Kitabı oku: «La inerrancia bíblica»

La
INERRANCIA
Bíblica
Ensayo sistemático,
exegético e histórico
Andrés Messmer
y
José U. Hutter

| Editorial CLIE C/ Ferrocarril, 8 08232 VILADECAVALLS (Barcelona) ESPAÑA E-mail: clie@clie.es http://www.clie.es | © 2021 por Andrés Messmer y José Uwer Hutter «Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 917 021 970 / 932 720 447)». © 2021 Editorial CLIE |
LA INERRANCIA BÍBLICA
ISBN: 978-84-17620-96-7
eISBN: 978-84-1-7620-97-4
Estudio Bíblico
Hermenéutica y exégesis
Acerca de los autores
JOSÉ UWE HUTTER, nacido en Alemania, tiene una licenciatura y máster en Teología por la STH (Basilea, Suiza); una especialización en lenguas bíblicas (hebreo, griego y arameo) y un doctorado en divinidades por la Facultad Teológica Cristiana Reformada (Madrid).
Es profesor ordinario en la Facultad Teológica Cristiana Reformada, presidente del departamento de teología del Instituto Bíblico Online y miembro de la comisión teológica de la Alianza Evangélica Europea.
ANDRÉS MESSMER, licenciado por Faith Baptist Bible College (Iowa, EE.UU.), tiene un máster en divinidades por el Phoenix Seminary (Arizona, EE.UU.) y un doctorado por el Evangelical Theological Seminary (Lovaina, Bélgica). Es profesor en el IBSTE (España) y decano académico de máster en el Seminario Teológico de Sevilla.
Contenido
Abreviaturas
Introducción
I.Inerrancia y la naturaleza de la Biblia
1.Introducción
2.Formas de argumentación
2.1.Lógica deductiva
2.2.Lógica inductiva
2.3.Lógica abductiva
2.4.Resumen
3.Las palabras de Dios son verdad
3.1.La plena verdad de Dios en general
3.2.La plena verdad de Dios con respecto a sus palabras
3.3.Conclusión
4.La Biblia es la Palabra de Dios
4.1.Evidencias de que la misma Biblia declara su propio origen divino y su reconocimiento posterior como tal
4.2.Inspiración verbal
4.3.Inspiración plenaria
4.4.La encarnación como posible ilustración para comprender la inspiración de la Biblia
4.5.Resumen
5.Por tanto, la Biblia es veraz
5.1.En sus “autógrafos” originales
5.2.Cuando es interpretada correctamente
5.3.Cuando todos los hechos son conocidos
5.4.Con diversos grados de claridad y precisión que corresponden a sus propósitos
5.5.Conclusión
6.Lo que no es la inerrancia
6.1.Visiones particulares de la inspiración
6.2.Fundamentalismo (americano)
6.3.Hermenéutica
7.Conclusión
II.Una exégesis de los textos clásicos de la inspiración
1.Introducción
2.Exégesis de 2 Timoteo 3:14-17
3.Exégesis de 2 Pedro 1:19-21
4.Conclusión
III.La inerrancia según la Iglesia primitiva
1.Introducción
2.Testimonio de la Iglesia primitiva
3.Resumen
IV.El canon de la Biblia
1.Introducción
1.1.El criterio profético o apostólico
1.2.El criterio de la autoridad
1.3.El criterio del contenido
1.4.El criterio de la exactitud histórica y dogmática
2.La formación del canon del Antiguo Testamento
2.1.Comunicaciones vinculantes
2.2.Fijación de las comunicaciones vinculantes
2.3.Colección de los documentos
2.4.El establecimiento del canon y de sus límites
2.5.Los libros apócrifos
3.La formación del canon del Nuevo Testamento
4.La auto autentificación de las Escrituras
5.Resumen y conclusión
V.Apéndice: documentos relacionados con la Conferencia Internacional de la Inerrancia Bíblica
1.Prefacio
2.Una declaración corta
3.Artículos de afirmaciones y negaciones
4.Exposición
Índice de autores, por capítulo
Índice de referencias bíblicas, por capítulo
Dedicamos este libro al Dr. Norman Geisler (1932-2019),
que falleció durante la creación del mismo. En gran parte, es
gracias a él que hay una nueva generación de cristianos que
proclamamos: “Lo que dice la Biblia, lo dice Dios”.
Abreviaturas
| 1 Clem | 1 Clemente |
| ARN | Avot de Rabí Natán |
| ATR | Anglical Theological Review |
| BARev | Biblical Archaeological Review |
| BDAG | Walter Bauer et al., A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature |
| BHS4 | Biblia Hebraica Stuttgartensia, 4ª edición |
| Bovell, Interdisciplinary Perspectives | Carlos Bovell (ed.), Interdisciplinary Perspectives on the Authority of Scripture: Historical, Biblical, and Theoretical Perspectives |
| Carson, Enduring Authority | D. A. Carson (ed.), The Enduring Authority of the Christian Scriptures |
| Geisler, Inerrancy | Norman Geisler (ed.), Inerrancy |
| HALOT | The Hebrew and Aramaic Lexicon of the Old Testament |
| Hannah, Inerrancy | John Hannah (ed.), Inerrancy and the Church |
| IEJ | Israel Exploration Journal |
| Ignacio, Ef; Mag; Rom; Esm; Tral | cartas a los efesios, magnesios, romanos, esmirniotas y tralianos |
| Orr, ISBE | James Orr (ed.), International Standard Bible Encyclopedia |
| JETS | Journal of the Evangelical Theological Society |
| Josefo, Antig; Con. Ap. | Antigüedades; Contra Apión |
| JR | The Journal of Religion |
| JSNT | Journal for the Study of the New Testament |
| JSOT | Journal for the Study of the Old Testament |
| LCL | Loeb Classical Library |
| m. | Mishnah Avot; Ber.; Hor.; Maas. Sh.; Meil.; RoshHa.; Sot.; Taan.; Yoma: tratados Avot, Berajot, Horayot, Maaserot Sheni, Meilá, Rosh Hashaná, Sotá |
| NA28 | Nestle-Aland Novum Testamentum Graece, 28ª edición |
| NIGTC | New International Greek Testament Commentary |
| PG | Patrologia Graeca |
| PL | Patrologia Latina |
| Policarpo, Fil | carta a los filipenses |
| UBS5 | United Bible Societies Greek New Testament, 5ª edición |
| WBC | Word Biblical Commentary |
Introducción
Como ha señalado Wayne Grudem en su obra magisterial sobre la teología sistemática, la doctrina de la inspiración conlleva —por lo menos—cuatro consecuencias: autoridad, claridad, necesidad y suficiencia.1 Bajo el encabezamiento de autoridad se encuentra la relación entre la Biblia y la verdad. Es decir, la inspiración conlleva la autoridad, la cual a su vez conlleva afirmaciones respecto a la verdad. La doctrina específica que trata este tema se llama “la inerrancia” y es el tema de este libro.
El debate sobre la inerrancia es uno que se ha luchado principalmente en países con tradición protestante y, por tanto, en los idiomas alemán, holandés, francés y sobre todo inglés; pero dos motivos nos han movido a escribir un libro sobre el tema para el mundo de habla hispana. Primero: el tema en sí merece la pena. Los cristianos deben saber qué tienen en las manos cuando abren la Biblia. La Biblia es el libro más importante para los cristianos, sobre ella muchos han basado su fe y práctica, y deben saber si contiene errores —por ejemplo, de tipo científico, arqueológico, filosófico, religioso, etc.— o no. Segundo: hemos visto en los últimos años un creciente interés en la inerrancia dentro del mundo de habla hispana, demostrado por el creciente espacio dedicado al tema en varias plataformas sociales, tanto por los que la atacan como por los que la defienden. Por desgracia, hemos notado también que, en muchos casos, los dos bandos están mal informados, y sus críticas y defensas respectivas solo aportan más confusión al respecto. Así que, por estos dos motivos, hemos decidido dedicarnos al tema de manera seria y responsable.
Para los que están interesados en el trasfondo más específico del libro, los capítulos expuestos aquí tienen su origen en una conferencia que los dos autores dimos sobre el mismo tema el día 11 de noviembre de 2018 en Madrid para celebrar el 40 aniversario de la renombrada Conferencia Internacional sobre la Inerrancia Bíblica (ICBI según sus siglas en inglés), un hito de mucha importancia respecto a la inerrancia. En la conferencia también expusimos sobre dos temas adicionales, a saber, una respuesta a dos teólogos españoles que recientemente habían criticado fuertemente la inerrancia, y una ponencia sobre la relación entre la inerrancia y la predicación. No hemos incluido aquí dichas ponencias porque quedaban fuera de nuestro enfoque principal, que es tratar con unos de los temas más importantes relacionados con la inerrancia. Sin embargo, esperamos que los lectores puedan ver la aplicación práctica que la inerrancia tiene para nuestras iglesias: trata con la Palabra que leemos, estudiamos y predicamos y sobre la cual basamos nuestra fe en Jesucristo.
En cuanto al plano del libro, tiene la siguiente lógica. El capítulo primero expone la inerrancia desde una perspectiva sistemática y expone el argumento de que, como las palabras de Dios son veraces (es decir, inerrantes), y como la Biblia es la Palabra de Dios, entonces la Biblia es inerrante también. El segundo capítulo presenta una exégesis profunda sobre los dos textos clásicos sobre la inspiración, a saber, 2 Timoteo 3:14-17 y 2 Pedro 1:19-21. La conclusión del capítulo es que Dios ha inspirado toda la Escritura y que dicho acto conlleva la inerrancia. El tercer capítulo presenta el testimonio de la Iglesia primitiva con respecto a la inspiración e inerrancia de la Biblia, y concluye que la inerrancia —tal como lo conocemos hoy— ya estaba presente en los primeros siglos. El cuarto capítulo trata con el canon de la Biblia. Queda incluido en el libro porque expone la limitación de la inerrancia, a saber, a los 66 libros de la Biblia (protestante). El último capítulo es un apéndice donde se presentan los documentos fundamentales de la Conferencia Internacional sobre la Inerrancia Bíblica.
Es de suma importancia aclarar que la inerrancia no se trata de cómo interpretar la Biblia —pues dicho tema forma parte la hermenéutica— sino de qué es la Biblia. Es decir, la inerrancia responde a preguntas sobre la naturaleza de la Biblia respecto a su relación con la verdad y no sobre el significado de la Biblia. Dicho de otra manera: aquí hablamos de temas relacionados con la ontología y no de los relacionados con la epistemología.
Somos muy conscientes del hecho de que no hemos escrito el libro definitivo de sobre la inerrancia, e incluso habrá matices que los mismos autores no compartimos. Sin embargo, estamos totalmente persuadidos de que la inerrancia es una doctrina bíblica y que ha sido la creencia de la Iglesia desde el principio hasta ahora. Dios ha hablado en la Escritura y, por lo tanto, “Lo que dice la Escritura, lo dice Dios”.
Andrés Messmer
José Hutter
Cuaresma, 2019

1. Teología sistemática: una introducción a la doctrina bíblica, trad. Miguel Mesías, José Luis Martínez y Omar Díaz de Arce (Miami, FL: Editorial Vida, 2009), 74-142.
I
Inerrancia y la naturaleza de la Biblia
1. Introducción
Hace cuarenta años, expertos y pastores de todo el mundo se reunieron en Chicago (EE.UU.) para realizar una conferencia que se llamaba la Conferencia Internacional sobre Inerrancia Bíblica (ICBI por sus siglas en inglés), y produjeron la Declaración de Chicago sobre la inerrancia bíblica.2 Aunque esta Declaración, equilibrada y cuidadosamente expresada, ha sido de mucha utilidad al mundo de habla inglesa durante una generación, no ha tenido un impacto similar en el mundo de habla hispana.3 Este estudio tiene como intención llenar ese vacío ofreciendo una explicación actualizada y una defensa de la postura defendida en la ICBI. Y, para tal fin, ha sido organizado del siguiente modo: tras discutir brevemente varias formas de argumentación lógica, la parte central se dedica a explicar y defender el siguiente silogismo: 1) las palabras de Dios son verdad (es decir, inerrantes); 2) la Biblia4 es la palabra de Dios; 3) por tanto, la Biblia es veraz (esto es, inerrante). El trabajo concluye con una discusión sobre lo que no significa el término inerrancia y sobre por qué es importante.
Primero, aclaremos la definición de inerrancia y hagamos una apreciación importante más. Definimos la inerrancia de la siguiente manera: la inerrancia significa que, una vez conocidos todos los hechos, las Escrituras –en su autógrafo original y apropiadamente interpretada– serán mostradas como totalmente verdaderas en todo lo que dicen, tanto si se refieren a asuntos de fe y práctica, como a aquellos de ciencia, historia, etc. y en diversos grados de claridad y precisión correspondientes a sus propósitos.5 Segundo, en este estudio la inerrancia será tratada de forma general, sin entrar en argumentos detallados sobre otros asuntos relacionados con ella. Por tanto, asuntos como acomodación, pseudoepigrafía, diversidad teológica, uso del Antiguo Testamento en el Nuevo y datos supuestamente conflictivos de textos sinópticos quedarán fuera de este trabajo, en espera de otra mejor ocasión para su discusión.
2. Formas de argumentación
El argumento principal de este estudio adopta la forma del silogismo, y, por lo tanto, hace falta una breve discusión de silogismo y argumentación lógica.6
2.1. Lógica deductiva
Un silogismo tiene tres partes: 1) una premisa mayor, que afirma una verdad universal; 2) una premisa menor, que afirma una verdad particular; y 3) una conclusión, que afirma la relación adecuada entre la verdad universal y la particular. Este tipo de lógica es específicamente adecuada en la lógica deductiva, que es la que asume la validez de una verdad universal para llegar a conclusiones en relación a verdades particulares. Un ejemplo de lógica deductiva que usa un silogismo podría ser este: 1) todos los cuervos son negros; 2) este pájaro es un cuervo; 3) por tanto, este cuervo es negro. Dicho razonamiento es idóneo en ámbitos como en las matemáticas, las ciencias ‘duras’ y el de muchos otros ejemplos de experiencia humana.
2.2. Lógica inductiva
Existe otro tipo de lógica, sin embargo, que se opone a la deducción y que se llama lógica inductiva. La inducción pone objeciones a la metodología de comenzar con verdades universales asumidas, basándose en la gran variabilidad y unicidad de verdades particulares.7 Por tanto, así como la deducción comienza con lo universal y busca explicar lo particular, la inducción comienza por lo particular y busca llegar a lo universal. Volviendo al silogismo usado antes, la inducción podría objetar a la premisa mayor que no hay modo de conocer si todos los cuervos son negros o no (porque, al fin y al cabo, ¿quién lo ha comprobado?) y que algunos podrían realmente ser blancos o marrones (pues ¿es que no existen anomalías en el mundo real?). En otras palabras: lo particular debe ser conocido antes de que la lógica inductiva pueda hablar con confianza; y, como lo particular casi nunca es conocido, la lógica inductiva provee, no de conclusiones ciertas, sino de grados diversos de probabilidad. Este modo de razonar es idóneo en ámbitos como en los de fenómenos históricos y lingüísticos, así como de otros casos de experiencia humana.
2.3. Lógica abductiva
Una postura intermedia entre la lógica deductiva e inductiva es la lógica abductiva. La abducción usa la premisa mayor de un argumento como una definición en marcha (es decir, deducción), pero está dispuesta a revisarla si los datos suficientes exigen cuestionar su validez (es decir, inducción), y crea así una relación interdependiente entre las dos premisas. La lógica abductiva no puede proveer, como hace la lógica deductiva, de una certeza absoluta, ni tampoco de una ausencia de certeza, como hace la lógica inductiva. Lo que hace es proveer de un grado relativamente alto de certeza basado en la coherencia de la verdad universal y la particular. Si volvemos de nuevo al silogismo anterior, lo que sucede es que mientras la suposición de que todos los cuervos son negros sea coherente con los datos que la experiencia nos da de que todos los cuervos son negros, uno puede tener un grado de certeza relativamente alto de que el cuervo particular del que hablamos es negro. Este tipo de razonamiento es idóneo para ser usado por detectives y abogados que tratan de explicar los hechos observables a la luz de sus teorías en marcha.
2.4. Resumen
Para explicar la inerrancia, este trabajo trata de usar un silogismo extendido basado en razonamiento abductivo,8 que es este: 1) las palabras de Dios son verdad; 2) la Biblia es la palabra de Dios; 3) por tanto, la Biblia es verdad. En teoría, aunque todos los cristianos están de acuerdo con la premisa mayor de que las palabras de Dios son verdad, la mayoría del debate se centra en la premisa menor, referida al origen divino de la Biblia y a las implicaciones que ello tiene para su inerrancia. Por tanto, la mayoría de este estudio se dedicará a interactuar con la afirmación de que la Biblia es la palabra de Dios. Finalmente, si ambas, la premisa mayor y menor, son coherentes entre sí, podremos tener un grado de certeza relativamente alto para concluir que la Biblia es verdad (es decir, inerrante). Como la Biblia es la fuente de autoridad final (si bien, no la única) del cristiano, se usa como la fuente primaria de la que se toman los datos.
3. Las palabras de Dios son verdad
Como son pocos, si es que hay alguno, los cristianos que dudan de la premisa mayor de que las palabras de Dios son verdad, el espacio que dedicaremos a articular y defender esto será relativamente pequeño. La plena verdad de Dios es afirmada abiertamente en toda la Escritura. Los pasajes más importantes referidos a esto se citan más abajo, agrupados además en dos amplias categorías: 1) los pasajes que hablan de la plena verdad de Dios en general; 2) los pasajes que conectan la plena verdad de Dios con palabras específicas, bien habladas o escritas.
3.1. La plena verdad de Dios en general
Para empezar, la Escritura habla de la plena verdad de Dios en general.9 Varios pasajes atestiguan la plena verdad de Dios de modo positivo declarando que Dios es verdad (2Cr 15:3; Jer 10:10; Jn 3:33; 7:28; 17:3; Ro 3:4; Ef 4:21; 1Ts 1:9; 1Jn 5:20; Ap 3:7; 6:10; 19:11). De hecho, Jesucristo se llama a sí mismo “la verdad” (Jn 14:6), y uno de los nombres del Espíritu Santo en la literatura juanina es ‘Espíritu de verdad’ (Jn 14:17; 15:26; 16:13; 1Jn 5:6).10 Lo que todos estos pasajes tienen en común es que testifican de la plena verdad de Dios en un nivel básico, es decir, que la verdad plena es parte del carácter de Dios.
3.2. La plena verdad de Dios con respecto a sus palabras
Segundo, y más inmediatamente relevante para nuestra discusión, hay varios pasajes que hablan de la plena verdad de Dios en relación a sus palabras, bien habladas o escritas. Por un lado, varios textos se refieren a la plena verdad de Dios en forma negativa, declarando que Dios no puede mentir ni decir falsedades (Nm 23:19; 1Sa 15:29; Tit 1:2; Heb 6:18; 1Jn 5:10). Por otro lado, varios textos atestiguan la plena verdad de Dios en forma positiva, afirmando que Dios habla verazmente (2Sa 7:28; 22:31; Sal 12:6; 18:30; 19:9; 119:43, 142, 151, 160; Pr 30:5; Da 10:1; Jn 8:45-46; 15:26; 16:7, 13; 17:17). De interesante y especial interés es Proverbios 30:5, que dice que “toda palabra de Dios es limpia”.11 Hay tres observaciones importantes a hacer en relación con este versículo. Primero: el autor llama la atención a la “palabra” (Heb: אִמְרָה) de Dios, que se refiere a palabras concretas que vienen de Dios y que suelen ser usadas en contextos referidos a las palabras escritas de Dios (Dt 33:9; Is 5:24; Sal 12:6; 119:11, passim; Lm 2:17). En este contexto, la “palabra” de Dios se refiere probablemente a un texto escrito como la Torá.12 Segundo: el autor llama la atención a “toda” (Heb: כֹּל) palabra de Dios, que se refiere a toda la naturaleza de la plena verdad de Dios respecto a su comunicación verbal. Tercero: la palabra “verdadero” en este verso es צרף, que suele ser traducida como “refinada” y que, normalmente, se asocia al proceso de refinar o limpiar las imperfecciones de metales preciosos como el oro y la plata.13 Por tanto, según Proverbios 30:5, toda palabra de Dios es tan refinada y pura –y por tanto, tan verdadera– como el oro puro o la plata pura.
3.3. Conclusión
Concluyendo, la Biblia testifica que tanto el carácter de Dios como sus palabras son de plena veracidad. Esta es la premisa mayor del argumento y, aunque una puede ser justificada deduciendo inmediatamente de esta conclusión que la Biblia es verdad también, no obstante, es importante mirar a los datos de la premisa menor para ver si es coherente con la premisa mayor. Volvamos ahora a la premisa menor del silogismo.
4. La Biblia es la palabra de Dios
Esta sección trata de la premisa menor, que es el foco del debate sobre la inerrancia, es decir, que la Biblia es la palabra de Dios. Se divide esta sección en cuatro partes principales: la primera parte presenta evidencias para que la misma Biblia declare su propio origen divino, y para su posterior reconocimiento como tal; la segunda parte abarca el asunto de si la propia revelación de Dios en la Biblia es subjetiva u objetiva (es decir, inspiración verbal); la tercera parte trata con el asunto de si la revelación que Dios hace de sí mismo está o no mezclada con la experiencia humana (es decir, inspiración plenaria); y la cuarta parte discute la encarnación como una posible ilustración para comprender la inspiración de la Biblia.
4.1. Evidencias de que la misma Biblia declara su propio origen divino y su reconocimiento posterior como tal
La primera parte presenta evidencias de la misma Biblia sobre su origen divino y de su reconocimiento posterior como tal. Lo que ello implica es lo siguiente: si la argumentación presentada arriba es correcta de que Dios y sus palabras son verdad, entonces aquellas porciones de la Biblia que aseguran provenir de Dios son también verdad (es decir, inerrantes).14 Además, textos bíblicos posteriores que reconocen escritos previos como de origen divino ayudan a completar el cuadro de que la Biblia, como un todo, proviene de Dios. A partir de aquí, la evidencia que presentamos sigue este orden, y ha sido dividida en textos del Antiguo Testamento y textos del Nuevo Testamento.
4.1.1. La afirmación del Antiguo Testamento sobre su propio origen divino
Para empezar, varias porciones de las Escrituras reclaman venir de Dios, y eso ocurre al menos de dos modos distintos. Primero: los Diez mandamientos son únicos en el sentido de que fueron escritos por “el dedo de Dios” (Éx 20:1-17; 24:12; 31:18; 32:16; 34:1, 28; Dt 4:13; 5:6-22; 9:10; 10:1-4).15 Como es Dios mismo el que, de manera única, declara ser el autor de este texto, puede decirse que en él no hay error.16
Segundo, y más comúnmente, se presentan los profetas del Antiguo Testamento como portavoces de Dios y, por tanto, sirven como un vínculo directo entre Dios y el texto escrito.17 Un texto que hace explícito cómo los profetas del Antiguo Testamento sirvieron como portavoces de Dios es Números 22:38, que es puesto en boca del profeta Balaam:18 “¿podré ahora decir alguna cosa? La palabra que Dios ponga en mi boca, esa hablaré” (cf. 24.13).19 Dicho de otro modo: ser un profeta significaba ser un portavoz de Dios, y ser un portavoz de Dios significaba hablar las palabras que Dios quería que hablara, creando así un vínculo entre las palabras de Dios y las del profeta (ej.: 1Re 14:18, 2Re 17:13; 2Cr 20:20; 29:25; Ez 3:10-11).20 Un paralelismo humano a este fenómeno es el caso de Moisés y Aarón, en el que este último fue la “boca” y “profeta” del primero en la presencia del faraón, hablando las palabras de Moisés en su lugar (Éx 4:15-16; 7:1-2).21
Sin embargo, en este entender de los profetas como portavoces de Dios, hay dos matices importantes. Primero: no eran portavoces de Dios siempre que hablaban (ej.: 2Sa 7:3) o escribían (ej.: 1Cr 29:29-30; 2Cr 26:22), sino solo cuando Dios, por su Espíritu, les movía a hablar o escribir.22 Segundo: la mayoría de la profecía ocurrió en el terreno oral y nunca se puso por escrito (ej.: 2Cr 25:1-2), por tanto, quedará fuera de la discusión de la inerrancia bíblica.23
Es dentro de este contexto, de entender a los profetas como portavoces de Dios, que cinco fenómenos resultan relevantes para delimitar la medida en que el Antiguo Testamento reclama su origen divino. Primero: existe la fórmula tripartita ubicua (con variaciones menores): “el SEÑOR dijo a”, seguida del nombre del profeta, y esto seguido de un mensaje.24 Esos registros de discurso directo son de diversa extensión, pero pueden llegar a ocupar hasta varios capítulos consecutivos, por ejemplo en Éxodo y Levítico.25 Segundo: diez de los libros proféticos comienzan con el profeta diciendo que la “palabra del SEÑOR” le había venido (Jer 1:1-4; Ez 1:1-3; Os 1:1; Jl 1:1; Jon 1:1; Mi 1:1; Sof 1:1; Hag 1:1; Zac 1:1; Mal 1:1). Cada libro profético tiene cantidades de material diferentes que dicen ser la “palabra del SEÑOR”, pero todas ellas contienen porciones sustanciales que encajan en esta categoría (ej.: Am 1-4; la mayoría de Ez), ampliando así considerablemente la cantidad de material en el Antiguo Testamento que asegura provenir de Dios. Tercero: y leído en el contexto de los dos primeros fenómenos, es muy instructivo observar que los profetas solían hablar en primera persona (ej.: “yo digo”, etc.) y no en tercera (ej.: “el SEÑOR dice,” etc.). Este modo de hablar encaja muy bien con la idea de que Dios mismo estaba comunicando sus palabras a través de los profetas y, de nuevo, amplifica el material que reclama para sí tener origen divino. Cuarto: en varias ocasiones se dice que Dios puso sus palabras directamente en boca de los profetas (Nú 23:5, 12, 16; Dt 18:18-20; Jer 1:9; 5:14; Os 6:5)26 o algo parecido (Éx 4:12; 1Re 16:12; 22:14;27 Jer 15:19;28 Ez 2:7; 3:4, 27; 33:22).29 Esta evidencia extiende la situación señalada antes en el pasaje de Balaam a otras partes del Antiguo Testamento, de modo que sus palabras son, en un sentido muy literal, las propias palabras de Dios (Dt 18:19).30 Quinto, en varias ocasiones, Dios mandó a los profetas escribir ciertos mensajes (Éx 17:14; 24:2; 34:27; Nm 33:2; Dt 31:19; Is 8:1; 30:8; Jer 30:2; 36:2, 28; Ez 43:11; Hab 2:2).31 Zacarías 7:12 ilustra la conexión entre las palabras de Dios y el medio escrito cuando habla de “la Ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su espíritu, por medio de los primeros profetas”. En esta cadena de cuatro eslabones: 1) Dios envía, 2) su Espíritu para hablar a través de,32 3) los (primeros) profetas que, 4) habían escrito la Ley y las palabras.33 La conexión entre el primero (Dios) y el último (documentos escritos) es directo, sin evidencia alguna de declive en autoridad o veracidad. Esta evidencia es importante de modo único porque acaba la conexión entre las palabras de Dios y los textos escritos. Por tanto, en conclusión, es seguro afirmar que extensas porciones del Antiguo Testamento testifican tener origen divino, y que aquí hay una conexión directa entre las palabras de Dios y las de los profetas, incluidos sus propios escritos.
4.1.2. La afirmación del Nuevo Testamento mismo sobre su origen divino
Pasando ya al Nuevo Testamento, la evidencia que este muestra sobre su origen divino es más fuerte en algunos aspectos y más débil en otros que la del Antiguo Testamento. Por un lado, el Nuevo Testamento afirma que Jesús es Dios en carne (ej.: Jn 1:1, 14), y que él y sus palabras tienen toda la autoridad, son eternas y verdaderas (Mt 7:24 pars; 24:35 pars; Mr 8:38 pars; Jn 1:17; 8:14, 40, 45-46; 14:6; 16:7).34 Esto implica que extensas porciones de los cuatro Evangelios, unos pocos dichos esparcidos en Hechos y en el corpus paulino y unas pocas partes de Apocalipsis, son verdad (es decir, inerrantes).35
Por otro lado, el Nuevo Testamento no contiene fórmulas de origen divino como las observadas en el Antiguo Testamento. En sentido estricto, pues, dejando a un lado las palabras de Jesús, la prueba de que el Nuevo Testamento afirma su origen divino es solo relativamente menor.36 Sin embargo, al menos cinco datos apuntan en la dirección de considerarlo como autoritativo y veraz. Primero: hay muchos textos que afirman que el autor no está mintiendo, sino diciendo la verdad (Jn 19:35; 21:24; Ro 9:1; 2Co 11:31; 12:6; Gá 1:20; 1Te 2:3; 1Ti 2:7).37 De hecho, hay al menos una ocasión en la que Pablo pensó haberse equivocado y se detuvo para clarificarse (1Co 1:14-16).38
Segundo: muchos textos dan testimonio de haber sido leídos en voz alta en las primeras reuniones cristianas, así o implicando algún tipo de autoridad sobre las iglesias o explícitamente imitando la lectura que las sinagogas hacían de las Escrituras hebreas (Mt 24:15; Mr 13:14; Hch 15:30; 16:4; 2Co 7:8; 10:9-10; Ef 3:4; Col 4:16; 1Te 5:27; 2Te 2:15; 3:14; Flm 1-2; Heb 13:22; 2Pe 3:1 [15-16?]; 1Jn 5:13; 2Jn 1; 3Jn 9; Ap 1:3; 13:18; 17:9-10; 22:18-19).39
Tercero: varios textos sugieren que los apóstoles y sus asociados vieron sus propias enseñanzas y escritos, así como las de otros apóstoles, como autoritativas (Jn 14:26; 21:24; Hch 2:42; 1Co 2:13; 7:10-12, 25, 40; 14:37 [?]; 2Co 3:6; 10:8, 11; 13:3, 10; 2Te 2:15; 3:6, 14; 1Ti 5:18 [?]; 2Pe 3:1-2, 15-16; 1Jn 1:1-4; 5:13; Ap 1:3; 22:9, 18-19). En varios de estos textos, los apóstoles reclamaron tal grado de autoridad — como que seguir sus enseñanzas aseguraba tener relación con Dios, o que ellos eran capaces de dar mandamientos aun cuando Jesús mismo no dio ninguno— que ello sugiere que los apóstoles vieron sus propias palabras, no como una mera opinión humana, sino como teniendo autoridad divina, y por tanto implicando su veracidad.40
Cuarto, y relacionado con la evidencia anterior: tras la palabra griega ἀπόστολος está la palabra semítica שָׁלִיחַ (Mt 10:2 pars; Mr 6:30 pars; Lc 11:49; 17:5; 22:14; 24:10),41 que denota uno que ha sido comisionado por otro para decir o realizar un acto en su nombre, con todos los derechos y responsabilidades necesarias para realizarlo.42 La importancia de esto es que once cartas del Nuevo Testamento comienzan (con variantes menores) con el autor reclamando ser un “apóstol” de Jesucristo (Ro 1:1; 1Co 1:1; 2Co 1:1; Gá 1:1; Ef 1:1; Col 1:1; 1Ti 1:1; 2Ti 1:1; Tit 1:1; 1Pe 1:1; 2Pe 1:1).43 Al llamarse a sí mismos “apóstoles” de Jesucristo, estaban reclamando haber sido enviados por Jesucristo para hablar y actuar en su nombre, con todos los derechos y responsabilidades para realizarlo y, por tanto, evocando autoridad divina e implicando veracidad. Este fenómeno parece ser la prueba equivalente más cercana del Nuevo Testamento a la del profeta del Antiguo Testamento.44
Quinto: un aspecto único del libro de Apocalipsis es su apertura como una “revelación” que “Dios dio” a sus siervos a través de Jesucristo (1:1). Tal afirmación hace a Dios la fuente definitiva de este libro (cf. Ap 22:18-19) e implica, por tanto, su veracidad.45
Así pues, aunque los datos no son concluyentes, la tendencia y trayectoria general de los escritos del Nuevo Testamento es que los apóstoles se vieron a sí mismos y a los otros apóstoles como portavoces de Dios y de Jesús, así reclamando su origen divino e implicando veracidad (es decir, inerrancia).46
4.1.3. Reconocimiento del divino origen de los textos tempranos por parte de los textos posteriores
Finalmente, hay partes distintas de ambos Testamentos, el Antiguo y el Nuevo, que reconocen textos escritos previamente bien como venidos directamente de Dios, o bien con autoridad venida de Dios, lo cual implica veracidad. La prueba se divide en tres grupos: el primero lo componen textos del Antiguo Testamento que reconocen a otros textos del Antiguo Testamento; el segundo grupo contiene textos del Nuevo Testamento que reconocen textos del Antiguo Testamento; y el tercer grupo contiene textos del Nuevo Testamento que reconoce otros textos del Nuevo Testamento.
Entre los textos del Antiguo Testamento que reconocen a otros textos también del Antiguo Testamento como venidos de Dios o autoritativos, tres textos destacan como muy importantes.47 Primero: en Josué 1:7-8 Dios manda a Josué meditar y hacer todo lo que Moisés había escrito en “el libro de la Ley”. Esta es una temprana aprobación de la autoridad del libro de Deuteronomio,48 y puede que quizá se extienda también a todo el Pentateuco. Segundo: en Daniel 9:1-2 el autor menciona en general los “libros” (Heb: סְּפָרִ֑ים) y específicamente el libro de Jeremías (aludiendo a 25:11-12 o 29:10) como las fuentes que leyó para tratar de descubrir cuánto duraría el exilio determinado por Dios para Israel. Con la frase “que habló Jehová” en 9:2 hay una clara referencia al origen divino del libro de Jeremías. Si es cierto que los “libros” se refieren a un corpus de escritos en el cual también “habló Jehová”, entonces esto implicaría que Daniel vio todo el corpus como de origen divino. Tercero: Zacarías 1:4; 7:7, 12 mencionan a los “primeros profetas” (Heb: הַנְּבִיאִ֨ים הָרִֽאשֹׁנִ֜ים) como aquellos a través de los cuales Dios había hablado en tiempos pasados. Como Zacarías 7:12 deja especialmente claro, sus obras tenían autoridad porque Dios, por su Espíritu, había hablado a través de ellas.
Entre los textos del Nuevo Testamento que reconocen a textos del Antiguo Testamento como venidos de Dios o autoritativos, tres textos destacan como especialmente importantes.49 Primero: 2 Timoteo 3:16 dice que “toda la Escritura es inspirada por Dios”. La palabra usada para “Escritura” es γραφή, y mientras en unas pocas ocasiones en la literatura cristiana temprana se puede referir a escritos no canónicos (Stg 4:5 [?]; 1 Clem. 23:3; Bern. 16:5; Past. 7:4 [γέγραπται]), la gran mayoría de sus usos se refiere a los escritos del Antiguo Testamento, que casi con total certeza son los que Pablo tenía aquí en mente.50 La importancia de esto es que Pablo dice que “toda la Escritura” proviene de Dios. La referencia directa a “Escritura” aquí es las Escrituras hebreas, es decir, el Antiguo Testamento entero.51 Segundo: 2 Pedro 1:21 dice: “nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.52 Aunque habría mucho que decir sobre este texto, el asunto más importante a destacar aquí es que Pedro está negando que los profetas en sí mismos fueran la fuente definitiva de sus propios mensajes y que está afirmando que, muy al contrario, lo fue el Espíritu Santo.53 Tal afirmación concuerda totalmente con la propia afirmación del Antiguo Testamento sobre su origen divino (ver §4.1.1 arriba). Tercero: Hebreos 1:1-2 afirma que fue el mismo Dios quien habló a través de los profetas y del Hijo. Dicha reclamación evoca el origen divino de los escritos proféticos y así implica su veracidad.54
Además de estos tres textos, debería prestarse especial atención al testimonio de Jesucristo. Sus referencias directas e indirectas a la inspiración y veracidad del Antiguo Testamento son tan numerosas que solo los dos textos más importantes van a ser mencionados aquí.55 Primero: en Mateo 5:18 Jesús demuestra su convicción de que hasta las unidades de significado más pequeñas en el Antiguo Testamento son importantes: “porque de cierto os digo que antes que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido” (cf. Lc 16:17).56 Las palabras usadas aquí por “jota” y “tilde” son ἰῶτα y κεραία respectivamente, y se refieren a la letra y parte de la letra más pequeñas del alfabeto hebreo/arameo respectivamente.57 Por tanto, el comentario de Jesús aquí no puede entenderse a restringir la autoridad de la Biblia a ideas generales encontradas en el nivel comunicativo del párrafo o la frase, sino que deben ser incluidas también las palabras individuales.58 Segundo: en Juan 10:35 Jesús deja clara su convicción de la veracidad permanente de las Escrituras: “la Escritura no puede ser quebrantada”. En el contexto de esta afirmación, Jesús dice que la Palabra de Dios no puede ser anulada, apartada o probada falsa, aun cuando pueda contradecir lo que el hombre prefiere en ciertas ocasiones (como el caso de los oponentes de Jesús en este contexto).59 En resumen: Jesús tenía en alta consideración las Escrituras, y vio todas ellas como importantes y llenas de verdad permanente.60
Entre los textos del Nuevo Testamento que reconocen a otros textos también del Nuevo Testamento como venidos de Dios o autoritativos, hay tres textos importantes. Primero: 2 Pedro 3:16 habla sobre “los indoctos e inconstantes” que tuercen el significado de las cartas de Pablo “como también las otras Escrituras”. La palabra usada para “otras” es λοιπός, que significa que el autor coloca los escritos de Pablo a la misma altura que el resto de las Escrituras.61 Segundo: Hebreos 1:1-2 afirma que, mientras que antes Dios hablaba a su gente mediante los profetas, ahora lo ha hecho —y a un nivel más grande— a través de su Hijo (cf. Jn 1:17).62 La importancia de este texto reside en que aumenta la revelación de Dios a través de Jesucristo sobre los profetas del Antiguo Testamento, y en que dicha revelación ha sido dada a conocer al mundo cristiano principalmente a través de los cuatro evangelios canónicos. Sobra decir que la veracidad es inherente a ella. Tercero: aunque hay cuestiones relativas ambas a la cronología y las fuentes, es posible que en 1 Timoteo 5:18 Pablo cite de ambos, Deuteronomio 25:4 y Lucas 10:7, y que se refiera a ambos por igual como “Escritura” (gr: γραφή).63 Si este argumento es correcto, colocaría el evangelio de Lucas al mismo nivel que Deuteronomio en cuanto a autoridad y, por implicación, a veracidad.64
Quizá este es el mejor sitio donde incluir una breve discusión del interesante fenómeno encontrado en la Biblia en el que se puede atribuir a Dios el haber dicho algo en la Escritura que él no “dice” en realidad, y a la Escritura el haber “dicho” algo aun cuando es Dios mismo el único que puede hablar.65 Por ejemplo: en Mateo 19:5 Jesús dice que Dios dijo “por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”, aun cuando en Génesis 2:24 no registra a Dios diciéndolo, sino al narrador. Mirando el mismo fenómeno desde la otra perspectiva, en Romanos 9:17 se encuentra la frase introductoria “La Escritura dice al faraón” seguida de una cita de Éxodo 9:16; pero en este pasaje es Jehová (¡no la “Escritura”!) quien habla al faraón a través de Moisés. Por último, en Gálatas 3:8 leemos esto: “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: «En ti serán benditas todas las naciones»”. Este versículo excepcional aplica a la Escritura los atributos de prever, predicar y decir, y todo ello a partir de una cita de Génesis 12:3 en la que Dios mismo está hablando a Abraham. El testimonio combinado de estos textos une a Dios con la Escritura hasta tal extremo que “Dios” y la “Escritura” pueden intercambiarse en su uso cuando se refieran ambos a textos del Antiguo Testamento.66
4.1.4. Conclusión
Para concluir, ambos, el Antiguo y el Nuevo Testamento dicen tener origen divino a lo largo de la Biblia, y textos diversos adjudican origen divino a otros textos también, aumentando así la cantidad de textos que encajan en esta categoría. Una de las claves importantes para comprender la evidencia es la función de los profetas: eran portavoces de Dios capacitados por su Espíritu para hablar sus palabras. La importancia de esto está en su relación con la premisa mayor mencionada más arriba: en la medida en que estos pasajes provienen de Dios —y la evidencia señala a una relación directa entre ambos— también pueden ser considerados verdaderos, porque Dios mismo es verdad, al igual que sus palabras.67
Hasta este punto en el desarrollo del argumento principal del estudio no existe mucha controversia entre los que creen en la inerrancia y los que no. Todos los cristianos coinciden en que Dios es verdad y la mayoría de ellos estarían de acuerdo en que cuando Dios habla, sea directamente o a través de profetas o apóstoles, habla la verdad. Las próximas dos partes, sin embargo, discuten el meollo de la controversia, pues se centran en la cualidad y cantidad de testimonio escritural con respecto a la auto revelación de Dios.
4.2. Inspiración verbal
La segunda parte trata el asunto de si la propia revelación de Dios en la Biblia es subjetiva u objetiva.68 Podríamos formular el asunto en forma de pregunta así: ¿es la Biblia producto de encuentros con Dios que son espirituales y subjetivos, o es producto de auto revelaciones de Dios que son objetivas y proposicionales?.69 El asunto a tratar aquí es si la auto revelación de Dios se encuentra en el terreno de las ideas encontradas en la Biblia o en las palabras mismas. La siguiente discusión ofrece pruebas del Antiguo y del Nuevo Testamento relativas a este asunto.
4.2.1. Antiguo Testamento
El Antiguo Testamento testifica que las palabras mismas de la Escritura son importantes. Puede verse al menos de cuatro modos distintos.70 Primero: se usan las frases דְּבַר־יְהוָה (“palabra del SEÑOR”) y דְּבַר־אֱלֹהִים (“palabra de Dios”) a lo largo de la Escritura para referirse a mensajes de Dios con contenido verbal específico (ej.: Gn 15:1, 4; Éx 4:28; 9:20-21; Nm 3:16, 51; 15:31; Dt 5:5; 34:5; Jos 8:8, 27; Jue 3:20; 1Sa 3:1; 9:27; 2Sa 7:4; 12:9; 1Re 2:27; 12:22-24; 1Cr 17:3; 2Cr 29:15). En numerosos pasajes hay una respuesta específica de parte del hombre (ej.: Jer 13:1-7; Jon 3:1-3), así favoreciendo el sentido de que las palabras en sí mismas eran importantes.71 Segundo: como ya dijimos más arriba, varios textos hablan de Dios poniendo sus palabras (Heb: דָּבָר) en boca de los profetas. Esto hace a Dios el hablante principal (si no el único) en el texto y, por tanto, reduce la posibilidad de que el profeta inserte sus experiencias subjetivas en el hecho, y hace que solo recoja la auto revelación objetiva de Dios. Tercero: varios textos que tocan el tema de la auto revelación de Dios ponen el énfasis en el componente verbal. Por ejemplo: después de que Moisés leyó en voz alta el “libro del pacto” (es decir, Éx 21-23), la gente respondió diciendo, “Cumpliremos todas las palabras que Jehová ha dicho” (el énfasis es mío; Éx 24:3; cf. v. 7).72 La respuesta de la gente no se basa en una idea impresa sobre ellos debido a su encuentro con Dios, sino en mandamientos concretos comunicados con palabras específicas.73 Cuarto, y quizá lo más importante: hay unos pocos lugares donde hay advertencias de no añadir ni quitar a las palabras de Dios (Dt 4:2; 12:32; Pr 30:5-6; Jer 26:2).74 Tal énfasis en las palabras no cuadra con la visión de la inspiración desde la cual la Biblia es, básicamente, producto de encuentros con Dios que son espirituales y subjetivos, sino que cuadra con la visión de la Biblia como auto revelaciones de Dios que son objetivas o proposicionales.75
4.2.2. Nuevo Testamento
De modo similar, el Nuevo Testamento pone el énfasis en la importancia de las palabras mismas de la Escritura, lo cual puede verse al menos de cuatro formas diferentes. Primero: el lenguaje usado en 2 Pedro 1:19-21 recuerda al de discusiones grecorromanas y judías relativas a la inspiración, que no muestran ningún papel ni control en los profetas.76 Aunque el lenguaje de Pedro es ligeramente diferente, lo cual da pie a la atribución de carácter humano de la palabra,77 por lo menos favorece el papel limitado de los humanos en el proceso de inspiración, implicando así que las palabras vienen de Dios mismo.78 Segundo: Mateo 5:18 y Lucas 16:17 demuestran que Jesús vio importancia en el más diminuto y mínimo detalle de la Escritura, y Apocalipsis 22:18-19 afirma que añadir o quitar palabras de ese libro acarreará maldición.79 Lo que estos tres textos tienen en común es la suposición implícita o la afirmación explícita de que las mismas palabras de la Escritura son importantes.80 Tercero: hay montones de citas y alusiones del Antiguo Testamento en el Nuevo cuya validez depende de la exactitud de una palabra o frase corta, como en Mateo 2:5 (Belén), 15 (Egipto); 21:2-5 pars (asno; pollino); 22:44 pars (mi); Juan 8:17 (dos); 10:34 (dioses sois); 13:18, 26-27 (pan); 19:33-37 (quebrar; abrir/traspasar); Romanos 4:3 (creer), 9 (fe), 23 (le fue contada); 15:9-12 (gentiles); Gálatas 3:13 (madero); Hebreos 3:13 (hoy); 4:7 (hoy).81 Todos estos ejemplos implican que los autores del Nuevo Testamento vieron la importancia de las palabras mismas. Cuarto: hay unos pocos textos del Nuevo Testamento cuya validez depende de detalles gramaticales pequeños encontrados en textos del Antiguo Testamento, como Mateo 22:32 pars (tiempo verbal), 44-45 pars (pronombre; una letra en hebreo), y Gálatas 3:16 (número gramatical; una letra en hebreo).82 De nuevo, estos ejemplos demuestran que los autores del Nuevo Testamento vieron la importancia de los detalles diminutos del texto, y no solo las ideas.83
4.2.3. Conclusión
Concluyendo, la prueba combinada del Antiguo y Nuevo Testamento da por sentado de manera implícita y afirma de manera explícita que las mismas palabras de la Escritura vienen de Dios y son, por tanto, importantes. Dicho punto de vista se llama “inspiración verbal” y se opone al punto de vista que entiende la inspiración como un encuentro subjetivo del individuo con Dios, y se alinea con el de ser una revelación objetiva o proposicional de Dios al individuo. Esta conclusión fortalece la conexión entre Dios, quien es veraz, y su auto revelación en la Escritura.
4.3. Inspiración plenaria
La tercera parte trata el asunto de si se extiende la auto revelación de Dios a cada parte de la Biblia. Expresando el asunto en forma de pregunta: ¿está la Biblia compuesta solo de la auto revelación de Dios (sin importar lo que tal revelación pueda incluir), o está compuesta también de testimonio humano, especialmente cuando el tema cambia de la fe y la práctica a la ciencia, la historia y otros temas parecidos? Dicho de otro modo: si todas las bandas coinciden en que el propósito fundamental de la Biblia es -ofrecer a la humanidad un testimonio seguro en cuanto a la fe y la práctica,84 algunos buscarían limitar la inerrancia solo a estas áreas, y admitir errores en la Biblia cuando toca asuntos como la ciencia, historia, etc. Así, dadas las múltiples referencias en la Biblia a la autoría humana (Mt 3:3; 15:7 pars; 19:7-8 pars; 22:24; Mr 1:44; 7:10; Lc 16:29, 31; 24:25; Jn 1:45; [8:5;] Hch 2:25, 34; 3:21; 6:14; 7:37; 26:22; Ro 10:19; 11:9; Heb 7:14), ¿implica esto que algunas partes de la Biblia tienen origen humano y no son necesariamente inerrantes?85
Para ser justos, los cristianos que muestran estos argumentos mantienen que el propósito fundamental de la Escritura se relaciona con asuntos de la fe y la práctica, e insisten así en que el propósito fundamental de la Biblia no ha sido corrompido a pesar de estos errores científicos e históricos.86 Además, en tanto en cuanto la inmensa mayoría de material bíblico se dedica a asuntos de la fe y la práctica, estos cristianos tienen mucho en común con los inerrantistas en relación a la infalibilidad o inerrancia de la Escritura. No obstante, como se muestra a continuación, mostrar tal distinción entre asuntos relativos a la fe y a la práctica por un lado, y a la ciencia e historia por el otro, no está justificado, ni por estudios de cómo otros han tratado la evidencia en el pasado, ni por cómo la Escritura la trata. Hay al menos tres razones para pensar que todas las palabras de la Biblia, y no solamente algunas, tienen origen divino, y estas razones serán desarrolladas más adelante.
4.3.1. Testimonio judío y cristiano primitivo
Primero, aunque resulte anecdótico, los tempranos testimonios judíos y cristianos negaron de modo unánime prácticamente cualquier componente humano en el proceso de inspiración. Tal afirmación implica que el hombre no ha escrito su propio testimonio en la Biblia, sino que Dios ha hablado a través de él; y como el conocimiento de Dios es detallado y veraz, él hablaría con verdad sobre cualquier tema del que hablase. Además de la evidencia bíblica directa que defiende este punto de vista (ej.: Nm 22:38; 24:13), los autores judíos y cristianos que expusieron dicha perspectiva (y solían comparar los autores bíblicos con instrumentos musicales “tocados” por el Espíritu Santo) son Filón de Alejandría (Heredero, 265; Espec. 1:65; 4:49); 4 Esdras (14:22, 37-47); Génesis Rabbah (8:8);87 Justino Mártir (Exhor. 8); Teófilo de Antioquía (A Auto. 2:9); Atenágoras (Leg. 7, 9); e Hipólito de Roma (Cristo y Anticristo 2).88 De nuevo, no debería olvidarse el vocabulario usado en 2 Timoteo 3:16 (θεόπνευστος) y 2 Pedro 1:21 (ὑπὸ πνεύµατος ἁγίου φερόµενοι): Dios es el autor principal de la Escritura.89
De hecho, se abordó el mismo asunto de si ciertos versos eran de Dios o de autores meramente humanos en b. Sanedrín 99a.
Otra enseñanza dice: “Por cuanto tuvo en poco la palabra del Señor”, se refiere al que dice que la Torá no es del cielo. Aunque diga que toda la Torá es del cielo, menos un solo versículo, el cual no lo dijo el santo, bendito sea, sino Moisés mismo, queda comprendido en [la frase] por cuanto tuvo en poco la palabra del Señor. Y aunque diga que toda la Torá es del cielo, menos una minucia, una deducción por cal vajomer o por analogía, queda comprendida en [la frase] por cuanto tuvo en poco la palabra del Señor.90
Si bien esta prueba combinada no pude determinar si la Biblia debería ser dividida o no en partes de fe y práctica y partes de ciencia e historia, sí que demuestra que el testimonio unánime de los primeros judíos y cristianos acabó con el papel intermediario de los humanos en el proceso de inspiración, comparándolos a objetos pasivos como instrumentos musicales que respondían perfectamente a la iniciativa de Dios.91 Esto, a su vez, hace a Dios el autor principal de la Escritura, lo cual, a su vez, implica la veracidad de la Biblia.
4.3.2. Perspectiva de Jesús sobre las relaciones entre las verdades mundanas y espirituales
Segundo, y centrándonos más: en Juan 3:12 Jesús conecta su confiabilidad con respecto a asuntos mundanos con su confiabilidad con respecto a asuntos espirituales: “Si os he dicho cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os digo las celestiales?”.92 Es decir, la relación apropiada entre asuntos espirituales y mundanos no es la de origen divino y humano respectivamente, con la última abierta a la equivocación. Más bien Jesús evoca la idea de una escalera de conocimiento, en la que los asuntos mundanos representan los escalones más bajos, las experiencias observables y verificables, y que conducen a los escalones más altos de las verdades espirituales que no están abiertas a las observación y verificación. De este modo, la importancia de la veracidad de la Biblia respecto a datos científicos e históricos no resulta minimizada, sino aumentada, porque su testimonio permite al individuo examinar si Dios es o no veraz en áreas observables antes de creer que Dios es veraz en las que no lo son.93 Además, no hay que olvidar que los asuntos espirituales y mundanos no siempre pueden ser separados con facilidad; como en el caso, por ejemplo, de la sexualidad, el cambio climático, la investigación con células madre,94 por no hablar de los hechos de Dios tan abrumadoramente importantes en la historia, como la creación, el Éxodo y la resurrección de Cristo.
4.3.3. Evidencia ofrecida por el Nuevo Testamento
Tercero: el Nuevo Testamento está repleto de referencias al Antiguo en las que aquel cita datos históricos aparentemente triviales del segundo, pero que, sin embargo, conducen con frecuencia a la fe y a la aplicación práctica: la ropa de Salomón fue bonita (Mt 6:29); David comió los panes de la proposición (Mt 12:3-4 pars); Jonás estuvo en el vientre del gran pez y predicó a los ninivitas (Mt 12:40-41 pars);95 la reina del Sur visitó a Salomón (Mt 12:42 pars); Zacarías fue asesinado entre el Templo y el altar (Mt 23:35); en tiempos de Noé la gente comía, bebía y se casaba (Mt 24:37-39 pars); Elías fue enviado a una viuda en Sarepta (Lc 4:25-26); Naamán fue limpiado de lepra (Lc 4:27); Moisés levantó la serpiente en el desierto (Jn 3:14); Jacob dio un campo a José (Jn 4:5); los israelitas comieron maná (Jn 6:49-51); Abraham compró un sepulcro de los hijos de Hamor (Hch 7:16); otro rey de Egipto no conocía a José (Hch 7:18); Moisés tuvo dos hijos (Hch 7:29); Saúl, hijo de Cis, era de la tribu de Benjamín (Hch 13:21); Abraham fue reconocido justo antes de ser circuncidado (Ro 4:10); un hombre pecó, y solo tuvo que hacerlo una vez (Ro 5:12-21); Adán fue creado antes que Eva y no fue engañado, sino que lo fue Eva (1Co 11:3-16; 1Ti 2:11-15); se escribió el Salmo 95 después del libro de Números (Heb 4:1-13); no se mencionan los detalles genealógicos y biográficos esperados de Melquisedec (Heb 7:3); Jacob apoyó su cabeza sobre su bastón (Heb 11:21); los padres de Moisés pensaron que era un niño hermoso (Heb 11:23); y Esaú vendió su primogenitura por una sola comida (Heb 12:16).96 Dicha evidencia es importante por dos razones: primero: refuerza la idea de que las palabras mismas de la Escritura son importantes y no solo meras ideas (ver §4.2 más arriba); segundo: sugiere que los escritores del Nuevo Testamento no hicieron distinción alguna entre textos relacionados con la fe y la práctica y textos relacionados con la ciencia y la historia, sino que tomaron las Escrituras hebreas como un todo.97 Por ello, fueron simplemente fieles a la teología expresada en Proverbios 30:5, de que “toda palabra de Dios es limpia” (el énfasis es mío).
Se abre aquí un paralelismo interesante con otro campo de interpretación bíblica. Desde Tomás de Aquino (c. 1225-1274), los cristianos han tendido a dividir las leyes del Antiguo Testamento en moral, civil y ceremonial. En las últimas décadas, sin embargo, ha habido un consenso creciente entre los expertos en Nuevo Testamento de que dicha división tripartita nunca fue planteada por los autores de ambos, el Antiguo y el Nuevo Testamento, sino que es un concepto foráneo aplicado forzadamente a la Escritura.98 En vez de eso, consideraron que el Antiguo Testamento era íntegro, que se mantuvo o cayó como un todo. Tal lectura del Antiguo Testamento es, con seguridad, la correcta (¡aun si hace la interpretación más difícil!), y continuará, sin duda, siendo la visión estándar por bastante tiempo. Lo importante para el estudio actual es que, igual que las leyes del Antiguo Testamento no pueden dividirse en morales, civiles y ceremoniales, tampoco puede ser la Biblia dividida entre fe y práctica por un lado y ciencia e historia por otro y considerar solo la primera de ellas como de origen divino y, por tanto, inerrante. Toda la Biblia ha de ser vista como íntegra, que permanece o cae como un todo, tal como sus autores consideraron que sucedía.
4.3.4. Conclusión
Para concluir esta parte, la Escritura no se permite a sí misma ser dividida entre fe y práctica por un lado, y ciencia e historia por otro, y el testimonio más temprano que tenemos en relación a la inspiración no atribuye casi ningún papel a los humanos y, por tanto, hace una conexión directa entre la Escritura y Dios, quien es la verdad.99 Dicho punto de vista se llama “inspiración plenaria”. Por tanto “toda” la Escritura o “lo que sea” que fue escrito (Lc 24:25, 27; Hch 24:14; Ro 15:4; 2Ti 3:16) significa que la Escritura ha de ser tomada como un todo unificado, y no como dividida en partes mundana y espiritual.100
4.4. La encarnación como posible ilustración para comprender la inspiración de la Biblia
La parte final de este trabajo trata brevemente de la encarnación como posible ilustración para comprender la inspiración de la Biblia y su relación con la inerrancia. El argumento en su forma más básica es este: así como Jesús fue totalmente humano y aun así totalmente verdadero, igualmente es la Biblia totalmente humana y aun así totalmente verdadera.101 Así, igual que ambos, el elemento divino y el humano estuvieron totalmente activos y fueron plenamente compatibles en Jesús; del mismo modo, ambos elementos, el humano y el divino, lo son en la Biblia. Dicho de otra forma: la verdadera humanidad no exige el error, especialmente cuando dicha humanidad es imbuida del Espíritu de Dios. Si bien la ilustración no debería ser llevada muy lejos,102 no obstante, es de gran ayuda para ilustrar cómo Dios podría inspirar una Biblia inerrante mediante autores humanos.103 Pero esta ilustración es aún más útil cuando nos percatamos de lo frecuentemente que la Biblia puede referirse en el mismo texto a ambas, la autoría divina y humana (2Sa 23:2; Mt 1:22; 22:43 pars; Mr 7:10//Mt 15:3-4;104 Lc 1:70; Hch 1:16; 2:16-17; 3:18, 21; 4:25; 28:25; Ro 1:2; 9:25; Heb 1:1-2; 4:7). Brevemente, lo que tenemos en la Escritura es un texto que es totalmente humano y totalmente divino, con el elemento divino asegurándonos que Dios se ha revelado a Sí mismo verazmente.105
4.5. Resumen
Resumiendo la sección central de este trabajo, cuatro conclusiones pueden extraerse: Primera: es justo reclamar que la Biblia proviene de Dios, por los muchos modos en que la Biblia misma lo atestigua. Segunda: la inspiración es fundamentalmente el producto de auto revelaciones de Dios de carácter proposicional y objetivo, y no de encuentros con Dios que son subjetivos y espirituales. Tercera: se aplica la inspiración a toda la Biblia, y no solo a aquellas partes que tratan de fe y práctica. Cuarta: la encarnación sirve como un ejemplo útil de cómo lo divino y lo humano pueden cooperar. El término usado para describir esta visión de la Biblia se llama “inspiración verbal plenaria”, que significa que todas (plenaria) las palabras (verbal) de la Biblia provienen de Dios (inspiración), implicando así que toda la Biblia es inerrante. Dicho modo de ver la Biblia ha sido la postura principal y ortodoxa entre los cristianos desde el principio y no fue puesto en duda hasta la modernidad.106 La próxima sección contiene la conclusión del silogismo, y provee algunas aclaraciones esenciales en relación al significado preciso de inerrancia.
5. Por tanto, la Biblia es veraz
Habiendo avanzado en el argumento, se han probado como coherentes las premisas mayor y menor, a saber, que las palabras de Dios son verdad y que la Biblia es la palabra de Dios. La conclusión, pues, es lógicamente ineludible, a saber, que la Biblia es veraz (es decir, inerrante). Sin embargo, al menos cuatro aclaraciones han de hacerse para que la conclusión quede entendida apropiadamente. Dichas aclaraciones son las siguientes: La Biblia es verdad: 1) en sus autógrafos originales; 2) cuando se interpreta correctamente; 3) cuando se conocen todos los hechos; 4) con grados diversos de claridad y precisión. Cada punto será tratado en este orden a continuación.
5.1. En sus “autógrafos” originales
Para empezar, la Biblia es verdad en sus autógrafos, es decir, sus manuscritos originales. Cuatro clarificaciones más profundas deben hacerse en relación a esto. Primera: no se extiende la inerrancia a todo lo que los profetas o apóstoles dijeron, escribieron o hicieron durante sus vidas (ej.: 1Cr 29:29-30; 2Cr 26:22;107 Gá 2:11ss108), sino que se limita a los escritos que hicieron bajo la inspiración del Espíritu de Dios (2Ti 3:16; 2Pe 1:19-21).109
Segunda: se debe clarificar la relación entre los autógrafos y sus copias. Por un lado, la inerrancia no se extiende a las copias posteriores de los autógrafos originales en las que errores de los escribas podrían haberse introducido en la tradición textual.110Ambos, judíos y cristianos, fueron conscientes de las variantes textuales desde un periodo muy temprano e intentaron preservar (o restaurar) la lectura correcta.111 De paso, debe notarse que la Biblia cristiana es el libro mejor preservado de toda la antigüedad y, por tanto, el cristiano tiene todo el derecho de defender estar en posesión de una copia fiel de los autógrafos originales. Por otro lado, la inerrancia sí que se extiende a las copias posteriores de los autógrafos originales en la medida en que preservan con exactitud el texto. El hecho de que no poseamos los autógrafos originales (es decir, los documentos físicos) no significa necesariamente que no poseemos el mensaje original (es decir, las palabras).112 La preservación del mensaje original —no de los autógrafos originales— es lo más importante, y la crítica textual permite a los cristianos tener la confianza de que aún tienen el mensaje original.
Tercera: no se extiende la inerrancia a traducciones de la Biblia, porque es harto conocido que algunas de ellas lo han hecho incorrectamente en algunas partes de la Escritura (ej.: la Vulgata en Mt 4:17).113 No obstante, las comunidades judías y cristianas tienen unos dos mil años de práctica traductora, y ambas tienen largas historias de haber producido traducciones fieles al lenguaje original. De hecho, el hecho de que varios autores del Nuevo Testamento usaran la Septuaginta —y no el texto hebreo y arameo— testifica del hecho de que las traducciones de la Escritura podían ser usadas para transmitir el mensaje de la Escritura de modo correcto.
Cuarta: uno debe distinguir entre lo que significa la frase “autógrafos originales” para el Antiguo Testamento y el Nuevo. Por un lado, es bastante sencillo identificar los manuscritos originales de los variados trabajos del Nuevo Testamento. Si tomamos una de las cartas de Pablo como ejemplo, después de que él la escribiera (o la dictara a un amanuense), y después de que él (presumiblemente) la revisara y editara, el texto final puede ser llamado el autógrafo original. Por otro lado, el caso es diferente para ciertos textos del Antiguo Testamento, porque parece haber evidencia considerable de que los “autógrafos originales” son el resultado de una larga actividad editorial que incluye adiciones y quizás ediciones por escribas posteriores (ej.: Gn 14; Dt 34; LXX Jer vs. MT Jer; Pr).114 Por tanto, cuando hablamos de ciertos textos del Antiguo Testamento, lo mejor es reservar la frase “autógrafos originales” para referirse a la forma final o canónica del texto, y reservar otras frases como “primer borrador”, “segundo borrador”, etc., o “borrador preliminar” para referirse a los estados previos de la historia composicional del texto.115 Viéndolo así, la crítica textual se extendería solo a los “autógrafos originales” (es decir, a su forma final) y no a cualquier estado previo de desarrollo.116
Para afirmar el asunto positivamente, decir que aplicar la inerrancia a los autógrafos originales es enfocarse en el mensaje117 verbal y específico que Dios reveló originalmente. Por tanto, lo mejor es afirmar que la inerrancia llega hasta las traducciones de la Biblia hechas en nuestros días bajo dos condiciones: 1) los manuscritos en los que se basa la traducción reflejan fielmente los autógrafos originales, y 2) la traducción refleja fielmente las lenguas originales. Como la mayoría de las traducciones cumple suficientemente estas dos condiciones, es justo concluir que la inerrancia puede extenderse a las Biblias modernas.
5.2. Cuando es interpretada correctamente
La Biblia es veraz cuando se interpreta correctamente. Dicha afirmación, de algún modo, anticipa un tratamiento más profundo que se ofrece más adelante, pero que se tratará aquí con más brevedad. El asunto aquí es afirmar que la inerrancia se solapa invariablemente con otros asuntos como la hermenéutica.118 Para demostrar esto con un caso, los que están persuadidos de que la Biblia enseña que el Sol gira alrededor de la Tierra (ej.: Jos 10:12-14; Sal 19:4-6) deben extraer la conclusión de que la Biblia es errónea aquí debido a los descubrimientos de la ciencia moderna. Sin embargo, si tales pasajes no enseñan que el Sol gira alrededor de la Tierra, sino que lo que hacen es describir la relación del Sol y la Tierra vista por un observador humano y desde un nivel fenomenológico, entonces no hay ninguna contradicción entre la Escritura y la ciencia en este asunto.119 Los casos podrían ser multiplicados pero al final, el modo en que uno interprete la Biblia afectará al hecho de ver en ella errores o no verlos.
5.3. Cuando todos los hechos son conocidos
La Biblia es verdad cuando se conocen todos los hechos. Esta cualificación se ha incluido porque a veces la Biblia ha sido acusada de tener errores, solo para ser defendida después por nuevos descubrimientos o por interpretaciones del texto más convincentes. Por citar solo un ejemplo, a principios de los 90 algunos expertos del Antiguo Testamento comenzaron a dudar de que el rey David (y Salomón) existieran.120 Pero a mediados de los 90 fueron descubiertos o restaurados tres artefactos arqueológicos que contenían (probablemente) lecturas de la “casa” o “alturas” de “David” y que databan de los siglos IX-X a.C.121 Aunque las pruebas arqueológicas en sí mismas no establecen nada, sí que crean precaución ante la adopción de un acercamiento “minimalista” para verificar datos históricos.
5.4. Con diversos grados de claridad y precisión que corresponden a sus propósitos
La veracidad de la Biblia es proporcionalmente clara y precisa en la medida en que trata asuntos relacionados con sus propósitos centrales. Aunque ningún resumen del propósito central de la Biblia es perfecto, sí que puede aseverar que tiene que ver con revelar la persona y hechos de Dios, sobre todo con respecto a la creación, redención y consumación. Es decir, la mayoría de la Biblia tiene que ver precisamente con asuntos conectados con la fe y la práctica (ej.: Jn 20:30-31; Ro 15:4; 1Co 10:1-6; 2Ti 3:14-17; 1Jn 5:13). Menos central a los propósitos de la Escritura son asuntos relativos a la ciencia y la historia y, por tanto, uno debería esperar menos claridad y precisión cuando la Biblia trata estos temas.122 Por ejemplo: en Génesis 21:16 la Biblia dice que Agar se sentó “a la distancia de un tiro de arco” de su hijo. Esta afirmación tan imprecisa puede ser atribuida al hecho de que este detalle histórico particular queda en la periferia de los propósitos centrales de la Biblia. De hecho, en muchos (pero no en todos)123 los casos donde la Biblia toca asuntos relativos a la ciencia e historia, meramente afirma el hecho científico y/o histórico, y se enfoca en su interpretación teológica (es decir, lo que Dios está revelando a través de él). Por poner un ejemplo: mientras que se registra la crucifixión de Jesús en varios lugares en el Nuevo Testamento, el foco no está en proveer su veracidad científica o histórica, sino en su interpretación teológica.124 Por tanto, decir que la Biblia es inerrante en todo lo que dice es afirmar que sea lo que sea aquello de que hable, dice la verdad (Jn 3:12), aunque no sea igual de clara o precisa en todos los casos.
5.5. Conclusión
Para concluir, cuatro cualificaciones son importantes para una comprensión correcta de la inerrancia: la Biblia es verdad 1) en sus autógrafos originales, 2) cuando se interpreta correctamente, 3) cuando se conocen todos los hechos y 4) con diversos grados de claridad y precisión que corresponden a sus propósitos. Dichas cualificaciones (y otras) han sido necesarias incluir en la discusión debido a varias críticas dirigidas a la inerrancia. Con estas cualificaciones incluidas, sin embargo, la afirmación de que la Biblia es veraz queda bien defendida y, por lo tanto, como una posición que debe ser defendida y mantenida.
6. Lo que no es la inerrancia
La inerrancia trata un asunto muy particular, principalmente, la naturaleza de la Escritura con respecto a la verdad. Pero está relacionada con otros asuntos con los que se puede confundir fácilmente. A continuación, hay una breve discusión de tres asuntos que no deben ser confundidos con la inerrancia.
6.1. Visiones particulares de la inspiración
La Escritura deja espacio para varias maneras de entender la inspiración: desde la experiencia extática en la que el profeta es completamente pasivo (ej.: 1Sa 10; 19:20-24), a las confusas revelaciones de Daniel (Da 12:5-13), a las predicciones involuntarias de Ananías (Jn 11:50-51), a las correcciones de olvidos memorísticos y cambio de planes del apóstol Pablo (1Co 1:14-16; cp. 1Co 16:5-8//2Co 1:15-16) y todo lo que hay entremedias. Dicha variedad se insinúa en Hebreos 1:1, donde se dice que Dios habló a los profetas “muchas veces y de muchas maneras” y se ilustra en Números 12:6-8, donde Dios le dice a Aarón y Miriam que, mientras que él se revela a los profetas en “visiones” y “sueños”, con Moisés lo hace “cara a cara”. La inerrancia no trata el “cómo” de la inspiración, sino solo su resultado final con respecto a la verdad.125 Lo que es importante, sin embargo, es articular la inspiración de tal modo que permita la plena presencia de Dios y del hombre.126
6.2. Fundamentalismo (americano)
Muchos expertos suponen o defienden que la inerrancia y el “fundamentalismo” (es decir, estrecho, antiacadémico, no sofisticado, ingenuo, etc.) van de la mano, y como el fundamentalismo es un movimiento cuyas raíces son americanas, a veces la inerrancia resulta caricaturizada como un fenómeno únicamente americano.127 Sin embargo, como un simple estudio de la historia de la Iglesia demuestra fácilmente, la inerrancia ha sido creída por la mayoría de los cristianos desde el principio.128 La mayoría reconocería que la inerrancia fue articulada por Agustín (y antes), y su posición tuvo mucha influencia en las generaciones posteriores hasta la modernidad.129 Así, la inerrancia no es ni americana ni fundamentalista en su origen (si bien los americanos y los fundamentalistas fuesen los que seguían afirmando la enseñanza, frente a los que no), sino que es la herencia común de toda la Iglesia.
6.3. Hermenéutica
Aunque la doctrina de la inerrancia y la hermenéutica puedan estar muy cerca la una de la otra, no son lo mismo. La inerrancia trata el asunto de la naturaleza de la Biblia con respecto a la verdad mientras que la hermenéutica trata el asunto de los principios y métodos subyacentes que uno usa para interpretar la Biblia.130 Dicho de otro modo: la inerrancia está conectada con la ontología mientras que la hermenéutica es conectada con la epistemología. Mucha gente que piensa que está atacando a la inerrancia, en realidad está atacando una hermenéutica que algunos inerrantistas han empleado. Pero la relación entre las dos es solo accidental. Es decir, mucha gente iguala la creencia en la inerrancia a un acercamiento ingenuo, inexperto e inexpresivo a la lectura de la Biblia, que no mira asuntos como la intención del autor, el contexto histórico, la distinción de géneros textuales, etc. Sin embargo, aunque es verdad que la inerrancia fuerza a uno a leer la Biblia genuinamente, no fuerza a nadie a leerla ingenuamente. Este asunto ha sido incluido meramente para señalar que dos personas pueden mantener su creencia en la inerrancia y, al mismo tiempo, interpretar la Biblia de modo diferente.131
7. Conclusión
Este trabajo ha tratado de proveer una exposición de la inerrancia actualizada destinada al mundo de habla hispana, tal como quedó establecida en la Conferencia Internacional sobre la Inerrancia Bíblica de hace cuarenta años. Se ha propuesto y defendido el siguiente silogismo: 1) las palabras de Dios son verdad (es decir, inerrante); 2) la Biblia es la palabra de Dios; 3) por tanto, la Biblia es veraz (es decir, inerrante). Se han provisto cuatro cualificaciones importantes, que son que la Biblia es verdad 1) en sus autógrafos originales, 2) cuando se interpreta correctamente, 3) cuando se conocen todos los hechos y 4) con distintos grados de claridad y precisión correspondientes a sus propósitos. Finalmente, se ha distinguido la inerrancia de otros asuntos como visiones particulares de la inspiración, el fundamentalismo (americano) y la hermenéutica. Así que esperamos que la inerrancia haya quedado explicada de tal modo que demuestre su lógica y su atractivo. Lejos de estar en “crisis”, la inerrancia ha retenido y fortalecido su vitalidad.132
Es importante que se mantenga la inerrancia en la Iglesia por cuatro razones, al menos. Primera: porque afecta a cómo entendemos la auto revelación de Dios. ¿Se ha auto revelado Dios? Y si es así, ¿cómo? La inerrancia dice que lo ha hecho, y que lo ha hecho verazmente, sea cual sea el tema del que trate. Segunda, y relacionado con la razón anterior: se hace posible una teología unificada porque al final hay un solo autor, el Espíritu de Dios, tras los varios libros individuales de la Biblia. Sin la inerrancia, tal unificación no queda garantizada. Tercera: provee para la humanidad una verdad objetiva sobre los temas más importantes de la vida, tales como quién es Dios y qué ha hecho en nuestro mundo. Cuarta: la Escritura es la norma normans non normata (la norma que norma que no es normada) que funciona para permanecer sobre y contra todo otro reclamo de verdad, y que llama a la Iglesia a volver a la verdad de Dios con respecto al llamado central de la Iglesia.133 Para abreviar: la inerrancia es importante porque es el buen regalo de Dios a sus hijos, para que podamos conocer lo que él quiere que conozcamos sobre él y su mundo.134
Preguntas para reflexionar
¿Qué significa la frase inspiración verbal?
¿Qué significa la frase inspiración plenaria?
¿Cuáles son algunas aclaraciones necesarias que hacer para entender bien la inerrancia?
Argumente sus respuestas.

2. Es muy interesante que, aunque los protestantes conservadores no brillan por su ecumenismo, dicha conferencia fue una gran excepción: asistieron unos 300 expertos y pastores de cada una de las denominaciones más importantes.
3. Ricardo Rábanos Espinosa cita solo nueve trabajos (algunos bastante cortos) que giran en torno al tema de la inerrancia; ocho escritos antes que la ICBI, y el noveno, que trata sobre las posiciones defendidas por el Concilio Vaticano II sobre el asunto (-Bibliografía bíblica hispanoamericana [BHB 15; Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1993], cf. # 186, 191-195, 2348-2349, 3615); Klaus van der Grijp no cita ningún trabajo sobre la inerrancia, y cita solo uno sobre la inspiración –¡y del año 1895!– («Ensayo de una bibliografía de la historia del protestantismo español», en Diálogo Ecuménico 38.119 [2002]: 329-652); Olegario González de Cardenal tampoco discute sobre inspiración ni inerrancia (La teología en España (1959-2009) [Madrid: Ediciones -Encuentro, 2010]).
4. En este trabajo el término ‘Biblia’ se refiere a los 22 libros de las Escrituras judías (los cuales corresponden a los 39 libros del AT protestante) y a los 27 libros del NT cristiano. Para un trabajo básico sobre el canon del AT, cf. Roger Beckwith, The Old Testament Canon of the New Testament Church (London: SPCK, 1985); para el canon del NT, cf. F. F. Bruce, The Canon of Scripture (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1988); traducido al español bajo el título El canon de la Escritura y publicado por la Editorial Andamio. En cuanto a los textos mismos, para el AT se ha usado el BHS4, y para el NT, el NA28/UBS5.
5. Esta definición viene de Paul Feinberg y ha sido ligeramente modificada: “The Meaning of Inerrancy,” en Geisler, Inerrancy, 294; está muy cercana y alineada con la de Archibald Hodge y B. B. Warfield, “Inspiration,” The Presbyterian Review 6 (1881): 225-260, aquí 238. Debería percibirse que como la palabra inerrancia va ligada a las afirmaciones de la verdad, otros significados de comunicación como mandamientos, preguntas, parábolas, proverbios, etc. quedan incluidos en este estudio solo en la medida en que, de algún modo, afirmen indirecta o implícitamente la verdad.
6. Aunque los silogismos tienen origen griego, lo cual les hace estar potencialmente limitados para defender una verdad basada en un pensamiento hebraico, son también lógicos y, por tanto, universales. Los griegos simplemente eran los mejores en la conceptualización y organización del pensamiento lógico. Las Escrituras hebreas adjudican claramente la veracidad a Dios y a sus palabras (2Sa 7:28; 22:31; Sal 12:6; 18:30; 119:140, 160; Pr 8:8; 30:5), y así ofrecen un argumento directo, hecho desde un marco hebreo, a favor de la verdad plena de las Escrituras. Lo que las Escrituras hebreas hacen declarativamente explícito, el silogismo griego lo hace lógicamente explícito.
7. Es decir, la lógica inductiva objeta a las asunciones de la lógica deductiva, que los objetos mencionados en la premisa mayor y menor son idénticos.
8. Un enfoque similar ofrece Feinberg, “The Meaning of Inerrancy,” 269-276; Armin Baum, “Is New Testament Inerrancy a New Testament Concept? A Traditional and Therefore Open-Minded Answer,” JETS 57.2 (2014): 265-280, aquí 277-280 (sugerentemente).
9. Por el bien de la comparación, hay mezcla de testimonio referente a cómo los griegos comprendieron la plena verdad de sus dioses. Por un lado, Platón (República 2:382e) y Demóstenes (Oraciones 18:289) entendieron que los dioses estaban libres de mentira. Por otro, Platón responsabiliza a Homero de atribuir falsedad a los dioses (República 2:383a; cf. Homero, Ilíada 2:111-115).
10. Puede ser que 1Jn 4:6 sea otra referencia al Espíritu Santo, pero su comparación con el “espíritu de error” podría implicar que el referente es más bien “uno en quien la verdad mora” (cf. Stephen Smalley, 1, 2, 3 John [WBC 51; Nashville, TN: Thomas -Nelson, 1993], 230).
11. Todas las citas son tomadas de la Reina-Valera 1995. Proverbios 30:5 comparte mucho del lenguaje de Sal 18:30 (cf. 2Sa 22:31). La contribución especial en el texto de Proverbios está en “toda” palabra de Dios. Para otro texto similar (aunque distinto), cf. Sal 119:151.
12. Así Ronald Murphy, Proverbs (WBC 22; Nashville, TN: Thomas Nelson, 1988), 229. Murphy señala, menos mal, el contraste entre la palabra de Dios en el v. 5 y el propio testimonio de Agur en los vv. 2-3. La implicación es que, aunque Agur (representante de todos los seres humanos) está limitado en conocimiento, Dios no lo está.
13. HALOT, 3:1057.
14. Salvo, obviamente, que sus autores estuviesen mintiendo y no hablando de parte de Dios; para órdenes relativas a la identificación y castigo de tales “profetas”, cf. Dt 18:18-20.
15. El lenguaje de Éx 34:27-28 es ambiguo con respecto a quién escribió la segunda copia de los Diez mandamientos, si Moisés o Dios. Sin embargo, Dt 10:1-4 deja claro que es Dios quien la escribió. Daniel 5:5, 25 puede ser otro ejemplo de un texto escrito por Dios.
16. Hay pequeñas diferencias entre las dos listas de Éx 20 y Dt 25, de las cuales las más notables son el cambio de enfoque en el cuarto mandamiento, la combinación de los últimos seis mandamientos de Dt en uno con la palabra “y” (cf. 5:16-21) y la ligera variación en el quinto y décimo mandamiento. Si bien esto pudiera ser debido, al menos en parte, a la corrupción textual, una explicación más probable es que en Dt 5, Moisés ha contextualizado la lista original de Éx 20 para propósitos pastorales (cf. Daniel I. Block, “‘You Shall Not Covet Your Neighbor’s Wife’: A Study in Deuteronomy’s Domestic Ideology,” JETS 53 [2010]: 449-474). No obstante, no debería dejar de notarse que no hay ningún mandamiento en Dt que no ha aparecido antes en Éx.
17. La derivación de “profeta” (Heb: נָבִיא) es instructiva por sí misma. Aunque según la etimología popular, viene de בוא (venir, ir), lo más probable es que venga del acadio nabû, y “aún más probablemente” tiene el sentido pasivo de “uno que ha sido llamado” (HALOT, s.v. נָבִיא). Debería notarse que mientras “profeta” quizá sea el nombre mejor conocido, se usaron también otros nombres como “hombre de Dios” (Heb: אִישׁ־אֱלֹהִ֖ים; ej.: 1Sa 2:27; 9:6-10; 1Re 12:22), “vidente” (Heb: רֹאֶה o חֹזֶה; ej.: 1Sa 9:9; 2Re 17:13; Is 30:10) y “siervo” (Heb: עֶבֶד; ej.: Jer 7:25; Ez 38:17; Zac 1:6). Al menos en una ocasión, el sacerdote es llamado el “mensajero” (Heb: מַלְאַ֥ךְ) del Señor (Mal 2:7), pero con una diferencia. -Comentando sobre este pasaje, Ralph Smith escribe “Un sacerdote era un ‘mensajero de Dios’ (2:7), pero no en el mismo sentido que lo era el profeta. Dios reveló su mensaje al profeta y el profeta iba a proclamarlo. El sacerdote era el mensajero de Dios en tanto era el guardián y maestro de un cuerpo de conocimiento religioso” (Micah-Malachi [WBC 32; Grand Rapids, MI: Zondervan, 1984], 318).
18. El hecho de que Balaam fuese un falso profeta no minimiza la fuerza del argumento de que los verdaderos profetas hablaban verdaderamente la palabra de Dios. De hecho, podría darse el caso de que esto realmente aumentara la fiabilidad de los profetas verdaderos: si aun los falsos profetas que no obedecían a Dios solo podían hablar sus palabras, ¿cuánto más lo harían los verdaderos que obedecían a Dios? Para un fenómeno similar, cf. Jn 11:50-51 donde Caifás profetizó (aunque no como profeta en sentido estricto) correctamente sobre la muerte de Jesús por la nación, pero “no lo dijo por sí mismo”.
19. Para una lectura similar de este acontecimiento, cf. Josefo, Antig. 4:118-119. Para expresiones similares de sumisión total al mensaje de Dios, cf. 1Re 22:14; 2Cr 18:13; Jer 42:4. Para otras referencias a profetas que fueron obligados a hablar cuando Dios les había hablado, cf. Jer 20:9; Am 3:8; 7:14-15. Algunos profetas habían sido presionados a cesar de profetizar, lo cual implica que tuvieron que hablar lo que Dios les decía (Is 30:10; Am 2:12). Si algunas profecías parecen haber sido incontrolables (ej.: 1Sa 10; 19:20-24), otras parecen haber sido controlables (ej.: 2Cr 25:16; Ez 3:17-18; 33:7-8; 1Co 14:32). Quizá el hecho de que las experiencias de inspiración fueran distintas, fue lo que provocó que las respuestas de parte de los profetas también lo fueran.
20. Junto a estas líneas, es importante notar las numerosas referencias a la “boca del SEÑOR”: Jos 17:4; 2Cr 36:12; Is 1:20; 40:5; 58:14; Jer 9:12; 23:16; Lm 3:38; Mi 4:4. Aun si esta frase es antropomórfica, no obstante, evoca a Dios como la definitiva fuente del mensaje. Se trata la cuestión relativa de si dicha meditación implica o no libertad en los profetas para cambiar o alterar el mensaje de Dios más adelante en §4.2-3. Es importante notar que los profetas no siempre hablaban las palabras de Dios (ej.: el profeta Abraham mintió/condujo mal; cf. Gn 12:11-13; 20:2, 7, 11-13), sino solo cuando el Espíritu de Dios hablaba por ellos.
21. Es dentro del contexto de Aarón hablando por Moisés, que Moisés es “constituido Dios” para el faraón (Éx 4:16; 7:1): Moisés tenía su propio “profeta” en Aarón.
22. Ver más adelante para un mayor desarrollo de este punto. Cf. Hesíodo, Teogonía 31-32 para una reclamación similar de inspiración por un espíritu divino (ἐνέπνευσαν δέ µοι αὺδὴν θέσπιν). Debería notarse que, al menos en una ocasión, el “ángel del SEÑOR” habló a un profeta del mismo modo que el Espíritu lo hacía (1Cr 21:18-19; cf. 2Sa 24:18-19). El envío del Espíritu de Dios a hablar la verdad no se debe confundir con otros pasajes en los que Dios envía un espíritu de mentira (1Re 22:19-23; 2Cr 18:18-22; Ez 14:6-11; cf. 2Ts 2:9-12). En estos ejemplos, ni los profetizados ni los profetas están buscando realmente a Dios, sino que lo que quieren es usar a Dios para sus malvados propósitos, y hablan conforme a sus propias mentes y corazones (Jer 23:16, 25-27; Ez 13:2-3, 17). Es, quizá, en este contexto, como debería entenderse Sal 18:26b: “y severo serás para con el tramposo” (cf. Pr 3:34). Para paralelismos griegos con esto, cf. Hesíodo, Teogonía, 27-28; Justino Mártir, Diálogo 7:3.
23. Al menos una razón por la que algunas profecías fueron puestas por escrito era que generaciones futuras alabaran al SEÑOR por su salvación (Sal 102:18-22).
24. En una búsqueda realizada mediante el programa Accordance (versión 12.0.2), se mostraron 181 ejemplos para la construcción אמר + יְהוָ֖ה + אֶל y 232 para la construcción דבר + יְהוָ֖ה + אֶל. No todas van seguidas de una cita directa de Dios, pero muchas sí. Un fenómeno relacionado con esto es la repetida frase: “así dice Jehová”. Wayne Grudem muestra evidencia de que esta frase es paralela a la común fórmula del real decreto “así dice el rey”, usada en otras sociedades del antiguo cercano oriente (para ejemplos bíblicos, cf. Éx 5:10-11; 1Re 2:30; 20:2 [BHS: v. 3], 5; 2Re 18:18). El contenido del real decreto, fuese cual fuese, no podía ser cuestionado por los súbditos del rey, sino recibido y obedecido (“Scripture’s Self-Attestation and the Problem of Formulating a Doctrine of Scripture,” en D. A. Carson y John Woodbridge (eds), Scripture and Truth [Leicester, England: Inter-Varsity Press, 1983], 19-59, aquí 21-22). Henri Blocher observa, de manera interesante, que en estos casos había “poco o ningún énfasis en la personalidad misma del heraldo” (“God and the Scripture Writers: The Question of Double Authorship,” en Carson, Enduring Authority, 502).
25. El pasaje de Éxodo que relata el Libro del pacto (Éx 21-23) es muy ilustrativo: cuando Moisés leyó el Libro a los israelitas (Éx 24:3, 7), la gente respondió diciendo, “Cumpliremos todas las palabras que Jehová ha dicho” (Éx 24:3; cf. v. 7). Por tanto, los tres capítulos de material son vistos como provenientes de Dios. Aunque estos puntos son enfatizados más tarde, el énfasis en palabras específicas (y no en ideas) venidas del SEÑOR (y no de Moisés) no deberían pasar desapercibidas.
26. El “espaciado” de las palabras aquí puede revelar una traducción diferente: en vez de “mediante los profetas”, podría ser “por mi temible discurso” (cf. Douglas Stuart, Hosea–Jonah [WBC 31; Grand Rapids, MI: Zondervan, 1988], 109).
27. Este texto es especialmente importante porque unos pocos versículos después en el v. 16, al profeta Miqueas se le implora hablar “que no me digas sino la verdad (Heb: אֱמֶת) en nombre de Jehová” (cf. 2Cr 18:13, 15).
28. Cf. Éx 4:15 para un paralelismo con Moisés y Aarón. El pasaje de Jer 15:19 es aún más fuerte que los otros, porque en él se dice que Jeremías mismo deberá ser la boca del SEÑOR.
29. No se sabe si Is 51:16; 59:21 se refiere al mismo fenómeno que explicamos antes.
30. Por el contrario, un falso profeta habla en el nombre del SEÑOR cuando el SEÑOR no le ha hablado: Jer 14:14-15; 23:16, 25-26, 32; 27:14-15; Ez 13:1-3, 17; 22:28.
31. No obstante, como implica Os 8:12, sería Dios mismo escribiendo las leyes. Para ejemplos de hombres que no son profetas y a los que se les ordena escribir la ley de Dios, cf. Dt 17:18-20; 27:1-8. Además, hay varios pasajes que hablan de profetas escribiendo varios textos sin ninguna orden directa de Dios (Éx 24:4; Dt 31:9-13; Jos 8:32; 24:26; 1Sa 10:25; 1Cr 28:19 [?]; 29:29; 2Cr 20:34; 21:12-15; 24:19-20; 26:22; 28:19; 32:32; Is 8:16; 29:18; 34:16; Jer 25:31; 29:1; 45:1; 50:60-64). La diferencia clave parece ser esta: tanto si se les mandara escribir como si no, cuando el Espíritu de Dios estaba con ellos, estaban escribiendo de parte de Dios, y cuando el Espíritu de Dios no estaba con ellos, no lo estaban haciendo. Dicha diferencia pueda explicar cómo los profetas pudieron escribir libros no canónicos. La conexión entre los profetas de Dios y la inspiración es precristiana; cf. Josefo, Con. Ap. 1:37, 41.
32. La preposición es importante. Dios no habló “por” los profetas como si ellos fueran la fuente final de la revelación sino “a través de” (Heb: בְּ) ellos, así permitiendo que el mensaje fuese totalmente divino y humano. Para referencias a Dios hablando “a través de” los profetas, cf. Os 1:2; 12:10; Zac 7:12; Hag 1:1, 3; 2:10. La idea de Dios hablando “a través de” los profetas y apóstoles es la idea predominante en la era patrística (latín: per; griego: διά).
33. Para otros textos que conectan el Espíritu de Dios y los profetas, cf. Nm 11:29; 24:2; 1Sa 10:10; 19:20, 23; 2Cr 15:1; 20:14, 20; Neh 9:30; Ez 2:2; Os 9:7; Mi 3:8. Quizá un paralelismo a este fenómeno se puede encontrar en Éx 31:1-11 (cf. 35:30-36:2; 38:22-23), donde Dios llenó a Bezaleel (¿y a Aholiab?) con su Espíritu para la obra del tabernáculo que Dios había mostrado a Moisés: 1) Dios envió 2) su Espíritu para trabajar a través de 3) Bezaleel (y Aholiab) quien 4) construyó el tabernáculo.
34. Hay que notar también la conexión con el Espíritu de Dios en Lc 4:18-19 (cf. Is 61:1-2). Hay algunos textos que pueden sugerir que las palabras de Jesús no eran siempre veraces, pero estos ejemplos pueden ser explicados fácilmente. En Mr 9:1 pars, las palabras de Jesús no tienen que ser interpretadas como refiriéndose a su segunda venida, sino a cualquiera (o cualquiera combinación) de los siguientes acontecimientos: transfiguración, crucifixión, resurrección, ascensión o la venida del Espíritu. En Lc 16:8, el maestro aprueba la astucia del mayordomo, no su deshonestidad. En Jn 7:1-10, Jesús no mintió sobre no subir a Jerusalén, sino que no quería subir basado en el consejo mundano de sus incrédulos hermanos (cf. 7:4); en cambio, esperó las señales del Padre y subió a Jerusalén por otros motivos distintos a proclamarse el Mesías.
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