Kitabı oku: «La competitividad de la región centro del estado de Guanajuato y valoración de su capital territorial»

Yazı tipi:



A través de nuestras publicaciones se ofrece un canal de difusión para las investigaciones que se elaboran al interior de las universidades e ­instituciones de educación superior del país, partiendo de la convicción de que dicho quehacer intelectual se completa cuando se comparten sus resultados con la colectividad, al contribuir a que haya un intercambio de ideas que ayude a construir una sociedad madura, mediante una discusión informada.

Con la colección Pública social se busca dar visibilidad a trabajos elaborados en torno a las problemáticas sociales para ponerlos en la palestra de la discusión.

Otros títulos de la colección

Diálogos sobre la paz. Interdisciplina y estudios de paz en un mundo globalizado

Laura Gemma Flores (coord.)

El malestar social en la transmodernidad. Estructura y acción social en la sociedad de la incertidumbre

Mauricio Guzmán Bracho

Reconceptualizar la seguridad y la paz. Una antología de estudios sobre género, seguridad, paz, agua, alimentos, cambio climático y alternativas

Úrsula Oswald Spring

¿Cómo comprender lo social para colaborar en su cambio?

Roberto Diego Quintana

Definición y redefinición de la Ciencia Política Contemporánea

Francisco Javier Jiménez Ruiz y Héctor Zamitiz Gamboa (coords.)

Un balance de gestión gubernamental. Enrique Peña Nieto (2012-2018)

Héctor Zamitiz Gamboa (coord.)

Reinterpretaciones contemporáneas

Guillermo E. Estrada Adán y Pedro Salazar Ugarte (coords.)



Libro que es resultado del proyecto de investigación PAPIIT IN307917: “Análisis y valoración cualitativa de los componentes económicos, sociales, culturales y político-institucionales del capital territorial de la Región Centro del Estado de Guanajuato, diseño de estrategias que promuevan el desarrollo territorial” bajo los auspicios de la Dirección General de Asuntos del Personal de la :UNAM.

Obra que fue dictaminada por pares académicos y reconoce la adscripción institucional de los participantes donde se llevó a cabo la investigación.

Los derechos exclusivos de la edición quedan reservados para todos los países de habla hispana. Prohibida la reproducción parcial o total, por cualquier medio conocido o por conocerse, sin el consentimiento por escrito de su legítimo titular de derechos.

Primera edición: octubre 2021

De la presente edición:

D. R. © Susana Suárez Paniagua

D. R. © Arlene Iskra García Vázquez

D. R. © Verónica del Rocío Zúñiga Arrieta

D. R. © 2021 Bonilla Distribución y Edición, S.A. de C.V.

Hermenegildo Galeana #111Barrio del Niño Jesús, Tlalpan, 14080, Ciudad de México

editorial@bonillaartigaseditores.com.mx

www.bonillaartigaseditores.com

ISBN: 978-607-8781-43-0 (Bonilla Artigas Editores)

ISBN ePub: 978-607-8781-76-8

Coordinación editorial: Bonilla Artigas Editores

Cuidado de la edición: Jorge Sánchez Casas

Diseño editorial y de portada: d.c.g. Jocelyn G. Medina

Realización ePub: javierelo

Hecho en México

Nota de la edición ePub: A lo largo del libro hay hipervínculos que nos llevan directamente a páginas web. Aquellos que al cierre de esta edición seguían en funcionamiento están resaltadas y con el hipervínculo funcionando. Cuando no se puede acceder a ellas desde el vínculo, por no estar ya en línea, se deja con su dirección completa: <http://www.abc.def>.

Contenido

Introducción

Globalización y competitividad de los territorios

Desarrollo, competitividad y capital territorial

Región centro del estado de Guanajuato y desafíos para su competitividad

Capital territorial y competitividad económica

Capital territorial y competitividad social

Capital cultural y competitividad territorial

Capital territorial y competitividad medioambiental

Capital territorial y competitividad político-institucional

Epílogo

Estrategias para el aprovechamiento del capital territorial e impulso a la competitividad

Referencias bibliográficas

Sobre las coordinadoras

Introducción

Nos encontramos en una época en la que se ha desplegado una economía capitalista de alcance global, con un intenso flujo de capital financiero, productivo, liberalización de los mercados, movilidad de bienes, personas, información, procesos que están generando nuevas formas de vida, en las que tenemos alcance a bienes que proceden de diferentes partes del mundo, así como acceso a información y comunicación de todas partes del mundo, y establecemos comunicación con otros, especialmente de manera virtual y en tiempo real, todo ello ha hecho posible que vivamos en un mundo interconectado, en el que compartimos ideas, pensamientos y formas de ver el mundo e incluso problemas de escala planetaria, como actualmente ocurre con la pandemia del coronavirus.

Este nuevo rostro que tienen las sociedades de todo el mundo, se expresa en distintas formas de organización social y espacial, en las que pareciera que el espacio no importa, porque casi han desaparecido las fronteras para la movilidad de bienes, información, capital, etc.; pero, en realidad, nos encontramos que sucede lo contrario que, el espacio cobra gran importancia en esta dinámica económica, social, cultural e incluso política que ha impulsado el proceso de globalización, debido a que en este contexto, los territorios, es decir, aquellos espacios que han formado un tejido social único, que han sido construidos a través de procesos histórico-sociales, que tienen sus particularidades, sus culturas, son en los que se establecen y cobran vida todos estos factores que se mueven a través del mundo, y que los conectan, territorios que además cuentan con sus propios bienes y agentes locales, los cuales interactúan con la globalización.

Indudablemente, los territorios importan, especialmente si consideramos que la integración económica mundial no ha sido de la misma manera para todos, ni han logrado colocarse todos en la misma posición, sino que es muy evidente que ha sido desigual y por categorías (ganadores potenciales o en marcha, perdedores, estancados o en retroceso). Efectivamente mientras unos territorios sí han logrado obtener ventajas de la liberalización del comercio y con ello ampliar las oportunidades de desarrollo para sus habitantes, otros no lo han alcanzado. Esta desigualdad económica entre los territorios es muy notoria, se puede apreciar en los diferentes niveles de crecimiento económico y calidad de vida que tienen los países, regiones o localidades, concretamente en sus capacidades productivas, ingresos per cápita de sus habitantes, equipamiento urbano, infraestructura, niveles educativos, servicios de salud, avances científico-tecnológicos, capacidad y desempeño institucional entre otras muchas cosas, revelando que mientras unos han experimentado crecimiento económico, otros han sufrido procesos de desaceleración con las consecuentes diferencias en los niveles de vida de la población.

De manera que la globalización para algunos territorios supone oportunidades de crecimiento económico y desarrollo, pero para otros significa amenazas, en razón de las condiciones con las que cuentan para atraer capital y de las acciones emprendidas por sus actores locales, lo que significa que, de acuerdo con las condiciones de las que gozan y de la respuesta de sus actores locales frente a la globalización, o bien pueden quedar integrados en la economía de manera ventajosa o, por el contrario, pueden situarse en una posición de desventaja y con riesgo de que gran parte de su población quede excluida de la dinámica económica global.

Al mismo tiempo que permea esta desigualdad económica y social, los territorios están sometidos a la dinámica económica capitalista que les impone contender entre sí para lograr una posición ventajosa en el mercado, lograr altas tasas de crecimiento económico, lo que los ha llevado a buscar y a desarrollar estrategias para conseguir esta posición, esto es, para ser territorios competitivos. Situación que ha llevado a varios científicos sociales (fundamentalmente economistas) a formularse la pregunta ¿de qué depende que los territorios conviertan las condiciones generadas por la globalización económica en amenazas u oportunidades?, pregunta que han tratado de responder desde hace mucho tiempo, primero fue en relación con el logro del crecimiento económico y posteriormente sobre la competitividad.

Efectivamente varios enfoques teóricos han brindado explicaciones sobre las causas o factores determinantes que inciden en el logro del crecimiento económico de los territorios y ahora en conseguir competitividad. Con el avance en la ciencia económica, empezó a considerarse la variable espacial, la cual ahora ocupa un lugar relevante en las explicaciones sobre el comportamiento económico, de hecho, cada vez más se le otorga un papel clave en los procesos económicos. Por supuesto, hoy en día, las más recientes teorías económicas y de análisis económico-regional, fijan su atención en el territorio en el momento de estudiar los procesos económicos y sociales, pero ahora desde una perspectiva distinta a la de simple contenedor de factores de producción y de procesos productivos, sino desde la mirada de un espacio social construido por los agentes económicos y sociales que intervienen en él, agentes que a su vez son modelados por el espacio.

Más aún, el territorio es concebido de manera holística, es decir, integrado por diversas dimensiones: económica, socio-cultural, medio ambiental y político-institucional, y como resultado de la interacción que se efectúa entre estas distintas dimensiones, lo que le otorga un carácter sistémico y complejo. Concepción que ha propiciado nuevas perspectivas de análisis de índole interdisciplinaria con la confluencia de diversas disciplinas sociales, y particularmente el despliegue de un nuevo enfoque de desarrollo: el territorial, que propone una concepción más amplia de desarrollo, no sólo considerado como el crecimiento económico de un lugar, sino como el logro de sociedades más cohesionadas social y territorialmente.

Este enfoque enfatiza que el objetivo fundamental es impulsar un proceso de desarrollo endógeno, es decir, estimular la capacidad de los territorios para obtener mayores beneficios económicos e invertirlos en el propio territorio, crear más empleos, propiciar el desarrollo de la ciencia y la tecnología local, así como la apropiación de las novedades tecnológicas, e igualmente tomar decisiones y ejecutar acciones concertadas entre los distintos agentes en torno a un proyecto de desarrollo local que persiga conciliar la dinámica de la economía global con el desarrollo social.

A partir de este nuevo enfoque han emanado nuevas orientaciones para el análisis de los territorios, así como diversas proposiciones sobre los factores determinantes para alcanzar el crecimiento económico y la competitividad de éstos. Inclusive conforme al enfoque de desarrollo territorial, se ha creado una más amplia concepción de la competitividad, que abarca a todas las dimensiones presentes en el territorio, a la cual se le ha denominado competitividad territorial, que implica que los territorios no sólo sean competitivos en materia económica, sino que al mismo tiempo garanticen sostenibilidad ambiental, tengan capacidad para que sus agentes trabajen de trabajar de manera conjunta en un proyecto de desarrollo de su territorio, e igualmente demuestren aptitud para articularse con otros territorios y hacer progresar su proyecto, así como garantizar su viabilidad en el contexto de la globalización.

Esta concepción de competitividad conduce a deliberar sobre la respuesta a la pregunta, ¿cuáles son los factores o condiciones que propician que un territorio sea competitivo territorialmente? Esta deliberación ha llevado a algunas organizaciones internacionales –Observatorio Europeo Leader, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico-:OCDE– y a algunos científicos sociales, especialmente a Roberto Camagni, a desarrollar un nuevo concepto el Capital Territorial, el cual discierne que cada territorio posee bienes tangibles e intangibles que constituyen un capital, con el cual pueden hacer frente a la disputa que tienen entre sí para lograr una posición ventajosa en el mercado, con sostenibilidad medioambiental, social y cultural, es decir, ser competitivos en todas sus dimensiones, en un mundo globalizado.

De este concepto de capital territorial surgen nuevas propuestas interpretativas de la competitividad territorial, las cuales sugieren algunos factores o condiciones que los territorios deben tener o aprovechar para obtener ventajas y conseguir ser competitivos en el entorno global, especialmente estas propuestas están de acuerdo en que los agentes locales deben conocer los bienes que tiene su territorio, sus interacciones, para descubrir cuáles de éstos pueden constituir una fuente de impulso para el logro de la competitividad. Incluso van más allá, al afirmar que la capacidad de los agentes locales para identificar estos bienes, valorarlos y emplearlos de manera eficaz es decisiva para que los territorios sean competitivos.

Sin duda, el esclarecimiento del concepto de capital territorial ha llevado al despliegue de diferentes formas de determinar su significado y su alcance, y de manera conjunta, a la precisión de nuevas y distintas categorías, metodologías y propuestas de medición o evaluación de sus componentes. Justamente estas nuevas perspectivas teóricas del desarrollo, la competitividad y de manera particular del capital territorial constituyen un nuevo y fructífero campo para reflexionar, inspeccionar y brindar elementos que lo enriquezcan, e igualmente para analizar los bienes que posee un determinado territorio y descubrir su potencial, lo que puede ayudar al diseño de nuevas políticas públicas de desarrollo regional.

Derivado de lo anterior, llevamos a cabo un estudio sobre los componentes económicos, sociales, culturales y político-institucionales del capital territorial de la región centro del estado de Guanajuato, en el que revisamos y analizamos las perspectivas teóricas que abordan y explican la competitividad, centrándonos fundamentalmente sobre el estado del conocimiento del enfoque del desarrollo, competitividad y capital territorial. Conjugamos dos interpretaciones del capital territorial, la propuesta por el Observatorio Europeo Leader y la realizada por el economista Roberto Camagni, precursor del concepto y enfoque del capital territorial, porque consideramos que las dos se complementan y ofrecen una visión más comprehensiva del capital territorial y de su relevancia para el desarrollo y competitividad de los territorios, a través de sus distintas categorías, metodologías y formas operativas.

Las perspectivas teóricas que consideramos nos permitieron profundizar en sus planteamientos teóricos y utilizar sus propuestas para identificar los componentes del capital territorial, así como emplear sus metodologías para valorar los acervos de la región objeto de estudio. Con base en sus planteamientos, organizamos el contenido del libro, en los dos primeros capítulos se exponen los enfoques teóricos que explican el fenómeno de la globalización y la competitividad de los territorios, entre los que destaca el desarrollo territorial, marco interpretativo bajo el cual se presenta la competitividad territorial y se explica lo que se comprende por capital territorial, así como el papel que desempeña en términos de la competitividad. Luego en el capítulo tres, ofrecemos un panorama de la región centro del estado de Guanajuato en materia económica y social, así como los desafíos que enfrenta para llegar a ser competitiva. Posteriormente en los siguientes cinco capítulos exponemos cada uno de los capitales territoriales con los que cuenta la región y su relación con la competitividad territorial, a saber: Componentes Económicos y Competitividad Económica, Componentes Socio-culturales y Competitividad Social, Componentes Físicos-Ambientales y Competitividad Ambiental y Componentes Político-Institucionales y Competitividad Político-Institucional. Cabe señalar, que en cada uno de estos últimos cinco capítulos presentamos una valoración cualitativa de los acervos de los que dispone la región, lo que permite identificar las dificultades y los activos de este territorio y con ello la posibilidad de encontrar nuevas formas de utilización por parte de los agentes locales de su capital territorial para conseguir mayor competitividad.

La obra muestra los bienes de distinta naturaleza (tangibles, intangibles, duros, suaves, mixtos) de los que dispone cada municipio que integra la región en cada una de las dimensiones que están presentes en su territorio, así como sí son aprovechados o no de manera suficiente y estratégica para promover procesos de desarrollo y lograr competitividad territorial. Con ello intentamos avanzar en el conocimiento de los agentes locales de su capital territorial y en el aprovechamiento de los activos territoriales, así como fortalecer sus capacidades para no sólo diseñar mejores políticas públicas espaciales, sino, sobre todo en construir un capital relacional.

Globalización y competitividad de los territorios

Globalización y reconfiguración territorial

La globalización es un fenómeno económico y social, que ha sido objeto de reflexión teórica en las distintas áreas del conocimiento, cuyo estudio ha permitido entender que no sólo se trata de un fenómeno meramente económico, sino que también tiene efectos en el ámbito político, social, cultural y geográfico o territorial, siendo así, un fenómeno multidimensional.

Si bien es un término ampliamente usado en los ámbitos de la vida social y con distintos fines científicos como ideológicos, lo cierto es que no existe una sola definición de la globalización. En la literatura es posible encontrar diversas concepciones que enfatizan diferentes aspectos de esta, de acuerdo con la disciplina y el paradigma teórico que la estudia. Así, desde una perspectiva económica, la globalización se presenta como un proceso definido por la creciente internacionalización de la economía y el aumento de las relaciones capitalistas de mercado. En el ámbito de las relaciones internacionales este concepto hace referencia al incremento de la densidad de las relaciones interestatales y el desarrollo de políticas globales. Por otra parte, en las ciencias jurídicas y el derecho, la globalización constituye la intensificación y transformación de reglas y normas que rigen la emergente sociedad mundial (Mayor, 2000, pp. 114-117).

Desde la sociología, se ha suscitado un importante debate con la participación de teóricos como Beck, Giddens, Pitersen, Bauman, De Sousa Santos, Sassen, Wallerstein, entre otros autores; los cuales han pretendido responder la pregunta ¿qué es la globalización y cuáles sus características y consecuencias para todos los ámbitos de la vida social? No es la intención del presente capítulo abordar ese nutrido debate, baste con decir que en el enfoque sociológico se han identificado dos proposiciones sobre la globalización, aquella que la define como un proceso hacia la homogeneización y por lo tanto se concibe como un proceso de convergencia entre sociedades, de concentración capitalista y al mismo tiempo como una fase de expansión de su modelo de desarrollo, de homogeneización cultural, social y jurídica (Mayor, 2000, pp. 125-138).

La otra proposición define a la globalización como un proceso que propicia heterogeneidad, es decir, un proceso en el que convergen diferentes elementos de cuya relación emergen nuevos elementos, algunos viejos se conservan mientras otros nuevos surgen, mediante procesos de sincretismo, hibridación, interpenetración cultural, glocalización. Al nivel de las naciones este proceso permite el nacimiento de un nuevo espacio: el espacio transnacional en el cual nuevos actores crean nuevas formas de organización política y de relaciones sociales y culturales que se trastocan. Estos procesos han llevado a un aumento significativo de las relaciones sociales a nivel global permitiendo el nacimiento de la llamada sociedad mundial (Mayor, 2000, pp. 125-138).

Ahora bien, se ha dicho que la globalización es un proceso histórico, que hasta nuestros días lo vivimos, un proceso que ha configurado el desarrollo de los territorios, transformándolos de distintas maneras a lo largo de sus distintas fases, las cuales exponemos a continuación.

Fases del desarrollo de la globalización

En la literatura se hace referencia a tres fases de desarrollo de la globalización. La primera fase (de 1870 a 1913) se caracterizó por una gran movilidad de los capitales y de mano de obra, acompañados del auge comercial promovido por los bajos costos del transporte. La segunda fase comprende el periodo de 1945 a 1973, estuvo marcada por el desarrollo de instituciones internacionales de cooperación financiera y comercial, por el comercio de manufacturas entre los países desarrollados, así como por una limitada movilidad del capital y de la mano de obra. La tercera fase, ubicada en el último cuarto del siglo :XX, se caracteriza por la marcada generalización del libre comercio con una mayor presencia de empresas trasnacionales, así como por la expansión y la considerable movilidad de los capitales, por la tendencia a la homogeneización de los modelos de desarrollo y las restricciones impuestas al movimiento de mano de obra (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2002, pp. 18-19).

De esta manera, para algunos teóricos de las ciencias sociales, la globalización no es un fenómeno nuevo, sino que se trata de tendencias y procesos que vienen ocurriendo en el mundo desde hace mucho tiempo atrás, que tiene sus raíces en el capitalismo. Lo que presenciamos ahora es solo, lo que se ha denominado la fase contemporánea (Serna, 2016, pp. 52).

Para Camagni (2002) lo nuevo que presenta la globalización es la aceleración de muchos procesos de integración que se refuerzan y se compenetran entre sí de múltiples maneras. Siguiendo con el autor, en esta fase contemporánea, lo nuevo de la globalización es, por un lado, que el comercio internacional ha crecido a un ritmo acelerado y ha pasado del intercambio de bienes finales entre los sistemas de producción nacional, al intercambio de bienes intermedios dentro de redes de producción organizadas a escala mundial. Por otro lado, las inversiones extranjeras directas también se han incrementado espectacularmente sobre todo en los países en vías de desarrollo, y ha crecido significativamente la movilidad y volatilidad del capital financiero (p. 65).

De tal manera que siguiendo con Camagni, la globalización es un proceso de creciente integración planetaria del mercado de bienes y servicios, del mercado de localización de la actividad económica y del mercado de los factores de producción como las tecnologías y de la información.

Otro aspecto nuevo de esta etapa de la globalización, que señala este teórico economista, es la relación dialéctica y confrontación entre la hipermovilidad de algunos factores de producción y el anclaje territorial de otros, que actúan como importantes factores de localización para procesos productivos más avanzados, como las innovaciones tecnológicas de la información y la comunicación (TIC). En efecto, afirma Camagni (2002), el desarrollo de las TIC´s, ha hecho más eficiente el stock de capital y ha permitido integrar nuevas funciones dentro y fuera de las firmas acordes con el nuevo paradigma organizativo basado en la idea de flexibilidad y descentralización integrada.

Es evidente que las innovaciones tecnológicas en el transporte, información y comunicaciones permitieron cambios en la producción, impulsaron el crecimiento económico e intensificaron el comercio internacional y el movimiento mundial de capital financiero, político (desarrollo de acuerdos internacionales, liberalización de los mercados, normas sociales, debilitamiento del Estado) (0bservatorio Europeo Leader, 1999).

En suma, podemos decir que son elementos característicos de la globalización: la intensificación de las relaciones sociales a escala mundial, el surgimiento de una forma de organización de la actividad económica de alcance transnacional, la formación de redes trasnacionales de generación, flujo e intercambio de patrones culturales, la emergencia de problemas de dimensión planetaria.

Como hemos mencionado, la globalización es un fenómeno multidimensional, por lo que tiene implicaciones económicas, políticas, sociales, culturales, medioambientales, geográficas o territoriales, enseguida hacemos referencia a estas dimensiones.

Dimensiones de la globalización

La dimensión económica ha sido la más estudiada por la influencia que ejerce en las demás dimensiones, más adelante la abordaremos con mayor profundidad, basta mencionar aquí que dicha dimensión ha consistido en cambios en la producción, el mercado, la mano de trabajo y las finanzas.

En la producción, los cambios están marcados por el advenimiento de las nuevas tecnologías aplicadas a la electrónica, la informática y las comunicaciones, el fortalecimiento de los servicios, la emergencia de nuevos sectores, actores, de nuevos países líderes, de nuevas configuraciones de la geografía productiva y en la organización de la producción mediante la firma global (Cuervo, 2006, p. 33).

En lo comercial se caracteriza porque la principal fuente de crecimiento económico son las exportaciones, las cuales se han incrementado significativamente gracias a los acuerdos comerciales, uniones aduaneras, y a los procesos de integración económica. Se ha generado una nueva división del trabajo a escala mundial basada sobre todo en la competitividad y la inserción de cada sector en los flujos y redes del nuevo sistema económico (Caravaca, 1998, p. 13).

En su dimensión social la globalización se caracteriza por la intensificación de las relaciones sociales a escala mundial. Como señala Giddens (2004, p. 68), esto ha permitido que lugares lejanos se enlacen y que acontecimientos locales sean configurados por aquellos ocurridos en lugares distantes y viceversa. Las relaciones sociales se expanden, en y, a través de nuevas dimensiones de actividad (tecnológica, organizacional, administrativa, legal, etc.) y la intensificación de la interconexión impulsada por las redes de comunicación e información modernas. Con lo que el movimiento de bienes y capitales, el flujo de comunicación, el intercambio cultural, así como la movilidad de personas se han intensificado (Held, 1997 citado por Serna, 2016, p. 55). Para Boisier (1998) la intensificación de las relaciones sociales ha modificado la inserción laboral de una gran proporción de la población.

En su dimensión política, la globalización ha debilitado la noción tradicional del Estado nacional y fortalecido los estados supranacionales y subnacionales, lo que ha modificado el patrón de las relaciones internacionales con el surgimiento de nuevos actores e instituciones con una gran influencia política, tales como empresas multinacionales, organizaciones inter y suprarregionales, organizaciones no gubernamentales y particulares. Los Estados Nación ya no están solos en la política internacional, Serna señala que “ahora tienen que compartir el escenario global con un número creciente de actores globales […] generando una estructura policéntrica del poder” (2016, p. 57). Por otro lado, siguiendo con el autor, se observa que la demarcación entre la política interior y la política exterior se hace más difusa; ahora las relaciones transnacionales permiten que los actores externos tengan injerencia en los asuntos internos de los Estados.

Respecto a su dimensión cultural, Boisier (1998) señala que la globalización lleva a la propagación a escala mundial de patrones o modelos culturales. La evolución de los massmedia ha eliminado las fronteras geográficas y acortado las distancias permitiendo el acceso a nuevas experiencias y significaciones sociales, culturales e incluso a discursos que antes no eran posibles. Con lo cual se ha intensificado la escala, la intensidad, la velocidad y volumen de las comunicaciones culturales (Held, 1997 citado por Serna, 2016, p. 58).

Globalización económica y reconfiguración territorial

Ciertamente, la dimensión económica de la globalización ha sido la dimensión que más se ha analizado, y enseguida abordamos sus efectos espaciales, o territoriales.

La globalización ha generado importantes cambios en el orden económico mundial que se pueden enunciar de la siguiente manera: 1) el surgimiento de patrones de integración productiva que cruza las fronteras nacionales; 2) este nuevo patrón de organización productiva da lugar a lo que se ha llamado “economía global”, la cual implica la operación de una red global de operaciones especializadas para la producción, reproducción, mantenimiento y financiamiento de esa economía global; 3) surgen las ciudades globales, como espacios estratégicos que concentran los actores clave para la realización de esas funciones especializadas que requiere la economía global (Serna, 2016, p. 56).

Con respecto a los patrones de integración productiva, podemos señalar que la incorporación masiva de las innovaciones tecnológicas a la producción, generaron cambios en la fabricación de los bienes, así como en la organización de las empresas y en la localización de las actividades económicas (Caravaca, 1998, p. 6). Uno de estos cambios fue la subcontratación internacional de tareas que requieren del uso intensivo de mano de obra, dando paso a la segmentación y especialización de la producción. En efecto, la producción se divide en distintas etapas permitiendo que algunos componentes sean realizados por otras empresas, las cuales pueden incluso estar localizadas en otro país, y que son contratadas por que se han especializado en la realización de ciertas fases del proceso productivo y el ensamble de algunos modelos. Lo cual ha conducido a una nueva división espacial del trabajo estructurada entre agentes económicos que operan en redes (CEPAL, 2002, pp. 18-19; Bervejillo, 1995).

Esta automatización, flexibilidad, segmentación y descentralización productiva fueron posibles gracias a las innovaciones tecnológicas, dando lugar a la formación de sistemas de producción integrados que trascienden las fronteras nacionales. Con ello aumentaron los flujos de comercio y de inversión extranjera directa, así como el protagonismo de las empresas transnacionales, gracias indudablemente a la liberalización del comercio, de los flujos financieros y de las inversiones en los países en desarrollo (Caravaca, 1998; CEPAL, 2002, p. 19). Todo ello contribuyó a la progresiva terciarización del sistema productivo, que como señala Caravaca (1998), condujo a la formación de una economía de servicios, con la consecuente decadencia o pérdida e importancia económica de los otros sectores.

Por todo ello, se considera que la globalización ha sido un proceso que ha llevado a la interdependencia económica entre los países, a través del comercio internacional, flujo de capital y producción internacional. Como señala Müller (1995, citado por Boisier, 1998), “la globalización empuja a poblaciones e individuos, a países, regiones y localidades, a nuevas formas de interdependencia” (p. 757), la cual no es solo económica, sino también política.

Sin duda la globalización económica conlleva una reconfiguración territorial, que va más allá de la formación de instituciones globales y de la interdependencia entre los Estados-nación del mundo, o con la disminución del papel del Estado en la actividad económica. Para Sassen (2000), la globalización requiere una nueva estructura organizativa, es decir, un espacio global que configura lo que ha sido llamado una economía global.

Los espacios globales son territorios estratégicos en donde se materializan los procesos globales y los vínculos que los conectan, siendo así un espacio de interdependencias, de flujos y movilidades de productos, de personas, de capital. De acuerdo con Bervejillo (1995) en estos espacios globales se despliega un conjunto de sistemas globales, cuyos componentes funcionan de una forma muy integrada, a pesar de la dispersión y la distancia. Se trata pues, de sitios estratégicos para producir y reproducir las actividades especializadas requeridas para el funcionamiento y coordinación de la economía global.

En estos espacios se materializan las nuevas dinámicas globales, las cuales implican la operación de una red mundial de fábricas, oficinas, subsidiarias y empresas de servicio que conforman un sistema (Sassen, 2000, p. 373). Los nodos de la red son las ciudades globales entre las que ocurren los principales flujos, concentran cada vez más las funciones de dirección, gestión, producción de conocimientos e innovación, convirtiéndose en los centros rectores del nuevo modelo económico. De esta forma, como apunta Caravaca (1998) en las ciudades globales, se gesta la forma espacial dominante de articulación y concentración del poder y de la riqueza (p. 9).

Vemos que la globalización lleva a una reestructuración en el modo de producción económico, el cual se caracteriza por presentar al mismo tiempo procesos de dispersión-descentralización y de concentración de actividades económicas. Esta reestructuración económica tiene importantes consecuencias socio-culturales y espaciales, pues el espacio global generado por la globalización no es un espacio homogéneo, al cual se han integrado en su totalidad y de la misma manera todos los territorios. Es más bien un espacio en el que se han agudizado las desigualdades existentes entre los territorios. Es, de acuerdo con Caravaca (1998, p. 7), un espacio desequilibrado y muy cambiante en el que se distinguen y contraponen áreas innovadoras y bien conectadas a la red, con áreas marginadas o excluidas por su falta de innovación y deficiencia de su conexión.

Si bien la globalización pretendía conformar una economía global, con la integración de la economía a nivel planetario, esto no ha ocurrido. Como afirma Braudel (1986), la integración económica lograda ha sido parcial e incompleta, desigual y jerarquizada. Es un hecho que no todos los territorios se han incorporado de la misma manera en el mercado global, ni han podido aprovechar las ventajas que la liberación del comercio para ampliar las oportunidades de desarrollo y por lo tanto para ser territorios competitivos.

Las economías no han crecido de la misma manera, con las mismas tasas, algunas se han estancado, e incluso algunas han experimentado procesos de desaceleración (retroceso) económica. Es notoria también una diferencia entre los territorios y al interior de ellos en su capacidad de lograr una mejora en la distribución del ingreso y en los niveles de vida de la población, generando mayor polarización sociodemográfica y económica, así como tensiones sociales. Lo que queda evidenciado por las grandes desigualdades que muestra el Producto Interno Bruto (:PIB) en los territorios y al interior de estos. Tan solo el :PIB de territorios como Argentina, Brasil o México es 10 veces menor que el :PIB generado por los países más ricos del mundo (Llisterri, 2000).

Como resultado de la dinámica económica global, se ha conformado una nueva geografía económica caracterizada por espacios ganadores y espacios perdedores, dando lugar a una tipología de territorios ricos, pobres, ganadores y perdedores. De acuerdo con Silva, los territorios ganadores (y los potencialmente ganadores o en marcha) son aquellos cuyas economías han crecido por arriba del promedio nacional al igual que su :PIB y que tienen un comportamiento exitoso frente a los procesos de la globalización (Silva, 2005, p. 92). Se trata de los territorios que han sabido aprovechar sus ventajas comparativas, o han concentrado en sus territorios gran actividad económica, transformándose en centros financieros y de capitales, en otras palabras, son los que se encuentran bien articulados a la red global.

Los territorios potencialmente ganadores, pero en marcha, son aquellos que se encuentran en un proceso de crecimiento económico asociado al uso de las nuevas tecnologías y a procesos de reconversión productiva, que les ha permitido aprovechar las ventajas competitivas que permanecían latentes para impulsar su sector primario-exportador o agregar valor a sus procesos productivos a partir de los recursos locales.

Los territorios potencialmente perdedores, estancados o en retroceso, son aquellos no dinámicos con bajo o alto :PIB que han crecido por debajo de la media nacional. En esta categoría encontramos a territorios que han pasado por procesos de desindustrialización que no se han acompañado de una reconversión productiva, o es el caso también de territorios con economías rurales de muy baja productividad y escaso capital humano que no han podido insertarse en la economía global. Finalmente, los territorios en retroceso son aquellos que han pasado por periodos de contracción económica derivados del agotamiento de sus recursos naturales o pérdida de su competitividad o mercados, por lo que han perdido sus ventajas comparativas (Silva, 2005, p. 93-94).

De tal manera que algunos países, los más desarrollados y productivos, han tenido las mejores ventajas en el escenario mundial, mientras que los menos desarrollados se encuentran desconectados de las redes, por lo que no han logrado entrar de manera favorable para sus economías locales y su población, y se quedan al margen y son excluidos del sistema global, reforzando así las desigualdades existentes entre los territorios. Pues como señala Caravaca (1998), en la economía global solo quedan articulados y se integran aquellos territorios que son necesarios por ser funcionales y rentables, los demás territorios y sus pobladores, ineficientes y poco competitivos son excluidos (p. 21).

Como se puede observar, la globalización afecta de manera diferente a los territorios, de acuerdo con su historia y a las dotaciones y capacidades acumuladas con las que entran al juego de la economía global, pues de ello depende la forma en que estos territorios logran articularse y formar redes en la economía global. Es decir, depende de la dinámica de la relación entre lo local y lo global. Como argumenta Sassen (2007:5), la globalización es un proceso con dos dinámicas, una global y la otra local, las cuales llevan a analizar la interacción entre lo nacional y lo global, pues las dinámicas globales generadas inciden en los territorios y sociedades locales y con ello esa relación entre lo local-global aumenta la complejidad territorial y la incertidumbre respecto a sus posibilidades de desarrollo en las nuevas reglas del juego global establecidas (Bervejillo, 1995).

Pues en efecto, la globalización no tiene efectos iguales en todos los territorios, para algunos representa una oportunidad de desarrollo, mientras que para otros representa una amenaza. Es una oportunidad de desarrollo al brindar la posibilidad de promover y comercializar esos productos y servicios específicos del territorio. Para algunos territorios constituye una amenaza por varias razones:

1. Porque elimina las barreras (geográficas, legales, identitarias) que daban protección a los productos y cultura local, promoviendo la competencia directa entre los productos similares procedentes de distintos territorios (Observatorio Europeo, Leader, 2001).

2. Implica la amenaza de una integración económica subordinada y frágil dependiente de las inversiones de actores globales externos, los cuales pueden retirarse atraídos por condiciones más ventajosas en otros territorios, por lo que representa pérdida de autonomía e irrupción de nuevos actores globales o desaparición de actores locales (Bervejillo, 1995).

3. Representa marginación o exclusión, para aquellos sectores de la población que dejan de ser necesarios o relevantes para la economía global.

Ello conduce a la pregunta ¿De qué depende que los territorios conviertan las condiciones generadas por la globalización económica en amenazas u oportunidades? La ciencia económica ha tratado de responder esta pregunta desde la fase de globalización del capitalismo. Por otra parte, desde hace mucho tiempo, varios enfoques teóricos han brindado explicaciones sobre las causas o factores determinantes que inciden en el logro del crecimiento económico de los territorios y recientemente sobre su competitividad.

No cabe duda de que, en la actualidad, los territorios buscan ser competitivos en el marco de una economía capitalista globalizada, porque ello significa conseguir una mejor posición en ella, conseguir un mejor desempeño económico, para lo cual despliegan una serie de estrategias competitivas. Cabe señalar que los territorios en sus distintas escalas: ciudad, región y país persiguen esta competitividad (centrada principalmente en su dimensión económica). Pero, es preciso señalar que durante muchos años, la ciencia económica en gran medida no consideró a la variable espacial, con excepción de algunos trabajos, como el de Von Thünen, como lo señala Cuadrado

…la Economía tendió casi desde un principio a minimizar el papel y la influencia del ‘espacio’ en los procesos económicos, entendiendo como ‘espacio’ el territorio que soporta la actividad económica y que influye y se ve influido por los procesos de producción, circulación y distribución de los bienes, servicios, factores y rentas (2014, p. 7).

Ciertamente, las teorías económicas durante muchos años no tomaron en consideración la variable espacial, aunque algunas de ellas empezaron a incorporar la variable distancia, para analizar el comportamiento de empresas y consumidores. El objetivo principal de estos marcos teóricos-conceptuales era identificar cuáles eran las causas o factores que influyen para lograr el crecimiento económico, lo que conducía de alguna manera al esclarecimiento de la ampliación de las disparidades económicas entre países y regiones.

No obstante, en las últimas décadas ha habido numerosas aportaciones de economistas y geógrafos quienes han contribuido al desarrollo del Análisis Económico Regional (aun cuando se reconoce que hubo varios trabajos precursores tales como los de Walter Isard, Christaller y Losch), en los que la variable espacial cobra gran relevancia, especialmente con las contribuciones recientes de Paul Krugman, Masahisa Fujita, Anthony Venables, Roberto Camagni, Roberta Capello, entre otros. Sin duda, las más recientes teorías económicas y de análisis económico regional consideran al territorio en su examen de los procesos económicos y sociales, no sólo por ser contenedores de factores de producción y de procesos productivos, sino porque se toman en cuenta los agentes económicos y sociales que en él actúan.

De tal suerte que existen varios planteamientos y enfoques de la corriente principal de la teoría económica, y especialmente del análisis económico regional, que no sólo han establecido explicaciones distintas sobre las disparidades regionales y determinado los factores que consideran pueden detonar un desarrollo regional, sino, que como lo señala Cuadrado (1995, p. 5) también han tenido implicaciones en el terreno de las políticas regionales, porque han servido de soporte para las propuestas y acciones de los políticos en torno a los problemas regionales.

A continuación, presentamos un breve recuento de los principales postulados de algunas teorías económicas y de los análisis económicos regionales1 con el propósito de comprender algunos elementos que ellas plantean y especialmente los factores que consideran determinantes para el logro del crecimiento económico o bien del desarrollo económico.2

Teorías económicas y análisis económico regional: factores determinantes del crecimiento económico

a) La Tesis sobre las Etapas de Crecimiento. Esta tesis postula que el proceso de crecimiento económico es consecuencia de la evolución interna de la división social del trabajo, que los cambios que se producen en la economía dan lugar a una secuencia de fases casi determinística de la fase agraria, a la manufacturera y luego a la de servicios. (Fisher, Clark y Rostow). De acuerdo con Cuadrado, las fases que establece esta tesis son:

a) una fase de economía de subsistencia, autosuficiente; b) una fase de crecimiento merced a la especialización de la producción en actividades primarias y al comercio interregional, que se produce gracias a las mejoras introducidas en la infraestructura de transportes; c) el despegue de los sectores secundarios, vinculado a la elaboración de los productos primarios (agrícolas, forestales y minería) y a las necesidades derivadas de una población en aumento (construcción, industria ligera), lo que a menudo va unido al empleo de capital y conocimientos técnicos foráneos; d) la diversificación del sector industrial, basada en las relaciones internas entre los distintos sectores (producción de bienes de capital y de inputs intermedios y especializados), el aumento de las rentas –cambio en el consumo– y la aparición de nuevas actividades, y por último, e) la evolución hacia actividades terciarias avanzadas, con la posibilidad de exportar servicios, capital y personal especializado (1995, p. 7).

b) Teoría Centro-Periferia. Esta teoría plantea que existe un sistema económico mundial que al mismo tiempo genera desarrollo en los centros y subdesarrollo en la periferia. Existe una desigualdad entre las economías de los centros y las de la periferia en cuanto al grado de avance tecnológico, penetración y difusión, así como en los niveles de productividad del trabajo e ingreso real medio. La periferia está formada por economías cuya producción permanece rezagada desde el punto de vista tecnológico y organizativo. Los centros experimentan una fase de desarrollo hacia afuera y la estructura productiva de la periferia adquiere un carácter especializado, generalmente del sector primario-exportador, e importador de bienes y servicios (Rodríguez, 1977, p. 206).

c) La Teoría de la Base Exportación. Esta teoría sostiene que la demanda externa (las exportaciones) son el motor del crecimiento local y/o regional, estableciendo su alcance por medio del efecto multiplicador que las exportaciones generan sobre actividades locales, especialmente en los servicios y en la construcción (North

y Friedman). Esta teoría contempla las relaciones comerciales entre regiones como vínculos interregionales, y el hecho de que cada región compita con el resto en determinados sectores especializados. La capacidad competitiva de la producción local resulta un elemento clave y los factores de la oferta son de primer orden (Cuadrado, 1995, p. 9).

d) Modelo Neoclásico de Crecimiento Regional. Este modelo aborda las cuestiones relativas a los determinantes en el nivel del producto, las diferencias en las tasas de crecimiento entre países y dentro de un país a través del tiempo. Enfatiza la importancia del ahorro, la tasa de inversión y la razón capital-producto determinada tecnológicamente (Harrod y Domar). Posteriormente Robert M. Solow construyó un marco de referencia contable para medir los factores determinantes del crecimiento, así como un modelo para analizar la relación entre ahorro, acumulación de capital y crecimiento económico. En este modelo, el crecimiento económico se debía en gran medida al progreso tecnológico, la tasa de cambio tecnológico determina la tasa de crecimiento del ingreso per cápita, es decir, el crecimiento del producto por persona. De manera cuantitativa se mostró que la inversión en tecnología era más decisiva para el crecimiento que otros factores, tales como inversión en mano de obra o en capital fijo, además, la tecnología debilitaba los rendimientos decrecientes. Para Solow, la función de producción tiene rendimientos constantes a escala, esto es, que al aumentar los insumos trabajo y capital en una determinada proporción, el producto se incrementa en la misma proporción.

La variable básica es la fluctuación regional (y la tasa de crecimiento) del capital per cápita, lo que determina el nivel (y la tasa de crecimiento) de la productividad de la mano de obra, de los salarios y de la renta por habitante. En condiciones de mercado, y en ausencia de fricciones o limitaciones a la movilidad, se piensa que el trabajo se desplazará desde regiones atrasadas hacia las regiones avanzadas, y el capital lo hará en dirección opuesta, ya que la tasa de rendimiento marginal suele ser mayor en aquellas regiones en que los salarios y el capital per cápita son más bajos (Cuadrado, 1995, p. 10).

e) Teoría del Crecimiento Endógeno. Esta teoría (desarrollada inicialmente por Paul M. Romer y Robert E. Lucas Jr.) plantea que el crecimiento económico es un resultado endógeno del sistema económico y no de las fuerzas externas. Sostiene que el nivel de ingreso a largo plazo depende de la acumulación del capital físico, capital humano y conocimiento, los cuales están determinados endógenamente por decisiones de ahorro e inversión de agentes económicos que actúan racionalmente (Moncayo, 2002, p. 38). De acuerdo con Cuadrado, se realizaron varios estudios en los que se determinaron cuatro elementos a los que se les atribuía el éxito de ciertas economías locales: 1) talento empresarial, 2) un sistema productivo flexible, 3) las economías generadas en los distritos industriales y 4) la existencia de algún ‘agente individual o colectivo’ capaz de actuar como catalizador para movilizar el ‘potencial’ autóctono: un banco local, los mayoristas, las asociaciones industriales de carácter local, algún empresario de talento, etcétera (1995, p. 17).

En esta teoría Romer postula que aquella economía que cuente con una gran acumulación de conocimientos experimentará un crecimiento más rápido, es decir, afirma que un gran stock de capital humano es decisivo para el crecimiento económico y aclara que la formación del capital humano comprende: la escolaridad, el entrenamiento en el trabajo y el aprendizaje haciendo.

f) Perspectiva del Neoinstitucionalismo. Bajo el enfoque del crecimiento endógeno se desarrolló esta perspectiva, que sostiene que el desempeño de las instituciones es determinante para el crecimiento económico, comprendiendo por instituciones “las reglas de juego de una sociedad”, reglas que son de dos tipos: las formales (marco legal), y las informales (normas de comportamiento, convenios y códigos de conducta que regulan la vida social). Para Douglas North, las instituciones constituyen la base del proceso dinámico del desarrollo económico, porque considera que

ellas forman ‘la estructura de incentivos de una sociedad y, como tales, constituyen los factores determinantes del desempeño económico’ y, por tanto, para North ‘toda recomendación económica que no tenga en cuenta las instituciones está condenada al fracaso’ (Rodríguez, 2005, p. 23).

g) Teoría de la Causación Circular Acumulativa. Esta teoría le otorga especial atención a los procesos acumulativos que tienen lugar en la interacción entre la oferta y la demanda. Se sostiene que las inversiones se producen en función de la dimensión y del crecimiento esperado de la demanda, tanto local como externa, más que en función de la tasa de beneficios que puedan producir. Por ello, las regiones avanzadas y dinámicas se aprovechan de un doble proceso, acumulativo y cualitativo, como lo señala Cuadrado:

a) En primer lugar, el crecimiento inicial de una determinada zona o punto geográfico, a veces por razones no económicas, genera un flujo de inmigración que, a su vez, determina la creación de un mercado interno más amplio y en crecimiento. Este hecho estimula nuevas decisiones de inversión que producen un relanzamiento de la demanda local y del potencial de crecimiento. b) En segundo lugar, la existencia de economías de escala y de aglomeración y la adopción de innovaciones de proceso que acompañan a las nuevas inversiones y bienes de capital, dan lugar a que aumente la productividad y la competitividad de la economía local, lo que permite atraer nuevas demandas externas. La expansión de las exportaciones produce, a su vez, un aumento del empleo, nuevos flujos de inmigración y más desarrollo (1995, pp. 11-12).

Esta teoría indica que si dos regiones caracterizadas por enormes diferencias de renta o por su distinta especialización (p. ej.: agricultura e industria manufacturera) compiten dentro de una zona comercial unificada, no funcionan ni el principio de la ventaja comparativa, ni los mecanismos neoclásicos de ajuste, sino que, por el contrario, la región rica se ve favorecida por unos mayores rendimientos e impide el desarrollo de las más pobres.

h) Teoría de los Polos de Crecimiento. Esta teoría postula que la inversión en industrias dinámicas localizadas en centros estratégicos puede estimular un crecimiento económico más generalizado a través de encadenamientos hacia atrás y hacia adelante con las empresas que funcionan como proveedoras o demandantes de sus productos (Kuri, 2003). Toma como punto de partida una industria líder o ‘clave’, localizada por decisión de una autoridad pública, por azar o por otra razón, dentro de una zona económicamente atrasada. Esta industria por su dimensión y desarrollo tecnológico produce para mercados distintos del de la localización, aunque tiende a demandar y crear in situ una gran parte de los requerimientos y servicios que precisa. Esta teoría, señala Cuadrado, sostiene que la industria líder genera un conjunto de efectos de polarización y de desarrollo en torno al lugar en que está emplazada, en especial:

a) efectos derivados del multiplicador keynesiano, activados por el gran número de trabajadores empleados y por sus mayores niveles salariales; b) efectos input-output directos e indirectos, activados por la demanda interna de inputs intermedios (los “vínculos hacia atrás y hacia delante” a causa del carácter “básico” de la especialización local); los proveedores encuentran ventajas en instalarse cerca del polo; c) efectos de aceleración de Aftalion, a causa de las altas tasas de inversión y reinversión de beneficios; d) efectos ligados a las ventajas de localización, debido a la existencia o creación de infraestructuras y capital social; e) efectos de imitación y aprendizaje que producen una mejora en los niveles locales de conocimientos y técnicas y en la capacidad empresarial y de gestión (Cuadrado, 1995, p. 13).

i) Las Teorías del Comercio Internacional y de las Uniones Aduaneras en el ámbito regional. La principal corriente teórica sobre el comercio internacional coincide con las premisas y conclusiones de la teoría neoclásica del crecimiento regional. Afirma que, si existe una perfecta movilidad de los factores de producción y una imperfecta movilidad de las mercancías, los factores deberían dirigirse hacia aquellas regiones en que obtengan mayores rendimientos, conduciendo todo ello a una situación de equilibrio e igualando, por consiguiente, los precios de los productos en todas las zonas. Si, por el contrario, los factores de producción fueran inmóviles, pero existiera un libre comercio para los productos, cada zona se especializaría en aquellas producciones que hicieran mayor uso de los factores que allí fueran más abundantes (Cuadrado, 1995, p. 14).

j) La Innovación como Impulsora del Desarrollo Regional. La innovación (en productos como en procesos) se ha convertido en uno de los factores clave para impulsar el desarrollo regional, incluso en el factor más importante del éxito de las economías locales (Nijkamp, 1986 citado por Cuadrado, 1995, p. 19). Desde los años ochenta del siglo :XX, aumentó el interés por la economía espacial de la innovación y el progreso técnico, se enfatizó en: a) los procesos de concentración geográfica de las actividades de investigación y desarrollo (I+D) y de innovación; y b) la expansión inter e intrarregional de la innovación” (Cuadrado, 1995, p. 19).

También se han desarrollado nuevos conceptos tales como el de milieu innovateur o “entorno innovador”. Este enfoque plantea que

La actividad de innovación tiende de manera natural a la concentración espacial. De hecho, una concentración de instalaciones permite una más fácil explotación de los conocimientos científicos y tecnológicos desarrollados en los centros de investigación y universidades, un mejor y más fácil acceso a la información, una mayor movilidad de la mano de obra cualificada y un mayor desarrollo de los servicios avanzados. La experiencia muestra que, dentro de los estrechos límites de las zonas metropolitanas y centrales, o de algunos “valles”, “pasillos’’ y corredores especializados, se generan toda una serie de procesos de apoyo mutuo en la innovación, de sinergias entre las unidades de investigación y las de producción, de efectos expansivos en la movilidad de la mano de obra gracias, especialmente, a los contactos personales o al fácil acceso a la información necesaria en cada momento (Cuadrado, 1995, p. 19).

También este enfoque postula que los procesos de innovación son de carácter acumulativo, justificado por las economías externas y por los efectos expansivos de la mano de obra cualificada y los conocimientos tecnológicos y organizativos que impulsan un proceso de generación de la innovación tecnológica en un área determinada (Cuadrado, 1995, p. 20, citando a Nelson y Norman, 1977 y Goddard y Thwaites, 1980). Procesos de innovación que se producen con mayor probabilidad en las regiones centrales, por lo que existe un profundo desequilibrio regional en la capacidad de innovación.

k) La tesis del “entorno innovador”. En el marco de la teoría del crecimiento endógeno se desarrolla esta tesis, que admite que el desarrollo se produce en zonas geográficas concretas, a causa del complejo conjunto de relaciones e interacciones que tiene lugar dentro de sus fronteras y le otorga un papel importante al factor de la oferta en el logro del éxito local. También concede relevancia a los procesos de innovación, al “entorno innovador”, al medio en que actúan los elementos que se consideran fuentes de creación del desarrollo económico, los cuales se benefician del elemento de proximidad geográfica y de las homogeneidades económicas y culturales que permiten definir territorialmente el propio medio o entorno local/regional. Los elementos económicos que caracterizan al

“entorno innovador son: a) economías externas y “economías de distrito”, las cuales promueven una especie de “clima industrial” capaz no sólo de reducir las desventajas en términos de costos de las pequeñas empresas locales, sino de ayudarlas en sus procesos de innovación. A este grupo pertenecen, por ejemplo, el importante proceso educativo y formativo que se produce dentro del citado medio o entorno; b) economías de proximidad, que reducen los costes de transacción al facilitar la circulación de la información, generar un mayor número de contactos personales y disminuir el costo de obtención de la información dentro de la economía local; c) elementos sinérgicos, que mejoran la capacidad local de innovación por medio de procesos de imitación, interacciones entre agentes locales, sociedades mixtas privadas y públicas para proyectos de infraestructura y servicios, interacciones entre centros de investigación y empresas potencialmente dispuestas a adoptar invenciones con rapidez, colaboración entre clientes y proveedores (Cuadrado, 1995, p. 23).

Cuadrado destaca que la capacidad innovadora de un medio no sólo puede atribuirse a su funcionamiento interno, sino que necesita de alguna energía externa,

en forma de nueva información tecnológica, organizativa o de mercado, y los canales que permitirán recibir y utilizar dicha energía de modo eficiente en el proceso de producción son las redes transterritoriales. Aparte de las redes de infraestructuras tradicionales (aunque sean avanzadas), las formas más importantes de “redes” son las de cooperación que se establezcan entre empresas (acuerdos de colaboración tecnológica, alianzas estratégicas, acuerdos de comercialización), entre instituciones de investigación, e incluso entre instituciones públicas, como los gobiernos regionales o municipales que deseen colaborar en proyectos tecnológicos, educativos o de infraestructura (1995, p. 24).

l) Teoría de la Acumulación Flexible. Esta teoría explica que la producción masiva y en gran escala llega a sus límites como modelo dominante de industrialización, y surge la especialización flexible, basada en la manufactura de productos con especificaciones de los clientes y con una maquinaria con tecnología de múltiples propósitos y métodos de producción flexible, con trabajadores calificados. La nueva tecnología de maquinaria computarizada permitió a las firmas responder de forma más flexible a los cambios en la demanda de las especificaciones de los productos. La empresa puede dejar de organizar todo el proceso productivo dentro de su propia planta y conseguir ciertos componentes de otras firmas. La especialización se vuelve ventajosa para cada una de las firmas pequeñas. La subcontratación entre las firmas constituye la base de una especialización sectorial. Las economías internas de escala que habían sido la base de la producción a gran escala en una empresa son reemplazadas por economías externas que surgen de la división de trabajo entre muchas firmas. Por lo que se afirma que se pasó de un modo de acumulación fordista a un modelo de acumulación flexible (Helmsing, 1999).

m) La Nueva Geografía Económica. Esta perspectiva proporciona una explicación sobre la formación de una gran diversidad de formas de aglomeración (o concentración) económica en espacios geográficos. Fujita y Krugman afirman que “La aglomeración de la actividad económica tiene lugar en distintos niveles geográficos y presenta una variedad de formas distintas” (2004, p. 179). Estos autores proponen algunos elementos clave, el primero es el modelo de equilibrio general de una economía espacial, considerada en su conjunto, el segundo es el de los rendimientos crecientes que conducen a una estructura de mercado caracterizada por la competencia imperfecta, la tercera son los costos de transporte (que hacen que la localización sea importante) y por último el movimiento locacional de los factores productivos y los consumidores que constituyen elementos a considerar en el estudio de la aglomeración (Fujita y Krugman, 2004, p. 180).

Además, sostienen que la estructura geográfica de una economía es determinada por la tensión existente entre las fuerzas centrípetas (enlaces, densidad de mercados, difusión del conocimiento y otras externalidades económicas puras) que concentran la actividad económica (la aglomeración) y las fuerzas centrífugas (inmovilidad de factores, renta de tierra, desplazamientos, congestión y otras deseconomías puras) que la separan (op. cit. p. 196).

n) Geografía Socio-Económica e Industrial. En esta perspectiva teórica el espacio no es el plano homogéneo e isotrópico, sino la dimensión material de las relaciones sociales, las cuales constituyen la sustancia misma del espacio, es un campo de fuerzas en donde interactúan factores históricos y físicos, con la acción múltiple de los agentes sociales (Moncayo, 2001, p. 31, citando a Benko, Georges y Alan Lipietz, 2000, p. 13).

A continuación, en el cuadro 1.1 se presenta un resumen de las teorías económicas y de los factores que consideran determinantes para el crecimiento económico, para posteriormente profundizar en el Enfoque del Desarrollo Territorial.





Como puede apreciarse, existen distintas respuestas en torno a las causas o factores que pueden detonar un crecimiento económico, o bien en la actualidad, conseguir la competitividad de los territorios, pero lo que es un hecho es que los países más desarrollados son los que han obtenido las mayores ganancias de la economía global, en la cual se han insertado de manera competitiva y aprovechado sus ventajas competitivas no sólo de sus lugares, sino también de otros territorios, siendo así los ganadores, garantizando el éxito en los mercados globales, mientras que los países en vías de desarrollo no han logrado aprovechar las oportunidades presentadas en el juego contexto global-local para insertarse de manera ventajosa en la economía global y lograr su desarrollo.

De acuerdo con Boisier (1998), en el juego de la globalización, en el desarrollo territorial confluyen dos escenarios: el contextual y el estratégico. El primero se refiere a la apertura externa económica y a la apertura interna (política, proceso de descentralización). Respecto al escenario estratégico, el desarrollo depende de las nuevas modalidades de configuración regional (pivotales asociativas, virtuales), y el otro vinculado a la interpretación entre los bienes públicos y privados, es decir, con un modelo de gestión regional basado en criterios de gestión privados, que incluyan la flexibilidad (aumentar posibles respuestas a las demandas del entorno), la velocidad (aprovechar oportunidades para salir y entrar rápidamente de acuerdos y redes), maleabilidad (capacidad de adaptación estructural a los intersticios del entorno y a las características del medio regional ), y la imaginación creativa (condición para poder hacer más con menos). El desafío consiste en ayudar a que los territorios ocupen nichos que sean a la vez modernos, competitivos, participativos y equitativos con la finalidad de posicionarse en ese escenario global como entidades ganadoras (pp. 758-759).

Es por ello, que los territorios buscan incorporarse en una buena posición, revalorizando todos sus bienes patrimoniales e identificando aquellos recursos que les confieran ventajas competitivas y con ello lograr una buena posición en la economía global. Incorporarse de manera competitiva en el mercado global implica desarrollar una capacidad innovadora que les permita aprovechar y utilizar de manera imaginativa, racional y equilibrada sus recursos locales en aras de su desarrollo (Caravaca, 1998, p. 6) (Ver figura 1.1).


Competitividad de los territorios en el contexto global

Como hemos visto, la globalización económica ha modificado las reglas del juego del mercado internacional generando nuevas condiciones para el libre comercio como la superación progresiva de las barreras legales, geográficas (distancia y acceso) y culturales. En este contexto de libre comercio los productos locales, elaborados en los países en vías de desarrollo, tienen que competir con aquellos productos similares, pero elaborados en los países desarrollados, los cuales gozan de menores costos de producción o incluso subsidios, o son de mejor calidad, por lo que ingresan a los mercados locales en mejor posición.

En las condiciones establecidas para el libre mercado, los territorios tienen que afrontar una competencia, ahora planetaria, ante la cual han tenido que adaptarse. Por una parte, los territorios han transformado sus sistemas de producción nacionales y locales, pero también han generado nuevos conocimientos para atraer a los consumidores, llevando a establecer mejores mecanismos de comunicación, de gestión y entablar alianzas estratégicas para lograr posicionarse de manera ventajosa en el mercado y hacer frente a los retos de la globalización para lograr el desarrollo (Observatorio Europeo Leader, 2001, p. 14).

Uno de los retos que enfrentan los territorios en el contexto global, es precisamente el ser competitivos. Esto quiere decir que tienen que:

1) Poseer la capacidad para atraer y retener la inversión extranjera directa

2) Generar empleos y valor agregado

3) Lograr altas y sostenibles tasas de crecimiento

4) Generar excedentes crecientes de exportación

5) Generar y mantener niveles crecientes de productividad

6) Mantener calidad de vida elevada

Como se puede apreciar, la competitividad es un concepto que hoy se vincula a la globalización económica, y ha sido utilizado como sinónimo de la fortaleza económica de una nación, industria o una empresa. Los parámetros más recurrentes para medir la competitividad son el nivel de productividad alcanzado y la calidad de vida de su población. Elementos importantes para asegurar una adecuada participación en el mercado internacional y el comercio (Sobrino, 2001, p. 311; Sobrino, 2005).

El logro de la competitividad impone a los territorios enfrentar ciertos desafíos. Por una parte, tienen que situarse en los espacios abiertos por la globalización, desarrollar intercambios, así como formas de solidaridad y de transferencia interterritorial. Además de mantener un diálogo entre actores e instituciones encaminado a establecer políticas de desarrollo favorables a las situaciones de los territorios; afirmar su especificidad y capacidad de respuesta a los problemas generados por el contexto global (Observatorio Europeo Leader, 2001, p. 15).

Es un hecho que no todos los territorios tienen las mismas condiciones para competir, ello depende de su capacidad para adaptarse y superar las limitaciones y condiciones que impone la economía global, así como las limitaciones que imponen su propia historia y sus características estructurales, es decir, su estructura productiva, su mercado de trabajo, sus capacidades tecnológicas, organizacionales y comerciales.

En este contexto de libre mercado y libre competencia, lograr que los territorios sean competitivos y mantener o incrementar esa competitividad, representa una prioridad para los gobiernos, pues la competitividad se ha convertido en un punto de referencia con base en el cual los agentes económicos globales toman sus decisiones para elegir los territorios en donde localizarán su actividad productiva, de gestión y demás actividades económicas.

Aunado a lo anterior, la competitividad ha adquirido mayor relevancia por la influencia que ejerce en todos los aspectos de la vida social, más allá del ámbito económico. Así, ha sido usada como un referente analítico no solo del desempeño económico de una empresa, industria o nación, sino también de las regiones, de las ciudades e inclusive de los territorios.

A pesar de su importancia, es un hecho que no existe un consenso conceptual sobre la competitividad. Bhawsar y Chattopadhyay (2015) señalan que al igual que la globalización, la competitividad ha sido ampliamente abordada desde distintas perspectivas: económica, administrativa, histórica, política y cultural, desde las cuales se ha generado una abundante literatura, que permite afirmar que la competitividad es un concepto con varias dimensiones, no solo la económica, sino con otras, lo que conduce a señalar que son muchos los factores los que la determinan.

Por ello, es importante revisar las principales concepciones de la competitividad, sin pretender llegar a un consenso conceptual, sino que nos permitan señalar cuáles son las dimensiones que la conforman según la concepción, saber quién compite y por qué compite, conocer los factores que promueven o determinan la competitividad, para saber cómo se puede ser competitivo, y comprender cuáles son las estrategias que han seguido o pueden seguir para lograr un desarrollo equilibrado y sostenible.

Como se verá en los apartados siguientes, según la perspectiva de análisis y el enfoque teórico, se puede decir que la competencia ocurre entre las empresas, las industrias o las naciones. En una concepción más amplia se establece que en las ciudades, las regiones e incluso de manera más general, en los territorios tiene lugar la competencia.

Niveles de la competitividad

De manera general, el análisis de la competitividad se hace en tres niveles: el micro, el meso y el macro. Desde la dimensión micro se analiza la competitividad entre las empresas que hay en una nación o región; la dimensión meso se refiere a la industria y la región, mientras que la dimensión macro analiza la competitividad entre las naciones (Cellini y Soci, 2002) (Ver figura 1.2).


Nivel microeconómico

La competitividad microeconómica, es definida como la capacidad de una empresa para competir con éxito en el mercado doméstico o en el de exportación, incrementando sus bienes físicos, a la par que logra crecer (Sobrino, 2001). A nivel de la empresa, la competitividad se deriva de su ventaja competitiva en los métodos de producción y organización (precio y calidad del producto final) frente a sus competidores específicos, basa su adaptabilidad y capacidad para obtener ganancias a largo plazo, en la combinación de precio y calidad del bien o servicio ofrecido. Esta combinación le da capacidad a la empresa para cumplir de manera sostenible el doble propósito de cumplir con los requisitos del cliente con fines de lucro (Romo y Abdel, 2005).

Cuando se logra establecer una dinámica saludable en la competitividad de las empresas, y éstas consiguen organizarse para establecer asociaciones, cooperación, eslabonamientos productivos, aprender y especializarse, se genera un ambiente propicio que favorece la competitividad de la industria y de la región, lo que a su vez incide en la competitividad de las naciones (Romo y Abdel, 2005).

Nivel meso: competitividad de la industria

La industria suele definirse como el conjunto de empresas que se dedica a actividades económicas similares. De tal manera que la competitividad de la industria resulta en gran medida de la competitividad de las empresas; es decir de su capacidad para ser constantemente rentables en el mercado abierto. De acuerdo con Romo y Abdel (2005) las empresas que forman parte de una industria competitiva se benefician de diferentes maneras, al generarse un círculo virtuoso entre el desempeño de la empresa y el de la industria (p. 204).

Según estos autores, una industria competitiva fomenta el desarrollo de infraestructura especializada como centros de investigación e instituciones educativas que permiten el desarrollo de habilidades técnicas y conocimientos para la industria. Esto favorece la formación de eslabonamientos verticales, es decir, la formación de relaciones interempresariales (una empresa adquiere bienes y servicios como insumos de producción de otras compañías en la cadena de producción), otorgándole a la industria mayor capacidad de respuesta y flexibilidad ante los requerimientos del mercado. Beneficiando así el desempeño de la empresa a su vez que el fortalecimiento del desarrollo industrial del país (Romo y Abdel, 2005).

Otros autores dan una definición más amplia de la competitividad de la industria, afirmando que es el grado en que una industria satisface las necesidades de los clientes, con la combinación peculiar de productos / servicios, precio, calidad e innovación, y las necesidades de varias partes interesadas, como proporcionar un lugar de trabajo seguro a los trabajadores (Bhawsar y Chattopadhyay, 2015, p. 667).

Nivel macro: la competitividad entre naciones

De manera general la competitividad de una nación se ha definido como la habilidad, la capacidad de una nación de brindar un ambiente adecuado para que sus empresas y sus industrias prosperen. El Foro Económico Mundial (2013) define la competitividad como el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país (Bhawsar y Chattopadhyay, 2015, p. 667). Porter (1990), señala que la productividad de un país, y por tanto su competitividad, depende de la capacidad de su industria para innovar y mejorar continuamente. En este sentido, como se ha señalado, la competitividad es una medida del desempeño económico del país en la exportación. De esta manera un país será competitivo en la medida que logre expandir su participación en el mercado internacional y al mismo tiempo elevar el nivel de vida de su población. Pues como señala Porter, el principal objetivo de la nación es generar altos y crecientes estándares de vida para sus habitantes.

Sin embargo, existen algunas opiniones que discrepan en torno a la competitividad de las naciones, para algunos autores el enfoque de competitividad desde la perspectiva de las cuotas de mercado tiene sentido para las empresas, pero no a nivel de las economías nacionales. Chitea (2015) señala que “una economía nacional no sale del mercado como una empresa individual no competitiva” (p. 133).

Al respecto, es muy conocido el argumento de Paul Krugman (1994) respecto de la competitividad nacional. El autor afirma que el concepto de competitividad carece de validez en un contexto nacional por tres razones:

1) No se puede establecer una analogía entre la empresa y la nación. Dado que, si una empresa que no tiene éxito llega, finalmente, a la bancarrota y detiene su actividad, esto no pasa en el caso de una nación.

2) Las empresas compiten por las cuotas del mercado y el éxito de una puede ser en detrimento de otra empresa, en las naciones el éxito de una crea, más que destruye, oportunidades para otras naciones.

3) La competitividad no es más que otra manera de decir productividad; el incremento en la calidad de vida de los ciudadanos está relacionado principalmente con el incremento en las tasas de productividad.

Desde esta perspectiva eminentemente económica, se considera que el elemento central de la competitividad es la productividad. Así para lograr la productividad y mantener niveles elevados de la misma es indispensable que la industria sea capaz de adoptar innovaciones tecnológicas que se traduzcan en un incremento de la productividad (Porter, citado en Sobrino, 2001, p. 317). Los indicadores de la competitividad son el comportamiento de las exportaciones y el balance en la cuenta corriente, el nivel y crecimiento del producto interno bruto.


Ventajas competitivas

Desde la perspectiva tradicional de la economía, se han explicado los factores que generan competitividad en términos de las ventajas comparativas. El concepto de ventaja comparativa se refiere a que las naciones, mediante la especialización, se pueden beneficiar del comercio, aunque no posean una ventaja absoluta. Esta perspectiva afirma que el comercio refleja las diferencias entre las naciones en cuanto a la dotación de factores (tierra, trabajo, recursos naturales y capital), por lo que las naciones ganan ventaja comparativa si se especializan en aquellos sectores de la industria que utilicen intensamente algún factor de los que posee en abundancia (Porter, 1999).

Pero, en los años ochenta del siglo :XX, Porter propone su teoría de la competitividad nacional, basada en ventajas competitivas, la cual reside en que una empresa o país posea una ventaja única y sostenible respecto de sus competidores, y que dicha ventaja le permita obtener mejores resultados y por tanto tener una posición competitiva superior en el mercado; de ahí que una premisa importante desprendida de esta teoría es que “la prosperidad nacional no se hereda, sino que es creada por las oportunidades que brinda un país a sus empresas, porque son las únicas responsables de crear ventaja competitiva a través de actos de innovación” que permiten incrementar la productividad, que para Porter es el indicador de la competitividad.

La ventaja competitiva hace referencia a un instrumento activo o proceso dinámico de acumulación de factores internos y externos para la producción. Para obtener estas ventajas influye la lógica interna y externa del proceso productivo, así como la infraestructura de la firma, el manejo de los recursos humanos y la adopción de innovaciones tecnológicas (Sobrino, 2001, p. 319).

Para explicar los factores que promueven la competitividad Porter parte de un enfoque sistémico, al relacionar elementos microeconómicos, derivados de las estrategias competitivas de las empresas, y los factores macroeconómicos, establecidos por la dinámica del comercio internacional. En suma, vincula el nivel empresarial, regional e industrial, en su conocido modelo de diamante de la competitividad, que se muestra en la figura 1.3.

En el modelo, Porter argumenta que las ventajas competitivas se crean y sustentan mediante procesos altamente localizados que relacionan atributos específicos de los países. Estos atributos son los factores que determinan la competitividad:

1) Condiciones de los factores para la producción: se refiere a la oferta de mano de obra especializada o capital humano, infraestructura, creación y dotación de factores, financiamiento para poder competir en una industria determinada.

2) Condiciones de la demanda: Se refiere a la naturaleza o complejidad de la demanda en el mercado nacional para los bienes y productos elaborados por una industria determinada; y del comportamiento de la demanda exterior.

3) Condiciones de los sectores conexos y de apoyo. Con esto se refiere a la presencia de proveedores y a otras industrias relacionadas, para el acceso oportuno y eficaz a los principales insumos, unidades para coordinar o compartir actividades en la cadena productiva y formar clúster.

4) Condiciones de estrategia, estructura y rivalidad de la empresa referentes a cómo se crean, organizan y gestionan las empresas, así como la naturaleza de la competencia entre ellas (Porter, 1991, citado en Sobrino, 2005, p. 128; Romo y Abdel, 2005).

Como se puede observar en el modelo (ver figura 1.3) los cuatro factores interactúan entre sí para generar un entorno que permite a las empresas desarrollar o acumular habilidades para aumentar su ventaja competitiva. Una de esas habilidades es, para Porter, la capacidad de aprendizaje e innovación.

Por su parte, Krugman afirma que los factores internos a la empresa son los factores decisivos para la competitividad, al ser la productividad la fuerza de equilibrio para el desempeño competitivo de un país. Pero Porter considera que la ventaja competitiva se crea y mantiene mediante procesos localizados, resultado de la conjugación de factores microeconómicos (derivados de las estrategias competitivas de las empresas) y macroeconómicos (establecidas por el comportamiento del comercio internacional).


Una tercera perspectiva establece que la competitividad de un país depende de la habilidad empresarial que una firma individual pueda tener, puesto que la agregación de las empresas lleva a la competitividad de la industria regional y nacional en su conjunto, influye por tanto para la competitividad el mercado de factores, las instituciones con las que se interactúa y estructura de incentivos (Sobrino, 2001, p. 321 y 2005, p. 131).

En suma, tomando en consideración las tres perspectivas arriba señaladas sobre la competitividad de un país, Sobrino establece que esta está en función de la eficiencia microeconómica de sus empresas, de las políticas gubernamentales que permiten promover el crecimiento económico, y del desempeño de las principales ciudades para atraer nuevas inversiones que generan empleos y ayudan al crecimiento económico local (2001, p. 322).

A nivel de la empresa se considera que los factores importantes para la competitividad son de carácter interno, pero también hay factores externos referentes a la industria y la región que determinan el grado de competitividad de la empresa tales como: la concentración de mercado, la diferenciación de productos, los precios internacionales de los bienes producidos, la existencia de una política industrial específica para el sector en cuestión, presencia de infraestructura apropiada, capital humano calificado, proceso de aglomeración, e incluso el tipo de cambio y tasas de interés (Romo y Abdel, 2005, p. 204).

Al nivel de la industria, los factores que inciden en la competitividad son: la naturaleza de los bienes producidos, concentración del mercado y barreras de entrada, intensidad de capital y complejidad técnica, potencial de exportación, transferencia de tecnología, y estrategia seguida por los inversionistas extranjeros (Romo y Abdel, 2005, p. 205).

La competitividad regional, ¿las regiones compiten?

Cabe señalar que, de los niveles de análisis de la competitividad, el del nivel meso (región) es el que tiene un menor consenso respecto a su definición, así como sobre una delimitación metodológica para su determinación empírica. En este nivel de análisis se ha tomado como unidad de estudio a la región, agrupando a la competitividad urbana, rural o local.

Entre los problemas que se presentan para su comprensión está el hecho de que, hasta el momento, el indicador de la competitividad a nivel empresarial y nacional era la productividad. En el caso de la región se presenta el problema empírico de entender cómo interpretar el significado de la productividad regional. Aunado a lo anterior, es necesario entender que las regiones no son simples agregaciones de empresas, ni son versiones reducidas de naciones, por lo que no se puede analizar la competitividad regional desde un enfoque micro o macro.

En relación con lo anterior, Cellin y Soci (2000, citado por Kitson, Roy y Tyler, 2004, p. 994) afirman que la competitividad adquiere diferentes significados de acuerdo con la escala o nivel en el cual se use ese término. Por lo que propone el nivel meso para analizar la competitividad de los sistemas económicos locales, que incluye los distritos industriales (lo que Porter ha llamado clusters) y las regiones.

Uno de los conceptos más trascendentes de la competitividad regional es el dado por Porter (1990), que la define como “la habilidad que posee una economía de mantener y atraer a las empresas con cuotas de mercado estables manteniendo, o aumentando los niveles de vida de los que participan en la economía”. Por su parte Chitea (2015) la define como el grado en el que las regiones compiten entre ellas de cierta manera para atraer capital o fuerza de trabajo, es decir compiten por atraer a las empresas para que se localicen en sus territorios.

La región adquiere un papel importante para el logro de la competitividad de las empresas, pues las condiciones prevalecientes en su entorno influyen en el desempeño y el desarrollo empresarial. De tal manera que un buen entorno, caracterizado por una adecuada infraestructura, centros de educación e investigación, calidad de vida, políticas gubernamentales para atraer inversión, favorece la concentración empresarial en regiones geográficas específicas, dando origen a lo que Porter señala como clusters, es decir, grupos geográficamente cercanos de empresas, proveedores, prestadores de servicios e instituciones relacionadas en un campo particular, que están interconectados y vinculados entre sí por aspectos comunes y complementarios.

De acuerdo con Porter, los clusters impactan de manera positiva la competitividad pues: 1) incrementan la productividad de la empresa al reducir los costos de transacción y de capital por la proximidad física; 2) elevan la capacidad de innovación e incremento de la productividad; 3) estimulan la generación de nuevos negocios que llevan a expandir el cluster impulsando la innovación (Romo y Abdel, 2005).

Respecto a la competitividad urbana, autores como Lever y Turok (1999) y Sobrino (2001) afirman que se refiere al grado en el cual las ciudades pueden producir bienes y servicios, de lo que depende su capacidad para penetrar en el mercado regional, nacional e internacional; así como de su crecimiento económico local, e igualmente del incremento del ingreso real y la calidad de vida de sus habitantes.

Como puede apreciarse en estas concepciones de la competitividad se hace referencia a otros ámbitos más que el económico, considerando como elementos de su definición y medición, la calidad de vida de la población.

Sin embargo, para autores como Cellini y Soci (2002) la competitividad regional significa más que la capacidad potencial de exportación o el superávit en la balanza comercial; para ellos, la competitividad regional va mucho más allá de la producción de bienes incluyendo una amplia gama de insumos materiales e inmateriales y su movilidad, desde la vivienda y la infraestructura hasta las comunicaciones y las redes sociales.

Profundizando en esta discusión Camagni (2002) afirma que las regiones compiten para atraer a las empresas, es decir, por capital, así como por trabajadores y por acceder al mercado, pero esta competencia se basa en las ventajas absolutas y no sobre las ventajas comparativas. ¿De dónde vienen estas ventajas competitivas absolutas? Siguiendo con este autor, las regiones tienen un conjunto de factores o activos externos a las empresas pero que las benefician permitiéndoles obtener una alta productividad que de otra manera no sería posible. Cuando una región posee estos factores externos (activos tecnológicos, sociales, de infraestructura o institucionales) adquiere ventajas competitivas absolutas, favoreciendo que las empresas se localicen en su territorio (p. 2396).

Se considera que estos factores afectan la competitividad de las regiones, factores a los cuales se les ha denominado externalidades o recursos que posee la región y que son externos a las empresas, pero que influyen en su productividad y competitividad. Kitson, Ron y Tyler (2004) señalan que estas externalidades en cierta forma están reconocidas en el modelo explicativo de la competitividad de Porter, quien menciona que las ventajas competitivas derivan de procesos localizados geográficamente, colocando elementos clave para la competitividad en factores externos “blandos” tales como el grado de integración social, la existencia de redes sociales como capital social y estructuras institucionales (p. 994).

Para Camagni la competitividad territorial pone en relieve la importancia que desempeña el territorio, en cuanto a proporcionar un ambiente innovador para generar herramientas competitivas a las empresas. De acuerdo con este autor, el territorio desempeña un papel importante para la competitividad al ser un espacio en donde se llevan a cabo procesos de acumulación del conocimiento y el desarrollo de códigos de interpretación, modelos de cooperación y la toma de decisiones en las que se basa el proceso de innovación de las empresas locales (2002, p. 2396).

Con estas contribuciones, se ha explicado la competitividad regional con base a estas externalidades “soft”, que aluden a aspectos que rebasan el ámbito de la productividad, poniendo mayor énfasis en los procesos de generación del conocimiento local, del aprendizaje y la creatividad. A partir de estos elementos Kitson, Roy y Tyler (2004), proponen un modelo explicativo de la competitividad regional que contempla dichas externalidades blandas como sus dimensiones clave, y que se muestra en la figura 1.4.


El modelo contempla como dimensiones de la competitividad:

a) la calidad y cualificación de la mano de obra (capital humano)

b) el alcance, la profundidad y la orientación de las redes sociales y las formas institucionales (capital social/institucional)

c) la variedad y la calidad de los bienes y servicios culturales (capital cultural)

d) la presencia de una clase innovadora y creativa (conocimiento y capital creativo)

e) escala y calidad de la infraestructura pública

f) finalmente, el capital productivo, es decir el conjunto de elementos externos arriba señalados, que son importantes para apoyar e impulsar una base productiva eficiente para la economía regional (Kitson, Ron y Tyler, 2004, p. 994).

El análisis de la competitividad regional ha llevado a identificar que el territorio desempeña un papel importante para el logro de la competitividad, reconociendo que otros factores externos a las empresas y conglomerados industriales, tienen que ser considerados como factores clave en ese análisis.

Ahora bien, nos encontramos que se ha desplegado un enfoque de la competitividad desde la perspectiva del desarrollo territorial, que contempla un nuevo concepto, el de capital territorial, factor al que se le otorga un peso decisivo en el logro del desarrollo y la competitividad, lo que a continuación exponemos.

Notas del capítulo 1

1 Para este recuento de las teorías de desarrollo regional, se recurrió en gran medida a los trabajos de Juan R. Cuadrado Roura (1995) y de Edgar Moncayo Jiménez (2001) (2002).

2 De acuerdo con Zermeño, el crecimiento significa el aumento de la producción que registra un país a través del tiempo. El desarrollo estudia el crecimiento de un sistema económico en un periodo largo de tiempo, incorporando las transformaciones que en ese horizonte ocurren: se transforma la estructura productiva, la tecnología, las instituciones, las relaciones sociales y políticas que inciden en la economía, las pautas de distribución del producto. Mientras que el desarrollo puede ser comprendido como el objetivo de un país, de una sociedad, de un colectivo. El desarrollo generalmente significa un avance en el bienestar social. Así, el crecimiento económico sólo es desarrollo en función de un mayor bienestar, si es equitativo, si es modernizador y al mismo tiempo impulsor del progreso social, si es sustentable, si finalmente significa desarrollo humano, entendido como un avance hacia la plena realización de todas las personas (Zermeño, F. 2004).

Desarrollo, competitividad y capital territorial

Enfoque del desarrollo territorial: factores determinantes

El enfoque del desarrollo territorial ha sido resultado de las aportaciones de varios científicos sociales que han considerado a la variable espacial en su análisis económico, como hemos mencionado, desde aquellas realizadas por Walter Isard hasta las más recientes contribuciones de Paul Krugman, Masahisa Fujita, Anthony Venables, Roberto Camagni, Roberta Capello, entre otros, quienes han estudiado el tema de la distribución y dinámica económica en los espacios geográficos. Cabe señalar, que también algunos científicos latinoamericanos han contribuido al desarrollo de este enfoque quienes, preocupados por la desigualdad económica entre regiones, han examinado las causas y han establecido planteamientos que nutren este marco teórico conceptual, entre ellos: Sergio Boisier, Sergio Sepúlveda, Clemente Ruiz Durán, Rafael Echeverrí, Julio Berdegué, Carlos Caicedo Cuervo y Javier Delgadillo.

El enfoque de desarrollo territorial se diferencia de otros marcos teóricos en dos aspectos centrales: el primero es que enfatiza en que si bien el crecimiento económico de un territorio es fundamental, no sólo se trata de lograr este crecimiento, sino de promover un proceso de desarrollo, comprendiendo por éste: un proceso social que pretende lograr un territorio cohesionado social y territorialmente, es decir, una sociedad integrada por medio de la equidad, la solidaridad, la justicia social y el sentido de pertenencia, así como un territorio en que los espacios, recursos, sociedades e instituciones estén integrados en tejidos que forman regiones, naciones y espacios supranacionales (Rodríguez, 2002, p. 45), propósitos a los cuales debe contribuir la competitividad; el segundo aspecto es que concibe al territorio como un todo integrado, como un área que contiene múltiples dimensiones, a saber: dimensión económica, dimensión socio-cultural, dimensión ambiental y dimensión política-institucional, esto es, como un territorio multidimensional y multisectorial, porque en él se desenvuelven múltiples sectores.

De estas premisas se desprende que los espacios deben ser vistos desde un enfoque integral, es decir, desde una perspectiva holística que reside en reconocer sus múltiples dimensiones, la variedad de sus sectores (agrícola, industrial, servicios), las interrelaciones sociales que se producen en ellos, su articulación territorial, la heterogeneidad de sus actores, así como sus vínculos con otros espacios en el contexto mundial.

Esta perspectiva reconoce la dimensión territorial de los fenómenos económicos, sociales, político y culturales, esto es, la visión de que el territorio es resultado de las interacciones sociales, es producto de las relaciones de poder, razón por la cual es necesario transformar las formas de uso y aprovechamiento de éste, modificar las relaciones sociales que se producen en él, y que lo construyen para lograr su desarrollo, lo que lleva a colocar al territorio como el centro y sujeto de acción del desarrollo. De ahí que se considere necesario incorporar en los planteamientos de desarrollo esta dimensión territorial, que supone plantear y realizar políticas y estrategias de desarrollo que contemplen la territorialidad de los procesos sociales, económicos y políticos, lo que da lugar al nuevo enfoque de desarrollo territorial.

Como se ha mencionado, el enfoque del desarrollo territorial considera necesario que el territorio se constituya en el objeto y sujeto de políticas de desarrollo, lo cual a su vez plantea la exigencia de elaborar y ejecutar políticas públicas de desarrollo, pero sustituyendo las políticas públicas sectoriales por políticas territoriales multisectoriales, con base en una planificación del territorio, planificación en la que se contemplan todas las interrelaciones económicas, sociales y políticas que se producen en el territorio.

Más aún, sugiere la formulación de políticas transversales que tendrán fuertes repercusiones en las estrategias de desarrollo, y juzga indispensable un cambio radical en la planificación, la que desde esta perspectiva debe dejar de ser una planificación centralizada y convertirse en una planificación descentralizada en la que se sustente la concepción del territorio como “unidad de gestión” (Boisier, 1999).

Inclusive este enfoque propone algunas acciones que considera indispensables para lograr que los territorios se conviertan en entidades sociales y espacialmente integradas, las cuales de acuerdo con Alexander Schejtman y Julio Berdegué (2003) y Javier Delgadillo (2005), son las siguientes:

a) La transformación productiva, con la introducción de innovaciones productivas y la calificación de recursos humanos, acción con la que se busca lograr una mayor participación en los mercados (local, regional, nacional e internacional) en el contexto de la creciente competitividad global.

b) La transformación institucional, esto es, la reforma de las instituciones o incluso la creación de nuevas para convertirlas en instrumentos eficaces de desarrollo.

c) La participación social concertada de los diferentes actores socio-económicos regionales públicos y privados, en la toma de decisiones para actuar sobre su espacio determinado, a fin de aprovechar las condiciones con las que cuenta su territorio, con una utilización eficiente y sostenible de los recursos endógenos y para aprovechar las oportunidades que ofrece el contexto externo.

Una particularidad fundamental de esta visión del desarrollo es que este es concebido como un proceso en construcción por la propia comunidad territorial, lo que significa que la comunidad territorial debe ser la autora, gestora y beneficiaria de su propio desarrollo, y ello entraña activar una nueva forma de gestión del desarrollo. Una gestión del desarrollo más eficiente a través de la colaboración de todos los actores del territorio en cuestión, por medio de la construcción de sinergias, alianzas, asociaciones, en un proyecto de desarrollo territorial compartido por todos.

Dicho proyecto de desarrollo es considerado un verdadero reto para el Estado y la sociedad civil, puesto que ello significa alterar las relaciones político-sociales entre los diversos actores sociales, las cuales deberán basarse en principios tales como la confianza, la justicia social, la reciprocidad, el bien común, la democracia; y traducirse en la transferencia de competencias del gobierno a los actores sociales locales, es decir, reflejarse en la descentralización de funciones por el gobierno, en la adquisición de responsabilidades y compromisos por parte de los actores locales en el proceso de desarrollo de su territorio, con otras palabras, en la injerencia de los actores sociales en los lineamientos, políticas, estrategias, ejecución y evaluación del proceso de desarrollo.

En efecto, este enfoque territorial del desarrollo especifica que de lo que se trata es de “construir las regiones”, y de convertir al territorio en el sujeto de su propio desarrollo, lo que involucra no sólo la actuación del Estado, sino la intervención conjunta del Estado con la sociedad civil, por medio de la creación de un proyecto político regional. Y juzga a este proyecto político regional como prioritario para propiciar la convergencia de todos los actores regionales, con el objeto de definir una meta común y clara, que contemple el crecimiento económico, justicia social, democracia y sostenibilidad ambiental. Además, explica que se trata de un proyecto político y no simplemente de un plan, porque su ejecución repercutirá en las relaciones político-sociales establecidas, ya que, al participar diversos actores gubernamentales, sociales, empresariales en el diseño y ejecución de un proyecto colectivo de desarrollo, en realidad se trataría de procesos de negociación política (Boisier, 1999, pp. 29-30).

De modo que, la nueva gestión del desarrollo tiene como fundamento la participación ciudadana, es decir, el involucramiento social entendido como el compromiso de acción de las comunidades en la propia construcción territorial, por lo que en las comunidades se debe crear cooperación entre actores públicos y privados con el objeto de coordinar y concentrar recursos organizacionales, técnicos y materiales para solucionar en forma concertada problemas definidos colectivamente” (CEPAL, 2000, p. 39). Y para lograr dicha cooperación se requiere que los actores reconozcan la complementariedad de sus respectivos intereses.

Precisamente el que la comunidad territorial tome parte activa en la proposición, ejecución y evaluación de las políticas públicas de desarrollo, bajo el principio de que las comunidades tienen que ser las protagonistas de su propia mejora, constituye el mayor reto que enfrentan las políticas territoriales de desarrollo, porque hay que construir una nueva relación político-social entre los diversos actores y entre ellos y el Estado, una relación bajo un esquema de corresponsabilidades y sustentada en el fundamento de la democracia.

De tal suerte que esta gestión territorial de desarrollo tiende a la autonomía de los territorios, a la autonomía de las comunidades para que éstas construyan su territorio de acuerdo con sus deseos. Se sustenta en una nueva relación entre el Estado y la comunidad territorial en la que se admite que las comunidades tienen capacidad de decidir por sí mismas, de convertirse en las protagonistas de su propio desarrollo, lo que representa una gran tarea.

Además, los autores de este enfoque territorial piensan que es necesario invertir simultáneamente en los capitales con los que cuentan los territorios, a saber: capital económico, capital humano, capital social y capital natural. El primero de ellos referido a la riqueza, a los bienes y servicios producidos, el segundo alusivo a los conocimientos de las personas, al “know how”, a su alimentación, salud, cultura; el capital social concerniente a los grados de asociación, de confianza de cooperación entre las personas y los grupos sociales, a la democracia y el capital natural que atañe a los recursos ambientales del territorio.

Ahora bien, con respecto al libre mercado, el enfoque territorial del desarrollo juzga que la sola acción de las fuerzas del mercado no es suficiente para lograr el desarrollo, sino que se requiere de una planeación territorial, como forma de conseguir el desarrollo, es decir, que se requiere la intervención del Estado en la economía, aunque con una fuerte participación social, intervención que indudablemente deberá tener en cuenta la dinámica de la economía capitalista global que transforma a los territorios. Ello significa que, si bien este enfoque juzga que el libre mercado por sí solo no logrará el desarrollo de las sociedades y territorios, tampoco considera que es un obstáculo para el desarrollo, es decir, que estima que es posible tomar en cuenta el mecanismo de mercado para lograr una posición ventajosa para cada territorio en cuestión. Planteamiento que conlleva el conocimiento y desarrollo de las ventajas competitivas de cada territorio.

Competitividad territorial

Sin duda, el enfoque territorial del desarrollo considera que los territorios tienen que lograr “competitividad”, pero no sólo entendida como la capacidad de afrontar la competencia del mercado, sino que también tienen que garantizar al mismo tiempo la sostenibilidad medioambiental, económica, social y cultural, mediante prácticas de integración en redes y de articulación territorial” (Observatorio Europeo, 1999). Razón por la cual, en realidad se plantea que los territorios tienen que ser competitivos en cuatro distintas esferas:

 Competitividad económica comprendida como la capacidad de los agentes para producir y mantener el máximo de valor añadido en el territorio mediante el refuerzo de los vínculos entre sectores y haciendo que la combinación de recursos constituya activos para valorizar el carácter específico de los productos y servicios locales.

 Competitividad social concebida como la capacidad de los agentes para actuar eficazmente de manera conjunta sobre la base de una concepción consensuada del proyecto y fomentada por una concertación entre los distintos niveles institucionales.

 Competitividad medio ambiental pensada como la capacidad de los agentes para valorizar su entorno haciendo del mismo un elemento “distintivo” de su territorio, garantizando al mismo tiempo la conservación y la renovación de los recursos naturales y patrimoniales.

 La localización en el contexto global percibida como la capacidad de los agentes para situarse con relación a los otros territorios y al mundo exterior en general, con el objeto de hacer progresar su proyecto de territorio y de garantizar su viabilidad en el contexto de la globalización” (Observatorio Europeo Leader, 1999, p. 5).

Además, este paradigma establece que, para lograr la competitividad, y por ende el desarrollo, cada comunidad territorial deberá revalorar su potencial económico y buscar compatibilizar la dinámica del mercado con un desarrollo social justo. Con este propósito la comunidad deberá promover y apoyar el tipo de producción y de servicios que su territorio pueda ofrecer, tales como: cadenas productivas, especialización productiva, así como propiciar y apoyar el desarrollo de la ciencia y la tecnología local, y el acceso y uso de las novedades tecnológicas.

Explícitamente el Desarrollo Territorial sostiene que su objetivo es impulsar un proceso de desarrollo endógeno, creando sinergias entre los distintos actores que comparten el territorio para generar crecimiento económico y buscar una mejor distribución del ingreso entre la población. Se insiste en la endogeneidad, considerada como la capacidad que tienen que adquirir las regiones para apropiarse de una parte del excedente generado en ellas y reinvertirlo en las propias regiones, así como en su capacidad de desarrollar o apropiarse de la ciencia y la tecnología, de generar su proceso de cambio tecnológico, además de tener la capacidad de tomar decisiones y ejecutar acciones acordes a su proyecto de desarrollo.

Sin duda, esta visión territorial del desarrollo exige aprovechar los esquemas de economía de mercado predominantes en el capitalismo global actual, pero persiguiendo el beneficio de la mayoría de la población, buscando cuáles podrían ser los usos alternativos del territorio de los cuales podrían obtenerse mayores beneficios económicos, lo que conduciría al desarrollo de nuevas actividades económicas que ofrezcan más y mejores oportunidades de empleo, ingreso y progreso; teniendo en consideración la interpretación y significado que le dan los propios actores locales al territorio, en suma, su dimensión cultural y social.

Realmente el Desarrollo Territorial estima que la política pública deberá fomentar aquellas actividades productivas y no productivas que generen mayores externalidades positivas a la sociedad y no aquellas que sólo generen rentabilidad privada, es decir, que deberá apoyar a aquellas actividades que producen beneficios sociales. En términos generales, lo que propone es que, en el contexto de una economía globalizada, se desarrolle una nueva economía del territorio, desplegando estrategias de desarrollo productivo y de servicios, fortaleciendo cadenas productivas, optimizando las relaciones y flujos entre los distintos eslabones de las cadenas, así como propiciando encadenamientos productivos.

Asimismo, sugiere robustecer a mercados internos y locales, examinar los actuales modelos productivos y buscar otros alternativos, del mismo modo que los sistemas tecnológicos, para generar o apropiarse de la tecnología más accesible y adecuada para las condiciones de los territorios.

En síntesis, indica que habría que pensar en estrategias que fortalezcan aquellas actividades, procesos y recursos naturales que constituyen o pueden llegar a constituir ventajas para la región, tomando en cuenta las ventajas de localización, así como las que estén encaminadas a mejorar la calidad de los servicios, y a crear o fortalecer cadenas productivas orientadas a la competitividad, a buscar estrategias con las que se logre que el territorio ocupe una mejor posición en el mercado mundial.

En términos más particulares plantea que es indispensable la identificación de los factores de la región que ofrezcan ventajas, y en consecuencia el aumento y mejora de recursos y condiciones con las que cuenta, entre ellas: la infraestructura vial, los transportes, parques industriales, puertos, energía, equipamiento urbano, en suma, el incremento y avance de las condiciones de localización para el desarrollo de actividades innovadoras, en el marco de visiones estratégicas para el desarrollo.

Además, encuentra que es primordial realizar esfuerzos para crear economías de escala, para disminuir costos de producción, desarrollar nuevas cadenas de valor, así como generar y fortalecer relaciones de cooperación entre empresas para obtener ventajas de aglomeración, entre ellas las de intercambio de información; y aún más, considera ineludible generar una mejor relación entre el capital y el trabajo, lo que significa mejorar las condiciones laborales. Igualmente, plantea como condición de desarrollo la movilización de recursos endógenos, la promoción de sectores estratégicos, y sobre todo la creación de externalidades locales positivas, y la promoción de las inversiones regionales (pensando sobre todo en aquellas zonas más atrasadas).

Cabe hacer mención, que el enfoque de desarrollo territorial ha tenido un fuerte impulso derivado de la instauración de la Unión Europea (UE) en 1993, la cual se constituye con la intención de la creación de un mercado único, con libre circulación de mercancías, servicios, personas y capitales, es decir, con el propósito de promover una integración continental por medio de políticas comunes.

De hecho, la Comunidad Europea se ha convertido en una comunidad política de derecho, ya que ha desarrollado un sistema jurídico y político, para propiciar una integración y gobernanza de los países que la componen (hasta octubre de 2020 está formada por 27 países –el Reino Unido salió de esta comunidad el 31 de enero de este mismo año–). Efectivamente, se rige por un régimen de democracia representativa y para ello cuenta con las siguientes instituciones: el Parlamento Europeo, el Consejo Europeo, el Consejo, la Comisión Europea, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el Tribunal de Cuentas y el Banco Central Europeo. Cada una de estas instituciones se encarga de determinadas funciones, el Parlamento y el Consejo lo hacen de las cuestiones legislativas, el Consejo Europeo se hace cargo de la orientación de la política general.

La formación de la Unión Europea, con su sistema de gobierno transnacional, promueve la integración de sus países miembros por medio de políticas comunes, fundamentalmente económicas, por este motivo, la Comisión Europea en 1999 plantea una Estrategia Territorial Europea que pretende alcanzar un desarrollo equilibrado y sostenible del territorio de la Unión Europea, en la que destacan la contribución de la política de desarrollo territorial.1 Con esta estrategia los estados miembros y la propia Comisión acuerdan modelos y objetivos territoriales comunes para el futuro desarrollo del territorio de la Unión Europea.

En esta estrategia se despliegan una serie de políticas de desarrollo territorial que persiguen tres objetivos fundamentales a saber: 1) cohesión económica y social, 2) conservación y gestión de los recursos naturales y del patrimonio cultural y 3) competitividad más equilibrada del territorio europeo (Comisión Europea, 1999). Para el desarrollo de estas políticas territoriales, se hace patente que se requiere la colaboración de los Estados miembros y entre sus autoridades regionales y locales, especialmente la colaboración por encima de las fronteras nacionales, pero bajo un principio que llama la atención, el principio de subsidiariedad.

La Unión Europea reconoce que

no todos los territorios europeos cuentan con las mismas condiciones de partida, lo que complica el fortalecimiento de la cohesión económica y social de la UE. Por eso es tan importante procurar el logro paulatino de un equilibrio territorial con el objetivo de llegar a un crecimiento mejor repartido geográficamente por todo el territorio de la UE (objetivo de cohesión).

Sin duda, entre las principales preocupaciones de la Unión Europea se encuentran las disparidades regionales, por lo que busca que los proyectos regionales, nacionales o comunitarios realizados en un Estado, puedan tener gran influencia sobre la estructura territorial de otros Estados miembros, como parte de la integración económica y social que se pretende. Además, se piensa que las diferencias regionales de productividad no podrán seguirse compensando mediante modificaciones nacionales de los tipos de cambio, por lo que se señala que la ordenación del territorio puede contribuir a evitar el incremento de dichas disparidades regionales (Comisión Europea, 1999).

Con la Estrategia Territorial Europea se pretende que los proyectos de desarrollo de los distintos Estados miembros se orienten hacia los objetivos de desarrollo territorial establecidos en común. La Comisión Europea señala que las políticas sectoriales de los Estados requieren orientaciones de desarrollo que sobrepasen las delimitaciones territoriales. Sin embargo, la propia Comisión enfatiza que la diversidad cultural de los territorios que ahora forman parte de ella constituye uno de los principales factores potenciales de desarrollo de la Unión Europea, por lo cual no puede perderse, de ahí su interés en que las políticas implementadas –que repercuten en las estructuras territoriales– no deben uniformizar las identidades locales y regionales (Comisión Europea, 2009, p. 7).

Sin lugar a duda, la Unión Europea coloca precisamente al “territorio” como centro y objeto de acción del desarrollo, y considera varios principios y planteamientos del enfoque territorial, entre los principales se encuentran:

 Consideración del contexto mundial de desarrollo de la economía y la tecnología (tendencias generales de evolución demográfica, social y ambiental)

 Armonizar las exigencias sociales y económicas del desarrollo con las funciones ecológicas y culturales del territorio y contribuir de esta forma a un desarrollo sostenible y equilibrado a gran escala.

 Combinación de los objetivos de desarrollo equilibrado y conservación

 Estructura equilibrada del territorio

 Ordenación del territorio

 La transformación institucional, al crear un nuevo sistema jurídico-político y diferentes instituciones

 Colaboración de los diferentes niveles de gobierno y administración

 Creciente importancia de autoridades regionales y locales

 Participación de las ciudades y regiones en el desarrollo territorial

 Superación de la perspectiva de las políticas sectoriales (nuevas formas de cooperación)

 Desarrollo de un sistema equilibrado y policéntrico de ciudades y una nueva relación campo-ciudad

 Crecimiento económico “visible” para los ciudadanos en forma de más puestos de trabajo (lucha contra el elevado desempleo)

 Conservación del patrimonio natural y cultural

 Garantía de acceso equivalente a las infraestructuras y al conocimiento

 Convergencia de condiciones de vida y de trabajo

Cabe señalar que, para la aplicación de la Estrategia Territorial Europea con base en los objetivos que esta estrategia propone, se establecen políticas comunes a seguir por los Estados miembros de la UE, para realizarse de manera paulatina, lo que, a su vez, da lugar a la elaboración y ejecución de diversos proyectos territoriales. Entre las principales políticas que desarrolla la Comisión Europea se aprecian las siguientes:

 La política comunitaria de competencia

 Las redes transeuropeas (RTE)

 Los fondos estructurales

 La política agrícola común (PAC)

 La política de medio ambiente

 La política de investigación y desarrollo tecnológico (I+D)

 Las actividades de préstamo del Banco Europeode Inversiones (BEI)

Ahora bien, como parte de la Política Agrícola Común (PAC) la Comisión Europea adopta el Enfoque Liason entre actions de développment rural (Leader) y crea el Observatorio Europeo Leader, para promover el desarrollo sostenible en las zonas rurales europeas, ya que más de la mitad de la población de la UE vive en zonas rurales, las cuales representan el 90% del territorio de la UE (Observatorio Europeo Leader, 1999, p. 5). El enfoque Leader se centra en la perspectiva territorial del desarrollo y con él se llevan a cabo varios proyectos e iniciativas con financiamiento de la UE.

Entre las actividades realizadas por el Observatorio Europeo Leader, se encuentra la publicación de varios cuadernos y revistas, en las que se expone el propio enfoque territorial del desarrollo y se realizan aportaciones importantes sobre el mismo, también se presentan algunos proyectos ejecutados por Leader. Se menciona este Observatorio y sus publicaciones por sus contribuciones al desarrollo del propio enfoque territorial, entre las que destaca la construcción del nuevo concepto, el de Capital Territorial, y su relevancia para el desarrollo regional, concepto que abordaremos a continuación.

El capital territorial

Justamente en el marco del enfoque de desarrollo territorial y de la ponderación que se hace del desarrollo endógeno, el Observatorio Europeo Leader (en 1999) define al “Capital Territorial” como aquello que hace referencia a la dotación de elementos a disposición del territorio, de carácter material como inmaterial, que pueden constituir, de cierto modo, activos, y de otro, dificultades (Observatorio Europeo Leader, 1999, p. 19). Señala que se trata de la riqueza que tiene cada territorio, esto es, de los bienes de diversa clase con los que cuenta, a saber: recursos naturales, paisajes, patrimonio, conocimientos técnicos, edificaciones, infraestructura, historia, recursos humanos y sus capacidades, organización, identidad, valorización del territorio.

Para el análisis del capital territorial, el Observatorio Europeo Leader, propone una clasificación de una serie de sus componentes, que permitan establecer una visión global. Establece ocho componentes a saber:

 Los recursos físicos y su gestión, en particular los recursos naturales (relieve, subsuelo, suelo, vegetación y fauna, recursos hidráulicos, atmósfera), los equipamientos e infraestructuras, el patrimonio histórico y arquitectónico.

 La cultura y la identidad del territorio, los valores comúnmente compartidos por los agentes del territorio, sus intereses, su mentalidad, sus formas de reconocimiento, etc.

 Los recursos humanos, los hombres y las mujeres que viven en el territorio, los que acuden a vivir y los que se van, las características demográficas de la población y su estructuración social.

 Los conocimientos técnicos implícitos/explícitos y las competencias, así como el control de las tecnologías y la capacidad de Investigación y Desarrollo.

 Las instituciones y administraciones locales, las reglas de juego político, los colectivos, y, más en general, lo que se llama hoy la “gobernación” del territorio; en este componente se incluyen también los recursos financieros (de las instituciones, de las empresas y las personas, etc.) y su gestión (ahorro, crédito, etc.), en la medida en que la gobernación de un territorio es inseparable del compromiso formal que los agentes locales están dispuestos a asumir juntos (financiaciones públicas y privadas, etc.).

 Las actividades y empresas, su mayor o menor concentración geográfica y su estructuración (tamaño de las empresas, sectores, etc.).

 Los mercados y las relaciones externas, en particular, su integración en los distintos mercados, redes de intercambio, de promoción, etc.

 La imagen y la percepción del territorio, tanto interna como externa” (Observatorio Europeo Leader, 1999, p. 22).


Poco tiempo después, en (2001, p. 15) la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (:OCDE), establece que las unidades territoriales dentro de los países cuentan con un capital específico –esto es el “capital territorial”– que es distinto de otros de otras áreas y es determinado por muchos factores […]” que pueden incluir:

 la localización del área geográfica,

 su tamaño,

 dotaciones de factores de producción,

 clima,

 tradiciones,

 recursos naturales,

 calidad de vida,

 economías de aglomeración provistas por sus ciudades,

 incubadoras de negocios,

 distritos industriales u otras redes de negocios que reducen costos de transacción.

Otros factores pueden ser:

interdependencias no comerciales, tales como entendimientos, costumbres y reglas informales que permiten a los actores económicos trabajar juntos bajo condiciones de incertidumbre o de solidaridad, asistencia mutua y cooptación de ideas que a menudo se desarrollan en grupos de pequeñas y medianas empresas que trabajan en el mismo sector (capital social).

Por último, según Marshall, hay un factor intangible, “algo en el aire”, llamado “ambiente” y que es el resultado de una combinación de instituciones, reglas, prácticas, productores, investigadores y responsables políticos que hacen posible una cierta creatividad e innovación” (:OECD, 2001, p. 15).

Por su parte, el economista Roberto Camagni, en el año 2009 define el “capital territorial” como el sistema de una variedad de bienes o activos territoriales de naturaleza económica, social, cultural y medio ambiental y específica los bienes o activos de la siguiente manera:

 Un sistema de externalidades localizadas, tanto pecuniarias (donde sus ventajas son apropiadas mediante transacciones de mercado) como tecnológicas (cuando las ventajas son explotadas por la simple proximidad a la fuente).

 Un sistema de actividades de producción localizadas, tradiciones, habilidades y conocimientos.

 Un sistema de relaciones de proximidad localizadas, que constituyen un “capital” –de carácter social, psicológico y político– en el sentido de que eleva la productividad estática y dinámica de los factores locales.

 Un sistema de elementos y valores culturales que atribuyen sentido y significado a las prácticas y estructuras locales y definen las identidades locales, elementos que adquieren un valor económico siempre que puedan transformarse en productos comercializables – bienes, servicios y valores – que pueden impulsar la capacidad interna de explotación de las capacidades locales.

 Un sistema de reglas y prácticas que definen un modelo de gobierno local (Camagni R., en Capello, Caragliu y Nijkamp 2009, p. 120).

Además, Camagni elabora una clasificación para los elementos del capital territorial de acuerdo con su grado de competencia, a saber: bienes privados y bienes públicos y éstos a su vez los clasifica en bienes tangibles, duros, bienes tangibles mixtos (duros-blandos) y bienes intangibles, los cuales dependiendo de su uso, desarrollo y aprovechamiento alcanzan un cierto nivel de competencia: alta o baja (Camagni, 2009, pp. 121-122). Más adelante ahondaremos en ellos.

La clasificación de Camagni permite la identificación y análisis de los bienes y activos que posee cada territorio y especialmente conocer aquellas interacciones que existen entre diversos factores y descubrir cuáles son aquellas que pueden constituir una fuente de impulso al desarrollo endógeno, constituir su base para el logro de la competitividad.

Es importante señalar, que tanto para el Observatorio Europeo Leader, como para la :OECD y para Roberto Camagni, el capital territorial es mucho más que sólo una lista de activos locales, de hecho, en la perspectiva territorial del desarrollo se subraya que no sólo se trata de un inventario contable, sino de la identificación de especificidades susceptibles de aprovecharse y ponerse de relieve (Observatorio Europeo Leader, 1999, p. 19). Por su parte, como se ha mencionado, la :OECD destaca que el capital territorial también está integrado por activos inmateriales, es decir, por patrones culturales, ideas, relaciones sociales, políticas e interacciones entre los distintos actores de un territorio, a lo que denomina “algo en el aire”, en el “ambiente”. De tal suerte, que lo que tiene cada territorio es distinto, no sólo por las diferentes dotaciones de bienes, sino especialmente por las especificidades del ambiente que ha creado, aquellas que pueden significar un potencial para lograr un mayor desarrollo. Incluso ello lleva a la :OECD a afirmar que “Esto significa que las áreas no solo tienen las ventajas comparativas que David Ricardo señaló (es decir, que son más competitivas debido a los costos relativos de los factores de producción), sino también tienen ventajas absolutas, porque tienen activos únicos” (:OECD, 2001, p. 16). Con respecto a esta afirmación, Camagni, va más allá, al señalar que “Las regiones no compiten entre sí sobre la base del principio Ricardiano de las “ventajas comparativas”, el cual garantiza a cada región un papel en la división internacional del trabajo, sino más bien sobre el principio de Smith, de la “ventaja absoluta” (Camagni, 2002).

Para Camagni, la importancia del capital territorial descansa en que se pueden definir las propiedades de los activos locales, e identificar las potenciales interacciones y sus implicaciones para las políticas de desarrollo. Incluso, anota que el potencial de este concepto reside en el reconocimiento de posibles interacciones entre factores de distinta naturaleza. De tal suerte, que se considera que el “capital territorial” puede desempeñar un papel esencial en el logro del desarrollo de los territorios, en conseguir competitividad en la economía global, lo cual depende de la capacidad de los actores locales para utilizar de manera efectiva sus activos o capacidades, de valorizar sus activos (naturales, patrimoniales, de conocimientos, técnicos, relaciones sociales, patrones culturales, instituciones, etc.).

Sin embargo, Camagni reconoce que el nuevo concepto de capital territorial merece ser examinado más profundamente, especialmente por lo que respecta a sus componentes y significado económico. Para este autor está claro que algunos elementos del capital territorial pertenecen a la misma clase y otros difieren sólo en términos del enfoque teórico de sus proponentes, mientras que otros faltan. Incluso cuestiona acerca de la pertinencia de aplicar la noción de “capital” a algunos de los elementos, porque no implican inversión, o remuneración ni son un factor de producción expresado en términos cuantitativos (Camagni, 2008, p. 37).

Un aspecto importante que el Observatorio Europeo Leader, subraya sobre el concepto de capital territorial, es que éste no es estático, sino dinámico, porque está asociado al proyecto político territorial que los actores locales deben construir, así como a la búsqueda de la competitividad territorial. Además, plantea que para evaluar el capital territorial es indispensable hacerlo en función de la historia del territorio, para comprender el presente, y poder reconocer elementos del pasado con los cuales se pueda desarrollar una estrategia de desarrollo para el momento y con una visión a futuro. Esto último porque los actores locales deben forjarse una visión de futuro de su territorio, en la cual la identificación y ponderación del capital territorial con el que se cuenta se convierte en un elemento clave para desprender estrategias con las cuales se aprovechen las especificidades del territorio, y el uso inteligente de los recursos disponibles.

Razón por la cual, el Observatorio Europeo Leader sostiene que el análisis del capital territorial es fundamental y puede contribuir a descubrir elementos olvidados o descuidados del territorio, que pueden convertirse en factores clave para el proyecto de desarrollo de un determinado territorio. Pero, precisa que no se pueden olvidar los vínculos del territorio con el exterior, porque son elementos determinantes del capital territorial, que pueden llevar a descubrir oportunidades en los mercados, las intenciones de inversiones exteriores, la toma de conciencia de recursos potenciales (Observatorio Europeo Leader, 1999, p. 21).

Camagni también concede una gran importancia al análisis del capital territorial, porque para él

los elementos incluidos bajo el concepto integral de capital territorial, representan el potencial de desarrollo de los lugares, las dotaciones de capital territorial regional en sí mismas plantean implicaciones políticas relevantes, ya que ‘cada región tiene un capital territorial’ específico que es distinto del de otras áreas y genera un mayor rendimiento para tipos específicos de inversiones que para otros, ya que estos son más adecuados para el área y usan sus activos y su potencial con mayor eficacia (2009: 120, citando a la Comisión de Desarrollo Regional de la Unión Europea, 2005, p. 1).

Ciertamente, tanto para los organismos internacionales, como para científicos sociales que han contribuido a la comprensión y definición del concepto capital territorial, éste constituye un factor relevante para el desarrollo de las regiones, para su competitividad.

El capital territorial: desarrollo y competitividad regional

Como puede apreciarse, las regiones se han constituido en los principales territorios a los que se han orientado las estrategias y proyectos de desarrollo territorial tanto en Europa como en América Latina, aunque el paradigma comprende al territorio en distintas escalas geográficas y por ende la aplicación de sus propuestas de acción para el logro del desarrollo en espacios de diferente tamaño. Pero el interés en el desarrollo regional es significativo, por varias razones, entre ellas, la existencia o incluso ampliación de las disparidades regionales, el menor desarrollo que presentan las áreas rurales respecto a las urbanas, porque se han convertido en los actores principales que compiten internacionalmente entre sí, por capital, tecnología y mercados, a causa de la dinámica de la economía capitalista de alcance global; y porque dichos espacios son los más próximos y determinantes para los distintos bienes y servicios que sus poblaciones gozan, tales como: empleo, educación, vivienda, salud), motivos por los cuales, las regiones (aunque también las comunidades) hoy en día se han constituido en la plataforma del desarrollo. Sergio Boisier2 señala, que hay que considerar que estos espacios no son independientes, sino que se articulan entre sí (desde el espacio mundo, el de país, el de las regiones o entidades hasta llegar al ámbito local), en una real jerarquía, sin que ello signifique que los espacios de menor tamaño no puedan gozar de grados de libertad (1999, p. 26).

Precisamente Boisier considera que el potencial de desarrollo de las regiones reside en los vínculos que pueden crearse en los elementos del entorno interno, lo que en realidad significa la capacidad de las regiones de conducir y aprovechar los elementos que tienen para posicionarse mejor en el contexto global, es decir, de ser “exitosas”. Con lo que está planteando el que las regiones deben tomar en cuenta los recursos naturales, los factores económicos con los que cuenta para ser exitosas, pero enfatiza en que no sólo deben considerar esta clase de factores, sino también a los patrones culturales, a las interacciones sociales, a los aspectos psicosociales, es decir, a los recursos a los que se les ha denominado capital social.

De tal manera que Boisier, sin utilizar el concepto de capital territorial, alude a él, puesto que advierte la relevancia que tienen elementos de carácter social, cultural y político, las interacciones entre los distintos agentes que habitan una región y que construyen un entorno interno, lo que la :OECD denomina un cierto “ambiente. Por ello señala la necesidad de identificar y generar nuevo conocimiento sobre esos elementos que pueden contribuir al desarrollo de las regiones, y su obligada valorización (1999, p. 29), afirmación con la cual hace alusión sobre la necesidad de generar conocimiento y valoración del capital territorial de las regiones.

De hecho, Boisier considera que para que las regiones sean “exitosas” es fundamental contar con la información y el conocimiento sobre el territorio, con la base científica del conocimiento sobre los fenómenos del desarrollo territorial, como apunta

en otras palabras, no hay conocimiento más importante que aquel que da luz sobre los factores determinantes del desarrollo. En todo esfuerzo contemporáneo de fomento del desarrollo territorial hay que responder explícitamente a una pregunta central: ¿De qué depende el desarrollo de un territorio en un contexto de economías de mercado abiertas y descentralizadas? Si no es posible responder a esta pregunta, es claro que todo intento de intervenir sobre el proceso latente, a fin de desatarlo o acelerarlo, será un intento azaroso que dará resultado si se tiene buena suerte (1999, pp. 27-28).

El autor responde a la pregunta, afirmando que, para lograr el desarrollo, no es suficiente la obtención de información y de conocimiento sobre los factores causales del desarrollo (desde aquellos relativamente clásicos como los recursos naturales, hasta los de más moderna concepción, como la capacidad de crear progreso técnico) sino que es indispensable la generación de una sinergia entre los factores, es decir, a través de una articulación cohesionada e inteligente de los factores causales. También aclara que en realidad se trata de un proceso complejo y permanente de coordinación de decisiones por los diversos actores del territorio, que debe convertirse en una “matriz decisional” orientada al desarrollo (1999, p. 28). Esta matriz decisional debe convertirse en un proyecto político de desarrollo que advierta las fuerzas endógenas y exógenas del crecimiento y del desarrollo para propiciar interrelaciones dinámicas que beneficien a las regiones (1999, p. 22).

Evidentemente para Boisier no sólo se trata de la generación de información y conocimiento del capital territorial con el que cuentan las regiones, sino de su aprovechamiento por parte de los actores locales, quienes deben emplearlo en la construcción y ejecución de su proyecto político de desarrollo, especialmente en el contexto de la globalización, en el cual los territorios compiten entre sí por el capital y los mercados. Así que, el empleo inteligente del capital territorial puede permitir responder mejor a los actores locales frente a las fuerzas económicas de la globalización, esto es, de manera rápida, flexible, y obtener más ventajas, con otras palabras, ser más competitivos.

Cabe señalar, que de acuerdo con Boisier, el proyecto político de las regiones debe suscitar el desarrollo, entendido como no el privilegio de unos pocos; es el derecho de todos, que se alcanza mediante procesos colectivos basados en el conocimiento, en la asociatividad, en el liderazgo político.” (1999, p. 30), impulsando para ello los factores de crecimiento y desarrollo que posee la región.

Concepción del desarrollo que conlleva el conocimiento y utilización acertada del capital territorial de la región, puesto que esta capacidad de conocimiento, de grados de asociación y ejercicio de liderazgo político supone el aprovechamiento y valoración no sólo de recursos físicos, naturales y económicos, sino especialmente de los ethos de los actores, de los aspectos culturales, psicosociales, las interacciones sociales, en suma, de los denominados capital humano y capital social. Como puede apreciarse, Boisier sin emplear el concepto de capital territorial, hace referencia a la importancia que tienen los activos de las regiones para lograr su desarrollo.

Como hemos visto, Camagni le otorga una gran importancia al capital territorial para el desarrollo de las regiones, pero para comprender cuáles son los factores que él considera clave para el logro de la competitividad regional o territorial, es oportuno conocer la diferenciación que él realiza de los bienes que forman este capital, así como la definición que realiza de éstos, a saber:

1) Bienes y recursos públicos. Aquellos bienes públicos tradicionales, tales como capital social e infraestructura social, recursos naturales y culturales de propiedad pública, recursos ambientales. Bienes que constituyen la base general de atracción del territorio local, y representan externalidades, las cuales permiten mejorar la rentabilidad de las actividades locales. Aunque advierte que estos pueden ser explotados de manera insostenible.

2) Bienes tangibles intermedios, de competencia mixta. Son redes propietarias en el transporte, comunicación y energía; bienes públicos sujetos a efectos de obstrucción de su circulación; bienes colectivos compuestos por una mezcla de bienes públicos y privados como el paisaje urbano y rural, o bienes complementarios que definen un sistema de patrimonio cultural.

3) Capital Fijo Privado y Bienes de Peaje. El stock de capital fijo privado, que es un componente tradicional del capital territorial, que a corto plazo puede permitir tomar ventaja de la ampliación de la demanda del comercio mundial, pero a largo plazo puede ser volátil y móvil. También pueden ser externalidades pecuniarias de naturaleza dura que abarcan bienes de capital de alta calidad o bienes intermedios producidos en el contexto local y vendidos en el mercado.

4) Capital social. Son bienes intangibles de carácter público o colectivo. Se pueden definir como el conjunto de normas y valores que gobiernan las interacciones entre las personas, las instituciones en las que se incorporan, las redes relacionales establecidas entre los diferentes actores sociales, y la cohesión general de la sociedad (Camagni añade que no está suficientemente definida su naturaleza y componentes económicos).

5) Capital relacional. Se puede interpretar como el subgrupo de vínculos bilaterales / multilaterales que los actores locales han desarrollado, tanto dentro y fuera del territorio local, facilitado por un ambiente de fácil interacción, confianza, modelos y valores de comportamiento compartidos. El capital relacional se asemeja al concepto de “medio local”, lo que significa un conjunto de relaciones de proximidad que reúnen e integran un sistema de producción local, un sistema de actores y representaciones, así como una cultura industrial, la cual genera un proceso dinámico localizado de aprendizaje colectivo.

6) Capital humano. Es un activo disponible para que los territorios puedan competir en el ámbito internacional mediante el fortalecimiento de actividades locales y atrayendo las extranjeras. Las teorías del crecimiento endógeno desarrollaron el concepto en modelos de crecimiento formalizados.

7) Economías de aglomeración, conectividad y receptividad. Son bienes públicos o colectivos de naturaleza mixta: duro y blando, son elementos que conciernen: economías de aglomeración –caracterizados por especialización en algunos sectores, tecnologías o filières– economías de distrito, ciudades y distritos industriales. Proporcionan ventajas económicas como la reducción de costos de transacción, externalidades cruzadas, división del trabajo y economías de escala que constituyen una gran parte del capital territorial.

8) Redes de cooperación. Integra activos tangibles e intangibles y produce bienes y servicios tradicionalmente suministrados a través de redes de cooperación públicas / privadas o privadas / privadas. Alianzas estratégicas para Investigación y Desarrollo, para la creación de conocimiento apoyadas por organismos públicos de difusión del conocimiento, que operan en mercado abierto con algún apoyo público.

9) Servicios privados relacionales. Servicios de naturaleza relacional pueden ser proporcionados en su totalidad por el mercado: un ejemplo, cuando las empresas buscan socios externos y proveedores (a través de instituciones financieras o agencias de consultoría especializadas), o en los casos de transferencia tecnológica, asociación y difusión, así como los efectos indirectos de las universidades (Camagni, 2008).

Como hemos mencionado Camagni elabora una clasificación de los componentes del capital territorial que se expone a continuación (ver cuadro 2.1).


Ahora bien, de acuerdo con su taxonomía (en la que establece bienes tangibles, intangibles e intermedios con alta y baja competencia), diseña dos cuadros con una cruz, en uno define los factores tradicionales del capital territorial (que han sido considerados factores determinantes del desarrollo regional) en los esquemas de política regional (capital, trabajo, infraestructura) que denomina la cruz tradicional y en el otro, establece los factores innovadores (procesos cognitivos, la capacidad de trasladar elementos virtuales e intangibles en acciones efectivas, para cooperar e implementar asociaciones público-privadas, en convertir el potencial relacional en vínculos reales entre los agentes económicos) que están relacionados a la lógica de acumulación y que con una sabia explotación pueden constituir un soporte para la política de desarrollo regional, por lo que la llama una cruz innovadora (Camagni, en proceso de publicación).


Con esta cruz innovadora, Camagni le concede una gran importancia a los elementos que él denomina capital relacional, es decir, que reconoce que estos elementos desempeñan un papel clave actualmente para que las regiones logren ser competitivas. De hecho, considera que es indispensable una fuerte relacionalidad para la gobernanza del proceso de desarrollo local, especialmente cuando se trata de la gestión de los bienes de grupo o bienes públicos impuros que pueden ser sujetos de obstrucción o ser aprovechados por comportamientos oportunistas de algunos agentes, por lo que se requieren nuevas formas de gobernanza, de participación e inclusión, para que sean aprovechados por la comunidad local (Camagni, 2008, p. 46).

Camagni señala que, para hacer frente a la cuestión de la sociedad del conocimiento, la política pública en lugar de inyectar dinero público directamente en el sistema de empresas, universidades y centros de investigación (que en general tienen sus propios objetivos específicos) debe apoyar acciones “relacionales”, tales como esquemas comunes y proyectos de producción resultado de la cooperación entre estas instancias que operan en el ámbito local o a escala regional. De manera que su enfoque sugiere una nueva función para los responsables políticos locales o regionales como “facilitadores” de los vínculos y la cooperación entre actores, tanto a nivel regional como a nivel interregional / internacional (Camagni, 2008, p. 47).

Por su parte los economistas Roberta Capello, Andrea Caragliu y Peter Nijkamp (2009), parten de reconocer la importancia que tienen actualmente las regiones en un mundo globalizado, y sostienen que estos espacios geográficos son cada vez más atractivos para el crecimiento económico y la innovación, pero que al mismo tiempo existe una distribución desigual del aumento de la productividad y el crecimiento económico entre ellos en una economía de libre mercado. Para estos autores, las desigualdades regionales (en términos del :PIB per cápita, empleo, desempleo) no sólo se explican por el menos eficiente uso de los factores de producción (capital-trabajo), sino que también pueden deberse a las condiciones de inercia que tiene un sistema regional.

Cabe hacer mención que estos autores toman en consideración la taxonomía del capital territorial elaborada por Camagni, y que ellos sostienen que el desempeño económico de las regiones puede ser el resultado de dos condiciones:

1) de la producción local-regional y el uso de conocimiento apropiado y avanzado (es decir, de su condición cultural-cognitiva); y 2) de la disponibilidad y la implementación efectiva del capital territorial (es decir, las amenidades y condiciones geográficamente localizadas). Capello, Caragliu y Nijkamp (2009, p. 4),

enfatizan que el uso efectivo del capital territorial puede contribuir a mejorar la eficiencia del crecimiento económico, si se tiene una orientación empresarial en la región, es decir, una disposición a la apertura y a la creatividad, una actitud empresarial de búsqueda de oportunidades, de sistemas institucionales locales orientados a responder a los desafíos.

Además, ellos consideran que la gestión del conocimiento y del capital territorial son factores clave para el logro de crecimiento económico y el desarrollo de la innovación en las regiones, porque consideran que si se tiene la capacidad de gestionar la información para identificar y resolver problemas de forma adecuada, particularmente en el ámbito económico, esta capacidad conducirá a transformar la información en innovación y en aumentos de productividad, por medio de la interacción cooperativa o de mercado. Pero destacan que el conocimiento no sólo es resultado de los esfuerzos individuales, sino fundamentalmente de procesos de aprendizaje interactivos que involucran a muchos clientes y proveedores en las cadenas de suministro, que en general el conocimiento es resultado de capacidades que se complementan y que de hecho se convierte en un factor de producción crítico que se suma a la ventaja comparativa de las naciones y regiones, por lo que contribuye a la competitividad regional (Capello, Caragliu y Nijkamp, 2009, p. 4).

Para Capello, Caragliu y Nijkamp, los elementos espaciales que explican las diferencias para captar innovación y convertirla en crecimiento económico entre las regiones son los activos intangibles altamente territorializados con los que cuentan las regiones, particularmente: la confianza local y el sentido de pertenencia territorial. Estos autores aseguran que el crecimiento económico regional no sólo se logra teniendo disponibilidad de capital y mano de obra calificada, sino que es decisivo contar con sentido de pertenencia territorial, confianza local, creatividad y conectividad. Para ellos, el que las regiones posean la capacidad de que sus actores económicos trabajen juntos, bajo principios de solidaridad, asistencia mutua, aprovechamiento de ideas que se desarrollan en pequeñas y medianas empresas, en suma, que tengan la capacidad de construir entornos altamente creativos e innovadores (resultado de la combinación de instituciones, reglas, prácticas, productores, investigadores, legisladores) genera oportunidades de crecimiento económico. De tal suerte, que la capacidad de las regiones para llevar a cabo procesos de innovación y tornarse en crecimiento económico, depende de un uso eficiente de los activos intangibles de los que disponen las regiones.

Estos autores comparten la idea de que el crecimiento regional deriva de la presencia equilibrada de elementos tangibles e intangibles de las dimensiones económica y social (factores de producción, infraestructura, capital humano, capital social –propensión a la cooperación entre los actores–, capacidad de aprendizaje de las personas, empresas e instituciones locales), pero destacan la importancia de la capacidad de los agentes económicos para establecer sinergias y cooperación, así como la disposición de capital real o financiero, los procesos de capacitación de la fuerza de trabajo, el uso de nuevas tecnologías, la difusión de la información y la dotación de infraestructura.

De acuerdo con estos autores, el crecimiento económico de una región y por ende su nivel de competitividad depende no sólo de los recursos materiales de los que dispone, sino también de manera crucial

de la riqueza de elementos cognitivos, o la forma en que los individuos piensan y se comportan. Debido a que el capital es hipermóvil, la competitividad de las regiones depende de los recursos intangibles y su desarrollo. Elementos intangibles relacionados con la cultura y la capacidad innovadora se acumulan a través de procesos lentos de aprendizaje individual y colectivos impulsados por la información, la interacción y las inversiones en investigación y capacitación. Tales elementos son por lo tanto intrínsecamente localizados y acumulativos, incorporados en el capital humano y en las redes relacionales locales, en el mercado labo-

ral y en el contexto local, en consecuencia, son altamente selectivos en términos espaciales (Capello, Caragliu y Nijkamp, 2009, p. 7).

Capello, Caragliu y Nijkamp piensan que ciertos elementos tales como: la creatividad, el espíritu emprendedor, las relaciones de capital social y las economías de aglomeración influyen en la capacidad de una región para lograr rendimientos crecientes, por lo que centran su atención en estos elementos, especialmente en las redes de cooperación, capital relacional y economías de aglomeración. Aunque aclaran que el capital relacional puede diferenciarse del efecto agregado de las redes sociales y de la confianza que se genera con las interacciones socio-

económicas, para lo cual citan a Camagni, quien afirma:

Si bien puede argumentarse que existe un capital social dondequiera que exista una sociedad, el capital ‘relacional’ puede interpretarse como el conjunto de vínculos bilaterales / multilaterales que los actores locales han desarrollado, tanto dentro como fuera del territorio local, facilitado por una atmósfera de fácil interacción, confianza, modelos de comportamiento compartidos y valores (Capello, 2009, p. 9, citando a Camagni, 2008).

Considerando este capital relacional, Capello, Caragliu y Nijkamp (2009) plantean que la proximidad sociocultural, el sentido de pertenencia a una cultura común (que fomenta el entendimiento mutuo, que ayuda a la formación de confianza individual, y con el paso del tiempo a una confianza colectiva) contribuye de manera significativa a formar un entorno socioeconómico más eficiente. De hecho, ellos piensan que la presencia de elementos cognitivos del capital territorial en una región y su alta capacidad de explotar el conocimiento ayudará a lograr rendimientos crecientes en los procesos de crecimiento, esto es, que los elementos cognitivos actuarán como catalizadores para las interacciones económicas.

Con base en un modelo conceptual y analítico desarrollado por estos economistas, ellos identifican un conjunto de variables que fomentan las interacciones socioeconómicas en una región, y precisamente se trata de las economías de aglomeración, el capital social y relacional, la receptividad del conocimiento y la gobernanza. Comprueban que los elementos cognitivos del capital territorial a saber: el aprendizaje colectivo, la comprensión mutua, la confianza recíproca y el compromiso social, ejercen un papel importante en el desempeño económico a largo plazo, es decir, que son elementos que inciden en la creación y acumulación de riqueza.

Sin lugar a dudas, la riqueza del concepto de capital territorial ha venido siendo utilizada para explicar y comprender la importancia que tienen las dotaciones de bienes tangibles e intangibles con las que cuentan las regiones y su uso eficaz para un mejor desempeño económico, sin embargo, queda mucho trabajo por realizar, si se piensa no sólo en el desarrollo económico de las regiones, sino en su desarrollo integral, es decir, en su competitividad territorial, lo que significa descubrir y explicar cuáles son los activos territoriales que deben utilizarse de manera eficaz para lograr competitividad en todas las otras dimensiones presentes en los territorios, a saber: social, cultural, medioambiental y político institucional.

Con base en la taxonomía del capital territorial de Camagni y con la clasificación hecha por el Observatorio Europeo Leader, bajo nuestra perspectiva, se exponen los componentes del capital territorial que pueden ser clave en el logro de cada una de las competencias que forman parte de la competitividad territorial, lo que a continuación se presenta en los cuadros 2.2, 2.3 y 2.4:




Si bien el Observatorio Europeo Leader no contempla a la dimensión político-institucional en su concepción de competitividad territorial, nosotros la consideramos e incluimos en el logro de la competitividad, porque consideramos que esta dimensión juega un papel crucial para el desempeño y alcance del desarrollo regional, y en última instancia, para que las regiones logren ser competitivas en términos territoriales. Razón por la cual, con base en los planteamientos del Observatorio Europeo Leader y de Sergio Boisier, definimos a la competitividad político-institucional, como la capacidad de las instituciones (locales, regionales y nacional) de gobernar a su territorio por medio de un proyecto político de desarrollo territorial –lo que supone la construcción de sinergias entre los distintos agentes del territorio y fundamentalmente la confianza en las instituciones gubernamentales– que identifique y utilice de manera efectiva los activos de los que dispone para lograr la competitividad económica, socio-cultural y medioambiental en el contexto de la globalización.


No hay duda de que el capital territorial desempeña un papel clave para el logro del desarrollo de las regiones, con otras palabras, el alcance de su competitividad territorial, pero se requiere profundizar en su estudio para descubrir y medir los efectos de los distintos componentes del capital territorial en las diferentes dimensiones que están presentes en los territorios, especialmente sus interrelaciones, para llevar a cabo su uso eficaz y eficiente por parte de los actores locales, en la elaboración y ejecución de proyectos políticos de desarrollo regional.

Proyectos que deberán partir del conocimiento del capital territorial con el que cuentan sus territorios, de la comprensión de la compleja realidad, de que las interacciones o repercusiones del uso y aprovechamiento de los bienes que componen su capital territorial puede ser múltiple y variado, y que se requiere de una articulación y gestión inteligente de los bienes, gestión que deberá considerar no sólo el entorno interno, sino también el externo. A continuación, presentamos una figura sobre lo que, desde nuestro punto de vista, comprendería la gestión de un territorio, especialmente a escala regional para el logro de su desarrollo y competitividad.


Como hemos visto, la identificación, valoración y uso eficaz del capital territorial con el que cuentan las regiones es fundamental para el desarrollo regional, pero especialmente, es necesaria la construcción de sinergias, consenso entre los diversos agentes locales e instituciones, el fortalecimiento del capital relacional, el fomento de una cultura de innovación, la articulación de políticas multisectoriales y multi niveles (local, regional y nacional), sin perder de vista la dinámica de la globalización.

Notas del capítulo 2

1 El documento en el que se expone la Estrategia Territorial Europea fue resultado de un intenso debate de los Estados miembros entre sí y con la Comisión Europea, así como de una amplia participación de instituciones y grupos responsables del desarrollo territorial. Ver Comisión Europea, 1999. La Estrategia Territorial Europea.

2 Sergio Boisier es uno de los científicos latinoamericanos pioneros en incorporar la visión territorial al análisis del desarrollo regional. Ver Boisier S. 1999 Teorías y metáforas del desarrollo regional.

Región centro del estado de Guanajuato y desafíos para su competitividad

En los capítulos anteriores, hemos visto que la globalización ha ocasionado una serie de cambios económicos, sociales, culturales y políticos en los territorios, derivados del surgimiento de una “economía global” sostenida por una red global de operaciones de producción, reproducción, mantenimiento y financiamiento. Una economía global, que no obstante su dimensión planetaria, no produce los mismos cambios, ni avances en materia de desarrollo económico y social en todos los territorios. Incluso, como hemos advertido, la globalización ha propiciado una heterogeneidad en los espacios geográficos, de conformidad con la propia lógica de la dinámica económica capitalista que profundiza desigualdades, y con el hecho de que no todos los territorios presentan las mismas condiciones (estructuras productivas, mercados de trabajo, capital, capacidades tecnológicas, organizativas, etc.) ni sus actores son iguales.

Asimismo, como hemos señalado, la globalización ha propiciado la competencia entre localidades, regiones y países para conseguir un mejor desempeño económico, una mejor posición en la economía capitalista global y realmente ha impulsado la competitividad entre los territorios, pero básicamente en su dimensión económica. Sin embargo, organismos internacionales y varios científicos enfatizan en la necesidad de propugnar por una competitividad en todas las dimensiones del territorio, esto es, social, cultural, medioambiental y político-institucional.

Esta competitividad que existe entre los territorios, así como la dinámica global-local que se suscita entre el proceso de globalización y los actores locales, quienes actúan con sus recursos y procesos particulares, nos lleva a explorar la manera en que estos fenómenos están ocurriendo en la región centro del estado de Guanajuato, una de las más importantes para la propia entidad federativa, pero también del país. Examen que realizamos en este capítulo de manera breve, para, posteriormente, en los siguientes capítulos, proceder a un análisis y valoración del capital territorial con el que cuentan sus subregiones cinco y seis en las distintas dimensiones de la competitividad territorial.

Primero presentamos un breve panorama del estado de Guanajuato y después de la región centro (subregiones cinco y seis), para enseguida exponer a grandes rasgos la forma en que ha venido ocurriendo el proceso de globalización en Guanajuato y en la región, así como sus niveles de competitividad de acuerdo con algunos índices ya establecidos.

Panorama del estado de Guanajuato

Ubicación geográfica y características medioambientales

Guanajuato se localiza en la zona centro de México, conocido como el Bajío, entre los 19°55’08’’ y 21°52’09’’ de latitud norte y entre los 99°39’06’’ y los 102°05’07’’ de longitud oeste; colinda al norte con los estados de Zacatecas y San Luis Potosí; al este con el estado de Querétaro, al oeste con el estado de Jalisco y al sur con el estado de Michoacán; Cuenta con una extensión territorial que representa el 1.56% de la superficie del país con un total de 30.607 km2 ocupando el lugar 22 a nivel nacional (:INEGI, Marco Geoestadístico Nacional).


Ciertamente, al ubicarse entre la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre Occidental, su parte norte forma parte de la Mesa Central y su parte sur forma parte del Eje Neovolcánico. Su mesa central tiene amplias llanuras, también algunas serranías volcánicas. En el noreste destaca la Sierra Gorda, con una topografía de origen volcánico; en tanto que en el noroeste se encuentra la Sierra Madre oriental, que presenta elevados cerros, montañas y valles. La mayor parte de su superficie territorial (72.5%) es semiárida, otra parte (15.4%) es trópico seco y una superficie menor (12.1%) es templada (:INEGI, 2018). Además, esta entidad federativa cuenta con una Reserva de la biosfera, la Sierra Gorda de Guanajuato. En cuanto al clima, el estado cuenta con tres: semiárido, cálido y templado.

En lo que se refiere a su hidrografía e hidrología, en el estado convergen dos regiones hidrológicas: la región XII Lerma-Santiago y la región XXVI Pánuco, la primera con 82.6% y la segunda con un 17.4%. Confluyen ocho cuencas y 23 subcuencas que son territorios delimitados en donde se concentran los escurrimientos de arroyos y/o ríos, los cuales confluyen y desembocan en un punto. Las cuencas más grandes en el estado son: Río Lerma-Salamanca, Río Laja y L. de Pátzcuaro-Cuitzeo-L. de Yuriria, así como la cuenca Río Moctezuma. El río Lerma recorre el estado de oriente a poniente cruzando varias subregiones.

Asimismo, la entidad cuenta con agua subterránea, existen 20 acuíferos que son formaciones geológicas conectadas de manera hidráulica por las que circulan o se almacena agua, que es utilizada para llevar a cabo actividades productivas y de servicios. Destaca el hecho de que de los 20 acuíferos que la entidad tiene, 18 se encuentran sobre-explotados, es decir, que se extrae más volumen de agua, que aquella que se destina para su recarga. De acuerdo con el Instituto de Planeación del Estado de Guanajuato, los acuíferos más sobre-explotados son: Laguna Seca, el acuífero Río Turbio, Dr. Mora-San José Iturbide y Celaya. Esta entidad federativa se divide administrativamente en 46 municipios, los cuales son muy diversos en cuanto al tamaño de su territorio, condiciones fisiográficas y cantidad de población.


Panorama sociodemográfico

En términos demográficos, la entidad ocupa el sexto lugar a nivel nacional en cuanto a volumen de población, con 5 853 677 habitantes, de acuerdo con los datos de la Encuesta Intercensal 2015 que realiza el :INEGI, lo que representa el 4.89% de la población total del país, con una densidad poblacional de 191.3 habitantes por km2.

Del total de la población 2 826 369 son hombres y 3 027 308 son mujeres. Los grupos de población en los cuales se concentra el mayor número de personas son los grupos quinquenales menores de 24 años, que representan el 23.87%. Sin embargo, la base de la pirámide poblacional se ha ido disminuyendo en la base y ampliando en el centro, lo que significa que está ocurriendo una transición demográfica, en la cual se produce un envejecimiento paulatino, la disminución de fecundidad y el aumento de la esperanza de vida. Esta transición propiciará que la población joven demande mayor número de servicios educativos y generación de nuevas fuentes de trabajo.

Por lo que respecta a la escolaridad, el grado promedio para el estado en el año 2015 era de 8.4, lo que equivale a alcanzar casi la secundaria concluida. “Según el :INEGI de cada 100 personas de 15 años y más 7.7 no han cursado ningún grado, 60.6 tienen educación básica terminada, 18 finalizaron la educación media superior, 13.2 concluyeron la educación superior” (Iplaneg, Peduoet, 2040, p. 272).

En materia de salud, en el 2010, la población en el estado de Guanajuato que tenía derecho a recibir servicios médicos en instituciones de salud públicas o privadas fue el 69.6% del total de la población. Es importante señalar que en el Programa de Salud Seguro Popular se incrementó su cobertura con un 24 por ciento.


Se reconoce que uno de los principales problemas en materia de salud, es el déficit en derechohabiencia que existe en la entidad, lo que de acuerdo con el Iplaneg obedece a la existencia de empleos informales que no posibilita el acceso a los servicios de salud. (Iplaneg, 2018a, p. 279).

Pobreza

En el estado de Guanajuato la población que se encuentra en situación de pobreza es considerable, de acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en el año de 2015 era de 42% de la población total, aunque ha disminuido, porque en el año 2010 era de 48.5%. Se entiende por pobreza

Cuando una persona tiene algún tipo de carencia social en los indicadores de rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación, y si su ingreso es insuficiente para adquirir los bienes y servicios que requiere para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias.

Cabe hacer mención que la pobreza se clasifica a su vez en pobreza, pobreza moderada y pobreza extrema. De igual manera, hubo una disminución de 1.9% de la pobreza moderada en esos cinco años, al igual que la pobreza extrema que aminoró de 8.4% en 2010 a 3.8% para el año 2015.

En el cuadro 3.1, se muestran los porcentajes de población que se encuentra en cualquiera de esta situación, y se nota que la mayor parte de la

población pobre se halla dentro de la clasificación de pobreza moderada.


En el siguiente mapa puede apreciarse cómo se encuentra distribuida la pobreza promedio por municipio en el estado


Por otra parte, en la entidad del año 2010 al 2015, el porcentaje de la población que se encuentra vulnerable por carencia social aumentó de 28.9% a 31.8%, e igualmente se incrementó el porcentaje de la población que se encuentra vulnerable por ingreso, en 2010 se encontraba en 5.7% y para el 2015 era de 8.2%, con un total de 478 mil 369 personas.

Rezago social. Al igual que el indicador de la pobreza, el Índice de Rezago Social es un indicador que integra diferentes variables (educación, el acceso a los servicios de salud, de servicios básicos de calidad y espacios en las mismas, y activos en el hogar)12 es un índice que permite identificar las desigualdades sociales en los territorios y con ello tomar medidas de prevención o corrección. Con respecto a este índice el estado de Guanajuato a nivel nacional en el año 2015 se ubicaba en el lugar 13 por encima de entidades como Durango, Nayarit y Yucatán con un índice de -0.058 y con un grado de social medio, y por debajo de Tabasco, Tlaxcala y Morelos.

Vías de comunicación

Por otra parte, la entidad cuenta con importantes vías de comunicación hacia otras entidades federativas y entre sus municipios, por ella atraviesa un sistema de carreteras que forman corredores importantes como: la carretera federal 45 Querétaro-Ciudad Juárez; la carretera federal 57 México-Nuevo Laredo; la carretera federal 43 Lázaro

Cárdenas Ecuandureo y una red ferroviaria que corre por todo el estado (Iplaneg, 2009a).

Este sistema carretero y ferroviario satisface la necesidad de interconexión que tiene el estado de Guanajuato para la comercialización de diferentes productos locales, hacia el norte, centro y norte del país, estimulando su economía, haciéndola más dinámica. Por lo cual su ubicación en la parte central del país es estratégica para que se efectúen grandes flujos económicos y sociales, los cuales se han vuelto cada vez más variados y a nivel internacional, por la presencia de un mayor número de empresas transnacionales en su territorio. A continuación, presentamos el panorama económico del estado.


Panorama económico del estado de Guanajuato

Respecto al crecimiento económico del estado de Guanajuato, es decir, al aumento de los bienes y servicios finales producidos por su economía en un año (generalmente medidos por indicadores relacionados con la producción de bienes y servicios, mayor consumo de energía, el ahorro, la inversión, una balanza comercial favorable, etc.) –que se mide en gran medida por el Producto Interno Bruto (:PIB), el cual determina si la economía de un territorio aumenta o no, o si se encuentra en riesgo de una recesión o inflación–, así como en relación a su crecimiento en términos per cápita,1 podemos señalar lo siguiente.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (:INEGI: 2017) en los últimos años, el estado de Guanajuato ha presentado un crecimiento respecto a la media nacional del :PIB, lo que nos indica que es una entidad con un desarrollo económico en expansión ocupando el lugar sexto después de entidades como Ciudad de México, Estado de México, Nuevo León, Jalisco y Veracruz en el año 2017 (ver gráfica 3.2).


Sin embargo, cuando se analiza el :PIB por sectores económicos puede apreciarse que el crecimiento no es homogéneo y que existe una importante diferencia de la aportación al :PIB entre estos en Guanajuato. Podemos afirmar que en la entidad tienen un predominio los sectores terciario y secundario, dejando en último lugar a la actividad del sector primario, lo que podemos ver reflejado en la siguiente gráfica 3.3, que muestra la contribución que hacen los diferentes sectores de la actividad económica al :PIB de Guanajuato.


Si bien el :PIB del sector primario en Guanajuato aporta al nacional 3.6%, este ocupa el lugar número nueve en la aportación a productos agrícolas, siendo los principales productos los granos (sorgo, maíz, trigo, cebada, avena forrajera) y las hortalizas (brócoli, fresa, espárrago, tomate rojo, coliflor, ajo, col, zanahoria). En la producción de granos y forrajes aporta tres de cada diez pesos del valor de su producción.

Respecto a las actividades secundarias, en 2015, la industria manufacturera era la principal actividad económica de crecimiento en el estado, representando el 73%, seguida de la construcción (22%), la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final (4%) y la minería con uno por ciento, según cifras oficiales del :INEGI (gráfica 3.4). Las industrias más importantes para Guanajuato siguen siendo las dedicadas a la producción de maquinaria y equipo (industria automotriz), producción alimentaria, la química y fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón, así como la fabricación de prendas de vestir; curtido y acabado de cuero.


Es importante señalar que numerosas empresas del sector automotriz se han instalado en el estado de Guanajuato en los últimos años, la entidad ha atraído inversiones de empresas nacionales e internacionales, a saber: ensambladoras de vehículos como General Motors y Volkswagen así como proveedores de la industria (como Pirelli de Italia, Intica System de Alemania, Maflow de Polonia, MMM autopartes Américas de España, ZWK México de Austria) y múltiples empresas de origen japonés como Hino Motors, Fuji OOZX entre otras.

De hecho, el clúster automotriz ha tenido el mayor crecimiento en el estado en los últimos años, integrado por 420 empresas. De acuerdo con el Iplaneg, en 2017, el subsector de la fabricación de equipos de transporte fue el que más aportó al valor de la producción total (53%), seguido de la industria alimentaria (9.2%)–clúster agroindustrial– y la industria química (6.7%) –clúster químico– (Peduoet, 2040).

Sin duda, la inversión en la industria automotriz y de autopartes (generalmente por empresas transnacionales) ha generado en el estado un desarrollo económico importante, pero, hay que hacer notar, que se trata de una industria que está supeditada en gran medida a las políticas de comercialización, al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (ahora denominado T-MEC) y por ende a las negociaciones con los Estados Unidos de Norteamérica, por lo que podría tener efectos negativos para los guanajuatenses, de ahí que se recomienda que el gobierno no sólo se enfoque a atraer inversión en esta industria, sino que busque la diversificación de la industria, que brinde oportunidades de desarrollo para la población.

Por otra parte, sobresale el hecho de que Guanajuato se ha convertido en el principal exportador de mercancías en la región Centro Occidente del país, por encima de Jalisco, San Luis Potosí, Querétaro y Aguascalientes, de acuerdo con lo publicado por el :INEGI al I Trimestre de 2019, siendo su principal producto exportado, la fabricación de equipo de transporte, el cual representa el 78.19%, lo que reafirma que el estado se está perfilando como un estado de mono-actividad (ver gráfica 3.5).


Cabe hacer mención, que el estado de Guanajuato ha tenido que enfrentar, como el resto del país, el desempleo ocasionado por diferentes causas a nivel internacional y nacional, entre ellas la desaceleración económica mundial, la incertidumbre de la situación nacional –por inseguridad– que ocasiona la disminución de la inversión privada, las negociaciones con el principal socio comercial de México –Estados Unidos de Norteamérica. Con base en los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del :INEGI, al primer trimestre de 2019 la tasa de desempleo en Guanajuato se registró en 4.0%, cifra superior al mismo periodo del año anterior con 3.47% y al trimestre inmediato anterior que presentó una tasa de 3.81%. Es importante señalar que en los últimos diez años el estado siempre ha presentado una tasa de desocupación superior a la media nacional registrando la mayor diferencia en el año 2012 con 1.9% superior al dato nacional (ver gráfica 3.6).


Aunque hay que considerar que existen diferencias entre los municipios en materia de empleo, ya que presentan variaciones en sus condiciones estructurales, en su ubicación, en su infraestructura carretera y en servicios de telecomunicaciones, por lo que algunos de ellos son más atractivos para la inversión productiva, porque cuentan con mayor acceso a diversos servicios que facilitan la operación de las empresas.

Panorama de la región centro del estado de Guanajuato Subregiones 5 y 6

El estado de Guanajuato, a través del Instituto de Planeación de Estadística y Geografía (Iplaneg), tomando en consideración la diversidad fisiográfica, biológica, económica y cultural que presenta la entidad, realizó una regionalización de su espacio geográfico y delimitó cuatro regiones y a su vez diez subregiones a saber: I Región Noreste, II Región Norte, III Región Centro y IV Región Sur. Delimitación que se ha realizado para dar particular atención en sus políticas públicas a las regiones de acuerdo con sus características (ver mapa 3.5).


Sin duda, cada región y subregión posee sus propias características que las distinguen en todas las dimensiones: económica, sociocultural, ambiental y político-institucional. La Región III Centro ocupa el 25% de la superficie total del estado de Guanajuato, con una población de 3 630 260 habitantes que representa el 66% de la población total guanajuatense (H. Ayuntamiento de Irapuato, 2015). Esta región se divide en tres subregiones y la integran 16 municipios de los 46 con que cuenta el estado de Guanajuato de acuerdo con el Iplaneg, a saber:

 Subregión 5. Zona Metropolitana León: que incluye los municipios de León, Purísima del Rincón, Romita, San Francisco del Rincón y Silao de la Victoria.

 Subregión 6. Zona Metropolitana Irapuato-Salamanca. Integrada por los municipios Irapuato y Salamanca.

 Subregión 7. Zona Metropolitana Laja-Bajío. Que comprende los municipios Apaseo el Alto, Apaseo el Grande, Celaya, Comonfort, Cortázar, Jaral del Progreso, Santa Cruz de Juventino Rosas, Tarimoro y Villagrán.

Para efectos de este estudio nuestro análisis se enfocará en la región centro del estado, concretamente en las subregiones cinco y seis.

Ubicación geográfica y características medioambientales

La región centro se localiza en medio del estado colindando al norte con la región II Noroeste (con los municipios de San Felipe, Guanajuato y San Miguel de Allende), al oeste con el municipio de Lagos de Moreno del estado de Jalisco, hacia el este colinda con el estado de Querétaro y su capital Santiago de Querétaro, al sur colinda con la región IV Sur (con los municipios de Manuel Doblado, Cuerámaro, Abasolo, Pueblo Nuevo, Valle de Santiago, Jaral del Progreso, Salvatierra, Acámbaro y Jerécuaro).

Por lo que respecta a las subregiones 5 y 6, podemos señalar que cuentan con una superficie de 4 523.51 km2 representando el 14.77% del territorio estatal, pero que a pesar de la poca superficie que ocupan, concentran una gran cantidad de población. Alta concentración de población que se explica por la existencia de varios núcleos urbanos en sus territorios, precisamente en el corredor de la carretera federal 45, de este a oeste, núcleos urbanos que se encuentran articulados, por lo que se le ha denominado corredor urbano o ciudad lineal (que también comprende la subregión 7) (Iplaneg, Peduoet, 2040) (ver mapa 3.6).


Subregiones que presentan diferencias a nivel municipio en cuanto a los bienes con los que cuentan, es decir, en su capital territorial. Los bienes que poseen, pero especialmente su identificación, uso y valoración por parte de los actores locales, les pueden proporcionar algunas fortalezas o bien constituir algunas debilidades, lo que puede significar oportunidades o desafíos en términos de su desarrollo y competitividad. Diferencias que analizaremos más adelante.

Características ambientales

En el territorio del estado de Guanajuato, debido a su ubicación geográfica y topografía, hay una variedad de condiciones climáticas, orográficas e hidrológicas en su espacio geográfico.

Clima, temperatura y precipitaciones

En las subregiones 5 y 6, nos encontramos que en la mayor parte de su territorio presenta un clima semicálido y subhúmedo, con altas temperaturas, mayores a 20 grados Celsius. En lo que se refiere a las precipitaciones, el Iplaneg señala que la región centro del estado, se caracteriza por presentar precipitaciones entre 750 y 500 mm al año, con excepción de los límites superiores de San Francisco del Rincón donde se reciben precipitaciones anuales superiores a 800 mm (Iplaneg, Peduoet, 2040).

Zona de Humedales

En la entidad existen 53 áreas de humedales, la mayor parte de las cuales se localizan en las regiones centro y sur de la entidad, lo que significa que varias de ellas se encuentran en las subregiones 5 y 6.

Hidrología superficial

En las subregiones 5 y 6 de la región centro del estado de Guanajuato, la región hidrológica XII Lerma-Santiago confluye en ellas, esta región hidrológica está compuesta por seis cuencas (las cuencas son territorios delimitados, en donde se concentran todos los escurrimientos –arroyos y/o ríos– y desembocan en un punto) y 20 subcuencas; su corriente principal, el río Lerma cruza el territorio de estas subregiones, que recibe aguas del río Laja en la presa Solís y la ciudad de Salamanca. De las principales cuencas, la de Río Lerma-Salamanca, Río Laja, Río Turbio y parte de la cuenca del Río Verde se encuentran en las subregiones objeto de estudio.

En los valles de Irapuato, Silao y León se encuentran los arroyos Ing. Antonio Coria y Temascatío, así como los ríos Guanajuato, Silao y Turbio. En la ciudad de León, existe la presa El Palote, para control de avenidas y agua potable.

Las subregiones cuentan con agua superficial que proviene de las precipitaciones que no se infiltran ni regresan a la atmósfera por evaporación, o bien nace de manantiales que surgen de las aguas subterráneas (Iplaneg, citando a Ecured, 2018). Estas aguas se aprovechan utilizando presas. El principal uso que se les da es para la agricultura, después es para población urbana y por último para uso industrial.


Como puede apreciarse, el mayor consumo de agua lo hace la Zona Metropolitana de León, aunque también registra un significativo consumo la Zona Metropolitana Laja Bajío.

En lo que se refiere a acuíferos, las subregiones 5 y 6 de la región Centro, cuentan con cinco acuíferos, a saber: Acuífero Valle de León, Silao-Romita, La Muralla, Río Turbio e Irapuato Valle. Todos ellos presentan un déficit, es decir, que hay una mayor extracción del recurso hídrico que la recarga, pero especialmente ello ocurre en la zona de Irapuato y de Silao-Romita, lugares en donde se desarrolla una intensa actividad agrícola e industrial.


Panorama socioeconómico de la región centro del estado de Guanajuato. Subregiones 5 y 6

Población

Las subregiones cinco y seis de la Región III concentran 2 877 010 habitantes, mismos que representan casi el 50% del total de la población del estado (49.14%). El municipio de León abarca más de la mitad de esta población (54.87%), seguido de Irapuato con el 20% y Salamanca con 9.5% (:INEGI, 2015a). Es importante señalar que el crecimiento de la población en los siete municipios ha propiciado que su población siga siendo joven en promedio (ver cuadro 3.2).


Aunque la población ha aumentado, es necesario destacar que el ritmo de crecimiento poblacional ha disminuido en los últimos años. En el periodo 2010-2015 todos los municipios tuvieron una disminución en su tasa de crecimiento, a excepción del municipio de León el cual ha mantenido su tasa de crecimiento promedio anual con 2.1 en promedio.

Cabe hacer mención, que el municipio que a lo largo del tiempo ha presentado una tasa de crecimiento superior al resto de los municipios y a la media estatal es el municipio de Purísima del Rincón cuyos valores oscilan entre el 3 y el 4% (ver gráfica 3.8).


Por otra parte, la densidad poblacional también ha presentado un incremento en cada uno de los siete municipios en el transcurso de los años, destacando para el año 2015 el municipio de León con 1 292.3 habitantes por km2, seguido de Irapuato con 674.9 hab. por km2 dato por encima de la media estatal, por el contrario, el municipio de Romita, que es el municipio que presenta menor densidad poblacional con 135.9 hab. por km2 (ver cuadro 3.3).


Pese a que la población de las subregiones es joven, va presentando un envejecimiento paulatino, es decir, el promedio de edad de los habitantes cada vez es más alto, lo que puede ocasionar una pérdida en la innovación y creatividad provocando que la productividad vaya disminuyendo, ocasionando disminución en el crecimiento económico y por ende en la competitividad de los municipios. En el caso del municipio de Salamanca, en el año 2005 la edad promedio de los habitantes era de 25 años, pero para el 2015 subió a 29 años, de igual manera el municipio de Romita registró un incremento de 20 a 24 años en su edad promedio en el mismo periodo (ver cuadro 3.4).


Considerando que un bien relevante para el desarrollo y logro de competitividad es el capital humano, es importante conocer cómo se distribuye la población en los municipios que forman parte de las subregiones 5 y 6, particularmente en zonas urbanas o rurales.

De acuerdo con el :INEGI una localidad rural es aquella que tiene menos de 2 500 habitantes, mientras que una localidad urbana es aquella en donde viven más de 2 500 personas.2 No hay duda de que en el transcurso del tiempo ha venido ocurriendo un constante desplazamiento de población del campo a las ciudades, de tal suerte que la población urbana va en aumento, mientras que las zonas rurales presentan una disminución de su población. Este fenómeno ha venido ocurriendo a nivel nacional, pues para el año 2000 el 74.6% de la población vivía en las ciudades y para el 2015 alcanzó el 77%; en el caso del estado de Guanajuato ocurre el mismo fenómeno: el 29% del total de su población habita en zonas rurales (:INEGI, 2015a), lo que indica que Guanajuato se está convirtiendo en una entidad más urbanizada en donde las ciudades se han convertido en polo de atracción debido a las oportunidades laborales que brindan en los sectores secundario y terciario de la actividad económica y por el acceso a servicios.

Algunos de los municipios de las subregiones que analizamos presentan la misma tendencia, es decir, existe una mayor concentración de su población en las ciudades, principalmente en los municipios de León, Irapuato y Salamanca, en los cuales en 2010 su población urbana era del 93.1%, 88.6% y 74.6% respectivamente. Para el resto de los municipios, las localidades que tienen menos de 2 500 habitantes concentran entre el 35% y el 40% de su población total, con excepción del municipio de Romita, en donde la población rural abarca el 62.6% del total de municipio (ver cuadro 3.5).


Educación

Es preciso enfatizar que en un mundo globalizado con cambios constantes a nivel internacional, nacional, regional y local, la educación se ha convertido en un factor de suma importancia que tiene efectos positivos en el desarrollo y competitividad de los territorios. En las subregiones de estudio, si bien en los últimos años se ha incrementado de forma paulatina el grado promedio de escolaridad entre la población de 15 años y más, todavía es bajo. El aumento en el promedio de escolaridad en la región ha sido el resultado de políticas de apoyo a la educación aplicadas en todos los municipios, pero existen diferencias de acuerdo con las variadas capacidades que tienen los municipios (ver gráfica 3.9).


Como puede apreciarse, los municipios de León, Irapuato y Salamanca tienen un grado promedio de escolaridad más alto, de hecho, se encuentran por encima de la media estatal, que para el año 2015 era de 8.4 años, lo que significa que la población guanajuatense estudia hasta el segundo año de secundaria, lo que lo coloca por debajo del nivel nacional.

Asimismo, podemos señalar que, en todos los municipios, la mayor parte de la población de seis años y más sabe leer y escribir, lo que hace que sus habitantes tengan estas herramientas para poder tener un mayor desarrollo y mejor calidad de vida. De acuerdo con los datos proporcionados por el :INEGI en 2015 destacan los municipios de León e Irapuato, quienes cuentan con más del 90% de la población en este grupo de edad que saben leer y escribir (ver gráfica 3.10).


Un dato relevante, es que, de acuerdo con el :INEGI, en 2015, en todos los municipios existe un porcentaje más alto de mujeres que saben leer y escribir, superando el 50% de la población (ver gráfica 3.11).


Salud

Las instituciones responsables de la salud pública en las subregiones cinco y seis, son las siguientes: Seguro Popular, Instituto Mexicano del Seguro Social (:IMSS), Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (:ISSSTE), Instituto de Salud Pública del Estado de Guanajuato (Isapeg) y las instituciones de Petróleos Mexicanos (Pemex), Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Secretaría de Marina-Armada de México (Semar). Un hecho importante es que desde el año 2010 se ha venido incrementando la población derechohabiente de Seguro Popular, servicio que es el que tiene mayor cobertura de atención a la salud en todos los municipios, con excepción del municipio de León, en donde el :IMSS es el sistema de salud que abarca mayor cobertura (ver cuadro 3.6).



Características de salud de la población. Con relación a la población derechohabiente en las subregiones cinco y seis podemos señalar que en los últimos años se ha incrementado el número de personas que cuentan con el servicio médico, descollando el municipio de Romita que en el año 2005 solo contaba con el 52.3% de su población con este servicio y para 2015 alcanzó el 92%, cifra que se encuentra por arriba del promedio estatal. En este caso, el Seguro Popular es el principal servicio al que tienen acceso. También llama la atención que, en el año 2015, el municipio de San Francisco del Rincón era el que menos derechohabientes tenía, con un 78.8% (ver cuadro 3.7).


Pobreza y rezago social. Sin duda, uno de los mayores retos para los gobiernos, es combatir la pobreza entre su población, si bien estas subregiones cuentan con bastantes ventajas territoriales, y económicas, también identificamos que sus niveles de pobreza son considerables y que gran parte de su población se encuentra en alguna situación de pobreza.

El decremento de población en situación de pobreza que el estado de Guanajuato registró en los últimos años, también ocurrió en los municipios de las subregiones cinco y seis, de acuerdo con el Coneval los niveles de pobreza han disminuido del año 2010 al 2015. En la siguiente tabla podemos observar los porcentajes de pobreza para cada municipio y hacer una comparación, en la que se nota que el municipio de Romita es el que presenta los porcentajes más altos de población en situación de pobreza con 52.3%, por arriba de la media estatal.


Los municipios de la región igualmente registraron un incremento en la vulnerabilidad tanto por carencia social, como por ingreso. Los municipios que registraron mayor variación en la vulnerabilidad social en el periodo fueron: Purísima del Rincón con una variación del 5.5%, seguido de León con 4.6% y de San Francisco del Rincón con 4.4% lo que significa la falta de servicios de salud, de educación, seguridad social, vivienda digna y acceso a la alimentación.


Rezago social. Los municipios de la región se encuentran con un grado de rezago social por encima de la media estatal, destacando Irapuato, León y Salamanca con un nivel Muy bajo de acuerdo con datos publicados por el Coneval (ver gráficas 3.12 y cuadro 3.10).




A continuación, presentamos cómo se encuentran las subregiones 5 y 6 de la región respecto a su conectividad, fundamentalmente en cuanto a sus vías de comunicación.

Conectividad de la región centro del estado de Guanajuato Subregiones 5 y 6

Accesibilidad y movilidad

Como se ha mencionado Guanajuato cuenta con una red de carreteras que lo comunican tanto al norte como al sur del país, y en cuanto a los municipios que estamos analizando y que se localizan al centro de la entidad, ellos tienen carreteras federales y estatales que los comunican entre sí y que facilitan el acceso de transporte, mercancías y servicios, no sólo entre ellos, sino con todo el estado y con el resto del país, incluso Silao cuenta con un Aeropuerto que permite la conexión a nivel internacional.

En lo que se refiere al transporte colectivo para la movilidad urbana de la población en los municipios nos encontramos con lo siguiente:

Irapuato: Actualmente el municipio está realizando esfuerzos para concretar el proyecto Sistema Integrado de Transporte (:SIT) cuyo propósito es que sea más eficiente y con mayor calidad el servicio que es utilizado por más del 25% de la población al día, actualmente cuentan con 52 rutas, 28 de ellas para zona urbana y 24 suburbanas.

 León: Cuenta con un Sistema Integrado de Transporte compuesto por Líneas principales, Rutas Auxiliares, Rutas Alimentadoras y Rutas Convencionales que satisfacen la movilidad en las zonas urbanas del municipio cubriendo casi el 100%, además de contar con Rutas Suburbanas que realizan recorrido para facilitar la movilidad a la población que habita las localidades rurales, en total el municipio cuenta con 11 líneas principales, 67 alimentadoras, 20 auxiliares y 14 suburbanas.

 Romita:

 Debido a su ubicación geográfica, la ciudad de Romita se comunica con Silao mediante el servicio de transporte de pasajeros para complementar la satisfacción de la demanda de transporte que se genera en la población. El servicio de abordaje de los autobuses se realiza en la vía pública provisionalmente en dos puntos ubicados en la calle Hidalgo y en la calle Galván. Se ofrecen por día, dos salidas a la ciudad de México, ocho salidas a Irapuato, seis a León, dos a Celaya y una a Guadalajara, con escala en San Juan de los Lagos. Además del servicio de transporte interurbano que comunica a la ciudad de Romita principalmente con las ciudades de León, Silao, Irapuato y Cuerámaro, existe el servicio suburbano que satisface las necesidades de transporte y comunicación de la población rural dentro del municipio. La empresa Flecha Amarilla ofrece salidas a las ciudades de Cuerámaro cada 60 minutos, con servicio de abordaje y descenso de pasaje a lo largo de todas las localidades próximas a la carretera. Para la ciudad de Silao se ofrece el mismo servicio con mayor frecuencia, cada 30 minutos. (Periodico Oficial, Presidencia Municipal Romita, Gto. 19 de octubre de 2017).

 Silao de la Victoria: Cuenta con un sistema de transporte compuesto por 10 rutas de transporte público urbano y 16 rutas de transporte colectivo urbano y suburbano de pasajeros en autobuses de ruta fija además de 10 rutas de transporte colectivo foráneo de pasajeros de ruta fija y suburbano.

Además de la movilidad interna en los municipios se cuenta con líneas de transporte foráneos como ETN, Primera Plus, Estrella Blanca y La Metropolitana que facilitan el traslado entre municipios a diferentes zonas. Cabe destacar que esta movilidad en la región se ha visto beneficiada por la llegada de la industria a la región pues se crearon las siguientes rutas: 2 Cetram en Purísima del Rincón y Puerto Interior; así como estaciones de autobús tres puntos del municipio de León (Chedraui, Centro Max y Puerta de Milenio); 10 paraderos en Zona Metropolitana del Rincón-León; 4 paraderos en la sección Zona urbana de León y 6 paraderos en la sección León-Silao en la Carretera Federal 45 Unebus. Este Sistema de Movilidad surge de la actualización del Programa de Gobierno 2016-2018 y está vinculado con el objetivo de impulsar ciudades con rostro humano y un transporte público digno. Por lo que podemos señalar que en términos de movilidad interna y externa los municipios de las subregiones tienen condiciones adecuadas para el desarrollo de las actividades productivas como de la vida cotidiana de la población.

Panorama económico de la región centro del estado de Guanajuato Subregiones 5 y 6

Un factor muy importante de tomar en consideración, al hablar de la dinámica económica de un territorio, es su población económicamente activa (:PEA), es decir, la población de 15 años y más, que se encuentra en condiciones de incorporarse a la actividad laboral en los diferentes sectores económicos. De hecho, es un indicador relevante que nos permite identificar el grado de desarrollo de los territorios, esto es, la capacidad con la que cuentan para realizar las actividades productivas que demanda ese espacio geográfico. En el estado de Guanajuato, en promedio, la mitad de su población es económicamente activa, con un total de 2 millones 257 mil 943 habitantes (:INEGI, 2015a); en los municipios de la región sobresalen Purísima del Rincón, San Francisco, León e Irapuato, porque su promedio de :PEA se encuentra por encima del promedio estatal, caso contrario pasa con los municipios de Salamanca y Silao que se encuentran por debajo de esta media estatal (ver gráfica 3.13).


Si bien, esta población se encuentra en edad de trabajar, es importante identificar aquella que realmente se encuentra realizando alguna actividad laboral, es decir ocupada, ello nos ayuda a conocer cuál es el nivel de empleo, la capacidad productiva de un territorio. Según datos de :INEGI (2015) el municipio de Salamanca tiene el promedio más alto de personas desocupadas llegando al 6.2% en comparación con los siete municipios de la región y con el promedio estatal que para el mismo periodo fue de 4.0% (ver gráfica 3.14).


Sectores de la actividad económica. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (:OIT) el sector de la economía se divide inicialmente en tres grandes grupos (primario, secundario y terciario) cuya diferencia radica en el producto resultado de la actividad, la intensidad de mano de obra, los materiales y maquinarias utilizados, así como el agente responsable de la producción (tierra y clima). Así que, con base en esta clasificación, podemos identificar en qué sector se encuentra trabajando la población y definir si un territorio tiene mayor o menor grado de especialización de acuerdo a donde se encuentre la mayor fuerza laboral. En el caso de Guanajuato como en el resto del país, la mayor parte de su población se encuentra trabajando en el sector terciario (sector que se ha constituido como el más grande en términos de ocupación) con un 54.1%, en el sector comercio el 18.5% y el 35.58% en los servicios. En cuanto a los municipios de la región, no siguen la misma tendencia, ya que el sector secundario, es decir, la industria, es la que predomina en todos ellos, principalmente en los municipios de Purísima del Rincón y San Francisco cuyo promedio supera el 50% de su población ocupada en este sector (ver gráfica 3.15).


Cabe destacar que el sector primario (agricultura, ganadería, pesca, silvicultura, e industrias extractivas) con el paso del tiempo ha disminuido considerablemente, juntamente con el crecimiento y el desarrollo de actividades económicas en las zonas urbanas.

Situación laboral. Ahora bien, es importante conocer la situación laboral que tiene la población ocupada, es decir, saber qué porcentaje de ella son trabajadores asalariados o no, con el objetivo de identificar cómo se distribuyen los ingresos entre la población de los municipios, lo que representa y les proporciona algún nivel de seguridad económica.

De acuerdo con estadísticas publicadas por el :INEGI: 2015 a nivel estatal más del 54% de la población asalariada percibe más de 2 salarios mínimos, lo que contribuye a que cuenten con una mayor seguridad económica, y los municipios de León, Purísima del Rincón, San Francisco y Salamanca se ubican por encima de esta media estatal, sobresaliendo León con casi 68% de su población asalariada (ver gráfica 3.16).


Al analizar el mismo indicador por sexo, descubrimos que la población femenina se incorpora cada vez más a la actividad laboral, pero existe una disparidad en la asignación de salarios, los hombres son quienes ganan más de dos salarios mínimos a nivel estatal, y existe una diferencia de 14.43% con respecto a las mujeres con ese ingreso. Entre los municipios de la región, destaca el de Purísima del Rincón, en donde la diferencia salarial entre hombres y mujeres alcanza porcentajes más altos que la media estatal, llegando a 30.85% (ver cuadro 3.11).


2 Unidades económicas

Un dato relevante que nos indica la dinámica económica de las subregiones cinco y seis del estado de Guanajuato, es que ellas concentran el 52.9% del total de unidades económicas con las que cuenta el estado, siendo el municipio de León, el que aglutina la mayor parte con 31.2%, y llama la atención que una gran parte de estas unidades corresponden al mismo sector de la actividad económica, a saber: el sector terciario, con un 13.4%, mientras que el sector primario es el que menos unidades económicas tiene en estas subregiones. (Denue, 2019) (ver cuadro 3.12).


A continuación, se muestran las 10 principales clases de actividad según su número de unidades económicas en la subregión cinco y seis (ver cuadro 3.13).



Como hemos mencionado, en el estado se ha establecido un considerable número de empresas del sector automotriz y de autopartes, y en gran medida lo han hecho en las subregiones cinco y seis de la región centro de la entidad, de manera que nos encontramos que empresas tales como Volkswagen, General Motors, Pirelli, Hino Motors, entre otras, se han establecido en el municipio de Silao, debido a que en este municipio se ha creado un Puerto Interior, que cuenta con una aduana interior, y tiene conexión con el tren y acceso a carreteras principales, que facilitan el traslado de bienes, información y servicios financieros, del cual hablaremos más adelante.

Además, en Salamanca se ha instalado la empresa Mar Bran, dedicada a la congelación de frutas y verduras, en Irapuato se ha establecido la empresa Mextrufilm especializada en la fabricación de productos de plástico, en Romita se ha ubicado la industria US Farathane, dedicada a la fabricación de autopartes de plástico, en Purísima del Rincón se han establecido varias empresas dedicadas a la fabricación de tenis, especialmente la empresa Pirma Brasil, podemos decir, que en general estas empresas están consideradas como empresas grandes, debido al número de personal ocupado de cada una de ellas, que rebasa la cifra de 100 personas.3

Asimismo, la región concentra el mayor número de parques industriales y centros de investigación con los que cuenta el estado de Guanajuato, algunos de ellos como el :CIO, Ciatec, Cinvestav, Lapem mismos que se presentan en el capítulo 4 (ver mapa 3.8).


Globalización en el estado de Guanajuato

Como hemos visto, la globalización ha causado profundas transformaciones económicas, sociales, culturales y territoriales en todo el mundo, originadas por la expansión del capital a escala global. El estado de Guanajuato no ha escapado a estos cambios, entre los que destacan: reestructuración económica, relocalización industrial, participación en el mercado mundial, disminución de la actividad agrícola, incremento de actividades del sector servicios, migración rural-urbana, migración internacional, transformación de patrones culturales, nuevos patrones de consumo, redefinición de identidad, deterioro del medio ambiente, nuevas configuraciones territoriales y desarrollo de parques industriales.

Indudablemente, Guanajuato ha experimentado una reestructuración económica, ocasionada por la globalización, puesto que la eliminación de las restricciones a la movilidad del capital y de los factores de producción, ha convertido a este espacio geográfico en una opción de las empresas transnacionales para establecerse ahí, o al menos una parte de su proceso productivo, lo que ha ocurrido especialmente con las empresas del sector automotriz, lo que a su vez ha favorecido el surgimiento de aglomeraciones espaciales.

Evidentemente en la entidad se ha ido creando un nicho de ensambladoras, desde 1995 con la llegada de la empresa General Motors Company (GM) al municipio de Silao, y poco a poco, con el arribo de otras empresas tales como Honda, Volkswagen, Mazda y Toyota; empresas que a su vez han atraído a otras firmas proveedoras de insumos y servicios, entre ellas: Pirelli, Freightliner, Getrag, Curtis Wright, Aernnova, Heroux, Safran, Hino, Motoress, Snecma y American Axle, y con ello formando clusters, es decir, concentraciones geográficas de industrias interrelacionadas y especializadas en un campo particular, como los define Porter (1990).

Este hecho, comprueba lo que la nueva geografía económica señala, respecto a que un factor central que favorece la aglomeración es que las empresas deben estar cerca de las plantas que suministran insumos para minimizar los costos de transporte, lo que origina un proceso de capital acumulativo. Realmente se piensa que a medida que la industria sea más grande y esté más vinculada entre sí, los costos serán más bajos al aumentar la concentración de empresas similares (Porter, 1990).

El hecho de que Guanajuato se haya convertido en sede de ensambladoras automotrices se explica por las ventajas comparativas con las que cuenta la entidad, tales como: su ubicación geográfica, sus recursos naturales y humanos, así como por las ventajas competitivas que ha ido construyendo, entre ellas: la conectividad (infraestructura de transporte y de comercialización) y flexibilidad laboral; ventajas que representan facilidades para las empresas, en términos de la distribución de sus mercancías, de obtener insumos y mano de obra barata, con lo cual pueden reducir costos de producción. Sin duda, las empresas buscan ubicarse en los territorios que les ofrezcan mayores ventajas para establecer uno o varios segmentos de su proceso productivo.

La reubicación de empresas automotrices y de autopartes transnacionales en el estado de Guanajuato, ha hecho que ahora la entidad se caracterice por una especialización productiva en el sector automotriz, lo que le ha posibilitado integrarse a las redes del sistema global. Aunque, como hemos mencionado, Guanajuato también cuenta con la industria metal-mecánica, química, cuero-calzado, manufacturas, servicios financieros, y un gran dinamismo en el sector servicios.

Es preciso señalar que el desarrollo de la industria automotriz no sólo se efectúa en Guanajuato, sino en toda la región del Bajío (integrada por los estados de Querétaro, San Luis Potosí y Aguascalientes) desplegando una economía de aglomeración no sólo de escala pequeña, sino a gran escala, cruzando las fronteras de los estados.

Así, la globalización en Guanajuato se ha visto reflejada en el crecimiento acelerado de la inversión extranjera directa y el aumento de las exportaciones hacia Estados Unidos, particularmente de manufacturas. Este proceso doble de inversión extranjera y crecimiento de la economía de exportación no ha sido espacialmente uniforme, se ha concentrado en el denominado corredor urbano-industrial de Guanajuato.

Cabe hacer mención que desde hace varios años se ha desarrollado un corredor industrial en el estado, que comprende los siguientes municipios: León, Silao, Irapuato, Salamanca, Apaseo El Alto, Apaseo El Grande, Celaya y Villagrán, en donde se han establecido diversas industrias de varios ramos, tales como textiles, calzado, curtiduría, productos químicos, petroquímicos, metalurgia, agro-negocios, automotriz, autopartes; y otros vinculados directa o indirectamente con ellos, y junto con ellas, se han desarrollado ciudades medianas.

Por otra parte, con respecto a la actividad agropecuaria en el estado de Guanajuato, nos encontramos que la globalización ha causado una reestructuración productiva que ha significado una reorganización de la producción, distribución y consumo de los productos agropecuarios. Esta reestructuración ha residido en primer lugar en los cambios en los patrones de cultivo, que iniciaron desde la década de los setenta del siglo :XX, cuando disminuyeron los cultivos de maíz y frijol y empezó a cultivarse sorgo, trigo, cebada y alfalfa, para continuar los siguientes años, con la introducción de los cultivos de hortalizas: elote dulce, chícharo, brócoli, espárrago y coliflor, así como la fresa (Suárez, et. al., 2015, citando a Espinoza, 1996:399). Producción de hortalizas destinada a ciertos mercados y sectores de la población de países desarrollados o semi-industrializados, con lo que se respondía a la nueva división internacional de productos agrícolas. En esta nueva división internacional, los países en desarrollo se han convertido en productores de productos agrícolas y ganaderos no básicos, mientras que los países desarrollados se han vuelto productores de cereales básicos para la alimentación.

Cabe señalar, que con la política económica neoliberal puesta en marcha por el gobierno federal a partir de 1980, que supuso un proceso de apertura comercial, se eliminaron aranceles para una gran parte de la producción agrícola nacional, se desincorpora la industria de insumos agropecuarios, se eliminaron los sistemas de crédito oficial y los precios de garantía. En suma, se produjo la desregulación de los precios en la agricultura y se adoptó la posición de que el libre mercado ejerciera la regulación. Todo ello propició que el mercado interno nacional fuera invadido por productos importados, que reciben subsidios para su producción en su país de origen, razón por la cual, los productores no sólo de Guanajuato, sino de todo el país enfrentan una competencia injusta (Suárez, et. al., 2015).

Al mismo tiempo, la reestructuración productiva ha consistido en un mayor uso de tecnologías y especialmente el desarrollo de agroindustrias nacionales e internacionales que llevan a cabo el procesamiento industrial de la producción agropecuaria, con lo cual, la actividad agropecuaria, en gran medida, se ha convertido en proveedora de insumos para la industria procesadora de comida duradera, dejando de ser proveedora de productos frescos del campo para la población, es decir, de bienes de consumo finales.

Efectivamente, la reestructuración ha denotado la integración de la actividad agropecuaria de la entidad a un sistema agroalimentario mundial que se caracteriza por el surgimiento y desarrollo de cadenas agroalimentarias, esto es, al conjunto de actividades que van desde la producción primaria, el procesamiento industrial, el transporte, el almacenamiento, el financiamiento, la regulación y la comercialización mundial de alimentos. De ahí que en Guanajuato también se hayan establecido y desarrollado empresas que invierten en la transformación industrial de alimentos, en su comercialización y distribución en todo el mundo, empresas que encuentran en toda esta cadena, la vía de acumular capital, y precisamente por ello, la producción de muchas de ellas está orientada hacia el mercado internacional.

Si bien desde los años setenta varias empresas transnacionales y nacionales dedicadas a la producción de conservas, enlatados y congelados ya operaban en Guanajuato, para los años noventa, era mucho mayor el número de ellas y con una gran expansión, entre ellas, encontramos las congeladoras y empacadoras de hortalizas y fresas: Covemex, Birds Eye, Green Giant, Mar Bran, Empacadora del Bajío, San Francisquillo y Verde Valle; también las dirigidas a la elaboración de alimentos como conservas de frutas y vegetales, pan, galletas y pastas, entre ellas Del Centro, Del Monte, Campbell’s, Productos Agrícolas La Campiña, Dipasa, Mid-Valley, Bimbo y Gamesa. Además, las empresas productoras de lácteos frescos y procesados, tales como Nestlé, Carnation y Kraft (Suárez, et. al., 2015).

En general, podemos decir que la globalización ha dado lugar a un nueva organización económica y social en el ámbito rural, que se caracteriza por la consolidación de un sistema de producción de alimentos procesados, en el que existe una mayor vinculación de las actividades agropecuarias a la industria, e igualmente por una mayor heterogeneidad de productores desde aquellos que tienen muy pocos recursos y llevan a cabo una actividad de subsistencia, hasta los grandes productores que tienen muchos recursos y se encuentran totalmente vinculados a las grandes empresas agroexportadoras. Incluso, Martínez Borrego (2008) señala que, debido a la instauración de políticas neoliberales en nuestro país, la agricultura a nivel nacional ha presentado un estancamiento productivo, la concentración de la producción y la profundización de la desigualdad entre productores, el incremento o mantenimiento de los niveles de pobreza en el campo y el incremento de la migración rural. Todo ello ocurre en Guanajuato.

Notas del capítulo 3

1 El PIB per cápita o renta per cápita es una magnitud que trata de medir la riqueza material disponible. Se calcula simplemente como el PIB total dividido entre el número de habitantes.

Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.