Kitabı oku: «Don Álvaro o La fuerza del Sino»

Publicado por Good Press, 2022
goodpress@okpublishing.info
EAN 4057664108685

El Duque de Rivas
PERSONAS.
• Don Álvaro.
• El Marqués de Calatrava.
• Don Cárlos de Vargas, su hijo.
• Don Alfonso de Vargas, idem.
• Doña Leonor, idem.
• Curra, criada.
• Preciosilla, gitana.
• Un canónigo.
• El padre guardian del convento de los Ángeles.
• El hermano Meliton, portero.
• Pedraza y otros oficiales.
• Un cirujano de ejército.
• Un capellan de regimiento.
• Un alcalde.
• Un estudiante.
• Un majo.
• Mesonero y mesonera.
• La moza del meson.
• El tio Trabuco, arriero.
• El tio Paco, aguador.
• El capitan preboste.
• Un sargento.
• Un ordenanza á caballo.
• Dos habitantes de Sevilla.
• Soldados españoles, arrieros, lugareños y lugareñas.
***
Este drama pertenece á la Galería Dramática, que comprende los teatros moderno, antiguo español y extranjero, y es propiedad en el todo de su editor D. Manuel Pedro Delgado, quien perseguirá ante la ley, para que se le apliquen las penas que marca la misma, al que sin su permiso le reimprima ó represente en algun teatro del Reino, ó en los liceos y demás sociedades sostenidas por suscricion de los socios, con arreglo á la ley de 10 de Junio de 1847, y decreto orgánico de teatros de 28 de Julio de 1852.
***
Esta obra, representada en el Teatro Español en la temporada de 1878 á 1879, con extraordinario éxito, durante veintidos noches consecutivas, ha tenido el siguiente
REPARTO.
DOÑA LEONOR.
Sra.
Mendoza Tenorio.
CURRA.
Sra.
García.
PRECIOSILLA.
Sra.
Varela (D.ª Ana).
MESONERA.
Sra.
Revilla.
MOZA DEL MESON.
Sra.
Ramirez.
DON ÁLVARO.
Sr.
Calvo (D. Rafael).
DON CÁRLOS VARGAS.
DON ALFONSO VARGAS.
Sr.
Calvo (D. Ricardo).
PADRE GUARDIAN.
Sr.
Jimenez.
HERMANO MELITON.
Sr.
Fernandez.
CAPITAN.
Sr.
Martinez.
VENTERO.
Sr.
Guerra.
CANÓNIGO.
OFICIAL 1.º
Sr.
Egea.
MARQUÉS DE CALATRAVA.
Sr.
Calvo (D. José).
ESTUDIANTE.
Sr.
Peña.
PEDRAZA.
HABITANTE 1.º
Sr.
C. Revilla.
SUBTENIENTE.
HABITANTE 2.Вє
Sr.
Miralles.
TIO TRABUCO.
MAJO.
Sr.
Castro.
OFICIAL 1.º
TENIENTE.
Sr.
Calvo (D. Fernando).
VIEJO.
TIO PACO.
Sr.
Letre.
CAPELLAN.
Sr.
Terceño.
COJO.
CIRUJANO.
Sr.
Corral.
ALCALDE.
Sr.
Lopez Chico.
MANCO.
SARGENTO.
Sr.
Almansa.
OFICIAL 2.º
Sr.
Escay.
OFICIAL 3.º
Sr.
Aguado.
OFICIAL 4.º
Sr.
Gil.
ARRIERO.
UNA MUJER.
Sra.
Martin.
JORNADA PRIMERA.
La escena es en Sevilla y sus alrededores.
La escena representa la entrada del puente de Triana, el que estará practicable á la derecha. En primer término al mismo lado un aguaducho, ó barraca de tablas y lonas, con un letrero que diga: Agua de Tomares: dentro habrá un mostrador rústico con cuatro grandes cántaros, macetas de flores, vasos, un anafre con una cafetera de hoja de lata y una bandeja con azucarillos. Delante del aguaducho habrá bancos de pino. Al fondo se descubrirá de lejos parte del arrabal de Triana, la huerta de los Remedios con sus altos cipreses, el rio y varios barcos en él, con flámulas y gallardetes. Á la izquierda se verá en lontananza la alameda. Varios habitantes de Sevilla cruzarán en todas direcciones durante la escena. El cielo demostrará el ponerse el sol en una tarde de Julio, y al descorrerse el telon aparecerán: el tio Paco detrás del mostrador en mangas de camisa; el oficial bebiendo un vaso de agua, y de pié; Preciosilla á su lado templando una guitarra; el majo y los dos habitantes de Sevilla sentados en los bancos.
ESCENA PRIMERA.
Oficial.
Vamos, Preciosilla, cántanos la rondeña. Pronto, pronto: ya está bien templada.
Preciosilla.
Señorito, no sea su merced tan súpito. Déme antes esa mano, y le diré la buenaventura.
Oficial.
Quita, que no quiero tus zalamerías. Aunque efectivamente tuvieras la habilidad de decirme lo que me ha de suceder, no quisiera oírtelo… Sí, casi siempre conviene el ignorarlo.
Majo.
(Levantándose.) Pues yo quiero que me diga la buenaventura esta prenda. Hé aquí mi mano.
Preciosilla.
Retire usted allá esa porquería… Jesus, ni verla quiero, no sea que se encele aquella niña de los ojos grandes.
Majo.
(Sentándose.) ¡Qué se ha de encelar de tí, pendon!
Preciosilla.
Vaya, saleroso, no se cargue usted de estera, convídeme á alguna cosita.
Majo.
Tio Paco, déle usted un vaso de agua á esta criatura, por mi cuenta.
Preciosilla.
¿Y con panal?
Oficial.
Sí, y despues que te refresques el garguero y que te endulces la boca, nos cantarás las corraleras.
(El aguador sirve un vaso de agua con panal á Preciosilla, y el oficial se sienta junto al majo.)
Habitante 1.º
Hola; aquí viene el señor canónigo.
ESCENA II.
Canónigo.
Buenas tardes, caballeros.
Habitante 2.º
Temíamos no tener la dicha de ver á su merced esta tarde, señor canónigo.
Canónigo.
(Sentándose y limpiándose el sudor.) ¿Qué persona de buen gusto, viviendo en Sevilla, puede dejar de venir todas las tardes de verano á beber la deliciosa agua de Tomares, que con tanta limpieza y pulcritud nos dá el tio Paco, y á ver un ratito este puente de Triana, que es lo mejor del mundo?
Habitante 1.º
Como ya se está poniendo el sol…
Canónigo.
Tio Paco, un vasito de la fresca.
Tio Paco.
Está usía muy sudado; en descansando un poquito le daré el refrigerio.
Majo.
Dale á su señoría el agua templada.
Canónigo.
No, que hace mucho calor.
Majo.
Pues yo templada la he bebido, para tener el pecho suave, y poder entonar el rosario por el barrio de la Borcinería, que á mí me toca esta noche.
Oficial.
Para suavizar el pecho, mejor es un trago de aguardiente.
Majo.
El aguardiente es bueno para sosegarlo despues de haber cantado la letanía.
Oficial.
Yo lo tomo antes y despues de mandar el ejercicio.
Preciosilla.
(Habrá estado punteando la guitarra, y dirá al majo.) Oiga usted, rumboso, ¿y cantará usted esta noche la letanía delante del balcon de aquella persona?…
Canónigo.
Las cosas santas se han de tratar santamente. Vamos. ¿Y qué tal los toros de ayer?
Majo.
El toro berrendo de Utrera, salió un buen bicho, muy pegajoso… Demasiado.
Habitante 1.º
Como que se me figura que le tuvo usted asco.
Majo.
Compadre, alto allá, que yo soy muy duro de estómago… aquí está mi capa (Enseña un desgarron.) diciendo por esta boca, que no anduvo muy lejos.
Habitante 2.º
No fué la corrida tan buena como la anterior.
Preciosilla.
Como que ha faltado en ella Don Álvaro el indiano, que á caballo y á pié es el mejor torero que tiene España.
Majo.
Es verdad que es todo un hombre, muy duro con el ganado, y muy echado adelante.
Preciosilla.
Y muy buen mozo.
Habitante 1.º
¿Y por qué no se presentaria ayer en la plaza?
Oficial.
Harto tenia que hacer con estarse llorando el mal fin de sus amores.
Majo.
Pues qué, ¿lo ha plantado ya la hija del señor marqués?…
Oficial.
No: Doña Leonor no le ha plantado á él, pero el marqués la ha trasplantado á ella.
Habitante 2.º
¿Cómo?…
Habitante 1.º
Amigo, el señor marqués de Calatrava tiene mucho copete, y sobrada vanidad para permitir que un advenedizo sea su yerno.
Oficial.
¿Y qué más podia apetecer su señoría, que el ver casada á su hija (que con todos sus pergaminos está muerta de hambre) con un hombre riquísimo, y cuyos modales están pregonando que es un caballero?
Preciosilla.
Si los señores de Sevilla son vanidad y pobreza todo en una pieza. Don Álvaro es digno de ser marido de una emperadora… ¡Qué gallardo!… ¡qué formal y qué generoso!… Hace pocos dias que le dije la buenaventura (y por cierto no es buena la que le espera si las rayas de la mano no mienten), y me dió una onza de oro como un sol de mediodia.
Tio Paco.
Cuantas veces viene aquí á beber me pone sobre el mostrador una peseta columnaria.
Majo.
¡Y vaya un hombre valiente! Cuando en la Alameda vieja le salieron aquella noche los siete hombres más duros que tiene Sevilla, metió mano, y me los acorraló á todos contra las tapias del picadero.
Oficial.
Y en el desafío que tuvo con el capitan de artillería se portó como un caballero.
Preciosilla.
El marqués de Calatrava es un vejete tan ruin, que por no aflojar la mosca, y por no gastar…
Oficial.
Lo que debia hacer Don Álvaro era darle una paliza que…
Canónigo.
Paso, paso, señor militar. Los padres tienen derecho de casar á sus hijas con quien les convenga.
Oficial.
¿Y qué, no le ha de convenir Don Álvaro, porque no ha nacido en Sevilla?… Fuera de Sevilla nacen tambien caballeros.
Canónigo.
Fuera de Sevilla nacen tambien caballeros, sí señor; pero… ¿lo es Don Álvaro?… Solo sabemos que ha venido de Indias hace dos meses, y que ha traido dos negros y mucho dinero… Pero ¿quién es?…
Habitante 1.º
Se dicen tantas y tales cosas de él…
Habitante 2.º
Es un ente muy misterioso.
Tio Paco.
La otra tarde estuvieron aquí unos señores hablando de lo mismo, y uno de ellos dijo que el tal Don Álvaro habia hecho sus riquezas siendo pirata.
Majo.
¡Jesucristo!
Tio Paco.
Y otro, que Don Álvaro era hijo bastardo de un grande de España, y de una reina mora…
Oficial.
¡Qué disparate!
Tio Paco.
Y luego dijeron que no, que era… no lo puedo declarar… finca… ó brinca… una cosa así… así como… una cosa muy grande allá de la otra banda.
Oficial.
¿Inca?
Tio Paco.
Sí señor, eso, Inca… Inca.
Canónigo.
Calle usted, tio Paco, no diga sandeces.
Tio Paco.
Yo nada digo, ni me meto en honduras; para mí cada uno es hijo de sus obras, y en siendo buen cristiano y caritativo…
Preciosilla.
Y generoso y galan.
Oficial.
El vejete roñoso del marqués de Calatrava hace muy mal en negarle su hija.
Canónigo.
Señor militar, el señor marqués hace muy bien. El caso es sencillísimo. Don Álvaro llegó hace dos meses, y nadie sabe quién es. Ha pedido en casamiento á Doña Leonor, y el marqués, no juzgándolo buen partido para su hija, se la ha negado. Parece que la señorita estaba encaprichadilla, fascinada, y el padre la ha llevado al campo, á la hacienda que tiene en el Aljarafe, para distraerla. En todo lo cual el señor marqués se ha comportado como persona prudente.
Oficial.
Y Don Álvaro, ¿qué hará?
Canónigo.
Para acertarlo debe buscar otra novia; porque si insiste en sus descabelladas pretensiones, se expone á que los hijos del señor marqués vengan, el uno de la universidad y el otro del regimiento, á sacarle de los cascos los amores de Doña Leonor.
Oficial.
Muy partidario soy de Don Álvaro, aunque no le he hablado en mi vida, y sentiría verlo empeñado en un lance con Don Cárlos, el hijo mayorazgo del marqués. Le he visto el mes pasado en Barcelona, y he oido contar los dos últimos desafíos que ha tenido ya, y se le puede ayunar.
Canónigo.
Es uno de los oficiales más valientes del regimiento de Guardias Españolas, donde no se chancea en esto de lances de honor.
Habitante 1.º
Pues el hijo segundo del señor marqués, el Don Alfonso, no le va en zaga. Mi primo, que acaba de llegar de Salamanca, me ha dicho que es el coco de la universidad, más espadachin que estudiante, y que tiene metidos en un puño á los matones sopistas.
Majo.
¿Y desde cuándo está fuera de Sevilla la señorita Doña Leonor?
Oficial.
Hace cuatro dias que se la llevó el padre á su hacienda, sacándola de aquí á las cinco de la mañana, despues de haber estado toda la noche hecha la casa un infierno.
Preciosilla.
¡Pobre niña!… ¡Qué linda que es, y qué salada!… Negra suerte la espera… Mi madre la dijo la buenaventura, recien nacida, y siempre que la nombra se le saltan las lágrimas… Pues el generoso don Álvaro…
Habitante 1.º
En nombrando al ruin de Roma, luego asoma… allí viene don Álvaro.
ESCENA III.
Empieza á anochecer, y se va oscureciendo el teatro. Don Álvaro sale embozado en una capa de seda, con un gran sombrero blanco, botines y espuelas, cruza lentamente la escena mirando con dignidad y melancolía á todos lados, y se va por el puente. Todos le observan en gran silencio.
ESCENA IV.
Majo.
¿Adónde irá á estas horas?
Canónigo.
Á tomar el fresco al Altozano.
Tio Paco.
Dios vaya con él.
Militar.
¿Á que va al Aljarafe?
Tio Paco.
Yo no sé, pero como estoy siempre aquí de dia y de noche, soy un vigilante centinela de cuanto pasa por esta puente… Hace tres dias que á media tarde pasa por ella hácia allá un negro con dos caballos de mano, y que Don Álvaro pasa á estas horas, y luego á las cinco de la mañana vuelve á pasar hácia acá, siempre á pié; y como media hora despues pasa el negro con los mismos caballos llenos de polvo y de sudor.
Canónigo.
¿Cómo?… ¿Qué me cuenta usted, Tio Paco?…
Tio Paco.
Yo nada, digo lo que he visto; y esta tarde ya ha pasado el negro, y hoy no llevaba dos caballos, sino tres.
Habitante 1.º
Lo que es atravesar el puente hácia allá á estas horas, he visto yo á Don Álvaro tres tardes seguidas.
Majo.
Y yo he visto ayer á la salida de Triana al negro con los caballos.
Habitante 2.º
Y anoche, viniendo yo de San Juan de Alfarache, me paré en medio del olivar á apretar las cinchas á mi caballo, y pasó á mi lado, sin verme y á escape, Don Álvaro, como alma que llevan los demonios, y detrás iba el negro. Los conocí por la jaca torda, que no se puede despintar… ¡cada relámpago que daban las herraduras!…
Canónigo.
(Levantándose y aparte.) ¡Hola, hola!… Preciso es dar aviso al señor marqués.
Militar.
Me alegrára de que la niña traspusiese una noche con su amante, y dejára al vejete pelándose las barbas.
Canónigo.
Buenas noches, caballeros: me voy, que empieza á ser tarde. (Aparte yéndose.) Sería faltar á la amistad no avisar al instante al marqués de que Don Álvaro le ronda la hacienda. Tal vez podamos evitar una desgracia.
ESCENA V.
El teatro representa una sala colgada de damasco, con retratos de familia, escudos de armas y los adornos que se estilaban en el siglo pasado, pero todo deteriorado, y habrá dos balcones, uno cerrado y otro abierto y practicable, por el que se verá un cielo puro, iluminado por la luna, y algunas copas de árboles. Se pondrá en medio una mesa con tapete de damasco, y sobre ella habrá una guitarra, vasos chinescos con flores, y dos candeleros de plata con velas, únicas luces que alumbrarán la escena. Junto á la mesa habrá un sillon. Por la izquierda entrará el Marqués de Calatrava con una palmatoria en la mano, y detrás de él Doña Leonor, y por la derecha entra la criada.
Marqués.
(Abrazando y besando á su hija.)
Buenas noches, hija mia;
hágate una santa el cielo.
Adios, mi amor, mi consuelo,
mi esperanza, mi alegría.
No dirás que no es galan
tu padre. No descansára
si hasta aquí no te alumbrára
todas las noches… Están
abiertos estos balcones, (Los cierra.)
y entra relente… Leonor…
¿nada me dice tu amor?
¿Por qué tan triste te pones?
Leonor.
(Abatida y turbada.)
Buenas noches, padre mio.
Marqués.
Allá para Navidad
iremos á la ciudad:
cuando empiece el tiempo frio.
Y para entonces traeremos
al estudiante, y tambien
al capitan. Que les dén
permiso á los dos haremos.
¿No tienes gran impaciencia
por abrazarlos?
Leonor.
¿Pues no?
¿qué más puedo anhelar yo?
Marqués.
Los dos lograrán licencia.
Ambos tienen mano franca,
condicion que los abona,
y Cárlos, de Barcelona,
y Alfonso, de Salamanca,
ricos presentes te harán.
Escríbeles tú, tontilla,
y algo que no haya en Sevilla
pídeles, y lo traerán.
Leonor.
Dejarlo será mejor
á su gusto delicado.
Marqués.
Lo tienen, y muy sobrado:
como tú quieras, Leonor.
Curra.
Si como á usted, señorita,
carta blanca se me diera,
á Don Cárlos le pidiera
alguna bata bonita
de Francia. Y una cadena
con su broche de diamante
al señorito estudiante,
que en Madrid la hallará buena.
Marqués.
Lo que gustes, hija mia.
Sabes que el ídolo eres
de tu padre… ¿No me quieres?
(La abraza y besa tiernamente.)
Leonor.
¡Padre!… ¡Señor!… (Afligida.)
Marqués.
La alegría
vuelva á tí, prenda del alma;
piensa que tu padre soy,
y que de contínuo estoy
soñando tu bien… La calma
recobra, niña… en verdad
desde que estamos aquí
estoy contento de tí,
veo la tranquilidad
que con la campestre vida
va renaciendo en tu pecho,
y me tienes satisfecho;
sí, lo estoy mucho, querida.
Ya se me ha olvidado todo;
eres muchacha obediente,
y yo seré diligente
en darte un buen acomodo.
Sí, mi vida… ¿quién mejor
sabrá lo que te conviene,
que un tierno padre, que tiene
por tí el delirio mayor?
Leonor.
(Echándose en brazos de su padre con gran desconsuelo.)
¡Padre amado!… ¡Padre mio!
Marqués.
Basta, basta… ¿Qué te agita?
(Con gran ternura.)
Yo te adoro, Leonorcita,
no llores… ¡Qué desvarío!
Leonor.
¡Padre!… ¡Padre!
Marqués.
(Acariciándola y desasiéndose de sus brazos.)
Adios, mi bien.
Á dormir, y no lloremos.
Tus cariñosos extremos
el cielo bendiga, amen.
(Váse el Marqués, y queda Leonor muy abatida y llorosa sentada en el sillon.)
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