Kitabı oku: «Actores sociales, acciones colectivas y transformación social»

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Brayan Álvarez, Valeria

Actores sociales, acciones colectivas y transformación social/Valeria Brayan Álvarez, [y otros veintiocho autores]; Editor académico, Edwin Diomedes Jaime Ruiz, Bogotá: Ediciones USTA, 2020.

192 páginas; gráficos, ilustraciones y tablas

Incluye referencias bibliográficas e índices de autores y temático

ISBN: 978-958-782-431-5

E-ISBN: 978-958-782-432-2

1. Educación social 2. Proyección social – Investigación 3. Investigación social – Universidad 4. Proceso de paz – Colombia 5. Participación ciudadana – Colombia 6. Problemas sociales 7. Pedagogía en educación I. Universidad Santo Tomás (Colombia).

CDD 370.115

CO-BoUST


© Edwin Diomedes Jaime Ruiz, editor académico, 2020,

© Valeria Brayan Álvarez, Martha Alejandra Sierra García, Catherine Daiara Pinilla Palacios, Jhon Alexánder Idrobo Velasco, William Andrey Mendoza Cárdenas, Sergio Nicolás Poveda León, María Camila Vargas Figueroa, Juan Pablo Cardona Guevara, Santiago Oliveros Pachón, Miguel Ángel Torregroza Beleño, Edwin Diomedes Jaime Ruiz, Hernando Sáenz Acosta, Lina María Aldana Suescún, Laura Daniela Cétares Zárate, María Alejandra Chala Quintero, Ana María Cortés Domínguez, María José Pinzón Rodríguez, Jessica Daniela Ramírez Suárez, Ana María Rivera Joya, July Johana Alarcón Bernal, Carlos Arturo Sandoval Mendieta, Johana Eloisa Vargas Moreno, Nicole Alejandra Dinas Chinchilla, Mónica Alejandra Prieto Ramírez, Mónica Alejandra Rodríguez Baquero, Daniela Alejandra Cancelado Cifuentes, Germán Esteban Villalba Muñoz, María Victoria Giraldo Macea, Laura Daniela Ballén Vargas, autores, 2020

© Universidad Santo Tomás, 2020

Ediciones USTA

Bogotá, D. C., Colombia

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Teléfono: (+571) 587 8797, ext. 2991

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Corrección de estilo: Edwin Algarra

Diagramación y montaje de cubierta: Yully Cortés

Fotografía de la cubierta: Esteban Giraldo González

Impresión: DGP Editores S.A.S

Hecho el depósito que establece la ley

ISBN: 978-958-782-431-5

E-ISBN: 978-958-782-432-2

Primera edición, 2020

Esta obra tiene una versión de acceso abierto disponible en el Repositorio Institucional de la Universidad Santo Tomás: https://repository.usta.edu.co/

Universidad Santo Tomás

Vigilada Mineducación

Reconocimiento personería jurídica: Resolución 3645 del 6 de agosto de 1965, Minjusticia Acreditación Institucional de Alta Calidad Multicampus: Resolución 01456 del 29 de enero de 2016, 6 años, Mineducación

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio, sin la autorización expresa del titular de los derechos.

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Mákina Editorial

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Contenido

Introducción

La Universidad Santo Tomás ha propuesto históricamente, desde su reapertura en 1965, promover las diferentes funciones sustantivas para el desarrollo institucional a través de la docencia, la investigación y la proyección social. Los diversos procesos sociales expuestos en este texto permiten dar cuenta de la producción, transformación y recontextualización del conocimiento a través de la práctica, así como de los alcances que tienen los sociólogos en los territorios donde hacen investigación, investigación-intervención, formación y acompañamiento.

La Facultad de Sociología ha venido reconfigurando el concepto de intervención hacia el de acompañamiento comunitario, puesto que lo que se realiza es el acompañamiento a las personas que están organizadas o se quieren organizar para adelantar acciones de beneficio colectivo o bien común. El ejercicio de la sociología va orientado precisamente a poner fin a esa noción tradicionalista sobre la acción del individuo frente a la investigación, muy distinto a esa pasividad que se tenía entendida. El sujeto y lo que le rodea permanecen en una interacción continua; entonces, desafía y enfrenta esos cambios constantes, permitiendo así esa interrelación que forja una nueva percepción para concluir que son sujetos y objetos a la vez.

De igual manera, la proyección social sirve como sustrato al docente en los proyectos implementados por los estudiantes, puesto que facilita la comprensión de diferentes fenómenos sociales que atraviesan lo histórico, lo político, lo económico, lo social y lo cultural. Además, se constituyen como respuesta a algunas necesidades o intereses de distintos grupos poblacionales que viven cotidianamente en los territorios.

Al comprender que la proyección social se enmarca en aspectos más complejos que abordan análisis, deliberación y transformación, el objetivo principal de este libro responde a las posibilidades de reflexion sobre la práctica pedagógica, las relaciones docentes-estudiantes y la divulgación de los procesos de investigación-intervención. En este sentido, cada tópico aquí tratado, referente a la gestión de la colectividad y la comunidad, adquiere relevancia para que esa evolución y cambio se hagan tangibles en la sociedad.

Es imprescindible llegar a la comprensión de ambos términos. Desde esta perspectiva, cada acción que desarrolle la colectividad se relaciona con la coyuntura que esta obtenga y cuya finalidad sería alcanzar lo que se proponga. Pero Carvajal (2011) también entiende la acción comunitaria así:

[La acción comunitaria es] un conjunto de personas que constituyen una comunidad de fines y medios, relativamente estable en el tiempo, con objetivos comunes que vinculan a los miembros entre sí (tanto externos a la propia comunidad como internos a ella), que desarrollan entre sí lazos y vínculos de todo tipo, estableciendo pautas de comunicación, reglas para debatir y decidir colectivamente. (p. 61)

Por lo tanto, la acción colectiva resulta significativa en las instituciones de educación superior del país, donde se promueven procesos de desarrollo comunitario, emprendimiento social, educación continua, acciones con egresados, prácticas profesionales y relaciones interinstitucionales. Estos procesos concebidos desde la Facultad de Sociología favorecen el reconocimiento de diferentes prácticas y capacidades en los participantes de los proyectos. En este sentido, Ortiz y Borjas (2008) afirman lo siguiente: “El enriquecimiento del cuerpo teórico del saber pedagógico no constituye el fin único de la investigación, pues esto solo tiene sentido en la medida que contribuye con la construcción de una práctica emancipadora para la promoción social” (p. 626).

Se plantea un escenario de construcción de conocimiento fundamentado en el diálogo de saberes desde el encuentro de sujetos-objetos que cimentan una pluralidad de sentidos desde nuevos significados que potencian alteridades y subjetividades diversas. Dichos procesos permiten que docentes y estudiantes se aproximen a distintas realidades y actores sociales que generan iniciativas para el desarrollo comunitario y la transformación social.

Retomando a Fernández y López (2008), se reconocen algunos elementos para el trabajo social comunitario: el planteamiento de un sujeto-objeto de investigación, donde participativamente se evidencian problemas y oportunidades del entorno; la ciudadanía democrática que permite identificar valores colectivos; las dinámicas de la comunidad que posibilitan el intercambio de saberes para fortalecer habilidades y capacidades de las personas; el rigor técnico, para el uso y aplicación de herramientas de seguimiento y evaluación, tal como se muestra en figura 1.

Figura 1. Elementos del trabajo social comunitario


Fuente: Fernández y López, 2008. Tomado de Carvajal, 2011, p. 60.

De esta manera, se aproxima a los estudiantes a procesos de investigación formativa en campo a través de tres fases específicas que permiten relacionar las funciones sustantivas de docencia, investigación y proyección social. La proyección social se relaciona estructuralmente con la investigación, en tanto elemento de análisis holístico e integral de los contextos; además, asume un carácter problémico que busca comprender la realidad social en la que se encuentran inmersos los individuos. La Facultad de Sociología, bajo este propósito, ha venido desarrollando diferentes acciones con organizaciones sociales y comunitarias, instituciones del sector público o privado, a través de la implementación de los espacios académicos de Proyecto I, II y III de la siguiente manera:

• Proyecto I (tercer semestre). Se espera que los estudiantes puedan desarrollar propuestas mediante el enfoque metodológico de la Investigación-Acción Participativa (IAP), aplicada en los territorios donde se ubican los Centros de Proyección Social en las localidades de Usme, Suba, Chapinero y la Comuna 4 de Soacha; también mediante el acompañamiento a organizaciones sociales y entidades públicas o privadas, realizando un ejercicio de revisión documental y contextualización de los territorios.

• Proyecto II (cuarto semestre). Como continuidad del trabajo adelantado en Proyecto I, en este semestre se plantea un ejercicio de diagnóstico participativo del territorio, mediante la utilización de técnicas cualitativas y cuantitativas como la cartografía social, el mapeo de actores, las entrevistas y las encuestas, especialmente desde el enfoque de la IAP, con el fin de construir un diagnóstico territorial para posteriores acciones de intervención.

• Proyecto III (quinto semestre). Como etapa final, los estudiantes implementan el proyecto a través de un plan de acción construido de manera junta con la comunidad u organización, con el fin de generar acciones de cambio y transformación en los respectivos contextos territoriales. Paralelamente, sistematizan el proceso a través de cartillas que facilitan la sistematización de las experiencias reconocidas en campo. Esto se logra a través de cuatro etapas que se exponen en la tabla 1.

Tabla 1. Acciones de cada etapa de investigación por semestre


Semestre Etapas Acciones
Tercero Exploración documental Se desarrolla sobre la realidad específica que se desea abordar, teniendo en cuenta la metodología de la IAP. El ciclo de la IAP parte de la observación de la realidad para generar reflexión sobre la práctica social.
Cuarto Ejercicio diagnóstico Se realiza a través de metodologías participativas, que permiten la construcción conjunta con los grupos o comunidades. Esta etapa incluye la planificación y el desarrollo de acciones para la mejora de la práctica.
Quinto Elaboración e implementación de un plan de acción Se lleva a cabo de acuerdo con las necesidades o expectativas de los grupos o comunidades.
Sistematización de experiencias Se culmina con una reflexión sobre las acciones y prácticas para la producción de nuevos conocimientos

Fuente: elaboración propia.

Dicho proceso ha permitido que los estudiantes aborden diferentes problemáticas sociales a través de metodologías participativas como la de la IAP, donde se realizan ejercicios exploratorios con herramientas como la revisión documental y la observación, para luego adentrarse en actividades descriptivas de contexto por medio de la elaboración de diagnósticos participativos que facilitan la aplicación de cartografías sociales, mapeo de actores y construcción de alternativas de solución conjuntamente con las comunidades o grupos. De este modo, pueden acercarse a escenarios más explicativos de fenómenos sociales desde ejercicios como la sistematización de experiencias, la construcción de modelos de formación o las líneas de acción que potencian los objetivos de las organizaciones.

Entre 2015 y 2016, se avanzó en la organización y sistematización de la información relacionada con el desarrollo comunitario de la Facultad, los proyectos de extensión de cátedra y proyectos de investigación que tienen proyección hacia la comunidad. Es importante resaltar que, desde el comité de proyección social de la Facultad de Sociología, se planteó una articulación de los diferentes espacios académicos a través del currículo, la extensión y la investigación, A partir de esta propuesta, se han nutrido permanentemente los esfuerzos académicos hacia una disciplina teóricamente fuerte, metodológicamente aplicada y contextualmente situada, desarrollando diferentes contenidos en los espacios académicos de proyecto.

Por esta razón, es de suma importancia destacar que este libro es un texto de divulgación académica con variedad de escritura que aporta a la memoria de los procesos adelantados por los estudiantes y docentes de la Facultad de Sociología, que ha sido agrupado por temáticas en relación con el registro de las acciones o proyectos que se desarrollan en los territorios, organizaciones e instituciones. Así, se encuentra dividida en seis apartados referidos a cada uno de los artículos resultado de las investigaciones.

En el primer capítulo, que abre el eje de Educación, se esbozan los desafíos que tienen la proyección social y la investigación en la construcción de metodologías participativas en el marco de la perspectiva metodológica de la IAP y sus implicaciones en las organizaciones y los territorios. Dicho capítulo se titula “Proyección social e investigación: desafíos en la construcción de metodologías participativas”.

El segundo capítulo presenta el proyecto “Pedagogías para la construcción de paz desde la escuela” que se centra en dar a conocer la importancia que tiene la escuela en el contexto actual de paz, los retos de las cátedras de paz y los impactos y esperanzas de esta.

El tercer capítulo expone el proyecto “Incidencia de la educación en la solución de problemáticas comunitarias con los niños y niñas del Barrio Juan XXIII”, que centra su análisis en las problemáticas de los niños y niñas del territorio y las alternativas de solución a través de estrategias pedagógicas y didácticas.

En el cuarto capítulo, se menciona el proyecto “Estrategias socio-pedagógicas para la construcción de la identidad en los infantes del barrio Juan XXIII”, que pretende identificar la percepción de los niños y niñas del jardín Los Meñiques sobre los espacios públicos del barrio Juan XXIII, así como indagar cómo construyen identidad mediante la apropiación de los espacios públicos del barrio.

El eje de Acción colectiva se introduce con el quinto capítulo, titulado “Comprensión de la acción colectiva en el Barrio Nuevo Chile en Bogotá a partir de algunas categorías de análisis”1, que identifica las categorías centrales que permitieron el proceso de construcción y consolidación del barrio Nuevo Chile por medio de la acción colectiva.

El sexto capítulo presenta el proyecto “Acción colectiva de las madres comunitarias de Usme: el caso de la organización Asivru”, que pretende identificar esas actividades efectuadas en conjunto y que, de una u otra forma, influyen de manera positiva en las acciones políticas de las mujeres vinculadas a dicha asociación y territorio.

El séptimo capítulo, con el que se presenta el tercer eje, Inclusión social y territorio, plantea el proyecto “Actividades productivas, asociatividad y gobernanza para el desarrollo económico local: una aproximación al caso de Muzo y Maripí en el occidente de Boyacá (Colombia)”, que pretende analizar las características de las actividades productivas, de asociatividad y de gobernanza local en los municipios de Muzo y Maripí, Boyacá.

Para dar cierre al tercer eje, el octavo capítulo expone el proyecto “La participación e inclusión social del adulto mayor en el comedor comunitario San Luis de la localidad de Usme”, que pretende identificar espacios de participación para el adulto mayor del comedor comunitario en la localidad de Usme, con el fin de elaborar una ruta metodológica que incentive su inclusión social.

El cuarto eje de Construcción de memoria e identidad introduce el noveno capítulo, en el que se aborda el proyecto “Hogar Fresita: construcción de memoria y capital social en el barrio Boitá”, que pretende realizar una reconstrucción de la memoria colectiva, donde se unifiquen los relatos y experiencias de los diversos actores que han confluido en la construcción y desarrollo del jardín objeto de estudio a lo largo de los años, con el fin de analizar su alcance e impacto en el barrio Boitá.

El décimo capítulo hace referencia al proyecto “Construcción de identidad cultural en la Fundación Casa de la Cultura de Suba”, que busca comprender los procesos históricos de la Fundación Casa de la Cultura de Suba, y su impacto en la historia cultural y artística de la localidad.

Para dar cierre a esta publicación, se presenta un capítulo de reflexión final que presenta los diversos aportes teóricos y metodológicos logrados con cada uno de los proyectos, así como los alcances de las experiencias presentadas en perspectiva sociológica.

Referencias

Fernández García, T. y López Peláez, A. (2008). Trabajo Social Comunitario: afrontando juntos los desafíos del siglo XXI. Alianza editorial.

Carvajal Burbano, A. (2011). Apuntes sobre Desarrollo Comunitario. Universidad de Málaga. http://www.bibliotecavirtualrs.com/wp-content/uploads/2011/08/ARIZALDO-CARVAJAL-LIBRO-APUNTES-SOBRE-DESARROLLO-COMUNITARIO.pdf

Ortiz, M. y Borjas, B. (2008). La Investigación Acción Participativa: aporte de Fals Borda a la educación popular. Espacio Abierto, 17(4),615-627. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=12217404

1 Hace parte de los resultados del proyecto de la Facultad de Sociología titulado Resignificación de la acción colectiva en la Central Nacional Provivienda a partir de algunas experiencias significativas en el Barrio Nuevo Chile en Bogotá.

Agradecimientos

El equipo editorial de este libro de la Facultad de Sociología agradece, en primer lugar, a cada una de las personas y organizaciones vinculadas a los diferentes proyectos de desarrollo comunitario. También agradece a los estudiantes, docentes y directivos por su constante apoyo en la construcción y consolidación de las iniciativas propuestas.

Especial reconocimiento merecen las estudiantes Valeria Brayan Álvarez, Martha Alejandra Sierra García, Dayanna Ríos Herrera, María Paula Neira Hernández, Jennifer González, Alejandra Pascagasa y Daniela Reyes por su apoyo en la elaboración de esta propuesta, así como por sus comentarios y sugerencias. Agradece también a Rebeca Barroso por su apoyo en la revisión final del texto.

Finalmente, agradece al decano Miguel Urra Canales por su apoyo en la divulgación de los proyectos e iniciativas realizadas por los estudiantes y docentes en diferentes contextos, aportando a la transformación de dichas realidades sociales.

PARTE I

Proyección social e investigación: desafíos en la construcción de metodologías participativas

VALERIA BRAYAN ÁLVAREZ

MARTHA ALEJANDRA SIERRA GARCÍA

Introducción

La investigación en las ciencias sociales trae consigo una serie de retos en cuanto a su diseño y ejecución; sin embargo, cuando se tiene en mente implementar metodologías y espacios participativos, esto implica retomar enfoques investigativos alternativos a la tradición científica institucionalizada para construir e intercambiar conocimientos desde la horizontalidad.

Por ello, es fundamental trascender de la aplicación en la investigación a espacios reflexivos respecto a las dinámicas, lógicas e incluso reglas que orientan el accionar en las ciencias sociales, tanto en prácticas tradicionales como en las consideradas decoloniales. En este orden de ideas, el análisis de los paradigmas, sus significaciones e influencias en los investigadores y objetos de estudio debe ser prioridad en los espacios académicos, para generar estrategias coherentes y plenamente conscientes respecto a las implicaciones que conlleva el utilizar ciertas conceptualizaciones, formas de comunicación y relacionamiento en un contexto en el que las discontinuidades sociales han gestado una emergencia dentro de los métodos tradicionales en las ciencias.

Este capítulo tiene por objetivo analizar los desafíos de las metodologías participativas en el campo de la investigación de las ciencias sociales, teniendo en cuenta la revisión de paradigmas en investigación, haciendo especial énfasis en los planteamientos de la Investigación Acción Participativa (IAP) en el paradigma crítico-social. Dicha revisión tuvo lugar de acuerdo con la categoría de Proyección Social, en articulación con el caso específico de la Facultad de Sociología de la Universidad Santo Tomás en Bogotá.

De esta manera, se traen a discusión los desafíos identificados a partir de la revisión de las prácticas formativas e investigativas en los espacios académicos de Proyecto I, II y III, dispuestos para el desarrollo de diferentes enfoques y técnicas de investigación en el trabajo activo con las comunidades y el compromiso con estas. Así, se espera que la apertura de estos espacios de reflexión dé continuidad a los debates respecto a la investigación social y su relevancia en espacios para la transformación.

Metodología

Esta propuesta se enmarca en un enfoque cualitativo, entendido desde los planteamientos de Uwe Flick (2007) como el estudio y análisis del conocimiento y las interacciones humanas en general, resaltando la posibilidad de reflexión frente a fenómenos complejos y sus significaciones. Asimismo, incorpora narraciones o perspectivas desde lo local, particular y oportuno, reflejado en el análisis de las metodologías participativas en el contexto educativo específico.

Con el fin de sintetizar las metodologías participativas, en primer lugar se realizó una revisión documental teniendo en cuenta los aportes metodológicos de Barbosa-Chacón et al. (2013), quienes sostienen que “analizar, apropiar, aplicar y contextualizar referentes teóricos y procedimentales sobre estado del arte y revisión sistemática de literatura se constituyen como bases sólidas para la generación de una metodología de [Desarrollo Rápido de Aplicaciones] RAD” (p. 101), y de este modo se ubican los principales paradigmas en la investigación en las ciencias sociales, así como el papel de la Proyección Social junto con la discusión de la IAP.

En segundo lugar, y como se planteó anteriormente, tal revisión permitió situar los hallazgos documentales en el marco de las actividades realizadas en los espacios académicos de Proyecto I, II y III para el desarrollo del análisis final de los desafíos que suponen las metodologías participativas en la investigación e intervención social.

Resultados
Perspectivas para comprender las realidades sociales

Cada grupo social tiene un modo particular de estructurarse, de comprender la realidad social, política y cultural en la que se desenvuelve, junto a sus tipos o las formas generales en las que se constituye. Estos son factores necesarios en marcos teóricos y sistemas de conceptos con los que se pueda articular, interpretar, problematizar y explicar las comunidades humanas desde su contextualización y comprensión.

La investigación, desde la corriente social, siempre ha estado asociada al enfoque cualitativo, ese que es capaz de predecir y medir las acciones y los factores que consolidan a la sociedad, bajo la premisa y bandera del método científico, con características coherentes tales como objetividad, verificación, confiabilidad y validez como condiciones imprescindibles. Posteriormente, se empiezan a conformar otros métodos de investigación enfocados en el aspecto cualitativo, que requieren de un sujeto cognoscente influido por una cultura y unas relaciones sociales particulares. Su comprensión implica el análisis de las formas de sentir, pensar, actuar y percibir de esos sujetos (Cifuentes, 2011).

Se puede evidenciar la conformación de dos maneras de análisis social en función de la investigación: por un lado, la predominancia del racionalismo en cuanto a su poder de aplicación y extensión en una ciencia marcada por la acción humana, que solo considera el universo como tema de progreso de conocimiento (Bachelard, 1971); por otro, la comprensión y aprehensión de las cosas desde el inter-cambio social, lo que implica entender y adentrarse en el contexto del sujeto y analizar cada factor para llegar así a la percepción de lo vivido, partiendo de su esencia.

Desde esta perspectiva, la coherencia del enfoque general depende de la lógica escogida para orientar el proceso de indagación. Principalmente hay tres paradigmas para el desarrollo de la investigación social: el empírico analítico, el histórico hermenéutico y el crítico social, entendiendo además los paradigmas como una “expresión del modo que en un determinado momento tiene una comunidad científica de enfocar los problemas” (López-Noguero, 2002, p. 168), lo que da como resultado la implicación de ciertas metodologías o enfoques investigativos. Cada paradigma amerita una metodología acorde y coherente; en el caso de nuestro interés, el paradigma crítico social se caracteriza por el diálogo y la transformación, que está representada por metodologías participativas que orientan los instrumentos y procedimientos por aplicar.

Por su parte, la proyección social se relaciona directamente con el paradigma crítico social, al referirse a la elaboración de proyectos orientados a la identificación de los problemas y necesidades concretas de la comunidad con el fin de buscar soluciones, puesto que busca constituir una ciencia comprometida para describir, analizar y aplicar el conocimiento para transformar la sociedad (Fals-Borda, 2014).

De acuerdo con lo anterior, al construir metodologías participativas es preciso formularse la pregunta sobre qué se entiende por participación comunitaria, la cual se comprende como una construcción colectiva que implica la comprensión del contexto, en donde se facilita una interacción que trasciende el mecanismo de enseñanza-aprendizaje.

En este orden de ideas, la metodología que más ha conseguido comprender los procesos participativos es la de la IAP, que se constituye bajo los preceptos del pensamiento crítico, la construcción de soberanía y el empoderamiento de las comunidades, al articular la gestión, la planificación, la ejecución y la evaluación de proyectos.

El principal representante de esta metodología fue el sociólogo colombiano Orlando Fals-Borda (1999), quien definió la investigación participativa como “una vivencia necesaria para progresar en democracia, como un complejo de actitudes y valores, y como un método de trabajo que dan sentido a la praxis en el terreno” (p. 82). La IAP conforma una relación entre teoría y práctica, lo que permite un diálogo de saberes mediante el reconocimiento de la práctica social cotidiana de las comunidades, puesto que se genera una convergencia entre el saber popular y el conocimiento académico, con el fin de consolidar un conocimiento propio.

Tal planteamiento da paso a un debate interno en los métodos utilizados por las ciencias sociales; la ciencia de la sociología no escapa a este, en virtud de su naturaleza científica, que agrega sin duda una imparcialidad en sus resultados y permite que el investigador se desenvuelva con autonomía frente a ese entorno. Asimismo, admite la certificación de las acciones políticas y las herramientas empleadas ante las situaciones críticas que se puedan presentar, con la finalidad de generar nuevos pensamientos, transformaciones y aceptación del contexto o situaciones de una comunidad.

Esto enmarca el visible interés de estudiantes, académicos e intelectuales en el análisis de las condiciones de los contextos en los que se encuentran inmersas las comunidades, e involucra a la sociología como una disciplina que, mediante la capacidad creativa, espíritu crítico y reflexión activa, debe responder a las problemáticas y comprender los nuevos escenarios y categorías emergentes.

En este mismo sentido, Franco-Patiño (2012) enfatiza que la crítica de Fals-Borda se orientó en contraposición a las teorías y los métodos asumidos por las comunidades, quienes optaron por la aplicación de modelos europeos y norteamericanos como el racionalismo cartesiano y el positivismo, para la enseñanza, la investigación científica y sistematización del conocimiento científico. Incluso, su surgimiento puede ubicarse en una suerte de crisis a nivel científico respecto a las maneras de entender y desarrollar la investigación, lo que posibilitó dicha crítica por el sociólogo colombiano en la búsqueda por la resignificación de las prácticas y significaciones académicas.

Hay que tener presente que Fals Borda no niega la importancia de estos modelos, sino que analiza sus aportes insuficientes y restrictivos para entender las realidades locales, que imposibilitan la creación de un modelo reflexivo, independiente y propio, especialmente en los fenómenos que se gestan en América Latina. Es a partir de estas evidencias de las actuaciones científicas y la forma de implementarlas que se comienza a restablecer cada experiencia investigativa, y se dirige hacia una corriente más dedicada a las distintas comunidades, lo que implica mucho más que la investigación y se enfoca en las carencias, compromisos y en los saberes, no solo a nivel cognitivo, sino también pragmático, de modo que se concluya en la solución a esos determinados problemas.

De esta manera, es preciso resaltar la importancia de articular la IAP con la Universidad, puesto que se constituye tradicionalmente como institución responsable de la búsqueda de la verdad y de la difusión del conocimiento en el ámbito de la capacitación profesional, teniendo en cuenta que tal representación es aceptada y reproducida por la población en términos generales. Este principio fundacional se cumple mediante la práctica de las funciones propias de la proyección social, la docencia y la investigación.

La interacción de la proyección social con el ámbito académico por medio de la docencia se puede manifestar en el diseño de un currículo en el que esté presente la construcción de análisis y conocimientos multifocales. Con respecto a la investigación, se busca aproximar a la veracidad científica y confrontar las problemáticas con los análisis y propuestas.

Esta capacidad intelectual genera una fortaleza a nivel institucional, que permite vínculos de interrelación con el entorno y los distintos actores que puedan hacer parte del fenómeno en cuestión. De esta circunstancia surge la proyección social como consecuencia y finalidad del rol universitario, ya que el aprendizaje exige prácticas y la investigación de su contexto económico o sociocultural, pues permiten conocer, proponer y evaluar acciones.

La proyección social mediante la metodología de la IAP pretende superar la distancia entre sujeto y objeto, puesto que busca generar una relación horizontal entre el investigador y el investigado, con el propósito de fundar un aprendizaje mutuo y un reconocimiento del aporte de cada uno de los actores involucrados. Adicionalmente, procura desarrollar un compromiso con la transformación y no relegar la investigación a una mera descripción o abstracción, incluso entendiendo que dichos procesos pueden transformar tanto a las comunidades como al equipo de investigación, en cuanto se busca un involucramiento activo y real de todas las partes implicadas.

La sinergia investigación-proyección social en la Universidad Santo Tomás

En este marco, la Universidad Santo Tomás ha buscado incidir, mediante la proyección social, en la mejora de la calidad de vida de los individuos y comunidades, en torno a principios humanísticos. Lo que propicia el fortalecimiento de capacidades y habilidades intelectuales mediante estrategias y dinámicas encaminadas por los docentes, con el propósito de cualificar a los estudiantes en responsabilidad social. De igual manera, la Universidad busca orientar las acciones hacia la mejora de las condiciones o problemáticas de las comunidades, manteniendo un carácter interdisciplinar e interinstitucional (privado y público) para favorecer la pertinencia social y académica, aportando al desarrollo integral.

El objetivo principal de cualquier acción para el desarrollo comunitario es asumir a cada individuo como parte de un todo orgánico e interdependiente con el contexto y, por ende, es preciso producir escenarios de transformación en un ámbito cultural y social. No obstante, es primordial que la producción de estos escenarios se dé a partir de un enfoque ético y transparente.

En la Facultad de Sociología se han concretado estos esfuerzos mediante el espacio académico de Proyecto I, II y III, en donde se busca llevar a cabo una planificación y comprensión de la población objetivo, los recursos por emplear, las áreas de trabajo, las metas que alcanzar, la evaluación y la socialización del informe final de resultados.

Las maneras como se seleccionan las áreas en donde se pueda realizar la proyección social se ejercen por medio de la identificación de las necesidades y demandas de la comunidad, la deducción de propuestas de solución a los problemas referidos y, posteriormente, se conforman redes de apoyo con otras organizaciones. Cabe destacar que los participantes en los proyectos elaborados son miembros de organizaciones sociales de base, instituciones, estudiantes, docentes y algunos administrativos con perspectiva social.

Como se ha evidenciado anteriormente, la proyección social en la Universidad Santo Tomás, especialmente en la Facultad de Sociología, busca fomentar herramientas en los estudiantes que les permitan generar un diálogo entre la academia y los territorios, para así permitir la construcción colectiva de conocimiento y la conformación de alianzas a través de proyectos con comunidades, organizaciones sociales y el sector público-privado, con el fin de estructurar proyectos que den como resultado el mejoramiento de la calidad de vida de las personas y de las comunidades; de este modo, se logra un impacto en el desarrollo social del país.

Las metodologías participativas en investigación social

El uso de metodologías como la IAP conlleva la implementación de nuevas herramientas y paradigmas teóricos para los estudiantes, con lo cual es posible identificar debilidades y fortalezas en su uso dentro del ejercicio propuesto para el espacio académico de Proyecto I, II y III.

Dentro de las debilidades encontradas durante el desarrollo del ejercicio, está el tránsito de la teoría a la praxis y su posterior articulación dentro de un solo escenario que logre la confluencia de la comunidad y la academia. En este punto, los estudiantes deben mantener los criterios de objetividad científica, para ver el conjunto, así como reflexionar y contribuir con teorías que intenten explicar los fenómenos o problemáticas identificadas, evitando caer en tendencias netamente academicistas, ni salir de su papel como investigadores. Dentro de esta fase, también se encuentra la elección de técnicas metodológicas que respondan de forma apropiada a las problemáticas identificadas y la posterior traducción de los hallazgos de un lenguaje científico a uno más sencillo, sin que esto implique su simplificación.

Otra de las debilidades establecidas es el factor temporal, pues el desarrollo de la IAP requiere un tiempo prudente en el que se realicen todas las fases planteadas; por ello, se identificó que el límite de tiempo con el que cuentan los investigadores resulta corto para el desarrollo integral del proyecto, donde la formación de lazos de confianza y el compromiso de participación, tanto del investigador como de la comunidad, resulta esencial; así como puede producirse en poco tiempo, puede ser un proceso demorado e incluso incierto. Asimismo, algunas veces no se logra la continuidad y rigurosidad necesaria para el buen desenvolvimiento de la metodología planteada, sino que, por el contrario, en ocasiones se presentan obstáculos o cruces con las agendas internas de las propias comunidades, lo que en ocasiones no permite llevar a cabo la totalidad de las actividades planteadas.

Por otro lado, identificar la problemática principal desde la cual se traza el desarrollo del proyecto plantea la necesidad de una comunicación constante y efectiva entre comunidad e investigador, donde ambas partes definan un horizonte común desde el cual trabajar. Sin embargo, la problemática planteada en un inicio no siempre es la que se continúa desarrollando, ya que, a medida que se va conociendo y trabajando más a profundidad con la comunidad, es posible que se conozcan nuevas problemáticas de mayor importancia a las identificadas anteriormente, lo que conlleva un redireccionamiento o ajuste metodológico del proyecto.

Las expectativas generadas por parte de la comunidad hacia el trabajo de los estudiantes pueden generar impaciencia frente a los resultados, ya que en ocasiones se esperan resultados de forma inmediata o un impacto más visible en la población. Sin embargo, en ocasiones los investigadores optan por trabajar con proyectos de mediano o largo plazo, que en ocasiones terminan por desalentar a la comunidad y reducir su participación en las actividades. Asimismo, el surgimiento de condiciones y situaciones imprevistas requiere del ingenio y rápida capacidad de reflexión y adaptación del equipo de investigación, para así dar continuidad a los procesos de la mejor manera posible.

Por eso, el diagnóstico de dichas falencias en el proceso formativo en investigación y la determinación de acciones acordes a la proyección social permite identificar una serie de desafíos por abordar dentro y fuera de los espacios curriculares.

Nuevos escenarios metodológicos revisitados

Por otro lado, el desarrollo de habilidades extraacadémicas se presenta como una de las principales fortalezas de este espacio, ya que permite la integración de un nuevo actor —como lo es la comunidad—para el establecimiento y concientización de la problemática desde un inicio, así como la identificación de las necesidades existentes —posibles causantes de la problemática—y la ruta metodológica más adecuada para esta. Este acercamiento de los estudiantes a las comunidades incrementa sus habilidades comunicativas e incentiva la puesta en práctica de la teoría, así como el desarrollo de diversas metodologías de acuerdo con el contexto en que se trabaja.

Dicha participación articulada permite a la vez el desarrollo de nuevas perspectivas en relación con la planificación, la gestión y la intervención, competencias que desde la formación en la Facultad de Sociología de la Universidad Santo Tomás resultan esenciales, especialmente al generar una orientación complementaria con procesos de planeación relacionados con intereses ciudadanos. Además, se resalta el latente esfuerzo que realizan tanto los estudiantes como los docentes que dirigen estos espacios en instalar capacidades en la comunidad, es decir, dejar atrás la lógica extractivista en la investigación para que, por medio del intercambio de conocimientos, se gesten nuevas habilidades.

Por esta razón, la implementación de nuevos escenarios metodológicos permite la formación integral de investigadores capaces de articular teoría y práctica en un solo espacio, en el que se logre dar soluciones a la comunidad a través del trabajo realizado y a su vez aportar al desarrollo de nuevos conocimientos. Igualmente, este campo académico permite ampliar el horizonte metodológico hasta el momento trabajado por los estudiantes, ya que les ofrece el dominio de nuevas herramientas que les permiten recoger otras fuentes de información.

Este espacio también permite el desarrollo de capacidades participativas para negociar y consensuar, habilidades para el trabajo en equipo y la conformación de redes, así como un alto grado de compromiso y corresponsabilidad con las comunidades, que repercute en diversas experiencias profesionales y en la proyección en el campo laboral. Al ser un proceso que parte de la constante retroalimentación entre comunidad e investigador, es necesario tener en cuenta los aportes que los estudiantes dejan en las comunidades con las que realizan los procesos de acompañamiento. Algunos intercambios significativos de los investigadores y la comunidad se relacionan con la generación de habilidades y capacidades técnicas, metodológicas y teóricas, con el fin de ser implementadas en la toma de decisiones para buscar la solución adecuada a sus necesidades.

De este modo, partiendo de un proceso de reflexión sobre necesidades reales existentes en la comunidad y la prioridad de estas, se logra reconocer líneas de acción interna y externa que comprometen directamente a los involucrados para cumplir de forma asertiva con los propósitos y objetivos establecidos colectivamente. Por lo tanto, la labor del investigador no resulta ser efímera; por el contrario, genera un valor o aporte práctico en el manejo y gestión de los recursos, la planeación de los proyectos y las actividades futuras de la comunidad.

Del mismo modo, es posible establecer que los espacios académicos de Proyecto I, II y III permiten un acercamiento de los estudiantes a la perspectiva metodológica de la IAP dentro de sus procesos de formación profesional, en la que pueden desarrollar habilidades que les permiten generar procesos de planificación, gestión e implementación conjunta con las comunidades u organizaciones, además de desarrollar nuevos esquemas procedimentales que permitan dar respuesta a diferentes problemáticas sociales que involucren a todos los actores necesarios para su implementación. En este sentido, la proyección social en la Facultad de Sociología se perfila como un complemento dentro de la formación integral de los sociólogos tomasinos.

Conclusiones

Las metodologías participativas exponen los diversos cambios en la forma de comprender la investigación social, encontrando de entrada la manera de concebir el papel del investigador pasando de una relación sujeto-objeto a la de sujeto-sujeto, que enfoca la investigación en el poder transformador del conocimiento situado dentro de una relación más emancipatoria.

En términos éticos, se cambia la relación con las comunidades más allá del extractivismo epistemológico, pues el investigador asume un rol comprometido con el cambio social, llevando un proceso con las comunidades y retornando los hallazgos y resultados de la investigación permanentemente.

En la parte metodológica, este proceso ha permitido explorar otro tipo de técnicas y herramientas de investigación acordes a las realidades sociales latinoamericanas desde un componente que parte de las prácticas, los relatos y las vivencias de los sujetos, dando mayor importancia en la mayoría de los casos al enfoque cualitativo. Es claro en este caso el uso de la cartografía social, el mapeo de actores, las historias de vida, los registros de campo y los talleres.

Lo ontológico brinda una nueva forma de concebir las problemáticas sociales en la que los análisis de corte histórico-hermenéutico vuelven a tomar fuerza desde las perspectivas críticas latinoamericanas, que permiten comprender la vida humana y que orientan las prácticas y las experiencias hacia la formación de teorías y metodologías basadas en estructuras simbólicas de cada realidad particular.

Finalmente, tener en cuenta cada uno de los elementos mencionados permite comprender la investigación social desde otros lugares de enunciación académica, que propenden por relaciones más horizontales, abiertas y democráticas entre la academia y las comunidades, dando posibilidades de encuentro en torno al bien común e, incluso, a la reciprocidad. Esto tiene lugar a través de un constante reto en la Facultad de Sociología de la Universidad Santo Tomás, al procurar tener en mente la articulación entre la teoría y la praxis en compromiso con la comunidad y de acuerdo con lo que se concibe como Proyección Social.

Referencias

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López-Noguero, F. (2002). El análisis de contenido como método de investigación. XXI. Revista de Educación, 4, 167-180.

Pedagogías para la construcción de paz desde la escuela

CATHERINE DAIARA PINILLA PALACIOS

JHON ALEXÁNDER IDROBO VELASCO

Introducción

La idea de paz y su construcción social se ha revisado desde diferentes puntos de vista con ciertas similitudes en cuanto a su significado; en este documento, se va a asumir la paz como producto de los esquemas sociales, liberales y con principios morales que todo individuo tiene derecho a gozar, incluyendo los derechos humanos y de su cultura, evitando los actos violentos (Jares, 1999, citado por Meneses & Reyna, 2015). En ese sentido, se hablará de la generación de condiciones de posibilidad en las que cada sujeto pueda desarrollarse en el marco de la libertad, evitando ser lesionado en cualquiera de los aspectos. Esta forma de comprender la paz permite la articulación con los escenarios escolares en los que las formas de ser individuales transitan por la normatividad institucional y, de entrada, ya hay un tipo de reacción frente a la forma de presentar el “ser libres” o incluso la noción de “convivencia”, que ha exigido transformarla en la “vivencia con el otro”; en otras palabras, permite generar un discurso que no pasa por algún tipo de imposición, sino que es alternativa a los propios contextos.

Adicionalmente, al referirse al concepto de paz, se deben tener en cuenta tres ámbitos de interacción, como lo menciona Galtung (citado por Meneses & Reyna, 2015): la paz como sinónimo de justicia social; la paz como superación de la violencia en realidades sociales perversas, comenzando por la que tiene relación con las necesidades básicas, deseos y objetivos personales y, finalmente, la paz como total realización y mejoramiento de las potencialidades humanas. Allí se puede evidenciar la relevancia del trabajo en la escuela y la importancia de generar espacios de construcción colectiva de este tipo de apuestas. Teniendo en cuenta los tres ámbitos propuestos por Galtung, estos se viven de forma marcada en los espacios educativos, dando la oportunidad de trabajar en la transformación de ciertas prácticas sociales que hasta ahora se han venido naturalizando. De este modo, la sociedad no solo debería pensar en “algo que decir”, sino también en “algo que hacer” con relación a la construcción de la paz; debería ser un derecho y un deber de cada uno, de tal forma que se pueda materializar la paz como una responsabilidad moral que pueda exigirse a nivel local, regional y global.

En vista de que la paz lleva consigo un aprendizaje social, es necesario que la educación proporcione herramientas para que los y las estudiantes entiendan el complejo mundo en el que viven, haciéndolos partícipes de forma realmente democrática, y que se les forme para que puedan construir conjuntamente un sistema de valores en el que estén integrados la tolerancia, la justicia y el respeto a las diferencias, con el fin de vivir en armonía (Monclús & Sabán, 2008). Esto sería adicional a lo que usualmente se imparte en la educación formal, puesto que en todos sus niveles (Preescolar, Primaria, Bachillerato, Básica Media y Universitaria) ha sido un factor fundamental en el desarrollo socioeconómico, político y cultural de los países e incentiva el aumento de las posibilidades competitivas internacionales a futuro (Aguirre, 2016), pues así se forma para la producción y no para la felicidad. Esta última alternativa parece una utopía, pero hay que seguir trabajando en el planteamiento de horizontes utópicos que sirvan como eje orientador de la acción.

Es importante mencionar que, para que se pueda educar desde y para la paz, se debe tener en cuenta que la definición de esta palabra en sí se orienta a la vivencia en un mundo sin violencia. Claro está, esto no significa que se llegue a la perfección, porque siempre van a existir controversias, polémicas y debates al respecto; no obstante, sí deja ver una necesidad de afrontar esta premisa desde la óptica educativa, que permita reunir las diferencias de género, opinión, edad, etnia, entre otros, y que propicie un ambiente intercultural pacífico, centrado en la resolución de conflictos por medio del diálogo y la negociación. Estas acciones permiten un afrontamiento adecuado, no violento y respetuoso, que incentiva la conciliación entre ambas partes del conflicto y construye la cooperación para un beneficio equitativo y mutuo (Meneses & Reyna, 2015).

Esta situación reta a las instituciones a pensarse los planes educativos desde otras dinámicas en las que emerja la construcción colectiva y, al lado de la tradición educativa, florezca; en ese sentido, se advierte que no se trata de reemplazar una por la otra, sino de evidenciar los límites de los modelos y paradigmas clásicos en los que el estudiante era mero receptor de conceptos, para pasar a la identificación de los y las protagonistas de sus propios procesos, capaces de asumir el rol de conciliadores.

Habrá que hacer acento en el término desde, teniendo en cuenta que es el lugar de enunciación: desde la escuela se construye, pues desde allí se reconocen los procesos propios; no es más una pedagogía para la escuela, pensada desde otro lado, sino una reivindicación del contexto propio.

De esta forma, este trabajo está dividido en cuatro espacios modestos, desde donde se podrá visibilizar la experiencia que se ha tenido en las visitas: 1) la importancia de la construcción de paz desde la escuela, 2) los retos de la cátedra de paz, 3) los talleres y creaciones y 4) los impactos y esperanzas

Metodología

La propuesta de Pedagogías para la paz desde la escuela es una iniciativa de Asolé1 y la Facultad de Sociología de la Universidad Santo Tomás. Este es un proyecto que pretendía en principio generar algunos vínculos de carácter investigativo en instituciones educativas de básica primaria, secundaria y media vocacional de la ciudad de Bogotá. Sin embargo, la iniciativa empezó a reconfigurarse, en la medida en que la exploración del trabajo con jóvenes exigía otras metodologías de trabajo, como diagnosticar en tiempo récord las relaciones conflictivas en los grupos, plantear estrategias del mejoramiento de la convivencia, generar inquietud frente a las nuevas formas de con-vivir más allá del compartir el espacio y reconocer el aporte del totalmente otro en la vitalidad de ser estudiante.

El vínculo entre Asolé y la Facultad de Sociología de la USTA es resultado de la revisión, entre personas cercanas, de sus aportes a los procesos de convivencia y construcción de paz en la escuela. Asolé es un proyecto de la psicóloga Catherine Pinilla Palacios, quien ha venido generando espacios en diferentes escenarios educativos y en diferentes niveles (primaria, bachillerato, educación superior), en los que los juegos se combinan con las reflexiones de carácter social y la responsabilidad con la memoria de las comunidades. Lo interesante de dicho proyecto es entrar en diálogo con estas construcciones que propenden por dejar herramientas a las comunidades con las que se desarrollan los ejercicios, de tal manera que la semilla crezca y dé frutos a través del cuidado y aportes de la academia. En términos concretos, como afirma el decano de la Facultad de Sociología, Miguel Urra Canales: “hacer el bien por el bien”.

Desde esta perspectiva, se ve la necesidad de generar un proyecto articulador de diferentes iniciativas, encaminado a la educación para la paz desde la escuela, superando los relatos de la historia mayor, evitando la nefasta reproducción de cuadros y retratos basados en los resultados, efectos y desolaciones de los conflictos bélicos. En contraposición, se apunta hacia multiplicación de íconos o emblemas que reflejen los principios, privilegios y consecuencias de la paz, el ideal de vivir pacíficamente en armonía y la resolución de conflictos por medio del diálogo y demás actitudes que permitan cambiar y reforzar el concepto de paz (Galtung, 2014). Esta ilusión empezó a materializarse con las diferentes prácticas que se fueron identificando y a través del mejoramiento de los talleres que resultaron de la creación conjunta.

Por medio de talleres, se identificaron rasgos de los conflictos que se tenían en las propias dinámicas de las instituciones. Aprovechando herramientas como el símbolo y la significación que emergen de las representaciones sociales de niños, niñas y jóvenes en las instituciones que se visitaban, se lograba cautivar a cada asistente, en los que se viene identificando un ánimo de participación y liderazgos que eran segregados por no encajar en los cánones establecidos de los imaginarios sociales. Así, a través de juegos emergen roles que estaban escondidos en los grupos, que regularmente obedecían a los cursos a los que pertenecían. Los juegos de roles permitieron evidenciar los imaginarios en torno a los temas sociales locales y nacionales. El conflicto armado colombiano, los Diálogos y el Plebiscito de Paz (resultados) se plantean como temas generales desde los que podrían revisarse las prácticas propias de diálogos, creación de consensos, dificultades y violencias permanentes que requerían un tratamiento más cercano por parte de las instituciones. Sin embargo, las condiciones en las que se trabajaban favorecían la identificación de esas situaciones que ameritan mayor profundización.

Cada taller tenía en promedio una a dos horas de duración, dependiendo de la edad, la intención, el contexto y la posibilidad de seguir el trabajo de acompañamiento o la articulación con procesos de la red de amigos tejida hasta ahora. Actualmente, hay alrededor de veinte propuestas de talleres que van desde la comunicación asertiva, pasando por la identificación de dificultades de convivencia, hasta formas de resistencia y derechos humanos en el escenario colombiano. Teniendo en cuenta que el reto era dejar capacidades instaladas en las comunidades, en especial para la escuela, se usaron materiales reciclados, trabajos a través del cuerpo y ejercicios de memoria desde las cartografías. Estos elementos fueron clave en el trabajo con jóvenes: la cartografía social sirve como un método y un lenguaje más cercano a las personas, para que pudieran replicar los talleres, incluso mejorarlos, en la medida de sus posibilidades.

En cada taller, había una herramienta; en cada herramienta, un signo; en cada ejercicio, una forma de acercarse a las necesidades propias y, desde allí, poder construir de forma colaborativa. La preocupación por los derechos intelectuales se desvanece en la medida en que los talleres no tienen autoría con una intención muy sencilla: que los y las jóvenes se apropien de ese tipo de dinámicas sin ocuparse de citar o referenciar, y con la posibilidad de dejar su propia impronta, sintiendo que hacen parte de un país que ha llegado a un nuevo hito en la historia, y que su aporte permitirá extender el concepto de la paz hasta donde se les permita en sus propias prácticas.

Discusión teórica

En el presente apartado se desarrolla conceptualmente cada una de las categorías de análisis que permiten comprender los diferentes contextos en que se desarrollan y las formas como se construye paz desde la escuela. Para este caso particular, se abordan las categorías de escuela, construcción de paz, pedagogías de paz y convivencia. Por tal motivo, el primer escenario analítico será la escuela.

De acuerdo con lo propuesto por el Centro de Estudios e Investigaciones Docentes (CEID, 2017), se comprende la escuela como un espacio donde hay una amplia representación del pensamiento analítico, crítico y reflexivo; donde se puede expresar la creatividad y originalidad del ser; donde se forjan esos primeros pasos hacia la comprensión activa de actuar y debatir a favor de las necesidades propias y ajenas, desde la concepción de igualdad, desarrollo y equidad, con el fin de reconocer quiénes han sufrido por tantos conflictos y violencia y, a partir de allí, reconstruir algo diferente y con miras a una mejor calidad de vida.

Desde esta perspectiva, González et al. (2018) afirman que la escuela permite la inclusión de las víctimas del conflicto armado mediante la plena pertenencia a la vida institucional, cultural y social de la institución educativa y su contexto. En el Plan Nacional Decenal de Educación (2006) también se plantea que uno de los desafíos de la educación para la paz en este país es tomar como punto de partida la participación de los agentes sociales y políticos, para dar garantía desde este enfoque, en tanto que no es solo desde la acción educativa o escolar, sino también desde los ámbitos externos, que se difunde e impulsa en cada individuo el importante papel que se debe desempeñar en su cotidianidad

Siguiendo a Briceño et al. (2016), la construcción de paz se logra a través de “la promoción de la unidad y la acción colectiva, el diálogo y la participación informal, la identificación con el territorio y la permanencia en el mismo, el uso de herramientas culturales, artísticas y actividades lúdicas” (p. 14). Desde la perspectiva del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2013), la construcción de paz debe tener un enfoque territorial que supere los aspectos negativos del conflicto (violencia); se centra en construir paz desde la identificación y fortalecimiento de las capacidades, articulando diferentes actores locales.

A partir de cada uno de los elementos mencionados, se establecen prácticas y experiencias que permiten construir pedagogías de paz desde las propias dinámicas locales. Según Muñoz (2016), quien sigue a Freire y Magendzo, propone que una pedagogía para la paz y los derechos humanos “solo tiene sentido en la lectura crítica a las realidades de época, de lo contrario serían simples idealismos o metafísicas que bien podrían contribuir con la legitimación de la sociedad burguesa” (p. 59). Desde otra perspectiva, Mejía (2001) plantea que la pedagogía del conflicto se enmarca en una negociación cultural de comprensiones variadas, a través de la capacidad de interlocución con muchas formas de conocimiento, acción y realización, esto es, aprender de los conflictos.

De este modo, las prácticas pedagógicas de paz aportan a la convivencia, el respeto y la promoción de los derechos humanos desde una perspectiva crítica, que propende por una negociación intercultural, que redunde en la transformación social y donde primen los principios del diálogo y la reciprocidad.

Como afirma Vargas (2019), en los procesos de convivencia es necesario “fortalecer el desarrollo humano desde espacios para el diálogo, procesos de acuerdo, capacidades para escuchar a los demás, respeto por las opiniones del otro” (p. 35). En el mismo sentido, Chaux y Lleras (2004, citados por Vargas et al., 2018) plantean que, en la convivencia pacífica, los conflictos pueden llegar a resolverse sin necesidad de aplicar la violencia, sino más bien en función de la mediación y conciliación entre las partes afectadas, pero es preciso que cada persona sea capaz de desarrollar “la capacidad de diálogo, escucha activa y establecer una solución en donde los intereses de cada uno se vean favorecidos de manera justa” (p. 6).

A partir de las diferentes definiciones teóricas podemos definir que construir paz desde la escuela es la posibilidad de reconocer los relatos, la memoria y los acontecimientos que dan sentido a la vida colectiva, así como la implementación de herramientas para la convivencia, el diálogo y el encuentro. A través de la construcción de las pedagogías de paz se establecen relaciones de mediación, negociación y reconciliación entre distintos actores más allá de la escuela, lo que potencia la generación de capacidades para una ciudadanía activa.

Los retos para la cátedra de paz

Se ha identificado que en el actual sistema educativo las prácticas de educación para la paz podrían tener dos líneas de acción: por un lado, la discusión en torno a las garantías gubernamentales sobre la construcción de escenarios de paz duraderos y estables —en otros términos, pasar del discurso al hecho—; por otro, el ejercicio de los derechos humanos que emerge de la formación en contexto de ciudadanía, trayendo consigo el reconocimiento de ciertas luchas y resistencias que exigen el cumplimiento de los compromisos del Estado. Este primer escenario facilita la comprensión de la vinculación de nuevas líneas temáticas en la enseñanza curricular, mediante el diálogo con sectores sociales que muestran los límites y posibilidades de la democracia nacional contemporánea. En ese sentido, las organizaciones sociales, líderes y apuestas políticas empiezan a sentarse con niños, niñas y jóvenes en espacios educativos, en los que el compromiso social funciona como una forma de conjugar la formación con la identificación de las necesidades propias de sus contextos.

Los dilemas entre excelencia y calidad empiezan a adquirir rostros a través de este tipo de educación para la paz, pues niños, niñas, jóvenes, docentes, administrativos e instituciones pueden aplicar las dinámicas de diálogo en torno a las necesidades propias de cada escenario y, desde allí, configurar los microcurrículos en torno a las formas concretas en las que la sociedad se transforma y en las que aparecen nuevos motores de equidad y justicia. Por ello, se debe hacer todo el esfuerzo como ciudadanos por privilegiar la educación respecto de otros sectores, lo que tiene sentido en tanto la educación se haga accesible a todos y se disminuyan inequidades, en el diálogo con aquellas personas a quienes se les ha negado la posibilidad o a quienes se ha invisibilizado en estos procesos. Se educa para la paz y desde la paz, en la medida en que soy capaz de entrar en diálogo con quienes han sido marginados, quienes han sido llevados al margen de la misma educación.

Educar para la paz adquiere un sentido concreto: formar para la convivencia ciudadana, es decir, desarrollar competencias para una convivencia pacífica, una acción política y una pluralidad en todo sentido. Es allí donde la institucionalidad ha creado un discurso incómodo para los y las jóvenes, ya que la convivencia pasa por la normatividad antes que por la resolución de conflictos o la construcción de escenarios en los que la dignidad de la persona se percibe de forma significativa. Es por esa misma razón por la que la cátedra para la paz debe superar un obstáculo evidente: ser direccionada como norma y no como propuesta que convoca a analizar la realidad concreta por sus protagonistas. Entonces, el paso no se dará mientras los actores de cada institución no se sientan conectados con sus propias dinámicas; hasta tanto no se supere ese obstáculo, no podrá concebirse la concreción de la cátedra para la paz. Allí aparecerán sujetos que escuchan de forma activa, capaces de dialogar con el otro, con el totalmente otro, quien en su autenticidad existe y comparte el mundo (Ceballos, 2013).

Ese desinterés estaba en sintonía con la Unidad de Proyección Social de la USTA y con otras iniciativas, que fueron tejiendo una red de amigos que día a día se esfuerzan por aportar a la generación de las condiciones en las que la paz trascienda el concepto y aterrice en las prácticas concretas: instituciones educativas, fundaciones, redes, profesionales, organizaciones sociales. De esta manera, se teje al mismo tiempo pedagogías — así, en plural—diversas y ricas en sus formas de llegar a la escuela.

La condición de trabajar con niños, niñas y jóvenes obligó a crear códigos de fácil recordación, que a su vez pudieran impactar en la construcción de un discurso de paz, en prácticas concretas, y que se conjugaron con la vivencia propia de quienes participaron de los espacios. Al mismo tiempo, era necesario justificar —en términos positivos—la asistencia a las instituciones por parte de la USTA. Quizás esta necesidad fue la más fácil de sortear, pues la impronta de proyección social que tiene la institución abría el horizonte para diseñar estrategias capaces de articular el compromiso con la transformación social. Lo mejor apenas comenzaba, pues se reconocía la necesidad y la importancia de hablar de paz, se tejían redes, se cambiaban los códigos tradicionales, pero era necesario mantener el rumbo.

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