Kitabı oku: «Pedagogía EN el otro»

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Pedagogía EN el otro Método NEXUS

Créditos

Pedagogía EN el otro. Método NEXUS

© de los textos: Betzalel Elazar, 2021

© de esta edición: Editorial Tequisté, 2022

Corrección: M. Fernanda Karageorgiu

Diseño gráfico y editorial: Alejandro Arrojo

1ª edición: abril de 2022

Producción editorial: Tequisté

hola@tequiste.com

www.tequiste.com

ISBN: 978-987-4935-97-7

Se ha hecho el depósito que marca la ley 11.723

No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.

LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA

Betzalel Elazar

Pedagogía EN el otro : Método Nexus / Betzalel Elazar. - 1a ed. - Pilar : Tequisté. TXT, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-8958-00-2

1. Pedagogía. 2. Educación en Valores. I. Título.

CDD 370.15

Dedicatoria

A mi familia... Sofi, Ingrid, Pirerayen, Meulen y Tahani, por inspirarme a soñar con un mundo mejor.

Prólogo

La armonía total de este mundo está formada por una natural aglomeración de discordancias.

Lucio Anneo Séneca

En un mundo donde las ideas abundan estériles, los tiempos corren atrasados y la plenitud se escapa, se nos presenta el cuestionamiento acerca de qué es lo que buscamos como humanidad, ¿cuál es nuestro objetivo? Todos sabemos que vivimos en una época oscura, dotada de ignorancia y fanatismos, división y violencia, vorágine y desesperanza, miseria y codicia. La pregunta radica entonces en qué podemos hacer al respecto. Decía Yalal ad-Din Muhammad Rumi ya en la antigüedad “no te quedes satisfecho con las historias, como le han ido a los demás. Revela tu propio mito” y eso es lo que hace Nexus: proponernos una re-evolución educativa para la evolución de la humanidad fundamentada en el epígrafe filosófico del todos en el todo del autor Betzalel Elazar. Dicho pensamiento busca trascender el nosotros contra ellos vigente en la actualidad para construir un todos en el todo, una humanidad en unión, libertad y fraternidad.

El eje de su teoría filosófica radica en percibir a la otredad como una probabilidad del yo. El fascinante poeta Antonio Machado lo explicaría así “el ojo que tú ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque él te ve” (Machado, 1912). Se construye un paradigma que deja atrás el antropocentrismo individual que surge en el renacimiento para darle lugar a la comunidad consciente. Un ser humano que se percibe como parte de un ecosistema, que contempla al humano pero no se limita a él. Haciendo un paralelismo con la medicina, se trata de dejar de ver al órgano como ente aislado para pasar a comprender la maravillosa complejidad que compone a una persona, con todos sus sistemas integrados y dinámicos. El ser humano aprehende y transforma conscientemente el entorno, al mismo tiempo que retiene en la memoria la manera de hacerlo, traspasa ese conocimiento a las siguientes generaciones, vive una vida de afectos y protege su descendencia. Enseñemos entonces otra forma de aprehender y construir, modificando el patrón conductual destructivo que nos está llevando al borde la extinción. Creemos nuevos patrones conductuales para transferir a la descendencia a partir del cambio consciente de aquellos que lo transmiten, arraigando un paradigma de cooperación y fraternidad. Es el desafío que nos propone el autor.

Todo ser humano necesita —como aspecto vital de su desarrollo— cierta inteligibilidad sobre su vida y su mundo. Mucho se ha hablado acerca de cómo enseñar los contenidos que intentan abarcar la explicación del entorno natural. Sin embargo, ¿qué lugar le hemos dado en la educación al conocimiento de la otredad, a la empatía y al amor? Justamente, Schumacher señala que hacer inteligible algo posibilita el sentimiento de participar en ello, de no ser ajeno. El poder comprender al otro, más allá de nuestros miedos e inseguridades, superando la visión competitiva que domina la actualidad para encontrar confianza, lealtad y reciprocidad en la otredad, nos depara un futuro completamente diferente. Hasta ahora hemos apostado por evolucionar basándonos en la ciencia y la tecnología, utilizando la razón como principal herramienta. ¿Qué pasaría si sumamos nuestros sentidos internos a esa búsqueda, si nos animamos a ascender a través del conocimiento del otro que hace posible el amor y la unión en hermandad? Si en lugar de competir por el saber, aunamos esfuerzos y perspectivas enalteciendo la creatividad. Si nos entregamos al desarrollo de la sapiencia sustentado en las necesidades de todos, cultivando la igualdad que se riega con la diversidad. Nexus nos propone esta realidad, brindando herramientas para que podamos enseñar desde la perspectiva del alter éxito.

La enseñanza no es patrimonio de las instituciones formales sino hija de las relaciones interpersonales organizadas. Nexus no se limita a una escuela o universidad, sino que es aplicable a toda persona que desee compartir con otro su experiencia y conocimiento, sea mediante un taller, una carrera universitaria, una comunidad religiosa, una empresa o una organización política. Nexus armoniza la dinámica grupal, enalteciendo al equipo y desarrollando las potencias de cada individuo a través de la interrelación.

Nexus es un sistema aplicable a cualquier método pedagógico, ya que —como dijimos— no se centra en el contenido sino en los valores del alumno y la construcción de una sociedad evolucionada. El autor nos facilita —de una manera didáctica y simple— las herramientas para poder poner en práctica sus enseñanzas, en el contexto que fuese necesario. Nos aporta luz sobre cómo identificar las diversas personalidades que componen a un grupo, generar una dinámica favorable, fortalecer virtudes, rectificar dificultades y evaluar contenidos. “Aceptar que a mi lado se encuentra el Otro, gracias al cual soy yo quien soy” (Lévinas, 2000), asevera Emmanuel Lévinas. Es justamente esta iniciativa la que Nexus nos invita a ejercitar a través de la dinámica de gajos y el objetivo primordial del alter éxito en los alumnos. Cualquier persona o institución que se dedica a enseñar y desea incorporar una perspectiva de desarrollo humano, más allá de su cultura y contexto, puede convertirse en un dinamizador del humano consciente con este manual de construcción de una sociedad basada en la ética de la moral consciente, rasgo fundamental de la teoría filosófica del todos en el todo del autor, que sustenta el sistema Nexus.

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, decía Arquímedes. Nexus nos da el apoyo en la consciencia y la palanca en la concepción de la otredad. Ahora, juntos, movamos al mundo en una dirección mejor.

Sofía González Carvajal

Introducción

La humanidad ha enfrentado desafíos evolutivos permanentemente a lo largo de su historia, es tal vez una constante inherente a su naturaleza propia, donde en los albores de su existencia el individuo se percibía solo contra el mundo, lo que es en resumen igual al YO CONTRA ELLOS. Esta percepción duró poco, ya que la lógica de la supervivencia indicaba que la única forma de cazar, mantener un refugio y asegurarse la continuidad de la especie no era otra que a través del clan y fue así como surgió el NOSOTROS CONTRA ELLOS. Este particular rasgo de la neuropsicología humana está vigente hasta el día de hoy, siendo utilizado de muchas maneras para dividir a las sociedades en pos de los intereses de unos pocos. Por tal razón, y por los resultados nefastos que se obtienen a partir de la radicalización de las ideas que pueden sustentar dichos grupos o más bien dicha construcción de un “nosotros contra ellos”, es que la neurofilosofía ha ahondado, estudiado y acuñado a partir de Martin Buber con su yo–ello o yo–tú —que intenta explicar la cosificación de la otredad o la empatía como sentimiento opuesto a esta— y otros tantos autores, investigadores y filósofos que se han explayado en estas teorías, sus perspectivas y consecuencias sociológicas como neurológicas.

Más en esta época, la humanidad enfrenta inevitablemente un puñado de conquistas transformadoras que sin duda predispondrán a explorar perspectivas más allá de lo conocido hasta el momento, es decir, más allá de la pauta evolutiva que sostiene la teoría del NOSOTROS CONTRA ELLOS. Y es aquí donde se propone una meta en pos de trascender este modelo de percepción de la otredad, buscando acuñar, de cara a la humanidad del futuro, el modelo interpersonal que sustente a un TODOS EN EL TODO. Esto es que, en primera instancia, se supera todo indicador de enfrentamiento, desaparece el CONTRA, ya no es un yo CONTRA ellos, o un nosotros CONTRA ellos, sino más bien es un EN y en este EN se supera la idea del nosotros y ellos, ya que el nosotros contiene al ellos a tal punto que se convierte en un “todos”.

Dicha teoría se puede profundizar en la obra del mismo autor Del meta-individuo al poli-individuo, método nuhma, donde se encontrará el sustento filosófico de los valores necesarios para concretar esta perspectiva de un TODOS EN EL TODO. Lo que se buscará meditar en la presente obra es de qué manera se puede conseguir este ideal a través de la educación como herramienta evolutiva, es decir una pedagogía EN el otro y no individual, por lo que será de vital importancia, entonces, saldar algunas deudas que la humanidad tiene consigo misma antes de ser digna de disfrutar del asombro que regala la simpleza de la exploración. Estas, por más que en algunos puntos parecen argucias trilladas, no serán sino facetas en las que la humanidad no ha terminado de profundizar ni tampoco ha logrado afianzar del todo. Estamos hablando de algo tan sencillo como el simple hecho de que el sujeto perciba a la otredad como una probabilidad de sí mismo, desde una perspectiva de igualdad, reciprocidad y sobre todo confianza. Esta construcción de la identidad individual “en y con el otro” requiere de conservar intacta una predisposición natural que tiene cada niño en su primera infancia y durante el transcurso de la misma, donde la inclusión no conoce de prejuicios y donde el otro no es un medio para un fin, sino más bien un igual. Es así como, desde estas percepciones tan sencillas, surgirán las primeras tendencias sociales del individuo y su proyección hacia dicha sociedad.

Será pues, sin lugar a dudas, un gran desafío para la humanidad superarse a sí misma con el objetivo de ser inclusiva, trascendiendo toda barrera que suponga división de algún tipo. Es decir, naturalizarse en la diversidad a tal punto que toda redundancia inclusiva sea excluyente, pues es claro ver en la actualidad como aquellos que demandan inclusión excluyen a quienes no piensan como ellos, contradiciendo sus demandas con sus acciones, lo que resulta en estos casos en más división, a la vez que evidencian que toda redundancia inclusiva es excluyente.

Siendo por esta razón que es necesaria una re-evolución de ciertos conceptos y acciones para conseguir superar, entre otras cosas, el antropocentrismo dominante que percibe todo su entorno como un recurso o el sujeto estrechamente económico y consumista funcional a un modelo desgastado y enfermizo, ya que en ambos casos es evidente el fracaso. Por ejemplo, en la contaminación palpable de los mares, como lo son las islas de plástico del pacífico que triplican según los datos oficiales el tamaño de Francia, además de los ya conocidos desechos tóxicos tanto químicos como hospitalarios que enferman la fauna marina, la deforestación irracional, el calentamiento global, la contaminación de la tierra con agroquímicos y una gran cantidad de etc. que demuestran la incompetencia de la humanidad y lo errado del concepto de percibir todo como un recurso. Por otra parte, retomando el segundo fracaso del antropocentrismo, no hace falta mirar muy lejos para encontrar desigualdad, injusticia y sufrimiento, producto de la avaricia y la arrogancia infame de aquellos pocos que se benefician de la esclavitud voluntaria de muchos, pues solo está en manos de estos “muchos” revertir la situación en la que se encuentran, a través de la unión verdadera y sustentable.

Tal vez esta re-evolución se halle en la educación, tal vez una vez más la utopía sea el vehículo que permita visibilizar otras probabilidades de la humanidad que no sean siempre las mismas, pues lo trillado aquí no son las deudas que esta tiene, como la justicia social, la igualdad o las políticas ecológicamente responsables, sino los métodos vetustos con los que se intenta responder a estas demandas y que claramente —como la lógica y la evidencia sustentan— no han dado en la talla, no han aportado soluciones sustanciales. En otras palabras, no sirven de cara a las necesidades de la humanidad del futuro. Estos métodos son los obsoletos y trillados, los que ya no tienen lugar en una humanidad que necesita avanzar y resurgir en la búsqueda del equilibrio, pues es urgente, ya que cada vez somos más habitantes en este único planeta que nos sustenta y, si no aprendemos a moderarnos, nuestra extinción será inevitable. Deberíamos comportarnos como lo que somos: socios de la divinidad a la hora de mantener el equilibrio de la creación a través de las herramientas del intelecto, la consciencia y el discernimiento.

La utopía parecería ser una herramienta provechosa si se utiliza como disparador de ideas innovadoras, ideas que no sean más de lo mismo, porque la humanidad necesita algo diferente, algo que le permita liberarse de sí misma, y es en este caso la utopía quien le susurra al oído que sí se puede, que es posible convertirse en la mejor versión de sí misma. Es la utopía la que le permite soñar con un futuro diferente, tal vez sea esta que intenta convencernos, llamándonos la atención a través de la influencia de sus avatares, como la perfección y la felicidad tan cotidianas en la búsqueda de la humanidad. Tal vez sea momento de trascender la idea de lo que no es en ninguna parte por la capacidad probable de ser en todos lados, la mejor versión posible.

En sintonía con este pensamiento, es que este libro intenta poner en palabras dichas perspectivas un tanto utópicas por lo que no pretenderá ser evidentemente una tesis de ningún tipo ni contendrá en lo más mínimo rigor académico, pues serán precisamente este tipo de perspectivas las que se desean trascender, ya que se estará teorizando sobre la necesidad de la evolución de la humanidad más allá de todo rigor —ya sea académico, social o de cualquier tipo— siendo evidente que ni estos ni las tesis doctorales alcanzaron para dar un respuesta definitiva a las deudas sociales que esta tiene consigo misma. Siendo incluso, en muchos casos, precisamente estas perspectivas vetustas las que fomentaron dichas deudas, por el hecho de estar centradas en la formación y sustento del sujeto económico y de consumo, ya que evidentemente todo pensamiento o idea, si no está alineada a fomentar dicho sujeto y su explotación como recurso humano, no será abalada e impulsada por las instituciones retrógradas que defienden como único camino sustancial de las ideas al método científico positivista y utilitarista. Aprovecho a citar a Patrik Harpur en su libro Mercurius o el matrimonio del cielo y la tierra:

“…hay dos cosas que el filósofo debe evitar a toda costa: la fama y los científicos. La primera lo expone a la curiosidad y la codicia del ignorante; la segunda, más peligrosa, a los doctos adoradores de esos ídolos mellizos, el empirismo y la objetividad”.

Es así como en la búsqueda de reflejar de la mejor manera el “libre pensamiento” es que este libro intenta estar precisamente “libre” de la mayor cantidad de dogmas posibles, utilizando un lenguaje en cierto modo coloquial con el objetivo de que resulte un material amigable para ser aplicado potencialmente en cualquier contexto. Lo que principalmente se pretende trasmitir es la idea de la evolución de la sociedad a través de la educación como herramienta fundamental, pues la educación constituye un eje central en la construcción de la sociedad, siendo la calidad social un espejo directo del tipo de educación que se imparte. Mas lo que se refleja en este espejo social no será la cantidad del contenido académico o la calidad del mismo, sino más bien la carencia, o no, de la capacidad de aplicar el contenido aprendido en pos de mejorar dicha sociedad.

Es evidente que en la actualidad este espejo está sucio, ya que refleja una imagen desdibujada y muy alejada de lo que debería ser la humanidad a esta altura de la historia. Lo que nos lleva a preguntar por la naturaleza de esa suciedad, la que sin duda impide apreciar la belleza en su plenitud de la mejor versión de la humanidad, y en ese intento por responder surgen más interrogantes, entre los cuales se destaca uno: ¿cuál es el objetivo de la educación en la actualidad?, ¿será que se educa para preparar al sujeto económico en tanto funcional al sistema capitalista o que se educa para profundizar el individualismo extremo en aras de la híper competitividad? Sea cual fuere la respuesta a tal interrogante, es visible que el resultado no es bueno o auspicioso para la humanidad, trasladando su infortunio a todo cuanto la rodea, afectando así a las demás formas de vida con las que comparte este hermoso y único planeta, y a las fuerzas de la naturaleza que sustentan a cada una de estas manifestaciones de la divinidad, contaminando y corrompiendo, con el objetivo único de usufructuar de ellos, dado que aprende desde muy temprana edad que todos estos son recursos, incluso el mismo humano lo es; recurso que se utilizará el tiempo que sea necesario o útil para un fin, un fin completamente egoísta.

En el intento de limpiar el espejo, surge el método NEXUS, para contestar la pregunta acerca del objetivo principal de la educación: educar para mejorar la humanidad, llevando a plantear la necesidad de evolución más allá del antropocentrismo, educando para la diversidad; en la construcción del yo en tanto inclusivo de todo cuanto existe, en la realización del yo EN el otro; y encontrar la plenitud en el éxito de los demás. Tal vez, de esta manera, el NEXUS contribuirá a asear la superficie, consiguiendo que se reflejen con más intensidad las facultades innatas evolutivas de la humanidad, llevándola a nuevas fronteras de autoconocimiento.

Comparación Numérica Especulativa Subconsciente, CoNES

Desde muy temprana edad nos educan para que compitamos en pos de la acumulación, donde las cifras se convertirán en el principal factor indicativo de éxito o fracaso. Se nos enseña a sentirnos seguros en la cantidad, cantidad que fijará los estándares de calidad y nos predispondrá a poner en cifras sentimientos, deseos y cuantas expresiones queramos, a COMPARAR. Esta perspectiva tiene uno de sus principales orígenes en el sistema educativo, donde se califica el nivel de conocimiento a través de los números, como natural indicador cuantitativo, sustentado a su vez por un enfoque económico de educación en tanto formación del futuro sujeto productivo, acostumbrándose a percibir los logros a través de este método de calificaciones. Ahora bien, el principal problema en las frases anteriores radica en la palabra COMPARAR y en la frase PERCIBIR LOS LOGROS, esto supone un adoctrinamiento en la estructura de aprendizaje de nuestro cerebro, puntualmente en el circuito de recompensa, en el que se lo acostumbra a discernir con una perspectiva cuantitativa los logros obtenidos, predisponiendo a trasladar este estándar de medición a otros ámbitos de la vida. Veremos entonces cómo funciona.

El circuito de recompensa es un sistema de estructuras neuronales orientadas a identificar cualquier situación que provoque bienestar y placer. Este será uno de los ejes principales en el aprendizaje de la supervivencia natural, ya que marcará la tendencia asociativa para que toda situación que genere placer se repita. Es así como se instaura una predisposición por ciertos factores positivos para el sistema de recompensa que estará íntimamente ligado a la cuantificación numérica en este caso, involucrando la autoestima en relación a los logros que se obtengan en proporción comparativa a los fracasos. Sin pretender ser un tratado de neurología, podremos definir brevemente cómo funciona el sistema de recompensa mencionando las regiones del cerebro involucradas, como así también los neurotransmisores necesarios, en estudios realizados hasta la fecha.

Todo comienza en el área tegmental ventral, responsable de captar toda señal que involucre mecanismos básicos de supervivencia, subiendo al sistema límbico —causante de generar emociones asociativas a estas señales recibidas— en el que se destacará el núcleo acumbens, asociado directamente con la aparición de sensaciones placenteras. En el lóbulo frontal, ocurre la planificación basada en la información antes obtenida, por lo que estimulará a un conjunto de acciones que lleven voluntariamente al individuo a conectar con el objetivo final. El neurotransmisor necesario para que este sistema se complete y active es la dopamina, este se ha coligado como el principal partícipe en la asociación del placer, pero además, y no menos importante, en el eje motivacional del individuo.

El sistema de calificación financiero basado en patrones numéricos genera, desde el principio del desarrollo cerebral del individuo, una tendencia asociativa a equiparar el éxito y el fracaso con un promedio cifrado. En esta instancia, el cerebro humano no solo está aprendiendo y sistematizando el eje de recompensa necesario para la supervivencia, sino que está estableciendo los primeros parámetros de éxito, fracaso y comparación de estándares de logros respecto a las relaciones, ya sea con el otro como individuo o como grupo. Además de establecer una consciencia comparativa con sus pares, estará asimilando el paradigma que más es mejor con respecto al otro, en el momento en que este YO es consciente en su comparativa que la obtención de un puntaje más alto lo dispondrá en un estatus de ganador o exitoso respecto a la OTREDAD. Estos procesos de crecimiento van a signar de alguna manera la tendencia de personalidad del individuo en la construcción de su yo y la relación de este con la otredad. Dentro de las principales características de desarrollo del yo podemos destacar la seguridad en sí mismo, ligado directamente al nivel motivacional del sujeto. La percepción de la obtención del éxito asociado a un factor numérico predispondrá a la cuantificación comparativa respecto al otro, esto será que de manera consciente o inconsciente percibirá la concreción del éxito como una pauta de base desde donde el yo se autoevaluará respecto al otro, fomentando la competitividad y el individualismo.

Cuando se hace referencia al método de evaluación a través de valores numéricos, no solo se tiene en cuenta el sistema de calificación del uno al diez —donde uno es lo más bajo y diez naturalmente es la meta más destacada— también podemos mencionar el sistema de cero a cien que es muy similar al anterior, con la misma perspectiva de orden numérico, es decir: primero, segundo, tercero; tendremos el sistema de calificaciones mediante letras donde A es proporcional a primero, es decir diez o cien la nota más alta y E o F en algunos casos será equivalente a la nota más baja. Estos métodos de categorizar el rendimiento escolar se utilizan en la mayoría de los países, siendo una minoría quienes lo hacen a través de expresiones o valoraciones.

Desde una perspectiva psicológica, es natural inferir que el individuo tiende a compararse con sus pares siendo parte indispensable en materia de desarrollo de la personalidad en tanto construcción del yo respecto a la otredad, evaluando en esta comparación —entre otras cosas— su capacidad de obtener el éxito o no. Si esta propensión natural se encuentra viciada por algún tipo de carencia que predisponga a la personalidad del individuo a construir una tendencia competitiva, especulativa o manipuladora, resultará en una clara inclinación a resolver la comparación con la otredad mediante el uso de la cuantificación comparativa aprendida y naturalizada desde el comienzo de su relación con la otredad en el ámbito escolar y la noción de obtención de éxito a través de un número. Es decir, a nivel subconsciente, este sujeto aprendió que el hecho de obtener una nota más elevada que su compañero lo sitúa automáticamente en una posición de ganador o exitoso respecto al otro, más, aunque no sea visible en todo momento, esta lectura equiparativa respecto a la cantidad es tan real como la naturalización inocente de medir emociones, acontecimientos y demás con estándares cuantitativos; o reforzar el concepto numérico a través de la asignación de un número a cualquier elemento de su entorno cosificando personas, animales u objetos por igual; como también emplear clasificaciones más determinantes como comparar con una perspectiva cuantitativa niveles intelectuales, aptitudes físicas o cualquier tipo de calificación que coloca a unos sobre otros relegados.

Estas relaciones, y muchas más del estilo, son ejemplos inocentes de lo incorporada y naturalizada que está la creencia subjetiva de que es necesaria la perspectiva estadística donde el principal objetivo a lograr es la cantidad, siendo en muchos casos erróneamente pensada como más relevante que la calidad. Esto lleva a percibir sutilmente que siempre más es mejor, desconectándose del hecho de que no siempre es así y promoviendo un afán por la cantidad. Vivimos en una era que está signada por la triple equis ele (XXXL) —casi que podríamos llamarla así— donde, para satisfacer la ansiedad de consumo, todo debe ser extra grande o en mucha cantidad, donde los objetos se producen en masa con el propósito que duren poco, consiguiendo así que se perpetúe la cadena de consumismo: comprar en cantidad, comer en cantidad, aún a costa de la salud física.

Entre la cantidad y la velocidad se va la existencia… “No hay tiempo” es una de las afirmaciones más frecuentes, ya que entre tanta cantidad este es, en apariencia, lo único que escasea. Entre la cantidad y la celeridad del todo ya, se diluye la vitalidad de los años de la humanidad. Esta se pierde a sí misma en una vorágine donde el yo olvidó al otro en pos de la acumulación, o por el simple hecho de ser un rehén involuntario de un sistema de deudas que le exprime cada instante de plenitud, donde cualquier parecido con la esclavitud es mera coincidencia, o quizás sea esta una excelente forma de esclavitud consciente.

En esta situación de afán por la cantidad es muy común que la mente humana pierda el índice de prioridades, llevando al individuo a una situación de vacío interno, ya que la acumulación por sí misma siempre va a estar debidamente excusada bajo un esquema de auto justificación inapelable que lleva implícita la insuficiencia permanentemente, con todos los argumentos necesarios para que la mente sea funcional al sistema de recompensa para el que fue programada. Así pues, vemos cómo la sociedad —en muchos casos producto de las deudas contraídas por circunstancias que superan su capacidad económica o simplemente por ser víctimas de un sistema que impulsa el consumismo— busca en la acumulación la respuesta, por sobre la salud, desatendiendo la calidad de la alimentación, o el desgaste físico natural que produce el cansancio acumulado. Esto sin contar el estrés del ritmo de vida, o las enfermedades físicas naturales de la edad o el agotamiento producido por tan tirana rutina, para las que existe un tratamiento sobre los síntomas con el objetivo de volver a estar en forma física para seguir acumulando o para pagar sus deudas.

No solo sobre la salud es visible el impacto, sino además sobre la construcción de la plenitud, palabra que no es muy tenida en cuenta hoy en día, más que solo por las apariencias de las redes sociales, donde los individuos intentan mostrarse felices en dichas vidrieras que no son consecuentes con su realidad interna, PUES NO HAY INFELIZ MÁS GRANDE QUE AQUEL QUE NECESITA OSTENTAR SU FELICIDAD. Estas redes sociales vienen a resolver a medias, o para quienes creen en ellas, el drama de la postergación de la plenitud en pos de la acumulación, confundiendo plenitud con paradigmas ideales como la felicidad, ya que quien utiliza estas redes se siente socialmente sabio, feliz, aceptado, incluso hasta escuchado o leído. Es así como la fantasía está creada y es eficiente, pues aparentemente ya está cubierto todo lo anterior. Ahora el individuo está listo para seguir acumulando o al menos intentando acumular, ya que la mayoría por ser rehenes endeudados con el sistema solo lograrán sobrevivir, acumulando no para ellos sino para alguien más, puesto que, al existir la desigualdad y el individualismo extremo, es lógico que haya quienes se beneficien con el esfuerzo ajeno. Así pues, nunca se llega a la felicidad o más bien a la plenitud, siempre existe en el interior un vacío que no se llenará con la perspectiva acumulativa.

Además de postergar prioridades como salud, plenitud, amor, familia, amistades y otros en pos del factor acumulativo —ya sea voluntario a medias por el consumismo impuesto o involuntario por algún endeudamiento circunstancial— existe un factor tanto o más destructivo que el anterior, que es corrosivo y llena de inseguridades y temores el camino a la relación con la otredad, coloca al otro como competidor y no como aliado: la comparación especulativa. Como meditamos anteriormente, la comparación es natural en la psiquis humana, más cuando la perspectiva psicológica es susceptible a especular en tanto estadística equiparativa. Es probable que la tendencia a reconectar con el circuito de recompensa basado en cuantificación numérica al momento de evaluar las posibilidades de éxito o fracaso respecto a la otredad sea la respuesta más rápida y natural que encuentre el individuo para justipreciar su relación con la otredad. Teniendo en cuenta además que fue de esta manera que aprendió a competir, será obvio que percibirá a sus semejantes como competidores llevándolo así a especular —ya sea consciente o inconscientemente— en qué posición se encuentra respecto a los demás, puesto que entiende que de acuerdo con la comparación numérica especulativa dará mayor estatus al que posea más que al que posea menos.

En este punto es muy probable que quien lee estas líneas argumente que no es socialmente aceptable este paradigma, pero la realidad en la vida cotidiana demuestra exactamente lo contrario, ya que es lógico inferir que quien tenga más poder adquisitivo accederá a recursos de mejor calidad, ya sea alimentación, viviendas, servicios, educación, salud y demás. Sin contar los distintos niveles de idealización de estatus social que se utilizan para vender ciertas pautas publicitarias, creando en el sujeto de consumo expectativas e ideales ficticios. La noción de la comparación a través de los números permite evaluar el índice de éxito y el de aquellas personas que rodean al sujeto, otorgando en algunos casos una falsa sensación de mérito por sobre el otro, es decir, sentirse con más derechos que aquel solo por contar con una circunstancial ventaja cuantificable, noción que se encuentra más visible en algunos individuos y oculta en otros. Más el problema radicará en la visión segregacionista que da origen al dicho popular que reza “cuánto tienes, cuánto vales…”, afirmación que cosifica claramente a la otredad.

También existen quienes ignoran completamente estos estándares comparativos, no siendo relevantes en ninguna situación —ya sea determinante o no— en relación a la otredad, por lo que no se verán afectados por esta falsa sensación de mérito que se mencionó con antelación ni por una especulación comparativa a la hora de relacionarse.

Es posible aventurar la teoría de que este tipo de perfil podría incluso utilizar esta herramienta comparativa con objetivos constructivos y superadores. Pero, para quienes no lo hacen, supondrá una limitante en la relación con los demás, ya que la construcción de la seguridad en sí mismos, actitudes y formas de relacionarse, se basarán en un estatus comparativo y especulativo, lo que llevará a vincularse con el otro desde un interés por cumplir con la realización de sus deseos a la vez que calculará consciente o inconscientemente su estatus respecto al otro. Es decir, si está en condiciones —según los estándares de este— de superioridad, igualdad o inferioridad.

Por estos factores especulativos es que surgirá, en la relación con el otro, una palabra que marca la tendencia en las relaciones de este tipo de perfiles psicológicos: la desconfianza. No se está afirmando que la totalidad del comportamiento de desconfianza tenga su principal eje constructivo en la comparación numérica especulativa del subconsciente (CoNES), ya que es lógico ver cómo afectan a este sentimiento una diversidad de factores empíricos. Más aún, si es posible sostener que la CoNES (comparación numérica especulativa del subconsciente) predispondrá al individuo a relacionarse desde una perspectiva de desconfianza hacia el otro por el simple hecho de que el hábito especulativo tendrá como objetivo cuantificar qué tanto de utilidad o riesgo representará el otro para el individuo en pos de conseguir o preservar la concreción de sus objetivos y deseos personales. Y lo hará teniendo en cuenta las siguientes variables.

Las variables seguirán dos tendencias analíticas principales, vinculadas a las ventajas o desventajas según el sujeto. Es decir, tienen que ver sencillamente con la percepción cuantitativa en la especulación sobre si el otro tiene más o menos, respecto al sujeto que especula, lo que sea que este desee cuantificar —ya sea posición social, éxito laboral, académico o económico u otros en función de sus propios objetivos personales, deseos o metas individuales—, por lo que existirá un vínculo con el motor. En otras palabras, el interés u objetivo final que dentro de la ecuación nos propondrá el perfil de relación con el otro: de inferioridad, igualdad o superioridad.

El móvil o interés para relacionarse será el objetivo en la mayoría de los casos, teniendo en cuenta que no estará representado en su totalidad el cien por ciento de las motivaciones sociales dentro de estos parámetros. Más aún las relaciones que se arman consciente o inconscientemente con estas perspectivas especulativas y tóxicas serán afectadas por el CoNES, siendo útil para definir en qué nivel el YO se encuentra respecto al OTRO y qué tipo de variable será la lógica para la ecuación a resolver, o más bien para alcanzar el objetivo final. Las variables pueden ser polares, es decir, tener en sí mismas su tendencia opuesta o, dicho de otro modo, la perspectiva que predisponga a la trascendencia de circunstancias viciadas por el egoísmo, dando la libertad de que la tendencia de la relación cambie más allá del modo especulativo. Por esta razón, se analizarán solamente las variables de los perfiles tanto de inferioridad como de superioridad, ya que son los más afectados, sin duda, por estas perspectivas especulativas.

Si el OTRO tiene más (dinero, capacitación, actitud, confianza en sí mismo, estima, posición, etc.), respecto a los objetivos a conseguir por el individuo, la perspectiva de la relación será desde una suerte de INFERIORIDAD, según los estándares de percepción tóxicos de un yo viciado por el CoNES. Para analizarla se dividirá en tres aspectos principales:

CONVENIENCIA: desde este plano el individuo intentará usufructuar en función de la realización de sus objetivos del esfuerzo o capacidades de la otredad procurando no ser descubierto en su intento por vender su amable sonrisa y desinteresada actitud.

ADMIRACIÓN: perfilará al individuo a conocer los sistemas empleados para la obtención del éxito del otro, buscando imitarlo o pidiendo instrucción humildemente para así poder trasladar, en la medida de lo posible, dichos patrones estratégicos a sus propios objetivos.

ENVIDIA: buscará obtener e incluso superar el estatus del otro, utilizando el recurso de la descalificación e incluso todo intento de boicot para poder destacar o sobresalir por cualquier medio posible, con el objetivo de generar cantidad de acciones por sobre la calidad de las mismas, intentando conseguir así un mejor posicionamiento y reconocimiento. Esto deja en evidencia que sus objetivos, sean cuales fuesen, serán en función de alimentar el ego y no de un bien común.

En esta ecuación tendremos que las relaciones pueden encauzarse a través de los tres caminos, en pos de conseguir el objetivo en el que se está en una supuesta situación de inferioridad o desventaja respecto a la otredad, lo cual deja claro que dos de ellos son tóxicos, tanto para el YO como para la OTREDAD con la que se relaciona. Solo a través de un aspecto podremos dar con una variable que perdure en el tiempo y tenga una tendencia más sana en el modo de relacionarse, ya que las demás, como se sustentan en aspectos signados por la desconfianza, estarán destinadas a fracasar.


En este gráfico vemos esquematizado como la desconfianza, producto de la comparación numérica especulativa subconsciente (CoNES), en su manifestación perjudicial en la relación, genera un vínculo tóxico tanto para el YO como para el OTRO. El caso es que la conveniencia será afectada por la desconfianza, porque se estará en alerta todo el tiempo para evitar que se descubran las verdaderas intenciones y, como el YO estará al tanto de la perspectiva, generará en más de una ocasión ese efecto espejo o de transferencia que hará dudar al YO de que el OTRO pueda actuar de la misma manera con él. Por esta razón, será común ver como sujetos convenidos sospecharán que pueden ser utilizados para fines ajenos a sus intereses y, por lo tanto, estarán a la defensiva desde su desconfianza. Del mismo modo en el caso de la envidia, aunque aquí es más complejo, dado que el YO se plantea desdeñar al OTRO, a pesar de que para hacerlo debe tener un sustento válido para que sus acciones no parezcan evidentemente dañinas, sino más bien justificadas. Es en este punto que, en el complejo tejido de la trama de la envidia, la justificación en el factor desconfianza será el principal camuflaje para que el YO excuse solapadamente su tendencia destructiva hacia el OTRO.

Ahora bien, si el OTRO tiene menos, haciendo alusión a los recursos antes descritos entre paréntesis, dejará al YO en posición de hipotética superioridad respecto a la realización de sus deseos. Allí también atenderemos a tres variables con sus respectivos factores y estos serán los siguientes:

SUPREMACIA: el YO ostentará poder por sobre el otro con el objetivo de afirmar su posición e impedir cualquier esquema que amenace su estatus, siendo, en este punto, la ostentación de poder sinónimo de debilidad del YO. Aquí la desconfianza estará arraigada tanto al YO en la falta de autoestima y en el OTRO respecto a su construcción de poder, que, de concretarse, pondría en riesgo el propio status quo.

VIRTUD: en esta variable el YO supondrá un ejemplo para el OTRO. Una vez superados los avatares de la desconfianza, podrá compartir logros y métodos con el OTRO en busca de la obtención del éxito por parte este.

MANIPULACIÓN: será una herramienta común en la búsqueda por la permanencia en la situación de superioridad, ya que existe una lógica que nos demuestra que siempre habrá alguien mejor y esta perspectiva al YO no le causa ninguna gracia, por lo que recurrirá directa o indirectamente a este recurso para mantenerse en su estatus. A su vez, también supondrá un riesgo, ya que toda manipulación es finita, más tarde o temprano el OTRO se daría cuenta y los planes se verían frustrados, así que la desconfianza sería hasta un estado de alerta necesario para el manipulador.


En los aspectos antes mencionados, la desconfianza juega un papel fundamental sustentado por la comparación numérica especulativa, CoNES. La especulación será funcional a perpetuar este tipo de variables nocivas en relación al OTRO, desde una perspectiva hipotética de un yo superior o inferior conteniendo en sí los hábitos tóxicos de conveniencia, envidia, supremacía o manipulación; hábitos que serán debidamente excusados o más bien encubiertos provocando en el YO la activación de un sistema de defensa que actuará de dos maneras ante la amenaza de quedar en evidencia: por un lado, la reacción puede ser la negación rotunda de los hechos y de sus consecuencias; mientras que por otro, puede ser el enojo y alejamiento en relación a quien sea capaz de visibilizar este tipo de proceder. Ambas respuestas estarán íntimamente ligadas a una reacción de miedo por parte del YO, que buscará sin dudas mantenerlo en la zona de confort, quitándole así la posibilidad de cambio, es decir, a relacionarse con el OTRO desde la VIRTUD o la ADMIRACIÓN.

En resumen, es lógico ver en los ejemplos antes descriptos la carencia de valores que impulsen una relación sana con la otredad. Sin ánimos de ser un tratado sobre ética o psicología determinante, es evidente que la comparación numérica especulativa del subconsciente (CoNES) predispondrá a formar un sujeto altamente competitivo y desconfiado, en tanto se relacione con la otredad percibiéndola como un medio para un fin o como una amenaza en la competencia por lograr y mantener vigentes sus objetivos individuales. Se naturaliza así la rivalidad con el entorno en un contexto de supervivencia del más apto o, como se dice vulgarmente, “la ley del más fuerte”, donde solo los más inescrupulosos serán los calificados para tal supervivencia, pues será en esa carencia de escrúpulos donde se recrearán en su esplendor la conveniencia, envidia, manipulación y supremacía enfermiza que buscarán el poder por el poder mismo. Pues el eje del problema es que se educa para competir y rivalizar con el otro, donde ganar o ganar a cualquier costo será la premisa por cumplir. Este estereotipo será funcional solamente al sistema que devora toda probabilidad de cultivar y descubrir la mejor versión de sí misma a la humanidad toda.

En este punto se desdibuja el quién, pasando a ser un qué, es decir un número más que solo forma parte de un sistema estadístico económico con el simple objetivo de que este siga funcionando… ya que este sistema te roba la identidad para luego hacerte creer la fantasía de que solo él otorga la posibilidad de ser alguien y de ese modo recuperar lo que él mismo te robó. Así pues, en esa búsqueda desesperada por lo más natural e inherente a la raza humana, la construcción de la identidad individual, será que dicho sistema consume el fuego interno, la voluntad ardiente que cada individuo posee, haciéndole creer que solo a través de superar a otros en una carrera desenfrenada será posible obtener el premio final. Este no será la realización económica, sino haber alcanzado su verdadera identidad, cumpliendo así con el mandato que se repite desde la infancia que reza “debes estudiar para ser ALGUIEN en la vida”. Mas lo que no se explica claramente es quién es ese alguien al que debe aspirar a convertirse el individuo, es decir, ¿es un alguien realmente libre que construirá su propia identidad individual acorde con sus paradigmas evolutivos?, ¿o un alguien que será el fiel reflejo de los deseos inconclusos de otros?, ¿o una pieza más de la compleja maquinaria del sistema económico y consumista? Esto nos deja ante una situación de despojo de la identidad, ya que, si es un reflejo de las aspiraciones inconclusas de otros, ya no será él mismo; y, si es una pieza del sistema será un algo y no un alguien, por lo que será obvia la cosificación funcional tan naturalizada en estos días. Sin contar que, desde su nacimiento, es un número más a encajar en una estadística estandarizada, donde se deberá hacer todo lo posible por mantener la norma a cualquier costo, siendo ese costo el adoctrinamiento sistemático del pensamiento en función de un sistema económico y productivo para de esta manera ser útil al régimen general que estandariza la competencia despiadada, el individualismo egoísta y el consumismo voraz y codicioso como altos estándares al que todo individuo de bien debe aspirar, premiando a estos con los anhelados estatus burgueses capitalistas.

Así pues, el individualismo extremo basado en la competencia permanente y la percepción errónea que refleja al otro como una amenaza, un rival o un medio para un fin determinado, será el factor clave para fomentar los hábitos deletreos de una sociedad enferma signada por la corrupción y la desigualdad. Una sociedad que emplea todos los medios propagandísticos necesarios basados en las tendencias de consumismo y los datos obtenidos de las diversas redes sociales con el objetivo de volver cómplices silenciosos a todos sus integrantes, ya que la fortaleza de los dominantes estará hecha del silencio de los débiles. Precisamente la ausencia de voz es un reflejo directo de la carencia de pensamiento crítico, pues es necesario que las masas no piensen demasiado para poder manipularlas lo necesario, vendiéndoles arquetipos preelaborados para que los tomen como parte de su identidad propia. El objetivo profundo de dicha manipulación será mantener dividida a la sociedad por medio de cualquier brecha útil para tal fin, siendo indistinto si esta se genera por diferencias políticas, religiosas, étnicas, de género o ideológicas de cualquier tipo. Un perfecto experimento social a tales efectos son las parcialidades deportivas y sus distintos matices de fanatismo como ensayo sociológico, ya que si la sociedad toda le perdiese el miedo a la otredad y aprendiera a trabajar de manera mancomunada y en unión, libertad e igualdad decidirá por sí misma su destino, no dependiendo de la dirección de unos pocos y resultando mucho más difícil su manipulación.

Esta será una de las principales razones por las que el método NEXUS busca fomentar el trabajo común por sobre la competencia cuasi obsesiva, fortaleciendo los lazos de unión que trasciendan las diferencias en pos del bien común. Este método tiene en cuenta la importancia de los paradigmas educativos como entes formativos de perspectivas de pensamiento y predisposición a generar tendencias sociales de interacción constructiva o no, pues es lógico que no se sostiene desde la propuesta del método NEXUS que toda acción viciada por el individualismo y la competitividad estará originada en el sistema educativo y su método de evaluación numérico. Empero sí es posible que afecte la tendencia de percepción del individuo en tanto éxito o fracaso, a la vez que fomente la rivalidad impactando de esta manera en la construcción de la interacción socio afectiva y productiva, dificultando muchas veces la colaboración entre pares de frente a un objetivo colectivo y generando que —en la mayoría de los casos— el móvil sea individualista por sobre el beneficio grupal. Esto resta eficacia a la hora de conseguir resultados en una comunidad con problemas de base compartidos, más como cada quien quiere llevar agua para su molino —como dice el dicho— el río quedará seco y el objetivo final infértil.

El meta-individuo

De esta manera, con lo ya expuesto hasta el momento en la meditación anterior, es posible describir el escenario del YO post CoNES nocivo, definiéndolo con el nombre de META-INDIVIDUO. Esta construcción del sujeto en tanto individualista extremo de la actualidad tiene como características principales la competencia despiadada, la superficialidad en las relaciones, la idealización de la apariencia y la felicidad, la etiquetación y estigmatización del otro, el exceso de reactividad emocional, las relaciones virtuales ficticias, la reactividad intolerante a la diversidad de opiniones y el fanatismo de las ideas. De esta manera, la otredad comienza a desdibujarse perdiendo así identidad real, pasando a ser un algo aparente y efímero. La problemática radica justo ahí, en la cosificación de la percepción del otro como un algo y ya no un alguien, puesto que es tan ajeno al YO que sería casi imposible percibirlo como parte de o un reflejo inmediato del YO. Esta crisis en la percepción antes mencionada no afecta solo a la otredad, sino además al propio YO en tanto identidad real de sí mismo, porque la identidad propia se construye en parte con la interrelación que cada individuo pudiera tener con la otredad. Más aún, en la medida que concibe a esta como un medio para un fin, a su vez se estará predisponiendo a sí mismo con el mismo perfil utilitario, donde lo importante deja de ser la esencia humana pasando a ser el fin en sí mismo lo relevante: en este caso el producto.

Por lo tanto, lo que obtendremos será un sujeto productivo, dando protagonismo al producto y relegando al sujeto en tanto objeto útil para conseguir el producto. Esto indudablemente causará una crisis identitaria del yo esencial respecto al yo productivo, por el simple hecho de que la esencia de la existencia de ese yo no está constituida en este universo con el solo objetivo de producir y consumir, llevándolo en más de una oportunidad a preguntarse por la verdadera razón de su vida, interrogante conocido actualmente con el nombre de crisis existencial. Dicha crisis, en muchos casos, es tratada como patología o debe ser superada con el objetivo de otorgar la supremacía al yo productivo, confinando al yo esencial al plano de lo quimérico, resultando así en una esclavización del yo esencial por el yo productivo, debilitando la identidad y la esencia de ese individuo.

Ese META-INDIVIDUO termina de perder identidad cuando pasa a ser un número parte de un colectivo, como por ejemplo un colectivo de reivindicación de alguna causa social, el que supuestamente atiende el reclamo de una minoría, donde ese meta-individuo cree que está allí por plena elección y libertad pero es eco del eco, de un arquetipo que ni siquiera él mismo diseñó. Es parte ahora del colectivo y cree que está sensibilizado con el otro pero realmente no lo conoce, ya que el otro, como él, está cumpliendo con los estándares de un arquetipo y no mostrando su verdadera esencia, con un pack combo que incluye: vestimenta, discurso preelaborado y hábitos de comportamiento pautados. Todo esto practicado en total “libertad”. Lo que en verdad importa es que el meta-individuo se mantenga conforme creyendo que es sensible al OTRO y que, a través de sus acciones meta-individuales, realmente tiene una influencia en la realidad de ese otro. El colectivo da seguridad y sentido de pertenencia, por eso es tan difícil que el integrante se dé cuenta de cuán fanático se vuelve de la idea que lo impulsa, abrazando sus dogmas hasta convertirlos en su forma de vida. Si bien es cierto que este tipo de colectivo surge en respuesta a algún accionar totalitario y abusivo, es igual de acertado esperar que este se convierta en lo que critica, por el simple hecho que surgió de la reacción a otra cosa primero. Esto supone una lógica y una esencia reactiva que tenderá a responder ante lo diferente de manera excluyente y sesgada por su perspectiva particular.

El meta-individuo no se relaciona con el otro más que superficialmente, ya que tiene desconfianza de la OTREDAD, como meditábamos anteriormente. Está especulando y cuantificando, porque la percibe como muy ajena a sí mismo y no sabe realmente hasta qué punto representa una amenaza. En este estado CoNES, juega un rol necesario a la hora de identificar cualquier potencial amenaza, acentuando de este modo el carácter etiquetario —y a veces hasta estigmático— que llevará a encasillar a la OTREDAD con el fin de comprenderla y así saber en qué situación se encontrará respecto al YO, generando un rechazo por aquellas tipologías que escapen a los estándares predeterminados para la etiquetación, relegándolas la mayoría de las veces a algún rincón psíquico peyorativo que justifique el alejamiento de ese tipo de relaciones. Pero, son precisamente este tipo de personalidades, que cuesta etiquetar o a veces comprender, las que desafían la estructura predeterminada del CoNES, incomodando y sacando de la zona de confort al YO absolutista y esquematizado dentro de los patrones que percibe como “normales”, o más bien seguros. Esto resulta en un rechazo por parte de este YO hacia los sujetos que lo interpelen por su naturaleza “atípica”, como a toda situación que amenace esta zona de confort adquirida. Es así como el meta-individuo se queda solo con sus esquemas preelaborados, siendo susceptible a tomar del exterior todo aquello que le dé seguridad con el propósito de sustentar dichas estructuras y que no suponga un desafío en cuanto a la apertura en la relación con el otro. En esta soledad, existen packs o combos que pretenderán ser un placebo para la consciencia del individuo, haciéndole sentir que está comprometido con una causa mayor, distrayéndolo de enfrentar su propio esquema de relaciones.

Es de esta manera, que será fácil venderle al meta-individuo un arquetipo, con una estructura de pensamiento pre armada y que lo compre con el objetivo de encajar de la manera más cómoda para su personalidad en la sociedad. Por el contrario, veremos cómo personas que se encuentran en grupos donde la percepción del otro no es cuantificable desde la desconfianza, no son susceptibles a seguir las tendencias de las masas ni a comprar estos arquetipos. Más aún aquellos que dentro de estos grupos sean los que se manejen con estándares que involucre CoNES serán quienes a su vez consuman habitualmente las tendencias sociales de moda y generales.

Otra característica del meta-individuo es el exceso de reactividad emocional. Esto es posible gracias a que se confunde intencionalmente la empatía con la hiperemocionalidad, con el objetivo de cubrir la expectativa de conexión requerida en las relaciones con los demás, perpetuando de ese modo la estadía en la zona de confort y la sensación de seguridad, aparentando interés por el otro y empatía. Pero, en realidad, más allá de la apariencia no hay una apertura auténtica y comprometida hacia los demás, por lo que generará una tendencia border a la reactividad emocional permanente, ya que se estará estimulando el centro de las emociones básicas de supervivencia —es decir la amígdala— por el simple hecho de mantener una tensión emocional latente. Lo que impide que estas se transformen en sentimientos más elaborados y beneficia de esta manera un circuito repetitivo y hasta casi adictivo, donde el meta-individuo resuelve la mayoría de sus conflictos con una respuesta emocional. El ejemplo es claro en las redes sociales actuales, donde para juzgar una situación no se perfila la opinión en otra cosa más que en emociones, es decir, al principio era si gusta o no lo que se está viendo; una vez educada la masa para utilizar este método de calificación a través de un símbolo, se sumaron expresiones emocionales que instan al usuario a expresar cómo le afecta emotivamente lo que ve, siendo este el punto de partida para dar una opinión en la que se resume en una imagen la expresión de una idea o más bien qué tipo de emociones dispara la misma.

El método no se queda ahí, o sea en las redes sociales, sino más bien se traslada a la vida cotidiana donde se tenderá a reaccionar emocionalmente en primera instancia a los acontecimientos empíricos, no pudiendo trascender la mayoría de las veces este estado primitivo y perdiendo en muchos casos la capacidad para obrar de manera objetiva por fuera del patrón emocional. De este accionar se desprende un vicio muy común que está vinculado a la comparación numérica especulativa subconsciente CoNES: la apariencia. En la búsqueda por equiparar el YO con los supuestos estándares sociales que muestra la otredad a través de los medios virtuales, se genera una especie de competencia adictiva, ya que, a través de estas vías, se mide de manera cuantitativa los niveles de “aceptación” o “aprobación”, dando lugar a aparentar en pos de la obtención de la mayor CANTIDAD posible de reacciones positivas con las que cree construir su aceptación o estima. Esto crea una máscara que simula felicidad o éxito con la misma frivolidad que se aparenta cierta forma de vida acorde con la tendencia psicosocial que más se ajuste a la personalidad del sujeto. El hecho de sostener una simulación —ya sea consciente o inconsciente— no será gratis, tendrá un costo que calará hondo en la perspectiva psíquica de personalidad a la hora de percibir los logros conseguidos. Dicho en otras palabras, se predispondrá al autoengaño crónico, haciendo casi imposible diferenciar la realidad de la burbuja creada. La máxima cogitativa de pensar y luego existir pasó a ser, especulo cuanto puedo para aparentar existir, es decir, especulo en tanto aparento que existo, siendo por esto precisamente que la humanidad percibe un vacío que intenta llenar con la exteriorización del YO por el OTRO pero sin el otro. Es decir, se construye el yo sobre la base de cómo lo vea y piense el otro en función de agradar, encajar y competir, pero en realidad nunca se vincula profundamente con el otro ya que, mientras le dé lo que necesite en tanto aprobación, reconocimiento o valoración, será suficiente. Mas en el momento en que no sea funcional a la construcción del yo, ese otro será desechado tal como lo fue aquel que no cumplió con las expectativas condescendientes y aduladoras que el débil YO necesitaba, siendo así como se venden más fácil las mentiras funcionales que las verdades incómodas que conducen al autoconocimiento.

La ocupación de crear una imagen externa y que esta figura sea competitiva en el contexto adecuado demanda tiempo y consciencia. El caso es que quien posee el tiempo en esta ecuación es la otredad, ya que se estará trabajando permanentemente en dar con los estándares. Por ejemplo, desde lo más trivial, como sacar una foto de cualquier acontecimiento que se viva con el objetivo principal de mostrarlo y obtener la aprobación de los demás, hasta cumplir con mandatos sociales de comportamiento con la finalidad de encajar o ser aceptado, al estilo de los hombres no lloran y deben ser fuertes. Se pueden citar muchos ejemplos más, pero lo que se quiere explicar aquí es que el yo deja de ser el poseedor absoluto de su tiempo —que dicho sea de paso es uno de los bienes más preciados que tiene— para ser hijo de las circunstancias del TENGO QUE, ese tengo que hacer esto o aquello porque si no… En esta fórmula otorga su tiempo a otro amo que no es él, comienza a vivir su vida en una cadena de acontecimientos ejecutados más por obligatoriedad que por voluntad propia, llevándolo una vez más al autoengaño, a fin de sustentar la resignación solapada en la que vive.

Otro aspecto importante sin duda es la consciencia. Se involucra con los acontecimientos de manera que nunca está en el tiempo presente, sino en el pasado o en un futuro, creando un estado de ansiedad y ausencia, viviendo de los recuerdos pasados o esperando los resultados de los logros a futuro, mas le es imposible permanecer en el aquí y ahora, en el tiempo y espacio presentes, siendo esta otra razón para vivir desconectados de la otredad. Está claro que este proceso de crear y mantener una imagen donde se involucra tiempo y consciencia resulta desgastante y estresante para el meta-individuo, por lo que creará los anticuerpos necesarios para evitar todo aquello que ponga en evidencia su forma de vida aparente, en la que invierte tanto. Así que las relaciones pasarán por un tamiz donde quedarán aquellas que avalen, sustenten o admiren —aunque sea por interés o no— su imagen creada, mas todo aquel que no sea condescendiente representará un riesgo, teniendo en cuenta que si no tiende a la adulación es por lo general alguien difícil de manipular, dejando una vez más al meta-individuo ante relaciones superficiales.

En conclusión, el meta-individuo es en gran parte hijo del CoNES, comparación numérica especulativa subconsciente, ya que, como es evidente, en la mayoría de las circunstancias en que se relaciona con la OTREDAD, necesitará de esta para categorizarse de manera consciente o no. Casi siempre, la calidad de la relación dependerá de la utilidad de la otredad para con el yo meta-individual, quien continuará centrándose en los logros personales, comparándolos con los de los demás, con el objetivo de afianzar la autoestima y la construcción del YO por sobre el OTRO. Dicha actitud comúnmente se conoce como egoísmo o egocentrismo, y contribuye a percibir al otro como un competidor en el caso de no considerarse útil para los propósitos del yo, situación que será vista como un reflejo de lo fraccionada que se encuentra la sociedad hoy en día. Esto da lugar al temor en las relaciones por sobre la fraternidad que debiera caracterizar al ser humano, donde brindarse y mostrarse tal cual se es resulta “peligroso”, y en su lugar siempre existe la opción de un disfraz que muestre lo que el otro quiere ver. Del “pienso y luego existo” —con el objetivo de racionalizar la existencia al extremo, donde nada es si no es pensado previamente, y por creer que no hay nada más allá del cogitatio— hemos pasado al “especulo y luego aparento que existo”, al especulo en tanto existo, donde la opinión del otro se ha transformado en el objetivo final de toda acción y dominar el arte de la apariencia es hoy en día necesario.

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Yaş sınırı:
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Litres'teki yayın tarihi:
23 ekim 2025
Hacim:
194 s. 24 illüstrasyon
ISBN:
9789878958002
Yayıncı:
Telif hakkı:
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