Kitabı oku: «Vivir sin nervios»
Vivir sin nervios
RBA INTEGRAL
CARMELA PARÍS
VIVIR SIN NERVIOS
Técnicas para aprender a relajarse
y combatir el estrés
RBA
© del texto, Carmela París, 2000, 2011.
© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2015.
Diagonal, 189 – 08018 Barcelona.
rbalibros.com
Primera edición en este formato: enero de 2015.
RBA INTEGRAL
REF: OEBO913
ISBN: 9788416267941
FOTOCOMPOSICIÓN: ĀTONA VÍCTOR IGUAL, S. L.
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Todos los derechos reservados.
ÍNDICE
Presentación
Primera parte:
Cómo controlar los nervios y eliminar las tensiones
El poder escondido
Las tensiones y la salud
Primero, controlar los nervios
¿Qué es el estrés?
¿De qué modo afectan las tensiones a la salud?
Estrés y deseo erótico
Estrategias para combatir el estrés
Cómo controlar los nervios
Respiración, aliento de vida
Respiración y relajación
Estrés y personalidad
Conversaciones internas
Relajarse para aumentar la vitalidad
Método Jacobson de relajación
La programación mental
Las plantas tranquilizantes
El descanso y el sueño
Dormir… Soñar…
Las fases del sueño
El tren del sueño
El insomnio
Consejos para acabar con el insomnio
Programación mental para casos desesperados
Las plantas como somníferos
Cómo eliminar otros obstáculos
Adicciones
Fumar, beber y estar sanos: ése es el problema
Métodos para dejar de fumar
¿Fumar es un placer?
Reconocer la adicción
Tabaco y erotismo
Utilizar el poder mental para dejar de fumar
Alcohol, café y tranquilizantes
¡Qué bebido estaba anoche!
¿Y un vasito en las comidas?
¿Vamos a tomar un café?
Los tranquilizantes
Estrés, drogas y sexo
Cómo cambiar las costumbres perniciosas
Las plantas antiadictivas
La farmacia natural
Las curas depurativas
Cura de frutas
Plantas depurativas
Fatiga crónica y vitaminas
Los minerales
Segunda parte: Orígenes más frecuentes de las tensiones y de los «nervios»
Calidad de vida
Independizarse
Trabajo
¿Y cuando no se tiene trabajo?
La jubilación
Solucionar problemas
Pensamientos obsesivos
Administrar el tiempo
Los cambios como origen de tensiones
Miedo a los cambios
La vida es movimiento
Abandonar el pasado para progresar
Adaptarse no es lo mismo que resignarse
Descubrir el potencial humano
Las relaciones personales
La importancia de las afinidades
Monólogos simultáneos
La comunicación, la empatia y las relaciones interpersonales
Yo muy bien ¿y tú?
Preguntar y escuchar la respuesta
La coherencia en la comunicación
Cómo mejorar la comunicación familiar
Las relaciones de pareja
Bases para la felicidad de la pareja
La sexualidad como fuente de tensiones
Sexualidad y tensiones nerviosas
Parecidos, pero distintos
El poder masculino
Hacia el placer femenino, desde el cuerpo y el alma
La calidad de las relaciones
La atracción física
Patrones de belleza
A oscuras, por favor
Cuestión de hombría
El mito del placer vaginal
La importancia del ambiente
La ausencia de deseo
Diferencias en la ausencia de deseo
Las dos caras del deseo
Construir los sueños
Poderosa imaginación
Recetas para la felicidad
¿Qué hacer para estimular el deseo?
Descubrir las zonas erógenas
La comunicación sexual
Los hombres no lo saben todo
Cuando la comunicación se rompe
Las infidelidades
El desamor
La ruptura
La clave del bienestar
PRESENTACIÓN
Desde estas primeras palabras, quiero trasmitirle el entusiasmo con el que me dispongo a acompañarle por los fascinantes senderos del desarrollo personal. Voy a compartir con usted conocimientos y técnicas que pueden ayudarle a transformar su vida y a convertirle en la persona que siempre deseó ser. Para conseguir sus más acariciados sueños, deberá controlar a unos enemigos especialmente peligrosos porque actúan de forma insidiosa; sin que usted apenas sea consciente, arruinan su salud y bloquean sus posibilidades de progreso y de bienestar. Vamos a descubrir, combatir y eliminar a esos poderosos saboteadores que se encuentran agazapados en su propio interior y que no son otros que los estados nerviosos alterados que con tanta frecuencia dificultan su vida.
El objetivo que me he propuesto al escribir este libro es ayudarle a librarse de las tensiones que le impiden disfrutar de sus inmensas posibilidades tanto físicas como mentales, y que le acechan en cualquier situación de la vida cotidiana. Le indicaré la forma de eliminarlas y cómo aprender a no generarlas, demostrándole de forma práctica que para disfrutar de la salud, del bienestar y desarrollarse como persona no es preciso seguir férreas disciplinas ni someter a nuestro organismo a grandes manipulaciones: la mayoría de las veces, es suficiente con eliminar los obstáculos con los que alteramos su correcto funcionamiento y coartamos sus posibilidades.
Entre estos obstáculos, los estados nerviosos, el estrés y las tensiones debidas a los más diferentes motivos ocupan un lugar preponderante porque convierten la vida en un tormento, interfieren en la salud y frenan o impiden disfrutar de la vida de forma plena. Con las herramientas que pondré a su disposición podrá eliminar con facilidad las tensiones que están minando su salud. Las técnicas y ejercicios adecuados también le ayudarán a aumentar su energía, a lograr un mayor autocontrol, a aumentar su autoestima, a mejorar su rendimiento personal y a desarrollar facultades tales como la memoria o la concentración. En resumen, le ayudarán a desarrollarse como persona y a vivir mucho mejor.
El objetivo principal de éste, como de todos mis libros anteriores y de los artículos que he escrito, es contribuir en la medida de mis posibilidades a mejorar la calidad de vida y el bienestar físico y mental de las personas que puedan leerlos. Porque no hay felicidad sin salud, pero tampoco hay salud sin felicidad. Y no hay felicidad ni salud si no hay armonía entre el cuerpo y la mente.
El desarrollo personal es un proceso que se prolonga durante toda la vida y debe disfrutarse potenciando la salud y las propias capacidades personales. En cualquiera de las situaciones por las que atravesamos, hay que comenzar por dirigir la mirada hacia el interior de uno mismo porque sólo allí se encuentra el poder de convertir la propia vida en una pesadilla, o en una fuente inagotable de salud, de satisfacciones y de felicidad.
PRIMERA PARTE
CÓMO CONTROLAR LOS NERVIOS Y ELIMINAR LAS TENSIONES
EL PODER ESCONDIDO
De altos espíritus es aspirar a las cosas altas.
CERVANTES
Cuenta una antigua leyenda hindú que hubo un tiempo en el que todos los hombres eran dioses. Pero abusaron de su poder de tal forma que Brahma, el dios supremo, decidió quitarles el poder divino y esconderlo en un lugar en el que les fuera imposible volver a encontrarlo. Pero el gran problema era decidir el escondite adecuado.
Cuando los dioses menores fueron convocados a un consejo para resolver este problema, propusieron lo siguiente: «Enterremos el poder divino del hombre en lo más profundo de la tierra». Pero Brahma respondió: «No, no es suficiente, porque el hombre cavará la tierra y lo encontrará».
Entonces los dioses respondieron: «En ese caso, lancemos el poder divino a lo más profundo de los océanos». Pero Brahma respondió de nuevo: «No, porque más pronto o más tarde el hombre explorará las profundidades de todos los océanos y con seguridad un día lo encontrará y lo sacará a la superficie».
Así pues, los dioses menores concluyeron: «No sabemos dónde esconderlo, pues parece que no existe en la tierra ni en los mares un lugar que el hombre no pueda alcanzar».
Entonces Brahma dijo: «He aquí lo que haremos con la divinidad del hombre: la esconderemos en lo más profundo de sí mismo, pues es el único lugar donde nunca se le ocurrirá buscarla».
Desde entonces, concluye la leyenda, el hombre ha dado vueltas alrededor de la tierra, ha explorado, escalado, ha surcado los cielos y los mares y se ha sumergido en los abismos buscando algo que se encuentra en su propio interior.
¿Ha intuido la enseñanza que encierra esta leyenda? ¿Ha pensado alguna vez que su vida podría ser más plena, que podría dar más de sí, que podría alcanzar metas más altas, que querría sentir más orgullo y satisfacción al quedarse a solas consigo mismo? Tal vez haya leído libros que le animaron a iniciar un camino de superación personal; quizás ha escuchado a terapeutas que hablaban de cómo encontrar ese poder interior; tal vez, hace años que desea cambiar algo en su vida y no sabe qué; aspira a ser mejor y no sabe cómo conseguirlo; quiere vivir más feliz y no se le ocurre por dónde empezar. Tal vez aspira a la paz y la serenidad interior, pero pierde los nervios con facilidad y se siente incapaz de controlarse.
Si es así, este libro le puede ayudar de forma práctica, porque su objetivo es ayudarle en su camino de desarrollo personal, donde se encuentra la clave de ese poder que le permitirá realizar todos sus deseos. Éste es su objetivo, pero, si ha leído mi libro anterior Renovar tu vida sabrá que un objetivo tan ambicioso hay que dividirlo en etapas y ocuparse sólo de ir cumpliéndolas paso a paso, sin preocuparse por la meta final. Pues bien, en esta ocasión, las sucesivas etapas consisten en eliminar los obstáculos que impiden el desarrollo personal y dificultan llegar a ese inmenso poder del que habla la leyenda.
Vamos a ocuparnos de potenciar la serenidad mental y la salud de nuestro cuerpo, porque nuestro organismo es el refugio donde se esconde el inmenso tesoro de nuestro poder interior. Además, el cuerpo es nuestro amigo más importante, el que siempre nos acompaña, nos sirve y vive con nosotros nuestras penas y nuestras alegrías. Vamos a librar de tensiones a nuestro cuerpo porque es el centro de nuestros sentimientos, y los obstáculos que bloquean nuestro desarrollo interno y nuestro bienestar se encuentran en los sentimientos.
Vamos a ocuparnos de los componentes emocionales de la mente porque no se puede acceder a una conciencia superior si la persona se centra únicamente en los grandes ideales, si sólo se preocupa por desarrollar las emociones positivas como la alegría y el amor, pero pretende rechazar o ignorar los aspectos desagradables de sí mismo, como la rabia y el miedo. Porque, para conseguir la realización personal y encontrar el poder divino en el interior de uno mismo, hay que comenzar por amarnos y aceptarnos tal como somos, y realizar un trabajo interior tanto con las emociones como con los sentimientos, para que se puedan relajar las fuerzas internas que nos mantienen bloqueados y obstruyen la entrada a nuestro potencial.
Vamos a dedicarnos a partir de ahora a mejorar nuestro cuerpo y nuestra mente desde la aceptación y el amor, para eliminar los obstáculos que impiden la transformación personal y el descubrimiento de un mundo interno lleno de maravillosas sorpresas. Porque si cuidamos, aceptamos y amamos nuestro cuerpo y nuestros sentimientos, nos amamos a nosotros mismos, y solamente así podremos amar a los demás. Porque solamente si aceptamos nuestras emociones, las agradables y las desagradables, si nos aceptamos como somos, solamente así podremos aceptar a los demás. Porque la aceptación es el Amor que abre la puerta a la armonía y a la transformación interior.
Pero no pensemos más en la meta final y pasemos a la acción. Tenemos muchos obstáculos que eliminar; tenemos muchos preparativos que realizar antes de partir con paso seguro hacia nuestro tesoro personal.
LAS TENSIONES Y LA SALUD
Si tienes siempre tenso el arco, se romperá muy pronto.
FEDRO
Hemos nacido con un organismo preparado para vivir sanos y fuertes durante muchos años; nuestra mente dispone de un prodigioso poder, apenas desarrollado; somos capaces de gobernar nuestra vida y de satisfacer nuestras necesidades; poseemos el don de disfrutar del bienestar y de transcendernos como personas compartiendo los beneficios obtenidos con nuestros semejantes. ¿Por qué entonces enfermamos con tanta facilidad, somos unos insatisfechos crónicos y pocas veces realizamos nuestros sueños más fervientes? Ante estas grandes preguntas hay una respuesta muy sencilla: principalmente porque, en vez de disfrutar de nuestras capacidades, dedicamos gran parte de nuestros esfuerzos a colocar obstáculos que las frenan continuamente.
En lugar de dedicarnos con ilusión a desarrollar nuestro potencial personal y a averiguar cómo realizar nuestros sueños, vamos siempre con prisas pero nunca nos empleamos en cuerpo y alma en lo que deseamos; fomentamos una baja opinión de nosotros mismos, nos abrumamos con reproches, nos decimos que no podremos lograrlo, que es muy difícil, que sólo otros pueden, en vez de escuchar esa vocecita interna que nos anima a aspirar a metas más altas. Envidiamos a quienes disfrutan de lo que deseamos, nos lamentamos de nuestra «mala suerte» pero pocas veces pasamos a la acción y nos ocupamos de buscar soluciones a los problemas, en vez de vivir permanentemente «pre-ocupados». No prestamos atención a nuestro cuerpo cuando nos indica cómo debemos tratarlo para potenciar la salud, sino que lo alimentamos de forma inadecuada; dejamos que la vida sedentaria, la falta de ejercicio físico dificulte la circulación de la sangre –el sistema encargado de repartir el alimento a las células–, facilitando así que los músculos se contraigan, opriman los órganos alterando su funcionamiento, y se malgaste la energía con las tensiones nerviosas.
Por otra parte, en estos años en los que la comunicación se ha convertido en el eje del mundo, se olvida resaltar que la comunicación interna, la comunicación que se mantiene con uno mismo es la base del triunfo personal. Lo que nos decimos a nosotros mismos, nuestros diálogos internos, los sentimientos que genera nuestra actitud ante la vida son el eje alrededor del cual giramos, e influyen poderosamente en las acciones que emprendemos y, en consecuencia, en lo que nos acontece. Del mismo modo que quien domina el arte de la comunicación posee un inmenso poder sobre las masas, hasta el punto de poder dirigirlas a su antojo, quien sabe comunicarse bien consigo mismo puede dirigir su propia vida en la dirección que se marque, y aceptar de forma positiva los resultados obtenidos. Porque los hechos, en sí mismos, son neutros y el bienestar y la felicidad no dependen sino de la propia actitud hacia ellos, de cómo se perciben, de cómo se interpretan, es decir, del sentido que cada uno les otorga.
Para poder disfrutar de la vida y, en consecuencia, de una buena salud, hay que comenzar por comprender que ni el médico ni las medicinas pueden solucionarlo todo, ni pueden aportar todo lo que necesita un ser humano para vivir bien. Sin embargo, muchos médicos siguen recetando exclusivamente medicinas, el sistema de vida actual no mejora, las relaciones personales cada vez son más conflictivas, las personas se comunican menos y están más solas. Todo ello va generando más tensiones que malgastan las energías y entorpecen el normal funcionamiento del organismo. ¡Ya es hora de cambiar! Si desea desarrollarse como persona y potenciar la salud decídase a mejorar su calidad de vida. Mejore su autoestima, controle sus nervios y aprenda a enfrentar las situaciones difíciles con una actitud positiva.
Primero, controlar los nervios
¿Verdad que, si en su casa se declara un incendio, lo primero que procede es apagarlo? Más tarde ya buscará las causas que lo provocaron y pondrá los medios necesarios para que no vuelva a suceder. Pues bien, para que su estado de salud y su vida en general mejore, lo más urgente es controlar esos «nervios», eliminar ese estrés que mantiene a su organismo en tensión de forma continua e injustificada y, quizá, sin que usted sea consciente de que lo padece. Para desarrollar sus capacidades personales y poder vivir mejor, lo primero es eliminar lo que interfiere en el normal funcionamiento de su cuerpo y de su mente; hay que comenzar por eliminar esas tensiones, esos nervios que se alteran por los más variados motivos y que merman su salud y su bienestar personal.
Para vivir «sin nervios» conviene saber primero que la tensión nerviosa es necesaria para la vida. Es un factor de supervivencia que frente a un peligro o una agresión permite movilizar todo el organismo de quien se siente amenazado para que pueda afrontar con éxito dicho peligro, como si los nervios fueran cables eléctricos que transportan energía. Pero ¿qué ocurre cuando un cable lleva un exceso de corriente eléctrica? Tarde o temprano, esta sobrecarga provocará un incendio. Lo mismo ocurre cuando existe un exceso de tensión nerviosa, pero no podemos olvidar que, si existiera excesivamente poca tensión, la persona sería apática e incapaz de reaccionar con eficacia ante los retos que se presenten en su vida. Es decir que, como siempre, de la dosis depende que se convierta en veneno, como decía Paracelso.
En esta ocasión, vamos a ocuparnos de las desagradables consecuencias que puede causarle un exceso de tensión nerviosa y, para aprender a «apagar estos incendios vitales», el primer paso imprescindible que debe realizar es tomar conciencia de su propia responsabilidad en ese «incendio» y asumir la firme decisión de «apagarlo», en vez de abrumarse con lamentos mientras contempla cómo se destruye su vida. Porque debe saber desde el principio que esos nervios «imposibles» de controlar, esas tensiones que minan su salud, son el resultado de sus propios actos y, sobre todo, del tipo de pensamientos y de conversaciones que mantiene consigo mismo. Sus estados de ánimo, sus miedos, su apatía, su ansiedad o su tristeza, que tanto influyen en su estado de salud y en su bienestar general, no son algo que le llega del exterior y sobre lo que no puede ejercer ningún poder, sino que son la consecuencia de esos pensamientos y conversaciones que, en todo momento y circunstancia, usted puede manejar y modificar de la forma adecuada para que le proporcionen éxito y bienestar, en lugar de problemas.
Tanto si se alimenta mal o intoxica su cuerpo con tabaco, alcohol y otras drogas, como si lleva una vida sedentaria y aburrida o pretende estar en varios sitios a la vez, la angustia, el nerviosismo y, en ocasiones, la depresión no tardarán en llegar. En estos casos, debe empezar por reconocer que ha creado las condiciones adecuadas para sentirse así. Sus actos –cuya base se encuentra en sus pensamientos– lo han conseguido, no le ha ocurrido por azar. Tome conciencia de su responsabilidad, pero no se sienta culpable. Porque sólo es culpable quien hace daño de forma voluntaria a sí mismo o a otros, y no creo que sea éste su caso. Usted no es culpable, porque nadie le enseñó a comportarse de otra forma; muchas veces le dijeron que se calmara, que «no se lo tomara así», que controlara sus nervios, pero no le dijeron cómo conseguirlo. No es culpable porque no basta con señalar el problema, hay que indicar también la solución. De todos modos, sí que es responsable, porque los resultados que obtiene son la inevitable consecuencia de sus actos.
A esta toma de conciencia, imprescindible para comenzar a mejorar, le sigue la necesidad de practicar las estrategias que le ofrezco para eliminar las tensiones; después, deberá aprender a no generarlas, para que no se originen nuevos problemas. Aunque tampoco basta con «saber», ya que si por desconocimiento o por cualquier otra razón se crea un hábito de comportamiento que no proporciona los resultados apetecidos, hay que abandonar ese hábito, modificar ese comportamiento y aprender otro que pueda resultar más gratificante. Por tanto, si se conocen las causas pero se continúa actuando siempre igual, nada puede cambiar.
No obstante, debe saber que su organismo, para funcionar correctamente, sólo necesita que se lo deje tranquilo. Su cuerpo posee una sabiduría interna que le indica en todo momento, durante el día y durante la noche, cómo funcionar de forma correcta; de modo que éste es el primer requisito que hay que cumplir: abandonar el hábito de entorpecer su funcionamiento de mil distintas maneras. Hay que tranquilizarse, darse un respiro y dejarle actuar; porque el cuerpo y la mente ya saben cómo realizar a la perfección sus funciones, si se los deja en paz.
Lo que sucede en el interior del organismo es tan similar a lo que les ocurre a José y a su jefe Juan en este momento de sus vidas, que puede servirnos perfectamente como ejemplo y como guía para ver la manera de eliminar esos obstáculos que impiden el desarrollo personal y disfrutar más de la vida.
José lleva veinticinco años en la misma empresa; es trabajador, formal, muy responsable y conoce bien su oficio, así que lo realiza a la perfección; su jefe, Juan, el director de la empresa, nunca tuvo queja de él. Hasta que una serie de acontecimientos pusieron al descubierto que Juan no sabía afrontar las situaciones de la forma adecuada y el resultado fue que sus reacciones inapropiadas alteraron el comportamiento profesional de José, del resto de los empleados y, en consecuencia, de toda la empresa.
Juan tiene cuarenta y cinco años y desde hace quince ocupa el cargo de director de esta pequeña pero importante empresa. Nacido en el seno de una familia acomodada, su vida personal y profesional transcurrió sin sobresaltos hasta el día en que los dueños de la empresa decidieron venderla a una multinacional. Desde entonces todo comenzó a irle mal; no dejaba de pensar en lo que le podría deparar el futuro, y tenía miedo de cuáles podrían ser los planes de los nuevos dueños.
Ya no era tan joven y se aterrorizaba pensando que podían despedirlo. Dormía mal por las noches, se levantaba cansado y el insomnio le provocaba irritabilidad, decía. Su preocupación ahora era la de no cometer ningún fallo y asegurarse de que los empleados realizaran sus funciones a la perfección. Los controlaba como nunca, les preguntaba continuamente si había algún problema, los agobiaba con su insistencia, entorpecía el trabajo de los demás abrumándolos con sus preocupaciones, sus angustias y sus miedos.
Para su desesperación, ahora se producían más errores que nunca; hasta José, empleado modélico que apenas tuvo nunca una baja por enfermedad, faltó ¡ese día de más trabajo! porque se había pasado la noche vomitando. La memoria de Juan empezó a fallar y le costaba concentrarse en los informes que debía leer; claro que tenía tantas cosas en las que pensar que no podía llegar a todo, se lamentaba. Para colmo, no tenía ganas de comer y ¡hasta había perdido el apetito sexual! Llegaba siempre de mal humor a casa, las relaciones familiares se resintieron y, ahora que tenía que estar más fuerte que nunca, cada día padecía un achaque u otro.
Juan acudió a un médico que, después de múltiples exploraciones, le dijo que lo único que tenía era estrés y que necesitaba calmarse.
Le recetó unas pastillas para dormir, y nada más. Juan pensó que ya le gustaría ver al médico en su situación… Mientras tanto, los empleados a su cargo seguían cometiendo errores impensables en otros tiempos y, como si se hubieran contagiado del jefe, su salud se resintió, aumentaron las bajas por enfermedad y los problemas en la sección se complicaron todavía más.
Con sus temores y su comportamiento, Juan estuvo a punto de conseguir lo que tanto temía; porque nadie le dijo que era él quien entorpecía el trabajo de los demás empleados; porque nadie le indicó cómo calmarse, ni cómo controlar sus nervios, ni cómo eliminar sus pensamientos obsesivos, que eran los verdaderos causantes de su estrés y de su comportamiento en vez de las circunstancias, como él creía.
Este caso real ¡y tan frecuente! ilustra a la perfección lo que ocurre en el interior de nuestro organismo. El cerebro –representado por Juan– es el encargado de dirigir todas las funciones que realizan los diferentes órganos y sistemas –los empleados– que forman el cuerpo –nuestra empresa particular–. Si la mente se obsesiona con pensamientos negativos y con los temores más diversos, pronto el estrés altera el funcionamiento de todo el organismo; y las tensiones, mantenidas durante mucho tiempo, acaban por lesionarlo.
Para evitar esta situación, hay que aprender lo que a Juan le costó tanto descubrir: cómo afrontar las dificultades de forma activa y positiva, en vez de agobiarse con pensamientos negativos y paralizantes; de este modo, su aptitud para reaccionar será superior a las presiones y a las dificultades a las que se vea sometido y podrá superarlas. Hay que saber cómo se manifiesta el estrés para combatirlo a tiempo, y hay que aprender cómo evitar generar las tensiones. Si queremos potenciar o recuperar la salud, hay que reconocer y afrontar esta primera interferencia, este poderoso obstáculo para el buen funcionamiento del organismo que representa el nerviosismo incontrolado y al que se ha dado en llamar estrés, para saber cómo combatirlo y ser capaces de eliminar las causas que lo generan.
¿Qué es el estrés?
Existen numerosas definiciones del estrés, según los diferentes investigadores; vamos a ver algunas de ellas, ya que en modo alguno son contradictorias. En sentido estricto, el estrés es la torsión máxima que puede soportar un cable antes de romperse. Según esta definición y referido a la salud, estrés significa el máximo de tensión que un individuo puede soportar sin sufrir consecuencias físicas o psicológicas. O bien, dicho de otro modo, el estrés sería esa sensación de opresión que parece estar a punto de asfixiar a quien la padece.
Siempre se asocia el estrés con los ejecutivos agresivos, dispuestos a todo con tal de cerrar una operación; sin embargo, esta «opresión» puede padecerla todo tipo de personas y a cualquier edad: el obrero no cualificado, el guardia de tráfico, el periodista, el médico o el ama de casa, así como los profesores, camareros, mecánicos, abogados o, incluso, los niños. Y otro dato que puede resultar curioso: el estrés puede estar provocado tanto por situaciones gratas como por sucesos desagradables. Los retos personales, los conflictos familiares y sentimentales, las exigencias laborales y profesionales o las agresiones del medio ambiente pueden generar tanto estrés como una situación favorable, un éxito profesional o un enamoramiento, si el sujeto tiene miedo al éxito, a asumir responsabilidades o a implicarse emocionalmente.
Fue el doctor canadiense Hans Selye quien definió el estrés como «la proporción de deterioro y agotamiento acumulado en el cuerpo» como consecuencia de las alteraciones que se producen cuando el cerebro detecta una situación considerada como amenazante y prepara al organismo para escapar de ella o para luchar. El estrés, como ya sabemos, no siempre es negativo, ya que una determinada cantidad de estrés puede considerarse como normal en los tiempos en que vivimos. El doctor Selye lo compara con la temperatura corporal: sólo cuando la temperatura corporal sube por encima de lo normal puede ser preocupante. También dice que toda persona, a lo largo de su vida, dispone de una determinada capacidad de adaptación para hacer frente a su entorno. Pero si debe afrontar demasiados problemas, o cambios, tanto positivos como negativos, si permanece en estado de tensión continua, si rebasa su umbral de resistencia, esta capacidad acaba por agotarse y surgen los trastornos.
Para el doctor Henri Laborit, el estrés se convierte en peligroso cuando el individuo interpreta como amenazante una situación determinada y no se siente capaz de enfrentarse a ella, de reaccionar ante lo que ocurre en el medio externo, es decir, cuando se inhibe la acción. Este proceso de inhibición se traduce en modificaciones psicológicas y de comportamiento, y en reacciones físicas, neuroendocrinas, que acaban por perturbar el equilibrio del individuo. El doctor Laborit llegó a estas conclusiones tras experimentar con ratas sometidas a una situación de estrés:
Observó a tres ratas de la misma familia viviendo en un medio idéntico, a la misma temperatura, alimentadas del mismo modo y respetando el mismo ritmo de sueño. Descubrió que sometidas a una descarga eléctrica a intervalos irregulares, las consecuencias eran muy diferentes en función de los diferentes medios de que disponían las ratas para actuar. Porque aquí radicaba la única diferencia: la primera rata no tenía ninguna capacidad de protegerse; la segunda tampoco, pero se le avisaba de la inminencia de la descarga con un sonido; y la tercera disponía de un dispositivo que debía accionar para detener la descarga.
Al cabo de unos días, la primera rata comenzó a dormir mal, a comer de forma desordenada, su pelo perdió brillo, se volvió agresiva y pronto cayó enferma. La segunda, la que tenía tiempo para prepararse «psicológicamente» para soportar la tensión, recuperaba la normalidad después de parecer unos días algo confusa. La tercera, la que tenía la capacidad de actuar frente a la agresión, permaneció en plena forma.
El estrés también se padece aunque el peligro sea imaginario, ya que el cerebro no distingue entre si la amenaza es o no real. Simplemente, cuando el sujeto siente miedo, sea de la clase que sea, le llega la señal de alarma y el cerebro pone al organismo en situación de defensa ante el peligro: el sistema nervioso central activa las glándulas que secretan adrenalina y se producen las reacciones fisiológicas que permiten al organismo adaptarse para escapar de la situación o bien para luchar. En estos casos los músculos se tensan, la presión sanguínea y el ritmo cardíaco aumentan y la respiración se acelera. En una situación de emergencia el organismo no está para diversiones ni para ocuparse de otras actividades que puedan esperar, de modo que el impulso sexual desaparece, el sistema inmunitario se inhibe, algunas funciones intelectuales se menoscaban, se pierde el apetito y la digestión se dificulta.
Pero el deterioro y agotamiento que el estrés causa en el organismo en realidad no se deben a estas alteraciones en sí mismas, sino al hecho de que el organismo mantenga durante mucho tiempo ese estado, aun cuando no exista ya el peligro. Al mantener el estado de alerta, al no pasar a la acción y sostener de forma prolongada todas las alteraciones que la tensión ha provocado en el organismo, la salud se resiente, se inicia la fatiga y el sujeto ve mermadas sus capacidades físicas y mentales.
FUENTES DEL ESTRÉS
Las tensiones cotidianas, los acontecimientos inesperados, los cambios rápidos y la represión de las emociones son las fuentes principales del estrés, sobre todo si se acumulan. Entre las más frecuentes podemos resaltar:
•Fallecimiento de un ser querido
•Dificultades económicas
•Problemas familiares
•Pérdida del empleo
•Enfermedades
•Fracaso en los exámenes
•Separación y divorcio
•Jubilación
•Problemas laborales
•Cambios
Por otra parte, tampoco los sucesos que desencadenan el proceso son responsables de todos estos «preparativos» que se originan, ya que es la manera en que cada persona interpreta dichos sucesos lo que los convierte o no en estresantes. El cerebro reacciona en función de esa interpretación, sin distinguir entre si es correcta o equivocada, si el peligro es real o si sólo es el resultado de la imaginación de la persona. Y es que la realidad debe atravesar diversos filtros que van modificando la percepción que tenemos de ella; estos filtros que determinan nuestra interpretación de la realidad son principalmente los sentidos, las creencias y las normas sociales y culturales aprendidas desde la infancia. Además, la percepción que tenemos de los hechos no es fija e invariable, sino que resulta ser un reflejo de nuestro estado interno, de nuestro estado emocional del momento.
¿De qué modo afectan las tensiones a la salud?
Cuando conducimos un coche por la carretera, por deprisa que circulemos, sólo ponemos el coche al máximo de sus posibilidades en determinados momentos, cuando una circunstancia precisa lo requiere, como puede ser un adelantamiento o un peligro inesperado. ¿Se imagina qué le ocurriría a su coche si circulara siempre al máximo de sus posibilidades? ¿Cuánto cree que tardaría en tener una avería? Del mismo modo, su organismo no tardará en resentirse si usted lo mantiene siempre al máximo, en lugar de activarlo sólo cuando es preciso afrontar una determinada situación.
El estrés, las tensiones psíquicas y nerviosas, malgastan las energías del sujeto y perturban el funcionamiento de su organismo. Los primeros síntomas o señales de que el estrés negativo comienza a afectarle suelen ser ese malestar emocional que no siempre se sabe definir; puede ser una sensación de falta de tiempo, de tener siempre prisa aun sin saber qué es lo que tiene que hacer; o esas sensaciones de angustia, de tristeza, a las que no encuentra un motivo; o esos temores, esos miedos indefinibles; esa fatiga, ese estar siempre cansado sin una causa que lo justifique, o ese escaso apetito sexual.
También puede notar los latidos del corazón más de lo habitual, o sudar más de la cuenta. Si experimenta estos avisos y acude al médico, es muy probable que le diga: «Usted lo que tiene son nervios». Pues bien, si éste es su caso, de momento ya ha encontrado este libro que le ofrece soluciones prácticas; después, si lo desea, puede solicitar la ayuda de un terapeuta que le indique personalmente cómo solucionar su caso. De cualquier modo, más vale que aprenda a controlar esos nervios y a combatir el estrés lo antes posible, ya que, de lo contrario, las alteraciones que puede provocar en su organismo serán más graves.
Una de las primeras alteraciones que provoca el estrés son las contracciones y los espasmos, que tienen diferentes repercusiones para la salud según las partes del organismo donde se produzcan. Si los espasmos tienen lugar en los capilares cerebrales, se dificulta la irrigación sanguínea en el cerebro y en consecuencia aumenta la fatiga, se dificulta la concentración, se duerme mal y pueden producirse dolores de cabeza, irritabilidad e incluso depresión.

Si los espasmos o las contracturas tienen lugar en los músculos respiratorios, la respiración se vuelve superficial, el organismo no recibe suficiente oxígeno, no se eliminan los gases tóxicos y la vitalidad disminuye. El estado nervioso mantenido durante tiempo aumenta la presión sanguínea y la persona puede llegar a convertirse en hipertensa. La contracción de los vasos sanguíneos también puede causar angustia, palpitaciones, arritmias y con el tiempo hasta un infarto.
Cuando estas contracciones y espasmos se producen en el sistema digestivo, las digestiones se dificultan, pueden provocar calambres en el estómago, y estar en el origen de las úlceras gástricas; asimismo, los espasmos obligan a los intestinos a alterar su funcionamiento ocasionando estreñimiento o diarrea. Cuando la tensión nerviosa contrae los vasos sanguíneos del hígado, éste trabaja mal, así como los ríñones que, al no filtrar bien, intoxican al individuo y pueden producirle cólicos nefríticos muy dolorosos.
Estrés y deseo erótico
Cuando existe estrés o depresión, el sistema nervioso central queda afectado, y podríamos decir que se coloca en situación de alarma: ordena a las glándulas encargadas de su fabricación aumentar el nivel de corticoides en la sangre –los cuales tienen un efecto contrario sobre las hormonas que estimulan la sexualidad– y el hipotálamo ordena a la hipófisis que disminuya las sustancias que favorecen la secreción de hormonas sexuales, y con ello disminuye el deseo sexual. Así, se ha podido constatar que, cuando un individuo está deprimido o padece un estrés crónico, existe una disminución del nivel de testosterona en su sangre. Parece como si el organismo quisiera economizar energías y utilizar sólo las que pueden ayudar al individuo a solucionar sus preocupaciones, reservando las energías sexuales para mejor ocasión.
He aquí un experimento realizado con algunos primates machos: primero, se les hizo un análisis de sangre en condiciones sociales favorables; después se los aisló o se los situó en condiciones negativas en las que tenían que adaptarse a otros individuos más dominantes.
Al cabo de un tiempo de permanecer en esta situación, se les volvió a analizar la sangre y se vio que su nivel de testosterona había bajado significativamente y que no demostraban interés de tipo sexual. Reincorporados a un ambiente sin tensiones, recuperaban su nivel hormonal normal.
La situación a la que se sometió a estos primates no era muy diferente a las circunstancias que rodean hoy en día a tantas personas estresadas por un trabajo, realizado en condiciones poco gratificantes, en el que se carece de todo estímulo y de satisfacciones personales y al que se dedica más tiempo que a la familia, los amigos o el ocio. A veces, estos individuos llegan a casa tan cansados y de tan mal humor que también las relaciones personales se resienten. Factores todos ellos que crean un ambiente poco propicio al erotismo.
Algunas personas creen que los órganos sexuales deben funcionar correctamente en cualquier momento, cuando convenga o se tenga tiempo, y olvidan que las relaciones sexuales comienzan mucho antes de ir a la cama. Requieren una preparación y una disponibilidad, requieren entrega mental y física, requieren que el cuerpo esté descansado y la mente serena, que no existan prisas ni tensiones. Situaciones todas ellas que difícilmente se encuentran en una persona estresada, agobiada por problemas o cuyas relaciones personales le ofrecen pocos estímulos para desear disfrutar de la relación amorosa.
TRASTORNOS QUE OCASIONA EL ESTRÉS EN LA SALUD
•Alteraciones cardiovasculares
•Alteraciones cutáneas
•Hipertensión arterial
•Manos o pies fríos
•Úlcera de estómago
•Malestares de la menstruación
•Problemas digestivos
•Crisis de pánico
•Estreñimiento
•Vértigos
•Náuseas o vómitos
•Asma
•Colitis aguda
•Migrañas, jaquecas
•Períodos de depresión
•Alergias
•Problemas sexuales
Por otra parte, muchas veces detrás del exceso de trabajo se esconde la necesidad de tener todo el tiempo ocupado para no pensar en otro tipo de problemas, generalmente de índole personal. Para no tener así ocasión de cuestionarse las condiciones en que se desarrolla la propia vida y el porqué de su escaso deseo sexual. Se prefiere culpar al cansancio, que siempre resulta menos comprometido.
A veces se ignora que tomar la decisión de dirigir la propia vida, en vez de estar a merced de los acontecimientos, proporciona un bienestar mental y físico que transforma positivamente la existencia. Afrontar los problemas en vez de rehuirlos, en muchas ocasiones resulta ser el mejor afrodisíaco. No obstante, ya que para la calidad de vida y el bienestar influyen de forma tan importante las relaciones personales, especialmente las relaciones de pareja (que, naturalmente, incluyen las relaciones sexuales), la última parte del libro está dedicada a este tema; en ella veremos cuáles son las principales causas de las tensiones que se generan dentro de las relaciones personales y cómo podemos solucionarlas.
Estrategias para combatir el estrés
Podría insistir en los trastornos que ocasionan a su organismo los estados nerviosos alterados, pero creo que ya es suficiente, sobre todo porque no es mi intención asustarle sino ofrecerle soluciones. Porque ante los múltiples desastres que ocasionan las tensiones y «los nervios», quien los padece suele encontrarse perdido, sin saber siquiera por dónde comenzar a buscar la solución. Sin embargo, el remedio está tan cerca que quizá por eso no lo ve. No lo encuentra porque lo busca fuera, y se dirige a otros para que se lo proporcionen, cuando el único tratamiento posible se encuentra en el propio interior y debe aplicárselo uno mismo.
El organismo humano es prodigioso, funciona a la perfección si no se obstaculiza su programa y, además, cuenta con los mecanismos adecuados para corregir los propios «desajustes». Si padecemos continuamente tantos desequilibrios y enfermedades es porque hemos dejado de prestar atención a la sabiduría interna y, cuando aplicamos remedios, éstos son superficiales o eficaces sólo a corto plazo. Debemos aprender a confiar de nuevo en nosotros mismos, en nuestro poder interno, si realmente deseamos encontrar soluciones definitivas y vivir mejor.
A partir de hoy ya no podrá decir que no sabe cómo tranquilizarse, porque va a aprender a conseguirlo. Ya no olvidará que, para «reparar» sus nervios y reencontrar la serenidad, la única medicina infalible se encuentra en sí mismo; porque sólo usted dispone de las herramientas adecuadas para solucionar sus problemas.
Estas herramientas que ya posee, pero de las que desconoce sus maravillosos poderes, son fáciles de utilizar, muy agradables, baratas, y están siempre a su disposición. En esta ocasión va a aprender a utilizar las siguientes:
1.a = La respiración.
2.a = Los pensamientos.
3.a = La relajación.
4.a = La programación mental.
5.a = El sueño.
¿Podía imaginárselo? Pues nada menos que éstas serán sus medicinas a partir de ahora; verá cómo con ellas consigue lo que durante tanto tiempo había buscado sin éxito. También podrán ayudarle a recuperar el equilibrio y mejorar sus relaciones personales ¡que, a menudo, tantas tensiones causan! Además, su organismo también posee la clave para evitar nuevos problemas. Sólo tiene que dejarle actuar por sí mismo y eliminar de su vida ciertos obstáculos –como son las adicciones a determinadas sustancias– que alteran su funcionamiento. Va a aprender algunos «trucos» para mejorar su calidad de vida. De modo que, si le parece, vamos a entrar juntos en su «farmacia interna» para descubrir los tesoros que alberga y para que pueda disfrutar de ellos para siempre.
HERRAMIENTAS ANTIESTRÉS
La capacidad para reaccionar de forma positiva frente a las presiones de la vida cotidiana puede mejorarse si se aprenden y desarrollan aptitudes personales tales como:
•Seguridad en sí mismo
•Relaciones amistosas
•Pensamiento racional y positivo
•Relaciones de pareja
•Salud física y mental
•Organización del tiempo
CÓMO CONTROLAR LOS NERVIOS
Sabed que dentro del alma la mayor grandeza existe, y la ventura consiste en saber gozar de calma.
A. LÓPEZ DE AYALA
Si vive angustiado porque sus nervios no le permiten un momento de respiro, no se desanime, ya que toda persona es capaz de controlarlos, de librarse del estrés y de las tensiones. Si decide que usted también se merece reencontrar la calma y la serenidad, lo primero que debe hacer es aprestarse a combatir esos estados negativos con una actitud positiva y optimista en cuanto a los resultados. Ya sabe que debe asumir su responsabilidad, tanto de generarlos como de vencerlos; sin abrumarse con reproches ni con culpas, dirigiendo la mirada hacia el propio interior para aceptarse tal cual es y para ver si le conviene cambiar algún rasgo de su personalidad, o alguna forma de enfocar los comportamientos que puedan ser causantes de esas tensiones que limitan sus posibilidades.
Siempre se puede cambiar, si uno se esfuerza con empeño y de forma decidida y constante. Su vida es responsabilidad propia y de nada le servirá culpar de su desdicha al destino o a las circunstancias. Decídase a actuar y márquese objetivos realistas de salud y bienestar; no se «pre-ocupe», ni se angustie pensando en cómo lo conseguirá, pero ocúpese de llevar a la práctica las pautas a seguir que encontrará detalladamente explicadas en estas páginas. No le voy a agobiar con largos discursos ni con penosas disciplinas que aumentarían su nerviosismo, sino que le voy a indicar las herramientas que puede utilizar para reencontrar la calma sin apenas esfuerzo.
En realidad, voy a indicarle cómo eliminar esos obstáculos que impiden a su organismo –cuerpo y mente– funcionar correctamente, para que pueda abrir la cámara interior de su tesoro. ¿Verdad que para vivir la primera función que debe activar el recién nacido es la respiración? De igual modo, para volver a nacer a una vida mejor, también usted tiene que comenzar por aprender de nuevo a respirar, ya que las tensiones a las que ha vivido sometido hasta ahora han impedido a su organismo renovar su energía con el oxígeno que le aporta la respiración, como verá a continuación.
Respiración, aliento de vida
La respiración es la primera herramienta, prodigiosa y natural, de la que va a aprender a servirse para controlar sus nervios y para recuperar la serenidad. La respiración puede considerarse como el «extintor de los incendios personales» porque en cualquier momento y situación podrá servirse de ella para «apagar» sus nervios descontrolados y tranquilizarse. Las siguientes herramientas que va a aprender a utilizar le servirán para eliminar tensiones y evitar que se acumulen y puedan «provocar el incendio»; es decir, para evitar las causas de algunos de los desastres vitales que acarrean los estados nerviosos negativos. De modo que vamos a conocer algunos aspectos de esta función vital para poder servirnos de ella cuando necesitemos utilizarla como herramienta antiestrés.
Aprender a respirar correctamente es imprescindible para lograr nuestro objetivo de salud y bienestar. La respiración es la primera función del organismo que expresa el estado emocional en el que se encuentra cada uno. Y en las personas estresadas, caso frecuente en la sociedad actual, la ansiedad, aunque sea ligera pero mantenida de forma casi permanente, provoca una respiración rápida y superficial. Estas personas sienten con frecuencia una presión en el pecho, una sensación de ahogo, y su respiración es entrecortada, con ritmo irregular. Todo ello es debido a que las tensiones musculares producen un endurecimiento en el pecho que disminuye la movilidad respiratoria, por lo que se bloquea la respiración y no se eliminan los desechos –los gases tóxicos–. En consecuencia, en las células no queda apenas espacio para absorber el oxígeno del que se ha de obtener la energía, y el organismo se debilita.
Ésta baja absorción de oxígeno tampoco es compensada por el ejercicio físico, ya que se vive de forma sedentaria. Del mismo modo se provoca un espasmo de los vasos sanguíneos, que imposibilita el aporte de oxígeno necesario a los tejidos y la eliminación de las toxinas; el diafragma se endurece y se produce un estancamiento en las visceras abdominales. Si el tratamiento médico se limita a solucionar estas manifestaciones sin eliminar la causa, es decir, las tensiones, el individuo se arriesga a pasarse la vida de un especialista a otro, porque cuando no le duela una cosa, le dolerá otra.
En estos casos, el tratamiento más apropiado consiste en no interferir; en dejar que el organismo respire normalmente, como respira el niño al nacer, cuando el sistema respiratorio no está alterado por las tensiones. Por tanto, hay que comenzar por reaprender a respirar correctamente para poder relajar las tensiones musculares y nerviosas. En realidad, respiración y relajación son indisociables ya que es imposible respirar correctamente y sobre todo profundamente si se está tenso y contraído. Lo contrario también es cierto, es imposible relajarse si se respira mal.
Si bien es cierto que, debido a la interacción que existe entre el cuerpo y la mente, la tensión, la angustia o la ansiedad alteran con facilidad la respiración, es igualmente cierto que, modificando la respiración, también se puede influir con eficacia en el estado emocional y en el comportamiento de la persona. Para solucionar el estrés y los estados nerviosos negativos, el tratamiento debe dirigirse en ambas direcciones para que los resultados sean realmente eficaces. Por una parte, hay que actuar sobre el cuerpo: hay que respirar profundamente al menos durante un minuto cada hora –de este modo también se controlarán los nervios–. Por otra, hay que actuar sobre la mente: hay que mantener conversaciones y diálogos internos constructivos, como veremos más adelante, para aprender a modificar la actitud ante la vida y a relativizar los problemas; para no presionar en exceso al sistema nervioso y poder afrontar así con serenidad las dificultades que plantea la vida diaria.
Respiración y relajación
La respiración, esta función esencial para la vida, demuestra sin lugar a dudas que en el ser humano no se puede tratar por separado el cuerpo y la mente. Si aprende a controlar sus movimientos respiratorios, si aprende a servirse de su respiración, obtendrá innumerables beneficios en su estado de salud general, conseguirá relajarse, los síntomas físicos del estrés desaparecerán y su mente se serenará.
Con tan sólo practicar unos minutos al día la respiración conscientemente controlada, calmará sus nervios, controlará su actividad mental y todo su cerebro se beneficiará. Si está decidido a pasar a la acción, si desea librarse de «sus nervios» de una vez por todas, dedique unos minutos al día a prestar atención a su respiración.
•Todo lo que tiene que hacer es sentarse en una silla y colocar la espalda recta, la barbilla ligeramente dirigida hacia el pecho, dejar los pies apoyados en el suelo y colocar las manos sobre los muslos.
•Comience por observar sus movimientos respiratorios durante unos segundos y después concentre la atención en la salida del aire; procure que, al exhalar, el aire salga lo más despacio posible y, mientras, sea consciente de que está eliminando toxinas y tensiones que el aire arrastra y elimina de su organismo.
•Prolongue la exhalación tanto como pueda mientras le resulte cómodo y espere unos segundos antes de volver a inspirar; después de esta corta pausa, con los pulmones vacíos, inspire normalmente.
Así de sencillo; para comenzar a aprender a controlar sus nervios, la primera y más poderosa herramienta de la que dispone consiste en concentrar su atención en la respiración durante unos minutos, inspirar normalmente e ir prolongando tanto la salida del aire como la pausa que se produce de forma natural entre la exhalación y la inspiración. Puede practicar este ejercicio durante unos cinco minutos y repetirlo dos o tres veces al día si es preciso, en función de su estado nervioso. Asimismo, cada vez que se acuerde y esté donde esté, sentado o incluso andando, puede realizar una o varias respiraciones de este modo para acostumbrarse a respirar de forma relajada; con ello, eliminará tensiones y evitará que se acumulen.
Practique este ejercicio siempre que lo desee, especialmente en los momentos de apuro, cuando sienta que va a «perder los nervios». En estos casos, mientras exhala el aire, repita mentalmente alguna frase similar a ésta: «Me sereno y me relajo profundamente».
ME SERENO Y ME RELAJO PROFUNDAMENTE
Habitualmente = De una a tres veces al día, durante 3-5 minutos.
En los momentos de apuro = Tantas veces como sea preciso.
•Sentado o estirado, adopte una postura cómoda y cierre los ojos.
•Observe su respiración durante unos segundos, sin modificarla.
•Exhale el aire lo más lenta y profundamente posible, consciente de que está eliminando toxinas y tensiones; detenga durante unos instantes la respiración antes de volver a inspirar.
•Inspire normalmente.
En los momentos de apuro, cuando tema «perder los nervios», realice unas respiraciones profundas de este modo y, mientras exhala el aire, repita mentalmente: «Me sereno y me relajo profundamente», u otra frase similar.
Estrés y personalidad
Si desea librarse del estrés y aprender a controlar los nervios, comience por dirigir la mirada hacia sí mismo, en lugar de culpar de las tensiones que padece al exceso de trabajo, a la falta de dinero o a la mala suerte. La forma de ser de cada uno influye de forma importante, tanto a la hora de generar el estrés como a la de combatirlo, ya que el mismo factor externo al que se suele culpar de ser el causante del nerviosismo no produce la misma respuesta en todas las personas.
Hoy se sabe que, aunque existan situaciones graves que, objetivamente, pueden provocar un estrés considerable –como sería la muerte de un ser querido–, es la actitud de cada persona ante un determinado hecho, las diferentes formas de responder ante esa situación, lo que determinará las consecuencias que tendrá ese hecho para cada una de ellas. Así ocurre aun en los casos extremos: lo que a una persona le parece un hecho muy grave para el que no encuentra salida, otra puede no verlo así; o puede valorarlo de forma distinta o contar con más medios para afrontarlo, según sus características personales, su experiencia, la confianza en sí mismo o los apoyos sociales de que disponga para hacerle frente.
Las personas que saben afrontar mejor las situaciones que generalmente provocan estrés suelen tener una característica común: consideran los problemas como un reto y creen que la solución depende de ellos mismos. Se proponen no dejarse vencer por los acontecimientos y, en vez de lamentarse, luchan; son capaces de adaptarse a unas circunstancias inevitables y consiguen encontrar algo positivo en cualquier situación.
No obstante, a pesar de las diferencias personales, hay muchas formas de controlar los nervios y de luchar contra el estrés que son comunes a la inmensa mayoría de las personas. O, mejor, podríamos decir que, para no sufrir estrés ni sus desagradables consecuencias, hay que cumplir con unos requisitos comunes a la inmensa mayoría de las personas y que guardan relación con la salud física y psíquica del individuo.
Por el momento, recuerde que, para disfrutar de buena salud y para no generar estrés, hay que cuidar de forma conjunta la mente y el cuerpo. Algo que no me cansaré de repetir, ya que tratarlos por separado es la causa de que no se solucionen definitivamente los problemas, sean del tipo que sean. En muchos casos la persona, en vez de tomar pastillas que sólo consiguen adormecerle, tendrá que decidirse a modificar su actitud ante la vida o algunos rasgos de su personalidad, aprender nuevos comportamientos y plantearse la conveniencia de relativizar los problemas, para, de este modo, no presionar constantemente al sistema nervioso y poder afrontar con serenidad los conflictos que surgen en la vida, sin tener que pagar con la salud. Para no interferir en el funcionamiento de su organismo, le conviene aprender a controlar los nervios y no generar estrés en lugar de tomar tantos medicamentos y añadir así interferencias químicas. Porque lo único que, en definitiva, le ayudará a vivir mejor es aprender a enfocar de forma positiva y realista los acontecimientos que se presentan a lo largo de la vida.
Para comenzar a eliminar el estrés y a controlar los nervios, hay que conocerse y aceptarse uno mismo tal cual es, y admitir las propias limitaciones para –desde la aceptación– aprender después a superarlas. Ante las circunstancias adversas, hay que ser capaz de adaptarse a lo inevitable, mientras se piensa en la forma de sacar provecho de la situación. Hay que reconocer y relativizar los fracasos o frustraciones, para poder distinguir entre las diversas razones que han podido causarlos; porque es muy importante saber si un fracaso, por ejemplo, ha ocurrido porque el objetivo, aunque realista, se enfocó de forma inadecuada y, en ese caso, se puede intentar de nuevo de otro modo, o bien si el fracaso es la consecuencia de que el objetivo fuese prácticamente inalcanzable o directamente imposible. Uno debe saber distinguir entre la deseable autoestima y la sobrevaloración mágica de las propias capacidades.
Para no generar estrés hay que saber organizar el propio tiempo y las actividades que se realizan; hay que saber mantener la calma y hacer una cosa tras otra. Dar a los problemas la importancia que tengan, sin olvidar nunca que nadie es imprescindible y que todo tiene solución. Se trata de encontraria, y para ello posiblemente hay que enfocar las cosas desde un ángulo distinto. Es muy posible que ahora se pregunte: ¿cómo se consigue todo esto? Muy fácil. Sólo tiene que practicar las indicaciones que irá encontrando en estas páginas a su debido tiempo. Por ahora, utilice su primera herramienta: practique diariamente unos minutos de respiración consciente y, en cualquier momento, para controlar sus nervios, respire profundamente como le he indicado.
CONVERSACIONES INTERNAS
Conozco, y con notables sentimientos, que no está el bien en la corona de oro sino en tener en paz los pensamientos.
F. LOPE DE VEGA
La segunda gran herramienta natural de la que dispone para disfrutar más de la vida y no vivir agobiado por las tensiones se encuentra también en el interior de uno mismo: son los propios pensamientos, fuente principal de todo tipo de tensiones y, a la vez, solución infalible para eliminar casi todos los estados nerviosos negativos. Los pensamientos que se alimentan cuando la realidad no satisface nuestros deseos suelen ser pensamientos destructores, que menoscaban nuestra autoestima, en vez de ser constructivos y servir para analizar si nuestros deseos eran confusos o poco realistas, si hemos empleado nuestros esfuerzos de forma adecuada para conseguir nuestros objetivos o si hemos malgastado nuestra energía en preocupaciones y la ansiedad ha obstaculizado el logro de los resultados perseguidos.
Para eliminar las frustraciones y las tensiones que provocan los deseos insatisfechos hay que comenzar por analizar esos deseos, así como nuestro sistema de creencias, nuestras opiniones y saber si nos pedimos a nosotros mismos más de lo que en un momento dado podemos hacer y, sobre todo, si pretendemos lograr lo que sea de forma mágica, sin contar con los medios adecuados para conseguirlo. También hay que observar si la frustración se debe a que nos pedimos demasiado poco, si nos infravaloramos y, al menoscabar la autoestima, toda nuestra «empresa vital» se resiente.
Los diálogos que mantenemos con nosotros mismos, esas conversaciones internas en las que expresamos nuestros deseos, nuestras creencias o las decisiones que necesitamos tomar, pueden ser negativas, pesimistas y, en consecuencia, sumamente estresantes. Por ejemplo, si una persona, varios días antes de acudir a una entrevista de trabajo, se dice a sí misma: «No sabré expresarme y no conseguiré dar una buena impresión» comienza a temer la entrevista mucho antes de que tenga lugar; su cerebro –que no distingue entre si el peligro temido es real o imaginario– dará las órdenes necesarias para preparar la respuesta del organismo ante lo que se percibe como amenazante, y el estrés está servido.
Hay que prestar mucha atención a estos pensamientos, a estas conversaciones internas destructoras y esforzarnos por transformarlas en constructivas, de modo que aumenten la confianza en uno mismo y no generen tensión.
Para lograr que estos cambios se produzcan con más facilidad, es muy útil coger papel y lápiz, y dedicar unos minutos al día a recordar algunas situaciones en las que se experimentó mucha tensión. Cuando realice este ejercicio, esfuércese por recordar lo que pensaba en esos momentos y qué era lo que sentía. Analice esos pensamientos e identifique las emociones que experimentaba; tome conciencia de que es responsabilidad suya reaccionar así, porque otra persona en su lugar reaccionaría de otra manera. Después, piense y escriba nuevos pensamientos más positivos y útiles y propóngase recordarlos en la próxima ocasión. Elija las situaciones que le ocurren con frecuencia y le provocan tensión, y practique este ejercicio con cada una de ellas. Veamos un par de ejemplos de cómo hacerlo.
CÓMO MODIFICAR LAS CONVERSACIONES INTERNAS
Primer ejemplo
¿QUÉ ME OCURRIÓ? = Llegaba tarde al trabajo, y el coche se paró en medio de la calle.
¿QUÉ ME DIJE? = ¡Qué desgraciado soy! Esto sólo me pasa a mí.
¡Qué mala suerte tengo!
¿QUÉ SENTÍ? = Ante esta situación YO reaccioné con angustia y desconcierto.
SI ME OCURRE OTRA VEZ PENSARÉ = Tranquilo, estas cosas le pasan un día u otro a todo el que tiene coche. En vez de angustiarme y de decirme cosas ilógicas –que no sirven para nada– voy a pensar sólo en lo que puedo hacer, por ejemplo, telefonear al trabajo para avisar de lo que me ocurre, y al seguro o a un guardia para que vengan a recoger el coche.
Segundo ejemplo
¿QUÉ ME OCURRIÓ? = Mi jefe me ha dicho que tiene que hablar conmigo.
¿QUÉ ME DIJE? = ¿Qué habré hecho? Seguro que me va a dar una bronca. ¿Y si me despiden?
¿QUÉ SENTÍ? = Ante esta situación YO reaccioné con miedo, y me sentí como si yo no valiese nada.
SI ME OCURRE OTRA VEZ PENSARÉ = Serénate y no te adelantes a los acontecimientos. Pongo interés en lo que realizo y hago bien mi trabajo, de modo que no tengo motivos para preocuparme. Voy a hacer unas respiraciones profundas y voy a pensar en cosas agradables para distraer la atención hasta que hable con él.
RELAJARSE PARA AUMENTAR LA VITALIDAD
Debemos buscar el camino que nos lleve hacia lo más profundo de nosotros mismos, si es que queremos gozar de aquella paz que sobrepasa al entendimiento.
J. GREEN
La tercera herramienta antiestrés, de la que vamos a ocuparnos ahora, es la relajación. Si seguimos comparando el nerviosismo con un «incendio vital», podríamos considerar la relajación como la función de «desconectar» determinados «aparatos» que consumen inútilmente demasiada energía, para evitar que el exceso de tensión provoque una «sobrecarga» que pueda causar el «incendio».
No le parezca tan extraña la comparación porque, recuerde que, cuando está nervioso, todo su organismo está preparado para actuar al máximo de sus posibilidades. Es decir, está consumiendo –casi siempre inútilmente– tanta energía con sus tensiones, que pueden fallar sus mecanismos de adaptación. En estos casos, la relajación cumple una doble función: por una parte, como sistema de urgencia, proporciona un bienestar inmediato al aflojar las tensiones musculares y, por otra, como sistema de prevención, evita que su acumulación pueda causarle males peores. Pero, además, la práctica regular de la relajación enseña al organismo a responder de otro modo ante los desafíos cotidianos; le enseña a mantenerse tranquilo mientras no actúa, y le mantiene vigoroso para rendir al máximo en el momento preciso, cuando la situación lo requiera, ya que ha evitado el despilfarro de su energía.
Ya ve que relajarse no tiene nada que ver con el concepto de inactividad con el que a veces se asocia, muy al contrario. De modo que, si sus circunstancias personales le generan ese estado nervioso del que quiere verse libre, dedique unos minutos al día a eliminar esas tensiones, mientras aprende a enfocarlas de otro modo, para que su organismo tenga, al menos, unos momentos de respiro y pueda recuperarse. Si su actividad profesional le exige mucha energía y dedicación, no diga lo que me dicen tantas personas cuando les propongo aprender a relajarse:
«Yo no puedo perder un momento descansando, mi trabajo me exige estar siempre activo.»
Pues bien, si quiere rendir al máximo en vez de sentirse permanentemente agotado –como, tal vez, se siente ahora–, ya sabe que necesita aprender a utilizar adecuadamente su energía y acabar con las tensiones que la consumen. Recuerde que relajación no quiere decir exactamente descanso, aunque forma parte de él, porque se puede estar descansando físicamente y tener la mente ocupada intentando solucionar algún problema, o pensando en lo último que ha ocurrido, con lo que la mente no descansa y, por tanto, estarán tensos muchos músculos aunque la persona no sea consciente de ello. Mientras se duerme, tampoco suele haber un descanso mental verdadero cuando existen muchas tensiones en la vida cotidiana, ya que entonces estas tensiones surgen en forma de pesadillas o, incluso, a la persona le es imposible conciliar el sueño, tarda en dormirse, duerme mal, se despierta a menudo, etcétera.
La práctica habitual de alguna técnica de relajación profunda consigue eliminar las contracturas musculares, a la vez que proporciona un verdadero descanso mental. Aumenta la energía vital, que circula mejor por todo el cuerpo cuando está libre de bloqueos, y la salud en general mejora notablemente. Se duerme profundamente y la persona se levanta mucho más descansada.
Los efectos a largo plazo de la relajación consciente son también sorprendentes a nivel mental, ya que la persona comienza a cambiar casi sin darse cuenta: ya no le da tanta importancia a los mil pequeños inconvenientes de la vida cotidiana; su mente ya no se pierde en divagaciones, sino que siente una sensación de calma y serenidad desconocida hasta entonces, a la vez que aumenta la claridad y facilidad para resolver los verdaderos problemas.
Además, alcanzar un estado de relajación profunda es imprescindible para practicar las visualizaciones positivas (de las que hablaremos en el apartado dedicado a la programación mental) que tan útiles se han revelado para potenciar el desarrollo personal en todos sentidos, desde influir en el organismo para que aprenda a controlar los nervios, hasta aumentar las defensas del sistema inmunológico –como se ha demostrado científicamente en Estados Unidos–, calmar el dolor, o desarrollar la concentración y la creatividad.
Si se ha de mantener durante mucho tiempo un alto nivel de estrés o de tensiones provocadas por problemas emocionales, conviene practicar diariamente unos ejercicios de relajación, para así tomar conciencia de lo que experimenta su organismo de forma habitual, y aprender a relajarse en cualquier situación de la vida cotidiana. De este modo podrán mejorar muchos trastornos de salud y dolores –entre ellos, las jaquecas y dolores de cabeza, dolores artríticos, bruxismo (dientes apretados), insomnio, angustia–, cuya causa puede estar en este estado de tensión permanente en el que, quizá, vive. Y también para evitar los trastornos funcionales de todo tipo, como pueden ser las alteraciones nerviosas, el temor o la ansiedad, que se encuentran a menudo en el origen de la hipertensión arterial, los trastornos digestivos y cardiocirculatorios, o en las inhibiciones y disfunciones sexuales.
Método Jacobson de relajación
En 1929, el doctor Jacobson, profesor de Fisiología de la Universidad de Chicago, creó su Método de Relajación Progresiva para eliminar las tensiones y potenciar así el bienestar físico y mental del individuo. Este método fue rápidamente adoptado por la clase médica tras ser presentado en la Universidad de Harvard, donde el doctor Jacobson dio cuenta de las investigaciones realizadas y de los resultados obtenidos. Desde entonces no ha dejado de ser investigado y perfeccionado, y en la actualidad forma parte de la mayoría de las técnicas y terapias dirigidas a combatir el estrés. También se utiliza para corregir conductas desadaptativas como son la escasa autoestima y la falta de seguridad en uno mismo, o los miedos y las fobias.
Estos ejercicios de tensión-relajación muscular que le propongo ahora para eliminar las tensiones y mantenerse fuerte y vital están basados en dicho método; sus especiales características le permitirán tomar conciencia de la tensión que padece su organismo, con lo que aumentará su sensibilidad para experimentar las sensaciones corporales. Le permitirán relajarse profundamente en cualquier lugar y en cualquier momento, cuando necesite lograr un estado de calma y serenidad para superar las dificultades de la vida cotidiana. Le convendrá realizarlos una o dos veces al día, según cual sea su nivel de estrés, y cada vez que los practique su organismo se fortalecerá y mejorará su autocontrol; también le ayudarán a superar las tensiones, a vencer sus inhibiciones y a ganar confianza en sus propias capacidades. La práctica regular de estos ejercicios de relajación contribuirá a fomentar su bienestar físico y mental.
•Para utilizar esta poderosa herramienta antiestrés, siéntese en una silla o en un sillón. Apoye la espalda y la cabeza en el respaldo, si lo tiene, o de lo contrario, mantenga la columna recta y baje ligeramente el mentón hacia el pecho, para que la cabeza se coloque como si fuera una continuación de la columna. Mantenga las piernas sin cruzar durante toda la sesión y la planta de los pies completamente apoyada en el suelo. Coloque las manos sobre sus muslos, las palmas hacia arriba.
•Cierre los ojos y comience por tomar conciencia de su cuerpo. Recórralo mentalmente. Observe si nota alguna sensación especial en alguna parte, pero no haga nada, sólo obsérvelo durante unos segundos.
•Observe ahora su respiración, sin modificarla, durante un minuto aproximadamente. Obsérvela como si algo dentro de su cuerpo respirara y usted se dedicara a escuchar cómo lo hace.
•Dispóngase ahora a iniciar los ejercicios de contracción y relajación muscular. Ponga toda su atención en su brazo derecho. Levántelo a la altura del hombro, estirado, horizontal al suelo. Cierre el puño y tense todo el brazo, hasta el hombro. Ténselo fuerte pero sin llegar al máximo. Observe durante unos cuatro segundos dónde nota más la tensión. Relájelo lentamente, bájelo y deje la mano derecha descansando en la posición inicial. Observe atentamente su brazo derecho durante unos diez segundos, para sentir la sensación de relajación.
•Repita el ejercicio, levante el brazo derecho, pero ahora dóblelo mientras lo tensa y dirija el puño cerrado hasta rozar el hombro derecho. Ténselo fuerte pero sin llegar al máximo de sus posibilidades. Sienta la tensión. Obsérvela durante unos cuatro segundos. Después, afloje el puño y el brazo, relájelos. Vuelva a la postura inicial y disfrute de su relajación durante unos diez segundos.
•Repita los dos ejercicios anteriores con el brazo izquierdo.
•Extienda luego su pierna derecha y levántela a la altura del muslo, horizontal al suelo. Ténsela y dirija la punta del pie hacia la rodilla. Observe la tensión que experimenta durante unos cuatro segundos. Baje lentamente la pierna a la postura inicial y disfrute de la sensación de relajación durante unos diez segundos.
•Extienda de nuevo su pierna derecha y levántela horizontal al suelo. Ténsela, pero ahora la punta del pie diríjala hacia el suelo. Sienta la tensión durante unos cuatro segundos. Relaje la pierna y colóquela en la postura inicial. Observe atentamente durante unos diez segundos las sensaciones de relajación que experimenta.
•Repita los dos ejercicios con la pierna izquierda y observe atentamente sus sensaciones.
•Ahora debe contraer todo el cuerpo a la vez, pero sin modificar la postura, sin levantar los brazos ni las piernas, sólo deberá tensar, contraer los músculos. Haga una respiración profunda por la nariz y retenga el aire. Apriete con fuerza los puños, tense los brazos, suba los hombros hacia las orejas, contraiga el pecho y el abdomen, tense bien las piernas, tense bien todo el cuerpo. Mantenga la respiración y la tensión de todos sus músculos durante unos seis segundos y, después, espire el aire por la boca con un gran suspiro y afloje todo el cuerpo. Observe las sensaciones que experimenta en todo su cuerpo.
•Repita el ejercicio una vez más.
•Imagínese después realizando sus actividades cotidianas, sintiendo la maravillosa sensación de bienestar y de serenidad que experimenta en esos momentos. Mantenga esas imágenes mentales durante unos 30-60 segundos y dígase mentalmente alguna frase similar a esta: «Estoy tranquilo y relajado».
•Dirija después su atención a la respiración. Realice tres respiraciones profundas y rápidas y exhale el aire con un gran suspiro.
•Estire todo el cuerpo como si despertase de un sueño. Gire la cabeza hacia los lados varias veces y, después, cuando quiera, abra los ojos.
TENSIÓN Y RELAJACIÓN
Frecuencia = De una a tres veces al día, según el nivel de estrés que se padezca.
Duración = Unos diez minutos.
•Adopte la postura indicada.
•Cierre los ojos y recorra mentalmente su cuerpo durante unos segundos.
•Observe su respiración durante un minuto, aproximadamente.
•Tense su brazo derecho, estirado.
•Tense de nuevo el brazo derecho, pero ahora dirija su puño cerrado hasta rozar el hombro derecho.
•Repita los dos ejercicios anteriores con el brazo izquierdo.
•Tense su pierna derecha, estirada.
•Tense de nuevo la pierna derecha, pero ahora con la punta del pie dirigida hacia el suelo.
•Repita los dos ejercicios con la pierna izquierda.
•Haga una respiración profunda y retenga el aire. Sin modificar la postura, tense todo su cuerpo; después, espire el aire por la boca con un gran suspiro y afloje todo el cuerpo.
•Repita el ejercicio otra vez más.
•Imagínese realizando sus actividades y dígase mentalmente: «Estoy tranquilo y relajado».
•Realice tres respiraciones profundas y rápidas y exhale el aire con un gran suspiro.
•Estire todo el cuerpo, gire la cabeza varias veces y abra los ojos.
LA PROGRAMACIÓN MENTAL
La imaginación es el ojo del alma.
J. JOUBERT
Antes de aprender a utilizar su cuarta herramienta vital, permítame recordarle, aunque seguramente ya lo sabe, que el ser humano sólo utiliza, aproximadamente, un 10 % de su cerebro y, por tanto, de sus capacidades. Aunque todavía no se sabe muy bien cómo ocurre, lo cierto es que esas capacidades internas se desarrollan de forma notable cuando la persona alcanza un nivel de relajación tan profundo que se coloca al borde del sueño, se dirigen los oportunos mensajes al cerebro y se le sugiere, con ayuda de imágenes mentales –llamadas visualizaciones–, que actúe de forma que consiga los objetivos deseados. Estos objetivos, que pueden convertirse en realidad, abarcan la totalidad del individuo, por lo que la programación mental se ha convertido en una de las principales vías para desarrollar todo tipo de capacidades internas y personales, tanto a nivel físico como psicológico.
Ahora tiene la ocasión de decidir si quiere utilizar o no este inmenso poder que guarda en su mente y desarrollarlo en su propio provecho. Por si alberga algunas dudas o recelos, permítame que le recuerde que la programación mental –que también podríamos llamar autohipnosis– en ningún caso podrá tener efectos negativos, ya que ese estado de conciencia no lo desencadena ninguna sustancia ni método externo, sino que es natural. Todas las noches surge durante unos instantes, cuando la persona se encuentra al borde del sueño; en esos momentos la mente consciente se adormece y el inconsciente se encuentra más receptivo a las sugerencias que se le formulan.
Se trata de aprovechar esas posibilidades innatas, provocando de forma voluntaria ese estado de conciencia especial para formular al cerebro las sugerencias que le indiquen en qué dirección debe dirigir las órdenes que envía y disfrutar así de una vida más acorde con los propios deseos. Si utiliza esta cuarta herramienta que le propongo, lo único que puede esperar son cambios positivos en el área personal que elija para trabajar; descubrirá el propio poder, conseguirá controlar sus nervios, y desarrollará sus capacidades personales, lo que le permitirá ser autónomo y dirigir la propia vida según sus deseos.
Para practicar la programación mental o autohipnosis, la visualización es una maravillosa aliada; esta técnica –especialmente eficaz si se practica en estado de relajación– consiste en pensar en imágenes, en verse a uno mismo tal como estaría y se sentiría si ya hubiera logrado el objetivo que pretende alcanzar y disfrutase de la situación deseada. Conviene imaginar la escena de la forma más real posible, a la vez que experimenta la sensación buscada y piensa en alguna frase como: «Lo he conseguido» o similar.
Cuando utilice la visualización para controlar los nervios y el estrés, debe proceder de la siguiente manera:
•Durante unos minutos, realice el ejercicio de respiración- relajación o el de tensión-relajación.
•Antes de abrir los ojos, y durante un par de minutos aproximadamente, imagine un paisaje que le inspire calma y tranquilidad, como un lago de aguas serenas o cualquier otro lugar de su elección. Imagine ese paisaje con tantos detalles como pueda: colores, temperatura, olores o sonidos; utilice los cinco sentidos para formar en su mente una imagen que le resulte viva y atractiva.
•Después, imagínese a usted mismo disfrutando de ese lugar, y experimente la sensación buscada. Siéntase tranquilo, sereno, fuerte, vital, relajado y en plenitud de sus facultades físicas y psíquicas.
•A continuación, «véase» muy sereno y tranquilo mientras reproduce mentalmente esas situaciones que habitualmente le generan tanto nerviosismo.
•Piense y repita mentalmente alguna frase similar a esta: «Lo consigo, estoy relajado y sereno».
•Retenga estas imágenes mentales durante unos minutos, luego realice unas tres respiraciones profundas y rápidas y exhale el aire con un gran suspiro.
•Estire todo el cuerpo como si despertase de un sueño. Gire la cabeza hacia los lados varias veces y, después, cuando quiera, abra los ojos.
•Durante el día, cuando le parezca que va a ponerse nervioso, realice una respiración profunda tal como he explicado anteriormente; al exhalar el aire repita mentalmente: «Me sereno y me relajo profundamente», «Lo consigo, estoy relajado y sereno» u otra frase similar, mientras recuerda su visualización positiva.
CÓMO PROGRAMAR LA CALMA Y LA SERENIDAD
Frecuencia = Conviene practicar este ejercicio de una a tres veces al día, hasta lograr el objetivo deseado.
Duración = Entre 8 y 13 minutos.
•Realice el ejercicio de respiración-relajación durante unos cinco minutos, o el de tensión-relajación durante unos diez minutos.
•Antes de abrir los ojos, visualice un paisaje que le inspire bienestar; con tantos detalles como pueda y durante un par de minutos, imagínese a usted mismo disfrutando de ese lugar sintiéndose muy sereno y tranquilo. Dígase mentalmente alguna frase que indique que ha conseguido su objetivo.
•Haga unas tres respiraciones profundas y rápidas y exhale el aire con un gran suspiro.
•Estire todo el cuerpo como si despertase de un sueño. Gire la cabeza hacia los lados varias veces y, después, cuando quiera, abra los ojos.
•Durante el día, recuerde su visualización cuando utilice la respiración para relajarse.
Las plantas tranquilizantes
Si su nivel de estrés es muy alto, además de utilizar las técnicas anteriormente descritas, también puede ayudarse tomando infusiones de determinadas plantas con virtudes tranquilizantes. Elija entre las que le indico a continuación según cuales sean los síntomas que con más frecuencia padece.
Si se siente nervioso sin motivo, irritable y excitado o padece crisis nerviosas, en cualquiera de sus manifestaciones, puede elegir entre estas plantas:
•Toronjil = Eche 40 g de extremos floridos y secos en un litro de agua hirviendo. Déjelo reposar, tapado, durante unos 15 minutos. Tome 3-4 tazas diarias, la última al ir a dormir.
•Majuelo = Eche una cucharadita de flores en una taza de agua hirviendo. Tome 3-4 tazas al día.
•Valeriana + tila = Tómese 3-4 infusiones al día de estas plantas, a razón de 20 g de la mezcla por litro de agua. También se encuentra en bolsitas ya preparadas, o en forma de grageas de valeriana.
Si su nerviosismo le afecta especialmente al sistema digestivo, elija entre estas plantas:
•Artemisa = Eche 20 g en un litro de agua hirviendo y deje la infusión tapada unos 20 minutos. Tome 4-5 tazas al día.
•Hierbabuena + mejorana + tomillo = En un cuarto de litro de agua hirviendo, eche 10 g de esta mezcla. Tome una taza de infusión después de las comidas, con un poco de miel, si lo prefiere.
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