Kitabı oku: «Reconecta con tu cuerpo»
ANNA SÓLYOM
RECONECTA CON
TU CUERPO
Prólogo de Jenny Moix
Epílogo de Francesc Miralles

NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y, en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal.
Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactos y ciertos en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir
© del texto: Anna Sólyom, 2020.
© del prólogo: Jenny Moix, 2020.
© del epílogo: Francesc Miralles, 2020.
© de las ilustraciones: Jun Matsuura, 2020.
© de esta edición: RBA Libros, S. A., 2020.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona
rbalibros.com
Primera edición: octubre de 2020.
RBA INTEGRAL
REF.: ODBO809
ISBN: 978-84-9118-189-7
COMPOSICIÓN DIGITAL • GRAFIME, S.L.
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PARA MIS ANCESTROS Y PARA LOS TUYOS.
PARA LAS TIERRAS Y LOS ESPÍRITUS QUE NOS NUTREN.
PARA NUESTROS HIJOS.
PARA EL CUERPO EN QUE VIVES.
EN UN PASADO OLVIDADO,
QUIZÁ FUIMOS HERMANOS.
La seguridad no es la ausencia de amenazas, es la presencia de conexión.
DOCTOR GABOR MATE
CONTENIDO
1 Prólogo, por Jenny Moix
2 Presentación. Regreso a la tierra prometida
3 1. EL GRAN MAESTRO AL QUE NADIE QUIERESEMANA 1 - PRÁCTICA: Toma conciencia de tu cuerpo
4 2. CÓMO CONSTRUIMOS LA REALIDADSEMANA 2 - PRÁCTICA: Tu diario y topografía emocional
5 3. DESMONTAR NUESTRA ARMADURA: LA HERENCIA DE LOS TRAUMAS FÍSICOS Y PSICOLÓGICOS EN EL CUERPOSEMANA 3 - PRÁCTICA: Deja de luchar contigo mismo
6 4. EL LENGUAJE DEL CUERPOSEMANA 4 - PRÁCTICA: Quedar presente
7 5. INTELIGENCIA CORPORAL: ¡CONFÍA EN MÍ!SEMANA 5 - PRÁCTICA: Muévete libremente y expresa lo inexpresableTest de escala de conexión corporal
8 6. AMIGOS ÍNTIMOSSEMANA 6 - PRÁCTICA: Escáner corporal y conexión
9 7. ¡NO TIENES QUE REPARARME!SEMANA 7 - PRÁCTICA: Conéctate con tu voz sanadora y da las gracias
10 8. LA LÍNEA MEDIA DEL CUERPOSEMANA 8 - PRÁCTICA: Conéctate con tu cuerpo fluido
11 9. LA SABIDURÍA DEL INTER-SERSEMANA 9 - PRÁCTICA: Reunión en el círculo del fuego
12 10. PAUSA PARA CRECERSEMANA 10 - PRÁCTICA: Presencia, pausa y relación
13 RECONECTA CON TU CUERPO. ¿Y AHORA, QUÉ?
14 Epílogo. Tu verdadera casa, por Francesc Miralles
15 Anexo 1. La terapia biodinámica craneosacral
16 Anexo 2. TRE®: Los ejercicios para liberar tensiones, estrés y traumas
17 Agradecimientos
18 Bibliografía
PRÓLOGO
por JENNY MOIX
—Imagínate que dentro de ti vive un sabio, y que este sarpullido que tienes en el brazo es una señal que te envía. Quizá te está diciendo que deberías calmarte —le dije a mi hijo.
—¡Ja! —fue su escueta respuesta.
—En serio, me parece que…
Este fue el inicio de una conversación que mantuve con mi hijo cuando andaba por la mitad del magnífico libro que sostienes en las manos.
Desde hace unos tres años, en época de exámenes o cuando se encuentra estresado por algún otro motivo, aparece en su brazo una irritación.
Como psicóloga de la salud, sé perfectamente que las emociones se reflejan en el cuerpo, pero nunca le había hablado tan en serio a mi hijo del tema. Anna Sólyom, a través de estas páginas, me hizo tomar conciencia de algo que ya sabía, que de hecho todos sabemos pero que nos dedicamos a olvidar: el cuerpo nos habla.
La conversación duró unos diez minutos. Eso es mucho tiempo para mantener su atención en un tema como este. Sin duda, la metáfora del sabio captó su interés y creo que al final le caló.
La psicología me ha llevado a centrarme más en el mundo mental que en el corporal. Atiendo a las ideas de la persona que tengo delante. La autora, como terapeuta corporal, dirige su atención sobre todo a las señales del cuerpo.
Si esto fuera una competición entre las dos, podríamos preguntarnos: ¿quién está en lo cierto?, o, dicho de otra forma, ¿a qué tenemos que hacer más caso: a las ideas de nuestra cabeza o a las señales del cuerpo?
Cuando hayas leído este libro, tendrás muy clara la respuesta: la emoción reflejada en el cuerpo sabe más acerca de cómo estamos que nosotros mismos. Lo que ocurre es que solemos fabricar una explicación de lo que nos pasa y le damos más credibilidad que a las señales del cuerpo.
Y esas ideas, en general, se presentan en formato: «lío». Un nudo mental que nos resulta tremendamente difícil de desliar porque intentamos hacerlo con el mismo instrumento que «la ha liado»: la mente.
Cuando yo misma estoy metida en mi propia maraña mental o escucho la de otra persona, muchas veces pienso que no puede ser tan complicado vivir. La vida ha de ser más sencilla. Y este manual nos habla precisamente de esto. Lo único que debemos hacer es bajar de nuestras cabezas y reconectar con nuestro cuerpo.
Se trata simplemente de comer cuando tenemos hambre, dormir cuando sentimos sueño, estirarnos al notar nuestros músculos entumecidos…
Algo tan sencillo, tan básico, tan instintivo… pero que en muchas ocasiones reprimimos. Y algo reprimido, no es algo que ha desaparecido, sino que sigue ahí afectándonos todo el rato.
Pongamos que estamos en una habitación con un ruido monótono de fondo; lo más probable es que al principio lo escuchemos, pero al poco parece desaparecer. Aunque no lo oímos, nos está consumiendo la energía que el cerebro dedica a procesarlo de forma inconsciente. Una energía que nos resta eficacia. La prueba de que nos afecta de forma inconsciente es que si el ruido termina sentimos un gran alivio.
Pues bien, las necesidades no atendidas de un cuerpo son como ese ruido de fondo. El objetivo de este curso práctico es que logres silenciarlo.
Tomar conciencia del cuerpo nos resulta una ardua tarea, porque los humanos somos una panda de inconscientes. Y quizá por esto, Anna Sólyom tuvo muy claro que debía escribir este libro.
Me gustaría que, antes de seguir leyendo, te acomodaras para no sentir ninguna tensión molesta. Apoya bien la espalda, evita tenerla curvada. ¿Te has movido? Lo más probable es que sí. Aquí tienes la prueba de la inconciencia que nos caracteriza. La buena noticia es que cuando acabes este programa serás mucho más consciente.
Las emociones son el puente entre la mente y el cuerpo. Y por ello, inevitablemente, la autora se adentra en ellas. Nos explica qué son y cómo debemos vivirlas.
Una de las ideas clave que destaca es que cualquier emoción dura muy poco tiempo. Y esto cuesta de creer, porque a veces nos pasamos días enfadados, meses tristes o años resentidos. Y sucede porque subimos a nuestras cabezas y no permanecemos en el cuerpo tal como nos sugiere la autora.
Para entenderlo basta con que nos fijemos en los animales. Si tenemos un gato, un perro o un conejo en casa, habremos sido testigos de sus emociones: sus enfados, sus alegrías, sus tristezas… Pero ellos se limitan a vivir con plenitud su emoción y a dejarla pasar. Los humanos empezamos a sentir culpa por estar tristes cuando creemos que no deberíamos estarlo, rabia por estar enfadados porque pensamos que gestionamos mal las emociones… Es decir, enredamos una emoción sobre otra.
En este programa vas a encontrar ejercicios muy potentes que te servirán para vivir tus emociones con naturalidad. Esto es, sin entrometer tus ideas.
A medida que vayas leyendo y practicando los ejercicios, irás tomando conciencia de que debes atender el cuerpo tal como se merece.
Atenderlo, observarlo y amarlo.
La autora nos invita a mimarnos y, de alguna forma, ella misma al escribir nos envía ese cariño que debemos transmitirle a nuestro cuerpo. Personalmente, lo he sentido mientras iba avanzando en la lectura, quizá porque, al tener el privilegio de conocer a Anna, me la imaginaba con la cálida sonrisa con la que suele acompañar sus palabras.
Palabras amorosas dirigidas al cuerpo como:
Hónralo por ser tu instrumento en esta vida. Perdónale sus imperfecciones y míralo con amor. Cuídalo como si fuera tu niño querido, como si fuera un amigo íntimo que necesita tu ayuda.
En este libro, la puerta de entrada al universo es el cuerpo. Pero la autora no se limita a quedarse en su umbral. Se adentra en los pensamientos, las emociones, las relaciones con los demás e incluso en la conexión, invisible y existente, con nuestros ancestros.
Y sigue más allá, hasta el alma, el espíritu, o como quiera llamársele. Lo intangible está presente desde la primera página hasta la última. Einstein afirmaba que «la ciencia sin religión está coja, y la religión sin ciencia está ciega». Sin duda, la autora comparte esta visión. La prueba es que basa sus afirmaciones, además de en su amplia experiencia como terapeuta corporal, tanto en investigaciones científicas como en la sabiduría de maestros iluminados.
Apearnos de la mente y reconectar con el cuerpo es la fórmula más potente para anclarnos en el ahora. El único lugar donde se encuentra la paz. Y esta es justamente una de las ideas esenciales que te irán calando poco a poco a medida que vayas sumergiéndote en estas páginas.
Así que solo me queda decirte:
Lee,
respira
y reconecta con tu cuerpo.
NOTA: En estos momentos, el sarpullido de mi hijo ha desaparecido por completo.
PRESENTACIÓN REGRESO A LA TIERRA PROMETIDA
Soy licenciada en Filosofía, pero justo antes de entrar en la universidad, tras los dos primeros grados de iniciación al Reiki Ushui, empecé a practicar varios tipos de meditación, yoga y bailes extáticos, además de formarme en kinesiología y masaje deportivo entre otras cosas.
Considero que la meditación y el yoga me salvaron la vida, sacándome de unos hábitos altamente autodestructivos.
Siempre me ha interesado cómo podemos reconectar con el cuerpo que es nuestro hogar, nuestro centro de equilibro y energía, pero antes de llegar aquí, trabajé para multinacionales como IBM, colaboré durante varios años en una ONG para procesos electorales y desarrollo democrático en todo el mundo y organicé muchos eventos y grandes conferencias. En todo momento sentía que mi verdadero camino estaba fuera de allí.
Finalmente me rendí y acepté que, sin importar las ventajas que me ofreciera el mundo de la empresa, mi camino era otro. Mi pasión era ayudar a las personas, usar mis manos sanadoras para quien ha perdido su conexión consigo mismo y con su cuerpo.
En 2014 me formé en la terapia craneosacral, que es una modalidad de la osteopatía que no manipula el cuerpo, sino que trabaja con un contacto suave y ligero. Luego profundicé en este ámbito y completé mi formación como terapeuta biodinámica craneosacral, de la cual hablo en el primer anexo al final de este libro.
Mientras tanto, encontré otra técnica que ayuda al cuerpo a regresar, desde dentro hacia fuera, sin participación de fuerzas externas: empecé a trabajar con la técnica de TRE®, los ejercicios para liberar tensiones, estrés y traumas de los que hablaré con más detalle en el segundo anexo. Viene a ser un «Mindfulness» del cuerpo.
En los últimos veinte años he recorrido un camino que me ha brindado muchos descubrimientos, pero sobre todo he aprendido que el maestro que siempre he estado buscando fuera, en realidad se hallaba muy cerca: era mi propio cuerpo. Un almacén lleno de experiencias y accidentes, lleno de sabiduría y enseñanzas para quien lo quiera escuchar.
Tenemos mucho que aprender y comprender sobre las conexiones visibles e invisibles de nuestra realidad.
Este libro es una invitación a reencontrarte con tu cuerpo, a explorarlo y sanarlo en la medida de lo posible, a hacer las paces con él. A fin de cuentas, es un amigo que te acompañará de por vida. Literalmente hasta el final.
Aceptar tu cuerpo, regresar a él, amarlo y cuidarlo es todo un proceso. Y si aprendes a confiar en el proceso te liberarás de muchos problemas añadidos. La impaciencia es más dañina de lo que a veces imaginamos.
A fin de facilitar ese proceso, Reconecta con tu cuerpo está estructurado en diez semanas durante las cuales irás avanzando en tu regreso a la tierra prometida, por utilizar la imagen bíblica, que no es otra que tu cuerpo. Con este objetivo, al terminar cada capítulo encontrarás ejercicios sugeridos para practicar durante siete días consecutivos, además de otras prácticas que hallarás en los capítulos.
El objetivo es que sintonices contigo mismo y con tu cuerpo, abriendo la puerta a nuevas experiencias y descubrimientos.
Antes de empezar, vamos a ver qué trataremos en cada uno:
En el primer capítulo veremos que el dolor es uno de nuestros maestros más poderosos, ya que nos invita a cambiar. Muchas veces huimos de él, porque no nos gusta estar en contacto con el dolor, y tratamos de anestesiarlo. A veces lo hacemos porque no queremos cambiar, y es que, ciertamente, el cambio conlleva mucho trabajo. Pero es la única manera de sentirse mejor.
En el segundo capítulo aprenderemos que construimos nuestra realidad a través de nuestra percepción, puesto que «la realidad» objetiva o absoluta no existe. Las emociones son reacciones del cerebro a los impulsos que recibe, no están inscritas en nuestro sistema neuronal. Algunos investigadores afirman que físicamente son como burbujas en el cerebro. También veremos que algunos estados del cuerpo muy similares entre sí pueden ser interpretados de varias maneras en función de cada cerebro. La buena noticia es que podemos aprender a conocer nuestras sensaciones corporales, y trazar una topografía propia de las emociones que siente nuestro cuerpo.
En el tercer capítulo descubriremos por qué a menudo evitamos sentir. Veremos las partes más importantes del cerebro, que es un órgano triuno, y el papel que tienen sus distintas regiones en el trauma. En estado de shock no podemos pensar. Cuando no sabemos cómo integrar una experiencia traumática, esta queda enquistada, y nos sentimos disociados. Para sanar, necesitamos redescubrir qué y cómo sentimos (o no sentimos), volver a entrenar nuestras percepciones para cambiar nuestra manera de sentir o volver a sentir. Volver a sentir puede resultar doloroso, cuando estás saliendo de la anestesia o la congelación. Hablaremos de cómo desmontar nuestra armadura.
En el cuarto capítulo tomaremos conciencia del lenguaje del cuerpo. Veremos que el cuerpo es el espejo del alma, de las emociones, de los pensamientos. Aprenderemos que las posturas corporales influyen en nuestros estados de ánimo y en nuestro sentido del «yo». Y descubriremos que existe un catálogo corporal que almacena todo lo que no queremos sentir.
En el quinto capítulo investigaremos en qué consiste la inteligencia corporal, y qué otras inteligencias están conectadas con ella. Además, aprenderemos a ponernos en contacto con esta conciencia vital, y veremos qué pilares nos ayudan a lograrlo. Nos daremos cuenta de que necesitamos confiar en el cuerpo para empoderarlo, y nos familiarizaremos con la regla de los veintiún días para alcanzar cualquier cambio.
En el sexto capítulo hablaremos de la Regla de Diamante: tratamos a los demás como nos tratamos a nosotros mismos. Siempre tememos lo que no conocemos, así que ya es hora de hacernos amigos íntimos de nuestro cuerpo. Una herramienta importante para ello es la autocompasión, que necesitamos practicar tantas veces como podamos. Ahora también sabremos que la asertividad nos ayuda a acercarnos a nosotros mismos, y a aceptarnos en nuestra imperfecta naturaleza humana.
En el séptimo capítulo intentaremos liberarnos de la pandemia del perfeccionismo, y aceptar nuestro cuerpo y a nosotros mismos tal y como somos. Nos familiarizaremos con la filosofía del wabi sabi, que nos enseña la belleza de lo efímero y de lo imperfecto. En cuanto que humanos, somos seres vulnerables y finitos, y en el camino a la aceptación debemos acoger los regalos de la imperfección.
En el octavo capítulo descubriremos las dinámicas y fuerzas embrionales y cómo el embrión sigue viviendo en nosotros, en nuestro cuerpo actual. Además, veremos la importancia del eje central, de la línea media en el cuerpo y su papel esencial en nuestro equilibrio. Mencionaremos cómo la terapia biodinámica craneosacral estimula la reconexión con las fuerzas embrionales, y como ello nos permite sanarnos y volver a nuestro centro, conectando cielo y tierra dentro de nosotros.
En el noveno capítulo investigaremos las conexiones de nuestro cuerpo y nuestra vida con otros cuerpos y vidas, y aprenderemos que no somos seres que existen individual e independientemente de otras vidas y existencias. Nos familiarizaremos con la idea del inter-ser de Thich Nhat Hanh. Descubriremos que el cuerpo nos conecta a nuestros ancestros en cuerpo, mente y espíritu.
En el décimo capítulo comprenderemos la relevancia de la pausa, de poder descansar y regalar tiempo al cerebro para que se organice, así como la importancia de un buen sueño. Un reposo profundo nos ayuda a crecer y a integrar los nuevos hábitos y aprendizajes.
Para este proceso que vamos a recorrer juntos, además del cuerpo que ya tienes, te vendrá bien contar con un cuaderno. Te servirá para anotar tus sensaciones, pensamientos, revelaciones, descubrimientos… a lo largo del libro, y muy especialmente con los ejercicios.
Como algunas de estas actividades son meditaciones guiadas, para que te resulte más práctico puedes seguirlas a través de los audios que se descargan desde la dirección web https://escuchavital.com/tienda/. Una vez estés en esta página, deberás seguir los siguientes pasos:
1 Elige el audio que deseas descargar y dale a «Añadir al carrito».
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Acto seguido, recibirás en tu correo un enlace desde el que podrás descargarte el audio siempre que quieras. También podrás acceder a él desde la pantalla «Compras finalizadas» de la página web.
¿Estás a punto para reconectar con tu cuerpo? ¡Empecemos!
1 EL GRAN MAESTRO AL QUE NADIE QUIERE
Convierte tus heridas en sabiduría.
OPRAH WINFREY
Es realmente extraordinario que algo tan frágil y vulnerable como el cuerpo humano haya conseguido sobrevivir a lo largo de la evolución. Si consideramos el poco tiempo que podemos pasar sin agua —máximo cuatro días—, sin comer —cuarenta días—, o que tras 72 horas sin dormir se puede perder el oído y la visión, además de poner en peligro nuestra vida, estamos en desventaja frente a otras especies.
Nuestro cuerpo es una máquina maravillosa, siempre que le procuremos los cuidados y el mantenimiento que requiere. Sin embargo, nada desatendemos más que lo que sustenta nuestra vida.
Si las horas de trabajo no nos alcanzan, se las robamos al sueño. Si estamos demasiado ocupados haciendo algo, nos olvidamos de comer o tiramos de comida basura.
Cuando el cuerpo nos avisa de que algo no va bien, silenciamos la señal tomando analgésicos o buscamos cualquier otro medio de adormecerlo. Pero apagar artificialmente la alarma natural que llevamos incorporada es altamente peligroso, como veremos a continuación.
MATAR AL MENSAJERO
Este fue el caso recogido por la prensa norteamericana hace unos años. Austin, un trabajador de Sacramento a punto de ser padre, ingresó en el hospital con una hemorragia cerebral.
Cuando su mujer logró llegar, lo encontró en coma. Según las pruebas de toxicología, los médicos determinaron que la hemorragia se había producido por un consumo continuado y excesivo de bebidas energéticas.
El paciente salió del coma, pero tuvo que ser sometido a varias operaciones que dejarían graves secuelas en Austin, que en los reportajes aparecía en silla de ruedas besando al bebé. Su esposa contaba que él se había acostumbrado a tomar bebidas energéticas en grandes cantidades cuando empezó a hacer horas extras en su trabajo, además de tener que realizar largos desplazamientos en coche.
Sin duda Austin había pasado meses apagando la alarma del descanso, lo cual tuvo resultados funestos.
Sin llegar a estos extremos, hay una tendencia generalizada a manipular nuestro cuerpo para que deje de informar, lo que equivale a matar al mensajero.
Tomar estimulantes del sistema nervioso como la cafeína, o recurrir a los analgésicos —muchos de los cuales también contienen cafeína— para dejar de sentir fatiga o dolor, silencia las señales que el cuerpo nos manda, porque queremos seguir a lo nuestro… hasta que se hunde todo el sistema.
UN AMIGO LLAMADO DOLOR
Cuando estamos muy cansados o de algún modo estamos poniendo en peligro nuestro cuerpo, este nos manda señales de auxilio a través del dolor. A nadie le gusta sentirlo, pero viene con nuestro kit de supervivencia para evitar males mayores, siempre que le prestemos atención.
Podemos padecer dolor de cabeza, de espalda, rigidez en el cuello… o estar mareados, sentir que nos falta el aire… Todas estas señales son invitaciones a parar, a concedernos una pausa y a observar nuestro cuerpo para plantearnos un cambio por el bien de nuestra salud. Sin duda, en la vida todos lo hacemos lo mejor que podemos, pero a veces las cosas salen peor de lo que quisiéramos. Sobre todo con nuestra salud.
Al igual que cuando un coche empieza a fallar o hace ruidos raros lo llevamos al taller, porque no queremos quedarnos tirados en la carretera, merece la pena escuchar los mensajes de dolor. El dolor es nuestro amigo, nuestro mejor aliado, ya que busca nuestra supervivencia, corregir lo que hacemos mal para prolongar la vida del organismo.
Lo que nos está sucediendo no es un castigo, aunque muchas veces lo vivamos como tal, sino un mensaje que no deseamos recibir.
Estamos ante un maestro al que nadie quiere.
PERO… ¿QUÉ ES EL DOLOR?
Los últimos estudios en neurociencia demuestran que el dolor es difícil de medir, ya que se trata de una sensación generada por el cerebro. Además, no existe un único centro de dolor, sino que este tiene su origen en diversos componentes biológicos y psicológicos.
Al menos sí hemos podido clasificar los dolores en dos categorías principales.
Existen los dolores musculo-esqueletales, también conocidos como dolores nocioceptivos, que por lo general se alivian cambiando de postura. A esta categoría pertenecen las lesiones musculares.
En segundo lugar, están los dolores cuyo origen reside en un daño sufrido por el propio sistema nervioso: estos se denominan dolores neuropáticos, y los encontramos en los efectos secundarios de la quimioterapia, en los estragos causados por el alcoholismo o en enfermedades degenerativas como la esclerosis múltiple.
Cuando sufrimos un dolor crónico, sin embargo, muchas veces no tiene un solo origen. Como dice el terapeuta e investigador canadiense Paul Ingraham, «la causa del dolor es siempre multifactorial».
Para empezar, es una señal de un tejido que insta al cerebro a actuar para proteger el organismo. Sin embargo, como nuestra percepción está influida por nuestro sistema de creencias, el dolor que experimentamos también puede menguar o aumentar en función de nuestras ideas preconcebidas, de nuestras emociones o de nuestras memorias anteriores.
Cuando se dispara la alarma, el sistema nervioso envía la señal al cerebro a través de los neurotransmisores para notificar el peligro. En última instancia, es nuestro cerebro el que decide si hay peligro o no, y si lo hay, cuál es su magnitud. Muchas veces la señal se interpreta mal, por defecto —tal vez porque nuestra alarma ha sido silenciada— o por exceso, como veremos en el caso que sigue.
EL HOMBRE QUE SE CLAVÓ UN CLAVO EN EL PIE
Un caso llamativo publicado en el British Medical Journal explicaba lo que le sucedió a un trabajador de la construcción, que llegó a un hospital tras saltar sobre un clavo de 15 centímetros que le atravesó la bota y la planta del pie hasta salir por el otro lado.
La intensidad del dolor era tal que en cuanto llegó al centro médico tuvieron que sedarlo a conciencia, ya que al intentar mover el clavo gritaba de desesperación.
Cuando finalmente lograron sacar el clavo de la bota con sumo cuidado y retirarle el calzado, el personal médico quedó asombrado. El clavo había penetrado entre dos dedos del pie del paciente, que en realidad no había sufrido lesión alguna.
El sistema de alerta del trabajador, a la vista del clavo que había atravesado su bota, produjo señales de intenso dolor para salvar el pie.
Más allá de la peculiaridad del caso, lo que esta historia nos demuestra es que la alarma del cuerpo no siempre se dispara de forma justificada. Llevado al extremo, un sistema nervioso altamente sensible interpreta cualquier señal del cuerpo —palpitaciones, sudor excesivo, una punzada en el corazón— como una situación de gran peligro, que puede condicionar la vida de forma angustiosa.
¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE EL DOLOR?
Fuera de las afecciones crónicas, cuando el dolor aparece de forma puntual hay que escucharlo, porque nos transmite importantes mensajes para mejorar nuestra vida… ¡o incluso salvarla!
A pesar de ello, como sucede con el maestro zen que nos golpea con su palo para que recuperemos la postura adecuada, nadie quiere el dolor. Intentamos huir de él, anestesiarlo tanto como sea posible. Y al hacerlo renunciamos a un poderoso aliado para cambiar nuestros hábitos y optimizar nuestra vida, poniendo límites a lo que nos hace daño y favoreciendo la vía al bienestar.
Sin dolor, la vida sería extremadamente peligrosa, como demuestran las personas que padecen CIPA, una enfermedad genética caracterizada por la incapacidad para sentir el dolor. Esto hace que no se den cuenta de que se están quemando, por ejemplo, entre muchas otras situaciones que ponen en peligro su vida.
Así que, demos gracias al dolor por cuidar de nosotros, y seamos discípulos de este Maestro que trata de hacernos evolucionar hacia una vida mejor.
Silenciar su mensaje equivale a ignorar unas necesidades básicas que son imposibles de reconocer desde el neocórtex, la parte más nueva del cerebro, responsable de procesos cognitivos tales como tomar conciencia de lo que está pasando, decidir entre dos opciones, etc. Para comprender lo que sucede en nuestro cuerpo, hemos de bajar del neocórtex y conectar con lo instintivo y emocional. Hablaremos con detalle de todo ello en el siguiente capítulo.
De hecho, la mayor parte de la población vive disociada de su cuerpo. Hemos olvidado cómo tocar, no prestamos atención a nuestras sensaciones corporales, y aun cuando somos conscientes de estas, muchas veces no queremos recibir el mensaje.
Cuando el dolor —no solo el físico, también el emocional— ya se vuelve insoportable, por fin le hacemos caso: solo entonces somos todo ojos y oídos, y queremos arreglar el desaguisado de la forma más rápida posible.
Ahora bien, ¿no sería mejor ir pasando la evaluación continua que nos procura el cuerpo, a través de señales más sutiles, en lugar de jugárnoslo todo a una carta en los exámenes finales?
Según la psicología, hay dos tipos de personalidades: una siempre culpará a su entorno por sentirse mal, sin responsabilizarse de sus actos y actitudes, mientras que la otra es consciente de cómo estos afectan a su salud y a su bienestar. ¿Cuál de ellas es la tuya?
SEMANA 1 - PRÁCTICA TOMA CONCIENCIA DE TU CUERPO
¿Conoces bien tus manos? ¿Y tus pies? ¿Qué te cuentan tus codos? ¿Y tus rodillas?
Esta semana trabajaremos para reconocer las sensaciones físicas que nos manda el cuerpo. En los próximos siete días a partir de hoy, te invito a dedicar 10 minutos cada mañana tras despertarte y 10 minutos antes de acostarte para reconectar con tu cuerpo.
¿Cómo se hace esto? Es evidente que estamos conectados, ¿no?
Pues no siempre. Reconectar con el cuerpo significa sentirlo, y para ello debes estar presente en tu mente, la central receptora de señales, sin preocuparte de otras cosas. Durante estos 10 minutos cada mañana y cada noche, te propongo que guardes el móvil y te acompañes solo de tu cuaderno y un boli.
1 Sentado, haz una secuencia de respiraciones lentas y profundas, contando de 1 a 6 y luego de 6 a 1. Concéntrate en la respiración, pero sin forzarla. Deja que tus pulmones hagan el trabajo, y limítate a sentir cómo el aire acaricia las fosas nasales al entrar y al salir. Haz que cada inspiración dure unos 6 segundos, y cada exhalación otros seis. Cada ciclo de respiración cuenta con una inspiración y una exhalación. Vas a hacer 7 respiraciones.
2 Terminado este ejercicio, frótate las manos, y cuando las notes calientes, tócate suavemente la cara, la cabeza, el cuello, los hombros, los codos, los antebrazos, las manos entre sí. Luego recorre con ellas tu tronco, tu espalda, tus caderas, tus glúteos, la parte superior de los muslos. A continuación baja por ambas piernas, primero una y luego la otra, contactando con tus muslos, rodillas, gemelos y pantorrillas, con los tobillos, con el pie, la planta y los dedos… Durante esta «toma de contacto con tu cuerpo», respirando lenta y serenamente, deja que el cuerpo te hable. El contacto debe ser suave y amoroso, sin juzgar a tu cuerpo, como si tocases a un bebé amado.
3 A continuación anota en tu libreta cualquier sensación corporal que hayas observado: tanto en tus manos como en las distintas partes del cuerpo que has tocado. ¿Qué mensajes te han llegado? Sin juzgar tus sensaciones, anótalo todo: tanto lo que te resultó placentero como aquello que te incomodó.
4 Aparte de las sensaciones físicas, ¿ha sucedido algo más? ¿Cómo te has sentido, más allá del cuerpo? ¿Qué clase de pensamientos y emociones han aflorado? Otra vez, te invito a que anotes todo, sin juzgar, sin filtrar: si lo has sentido, escríbelo. Se trata de llevar todo a la luz de tu conciencia, con una observación benevolente. Así, paso a paso, vas a conocer tu cuerpo.
Durante los próximos 7 días, repite esta rutina al menos 10 minutos por la mañana y diez por la noche.
2 CÓMO CONSTRUIMOS LA REALIDAD
Todo nuestro conocimiento
tiene su origen en nuestras percepciones.
LEONARDO DA VINCI
Imagina que este es un lunes como cualquier otro y tomas el metro para ir a trabajar. Pero hoy el vagón está atiborrado, es un infierno. Te sientes como en una lata de sardinas. De repente, te entra el agobio de estar en el centro de un sándwich, pero te faltan tres paradas para tu estación. Te gustaría apartar a los pasajeros a codazos para tener más espacio, pero es imposible, así que solo aprietas los dientes y aguantas.
Puedes vivir una situación análoga estando en el coche, cuando aparece ante tu vista una caravana sin fin.
Este agobio, como el dolor o las sensaciones placenteras, procede de un órgano oculto que está protegido por los huesos craneales. Es el cerebro, que por sí mismo no puede sentir cómo sopla el viento, ni ver el color verde de un bosque fresco, sino que lo interpreta todo desde los impulsos que le llegan.
Como vimos en el capítulo anterior, nuestro cerebro no percibe por sí mismo el dolor ni ninguna otra sensación: simplemente interpreta la realidad desde las señales que recibe del cuerpo (desde el interior), o a través del cuerpo (sobre el mundo exterior).
Por lo tanto, siguiendo una broma científica muy famosa, podemos afirmar que el cerebro es nuestro órgano más importante… según el cerebro.
Percibimos el mundo a través de la red del sistema nervioso, y el cerebro lo interpreta. El agobio que sentimos al estar atrapados entre tantos cuerpos en el metro también es una construcción del cerebro.
CONSTRUIR NUESTRA REALIDAD
En 1920, el médico español Gregorio Marañón dirigió una serie de experimentos para estudiar cómo afectan a nuestras emociones los impulsos que recibe nuestro sistema nervioso.
El cuerpo, y también nuestra conciencia, están gobernados por el sistema nervioso, que capta los estímulos que llegan al cuerpo y emite las respuestas tras haber interpretado lo que está sucediendo. Es un sistema bastante complejo que consta de dos partes:
1 El sistema nervioso central, que está formado por el cerebro y la médula espinal. Viene a ser la torre de control de todo lo que ocurre en el cuerpo y en nuestra mente.
2 El sistema nervioso periférico, formado por circuitos más pequeños que corren por todas partes y capta información desde dentro y desde fuera del cuerpo, para transmitirlo a la torre de control.
Volviendo al experimento, inyectaron adrenalina —la hormona del estrés que nos prepara para una situación de peligro o de gran rendimiento— a los participantes.
Marañón quería demostrar que era posible inducir emociones de manera artificial, sin que el neocórtex, del que hablábamos en el primer capítulo, participara en el proceso.
Al inyectarles una dosis pequeña pero suficiente de adrenalina, aparecieron las señales fisiológicas que asociamos a ciertas emociones: el corazón empezó a latir aceleradamente, también aumentó el pulso y la tensión arterial. En la mayoría de casos, estas señales no provocaron la aparición de ninguna emoción en el sujeto, que solo tuvo una mera sensación física. En otros casos, sin embargo, estos cambios corporales desataron una emoción.
El experimento demostró que el cerebro interpreta muy a menudo las sensaciones físicas en clave emocional. Necesita dotar de significado todo lo que le sucede. Por eso, el pasajero del metro en hora punta, si es hipocondríaco, puede creer que va a sufrir un infarto al sentir el corazón acelerado, cuando en realidad solo se trata de una reacción fisiológica ante la falta de espacio.
Si no toleras bien estar apretado como una sardina entre otros cuerpos, tu cuerpo activará la alarma, una respuesta instintiva de lucha-huida, aunque no exista peligro real alguno.
En cuanto tomamos conciencia de que los mensajes que nos llegan de nuestro cuerpo se traducen en emociones, podemos relativizar las sensaciones de nuestro organismo sin entrar en pánico.
El ejercicio semanal que encontrarás al final de este capítulo te ayudará a este respecto. Como decía Viktor Frankl, una cosa es lo que nos pasa, y otra cómo reaccionamos ante lo que nos pasa. Muchas veces no podemos elegir lo primero, pero siempre podemos elegir lo segundo. Si el neurólogo y psicólogo austríaco tenía razón, ¿es realmente posible elegir nuestras emociones? Seguiremos adelante para verlo.
CUANDO LAS EMOCIONES SE DESBORDAN
Paul Ekman es un psicólogo norteamericano que ya en 1972 investigó las expresiones faciales, incluyendo unas tribus de Nueva Guinea cuyos miembros no habían tenido ningún contacto con la cultura occidental.
Al término de este experimento concluyó que existen seis expresiones de emociones que son universales: la alegría, la ira, el miedo, el asco, la sorpresa y la tristeza.
Ekman añade que «las emociones no deberían perdurar en nosotros más de una hora». Si se prolongan, significa que estamos retroalimentando la emoción con pensamientos circulares, y eso incluso podría derivar en un trastorno del estado de ánimo.
Cuando una emoción intensa aparece y sentimos que nos desborda, podemos llegar a perdernos en ella. Es como una nube que nos inunda y nos vuelve ciegos y sordos a todo lo que no es esa emoción.
Para evitarlo, nos resultará muy útil desapegarnos, no identificarnos con dicha emoción. La doctora Jenny Moix, que prologa este libro, en su ensayo Mi mente sin mí utiliza una anécdota de Churchill muy significativa en este sentido. Los días que se sentía deprimido anunciaba a sus colaboradores: «Hoy tengo el perro negro caminando a mi lado». Con eso lograba desidentificarse de su emoción, dándole un carácter temporal.
El Mindfulness, del que hablaré detenidamente más adelante, es una práctica perfecta para señalar al «perro negro», sabiendo que no eres él.
Al reconectar con tu cuerpo, como hiciste en el ejercicio 1, descubrirás que cada emoción va aparejada a sensaciones físicas, como las mariposas en el vientre que siente la persona enamorada. Y es justamente cuando te das cuenta de que tu no eres esa emoción, que ella deja de desbordarte.
A través de la casa del cuerpo, te invito a que saludes y aceptes cualquier emoción que te llegue, como si fuera un amigo que te visita. Siente tu cuerpo mientras la emoción te embarga. No te apegues a esa emoción ni trates de rechazarla, acógela con amabilidad, sabiendo que está de paso.
Como el rey del cuento que recibe un anillo con una inscripción redentora para tiempos adversos, repítete: ESTO TAMBIÉN PASARÁ.
Carl Gustav Jung decía: «Todo lo que resistes, persiste». Permite que la emoción entre en tu cuerpo, sin juzgarla. No está bien ni mal. Y luego déjala ir.
Si sientes un gran enfado, observa qué ocurre en tu cuerpo y dónde. Recuerdo que una vez llegó a mi consulta de terapia corporal una mujer por una fuerte ira, que se manifestaba claramente en su cuerpo. Sus brazos querían luchar, apretaba la mandíbula y le temblaban las piernas, como a una fiera a punto de saltar. Al posar las manos en su vientre noté que ardía como la lava.
Finalmente entró en erupción a través de las palabras.
Al reconocer y rastrear lo que sucedía en su cuerpo, y lo que este revelaba de sus emociones, pactó consigo misma que, en adelante, acogería con amabilidad cada una de sus emociones y dejaría que se extinguieran en su cuerpo, sin dañar a nadie ni dañarse a sí misma.
Posteriormente me contó que, en otro acceso de ira, agarró un cojín y le gritó, lo estrujó y golpeó. Más tarde salió a dar un paseo, tal como hacen los esquimales: caminar hasta que el enfado desaparece. Cuando estaba muy enfadada, a veces se alejaba tanto de su casa que no le quedaban fuerzas para volver a pie y tenía que tomar un taxi.
Aprendió mucho de su cuerpo, de sus emociones y de sí misma al permitirse sentirlas y expresarlas, además de acompañarlas con estas escapadas terapéuticas.
Toda emoción necesita ser sentida en el cuerpo de forma segura, sin resistencia. Cuando nos resistimos, entramos en un bucle de pensamientos circulares que atrapan la emoción que llevamos dentro.
Si practicas el Mindfulness, el método de meditación creado por John Kabat-Zinn a partir del budismo, reconocerás más fácilmente tus emociones y podrás desapegarte de ellas. Como el meditador que vive una interferencia en su espacio mental, y lo etiqueta como «pensamiento» y lo deja pasar, acogiendo cada emoción como una nube pasajera, sin juzgarla, retenerla ni rechazarla.
Simplemente, siéntela y déjala pasar.
UN TERAPEUTA LLAMADO CUERPO
El cuerpo muchas veces opera en sentido contrario a nuestras palabras, como si tratara de recordarnos lo que es realmente importante. Algunos ejemplos:
Cuando estás diciendo que sí a una propuesta, pero el cuerpo muestra tu disconformidad a través de una sensación física que no es placentera.
Cuando alguien no te gusta y no sabes por qué. Quizá no ha dicho ni hecho nada incorrecto, pero tu cuerpo se encarga de avisarte de que no hay sintonía.
Cuando alguien desconocido te gusta en gran manera, también el cuerpo se encarga de hacértelo saber a través de la intensidad de los latidos, de la «piel de gallina» o de las mariposas de las que hablábamos antes.
El cuerpo es especialmente creativo a la hora de comunicar algo que no le gusta. Por ejemplo, si un alimento no te conviene, puede que te salgan granitos junto a la boca.
Si estás en una relación tóxica, pero te resulta difícil reconocerlo, es posible que tengas problemas digestivos o incluso estreñimiento.
Si sufres mobbing en el trabajo, te resfriarás y enfermarás con mayor facilidad. De esta manera el cuerpo logra que te quedes en casa, lejos del escenario o ambiente que percibe como un peligro.
Un amigo mío estuvo meses intentando tratarse un herpes en el cuello que nunca desaparecía, pese a aplicarse toda clase de cremas y pomadas. Yo le dije que aquella erupción señalaba algo que no estaba diciendo, algo que debía soltar de una vez.
Él se puso blanco —otra señal del cuerpo— al oírme, y decidió cortar la relación que mantenía con una amante con la que no se sentía bien. El herpes desapareció mágicamente en unos días.
El cuerpo sabe muy bien cuándo necesitamos cambiar algo. Es como un terapeuta que llevamos incorporado. Si sabemos escuchar sus suspiros, entonces no necesitará gritarnos a través de un dolor mucho más fuerte.
BURBUJAS EN EL CEREBRO
Según la doctora Lisa Feldman Barrett, neurocientífica y profesora de Psicología en la Universidad Northeastern, en Estados Unidos, las emociones no se encuentran en el cerebro ni en otras partes del cuerpo. El cerebro en sí mismo no dispone físicamente de circuitos emocionales.1
Tras veinticinco años investigando el origen de las emociones con su equipo, llegó a la conclusión de que estas no son sino burbujas en el cerebro, producidas por billones de células cerebrales trabajando juntas.
Esas burbujas construyen todas las emociones que podemos vivir. Según la doctora Barrett, las emociones se forman en el cerebro para interpretar lo que está ocurriendo dentro y fuera de nuestro cuerpo. Con una rapidez fenomenal, claro.
El cerebro es nuestro órgano para interpretar el mundo. Para preservar nuestra supervivencia, está encerrado en su oscuridad y trata de interpretar todos los estímulos que le llegan: su finalidad es predecir qué ocurrirá en el futuro próximo.2
En una caravana de coches en la autopista no hay mucho que predecir, pero nuestro centro de control es vital para reducir la velocidad cuando vemos las luces de freno del coche que tenemos delante. Un portero de fútbol necesita muy buenos reflejos para detener una pelota, y su éxito depende de la agudeza y rapidez con que interpreta las señales del mundo exterior; es decir, qué jugador ha chutado, desde dónde, a qué velocidad, con qué efecto, etc.
Lamentablemente, no somos tan buenos como un portero profesional a la hora de interpretar nuestras emociones desde el amplificador de nuestro cuerpo.
Lisa Feldman Barrett lo ilustra de forma muy divertida en esta anécdota de su libro La vida secreta del cerebro: Cómo se construyen las emociones:3
Cuando estaba en la universidad, un compañero de mi curso de Psicología me pidió que saliéramos. No lo conocía muy bien y no estaba muy dispuesta a aceptar porque, la verdad sea dicha, no me atraía especialmente, pero ese día había estado encerrada demasiado tiempo en el laboratorio y le dije que sí. Mientras estábamos sentados en una cafetería, para mi sorpresa, sentí que me sonrojaba varias veces mientras hablábamos. Notaba un aleteo en el estómago y me empezó a costar concentrarme. Vale, admití, me había equivocado. Estaba claro que me sentía atraída por él. Nos separamos una hora más tarde —tras haber acordado que volveríamos a salir— y me fui a casa intrigada. Entré en mi piso, dejé caer las llaves al suelo, vomité y me pasé los siete días siguientes en cama con gripe. […]
Cuando creía sentir atracción […] en realidad tenía la gripe, fue un error de atribución, como también lo hubiera sido ver una abeja en un conjunto de manchas. El virus de la gripe en mi sangre contribuyó a la fiebre y al sofoco, y mi cerebro creó un significado a partir de las sensaciones en el contexto de una cita para tomar algo, construyendo así una sensación de auténtica atracción, del mismo modo que el cerebro construye cualquier otro estado mental.
Para evitar esta clase de confusión, el Mindfulness nos invita a dar un paso atrás en nuestra experiencia inmediata, observando las señales del cuerpo con el objeto de entender cómo nos sentimos.
Este conocimiento nos empodera, ya que nos convierte en dueños de nuestras emociones. Pero aún falta algo para comprender lo que nos hace humanos.
A FLOR DE PIEL
Al igual que los simios, somos animales sociales, y como no tenemos pelo que cubra nuestro cuerpo, como Chewbacca en Star Wars, sentimos una necesidad primordial de contacto.
En los bebés, el contacto piel con piel es fundamental para un desarrollo sano, y, en el caso de los prematuros, el tiempo que pueden pasar sobre el pecho de sus padres o cuidadores les salva la vida literalmente.
Esta necesidad permanece con nosotros durante el resto de nuestra existencia, aunque dependiendo de nuestro entorno y de nuestra personalidad viviremos con mayor o con menor contacto físico.
No poder atender esta necesidad, como sucedió durante los primeros meses del confinamiento por la pandemia, ocasiona un empeoramiento de nuestro estado de ánimo.
La psicoterapeuta estadounidense Virginia Satir ya decía que se necesitan «cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho para mantenerse en equilibrio y doce para crecer». Toda nuestra vida está marcada por la necesidad básica de acariciar y abrazar, ya que sin ello nos sentimos abandonados.
El tacto es un sentido profundamente humano.
UN MAPA CORPORAL DE LAS EMOCIONES
Volviendo a la relación entre el universo de las emociones y el cuerpo, resulta muy interesante la investigación dirigida por el Departamento de Ingeniería Biomédica y Ciencia Computacional y la Unidad de Investigación del Cerebro de la Universidad Aalto, en Finlandia.4
La investigación se tituló Bodily Maps of Emotions, y a lo largo de cinco experimentos diferentes, de Europa occidental, a Asia oriental, investigaron las emociones estableciendo una topografía corporal a partir de la activación fisiológica causada por emociones específicas.
Los resultados fueron concordantes tanto en los sujetos occidentales como en los orientales, por lo que una de las conclusiones de la investigación fue que las emociones son culturalmente universales, tal como ya había sugerido Ekman.
Según los investigadores del estudio:
Aunque a menudo somos conscientes de nuestro estado emocional, como la ira o la felicidad, los mecanismos que generan estas sensaciones subjetivas aún están por conocer. En la investigación usamos una herramienta topográfica para revelar los distintos estados emocionales asociados a sensaciones corporales culturalmente universales […] Monitorear la topografía de las sensaciones corporales provocadas por cada emoción ofrece una herramienta única para la investigación de las emociones, e incluso podría proporcionar un biomarcador para los trastornos emocionales.5
Como ya hemos visto desde el inicio de este capítulo, el cuerpo participa plenamente en la experiencia emocional. Es por esto por lo que las emociones se relacionan con los cambios que tienen lugar en nuestro sistema nervioso, en el esqueleto-muscular y en el neuroendocrino. Sin embargo, hasta este estudio no disponíamos de una topografía corporal que pudiera plasmar las sensaciones físicas que acompañan las emociones.
Este mapa nos permite representar gráficamente nuestras emociones, diferenciando entre los sentimientos de ira, alegría, miedo, enfado, etc., lo cual le convierte en una herramienta extremadamente útil para nuestra inteligencia emocional.
Hay personas, como yo misma, con quienes es imposible hablar de cosas importantes cuando tienen hambre. En Hungría existe un dicho que reza: «No se puede cantar el himno con la barriga vacía».
Otras personas están «a la que salta» o rompen a llorar por cualquier cosa, cuando en realidad están cansadas y solo necesitan poder hacer una pausa. Comprender las señales del cuerpo, así como nuestras necesidades específicas, que acostumbran a ser muy distintas de una persona a otra, nos permitirá vivir de forma más armónica con nosotros mismo y también con los demás.
En el siguiente mapa percibiremos claramente que el cuerpo y las emociones son las dos caras de la misma moneda: cuando se produce una emoción, una parte de nuestro mapa corporal queda activada, y viceversa. Cuando algo ocurre en una parte concreta de nuestro cuerpo, se desata la emoción correspondiente.
Emociones y cuerpo forman una única integridad somatosensorial: esta refleja todo lo que nos va sucediendo a lo largo de nuestra vida y, como dice Bessel van der Kolk, el cuerpo es el que nos lleva la cuenta.

Los voluntarios del estudio dibujaron los mapas de las ubicaciones corporales donde sienten emociones básicas (fila superior), y otras más complejas (fila inferior). Los colores cálidos muestran las regiones que notaron que eran estimuladas durante la emoción. Los colores fríos indican áreas desactivadas. Ver la imagen original en el siguiente enlace: https://escuchavital.com/bodily-map-of-emotions/.
Para familiarizarnos con las sensaciones del cuerpo, podemos centrarnos en las siguientes señales:
Sensación de temperatura (escala que va de la sensación de congelamiento hasta la de arder).
Ubicación (en qué parte del cuerpo lo siento más presente).
Textura (más denso, menos denso, ligero, pesado, liberado, etc.).
Color (es posible que lo relacionemos con un determinado tono en nuestra mente).
Intensidad de la sensación (fuerte, media, débil).
Relación con otras partes del cuerpo (conectado o separado).
A partir del mapa de las emociones del experimento, he desarrollado la siguiente tabla, aunque te invito a que descubras si tus sensaciones son distintas.
| Ira | Ardor en el cuerpo, más intenso en la cabeza y en los puños, pero también se ubica en el pecho, en los brazos, cuello y hombros. Podemos experimentarlo como un volcán a punto de entrar en erupción. Sentimos correr la sangre caliente por las venas. |
| Miedo | Sensación de encogimiento, de volvernos pequeños e invisibles, localizada en el pecho, y más concretamente en el corazón. Tanto puede sentirse frío como calor, con la mente activada, y un ligero temblor en el intestino. Sensación de peso, de densidad y falta del aire. Pérdida del apetito, barriga irritada. |
| Disgusto | Notamos rechazo en el intestino y un nudo en la garganta, además de una sensación calurosa en el cuello, mientras las manos se activan para protegerse. Rigidez, necesidad de bloquear lo que nos disgusta. |
| Alegría | Es una sensación en la que participa todo el cuerpo. Sin embargo, irradia desde unos centros en concreto: el pecho y la cabeza. Una corriente cálida conecta todas las partes del cuerpo, a la vez que sentimos luminosidad y ligereza. |
| Tristeza | Sentimiento de densidad en el pecho, oscuridad fluida. Es una emoción localizada en la cabeza y en el pecho. A veces podemos notar las extremidades frías o desconectadas, y mucho peso en el cuerpo entero. |
| Sorpresa | Se siente en el pecho y en la cabeza un calor que se activa de golpe, parpadeando y sin la presencia de otras partes del cuerpo. Necesidad de contacto, de tocar, de utilizar las manos. |
| Neutralidad | Temperatura tibia, sensación de presencia corporal en la totalidad del cuerpo. Respiración sin prisa, estado «blanco» y desapegado. No se siente nada en particular. |
| Ansiedad | Pecho y barriga muy presentes. El vientre se encoge, mientras sentimos calor en el pecho. Respiración agitada. Sensación de mareo a causa de la tensión y las preocupaciones. Sensación de desconexión de las manos, brazos, piernas y pies, sin centro ni estabilidad. |
| Amor | Luminosidad y calor en todo el cuerpo, con centros localizados en el pecho y la barriga. Hormigueo en el vientre. Manos y brazos muy presentes, con sensación de calidez. Rostro también cálido y mirada luminosa. Sensación de apertura, de seguridad, de estabilidad. |
| Depresión | Sensación de frío y de desconexión en los brazos, manos, piernas y pies. Cabeza y mente activas, mientras sentimos una densa oscuridad y un peso en el pecho. Sensación de falta de aire. |
| Desprecio | Cabeza muy activada y caliente, mientras en la parte baja del vientre sentimos frío, casi congelación. Puños y manos activos. Superficie de la piel muy presente, con las mandíbulas activas y apretadas. Sensación de rigidez. |
| Orgullo | Sensación de calor en el pecho y en la cabeza, sin mucha presencia de otras partes del cuerpo. Brazos calientes, manos listas para tocar. Ligereza y estabilidad. |
| Vergüenza | Ojos ardiendo. Pecho, cabeza y barriga calientes. Necesidad corporal de esconderse, de protegerse. Desconexión y sensación de frío o frescor en otras partes del cuerpo, sobre todo en los pies. Sensación de inmovilidad y densidad, pesadez en el cuerpo. |
| Envidia | Localizada en el centro del pecho y en la cabeza, a veces con sensación de acidez. Pérdida de conexión con el cuerpo. Falta de presencia, de estabilidad. Inmovilidad. |
EL INFINITO EMPIEZA EN TI
Si aprendemos a sentir con el cuerpo, tendremos más conciencia de nuestras emociones y podremos gestionarlas mucho mejor, sin que estas nos manejen a nosotros.
Al adquirir más responsabilidad sobre nuestras emociones, estados de ánimo y reacciones, ganamos autonomía y libertad.
Cuando vivimos desconectados del cuerpo, y por consiguiente también de las emociones, construimos una armadura para protegernos y evitar sentir otra vez el dolor, el miedo, la rabia que, de hecho, siguen controlando nuestra vida, aunque sea de forma oculta.
Lo aprenderemos en el próximo capítulo a través de un caballero de fábula.
Cuanto más fuerte y más cerrada es nuestra armadura, más difícil resulta desplegar las infinitas posibilidades del ser humano. Muchas de las experiencias que vivimos no podemos cambiarlas, pero sí podemos decidir la manera en que interpretamos nuestra realidad, y si queremos apegarnos o no a cada emoción.
SEMANA 2 - PRÁCTICA TU DIARIO Y TOPOGRAFÍA EMOCIONAL
¿Has tomado nota de tus sensaciones corporales o de las emociones que emergieron durante la semana pasada? ¿Has percibido algún cambio en tu relación con tu cuerpo?
Esta semana daremos un paso adelante, a partir de este contacto amistoso y amoroso que estás estableciendo con tu cuerpo: empezarás a crear tu propio mapa cuerpo-emociones.
Para tu investigación, te será de utilidad dibujar la silueta de un cuerpo humano entero, de la cabeza a los pies.
El ejercicio consta de dos pasos:
1 Prosigue con el ejercicio de la primera semana: el contacto íntimo y la atención cariñosa a tu cuerpo dos veces al día te hará consciente de tu cuerpo y tus emociones. Poco a poco, te darás cuenta de que tu cuerpo es un ser inteligente y sensible, y habla un idioma propio. Para descifrarlo, es importante que sigas anotando tus sensaciones y emociones, creando tu propio diccionario corporal.
2 Dibuja, describe o graba tu topografía emocional en cualquier momento del día.
3 Para darte cuenta de qué sucede en tu cuerpo cuando sientes una emoción fuerte, haz pausas a lo largo de la jornada, y comprueba qué sensaciones notas en tu cuerpo y en qué partes. Lo puedes dibujar o colorear dentro de la silueta del cuerpo, o puedes anotarlo en tu cuaderno, o incluso grabarlo en tu móvil si tienes poco tiempo. Así entrenarás la percepción consciente de tus emociones y sensaciones corporales, elaborando tu propio mapa cuerpo-emociones.
Estos ejercicios te ayudarán a reconocer tus estados físicos y emocionales, y con ello tus propias reacciones. También te permitirán comprender por qué dices y haces ciertas cosas, por qué te comportas de una manera en lugar de otra.
Con esta autoobservación benevolente podrás reconocer las necesidades reales que se esconden debajo de tus reacciones.
La observación benevolente implica una mirada neutral, sin juicio. Mirarte de esta manera constituye el reto más grande de tu vida.
3 DESMONTAR NUESTRA ARMADURA: LA HERENCIA DE LOS TRAUMAS FÍSICOS Y PSICOLÓGICOS EN EL CUERPO
Necesitaba escribir,
expresarme a través del lenguaje escrito,
no solo para que otros me escucharan,
sino para que yo pudiera escucharme a mí mismo.
DOCTOR GABOR MATE
Cuando sufrimos un shock o un trauma, que puede definirse como algo que nos pasa demasiado rápido o demasiado fuerte y sin aviso previo, el instinto de supervivencia se convierte en el piloto que dirige nuestros actos y decisiones.
Tras recibir la herida, para protegernos de futuros golpes, nos construimos una gruesa armadura que puede adoptar formas muy sutiles. Es parte integrante de nuestro kit de supervivencia para resguardarnos de situaciones difíciles, y se funde con nuestras zonas más sensibles para crear una sólida protección.
La armadura, por ejemplo, se manifiesta a través de los hábitos a los que nos adherimos, y que acaban conformando nuestra zona de confort. Y no solo nuestro cuerpo y nuestra cara se vuelven rígidos bajo esta protección; también sucede lo mismo con nuestra vida emocional.
Podemos seguir pensando que la vida es una batalla sin fin, sin darnos cuenta de que el peligro queda ya lejos, y que vuelve a ser hora de abrirse a la vida.
UNA RELACIÓN SILENCIADA
Hace un tiempo vino a mi consulta una veinteañera que, según declaró nada más empezar, carecía de sentimientos hacia su padre. Recuerdo sus ojos brillantes al contarme cómo descubrió que, aunque tenían una relación cordial, no sentía nada por él. No tenía ganas de verlo, ni de hacer cosas con él.
Acudía a la consulta porque la angustiaba esta falta de conexión emocional.
Yo trabajo más con el cuerpo que con lo que cuentan las palabras, porque el cuerpo guarda muchas veces la historia con más claridad, pero en este caso le pedí a mi cliente que me explicara qué relación tenía con su padre de pequeña.
Hija única de padres divorciados, Teresa vivió con mucha tristeza la separación de sus padres a los diez años. Durante los años que siguieron a la ruptura vio muy poco a su padre, y además su relación con la nueva esposa no era nada buena.
Tras unas cuantas sesiones, Teresa comprendió que le había dolido tanto que su padre se hubiera ido, que silenció todas sus emociones relacionadas con él. Pero seguían llevándolas dentro, encerradas en la armadura.
Con ella utilicé la terapia biodinámica craneosacral (que explico más detalladamente en el Anexo 1) para integrar todo lo que no quería sentir, y también trabajamos la técnica de TRE®, los ejercicios para liberar tensiones y estrés a fin de que el cuerpo pudiera dejar ir el trauma retenido (de la técnica TRE® hablo en el Anexo 2). Asimismo, le enseñé unos cuantos ejercicios de Mindfulness para que estuviera presente en sí misma, y pudiera reconocer y escoger sus emociones.
A medida que iba recuperando sensaciones, me confesó que a lo largo del proceso sentía que algunas partes dormidas de su ser, incluyendo su propio cuerpo, se estaban despertando y volvían a relacionarse con el mundo a su alrededor.
Semana a semana fue cayendo su armadura de protección, y pudo vivir de manera saludable el dolor y el luto de la pérdida que se había negado a sí misma en su momento. Así fue como descubrió que, en realidad, echaba mucho de menos a su padre, pudo llorar todas las lágrimas que había congelado y empezó a dar pasos para acercarse a su progenitor.
Le llevó unos cuantos meses sentirse segura y enraizada en sí misma para poder dar el paso de sentarse con su padre y explicárselo todo.
Hoy han recuperado la relación para felicidad de ambos. Un canal de amor antes cerrado se ha vuelto a abrir entre ellos.
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