Kitabı oku: «Episodios y Personajes dela Historia del Regimiento 11»
Carlos María Fraquelli
Teniente Coronel de Infantería
Episodios y Personajes de la Historia del Regimiento 11

Fraquelli, Carlos María
Episodios y personajes de la historia del Regimiento 11 / Carlos María Fraquelli.- 1a ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-87-2044-9
1. Historia. I. Título.
CDD 982
EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA
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Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723
Impreso en Argentina – Printed in Argentina
DEDICATORIA
A mi padre Carlos Rafael María Fraquelli (1940-2012), ingeniero en electrónica y subteniente de reserva de infantería egresado en 1957 integrante de la Promoción XV del Liceo Militar General San Martín, quien con el relato de sus vivencias despertó en mí la vocación militar.
A mi madre Delia Beatriz Gracia (1944-2017), maestra de primaria culta, de la época en que la Escuela Pública todavía representaba el legado de Domingo Faustino Sarmiento, quien despertó en mí el amor por el estudio y la lectura.
A mi hermano Luis María Fraquelli, licenciado en administración de empresas, quien a través de la actividad privada, siempre apostó al engrandecimiento de nuestro querido país.
AGRADECIMIENTOS
Al teniente coronel de bandaDiego Gonzalo Cejas, prestigioso músico militar, director de bandas, doctor en historia y distinguido profesor, quien siempre estuvo dispuesto a evacuar todas mis dudas y a compartir conmigo sus profundos y valiosos conocimientos.
Al sargento ayudante retirado veterano de la Guerra de Malvinas
Mario Agüero, quien me hizo llegar toda la información a su disposición sobre aquellos veteranos de guerra que prestaron servicios en el Regimiento 11.
Prólogo del autor
El Regimiento 11, cuya actual denominación es Regimiento de Infantería de Montaña 11 “Grl LAS HERAS”, es una unidad bicentenaria del arma de infantería del Ejército Argentino, cuya participación en la historia ha sido sumamente destacada. Fue en sus orígenes, al mando del más célebre de sus jefes, el teniente coronel Juan Gregorio de Las Heras, la unidad sobre la cual el general San Martín comenzó a crear su legendario Ejército de los Andes, y a partir de allí, con esta poderosa fuerza libertadora este regimiento fue actor principal en todos los hechos de armas acontecidos durante las Campañas Libertadoras a Chile y al Perú.
Luego de su disolución al producirse el motín del Callao, fue refundando en la segunda mitad del siglo XIX y ocupó varios pueblos bonaerenses y de otras provincias, como unidad de infantería de línea, combatiendo al indio y participando en las luchas internas.
Con la nueva organización del Ejército Argentino de principios del siglo XX, el Regimiento 11 estuvo durante un largo período acantonado en Rosario, hasta que en 1964 ocupó sus actuales cuarteles en la localidad mendocina de Tupungato, y fue reorganizado como unidad de infantería de las tropas de montaña, primera especialidad conformada con las características modernas en nuestra fuerza.
Pero a lo largo de los más de dos siglos de historia de este glorioso regimiento, muchos sucesos, acciones y acontecimientos, como así también muchas personalidades que fueron actores principales y partícipes de ellos, no han sido dados a conocer o han quedado en la sombra, opacados por otros más importantes.
En este sencillo trabajo de investigación, es intención realizar una narrativa apoyada en fuentes históricas de algunos de aquellos hechos y de la vida de varios personajes, que habiendo sido parte de la historia del Regimiento 11, no son muy conocidos o no han sido muy difundidos.
La recorrida histórica comienza en la misma prehistoria del regimiento con los Auxiliares Argentinos en Chile, se refiere luego al bautismo de fuego en el combate de Cucha Cucha, trata varios temas y menciona personajes de las Campañas Libertadoras, para luego pasar por épocas más cercanas al fin del siglo XIX y culminar con hechos más actuales como la Guerra de Malvinas o el despliegue de esta unidad en operaciones militares de paz en Haití.
Sirvan estos breves capítulos, para recorrer la historia de los “Leones Invencibles del General Las Heras” desde una óptica distinta y con la intención de hacer conocer aquellos episodios y personajes que forman parte de nuestro pasado común y no han sido debidamente difundidos.
CAPITÁN VARGAS
“Capitán Vargas” es una novela histórica de autoría de Vicente Fidel López. Tiene lugar durante el período de la Patria Vieja chilena. En ella aparecen los Auxiliares Argentinos y La Heras como actores de importancia, permitiendo el desarrollo de los hechos narrados descubrir una parte poco conocida de la historia de los hombres que luego pasarían a integrar el Batallón Número 11 de Los Andes.
LOS AUXILIARES ARGENTINOS EN LA NOVELA
La novela histórica “Capitán Vargas”, junto con “La Loca de la Guardia” son las dos obras literarias escritas por Vicente Fidel López en las que aparecen descriptos con detalle hechos, anécdotas y vivencias de Las Heras y sus hombres. En “Capitán Vargas”, Las Heras se encuentra al frente de los Auxiliares Argentinos, fuerza patriota que dará origen al Regimiento 11 de los Andes en noviembre de 1814.
A diferencia de la “Loca de la Guardia”, esta novela transcurre durante el complicado período de la historia de Chile llamado Patria Vieja. “El Capitán Vargas atiende el periodo presanmartiniano, sumamente complejo de la historia chilena, entre 1810 y 1814, cuando a las luchas por la Independencia se suman las disputas internas entre el santiaguino José Miguel Carrera, por un lado, y Mackenna y Bernardo O’Higgins, por otro, y cuando las fuerzas militares chilenas resultan insuficientes para frenar a los realistas y deben recurrir al auxilio argentino”.1
Vicente Fidel López hace clara referencia en su novela, a la llegada de los Auxiliares Argentinos a Chile a comienzos de octubre de 1813: “Precisamente cuando la Junta salía de Santiago llegó de las Provincias Unidas del Río de la Plata un cuerpo de tropas auxiliares de infantería mandando por el Coronel Don Marcos Balcarce y por el Sargento Mayor Don Juan Gregorio de Las Heras. Este cuerpo, fuerte de 380 hombres salió también para Talca escoltando la Junta y tomó inmediatamente parte en la guerra contra los realistas, dirigida por los Generales O´Higgins y Mackenna puestos por la Junta a la cabeza del Ejército Independiente, después de la deposición de Don José Miguel Carrera y de sus hermanos.”2En una nota al pie, en la misma página, López refiere que los soldados y la tropa que integraban los Auxiliares Argentinos, pasarían tiempo más tarde a conformar el plantel del tan célebre Regimiento 11 de los Andes.
Cabe recordar, que para la misma fecha de arribo de los Auxiliares Argentinos a Chile, en octubre y noviembre de 1813 respectivamente, el general Manuel Belgrano sufría las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma en el Alto Perú, dejando a los patriotas chilenos en una situación estratégica aún más comprometida.
Durante esta etapa, los Auxiliares Argentinos tuvieron una destacada actuación durante su estadía en Chile. Fue en estos tiempos cuando se produjo su bautismo de fuego en Cucha Cucha el 23 de febrero de 1814, su valiente participación en la victoria del combate de Membrillar el 20 de marzo del mismo año y su repliegue definitivo a Mendoza, escoltando a los emigrados chilenos que atravesaron la cordillera luego de la derrota patriota de Rancagua.
LA NOVELA Y SU ARGUMENTO
“Capitán Vargas” es una novela inédita, es decir que nunca fue publicada. Estudiosos de la literatura argentina del siglo XIX, se centran para analizar y reconstruir la forma en que fue escrita esta historia, en las cartas familiares del autor y en dos manuscritos que relatan la novela, ambos con diferencias entre sí. Los manuscritos en cuestión son dos versiones de la novela que aparecen incompletos (algunos capítulos se han perdido). Fueron escritos en el castellano de la época, con abreviaturas de uso en aquel entonces y presentan una serie de enmiendas, tachaduras y modificaciones que le dan el carácter de verdearos borradores.
Pero sin entrar en un detallado estudio de la obra, en ella encontramos como línea argumental principal la historia de amor protagonizada, por un lado, por Manuel Vargas, quien se unirá a las fuerzas patriotas, y por el otro, por Teresa, una jovencita huérfana que es pretendida por Juan José Carrera. Todo esto tiene lugar durante el ya mencionado período de la Patria Vieja y es por ello que las disputas entre las dos facciones patriotas antagónicas, los hermanos José Miguel y Juan José Carrera, por un lado, y Mackenna y O´Higgins por el otro, aparecen mezcladas en el entrevero romántico por el amor de Teresa y se hallan constantemente presentes en los acontecimientos. “Los protagonistas, Vargas y Teresa, se hallan seguros bajo la protección de O’Higgins.”3De los hermanos Carrera, José Miguel aparece más relacionado a la trama política, y Juan José, a la parte sentimental de la historia.
Además con esta novela, Vicente Fidel López busca expresar como mensaje político-militar la necesidad de contar con un único Ejército Libertador para lograr la independencia sudamericana tambaleante ante el avance realista sobre Chile, dejando en claro que el comandante más apropiado y capacitado para conducirlo es el general José de San Martín, quien en 1814 sería nombrado gobernador de la Intendencia de Cuyo, instalándose en Mendoza. A diferencia del concepto vertido sobre San Martín en la novela “La Loca de la Guardia”, en donde López le cuestiona al Libertador el hecho de no haber auxiliado con sus fuerzas a Buenos Aires ante la amenaza de los caudillos Artigas y Ramírez, en “Capitán Vargas”, el general San Martín aparece calificado como un “genio”, como “el hombre más alto y eminente que tenemos desde el Cabo hasta la línea ecuatorial.”4
Volviendo a los andamiajes de la política interna entre chilenos, el autor también quiere destacar las luchas por el poder central entre santiaguinos y habitantes del sur de Chile (de ciudades como Concepción y Talca), llevando este enfrentamiento a una similitud comparable a la lucha entre los caudillos federales que tenía lugar en Argentina, o bien a las refriegas entre unitarios y federales.
LOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LA NOVELA
En esta novela, Vicente Fidel López se vale de una gran cantidad de personalidades que tuvieron un papel de importancia en la gesta emancipadora. A continuación, se referirán solamente aquellos que guardan relación con la trama principal, con los Auxiliares Argentinos y con el Regimiento 11 de los Andes, haciendo también mención a algunos de los hechos más salientes.
El capitán Vargas
Manuel Vargas es el protagonista principal de la novela, que de él toma su nombre. “Este joven se había dirigido desde el principio a Santiago; y después de algunas dirigencias y buenos certificados, había obtenido el grado de Alférez en un cuerpo de caballería que el gobierno patriota levantaba aquellos días”5. Aparece en la guerra por la Independencia de Chile tomando parte en la lucha contra los Carrera, con uno de los cuales (con Juan José) tenía una disputa amorosa por Teresa. Se gana el afecto del coronel Don Bernardo O´Higgins, quien lo creyó un joven con gran futuro, declarándolo su protegido. “Mientras los Carreras habían estado a la cabeza del ejército independiente, Vargas había tenido que sufrir muchas injusticias. A pesar de una conducta llena de honor y valentía, logró a penas, y con muchas dificultades ascender a teniente…”.6Pero la suerte cambiaría para Vargas:“…cuando los Carreras cayeron del poder y tomó O’Higgins el mando del ejército, Vargas recibió comisiones de importancia que le proporcionaron ocasiones de lucir y de ganar una reputación brillante como soldado.”7
El 19 de marzo de 1814 se produce un combate en las Lomas de Quilo entre las divisiones patriotas al mando de O´Higgins y Mackenna y las fuerzas realistas del coronel Manuel Barañao. “Cuando O’Higgins llegó con su división al pie de las alturas ocupadas por el enemigo dio la orden al capitán Vargas de comenzar el ataque con cien Dragones…”8La victoria fue completa y brillante; los realistas quedaron desalojados de las alturas de Quilo. “Después de este hecho no se hablaba en el ejército sino de la bravura de Vargas, y recibió el grado de Capitán sobre el mismo campo de batalla…”.9
Al día siguiente, el 20 de marzo, el capitán Vargas participaría del combate de Membrillar, en donde 70 Auxiliares Argentinos fueron parte de un contraataque a la bayoneta a órdenes del coronel Balcarce, que hizo retroceder a una fuerza realista superior, y posteriormente, el ala derecha del dispositivo, que estaba conformada por Las Heras y otros 50 Auxiliares Argentinos, rechazó con éxito cinco asaltos enemigos en un combate que duraría unas cuatro horas. “Los jefes argentinos Balcarce y Las Heras que tanto se distinguieron en esta campaña cobraron con este motivo una amistad decida en favor de Vargas.”10El parte de la victoria del Membrillar, confeccionado por Mackenna que sería“…publicado en “El Monitor Araucano” del 15 de abril, contiene una recomendación para los jefes del batallón auxiliar argentino, Balcarce y Las Heras.”11
Según el autor, las tres pasiones de Vargas eran el patriotismo, la ambición y el amor; era un hombre recto y amable, merecedor del amor de Teresa.
Teresa
Teresa es la protagonista femenina de la historia de amor. En los primeros capítulos, se hace referencia a la llegada de Teresa a la hacienda de la familia Carrera en 1802, para luego relatar que en 1805 la niña que por entonces tenía diez años, es ofendida por Juan José Carrera. En 1810, Teresa se convierte en una bella joven y Juan José la desea con lujuria.
Vicente López cuenta que Teresa fue creciendo y se convirtió en una criatura muy atractiva; a medida que dejaba de ser una niña y se transformaba en mujer, era cada vez más cautivadora. “La niña se había transformado en una joven de peregrina hermosura”, y nada había impedido que “su alma fuera tan bella como su figura”.12
La joven es descripta como delicada y pulida, inteligente, de mirada vivaz, graciosa, jovial, modesta y dulce, con dotes de coquetería inocente. La detallada descripción que el autor realiza con toda precisión y con muchos recursos poéticos, proporciona una vívida imagen de su aspecto físico: ella es alta, delgada, de cuerpo flexible y airoso, con contornos redondos y cintura angosta; sus ojos son grandes y rasgados y sus pestañas largas y negras, sus labios finos y dispuestos a sonreír y en su cara se percibe cierto “aire griego”.
Teresa tenía un amado que era Vargas, a quien su amor correspondía. Pero también era pretendida, en forma no correspondida y con codicia, por Juan José Carrera, miembro de la poderosa y tradicional familia chilena, con la cual ella había vivido y se había criado desde niña.
Juan Gregorio de Las Heras y los Auxiliares Argentinos
Junto con Juan José Paso son las figuras argentinas sobresalientes de la novela. López describe al comandante Las Heras como un hombre“…joven, vivo de genio, alegre de ojo…”, y agrega que “…tenía una figura, soberbia, imponente, dominante…”.13El honor militar es una virtud que se manifiesta en su accionar cotidiano y que en la novela impide, que presionado por las intrigas de los Carreras, deba participar con sus hombres en la guerra civil, logrando conservar su neutralidad en las refriegas entre chilenos.
La relación entre Las Heras y Paso es cordial, guardando cierta forma superior-subalterno, ya que como comandante militar consultaba y pedía órdenes a la autoridad política representada en el doctor Paso, de quien se hará referencia más abajo.
Las Heras juega además, un papel fundamental como fuente testimonial consultada por Vicente F. López, quien da mucha importancia a la tradición viva. Durante su exilio en Chile, iniciado en 1827 luego de renunciar a su cargo de Gobernador de Buenos Aires, Las Heras le ha narrado con lujo de detalles al autor las acciones de los Auxiliares Argentinos, apareciendo algunas de ellas escritas también en los primeros capítulos de “La Loca de la Guardia”.
Siempre Las Heras aparece ligado o al frente de sus Auxiliares Argentinos, unidad que comandó con mucha solvencia profesional y ascendiente, y que incluso, aparece nombrada como “batallón porteño” o como integrado por cuyanos. Los Auxiliares Argentinos aparecen como el único “cuerpo de infantería que pueda pararse delante de los Talaveras”14, es decir que estaría en condiciones de combatir de igual a igual, contra las fuerzas realistas del temido Regimiento Talavera, enviado desde España para sofocar la revolución patriota.
Se menciona también el cuartel de los “argentinos”, es decir el cuartel de los hombres de Las Heras, en donde tienen lugar varios diálogos, reuniones y entrevistas entre los distintos protagonistas.
Los hombres de Las Heras aparecen también apoyando al Director Supremo Francisco de la Lastra ante las intrigas políticas del clan de los Carrera: “Lleno el Director Lastra de alarmas y temores trajo a Santiago el cuerpo de Argentinos, mandado a la sazón por el Comandante Las Heras; pues el coronel Balcarce se había retirado a Buenos Aires. Lastra ponía toda su confianza en esta tropa, que además de ser extraña al espíritu de partido era subordinada brava; y que sobretodo estaba mandada por el porteño Las Heras, cuyo carácter elevado, leal y enérgico era perfectamente conocido.”15
Juan José Paso
Juan José Esteban del Passo (jurisconsulto y político porteño, nacido en 1758) se haría conocido en nuestra historia simplemente como Juan José Paso y por su participación como Secretario de Hacienda de la Primera Junta de Gobierno.
Para la época de la Patria Vieja, fue enviado en misión diplomática a Chile. Tenía en esos tiempos unos 56 años de edad.
López explica con claridad cuál era la función netamente política que tenía Paso en representación de la Revolución de Mayo en Chile. “El Doctor Passo era en Chile lo que entonces se llamaba Diputado de la Junta Gubernativa de Buenos Aires, es decir Ministro Plenipotenciario; y, aún algo más; porque estos diputados eran, a la vez, agentes revolucionarios, y tenían cierta autoridad de inspección sobre los generales que mandaban las tropas de la República”. Se encuentra en el país trasandino “representando la soberanía incontrastable y atrevida de la Nueva República.”16
Físicamente lo describe como un hombre muy bajo, muy delgado, encorvado y que raya la vejez. Entre las cualidades de Paso, López da cuenta de su inteligencia sagaz y penetrante, posicionándolo como uno de los personajes más celebres de los inicios de la revolución de Sudamérica. Es valiente, infatigable, decidido y diestro en el gabinete, sin nadie que lo iguale para tomar medidas contra los realistas, pero se declaraba incompetente para el obrar militar y las campañas, debido a su constitución física débil y enfermiza; dejaba las tareas de la guerra para que las realicen los especialistas.
Entre las gestiones políticas del doctor Paso, una de las más importantes es la que intenta antes de su partida de Chile hacia las Provincias Unidas del Río de la Plata, buscando reconciliar ambas facciones de patriotas chilenos.
Los patriotas chilenos y sus luchas internas
De los tres hermanos Carrera, como ya fue mencionado, dos son los que aparecen con mayor destaque en la novela: José Miguel y Juan José. El menor de los Carrera, Luis, también aparece en la novela, pero en menor medida. Los Carrera representan la versión chilena de los caudillos federales argentinos.
“Don José Miguel, el hermano mayor de los Carreras, destinado a hacerse famoso en nuestros anales revolucionarios dejando una reputación tan trágica como dudosa…”17, es visto por el autor como el principal responsable del fracaso político e institucional de la Patria Vieja chilena. Es considerado como un político intempestivo y autoritario, que se adjudica la representación popular mediante la sola manipulación de las masas. Además, él mismo considera que no tiene igual sobre la tierra y que posee más prestigio y antecedentes militares que el propio general San Martín para comandar el Ejército Libertador.
Su hermano Juan José, es el rival amoroso de Manuel Vargas en la disputa por el amor de Teresa.
Del coronel Don Bernardo O´Higgins, el autor tiene un juicio positivo; es por ello que expresa que está“…destinado a hacer tan brillante y eminente papel en los futuros acontecimientos de la Revolución Hispano-Americana…”.18En la novela, cumple el papel de protector, apadrinando a Vargas, a quien tiene como subordinado. El coronel O’Higgins, aparece en varias oportunidades, en compañía del coronel Juan Mackenna, quien es su aliado contra los hermanos Carrera.
Vicente F. López centra bastante su narrativa en las luchas intestinas que tienen lugar entre patriotas chilenos. En su semblanza con las disputas rioplatenses, hace ver a los partidarios de O’Higgins como parecidos a los unitarios y a los seguidores de los Carrera como similares a los federales.
Luego de producido el desastre de Rancagua en octubre de 1814 y cuando los emigrados chilenos cruzan a Mendoza, San Martín deposita su confianza en O’Higgins, quien es incorporado al Ejército de Los Andes. El Libertador decide prescindir de los Carrera por ser indisciplinados, soberbios y revoltosos.
Otras personalidades históricas
El coronel Marcos Balcarce aparece mencionado en la novela como quien cruza los Andes al mando de los Auxiliares Argentinos y permanece a la cabeza de la unidad, hasta ser llamado desde Buenos Aires, oportunidad en que deja la unidad en manos de su segundo jefe, el comandante Las Heras.
Román Deheza, aparece en un episodio cumpliendo la función de estafeta calificado, cuando por orden de Las Heras y en momentos en que los hermanos Carrera han hecho la revolución, concurre a la casa donde moraba el doctor Paso para entregarle una carta. “Soy el Teniente Deheza del batallón de Auxiliares”19, se presentó el joven oficial y una vez que Paso abrió la ventana, entregó la misiva que para él portaba de parte de su jefe, para luego retirarse.
Quien sería el protagonista de la novela “La Loca de la Guardia”, el sargento Ontiveros, aparece al menos en dos oportunidades, desempeñando la noble función de asistente del comandante Las Heras.
CONSIDERACIONES FINALES
A través de “Capitán Vargas” se puede entender la actuación de los Auxiliares Argentinos en Chile, conociendo anécdotas, costumbres de la época, hechos menores y descripciones de los protagonistas. Los Auxiliares Argentinos permanecieron en Chile desde octubre de 1813, hasta luego de la derrota de Rancagua, en octubre de 1814. Fue durante este turbulento período, cuando la Patria Vieja llegaba a su fin, que tuvieron su bautismo de fuego en Cucha-Cucha y lucharon heroicamente en el combate de Membrillar, cumpliendo asimismo otras tantas misiones a favor de la causa patriota, para regresar finalmente a Mendoza cubiertos de las que serían sus primeras glorias. Mitre relata que luego del revés de Rancagua “sólo se salvó organizado el cuerpo de auxiliares, que hallándose en Aconcagua, volvió a pasar la cordillera conducido por su bizarro comandante, después de proteger la salvación de los emigrados y cubrir la retaguardia de los derrotados”20. En ese mismo sentido, el propio general Bernardo O´Higgins también expresó que “el Batallón de Auxiliares Argentinos, al mando de su bizarro jefe el Sargento Mayor Las Heras, fue el único que sostuvo la retirada por la cordillera”21, en esos difíciles momentos en que los patriotas chilenos debieron abandonar su país para emigrar hacia Mendoza.
Es una novela que nos relata los albores de la historia de los hombres que más tarde conformarían el Regimiento 11, y en donde la legendaria figura del comandante Las Heras ya se comienza a vislumbrar.
Desde el punto de vista literario, Vicente F. López se muestra como un entusiasta de la novela histórica, siendo además uno de sus precursores. Escribe motivado por un fin patriótico, busca hacer transcender las grandes hazañas de nuestros hombres de la independencia, dándoles a los argentinos una verdadera clase de historia, rescatando del olvido esos hechos singulares que conformaron la identidad nacional.
Desde el punto de vista político y miliar, esta participación de los Auxiliares Argentinos en los acontecimientos sucedidos durante la época de la Patria Vieja en Chile, constituyen un hito, ya que es la primera vez que tropas argentinas salen fuera de los límites del Virreinato del Río de la Plata, exportando los ideales independentistas de la Revolución de Mayo. Quizás por esta razón, Vicente F. López, haya decidido ambientar la novela en este tiempo y espacio, incluyendo en la narración a Las Heras y sus valientes soldados.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
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LÓPEZ, Vicente Fidel. “La Loca de la Guardia. Cuento histórico”. A.V. López, Editor. Buenos Aires, edición en un volumen de 1896.
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CUCHA CUCHA UN COMBATE BICENTENARIO
El 23 de febrero de 1814 los Auxiliares Argentinos tuvieron su bautismo de fuego en la hacienda de Cucha Cucha, ubicada en el sur de Chile. La actuación muy destacada del entonces sargento mayor Juan Gregorio de Las Heras y sus hombres, permitió que este cuerpo patriota escribiera su primera de tantas páginas de gloria en la historia de las guerras emancipadoras.
LA ÉPOCA DE LA PATRIA VIEJA Y LA SITUACIÓN GENERAL EN CHILE
El 18 de septiembre de 1810 se reúne en Santiago el cabildo abierto, asumiendo la Primera Junta Nacional de Gobierno de Chile, que ante la captura del rey Fernando VII de España por parte de Napoleón Bonaparte se hace cargo del gobierno trasandino. Es dentro de este período denominado de la Patria Vieja, iniciado con el establecimiento de esta junta autónoma y que finaliza con la derrota de las tropas patriotas en la batalla de Rancagua (1 y 2 de octubre de 1814), que tiene lugar el combate de Cucha Cucha.
A mediados de 1812, el virrey del Perú José Fernando de Abascal, había concebido un ambicioso plan para reconquistar para la corona española los territorios que estaban bajo dominio de los patriotas. Este plan contemplaba avanzar por el norte desde el Alto Perú, desde el sur de Chile hacia Santiago y Mendoza, y luego, en combinación con las tropas realistas de Montevideo, caer sobre Buenos Aires.
En lo que se refiere a las acciones en Chile, Abascal comenzó por cortar las comunicaciones, autorizar la guerra de corso, al mismo tiempo que ordenaba desembarcar al general Antonio Pareja en Chiloé, con dinero y oficiales para conformar una división. Para mayo de 1813, el general Pareja había tomado Valdivia, Talcahuano y Concepción, restableciendo el dominio realista hasta el sur de río Maule.
Los patriotas chilenos pudieron reaccionar y reconquistaron Talcahuano y Concepción, pero fracasaron al sitiar Chillán e intentar recapturarla, debido a la mala preparación de las tropas y las difíciles condiciones meteorológicas. El enemigo realista no había podido ser expulsado completamente de Chile e intentaría volver a tomar el control total.
El virrey Abascal decidió enviar refuerzos a Chile y el 1 de enero de 1814 una expedición al mando del brigadier Gabino Gaínza, comandante sensato y de prestigio que en el pasado había sido gobernador de Chile, zarpó del puerto del Callao, desembarcando en la Bahía de Arauco para fines del mismo mes. Con las fuerzas locales y las que trajo del Perú, Gaínza logró reunir aproximadamente 3.000 hombres bien pertrechados, recibiendo además el apoyo de los araucanos que cubrían el frente sur y se aprontaban a auxiliar a las fuerzas realistas a solicitud.
Los patriotas chilenos habían quedado en una situación comprometida. Sus fuerzas estaban divididas en dos cuerpos: uno al mando del general Bernardo O´Higgins en Concepción y otro, en Membrillar (al norte del río Itata), al mando del coronel Juan Mackenna. Los realistas estaban prontos a reanudar las operaciones e intentarían derrotar a las fuerzas patriotas por separado.
LOS AUXILIARES ARGENTINOS: SU FORMACIÓN, EL PASO DE LA CORDILLERA Y SUS PRIMERAS ACCIONES EN CHILE
El gobierno de Buenos Aires había decidido enviar a Chile una columna auxiliar en retribución por las fuerzas que el país trasandino había proporcionado en apoyo a la revolución de las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1811, para que una vez cruzada la cordillera se sumara a la lucha contra los realistas.
Inicialmente, esta fuerza se conformó con elementos de infantería de línea provenientes de Cuyo y de Córdoba, estando al mando del comandante Santiago Carreras (gobernador intendente de Córdoba del Tucumán). Entre sus oficiales se encontraban el sargento mayor Juan Gregorio de Las Heras (segundo comandante de este cuerpo de auxiliares), el capitán José Antonio Álvarez Condarco y el teniente Román Deheza. Una vez en Mendoza, se agregarían a estas fuerzas una tercera compañía con el capitán José Vargas y el alférez José Aldao (hermano del fraile dominico, caudillo y militar José Félix Aldao), conformándose así el Batallón de Auxiliares Argentinos, con un efectivo de 244 soldados y 13 oficiales.
En septiembre de 1813, por orden del gobierno de Buenos Aires, el Batallón de Auxiliares Argentinos inició la marcha hacia Chile. A pesar de que los pasos cordilleranos se encontraban anegados por las nieves caídas durante el invierno especialmente del lado chileno, los Auxiliares Argentinos lograron atravesar el macizo andino por el camino más natural y obligado (por Uspallata), llegando a Chile el día 4 de octubre.
El paso de los Andes, demandó a los Auxiliares Argentinos recorrer unos 350 kilómetros en 14 días, avanzando como mínimo 25 kilómetros diarios, que en jornadas de 7 horas de marcha en montaña, arrojan un promedio de más de 3 kilómetros por hora para personal montado.
Pero la llegada de las tropas argentinas a Chile produjo suspicacias, ya que muchos chilenos creyeron que el comandante Santiago Carreras era pariente de los polémicos hermanos Carrera, por lo que el gobierno de Buenos Aires que no quería intervenir en pugnas internas y advertido de estos hechos, envió a Chile al coronel Marcos Balcarce para reemplazar a Carreras al frente de los auxiliares. El sargento mayor Juan Gregorio de Las Heras continuó como segundo al mando de este cuerpo.
Ya para mediados de octubre y luego de permanecer diez días en Santiago, los Auxiliares Argentinos cumplían su primera misión en territorio chileno: escoltar a la Junta de Gobierno, que ante la crítica situación se desplazaba en dirección al sur, desde Santiago hacia Talca.
Con el cruce de los Andes y su llegada a Chile, el Batallón de Auxiliares Argentinos se constituyó en la primera fuerza militar en llevar la bandera de la Revolución de Mayo fuera de los límites del Virreinato del Río de la Plata, ya que los primeros ejércitos enviados en expediciones al Alto Perú no habían podido pasar el límite norte con el Virreinato del Perú, materializado por el río Desaguadero.
Para diciembre de 1813, con el coronel Bernardo O’Higgins ya nombrado comandante en jefe del ejército, se constituye una división auxiliar integrada por fuerzas argentinas y otras fuerzas chilenas, llegando a contar con unos 800 infantes, una brigada de artillería con 6 cañones y 2 culebrinas, puestas al mando del coronel Marcos Balcarce, quien continuó su recorrido hacia el sur. En Quirihué, el 19 de enero de 1814, Las Heras recibe sus despachos oficiales de sargento mayor y comandante interino de las compañías sueltas de línea del Cuerpo Auxiliar de las Provincias Unidas.
El 14 de febrero los Auxiliares Argentinos ya se encontrarían formando parte de la división del coronel Mackenna, ocupando el fundo del Membrillar.
EL COMBATE
La situación en el sur de Chile para comienzos de 1814
Para comienzos de 1814, las fuerzas patriotas chilenas con un efectivo de alrededor de 2.500 hombres, se hallaban divididas en dos cuerpos como se mencionó en los párrafos anteriores, con su moral por el piso debido a la falta de pago, las continuas deserciones y la escasez de recursos, víveres y caballada. Las operaciones se hallaban estancadas y no existía aparente superioridad por parte de ninguno de los oponentes.
El recién llegado brigadier realista Gaínza reunió a sus fuerzas y para mediados de febrero acampó en Quimchamalí, sobre la margen este del río Itata y a corta distancia de su confluencia con el río Ñuble. Su intención: aislar a las fuerzas patriotas de Mackenna que ocupaban posiciones en Membrillar, impidiendo su comunicación con las fuerzas de O´Higgins en Concepción. Para eso, también ordenó destacar fuerzas móviles de caballería que recorrieran los campos vecinos, restringiendo los movimientos de los patriotas.

La hacienda de Cucha Cucha
Cucha Cucha era una pequeña estancia situada en una lomada de escasa altura, cuya extensión era de más de 3.000 cuadras (unas casi 2000 hectáreas) y estaba ubicada sobre la margen norte del río Ñuble, entre el Membrillar y Chillán, y al norte de Quimchamalí. Era la propiedad más importante que poseía don Luis Urrejola, cuya familia (identificada con la causa realista) la había adquirido en 1776 en el remate de las temporalidades de los jesuitas.
Desde el punto de vista miliar, esta hacienda constituía una zona muy apta para el pastoreo del ganado y presentaba algunos árboles ralos como cubierta. Además, al estar situada sobre una pequeña altura, le daba un buen dominio sobre la margen sur del río Ñuble, con excelente campo de observación hacia la zona donde este río confluye con el Itata.
Golpe de mano sobre la hacienda
Ante la noticia de que sobre las casas de la hacienda de Cucha Cucha se encontraban recolectando ganado guerrillas españolas (de un efectivo aproximado de 500 hombres), el coronel Mackenna resuelve ejecutar un golpe de mano durante la noche del 22 al 23 de febrero, con la finalidad de batir las tropas enemigas y apoderarse del ganado.
Apoderarse de los recursos, es decir el saqueo por recursos, fue una práctica habitual llevada a cabo por patriotas y realistas en Chile, ya que al no existir un sistema de intendencia bien organizado, se hacía muy difícil mantener a las fuerzas en movimiento y afrontar sus necesidades diarias. Se buscaban vacas para satisfacer el hambre, caballos para montar y a veces otros insumos, como plomos para producir municiones. Esto generaba frecuentes escaramuzas y combates entre los oponentes.
Para caer sobre Cucha Cucha, Mackenna se pone al frente de 300 fusileros, 40 dragones y 2 piezas de artillería rompiendo la marcha a medianoche y dejando el campamento al mando de su jefe de estado mayor, el coronel Mariano Balcarce. Pero al llegar al objetivo al amanecer, los patriotas no encuentran fuerzas realistas, ya que éstas se habían replegado durante la noche. Aprovechando la ausencia del enemigo, Mackenna comisiona al teniente coronel Santiago Bueras, para que con parte de sus fuerzas recojan ganado, mientras que el resto de sus tropas regresan al Membrillar.

Intervención de los Auxiliares Argentinos
Al observar que el grueso de las fuerzas patriotas se habían retirado, los realistas deciden tomar la iniciativa pasando a la ofensiva sobre la retaguardia de la formación de Bueras, que por encontrarse arriando gran cantidad de ganado se había demorado, perdiendo contacto con el resto de las fuerzas que se replegaban.
El ataque realista fue llevado a cabo por alrededor de 500 hombres dispuestos en tres columnas que repentinamente incidieron sobre las tropas de Bueras. Pero el sargento mayor Juan Gregorio de Las Heras que con unos 100 Auxiliares Argentinos se encontraba sosteniendo la retirada, hizo una rápida apreciación de la situación y a pesar de estar en inferioridad numérica, decidió evitar que los realistas corten la retirada de la columna patriota. Las Heras y sus hombres lograron rechazar tres cargas realistas. Durante las dos primeras protegieron a las fuerzas de Bueras, y durante la última, apoyados por el fuego de una pieza de artillería, cargaron con empuje y valor a la bayoneta, produciendo así el retroceso del enemigo que se replegó con bajas. Luego de ello, y para asegurarse que los realistas no realizarían un nuevo intento, mantuvo el terreno por un cuarto de hora, dirigiéndose finalmente hacia el campamento del Membrillar en perfecto orden, llevándose todos los honores de aquella jornada.
Las fuerzas patriotas tuvieron un total de 3 muertos y 8 heridos, la mayoría leves. Entre aquellos que ofrendaron sus vidas en este combate se encontraban los soldados argentinos Juan de la Barca y José Agustín Ríos, y si bien no se tienen datos de las bajas sufridas por los realistas, se estima que fueron mayores a las de las tropas patriotas.

Los honores y los reconocimientos
A las cinco de la tarde las fuerzas llegaron al campamento patriota del Membrillar y los Auxiliares Argentinos fueron recibidos con eufóricos vítores y estridentes aclamaciones por parte de las tropas chilenas.
El coronel Mackenna escribió su parte de guerra (que fue publicado en El Monitor Araucano, uno de los primeros periódicos chilenos) detallando los acontecimientos de Cucha Cucha y haciendo mención al “valeroso Sargento Mayor de Auxiliares de Buenos Aires D. Juan Gregorio de las Heras, quien con 100 hombres de su cuerpo, y bien sostenido por el Capitán Vargas del mismo, avanzó en el mayor orden sobre el enemigo y le obligó con pérdida considerable a replegarse a una altura inmediata…”. También en este parte, Mackenna destaca el comportamiento de los tenientes Román Deheza y Ramón Alday, y detalló: “El siguiente rasgo de valor personal no debe sepultarse en olvido. Un cabo del cuerpo de auxiliares de Buenos Aires, Manuel Araya viendo a un oficial enemigo que con suma intrepidez animaba su tropa, marchó sobre él, mátalo y vuelve montado en su caballo a su formación.”
El coronel Balcarce recibió una nota con fecha 6 de abril enviada por el gobierno de Buenos Aires, que expresaba: “El parte del valeroso Sargento Mayor D Gregorio de Las Heras, en que se detalla la bizarra y plausible acción ganada a los enemigos en la cercanía de Cucha-Cucha, y en su consideración al distinguido mérito que los oficiales y tropas de su mando han contraído por su valor y energía, previene a Uds. que en rueda de ordenanza les haga a su nombre la muy expresiva demostración de su aprecio.” Además, esta nota solicita que se propongan para ser ascendidos todos aquellos que han tenido una actuación destacada en este combate.
El gobierno de Buenos Aires autorizó al coronel Balcarce a diseñar un escudo de honor por la acción de Cucha Cucha, que fue aprobado el 8 de agosto. Dicho escudo de forma ovalada y de una medida de 7,5 centímetros por 6,5 centímetros, estaba orlado con palmas y hojas de laurel plateado sobre un fondo de paño azul oscuro, y tenía bordada con hilos de plata la inscripción: “La Patria a los valerosos de Cucha Cucha, Auxiliares en Chile”. Se utilizaba sobre la manga de la casaca.

CONSIDERACIONES FINALES SOBRE EL COMBATE DE CUCHA CUCHA
El combate de Cucha Cucha fue el bautismo de fuego de los Auxiliares Argentinos, unidad que se seguiría fogueando y adquiriendo experiencia de combate en el sur de Chile, hasta regresar a Mendoza luego de Rancagua a fines de 1814. Fue sobre la base de estos auxiliares, que a instancias del general José de San Martín se crea el Regimiento 11, por decreto del director supremo Gervasio Posadas el 8 de noviembre de 1814, constituyéndose en la columna vertebral del Ejército de los Andes.
Al respecto de este combate Bartolomé Mitre escribió: “El ensayo de los Auxiliares Argentinos fue brillante. El 22 de febrero de 1814 el mayor Las Heras, a la cabeza de 100 auxiliares, en la confluencia del Itata y del Ñuble, salvó la división de Mackenna de un contraste, preparándole un inmediato triunfo(en referencia al siguiente combate de Membrillar), por cuya acción fue recomendado en el parte de aquella jornada, con el título de “valerosos”, que no debía desmentir el adelante”22.
Fue en Cucha Cucha en donde se produjo la primera manifestación de valor y heroísmo del sargento mayor Juan Gregorio de las Heras a través de su oportuna y decidida intervención, y quien a partir de allí, estaría presente en los más célebres hechos de armas de las Campañas Libertadoras, constituyéndose en el arquetipo del soldado de infantería argentino.
Desde el punto de vista táctico, esta victoria no cambiaría mucho la situación a favor de los patriotas, pero si actuaría como una inyección sobre la moral de los combatientes, quienes obtendrían un nuevo triunfo en el combate de Membrillar, un mes más tarde el 20 de marzo de 1814.
En la actualidad, los integrantes del Regimiento de Infantería de Montaña 11 “General LAS HERAS”, legítimos herederos de las glorias de los Auxiliares Argentinos, utilizan con orgullo sobre el brazo izquierdo de su chaquetilla el “Escudo de Cucha Cucha”, ganado con tanto coraje y heroísmo durante aquella gloriosa jornada de 1814.
El 23 de febrero de 2014 se cumplió el bicentenario del bautismo de fuego de los leones invencibles del general Las Heras. Para esa fecha, los integrantes del Regimiento de Infantería de Montaña 11 “General LAS HERAS”, se encontraban desplegados en Haití como parte de la MINUSTAH (Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití) constituyendo la unidad núcleo sobre la cual se conformó el Batallón Conjunto Argentino Haití 19. Aquella mañana, en su formación de bandera en la plaza de armas de su base en Gonaïves, los integrantes de esta unidad histórica rindieron el merecido homenaje conmemorando los doscientos años del combate de Cucha Cucha, lejos de su asiento de paz y del macizo andino testigo de tantas glorias patriotas, pero con el convencimiento de estar cumpliendo una importante misión e imbuidos con ese mismo espíritu que el sargento mayor Juan Gregorio de Las Heras supiera transmitir a sus hombres.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
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LA LOCA DE LA GUARDIA
La Loca de la Guardia es una novela escrita por Vicente Fidel López que transcurre durante el Cruce de los Andes y durante la Campaña Libertadora de Chile iniciada en el año 1817. Su protagonista principal y muchas de las acciones narradas son parte de la vida misma del Regimiento 11 de los Andes, permitiéndonos el desarrollo de los hechos, conocer a varios de aquellos valientes patriotas que participaron de estas campañas a órdenes del entonces coronel Las Heras formando parte de su legendaria unidad de infantería.
EL PERSONAJE DE LA LOCA Y EL COMBATE DE GUARDIA VIEJA
Una misteriosa mujer se aparece a las fuerzas patriotas en plena Cordillera de los Andes en momentos en que realiza la epopeya del cruce del macizo andino. Les advierte sobre los peligros y la ubicación de los destacamentos realistas, soldados a quienes llama “lagartos”, y sirve a la causa de los patriotas, que para ella son los “cóndores”. Conoce pasajes, quebradas y lugares secretos de aproximación que divulgados a las fuerzas del Ejército de los Andes facilitan sus maniobras, permitiéndoles obtener ventajas tácticas sobre las fuerzas realistas. Pero, ¿quién es esa enigmática mujer? ¿Qué hace sola en plena montaña? ¿Por qué ayuda a las tropas del general San Martin y tiene un odio visceral por los realistas?
Se trata de Teresa, mejor conocida como la “Loca” de la Guardia, en referencia al puesto cordillerano de Guardia Vieja en proximidades del cual una patrulla avanzada del Regimiento 11 de los Andes que realizaba tareas de reconocimiento y exploración, la encontró merodeando. Ella es la protagonista principal de la novela histórica decimonónica (del siglo XIX) escrita por Vicente Fidel López y titulada “La Loca de la Guardia”.
En la novela, Teresa aparece como la novia del patriota chileno Rafael Estay, quien fue asesinado por el cruel sargento mayor realista Vicente San Bruno, perteneciente al temible Regimiento Talavera de La Reina. El lamentable final de su enamorado y el intenso sufrimiento del que fue víctima, alteraron definitivamente el estado mental de Teresa. El hermano de Rafael, Justo Estay es el valeroso baqueano y arriero de máxima confianza del general San Martín, que desempeña las funciones de guía de la columna del Ejército de los Andes que avanza, a órdenes del coronel Las Heras por el Paso de Uspallata.
En su obra dedicada a la Historia Argentina, en el capítulo titulado “Los argentinos pasan los Andes y libertan a Chile”, Vicente F. López relata cómo durante la noche del 2 de febrero la partida avanzada del Regimiento 11, al mando del teniente Román Deheza, lleva ante la presencia del mismo coronel Las Heras “una mujer como de 25 años, que acababa de introducirse en esa avanzada sin saberse cómo y que parecía lunática o loca por la extravagancia de sus miradas y de las señas con las que parecía querer indicar un peligro o la dirección preferente de los caminos que señalaba”.23
En su obra dedicada a la vida del fraile Aldao, Jorge Calle refiere también la aparición de la “Loca”: “Las Heras toma las últimas disposiciones para el asalto. En ese instante, el teniente Román Deheza presentase en el campamento. Trae una niña que muestra una extraña inquietud en el aguamarina de sus ojos. Nadie sabe como la joven logra introducirse en la avanzada. Hay confusión en el campamento”.24
Luego de ser encontrada por las tropas patriotas y por orden del sargento mayor Enrique Martínez, segundo jefe del Regimiento 11 de los Andes, la “Loca” fue puesta bajo custodia del sargento Ontiveros de esta misma unidad, quien es descripto como “un modelo de soldado argentino…”, y confiándose que “…la pobre muchacha a su lado está mejor guardada que en el convento de las Cármenes de su tierra…”25.
El día 4 de febrero de 1817, por orden de Las Heras, 30 Granaderos a Caballo y unos 50 fusileros del 11, a cargo del sargento mayor Martínez obtuvieron el triunfo de Guardia Vieja. La novela relata como la “Loca” señala los lugares exactos por donde las tropas patriotas deben desplazarse para poder atacar los reductos realistas desde posiciones inesperadas. Lograron atacar de “improviso la Guardia Vieja por uno de los puntos que era accesible; pero tomando en cuenta los datos que les había dado la Loca corroborado por tres prisioneros que habían sorprendido y tomado a la distancia cuando andaban recogiendo leña…”26.
La “Loca” no tardó en prestar servicios útiles a las avanzadas patriotas que se desplazaban por los Andes. En muy poco tiempo, “todos habían llegado a un grado tal de confianza en la lealtad y en la destreza de la Loca, que el mismo Estay, baqueano en jefe de la expedición, estaba asombrado de lo que le veía hacer, y del tino con que ella seguía el rumbo por las mejores quebradas y por las sendas más practicables”27.
CHACABUCO: LA APARICIÓN DE LA LOCA ANTES Y DESPUÉS DE LA BATALLA
La noche anterior a la batalla de Chacabuco, el 11 de febrero de 1817, mientras las tropas del Regimiento 11, ocupaban las posiciones desde las cuales maniobrarían la jornada siguiente, la “Loca”, de la cual se desconocía su paradero, logró vulnerar el sistema de seguridad. Sin ser detectada por ningún centinela, patrulla o puesto de guardia, apareció burlando todas las precauciones como un fantasma, frente al puesto de avanzada que ocupaba el sargento Ontiveros en compañía de un cabo. “Sin saber cómo, y a pesar de toda la vigilancia que se observa en estos casos, apareció en medio de los soldados del N° 11, la singular mujer que tanto les había servido en el ataque a la Guardia”28.
De inmediato, el teniente Deheza, oficial a cargo de ese sector de las avanzadas, se apersonó para interiorizarse de lo que estaba aconteciendo y un momento después el mismo coronel Las Heras estaba en el lugar indagando a la “Loca”, a través del sargento Ontiveros, única persona a quien ella respondía u obedecía.
Luego de recibir información de gran valor sobre el dispositivo realista, el coronel Las Heras, envió al sargento mayor del Regimiento 11 Enrique Martínez, con una fracción de 50 cazadores a realizar un reconocimiento desandando el camino por donde la “Loca” había penetrado en el campamento patriota.
Como resultado de este reconocimiento nocturno, el sargento mayor Martínez encontró un camino que permitía acercase al flanco enemigo sin serios obstáculos ni peligros, facilitando considerablemente la maniobra y potenciando el factor sorpresa para caer luego inesperadamente sobre el dispositivo de los realistas.
El general Miguel Estanislao Soler, comandante de la división patriota a la que pertenecía el 11 de infantería, fue puesto al tanto de todo y con las primeras luces del día siguiente su división “se presentó a la izquierda de la cuesta de Chacabuco sin grandes dificultades para caer de flanco sobre la vanguardia enemiga cortándole la bajada al caserío de la Hacienda, que era donde el general Maroto había colocado el punto fuerte de la resistencia…”29.
Como es conocido, el 12 de febrero de 1817 se produjo la victoria patriota de Chacabuco. Luego de los acontecimientos principales de la batalla y después de haber ordenado una persecución limitada a sus fuerzas, San Martín se encontraba conversando con el coronel Las Heras, preocupado por el altercado que habían tenido los generales O´Higgins y Soler por la prematura actuación del chileno con su división en el combate, cuando de repente, notó la presencia de la “Loca”. La mujer se encontraba revisando los cadáveres en el campo de batalla y mirando a los prisioneros realistas. Se pensó que estaría buscando a algún familiar caído, o bien que podría ser una espía. Puesta en presencia del general San Martín, e interrogada por él mismo, le dijo que estaba buscando al jefe realista San Bruno.
En su obra Historia de la República Argentina, Vicente F. López narra esta anécdota, que según manifiesta “tiene un perfecto sabor histórico” y que le fue corroborada tanto por Román Deheza como por el propio Las Heras, ambas fuentes de primera mano y protagonistas de los hechos de Chacabuco. Hace referencia a la “loca del Once” merodeando en el campo donde se había librado la batalla. “Decía la leyenda que buscaba por todas partes el cadáver de Zambruno, el feroz capitán de Talaveras, autor y actor de las fechorías de Rancagua, a quien descubrió y denunció en la crujía de los prisioneros”30.
LA TRAMA ARGUMENTAL DE LA NOVELA
La novela “La Loca de la Guardia” es un relato de muchas de las peripecias, aventuras y anécdotas vividas por las tropas patriotas durante el Cruce de los Andes y la Campaña Libertadora de Chile, concentrándose en gran medida en el Regimiento 11 de los Andes. En el libro se encuentran narrados con gran detalle, hechos de armas como el combate de Guardia Vieja y las batallas de Chacabuco y Maipú.
La primera línea argumental de esta obra de Vicente Fidel López está dada por las acciones de la “Loca”, en pos de la causa de los patriotas en su lucha contra los realistas, en donde sus intervenciones más destacadas se dan siempre en relación a los integrantes del Regimiento 11 de los Andes, siendo retratados vívidamente muchos de los acontecimientos de importancia, pero también acciones menores, diálogos y charlas informales protagonizadas por los valerosos hombres de Las Heras.
Una segunda línea argumental está dada por el triangulo amoroso entre el coronel Mariano Necochea, la andaluza Pepita Moldes de Morgado y su esposo, el coronel realista Antonio Morgado.
Con respecto a esta segunda historia sentimental que tiene lugar dentro de la novela, el autor destaca la fidelidad de la mujer y la honorabilidad del coronel patriota. Cuando el autor reedita el libro en 1896, alarga la narración detallando la prisión de los realistas confinados en San Luis y la sublevación que trae como consecuencia la muerte de muchos de estos prisioneros que intentaron fugarse, entre ellos el coronel Morgado. Con este final, Pepita Morgado aquella mujer “coqueta de genio voluble y atrayente como buena andaluza” que además“tenía también, como las mujeres de su raza, un natural abierto y bondadoso, una alma simpática, olvidadiza y caritativa”31, acompañó a su marido en el destierro de la prisión hasta que luego de su muerte quedó libre para volver a encontrase con el coronel Necochea en Lima y contraer matrimonio.
La primera aparición de esta novela fue como un folletín anónimo publicado entre los días 19 de junio y 9 de agosto de 1882, como parte deEl Nacionalde Buenos Aires, periódico fundado por Dalmacio Vélez Sarsfield. Esta primera edición difiere de la segunda en cuestiones de estilo y, como se mencionó, en el desarrollo de los últimos capítulos.
ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS QUE APARECEN EN LA NOVELA
La novela es muy rica en la descripción de personajes de nuestra historia, especialmente nos ilustra sobre varios integrantes del Regimiento 11 y sobre otros hombres que posteriormente se destacarían por su actuación en otros acontecimientos nacionales y de nuestra historia.
El autor menciona al coronel Juan Gregorio de Las Heras en toda la novela, quien aparece como un militar brillante y decidido, un jefe valiente y patriota, que siempre está al frente de su legendario regimiento y es protagonista de varios hechos ubicados históricamente desde el Cruce de los Andes hasta luego de la batalla de Maipú, una vez liberado Chile definitivamente. Cuando se describe la personalidad del primer jefe del 11, se dice que “es tranquilo, es reposado”,y se lo señala como “buen padre de familia”32. Las Heras ha sido además una fuente de información primaria para el autor, quien ha mantenido con él extensas conversaciones en su exilio chileno, recordando hechos, nombres, personas, fechas y lugares.
Enrique Martínez, sargento mayor del 11 de Andes (es decir, segundo jefe de dicho regimiento) aparece protagonizando varios episodios, entre ellos la victoria de Guardia Vieja. Este valeroso oficial nacido en Montevideo, reemplazó a Las Heras en la jefatura del 11, ejerciéndola entre los años 1818 y 1820, para luego participar de la Expedición Libertadora del Perú como jefe del Batallón Número 8 de los Andes.
Otro personaje de gran importancia es Román Antonio Deheza. Vicente F. López, describe su trayectoria desde los mismos orígenes del Regimiento 11 con los Auxiliares Argentinos. Refiere a este militar nacido en Córdoba, como “uno de los oficiales más distinguidos del célebre regimiento número 11 de infantería, que tan famoso se hizo en las gloriosas campañas de Chile y del Perú, de 1813 a 1822. Antes de tomar aquel número en nuestro ejército, ese regimiento había sido un batallón creado en la provincia de Córdoba, que con el nombre de Auxiliares de los Andes, había hecho al otro lado de los Andes la campaña del año XIII y del año XIV, bajo las órdenes del coronel don Marcos Balcarce y del comandante Las Heras, contribuyendo eficacísimamente a los señalados triunfos de «Cucha-Cucha» y del «Membrillar». Dehesa, que tenía apenas diez y seis años, había llamado la atención de sus jefes en esos sangrientos encuentros por el valor y por la sagacidad que había desplegado en ellos; y desde entonces había crecido su reputación militar con la importancia del cuerpo en que servía, y del que nunca más se separó hasta llegar á coronel suyo(fue jefe del Regimiento 11 entre 1820 y 1824), desde el grado de distinguido con que había entrado en sus filas, lo que prueba sus virtudes militares a la vez que el temple de su carácter y la honradez de su conducta como subalterno y como jefe.”33Pero la importancia de Deheza en la novela histórica, no se agota en su desempeño como oficial subalterno del 11 de los Andes y de sus vivencias en primera persona de combates y batallas, sino que, como el mismo Las Heras, ha sido fuente primaria para el autor, quien ha escuchado de su boca muchos de los relatos de las campañas libertadoras y de las hazañas mismas de la “loca” con el Ejército de los Andes, narradas por él siendo ya un viejo general retirado. Además, Deheza transmitió sus relatos y anécdotas en las charlas con oficiales y tropas a lo largo de su vida militar, llegando a hacer famosos los relatos de la “loca” entre quienes combatieron con él en la Guerra con el Brasil (entre 1825 y 1828), en donde en más de un fogón nocturno debe haber rememorado sus experiencias en Chile y Perú.
El fraile Félix Aldao es tal vez uno de los personajes más exóticos y bizarros que aparecen en este cuento histórico. Este fraile dominico mendocino se desempeñaba como capellán del 11 y cuentan los relatos que antes del combate de Guardia Vieja “un fraile de formas atléticas que marchaba… como capellán o agregado, y que más que de religioso tenía aire de soldado y ademanes brutales de perdulario atrevido e inexorable, se presentó ante el coronel Las Heras ciñéndose un sable de granadero y pidiéndole permiso para incorporarse a la vanguardia.”34Al comenzar el ataque, “el fraile” (como lo empezó a llamar todo el Ejército de los Andes) se transformó en una verdadera fiera feroz demostrando un deseo incontenible e insaciable por herir y por matar, como si fuera un despiadado animal asesino. A pesar de su comportamiento tan sanguinario, “su valor y su empuje se hizo admirar de los oficiales y de los jefes argentinos, y que sin más armas que el sable que se había ceñido en presencia del coronel Las Heras, hizo prodigios y dio en tierra con muchos enemigos, probando que había nacido para la guerra y para la matanza más bien que para el ite frates35de la misa y del altar”36. Finalizado el combate, Las Heras no quiso que “el fraile” continuara en su unidad. Debido a su bravura y coraje comprobados fue aceptado en el Regimiento de Granaderos a Caballo como teniente de caballería, mudando su función de capellán por la de soldado combatiente.
Por ese entonces, uno de los hermanos del “fraile Aldao”, el capitán don José Aldao también formaba parte del Ejército de los Andes. Mandaba una compañía y se había unido a las fuerzas patriotas participando en varias acciones de vigilancia en los pasos cordilleranos y en el mismo combate de Guardia Vieja. El otro hermano, Francisco Aldao, se desempeñaba como teniente del regimiento de Cazadores a Caballo. Además de la valentía demostrada en combate, tal vez la presencia de sus dos hermanos como oficiales, haya influido para lograr el rápido ingreso del “fraile” al Regimiento de Granaderos a Caballo apenas finalizadas las acciones de Guardia Vieja.
Pero tal vez el personaje central del Regimiento 11 respecto a su relación con la “loca” sea el sargento Ontiveros, a tal punto que el autor consideró en un principio que la novela debía haberse llamado “La Loca de la Guardia y el Sargento Ontiveros”, pero para colocarle un título sencillo y corto suprimió el nombre del sargento. Ontiveros era un puntano trigueño, un tipo de criollo alto, de físico torneado y esbelto. Gracias a su fuerza manejaba con destreza el sable y el fusil. Como jefe siempre condujo con acierto los pelotones de nueve o diez infantes que tuvo bajo sus órdenes. Era el arquetipo del soldado formado en la escuela sanmartiniana: abnegado, valeroso, disciplinado y hombre de honor. En los últimos años de la vida del general Deheza, Ontiveros aparece como su fiel e inseparable criado durante su exilio en Chile.
Otros integrantes del 11 de infantería nombrados en la novela son el teniente Guerreros y el cabo Zamudio. Ambos, protagonizan varias acciones con otros personajes de esa unidad como el mayor Martínez, el teniente Deheza y el sargento Ontiveros.
En la novela también se mencionan hechos protagonizados por otros patriotas de renombre como el general chileno Bernardo O’Higgins, el general Miguel Estanislao Soler, y el coronel Mariano Necochea, quien además de estar involucrado sentimentalmente con Pepita Morgado en la segunda línea argumental de esta novela, se destaca por su valor y arrojo como comandante de granaderos. Otros integrantes del Ejército de los Andes que también aparecen en la novela son los ingenieros Antonio Arcos y José Antonio Álvarez Condarco, el baqueano chileno Justo Estay, el doctor Diego Paroissien (cirujano mayor del ejército), el coronel argentino Hilarión de la Quintana, el comandante del Regimiento de Cazadores de los Andes coronel Rudecindo Alvarado y el coronel de caballería Matías Zapiola, quien con los granaderos tuvo una destacada actuación en Chacabuco y en la persecución posterior a esa batalla.
Sin duda el protagonista realista de mayor renombre en toda esta historia es el sargento mayor del Regimiento Talavera Vicente San Bruno, quien luego de la derrota patriota de Rancagua en 1814 se había encargado con suma crueldad de la persecución y el encarcelamiento de los patriotas. En el libro se hace referencia a este oficial español, junto con otro de su misma unidad de la siguiente forma:“El otro Talavera, era el capitán Ramón Villalobos, digno émulo de San Bruno en los tormentos, atrocidades y matanzas que habían hecho sufrir a las familias de Chile durante la restauración realista de 1814 a 1817. Ambos eran mal mirados por eso en el ejército español. Los oficiales distinguidos y bien educados de ese ejército los miraban casi con asco, teniéndolos por sayones políticos de la peor clase, más bien que por militares de carrera, a pesar de su indisputable bravura.”37San Bruno era además, el favorito del presidente realista de Chile Marcó del Pont, quien lo había nombrado Presidente del Tribunal de Vigilancia y de Seguridad Pública, dándole un poder ilimitado para ejercer funciones policiales.
Respecto a Francisco Casimiro Marcó del Pont, se lo nombra como el Presidente del Reino de Chile y de las Costas del Sud, poseedor de varias condecoraciones como la Cruz de San Fernando, de Isabel la Católica y de Calatrava y del grado de mariscal. Ha sido designado para el puesto por el Rey de España y ejerce la máxima autoridad política, controlando las fuerzas militares realistas.
Entre los comandantes realistas destacados que se mencionan, se encuentran el coronel José Ordoñez, oficial descripto como brillante, el coronel Joaquín Primo de la Rivera, el general Mariano Osorio, vencedor de Rancagua y derrotado en Maipú, el general Rafael Maroto, quien fuera derrotado en Chacabuco y el coronel Antonio Morgado a cargo del Regimiento de Dragones e involucrado, como ya se dicho, en la trama sentimental de la novela.
Aparecen además en los distintos hechos narrados en el libro, numerosos religiosos, clérigos, sacerdotes, monjes, se mencionan las congragaciones dominicas, franciscanas y agustinas, se destacan distintos conventos e iglesias, evidenciándose así, el papel protagónico de la Iglesia Católica a comienzos del siglo XIX en toda la América española, con la intervención de curas adeptos tanto a los ideales realistas como de la independencia americana.
La opinión de Vicente Fidel López que aparece en esta obra sobre el general San Martín es controversial y polémica. Si bien la novela histórica transcurre durante la ejecución del plan continental pergeñado por el general San Martín para dar libertad a América, y en ella se describe cómo el Libertador conduce con acierto y talento militar sus tropas en las batallas de Chacabuco y Maipú, el autor acusa duramente al general San Martín de secuestrar al Ejército Argentino del otro lado de los Andes, desobedeciendo la orden del gobierno de Buenos Aires, al no acudir en su ayuda contra la amenaza de los furores insanos de caudillos como Artigas y Ramírez.
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