Kitabı oku: «Viaje a Virgenia»

Viaje a Virgenia
Journey to Virginland
Título original: Journey to Virginland: Epistle I
Edición original: © Two Harbors Press, 2011
1.ª edición: marzo 2016
1ª edicion ebook: agosto 2021
Diseño: A. Amann & J. Palao
Ilustración de cubierta: Random, © Eduardo Bertone
Ilustración de solapa: Armen Melikian
Copyright © Armen Melikian, 2010
Copyright de la traducción © Elia Maqueda López, 2016
Copyright de la edición en español © Armaenia Editorial, S.L. 2016, 2021
Armaenia Editorial, S.L.
www.armaeniaeditorial.com
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ISBN: 978-84-18994-00-5

ARMEN MELIKIAN
Viaje a Virgenia
Journey to Virginland
Traducción de Elia Maqueda López
www.armaeniaeditorial.com

En el nombre de la Madre Yupi, del Padre Canalá, del hijo Candadá y del Espíritu Maléfico —sallallahu aleihem wasallam—, me dirijo hacia mi casa una hora antes de que anochezca, tras dar por terminadas mis pesquisas en la Bibliomorgue Nacional, en la Academia de las Ciencias de Virgenia. Las noches en vela me tienen agotado. Necesito relajarme. Los días son más largos, el frío lacerante va remitiendo a regañadientes, pero aún es pronto para ir a Natashima… En el patio, los perros se están dando un festín; el camión de la basura tampoco ha pasado hoy. Casi mejor, al menos así mis amigos siguen vivos. Desde que el ejército inició la Operación Matacanes, doy un respingo cada vez que oigo el eco de las ráfagas de las ametralladoras desde puntos indefinidos. A veces me alegro de no haber nacido can.
Pero, ¿no soy Can, en realidad?
En cualquier caso, no me encuentro en un estado mental particularmente canino cuando suena el timbre. Es Katy. Siempre llama antes de venir. Presiento que algo no va bien. No me equivoco: está llorando. Nunca la había visto llorar.
Katy es una chica dura, tiene una habilidad innata para enfrentarse a las crisis con un pragmatismo inusual. Ahora se pone de cara a la pared, a cuatro patas, coge mi polla, la guía hasta su entrepierna y me susurra entre sollozos:
—Fóllame… Fóllame… ¡Venga, fóllame!
El sexo está prohibido por ley en Virgenia.
Sin aliento, me cuenta lo que le ha pasado hoy, y luego se desvanece dentro del taxi en el que ha venido, que la espera aparcado al otro lado de la Universidad de Satanás en Virgenal, según sus instrucciones.
Estoy aturdido. La visita de Katy ha sido como un sueño. «¡Matad al perro!» —aún puedo oírlo—.«¡Matad al perro!».
***
Katy lleva meses esperando una respuesta del Departamento Tributario de Diosoh, donde solicitó un puesto de trabajo. La verdad es que se lo merece de sobra. Tiene el título oficial de contable y domina varios programas informáticos. Además, ha investigado y puesto en evidencia a dos importantes clanes de la mafia que conspiraban con empleados del Departamento Tributario para eludir el pago de impuestos que ascendían a varios millones de washingtons. Gracias a su buen trabajo, en Diosoh habían conseguido recuperar el botín. Al-hamdu lillahi rabbul alameen, Padre de los hombres y los genios. Con el clima político que reinaba aquellos días en Virgenia, aquello era un asunto intrincado y con mala pinta. Aun así, Katy había salido airosa de la acrobacia.
Pero los clanes, que se saciaban a costa de los Redimidos y de Diosoh, salieron impunes de aquella. El desprecio por la ley era más que habitual en las agencias policiales del Paraíso, y los Redimidos sufrían las consecuencias. Así las cosas, los esfuerzos bienintencionados de Satanji habían traído consigo la caída de Leninstán, de forma que el Paraíso había conseguido la independencia y había acudido diligente y dócil a las faldas de las Naciones Unidas del Hombre. Lo que siguió fue la estampida de un millón de espectros, mientras un Diosoh famélico, a la cabeza de una procesión de ávidos arcángeles, conquistaba el Paraíso-Virgenia en un abrir y cerrar de ojos.
Durante una época trabajé en el Infierno, luchando contra los funcionarios corruptos del gobierno del Santo Satanji, como abogado de oficio de los fugitivos del Paraíso. Estaba enfadado con Satanji, y él estaba enfadado conmigo. Judith, una amiga, productora de cine en el Hadeswood Occidental y fetichista empedernida del poder, me contaba los abusos que perpetraban sus amantes policías. Uno de ellos, Owen, se jactaba de sus tejemanejes siempre que se acostaban, y en una ocasión le contó, muerto de la risa, que una vez había asesinado a un satánico negro. Judith salía conmigo para darle celos a Owen. Owen tenía una risa profunda, me contaba, y siempre se le adivinaba un poco de flema en la voz, pero tenía el pene limpio y de un tamaño adecuado. Le irritaba los labios vaginales con el bigote, pero era generoso en la cama. Owen estaba fumando cuando se salió de ella. Dio una calada larga y profunda y estalló de repente en una carcajada que hizo que el humo le explotase en la boca. Aquel había sido un caso especial: habían visto a la víctima caminando con andares torpes, de una forma que hacía sospechar que el individuo podía llevar drogas en el recto. Intentó correr y le dispararon; murió antes de golpear el suelo. Resultó que no llevaba droga. Qué diablos. El tipo tenía hemorroides. En fin. Le metieron un poco de cocaína en el culo después de muerto. Owen se partía de risa cada vez que contaba aquella historia.
Cuando Can estuvo metido en el adiestramiento de perros policía para aprender técnicas de olfateo, sus compañeros (entre los que había algunos expolicías) comentaban la relación entre los agentes de policía y las bandas de criminales —con sus representantes, en su gran mayoría— cuyos actos rara vez se investigaban. Se esperaba que aquellos grupos cometiesen delitos seleccionados y recomendados por los propios policías, y se evitaba la protesta pública al centrarse en las minorías y zonas pobres. La policía, bajo cuerda, reclutaba criminales tipo, individuos que salivaban ante la idea de cometer un asesinato, en busca de una vía legal para saciar su sed de sangre.
Los fiscales de nuestro Señor Satanás elegían regular y cuidadosamente los casos en función de la raza de los sospechosos. Los detectives también hacían gala de la más absoluta discreción en cuanto a qué casos llegaban a los tribunales. El efecto neto era que las minorías étnicas del Santo Satanás sacaban siempre el palo más corto en este Nuevo Mundo Libre, a menudo hundidos en la ruina financiera.
Los auténticos seguidores de nuestro Señor Satanás, padre eterno del Universo, bendito y único soberano, detestaban a los inmigrantes paradisoicos en Gehendale.
No había frivolidad en dicha aversión, no obstante.
Mi padre, por ejemplo, admirador reaccionario del Paraíso, sentía repulsión ante el comportamiento de los anteriores residentes. Nos poníamos de uñas cada vez que los describía haciendo gala de su estilo inimitable.
Había multitud de paradisoicos entre rejas en el Infierno. La cifra oficial era 14 400. Si el Paraíso se rigiera por los mismos estándares legales que el Infierno, tendrían que haber encarcelado a 144 000 por cada millón de corderos anteriormente emancipados, junto con la totalidad del sistema de Diosoh.
La incógnita de cómo el Imperio Demoniocrático de Gehena, también conocido como las Tribus Unidas de Amerhena (las TT. UU.), se había protegido de las fechorías de los paradisoicos me la despejó un amigo abogado. Trabajaba como defensor de paradisoicos que habían perpetrado robos en las minas farmacéuticas del Estado Dorado de Satanás. Me habló de los métodos que utilizaban los investigadores federales de nuestro Señor. Comparados con el KGB, dijo que el trato cruel y despiadado de los infraperros era más humano (es decir, más canino) que el de los federales con los que se las veía.
De vuelta en el Paraíso, los fiscales de Diosoh han puesto el contador de oprimidos a cero y los gendarmes de Diosoh siguen el rastro del efectivo, hablando de sus cosas bajo el foco de la sonrisa de superioridad del Todopoderoso.
Yo estaba decepcionado con los paradisoicos —los Redimidos del Padre Diosoh—, su mentalidad me daba asco. Había dejado de defenderlos ante el bendito Satanás.
Mi decisión se debía en gran medida a su halo oscuro. Aquellos tipos eran tan buenos disimulando sus crímenes que hacían quedar a Marx (Onón nos proteja) a la altura de Yuju (santificado sea su nombre). Dicha propensión es la marca de la casa de los pueblos opresores que han sobrevivido en el camino traicionero hasta Diosonón.
Es cierto que los Redimidos no eran el único segmento criminal que se entregaba a la plenitud satánica, ni siquiera eran los peores. Pero aparte de algunos defectos emblemáticos de su carácter, había cosas en ellos que daban asco: su gusto por el robo a nuestro Señor Satanás, capitán de nuestra salvación y sustento de la seguridad; su falta de confianza de palabra y acto, y la facilidad con la que compartían las posesiones del prójimo, incluidos la esposa y el ano. Todo aquello eran reliquias de los mandamientos de hermandad universal de Papá Lenin. Aunque su codicia se había visto bastante mermada gracias a los látigos de Satanás, también había aumentado en vehemencia de manera proporcional para con los canes.
El profeta Marx, que subió al Cielo en un tornado a lomos de los fieros corceles de Diosonón después de completar su misión en la caverna telúrica, había dejado una marca indeleble en el Paraíso. Aquí, todo lo que ocurría bajo el sol, incluido el Éxodo de los 144 000 a Gehena, se explica en clave económica. Los ángeles insisten en que se vivía mejor en el Paraíso comunista. También culpan al capitalismo satánico de sus actuales carencias sociales.
¡Error!
Mis recuerdos de infancia están habitados por los miles de compatriotas que se instalaron en la provincia de Adonis, en Oniria, tras sobrevivir a un holocausto que asoló el Paraíso. Adonis es un núcleo puramente capitalista en la costa mediterránea, tanto que las TT. UU. podrían considerarse un país comunista en comparación. Muchos de los que se reubicaron en Adonis lo pasaron aún peor que los supervivientes del Paraíso, porque eran extranjeros víctimas de dichas carencias sociales. A mi profesor de Civismo, original de Adonis, le gustaba reiterar el dato de que la comunidad de 250 000 paradisoicos era el segmento de la población más de fiar de todo Adonis, y que solo había un miembro de la misma cumpliendo una sentencia en prisión.
El Ojo Satánico estaba al tanto de este hecho. En el Infierno, cuando detenían a alguien con el aspecto de un paramecium —lapsus calami, debería ser paradicium— la policía primero comprobaba si el sospechoso era originario de Oniria o del Paraíso, y lo arrestaban en función de eso.
El Paraíso estaba infectado con el síndrome autoinmune lenino. Pero los intereses políticos de Satanás lo obligaron a llevarse a 144 000 ángeles al Infierno.
Aprendí geografía en un colegio de educación primaria llamado Sueños, en Oniria. Mi profesora era la señorita Mary, una gorda con la cara colorada. La señorita Mary había visitado el Mar Muerto antes de la creación del estado de Yehubabaji. Aquello era lo que la acreditaba para enseñar geografía; su única experiencia turística internacional, por supuesto, de la que hablaba sin cesar. La señorita Mary golpeaba con un puntero el enorme mapamundi de la pared, con tanta fuerza que los cúmulos de grasa que le colgaban de los brazos se meneaban con violencia.
Aporreaba con su puntero los dos países del mundo:
Primero, Oniria. Luego, África.
Oniria es un país grande. Limita al norte con el Polo Norte, al sur con el Polo Sur, al este con el lugar donde nace el sol y al oeste con la tumba del sol. Oniria cambia de capital cuatro veces al siglo.
El Paraíso es el ombligo de Oniria, su ónfalo. Se encuentra ubicado entre tres mares, conocidos como el Triángulo 1, y tiene tres lagos en el centro, conocidos como el Triángulo 2. Estos dos triángulos entrelazados forman la Estrella de la Honda, que Máimono robó a los hijos del Paraíso en el siglo xi; después, la antedató y engañó a los hijos del hombre para que creyeran que su reino era la tierra del sagrado Diosoh.
Gran parte del Paraíso ha sido devorado por Pasha. Pasha es un animal voraz de cornamenta negra, dientes de carroñero, cuerno de rinoceronte y una cola larguísima. Cuando aúlla, las montañas tiemblan.
Cuando Pasha estaba comiéndose a los Redimidos, Papá Lenin le sacó un trozo de hueso de la boca y lo expulsó del cementerio. Por eso los Redimidos adoran a Papá Lenin y odian a Osman Pasha.
En el cementerio se creó un país y fue bautizado como Virgenia; Papá Lenin dio su visto bueno al nombre.
En cambio, se opuso a los nombres de Paraíso y Diosohenia. Haciendo gala de su necedad, no se dio cuenta de que en la lengua paradisoica, Virgenia no es solo un sinónimo de Paraíso, sino que además expresa toda su esencia. Los Redimidos supieron engañar a Papá Lenin y nunca olvidaron el antiguo nombre del país, Paraíso, y aún hoy lo glorifican de este modo en los libros y los cánticos. La capital de Virgenia es Virgenal. Algunos de los lugares más emblemáticos son Virgenería, Virgenburgo, el Valle Virgen, la provincia de las Vírgenes, la ciudad de Santa Vírgina y la Tumba de Noé.
Diosoh, el hermano gemelo de Diosonón, reside en Virgenia.
El puntero de la señorita Mary traza un camino hacia el oeste, hasta Satania, hogar de Satanás y una de las provincias más importantes de Oniria, también conocida como Gehena o el Infierno. Allí se encuentra ubicada la necrópolis del sol.
La capital de Satania es Gehennington1, donde los indígenas tienen la curiosa tradición de leer de derecha a izquierda. Así, por ejemplo, soiD se lee Dios, algo que los canes nos tomamos como un insulto. El tal Dios no es más que una forma abreviada para referirse a Diosonón o a Diosoh. Satania ofrece destinos tan memorables como el Bosque del Infierno, Gehendale, Santa Várvara, Las Fortunas y Los Babilonios, rebautizado como Los Ángelos por los ángeles que huyeron del Paraíso y se refugiaron en el Infierno. Decidido a despejar el enigma de por qué la Madre Lunia muere doce veces al año y resucita a los tres días de cada muerte, Satanás obtuvo un interdicto del Padre Onón que le permitió instalarse en la espalda de la Madre Lunia, desde donde vela por el bienestar de la Tierra. El primer emisario de Satanás a la Madre Lunia fue Colimbo Armstrong (garabateo el nombre en mi cuaderno; estoy seguro de que esto caerá en el concurso de cultura general de la escuela. Colimbo Armstrong. ¡Sí!). Gracias a los esfuerzos del Estado de Calipornia, Satania ha sido rebautizada recientemente como Pornostán, y la capital se ha trasladado a Ciudad Porno.
Al sur de Gehena se encuentra Marianastán, donde se adora universalmente a la Virgen María. El idioma oficial es el magdaleno. El timón de este reino lo lleva Castro Perón, el dragón bicéfalo.
Otras cosas que aprendí de la señorita Mary:
Además de Satania, las provincias más afamadas de Oniria son Eiffelia, Shakespearia y Mercedesia. Eiffelia está bajo el mando de Napoleón Bonaparte. La capital es Nápoles. El rey de Shakespearia es Shakespeare, fumador habitual de puros. La capital es Ciudad Isabelina. Mercedesia también se conoce con el nombre de Führeria y Hamburguesia, en función de la doctrina del partido político que gobierne en cada ocasión. La capital es Hamburgo. Este dominio lo gobiernan de manera alterna el Führer BenYehubaba y Mercedes Shaitan, sallallahu aleihem wasallam.
Leninstán es la provincia más extensa de Oniria. Durante un breve período de tiempo se llamó Gorbachovia, pero eso fue antes de ser destruida por el Huracán Holly. Los supervivientes crearon una modesta provincia llamada Kremlinalia, que los extranjeros conocen por el nombre de Natashalia. Los habitantes de Kremlinalia son temerosos de Diosoh, por eso Él los salva de la extinción siempre que sufren el azote de un huracán satánico. A pesar de sus terribles infortunios, no dejan jamás de alabar al Todopoderoso.
A este lado del imperio de Pasha está Ayatolá el Grande, que observa en silencio los pasos de Pasha. En el otro extremo se encuentra Socratesia, cuyo idioma oficial es el bizantio. Desde los días de Dadá Sócrates se dedicaban a filosofar acerca de cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler. Por eso, Pasha invadió su capital e instaló allí el trono de su imperio móvil. A los ángeles los cocinó a la plancha y se los comió.
Oniria también incluye una extensa y populosa provincia llamada Chinmachín, cuyo monarca tiene muy buenas relaciones con el Rey de Reyes, el Santo de los Santos del Paraíso. Dicen que el gobernador de Chinmachín incluso ha concedido la mano de su hija al Rey de Reyes del Paraíso.
No se sabe nada de Chinmachín porque, como el planeta Venus, está cubierto de unas misteriosas nubes de gas. Se rumorea que el propio Diosoh no ha resuelto aún el misterio. En lo que respecta a la princesa a la que han prometido en matrimonio, se cree que le drenaron el cerebro antes de llegar al Paraíso. Como consecuencia, la Señora de los Redimidos no recuerda nada de su pasado.
Hay más provincias en Oniria, como Alalia y Maimonidia. La última la gobiernan los hermanos Máimono y Yinyino. Por ello, el nombre de Yinyinia se ha instalado en el acervo popular. Yinyino, el menor, espera a su hermano cada noche con un cuenco de sopa en las manos cuando Máimono vuelve exhausto de los campos de Yehubaba. Todas las noches, después de ablandar el corazón de su hermano con este gesto y relatar sus hazañas en la nación del Paleostiniyún de Azrael, Yinyino intenta convencerle de que cambie el nombre de Maimonidia por el de Yinyinia. Cuenta la leyenda que el mayor nunca cede a la tentación y que no lo hará hasta el fin de sus días.
La rivalidad de los hermanos no les impide mantener su negocio común, una sociedad limitada, Los Hermanos Elegidos, que cuenta con oficinas en varias capitales de Oniria, aunque se pasan la vida peleándose por quién debería detentar el título de Elegido. Por esta razón, las masas de Oniria, que tienen asuntos más importantes con los que soñar, han coronado a ambos hermanos, Máimono y Yinyino, con el título de «el Elegido», en virtud de lo que dicta la ley y por la fuerza.
Aunque son provincias relativamente insignificantes dentro de Oniria, Alalia y Maimonidia siempre están intentando hacerse con el Paraíso. Por eso Diosonón las castiga. Si siguen comportándose así, el Todopoderoso podría exiliarlas a África, donde se comen vivos a los onirios. Por esta razón, los onirios albergan el deseo de enseñar a los africanos a soñar, para evitar que los devoren.
Mi profesor de Historia, el señor Víctor, nos enseñó lo siguiente: el Paraíso fue en su día un estado poderoso como Atlantis, pero Pasha lo hizo desaparecer de la Tierra mediante un conjuro. Aunque la mayoría de los habitantes se ahogaron, algunos consiguieron subirse a algún barco y se dispersaron por las cuatro esquinas del globo. Estos hijos de la Tierra Antigua se llevaron con ellos fragmentos de su civilización, que les permitieron transformar la oscuridad que envolvía al planeta en luz pura y forjar el imperio colosal de Oniria.
Para los habitantes de Oniria, el sueño es la materia que conforma la inmortalidad. Sueñan y sostienen que un fumador bípedo llamado Diosonón les habla. Este bípedo les ha prometido todos los países que se extienden desde el Nilo hasta el Éufrates, y les ha ordenado que masacren a todas las naciones que se resistan a este mandato.
En la Iglesia Evangélica de Oniria aprendí que el Señor ha obsequiado a los onirios con los territorios entre el Éufrates y el Tigris, y hace poco también con las provincias de Pornostán y Kremlinalia y que, si oran con más ahínco, también recibirán Chinmachín (alabado sea el Señor). El sueño es la doctrina oficial de Oniria. El fundador de Oniria no es ni más ni menos que Él, el Mesías, el Hijo de la Honda, Jesucristo. Santificado sea su nombre. Él enseñó a los habitantes de Oniria a soñar con la gloria de su padre y a ser mártires en nombre del sueño eterno.
Lo más importante que aprendí, sin embargo, me lo enseñó mi profesor de Historia Política, el misterioso señor Bragatuni, fumador, miope, barbudo y siempre ataviado con un traje de tres piezas, que solo venía a clase una vez cada tres meses; Pasha lo aborrecía. Además de decirnos que la demosocracia es una farsa, una herramienta de propaganda utilizada por los imperialistas sedientos de sangre para camuflar sus crímenes internacionales, el señor Bragatuni me enseñó que la ideología de Oniria es el nepotismo.
Se trata de una meta-ideología que engloba todas las ideologías pasadas, presentes y futuras. Los habitantes de Oniria son unos nepotistas feroces. Llevados por la maldad y la venganza, penetran en los úteros y en las tumbas de las madres de todos aquellos a los que no consideran amigos, incluidos los reptiles, las aves y los insectos, y allí pasan su vida.
Un día, cuando Su Excelencia, el Santo de las Santidades Diabolam Diabolum, trataba de mejorar sus relaciones con Can, confesó que la policía en Gehena distingue entre los nepotistas fugitivos del Paraíso y los de Oniria. La doctrina de nuestro Señor Satanás es la antítesis de la discriminación (la «D» es un eufemismo de Diosonón). No obstante, los responsables no tuvieron más remedio que desviarse, dado lo flagrante de las pruebas contra la paradisia.
Los Redimidos están preocupados por las comparaciones. Ven la mano de los yinyinistas en este asunto. Se niegan a aceptar a las gárgolas sentadas en las murallas de sus propios cráneos. Una amiga paradisoica, que trabajó para la embajada de Satanás en el Paraíso, me llamó tonto una vez por negarme a aprovecharme del sistema satánico. Yo decidí respetar a Satanás. Otra amiga, nativa del Infierno, quiere mucho a sus amigas de Leninstán. Se reía al contarme que siempre le robaban sus perfumes eiffelianos cuando iban a su casa. Mi amiga leninstaní, que decía que quería ser mi esposa, me robó veinte lavos de la mesilla de noche.
Mi mujer también se convenció un día de mi naturaleza necia, y aseveró que sentía más respeto hacia una pareja que conocíamos. Dicha pareja había huido del Paraíso y no hablaban ni una palabra de satanio, pero les había servido para un programa de ayuda del gobierno. Ella me atacó por mi ignorancia acerca de este programa satánico que, a mi parecer, no valía un kurush.
—¿Con todos los años que llevas viviendo en el Infierno no has aprendido nada, tonto del culo? —me increpó la oculista de mi alma.
La oculotación culotivó mi matrimonio durante un año entero, porque ella también creía que Culo había robado unas gafas de culo de vaso que pertenecían a la pareja anterior. La culopa de mi mujer estaba en su máximo esplendor. No esperaba tanta culotura por mi parte.
Culo estaba culificado. Ella no había visto ni vería nunca a Culo cometer un acto así. Solo pensar que culo era culopaz de hacer algo tan culo… ¿Y por qué? ¿Por un triste objeto patentado por el camarada Stalin que Culo no iba a poder cambiar ni por una puñetera patata2?
Culo estaba triste. Qué terrible fue, hermanos, que la conciencia de grupo de mi mujer dominara su relación marital. Solo puedo asumir, mi prójimo, que el fanatismo ideológico y religioso no es más que una forma superior de esta mentalidad, que aún hoy aflige al mundo de los hombres.
El culid de la cuestión era que no me amaba.
No podía pedir apoyo financiero a Satanás, y por eso me trataron de culo. Me mortificaba la idea de hacer cola en un supermercado o coleccionar sellos para poder pagar la compra. Eso es precisamente lo que hacían los paradisoicos, guardando su sitio en la cola ataviados con anillos de diamantes y chanclas, con la audacia de Rockefellers, y sin pararse siquiera a pensar qué podían pensar de ellos los satánicos. Si las mujeres y los niños ordinarios de los jeques fingían comprar a la gente con un par de lavos, los paradisoicos se mostraban igual de altaneros con la educadísima cajera del supermercado.
Con el poder otorgado por los sellos; el poder de nuestro Señor Satanás, Benefactor y Padre de los huérfanos.
—¡Bien! Se lo merecen. Ellos destruyeron el Paraíso.
Cuando Papá Lenin arrancó el cementerio que era el Paraíso de las fauces rebosantes de espumarajos de Pasha, ocultó a Diosonón el Inmortal y convirtió el Paraíso en una república. Decidido a transformar a sus habitantes en ciudadanos, Papá Lenin promulgó una bolozhenia, cuyo sexto artículo dice así:
En reconocimiento de las atrocidades cometidas por Osman Pasha en contra de nuestro querido Paraíso, en un esfuerzo por restaurar los actos viles del que devoró nuestros cuadros, nuestra poesía, nuestra cerámica y las canciones, que prendió fuego al pelo de bebés que berreaban, los campos de nuestros padres y el alimento de nuestros amados y rojos corazones, en las puntas de cuyos dientes amarillos perecieron los cuellos de innumerables artistas en una súplica final, Papá Lenin, rey del mundo, con la intención de velar por el bienestar de sus amables súbditos, declara que el Paraíso es un protectorado e intenta resucitar en él el arte más bello de la humanidad: el arte de la mendicidad.
Para los paradisoicos liberados de Leninstán, mendigar la ayuda del gobierno era una tradición ancestral. Se enorgullecían de ello, e incluso existían competiciones de mendicidad. Esa es la razón por la que se mudaron a Gehena, después de perfeccionar religiosamente sus habilidades antes del éxodo. Mi tía, que había salido por patas del Paraíso con sus nietos y bisnietos, ensalzaba a Satanás:
—El rey soviético es idiota —decía siempre—. El rey de Amérika es maravilloso. Diosonón guarde al rey de Amérika.
Un día, mi padre se encontró con la señora Yevnik, de noventa y tantos años.
—Mi marido ha muerto —le dijo antes de que él pudiese saludarla siquiera. Mi padre extendió la mano para tocarle el hombro y ella continuó—, pero Diosonón me ha enviado otro marido… ¡El gobierno satánico! —rio—. ¡Gloria a Diosonón! ¡Bendito sea su nombre! —y se marchó riéndose.
Una amiga del Paraíso que trabaja en la oficina de ayuda a los refugiados de Satanás se sorprendió de las airadas palabras del asistente social satánico, que decía que los paradisoicos defraudaban a Su Excelencia. En defensa de sus compatriotas, mi amiga sacó a relucir un informe estadístico elaborado por la organización «Mentiras de Satanás» que señala que, comparados con otras minorías étnicas del Infierno, los Redimidos reciben una proporción ínfima de las ayudas del gobierno. Intentaba demostrar que la parte de las ayudas correspondiente al león acaba en manos de los kvetchers que adoran a Mosmos y a Mariamstanis de Leninstán, acaso porque estos últimos son insuperables en lo que a dar pena se refiere.
Los Redimidos se sintieron halagados. Pero nada de esto aparece en las evaluaciones de los habitantes de Oniria que este can aprendió de sus profesores cuando aún era un cachorro.
—La comunidad de onirios que se establecieron en Adonis es la mejor de las comunidades que residen en dicho país. No encontraréis ni un solo mendigo aquí.
Los nativos de Adonis recordaban cómo antaño los habitantes de Oniria que habían escapado del genocidio no querían limosna de los nativos, solo reconstruir sus vidas a base de trabajo duro. En poco tiempo, se convirtieron en agentes clave en la economía de Adonis y se granjearon la reputación de empresarios honestos. A menudo, con una sola palabra conseguían diez contratos. Lo mismo ocurrió en todos los países del desierto de Alamalá, donde se asentaron los supervivientes.
Las experiencias diarias e intensas de una novia que tuve, que era agente del SBI (la Agencia Satánica de Investigación, por sus siglas en inglés), con el inframundo paradisoico en el Infierno, me ayudaron a afirmar mi decisión de dejar de defender a los paradisoicos. Aunque hubiese vacíos legales en la actuación de las agencias del gobierno, yo estaba decidido a no impedir el cumplimiento de la ley de Satanás, absolutamente negra. Mi lógica era la siguiente: «Déjalos aprender a vivir conforme a la ley, para sorpresa incluso de los policías racistas. Déjalos vivir como mi padre, que nunca le dio problemas a Satanás, nunca tuvo un solo encontronazo con un agente de policía y ni siquiera sabe el aspecto que tiene un juzgado».
A pesar de que estaba cualificada de sobra para el puesto que solicitaba, Katy se vio obligada a pedir ayuda a un agente de alto rango que conocía. El buen hombre la recomendó encantado.
Asomado a la ventana de su despacho, muy cerca de casa de Katy, el agente tenía la costumbre de mirar la hora cuando ella encendía la luz de noche. Se comportaba de una forma tan solícita y paternal que se refería a él como el «jefe de la oficina de privatización».
Desde el treinta de diciembre, las ventanas de la casa de Katy a menudo permanecían a oscuras. Aquella noche fue cuando Katy y yo nos conocimos en el Atlantic Club, en Virgenal. Ella y su padre postizo tuvieron una discusión. Como él estaba ya bien entrado en la cincuentena, no se atrevía a acercarse más a ella. Pero después de su cumpleaños, que era el mismo día que el mío, él le confesó su amor y le propuso matrimonio. Eso sí, solo dejaría a su mujer después de la boda de su hija mayor, que era en un año. Entendido. Ningún hombre de provecho se atrevía a jugar con el futuro de su hija en Virgenia. Deseaba pasar el ocaso de su vida junto a Katy, y ni a ella ni a su hijo les faltaría de nada.
Por la noche, Katy se encontró con una masa oscura en los escalones de la entrada de su edificio. La luz era escasa, pero Katy supo enseguida quién era. La masa se levantó corriendo.
—¡Zorra! ¡Quítale las manos de encima a mi marido! —y golpeó con fuerza a Katy en el cuello, después de que esta apartase la cara.
—Puta… —Katy la empujó al suelo—. Me importa una mierda tu asqueroso marido. —La mujer estaba hecha un ovillo en el suelo, sujetándose la muñeca y con la frente apoyada en la acera—. ¡Compórtate! No me he follado a tu marido. Vete a tu casa o le contaré a quién has ofrecido el culo en la universidad. —La espalda de la mujer se agitó cuando empezó a sollozar, con violencia y de repente, graznando como un ganso.
Aquellos días Katy apenas llegaba a final de mes. No me había contado nada. Había vendido todas sus joyas. Su empresa, una escuela vocacional, ya no podía soportar las fluctuaciones enfermizas del entorno regulador de Diosonón.
Katy lo denunció en el trabajo. Su jefe, el director del servicio regional de recaudación de impuestos, le dijo con semblante impasible que tendría que follárselo si quería el trabajo. Ignoró incluso la intervención del considerado benefactor de Katy.
Katy estaba hecha polvo. Fue entonces cuando acudió a este can, con lágrimas en los ojos…
***
El domingo fuimos a misa.
La congregación oraba así:
Concédenos, Señor, concédenos 1+1=11. Concédenos, Señor, concédenos 1+1=111. Concédenos, Señor, concédenos 1+1=1111.
El barbudo dio comienzo al sermón:
No temáis a la injusticia. Cuanta más injusticia haya en el mundo, más felices seréis. La justicia nace de la injusticia. El tiempo es aliado de la justicia.
Mientras escuchábamos la homilía, no pedimos nada. Sencillamente entendimos que 1+1=0. Fortalecimos nuestras almas para resistir los experimentos heurísticos y después pusimos rumbo al restaurante Marco Polo. Tenía a Katy entre mis brazos. Prometimos celebrar juntos nuestros cumpleaños, tuviésemos la relación que tuviésemos entonces.
Fue idea suya y yo accedí. Me hacía gracia que hubiésemos nacido el mismo día. Géminis. Mi gemela… En aquel momento yo estaba investigando leyendas de gemelos y quise entender nuestra conexión en esos términos. Ella se lo había contado a sus amigas.
30 de mayo: países diferentes, años diferentes, úteros diferentes…
Aquel día la madre Tierra sonrió a los rayos del sol desde el mismo lugar, con once primaveras de diferencia, por el sendero de la luz…
Me dirijo al manantial de luz…
El camino es largo, adoquinado en pedernal,
rodeado de espinos de arrayán.
El camino es tortuoso, rima con un rayo.
Salgo y me sostengo sobre mis rodillas temblorosas,
y, arrodillado junto a mis hermanos,
fluye a borbotones la sangre caliente.
Me tiembla el pecho, tengo polvo en las pestañas.
Mi corazón es un recipiente vacío,
y yo avanzo hacia el manantial de luz…
¿Cuántos, cuántos miles de años
he de caminar?
¿Cuántas veces he de caer, herido,
hasta alcanzar el final del camino,
golpeado por trituradoras de piedra?
No lo sé. Solo, compañeros,
hermanos crucificados,
dejadme seguir mi viaje…
En mi soleado sendero hacia los soles
no proyectéis vuestra sombra
como el ala siniestra de un gavilán.
Ola 1, La luz3
De vuelta de una conferencia en el Instituto de Estudios Orientales, en la Academia de Ciencias, me preparo para quedar con Katy.
No le he contado a nadie lo de mi cumpleaños. Es cosa de Katy. Era nuestra promesa. Aquel día íbamos a entregarnos hasta la última capa de nuestras almas, cada temblor de nuestros cuerpos…
La blusa rosa ceñida, que deja al aire sus brazos esculpidos, se dispara desde los hombros hasta los delicados dedos, ilumina su rostro broncíneo. La imagen de la diosa Luna, con su juego alterno de luz y sombra, es hipnotizador.
Su cabello castaño claro le cae sobre los hombros desnudos en grandes ondas y le enmarca la cara, haciéndola parecer ovalada y acentuando el cebo de su barbilla y sus labios feroces. Los vaqueros sin cinturón rodean su cintura desnuda y el azul basalto devora sus glúteos ovoides y sus piernas rectas.
Nos besamos… Hace nueve días que no nos vemos. Compartimos una gelatina en forma de corazón y brindamos con champán por nuestros cumpleaños gemelos.
Decidimos ir al Atlantic, un bar subterráneo con luces azules y acuarios gigantes en las paredes, donde los escalares —también llamados «peces ángel»— ambientan la acción.
La noche del 30 de diciembre invité a dos hermanas al bar. Las había conocido a través de la tercera hermana, en la defensa de la tesis doctoral de esta. Aquellas aves habían migrado de Dushtepeh a Virgenia tres años antes. Olya, la más joven, es científica nuclear y trabaja en la central nuclear de Virgenia. Sasha es bióloga; tiene un hijo de un año y la relación con su marido es de todo menos envidiable. Ambas mujeres son guapas, atractivas e inteligentes. Además hacen gala de pensamiento independiente, algo muy de mi agrado. Sasha es dulce y tiene una marca de nacimiento en la pierna que aparece y desaparece con el juego de su falda. Olya es salvaje, rubia, dotada e imposible. Todos en el bar las miran.
Yo chocaba bastante con Olya. Tenía la habilidad de confundir la originalidad con la desconsideración. Poco después las vi irse en un taxi y yo decidí quedarme en el Atlantic. Olya se enfadó. Estuvimos varios meses sin llamarnos.
Makoko me saluda con la mano desde el sexto piso.
He visto a Katy. Está con Nuneh y su amigo.
Katy también me ha visto. No tiene pareja de baile, así que se une a nosotros poco después, con el visto bueno de Olya.
Gracias a la generosidad de Olya, caí directamente en el campo de gravedad de Katy. Estamos bailando cara a cara, mirándonos a los ojos, con las sombras de los escalares cruzadas sobre los cuerpos. Estoy hechizado. Mueve su figura perfecta en giros líquidos, rezumando sexo. Es un hada genuina en la pista de baile. Y además, esto: noto una transformación en su rostro, en los fluidos de su ser.
Aquella noche no pude dormir.
El Atlantic se convirtió en un santuario para nosotros. Katy querría haber construido una capilla allí dentro. En cuanto a mí, nunca volví a poner un pie dentro con otra mujer que no fuera ella.
Katy quiso que Nuneh viniese con nosotros. Si no fuera porque Nuneh la había invitado aquel día al bar, Katy y yo no nos habríamos conocido. Nuneh acababa de romper con su novio, que la dejó en cuanto consiguió un ascenso en el banco, con la esperanza de echar el lazo a una vestal de mejor clase, más acorde con su nuevo puesto, pese a que Nuneh era una mujer buena, madura y atractiva que parecía hecha de leche pura.
Estoy bailando con mi gemela. Su rostro sonriente reluce en la pista de baile y destroza a los hombres. En sus palabras: «el Atlantic se está hundiendo».
Sufría la misma metamorfosis que durante los orgasmos. Katy se convertía en una mujer distinta, en un ser etéreo, de cuyo rostro y cuyos labios fluía la fuente de la inmortalidad. El secreto para entrar en contacto con su esencia femenina estaba en el desbloqueo de aquella fuente.
No era fácil. Se había casado a los dieciocho años, tras la muerte de sus padres. La familia quería deshacerse de ella, y ella tomó la decisión errónea.
Pocos meses antes de que le fuera asignado un marido, Katy viajó a las TT. UU. para participar en las Olimpiadas de Oniria como abanderada del equipo de Virgenia. Los juegos reunieron a jóvenes de varias provincias de Oniria. Las Olimpiadas se juegan todos los años en el mes de julio para celebrar el Año Nuevo del antiguo calendario paradisoico.
Cuando Katy me contó que había estado en las Olimpiadas, recordé haberla visto, porque aquel año justo acudí a la ceremonia de clausura. Era imposible no fijarse en ella: alta, de andares firmes, con una maravillosa figura y… líder del equipo de una nueva Virgenia independiente… Todo aquello la convertía en el centro de atención.
Ay… Si no hubiese estado casado…
Katy era la Atenea de Virgenia, su símbolo de la feminidad. Tras las Olimpiadas recibió muchas y suculentas propuestas de matrimonio; las rechazó todas.
Poco sabía entonces de la miseria que le aguardaba en Virgenia.
—Bueno, Diosonón te está dando una segunda oportunidad ahora —dice Katy.
Pero la magia de aquellos días se vio contaminada por una herida abierta en el corazón de Katy. Uno de los habitantes más notorios de Oniria, de Los Babilonios, un magnate de la industria de la moda que respondía al nombre de Puro Koko, invitó a cenar al equipo olímpico de Virgenia. Después abrió un enorme almacén de ropa y les dijo que cogiesen lo que quisieran. Además les dio a cada miembro un franclo (una suma significativa para gente de entre dieciséis y dieciocho años que venían de familias rublas prácticamente arruinadas).
Pero la emoción duró poco. Los organizadores de las Olimpiadas requisaron inmediatamente el dinero con el pretexto de cubrir los gastos de alojamiento del equipo en el Hotel Satanás.
Katy se ofendió. No asistió a los siguientes actos organizados por el Partido de la Santísima Trinidad, organizador de las Olimpiadas. A medida que fue aumentando la tensión, el comité organizador acusó a Katy de traición: «Has abusado de la buena voluntad de nuestra sede central en el Paraíso para recorrer el Tártaro a nuestra costa». Desde el punto de vista de los discípulos y otros voceadores, aquella era la acusación más grave que el santo triunvirato podía hacer.
De vuelta en casa, Katy fue aceptada en la Universidad de Virgenia (una de las diez mejores de Leninstán), donde se licenció en matemáticas Aplicadas. A medida que se iba haciendo una mujer, Katy estaba más y más insatisfecha con su marido. El hecho de que vivieran con los padres de él no ayudaba, porque no tenían intimidad para hacer el amor.
—¿Cómo le explicas a alguien tan estúpido que como mínimo necesitas lavarte después de hacerlo, y a ser posible con agua caliente? ¿Dónde? ¿Cómo? A él le daba igual… Solo follaba para él mismo.
Conociendo a Katy como la conozco ahora, me hago cargo de la situación. No le servía un diletante. Ella necesitaba un hombre de verdad que la satisficiera. Aunque se estaba marchitando debido a sus carencias sexuales, su dignidad hacía que no consintiera en tener a otro hombre dentro. Katy tuvo su primer orgasmo cuando llevaba siete años casada. Aquella noche lloró amargamente al darse cuenta de lo que se había perdido durante todos aquellos años.
—Ripsik, cariño, ¿cómo has tenido cuatro hijos y cuarenta abortos sin siquiera desnudarte delante de tu marido?
—¿Desnudarme? ¿Se puede saber de qué hablas? Me mataría si me viese desnuda. Diría: «¿De dónde ha salido esta zorra? ¿Dónde ha aprendido a ser tan puta?». Yo solo cierro los ojos, él me sube la falda, encuentra el agujero y la mete…
Katy sufre en silencio, con la esperanza de que las cosas cambien algún día. Durante años, va arañando lo que puede de sus ahorros para poder comprarse una casa. Como manda la tradición en Virgenia, le da a él todo lo que gana, y él se lo da a su madre.
En Virgenia, el cordón umbilical que une a una madre con su hijo no se corta tras el parto. Ambos tienen una existencia simbiótica que se prolonga hasta la muerte. Es un rito sagrado. Oponerse puede significar la muerte de la novia. Ahora lo que se lleva es llamar «nacional» a la tradición.
Un hombre es el bebé eterno de su madre: la madonna y el bambino. Mamá le da el pecho hasta que cumple cincuenta… Se comunica con su mujer a través de mamá. Mamá lleva de la mano a su pequeño veinteañero a la zapatería. El bebé llora y se queja: no le gustan esos malditos zapatos…
Por cierto que en Virgenia hay grandes zapateros, diseñadores de muebles, que podrían, con un pelín de materia gris, competir en el mercado internacional con los mejores de Alpacinolia. Pero los virgenios están orgullosos de llevar zapatos hechos por Al Pacino, el rey de Alpacinolia.
En nuestro antiguo barrio en Adonis había una fábrica de ropa. Un día mi padre y yo estábamos allí y oímos al dueño hablando con un mayorista.
—Podemos ponerle la marca que quiera —dijo—. Gucci, Versaci… La que usted quiera.
Cuando el hijo alcanza la edad recomendable para casarse, Mamá reúne a su círculo de madres con el fin de encontrar una novia virgen para su obra maestra de la incompetencia.
A mí esto del lazo irrompible que une a las madres paradisoicas con sus lactantes me lo explicó mi casera.
—En el Paraíso, las mujeres no aman a sus maridos —dijo—. Por eso vuelcan su afecto en sus hijos, para compensar la necesidad de amar a un hombre.
Machopancé el Custodio (y que me perdonen los chimpancés por la analogía) entrega a su mujer a la custodia de su madre. Si surge un desacuerdo entre las dos mujeres, primero pega a su mujer para intentar moldearla con el arrojo de mamá. Si la mujer se niega a someterse, la echa de casa.
—Hay muchos peces en el mar, pero madre no hay más que una.
Los ahorros de Katy fueron incrementándose centavo a centavo, a costa de un enorme sacrificio. En una época en la que no había electricidad ni calefacción en Virgenia, conseguía hacer los trabajos de la universidad y hornear tartas en la solitaria estufa de leña de su casa. Solo encendía el aparato para hacer las tartas, y para nada más. Por la mañana, de camino a la universidad, las repartía por las tiendas de la zona. Así alimentaba a su familia, se pagaba el billete del autobús y, al final de la semana, guardaba una pequeña cantidad para poder comprar un día el apartamento de sus sueños.
Un día su marido le dijo que tenía una sorpresa para ella y le pidió que mirase por la ventana. Katy se desmayó.
Había despilfarrado todos sus ahorros en un coche…
Katy no consiguió reponerse. Se divorciaron.
Los virgenios no miran con buenos ojos a una mujer divorciada. Pocos tienen las agallas de casarse con una mujer que no sea virgen… va en contra de una tradición ancestral. Como herederos del primer Xn estado mundial, siguen piadosamente la segunda mitad de las Sagradas Escrituras.
«Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio». No obstante, los hombres solicitan diligentemente a las desvirgadas e intentan conquistarlas como amantes. Todos en Virgenia desean a estas mujeres, se abalanzan sobre ellas como patas de un ciempiés, como una imparable locomotora.
Es una necesidad natural, dicen.
Y hablando de naturaleza, solo hay dos géneros en Virgenia. Hombre y mujer. A diferencia de lo que ocurre en Gehena, donde tienen doce géneros distintos. Ya veis, hermanos, cuán primitivos son. El hombre, dicen, fue creado a imagen y semejanza de Diosoh, y la mujer, a imagen y semejanza del Demonio. Por mera conveniencia, en ocasiones me referiré a estos géneros polares con los términos «virginoso» y «virginosa».
Un rasgo característico de Virgenia es el estigma que cae sobre un hombre si no consigue conservar a la amante. Tener una querida es señal del incomparable amor fraterno y la generosidad del virginoso. Y para ello cuentan con la aprobación de sus padres, que toman todas las precauciones posibles para ocultar la situación a ojos de la futura esposa del hijo, que vive en su casa.
A veces ni siquiera se molestan en esconderlo.
—¿Qué esperabas? Es un hombre. ¿Qué va a hacer? ¿Esconderse detrás de tus faldas?
Si un hombre casado no hace uso de los servicios de un burdel, ¿qué tipo de hombre es? Yo os diré qué es: un marica.
En Virgenia, la hipocresía es la materia de la que está hecha la vida. Quizá no lo sepan, pero su aura lo dice todo. Viven a base de engaño y autoengaño. Transmiten ese veneno de generación en generación. Oponerse a ello sería provocar la ira de una sociedad que venera la virginidad. Pocas mujeres salen victoriosas de este brete.
A una mujer, si se divorcia, le espera una auténtica odisea. El primer golpe lo recibe en el juzgado, donde se encuentra atrapada en un coliseo de humillación. Las mujeres están acostumbradas a esto. No es ninguna sorpresa. Una mujer tuvo que pedir tres veces al juez el divorcio de su marido alcohólico. Su solicitud solo fue atendida cuando amenazó al tribunal con la responsabilidad moral en el caso de que aquella bestia la asesinara. Ella y su marido llevaban cuatro años durmiendo en habitaciones separadas. Tenía que estar constantemente alerta para defenderse de los ataques de él, con los gritos aterrorizados de los niños, sin darse cuenta de que estaba vulnerando derechos inalienables. El tribunal diosohnal tampoco pareció percatarse de esto.
Otra mujer, Stella, se había casado a los veinte años y se divorció a los veintidós. No le quedó más remedio que sobornar al tribunal, solo para conseguir presentar la petición de divorcio. Stella es un bombón, la mujer más seductora que he conocido en Virgenia. Dulce, buena, leída, inteligente.
Fiel a la norma, Stella vivía con la familia de su marido. La madre y la hermana de este, al notar que parecía amar más a su mujer que a su familia, obligaban a la pareja a dejar la puerta del dormitorio abierta día y noche. La familia política tenía un jardín. Cuando Stella estaba embarazada, le prohibieron que cogiese frutas de allí. Su marido empezó a pegarle con regularidad para demostrar su hombría a la madre y a la hermana.
El siguiente golpe lo recibió la divorciada no virgen de sus vecinos. Los hombres casados del barrio se acercaron a ella para proponerle aventuras clandestinas. Lo mismo le ocurrió en el trabajo. Cualquier traje hacía que la acosaran…
Presumiblemente, esta es la razón por la que dicen que la familia virgénida es «sólida como una roca». Un amigo mío de Binladenia se vanagloriaba un día de que las familias en su país eran más sólidas que las de Gehena.
Es posible, claro, reforzar aún más los cimientos de una familia garantizándoles a los hombres el derecho a asesinar a las mujeres insubordinadas. Así se reduciría a cero el número de divorcios.
—¿Dónde está escrito que se le deba conceder el patrimonio paterno a una mujer? ¿De verdad le vais a hacer caso? No solo se va con un hombre, encima pide una parte de la casa de su padre. —El hermano de Katy montó en cólera cuando, tras la muerte de sus padres, ella propuso vender la casa familiar y repartir los beneficios a partes iguales entre los hermanos.
Este mismo hermano tuvo mucho que ver con el hecho de casar a Katy cuando esta era muy joven. Quería que se olvidara de la casa familiar. Katy y su hermana decidieron no ir a juicio, por miedo a ser tachadas de putas. Los hermanos se apropiaron convenientemente del patrimonio familiar, que incluía dos casas. El hermano bocazas se quedó con la propiedad más grande con el beneplácito de los demás hermanos varones, la cerró y se fue a Natashalia, echando a Katy a los lobos. Aunque se ganaba bien la vida allí, nunca echó una mano a su hermana en apuros. Si Katy hubiese conseguido su parte de la venta de las casas, podría haberse comprado un estudio, pagado sus deudas y evitado su hundimiento.
¡Zorra! Así es como llaman a Suzy.
Con tan solo veinticinco años, ya se ha hecho un nombre entre la gente extraordinaria y en los círculos del activismo cultural de Ciudad Virgen, sita al pie del monte Ararat, a este lado de Kars. No se lleva bien con su suegra, que intenta controlarla de todas las maneras posibles. ¡Ladrona! La culpable se ha negado a darle a su marido los beneficios de la organización cultural, dueño y señor de la esfera pública y cultural, para que no pueda depositar el botín en el Banco Virgen (es decir, en manos de mamá).
En Virgenia, los derechos económicos de la mujer se distribuyen entre el resto de la sociedad, lo que la condena a la esclavitud más absoluta. Una mujer casada se horroriza con el solo pensamiento de abrir una cuenta bancaria. Hacer algo así tendría consecuencias nefastas para su familia y su futuro.
La riqueza de Virgenia, incluidos los activos líquidos, los bienes raíces y las empresas, es propiedad de los hombres. Si una mujer por casualidad tiene una buena posición financiera, tened por seguro que habrá un machopancé detrás vigilándola, y que no podrá mover un dedo sin su aprobación.
Las mujeres no tienen nada. Por eso tienen que poner el culo para llegar a cualquier parte. Las mujeres ponen sus culos a disposición de los hombres que tienen por encima, igual que los maimonitas lo ponen a disposición de los salomónicos y el presidente de los oligarcas.
Virgenia está controlada por los porculeros.
El culo determina la valía de un ser humano.
Yo no tengo un culo que ofrecer.
El virginoso no le deja otra opción a la virginosa más que ser una puta. Esas son las mujeres que se venden en Pashalia. Olvida que hace solo dos o tres generaciones muchos habrían preferido tirarse por un precipicio con tal de no rendirse a Pasha.
—¡Son todos maimonitas! Un paradisoico nunca haría eso. Es una conspiración. Están tratando de arruinar el nombre de nuestra nación.
A día de hoy, Osman Pasha y Ali Baba alimentan la pollamanía de poner las manos sobre las huríes del Paraíso. En el pasado, no podían hacerlo sin recurrir a la violación.
Y hundir las lágrimas en sus ojos azules,
en un campo de cenizas donde perecen los paradisoicos,
la mujer alemana nos contó lo que había visto en nuestro horror.
Oh, no os asustéis cuando os cuente mi inenarrable historia…
Entended el crimen que un hombre perpetra contra otro hombre.
Era una mañana sepulcral de domingo,
el primer e inútil domingo que amaneció sobre los cadáveres.
Había estado en mi cuarto de sol a sol,
observando los estertores de una chica apuñalada,
empapando su muerte con mis lágrimas…
De repente oí una multitud oscura y bestial a lo lejos,
azotaban brutalmente a veinte novias,
entonaban cantos lascivos en un viñedo.
Un salvaje gritaba a las novias:
«¡Danzad!
¡Danzad al son de los tambores!».
Los látigos se cernían con saña
sobre los cuerpos anhelantes de muerte de las mujeres paradisoicas…
Las hermosas novias caían al suelo exhaustas…
«¡Levantaos!», gritaban los hombres, agitando sus espadas desnudas como serpientes.
Entonces trajeron un jarro de queroseno a la horda…
Oh, justicia humana, déjame escupirte en la frente.
Se apresuraron a derramar el líquido sobre las mujeres…
«¡Danzad!», atronaban. «Aquí tenéis un perfume
que no encontraréis ni en Arabia…».
Con una antorcha prendieron fuego a
los cuerpos desnudos de las mujeres.
Y los cuerpos chamuscados se tambalearon bailando hasta la muerte…
Horrorizado, corrí a cerrar los postigos
y, acercándome a mi muerta, le pregunté:
«Dime, ¿cómo puedo sacarme los ojos?»
Ola 2, El baile
El virginoso es aún menos digno de las huríes que Pasha. Por eso a la virginosa no le disgusta la idea de acostarse con Pasha.
Diosoh es un tipo legal.
Cuando se supo que Suzy no podía tener hijos, consiguió el divorcio, «habiendo pisoteado el honor del hombre».
En Virgenia, cuando una pareja aterriza en el depósito yermo de la esterilidad, la sospecha se cierne sobre la mujer. Es a ella a quien se examina, aunque los médicos recomiendan estudiar primero al hombre. Si el examen revela que en el organismo de ella todo está en orden, el hombre se plantea hacerse o no la prueba. La tradición manda que Mamá resuelva el problema haciendo un llamamiento a sus satélites para que busquen una nueva virgen para el pobre muchacho.
Nadie se preguntará cómo la mujer, que se casó siendo una virgen vestal, contrajo una enfermedad de transmisión sexual. Basta saber que la mayor parte de los casos de esterilidad se deben a tales enfermedades.
Uno de cada tres redimidos es estéril. ¿En qué otro lugar del cosmos se encuentran estadísticas como esta?
¡Larga vida a las tradiciones nacionales de Virgenia!
Suzy abandonó Virgenia con un joven de Pornostán, aunque no lo amaba. Las mejores mujeres —el recurso más preciado del Mundo Virgen— se están yendo.
—No debería haberse ido. ¡Es culpa suya! Tendría que haberse quedado con un hombre de aquí aunque no lo amara —concluyó una virgen.
—Algún día lo entenderás, cariño…
Creo que está quedando cada vez más claro que estoy enamorado de las «zorras» de Virgenia.
Estoy empezando a entender que soy… un bastardo.
Sí, un bastardo.
Un bastardo de tres, cuatro o cinco sílabas, y con mayúsculas.
***
La esclavitud familiar es un fenómeno natural en Virgenia. El despectivo pisoteo de los derechos de las mujeres es la consecuencia de una ideología que defiende las costumbres de los virgenios, una ideología que se remonta al fundador de Virgenia, el paterfamilias y ministro del interior, Noé el Patriarca. Los lacayos de dicha ideología (esto es, los hombres, pero también las mujeres) consideran cada paso hacia el reconocimiento de los derechos de las mujeres como una manifestación del colonialismo satánico.
En Virgenia, a los defensores de las ideas progresistas se les acusa de yinyinistas.
La palabra «yinyinismo» tiene un significado peculiar en el Paraíso. Se introdujo en el diccionario nacional tras el Genocidio de 1915. El primero en popularizar el término fue Mevlan Zadeh Rifat, un hombre lobo que asistió a las reuniones secretas de Pasha y que en 1929 publicó un libro que revelaba los planes de exterminio del pueblo indígena del Paraíso.
A pesar del servicio que el político osmaní había prestado a la justicia, los partidos de Oniria no se fiaban de las acusaciones de los yinyinistas, que decían que había tomado parte en la organización del Genocidio. En lugar de eso, los partidos creían que la acusación contra Rifat no era más que un intento de Pasha de atribuir sus atrocidades a un chivo expiatorio. Pero en las últimas décadas, los esfuerzos para acallar la teoría de la participación de Yinyino en el Genocidio se han vuelto en su contra. Un libro, obra de un historiador paradisoico, publicado en 1892, aportaba un montón de pruebas que confirmaban las afirmaciones de Rifat.
Las cosas se agravaron cuando el Señor Yinyino votó en contra de una resolución por la que se pretendía reconocer el Genocidio, que ya se había debatido en el Congreso de nuestro Señor Satanás misericordioso. El objetivo del Señor Yinyino era condenar a Diosoh y a Satanás a la enemistad perpetua. Además, el embajador de Yinyinia en el Paraíso había emitido un comunicado en el que negaba el Genocidio. A pesar de las protestas de la ministra de asuntos exteriores del Paraíso, Zulfikar James Lutfullah, educada en la satanidad, sus palabras fueron rebatidas tanto por el Señor Yinyino como por su hermano, el Señor Máimono.
Máimono estaba bien considerado en el Paraíso. Pero el sacrilegio sin precedentes de la diplomática extranjera en la tierra de los mártires hizo que los paradisoicos de todo el globo, incluidos los expulsados siete veces de la vida en el Paraíso, se declarasen en contra de Máimono. Las oscuras aguas de la estrategia política del Señor Yinyino se aclararon moderadamente cuando en varios museos del Holocausto, los paradisoicos que habían opuesto resistencia a las atrocidades de Ali Baba fueron tachados de asesinos, aunque es sabido que Ali Baba, que acumulaba nuevas condenas a diario, había intentado abrir por la fuerza las puertas del Paraíso, robar el oro y borrar cualquier rastro paradisoico de la faz de la humanidad con armas proporcionadas por el Señor Yinyino.
Así, el yinyinismo se convirtió en sinónimo de perversión de la historia, transgresión de la justicia y destrucción de la verdad. Los intelectuales iluminados que huyeron del Paraíso al Infierno han tachado a menudo a Can de yinyinista, y han advertido a los paradisoicos de las argucias de este topo. Mis opiniones de moral canina se consideraron devastadoras para los cimientos de su ideología virginal.
Los iluminados del Paraíso también me acusaron de «enemigo del pueblo» debido a mi fracaso a la hora de tratar los delirios de los nepotistas «de forma comprensiva».
Con el fin de atacar el escenario espiritual del Paraíso en un intento de reforzar su posición, estos patriotas estigmatizan a cualquiera que no apruebe sus ideas con la marca de traidor nacional, contaminando la atmósfera interna de la cuna de la creación, violando la matriz de Ononón.
—Cuando el río suena, agua lleva —me dijo una mujer—. Si te acusan de adorar a Satanás, ¿no será que algo de verdad hay en ello?
Ellos eran el río; yo, el agua; ella, la espectadora. Me quedé hecho polvo. Creía haber encontrado a la mujer de mis sueños. Sus ojos eran mi océano. Hasta aquel momento, apenas nos habíamos separado un segundo. ¿Cómo podía pensar que yo era el Anticristo?
¡Santa Mamá!
Mi tío Gary ha sacrificado su vida y sus recursos financieros y mentales por una mentira.
—Yuju MacYehu llegará dentro de diez o quince años.
Las iglesias lo ordeñan como a una cabra. Se ha hecho rico varias veces, pero siempre sacrifica su riqueza al padre de MacYehu, Yehubaba, también conocido como Judalá. Millones de gehenesianos como él traicionaron a Satanás y entregaron todo lo que tenían para asegurar el reino milenario de MacYehu en Penesalén. Déjame besar tu pene, Yehubabaji. El Señor MacYehu rescatará a su tribu de la Tierra para que gobierne su imperio. Amén. Ellos se harán carne. Amén. Si un volcán engulle los cementerios, o si un cuerpo cae al mar, no os preocupéis; el plan de seguros de Yehubaba lo cubre todo. Él extraerá la esencia de la anémona y de la estrella de mar que la contiene, y de nuevo estarán completos.
—Gloria a ti, Padre Todopoderoso… —eyacula la multitud.
¿Acaso os preguntáis por el destino de los billones de células, aún sin huesos, que descienden de los retretes a los sumideros?
Se convertirán en bebés de Yuju, por supuesto… siempre y cuando no provengan de la semilla de un alaísta…
Pobre progenitor. ¿A quién reconocerá como descendencia?
¿Y qué ocurrirá con los abortos de la mayoría de los fetos hembra de todo el mundo? Girarán en torno al novio, Yuju, como las vírgenes prudentes…
¿Y con las mascotas? También se reunirán con sus familias en el coro eterno a cantar la gloria de Yehubaba.
Un grupo deposita las firmas de los donantes (se acepta tarjeta de crédito) a los pies de la estatua de un semental blanco, el caballo de Yuju, una propuesta mejorada y futurista del antiguo y vergonzoso «levanta las manos y abre el corazón». Los signatarios serán los macs de MacYehu, que a su retorno gobernarán el mundo durante un millar de años. Se recaudan cientos de millones de lavos de manos de los seguidores de nuestro Señor Satanás a través de maratones televisivos y actos repipis con el supuesto objetivo de «salvar» naciones, especialmente de los corderos de los rediles de Gog y Magog, los leninstaníes y los chinmachineses. «Con un solo lavo que aportara cada chinmachinés…», ese es el sueño eterno de todo mesianista adinerado.
Proclaman al Elegido, cuyo reino es sagrado y donde MacYehu descenderá de los cielos. En cuanto a la tribu de Alamalá, son agentes de la Bestia. Los macyehuístas invierten billones de lavos en Maimonidia para fortalecer la casa de Yehubaba. Ordeñan a nuestro Señor Satanás para alimentar a Máimono, permitiéndole así que dé muerte a Alamalá. Amén. Cuando nuestro Señor Satánas no tiene leche suficiente, Yehubaba lo castiga desatando tornados y huracanes, especialmente en las entrañas de Gehena. Amén. Que los corderos de MacYehu os amparen si osáis desafiarlos. Amén. O blandirán afilados cuchillos para despojaros no solo de la próxima vida…
Amén…
«Quienquiera que añada algo tras mis órdenes, o les reste valor, será empalado», dice el degollador de los corderos, con la vista puesta en vuestro esperma y vuestro diezmo.
Un flujo infinito de talento en el país de Judalá… ¿Acaso no daríais saltos de alegría si estuvieseis en el lugar de Máimono? Reúnen fuerzas de las burlas. ¿Acaso no dice el Hijo de la Carrera, el aclamado autor del pleonasmo del apartheid «no echéis mis perlas a los cerdos [los gentiles]», que sus seguidores deben ser objeto de burla? Lo de «id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» es una interpolación añadida con posterioridad al texto, una de los cientos de interpolaciones incluidas por los sacerdotes impostores en un intento de universalizar y divinizar a los megalómanos religiosos racistas.
¡Lanzad una bomba mornuclear en Damasco!
Amén…
¡Lanzad una bomba nuclear en El Cairo!
Amén…
¡Lanzaremos una bomba inmaclear en Teherán!
Aleluya…
¡Lanzaremos una bomba inmaculada en La Meca!
Gloria, gloria, aleluya.
Gloria, gloria, aleluya.
Gloria, gloria, aleluya.
Su verdad está en marcha.
No consigo asumir la pérdida de mi tío. Lo que ya no está es irremplazable. Él animó mi infancia de niño auténtico entre niños; nos enseñó miles de juegos de canicas, miles de variedades de ejercicios militares. Me llevaba a dar paseos por la montaña, me apoyaba en aventuras imposibles, siempre nos animaba a pensar de forma diferente, de forma global. Vincent Peale, Napoleón Hill o De Bono eran algunos de sus favoritos. Solía «olvidar» sus libros en nuestro cuarto cuando se iba de viaje a las Tierras de Abajo o a Canadá y, más tarde, por correo aéreo, me nombraba el guardián de los mismos hasta su regreso, años después.
«¿Por qué nació MacYehu en Maimonidia? Entonces el Elegido es el elegido de Judalá».
«¡El granuja de Azrael! Un Mesías es engendrado en el peor lugar posible. Viene a salvar al pueblo, no a alcanzar la gloria posparto o postmortem. Un Mesías, al contrario que un can, es un fraude».
Desde Bulgaria hasta Vermont y Colorado, lejos de los ojos cotillas y del veneno de los paradisoicos, mi amigo Cosmos (también conocido como Dios Artin) dedicaba su vida a miles de estudiantes de una docena de nacionalidades distintas. Mi propia vida habría prendido fuego a una edad tan temprana. Así es como se saqueó la fuerza interior de Oniria: drenaron su vitalidad y la hicieron correr por las venas de una deidad vampírica, bajo el patrocinio de los judiólicos.
Hoy, ese ídolo acomodado en la cripta de la conciencia humana, se encuentra apostado en el pedestal del Paraíso.
En beneficio de la humanidad, el Feo decidió revelar la fuente ororoniana de la luz de la vida.
Era satanista.
¡No! Es más, era el propio Satanás. El Anticristo.
Makoko me saluda con la mano desde el sexto piso.
Los que se declaran a favor de los derechos de las mujeres en Virgenia son «yinyinistas». Pero para las mujeres, buscar trabajo entraña el riesgo de ser sometidas a la servidumbre sexual. Muchas mujeres lo aceptan. Nosotros no tenemos otra elección.
—¡Hipócritas! Juegan según las reglas porque son unas zorras inconscientes —responden las vírgenes reaccionarias, las cariátides de la sociedad virgenia.
***
Katy y yo decidimos jugar a estar casados el día de nuestro cumpleaños. La idea la atolondraba un poco. Ambos estábamos cautivados por el discreto encanto del juego.
La Madre Yupi es canción y baile. La Madre Yupi es alegría. La Madre Yupi es diversión.
Aunque llegamos a casa más cansados que un perro, la noche es joven para los recién casados. No nos duchamos. Cuando acabo de cepillarme los dientes, veo a Katy en mi cama, hecha un ovillo y medio dormida, con el culo en pompa hacia mi lado de la cama.
Levanto la colcha. Esas medias negras la hacen parecer aún más desnuda. Veo la silueta de su culo en la penumbra, haciéndome señas. El polo magnético de la Tierra. ¡Un agujero negro! El milagro de la firmeza con el que sueñan hasta las hembras de can. Como su hocico…
Como sus labios… Sus fluidos. Fluidos y olores. Katy sabe a tierra y dulce. No se trata de la bestia de la belleza que deambula por Los Babilonios, un saco de piel con formas que contiene una tonelada de putrefacción que no podría lavarse ni con doscientas sesiones de colónicos. La vida no ha conseguido arrebatarle su pureza natural. Katy es un manantial de agua clara que fluye de las montañas, pura y desbocada. Es el manantial de los ríos del Paraíso…
Ahora somos dos torrentes de partículas cargadas que chocan entre sí. Una fusión nuclear…
Borrachos, bailantes,
hemos mezclado la vida con la muerte.
Ardiendo una y otra vez,
quemándonos el corazón, flotando sin sangre,
Loco soma…
Bailamos descontrolados,
ardiendo, quemando
todo lo que había
en este mundo vetusto.
Soma,
tu amor es veneno y vino,
ay, tan dulce.
Soma,
tú permanecerás
mientras que yo, una sombra fugaz,
no estaré aquí mucho tiempo.
Soma,
que tus deseos cósmicos
se hagan realidad en este mundo.
Los míos desaparecerán,
reducidos a una chispa exigua y vieja
en tu fuego dorado.
Pero mi corazón ceniciento seguirá ardiendo
en todos tus amaneceres.
Ola 3, Soma
Mi relación con Katy no iba a ninguna parte. Ella quería casarse. Yo, no. Su tía se metía con ella porque no conseguía «engancharse». Mientras tanto, la familia de su ex intentaba fastidiarle la vida: le negaban la pensión de su hijo, acosaban a sus amigos, iban borrachos a su casa a hacer pintadas obscenas en la puerta. «Aquí vive una puta, abandonad toda esperanza».
Dos tercios de los machos alfa divorciados de Virgenia no pasan pensión alguna a los hijos.
—¿Qué clase de hombre querría proporcionar sustento a putas y bastardos?
Eso debe de ser para los maricones.
Diosoh es una perita en dulce…
Por mucho que este granuja quisiera construir su nido, el daño que las mujeres habían perpetrado en su alma ya no tenía cura. El primer deseo de las hembras con las que había estado era pasar por la vicaría. ¡Santo matrimonio!
Guau, guau…
Para este can, todo eso es como un funeral. Lúgubre, oficial, con zombis llenando los bancos de la iglesia, velas, flores, una perversión de la puñetera pieza de Mozart… Perfecto para una incineración.
Las hembras confirman las relaciones mediante este contrato, explotan su energía sexual en beneficio propio. Por ello son castigadas por Diosonón y por el César, que tienen sus propios intereses en el matrimonio entre mortales. Es una inversión de riesgo, un fraude piramidal a múltiples niveles.
Las mujeres hembras me dieron la espalda cuando me negué. Me privaron del amor. Pero había algunas que no ponían tales condiciones a los machos alfa con los que salían. Para estas hembras, yo no valía ni siquiera un buen polvo. Era sencillamente un buen candidato.
Amiga a amiga:
—¿Qué te parece?
—No está mal.
—Vamos a pegarle en el culo.
Guau, guau, dice el can bueno y bien educado.
Katy no parecía tener ningún objetivo interesado. Sus amigas se ríen de ella por no ser capaz de aprovecharse de su pretendiente de Oniria.
Yo ya no quería ni oír hablar más de matrimonio. Este can se burlaba de cualquier propuesta que no estuviese basada a partes iguales en la plenitud física, mental, espiritual y económica. Si esto es un negocio profesional camuflado como supuesto sentimiento amoroso, ¿por qué voy a meterme en harina si no puedo ganar o, al menos, quedar en tablas? Como ninguna mujer está dispuesta a dar más de lo que recibe, prefería seguir soltero y retozar de cama en cama.
—¡Qué horror! Este sí que es un auténtico bastardo…
Los canes conocemos el verdadero secreto. El cuerpo solo puede ser rechazado a favor del espíritu. En Virgenia no lo entienden, es imposible que lo entiendan. Hasta sus terapeutas dan patadas en el suelo con sus tacones de aguja para insistir en el divorcio de lo carnal y lo espiritual.
Lo carnal es tabú en Virgenistán, como en todas las regiones acabadas en «stán» y en «al». Es un monopolio del cártel del matrimonio. El paradicium, sin embargo, se considera occidental, y confunde lo real con lo imaginario (su país de origen se encuentra al oeste de los «stán», con una población blanca funcional).
¿Y qué pasa con el aspecto económico?
Desde la perspectiva de la mujer, el matrimonio es una forma de convertirse en pensionista de por vida. Ella no comparte la enorme carga financiera del hombre. Ese parásito está bien arraigado en su alma. Cuanto mejor la «mantenga» el hombre, más vale ella.
—Es verdad. Pero tú te puedes ir a la mierda.
Pero yo os pregunto, hermanos caninos, ¿no es esto promiscuidad pura y dura, permitida por la Iglesia y el Estado? ¿No son el ochenta por ciento de las mujeres adultas de Virgenia, sobre todo las de clase alta, unas putas?
—¡Apedread al can!
¿Por qué no puede una mujer mantener al hombre? Guau, guau…
Al son de la flauta del parásito, el hombre merma al mismo tiempo el bienestar de su familia y la economía de la sociedad en la que vive.
—¡Cerdo capitalista!
¿Y qué pasa con las mujeres que han querido casarse con el can? ¿Qué ganaban con ello? Aquí entra el mecanismo del cambio, la economía subyacente; el matrimonio es un mercado de vendedores. Las vendedoras, por supuesto, son las mujeres. Ellas tenían mucho más que ganar que yo. Si tuviese que dejar de lado la lista de valores que ninguna mujer podría completar, el valor que ofrecían era demasiado bajo. Si una mujer ofreciera, digamos, un cincuenta por ciento de lo que ella obtiene a cambio, no accedería al matrimonio. Por norma, siempre intenta obtener mucho más de lo que está dispuesta a dar.
El «poder del coño». Un contrasentido para nosotros los canes. Pero eso es lo que le permite avanzar en el mundo humanoide. El antídoto es el «poder del pene». Hay excepciones, claro. Pero es imposible encontrar a mujeres que acepten una balanza equilibrada, ni mucho menos inclinarla hacia su lado.
El desequilibrio en la balanza del matrimonio constituye el beneficio de la mujer, hermanos, mientras que ella incurre en la hipocresía de obligar al hombre a pasar por alto esa diferencia en nombre del amor.
—Tengo un buen trabajo. En una empresa del Infierno. Y Satanás me ha dado un teléfono móvil. ¿Por qué iba a querer casarme ahora? —replicó la virgen Bella. Solo dos meses antes, me había pedido que le buscase un marido para no pasar frío en las noches de invierno.
Naturalmente, estas mujeres me desilusionarían a corto plazo, y eso haría que me aterrorizaran constantemente.
Y si añadiésemos hijos a la ecuación, el agobio se prolongaría hasta el fin de mis días. No tenía ninguna intención de dedicarles mi tiempo a estas mujeres, ni mucho menos de casarme con ellas. Ningún coño me iba a atar. Era un bastardo…
Por eso prefería pasar la noche con zorras. Pero aquello también había perdido el sentido y hasta la emoción.
Recordé las palabras de mi mecánico, Benik, un onirio que había emigrado a Los Ángelos desde Ayatolalia. Hablaba maravillas de su patria, el Paraíso, aunque nunca había puesto un pie allí. Muchos de aquellos a los que había ayudado a instalarse en el Infierno se habían olvidado de él. Frunció el ceño y, moviendo la mano con ademanes cuidadosos, gruñó desde las profundidades de su alma:
—Querido, la vida es una mentira… La familia es una mentira… Las mujeres son una mentira. Folla todo lo que puedas.
En cualquier caso, los virgenios no tienen putas de calidad. El hombre más rico del país, Kirk Kirker, es la persona con más propiedades en Las Fortunas. Su amante no es virgenia. Las mujeres de Virgenia no tienen cerebro ni habilidad suficiente para engancharlo. Kirker había caído en manos de una mujer que, para conseguir la tutela de un niño con cuyo padre al parecer tenía una aventura, fue a juicio y, por ser hija de Pornostán, le sacó a Kirker dinero suficiente para alimentar a diez mil niños en Virgenia…
***
Un día, mi primo Henri de París me sorprendió con una visita inesperada a Virgenal. Tengo diez primos en París.
Mi tío había luchado en el bando napoleonio durante la invasión del Führer y a cambio le concedieron la nacionalidad. Conocía a dos de mis primos. Solo había visto a Henri una vez. Henri y yo teníamos la misma opinión sobre las virginosas.
Yo era uno. Ahora éramos dos.
Una noche llevé a Henri a uno de los mejores clubes nocturnos de Virgenal. Algunos hombres lo cogieron del brazo y lo sentaron en una mesa donde había tres mujeres. Henri estaba cabreado.
Se tomó una copa para tranquilizarse. Un rato después, Henri estaba en la pista de baile hablando con una chica. Resultó ser una profesional. Cincuenta dólares por dos horas. ¿Y en euros? Henri se giró hacia mí y me dijo:
—Larguémonos de aquí.
En total estuvimos allí unos diez minutos. Cuando pagamos la cuenta, los hombres nos miraban, tomándonos la medida.
—Son de la mafia —dijo Henri mientras salíamos del bar con sigilo—. No frecuentes antros de la mafia. De donde estén ellos no puede salir nada bueno.
Nos fuimos a toda prisa. Habíamos dejado a las putas atrás, en algún punto de nuestra historia. Henri también quería conocer a mujeres decentes.
En dos días, varios amigos lo habían convencido de que estaba persiguiendo una quimera.
—Aquí no puedes tener novia. Por eso los tíos se van de putas.
—Santo Can, qué sitio de locos —dijo Henri.
—¡Paleta! —decía Henri de cada mujer que conocía.
A Henri le encantaban las paletas de Virgenia, pero su vocabulario en su idioma era bastante pobre.
Una virginosa puede atrapar a un hombre con la mirada durante un buen rato. Pero en cuanto te acercas a ella, pone pies en polvorosa y sube el precio. Tiene ese poder y le encanta…
El caso es que la virginosa es incapaz de extraer sustento sexual de los hombres. Así que lo compensa con sustento vampírico. En la esfera sexual y las relaciones homínidas más amplias, la virginosa confunde su terrible ignorancia con los «valores nacionales».
Al final, Henri se dio por vencido y se reía de sus encuentros en la aberrante sexosfera de Virgenia. Una noche, cuando le pregunté qué le apetecía hacer, me dijo:
—Bueno, en esta ciudad solo se pueden hacer dos cosas: tirarse a una puta o comer. Como no tenemos mucho interés en las putas, vamos a comer.
—Es todo una mierda.
—Esta gente tiene una forma distinta de ver el sexo. Para nosotros es muy fácil: tienes hambre, pues comes. Fin. Pero aquí hay capas y capas debajo…
—¡Un sándwich de mierda!
—Si por lo menos mereciese la pena. Se vuelven locas. No tienen modales. Para cuando has encontrado el agujero, casi se te ha venido abajo el asunto.
—Mierda…
—Y todo ese rollo del amor. ¡Jesús!, a unas les apesta el ombligo, a otras, el culo, a otras, la entrepierna, a otras, el aliento… Siempre hay algo que huele a rayos.
—¿Qué pasa, que no se duchan?
—Huelen a desinfectante. Tienen un milímetro de sal por encima de la piel. Primo, te dan arcadas con solo acercarles la boca. Una tenía dientes de oro. Le dije que por qué no se los arreglaba, que yo se lo pagaba, y me dice que no, que su dentista le ha dicho que los dientes de oro son más fuertes… ¿De verdad alguien se va a casar con algo así? ¿Para siempre?
—Te mueres a los dos días.
—Van a meterte a su hija démodée por el culo…
—¡Ja, ja, ja!
—Tío, tienen la boca como una caverna… No encuentras la lengua.
—¿Cómo?
—Por lo que he visto, sí. No tienen nada que ver con las chicas de Satanás. En serio te lo digo.
—Joder…
¡Vivan las tradiciones nacionandertales cavernarias de Virgenia!
La opinión de Henri acerca de las «paletas» tenía un matiz adicional que entendí más adelante, cuando una amiga me enseñó las fotos de la boda de Jesucristo, el hijo del presidente de Virgenia, el Señor Diosoh. La habían invitado. En las fotos, vi a varios ángeles de rostro amable, pero aun así me avergoncé del hombre que presidía mi país natal.
Su entorno acumularía sin duda la ira divina hacia este can por su opinión acerca de ellos.
¿Acaso en la vida no debería ser todo in situ para garantizar el equilibrio de la creación, especialmente en la cuna de la creación, el Paraíso?
¿Es Diosoh un paleto?
Desde el principio le dejé claras mis intenciones a Katy. Sabía que pocas mujeres en Virgenia se involucran con un macho alfa sin tener en mente el matrimonio. Todo estaba claro entre nosotros con respecto a los límites de nuestra relación.
Pero la honestidad es la moneda de las perras. Las mujeres no saben manejarla. Algunas han roto sin pensárselo dos veces. Me asombra verlas con otros hombres que —y me lo dicen mis ojos caninos— solo se preocupan por engañar a su presa.
Oh, esperanza… Oh, esta esperanza que finalmente se convierte en desilusión. Yo os pregunto, hermanos bastardos y hermanas zorras, si no es esta la causa de la devastación del corazón, de la erradicación de la unidad, desde la familia hasta la nación, del retroceso de la civilización. Si no es la causa de la alienación, de la ruptura de los lazos espirituales, de la ruina del universo interior de la humanidad, de la proliferación de las drogas destructivas; la violación del código mitraico y las ruinas del camino de Cristo hacia la salvación, el aborto del equilibrio búdico. Si no es la razón del florecimiento del existencialismo y el nihilismo, la razón del tipo de basura producido bajo la rúbrica del posmodernismo.
Si no es la razón de la sustitución de las verdades caninas por las verosimilitudes homínidas.
Decidme si no es esta la razón de que aún hoy el hombre siga esperando a Godot, que será quien lo salve.
Makoko me saluda con la mano desde el sexto piso.
***
—El amor es la base de todo.
—¿No puede amarse sin Godot? ¿Por qué estáis tan empeñados con este tipo?
—Sin Godot no hay amor. El amor no es humano, es de Godot.
—El peligro reside en el caos.
—La nación de los onirios se hará grande.
—Nuestra labor es encontrar la verdad, la armonía en el caos.
—Más bien es no perder la fe.
—Hasta ahora los mitos han rescatado a la fe. ¿Es el fin del mito el fin de la fe? ¿Es necesaria la fe?
—Sin fe no hay nada.
—Pero ¿acaso los iluminados sienten menos amor que nosotros?
—No hay esperanza en los iluminados. Lo único que piden es el Nirvana.
—¿Y cuál es nuestra esperanza?
—La vida eterna.
—¿Podemos conocer a Ononón?
—Solo a través del amor.
—Te refieres al lateral, no al vertical.
—No podemos conocerlo a través de la conciencia.
Eso es un callejón sin salida. O más bien un círculo. Quedan cuatro curvas. El camino de los gnósticos no lleva a ninguna parte.
—Igual que el camino del mandato.
—Una red de amor puro…
—¿Y cómo se llega de ahí hasta la eternidad?
—¡Es la promesa de Yuju, can!
—¿La esperanza es lo más importante?
—Yuju es el Hijo de Diosonón.
—Querrás decir Hijo de Satanón.
—De no ser así, no se habría sacrificado la vida de tantos santos por él.
—Estaban engañados. No sabían que lo que habían oído o leído era una fabricación.
—Hay un fundamento para todo.
—Ahí tienes tu callejón sin salida. Ahí tienes tus cuatro curvas. En busca de un fundamento. El Cielo y el Infierno. Esa es la ensoñación vana de Zaratustra.
—No puede ser todo una mentira.
—Si te lo demuestro, ¿me darás la razón?
—Si lo haces, me quitaré esta sotana ahora mismo y abandonaré la iglesia.
—Quítatela. Quítatela y sal desnudo.
***
Por mucho que Katy quisiera liberarse de la mentalidad dominante, en el fondo era una paradisoica tradicional y orgullosa de ello. Su alma era un horno envuelto por una profunda fe en Diosoh.
Katy era el Paraíso. La guerra por el Edén la había ganado… Katy.
El Edén es una región al este del Paraíso. Allí creó Diosoh al hombre y dotó a la naturaleza de su espléndido verdor. Durante siglos, el 95 % de la población del Edén eran ángeles. A excepción de Caín, todos pertenecían a la tribu de Diosoh. Cuando la oscuridad de los imperios hubo engullido al Paraíso, el Edén fue el pabilo que permaneció encendido. Allí perduraron los príncipes del Paraíso.
En 1921, aún recuperándose del Genocidio, el Paraíso no tenía voz. La belladona de Papá Lenin, Madame Stalin4, entabló negociaciones con Pasha. A golpe de pluma, otorgó el Edén y la provincia de Nakhicheván a Ali Baba, un jefe tribal que se atusa el bigote en su yurta en una aldea al este del Edén, que llevaba tiempo esperando su parte del botín sin dejar de atusarse el bigote. Madame anexionó además dos provincias adicionales del norte del Paraíso a su propia tierra natal. Allí, los devotos aún adoran a Madame por su benevolencia celestial. Madre hizo todo esto, por supuesto, en nombre de la «hermandad soviet», declarando su amor incondicional por los supervivientes del genocidio. Como buena milenarista, Madame siguió la estela de los propagandistas mesiánicos que habían llegado en manada al Paraíso desde todos los rincones del mundo: enseñar a los refugiados huérfanos y hambrientos a amar a Pasha, a investigar los motivos de su ira y del canibalismo que practica, entenderlo y perdonarlo.
Pero los agentes propagandistas del Xn nunca intentaron enseñar a Pasha a amar a los huérfanos ni a sus padres, a los que había enviado a la muerte. Por el contrario, acariciaban la cabeza de Pasha y declaraban que el Príncipe de la Paz perdonaría todos sus pecados. Hacían esto mientras escuchaban las sinfonías de Mozart, acurrucados en sus casas mientras a su alrededor se perpetraba la matanza. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra, pero ni uno de los cabellos de aquel que cree en mí caerá en tierra. Así habló nuestro Señor, Padre Todopoderoso, santificado sea su nombre. Amén. Amén.
Pero a la hora de perdonar los pecados del Führer BenYehu o de Bladin McAlá, el Buen Pastor ni siquiera se lava las manos como Pilatos. ¡Lobos! Grita y los maldice con la condena eterna.
¿Puedo besar vuestra mano, fraülein Führer? Vos, una dama inocente, yo, un transgresor…
Vos, Inmaculada, oh, salvación de la vida…
¿Puedo besar vuestra frente, monseñor Bladin? Vos, la zarza en llamas, yo, el ruin filisteo…
¿Puedo besar vuestro culo divino, oh, Rey de Reyes, Señor de Señores? ¡Vos, el juez justo, yo, un can miserable!
Nakhicheván, según la tradición paradisoica, es el lugar donde fue a parar Noé tras descender del Monte Ararat. Los paradisoicos incluso señalan el lugar donde fue enterrado Noé. Acusan a Máimono de haber ultrajado la historia al intentar usurpar la Tierra Sagrada desde el Paraíso con burdos sortilegios.
Los edenitas se hinchen de orgullo al informarte de que el inventor del reactor caza MiG fue un paradisoico, Artem Mikoyan (cuyo hermano, Anastas Mikoyan, fue presidente del Consejo Supremo de Leninstán). De los 144 000 residentes del Edén, los ejércitos de Papá Lenin han recibido en sus filas a cuatro mariscales y a docenas de generales, y fueron los primeros en entrar en Führercorburgo. Los edenitas son un pueblo cruel y curtido en el arte de la guerra.
Cuando Diosoh regresó al Paraíso, instaló querubines al este del Edén. Allí también resplandecen las espadas relámpago de Diosoh, que protegen el Edén de los ataques de Ali Baba. En Nakhicheván, en cambio, donde el sable de Alamalá se cobró tantas vidas que no quedó más de la mitad de la población, no hay hoy ni un solo paradisoico.
Al igual que en el imperio de Pasha, aquí también parece que los paradisoicos se hubiesen evaporado por completo. Sin embargo, para desasosiego de Ali Baba, el vapor ha empezado a condensarse y se está convirtiendo en agua de lluvia.
Los enemigos del Paraíso, guiados por Pasha, tratan de intimidar a los paradisoicos a través de las Sagradas Escrituras de la integridad territorial, que dicen haber recibido por revelación divina en la Universidad de Satanás en Alalal.
Katy intentó enseñarme los valores paradisoicos. Como no quería perderme, optó por aceptar a este satánico en el Paraíso, ignorando todo lo que la rodeaba, para que yo no sintiera la atmósfera opresiva de Virgenia. A menudo me sorprendía su osadía. Creía que era su misión mantenerme en el Paraíso para que Diosoh se beneficiara de mis méritos y de mi intelecto positivo (en sus propias palabras). Esperaba que un día yo hiciese míos sus valores.
Pero no era tan fácil.
Cada vez que percibía un indicio de amor, me lo guardaba. Katy tenía una vida muy difícil. Yo ya le daba suficientes problemas. A menudo me recordaba un tópico que yo mismo le había enseñado: el origen del dolor está en la esperanza. Intentaba consolarse a sí misma, pero aun así añadía: «Conocer a un hombre inteligente no es una bendición».
Hubo algunos asuntos que se interpusieron en el camino. Ella creía que me conocía. Pero cuando hablábamos de temas realmente importantes para mí, se asustaba. Tenía miedo de perderme. Yo solo le mostraba una parte de mí. No era culpa suya; probablemente era mi destino. Todavía no había conocido a una mujer que pudiese verme por completo. Más bien cada una había visto una parte inaccesible para la siguiente mujer.
Yo estaba solo y estaba acostumbrado a ello. Katy tenía problemas. No le hablaba de ellos. No tenía ninguna intención de ser el mentor de mi novia ni de interferir en nada. Solo quería ayudarla en una o dos cosas que, si se arreglaban, podían resultar en una cadena resolutiva para otros problemas. Quería que se sintiera segura para abrirse, pero no lo conseguí.
Uno de aquellos problemas no dejaba de atormentarme. Yo también había pasado por ello. Quizá aún estuviera infectado por sus restos y se había reactivado debido a factores externos. Al menos los estudiantes de psicología moderna creen que esto ocurre. Un día la tensión llegó al punto de ebullición. Yo no podía seguir con la relación.
Fue un mes antes de nuestro cumpleaños.
***
Mi voluptuosa casera, la señora Sweetheart, se había percatado de que no estaba tan animado como de costumbre. Había estado archivando todos estos momentos en su cámara craneal. Una mujer encantadora, un depósito de risas contagiosas.
Su marido, el señor Astur, era geólogo. Había organizado una reunión para sus alumnos de la universidad en Virgenburgo, que está en la carretera que va a Garni.
Hace diecisiete siglos, Garni era un lugar de retiro estival en las montañas perteneciente a la hermana del rey del Paraíso, Trdat, que había aceptado la religión del Señor MacYehu. Seguramente sea esta la razón por la cual Garni se había salvado del culturicidio mesiánico, convirtiéndose en el único monumento que quedaba que representara a la antigua religión del Paraíso, entre sus miles de monumentos históricos. Algunos atribuyen dicha conservación a que no se identifica con la antigua arquitectura religiosa paradisoica. Posiblemente lo confundieran con un monumento socratelonio, que no representaba amenaza alguna para la nueva religión. Aquí, cada milímetro de tierra, cada trozo de roca es historia. Cada kilómetro cuadrado alberga un famoso monumento histórico, por eso Papá Lenin llamaba al Paraíso «museo abierto». El Paraíso tiene páginas de gloria a sus espaldas, pero también mucho sufrimiento. A menudo se convirtió en escenario de enfrentamientos entre imperios.
Al señor Astur le gustaba Katy. No obstante, me invitó a la reunión para presentarme a una de sus alumnas.
Alla es médico y tiene treinta años. Con solo mirarla puedo oír latir mi corazón. Siento como si tuviese catorce años otra vez. Es todo ojos y labios carnosos. El zumbido suave y delicado de su barbilla es como una frambuesa que hubiese madurado al sol. El señor Astur le ha sugerido que me acompañe a Virgenburgo.
Pero Alla ha trazado un plan distinto. Ha decidido desempeñar su papel de chica seria. De manera que ha venido a la reunión con su hermano, sacándome de la ecuación.
Ya en el autobús, sin acompañante, les pregunto a las desconocidas de la fila delantera, una madre y una hija, acerca del camino que tenemos por delante. La madre contesta a regañadientes mientras la niña se da la vuelta con descaro y mira en otra dirección.
Suspiro para mis adentros. Recuerdo que el Paraíso es Virgenia.
Al bajar del autobús, el señor Astur me presenta a Alla, que a continuación me presenta a su hermano. Se trata de uno de esos jóvenes modernos cuya aura me deja frío, siempre vestidos de colores sombríos y con gafas de Versaci.
No hace falta que diga que no estoy en mi casa en Virgenia. Sospechan de mi hombría. Yo, por mi parte, estoy tan desesperado que quiero abandonar el país. Aguanto porque a veces alcanzo a ver a alguien en la calle, uno entre una legión. Le miro a los ojos hasta que recupero el aliento.
Me aferro a ese rostro durante una semana.
Piensan que si un hombre se recorta las cejas…
En el autobús al lago Sevan, una pareja de mujeres me señalan con el dedo.
¡Santo cielo!, ¡mira a ese! ¡Lleva las cejas depiladas!
Un hombre no es un hombre a menos que tenga tanto pelo como un mastodonte.
Al oír esto, mi novia satano-soñada estalló en una risa histérica.
—¡Láser! ¡Láser! Eso es lo que necesitan, de la cabeza a los pies…
Hay algo abominable en un par de cejas salvajes y sin recortar, especialmente cuando la mirada que las acompaña te determina. Apago la televisión de inmediato siempre que veo a un cantante vestido con un kimono blanco y con esas colas de gato sobre los ojos, barriendo la pista con el pelo de los pies y cantando baladas modernas de amor…
Si decides suicidarte en el Paraíso —can no lo quiera—, vete a un puesto del metro a buscar un disco de música celestial. En tu búsqueda del milagro, te encontrarás con un torrente de rostros masculinos en las portadas. Si no caes muerto en media hora, espera un rato más. Necesitarás una dosis mayor. Por la noche, pon la televisión pública —o cualquier otro canal— y observa el desfile de machos alfa de la canción melódica. Es probable que antes de que despunte el alba, abras los ojos… en el regazo de Mosmos.
—¡Por todos los gatos! ¡Solo reconocemos a Yuju MacYehu!
Si no abres los ojos en el regazo de ningún profetazzi del Señor Máimono, entonces, hermano, Virgenia es tu patria. Puedes seguir adelante y disfrutar del camino hasta el final…
No creeréis que algunas de las divas del pop están siendo investigadas por estos machos alfa…
Cada zapato tiene su horma, como decía mi abuela.
Muchas huríes no pueden resistirse al machismo de un hombre inculto. Incluso Narineh, una emigrante que llevaba ya siete años fuera de Virgenia cuando la conocí en Los Ángelos, me lo preguntó antes de nuestro posible matrimonio:
—¿Te depilas las cejas o esa es su forma natural?
—¿Y eso qué más da?
—¿No tengo derecho a saber con qué tipo de hombre voy a casarme?
¡Ah, pobre hermana mía, en qué hoguera has caído!
Al leer esto, una amiga mía en Virgenal derramó lágrimas de remordimiento. Creía que yo era gay.
Más adelante recordé que en nuestra primera cita me había contado que en Mercedesia había salvado a un joven de la homosexualidad. Como fiel yujulún que era, intentó salvarme a mí también del fuego del Infierno.
Era homosexual. Un maricón.
***
La mariconería, hermanos, consolida el camino de la gracia. Aunque no hablo mariconio, tengo compasión suficiente para estudiar la doctrina mariconista.
Un maricón es lo contrario de un hombre. Es decir, no alguien que inspecciona, sino que es inspeccionado. Ya veis lo difícil que es traducir los enigmas de la cultura paradisoica al yahannamí. Lo que nosotros entendemos por mariconería es una relación de amor verdadero entre dos hombres. Pero para Diosoh, un maricón es alguien que debe ser inspeccionado. Por supuesto que el inspector es el propio Diosoh. No podría ser de otro modo, hermanos míos. En el Paraíso, todos se declaran hombres —por ejemplo, un antimaricón, un amaricón, un no-maricón— mientras blanden su porra con epiléptica gracia. Pero lo que opera aquí es una única polla, la de Diosoh, delante de la cual todos, sin excepción, se bajan los pantalones y enseñan los culos, los benditos y redimidos culos.
Pero no sabéis, hermanos, hasta qué punto Diosoh ha facilitado la salvación, y no solo para los súbditos de Mercedes Shaitán, shallallahu aleihi vasallam. Lo único que hay que hacer es levantar la mano derecha, ponerse la izquierda sobre el corazón y declarar: «Solo hay un Diosoh, que es Diosoh, y Yuju es el Hijo de Diosoh, y Al-Profeta es el enemigo de Diosoh».
Y punto. Salvados.
Excepto de la ira de Bladin…
Eso, por supuesto, es una adversidad provocada por Diosoh con el fin de fortalecer vuestra fe.
Cuando Satanás me engañó y me ofreció el fruto del árbol del conocimiento, solo me quedaron el azufre del Infierno, los llantos y el rechinar de dientes. Entonces, solo entonces, hermanos, entonces entendí que en el Paraíso solo hay una verga, la de Diosoh, y que los Redimidos están desvergados, que someten sus pichas a Diosoh, otorgándole así el papel de inspector de sus enemigos.
Por esta razón, Máimono sufrirá un castigo eterno, porque engañó a Diosoh haciéndole creer que había sido castrado, cuando en realidad solo le habían practicado la circuncisión. Diosoh castiga a los insubordinados y los expulsa del Paraíso. Su nombre es Yehubaba la Polla.
Aun así, en señal de compasión por nosotros, los perdidos, nos envía a su único hijo, para que todo aquel que crea en él deje de estar perdido y se asegure la vida eterna. Pero sabemos bien, mis amados hermanos, que el Diosoh de los bípedos es un espejismo de la mente. Una sublimación de las necesidades humanoides. Una invención centrípeta. El Pollalorum Amarantino se desvanecerá el día que los humanoides dejen de bajarse los pantalones y enseñarle el culo.
La creación de la Vara Ideal implica necesariamente el nacimiento del Culo Ideal. Así es como Yuju nació para liberar al hombre del azote de la Vara Ideal. ¿Pero cómo puede un culo nacido en un pesebre librar al hombre de la dependencia de la Vara Ideal, hermanos? Así, la Vara Suprema inspecciona incluso a su único hijo, el Culo Divino, y lo crucifica por los pecados del hombre. Esto es lo que los canes llamamos abuso infantil. Pederastia. Así, el inspeccionado por antonomasia obtiene una licencia exclusiva para preparar nuestras mansiones en el Cielo. El Hijo y el Padre son uno, codependientes. Parece haber déficit de gilipollas para alabar a la Vara Suprema en el empíreo. Los funcionarios ungidos se han dedicado a institucionalizar y santificar la jerarquía de la falocracia judalaica.
La finalidad del Sacramento de la Unción del Culo es darte carta blanca para el Cielo.
¿Qué clase de padre es este, hermanos míos? Exige un «sacrificio». Busca la «gloria». Como un faraón, supongo. Para competir con Nabucodonosor, supongo. Sería mejor consultar un diccionario homínido para entender estas dos neologías tan crípticas. La demencia es la dimensión del Señor. ¡La sangre! Su lengua ondea como una bandera en el cielo, su ojo eclipsa el sol. ¿No es acaso el Todopoderoso un calco de Pasha? Entonces ¿por qué aman los Redimidos al Señor pero no pueden amar a Pasha? ¡Es injusto! Al principio de los tiempos, el Señor inspecciona. Al final de los tiempos, el Señor inspecciona. La madre —la madre cósmica— es asesinada en el Paraíso y sustituida por el péndulo del padre. Pero los Redimidos no ven, hermanos míos. Mis queridos hermanos. ¡Gloria a Satanás! ¡El Gran Bribón! Gracias a sus argucias, hemos abierto los ojos, y para nosotros la vida se convirtió en muerte y la muerte, en vida. Entonces el espíritu del can vino sobre nosotros y entonces lo entendimos, hermanos, entendimos que Satanás es el autor de Diosoh y Diosonón.
Padre Nuestro que estás en el cielo, Satanás, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad. Recibe nuestros micropenes y resérvate el derecho a inspeccionar a los insubordinados. Pero déjanos tener esperanza en la salvación. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor. Amén.
Así, mis benévolos hermanos, es la naturaleza de las cosas en humanistán.
***
Narineh no conoció mi polla, claro. En lugar de eso, como virginosa ortodoxa que era, decidió aceptar el conducto deferente de Diosonón. Este último le aconsejó que no mantuviese relaciones sexuales conmigo hasta que obtuviera la bendición divina. Narineh incluso me regaló una pluma cara pocos días antes de la Gran Firma. Un día abandonará este mundo sin haber saboreado la vida. Así es como viven las virginosas. El Gallo Divino se ha hecho un harén con las mujeres de la humanidad, que a cambio exigen a los hombres que se postren ante ellas para ganarse sus favores.
Este comportamiento se entiende como «tradición nacional» en Virgenia y como «feminismo» en Pornostán. El común denominador, el sacrificio del pene, se denomina «santo matrimonio» en humanistán.
¡He caído en la hoguera, hermanos bastardos, hermanas putas! ¿Qué puedo escribir acerca de los hombres del Paraíso, que se ríen de mí, ellos que solo son capaces de conservar a sus mujeres mediante la coacción colectiva? Si este no-hombre, este can, llegase a un acuerdo sexual con una mujer, podría mantener la erección durante dos o tres horas, y finalizar el acto sexual solo cuando ella así lo suplicara. Ella se volvería completamente loca de éxtasis. Katy puede dar fe de esto.
¿Para qué sirven esos machos alfa virgenios que se ríen de la gente y que ni con el reconocimiento de sus propias mujeres pueden tenerla dura más de dos minutos?
Hermanas putas, ¿no decís vosotras que el valor de un hombre no se mide por su habilidad de tener una erección o de mantenerla, sino por otras cualidades? Pero quién sabe, hermanitas… Puede que estos hombres estén sencillamente despilfarrando su esperma, escupiendo sobre Mamá Tierra para fecundarla como hicieran los antiguos diosohses.
Estos hombres ni siquiera aspiran a aprender.
No es que yo naciese siendo perfecto ni que me educaran en las artes amatorias en mi tierra natal, Canes Venatici. Se necesitan años para dominar la fluidez del gozo. Y aun así no estaba a la altura. Lo terrible es que las mentes de esta gente estarán perpetuamente cerradas. El martillo de las «tradiciones nacionales» de Virgenia es su arma más potente; los nepotistas la usan para aplastar la cabeza de cualquiera que les contradiga en el terreno ideológico.
Otra vez el déjà vu de mis orígenes extraterrestres…
Este alienígena ha pasado por el crisol de las mujeres libres, en tierra libre, se ha quemado con gusto, ha sido forjado en cierto modo para tomar forma. Pero el virginoso ve a la mujer como una recadera, se priva de cualquier oportunidad de crecer. El campo está vacío y las energías no pueden entrar en contacto en igualdad. Una domina a la otra por completo.
«Te ordeno que seas obediente y hagas caso a tu marido», eso dice la Palabra.
La Palabra olvida añadir algo: «siempre y cuando tu marido no sea un machopancé».
—¡Que no se hubiese casado! —reponen.
¿Pero con quién va a casarse una mujer en Pancelancia?
«Te creé de la costilla del hombre», eso dice la Palabra.
Un alumbramiento masculino, mes frères, el primero y el último. Los hombres han invertido los roles del alumbramiento y han hecho que las mujeres se lo crean. Fue Totam quien nació del Vientre. El Sol de la Noche. El Sol del Océano. No pudo haber sido de otro modo, hermanos. Esto es un acto patriarcal de terrorismo mental, verbalizado por Diosoh y puesto de moda por los sacerdotes semianalfabetos de Judalá, que ahora oprimen a las mujeres de Virgenia y del mundo entero.
Alla se zafó de mí y empezó a hablar en susurros con su hermano. Cuando era niño, a esta práctica la llamábamos «reunión de ratones». Perdí el interés. La muy arpía había traído un guardaespaldas para su coño.
Lo recuerdo. Ella pidió permiso a su padrinoh para salir conmigo a tomar té. El padrinoh accedió, y después me invitó a su casa en Santa Vírgina. Lo esquivé durante tres semanas mientras esperaba a ver cómo iba mi relación con Ella. Solo llevaba un mes en el Paraíso. Fui a Santa Vírgina con Ella y, antes de conocer a su padrinoh, entramos en el Real Vaticano, el sanctum sanctorum del Paraíso, el Sagrado Trono del Maimonólico.
***
Según la tradición, MacYehu reveló en un sueño el diagrama de la Catedral Madre a un extranjero llamado Gaga, cuyo padre, un asesino contratado por el Sha, había matado al rey del Paraíso. MacYehu actuó así para hacer el bien según el augurio del profeta Gorgoruni: «Porque los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos».
Mientras que los paradisoicos inmortalizaron a Gaga como el representante del mal, y lo llaman «Hijo de Anak» (asesino, traidor), los mirmidones se refieren a él como «el Iluminador», por haber ayudado a implantar la nueva religión como doctrina oficial del Paraíso. El extranjero era un fanático contrario a la cultura antigua del Paraíso. Tras establecer lazos con un rey intelectualmente mediocre, lideró a los ejércitos monárquicos, arrasó la civilización ancestral del Paraíso, ninguneó su cultura y la sustituyó por la nueva religión, masacrando a los que se resistieron, que fueron miles. Decapitó el Paraíso y colocó la cabeza de Máimono sobre el cadáver. Y todo lo hizo por la gloria del Señor. Esta campaña fue lanzada en el año 301 bajo el lema: «Esclavos, obedeced a vuestros amos».
Gaga cerró todas las escuelas del Paraíso y publicó un edicto por el que se prohibía la educación en el idioma paradisoico en todo el país. El bizantio y el asirio, las lenguas de la nueva religión, pasaron a ser los idiomas oficiales en los colegios. Se autoproclamó señor feudal de quince provincias y estableció que el judolicosato del Paraíso fuese hereditario, dejando su riqueza a sus descendientes. De esta forma, fue sucedido por su primogénito, y durante los doscientos años que siguieron, su dinastía estuvo al frente del judolicosato de Gaga. La ascensión de dicha dinastía al trono religioso marcó el final de la era de los grandes reyes del Paraíso.
La Catedral Madre fue construida sobre las ruinas Sandaramet, el templo de la Diosa Madre. Para los mesianistas, el nombre de este lugar se convirtió en un sinónimo del infierno. Pero Sandaramet significaba Espíritu Santo —el alma de la Tierra—, lo cual hacía pensar que pudo ser el templo de la Madre Tierra, y establece una conexión entre el Espíritu Santo y la maternidad, cosa que confirma la etnografía paradisoica.
La relación entre el Espíritu Santo y la maternidad fue erradicada por los mesianistas patriarcales y matricidas.
Dentro de la catedral, me quedé fascinado ante las imágenes de los doce discípulos de Yuju MacYehu. Estaban representados en la base de la cúpula formando un círculo (como el zodíaco, un calendario cósmico que también se representa en círculo). Evidentemente el objetivo era tratar de suplantar el concepto de un antiguo calendario paradisoico. Le dije a Ella que en nuestra vida y en la de la siguiente generación, estas imágenes serían sustituidas por las de las doce hijas e hijos de Hayk. Ella se mostró perpleja. Era una paradisoica yujuíta. Como todo buen conservador debería ser. Eso es lo que le habían enseñado a creer.
Makoko me sonríe desde el sexto piso.
Hayk es el fundador del Paraíso. Pero no es una figura histórica per se, como muchos creen. Es el Dios del Tiempo, el origen de la historia y la civilización humanas. Sus doce hijas e hijos son dioses. Son los guardianes de cada mes y de las doce horas del día y las doce de la noche. Mis investigaciones indican que el Paraíso fue el lugar de nacimiento del zodíaco.
Bel es la némesis de Hayk, que se corresponde con el Baltasar (en babilonio, Belsazar), de las epopeyas paradisoicas, la protovíctima cósmica. Hayk mató a Bel y lo enterró en el volcán del monte Nemrud, cerca del lago Van. El monte Nemrud tenía el cráter más grande de los tres más grandes en todos los continentes conocidos. De esta forma su trascendencia mítica no puede sobrevalorarse. El mundo paradisoico y, metafóricamente, el Universo, fueron creados mediante la muerte de Bel. Como en la mitología yujuica, el centro del Universo está situado en el lugar donde la protovíctima fue sacrificada, es decir, cerca del lago Van.
Hay un mito que se repite según el cual la creación comienza con el sacrificio del mayor de dos hermanos gemelos. Se funda una nación. Bel debía de ser el gemelo mayor de Hayk. En cuanto al Baltasar de las epopeyas paradisoicas, al parecer era el hermano mayor de Sanasar, y no al contrario, como ha sostenido convencionalmente la creencia popular y, lo que es aún más grave, la ciencia.
El hermano mayor de Jacobo era Esaú, al cual despojó de los privilegios de ancianidad para convertirse en el fundador mítico de las doce tribus de Máimono. Esto es un eco de la leyenda indoeuropea y paradisoica antigua (Rómulo y Remo, Sanasar y Baltasar), donde el mito de la protovíctima entronca con la usurpación de la ancianidad a través del «engaño».
La idea de los doce dioses como deidades del tiempo ha sido eclipsada en la religión del Elegido porque se tomó prestada de una fuente extranjera y se corrompió, perdiendo así la relación con la estructura mitológica original.
Los orígenes ideológicos y mitológicos no maimónicos del mito también parecen proceder de la leyenda según la cual Yuju, el sucesor del Señor Mosmos, aparece en el centro de un círculo de piedras cuando llega a la tierra «prometida». Este círculo simboliza el Tiempo, como el reloj de la era predigital. Desde el siglo xvi, los ideólogos de las «Escrituras» han cambiado el nombre de Yuju por Yojua para generar una falsa singularidad del nombre de Yuju. Este decreto emborronó aún más las raíces faraónicas de la leyenda de Yuju. Freud reveló que el Señor Mosmos era faraonio y que Máimono corrompió y se apropió de su leyenda. Las investigaciones apuntan al faraón Akenatón, fundador revolucionario del monoteísmo, como el origen de la leyenda del Señor Mosmos. A Akenatón lo sucedió Tutancamón, asesinado cuando aún era muy joven, aparentemente por motivos religiosos. En la leyenda de las Escrituras, sin embargo, al Señor Mosmos lo sucede Yuju.
Se plantea entonces la siguiente pregunta: ¿es Tutancamón un escalón anterior en los orígenes de la leyenda de Yuju? El origen faraónico de Mosmos ha sido confirmado por Manitio y muchos más historiadores antiguos. En sus artículos sobre Mosmos, Manitio ni siquiera menciona a los maimonitas.
«Siglos después de que este feudo hierático sin precedentes en Faraonia hubiese generado diversas historias, la antigüedad del Señor Mosmos fue usurpada por los sacerdotes del Elegido, que parecen haber hecho un esfuerzo consciente para ocultar su descendencia y su identidad faraónicas. La historia oral fue distorsionada y se convirtió en antirreligiosa, antihistórica, antimemoria y antiverdad. Toda esta doctrina, en nombre de Yehubaba, bautizado como Diosoh, aún persigue a las almas rebeldes de los que quieren saber la verdad. Esta proeza se consiguió atribuyendo los mayores logros ideológicos del adversario a la tribu propia, integrando la estructura interna de las leyendas del adversario en las propias, forjando una doctrina exclusivista, usurpando la identidad del adversario, distorsionando la memoria colectiva del adversario, exagerando la tribu propia y adscribiéndole un origen divino, alienando al adversario como una representación del mal, y despojando de cuerpo y alma al rival atribuyendo leyendas antropofóbicas a la deidad propia.
El acto fue sellado al declarar como icono tribal abominable al Diosoh universal, que viola el legado de los logros espirituales de la humanidad, con el fin de aplastar la columna vertebral del hombre mediante el imperialismo religioso.
La historia humana jamás había presenciado una vileza y una criminalidad como estas. Ni siquiera el Führer BenYehu ni Nuestro Altísimo Señor Satanás han conseguido superar a estos fanáticos».
Esta es la conclusión de Can Negro, algunas de cuyas afirmaciones recogeré en esta epístola. La conclusión no es obligatoria.
En el origen de los doce discípulos de MacYehu están las doce tribus ficticias de Máimono. Y en el origen de estos están las doce hijas e hijos de Hayk. El mito de los doce también aparece en Faraonia.
***
El padrinoh es un onirio de sesenta y tantos años oriundo de la provincia de Adonis. Lo recuerdo vagamente de mi infancia. Tenía una zapatería en nuestra calle. Como no podía seguir viviendo con su mujer, que era terca como una mula, se divorció y huyó al Paraíso inmediatamente después de la muerte de San Petreliano.
Trata de buscar paralelismos entre su fracaso matrimonial y el mío, esforzándose al máximo por hacerme sentir cómodo. Me doy cuenta enseguida de que, a pesar de sus muestras de afecto, su actual mujer no lo ama.
Cuando acaba el espectáculo, el dueño de las vírgenes llama a un taxi para que me lleve a la estación desde donde volveré a Virgenal. Él mismo paga al taxista. Me siento alienado. ¿Por qué no ha venido Ella a despedirme?
Mi malestar no es infundado. Ella decidió salir conmigo sabiendo que tenía hijos. Pero el dueño de las vírgenes se lo ha dejado muy claro en cuanto me he ido:
—No se te ocurra volver a ver a ese mamón.
En Virgenia, un padre divorciado vale menos de una lira pashí, hermanos.
Dos meses después, al pasar por delante del Hotel Diosoh en la Plaza de la República, me di de bruces con el padrinoh. Parecía arrepentido. Cuando le dije que estaba a punto de comprarme una caseta en Virgenal, me confesó:
—Los padres de Ella creyeron que eras un turista que quería pasárselo bien. Creían que al final acabarías volviendo a Pornostán con tu mujer.
Que no tiene nada que ver con lo que me contó Ella después.
Vale que soy un bastardo… ¿Quién iba a querer darle una mujer a un bastardo de Pornostán?
Convencido de que ya no estaba interesado en Ella, el padrinoh se sinceró. Me habló de su relación con su mujer, que fingía no oírle cuando hablaba, que dedicaba su tiempo a pasatiempos absurdos para evitarle, que actuaba como intermediaria y avalista para que él le prestase dinero a familiares suyos que no se lo devolverían nunca… Me aconsejó no casarme en el Paraíso.
—Olvídate de conseguir una chica en este lugar. Están demasiado unidas a sus familias. Y, si me lo permites, tampoco te compres un piso. Es mejor alquilar. O, incluso mejor, búscate a una mujer divorciada con hijos y una casa en propiedad. Con que te haga la colada y todo eso tendrás suficiente. Puedes vivir con ella. Que le den al resto. No necesitas esos dolores de cabeza.
Lo tranquilicé diciéndole que estaba de acuerdo con él, lo que no hizo más que confirmar sus sospechas de que yo era un bastardo.
Según mi experiencia, todos los padrinohs son inimitables.
La misión principal de un padrinoh en Virgenia, tanto ahora como hace cien años, es enseñar al novio los entresijos de la ceremonia sexual para la primera noche de la luna de miel. A menudo el propio padrinoh interpreta el ritual de la apertura de puertas en el vientre de la novia. La apertura de puertas es un ritual paradisoico que simboliza el día del juicio, durante el cual el sacerdote, arrodillándose ante las cortinas cerradas del altar, de espaldas a la congregación, golpea una caja de madera con una llave grande mientras entona tres veces este cántico: «Ábrenos, Señor, la puerta de tu misericordia». La importancia del papel del padrinoh se debe principalmente a que en el Paraíso no hay manuales sexuales y a que tanto la novia como el novio suelen ser vírgenes. El padrinoh también instruye al novio en la gestión de los asuntos conyugales, por lo que actúa como el equivalente de un terapeuta moderno.
Su cometido empieza el día del bautizo del niño.
Mi padrinoh era mi tío George. El recordatorio quedó inmortalizado en una fotografía de mi infancia. Cuando aún no tenía un año, mis padres me bautizaron en la Iglesia de las Cuarenta Vírgenes, en Adonis. A nadie se le ocurrió preguntarme primero.
Desde niño he odiado las violaciones religiosas de las que he sido objeto. Por lo visto, mi tía me enseñó a rezar cuando tenía dos años y medio. De rodillas y con las manos juntas, imitando la devoción de mi tía, repetía las frases que salían de sus labios: «Señor, que mi padre y mi madre tengan salud…». Pero cuando la súplica llegó a lo de «concédeme inteligencia, gracia y sabiduría», me puse de pie y me largué protestando.
—¿Qué pasa, que no tengo cerebro?
Después de esa vez, nadie consiguió volver a sentarme a rezar. Me acuerdo de todas estas anécdotas vagamente, pero hay una que recuerdo con claridad. Cuando tenía tres años, me llevaron a la guardería. Al día siguiente, me encerré en el cuarto de baño y me negué a ir. Dije:
—Ya he acabado la carrera.
Cuarenta años después, al repasar estos momentos de mi vida, he comprendido al fin que cada día, a cada paso que he dado, los humanos han intentado aplastar la cabeza que contiene mi cerebro. Esa es la historia de la vida de este can.
En la fotografía, me acaban de sacar del agua. Estoy chupándome el dedo, tengo la cabeza inclinada hacia atrás y miro fijamente a mi tío a la cara. Él me mira sonriendo.
Mi tío cumplió religiosamente con sus deberes de padrinoh. Sus cuentos animaron mi infancia, su calidez y su afecto inundaban mi alma.
A los tres años, mi tío me llevaba en brazos mientras nos adentrábamos en la oscuridad de la noche, protegidos de la lluvia por un paraguas.
—Tío, ¿de dónde viene este viento?
—Muy lejos, en lo alto de las montañas, hay un hombre sentado que sopla muy fuerte.
El hombre de la montaña… ¿Qué hombre? Parece un mendigo, con un hatillo… Sopla… ¡Qué barriga…!
—Tío, vamos a Damasco.
En cuestión de cinco minutos habíamos dejado atrás Beirut y estábamos en Damasco… donde cientos de coloridos comercios flanqueaban las aceras e invadían mi imaginación.
Un día se presentó en Las Fortunas con su mujer, su hijo y su sobrina, Ruzanna. Sin tener yo conocimiento de ello, mi padre y él habían acordado casarnos. Yo me alojaba en casa de mi tío Gary en Las Fortunas. Cuando, después de cenar en un restaurante en Río, le propuse a Ruzanna que diésemos un paseo, todo el mundo se quedó perplejo. Gary no había venido a la cena. En lugar de eso, llevaba dos horas esperándonos en otro sitio debido a un malentendido del que yo era responsable.
Gary y yo habíamos planeado «secuestrar a la chica».
El tío George explotó.
—He venido al Infierno desde Adonis para que mi hermano me deje plantado en un hotel. ¿Así es como se trata a un hermano? Si mi hermano viene a visitarme, yo lo dejo todo. Aunque estuviese con Diosoh, lo dejaría para ir a darle la bienvenida a mi hermano.
Furioso con Gary e inspirado por el Señor sabe qué musa chtónica, habían tenido la idea que yo le propuse a Ruzanna:
—Vámonos de aquí y disfrutemos el uno del otro.
—¡Ay, Señor! ¿Crees que es apropiado?
Era un bastardo. Sobre todo desde que pasaba tiempo con Gary, «con lo pieza que es».
Mi primo, después de mantener una «reunión de ratones» con Ruzanna, declaró solemnemente que la única razón por la que Ruzanna había venido era que tenía un novio en Las Fortunas.
—¡Venga! ¡El chico no es así! Si no lo conociésemos desde que nació, ¿le íbamos a haber presentado a la chica? Está claro que ella exagera un poco.
Pero los vientos transportaban los susurros de toda la tribu.
—¿Te has enterado?
—¿De qué?
—Pst… pst… pst… pst…
—Ay, no, no puede ser…
—Pst… pst… pst… pst…
—No… no… no…
Los padres de Ruzanna, por su parte, tenían otros planes.
—¿Qué más da que sea onirio o no? Lo importante es que nos entendamos.
Soñastán estaba al oeste. El Paraíso siempre oprimido desaparecía bajo el sol de su propia voluntad, dejando el planeta en la estacada. Unas cuantas vueltas más del sol alrededor de la Tierra y todo podría acabarse. Fin.
Recuerdo un poema que aprendí en el colegio Sueños:
La vida es una balsa que no deja estela,
el olvido, además, se lo llevó todo,
mis viejos sueños se desvanecen como nubes,
la memoria, además, avanza como una canción.
Una mentira calmante, hermanos. Lo que nunca caerá en el olvido es…
Hete aquí que el padrinoh de Ella conocía a toda la familia de mi padrinoh, el tío George. Así es como mi futuro fue encerrado bajo siete llaves, en Soñastán y en el Paraíso.
¡Bastardo! ¡Divorciado! ¡Tres hijos!
Vuestra experiencia en Meretricia, hermanos, no es comparable en modo alguno, así que solo podéis imaginar acaso la enormidad de lo que esto significa en Virgenia.
***
El padrinoh de mi madre tenía solo setenta años cuando dejó a su mujer. Desde un cuerpo seis veces más grande que el de su marido, ella le gritaba:
—¡Vete!
Un día lo hizo.
Este padrinoh en particular era poeta. Escribía en pashí. No, en realidad no. No sabía escribir. Grababa sus poemas. A mí me estremecían, me hacían llorar. Nunca escuché la cinta; se los sabía de memoria y me los recitaba siempre que iba a verle.
Su mujer me respetaba. Veneraba la educación. La recuerdo comiéndose una manzana. Sus invitados daban vueltas a su alrededor como satélites. Repantingada en su diván, dirigía la conversación. Los demás solo hablaban cuando ella estaba ocupada cortando la manzana en cuatro trozos para luego introducirlos en la abertura ridículamente pequeña de una boca enorme y masticarlos haciendo mucho ruido. La manzana giraba en sus manos como un prisma en una cuerda. Remataba cada mordisco con el rechinar de los dientes. Rechinaban cuando hablaba, cuando dormía, cuando follaba a cuatro patas, cuando el mensajero de FedEx requería su firma tras entregarle un paquete, cuando el primer hombre pisó la luna, cuando el presidente Nixon anunció su dimisión. Aún hoy rechinan: chas, chas, chas. Rechinarán hasta la segunda venida de nuestro Señor, Yuju MacYehu. Rechinarán para toda la eternidad entre el coro de ángeles celestiales que alaben a la Verga Suprema.
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