Kitabı oku: «El libro de Juana»
Bettina Ballarini
El libro de Juana

EL LIBRO DE JUANA
Bettina Ballarini

Ballarini, Bettina
El libro de Juana : poemas / Bettina Ballarini ; ilustrado por Sara Rosales. - 1a ed . - Godoy Cruz : Jagüel Editores de Mendoza, 2020.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-4931-06-1
1. PoesÌa Argentina. I. Rosales, Sara, ilus. II. TÌtulo.
CDD A861
© 2016 Jagüel Editores de Mendoza
© 2016 Ballarini, Stella Marys
Correspondencia: Sarmiento 1740 – (5501) Godoy Cruz, Mendoza, Argentina
Celular/movil: +54–261–5093367.
e–mail: jagueleditoresmza@gmail.com
Diseño Gráfico y arte de cubierta: Clara Luz Muñiz
Conversión a formato digital: Libresque

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Para Juana Rizzo que, desde el 7 de mayo de 2010, vino quizás a continuar la línea de quehaceres, tanto como de sueños y desacatos, de las mujeres de esta familia. O para crecer en un mundo nuevo. Por si pudieran acompañarla en uno u otro caso, le dejo estos versos.
Bettina Ballarini
marzo de 2020
PRÓLOGO
ESTA JUANA SE DESPEREZA
sobre su ombligo,
allí donde la cubría
el mar de su madre,
tan encima del placer.
En la misma zona
de las mariposas
que se han aburrido
de no salir al paisaje.
Y no es que desde ahora
quiera distraerse
del complicado arte
que resultará navegar
fuera del vientre de su madre.
Ni que improvise un ademán
irreverente
de aguas revueltas contra su destino.
Tiene todo el verde olor sugestivo
del mosto de la uva.
Simplemente ha visto
el umbral
que dejaron para las mujeres
y ya nos va quedando
demasiado chico.
Entonces
vino a pararse con un bostezo
sobre su ombligo.
Despierta
es ni más ni menos otra mujer
y bosteza de pie en su ombligo.
Seguro la mayoría va a decir
que perdió el decoro
de bostezar en otro sitio.
EL LIBRO DE JUANA
PUDISTE LLAMARTE EVA O MARÍA O MAGDALENA,
ni Herodías ni Salomé estaban en la onomástica de tus padres,
tal vez tu madre sabía que dar nombre es dar estrella
y tu padre quería tu nombre redondo para su raíz.
Como naciste mujer y nada ni nadie podían evitarlo,
te llamas Juana. Juana a secas, solamente Juana.
Aunque pudiste llevar tres nombres
como las princesas.
Muchas juanas hay en la historia que nacieron en la fe
y fueron evangelios en la proscripción del silencio.
Una, encerrada por disparates o por la locura
de haber dado a luz un magno emperador,
cuando solo era otra mujer más.
Y hay juanas poetas.
Sobre todas, la que cautiva fue libre en versos.
Y está también la Juana
de guerrilla por nuestra América.
Y hay más cuantiosas juanas sin pasión legendaria.
Será bueno que sepas, desde temprano,
que es un caleidoscopio audaz,
difícil, comprometido,
este asunto de llamarse Juana
y a secas.
ESTÁS
sigues
respirando
haciendo este acto
aprendido sin saber
a veces vas a decir que no puedes
que no vas a poder
y de pronto desnudas
lo bueno lo malo lo neutro
la escala de grises de tu memoria
de tus olvidos
la peripecia de las historias
el orden doméstico
los contratos y las cláusulas
que puedas y que no podrías pactar
y en un instante
agónica y resucitada
herida
intacta
libre
esclava
repites
conmovedora
el programa
de sístoles y diástoles:
que sigues
que estás
que respiras
que te darás tu propio nombre
aun
con tus pechos caídos.
PODRÁS SER
todo lo que dicen
que sucedió entre huertos y bosques,
incluso el manzano con serpiente
antes de nacida.
Luego la caperuza de color rojo
como el rojo de esas manzanas
que atraen lobos de grandes ojos
y dientes.
Pero guárdate de los espejos
porque tienen revés,
en tiempo y espacio un revés
donde se disuelven los intentos
de encontrarte indemne.
Guárdate de esas otras malvadas
manzanas envenenadas,
por si no quedan príncipes comedidos
ni puntuales corceles blancos.
Y, en especial, guárdate
de la serenidad de cada sueño
semejante a un bautismo.
Porque al cabo, nadie te guardará.
Y si te salvaran unas palabras mágicas
habrás de repetir:
“soy la que de noche va y anda llevando
la luz y la mira.
Delante y adentro la luz
y elijo
todo lo que ilumina”.
DE TU PADRE APRENDERÁS
a sacar cuentas en el aire hasta de cinco cifras
y que los resultados deben ser exactos.
Quizás tu padre olvide
que las operaciones primarias
también están sujetas a egoísmos y prejuicios.
De tu madre,
que hay un dios en la calma y la paciencia
y es celestial la pasión
que nos concede la propia palabra;
que cantar bien o mal es el gesto
derramado de transparencias en cualquier sitio.
Pero a lo mejor tu madre se olvide
de atarte cintas coloradas y patas de conejo
para que no te aturdas
entre la tolerancia y la indulgencia.
Te contarán en la familia
algunas pequeñas historias
que desbordaron y desbordarán la vida.
Aunque ninguno
hablará del dolor en los huesos
de la vieja abuela de Caperucita
agarrotada dentro del lobo.
Ni de que el enano Gruñón
era un psicópata furtivo
detrás de Blancanieves.
¡Tan frágiles, incómodas y duras
las zapatillas de cristal de Cenicienta!
Ni de la violencia sobre Penélope
amarrada a un tejido y a un viajero,
ni aun sobre Circe, la maga,
que no pudo conjurarse a sí misma
como amante abandonada,
ni del estupor diverso de ser madre
y tal vez Hécuba
o una madre de la plaza desolada
de pañuelos blancos.
Me hubiera gustado contarte,
desde el principio,
aunque el hubiera no existe,
lo que le cuesta a una mujer
concluir historia
y ser moraleja.
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