Kitabı oku: «Cataluña bajo vigilancia»

Yazı tipi:

CATALUÑA BAJO VIGILANCIA

EL CONSULADO ITALIANO Y EL FASCIO DE BARCELONA (1930-1943)

Arnau Gonzàlez i Vilalta

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente,

ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información,

en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico,

electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.

© Del texto, el autor, 2009

© De esta edición: Publicacions de la Universitat de València, 2009

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es

publicacions@uv.es

Ilustración de la cubierta: Monumento a los legionarios italianos, junto al arco romano de Bará.

Fotografía: Pérez de Rozas.

Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera

Fotocomposición, maquetación y corrección: Communico, C. B.

ISBN: 978-84-370-7400-9

Realización e-Pub: produccioneditoral.com

ÍNDICE

PORTADA

PORTADA INTERIOR

CRÉDITOS

CATALUÑA SEGÚN LA DIPLOMACIA FASCISTA ITALIANA

INTRODUCCIÓN

EL PORQUÉ DE LA INVESTIGACIÓN

LA DOCUMENTACIÓN

EL CATASTROFISMO ITALIANO

LA PRESENCIA ITALIANA EN CATALUÑA

LA COMUNIDAD ITALIANA DE BARCELONA ENTRE FINALES DEL SIGLO XIX Y 1936

LA PRESENCIA ECONÓMICA Y EMPRESARIAL ITALIANA EN CATALUÑA

INSTITUCIONES ITALIANAS EN BARCELONA

LA CASA DEGLI ITALIANI

EL FASCIO TENENTE LUIGI AVVERSI DE BARCELONA (1923-1936): DE LAS CRISIS Y LAS TENSIONES CON EL CONSULADO

EL FASCIO ITALIANO DE BARCELONA (1925-1928): DE LA TENSIÓN A LA RECONSTITUCIÓN

DEL CONTROL EXHAUSTIVO DE LAS ADHESIONES AL FASCIO AL FIN DEL MISMO (1928-1936)

LA POLÉMICA SOBRE LA COLONIA ITALIANA DE GIRONA Y LA SECCIÓN LOCAL DEL FASCIO (1934-1936)

LA MILITANCIA FASCISTA JUVENIL «BALILLA» Y EL «DOPOLAVORO»

LA CATALUÑA AUTÓNOMA Y LA DIPLOMACIA ITALIANA

CATALUÑA Y LA OPOSICIÓN A LA DICTADURA EN LOS MOMENTOS PREVIOS A LA PROCLAMACIÓN DE LA II REPÚBLICA (1930-ABRIL DE 1931)

¿LA HORA DE CAMBÓ?

LOS MESES PREVIOS A LAS ELECCIONES MUNICIPALES DEL 12 DE ABRIL DE 1931

LAS TENSAS RELACIONES ENTRE CATALUÑA Y ESPAÑA: LA AMENAZA SEPARATISTA (1931-1933)

EL ESTATUTO COMO ULTIMÁTUM, EL CONTAGIO CATALÁN Y LAS AMENAzAS SEPARATISTAS

DE LOS DEBATES DEL ESTATUTO A GALEUZCA

LAS CONTRADICCIONES DEL CATALANISMO Y EL ORDEN PÚBLICO

ERC: DE LA FALTA DE CULTURA DE GOBIERNO AL DESPRESTIGIO DE MACIÀ

EL INTERÉS ITALIANO POR EL ESTATUS FUTURO DE CATALUÑA

LA UTILIDAD DE UNA CATALUÑA MÁS LIBRE EN LA POLíTICA EXTERIOR ITALIANA

EL AUMENTO DEL INTERÉS DIPLOMÁTICO ITALIANO EN EL CONVULSO AÑO 1934

LA CATALUÑA AUTÓNOMA, JOSEP DENCÀS, ESTAT CATALÀ Y LA DIPLOMACIA ITALIANA (1931-1934): CONTACTOS Y ANÁLISIS DE LA POSIBILIDAD FASCISTA EN CATALUÑA

LA FORMACIÓN DE LOS «ESCAMOTS» DE ESTAT CATALÀ EN LA EUROPA DE LOS TREINTA

EL CONSULADO ITALIANO EN BARCELONA Y LOS «ESCAMOTS»

LA ENTREVISTA ALESSANDRO MAJERONI-JOSEP DENCÀS

LA ESTATUA DE AUGUSTO EN TARRAGONA (1934-1936)

LA PROPAGANDA FASCISTA ITALIANA EN BARCELONA (1934-1936)

DE CÓMO CONVENCER A ITALIANOS Y CATALANES

LA POLÉMICA EVALUACIÓN DE LA PROPAGANDA ITALIANA

LA PROPAGANDA FASCISTA EN BARCELONA

LA PRENSA CATALANA Y SU OPINIÓN DE LA ITALIA DE MUSSOLINI

LA AMISTAD CATALANA-ESPAÑOLA-ITALIANA

LA BÚSQUEDA DE PROPAGANDISTAS PRO ITALIANOS EN EL CONTEXTO DE LA GUERRA DE ABISINIA

LA ACTIVIDAD ALEMANA EN BARCELONA

LA PROPAGANDA ALEMANA Y LA ACTIVIDAD NAZI EN BARCELONA (1922-1936)

LA PREOCUPACIÓN DE LAS AUTORIDADES CATALANAS RESPECTO A LAS ACTIVIDADES DEL CONSULADO ITALIANO Y ALEMÁN DE BARCELONA (ABRIL DE 1933)

LOS MOMENTOS PREVIOS AL ESTALLIDO DE LA GUERRA CIVIL

LA CATALUÑA DE 1935-1936: DE LA RECONSTRUCCIÓN POLÍTICA AL DESASTRE DE LA GUERRA

LA PARTICIPACIÓN CATALANA EN LA VI MOSTRA TRIENNALE DE ARTES DECORATIVAS DE MILÁN

LA GUERRA CIVIL EN CATALUÑA Y LA DIPLOMACIA ITALIANA

EL ESTALLIDO DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LA POLÍTICA CATALANA DURANTE LOS PRIMEROS MESES DEL CONFLICTO (JULIO-NOVIEMBRE DE 1936)

CÓMO SEGUIR LA EVOLUCIÓN POLÍTICO-SOCIAL CATALANA SIN CONSULADO EN BARCELONA (1937-1938)

LA TAREA DE EVACUACIÓN DE REFUGIADOS ITALIANOS, CATALANES, ESPAÑOLES, ETC., PROTECCIÓN DE BIENES Y VÍCTIMAS ITALIANAS (JULIO-AGOSTO 1936)

LAS DIFICULTADES DEL CUERPO CONSULAR EN LAS TAREAS DE EVACUACIÓN

PROTECCIÓN Y DAÑOS A BIENES ITALIANOS: DE SIMPLES CIUDADANOS A LA HISPANO-OLIVETTI O PIRELLI

REPRESIÓN REVOLUCIONARIA Y VÍCTIMAS ITALIANAS: ASESINADOS Y DETENIDOS

LA PROPAGANDA ITALIANA: «RÀDIO VERITAT» O LA ÚLTIMA COLABORACIÓN ENTRE EL CATALANISMO Y EL CONSULADO ITALIANO DE BARCELONA

CONTACTOS INTERNACIONALES DEL CATALANISMO PARA UNA PAZ SEPARADA CON Y SEGÚN LA DIPLOMACIA ITALIANA

LA GUERRA CIVIL Y LOS RUMORES DE UNA CATALUÑA INDEPENDIENTE SEGúN LA DIPLOMACIA ITALIANA (1936-1938)

PETICIONES DE MEDIACIÓN ITALIANA PARA UNA PAZ SEPARADA: FRANCESC M. ANGLASELL Y GIUSEPPE TORRE CAPRARA

CONTACTOS INTERNACIONALES DEL CATALANISMO: LAS CONVERSACIONES CON EL MINISTRO NORUEGO KOHT

LA IMPORTANCIA DE ITALIA EN ALGUNA POSIBLE MEDIACIÓN INTERNACIONAL FAVORABLE A CATALUÑA. LOS CONTACTOS DE LOS HERMANOS RUBIÓ I TUDURÍ

LA PETICIÓN DE AYUDA DEL SEPARATISMO RADICAL: EL «PLAN BLASI» O «PIRINEU»

LA NUEVA CATALUÑA FRANQUISTA Y LA PÉRDIDA DE INFLUENCIA ITALIANA (1939-1943)*

LA RECONSTRUCCIÓN DE LOS INTERESES ITALIANOS Y LA REPATRIACIÓN DE «FUORUSCITI»

EL VIAJE DEL CONDE CIANO A ESPAÑA Y SU PASO POR CATALUÑA (JULIO DE 1939)

¡AHORA SÍ! LA PROPAGANDA FASCISTA ITALIANA EN LA BARCELONA Y CATALUÑA FRANQUISTAS (1939-1943)

DEL FINAL DE LA DICTADURA DE MUSSOLINI AL NUEVO CONSULADO MONÁRQUICO

CONCLUSIONES

APÉNDICE DOCUMENTAL

INFORMES SOBRE POLÍTICA CATALANA DEL CONSULADO ITALIANO

ENTREVISTA ENTRE NICOLAU MARIA Y MARIÀ RUBIÓ I TUDURÍ Y ANATOLE DE MONZIE (8 DE SEPTIEMBRE DE 1938)

DONACIONES PARA LA FESTIVIDAD DE LA «BEFANA FASCISTA» DEL 1935 ORGANIZADA POR EL FASCIO DE BARCELONA

EL CUERPO CONSULAR ACREDITADO EN BARCELONA

ARCHIVOS Y BIBLIOGRAFÍA

ARCHIVOS CONSULTADOS

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE ONOMÁSTICO

CATALUÑA SEGÚN LA DIPLOMACIA FASCISTA ITALIANA

A la luz de nuestros conocimientos históricos, nada parecería más impensable que la eventualidad de una deriva hacia el fascismo del nacionalismo catalán de izquierda o la de una Italia fascista abrigando simpatías y trazando proyectos –o forjando ilusiones– de colaboración con una Cataluña más o menos independizada de sus lazos con España. Y, de hecho y en lo fundamental, lo impensable nunca sucedió: no hubo nunca un fascismo catalán digno de tal nombre, si no era, claro, el fascismo español y, consecuentemente, el fascismo españolista de los falangistas catalanes; y la Italia fascista apostaría siempre, especialmente durante la Guerra Civil, por una Cataluña española dentro, por supuesto, de la España franquista a cuya victoria contribuyó decisivamente.

Pero los procesos históricos son siempre más complejos; y en el caso de Cataluña y sus eventuales «relaciones» –activas o pasivas– con la Italia fascista lo fueron de modo especial. Había buenas razones para ello: la colonia italiana en Cataluña era de las más numerosas y mejor organizadas de España, y era allí donde se concentraba la mayor parte de los intereses económicos italianos en la península. Por el tejido de unas relaciones históricas de largo recorrido, por proximidad geográfica y por la importancia de la posición geoestratégica de un territorio vital en el Mediterráneo occidental y en las comunicaciones entre Francia y España o entre el país galo y sus colonias africanas, lo que sucedía en Cataluña no podía resultar indiferente a la diplomacia italiana. Muchos fueron, en fin, los que desde Cataluña o desde Italia pensaron que por su modernidad económica, social y cultural, era en Cataluña, y no en Madrid, donde podría surgir un genuino movimiento fascista que recogiera todo lo que en el fenómeno había precisamente de eso, de modernidad.

No es de extrañar, por lo tanto, que todas estas dimensiones ocuparan un lugar central en los informes y las reflexiones de la diplomacia italiana, preocupada, como es lógico, por sus intereses económicos o las dinámicas de su colonia en Cataluña. Pero preocupada también, y mucho, por todas las posibles implicaciones en el plano de las relaciones internacionales de la dinámica que conduciría a la aprobación del Estatuto de 1932 y aun después. Y tampoco ajena, desde luego, a cuanto se vislumbraba de eventual filofascismo en algunos sectores de Esquerra Republicana de Catalunya. Consecuentemente, Cataluña se convirtió en un foco privilegiado de atención de la diplomacia italiana, tanto como de su acción cultural y propagandística, sin que faltara algún contacto directo con Dencàs o sin que dejase de especularse acerca de los eventuales aspectos positivos para la política exterior italiana de una Cataluña independiente.

De todo esto sabíamos algo, pero muy poco. La dificultad del acceso a las fuentes había impedido profundizar en el conocimiento de estos aspectos en otras investigaciones, las cuales, centradas en Cataluña o no, habían trabajado aspectos temática o cronológicamente parciales, sin hacer del conjunto de las relaciones entre Cataluña y la Italia fascista el objeto de estudio. Y no hace falta decir, por cuanto llevamos apuntado, que ésta era una importante laguna en nuestra historiografía.

Pues bien, el libro que el lector tiene en sus manos cubre, de modo excelente, este vacío historiográfico. Su autor, plenamente consciente desde el principio de la importancia del objeto de estudio, ha llevado a cabo una encomiable tarea investigadora que le ha permitido acceder a unas fuentes fundamentales y hasta ahora inéditas, sea en los archivos italianos o en otros no menos importantes, aunque algo inesperados. Y lo ha hecho, además, desde una perspectiva metodológica impecable; aquella que parte del supuesto de que el problema debe abordarse en todas sus dimensiones e interacciones. En el de las percepciones y en el de las relaciones, en sus aspectos internacionales y en los de la política interior, en los ideológicos y en los culturales.

De este modo, nada queda por explorar a partir de una problematización siempre pertinente. ¿quiénes eran y cómo se organizaban los fascistas italianos en Barcelona? ¿Cuáles eran sus relaciones con el resto de sus connacionales, la sociedad catalana y sus propias autoridades? ¿En qué consistían los intereses económicos italianos y qué tipo de atención merecieron de la acción diplomática exterior italiana?

Se trata de preguntas básicas resueltas más que satisfactoriamente en el texto que forman, además, el punto de partida para adentrarse en lo que constituye el núcleo del trabajo, que no es otro que el seguimiento del modo en que los diplomáticos italianos siguieron la evolución política de aquella España que transitaba de la dictadura a la democracia republicana y, dentro de ella, del problema del encaje de Cataluña en España, tanto desde la perspectiva de la política interior como de sus repercusiones internacionales.

Vale la pena decir que a partir de aquí el estudio adquiere desarrollos apasionantes. Sobre todo a la hora de profundizar en el conocimiento de las sucesivas especulaciones –porque, como el autor indica, se trataba de eso, de especulaciones no siempre bien fundadas– sobre las relaciones entre Cataluña e Italia que al hilo de los acontecimientos fueron formulando los diplomáticos italianos. También, y por supuesto, sobre los análisis y las percepciones sobre las formaciones nacionalistas catalanas; y, desde luego, con esa aportación fundamental que constituye la entrevista entre Dencàs y el vicecónsul italiano. Fue éste, como el autor indica, el punto álgido de una dinámica que seguiría en lo sucesivo, hasta la Guerra Civil y durante ella, otros derroteros también aquí perfectamente analizados.

Estamos, en suma, ante un trabajo que tiene la virtud de responder, y de forma excelente, a una necesidad historiográfica, embarcando a un tiempo al lector en un viaje por senderos a veces insospechados, pero siempre perfectamente trazados.

Ismael Saz

Universitat de València

INTRODUCCIÓN

EL PORQUÉ DE LA INVESTIGACIÓN

En 1986, el historiador Ismael Saz publicaba una obra básica para el conocimiento de las relaciones entre la II República Española y la Italia de Mussolini. Después de analizar la documentación de la Embajada italiana en Madrid, Saz hacía la siguiente reflexión:

Poco sabemos de las actividades que en el mencionado sentido pudo acometer el Consulado italiano de Barcelona. Pero parece fuera de duda que las instituciones italianas que en la ciudad condal se establecieron (escuelas, Fascio, Casa de Italia) fueron, en comparación con las del resto de España, las de mejor funcionamiento y mayor prestigio. (...) Una investigación más en profundidad sobre las actividades italianas en Barcelona sería tanto más necesaria cuanto todo parece indicar que éstas fueron todo menos inexistentes o irrelevantes.[1]

Años después, otro historiador tan conocido como Stanley G. Payne reclamaba lo mismo al preguntarse por la existencia o no de un fascismo catalán.[2]También de manera insistente ha reclamado tal investigación, después de intentarlo años antes, Enric Ucelay-Da Cal, en un esfuerzo que se encuentra repartido por sus innumerables artículos.

Por lo tanto, esta investigación que presento ahora al lector surge de una demanda insistente de diferentes historiadores que durante los últimos veinte años han creído necesario saber qué hacían, cómo observaban y qué contactos establecieron los fascistas italianos en Barcelona y Cataluña. Y lo creen porque si es cierto que ya abundan las obras referentes a las relaciones entre España e Italia desde mediados de los años veinte del siglo pasado hasta la II Guerra Mundial, también lo es el abandono sistemático al que ha sido sometido el papel del Consulado italiano en Barcelona.[3]Hasta el momento, todos los estudios han circunscrito sus investigaciones a escarbar entre la documentación de la Embajada italiana en Madrid, situando en la capital española, «con buena lógica estatalista», todo aquello que de importante se pudiera cocer en las relaciones políticas, en las intrigas subversivas o en las observaciones sobre la realidad hispánica que tejerían los diplomáticos y observadores italianos destacados en ella.[4]

Sin ninguna duda, es cierto que la capitalidad estatal sitúa en Madrid el mayor peso, por lo menos en la vida oficial e institucional, de las relaciones entre estados. Al mismo tiempo, no es menos cierto que los principales partidos políticos, intelectuales y movimientos de mayor difusión del conjunto del territorio español estaban en la capital. Pero mirando a la realidad presente y pasada de la historia de España, el historiador sagaz e interesado por conocer

y contrastar no puede minusvalorar la existencia de Cataluña y de su centro vital, Barcelona. Y no puede hacerlo en un ámbito como el de las relaciones internacionales, de los contactos políticos no siempre con luz y taquígrafos o de la propaganda política. Porque es evidente que, para España, Cataluña ha sido a lo largo del siglo xx un elemento esencial de los principales acontecimientos que han moldeado la historia de aquella centuria. No se puede entender la historia de la España contemporánea sin el nacimiento del catalanismo, sin la fuerza del proletariado catalán o sin la efervescencia económica de aquel territorio. Las principales revoluciones intelectuales, ideológicas o artísticas europeas y a la par occidentales, llegarán a España a través de Cataluña.[5]Así lo creía el Embajador italiano en Madrid, cuando después de realizar un viaje a Cataluña en 1933 escribía un informe alabando la modernidad catalana en comparación con el atraso cultural de la capital del Estado. Para Raffaele Guariglia, como veremos más adelante, Barcelona era el lugar ideal para difundir el fascismo, y lo era por su aparente cosmopolitismo, por la existencia de contactos internacionales, de un ir y venir de gentes e ideas que aportaban a la capital catalana una situación de desarrollo y modernidad ideológica no existente en el centro de la Meseta.

Por ese motivo para el verdadero conocimiento de la visión que de España tenían los italianos, y de las relaciones, contactos y alianzas que pudieran establecer éstos en ella, es imprescindible el estudio de su acción en Cataluña. Y aún más en el período 1931-1939, cuando Cataluña gozará de la autonomía instaurada tras el 14 de abril de 1931. Así, es tan necesario como lo es para cualquier otro estudio que no quiera quedarse en un simple análisis de la realidad madrileña. Y es que para conocer España y su historia, demasiado a menudo se ha dejado de lado el papel trascendental de Cataluña limitando el conocimiento de los lectores a la alta política madrileña, o a los conflictos sociales en el campo extremeño o andaluz, como si el proletariado catalán no tuviera importancia o las demandas catalanistas no fueran un elemento de constante desestabilización.[6]Resulta éste un elemento que creo demasiado repetido en diversas obras referentes al período de la II República y la Guerra Civil, tanto por historiadores españoles como extranjeros. Y es que si el separatismo catalán político no ha conseguido su objetivo de independizar Cataluña o los Países Catalanes, no será la historiografía quien lo haga.

LA DOCUMENTACIÓN

En diversas conversaciones mantenidas a partir del año 2006 en relación con esta investigación, el infatigable historiador, y amigo, Enric Ucelay-Da Calme explicaba sus luchas con los funcionarios italianos para poder acceder a la documentación del Consulado italiano en Barcelona hace un par de décadas. Ciertamente, como decía Ucelay-Da Cal, con su habitual ironía ya tan catalana, aunque al mismo tiempo de tan diversa procedencia, la batalla fue larga y a la postre finalizó en una derrota total. Si un funcionario de archivo de cualquier lugar es siempre un hueso duro de roer, el funcionario italiano es un maestro en el arte del despiste. El investigador con poca paciencia rápidamente sucumbirá a sus negativas y abandonará el objetivo de su viaje –por otra parte siempre agradable– a la ciudad eterna. Así, ya hace más de veinte años Ucelay-Da Cal hacía una intentona –así, con vocabulario golpista– de acceder a los documentos, los que fueran, del Consulado italiano de Barcelona en el palacio de la Farnesina y en el Archivio dello Stato. No lo conseguía.

En enero del 2006 (al iniciar una estancia de tres meses en Roma) y animado por los profesores Borja de Riquer y Ucelay-Da Cal, pretendía conseguir lo que, años ha, se había calificado de imposible. Y de la misma manera que la del historiador catalano-gallego-vasco-americano, mi toma de contacto con el Archivio Storico del Ministero degli Affari Esteri de Roma, más conocido por el Palazzo della Farnesina, se iniciaba con la misma respuesta: aquí no existen o no están ordenados los documentos del Consulado de Barcelona. Y ciertamente no lo están, pero al mismo tiempo sí que lo están. quiero decir que en realidad no existe la documentación del Consulado propiamente dicha, sino la totalidad de los informes que la legación de Barcelona envió a Roma a lo largo de su existencia. Es decir, para el caso que nos ocupa, todos los informes que desde 1929 a 1943 enviaría el Consulado a Roma, en su mayoría vía Embajada en Madrid. Se trata, por lo tanto, de una documentación de un gran interés, pero que deberá completarse con otra de no menor importancia: la interna del mismo Consulado. Una documentación (los informes) que está mezclada entre el grueso de los informes de la Embajada de Madrid, sin orden y sin ninguna referencia concreta. Es decir, en el conjunto de documentación diplomática englobada dentro de la sección «Affari Politici» de la subsección «Spagna» y, respectivamente, dividida en los períodos 1919-1930 y 1931-1945 (también he encontrado documentos en otros fondos).

Pero volviendo a los informes o rapporti, en italiano, debe reseñarse que se trata de su totalidad, en ocasiones con documentación adjunta. Unos informes que casi siempre serán la base de los fragmentos referidos a Cataluña de los textos de la Embajada italiana en Madrid. No obstante, en otras ocasiones los informes de Madrid nos aportaran nuevos puntos de vista del Embajador divergente del Cónsul en Barcelona. Por lo tanto, en el presente estudio he utilizado las dos fuentes: Barcelona y Madrid.

Por otro lado, como decía anteriormente, esta documentación debe completarse y conjugarse con otros fondos que nos permiten meternos de lleno en las entrañas del mismo Consulado para llegar a una visión completa. Esta otra documentación, nos permitirá analizar la realidad de la colonia italiana de Barcelona y Cataluña en su conjunto, del Fascio Luigi Avversi de la capital catalana y de los materiales utilizados para redactar los informes. Esta no menos extraordinaria documentación se localiza en el International Institut of Social History (IISH) de Ámsterdam. Se trata de los fondos existentes en el mismo Consulado que fueron requisados por el sindicato anarquista, Federación Anarquista Ibérica (fai), después de la evacuación a finales del verano de 1936 de la legación durante la Guerra Civil y que, a su fin, los anarquistas se llevaron consigo al exilio (lo mismo hicieron con documentación del Consulado alemán). Una vez fuera de España siguieron la suerte de la documentación de la CNT-FAI pasando por Londres y llegando en último lugar a la ciudad holandesa, donde está actualmente conservada.[7]

Aunque los originales siguen en Ámsterdam, la CNT-FAI legalizada y posfranquista obtuvo en 1984 una copia microfilmada propiedad del archivo de la fai existente en Castelló de la Plana. La inexistencia de medios de reproducción y consulta en dicho archivo ha hecho que tuviera que consultarlos en la Fundación Anselmo Lorenzo de Madrid, no sin dificultades técnicas inacabables que me han hecho pensar en la placidez de los canales y, por qué no, de los coffeeshops de Ámsterdam. Este esfuerzo e insistencia es algo necesario e imprescindible –un año enviando e-mails y diversos viajes en vano a Madrid– para poder realizar un estudio completo y no parcial, como podría haber sucedido sin una de las dos fuentes documentales. Porque aunque por separado (visión de Cataluña y vida interior del Consulado) ya hubieran tenido suficiente entidad, es evidente que el conjunto aumenta su valor historiográfico.

En un segundo grado de importancia, cabe situar los fondos localizados en el Archivio dello Stato en Roma. Dicho archivo conserva la gran mayoría de la documentación del régimen fascista, entre la que he podido localizar parte de los documentos referentes a las tareas propagandísticas italianas en Barcelona.

En último lugar, he completado el conjunto de la documentación con la consulta de diferentes archivos relacionados de manera más o menos directa con la diplomacia italiana. En primer lugar, he encontrado interesante documentación en el siempre rico archivo personal del intelectual y político mallorquín y catalanista Joan Estelrich i Artigues. Debo agradecer al profesor Manuel Jorba el acceso a este archivo, depositado actualmente en el Arxiu Nacional de Catalunya.

Por otro lado, he creído interesante, ya que hablamos en parte de la transmisión de la imagen que de Cataluña y de sus procesos histórico-políticos se tenía, contrastar en algunos casos la documentación italiana con la francesa y la británica. Por ese motivo, he hecho sendas investigaciones acerca del Consulado francés en Barcelona y la Embajada en Madrid en los Archives Nationales de Nantes y en los National Archives en el barrio de Kew de Londres respecto al caso británico. Materiales que, sin lugar a dudas, derivarán próximamente en otras investigaciones. Del mismo modo que a través de la comparación con Francia y Gran Bretaña, enemigas de la Italia de Mussolini (en diferentes etapas y maneras), he querido acceder a alguna documentación de un país menos relevante en la escena internacional. Por eso, el presente volumen también cuenta con documentación portuguesa, después de acceder a los documentos del Consulado portugués en Barcelona, no sin dificultades, y con el agradecimiento al Consulado y especialmente al Vicecónsul, Álvaro Martins, por sus gestiones en Lisboa. Esta última consulta en el Arquivo Histórico-Diplomático del Ministério dos Negócios Estrangeiros ha enriquecido con múltiples informaciones referentes al Consulado italiano y al conjunto del Cuerpo Consular destacado en Barcelona de un gran interés e imposible de localizar en otros archivos.

Por otro lado, no puedo dejar de agradecer la ayuda en forma de beca de investigación del Arxiu Nacional d’Andorra, dirigido por Susanna Vela, y del Gobierno de Andorra, por parte de la Ministra de la Vivienda, Educación Superior e Investigación (actualmente de Asuntos Exteriores), Meritxell Mateu, y de Maria Martí de la Fundació Reig. Gracias a esta investigación en curso sobre archivos diplomáticos europeos referente a Andorra, paralela a la que ahora presento al lector, he podido ampliar el contenido del libro con fuentes francesas, británicas y portuguesas.

En último lugar, no puedo dejar de agradecer a los profesores ya mencionados Borja de Riquer, Enric Ucelay-Da Cal, Ismael Saz y Xosé Manoel Núñez Seixas la lectura previa del libro y sus comentarios y críticas extremadamente útiles.

Antes de iniciar el libro propiamente dicho, solamente cabe añadir una aclaración terminológica. La documentación utilizada en el presente libro, fuese cual fuese su idioma original (excepto el apéndice documental en italiano) ha sido traducida al castellano. En los casos en que se señala la procedencia italiana, británica, francesa o portuguesa de los documentos, no he remarcado el idioma original por ser evidente. Sí lo he hecho en los documentos diplomáticos o generados por los Consulados en los que se utiliza un idioma diferente del país originario. Del mismo modo que lo he señalado en todos los documentos, referencias de prensa y otros materiales escritos originalmente en catalán. También debe señalarse que he intercalado algunos términos y nombres italianos con su traducción al castellano para dinamizar la lectura del texto.

Por otro lado, también debo señalar que en el texto aparecen los términos referentes a los cargos diplomáticos (Embajador, Cónsul o Vicecónsul), como también los nombres de Embajada y Consulado en mayúsculas.

EL CATASTROFISMO ITALIANO

Vayamos pues a la introducción propiamente dicha. A lo largo de los trece años que se prolongan entre 1930 y 1943, es decir, el período analizado en el presente libro, el Consulado italiano en Barcelona construyó diferentes ejes de una visión más o menos coherente de Cataluña que transmitiría en sus informes enviados a Madrid y Roma.[8]Las autoridades del régimen fascista de Benito Mussolini instaurado después de la Marcha sobre Roma de 1922 interpretarían Cataluña, pero sobre todo Barcelona, a través de unos textos siempre proclives a anunciar la revolución social, la revuelta separatista o al caos más absoluto. En este sentido, a finales de 1930, en los últimos meses de la monarquía de Alfonso XIII, el Cónsul italiano en Barcelona, Guido Romanelli, afirmaba en un informe sobre la actividad de la oposición catalanista, republicana y sindicalista, que Cataluña oscilaba irremediablemente entre el separatismo y el socialismo. No obstante, si en los meses previos a la proclamación de la II República Española los observadores italianos podían hablar de un Cambó o de los políticos catalanes con cierto conocimiento, a partir de abril de 1931 sus informes perderían rigurosidad para entrar en una siempre existente falta de información sobre los nuevos actores políticos que, desde ese momento, comandarían la vida política catalana.

Así, la tentación de «situar la realidad catalana constantemente al borde del precipicio», será una de las características más particulares de los retratos que de esta realidad sociopolítica harán los respectivos Cónsules a partir de las informaciones de que dispondrán y del análisis y punto de vista que verterán sobre el papel de sus rapporti. Como podremos ir viendo a lo largo de los siguientes capítulos, Cataluña vivirá aquellos años, entre el final de la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera, pasando por la II República y la Guerra Civil hasta llegar al primer franquismo, con el peligro del extremismo de diversa índole pisándole los talones. Para los diplomáticos italianos, algunos fascistas y otros hombres de carrera y destacados monárquicos, acostumbrados a un país sin problemáticas sociales o nacionalistas, por lo menos oficialmente como era la Italia de Mussolini, Cataluña y su constante y tensa relación con España, de la misma manera que sus insistentes luchas obreras, suponían un reto. Y lo suponía, entiendo yo, desde el punto de vista de la justa medida de los hechos y de las percepciones de los mismos observadores. Como iremos viendo, los Embajadores, los Cónsules o los Vicecónsules mantendrán un difícil equilibrio en su mirada hacia la evolución política catalana y española. Ciertamente, el período 1930-1943 se caracterizaría en Cataluña y España en general por una extraordinaria sucesión de cambios de régimen, golpes, contragolpes, revoluciones y sublevaciones. Pero si nos ceñimos a lo escrito en los informes, veremos como será en los años que se alargan entre 1931 y 1934, quizá preveyendo o anunciando lo que vendría después, cuando la percepción italiana será más catastrofista.

No será hasta después del 6 de octubre de 1934 y de la derrota de la proclama del Estado Catalán dentro de la República Federal Española del Presidente de la Generalitat, Lluís Companys, cuando todo parecerá calmarse a ojos italianos. De este modo, a partir de finales de 1934 y principios de 1935, los observadores italianos lo verán todo con más nitidez. Situarán ya, de hecho ya lo hacían desde 1931, el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 liderado por parte del Ejército español y la revolución social acaecida en Cataluña como las únicas opciones de futuro. Y sólo volverán a mostrar una cierta alteración con los constantes rumores de una posible proclamación de independencia de Cataluña durante la Guerra Civil.

Por otro lado, el otro tema de preocupación italiana, como ya anunciaba anteriormente, no será otro que la constante conflictividad social y obrera existente en las fábricas catalanas. Y lo hará, en primer lugar, por la existencia de destacadas factorías de grandes empresas italianas en territorio catalán. Pero también por el peligro constante de una revolución anarquista o socialista que atemorizaba a los diplomáticos italianos.

Estos elementos, junto al privilegiado lugar que Cataluña tenía en el mapa del Mediterráneo occidental, clave para el dominio de este sector del Mare Nostrum, despertarían el interés italiano en potenciar la expansión y llegada del fascismo en el país. Con este objetivo, siempre contrariado y contrarrestado por la posición antiseparatista italiana, el Consulado italiano en Barcelona iniciaría ciertos contactos con elementos destacados del nacionalismo y separatismo catalán. Y aunque es cierto que lo haría en los años previos al estallido de la Guerra Civil, también lo es que los mantendría ya iniciada la contienda para romperlos definitivamente a partir de 1939.

[1] I. Saz, Mussolini contra la II República, Edicions Alfons el Magnànim, Valencia, 1986, p. 53. Otro ejemplo de libro que nos permite conocer la visión diplomática italiana de España es el del Embajador R. Guariglia, Primi passi in diplomazia e rapporti dall’ambasciata di Madrid 1932-1934, Edizioni Scientifiche Italiane, Nápoles, 1972. Acerca de la diplomacia de otros países extranjeros sobre la España republicana es interesante, aunque solamente es un compendio de informes, J. E. Vargas et al., España a través de los informes diplomáticos chilenos, cis-Ministerio Relaciones Exteriores Chile-Universidad Pontificia Santiago de Chile-Editorial Antártica, Madrid, 1994. También contamos con el libro del embajador de Estados Unidos en el período 1933-1939, C. G. Bowers, Misión en España: en el umbral de la Segunda Guerra Mundial, 1933-1939, Grijalbo, Barcelona, 1977.

[2] S. G. Payne, «¿Existió un fascismo catalán?», Barcelona, La Vanguardia, 2-X-1998, «Libros», pp. 6-7.

[3] Al margen del Consulado italiano, tampoco contamos con estudios sobre otras legaciones diplomáticas importantes en Barcelona como la de Francia, Alemania o Gran Bretaña (en este último caso, debe señalarse que la documentación del Consulado está desaparecida o destruida, según informan los National Archives británicos de Kew en Londres. Sólo se conservan los informes hasta 1910 y la selección de informes diplomáticos –del conjunto de las legaciones en España– realizada en su momento y que se centra en cuestiones económicas y comerciales). Es precisamente con este material con el que se han publicado en diversas ediciones los resúmenes de informes diplomáticos británicos, los cuales uso y cito para el período 1931-1936. Por lo que se refiere a Estados Unidos, contamos con el valioso libro de James W. Cortada (ed.), A city in War: American Views On Barcelona and the Spanish Civil War, Scholarly Resources, Wilmington, 1985, que reproduce gran parte de los informes consulares norteamericanos durante la Guerra Civil y, para un período posterior, el libro de memorias del que fuera Cónsul norteamericano en Barcelona entre 1946-1966, A. Moss, Quatre barres i estrelles, Símbol Editors, Barcelona, 2006. Para un período anterior a 1931 ver J. W. Cortada, «Catalan Politics and Economics, 1906-1911: The View From the American Consulate at Barcelona», Cuadernos de Historia Económica, 13, mayo 1975, pp. 129-181.

[4] Las diversas ediciones de I documenti diplomatici italiani, publicados por la Commissione per la Pubblicazione dei Documenti Diplomatici del Ministero degli Affari Esteri (Roma, Libreria dello Stato, 1952-2008), no nos sirven para un mínimo seguimiento de los informes del Consulado en Barcelona. Tampoco es útil para este cometido la revisión de la revista Corriere diplomatico e consolare publicada en Roma desde los años veinte del siglo xx.

[5] Para esta cuestión, ver por ejemplo, V. Cacho Viu, El nacionalismo catalán como factor de modernización, quaderns Crema-Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, Barcelona, 1998.

[6] Esta crítica puede extenderse en el caso catalán a la centralidad y hasta el centralismo de la ciudad de Barcelona respecto al resto de Cataluña. Por otro lado, también se produce el mismo olvido de la historiografia española o hispanófila sobre la realidad histórica gallega o vasca.

[7] Dicha documentación no contiene un orden cronológico ni temático en su totalidad. Así, aunque algunos microfilms mantienen una cierta coherencia con lo que debiera ser el orden del archivo del Consulado, una gran parte permanecen desordenados. Por otro lado, debe señalarse que en las referencias a esta documentación he utilizado la numeración de los microfilms facilitados por el archivo de la fai.

[8] Para la diplomacia italiana destacada en España existían cinco zonas controladas por cinco legaciones distintas al margen de la Embajada en Madrid. En el caso del Consulado de Barcelona, éste era responsable del conjunto de Cataluña, de las islas Baleares y de Aragón. A su vez, dentro de Cataluña existían seis agencias consulares italianas directamente bajo las órdenes de Barcelona: Girona, Cadaqués, Palamós, Roses, Sant Feliu de Guíxols y Tarragona. Fuera de Cataluña existía la agencia consular de zaragoza y en las islas Baleares, las de Maó en Menorca, Eivissa y Palma de Mallorca. De algunas de estas agencias conocemos el nombre de sus respectivos responsables. En 1923, justo unos meses después de la llegada al poder de Mussolini se hacía un informe sobre la idoneidad de los agentes consulares. En éste se señalaba a los responsables de las agencias. En Tarragona, el Marqués de Orovio, Manuel de Orovio (1881-1935), Caballero Oficial Comendador de la Real Orden de la Corona de Italia, que ocuparía el cargo hasta poco antes de su muerte y que también sería Cónsul de Uruguay y de Portugal (desde 1903) y Decano del Cuerpo Consular en aquella ciudad, «antiguo y respetable agente», fue concejal, alcalde de la ciudad y presidente de la Diputación de Tarragona entre 1927 y 1930, que lo cedería a Emilio Carandini en febrero de 1935; en Palamós, Andreu Ribera i Llorens (por lo menos lo fue hasta 1931) «banquero rico y estimado» que no debía sustituirse y que también era Vicecónsul de Portugal en aquella localidad (por lo menos entre 1930 y 1934); en Sant Feliu de Guíxols, Joan Fortó Galcerán, hijo del anterior agente consular, Joan Fortó Jordà, y que debía ser sustituido por residir en Barcelona, mientras que en 1933 lo era el caballero de la Corona de Italia, Pere Albertí i Miró («L’Autonomista», 11-I-1933 [diario de Girona]); en Roses, Josep Rahola (en 1929 lo era Andreu Ferrer); en Palma de Mallorca, Bartolomeo Cabrer; en Maó, Pere Taltavull y en Eivissa, Ignacio Wallis (IISH, Fondo CNT-FAI, p. 29, B1-B3, informe fechado el 5-III-1923). En dicho informe no aparece la agencia consular de Girona, que en 1927 estaba dirigida por Giuseppe di Giovanni Magaldi (que por lo menos la dirigiría hasta 1936). En el momento de publicar este libro (2009) y según la página web de la legación, el Consulado es responsable de las siguientes representaciones: Viceconsulado honorario de Girona, Consulado honorario de València, Consulado honorario de Palma de Mallorca, Viceconsulado honorario de Alacant, Viceconsulado honorario de Eivissa, Viceconsulado honorario de Castelló de la Plana, Viceconsulado honorario de Cartagena y Corresponsal Consular en Andorra.

LA PRESENCIA ITALIANA EN CATALUÑA

LA COMUNIDAD ITALIANA DE BARCELONA ENTRE FINALES DEL SIGLO XIX Y 1936

Antes de adentrarnos en las entrañas del Fascio Luigi Aversi de Barcelona y en la visión que de Cataluña mantuvo y transmitió el Consulado en Barcelona, creo necesario situar brevemente el itinerario histórico de la comunidad italiana local. Por dos razones: en primer lugar, por su interés específico y, en segundo lugar, para conocer las relaciones personales, empresariales y políticas existentes entre estos italianos y los diferentes sectores de la sociedad catalana. Unas relaciones estrechas en tanto que las instituciones italianas tendrán una larga tradición en Barcelona y una gran aceptación social. En este aspecto, por ejemplo, cabe destacar las remarcables cifras de alumnos catalanes de la Escuela Italiana, así como los socios no italianos de la Casa de los Italianos o de otras entidades de la colonia que iremos viendo.

De este modo, hoy en día, paseando por las calles de Barcelona, pero cada vez más también por el resto de Cataluña, la presencia de la lengua italiana es un elemento cada vez más habitual. Dejando al margen los abundantes turistas de fin de semana, la llegada, podríamos decir masiva, de italianos a la capital catalana ha hecho que según datos del Consulado italiano en Barcelona en el año 2009 haya censados 21.555 ciudadanos transalpinos en la capital catalana, en la provincia de Barcelona y 43.672 en toda Cataluña.[1]Además, al margen de los contabilizados por el Consulado, muchos otros italianos residen en Barcelona, y constituyen así una de las comunidades de ciudadanos europeos occidentales más numerosa.

No obstante, la presencia de ciudadanos italianos no es una novedad en la historia de Barcelona y de Cataluña. Ya en una fecha tan lejana como 1871 se contabilizaban 1.726 súbditos de la corona italiana en la capital catalana.[2]Mientras que en 1887, sobre un total de 3.877 italianos residentes en toda España, 1.284 vivían en Barcelona (el 33,11% del total). Si añadimos el resto de Cataluña, la cifra aumentaba a 1.505 (38,8% del total, divididos territorialmente y por sexos de la siguiente manera): Tarragona (124 hombres por 12 mujeres), Girona (46 a 22) y Lleida (13 a 4).[3]En Barcelona, la división por sexos seguía la misma tónica: 894 eran hombres y 390, mujeres.[4] Cincuenta años después, en 1927, se calcula que vivían, sólo en la ciudad de Barcelona, unos 3.000 italianos.[5]Por otro lado, si nos acercamos más al período estudiado en el presente libro podemos especificar las cifras de italianos residentes en las diferentes localidades catalanas con agentes consulares del Reino de Italia. Así, el 6 de abril de 1934, se contabilizaban 84 italianos en Girona-ciudad y 44 en Girona-provincia, en 1935 había 32 en Tarragona y 2 en Cadaqués en diciembre de 1935, pescadores de coral (Jorge Contos y Constantino Contos, nacidos en la población de Simi en las islas del Dodecaneso griego, por aquel entonces territorio italiano).[6]

En resumen, sin insistir más en ello, podemos concluir que la presencia italiana en Barcelona y en el resto del país ha sido importante desde la creación de la Italia unificada en 1860. Una colonia de la cual es posible seguir la evolución en la capital catalana a partir de 1862, justo después de la constitución del Reino de Italia bajo el reinado de Víctor Manuel II. Por aquel entonces, en 1862, el primer Cónsul de la nueva Italia destinado a Barcelona, Giuseppe Malmusi, enviaba un detallado informe sobre la colonia italiana allí residente. Entre los 1.500 italianos que calculaba que vivían en Barcelona, destacaba una elite económica que dirigía, sobre todo, una amplia lista de hoteles de diferentes categorías. Junto a este sector, Malmusi también situaba a numerosos camareros, trabajadores del mármol, sacerdotes y artesanos de diversas especialidades. Y también a otros italianos de categoría social más baja, desde jornaleros hasta mendicantes.

Desde este primer análisis hasta inicios del siglo XX se fue produciendo una evolución y un asentamiento de la colonia italiana en Cataluña. Para conocer estos primeros años del nuevo siglo, ya pasado para nosotros, de la comunidad italiana, se puede acudir a tres obras contemporáneas sobre aquella materia. En primer lugar, en 1904, A. Frangini publicaba una temprana obra titulada Italiani in Barcellona. Tres años después, en 1907, Bernardo Chiara publicaba otra obra centrada en esta cuestión, Tipi, scene, aventure di italiani in Spagna, y, en último lugar, Angelo Bignotti, presentaba en 1910 Gli italiani in Barcellona. Siguiendo estas obras, y recogiendo también el trabajo del historiador Claudio Venza, podemos dividir la colonia italiana de Barcelona y Cataluña de los años veinte en cuatro tres grupos:

— Residentes en Barcelona u otras localidades catalanas desde hacía décadas, a menudo nacidos en Cataluña hijos de familias italianas o mixtas ítalo-catalanas. Grupo que corresponde a los hoteleros de las regiones italianas más conectadas con Cataluña por el tráfico marítimo como el Piamonte, la Ligúria, Génova o la Toscana.

— Italianos llegados a Cataluña con el desarrollo de la industria y de las actividades económicas más modernas. Como por ejemplo, funcionarios de banca, dirigentes de agencias marítimas y de empresas de importación y exportación.

— Aquellos otros súbditos italianos llegados a Cataluña con el desarrollo y desembarco de grandes empresas italianas en Barcelona y su hinterland. Por lo tanto, agentes y responsables de grandes empresas italianas. Técnicos y directivos que tendrían un gran peso e influencia en la comunidad italiana local. Un grupo que establecería intensas relaciones con las elites políticas, económicas y culturales catalanas y españolas.

LA PRESENCIA ECONÓMICA Y EMPRESARIAL ITALIANA EN CATALUÑA

Al margen de las grandes empresas italianas que se instalarían en Cataluña a lo largo de las primeras décadas del siglo xx y que veremos a continuación, muchos otros serían los negocios italianos en funcionamiento en Barcelona principalmente desde mediados del XIX En esta presencia italiana del xix destacaría por encima del resto el del sector hotelero. De hecho, ya desde finales del siglo XVIII existían en Barcelona hoteles regentados por italianos. Entre éstos destacaba el Gran Hotel Cuatro Naciones, que sucesivamente sería propiedad de las familias Giuppini, Primatesta y Fortis y, ya en 1894, de Ercole Durio y su socio Federico Maffioli.[7]Esta sociedad –y sus descendientes– también poseían otros establecimientos como la Fonda Falcón (después Hotel), que adquirirían en 1894, hotel que sería importante como veremos más adelante en los años posteriores, ya que sería un centro de información y control del Fascio de Barcelona.[8]

Otro ejemplo de la presencia italiana en pequeños y medianos negocios y que se prolongaría hasta nuestros días, fue la de los hermanos y sastres de la bella localidad toscana de Lucca, Michele y Giovani Pantaleoni, que juntamente con sus descendientes expandieron un negocio abierto en 1862 con un solo local a una gran empresa con más de cinco establecimientos y 1.200 trabajadores.[9]La casa Pantaleoni, posteriormente conocida como Modelo, cerraría sus puertas en mayo del 2007.[10]

Al margen de estos ejemplos de empresas pequeñas, una vez llegados al siglo XX, la fisonomía de la colonia italiana de Barcelona y Cataluña se transformará a causa de la llegada de grandes empresas transalpinas. Y es que para muchas como, por ejemplo, Pirelli, Martini & Rossi, Cinzano o Hispano Olivetti, Cataluña sería el destino de sus primeras inversiones en el extranjero, hecho que comportaría la llegada de cuadros técnicos y directivos que tendrían una destacada influencia en las instituciones y actividades de la colonia. Estas empresas, una vez llegados al período fascista en 1922, mantendrán una estrecha relación con la política y las legaciones diplomáticas italianas destacadas en España.

De este modo, ya desde finales del siglo XIX existía en Barcelona una fábrica de la marca de vermuts Martini & Rossi, en la calle Wad Ras, 41-49, del industrial barrio barcelonés del Poble Nou.[11]Además, al margen de la fábrica, la casa turinesa tenía sus oficinas centrales en la Rambla de Catalunya, 67. Seguida rápidamente por su competidora Cinzano & Co de Turín, que se instalaría en Vilafranca del Penedès, a sesenta kilómetros de Barcelona, pero que también tenía su sede central en la capital catalana en la calle Provença, 686, y una tienda de la marca en la calle Roger de Llúria, 77-79.[12]

Por otro lado, como el resto de grandes empresas italianas en Cataluña, Pirelli (fabricante de cables y neumáticos) instaló en el país su primera delegación fuera de las fronteras italianas.[13]Su llegada en 1902 a la población costera de Vilanova i la Geltrú, cercana a Barcelona, significaría su primera aventura internacional. Si hasta aquel momento Pirelli sólo contaba con sus factorías de Milán, en Milán-ciudad y Milán-Bicocca inauguradas en 1872 y la sucursal de La Spezia al sur de Génova de 1886, su implantación en Cataluña daría inicio a su expansión mundial.[14]Su fábrica de cables eléctricos de Vilanova significaría un salto cualitativo en la industria de la localidad y de la zona, hasta el momento monopolizada casi exclusivamente por el sector textil.[15]Además, las condiciones laborales de sus obreros (en 1910 eran 500) mejorarían sustancialmente respecto a los trabajadores del textil catalán.[16]Así, Pirelli & Cia se constituyó en Vilanova en 1901 y se convertiría en Productos Pirelli S. A. en 1917, con una aportación de capital de 3 millones de pesetas.[17]Progresivamente, las instalaciones de Vilanova irían aumentando su espacio. Una fecha clave en este proceso de ampliación, y señal inequívoca de la importancia de la fábrica, sería el 13 de junio de 1924, cuando el rey de Italia Víctor Manuel III inauguraba la ampliación de las instalaciones y la remodelación urbanística de los terrenos de Pirelli al abrir la Rambla de Joan-Baptista Pirelli (aún con este nombre). Como veremos en otro capítulo, durante la Guerra Civil española la fábrica sufriría bombardeos, curiosamente de la aviación italiana, y, finalmente, su voladura por parte del ejército republicano. Al mismo tiempo, y para adaptarse a las demandas del mercado, Pirelli se iba diversificando con secciones comerciales (1920) y compañía de inversiones (1931).[18]

En 1920, vistos los buenos resultados de la planta en Vilanova, Pirelli compraba la pequeña empresa La Nacional en Manresa, localidad del centro de Cataluña. Producto de esta adquisición aquel mismo año se constituiría La Nacional Pirelli, filial de la casa madre para la fabricación de neumáticos para automóviles.[19]Su sede central en Barcelona se situaría hasta 1957 en la Ronda Universitat, 18.

En un nivel similar a Pirelli, otra empresa importante llegada desde Italia fue el fabricante de máquinas de escribir Olivetti. En su versión ibérica, la Hispano-Olivetti, fundada el 2 de enero de 1929 en Barcelona, supuso también su primera delegación fuera de Italia. La casa de máquinas de escribir piamontesa, fundada en 1908 por Camillo Olivetti en la localidad de Ivrea, iniciaría su aventura internacional con la fundación de una sociedad de capital predominantemente catalán.[20]Los socios fundadores de la nueva sociedad Hispano-Olivetti –con sede en la Via Laietana, 37 y fábrica en la calle Castillejos, 87-89 de Barcelona– eran por orden de número de acciones y capital invertido: el ingeniero Julio Caparà i Marquès (1.200 acciones con un valor de 600.000 pesetas), el ingeniero e inventor de la máquina, Camilo Olivetti Sacerdote (800 a 400.000 pts.) y Luís Bettonica Turati (seguramente ciudadano italiano, residente en Barcelona y doctor en ciencias comerciales, con 20 acciones y 10.000 pts. invertidas).[21]Con un capital inicial de 1.010.000 pts., a lo largo de los veinte años posteriores se realizaron regulares ampliaciones de capital: en 1933, un millón; en 1935, 990.000 pts.; en 1936, un millón; en 1941, dos millones y en 1951, 18 millones más, para llegar a esa fecha con un capital de 24 millones de pesetas.[22]En cuanto a su consejo de administración, en 1931 estaba constituido por el presidente Luís Bosch y Labrús (ingeniero emparentado con la rama francesa de los Borbones y presidente del Fomento del Trabajo Nacional de Barcelona, consejero del Banco Hispano Colonial y miembro de la sociedad propietaria del Hotel Ritz, entre otras empresas);[23]el vicepresidente Julio Caparà (consejero de Philips Ibérica S. A., de Pirelli y de Siemens de Crédito S. A., entre otros); el consejero técnico Camilo Olivetti, el consejero administrativo y apoderado general de Olivetti & C. S. A. José Pero Iverandi; el consejero jurídico Rafael Gay de Montellà (militante de la Lliga Regionalista y vicepresidente de la Cámara de Comercio Italiana en España de Barcelona) y el gerente de la sociedad y consejero administrativo Juan Luca Peyretti.[24]

Las actividades de la sociedad darían inicio en febrero de 1929 y se prolongarían más de seis décadas.[25]Aunque durante la Guerra Civil fue colectivizada y puesta fuera del control de sus accionistas, desde 1939 recuperaría su actividad con una extraordinaria vitalidad. Sería en aquel período en el que se incorporaría a su dirección el destacado miembro de la Lliga Catalana, empresario y posteriormente procurador a Cortes franquistas, Joan Ventosa i Calvell, que sería presidente entre 1945 y 1959 (según los datos disponibles).[26]Con una plantilla de casi 3.000 trabajadores, su fábrica en la Plaça de les Glòries Catalanes de Barcelona cerraría en 1992 para trasladarse al Parc Tecnològic de Cerdanyola del Vallès. En 1996, la empresa multinacional italiana anunciaba su cierre definitivo.

También durante los primeros años del siglo XX el sector de la banca italiana iniciaría su desembarco en Cataluña. En este caso, fue la Banca di Roma (asesorada por Francesc Cambó) quien abrió en 1910 su primera delegación en la céntrica Plaça de Catalunya de Barcelona y, posteriormente, otras en la calle Salmerón del municipio (después distrito barcelonés) de Gràcia, y de las localidades de Tarragona, MontblANC, Valls, les Borges Blanques y Santa Coloma de queralt.[27]

Otros sectores empresariales italianos también se implantarán en Cataluña, como la delegación catalana de la Metalgraf Española S. A., filial de la casa matriz en Milán, Giacomo de Andreis, instalada en Badalona, aunque con la oficina en un primer momento en la Via Laietana, 12 de Barcelona. Esta empresa de litografías y hojalatería conocida popularmente como «La Llauna», gozaría de una gran popularidad por la expansión de sus cajas de lata para múltiples y diferentes usos. Además, su fábrica, situada en la calle Industria, número 89 de Badalona, diseñada en 1906 por el arquitecto Joan Amigó, sería un ejemplo destacado de arquitectura industrial modernista (De Andreis la adquiriría en 1919). Metalgraf se mantuvo en funcionamiento hasta finales de los años sesenta y, actualmente, su edificio ha sido rehabilitado como colegio.

También el sector del transporte marítimo tendría una destacada presencia en Barcelona, por ejemplo las líneas de las navieras Adria di Fiume y Navigazione Libero Triestina.[28]

[1] «Els italians ja són el segon col·lectiu estranger a Barcelona», El Periódico de Catalunya, 3-I-2009, pp. 22-23. Debe señalarse que una parte importante de esta cifra pertenece a ciudadanos de diferentes repúblicas sudamericanas como Argentina o Uruguay (40%), que aprovechando la existencia de antepasados italianos han solicitado el pasaporte comunitario italiano fijando su residencia en Barcelona. Según una interpelación parlamentaria del Grupo de L’Unione al gobierno italiano de centroizquierda de Romano Prodi del 15-XI-2006, en los cinco últimos años habían llegado a la zona de actuación del Consulado en Barcelona cerca de 50.000 argentinos con pasaporte italiano. Según afirmaba la interpelación, los servicios consulares estaban totalmente colapsados (texto disponible en la dirección <http:// www.arnoldcassola.com/?news=170&type=inter>).

[2] S. Santagati, La Casa degli Italiani. Storia della comunità italiana di Barcellona (1865-1936), Editorial Mediterrània, Barcelona, 2007, p. 48.

[3] Ibíd., p. 179.

[4] Ibíd., p. 51.

[5] C. Venza, «El Consulado italiano de Barcelona y la comunidad italiana en los inicios del fascismo (1923-1925)», Investigaciones históricas. Época moderna y contemporánea, 17, Universidad de Valladolid, 1997, p. 270.

[6] La colonia italiana de Girona ciudad estaba formada básicamente por el Agente Consular (Giuseppe di Giovanni Magaldi) y las diversas ramas de su familia, que en 1927 eran 19 de los 39 miembros de la misma. Más adelante analizo el caso de esta colonia.

[7] Ibíd., p. 97.

[8] Sobre la importancia de la comunidad italiana en el sector hotelero barcelonés ver L. Kociemski, Il contributo italiano all’albergheria catalana, separata de «Terme e Riviere», Pisa, 1960-1961 y S. Santagati, pp. 97-110.

[9] Para la saga Pantaleoni entera ver S. Santagati, pp. 113-114. También es un buen resumen de su trayectoria el artículo de Lluís Permanyer, «El sábado cierra sastrería Modelo», La Vanguardia, 23-V-2007.

[10] En un documento sin fechar del Consulado en Barcelona (e incompleto), se enumeraban las siguientes empresas italianas establecidas en Cataluña al margen de las ya señaladas: (Barcelona ciudad) Anilinas S. A. en el Paseo de la República, 85; Anónima de Accidentes, Rambla de Catalunya, 19; Compañía Adriática de Seguros, Via Laietana, 47; Gabriel Bechini Mármoles y Piedras, Roger de Flor, 162; A. Bianchini Ingeniero-Fábrica de telas metálicas; Cazali & Figli-Fábrica de Pianos, Torres Amat, 1; Italcable, Estación en el Palacio de Comunicaciones-Correos y Caseta de amarre de los cables en la playa del Somorrostro; Ingeniero Galletto-Fábrica de Botones, Pere IV, 319; Fibra Comercial de España S. A.; Vapor italiano «Vioca», Muelle del Carbón; Luigi L. y Bioplastima Serono-Fábricas de productos farmacéuticos, Cardenal Vives i Tutó; Pedro Lupi, Vilamarí, 30; Café Suizo, Rambla del Centre; Editorial Maucci S. A., Mallorca, 166; S. A. E. M. A. R., Rambla de Santa Mònica, 31; Valera & Ricci-Fábrica de Sombreros, Sagrera; Iugo Española S. A. En localidades de la demarcación de Barcelona y resto de Cataluña: (Badalona) Cotonificio de Badalona, Llauders; (Gavà) Manufacturas de la Seda S. A.; (Tortosa) Giacomo Musso-aceites; (Collbató) Proggina Falisati-Fábrica de órganos.

[11] La relación y sumisión de las empresas italianas establecidas en España a lo largo del régimen fascista, por lo tanto entre 1922 y 1943, con las autoridades diplomáticas transalpinas fue muy destacada. Un ejemplo suficientemente ilustrativo de esta situación era la carta que el 10-VI-1936 enviaba el Cónsul italiano en Barcelona al presidente de Martini & Rossi en la que le pedía que su filial española dejara de anunciarse en el periódico «notablemente italofobo» El Día de San Sebastián para situar su publicidad en el Diario Vasco «que mantiene respeto a nuestro país una posición favorable» (IISH, Fondo CNT-FAI, p. 29, A5-A6).

[12] La vinculación de las organizaciones italianas, el Consulado y las empresas transalpinas en Cataluña puede observarse con las visitas organizadas por la Cámara de Comercio Italiana y el Consulado (con el Cónsul Probizer) a las fábricas de Cinzano (Rivista di Commercio Italospagnolo, xix, enero-febrero 1934 y La visita alla Cinzano-Vini S. A., p. 10) o a la fábrica de Pirelli (xxv, enero-febrero de 1936, p. 3).

[13] La delegación española de Pirelli establecería relaciones con algunas empresas españolas. Así, por ejemplo, en 1935 hacía gestiones a petición del Cónsul en Barcelona, Alessandro di Probizer, para que la casa de automóviles catalana Hispano-Suiza pudiera participar en la Muestra Internacional de Aeronáutica de Milán.

[14] Su siguiente fábrica en el extranjero sería en la localidad inglesa de Southampton en 1914.

[15] La instalación de la fábrica en Vilanova i la Geltrú no fue casual si tenemos en cuenta que aquella localidad era uno de los nudos de comunicación más importantes de la red ferroviaria cercana a Barcelona.¡

[16] A. Tubau, 90 anys de Pirelli a Vilanova, Consell Comarcal del Garraf, Vilanova i la Geltrú, 1992, p. 13.¡

[17] Ibíd., p. 17.

[18] S. Santagati, pp. 262-263.

[19] Dicha fábrica de neumáticos todavía sigue en funcionamiento con una plantilla de 1.009 trabajadores en octubre del 2008, pero con un conflicto de reducción de plantilla abierto (información extraída de la web oficial <www.pirelli.es/web/technology/plants/ Manresa.page>).

[20] Toda la información de Hispano-Olivetti la extraigo de la documentación existente en el Arxiu Nacional de Catalunya-Fons Hispano-Olivetti.

[21] Luis Bettonica Turati fue el padre del periodista y gastrónomo italo-catalán Lluís Bettonica (muerto recientemente en 2007), que, junto con su cuñado e intelectual Néstor Luján, escribiría el libro ...Y Mussolini creó el fascismo, Plaza & Janés, Barcelona, 1971.

[22] El 26 de septiembre de 1934, el Presidente de la Generalitat, Lluís Companys, acompañado del alcalde de Barcelona, Carles Pi i Sunyer, realizaba una visita a la fábrica de Hispano-Olivetti con motivo de la ampliación de las instalaciones («La Humanitat», 27IX-1934).

[23] La relación e importancia de las empresas de capital o participación italiana en el ámbito industrial y económico catalán se puede ejemplificar perfectamente en los anuncios del boletín del Fomento del Trabajo Nacional de Barcelona «El trabajo nacional». Durante los años treinta, la parte trasera de la portada siempre estuvo ocupada con un anuncio de página completa de Pirelli S. A. Mientras que Hispano-Olivetti también se anunciaría regularmente. La importancia de la actuación empresarial italiana en Cataluña se puede comprobar con la publicación de una esquela del fundador de Pirelli, Giovanni Battista Pirelli en La Vanguardia del 21-X-1932.

[24] Durante la década de los treinta del siglo XX, otras empresas como la fiat-Hispania (instalada en España desde 1919) también tendría sede en Barcelona, concretamente en la Plaça de Catalunya, 14.

[25] Curiosamente, sería Manuel Azaña Díaz, futuro presidente del gobierno republicano entre 1931 y 1933 y presidente de la República Española de 1936 a 1939, por aquel entonces jefe del registro general de sociedades del Ministerio de Justicia y Culto, quien firmaría la autorización para la constitución de la sociedad el 28-I-1929.

[26] En 1941, Ventosa i Calvell ya era vocal del consejo de administración de la empresa.

[27] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 29, A1-A4, carta del 18-IV-1929. Actualmente, la Banca di Roma conserva una delegación en el Passeig de Gràcia, 11, Escalera C, 6.º-1.ª de Barcelona.

[28] Para una lista mucho más extensa de la presencia comercial italiana en la ciudad de Barcelona, ver la lista que hizo pública el Consulado italiano en la capital catalana a principios de agosto de 1936 en el capítulo referente a la protección de bienes italianos durante la Guerra Civil española.

INSTITUCIONES ITALIANAS EN BARCELONA

LA CASA DEGLI ITALIANI [1]

A lo largo de las últimas décadas del siglo xix y las primeras del xx, la comunidad italiana de Barcelona fundaría una serie de instituciones al margen del Consulado aunque muy vinculadas a la legación. Estas entidades de carácter privado irían evolucionando y relacionándose con la legación consular italiana para constituir, en los momentos inmediatamente anteriores a la Guerra Civil española, un entramado educativo-asistencial-cultural de cierta entidad. Así, en los meses previos al estallido de la guerra, la larga lista de entidades italianas estaba formada por diferentes instituciones cuya decana sería la Società Italiana di Beneficenza e Mutuo Soccorso fundada en 1865 por iniciativa del Vicecónsul Angelo Comello.[2]Esta entidad de ayuda a los italianos de Barcelona sería la primera empresa surgida de la generación primitiva de inmigrantes transalpinos llegados a Cataluña. En 1882, se dividía en dos entidades, una dedicada al Socorro Mutuo y otra, a la beneficencia. Ese mismo año la entidad dedicada a la beneficencia ampliaba sus funciones y añadía la enseñanza italiana a sus cometidos.[3]Se pretendía instalar una escuela italiana elemental en Barcelona que permitiera a los hijos de los ciudadanos italianos, y a los catalanes que lo quisieran, estudiar con el sistema educativo de Roma. Inauguradas en 1882, las escuelas italianas irían cambiando de dirección hasta instalarse definitivamente hasta hoy en el pasaje Méndez Vigo, donde se acabarían instalando el grueso de las entidades italianas de la ciudad. Del mismo modo, progresivamente el arraigo de las escuelas iría asentándose con el crecimiento de las cifras de alumnos. Así, en el gráfico siguiente se puede apreciar la evolución del número de socios y alumnos en el período 1899-1910 antes de la fundación de la Casa degli Italiani y su incorporación a la nueva entidad:[4]


Además, en el año 1910 se producirían las primeras donaciones de las empresas italianas establecidas en Cataluña para el mantenimiento de las escuelas. En ese curso, se recibían donativos de Cinzano y de Pirelli al margen de otras pequeñas empresas.[5] También en ese año, se fundaba la delegación barcelonesa de la Società Dante Alighieri, entidad fundada en 1889 que sería la encargada de intentar difundir la cultura y la lengua italianas entre los italianos emigrados fuera de su país, del mismo modo que de atraer a los ciudadanos extranjeros hacia la cultura italiana.

Al margen de estas entidades, en 1911 se fundaba la Casa degli Italiani, que sería, hasta la fundación del Fascio de Barcelona en 1923, la principal institución italiana de la ciudad. Es decir, la que ejercería de institución madre del resto de entes italianos de la capital catalana. Esta nueva entidad, que en 1912 tenía 169 socios, vendría a sustituir a la Società di Beneficenza e instalaría su sede en el Pasaje Méndez Vigo, número 8. Se trataba del resultado de la acción de la tercera generación de italianos de Barcelona. Así, como decía, a partir de su fundación la casa de los italianos centralizaría todas las actividades de la colonia de Barcelona. Y lo haría con un constante aumento del número de socios ordinarios y socios mantenedores que llegaría a su cifra máxima en 1934:[6]


Dicha entidad tendría una íntima relación con las grandes empresas italianas establecidas en Cataluña, especialmente con Pirelli. En este sentido, muchos fueron los altos directivos de la empresa que regentarían cargos en la Casa degli Italiani. Por ejemplo, el secretario del Consejo de Administración de Pirelli, hispanista y agente consular italiano en Vilanova i la Geltrú, Carlo Bosselli, que ocuparía diferentes cargos hasta su marcha a Madrid en 1918 (posteriormente volvería a Barcelona) o Gaetano La Villa, director general de Pirelli, vicepresidente de la Casa en 1927, consejero de la Sociedad Dante Alighieri y presidente de la Camera di Commercio Italiana di Barcellona entre 1929 y 1933. Precisamente, gracias a la insistencia de La Villa, Pirelli donó a la Casa el dinero para adquirir el número 5 del Pasaje Méndez Vigo, hoy sede del Istituto Italiano di Cultura.[7]

Al margen de estas cuestiones, fueron varios los nombres destacados posteriormente en el Fascio de Barcelona, en la vida económica local o en las relaciones con la sociedad catalana, que presidieron u ocuparon cargos directivos en la Casa. Por ejemplo, Emilio Carandini, que fue socio entre 1922 y 1944, consejero entre 1925 y 1926, presidente en 1935 y tesorero de la Cámara de Comercio en 1930. También su hermano, Carlo Carandini (agente marítimo de la empresa Adria di Fiume), ocuparía una larga lista de cargos: consejero entre 1914 y 1917, 1924-1926 y 1930-1931, vicepresidente entre 1932 y 1933 y presidente en 1934, presidente de la Cámara de Comercio en 1921 y 1925-1926, y secretario de la Dante Alighieri en 1919.

Otro personaje destacado posteriormente en el Fascio fue el romano y director financiero de Pirelli, Giulio Berni (Roma, 1890-1953). Éste, llegado a Barcelona en 1929, sería cajero de la Casa en 1932-1933, vicepresidente de 1933 a 1935 y presidente durante la Guerra Civil española y hasta 1943.[8]

Esta relación entre el Fascio local, fundado entre 1923 y 1926, y al cual dedico el siguiente capítulo, y la Casa degli Italiani se iría haciendo más tensa a partir de 1925. El motivo de tensión no sería otro que la supeditación de la Casa al fascismo y el trasvase de la dirección de la comunidad italiana de Barcelona y Cataluña y de sus instituciones al Fascio en construcción. Y es que la instauración del régimen de Mussolini en Italia hacía necesario definir quién regentaba un liderazgo de la colonia que hasta ese momento había tenido la Casa.

Con este contexto, desde 1923 los elementos adheridos al fascismo imperante en Roma empezaron a filtrar a los italianos que debían trabajar en las entidades de la colonia a través de sus simpatías políticas. Así, si seguimos el estudio de Santagati, podemos encontrar, por ejemplo, el caso del profesor Ettore De zuani, que se ofreció en 1923 como enseñante para la escuela italiana de Barcelona y provocó una discusión entre Bosselli y Amerigo Fadini acerca de su adhesión al fascismo. Esta cuestión, al parecer De zuani era apolítico, retrasaría su llegada a Barcelona dos años hasta que no se pudo garantizar que simpatizaba con el fascismo.[9]

Esta situación de tensión y de asentamiento del fascismo entre la colonia italiana provocaría un período de inestabilidad y constantes cambios de directivas en la Casa. En 1925, tomaban la dirección de la institución los fascistas que también dirigían la Cámara de Comercio italiana. De este modo, el Consejo central escogido en 1925 estaba formado por: el coronel de la marina militar, Giuseppe Rapelli, como presidente y el secretario del Fascio, y Pietro Lupi, como vicepresidente. Entre los consejeros, otros hombres de la Cámara de Comercio como Carlo Carandini, del Fascio como Buzzanca, del Mutuo Soccorso como Maragliano. Los otros consejeros eran: Giuseppe Avversari, Carmine De Filippo, el periodista y corresponal de la Agencia Stefani en España Cesare Alessandro Gullino, Humberto Donisi, Mario Acquarone (futuro líder del Fascio) y Camillo Tovani. También se escogieron consejeros en representación del resto de instituciones: Lorenzo Cantieri (Mutuo Soccorso), Pietro Ferla (Dante Alighieri), Antonio Calcagno (Reduci e Smobilitati), Carlo Carandini (Camera di Commercio) y como revisor de las cuentas Arturo De Luciano y Nicola Lambruschini.[10]

Una dirección que no duraría mucho ya que aquel mismo año dimitía y se ponía bajo la dirección del Cónsul Ferdinando Mazzini. Pocos meses después, en enero de 1926 se convocaba una asamblea extraordinaria que elegía un triunvirato provisional para dirigir la Casa: Colli, Ferla y Tovani. Durante aquel año, la entidad, que contaba ya con 284 socios, continuó en una situación de inestabilidad constante. No sería hasta 1927 con la llegada del nuevo Cónsul, el coronel Guido Romanelli, cuando se recuperaría la tranquilidad en el conjunto de la colonia y se nombraría un nuevo Consejo central formado por: Arturo De Paolini como presidente y Gaetano La Villa como vicepresidente. En el cargo de consejeros: Amerigo Fadini, Mario Aquarone, Giuseppe Avversari, Ernesto Belloli, Giulio Filete, Amleto Luise, Pietro Lupi, Adolfo Piazzi y Severino zanfa. Como consejeros de las entidades: Lorenzo Cantieri (Mutuo Soccorso), Pietro Ferla (Dante Alighieri), Gaetano Barocci (Camera di Commercio), Carlo Alberto De Santis (Reduci e Smobilitati). Además, se añadían dos nuevos consejeros: Antonio «Nino» Buzzanca como Secretario del Fascio Italiano y Antonio Campiani como Presidente de la Società Fede e Patria. Los revisores de las cuentas fueron Humberto Giudici y G. Gino Pasqualis.[11]

No obstante, no sería hasta la asamblea del 28 de mayo de 1928 cuando se encontraría la solución definitiva para normalizar las relaciones institucionales entre el Fascio y la Casa. Los problemas que llevaban cuatro años arrastrándose se solucionarían con un cambio de rol absoluto. Si con su creación en 1911 la Casa degli Italiani se había convertido en la institución que albergaba en su seno al resto de entidades italianas de la ciudad, a partir de 1928 el Fascio tomaba el relevo para esta función. A partir de aquel momento, la Casa se transformaba en una entidad más bajo el paraguas del Fascio. Con este hecho se cerraba la fascistización de todas las entidades de la colonia italiana y se instauraba el predominio fascista en el conjunto de la comunidad.

Esta situación de estabilidad se mantendría en los años siguientes. Con esta obligación en 1930, el Consejo de administración estaba presidido por Fadini, con Antonio Calcaterra y Carlo Terzi de vicepresidentes y los consejeros Giuseppe Avversari, Carlo Carandini, Ernesto Carpi, Carmine De Filippo, Francesco Falleti, G. Filete y E. Sternfeld. Como revisores de cuentas, M. Giretti y G. Monti.

Mientras la tranquilidad se asentaba dentro de la entidad y los progresos de las escuelas italianas eran remarcables, la situación política catalana y española cambiaba. De unas extraordinarias relaciones entre las dictaduras de Mussolini y Primo de Rivera, en el mes de abril de 1931 la proclamación de la II República Española y la instauración de la Generalitat de Cataluña (después de la renuncia de Francesc Macià a la República Catalana) dejaban a la colonia italiana en una situación incómoda. El control ejercido por la sección fascista local no iba en consonancia con el nuevo régimen republicano español y con el autonómico catalán. Esto, una vez se había fascistizado el conjunto de las entidades, provocaba un necesario cambio de rumbo para no alejar a los catalanes que participaban de las actividades italianas. Además, y esto valía especialmente para la Cámara de Comercio, una cosa era la política y otra, la economía y los negocios.

Aun con la posible dificultad de la aparente incompatibilidad ideológica entre la Italia fascista y la España y Cataluña demócrata-parlamentarias y, en el primer bienio de izquierdas, las relaciones no se resintieron por los cambios políticos. En este sentido, se continuaron con las amistosas relaciones y hasta se establecieron nuevos lazos con la naciente clase política republicana de la Cataluña autónoma. En el curso 1932-1933, las escuelas italianas introducían clases de catalán en sus programas docentes.[12]Por aquel entonces, en enero de 1933, el Presidente de la Generalitat de Cataluña, Macià, participaba en el tradicional «Baile de los italianos» para recoger fondos para las escuelas.[13]

Mientras tanto, en 1932 se había formado una nueva dirección de la Casa con Pietro Lupi de presidente y Carlo Carandini y Ettore Sacchetto de vicepresidentes. Con los consejeros Luigi Bettonica, Benito Boccato, Antonio Calcaterra, Orfeo Gallo, Leonardo Durio, Italo Pizzati y Emilio Sternfeld, con Giulio Berni como cajero. En el año siguiente, la dirección volvería a cambiar con Carlo Carandini en la presidencia y Giulio Berni como vicepresidente y tesorero y los consejeros Bocatto, Calcaterra, Sternfeld, Gallo Durio y Mario Giretti. Además, durante 1933 la Dirección General de los Italianos en el extranjero financió la compra del número 5 del pasaje Méndez Vigo para establecer la sede de la Casa degli Italiani.

En 1934, Carandini, uno de los principales líderes de la comunidad, de la Casa y del Fascio realizaba un discurso en el que pedía la fusión de los dos cargos de dirección de las entidades:

Disciplinados y convencidos colaboradores de la obra del fascismo, que es el portavoz directo del Régimen y expresión más inmediata de las nuevas orientaciones en la organización y en la asistencia de los italianos en el extranjero, hemos intentado prestar a esto en cada ocasión nuestra más amplia y franca colaboración. Podemos además añadir que esta colaboración siempre se ha realizado con plena fe fascista, sin la mínima colisión y con el común entendimiento de llevar a cabo, entre todos, la más decidida y concreta obra de italianidad y de interpretar con la mayor fidelidad las directivas que nos llegan de Roma. Por este motivo y porque estamos sinceramente animados por el deseo de que esta nuestra Casa pueda ser llamada a realizar deberes siempre más altos, confirmamos nuestra aspiración de poder ver en un próximo avenir fusionados en una sola persona los dos mandatos hoy llevados a cabo por el Secretario del Fascio y el Presidente de la Casa.[14]

Un deseo, el de unificar los dos principales cargos de la comunidad italiana al margen del de Cónsul, que se vería cumplido en 1935 con la reforma de los estatutos de la Casa. A partir de esa fecha, el secretario del Fascio sería automáticamente el presidente de la Casa degli Italiani y daría así solución a una de las principales polémicas de la colonia.

En este sentido, en una carta enviada desde Roma por el Ministerio de Asuntos Exteriores con fecha del 21 de febrero de 1935 ya se anunciaba una inminente circular que obligaría a ceder a los Fascios la dirección de las Casas de Italia en el extranjero. Una circular que era enviada el 22 de marzo de 1935 por la dirección general de los italianos en el exterior del Ministerio de Asuntos Exteriores y en la que se oficializaba esta duplicidad de cargos. La carta decía: «En las nuevas organizaciones de nuestras colectividades en el Exterior, (...) las Casas de Italia representan centros de vida, puntos de orientación seguros. Por eso el carácter fascista de éstas debe ser cada vez más evidente, también en la parte formal». Con ese objetivo, se establecían las siguientes directrices: «1. que el Fascio tenga, sin equívocos ni discusiones de ninguna clase, el puesto preeminente [en la colonia]. 2. que el Secretario del Fascio tenga la posibilidad, legalmente reconocida, de poner al servicio de este delicado organismo colectivo todo el peso de su autoridad y de su prestigio (...)».[15]Por si estos dos puntos no habían quedado suficientemente claros, en un documento adjunto se especificaba cuál debería ser la configuración de la directiva de la Casa degli Italiani en el caso de no existir, como no era el caso, autoridad consular: «Presidente: el Secretario del Fascio; Secretario: el Presidente de la sección local de combatientes; Administrador: el Consejero administrador del Dopolavoro o, si éste no existiese, el Secretario administrador del Fascio».[16]De este modo, en el caso de la Casa de Barcelona, la dirección de la misma quedaría formada por los siguientes cargos: Presidente honorario: Real Cónsul General; Presidente efectivo: Secretario del Fascio; Consejeros: los directivos de las asociaciones de la colonia (combatientes, o la Società Dante Alighieri para la difusión y enseñamiento de la lengua italiana);[17]Consejero administrador: el Consejero administrador del Fascio y/o del Dopolavoro.[18]En síntesis, se desplazaba el peso de la sociedad civil italiana al nuevo sistema estatalista.

Después de este cambio en la dirección del principal organismo de la colonia, en el período anterior al estallido de la Guerra Civil, cabe destacar la supresión de las clases de lengua catalana en 1935, justamente cuando la autonomía catalana restaba suspendida después de los sucesos del 6 de octubre de 1934. Y también el cambio de consejo de administración con Emilio Carandini como presidente, Berni vicepresidente, Mauricio Moro cajero, y los consejeros Paolo Ruffini, Mario Giretti, Gino Giannoni y un consejero secretario, Giuseppe Confalonieri. Por su parte, ya en 1936, las escuelas italianas cerrarían su curso el 18 de julio y no volverían a reemprender sus actividades hasta el 4 de noviembre de 1939, una vez finalizada la contienda civil española con la victoria franquista. Por su parte, la Casa degli Italiani aún se mantendría abierta durante los primeros meses de la Guerra Civil, como más adelante comprobaremos.

Entidades italianas existentes en Barcelona en 1935

– Regio Consolado Generale (calle Mallorca, 270)[19]

– Fascio Italiano di Barcellona «Luigi Avversi» (Passatge Méndez Vigo, 8)

– Fascio Femminile (Passatge Méndez Vigo, 8)

– Casa degli Italiani (Passatge Méndez Vigo, 8)

– Associazione Nazionali di Combattenti-sezione Barcellona (Passatge Méndez Vigo, 8)

– Camera di Commercio Italiana per la Spagna (Via Laietana, 47)[20]

– Organización Giovanili Italiane all’Estero-gruppo di Barcellona (Passatge Méndez Vigo, 8)

– Unione Nazionale Ufficiali in Congedo d’Italia-sezione Barcellona (calle Mallorca, 270)

– Assistenza (Passatge Méndez Vigo, 8)

– Società Operaia di Mutuo Soccorso (Passatge Méndez Vigo, 8)

– Opera Nazionale Dopolavoro-sezione Barcellona (calle Mallorca, 270)

– Istituto Italiano di Cultura (Passeig de Gràcia, 132)[21]

– Scuole Elementari Italiane e Casa dei Bambini (Passatge Méndez Vigo, 8)

– Lega Navale Italiana (calle Mallorca, 270)

– Società Nazionale Dante Alighieri-Comitato di Barcellona (Passeig de Gràcia, 132)[22]

– Croce Rossa Italiana-Delegazione di Barcellona (calle Descartes, 6)

– Opera Maternità e Infanzia-Comitato di Barcellona (Passatge Méndez Vigo, 8)

– Touring Club Italiano-Comitato di Barcellona (Ronda Universitat, 31)[23]

EL FASCIO TENENTE LUIGI AVVERSI DE BARCELONA (1923-1936): DE LAS CRISIS Y LAS TENSIONES CON EL CONSULADO

Después del final de la I Guerra Mundial, en una Italia que aunque vencedora no salió satisfecha del conflicto europeo, la tensión social interna llegó al extremo. Con un movimiento obrero y campesino, socialista y anarquista, de una extraordinaria fuerza, con una amplia ocupación de fábricas y propiedades agrícolas entre 1918 y 1919, el caldo de cultivo para el nacimiento de una ideología que se erigiera en su contrapeso político-social era posible. A partir de la creación de los Fasci di Combatimento en 1919, como primera estructura del fascismo liderada por el ex socialista Benito Mussolini, como reacción a la fuerza de la extrema izquierda italiana pero también de la «decadencia» del modelo liberal, Italia y Europa veían aparecer una nueva opción ideológica que suponía una auténtica novedad. Y es que el fascismo se erigía en una vía autoritaria que se situaba en medio del comunismo y del liberalismo, criticando los defectos de ambas ideologías y reivindicándose como la «necesaria» regeneración de la Italia de la posguerra. El gusto por la violencia, la encuadración de la sociedad y especialmente de la juventud como elemento principal o el culto al liderazgo carismático del Duce serían características básicas del fascismo italiano.[24]De este modo, una vez Mussolini conquistara el poder en 1922, se irían creando entidades fascistas en todas las partes del mundo en el seno de las múltiples colonias italianas generadas por las grandes corrientes de emigración transalpina hacia Europa, América (norte y sur) o Australia. Una creación que cabía relacionar, en gran medida, con el retorno de muchos italianos emigrados a su tierra de acogida después de servir en el Ejército italiano durante la I Guerra Mundial y de vivir el clima prefascista de conquista del poder. En muchos lugares, la creación de dichas organizaciones no sería fácil y tendría grandes dificultades con las autoridades del país de acogida o los partidos políticos y sindicatos propios de aquél. Una situación que, como veremos, no se produciría en el caso de Barcelona, donde, desde septiembre de 1923, regentaba el poder el general Miguel Primo de Rivera como dictador en el marco de la Monarquía de Alfonso XIII.

Así, ante la creación de diferentes Fasci, primero en 1921 en algunas capitales europeas y americanas como Londres, París, Berlín o Nueva York, y después progresivamente en muchas otras, el partido único italiano, el Partido Nacional Fascista (pnf), se vería obligado a establecer un reglamento para encuadrar y controlar dichos núcleos.[25]Con este objetivo, en el convegno de Milán de 1922 ya se daba cuenta de la importancia de los italianos emigrados (entre 8 y 11 millones por aquel entonces) y de su agrupación creciente en Fasci. Un año después, en la V Reunión del Gran Consejo del fascismo celebrada en febrero de 1923, se nombraba a Giuseppe Bastianini como jefe de la Oficina central para los Fasci en el exterior (en aquellos momentos unos 150). Unas entidades que Bastianini resaltaba importantes por diferentes aspectos: para cohesionar las colonias de italianos emigrados, para difundir la propaganda fascista y para mantener la italianidad de estos ciudadanos residentes en otros países.[26]Pero que al mismo tiempo tenían que afrontar diversos problemas y objetivos básicos, como la hostilidad de las entidades italianas existentes previamente y la tarea de convencer a los inmigrantes italianos de su adhesión al fascismo.[27]

Según los planteamientos de Roma, los Fasci existentes en los diferentes países deberían identificarse totalmente con la política del gobierno de Benito Mussolini, al mismo tiempo que no deberían provocar ningún problema con las autoridades de los países donde se organizasen. Como se podía leer en un folleto de propaganda con citas de Mussolini recibido por los Fasci, entre ellos el de Barcelona, estas entidades tenían que obedecer las leyes del país que los acogía y deberían dar «ejemplo cotidiano de esta observancia hacia las leyes (...)». Por otro lado: «No debían participar en la política interna de los países donde los fascistas están acogidos. No suscitar disensiones en la colonia (...)». Además, tenían que propagar y defender la italianidad y hacer obra de asistencia entre los italianos y, en último lugar, y este no era un mensaje menor: «Respetar a los representantes de Italia en el extranjero».[28]

Por otro lado, y éste era un elemento clave para entender la posición de los Fasci en el extranjero y en especial los problemas de la delegación de Barcelona, dichas entidades no constituían una sección del pnf en el exterior.[29]Una posición importante, ya que oficialmente el fascismo italiano no tendría estructuras externas, a diferencia, por ejemplo, de lo que haría el nazismo con la formación de delegaciones del partido único nacionalsocialista (nsdap) en todo el mundo,[30]sino que solamente se podían considerar entidades privadas que apoyaban y seguían los postulados del fascismo sin constituir agrupación política alguna. Aunque ésta era la teoría, como veremos la realidad era otra. En este sentido, ya en 1923 Bastianini enviaba una circular secreta en la que afirmaba que, aunque oficialmente no, clandestinamente los Fasci all’estero eran delegaciones del pnf.[31]

A partir de mediados de la década de los años veinte, la importancia de las delegaciones fascistas «no oficiales» en todo el mundo iría aumentando junto con el número de sus integrantes. Italia, país tradicionalmente exportador de inmigración hacia todo el planeta, pero especialmente al norte y sur del continente americano y, entre otros a Australia, verá en el uso de la italianidad y el sentimiento de pertenencia de los emigrados una manera de aumentar el control sobre ellos y de conducirlos al fascismo.[32]De este modo, la tradicional protección diplomática de los Consulados o Embajadas para con los súbditos italianos se transformará a través de los Fasci en un férreo control político e ideológico. Ya no se tratará sólo de ayudar, sino que ahora deberá fascistizarse a todo aquel italiano o descendiente de italianos que formara parte de una u otra manera de la colectividad.[33]

EL FASCIO ITALIANO DE BARCELONA (1925-1928): DE LA TENSIÓN A LA RECONSTITUCIÓN

Si existe una manera con la cual no puede definirse la trayectoria del Fascio italiano de Barcelona a lo largo de sus trece años de existencia ésta es: la de tranquila.[34]Y es que durante el período que se iniciaría poco después de la Marcha sobre Roma en 1922 y que llegaría a los primeros días de la Guerra Civil española, las polémicas, disensiones, expulsiones y tensiones internas y externas del Fascio fueron su pan de cada día. Ciertamente, estas tensiones se manifestarían de manera mucho más activa en su período fundacional, pero no desaparecerían hasta su disolución «no oficial» a causa de las circunstancias políticas españolas en julio de 1936. Como ya hemos visto al hablar de la Casa, el asentamiento del Fascio y del fascismo en la colonia italiana de Barcelona, y Cataluña en su conjunto, no tuvo un camino plácido. Y no lo tuvo por la equívoca posición que tendría que ocupar ante el resto de entidades italianas ya existentes en la ciudad y, especialmente, ante la autoridad política y administrativa del Consulado. Será precisamente este difícil encaje entre la representación diplomática, las entidades privadas y las estructuras fascistas italianas en España, lo que mantendrá la extrema debilidad del Fascio de Barcelona hasta mediados de la década de los años treinta del siglo xx.

Así, una vez situado brevemente el contexto de la organización exterior del fascismo italiano, adentrémonos en el caso particular del Fascio de Barcelona y de sus difíciles y confusos orígenes.[35]En este sentido, el 25 de marzo de 1936, un veterano fascista de Barcelona, Cesare Pavesio, escribía al Consulado italiano de dicha ciudad reclamando el reconocimiento de su adhesión al Fascio de la capital catalana constituido, según él, en 1923. Según Pavesio, aquel año, y bajo la dirección del delegado para España (y también Portugal) de los Fasci Italiani all’Estero, Ernesto Marchiandi, se fundaba el Fascio Italiano de Barcelona.[36]La respuesta del secretario del Fascio, Carlo Carandini, daba aún más pistas de los orígenes de la sección barcelonesa. Así, según éste, Marchiandi delegó sus atribuciones para Barcelona y su zona de influencia en Giuseppe Bonavia a principios de marzo de 1924, que a su vez «constituía una Delegación el 10 de abril (...), la cual preparó precisamente la constitución oficial del Fascio, acaecida en diciembre de 1925. Esta Delegación ha constituido el primer tentativo colectivo de organización del Fascio».[37]Esta segunda fecha de fundación será la que aparecerá en el portavoz de la Secretaría central de los Fasci en el extranjero, que en mayo de 1924 daba cuenta de la noticia de la reunión de la delegación barcelonesa. Según aquella nota, sólo se contaba con diez adheridos, hecho que quizá impulsó a la Secretaría General a no dotarlo de la categoría de Fascio y sí de comisión organizativa. Aunque ello fuera así, no cabe duda de la existencia de un grupo fascista activo en Barcelona ya en 1924, como lo demuestra su entrada en la dirección de la Casa de los Italianos, hecho constatado antes como hemos visto.

Aun tomando como certeras estas fechas, no sería hasta el mes de mayo de 1925 cuando se haría oficial la fundación del Fascio Italiano de Barcelona. El día 10 de aquel mes, Ernesto Marchiandi comunicaba al Cónsul italiano en esta ciudad, Ferdinando Mazzini, «que se ha constituido un Fascio Italiano en Barcelona, conforme a los principios que guían la organización nacional de los Fasci Italianos en el Extranjero». En la misma misiva, además de comunicarle la dirección de la entidad bajo su supervisión, formada por Alfredo Santarini, Amleto Luise y Enrico Carandini, le pedía que prestara todo su apoyo y que, desde ese momento, no reconociese a ningún fascista no acreditado con el carné firmado por Marchiandi.[38]Dando respuesta a esta petición, el 14 de mayo, Mazzini afirmaba que daría todo su apoyo «moral a este nuevo núcleo de italianismo» siguiendo las circulares enviadas desde Roma en aquella dirección.[39]Según estas circulares enviadas por el Ministerio de Asuntos Exteriores a las delegaciones diplomáticas en el extranjero, y ante algunas diferencias entre las legaciones italianas y los Fasci, la relación entre aquellas dos entidades debería basarse en el principio de: «que las Reales Representaciones en el extranjero deben sabiamente aconsejar y en el caso que sea necesario defender los Fasci all’Estero (...)». Una defensa, sin embargo, que iría vinculada al respeto hacía las legaciones diplomáticas por parte de los fascistas que siendo «buenos ciudadanos y representando un partido que entre sus finalidades más esenciales tiene la defensa de la autoridad del Estado, han de respetar (...) las funciones de las personas que representan al Estado».[40]No se trataba, por lo tanto, de una relación de igualdad. El Consulado representaba al Estado Italiano y los Fasci eran sólo entidades privadas, eso sí, vinculadas al Estado. Y es que era muy fácil decir lo contrario en circulares oficiales, pero a la postre, el jefe del gobierno italiano y durante muchos años Ministro de Asuntos Exteriores, Mussolini, era el mismo que comandaba el pnf. Será precisamente en esta contradicción teórica donde residía el núcleo de los conflictos.

De todos modos, la colaboración entre ambas instituciones parecía que empezaba con buen pie, cuando el 22 de mayo el Fascio de Barcelona tenía la delicadeza de comunicar al Cónsul el orden del día de la reunión que se celebraría al día siguiente en el Hotel Cuatro Naciones. No obstante, aquellos pacíficos inicios rápidamente se torcerían.

Al margen de estas consideraciones, que a continuación retomaré, la creación oficial del Fascio Italiano de Barcelona no sería efectiva, por lo menos ante las autoridades españolas, hasta el 9 de septiembre en primera instancia, cuando se había dado cuenta al Gobierno Civil de Barcelona de su fundación, y hasta el 19 de diciembre de 1925, fecha en que celebraba su reunión constitutiva. De esta reunión salía un documento que certificaba la creación de la «Asociación “Fascio Italiano”» de Barcelona, que, conforme a las leyes sobre asociaciones de ciudadanos extranjeros, se comunicaba al Cónsul general de Italia en la capital catalana, como hemos visto ya anteriormente enterado.[41]Al margen de la fundación oficiosa, también por aquellas fechas se redactaban los estatutos de la organización.

Estos estatutos en su artículo primero exponían los objetivos del Fascio: «El Fascio Italiano, constituido conforme al regulamiento de las leyes españolas, tiene como objetivo reunir a los italianos residentes en España, mantener siempre vivo en ellos el sentimiento de la Patria, ayudarlos, protegerlos, valorarlos, informar a los extranjeros sobre la realidad de Italia, difundir el arte, la ciencia y la cultura italiana y armonizar las relaciones entre España e Italia». Unos objetivos que se harían desde una delegación barcelonesa que no era otra cosa que una sección del Fascio de Madrid, como explicaba en su tercer artículo.

Para la entrada como miembro en el Fascio se debería presentar una solicitud con el aval de dos socios y con la confirmación de no pertenecer a «ninguna logia masónica» o «sociedad secreta». Por otro lado, y esto ya fuera de la normativa estatutaria oficial (como veremos más adelante), cada vez que algún ciudadano italiano residente en Cataluña solicitase su adhesión al Fascio de Barcelona se pediría, muchas ocasiones vía Consulado, sus antecedentes policiales (si los hubiera) y políticos a las autoridades del lugar de procedencia en Italia. De este modo, la documentación interna del Consulado y del Fascio testimoniará verdaderas investigaciones de una exhaustividad inusitada, alargando el proceso de aceptación o denegación de la solicitud durante meses.

Mientras tanto, la concordia inicial entre el Cónsul y el Fascio se mantenía en pleno proceso de dominio fascista de las instituciones italianas de Barcelona. A principios de julio de 1925, el Cónsul Mazzini enviaba una carta a Marchiandi en la que aseguraba el éxito de la actuación de los miembros del Fascio al intentar conquistar la dirección de la Casa degli Italiani de Barcelona, que había quedado en manos del fascista moderado Rapelli: «Hemos trabajado conjuntamente y también la Casa de los Italianos está en manos de una administración fascista, pero no intransigente».[42] No obstante, el Cónsul señalaba la necesaria calma para proceder y conseguir el apoyo de la inmensa mayoría de la colonia italiana local. Por otro lado, Mazzini señalaba los avances fascistas en otras entidades de la colonia como eran la Cámara de Comercio italiana y la Società Reduci e Smobilitati, que agrupaba a los ex combatientes del Ejército italiano residentes en Barcelona.

Precisamente en esta última entidad, el Cónsul criticaba la actuación de su presidente y supuestamente antifascista, el Coronel Aldo zenaro, al acusarlo de desobedecer sus directrices y actuar en contra de la autoridad consular.[43] Y es que se trataba de acabar con una de las entidades que más se estaba oponiendo al proceso de dominio fascista de la colonia. Con este objetivo, el Cónsul propiciaría la crisis y posterior disolución de la entidad de los ex combatientes neutralizando así uno de los últimos puntos de resistencia. Esta sucesión de los hechos se iría produciendo durante el mes de octubre de 1925 y culminaría con la dimisión en bloque de la dirección de la Reduci e Smobilitati.[44]

De todos modos, y aunque la acción del Cónsul se situaba decididamente al lado del núcleo fascista de Barcelona, éste no conseguía agrupar en su interior al conjunto de la colonia o a un número suficientemente significativo de ella. En este sentido, y contestando diversas cartas del Cónsul, Marchiandi criticaba la acumulación de cargos de algunos fascistas en Barcelona: «no sé por qué Luise y Della Rosa deben, como usted dice, administrar tantas instituciones, cuando cada una de éstas tiene sus elementos dirigentes». Además, y ahora ya entraba en el análisis de la falta de éxito de los intentos de aumentar la simpatía de la colonia italiana hacia el Fascio de Barcelona: «no ha dado resultado satisfactorio (...)». De todos modos, aunque este fracaso fuera cierto, si para una cosa había servido la aparición del Fascio de Barcelona, por lo menos a juicio de Marchiandi, era para reforzar la figura y autoridad del Cónsul ante el conjunto de la colonia italiana: «El Fascio ha servido para afirmar la soberanía del representante del R. Gobierno, y es solamente por el Fascio no en sí mismo, pero en cuanto representante del fascismo Italiano, que el Real Cónsul ha podido sostener su Autoridad en la Colonia, que él sabe cómo ha tratado y cómo buscaba tratar todo cuanto quería significar intervención y control».[45]

Este punto de vista, junto al intento de sobrepasar ya la figura consular por parte del Fascio de Barcelona, empezaría a socavar las buenas relaciones entre Mazzini y los elementos fascistas. En esta dirección, el 22 de abril de 1926 el Cónsul escribía a la Embajada italiana en Madrid criticando la actuación de los dirigentes fascistas e iniciando la polémica que acabaría con la disolución y refundación del Fascio Italiano de Barcelona: «Creo oportuno reservadamente añadir que (...), a pesar de mis consejos, este Fascio no realiza sus iniciativas dentro de sus posibilidades y, por lo tanto, puede dar lugar a confusiones e interferencias, que tenemos común interés en evitar».[46] Unas interferencias que, al parecer, procedían de la demanda del Fascio al Consulado de un censo completo de los italianos residentes en Barcelona, Cataluña y en el conjunto del territorio bajo su jurisdicción consular para poder enviarles propaganda fascista.[47] Una demanda supuestamente realizada en términos imperativos si leemos la respuesta que Mazzini daba al dirigente del Fascio Italiano de Barcelona, Amleto Luise: «creo mi deber repetir por ello que (...) la actividad del Fascio debe mantenerse dentro de los limites de sus posibilidades, porque si sobrepasa éstas, provoca agravios a esta Representación y a otras instituciones y puede ser fuente de confusiones y desórdenes que el Fascio debe evitar».[48] Para a continuación volver sobre las circulares emanadas del Ministerio de Asuntos Exteriores en el sentido de no «admitir interferencia alguna» en las funciones consulares y diplomáticas.

La propaganda objeto indirecto de la polémica entre el Fascio y el Consulado consistía en dos hojas en las que la dirección de la sección barcelonesa del pnf afirmaba, en primer lugar, el papel revitalizador que el fascismo estaba teniendo en Italia: «Los advenimientos de los últimos meses han demostrado con la elocuencia de los hechos que, a pesar de las obstinadas prevenciones, y de las interesadas calumnias, el fascismo ha dado a Italia el régimen idóneo a su carácter y la guía con segura fe hacia los destinos más lejanos». Una supuesta realidad que impelía a todos los italianos a enrolarse en la filas del movimiento liderado por Mussolini: «Cualquiera que entienda toda la grandiosidad de la obra realizada por el fascismo y (...) de los horizontes que éste abre para el avenir de Italia, no puede permanecer indiferente y siente imperioso deber de secundar este profundo y prometedor [movimiento] renovador de la Patria con cordial simpatía (...)». Una acción unitaria de todos los italianos que el Fascio de Barcelona pretendía realizar «reconociendo en el movimiento fascista la expresión más pura de la italianidad renovada, del sacrificio y de la Victoria (...)». Tarea para la cual «exige una absoluta fe en la misión del fascismo como potenciador de la nación y, por lo tanto, la disciplinada subordinación a la jerarquía, pide a cada uno de los socios inscritos los sacrificios morales y materiales proporcionados a sus fuerzas y ofrece la íntima satisfacción de un deber moral libremente cumplido». Un sacrificio y una actuación que se pretendía realizar desde el presente de aquel instante, sin buscar en rencillas pasadas y contando con las entidades y colectivos de la colonia italiana de Barcelona para conseguir un objetivo que debería ser común.

El folleto ponía especial énfasis en la necesidad de crear un centro de información (o dicho de manera más clara, de propaganda) para informar a la prensa española y al conjunto de la sociedad de los logros del fascismo y de «defensa de la italianidad en todas sus manifestaciones». Por último, y en un tono más o menos autoritario, el Fascio se dirigía a todos los «italianos de Barcelona, cuyo espíritu altamente patriótico ha tenido repetidas ocasiones de manifestarse, acogerán ciertamente con simpatía este nuevo órgano adecuado a las nuevas exigencias; también aquellos que por motivos personales no podrán adherirse deberán reconocer la honesta pasión patriótica que inspira la constitución de este núcleo de milicia voluntaria de la Patria que sabrá hacerse digno de la alta misión que ha asumido».[49]

Entre estas consignas, si hay una que nos interesa en tanto que directa referencia a los posibles conflictos entre Consulado y Fascio, era la apelación a la defensa de la jerarquía. Una línea de poder que, como ya he señalado repetidamente, situaba al Cónsul por encima de un núcleo fascista de Barcelona que empezaba a cuestionar dicha autoridad. Ante esta situación, y respondiendo a las críticas expresadas por Marchiandi, el Cónsul le escribía en enero de 1926 en un tono ya decididamente marcado por la tensión afirmando no haberse aprovechado nunca del fascismo: «Usted piensa que yo me he servido del fascismo para establecer la autoridad consular (...). [Su carta muestra] que olvida que quien más ha hecho por el fascismo en Barcelona soy yo con escasos medios, aconsejando directamente la acción del Fascio, poniendo en sus manos la administración de las instituciones de la Colonia (...)». Unas entidades que Mazzini había puesto bajo el control de unos fascistas que, a diferencia de sus antecesores tenían: «escasa competencia y medios. Por lo tanto, mi acción fue toda realizada a favor del Fascio con la consecuencia para mí del aumento del trabajo, de las responsabilidades y de los rencores». Una actuación de la cual no renegaba, pero de la que esperaba un cierto reconocimiento por parte, por lo menos, de los fascistas. Y es que según Mazzini ya era de por sí suficientemente difícil la tarea de pacificar una colonia y un Consulado abandonados durante años por los anteriores gobiernos italianos, generando una manera de ser y unas actitudes «de independencia (self-governement [sic] dicen y escriben estos colonos)». Una situación en la que la llegada del fascismo al poder en Italia en 1922 había obligado a escoger entre: «concordia sin Fascio o Fascio con discordia. Se escogió esta segunda vía contra mi parecer (...)».[50] Una elección que había desencadenado una «guerra interna» dentro de la colonia italiana de Barcelona y de sus instituciones entre 1924 y 1926 para dilucidar si se mantenían fuera del control fascista o caían bajo el poder del Littorio.

La polémica coincidía, además, con una supuesta debilidad y falta de vitalidad del Fascio de Barcelona, que no conseguía un apoyo de los italianos allí residentes. Según explicaba el Cónsul a Carlo Barduzzi después de su visita a Barcelona, había indagado sobre los socios de la entidad y había descubierto la presencia de muchos «indiferentes» y hasta «hostiles». Al margen de esto, según señalaba Mazzini, el principal problema residía en la falta de medios económicos que acusaba al Fascio y en las constantes apelaciones que tenía que realizar a sus socios para sustentar sus actividades. Un hecho que no se entendía en un momento en que muchas grandes empresas italianas estaban desembarcando, o ya lo habían hecho años antes, en Cataluña. Unas empresas que, según el Cónsul, «deben ser obligadas a contribuir a la Sociedad, a las iniciativas patrióticas, a las ceremonias fascistas, etc.».[51] Evidentemente, ésta no era una tarea que pudiera hacer un Cónsul que se sentía atacado injustamente.

Ante todos estos problemas, la posición de la Embajada italiana en Madrid debería ser determinante para dar la razón a una u otra parte. En este sentido, el 12 de mayo, el Embajador daba toda la razón al Cónsul en sus quejas acerca de la actuación del Fascio de Barcelona.[52] No obstante, el apoyo recibido por Mazzini de parte de la Embajada no parecía suficientemente fuerte a los dirigentes del Fascio barcelonés, que enviaban una agresiva carta al Cónsul en la que le acusaban de no ser fascista y de actuar en contra del gobierno del Duce. La carta, firmada por el directorio del Fascio, acusaba al Cónsul de ser el principal causante de los conflictos internos de la colonia italiana y de no explicitar suficientemente su adhesión al fascismo mussoliniano: «no creemos que las manifestaciones platónicas con los telegramas ocasionales al Duce y al Regio Embajador constituyan una confirmación suficiente (...)». Además, se acusaba al Cónsul de realizar una tarea de boicot en el proceso de fundación del Fascio: «tenazmente opuesto, y ha suscitado artificiosamente prevenciones y aversiones contra la constitución del Fascio y sólo aparentemente se ha rendido a la ineluctabilidad de su creación, aunque Usted mismo haya tenido que reconocer que el Fascio ha mejorado en gran medida el funcionamiento de las instituciones de la Colonia, como el servicio de beneficencia, las escuelas y la Cámara de Comercio». El ataque continuaba afirmando que el Cónsul había

«pretendido combatir sistemáticamente cada iniciativa modesta y justificada del Fascio, presentándola como una ilícita injerencia y un atentado a las prerrogativas consulares, también cuando se refería a la libre actividad de la Colonia, mientras en realidad (...) condenaba el Fascio a una degradante inacción para minusvalorarlo y justificar así las prevenciones adoptadas (...) cerca de la utilidad o la conveniencia de su constitución». La carta seguía enumerando diferentes incidentes en los que supuestamente el Cónsul habría manipulado las demandas o peticiones del Fascio, acabando por definir la posición de Mazzini como de «despótico dominio».[53]

Ante la dureza de la carta, el Cónsul acudía directamente al Ministerio de Asuntos Exteriores para pedir una solución inmediata para las desavenencias con el Fascio.[54] Pocos días después, y con posterioridad a recibir carta de Marchiandi en la que mostraba su apoyo al Fascio, Mazzini volvía a escribir a Roma esta vez ya pidiendo el cambio de dirección de la sección barcelonesa fascista:

Para salir de este estado de cosas pienso que sería aconsejable el nombramiento de una comisión extraordinaria para este Fascio en sustitución del actual Directorio, el cual, cediendo a las inspiraciones de un miembro suyo, ha faltado a sus deberes, restableciendo así una situación que asegure el respeto a la autoridad [consular], la concordia de los ánimos, la buena dirección de las instituciones que facilitará consenso y adhesiones al fascio.[55]

Un día después, Manzini daba respuesta a la carta del Fascio, calificándola de ofensiva y delictiva y buena muestra de la «voluntad de discordia, indisciplina, prepotencia» de los dirigentes fascistas barceloneses ante la «jerarquía» superior que suponía el Cónsul.[56]

Por su parte, el delegado de los Fasci en el exterior, Marchiandi, se situaría del lado de la agrupación fascista barcelonesa entrando de lleno en la polémica. Ante este hecho, el Cónsul informaba a Madrid y Roma del papel parcial de Marchiandi que le decía: «de algún tiempo para aquí se ha hecho extremadamente susceptible en cuanto se refiere al respeto debido al representante (...)». Añadiendo que se solidarizaba con «el Directorio del Fascio de Barcelona no encontrando que la carta del 17 de junio sea hipócrita y conminatoria; no encontrando en ella los extremos del delito».[57]

Ante la gravedad, la falta de soluciones y que otras tantas entidades italianas de Barcelona fueran escenario de discusiones y enfrentamientos, el Embajador en Madrid decidía reunirse en la capital de España con Mazzini y Marchiandi.[58] Producto de esta reunión, el 20 de octubre de 1926 el Cónsul italiano en Barcelona podía informar al Ministro de Asuntos Exteriores del acuerdo de renovar la dirección del Fascio de la capital catalana. Según dicho informe, el delegado Marchiandi no estaba en conocimiento de todos los hechos acaecidos en Barcelona, que, una vez explicados, desembocaron en el acuerdo de renovar la dirección y el conjunto del Fascio de Barcelona. En este documento, el Cónsul se comprometía a procurar «sostener y reconstruir» todo aquello que la acción del Fascio había sembrado de discordia interna dentro de la Colonia.[59]

Pocos días después, los efectos de la reunión en Madrid y de la decisión tomada se hacían públicos por parte del delegado del fascismo italiano en España, Ernesto Marchiandi, quien con fecha 1 de noviembre de 1926 remitía una carta a la comunidad italiana. El documento decía: «Camaradas, El Fascio de Barcelona ha cesado en todas sus actividades por disposición que me he visto en la necesidad de tomar y que la Secretaría General ha aprobado». Una refundación propiamente dicha, ya que se obligaba a los militantes a entregar sus carnés y a presentar una nueva demanda de adhesión que se volvería a examinar de nuevo por la nueva dirección formada por Mario Aquarone, Antonio Clementi y Mazinio Paretti. Además, la carta de Marchiandi dejaba del todo claro cuál era la pirámide de poder de la Colonia y con ella el lugar a ocupar por el Fascio: «significa que cada uno que entre en sus filas, acepta con la más rígida disciplina, con ánimo abierto, cómo se aviene al fascista en el exterior, el respeto absoluto de las jerarquías, de los representantes de la Autoridad del Gobierno Fascista y del país que los hospeda».[60]

Poco después, era la nueva dirección del Fascio quien firmaba un manifiesto enviado a los integrantes de la Colonia. El manifiesto decía: «Llamados por la confianza de nuestras superiores autoridades jerárquicas, hemos asumido el encargo honorífico (...) de reconstituir el Fascio de Barcelona». Una tarea que se planteaba haciendo un llamamiento al origen del fascismo:

Todos los que en la guerra fueron la expresión genuina de la Patria en armas y que por ella dieron la sangre, sustancia y lágrimas, encontrarán en nosotros toda aquella generosa simpatía y aquel apoyo que son el origen de la vieja camaradería. Hombres de fe verdaderamente fascista, con espíritu de sacrificio y de disciplina, pero sobre todo honestos en los actos (...), serán admitidos entre nosotros.

Pero que también recuperaba una actitud más tolerante con el resto de la Colonia italiana de Barcelona al subrayar que no era imprescindible tener el carné para realizar tarea patriótica italiana: «Pero también fuera de nuestras filas se puede servir dignamente a la Patria». Además, también se hacía explícita referencia al necesario final de las rencillas internas en pro de los «nuevos destinos del País».[61]

Con este cambio en el Fascio, el conjunto de las instituciones italianas en Barcelona retomaron una cierta calma. En la Casa de los Italianos se aprobaba el nombramiento de una dirección extraordinaria, mientras que en la Cámara de Comercio se daba la confianza al presidente expulsado Carlo Carandini.[62] Por otro lado, también las relaciones entre la legación consular y el Fascio mejoraron con el nombramiento de la nueva dirección.[63]

Aunque aparentemente el conflicto entre Consulado y Fascio había quedado zanjado durante los últimos meses de 1926, en 1927 todavía se arrastraban sus consecuencias y algunas cuestiones no resueltas. En primer lugar, a principios de aquel año, el Cónsul en Barcelona escribía al Ministerio para confirmar las buenas relaciones con el triunvirato fascista, pero también para informar que las discusiones se habían trasladado ahora al interior del Fascio. Según explicaba en su informe después de valorar como tranquila y normal la vida de la Colonia italiana, el delegado para España de los Fasci había dotado a Aquarone de un poder superior al de los dos restantes miembros de la dirección: «el cual ha procedido con una cierta independencia de sus colegas y de una manera muy calmada (...), mientras Clementi tenía intenciones enérgicas e intransigentes y el Cav. Peretti es un hombre que sobre todo no quiere ni problemas ni sacrificios».[64]

A partir de este momento y hasta junio de aquel año, cuando se produciría un relevo en la dirección del Fascio de Barcelona, no tendremos más noticias. Por aquel entonces, el día 21 de junio Marchiandi comunicaba al nuevo Cónsul italiano en Barcelona, Guido Romanelli, la configuración del nuevo directorio del Fascio que había pactado con él días antes: «he reunido ayer por la tarde a los camaradas fascistas en una sala del Hotel Majestic presentándoles el nuevo directorio».[65] Un directorio que mantenía a Mario Aquarone en el cargo preeminente de presidente, al Doctor Nino Buzzanca como vicepresidente y a Emilio Carandini en el cargo de secretario. Incluso con la aparente normalidad del hecho, este cambio de dirección no era un simple relevo de personas en los cargos de dirección, sino que se fijaba como una nueva reconstitución del Fascio. En este sentido, el Cónsul Romanelli daba respuesta positiva a los nombres propuestos, y se escribía a la Casa de los Italianos comunicando oficialmente la reconstitución del Fascio, que, desde ese momento, sería «el más activo colaborador de todas las Instituciones de la Colonia», además de escribir al Ministro de Asuntos Exteriores para darle la noticia. Según explicaba Romanelli al Ministerio, desde su nombramiento como Cónsul en Barcelona había emprendido conversaciones con Marchiandi para remediar la mala situación del Fascio local, conversaciones que meses después conducirían a aquella reconstitución.[66]

Por otro lado, durante aquellos meses también se produjeron otros hechos alrededor del Fascio y la Colonia italiana. En primer lugar, se reconstituiría la Società Reducci i Smobilitati, para la cual el Consulado propondría una nueva dirección encabezada por A. De Sanctus y E. De zuanzi. Meses después desde la Secretaría general de los Fasci en el extranjero se mostraba interés por el proceso de fascistización que se estaba desarrollando en la colonia italiana de Barcelona y, en tercer lugar, en septiembre se nombraba a Emilio Carandini delegado de la Federación fascista autónoma de los trabajadores del transporte marítimo y aéreo para el puerto de Barcelona.

Toda esta cordialidad se volvería a torcer a finales de ese año cuando el Cónsul Romanelli criticó la actitud de Marchiandi, que según éste volvía a dividir la Colonia, en una visita efectuada a Barcelona del dirigente fascista y por aquel entonces subsecretario del Ministerio de las Corporaciones, Giuseppe Bottai.[67]

DEL CONTROL EXHAUSTIVO DE LAS ADHESIONES AL FASCIO AL FIN DEL MISMO (1928-1936)

Durante los nueve años transcurridos entre 1928 y 1936, entre su refundación y su extinción, la documentación del Fascio de Barcelona a la cual podemos acceder nos da una mínima crónica de la vida de la entidad. Ciertamente, si de algo nos hablan dichos documentos era del celo con el que el Fascio y el Consulado valoraban las demandas de inscripciones en la entidad. Para esta labor de control de quién entraba a formar parte del Fascio y quién no, teniendo en cuenta que sólo podían ser ciudadanos italianos, se procedía con extrema diligencia. Así, una vez la solicitud de la persona interesada en ingresar en el Fascio de Barcelona llegaba a la secretaría del mismo, se daba inicio a una serie de indagaciones y peticiones de información en diversas instancias y administraciones. Por ejemplo, el 30 de mayo de 1928 la secretaría del Fascio pedía al Consulado que le informara sobre «la moralidad privada y política de los siguientes nombres que han presentado petición de ser inscritos en el Fascio (...)».[68] Esta petición, en ocasiones ya facilitada con datos personales del solicitante, derivaba en otra petición del Consulado a las autoridades italianas de la ciudad de procedencia del interesado. Con esta intención, por ejemplo, el 15 de febrero de 1929 el Consulado escribía a la prefectura de Milán pidiendo datos para la posible inscripción en el Fascio de Barcelona: «Se ruega cortésmente que se facilite información sea moral o política sobre el señor Scotto Pasquale di Agostino e di Pozzoli Clotile, nacido el 23 de marzo de 1883, mecánico, residente aquí desde 1914».[69] La respuesta de la prefectura, clave para el proseguimiento de los trámites, afirmaba que «Scotto Pasquale di Agostino, durante la permanencia en esta ciudad, tuvo una conducta moral y política correcta».[70] Esta información era trasladada por el Consulado al Fascio de Barcelona el 5 de abril de 1929.

Por aquel entonces sólo quedaban dos trámites para aceptar o denegar la petición de entrada en el Fascio, en primer lugar, como ocurriría el 8 de abril de 1929 con otros nombres, el ente fascista escribía al Consulado: «La Secretaría de los Fasci en el exterior me comunica las informaciones precedentes de la R. Questura sobre los nombrados más abajo [en el documento] y me concede el visto bueno para la admisión de los mismos en el Fascio de Barcelona, siempre que nada desfavorable resulte sobre su relación con este Real Consulado».[71] Una circunstancia que en ocasiones permitía a las autoridades italianas conocer el paradero de supuestos criminales. Así, por ejemplo, el 2 de julio de 1929 el Fascio escribía al Consulado para conocer la conducta de Enrico Russo en España, una vez desde Italia se calificaba de «peligroso (...) por delitos contra la persona y la propiedad y venta de billetes falsos; expatriado clandestinamente en fecha imprecisa».[72] Ante estos supuestos delitos, el Consulado indagaba las actividades de Russo en Barcelona pidiendo información al Gobierno Civil de Barcelona, de la cual se extraía que: «Ha obtenido un carné de intérprete, profesión que ejercería a la llegada de barcos transatlánticos italianos. (...) Pero parece que esta profesión declarada no es más que un velo para esconder su verdadera vida». Y es que según el Consulado, Russo obligaba a su mujer a ejercer la prostitución como medio de subsistencia.[73] Por lo tanto, una vez que desde Italia se autorizara la admisión en el Fascio, fuera por parte de las autoridades civiles a petición del Consulado o del Fascio barcelonés directamente, era la legación diplomática la que tenía la última palabra. La respuesta favorable o negativa del Consulado iría vinculada en muchas ocasiones a otro trámite ante unas nuevas autoridades, en este caso las españolas. Una demanda realizada con la intención de conocer si el demandante había cometido alguna actividad delictiva o «subversiva» durante su estancia en España.

Otra tarea de control de los ciudadanos italianos residentes en Barcelona encargada al Consulado y al Fascio era la de mantener bajo vigilancia a los supuestos subversivos. Por ejemplo, el 8 de marzo de 1930, la Prefectura de Livorno pedía información de un ciudadano que «en diciembre de 1918 emigró a Barcelona (...), el cual profesaba abiertamente ideas comunistas» para aceptar o denegar su entrada de nuevo en Italia.[74] Por otro lado, la voluntad de conocer las actitudes pasadas de los italianos que querían incorporarse a las estructuras exteriores del fascismo también vinculaba Fascios y Consulados de diversas ciudades. Por ejemplo, el 8 de abril de 1932, la Secretaría general de los Fasci pedía información sobre el ciudadano residente en Barcelona, Maggi Natale, para reenviarla al Fascio de Marsella, donde había pedido su inscripción.[75]

Al margen de la vigilancia de italianos residentes en Barcelona y del exhaustivo control de los que pedían su incorporación al Fascio de Barcelona, la entidad fascista mantuvo una actuación de la cual nos han quedado pocos documentos. Así, podemos señalar que el 12 de marzo de 1930, la secretaría general de los Fasci en el exterior ordenaba al Fascio de Barcelona convocar una asamblea general para el día 23 de aquel mes. Según esta orden, la reunión tenía que seguir un guión predefinido ya desde Roma. En primer lugar, el secretario tendría que exponer la memoria de la actuación del período anterior y plantear cuál era el programa de trabajo para el siguiente curso. Seguidamente, se debería abrir un turno de discusión sobre la tarea realizada para pasar, a continuación, a recordar con «palabras apropiadas» la fundación de los Fascio di Combattimento.[76] Para el año 1931, la documentación existente nos permite conocer unos datos muy significativos: conocer quiénes eran los principales benefactores del Fascio de Barcelona con sus donaciones. Así podremos descubrir, como era de suponer, que básicamente se trataba del conjunto de las entidades italianas de Barcelona y de las empresas allí presentes. Estas donaciones supuestamente resultarían voluntarias, pero con toda seguridad respondían a las presiones de las autoridades consulares fascistas y del gobierno de Mussolini en Roma.

Dos años después, concretamente el 2 de abril de 1932, se celebraba una nueva asamblea del Fascio de Barcelona. De aquella reunión, de la cual no contamos con la documentación, sólo podemos extraer el conocimiento de la existencia de un Fascio Femenino en Barcelona.[77] Tres años después, ya en la navidad de 1935, podemos ver que empresas y particulares colaboraban con el Fascio en hacer donaciones para la festividad italiana de la Befana Fascista, en forma de dinero, juguetes, ropa o alimentos (ver anexo). Esta popular celebración navideña, celebrada el día de la Epifanía, sería rápidamente apropiada por el fascismo.[78]

Después de esta documentación, y hasta el inicio de la Guerra Civil, sólo encontramos diferentes solicitudes de adhesión y los trámites correspondientes.

Donaciones económicas recibidas por el Fascio Italiano de Barcelona (del 1 de marzo al 28 de octubre de 1931)[79]


LA POLÉMICA SOBRE LA COLONIA ITALIANA DE GIRONA Y LA SECCIÓN LOCAL DEL FASCIO (1934-1936)

Si la constitución del Fascio de Barcelona fue complicada por cuestiones políticas y de competencias, el caso de Girona se adentraría en el ámbito de lo personal y de la lucha entre las familias de la colonia italiana local, una comunidad que en 1927 estaba formada por siete u ocho familias y cuarenta cabezas de familia, entre los cuales, diecinueve eran de la del Agente Consular, Giuseppe Magaldi.[80]

Dos años después, y a raíz de la petición de una fotografía de Mussolini por parte de Maria Magaldi, el Cónsul en Barcelona preguntaba al Agente Consular si existía en Girona un núcleo femenino fascista o si había suficiente número de fascistas para formar uno.[81] La respuesta del Agente Magaldi negaba la existencia de tal núcleo al mismo tiempo que explicaba la renuncia a formar uno masculino debido a la migración de la colonia italiana local.[82]

Pero este argumento no convencía al Cónsul Romanelli, quien insistía el 15 de marzo de 1929 en la posibilidad de formar un núcleo fascista, masculino y femenino y bajo la supervisión del Fascio de Barcelona, partiendo del aparente entusiasmo de los italianos residentes en Girona.[83] Esta propuesta del Cónsul se debió llevar a cabo, ya que la siguiente noticia que la documentación nos aporta sobre dicha sección fascista está fechada en febrero de 1934, la demanda del secretario del Fascio de Barcelona de refundar o eliminar la sección de Girona «a causa de discordias de carácter personal que dividen aquella colectividad y en consideración del escaso numero de inscritos [diez hombres y cuatro mujeres]».[84] Ante esta demanda, el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano preguntaba al Consulado en Barcelona cuál era su opinión y cuál era la tra- yectoria del jefe de dicha sección, Carlo Baratto. Pero la respuesta la escribiría directamente el Fascio de Barcelona, que en carta enviada al Consulado explicaba el origen de los problemas del colectivo italiano de Girona: «La Colonia italiana de Girona está dividida desde una fecha muy lejana, esta desarmonía fue inicialmente provocada por discordias aparecidas en las [diversas ramas de las] familias Magaldi, y todavía alimentada de esta aversión familiar».[85]Según especificaría días después el Consulado en Barcelona, las discordias habrían sido producidas por culpa de algunos negocios familiares de los Magaldi y del conjunto de las otras familias de la colonia a aquélla vinculada. Ante esta realidad y las constantes demandas de la colonia de formar una sección fascista, y creyendo apaciguadas las luchas familiares, en 1932 se nombraba a un «neutral» en las luchas entre Magaldis, Carlo Baratto, como fiduciario de la Sección de Girona del Fascio de Barcelona: «la única persona que estuvo durante un tiempo por encima de tales luchas mezquinas (...) que, efectivamente, consiguió, si bien con dificultad, mantener con vida la sección del Fascio».[86]

Poco después, en 1933, la figura de Baratto caería en desgracia debido a cuestiones profesionales cuando abandonó la empresa para la cual trabajaba (Industrias químicas Tartáricas) y constituyó una nueva que le haría competencia, al mismo tiempo que se descubría la falsedad del título de Ingeniero Químico que afirmaba poseer. Este hecho motivaría una serie de ataques personales contra Baratto que llevarían al secretario del Fascio de Barcelona a buscar un sustituto que pudiera conseguir el consenso de la mayoría de la colonia. Ante esta situación, el informe del Consulado afirmaba que el «Agente Consular, jefe de una de las facciones Magaldi en lucha sorda contra la otra, no tiene autoridad y es apenas tolerado» y, por lo tanto, no podía ser él quien recondujera la situación. De este modo se afirmaba que no había en Girona ninguna «persona idónea para cubrir el cargo de fiduciario del Fascio» y que quizá debería ser el secretario del Fascio de Barcelona, Carandini, quien intentara «repacificar los ánimos y preparar en tiempos mejores una eventual reconstitución de la Sección de Girona».[87]

Finalmente, el 9 de mayo de 1934, el Fascio Luigi Avversi comunicaba al Consulado en Barcelona la disolución de la sección de Girona.[88] Justo la misma fecha en que el Fascio de Barcelona pedía información sobre una amplia lista de italianos residentes en Girona que habían presentado solicitud de adhesión al ente fascista.[89]

LA MILITANCIA FASCISTA JUVENIL «BALILLA» Y EL «DOPOLAVORO»

La naturaleza de control social y de encuadramiento del conjunto de la población italiana que desarrolló el fascismo italiano también lo trasladó, como hemos visto, a las colonias italianas en el exterior. Si era importante encuadrar a los adultos, hombres y mujeres, de la colonia, también lo sería hacer lo mismo con los hijos de éstos. Con esta finalidad, en 1926 se había creado la Opera Nazionale «Balilla» per l’assistenza e l’educazione fisica e morale della gioventú.[90] Esta organización sería el resultado de la voluntad de romper con la tradición liberal en un ámbito tan importante como el de la educación. Se trataba de inculcar unos nuevos valores basados en el fascismo, en la disciplina y la educación militar.[91] Era necesario, según Mussolini, y el director de la obra Balilla, Renato Ricci, reeducar desde el punto de vista moral y físico a los niños y niñas italianos. Y lo era porque serían los italianos y los fascistas del futuro. Por lo tanto, a partir de estos postulados se iniciaría la encuadración casi militarizada desde los 6 años hasta los 18 en diferentes organizaciones.

La primera etapa, de los 6 a los 8 años (ambos sexos conjuntamente), se integraría en los Figli della Luppa. Posteriormente, y ya divididos por sexos, entre los 8 y los 14 años, los niños entrarían en los Balilla y las niñas en las Piccole Italiane, de los 14 a los 18 años respectivamente lo harían en los Avantguardisti y en las Giovane Italiane. Superados los 18 años y hasta los 22, se pasaría a formar parte de una organización ya decididamente militarizada como eran los Fasci Giovanili di Comabttimento, en el caso masculino, y las Giovane Fasciste, en el femenino.[92] En último lugar, y solamente dentro de Italia, pero no en el exterior, los jóvenes que accedieran a cursar estudios universitarios militarían en los Gruppi Universitari Fascisti.[93]

En el caso que nos ocupa, esta sección del Fascio de Barcelona, agrupada bajo el nombre de Gruppo Giovanile Italiano y de la cual tenemos constancia documental desde 1928, estaba dividida en cuatro de los citados grupos: el de los niños Balilla, el de las niñas Piccole italiane y el de los adolescentes Avantguardisti y Giovane Italiane. La documentación existente sólo nos permite constatar las cifras de militantes y de participantes en las colonias estivales realizadas en Italia y a las cuales eran enviados. De este modo, en 1928 había 29 Balilla, 30 Piccole Italiane, 18 Avantguardisti y 5 militantes más, por lo tanto, un total de 82.[94] En las colonias estivales de 1929 participaban 39 niñas y niños italianos de Barcelona pertenecientes al Gruppo dirigido, por aquel entonces, por Orfeo Gallo.[95] En las del año siguiente, participaban en los diferentes campamentos en tierras italianas 30 hijos de italianos residentes en Barcelona y Cataluña, que eran trasladados a Italia con el barco Franca Fassio.[96]Mientras que en 1931, en las colonias del 3 de julio al 3 de agosto, desde Barcelona se enviaba a 14 Balilla, 13 Giovane Italiane y 4 Piccole Italiane, por lo tanto, 31 en total[97] y en 1932, se enviaba a 12 Balilla, 10 Piccole y 8 Avantguardisti, 30 en total.[98]

Por otro lado, en cuanto a las actividades de esta organización, al margen de las estancias en Italia, sólo podemos constatar que realizarían excursiones a entornos naturales como la que se convocó en marzo de 1933 en Barcelona. En aquella ocasión, la reunión de varias decenas de niños y adolescentes con el uniforme fascista italiano en la céntrica Plaça de Catalunya derivaría en un enfrentamiento entre los jóvenes fascistas y diversos transeúntes.[99]

Al margen de esta actuación cerca de los hijos de la comunidad italiana de Barcelona, también se organizó una guardería o Casa dei bambini, que para el curso 1930-1931 contaba con 23 alumnos.[100]

En cuanto a la sección barcelonesa del Dopolavoro fascista, la institución creada en 1925 que debía ocuparse del tiempo libre de los trabajadores italianos, sólo podemos constatar su existencia, por lo menos, desde 1929.[101]La documentación existente sólo nos aporta las demandas de admisión de algunos de sus miembros.[102]

[1] Para esta cuestión, es básica la obra de S. Santagati ya citada. Aunque sin la rigurosidad científica que pudiera pedirse, el compendio de informaciones que reproduce son de un gran interés.

[2] Para otra entidad italiana similar ver, por ejemplo, C. F. de Silberstein, «Mutualismo y educación en Rosario: las escuelas de la Unione e Benevolenza y de la Sociedad Garibaldi (1874-1911)», Estudios Migratorios Latinoamericanos, 1, 1985, pp. 77-97.

[3] Por su parte, la Societá Operaia de Mutuo Soccorso se dividía en 1893 en dos entidades.

[4] La división por sexos de los alumnos fue la siguiente: 1899 (30 niños y 18 niñas), 1900 (30-21), 1901 (33-23), 1903 (47-28), 1904 (30-30 y 39 en sección mixta), 1906 (26-31-25), 1907 (28-31, y 30 en la escuela de tarde), 1908 (41-31 y 40 tarde), 1909 (45-32 y 45 tarde), 1910 (64 y 61 tarde), 1911 (62 y 58 tarde). Desde 1910 se podían cursar los estudios elementales del primero al quinto curso.

[5] S. Santagati, p.209

[6] Extraigo estos datos de S. Santagati, La Casa degli Italiani. Las cifras concretas de socios y alumnos son las siguientes incorporando a los alumnos de los cursos de tarde y otros: 1912: 169 socios (20 mujeres y 17 mantenedores), 58 alumnos de las escuelas italianas y 76 en las clases de lengua y literatura italianas de la tarde; 1913: 178 s. (19 m. y 41 m.), 71 alumnos y 60 de tarde; 1914: 181 s. (16 m. y 41 m.), 91 alumnos, 50 tarde y 50 Escuelamagistral de trabajo manual; 1915: 171 s. (16 m. y 39 m.), 63 alumnos, 42 tarde; 1916: 155 s. (16 m. y 33 m.), 68 alumnos y 50 tarde; 1917: 155 s. (19 m. y 33 m.), sin datos de alumnos; 1918: 162 s. (19 m. y 26 m.), sin datos; 1919: 175 s. (18 m. y 28 m.), 51 alumnos. Este año se suspendieron las clases de tarde por falta de local; 1920: 203 s. (21 m. y 40 m.), 66 alumnos; 1921: 201 s. (25 m. y 40 m.), 68 alumnos y 52 tarde; 1922: 240 s. (69 m.), 72 alumnos; 1923: 213 s. (78 m.), 53 alumnos; 1924: 281 s. (89 m.), 76 alumnos; 1925: 284 s. (81 m.), 101 alumnos y 152 tarde; 1926: 246 s. (71 m.), 98 alumnos y 135 tarde, 1927: 279 s. (89 m.), 94 alumnos y 190 tarde, 1928: 274 s. (74 m.), 110 alumnos, 25 alumnos escuela de Sants y 150 tarde. Ese año se abrió una escuela italiana en el barrio barcelonés de Sants, 1929: 285 s. (80 m. destacan la pedagoga Maria Montessori y la Hispano-Olivetti), 87 alumnos, 23 alumnos escuela de Sants y 200 tarde; 1930: 275 s. (84 m.), sin datos, 21 alumnos Sants y 182 tarde; 1931: 284 (84 m.), 111 alumnos y 215 tarde; 1932: 285 s. (79 m.), sin datos; 1933: 298 s. (86 m.), sin datos; 1934: 309 s. (75 m.), sin datos, 1935: 304 s. (98 m.), sin datos; 1936: sin datos.

[7] S. Santagati, p. 264.

[8] S. Santagati, p. 273.

[9] Ver S. Santagati, pp. 325-328. De Zuani (Legnagno, 1897) llegaría finalmente en 1925 como director de la Escuela Media italiana. Era un hispanista traductor de obras españolas al italiano. Estaría en Barcelona hasta el año 1929.

[10] Sobre Cesare Alessandro Gullino, me comenta el profesor E. Ucelay-Da Cal que cabe señalar que el historiador Ricardo de la Cierva compraría su biblioteca y la depositaría en el Centro de Estudios de la Guerra Civil de España del Ministerio de Información y Turismo. Posteriormente, sería trasladada a la Biblioteca Nacional en Madrid, donde la consultaría Ucelay-Da Cal en 1968.

[11] Pocos meses después de su elección, De Paolini, que fue director de la empresa ya citada Metalgraf Española S. A. con delegación en Badalona, tuvo que dimitir por motivos personales y dejó el cargo al vicepresidente La Villa.

[12] En aquel período, las Scuole Italiane di Barcellona publicitaban sus actividades con folletos redactados en catalán y castellano en los que se podía leer: «Scuole Italiane de Barcellona para alumnos de ambos sexos y de cualquier nacionalidad. Los programas y métodos de enseñanza de las Escuelas Italianas constituyen lo más moderno que en esta materia pueda desearse y la educación que reciben los alumnos es igual, por no decir superior, a la que recibirían enviándoles a estudiar al extranjero en lejanos pensionados, sin el inconveniente de éstos, del elevado gasto y de la separación de sus familias» (IISH, Fondo CNT-FAI, p. 29, A1-A4).

[13] Francesc Macià i Llussà (Vilanova i la Geltrú, 1859-Barcelona, 1933). Militar y político catalán. De carrera castrense, llegaría al grado de teniente coronel. En 1905, como acto de protesta a los ataques militares a diferentes redacciones de publicaciones catalanistas abandonó el Ejército. A partir de 1907 y hasta 1923, obtendría repetidamente el escaño de las Borges Blanques en las Cortes españolas. Su evolución ideológica sería ciertamente destacada. De un españolismo militar a un creciente sentimiento nacionalista catalán para llegar a ser el líder del independentismo. Cercano a la Lliga Regionalista, posteriormente estaría próximo a la Unió Federal Nacionalista Republicana. En 1919, fundó la Federació Democràtica Nacionalista para tres años más tarde integrarla en la nueva organización del separatismo radical catalán, Estat Català. A partir de la instauración de la Dictadura de Primo de Rivera, en 1923, Macià se erigiría en el líder del nacionalismo catalán y en el máximo símbolo de la lucha contra la Monarquía de Alfonso XIII. En 1926, intentó la liberación de Cataluña desde Prats de Molló. En 1931, una vez de nuevo en Barcelona, sería uno de los fundadores de Esquerra Republicana de Catalunya. El 14 de abril de 1931 lideraría la proclamación de la República Catalana, poco después transformada en la Generalitat de Cataluña. Desde ese momento hasta su muerte el día de Navidad de 1933, sería el presidente del gobierno autónomo catalán. Figura de una extrema popularidad, durante sus dos años de gobierno sería un personaje idolatrado por el conjunto del pueblo catalán, dejando al margen sus diferentes contradicciones ideológicas y políticas.

[14] S. Santagati, pp. 357-358.

[15] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4.

[16] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4.

[17] Para una visión general de la Dante Alighieri en tanto que entidad y relacionada con la emigración italiana ver, P. Salvetti, Immagine nazionale ed emigrazione nella Società Dante Alighieri, Bonacci, Roma, 1995 y B. Pisa, Nazione e politica nella Società Dante Alighieri, Bonacci, Roma, 1995.

[18] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4. Según el informe de la aplicación de las ordenes enviadas por Roma redactado por el Consulado con fecha 10-IV-1935.

[19] El Consulado italiano en Barcelona sigue en la misma dirección que a lo largo de los últimos setenta años. Para más información, ver su página web: <www.consbarcellona. esteri.it/Consolato_Barcellona>.

[20] Durante las primeras décadas del siglo xx existían en Barcelona diferentes Cámaras de Comercio de diferentes nacionalidades, por ejemplo la alemana, la austríaca, la portuguesa (disuelta en 1933), la norteamericana, la belga o la mexicana. En el caso de la italiana, aún existente en la Avinguda Diagonal, 419, 1.º-2.ª de Barcelona, ver su página web: <www. camaraitaliana.com>.

[21] La sede actual del Istituto Italiano di Cultura de Barcelona se localiza junto al grueso de las instituciones transalpinas en el Passatge Méndez Vigo, 5, de Barcelona. Debe señalarse que erróneamente y según su página web oficial (<www.iicbarcellona.esteri.it/IIC_Barcellona>), el iicb se fundó en 1950.

[22] Para la Società Dante Alighieri actual, ver su página web: <www.ladante.it>.

[23] S. Santagati, pp. 360-361.

[24] Es imposible presentar una lista de la bibliografia sobre el fascismo italiano publicada desde 1922. Algunas obras básicas son, por ejemplo, las obras de R. De Felice, Mussolini il Duce, Einaudi, Turín, 1974, 2 vols.; Intervista sul fascismo, Laterza, Bari, 1975; Mussolini il mito, Laterza, Roma, 1983; Bibliografia orientativa del fascismo, Bonacci, Roma, 1991 o de I. Montanelli y M. Cervi, L’Italia Littoria, Rizzoli, Milán, 1979.

[25] Para el pnf, ver M. Missori, Gerarchie e statuti del P.N.F.: gran consiglio, direttorio nazionale, federazioni provinciali: quadri e biografie, Bonacci, Roma, 1986.

[26] R. Santinon, I Fasci italiani all’estero, Edizioni Settimo Sigillo, Roma, 1991, p. 16.

[27] Para algunos casos concretos del proceso de creación de un Fascio, ver –para la ciudad de Buenos Aires y Argentina– M. Victoria Grillo, «La proyección exterior del fascismo italiano (Argentina, 1930-1939)», Ayer, 62, 2006, pp. 231-256, y para México, F. Savarino, «Bajo el signo del Llittorio: la comunidad italiana en Méjico y el fascismo (1924-1941)», Revista Méjicana de Sociología, v. 64, 2, abril-junio del 2002, pp. 113-139.

[28] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, B1-B2, I comandamenti del Duce ai fascisti italiani all’Estero. Folleto enviado por la Delegación Italiana de los Fasci en España.

[29] Para la política del pnf en el exterior ver E. Gentile, «La política estera del P. N. F. Ideologia e organizzazione dei fasci italiani all’estero (1920-1930)», en Storia Contemporanea, xxvi, 6, diciembre 1995.

[30] Aunque ya en 1922 existían grupos nazis en algunas ciudades fuera de Alemania como en Nueva York o en diferentes capitales de Suramérica, no sería hasta 1930 cuando el partido nacionalsocialista alemán, el nsdap, crearía una estructura en Berlín responsable de la acción exterior de las comunidades alemanas. Como decía anteriormente, esta estructura pretendería encuadrar a los alemanes residentes en el extranjero en delegaciones del nsdap en cada país, y lo haría como tal grupo nazi, y no con subterfugios legales o nominales como los Fasci italianos. Por otro lado, del mismo modo que los fascistas italianos, a partir de 1930 se enviaría a militantes nazis alemanes a las diferentes colonias alemanas diseminadas por Europa y el mundo para organizar las secciones locales y nacionales del nsdap. Además, y manteniendo el paralelismo con el objetivo italiano, las grupos nazis (estructurados en múltiples categorías) recibirían órdenes de mantenerse al margen de la política del país de acogida, ignorando hasta a los nazis o fascistas locales. Se trataba de incorporar a todos los alemanes en el exterior en el movimiento nazi y evitar la propagación de falsedades referentes a Alemania y su política. Por otro lado, y también como los Fasci, los grupos del nsdap no permitían la afiliación de personas no alemanas. Para una visión en conjunto de la actuación exterior alemana en este sentido, ver Donald M. McKale, The Swastika outside Germany, Kent, Ohio, 1977. Para casos específicos de encuadración nazi de una comunidad alemana en el exterior, ver, por ejemplo, el completo estudio de Richard Schwarz, Os alemães em Portugal, 1933-1945, Antília Editora, Porto, 2006.

[31] En 1923 se contabilizaban 4.315 fascistas en el extranjero. Cuatro años después, en 1927, había 487 Fasci.

[32] Entre los diversos Fasci existentes en el mundo, algunos llegarían a tener publicaciones propias como las siguientes: L’Italie nouvelle (París), Il Galiardeto (Berlín), Squilla italica (Lugano, Suiza), Voce d’Italia (Sofía, Bulgaria), XXX Ottobre (Londres), La nuova Italia (Bucarest), Giovinezza (Estados Unidos), Il Grido della stirpe (Nueva York), Alalà (Perú), La Patria degli Italiani (Río de Janeiro), Il Littore (Buenos Aires), La Patria (Caracas), La vedetta cirenaica (Bengasi), Libia fascista (Tripoli) y Il Piave (Beirut).

[33] En 1928 se contabilizaban 583 Fasci en todo el mundo repartidos de la siguiente manera: 289, Europa; 210, América; 49, África; 28, Asia y 7 Australia y Nueva zelanda.

[34] Para la trayectoria general de los Fasci en el exterior, ver, por ejemplo las obras contemporáneas de G. Bastianini, Gli italiani all’estero, Mondadori, Milán, 1939 y C. Di Marzo, Fascisti all’estero, Civiltà Fascista, Ed. Torinese, 1928. Para un análisis historiográfico posterior ver B. Bezza, Gli italiani fuori d’Italia, Franco Angeli, Milán, 1983; vvaa, L’Italia e la politica di potenza in Europa, 1938-1940, v. I, Marzorati, Milán, 1988; E. Santarelli, I fasci italinani all’estero (Note ed appunti), «Studiurbinati di storia filosofia letteratura», xlv,1-2-Roma, 1971 o E. Franzina y M. Sanfilippo (a cargo de), Il fascismmo e gli emigrati. La parabola dei Fasci italiani all´estero (1920-1943), Laterza, Roma-Bari, 2003. Para una visión hispánica del fascismo, ver E. Ucelay-Da Cal, «Introducción histórica a una categoría imprecisa: unas reflexiones sobre el “fascismo antes del fascismo” en perspectiva hispana», en J. A. Mellón (coord.), Orden, jerarquía y comunidad. Fascismos, dictaduras y postfascismos en la Europa contemporánea, Tecnos, Madrid, 2002, pp. 17-76 y, también de Ucelay-Da Cal, «Los orígenes del fascismo en España [:el militarismo]», en B. de Riquer y

[35] F. Espinet (eds.), Josep Fontana. Història i projecte social. Reconeixement a una trajectòria, Crítica, Barcelona, 2004, 2 vols., vol. 2, pp. 1830-1410.

[36] Para la cuestión de la creación del Fascio de Barcelona, es útil el artículo de C. Venza, «El Consulado italiano de Barcelona y la comunidad italiana en los inicios del fascismo (1923-1925)», Investigaciones históricas, época moderna y contemporánea, Universidad de Valladolid, 17, 1997, pp. 273-276.

El delegado fascista para España y Portugal, Ernesto Marchiandi, residía en la localidad de Aranjuez. Para la carta de Pavesio ver IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C8. Posteriormente, Marchiandi sería Comisario Nacional de Trabajo durante la República de Saló entre 1943 y 1945. También en 1943, sería enviado como inspector de los Fascios de Francia, Bélgica y Luxemburgo.

[37] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C8, carta fechada el 22-IV-1936.

[38] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4, carta fechada el 10-V-1925. El Cónsul Mazzini informaba al Ministerio de Asuntos Exteriores de la fundación del Fascio con fecha 12-V1925, afirmando que los integrantes eran personas «patrióticas y serias» con las cuales no tenía ningún problema. Diez días después de la carta de Marchiandi, era el mismo Fascio el que comunicaba al Consulado su constitución.

[39] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, B1-B2.

[40] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4. Carta-circular fechada el 13-VI-1925. Las circulares a las que hacía referencia eran del 7-V-1923 y del 4-IV-1925. Según señala M. Victoria Grillo, durante la década de los años veinte, los periódicos italianos antifascistas del exilio hicieron constantes avisos del intento del régimen de Mussolini de enviar emisarios con la finalidad de «transformar las embajadas y consulados en agencias del partido fascista» (L’Italia del Popolo, editado en Buenos Aires, 12-I-1926, en La proyección exterior del fascismo italiano (1930-1939)).

[41] Los firmantes del acta de fundación eran los siguientes: Amleto Luise, Enrico Dalla Rosa, Camillo de Filippo, C. A. Gullino, Carlo Carandini, Nino Buzzanca, Gaetano Foico, Camillo Tovani, Giuseppe Rapelli, Giovanni zanon, Renzo Collo, Mario Maragliano, Pietro Ballarini, Alfredo Santarini, Carlo Pironti, G. Renzo Bonavia, Pietro Lupi y Ferruccio Verdelli (IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4).

[42] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4, carta fechada el 7-VII-1925.

[43] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4, carta fechada el 30-IX-1925.

[44] Para este proceso, ver las cartas de Mazzini a Marchiandi del 1, 7 y 15-X-1925 (IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4).

[45] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, C7-D4, carta fechada el 14-IV-1926. La documentación existente no nos permite el acceso a las cartas anteriores enviadas por el Cónsul al delegado para España de los Fasci Italiani all’estero a las que hacía referencia Marchiandi del 21 de enero, 24 de marzo y 12 de abril de 1926.

[46] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35 C4 (cont.) C7, carta enviada al encargado de asuntos de la Embajada en Madrid, Guido Viola di Campalto y fechada el 22-IV-1926. Durante el mes de abril de 1926, la Associazione Nazionale di Combattenti enviaba a Barcelona a Carlo Barduzzi como fiduciario «para la organización de una sección de ésta» en Barcelona. Además, por orden de la Secretaría de los Fasci all’estero, debería realizar una conferencia de propaganda fascista (IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, A1-B1, carta enviada por el Ministerio de Asuntos Exteriores al Consulado en Barcelona y fechada el 22-IV-1926).

[47] En este sentido, el 5-IV-1926 el Cónsul enviaba un ejemplar de la citada propaganda fascista que «La Asociación “Fascio Italiano di Barcellona” se propone enviar en estos días a todos los miembros de la Colonia Italiana de esta Capital», al Gobernador Civil de Barcelona afirmando no contener «nada en contra de la Patria y las Instituciones [españolas].» (IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, B1-B2).

[48] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35 C4 (cont.) C7, carta fechada el 22-IV-1926.

[49] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, B1-B2, Fascio Italiano di Barcellona, n.º 1, firmado por el Directorio y fechado en abril de 1926.

[50] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4, carta fechada el 22-IV-1926.

[51] La carta citaba entre otras empresas: Pirelli, Metalgraf, Martini & Rossi, Cinzano, Banco di Roma, Ravera & Ricci Assicurazioni de Trieste e Venezia, Marelli, Fiat, Alfa Romeo, etc. (IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C4 cont. C7, carta fechada el 23-IV-1926).

[52] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, C1-C6.

[53] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, C7-D4, carta fechada el 29-VI-1926.

[54] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4, carta fechada el 20-X-1926.

[55] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, A1-B1, carta fechada el 1-XI-1926. Según un documento interno del Consulado, la publicación Il Legionario daría la noticia de la refundación del Fascio de Barcelona.

[56] IISH, Fondo cnt-fai, p. 35, C1-C4, carta fechada el 3-vii -1926. En los días sucesivos, el Cónsul enviaría copias de todas estas cartas al Ministerio de Asuntos Exteriores en Roma.

[57] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, C7-D4, carta fechada el 29-VI-1926.

[58] Durante los meses anteriores, se había producido la expulsión del pnf y de la presidencia de la Cámara de Comercio Italiana de Carlo Carandini, hecho que provocó una nueva polémica entre el Consulado y el Fascio (IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, C7-D4). Carandini escribiría directamente a Marchiandi defendiendo su fe fascista.

[59] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4, carta fechada el 20-X-1926.

[60] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, A1-B1, carta fechada el 1-XI-1926. Según un documento interno del Consulado, la publicación Il Legionario daría la noticia de la refundación del Fascio de Barcelona.

[61] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4, manifiesto fechado en noviembre de 1926. La refundación del Fascio, como se recordaba en una nota adjunta al manifiesto, implicaba la necesaria formalización de una nueva adhesión al ente. Es decir, la solicitud de admisión y la expedición de un nuevo carné. Este tramite se debería realizar el día 19 de noviembre a las 20 h. en la Casa de los Italianos.

[62] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4, informe del Cónsul de Barcelona enviado al Ministro de Asuntos Exteriores con fecha 2-XI-1926.

[63] Durante noviembre y diciembre de 1926, la concordia entre el Consulado y el Fascio fue total, si hacemos caso de los documentos existentes. Con fecha 7-XII-1926 se confeccionaba una lista de los empleados de Pirelli que realizaron donaciones al «Prestito del Littorio» que llegaron a la cifra de 50.000 Liras italianas.

[64] En aquel mismo informe el Cónsul hacía referencia a la fundación del Fascio delle Isole Baleari, presidido por el Cavallero Cabrer y del cual formaban parte algunos italianos allí residentes como el Sr. zeroni director del Gran Hotel, el empleado de dicho hotel De Sanctis, el ingeniero Cortazi y el Sr. Facchi (IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4).

[65] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C4 (cont.) C7, carta fechada el 21-VI-1927.

[66] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, C7-D4, carta fechada el 6-VII-1927.

[67] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C4 (cont.) C7, informe fechado el 24-XII-1927.

[68] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 29, B4-B6, 30-V-1928.

[69] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 29, B4-B6, 15-II-1929.

[70] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 29, B4-B6, carta fechada el 20-III-1929.

[71] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C4 (cont.) C7, carta fechada el 8-IV-1929.

[72] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4, 2-VII-1929.

[73] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C1-C4, carta fechada el 20-VII-1929.

[74] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, A1-B1, 8-III-1930. La carta incluía un informe físico del citado ciudadano y dos fotografías.

[75] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 29, B4-B6, 8-IV-1932.

[76] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C4 (cont.)-C7, 12-III-1930. En la carta también se especificaba que el Cónsul tenía que estar invitado a la asamblea.

[77] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, C7-D4.

[78] T. H. Koon, Believe, Obey, Fight. Political Socialization of Youth in Fascist Italy, 1922-1943, The University North Carolina Press, Chapell Hill & Londres, 1985, p. 28.

[79] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 29, B4-B6.

[80] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, C1-C6, la lista fue enviada por la Agencia Consular al Consulado en Barcelona el día 13-V-1927. En 1932, la cifra de cabezas de familia se había reducido a 32 (p. 35, C4 Cont. C7). El Agente Consular, Giuseppe Magaldi, pedía su ingreso en el pnf en enero de 1928 (p. 29, B4-B6). Por otra parte, en junio de 1929 realizaba la petición de afiliación al Fascio de Barcelona, que se hacía efectiva al mes siguiente (p. 35, C1C4). Para tener una perspectiva amplia de la importancia de la familia Magaldi en la colonia italiana de Girona a lo largo del siglo xx y principios del xxi, es ilustrativo que hasta marzo del 2008 (lo era desde 1988) otro miembro de la misma saga, Giorgio Magaldi, regentara el cargo de Vicecónsul honorario.

[81] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, A1-B1, carta fechada el 7-III-1929.

[82] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, A1-B1, carta fechada el 14-III-1929. Al margen de los diferentes intentos de crear una sección fascista en Girona, debe señalarse que la Agencia Consular, con el apoyo del Consulado en Barcelona, organizaría diferentes cursos de lengua italiana en 1931 y 1932 (el anuncio de dichas lecciones aparacería en los periódicos Diario de Gerona y L’Autonomista entre el 10 y el 17-X-1932). El curso se desarrolló en el Ateneu de Girona.

[83] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, A1-B1, carta fechada el 15-III-1929.

[84] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C8, carta fechada el 2-II-1934.

[85] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C8, carta fechada el 14-III-1934.

[86] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C8, carta enviada por el Consulado en Barcelona al Ministerio de Asuntos Exteriores y fechada el 6-IV-1934. Carlo Baratto se adhirió al Fascio de Barcelona en junio de 1929 (p. 29, B4-B6).

[87] Ibíd.

[88] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C8. Después de este documento, sólo encontramos una sola referencia de la Agencia Consular de Girona en la ya lejana fecha del 8-X-1936 en plena Guerra Civil, en la que el Consulado en Barcelona acusaba recibo de una donación de la colonia italiana gerundense de 248 pesetas oro ofrecidas a la «Patria». (p. 35, C4 cont. C7)

[89] La lista estaba formada por los siguientes nombres: Giovanni di Giuseppe Magaldi, Giuseppe di Giovanni Magaladi, Salvatore di Antonio Magaldi, Maddalena Magaldi, Maria Magaldi, Maria Albeverio, Nelida Albeverio, Vincenzo Luigi Albeverio, Carlo Baratto, Giacomo Baratto, Francesco di Michele Cerbino, Emilio di Francesco Januzzi (IISH, Fondo cntfai, p. 29, B1-B3). En 1941, la Agencia Consular todavía estaba regentada por un miembro de la misma familia: P. Magaldi («Festival Pro Viudas y Huérfanos del Ejército», El Pirineo, 22-X-1941).

[90] Sobre la politización en el ámbito infantil y juvenil, ver la obra ya citada de T. H. Koon, Believe, Obey, Fight. Political Socialization of Youth in Fascist Italy, 1922-1943, The University of North Carolina Press, Chapell Hill & Londres, 1985; C. Galleoti, Saluto al Duce: i catechismi del Balilla e della piccola italiana, Gremese, Roma, 2001 o G. Vecchiato, Con romana volontà. Cuando eravamo una maschia gioventú, Marsilio Editori, Pádua, 2005. Para una visión comparada de la politización de la juventud en diferentes estados totalitarios, ver el libro producto de las jornadas «Nens i joves en les dictadures europees», celebrado en la Universitat de Lleida del 21 de febrero al 4 de marzo del 2006, Conxita Mir, (ed.), Jóvenes y dictaduras de entreguerras. Propaganda, doctrina y encuadramiento: Italia, Alemania, Japón, Portugal y España, Editorial Milenio, Lleida, 2007.

[91] En el movimiento juvenil catalán, y especialmente el catalanista fuera del marco de los partidos políticos, el referente de la Opera Balilla, aunque tenido en cuenta, sería descartado rápidamente por su vinculación a un partido único. En cambio, tendrían un seguimiento mucho más importante modelos como los Boy Scouts británicos o los Sokols checoslovacos. éste sería el caso de la destacada entidad juvenil nacionalista Palestra, habitualmente acusada de fascista por cultivar el deporte, la cultura física y la preparación militar. Para dicha entidad y los debates que se desarrollaron alrededor de la dirección que debía tomar en la formación de la juventud catalana, ver Ll. Duran, Intel·ligència i caràcter. Palestra i la formació dels joves (1928-1939), Afers, Catarroja-Barcelona, 2007, pp. 45-67.

[92] La importancia de la encuadración de los niños y niñas italianos hasta la edad adulta haría que las cifras de miembros de los diferentos grupos existentes fueran de gran envergadura. Así, si a poco del establecimiento del fascismo, en 1924, sólo había 60.941 miembros, el crecimiento posterior sería muy destacable. En 1927 ya eran 1.236.201; en 1930, en 1.687.478; en 1931, 2.126.166; en 1932, 3.141.325; en 1934, 4.327.231 y en 1936, 5.510.815. En Dante L. Germino, Il partito fascista italiano al potere. Uno studio sul governo totalitario, Il Mulino, Bolonia, 2007, p. 143.

[93] En 1929, y en el contexto de la Exposición Internacional de Barcelona, una delegación de Balilla visitaría la capital catalana.

[94] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, A1-B1, informe fechado el 1-x-1928. El 22-XI -1928 se comunicaba a la sección barcelonesa del Grupo Giovanile Fascista de la publicación de la obra L’opera Nazionale Balilla, traducida al castellano. Pocos días después, se pedían 300 copias.

[95] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 28, A1-B1, informe fechado el 24-vi -1929. Pocos días después, se producían diferentes donaciones para el Grupo Juvenil Italiano entre las que destacaban la de 2.000 pesetas de Ernesto Carpi (11-vii -1929). Otra lista de donaciones sin fechar sumaba una cifra de 4.254,8 pesetas y 21 nombres de donantes.

[96] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, C4 (cont.) C7, 8-VII -1930.

[97] IISH, Fondo cnt-fai, p. 28, A1-B1.

[98] IISH, Fondo cnt-fai, p. 29, B1-B3, informe fechado en junio de 1932.

[99] El portavoz de erc, «La Humanitat» (Una manifestació feixista?), recogía esta noticia el 23-III -1933. Según el artículo, el día anterior, un diputado de la usc en el Parlamento catalán dio a conocer un folleto en el cual se convocaba a las Juventudes Italianas de Barcelona a una excursión a la localidad cercana a Barcelona de Les Planes para realizar una jornada fascista. La convocatoria, por lo visto, se celebraría y produciría la aparición en el centro de la ciudad de una cantidad significativa de jóvenes uniformados fascistas que, según la crónica, proferirían gritos contra la República Española y a favor de Mussolini. Seguía afirmando el texto que la información fue puesta a disposición del Consejero de Gobernación, Joan Selvas, para evitar la realización de más actos similares. Por otro lado, el artículo criticaba el Consulado italiano afirmando que la legación ya conocía dicho acto.

[100] IISH, Fondo CNT-FAI, p. 35, B1-B2.

[101] La importancia del Dopolavoro en la Italia fascista puede verse en las cifras de miembros que tenía al inicio de la II Guerra Mundial. Así, si en 1926 eran 280.548 los afiliados y en 1932, 1.775.570, en 1940 eran 4.612.294 (Dante L. Germino, Il partito fascista italiano al potere. Uno studio sul governo totalitario, Il Mulino, Bolonia, 2007, p. 99).

[102] IISH, Fondo cnt-fai, p. 29, B4-B6.

LA CATALUÑA AUTÓNOMA Y LA DIPLOMACIA ITALIANA

CATALUÑA Y LA OPOSICIÓN A LA DICTADURA EN LOS MOMENTOS PREVIOS A LA PROCLAMACIÓN DE LA II REPÚBLICA (1930-ABRIL DE 1931)

Una vez hemos situado la presencia social, económica y política italiana en Cataluña, entremos ya en la visión que su diplomacia transmitió, desde Barcelona y Madrid, a Roma.

En septiembre de 1923, en un clima de tensión política y social de gran magnitud, el general Primo de Rivera instauraba una Dictadura reaccionaria y monárquica que tendría en su anticatalanismo uno de sus elementos centrales. Provocada por los diferentes desastres coloniales españoles en Marruecos, por el clima de luchas sociales violentas entre el movimiento obrero anarquista y la patronal (especialmente en Cataluña) y por las demandas del catalanismo, la Dictadura vino a apaciguar a través de la represión todos los problemas existentes en España. Un régimen de orden que, en un primer momento, tendría el apoyo del catalanismo conservador de la Lliga Regionalista, pero que rápidamente se vería contrariado por las medidas anticatalanistas aprobadas: prohibición del uso de la bandera catalana, del uso del catalán como idioma de la administración y, finalmente, disolución la Mancomunidad de Cataluña en 1925.[1]

Con estos orígenes, como ya he comentado anteriormente, la Dictadura, había establecido durante su existencia una política exterior de entendimiento con la Italia fascista de Benito Mussolini.[2] Un cierto mimetismo, por lo menos en las formas estéticas y en algunas formulaciones teóricas y políticas, hizo que Italia considerara la España de la Dictadura una aliada en la política internacional.[3] Además, se establecieron tratados de cooperación económica entre las dos dictaduras mediterráneas como el firmado en 1926. Por eso, cuando a principios de 1930 se empezó a fragmentar la estabilidad política y social que había reinado en España producto de la represión de la Dictadura, los diplomáticos transalpinos destacados en Barcelona o Madrid comenzaron a inquietarse.


Escudo de armas de Italia utilizado en el membrete del Consulado italiano en Barcelona.

Así, después de siete años de Dictadura donde había conseguido «solucionar» en una parte y aplazar en otra los principales problemas del país, en enero de 1930 el general Primo de Rivera dimitía de su cargo y se exiliaba a Parístras comprobar que no mantenía la confianza del conjunto del Ejército español. Después de la dimisión del dictador, el 28 de enero, le sucedía en el poder de la presidencia del gobierno el general Dámaso Berenguer.

Ante aquel nuevo escenario, los observadores del Consulado italiano en Barcelona empezarán a escribir sus informes en un tono progresivamente más alarmante. Una alarma producida por la fuerza en aumento de la oposición contraria a la monarquía de Alfonso XIII, una oposición que en Cataluña estaba representada principalmente por tres sectores: el catalanismo en sus diversas ramificaciones, el republicanismo y el sindicalismo anarquista. Tres corrientes no unificadas, pero en ciertos casos complementarias o, por lo menos, aliadas circunstanciales.

Por otro lado, el sector más importante del catalanismo, como era la Lliga Regionalista y especialmente su principal líder, Francesc Cambó, esperaban que aquél fuera el momento de su reaparición política para acceder de nuevo al gobierno español y, desde allí, imponer sus posiciones ahora desde la presidencia del gobierno.[4]

Con este clima, el 8 de febrero de 1930, el Cónsul italiano en Barcelona, el coronel Guido Romanelli (enviado a la capital catalana en enero de 1927)[5] enviaba un informe al encargado d’Affari de la Embajada de Madrid, O. de Peppo, en el que explicaba la efervescencia política existente en Barcelona después de la dimisión del dictador y las posibilidades futuras de la política catalana: «Es un hecho que actualmente, sea por reacción a la Dictadura o sea porque la Dictadura ha acariciado más que acosado el socialismo, Cataluña está orientada principalmente hacia las soluciones extremas: separatismo y socialismo».[6]

Esta visión, ciertamente extrema, de los últimos meses de la monarquía, pero todavía a un año de la proclamación de la II República, respondía a una realidad política y social incuestionable, que no era otra que la reaparición de la vida política con la apertura del gobierno Berenguer. Sin lugar a dudas, el paso de la Dictadura donde todo partido u opinión política disidente era perseguida a la dictablanda provocaba que con la recuperación de la actividad de los partidos políticos el Cónsul italiano se mostrara preocupado. De este modo, en su informe afirmaba: «todos los partidos se apresuran a reconstituirse y hacerse de cualquier manera vivos; y las gradaciones políticas son tales y tantas que no se pronostica nada de bueno en el porvenir de este país (...)».[7] Esta revitalización del mapa de partidos políticos daba sus primeras señales de vida desde septiembre de 1923 y se manifestaba en una oposición cada vez más fuerte ante el régimen de la monarquía borbónica, un mapa de partidos políticos catalanes que, a partir de mediados de 1930 y hasta marzo de 1931, sufriría una actividad frenética de fundaciones, escisiones y fusiones de partidos y plataformas políticas diversas. Hecho que no sucedía desde que un año antes del golpe militar de Primo de Rivera, cuando el sistema de partidos catalanes acababa de ampliarse en los sectores catalanistas con la aparición de Acció Catalana (ac) como escisión de la Lliga, más nacionalista y más de centro, así como por la formación separatista Estat Català (ec), liderada por el activo Francesc Macià, ambas creadas en junio de 1922. Se trataba de partidos que, una vez fueron puestos en la ilegalidad, liderarían desde diferentes posiciones y acciones, la «resistencia» del nacionalismo catalán a la Dictadura. Al margen de estas formaciones, en 1923 Cataluña estaba dominada por las formaciones monárquicas (liberales y conservadores) y por el Partido Radical de Alejandro Lerroux (formación básica de la ciudad de Barcelona), partidos que en el curso político 1930-1931, con la recuperación de la vida política, no conseguirían reactivar su militancia y sus apoyos sociales por lo que desaparecerían prácticamente de la lucha política en Cataluña.


El Coronel Guido Romanelli, Cónsul italiano en Barcelona entre 1927 y 1933.

Ante la desaparición del bloque monárquico, durante la Dictadura, Macià, líder de Estat Català (y diputado a Cortes desde 1907 a 1923 ininterrumpidamente), y figura ya popular desde 1907, se había convertido en el principal icono del separatismo catalán. Protagonizó las tentativas más destacadas y espectaculares contra la monarquía y el régimen de Primo de Rivera. Fue suyo el intento de alzamiento y conquista de Cataluña desde Prats de Molló en 1926. Y también, aunque fuera de manera indirecta, Macià podría asumir las implicaciones del Complot del Garraf de 1925.[8] Actuaciones que, junto con el proceso judicial al que fue sometido en París como consecuencia del desbaratamiento de lo que se conoció como los «hechos de Prats de Molló», lo convirtieron en una figura de una extrema popularidad en Cataluña y ampliamente conocida en el resto de Europa.[9] A pesar de esto, en 1930, Macià, calificado por el Consulado de «rey del catalanismo», seguía en el exilio dejando el liderazgo del nacionalismo catalán a otras organizaciones entre las cuales destacaba, según la opinión italiana, Acció Catalana. Este partido de la clase media ilustrada, que quiso situarse siempre en el centro político, sería visto por los italianos como la formación potencialmente más preparada para el liderazgo del nacionalismoseparatismo, una proyección o predicción que la evolución política catalana desmentiría como tantas otras observaciones de los diplomáticos italianos que, al fin y al cabo, y de la misma manera que el resto de observadores internacionales, no hacían nada más que jugar al totocalcio (quinielas) de futuribles políticos. De este modo, si ya en el período 1930-1931 Acció Catalana tuvo un papel secundario, aún lo tendría más en los años del régimen republicano, a pesar de contar con destacados políticos e intelectuales en sus filas.[10]

Así, haciendo un retrato de la situación existente en el mapa del catalanismo durante los primeros compases de 1930, el Consulado italiano situaba una Lliga, portavoz de la burguesía industrial y agrícola comprometida con la monarquía (como más adelante veremos), y una Acció Catalana cada vez más próximas a posiciones izquierdistas y con voluntad de colaborar con el obrerismo y con el conjunto de la oposición: «la Acció Catalana, el partido del separatismo, va orientándose hacia la izquierda y no rechaza simpatizar con todas las fuerzas políticas que van desde los liberales hostiles a la monarquía y a los comunistas». Y añadía respecto a los «cantos de sirena» que estos sectores del catalanismo enviaban a los sindicalistas anarquistas: «Hasta el director de La Nau [diario de ac] en su editorial de ayer se lanzaba a exhortar a republicanos y catalanistas a ir al encuentro del proletariado y a vencer la instintiva desconfianza hacia la clase media burguesa. Y La Publicitat [portavoz de ac] en su editorial de hoy rompe una lanza a favor de la libertad de los sindicatos». Esta tentativa de pactos entre el nacionalismo catalán y el anarco-sindicalismo de la Confederación Nacional del Trabajo (cnt), dominante mayoritario del obrerismo en Cataluña, era difícil de concebir para los diplomáticos italianos: «leyendo en el primer número del órgano semanal Acción de la cnt, aparecido el sábado 15 de febrero, el saludo fraternal que el periódico envía a toda la prensa socialista y anarquista, no se ve con qué fórmula elástica pueda hacerse nunca un híbrido entre la burguesía catalana y el elemento trabajador, que no tiene ningún interés en la cuestión catalana».[11]

Ciertamente, la posibilidad de una alianza entre los elementos del nacionalismo catalán de centro izquierda y el anarquismo parecía harto complicada aunque posible en un contexto de oposición a la Dictadura. Aun así, si ya lo había intentado Macià para su operación de Prats de Molló en la que la cnt debería declarar la huelga general, no parecía descabellado del todo un nuevo intento en este sentido. Consideraciones estratégicas al margen, la visión de esta colaboración como un acto político contranatura y a la postre como ejemplo perfecto de las contradicciones del catalanismo sería un elemento que perduraría en el análisis italiano. Como veremos en los siguientes capítulos, una vez ya proclamada la II República Española e instaurada la autonomía en Cataluña, el Consulado insistirá en la imposibilidad de conciliar los intereses del nacionalismo catalán con los de las masas anarquistas y obreras, una cuestión muy compleja y en la que no entraré. Sólo debe remarcarse que, de manera contraria al análisis mayoritario de la historiografía, quizá víctima de una simplificación excesiva, los militantes o simpatizantes de la cnt no eran ni mucho menos enemigos del catalanismo en su totalidad.[12] En su inmensa mayoría eran catalanohablantes y en muchos casos, posteriormente (1931-1936), mantendrían una doble militancia con la principal formación catalanista y de izquierdas catalana: Esquerra Republicana de Catalunya. No obstante, aunque destacados líderes de la cnt hubieran abogado por un discurso anarquista no enfrentado con una noción de catalanidad cultural y política, sí que era cierto que el movimiento político catalanista, por lo menos hasta 1923, había sido liderado por la conservadora Lliga Regionalista: representante de la alta burguesía industrial catalana y de los grandes propietarios agrícolas enfrentados al obrerismo.

Junto con esta aparente contradicción, otro punto de análisis especialmente significativo y que perdurará en el tiempo será la difícil y siempre complicada definición y posición del nacionalismo catalán en el encaje de su discurso en la idea de España. Mientras se calificaba a Acció Catalana de liderar el separatismo, también se constataba la voluntad de parte del catalanismo de no aparecer ligado a este calificativo: «El regionalismo hoy se inclina a defenderse de la acusación de separatista y se nota una tendencia hacia la conciliación cuya manifestación más significativa es el acto de “fraternidad catalana-castellana” organizado por un grupo de intelectuales de Madrid y Barcelona de todas las tendencias políticas».[13] Y es que, como iremos viendo, desde el punto de vista italiano, y en esto sí que se mantuvieron de acuerdo el Consulado en Barcelona y la Embajada en Madrid, nunca se entendió la verdadera naturaleza no separatista del catalanismo mayoritario. Por eso, desde 1930, por lo que a nuestro análisis respecta, se mezclaría una suma de constantes apelativos al separatismo catalán adjudicando, casi indistintamente a todos los partidos catalanes, esta consideración, con una no menos habitual referencia a la voluntad de entendimiento con España.

Y es que los diplomáticos italianos no podían entender la existencia de un nacionalismo catalán sin vocación estatalista, sin voluntad de conseguir su propio estado.[14] Una perplejidad italiana ciertamente comprensible, si comparamos la cuestión nacional catalana con cualquier otro caso de naciones sin estado en la Europa de aquellos momentos y de nuestros días. Aunque es cierto que, por ejemplo, el caso paradigmático y referente que fue Irlanda y que derivó en una guerra de independencia contra el Imperio Británico sólo llegó a este extremo después del fracaso reiterado de los proyectos de Home Rule o autonomía planteados por el nacionalismo irlandés.[15] En tercer lugar, Romanelli también señalaba otra contradicción de algunos sectores del nacionalismo catalán como era cierta jerarquía y miembros de base del clero de la Iglesia católica de Cataluña: «Contribuye notablemente a empeorar la situación política la encendida campaña catalanista que dirige el clero local (...), sin darse cuenta, según creo yo, que sin quererlo trabajan contra ellos mismos, contra su actual posición privilegiada».[16] Este sector interesaba en gran medida al Consulado si miramos los informes de finales de 1929, en los que se analizaba la posición del Vaticano ante el catalanismo de ciertos sectores de la Iglesia catalana,[17] una Iglesia vinculada desde el siglo xix a concepciones regionalistas y nacionalistas catalanas con figuras tan destacadas como el obispo Josep Torras i Bages, autor de La Tradició Catalana, donde se reseguía la íntima relación entre el catolicismo y el alma nacional de Cataluña.[18]

Aun aceptando todas estas contradicciones o posiciones no del todo definidas, la principal fuerza de la oposición que preocupaba a la legación consular italiana será, sin ninguna duda, el catalanismo.[19] Y lo hará desde sus diferentes vertientes de oposición, pero también de fuerza de apoyo al régimen. Y lo hacía sobre todo porque el Cónsul era consciente de que, en gran medida, la suerte de la monarquía se decidiría en Cataluña. O por lo menos gran parte de las opciones de mantener el régimen se jugaban en la arena catalana, que tenía que estar tranquila y controlada. Así, con este objetivo, Romanelli consideraba que la monarquía demostraba su debilidad ante el catalanismo con actos como el nombramiento del infante Carlos de Borbón y Borbón como nuevo capitán general de Cataluña en 1930: «Con la designación del Infante (...) el Gobierno –por no decir S. M. el Rey–, evidentemente, ha pretendido acercarse al amor propio regional continuando con la política de conciliación en contraste con aquella de mortificación adoptada por la Dictadura de Primo de Rivera». De todas maneras, decía el informe, aunque el gesto del monarca fuera bien acogido, la mayoría de la opinión pública catalana lo veía como una demostración del miedo del régimen: «[en los sectores] que constituyen por cierto la mayoría de la población, el acto ha sido interpretado como una concesión derivada de la preocupación y del miedo de ver crecer el movimiento que se orienta hacia las tendencias de izquierdas».[20]

Este miedo del régimen a perder el control de la situación se hacía cada día más evidente a través de los informes del Consulado que, jornada tras jornada, daban cuenta de los incidentes «subversivos» cada vez más habituales. Del mismo modo que se exteriorizaban con las constantes concesiones realizadas a la oposición.

En esta última dirección, el 16 de abril Romanelli informaba del fracaso de la amnistía decretada por el gobierno Berenguer para los catalanistas implicados en los diferentes complots o intentos armados del período de la Dictadura: «ha sido recibida con menos satisfacción de la que hacía presumir la campaña hecha para convencer al Gobierno para concederla».[21] Un nuevo intento de calmar los ánimos del catalanismo que volvía a poner sobre el gobierno y la monarquía el cartel de la debilidad: «Pero –como decía en un informe precedente– el Gobierno, o mejor dicho, el Rey, se muestran ilusos con cautivar las simpatías de los catalanes continuando con esta política de debilidad, dando nuevo estímulo y nuevo incentivo para intentar realizar otros postulados del programa catalanista».[22] Además, añadía otra noticia no suficientemente contrastada, cuando hablando del regreso de Francesc Macià a Cataluña, siempre con el apelativo de «el coronel», decía: «Hasta parece que será reintegrado en su posición militar y en el puesto que tenía (...)».[23] Evidentemente, ni Macià pretendía reintegrarse en el Ejército español que había abandonado veinte años antes ni, por otra parte, la amnistía lo alcanzaría en ese momento.[24] Así, ante este estado de cosas, el punto de vista italiano era que el catalanismo avanzaba posiciones gracias a las debilidades del gobierno: «Todas las concesiones hechas por el Gobierno que los primeros días eran al menos acogidas con un poco de entusiasmo y reconocimiento hoy son objeto de la más ostensible frialdad y indiferencia».[25] Además, añadía lo que la prensa catalanista estaba repitiendo durante aquellos meses en el sentido de que ya no se conformaba con la legalización de la bandera catalana o la reinstauración de la Mancomunidad de Cataluña, aunque podría «todavía suscitar algún interés la autonomía federativa».[26] Por otra parte, y apareciendo como el segundo y no menos importante elemento de importancia de la vida político-social de Cataluña, la oposición obrera también se iba reconstruyendo después de años de silencio provocados por la represión dictatorial. Esta reaparición, de manera muy diferente a los partidos catalanistas, preocuparía en gran medida a las autoridades diplomáticas italianas. De todos modos, aunque esta reaparición fuera cierta, a lo largo de 1930 los informes italianos reflejarían sólo los fracasados intentos de convocar huelgas generales en Barcelona y su área de influencia industrial.[27] No sería hasta el mes de diciembre cuando los rapporti del Consulado empezarán a explicar los intentos cada vez más importantes de convocar huelgas y de plantear reivindicaciones obreras.[28] Vinculado a esta preocupación, desde el mes de octubre, el Consulado empezaría a informar de los efectos de la movilización obrera en las empresas italianas existentes en el país. Así, por ejemplo, explicaba la huelga y los incidentes ocurridos (dos muertos) entre los obreros de la empresa Metalgraf Española de Badalona y las fuerzas del orden. En el mismo informe también se daba cuenta de la huelga existente en la fábrica Pirelli de Manresa, uno de los principales centros industriales italianos en Cataluña.[29] A finales de noviembre, aunque los intentos de huelga general en toda España hubieran fracasado, el Consulado de Barcelona constataba los desacuerdos y las ambigüedades que mantenían las diferentes autoridades gubernativas de Cataluña.[30]

Mientras tanto, las huelgas no eran nada más que una señal inequívoca de la creciente fuerza de la oposición a la monarquía tanto en Cataluña como en España. A finales de septiembre, en su informe del día 26, daba cuenta de la llegada de Francesc Macià a Barcelona después de concedérsele la amnistía.[31] Un mes después, se explicaban las detenciones realizadas por las autoridades para evitar un huelga general revolucionaria en la que estarían implicados todos los sectores de la oposición en Cataluña: los sindicalistas Ángel Pestaña, Rey, Delaville y Escrich, el ex diputado republicano Lluís Companys, el director del periódico L’Opinió, Joan Lluhí i Vallescà, el comunista Turró, el periodista Granier Barrera, al mismo tiempo que se ordenaba la búsqueda y captura de Ventura Gassol, de Estat Català.[32] Entre el 10 y el 12 de diciembre de 1930 se producía la sublevación republicana de parte del regimiento de Jaca, que, después de su represión con el fusilamiento de los capitanes Galán y García Hernández, iniciaba una oleada de protestas y huelgas en España.[33]

¿LA HORA DE CAMBÓ?

Al margen de los partidos y hechos anteriormente comentados, hemos dejado para un apartado propio el papel que el Consulado italiano adjudicó a la formación dominante del catalanismo, la Lliga Regionalista y, especialmente, a su líder, el político y financiero Francesc Cambó, un personaje que después de siete años de mantenerse apartado de la política volvía a situarse en el primer plano de la actualidad política catalana y española después de su exilio voluntario desde 1923.[34] Una reaparición que se verá marcada, y en ese aspecto los informes italianos serán un buen testimonio de ello, por la visión política e histórica errónea del líder del catalanismo conservador. Mientras Cambó aspiraba a liderar un nuevo gobierno español que siguiera sus órdenes como pretendido salvador de la monarquía, el curso de la historia se encaminaba decididamente hacia un escenario que no podía pretender repetir los esquemas anteriores a 1923.

De este modo, ya en el informe citado del 8 de febrero de 1930, el Cónsul Romanelli hablaba de un Cambó como figura que se debía seguir «por la autoridad que a [Cambó] confiere su pasado político y su posición económica», pero que aspiraba a «conquistas» políticas fuera de su alcance. Explicando la negativa del líder de la Lliga a incorporarse al gobierno Berenguer, que se instauró en enero de 1930 como un simple ministro, Romanelli sentenciaba las intenciones de Cambó, que se resumían en su voluntad: «de volver a la escena política en un futuro próximo y no como gregario, sino como jefe o presidente del consejo».[35] Así, mientras rechazaba las ofertas ministeriales en Madrid, las maniobras mesetarias de Cambó no podían recibir ninguna respuesta positiva en Cataluña, donde el separatismo, quizá más verbal que político, dominaba las discusiones políticas. Ante esta realidad, el informe italiano añadía valorando la situación de Cambó a su vuelta a Barcelona: «debe haberse dado cuenta de que su nueva aspiración a líder de la política española no encuentra de hecho las simpatías de los círculos políticos más significativos de Cataluña». Para proseguir con la crítica a la falta de realismo de Cambó: «quizá también él creía conservar en la región un mayor apoyo y una clientela más influyente de la que realmente hoy tiene».[36]

Desde este punto de vista, un Cambó largamente alejado de Cataluña y de España, y de sus respectivas evoluciones políticas y sociales (ni la abundante correspondencia, ni su actuación en los foros políticos internacionales eran suficientes), no había comprendido los cambios acaecidos durante los siete años de dictadura. No entendía que el mapa político catalán lo había dejado atrás, que se estaba a punto de entrar en un período donde las masas tendrían la voz cantante y donde los partidos de elites y las figuras como él eran vestigios del pasado. Por lo tanto, estaba jugando a un juego peligroso, ya que sin dominar la política catalana estaba enrocándose en una posición de fuerza en la dirección del Estado para la cual no tenía valedores ni apoyos suficientes. Con otro punto de vista, igualmente desfavorable a Cambó, desde la Embajada italiana en Madrid se calificaba la situación de la Lliga en los primeros meses de 1930 como muy complicada. Y es que, aunque la Lliga Regionalista, en pleno proceso de reestructuración y afectada por los proyectos de Cambó de formar un gran partido a escala española, seguía siendo la formación más potente de Cataluña, su posición no estaba del todo clara.[37] En esta ocasión, su tradicional y por lo menos teórico accidentalismo en la forma de gobierno le podía pasar una mala pasada: es el gran partido regionalista español cuya posición, sin embargo, no está del todo precisada. Su líder, Cambó, en recientes declaraciones hechas al Temps de París, afirma que es conservadora por esencia, sin ser, de todas maneras, sustancialmente monárquica. Pero Cambó, después de sus recientes tentativas abortadas en Madrid para formar un gran partido nacional, (...) no ha dado más señales de actividad política; parece que su mala salud sea muy grave, y hay quien dice que se ha retirado también de la «Lliga» sabiendo que no se comprende la existencia de una liga catalana sino al margen de Cambó.[38]

No obstante, aunque esto fuera cierto, los observadores italianos señalaban la figura del monarca Alfonso XIII y de su gobierno como culpables en gran parte de la actitud de Cambó, ya que era el Rey quien mantenía una confianza ciega en el político catalán. En esta dirección, el 16 de abril de 1930, el informe emitido por el Consulado decía: «Una persona que tiene frecuentes ocasiones de acercarse al Rey, llegada la semana pasada a Barcelona, me ha dicho que aunque la situación sea ésta, el Rey está cada vez más decidido a cumplir posteriores pasos a favor de Cataluña, seducido por las ideas expuestas por Cambó en su publicación clandestina El silencio de Cataluña [sic] (...)».[39]Posición que podría facilitar el acceso de Cambó a la presidencia del gobierno, ayudado a su vez por ciertas figuras cercanas al Rey que habrían manipulado la magnitud de la fuerza del líder la Lliga en Cataluña: «desde diferentes partes le han exagerado el poder y la fascinación que Cambó ejercita sobre Cataluña, mientras la realidad es diferente hasta el punto de que no se excluye la posibilidad de que si Cambó continúa moviéndose tanto en la escena política, termine por [ser] víctima de cualquier ataque de parte de elementos catalanes de los partidos avanzados».[40]

Días después, los diplomáticos italianos continuaban mostrando su sorpresa por la actitud cada vez más contradictoria y «peligrosa» de Alfonso XIII y, en consecuencia, del resto del aparato político de la monarquía. Según escribía Romanelli el 26 de abril, la paralización de los sectores conservadores, monárquicos o simplemente de orden, ante la propaganda y la prensa de la oposición no eran sino un síntoma de la actitud del Rey:

Esto depende (...) de la extraña posición asumida por el Rey, que quiere que se siga una política de larga condescendencia con el catalanismo, como también hacia los diferentes partidos políticos en gestación. Así, tomando ejemplo del soberano no sólo se paralizan las fuerzas que mantienen la monarquía y la presente situación, sino que se da el caso de que también las autoridades asuman por su parte actitudes contradictorias con su cargo y figura.

Esta situación está ejemplificada perfectamente por el informe del 26 de abril: «Para decir una de las más destacadas que las otras, hace días el presidente de la Diputación Provincial, en el recibimiento de los condenados del atentado magnicida del Garraf (...) ha ido a abrazarlos y llamarlos públicamente “hijos míos”».[41]

Esta actitud errática de la monarquía, vinculada en gran parte a la idea de que sería Cambó, y con él Cataluña, quien aportaría los apoyos necesarios para el mantenimiento de Alfonso XIII en el trono español se iría diluyendo con el paso de los meses. En septiembre, como ya hemos visto, la Embajada calificaba la situación en España de «caos político» provocado, entre otros elementos, por la falta de un liderazgo de prestigio que, en gran parte, correspondía a Cambó: «el taumaturgo Cambó afectado, parece, de cáncer en la tráquea no ha recuperado todavía la voz después de la reciente operación quirúrgica soportada en Londres y no puede, a pesar de su ambiciosa voluntad, capitanear la futura combinación ministerial (...)».[42]

Dos meses después y ya recuperado de su enfermedad, Cambó intentaba de nuevo acceder a la presidencia del gobierno español coincidiendo con la sublevación republicana de Jaca. Durante los primeros días de diciembre, el líder catalanista conservador presentaba su candidatura a jefe del gobierno reclamando la renovación absoluta del régimen monárquico y la modificación de la Constitución de 1876 para incorporar la autonomía de Cataluña y de otros territorios.[43]Una semana después, la Embajada volvía a enviar las notas hechas públicas por Cambó con sus planes de futuro, pero ya eran papel mojado ante los hechos de Jaca: «Dadas las circunstancias en que estas dos notas, prolijas y banales, han sido publicadas, no han suscitado ningún comentario y se puede decir que han caído en el vacío. (...) El famoso financiero catalán está, por lo tanto, perdiendo su aureola. Ha dejado Madrid por Barcelona sin ser recibido por el Rey».[44]

LOS MESES PREVIOS A LAS ELECCIONES MUNICIPALES DEL 12 DE ABRIL DE 1931

Después del fracasado intento de sublevación militar republicana de Jaca, la festividad de navidad de 1930 parecía calmar los ánimos en la política española. Según el informe del Consulado del 3 de enero de 1931, «con las fiestas navideñas, la política ha pasado a segunda línea (...)». Una tranquilidad que reseñaba especialmente en referencia a Cataluña, ya que según su punto de vista era allí donde mejor había sentado el fracaso de Jaca: «Aquí en Cataluña, por el espíritu regional se deja casi ver una cierta satisfacción por que todo haya acabado en una burbuja de jabón, porque a pesar de todos los enfrentamientos entre elementos castellanos y catalanes, Barcelona siempre está dispuesta a ir a la cola de Madrid».[45] Mientras tanto, el general Berenguer había convocado unas elecciones municipales para abril de 1931 que nadie había acogido con expectación. Se trataba de un intento de normalizar la vida política que no conseguiría ni una mínima credibilidad entre los partidos de la oposición a la monarquía.

Esta situación continuaría durante las semanas previas a las elecciones, que los partidos políticos catalanes no estaban preparando ante la duda de si llegarían a celebrarse. Ante este panorama, los diplomáticos italianos transmitían esa extraña situación: «la duda está tan arraigada en el ánimo de todos, que los partidos locales, si exceptuamos aquél de los regionalistas [Lliga], no han definido todavía su posición ante estas inminentes elecciones».[46] Esta realidad se reflejaba en un informe que sólo citaba ciertos movimientos en el mapa de los partidos catalanes, pero que centraba su interés en la política española, un hecho que continuaría igual en el siguiente rapporto, pero que introduciría una novedad respecto al catalanismo, al referirse a la entrada del político catalanista, Joan Ventosa i Calvell, en el nuevo ejecutivo del almirante Juan Bautista Aznar: «Donde la solución de la crisis ha tenido una aprobación incondicional y unánime es (...) en los centros regionalistas». Y añadía como elemento clave de este apoyo:

El haber por primera vez admitido oficialmente la existencia del problema catalán y la promesa de darle una solución conciliativa, la elección del Abogado Ventosa i Calvell, alter ego de Cambó, regionalista, para la cartera de Hacienda, con la promesa de querer revalorizar la peseta para preparar la estabilización ha significado para los círculos plutocráticos catalanes ver próximo el coronamiento de una larga esperanza.[47]

Mientras la reacción entre los círculos próximos a la Lliga era de euforia, el resto de partidos catalanistas se mostraban críticos con la actitud de los regionalistas: «acusando a los primeros de haber puesto el problema regional a los pies del trono, pero reconociendo en su foro íntimo que para los regionalistas representa un notable éxito (...)».[48]Al margen de estas consideraciones estrictamente de política interna catalana, el interés italiano radicaba en la supuesta amistad de Ventosa i Calvell con el país transalpino:

Creo poder decir que el señor Ventosa i Calvell, el regionalista catalán que asumirá la cartera de finanzas, es una persona que al fin de la guerra [I Guerra Mundial], siendo ministro de Economía Nacional [septiembre-noviembre 1918], dejó entrever sentimientos notablemente favorables a Italia, aunque sea difícil decir si en los muchos casos en que fue útil cerrando más que un ojo a las frecuentes transgresiones a nuestro favor de prohibiciones de exportación, se dejó guiar más por su particular visión o por una verdadera italofilia.[49]

Después de la presentación del nuevo gobierno Aznar y de la confirmación de la convocatoria de las elecciones municipales, el Consulado continuaba informando de la tranquilidad e indiferencia con la que los partidos catalanes se tomaban la campaña electoral,[50]un proceso electoral que se animaría a pocos días de la fecha señalada y sobre el cual el Consulado no se atrevía a hacer previsiones: «hacer pronósticos es muy difícil, no sólo porque desde 1922 no se celebran elecciones, sino porque también los distritos municipales [de Barcelona] han sido cambiados considerablemente (...)».[51]

Por lo que respectaba a las posibilidades de victoria de los diferentes partidos catalanes, por primera vez analizadas en la documentación italiana, se situaba como la fuerza de mayor peso a la Lliga Regionalista; después, a Acció Catalana, y en tercer lugar, a la «Izquierda Catalana». Evidentemente, esta última hacía referencia a la Esquerra Republicana de Catalunya acabada de fundar tres semanas antes en Barcelona.[52]Un partido nacido en marzo de 1931, con vocación mayoritaria que supondría la unión de diferentes sectores políticos: el separatismo del Estat Català de Macià, del republicanismo del Partit Català Republicà de Lluís Companys y del izquierdismo del grupo del semanario L’Opinió.

Empezando por la Lliga, Romanelli escribía: «La “Lliga Regionalista” está segura de obtener la mayoría en casi todos los distritos, también por ser la única candidatura de carácter monárquico y porque a la Lliga deberían votar muchos no catalanes aquí residentes y adversarios del catalanismo. (...) Ha trabajado en esta última semana el ambiente y ciertamente se beneficia de la creciente división en el campo de la izquierda».[53] En cuanto a los otros dos partidos con opciones de obtener unos buenos resultados según el Consulado italiano: «La Acción Catalana Republicana representa un partido de centro y partidario de la República»[54], mientras que erc: «reagrupa los elementos fieles al Coronel Macià (Estat Català), los socialistas y los sindicalistas». Se intuía que Esquerra podía alcanzar una sorprendente victoria debido a los efectos de la popularidad de su cabeza de lista, Francesc Macià, entre la clase obrera: «El resultado dependerá mucho de la forma en la que responderá la clase trabajadora. Debido al sentimentalismo que suscita la figura de Macià y a la reacción provocada por los años de la dictadura no sería improbable que la Izquierda Catalana [sic] obtuviese una mayoría en seis o siete de los diez distritos en los cuales se subdivide la ciudad».[55]Mientras tanto, siguiendo las previsiones italianas, en el resto de Cataluña se reproduciría la realidad de la capital en las ciudades más importantes (Tarragona o Lleida, por ejemplo), mientras que en Girona se pronosticaba un dominio de las izquierdas y en las poblaciones más pequeñas la Lliga obtendría un dominio considerable.[56]

En último lugar, el informe previo a las elecciones que acabarían con la monarquía y con la proclamación de la República Catalana y Española, reproducía un rumor que, no por fantástico y desmentido por el mismo Cónsul, deja de ser interesante de reproducir:

Una noticia sensacional ocupa hoy las conversaciones de los ambientes públicos: aquélla de la formación de un bloque Lliga-Sindicato Libre-Peña IbéricaUnión Patriótica-Somatén, para efectuar una marcha sobre Madrid como la fascista sobre Roma. El movimiento debería ser capitaneado por el Barón de Viver o por el Marqués de Foronda. He intentado profundizar cuanto hubiese de verdad en tal noticia, resultándome –si exactas son las informaciones habidas– fantástica.[57]

Ante este panorama de difíciles pronósticos electorales y de rumores «increíbles» de marchas a la «romana», la tranquilidad de la jornada electoral del 12 de abril de 1931 y los primeros resultados provocaron estupor hasta en los vencedores. Así, la crónica consular de la jornada reflejaba esta serenidad: «Si no hubiera sido por el notable despliegue de fuerzas a pie y a caballo, no se habría dicho que se celebraban elecciones de la importancia política de las de ayer. Recogiendo algunas impresiones parecía que se hiciese casi una religión del voto». Unas elecciones en las cuales el clero y las «órdenes religiosas» habían votado «compactamente por la Lliga Regionalista», al contrario que el Ejército, al que se había «impartido como palabra de orden la disposición de votar (...)».[58]Todavía, tres días después de las elecciones, la Embajada de Madrid insistiría en subrayar el voto catalanista del clero catalán: «En Cataluña, los ambientes eclesiásticos siempre han demostrado una marcada independencia frente al resto del clero español y el movimiento “separatista” ha tenido siempre entre sus más destacados promotores las figuras destacadas del clero regional».[59] El informe insistía en esta cuestión recordando las gestiones del dictador Primo de Rivera en el Vaticano para impedir el uso del catalán como lengua de la Iglesia en Cataluña.

LAS TENSAS RELACIONES ENTRE CATALUÑA Y ESPAÑA: LA AMENAZA SEPARATISTA (1931-1933)

A lo largo del período 1931-1933, tanto el Consulado italiano de Barcelona como la Embajada de Madrid crearon una serie de puntos interpretativos de la evolución política de la «cuestión catalana». Así, en el siguiente apartado podremos ver cómo transmitieron a Roma la visión de las relaciones CataluñaMadrid (entiéndase España) en el contexto del proceso constitutivo de la República y del largo camino del Estatuto catalán en las Cortes Constituyentes republicanas y en sus primeros meses de aplicación.

Cuando el 9 de abril de 1931 el Cónsul Romanelli escribía sobre la dificultad de realizar alguna previsión referente a los resultados de los comicios municipales en Cataluña, nadie, y mucho menos los observadores italianos, esperaban un alud de votos favorables a Esquerra Republicana de Catalunya que desembocasen en un cambio de régimen. Así, en el informe del 13 de abril, una vez ya se empezaban a conocer los primeros resultados favorables a los candidatos republicanos, y después de remarcar la normalidad con la que se habían celebrado los comicios, se hacían las primeras valoraciones: «Ha provocado sorpresa el hecho que la Acció Catalana Republicana no haya obtenido ni un sitio y que la Esquerra Republicana haya obtenido una superiodad tan aplastante sobre los otros, a pesar de la deficiente propaganda que había podido efectuar sin disponer ni siquiera de un periódico». Mientras tanto, por lo que respectaba a la supervivencia de la monarquía, el informe afirmaba: «He hablado con diferentes personas sobre el resultado de las elecciones: todas convienen en decir que el Rey debe marcharse. Algunos opinan que una partida espontánea podría, todavía, salvar la dinastía o dejar abierta la posibilidad de un retorno a no largo plazo, en la eventualidad de una república, la cual estaría destinada a naufragar en las disensiones».[60]

Ante esta situación, si durante el día posterior a las elecciones parecía más que evidente la marcha inmediata del monarca, al día siguiente los hechos se precipitarían en Barcelona y Madrid. En primer lugar, en su crónica de los hechos acaecidos en Barcelona, el Consulado informaba de las dificultades e incidentes existentes para enviar telegramas: «A las 18 horas, el empleado que estaba encargado de expedir al Italcable el telegrama cifrado N. 25/9 directo a V. E. [Ministro de Exteriores italiano] vio rechazar la transmisión por un delegado del nuevo Gobierno que pretendía una autorización del Gobierno Catalán. El Delegado mencionado se fue con frases hostiles hacia el Consulado reprochándole repatriaciones de antifascistas (...)».[61]Una vez pudo contactar a las 19.45 de la tarde, el Consulado transmitía a Roma un telegrama en el que explicaba con tono alarmante los acontecimientos que se estaban sucediendo en Barcelona:

A las 14 [horas] nuevos concejales electos invaden Ayuntamiento y Diputación proclamando República Catalana, enarbolando nueva bandera, echan fuera Autoridades. Arengando muchedumbre, recomendando orden público, amenazando con penas contra los hostiles al nuevo régimen. (...) Autoridades locales desorientadas, faltan instrucciones. No sucedidos hasta el momento actos de violencia, ciudad conserva aspecto normal.[62]

A su vez, la Embajada en Madrid también tenía problemas y no podía comunicarse telegráficamente con Roma. Tres cuartos de hora más tarde, de nuevo desde Barcelona, otro telegrama urgentissimo, certificaba la proclamación de «Cataluña forma republicana», al mismo tiempo que volvía a subrayar la tranquilidad con la que se estaba realizando el cambio de régimen y la práctica independencia de Cataluña.

Esta nueva realidad era explicada el día 15 por los respectivos informes de la Embajada en Madrid y del Consulado en Barcelona, que hacía una crónica de la proclamación de la República Catalana en la que aportaba diversos puntos de interés. En primer lugar, después de señalar los problemas acaecidos con diversos delegados del gobierno catalán, se afirmaba el rápido debilitamiento de la misma idea de una Cataluña independiente en favor de otros planteamientos:

«A diferencia de cuanto podía parecer ayer, parece que la idea del Estat Català o República Catalana independiente ha sido dejada de lado definitivamente, y que toma ventaja la otra idea de una república federal española».[63]También se hablaba de unas nuevas autoridades de las cuales, al margen del incidente del telégrafo, todavía no se conocía su posición respecto a Italia: «Debo añadir que todavía no puedo precisar cuál será la actitud de los nuevos dirigentes locales hacia nosotros. Por lo que concierne a la muchedumbre, no sé de ningún incidente o actos hostiles hacia nuestros connacionales (...) cuanto muchos de [ellos] sean fácilmente reconocibles por el distintivo fascista que llevan en el ojal».[64]Cambios de posición que se expresaban en el informe consular del 17 de abril en el que se afirmaba que en Cataluña, donde todavía Macià firmaba como Presidente de la República, sólo se aceptarían lazos federales con España: «Según las ideas de aquí, la república catalana tendría en común con la federal las fuerzas militares, la moneda y la política exterior, pero para todo el resto no aceptará ninguna interferencia de Madrid. Presupone también un parlamento catalán constituido por una sola cámara».[65]

De todos modos, en aquel mismo informe y debido a los rápidos cambios de aquellos momentos, Romanelli añadía una nota escrita el día 18 en la que daba cuenta del paso de la República Catalana a la Generalitat de Catalunya, un cambio de nombre, recuperando el de una institución medieval catalana, que se produjo después de una intensa pero rápida negociación. El día 17 de abril, el nuevo gobierno republicano español (con participación catalana) enviaba a Barcelona una comisión de tres ministros (dos de ellos catalanes) para negociar con Macià la desaparición de la República Catalana. Las conversaciones derivarían en la renuncia al régimen de casi independencia catalana, y la aceptación de una autonomía político-administrativa provisional por construir y definir. En un principio, sólo se trataría del gobierno unificado de las cuatro diputaciones provinciales catalanas, con sus competencias, a la manera de la Mancomunidad de 1914, pero en realidad se trataba del reconocimiento de una estructura política autónoma real.

Esta incipiente autonomía chocaría inmediatamente con Madrid y ya que el día antes, el 16, era transmitida a Roma con un telegrama en que se decía «Constituido Ministerio República Catalana que encuentra primeros contrastes de su existencia con hermana española».[66]Todos estos cambios y dificultades provocaban que la Embajada de Madrid redactase un informe titulado «La República ante los problemas nacionales» en el que después de analizar los problemas sociales y religiosos, situaba la cuestión catalana (y en menor medida, la vasca) como uno de los elementos principales de desestabilización de la nueva República Española.

Analizando esta cuestión y comentando los términos del Pacto de San Sebastián, de agosto de 1930, la Embajada acusaba a los catalanes de haber roto el acuerdo al que se había llegado en la ciudad vasca para proclamar la República Española y llevar a las Cortes Constituyentes del nuevo régimen una propuesta de Estatuto de Autonomía para Cataluña: «Así, se armonizaban las aspiraciones autonomistas de Cataluña con la obligación moral de mantener la unidad de España. No obstante, después del resultado de las elecciones del 12 de este mes, el Coronel Macià, que había vencido, proclamó sin más la “República Catalana”».[67]Ciertamente, la maniobra de Macià, al margen de superar los pactos escritos o no, era un hábil gesto político que instauraba de facto una autonomía que de otro modo hubiera tenido que esperar el veredicto de las Cortes Constituyentes republicanas.

Desde este punto de vista, el debate Cataluña-España debilitaba al Estado, que tendría que convivir hasta la aprobación e instauración definitiva del Estatuto catalán en una situación constante de preocupación por las demandas catalanistas.[68]Este planteamiento de la diplomacia italiana daría especial importancia a los rumores de posibles proclamas separatistas catalanas. Cada vez que se producía alguna polémica con el gobierno republicano, tanto por la tramitación del Estatuto o el traspaso de competencias, los informes italianos reseñarían la posibilidad de alguna maniobra de separación. Así, por ejemplo, al valorar la figura de Francesc Macià a pocas semanas del 14 de abril de 1931, y en el contexto de la polémica por las atribuciones provisionales de competencias de la Generalitat, se criticaba su falta de realismo:

El Coronel Macià, rindiéndose a veces ante las exigencias, permanece apasionado en su quimera catalanista. No necesita creer que le sigan sus seguidores en esta quimera. quizá alguno a la luz de la realidad hoy haya cambiado de opinión sobre el valor del ídolo y sobre la actualidad del catalanismo integral, pero esto no afecta a que sean todavía muchísimos los intransigentes y los irreductibles de hecho del separatismo. Son tantos, y así de convencidos como Macià en su fe, que serían capaces de dejarse llevar (...) a la más arriesgada experiencia política para conseguir el Estat Català.[69]

Esta visión de un Macià –siempre llamado Colonnello, Romanelli también lo era y por eso conservaba la graduación– influenciado e influenciable por un entorno radicalmente separatista e intransigente se iría manifestando a lo largo de los tres años de gobierno de «l’Avi». Aunque, como es sabido, la realidad no era así: ni erc era un partido predominantemente separatista, ni la actitud y posición de Macià lo era.[70]

EL ESTATUTO COMO ULTIMÁTUM, EL CONTAGIO CATALÁN Y LAS AMENAzAS SEPARATISTAS

Aún y de manera continuada se insistiría en la posición intransigente de Macià cuando al comentar un discurso del líder de erc sobre el Estatuto, que todavía debía redactarse, se decía: «Sobre la cuestión regional, Macià ha tenido oportunidad de manifestar que no renuncia a su intransigencia, por lo cual en las esferas militares se ha definido el estatuto catalán como un ultimátum de Cataluña a España; en cuanto a Macià, no concibe que las Cortes puedan pronunciarse en contra, ni tampoco que puedan limitar el alcance de la autonomía».[71] Por lo tanto, una vez los informes llegasen a Roma, se podría tener la opinión de que el proyecto de Estatuto no era nada más que la última opción que Cataluña, con Macià al frente, daba a España para mantener la unidad del Estado. Una interpretación que en gran medida no se correspondía con la realidad, pero que sí que expresaba la inconcreción de la posición nacionalista de erc en aquellos momentos. Porque era evidente que después del 18 de abril y hasta finales de 1931 y aún durante el 1932, la propaganda de Esquerra apeló constantemente a la defensa de la integridad del Estatuto, pero también lo era que la falta de apoyo a las posiciones separatistas que tanto preocupaban a la diplomacia italiana las hacía casi inviables del todo.[72]

Por otro lado, desde finales de 1931, la Minoría parlamentaria de erc en las Cortes republicanas sería uno de los apoyos fundamentales de los gobiernos de centro izquierda, un ejecutivo presidido por Manuel Azaña y que tenía un programa reformista que incluía la aprobación del Estatuto catalán entre sus ejes principales, junto a una Constitución laica, a una reforma agraria o a la reforma del Ejército.

En este contexto y de manera previa al plebiscito estatutario del 2 agosto, la Embajada en Madrid recogía diversas declaraciones en las que Macià anunciaba que Cataluña «dejaría de estar dirigida desde Madrid». Una afirmación que, junto con la evolución política de las relaciones entre Barcelona y Madrid que se estaban produciendo hasta aquel momento, llevaba a Romanelli a considerar prácticamente seguro un proceso de disgregación de España no demasiado lejano «por efecto de la intransigencia catalana y de la insuficiente fuerza aglutinante de las autoridades centrales de Madrid». Al mismo tiempo que también afirmaba que no creía que los trámites parlamentarios en las Cortes resolviesen la cuestión catalana: «Así, tampoco creo que en la mejor de las hipótesis las Cortes tengan la capacidad de resolver la cuestión regional».

No obstante, esta impresión italiana provenía más de la falta de tradición de interpretación política de una España con dos centros de poder, Barcelona y Madrid, que de una conflictividad real. Ciertamente, las relaciones entre el gobierno republicano y el de la Generalitat podrían ser más fluidas de lo que eran, pero también debía tenerse en cuenta que el ejecutivo central tenía ministros catalanes y que la identificación entre erc y la nueva República Española era absoluta.

A pesar de estas afirmaciones, en el mismo informe, el Cónsul recogía unas declaraciones de Jaume Carner, presidente de la Diputación Provisional de la Generalitat encargada de redactar el proyecto de Estatuto, en las que parecía anunciar que el texto que saldría de Núria no pondría entre la espada y la pared a las Cortes Constituyentes republicanas: «éste dejaría creer que el estatuto no debe salir de tal modo que imposibilite aprobarlo en las Cortes. Se deberá ver después qué valor tendrá para los fanáticos del separatismo!».[73]Siguiendo esta versión, en un informe de la Embajada, y ya con el Estatuto redactado, se transmitía a Roma dos hechos importantes: en primer lugar, se constataba que «El Estatuto de Cataluña no ha producido mala impresión en los círculos oficiales de la Capital, donde se temía y se esperaba un proyecto mucho más estridente e intransigente y, por lo tanto, inaceptable», y, en segundo lugar, y reforzando esta primera impresión, se recalcaba que «los autonomistas catalanes han echado mucha agua en su vino y aunque la posibilidad de conflicto no está excluida, se puede, a pesar de esto, contar con un amplio espíritu de transacción».[74]

En el contexto de la consolidación de la República Española, esta visión extremista de las posiciones de erc y del catalanismo en general definido por el Consulado y la Embajada italiana a lo largo de aquellas primeras semanas, contradictoria como hemos visto a veces, se mantendría después de las elecciones a las Cortes Constituyentes del 28 de junio de 1931, en las que Esquerra obtendría una gran victoria en Cataluña. Analizando estos resultados, Romanelli volvía a hablar de supuestos planes separatistas: «Conocido el éxito de las elecciones, no ha faltado alguno de los más impulsivos entre los vencedores que habría querido precipitar los acontecimientos proclamando l’Estat Català. Pero Macià y con él sus más prestigiosos colaboradores han confirmado su propósito de no querer salir de la legalidad».[75]

De un modo similar, en lo referente al plebiscito estatutario del 2 de agosto, una vez se finalizó el escrutinio, el Consulado italiano de Barcelona anunciaba al Ministero degli Affari Esteri que el proyecto autonomista contaba con un apoyo casi unánime de la sociedad catalana. Un apoyo tan mayoritario a partir del cual el Consulado no podía concebir por parte de las Cortes Constituyentes un rechazo o una dilación en los trámites parlamentarios que no haría más que impulsar al gobierno catalán a una opción separatista: «no me sorprendería que Cataluña fuese llevada impulsivamente a un acto irreflexivo de separatismo (...)»[76].

Por otra parte, desde Madrid la Embajada italiana constataba la hostilidad con la que la clase política española recibía los resultados del Estatuto y los problemas que causaba al servir de modelo para las demandas autonomistas de vascos y gallegos.[77] A la vez que, semanas después, desde Barcelona se informaba a Roma de la conflictividad sociopolítica existente en Cataluña como producto de la lentitud de los trámites estatutarios:

Ahora, según mi opinión, las causas, o mejor, la causa directa o indirecta de todo el malestar local está situada únicamente en la insostenible posición en que está situada Cataluña ante Madrid. Hasta que esto no se resuelva o de una forma o de otra, o con una autonomía regional bien definida y circunscrita, políticamente sometida a Madrid, o con una separación total con un tenue vínculo federativo, Barcelona y Cataluña no podrán volver a encontrar aquello que se dice un orden de vida normal.[78]

O sea, que desde el prisma italiano, una parte no despreciable de la conflictividad social existente en el país provenía de la aún «indefinida» situación administrativa y no tanto de la propia relación entre las masas obreras y la patronal. En este sentido, creían los italianos, era imprescindible establecer quién tenía el mando de las decisiones del orden público, Barcelona o Madrid. Del mismo modo que debía definirse de manera estable el marco institucional catalán porque, como veremos más adelante, las implicaciones políticas en sentido partidista de la conflictividad social eran de una gran trascendencia.

DE LOS DEBATES DEL ESTATUTO A GALEUZCA

Como decía anteriormente, los informes que iban llegando a Roma referentes a la política catalana no anunciaban un proceso autonomista demasiado tranquilo. Así, después de enviar un recorte de prensa sobre los principales artículos del Estatuto –más exactamente una página del periódico monárquico de Madrid, abc–, el Consulado de Barcelona remitía un informe en el que se volvían a repetir los rumores de un probable «colpo di testa» de la Generalitat para acelerar los trámites y salvar los obstáculos que se estaba encontrando en la capital del Estado.[79]Romanelli escribía a la Embajada en Madrid: «El Coronel Macià estaría meditando poner en vigor el Estatuto pasando por encima de cualquier aprobación de las Cortes, hecho que en última instancia implicaría de hecho la separación de Cataluña y un posicionamiento inevitablemente hostil hacia el resto de España».[80]

Al margen de estas consideraciones, más o menos ciertas en el siempre amplio mundo de la rumorología política, lo cierto es que ni Macià se sublevó, ni la Generalitat protagonizó ningún acto de deslealtad a la legalidad republicana. Aunque, finalmente, la República no fue ni federal, ni mucho menos confederal, sino un «Estado Integral» compatible con la autonomía regional y municipal.

Sin embargo, sí que se produjo el atraso intencionado de la discusión del Estatuto en las Cortes, pero también la Constitución republicana que allí se aprobó en diciembre de 1931 contó con los votos favorables de los más de veinte diputados de erc. Por lo tanto, a pesar de que los rapporti italianos transmitiesen una imagen de un «Statuto della Catalogna» que el 14 de abril de 1932 era calificado por el Embajador en Madrid como no «sólo [el origen] de una región autónoma, sino un verdadero Estado independiente», la realidad era muy diferente.[81]Y es que con la aceptación de la Constitución republicana ya se había prejuzgado una gran parte del texto plebiscitado en Cataluña, y no en un sentido generoso, como se podría desprender de los informes italianos, sino en sentido restrictivo. Unas restricciones, aceptadas y transaccionadas por los diputados de la Minoría Catalana de las Cortes que no presagiaban ningún texto extremo. Y es que la Constitución aprobada en diciembre de 1931 con los votos de erc definía una única soberanía política al mismo tiempo que una sola realidad nacional. Por lo tanto, nada de Estado o República Catalana. Solamente sería aceptada, y no con pocas condiciones, una autonomía regional limitada.

A pesar de esta realidad, la campaña antiestatutaria y anticatalanista que se desató en el conjunto de España desde mediados de 1931 no tendría freno. Como testigo de esta sensación de rechazo colectivo español, el Telespresso del 6 de mayo de 1932 enviado desde Madrid explicaba: «Las aspiraciones de Cataluña suscitan profunda desconfianza en todas las regiones que lo ven como una idea de hegemonía inadmisible. No solamente desde el punto de vista industrial, como ya es el caso, sino también desde el punto de vista financiero y político, Barcelona querría tomar el predominio sobre Madrid». Y añadía aún sobre el difícil papel del gobierno republicano liderado por Manuel Azaña: «La emoción está viva en todos los ambientes políticos y sociales y es evidente que el Gobierno de la República se encuentra ante la más grave de las tareas contraídas antes de la caída del antiguo régimen: dar una estructura a la nación que pueda considerarse satisfactoria para las aspiraciones autonomistas de Cataluña».[82]En este mismo informe, en último lugar añadía un comentario de vital importancia al hacer referencia a la unidad de los partidos catalanes alrededor del Estatuto (Minoría Catalana en las Cortes) para «vencer esta batalla», una «batalla» política que tendría algunos puntos de especial significación como el discurso de Azaña del 6 de mayo de 1932, en el que se posicionaría de manera favorable al Estatuto sin condiciones, pero también sin aceptaciones íntegras del proyecto catalán de Núria.[83]Este discurso, bien recibido por la clase política y la sociedad catalanas (con matices), era comentado por el Consulado italiano en Barcelona, que consideraba que «no es aquél, suficientemente amplio en autonomía, como Cataluña invoca y espera».

Sobre esta posible carencia de contenido autonómico del gobierno republicano, que se desprendía de los informes del Cónsul, el diplomático italiano comentaba: «tengo la impresión [de] que el juego tiene escasas posibilidades de éxito, ya que los (...) catalanes, siempre más firmes en la pretensión de gobernarse ellos mismos en gran parte, están siempre menos dispuestos a reconocer al Madrid republicano aquella autoridad y facultad de hacer y deshacer aceptada ya de por sí de mala gana cuando era residencia de la corte».[84]

El otro momento álgido que provocó todo el alboroto generado en la política española por el Estatuto catalán fue en agosto de 1932 con el fracasado golpe de Estado del general Sanjurjo en Sevilla. En aquella ocasión, a pesar de que el Estatuto sería la principal excusa y argumento ideológico del mismo, era evidente que al margen de la «integridad de la patria española» los principales intereses eran la recuperación de la preeminencia socioeconómica de las clases privilegiadas, religiosa, etc. de los sectores sociales que se habían visto excluidos del poder a partir de abril de 1931. Se trataba de una maniobra reaccionaria y monárquica que, vista desde Barcelona, y en referencia a la «cuestión catalana» era menospreciada. Por una parte, porque en Cataluña sólo se estaba pendiente de la aprobación del Estatuto, una circunstancia sólo posible en el marco republicano ya que «Autonomía (...) y restauración monárquica son dos términos demasiado antitéticos» y, porque en aquellos momentos, «la república debe encontrar hoy en Barcelona su más sólido y seguro mantenedor». Por otra parte, y en este punto el análisis italiano hacía una mirada más retrospectiva y general: «Dada la improbable probabilidad de éxito que –como es notorio– han tenido siempre en España las insurrecciones sin tener la solidaridad y el consenso de Cataluña, los autores del pronunciamiento deben haber dudado anticipadamente del éxito, dando la infeliz idea de camuflar el verdadero carácter de la sedición basándola en la repugnancia hacia el Estatuto Catalán y al consecuente desmembramiento de España».[85]

A pesar de la explicación equívoca del intento de golpe de estado, la situación política creada por éste sería aprovechada por el presidente del gobierno republicano, Azaña, para forzar la aprobación del Estatuto catalán, un texto estatutario que en poco se asemejaba al votado un año antes en Cataluña pero que, en gran medida, resultaba del posibilismo utilizado, con más o menos fortuna, por los diputados catalanes en las Cortes Constituyentes. De este modo, una vez el 15 de septiembre de 1932 la cámara republicana aprobaba el Estatuto de Autonomía de Cataluña, junto con la Reforma Agraria, se daba el pistoletazo de salida a la vida institucional autonómica a la vez que se iniciaba un nuevo modelo del Estado Español que a los ojos italianos abría diversas posibilidades futuras: «El avenir nos dirá (...) si el resultado de la obra iniciada por el nuevo régimen con la creación de un sistema casi federativo (y las regiones autónomas son las más ricas y evolucionadas de España) aportará tranquilidad y homogéneo progreso para el conjunto del País, o será fuente de infinitas dificultades y de discrepancias con el Gobierno central».[86]

Esta nueva vida institucional iniciada en Barcelona tendría su primer e inmediato acto de fundación en las elecciones al Parlamento de Cataluña convocadas para el 20 de noviembre de 1932, unos comicios en los que desde el Consulado italiano en la capital catalana se constataba el interés ciudadano y la gran actividad política y electoral existente a diferencia del resto de elecciones celebradas desde el 14 de abril de 1931. En cambio, en lo que hacía referencia a los posibles resultados y después de analizar brevemente las diversas candidaturas, el Cónsul afirmaba que el abstencionismo propugnado por el sindicato anarquista de la cnt y el descontento por el «mal gobierno» de erc dificultarían que esta formación obtuviese una victoria con unos resultados tan ventajosos como los de 1931: «si no obtienen el triunfal éxito de las últimas elecciones, obtendrán un resultado que les permitirá permanecer en el poder, contando en las próximas Cortes constituyentes de Cataluña con una mayoría propia o afín, y esto aunque la Lliga ha hecho mucho camino durante estos días y el Partido Catalanista [Republicà] presente, como he dicho, una candidatura de primer orden».[87]

Al margen de los informes consulares, la documentación nos permite conocer el origen de ciertas informaciones. Así, durante el seguimiento de la campaña electoral, el Consulado italiano contaría con diversos informes externos facilitados por el policía Jesús Pérez Salas.[88]En primer lugar, en la documentación interna de la legación encontramos un informe redactado en francés de cuatro páginas y fechado el 7 de noviembre en el que se señalaba una pérdida de prestigio de ERC que posibilitaría la recuperación de la Lliga y del Partido Radical (por aquel entonces totalmente desahuciado en Cataluña). A continuación, otro informe, escrito en castellano y con fecha del 11 de noviembre, que resaltaba las principales características de los partidos en liza, la importancia de los comicios a escala española y la contundencia de la campaña:

Sigue desarrollándose con inusitada violencia, y revela día a día el apasionamiento del cuerpo electoral. Es considerada de grave trascendencia no sólo por implicar la futura organización de Cataluña (...), sino también por ser las primeras elecciones generales que se celebran después de año y medio de República, y precisamente [es] en esta Región donde existe más sensibilizada la opinión pública.

Sobre los posibles resultados añadía: «La Izquierda Catalana [erc] se halla quebrantada y todo hace augurar una victoria de la Lliga Regionalista, (...). En cambio, la candidatura de Acció Catalana, debido al prestigio de sus componentes, ha ganado mucho terreno y no sería extraño [que] obtuviera las mayorías o bien alcanzara varios puestos de aquéllas».[89]

Además, también se resaltaba la supuesta pérdida de apoyo popular de erc a favor de la Lliga y, entre otras circunstancias, la aparición de un neonacionalismo catalán. Según el texto italiano, alrededor de las elecciones al Parlamento de Cataluña estaban apareciendo formaciones separatistas, que con toda seguridad deberían identificarse con partidos como Nosaltres Sols! o escisiones de Estat Català, que, a pesar de su existencia anterior, no habían merecido el análisis de las autoridades diplomáticas italianas. Sobre esta «aparente» novedad el informe comentaba:[90]

Debo llamar la atención sobre un aspecto de la campaña electoral particularmente más interesante para nosotros, y ése es la aparición de neopartidos y periódicos nacionalistas catalanes (...). Y, en cambio, en el orden natural de las cosas este neonacionalismo catalán hace evidente desde su nacimiento su plena antítesis con la orientación política de Madrid, renovándose aquel contraste de tendencias que divide siempre Cataluña y Castilla, la primera sintiéndose interesada en el Mediterráneo y la otra, en cambio, atraída hacia América.[91]

De este modo, y después de una larga campaña electoral, el 20 de noviembre de 1932 se celebraban las elecciones, unos comicios donde debía decidirse quién gobernaba la recién inaugurada autonomía de Cataluña y en los cuales tenía que dilucidarse si se mantenía la hegemonia de erc o la reacción de la Lliga o de otro partido. Del mismo modo que debería constatarse el sentido de la actuación de las masas obreras, teóricamente apolíticas.

Con estos interrogantes en el aire, el reparto de escaños en el nuevo Parlamento catalán quedó de la siguiente manera: erc obtuvo 57 de los 81 escaños de la Cámara por 16 la Lliga, 4 de la usc, 1 del pcr, 1 de Unió Democràtica de Catalunya, 1 del Partit Radical Autònom y 1 de la Unió Catalanista.

Una vez se conocieron los resultados, la Embajada en Madrid informaba puntualmente al Palazzo Chigi de Roma, primero en una parte del rapporto del 24 de noviembre, con el que se iniciaría un apartado propio dedicado a Cataluña en los informes de política general española, y de manera monográfica en el del 25 del mismo mes. Aunque, para analizar el punto de vista italiano sobre los resultados que dieron una mayoría absoluta a erc, es necesario acudir al informe del Consulado en Barcelona del día 26, que por una vez no sirvió para copiarlo posteriormente en Madrid.[92] Después de constatar la gran victoria de erc, el Cónsul general intentaba explicarla de algún modo situando en primer lugar la «intransigencia de los Catalanes en la cuestión de la autonomía», como se podía deducir de la derrota absoluta de las candidaturas lerrouxistas y federales. En segundo lugar, y manteniendo una tendencia que más adelante analizaré, se señalaba la pérdida de votos de erc a causa del descrédito y la abstención sindicalista y, en tercer lugar, se subrayaba el creciente apoyo obtenido por la Lliga interpretado como síntoma de «mayor capacidad de reacción de las clases cultas contra una política extremista (...) aunque las escasas simpatías que encuentra por su pasado y rancio conservadurismo».[93]

Una vez conocidos los resultados, se producían los actos de inauguración de la vida política catalana. En el acto de elección del Presidente de la Generalitat, el Cónsul italiano –junto a los de otros países como Bélgica, Cuba, Gran Bretaña, Chile, Estados Unidos y Portugal– recibía la siguiente salutación de Macià: «Al declarar que dentro de los límites consentidos por el estatuto regional el cual él no pretende en ningún modo incumplir, sobre todo en materia referente a las relaciones internacionales, él estará encantado de prestarnos su mayor apoyo para el buen y provechoso éxito de nuestra misión, nos aseguró que de parte de la Generalitat desde ahora existe la mayor consideración hacia el Cuerpo Consular».[94]

Un vez instaurado de manera oficial el Estatuto de Autonomía de Cataluña con el Parlamento y el gobierno autónomo, continuaron las preocupaciones del Consulado italiano hacia la evolución del catalanismo representado en gran medida por erc. A lo largo de 1933, las referencias a Cataluña se centrarán, especialmente, en las tensiones sociales, huelgas e intentos revolucionarios que más adelante analizaré. A pesar de eso, también cabe destacar diversos aspectos concretos que tienen un especial interés. Así, es preciso decir que a partir de 1933 la Embajada italiana en Madrid comenzará a utilizar habitualmente algunas cabeceras de la prensa catalanista como fuentes de información y apoyos a sus informes. Por ejemplo, se enviarían hasta tres informes en los que se detallaban los artículos que, durante el mes de enero, publicó Josep Pla en La Veu de Catalunya, el diario portavoz de la Lliga sobre la figura de Manuel Azaña.[95]

Por otra parte, se continuaban analizando las posiciones nacionalistas o autonomistas de otros territorios como el País Vasco o Galicia como imitaciones del proceso catalán a pesar de tener características muy diferentes. En el caso vasco, la cuestión católica parecía ser un obstáculo insalvable, mientras que en el gallego las razones económicas no aconsejaban la creación de una nueva autonomía: «El movimiento “autonomista” que en los primeros tiempos de la República parecía que se extendería a todas las Regiones españolas, parece que deba limitarse a ser para el futuro una tendencia exclusivamente catalana».[96] Aún relacionado con estos dos territorios, el 7 de agosto de 1933 se informaba a Roma de la visita de los nacionalistas vascos y gallegos a Barcelona en cumplimiento de la firma, pocas semanas antes, del pacto Galeuzca, que tenía que procurar una actuación conjunta en los objetivos autonomistas y nacionalistas de erc, acr, Lliga, pnv, anv y pg.[97]

Por lo que hacía referencia a la influencia catalana en el proceso autonómico vasco, desde Madrid se recalcaba que «Como es conocido, el Estatuto Vasco está calcado sobre aquél ya concedido a Cataluña y será, con toda probabilidad, votado con gran mayoría».[98] Y aún días después añadía en otro informe referente al proyecto vasco: «Se puede decir que el País Vasco sigue en eso el ejemplo (...) de Cataluña».[99]

En último lugar, y cerrando el análisis de los aspectos referentes al catalanismo y a las relaciones Cataluña-España de los informes del período 19311933, es preciso decir que a finales del 1933 el Consulado en Barcelona transmitía a Roma la ruptura de la estabilidad de la situación política que se había establecido con el Estatuto. Haciendo referencia a la crisis del gabinete Azaña y a la constitución de un nuevo gobierno presidido por el líder del Partido Radical, Alejandro Lerroux, en el que entró erc, en el contexto del traspaso de competencias a la Generalitat. El informe fechado el 15 de septiembre decía: «Graves eran los temores que un cambio brusco de criterio referente al traspaso de servicios pusiese en una penosa situación a Cataluña y a los hombres que la gobiernan. La situación es, de hecho, bastante precaria por la organización político-administrativa todavía no cumplida».[100]

Y es que, aunque el Estatuto se hubiera aprobado en 1932, el largo camino del traspaso efectivo de competencias era otra cosa. Esta circunstancia volvería a derivar en un nuevo rumor sobre una posible proclama separatista de Francesc Macià en el contexto del resultado electoral favorable al centro derecha. La derrota de las izquierdas en las elecciones a Cortes del 19 de noviembre de 1933 supusieron que se pusiera punto final a la coincidencia de colores políticos en Barcelona y Madrid.

Después de que en Cataluña obtuviera la victoria la Lliga Catalana y en el conjunto de España, la Confederación Española de Derechas Autónomas (ceda) y en segundo lugar, el Partido Radical, la Generalitat controlada por erc se sintió amenazada por un posible golpe de estado reaccionario y antirrepublicano: «El señor Macià expresó incluso la opinión de que se debería llegar a la proclamación de la República Catalana, seguido en este orden de ideas por la mayoría, aunque compuesta, más que de otra cosa, de exaltados e irresponsables. El Señor Companys, en cambio, calificó tal eventualidad como una locura, apoyado por el Señor Corominas, Consejero de Justicia».[101] Así, el final de lo que se denominó el bienio progresista pondría a prueba la estabilidad de la República, al mismo tiempo que ponía en tela de juicio el espíritu democrático de los partidos republicanos de izquierdas, entre los cuales estaba erc, unas formaciones que desarrollaron una amplia y sostenida campaña electoral en la que pretendieron monopolizar la legitimidad de gobernar la República, alejándose del principio básico del respeto a las mayorías y a la alternancia en el poder.

De todas maneras, y teniendo en cuenta la diferente percepción que se tenía desde Barcelona o Madrid, es preciso señalar para cerrar este punto que la diplomacia italiana no veía ni el catalanismo mayoritario ni la aplicación del Estatuto de Autonomía como un problema para la unidad de España. En este sentido, como reflexión posterior a la visita que el Embajador italiano realizó a Barcelona a finales de febrero de 1933, y que retomaremos más adelante, escribía:

De cualquier modo, sea cual sea el porvenir de Cataluña y de sus instituciones, no he tenido la impresión de que el Estatuto acordado sea por sí mismo capaz con su aplicación de alejarla cada vez más de la vida política de España como Estado unitario. Es cierto que ningún Gobierno español podría ahora volver hacia atrás y abolir los acuerdos establecidos sin afrontar una violenta y sangrienta rebelión catalana. En cambio, dichos acuerdos, si son aplicados con buen sentido en Madrid tanto como en Barcelona, podrían eliminar aquellas fricciones y aquel descontento que durante tanto tiempo han envenenado sus relaciones y constituido siempre un elemento de debilidad del Estado español.[102]

Ciertamente, la reflexión no iba muy desencaminada. Era verdad que la consecución de la autonomía catalana creó un nuevo escenario político en el tablero español. Un escenario propio catalán de una extraordinaria importancia en la política española, especialmente, a partir de la victoria conservadora de noviembre de 1933.

LAS CONTRADICCIONES DEL CATALANISMO Y EL ORDEN PÚBLICO

Al margen de la dinámica institucional estricta del catalanismo en el poder de la Generalitat, o sea, erc pero también la Lliga, los informes de la diplomacia italiana presentaron a su gobierno en Roma los principales problemas y contradicciones internas del nacionalismo catalán, unas contradicciones que se centrarían básicamente en dos hechos: las relaciones y pactos de «no agresión» entre la cnt y erc y sus consecuencias en la actuación policial respecto a la violencia social y, en segundo término, el separatismo «potenciado» –según la interpretación italiana– por la Lliga y sus intereses industriales.[103]

Si el 9 de abril de 1931 el Consulado de Barcelona informaba a Roma del papel decisivo de la actuación de las masas obreras para decantar hacia uno u otro lado las elecciones municipales del día 12, después de la victoria republicana este hecho tomaría más relevancia aún. Ya el 25 de abril, a sólo dos semanas de la proclamación del nuevo régimen, el Consulado constataba los resultados del pacto tácito cnt-erc en la falta de actos de violencia social a diferencia de la capital de España, donde se produjeron quemas de iglesias. Mientras que dos días después la Embajada en Madrid avisaba de las grandes contradicciones de los apoyos que habían permitido a Esquerra acceder al poder en el contexto de las negociaciones con el gobierno republicano:

Ahora sucede que mientras la ex «República Catalana» y actual «Gobierno del la Generalitat de Catalunya» negocia con el Gobierno central de Madrid un modus vivendi que permita llegar sin graves rozaduras a las Cortes Constituyentes (...), la Confederación Nacional de Trabajo se opone enérgicamente a cualquier forma de separatismo y declara que contra el separatismo luchará con la «resistencia pasiva», con la huelga general y también, si es necesario, con la revuelta armada.[104]

Según esta visión, el préstamo de votos anarquistas a erc se había debido no a la simpatía o apoyo hacia Macià o las demandas autonomistas catalanas, sino exclusivamente para posibilitar la derrota del «capitalismo» de la Lliga Regionalista y acabar con la monarquía. Por lo tanto, desde la visión de la diplomacia italiana, el catalanismo tenía una extrema debilidad en sus planteamientos. Por una parte, erc necesitaba la ayuda de la cnt para cualquier empresa autonomista o separatista, mientras que la derecha del nacionalismo catalán, la Lliga, no podía salvar su propia contradicción: alejarse de España pero salvar su mercado comercial. El informe lo explicaba con una metáfora suficientemente significativa:

Otro equívoco que se manifiesta sobre todo en Cataluña es que las mismas personas que favorecen la tendencia separatista desde un punto de vista teórico y sentimental, en cambio están interesadas en el mantenimiento de la Unidad Nacional, porque las industrias de Cataluña tienen una necesidad absoluta del mercado interno español y de la protección aduanera. Veremos cómo resolverá Cataluña el problema de la cuadratura del círculo, cuando próximamente deberá elaborar y votar el Estatuto regional, que después será sometido a discusión y a la aprobación de las Cortes Constituyentes.[105]

Volviendo sobre esta cuestión, aún un mes después de este texto, el Embajador volvía a reseñar el equívoco de los intereses compartidos entre Esquerra y la cnt: «Por otra parte, no se puede olvidar que la “Confederación General del Trabajo” [se refiere a la cnt] (...), muy fuerte en Cataluña, que había determinado en las elecciones del 11 de abril la victoria de Macià, no es para nada separatista, sino que pretende únicamente conquistas de orden social».[106]

Esta evidente contradicción de objetivos, aún más compleja si tenemos en cuenta la diversidad interna de Esquerra donde convivían distintos sectores, no haría nada más que instalar una sombra de duda constante sobre el éxito de las consultas electorales realizadas en Cataluña. Además, el aparente pacto tácito entre la formación de Macià y el principal sindicato obrero del país condicionaría sobre todo la acción de las autoridades en un territorio como el catalán, de gran concentración industrial y, por lo tanto, de remarcable conflictividad obrera. Así, al igual que las anteriores citas, los informes italianos, preocupados en salvar la producción de las industrias transalpinas en Cataluña (principalmente las fábricas Pirelli, Cinzano o Hispano-Olivetti), harán constante referencia a esta contradicción. De esta manera, el 17 de junio la Embajada comentaba la cada vez mayor y peligrosa contradicción en que se estaba instalando Macià al pedir los votos de la cnt para las elecciones a Cortes Constituyentes: porque la Confederación Nacional del Trabajo, que ha ganado en las elecciones administrativas, y los intereses de la gran industria catalana son opuestos a cualquier forma de separatismo y si en las próximas elecciones políticas el citado presidente del «Estado de Cataluña» obtiene una nueva victoria (...) el equívoco no hará nada más que agravarse en cuanto que los votos de los Sindicatos únicos (...) le serán de nuevo dados sólo para crear problemas y posiciones comprometedoras en las cuales el comunismo pueda chapotear y pescar y proseguir en su sistemática obra demoledora.[107]

Este aspecto no sólo se relacionaba con el pragmatismo político de Esquerra, sino también con una cierta posición paternalista de Macià hacia los obreros que intentaba acercarlos al proyecto político de su formación. Un proyecto, el de erc, que se reclamaba interclasista y socializante, pero que a la hora de la verdad quedaba muy lejos del radicalismo social del anarquismo.

Relacionado con ésta, una cuestión no menor que importaba a los observadores italianos en esta temática fue la constante tarea de moderación y de oposición de Macià y erc respecto a la acción punitiva de la policía y de los gobernadores civiles (especialmente el de Barcelona) hacia el movimiento obrero. Una realidad que se manifestaba en informes como el del 20 de febrero de 1932, en el que hablando de los intentos policiales de detener diversos elementos revolucionarios se escribía: «En uno de los locales designados como centro de propaganda subversiva y que el Gobernador Civil se disponía a hacer cerrar, por instrucciones llegadas de Madrid, la policía fue frenada por encontrase en frente al Coronel Macià y el Alcalde [de Barcelona y de erc] Aiguader». Esta posición, ya entrados en 1932 y después de los hechos revolucionarios de principios de año en la cuenca minera de Súria y Fígols, eran interpretados por la diplomacia italiana como el mantenimiento de una alianza con finalidades de presión nacionalista-autonomista sobre el gobierno republicano: «Según la hipótesis que señalaba antes, el separatismo catalán personificado por Macià se mantendría en estrecha relación con la fai y mantendría la acción de contaminación social para conservar afilada el arma de la que pretendería servirse en caso de que el Estatuto saliese demasiado mutilado de las discusiones y votaciones de las Cortes».[108]

De la misma manera, pocas semanas antes se había interpretado el cambio del gobernador civil de Barcelona, de Oriol Anguera de Sojo a Joan Moles i Ormella (próximo a erc), como una victoria de la presión de la cnt sobre erc, una fuerza de presión del sindicalismo más revolucionario y radical sobre un partido como Esquerra que detentaba todos los poderes de la nueva Cataluña autónoma, que ponía en peligro la misma industria catalana al parecer de la visión diplomática italiana. En esta dirección, varias veces se manifestaría la presión cada vez más «insoportable» a la que se veían sometidos los industriales del país, que en algunos casos llegaron a pensar en trasladar sus fábricas fuera de Cataluña: «También los talleres de Pirelli de Manresa, que aunque disponiendo de una maestranza en general fiel, satisfecha y extraña al uso de las imposiciones [protestas obreras], han sido objetivo de una ínfima minoría portavoz del Sindicato único».[109]

Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.