Kitabı oku: «Adolescencia y familia»
Adolescencia y familia
Adolescence and family

Adolescencia y familia
La transformación de la familia colombiana y su incidencia en los adolescentes
Adolescence and family
The transformation of the Colombian family and its incidence in adolescents
Norman Darío Moreno Carmona (Ed.)

Agradecimientos
A la familia, en cualquiera de sus formas, pues he tenido la fortuna de ser bendecido con el apoyo y acompañamiento de diversas familias, cada una muy valiosa:
Mi familia de sangre, de origen paisa: los Moreno Carmona, que en cabeza de Fabián de Jesús y Luz Elena (q.e.p.d.) ha sido una extraordinaria familia. A mis 11 hermanos: Alberto Javier, Clara Inés, Mary Luz, Juan Antonio, John Jairo, Jorge Enrique, Rosa Elena, Santiago Alfonso, Liliana María, Fabián Andrés y Carmen Emilia, y mis 24 sobrinos y 15 sobrinonietos (hasta ahora), con quienes hemos logrado hacer un proyecto de vida con amor y respeto.
La familia Burbano, de Cali, de origen afrodescendiente de la Costa Pacífica, y esa gran matrona, Clarita, quien con su generosidad y entrega de madre no necesitó estudios para tener claro lo que es levantar sola una familia en unidad y con valores.
Y estas dos familias tan diversas y con costumbres tan dife- rentes hicieron posible el surgimiento de una nueva familia, más diferente que ellas dos, y que durante más de 23 años hemos conformado con Andrés.
Y cómo dejar por fuera a la familia INAL (Integración de Ahorradores Amigos) de Popayán que, superando los vínculos de sangre, aun en la distancia, sigue siendo referente de apoyo fraterno, generosidad, alegría y amistad inquebrantable de mis años jóvenes.
In memoriam
A la Dra. Joaquina Palomar Lever, artífice de este proyecto y quien como directora de la tesis doctoral que dio origen a esta investigación, supo acompañar académica y profesionalmente dicho proceso, con todo el rigor científico que esta empresa requiere.
Descansa en la paz universal, mientras permaneces en el recuerdo de quienes te amaron y admiraron.
Resumen
Este libro, resultado de investigación, se propone evidenciar con datos actuales la situación de la familia colombiana y su nivel de responsabilidad en la manifestación de diversas problemáticas en los adolescentes. Para tal efecto, se presentan los resultados de un estudio comparativo en doce ciudades del país con cerca de 1000 adolescentes de tres grupos poblacionales: estudiantes sobresalientes de colegios públicos y privados, adolescentes consumidores de sustancias psicoactivas y adolescentes infractores de la ley penal.
Investigaciones y reflexiones previas sobre la familia colombiana y las relaciones parentales, la función de los adultos como referentes de las nuevas generaciones, así como los distintos vínculos y relaciones entre padres e hijos, autoridad, afectividad y normas, son algunos de los antecedentes del presente texto.
El libro presenta inicialmente un marco teórico conceptual y el marco metodológico de la investigación. Luego se presentan los resultados del estudio en seis capítulos, cada uno de los cuales se enmarca en una discusión con antecedentes pertinentes a la temática que trata. Posteriormente, se encuentran dos capítulos que invitan a reflexionar sobre alternativas necesarias para enfrentar la transformación de la familia colombiana actual. Por último, se presentan las conclusiones generales.
Respecto a la presencia de problemas internalizados en los adolescentes, se definen como factores de riesgo las relaciones negativas con los padres, la presencia de un contexto riesgoso, bajos niveles de bienestar psicológico y la muerte de la figura paterna a temprana edad. En contraste, los problemas externalizados están más asociados con ser varón y la relación con la figura materna, vivir en un contexto amenazante, tener bajos niveles de resiliencia y si se ha sufrido el abandono del padre a temprana edad.
Palabras clave: adolescencia, bienestar subjetivo, factores sociales, familia, problemas externalizados, problemas internalizados.
| ¿Cómo citar este libro? / How to cite this book?Moreno-Carmona, N. D. (Ed.). (2018). Adolescencia y familia: la transformación de la familia colombiana y su incidencia en los adolescentes. Bogotá: Ediciones Universidad Cooperativa de Colombia. doi: https://doi.org/978-958-760-116-9 |
Abstract
This book is the result of a research project and aims to show with current data the situation of the Colombian family and its level of responsibility for various problems arising in adolescence. For this purpose, we will present the results of a comparative study in twelve cities of the country with about 1,000 teenagers from three population groups: outstanding students from public and private schools, adolescents using psychoactive substances, and juvenile offenders.
Previous research and reflections on the Colombian family and parental relationships, adults as role models for new generations, the different bonds and relationships between parents and children, authority, affectivity, and rules are part of the literature review of this work.
The book initially expounds both the conceptual theoretical and methodological frameworks of the research. Then, the results of the study are presented in six chapters, each of which is framed by a discussion with literature relevant to the subject matter. Subsequently, there are two chapters that invite us to reflect on the alternatives necessary to face the transformation of the current Colombian family. Finally, some general conclusions are drawn.
Regarding the presence of internalized problems in teenagers, risk factors include poor relationships with parents, presence of a risky context, low levels of psychological well-being, and the death of the father figure at an early age. In contrast, externalized problems are more associated with being male and the relationship with the mother figure, living in a threatening context, having low levels of resilience, and being abandoned by the father at an early age.
Keywords: adolescence, subjective well-being, social factors, family, externalized problems, internalized problems.
Editor
Norman Darío Moreno Carmona
Psicólogo de la Universidad del Valle, Magíster en Educación: Desarrollo Humano de la Universidad de San Buenaventura (Cali) y Doctor en Investigación Psicológica de la Universidad Iberoamericana (México, D. F.). Actualmente es profesor titular de la Facultad de Psicología en la Universidad de San Buenaventura (Medellín). Es autor de varios textos dedicados a los temas de infancia, adolescencia y familia y ha participado en eventos nacionales e internacionales. Correo electrónico: norman.moreno@usbmed.edu.co
Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia
| Adolescencia y familia: la transformación de la familia colombiana y su incidencia en los adolescentes = Adolescence and family: the transformation of the colombian family and its incidence in adolescents / Norman Darío Moreno Carmona ... [et al.]. -- Bogotá : Universidad Cooperativa de Colombia, 2018.p. – (Colección Investigación en Psicología, ISSN: 2500-6401).Incluye datos biográficos de los autores. -- Incluye referencias bibliográficas. -- Texto en español con resumen en inglés.ISBN 978-958-760-115-21. Adolescentes – Relaciones familiares – Investigaciones - Colombia 2. Padres y adolescentes – Investigaciones – ColombiaI. Moreno Carmona, Norman Darío II. SerieCDD: 305.23509861 ed. 23CO-BoBN– a1035105 |
Adolescencia y familia. La transformación de la familia colombiana y su incidencia en los adolescentes
© Ediciones Universidad Cooperativa de Colombia, Bogotá, noviembre del 2018
© Norman Darío Moreno Carmona (Ed.), Viviana Carmenza Ávila Navarrete, Wbeimar Alonso Lopera López, Paul Javier Bedoya Pastrana, Joaquina Palomar Lever, Anna Patricia Rosero Pepinosa, Dora Beatriz Bilbao Fuentes, Nery Isabel Sánchez Márquez, Rosa Deisy Zamudio González, Claudia Faviola Vargas Sepúlveda, Dora Liliana Osorio Tamayo, Bibiana María Mejía-Builes, Claudia Patricia Muñoz-Arango.
ISBN (impreso): 978-958-760-115-2
ISBN (digital): 978-958-760-116-9
DOI: https://doi.org/978-958-760-116-9
Colección Investigación en Psicología
Proceso de arbitraje doble ciego:
Recepción: febrero del 2017
Evaluación propuesta de obra: abril del 2017
Evaluación de contenidos: marzo del 2018
Correcciones de autor: mayo del 2018
Aprobación: junio del 2018
Fondo Editorial
Director Nacional Editorial: Julián Pacheco Martínez
Especialista en Gestión Editorial: Daniel Urquijo Molina
Especialista en Producción Editorial: Andrés Felipe Andrade Cañón
Analista editorial: Claudia Carolina Caicedo Baquero
Proceso editorial
Corrección de estilo y lectura de pruebas: Camilo Andrés Cuéllar Mejía
Traducción al inglés: Nathalie Rocío Barrientos Preciado
Diagramación y diseño de portada: Jorge Andrés Gutiérrez Urrego
Impresión: Xpress Estudio Gráfico y Digital S.A.S.
Impreso en Bogotá, Colombia. Depósito legal según el Decreto 460 de 1995.
El Fondo Editorial de la Universidad Cooperativa de Colombia se adhiere a la filosofía del acceso abierto y permite libremente la consulta, descarga, reproducción o enlace para uso de sus contenidos, bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-No Comercial-Sin Obra Derivada 4.0 Internacional. http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/

Contenido
Presentación
Prólogo
La familia colombiana desde las distintas regiones del país
The Colombian family from the different regions of the country
Introducción
Caracterización de la familia colombiana actual
Conclusiones
Marco teórico conceptual
Conceptual theoretical framework
Factores familiares
Factores psicosociales
Los problemas internalizados
Los problemas externalizados
Consideraciones teóricas finales
Método
Method
Objetivos
Hipótesis
Tipo de estudio
Variables
Variables independientes
Variables dependientes
Participantes
Instrumentos
Procedimiento
Tratamiento de los datos
Cambios en la estructura familiar actual y su relación con problemáticas de los adolescentes
Changes in the current family structure and its relationship with problems of adolescents
Resultados
Discusión
Las relaciones parentales percibidas por los adolescentes colombianos y la asociación con algunas de sus problemáticas más preocupantes
Parental relationships perceived by Colombian adolescents and the association with some of their most worrying problems
Resultados
Discusión
El apego materno y los problemas en la adolescencia
Maternal attachment and problems in adolescence
Resultados
Discusión
El bienestar psicológico y los problemas en la adolescencia
Psychological well-being and problems in adolescence
Resultados
Discusión
Factores sociales asociados con problemas en la adolescencia
Social factors associated with problems in adolescence
Resultados
Discusión
Análisis multivariado de los factores familiares y psicosociales asociados a problemas en la adolescencia
Multivariate analysis of family and psychosocial factors associated with problems in adolescence
Relación entre problemas internalizados y externalizados
Factores que mejor predicen la presencia de problemas en la adolescencia
Las relaciones para el bienestar, más allá de la falencia de los padres
Relationships for well-being, beyond the failure of parents
Familia y escuela: construcción de nuevos referentes
Family and school: construction of new role models
Introducción
Cambios en la familia y las nuevas exigencias a la escuela
La escuela, una alternativa frente a los cambios sociales
Conclusiones
Conclusiones generales
General conclusions
Limitaciones y recomendaciones
Referencias
References
Sobre los autores
About the authors
Índice de tablas
Tabla 1. Ejemplo de factores macrosociales y microsociales
Tabla 2. Estructuras o sistemas ambientales propuestos por Bronfenbrenner (1979)
Tabla 3. Operacionalización de las variables
Tabla 4. Características sociodemográficas de los participantes (N = 968)
Tabla 5. Prevalencia mensual de consumo de sustancias psicoactivas en los tres grupos de adolescentes (N = 383)
Tabla 6. Gravedad de las conductas contraventoras en los tres grupos de adolescentes (N = 381)
Tabla 7. Confiabilidad de las escalas utilizadas
Tabla 8. Diferencias en el consumo de drogas y contravención según la dedicación de los padres
Tabla 9. Diferencias en los problemas internalizados (síntomas psicopatológicos) según tipología de la familia.
Tabla 10. Diferencias en la presencia de síntomas psicopatológicos según fallecimiento de los padres
Tabla 11. Diferencias en los factores psicológicos según tipología de la familia.
Tabla 12. Diferencias en las prácticas parentales entre los tres grupos de adolescentes
Tabla 13. Diferencias en las prácticas parentales según el índice de consumo de sustancias psicoactivas
Tabla 14. Diferencias en los factores familiares según el índice de contravención en los adolescentes
Tabla 15. Diferencias en las prácticas parentales según la tipología de familia
Tabla 16. Relación de las prácticas parentales con la autoestima y la resiliencia
Tabla 17. Relación de las prácticas parentales con los síntomas psicopatológicos – Parte I
Tabla 18. Relación de las prácticas parentales con los síntomas psicopatológicos - Parte II
Tabla 19. Diferencias en Apego Seguro en los tres grupos de adolescentes
Tabla 20. Diferencias en apego seguro según el índice de consumo de sustancias psicoactivas
Tabla 21. Diferencias en apego seguro según la tipología de familia
Tabla 22. Relación entre los síntomas psicopatológicos y el apego seguro
Tabla 23. Diferencias en el bienestar psicológico en los tres grupos de adolescentes
Tabla 24. Diferencias en el bienestar psicológico según el índice de consumo de sustancias psicoactivas
Tabla 25. Diferencias en el bienestar psicológico según el índice de contravención en los adolescentes
Tabla 26. Relación entre síntomas psicopatológicos y el bienestar psicológico - Parte I
Tabla 27. Relación entre síntomas psicopatológicos y el bienestar psicológico - Parte II
Tabla 28. Diferencias en los factores sociales en los tres grupos de adolescentes
Tabla 29. Diferencias en los factores sociales según el índice de consumo de sustancias psicoactivas
Tabla 30. Diferencias en los factores sociales según el índice de contravención en los adolescentes
Tabla 31. Relación entre los síntomas psicopatológicos y los factores psicosociales - Parte I
Tabla 32. Relación entre los síntomas psicopatológicos y los factores psicosociales - Parte II
Tabla 33. Diferencias en los problemas internalizados según el índice de consumo de sustancias psicoactivas en los adolescentes
Tabla 34. Diferencias en los problemas internalizados según el índice de contravención en los adolescentes
Tabla 35. Análisis de regresión que relaciona factores familiares y psicosociales con problemas internalizados (total síntomas)
Tabla 36. Análisis de regresión que relaciona factores familiares y psicosociales con consumo de sustancias psicoactivas
Tabla 37. Análisis de regresión que relaciona factores familiares y psicosociales con conductas contraventoras
Tabla 38. Comprobación de hipótesis
Índice de figuras
Figura 1. Sexo de los participantes por grupo poblacional
Figura 2. Edad de los participantes por grupo poblacional
Figura 3. Escolaridad de los participantes por grupo poblacional
Figura 4. Consumo de psicoactivos por grupo poblacional
Figura 5. Consumo de psicoactivos con prevalencia mensual por grupo poblacional
Figura 6. Índice de consumo de drogas por grupo poblacional
Figura 7. Índice de contravención por grupo poblacional
Figura 8. Prevalencia de problemas internalizados en la muestra total
Figura 9. Prevalencia de problemas internalizados por grupo poblacional
Figura 10. Tipología de la familia en la muestra total.
Figura 11. Tipología de la Familia por grupo poblacional.
Figura 12. Índice de consumo de drogas según tipo de familia.
Figura 13. Índice de contravención según tipo de familia.
Figura 14. Motivo de ausencia de los padres por grupo poblacional.
Figura 15. Índice de consumo de drogas según tipo de ausencia de los padres
Figura 16. Índice de contravención según tipo de ausencia de los padres
Figura 17. Figura materna distinta a la madre por grupo poblacional
Figura 18. Figura paterna distinta al padre por grupo poblacional
Figura 19. Tiempo de dedicación de la madre por grupo poblacional
Figura 20. Tiempo de dedicación del padre por grupo poblacional
Figura 21. Dedicación de la figura materna según tipo de familia
Figura 22. Dedicación de la figura paterna según tipo de familia
Figura 23. Eventos adversos en el último año y nivel de afectación según grupo poblacional
Presentación
Desde hace veinte años, nos planteábamos la pregunta por la incidencia de la familia en las conductas infractoras de algunos adolescentes del Distrito de Aguablanca en Cali, Colombia (Moreno-Carmona y Rojas-Pazmiño, 1998), particularmente porque desde el trabajo realizado en dicho sector se podían observar familias que les permitían a estos jóvenes una vida de omnipotencia, con una atención desmedida, y sin exigirles nada. Desde aquel entonces y habiendo transitado por un sinnúmero de estudios sobre diversas problemáticas en la adolescencia, se corroboraba una y otra vez la tesis sobre la presencia de problemáticas familiares, ausencia de padres, falta de autoridad y violencia que “explicaban” los problemas en los adolescentes.
No fue sino hasta el año 2007, ante la oportunidad de trabajar con estudiantes de varios colegios de la Caja de Compensación Familiar del Valle del Cauca (Comfandi) —niños y adolescentes sin aparentes problemas de conducta graves, quienes manifestaron que también vivían una suerte de soledad en su proceso de crianza ante la cada vez mayor ausencia de los padres—, cuando se hizo necesario cuestionar la manera como estábamos investigando la familia: solo estábamos mirando una cara de la moneda y los resultados no podían ser más que simples coincidencias que alimentaban la estigmatización de las familias de los jóvenes con problemas, dado que la realidad familiar de la mayor parte de los niños, niñas y adolescentes colombianos estaba cambiando.
Gracias al apoyo de la Fundación Universitaria Luis Amigó y la Universidad Cooperativa de Colombia se logró hacer una réplica en doce ciudades del país de la pregunta orientadora de la tesis doctoral del investigador principal, a saber: “¿existe una relación significativa entre algunos factores familiares y psicosociales y la presencia o no de problemas internalizados y externalizados en los adolescentes?” (Moreno-Carmona, 2014b, p. 15). Este estudio busca evidenciar con datos actuales la situación real de la familia colombiana y su nivel de responsabilidad en la presencia de diversas problemáticas del adolescente y, en este sentido, es una ampliación y una profundización del trabajo que he venido realizando. Para tal efecto, se presentan en este libro los resultados de un estudio comparativo con cerca de 1000 adolescentes de tres grupos poblacionales: un primer grupo de estudiantes sobresalientes de colegios públicos y privados, tanto en su rendimiento académico como en su socialización; un segundo grupo de adolescentes consumidores de sustancias psicoactivas que se encuentran en tratamiento en diversas comunidades terapéuticas del país, y otro grupo de adolescentes infractores de la ley penal con medida de protección proferida por un juez de infancia y adolescencia.
Extendemos los agradecimientos a todas las instituciones educativas públicas y privadas, comunidades terapéuticas e instituciones de atención a los adolescentes contraventores, que nos abrieron sus puertas para la realización de este estudio. A los estudiantes y docentes de los programas de psicología de la Universidad Cooperativa de Colombia y a los estudiantes y docentes de la Especialización en Intervenciones Psicosociales de la Universidad Católica Luis Amigó, quienes apoyaron el trabajo de campo con la aplicación de la encuesta. Y, por supuesto, a los cientos de adolescentes que voluntariamente participaron respondiendo los cuestionarios, y a sus padres o tutores por haberlos autorizado.
Las conclusiones pretenden dejar abierta la discusión y la reflexión acerca de lo que acostumbramos denominar como familia y lo que está siendo realmente la familia de hoy, para invitar a pensar en lo que resulta fundamental e innegociable al interior de este núcleo social de tan importante tradición.
La tesis doctoral que da origen a la presente investigación se denomina Factores familiares y psicosociales asociados a problemas internalizados y externalizados en adolescentes colombianos, de Norman Darío Moreno Carmona, con la dirección de Joaquina Palomar Lever, Ph. D. Fue presentada y obtuvo mención honorífica en diciembre del 2014, en el Doctorado en Investigación Psicológica, Departamento de Psicología, Universidad Iberoamericana, México, D. F.
Prólogo
Las Naciones Unidas han reconocido desde 1965 que la imaginación, los ideales y la energía de los jóvenes son vitales para el desarrollo continuo de las sociedades en las que viven, y define a los jóvenes como las personas entre 15 y 24 años. El presente libro aborda la situación de la familia colombiana actual y algunas problemáticas de los adolescentes. Para ello, ofrece evidencia empírica de varios aspectos familiares y psicosociales que se relacionan con algunas problemáticas de los adolescentes de doce ciudades de Colombia: Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, Montería, Santa Marta, Villavicencio, Popayán, Quibdó, Apartadó, Barrancabermeja y Arauca.
El autor principal, Norman Darío Moreno Carmona, coordinó y supervisó el trabajo de investigación, el cual surgió después de la presentación de su tesis doctoral, en la que se inspiró para ampliar el conocimiento científico sobre los jóvenes colombianos y sus familias.
Dentro de la categoría “juventud”, es importante distinguir entre adolescentes (13-19 años) y adultos jóvenes (20-24 años). En el libro, se hace referencia a adolescentes de 13 a 17 años. Una parte de ellos son estudiantes sobresalientes que asisten a colegios públicos y privados; otra parte son adolescentes consumidores de psicoactivos que están en tratamiento en varias instituciones (comunidades terapéuticas), y otra parte son adolescentes contraventores de la ley penal, con medida de internamiento o de libertad vigilada emitida por un juez de infancia y adolescencia.
La muestra heterogénea de adolescentes de las doce ciudades permite dar un panorama amplio de varios aspectos familiares y psicosociales que influyen en algunas problemáticas de estos adolescentes y a la vez proporcionan guías para fundamentar programas que promuevan un desarrollo positivo en los jóvenes colombianos. Se hace énfasis en la familia, ya que es el agente socializador por excelencia, donde el individuo se prepara para su vida en sociedad. Se analizan los cambios que ha sufrido la familia en los últimos años. También se estudian aspectos individuales como el bienestar subjetivo, la autoestima y la resiliencia de los adolescentes y aspectos contextuales como la percepción de riesgo en el barrio, los eventos adversos y el apoyo social. Entre las problemáticas que se abordan están: síntomas depresivos, obsesivos, paranoicos, somáticos, esquizoides y de personalidad desafiante, el consumo de psicoactivos y las conductas contraventoras.
El primer capítulo presenta una caracterización de la familia colombiana a lo largo de la historia, y da cuenta de los cambios de trascendencia social. En los capítulos segundo y tercero se presenta el marco teórico-metodológico de la investigación, y en los siguientes seis capítulos se analizan los resultados de la relación entre los factores familiares y psicosociales estudiados y algunas problemáticas de los adolescentes. En los dos últimos capítulos, se hace una reflexión en torno a la transformación de la familia colombiana y los desafíos de su estudio y análisis.
En síntesis, es una obra que da cuenta de la importancia de analizar de manera rigurosa la influencia de diferentes factores en el desarrollo de los adolescentes y representa un aporte importante para el diseño de programas de promoción de la salud en niños y adolescentes, que incluyan no solo a los niños y adolescentes, sino también a sus familias y a su entorno social.
Dra. Patricia Andrade Palos
Doctora en Psicología Social. Profesora Titular de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM),
División de Estudios de Posgrado

La familia colombiana desde las distintas regiones del país
The Colombian family from the different regions of the country
Norman Darío Moreno Carmona
Viviana Carmenza Ávila Navarrete
Wbeimar Alonso Lopera López
Paul Javier Bedoya Pastrana
Introducción
La familia sigue siendo considerada como clave para la comprensión y funcionamiento de la sociedad. Es tal vez la más antigua de las instituciones humanas y gracias a ella “la comunidad no solo se provee de sus miembros, sino que se encarga de prepararlos para que cumplan satisfactoriamente el papel social que les corresponde. Es el canal primario para la transmisión de los valores y tradiciones de una generación a otra” (Guastavino, 1984, p. 13).
El abordaje de la familia por medio de la zonificación ha sido ampliamente estudiado por Gutiérrez de Pineda (1994), quien la designó como complejos culturales o subculturas, aspecto que motiva a hacer esta nueva revisión de acuerdo a las regiones que se consideran más representativas de Colombia, asumiendo el riesgo de dejar por fuera otras que podrían considerarse como tales.
Ya previsto por la ilustre investigadora, se hace indispensable analizar las transformaciones ocasionadas por el fuerte fenómeno de desplazamiento hacia las ciudades, no solo por la tradicional búsqueda de mejores oportunidades, sino por el impacto de más de medio siglo de violencia que ha soportado el campo colombiano.
Desde el siglo xx y debido a los cambios generados por dichas violencias, la familia colombiana se ha visto notablemente afectada en su estructura. Las huellas se evidencian en muchos hogares que hoy se ven fragmentados por fenómenos como el desplazamiento, el reclutamiento forzado, la pauperización y la transformación de los valores. Este último, inducido a su vez por la modernización y el influjo de los medios masivos de comunicación (Pachón, 2007).
De esta manera, se ha forjado una especie de ruptura alrededor de los límites regionales que deteriora las premisas básicas de sus rasgos identificatorios y hace cada vez más difícil delimitar costumbres o formas de vida específicas, e incluso una uniformización de la institución familiar que pudiera dar cuenta de una determinada representación de familia colombiana.
Aun así, hay quienes afirman que la “chispa creativa” del colombiano parece ser la característica innata de su manera de ser, no importa si se está en las montañas, los valles, las llanuras, los nevados o las costas del país: trabajadores incansables, con una constante lucha entre el ser y no ser. Estas características se demuestran en manifestaciones sociales y económicas para emprender cambios sustanciales en la calidad de vida donde se pende de un prodigio, de aquello que definió el escritor argentino Jorge Luis Borges en términos de “ser colombiano es un acto de fe” (Rincón, 2014).
Visiblemente, no deja de ser complejo el tratar de establecer la identidad propia del ser colombiano en un país cuyo proceso de colonización plantea un dilema de origen, en el cual la tradición del colonizado y la del colonizador han experimentado un choque que se manifiesta en culturas que se entremezclan en las diversas regiones geográficas, y en las cuales la familia es la institución más importante. Este caso se presenta en numerosos países de América donde se mantienen tres culturas: la aborigen americana, la blanca de los conquistadores europeos y la negra de los esclavos traídos del África, dejando a un lado, incluso, los aportes asiáticos que posteriormente llegaron a Brasil, Cuba y Perú (Garavito, 1997).
No obstante, se han intentado especificaciones regionales tales como: que los vallunos son los más orientados a la familia; los antioqueños valoran las relaciones familiares pero cuando de plata se trata se les acaba la calidez; los bogotanos siempre han estado cerca del poder y toman decisiones estratégicas con mayor facilidad sin omitir sus tradiciones; o que los costeños son machistas, familiares y cálidos, tienen comunidades empresariales muy fuertes y también una dimensión más internacional (Jaramillo, Romero y Nupia, 1999).
Históricamente y de acuerdo con los censos poblacionales de 1993 y 2005 (dane, 2007), los núcleos familiares en Colombia se organizan en torno a relaciones construidas sobre las funciones primarias del origen de la familia como la conyugalidad y reproducción. Se diferencia el espacio marital del reproductivo con el aumento de los hogares con un solo progenitor y se presenta un incremento de la convivencia de parejas sin hijos. Ante esto se pueden inferir cambios en la relación de pareja, la significación de los hijos como vínculo que justifica la sexualidad y la autonomía de estos para independizarse de la casa paterna.
A propósito de lo expuesto, Mera (2015) retoma el Mapa Mundial de la Familia (Lippman y Wilcox, 2014) para señalar que el 55% de los niños en Colombia viven con adultos diferentes a sus padres; por tanto, son vulnerables a la violencia, hacinamiento y abusos. Un 11% de los niños viven sin los padres, el 84% de los bebés que nacen en Colombia son de mujeres solteras, y es el país donde más crece la unión libre (35%) y cae el matrimonio (19%).
Todos estos atributos han hecho desdibujar el rostro de la familia colombiana tradicional de principios del siglo pasado, en la que la principal autoridad recaía sobre la figura paterna, con funciones bien definidas. Su espacio era la calle y era ubicado en el mundo de la política, los negocios y el trabajo, y la familia era el lugar donde desplegaba y ejercía su indiscutible autoridad (Pachón, 2007). La mujer era quien se encargaba de las labores hogareñas, la procreación y formación moral los hijos. Su función principal se centraba en formar a su hijo como un “buen cristiano” y hacer de su hogar un “templo doméstico”, acorde con los preceptos de la religión.
Según Pachón (2007), la estructura de autoridad vertical centrada en el hombre adulto se desvaneció al finalizar el siglo xx debido a la transformación estructural de la sociedad. En la actualidad algunas familias colombianas conservan este patrón, mientras otras han evolucionado hacia redes de apoyo más amplias que incluyen la familia extensa. En variadas ocasiones el varón aporta menos que la mujer en lo económico para el sostenimiento del hogar.
De otra parte, el censo nacional del año 2005 reveló un aumento general de hogares monoparentales respecto al período intercensal 1993-2005, con un 6% de jefatura femenina en las cabeceras municipales respecto a un 2,8% en las zonas restantes del país (dane, 2007).
Lo anterior indica que son los hogares urbanos con mujeres cabeza de familia los que presentan los mayores niveles de vulnerabilidad y pobreza, derivadas probablemente de las inequidades laborales y educativas:
Dentro de los hogares ellas generalmente asumen la mayoría de las responsabilidades para la gestión del hogar, y donde hay niños casi siempre es la mujer quien asume la responsabilidad primaria de cuidarlos. Las mujeres a menudo contribuyen más que los hombres en la organización comunitaria. (Hábitat, 1996, p. 257, citado en Velásquez, 2010, s. p.)
La familia colombiana también se está repensando en torno a las familias conformadas por parejas del mismo sexo, las cuales han sido reconocidas últimamente. En muchas familias se acepta la posibilidad de tener hijos homosexuales y convivir con ellos. La familia tradicional ha sido asociada a paradigmas religiosos, políticos y culturales que de manera singular naturalizan la representación de padre, madre e hijos como referentes y legitimadores, mientras que en la contemporaneidad las uniones maritales de parejas homosexuales se sitúan como nuevas o emergentes formas familiares, en tanto se reconoce a la pareja como fuente de afecto y complementariedad (León-Willis, 2012).
Con el pasar del tiempo se ha tratado de encontrar la familia ideal en el marco de la sociedad; sin embargo, como dice Rotemberg (2007), “no existe una familia ideal como tampoco una subjetividad ideal”, perspectiva que plantea un sinnúmero de posturas y puntos de vista con debates acerca de si eran mejores las familias de antes o son mejores las de ahora. Ante esto las discusiones se abren. En muchos casos el saber disciplinar no es suficiente y la visión se asigna acorde con las vivencias de la propia historia de vida. Con base en lo anterior y a fin de posibilitar un conjunto de conocimientos estructurados, la presente revisión centra su objetivo principal en proporcionar una caracterización de la familia colombiana contemporánea en las regiones más representativas.
Caracterización de la familia colombiana actual
Familia vallecaucana y de la Costa Pacífica
Es importante dar una mirada histórico cultural a la región con el ánimo de obtener una mejor comprensión de la realidad de las familias vallecaucanas y de la Costa Pacífica. Motta-González (2005), directora del Centro de Estudios de Género, Mujer y Sociedad de la Universidad del Valle, presentó de manera magistral la construcción de la identidad vallecaucana partiendo de cómo la inmigración ha sido un fenómeno social determinante, que deviene en una identidad social fuertemente híbrida, construida desde la articulación cultural de lo hispano, lo indiano y lo africano.
En relación con la familia, mientras en las élites de propietarios predominó la familia nuclear, entre los campesinos era más común la familia extensa. El modelo de familia española era el que se estaba imponiendo, con una fuerte tradición católica, en la que el padre era la autoridad y se procuraba evitar el mestizaje.
Entre los indígenas, las uniones buscaban preservar el tejido social, por lo que la voluntad individual estaba supeditada a este. Solían ser polígamos y el indígena se podía casar con las hermanas de su esposa (sororato). El papel de la mujer era muy importante entre los indígenas, pero fue invisibilizado por los españoles, quienes lo redujeron casi que exclusivamente a la procreación. Por otra parte, la contribución de la cultura africana a la sociedad vallecaucana se centró en los grupos familiares, principalmente la familia extensa, y una estructura social matrifocal (Motta-González, 2005).
Sumada a estos orígenes pluriétnicos está la colonización paisa a mediados del siglo xix y hasta las primeras décadas del siglo xx, que tuvo un significativo efecto económico y cultural, sobre todo en la región occidental del río Cauca, con tradiciones basadas en la propiedad, la familia, la religiosidad y el comercio,
[…] el ethos cultural con relación a la virilidad masculina y la feminidad se sustentó en la paternidad y la maternidad, por tanto, el mayor número de hijos representaba simbólicamente la fuerza de trabajo familiar para construir riqueza y ofrendas para Dios y su Iglesia. (Motta-González, 2005, p. 15)
Con esta breve reseña y para referirse a la investigación que sobre la familia se ha desarrollado en la región vallecaucana y de la Costa Pacífica, resulta obligatorio revisar el trabajo del grupo de investigación Cultura y Desarrollo Humano de la Universidad del Valle, específicamente en la línea de investigación en “Familia y Cultura” liderada por María Cristina Tenorio, quien desde la última década del siglo pasado ha venido indagando en sectores populares y comunidades afrocolombianas los patrones y prácticas culturales y entorno simbólico de la familia, que inciden en la dinámica de la pareja y en el desarrollo social y afectivo de los niños (Tenorio, 1999).
Diversas investigaciones han permitido evidenciar que el diagrama que suele utilizarse para representar la familia, al estar basado en un modelo canónico, no representa la variedad de modelos familiares reales. Todo ello indica la importancia de analizar las distintas organizaciones familiares, teniendo en cuenta no solamente los estratos, sino las tradiciones culturales de los distintos grupos étnicos (López, 2006), en contra de ciertas apuestas universalizantes de la tradición psicológica. Por eso Tenorio (1999) afirma que no es posible hablar de una mentalidad de los afrocolombianos y que esta varía según las condiciones de vida. No todas las comunidades piensan y actúan de la misma forma respecto a la crianza y las costumbres articuladas alrededor de la familia.
A pesar de ello ha sido una constante observar en la región y en el resto del país, que la crianza de los hijos a fines del siglo xx distaba ya mucho de las tradiciones ancestrales y comenzaba a combinarse con los aportes de la modernidad (Tenorio y Orozco, 1996), de modo que se han ido modificando con las nuevas influencias culturales, por ejemplo, en el ejercicio de la autoridad en las familias (Torres-Castaño, 1999).
Según Tenorio (1999), en el Valle del Cauca la población afrocolombiana ha estado vinculada al campo, por el trabajo en las haciendas de caña de azúcar, y al litoral del Pacífico, como consecuencia de la explotación de las orillas de los ríos y las costas. En 1991, Lemos y Rodríguez (1991) se percataron de que los niños negros en su mayoría se mostraban más independientes que los niños blancos y realizaron una investigación en el bajo San Juan (departamento del Chocó), con el fin de indagar los elementos que incidían en la constitución de la psiquis del niño negro.
Posteriormente, Cucalón y Martínez (1993) se interesaron por indagar el ejercicio de la paternidad y la maternidad en una población de familias negras de la misma región. Según parece, buena parte de las personas que atendían en consulta no poseían claridad sobre los roles paterno y materno de sus progenitores, ni lograban ubicarse claramente al interior de su familia o de su genealogía. Una de las conclusiones más importantes de dicho estudio es el reconocimiento de la diversidad en el ejercicio de la paternidad y la maternidad, y que dichas representaciones son un producto social y cultural que adquiere matices de acuerdo con las condiciones socioeconómicas e ideológicas del momento. Asimismo, que las tradiciones y creencias de los padres y el lugar que le dan al niño afectan las prácticas parentales.
En algunas de las comunidades afrocolombianas objeto de estudio se encuentran, entre muchas tradiciones, creencias ancestrales relativas al embarazo, el parto y el uso de prácticas mágicas para el manejo de los conflictos de pareja (Cucalón y Martínez, 1993; Delgado, Calvache, del Cairo, Bedoya y Tabares, 2006; Tenorio, 1999) y el tipo de organización social: familias extensas, con predominancia de la figura de la madre —aunque haya un padre— y los fuertes lazos familiares y comunitarios que ligan a todos los pobladores.
Se insiste en que los hijos varones aprendan el oficio del padre (trabajar la madera, cultivar, pescar, etc.) y las niñas aprendan las tareas de la madre (lavar la ropa, cocinar, cuidar a los niños, etc.). Sin embargo, al llegar a la adolescencia, los varones migran a las grandes ciudades para buscar oportunidades y las mujeres son enviadas por sus padres donde otros familiares a trabajar como empleadas domésticas, con la motivación implícita de conseguir una pareja (marido) y que logren organizarse (Tenorio, 1999). En este sentido, la migración acontece como el sueño de muchos chicos y chicas habitantes de la Costa Pacífica, ya sea como polizones (ellos) o como “italianas” (ellas)1.
De acuerdo con Tenorio (1999), todo parece indicar que la masificación de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías han ido transformando los modelos de relación tradicional de las comunidades afrocolombianas, particularmente por el trabajo de sus mujeres en el servicio doméstico, donde tienen la oportunidad de incorporar las nuevas prácticas de crianza que imponen los modelos modernos.
Ante la precariedad de las condiciones de vida en buena parte de estas comunidades, la crianza se torna dura y los niños deben aprender a cuidarse solos desde temprana edad. Aunque en la cultura afro la maternidad se considera una manera en que la mujer es reconocida como adulta, los hijos implican más trabajo y preocupación porque no se poseen los medios o recursos suficientes para alimentarlos, sobre todo si se tiene en cuenta la existencia de varios hijos para madres muy jóvenes y la ausencia de apoyo afectivo y económico por parte de la figura del padre. Hay una constante queja de las madres por la falta de autoridad de los padres o porque no se responsabilizan de la formación de los hijos, teniendo que recurrir a las abuelas para que asuman la crianza, mientras la madre trabaja (Tenorio, 1999).
Frente a estos nuevos modelos de crianza, algunas comunidades entran en conflicto con la tradición. Así los padres no busquen establecer relaciones con sus hijos basadas en el temor sino en el amor, los discursos contemporáneos sobre la educación democrática los confunden. En este sentido, un alto porcentaje de las madres dicen ser malgeniadas e irascibles, pues con gran facilidad se enojan y castigan, desconociendo una funcionalidad correctiva. Indican que no quisieran pegarles a los hijos, pero que no saben cómo corregirlos ni cómo imponer las normas. Y los papás evidencian la ambivalencia entre ser amigos de sus hijos y conservar su autoridad (Tenorio, 1999).
En general, las transformaciones de la familia se han venido estudiando en la región, esencialmente en lo que respecta a las familias recompuestas (Díaz-Rico, 2002) y al fenómeno de la migración (Ramírez-Martínez, 2014). Se intenta comprender las funciones parentales que se desempeñan en las familias recompuestas de un grupo de mujeres de estrato socioeconómico bajo de la ciudad de Cali, indagando la forma como asumen y distribuyen dichas funciones, tomando en cuenta que las estadísticas muestran un índice importante de abandono de responsabilidades parentales en tales familias. En el caso de las denominadas familias trasnacionales, se analiza el soporte que brinda el uso de las nuevas tecnologías en la cotidianidad y continuidad de las relaciones familiares y afectivas.
Familia bogotana y llanera
Analizar las características de las familias en estas regiones, también supone entrar en un terreno de reflexión social en el que se cruzan diversas deliberaciones en relación con su estructura, dinámica, costumbres y creencias.
Los estudios de Castañeda-Ramírez (2012), Fidalgo y Salcedo (2013), Malaver-Afanador, Maldonado-Sánchez y Colmenares-Romero (2013) y Moreno-Rangel y Olmos-Zamudio (2014) logran visibilizar el impacto de la modernidad en la transformación de la familia bogotana y cundinamarquesa, y el modo en que la familia ha cambiado de manera acelerada sus tradiciones al tener que enfrentar los retos del devenir social. Las familias campesinas han construido cambios en su territorio y en el vínculo, permeando tres generaciones a nivel de estructura, procesos productivos y reproducción del sistema familiar.
Estos cambios revelan que la familia se encuentra expuesta al fenómeno de la modernización trastocando los límites entre lo urbano y lo rural, factor que incide en la modificación de la estructura social al disipar las dinámicas sociales de sus comunidades ancestrales. Como resultado se han desvanecido los espacios diferenciados entre la familia campesina y la familia de la ciudad afectando la cultura familiar, todo ello debido a que existe una urbanización del campo a partir del incremento de las ocupaciones no agrícolas, la irrupción de los medios de comunicación masiva hasta regiones apartadas y el establecimiento de redes sociales por el uso común de tecnologías (Castañeda-Ramírez, 2012).
Otro punto de transformación en la familia bogotana y cundinamarquesa se inserta en el ejercicio de los roles y el poder, temas interdisciplinares y multiculturales que cobran impacto por medio de técnicas como la reconstrucción genealógica y la cartografía familiar. Las investigaciones de Loaiza-Cano (2014), Dueñas-Vargas (2002) y Aguilar-Rodríguez (2013) encuentran que en el siglo xix el estilo de vida de la familia bogotana inscribía el poder y la vida familiar con base en la preocupación por el control social y el protagonismo en la actividad política y sociocultural. En la contemporaneidad estos aspectos se mantienen y representan la reformulación de un patriarcado nuevo con tendencia a subyugar a sus mujeres con este tipo de dispositivos.
Al respecto, Castaño-Herrera, Giraldo-Granada, Avalos-Rojas, Giraldo-Granada y Valencia-Vásquez (2011), García (2013) y Gómez y Moreno (2010) desarrollaron estudios en busca de la trascendencia de la familia como ámbito primario en la construcción de la identidad social, individual y por ende ciudadana. Los resultados evidencian que en la actualidad el concepto de familia trasciende socialmente, en tanto se reconoce el empoderamiento de la mujer en diversos ámbitos más allá de las tradicionales funciones reproductivas, rompiéndose así la supeditación a la voluntad del patriarcado y la imposibilidad de decidir sobre la conformación de la familia y el número de hijos.
Por otro lado, desde el ámbito de la economía familiar y mediante el uso de álbumes familiares, comparaciones y testimonios documentales, López-Uribe y Gómez (2011) y Duarte-Giraldo (2012) presentan una descripción exhaustiva acerca de los patrones de ahorro familiar de los diferentes pobladores de la ciudad de Bogotá, además de la distribución de bienes y servicios domésticos. Estos investigadores encuentran que, en comparación con épocas pasadas, la mujer logra tener una mentalidad más amplia respecto al ahorro como fondo previsivo para situaciones no previstas acorde al momento político y económico y a los eventos que podrían afectar la economía doméstica tales como la enfermedad de los hijos, los conflictos maritales y la decadencia económica.
Los hallazgos visibilizan que en la familia contemporánea el rol de la mujer tiene implicaciones desde el ámbito económico. Su labor es fundamental en la formación integral de la persona, la educación en hábitos de conservación y la proyección en conjunto de la responsabilidad financiera, a propósito de los factores psicosociales y las tensiones propias del acontecer socioeducativo regional.
En el caso de las familias llaneras, la investigación territorial desarrollada por Merlano (2004) muestra que desde tiempos remotos la familia en dicha región se ha caracterizado por mantener el origen andaluz del viejo continente, cuya esencia es la altivez, gallardía y machismo de los habitantes, principalmente del Meta. Esta perspectiva histórica es ampliada por Ortiz-Gómez (2003), de la Fundación Etnollano, quien ha estudiado las transformaciones familiares.
El autor visibiliza la manera en que los diversos grupos y familias responden desde tiempo atrás a las condiciones creadas por la conquista europea, las cuales a partir del siglo xvii se convirtieron en el inicio del ritual de intercambio que formaliza las relaciones comerciales y familiares. De ahí surge el término “cuñado” con el que resalta la amistad y se habla a un desconocido para negociar e implícitamente llegar al intercambio de hermanas. En la actualidad, esta forma de intercambio en el contexto social llanero ha desencadenado situaciones de violencia intrafamiliar contra los niños, niñas, adolescentes y mujeres, situación altamente preocupante.
En esta línea los estudios etnográficos llevados a cabo por Vizcaíno (2011; 2012; 2013) confirmaron que durante mucho tiempo en la cultura llanera el papel de la mujer fue pasivo, en cuanto las mujeres se muestran como amas de casa dedicadas a satisfacer las necesidades de sus compañeros e hijos, conservando una alta carga de responsabilidades familiares no solo en el cumplimiento de tareas domésticas, sino en la orientación social y cultural. Las investigaciones muestran que en la actualidad la región llanera cuenta con una simultaneidad de familias extensas como nucleares de diferentes tipos, y que ellas conviven con otras formas en las que, a pesar de los cambios introducidos por la modernidad, el rol de la mujer no ha cambiado. La mujer continúa siendo quien regula las relaciones entre los miembros de la familia, los valores que se practican y sigue aprisionada en una institución que la absorbe desde el machismo.
Indiscutiblemente, una lectura global es elaborada por la Red del Conocimiento Colombia Aprende (2014), a partir de la cual se logra reconocer que actividades tradicionales como el coleo —deporte popular en los llanos orientales— y las frustraciones o triunfos de algunos miembros de la familia, van marcando una influencia en las relaciones familiares y en los procesos de crianza. Los padres (varones y mujeres) mantienen gran persuasión en las decisiones y proyectos de vida de los hijos, en tanto los “sueños frustrados” se reflejan en los deseos de sus descendientes; en consecuencia, las experiencias familiares conjuntas, los éxitos y los fracasos de la familia llanera moderna van ligados a la crianza.
Familia del Caribe colombiano
Ahondar en las características de la familia del Caribe colombiano hace necesario comprender el conjunto de rasgos sociales y culturales que conforman su identidad y la destacan frente a otros núcleos de las demás regiones del país.
Tradicionalmente el hombre caribe se ha caracterizado por su espíritu abierto, influenciado quizás por el paisaje de enormes planicies y pocas montañas. Los modos de producción de poca industria y mucho mar, con una economía afianzada en el turismo, contribuyen a forjar su carácter solidario y festivo.
El costeño habla duro, es amiguero y machista, colaborador, atento, hospitalario y de puertas abiertas para quienes lo visitan. Siente profundo respeto y admiración por la figura materna, quien se convierte en su modelo al momento de buscar esposa. Tal vez por esto es la mujer el centro de cohesión de la familia (cinep, 1998).
En esta región las personas también se caracterizan por sentarse en la puerta de la casa a tomar tinto y conversar con algún vecino o amigo, con el que también en algún momento se puede compartir un poco de comida sin previa invitación, de ahí que “la naturaleza del costeño es antisolemne, alegre, franca, directa y ruidosa” (Fals Borda, citado en De Andreis, 2016).
Otro elemento que incide en el espíritu caribe es la religiosidad marcada por una gran variedad de cultos, entre los cuales se destaca la religión católica con una presencia mayoritaria, y la protestante o evangélica con una presencia fuerte, especialmente en los sectores populares. Al respecto, investigaciones realizadas por Álvarez-Santaló, Buxó Rey y Rodríguez Becerra (2003) refieren que, si bien muchos fieles acudían a la iglesia para santificar “uniones escandalosas” o amancebamientos, curiosamente el matrimonio católico no fue tan importante en sectores populares a la hora de crear una familia.
Según el historiador cordobés Víctor Negrete (2012), a diferencia del resto de Colombia, en la Costa Atlántica se presentan altos niveles de ilegitimidad en las uniones de pareja, por lo que en buena parte de la región el matrimonio católico es más bien la excepción y no la regla.
De manera similar a lo mencionado en otras regiones del país, este territorio es lugar de confluencia geopolítica: tierra cosmopolita en la que lo raizal se mezcla con lo afro y con los inmigrantes que han llegado de otros países, especialmente de Siria y el Líbano desde comienzos del siglo xx. A esto se suma la recepción de una gran diáspora antioqueña, que tiene una presencia notable en los sectores populares y en el negocio de los víveres, al punto de que el paisaje de los barrios de estratos bajos presenta la constante de una tienda paisa en cada esquina o de un “cachaco”, como suele llamárseles.
El aporte al crecimiento económico del Caribe colombiano se debe también a la llegada de familias sirio-libanesas cuyos primeros inmigrantes llegaron hacia 1880 entrando por los puertos del Caribe, y se distribuyeron inicialmente por las diferentes poblaciones de la costa colombiana. Tiempo después remontaron el río Magdalena para intercambiar mercancías en las provincias y valles andinos, estableciéndose finalmente en departamentos como el Huila, Cundinamarca y Santander (Viloria, 2006).
En esta trayectoria histórica la mujer tiene una gran importancia, a pesar de que el machismo es evidente y reforzado dentro de la cotidianidad del hogar. Muchas de las mujeres del Caribe continúan con la tradición de servir el plato de comida más grande para el hombre, inculcando a las hijas que los oficios son para ellas y poco para los varones. Mientras ellos salen a la calle sin decir hacia dónde van, ellas son quienes preocupadamente los esperan, característica que instala a la mujer como miembro de la familia que está para atender al hombre en todos los sentidos.
En general lo predominante en la mentalidad costeña ha sido que las mujeres son para el hogar, mientras los hombres tienen libertad sin restricciones; el padre se encarga de hacer de su hijo “un macho completo” siendo su guía y su ejemplo, y la madre transmitirá los valores femeninos a sus hijas (Morales-Manchego, 2009).
La mujer costeña se caracteriza por tener una cuota significativa en la crianza y educación de los hijos, aunque su rol de doméstica ha cambiado por las transformaciones sociales que ha tenido la familia. Es normal observar en los nuevos núcleos familiares de la costa, mujeres que salen adelante con sus hijos sin la presencia del hombre como proveedor, es decir, visualizándose de manera diferente en sus funciones tradicionales de esposa y madre, trabajadora, líder y vecina (Negrete, 2012).
De otra parte, en las familias del Caribe se suele ver que los hijos permanecen en la casa materna hasta edad avanzada, muchos de ellos continúan viviendo con sus padres incluso después de que se han casado o conviven en unión libre con una pareja. Muchas madres no experimentan el síndrome del nido vacío o de añoranza, el cual considera que la ley de la vida es que los hijos crezcan, organicen su futuro y se vayan tanto de la subsistencia de la madre como del padre (López y Lozano, 2003). Se hace notorio, entonces, que los padres sostengan a sus hijos a pesar de que conformen una pareja o que vivan fuera del núcleo familiar central.
En algunos hogares el padre mantiene la tendencia a procrear hijos fuera del matrimonio (Negrete, 2012), aspecto que en variadas ocasiones resulta inaceptable para el núcleo formalmente constituido y sin duda evidencia el machismo e inequidad de género existente en la región. En cuanto a la cultura del ahorro (elemento marcado en la región del interior del país, especialmente en la antioqueña) se puede decir que es carente y se vive para el hoy. Este hecho se evidencia en la compra de víveres día a día en las tiendas, especialmente en los sectores populares.
A nivel de valores, la familia caribe se destaca por su solidaridad, unión y fuerte conexión transgeneracional. Los abuelos juegan un papel primordial en la formación de los nietos, son de gran importancia en las decisiones y afectos familiares. La familia sigue manteniendo tradiciones, costumbres y el marcado machismo de épocas anteriores; continúa siendo el espacio propicio para la constitución de la sociedad pese a que muchos de estos núcleos se han visto fragmentados por los cambios de la modernidad.
Las anteriores circunstancias aportaron elementos para configurar un perfil del hombre y mujer de la costa, que se ve reflejado en la dinámica familiar. Tal como lo afirma De la Cruz (2014), ser costeño no es un asunto de exteriores: gritar, bailar o ponerse ropa colorida, sino que es algo que se lleva por dentro. La familia costeña entonces es el cúmulo de todas esas experiencias descritas, que permiten sin duda alguna estructurar la identidad de un núcleo familiar diferente a las demás regiones del país.
Familia antioqueña y del Eje Cafetero
Estas zonas territoriales presentan particularidades en la constitución de la familia. Se caracterizan por el tesón y la fuerza como raza, y porque en ambas zonas es de vital importancia la familia como núcleo de desarrollo para el individuo.
Desde sus inicios, la familia antioqueña fue cuna para el crecimiento de la familia del Eje Cafetero, hasta cuando llegó su separación política y territorial. Ancestralmente tienen las mismas raíces, orígenes y prácticas, de ahí que gran cantidad de apellidos de familias del Eje Cafetero tienen una fuente histórica en Antioquia.
Se resalta, entre otras cosas, que la familia antioqueña siempre se ha diferenciado por la innovación y el coraje para sacar adelante las tareas y compromisos que se propone. Formada sobre la base de una cultura emprendedora, asienta su historia en la capacidad de doblegar todo un territorio caracterizado por sus montañas agrestes. Es por ello quizás que se pueden encontrar grandes personajes, empresarios, deportistas y científicos, así como individuos tenebrosos y con capacidad de formar ejércitos delincuenciales.
En cuanto al proceso de evolución, Calderón y Ramírez (2000) plantean que se han perdido los valores tradicionales en lo que históricamente se ha llamado la raza antioqueña, situación que se corrobora con la cantidad de problemáticas de tipo social presentadas al interior de los ámbitos familiares. Según Grajales y Torres (2005), la violencia intrafamiliar es un fenómeno que se encuentra latente dentro de las demandas hechas en las salas de atención al usuario de la Fiscalía de Medellín. Los autores puntualizan que hay posibles causas de ello en la crisis de valores, los conflictos afectivos y la dura situación económica del país.
De igual manera, la región presenta una fuerte presencia de grupos ilegales, los cuales han permeado de alguna manera las costumbres y prácticas ancestrales de la familia antioqueña, sin desconocer que todo radica en una serie de procesos históricos de la población, manifiestos en la inequidad social presente en las familias con mayores dificultades.
La investigación de Carmona y Tobón (2008) explora las interacciones que se establecen entre las familias antioqueñas y los grupos armados presentes en la zona, encontrando diversas posturas en dicha relación: en algunos casos se percibe una simpatía más o menos unánime hacia el grupo armado; otros denotan la división ante la que se ha expuesto la familia. Algunos demuestran ambigüedad y muchos manifiestan estar obligados a presentar gestos de hospitalidad frente a dichos grupos.
En relación con esto, el estudio realizado por Cardona (2005) con jóvenes de Medellín, Itagüí y Bello, revela que la familia vive una realidad particular donde hay un escenario que por un lado busca la formación de ciudadanos en valores, y por el otro es receptora de patologías sociales que evidencian un fuerte incremento de factores sociales negativos, que a su vez crean dificultades en la formación de niños, niñas y adolescentes dentro de la familia.
A nivel de la constitución familiar, Tamayo (2010) retoma el censo del 2005 en Antioquia para resaltar que las uniones de hecho eran del 39 % y las legalizadas eran del 61 %. Seguramente en la actualidad se ha disminuido más esta diferencia. El creciente desarrollo de las familias donde la pareja está en unión libre ha llevado a que la Ley intervenga para poder equiparar en derechos a los hijos de matrimonios legales (civil o católico) sin que se presenten las estigmatizaciones que se tenían en antaño.
El mismo autor reporta una tasa de fecundidad de 2,6 hijos por mujer, es decir, 26 nacimientos por cada mil habitantes; 2,3 para las cabeceras municipales, mientras en Medellín era de 1,8. Ya en el censo del 2005 se presenta una disminución en la tasa, se incrementan las separaciones conyugales, disminuyen los embarazos, se incrementa la esterilización femenina al igual que la vasectomía en los hombres, hay un esparcimiento en la edad para contraer matrimonio y 8 de cada 10 mujeres no quiere tener hijos. Asimismo, es notoria la disminución del número de miembros por hogar a 3,7, factor que se visibiliza incluso en la reducción de espacios de vivienda, con apartamentos desde 25 a 40 metros (Tamayo-Lopera, 2010).
En cierto modo el creciente incremento de la familia monoparental tanto materna como paterna y la figura del madresolterismo en la región, llevan a que las abuelas entren a jugar un papel significativo en la formación de los nietos, asumiendo un rol determinante en la educación de las nuevas generaciones. De igual manera, las condiciones económicas desencadenan nuevos paradigmas en el campo empresarial ante el incremento de la participación laboral de la mujer. Tal como lo señalan López y López (2006): “el análisis por sexo revela que más del 80 % de los empleos generados en el periodo 1996-2000 fueron asumidos por mujeres, mientras la tasa de ocupación masculina prácticamente no varió” (p. 150).
De otra parte, la familia antioqueña y del Eje Cafetero ha sido católica por tradición; sin embargo, en el momento actual se ven influenciadas por diversas ideologías religiosas, lo que lleva a novedosas miradas frente al mundo en relación a valores y comportamientos sociales. A propósito de esto, algunas investigaciones en Medellín concluyen que muchos padres y madres de familia son tan abiertos al cambio, que tratan de ponerse a tono con las exigencias de la sociedad a través de manifestaciones de mayor libertad sexual y de movilización en los adolescentes, por lo cual se debe trabajar con ellos acerca de la responsabilidad frente al embarazo precoz (Jiménez-Zuluaga, 2003). Llama la atención que se han incrementado las denuncias sobre el incesto en Antioquia, según reporta Paula Andrea Guisao (2009) en el periódico El Tiempo.
Una particularidad en la dimensión de la familia actual en estas regiones compete al proceso de envejecimiento, el cual cada día se torna mayor y repercute en las dinámicas de relación e interacción. García, Alarcón, Cardona, Sánchez, Castañeda y Rivera (2007) encuentran que muchos miembros de la familia están envejeciendo y estiman que la población mayor de 65 años puede estar alrededor del 4 % al 7 % del total, es decir, alrededor de 3 millones de habitantes. Esto conlleva implicaciones a nivel social, asistencial, educativo y económico. En el Eje Cafetero y particularmente en Pereira, el 40 % de los ancianos presentan trastornos cognoscitivos demenciales y no demenciales.
Definitivamente los planteamientos presentados sobre las dinámicas de la vida familiar en Antioquia y el Eje Cafetero reflejan la importancia de reorganizar la información que se tiene sobre la familia actual en la región y por ende, buscar la influencia que se alcanza a nivel nacional. Lo anterior compromete a ahondar en información que proporcione mayores elementos a los diagnósticos y estadísticas sobre la familia del momento.
Familia santandereana
Históricamente, la familia santandereana presenta elementos característicos que la hacen singular, tal como lo afirman Useche y Lamus (2005) al plantear que Bucaramanga presentó un gran desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial, por cuanto se puso a tono con la globalización que imperaba en el mundo. El desarrollo de la economía era fuerte, solidificándose en diferentes actividades que permitían que las familias asumieran diversas prácticas en el campo y posteriormente en la industrialización de la ciudad, aspecto que involucró enérgicas migraciones hacia la parte urbana en la búsqueda de mejores oportunidades para la familia.
La población santandereana exhibe diversas características en sus prácticas cotidianas. Se reconocen como una raza pujante y emprendedora, con una energía vital que posibilita el desarrollo sostenible de sus municipios. Al respecto, Mendoza-Mindiola (2006) resalta la idea según la cual “los habitantes de Santander para mantener su autarquía e independencia son muy disciplinados en el trabajo y, simulando a la hormiga, ahorran en tiempos de abundancia para resistir las épocas de escasez” (p. 153).
En la misma línea, Gutiérrez de Pineda (1994) describe la manera como se expresa el santandereano con un lenguaje fuerte, franco y directo, donde es común que las mujeres asuman una postura de obediencia ante el varón. Esposas e hijas conviven socialmente con el ejercicio de la personalidad básica agresiva de los hombres, pues una actitud desafiante destruiría sus valores y el ajuste tradicional hacia la institución familiar.
Lo anterior no desconoce que, con el desarrollo ideológico y cultural, la mujer santandereana viene ganando un reconocimiento y posición que la dimensiona como ser social, conquistando terrenos en el campo laboral y económico de la zona. Tal es el caso de la posición a nivel de las relaciones familiares donde se crean particulares lazos de convivencia entre los miembros del sistema, que según lo expuesto por Jurado (2012), se centra en la figura paterna sin excluir a la mujer.
Es así como, producto de los cambios estructurales en las dinámicas familiares, los adolescentes presentan también sus propias dinámicas en el ser y el hacer en sus comportamientos. El joven santandereano puede expresarse en el hogar con un lenguaje grosero y sus modales pueden ser toscos y rudos. Por su parte, las niñas empiezan a moldear su carácter reflejándose en la figura materna, su papel es secundario en la familia y desde allí su formación le permite adquirir herramientas para conformar su propio hogar (Jurado, 2012).
Por lo que se refiere a la contemporaneidad, la familia santandereana denota cambios ostensibles en sus prácticas, aspecto que hacen visible Lamus y Useche (2002) al investigar sobre la maternidad, paternidad y manifestaciones en las pautas de crianza de padres en la región, especialmente las que se relacionan con prácticas disciplinarias que expresan cambios, rupturas y continuidades de la familia con respecto a las características tradicionales ya identificadas por Gutiérrez de Pineda.
En general, estos autores afirman que en la actualidad coexisten diversas representaciones acerca de la maternidad y la paternidad. Al final del siglo xx se inicia el resquebrajamiento de la cultura patriarcal, gracias a esto es posible encontrar padres más afectuosos con sus hijos, mientras las madres siguen construyendo nuevos roles sociales.
Conclusiones
Retomando el propósito de la investigación, se debe subrayar que el concepto de familia ha tenido múltiples significados a lo largo del tiempo, algunos de ellos orientados desde la perspectiva de ley y otros en relación con las condiciones que afectan su naturaleza y todo tipo de determinaciones.
Desde diversos escenarios la noción de familia ha logrado convocar a expertos de distintas disciplinas para discutir y debatir públicamente acerca de los referentes tendientes a garantizar su naturaleza, esencia y derechos constitucionales; sin embargo, más allá de esas deliberaciones es conveniente reflexionar sobre las peculiaridades que han marcado su desarrollo, sin perder de vista que las transformaciones tienen un fondo histórico y no emergen espontáneamente.
El recorrido por el análisis de los legados de la familia colombiana permite deducir que su organización, funcionamiento y estabilidad a lo largo del tiempo han sido marcadas por el fenómeno social de la inmigración, cuyos efectos étnicos, culturales, políticos y sociales trastocan los ideales familiares y sociales. Paradójicamente, el flujo migratorio en la familia es ancestral y vigente, en su mayoría atañe al cambio del entorno residencial debido a las cuestiones laborales y la búsqueda de nuevas oportunidades unidas al desplazamiento forzado por la reciente historia de violencia, exacerbando complejos modos de relación subyacentes al proceso de transformación social.
A raíz de esto, es posible pensar que los miembros de las familias en las diversas regiones del país se caracterizan por mantener rasgos de creatividad, innovación, emprendimiento, audacia y valentía para sacar adelante las obligaciones que contribuyen al desarrollo sostenible del sistema familiar, el cuidado y la protección, aun cuando sus tradiciones se hayan visto expuestas y permeadas por el fenómeno de la modernización.
Por otro lado, se puede afirmar que la familia colombiana navega entre las miradas tradicionales frente al mundo y los nuevos órdenes del momento actual, siendo expuesta a factores sociales que la hacen potencialmente receptora de conflictos y patologías en torno a la violencia, inequidad de género, adherencia a grupos armados, consumismo desmedido y contaminación. Sin lugar a duda, las nuevas ideologías y exigencias de la sociedad demandan mayor nivel de atención y responsabilidad en la familia, debido a los conflictos afectivos que se pueden originar, sobre todo al momento de ejercer la crianza de los niños, niñas y adolescentes.
Como se ha descrito, un elemento central en la caracterización de la familia moderna colombiana deviene de la estructura familiar. Es evidente el aumento de uniones consensuales tanto legales, como de hecho, el incremento en las separaciones conyugales, la monoparentalidad y el madresolterismo, paralelo al elevado número de hijos por fuera del matrimonio. Dichas tipologías contrastan con la representación que se tiene de la familia tradicional como eje funcional y determinante en la formación de las nuevas generaciones.
En este contexto llama la atención el reconocimiento de la influencia que tiene la mujer en los nuevos roles de la familia, a propósito de la posición social, los procesos productivos y reproductivos asociados al control de la natalidad, el auge educativo y el empoderamiento laboral. La tensión tradición - modernidad muestra que la mujer continúa siendo quien regula las relaciones entre los miembros de la familia, es agente enculturizadora, conserva relación directa en el proceso de la crianza y patrones de ahorro familiar.
Para finalizar, cabe decir que el tema de la familia mantiene un eminente nivel de trascendencia social. No obstante, la identificación de las características que permiten el análisis de su estado evolutivo —incluyendo aquellas que posibilitan daño al entorno y amenazan la supervivencia del grupo familiar a largo plazo— deben propender porque la familia sea tenida en cuenta como un fin en sí misma y no como un simple medio para la conservación social.
1 Expresión del contexto que hace referencia a una práctica habitual de “trata de personas”.

Marco teórico conceptual1
Conceptual theoretical framework
Norman Darío Moreno Carmona
Joaquina Palomar Lever
Viviana Carmenza Ávila Navarrete
Wbeimar Alonso Lopera López
En este capítulo se pretende evidenciar los desarrollos conceptuales alrededor de cada una de las variables, tanto dependientes como independientes, del problema de investigación, así como establecer las posibles relaciones entre ellas, a partir de algunos resultados encontrados en la bibliografía reciente sobre el tema.
Son múltiples los estudios que dan cuenta de la relación entre algunos factores de la realidad familiar como prácticas de crianza, violencia, divorcio, problemas psicológicos en los padres, etc., y la presencia de problemas internos y externos en los adolescentes, tales como consumo de sustancias psicoactivas (spa), conducta delictiva o depresión, entre otros. Sin embargo, la multidimensionalidad de las problemáticas humanas hace necesario considerar otros factores alternos a la familia como, por ejemplo, la exposición a eventos adversos, el contexto social inmediato, la relación con los pares, la autoestima y la resiliencia, que suelen ser desencadenantes o protectores de las mismas problemáticas.
Hacen parte integral de este ejercicio los artículos de revisión y reflexión publicados por Moreno (2011, 2012a, 2012b, 2013, 2014b), Cardona, Osorio y Moreno (2014) y Montoya-Zuluaga, Castaño-Hincapié y Moreno-Carmona (2016), resultados del proceso de indagación en el marco de la presente investigación.
Factores familiares
En un contexto de permanentes transformaciones en el que se educa a los hijos, derivado de los cambios sufridos por la familia en las últimas décadas, parecería que se adolece de un modelo de socialización a transmitir, lo que se traduce en prácticas parentales ambivalentes y poco claras. Climent (2006) afirma sobre este aspecto lo siguiente:
Los modelos familiares son dinámicos, susceptibles de transformarse. Hoy se requieren estilos educativos alternativos que se adecúen a las nuevas formaciones familiares, a las nuevas formas de desempeñar los roles de padre y madre, a los nuevos valores y códigos culturales. El desafío es encontrar estilos parentales más participativos. (pp. 207-208)
En diversas y amplias revisiones bibliográficas (Bersabé, Fuentes y Motrico, 2001; Betancourt y Andrade, 2008; Climent, 2006; Cuervo, 2010; Mestre, Tur, Samper, Nácher y Cortés, 2007; Moreno, 2012b; Moreno, 2014b) se ha dado cuenta de indagaciones sobre la relación entre las pautas y los estilos de crianza y el desarrollo socioafectivo de los hijos, asumiendo que están muy relacionados y que cambian según una multidimensionalidad de variables evolutivas y contextuales, resaltando la importancia de la familia para la prevención de diversas problemáticas psicosociales en la infancia y la adolescencia.
Dichas indagaciones muestran el panorama actual de la familia y de las relaciones parentales, partiendo de que los cambios en la realidad social contemporánea han diluido las tradicionales diferencias de género y roles al interior de la familia, poniendo en debate la función de los adultos cuidadores y la importancia de la familia en el desarrollo de conductas pro o antisociales, así como en la salud mental de las nuevas generaciones.
Lo que se quiere resaltar es que con las transformaciones sociales y familiares también se han cambiado las formas de educación y crianza de las hijas(os) a medida que se ha pasado de un modelo de autoridad patriarcal, bastante estructurado y rígido, a otros modelos coexistentes, más liberales y laxos (Jiménez-Zuluaga, 1999; Climent, 2006).
La educación de los niños y los jóvenes, cada vez más compleja, es una de las preocupaciones centrales de cualquier sociedad y distintas teorías han insistido en el papel central de la familia en el proceso educativo. En este sentido, las prácticas educativas parentales constituyen las primeras y, quizás, las más significativas influencias para el niño. Sin embargo, la realidad de las familias hoy exige preguntarse: ¿a qué familia nos estamos refiriendo?
Teóricos como Minuchin (1982) se refieren a la familia como una unidad conformada por subsistemas que permiten la formación de un andamiaje jerárquico para poder establecer límites y fronteras de relacionamiento entre los miembros. De igual manera, como un conjunto instituido legítimamente, fundamentado por una historia evolutiva, como un sistema social abierto, el cual mantiene nexos con lo extrafamiliar y está en capacidad permanente de desarrollo.
Cada etapa de crecimiento familiar está asociada a momentos de crisis propias de su composición evolutiva en la sociedad. Las crisis forman parte inherente de la familia, cada transición comporta cargas, retos y opciones que movilizan el sistema. En los momentos en que las crisis no han podido ser asumidas de manera asertiva por quienes integran las familias, puede fragmentarse el vínculo conyugal, filial y fraterno; es decir, en casos más extremos suele suceder que, ante un estado de crisis inesperado y no superado, el sistema se desintegra parcial o totalmente, ocasionando inesperadas consecuencias para cada integrante.
Falicov (1991) y Pittman (1998) consideran que se habla de crisis cuando un sistema entra en tensión y exige un cambio un tanto drástico. Estos autores distinguen cuatro tipos de crisis: las crisis del desarrollo que son universales y por ende previsibles y necesarias —son un ejemplo las que provienen de procesos de ajuste familiar, individual o de pareja, cuando los sujetos se ven abocados a sacar a flote e implementar aspectos novedosos que hasta ese momento estaban fuera de su modo habitual de funcionar (en el matrimonio, con la llegada de los hijos, la pubertad, etc.)—; las crisis estructurales, las cuales, en palabras de Pittman (1998), son periodos concurrentes que tensionan de manera regular al interior del sistema, producto de la no resolución de viejos conflictos internos como un modo de evitar los cambios; las crisis de desvalimiento, que son aquellos momentos de transición que representan una ruptura en la realidad del sistema y lo obligan a reorganizarse —por ejemplo, muerte súbita, diagnóstico de enfermedad terminal, etc.—; y las crisis no normativas, definidas como imprevisibles, que incluyen los conflictos inesperados, pérdida repentina de un empleo, cambio de estatus socioeconómico y también el divorcio, evento que para autores como Pittman (1998) y Navarro (2000), es casi universal, hasta el punto de que se puede incluir entre las crisis previsibles en algunos sectores de la sociedad, habida cuenta de las altas tasas de rupturas conyugales.
La familia se ha visto afectada directamente por los grandes cambios sociales, políticos, demográficos, culturales y económicos. Se ha ido transitando de la unidad a la diversidad; además, el modelo de asignación de roles por género y el patriarcado se han ido diluyendo poco a poco social y legalmente. Pero esto también ha tenido unos costos y resistencias (Casares-García, 2008; Chacón. 2008).
Respecto a las familias monoparentales, Pachón (2008) y Puyana (2003) se refieren a ellas como sistemas que, aun con sus particularidades en cuanto a constitución, son tan legítimas como las familias nucleares, solamente que traen consigo una historia previa de separación, desintegración de la familia o decisión propia de la madre al tener sola su hijo sin tener una pareja, lo que seguramente hace que su historia evolutiva traiga consigo algún tipo de experiencia relevante, posiblemente dolorosa en sus integrantes.
Así, se ha constatado que después del divorcio el ajuste en los niños está muy relacionado con la continuidad del apoyo de ambos padres —incluso del que se retira del hogar—. Y también se ha encontrado que las familias reconstituidas o poligenéticas (Jiménez-Zuluaga, 1999) son tan efectivas como las intactas en la crianza de los hijos, pues esto depende de la manera como los padres mantienen una adecuada relación con sus hijos y de los conflictos de la pareja más que de la estructura misma de la familia (Climent, 2006).
Esto para indicar que son probablemente mayores los prejuicios que existen hoy día respecto al tipo de familia en relación con la aparición de problemas en la infancia o la adolescencia, que aquello que la investigación ha podido demostrar.
El desarrollo psicosocial de los niños se soporta principalmente en las prácticas de crianza, entendidas como la manera en que los padres (y en general, los adultos cuidadores) orientan el desarrollo del niño/a y le transmiten un conjunto de valores y normas que facilitan su proceso de socialización. “De manera simple, las prácticas de crianza son las acciones llevadas a cabo por los padres y personas responsables del cuidado del niño/a para dar respuesta cotidianamente a sus necesidades” (Myers, 1994, citado en Cuervo, 2010, p. 114). A estos cuidadores se les denominaría referentes.
Según Bersabé, Fuentes y Motrico (2001), el modelo tradicional de socialización familiar tenía cierto carácter de exclusividad, pues los padres eran casi los únicos agentes implicados en la socialización de los hijos, y de unidireccionalidad, ya que los padres eran los que influían en sus hijos, más no los hijos en los padres, lo que implica que el estilo educativo de los padres tenía consecuencias directas (positivas o negativas) en el comportamiento del niño(a). Asimismo, se suponía que las prácticas educativas eran elegidas de modo racional y consciente por los padres, y que los hijos las percibían con total claridad.
Un nuevo enfoque en el modo de entender las relaciones familiares, denominado modelo de construcción conjunta o de influencias múltiples, destaca dos supuestos fundamentales: la bidireccionalidad de las relaciones entre padres e hijos y la necesidad de adecuar las prácticas educativas a la edad de los hijos (Ceballos y Rodrigo, 1998).
Para diversos autores la red familiar se reorganiza y las relaciones se redefinen permanentemente (Cabrera, Guevara y Barrera, 2006), y los estilos parentales relacionales están asociados con el clima familiar y caracterizados por el apoyo, el afecto, la comunicación y la promoción de la autonomía desde una perspectiva más multidimensional (Oliva-Delgado, Parra-Jiménez y Arranz, 2008).
En relación con el término “referente”, cabe señalar que ha sido usado ampliamente en algunas teorías psicológicas para hacer mención a personas significativas, entre las que se consideran aquellas que cumplen las funciones materna y paterna, sin que necesariamente coincidan con la madre y el padre (Keats et al., 1983; Tenorio, 1993; Vitória, Salgueiro, Silva y De Vries, 2009). Es aquella figura adulta que cumple una función estructurante en el psiquismo del niño y la niña, con base en el establecimiento de controles y límites por un lado (relaciones organizadoras), y el reconocimiento, cuidado y afecto, por otro (seguridad emocional) (Aberastury, 1991).
Según Moreno-Carmona y Rojas-Pazmiño (1998), la figura materna es referente primario porque es quien introduce al niño en el principio de realidad, para lo cual es preciso que equilibre la adecuada preparación del niño para el manejo de la frustración y la espera como parte de la vida, con el establecimiento de relaciones que le provean al niño seguridad emocional suficiente para no sentirse abatido por la ansiedad. Entretanto, la figura paterna, aunque con similares funciones, asume una función relevante con respecto a la integración del niño en lo social, como portador que es de la prohibición cultural, estructurante de la identidad del sujeto, convirtiéndose así en un referente cultural.
Ambos deben confluir en lo que denominan un sistema normativo-afectivo que le permita al sujeto sentirse reconocido y construir un lugar propio, en el cual se sienta seguro y organizado. Así, la manera como el niño es acogido (esperado, amado, rechazado, utilizado) por sus padres, influye en la organización psíquica y en la integración social. Cuando el niño y el adolescente poseen buenos referentes familiares, gozarán posteriormente de mayor independencia y libertad para tomar sus propias decisiones y realizar sus propios ideales y metas (Moreno-Carmona y Rojas-Pazmiño, 1998).
Al parecer, la conducta de los padres se guía por un conjunto multifacético de preocupaciones para el desarrollo social de los niños en lugar de un estilo de crianza general. Para efectos de la presente investigación se operacionalizará la referencialidad en términos de lo que Betancourt y Andrade (2008) denominan prácticas parentales, que juegan un rol importante en el desarrollo y mantenimiento de problemas tanto internalizados como externalizados en adolescentes, y se agruparán en tres componentes: apoyo, control conductual y control psicológico, los cuales afectan de manera diferencial el desarrollo de los adolescentes.
El apoyo parental se refiere a la cantidad de soporte y cariño que muestra el padre o madre y, según Baumrind (2005), incluye la crianza, la calidez, la sensibilidad, la aceptación y el apego. Al parecer, se ha encontrado que los hijos adoptan los valores de los padres si mantienen una relación afectiva positiva con estos. Por el contrario, el no tener en cuenta las necesidades de los hijos y utilizar el castigo físico como recurso disciplinario dificulta la adopción de las metas y orientaciones valorativas paternas (Climent, 2006). Si la familia no cumple con las funciones de apoyo, la probabilidad de que sus miembros sufran problemas en su ajuste psicológico y social es más elevada.
Según Climent (2006), el término control se refiere al intento de los padres de incidir en la conducta del hijo. Sería más apropiado denominarlo intento de control, definido como la conducta de un padre hacia su hijo con el objetivo de dirigir la conducta de este de una manera deseable para los padres.
El control conductual se define como el conjunto de límites, reglas, restricciones y regulaciones que los padres tienen para sus hijos y el conocimiento de las actividades de los mismos. Este tipo de control se refiere a las conductas parentales que intentan regular, supervisar y controlar la conducta del adolescente y que concuerdan con las normas familiares o sociales (Baumrind, 2005). El control psicológico son aquellas conductas de los padres que impiden la autonomía psicológica del adolescente, y que utilizan estrategias como las críticas excesivas, el afecto contingente, la inducción de culpa, la comunicación restrictiva, la invalidación de sentimientos, la sobreprotección y la intrusividad.
Diversas investigaciones citadas por Betancourt y Andrade (2008) demuestran que puntajes altos en apoyo parental se relacionan con un menor número de problemas tanto internalizados como externalizados. La asociación entre el control conductual y los problemas internalizados y externalizados muestra que un pobre control conductual se asocia con un mayor número de problemas tanto internalizados (por ejemplo, baja autoestima, depresión, ansiedad) como externalizados (consumo de sustancias, conducta antisocial). Y en lo que se refiere a la relación entre el control psicológico y los problemas tanto internalizados como externalizados, indican que el hecho de que los padres ejerzan un alto control psicológico se asocia con un mayor número de problemas. Asimismo, los adolescentes perciben a este tipo de padres como intrusivos y manipuladores.
El modelo propuesto por Baumrind (1971, citado en Buri, 1985) no está limitado por la simple presencia o no de autoridad parental, y está definido por tres estilos distintos de crianza: la permisividad, el autoritarismo y la autoridad. Baumrind ha sugerido que los padres permisivos tienden a hacer menos exigencias a sus hijos que los otros padres. A pesar de ser relativamente cálidos hacia sus hijos, estos padres permisivos no son controladores y rara vez utilizan el castigo. Los padres autoritarios, por el contrario, son muy directivos con sus hijos y valoran la obediencia incondicional para formar a sus hijos, son menos cálidos que otros padres y tienden a emplear medidas punitivas para dirigir el comportamiento de sus hijos. Los padres con autoridad, sin embargo, tienden a ubicarse entre estos dos extremos; se caracterizan por ofrecer una orientación clara y firme a sus hijos, pero esta claridad disciplinaria está moderada por el afecto, la razón y la flexibilidad (Buri, 1985). Los padres con autoridad distinguen más claramente entre las cuestiones sobre las que deben y no deben ejercer un control y tienden a ser permisivos solamente con respecto a cuestiones puramente de dominio personal.
Según Climent (2006), las investigaciones ponen de relieve la importancia que tiene la interacción paterno-filial basada en el apoyo, en la autoestima del hijo y su consecuente capacidad de adaptación y creatividad. Por el contrario, las relaciones coercitivas y negligentes tienden a alentar el distanciamiento y el resentimiento. Por su parte, Henao-López, Ramírez-Palacio y Ramírez-Nieto (2007) consideran que el estilo de crianza democrático es el que mejores efectos produce en el desarrollo psicosocial de los niños, niñas y adolescentes.
Al analizar la influencia de los estilos parentales en la negociación y el conflicto entre padres y adolescentes, Pérez y Alvarado (2015) afirman que la forma de crianza de los hijos explica los conflictos entre padres y adolescentes. Cuando el adolescente percibe en ambos padres calidez, recurre a la negociación y se disminuye la intensidad del conflicto, esto genera acuerdos y la solución satisface las necesidades de ambas partes.
Los controles ejercidos por los padres son diferentes; por ejemplo, el padre se relaciona con tres estilos de negociación (colaboración - equidad, acomodación y competencia). En México los hijos le deben obediencia y afecto al padre, por ello lo ven con autoridad y emplean los tres estilos con él. El control materno es de competencia, así cuando el hijo percibe el control cree que ganará la negociación; además, el adolescente a veces asume la postura de ganar o defenderse en lugar de colaborar. Los adolescentes discuten con su madre más que con el padre, lo anterior obedece a la cercanía tanto física como emocional y siempre, por ello, tratan de convencer a la madre de los beneficios de atender sus ideas y necesidades. La contraparte es que las madres resultan más exigentes que los padres a la hora de negociar y obtienen una respuesta conductual del hijo.
Otro factor importante en las relaciones familiares es el apego. Según Climent (2006, citando a Bowlby, 1989, Dolz, 1997, Muchinick y Seidmann, 1998), el niño desde su nacimiento establece un vínculo especial con una figura adulta, comúnmente la madre, que se encarga de sus cuidados y alimentación. Este vínculo, conocido como apego, representa la primera relación social del niño e influye marcadamente sobre las siguientes.
Los vínculos de apego seguro entre padres e hijos promueven vínculos positivos en el futuro, permiten el desarrollo de la confianza en sí mismo y la capacidad de dar y recibir. Por el contrario, una interacción “insegura” entre padres e hijos durante los primeros años de vida, carente de sentimientos afectivos o bien la pérdida de un miembro familiar en la niñez puede facilitar cierta autoapreciación negativa.
En este sentido, la sobreprotección de la madre hacia el niño puede generar un tipo de apego ansioso resistente, que tiende a desarrollar modelos de sí mismos inseguros y resistentes a comprometerse (Mikulincer, 1998) y de los otros como poco confiables. Feeney y Kirkpatrick (1996) manifiestan que este aspecto es conducente a reflejar en los adolescentes preocupación por el abandono y descuido de la madre.
Large (1989, citado en Climent, 2006) señala que, ante la ausencia de uno de los padres por fallecimiento, abandono, alcoholismo crónico, etc., es muy probable que los hijos sufran de soledad. La sensación de desprotección y el sentimiento de abandono llevan a la búsqueda, a veces compulsiva, de sustitutos que provean la relación de afecto perdida.
A través del apoyo afectivo, los progenitores expresan sus emociones, generan independencia y permiten el desarrollo psicosocial de los niños y niñas (Buitrago, Cabrera y Guevara, 2009).
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