiento estatal:
Como correlato al sistemático abandono del Estado, el campesinado del Catatumbo empieza a configurarse como sujeto político, dándose inicio a un fuerte proceso de movilización social que se mantiene vigente y que ha demandado, desde la década del ochenta y de la mano de la comunidad indígena barí y otros sectores populares del territorio, la garantía de sus derechos y el reconocimiento de su agencia e independencia por parte del Estado colombiano. (s. f., p. 18)
También afirma que la movilización social en la región ha sido profundamente estigmatizada y criminalizada por parte tanto del Gobierno, como de las élites locales y los grupos paramilitares, lo cual evidencia una persecución a líderes. En el diagnóstico de actores en el territorio Carvajal menciona a la Iglesia, a organizaciones defensoras de derechos humanos, asociaciones de víctimas y organismos internacionales. Asimismo, resalta la participación de organizaciones sociales centrales en el territorio tales como la Ascamcat, el Comité de Integración del Catatumbo (Cisca), la Asociación Comunidad Motilón Barí de Colombia (Asocbarí), la Asociación de Desplazados de la Provincia de Ocaña (Asodepo) y las Organizaciones de Población Desplazada de Norte de Santander (p. 32).
Por su parte, Cruz (2017) lleva a cabo un análisis del Paro del Catatumbo en el 2013 desde el enfoque de procesos políticos en el análisis de los movimientos sociales, para lo cual toma como factores estructurantes de las movilizaciones tres elementos: las estructuras de oportunidad política, las estructuras de movilización y los marcos de acción colectiva. Estos elementos, ubicados para la movilización de estudio, se reflejan para el primer punto –según el autor– en los elementos de contexto político que favorecieron la gesta de diversas expresiones sociales como, por ejemplo, dicho paro; estas las caracteriza el autor como producto de los diálogos de paz con la guerrilla de las FARC-EP, y de la relativa apertura política que se dio en el gobierno de Juan Manuel Santos en comparación con su antecesor. Las estructuras de movilización que viabilizaron la protesta las ejecutó, principalmente, Ascamcat, la cual se vio en la capacidad de organizarse tanto interna como externamente y convocar así a diversos sectores de la sociedad. Por último, el marco de acción colectiva que guió el sentir de los campesinos participantes fue la construcción de la Zona de Reserva Campesina del Catatumbo (ZRC-C).
Este autor describe el paro en cuestión, y establece tres momentos correspondientes a los cambios de la contienda política:
En el primero, el gobierno responde con la criminalización y la represión, mientras los manifestantes ganan adeptos. En el segundo, el gobierno oscila entre negociar y proponer un plan alternativo que desconoce el pliego de exigencias de los manifestantes, esperando que la movilización se desgaste. En fin, en el tercer momento la estrategia del gobierno parece rendir sus frutos, pues los manifestantes recurren a una comisión de mediadores y acceden a retirar los bloqueos para negociar. (2017, p. 8)
Por último, es importante mencionar que Ascamcat ha desarrollado un ejercicio de sistematización de sus experiencias, el cual cuenta con importantes insumos que permiten entender las dinámicas presentes en el territorio, así como las luchas y las movilizaciones lideradas por esta organización. En este sentido, es destacable el esfuerzo conjunto que se llevó a cabo con el Colectivo de Abogados Luis Carlos Pérez en el diseño del “Plan de desarrollo alternativo para la reconstrucción y permanencia de la economía campesina en la región del Catatumbo-Norte de Santander” en el 2012, así como una cartilla “Qué es la reserva campesina y el Plan de desarrollo alternativo para la reconstrucción y permanencia de la economía campesina en la región del Catatumbo?”.
El “Plan de desarrollo sostenible” marca un hito en Ascamcat y repercute en su fortalecimiento como organización social, en la medida en que surgió como respuesta a la demanda que hizo el Gobierno, por medio del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder), de formular una visión de su territorio enmarcada en la figura de la zona de reserva campesina (ZRC), por la cual se retó a esta a asumir un rol propositivo, de manera que se posicionó dicho documento como requisito para la declaración de la región como ZRC.
Este texto refleja una metodología participativa y de construcción colectiva con las y los campesinos catatumberos, por la cual se consignan algunos referentes teóricos que sustentan la visión que tienen del territorio, el medio ambiente, la economía campesina, la acción política y el tejido social. Una segunda parte del documento aborda las condiciones físicas del territorio, la historia de la región y su situación actual en términos económicos, sociales, políticos y organizativos, y se resaltan las diversas conflictividades que se presentan. Así, por último, desde una visión propositiva, plantea soluciones a las problemáticas mencionadas con base en la ZRC, en las cuales se evidencian los proyectos concretos que se visualizan en los múltiples sectores concebidos. En este sentido, el plan se define como una,
apuesta para garantizar el bienestar, la estabilidad y el buen vivir del campesinado en la región a partir del desarrollo de su economía y del tejido social; construido a lo largo de muchos años de resistencia y defensa del territorio. Así mismo, como una estrategia para la conservación y cuidado del medio ambiente y la riqueza natural de la región. (Ascamcat y CCALCP, 2012a, p. 30)
La cartilla mencionada nace de un esfuerzo de Ascamcat por resumir y transformar el lenguaje técnico presente en el “Plan de desarrollo alternativo” a uno simple y gráfico, el cual permite extender los conocimientos y adelantos consignados en dicho documento y así hacerlos accesibles a los ciudadanos comunes que habitan la región del Catatumbo, de manera que se prioriza su entendimiento por parte de la base campesina catatumbera. Dicho material consigna la historia de Ascamcat como organización, la historia de las ZRC y el interés de cobijar bajo esta figura la región del Catatumbo, una contextualización de la situación económica, ambiental y social de la región y, por último, los planes y proyectos que se consignaron en el plan con el fin de solucionar las múltiples problemáticas identificadas, tal como el “Plan de manejo ambiental”.
PERSPECTIVA METODOLÓGICA
Dado que la producción académica existente no da cuenta de las dinámicas de configuración y despliegue de la protesta desde la experiencia del campesinado, Catatumbo resiste 53 días se construye como una apuesta de diálogo de saberes entre la producción académica y la producción (comprensión-explicación-interpretación) que realiza el campesinado catatumbero sobre las causalidades, las dinámicas, las lógicas, las contradicciones y el horizonte político del Paro. Este diálogo se encuentra ligado a la necesidad de acercar el saber académico con el saber que producen las comunidades en sus dinámicas vitales, las cuales dan lugar a las luchas y resistencias en la región. Así, pues, la perspectiva metodológica se decanta del cruzamiento de tres elementos: una perspectiva regional como el punto de partida del análisis, una apuesta epistemológica fundamentada en el diálogo y en el campesinado como productor de pensamiento (saberes teóricos y praxis), y una apuesta política orientada al reconocimiento del campesino como sujeto político.
En primer lugar, el abordaje metodológico que se planteó desde el grupo partió de la necesidad de establecer el acercamiento al territorio y a sus dinámicas, lo cual puso de presente la importancia de la comprensión de lo regional a fin de posibilitar el diálogo. A partir de la obra de Orlando Fals Borda se acotó la concepción de región, desde la cual se analizaron las dinámicas de la movilización social que cristalizaron en el Paro campesino del 2013 en el Catatumbo. La preocupación del autor por lo regional –irrigada en múltiples trabajos académicos e iniciativas políticas orientadas a generar escenarios de justicia social y autonomía regional1–, se convierte en un elemento nodal de nuestro acercamiento a las dinámicas propias de la subregión del Catatumbo.
De entrada, en su magistral Historia doble de la Costa, Fals Borda genera una reflexión en torno a la región y propone un análisis que aborde la complejidad de las dinámicas sociales, culturales, políticas y económicas regionales, enmarcándolas en la formación social en la que se constituyen y despliegan. Así, pues, la región “tiene implicaciones importantes para la práctica política, el frente ideológico y la planeación económica y social” (Fals Borda, 2002a, p. 16B). El lugar preponderante de la región en Colombia pone de presente la necesidad de analizar los escenarios locales y regionales desde una óptica que, sin perder de vista su inserción en una formación socioeconómica, informa sobre las lógicas particulares y específicas (también las contradicciones) de los relacionamientos en un determinado territorio.
En este contexto, Fals Borda plantea la importancia de la dinamicidad y la historicidad como dos elementos que, circunscritos al concepto de formación social, se tornan centrales para analizar lo regional y sus especificidades, pues “no pueden darse en el infinito social. Para que tengan sentido, deben expresarse en lo concreto, esto es, en una totalidad social delimitada por la naturaleza específica de sus articulaciones propias” (p. 17B). Asimismo, estos dos elementos son potentes en la medida en que permiten identificar “la evolución de las instituciones políticas y sociales locales con sus secuencias de continuidad y descontinuidad histórica” (p. 18B).
De este modo, la perspectiva regional se traduce en el abordaje de los territorios en cuanto construcciones sociales dotadas de sentido por quienes les dan vida en sus distintos escenarios relacionales. Esto implica, tal como se efectuó en la Historia doble de la Costa, un ejercicio orientado a la comprensión de la región que debe partir de un diálogo fluido y respetuoso entre quienes investigan desde la academia y quienes, en sus dinámicas vitales, construyen y dotan de sentido lo regional. Antes que asimilar la vida de las poblaciones a los parámetros establecidos técnica o políticamente, es necesario entender que en la construcción territorial existe un complejo despliegue enriquecido de saberes y conocimientos que las comunidades construyen dentro del propio despliegue de su potencia vital.
En este marco, el abordaje de la subregión del Catatumbo desde la convergencia de la dinamicidad y la historicidad nos permitió acercarnos al territorio como una construcción social y política cuyos contornos culturales, sociales y políticos, así como su delimitación geográfica, no se ligan de manera exclusiva a la división político-administrativa colombiana y a su institucionalidad, sino a un conglomerado de relaciones sociales que se han generado en el territorio, en el campesinado y en los pueblos indígenas, con otras colectividades humanas y con la naturaleza. De igual forma, el abordaje particular de la movilización de Ascamcat permitió identificar la perspectiva del campesinado que ha generado los contornos de su propuesta territorial, ya que esta es vital para dar cuenta de la disputa política por el territorio, lo cual ha sido y es un elemento central de la movilización social campesina estudiada.
En segundo lugar, la apuesta epistemológica desplegada en el presente trabajo se manifiesta en dos elementos interconectados y orientados a generar un diálogo de saberes fluido con las comunidades campesinas. Este diálogo, en primer lugar, pretende reconocer al campesinado como sujeto histórico y con una tradición de lucha y resistencia; en segundo, recuperar una perspectiva sentipensante como estrategia que vincula de forma amplia y compleja la razón y la emoción que se involucran en el ejercicio de movilización. Dicho diálogo busca identificar las dinámicas sociales, culturales y políticas del campesinado en su proceso de movilización y en la importancia de la reconstrucción del Paro como un ejercicio de memoria histórica presente.
El primer elemento orientado a la generación del diálogo de saberes se encuentra ligado a la recuperación del “hombre-hicotea” de Fals Borda. Esta figura alegórica que proviene de la mitología caribeña permite ilustrar el ejercicio de las resistencias de las poblaciones ribereñas frente a las múltiples amenazas que las acechan en el marco de su cultura anfibia. Como lo recordaba el maestro Fals Borda, los hombres-hicoteas aguantan, resisten, se adaptan, aman y luchan. Esto es palpable en la expresión de un campesino en torno al hombre hicotea y la importancia del aguante para su vida:
Aguantar no es sufrir. Aquí donde me ves, no me siento amargado ni quejoso. Somos todavía capaces de reír, de gozar, de tirar, de pelear a puños, de responderle a los ricos. Todavía sabemos cómo resistir y escaparnos, como cuando nos vamos a Venezuela, o como cuando invadimos tierras desocupadas para levantar casas y sembrar comida. (Fals Borda, 2002, p. 27A)
Si bien es cierto que el hombre hicotea que plantea Fals Borda está limitado espacialmente a la costa Caribe y a una parte específica de este territorio, es importante resaltar su potencia analítica en términos de la comprensión de las comunidades como portadoras de saberes y conocimientos que se despliegan en sus dinámicas relacionales y remiten a configuraciones de la región y la formación social en que esta tiene lugar. El hombre hicotea es una expresión de la cultura popular de los campesinos que deben luchar por su vida contra “ricos egoístas y gamonales abusivos”, pero se une a una tradición de lucha. Es el hombre hicotea expresión de una tradición de lucha popular que “ayuda a explicar el porqué y el cómo de la resistencia popular y de la supervivencia cultural y física de las clases explotadas, aún ante la larga ofensiva disgregadora y descomponedora de las clases dominantes en los siglos XIX y XX” (Fals Borda, 2002b, p. 52B).
Así, entonces, el hombre hicotea en cuanto expresión de la cultura popular se perfiló como un elemento de vital importancia para dar cuenta de los ejercicios de movilización social de una comunidad campesina que ha estado sitiada por la guerra y por distintos intereses económicos sobre el territorio que amenazan su vida al atacar la construcción territorial que ha tenido lugar en lo que hoy es la subregión del Catatumbo. La potencialidad del hombre hicotea en nuestra investigación se relaciona con la posibilidad de comprender la producción de saberes por parte del campesinado, en el marco de sus dinámicas vitales y de construcción territorial que han combinado el aguante y la resistencia con la creatividad y el amor.
El segundo elemento se encuentra ligado a la perspectiva sentipensante, la cual se deriva del trabajo que Fals Borda realizó con el campesinado ribereño de la costa Caribe colombiana. De entrada, es necesario resaltar que el término no lo plantea, originalmente, Orlando Fals Borda, sino que él lo recupera de un campesino ribereño con el cual dialogó en el proceso investigativo que dio origen a la Historia doble de la Costa. La perspectiva sentipensante, a diferencia del hombre hicotea, plantea una cuestión epistemológica de mucho más amplio espectro, pues pone en tela de juicio la primacía moderna de la razón sobre la emoción, y cuestiona así la perspectiva del ser humano como un animal exclusiva y predominantemente racional, para el cual las emociones son expresiones de debilidad, frivolidad e, incluso, irracionalidad.
Antes que inclinar la balanza hacia uno u otro elemento, se pone de presente que el ser humano no solo siente o piensa, sino que, muy por el contrario, la vida humana –con sus inherentes relacionamientos– remite a la convergencia de la razón y la emoción en una dialéctica sentipensante. Esta perspectiva no es determinista y, muy por el contrario, tiene la amplitud para asumir que la existencia de las formas de pensar y sentir está asociada a las múltiples relaciones y dinámicas sociales, culturales, políticas y económicas que se entretejen en las distintas sociedades y en territorios particulares.
La potencialidad de este planteamiento llevó a que se recuperara desde perspectivas teóricas e intelectuales que, con distancias entre ellas, asumen la necesidad de abordar las discusiones en torno a la producción del conocimiento desde una perspectiva amplia, la cual dé cuenta de la valía de, por una parte, la convergencia y el entrecruce de lo emocional y lo racional y, por otra, de los distintos actores que, por fuera del ámbito académico, producen saberes y conocimiento en y desde su vida cotidiana. En tal dirección, esta recuperación de la complejidad humana tiene implicaciones epistemológicas de gran calado, pues nos permite identificar saberes y conocimientos que, a la luz de los parámetros modernos occidentales, no serían tales.
Así, la perspectiva sentipensante es potente en la medida en que genera, en palabras de Xochitl Leyva, “la posibilidad de (re)valorar las prácticas de conocimiento de aquellos que ya de por sí viven o han vivido más allá de la racionalidad moderna occidental” (2015, p. 24). En el ejercicio investigativo se puso de presente la necesidad de dialogar con el campesinado, y asumir que sus planteamientos, perspectivas y acciones políticas son fruto de un proceso de construcción social y política en el que entregaron su vida. De esta manera, el territorio se encuentra plagado de reflexiones, pensamientos y emociones de un campesinado que le ha dado vida y se ha involucrado en su defensa.
Ahora bien, en tercer lugar, la perspectiva metodológica se pensó en términos de una apuesta política. El proceso investigativo se orientó hacia el reconocimiento del campesinado como sujeto político, e identificó así las dinámicas prácticas y teóricas ligadas a las dinámicas vitales en su proceso de construcción territorial, con lo cual generó un proceso de indagación en el que convergen “la investigación científica y la acción política para transformar radicalmente la realidad social y económica y construir el poder popular en beneficio de los explotados” (Fals Borda, 1985, p. 125). En consonancia con la perspectiva de diálogo de saberes, se dio lugar a un ejercicio académico situado en el que se abordan las dinámicas de organización y movilización del campesinado en defensa de su territorio y en contra de las dinámicas de desposesión y explotación que han marcado sus vidas.
En este marco, el proceso de investigación no se concibió como un ejercicio de abstracción académica; por el contrario, se asumió como “un paso en la formación de un pensamiento popular del que derivan expresiones prácticas políticas” (p.113). Esta perspectiva da cuenta de la potencialidad de la investigación, pues el reconocimiento de los saberes populares y su diálogo con los académicos permiten identificar repertorios políticos y la configuración de un horizonte político que se desprende de las luchas que se cristalizan en el Paro. Así, entonces, se genera una mirada que privilegia la perspectiva del campesinado como sujeto político que condensa relaciones de retroalimentación entre las prácticas políticas que tienen lugar en la protesta y el horizonte de sentido que las soporta.
En fin, en el proceso de escritura del libro se generó una dinámica de retroalimentación en la que la producción del conocimiento no estuvo signada exclusivamente por las dinámicas y los planteamientos del equipo de investigación, sino que se fundamentó en el trabajo mancomunado y respetuoso con el campesinado. Desde el grupo de investigación se asumió que “el informe final sigue siendo propiedad de la comunidad investigada, la cual tiene el derecho primario a conocer los resultados, discutirlos, digerirlos para sus propósitos y autorizar las publicaciones” (p. 111). Tanto el libro en su conjunto como los distintos resultados del trabajo investigativo se sometieron al examen y la crítica de la organización campesina, a fin de de lograr que lo publicado diera cuenta del diálogo establecido. Las revisiones abarcaban desde cuestiones de estilo o meramente formales hasta las proposiciones conceptuales y los planteamientos generados en torno al Paro, así como las estrategias organizativas del campesinado.
ACUERDOS DE TRABAJO ENTRE EL GRUPO DE INVESTIGACIÓN Y LA ORGANIZACIÓN CAMPESINA
Al tomar en consideración todos los elementos anteriores que han permitido al equipo de investigación asumir una postura conceptual y metodológica relacionada con el diálogo de saberes y la producción de conocimiento desde escenarios populares y organizativos, el proceso de elaboración del libro del Paro del Catatumbo se orientó según los siguientes puntos:
1.Insumos de la investigación. Durante las primeras etapas de construcción del libro, el equipo de trabajo contó con diversas fuentes de información compartidas por la Ascamcat. Es así como la escritura del libro utilizó, principalmente, relatos y entrevistas que la asociación había realizado sobre el evento de protesta del Paro. De igual forma, la asociación compartió con el grupo fotografías, videos y comunicados que enriquecieron cada capítulo. Finalmente, el equipo realizó salidas a terreno que le permitieron un acercamiento al proceso del Paro por medio de las voces y entrevistas de algunos líderes del movimiento campesino.
2.Lectura colectiva del libro. El primer borrador del libro se envió a las comunidades campesinas por medio de representantes de la Ascamcat. De esta manera, las comunidades conocieron el producto de investigación en proceso y, a su vez, el equipo de investigación recibió los respectivos comentarios, las correcciones y las sugerencias de parte de los protagonistas del Paro.
3.Evento de socialización. En julio del 2017, el grupo de investigación realizó una presentación sobre el libro durante una reunión de balance de delegados y presidentes de juntas de acción comunal asociadas a la Ascamcat, evento realizado en la vereda La Vega, municipio de San Antonio. En esta oportunidad el equipo recogió de nuevo comentarios y sugerencias de los capítulos.
4.Reuniones con líderes de la Ascamcat. Durante todo este proceso de elaboración de los respectivos capítulos, el equipo mantuvo encuentros periódicos con los representantes de la asociación, quienes orientaron constantemente el proceso de edición del libro, definieron temáticas, problemas y hechos representativos del Paro y se involucraron en la selección del título.
5.Por último, en el marco de la ruta editorial del libro, el equipo de investigación y la Ascamcat decidieron la coautoría de cada capítulo del libro que se presenta a continuación.
REFERENCIAS
Ascamcat (Asociación Campesina del Catatumbo). (2014). Relato colectivo del Paro Campesino del Catatumbo (junio, julio y agosto de 2013) (documento inédito).
Ascamcat (Asociación Campesina del Catatumbo-Ascamcat), ACT Alliance, ECICP (Equipo Colombiano de Investigación en Conflicto y Paz) e Iglesia Presbiteriana de Colombia. (2014). Catatumbo; un territorio en disputa. Notas aproximatorias al conflicto.
Ascamcat (Asociación Campesina del Catatumbo-Ascamcat) y CCALCP (Corporación Colectivo de Abogados Luis Carlos Pérez). (2012a). Plan de desarrollo alternativo para la reconstrucción y permanencia de la economía campesina en la región del Catatumbo-Norte de Santander.
Ascamcat (Asociación Campesina del Catatumbo-Ascamcat) y CCALCP (Corporación Colectivo de Abogados Luis Carlos Pérez). (2012b). ¿Qué es la reserva campesina y el Plan de desarrollo alternativo para la reconstrucción y permanencia de la economía campesina en la región del Catatumbo?
Carvajal, C. (s. f.). Lecturas territoriales en clave de paz. Región del Catatumbo. Redprodepaz, Cinep, Departamento de Prosperidad Social, Unión Europea.
CCALCP (Corporación Colectivo de Abogados Luis Carlos Pérez). (2012, abril). Catatumbo, territorio de paz. Informe de derechos humanos Bucaragamanga.
Cruz, E. (2017). La protesta campesina en el Catatumbo Colombia (2013). Un análisis sociopolítico. Mundo Agrario, 18(39), e073. DOI: https://doi.org/10.24215/15155994e073.
Fals Borda, O. (1985). Conocimiento y poder popular. Bogotá: Siglo XXI Editores.
Fals Borda, O. (2002a). Historia doble de la costa (tomo I). Bogotá: El Áncora Editores.
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Leyva, X. (2015). Introducción a los tres tomos. En Prácticas otras de conocimiento (pp. 23-34). San Cristóbal de las Casas: Cooperativa Editorial Retos.
Loingsigh, G. (2008). Catatumbo: un reto por la verdad. Colombia: Comité de Integración Social del Catatumbo-Cisca.
Martínez, P. (2012, enero-junio). Tendencias de acumulación, violencia y desposesión en la región del Catatumbo. Ciencia Política, (13), 2012, 113-149.
Ordóñez, F. (2007). Notas para una aproximación a la dinámica del conflicto armado en El Catatumbo. Ciencia Política, (4).
PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) y Embajada de Suecia. (2014). Catatumbo: análisis de conflictividades y construcción de paz.
Torres, A. A. (2010). Impacto de la cooperación internacional, en la sustitución de cultivos ilícitos y ordenamiento del Catatumbo. Estudio de caso del municipio de Tibú-Norte de Santander (2001-2007). Universidad Nacional de Colombia.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Fals Borda, O. (1996). Región e historia. Elementos sobre ordenamiento y equilibrio regional en Colombia. Bogotá: Tercer Mundo Editores, Iepri.
Fals Borda, O. (2000). Acción y espacio. Autonomías en la nueva República. Bogotá: Tercer Mundo.
Fals Borda, O. (2001). Kaziyadu. Registro del reciente despertar territorial en Colombia.
Fals Borda, O. (2013). Socialismo raizal y el ordenamiento territorial.
1El abordaje de lo regional por parte de Orlando Fals Borda estuvo signado por la convergencia de la producción académica y el compromiso político. Esto hace que su preocupación por lo regional se exprese tanto en escenarios institucionales del tipo de la Comisión de Ordenamiento Territorial (COT) derivada de la Constitución de 1991 como en la producción de obras como Historia doble de la Costa (2002); Región e historia. Elementos sobre ordenamiento y equilibrio regional en Colombia (1996); Acción y espacio. Autonomías en la nueva República (2000); Kaziyadu. Registro del reciente despertar territorial en Colombia (2001), y Socialismo raizal y el ordenamiento territorial (2013). Aunque con distintas intensidades, la reflexión en torno al problema regional está presente en estas producciones académicas.

CATATUMBO: UN TERRITORIO EN DISPUTA, UNA REGIÓN QUE RESISTE

DIANA XIMENA MACHUCA PÉREZ*
ANDRÉS LOZANO REYES**
JESÚS ANDRÉS CHICAÍZA TARAMUEL***
LAURA CHICA VELÁSQUEZ****
MARÍA CRISTINA CORREDOR ÁVILA*****
De los campesinos aprendí mucho: su resistencia, su
perseverancia, su dignidad... la berraquera que manejan
los campesinos a diario. Yo soy relativamente joven y
me impresiona la sabiduría del campesino, tan berraca.
A veces, campesinos que no sabían leer ni escribir me
llamaban y me decían cosas que lo hacían sentir a uno
tranquilo en momentos muy difíciles.
ASOCIACIÓN CAMPESINA DEL CATUMBO (ASCAMCAT) (2014, P. 16)
E l 2013 fue un año como pocos en la historia de la comunidad campesina del Catatumbo. Durante más de dos meses los campesinos y campesinas de la región se tomaron las carreteras exigiendo atención y solución por parte del Gobierno nacional a las necesidades sociales y económicas de la comunidad.
El Paro campesino del Catatumbo se inició, de hecho, en la vereda Miramontes el 7 de mayo de 2013 –casi un mes antes del inicio “oficial” del Paro–. Un grupo de 150 campesinos y campesinas se plantó al anochecer de ese día en mitad de La Uno, justo frente al Batallón que queda en mitad de la vía [entre Tibú y Versalles], y se tomó ese tramo de la carretera. Estaban hartos de que el Gobierno siguiese erradicando los cultivos de coca con los que sacaban el sustento para sus familias, sin ofrecerles nada a cambio. (Ascamcat, 2014, p. 1)
El cierre de la vía tenía una intención: impedir la entrada del Ejército, el cual por esos días apoyó la erradicación forzada de los cultivos de coca a través de acciones violentas contra la población civil que se oponía. “En ese momento le dijimos al Ejército que ya no lo dejábamos entrar, que nos tenían que respetar. Agarramos una cerca y la tapamos con cuerdas y alambre. Pasamos la noche al claro, los varones prestando seguridad sin dormir ni un minuto: allí dentro había gente resignada a morirse” (Ascamcat, 2014, p. 1).
La respuesta de la Alcaldía de Tibú no se hizo esperar. A las nueve de la noche envió un delegado, quien anunció que, al día siguiente, el alcalde de Tibú los recibiría. Varios líderes campesinos asistieron al encuentro a la hora establecida, pero la respuesta no fue alentadora:
[...] el hombre nos dijo que no tenía nada que ver con esto (en las erradicaciones), que él se lavaba las manos, que regresáramos a la vereda y que si queríamos matar a los erradicadores, que los matásemos […] ¡Eso nos dijo el alcalde! También dijo que no era capaz de parar las erradicaciones, que eran cosas del Gobierno. (Ascamcat, 2014, p. 1)
Aunque regresaron resignados a abrir la vía sin más, una asamblea se organizó de forma espontánea y la determinación al final de las discusiones, de manera sorprendente, fue otra: volver a tomarse la vía. Así, estas acciones de hecho se percibieron como uno de los medios más importantes de la protesta campesina a través del cual el movimiento ejerció presión sobre las negativas y los desencuentros con el Gobierno.
Durante las últimas semanas de mayo y la primera de junio, reconocidos dirigentes campesinos (muchos de ellos líderes de Ascamcat y presidentes de juntas de acción comunal) llevaron a cabo una serie de reuniones y asambleas en varias veredas: Miramontes, El Retiro, Guachimán, Kilómetro 25 y Sardinata, entre otras, además de recorridos por la zona fronteriza (en La Gabarra, 25 de Julio, etc.) en los que consultaban a las comunidades y preparanban la acción colectiva que iba a paralizar el Catatumbo durante alrededor de dos meses.
Dos sábados antes de empezar el Paro, Chabela viajó de nuevo para reunirse con comunidades campesinas. […] Esta vez, la esperaban en la vereda Kilómetro 25, también en el área del Tibú y, de nuevo, la posibilidad de un Paro fue vista masivamente por el campesinado como la única opción de dignidad posible. Tras esa reunión, Chabela viajó al día siguiente a Tibú y, de nuevo, socializó lo hablado el día anterior con más campesinos y campesinas de veredas por allá cerca, como Miramontes, donde el Paro estaba empezando a organizarse de facto, o Sardinata. […] La reunión de Tibú se hizo un domingo en el Club Barquito […] en esa reunión, el Paro adquirió definitivamente solidez y se tornó real. Junto a Jefferson y a Guillermo Jota Quintero (ambos también dirigentes de la Ascamcat) ese día se decidió la fecha y hora: el 11 de junio de madrugada se tomaban la vía. Ya estaban listos los datos clave, y todo por consenso: no hubo una sola disensión, recuerda Chabela. (Ascamcat, 2014, p. 3)
A la una de la madrugada del 11 de junio del 2013, el campesinado que decidió botar palos y quemar llantas en medio de la carretera La Cuatro, a las afueras de Tibú, llevó a cabo una gran acción colectiva de dignidad y resistencia: el Paro del 2013, por el cual se expresaba la furia justificada por la necesidad vital de levantarse contra las condiciones injustas y violentas vividas en el Catatumbo colombiano.
La movilización del 2013, protagonizada por Ascamcat, no se puede concebir ni analizar como un evento aislado y meramente reactivo a la coyuntura. La organización y la movilización en el Catatumbo han estado presentes desde décadas atrás, pues las dinámicas de explotación de recursos naturales por capitales nacionales e internacionales, de conflicto armado y de abandono estatal han generado un escenario de constante amenaza y violación a los derechos (fundamentales, sociales, económicos, ambientales, civiles y políticos) de la población catatumbera, incluido el pueblo indígena barí. En este contexto, la organización y la protesta han sido decididamente las vías para la resistencia y permanencia en el territorio por parte de las comunidades.
UN TERRITORIO EN DISPUTA
La región del Catatumbo colombiano es una de las más apreciadas en el territorio nacional. Las luchas sociales y políticas que históricamente se han sostenido en la región son indicadores del altísimo valor social, ambiental y económico de esta zona. Su diversidad y riqueza nos invita a considerar los diferentes usos que se le dan a su suelo y los diversos campos de posibilidades que se abren para el mundo agrícola campesino. La región adquiere especial importancia entre lugareños, residentes en el territorio, así como aquellos actores externos quienes se lucran (o pretenden hacerlo) desde afuera con las riquezas del Catatumbo. Es así como en múltiples periodos el territorio catatumbero se ha configurado en medio de la disputa de intereses entre los que viven en el territorio y los foráneos, quienes pretenden la explotación de recursos y la generación de capital.
Esta es una región geográfica transfronteriza que comparten Venezuela y Colombia, y su extensión colombiana se encuentra en el departamento de Norte de Santander. Su diversidad climática la convierte en una región privilegiada para la producción agrícola. La gran región puede dividirse en tres subregiones: el Alto Catatumbo (que comprende los municipios de El Carmen y Convención); el Medio Catatumbo (que integra a Teorama, San Calixto, Hacarí, Ocaña y La Playa); y el Bajo Catatumbo (que comprende a Tibú, El Tarra y Sardinata). A cada subregión le corresponde una condición climática diferente, lo que significa, en términos generales, la posibilidad de una producción agrícola diversa y sostenible que beneficia a la economía de las familias campesinas.
El Catatumbo alberga una inmensa riqueza natural en recursos minero-energéticos, especialmente de petróleo y carbón. La minería ha ocupado un lugar destacado en la economía del departamento, entre otras cosas por la cantidad y la calidad de los carbones que allí se encuentran. Las principales zonas mineras del departamento se ubican en Catatumbo y Tasajero, y en otras zonas con menor grado de potencial como, por ejemplo, Zulia-Chinácota, Pamplona-La Don Juana, Salazar y Toledo. El departamento posee reservas medidas de carbón de 119,69 millones de toneladas (Mt) (Ministerio de Minas y Energía, s. f.).
Con respecto a la estructura de tenencia y uso de la tierra se presenta, por una parte, el desarrollo económico basado en la sobreexplotación del suelo como consecuencia de los grandes proyectos de producción agroindustrial; por otra, la problemática del cultivo de hoja de coca; y, por último, la extracción de recursos minero-energéticos. Es claro que este tipo de desarrollo supuso efectos perversos sobre la organización y la distribución del territorio, en especial sobre el tejido social del campesinado catatumbero.
La exigencia de apoyo estatal para la producción agrícola en la región ha sido un punto de partida de la lucha histórica de los campesinos del Catatumbo, pues desde las primeras olas de colonización el apoyo de las instituciones ha sido casi inexistente. Con la “entrada extensiva” de la hoja de coca en la zona durante la década de los noventa del siglo XX (con sus impactos en la vocación productiva de los campesinos, en la organización espacial, en la economía regional y en el desarrollo del conflicto armado), así como con el aumento de la conflictividad armada en la región, el Gobierno nacional empezó a proponer alternativas para la sustitución de los cultivos de uso ilícitos, medidas que estuvieron acompañadas por la erradicación forzada y, principalmente, por la incursión de las aspersiones aéreas.
Las propuestas de los diferentes gobiernos no han surgido de espacios de diálogo con los campesinos del Catatumbo. Por el contrario, han consistido en estrategias para el tratamiento penal y militar del cultivo de coca, con el fin de justificar la imposición de programas de erradicación y sustitución que transgreden la identidad campesina y las condiciones materiales de vida de las comunidades. La propuesta del Estado se ha basado en la sustitución impuesta de cultivos de uso ilícito por productos agrícolas con potencial exportador y agroindustrial; esto, apalancado en planes de corte militar como el “Plan Colombia”, cuya estrategia de erradicación se basó en las aspersiones aéreas y en la erradicación manual forzada de los cultivos de coca.
Aun con la ejecución de estas estrategias que perjudicaron el bienestar de las comunidades campesinas, el cultivo de coca se mantiene como una alternativa de supervivencia en el Catatumbo, sobre todo, en municipios como Tibú, El Tarra, Sardinata y Teorama, tal y como se presenta en la tabla 1.
La crisis social que se generó con las erradicaciones violentas de los cultivos de hoja de coca, la cual se ha narrado desde la década de los noventa del siglo XX, ha confluido con un panorama violento de ataques sistemáticos a la población campesina catatumbera por parte de grupos guerrilleros y paramilitares. Muchos de estos actos violentos combinaron una serie de repertorios que dieron lugar a terribles masacres, desapariciones y torturas que, en algunas ocasiones, fueron escenificadas en lugares públicos (vías, retenes), así como ejecuciones en días de mercado (Centro Nacional de Memoria Histórica [CNMH], 2015, p. 91). Esta situación del conflicto armado se rescata en el siguiente relato sobre la violencia paramilitar:
Vi asesinatos atroces que uno, uno a esa edad queda como con un trauma. ¿En qué sentido? Tener uno que ver morir un familiar, o mi propio padre como lo vi morir, sin algo que… totalmente él no debía nada. De repente él tenía un viaje y acabábamos de llegar cansados esa noche del entierro de su propio hermano y tener que verlo morir esa noche. Su propia familia no lo vio. Ausente su madre. Ninguna de su familia pudo estar en el sepelio de él. [¿Por qué?] Porque ellos hicieron de la masacre y totalmente cerraron vías. Que si sacaban un cadáver le metían candela. […] No lo dejaban sacar, ni dejaban que nadie entrara. Aparte de todo, pasó eso. Dijeron que si quedaba algún retoño, tenían que acabar con todo. Porque ellos no podían dejar rastro, ni nada que les perturbara en el camino. (Ojeda, 2013)
Pese a que el discurso paramilitar siempre se distinguió por su aire antisubversivo, estas justificaciones escondían intereses que para el campesino catatumbero resultaban importantes a la hora de explicar la presencia y la expansión paramilitar en su territorio: “Por la coca, por las minas y los minerales, por eso mataron y asustaron a los campesinos para que se fueran, para ellos explotar esas minas más fácil, y también por las fuentes petroleras” (CNMH, 2015, p. 91). Otro tipo de relatos, provenientes de generaciones más jóvenes, también han asumido la íntima relación que existe entre el conflicto, la violencia y los intereses económicos: “La violencia en el Catatumbo se ha generado por este tema de explotar al Catatumbo en petróleo, en carbón, la palma. Por eso se ha venido generando este tipo de violencia en el Catatumbo” (Ojeda, 2013).
TABLA 1. Hectáreas de coca cultivada en el Catatumbo (2006-2016)

Fuente: Datos Simci-UNODC.
La estrategia de violencia contra la población civil y el posterior desplazamiento de las víctimas sobrevivientes son factores que aprovechan entonces los paramilitares para efectuar el despojo de la tierra y la puesta en marcha de proyectos agroindustriales, principalmente relacionados con la palma. Al respecto, el siguiente testimonio precisa esta situación:
Con la llegada de los paramilitares la vida nuestra cambió. El pan de cada día eran los muertos: en el 2000, cuando entraron, hicieron varias masacres y el miedo se apoderó de todo el mundo; a muchos nos dijeron que teníamos que irnos, otros salieron corriendo antes de recibir la orden de salida. […] Yo dejé tirada la tierra en 2003 porque estaban matando mucha gente […] primero me fui para Venezuela porque mi esposa tiene familia allá y luego nos vinimos para Cúcuta. Yo no supe nada de la tierra hasta el 2008 porque un señor me dijo que la tierra me la habían invadido y que estaban sembrándole palma. (Uribe Kaffure, 2013, p. 267)
Estas dinámicas agroindustriales pueden ser visibles en la región del Catatumbo, de acuerdo con cifras del Ministerio de Agricultura del 2016 (véase la figura 1). Según esta gráfica, la palma de aceite tiene una participación del 20 % del área sembrada para el caso del departamento de Norte de Santander, consolidándose como el segundo cultivo dentro de la producción departamental, después del cacao.

FIGURA 1. Participación de cultivos por área sembrada en Norte de Santander 2016. Fuente: Agronet-Ministerio de Agricultura.
El aumento en la extensión y el cultivo de palma de aceite es significativo en Tibú, donde el área sembrada ha pasado, en el 2007, de 5300 hectáreas sembradas a 23 850 para el 2016, tal y como se resalta en la figura 2.

FIGURA 2. Palma de aceite Tibú (2007-2016). Fuente: elaboración propia con base en datos de Agronet-Ministerio de Agricultura.
La expansión de monocultivos en el Catatumbo, según Martínez (2012), resulta de tres fuerzas impulsoras: 1) políticas y diseños institucionales de desarrollo rural basados en la producción de materias primas y la producción agroindustrial, principalmente de palma de aceite; 2) la presencia de grupos armados, algunos de los cuales estuvieron involucrados en el despojo de tierras y la puesta en marcha de proyectos agroindustriales; y 3) la inserción de intereses extranjeros mediante la financiación internacional derivada de planes de erradicación forzada de cultivos de hoja de coca (pp. 130-131).
Se trata, entonces, de la interrelación de varios elementos. Por una parte, la apertura económica en la que se insertó Colombia durante la década de los noventa del siglo pasado, los cambios en los usos del suelo derivados de dicha apertura y la importancia que cobraban los mercados ilegales, –así como toda la cadena productiva de la cocaína–, de los que el campesinado era el eslabón más bajo. Luego, se dio el intento del Estado nacional por frenar la expansión de las economías ilegales con el ataque a los cultivos de hoja de coca, sin proponer alternativas viables de vida digna para los campesinos dedicados a esta labor y el fomento a la inserción de capitales agroindustriales. Finalmente, toda esta dinámica estaba acompañada por el recrudecimiento de los conflictos entre grupos armados al margen de la ley por el control de territorios y rutas de comercialización en la región. La situación de disputa puede describirse en las siguientes palabras de un campesino catatumbero:
Porque eso es lo que ellos quieren. Arrancar la coca. Y al ver que no hay proyectos no hay nada, no tenemos por donde salir si sembramos. Ellos dicen: “No ¡la gente se tiene que ir! la gente se tiene que ir y nos queda el Catatumbo libre”. Yo sé que la arremetida paramilitar fue para eso. Metieron terror a la gente, mataron la gente, para que nosotros saliéramos y dejáramos el Catatumbo solo. Para ellos llegar a revolcar la tierra abrir el carbón a cielo abierto y a reventar las esmeraldas, las minas, el oro. Sabemos que el Catatumbo es el más rico que hay aquí en Colombia. Y es el que tienen más en mira. […] Yo quisiera que, y nosotros los campesinos, nos unamos y no dejemos acabar el Catatumbo. El Catatumbo es la mejor riqueza que hay en Colombia. (Ojeda, 2013)
UNA HISTORIA DE LUCHAS Y RESISTENCIA
A la par que se configuraron todos los intereses de este tipo sobre el plano del desarrollo económico en la región, así como en la dinámica del conflicto armado, la voz de protesta de los sectores populares se ha hecho escuchar en múltiples oportunidades en la historia reciente del Catatumbo, de tal manera que el Paro campesino del 2013 no se configura como un hecho aislado y coyuntural.
Las primeras luchas de resistencia las protagonizaron los trabajadores y los campesinos asociados a la explotación petrolera en la región catatumbera. Así, entre 1934 y 1971 los trabajadores petroleros llevaron a cabo siete huelgas, en las que exigían mejores condiciones (alimentación, agua potable, escuela nocturna, seguridad industrial y cese a los despidos, entre otras) (Minga y Fundación Progresar, 2008, p. 44). En el documento Memoria: puerta a la esperanza (2008), se narra cómo, durante la década de los sesenta del siglo XX, los trabajadores desarrollaron diferentes movimientos con el fin de presionar la reversión de una de las concesiones petroleras, y cómo en 1971 los trabajadores petroleros de Tibú “lanzaron una huelga que desembocó en un paro cívico departamental” (p. 32). Asimismo, en medio de los procesos de colonización alrededor de las zonas petroleras, por los cuales se configuraron de manera progresiva los que hoy son municipios como El Tarra, Tibú y La Gabarra, se organizaron comités y procesos cooperativos, comunales y sindicales.
Entre las décadas de los setenta y la de los noventa se fortaleció la capacidad organizativa y de articulación; las juntas de acción comunal adquirieron capacidad de convocatoria y autogestión, y se convirtieron en espacios de construcción de conciencia sobre los intereses de los campesinos y de propuesta alternativa. Alrededor de ellas también se tejieron importantes experiencias comunitarias de economía solidaria por medio del cooperativismo, de las que también hicieron parte los trabajadores petroleros y los indígenas barí. Adicionalmente, surgió la Asociación de Usuarios Campesinos (ANUC), la cual reivindicó la necesidad de una reforma agraria y adquirió reconocimiento nacional como movimiento campesino (CNMH, 2015; Minga y Fundación Progresar, 2008).
En 1987 se llevó a cabo el “Paro del nororiente”, el cual respondía a un conjunto de conflictos acumulados: “el de los hospitales, los maestros, los petroleros de Tibú y Barrancabermeja, los campesinos tabacaleros. Además, había muchas necesidades en el Catatumbo y en general en las zonas campesinas de estos departamentos” (Minga y Fundación Progresar, 2008, p. 158). Si bien se llegó a acuerdos con las autoridades gubernamentales con base en un pliego de peticiones de los campesinos, el incumplimiento de estos llevó a una nueva movilización en 1988 que reunió a más de veinte mil campesinos (Restrepo, 2013).
Pese a estos sentidos de organización y resistencia en el Catatumbo, el asedio de la violencia que empezó en la década de los noventa del siglo XX se hizo notar: “Se desataron así formas de represión de la protesta popular expresadas en allanamientos de las casas de los líderes y de las sedes de las organizaciones sociales, detenciones arbitrarias de los dirigentes sociales, consejos verbales de guerra y otras formas de silenciamiento y amedrentamiento del descontento social” (Minga y Fundación Progresar, 2008, p. 71). Por ejemplo, tras la experiencia del Paro en 1987 se presentaron una serie de amenazas, una oleada de asesinatos a los líderes de la Coordinadora Popular del Paro y algunos casos de desaparición forzada (CNMH, 2015, p. 56).
Por otra parte, la participación política en la región catatumbera por medio del fortalecimiento de fuerzas políticas como, por ejemplo, la Unión Patriótica, A Luchar o el Frente Popular, también se vio seriamente afectada por estas dinámicas de guerra:
En la contienda electoral de 1995 se decía “que estos son elenos, que estos son farianos, que estos son del Frente Popular. Comenzaron los vecinos a enfrentarse. Así pasaron muchas cosas y hubo muchos problemas y decisiones arbitrarias, como presiones, amenazas, señalamientos e incluso el secuestro de un candidato del Partido Liberal dejado en libertad después del proceso electoral. (CNMH, 2015, p. 58)
Así como ocurrió en tantas regiones del país a mediados de la década de los noventa e inicios del nuevo milenio, en el Catatumbo el aumento de la violencia política y sus distintos repertorios dieron paso al protagonismo de la confrontación violenta y de los actores armados, en contravía de las protestas populares y sociales, así como de sus dirigentes y liderazgos. No sería sino hasta la entrada del 2005 y el 2006 que florecerían de nuevo las iniciativas comunitarias y organizativas en la región, lideradas por la propuesta de organización de una asociación campesina.
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