Kitabı oku: «Fe, pobreza y desarrollo»
Copyright © 2011 by Bryant L. Myers.
This is a substantially revised and updated edition of the same book originally published in 1999 copyright © World Vision International.
Translation and publication permits granted by Orbis Books to World Vision International. World Vision International, and its chapter Latin America and the Caribbean, grants the publication of this work with JuanUno1 Publishing House LLC. | Permisos de traducción y publicación otorgados por Orbis Books a World Vision International. World Vision International, y su capítulo para América Latina y el Caribe, garantiza la publicación de este trabajo con JuanUno1 Publishing House LLC.
Título de la publicación original: “Walking with the poor: principles and practices of transformational development” - Rev. and ed. Updated. (2011. Orbis Books).
FE, POBREZA Y DESARROLLO
Principios y Prácticas del Desarrollo Transformador
de Bryant Myers. 2019, JUANUNO1 Ediciones.
ALL RIGHTS RESERVED. | TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.
Published in the United State by JUANUNO1 Ediciones,
an imprint of the JuanUno1 Publishing House LLC.
Publicado en los Estados Unidos por JUANUNO1 Ediciones,
un sello editorial de JuanUno1 Publishing House LLC.
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Library of Congress Cataloging-in-Publication Data
Name: Myers, Bryant, autor
Title: Fe, pobreza y desarrollo : principios y prácticas del desarrollo transformador
Published: Hialeah : JUANUNO1 Ediciones, 2019
Identifiers: LCCN 2019952585
LC record available at https://lccn.loc.gov/2019952585
Big Book ISBN 978-1-951539-02-3
Ebook ISBN 978-1-951539-03-0
Traducción: Proporcionada por World Vision International
Editor Colaborador: Tomás Jara
Diagramación interior: María Gabriela Centurión
Diseño y diagramación de Portada: ZONA21.net
Director de la Colección de WVI: Harold Segura
Director de Publicaciones JUANUNO1 Ediciones: Hernán Dalbes
Firts Edition | Primera Edición
Hialeah, FL. USA.
-2019-
Al Dios trino
que encontró este libro en mí y
me ayudó a dejarlo surgir y
A mi esposa y mentora y
amor de toda la vida, Lisa,
quien me motivó a creer
que Dios podía hacer algo así.
Al Dios trino
que encontró este libro en mí y
me ayudó a dejarlo surgir y
A mi esposa y mentora y
amor de toda la vida, Lisa,
quien me motivó a creer
que Dios podía hacer algo así.
ÍNDICE
COVER
LEGALES
DEDICATORIA
PORTADA
PREFACIO
AGRADECIMIENTOS
Antecedentes
Ideas productivas
Formación
Medios
Agradecimiento personal
ABREVIACIONES Y SIGLAS
1. TRAZANDO EL RUMBO
En el principio
Orígenes
Definiciones
El problema de la cosmovisión moderna
El gran divorcio: separación de los ámbitos espiritual y material
Las dicotomías de la cosmovisión moderna
La trayectoria de este libro
La evolución de la idea de desarrollo
El relato bíblico
¿Qué es pobreza?
Perspectivas de desarrollo
Hacia un entendimiento cristiano del desarrollo transformador
Principios y profesionales
Diseño de programas para transformación
Aprendizaje hacia la transformación
Testimonio cristiano
2. DESARROLLO-LOS ORÍGENES DE UNA IDEA
Mirando atrás
La trayectoria cambiada de la historia
La idea evolutiva del desarrollo
Amartya Sen — Desarrollo como libertad
Voces de los pobres
Reflexiones de esta conversación sobre desarrollo
Pensamiento contemporáneo sobre desarrollo
Jeffrey Sachs — El gran empujón
William Easterly — De abajo hacia arriba
Paul Collier — Los mil millones de abajo
Banerjee y Duflo — Economía de los pobres
Lawrence Harrison — La cultura importa
Hernando de Soto — Los pobres como emprendedores
Muhammad Yunus — El derecho a acceso a crédito
Resumen
3. TEOLOGÍA, POBREZA Y DESARROLLO
¿Por qué necesitamos la teología?
Una mirada atrás
Teología evangélica
Enseñanzas católico-sociales
Hacia una teología narrativa de transformación
Relatos enfrentados
El narrador
El principio del relato
La creación
La caída
El relato de la liberación
Los profetas
La sabiduría de la gente
El centro del relato
El Cristo de la periferia
La misión de Jesús
Jesús no cumplió su misión solo
El mayor mandamiento
Jesús murió solo en una cruz
Cristo ha resucitado
La historia continua
La iglesia
El Espíritu Santo
La Biblia
El fin del relato
El punto de la historia
Resumen teológico
¿Quiénes somos?
¿Qué debemos ser y hacer?
Temas teológicos importantes
El relato bíblico y el desarrollo transformador
4. POBREZA Y LOS POBRES
¿Por dónde empezamos?
¿Quiénes dicen ustedes que son ellos?
¿Quiénes son ustedes?
Opiniones cristianas de los pobres
¿Quiénes son los pobres?
Grupos familiares
Los pobres entre los no pobres
¿Quiénes no son los pobres?
¿Cuáles pobres?
¿Qué es pobreza?
Pobreza como déficit
Robert Chambers - Pobreza como enredo
John Friedmann - Pobreza como privación de acceso al poder social
Isaac Prilleltensky – Pobreza como bienestar relacional y personal menoscabado
Jayakumar Christian - Pobreza como un sistema desempoderante
Ravi Jayakaran – Pobreza como una privación de libertad para crecer
Resumen
Las causas de la pobreza
Causas físicas de la pobreza
Causas sociales de la pobreza
Causas mentales de la pobreza
Causas espirituales de la pobreza
Un entendimiento holístico de la pobreza
La naturaleza de la pobreza es fundamentalmente relacional
La causa de la pobreza es fundamentalmente espiritual
Pobreza de los no pobres
5. PERSPECTIVAS DE DESARROLLO
¿Quién nos salvará?
Moldeando nuestra idea de transformación
¿Transformación de qué y para qué?
Niveles del problema
¿Qué es desarrollo?
Wayne Bragg - Desarrollo como transformación
David Korten - desarrollo centrado en las personas
John Friedmann – desarrollo como expansión del acceso al poder social
Isaac Prilleltensky y Geoffrey Nelson – Desarrollo como mejora personal, colectiva y poder relacional
Robert Chambers – Desarrollo como bienestar responsable
Amartya Sen – Desarrollo como libertad y desarrollo basado en derechos
Jayakumar Christian - Desarrollo como respuesta del reino para la impotencia
6. HACIA UN ENTENDIMIENTO CRISTIANO DE DESARROLLO TRANSFORMADOR
¿De quién es esta historia?
¿Qué mejor futuro?
Las metas de la transformación
Personas cambiadas: Recuperación de la identidad y vocación verdaderas
Relaciones justas y pacíficas
¿Qué proceso de cambio?
Afirmar el rol de Dios
Afirmar la acción de los seres humanos
Enfocarse en relaciones
Mantener el fin en mente
Reconocimiento del mal general
Buscar la verdad, justicia y rectitud
Buscar belleza, arte y celebración
Abordar causas
Expresar un sesgo hacia la paz
Afirmar el rol de la iglesia
Sostenibilidad
Sostenibilidad física
Sostenibilidad mental
Sostenibilidad social
Sostenibilidad espiritual
Pensar holísticamente
La historia completa
El mensaje completo del evangelio
Una visión holística de los seres humanos
Una visión holística del tiempo
Un estado mental
Un marco para transformación
Recursos útiles
Seguridad de medios de vida
Agricultura sostenible
Desarrollo de micro empresa
Servicios de salud basados en la comunidad
7. PRÁCTICA DE DESARROLLO: PRINCIPIOS Y PROFESIONALES
Los principios
Respeto del relato de la comunidad
De la participación al empoderamiento
Construcción de comunidad
Los profesionales
La actitud del profesional holístico
Las características del profesional holístico
La formación de un profesional holístico
Una espiritualidad encarnacional (Escrito con Lisa Myers)
Una espiritualidad que sustenta
Cuidar del profesional holístico
Recursos útiles
Conocimiento autóctono
Espiritualidad
Trauma y primeros auxilios psicológicos
8. DISEÑO DE PROGRAMAS PARA LA TRANSFORMACIÓN
Diseño de un programa de desarrollo
Planificar el camino para un mejor futuro
El Marco Lógico
El cambio social no es lineal ni lógico
Aprender para un mejor futuro
Espiritualidad y diseño de programa (Escrito con Lisa Myers)
Ayudar a la comunidad a contar su historia
Del análisis de necesidades al análisis social
Enfoque de capacidades y vulnerabilidades
Enfoque de Medios de Vida Sostenibles
Organización Comunitaria
Acción y Aprendizaje Participativo
Consulta Apreciativa
Desviación Positiva
Cuando termina el programa
Defensa, ciudadanía y buena gobernanza
Otros problemas criticos del diseño de programas
¿Qué es “la comunidad”?
Escuchar a las mujeres
Escuchar a los niños
Obtener el ritmo correcto
Permitir que lo espiritual pase
Recursos útiles
Sistemas sociales complejos y desarrollo
Acción y Aprendizaje Participativo
Consulta Apreciativa
Desviación Positiva
Género y desarrollo
Movimiento de capacidades humanas
Defensa, ciudadanía y buena gobernanza
9. APRENDER HACIA LA TRANSFORMACIÓN
Monitoreo, evaluación y reflexión
Aprender para un mejor futuro
Definir monitoreo, evaluación y reflexión
¿Para qué son el monitoreo y la evaluación?
¿Para quién es el monitoreo y la evaluación?
¿Qué cambió?
¿Quién cambió?
¿Qué observamos y medimos?
¿Durará?
Sostenibilidad mental
Sostenibilidad social
Sostenibilidad espiritual
Buscar significado juntos
Evaluacion de programa y espiritualidad
Recursos útiles
Defensa, ciudadanía y buena gobernanza
Monitoreo y Evaluación
10. TESTIMONIO CRISTIANO Y DESARROLLO TRANSFORMADOR
La necesidad y desafío del testimonio cristiano
¿Porqué debemos dar testimonio?
Entender el evangelismo
De todas formas, estamos dando testimonio
El doble desafío
Provocar la pregunta: el testimonio como segundo acto
Testimonio transformador
Las metas del testimonio cristiano
Evangelio como vida, obra, palabra y signo
Evangelismo y discipulado
Contar la historia completa
¿Como debemos dar testimonio?
Vivir vidas elocuentes
Una mente crucificada
Reconocer las huellas de Dios
Buscar significado juntos
Interpretar la tecnología con Dios como parte de la explicación
Decir lo que se cree
La Biblia y el desarrollo transformador
Por qué es importante la Biblia
Cómo se debe usar la Biblia
Experiencias con la Biblia y el desarrollo transformador
La evaluación de testimonio cristiano
Recuperación de la identidad y vocación
Relaciones justas y pacíficas
Cambio de cosmovisión
¿Quién cambia?
Resumen
ANEXO 1: TEXTOS DE BÚSQUEDA DE LAS ESCRITURAS PARA REFLEXIÓN BÍBLICA
ANEXO 2: REFERENCIAS BÍBLICAS DE TRANSFORMACIÓN PARA REFLEXIÓN Y LITURGIA
ANEXO 3: ESTÁNDARES E INDICADORES PARA TESTIMONIO CRISTIANO
BIBLIOGRAFÍA
SOBRE EL AUTOR
Prefacio
Paul G. Hiebert
Este libro es una obra maestra de integración y aplicación de pensamiento sobre el ministerio cristiano. El autor hace amplio uso de las mejores fuentes cristianas y científicas para introducir cambios en las sociedades humanas y formar conclusiones sólidas con base en lo que hemos aprendido de la experiencia en ministerios de desarrollo alrededor del mundo. Elabora un marco sólido —o estructura teórica— basado en las Escrituras, que desafía el dualismo natural escrito que permea nuestro punto de vista occidental y, en su lugar, ofrece un punto de vista bíblico consistente. Muestra cómo se puede implementar la visión del ministerio cristiano en el desarrollo transformador que es realmente transformador en todo el sentido de la palabra, y desarrollador en el hecho de que las transformaciones son duraderas y profundas.
El enfoque de Myers en las relaciones y las historias es particularmente útil para desarrollar una visión holística del ministerio, ya que reúne personas y construye puentes de entendimiento y comunicación, mientras las categorías analíticas abstractas a veces los separan. Las relaciones e historias también nos ayudan a ver que el reino de Dios es central en su plan para el universo, para los pueblos y para los individuos.
Myers hace más que darnos una nueva visión de lo que puede ser un ministerio cristiano: brinda directrices para implementar esta visión en la vida y en el ministerio de formas que sean consistentes entre sí y nos recuerda que la vida y las relaciones de los cristianos son los testimonios más poderosos del poder transformador de Dios. En esto, señala que tanto quienes sirven como quienes son servidos deben crecer en espiritualidad en encuentros de ministerio.
El libro está escrito para quienes participaron en programas de desarrollo cristiano y los reta a avanzar hacia ministerios holísticos. Es de igual importancia para quienes están involucrados en el evangelismo y el establecimiento de iglesias. Es un “chárter” para una nueva forma de hacer misión y las implicaciones de su visión son de gran alcance para todos los que sirven a Cristo en el mundo. Muy a menudo, en el establecimiento de la iglesia hemos circunscripto el trabajo transformador de Dios a realidades espirituales y hemos asignado temas terrenales a la ciencia y la tecnología. El resultado es una cristiandad esquizofrénica que deja problemas diarios de vida humana a los especialistas seglares y limita a Dios los temas de eternidad. Un enfoque verdaderamente holístico para una misión arraigada en la verdad bíblica es tan esencial como establecer iglesias vitales que permanezcan centradas en Cristo a través de las generaciones, al igual que lo es en los ministerios cristianos de compasión.
Probablemente, la mayor recompensa para muchos lectores será la forma en la que el autor desafía nuestras propias cosmovisiones distorsionadas que nos han cegado, para llevarnos a entender lo que significa ser testigos y servidores vivos en un mundo con una necesidad desesperada. Tales retos a veces son costosos, porque nos llaman a experimentar transformaciones radicales en nuestras propias vidas y ministerios.
Agradecimientos
Para esta segunda edición, debo empezar agradeciendo a mis lectores. Cuando escribí la primera edición de Caminar con los pobres, estaba muy seguro de que mi esposa y mi madre podrían leer el libro, pero no tenía certezas en cuanto a una aceptación más amplia; ustedes me sorprendieron. He sido bendecido con cartas y correos electrónicos de profesionales de todo el mundo que han señalado que este libro de alguna manera les ha sido útil. Estoy muy agradecido también con quienes dieron su tiempo de forma voluntaria y tradujeron la primera edición de Caminar con los pobres a coreano, chino antiguo (Taiwán), español, portugués y árabe. En Filipinas se produjeron versiones de bajo costo para ayudar a su distribución en el sur. Estoy profundamente agradecido y honrado por los muchos profesores de universidades seglares y cristianas, seminarios y escuelas bíblicas que utilizaron el libro en sus clases. Sin dicho apoyo, una segunda edición no hubiera sido una opción atractiva.
Antecedentes
Ningún libro como este es obra de un solo autor. Una vida de relaciones y una gran cantidad de experiencia vivida forman la materia prima a partir de la cual un autor trata de reunir y articular lo que ha aprendido y espera que otros consideren que vale la pena leer el resultado. Para mí, este el caso, dado que soy una persona que crea sintetizando, juntando las cosas y colocándolas en marcos más grandes. Aprendo en comunidad, escuchando a otros, leyendo bastante, haciendo lluvia de ideas con entusiasmo, sabiendo que con el tiempo caeré en un marco que se adapta a las muchas y dispares piezas. Sin embargo, pocas de las piezas son mías: ellas son el leal y precioso trabajo de otros. Puedo refinarlo o incluso ampliarlo, pero siempre comienzo con la oferta de otros. Esto es lo que hace que agradecer a los demás sea un lugar importante para iniciar.
Ideas productivas
El presente libro se basa en dos potentes grupos de ideas y las potencia: en primer lugar, la descripción de Paul Hiebert de la cosmovisión occidental y su medio excluido; y en segundo lugar, la reflexión de Jayakumar Christian sobre la naturaleza de la pobreza como relaciones que no funcionan para el bienestar y la causa de la pobreza como fundamentalmente espiritual. Estoy profundamente agradecido por el trabajo creativo de estos dos hombres y por su amistad y consejo a lo largo de los años.
Aprovechando su experiencia en la India, Paul Hiebert ha tenido dos importantes ideas que han demostrado ser muy útiles para mí y para otros en la misión cristiana. La primera es su formulación de la cosmovisión occidental en términos de dos reinos separados —material y espiritual— con un vacío entre los dos, el “centro excluido”. Vincular esto con el pensamiento de Lesslie Newbigin1 proporciona la explicación para muchas de las dicotomías con las que los cristianos occidentales luchan: fe y razón, evangelismo y desarrollo, iglesia y estado, valores y hechos. Estas dicotomías son los principales obstáculos para encontrar un enfoque cristiano genuinamente holístico para la transformación humana.
La segunda idea importante de Hiebert es que la cosmovisión occidental, con sus reinos —espiritual y material— separados, tiene una clase particular de impacto cuando se encuentra con la cosmovisión holística-espiritista de las culturas tradicionales. Aquellos de nosotros que portamos una cosmovisión occidental damos por sentado que la ubicación de causa y efecto es en el mundo material. En contraste, las culturas tradicionales creen que la causa de las cosas se encuentra en el mundo oculto de espíritus y dioses. La ausencia de un “medio” en la cosmovisión occidental significa que no tenemos forma de dar sentido o de responder al “medio” tan activo e importante de las culturas tradicionales. Esta premisa ha demostrado tener un gran poder explicativo cuando uno se acerca al trabajo de los promotores del desarrollo y su conjunto de herramientas de intervenciones tecnológicas, al igual que nuestro pensamiento sobre cómo se intersectan el testimonio cristiano y el desarrollo.
Jayakumar Christian es un compañero de trabajo de Visión Mundial y un amigo personal desde hace casi veinte años. Ha elaborado una familia de ideas sobre la naturaleza y las causas de la pobreza que nos libera del lenguaje material y las definiciones que tienden a dominar las conversaciones acerca de este tema. En su trabajo de doctorado, ofreció la idea de que la pobreza se experimenta fundamentalmente por parte de los pobres como un deterioro de su identidad y que esto es ocasionado tanto por la condición (o rutina) de ser pobres como por ser cautivos de los complejos mesiánicos de los que no son pobres. Encontré estas ideas liberadoras y altamente provocativas. Proporcionan la plataforma sobre la cual enmarco mi reflexión del desarrollo transformador realizado por los cristianos.
Empleo las ideas de Jayakumar liberalmente en este libro y, más adelante, las tomaré como punto de partida. A la idea de que jugar a ser un dios en la vida de los pobres resulta en un deterioro de la identidad de los pobres, yo le agrego que también daña la identidad de los no pobres. Ellos no pueden jugar a ser Dios y ser quienes son ante los ojos de Dios. A la propuesta de Jayakumar de que la transformación es el trabajo de ayudar a los pobres a recuperar su verdadera identidad hecha a imagen de Dios, yo agrego la idea de que la vocación o llamado también forma parte de la verdadera identidad. Propiedad que en términos bíblicos es tanto quiénes somos como qué hacemos. Los pobres y los no pobres necesitan de la ayuda redentora de Dios para recuperar su verdadera identidad como hijos de Dios hechos a imagen y semejanza suya y su verdadera vocación como mayordomos productivos, dones otorgados por Dios para contribuir al bienestar de la humanidad.
Formación
Como profesional, estoy en deuda con muchas personas. Inicié mi viaje en el desarrollo transformador con Hal Barber y su innovación de ayuda y desarrollo en Visión Mundial en 1976. Nuestro viaje empezó con unas estimulantes tres semanas con James Yen y Juna Javier en el Instituto Internacional de Reconstrucción Rural, en Filipinas. Con los años, me he visto influenciado y he sido enriquecido por una familia de profesionales del desarrollo que han asistido a conferencias, me han patrocinado para visitas de campo y han escrito artículos que me han influenciado. Esta familia incluye a Mulegeta Abebe, Mulatu Belachew, Bruce Bradshaw, Rebecca Cherono, Ben Chitambar, Frank Cookingham, Helen Eversole, Judy Hutchinson, Bob Linthicum, Ken Luscombe, Eric Ram, Paul Peterson, Christina Lee Showalter, John Stewart, Morris Stuart, Bryan Truman, y Corina Villacorta.
En particular, estoy profundamente en deuda con Ravi Jayakaran, Nora Avarientos, Sarone Ole Sena, y Jayakumar Christian; todos ellos estuvieron dispuestos a invertir muchas horas en entrevistas telefónicas como una forma de contribuir con este libro. Ravi Jayakaran es un experto en Evaluaciones Rurales Participativas (PARA, por sus siglas en inglés) y ha realizado un trabajo pionero al hacer posible que este método permita escuchar el lado espiritual de la cosmovisión tradicional. Nora Avarientos, junto con Malcolm Bradshaw, desarrolló la metodología de Búsqueda de las Escrituras para utilizar la Biblia en el contexto de desarrollo comunitario en las Filipinas. Sarone Ole Sena, un antropólogo masai, junto con Dirk Booy, un canadiense, fueron los pioneros de Visión Mundial en aplicar la consulta apreciativa para planificación de desarrollo en Tanzania.
Como teólogo laico, estoy particularmente agradecido con aquellos que compartieron mi formación teológica, tan ad hoc como pudo haber sido. Mi introducción a la reflexión teológica sobre desarrollo empezó con Vinay Samuel y Chris Sugden y sus talleres con Visión Mundial en Asia a principios de 1980. También estoy en deuda con Sam Kamaleson, quien me guió pacientemente durante sus años en Visión Mundial. También recuerdo, con cierta desazón, una noche desafiante y estimulante en Wheaton 1983, cuando un hombre culto y amable pasó cuatro horas respondiendo pacientemente mis simples preguntas sobre misiología: se llamaba David Bosch. De Tom Houston, cuando fue presidente internacional de Visión Mundial, aprendí a pensar bíblicamente y a confiar en que la Palabra de Dios siempre tiene algo que decir al mundo.
Además, la comunidad internacional de teólogos de misión evangélica (INFEMIT, por sus siglas en inglés) ha brindado una familia de amigos que han nutrido mi comprensión de la teología y el desarrollo desde las perspectivas de culturas a parte de la mía. Esos amigos incluyen a Valdir Steuernagel, Tito Paredes, René Padilla, Kwame Bediako, y Miraslav Volf. De los Estados Unidos estoy en deuda con Ron Sider y mis compañeros en MARC, Saphir Athyal y Tom McAlpine.
Frank Cookingham —director de evaluación de Visión Mundial Internacional—y yo hemos llevado a cabo un diálogo continuo sobre cómo el marco para desarrollo transformador de este libro, incluyendo testimonio cristiano, puede ser monitoreado y evaluado en el mundo real de programación de desarrollo. Frank se ha dedicado a una exploración de largo plazo acerca de cómo la espiritualidad y el discernimiento deberían formar parte de cualquier intento cristiano por monitorear y evaluar la programación holística. Estoy en deuda con Frank por ayudarme a reelaborar y finalmente escribir el capítulo nueve.
Para este libro tengo que dar un agradecimiento especial a mi amigo Bil Dyrness por su disponibilidad para revisar varias veces mi capítulo sobre la historia bíblica tanto en la edición original como en la segunda. Bil y yo también dimos juntos un curso de Teología de Pobreza y Desarrollo durante el cual aprendí mucho. Para la segunda edición, Howard Loewen y Doug McConnell del Seminario Teológico Fuller y Bil Burrows, mi editor de Orbis Books, hicieron una revisión detallada del capítulo de teología. Por supuesto, toda la teología mala que queda en el capítulo es mi responsabilidad.
Steve Commins, un amigo de mucho tiempo e instructor de Desarrollo Internacional en UCLA, fue lo suficientemente amable para leer el nuevo capítulo sobre la evolución de la idea de desarrollo. También estoy en deuda con dos estudiantes de maestría, cuyos trabajos finales para mi clase de Pobreza y Desarrollo me presentaron material nuevo para mí y que fue muy relevante para la segunda edición. Monica Felix, de la Escuela de Psicología Fuller, escribió un fascinante artículo que relaciona descripciones de pobreza crónica expresadas en el estudio del Banco Mundial “Voces de los Pobres” con una construcción teórica utilizada en psicología en estudios de estrés postraumático. Gareth Mayhew me introdujo al enfoque de desviación positiva de salud pública ya que fue adaptado a una variedad de escenarios de pobreza por Save the Children. Finalmente, debo felicitar a mis estudiantes de doctorado quienes sufrieron mi inexperiencia académica, tuvieron que escuchar y reaccionar a la mayoría del nuevo material de este libro y me dieron su opinión sobre algunos de los capítulos: Nathan Penner, Josh Smith, Bobby Lynch, e Isaac Voss.
Medios
El capítulo de testimonio cristiano se basa en la investigación realizada gracias a la Iniciativa Dellenback, de Visión Mundial Estados Unidos, a fines de 1990. La investigación de campo de testimonio cristiano en el contexto de ayuda y desarrollo en África occidental y en otras partes del mundo y varias pequeñas consultas realizadas con profesionales y teólogos fueron posibles gracias a esta iniciativa. Estoy muy agradecido con el liderazgo y compromiso de Bob Seiple y de Ron Vander Pol, cuya visión hizo posible esto.
Esta segunda edición no hubiera sido posible sin el cambio ocasional desde Visión Mundial Internacional a la Escuela de Estudios Interculturales del Seminario Teológico Fuller. Aunque nunca había anticipado dejar un ministerio activo por un escenario académico, y todavía me pregunto por qué un “chico de agencia” podría ser atractivo como posible miembro de la facultad, me he sentido bienvenido, respetado y apoyado aquí. Estoy particularmente agradecido con el decano de la Escuela de Estudios Interculturales (ahora rector) Doug McConnell, quien me acompañó, nutrió y motivó mi transición y quien fuera una gran fuente de estímulo para escribir esta nueva edición. Howard Loewen, decano de la Escuela de Teología, ha sido una fuente continua de apoyo personal y teológico, convenciéndome de alguna forma de que hay suficiente teología en mi pensamiento para no ser una vergüenza para una antigua tradición profesional. Mis compañeros de facultad han sido cordiales, motivadores y desafiantes.
El ritmo de vida del seminario me permitió ampliar mi lectura más allá de lo que se podía haber hecho en largos vuelos en avión. El acceso a una biblioteca académica de primer nivel me permitió explorar áreas de la literatura en estudios e investigación de desarrollo e investigación que en gran medida eran inaccesibles y, por lo tanto, desconocidas para un administrador mayor ocupado y que siempre estaba viajando. En un entorno académico, a uno realmente se le da tiempo y se le recompensa por escribir y enseñar, ambas formas de ampliar el pensamiento y el aprendizaje.
Agradecimiento personal
En la Biblia se nos enseña que lo último es realmente lo primero. Y así es con estos reconocimientos. Estoy en deuda con mi madre, Patricia Myers, por dejar a un lado su loft, por soportar mi pila de papeles y libros, y por hacerme el almuerzo durante los meses en que escribí la primera edición de este libro en su casa. Ella oró por un hijo perdido y sin esperanza por muchos años antes de que Dios finalmente se ablandara y me arrastra a su reino a los treinta y un años de edad. Estoy profundamente agradecido de que ella esté viva para ver el libro que resume por qué ella y Dios pasaron por tanto problema.
También estoy profundamente agradecido con Tom y Hazle Houston, que prestaron su casa de Oxford al clan Myers por cinco semanas en el verano de 1997. El primer manuscrito de este libro nació en el estudio de Tom, y nuestra familia se hizo más cercana entre sí y con Dios en su sala de estar.
También debo agradecer a Dean Hirsch, Presidente Internacional de Visión Mundial y a la Junta Directiva Internacional de Visión Mundial por otorgarme tiempo para completar la investigación y redactar la primera edición de este libro.
Bil Burrows, de Orbis Books, tuvo la visión del potencial de la primera edición y del espíritu ecuménico que se necesitaba para luchar por un acuerdo de publicación conjunto entre Orbis y Visión Mundial, una colaboración inusual en ese momento. Con gracia y paciencia, Bil me empujó a hacer esta revisión incluso cuando se estaba retirando y trataba de aminorar su marcha. Estoy agradecido con Bil por su amistad y por ver algo de valor que yo no podía ver.
Finalmente, y lo más importante, debo agradecer la impagable deuda que tengo con mi familia. Mis hijos, Brooke y James, de quienes estoy sumamente orgulloso, me han enseñado más de lo que alguna vez les enseñé yo. No hay un correctivo mejor o más severo para el pensamiento sobre la transformación y el desarrollo humanos que los propios hijos.
No hay suficientes palabras para transmitir mi agradecimiento, cariño y amor a mi esposa, mi mentora de toda la vida, mi amiga y mi más profundo amor, Lisa. Con un gran sacrificio de sus propias aspiraciones, ella me motivó, nutrió y apoyó. Solo puedo orar para que todo esto sea digno de todo su esfuerzo.
Como Lisa leyó la primera edición, ella sigue exclamando: “Esta es mi posición en dirección espiritual. Así es como ayudo a las personas a escuchar y ver a Dios en sus vidas”. Solo entonces descubrimos que caminar con los pobres y caminar con quienes buscan una espiritualidad personal y más profunda emplean marcos y herramientas similares. Trasformación es transformación; debimos haberlo sabido. Como resultado de este descubrimiento y su experiencia de un cuarto de siglo de dirección espiritual y las innovaciones en dirección de grupo, Lisa ayudó a redactar dos importantes contribuciones de esta segunda edición.
1. En la página 26 se amplía el pensamiento de Newbigin.
Abreviaciones y Siglas
PDA Programa de Desarrollo de Área (Visión Mundial)
AI Consulta Apreciativa
ARVIN Asociados, recursos, voz, información y negociación
CA Centesimus annus
CBPM Monitoreo de desempeño basado en la comunidad
CV Caritas in veritate
DEEDS Servicios Educativos de Desarrollo (India)
DFID Departamento de Desarrollo Internacional (RU)
DME Diseño, monitoreo y evaluación
EFICOR Comité de Ayuda de la Alianza Evangélica de la India
EN Evangelii nuntiandi
PIB Producto Interno Bruto
IDH Índice de Desarrollo Humano
IDS Sociedad de Desarrollo Internacional (RU)
FMI Fondo Monetario Internacional
INTRAC Centro Internacional de Investigación y Capacitación de ONG (RU)
J-PAL Laboratorio de Acción de Pobreza Jameel (MIT)
LEAP Aprendizaje a través de la Evaluación con Responsabilidad y Planificación (Visión Mundial)
ODM Objetivos de Desarrollo del Milenio
CMS Cambio Más Significativo
ONG Organización no gubernamental
DP Desviación Positiva
PLA Acción y Aprendizaje Participativo
PP Populorum progressio
PRA Evaluación Rural Participativa
PRSP Artículo de Estrategia de Reducción de la Pobreza (Banco Mundial)
QA Quadragesimo anno
RN Rerum novarum
SRS Sollicitudo rei sociales
IDT Indicadores de Desarrollo Transformador
PNUD Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
USAID Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional
OMC Organización Mundial de Comercio
1
TRAZANDO EL RUMBO
EN EL PRINCIPIO
El propósito de este libro es describir una propuesta para entender los principios y la práctica del desarrollo transformador (cambio espiritual social y material positivo) desde una perspectiva cristiana. Mi intención es tratar de reunir tres corrientes básicas de pensamiento y experiencia. Lo mejor de los principios y prácticas de la comunidad de desarrollo internacional tiene que integrarse con el pensamiento y la experiencia de las organizaciones no gubernamentales (ONG) de desarrollo y ayuda cristianas. Estas corrientes de experiencia necesitan ser informadas y moldeadas por un marco teológico para el desarrollo transformador.
A lo largo de este libro lucharé por superar los problemas presentados por la creencia persistente que existe en occidente de que los ámbitos espirituales y físicos de la vida están separados y no se relacionan. Este supuesto ha invadido y controlado casi todas las áreas de consulta intelectual, incluyendo la práctica y teoría de desarrollo así como mucho de la teología cristiana. Buscaré un entendimiento de desarrollo en el que las dimensiones físicas, sociales y espirituales de la vida estén interrelacionadas de un modo perfecto.
Orígenes
El peregrinaje que este libro representa tuvo su origen en 1975, el año en que Visión Mundial recibió una subvención del programa de Desarrollo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) para ayudar a iniciar su ministerio de desarrollo y asistencia. Yo formé parte del equipo original. Fuimos a Washington D.C., tomamos un curso de tres días sobre planificación de desarrollo, luego fuimos liberados para ayudar a las siete oficinas de Visión Mundial en Asia para que empezaran a planificar sus primeros programas de desarrollo. Dios nos perdone por nuestros pecados.
La década de 1970 y principios de 1981 fueron tiempos interesantes para las agencias de desarrollo y ayuda cristianas. Fue un tiempo lleno de discusiones a veces divisivas entre los evangélicos sobre si los cristianos creyentes en la Biblia debían hacer desarrollo o no. Algunos estaban profundamente preocupados por considerar que incluir la acción social en la agenda cristiana podría mitigar el compromiso de la iglesia con el evangelismo. “El evangelismo debe ser lo primordial”, fue el argumento. La presunción moderna de que lo espiritual y lo material eran áreas de la vida no relacionadas ha infectado el pensamiento de la misión cristiana.
A través de este peregrinaje, muchos de nosotros en la familia de Visión Mundial compartimos una preocupación profundamente arraigada de que, para que una agencia cristiana fuera cristiana, la programación de desarrollo debía ser holística, es decir que el desarrollo y el testimonio cristiano debían mantenerse unidos en una tensión creativa. En esos primeros días, entendimos de manera simplista e incorrecta que esto significaba que el testimonio cristiano era algo que alguien agregó a la mezcla de programa de desarrollo para completarlo: solamente era otro sector, un pedazo del pastel del desarrollo.
Al tiempo nos dimos cuenta de que esta conceptualización era errónea. Implicaba que todos los demás sectores del desarrollo no tenían nada que hacer con cosas espirituales y que estábamos tratando el trabajo espiritual como un sector separado de la vida. Eso significaba que, en las mismas comunidades en donde queríamos ser buenos modelos de la fe cristiana, estábamos presenciando el hecho de que los ámbitos material y espiritual de la vida estaban separados y no se relacionaban. Nuestra lucha para escapar de este supuesto moderno nos condujo a una gran cantidad de consultas relativas tanto a la teología como a la cosmovisión del desarrollo.
La década de 1990 fue de búsqueda de profesionalismo. Las buenas intenciones ya no eran suficientes. Los pobres merecían algo mejor que aficionados dotados con sus corazones en el lugar correcto. El mundo ha aprendido mucho sobre el desarrollo, y las organizaciones cristianas deben tomar esto en cuenta. Se estudiaron las ciencias sociales y nuestros empleados fueron enviados a Inglaterra, Canadá y Estados Unidos, a aprender de centros de aprendizaje de desarrollo en el occidente.
La primera edición de Caminar con los Pobres se escribió en 1998. Mucho ha sucedido en los últimos veintitrés años desde que nos propusimos “hacer desarrollo”. Mucho se ha aprendido. Desde hace mucho tiempo, como grupo de amigos compartimos nuestros éxitos y lloramos por nuestros fracasos; se han llevado a cabo cientos de talleres; se han estudiado cientos de documentos y se han leído muchos libros; miles de horas de discusión, angustia y descubrimiento han ocurrido en largos viajes por caminos polvorientos y en las mesas de hoteles poco interesantes. El resultado de todo esto es la fuente del pensamiento de la primera edición de este libro.
En 2006 salí de Visión Mundial para convertirme en profesor de Desarrollo Internacional en la Escuela de Estudios Interculturales en el Seminario Teológico Fuller. Aún sigo en contacto con colegas y amigos de Visión Mundial, continúo viendo un flujo constante de artículos de posición, evaluaciones, y artículos oficiales. Doy algo de consultoría de vez en cuando.
Pero mi mayor fuente de ideas y material nuevo proviene del mundo de estudios de Desarrollo e Investigación de Desarrollo, un producto de la profesionalización de la comunidad de desarrollo internacional que empezó en la década de 1990. Hoy día existe una gran variedad de vistas académicas, una serie de escuelas de estudios de desarrollo y miles de “documentos fugitivos” —investigaciones, evaluaciones, estudios empíricos— que se encuentran en los sitios web de la mayoría de las agencias de desarrollo, una serie de centros de estudio de desarrollo en Europa y los Estados Unidos y en el Banco Mundial. Al haber cambiado la agitada vida de un ejecutivo de agencia por la vida de un académico, finalmente tengo el tiempo para leer y graduar estudiantes. Gran parte del material nuevo en este libro es un resultado de ello.
Definiciones
Utilizaré dos frases una y otra vez en este libro: desarrollo transformador y testimonio cristiano. Puede ayudar al lector si los defino aquí al principio.
Desarrollo transformador es el término que utilizo como una alternativa al desarrollo más tradicional. Existen dos razones para ello. Primero, el término desarrollo está fuertemente cargado con un significado pasado, no todo lo cual es positivo. Cuando la mayoría de las personas piensan en desarrollo, piensan en un cambio material o un cambio social en el mundo material. Segundo, desarrollo es un término que muchos entienden como sinónimo de modernización u occidentalización (Escobar, 1995). Para algunos, el desarrollo se entiende simplemente como tener más cosas. Muchos en el negocio del desarrollo, incluídos muchos de nosotros en occidente, no estamos seguros de que este tipo de desarrollo sea bueno para las personas o para este planeta.
Utilizo el término desarrollo transformador para reflejar mi preocupación por buscar un cambio positivo para toda la vida humana materialmente, socialmente, sicológicamente y espiritualmente. El adjetivo transformador se usa para recordarnos que el progreso humano no es inevitable; requiere duro trabajo. Existe un adversario que trabaja en contra de nuestro deseo de mejorar la vida. El verdadero desarrollo humano incluye hacer elecciones dejando de lado aquellas que no son para nuestra vida ni la de nuestra comunidad, mientras buscamos y apoyamos activamente todo lo que sí lo sea. Esto requiere que digamos no a algunas cosas con el objeto de decir sí a lo que realmente importa. La transformación implica cambiar nuestras opciones.
El desarrollo transformador es un viaje de toda la vida. Nunca termina. Siempre hay más ante nosotros. Todos están en este viaje: los pobres, los que no son pobres y el personal de la agencia de desarrollo. El viaje transformador es acerca de tratar de encontrar y gozar la vida como debe de ser, como pretende ser. En este libro sugiero que las metas para este viaje de transformación sean recuperar nuestra verdadera identidad como seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios y descubrir nuestra verdadera vocación como mayordomos productivos cuidando fielmente del mundo y de todas las personas que están en él.
Testimonio cristiano es la segunda frase que uso frecuentemente. Entender lo que significa requiere una breve introducción. Todos creen en algo y eso en lo que creemos moldea lo que hacemos y cómo lo hacemos. Esto no es menos cierto para quienes están preocupados por los pobres y desean ayudarles en su viaje de desarrollo. Este centro ideológico es un asunto de fe, ya sea que seamos cristianos, musulmanes, budistas, agnósticos o ateos. Nuestros valores y creencias centrales son de donde obtenemos nuestro entendimiento de quiénes somos y para qué estamos aquí. Estos principios guía moldean nuestro entendimiento de lo que es un mejor futuro humano y cómo debemos llegar ahí.
Soy cristiano y he estado trabajando entre cristianos en el negocio del desarrollo por más de treinta años. Mi identidad cristiana y mi entendimiento de la fe moldean mi opinión de para qué es el desarrollo y cómo se debe realizar. Parte de ese entendimiento es mi convicción de que las mejores noticias que tengo son el conocimiento de que Dios, por medio de su Hijo, ha hecho posible que cada ser humano esté en una relación de pacto con él. Todo lo que necesitamos hacer es decir que sí a esta oferta. No compartir estas noticias, no anhelar que todos compartan lo que se me dio sin ningún mérito propio, sería erróneo en el más profundo sentido. Testimonio cristiano es el término que uso para describir que el amor me obliga a compartir esta noticia.
Deliberadamente escojo esta frase por sobre la palabra evangelismo por varias razones. Primero, al igual que el término desarrollo, evangelismo es una frase cargada. Imágenes de evangelistas de la calle gritando con megáfonos y de evangelistas de cruzada exhortando estadios llenos de personas vienen a la mente, y ninguna de ellas se ajusta muy bien a la idea del desarrollo transformador. Segundo, y más importante, el evangelismo tiende a usarse en el sentido limitado de referirse a la proclamación verbal de la verdad del evangelio de Jesucristo. Necesito una frase que incluya proclamación, pero que no se limite solo a ello.
Entiendo el testimonio cristiano para incluir la declaración del evangelio según la vida, palabra y obra. Por vida me refiero al hecho de que los cristianos son el mensaje. Somos el libro sesenta y siete de la Biblia. Las personas leen nuestras vidas y nuestras acciones y escuchan nuestras palabras como una forma de determinar lo que significa ser un cristiano. Ahora por palabra me refiero a la necesidad de decir lo que es la historia del evangelio e invitar a otros a hacer la suya. Por obra me refiero al hecho de que la fe cristiana, en el mejor de los casos, es una fe activa, comprometida con el mundo y que busca hacerlo más para la vida y el disfrute de la misma.
Hay un importante matiz aquí: no existe tal cosa como no dar testimonio. Los promotores de desarrollo cristiano están dando testimonio todo el tiempo. La única pregunta es “¿A quién o a qué?” Sus actos, tanto lo que hacen y cómo lo hacen, en quién declaran o en qué colocan su fe también demuestran el contenido moral de esa fe. La manera en que viven sus vidas declara a quién aman y de quién dependen. Y, si de veras demuestran su amor a Dios y a su prójimo con sus vidas, entonces llegarán preguntas para las cuales el evangelio es la respuesta y darán testimonio con las palabras adecuadas.
El problema de la cosmovisión moderna
Ya he mencionado que una de las principales características en la historia ha sido la creencia occidental de que los ámbitos espiritual y material de la vida están separados y no se relacionan. Esta suposición dominante controla casi todas las áreas de la consulta intelectual, incluidas la práctica y teoría del desarrollo. El resultado es un trágico par de reducciones. Primero, la pobreza se reduce a una simple condición material que tiene que ver con la ausencia de cosas como dinero, agua, alimento, vivienda, y la falta de sistemas sociales justos, también definidos y entendidos materialmente. Segundo, el desarrollo se reduce convenientemente a una serie material de respuestas diseñadas para superar estas necesidades.
Como el enfoque de este libro es la búsqueda de una comprensión genuinamente bíblica y holística de la pobreza y el desarrollo transformador, creo que puede ser útil explorar más a fondo la naturaleza de este punto ciego moderno antes de continuar. ¿Por qué necesito la palabra holística en primer lugar? ¿Cuál es la naturaleza del problema que estamos tratando de resolver utilizando dicho término? Debe de haber algo que no es holístico.
El gran divorcio: separación de los ámbitos espiritual y material
El lugar para empezar es la manera en que entendemos e interpretamos el mundo en que vivimos, algo que los antropólogos llaman “nuestra cosmovisión”. Nuestra cosmovisión moderna es como un par de anteojos a través de los cuales vemos y damos sentido al mundo. Sin embargo, a diferencia de los anteojos, también incluye nuestras conjeturas acerca de cómo funciona el mundo. Nuestra necesidad de holismo tiene sus raíces en nuestra cosmovisión moderna.
Como el cambio de paradigma fundamental de la Iluminación Espiritual ha funcionado en la cultura occidental, una de sus características más perdurables ha sido la suposición de que podemos considerar los ámbitos espiritual y físico como separados y distintos entre sí. Por un lado, está el mundo espiritual o súper natural en donde Dios vive y actúa junto con otros dioses cósmicos como Alá. Este es el mundo de la religión. Por otro lado, existe el mundo real: el mundo material en donde escuchamos, vemos, sentimos, tocamos y olemos; este es el mundo de la ciencia, la tecnología y el desarrollo.
Tristemente esto no es solo un problema para la gente del mundo occidental. Esta dicotomía o separación absoluta entre lo espiritual y lo físico es un principio central de lo que algunos llaman modernidad, y la modernidad rápidamente se está convirtiendo en una súper posición dominante en las culturas del mundo. La modernidad está profundamente arraigada en el sistema económico moderno y en la tecnología de la información contemporánea, ambos se extienden hasta allí donde se venda Coca Cola. Esta misma cultura de dicotomías se enseña en cada salón de clase, en donde el plan de estudios está basado en modelos educativos occidentales. Por lo tanto, todo profesional que no es occidental ha asimilado esta cosmovisión como una parte no expresada de su formación profesional.
Este marco de áreas de vida separadas también está profundamente arraigado en la parte occidental de la iglesia cristiana, en su teología y en el diario vivir de su gente. El domingo por la mañana o durante nuestro devocional o vida de oración, operamos en el área espiritual. El resto de la semana y en nuestras vidas profesionales, operamos en el área física y, por ende, conscientemente actuamos como ateos funcionales. Simplemente, ser cristianos no cura nuestra compresión dicotómica del mundo.
Las dicotomías de la cosmovisión moderna
Lesslie Newbigin (1989) ha mostrado cómo la separación moderna de los ámbitos físico y espiritual explica un amplio rango de las dicotomías modernas que prevalecen en la cosmovisión moderna. Por ejemplo, el mundo espiritual es la arena de la revelación sagrada, en la cual sabemos por creer. El mundo real en donde escuchamos, vemos, sentimos y tocamos es donde la observación científica nos permite conocer cosas con certeza. Fe y religión forman parte del mundo espiritual, mientras que la razón y la ciencia brindan las explicaciones en el mundo real. El mundo espiritual es un lugar interior, privado; el mundo real es un lugar exterior, público. Esto significa que los valores son un asunto privado de elección personal, que no tiene relevancia en la plaza pública en donde los políticos y los economistas reinan solos. Públicamente, solo tenemos que aceptar los hechos. Tristemente, la iglesia también ha sucumbido a esta cosmovisión moderna y se ha permitido a sí misma ser relegada al mundo espiritual, mientras que el Estado y otras instituciones humanas asumen la responsabilidad por lo que sucede en la vida cotidiana.
| Espiritual | Material |
| Revelación y creencia | Observación y conocimiento |
| Fe | Razón |
| Religión | Ciencia |
| Privado y personal | Público |
| Valores | Hechos |
| Iglesia | Estado |
Figura 1-1: Las dicotomías de la cosmovisión moderna
Separación de testimonio cristiano y acción social
La separación que hace la modernidad de los ámbitos físico y espiritual es parte de la explicación de cómo hemos llegado a entender el testimonio cristiano, y específicamente el evangelismo, como algo que no está relacionado con el desarrollo comunitario. Amar a Dios es trabajo espiritual y amar a los vecinos ocurre en el mundo material. Por lo tanto, el evangelismo (restauración de la relación de las personas con Dios) es trabajo espiritual, mientras que la acción social (restaurar relaciones políticas, sociales y económicas justas entre las personas) no lo es. En el análisis final, esta falsa dicotomía lleva a los cristianos a creer que un trabajo redentor de Dios ocurre únicamente en el ámbito espiritual, mientras que el mundo, aparentemente, se le deja al demonio.
Este entendimiento de dos niveles del mundo explica otro fenómeno curioso. Como portadores de modernidad, los gobiernos y la mayoría de las instituciones seglares de desarrollo occidentales separan la religión del desarrollo. Ellos aceptan la aserción de modernidad de que la Iglesia y el Estado deben estar separados porque tratan con ámbitos separados. Dado que la Iglesia entiende el evangelismo como una actividad apropiada para el mundo espiritual, mientras que la acción social —si es del todo una actividad apropiada para la Iglesia— es la respuesta apropiada en el mundo físico. La Iglesia acepta esta separación impuesta de lo que el evangelio sugiere que es inseparable.
La agencia de desarrollo cristiano no es inmune al fenómeno. Expresamos nuestro cautiverio a una cosmovisión moderna cuando decimos que ministerio holístico significa combinar evangelismo (satisfacer la necesidad espiritual) con ayuda y desarrollo (satisfacer las necesidad físicas) como si se tratara de actividades y ámbitos divisibles. Así que lo hacemos peor insistiendo en que la Iglesia o la parte de evangelismo de nuestra organización hacen lo primero, mientras que la acción de desarrollo hace lo segundo. Un número de grupos cristianos serios y cuidadosos están organizados de esta forma. Al hacerlo así declaramos el desarrollo independiente de la religión, algo que la mayoría de nosotros realmente no cree.
Separación de palabra, acto y signo
Paul Hiebert desarrolló un marco muy útil que compara las cosmovisiones de las culturas tradicionales y modernas. Él retrata la cosmovisión moderna como de dos niveles, con los mundos físico y espiritual completamente separados. La cosmovisión tradicional es holística, con los dos ámbitos interrelacionados en un todo transparente. El mundo de la religión alta está ocupado por los grandes dioses que no deberían de ser molestados o perturbados. La interrelación entre el mundo visible y el mundo invisible está mediada por chamanes, libros sagrados, espíritus y otros que tienen acceso a ambos mundos. Este es el mundo de maldiciones, amuletos y hechizos y otros intentos de negociar o “manejar el mundo invisible”.
Si bien el mundo moderno tiene algo que decir sobre la alta religión y sobre el mundo físico, nosotros no tenemos nada que decir al mundo de la religión popular. Sufrimos de lo que Hiebert llama “el centro excluido”.

Figura 12: Cosmovisiones Moderna y Tradicional (Adaptado de Hiebert, 1982)
Nosotros, en Occidente, ya no creemos en ancestros, espíritus, demonios ni actores invisibles. Después de todo, eso es pura superstición e ignorancia. Sin embargo, la mayoría de las culturas tradicionales pasan mucho tiempo preocupadas por este mundo invisible y ubican la causa y el efecto allí. El impacto de este centro excluido desde una perspectiva de desarrollo es un punto ciego. Fallamos al escuchar la historia de la comunidad sobre el mundo invisible y fallamos en tener respuestas que, en sus mentes, tomen adecuadamente este mundo en cuenta.
Para los cristianos, debería ser humillante notar que, aunque en modo alguno es lo mismo, la cosmovisión de la Biblia está más cerca de la cosmovisión de las culturas tradicionales que de la moderna. La cosmovisión bíblica es holística en el sentido de que el mundo físico nunca se ha entendido como desconectado o separado del mundo espiritual y la regla de Dios que lo creó. Además, Cristo —el creador, sustentador y redentor de la creación— está tanto en nosotros como intercediendo por nosotros a la diestra de Dios Padre. El hecho de que la Palabra se hiciera carne explota la afirmación de que lo espiritual y lo físico se pueden separar de manera significativa.
Es necesario hacer una aclaración: haber señalado el holismo en la cosmovisión bíblica y el hecho de que la mayoría de las cosmovisiones tradicionales son holísticas no es para decir que la cosmovisión bíblica es animista. Las cosmovisiones bíblicas y animistas son bastante diferentes, tal y como deja claro la comparación de la figura 1-2 y la figura 1-3. Existe un solo Dios en la cosmovisión bíblica; todos los demás seres espirituales son parte del orden creado y caído, al igual que los seres humanos.

Figura 13: Contraste de las cosmovisiones modernas y bíblicas
Esta comparación de las cosmovisiones también llama la atención al hecho de que las preguntas críticas cambian dependiendo del nivel en el cual se esté funcionando. El evangelio aborda la cuestión de la verdad con el evangelio como palabra: la verdad acerca de Dios. El evangelio aborda cuestiones de poder con el evangelio como signo: el poder del Espíritu Santo. En el nivel material del empirismo, la cosmovisión bíblica responde a la pregunta “¿Qué funciona?” con buenas obras que expresan el amor de Dios.
Esto revela otro nivel del problema que la modernidad causa a la misión cristiana. Cuando separamos lo espiritual de lo físico, no solamente separamos el evangelismo del desarrollo, sino que separamos el evangelio como palabra del evangelio como obra y no proporcionamos nada para el evangelio como signo. En el ámbito espiritual, la pregunta crítica es “¿Cuál Dios es el verdadero Dios?”, y la respuesta es una idea. Este marco nos habilita a reducir el mensaje del evangelio a la verdad en forma de propuestas, inclusive a un conjunto de “leyes espirituales”. Así, el testimonio cristiano se reduce a palabras y a hablar.
Al nivel del mundo físico, la pregunta es “¿Qué funciona?”. La respuesta viene en forma de métodos efectivos y buena tecnología. Las obras son lo real. Entonces, así reducimos el mensaje del evangelio y el evangelismo a trabajar por la justicia o a salvar la creación de Dios.
Separar el evangelio como palabra, el evangelio como obra, y el evangelio como signo tiene serias consecuencias. En culturas en las que las palabras han perdido su significado, como es por lo general el caso en Occidente, las obras son necesarias para verificar lo que las palabras realmente significan. Decir que somos cristianos es ambiguo, dado que casi todos en Occidente afirman ser cristianos. Si queremos saber lo que las personas quieren decir cuando dicen que son cristianas, miremos la calidad de sus vidas. La forma en que vivimos y actuamos declara a otros lo que queremos decir cuando decimos que somos cristianos.
En otras culturas las obras pueden ser ambiguas. Ya sea que hablemos o no, las personas reciben un mensaje. Descubrir agua en el desierto es un milagro, y las culturas animistas a menudo interpretan la tecnología que la encuentra como magia y brujería. La investigación realizada por Bruce Bradshaw (1993) descubrió esto repetidamente en un trabajo de desarrollo de Visión Mundial. En opinión de los lugareños, Visión Mundial tiene destacados adivinos y poderosos chamanes entre su personal. La tecnología del desarrollo, sin las palabras que lo acompañan para interpretar sus buenas obras, puede dar como resultado que se otorgue la gloria a los científicos e hidrólogos del suelo inteligentes o “mágicos” en lugar de a Dios.
También debemos señalar la forma inadecuada en que la cosmovisión moderna aborda los signos. Debido a que no hay lugar para la aparición de lo sobrenatural en el mundo físico, no existe espacio para signos y milagros. Para la mayoría de los animistas, la pregunta existencial tiene poco que ver con la verdad; tiene que ver con el poder. Como la causa se ubica en el mundo invisible o espiritual, la pregunta vital es “¿Cuál dios es más poderoso?”. El hecho de que los carismáticos y los pentecostales tengan una respuesta para esta pregunta es una parte importante de la razón por la que, hoy día, son la expresión de mayor crecimiento de la iglesia. La incapacidad de lo moderno para tratar con signos y milagros dificulta mucho a los portadores de modernidad, como profesionales de desarrollo, poder llevar a cabo conversaciones importantes con personas que tienen una cosmovisión tradicional o animista. El profesional de desarrollo piensa que las personas están enfermas a causa de gérmenes y agua sucia, mientras que las personas creen que están enfermas a causa de maldiciones y brujería.
Por lo tanto, al abordar el mensaje del evangelio, nosotros no podemos separar palabra, obra y signo sin truncar nuestro mensaje. Las palabras aclaran el significado de las obras. Las obras verifican el significado de las palabras. Desde un punto de vista más crítico, los signos anuncian la presencia y el poder de Uno que es radicalmente otro y que es tanto la verdadera fuente de todas las buenas obras como el autor de las únicas palabras que traen vida en plenitud.
Limitación del alcance del pecado y el evangelio
Como hemos tendido a aceptar la dicotomía entre lo espiritual y lo físico, a veces inadvertidamente limitamos el alcance tanto del pecado como del evangelio. Si la preocupación de Dios es solo por lo espiritual, entonces reducimos nuestra comprensión del pecado a algo personal que separa a las personas de Dios. Esto, a su vez, nos tienta a reducir únicamente el alcance de la redención al ámbito espiritual o personal. Esto hace difícil entender el impacto del pecado en el mundo material de la economía, política, cultura y la Iglesia como una institución e incluso hace más difícil creer que el trabajo de redención y salvífico de Dios se extiende a este confuso mundo de pecado. Sin embargo, este es el mundo en el que trabaja la acción de desarrollo cristiano.
Al limitar el ámbito del pecado al alma de una persona, de forma inadvertida también limitamos el alcance del evangelio. Necesitamos transformar esta forma de pensar. La regla de Dios se extiende tanto a lo espiritual como a lo material; el trabajo redentor de Jesucristo es necesario en donde haya penetrado el pecado. Esto significa que debemos redefinir nuestro conocimiento de la salvación para ser más inclusivos u holísticos sin perder su significado en términos de restauración de nuestra relación con Dios.
Revelación y observación
La dicotomía en la cosmovisión moderna crea problemas en términos de cómo conocemos las cosas. La revelación es la forma en que conocemos cosas en el ámbito espiritual, mientras que la observación y la razón son las formas aceptadas de conocimiento en el ámbito físico. La dicotomía moderna entre revelación y observación oculta algunas cosas interesantes.
Primero, la fuente de conocimiento es diferente. La revelación proviene de Dios hacia nosotros. La observación y la razón la hacemos por nuestra propia cuenta y, si no somos cristianos, sin ninguna preferencia hacia Dios. Los cristianos que separan el ámbito físico y el ámbito espiritual tienden a estar centrados en Dios en sus vidas espirituales, y en lo humano cuando piensan y actúan en el mundo físico. Para nuestro trabajo espiritual nos dirigimos a la iglesia y a nuestras Biblias; para el trabajo de desarrollo, pasamos a las ciencias sociales. Esto explica en gran medida por qué las prácticas de desarrollo de las agencias de desarrollo cristiano a menudo se sienten “seglares”.
En segundo lugar, la oración, ayuno, meditación y otras formas de espiritualidad son actividades relegadas a conocer cosas del mundo espiritual. Fallamos entonces en ver la espiritualidad como una herramienta para conocer o trabajar en el mundo real. Unos cuantos trabajadores de desarrollo cristiano entienden que el discernimiento espiritual es un elemento clave de la planificación de programa y de monitoreo y evaluación. Algunos trabajadores de desarrollo entienden que la oración y el ayuno son herramientas para la transformación humana o para trabajar por la justicia. En el mejor de los casos, la oración es una comunión personal e interna con Dios o una solicitud a Dios para una intervención extracurricular de “entrar y salir” del mundo real. Por otro lado, Dios y la revelación de Dios no se consideran pertinentes a nuestro análisis social y lo que nos queda es interpretar nuestro mundo por cuenta propia.
Habiendo explorado el problema que la modernidad presenta para el profesional cristiano que busca promover el desarrollo transformador, debería ser más fácil entender por qué este libro sigue la trayectoria que sigue. En cada capítulo, desde el relato bíblico hasta los principios y la práctica, he intentado superar este punto ciego y sugerir respuestas o señalar el trabajo adicional que debe realizarse.
La trayectoria de este libro
La evolución de la idea de desarrollo
El capítulo dos inicia trazando el surgimiento de la idea de que nuestro mundo es algo que podemos mejorar. Hay muy pocos cambios en el mundo en términos de población, riqueza y salud hasta principios del siglo XIX. La vida era dura. El mundo era un lugar inseguro donde la sobrevivencia era una tarea diaria. Casi todos eran tan pobres como los de las partes más pobres del sur de hoy día. La idea de mejorar la parte material de la condición humana no existía.
Con un cambio radical en la trayectoria de la historia económica, alrededor del 1800 surgió un amplio rango de ideas nuevas: creación de riqueza, mercados como sistemas, personas comunes como contribuyentes creativos, y la idea de que el mundo de Dios se podría mejorar con la creatividad humana. La ciencia y la tecnología surgieron como formas de crear riqueza y aumentar el bienestar humano. En Occidente, las mejoras materiales en la condición humana fueron rápidas; más recientemente, China, India, Brasil e Indonesia han asumido esta misma trayectoria. Tristemente, esto es menor en el caso en África y Asia Central. Si bien este proceso fue muy desigual y algunos se beneficiaron mucho más que otros, el cambio histórico fundamental que tuvo lugar a principios del siglo XIX es un hecho histórico que dio lugar a la creación de la idea que ahora llamamos desarrollo o erradicación de la pobreza.
La idea de desarrollo como erradicación de la pobreza dirigida a las naciones pobres surgió después de la Segunda Guerra Mundial, en gran medida como un producto de las naciones occidentales que estaban enfrentando un mundo de Guerra Fría. Por décadas, el desarrollo significó convertirse en algo como el “moderno” Occidente y se medía en términos de crecimiento económico. Para la década de 1990, se estaba ampliando este modelo económico de desarrollo con el objeto de incluir también el desarrollo social.
El capítulo dos resume entonces las voces actuales más importantes en la conversación de desarrollo que se está llevando a cabo dentro de las Naciones Unidas y entre gobiernos y ONG internacionales. Actualmente el escenario está dominado por el marco predominantemente moderno de Jeffrey Sachs y su End of Poverty (Fin de la pobreza, 2005), el marco más posmoderno de William Easterly y su White Man’s Burden (La carga del hombre blanco, 2006), y el paquete de soluciones más ecléctico y pragmático ofrecido por Paul Collier en The Bottom Billion (El billón del fondo, 2007). También presento tres importantes voces del sur. Amartya Sen, un economista de desarrollo ganador del Premio Nobel, es responsable del cambio de la conversación de desarrollo global de crecimiento económico solo con su libro Development as Freedom (Desarrollo como libertad, 1999). Hernando de Soto es un influyente economista peruano que escribió dos libros seminales: The Other Path (La otra ruta, 1989) y The Mystery of Capital (El misterio del capital, 2000). Muhammad Yunus es un ganador del Premio Nobel por su trabajo pionero en microcrédito, y autor de Creating a World without Poverty (Creando un mundo sin pobreza, 2009). Estas ofertas brindan enfoques para la erradicación de la pobreza que son seglares y materialistas, basados en la premisa de que los seres humanos pueden salvarse a sí mismos. Sin embargo, están moldeando la conversación de desarrollo hoy día e influyendo en las prioridades del donante, y por eso tenemos que estar al tanto de ellos.
El relato bíblico
Antes de entrar en una conversación sobre pobreza y desarrollo, nos detendremos para ver un capítulo sobre teología. Si el desarrollo transformador tiene que ser bíblico, entonces necesitamos desarrollar un marco bíblico que informe las siguientes discusiones sobre teoría y práctica del desarrollo.
El capítulo tres comienza con una repetición de la conversación relacionada con pobreza, desarrollo y justicia social en dos tradiciones cristianas —evangélica y católica romana—. La conversación evangélica —en su mayoría, estadounidense— sobre justicia social y los pobres se ve empañada por un silencio de casi cincuenta años entre la controversia modernista de la década de 1920 y el resurgimiento de las preocupaciones históricas del evangelicalismo para los pobres en la década de 1970. Por otro lado, la tradición de educación social católica de la Iglesia católica romana empezó en 1891 con la Rerum novarum (Nuevas Cosas), de León XIII. Más de veinte documentos, principalmente encíclicas papales, se escribieron durante los últimos ciento veinte años, dado que los teólogos católicos han actualizado y ampliado sus ideas en un mundo que cambia rápidamente. Existe una riqueza de sabiduría que nosotros los evangélicos necesitamos conocer y apropiarnos.
El capítulo luego cambia de marcha en busca de una teología evangélica de la pobreza y el desarrollo. Los enfoques tradicionales de la teología del desarrollo han tendido a ser de naturaleza proposicional, recurriendo al relato del Éxodo para comprender la opresión y la liberación, los salmos y los profetas como evidencia de la preocupación de Dios por los pobres, y los evangelios como ejemplos de cómo Jesús respondió a los pobres y enseñó a sus discípulos. Todo esto es muy útil y sigue siendo importante. No obstante, en este libro trato de cambiar la perspectiva hacia un relato narrativo de la historia bíblica. Hice esto porque esta perspectiva se ajusta mejor y respalda lo que creo que es un marco muy útil para establecer el contexto en el que tiene lugar el desarrollo: la convergencia de historias.
Los pobres ya tienen una historia antes de la llegada de la agencia de desarrollo, tanto para su historia inmediata como para la de su gente. Además, Dios ha estado activo en su historia desde el principio, ya sea que las personas reconozcan la participación divina o no. Cuando llegan los promotores de desarrollo, ellos traen su historia propia, tanto la personal como la de su agencia de desarrollo. Entonces, para la vida del programa, la comunidad y los promotores comparten una historia.
Ver el proceso de desarrollo transformador como una historia compartida nos invita a preguntarnos para qué son nuestras historias, a dónde van y cuál es la verdadera. La historia bíblica nos proporciona un marco muy útil para buscar respuestas a estas preguntas. El relato bíblico explica cómo empezó la historia de cada comunidad y por qué están llenas de dolor, injusticia y lucha al mismo tiempo que están llenas de gozo, relaciones amorosas y esperanza. El relato bíblico proporciona la respuesta de cómo las historias de la comunidad y del promotor de desarrollo necesitan reorientarse hacia la que su creador pretende y describe, en la metáfora del reino de Dios como la mejor historia humana. El relato bíblico también nos dice cómo terminarán todas nuestras historias. Aún más importante, podemos aprender para qué son nuestras historias: culto del Dios verdadero.
¿Qué es pobreza?
La forma en que entendemos la naturaleza de la pobreza y qué la causa es muy importante, porque tiende a determinar cómo respondemos al fenómeno. Estructurar esto nos ayuda a determinar la fuente de gran parte de nuestro entendimiento acerca de qué es el desarrollo transformador y cómo se debe practicar. El propósito del capítulo cuatro es tratar e integrar lo mejor de lo que las personas han estado pensando sobre la naturaleza de la pobreza y su causa.
Debemos empezar con nosotros mismos. Necesitamos trabajar duro para descubrir nuestros supuestos y nuestro precondicionamiento con respecto a la pobreza y los pobres. Esto es particularmente cierto para los cristianos, porque ha habido una variedad de puntos de vista de los pobres, dependiendo de la tradición cristiana.
El capítulo cuatro revisa entonces los cambiantes puntos de vista de pobreza como una forma de mostrar que entender la pobreza es una tarea sin fin. En los primeros días del desarrollo muchos asumieron que pobreza podría explicarse como la ausencia de cosas. Después, a la mezcla se agregó la ausencia de ideas o conocimiento y luego, cuando la naturaleza sistémica de la pobreza se aclaró, la privación de acceso al poder, recursos y opciones formó parte de nuestro conocimiento de pobreza. En la década de 1980 surgió una visión sistémica de la pobreza con la propuesta de Robert Chambers, quien señaló que la pobreza es un sistema de enredos. A inicios de la década de 1990 John Friedmann agregó a la discusión describiéndola como la privación de acceso al poder social. Posteriormente, en 1990, Amartya Sen argumentó que era más el resultado de una falta de libertad que falta de dinero. Más recientemente, los sicólogos comunitarios Isaac Prilleltensky y Geoffrey Nelson argumentaron que es el resultado de la opresión que disminuye el bienestar personal y relacional.
Sopesando desde una perspectiva cristiana, Jayakumar Christian, con base en Chambers y Friedmann, describe la pobreza como un sistema de desempoderamiento que crea relaciones opresivas y cuyas causas fundamentales son espirituales. Finalmente, introduzco el marco holístico de pobreza de Ravi Jayakaran como una falta de libertad para crecer.
El capítulo diez explora las causas de la pobreza. Analizo la interacción entre las causas físicas y sociales como causas mayormente externas a los pobres. Luego exploro la gran contribución interna a la pobreza como resultado de las causas mentales y espirituales. Inspirándome en Jayakumar Christian, propongo que la naturaleza de la pobreza es fundamentalmente relacional y que su causa es fundamentalmente espiritual.
Los pobres son pobres, en gran medida, porque viven en redes de relaciones que no trabajan para su bienestar. Por lo general, sus relaciones con otros son opresivas y desempoderantes como resultado de los no pobres que “juegan a dios” en las vidas de los pobres. Su relación dentro de ellos mismos está disminuida y debilitada como resultado de la rutina de la pobreza y del sentimiento de impotencia permanente. Su relación con los que ellos llaman “otros” se experimenta como exclusión. Su relación con su entorno es cada vez menos productiva porque la pobreza no deja espacio para cuidar del medioambiente. Su relación con el Dios que los creó y sustenta su vida está distorsionada por un conocimiento inadecuado de quién es Dios y qué desea para toda la humanidad. La pobreza es toda familia de nuestras relaciones que no son todo lo que pueden ser.
Las relaciones de los pobres no trabajan por su bienestar debido a los valores espirituales que tienen los “otros” y los pobres, que no mejoran ni apoyan la vida. El egoísmo, amor por el poder y sentimientos de privilegio ordenado se expresan en complejos divinos. La pérdida de esperanza, oportunidad y reconocimiento deterioran la identidad de los pobres. El racismo, eternocentrismo y ostracismo erosionan la bendición pretendida de tener muchas culturas. El temor a los espíritus y creencias en dioses que no pueden salvar ensombrece la oferta del Dios que desea salvar. A fin de cuentas, las causas de la pobreza son espirituales.
La sección final del capítulo cuatro se centra en la pobreza de los no pobres. Ellos también sufren de un sentido de identidad y vocación deterioradas, de forma diferente a la experiencia de los pobres.
Perspectivas de desarrollo
Al haber desarrollado un marco holístico para pensar en la pobreza, el capítulo cinco estudia una serie de formas de pensar acerca de lo que es desarrollo y cómo debería funcionar.
Empiezo explorando de donde vienen nuestras ideas de desarrollo. La pregunta central es “¿Quién nos salvará?”. Esto es importante porque existen historias que compiten en este siglo, y todas ofrecen salvación. Algunos creen que seremos salvados por la ciencia y la tecnología. Otros descansan su fe en los mercados libres y la globalización. Otros ponen su fe en el ingenio humano y la idea del inevitable progreso humano. La visión cristiana de la salvación apunta a la cruz y a la resurrección como el único marco que puede verdaderamente traernos a casa.
Exploro un rango de propuestas para pensar en desarrollo. Para los evangélicos, la conversación empezó en una consulta en Lausanne, Wheaton 1983, en la cual teólogos y profesionales fueron más allá del debate en cuanto a si el evangelismo y la acción social eran actividades cristianas legítimas y comenzaron la búsqueda de un marco bíblico para entender el desarrollo. De particular interés fue un documento de Wayne Bragg, entonces del Wheaton Hunger Center, en el que propuso la frase desarrollo transformador como una alternativa bíblica holística a la modernización occidental.
Describo la propuesta de desarrollo centrado en las personas de David Korten, en la que él cuestiona el crecimiento económico como un motor del desarrollo sostenible e insiste en que el ambiente y las limitaciones del “planeta azul” se vuelven más centrales para las conversaciones de desarrollo. Exploro el punto de vista de John Friedmann de un “desarrollo alternativo” que se enfoca en expandir el poder político y social de las familias pobres apoyando las prácticas democráticas populares y construyendo la sociedad civil. Describo la propuesta de Isaac Prilleltensky y Geoffrey Nelson, dos psicólogos comunitarios que ven el desarrollo como mejoramiento personal, poder colectivo y relacional. Resumo la propuesta de Robert Chambers de desarrollo como bienestar responsable, aprovechando los principios de equidad y sostenibilidad perseguidos mediante el aumento de los medios de vida, seguridad y capacidades de los pobres. Finalmente, introduzco la propuesta de Amartya Sen de que la libertad humana es tanto la meta como el medio para el desarrollo.
Luego paso un buen tiempo explorando el trabajo de Jayakumar Christian y su idea de desarrollo como una respuesta del reino a la impotencia de los pobres, que expone la red de mentiras sobre la identidad y el valor de los pobres y las redes de Dios de los no pobres a la verdad transformadora y las demandas del reino de Dios.
Hacia un entendimiento cristiano del desarrollo transformador
Con estas tres piezas establecidas —un marco bíblico, un entendimiento holístico de pobreza y una encuesta de pensamiento de desarrollo— el capítulo seis intenta hacer una síntesis que reúne muchas de las piezas en una propuesta para un entendimiento cristiano del desarrollo transformador. Mi propuesta empieza estipulando lo obvio: el viaje de desarrollo transformador pertenece a Dios y a aquellos que están en él; no a los expertos, agencias de donantes o facilitadores de desarrollo. Cualquiera que sea nuestro marco o nuestros métodos, debemos estar dispuestos a dejarlos de lado y permitir que los pobres descubran su propio camino tal y como nosotros hemos hecho.
La primera pregunta que un programa de desarrollo debe responder es“¿Cuál es el mejor futuro hacia el que apunta?”. Esto supone que hemos respondido la pregunta más fundamental de lo que es el bienestar humano. El relato bíblico y nuestra teología suministran la respuesta. El mejor de los futuros humanos yace en la dirección del reino de Dios y hacia Jesucristo como la persona que ofrece el camino para formar parte del reino de Dios. Como la pobreza es fundamentalmente relacional, luego articulo las metas dobles de desarrollo transformador como personas cambiadas y relaciones justas y pacíficas. Por personas cambiadas me refiero a aquellos que han descubierto su verdadera identidad como hijos de Dios y que han recuperado su verdadera vocación como mayordomos leales y productivos de los dones de Dios para el bienestar de todos.
Estas metas dobles de desarrollo transformador aplican a los pobres, a los no pobres y a los facilitadores de desarrollo por igual. La búsqueda humana de significado y propósito es una búsqueda universal e interminable. Lo que es diferente es únicamente la naturaleza de la lucha. Los pobres sufren por identidades deterioradas y la creencia no tiene vocación significativa a parte de servir a los poderosos. Los no pobres, y a veces los facilitadores de desarrollo, sufren de la tentación de jugar a ser dios en las vidas de los pobres y creen que lo que tienen en términos de dinero, conocimiento y posición es el resultado de su propia astucia o el derecho de su grupo. Tanto los pobres como los no pobres tienen que recuperar su verdadera identidad y su verdadera vocación. Todos son pobres en el mundo de Dios y todos necesitan transformación.
Luego exploro las implicaciones de estas metas dobles del desarrollo transformador en términos de enmarcar un proceso de cambio. Ninguna revolución, ni evolución, ni resginación al statu quo es aceptable. Describo un proceso de cambio que afirma los roles conjuntos de Dios y los seres humanos, la necesidad de concentrarse en restaurar relaciones en todas las dimensiones, y la necesidad de mantener el fin en mente y reconocer que existe un adversario que trabaja activamente para vencer toda transformación genuina. Señalo la importancia de buscar la verdad, la justicia, la rectitud y también la belleza, el arte y la celebración. Finalmente, me refiero a la importancia de abordar las causas de la pobreza, de expresar un sesgo hacia la paz y de afirmar a la iglesia local o iglesias como críticas y socios indispensables en el proceso de búsqueda del cambio sostenible.
El capítulo concluye con una breve exploración de las cuatro dimensiones de sostenibilidad —física, mental, social y espiritual— y algunas reflexiones sobre las diferentes formas en que necesitamos pensar holísticamente en materia de desarrollo transformador. En particular, la sección de sostenibilidad social explora las dinámicas de opresión proponiendo una nueva síntesis de la idea de Jayakumar Christian de desempoderar sistemas, y la propuesta de Ann Cudd para entender las dinámicas de opresión.
Principios y profesionales
El capítulo siete pasa a la práctica de desarrollo transformador con un enfoque en los tipos de principios y las características de personas que serán necesarias para buscar el entendimiento de Jayakumar Christian en cuanto a desarrollo transformador propuesto en el capítulo.
Empiezo reiterando la afirmación básica de que la pertenencia del proceso de desarrollo está en las personas mismas. Ellas tienen una historia que necesitamos escuchar y respetar, mientras afirmamos que Dios también nos ha dado algo que ofrecerles. Necesitamos superar nuestros modernos puntos ciegos en términos del mundo espiritual de manera que podamos escuchar toda su historia, incluyendo el hecho de que crean que muchas de las causas de su situación actual y la influencia dominante en términos de su futuro están en el mundo invisible de los espíritus, dioses y ancestros. También recuerdo que ya saben mucho y que se debe dejar salir y respetar este conocimiento autóctono. Los pobres ya saben cómo sobrevivir. Ningún viaje de desarrollo transformador tiene que empezar con este hecho importante.
El capítulo continúa con una discusión sobre moverse desde la participación al empoderamiento. La participación no es un fin en sí y por ende la calidad de la participación importa. Cuando las personas cambian volviéndose menos pasivas y más actores principales en su propio desarrollo, la participación se convierte en empoderamiento. Son las personas cambiadas quienes cambian a otras. Finalmente, la participación que no logra construir un sentido más fuerte de comunidad también es defectuosa.
Después, el capítulo pasa de los principios a los profesionales de desarrollo transformador. El desarrollo es mediado a través de las personas y las relaciones. La actitud, conocimiento y comportamiento del profesional holístico son vitales para cualquier posibilidad de ver alguna transformación genuina. La calidad del profesional debe ser holística para que el programa también lo sea. Si el profesional holístico trata a las personas como si estuvieran hechas a imagen y semejanza de Dios, entonces las personas pueden llegar a creer que son verdaderamente hijos de Dios y que no son los olvidados de Dios. Si el profesional holístico cree que las personas tienen dones y una contribución que hacer, entonces las personas también harán este descubrimiento.
Se ofrece un perfil para profesionales holísticos. Los profesionales holísticos deben ser cristianos con una verdadera cosmovisión bíblica. Deben tener carácter cristiano: actuar, pensar y trabajar como discípulos holísticos. Deben ser profesionales del desarrollo, capaces de aprovechar lo mejor que la profesión tiene que ofrecer. Los profesionales holísticos deben conocer toda la Biblia y ser teólogos laicos que entienden que existe una fina línea entre hacer desarrollo y hacer teología. Finalmente, deben ellos mismos formar parte de un proceso continuo de formación profesional y espiritual.
Diseño de programas para transformación
El capítulo ocho empieza con una discusión acerca de cómo está diseñado un programa de desarrollo. Se describe el rol tradicional de las herramientas de diseño, monitoreo y evaluación para completar un plan de programa lineal y lógico empacado nítidamente en un marco lógico. Luego explico por qué este enfoque de gestión por objetivos tradicional para planificación del programa de desarrollo no está bien adaptado para planificar el cambio en sistemas sociales. Los sistemas sociales son contra intuitivos y dinámicos (un término técnico que significa que no son lineales ni repetitivos). Los sistemas sociales se auto organizan, pero no son particularmente asequibles a gestión y control. Concluyo argumentando que, en vez “planificar nuestro camino hacia la transformación”, nosotros y las personas con quienes trabajamos estaremos mejor servidos “aprendiendo nuestro camino hacia la transformación”. Por lo tanto el énfasis está menos en la metas e hitos (excepto a corto plazo) y más en la visión, valores y monitoreo, y evaluación regulares. El rol de las disciplinas espirituales en este proceso se explora brevemente con la ayuda de mi esposa Lisa Myers, que ha estado haciendo dirección espiritual de grupos por más de veinticinco años.
Luego paso a algunas reflexiones sobre lo que le sucede a nuestra respuesta de desarrollo cuando pasamos del análisis de necesidades al análisis social. Se describe la forma en se hace esto usando el análisis de vulnerabilidades y capacidades de Mary Anderson y de Peter Woodrow. El enfoque de seguridad de medios de vida se introduce como un marco de diseño de programa seguido por una breve introducción a la organización comunitaria. El capítulo se enfoca luego en una de las más importantes herramientas de planificación e investigación de desarrollo de las décadas de 1980 y 1990. Las herramientas de Acción y Aprendizaje Participativo (PLA, por sus siglas en inglés) “ponen la estafeta en las manos de la comunidad” para que el método de investigación, análisis y planificación en sí sea potencialmente transformador. El capítulo continúa para introducir la Consulta Apreciativa, un desarrollo más reciente en investigación participativa y planificación que se basa en el trabajo de David Cooperrider de Case Western Reserve University. El supuesto de la consulta apreciativa de salud, vitalidad y organización social que da la vida incluso en las comunidades más pobres mantiene una promesa particular de ayudar a los pobres a recuperar su identidad y a descubrir su verdadera vocación.
El capítulo luego informa sobre algunas investigaciones que tratan de investigar cómo los programas de desarrollo podrían terminar en una transición hacia la sostenibilidad e introduce un marco para transiciones de programa, así como una propuesta de factores críticos de éxito para transiciones exitosas. Uno de los cambios que ocurre conforme los programas maduran es que los temas de abogacía, política, ciudadanía empoderada y buena gobernanza tienden a surgir como preocupaciones centrales de la comunidad. Esto se explora brevemente.
Concluyo con una breve exploración de una serie de preocupaciones de otros programas de diseño. ¿Qué significa cuando hablamos de la comunidad y quién está hablando por ella? ¿Cómo garantizamos que estamos escuchando a mujeres, niños y niñas? ¿Cuál es el ritmo apropiado para un programa y quién decide? ¿Dejamos que la cosmovisión espiritual de los pobres surja?
Aprendizaje hacia la transformación
Este capítulo, redactado con la ayuda experta del Dr. Frank Cookingham, jefe de evaluación de Visión Mundial Internacional, empieza definiendo monitoreo, evaluación y reflexión. Observamos que en el mundo del desarrollo actual el monitoreo se malbarata, la evaluación se sobrevende y la reflexión se ignora.
Empezamos con el hecho de que, si los programas de desarrollo aspiran a cambiar los sistemas sociales dinámicos de los pobres, se prestan a planes y acciones claros, lineales y lógicos, entonces lo inesperado, y posiblemente lo más importante, es la norma. Las comunidades que realizan programas hacen cosas inesperadas y cambian su mentalidad. Los mosquiteros que se dan gratuitamente para prevenir la malaria terminan siendo usados como protectores de ventana o un nuevo sistema de suministro de agua no se usa por temor a los espíritus del antiguo sistema. Así que el monitoreo y la evaluación, que tratan de evaluar la fidelidad del diseño del programa original incorporado en su Marco Lógico, costarán dinero y perderán mucho de lo que es importante. Si debemos aprender nuestro camino al futuro en un programa de desarrollo, entonces las evaluaciones de impacto se vuelven significativamente menos importantes, mientras que el monitoreo consistente y la reflexión en lo esperado y lo inesperado se convierten en la clave para este aprendizaje social.
El capítulo nueve examina otras preguntas cruciales relativas al monitoreo y evaluación: ¿Para qué es? ¿Para quién es? ¿Qué cambió? ¿Quién cambió? ¿Qué observamos y medimos?
La pregunta “¿Durará?”, habla de la preocupación por la sostenibilidad. La sostenibilidad social y mental se explora brevemente. Como este libro busca una perspectiva cristiana de pobreza y desarrollo, pasé más tiempo en el tema de sostenibilidades espiritual y exploro lo que se puede observar y medir, que habla de la calidad de nuestro testimonio cristiano.
Nuevamente con la ayuda de Lisa Myers, el capítulo termina con una breve reflexión acerca de cómo la espiritualidad y la disciplina espiritual deben moldear la evaluación de los programas de desarrollo.
Testimonio cristiano
El libro concluye con un capítulo sobre testimonio cristiano, ya que se expresa a la perfección en el contexto de hacer desarrollo transformador. Empieza explorando tanto la necesidad como el problema de testimonio cristiano para la agencia de desarrollo y ayuda cristiana. Debemos dar testimonio porque el testimoniar es una característica central de nuestro compromiso de fe; no es una opción. Sin embargo, la forma en que damos testimonio plantea una dificultad y un reto. La dificultad es que todos —cristianos o no cristianos— están siempre siendo testigos de todos modos. La única pregunta es “¿A qué o a quién están testimoniando?”. No existen facilitadores de desarrollo “sin valores”. El reto es descubrir un marco para pensar en el testimonio cristiano de forma que sea consistente con los principios del desarrollo transformador.
El capítulo presenta un marco derivado del trabajo de Lesslie Newbigin. Hacer desarrollo y vivir nuestras vidas en formas que resulten en preguntas sobre nosotros planteadas por la comunidad o por algunos de sus miembros, preguntas para las que el evangelio es la respuesta, une el evangelio como vida y el evangelio como obra con el evangelio como palabra. Este enfoque coloca la iniciativa para invitar a las personas a dar testimonio y la responsabilidad de dar un testimonio efectivo en el lugar al que pertenece: en el cristiano. Nuestro testimonio depende de nuestra vida para que el Espíritu Santo pueda evocar preguntas para las cuales nuestra fe es la respuesta.
Con este marco de provocar la pregunta, el capítulo discute posteriormente temas relativos a testimonio holístico, incluyendo la necesidad de contar todo el relato bíblico; la interrelación de vida, palabra, obra y signo; y la necesidad de evitar hacer una dicotomía entre evangelismo y discipulado.
Continúa explorando temas relativos a garantizar que nuestro entendimiento de testimonio cristiano sea consistente con nuestro marco para el desarrollo transformador. Empieza señalando que las metas de testimonio cristiano son las mismas que las metas de desarrollo transformador: personas cambiadas y relaciones cambiadas. La única diferencia es que el énfasis principal de testimonio cristiano está en la relación de las personas con Dios. Esta convergencia de metas es evidencia de que hemos superado la dicotomía entre lo físico y lo espiritual.
La sección continúa presentando un conocimiento orgánico o integrado del evangelio como estando con Jesús de manera que podamos “dar testimonio por obra, palabra y signo”. El mensaje cristiano es un mensaje encarnado, realizado por testimonios vivos. La claridad y lo atractivo de este mensaje dependen de la calidad de nuestra vida con Jesús y de nuestra disponibilidad para dar expresión a esa vida por medio de la palabra, obra y signo. Luego se presenta una alerta indicando que debemos evitar separar el evangelismo y el discipulado. Esta es una falsa dicotomía, y superarla es vital para resolver nuestra preocupación por la clase de cristianos que van a resultar de nuestro testimonio. La sección concluye con un llamado a estar seguros de que, cuando damos testimonio, lo hagamos de manera que tarde o temprano comparta el relato bíblico completo. Es todo el relato bíblico el que lleva la cuenta de quiénes somos y para qué estamos, que declara el señorío de Cristo sobre toda la creación y sobre todas nuestras relaciones.
Luego pasa al tema de cómo debemos dar testimonio. Empieza con un llamado para que los cristianos vivan vidas elocuentes, la clave para provocar preguntas para las cuales el evangelio es la respuesta. Continúa recordándonos la importancia de llevar a cabo nuestro testimonio cristiano con una mente crucificada, una mente cruzada. Tomo nota de la importancia de ayudar a la comunidad —y a nosotros mismos— a descubrir las huellas de Dios en nuestra historia, en la creación y en las intervenciones de desarrollo. Señalo que las preguntas sobre sentido y propósito contienen la mayor promesa para cambiar la cosmovisión y cambiar la opinión que los pobres tienen de sí mismos y de su futuro. Esta sección incluye una breve discusión acerca de cómo podemos interpretar la tecnología de manera que no señale su propia eficiencia sino la actividad y la figura del Dios que la hizo posible, y concluye con un recordatorio de que necesitamos evitar ser apologéticos para ser cristianos y, por tanto, estar dispuestos a decir lo que creemos.
En este punto, el capítulo cambia a la importancia de la Biblia para el proceso de desarrollo transformador. Argumenta que la Biblia, como la palabra viva de Dios, debe ser liberada de su cautiverio espiritual del domingo por la mañana y de la devoción personal y debe permitirse estar activa en el proceso de desarrollo. El capítulo nos reta a encontrar maneras de permitir que la Biblia hable por sí misma. Se introduce el marco católico romano del círculo pastoral. Y luego comparto los ejemplos de la Búsqueda de las Escrituras y los Siete pasos en los cuales se utiliza la Biblia en programación de desarrollo. También describo brevemente la innovación de Misión Nuevas Tribus de Storying the Bible (Narración de la Biblia) y hago una sugerencia sobre cómo puede hacerse más holístico y, por lo tanto, más aplicable para usarlo en el proceso de desarrollo.
El capítulo “Testimonio Cristiano” concluye con una discusión del enfoque del testimonio cristiano. El enfoque central del testimonio cristiano debe estar en las metas dobles de transformación: gente cambiada y relaciones cambiadas. Los pobres, los no pobres y el profesional de desarrollo (y su agencia) deben de trabajar juntos en la búsqueda de su verdadera identidad y la recuperación de su verdadera vocación dentro del contexto de relaciones justas y pacíficas. La sección discute luego cómo esto puede darse como resultado del testimonio cristiano y el cambio de cosmovisión. Finalmente, cierra con la pregunta “¿Quién cambia?”. La respuesta es que todos deben cambiar. El desarrollo transformador es un viaje en el que todos están y que todos deben buscar.
2
Desarrollo-Los orígenes de una idea
La noción de desarrollo en términos de ayudar a una nación a escapar de la pobreza surge exactamente después de la Segunda Guerra Mundial. La idea subyacente de que las sociedades pueden cambiar y de que las circunstancias vivas pueden mejorarse es moderna: surgió lentamente en el siglo XVII y no se extendió ampliamente en Occidente sino hasta finales del siglo XVIII. Entender el origen del concepto de desarrollo humano y nacional nos ayudará a entender mejor en dónde estamos en términos de pobreza y desarrollo hoy en día. Después de una breve revisión histórica, el capítulo introduce algunos de los contribuyentes contemporáneos más importantes a la conversación mundial sobre erradicación de la pobreza. Aunque sus teorías son globales en alcance y por lo tanto no son especialmente útiles para profesionales del desarrollo, sus ideas están influyendo en la investigación de desarrollo contemporáneo y en cómo los donantes y los implementadores de desarrollo funcionan hoy en día.
Mirando atrás
La trayectoria cambiada de la historia
El trabajo seminal de la historia económica mundial de Angus Maddison ha llamado nuestra atención sobre cuán significativamente cambió el mundo a principios del siglo XIX. Desde el principio de los tiempos hasta inicios de 1800, la condición humana no cambió mucho. La riqueza del mundo no cambió; tampoco la población, y la expectativa de vida nunca subió por encima de los cuarenta años. Casi todos vivían en un mundo de escasez e inseguridad: subsistieron con el equivalente de US$ 1,25 por día durante unos mil años después del tiempo de Cristo. Del 1000 a 1820, esa cifra solo creció a US$ 1,80 por día (Maddison, 2003). La mayoría vivía y trabajaba en la casa y el trabajo no era algo que alguien hiciera por un pago sino más bien algo que la familia hacía para mantenerse viva. Aunque siempre hubo unos cuantos con una relativa riqueza, casi todos eran pobres, más o menos tan pobres como la mayoría de los pobres del sur en la actualidad. La idea de crear riquezas a través de su trabajo, los conceptos de un sistema de mercado o la tierra como capital simplemente no existían (Heilbroner, 1999:18-19). En los albores del siglo XIX hubo un impresionante cambio histórico que introdujo una trayectoria radicalmente nueva de riqueza global y de bienestar humano (Figura 2-1).

Figura 2-1: PIB Global (Adaptado de Maddison)
Durante los últimos doscientos años, la riqueza del mundo aumentó más de cincuenta veces y la población mundial creció seis veces. La riqueza per cápita del mundo aumentó increíblemente nueve veces en este corto periodo de doscientos años (Maddison, 2003:256, 259). La expectativa de vida en Europa casi se duplicó en el mismo periodo (Maddison, 2001: 29). Más personas, más riqueza por persona, mejor salud, ¿Qué pasó?.
Muchas cosas cambiaron, muchos de los cambios fueron fundamentalmente radicales en naturaleza. Dado que la nueva idea de un Estado —nación seglar— empezó a convertirse en una realidad concreta en Europa, Adam Smith escribió su Theory of Moral Sentiments (Teoría de sentimientos morales, 1759) y luego Wealth of Nations (Riqueza de naciones, 1776) con nuevo conjunto de ideas que ahora llamamos economía política. Determinado por un deseo de explicar qué estaba pasando en Gran Bretaña como resultado de la Revolución Industrial y su preocupación por la protección del bien común, Smith propuso dos nuevas ideas principales (Heilbroner, 1999:20): primero, la riqueza —la producción anual de la tierra y el trabajo de una sociedad— se podía crear (aumentada) por medio de la innovación e inversión en un sistema de mercado; las economías no tenían que ser juegos de suma cero. Segundo, la vida económica ya no necesitaba estar organizada alrededor de la tradición cultural o mando autoritario. El “gran carruaje de la sociedad”, que durante tanto tiempo había recorrido la suave pendiente de la tradición, ahora se encontraba impulsado por un sistema de combustión interna, a saber: el sistema de mercado y su “mano oculta” (Heilbroner, 1999:33). Sin este cambio paradigmático en cómo entendemos la economía, la idea de desarrollo —mejorar la condición humana— es incomprensible.
Como todos estamos conscientes, este cambio estuvo acompañado de la Revolución Industrial, fue impulsado por una avalancha de inventos tecnológicos que extendió dramáticamente el poder físico humano. Por primera vez en la historia de la humanidad la cantidad de trabajo que una persona podía hacer no se limitaba a la fuerza de su espalda. A principios del siglo XVII, Francis Bacon desafió a los eruditos escolásticos de la academia de su época a cambiar su enfoque de deducir todo de los primeros principios —revelación de Dios— y pidió un cambio de enfoque para leer otro libro de Dios-naturaleza. La motivación de Bacon para este cambio hacia la observación y deducción fue mejorar las vidas de las personas comunes y corrientes (Anderson, 1960:23, 78). A principios del siglo XVIII, este cambio de mentalidad había resultado en una impresionante variedad de inventos humanos y el surgimiento de la ciencia moderna en Occidente. Surgieron la medicina y la agricultura modernas. El transporte y la comunicación se transformaron. Todo esto se unió al nuevo entendimiento acerca del crecimiento económico.
Sin embargo, el cambio más fundamental fue en cómo los seres humanos entendieron su mundo y su capacidad de cambiarlo. De un sentido tradicional de resignación a la luz de un mundo inhóspito, los seres humanos descubrieron un nuevo sentido de acción humana y empezaron a pensar nuevas ideas y a tomar acciones para mejorar sus circunstancias. Deidre McCloskey, profesora de Economía, Historia e Inglés, argumentó convincentemente que el rápido despegue de la innovación y el crecimiento económico a principios del siglo XIX estuvo impulsado por un cambio en la visión de la gente común y su autocomprensión. De siervos pobres, que conocían y aceptaban su lugar permanente en el mundo, empezó a surgir una nueva clase media que fue tratada con creciente respeto y a la que se le dio la libertad de disfrutar de las gratificaciones de sus esfuerzos e innovarlas (McCloskey, 2010:11-12). La libertad y el aumento de la acción humana desataron la creatividad y la esperanza de que era posible un futuro mejor; una idea que resurge en este libro cuando hablamos de sanar la identidad deteriorada de los pobres. Esta era una idea radicalmente nueva:
Desde Platón, el ser ha sido entendido como una presencia eterna, sin cambio. El cambio siempre se aleja del ser, degeneración... Si el cambio no es simplemente degeneración, entonces algunos cambios pueden ser progresivos. Un cambio guiado por una humanidad iluminada puede producir bien. El progreso se abre como una posibilidad humana. (Gillespie, 2008: 36)
Una impresionante ola de creatividad humana condujo a nuevos inventos y, lo que es más importante, a nuevas conceptualizaciones e ideas. Todo esto estaba sustentado por un creciente compromiso con la educación universal, porque todos tenían el potencial de convertirse en un actor en la historia.
En conjunto, esta visión de los seres humanos como actores racionales y creativos en la historia, la posibilidad de crecimiento económico a través de un sistema de mercado y las contribuciones habilitantes de la ciencia y la tecnología cambiaron la trayectoria del mundo. Un mundo de escasez comenzó a experimentar una profunda transición a un mundo de excedentes y —algunos dirían acerca de Occidente— finalmente a uno de indulgencia y sobreconsumo.
A medida que las personas y la sociedad cambiaban, ocurrió otro cambio en ideas que es relevante para el desarrollo. Aunque el concepto de caridad (caritas) como la idea de sentir compasión y preocuparse por aquellos que sufren es tan vieja como las principales religiones del mundo, no fue sino hasta mediados del siglo XIX que la idea de compasión empezó a incluir la norma moral de que el sufrimiento estaba equivocado y que se debía evitar o ponerle fin, si era posible (Sznaider, 1998:122ff.).Por primera vez surge la idea de ayuda organizada por medio de instituciones.
Los movimientos humanitarios modernos surgieron en los siglos XVIII y XIX para abolir la esclavitud, crueldad contra los prisioneros, animales y niños; se organizaron reformas a las fábricas, instituciones sanitarias y prisiones durante ese tiempo que continúan hasta hoy. (Sznaider, 1998:120)1
Durante este mismo periodo aparecieron las primeras agencias humanitarias en Europa como la fundación del Comité Internacional de la Cruz Roja, en 1863, y Caritas Alemán, en 1867.
Este cambio fundamental en la trayectoria de mayor riqueza y bienestar empezó en Europa y se difundió de forma dispareja alrededor del mundo, usualmente acompañada por el colonialismo occidental en algunas zonas. Aunque China, India y Brasil están ahora experimentando esta nueva trayectoria por primera vez, este cambio fue lento en beneficiar a los pobres y a menudo los convirtió en víctimas. Inició una visión competitiva de la economía —el marxismo— que afirmaba abordar estas preocupaciones tan humanas. Pero, a pesar de la desigualdad y la lucha continua para descubrir cómo funciona todo esto, ahora se acepta comúnmente la idea de que las naciones y las comunidades pobres pueden desarrollarse. La historia de desarrollo transformador empieza con este cambio radical en la trayectoria de la historia.
La idea evolutiva del desarrollo
Desarrollo —entendido como esfuerzos para mejorar el bienestar de los pobres— se utilizó por primera vez a principios de 1950 en Occidente. A raíz de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, Europa se había reconstruido y estaba despegando económicamente. La presión posguerra para otorgar la independencia a las antiguas colonias estaba en marcha.
Al mismo tiempo, soldados y corresponsales de guerra que habían estado por todo el mundo y habían visto cosas previamente no reportadas, estaban regresando a casa con historias de lugares lejanos y exóticos que no eran culturas occidentales. La radio, y luego la televisión, comenzaron a trasmitir las palabras e imágenes de lugares muy pobres y distantes de las casas de las personas en Occidente. La brecha entre un Occidente rico y desarrollado y el resto del mundo claramente empezó a ser el centro de atención.
La idea de desarrollo y la posibilidad de erradicar la pobreza se convirtieron en la norma en Occidente y a menudo se hablaba de una misión casi religiosa: como “el deber moral de los países industrializados occidentales de asumir pasos para ayudar a aquellos que estaban más atrasados técnicamente (y culturalmente) a avanzar en el camino del progreso” (Tyndale,2006: 156).
Pero, ¿Qué querían decir estos altruistas occidentales con el término desarrollo?. No siempre recordamos que, aunque el occidente se consideró a sí mismo como desarrollado, no estaba totalmente claro como ocurrió este desarrollo. Además, todavía estaba conmocionado por el hecho de que su desarrollo había incluido dos guerras mundiales, una depresión económica mundial y un holocausto. No obstante, la suposición subyacente se tomó como algo dado por hecho: el mundo subdesarrollado debía desarrollarse emulando el camino de desarrollo de Occidente.
En la década de 1960, el “manifiesto no comunista” de Walt Rostow y sus cinco etapas de crecimiento económico se convirtieron en el modelo de las estrategias de desarrollo occidentales de la época. “Meta de desarrollo” se entendió como modernización (occidentalización); la medida de desarrollo era el tamaño de la economía de una nación. Hacer crecer las economías siguiendo las cinco etapas de crecimiento económico de Rostow fue el medio de desarrollo.
La conjetura básica de lo que llegó a conocerse como teoría de la modernización (véase figura ٢-٢) fue que la cultura tradicional y los valores de las sociedades pobres necesitaban cambiar y que lo harían a medida que se encontraran con un mundo en modernización de la urbanización, la educación pública y la integración en el sistema de mercado occidental. Los valores tradicionales, juzgados como no propicios para el crecimiento económico, se desvanecerían, y los valores “modernos” tomarían su lugar. Este cambio en los valores conduciría a una economía moderna.

Figura 2–2: Teoría de Modernización
Tenemos que recordar que la ruta de Rostow al desarrollo también fue parte de la estrategia del occidente en la Guerra Fría. Esto significaba armas y guerras de poder; a veces la estrategia tomó la forma de ayuda al desarrollo. Ayudar a las naciones pobres del sur fue visto como una forma de mantenerlos fuera de la órbita soviética. La idea de desarrollo en la década de 1960 no fue del todo altruista.
El creciente compromiso con la ayuda al desarrollo requirió un sistema de entrega de desarrollo. Los gobiernos occidentales fundaron departamentos de ayuda extranjera como USAID en 1961 y el Ministerio Británico de Desarrollo Exterior (ahora Departamento para el Desarrollo Internacional o DFID), en 1964. Las Naciones Unidas establecieron el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 1965. Los bancos de desarrollo regionales se establecieron en América Latina (1959), África (1964) y Asia (1966). Durante este mismo periodo muchas organizaciones cristianas y seglares, originalmente fundadas para ayuda humanitaria, empezaron a agregar actividades de desarrollo a sus carteras de ministerio. Estas incluyeron Oxfam, CARE, Servicios de Ayuda Católicos, Caritas, Servicio Mundial de Iglesias y, en la década de 1970, Action Aid, Visión Mundial y Tear Fund.
Si bien la teoría de la modernización prevaleció durante un tiempo, eventualmente perdió su brillo como la creación cultural y económicamente miope que era, y surgieron otras teorías de desarrollo. La teoría de la dependencia, con sus raíces neo marxistas y latinoamericanas, argumentó que el Occidente era la fuente del subdesarrollo del sur y que la teoría de la modernización y la ayuda de desarrollo eran solo una “hoja de parra” para tapar esta realidad capitalista neocolonial incambiable. La meta del desarrollo para ambas teorías aún era el crecimiento económico, pero los medios de desarrollo ahora eran una opción entre economía capitalista o marxista. Algunos incluso empezaron a buscar una tercera manera, como lo ejemplifica Small Is Beautiful (Pequeño es bello, 1973), de E. F. Schumacher y su intento de formular lo que llamó economía budista.
En la década de 1980, los profesionales de desarrollo, cansados de los argumentos sobre las teorías e historia económica global, comenzaron a articular un enfoque que denominaron “desarrollo centrado en las personas”, que se derivaba de lo que habían aprendido en primera línea trabajando entre los pobres. De forma alternativa, empezaron a surgir pequeñas teorías, limitadas por tiempo y espacio y más se cuestionaba la idea de desarrollo únicamente como economía.
Robert Chambers, investigador asociado del Instituto de Estudios de Desarrollo en la Universidad de Sussex con una larga experiencia de campo en la India rural y África, argumentó una comprensión de la pobreza como sistema de enredo que requiere una respuesta de sistemas centrada en promover el “bienestar responsable” (Chambers, 1983:37; 1997:10). John Friedmann, profesor de Planificación Urbana con amplia experiencia urbana en la América Latina, insistió en que, aunque el tipo de programación de desarrollo popular que Chambers argumentó era necesario, no era suficiente (1992). Para Friedmann, la pobreza de los hogares pobres era un resultado de no tener suficiente poder político y social para desarrollarse a sí mismos e insistir en los servicios que se merecían del Estado. Lo que se necesitaba era organizar a los pobres en asociaciones y redes que los hicieran cada vez más difíciles de ignorar como actores importantes en la sociedad civil; solo entonces podrían avanzar contra los sistemas políticos y económicos que limitaban su iniciativa. Si bien las presiones de acceso, vulnerabilidad y poder social se volvieron más centrales en la conversación de desarrollo, la medida central siguió siendo el tamaño de la economía nacional. Vamos a dar una mirada más de cerca a Chambers y Friedmann en los capítulos cuatro y cinco.
Amartya Sen – Desarrollo como libertad
Finalmente, en la década de 1990, hubo un cambio en las medidas de desarrollo. Un economista de desarrollo de la India, Amartya Sen, comenzó a trabajar con Mahbub ul Haq, un colega suyo pakistaní en el PNUD, con el objeto de crear un nuevo índice para evaluar el desarrollo con el propósito declarado de avanzar en economía de desarrollo desde su enfoque en el producto interno bruto (PIB) a un mayor enfoque centrado en las personas. El resultante Índice de Desarrollo Humano (IDH) agregó la expectativa de vida como un indicador de salud y la alfabetización como indicador de conocimiento y educación, y al PIB como una medida estándar de vida. Al tiempo, este cambio en la medición del desarrollo comenzó a modificar la forma en que se diseñaban los proyectos de desarrollo. El desarrollo ya no se centraba solo en el crecimiento económico.
Sen también estudió la relación entre hambrunas y democracia. Nunca ha habido una hambruna mayor en una democracia en funcionamiento (Sen, 1999:16). Este descubrimiento condujo al desarrollo como libertad, en el cual Sen anunció su conclusión de que la pobreza se entiende mejor como el resultado de la privación de libertad humana. Cosas como bajo ingreso, falta de educación, mala salud y falta de acceso a los servicios hacen que las personas sean menos libres, al igual que la falta de libertad en la forma de restricciones a las libertades políticas y civiles y participación (Sen, 1999:4). “Lo que la gente puede lograr positivamente se ve influenciado por las oportunidades económicas, libertades políticas, poderes sociales y condiciones habilitantes de buena salud, educación básica y la motivación y cultivo de iniciativas” (1999:5).
Para él, el bienestar humano se entiende mejor no por lo que las personas consumen (economía), si no por lo que las personas son y hacen, como estar alfabetizado, saludable, económicamente activo y participar en la vida de su comunidad. Sen llama a estos funcionamientos. Las funciones son el material básico de la vida humana, tales como tener suficiente para comer, vivir en una vivienda adecuada, respirar aire limpio y tomar agua potable, así como ideales de más alto valor como el autorespeto, tener una dignidad mejorada, participar en la vida comunitaria y sentirse seguro. La tradición de derechos humanos insiste en que todos los seres humanos tienen el derecho a funcionar de esta forma. Lo mismo ocurre con el relato bíblico. Según los profetas, la prueba del funcionamiento de la sociedad y el gobierno de los poderosos era el bienestar de las viudas, huérfanos y extranjeros. Si los más pobres pueden funcionar, la sociedad también está funcionando. Pero seguramente hay más que solo la supervivencia en la intención de Dios para los seres humanos.
Sen sostiene que debemos ir más allá de la idea de funcionamientos y extender nuestras preocupaciones de desarrollo para incluir las capacidades humanas, que describe como lo que las personas son capaces de hacer o eligen hacer. También comenta que para experimentar el bienestar humano debemos tener la libertad (capacidad de escoger lo que deseamos) o ser llamados a convertirnos y tener los medios para llegar ahí. Los seres humanos están destinados a desarrollarse, no solo a sobrevivir. Sen define las capacidades como “capacidad de una persona de hacer actos valiosos o de alcanzar estados valiosos de ser” (Sen, 1999:30). Luego argumenta que el bienestar humano se da cuando una persona tiene la capacidad (libertad) de buscar funcionamientos en un mundo que las personas mismas consideren valioso. Seguramente esto es consistente con el llamado de Dios para que los seres humanos sobrevivan, sean productivos y actúen como cocreadores después de Dios.
La libertad es tanto la meta como el medio para el desarrollo humano. La meta de desarrollo es crear el ambiente y las condiciones dentro de las cuales todas las personas tengan la libertad de buscar el mejor futuro humano que deseen. La libertad es el medio de desarrollo en dos vías. Primero, los pobres mismos deben ser los actores si su capacidad aumenta. Segundo, debemos apoyar a los pobres eliminando impedimentos —que Sen llama “las no libertades”— para que ellos sean actores y hagan elecciones. Por primera vez un estándar ético se ha vuelto central para evaluar la práctica y teoría del desarrollo. Si las personas son más libres, experimentan cambios positivos; si son menos libres, la política o proceso de desarrollo es sospechoso. Dar la libertad y acción humana es ahora central para la tarea de desarrollo, y el crecimiento económico es justo un ámbito entre otros. Por este trabajo, Sen fue galardonado con el Premio Nobel en Economía de Desarrollo.

Figura 2-3: Desarrollo como libertad (Desarrollado de Sen 1999)
Evaluar el desarrollo como libertad es conceptualmente simple. La lógica evaluativa es “¿Están mejoradas las libertades?”. La lógica de efectividad es “¿Son las personas más libres para actuar?”.
El punto de vista de Sen de la importancia de la libertad y acción humanas hace eco de una antropología cristiana en un grado significativo, pero no completo. Aunque Sen no está trabajando desde un marco cristiano, la idea bíblica de la imagen de Dios yace en el corazón de la comprensión de la importancia central que Dios le da a la acción humana: la libertad y la responsabilidad para actuar y crear. El punto de vista de Sen y el punto de vista cristiano se separan con la comprensión cristiana adicional que Dios otorga a los seres humanos, incluyendo libertad de no creer en Dios si esa es nuestra elección; no es la libertad ilimitada del yo occidental autónomo. Es una libertad renunciar a parte de nuestra libertad porque podemos amar mejor a Dios y a nuestro prójimo cuando lo hacemos. La perspectiva de acción y libertad humana representa un punto en el que la comunidad de desarrollo cristiano tiene algo que ofrecer a una comunidad de desarrollo más grande. Hablaremos de esto un poco más adelante.
Con la amplia aceptación del enfoque de Sen en la década de 1992, el tamaño de la economía de un país se convirtió correctamente en un medio y no en un fin. La economía encontró su propio y más incidental lugar en un nuevo conocimiento multidimensional de desarrollo que ahora incluye valores éticos y acción humana empoderada. El propósito de la riqueza no es tener riqueza sino permitir a una persona o grupo familiar buscar el tipo de capacidades que tienen razones para ser valoradas (Sen,1999:14). El desarrollo ideal ya no es el de la modernización occidental. El entendimiento y la búsqueda del bienestar provienen de los mismos pobres. La aceptación general del argumento de Sen ha transformado la conversación de desarrollo. Con respecto a un modelo de desarrollo basado en emular al Occidente y que se mide por el tamaño de la economía de una nación, la comunidad de desarrollo está en un lugar muy diferente. En la primera década del siglo XXI el lenguaje de bienestar humano y las crecientes capacidades comunitarias y humanas se volvieron normativas.
La lucha ahora es descubrir qué es el bienestar humano en realidad y cómo se puede lograr aumentarlo. La conversación de desarrollo puede estar lista para unirse a las otras conversaciones acerca del florecimiento humano, incluyendo conversaciones religiosas.
Voces de los pobres
Bienestar es un estómago lleno, tiempo para orar y una plataforma de bambú para dormir.
—Una mujer pobre en Bangladesh (Narayan-Parket et al, 2000: 234)
La conversación posterior a la II Guerra Mundial sobre la evolución y el replanteamiento de la idea de desarrollo se había dado principalmente entre los académicos del norte a los que eventualmente se les unieron académicos y luego profesionales del sur. No fue sino hasta finales de la década de 1990 que algunos empezaron a preguntarse si escuchar a los pobres articular sus propias descripciones de pobreza y bienestar humano podría ser un contrapunto útil.
Después de una década de hostigamiento por parte de las ONG y académicos de desarrollo, el Banco Mundial comenzó a aceptar la idea de que su equipo de economistas, financiado por los países más ricos del mundo, podría estar demasiado alejado del mundo real de los pobres. Trabajando con la asesoría de Robert Chambers, se envió un equipo de investigadores a escuchar a más de sesenta mil personas de las más pobres del mundo. A inicios de la década del 2000 el proyecto Voces de los Pobres publicó tres libros con hallazgos del equipo (Narayan-Parket et al, 2000).
Además de escuchar a los pobres hablar sobre cómo la pobreza, la opresión y la injusticia estaban afectando negativamente sus vidas, también se incluyeron preguntas acerca de lo que los pobres creen que es el bienestar humano. Como se puede esperar, más alimento, mejor salud y acceso a educación formaron parte de la lista. El bienestar humano sin las cosas esenciales de supervivencia es imposible de imaginar. Aún más sorprendente fue el hallazgo de que tener suficiente materialidad para una buena vida no significa pedir mucho. Los deseos materiales de los pobres son modestos: “Que cada niño tenga al menos una cama, un par de zapatos, un toldo sobre sus cabezas, dos sábanas, para no dormir como lo hacemos en el suelo” (Narayan-Parket et al, 2000:25).
Pero la conversación rápidamente fue más allá de estos deseos materiales obvios. Muchas de las expresiones de bienestar eran relacionales, el bienestar social parece central para el bienestar humano de los pobres (Narayan-Parker et al,2000). El deseo de poder cuidar de la familia de uno, la armonía dentro de la familia y la comunidad, tener amigos y ayudar a otros surgió regularmente en las entrevistas.
Menos esperado por los investigadores, muchas de las manifestaciones de bienestar eran de naturaleza psicológica (Narayan-Parket et al,2000). Se escuchó del deseo de sentirse mejor acerca de sí mismos y el anhelo de un sentido de dignidad y respeto. Paz mental, falta de ansiedad, temor a Dios y ser feliz o estar satisfecho con la vida se mencionaron como elementos del bienestar humano. Para sorpresa de los investigadores occidentales, “una vida espiritual y observancia religiosa se entrelazan con otros aspectos del bienestar”(Narayan-Parker et al, 2000; 38).
Reflexiones de esta conversación sobre desarrollo.
Permítanme iniciar con lo obvio. Primero, la conversación de desarrollo occidental y sus exploraciones contemporáneas de bienestar humano son producto de la modernidad más que cualquier otra cosa. La fe en la idea del progreso humano parece intacta a pesar de la presencia continua de violencia y pobreza alrededor del mundo. Parece que no hay necesidad de lo trascendente. Nosotros, los seres humanos inteligentes, necesitamos aplicar nuestra razón y nuestras observaciones científicas al problema de la pobreza, y su solución está dentro de nuestro alcance. Con excepción de lo que los pobres dicen sobre su visión del bienestar humano, Dios no es parte de la visión occidental. Los puntos que presente en el capítulo uno siguen siendo serios y requieren atención.
Segundo, parece bastante claro que la conversación de desarrollo no ha terminado y que existe un espacio creciente para la contribución de los cristianos. La distancia que la conversación de desarrollo ha recorrido en sesenta años y la continua reinvención de ideas y enfoques sugiere que hay más por aprender tanto acerca del propósito como de los medios de desarrollo. La conversación de desarrollo generalmente no ha involucrado los ámbitos de la psicología y de la religión/espiritualidad hasta muy recientemente. A menudo la religión ha sido considerada parte del problema de la pobreza y, por ende, seguramente no será parte de la solución. Esto está cambiando y la puerta se está abriendo para permitir a las personas hablar desde una perspectiva religiosa.
Permítanme compartir algunos ejemplos de ello. La comunidad internacional de desarrollo, un terreno generalmente seglar y moderno con suspicacias sobre la religión, ha comenzado a acercarse para hablar con quienes representan a las instituciones basadas en la fe. El primer paso ocurrió cuando World Development, la revista de la Sociedad de Desarrollo Internacional, dedicó una edición especial a la relación entre religión y desarrollo en 1980 y luego propuso una nueva agenda de búsqueda (Clarke, 2006). Casi veinte años después, en 1998, inspirado por James Wolfensohn, entonces presidente del Banco Mundial y por George Carey, el arzobispo de Canterbury, se lanzó el Diálogo de Desarrollo Mundial. Esto llevó a un proceso multianual de diálogo y exploración continua (Marshall, 2001; Marshall y Van Saanen, 2007). Una investigación posterior llamó la atención al hecho de que las organizaciones de la sociedad civil basadas en la fe fueran el principal —si no el mayor— contribuyente del bienestar social en buena parte del sur (Clarke,2006:837-841).
En 2005, un Programa de Investigación de Desarrollo y Religiones de cinco años fue lanzado por un consorcio que incluye las Universidades de Birmingham y Bath en el Reino Unido junto con otros socios e instituciones británicos en el sur. Financiado por el Departamento de Gobierno del Reino Unido para Desarrollo Internacional, el programa ya había completado una serie de documentos de trabajo interesantes sobre religión y desarrollo desde la perspectiva de la sociología, antropología y economía.2
Más recientemente, se estructuró un serio reto desde dentro de la misma comunidad de estudios de desarrollo seglares. Séverine Deneulin y Bano señalan que existe un importante “traslape entre las tradiciones religiosas y seglares en temas de desarrollo” en las áreas de dignidad humana, justicia social, pobreza, ayuda, preocupación por la tierra, igualdad y libertad (2009;10-11). Aunque también existen áreas de importantes y posiblemente irreconciliables diferencias, Deneuline y Bano se preguntan si existe potencial para un diálogo entre estas dos perspectivas del desarrollo e incluso propósito usando el diálogo interreligioso como un modelo para realizar dicho diálogo.
Como reflexión final, es importante señalar que el tema de desarrollo o bienestar humano es el centro de conversaciones en una variedad de ámbitos hasta aquí desconectados. Dentro del área de la psicología, la investigación sobre florecimiento humano, la psicología positiva y la psicología comunitaria ahora están explicando el rol de las instituciones sociales y de la comunidad como un todo en términos de la salud mental de los seres humanos. Felicidad —en el sentido de tener una visión positiva de la vida de uno— es ahora un tema de creciente interés en Ciencias Económicas (Kenny y Kenny, 2006), Filosofía (S.Bok, 2010), y Política (D.Bok, 2010). La extensión continua del trabajo de Amartya Sen con Martha Nussbaum se enfoca en una visión holística o exhaustiva del bienestar humano (Nussbaum y Sen, 1993). Finalmente, los investigadores de desarrollo están creando herramientas para medir el bienestar en la práctica de desarrollo (White, 2009).
Incluso los teólogos están entrando en el acto. Inter Vartisy realizó una conferencia sobre florecimiento humano en el 2008. Miraslav Volf, David Kelsey y John Hare están supervisando un proyecto de investigación en Yale sobre Dios y florecimiento humano. El reciente libro de Nicholas Wolterstorff God, Justice and Love (Dios, Justicia y Amor) hace distinciones útiles entre la idea utilitaria contemporánea de una satisfactoria vida “experimental”, la “vida bien vivida” de Aristóteles y otros de la antigua Grecia, y lo que Wolterstorff llama “la vida que es tanto bien vivida como que va bien” (Wolterstorff, 2008). Esta formulación de bienestar humano une las capacidades humanas y la dimensión de la acción —los seres humanos deben poder disfrutar de una vida que valga la pena vivir y perseguir los fines de esa vida que desean— y ser los destinatarios de las condiciones que permiten ese tipo de vida
—tipo de relaciones correctas y justas—. Ampliaremos esto más adelante. Existe una urgente necesidad de conversaciones multidisciplinarias entre estos silos académicos tradicionales. Los pobres lo requieren de nosotros.
Pensamiento contemporáneo sobre desarrollo
Desde la discusión anterior de la evolución del pensamiento de desarrollo, algo significativo ha cambiado —una modificación desde las teorías globales sobre economía basada en investigación empírica—. A lo largo de los últimos quince años, una cantidad importante de investigación en desarrollo se ha realizado por parte del Banco Mundial, agencias gubernamentales de desarrollo y académicos. Aunque estamos lejos de un estado de conocimiento comprensivo, la agenda de investigación está dirigiéndose hacia el pensamiento de desarrollo de una manera que no hace mucho tiempo era diferente.
Además, existe mucha más coordinación y cooperación entre agencias. Los profesionales de desarrollo cristianos están más propensos a encontrarse a sí mismos en la mesa con otros profesionales de desarrollo de agencias seglares y gubernamentales. Un entendimiento básico de trabajo del pensamiento de desarrollo contemporáneo y la investigación que recae detrás puede hacer esas conversaciones más simples. Además, yo creo que nosotros los cristianos necesitamos esperar que Dios pueda estar trabajando en nuestros amigos seglares y su compromiso a ayudar a los pobres y, de esa manera, asumir que Dios pueda tener regalos para nosotros en su trabajo. Debemos de salir de nuestro gueto cristiano y ver lo que Dios tiene para nosotros.
Hablando sobre el desarrollo desde una perspectiva global, y como un problema global, hay tres grandes voces: Jeffrey Sachs, William Easterly y Paul Collie. Nosotros también tenemos que tomar nota de la reencarnación de un aspecto de la teoría de modernización: el enlace entre cultura y desarrollo. Finalmente, hay dos voces importantes que están agregando a la conversación perspectivas provenientes del sur: Hernando de Soto y Mohammad Yunus.
Jeffrey Sachs -El gran empujón
Sachs es el director del Instituto Earth y profesor de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. Desde el 2000 hasta el 2006 fue asesor especial de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que eran los objetivos acordados internacionalmente para reducir la pobreza extrema, las enfermedades y el hambre para el año 2015.
En The End of Poverty (El Fin de la Pobreza), Sachs argumentó que hay naciones —que representan una sexta parte de la humanidad— que están encerradas en una trampa de pobreza creada por la enfermedad, el aislamiento geográfico y un ambiente limitante. Estos países no pueden escapar de esta trampa sin ayuda externa, ellos simplemente no tienen los recursos ni la capacidad. Todos los otros factores que exacerban el impacto de esta trampa de pobreza —demografía, gobernanza, cultura, innovación, temas fiscales, geopolítica— se pueden manejar con el tiempo, pero solo si se rompe la trampa de pobreza (Sachs, 2005:56ff.). Por ello, estos países pueden necesitar ayuda externa significativa: un gran empujón (ibid., 19, 208).
Sachs clama por un “compacto global para acabar la pobreza” que establezca una meta a los países ricos para que inviertan 0,7% de su PIB en los ODM. Esto proveería hasta US$ 175 mil millones anuales en asistencia para el desarrollo (2005: 218). La ayuda sería coordinada a través de un sistema de asistencia relanzado que incluye al Banco Mundial, al FMI y a las agencias de las Naciones Unidas que apoyan el desarrollo y agencias gubernamentales para el desarrollo (2005:255ff.).
Usando medicina clínica como una metáfora, Sachs crea lo que él llama “economía clínica” para diagnosticar y, posteriormente, proponer soluciones para situaciones de pobreza local distintas (2005:74ff.). A través del Instituto Earth de la Universidad de Columbia, estableció un grupo de programas de Aldeas del Milenio en África, que combina salud, educación, agricultura y desarrollo de infraestructura para ilustrar su enfoque (2005:238-241). La evaluación de las aldeas se construye en torno a demostrar la factibilidad de alcanzar los ODM.
William Easterly -De abajo hacia arriba
Easterly es profesor de Economía en la Universidad de Nueva York, co-director del Instituto de Investigación de Desarrollo y fue economista del Banco Mundial desde 1985 hasta el 2001.
La pregunta fundamental de Easterly es estratégica. Durante los sesenta años de desarrollo que recién examinamos, se gastaron más de US$ 2,3 billones en ayuda extranjera. Si bien se ha logrado algún progreso, este ha sido muy desigual y lamentablemente el número de personas que viven en extrema pobreza es casi de mil millones. Sin embargo ninguno de los países que ha mostrado más progreso en crecimiento económico —los Tigres Asiáticos3 en los últimos cuarenta años y China e India más recientemente— ha seguido las fórmulas de desarrollo de Occidente ni han recibido tanto en ayuda exterior. Intrigado por esto, Easterly busca cambiar la pregunta de Sachs de “¿Cuánta ayuda exterior necesitamos para erradicar la pobreza?” a “¿Cuál es el mejor uso de la ayuda exterior para desarrollo?” (2006: 4,11).
Easterly ve el mundo de desarrollo diferente a Sachs en una serie de formas importantes. Primero, no cree en el planeamiento de desarrollo global de arriba hacia abajo. Él ve esto como un vestigio de la era colonial, reflejando la idea de que “el Occidente sabe más”. Al contrastar “planificadores” con “buscadores”, Easterly considera que los problemas sociales se solucionan con innovadores que están lo más cerca posible de la acción ya que ellos intentan y fallan y lo vuelven a intentar (buscadores). Por otro lado, los planificadores viven en Washington DC, Londres y Pekín y asumen que saben suficiente para poder encontrar soluciones globales y así determinar qué es necesario suplir. Los buscadores saben que nunca conocerán lo suficiente y, más bien, examinan qué se ha estado pidiendo y tratan de cubrir esa necesidad. Los planificadores proporcionan soluciones que han desarrollado un largo camino desde la primera línea; los buscadores buscan lo que está funcionando localmente y tratan de mejorarlo (Easterly, 2006:14-19).
En segundo lugar, la teoría de cambio social de Easterly es fundamentalmente diferente de lo que piensan Sachs y muchas agencias de desarrollo occidentales. Planes maestros de arriba hacia abajo traicionan una cosmovisión moderna que asume que existe una teoría global unificada de todo, incluyendo pobreza y desarrollo. Descubrir esa teoría debería entonces informar todas las acciones de desarrollo en todos los contextos. Easterly no cree que este sea el caso. Admirador de Edmund Burke y de la Era Intelectual Británica (The British Enlightenment), opta por un enfoque de abajo hacia arriba, de descubrir lo que funciona y de conocer su camino hacia el futuro que asume que el descubrimiento incremental es un mejor ajuste en un mundo complejo y dinámico del que no podemos saber lo suficiente. Retomaremos este tema de conocer su camino cuando hablemos de sistemas sociales complejos en el capítulo ocho, dado que es sumamente relevante para el diseño de un programa de desarrollo.
El enfoque de Easterly es, en planes modestos, búsqueda local y mucha energía gastada en evaluación (2006:53, 193, 375). Dar pasos cortos, hacer las cosas de diferentes maneras y ver qué sucede. Alimentar esas cosas que están funcionando y no alimentar aquellas que no. Esther Duflo, una economista francesa y profesora de Alivio de Pobreza y Desarrollo Económico en el MIT y cofundadora del Laboratorio de Acción de Pobreza, ha retomado esta idea y está teniendo un progreso notorio en desarrollo al examinar y evaluar la vía al éxito (Duflo y Kremer, 2008).
Finalmente, Easterly no cree que la investigación de desarrollo apoye la idea de Sachs sobre la trampa de la pobreza, condición de la que las naciones no pueden liberarse sin una importante inyección de ayuda externa. Cita la investigación económica de Angus Maddison para mostrar como “11 de los 28 países más pobres en 1985 no estaban en el quintil más pobre en 1950. Ellos cayeron en pobreza al ‘caer desde arriba’” (Easterly, 2006:41). También coloca geografía, enfermedad y ambiente —elementos de la trampa de pobreza de Sachs— junto al conflicto y la “maldición de los recursos”4 como un conjunto de condiciones que interfieren con la erradicación de pobreza, pero no la evitan. Luego prosigue para agregar tres factores adicionales que apoyan la erradicación de la pobreza: un ambiente institucional positivo, instituciones democráticas y estar conectados a la economía global (2006: 36-55).
Paul Collier - Los mil millones de abajo
Paul Collier, profesor de Desarrollo Económico en Oxford, entra a la conversación de desarrollo desde un ángulo totalmente diferente. Él comienza preguntando cuáles países están padeciendo en términos de crecimiento económico y luego pregunta cuál es el diferenciador de estos, comparado con los países que están creciendo económicamente. Él descubrió que cerca de mil millones de personas viven en 58 países que han padecido un crecimiento económico negativo desde 1970, mientras que las demás naciones están experimentando crecimiento económico, aunque a diferentes tasas. Setenta por ciento de estos países está en África y la mayoría de los restantes está en Asia Central (2007:6-7). Al examinar los problemas comunes que estos países enfrentan, Collier identifica cuatro trampas de pobreza: experimentar conflictos crónicos, sufrir el impacto negativo de los recursos naturales (la maldición de los recursos), estar rodeado de malos vecinos, y mala gobernanza (2007:5-6). Estas cuatro trampas pueden significar que estos países se quedarán atrás debido a la globalización, que está sacando personas de la pobreza en países como Brasil, India y China. Además, Collier señala que ninguna de estas trampas se podrá superar únicamente con un gran aporte de ayuda extranjera (Sachs) o por la solución de problemas de abajo hacia arriba por parte de los buscadores (Easterly).
El diagnóstico de Collier lo lleva a una interesante familia de soluciones propuestas. Al igual que Sachs, cree que la ayuda extranjera puede ayudar, pero solo si se usa selectivamente (2007:100ff.). La ayuda para el desarrollo inyectada en una situación de conflicto es claramente una fórmula para mal manejo o inefectividad. La ayuda que permite a los gobiernos seguir con un mal manejo de los ingresos de sus recursos naturales también parece poco aconsejable. Collier aduce que la ayuda debe estar dirigida a programas que motiven la reducción del conflicto y/o que recompensen la gobernanza mejorada. Dos de las propuestas de Collier se relacionan con la creación de un ambiente político a nivel internacional que promueva el crecimiento económico y la buena gobernanza. Dado que muchas de las políticas comerciales actuales del mundo desarrollado impiden a los países del sur ganar acceso a los mercados del norte, especialmente en el caso de los productos agrícolas, Collier señala que se necesita un cambio en las políticas comerciales del norte para que los países locales puedan conectarse y beneficiarse con los mercados internacionales (2007:157-58). Su segunda propuesta señala que se necesitan leyes y estatutos que motiven la transparencia y desincentiven la corrupción, y establece que se requieren cartas internacionales o reglas para transparencia presupuestaria, manejo de situaciones posconflicto e inversión internacional (2007:135-36).
La última propuesta es la más sorprendente en términos de asistencia de desarrollo. Cuando el conflicto es una barrera endémica para el desarrollo, Collier se pregunta si la intervención militar o policial puede ser una medida de desarrollo necesaria, para crear la seguridad que se requiere para permitir que los otros elementos de esta propuesta de desarrollo sean efectivos (2007:124-25). Obviamente, esta sugerencia inusual no ha sido bienvenida en los campos de estudio y práctica de desarrollo. Pero no está claro qué más puede ayudar con el problema al cual Collier ha llamado nuestra atención tan acertadamente.
Banerjee y Duflo -Economía de los pobres
Más recientemente, Abhijit Banerjee y Esther Duflo, codirectores del Laboratorio de Acción de la Pobreza Jameel del MIT (J-PAL), ofrecieron una nueva perspectiva para entender la pobreza y el desarrollo. Al evitar teorías —grandes y pequeñas— de lo que causa pobreza y las estrategias correspondientes para erradicarla por ser demasiado simplistas, optimistas e insuficientemente basadas en hechos, Banerjee y Duflo cambian su enfoque de los pobres en un lugar en particular y preguntan: asumiendo que los pobres saben lo qué están haciendo y tienen una razón para actuar de la manera que lo hacen, ¿qué tipo de investigación nos ayudaría a entender sus acciones y aspiraciones?. “Para progresar, tenemos que abandonar el hábito de reducir los pobres a personajes de caricatura y tomarnos el tiempo para realmente entender sus vidas, en toda su complejidad y riqueza” (2011:viii).
Al realizar una amplia investigación de base en más de 18 países en comunidades pobres en donde se está llevando a cabo programación de desarrollo, los hallazgos de Banerjee y Duflo están desmantelando toda una serie de creencias comunes que impulsan la programación de desarrollo con base en supuestos simplistas de lo que un programa puede hacer por los pobres o hacer que los pobres hagan. Ambos ponen en duda la idea de que existen respuestas simples, como mosquiteros, inmunizaciones o educar a las madres para que traten su agua con cloro como solución a la complejidad de brindar una efectiva atención de salud a los pobres. Ellos muestran que mientras los microcréditos cubren una necesidad financiera de los pobres, manejar el riesgo con seguros y establecer una manera segura de ahorrar son igualmente importantes (Banerjee y Duflo, 2011:41-42;133-134;183-184). Además, la idea de que más de mil millones de personas pobres sean emprendedoras y que, por ende, la solución a la pobreza sea el suministro de microcréditos es cuestionada por dos razones. Primero, la mayoría de los pobres que manejan sus propias fincas y empresas lo hacen así porque no tienen otra opción: la investigación sugiere que muchos evitarían esta vida de riesgos y retos si pudieran (ibid., 205-206), justo como la mayoría de nosotros escogeríamos hacer en Occidente. Segundo, no hay pruebas convincentes que muestren que las microempresas se desarrollan en pequeñas empresas, lo cual es la clave para proporcionar trabajos para quienes no son emprendedores (ibid., 157-58).
En otro ejemplo interesante, Banerjee y Duflo brindan información empírica que sugiere que no es cierto que haya una trampa nutricional que mantiene a los pobres desnutridos y débiles y, por ende, incapaces de trabajar, lo cual se traduce en no poder ganar suficiente dinero para resolver el problema nutricional (ibid., 19). La solución asumida para esta trampa es incrementar los ingresos de los grupos familiares pobres. La investigación muestra que cuando los pobres reciben ingresos adicionales, el dinero extra se gasta en festivales, televisión, emergencias médicas, alcohol, tabaco y alimentos más sabrosos pero no más nutritivos. Parece ser que “la necesidad humana básica de una vida placentera puede explicar por qué el gasto en comida está ‘disminuyendo’ en muchos hogares pobres” (ibid., 37). Para no criticar a los pobres por esas malas decisiones, nos recuerdan que nosotros en Occidente, a menudo tomamos decisiones inesperadas y aparentemente irracionales cuando llega el momento de gastar nuestro dinero en alimentos y otras cosas. “Nuestras opciones de gasto no son siempre consistentes con lo que sabemos es mejor para nosotros, ¿por qué esperamos que los pobres sean diferentes?” (ibid., 68).
Debido a este comportamiento impredecible de parte de la mayoría de humanos en términos de qué es mejor para su futuro y tomando en cuenta el hecho de que existe un límite sustancial de lo que un extranjero puede saber sobre un contexto específico, Banerjee y Duflo nos instan a evitar diagnósticos simplistas y sus correspondientes programas de desarrollo de respuestas únicas. En su lugar, ellos han adaptado la idea de ensayos de control aleatorios —un enfoque muy comúnmente utilizado para probar nuevos fármacos— y lo han aplicado para desarrollo de planes de programa. Por ejemplo, en un área de la India con tasas de inmunización muy bajas a pesar de que existe inmunización gratuita en los puestos de salud del gobierno, los pueblos de la zona se dividieron en tres grupos. El primer grupo comprendía pueblos que no recibían intervención de programa; eran el grupo de control. El segundo grupo de pueblos se convirtió en el sitio de una feria mensual de salud en donde trabajadores de salud del gobierno dieron inmunizaciones gratuitas. El tercer grupo de pueblos también fue visitado por la feria mensual de salud, pero, además, a las madres se les daba un kilogramo de dal (frijoles) y un juego de platos de metal cuando los niños completaban su serie de inmunizaciones. Con base en los resultados empíricos, la tercera opción resultó ser la más efectiva. Este es un ejemplo de aprender el camino al futuro —algo de lo que hablaremos en los capítulos ocho y nueve— y que hace eco de la preocupación de Easterly por la importancia de un monitoreo y evaluación basados en la evidencia.
Banerjee y Duflo concluyen con una advertencia que es una corrección útil para muchas de las teorías que exploramos en este libro:
Si resistimos el tipo de pensamiento perezoso y formulista que reduce cada problema al mismo conjunto de principios generales; si escuchamos a los pobres y nos forzamos a entender la lógica de sus decisiones; si aceptamos la posibilidad del error y supeditamos cada idea, incluyendo las aparentemente de mayor sentido común, a una evaluación empírica rigurosa, entonces estaremos listos no solo para construir una caja de herramientas de políticas efectivas, sino también para entender mejor por qué los pobres viven de la manera que lo hacen (2011: 272).
Lawrence Harrison — La cultura importa
Con la necesaria y apropiada desestimación de la versión original de la teoría de modernización y su tesis de que las culturas tradicionales son culturas de pobreza, mientras que las culturas occidentales modernas no lo son, se volvió inapropiado discutir de cultura y desarrollo por un buen tiempo. Harrison, ex director de la oficina de USAID y ahora director del Instituto Culture Change de la Escuela Fletcher de la Universidad de Tufts, resucitó la idea de que cultura y pobreza pueden tener conexiones que se deben tomar en serio. Su principal trabajo, Underdevelopment Is a State of Mind (El subdesarrollo es un estado mental, 1985), usó estudios de caso de América Latina para respaldar su afirmación de que la cultura ha sido un obstáculo para el desarrollo económico de la región.
En un volumen editado del simposio “Valores Culturales y Progreso Humano” de la Universidad de Harvard, de 1999, la pregunta de la cultura y el desarrollo se planteó de esta manera: “Si la cultura es importante y las personas han estudiado cultura por un siglo o más, entonces, ¿por qué no tenemos teorías bien desarrolladas, lineamientos prácticos y vínculos profesionales cerrados entre quienes estudian cultura y quienes hacen y manejan políticas de desarrollo?” (Harrison y Huntington, 2000:xvi). Mientras la idea de conectar la cultura y la pobreza aún pone muy nerviosas a algunas personas, esta pregunta es importante. Dejando por un momento de lado los puntos de vista particulares de Harrison sobre cultura y desarrollo, la idea de que la antropología pueda tener una contribución que hacer a la teoría y práctica de desarrollo es buena, aunque los antropólogos necesitaron de mucha motivación desde su propia disciplina para volver a comprometerse con el desarrollo (Para un resumen útil, véase Sillitoe, 1998).
La primera tesis de Harrison es que los valores y prácticas culturales pueden ayudar o entorpecer el desarrollo económico y por lo tanto necesitan ser parte de los análisis sociales antes de que se diseñen los programas de desarrollo. Él tiene razón en esto y veremos más acerca de cómo la antropología ha participado y mejorado metodologías de desarrollo participativas en el capítulo ocho.
La segunda tesis de Harrison causa más controversia. Se basa en su conclusión de que el desarrollo económico de los últimos cincuenta años es geográficamente desigual y que la cultura brinda una parte importante de la explicación de dos formas. Primero, considera que “la sociedad que es más exitosa ayudando a su gente —toda su gente— se da cuenta de su potencial creativo y es la sociedad que va a progresar más rápido” (Harrison, 1985:2). Haciendo eco de McCloskey, esto significa que esos valores culturales que motivan a las personas a ser creativas y productivas, que recompensan el mérito, la toma de riesgos, el ahorro y que promueven confianza y transparencia tienden a apoyar el crecimiento económico. Culturas y valores que limitan alguno o todos estos simplemente apoyan menos el crecimiento económico.
Segundo, Harrison argumenta que estos mismos valores culturales tienen, para bien y para mal, una profunda influencia en la efectividad de las instituciones sociales, y particularmente de las económicas (Harrison, 1985:2-3). Douglass North hizo un convincente caso sobre la importancia de dichas instituciones en cuando a su contribución al crecimiento económico de Occidente (North, 2005).
La conversación contemporánea sobre pobreza y cultura tiene varias debilidades. Primero, la idea de que las personas viven dentro de un único marco cultural no es cierta. Todos vivimos y nos movemos dentro de un conjunto complejo y fluido de realidades culturales y subculturales. Segundo, los valores modernos no se encuentran exclusivamente en extranjeros, con los valores tradicionales expresados únicamente entre los locales. Por ende, la conversación se complica y se confunde en el mundo real.
Más importante, si bien la nueva conversación reafirma que el cambio cultural debe venir desde adentro y no desde afuera, la conversación de cultura y desarrollo ignora ingenuamente qué tan poco entendemos realmente en cuanto a cómo cambian las culturas en realidad. No hay acuerdo sobre si el crecimiento económico cambia los valores culturales o no, como sugiere Sachs (2005:317), o si los valores culturales permiten el crecimiento económico o no, como estipula Landes (1999:516).
No obstante, como Vijayendra Rao y Michael Walton dejan claro en Culture and Public Action (Cultura y Acción Pública), debemos tomar el tema de la cultura y el desarrollo seria y cuidadosamente. “Un enfoque en cultura es necesario para confrontar las preguntas difíciles sobre qué se valora en términos de bienestar, quién hace la valoración y por qué los factores económicos y sociales interactúan con la cultura para asignar de forma desigual el acceso a una buena vida”(2004:4).
Hay una pregunta relacionada que lleva el tema de los valores culturales al ámbito del profesional. Una de las controversias que surgió en el Simposio de Valores Culturales y Progreso Humano —del cual se desarrolló el libro Culture Matters (La cultura importa)— tiene que ver con el grado en que “se debe integrar el cambio cultural en la conceptualización, estrategización, planificación y programación de desarrollo político y económico” (Harrison y Huntington, 2000:xxx). Jeffrey Sachs, Hernando de Soto y Amartya Sen ven la conveniencia de convertir el cambio cultural en una meta de desarrollo con considerable suspicacia. Las culturas no parecen cambiar al ritmo de un programa de desarrollo y su vida útil. Simplemente no hay suficientes datos para apoyar esa afirmación y hay demasiada tentación de permitir prejuicios e incluso culpar a la víctima. Debido a la historia del colonialismo occidental y de los supuestos sobre la superioridad de las cosas de Occidente, el paso para tratar de cambiar la cultura parece un puente demasiado lejano para muchos.
Hernando de Soto -Los pobres como emprendedores
De Soto es un economista peruano que ha hecho dos contribuciones muy importantes a la conversación de desarrollo. En 1989, su primera pieza importante de investigación desde el contexto peruano demostró tres cosas sobre los pobres que pueden ser relevantes en algún otro lugar. Primero, demostró la vitalidad, creatividad y naturaleza emprendedora de los pobres urbanos de Perú. La investigación de De Soto demolió el prejuicio de que los pobres son perezosos y estúpidos. Segundo, comprobó el impacto altamente negativo en los pobres de ser relegados a la economía informal o no formal, con su crimen y su falta de Estado de derecho, protecciones legales y servicios sociales. Si bien los pobres son emprendedores que toman riesgos, De Soto evidenció que sus negocios informales no pueden crecer en el sector informal y son vulnerables a robo, extorsión y desastres naturales (1989:xix).
Finalmente, llamó la atención sobre la naturaleza excluyente de la economía formal en Perú (y en otros países latinoamericanos), que resulta de un arreglo mercantil por el cual el gobierno se mantiene en el poder siempre y cuando proteja la ventaja económica de las oligarquías que controlan la economía (1989:201-202). De Soto documentó un conjunto de reglas, tarifas y procedimientos, creados por la regulación gubernamental, que hacen del registro legal del mercado local o de la licencia del vendedor una pesadilla costosa y que requiere de mucho tiempo. Estos procesos convulsos pueden implicar más de cincuenta pasos diferentes, docenas de ministerios y departamentos gubernamentales diferentes y con un valor de ingreso de dos a cuatro años para completarse (1989:131-132). El propósito de estas regulaciones es proteger los intereses económicos creados de la competencia. Friedmann llama a la “persistencia de los pobres dentro de un estado hostil… un acto de resistencia civil” (1992:23). En el año 2000, la segunda contribución importante de De Soto llegó como resultado de su exploración acerca de lo que él mismo llamó el misterio del capital y por qué el capitalismo funciona en Occidente y no lo hace tan bien en otros lugares (De Soto, 2000). La primera parte de su descubrimiento fue que nosotros en Occidente hemos cambiado nuestra forma de pensar sobre las propiedades. La tierra, o cualquier activo físico, se ha convertido en más que solo una parcela a poseer; es un activo que tiene valor como capital y por ende se puede apalancar. Una persona puede conservar la tierra, hacer un préstamo con base en su valor y comenzar un nuevo negocio para crear nueva riqueza. Así, la propiedad se transforma en capital. De Soto considera que los pobres del mundo están sentados en activos que valen cuarenta veces más que toda la ayuda extranjera que se ha dado desde 1945 (2000:4), pero no pueden convertir esa propiedad en capital; es “capital muerto”, descrito en su segundo descubrimiento.
De Soto dio seguimiento a la historia del desarrollo de capital en Occidente y se dio cuenta de que la clave para poder hacer un préstamo sobre un activo que uno posea es poder probar que es de uno. El surgimiento de un sistema de derechos de propiedad en Occidente proporcionó este tipo de prueba a un prestamista, por lo que las propiedades se convirtieron en capital que se podía usar. En muchas partes del mundo en donde viven los pobres no existen sistemas de derechos de propiedad ni los medios legales para aplicarlos. Los sistemas de propiedad comunal, propiedad gubernamental o propiedad conflictiva o no documentada contribuyen a lo que De Soto denomina capital muerto, porque nadie va a prestar dinero sobre algo que una persona no puede probar que le pertenece (De Soto, 2000).
Muhammad Yunus—El derecho a acceso a crédito
Yunus es un profesor de economía de Bangladés y fundador del Banco Grameen y sus empresas relacionadas. En medio de la seria hambruna de la década de 1970, Yunus conoció a una mujer pobre que hacía bancos de bambú en las calles, en las afueras de la universidad, y se preguntó si su economía tenía algo que ofrecerle para aliviar su pobreza. Para su sorpresa, se enteró de que ella no estaba buscando limosna. Ella quería hacer cosas que la gente comprara, pero estaba limitada por las altas tasas de interés de los prestamistas y por el hecho de que ningún banco le iba a prestar dinero a alguien sin dirección ni bienes.
Sin ninguna experiencia en banca, Yunus tuvo una serie de ideas liberadoras: los pobres no tenían acceso a créditos asequibles; los pobres podrían ser buenos riesgos de crédito bajo las condiciones correctas; y el monto de crédito que los pobres necesitaban para convertirse en partes productivas de la economía local era relativamente pequeño. El resultado es la muy conocida historia del Banco Grameen, que hoy tiene más de 5,6 millones de miembros (Dowla y Barua,2006: 29).
Al igual que De Soto, Yunus tiene una visión muy positiva de la disponibilidad de los pobres para trabajar en circunstancias difíciles.
Una de las contribuciones clave que Yunus hizo para pensar en desarrollo fue su idea de que simplemente transferir dinero de los no pobres a los pobres por medio de un arreglo caritativo no lucrativo podría no siempre ser lo mejor. Tiene dos debilidades. Primero, este enfoque tiende a crear dependencia y no siempre ha ayudado a los pobres a encontrar un rol sustentable dentro de la economía local. Segundo, la escala y la sostenibilidad de ese tipo de enfoque se ven limitadas por cuánto daría el no pobre y por cuánto tiempo. ¿Habrá en algún momento suficiente caridad para ayudar a dos mil millones de personas que viven con menos de US$ 2 al día?. Yunus decidió crear lo que denominó negocios sociales, que tienen la capacidad de recuperar los costos mediante tasas de interés accesibles y con un sistema de precios de dos niveles (un precio subsidiado para los pobres y otro precio más alto para la clase media) por sus servicios. El resultado neto es una familia de veinticinco empresas de Grameen que brindan servicios como microcréditos, servicios de salud y bienestar, ventas y distribución de productos hechos a mano, garantías de préstamo para pequeñas empresas, capacitación de información tecnológica y servicios de teléfonos móviles (Yunus, 2009:78-79).
La última propuesta de Yunus es lo que él llama negocios sociales. Estos son negocios que crean un bien social y son administrados con principios empresariales al igual que las empresas de orientación lucrativa: sin subsidios y capaces de pagar el costo del crecimiento de capital. Como los modelos de negocios de Grameen, el costo de hacer negocios se recupera mediante cuotas y pagos de intereses, y ahora incluye el costo de capital nuevo para poder financiar el futuro crecimiento. La única diferencia con respecto a un negocio lucrativo es que crear un bien social remplaza la maximización de la rentabilidad. Los inversionistas recuperan su inversión, pero no reciben dividendos. Yunus llama a esto empresas sin pérdidas y sin dividendos y ofrece la idea como el elemento faltante del capitalismo (Yunus, 2009:21-25).
Resumen
Al mirar hacia atrás en este relato de la historia y el pensamiento actual sobre desarrollo desde una perspectiva global, vemos que hay profundas contradicciones, una perspectiva común e imperfecta, una ironía y una oportunidad.
Las contradicciones son evidentes. Las buenas noticias son que el porcentaje de personas que viven con menos de US$ 2 bajó más del 95% en 1820 a cerca de 43% en el 2008 (Banco Mundial, 2008). En los casi veinticinco años comprendidos entre 1981 y el 2005, el número de personas que viven en absoluta pobreza en el mundo bajó de 1,9 mil millones (52% de la población mundial) a 1,4 mil millones (25%), con los mayores descensos en China, India y, más recientemente, en Brasil e Indonesia (Banco Mundial, 2010).
Casi mil millones de personas en cincuenta países están inmersas profundamente en la pobreza y no está claro cómo el desarrollo, tal y como lo entendemos, puede ocurrir (Collier, 2007:5-7). Las buenas noticias son que la asistencia de desarrollo está en el nivel más alto de su historia. Las no tan buenas noticias son que no estamos seguros de cómo utilizar de mejor manera la ayuda internacional para facilitar el desarrollo efectivo y sostenible (Easterly, 2006:4;11; Banerjee y Duflo, 2011). Las buenas noticias son que conocemos mucho más sobre políticas económicas, métodos participativos, buena gobernanza y valores culturales útiles que permiten desarrollo. Las no tan buenas noticias son que la meta de desarrollo está “en el servicio de expandir la capacidad humana para producir y tener más —más cosas, más libertad, más años, más control—” (Hoksbergen, Curry y Kuperus, 2009:30). Finalmente, las buenas noticias son que el número de los no pobres está también en el punto más alto de su historia. Las no tan buenas noticias son que ellos están lidiando con obesidad, el consumismo y un ambiente natural en deterioro.
Si bien las propuestas de desarrollo de Sachs, Easterly, Collier, De Soto y Yunus nos condujeron más allá de simples modelos de crecimiento económico y de la tendencia histórica de tener percepciones negativas de los pobres y su potencial, todos estos contribuyentes y sus variados enfoques comparten una perspectiva común: la cosmovisión moderna. Todos son materialistas, con frecuencia tecnocráticos y reflejan una firme creencia en que el razonamiento humano, la tecnología y el dinero son las claves para resolver el problema de la pobreza. Su brecha común más grande recae en la ausencia de religión y cosas espirituales en su explicación de por qué las personas son pobres y qué se puede hacer para ayudarles.
La gran ironía en esta historia de la idea emergente de desarrollo es que la conversación de desarrollo ha olvidado sus raíces. Raíces que fueron integradas en la visión cristiana del mundo y de cómo este funciona (Stark, 2005; Gillespie, 2008). La ironía se agudiza más por el hecho de que la misma modernidad que gestó las ideas y los marcos conceptuales que conllevaron al concepto de que los seres humanos pueden cambiar la historia y que el desarrollo o erradicación de la pobreza eran posibles también condujo a problemas presentados por la modernidad a los cristianos que desean hacer desarrollo (descrito en el capítulo uno).
La oportunidad es que la denominada conversación de desarrollo secular está redescubriendo la religión y su importancia para con cualquier idea de cambio humano y social (Deneulin y Bano, 2009). Este producto del reto posmoderno significa que los cristianos y su perspectiva religiosa sobre desarrollo pueden estar en un lugar adecuado para realizar una contribución importante en el discurso de desarrollo, siempre y cuando estemos dispuestos a llevar nuestras prácticas y pensamientos de desarrollo hacia una comunidad de desarrollo más grande.
Nosotros los cristianos necesitamos estar anuentes a salir de nuestro exilio autoimpuesto, a dejar de ser tan apologéticos sobre ser cristianos y a empezar a contribuir con el material que nuestra tradición de fe tiene para ofrecer, la cual es considerable.
1. Sznaider está muy consciente del ministerio de caridad de las órdenes religiosas medievales, pero señala que no se desarrollaron exclusivamente para lo que él llama ayuda organizada. Las instituciones sociales organizadas exclusivamente para una misión de caridad fueron algo nuevo en el siglo XIX.
2. Disponible en el sitio web de RaD (www.rad.bham.ac.uk)
3. Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán.
4. La frase “maldición de los recursos” fue acuñada para referirse a la paradoja de que los países pobres, ricos en recursos naturales, por lo general no crecen económicamente. La tentación de buscar renta en contraposición a construir una economía moderna, malos manejos, corrupción y explotación es muy alta.
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Teología, pobreza y desarrollo
¿Por qué necesitamos la teología?
¿Por qué un libro sobre desarrollo transformador necesita un capítulo sobre teología? En primer lugar, algunas personas piensan que el desarrollo es una actividad del mundo material, algo que se hace en el mundo real de la vida humana. Piensan que la teología es diferente, que la teología es acerca de Dios, acerca de cosas de otro mundo, cosas espirituales. Justamente, estas suposiciones son parte del problema al que se refiere esta obra.
Dado que Dios está trabajando en el mundo de Dios, en redimirlo y arreglarlo, esto significa que el desarrollo, entendido desde una perspectiva cristiana, es un acto teológico tanto como acto técnico o de resolución de problemas. La visión personal de un mejor futuro humano y cómo una persona trabaja de cara al porvenir están grabados en la teología, así también el entendimiento de cada uno de la narrativa bíblica. Esto significa que los profesionales de desarrollo cristianos deben tomarse el tiempo para incrementar sus habilidades teológicas, al igual que como lo hacen con sus habilidades técnicas.
Este capítulo resume la historia del pensamiento evangélico de los Estados Unidos en cuanto a pobreza y desarrollo, una historia con un gran vacío desde 1920 hasta la década de 1970. Veremos entonces las enseñanzas sociales católicas: una conversación robusta que data más de cien años para atrás.
Ahí entonces tomaré un enfoque narrativo con la intención de esbozar una teología evangélica para el pensamiento sobre pobreza y desarrollo. Para cuando termine este capítulo, espero que el lector entienda que, debido a que Dios está trabajando, incluso ahora, en el mundo concreto del tiempo y el espacio, realizar desarrollo transformador es una forma de hacer teología.
Una mirada atrás
Teología evangélica
Este libro está escrito desde una perspectiva evangélica, con la palabra evangélica entendida como una afirmación de la unicidad de Cristo, la necesidad de la conversión personal, la importancia de la Biblia como guía de vida y un compromiso de hacer misión en el mundo. Yo no uso el término para implicar una mezcla con las políticas conservadoras que se han vuelto, tristemente, demasiado comunes en los Estados Unidos.
El movimiento de misión evangélica tiene mucho sobre lo cual ponerse al día cuando se trata de pensar teológicamente sobre acción social, justicia social, pobreza y desarrollo. Hubo un tiempo—la mayoría del siglo XIX—en que las palabras “evangélico” y “acción social” se incluían a menudo en la misma frase (Dayton, 1976). Pero, entonces, por razones comprensibles, la mayoría de los evangélicos le quitó el ojo a la pelota.
En la década de 1920, los evangélicos de Estados Unidos tomaron un día feriado de la historia cuando llegó el momento del pensamiento y ejecución de la acción social. Profundamente heridos por la controversia modernista-fundamentalista, nuestros antepasados conservadores se resguardaron detrás de las bases de la fe y de la importancia singular del evangelismo y se quedaron en una postura defensiva por casi cincuenta años.
En 1947, Carl H. Henry, el líder teológico evangélico conservador de ese tiempo, agitó las aguas cuando escribió The Uneasy Conscience of Modern Fundamentalism (La Conciencia Intranquila del Fundamentalismo Moderno), en el cual rememora la implicación evangélica en cuestiones sociales, tanto en casa como en el campo de misión, a través del siglo XIX (1947:109). Henry pensó si perder de vista el lado social del mensaje de Jesucristo podía haber sido una consecuencia involuntaria de la “batalla de la fe” en la década de 1920.
Pasó casi otro cuarto de siglo antes de que esta pregunta fuese hecha de nuevo con el surgimiento del movimiento de Lausana en su reunión inaugural, en 1974. Mientras el Pacto de Lausana (Stott,1975) —hasta hoy la afirmación contemporánea de creencias evangélicas más aceptada— estaba siendo redactado, algunos valientes evangélicos del sur insistieron en que ninguna declaración de creencias evangélicas podía estar completa si no incluía acciones en favor de los pobres y los oprimidos. Hoy estamos en deuda con Samuel Escobar y René Padilla por recordarnos a los evangélicos quiénes somos realmente.
Durante la década de 1980 surgió un nuevo pero similar desacuerdo. Se concordó que la acción social y las preocupaciones por la justicia social estaban en la Biblia. Pero, ¿Eran el evangelismo y la acción social igual de importantes? ¿No era primordial el evangelismo? Esto conllevó a una serie de reuniones en los primeros años de aquella década en la ciudad de Grand Rapids, Michigan (Nicholls, 1986) y en el Wheaton College (Samuel y Sugden, 1987). Las discusiones oscilaron en torno a temáticas relacionadas con la justicia, acción social, escatología y la importancia de alcanzar a los que no han sido alcanzados. El evangelismo y la acción social se describieron como dos lados de la misma moneda evangelizadora, o bien, dos alas del pájaro evangelizador. En medio de esta discusión, Wayne Bragg, del Centro de Hambruna de Wheaton, introdujo un nuevo término: transformación. El evangelio se trataba de cambio material, social y espiritual, y el concepto teológico de esa transformación. La palabra se popularizó.
Para principios de la década de 1990, surgió un fuerte movimiento de acción social evangélica que creció cada vez con más autoconfianza. De esta integración de evangelismo y acción social surgieron una variedad de etiquetas: misión holística, desarrolló holístico, misión integral, ministerio holístico y desarrollo transformador. Agencias evangélicas como Food for the Hungry, World Relief, World Vision y otras, se adelantaron hacia las siguientes preguntas: ¿Cómo se ven en la práctica la misión holística o el desarrollo transformador? ¿Cómo alguien lo puede hacer bien?
Durante toda la década esta fue la pregunta que las agencias de desarrollo y ayuda evangélicas y los profesionales se reunieron para resolver. Ted Yamamori y otros organizaron reuniones donde los profesionales compartieron casos de estudio de misiones holísticas. Esto se hizo en África, América Latina y Asia; también hubo una reunión de ministerio holístico en las ciudades (véase Yamamori et al,1995, 1996, 1997, 1998).
Entre los evangélicos, hoy el tema de la acción social versus evangelismo es apenas una histórica nota al pie. Más de la mitad de los estudiantes entrantes de maestría de la Escuela de Estudios Interculturales del Seminario Teológico Fuller en 2009 se matricularon para estudiar Desarrollo Internacional, Niñez en Riesgo y Ministerios Urbanos. Allen Hertzke ha documentado la creciente normativa participativa de los evangélicos contemporáneos con los derechos humanos y el apoyo al trabajo (2004). La Operación Bendición es una consecuencia del ministerio de Pat Robertson; la Cruzada Campus tiene su Red de Ayuda Global (GAIN, Global Aid Network). Pequeñas misiones evangélicas están simplemente comenzando a adentrarse en desarrollo transformador, como la Misión Moviendo Montañas y sus discípulos para los programas de capacitación de cara a la transformación.
Todo esto es muy positivo, pero es importante mencionar lo que no ha sucedido en el pensamiento evangélico sobre desarrollo. Ningún estudio de caso se ha publicado en los últimos diez años. Existen unas pocas evaluaciones serias que son genuinamente holísticas. Hay muy poca —si es que la hay— investigación seria de profesionales cristianos, muy pocos estudios de Doctorado y prácticamente ninguna investigación basada en evidencia sobre desarrollo transformador.
En lo que importa para este capítulo, hay muy poca reflexión teológica nueva. Parece ser que estamos descansando del trabajo teológico realizado en la década de 1980. Tenemos una justificación bíblica y teológica para evangelizar y hacer acción social, pero casi nada se ha realizado teológicamente en cuanto a cómo se puede hacer este trabajo transformador. Hemos fallado enormemente en diseñar y formar perspectivas cristianas que tomen en cuenta trabajos recientes en los aceleradamente cambiantes campos de la antropología, sociología, psicología comunitaria y estudios sobre desarrollo, tampoco hemos adoptado la creciente cantidad de investigación sobre desarrollo. No estamos ni siquiera significativamente involucrados en la conversación religiosa y de desarrollo que ha cambiado tan dramáticamente en los últimos diez años
Se ha dado poco pensamiento fresco sobre eclesiología de desarrollo. Aun así, la pregunta sobre la relación entre ayuda cristiana y las agencias de desarrollo e iglesias locales se mantiene incierta y problemática. La proclividad de las iglesias del norte por conseguir patrocinios para el desarrollo con las iglesias del sur creó un nuevo conjunto de preguntas teológicas y un mayor número de retos prácticos. Poco se ha dicho sobre el rol correcto y apropiado de las iglesias locales en el desarrollo en sus comunidades: ¿Son las iglesias mini agencias de desarrollo, miembros de la sociedad civil o algo completamente distinto?
La conclusión es esta: en los últimos veinte años, nosotros, los activistas evangélicos, hemos hechos lo que solemos hacer mejor: actuamos. Salimos e hicimos desarrollo transformador. El hacer es bueno, por supuesto, pero hay más entre hacer y actuar. Necesitamos comenzar a pensar y retomar el lado teológico de nuestro trabajo una vez más.
Enseñanzas católico-sociales
La Iglesia católica romana tomó una trayectoria muy diferente sobre el pensamiento de asuntos sociales, como la justicia y la paz. Lo ha hecho desde las aún vivas conversaciones que comenzaron en 1891. Si bien nosotros los evangélicos necesitamos reiniciar nuestra conversación teológica, no tenemos que reinventar todo: hay mucho en la conversación católica romana que podemos escuchar provechosamente.
En las secuelas de los cambios radicales durante los siglos XVIII y XIX, la Iglesia católica romana enfrentó un tipo de mundo muy diferente, en el que el rol de la Iglesia y el pensamiento cristiano estaban siendo cuestionados. El surgimiento de un Estado seglar, del capitalismo, la industrialización, la urbanización y la disrupción radical creó sufrimiento en las vidas de las personas comunes, que condujo a una desconfianza profunda en el capitalismo. La modernidad, y particularmente los frutos de la Revolución Francesa, conllevaron a una fe en la supremacía de la razón humana y las críticas filosofías resultantes empujaban a la religión fuera del escenario público. La efectividad de la ciencia y la tecnología estaban teniendo el mismo efecto. Las voces materialistas y críticas de Marx, Darwin y Freud hicieron a la religión cada vez menos importante. La modernidad estaba en pleno apogeo y la religión había sido relegada al plano espiritual y se esperaba que eventualmente desapareciera de todo.
En el contexto de disminuir el rol para la Iglesia y la religión en la sociedad, el papa Leo XIII escribió Nuevas Cosas (Rerum novarum), en 1881. La encíclica trató nuevas ideas sobre el rol de la razón, el trabajo, el capital, la propiedad privada y el Estado moderno. Prosiguió al enfoque sobre la importancia de la familia, la relación entre el empleado y el empleador y también en los roles de la Iglesia y el Estado con relación a los pobres. La Rerum Novarum criticó tanto el socialismo —descalificándolo sobre la base de que “subordinaba la libertad individual al bienestar individual sin respeto por los derechos humanos o el bienestar religioso”— y al capitalismo, que en la visión del papa había “liberado al individuo de amarras sociales y morales” (O’Brien and Shannon, 1992:13). Esta encíclica también dejó claro que la preocupación de la Iglesia por el bienestar espiritual de los seres humanos no debe ser usada como excusa para obviar el bienestar de los pobres (RN, no. 23).
Al evitar la tentación moderna de desestimar lo viejo tras el entusiasmo por el nuevo pensamiento y sus descubrimientos, la enseñanza católica social se convirtió en una conversación seria sobre reafirmaciones y reinterpretaciones de encíclicas previas dentro de la tradición de la enseñanza social. Pío XI retomó la conversación en 1931 con Luego de 40 años (Quadragesimo anno), al igual que lo hizo Pablo VI en 1971 con Un llamado a la acción, en el 80 Aniversario de la Rerum Novarum (Octogesima adveniens). Juan Pablo II también escribió del tema en el Centésimo Aniversario de la Rerum Novarum (Centesimus annus), en 1991. Cada uno habló de las ideas que no eran cambiantes, pero que respondían con una percepción teológica fresca al contexto histórico cambiante de pobreza e injusticia durante este período de cien años.
Con Vaticano II, el pensamiento teológico adicional se volvió parte de la enseñanza social católica. De particular interés para esos que trabajan con los pobres puede ser revisar En el desarrollo de los pueblos (Populorum progressio, 1967), escrito por Pablo VI; Sobre la preocupación social (Sollicitudo rei socialis, 1987), por Juan Pablo II; y La verdad de la caridad (Caritas in veritate, 2009), por Benedicto XVI. Además de su preocupación por el bienestar de los pobres, la enseñanza católica social nunca perdió de vista la necesidad de compartir las buenas noticias del evangelio. La evangelización en el mundo moderno (Evangelii nuntiandi, 1975), de Pablo VI, específicamente reafirmó este compromiso fundamental. La verdad de la caridad hace eco en esta preocupación continua: “Sin la perspectiva de la vida eterna, el progreso humano en este mundo es un espacio denegado para respirar. Encerrado en la historia corre el riesgo de reducirse a una mera acumulación de riqueza” (no. 11).
En general, hay de diecisiete a veinte documentos que crearon esta tradición del pensamiento social. Juntos proveen una consistente pero adaptable perspectiva moral cristiana sobre la pobreza, desigualdad, injusticia y bienestar humano (Groody, 2007:94-95). También proveen una visión consistente del rol de la Iglesia en el mundo cuando se trata de la preocupación social. En Populorum progressio, Pablo VI aceptó la idea de que la Iglesia y el Estado (y seguramente él estaría de acuerdo en incluir al mercado) son diferentes poderes, más allá de que cada uno es supremo en su propia esfera de competencia (no. 13). Esto trae a la mente el trabajo de Abraham Kuyper y su concepto de soberanías de esferas.
La Constitución Pastoral de la Iglesia en el Nuevo Mundo (Gaudium et Spes), un producto de Vaticano II, es el texto conciliar en el tema de la responsabilidad de la Iglesia para hablar de aspectos sociales. En Caritas in veritate Benedicto XVI replica este sentimiento añadiendo una advertencia crítica: “La Iglesia no tiene soluciones técnicas para ofrecer y no pide ‘interferir’ de ninguna manera en las políticas de los estados. Lo que sí hace, no obstante, es tener una misión de veracidad por cumplir para una sociedad que es adecuada al hombre, a su dignidad y a su vocación” (no. 9). Entonces, mientras que el Estado y el mercado tienen sus propias responsabilidades, la Iglesia tiene una obligación moral de hablarle al mundo sobre la verdad acerca de Dios y sobre la humanidad.
La doctrina social de la Iglesia no es un tercer camino entre el capitalismo liberalista y el marxismo colectivista, ni siquiera una posible alternativa a otras soluciones menos radicalmente opuestas una con la otra; en cambio, constituye su propia categoría. Su principal objetivo es interpretar estas realidades determinando su conformidad con la divergencia proveniente de las líneas de las enseñanzas del evangelio sobre el hombre y su vocación, una vocación que es de una vez terrenal y trascendental; su objetivo es, entonces, guiar el comportamiento cristiano. Por ello, pertenece al campo, no de la ideología, pero sí de la teología, particularmente a la teología moral (SRS, no. 41).
Hay siete temas clave que surgen consistentemente de la enseñanza católica social:
1. La verdad sobre Dios y la humanidad.
2. Caridad y justicia.
3. Dignidad humana.
4. Bien común.
5. Subsidiaridad.
6. Solidaridad.
7. Opción por los pobres.
La verdad sobre Dios y la humanidad forma la base de la antropología cristiana. La verdad sobre Dios es que él es el creador, el sustentador, el redentor y el restaurador de la creación y que escoge hacer a la humanidad en su propia imagen. La verdad sobre nosotros es que estamos hechos como actores morales responsables por el bienestar de cada uno y del orden creado. Debemos actuar en formas que hagan al mundo propicio para el bienestar del ser humano y esto implica que el bienestar humano empiece con dirigirnos hacia Dios. La antropología cristiana se estructura en gran medida sobre la noción de la creación de la Biblia.
El enlace entre la caridad y justicia es una aclaración dentro de la enseñanza católica social y está sumamente relacionada con la idea de la verdad sobre Dios y sobre la humanidad. La caridad ha sido vista por algunos como simple limosna y está desconectada de la idea de justicia. Algunas veces la caridad es descrita como indiferente o, incluso, que apoya la injusticia. Algunos teólogos de la liberación fueron críticos con la Madre Teresa en estos asuntos. En Caritas in veritate, Benedicto XVI habla fuertemente contra la alienación de la caridad y la justicia. Caridad o amor en la verdad requiere que los seres humanos reciban lo que les toca por cómo son. El resultado es que “la caridad demanda justicia” (no. 6). Pero la caridad en el símbolo de amor va más allá de la justicia y le da a los seres humanos lo que no les toca aún y como evidencia está el acto de amor de Dios, en la forma del nacimiento, muerte y resurrección de Jesús. “Por ello, la caridad trasciende la justicia y la completa” (no. 6). Esto replica el pensamiento reciente de Miraslav Volf (2009) y Nicholas Wolterstorff (2008).
La idea es que la dignidad humana descansa en el hecho de que Dios hizo a todos los seres humanos a su imagen y semejanza y que el hijo de Dios murió por la redención de todos los seres humanos. Esta expresión de amor significa que cada ser humano tiene un valor inherente y una identidad propia a los ojos de Dios. La principal preocupación de la enseñanza católica social es hablar por aquellos para los cuales este no es el caso: “La enseñanza católica social pone particular atención a esos en la sociedad cuya dignidad es disminuida, denegada o dañada o para esos quienes, cuando ya no son catalogados como útiles, son rechazados y descartados o también para aquellos que son deshumanizados en sus trabajos” (Groody, 2007). Esta afirmación del valor y la dignidad humana significa que todas las instituciones sociales tienen que ser asesoradas en términos de su contribución a mejorar (o no) la dignidad de toda la humanidad. La identidad de todos los seres humanos está siendo derivada últimamente de su ser a la imagen de Dios. Nosotros somos la imagen de Dios, no de nuestro país, nuestra raza, nuestro género o nuestra religión.
El bien común descansa en dos ideas bíblicas que se relacionan. La primera, un Dios de amor que quiere una vida para aquellos hechos a su imagen y semejanza, un Dios dador de vida y bueno, al que no le importa nuestro valor productivo o cualquier otro identificador secundario. La segunda, ser completamente humano significa estar en relaciones, por ende, las relaciones tienen que funcionar para el bienestar de todos. No hay ningún yo moderno y autónomo aquí. Juntas, esas expresiones del bien común hablan de vivir una vida moral que sea tanto para otros como para nosotros. Apuntan a que sea un requerimiento moral que todas las instituciones sociales —el Estado, el mercado, la Iglesia, la sociedad civil— trabajen para crear un juego de condiciones sociales en las que cada persona y cada grupo puedan florecer. Tomando un paso más allá, la enseñanza católica social en el bien común es también “construido alrededor de una visión de sociedad pacífica. Aquí es suficiente señalar que la paz es el fruto de la justicia y está integralmente relacionada con el desarrollo y el empoderamiento de las personas pobres y los países pobres” (Groody, 2007:108).
La subsidiaridad es una palabra extraña, pero una idea importante. Se enfoca en la importancia fundamental de la libertad humana frente a Dios. En Quadragesimo anno, Pío XI afirmó: “Es un principio fundamental de la filosofía social, es fijo e insustituible, uno al que los individuos no deben renunciar, pero sí al que deben entregarle a las comunidades lo que pueden hacer por medio de su propia empresa y/o industria” (no. 79). La idea de la subsidiaridad, combinada con la de la dignidad humana, establece a la acción humana y la libertad humana como principios que no deben ser usurpados o erosionados por instituciones sociales más altas como el Estado, el mercado y cualquier parte de la sociedad civil en las que las personas puedan asociarse libremente para trabajar por políticas, ideas y programas que ellos consideran importantes. En este punto hay una reiteración de lo dicho por Amartya Sen.
La solidaridad como un principio de la enseñanza católica social es más reciente y es generalmente asociada con Juan Pablo II. Algunos lo han llamado el principio de la amistad cívica (Weigel, 2008:7). Refleja la simple idea bíblica de que todos somos parte de la familia humana y de que todos somos responsables por el bienestar de todos (1 Corintios 12:25-26). La encarnación fue cuando Jesús se acercó a aquellos que amó y que no podían ayudarse a sí mismos. El llamado de Jesús para amar a nuestro vecino como nos amamos a nosotros mismos define el significado de solidaridad, especialmente cuando no hay una barrera de quién pueda ser nuestro vecino (Lucas 10:25-37). Esto no es un llamado para que brote un sentido de preocupación tibio y difuso; más bien es una orden para parar, cruzar al otro lado de la calle y cambiar las circunstancias de alguien que haya estado mal (SRS, no. 38).
La solidaridad está conectada profundamente con la idea de la opción por los pobres, un término que surgió con el Vaticano II y se desarrolló particularmente en la teología de la liberación en América Latina. La idea se extrae del enfoque ético central que Jesús declaró en las Bienaventuranzas. Hace constar que Jesús escogió llevar la mayoría de su ministerio en Galilea, ese lugar marginal habitado por los marginados de la vida judía. Esta idea causa el cuestionarse la locación desde la cual hacemos nuestro pensamiento y nuestra actuación teológica:
Se volvió claro que mi propia reflexión teológica necesitaba moverse hacia el otro lado del muro cognitivo, desde la confortabilidad de mi propio cuarto, desde mi propia biblioteca, desde mis propias ideas de Dios hasta la incomodidad del mundo, los “textos” vivos de los pobres y el reto del Dios viviente (Groody, 2007: 182).
Además, este cambio en la ubicación social causa dos cosas: una visión diferente de los pobres y un llamado innegable a la acción en su nombre:
Amor por otros, y en primer lugar por lo pobres, en los que la Iglesia ve al propio Cristo, se hace concreto en la promoción de la justicia. La justicia nunca se obtendrá completamente a menos que las personas vean en la persona pobre, que está pidiendo ayuda con la intención de sobrevivir, no una molestia o una carga, sino una oportunidad para mostrar bondad y una oportunidad para un mayor enriquecimiento (CA, no. 55).
El Vaticano II y sus consecuencias (décadas de 1960 y 1970) representaron un momento de transición para la Iglesia católica romana, así como un momento importante en el emergente intercambio de ideas ecuménicas. Fue en este punto en que la tradición de enseñanza social católica romana se conectó con las preocupaciones centrales protestantes por la justicia y la paz. Dado que los evangélicos estaban aún al margen de la acción social en ese momento, esta convergencia pasó casi desapercibida.
Ahora, los ministerios de acción social, justicia y paz están tornándose predominantes para los evangélicos y, dado que ya he dicho que necesitamos añadir el pensamiento teológico a nuestro ser evangélico y sus respectivas acciones, podría parecer que nosotros los evangélicos cumpliríamos al exponernos a esta rica tradición de enseñanza social cristiana. Al hacerlo, uno tiene que tomar en cuenta los contextos sociohistóricos distintos en los que los documentos de la enseñanza social católica fueron escritos. Las ideas y contextos han cambiado sustancialmente y esta tradición viviente se ha adaptado para reflejar los signos diversos de los tiempos. Pero al haber mostrado algún respeto por esta costumbre, los evangélicos también tienen que hacer el duro trabajo teológico de pensar sobre la enseñanza social desde adentro de nuestra propia tradición.
Hacia una teología narrativa de transformación
¿Por qué a Dios le interesa el cómo pensemos sobre la pobreza y el desarrollo? Yo entiendo que la Biblia dice que Dios es el creador del mundo. Es más, la Biblia asegura que en Cristo todas las cosas están unidas por obra del Espíritu Santo. El texto de la Biblia sugiere que Dios está trabajando activamente en el mundo, trabajando para lograr sus propósitos. No es un visor-creador desenganchado. Si esto es así, entonces Dios tiene parte en lo que hacemos en este mundo y está muy interesado en nuestro trabajo de desarrollo transformador, ya que este apoya o está en contra de lo que él está haciendo.
¿Por qué un enfoque narrativo para esta consulta? El proceso de desarrollo es una convergencia de relatos. El relato del profesional de desarrollo está convergiendo con el relato de la comunidad y juntos compartirán un nuevo relato durante un tiempo. Debido a que el promotor de desarrollo es cristiano, y porque Dios ha estado activo en la comunidad desde los comienzos del tiempo, el relato bíblico es el tercer relato en esta confluencia de relatos. Esto lleva al profesional de desarrollo de vuelta a la teología y al relato bíblico.
Toda comunidad necesita un gran relato, uno que enmarque nuestra vida y nuestra comprensión del mundo. Todos debemos tener algún tipo de narración trascendente que dé respuesta a las preguntas de sentido y nos provea de una dirección moral y un propósito social. Necesitamos saber quiénes somos (identidad y propósito), dónde estamos (ubicación en el mundo y el universo), qué salió mal (encontrarle sentido a la pobreza, al dolor y a la injusticia que vemos), qué debemos hacer (qué debe cambiar y cómo) y qué tiempo es (cómo encajan nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro en el cuadro más grande).
Los profesionales de desarrollo también necesitan una gran historia. En lo más íntimo, el desarrollo transformador tiene que ver con la búsqueda de un futuro humano mejor. Cualquier visión de un futuro humano mejor debe tener sus raíces en la historia que da sentido a nuestra vida. Tristemente, hay más de una historia compitiendo por la alianza de los trabajadores de desarrollo. Primero, todos vivimos dentro del relato de nuestra cultura. Segundo, todos los que hemos sido educados en escuelas occidentales o que utilizan programas occidentales también cargamos con el relato de la modernidad. Por último, si somos cristianos, también cargamos con el relato del cristianismo. Estos tres relatos moldean nuestra visión de un futuro humano mejor y de cómo llegar allí. Por lo tanto, antes de proponernos acompañar a otros en su transformación, necesitamos estar seguros de que tenemos claro el relato bíblico, el cual tiene la última palabra en nuestros relatos individuales.
Relatos enfrentados
El mundo moderno tiene varios relatos que compiten. Algunos son relatos antiguos enraizados en las grandes religiones del mundo. Otros son productos de la ilustración occidental. El comunismo es una narración comprensiva de cómo es el mundo, cómo llegó a ser así, y una seductora promesa de un futuro humano mejor. Duró casi un siglo y su idolatría cobró la vida de millones de personas.
La ciencia y tecnología, los hermanos del capitalismo y la globalización, continúan demandando nuestra fe y alianza. Son dioses que con demasiada facilidad adoramos. Koyama nos dice que estos dioses “Son fascinantes porque afirman darnos nuestra identidad y seguridad de manera más directa y con mayor rapidez que nuestro Señor resucitado. Lo que venden estos dioses es lo directo y lo seguro... Nos dan un servicio instantáneo”: (Koyama, 1985:259). Sin embargo, al final del siglo XX, la autoridad de estos relatos modernos decayó ante la evidencia de promesas incumplidas.
La ciencia dice entender cómo funciona el universo y promete el poder para dominar a la naturaleza, pero no ofrece las repuestas que la mayoría de nosotros requiere: ¿Cómo comenzó el mundo? Por accidente. ¿Cómo terminará? Por accidente. ¿Por qué estamos aquí y qué guía moral ofrece? La ciencia calla (Postman, 1997:31).
La tecnología habla solamente de poder, ofreciendo a todos el dominio de la naturaleza. La tecnología ofrece conveniencia, eficiencia y prosperidad en el aquí y ahora con sus beneficios a disposición de ricos y pobres, o por lo menos eso dice. La tecnología es un dios celoso; quienes lo siguen deben “acomodar sus necesidades y anhelos a las posibilidades de la tecnología” (ibid., 31). Alabar a cualquier otro dios implica demorar o frustrar el beneficio de la tecnología. Sin embargo, el dios tecnológico es un dios falso: “Es un dios que nos habla de poder, no de límites; nos habla de ser dueños, no de mayordomía; nos habla solo de derechos, no de responsabilidades; nos habla de engrandecimiento propio, no de humildad” (ibid., 31).
El capitalismo exige hoy en día fe en un dios llamado “la mano invisible” y parece haber olvidado la meta de la historia original. Adam Smith, el narrador original, “escribió que la meta última de los negocios no es generar ganancias. La ganancia es solo un medio. La meta es el bienestar general” (Wink, 1992:68). En lugar de eso, el capitalismo reduce a las personas a seres económicos conducidos por el interés individualista utilitario hacia la meta de acumular riquezas. ¿Para qué es la riqueza? ¿Para qué somos si no tenemos riqueza? ¿Quiénes somos si no tenemos riqueza? No hay respuesta.
Por último, incluso el relato humano (la historia) no es un relato suficientemente grande. El relato humano puede explicar el relato de mi pueblo e incluso mi propio relato personal.
La historia humana también contiene los relatos de la ciencia, la tecnología y el capitalismo. Sin embargo, no puede responder nuestras preguntas de identidad y sentido. Solo el relato de Dios, que está fuera del relato humano pero que lo contiene, puede hacer esto. Pero no se puede llegar allí desde acá. El comenzar con el relato humano solo lleva a los relatos más pequeños, los relatos de mi pueblo, mi relato y el de mis átomos y moléculas. No se puede llegar de los relatos más pequeños al relato de Dios. El único punto de partida que funciona es el que comienza con el relato de Dios, sin importar si nuestras varias tradiciones protestantes tienen diversas interpretaciones de la historia.

Figura 3-1: La constelación de historias
En los últimos años se ha hecho más y más claro que el mundo moderno está descubriendo que ha perdido su relato. Parte del malestar en Occidente es el sentido de pérdida y confusión que resulta de la ausencia de un relato verdadero. No hay ninguna narración compartida por mucho que le dé sentido a nuestra vida, ni existe promesa alguna de un futuro humano mejor que demande creer. La modernidad ha fallado en crear una línea narrativa y lo ha hecho porque no tiene un narrador.” Si Dios no inventa el relato del mundo, entonces este no tiene ninguno” (Jenson, 1993:21).
Los cristianos; sin embargo, sí tienen un relato. La Biblia es la narración de la labor creativa y salvadora de Dios en el mundo; de este modo, también contiene el relato de la comunidad cristiana. Es el relato de Dios acerca de lo que él está haciendo. Este relato cristiano fue recibido; no lo inventamos. No es nuestro relato acerca de Dios. Tampoco es la suma de relatos individuales, aún cuando Dios tenga gran estima por estos relatos, después de todo, él envió a su hijo a morir por nuestros relatos, para que así pudieran ser instaurados dentro del suyo.
Este relato de lo que Dios quiere y está haciendo es el que nos convoca a cuidar de los pobres y a trabajar para lograr la transformación humana. El relato de Dios es la fuente de nuestra motivación, nuestra visión y nuestros valores de ser, pensar y actuar en el mundo de Dios.
El relato bíblico también pone los nuestros en su lugar, los pone en perspectiva. Aprendemos que no se trata de mi relato individual, del tuyo, del nuestro, sino que este es el relato principal, el que da sentido. El sentido, el significado, viene solamente del relato de Dios. Dedicarse a la transformación humana como cristianos significa entender de dónde viene la humanidad, adonde está yendo y cómo puede llegar allí. Para llevar a cabo la labor de transformación tenemos que abarcar la totalidad de la narración bíblica, el relato que da sentido y dirección a los relatos de las comunidades donde trabajamos, además de los nuestros.
El proyecto de Dios en la historia es en el fondo un relato simple. En resumidas cuentas, es el relato de la creación y la salvación por el Dios de Israel y Padre del Cristo resucitado que está obrando por medio del Espíritu Santo. Nos dice cómo comenzaron las cosas, cómo perdimos el camino, cómo puede retomarse y cómo la intención de Dios para su propia creación se restaura al final.
Sin embargo, el relato bíblico también es muy inusual. Nos cuenta el comienzo, el medio y el capítulo final, pero la sección entre la acción de Jesús y su labor en la cruz y el capítulo final aún se está escribiendo. No es solo acerca de lo que Dios ha hecho, sino también sobre lo que él, por medio de su iglesia, está haciendo hoy. Dios aún está escribiendo su relato e, increíblemente, nos ha invitado a participar en esa escritura.
Debido a que Dios aún está haciendo cosas en nuestro mundo, debemos comenzar nuestra teología con el narrador. El narrador del relato bíblico es un narrador muy particular, porque es también el actor principal. Antes de que existiera relato alguno, existió Dios. Y ahora, en los capítulos antes del final, este mismo Dios está obrando en el mundo por medio de su iglesia, haciendo lo que ha estado haciendo desde la caída: trabajando para lograr la salvación y la transformación de los seres humanos, sus relaciones y la creación que él hizo y en la cual ellos viven.
El narrador
Debemos comenzar con Dios porque él es el narrador y además el autor del relato. La pregunta “¿Quién es Dios?” debe ser entonces la primera pregunta, la que “enmarca y anticipa todas las demás preguntas” (Leupp, 1996:89). Debemos saber quién es Dios antes de poder contestar las preguntas acerca de quiénes somos nosotros y qué se supone que debemos estar haciendo.
La respuesta cristiana es que Dios es tres en uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aunque afirmamos esto en la alabanza, no usamos con frecuencia esta afirmación trinitaria al pensar en los temas de todos los días. Sin embargo, en los últimos veinte años se ha trabajado mucho para ayudarnos a recuperar y hacer uso de una visión trinitaria de Dios. Algo de esta reflexión es importante para desarrollar un enfoque para la transformación humana.
¿Quién es Dios? La pregunta debe presentarse con cuidado. Uno de los desarrollos de la filosofía más recientes es que el ser no debe estar separado del hacer cuando nos referimos al tema de la identidad. Catherine LaCugna, una teóloga feminista católica de la Universidad de Nôtre Dame, propone que las preguntas más correctas son: “¿Quién es Dios?” y “¿Qué está haciendo Dios?” (1991, 1-3). Si nos enfocamos exclusivamente en quién es Dios, el ser y el carácter de Dios, entonces luchamos para responder cuando nos hacen preguntas difíciles: ¿Podemos creer en un Dios que parece permitir que los pobres sean pobres en un mundo injusto? ¿Podemos creer en un Dios ante los genocidios de Camboya en los años setenta o ante los de Ruanda y Bosnia a fines de los años noventa? ¿Creer en Dios impide el desarrollo humano? Responder que Dios es todopoderoso, omnisciente y todo amor no nos ofrece respuestas viables a estas preguntas. Si Dios no es algo más que eso, entonces no es suficiente.
Para encontrar una respuesta más satisfactoria, debemos ir más allá de quién es Dios y hablar acerca de lo que él está haciendo. La fórmula trinitaria nos dice que Dios está salvando al mundo a través de Cristo por medio del poder del Espíritu Santo. La pregunta de quién es Dios en un mundo injusto y violento solo puede responderse adecuadamente al hablar de un Dios todopoderoso y omnipotente, que está actuando para salvar un mundo caído y perdido de una manera particular. De esta manera, Dios no es el Dios que permite genocidios; más bien, Dios es el Dios que está trabajando duro para evitar que haya otros en el futuro.
Jesús ofrece otro ejemplo de la importancia de mantener siempre juntos en nuestro pensar quién es Dios y qué está haciendo. Saber que Jesús es Dios no es suficiente para saber plenamente quién es él. También necesitamos saber que Jesús se vació a sí mismo de sus prerrogativas como Dios y, en obediencia al Padre, murió por los pecados de la humanidad y nos ofreció el perdón por medio de su resurrección. Jesús es Dios (el ser) y se hizo como nosotros; murió y, al hacerlo, nos salvó (el hacer). Esto nos ofrece un relato más completo de quién es Jesús.
¿Por qué esta formulación trinitaria del ser y el hacer es importante para el trabajador del desarrollo? Tres razones son importantes para nuestro pensamiento sobre desarrollo. Primero, no ser trinitario en nuestro pensamiento puede ser peligroso. LaCugna nos recuerda: Una teología no trinitaria de Dios abre la puerta a cualquier tipo de ideología e idolatría, ya sea que venga en la forma de un Dios-Padre omnipotente y masculino o en la forma de un Dios plenipotenciario que perversamente desea que los niños mueran; o un Dios apático que no le importa que las personas siempre sean pobres; o un Dios vengador que disfruta de guerras peleadas a su nombre (1991, 395). Además, una visión no trinitaria de Dios conduce a una visión de la humanidad que “es derogatoria y perjudicial porque un ser humano es puesto adelante de otro como normativa” (ibid., 396).
En segundo lugar, una visión trinitaria de Dios enmarca nuestra respuesta a la misión que tenemos como cristianos. Tenemos que ser cristianos, pensar en una manera cristiana y hacer trabajo cristiano. Hacer desarrollo transformador es actuar tal y como realmente somos. Si no hay ninguna dicotomía en ser y hacer de Dios, entonces no puede haber ninguna en nosotros.
Finalmente, esta visión trinitaria conduce a otra conclusión útil: nosotros necesitamos pensar en Dios como una comunidad amante y sacrificada; tres pero a la vez uno. El Dios cristiano es un Dios relacional y esto define su carácter: amor sacrificado. “La teología trinitaria podría describirse por excelencia como una teología de relaciones, que explora los misterios del amor, las relaciones, la personalidad y la comunión dentro del marco de referencia de la autorrevelación de Dios en la persona de Cristo y en la actividad del Espíritu Santo” (LaCugna 1991, 1).
Esto tiene grandes consecuencias para el trabajador del desarrollo. En primer lugar, si los seres humanos son hechos a imagen de esta comunidad trinitaria, entonces nuestra comprensión del individuo debiera ser muy distinta de la del individuo en la cultura occidental: autónomo y autodeterminado. El desarrollo no puede reducirse simplemente a capacitar a los individuos con nuevas alternativas. En segundo lugar, si Dios es en su misma esencia un ser relacional, entonces nuestra comprensión del impacto del pecado también debe ser relacional y esto moldeará nuestra manera de entender la pobreza (más al respecto en el próximo capítulo). En tercer lugar, si este Dios trino está salvando al mundo al invitar a las personas a que se unan al movimiento hacia el mejor de los futuros humanos en el reino de Dios, entonces nuestra visión de un futuro mejor del desarrollo transformador también será fundamentalmente relacional. Por último, como señala Leupp, “la ética cristiana que desea fundamentarse trinitariamente debe ser una ética relacional” (1996,159). Pensar en términos trinitarios “es práctico porque es el criterio teológico para medir la fidelidad de la ética, la doctrina, la espiritualidad y la alabanza ante la autorrevelación de Dios y la acción de Dios en la economía de la salvación” (LaCugna 1991, 410).
El principio del relato
La creación
En el comienzo era Dios, el Dios trino. El relato comienza cuando Dios hace algo de la nada. Este Dios relacional creó la Tierra y todo lo que en ella hay. Génesis nos cuenta que le dio su ser a la creación mediante la palabra (Génesis1:1). La primera acción de Dios fue crear un mundo material que pudiera ser visto, escuchado, sentido y tocado. Juan nos cuenta que Cristo era el Verbo de Dios en el principio (Juan 1:1-2) y que por medio de Cristo todas las cosas fueron hechas (Juan 1:3). El Espíritu Santo flotaba sobre la superficie de las aguas (Génesis1:2). Toda la persona de Dios, creando y activo desde el comienzo del tiempo. El mundo fue la acción de Dios, no su pensamiento ni su sueño. Y el resultado fue muy bueno, de acuerdo con quien lo creó.
La formulación trinitaria nos ayuda a comprender la doctrina de la creación con mayor detalle. Dios es Dios y el mundo es el mundo, inconfundiblemente separados y, sin embargo, personalmente relacionados. El Creador y la creación están en una relación continua, unidos clara pero inseparablemente en una relación de amor. Dios trasciende a la creación, pero por medio de Cristo está involucrado activamente en sustentarla (Hebreos 1:2-3). La creación no es obra de un dios distante de la religión tradicional ni de un ciego fabricante de relojes del Occidente moderno.
Imagen de Dios
Debido a que los seres humanos fueron hechos a la imagen de un Dios trino, estamos destinados a tener relaciones amorosas y abnegadas unos con otros. No podemos olvidar nunca que nuestra identidad y vocación están grabadas en un sistema de relaciones: con Dios, con nosotros mismos, con la comunidad, con aquellos que son percibidos como el otro, y con nuestro ambiente. Nuestra relación de identidad es la base de nuestro entendimiento del bien común y de nuestra motivación de solidaridad. Desde allí es que se desprende el mandamiento de Jesús acerca de que debemos amar a Dios y a nuestro prójimo tal y como nos amamos a nosotros mismos. Este es un entendimiento relacional de quienes fuimos creados para ser. Pero como afirmamos antes, la identidad es más que el ser; incluye el pensar y el hacer. Entonces, ¿cuál es la otra parte de la identidad humana?. Dios creó hombre y mujer a su imagen y les dijo: “Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla” (Génesis1:27). La idea de que Dios hizo a los seres humanos a su imagen y luego les dio el poder para nombrar (organizar), reinar, y hacer la creación productiva tiene una tremenda implicación. Los seres humanos están destinados a ser los cocreadores del mundo de Dios: una tarea muy grande. En la creación debemos usar el poder que Dios nos dio de observar, razonar y luego actuar con base en el nuevo conocimiento. Recordando que no somos Dios, por lo que no podemos crear de la nada, estamos empoderados por Dios para crear a partir de todo lo que él creó en la naturaleza, siempre y cuando recordemos que el propósito de nuestra creación es propiciar el bienestar de todos los seres humanos y del mundo natural.
Richard Middleton, profesor de Biblia y Cultura en el Seminario Noreste, audazmente afirma que el llamado humano como imagen de Dios es transformativo y de desarrollo y puede ser útilmente entendido como el equivalente a la labor o trabajo de formar una cultura o desarrollar una civilización (2005: 89). Por ello, el Génesis declara la centralidad del rol humano en el desarrollo y en el perseguir el bienestar de la especie. Usted y yo somos más que simplemente seres vivos (el ser). Nuestro propósito o vocación como seres humanos es atender a la tierra y hacer que sea fructífera para el bienestar humano (el pensar y el hacer).
Ser un actor con el propósito de la creación de Dios tiene otra implicación cuando se trata de pensamiento sobre el desarrollo humano. En Populorum progressio, Pablo VI concluyó que estar hecho a la imagen de Dios y haber recibido regalos de Dios para contribuir al bienestar de la creación significa que “cada vida humana es llamada para alguna tarea por Dios. Para desarrollar estas cualidades (dones y habilidades) el individuo labra su camino hacia la meta puesta para él por el Creador” (no. 15). Benedicto XVI reforzó esta idea en Civitas in veritate: “Precisamente, porque Dios le da un resonante ‘sí’ al hombre, el hombre es muy bueno, de acuerdo con el que lo creó. La implicación de este desarrollo es que: ‘es siempre el hombre quien es el protagonista del desarrollo’ SRS, no. 30), no la agencia de desarrollo, el gobierno u Occidente.”
Pero Benedicto XVI también nos recuerda que hay una limitación importante que no podemos olvidar en este llamado. Mientras que este llamado para realzar y mejorar la condición humana es una vocación otorgada hacia nosotros por Dios, también es verdad que, sin embargo, los seres humanos son “incapaces por sí mismos de proporcionar el significado definitivo (de la vida)” (CV, no. 16). No podemos desarrollarnos por nuestra propia cuenta.
Implicaciones del relato de la creación
Además de dejar claro quiénes somos, de quién somos y qué estamos llamados a realizar, el relato de la creación también señala otras múltiples connivencias.
Primero, el entendimiento trinitario de quién creó el mundo nos permite a nosotros entender la rica diversidad de la creación y la familia humana de una manera importante. La diversidad cultural y étnica no es un error que Dios cometió, ni es el resultado de la caída. La diversidad es el reflejo de quién es Dios.
La pluralidad en la unidad de la revelación trinitaria nos permite hacer justicia a la diversidad y a la riqueza y apertura del mundo sin negarle su unidad en versiones relativistas de la pluralidad. Es esta visión la que la teología trinitaria tiene para ofrecerle al fragmentado mundo moderno (Gunton, 1997:103).
No es por casualidad que cuando la creación estuvo finalmente restaurada a lo que Dios quiso, Juan dijo: “Después de esto, yo miré y delante de mí había una gran multitud que no se podía contar; de todas las naciones, tribus, razas y lenguas, parados ante el trono y frente al cordero” (Apocalipsis7:9). La diversidad cultural y humana es un regalo de Dios y un activo para apoyar el bienestar humano.
En segundo lugar, el relato de la creación establece el requerimiento para la ecología cristiana de que nosotros debemos ser mayordomos. Todo le pertenece a Dios: la humanidad, las criaturas de la Tierra, y la Tierra misma. El llamado y la promesa de la productividad y fertilidad tienen su raíz en el propósito del Dios que las creó.
Finalmente, la evaluación repetida de Dios sobre lo creado no solo significa que la creación funcionó o que a Dios le gustó; también incluye la idea de que la creación fue hermosa. Génesis 2 habla de “árboles agradando al ojo”. Nosotros sabemos que la belleza de la creación por sí misma es testigo de Dios y revela la gloria de Dios. (Salmos 19:1-4; Romanos1:20). La estética es también parte del orden creado y nuestra apreciación humana de belleza refleja la imagen de Dios, quien creó la belleza. Sin el arte, la música, los ritos y otras prácticas estéticas, la alabanza se vería empobrecida al igual que la vida humana. William Dyrness, profesor de Teología y Estética, asegura: “Dado que las prácticas simbólicas son fundamentales para el florecimiento humano, cualquier proyecto de mejoría humana perseguirá la apreciación y la celebración del impulso estético que ya está presente en la comunidad” (Dyrness, 2011:Cap. 9). Se incluirá más al respecto en el capítulo seis.
Creación e instituciones sociales
Volviendo a la historia de la creación, Gerhard von Rad nos recuerda que el relato de la creación en el Génesis termina con la creación de las naciones, en el capítulo 10. Las instituciones humanas también son parte de la creación. El relato hace más que solo explicarnos cómo y por qué se creó la humanidad: también “nos ofrece un fundamento común para todos los emprendimientos humanos que llamamos cultura; no solo la teología, sino las ciencias, la política, la ética y también el arte” (Gunton, 1997:98). Esto presenta un importante concepto que volverá a presentarse reiteradamente a lo largo de este libro: no podemos separar las personas de los sistemas sociales en los cuales viven.
Como el surgimiento de las instituciones humanas es parte de la intención de Dios para la creación, no debemos satanizarlas, como es tan popular en círculos liberales hoy, ya que son necesarias para el correcto funcionamiento de casi todas las sociedad es más simples. En este sentido, las instituciones sociales son parte del bien original de la creación. El gran cambio en la trayectoria de la historia humana a inicios del siglo XVIII es un ejemplo de la humanidad haciendo el bien debido a la creación, incluyendo nuevas ideas y nuevas instituciones humanas. Pero, así, ni siquiera podemos confiar inocentemente en estas creaciones humanas. Nuestras creaciones institucionales cayeron, al igual que nosotros. Más de este tema en la sección de la caída.
El trabajador del desarrollo puede deducir de esto algunas implicancias interesantes que se derivan del relato de la creación. Como Dios es dueño de la tierra pero la ha confiado a la humanidad, la metáfora más importante para nosotros es la de mayordomos y el principio de la mayordomía. Sobre esta base, Wright desarrolla cuatro principios éticos (Wright, 1983:69-70):
Compartir recursos: La tierra y los recursos naturales son regalos para toda la humanidad, no solo para unos pocos. Si bien esto no significa que no puede haber propiedad privada, Wright argumenta que “el derecho de todos a usar es anterior al derecho a poseer”.
Responsabilidad de trabajar: El trabajo es parte de ser fructíferos. Dios es productivo y, por lo tanto, es parte de nuestra naturaleza ser productivos. El trabajo, entonces, es una responsabilidad. También se deduce que tenemos una responsabilidad para permitir o capacitar a otros para que trabajen y así cumplan con su propósito.
Expectativa de crecimiento: “Sed fructíferos y multiplicaos” se aplica a la cantidad de los seres humanos y a los medios para apoyarlos. Dios ha proporcionado abundantemente a la creación para que esto sea posible y le ha dado a la humanidad el ingenio y la adaptabilidad necesarios para crear este incremento necesario. Esto debe darnos una pausa cuando muy rápidamente y de forma poco crítica culpamos a la pobreza por el crecimiento de la población. Los nuevos bebés no son simplemente estómagos vacíos u hoyos negros económicos, también son espíritus y mentes humanas creativas, dotados con potencial productivo y creativo. Ellos también pueden ser fructíferos (Cromartie, 1995:282).
Producto compartido: El ser productivos está acompañado por la idea de poder consumir o disfrutar del producto final de nuestro trabajo. Esto es parte de la imagen bíblica de un futuro humano mejor (Isaías65:21-22). “Somos tan responsables ante Dios por lo que hacemos con lo que nosotros producimos, como lo somos por aquello que él nos ha dado” (Wright, 1983:70).
La caída
Tristemente, la gran historia no terminó en el jardín fructífero donde los seres humanos son mayordomos obedientes y Dios se pasea por las tardes. Cediendo a la tentación de un adversario que trabajaba en contra de Dios, la humanidad —el hombre y la mujer juntos— decidió desobedecer a Dios. Actuaron como si supieran más que Dios (Génesis 3). Ser como Dios aparentemente era más atractivo que escuchar a Dios y hacer lo que él les mandó. La consecuencia de esta desobediencia fue asegurar que la identidad humana y todas las dimensiones de las relaciones humanas se echaran a perder. El alcance del pecado demostró ser muy amplio —si se quiere, muy integral u holístico—. Llevó al engaño generalizado, la distorsión y el dominio en todos los tipos de relaciones humanas: con Dios, con uno mismo (y la familia), dentro de la comunidad y con otros, y con el medio ambiente.

Figura 3-2: El impacto del pecado en todas las relaciones
No quiero pasar con demasiada prisa por el tema de un adversario. Alguien distinto a la humanidad creó la tentación que terminó en la caída. Con demasiada frecuencia descartamos la idea de una especie de mal personal que trabaja activamente en contra de Dios y sus propósitos para con los seres humanos y la creación. Pero, sin la función que cumple Satanás en la primera parte del relato bíblico, no habría necesidad del resto del relato bíblico. No podemos quitar a Satanás del relato y que este tenga sentido.
Las consecuencias directas de la caída en términos de pobreza y desarrollo son muy obvias. Una creación fructífera significó el sustentar las acciones de vida a regañadientes (Génesis3:17) y hacer la creación lo suficientemente productiva para sustentar la vida ahora significa una lucha y trabajo duro (Génesis3:19). La vida humana ahora tiene un fin (Génesis3:19); la relación entre hombre y mujer se volvió distorsionada y desigual (Génesis3:16); la violencia y el asesinato entraron a la historia humana (Génesis4:8) y el hambre y la venganza entraron al corazón de los seres humanos (Génesis4:23). El bienestar completo del ser humano es ahora una lucha y está fuera del alcance de la acción humana por sí solo.
Pese a eso, el amor de Dios y el continuo regalo de su gracia se mantienen dentro de la historia humana. Dios nos dio nuestras primeras ropas y nos previno de que nuestra condición fuese permanente (Génesis3:22), todavía habla de los seres humanos como hechos a su imagen y semejanza (Génesis5:1) e incluso después de haber empezado de nuevo con Noé, su imagen en nosotros todavía está ahí, al igual que el mandato de ser productivos en la creación (Génesis9:1- 6). Los primeros humanos cultivaron la tierra, criaron a sus familias, hicieron música e instrumentos musicales y crearon herramientas con base en elementos de la creación para hacer la lucha por una vida humana más sencilla (Génesis4:21-22). Se construyeron ciudades y la humanidad se sobrepuso al reto de tener que garantizarse su propia seguridad en un mundo pecaminoso (Génesis4:17). Producto de ello, la vocación de convertir la creación de Dios en productiva para todos y propicia para el florecimiento humano se mantiene. Algunas veces los evangélicos nos enfocamos demasiado en lo que algunos llaman el pecado original y nos olvidamos de que el bien original de Dios también continúa. Los seres humanos han hecho un mundo mejor, más seguro y un lugar menos amenazante para vivir, y la pobreza extrema se ha reducido desde la década de 1800. Sin embargo, el mundo que mejora, todavía es sede de genocidios, guerras, estructura sociales injustas, codicia, consumismo; es un anfitrión de otros recordatorios acerca de que el pecado también vive.
Cada uno de los aspectos éticos de la creación sugeridos por Wright fueron afectados negativamente por la caída. En lugar de recursos compartidos, la tierra y los recursos naturales se han convertido en la causa universal de luchas y violencia. Son acaparados por unos, y desperdiciados y abusados por otros. La tierra y los recursos naturales se han convertido en mostradores para los macabros juegos de dominio y opresión (Wright, 1983:71-74).
En lugar de ser un medio para usar nuestros dones para nosotros mismos y para los demás, el trabajo se ha corrompido. Puede ser arduo y frustrante (Génesis3:17). Se ha convertido en un artículo, en algo que vendemos o compramos con la tentación de reducir al ser humano a un bien económico, a una máquina viviente. Se ha tornado una herramienta para la gula, e incluso una idolatría por medio de la cual uno se hace famoso. Para los pobres, este trabajo distorsionado con frecuencia no está disponible, por lo cual son calumniados como “no productivos”.
La producción y el crecimiento se han convertido en una obsesión patológica en muchas partes del mundo. La codicia ha reemplazado la satisfacción. “Vi que toda la labor y los logros provienen de la envidia del hombre de su prójimo” (Eclesiastés 4:4). Nunca hay suficiente. “El efecto de la caída fue que el deseo de crecer se hizo excesivo para unos a costa de los demás, y los medios para crecer se llenaron de egoísmo, abuso e injusticia” (Wright, 1983:81). El resultado de esta patología son los sistemas de pobreza que hacen que algunos continúen siendo pobres.
Por último, el producto del trabajo es visto como propiedad humana. Los derechos de propiedad son privatizados y absolutizados, haciendo caso omiso del derecho de Dios sobre todas las cosas en la creación o la responsabilidad trascendente que cada uno tiene por el bienestar de la comunidad en general. Peor aún, quienes crearon la riqueza usan esa riqueza para influenciar las leyes y los sistemas económicos, políticos y culturales para proteger su ventaja. “En el campo del pobre hay abundante comida, pero esta se pierde donde hay injusticia” (Proverbios12:23).
A fin de cuentas, en la caída, la buena creación de Dios se tergiversó, y ya no apunta hacia el propósito por el cual fue creada. “El relato de la caída retrata la fuerza personal del mal aproximándose al ser humano por medio de la creación material y utilizando esa misma creación material como medio de seducción a la incredulidad, la desobediencia y la rebelión” (Wright, 1983:73).
A veces los evangélicos están tan concentrados en el impacto de la caída sobre el individuo que se olvidan que el impacto de la caída fue también sobre toda la sociedad humana. Recuerden que las naciones y sus correspondientes instituciones sociales eran parte de lo que Cristo creó en el inicio (Colosenses1:16-17), es más, fueron diseñadas para el bienestar de los seres humanos. Fue la caída lo que cambió su bondad original. En City of God, City of Satan (Ciudad de Dios, Ciudad de Satanás: una teología para la ciudad), Robert Linthicum describe el impacto de la caída sobre estas instituciones (1991:106-107).
El sistema económico fue creado por Dios para administrar de manera responsable y justa los recursos naturales y humanos de la nación y para alentar a hombres y mujeres para que sean productivos, usando los dones que Dios les dio para crear la riqueza. La meta es proporcionar a cada ser humano tanto la manera de vivir una vida que valga la pena vivir, como una oportunidad para hacer una contribución a la sociedad. Distorsionados por la caída, las personas que ocupan cargos influyentes dentro del sistema económico ceden a la tentación y actúan cada vez más como dueños y no tanto como mayordomos. Tuercen el sistema para fomentar y proteger sus propios intereses y se aíslan a sí mismos del impacto que estas distorsiones producen en los menos afortunados.
El sistema político fue creado por Dios para alentar la ética del reino y para introducir el orden de la creación en la administración humana de las cosas, un orden basado en la justicia y la paz. Sin embargo, como resultado de la caída, el sistema político se hace cautivo del orden económico y comienza a servir a los poderosos; sus ministerios de justicia cesan de ser ministerios y dejan de ser justos.
Por último, el sistema religioso, que fue creado por Dios para atraer a las naciones y sus instituciones hacia una relación con él y hacerlos conscientes de la intención divina y sus mandamientos, a menudo choca con los sistemas políticos y económicos caídos. Los profetas de la responsabilidad son seducidos gradualmente por el dinero, el poder y el prestigio, y poco a poco van acallándose (Ezequiel22:28).
El resultado neto de la caída sobre los sistemas económicos, políticos y religiosos es que se convierten en los lugares donde las personas aprenden a jugar a ser dioses en la vida de los pobres y los marginados. Cuando los seres humanos caídos juegan a ser dioses en la vida de otras personas, los resultados son patrones de dominio y opresión que dañan la imagen y la productividad potencial de los pobres, al mismo tiempo que enajenan a los no pobres de su verdadera identidad y vocación.
El funcionamiento erróneo de los sistemas sociales como un resultado del pecado llevó al teólogo Andrew Sung Park a expresar que necesitamos una teología sin pecado que permita no solo hablar del pecado y los pecadores, sino también del impacto sobre los que están siendo víctimas del mismo. Park aduce que enfocarse solo en el pecado, como ha sido la preocupación de la teología de Occidente, hace que su impacto social o estructural se vuelva invisible. Para rectificar esto, Park propuso una teología para los lastimados (2004). Usa la idea coreana del han, que surgió como parte de la teología de Minjung en la década de 1970, para referirse a la profunda laceración del corazón y del espíritu, que resulta de ser sistemáticamente víctima del pecado.
Park nos recuerda que Jesús vino para morir por los pecadores y para cuidar y liberar a los oprimidos (las víctimas de los pecadores) (Lucas4:18-19). Él nos motiva no solo a hablar del pecado y la salvación, sino también a estar preocupados con la necesidad de una respuesta evangelizadora en respuesta al impacto del pecado y de sus víctimas. Park le llama al impacto del han una mezcla de “esperanza frustrada, un sentimiento colapsado de dolor, una amargura resentida y un corazón herido” (1993: 31).
Esta idea del han de ser el impacto del pecado a través de estructuras sociales de poder nos lleva a considerar cómo los relato de la creación y la caída dilucidan cómo funciona el poder social de estas instituciones corrompidas. En el relato de la creación, a los seres humanos, por virtud al ser de la imagen de Dios, les es otorgada la autoridad para nombrar a los animales. Nombrar, organizar y racionalizar son el principio de la ciencia. La habilidad de razonar y actuar es una forma de poder social. La manera en que esta organización y nombramiento se realiza implica juicios de valor. Algunas veces tiende a predisponer las acciones (Hunter, 2010:178). Tristemente, mientras esta tarea de poder social estaba prevista para el bienestar de todos y de la creación, el impacto de la caída resulta en que se abuse de este tipo de poder social: “La capacidad de definir la realidad varía extensamente entre esos individuos e instituciones que tienen más participación en una forma de ‘violencia simbólica’ con respecto a los que tienen menos” (ibid., 178). Este abuso de poder cultural y social encuentra su expresión, mayoritariamente, en las instituciones sociales. Más sobre este tema en el capítulo cuatro sobre las causas sociales de la pobreza.
Nosotros debemos retornar a nuestra observación previa de que los seres humanos no pueden ser separados de las instituciones humanas de las que son parte. Sobre la examinación del pecado de Jerusalén de Ezequiel, Linthicum (1991:106) nos recuerda que la naturaleza espiritual de la nación y de sus instituciones humanas —familias, negocios, templo y gobierno— era buena, pero todas se han convertido cada vez más en antivida, antireino y en maldad (Ezequiel22:1-13). Al mismo tiempo, las personas integradas en estos sistemas distorsivos, engañosos y dominantes se vuelven explotadores unos de los otros (Ezequiel 22:29). Sobre esta relación entre individuos y sistemas, Walter Wink señala que “el misterio humano es causado por las instituciones, pero estas instituciones son mantenidas por los seres humanos. Nos hemos hechos malévolos por nuestras instituciones, sí: pero nuestras instituciones se han hecho malévolas por nosotros” (1992:75). Retomaremos esta temática cuando hablemos de los complejos de dios de los no pobres, en el capítulo cuatro.
Ya que los sistemas económicos, políticos y religiosos son tan importantes para nuestra comprensión de la pobreza y por lo tanto para el trabajo de transformación, necesitamos mirar un poco más de cerca la espiritualidad subyacente de estas instituciones. Wink (1992:65-85) ha hecho una importante contribución en cuanto a este tema. Él propone que los “principados y potestades” de Pablo son la “interioridad de las instituciones o estructuras o sistemas terrenales”. También señala que Pablo dice que los poderes supuestamente son creados en Cristo, por medio de él y para él (Colosenses1:16-17), apoyando así la idea que las instituciones sociales son creaciones de Dios y no simplemente artefactos humanos. Las instituciones sociales fueron creadas por Dios porque son necesarias para una vida humana plena en comunidad.
Sin embargo, estos poderes —los sistemas y las estructuras sociales— fueron dañados profundamente por la caída. Se hicieron idolátricos, junto con las personas que los habitan. “Una institución se hace demoníaca cuando deja de lado su vocación divina —la de un ministerio de justicia o un ministerio de bienestar social— para buscar y satisfacer sus propias metas idolátricas” (Wink 1992:72), generalmente poniéndose al servicio de los poderosos en nombre de la auto preservación.
Wink afirma además que la doctrina de la caída es esencial para entendernos a nosotros mismos en relación con estos principados y poderes. La doctrina de la caída afirma la naturaleza radical del mal y nos libera de cualquier ilusión de que nosotros, o nuestras instituciones sociales, somos perfectibles aparte de la labor redentora de Jesucristo y la plena llegada del reino de Dios. Esto debiera liberarnos de cualquier tentación de creer de manera optimista en la habilidad del gobierno, del libre mercado o de nuestros propios esfuerzos en favor de la transformación humana para cambiar, por sí solos, la realidad de los pobres. En el siguiente capítulo trataremos la relación entre este entendimiento de la caída y por qué las personas son pobres.
El balance final del relato de nuestra primera desobediencia en términos de pobreza y desarrollo tiene tres aristas. Primero, el pecado es la razón fundamental del porqué las relaciones no funcionan para el bienestar de todos, por lo que lidiar con el pecado a través de la redención en Cristo es el comienzo del desarrollo: “El principal obstáculo para ser avasallado en el camino a la liberación auténtica es el pecado y las estructuras producidas por el pecado, ya que se multiplica y se propaga” (SRS, n.° 46). Segundo, este entendimiento nos provee de una explicación del por qué el mundo es como es sin echarle la culpa del dolor y el sufrimiento a Dios. Juan Pablo II observó que:
El hombre, que fue creado para la libertad, carga dentro de sí mismo con la herida del pecado original, la cual constantemente lo lleva al mal y lo pone en la necesidad de la redención. No solo esta doctrina es una parte integral de la revelación cristiana; también tiene gran valor hermenéutico, ya que nos ayuda a entender la realidad humana (CA, n.° 25).
Finalmente, dado que nosotros somos caídos también, el promotor de desarrollo y la agencia de desarrollo tienen el potencial de apoyar o bien obstaculizar el desarrollo humano.
El relato de la liberación
Para llegar de la caída a Jesús, Dios llamó a un hombre, a quien conocemos como Abraham, y le hizo una promesa: Dios haría a través de él una gran nación que sería una bendición para todas las naciones (Génesis 12:2-3). Dios conservó su promesa, y el Antiguo Testamento es el relato correspondiente a la nación de Abraham, su grandeza y sus defectos, su lealtad y su traición al Dios que le había dado su ser. También es el relato de un Dios que cumple sus promesas, que no iba a ser desviado en su propósito de completar el relato que había comenzado en la creación.
Para el profesional de desarrollo, el relato del Éxodo es muy instructivo, porque es la narración que define al pueblo de Israel. Es un relato de su liberación y de su formación. La liberación fue de la opresión de Egipto y de su faraón, y la formación fue la acción de Dios para transformarlos de un grupo de esclavos a un pueblo, una nación. Esto fue un trabajo arduo: bastó un día para sacar a Israel de Egipto, pero fueron necesarios cuarenta años en el desierto para sacar a Egipto de Israel.
La narración del Éxodo destaca la naturaleza integral y relacional de la labor redentora de Dios. Espiritualmente, el Éxodo es el relato del Dios que reveló su ser y demostró su poder para que Israel creyera y fuera fiel. Israel fue liberado de los dioses de Egipto y se le invitó a ser parte de un pacto con un Dios ético que no pertenecía a ningún lugar.
Sociopolíticamente, el Éxodo es el relato del paso de la esclavitud a la libertad, de la injusticia a una sociedad justa (al menos, ese era el propósito de las instrucciones de Dios al Israel premonárquico [Wright 1983]), y de la dependencia a la independencia. Económicamente, el relato del Éxodo trata del paso de la opresión en la tierra de otro a la libertad y la vida productiva en la tierra propia, una tierra distribuida con justicia para que todos pudieran disfrutar del fruto de su propio trabajo. Psicológicamente, el relato del Éxodo es acerca de Israel perdiendo su entendimiento propio como un grupo esclavizado y descubriendo un nuevo entendimiento de que, con la ayuda de Dios, podrían ser un pueblo y convertirse en una nación.
Lo que a veces se pasa por alto es el otro propósito de Dios en el relato del Éxodo. Todo el tiempo hubo un doble propósito. Uno, el que todos conocemos y el que acabo de describir: liberar a Israel de su esclavitud y llevarla a la Tierra Prometida. El segundo era para que “los egipcios puedan saber que yo soy el Señor” (Éxodo 7:5). Dios no estaba siendo caprichoso al endurecer reiteradamente el corazón del Faraón. El Faraón estaba convencido de que él era Dios y, por eso, justificaba completamente jugar a ser dios en la vida de su pueblo. Esta arrogancia no podía dejarse pasar”. Pero te he dejado con vida justo para este propósito”, le dijo Dios al Faraón a través de Moisés, “que es lograr mostrarte mi poder, para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra” (Éxodo 9:16). Esto nos recuerda que los no pobres también son sujetos de las buenas noticias, aunque estoy seguro de que le fue muy difícil al Faraón ver su liberación de sus complejos de Dios como tal. El costo del discipulado es muy alto para quienes tienen riqueza y poder (Véase Hechos. 16:16-21). Jesús indicó que a los ricos se les hace particularmente difícil entrar al reino de los cielos; esta es parte de la razón del porqué.
Los profetas
El relato de Israel no siempre fue consecuente con el relato que Dios estaba intentando crear. Aunque era el pueblo elegido de Dios y el instrumento por medio del cual Jesús vino al mundo, Israel también fue la causa de mucho dolor para Dios. Oseas 11:8 muestra la “mente agitada” de Dios, cuyas emociones estaban siempre “confundidas dentro de sí” (Koyama 1985,220): amando a Israel como un esposo ama a su esposa, y, sin embargo, odiando su idolatría e injusticia al mismo tiempo.
Deuteronomio nos cuenta que el profeta fue “levantado” por Dios y puesto por encima del sacerdote y del rey y contrario a ellos, tomando el carácter de la voz de Dios mismo: “Pondré mis palabras en su boca” (18:15, 17). Las historias de los profetas nos cuentan mucho acerca de cómo Dios ve el pecado y su impacto, y sirven para recordarnos lo que Dios quiere de nosotros y de la creación, además de lo que él planea hacer. De los profetas aprendemos mucho acerca de cómo la idolatría y la injusticia van de la mano.
Aprendemos mucho sobre cómo la idolatría y la injusticia están relacionadas. Cuando Dios, hablando por medio de Isaías, lamenta las “ofrendas sin sentido” y las “asambleas malvadas”, le dice a Jerusalén, no que mejore su alabanza en el templo, sino que “¡Dejen de hacer el mal! ¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor! ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda!” (Isaías 1:17). El amor a Dios y el amor al prójimo forman un todo indivisible.
En Isaías, también encontramos un fuerte mensaje acerca de cómo se siente Dios cuando los no pobres juegan a ser dios en las vidas de los pobres.
¡Ay de los que emiten decretos inicuos
y publican edictos opresivos!
Privan de sus derechos a los pobres,
y no les hacen justicia a los oprimidos de mi pueblo;
hacen de las viudas su presa y saquean a los huérfanos.
(Isaías 10:1-2)
Haciendo eco de la Canción de María (Lucas 1:46-55), Dios mostrará la bancarrota de poder, privilegio y riqueza (Isaías 5:8-10, 15-16). Frente a un Dios sagrado queda claro que no hay salvación en ricos o poder:
¿Qué van a hacer cuando deban rendir cuentas,
cuando llegue desde lejos la tormenta?
¿A quién acudirán en busca de ayuda?
(Isaías 10:3)
Los profetas también nos alertan del hecho de que la idolatría, el pecado personal y el pecado social son un paquete homogéneo. Todos asociamos fácilmente a Sodoma con pecados de impureza sexual. Ezequiel habla de sus “prácticas detestables”, cuando se declara a Israel una “mujer adúltera” que se ha vuelto “más depravada que ellos” (Ezequiel 16:48). Luego nos sorprende cuando describe el pecado de Sodoma: “Tu hermana Sodoma y sus aldeas pecaron de soberbia, gula, apatía e indiferencia hace el pobre y el indigente” (Ezequiel 16:49).
Ezequiel interpreta el exilio como un castigo de Dios, condena a Jerusalén por un sistema político que se “ha comido a las personas” y se apoderó de su riqueza (Ezequiel 22:23), por un sistema económico que “derrama sangre” y “roba a su prójimo por extorsión” (Ezequiel 22:27) y un sistema religioso que no hace distinción entre lo sagrado y lo profano y no “enseñan a otros la diferencia entre lo puro y lo impuro” (Ezequiel 22:26).
Finalmente, los profetas siguen recordándonos de qué se trata la historia de Dios, dónde va Dios, qué hace Dios y qué espera Dios de nosotros:
¡Ya se te ha declarado lo que es bueno!
Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor:
Practicar la justicia,
amar la misericordia,
y humillarte ante tu Dios.
(Miqueas 6:8)
La sabiduría de la gente
La literatura de la sabiduría es la sabiduría acumulada de las personas que han vivido bajo y dentro de la parte del Antiguo Testamento de la historia bíblica. Esta literatura resume los aprendizajes de la comunidad de fe con respecto a relaciones justas y correctas y sirve de testigo de la experiencia de las personas de que la regla de Dios es la única regla, a fin de cuentas. Se advierte a los ricos al igual que se hace con los pobres. La preocupación de Dios por relaciones sociales justas surge a través de Salmos y Proverbios.
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