Kitabı oku: «Signo de los tiempos»

Olivera, Bernardo
Signo de los tiempos : fraternidad solidaria o globalismo excluyente : poder o servicio / Bernardo Olivera. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Talita Kum Ediciones, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-4043-36-8
1. Geopolítica. 2. Poderes del Estado. 3. Religión Católica. I. Título.
CDD 327.101
© Talita Kum Ediciones, Buenos Aires, 2021
www.talitakumediciones.com.ar
editorial@talitakumediciones.com.ar
Primera edición, agosto 2021
ISBN: 978-987-4043-36-8
Diseño: Talita Kum Ediciones
Imagen de Tapa: Icono “Mira, yo pongo hoy ante tí” (Dt 30,15), de Sergio Rivero, ocso

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Índice
Prologo del Autor
Introducción
Destinatarios
Aclaración
Incompatibilidad
Globalización
Tesis
Fundamentos Teológicos Teología de la Historia Lugar teológico
Dos ciudades
Dos banderas
Signos de los tiempos Magisterio conciliar
Discernimiento y prudencia
Evangelización cristiana Magisterio pontifico y sinodal
Dimensiones social, cultural e internacional
Voces latinoamericanas
Científicos
Geo-política
Geo-poder
Geo-hipocresía
Geo-historia
Geo-Estado
Geoestrategias
Intimidar-Amenazar
Cercar-Acorralar
Impedir el ascenso y empobrecer al vecino
Simular y disimular
Aprovechar el flanco débil
Dividir y reinar
Dominar desde las sombras
Aparentar y manipular la ley y la justicia
Hacer que otros trabajen por uno
Crear un enemigo
Mentir y manipular la información
Sembrar cizaña
Y además…
Conclusiones
Nuevo Orden
Vieja realidad
Nuevo Orden
Guerra “fría”
Revolución cultural
Mujer y Género
Novedad de la Globalización
Autoridad planetaria
Reinado de Dios
Estructuras estatales e ideologías globalistas
Izquierdas y Derechas
Beijing y Washington
Agentes al servicio del
Proyecto Globalista Excluyente
Elenco y reparto
Imperialismo financiero
Naciones Unidas y Agencias
Proyecto anticristiano
Libertad religiosa
Campañas abortivas
Conclusión
Lucha por el alma del mundo
Autoridad global o Gobierno mundial
Providencia divina y esperanza humana
Bibliografía
Teológica
Geopolítica
Prologo del Autor
Queridos lector y lectora, permíteme una palabra previa. Este libro, más allá de sus apariencias, es lo que el icono de la tapa comunica, un libro de “teología espiritual”. Si lo prefieres, un intento de percibir y discernir un “signo de los tiempos”, de nuestros tiempos: el fenómeno del globalismo económico, social, cultural y religioso.
Antes de que leas este libro, te adelanto lo que vas a encontrar en él. Dado que no es una novela policial, te adelanto incluso el final. Esto que sigue es lo que se propuso comunicar el autor:
Discernir la obra del mal espíritu en la historia humana. En la Historia de Salvación el principal actor es el Señor Resucitado y cuenta con nuestra colaboración. Pero también obra en ella el Maligno, Satanás y Padre de la mentira, el cual odia de muerte al ser humano por haber sido creado a imagen de Dios y haber sido redimido por el Verbo hecho hombre.
Mostrar como en el Signo de los tiempos de la Globalización, cabalgan y se confrontan el designio de la Fraternidad Universal y Solidaria y el proyecto del Globalismo Excluyente, con sus Estados, ideologías y agentes que pugnan por establecer un Nuevo Orden mundial.
Presentar el “abc” de las relaciones internacionales o geopolíticas, basadas en el dinero, el poder y la hipocresía; e identificar algunas de las principales estrategias para alcanzar el dominio universal y monopólico.
Afirmar que el choque entre la Fraternidad Solidaria y el Globalismo Excluyente alcanza un climax en dos ámbitos fundamentales: el derecho a la vida y el derecho de la libertad religiosa: trascendencia creyente vs. inmanentismo secularista, familia y paternidad responsable vs. aborto legal, seguro y gratuito.
Esclarecer la intención y objetivo de la Encíclica Fratelli tutti: ofrecer al mundo la Buena Noticia de la Doctrina social de la Iglesia, centrada en el objetivo de la Fraternidad Solidaria. Esta propuesta difiere totalmente de un proyecto Globalista creador de un Nuevo Orden Mundial.
Ofrecer una palabra de esperanza, pues el bien vence definitivamente al mal. Dios saca bienes, aún de los males y cumple siempre sus promesas de Vida Eterna.
Aunque suene a auto apología o excusa, de esas que acusan, quiero excusar o justificar al autor de este libro. Muy recientemente, el Papa Francisco, dirigiéndose a los participantes de la 50º Semana Nacional para los Institutos de la Vida Consagrada reunidos virtualmente, les decía:
…Cuando la vida consagrada pierde esta dimensión de diálogo con la realidad y de reflexión sobre lo que sucede, empieza a hacerse estéril. Yo me pregunto sobre la esterilidad de algunos institutos de vida consagrada, ver la causa, generalmente está en la falta de diálogo y de compromiso con la realidad. No dejen esto. Siempre la vida consagrada es un diálogo con la realidad (...) La reforma siempre es camino, es camino en contacto con la realidad y horizonte bajo la luz de un carisma fundacional (…) Mantener vivo el carisma fundacional es mantenerlo en camino y en crecimiento, en diálogo con lo que el Espíritu nos va diciendo en la historia de los tiempos, en los lugares, en diversas épocas, en diversas situaciones. Supone discernimiento y supone oración… (Francisco, mayo 2021).
Ahora sí, abre el libro y lee; o ciérralo y olvídalo.
El Autor,
Mayo del 2021
Introducción
El libro bíblico del Cantar de los Cantares comienza: in media res. Es decir: sin respetar el inicio normal, pues el personaje central o eventual autora del texto, irrumpe sin más en la escena. Yo también, al igual que ella, al comenzar esta introducción, me introduzco con un interrogante que me hago a mí mismo y me respondo dando, a todos, una respuesta: ¿cómo se explica que un monje cenobita y de clausura se ponga a hablar sobre la historia, el mundo y la evangelización? Acaso, ¿la fuga mundi no es una nota característica de su espiritualidad?
Según la tradición original y primitiva del monaquismo cristiano, el monje se separa de todos a fin de estar unido a todos. Pero, esta afirmación, que podría ser la de cualquier monje y monja, me invita a agregar humildemente algo más: nuestro servicio monástico y contemplativo a la Iglesia y al mundo, consisten en orar y vigilar a fin de no caer en la tentación y ser liberados del Maligno. Algo de esto pretende la presente obra.
Destinatarios
Este libro está destinado a los creyentes en Jesucristo, pero puede ser de utilidad para toda persona de buena voluntad, mujer o varón. Parte de un presupuesto revelado que sólo se recibe con fe: la existencia de Satanás y sus huestes, ángeles rebeldes a Dios. Este presupuesto lo he presentado en una obra anterior y desarrollado ulteriormente en otras dos1. Nos encontramos, entonces, si se me permite el neologismo, con una “trilogía + uno”.
La existencia de Satanás y su obrar es un dato revelado y de fe que no hay que empequeñecer ni agrandar. Quien minimiza, ignora. Quien maximiza, falsifica. Los creyentes en Jesucristo confesamos que Él es el Unigénito del Padre, Dios de Dios, concebido por obra del Espíritu Santo en María Virgen, muerto y resucitado para nuestra salvación… Su muerte y resurrección vencieron a la muerte, al mal y al Malo. Esta confesión de fe, traducida en amor al prójimo, gracias a la infusión del Espíritu Santo, nos identifica como cristianos.
El Concilio Vaticano II, en la Constitución pastoral Gaudium et spes, enseñó a todo el Pueblo santo de Dios una verdad de alcance perenne:
Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas (…) pero el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándole interiormente y expulsando al príncipe de este mundo (Jn.12:31), que le retenía en la esclavitud del pecado (13).
El progreso, altamente beneficioso para el hombre, también encierra, sin embargo, gran tentación, pues los individuos y las colectividades, subvertida la jerarquía de los valores y mezclado el bien con el mal, no miran más que a lo suyo, olvidando lo ajeno. Lo que hace que el mundo no sea ya ámbito de una auténtica fraternidad, mientras que el poder acrecido de la humanidad está amenazando con destruir al propio género humano. A través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final (37).
El Padre de la mentira (Jn.8:44) es agente y actor oculto en muchos acontecimientos de nuestra historia. Los contemplativos, filósofos y artistas lo reconocen y desvelan. En una conocida canción de los Rolling Stones “Sympathy for the Devil”, que escuchábamos cantar a los gritos en los años ‘60, se nos decía:
Por favor, permítame presentarme / soy un hombre de riquezas y buen gusto / ando rondando desde hace muchos años / he robado el alma y la fe de muchos hombres (…)
Estaba cerca San Petersburgo / cuando vi que había llegado el cambio. / Maté al zar y a sus ministros. / Anastasia grito en vano. / Conduje un tanque, tenía el rango de general / cuando estalló la guerra relámpago (Blitzkrieg) y los cuerpos hedían.
Miré con alegría mientras vuestros reyes y reinas / luchaban durante diez décadas por los dioses que inventaron. / Grité: “¿Quién mató a los Kennedy?” (…)
Por favor, permítame presentarme / soy un hombre de riquezas y buen gusto. / Tendí trampas a los trovadores que murieron antes de llegar a Bombay.
Encantado de conocerte / espero que sepas mi nombre. / Pero lo que te desconcierta es / la naturaleza de mi juego (…)
La pregunta que subyace a este libro, y que permanecerá en el subsuelo, es la siguiente: ¿cómo actúa en nuestra historia el Príncipe de este mundo (Jn.12:31; 14:30; 16:11; Cf. II Cor.4:3-4), oculto y encubierto en el misterio de impiedad, potenciando su influjo... (II Tes.2:3-12)? Obviamente, la respuesta a este interrogante no es fácil de dar. Cuánto más se desciende a lo particular y concreto, mayor posibilidad de equivocarse, dado que se multiplican las variables y circunstancias. Hay un principio en el ministerio del exorcismo que puede aplicarse, mutatis mutando, a lo que estoy diciendo: “de lo que se dice ser posesión diabólica, entre mil, dos, y entre cien, una”. Pero el miedo al error no ha de impedir la búsqueda, discernimiento y afirmación de la verdad.
Por lo que vengo diciendo, se puede apreciar que este es un libro religioso y confesional. Es además un libro político, al menos porque su autor, como toda persona humana, no puede renunciar a la dimensión política de la existencia, la cual implica una atención al bien común y al desarrollo humano integral. Bien dijo Aristóteles, hace ya muchos siglos: la persona humana es un “animal político”.
Esta segunda dimensión amplía el abanico de los destinatarios. El Evangelio de Jesucristo tiene una dimensión social. La enseñanza social de la Iglesia anuncia y actualiza la Buena Noticia en la compleja red de relaciones sociales e intenta fecundar las sociedades evangélicamente. Esta doctrina es también de naturaleza teológica y más específicamente teológica-moral; comporta una doble dimensión: anuncio y denuncia. Los primeros destinatarios son los hijos e hijas de la Iglesia, pero su destino es universal.
En este contexto, el Papa Francisco ha entregado recientemente una encíclica social como un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras (Fratelli tutti 6). Una “Iglesia en salida” evangeliza a todos y todas las dimensiones humanas y, para hacer posible el desarrollo de una comunidad mundial, capaz de realizar la fraternidad a partir de pueblos y naciones que vivan la amistad social, hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común. En cambio, desgraciadamente, la política hoy con frecuencia suele asumir formas que dificultan la marcha hacia un mundo distinto (Ibid. 154).
La “Misión Continental” propuesta por los Obispos latinoamericanos en su V Conferencia General, se ha convertido ahora en una “Misión Universal”, en la persona del Obispo de Roma, venido de lejos.
Aclaración
Se suele tachar de “conspiranóicos” a quienes interrogan la historia buscando las causas, tantas veces ocultas, de los acontecimientos más destacados. Este apelativo lo inventó la CIA para descalificar y acallar la voz del periodismo que cuestionaba el relato oficial sobre el asesinato de J.F. Kennedy. Se habla también de “teoría conspirativa” a fin de: silenciar a los disidentes, se trata de “palabras mordaza o barbijo tapabocas”.
Se utiliza igualmente este apelativo y eslogan para ridiculizar y descartar discursos que intentan ir a las causas de los acontecimientos y no quedarse en la mera información de los hechos. Quiénes así actúan y relegan parecen ignorar la Ciencia de las relaciones internacionales o Geopolítica, ciencia que se encuentra en cualquier programa universitario de ciencias políticas. La Geopolítica trabaja en primer lugar con datos y hechos, no con teorías; los principios se elaboran a partir de los acontecimientos y datos y son confirmados por éstos. Se trata, pues, de encontrar y evidenciar la relación existente entre el efecto (datos-hechos) y su causa (motivación-razón).
Pero esta frase –teoría conspirativa– se puede también utilizar correctamente para significar: la aplicación errónea, o sin suficiente fundamento, de una verdad revelada a personas o acontecimientos. Por ejemplo: es verdad que existe el “anticristo”, pero sería muy cuestionable o falso, decir que ese misterioso personaje está hoy encarnado en una precisa persona particular. Por extensión, se habla también de teoría conspirativa para referirse a opiniones gratuitas sobre hechos cuyas causas se ignoran, pero que se suponen o inventan. La epidemia del covid-19, al igual que las vacunas, se ha prestado a todo tipo de conjeturas, suposiciones y, hay también que decirlo, teorías conspirativas. No obstante, uno se pregunta por qué hay tantas cuestiones no aclaradas en torno a la pandemia y las vacunas, y además pareciera que los custionadores son sistemáticamente anulados.
Por lo demás, no hay que olvidar que el verbo “conspirar” significa “soplar juntos en una dirección”. Y, ¿quién puede dudar que nuestro mundo e historia estén llenos de conspiraciones y conspiradores? En toda sociedad abundan los “entendimientos secretos” entre personas y grupos. Muchas veces, las teorías de la conspiración, no son otra cosa que encubrimiento de conspiraciones reales.
Dicho esto, agreguemos lo siguiente: tanto el historiador como el geopolítico procuran siempre verificar los datos y hechos, para esto se valen de la diversidad de fuentes directas e indirectas. Tienen siempre en cuenta la posibilidad de infiltración de falsedades, desinformación, contra-información y las “psy-ops” u “operaciones psicológicas” para confundir a los analistas de las relaciones internacionales, a los historiadores, geopolíticos y, sobre todo, a los líderes y a los pueblos.
El grupo de “Periodistas por la Verdad” ha acuñado recientemente un nuevo apelativo: “ignoranóico”, una especie de “re-truco” a conspiranóico. Se refiere a la persona que acepta acríticamente toda versión oficial y televisiva, incapaz de investigar por sí mismo, teórico de la casualidad, defensor sin razones y funcional a quienes buscan descalificar lo diferente.
Incompatibilidad
San Juan Pablo II, en su libro-entrevista “Memoria e Identidad” decía que dos sistemas construidos sobre las ideologías del mal (el nazismo y el comunismo marxista) habían cesado. Pero que había surgido otra ideología del mal, tal vez más insidiosa y oculta. Se preguntaba y respondía: ¿Cuál es la raíz de estas ideologías post-ilustradas? La respuesta, en realidad, es sencilla y simple: se rechazó a Dios como Creador y, por ende, como fundamento para determinar lo que es bueno y lo que es malo.2
Nosotros, igualmente nos preguntamos: ¿a qué se refiere el Papa cuando habla de otra ideología del mal más insidiosa y oculta. La respuesta es hoy día fácil de dar: la Ideología de género como arma de combate cultural del Proyecto Globalista Excluyente.
En el mes de octubre del año pasado, el Papa Francisco, en su alentadora Carta encíclica Fratelli tutti, que se ubica como el último documento magisterial sobre la Doctrina Social de la Iglesia, nos decía:
Los conflictos locales y el desinterés por el bien común son instrumentalizados por la economía global para imponer un modelo cultural único. Esta cultura unifica al mundo, pero divide a las personas y a las naciones, porque la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia. Hay más bien mercados, donde las personas cumplen roles de consumidores o de espectadores. El avance de este globalismo favorece normalmente la identidad de los más fuertes que se protegen a sí mismos, pero procura licuar las identidades de las regiones más débiles y pobres, haciéndolas más vulnerables y dependientes. De este modo la política se vuelve cada vez más frágil frente a los poderes económicos transnacionales que aplican el “divide y reinarás” (Fratelli tutti 12).
Y, poco después, con motivo del “Primer Día Internacional de la Fraternidad”, por medio de un apremiante videomensaje, enfatizaba:
Hoy no hay tiempo para la indiferencia. No nos podemos lavar las manos. Con la distancia, con la prescindencia, con el menosprecio. O somos hermanos, o se viene todo abajo. Es la frontera. La frontera sobre la cual tenemos que construir; es el desafío de nuestro siglo, es el desafío de nuestros tiempos (…) Somos hermanos, nacidos de un mismo Padre. Con culturas, tradiciones diferentes, pero todos hermanos. Y respetando nuestras culturas y tradiciones diferentes, nuestras ciudadanías diferentes, hay que construir esta fraternidad. No negociándola (Videomensaje 4-II-2021).
La fraternidad no es negociable ni se negocia en la mesa de los políticos, economistas, militares y diplomáticos… Se la construye pacientemente, sabiendo dónde se está parado. La vida común o cenobítica procura hacer presente en la Iglesia, para bien del mundo, un cierto tipo de fraternidad; y los monjes y monjas somos muy conscientes de que en el corazón de cada uno y de toda comunidad se entrecruzan y oponen dos amores ardientes o “celos”, uno que lleva hacia Dios y otro que endereza hacia el infierno. Partiendo de esta experiencia, y para cooperar con el arduo trabajo de construcción de la Fraternidad Solidaria, ofrezco este libro. Pretendo, ante todo, ayudar a discernir esas “dos sabidurías”, muy diferentes entre sí, tal como nos enseña el autor de la Carta de Santiago:
¿Quién hay entre vosotros sabio o con experiencia? Que muestre por su buena conducta las obras hechas con la mansedumbre de la sabiduría. Pero si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y ambición, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca. Pues donde hay envidia y ambición, allí hay desconcierto y toda clase de maldad.
En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, indulgente, dócil, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Fruto de justicia siembran en paz los que procuran la paz.
¿De dónde proceden guerras y contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestros deseos de placeres que luchan en vuestros miembros? ¿Codiciáis y no poseéis? Matáis. ¿Envidiáis y no podéis conseguir? Combatís y hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestros deseos de placeres.
¡Adúlteros!, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que desee ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios.
¿Pensáis que la Escritura dice en vano: tiene deseos ardientes el Espíritu que él ha hecho habitar en nosotros? Más aún, da una gracia mayor; por eso dice: Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo y él huirá de vosotros (Sant.3:13-4:7).
La cita ha sido larga, pero necesaria. Está destinada a todos, pues esta doble “sabiduría” nos inhabita, aunque en diferentes proporciones, todo depende de nuestra humildad, disponibilidad y sometimiento a Dios.
Globalización
Corriendo el riesgo de simplificar lo complejo sin destruirlo, deseo dejar en claro desde ahora qué entiendo por Globalización. Hoy día, la Globalización es el resultado de la evolución del progreso científico tecnológico que atravesó las fronteras de lugares y tiempos. Si bien podemos decir que nadie inventó o creó la Globalización, es evidente que algunos países o grupos con poder mundial tratan de utilizarla en beneficio propio. La universalización, en cuanto proceso de interconexión mundial (economía, política, cultura… urbanización, migraciones, salud), en sí misma no es una dificultad; el problema está en el mal uso que se puede hacer de ella y en el énfasis unilateral en uno de sus aspectos: el económico, y en provecho del propio bolsillo. Desde otra perspectiva, y tergiversando su finalidad: Globalización y progreso sin rumbo común y carente de inspiración profética y espiritual al servicio de la unidad (Cf. Francisco, Fratelli tutti 29, 100, 182, 259, 280).
En la última Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, reunida en el Santuario de Aparecida, Brasil, tanto el Papa Benedicto XVI, en su discurso inaugural, cuanto los Obispos, en su Documento conclusivo, abordaron la realidad de la Globalización:
60. El Papa, en su Discurso Inaugural, ve la globalización como un fenómeno “de relaciones de nivel planetario”, considerándolo “un logro de la familia humana”, porque favorece el acceso a nuevas tecnologías, mercados y finanzas. Las altas tasas de crecimiento de nuestra economía regional y, particularmente, su desarrollo urbano, no serían posibles sin la apertura al comercio internacional, sin acceso a las tecnologías de última generación, sin la participación de nuestros científicos y técnicos en el desarrollo internacional del conocimiento, y sin la alta inversión registrada en los medios electrónicos de comunicación. Todo ello lleva también aparejado el surgimiento de una clase media tecnológicamente letrada. Al mismo tiempo, la globalización se manifiesta como la profunda aspiración del género humano a la unidad. No obstante, estos avances, el Papa también señala que la globalización “comporta el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo”. Por ello, Benedicto XVI enfatiza que “como en todos los campos de la actividad humana, la globalización debe regirse también por la ética, poniendo todo al servicio de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios”.
61. La globalización es un fenómeno complejo que posee diversas dimensiones (económicas, políticas, culturales, comunicacionales…) Para su justa valoración, es necesaria una comprensión analítica y diferenciada que permita detectar tanto sus aspectos positivos como negativos. Lamentablemente, la cara más extendida y exitosa de la globalización es su dimensión económica, que se sobrepone y condiciona las otras dimensiones de la vida humana. En la globalización, la dinámica del mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores reguladores de todas las relaciones humanas. Este peculiar carácter hace de la globalización un proceso promotor de inequidades e injusticias múltiples. La globalización tal y como está configurada actualmente, no es capaz de interpretar y reaccionar en función de valores objetivos que se encuentran más allá del mercado y que constituyen lo más importante de la vida humana: la verdad, la justicia, el amor, y muy especialmente, la dignidad y los derechos de todos, aún de aquellos que viven al margen del propio mercado.
62. Conducida por una tendencia que privilegia el lucro y estimula la competencia, la globalización sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, no sólo de los recursos físicos y monetarios, sino sobre todo de la información y de los recursos humanos, lo que produce la exclusión de todos aquellos no suficientemente capacitados e informados, aumentando las desigualdades que marcan tristemente nuestro continente y que mantienen en la pobreza a una multitud de persona (…)
64. Por ello, frente a esta forma de globalización, sentimos un fuerte llamado para promover una globalización diferente que esté marcada por la solidaridad, por la justicia y por el respeto a los derechos humanos, haciendo de América Latina y de El Caribe no solo el Continente de la esperanza, sino también el Continente del amor, como lo propuso SS. Benedicto XVI en el Discurso Inaugural de esta Conferencia.
Tesis
La tesis de este libro es la siguiente: así como existe un plan de salvación, junto con él coexiste un misterio de destrucción. El designio cristiano de Fraternidad y Solidaridad Universal se confronta con otro que denominamos Proyecto Globalista Excluyente. Ambos cabalgan en el proceso de Globalización. El primero se vale del servicio, el segundo esgrime el arma del poder. La autoridad, en la Fraternidad, es un servicio a la vida fraterna, sobre todo de los pobres y marginados, para que ésta crezca y abunde; en el Globalismo, la autoridad es un dominio y control fratricida de las vidas, para que éstas se sometan, sean utilizadas, descartadas y mueran.
¿Quiénes son las causas últimas de la Fraternidad Solidaria y del Globalismo Excluyente? Respetando las responsabilidades humanas y la justa autonomía de lo temporal, hay que responder diciendo, con todas las letras: la Divina Providencia de Dios en Jesucristo y el enemigo del ser humano, Satanás. En lo que sigue a continuación no pretendemos demostrar la tesis, sino exponerla. El lector podrá sacar sus conclusiones.
Esto que afirmamos merece una aclaración, y conviene subrayarla desde ahora. Quienes trabajan en pro de la Fraternidad Solidaria pueden caer en la tentación de suplantar el servicio por el poder. El Papa Francisco, hablando a la Curia Romana en vísperas de las celebraciones navideñas del año 2014, aludía a este mal con palabras llenas de mordiente:
Y el último: el mal de la ganancia mundana y del exhibicionismo, cuando el apóstol transforma su servicio en poder, y su poder en mercancía para obtener beneficios mundanos o más poder. Es la enfermedad de las personas que buscan insaciablemente multiplicar poderes y, para ello, son capaces de calumniar, difamar y desacreditar a los otros, incluso en los periódicos y en las revistas. Naturalmente para exhibirse y mostrar que son más entendidos que los otros. También esta enfermedad hace mucho daño al Cuerpo (eclesial), porque lleva a las personas a justificar el uso de cualquier medio con tal de conseguir dicho objetivo, con frecuencia ¡en nombre de la justicia y la transparencia! (…) Estos males y estas tentaciones son naturalmente un peligro para todo cristiano y para toda curia, comunidad, congregación, parroquia, movimiento eclesial, y pueden afectar tanto en el plano individual como en el comunitario.
Pero también puede suceder que la Providencia suscite militantes Globalistas o Antiglobalistas que abandonen el poder para asumir el servicio. El bien y el mal no separa a las personas en dos grupos, el mal y el bien anidan en el corazón de todos y cada uno. El Maligno tienta a todos sin excepción. Y Dios quiere que todos se salven.
En todo grupo humano existen dos tipos de personas: “palomas” y “halcones”; personas de diálogo y acuerdos y personas de confrontación y choque. Su conjunto, conforma la realidad. La prudencia y las circunstancias determinan las conveniencias, cuando arrullar y cuando gañir.
Así como la filosofía sirve para conceptualizar, ahondar y sistematizar la reflexión teológica, de modo semejante, la ciencia de las relaciones internacionales o Geopolítica, me servirá de ayuda y soporte para sostener la índole teológica y espiritual de este libro.
1 Líbranos del Malo: el combate espiritual. Buenos Aires, Talita Kum Ediciones, 3.a edición aumentada, 2019. Armas Ocultas de Satanás: ocultismo y cristianismo, Buenos Aires, Talita Kum Ediciones, 2018, 2.a edición, 2019. Perspectiva e Ideología de Género, Buenos Aires, Talita Kum Ediciones, 2.a edición aumentada, 2019.
2 Juan Pablo II, Memoria e Identidad, Buenos Aires: Planeta, 2005, 3.a edición, pp.24-25.
Fundamentos
Toda construcción edilicia, que pretende perdurar en el tiempo, comienza por los fundamentos y esto es lo que pretendo hacer ahora: fundamentar la exposición que luego seguirá. Estos fundamentos serán de dos tipos diferentes y complementarios: teologales o teológicos y científicos o humanos. Siempre es verdad, en todos los órdenes, que la gracia edifica sobre la naturaleza.
Teológicos
Tres temas retendrán ahora nuestra atención: la Teología de la Historia, los Signos de los tiempos y la Evangelización cristiana. Los tres están íntimamente relacionados. La teología de los signos de los tiempos es una Teología de la Historia… Una palabra sobre cada uno de ellos nos ayudará a comprender, más adelante, el binomio Fraternidad y/o Globalismo.
Teología de la Historia
La teología es el estudio-razonado (logos) que tiene como objeto a Dios (Theos), su Persona y su obra. Cuando hable a continuación de la Teología de la historia, no me estoy refiriendo a la historia de la teología, tampoco a la historia de la Iglesia en una perspectiva teológica.
La historia-ciencia se refiere a los hechos histórico-sociales, y a la interpretación que hace de ellos para su comprensión íntima. Pero esta elucidación no implica una determinación de su sentido, y mucho menos, su sentido salvífico, último y definitivo.
Lugar teológico
La historia es, esto sí, un “lugar” teológico, pues en ella aconteció la revelación y la salvación, que alcanzan su culmen con Jesucristo. En ella tienen lugar también los “signos de los tiempos” o acontecimientos que tienen relación con el Reino de Dios, en perspectiva anticipada y que apunta hacia la plenitud definitiva o escatológica.
La Teología de la historia es, en primer lugar, una Teología “en” la historia. Se refiere, entonces, al “obrar” de Dios en la historia. Una vez que se ha discernido y sacado a la luz este obrar, se trata también de razonarlo y sistematizarlo objetivamente, con lo cual nace una Teología “de” la historia.
Los cristianos afirmamos que Dios se revela y actúa en nuestra historia, salvándonos y convirtiéndola en “Historia de salvación”. Esta historia alcanza su plenitud cuando el Verbo eterno se hace carne para salvar a quienes estábamos perdidos. La Sagrada Escritura narra la historia de la salvación que obra al interior mismo de la historia humana. Historia que continúa y continuará hasta la parusía o venida gloriosa del Señor Resucitado para darnos parte en su Vida gloriosa y juzgar definitivamente al género humano. Se trata de distinguir, historia humana e Historia salvífica, sin separarlas ni confundirlas.
La siguiente analogía explica lo que estamos diciendo. Así como en Jesucristo hay una Persona divina y dos naturalezas, humana y divina, unidas “hipostáticamente” (en la única Persona), sin confusión ni división; de modo analógico (igual y diferente), podemos decir que, en el proceso o peregrinación histórica de la humanidad hacia su plenitud final, coexisten: progreso humano y salvación divina, guiados por la Providencia del único Creador.
Las Sagradas Escrituras judeo-cristianas nos ofrecen las fuentes y los modelos para la reflexión teológica sobre la historia humana… y divina. Cualquier creyente que lea y medite los libros proféticos y, sobre todo, el Apocalipsis de San Juan podrá intuir y comprender en qué consiste la Teología de la historia. Teología, por su referencia a Dios; historia, como lugar de Su presencia y acción salvadora.
Al decir, “lectura y meditación creyente”, me estoy refiriendo a la lectio divina o “lectura de Dios con ojos de Iglesia”. Ella es la mediación o el instrumento que nos permite descubrir el sentido profundo de las Escrituras, no los hechos, sino la interpretación de los mismos, Dios obrando con presencia salvadora. Por eso, la doctrina tradicional de los cuatro sentidos bíblicos –la letra enseña los hechos, la alegoría lo que has de creer, la moral cómo has de obrar, la analogía lo que has de esperar– podemos actualizarla así:
La historia nos narra los hechos,
Cristo nos revela su sentido
y nos enseña cómo actuar,
la esperanza anticipa aquí y ahora lo último y definitivo.
Dos ciudades
Esto es lo que hizo San Agustín, Obispo de Hipona, él es el primero en elaborar una teología de la historia de forma orgánica y completa. Agustín lee la historia como un progreso constante que parte del acto libre y gratuito de Dios, entrando así en el tiempo, y alcanzando su plenitud con la encarnación de Jesucristo. El acontecimiento pascual de Jesucristo, su muerte y resurrección, constituyen el centro de la historia, la cual se abre a una promesa escatológica. En el tiempo de la espera de la Revelación gloriosa de Jesucristo, Caín y Abel representan respectivamente, a la humanidad ambiciosa y obediente.
Agustín, en su obra La Ciudad de Dios, desarrolla una interpretación teológica de la historia, combina la argumentación polémica, la propia meditación sobre la historia humana y los roles del Imperio romano y de la Iglesia católica en esa misma historia. Veamos esto en mayor detalle.
Todas las sociedades y pueblos contienen dentro de sí personas, grupos y asociaciones que, por gracia de Dios, comunican la salvación en el mundo. De igual modo, contienen también individuos y agrupaciones aferradas a lo terrenal, y que por eso mismo no gozarán con Dios al fin de los tiempos. Pero solamente Dios sabe quiénes pertenecen a Él y quiénes se le oponen o lo excluyen de sus vidas y nosotros no podemos reconocer la membresía de los demás. Aunque hay claramente dos grupos antagónicos, dos “ciudades” que se confrontan.
Es decir, todas las sociedades humanas incluyen ambas ciudades: sólo en el juicio final se separará a los justos de los injustos. En el Imperio romano, afirma San Agustín (como en todas las agrupaciones humanas, incluyendo a la misma Iglesia católica), las dos ciudades están mezcladas y se interrelacionan. O sea que, las dos ciudades son el resultado de motivaciones humanas básicamente divergentes, aunque los “ciudadanos” de una y de otra se relacionan entre sí. Sobre esta interrelación en oposición, Agustín elabora su concepción de lo político que se inscribe en una teología de la historia. Las dos ciudades son también una manifestación del combate interior que se libra en todo ser humano, entre el espíritu y la carne. Dejemos que los textos hablen:
La gloriosísima ciudad de Dios, que en el presente correr de los tiempos se encuentra peregrina entre los impíos viviendo de la fe, y espera ya ahora con paciencia la patria definitiva y eterna hasta que haya un juicio con auténtica justicia, conseguirá entonces con creces la victoria final y una paz completa. En la presente obra (…) me he propuesto defender esta ciudad en contra de aquellos que anteponen los propios dioses a su Fundador. ¡Larga y pesada tarea ésta! Pero Dios es nuestra ayuda. Soy consciente de la fuerza que necesito para convencer a los soberbios del gran poder de la humildad. (…) Tampoco hemos de pasar por alto la ciudad terrena; en su afán de ser dueña del mundo, y, aun cuando los pueblos se le rinden, ella misma se ve esclava de su propia ambición de dominio (Pról.).
Las dos ciudades, en efecto, se encuentran mezcladas y confundidas en esta vida terrestre hasta que las separe el juicio final. Exponer su nacimiento, su progreso y su final, es lo que voy a intentar hacer, con la ayuda del cielo y para gloria de la Ciudad de Dios, que hará vivo resplandor de este contraste (Libro I, cap.35)
Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial. La primera se gloría en sí misma; la segunda se gloría en el Señor. Aquélla solicita de los hombres la gloria; la mayor gloria de ésta se cifra en tener a Dios como testigo de su conciencia. Aquélla se engríe en su gloria; ésta dice a su Dios: ‘Gloria mía, tú mantienes alta mi cabeza’ (Sal.3:4). La primera está dominada por la ambición de dominio en sus príncipes o en las naciones que somete; en la segunda se sirven mutuamente en la caridad los superiores mandando y los súbditos obedeciendo. Aquélla ama su propia fuerza en los potentados; ésta le dice a su Dios: ‘Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza’ (Sal.18:2) (Libro V, cap.28).
En un elocuente y patético texto de sus Enarrationes sobre los Salmos, el Obispo de Hipona presenta dos géneros de hombres que, a nuestro entender, ilustran bien a los ciudadanos de los “dos ciudades”.
Cada uno de estos dos géneros de hombres tiene en su corazón tendencias propias. El género de los justos se esfuerza en tender a las cosas sublimes por la humildad. El género de los inicuos se inclina a las abyectas por la altanería. El primero se anonada para subir; el segundo se empavona para caer. De aquí acontece que un género tolera y el otro es tolerado. El designo de los justos es ganar a los inicuos para la vida eterna, y el de los perversos es devolver mal por bien y privar, si fuese posible, aun la vida temporal a los que buscan para sí la vida eterna (…) Dos injustos apenas se toleran y cuando parece que se aman, hay que achacarlo a la complicidad de acción no a la amistad (…) Contra este género de hombres, el Señor, Dios nuestro, nos impone la tolerancia y aquel afecto de caridad que conocemos por el Evangelio: ‘amad a vuestros enemigos y haced bien a los que os odian’ (…) La verdadera lucha, o, mejor dicho, el combate saludable, consiste en que prevalezca el bueno contra el malo, no en que los dos lleguen a hacerse malos (Ps. 36, s. 2:1).
Dos banderas
Demos ahora un salto de diez siglos. Una concepción teológica, semejante a la de San Agustín, la volvemos a encontrar en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Me refiero a la meditación sobre las Dos Banderas (EE.136-146). Esa meditación está al servicio de la consideración de estados de vida (EE.135), a fin de hacer una opción discreta. Una bandera representa a Cristo, Capitán y Señor, y a su ejército; la otra, a Lucifer, enemigo mortal de la naturaleza humana. Uno y otro llaman para militar bajo sus órdenes. Veamos en detalle los preámbulos y puntos de meditación (EE.137-146):
1º preámbulo. El primer preámbulo es la historia: será aquí cómo Cristo llama y quiere a todos debajo de su bandera, y Lucifer, al contrario, debajo de la suya.
2º preámbulo. El 2º: composición viendo el lugar; será aquí ver un gran campo de toda aquella región de Jerusalén, adonde el sumo capitán general de los buenos es Cristo nuestro Señor; otro campo en región de Babilonia, donde el caudillo de los enemigos es Lucifer.
3º preámbulo. El 3º: demandar lo que quiero; y será aquí pedir conocimiento de los engaños del mal caudillo y ayuda para de ellos me guardar, y conocimiento de la vida verdadera que muestra el sumo y verdadero capitán, y gracia para le imitar.
1º punto. El primer punto es imaginar, así como si se asentase el caudillo de todos los enemigos en aquel gran campo de Babilonia, como en una grande cátedra de fuego y humo, en figura horrible y espantosa.
2º punto. El 2º: considerar cómo hace llamamiento a muchísimos demonios y cómo los esparce a los unos en tal ciudad y a los otros en otra, y así por todo el mundo, no dejando provincias, lugares, estados, ni personas algunas en particular.
3º punto. El 3º: considerar el sermón que les hace, y cómo los amonesta para echar redes y cadenas; que primero hayan de tentar de codicia de riquezas, como suele, ‘ut in pluribus’ (= como en la mayoría de las veces), para que más fácilmente vengan a vano honor del mundo, y después a crecida soberbia; de manera que el primer escalón sea de riquezas, el 2º de honor, el 3º de soberbia, y de estos tres escalones induce a todos los otros vicios.
Así por el contrario se ha de imaginar del sumo y verdadero capitán, que es Cristo nuestro Señor.
1º punto. El primer punto es considerar cómo Cristo nuestro Señor se pone en un gran campo de aquella región de Jerusalén en lugar humilde, hermoso y gracioso.
2º punto. El 2º: considerar cómo el Señor de todo el mundo escoge tantas personas, apóstoles, discípulos, etc., y los envía por todo el mundo, esparciendo su sagrada doctrina por todos estados y condiciones de personas.
3º punto. El 3º: considerar el sermón que Cristo nuestro Señor hace a todos sus siervos y amigos, que a tal jornada envía, encomendándoles que a todos quieran ayudar en traerlos, primero a suma pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servida y los quisiere elegir, no menos a la pobreza actual; 2º, a deseo de oprobrios y menosprecios, porque de estas dos cosas se sigue la humildad; de manera que sean tres escalones: el primero, pobreza contra riqueza; el 2º, oprobrio o menosprecio contra el honor mundano; el 3º, humildad contra la soberbia; y de estos tres escalones induzcan a todas las otras virtudes.
Si bien, como ya fue dicho, la finalidad de esta meditación, que tiene lugar en el cuarto día de la segunda semana de Ejercicios, es elegir estado de vida; no obstante, podemos ampliar el panorama y decir que está en juego la opción por Dios o por Mamón. Vayamos aún más lejos del propósito original del texto y actualicémoslo en nuestro hoy.
La versión histórica actual de la Bandera del enemigo de la naturaleza humana, que lleva a la muerte, bien puede ser: el modelo del capitalismo salvaje neoliberal, que sacraliza el mercado y ofrece riquezas como bienes simbólicos de bienestar y salvación; modelo que deshumaniza a sus agentes, explota al pobre, excluye y genera masas desechables en 2/3 de la humanidad… Y también la Bandera de Lucifer, puede ser un Estado opresor y totalitario, que niega a Dios y limita todas las libertades, incluidas las religiosas, que incita al odio de clases y lucha de géneros, que reparte los bienes ajenos bajo pretexto comunitario –aunque quedándose con la mejor parte–, que priva a los padres de su potestad y determina el número de hijos por nacer…
La Bandera de Jesús nos ofrece alternativas a estos dos modelos con pretensiones hegemónicas: pobreza solidaria, humildad, persecución por causa de la justicia y la verdad, gloria y felicidad eternas, en la otra vida.
El cristianismo afirma que la historia humana es una historia de salvación, la cual está fundamentada en Dios que es el Creador, el Redentor y el Consumador. Con esto estamos afirmando que nuestra historia es escatológica. Los creyentes en Jesucristo proclamamos la fe en un Dios de la historia y en la historia, que se nos ha revelado y nos salva históricamente. Este Dios nos asegura, además, que esta historia tiende hacia lo nuevo, lo pleno, lo reconciliado, integrado y dichoso.
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