Kitabı oku: «El fin de la religión»
Copyright © by Bruxy Cavey, 2007-2020.
El Fin de la Religión
Un Encuentro con la Espiritualidad Subversiva de Jesús
de Bruxy Cavey. 2020, JUANUNO1 Ediciones.
Título de la publicación original: “The End of Religion”.
This work is published by agreement with the author Bruxy Cavey.
Esta obra se publica mediante acuerdo con el autor Bruxy Cavey.
Esta obra ha sido republicada en inglés en Noviembre 2020, y esta traducción es la versión en español que se acordó con el autor.
Spanish Language Translation copyright © 2020 by JuanUno1 Publishing House, LLC.
All Rights Reserved. | Todos los Derechos Reservados.
Published in the United States by JUANUNO1 Ediciones,
an imprint of the JuanUno1 Publishing House, LLC.
Publicado en los Estados Unidos por JUANUNO1 Ediciones,
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Library of Congress Cataloging-in-Publication Data
Name: Cavey, Bruxy, author
El fin de la religión: un encuentro con la espiritualidad subversiva de Jesús / Bruxy Cavey
Published: Miami : JUANUNO1 Ediciones, 2020
Identifiers: LCCN 2020948962
LC record available at https://lccn.loc.gov/2020948962
REL062000 RELIGION / Spirituality
REL030000 RELIGION / Christian Ministry / Evangelism
REL023000 RELIGION / Christian Ministry / Discipleship
Paperback ISBN 978-1-951539-43-6
Ebook ISBN 978-1-951539-57-3
Traducción: Alvin Góngora
Corrector: Tomás Jara
Diagramación: María Gabriela Centurión
Portada: JuanUno1 Publishing House, LLC
Director de Publicaciones: Hernán Dalbes
First Edition | Primera Edición
Miami, FL. USA.
-Noviembre 2020-
Para mamá y papá
Contenido
Cover
Prefacio
Un descanso de la religión
Aún no he encontrado lo que estoy buscando.
– U21
Nuestro mundo está repleto de personas que andan en búsqueda de la realidad última: buscadores de la verdad que se mueven hacia lo espiritual tan rápidamente como se escabullen de la religión.
Para esos buscadores, la religión parece ser muy estrecha, muy rígida como para contener toda la verdad que persiguen. Los buscadores son personas abiertas a aprender de todas las religiones, pero le rehuyen al compromiso con alguna de ellas. Con frecuencia, son personas que rechazan la religión por una razón simple: ya la han sufrido de primera mano. Muchas son personas que en el pasado han sido parte de una religión organizada y la experiencia ha sido más pesada y aburrida que liberadora y revitalizante. Ellas le hacen eco a las palabras de Lenny Bruce, quien dijo: “La gente está abandonando la iglesia y encontrando a Dios”.2
Quizás, algo de esto podría describirlos. Mi deseo es que este libro caiga en las manos de alguien que no sea tan solo un indagador escéptico, sino también un buscador espiritual. Escribo para la gente que ya está cansada de la religión, pero que aún no está preparada para arrojar por la borda la idea de conectarse con Dios.
Si tal es tu caso, permíteme sugerir un punto focal para tu búsqueda, un punto de referencia que te ayude a navegar por las muchas alternativas espirituales disponibles en la actualidad. Considera la posibilidad de que Jesucristo esté en una posición incomparable para ofrecerles a todos su ayuda espiritual, sin importar sus trasfondos religiosos. Piensa en esto: un rabí para los judíos, un profeta para los musulmanes, un avatar para los hindúes, un iluminado para los budistas, el Hijo de Dios para los cristianos, un maestro sabio para los seculares, un “amigo de pecadores” para el resto de nosotros. ¿Será coincidencia? A diferencia de cualquier otro líder religioso, profeta, filósofo o gurú espiritual, Jesús, solo él, tiene la capacidad de entregarle un mensaje a la gente de todas las religiones y a quienes no siguen religión alguna. Esto significa que, sin importar la cosmovisión que actualmente tengas, Jesús puede ser el lugar perfecto para empezar tu búsqueda.
Para ser claro: no estoy hablando de la religión cristiana vs. todas las demás. Asómate nada más a la historia de la iglesia para percatarte de que el cristianismo necesita oír el mensaje de Jesús tanto como —o quizás más que— la mayoría de las otras religiones. Por el contrario, yo estoy hablando de la persona de Jesús que trasciende a cualquier religión y que las ilumina a todas. Si estás indagando la verdad espiritual, creo que Jesús puede ofrecerte la guía que buscas.
Me fascina observar que no importa qué tan hostil es la gente cuando la religión organizada entra en escena, especialmente la religión cristiana: esas mismas personas tienden a conservar un lugar especial en sus corazones para el Jesús histórico. Por supuesto, ellas pueden reconfigurar a Jesús a su imagen tal como suelen hacerlo quienes sostienen sus propios conceptos acerca de Dios, sin embargo, eso muestra con mayor claridad su deseo de adoptar a Jesús y llevarlo a sus vidas. Ellas quieren que Jesús esté de su lado. Aunque la religión cristiana les pueda repeler, entienden que no pueden acusar a Jesús como la causa de tanta repulsión. Es como si algo relativo a esa figura histórica hiciera eco en sus corazones. ¿Por qué hay tantos libros publicados y vendidos acerca de Jesús? ¿Por qué estás leyendo este libro? ¿Qué hay en Jesús que lo hace tan extrañamente atractivo?
Uno de mis pensadores contemporáneos favoritos, John Stott, confirma este aprecio inusual por Jesús en el mundo de hoy: “En verdad, son muchos los que tienen una postura crítica frente a la iglesia, y, sin embargo, al mismo tiempo, conservan una admiración secreta por Jesús. De hecho, no he encontrado todavía, ni creo que llegue a encontrar, a alguien que no tenga un alto concepto de Jesucristo”.3
Brian McLaren detalla esta idea un poco más en su profundo libro The Secret Message of Jesus [El mensaje secreto de Jesús]:
Piensen en las personas que, con todo y haber renunciado a la “religión organizada” debido a experiencias malas o inútiles, aún sostienen una opinión positiva de Jesús. O quizás “opinión” no es la palabra acertada: lo que ellas mantienen es un cierto sentido de posibilidad en relación con Jesús, un sentido de que tiene que haber algo más en él, más de lo que la mayoría de la gente se da cuenta, incluso más de lo que muchos que se autodenominan cristianos perciben.4
¿No será que Dios todavía tiene algo que decirnos a través de Jesús para lo cual aún no tenemos espacio disponible? ¿No será que no va a dejar que marginemos a Jesús, no importa cuán perturbadora o irrelevante nos parezca la religión cristiana?
La religión puede ser agotadora: una rutina de actuaciones prefijadas que se mueve por el combustible de la culpa y el temor. Al mismo tiempo, la espiritualidad genérica puede también constituirse en una empresa agotadora debido a su falta de un punto focal. Muchos de los que han rechazado la religión se han ido hacia una especie de espiritualidad para todos los gustos que les permite a sus comensales comparar y seleccionar su sistema de creencias preferido mientras se mueven a lo largo de la fila. No me malinterpretes. Me fascina un buen buffet (¡y tengo la contextura física para demostrarlo!), pero lo que funciona en la comida no necesariamente funciona en la fe. Muchos de esos catadores espirituales también están cansados de una búsqueda que carece de enfoque y fundamentación. Se sienten indigestos y malnutridos, hastiados de calorías espirituales vacías.
Las siguientes palabras de Jesús fueron dichas por y para nosotros, los que estamos cansados de la religión y, sin duda, cansados también de nuestros propios esfuerzos por encontrarle alguna alternativa: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana” (Mateo. 11: 28-30).
Observa que Jesús no plantea una religión diferente ni mejor. Antes bien, él nos invita a él mismo como una alternativa a las formas extenuantes de la religión. Este es un tema prominente en su enseñanza. Un tema que examinaremos en mayor detalle más adelante. Por ahora, bástenos con preguntar: si Jesús es de alguna manera Dios con una piel encima, Dios mismo que viene a nosotros en persona, ¿cuáles pueden ser las implicaciones radicales? ¿No se altera completamente y por esa razón la dirección de las búsquedas espirituales humanas? Nuestros intentos por alcanzar a Dios desenmascaran la religión, y la cuesta empinada es agotadora. Sin embargo, si Jesús es Dios que viene a nosotros y se vuelve uno de nosotros, la religión se vuelve redundante.
La religión apela a reglas que fuerzan nuestros pasos, a la culpa que nos mantiene en formación, a los rituales que traen a la memoria nuestros fracasos e incapacidad para satisfacer dichas reglas. De esa manera, le añade más carga a los que ya llevan a cuestas el fardo pesado de la vida. Jesús, por el contrario, nos ofrece el descanso que estamos buscando.
Puesto que estas palabras de Jesús capturan la invitación que nos hace a todos y todas, me gustaría volver a citarlas, pero esta vez tal como aparecen en una versión diferente titulada The Message [El mensaje], de Eugene H. Peterson. Aquí tienes la oportunidad para ir más allá de la lectura y saborear las palabras que van al centro de nuestros anhelos humanos más profundos. Lee esas palabras de Jesús lenta y concienzudamente para ver si toca alguna fibra profunda en ti:
¿Están cansados? ¿Totalmente agotados? ¿La religión los ha dejado exhaustos? Vengan a mí. Escápense conmigo y recobrarán la vida que han perdido. Les voy a mostrar cómo se toma un descanso real. Caminen y trabajen conmigo: miren cómo lo hago. Aprendan de los ritmos sueltos de la gracia. Yo no voy a descargar sobre ustedes nada que sea oneroso ni que les cause estorbo. Manténganse en mi compañía y aprenderán a vivir con libertad, con una carga ligera. (Mateo 11: 28-30)
Yo quiero el “descanso” que Jesús ofrece aquí. Quiero aprender “los ritmos sueltos de la gracia”.
Aunque Jesús nos ofrece descanso, observa que dice “carguen con mi yugo”. No dice “recuéstense en mi sofá”. Sí, nos ofrece descanso, pero es un descanso activo, constructivo, creativo. Los yugos son herramientas para el trabajo agrícola que se ponen en el cuello de los animales para que jalen una carreta o los implementos para el arado. Un yugo es, por lo tanto, un símbolo de un trabajo con propósito, de una labor que se hace en cooperación. Digo “en cooperación” porque un yugo une a dos animales que trabajan uno al lado del otro en un esfuerzo rítmico, en equipo. Es posible que Jesús quiera que nos lo imaginemos a nuestro lado en el yugo, o quizás él apunta al hecho de que crecemos mucho mejor espiritualmente cuando avanzamos en relaciones de hermandad con los demás. De cualquier manera, nos promete que va a haber un trabajo involucrado si es que queremos aprender de él, pero que va a ser una labor creativa, con sentido y en colaboración, esto es, un trabajo que es más un alivio que una responsabilidad, algo así como debió haber sido la vida en el jardín del Edén (Génesis 2: 15).
Me entusiasma verme como parte de ese movimiento creciente de personas que están descubriendo este descanso de las demandas legalistas de la religión. Puesto que la espiritualidad de Jesús trasciende cualquier institución o tradición religiosas, mucha gente en todo el mundo, proveniente de los más diversos trasfondos religiosos o, incluso, sin ningún historial religioso en absoluto, se está juntando para aprender de esa figura única y singular de la historia; y ahora, la invitación a unirte al diálogo se extiende también a ti.
1 But I still haven’t found what I’m looking for, éxito musical de U2 (Nota del traductor)
Introducción
Granada de fragmentación sagrada
¡1... 2... 5!
—Monty Python
Hay, básicamente, dos clases de personas en este mundo. Están los que les gusta Monty Python1 y los que no pueden concebir que se haga tanta bulla con todo eso. Yo estoy en el primer grupo y considero que la película de Monty Python sobre el Santo Grial, Los caballeros de la mesa cuadrada, es la más divertida que haya visto. (Si también amas a Monty Python, estoy seguro de que justo ahora acabamos de experimentar una conexión profunda. Gracias por atraerme con esos lazos. Si no es así, estoy seguro que me estarás lanzando la mirada “de-qué-diablos-estás-hablando” que los que no son fanáticos de Monty Python reservan para los que sí lo somos… pero ¡en fin! Te pido un poco de paciencia).
Una de mis escenas favoritas en la película del Santo Grial es cuando el rey Arturo y sus caballeros usan “la granada sagrada” para volar en pedazos al desagradable conejo de enormes dientes (no tan aterrador como Frank, el demoníaco conejo de Donnie Darko,2 otra de mis películas favoritas; pero ya me estoy yendo por las ramas).
Curiosamente, creo que la expresión “granada sagrada” puede aplicarse a la Biblia, un documento designado para hacer saltar desde adentro, “en átomos volando”, a la religión. Las enseñanzas de Jesús serían como el detonador. Así que, cada vez que tomen una Biblia, sepan que lo que tienen en sus manos es un artefacto explosivo.
Desde luego, no estoy hablando de una explosión física ni de un libro que avale el terrorismo religioso. Me refiero a que es un libro que contiene un mensaje con el suficiente poder para desmantelar el control que la religión tiene sobre nuestro mundo. Soy consciente de que esta perspectiva puede contradecir todo lo que has creído sobre la Biblia y que me corresponde ofrecer alguna explicación seria al respecto. Por lo tanto, es mejor que lo haga.
La Biblia es mucho más que el sacro libro religioso para dos religiones importantes: el judaísmo y el cristianismo. La Biblia es, más bien, una biblioteca de documentos antiguos que apuntan a una sorprendente espiritualidad no religiosa que culmina con el mensaje y la misión subversivos de Jesús. Aunque muchas instituciones religiosas la asumen como su Escritura fundacional, las páginas de la Biblia revelan una agenda irreligiosa diseñada para hacer explotar la religión desde adentro. Estoy convencido de que la Biblia esconde las claves que nos permiten abrirnos el camino de salida de los sistemas esclavizantes de adicción religiosa y que, al mismo tiempo, nos invitan a establecer una conexión directa con lo divino.
Sin embargo, ¿no es la Biblia, acaso, un libro lleno de reglas, regulaciones, rituales y rutinas, esto es, el material del que está hecha la religión? A decir verdad, muchos textos de la Biblia, especialmente los del Antiguo Testamento (la parte que fue escrita antes de Jesús), contienen leyes y rituales, sistemas e instituciones. No obstante, esas ideas religiosas no constituyen el punto de partida ni tampoco son su punto de llegada. La Biblia empieza ofreciéndonos un cuadro del mundo ideal, un mundo sin religión, un jardín donde Dios y la gente vivían en desnuda intimidad. Esa fue la intención original de Dios para la humanidad. En la Biblia, no es sino después que la gente le vuelve la espalda a ese ideal de confianza mutua e intimidad que Dios empieza a darles reglas y a señalarles rutinas, tradiciones y enseñanzas; pero ese no es el final del cuento. Las reglas y los rituales de la Biblia son como un mapa para descubrir un gran tesoro, pero no son el tesoro en sí. Yo creo que fue eso lo que el muy venerado poeta y filósofo judío Abraham Joshua Heschel quiso resaltar cuando dijo: “La religión como institución, el Templo como fin último o, en otras palabras, la religión por amor a la religión es idolatría”.3
La gente religiosa suele confundir el mapa del tesoro con el tesoro en sí.
Los capítulos finales de la Biblia describen hacia dónde es que Dios dirige al mundo: de regreso al jardín, un mundo en el que los rituales religiosos y sus instituciones brillan por su ausencia.4 Entre los capítulos iniciales y los capítulos finales de la Biblia se desarrolla una trama secundaria de las respuestas precarias de la gente a las reglas y las rutinas de la religión. Sin embargo, al final del cuento, cada una de las páginas de la Biblia apunta hacia, o refleja, la venida de Jesús, aquel que se empeña en ponerle un punto final a la religión y en señalarnos el camino de regreso al ideal del jardín. En síntesis, he ahí por qué veo la Biblia como una Granada Sagrada, pues nos invita a un estilo de vida que hace superflua la religión y vuela en pedazos su monopolio de acceso a Dios.
El Jesús que la Biblia describe es escandaloso. No se lo presenta como el fundador de una religión mundial, sino como el que desafía todas las religiones. Es un revolucionario subversivo, antinstitucional. Cuando digo “antinstitucional” no quiero decir que Jesús se opone a toda forma de organización, sino que se enfrenta a la dependencia que la gente desarrolla en relación con las instituciones para estar en contacto con Dios. No arribé a esta conclusión porque haya recogido evidencias puntuales y detalladas de fuentes marginales. Tampoco es que haya tenido alguna experiencia mística a través de la cual se me comunicó alguna verdad eterna. Dejemos que esos abordajes los asuman libros escritos por otros autores. Yo escribo a partir del cuadro cautivante acerca de Jesús que encontramos en la Biblia.
Tal como discutiremos en los capítulos que siguen, la misión primordial de Jesús fue derribar la religión en tanto fundamento de la conexión entre Dios y los seres humanos, y reemplazarla por él mismo, lo divino que llegó a nosotros en nuestro propio contexto y en nuestra propia forma. A eso, Jesús lo llamó “el reino de Dios”: Dios y su pueblo viven juntos, tal como lo pretendió desde el principio. Por esa razón, buena parte de lo que Jesús hizo y enseñó tiene sentido solo cuando nos damos cuenta de que la meta que se planteó de ofrecerle salvación al mundo (ver Lucas 19: 10) incluyó la abolición de la religión como un sistema rival a su reino. Cuando entendemos eso, los textos del Nuevo Testamento cobran nueva vida con una energía renovada. Los relatos que Jesús narró, los argumentos que blandió, incluso las sanidades que operó, todo ello contribuyó a demoler las presunciones arrogantes de los religiosos de su época y a desestabilizar su dependencia del sistema.5
Tal como lo indica el subtítulo de este libro, Encontrando la espiritualidad subversiva de Jesús, quiero enfocarme en el papel que Jesús jugó en relación con la religión y la espiritualidad, en un esfuerzo por desafiarnos a salir de una y orientarnos hacia la otra. Espero que este libro sea un primer paso para aquellos que quieren indagar acerca de Jesús, y que les permita a aquellos que ya se consideran cristianos recalibrar su entendimiento del Jesús bíblico. El libro secuela de este que tienes en tus manos, The Irreligious Life [La vida no religiosa], ofrece un cuadro de cómo luciría tu vida si abrazaras sin rodeos esta espiritualidad subversiva como si te fuera propia y la vivieras en plenitud.
Contamos con una diversidad de abordajes disponibles que nos ayudan a regresar a las enseñanzas originales del Jesús histórico que vivió hace 2000 años.6 Para los propósitos de este libro, he sido intencional al usar la Biblia como mi fuente primaria. Y es por dos razones importantes. He aquí la primera: las cuatro biografías grecorromanas diferentes de Jesús que encontramos en la Biblia (llamadas Evangelios) son históricamente más válidas de lo que se nos ha dicho. Los académicos debaten en torno a qué tan cerca podríamos fijar las fechas de los Evangelios a los eventos que narran, pero todos miden la distancia en décadas, no en siglos. Para ponerlo en perspectiva, los escritos más antiguos que conocemos acerca de Buda datan aproximadamente de cinco siglos después de su paso por la tierra.7
La otra razón por la cual uso la Biblia como mi fuente primaria para este libro se trata del hecho de que la gente religiosa, al menos los de tradición cristiana, tienen que tomar seriamente el mensaje bíblico. La Biblia es la Escritura de autoridad para los judíos y los cristianos, y es un libro respetado por los musulmanes y otros más. Sí, es cierto que los Evangelios Gnósticos extrabíblicos han capturado el interés del público en general en la actualidad, pero mi propósito en este libro es señalar la naturaleza radical del mensaje de Jesús que ha estado a nuestro alcance, debajo de nuestras propias narices religiosas todo este tiempo. Está ahí, en los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Antes de invitar a la gente a que considere textos más nuevos o a que escojan entre un abanico de teorías complicadas y, con frecuencia, sin corroboración acerca de Jesús (y de ellas hay un montón), yo aspiro a mostrar que la Biblia misma apunta a la naturaleza irreligiosa del mensaje de Jesús y de su misión. Quiero hacer explotar el mito popular según el cual la Biblia presenta un Jesús conservador que respalda (y es un producto de) la institución, y que los Evangelios Gnósticos y otros textos antiguos nos llevan a un Jesús más radical que desafía la institución.8
En simples palabras, mi meta no es inventar una nueva espiritualidad en el nombre de Jesús, sino llevarlos a que desentierren ustedes mismos un tesoro escondido, una perspectiva que viene directamente de la Biblia. Aunque el paso de los siglos la haya recubierto de una gruesa capa de maleza, quiero que todos juntos despejemos una senda de regreso a la intención original de las palabras y las obras de Jesús. Ciertamente, no somos los primeros en intentarlo, pero tristemente somos parte de una minoría en la historia de la fe cristiana.
Puedes creer que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios, que es una colección de documentos históricamente válidos o tan solo uno de los muchos textos antiguos que nos aportan alguna comprensión del Jesús histórico. Con todo, la Biblia puede ser el punto de partida perfecto para investigar sobre Jesús, especialmente porque las instituciones religiosas
—que son las que necesitan con más urgencia escuchar su mensaje explosivo— son las que ya lo han abrazado. Los líderes religiosos olvidaron desde hace mucho tiempo las implicaciones peligrosas de la Biblia y la colocaron en el estante de los artefactos inocuos desde el que la exhiben en el edificio eclesial más cercano a sus casas.
Sí, yo creo que esta Granada de Fragmentación Sagrada ha estado durmiendo por dos milenios, y ya es hora de que le quitemos el seguro.9 Por lo tanto, me propongo como meta sostener mi línea de argumentación desde la Biblia misma, antes que presentar una teoría que, para sostener mi perspectiva, desacredite la Biblia.
Con eso en mente, a medida que avances a lo largo del libro, podrás observar que este texto está salpicado de referencias a pasajes relevantes de la Biblia (que, en algunos casos, están seguidos de letras que indican la traducción que estoy citando —en los pocos casos en los que me aparto de la Nueva Versión Internacional, el texto base para este escrito).10 Si estás interesado en cavar más profundo en esos temas, puedes revisar las referencias, leer el contexto y seguir tu propia investigación. El libro que está en tus manos puede ser una lectura rápida mientras esperas el bus o puede ser una plataforma de lanzamiento a una indagación más profunda, dependiendo de lo que quieras llevarte contigo. Con ese fin en mente, cada capítulo concluye con una sección de ¿Eh? y R (preguntas y respuestas. Vamos, soy canadiense) para contribuir a la generación de pensamientos propios, conversaciones con algún amigo o discusiones en grupo. Yo abogo especialmente por las discusiones en grupo porque mi convicción es que la espiritualidad personal crece mejor en el terreno de una comunidad auténtica.
Este libro está planteado en tres secciones. La segunda sección (así como el capítulo 1) es el corazón de la obra. Esos capítulos constituyen un examen de las enseñanzas y las acciones irreligiosas de Jesús. Si la paciencia no es tu fuerte, salta a la hoguera con toda confianza. La Parte I plantea el escenario y bosqueja los asuntos que nos ocupan. La Parte III abre con la pelea por aplicar todo eso en nuestras vidas.
Aprovecho esta oportunidad para mencionar que me refiero a Dios en la categoría gramatical masculina tanto con remordimiento como con convicción. La Biblia no enseña en absoluto que Dios sea masculino. Dios es un Espíritu en el que tanto lo masculino como lo femenino pueden hallar sus orígenes e identidad (ver Genésis 1: 26-27; Juan 4: 24). Y aquí nos encontramos con las limitaciones del lenguaje. El español, así como los idiomas originales de la Biblia (hebreo y griego), no nos aporta un pronombre singular que sea inclusivo en términos de género. Pero no quiero referirme a Dios en términos impersonales (porque no es una cosa). Entonces, uso pronombres masculinos porque mi convicción es que Dios es personal, no porque crea que Dios es masculino. Además, quiero estar en consonancia con la sintaxis de los idiomas antiguos.11
El filósofo y activista social Jean Vanier afirma: “He aprendido que el proceso de enseñanza y aprendizaje, de la comunicación, va siempre en dos sentidos”.12 Mis años de enseñanza sobre el asunto central de este libro y de vivir sus implicaciones en comunidad espiritual me han enseñado esa misma lección. Ahora que pongo mis pensamientos por escrito para que sean leídos por gente a la que nunca voy a ver, confío en que el diálogo no se detenga. Te ruego que te sientas en libertad de escribirme y contarme tus reacciones, críticas, preguntas, historias y sí, por qué no, incluso tus ratificaciones. En caso de que haya muerto para cuando leas este libro —un pensamiento morboso, pero honesto— quiero que sepas que espero el momento en que pueda conocerte allá, del otro lado.
¿Eh? y R
1. Yo sostengo que podemos ver que la Biblia es un documento irreligioso por su comienzo, su final y su personaje central. ¿Qué piensas al respecto?
2. ¿Qué valor hay en basar el mensaje irreligioso de Jesús en lo que dice la Biblia, antes que fundamentarlo en revelaciones personales, conversaciones con Dios o literatura antigua no bíblica?
3. Muchos líderes religiosos en los tiempos de Jesús no se percataron del punto central de sus enseñanzas debido a que sus nociones preconcebidas y sus sesgos institucionales interferían con su capacidad para ver y oír la verdad espiritual. De igual manera, la historia revela que muchos líderes de la religión cristiana han impuesto sus propias agendas sobre las enseñanzas de Jesús antes que someter sus vidas a ese mensaje subversivo.
- Al comenzar este peregrinaje, ¿cuáles crees que son algunos de tus sesgos y agendas escondidas cuando te acercas al tema de Jesús en la Biblia?
- ¿Cómo podrían esos sesgos y agendas oscurecer tu perspectiva acerca de la fe?
4. ¿Qué es lo que más y lo que menos esperas en el proceso de trabajar a lo largo de este libro?

No vi ningún templo en la ciudad, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo.
–Apocalipsis 21: 22

1 Grupo de humoristas británicos que se hicieron célebres luego de una serie de televisión para la BBC, en 1969 (N. del T).
Parte I
El principio del fin
Bienaventurada la persona que no se escandalice por causa mía.
Capítulo 1
Agua, vino y escándalo
Actúa solo una vez de tal manera que tu acción exprese que temes tan solo a Dios y nunca al hombre e inmediatamente, en cierta medida, provocarás un escándalo.
—Søren Kierkegaard
Vamos a jugar un juego de asociación de palabras. Yo digo “Jesús” y tú dices...
Si tuvieras que sacar un pedazo de papel y anotar cada palabra que se te viniera a la mente cuando digo “Jesús”, mi sospecha es que irreligioso podría no ser la primera en tu lista. Hubo un tiempo en el que no hubiera aparecido en la mía. Pero eso cambió.
Cuando comencé a darme cuenta de que el Jesús descrito en la Biblia era mucho más atractivo, emocionante y escandaloso que el Jesús manso y suave que proclamaban muchas iglesias, se abrió una nueva temporada de mi vida. Yo era joven y estaba empezando a estudiar la Biblia por mí mismo y, en el proceso, llegué a creer que tenía en mis manos un documento volátil, uno que tenía el potencial de destruir toda la religión desde adentro. Dorothy Sayers escribió una vez: “Para ser justos con las personas que colgaron a Cristo, hemos de admitir que ellos nunca lo acusaron de ser aburrido; por el contrario, pensaban que era demasiado dinámico como para garantizar seguridad. Fueron las generaciones posteriores las que se han encargado de amortiguar esa personalidad devastadora, rodeándola con una atmósfera de aburrimiento”.1
Recuerdo haber leído la historia de mi milagro favorito en el que Jesús convirtió el agua en vino (lo sé, también es tu favorito). Estaba pensando en cómo Jesús usó su poder no solo para sanar, sino también para alentar la celebración de la vida. Sin embargo, cuando leí con más atención, noté algo que inicialmente me desconcertó y finalmente me obligó a comenzar a repensar la religión, la espiritualidad y todo aquello de lo que se trata Jesús.
Me sentí como si hubiera entrado en el estudio de grabación de El Código Da Vinci. Al igual que los personajes que observan el cuadro de Leonardo, “La última cena”, para encontrar las pistas de un misterio antiguo, yo observaba un pasaje del evangelio de Juan para encontrar el significado de algo que nunca antes había notado. Lo que finalmente encontré fue solo una breve frase que revelaba un pequeño detalle de la historia, pero que se convirtió en el ojo de la cerradura a través del cual pude ver una realidad más grande.
Sé que estoy parloteando demasiado sin decir lo que quiero decir. Eso es porque no quiero estropear la diversión. Pon atención a la historia para saber si notas lo mismo. Observa más allá del vino para descubrir el escándalo. Y aquí hay una pista: recuerda que Jesús hizo cosas con las que se ganó el favor de la gente común, mientras que, al mismo tiempo, enfureció a los líderes de la organización religiosa.
Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús se encontraba allí. También habían sido invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo:
—Ya no tienen vino.
—Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? —respondió Jesús— Todavía no ha llegado mi hora.
Su madre dijo a los sirvientes:
—Hagan lo que él les ordene.
Había allí seis tinajas de piedra, de las que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada una cabía unos cien litros.
Jesús dijo a los sirvientes:
—Llenen las tinajas.
Y los sirvientes las llenaron hasta el borde.
—Ahora saquen un poco y llévenlo al encargado del banquete —les dijo Jesús.
Así lo hicieron. El encargado del banquete probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había salido, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces llamó aparte al novio y le dijo:
—Todos sirven primero el mejor vino, y cuando los invitados ya han bebido mucho, entonces sirven el más barato; pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora.
Esta, la primera de sus señales, la hizo Jesús en Caná de Galilea. Así reveló su gloria y sus discípulos creyeron en él (Juan 2: 1-11).
¿Qué te parece ese regalo de bodas? ¡Ahí van seis tinajas enormes llenas del mejor vino! Juan aclara que esos recipientes de agua tallados en piedra pueden contener 100 litros, entre 20 y 30 galones. Esto representa un gran total de entre 120 y 180 galones de vino, que llenarían más de 2000 vasos de cuatro onzas. ¡Demasiado combustible para una fiesta!2 Es una buena forma de ingresar al nicho de mercado milagroso, ¿no crees? Pero esto es solo el principio.
El Nuevo Testamento (aquella parte de la Biblia escrita después de la venida de Jesús) fue escrito en griego. Algunas versiones bíblicas diferentes a la que uso traducen como milagro, en el versículo 11, la palabra que aquí se traduce como señal, algo que apunta hacia la verdadera naturaleza del mensaje y la misión de Jesús. Este milagro no se trata solo de proporcionar un refrigerio a los huéspedes sedientos. Aquí hay más cosas en juego.
Piensa en el simbolismo radical involucrado en este evento. La idea de convertir milagrosamente el agua en un líquido completamente diferente no debió haber sido novedosa para los invitados de la fiesta. Como judíos, deberían estar íntimamente familiarizados con la historia de Moisés, el legislador, a quien se le otorgó el poder de convertir el agua en sangre (ver Éxodo 4: 9), un símbolo del juicio de Dios. Ahora, Jesús viene con el poder de convertir el agua en vino, un símbolo de la bendición y la alegría de Dios (ver Salmo 104: 14-15). Algo estaba cambiando. En las Escrituras hebreas, escritas mucho antes del tiempo de Jesús en la tierra, Dios había profetizado que un día levantaría a un profeta “como” Moisés (Deuteronomio 18: 18).3 “Como”, esto es, que se asemejaría en algunos aspectos, pero que sería obviamente diferente. Moisés y Jesús le ofrecieron a la gente la libertad de todo lo que los esclavizaba, ya fuera Egipto, por un lado, o el pecado y el egoísmo, por el otro. Moisés logró esa libertad para el pueblo de Dios a través de demostraciones de ira y juicio de parte de Dios. Jesús la ofreció al mostrar la gracia y la misericordia de Dios. Esto no quiere decir que el Dios del Antiguo Testamento y el revelado a través de Jesús estén en desacuerdo o sean contradictorios. Solo significa que respondió de manera diferente a la humanidad en dos momentos diferentes de nuestro desarrollo y en dos contextos diferentes. Examina la relación de cualquier padre con sus hijos a lo largo de los años y verás cuán radical es el cambio en el estilo de crianza a medida que los niños maduran y las circunstancias se desarrollan.
Por supuesto, no es extraño reconocer que el mensaje de Jesús fue de bendición y alegría. Pero, mientras continuaba contemplando esa “señal”, me di cuenta de que, a través de su milagro, Jesús no solo estaba, agregándole contenidos a la tradición religiosa establecida. La estaba subvirtiendo. ¿Notas, entonces, el escándalo?
Echa un vistazo al versículo 6. Juan nos dice que Jesús no hizo que el vino se sirviera de los recipientes ordinarios reservados para el vino. Al contrario, les dijo a los sirvientes que usaran los recipientes sagrados reservados para un ritual religioso. Cuando investigué este detalle más a fondo, descubrí que una de las tradiciones de algunos grupos religiosos de ese tiempo (especialmente las de un grupo influyente llamado los fariseos) era la habitual limpieza ritual de las manos. Ellos sumergirían sus manos en agua sagrada como una forma de simbolizar un deseo de permanecer puros del pecado del mundo (ver Marcos 7: 1-4).
¿Por qué, entonces, usaría Jesús estos frascos de piedra sagrada para que contuvieran el agua convertida en vino? Con toda seguridad, había otros recipientes disponibles que podían haber contenido el néctar de la alegría. Si se habían quedado sin vino, obviamente debía haber por ahí un montón de vasijas “vacías” dispuestas a recibir el líquido milagroso. Los frascos, las jarras, las botellas, los barriles y los odres de vino (lo que fuera que estuvieran usando) estaban ahí, vacíos, a la espera de ser llenados. Entonces, ¿por qué las vasijas de piedra? ¿Por qué los iconos sagrados de la tradición religiosa? ¿Por qué hacer intencionalmente algo tan ofensivo?
Tenía ante mí un hecho inesperado, pero innegable: a través de su primer milagro, Jesús profana intencionalmente un ícono religioso. Elige deliberadamente esos recipientes sagrados para desafiar al sistema religioso, convirtiéndolos de iconos de purificación personal en símbolos de celebración relacional. Jesús nos lleva del agua bendita al vino de bodas. Del legalismo a la vida. De la religión a la relación.
Jesús parece estar diciendo que su mensaje de amor —un amor de aceptación radical— es demasiado grande para ser contenido en las viejas formas de la tradición religiosa.4 Su vino nuevo exige odres nuevos (ver Mateo 9: 17).
Yo sabía que frente a eso tenía que hacer a un lado mis presupuestos religiosos y dejar que el Jesús de las Escrituras fuera quien la Biblia dice que es, y no aquel que dos mil años de historia y tradición de la iglesia dicen que debería ser. Así comenzó mi búsqueda intencional de un Jesús tridimensional, más allá de las vidrieras de la religión que lleva su nombre.5 Quería aprender más sobre —y más de— el Jesús que cree que nuestro mundo necesita más vino y menos religión. Ahora sé que esta historia milagrosa y singular es simplemente la punta de un témpano de hielo irreligioso que se esconde en la Biblia.
Los escritores de los evangelios, los cuatro libros bíblicos que registran la vida de Cristo, usan una palabra griega fascinante para describir el efecto que Jesús suele producir en su auditorio religioso. Ellos describen a Jesús como un skandalon, es decir, un escollo, una ofensa, un escándalo. Su énfasis parece ser que Jesús es una roca sobre la cual puedes construir tu vida tanto como tropezar con ella. Cualquiera que se aferre demasiado a sus preconceptos religiosos, tarde o temprano se ofenderá con Jesús. A menos que, por supuesto, haga lo que innumerables cristianos han hecho y domestique al Jesús histórico a través de años de tradición conservadora.
Afortunadamente, el registro bíblico no permitirá que la agenda no religiosa de Jesús sea tan fácilmente descartada. Su espiritualidad subversiva fue un estilo de vida por el que estuvo dispuesto a morir y, como veremos más adelante, fue a través de su muerte que finalmente declaró el fin de la religión.
En la segunda parte, exploraremos más ejemplos del comportamiento y la enseñanza de Jesús que son escandalosos para los conservadores religiosos de cada generación. Pero antes de eso, hay algunas cosas que deben decirse, incluida la importante tarea de aclarar nuestros términos, como lo haremos en el próximo capítulo.
Eh? y R
1. Volvamos al juego de asociación de palabras.
- Si yo digo “Jesús”, ustedes dicen…
- ¿Por qué vienen a tu mente estas palabras en particular?
2. Jesús hizo una audaz declaración simbólica en la boda en Caná cuando profanó las tinajas de agua bendita con el vino de la fiesta, reemplazando así la ceremonia con la celebración. Si Jesús viniera hoy, ¿qué tradiciones sagradas o creencias de larga data crees que necesitaría desafiar para poder expresar su opinión?
3. Observa que Jesús y sus discípulos estaban en la fiesta de bodas porque fueron “invitados”. Si estuvieras en una fiesta, ¿querrías que Jesús estuviera allí? ¿Por qué sí? ¿Por qué no?
4. Una lectura detallada del texto de Juan 2 revela que el agua se convierte en vino solo cuando los sirvientes realmente siguen las instrucciones de Jesús para servirla. Al principio, Jesús no realiza el milagro para que los sirvientes vayan a contarlo a los demás. Antes bien, la participación de los sirvientes se convierte en parte de la transformación. ¿Qué lecciones hay allí para nosotros?

“El reino de los cielos es como un rey que preparó un banquete de bodas”
Mateo 22: 2

1 Sayers, Creed or Chaos?, pp. 6-7.
Capítulo 2
Religión, espiritualidad y fe
La revelación de Dios es la abolición de la religión.
—Karl Barth
El lenguaje es fluido. Cambia de forma a medida que cambian los contextos y las culturas. Por ejemplo, vivimos en un momento en que cada vez más personas hacen una distinción entre religión y espiritualidad.1
Por religión las personas tienden a referirse a los sistemas de creencias establecidos de la Realidad Última y de las instituciones que los mantienen. Utilizo la palabra religión de manera similar, para referirme a “cualquier dependencia de sistemas o instituciones, reglas o rituales como nuestro conducto a Dios. La “religión” de la que hablo en este libro es cualquier sistema de reglas, regulaciones, rituales y rutinas que las personas usan para alcanzar su meta final espiritual, sus telos, sea que llamen a eso iluminación, salvación, nirvana, unión con lo Divino o algo más. No creo que ningún sistema o institución sea la manera de conectarse con Dios, aunque estas cosas pueden brindar algún apoyo en nuestro viaje.2
Cuando hablamos de esta manera, estamos siguiendo los pasos de grandes pensadores como el filósofo existencialista Søren Kierkegaard (que distinguió entre la fe del cristianismo y la religión de la cristiandad), el teólogo suizo Karl Barth (que desafió a la iglesia a regresar a una fe centrada en Cristo), y el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer. Para muchos, este último es un héroe por enfrentarse a la religiosidad obsecuente con el régimen nazi de la Iglesia Luterana alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras estaba en prisión antes de ser ejecutado por los nazis, Bonhoeffer escribió Resistencia y sumisión: Cartas y apuntes desde el cautiverio, en el que establece la antinomia entre fe y religión y aboga apasionadamente a favor de un “cristianismo no religioso” o “sin religión”.
Cristianismo sin religión. ¡Ya veo a Jesús sonreírse!
El Jesús descrito en la Biblia ve las cosas que las personas normalmente asocian con la religión, como la oración y la peregrinación, el bautismo y el estudio de la Biblia, la asistencia a la iglesia y las donaciones caritativas, como posibles expresiones de la vida espiritual que Dios da, pero no como los medios para obtenerla. ¿Beso a mi esposa para ganar su amor? ¿O la beso para expresar el amor que ya compartimos? Uno representa la inseguridad de la religión. El otro muestra la intimidad de la fe.
El mensaje de buenas noticias de Jesús es que Dios nos da vida espiritual como un regalo, el mismo que los escritores bíblicos resumen con la palabra gracia. Por supuesto, Dios quiere que vivamos una vida buena, pero la bondad que vivimos en este mundo es un acto de gratitud por nuestra vida espiritual y no un intento religioso de ser lo suficientemente bueno para ganar esa vida.
Los primeros seguidores de Cristo enseñaron que vivir una vida buena y amorosa debe ser la expresión alegre de una persona que ha recibido la vida eterna, la salvación, como un regalo (véase Romanos 6: 23). No debemos cargar con el fardo de tratar de vivir una vida excepcionalmente buena que nos califique como candidatos a la salvación. El Nuevo Testamento alienta a los seguidores de Cristo a una vida amorosa por gratitud, no por temor a perder su lugar en el cielo. ¿Qué tipo de matrimonio amoroso construiría con mi esposa si la tratara amablemente solo por temor a que ella se divorciara de mí si yo no lo hiciera? ¿Qué clase de hijo sería si honrara a mis padres ancianos solo porque quiero la recompensa de su herencia? ¿Qué clase de padre sería si tratara a mis hijos con amor solo porque temo que, si los abuso, me hicieran daño? Más bien, yo muestro mi amor hacia mi familia a partir de un sentido de privilegio y gratitud por nuestra relación y porque ese amor ha ganado mi corazón.
El apóstol Pablo solía expresar esa idea cuando escribía a la primera generación de seguidores de Cristo:
Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica (Efesios 2: 8-10).
Observa que el regalo de la vida espiritual es lo primero. Las buenas obras vienen como resultado. Ese tipo de buen comportamiento no es como el intento de un prisionero que busca impresionar al director del penal para lograr la libertad condicional anticipada. Más bien, es la expresión alegre y agradecida de un prisionero liberado inesperadamente. El motivo es la ausencia de miedo, no su presencia. El apóstol Juan escribió: “… el amor prefecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4: 18).
Este es el yugo “fácil” de Jesús del que hablamos en el prefacio. No tenemos que trabajar para la salvación, ya sea que esas obras sean genéricas, buenas acciones o comportamientos expresamente religiosos, como la oración, el estudio de las Escrituras u otros rituales. Dios nos da la salvación, la vida, el amor y todo lo que necesitamos por adelantado, incluido un propósito en este mundo. Ese es su regalo para nosotros (ver Romanos 6: 23). Cuando nos damos cuenta de esto, cuando esa declaración penetra hasta la profundidad de nuestros huesos, vivimos, entonces, una vida que expresa gratitud al amar a Dios y a los demás. Hacer lo contrario sería falso y forzado.
Las personas religiosas pasan por alto este mensaje y recurren a los rituales y regulaciones, la ética y las actividades que se les prescriben como la manera de lograr lo que Dios ya les ha ofrecido como regalo. Al hacerlo, se pierden la vida de Dios y no satisfacen su sed espiritual.
Imagínate a una persona sedienta que sostiene una copa de agua. Ahora, imagina que esa persona lame el exterior de la copa en un intento de calmar su sed. Esa es una imagen de la religión. Las personas religiosas tienden a centrarse en la copa y olvidarse de los contenidos. Discuten sobre qué copa es la mejor, pero se olvidan de beber de alguna de ellas. Algunas copas están recargadas de adornos y otras son simples. Las personas se sienten atraídas por los diferentes estilos de recipientes, pero ninguno de ellos los sacia. No digo que no haya copa que no pueda ofrecer algo refrescante, solo que la religión en sí no es lo que refresca. De hecho, cuando creamos que hemos encontrado la copa apropiada, probablemente debamos descartarla, porque entonces habremos confundido los contenidos con el recipiente, la sustancia con la estructura, la fe con la forma. La fe puede expresarse en muchas maneras, pero eso no es lo que satisface. La Biblia llama idolatría al proceso de confundir la forma con la sustancia, y les sucede todo el tiempo a personas bienintencionadas.
La Biblia cuenta una historia de un día en que Dios usó la estatua de una serpiente para ayudar a generar fe entre su pueblo. Unas serpientes venenosas empezaron a atacar a los israelitas durante su travesía por el desierto y muchos morían. Ellos clamaron a Dios para que eliminara a las serpientes, pero, en lugar de eso, Dios propuso un plan más creativo.3 Él podía sanarlos a todos de una vez y por cuenta propia, pero, como normalmente suele hacer, encontró una manera de asociarse con su gente para producir resultados. Así que hizo que Moisés construyera una estatua de serpiente y les dijo a los israelitas que miraran a la estatua de la serpiente con fe para que hubiera sanidad. La estatua fue una idea de Dios y cumplió bien su propósito (ver Números 21: 4-9). Sin embargo, más adelante en la Biblia, encontramos que las personas se enamoraron tanto de la estatua de la serpiente que comenzaron a adorarla en lugar de al Dios que se las había dado (ver 2 Reyes 18: 4). Lo que estaba destinado a ser un regalo de Dios se había convertido en un ídolo, un obstáculo para su relación directa. En lugar de adorar a Dios, terminaron por adorar la forma que tomó su poder en algún momento de sus vidas. Terminaron lamiendo la copa.
A veces, las personas que saben que soy un seguidor de Cristo me preguntan si creo que todas las religiones llevan a Dios. Supongo que esperan que yo sostenga que solo la religión cristiana es el camino a Dios o que dé la respuesta abierta de que todas las religiones lo hacen. En lugar de eso, elijo una tercera alternativa. Les digo que no creo que todas las religiones conduzcan a Dios porque ninguna religión conduce a Dios. La religión no lleva a la gente a Dios más de lo que una copa apaga la sed.
El relato de la Biblia es la historia de Dios que quiere que vayamos a él directamente, que nos ofrece herramientas para ayudarnos en nuestra relación, y que luego observa cómo se resquebraja nuestro corazón cuando nos enamoramos de las herramientas, en lugar de acercarnos a Dios. A través del profeta hebreo Jeremías, Dios expresa su decepción por nuestras tendencias:
“Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo:
Me han abandonado a mí,
fuente de agua viva,
y han cavado sus propias cisternas,
cisternas rotas que no retienen agua”. (Jeremías 2: 13)
Dios mismo es la fuente de agua viva que quita la sed humana (véase también Jeremías 17: 13). Dios no le dice a su gente: “Oigan, escuchen, lo están entendiendo todo al revés. Están bebiendo del vaso equivocado. ¡Elijan el vaso correcto y luego me agradarán!”. ¡No! El Dios de la Biblia no aboga por una “copa” correcta con la que podamos experimentar su amor que aplaca la sed. Más bien, Dios nos invita a acercarnos directamente a él, la fuente de las aguas vivas. Y encima de eso, cuando nos negamos a acercarnos, él viene a nosotros y nos ofrece darnos su Espíritu, plantándolo en nuestro interior, su Espíritu que apaga nuestra sed. Esa es la historia de Jesús (ver Juan 4: 7-14; 7: 37-39).
Hay muchas profecías del Antiguo Testamento sobre el fin de la religión, y todas ellas se hacen concretas hasta cierto punto en la vida de Jesús. Por ejemplo, el profeta Isaías dice:
“Olviden las cosas de antaño;
ya no vivan en el pasado.
¡Voy a hacer algo nuevo!
Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta?”
Estoy abriendo un camino en el desierto,
y ríos en lugares desolados”. (Isaías 43: 18-19).
¿Puedes darte cuenta de la metáfora líquida? La Biblia a menudo compara el Espíritu de Dios con líquidos como el agua, el aceite, la leche o el vino. Jesús usó esa imagen líquida para proclamar el fin de la religión. Otros dos profetas hebreos predijeron un momento en que el “agua viva” fluiría desde el templo en Jerusalén hacia el resto de la tierra, trayendo un refrigerio espiritual a todas las personas (ver Ezequiel 47: 1-12; Zacarías 14: 8-9). Era una imagen vívida de la renovación global. Pero ¿cómo se cumpliría esa profecía? ¿Cómo se concretaría esa profecía líquida en la vida “real”? Las profecías pictóricas son tan difíciles de interpretar. El agua gorgotea desde debajo del templo y fluye hacia afuera para inundar la tierra seca y sedienta. ¿Qué significaba esa visión? ¿Adoraría un día el mundo entero al Dios de Israel al venir al templo judío para ofrecer sacrificios de animales? ¿Por qué la profecía describe el agua que fluye del templo a todo el mundo en lugar de representar a las personas que vienen a beber al templo?
Jesús creyó en esa profecía, pero creyó que se cumpliría de una manera radical que nunca se había escuchado. Su mensaje subversivo a la gente religiosa de su época fue que él reemplazaría el sistema de sacrificios del templo y que, a través de él, todo el mundo podría recibir la bendición de Dios directamente. El agua dadora de vida de las profecías saldría de él, el nuevo templo. Como veremos con mayor detalle en la parte 2, Jesús actuó como si su propia vida y muerte reemplazaran todo el sistema de sacrificios del templo. El mismo Jesús asumiría el papel de los tres: el del cordero sacrificial, el del sacerdote que ofrece el sacrificio e, incluso, el del templo. Jesús creyó que la profecía se cumpliría y que el “agua viva” fluiría del Templo, pero no como alguien lo hubiera podido anticipar. Él era el nuevo templo, y haría posible que todos nosotros llegásemos a ser parte integral de esa nueva realidad.
Jesús hizo público este mensaje en Jerusalén en un festival religioso llamado la Fiesta de los Tabernáculos. Uno de los rituales en esa celebración de varios días consistía en una procesión que llevaba agua al Templo, donde se vertía sobre el altar como una ofrenda simbólica. Aprovechando esta imagen acuática, Jesús tomó la iniciativa:
En el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó:
—¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva.
Con esto se refería al Espíritu que habrían de recibir más tarde los que creyeran en él (Juan 7: 37-39. Ver también Juan 4: 7-14).
Observa que Jesús no solo está agregando algo nuevo a la religión de su época. Con esta oferta, la está suplantando. A través de Jesús, Dios vendría y moraría dentro de los individuos, animándolos con su presencia refrescante, desde adentro hacia afuera. Los fieles religiosos ya no necesitarían viajar a un lugar especial para reunirse con Dios. En cambio, el Espíritu de Dios estaría con ellos, en ellos, y fluiría de ellos a través de la fe.
Puede parecer que Jesús simplemente está reemplazando un intermediario entre Dios y la humanidad (el templo) por otro (él mismo). Pero eso es solo la mitad de la historia. Si Jesús realmente es Dios viniendo a nosotros en la carne, nuestro tema para el capítulo 14, entonces las palabras de Cristo cobran un nuevo significado. A través de Jesús, Dios está diciendo que Dios es el camino a Dios. En otras palabras, Dios quiere relacionarse con nosotros de manera directa, y por eso ha venido directo a nosotros en una forma con la que podemos relacionarnos.
Hoy en día, muchas personas usan el término “espiritualidad” de la misma manera que Jesús usó la palabra “fe” para describir la relación que uno tiene con la Realidad Última; directa, más allá de los sistemas e instituciones de la religión. Algunas personas religiosas se sienten amenazadas por este tipo de conversación. Personalmente, me siento alentado porque creo que por fin estamos alcanzando lo que Jesús ha estado diciéndonos durante más de dos mil años.
El Jesús descrito en la Biblia nunca usa la palabra religión para referirse a lo que vino a establecer, ni invita a las personas a unirse a una institución u organización en particular. Cuando habla de la “iglesia” se refiere a las personas que se reúnen en su nombre, no a la estructura en que se encuentran o a la organización a la que pertenecen (ver Mateo 18: 15-20). Y cuando habla de conectarse con Dios, no siempre habla de religión sino de “fe” (Lucas 7: 50; Juan 3: 14-16). Jesús nunca ordena a sus seguidores que adopten credos o códigos de conducta detallados, y nunca instruye a sus seguidores a participar de rituales religiosos exhaustivos. El trabajo de su vida fue deshacer los nudos que unían a las personas a la tradición ritual y vacía.
Al mismo tiempo, Jesús nunca enseñó que las personas podrían experimentar la verdadera espiritualidad si simplemente cortaran con esos mismos rituales religiosos. Te invito, por favor, a que entiendas (y esto es importante) que convertirse en un desertor de la religión no es más espiritual en sí. Jesús enseñó que el secreto era un cambio de corazón, no un cambio de expresión religiosa. No solo quería que la gente dejara de lamer la copa, ¡quería que bebieran su contenido!
He conocido a muchas personas que se llaman a sí mismas espirituales como una manera de decir que ya no les importa ir a la iglesia, la sinagoga, la mezquita o el templo. Sin embargo, ser espiritual no se trata de lo que no haces. Sí, por supuesto, caminar por el bosque puede ser una experiencia espiritual, pero también puede ser solo un paseo por el bosque. Del mismo modo, ir a la iglesia puede ser una experiencia espiritual o puede ser una simple tradición religiosa. El meollo del asunto es el corazón humano.
Hay una diferencia, una supremamente importante, entre relacionarse con Dios a través de sistemas de doctrinas, códigos de conducta, tradiciones heredadas o instituciones de poder, y hacerlo de forma directa, de alma a alma, de mente a mente, de corazón a corazón. Jesús enseñó esta distinción, vivió este mensaje y fue asesinado debido a sus implicaciones.
En una escena escandalosa registrada en Juan 4, Jesús inicia una conversación con una mujer samaritana con una reputación vergonzosa. El hecho de que él tenga esta conversación desafía múltiples fronteras religiosas. En primer lugar, habla con una persona samaritana (enemigos étnicos y religiosos de los judíos del siglo I). En segundo lugar, conversa con una mujer (en una época en que los líderes religiosos enseñaron que un hombre nunca debía hablar con una mujer en público, ¡ni siquiera con su propia esposa!). En tercer lugar, interactúa con una “pecadora” conocida, una mujer sexualmente quebrantada, de mala fama. A esta persona poco probable Jesús le revela el plan de Dios para la humanidad: inaugurar una nueva forma de comunicarse directamente con él.
En su conversación, la mujer plantea el tema de un debate religioso en curso entre judíos y samaritanos: ¿en qué monte sagrado se debe adorar a Dios? Es un debate que aún se discute en la actitud mi-religión-es-mejor-que-la-tuya de tantas personas religiosas. Jesús responde con palabras sobresaturadas de connotaciones irreligiosas:
—Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre... Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es Espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad” (Juan 4: 21, 23-24).
Este tiempo de conexión espiritual pura con lo Divino no está solo “por venir”, sino que está “aquí y ahora”, dice Jesús. La presencia misma de Jesús cambia el concepto mesiánico judío de anticipación del reino de Dios en la tierra a una disposición de realización presente. ¿Y qué se va a realizar ahora? ¿Qué dice Jesús que está inaugurando con su venida? Una espiritualidad que trasciende cualquier sistema religioso.
La espiritualidad, la fe, que Jesús vino a traer no depende del lugar o del procedimiento, sino de una relación interna con Dios. Dios está más allá de cualquier templo o etnia, y aquellos que lo adoren aceptando ese rasgo de irreligiosidad deben abrazar esa realidad (más sobre este concepto en la parte 2). La clave para superar las barreras religiosas que impiden la unidad es eliminar la religión como nuestra principal fuente de identidad. Las formas externas pierden sentido cuando abrazamos y cultivamos una relación interna de amor padre-hijos entre Dios y nosotros. Dios no es solo el Gobernante de un cosmos; él es el padre de una familia. Jesús desafió a esta mujer a cruzar las fronteras de su religión enfocada físicamente en su familia espiritual. Creo que hoy nos ofrece la misma invitación.
Pocas cosas requieren más coraje y humildad que repensar nuestra propia cosmovisión. En la medida en que hayamos establecido nuestra identidad en un marco específico, puede sentir que estamos perdiendo nuestro sentido del yo al cuestionarlo. Quizás es por esto que Jesús le habló de la necesidad de “nacer de nuevo” a un hombre religioso arraigado en su propia cosmovisión (ver Juan 3: 18).4 Sí, podemos lamentar la pérdida de nuestra antigua identidad, pero hay una nueva vida al otro lado de ese proceso de muerte y resurrección personal.
Soy una de las personas de un sector cada vez más numeroso cuya vida fue tocada por la espiritualidad irreligiosa del rabino de Nazaret. Al mismo tiempo, me entristece profundamente —y, a veces, me enoja— la variedad de formas en que una religión que lleva su nombre ha codificado su enseñanza y conceptualizado e institucionalizado su ejemplo, por lo que a menudo pierde su mensaje.
Estoy convencido de que, correctamente entendido y plenamente abrazado, el mensaje de Jesús puede transformar nuestras vidas de una manera que ninguna religión jamás podría. Entonces, cuando alguien me dice: “Soy espiritual pero no religioso”, imagino que Jesús suspira de alivio.
Al mismo tiempo, convertirse en una persona espiritual o de fe nunca debe ser un fin en sí mismo. Nuestro objetivo no debe ser simplemente “tener fe” ni “ser espiritual” como si valiera la pena perseguir esos ideales por sí mismos. La fe y la espiritualidad son conceptos que conectan, que describen la conexión que podemos tener con algo o alguien más allá y dentro de nosotros mismos. Nuestro mundo está lleno de personas que dicen “soy espiritual”, como si la espiritualidad fuera su objetivo; eso que han estado buscando toda su vida. Son como las personas que se describen a sí mismas como “románticas” en los sitios de citas por Internet, pero que nunca tienen a nadie en la vida con quienes ser románticas. Su “romance” es solo un ideal vacío sin una relación dentro de la cual lo puedan expresar. El hecho de que lloremos cuando vemos películas o leemos novelas no significa que seamos románticos; eso solo significa que somos sentimentales. Al mismo tiempo, que no nos guste la religión no significa que seamos espirituales. La pregunta es ¿con quién eres espiritual?
De la misma manera, la fe se trata de dos personas involucradas en una relación basada en la confianza. La fe funciona en una vida humana como una ventana funciona en un hogar. Una ventana no es algo que se cuelga en una pared para que se vea como una imagen, sino que es un espacio para mirar a través de él la belleza exterior. Una ventana no es hermosa en sí misma, y mirarla sin observar lo que se contempla gracias a ella cancela el sentido que tiene. Del mismo modo, la fe en sí misma nunca es la meta final. No me considero una “persona de fe”, sino un seguidor de Cristo, y ese acto requiere fe.
Abraham Joshua Heschel refleja este sentimiento cuando escribe:
El tema de la oración no es la oración;
El tema de la oración es Dios.5
La fe, como la oración, debe ser una forma de conectar con Dios. He hablado con muchas personas que buscan espiritualmente y que luchan para encontrar alguna satisfacción porque usan la ventana de la fe más como un espejo. Han visto su propio reflejo en el cristal de la ventana y se han olvidado de ajustar su profundidad de enfoque, de mirar más allá de ellas mismas para ver la belleza que las rodea, la belleza que es Dios. En la actualidad hay muchos libros, seminarios y cursos disponibles, muchos de ellos muy populares, que solo fomentarán esa tendencia a usar la ventana de la espiritualidad más como un espejo. Después de todo, ¿no somos nosotros nuestros sujetos favoritos? Pero la fe es demasiado preciosa como para que el narcisismo la aborte.
Así que, si te consideras una persona espiritual, permíteme darte un consejo ahora que estamos al comienzo de este libro. Usa la ventana de la fe para ver más allá de ti. Ajusta tu profundidad de enfoque. Mira a través de la ventana. Otros dispositivos, además de la espiritualidad, pueden funcionar como mejores espejos, si eso es lo que está buscando; pero si estás leyendo este libro, confío en que estás buscando algo más que un mero reflejo. La verdad es que te ves bien. Te sienta bien la manera en que has peinado tu cabello. No tienes nada desagradable atrapado entre tus dientes. Ya podemos dejar de contemplarnos a nosotros mismos. Miremos por la ventana para ver qué hay allá afuera.
¿Eh? y R
1. Al igual que la palabra tronco, la gente usa la palabra religión para significar cosas diferentes. Para los propósitos de este libro, estoy usando la palabra religión para referirme a “confiar en los sistemas o instituciones como nuestro conducto a Dios”, y uso la palabra espiritualidad para referirme a “una conexión directa con lo Divino”, resumido en el uso que Jesús hace de la palabra fe, una palabra relacional que significa “confianza”.
¿Cuál ha sido tu experiencia con la religión?
¿Cuál ha sido tu experiencia con la espiritualidad?
¿Cuál, si hubo alguna, ha sido tu experiencia con Jesús?
2. ¿De qué manera has observado que la gente “lame la copa” en nuestro mundo de hoy?
3. En Juan 4, Jesús dice que Dios quiere que la gente lo adore “en espíritu y en verdad” (4: 24). ¿Qué crees que describe cada una de esas cualidades?
4. Haz una autoevaluación honesta. ¿Qué tan fuerte es la tendencia a quedarse en los problemas relacionados con la “copa”? Esto puede darse de dos maneras:
Tus actitudes, ¿muestran que tiendes a lamer cualquier copa para refrescarte espiritualmente?
¿O tiendes a rechazar todas las copas, arrojándolas afuera en un esfuerzo por no ser religioso, no importa si en el proceso pierden el valor de sus contenidos?
5. Más autoevaluación: ¿Puedes pensar maneras en que tiendes a usar la fe y la espiritualidad como espejos en lugar de ventanas?

“Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren”.
—Juan 4: 23

1 Ver “Spirited Away: Why the End Is Nigh for Religion”, el artículo central del periódico británico The Times, 4 de noviembre de 2004, obtenido de: http://www.timesonline.co.uk/tol/life_and_style/article502475.ece Igualmente valioso es el artículo de Paul Chamberlain “The Quest for Spirituality”, Faith, septiembre/octubre de 1997, disponible en: http://www.christianity.ca/faith/faith-and-thought/2003/11.001.html; y libros como The Spiritual Revolution: Why Religion is Giving Way to Spirituality, por Paul Heelas y Linda Woodhead. A decir verdad, algunos podrían hablar de estar viviendo una “experiencia religiosa” para referirse a un encuentro espiritual profundo con Dios. La gente usa palabras como espiritual y religiosa de manera diferente. Eso sí, cuando alguien me dice que es una persona religiosa yo presto mis oídos para capturar el sentido y el espíritu subyacentes a las palabras antes que discutir por las palabras como tales, lo cual explica por qué en este capítulo defino los sentidos en que uso esas palabras. Toda conversación exige una cierta cantidad de traducción por el simple hecho de que la gente usa los términos de manera diferente. Hay que estar alerta. Es muy fácil enredarse en discusiones, debates y argumentaciones que no se ocupan de nada que sea de valor sustancioso sino que se quedan en la superficie de las etiquetas que usamos para describir nuestras opiniones. Esas peleas en torno a palabras son las que dividen a la gente innecesariamente y nos distraen a todos de nuestra búsqueda primordial de la verdad (ver 2 Timoteo 2: 14, 23; 1 Timoteo 6: 4).
Capítulo 3
Martes de rosas azules
Todo lo que necesitas es amor.
—Los Beatles
A menudo, Jesús enseñó a través de historias de la vida cotidiana llamadas parábolas, y ahora es mi turno. Así que reúnanse, chicos y chicas. Es la hora del cuento con el tío Brux.
Bob y Sue Prunebottom tenían algunos años de matrimonio cuando Sue se vio en la necesidad de reclamarle a Bob por la falta de romance que estaban experimentando. Atrás habían quedado los días en que era él quien daba los primeros pasos para que los dos disfrutaran momentos emocionantes e inesperados que los unían de la forma más romántica. Ahora, su matrimonio se alimentaba de una dieta constante de rituales y rutinas predecibles que mantenían la estabilidad pero erosionaban la pasión. Es entendible que no fuera suficiente para Sue. Bob la escuchó, estuvo de acuerdo y se comprometió a tomar la iniciativa para ayudar a reavivar algo del antiguo romance que habían compartido juntos.
Un martes por la noche, alrededor de las seis y media, sonó el timbre de la puerta. ¡Ding, dong! Sue fue a abrirle a la pequeña Maureen Tupperman, su niñera habitual. Se sorprendió porque sabía que no había reservado a Maureen, y aún más cuando la jovencita explicó: “El señor Prunebottom fue el que me pidió que viniera”. Era un buen comienzo. ¿Bob había llamado a la niñera por su cuenta?
Parecía que sí. Bob se acercó a la puerta, saludó a Maureen y le pidió a Sue que subiera y se pusiera todo lo que se le ocurría que podría hacerla lucir bien en algún lugar chic de la ciudad. ¡Qué maravilla! El romance renacía.
Sue regresó unos minutos después con un hermoso vestido rojo y se fueron juntos. Se detuvieron en el estacionamiento de un pequeño y lujoso restaurante italiano. Cuando entraron por la puerta principal, el administrador los saludó alegremente. “Su mesa está lista, señor Prunebottom”, dijo, con una sonrisa cómplice, y los llevó a una mesa encantadora para dos, iluminada con velas, en un rincón discreto y acogedor del restaurante. Una tarjeta con el nombre de Sue la esperaba en su sitio, en la mesa. Ella la abrió y descubrió algo hermoso. No era la tarjeta habitual para momentos especiales que Hallmark fabrica con un mensaje estándar y la firma de Bob. Era una tarjeta simple, sin mensaje manufacturado, sino más bien una nota escrita a mano y muy reflexiva que Bob había escrito sobre su amor y su deleite con Sue. A medida que avanzaba la noche, la pareja disfrutaba de una conversación verdaderamente significativa a la luz de las velas y el vino. Cuando llegó el postre, Bob buscó debajo de la mesa y sacó la flor favorita de Sue, una rosa azul única y espectacular. Su consideración tan detallista fue un regalo precioso para ella. Se emocionó hasta las lágrimas.
Lo que vino después fue una de las semanas más maravillosas de su vida matrimonial. La intencionalidad, la atención plena y la iniciativa creativa de Bob llenaron a Sue de renovadas esperanzas para el futuro. Por su lado, él sentía que se había convertido en el marido que siempre había querido ser. “¿Cómo puedo hacer que esto dure?”, se preguntó.
El martes siguiente, exactamente a las seis y media de la tarde, sonó el timbre de la puerta: ¡Ding, dong! Efectivamente, era nuevamente la joven Maureen Tupperman. Sue se sorprendió otra vez, especialmente cuando supo que el señor Prunebottom había vuelto a hacer los arreglos. “¡Dos semanas seguidas!” pensó Sue. “¿Qué tal si me acostumbro a esto?”.
Le pareció extraño que Bob le pidiera que se pusiera el mismo vestido rojo que había usado la semana anterior, pero se preparó de muy buena gana para otra noche juntos. Cuando se detuvieron en el estacionamiento del mismo restaurante italiano, Sue pensó para sí misma que, esta vez, Bob podría no haber sido tan creativo, pero una noche especial era una noche especial, y ella estaría feliz con su velada juntos. Sue se conmovió nuevamente cuando encontró una tarjeta esperándola en la misma mesa en el rincón discreto y acogedor del restaurante. Pero su deleite se convirtió en decepción cuando vio que Bob había escrito casi exactamente las mismas palabras en el interior. Ahora, la noche empezaba a sentirse menos romántica y más extraña. Sin embargo, decidió disfrutar de la noche. No se permitió, entonces, reparar en la falta de creatividad de Bob. Él pidió exactamente la misma comida que la semana anterior y, a medida que avanzaba la noche, Sue se dio cuenta de cómo él manipulaba la conversación para que girara en torno a básicamente el mismo territorio de la semana anterior. A esas alturas, Sue casi que podía escuchar la banda sonora de Crepúsculo en la trastienda de su mente. Cada vez que intentaba llevar la conversación en una nueva dirección, Bob parecía encontrar una manera de volver a los mismos temas, las mismas preguntas, incluso los mismos chistes que se habían contado el martes anterior. Para Sue, la noche ya pasaba de extraña a sofocante. Una parte de ella quería huir, otra, quería darle a Bob todos los beneficios de la duda. Quizás, el chiste acabaría pronto. No fue una sorpresa que, al llegar el postre, Bob buscara debajo de la mesa y sacara... ¡ajá! Adivinaste. Una-rosa-azul. Sue la recibió con gratitud cortés, pero, en esta ocasión, las lágrimas que brotaron de sus ojos fueron por una razón diferente.
Bob y Sue disfrutaron de una relación cordial pero ligeramente distante esa semana, hasta el martes por la noche, a las seis y media de la tarde, cuando Sue escuchó ¡ding, dong! Una vez más, Bob manipuló a Sue a través del guion de una noche de supuesto romance. No hubo muchas diferencias en relación con los dos martes anteriores. Sue cayó en el más completo desánimo. Las escenas de Bill Murray en El día de la marmota no hacían más que atiborrar su mente. Efectivamente, el martes siguiente a las seis y media de la tarde, ¡ding, dong! Y una semana después, ¡ding, dong! Y así sucesivamente, y, una vez más, martes tras martes, rosa azul tras rosa azul.
Si hoy le preguntaras a Bob cómo está su matrimonio, probablemente sonría con un sentido de satisfacción y diga: “Soy religiosamente romántico con mi esposa”. Hasta es posible que presuma haber encontrado el secreto para una relación exitosa y te invite a seguir su sistema para un matrimonio saludable.
Si le preguntaras a Sue cómo van las cosas, ya sabes que puedes obtener una opinión diferente. Lo más probable es que ella se eche a llorar y luego te diga que se siente atrapada, encarcelada en una relación sin amor por alguien que tiene buenas intenciones, pero que no tiene ni idea de qué se trata la relación. Yo me pregunto si así es como se siente Dios a veces.
Bob confundió la forma con la sustancia. Convirtió su relación en una especie de religión. Perdió el corazón de su conexión con su esposa. El hecho es que, después de meses de la rutina de la cena de Bob, Sue bien podría cenar con cualquiera que hubiera memorizado su tradición de salidas románticas. El amor era innecesario. El sistema que Bob creó le permitía funcionar en piloto automático.
Esto ilustra por qué Jesús siempre, SIEMPRE, pone el énfasis de su enseñanza en los problemas del corazón, no en las rutinas de comportamiento. Si el corazón es correcto, las acciones de amor lo serán en consecuencia.
Por ejemplo, Jesús no está contento con las personas que siguen el mandamiento “No matarás”. Él, en cambio, señala que una persona podría pasarse toda su vida evitando el asesinato y aun así tener un corazón lleno de odio en lugar de amor. “Atiendan el problema del corazón, y no solo las personas no se matarán entre sí, sino que se amarán unas a otras (ver Mateo 5: 17-48). La meta de Jesús para sus seguidores nunca es solo una vida sin pecado, sino una vida llena de amor.
Rutinas rituales. Costumbres. Tradiciones. Esos trámites se pueden seguir para realzar o matar la intimidad. Con el tiempo, la reflexión intencional se puede perder, ya que las rutinas pueden pensar por nosotros. Nos quedamos con algo que se ve bien en el exterior, pero que está lleno de nada más que los huesos de una relación que falleció tiempo atrás. Eso es cierto para cualquier relación romántica, incluida nuestra relación con Dios. Jesús criticó a los líderes religiosos de su época por eso: “¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas, que son como sepulcros blanqueados! Por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre” (Mateo 23: 27).
¡Ay, ay! Duele. Eso va a dejar una cicatriz.
No me malinterpretes. Muchas parejas tejen una maravillosa rutina romántica en el ritmo de su relación, y así disfrutan una regularidad que, en el caso de Bob y Sue, se había convertido en una rutina de muerte. Otra pareja podría comer en el mismo restaurante con regularidad porque se conocieron allí por primera vez y el ambiente les recuerda su historia romántica. Para ellos, la regularidad mejora su intimidad, la forma complementa la sustancia de su relación. No hay nada intrínsecamente incorrecto con el patrón. Pero cuando el patrón es todo lo que les queda, el amor se va. Lo mismo ocurre con toda tradición religiosa.
Debemos recordar que el enemigo no es la tradición en sí, sino la dependencia total de ella y de la rutina hasta el punto en que nos desconectamos de la intimidad pensada, decidida e intencional. Dios detesta que eso suceda. Más de una vez en la Biblia, cuando Israel insistía en sus tradiciones religiosas, pero olvidaba el corazón de todo, se lo dijo:
“Yo aborrezco sus fiestas religiosas;
no me agradan sus cultos solemnes.
Aunque me traigan holocaustos y ofrendas de cereal,
no los aceptaré...
Aleja de mí el bullicio de tus canciones:
no quiero oír la música de tus cítaras.
¡Pero que fluya el derecho como las aguas,
y la justicia como arroyo inagotable!” (Amós 5: 21-24; ver también Isaías 1: 10-18).
Seguramente, estas palabras son igualmente aplicables a la iglesia cristiana. En el capítulo 4 echaremos un vistazo a la fealdad de la historia de la iglesia cuando los cristianos cometen el mismo error, siguiendo los movimientos religiosos, pero olvidando el corazón de Cristo. Y, como música de fondo, es posible que escuchemos el eco de la voz de Dios en el pasaje anterior: Yo aborrezco sus fiestas religiosas cuando ustedes no viven su fe con la totalidad de sus vidas.
¿Eh? y R
1. ¿Cuáles son tus reacciones a la “parábola” en este capítulo? ¿Te ves en la historia? ¿Ves a Dios?
2. Si vemos a una pareja en el mismo restaurante cada semana, ¿podemos juzgarlos por haber perdido el amor en su relación? Del mismo modo, si conocemos personas que participan en rutinas o tradiciones diarias o semanales para mejorar su vida espiritual, ¿podemos juzgarlas por ser demasiado religiosas?
3. ¿Cómo crees que las tradiciones y las rutinas pueden...
… ayudarnos a desarrollar nuestras vidas espirituales? Piensa en ejemplos.
… obstaculizar nuestro crecimiento espiritual? Piensa en ejemplos.

“¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Limpian el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno. ¡Fariseo ciego! Limpia primero por dentro el vaso y el plato, y así quedará limpio también por fuera”.
—Mateo 23: 25-26, MSG

Capítulo 4
La cámara de los horrores
No rechazo a tu Cristo, amo a tu Cristo. Es solo que muchos de ustedes, los cristianos, son tan diferentes a su Cristo.
—Gandhi
Si la historia de la religión se convirtiera en una serie de exhibiciones en un museo de cera, los visitantes podrían pensar que han entrado a la cámara de los horrores. Una pieza central del museo sería un cuerpo que se tambalea hacia ti, aparentemente animado, pero sin cabeza. La placa descriptiva diría: “La Iglesia institucional a lo largo de gran parte de su historia”.
Los primeros discípulos de Jesús pensaban que estaban íntimamente conectados con Cristo, como un cuerpo a su cabeza (ver Romanos 12 :45; 1 Corintios 12: 12-14; Efesios 4: 15-16; Colosenses 2: 19). Jesús, como la cabeza del cuerpo de Cristo, era el líder, el que tomaba las decisiones. Llamó a sus seguidores a vivir vidas radicales de pacificación activa, valiente noviolencia, perdón ilimitado y amor centrado en los demás (véase Mateo 5: 38-47; Lucas 6: 27-36). Sin embargo, con el tiempo, la iglesia institucional parece haberse separado de su cabeza, y como resultado se convirtió en una de las religiones más violentas de la historia.
Recientemente, con mi esposa, Nina, fuimos a cenar a la casa de un ateo apasionado, cuyo desdén vehemente por la religión cristiana se hizo evidente desde el comienzo de la noche. Sacó de un estante su preciada enciclopedia de varios volúmenes sobre los horrores cristianos, la trajo al comedor y la dejó caer sobre la mesa con un golpe dramático. Los libros ofrecían un recorrido detallado a través de la historia de la iglesia; hechos sombríos que probablemente los textos de estudio en los seminarios bíblicos no destacan. Mi anfitrión, obviamente bien preparado para este momento, me desafió: “¿No dijo Jesús que podríamos conocer un árbol por sus frutos?”.
“Sí”, asentí. Mi anfitrión se refería a lugares en la Biblia donde Jesús usa la analogía de los frutos buenos y malos para advertir sobre falsos profetas y falsos maestros espirituales, diciendo cosas como:
Por su fruto los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un buen árbol no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán (Mateo 7: 16-20).
“Bueno, entonces, ¿no es concluyente? —continuó, con una mano en los libros— ¡El árbol que Jesús comenzó da demasiados frutos malos! Por las propias palabras de Jesús, su camino debe ser rechazado”.
Pensé que mi anfitrión tenía un buen punto a su favor. Todos deberíamos poner a prueba la historia de la religión cristiana, sometiéndola al criterio que Jesús estableció y probar el fruto para ver si es bueno. Por supuesto, el punto de esta persona era que, si consideramos que la historia de la iglesia es el fruto de la enseñanza de Jesús, y luego aplicamos el criterio de Jesús, tenemos que concluir que el “árbol” de la enseñanza de Jesús es malo. No estoy de acuerdo con esa implicación por razones que compartiré en un momento, pero el ejercicio valió la pena.
Soy consciente de que los cristianos son responsables de muchos ejemplos maravillosos de caridad y benevolencia a través de los siglos.1 Sin embargo, esos ejemplos positivos no pueden ni deben deshacer los efectos repulsivos del fanatismo y la violencia horrible que han permeado la historia de la iglesia. La historia de la religión cristiana es como una fruta dulce infestada de gusanos. ¿Cómo puede alguien apreciar la dulzura de la fruta cuando acaba de morder un insecto? No sirve de nada recordar el delicioso sabor de la fruta. Los gusanos lo estropean todo.2
Así que, tengamos el valor de plantearnos la pregunta: si, de acuerdo con Jesús, podemos reconocer un árbol por su fruto, y si la historia de la iglesia es el fruto de la enseñanza de Jesús, entonces, ¿no deberíamos rechazar a Jesús como el árbol malo que produce esa cosecha? Este tema lo vamos a explorar en las próximas páginas, pero, por ahora, permíteme contarte lo que le dije a mi anfitrión esa noche.
La historia de la iglesia no es un ejemplo de cómo las enseñanzas de Jesús produjeron malos frutos, sino de cómo sus enseñanzas fueron completamente ignoradas, racionalizadas o trivializadas, y de ahí vienen los frutos malos. La mayoría de las personas que son hostiles al cristianismo se dan cuenta de que Jesús no tiene la culpa. De hecho, juzgan y condenan con razón a los cristianos en términos de lo que Jesús enseñó.
El actual desafío para todos los aspirantes a ser seguidores de Cristo es participar en el gran experimento de vivir realmente la manera simple de la paz que Jesús enseña y ejemplifica en la Biblia. Si las masas de personas que dicen ser cristianas comenzaran a vivir como Cristo de verdad, piensa nada más en cuán delicioso sería ese fruto. Parafraseando a G. K. Chesterton, el camino de Jesús no se ha probado y ya se ha encontrado infructuoso. Se le encontró difícil sin haberlo tratado aún.
En su libro La gran omisión, Dallas Willard usa una ilustración automotriz para hacer un comentario similar:
Si su vecino tiene problemas con el automóvil, usted puede pensar que compró un cacharro sin valor. Y es posible que tenga razón. Pero si descubre que lo que él estaba haciendo era hacer rendir la gasolina al agregarle un litro de agua de vez en cuando, ya no le echaría la culpa al automóvil ni al fabricante por su mal funcionamiento ni por sus ataques o malos arranques. Usted diría que el automóvil no fue construido para trabajar en las condiciones impuestas por el propietario. Y, ciertamente, le recomendaría que solo pusiera el tipo apropiado de combustible en el tanque. Después de un trabajo de restauración, tal vez el auto funcionaría bien.3
Antes de culpar a Jesús por ofrecernos la chatarra de una religión, debemos examinar si la culpa es más de la iglesia cristiana por “diluir” el mensaje de Cristo. Quizás, el problema no está en la enseñanza de Jesús, sino en que los cristianos simplemente no hacen lo que él dijo.
Démonos ahora un tiempo para observar el abismo en el que se centró mi anfitrión de la cena. La verdad es que debemos estar de acuerdo con N. T. Wright cuando subraya con pena que “el cristianismo ha sido responsable de muchos grandes males”.4 Tal vez, si observamos con detenimiento y por un buen tiempo los gusanos en la manzana del cristianismo podremos discernir mejor cómo llegaron allí, cuál fue su efecto, y lo que deberíamos hacer con esa manzana podrida de la religión.
¿Alguna vez notaste que los museos de cera suelen tener un desvío que les permite a los clientes aprensivos saltarse la sección de la cámara de los horrores? Así que, aquí y ahora mismo, está tu señal de desvío. Eres libre de saltarte las páginas que quieras cada vez que sientas que tu estómago se marea.
Si persistes en seguir leyendo, recuerda que estamos hablando de una religión que supuestamente se basó en las enseñanzas de un hombre que se dedicó sin dudas a la no-violencia radical; un hombre del que se profetizó que sería el “Príncipe de Paz” (Isaías 9: 6).
Las cruzadas. En 1095, el papa Urbano II llamó a los caballeros de Europa a unirse y marchar a Jerusalén para salvar a la Tierra Santa del gobierno de los infieles islámicos. Apenas unas décadas antes, el papa Gregorio VII había declarado: “Maldito sea el hombre que le previene a su espada derramar sangre”, y ya sus deseos se estaban cumpliendo. Los cruzados se lanzaron a la batalla con el grito Deus volt [“¡Dios lo quiere!”]. Raymond de Agiles acompañó a los cruzados como representante de la iglesia durante la primera cruzada y documentó la toma de Jerusalén con estas palabras:
Se veían cosas maravillosas. Numerosos sarracenos (musulmanes) fueron decapitados... Otros fueron atravesados con flechas o forzados a saltar desde las torres; otros fueron torturados durante varios días, y luego pasados a fuego. Se veían montones de cabezas, manos y pies en las calles de la ciudad. Era necesario abrirse paso entre los cuerpos de hombres y caballos. Pero esos fueron asuntos pequeños comparados con lo que sucedió en el templo de Salomón... ¿Qué pasó ahí? Si digo la verdad, superará su capacidad para creer. Así que basta con decir al menos que en el templo y el pórtico de Salomón, los hombres cabalgaron por un río de sangre que les llegaba hasta las rodillas y las riendas de la brida. De hecho, fue un juicio justo y espléndido de Dios que este lugar se llenara con la sangre de los incrédulos, cuando había sufrido tanto tiempo por sus blasfemias.5
Hombres, mujeres y niños, musulmanes y judíos, todos asesinados en el nombre de Jesús. La sinagoga en la que se refugiaban los judíos de la ciudad fue incendiada para quemarlos vivos. Al final de la brutalidad del día, los cruzados se reunieron “llenos de felicidad y con lágrimas de alegría” durante un tiempo de adoración en la Iglesia del Santo Sepulcro.6
Si este libro fuera un guion, en este punto (y en el resto de este capítulo) yo sugeriría insertarles analepsis con las palabras de Jesús sobre el tema del amor al enemigo y la no-violencia.
“Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por quienes los maltratan. Si alguien te pega en una mejilla, vuélvele también la otra. Si alguien te quita la camisa, no le impidas que se lleve también la capa. Dale a todo el que te pida, y si alguien se lleva lo que es tuyo, no se lo reclames. Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes.
¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman? Aun los pecadores lo hacen así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al dar prestado a quienes pueden corresponderles? Aun los pecadores se prestan entre sí, esperando recibir el mismo trato”. (Lucas 6: 27-33)
Deja que las palabras que acabas de leer retumben en tus oídos mientras las lees. Infortunadamente, muchos de los que han afirmado ser seguidores de Jesús parecen haber demostrado un caso agudo de audición selectiva. La historia de la iglesia revela que el mensaje de Jesús sobre el amor al enemigo y la pacificación no violenta era supremamente necesario pero rara vez acatado.
Fin de la analepsis.
Aunque se organizaron y lanzaron otras Cruzadas contra los musulmanes (y cualquier judío que estuviera en el camino), muchas matanzas motivadas por la iglesia fueron dirigidas específicamente contra los judíos. Después de todo, ¿no habían matado los judíos a Cristo? Los líderes de la iglesia no entendieron el punto de las narraciones de la Pasión, que sirven como una acusación contra los líderes religiosos ciegos, no contra el pueblo judío en general. ¡Esa misma reprimenda es transferible a la iglesia! Los líderes de la iglesia ignoraron el hecho de que el enjuiciamiento de la hipocresía religiosa del Nuevo Testamento debe aplicarse tanto a los líderes cristianos como a cualquier líder judío en el día de Jesús.
Además de matar a personas de otras religiones, la iglesia patrocinó cruzadas contra cualquier grupo que afirmara ser cristiano pero que no se ajustara a los estándares de doctrina y práctica de la iglesia. Por ejemplo, los cátaros.
No ortodoxos para los patrones cristianos (y para nada atractivos, al menos para mí, ¡los líderes de este grupo no creían en tener relaciones sexuales, ni en comer carne o beber vino!), los albigenses o cátaros eran un movimiento pacifista que trataba de vivir muchas de las enseñanzas espirituales de Jesús. En 1179, el papa Alejandro III proclamó una cruzada contra estos pacíficos amantes de Jesús. El papa prometió dos años de indulgencia (libertad del castigo por los pecados) a todos los que tomaran las armas, y también la salvación eterna para todos los que murieran en la batalla. Sus promesas no fueron motivo suficiente para reunir el número deseado de cruzados contra los populares cátaros. Sin embargo, en 1208, cuando el papa Inocencio III ofreció, además de las indulgencias y la salvación eterna, las tierras y las propiedades de los herejes y sus partidarios a cualquiera que tomara las armas, la Cruzada Cátara (también conocida como la Cruzada Albigense) asoló el sur de Francia.7 “Cualquier persona que intente interpretar una visión personal de Dios que entre en conflicto con el dogma de la Iglesia debe ser quemada sin piedad”, dijo Inocencio III.8 Y así fue.
Durante un período de treinta años, todas las personas relacionadas con esta secta fueron perseguidas y asesinadas: hombres, mujeres y niños. Toda la población de la ciudad de Béziers fue masacrada por los cruzados cuando los ciudadanos se negaron a identificar y entregar a los cátaros conocidos. Se cree que Béziers tenía poco más de doscientos cátaros, pero murieron entre 10 000 y 20 000 ciudadanos.9 Muchas personas se refugiaron en la Catedral de St. Nazaire, orando por la intervención divina. Los cruzados irrumpieron y, mientras cantaban himnos, asesinaron a todos los hombres, mujeres, niños y bebés. Cuando algunos cruzados preguntaron a los líderes de la iglesia cómo iban a distinguir entre católicos y cátaros, se dice que el abad comandante, Arnaud-Amaury, pronunció la infame frase Caedita eos! Novit enim Dominus qui sunt eiu, esto es, “¡Matadlos a todos! Dios conoce a los suyos”. El papa estuvo todo el tiempo plenamente informado de los acontecimientos. Pareció gloriarse en la violencia. Así comenzaba una carta dirigida al frente de batalla con las frases: “Alabado y agradecido al Señor por lo que Él ha hecho a través de ti... contra sus enemigos más penitenciales”.10
Cuando terminó, la Cruzada Cátara había aniquilado aproximadamente un millón de personas, no solo cátaros, sino también gran parte de la población del sur de Francia. Su única motivación, según la iglesia católica, fue la lucha por la pureza religiosa.
La Inquisición. El papa Gregorio IX lanzó la Inquisición monástica en 1231, y estableció a los sacerdotes de la orden dominicana como un tribunal separado para erradicar la herejía. Ese tribunal era responsable únicamente ante el propio papa. Más tarde, en 1252, el papa Inocencio IV sancionó el uso de la tortura para la búsqueda de una confesión por parte de presuntos herejes. El resultado fue una de las realidades más horribles que ha visto nuestro planeta: la tortura sistematizada, todo en el nombre de Jesús. Con la licencia del propio papa, el supuesto representante de Cristo en la tierra, los inquisidores tuvieron la libertad de pasearse por las profundidades del terror y la crueldad.
Debido a que la iglesia creía que los líderes religiosos nunca deberían derramar sangre, se inventaron nuevos métodos de tortura para ayudar a la hipocresía. El bastidor, el polipasto, los tornillos de mariposa y las torturas con agua estaban entre los más comunes. Los líderes cristianos también idearon muchos otros tipos de torturas que involucraban la dislocación o el desmembramiento lento del cuerpo. Las pinzas tenían que estar al rojo vivo para que el metal cauterizara la herida cuando la carne se abriera. Muchos de los dispositivos de tortura utilizados por la Inquisición fueron inscritos con el lema “Gloria sea solo a Dios”.
Este no fue solo un breve momento en el tiempo. La Inquisición y su terror patrocinado por la iglesia duraron siglos. La mayor parte del daño de la Inquisición se hizo durante sus primeros años bajo la dirección del Gran Inquisidor, Tomás de Torquemada; pero, durante siglos, algunas personas seguían siendo quemadas vivas cada año como un auto da fe (“acto de fe”). La última víctima de la Inquisición, una maestra de escuela acusada de herejía, fue ejecutada por estrangulación en 1824.
A veces, los protestantes hacen hincapié en las malas acciones de la iglesia católica. Pero cuando se trataba de matar herejes, incluso reformadores respetados como Juan Calvino aprobaban las muertes.11
La cacería de brujas. Tanto católicos como protestantes buscaron la muerte de presuntas brujas. Cualquier persona que pareciera extraer el poder de la naturaleza a través de las hierbas, que sanara siguiendo formas no convencionales o que simplemente se encontrara en el lugar equivocado en el momento equivocado, podría ser acusada de bruja. Tomando a la ley del Antiguo Testamento como guía, los cristianos creían que la muerte era la única opción para cualquier persona involucrada en estas prácticas (ver Éxodo 22: 18). Así, una vez arrestadas, las personas acusadas de brujería rara vez recibían una sentencia que no fuera la muerte.
Aunque hubo hombres acusados, las mujeres fueron el principal objetivo de esta persecución. Las presuntas brujas podían ser consideradas responsables de prácticamente todos los problemas, ya fueran desgracias personales, malas cosechas, hambrunas o plagas. Con el tiempo, las brujas identificadas (que casi siempre eran cristianas erróneamente juzgadas) se convirtieron en los nuevos chivos expiatorios, un papel que antes tenían los judíos.
Los historiadores modernos difieren ampliamente en sus estimaciones de cuántas personas fueron acusadas, torturadas y asesinadas como brujas. La mayoría de las suposiciones caen entre 60 000 y 200 000 presuntas brujas torturadas y asesinadas durante “los tiempos ardientes”.12 Una vez, conocí a una persona cristiana que argumentaba enérgicamente por un número menor, como si hubiera un gran propósito al exponer las exageraciones hechas por la gente secular con respecto a los fracasos de la Iglesia. Le respondí que matar a 60 000 personas en nombre del amor de Jesús es 60 000 veces demasiado, y que estaba enfocada en el argumento equivocado. El verdadero problema que los cristianos deben enfrentar no es la crítica exagerada de las personas no cristianas, sino la magnitud alucinante del fracaso de la iglesia en seguir a Jesús.
A veces, me imagino cómo habría sido vivir en estos primeros años. Pienso en si mis dos hijas hubieran sido acusadas de brujería por alguien a quien no le gustaban y adónde hubiera podido conducirles esa horrible sospecha. Me pregunto cómo podría seguir llamándome “cristiano” cuando los líderes espirituales en los que confié y la institución que apoyé torturaban y mataban a mis hijas, todo en el nombre de Jesús. Cuando me tomo el tiempo para hacer que la historia se haga viva y personal, en mi mente me digo, entonces, que sé que estoy del lado de Jesús y no del lado de la religión que lleva su nombre. Y me pregunto: ¿Han desaparecido las actitudes que llevaron a estos horrores? ¿O será que solo pasaron a la clandestinidad?
Como no la criaron en un hogar cristiano como a mí, mi esposa tiene la ventaja de ver la cultura cristiana en América del Norte con un mayor grado de objetividad. A menudo, cuando escucho a un televangelista o a un predicador de radio (¡sí, a veces lo hago!), Nina me pregunta: “¿Por qué estás tan enojado?”. Puesto fui criado en la subcultura del evangelicalismo norteamericano, generalmente no soy consciente de lo que es dolorosamente obvio para ella. Así que Nina me ayuda a oír la ira subyacente de la siguiente manera: me dice que escuche el tono de voz del telepredicador de turno, pero que al mismo tiempo me imagine que él está hablando de cualquier otro tema, excepto de Jesús. “¿Qué dirías si un profesor estuviera dando una conferencia sobre biología con ese tono de voz? ¿O si un comercial describiera los méritos de su producto? O, mejor aún, ¿qué dirías si un amigo estuviera hablando de su nuevo interés amoroso de esa manera? ¿Qué pensarías, entonces, de su tono de voz?”. Cuando escucho de esta manera, se enciende una luz. Muchos líderes y maestros cristianos parecen tener una corriente de ira. Eso es tan frecuente que se ha convertido en parte de la subcultura cristiana evangélica en América del Norte, dejando a muchos cristianos ciegos, incapaces de notar la hostilidad de nuestros proyectos de subcultura.
Peleas internas. En una escena de una película tragicómica, la mano de un hombre, solo su mano, queda poseída por un espíritu maligno. Mientras es atacado por ella, el hombre oye cómo se mofa de él con una risa burlona (¿cómo una mano puede reírse? No tengo idea). La escena es extraña. La audiencia se pregunta: ¿está realmente poseída la mano de este hombre, o su mente le está haciendo alguna jugada? Sea lo que fuere, el hombre parece convencido de haber llegado al punto de tener que tomar medidas drásticas para defenderse. Se corta la mano y grita triunfante: “¿Quién se ríe ahora?”.
Ya dije más arriba que un cuerpo decapitado sería una imagen precisa de la iglesia, el cuerpo de Cristo. Permíteme ir un paso más allá. Para ser más exactos, tal vez nuestro cuerpo de cera tendría que estar completamente desmembrado y amontonado con sus piezas separadas. Durante siglos, los cristianos han seguido sistemáticamente el patrón debatir-dividir-luchar. Debatir la teología, separarse de aquellos a los que no se puede convencer, y luego luchar contra todos los que no estén de acuerdo con nosotros, ya sea con palabras o con espadas. Católicos contra ortodoxos, protestantes contra católicos y todos contra los anabaptistas. Me dicen que mientras escribo este libro hay más de 3 000 denominaciones cristianas diferentes en el planeta, y que la mayoría de ellas tuvieron su origen en la incapacidad de mantenerse unificadas frente a las diferentes opiniones. Las personas religiosas son conocidas por confundir la aceptación con el acuerdo. Cuando eso sucede, la gente asume que el desacuerdo debe dar como resultado el rechazo y la condena.
En el año 325 d. C, cuando Constantino llamó a todos los obispos cristianos a participar en el Concilio de Nicea, 250 hombres asistieron a ese evento de buena fe, como hermanos en Cristo. Es posible que hayan tenido opiniones divergentes sobre una variedad de temas teológicos, pero, en su mayor parte, al menos se consideraron mutuamente hermanos cristianos, seguidores comprometidos de Jesús. Las discusiones sobre sus desacuerdos fueron eventos internos, debates entre familiares comprometidos. Para el final del encuentro, con la elaboración del credo oficial (el Credo de Nicea), los seguidores de Cristo, anteriormente unidos aunque diversos, se dividieron oficialmente en “ortodoxos” y “herejes”. A los herejes se les dio la opción de ir al exilio o morir. ¿La creación de credos y la argumentación de la teología pueden ser la base de la unidad cristiana?13
En su libro Christianity Is Not Religion [El cristianismo no es religión], James A. Fowler reprende a la iglesia histórica por haber perdido el enfoque:
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