Kitabı oku: «El cambio después del cambio»

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EL CAMBIO DESPUÉS DEL CAMBIO

Esta obra reúne reflexiones de analistas y experiencias de participantes directos de los principales procesos políticos acaecidos durante 2015-2020. Durante este período de nuestra historia reciente pudimos ver el ascenso y el descenso de Cambiemos, la caída y el regreso del peronismo, la emergencia de nuevas formas de comunicación y el retorno a otras viejas. En estos años, se produjo también la irrupción de nuevas agendas y formatos de comunicación en un marco de creciente profesionalización de las campañas electorales. En un tiempo de paradojas y sorpresas, asistimos al triunfo de la comunicación política y, al mismo tiempo, su crisis.

Con la participación de destacados profesionales de nuestro país, El cambio después del cambio se plantea como una invitación de los principales consultores políticos del país a reflexionar sobre el campo de la comunicación política, conocer la trastienda de las campañas electorales y pensar los procesos políticos contemporáneos desde un amplio abanico de miradas.

La Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP) es una institución sin fines de lucro creada en 2014 por profesionales de diversas disciplinas que se dedican a la consultoría política, entendida esta como una actividad que involucra la investigación de la opinión pública, la planificación y la ejecución de la comunicación política en su totalidad. Su principal objetivo es “promover el fortalecimiento, progreso y avance de los consultores políticos, con el fin de generar comunidad y espacios de interconsulta y aprendizaje entre pares, al igual que promocionar el conocimiento público de las competencias y funciones de la profesión”.

ASOCIACIÓN ARGENTINA DE CONSULTORES POLÍTICOS

EL CAMBIO DESPUÉS DEL CAMBIO

POLÍTICA Y CAMPAÑAS EN LA ARGENTINA

2015-2020

Índice

  Cubierta

  Acerca de este libro

  Portada

  Prólogo, por Mauricio De Vengoechea

  Introducción

  El centro político en el imaginario social, por Ricardo Rouvier Imaginario La crisis de las ideologías Conclusiones Bibliografía

  El gobierno de Mauricio Macri: principales sucesos y su impacto en la opinión pública bonaerense, por M. Florencia Filadoro Primera parte del gobierno de Macri: de enero de 2016 a octubre de 2017 Segunda parte del gobierno de Macri: noviembre de 2017 a agosto de 2019 Conclusiones Bibliografía

  Las preferencias institucionales de la sociedad argentina durante el gobierno de Cambiemos: entre el Estado y el sector privado, por Augusto Reina y Máximo Reina Introducción Consenso privatista y estatista La imagen del sector público y el sector privado ¿Dónde trabajarías si…? Resonancias de lo público y lo privado como ámbitos de empleo La crisis del “consenso privatista”: empresa y empresario Conclusiones Bibliografía

  Feminismos de opinión pública, por Daniela Barbieri Aborto: el divisor de aguas Consignas que distancian ¿Y el lenguaje inclusivo? Bibliografía

  El voto volátil en la sociedad civil argentina, por Santiago Ruggero Introducción El tacticismo electoral en la ciudadanía Características del segmento de votantes volátiles Peronismo, kirchnerismo y Cambiemos: semblantes en las representaciones del electorado Conclusiones Bibliografía

  Organizando la (con)gestión: desafíos de la comunicación gremial, por Emanuel Pagés Los primeros pasos Ciencia versus intuición: indicios de cambios institucionales Una imagen vale más que mil palabras Una campaña positiva La unión hace la fuerza Camino se hace al andar Bibliografía

  Aprendizajes del primer debate oficial argentino (2019), por Belén Amadeo La ley del debate oficial y obligatorio La organización del primer debate oficial y obligatorio Algunas reflexiones finales Bibliografía

  ¿Cuál es el impacto de los debates presidenciales?, por Augusto Reina Introducción ¿Cómo investigar los debates? El impacto de los debates en el ciclo de atención mediática Electores y debates ¿Cómo impactó el discurso político en los electores? Conclusiones Bibliografía

  Elecciones provinciales 2019: el caso de Cambia Mendoza, por Andrés Lombardi

  Cuando el Clio le ganó al big data: notas sobre un triunfo inesperado, por Ignacio Ramírez La sorpresa La hegemonía duranbarbista La campaña de la campaña “Axel en persona” ¿El Clio fue un in. Vento? “Llegando, llegaste” Contra el odio Bibliografía

  La campaña presidencial de Alberto Fernández, por Juan Courel Polarización, discursos de trincheras y tierra de nadie Adiós inercia De las derrotas se aprende más El escenario preelectoral El votante objetivo Una nueva identidad y un nuevo discurso El contraste La campaña Los críticos de la campaña y una pequeña autocrítica Siempre es la economía Otra vez la política La sustentabilidad del mensaje electoral

  Créditos

Prólogo

Mauricio De Vengoechea

Presidente IAPC

(Asociación Internacional de Consultores Políticos)

Durante años vivimos convencidos de que el mundo había cambiado y el cambio se había producido en las postrimerías del siglo XX y los inicios del XXI, siglo en el que hoy vivimos. Entonces, como consultores que somos, muchos de nosotros nos dimos a la tarea de interpretar lo que estaba ocurriendo para hacer caer en cuenta a nuestros clientes, los políticos, acerca de la necesidad de adoptar una nueva forma de comunicarse con ciudadanos y electores, ya que la era de la comunicación unilateral había terminado y estábamos entrando en un nuevo modelo de comunicación política. Lo explicábamos asegurando que los avances de la tecnología nos obligaban a dejar de utilizar la comunicación de uno a muchos, para entrar en una etapa nueva en la que todos pasábamos a ser receptores y emisores al mismo tiempo, por lo que debíamos comenzar a comunicarnos en una nueva lógica de muchos a muchos.

Sin embargo, ocurrió algo inesperado que al principio no dejaba de sorprendernos. Cuando concluíamos que el cambio se había producido en un período determinado e inamovible de tiempo, nos percatamos de que seguían apareciendo cambios y cambios cada vez más dinámicos y de manera cada vez más activa, lo que nos llevó a pensar, como si se tratara de algo mágico, que la realidad podría llegar a superar a la imaginación. Lo que realmente estaba ahí sucediendo frente a nosotros era que el desarrollo vertiginoso de la tecnología dinamizaba los acontecimientos de modo mucho más rápido de lo que pensábamos. Ya nada podría detenerse porque había comenzado la “era de la actualización permanente” donde los cambios se producen no cada cierto tiempo, sino en forma permanente y en tiempo real.

No hay duda de que, en épocas pasadas, en las que existía la unilateralidad comunicacional y los medios tenían el control absoluto de la información y la comunicación, todo era más fácil. El sujeto emisor, con la ayuda de sus aliados, los medios de comunicación masiva, controlaba el manejo del mensaje. Los demás éramos todos simples espectadores pasivos y nuestro único control era el control remoto, con el cual cambiábamos de canal o de estación cada vez que queríamos desentendernos de aquello de lo que intentaban persuadirnos.

La aparición de internet, en el último cuarto del siglo pasado, revolucionó por completo la comunicación en general y la comunicación política en particular. Desde el momento en que tuvimos acceso a internet, comenzamos a convertirnos en sujetos activos y emisores de la comunicación, y la política dio un vuelco de ciento ochenta grados, ya que nos empoderó a todos los ciudadanos.

En la comunicación política moderna, mientras tengamos acceso a internet, todos somos actores con capacidades similares. Desde el gobernante, el candidato, el periodista hasta el ciudadano del común, todos absolutamente todos podemos llegar a tener influencia. Algo que ahora ocurre porque el poder de persuadir, de influir y hasta de movilizar ya no se opera de manera exclusiva a través de las cadenas masivas de radio y televisión y mucho menos de los editoriales de los periódicos o diarios que, en alguna época, pusieron y quitaron presidentes. Hoy lo que importa ya no son los medios, sino el contenido.

Cómo olvidar la emoción que nos produjo la aparición del email y el ya no tener que salir a comprar estampillas de correo para enviar una carta. Bastaba con abrir una cuenta de correo electrónico para enviar y recibir mensajes de trabajo o comunicarnos con nuestros amigos y conocidos de manera casi inmediata.

Hoy el correo electrónico, que fue una de las primeras novedades, podría estar en vía de extinción y desaparecer, así como desaparecieron AOL, Yupi y Terra, sitios que lo ofrecían. Solo pensemos que algunas universidades están eliminando la comunicación con sus estudiantes vía este mecanismo porque han preferido crear sus propias plataformas o porque lo reemplazaron por sistemas de mensajería donde los estudiantes acceden a diario desde sus computadoras portátiles, tabletas o teléfonos inteligentes. Lo que ocurrió desde entonces es una verdadera avalancha de cambios y transformaciones, muchas de las cuales utilizamos a diario y otras no terminamos de entender por completo.

Apareció Bill Gates y el sistema operativo Windows de su empresa Microsoft, con la visión empresarial agresiva de pretender monopolizar el mercado global, intentando que su producto se instalara en todas las computadoras del planeta. Lo verdaderamente increíble es que estuvo a punto de lograrlo, a no ser por la aparición gratuita de Linux y el open source.

También apareció Google, el buscador por excelencia que nos ahorró tiempo y dinero en el acceso a la información. Hoy Google dejó de ser un simple buscador y se ha convertido en el mayor banco de datos existente. Google trabaja para poner internet gratuito en el planeta (lo que acabaría para siempre con las compañías telefónicas); y por tratarse de una de las empresas más avanzadas en investigación de inteligencia artificial, ya domina el uso de sistemas programáticos de segmentación y colocación publicitaria. De hecho, y los invito a comprobarlo, Google es un gran predictor de resultados electorales a través de las búsquedas que hacen los ciudadanos de los candidatos en las últimas semanas de contienda, allí donde hay elecciones.

Con Google llegó Wikipedia, un sistema colaborativo de conocimiento y almacenamiento de información que envió las enciclopedias a dormir el sueño de los justos o, en el mejor de los casos, a decorar las bibliotecas de nuestros abuelos. Irrumpió igualmente YouTube, otro buscador que responde a nuestras preguntas con ejemplos audiovisuales sobre cualquier duda que tengamos y que, al mismo tiempo, se convirtió en nuestro propio canal de televisión, ya que nos permite compartir allí en forma gratuita nuestros propios contenidos audiovisuales grabados desde nuestros teléfonos móviles, sin tener que acudir para ello a un estudio o canal de televisión.

Luego vinieron las redes sociales, que potenciaron de manera geométrica la capacidad de intercomunicación entre personas del común. Facebook, cuando todavía ensayaba su modelo de negocio, nos distraía adquiriendo granjas virtuales en las que acumulábamos ganado, ovejas, tractores, hortalizas y cercas virtuales. Hoy no solo es un gran negocio que posee y maneja los datos de millones y millones de personas, sino que si Facebook fuese un país, competiría en población con India y China. Facebook, al igual que Google, además de ser un gran banco de datos, es un potente desarrollador de inteligencia artificial y realidad virtual.

Twitter se convirtió rápidamente en la red de la política. Allí los políticos del mundo entero nos comparten sus agendas, sus mensajes y hasta sus rabietas, y nosotros tenemos la capacidad de seguirlos, aplaudirlos o criticarlos. Twitter, que en un momento estuvo mal económicamente, hoy tiene tanto poder e incidencia en la política que el expresidente de Estados Unidos Donald Trump utilizaba esta red para gobernar y para atacar a sus adversarios al mismo tiempo. En esto último, no solo montó una guerra frontal contra medios como CNN, el New York Times y otros, sino que se convirtió en promotor de noticias falsas (fake news) que sus fanáticos se creían, al punto tal que Twitter decidió suspender su cuenta.

El presidente Nayib Bukele de El Salvador es el primer mandatario que hace su campaña completamente a través de las redes; el expresidente Álvaro Uribe de Colombia postea entre quince y veinticinco trinos diarios desde las 4 am, hora en que se despierta, hasta las 7 am, cuando intenta calmarse de nuevo; y el presidente Luis Abinader de República Dominicana realizó en el período de transición todos los nombramientos de miembros de su gabinete de gobierno mediante lo que se conoció como los “decretuits”.

Muchas otras redes han aparecido y desaparecido simplemente porque no lograron instalarse como hubiesen querido, al menos no para ser tenidas en cuenta en el quehacer de la política de hoy; y a reserva de que surjan nuevas redes que aún no conocemos los atractivos e innovaciones que traigan consigo, la comunicación política moderna se mueve hoy a través de Facebook, Instagram, Twitter y, más recientemente, TikTok, que es la red que conecta mejor con el sector joven de la población.

Ahora bien, si alguien llegó en medio de tantos cambios para revolucionar las comunicaciones por completo y democratizarlas, ese fue Steve Jobs, quien a través de una plataforma portable estéticamente bien diseñada, integró y puso a nuestro alcance en un solo lugar una cámara de fotografía y una de video de alta resolución, uno o varios canales de radio y televisión, una computadora, los buscadores de internet y la capacidad de publicar nuestro propio contenido en un blog, acceso a miles y miles de aplicaciones que nos ofrecen todo tipo de herramientas –desde juegos hasta estudios de edición visual y audiovisual, algunos de alta resolución–, todas la redes sociales como plataformas de comunicación que podemos utilizar, potentes sistemas de mensajería, acceso a los canales de noticias del mundo entero en el mismo momento en que estas suceden, los movimientos de las bolsas de valores y la posibilidad de invertir en ellas, el manejo de nuestras propias cuentas bancarias y nuestras tarjetas de débito y crédito, miles de ofertas y oportunidades de negocios que se interconectan con tan solo pulsar un par de veces, la capacidad de comprar y vender lo que se nos ocurra y una potente nube de almacenamiento a la que podemos acceder en cualquier momento y lugar, desde nuestros teléfonos inteligentes, siempre y cuando tengamos acceso a wifi. En fin, todo lo que necesitamos para simplificar nuestras vidas y la de los demás, en una sola plataforma. Quizás sea por ello por lo que algunos hablan de tres manzanas que simbolizan la creación, evolución y transformación del mundo: la de Adán y Eva, la de Newton y la de Steve Jobs.

Ahora bien, para resumir cómo todos estos cambios han influido e influyen en nuestro negocio, basta traer a colación dos ejemplos: la primera campaña de Barack Obama en Estados Unidos, que nos demostró que con un buen contenido, el uso de todas estas nuevas plataformas y herramientas puede generar un valor agregado inconmensurable a nuestro trabajo si las sabemos utilizar para persuadir voluntarios y electores; y la campaña de Donald Trump, la cual nos enseñó también que todas estas plataformas y herramientas sirven para atacar y enfrentar despiadadamente a los contrarios, a la hora de querer quedarnos con el terreno de la contienda y dominar plenamente el espacio de la política. La campaña de Trump, con la acumulación y utilización de datos de los electores, analizados y segmentados por uno o varios algoritmos, logró meterse en sus vidas más allá de lo que jamás imaginamos.

El ejemplo de Cambridge Analytica nos demostró con sangre hasta dónde se puede llegar. Es a partir de ese momento cuando las campañas políticas comenzaron a utilizar todo lo que ya sabían acerca de nosotros, los electores, para manipularnos: quiénes somos, qué hacemos, cuándo lo hacemos, cuáles son nuestros hábitos y nuestros gustos, dónde los adquirimos, cómo los cultivamos y con quiénes los compartimos, cuánto estamos dispuestos a ofrecer por ellos y a través de qué mecanismo de pago los adquirimos. Qué leemos, con qué frecuencia y cuáles son nuestras preferencias ideológicas y políticas, y a partir de allí, comenzaron a segmentarnos y a seguirnos (podríamos quizás decir a perseguirnos) de tal manera que hoy nos sentimos espiados en todo momento. Hoy algoritmos perfectamente moldeados nos microsegmentan, nos georreferencian, estemos donde estemos, y nos llenan de contenidos digitales para convencernos acerca de que tal o cual candidato es quien mejor refleja o simboliza lo que ya pensamos, sabemos y creemos, y es que cuando hablamos de big data, ya no hablamos de algo que vendrá en el futuro porque simplemente ya está ahí presente en nuestras vidas y lo seguirá estando de manera cada vez más presente, potente y precisa en los años venideros.

Lo más reciente, la aparición de los NFT o respuesta digital a piezas únicas de colección, nos ilustra acerca de cómo los cambios son cada día más inexplicables. Para quienes no hayan escuchado hablar aún de ellos, se trata de adquirir piezas únicas de colección en el mundo digital, mediante “tokens no fungibles”, que es el significado de NFT (según sus siglas en inglés). Suena extraño, pero hoy podemos llegar a convertirnos en propietarios de una pieza digital única sin que jamás recibamos el original de la pieza por la que estamos pagando. Christies, la famosa casa de subastas, vendió una obra de Mike Winkelmann, artista mejor conocido como Beeple, por 69 millones de dólares. El artista retuvo los derechos de autor de su trabajo para así poder continuar produciendo y vendiendo copias de este, pero el comprador del NFT por ese valor posee un token que prueba que él es el propietario de una obra “original” que quizás nunca vaya a observar en persona. El fundador de Twitter, Jack Dorsey, vendió su primer tuit por 2,9 millones de dólares, y aunque esté publicado en su cuenta y podamos verlo quienes lo busquemos en su cuenta, la persona que pagó por el tuit es hoy el propietario digital de este.

¿Qué nos espera entonces a los consultores políticos, que durante años nos acostumbramos a realizar nuestro trabajo siguiendo las enseñanzas de Joseph Napolitan, el padre de la consultoría política moderna, cuando en una sola frase simplificó maravillosamente lo que hacemos diciendo: “Defina qué va a decir, defina cómo lo va a decir y dígalo”.

En la humilde opinión de alguien que se ha dedicado durante cuarenta años a hacer más política que marketing a través de la consultoría, ya no se trata de la especialización y lo que podría venir más temprano que tarde, es la desnaturalización de las campañas. De ser así, los estrategas terminaremos siendo desplazados por la inteligencia artificial; la investigación, por la observación, acumulación y análisis algorítmico de millones de datos en big data; la segmentación de audiencias será reemplazada por la nanosegmentación, que habrá de llevarnos a la comunicación y repetición de mensajes ya no a grupos o segmentos de electores, sino directamente a individuos mediante sistemas completamente automatizados, y quizás los robots terminen siendo nuestros próximos clientes. Los electores votarán por ellos sin tener que desplazarse a los centros de votación para ejercer su derecho, sino que lo harán poniendo su huella o el iris de sus ojos en sus teléfonos celulares u pidiéndole a Alexa o Siri que se encarguen de ello.

¿Suena utópico? Basta con que recordemos que ya en Japón las autoridades electorales permitieron la participación de Michihito Matsuda, un robot que se presentó como candidato a la alcaldía de un distrito en Tokio con la promesa de combatir la corrupción y obtuvo 4013 votos, colocándose como el tercer candidato más votado en esa contienda.

Así pues, queridos colegas de ASACOP, a quienes agradezco la amable invitación para escribir el prólogo de este interesante libro en el que distinguidos colegas y amigos profundizan sobre diferentes tópicos de nuestra profesión, sin ánimo alguno de ser alarmista ni futurólogo, les digo que o intentamos entender lo que ocurre y nos adaptamos a este mundo de cambios constantes o quedaremos como muchos rezagados en un camino que ya no tiene vuelta atrás.

Mayo de 2021

Introducción

Luego de las elecciones presidenciales celebradas en 2015, Argentina daba inicio a un proceso político con una nueva e incierta correlación de fuerzas. Cambiemos, un partido nacido en el siglo XXI, emergió como una fuerza política nacional y obtuvo la mayoría electoral para alcanzar la presidencia.1 Mauricio Macri asumió la presidencia con muchas expectativas y una serie de dificultades. A las preguntas habituales sobre el devenir de un gobierno, al de Macri se le sumaban interrogantes sobre su capacidad de acción y la sustentabilidad de la coalición política y social que lo respaldaba. En paralelo, el peronismo tras ser gobierno en los tres períodos presidenciales previos, se hallaba varias veces dividido en el espectro opositor. La crisis partidaria tras la derrota electoral inició una diáspora de dirigentes y el comienzo de una disputa por el nuevo liderazgo del peronismo.

La presente publicación se enfoca en los años posteriores a la elección presidencial de 2015, para registrar la experiencia del gobierno de Cambiemos, su intento de rediseñar el espectro político, de construir una nueva matriz de valores sociales o incluso el respaldo de su gestión en la opinión pública, cuyo proceso político se cierra con las campañas electorales de 2019 y una derrota del gobierno de Macri ante un peronismo reagrupado.

El título del libro procura ser una síntesis de la recurrencia política vivida durante aquellos años. En este período podemos ver el ascenso y el descenso de Cambiemos, la caída y el regreso del peronismo. La emergencia de nuevas formas de comunicación y el retorno a viejas formas de comunicación. El triunfo de la comunicación política y, al mismo tiempo, la crisis de la comunicación política. Se observaron también la emergencia de nuevas agendas de comunicación y la creciente profesionalización de las campañas electorales.

Esta publicación recoge experiencias de analistas y partícipes primarios de los principales procesos políticos acaecidos durante el período 2015-2020. Incluye una diversidad de voces, provenientes de experiencias en diferentes partidos políticos, de manera que aquí las contradicciones y los disensos no son un accidente, sino una búsqueda.

El prólogo de esta publicación está a cargo de Mauricio De Vengoechea, presidente de la International Association of Political Consultants y consultor político de amplia trayectoria, y en él brinda una síntesis sobre los cambios en la sociedad, las campañas y la profesión e invita a repensar el sentido de la consultoría política, de cara a los desafíos que se nos hacen presentes.

Las contribuciones realizadas en el libro de la Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP) siguen dos ejes. Una primera parte contiene artículos que nos ponen en perspectiva la experiencia de Cambiemos y su impacto en la dinámica política argentina. Tal es el caso del artículo de Ricardo Rouvier sobre la reinvención del espacio del centro político, el registro sobre los vaivenes de la aprobación presidencial de Mauricio Macri realizado por Florencia Filadoro o el análisis sobre los cambios y las continuidades de la opinión pública en torno a los valores de la sociedad argentina de Máximo Reina y Augusto Reina.

Uno de los hechos sociales más movilizantes y perdurables de aquellos años, luego del movimiento Ni Una Menos de 2015, fue la emergencia de la agenda feminista en el debate público argentino. Este hecho social se magnificó a propósito del primer intento de sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo en 2018. Daniela Barbieri analiza esta expansión de la agenda de género en la sociedad y presenta resultados de estudios que muestran cómo fue recibido este universo de sentidos y expresiones en la opinión pública.

La segunda parte tiene el foco puesto en los procesos electorales. El artículo de Santiago Ruggero estudia la volatilidad del voto argentino, analizando el viraje en los segmentos de la ciudadanía que votaron por distintas fuerzas en las elecciones de 2011, 2015 y 2019. Luego, el caso que presenta Emanuel Pagés procura ser una microescena de la creciente profesionalización que tienen las campañas en nuevos ámbitos de aplicación, como los gremiales. Posteriormente, se pone el foco en el proceso electoral de 2019. La campaña presidencial tuvo por primera vez un debate presidencial oficial, un hecho histórico que es registrado con detalle por Belén Amadeo y analizado en sus efectos por Augusto Reina.

Finalmente, se encuentran tres casos de los más resonantes del proceso electoral 2019. Andrés Lombardi describe la experiencia de la campaña que se llevó adelante para elegir al gobernador de Mendoza, Rodolfo Suarez, durante 2019. Ignacio Ramírez narra el proceso a través del cual se diseñó y se llevó adelante la campaña de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, el distrito de mayor peso electoral del país donde el Frente de Todos obtuvo una victoria sorpresiva en 2019. Luego contamos con el artículo de Juan Courel, partícipe de la campaña nacional del Frente de Todos que obtuvo la victoria del binomio presidencial de Alberto Fernández y Cristina Fernández.

Esta publicación de ASACOP es la primera en contar con un Consejo Editorial. En esta oportunidad cada artículo recibido participó de un proceso de referato ciego entre pares con el objetivo de enriquecer las miradas. Fueron parte del Consejo Editorial Belén Amadeo, Adriana Amado, Rocío Annunziata, Ernesto Calvo, Carlos Gervasoni, María Matilde Ollier, Alejandro Prince y Luis Tonelli, a quienes les agradecemos enormemente el trabajo y la dedicación.

La Asociación Argentina de Consultores Políticos es una organización que nuclea a los profesionales dedicados al creciente campo profesional de la consultoría política. Una de las finalidades de ASACOP consiste en generar espacios de reflexión profesional para intercambiar las experiencias vividas en la práctica de la consultoría política. Esta publicación procura ser un ejemplo de esa pausa reflexiva para compartir los aprendizajes de los procesos políticos en los que se han intervenido. En una profesión tan tironeada por los valores de la victoria y la derrota, resulta útil encontrar un ámbito donde reflexionar sobre los medios utilizados para transitar un camino, independientemente de su resultado.

Augusto Reina

Presidente de ASACOP

(2018-2021)

María Florencia Filadoro

Presidenta de ASACOP

(2021-2023)

1. En una publicación previa de ASACOP se analizaron las particularidades de aquella campaña y las innovaciones comunicacionales que trajo de ambos lados.

El centro político en el imaginario social

Ricardo Rouvier*

No es sencillo definir “centro” en el horizonte político. Con una visión topográfica, resulta accesible señalar que el centro es lo que está “entre” los extremos. Si los términos se mantienen como una abstracción propia del lenguaje académico, resulta posible mencionarlo y señalarlo a través del lenguaje. El problema se presenta en la pragmática política, cuando cualquier profesional u organización política apela o debe apelar a tal localización para explicitar su posicionamiento. En este sentido, lo que se observa primero es la negatividad hacia los polos. El centro político es lo que no es. Esta paradoja tiene consecuencias en el desempeño del escenario del espacio público y constituye, generalmente, un verdadero desafío para los especialistas en comunicación política, por esa situación vacilante entre dos posturas definidas.

En el caso de las campañas electorales, la identificación de la categoría no tiene más remedio que referenciarse en los otros, ratificando un posicionamiento que lo ubique entre los polos extremos: uno más preocupado por la libertad, tradicionalmente defendido por la derecha; y el otro que pone el acento en la equidad, tradicionalmente planteado por la izquierda.

Dentro de la caracterización de centro, quedan comprendidos partidos políticos, dirigentes e ideologías que aparecen, en teoría, como un intermedio en una polaridad que fuera inaugurada por la Revolución francesa. Obviamente depende del contexto de una realidad que tiene su historicidad y que influye fuertemente en la constitución, identidad y dinámica de las fuerzas políticas. Hay momentos en que las sociedades atraviesan procesos de polarización que borronean las posiciones centristas. Un predominio de lo agonal en la dinámica política nacional genera la bipolaridad y la desaparición de posiciones más matizadas. En cambio, en un escenario más diverso, se intercalan posiciones más afinadas para el observador y como oferta política a la sociedad. Surgen denominaciones como “centroderecha” o “centroizquierda”, considerando que existen segmentos dentro del universo electoral que responden a esas tonalidades o semitonos. En nuestro caso, hay que agregar un condimento coyuntural preocupante: la presencia del “odio” como una característica del debate político; sobre todo ese sentimiento se muestra obscenamente en la comunicación que se vehiculiza por las redes.

Cuando se habla de contexto la referencia, son factores externos los que intervienen, de manera directa o indirecta, en la sociedad política. Hay países con mayor experiencia política, pero esto es independiente del grado de politización. “Este es un país politizado pero sin cultura política”, decía Juan Domingo Perón en 1973. Además, el escenario argentino o latinoamericano ofrece diferencias locales y regionales que contrastan con la distancia de una topografía de derechas, centro e izquierdas que se da en Europa. Desde ultramar provenían no solo la importación de productos terminados, sino también el ingreso de modos de pensar y de enseñar, cuyo resultado fue un mix entre lo extranjero dominante y la propia particularidad nacional que, muchas veces, se abría paso a través del conflicto. El radicalismo y después el peronismo fueron ejemplos del conflicto de la presión del contexto respecto a la construcción local de lo político. Fue su reacción nacional a lo establecido.

Cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial, se abrió la expectativa de una tercera guerra y también se abrió una nueva perspectiva para buena parte del mundo occidental, un cambio del estilo de vida, que expandió las democracias y el entusiasmo por la recuperación económica, que incluyeron cambios en las costumbres y hábitos sociales. Se dejaron atrás los autoritarismos que se habían construido en el centro de Europa y habían dejado un saldo dramático en cuanto a la pérdida de vidas humanas y destrucción material. A pesar de haber terminado los autoritarismos de Alemania, Italia y Japón, se mantuvo por unos años el dominio de Stalin en la Unión Soviética y el triunfo de Franco en la guerra civil española, con un millón de muertos. Se iniciaría una larga dictadura, como fue la franquista, y hasta finales de la década de 1980 la Unión Soviética iba a continuar con su hegemonía en muchos países del centro de Europa. La Revolución china ya había ocurrido en 1949. Esto muestra un escenario dentro del contexto donde concurren factores estructurales y superestructurales, de acuerdo a la metáfora marxiana, que combinaban su influencia en la construcción de políticas públicas. En los procesos tardíos de modernización del siglo XIX de América Latina y el Caribe, que incluían también la consolidación de un Estado nacional con su realidad territorial, social y cultural, se generó una realidad de política interna con características especiales que la alejaban de la institucionalidad europea y luego estadounidense. Por el contrario, las luchas, guerras civiles se llamaron en nuestra historia, privilegiaron lo agonal sobre lo arquitectónico. En general, lo ideológico se agotaba en una posición binaria, como fue la lucha contra lo extranjero amenazante y las grietas que internamente se generaron.

Es decir que en la historia argentina no se encuentra con facilidad el despliegue de una topografía completa del horizonte ideológico. Sí se puede advertir que avanzado el siglo XX aparecen los procesos vinculados al comienzo de la industrialización y el incipiente nacimiento de la sociedad de consumo, la nueva sociedad de clases y la conformación de una estructura política que incluía la experiencia nacional como el radicalismo y luego el peronismo. En este punto no se puede dejar de mencionar a la incidencia política de la estructura agroexportadora de principios del siglo XX, articulada con Reino Unido, que era la potencia del momento y con la cual Argentina mantenía estrechas relaciones comerciales. En aquel momento el país era el “granero del mundo” y luego, con la transformación de la economía mundial en su tercera revolución industrial, siguió siendo imaginariamente “el granero del mundo”. La evolución del mundo capitalista generó el nacimiento de una meritocracia que estimuló lo aspiracional. Y lo aspiracional en la Argentina, en la posguerra, fue expresado para las mayorías por el peronismo. Hay varios trabajos académicos que muestran la gran incidencia que tuvo la clase media como soporte del peronismo, y desmitifican aquello que se creía que reposaba solamente en la clase obrera.

Tradicionalmente, el radicalismo expresó el ascenso social de la clase media a principios del siglo XX y que se convirtió en una expresión centrista. Pero a lo largo de su historia política, albergó tanto a una centroizquierda como a una centroderecha; por ejemplo, se puede mencionar al yrigoyenismo de raíz federal y, por lo tanto, nacionalista y más relacionado con la modernización urbana, y, por el otro lado, al alvearismo como expresión de la centroderecha urbana en alianza con el sector agroexportador.

Las sociedades son sistemas de representación y, sobre el escenario público, aparecen diversos imaginarios en juego que compiten entre sí para imponer sus deseos. En su desarrollo, prueban la adecuación e inadecuación entre lo imaginario de la dirigencia política y los imaginarios de la sociedad civil. Cuando se habla de imaginario, se está aludiendo a algo creado o inventado, ya se trate de un relato, de una versión sociohistórica o de una ficción que incide en el tablero político. El sentido, tanto en lo imaginado como en su construcción simbólica, tiene como motor el deseo, individual o colectivo. El deseo de tener o mantener la democracia, la distribución de recursos, la sanción a la conducta desviada, o el deseo de interrumpir la democracia, de la caída de un gobierno, de la guerra o la ética social, etc.

Desde la cuestión del poder, lo imaginario presenta una doble faceta ambivalente: por una parte puede ser instrumento de lo instituido, buscando su legitimación, y por otra, contrariamente, puede movilizar la energía social para impulsar la transformación de la realidad, provocar el cambio.

La democracia fundada en la pluralidad concita la imaginación que surge de la lucha política, en donde la política profesional trata de incitar la construcción de consensos que posibiliten acceder o mantener el poder. Históricamente, la Argentina ha sido atravesada por los imaginarios radicales como civilización versus barbarie; el imaginario federal, con la plena autonomía de las provincias, y por el imaginario peronismo versus antiperonismo. Es oportuno recordar que explícitamente interviene en el concepto el propio Juan José Sebreli, quien publicó su conocido ensayo Los deseos imaginarios del peronismo en 1983, en los albores de la recuperación de la democracia, y que consideraba que la base del imaginario peronista estaba en el nacionalismo europeo, incluyendo el nazismo y el fascismo.

El peronismo, desde entonces, gestionó la mayoría del tiempo como gobierno o como el principal opositor. Por lo tanto, entre los hechos, los mitos y los deseos del justicialismo, se inscribió gran parte de la vigencia del movimiento. Si bien la evolución medida estadísticamente con los principales indicadores de desarrollo económico y social señalan inequívocamente una significativa declinación económica y social del país, esta involución no ha impedido que el peronismo siguiera representando los deseos de una porción importante de la población.

La Argentina es una sociedad abierta, a diferencia de otras sociedades de la región que poseen una matriz cultural de mayor densidad institucional, de mayor historicidad y con una fuerte impronta cultural. Esta comparación fue expresada por la talentosa pluma de Octavio Paz en la siguiente frase: “Los mexicanos descienden de los aztecas; los peruanos, de los incas, y los argentinos, de los barcos”. Las nacionalidades que conviven en la región no ofrecen la misma apertura ante el mundo como la argentina. El mundo estaba en los barcos, predominantemente de raíz europea, y arribó una diversidad étnica que pobló estas pampas, pero sobre todo las ciudades. Todo el aporte inmigratorio a la formación de la Argentina moderna constituye una raíz poderosa que fue base para la configuración política. El socialismo, el marxismo, el anarquismo fueron ideologías de importación; como también lo fue el nacionalismo de raíz católica con notorios reflejos del nacionalismo alemán o italiano entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. En ese punto, el radicalismo hasta el golpe de 1930 fue representante mayoritario de las clases medias y también por el voto moderado entre una derecha oligárquica de base rural y las izquierdas internacionalistas.

Aún hoy, o mejor dicho en mayor proporción hoy, los cambios que ocurren en los países centrales rápidamente llegan, sobre todo a través de la facilidad de una sociológica ancha avenida como es la clase media. La diferencia es que habiéndose asentado el peronismo, este opera como un filtro respecto a las influencias del exterior. Este filtro ha sido o es más eficiente o no según circunstancias locales e internacionales. Pero el peronismo históricamente siempre ha estado muy atento a los cambios mundiales, mientras la otra fuerza, el radicalismo, opera hoy como una fuerza local y su presencia en la Internacional Socialista a la que está afiliada es puramente formal.

En los dinámicos procesos de adaptación a los cambios que se producen, sobre todo en los países centrales de Occidente, hay transformaciones que están ocurriendo a alta velocidad y que involucran no solamente la tecnología y su aplicación a la producción y al consumo, sino también los cambios en las costumbres y hábitos sociales en la relación de la sociedad con la política y el Estado. Dichos cambios generan la caída de las tradicionales formas de representación que son suplantadas por otras. La pérdida del prestigio de las instituciones que ocurre en buena parte del mundo también ha ocurrido en Argentina, a lo que se suma lo que las propias coyunturas aportan en lo económico, en lo político y en lo social. Hay una devaluación del prestigio en las principales instituciones y, por supuesto, en los imaginarios que les dan sentido: la Iglesia, la Justicia, la educación, la familia, la política, el poder; todas atraviesan una crisis de fe. Hay un punto en común y es la autoridad que se ve debilitada y que ha perdido legitimidad al mismo tiempo, paradójicamente, que se expande la democracia y la libertad de costumbres en el mundo.

El carácter extensivo del progreso y de sus inconvenientes va incidiendo en el impulso al cambio en el planeta, transformando ideas y prácticas en obsoletas, muchas veces, por falta de capacidad adaptativa o de velocidad de absorción. En la sociología clásica esto se distinguía en los términos de la bipolaridad modernidad/tradicionalidad, en la cual se juzga negativamente a los escenarios políticos dominados por dos fuerzas contrapuestas y que carecen de ofertas políticas de centro. Se considera que la dinámica política de esas sociedades se simplifica en sus ideologías y se establecen contradicciones fuertes en su evolución.

Desde al acuerdo de Yalta hasta la caída de la Unión Soviética en 1991, el mundo vivió bajo la amenaza de una nueva guerra mundial. Las posiciones políticas centristas más independientes habían manifestado su distancia sobre ambos polos. Sin embargo, en buena parte de los países que incluían partidos que manifestaban ser de centro, había una mayor proximidad con Occidente que con el bloque socialista, es decir, se ubicaban más en la centroderecha.

En lo político, el centro aparece como intento de superación de la dicotomía política, propugnada por los teóricos del autoritarismo de derecha o de izquierda. Muchas veces provocado por el temor de los extremos (pueden ser políticos o pueden ser religiosos) y las posiciones maximalistas que recuerdan al jacobinismo de la Revolución francesa o los partidos nazifascistas. Los países que no han atravesado por la bipolaridad, y en los que existía alternativas de mediación entre los polos políticos, presentan un vínculo entre el Estado y la sociedad más armónico y el debate democrático y las diferencias pueden circular por las instituciones republicanas.

Si bien en Argentina es muy difícil ubicar un centro político por la direccionalidad transversal del peronismo que incluye a lo que en otros países serían sectores moderados, también fueron sectores moderados los que se alinearon a la oposición del peronismo desde su origen institucional. Es decir que la lucha política planteó muchas veces un escenario de oposición cerrada. Aunque la oposición intentó desde la muerte de Perón, el 1 de julio de 1974, superar al peronismo, se lo impedía su propia fragmentación. Y, en ocasiones, la fragmentación del peronismo posibilitaba la llegada de una oposición al gobierno, pero esa llegada era en condiciones de legitimidad acotada.

El centrismo es habitualmente criticado por carecer de ideas fuerza, salvo en situación de crisis, en que la armonía y la negociación deban imponerse. Se lo critica también, como ya fue mencionado, por fundamentar sus posiciones respecto de los otros. No parte de un dogma sobre la sociedad y el Estado, como ocurre con el liberalismo o socialismo, sino que surge de la lucha política y se refuerza cuando este conflicto se encrespa. Se critica también su neutralidad debido a que se apoya en las propuestas de ambos costados. El problema es que normalmente el centrismo se abstiene, pero no propone, ya que comúnmente las propuestas que parten del centrismo puro terminan orientadas hacia la izquierda o la derecha. Incluso se puede percibir esta posición neutra como escasa de información, que sirve para no tomar una opinión incorrecta; sin embargo, esto no significa que abstenerse sea la decisión correcta.

También se ha criticado a las organizaciones políticas que se definen como centristas, pero como una forma de optimismo y de especulación electoral, ya que se trata de capturar votos por derecha y por izquierda. En esto se inscriben los partidos que capturan todo (catch-all party o big tent). Es frecuente que algunos partidos de centro, junto con la retórica ambigua, incluso usen discursividad transversal.

Los imaginarios que rodean al centro apuntan a una posición ideal de la racionalidad política, una comprensión global del horizonte de relación de fuerzas y la “inteligencia” de la ubicuidad.

Imaginario

Se considera que el imaginario colectivo es la configuración de deseos, valores y prácticas sociales que se constituyen sobre la dualidad imaginación y realidad. Este imaginario colectivo surge del requerimiento básico de que haya pertinencia entre el individuo y la sociedad que integra, ser parte de esta. Por este motivo, el colectivo social crea para sí mismo un ideal al que aspira, determinando el dualismo mencionado entre lo que se vive y la aspiración imaginada.

La producción cultural se encarga de crear los símbolos, mitos e imágenes que integran la vida cotidiana real o deseada. Y esta cultura que se establece es producto de un diálogo entre la industria cultural y los públicos. Para Morin, la cultura de masas no existe, porque la industria cultural lo que crea es una cultura positiva, y considera que la cultura de masas es una cultura para ser, una propia cultura. Además de lo político en la mirada del autor, comprende también la relación de mercado entre un oferente y un consumidor. Es indudable que lo aspiracional juega un papel en el vínculo entre ambos. En el análisis sobre la opinión pública hace décadas que ha habido desplazamientos desde el marketing comercial hacia el marketing político (así denominado aunque no resulte muy eficaz el término), y ese desplazamiento permite duplicar la relación entre lo icónico del producto que la publicidad subraya y los deseos imaginarios del sujeto-consumidor.

El concepto de imaginario social es profundizado por Cornelius Castoriadis (1975) y su relación con las representaciones sociales. En este enfoque, la categoría de análisis es una construcción sociohistórica que abarca el conjunto de instituciones, normas y símbolos que comparte un determinado grupo social y que, pese a su carácter no objetivo, interviene en la realidad política y social. De tal manera, un imaginario no es una impostura, sino que se trata de un deseo que tiene consecuencias prácticas para la vida cotidiana de las personas. Castoriadis, al adoptar el concepto de imaginario social, marca una diferencia con el dominio conceptual del estructuralismo y el determinismo marxista. El concepto imaginario supone superar el materialismo ingenuo y el racionalismo extremo al mantener ambos, la razón y lo irracional, como constitutivos de la conducta individual y social. Es indudable que, avanzada la modernidad, lo emocional va ocupando un lugar destacado como parte de la acción social.

No hay que olvidar el reconocimiento hecho a la razón por Max Horkheimer y Theodor Adorno (1994: 59): “El programa de la Ilustración era el desencantamiento del mundo. Pretendía disolver los mitos y derrocar la imaginación mediante la ciencia”. Sin embargo, una sociedad nacional se funda en una serie de imaginarios, los cuales representan distintos mapas cognitivos sobre cómo los habitantes conviven entre ellos en un territorio común. La distancia entre lo real y lo imaginado es la diferencia entre lo empíricamente observado y las percepciones y deseos de los ciudadanos. Es más, esa distancia existe cuando se aborda desde la investigación lo percibido, y lo percibido es también real. Para Castoriadis el imaginario social no se centra en el psiquismo individual, sino en lo social, y es un conjunto de significaciones de las instituciones. Las instituciones son productos sociales que no se explican solamente desde su funcionalidad, sino desde lo que los ciudadanos piensan y sienten de ellas. Las significaciones establecen las creencias, las normas, los valores. Estas significaciones son de dos tipos: unas son las imaginarias, vinculadas a los afectos y rechazos, son impulsos y son irracionales; las otras son lógicas, se relacionan con las identidades, la conformación de conjuntos, subconjuntos y fragmentaciones. El imaginario social es concreto y está históricamente determinado. Los humanos somos su producto, pero a partir del imaginario social que recibimos establecemos el nuestro singular que, aunque se enmarca en lo social, tiene capacidad de transformarlo.

De la cosmovisión que tiene cada sujeto o grupo social queda comprendida la racionalidad y la irracionalidad como dos elementos imprescindibles de la construcción de la identidad y la acción social. Pero, sin duda, que una mayor dosis de racionalidad se le otorga al centro político, por considerar que evita la mayor emocionalidad de los extremos.

El centro expresa un imaginario en la disputa por el poder, en momentos de crisis de los paradigmas políticos modernos que existieron y sobreviven como resabios. No se puede predecir su duración o su evolución, eso dependerá de la lucha política que, como siempre sucede, fluctuará entre lo agonal y lo arquitectónico. La morigeración, la moderación es un edificio en consolidación sin que sepamos de su invulnerabilidad frente a los acontecimientos que sobrevendrán.

Desde el análisis sociodemográfico, el centro es elegido predominantemente por la clase media, que alcanza a sectores calificados de la clase trabajadora y a empresarios medianos y pequeños. En Argentina, a principios del siglo pasado, esos empresarios eran principalmente agropecuarios, correspondientes al perfil económico del país en ese momento, ya que la industrialización vendría después con el peronismo, que aparecería a partir de los años 40. El centro es elegido por personas mayores de cuarenta años, de nivel educativo medio hacia arriba, más mujeres que hombres. Por supuesto, este perfil surge de muchos estudios de campo realizados en el mundo, pero no debe constituir un paradigma, porque hay casos que salen fuera de esta descripción. Porque el centro es, sobre todo, moderación, evitación de los extremos.

En los casos de los países de lo que era el Tercer Mundo, se dieron fenómenos político-sociales transversales que establecieron diagonales en el tejido de la sociedad política. El peronismo es un buen ejemplo de lo dicho, ya que, como doctrina e ideología política, se despoja de los extremos y avanza por un camino intermedio. Sin embargo, en su experiencia de acción política, el peronismo muchas veces ha sido uno de los polos de contradicción con su oposición, que a veces era un gobierno cívico-militar y otras veces un gobierno democrático. Por lo tanto, es difícil aplicarle esta identidad considerando su dinámica política en relación con la negatividad que despertaba y despierta en la sociedad nacional.

La crisis de las ideologías

Es muy difícil distinguir el final y el principio de una centuria apelando exclusivamente a la referencia cronológica (mucho más si la vida humana es amenazada por un agente biológico). Es posible que el siglo XX haya terminado antes o es posible que algunas de sus creaciones y consecuencias sobrevivan algún tiempo después del 2000. Sin embargo, lo que sí se observa fuertemente son los importantes cambios producidos en la subjetividad colectiva y en las superestructuras del hacer y el pensar. Y uno de esos cambios es el agotamiento de los grandes relatos y las utopías que fueron los contenidos de los imaginarios sociales protagónicos durante siglo pasado. El falangismo, el fascismo, el nazismo, el socialismo, el liberalismo fueron las más importantes construcciones de ideologías políticas que nacieron o alcanzaron su apogeo en dicho período y que, en su mayoría, no lograron sobrevivir, salvo el liberalismo, que entró en crisis y encontró posteriormente una alternativa de continuidad en el neoliberalismo. No obstante, tampoco se puede decir que esta ideología pudo realizarse en toda su pretensión filosófica. El individuo no disolvió el Estado, asoman regulaciones frente a las crisis recurrentes y proliferan las formas de control social en el mundo.

Otros imaginarios que no han sido resueltos se mantienen o han resurgido, como, por ejemplo, la ancestral dicotomía entre la autonomía y la heteronomía, la brecha social y cultural, la violencia entre los Estados y la violencia en la vida cotidiana, la amenaza entre las naciones, el terrorismo, la desigualdad, la inmigración, etc. Y, por otro lado, hay otros importantes acontecimientos que ocurrieron entre la mitad del siglo XX y la actualidad, como la afirmación y expansión del régimen capitalista, la caída del socialismo real, la globalización, la crisis de las ideologías, la puesta en cuestión del sujeto histórico, junto con una revolución en las costumbres sociales, la caída del autoritarismo, el ensanchamiento de la libertad, la multiculturalidad, la revolución en las comunicaciones, etc. Estas innovaciones y estos cambios que afectaron las relaciones sociales marcan la brecha entre un tiempo y otro. Aquel fue un mundo destacadamente bipolar, signado por la guerra fría, pero en el cual se fundó la multiculturalidad. Hoy hay un mundo más plural con sociedades segmentadas según sus estilos de vida, deshaciendo la homogeneidad de intereses de los segmentos sociales.

En la modernidad, se asumía que las ideologías tenían un sentido finalista y lineal que cumplir, se introducía un sentido y una tendencia a la historia encaminados hacia un promisorio porvenir, tiempo en el que, supuestamente, se resolverían en forma plena las contradicciones sociales o se superaría la imperfección histórica. Esta lógica de la futuridad impregna como eje vertebrador a la filosofía de la historia que caracteriza a los diferentes movimientos ideológicos del siglo XIX y buena parte del XX. En la transición de aquel período a este, la incertidumbre inundó la realidad, deificó la coyuntura en detrimento de la estructura y privilegió el pragmatismo sobre lo doctrinario.

El cambio institucional se reflejó, también, en el cambio de la importancia de las instituciones, entre las cuales está el Estado, que no desapareció como se creía. Por el contrario, el revisionismo teórico indicó que el rol del Estado es central en la consolidación del neoliberalismo como ideología dominante. Desde este punto de vista, se reforzó al papel asistencial del Estado, hoy ponderado por la lucha contra la pandemia de covid-19.

La unidad empresa surgió con mayor protagonismo como el paradigma económico central del sistema productivo, el empoderamiento de la gran empresa con visión global y con facturaciones superiores a varios presupuestos provinciales generó un desborde de lo privado sobre lo público que estimuló muchos atravesamientos: el marketing comercial reconvertido como marketing político, la publicidad como comunicación política y el reposicionamiento de grandes empresarios a la actividad política. Además, esa alianza obligada entre Estado y empresa ha generado sistemas de prebendas y corrupción que hoy se extienden por el mundo.

Hay una crisis de las ideologías que muchos analistas dan como una de las características de la posmodernidad. El estado de crisis no supone su desaparición, su no existencia, pero sí supone un cambio de dinámica de las ideas en una sociedad; esa dinámica se funda en la velocidad en el cambio de pensamientos de la dirigencia política. Hoy hay fuerzas políticas de centroderecha o de centroizquierda que, en función de gobierno o de oposición, toman propuestas de la otra fuerza rival. Esto se produce sin que esté precedida por una autocrítica o un debate público de asunción de parte de la oferta del otro. También, el debilitamiento de los paradigmas y de los principios ideológicos produce un surgimiento y fortalecimiento de la pragmática. Los gobiernos responden a los problemas que tienen y muchas veces, para buscar una solución, apelan a herramientas que en mayores oportunidades han utilizado los adversarios. La sociedad líquida que popularizó Zygmunt Bauman (2015) se extiende a las cosmovisiones que intentan explicar a las comunidades modernas. Hay una declinación de los dogmas como construcción comprensiva y explicativa sobre las sociedades actuales. En su defecto, hay un ablandamiento de las estructuras de pensamiento, y quedan en los extremos del horizonte político ideas que intentan imponerse a la realidad.

De la década de 1990 al nuevo siglo en la región y en el país, la crisis de las ideologías se expresó en cambios abruptos en poco más de una década. En los 90 hubo un fuerte pensamiento dominante que privilegiaba el imaginario sobre el mercado respecto al Estado, y el texto que sobresalió como cartilla de acción fue el Consenso de Washington; al fracasar, fue contrarrestado por la reaparición de formas del nacionalismo y populismo, como el chavismo, la revolución ciudadana ecuatoriana, la experiencia boliviana y el kirchnerismo como fuerzas de centroizquierda en tensión con el régimen político-institucional. El kirchnerismo, que con su profusa dialéctica permanentemente asignaba la presencia del “enemigo” y la justificación de la lucha, deja poco o ningún lugar para una posición de centro. De algún modo, el movimiento liderado por Néstor Kirchner repitió el esquema del conflicto de los 70 con su saldo trágico como si aquella confrontación tuviera vigencia.

Es interesante señalar que desde el primer gobierno kirchnerista hubo gestos pragmáticos, pero estos quedaban subsumidos detrás del imaginario ideológico. Esta configuración ideológica nunca se completó como propuesta, ya que nunca el kirchnerismo señaló qué tipo de sociedad quería construir, sino que la definía por lo negativo: menos desigualdad, menos pobres, menos mercado. Pero sí era ideológica por la focalización y ordenamiento del enemigo. En realidad, era el “enemigo” como blanco quien lo dotaba de ideología. Como ejemplo se citan el conflicto de la 125 como la lucha contra la oligarquía y la interpelación constante al Grupo Clarín desde la pluralidad de voces. Estos movimientos populistas despiertan varias expectativas e imaginarios que apuntaban a recuperar conflictos ocurridos en décadas anteriores o vinculados a momentos anteriores de la lucha política; esto se observa principalmente en el kirchnerismo, el chavismo, la revolución ciudadana de Ecuador y el MAS boliviano, que generaron la restauración del imaginario setentista, de lucha antiimperialista y del proyecto de construcción de un socialismo nacional.

Conclusiones

En estos momentos, la región se encuentra en medio de una lucha antipandémica que afecta al mundo entero. Esto tiene grandes efectos en el sistema económico mundial, los subsistemas de salud y en los cambios de hábitos sociales y costumbres con el fin de preservación de los habitantes ante el flagelo. No obstante, si bien no se puede predecir la profundidad de los daños que producirá tanto en vidas humanos como en las estructuras de producción y distribución en cada país, no se observa que suceda una destrucción sistémica del orden capitalista. Si bien existirá una fuerte recesión económica mundial, no habrá modificaciones geopolíticas significativas ni cambios en los regímenes políticos; sí es posible la aparición de crisis políticas en relación con los gobiernos y su eficacia sanitaria. Es probable que aquellos países que tienen mayor posibilidad de recuperación (países desarrollados) lo hagan obteniendo un posicionamiento más privilegiado que lo que tenían antes de marzo de 2020. Es decir, como ocurre con las guerras o desastres naturales, hay una derrota generalizada de la humanidad, pero crecen las ventajas comparativas entre países centrales y países periféricos.

Por lo tanto, el sueño de la Ilustración no se ha realizado y la imaginación no ha sido derrotada por la ciencia. La existencia de imaginarios nos aproxima definitivamente a la presencia de la emoción, de la invención, del deseo en la construcción de lo público. Esto fue cuestionado por el racionalismo absoluto y por el determinismo materialista; hoy está dejando lugar a un reconocimiento de la influencia de lo irracional, entronizando al deseo a un lugar destacado de la vida social.

Se ratifica, entonces, la importancia del abordaje de estos fenómenos que se ubican en las orillas de la razón y que constituyen aproximaciones, apoyos y rechazos a las fuerzas políticas. En muchos países de Occidente, como en Argentina, se van modificando y produciendo transformaciones de los imaginarios en el vínculo entre la sociedad civil y la sociedad política. Entre esas novedades se abre la posibilidad de propuestas que se colocarían en el centro del horizonte político, que son antisistema y que no enarbolan ideologías estructuradas de derecha o de izquierda, como se conocían en el siglo pasado. Sin embargo, en varios países centrales aparecen y reaparecen manifestaciones extremas vinculadas a la discriminación y la xenofobia articuladas con un nacionalismo económico. En este punto, las posiciones intermedias balancean y neutralizan la polarización que ofrecen las posiciones maximalistas.

Se transita una nueva etapa del poder a nivel mundial, con una creciente presencia geopolítica del área Asia-Pacífico, y la declinación de la Alianza Atlántica. Estados Unidos durante Donald Trump se encerró creando mucha incertidumbre en el escenario internacional. La llegada reciente de Joe Biden al gobierno marcó un cambio radical respecto a la administración anterior. En una versión similar al gobierno de Franklin D. Roosevelt, Estados Unidos marcha hacia una gestión progresista, buscando fundamentar su presencia mundial en el fortalecimiento de la república y la democracia. La dicotomía que, hoy, refleja el enfoque del Partido Demócrata es entre autocracia o democracia; incluyendo en el primer rubro a China y Rusia, con la posibilidad de que se extienda a los populismos.

En la imaginación colectiva hay valores que correspondían a las viejas utopías que se están apagando. El pragmatismo imperante apunta al pueblo como un colectivo abstracto que se expresaría en el sentido común. Es indudable que la traza que el populismo ha marcado en la cultura política nacional resistirá cualquier cambio que se proponga en cuanto a las formas de pensar y las prácticas sociales. Por lo tanto, se abren interrogantes sobre la eficacia que finalmente obtendrá la política frente a la opción dada por los anacronismos de los extremos, o la política centrista fundada en el sentido común.

En las últimas elecciones, los que intentaron construir una oferta centrista no tuvieron un gran éxito frente a la bipolaridad dominante. Una vez más, se organizaron polos que respondían de alguna manera a la derecha tradicional y una centroizquierda expresada por un panperonismo que capturó varias fracciones de ese gran movimiento histórico.

Bibliografía

BAUMAN, Z. (2015), La modernidad líquida, Ciudad de México, FCE.

CASTORIADIS, C. (1975), La institución imaginaria de la sociedad, Barcelona, Tusquets.

HORKHEIMER, M. y T. ADORNO (1994), Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Trotta.

* Licenciado en Sociología (UBA). Doctorando en Psicología (UB). Maestrando en Epistemología (Untref). Consultor de opinión pública y asesor de dirigentes políticos y parlamentarios. Director de Ricardo Rouvier & Asociados. Es profesor universitario desde 1972. Ha ejercido la docencia en la UBA, Universidad de San Andrés, Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Universidad de Palermo y Universidad del Salvador. Director de la Especialización en Consultoría Política (Universidad Cuenca del Plata de la provincia de Corrientes). Autor del libro La deuda de la política (2004).

El gobierno de Mauricio Macri: principales sucesos y su impacto en la opinión pública bonaerense

M. Florencia Filadoro *

En el presente trabajo analizaremos cómo fluctuó la opinión pública en torno a la gestión del presidente Mauricio Macri durante su mandato desde fines de 2015 hasta fines de 2019. Utilizaremos las encuestas relevadas por la consultora Reyes Filadoro en la provincia de Buenos Aires. La serie de datos incluye dos partes, coincidentes con dos fases del propio gobierno de Macri: antes de las elecciones de medio término de 2017 y luego de dicho acontecimiento; incluso como se explica más adelante, estas series presentan un comportamiento específico en cada período.

Si bien los datos para construir esta serie estaban únicamente disponibles para la provincia de Buenos Aires, existen diversos motivos que hacen interesante el análisis de la opinión de los bonaerenses: el peso electoral de la provincia, la renovación de intendentes más afines a Macri que se produjo en 2015 y las expectativas que generó la figura de María Eugenia Vidal como gobernadora de dicho distrito.

Recordemos que la provincia de Buenos Aires (PBA) es el principal distrito del país: registra un peso electoral de 39%. De hecho, ese es el principal argumento para que la comunicación política de los gobiernos nacionales, en general, se concentre en esta zona geográfica de la Argentina. Dentro de la PBA, la mayor concentración de la población se registra en el conurbano bonaerense, donde habita el 72% de los bonaerenses, comparado con el 28% que habita en el interior de la provincia. Además, teniendo en cuenta la historia electoral de estos distritos, el conurbano bonaerense se posiciona como un bastión de gran relevancia, en especial para el peronismo, donde históricamente suele ganar.

Además de cursar elecciones nacionales, en las elecciones de 2015 se eligió también gobernador e intendente1 en 96 de los 135 municipios de la provincia. En esa inusual elección, 52 intendentes fueron electos por Juntos por el Cambio, 41 intendentes fueron reelectos por el Frente de Todos (peronismo) y 3 fueron electos provenientes de terceras fuerzas o partidos vecinales. De esta forma, en 2015 podemos afirmar que la “provincia se tiñó” de la fuerza Cambiemos en la elección de 2015.

En cuanto a la elección a gobernador, si bien la expectativa de victoria de Vidal no era muy alta, debido a que se trataba de un distrito en el que históricamente el peronismo ganaba, los resultados fueron sorprendentes y aumentaron la expectativa por el nuevo gobierno de Cambiemos.

La primera parte de la serie comienza en septiembre de 2016 y concluye en octubre de 2017. Esta serie incorpora encuestas domiciliarias, con muestras superiores a los 1000 casos y la pregunta contestada fue “¿Cómo evalúa la gestión del presidente Mauricio Macri en términos de muy buena, buena, mala o muy mala?”. Para esta parte de la serie, se analizan las respuestas agrupadas de “positiva” (muy buena y buena) y “negativa” (mala y muy mala).

La segunda parte de la serie incluye datos desde marzo de 2018 hasta julio de 2019, con encuestas por sistema “mixto” entre encuestas telefónicas realizadas por el sistema IVR2 y encuestas coincidentales en la PBA, siendo las muestras menores a los 1000 casos. En este momento, la consultora efectuó la siguiente pregunta de investigación: “¿Cómo cambió su opinión del gobierno de Mauricio Macri desde que asumió hasta ahora: superó mis expectativas y lo está haciendo mejor de lo que pensaba, mi opinión no cambió y sigue siendo igual de buena, mi opinión no cambió y sigue siendo igual de mala, me siento decepcionado?”. Para esta parte de la serie se analizan las respuestas agrupadas en “positiva” (superó mis expectativas y mi opinión no cambió y sigue siendo igual de buena) y “negativa” (mi opinión no cambió y sigue siendo igual de mala y me siento decepcionado).

Para cada uno de los períodos a analizar, primero presentaremos las principales noticias y luego analizaremos el impacto que tuvieron en la opinión pública sobre la gestión del presidente Macri. Finalmente, presentaremos las conclusiones pertinentes sobre el material analizado.

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Yaş sınırı:
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Litres'teki yayın tarihi:
15 kasım 2024
Hacim:
238 s. 14 illüstrasyon
ISBN:
9789878140322
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