Kitabı oku: «Teología en movimiento»

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Copyright © 2020 by Arianne van Andel.

Teología en Movimiento

Ensayos eco-teológicos y feministas para tiempos de cambio
de Arianne van Andel. 2021, JUANUNO1 Ediciones.

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Library of Congress Cataloging-in-Publication Data

Name: van Andel, Arianne, author
Teología en Movimiento: Ensayos eco-teológicos y feministas para tiempos de cambio / Arianne van Andel.
Published: Miami : JUANUNO1 Ediciones, 2021
Identifiers: LCCN 2020952581
LC record available at https://lccn.loc.gov/2020952581

REL067000 RELIGION / Christian Theology / General

REL025000 RELIGION / Ecumenism & Interfaith
NAT010000 NATURE/ Ecology
REL105000 RELIGION / Sexuality & Gender Studies
REL012110 RELIGION / Christian Living / Social Issues

Paperback ISBN 978-1-63753-000-9

Ebook ISBN 978-1-63753-001-6

Créditos Portada

Equipo de Media y Redes JuanUno1 Publishing House
Concepto diagramación interior & ebook
Ma. Gabriela Centurión
Director de Publicaciones
Hernán Dalbes

First Edition | Primera Edición

Miami, FL. USA.
Enero 2021



Para Teis y Lena

CONTENIDO

Cover

Portadas

Legales

Dedicatoria

Prólogo de Ivone Gebara

Introducción

1. La Biblia como lugar de encuentro ecuménico

2. Las verdades se definen en el camino de la vida

3. Entre la lucha política y la relacionalidad cosmológica

La contribución de Ivone Gebara a la teología de la liberación

4. De la rabia a la resistencia

5. Cambio climático: ¿Cómo movilizar la esperanza?

6. Sobre Kairós, confesión y conversión

Una reflexión sobre Laudato Si’ desde la tradición reformada

7. Sola Escritura, Sola Gracia, Sola Fe para una reforma ecológica

8. La búsqueda de una hermenéutica ecológica en tiempos apocalípticos

9. Geoingeniería, sacrificio y la escala de amor

10. Conversión ecológica: sin ellas no será

11. Y ustedes, ¿quién dicen que soy?

Crítica teológica a la propaganda contra la “ideología de género”

12. Chile: libertad religiosa para la acción ecológica

13. La crisis de las dicotomías:

sobre epistemología y eco-teología en tiempos de transformación

Agradecimientos

Sobre la autora

PRÓLOGO

Mientras leía el libro de la querida amiga y teóloga Arianne van Andel, me sentí saboreando las frescas aguas que brotan de los pozos que solo unas pocas mujeres saben encontrar. Se dice que en el pasado algunas mujeres del campo sabían cómo encontrar agua caminando por tierras áridas y usando una varita verde. Cuando la varita se inclinaba, se podía saber que había agua allí. Con la ayuda de los vecinos cavaban la tierra y el agua empezaba a fluir y mojar la tierra.

El libro de Arianne es como esta agua fluyente que trajo de Holanda y mezcló con otras aguas de América Latina, particularmente, de Chile. Pudo sacarla de una manera tan delicada, canalizarla con mucho cuidado para compartirla con tanta atención y cariño que la tierra no se sintió herida y el agua pudo brotar y saciar la sed de las plantas, de los animales y de mucha gente. Su teología es como el agua cristalina que puede saciar la sed y causar bienestar. No tiene conservantes, sales artificiales, edulcorantes, embotellado de plástico que impiden el agua de ser buena agua.

La claridad de su pensamiento revela la profundidad de sus aguas y la forma en que aborda las situaciones vividas por tantas personas, así como la evolución de los sentidos de la teología cristiana. Su agudo y fino espíritu supo captar las contradicciones y dicotomías epistemológicas de las teologías tradicionales y las de la liberación, recordando el momento de su surgimiento histórico, los condicionamientos y las contradicciones que generaron. Arianne ahora nos invita a probar la novedad de las teologías feministas y ecofeministas que también contienen luces, límites y aportes distintos.

Su libro con textos escritos en distintas ocasiones nos abre a una variedad de temas teológicos que incluyen problemas de género, problemas climáticos, del suelo lleno de pesticidas con la consecuencia de la destrucción de nuestras vidas y de la naturaleza. De esta forma su postura crítica toca cuestiones preocupantes en relación con la vida humana y a la vida del planeta, especialmente, a partir del modelo capitalista actual en que el lucro es más importante que el bienestar de todos. Sin embargo, no alarma a los lectores, no pinta los sufrimientos de la vida cotidiana con colores exagerados y no nos desespera. Al contrario, en todas sus reflexiones alimenta nuestra esperanza en nosotros mismos, en nuestra capacidad de actuar ante los problemas cotidianos y, sobre todo, cree que las transformaciones parten de pequeñas iniciativas. Uno de los aspectos que vale subrayar en esa perspectiva es su intento de trabajar desde la noción de interdependencia, tan presente en la ecología, y rescatarla para la tradición cristiana como esfuerzo epistemológico de superación de los excluyentes dualismos patriarcales.

La vida cotidiana la inspira, el Evangelio de Jesús le da directrices de compromiso, la tradición cristiana le da ejemplos y, principalmente, su amor por las personas y en especial las mujeres que sufren mueve sus pasos e invita a posibilidades reales de encontrar caminos libertarios.

Muchos textos me emocionaron porque recuperan la poesía de la vida que muchas veces olvidamos en los textos teológicos cuando se consideran textos con un rígido aparato científico y dogmático. Los ejemplos que nos da hacen accesibles conceptos teológicos complicados porque los explica a partir de escenas de la vida y de poemas que tocan el corazón. Sin darse cuenta, sus textos se convierten en parábolas casi nuevas que se pueden leer y releer ya que muchas personas pueden encontrarse en ellas y nutrirse de sus contenidos.

Me di cuenta de que yo también estaba en sus parábolas y en su comprensión de la vida y del cristianismo en América Latina. Confieso que, además del placer de estar en su reflexión, pude captar la delicadeza y profundidad de su comprensión de mi trabajo e incluso sentirme muchas veces revelada a mí misma. Una experiencia conmovedora capaz de tocarnos las entrañas y llevarnos a la acción de gracias por los encuentros que nos brinda la vida.

Su manera de leer y acercarse a las personas y de hacer teología no se resume solo en pensar con lucidez y competencia teórica, sino que toca el corazón, la fuente de nuestro conocimiento religioso, la fuente del re-ligare, la fuente de la interdependencia amorosa de todos nosotros con todo lo que existe. Así nos abre la puerta a una nueva comprensión de la teología, ya no como el conocimiento sistematizado de la voluntad del ser perfectísimo y todopoderoso, personal y patriarcal, sino como la percepción sutil del misterio mayor que envuelve y encanta todo lo que existe. Un misterio que toca tanto nuestra grandeza como nuestra pequeñez, que nos invita a ‘mirar los lirios del campo’ y a compartir nuestro pan de cada día. Un misterio que moviliza nuestra esperanza de volver a nacer cada día de nuevo, así como sale el sol diariamente para todo el planeta. Un misterio que nos invita a mirar la belleza del cielo estrellado, creyendo que hay tanta sabiduría escondida que nuestra actitud solo puede ser de admiración y agradecimiento hacia la vida en este momento temporal y espacial en el que participamos de Ella. Aquí encuentro el germen de una espiritualidad profundamente marcada por la gratuidad de la vida y, por eso, marcada por la exigencia ética de luchar por la ‘vida en abundancia’ para todos y para todo.

Arianne también nos abre de forma aguda al tema ecológico de nuestros tiempos y nos invita a comprender las exigencias de una teología inclusiva de los diversos biomas, incluyendo las diversas expresiones de la vida animal y vegetal para que todos puedan vivir con cuidado y responsabilidad el exuberante don del planeta. Ella se da cuenta que las teologías tienen una enorme responsabilidad frente a la destrucción actual, frente a los problemas climáticos y de muchos tipos que resultan de las codiciosas interferencias de los humanos. La teología cristiana centrada en el antropocentrismo y el androcentrismo exagerados nos hizo olvidar nuestro cuerpo más grande, la Tierra. ¡Y ahora tenemos que rescatarnos como terrestres, o como terrícolas!

En vista de la prioridad que damos a la riqueza indivisa y la pobreza creciente de poblaciones enteras, se requiere un pensamiento teológico interdependiente e inclusivo. Por eso el libro de Arianne es también una interpelación para renovar nuestra responsabilidad común y “reformar” o “recrear” continuamente nuestras teologías según los signos de los tiempos.

Es frente a esta desafiante situación planetaria de nuestro tiempo que las iglesias cristianas deben también reformarse y entenderse continuamente entre sí. Tienen que reubicar al ser humano y el planeta en su conjunto y desde allí reafirmar sus significados. Hoy en día, ante una nueva comprensión del ser humano, es absolutamente necesaria una reinvención de las teologías que incluya la dimensión ecológica y feminista para intentar de superar las dicotomías entre natural y humano, entre global y local, entre privado y público, como Arianne los desarrolló tan claramente en su último capítulo La crisis de las dicotomías.

Cierro este breve prólogo haciendo hincapié en el tema de la libertad religiosa frente a la acción ecológica, tema del penúltimo capítulo de este libro. La autora no solo expande el concepto de libertad religiosa, sino que también expande el concepto mismo de libertad al ubicarlos en los procesos transformadores de la vida y en la dimensión ética que los atraviesa. Es también frente a la exclusión e incluso la agresión contra grupos religiosos minoritarios en América Latina que se desarrollan los prejuicios y delitos de falta de respeto a las creencias de estos diversos grupos. Es como si la verdad fuera una experiencia monolítica y exigiera que todas las personas la afirmen de la misma manera. Es como si Dios, el Misterio Mayor, tuviera un solo rostro al que todos deben adherirse y si no lo hacen se generan conflictos y agresiones. Arianne muestra que la libertad, incluso como creatividad religiosa, requiere pluralismo, requiere incluso diversidad religiosa. Es fundamental en la creación y transformación continua de todo lo que existe que respetemos la diversidad del universo y cuidemos que la vida se mantenga siempre bella y diversa en nuestro pequeño planeta.

El libro de Arianne es un aporte importante para dar respuesta a algunos de los retos que nos ha lanzado la Historia en este siglo XXI. Lo presento a los lectores y lectoras con inmensa alegría y respeto por su labor como intelectual seria y activista comprometida con salvar vidas en sus diferentes expresiones.

Ivone Gebara

Noviembre de 2020

INTRODUCCIÓN

Una teología en movimiento, una teología conmovedora y una teología que moviliza: esa es la que busco en las páginas de este libro. Los artículos acá publicados son un reflejo de más de diez años de mi reflexión y experiencia como teóloga reformada holandesa que ha hecho su camino en Latino-América. Un camino lleno de encuentros entre culturas, corrientes de fe y movimientos distintos. El libro está inspirado por las teologías de la liberación, ecológicas y feministas del continente, y busca el diálogo con movimientos sociales, ambientales y feministas no religiosos.

Teología para mucha gente huele a polvo, a doctrinas inamovibles, y a creencias del pasado. En estos artículos trato de mostrar una teología viva, un pensamiento en movimiento, aun cuando se nutre de narrativas y tradiciones antiguas. Hago la apuesta, inspirado por la teología de la liberación, que sólo se puede hacer teología desde la praxis, y desde las experiencias de las personas que entran en diálogo con las preguntas de personas de todos los tiempos. Sólo a partir de nuestras experiencias e inquietudes se abren las narrativas bíblicas y las reflexiones de otros/as, como un espejo, una voz opuesta, algo o alguien con quien profundizar y clarificar nuestras propias opciones, vivencias y valores. Cuando se hace teología desde las reflexiones que surgen en un grupo diverso, brota teología en movimiento. Sin embargo, esta teología tiene que partir de otro concepto que el usual de “verdad”. Aunque el libro se deja apelar transversalmente por las narrativas bíblicas, estas no son en ninguna parte dogma o última verdad. Las historias se hacen nuevamente verdad en el camino y en la vida (Jn 4,1-42), como se sostiene en el segundo artículo. “La verdad” en forma esencialista no existe, pero tiene que ser encontrado en el encuentro y diálogo con otros y otras. Ahí se llega a una experiencia verdaderamente ecuménica, donde se rompen prejuicios y se facilitan cambios en las personas.

El libro trata de dar unos pasos más allá en la antropología de la teología de la liberación “clásica”, que muchas veces sigue dentro de un marco racionalista. Propone una teología conmovedora. En el artículo “Entre lucha política y relacionalidad cosmológica” hago un balance entre la metodología de esta teología y los aportes de la teología ecológica feminista de Ivone Gebara. Gebara, quien escribió el prólogo a esta colección, aboga por unos cambios más profundos en nuestra epistemología y cosmología, superando los dualismos jerárquicos entre cultura y naturaleza, espíritu y cuerpo, sagrado y profano y razón y emociones, tan propias de la teología occidental. Desde esta preocupación, hice un pequeño estudio sobre la rabia e indignación como emociones fuertes en los movimientos de resistencia frente a las injusticias de este mundo. En reacción al libro La resistencia es el secreto de la alegría de mi maestra teóloga feminista Lieve Troch, escribo un artículo en que analizo el rol de las emociones, y particularmente de la rabia, en estos movimientos, y elaboro algunas pistas para una hermenéutica de la rabia.

En el artículo “movilizando la esperanza” muestro mis propias fuentes de motivación en la lucha en contra del cambio climático, usando narrativas de sabiduría ancestral y un poema de mi tierra para recalcar el tremendo valor de cada acción pequeña, de cada pregunta frente a un sistema socioeconómico depredador que niega la esperanza.

Desde 2015, mis estudios se centran en reflexiones teológicas a partir de la crisis ecológica, que es para mí la situación más urgente de ser asumido por el cristianismo, que ha tenido en la historia un enfoque principalmente antropocéntrico. En los artículos eco-teológicos que siguen, entro en diálogo con tres denominaciones cristianas. El primer artículo relata mi recepción de la Encíclica de Papa Francisco Laudato Si’, relevando su gran aporte para la reflexión eco-teológica, y su llamada a procesos de confesión y conversión ecológica en las iglesias. El segundo artículo fue escrito en el contexto de los 200 años de la Reforma Protestante, y quiere resignificar tres principios básicos de la Reforma Luterana para una reforma ecológica en las iglesias. Finalmente, escribí un artículo de interpretación bíblica sobre el libro Apocalipsis, ya que esta narrativa ha sido interpretada en encuentros con iglesias evangélicas como narrativa que predice la crisis ecológica como inicio del fin de los tiempos. Muestro como este libro, más que invitar a la resignación, nos impulsa a una actitud profética para denunciar los sufrimientos de comunidades en la tribulación del desastre ecológico, visibilizar las prácticas que anuncian nuevos tiempos y seguir nutriendo visiones de un cielo nuevo y una tierra nueva. Termino esta parte con un artículo que cuestiona las soluciones de la geoingeniería frente al cambio climático, justamente porque deja fuera las visiones de estas comunidades.

En todo el libro busco una teología que moviliza a las personas a enfrentar la crisis socioambiental que vivimos e invito a pensar nuevos paradigmas. Para eso hace falta escuchar la voz de todos y todas, y especialmente de los grupos más afectados por la crisis. Las mujeres son las que siguen siendo excluidas en los espacios de decisión en la política y en las iglesias. A partir de los grandes debates en Latino América sobre la Ley de Género y del Aborto, rechazados por grupos conservadores que se apropian del discurso “pro vida”, este libro sigue con tres artículos recientes en que abogo nuevamente por un diálogo abierto sobre nuestros valores, sin verdades a-priori y desde la experiencia. En una teología que quiere movilizar para un mundo más justo, los y las más afectados por la exclusión y la injusticia tienen que recuperar la voz, más porque han sido explotadas y despreciadas como la naturaleza misma. Una conversión ecológica sin las mujeres no será, digo en una revisión crítica de la ausencia de las mujeres en Laudato Si’. También en las discusiones sobre los derechos de las personas LGTBI, pido a la teología tomar un lugar de escucha y pregunta, sin miedo, en búsqueda del encuentro. Finalmente hago una reflexión epistemológica desde la crisis de la pandemia que vivimos hoy, que cuestiona fuertemente las dicotomías en el pensamiento moderno, para dar pistas de cómo superar modos de interpretar el mundo que nos atrapen en el statu quo, y abrir posibilidades de un futuro verdaderamente transformado. El libro quiere ser un aporte a una teología con este fin: conmovedora, movilizadora, en movimiento.

LA BIBLIA COMO LUGAR DE ENCUENTRO ECUMÉNICO1

El ecumenismo se parece un poco al encuentro inusual entre Jesús y una samaritana que encontramos en Jn 4,1-42. En ese relato las vidas de un hombre judío y una mujer de Samaria se entrecruzan en un pozo al mediodía. Normalmente estas dos personas no se tratarían entre sí, debido a las reglas de género, diferencias de religión, etnia, y por todos los prejuicios que existen entre sus pueblos. Jesús, sin embargo, rompe todas las reglas que les separan, y pide agua a esta mujer. Con este gesto, se abre una conversación entre los dos, en que hay espacio para hablar sobre la realidad de su tiempo, sobre sus diferencias religiosas, y sobre la exclusión en que viven: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” En el diálogo siguiente surge agua viva, que produce en la mujer samaritana un cambio radical: ella se deja conmover por Jesús, que la acepta tal como es y la libera de prejuicios, lo que la lleva a testimoniar sobre eso en su pueblo.

Como en esta escena, en los encuentros ecuménicos también se confrontan dos o más tradiciones religiosas, con distintos pasados, culturas y costumbres. En grupos que comparten la tradición cristiana su pozo común es la Biblia, pero muchas veces son justamente las interpretaciones bíblicas y las doctrinas basadas en ellas, las que han causado separaciones y prejuicios entre las comunidades. Se nota que las personas de tradición católica en general poseen muchos dogmas aprendidos desde la tradición institucional, mientras las personas de tradición evangélica, para sostener sus verdades, recurren a versículos bíblicos. A causa de estas certezas, no es evidente que la Biblia pueda ser un lugar de encuentro ecuménico. Por eso en el diálogo entre grupos de distintas denominaciones, también debe haber alguien que igual a Jesús en el relato mencionado, facilite que se rompan las convicciones inamovibles y los prejuicios, para que se abra un espacio donde surjan conversaciones que produzcan cambios en todas las personas presentes.

Para que fluyan las aguas en un grupo ecuménico que se reúne alrededor de las Escrituras, es necesario que el grupo vaya aceptando algunos supuestos básicos sobre la Biblia. Primeramente, que toda lectura es interpretación. Uno no puede leer la Biblia de una manera neutral, porque cada lector(a) lleva sus propios “lentes de lectura”, y –muchas veces de modo inconsciente–, ve afirmado en los relatos los aciertos de su historia de vida y sus convicciones. Segundo, que el mensaje de Jesús no fue pensado para dividir, excluir a personas, o incluso justificar guerras. Aunque los relatos de la Biblia nos pueden cuestionar y criticar fuertemente en nuestras posiciones, estamos convencidos que “la palabra de Dios” lleva primeramente un mensaje de amor, justicia y paz. Eso significa que tenemos que mantener una “hermenéutica de la sospecha” frente a interpretaciones bíblicas que han sido usadas para justificar discriminaciones y condenas. Tercero, el supuesto que la Biblia misma es un libro inherentemente ecuménico. Quienes reconocen que la Biblia es una biblioteca con relatos de distintas épocas y tradiciones, en que existen muchas discusiones internas sobre las interpretaciones de las escrituras, se mantendrán más fácilmente con un diálogo similar en los grupos de hoy. Significa suspender los propios juicios sobre la verdadera Palabra de Dios y empezar una búsqueda abierta con una “segunda ingenuidad”, para descubrir en conjunto las aguas frescas y vivas que fluyen del pozo.

En los talleres bíblicos y celebraciones que desarrollamos en el Centro Ecuménico Diego de Medellín (CEDM) en Santiago de Chile, desde 2005 a 2010, estos tres supuestos han estado siempre presentes: la importancia de reconocer los lentes de interpretación, el carácter inclusivo del mensaje bíblico y la heterogeneidad de la Biblia misma. En este artículo recojo algunos ejemplos de cómo se han trabajado estos supuestos, usando metodologías y dinámicas concretas en los grupos participantes.

Con el fin de fomentar la conciencia de que cada lectura es una interpretación, se usa la metodología de la lectura popular de la Biblia que siempre empieza con la experiencia de vida de las y los participantes. Discutir sobre el significado de una historia sin involucrar la situación presente, puede llevar a discusiones sin término y a más divisiones entre “supuestas verdades”, sin acercar el significado del texto para las vidas de las personas. Además, los textos sólo revelan su gran riqueza, cuando se estudian usando el círculo hermenéutico en que el texto está en diálogo con la realidad de hoy y con la vida de la comunidad. Al compartir las experiencias propias, el grupo se aleja de la discusión sobre verdades abstractas, porque las experiencias son por un lado personales, y por eso indiscutibles; y por otro lado, muchas veces reconocibles para personas que viven el mismo contexto. Por eso, siempre relacionamos los textos bíblicos a un tema o una pregunta actual.

Así trabajamos el segundo supuesto de la inclusividad del mensaje bíblico, en un taller sobre “Discipulado y misión en un mundo diverso”, que realizamos en abril 2007, la época en que la Conferencia Episcopal en Chile habló sobre el tema misión y discipulado, en el contexto de la V Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (CELAM) en Aparecida; Brasil. Partimos con textos del evangelio de Lucas, enfocándonos en la manera de “misionar” de Jesús. Los relatos de los evangelios se adecúan bien para la dramatización, y así nos pusimos en el lugar de las personas que Jesús encuentra y llama en el camino. Primero, analizamos nuestras propias posiciones sociales, como mujeres u hombres, indígenas o mestizas, católicos o evangélicos, jóvenes o viejos, santiaguinos o provincianos, saludables o enfermos, entre otros factores sociales. Hablamos sobre la manera en que nuestra posición nos había estigmatizado en la sociedad, y cómo eso había marcado nuestras vidas. Después recurrimos a unas historias de seguidores y seguidoras de Jesús y nos imaginamos su posición social: el leproso y el ciego (Lc 5 y 18), la mujer que padecía de flujo de sangre (Lc 8) y los recaudadores de impuestos Leví y Zaqueo (Lc 5 y 19). Con la metodología del bibliodrama, preguntamos a estos personajes: “¿por qué seguían a Jesús?”. Descubrimos que todas estas personas estaban de cierta manera excluidas de la sociedad, y se sentían acogidas, respetadas y dignificadas por Él. Jesús se acercó a estas personas, sin pensar en lo que era “políticamente correcto”. La mujer con flujo de sangre dijo en la dramatización: “Todos dijeron que Jesús quedaría impuro cuando me tocara, pero yo creía firmemente en que Él no quedaría impuro, sino que ambos quedaríamos sanos”. Nos llamó la atención que Jesús no condiciona a la gente a quien se acerca, pidiéndoles que crean en Él o cambien sus convicciones antes de que dialogue con ellas. Al contrario, destaca la fe de las personas mismas con la frase recurrente: “Tu fe te ha salvado”.

“Jugar” con las historias nos ayudó a hacerlas más cercanas, y nos dimos cuenta que misionar a la manera de Jesús no significa imponer una verdad sobre otra gente, sino que se trata de un testimonio de vida, de inclusión radical de personas marginadas en la sociedad. Reflexionamos sobre lo que eso significa para nuestras iglesias y comunidades –¿de verdad somos comunidades acogedoras para personas excluidas o distintas? –, y concluimos que una misión a la manera de Jesús siempre debe ser inclusiva y ecuménica.

En un taller ecuménico sobre Biblia y Ecología, que ofrecí en el CEDM en octubre 2007, partimos desde el tercer supuesto: la heterogeneidad de la Biblia misma. Empezamos nuevamente con un análisis de nuestra propia realidad, específicamente de los problemas ecológicos en Chile y el mundo. La magnitud de los problemas ambientales disminuyó el peso de nuestras propias barreras eclesiales. Reconocimos, que, en cierto sentido, es un anacronismo buscar en la Biblia respuestas a problemas de una época tan reciente. Una lectura ecológica no podría entonces buscar normas y soluciones directas para nuestros problemas en la Biblia, pero descubrimos que la relación entre el ser humano y la naturaleza juegan un rol importante en muchos relatos bíblicos, que podían enriquecer el debate sobre nuestros tiempos.

Las historias de la creación sirvieron para debatir sobre el lugar de Dios y del ser humano en esta tierra: ¿se trataba de un relato ecológico o más bien antiecológico? Las Leyes Sabáticas y del año de Jubileo (Ex 29-23 y Lv 25) nos pudieron dar orientación en la búsqueda de una economía menos acumulativa. Las historias del becerro de oro (Ex 31) y de la construcción del templo (1 Re 5-7) sirvieron como espejo de la tentación del oro y del lujo material en nuestros días, mientras encontramos en los profetas muchas imágenes ecológicas, que nos podían enseñar un lenguaje nuevo para incorporar en nuestras propias acciones proféticas. Finalmente, comparamos el Apocalipsis con los escenarios apocalípticos descritos por Al Gore en su documental “La verdad incómoda” (2006) sobre el calentamiento global, y encontramos una esperanza y un llamado al cambio de vida en la actitud desprendida de Jesús frente a las posesiones materiales. La Biblia iluminó nuestras reflexiones, prestándonos relatos de experiencias de vida de pueblos que buscaron, como nosotros, una manera de vivir en armonía con Dios y el entorno. En este taller, percibimos que la Biblia, más que estar centrada en dar normas y reglas, nos muestra las ambigüedades y búsquedas de la vida. En dialogo con las historias podía surgir una sabiduría nueva, y al final la esperanza del agua cristalina del Apocalipsis.

En los cursos ecuménicos las barreras entre iglesias se desvanecieron en el compartir la vida alrededor de la Biblia. Sin embargo, no siempre las personas abrazan tan fácilmente los supuestos que describí al inicio de este artículo. En varias ocasiones me he encontrado con personas que no logran aceptar el primer supuesto de que toda lectura es interpretación. Me recuerdo de un hombre evangélico que en un encuentro ecuménico defendió a muerte un punto de vista ligado a la sexualidad, usando las cartas de Pablo como respaldo. Según él, las normas de Pablo eran claras y una interpretación diferente de sus textos podía llegar al “relativismo”, en los mismos términos que utilizó Benedicto XVI en su discurso inaugural del cónclave de abril 20052. Es importante reconocer el miedo a este “relativismo”. Porque no puede ser verdad que la Biblia se preste para todo, ¿o sí?

Para enfrentar estos temores, es interesante tomar en cuenta el pensamiento del rabino inglés Jonathan Sacks, quien escribió un libro con el título La dignidad de la diferencia3, que es un llamado al diálogo interreligioso en la Europa islamofóbica post ataques terroristas de 11 septiembre 2001 en Nueva York. Sacks dice que para muchos creyentes es difícil tener una postura abierta frente a otras creencias, porque nuestra fe ha formado nuestra identidad y la conformación de quienes somos siempre significa distinguirse de otras identidades: crear un “nosotros” y un “ellos”. Por eso, causa mucho miedo en las personas relativizar sus verdades, porque eso cuestiona directamente el valor de lo que son4.

El origen de este miedo, según Sacks, es la convicción de que creyendo profundamente en “la verdad” de nuestra tradición, sería una traición a la autenticidad de nuestras propias creencias y seguridades hacer espacio a otras verdades. Sacks, sin embargo, quiebra con este dilema. Lo que nos entrampa en el fervor de convertir a otros, dice, es el espíritu universalista de Occidente. Este espíritu no es propio de las religiones, sino que viene de la filosofía de Platón, que dice que la Verdad es universal, más allá de las particularidades y que es siempre la misma para todos. Eso significa entonces, que solamente existe una sola verdad, y que “sí yo tengo razón, tú estás equivocado”5.

El universalismo, según Sacks, ha causado mucho derramamiento de sangre en nombre de Dios, por la creencia de que los que no comparten mi fe, o mi cultura, tampoco comparten mi humanidad. Él pide un cambio de paradigma en nuestro entendimiento de similitudes y diferencias. Recurre a la historia de la Torre de Babel (Gn 11), explicando la construcción de esa Torre como el primer totalitarismo, el primer intento de los poderosos de imponer una unidad artificial a una creación diversa. Y Dios destruyó la torre, porque Dios nos creó divinamente diversos, con nuestras propias culturas, lenguajes y tradiciones religiosas6.

El pensamiento de Sacks nos enseña que en espacios ecuménicos no necesitamos abandonar nuestras convicciones para estar dispuestos a escuchar las de otras personas. Esto requiere mucho ejercicio de escucha sincera, respetando y buscando el significado que tienen las creencias para las personas con quienes dialogamos. Muchas veces se encuentran experiencias de vida profundas abajo de nuestras convicciones más arraigadas.

Nos topamos con los límites del encuentro ecuménico alrededor de la Biblia, cuando hay personas que no quieren escuchar, ni preguntar nada. Estas personas se cierran al dialogo, con o sin la Biblia en sus manos, y nunca se hubieran parado en el pozo, como Jesús, para atreverse a abrir una conversación con una mujer de otra tradición y otra cultura. Estas personas, lamentablemente, se privan a sí mismas las experiencias del verdadero encuentro, en que surgen aguas vivas y se producen cambios que contienen una “buena nueva” para el mundo.

REFERENCIAS

Sacks, Jonathan. 2002. The Dignity of Difference, How to Avoid the Clash of Civilizations. London: Continuum.

1 Este artículo fue publicado como: Arianne van Andel. “La Biblia como lugar de encuentro ecuménico”. Testimonio 226 (marzo-abril 2008), 87-92.

2 El discurso de Benedicto XVI se puede leer en: http://www.vatican.va/gpII/documents/homily-pro-eligendo-pontifice_20050418_sp.html

3 Jonathan Sacks, The Dignity of Difference, How to Avoid the Clash of Civilizations, (London: Continuum, 2002). Traducción en castellano: Sacks, La dignidad de la diferencia: cómo evitar el choque de civilizaciones, (Madrid: Nagrela Editores, 2013).

4 Sacks, The Dignity of Difference, 10.

5 Sacks, The Dignity of Difference, 19.

6 Sacks, The Dignity of Difference, 50-52.

LAS VERDADES SE DEFINEN EN EL CAMINO DE LA VIDA

VALORANDO LA DIVERSIDAD EN TIEMPOS DE GLOBALIZACIÓN1
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6). Pocos versículos de los evangelios han sido tan usados como este para transmitir la idea de la verdad absoluta de la tradición cristiana. A partir de estas palabras, según la interpretación dominante del texto, Jesús se presenta como la única manera de llegar a Dios. El acento del texto se ha puesto en la palabra “verdad”, expandiendo su alcance a toda la tradición cristiana, en forma universal y absoluta.

Sin embargo, reflexionando el tema de la diversidad y del pluralismo religioso en un mundo globalizado este versículo me invita a una relectura. ¿Cómo se relacionan el camino y la vida con la verdad? ¿Podría ser que la verdad, flanqueada por estas otras dos palabras, no es tan absoluta, sino más bien se define caminando, en la vida misma? En este artículo quiero atreverme a leer el versículo al revés, para mostrar que, en un mundo globalizado, diverso, y amenazado, necesitamos abrazar la vida antes de la verdad, recuperando así nuestra apertura a la diversidad con el fin de salvarnos de fundamentalismos que al final significan muerte en vez de vida.

La valorización de lo distinto presupone poder relativizar nuestras propias verdades sobre cómo es o debería ser la vida, y abrirnos a la incertidumbre de “lo otro”. En la tradición occidental del cristianismo ese poder ha sido débil. Históricamente ha sido más fuerte el énfasis en la búsqueda de la Verdad, y desde las jerarquías frecuentemente se ha clausurado esta Verdad en doctrinas exclusivistas. Con una definición tradicional de misión, entendida como convencer a otros que nuestro camino de fe es el único, o por lo menos el mejor, el cristianismo ha dejado muchas huellas violentas, sobre todo en Latinoamérica.

Desde los años 60’ del siglo pasado varios teólogos y teólogas han criticado el paradigma integrista de la tradición cristiana, y han reflexionado el lugar de la tradición cristiana en un mundo diverso. El teólogo católico Paul Knitter escribe: “El Concilio (Vaticano II) afirmó que en las demás religiones hay ciertos “elementos de verdad y bondad”, pero no dijo explícitamente que constituyeran mediaciones de la salvación. Sin embargo, un número creciente de teólogos católicos (K. Rahner, H.R. Schlette, P. Schoonenberg, E. Schillebceekx, B. Lonergan, H. Küng, R. Panikkar, etc.) han desarrollado las afirmaciones del Concilio hasta llegar a la conclusión de que las restantes religiones han de ser consideradas “vías legítimas de salvación”2.

A pesar de estas reflexiones teológicas, en que la religión cristiana deja de ser “la verdad absoluta”, mi experiencia es que en el discurso y la práctica de muchas iglesias cristianas la evangelización de “nuestra verdad” todavía tiene un rol importante. Parece que está casi en nuestros genes absolutizar nuestra propia verdad, y convencer a otras personas de nuestra razón. Se nota lo mismo en el significado que personas en mis grupos de trabajo a veces dan a la palabra “ecumenismo”: como el deseo que “las otras iglesias vuelvan a creer lo mismo que nosotros”. Mi impresión es que esta tendencia universalizante no sólo se encuentra en las creencias religiosas, sino en toda la cultura occidental, en la cual el cristianismo se desarrolló.

La verdad homogenizante en contexto de globalización

En el contexto de la globalización que vivimos hoy, también se ve reflejada una tendencia fuerte de homogenizar y uniformar. El modelo económico capitalista neoclásico o neoliberal propone un solo modelo de desarrollo, de progreso, de estilo de vida, y lo presenta como una imagen ideal para todo el mundo, aunque en la práctica es inalcanzable para la vasta mayoría de las personas. La globalización actual no es realmente “global”, sino que propone de forma brutal una cosmovisión occidental, desde los países más ricos, centrada en un progreso mecánico, con un crecimiento ilimitado, y una economía al servicio del “mercado”. Los seres humanos en esta mirada son vistos como individuos competitivos, consumidores, movidos por el egoísmo y el interés propio3. Por medio del desarrollo de las distintas tecnologías se ha podido imponer esta cosmovisión mundialmente, incluyendo su cultura de marcas homogenizantes de empresas transnacionales como McDonald’s y Coca-Cola. La globalización actual nunca ha implicado la integración de culturas distintas y realidades diversas en una escena global.

La relación entre la tradición cristiana y la cosmovisión occidental moderna es discutida. Varios cientistas han declarado que el cristianismo nació desde y dentro de esta cosmovisión, la ha legitimado (Max Weber) o hasta le ha prestado sus fundamentos. Otros justamente encuentran en la tradición cristiana una crítica a esta cosmovisión. Sin abarcar en esta discusión compleja y multifacética, acá consta que la cosmovisión occidental y gran parte de la tradición cristiana, junto con corrientes de otras religiones, comparten el mismo concepto de “la verdad”, como una realidad universal y atemporal, a la cual es bueno conformar el mundo. En este sentido el modelo económico se comporta como una religión más, opuesta a o legitimada por la tradición cristiana. La connotación que lleva esta cultura de la verdad es que la “uniformidad” es positiva, y directamente asociada con “unidad”. Tener las mismas costumbres, el mismo estilo de vida, las mismas creencias nos haría sentir unidos. Relacionado con esta idea encontramos un concepto de igualdad superficial, que se expresa en un sistema de leyes iguales para todos, impuesto desde los países más poderosos, lo que en la práctica niega las diferencias entre pueblos y contextos, y así muchas veces refuerza desigualdades ya existentes.

El espíritu de Platón y la cosmología mecánica

¿Cuáles son los orígenes de nuestro afán de buscar “verdades absolutas”? Primeramente, encontramos una razón en la filosofía griega, con su ideal de buscar una verdad universal que sustente toda la realidad visible4. El rabino inglés Jonathan Sacks, en su libro La dignidad de la diferencia5 lo llama el espíritu de Platón en nuestra imaginación occidental. Platón tenía la convicción que la Verdad se encuentra en las ideas, en una eternidad fuera del mundo, que va más allá de las particularidades, lo material y el caos de las experiencias. En su libro La República, encontramos la idea esencialista de que “la verdad” es universal y atemporal, o sea, que cuenta para todas personas y para todos los tiempos. Lo particular es percibido como fuente de conflictos, prejuicios, errores y guerra, mientras lo universal sería el ámbito de la verdad, la armonía y la paz. El “problema” de la diversidad se resolvió por una idea de uniformidad6.

La filosofía griega se fortaleció en el siglo XVII, en la época de la Ilustración, cuando, con el nacimiento de la ciencia y la tecnología, se generó una cosmología mecánica, que separó el ser humano de la naturaleza, viendo la última como un objeto de estudio, explotación y ganancia. Desde este momento, surgió una economía basada en la suposición que el ser humano es parte del mundo de las ideas, de la cultura, más que de la naturaleza, y que el ideal normativo de este mundo es el hombre blanco, fuerte, joven, y occidental, que estira sus brazos hasta los puntos del universo, como representado en el cuadro famoso de Leonardo Da Vinci7. La tradición cristiana fue fuertemente influenciada por la tendencia antimaterialista e idealista de Platón, y por la separación entre el ser humano y la naturaleza en el pensamiento del siglo XVII.

La realidad diversa y la nueva ciencia

La vida misma, sin embargo, se muestra ajena a la idea de una verdad universal. La realidad siempre se ha mostrado increíblemente diversa, en la tierra en general y también en las muchas expresiones humanas en ella. Nunca ha resultado homogenizar y uniformar la humanidad bajo una cultura, o una sola fe, y la pregunta clave es si tenemos que seguir deseándolo.

La ciencia nueva de la última parte del siglo XX ha mostrado los errores del paradigma de la cosmovisión occidental a partir de descubrimientos claves de la física cuántica y la teoría de la relatividad (Einstein). Revelaron que materia y energía son intercambiables y equivalentes, y que todo el universo y la vida están hechos de ondas de energía; la materia sólo por ondas más lentas y largas, que lo hacen estabilizar por el momento. Consecuentemente, toda la vida en el universo está intrínsicamente interconectada y existe en una interdependencia muy grande. Los seres humanos son la autoconciencia de la evolución, pero forman una comunidad muy vinculada con todos los seres vivos, y con la tierra misma. Así, la separación del mundo de las ideas del mundo material se hace insostenible8.

Además, la ciencia reciente ha formado una teoría nueva sobre el desarrollo de la vida en la tierra, en que afirma que la evolución se despliega hacia más diversidad y complejidad, no hacia más uniformidad, aunque esta diversidad se origina en una misma fuente, y se sustenta en la interdependencia, interrelación y reciprocidad entre todos los seres9. Estos descubrimientos piden una revisión radical de las cosmologías anteriores y también de nuestras tradiciones religiosas, y llaman a una valorización distinta de las diversidades en nuestra realidad.

Un modelo de desarrollo o una tradición religiosa, que no tiene en cuenta la diversidad, y que quiere homogenizar, destruye el tejido de la vida misma. El actual modelo de globalización se ha mostrado generador de grandes injusticias y desigualdades entre los pueblos y destructor del medioambiente. La diversidad en este modelo es sinónimo de desigualdad, ya que todos los seres y las personas distintas al modelo del ser humano hegemónico (hombre, blanco, de clase media, joven y exitoso) quedan en una escala más baja en la jerarquía compleja de dominaciones entrecruzadas constitutivas de nuestra realidad. Es urgente ir construyendo nuevas maneras de relacionarnos entre personas, y entre personas y la naturaleza, valorando la diversidad como una posibilidad y una riqueza, más que como una amenaza.

Diversidad e identidad

¿Cómo recuperar la noción de la riqueza de la diversidad en el contexto que vivimos? ¿Qué desafíos nos plantea como ciudadanos/as y específicamente como creyentes? Vivir un cambio de paradigma no es fácil, y nuestro condicionamiento por la cosmología occidental es fuerte. Aún en el caso que queramos valorar la diversidad, nuestro aprecio muchas veces no va más allá del discurso. Se expresa en una tolerancia mínima o en una indiferencia abierta (“que hagan lo que quieran, mientras no me molesta” o “al final todo es básicamente lo mismo”), que finalmente busca de nuevo una uniformidad disfrazada.

Las dificultades de asumir la diversidad de manera abierta y creativa muestran nuestro temor a lo distinto. Ese miedo es provocado por el hecho que lo diferente nos cuestiona en nuestra identidad, mientras que por otro lado también necesitamos la diversidad para confirmarla. Nuestra identidad sólo se desarrolla en la distinción de otras identidades. En la niñez y adolescencia formamos una personalidad sana diferenciándonos de las personas que nos criaron, y en la sociedad afirmamos nuestra identidad desplegando los símbolos de nuestra cultura o las características de nuestra tradición religiosa frente a las de otras comunidades10.

Sacks plantea que las religiones son generadores de pertenencia e identidad por excelencia, y que vinculan (re-ligare) a las personas de forma tribal. Por eso se explica también que la tendencia de la globalización de imponer una sola cultura universal, provoca la reacción de autoafirmación en las tradiciones religiosas y culturales marginalizadas, a veces de forma fundamentalista. Sacks considera que tanto el fundamentalismo como el universalismo tienen grandes peligros, y que el desafío se presenta en la búsqueda de una identidad fuerte y arraigada, y simultáneamente abierta a la diversidad11. Necesitamos un nido claro y seguro, para atrevernos a volar y valorar otras realidades. Según Schillebeeckx, el problema para la tradición cristiana es cómo esa puede mantener su propia identidad y unicidad y simultáneamente dar un valor positivo a la pluralidad de religiones en un sentido no discriminador12.

La no discriminación es decisiva, porque en ella se toca el nudo complejo de la valorización de la diversidad, que son las diferencias de poder. Las jerarquías presentes en toda nuestra sociedad piramidal hacen que la diversidad se ha encarnado en ideologías dominantes y dominadas, en actores que deciden y otros/as que tienen que someterse. Esta situación no se resuelve con un cambio de paradigma solamente, apreciando y reencantándonos con la riqueza de la diversidad. El saber de las nuevas historias de la ciencia, del tejido complejo y maravilloso de la vida, no significa automáticamente que la encarnación sociopolítica del paradigma antiguo cambie. El problema de la desigualdad y la discriminación entre nuestras realidades diversas significa enfrentar conflictos de poder, querámoslo o no.

En lo que sigue, quiero dar algunas ideas, específicamente desde una posición cristiana, de cómo ir desarrollando en nuestras comunidades una apertura real frente a lo distinto.

Lo universal y lo particular

¿Si ya no creemos en la verdad universal de nuestra fe, todavía creemos de verdad? Sacks está convencido que sí. Si nos liberamos del espíritu universalista de Platón, podemos, según él, escapar de la dicotomía falsa entre “la verdad” y “lo particular”. En su libro, Sacks hace unas reinterpretaciones de historias bíblicas que nos ayudan a pensar la verdad de otra forma. Recurre, por ejemplo, a la historia de la Torre de Babel (Gn 11), explicando la construcción de esa Torre como el primer totalitarismo, el primer intento de los poderosos de imponer una unidad artificial a una creación diversa. Y Dios destruyó la torre, porque Dios nos creó divinamente diversos, con nuestras propias culturas, lenguajes y tradiciones religiosas13.

Después de esta historia, señala Sacks, Dios ya no se vincula con toda la humanidad, sino justamente con personas o pueblos particulares, invitándoles a ser distintos que el mundo alrededor. Abraham tenía que dejar su país en búsqueda de una tierra prometida, los profetas tenían que diferenciarse de sus pueblos y mostrarles otras posibilidades de vida. En la tradición cristiana, Jesús mismo tomó un camino distinto que los maestros religiosos de su tiempo, reinterpretando su tradición a favor de una vida plena para todos/as14.

La verdad en estos casos no estaba tanto en el significado universal de las experiencias de los personajes, sino estaba en el camino mismo, en el testimonio de vida que dieron, en su manera de vivir auténticamente sus creencias. Es bueno que tengamos una tradición, una identidad propia, nuestras historias, nuestra tierra, nuestra memoria, y que lo valoramos. Pero no necesitamos tener la misión de propagar nuestras creencias como la última verdad: es suficiente dar testimonio de vida, invitando al seguimiento en la creación de relaciones más sanas y justas.

La eco-teóloga Sallie McFague dice que la verdad no es algo estático, sino “la calidad de la relación”. Podemos preguntarnos si estamos viviendo una relación armoniosa con otros seres humanos y con la naturaleza, para evaluar si en nuestro camino se expresa algo de la verdad15.

Interpretar la verdad de esta forma no iguala al relativismo, como se suele plantear. Relativismo significa que todo vale, que no importa como uno vive, o en que cree. Yo estoy convencida que, en nuestros tiempos, más que nunca, importan nuestras opciones de vida. Además, si no optamos por una creencia, la ideología de la globalización llena el vacío y nos da la identidad impuesta del consumidor-objeto del mercado. En ese sentido no optar también significa optar. La pregunta por la verdad no termina cuando decidimos abrirnos a otras verdades; sólo dejamos de insistir que nuestra tradición es dueña de ella. Por eso, después de haber optado nuestro camino, en comunidad, podemos seguir la búsqueda de lo verdadero en diálogo con otros y otras, desde criterios éticos y humanos que se encuentran más allá de nuestras particularidades, en la vida misma.

Epistemologías nuevas

Cuando iniciamos la reflexión teológica y ética desde la vida misma, y no desde “las verdades de la tradición”, nos enfrentamos con muchos obstáculos inherentes a nuestra manera de conocer el mundo. Los marcos teóricos de nuestro conocimiento también se han hecho bajo parámetros universalistas y exclusivistas. Por eso, sobre todo teólogas ecofeministas han apuntado a la necesidad de desarrollar una epistemología nueva.

La teología ecofeminista, con teólogas como Rosemary Radford Ruether, Ana Primavesi, Ivone Gebara entre otras, se desarrolla desde el análisis que el dualismo jerárquico entre naturaleza y cultura, y entre cuerpo y espíritu de la cosmología moderna no sólo ha sido nefasta para la naturaleza, sino también ha fortalecido las discriminaciones de género, ya que las mujeres generalmente son más asociadas con la naturaleza y su cuerpo, y hombres con la cultura y el espíritu o la mente. Estas teólogas muestran los vínculos complejos entre la cosmovisión antropocéntrica –centrado en el ser humano– y androcéntrica –centrado en “el varón”–.

En su libro Intuiciones ecofeministas, la teóloga brasileña Ivone Gebara, indica que en las epistemologías tradicionales las mujeres y la ecología eran ausentes como elementos constitutivos del conocimiento explicitado:

Necesitamos construir poco a poco nuevos modos de conocer que se relacionan íntimamente con las nuevas cosmologías y cosmovisiones, y con las antropologías más unitarias. Necesitamos superar las divisiones dualistas y jerárquicas de nuestra forma de conocimiento y acentuar la conexión e interdependencia entre ellas16.

Para Gebara la cuestión epistemológica está directamente relacionada con la ética, con nuestra posición ante los otros seres vivos, y con nuestra afirmación como ser humano con relación a un mundo de valores. Nuestra epistemología se muestra esencialista, buscando una esencia constitutiva de cada cosa, respondiendo a una voluntad de una realidad superior a nosotras/os mismas/os. Consecutivamente, reposa en verdades eternas, que corresponden a las esencias; ¿se recuerdan del espíritu de Platón?

En el discurso diario dicha epistemología funciona con dualismos jerárquicos para dar significado a la realidad, reproduciendo la jerarquización de la propia sociedad en el ámbito del saber. Así conocemos la realidad polarizando entre naturaleza/cultura, cuerpo/espíritu, racional/sentimental, inteligente/estúpido, masculino/femenino, blanco/negro, centro/periferia, cielo/tierra, bien/mal. Juzgamos la realidad a través de estos conceptos, que muchas veces nos impiden ver la vida misma, que se muestra mucho menos blanco y negro, y mucho más diversa.

Gebara propone la búsqueda de una epistemología nueva, valorando el conocimiento como proceso más que como algo lineal, como contextual en vez de universal, como holístico en vez de fragmentado en dualismos. Pide una valoración especial de la afectividad y la inclusividad en el conocimiento, dando lugar a diferentes saberes17.

Boaventura de Sousa, que también abarca el tema de la epistemología en su libro O fórum social mundial, habla de una “ecología de saberes”, como la superación de la monocultura del conocimiento científico. Escribe que toda ignorancia es ignorante de un cierto conocimiento, y todo conocimiento es la superación de una ignorancia particular. Por eso tenemos que dar una igualdad de oportunidades a saberes de distintos contextos y culturas para encontrar los valores y prácticas que necesitamos para un mundo más justo, democrático y en armonía con la naturaleza18.

La idea de una “ecología de saberes” también se puede aplicar a las tradiciones religiosas. Todos sabemos algo de Dios desde nuestro contexto y tradición, pero no tenemos la última respuesta. Esa actitud nos hace más humildes acerca de nuestro conocimiento de Dios o del Misterio de Vida que nos sustenta, porque al final es muy poco lo que entendemos de esta vida de la que formamos parte.

Enfrentando temores y rabias

¿Cómo vivir una actitud abierta a la diferencia en lo concreto? En la práctica la deconstrucción de nuestros fundamentalismos internos es una tarea compleja, en que juegan un rol importante nuestros sentimientos. La sensación de pérdida de identidad, de marcos de referencias claros, de control, provoca ansiedad, la ansiedad provoca temor y el temor puede expresarse en rabia y generar violencia19. La primera tarea, entonces, en nuestra vida personal y en las comunidades y movimientos en que nos encontramos, es enfrentar nuestros temores y trabajar nuestras rabias.

Cuando nos encontramos con prácticas o creencias distintas que nos provocan rabia, podemos preguntarnos qué tememos. Asumiendo nuestros miedos, y hasta expresándoles, se abre el camino a un diálogo abierto, que puede tocar la integridad de nuestro ser. La rabia es más compleja, porque en ellas se mezclan nuestras sensibilidades personales, a veces creadas por experiencias en nuestra juventud, nuestras pasiones y convicciones más arraigadas. En la rabia es bueno distinguir entre aquella basada en temores, y aquella causada por injusticias. La última muchas veces tiene que ver con diferencias de poder en nuestras relaciones, y merece una transformación de estas relaciones. La primera necesita un trabajo personal, de autoafirmación y autoestima.

Es necesario entonces, encontrar maneras de enfrentar los conflictos, como inherentes a procesos de cambio. Conflictos que se trabajan de manera constructiva y pacífica pueden abrir horizontes inesperados. En la sociedad chilena, donde la evasión del conflicto es común, significa un aprendizaje el no sublimar los desacuerdos en acuerdos pocos democráticos, por amor a “la paz”.

Se necesitan trabajar métodos de negociación y consenso que pueden posibilitar posturas y acciones comunes sin perjudicar a la diversidad. Enfrentar los conflictos también requiere una postura de autocrítica y apertura a la crítica, porque en una sociedad tan jerarquizada representamos o tomamos posiciones de poder discriminatorio a veces sin estar conscientes.

No nos sirve idealizar la diversidad: existen propuestas, estrategias, convicciones que no son compatibles en un mismo espacio. En estos momentos la tentación de imponerse sobre otras personas es fuerte, sobre todo en quienes tienen poder. De nuevo nos podría ayudar a empezar con la vida misma: contarnos nuestras experiencias y sentimientos para entender mejor los vínculos entre lo personal y lo político, y tomarnos el tiempo para los procesos de consenso. Podemos aprender mucho de los pueblos originarios en eso, ya que, por mi propia experiencia sé que ellos no permiten la presión del tiempo en la búsqueda de acuerdos a nivel de comunidad.

Cambiar nuestros lenguajes

Recuperar la riqueza de la diversidad implica, por último, que tomemos en serio nuestro lenguaje. El lenguaje no sólo interpreta la realidad, sino también la crea. Nuestros lenguajes funcionan por los códigos de la cultura uniformante, y se nota. ¿Cuánto cuesta en procesos ecuménicos empezar a hablar de “las iglesias”? ¿Y en procesos de género encontrar lenguajes inclusivos sin enredarnos?, ¿O en procesos con los pueblos originarios comenzar a hablar de un Estado de Chile plurinacional en vez de “un sólo Chile”? ¿Y en procesos ecológicos hablar de los derechos de todos los seres en vez de los derechos humanos? Tenemos que revisar nuestro lenguaje en su amabilidad frente a lo distinto. Y además nos podemos abrir a lenguajes que algunos/as hemos olvidado, como el lenguaje de los gestos y del cuerpo.

El lenguaje religioso puede ser muy excluyente, y también puede ser una fuente de inclusión no discriminatoria. El versículo con que empecé este artículo ha sido una piedra de tropiezo para el diálogo interreligioso, pero también puede abrir posibilidades de hablar de las verdades que encontramos en el camino de la vida. Depende de nosotros.

Abriendo caminos de vida

En la búsqueda de valorar lo distinto existen propuestas que se autoexcluyen, y son justamente aquellas las que se cierran a la diversidad. En general, no son tantas como parece, porque muchas personas somos fundamentalistas más por costumbre que por convicción.

El criterio que al final determina si nuestra verdad puede formar parte del arcoíris de verdades en esta tierra es su contribución a una vida plena para todos los seres vivos, y a la salvación de la vida misma. Nada menos está en juego en nuestro momento histórico. Tenemos que visibilizar lo que los aimaras llaman “un buen vivir”, para que todos y todas puedan vivir. La tradición cristiana tiene mucho que aportar en este proceso, desde sus contextos diversos, y en ese aporte se juega su relevancia. Si caminamos siguiendo a Jesús, acompañando, protegiendo, y venerando esta “buena vida”, lo que es verdadero se revelará en nuestras vidas, y se regenerará como espíritu divino en todo lo que hacemos.

REFERENCIAS

De Sousa Santos, Boaventura. 2005. O Fórum social mundial: Manual de uso. Sâo Paulo: Editora Cortez.

Gebara, Ivone. 2000. Intuiciones ecofeministas, Ensayo para repensar el conocimiento y la religión. Madrid: Editorial Trotta.

Knitter, Paul F. 1980. “El cristianismo como religión absoluta. Perspectiva católica”. Concilium 156 (junio): 329-347.

McFague, Sallie. 1993. Life Abundant. Rethinking Theology and Economy for a Planet in Peril. Minneapolis: Fortress Press.

McFague, Sallie. 1993. The Body of God. An Ecological Theology. Minneapolis: Fortress Press.

Ress, Mary Judith. 2003. Without a vision, the people perish. Reflections on Latin American ecofeminist theology. Santiago de Chile: Sociedad Con-spirando.

Sacks, Jonathan. 2002. The Dignity of Difference: How to Avoid the Clash of Civilizations. London: Continuum.

Schillebeeckx, Edward. 1989. Mensen als verhaal van God. Baarn: Uitgeverij H. Nelissen.

1 Este artículo fue publicado como: Arianne van Andel, “Las verdades se definen en el camino de la vida” en Testimonio 236 (2009), 58-69.

2 Paul F. Knitter, “El cristianismo como religión absoluta. Perspectiva católica”. Concilium 156 (junio 1980): 329-347, también en: http://servicioskoinonia.org/relat/323.htm, accedida el 10/10/09.

3 Sallie McFague, Life abundant. Rethinking Theology and Economy for a Planet in Peril (Fortress Press: Minneapolis, 1993), 43, 77.

4 Edward Schillebeeckx, Mensen als verhaal van God (Baarn: Uitgeverij H. Nelissen, 1989), 181.

5 Jonathan Sacks, The Dignity of Difference: How to Avoid the Clash of Civilizations (London: Continuum, 2002).

6 Sacks, The Dignity of Difference, 19 y 48-52.

7 McFague, Life Abundant, 30, 36.

8 Mary Judith Ress, Without a vision, the people perish. Reflections on Latin American ecofeminist theology (Santiago de Chile: Sociedad Con-spirando, 2003), 58; Sallie McFague, The body of God. An ecological theology (Minneapolis: Fortress, 1993), 37-47.

9 McFague, The Body of God, 41-46.

10 Sacks, The Dignity of Difference, 10.

11 Sacks, The Dignity of Difference, 42, 45-50.

12 Schillebeeckx, Mensen als verhaal van God, 183.

13 Sacks, The Dignity of Difference, 50-52.

14 Sacks, The Dignity of Difference, 56.

15 McFague, Life Abundant, 102.

16 Ivone Gebara, Intuiciones ecofeministas, Ensayo para repensar el conocimiento y la religión (Madrid: Editorial Trotta, 2000), 42.

17 Ivone Gebara, Intuiciones ecofeministas, 35-89.

18 Boaventura de Sousa Santos, o Fórum social mundial: manual de uso (Sâo Paulo: Editora Cortez, 2005), 25-26.

19 Sacks, The Dignity of Difference, 2.

ENTRE LUCHA POLÍTICA Y RELACIONALIDAD COSMOLÓGICA:

LA CONTRIBUCIÓN DE IVONE GEBARA A LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN1
¿Cómo asumir la realidad cotidiana y la vida privada de las personas en el análisis sociopolítico de la teología de la liberación? ¿Y cómo hacerlo sin despolitizar la teología? Estas son las preguntas claves que me han acompañado como teóloga feminista durante mis estudios, que nuevamente me apelaron durante los cinco años que realicé trabajo de formación teológica en Chile y, en estos momentos, se me imponen nuevamente.

En septiembre de 2010 nos trasladamos a España, yo como holandesa con un corazón latinoamericano, mi marido Álvaro, nuestro hijo Teis, de casi 3 años, y nuestra hija Lena, que nació en junio de ese año. Mientras Álvaro realizaba el doctorado, yo me encargué un año al cuidado de nuestros “peques”, lejos de las redes sociales que tenía en Chile, una experiencia que significó un gran desafío: una vida que demandaba la responsabilidad de “madre a tiempo completo”. Como mujer especializada en teología feminista, para quien la valoración de la vida diaria es un tema importante, mi nueva realidad me hizo pensar mucho, pero entre pañales, dar pecho y abrazos, y medir fuerzas con mi hijo, apenas tenía tiempo para sentarme a escribir algunas de estas reflexiones.

Y justo, en esos momentos, me pidieron escribir un artículo para un libro en honor a la vida y el trabajo de Ivone Gebara. Ivone es una teóloga que describe la vida diaria de las mujeres de su barrio –preparar comida, limpiar, lavar, ordenar, cambiar pañales, llevar los niños y niñas al pediatra–, y la analiza política y teológicamente. Para las mujeres con quien ella convive, en un barrio popular de Recife, en el Noreste de Brasil, la vida muchas veces es más un sobrevivir, por la falta de satisfacer las necesidades básicas de subsistencia. Además, ellas no viven esa situación por opción, ni temporalmente, como era mi caso. Personas como Ivone son las únicas que hacen pública la vida de estas mujeres y les dan una cara.

Conocí a Ivone Gebara en un curso, que seguí con ella en el verano de 2002 en Buenos Aires sobre teología feminista ecológica. Me fascinaron sus agudos análisis sobre las relaciones en la sociedad y sus desafiantes pensamientos teológicos. Después estudié parte de su trabajo para la tesis final de mis estudios y usé sus ideas en mis cursos con grupos de mujeres y comunidades de base en Chile. Pero estos días, oficialmente sin trabajo, y simultáneamente inmersa totalmente en el trabajo, me sentí más que nunca reconocida por Gebara, por su atención a la obstinada realidad diaria y, por eso, querría escribir ese artículo de todo corazón, con material de otros tiempos en que me sentía menos ocupada por la vida concreta de cada día.

¿Logra Gebara vincular su análisis sociopolítico con la vida personal en su reflexión teológica? ¿Cómo se relaciona su trabajo, en este aspecto, con el paradigma de la teología de la liberación clásica, donde encontramos el origen de su propia teología?2 Esas eran algunas de las preguntas de mi tesis final de teología, que terminé en 2004. En este artículo reflejo una parte de esta investigación, que nunca ha sido traducida al castellano.

Primeramente, describo brevemente el cambio de paradigma más importante de la teología de la liberación: la opción por los pobres. Con esta opción los y las teólogos/as de la liberación tomaron en serio que toda la teología tiene implicaciones políticas y está determinada por posiciones sociales de sujetos. Luego observo cómo esta posición, de los primeros teólogos de la liberación, se relaciona con su imagen del ser humano. A continuación, describo cómo Gebara cambia el sujeto y la antropología de la primera generación de la teología de la liberación y saco algunas conclusiones en las que retomo la pregunta sobre la relación entre lo político y lo personal.

El nuevo sujeto de la teología de la liberación

La teología de la liberación se origina en los años 1960 y 1970 en Latinoamérica, continente marcado por una desigualdad que condenó a grandes masas a la pobreza, y por dictaduras despiadadas que defendieron los intereses de los ricos. Dentro de la Iglesia Católica surgió un movimiento de sacerdotes y religiosos/as que creían que la teología no puede ser neutra cuando hay represión y explotación de seres humanos. Ellos optaron por orientar su teología en beneficio de la liberación de estructuras opresoras, contrariamente a la teología occidental tradicional, que generalmente eligió el lado de los dominadores. El fino análisis político del trabajo de Ivone Gebara la caracteriza como alguien que está impregnada de los puntos de partida de la teología de la liberación. Esa teología la inspiró para entrar en una congregación religiosa y formó el cauce de su quehacer en los años 1970 y 1980, cuando dio clases en el Instituto Teológico de Recife bajo el liderazgo inspirador de Monseñor Helder Cámara3.

Lo más revolucionario de la teología de la liberación, en su primera época, era el desarrollo de un marco teórico nuevo para la teología, con una perspectiva diferente y un método distinto al de la teología occidental tradicional. La nueva perspectiva de la teología de la liberación fue su opción por los pobres. Esa opción significaba que los pobres fueron percibidos como el sujeto principal de la teología. Cuando los teólogos de la liberación hablaban de los pobres, no se referían a un grupo de personas pobres individuales que merecen nuestra compasión, sino a una clase del pueblo oprimido y hecho pobre, empobrecido. Manifestaban que la pobreza no es consecuencia de una carencia moral o un retraso en el desarrollo, sino de una estructura socioeconómica determinada, donde una clase explota la otra4. Cuestionan fuertemente el modelo desarrollista de los años 50’, usando la teoría de la dependencia, para explicar que el desarrollo de los países ricos es el resultado de un proceso histórico de explotación sistemática de los países “subdesarrollados”, generando tremendos desequilibrios sociales, tensiones políticas y empobrecimiento.

Según Gustavo Gutiérrez, uno de los teólogos de la liberación de la primera hora, la situación de desigualdad y violencia contra los pobres en Latinoamérica implica necesariamente una situación de conflicto, expresada en el concepto “lucha de clases”, que hace imposible que la teología tome una posición neutral5.

El concepto “los pobres” tiene en la primera teología de la liberación un significado socioeconómico, histórico y sociológico. Socioeconómicamente, los pobres componen dos tercios de la población mundial. Históricamente, la existencia de pobres puede atribuirse a causas históricas. Sociológicamente, los pobres forman un sujeto colectivo, conflictivo y ético6. Los teólogos de la liberación quieren devolver a los pobres su lugar en la historia. Aquellas y aquellos que no contaron como personas dignas y cuya voz no fue escuchada, ahora son reconocidas/os como sujetos de su lucha de liberación.

En general, estos teólogos no definen con precisión el concepto de “sujeto”. De cualquier modo, no manejan un concepto “idealista”, sino “materialista”, lo que significa que perciben el “ser sujeto” de las personas, sobre todo, como un producto de sus circunstancias históricas, y menos como un producto de su mente7. También hablan sobre “el nuevo sujeto histórico” de los pobres.

La opción por los pobres significaba, primeramente, que los teólogos de la liberación querían, desde su posición intelectual, ponerse al servicio de los movimientos sociales de resistencia, contra la injusticia de la pobreza y querían ayudar a dar forma a la Iglesia desde su medio8. Segundo, significaba que los teólogos de la liberación repensaron la teología desde la perspectiva de los pobres.

El hombre nuevo

En la lucha por la liberación de la pobreza y la injusticia se trataba, según Gutiérrez, en último lugar de la “creación de un hombre nuevo”. Eso nos lleva a la antropología de la teología de la liberación clásica. Gutiérrez describe al ser humano como una creación autónoma, que colabora en el proceso de la creación, sobre todo por su trabajo. “El ser humano es el resumen y el centro de la creación, y es llamado a conseguirlo por medio del trabajo (comp. Gn 1,28)”9.

La forma de pensar de los primeros teólogos de la liberación está influenciada por la corriente teológica europea que parte del mundo moderno, autónomo y emancipado posrevolución francesa y rusa. Confirman la emancipación creciente de las personas, pero evalúan su significado en el contexto específico de sufrimiento y opresión de Latinoamérica. En la primera literatura de la teología de la liberación se encuentra además una idea de progreso muy fuerte, que es característico del espíritu de los años 1960 y 1970.

Los teólogos de la liberación ven –sobre todo por el progreso de la ciencia y la tecnología– que los seres humanos consiguen éxitos, cada vez más grandes en la historia y toman su destino en sus propias manos. Creen que esta tendencia ofrece posibilidades para creer en un nuevo ser humano, en una sociedad mejor. Según Gutiérrez las personas obedecen cada vez menos a los poderes dominantes y empiezan a pensar políticamente y a participar en procesos para cambiar las estructuras sociales10.

Gutiérrez conceptualiza esta “gestación” de ser sujeto en la perspectiva de la autorrealización y liberación continua del ser humano en todas sus dimensiones: “La conquista paulatina de una libertad real y creadora lleva a una revolución cultural permanente, a la construcción de un hombre nuevo, hacia una sociedad cualitativamente diferente”11.

Ivone Gebara se comprometió en cuerpo y alma con el desarrollo de la teología de la liberación y, como muchos otros religiosos y religiosas, fue a vivir en un barrio popular para compartir en la práctica la vida con gente empobrecida. Sin embargo, justamente por convivir con mujeres en los barrios populares de Brasil y por la lectura de textos feministas, ella sintió que era necesario ir más allá de lo que fue la primera generación de teólogos de la liberación en el cuestionamiento de puntos cruciales de la teología occidental tradicional. ¿Cómo se relaciona el trabajo de Ivone con el sujeto nuevo de la teología de la liberación original?12 ¿Y qué cambios propone en la antropología de los primeros teólogos de la liberación?

De “los pobres” a “mujeres pobres en el noreste de Brasil”

Aunque Gebara se adhiere a “la opción por los pobres” en base a su experiencia como religiosa, su acercamiento al pensamiento emergente de la teología feminista y su compañerismo con mujeres en su barrio abogan por especificar el concepto “los pobres”. En medio del grupo de los económicamente pobres opta en primer lugar por las mujeres pobres. Indica que a las mujeres dentro de la clase de “pobres” les toca una doble opresión. Son discriminadas por razones de clase, pero también en base a su género. Una opción por los pobres, en base a la diferencia de clase, no visibiliza esta distinción y según Ivone, por eso, tiene sus límites13.

A este respecto Gebara comparte la crítica que muchas teólogas feministas iban expresando frente al sujeto de los primeros teólogos de la liberación: la categoría “los pobres”, es demasiado homogénea y generaliza. Con el concepto “los pobres” sólo se define la opresión de personas en términos socioeconómicos, mientras otros factores que causan exclusión y opresión, como sexo, color de piel, etnicidad, opción sexual y edad no se hacen explícitos. Aunque algunos teólogos de la liberación rápidamente incluyeron estas formas de opresión en su análisis, al inicio la mayoría de ellos sigue describiendo la distinción de clase como la infraestructura principal de dónde se originan otras formas de opresión14.

Gebara se concentra sobre todo en la feminización de la pobreza: a menudo mujeres son las más pobres entre los pobres y sufren más las consecuencias de la explotación económica. Además, señala el hecho que mujeres pobres también sufren más el deterioro de su ambiente natural, porque son ellas las que generalmente se hacen cargo de la continuación de la vida material. En el trabajo en casa y en el cuidado de los niños son ellas las que se dan cuenta de que el agua, el aire, los alimentos y la tierra están contaminados15.

En su ensayo Dame de beber, por ejemplo, nos describe como las mujeres y los niños de su barrio sufren la falta de agua, mientras esperan en vano un camión aljibe de la municipalidad después de un período largo de sequía; en sus conversaciones se debaten entre la esperanza y la desesperanza16. Gebara se fija en situaciones tan cotidianas como esas y destaca su significado teológico, no sólo por las convicciones religiosas que las mujeres expresan entrelíneas, muchas veces basadas en una teología tradicional, sino porque en estas mujeres la vida misma está siendo crucificada y lucha por sentido, reconocimiento y dignidad.

A través de esta realidad vivida, Gebara se fascina cada vez más por mujeres que vinculan el feminismo con un nuevo pensamiento ecológico. No es su amor por la belleza de la naturaleza que la lleva a una posición ecofeminista, sino la falta de aquella para tantas personas marginadas en el mundo. En su libro Intuiciones ecofeministas, se describe a sí misma como una ecofeminista independiente, con una postura política crítica en la lucha antirracista, antisexista y antielitista17.

La diferenciación, dentro del concepto de los pobres, significa un cambio importante en la comprensión del sujeto en la teología de la liberación de las nuevas generaciones. Primero, la atención por el sexo, el color de piel y la etnicidad reconoce que dentro de grupos empobrecidos existen diferentes posiciones subjetivas. Segundo, esta diferenciación muestra que la pobreza no sólo es una consecuencia de desarrollos históricos o económicos, como demostró muy acertadamente la teología de la liberación, sino que también es un resultado de una discriminación con base en características corporales de las personas. Personas de otro sexo, color de piel o grupo étnico son empobrecidas con base en estas características. Además, estas cualidades, determinadas biológicamente, son usadas por medio de construcciones ideológicas para justificar situaciones de pobreza y opresión. Eso revela que la pobreza se atribuye a un conjunto de causas más complejas que la estructura injusta de un sistema económico dominante. La marginalización de personas con base en las características “naturales” también está enraizada en nuestro pensar cultural y psico-simbólico.

La lucha contra ideologías que fundamentan la marginalización en hechos biológicos es diferente que la lucha contra sistemas económicos. Quizás por eso, los teólogos de la liberación no siempre reaccionaron positivamente ante la atención dada, en la teología, a la opresión de las mujeres, ya que la ideología patriarcal formaba parte de su propio pensamiento. Habían internalizado los rasgos sexistas de la sociedad de tal manera que no consideraban el rol impuesto a las mujeres en la sociedad como un problema fundamental. Eso quedó al descubierto, sobre todo, cuando describían a las mujeres como oprimidas, pero no las reconocieron como sujetos de la teología18.

Creo que la capacidad que las personas tienen de solidarizarse con un grupo marginado se determina no sólo por su contexto histórico, sino también por la empatía que puedan sentir con ese grupo. Los primeros teólogos de la liberación se podían identificar bien con la lucha de los pobres, porque se podían imaginar la situación económica de la pobreza. Cuando la marginación está basada en características “naturales”, la identificación es más difícil. En la consideración de los factores de género, color de piel y etnicidad, las teólogas feministas revelan la complejidad de “la opción por el otro o la otra”. Siempre existe el riesgo de apropiación de las luchas de las personas con las que nos solidarizamos. Sin embargo, eso no implica que tengamos que dejar de solidarizarnos, sino que es imprescindible problematizar explícitamente nuestra propia posición.

La opción de Gebara por “mujeres pobres” puede verse como una opción de afinidad y solidaridad. Ella da contenido a esta solidaridad destacando el problema de la opresión de las mujeres como centro en su reflexión teológica, intentando a la vez de fortalecer la autonomía de las mujeres a través del diálogo con ellas. A la vez, reconoce que en el fondo los sujetos más importantes de su teología son las mujeres que iniciaron la búsqueda de otra perspectiva (eco) feminista en la teología: “Las primeras destinatarias de la teología feminista somos nosotras mismas, las que buscamos hacerla y compartirla, todas las compañeras que buscan entrar en esta perspectiva”19.

Una antropología y epistemología nueva

Al lado del cambio de la “opción por los pobres” Gebara formula preguntas radicales frente a la antropología de la teología de la liberación clásica. La primera generación de teólogos de la liberación tenía grandes expectativas de la concientización de “los pobres” y de la autorrealización del ser humano. Percibieron cómo las personas tomaron conciencia de las estructuras injustas en los movimientos sociales de Latinoamérica y empezaron a resistirse frente a ellas. Colocaron este acontecimiento dentro de un marco de una humanidad nueva que se estaba liberando. Esta antropología se caracterizó por una fuerte idea de progreso y un cierto determinismo. No reconocieron que “la concientización de estructuras opresoras” pone el acento en las capacidades racionales de las personas, y con eso queda limitada.

El trabajo de Gebara nos presenta otra antropología Ella toma distancia de la creencia en este tipo de progreso y la idea que la historia es “realizable”. Subraya que la razón es menos importante en los procesos de cambio de lo que sugirieron los primeros teólogos de la liberación. Está convencida de que los seres humanos nos dejamos guiar mucho más por las relaciones y lealtades con otras personas que por nuestra mente racional. También es necesario, según ella, que las personas sientan una cierta insatisfacción o indignación frente a su situación existente antes de ponerse en movimiento. Este lado intuitivo se subestima en proyectos que aspiran a una concientización racional20.

Gebara da mucha atención a la dimensión afectiva e intuitiva de las personas, aunque sin negar la importancia del pensamiento racional. Aboga justamente por devolver el derecho a pensar a las mujeres pobres. Nota como las personas pobres muchas veces son manipuladas en sus emociones, mientras no tengan la posibilidad de reflexionar sobre su situación. Sin embargo, para poder reflexionar, se necesita tomar en cuenta la totalidad del ser humano, con su cuerpo, sus emociones y su capacidad de pensar. Gebara propone una manera nueva de reflexionar sobre el “conocimiento”: una epistemología que asume la experiencia concreta histórica y corporal como fuente principal y más importante del conocimiento de la realidad. Así los cuerpos maltratados de las mujeres pobres pueden llegar a ser punto de partida de la reflexión teológica.

Según Gebara, la epistemología occidental dominante es patriarcal, y excluye a grandes grupos de personas a consecuencia de su carácter androcéntrico, universalista y jerárquico. Se basa generalmente en la experiencia de hombres blancos y occidentales, presentándose como “conocimiento universal”. Es jerárquica porque da más importancia al conocimiento intelectual que a otras formas de conocimiento. El conocimiento racional de las ciencias o de la política, que está generado sobre todo por varones, está nombrado como “conocimiento verdadero”, mientras el conocimiento obtenido en la vida diaria es degradado como “sólo conocimiento desde la experiencia”.

El conocimiento androcéntrico lleva a negar gran parte de la realidad. En las ciencias sociales vemos una atención desproporcionada por los varones que “hicieron la historia”. En los reportajes de guerra transmitidos en los medios se informa sobre todo sobre los soldados muertos, mucho menos sobre las mujeres o niños y niñas afectados o sobre la naturaleza contaminada. Según Gebara, también las primeras teologías que partieron desde la realidad social mantuvieron un carácter patriarcal, jerárquico y universalista, porque no tomaron suficiente distancia de la epistemología tradicional

La pregunta fundamental de una epistemología ecofeminista es: ¿a qué experiencia se refiere una cierta afirmación sobre la realidad? De este modo, conocer no es un proceso lineal, sino circular, donde se siguen añadiendo experiencias que pueden modificar el conocimiento que se tenía en el punto de partida. Una epistemología ecofeminista quiere ser incluyente y holística. Sus fuentes incluyen las emociones y la afectividad, reconociendo que la razón no tiene autonomía absoluta en el cuerpo que somos, y no puede ser aislada totalmente de otras dimensiones de nuestro ser. Reconoce la diversidad de experiencias y sus expresiones, sin poner límites absolutos sobre nuestra manera de conocer, y de esa forma muestra la relatividad de todas nuestras verdades, incluyendo las verdades teológicas21.

Ser persona en interdependencia recíproca

La suposición fundamental de una epistemología holística, según Gebara, es que la experiencia más profunda que compartimos es una vivencia de interdependencia recíproca entre todos los elementos del cosmos. Como seres humanos no sólo formamos parte de un todo, sino que el todo también es parte de nosotros. Estas afirmaciones son inspiradas por descubrimientos nuevos en las ciencias naturales, que revelan la interdependencia compleja entre todas las formas de vida. Muestran que la evolución, iniciada con un “Big Bang” (gran explosión), se mueve irreversiblemente desde una singularidad de energía infinitamente densa hacia una diversificación cada vez mayor, en un proceso simultaneo de coincidencias y leyes físicas. En este proceso somos todos y todas finalmente parte de la misma fuente, y a pesar de la diferenciación se mantiene nuestra interdependencia y afinidad original22.

Gebara cuestiona en base a esta visión el concepto de “persona” de nuestra sociedad, que también estaba a la base de la teología de la liberación, en la que se ponía un acento unilateral en la autonomía y la libertad del individuo. Reconoce que ese énfasis tenía una función valiosa en el siglo 19 para liberar a las personas de estructuras históricas determinantes, pero cree que ahora el balance se ha perdido. La interpretación del concepto de la persona en base de “autonomía” y “libertad” ha causado que los seres humanos que no tienen autonomía o libertad en las estructuras sociopolíticas dominantes ya no son considerados “personas”. “La libertad del individuo” llevó al “individualismo”, donde el derecho a la autodeterminación se degeneró hacia un derecho para intervenir en la vida de otras personas. La pregunta, según Gebara, es, sobre todo: ¿quién define la autonomía de los seres humanos?23.

La perspectiva ecofeminista releva la dimensión colectiva de las personas, que no consiste en su autonomía, sino en su relacionalidad. Esta relacionalidad no es sólo antropológica, sino también cósmica, porque está basada en el hecho de que todos formamos parte del mismo misterio de la vida. Con la palabra “relacionalidad” Gebara se refiere a las fuerzas vitales que determinan nuestra mutua conexión y con la tierra. La describe como una condición fundamentalmente humana y cósmica, como una fuerza que nos vincula con la tierra, como una realidad que nos impulse hacia la acción ética, y como una experiencia religiosa.

Esta relacionalidad se encuentra en un nivel más profundo que nuestra conciencia. Dentro de este marco, critica el vínculo entre racionalidad y libertad de la filosofía. La concientización racional no lleva automáticamente a la libertad. De esta forma, hace una observación sobre el acento de la teología de la liberación, en la concientización como herramienta para el cambio social. Según Gebara, esa perspectiva se concentró demasiado en las capacidades individuales y racionales de la gente y por eso fue sólo accesible para seres humanos que se podían apropiar de esta forma de racionalidad. Con eso subestimó además la complejidad de los seres humanos y sus relaciones24: “Somos más complejos que nuestra conciencia, más imprevisibles que nuestros planes, menos fiables que nuestras decisiones y más fuertemente influenciados por nuestros miedos y pereza de lo que nos damos cuenta”25.

Partir desde la relacionalidad como elemento constitutivo de nuestro ser-persona significa acabar con el dualismo entre nuestra racionalidad mental y nuestras capacidades más afectivas; intuiciones, sentimientos, atracciones y presentimientos, todo forma parte de nuestra “racionalidad amplia”. Todos estos diferentes aspectos de la racionalidad se apoyan, según Gebara, en nuestra relacionalidad. Consecuentemente, también se opone a los marcos de pensamiento patriarcal que dividen nuestra racionalidad en partes, donde la dimensión mental, intelectual, logística sería sobre todo masculina, mientras la parte emocional sería más femenina26.

La relacionalidad y la interdependencia entre las personas y entre ellas y la tierra deben ser reconocidas como variables importantes en el surgimiento de acciones éticas. Gebara cree que por medio del aprendizaje experiencial de nuestra interdependencia podemos redescubrir la relacionalidad de toda la vida, fortaleciendo una actitud ética de respeto hacia otras personas y hacia el gran cuerpo del cosmos. Esta experiencia podría ser un impulso hacia el cambio social, empezando con la formación de nuevas comunidades, donde la felicidad y la justicia son el derecho de toda la gente.

Conclusiones

Los primeros teólogos de la liberación mostraron que la teología siempre tiene implicaciones políticas, debido a la posición que los y las teólogos/as toman en la sociedad. Apoyan con su teología a las clases dominantes y sus ideologías, u optan por las personas que sufren las consecuencias de estos sistemas. La teología de la liberación se dio a conocer por su “opción por los pobres”; una opción basada en el evangelio y en la fe. Propugnó la necesidad de un análisis sociopolítico previo a la reflexión teológica, en reacción a la teología tradicional que sólo tenía ojos para las personas individuales y la salvación de sus almas, reforzando y legitimando así las estructuras sociales existentes.

Sin embargo, la opción por los pobres como “una sola clase popular” fue la causa de que esta primera generación de teólogos de la liberación no visibilizara parte de la realidad. Ivone Gebara, junto con otras teólogas feministas, puso la atención en el hecho de que la opción por los pobres, en realidad, significaba una opción por los varones pobres, quienes reclamaron sus derechos por medio de movimientos sociales, sindicatos y partidos políticos. La opresión de mujeres pobres se encubrió en esta teología.

Esta limitación de la generación inicial de la teología de la liberación es, según Gebara, una consecuencia de la separación del terreno político y público del terreno personal, llamado privado. Esta separación fue una reacción entendible a una teología tradicional demasiado individualizante, pero mostró límites en sus capacidades de “liberar de toda opresión”27. Gebara revela que en la vida de las mujeres pobres la distinción entre lo público y lo privado es insostenible en el análisis político y en la teología. Temas como la división de trabajo, la economía informal, la violencia intrafamiliar y la ética sexual no entraron en la primera teología de la liberación. Gebara señala que, justamente en la vida diaria de las mujeres, los temas políticos son temas privados, y los asuntos privados obtienen peso político. Además, su enfoque en la ecología hace que transcienda la división entre lo público y lo privado. Muestra como la situación de emergencia ecológica mundial, un tema público y político, se hace tangible en la vida diaria “privada” de las mujeres en su barrio. Estas afirmaciones no son nuevas, y muchas de ellas son inspiradas en el trabajo de colegas feministas y ecologistas, pero Gebara asuma, de manera pionera, sus consecuencias en el desarrollo de una teología de la liberación actualizada.

La opresión de las mujeres no puede ser combatida sólo mediante análisis políticos, sino que pide un cambio más profundo en nuestro pensar cultural y psicológico-simbólico. Gebara aboga por una antropología nueva, donde la separación entre cuerpo, espíritu, y razón es reemplazada por una imagen más integral del ser humano. Esta nueva antropología pide otra epistemología, donde nuestras experiencias concretas diarias llegan a ser punto de partida de la reflexión social y teológica. Sólo de esta forma es posible que caiga luz sobre las mujeres en un barrio pobre en Brasil; ellas que diariamente se esfuerzan por el cuidado de la vida en todas sus dimensiones.

Para mí, ese es el gran mérito de la obra de Gebara: ella visibiliza las mujeres marginalizadas en su realidad de dolor y alegría, de injusticia y resistencias pequeñas. Habla en nombre de sí misma, no quiere hablar por otras, pero igualmente representa las voces y preguntas de mucha gente. No es por acaso que en estos días me siento tan conectada con sus reflexiones poéticas, donde hay tanto espacio para la vida “aparentemente insignificante” y su valor teológico28.

Con su epistemología ecofeminista Gebara da nuevos referentes y rompe algunos tabúes que en la teología de la liberación de la primera generación quedaron intocados. Relativiza la autoridad de la Biblia y de los dogmas, y dirige la atención hacia las expresiones corporales, emocionales y racionales de nuestra búsqueda de sentido del misterio de la vida de la que formamos partes. La misma Gebara nos acompaña en esta búsqueda en todas sus reflexiones teológicas, porque cada una de ellas refleja su pasión por la sanación de la gente, de la tierra y de la vida.

Como conclusión vuelvo a la pregunta inicial: ¿Logra Gebara, en su reflexión teológica, vincular su análisis sociopolítico con la vida personal? Sí, porque siempre interpreta la vida diaria y personal desde un marco de estructuras sociales y políticas amplias y a la vez vincula sus reflexiones políticas con la vida diaria. Este logro marca su singularidad como teóloga ecofeminista. El ecofeminismo es criticado, muchas veces, por su tendencia a la despolitización, sobre todo por parte de otras feministas

y por teólogos y teólogas de la liberación. En este artículo no fue posible abordar toda esta discusión, pero se puede concluir que Gebara logra ser teóloga ecofeminista sin perder una postura política crítica29.

A pesar de eso, su teología también tiene ambigüedades y preguntas que quedan abiertas, y ella probablemente será la primera en admitir eso. Acá quiero hacer dos grupos de preguntas, que me surgen acerca de su antropología, como invitación para seguir reflexionando.

Según Gebara, las personas se sienten impulsadas hacia la transformación por el sentimiento de que “algo no está bien”, por un malestar más que por la concientización, ¿pero no es que muchos de nuestros sentimientos y emociones siguen a nuestros pensamientos internalizados? ¿Cómo ve Gebara esta dialéctica entre pensar y sentir? ¿Dónde se inicia el impulso hacia el cambio, hacia la transformación? En mi situación nueva como “madre tiempo completo” esta pregunta me intriga.

Yo tiendo a valorar la tarea diaria, de cuidar a dos pequeños, menos que el escribir de este artículo. ¿Esta valoración está basada en un cierto malestar emocional, o es más bien resultado de pensamientos internalizados desde una epistemología patriarcal? ¿Ayuda a cuestionar mis pensamientos que desvalorizan la vida diaria, o es mejor tomar en serio mis emociones para poder luchar por más tiempo para escribir artículos? ¿Probablemente algo de los dos?

O sea: ¿Son nuestros sentimientos y experiencias más confiables que nuestro pensar? ¿Existen “experiencias auténticas pre-racionales” fuera de la interpretación racional que les damos que ya está influenciada por el pensar dominante? Gebara a veces sugiere que sí, pero yo tengo mis dudas. Y si no existen experiencias o emociones puras para impulsar nuestros cambios, la concientización política vuelve a ser un eje fundamental en procesos de transformación, aunque quizás primeramente en la forma de una concientización desde nosotras mismas y desde nuestros cuerpos.

Otra pregunta abierta trata del tema de la relacionalidad cósmica sobre la cual Gebara escribe con mucha esperanza. ¿Es esa verdaderamente una experiencia que nos puede llevar a un actuar ético? ¿Cómo esta relacionalidad se hace sentir en nuestra realidad concreta? ¿Es tan fácil vincular el nivel de la evolución biológica con el nivel de la historia humana? ¿Cómo podemos seguir tematizando las relaciones de poder injustas y las diferencias conflictivas dentro de esta relacionalidad cósmica? Gebara deja abiertas estas preguntas, y por eso sus reflexiones sobre una nueva cosmología y nuestra relacionalidad e interdependencia recíproca como humanidad a veces tienden a sonar idealista, perdiendo algo de la agudeza política que generalmente caracteriza su obra como un tesoro de teología de la liberación renovada.

La relación entre el análisis sociopolítico y la vida personal permanece en tensión y compleja. La pregunta por el puente entre estas dos dimensiones me va a seguir ocupando como teóloga. Sin embargo, tanto la importancia de un análisis político agudo como la atención sincera por la situación personal de tantas mujeres empobrecidas, las aprendí en Latinoamérica, especialmente de Ivone Gebara.

REFERENCIAS

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Gebara, Ivone. 1999. Longing for running water. Ecofeminism and liberation, Minneapolis: Fortress Press.

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McFague, Sallie. 1993. The body of God. An ecological theology. Minneapolis: Fortress Press.

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Van Andel, Arianne. 2004. Tussen politieke strijd en kosmologische verbondenheid. Een kritische evaluatie van de ecologisch feministische theologie van Sallie McFague en Ivone Gebara in het licht van de bevrijdingstheologie. Doctoraalscriptie. Faculteit der Godgeleerdheid. Vrije Universiteit Amsterdam.

Van der Post, Marc. 2010. Schijnbaar onbeduidend, De verrassende kanten van het dagelijks leven in een arme volkswijk van Buenos Aires. Nijmegen: Valkhof Pers.

Vuola, Elina. 2002. Limits of liberation. Feminist theology and the ethics of poverty and reproduction. London: Sheffield.

1 En este artículo comparto varias de las reflexiones de mi tesis de maestría, que fue escrita en holandés. El artículo en su versión original fue publicado en la revista Madrágora, que dedicó su número 20 del año 2014 a Ivone Gebara en honor a su trabajo teológico. En mi tesis hice una evaluación crítica de la teología ecológica feminista de Sallie McFague y Ivone Gebara a la luz de la teología de la liberación.

2 Cuando uso en este artículo los términos “la teología de la liberación” o “los teólogos/as de la liberación”, refiero a la teología de la liberación “clásica”, con sus primeros representantes, que surgió al final de los años 1960 y duró hasta los años 1980. Después, muchos teólogos de esta primera etapa también reevaluaron su teología en base a una tendencia cada vez más conservadora del Vaticano, por un lado; y preguntas críticas desde la teología feminista, ecológica, indígena y otras, por otro lado.

3 Ivone Gebara, La sed de sentido, Búsquedas ecofeministas en prosa poética (Montevideo: Doble Clic, 2002), 38-39.

4 Leonardo Boff y Clodovis M. Boff, Wat is theologie van de bevrijding? (Averbode, Apeldoorn: Altiora, 1986), 34-35.

5 Gustavo Gutiérrez, Teología de la liberación. Perspectivas. Salamanca: Sígueme, 1974.

6 Elina Vuola, Limits of liberation. Feminist theology and the ethics of poverty and reproduction (London: Sheffield, 2002), 67.

7 La noción del “sujeto materialista” viene de la filosofía dialéctica de Marx y se contrasta de la noción del “sujeto idealista” de la filosofía dialéctica de Hegel. Hans Joaquim Störig, Geschiedenis van de filosofie 2 (Stuttgart: Kohlhammer, 1994), 149-151.

8 L. Boff y C. M. Boff, Wat is theologie van de bevrijding?, 70-71.

9 Gustavo Gutiérrez. Teología de la liberación. Perspectivas. (Sígueme: Salamanca, 1974), 64, 189-191.

10 Gutiérrez, Teología de la liberación, 43-44, 52-62.

11 Gutiérrez, Teología de la liberación, 68.

12 En mi investigación me basé sobre todo en las siguientes obras de Ivone Gebara: Longing for Running Water. Ecofeminism and liberation. (Minneapolis: Fortress Press, 1999), y partes de este libro, publicado en español bajo el título Intuiciones ecofeministas. Ensayo para repensar el conocimiento y la religión (Madrid: Editorial Trotta, 2000). También leí unos de sus artículos en la revista Con-spirando. Finalmente usé un informe publicado de un Seminario Teológico que Gebara dio en Chile en 1993, y usé los apuntes que hice durante el curso que yo misma seguí con ella en Buenos Aires in 2002.

13 Ivone Gebara, Longing for Running Water. Ecofeminism and liberation. (Minneapolis: Fortress Press, 1999), 9,16; Intuiciones ecofeministas. Ensayo para repensar el conocimiento y la religión (Madrid: Editorial Trotta, 2000), 142-143.

14 Por ejemplo: Boff y Boff, Wat is theologie van de bevrijding?, 37-39.

15 Gebara, Longing for Running Water, 1-4.

16 Gebara, La sed de sentido, 43-48.

17 Gebara, Intuiciones ecofeministas, 24-25.

18 Vuola, Limits of liberation, 134-135, 146-147.

19 Ivone Gebara. “III Semana Teológica: Construyendo nuestras teologías feministas”. Tópicos 90. Aportes para una teología feminista, vol. 6, núm. 3, 71-124, 1993, 89.

20 Gebara, Intuiciones ecofeministas, 35-89; Parte de la información de este subcapítulo viene de anotaciones personales de reflexiones en el Seminario en Buenos Aires.

21 Ivone Gebara trabaja más aspectos de la epistemología patriarcal dominante, que se manifiestan específicamente en la teología, incluyendo la teología de la liberación, como son el esencialismo, el monoteismo centralisado y el acento en las verdades eternas. En el marco de este artículo no me puedo extender más sobre estos aspectos.

22 Mary Judith Ress. Without a vision, the people perish. Reflections on Latin American ecofeminist theology. (Santiago de Chile: Sociedad Con-spirando, 2003), 58; Sallie McFague. The body of God. An ecological theology. (Minneapolis: Fortress, 1993), 37-47.

23 Gebara, Longing for running water, 71-76.

24 Gebara, Longing for running water, 83-92.

25 Gebara, Longing for running water, 87: Traducido por autora desde una traducción inglesa: “We are more complex than our consciousness, more unpredictable than our plans, more unreliable than our decisions, and more heavily influenced by our fears and laziness than we realize”.

26 Gebara, Longing for running water, 88.

27 De ahí el título del libro de Elina Vuola sobre este mismo tema: Limits of liberation. Feminist theology and the ethics of poverty and reproduction (2002).

28 Señalo indirectamente a un libro holandés con el título “Schijnbaar onbeduidend, De verrassende kanten van het dagelijks leven in een arme volkswijk van Buenos Aires” (Nijmegen: Valkhofpers, 2010) (Aparentemente insignificante. Los lados sorpresivos de la vida diaria en un barrio popular pobre en Buenos Aires), escrito por Marc van der Post, quien saca a la luz las vidas diarias de las personas en su barrio y reflexiona teológicamente sobre ellas.

29 Para profundizar en este tema, se puede consultar: Arianne van Andel, Tussen politieke strijd en kosmologische verbondenheid. Een kritische evaluatie van de ecologisch feministische theologie van Sallie McFague en Ivone Gebara in het licht van de bevrijdingstheologie, doctoraalscriptie, Faculteit der Godgeleerdheid, Vrije Universiteit Amsterdam, 2004 (Entre la lucha política y la unidad cosmológica. Una evaluación crítica de la teología feminista ecológico de Sallie McFague y Ivone Gebara, a la luz de la teología de la liberación, Tesis de Maestría, Facultad de Teología, Universidad VU de Amsterdam, 2004).

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