Kitabı oku: «Mi trabajo ideal y cómo encontrarlo»

Yazı tipi:

«Un libro fresco y sugerente con un claro mensaje: combinar la posibilidad de ser útiles a los demás con hacer algo bueno y saludable para uno mismo».

KOLDO ECHEBARRIA, director general de Esade

«¿Dudas profesionales y una crisis existencial? Mi trabajo ideal y cómo encontrarlo es el libro perfecto para reflexionar y encontrar tus propias respuestas».

MAGALI DE JAEGHER, responsable de programas tecnológicos en Veepee-Privalia

«Hay una nueva ola y Carole Viaene está liderando la carga. Ella dice una nueva verdad, una que susurra esperanza para un futuro en el que nuestro trabajo no nos agote, sino que reponga y contribuya a todo nuestro ecosistema de personas».

MARNIE MCLAIN, ex career coach en Google y operation strategist en X (The Moonshot Factory)

«En un mundo donde todo está en cuestión, no podemos esperar que nuestro entorno laboral y nuestra carrera profesional siga el camino previsto. Ahora es el momento de tomar las riendas de nuestro futuro. Carole dibuja un camino para no perderse y hacer aquello que amas. ¡Siembra hoy lo que desees ser mañana!».

JAUME GURT, ex CEO de InfoJobs,

autor y CEO de Global Future of Work Foundation

«En el futuro inmediato, tendremos que responder a problemas que desconocemos, emplear tecnologías que aún no han sido inventadas y prepararnos para trabajos que todavía no existen. No solo tendremos que inventar de nuevo nuestras vidas, carreras y empleos, sino que en el plazo de nuestra existencia nos tocará reinventarnos diversas veces. El libro de Carole Viaene se anticipa a esta situación de manera original no ofreciendo respuestas (ahora mismo imposibles), sino planteando las mejores preguntas para acompañar el trayecto de nuestra aventura personal».

ÀNGEL CASTIÑEIRA,

profesor de Sociedad, Política y Sostenibilidad en Esade

«¡Realmente inspirador, lo recomiendo!».

CHLOÉ GERMAIN,

digital media product manager en Amadeus IT Group

«Es hora de reinventar todo, en particular nuestro trabajo. Como alguien que nunca ha tenido una carrera formal, me siento mal preparado para asesorar, pero normalmente digo algo como: “Encuentra algo que te guste y dale todo lo que tienes”. Funcionó para mí. ¡Pero ahora, felizmente, puedo señalar a cualquiera que busque un consejo a Carole Viaene!».

JOHN ELKINGTON, autoridad mundial

en responsabilidad corporativa y fundador de Volans

«Carole Viaene señala que todos tenemos que imaginar el futuro profesional que queremos si vamos a crearlo, y este es quizás el mensaje más importante para cualquiera que esté a punto de redefinir su personalidad profesional. ¡También ha recopilado muchas de las citas más inspiradoras para animarnos a cada uno de nosotros a desarrollar nuestro propio potencial!».

MIKE ROSENBERG,

profesor de Práctica de Dirección en IESE Business School

«Si no estás disfrutando plenamente de lo que haces hoy, vuélvete obsoleto e imagina algo que nunca antes habías imaginado, ¡pero prométete hacer solo lo que disfrutes!».

GUNTER PAULI, autor de La Economía Azul y miembro del Club de Roma

«Esta obra maestra llega en el momento adecuado para ayudar a las personas a encontrar el match perfecto entre profesión, vocación, pasión y la misión de crear un mundo mejor».

JONATHAN ESCOBAR, CEO de ActioGlobal

«El libro de Carole es una llamada a la acción para movilizarnos hacia carreras que no sólo nos enriquezcan, sino que también sean buenas para nuestro planeta. Nos invita con humor y autenticidad a sumergirnos en la vulnerabilidad y a desafiar creencias que tenemos y que nos limitan, para que podamos descubrir carreras satisfactorias tejidas con un propósito más amplio».

ELIZABETH KALNIN, asesora de talento y desarrollo en Adevinta

«El libro de Carole Viaene es un manual perfecto (y muy necesario) para explorar la propia carrera profesional en el mapa en blanco de nuestro futuro».

ALBERT BOSCH, aventurero, emprendedor y experto en liderazgo

MI TRABAJO IDEAL

y cómo encontrarlo

Título original: My ideal job (and how to find it)

© del texto: Carole Viaene, 2021

© de la traducción: Àlex Guàrdia Berdiell, 2021

© de esta edición: Arpa & Alfil Editores, S. L.

Primera edición: julio de 2021

ISBN: 978-84-18741-15-9

Diseño de cubierta: Anna Juvé

Ilustraciones del interior: Mili Mejías Zanetti

Maquetación: Àngel Daniel

Producción del ePub: booqlab

Arpa

Manila, 65

08034 Barcelona

arpaeditores.com

Reservados todos los derechos.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor.

Carole Viaene

MI TRABAJO IDEAL

y cómo encontrarlo

Traducción de Àlex Guàrdia Berdiell


SUMARIO

Carta al lector

¿Por qué un trabajo ideal?

¿Quién soy (hoy)?

¿Qué quiero y qué persona quiero ser?

¿Qué necesito? Lo que a mí me conviene

Lo que al mundo le conviene

Creencias limitantes

Una lista de creencias limitantes

Cómo llegar ahí

¿Quieres ser asesor profesional o coach?

Agradecimientos

Notas

Recursos y referencias

A todo aquel que aplaudió la locura en mi interior, el cándido entusiasmo que despierto a partir del mundo de las ideas, y que no me juzgó ni una vez por ello. Ya sabéis quiénes sois.

«Si quieres una casita, necesitas un trabajo. Si quieres un casoplón, una casa de lujo, tienes que buscarte un trabajo que no te guste. Y punto. Así es como vive el noventa y ocho coma nueve por ciento de la gente, así que créeme cuando te digo, compadre, que no tienes que disculparte por nada».

RICHARD YATES, Vía revolucionaria

«[...] soñad con ambición, abrid camino con convicción y pensad en vosotros de una forma que quizá los demás no vean; no la ven porque nunca la han visto. Que sepáis que celebraremos cada paso que deis».

KAMALA HARRIS, vicepresidenta de Estados Unidos

CARTA AL LECTOR


Apreciado lector:

Gracias por leer mi libro. Lo escribí para ti y para cualquiera que tenga una mínima curiosidad o ambición laboral, para profesionales curtidos, para cualquiera que guste de explorar por el mero placer de explorar, para (futuros) emprendedores, para los que buscan trabajo, para (futuros) intraemprendedores, para cualquiera que quiera quebrar el statu quo, para aquellos con ambiciones y con el deseo de labrarse un éxito, para los que cambian de rumbo profesional, para cualquiera que se sienta culpable porque piensa que estos son problemas del primer mundo, para cualquiera que quiera ser útil y hacer el bien, para cualquiera que ansíe sentirse realizado, para los que son lo bastante valientes para marcar la diferencia e incluso para los que anheláis hacer realidad vuestros sueños más disparatados.

Sea cual sea vuestra situación profesional, quiero que sepáis, sobre todo, que es normal.

Todos afrontamos desafíos de una forma u otra. He aquí un secreto de una asesora profesional: la mayoría de nosotros no sabemos lo que hacemos. Solo nos subimos a un tren que casualmente pasa por delante, o hacemos lo que consideramos correcto, pero en el fondo aún tenemos muchos deseos y sueños por descubrir. O apenas ansiamos una vida más equilibrada, no necesariamente un trabajo diferente.

Por lo general, no sabemos con certeza qué rumbo profesional queremos seguir.

De pequeña, solía taparme con las sábanas y me quedaba leyendo con la linterna hasta las tantas, pero mi madre siempre me pillaba. Recuerdo cómo revoloteaban esos miles de palabras ante mí, y cuánto me gustaba transformarlas en películas en mi mente. Lo previsible habría sido que acabara siendo guionista o editora, por ejemplo. Pero no.

Me sigue apasionando la literatura, los libros, la ficción, la no ficción, las revistas, los periódicos, los ensayos y la poesía. Soy una friqui de las palabras; hasta me hacen llorar. Me pueden dejar patidifusa. Soy capaz de leer frases diez veces una detrás de otra y cabrearme, casi, con el autor, al mismo tiempo que reboso de admiración por lo bien que ha descrito una situación o un sentimiento.

La cuestión es que, en el entorno en que crecí, no había nadie que fuera autor. No conocía a nadie que se ganara la vida escribiendo. Nunca até cabos. No escribí nunca, aparte de algunos versos lamentables. No era consciente de que sabía escribir. Escribí alguna cosilla en el instituto, pero me daba bastante sofoco. Me llenaba de orgullo, pero también de vergüenza. Escribir no era guay, así que seguí un camino profesional repleto de vaivenes. Probé cosas, experimenté y divagué. Además, los libros no eran lo único que me gustaba. También me gustaban la historia, los idiomas, la psicología, la antropología, la ecología, la filosofía... y un largo etcétera.

Estuve diez años subida a una montaña rusa profesional.

Diez años. Eso significa que, desde que me gradué del instituto con diecisiete años, no he tenido nada claro mi futuro laboral. Me costó lo indecible encontrarme a mí misma profesionalmente. Creo que he probado más de quince trabajos... y vidas, en general. Estuve en un hotel haciendo camas, fui camarera, encargada de selección de personal, auxiliar de vuelo, periodista de investigación y profesora de instituto. ¡Nunca subestiméis el trabajo de una profesora, porque es lo más duro que he hecho jamás! Me fui a meditar en silencio durante diez días allí donde Jesús perdió la alpargata. Vendí coches y fui voluntaria en un geriátrico hospitalario durante un día. Dediqué un día entero a aprender cómo se elaboraba el queso de cabra en una granja. Durante una hora entera, y con veinticinco pestañas abiertas en internet, valoré seriamente la opción de convertirme en sumiller de té. Y en la línea de mi generación, jugueteé con la idea de ser una nómada digital, sí. ¿Instructora de yoga en Bali? Claro, ¿por qué no? Chef vegana en veleros. Una emprendedora en el sector tecnológico. Una modernilla de food truck. Una curadora de arte. Ya puedes decir cosas, que seguro que me las he planteado.

Durante un periodo sabático en 2010, la forma políticamente correcta de decir que andaba perdida tras una dolorosa ruptura y la enésima crisis existencial laboral, abracé mi lado más zen y cogí un avión, sola, hacia la India para «encontrarme a mí misma». Ahí encontré y aprendí muchas cosas, e India es un país que me encanta, en serio. Pero, por desgracia, no hallé la respuesta definitiva a lo que se suponía que debía hacer en la vida.

Ahora sé que mi vida rebosa de problemas del primer mundo e incertidumbres millennials. La gente a mi alrededor me dice siempre que estoy como una cabra, pero no lo entienden. «Conténtate con lo que tienes, Carole» o «¿Cuándo sentarás la cabeza y buscarás un trabajo de verdad?». Probablemente fui la causa de muchas de las canas que le salieron a mi madre, al abandonar y retomar los estudios universitarios siempre que me picaba el gusanillo... ¡Lo siento, madre!

Hay una escena en la película Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen, en que se representa la relación poliamorosa que tiene Scarlett Johansson con Penélope Cruz y Javier Bardem. De repente, Scarlett decide romper y Javier le pregunta qué quiere, a lo que ella responde: «No sé lo que quiero. Solo sé que esto no es lo que quiero». Penélope se lo toma muy a pecho y, con tristeza, le espeta a Scarlett que sufre de «insatisfacción crónica».

Me parece una de las escenas más duras que he visto en una pantalla. Es cierto que hay atletas olímpicos y prodigios de Silicon Valley que han sabido siempre qué querían o quiénes querían ser, o gente que se despierta, ve amanecer y se dice: «esto es lo que quiero». Pero la mayoría de nosotros andamos a tientas y vamos aprendiendo sobre la marcha. Vivimos cosas, aprendemos y un día nos despertamos y nos damos cuenta poco a poco de que eso ya no es lo que queremos.

Y obviamente, nada de esto habría sido posible de no ser por los privilegios (blancos) con los que crecí, y que no tengo reparos en admitir. Pasé por penurias, pero, en general, tuve una infancia afortunada, un entorno acogedor, mentores, acceso a una educación de calidad y referentes.

Lo único que quería era un test de la personalidad simple y exhaustivo que me apaciguara. Un test con un resultado diáfano: esto es lo que deberías hacer. Esta es tu labor en la Tierra. O que alguien apareciera de la nada, me señalara y dijera: «Tú. Tu misión es ser granjera. Compra un terreno ya. Cambia el mundo de olivo en olivo». No saber lo que hacer con mi vida laboral me hacía sufrir mentalmente. Sé lo que es hastiarse del trabajo. Tuve una lumbalgia terrible durante largo tiempo, y busqué sin cesar algo que me satisficiera. Y en cuanto a la vergüenza que te asola al pensar que padeces de insatisfacción crónica y que tienes un problema del primer mundo, ¿qué hacemos? ¿Por qué no puedo ser normal y punto?

Recuerdo que me preguntaba por qué era tan intrincado. ¿Por qué es tan complicado saber a qué te quieres dedicar? ¿Por qué tantos trabajos se sienten sin sentido o se vuelven aburridos rápidamente? Y encima era cabezona, porque no quería conformarme. Así pues, decidí tomarme en serio la cruzada. Gracias a un asesor profesional, descubrí lo que me llamaba. Al parecer, me interesaba muchísimo... ¡descubrir a qué te quieres dedicar! Como es natural, había investigado sobre las elecciones a nivel laboral, la psicología organizativa y la filosofía en el lugar de trabajo.

Como coach y asesora profesional, encontré algo que me apasionaba de verdad. Había pasado por lo mismo que las personas a quienes ayudaba y, por extraño que parezca, al darles herramientas y guiarlos, encontré soluciones para mis propios problemas. Y cuando vi que crecían ante mí, sentí cómo me invadía esa cálida y confusa sensación. Me di cuenta de que tal vez mi obstáculo fuera el camino, y trepidaba de emoción. Una vez, un hombre sabio me dijo que los mejores maestros de esta vida son los que aún están aprendiendo sobre la materia, porque es la mejor catalizadora para la inspiración. Además, al enseñar algo a otros, lo estás asimilando e interiorizando.

Con la ayuda de otros asesores y coaches profesionales, también entendí que podía ser muchas cosas, que no tenía que elegir algo y apechugar con las consecuencias. Podía combinar cosas y, quizá, guardarme otras para más adelante. El simple hecho de que decidiera ser una coach laboral de profesión no significa que no pueda ponerme a estudiar arte a los cincuenta, ¿no? O dar la vuelta al mundo en un velero cero residuos... Conceptos como «generalista creativo» o «polifacético» me libraron de la carga de tener que elegir ser «tal persona» o tener «tal área de especialidad». En teoría, podía ser lo que quisiera y cuando quisiera. Además, las carreras ya no son lineales. Gran parte de los privilegiados vivimos mucho más gracias a la sanidad moderna, y cambiaremos de rumbo profesional varias veces a lo largo de nuestra vida.

Durante los últimos años, con vistas a ahondar en mi conocimiento y en la pasión por este mundo de los negocios y del trabajo, he aprendido de profesores ilustres, escuelas de negocios y programas virtuales: la London Business School, la INSEAD, la Universidad Harvard, la Universidad Bocconi, la IESE Business School, la Esade, etc. Por no hablar de los incontables libros sobre la vida laboral, la psicología organizativa y el desarrollo personal. ¡El tsundoku nunca ha sido mi filosofía!

En un momento crucial de mi vida llegué a entrar en una prestigiosa escuela de negocios española como asesora profesional. Con mi equipo, trabajamos con las empresas de la lista Fortune 500 y con varios alumnos destacados de licenciatura, máster, MBA y MBA para ejecutivos.

Hoy se me podría considerar una coach y una escritora, entre otras cosas. Pero como ya sabéis, mi misión no cayó del cielo, sino que se fue forjando poco a poco. Seguí con perseverancia mi intuitiva y obstinada curiosidad, y se transformó en algo profundamente mío.

Llevo varios años afianzando mis conocimientos en el sector del asesoramiento profesional. Y creedme cuando os digo que, en el idioma de los millennials y de Carole, eso es una eternidad. Significa que he dedicado una cantidad ingente de horas a escuchar a gente que no encontraba su camino profesional, más las miles de horas en que he buscado mi propio camino.

He ayudado a personal de limpieza y restauración, a artistas, a personas que acababan de salir de la cárcel, personas que llevaban más de diez años en paro, estudiantes de MBA, millonarios, altos ejecutivos y, sí, otros asesores profesionales.

Como asesora profesional en una escuela de negocios internacional, tengo la ocasión de trabajar con alumnos magníficos y mentes brillantes. Competimos con las mejores escuelas del mundo y me encanta proporcionar recursos y conocimientos a mis alumnos para que consigan un puesto en las empresas más grandes y «prestigiosas» del mundo. Para mí, este mero hecho ya tiene su qué.

En el fondo, lo que he deseado siempre ha sido ser útil, pero me costó lo suyo descubrir cómo. Encontrar un sitio en el que pueda dar y hacer algún bien. Y ser curiosa y estar animada. Pero también tener tiempo para mí misma, hacer ejercicio y hornear mi propio pan con masa madre... aunque admito que tiene una pinta horrible. Para pasar tiempo con mis seres queridos y en la naturaleza.

Y es cierto: podemos decir que los consentidos millennials lo queremos todo. Pero la cosa es que no lo quiero todo. No quiero una mansión ni un cochazo. No quiero viajar a islas en las antípodas del mundo y comprar diez bañadores diferentes para mi perfil de Instagram. No quiero más, solo quiero salud, disfrutar mi vida a tope, seguir aprendiendo y, de paso, hacer algo bueno.

Ahora más que nunca, creo que si hacemos lo que nos conviene a nosotros y al mundo a nivel profesional, podemos ser personas mejores y más felices. Irónicamente, hacer algo por el bien común es justo el tipo de experiencia que ansiamos: algo más grande que nuestra búsqueda individual de felicidad.

Creo que muchas de las cosas que nos incomodan, nos inquietan y dañan nuestra salud mental están relacionadas con el consumismo, el conformismo, el capitalismo, el individualismo y el egocentrismo. Tristemente, he conocido a muchas personas que siguen persiguiendo fama, estatus y dinero.

Empecé a soñar con transformar profesionales en activistas por el cambio climático. No quería que fueran meros peones indefensos de las grandes compañías. Soñaba con inspirar a las personas a convertirse en líderes de un mundo mejor y a proteger nuestro planeta. Mi anhelo era ayudar a alcanzar la paz interna laboral que yo había encontrado y la alegría y satisfacción que una encuentra cuando puede dar, no solo recibir. Y ansiaba poner a disposición de todo el mundo los sublimes consejos profesionales que suelen recibir los estudiantes de empresariales. Mi sueño era que todo el mundo pudiera acceder a este conocimiento y, la verdad sea dicha, por eso decidí escribir este libro.

No, esperad. Me he olvidado de otro momento álgido que me inspiró para escribir el libro. Podríamos incluso llamarlo un miniavance. Os contaré de qué va la cosa.

El 26 de marzo de 2019 conocí a Gunter Pauli, autor de un libro titulado La economía azul, presidente y director de la empresa ECOVER y miembro del Club de Roma. Es escritor de libros infantiles sobre el mundo natural y aboga fervorosamente por una economía «azul» y, por tanto, diferente, ecológica y regenerativa.

No es moco de pavo, ya lo sé.

Dicho llanamente, The Huffington Post se ha referido a Pauli como al «Steve Jobs de la sostenibilidad», aunque creo que es un símil desafortunado, pues al señor Jobs no parecía importarle demasiado el medio ambiente.

Sea como fuere, habían invitado a Pauli a dar una charla en la Conferencia sobre Energía Global en la escuela de negocios donde yo trabajaba por aquel entonces. Cuando le di la bienvenida al campus, me estrechó la mano y se presentó. La primera impresión ya me conmovió muchísimo.

Con sus ejemplos reales de innovaciones y proyectos «azules» sostenibles en todo el mundo, Pauli estaba expresando algo que, en el fondo, yo había sabido siempre: el momento de actuar es ahora. Así de simple.

El cambio climático es real. Estamos cargándonos la naturaleza, el suelo, el aire y el agua. Nos resistimos al cambio. Como sociedad, somos espantosamente incapaces de sustituir con facilidad esos hábitos contaminantes y perjudiciales tan arraigados. La carencia de opciones mejores y más accesibles, la falta de urgencia, la dinámica del sistema económico vigente que complica la difusión masiva de la sostenibilidad... y podría seguir.

En esencia, «[...] somos una sociedad excesivamente guiada por el capital y la riqueza; muchos de nuestros valores y actitudes se fundamentan en el deseo de acumular dinero. La identidad social se calcula en muchos sentidos por la riqueza y se canaliza a través de lo que compramos como consumidores y de nuestro trabajo. Al mismo tiempo, el rápido crecimiento económico mundial ha dado pie a una desigualdad inmensa. Y todo está relacionado con el cambio climático. Ha llegado la hora de replantearnos la relación entre nuestra economía, el progreso social y los sistemas ecológicos»1.

Por suerte, Pauli ofrecía soluciones. Hay tantas soluciones interesantes y métodos respetuosos con la naturaleza... La ecología y la economía pueden ir de la mano. Podemos ser prósperos y sostenibles. Hay esperanza, aunque en un primer momento no la veía. Sí recuerdo que al principio me sentí enojada e inquieta. Amenazada y nerviosa. Era como si alguien me estuviera quitando la sensación de seguridad, así que mi reflejo natural fue rebatir con argumentos poco oportunos (lucha), distraerme con otras cosas (huida) o sentirme fatal por ello (parálisis), pero fui incapaz de hacer nada.

Según un informe de 2017, «reconocer la realidad del cambio climático y sus consecuencias puede infundir miedo, fatalismo, ira y fatiga crónicos, una dolencia a la que los psicólogos cada vez aluden más como ecoansiedad»2.

Ecoansiedad. Ecopsicología. «Dolor climático», utiliza también la periodista Ash Sanders en un fantástico recopilatorio de ensayos sobre la verdad, el coraje y las soluciones para la crisis climática. Parece casi que cuanto más sabes sobre el cambio climático, más te desanimas. Cuanto más entiendes el poco tiempo que falta y lo gigantescas que son sus secuelas, mayor es la ansiedad. Y eso es justo lo que sentí yo durante la presentación de Gunter Pauli. Ecoansiedad. Dolor climático. Tristeza por el estado en que se halla el mundo donde vivimos. Frustración. En el fondo estamos enfadados con los políticos y las empresas por no comprometerse lo suficiente, y nos sentimos totalmente impotentes ante la magnitud del problema. Sí, podemos reciclar más y hacer más a nivel individual, ¿pero qué más puedo hacer yo? ¿Y cómo de nimia es esa huella?

Entiendo que hay una dicotomía mental. Cuando haces frente a esa ecoansiedad, siempre tomas una decisión. Tu primera opción es mostrarte indiferente, olvidar, acallar los pensamientos, criticar o atacar al mensajero, distraerte o confiar en que otro lo hará por todos nosotros, que hay otras personas más «capacitadas». ¿Qué demonios podrías hacer tú, pobre infeliz?

O puedes elegir la segunda opción: tener miedo y no combatir esa ansiedad. Eliges admitir que ha llegado el momento y que necesitamos a todo el mundo, y que, al reinventar tu trabajo, tú también podrías ser un ecologista, un activista, un líder destacado o una persona inspiradora. Sí, puedes repercutir más. No hay que hablar de si el cambio climático es un hecho o no; lo que hay que hacer es pensar en ideas para aportar nuestro grano de arena, aunque no lo arreglemos todo de una tacada.

Al terminar la presentación de Pauli, asumí que todos tenemos la responsabilidad y la ocasión de aprovechar nuestras privilegiadas vidas y carreras. Si estás leyendo este libro, es muy plausible que seas un habitante acomodado de un país occidental o industrializado. Ahora quizá nos consideremos privilegiados, pero ¿por cuánto tiempo? Somos los que lo tenemos que arreglar, o al menos intentarlo. Y una manera de dejar huella es hacer algo bueno con nuestro trabajo diario y redefinir nuestras condiciones del éxito a corto plazo.

Nuestra emergencia climática exige pensar a lo grande y de todas las formas posibles, pero no hay una única solución elegante, ninguna panacea para un futuro habitable. Infravaloramos el poder de contribuir, de actuar en nuestra esfera de influencia para abordar una parte del problema que tenemos delante de las narices.

ABIGAIL DILLEN, presidenta de Earthjustice3

Pensando en esto, empecé a buscar soluciones relacionadas con el cambio climático, consulté a gente y entrevisté a expertos en sostenibilidad y economía regenerativa, gurús de la innovación, profesores, ejecutivos, escritores, coaches y emprendedores sociales.

Me topé con términos y jerga como: bienestar en el trabajo, responsabilidad social corporativa (RSC), empresas B Corps, sostenibilidad humana, programas Human Flourishing, moonshot thinking, cathedral thinking, lugares de trabajo regenerativos, economía regenerativa, finanzas verdes, economía azul, formación en resiliencia, reinventar organizaciones, desinversiones, liderazgo ético, pensamiento a largo plazo, inversión para la descendencia, fondos de inversión sostenibles, buscadores de empleos RSC, el Gran Reinicio, empleos y competencias verdes... y la lista continúa con un montón de palabras que empiezan por «re»: reinventar, reimaginar, revertir, regenerar, reiniciar y demás.

A modo de ejemplo, la directora económica de LinkedIn, Karin Kimbrough, dice que, «a raíz de los compromisos estatales y empresariales para alcanzar la neutralidad de carbono, se crearán millones de nuevos empleos y los trabajos de hoy cambiarán. Con esta transformación habrá que “descontaminar” el mercado laboral, añadiendo veinticuatro millones de empleos nuevos en todo el mundo antes de 2030, y exigiendo aptitudes ecológicas en las vacantes existentes».

Hay un clima muy favorable para la economía regenerativa y hay un movimiento de gente que trabaja con el mismo afán: hacer lo que al mundo le conviene a través de nuestra economía y el empleo. Ahora creo que podemos buscar nuestro trabajo ideal pensando en nuestro propio bien y en el del mundo. Nos puede ir mejor en un futuro, pero necesitamos que nos planteen retos. Ahora, más que nunca, tenemos la responsabilidad de elegir y cultivar nuestro rumbo profesional con inteligencia. A mi entender, el trabajo es un lugar en el que invertimos mucho tiempo y energía y tiene un potencial enorme, aunque no aprovechado, para hacer del mundo un lugar mejor. Y no solo para el mundo, sino para ti también. Y para ser clara, mi trabajo no es perfecto. Mi vida no es una «empresa B Corps»4. Y el propósito no es ser feliz en todo momento. El fin no es convertirse en hippies. Mi profesión cambia constantemente y, por ahora, no estoy modificando mis hábitos por completo. Pero encontré una manera de estar en paz con mi trabajo, de estar sana y de disfrutar de la vida. Y eso es mucho decir.

¿Todavía me enfrento a ideas limitantes? Pues claro. ¿Tuve que superar muchas inseguridades para escribir este libro? Mmm, sí. Podría escribir un libro entero sobre los escarceos mentales a la hora de decidirme a escribirlo. Pero vamos a darle a esas dudas la patada en el trasero que se merecen, juntos.

Se trata de utilizar la (eco)ansiedad y la ira que pueda tener, de una buena manera. «La ira que se hunde en la desesperación es impotente para hacer un cambio. La ira que se convierte en convicción es imparable»5.

Además, he optado adrede por escribir un libro accesible, breve y sencillo. He incluido tantos recursos y referencias como he podido al final, tantos como me ha permitido mi conocimiento y capacidad. He tomado prestadas muchas palabras de grandes pensadores, pues los considero aliados en esta empresa, y siempre he reconocido el mérito cuando hay que hacerlo. No soy científica ni catedrática.

Os pido perdón por las veces en que generalizo y digo cosas que podrían no ser correctas desde un punto de vista científico. Soy una ignorante en una pila de cosas. No quiero que sea un libro científico, sino una mera obra de intuición basada en un puñado de artículos, libros, entrevistas con profesionales y experiencias reales con personas, tanto científicas como legas. También es una obra llena de contradicciones, por las que pido disculpas. Mi excusa, aunque barata, es que he sido maestra de filosofía y he encontrado la belleza en las paradojas.

Y no cabe duda de que estos recursos y referencias están sesgados, se refieren predominantemente a los EUA y a Europa y me sirven para encontrar otros argumentos parecidos más allá de mi intuición y de mi experiencia. Sería igual de interesante encontrar argumentos y teorías contrarios que discrepen con mi texto, así como diversificar y añadir recursos de otros países y continentes y escritos en otros idiomas. Pero reitero que no soy una académica ni una catedrática o científica. Y no puedo dejar mi trabajo diario, ¡así que también tengo un tiempo limitado! Y como el escritor Howard Nemerov tuvo la agudeza de señalar en su día: «Escribe lo que sepas. Así habrías de tener tiempo libre de sobra».

Una parte importante de este libro son las preguntas y sugerencias. Las considero sin duda mucho más importantes que toda mi jerigonza de autoayuda, que, aunque sentida e intuitiva, no deja de ser seudopsicología. Y reconozco que hablar de «jerigonza» es mi prerrogativa como escritora no científica. O como dijo la periodista sobre ciencia y escritora Jennifer Margulis en un artículo de abril de 2020, aparecido durante la cuarentena por la covid-19:

La censura es peligrosa. Dialogar y debatir es sano. Sé que todos somos lo bastante inteligentes para leer y barajar varios puntos de vista. Es mezquino tratar de usar la palabra «ciencia» para que la gente se calle, como si estuviera escrita en piedra6.

No quiero dar a entender que he descubierto la verdad. Simplemente he encontrado algo que tenía valor para mí y que espero que te inspire. Este libro no es una enciclopedia con ejercicios profesionales, no es un manual solo para descubrir lo que quieres. Ante todo, es un llamamiento a que pienses en tu salud y actúes en beneficio del mundo.

Espero que paséis el libro a cualquier persona que esté padeciendo, sufriendo o dudando. Si estás buscando un trabajo o una vida relevante, satisfactoria, responsable y saludable, espero que encuentres alivio, esperanza y éxito en estas páginas. Al fin y al cabo, tu profesión moldea mucho tu vida. Espero que este libro te inspire a soñar, hacer el bien y gozar de felicidad y salud. Yo te estaré animando.

«Cuando echo la vista atrás, vuelvo a quedar

realmente atónita con el poder de la literatura para

dar vida. Si hoy fuera una persona joven que tratara

de hallar mi lugar en el mundo, volvería a hacerlo

leyendo, tal como hice en mi juventud».

MAYA ANGELOU

¿POR QUÉ UN TRABAJO IDEAL?


«En nuestra opinión, nos encontramos en las primeras fases de una revolución de la sostenibilidad que será más grande que la Revolución Industrial, e igual de veloz que la digital. Creemos que será la mayor oportunidad de la historia para invertir, y la mayor oportunidad empresarial de la historia del mundo».

AL GORE

«Lo más poderoso de aunar mente y corazón es que es el lugar donde confluyen el rigor científico y la claridad moral, el análisis y la empatía, la estrategia y la imaginación».

AYANA ELIZABETH JOHNSON y KATHARINE K. WILKINSON

Antes de sumergirnos en los motivos por los que podríais tener interés en un trabajo ideal, me gustaría hablaros de Jacques Brel. A fin de cuentas, ¡soy belga!

Soy fan de Jacques Brel y de su música. Jacques Brel fue un cantante, poeta, actor, director y cantautor belga que vendió más de veinticinco millones de discos. Al parecer, una vez dijo que la vida no es seria. Es una aventura, casi un juego. Y hay que huir de la seriedad de los imbéciles: «Vivre, ce n’est pas sérieux ce n’est pas grave, c’est juste une aventure, presqu’un jeu. Il faut fuir la gravité des imbéciles».

¿Cómo es posible que no os encante esta cita?

Jacques Brel fue un hombre rebosante de pasión, fuego, deseo y arte. Cuando ves cómo le temblaban los labios, cómo le salía disparada la saliva sobre el escenario y cómo dibujaba una sonrisa que dispersaba las nubes al cantar, sabes que no estaba fingiendo. Sentía de veras lo que cantaba. Sentía lo que estaba escribiendo. Estaba vivo. ¿Acaso hay un regalo mayor que ese, que sentirse tan vivo?

Cuando veo artistas así, también me siento viva. Cuando veo a gente entusiasmada con su vida o con una idea, o a niños que entran corriendo en casa para enseñar lo que acaban de encontrar en el jardín, me siento viva. Cuando vi la biografía del autor y dramaturgo Arthur Miller, me invadió tal inspiración que no pegué ojo en varias noches. Todos necesitamos sentirnos así al menos una vez en la vida. Animados. Con ganas de jugar. Infantiles. Apasionados. Inspirados. En trance. Sanos. Llenos de energía. Llamadlo como queráis. La alegría de vivir, una sensación de éxtasis y todo lo que ello comporta.

Y en circunstancias ideales, podemos incorporar esta sensación a nuestro trabajo. Podemos sentir un cierto progreso, sentirnos satisfechos por la mañana, ver sentido en lo que hacemos. No hay que ser felices en todo momento, sino disfrutar de lo que hacemos, incluso cuando atravesamos baches.

En circunstancias ideales, digo. La realidad suele ser bastante diferente para muchos de nosotros.

SALUD Y BIENESTAR

La Organización Mundial de la Salud ha identificado e incluido el estrés laboral en su lista de fenómenos relacionados con el trabajo que perjudican a nuestra salud7.

Son muchas las estadísticas que dicen que la forma en que trabajamos no funciona. Un número ingente de personas se sienten enajenadas, deprimidas, desmotivadas, fracasadas y frustradas.

«Parece que hay pruebas aplastantes de que las decisiones que toman las organizaciones surten hondos efectos en la salud física y mental de los empleados, incluso para el resto de sus vidas. En vista de ello, ¿por qué la dimensión humana de la sostenibilidad se deja mayormente en un segundo plano?»8.

La dimensión humana de la sostenibilidad. Es imposible expresarlo mejor, y es a lo que me refiero.

Si queréis profundizar en este tema, os recomiendo encarecidamente que leáis a Jeffrey Pfeffer, catedrático de Conducta Organizativa en la Escuela de Negocios de Posgrado de la Universidad Stanford y uno de los pensadores sobre management más influyentes de la actualidad. En concreto, escribió un inquietante libro con un título muy acertado: Dying for a Paycheck [Morir por un cheque].

Otro ejemplo: en España, solo «tres de cada diez trabajadores con contrato fijo son felices en su empleo. Además, más del 80 % dicen que aborrecen o no disfrutan los lunes, y un porcentaje parecido afirma que el lugar de trabajo los estresa. Asimismo, seis de cada diez empleados no recomendarían a un amigo trabajar en su empresa»9.

Las personas son la base de las organizaciones. Aun así, la infelicidad y la enajenación en el trabajo son una epidemia muy real. Incluso se podría decir que no solo somos infelices en el trabajo, sino a causa de este. Carecemos del tiempo y los recursos para cuidar de nosotros mismos y hacer el bien en este mundo. Muchos de nosotros estamos estresados en un sentido negativo, y el efecto de este estrés negativo se subestima enormemente. Aunque hay bastantes estudios que demuestran que tiene un efecto nocivo para la salud, ignoramos todas las señales en cuanto que sociedad y en cuanto que individuos.

No quiero decir que a veces no debamos sudar tinta para lograr lo que sea que queramos lograr. Solo digo que muchos de nosotros colocamos la salud en un rinconcito y la dejamos para «luego». Ya me ocuparé luego. Ahora no. Ahora no es el momento. No estoy listo. No tengo tiempo. Tengo trabajo que hacer y recados. Y vamos al médico y le pedimos que nos cure. Deme una pastilla. Y el médico nos dice cómo evitarlo en el futuro y los científicos se llenan la boca con discursos de prevención, pero lo único en lo que pensamos nosotros es que sí, sí, luego... Ahora no tengo tiempo.

Y no soy quién para juzgar este comportamiento. Yo misma soy culpable. Es un asunto incómodo y fastidioso. Y muy privado y vulnerable, también. Muchas veces ni siquiera queremos que nuestro trabajo se vea involucrado en esto, porque es algo muy privado. Para muchos, es algo que va unido a inseguridades, vergüenza, autocrítica, presión, aburrimiento, procrastinación o incluso culpa.

Nos decimos: «No quiero que mi jefe sepa que no puedo con el trabajo; creo que me daría vergüenza», o: «No puedo mostrarme débil, tengo que ser fuerte. En el trabajo no caben las emociones».

Y queremos ser especiales, únicos y valorados. Queremos recibir amor y aprecio. Y en esta selva que llamamos sociedad y vida, intentamos encontrar el camino. Queremos erradicar el estrés negativo, queremos un trabajo que nos guste, queremos tener calidad de vida e, inconscientemente, queremos hacer un bien, pero nos cuesta descubrir qué y cómo. Queremos ahogar el conflicto interno entre la llamada a vivir y la llamada a trabajar.

Como dijo Barack Obama en su discurso de graduación para el evento virtual Class of 2020:

[...] haced lo que consideréis correcto. Hacer lo que a uno le apetece, lo que le conviene, lo que le resulta fácil... así es como piensan los niños pequeños. Por desgracia, muchas personas que en teoría son adultas, algunas de ellas con títulos altisonantes y trabajos importantes, siguen pensando así, y es la razón por la que las cosas están tan mal.

Ya sé que es fácil de decir, pero no tanto de hacer, en especial si no tienes ni idea de lo que se supone que debes hacer, o si no tienes ni idea de lo que es correcto, y sobre todo de lo que es correcto para ti. En especial si ya estás cómodo siendo como eres, y si «así es como ha sido siempre».

SOSTENIBILIDAD

Y UNA NUEVA ECONOMÍA REGENERATIVA

Además de cómo el trabajo está afectando nuestra salud y cómo debemos encontrar formas de regenerarnos, el mundo también está cambiando y existe la necesidad de sostenibilidad. No se trata solo de nosotros, se trata de todos nosotros. La palabra sostenibilidad se deriva del latín sustinere (tenere, sostener; sub, debajo). Sostener puede significar «mantener», «apoyar» o «soportar». Se trata de que el mundo y la naturaleza puedan resistir y coexistir con la civilización humana.

La sostenibilidad se ha convertido en una palabra bastante popular, pero no siempre fue así. La negación del cambio climático sigue ocurriendo en muchos niveles. Dos voces destacadas de un acuerdo climático fundamental, el Acuerdo de París, dicen lo siguiente en su libro El futuro que elegimos:

Negar el cambio climático equivale a decir que no crees en la gravedad. La ciencia del cambio climático no es una creencia, una religión o una ideología política. Presenta hechos que son medibles y verificables10.

Y si no está convencido aún, aquí hay algunos hechos y cifras concretos de un informe, redactado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el organismo de las Naciones Unidas para evaluar la ciencia relacionada con el cambio climático11:

• El informe destaca una serie de impactos del cambio climático que podrían evitarse limitando el calentamiento global a 1,5 ºC en comparación con 2 ºC o más.

• Para 2100, el aumento global del nivel del mar sería 10 cm más bajo con un calentamiento global de 1,5 °C en comparación con 2 °C.

• La probabilidad de un océano Ártico libre de hielo marino en verano sería de una vez por siglo con un calentamiento global de 1,5 °C, en comparación con al menos una vez por década con 2 °C.

• Los arrecifes de coral se reducirían en un 70-90 % con un calentamiento global de 1,5 °C, mientras que prácticamente todos (> 99 %) se perderían con 2 ºC.

• Tenemos las herramientas que necesitamos para abordar el cambio climático: el mundo no tiene que inventar algunas máquinas mágicas para frenar el cambio climático; la tecnología está disponible para tomar las medidas climáticas necesarias.

• Deben producirse cambios rápidos en cuatro partes clave de la sociedad: generación de energía, uso del suelo, ciudades e industria.

Entonces, si sabemos que la crisis climática es real y está sucediendo, ¿cómo preparamos nuestro trabajo para el futuro? ¿Cómo luchamos contra esto? Se trata de gobernanza ambiental, social y corporativa. Y no se trata solo de los roles en la sostenibilidad, también se trata de «ecologizar» nuestros trabajos actuales.

El CEO Ryan Roslansky, la economista en jefe Karin Kimbrough y Penny Brannigan, directora de Sostenibilidad del Medio Ambiente Global en LinkedIn ya hablan sobre esta tendencia en su plataforma. Aquí tienes un ejemplo:

En los últimos años, país tras país ha establecido nuevos y ambiciosos objetivos y políticas de acción climática. Para lograr estos objetivos, el mundo necesitará que millones de trabajadores hagan la transición y se unan a la economía verde. La buena noticia es que la ecologización de la economía está en marcha. Vemos que los empleadores agregan miles de empleos verdes a LinkedIn cada semana. Y, lo que es aún más importante, los empleos verdes han crecido un 1,5 % más rápido que el promedio general en nuestra plataforma. Hay dos tipos de crecimiento de empleos verdes que están ocurriendo: nuevos empleos verdes especializados más la ecologización de muchos trabajos tradicionales que ahora deben realizarse de una manera más sostenible12.


Típicos puestos de trabajo que exigen ecohabilidades
PuestoHabilidades requeridas
Analista corporativo o empresarial, Business AnalystEvaluación del impacto ambiental, mitigación de daños, compensación ambiental, sostenibilidad
Director de operacionesMedio ambiente, materiales peligrosos, sostenibilidad, residuos
Director de productosClima, residuos, energías renovables, sostenibilidad
Director de programasClima, compensación ambiental, residuos, sostenibilidad
Ingeniero de proyectosMitigación de daños, energías renovables, sostenibilidad, tratamiento de aguas residuales
Coordinador de proyectosConcienciación medioambiental, energías renovables, energía solar, sostenibilidad
ComercialSostenibilidad, agricultura, residuos, concienciación medioambiental, energía solar
Director de ventasAgricultura, energías renovables, energía solar, sostenibilidad
Especialista en ventasMateriales peligrosos, energía renovable, energía solar, sostenibilidad
Ingeniero de softwareCompensación ambiental, reutilización, sostenibilidad, residuos

Fuente: Peggy Brannigan, directora de Global Environmental Sustainability en LinkedIn

No se trata solo de convertirse en un «consultor de sostenibilidad». Cada puesto pide un aumento en lo que Brannigan llama «habilidades ecológicas». Conciencia medioambiental, energías renovables, evaluación de impacto, fotovoltaica..., la lista continúa. También se trata de cambiar roles desde dentro de las empresas y poner una estrategia diferente sobre la mesa.

Una economía sostenible, una economía verde, una economía azul, una economía regenerativa o una economía circular: nuestra economía está cambiando y nuestras carreras también. No se trata de «SI» cambiará, se trata de CUÁNDO. Por esta razón, es beneficioso comenzar a volver a redesignarnos, renovarnos, regenerarnos o reinventarnos para «sobrevivir» e incluso prosperar en esta nueva economía.

APUNTE A CERO

Gunter Pauli, a quien he mencionado antes, habla mucho de no hacer «menos daño», sino de optar por cero residuos y un enfoque no lineal. «No le exijamos más a la Tierra. Hagamos más lo que nos brinda la Tierra», dice13. Hay muchas empresas que proclaman ser sostenibles, cuando en realidad están haciendo un greenwashing o simplemente haciendo que los elementos pequeños de toda su cadena sean más ecológicos, mientras siguen contaminando con otros elementos. Afortunadamente, existen modelos comerciales que pueden ir más allá de este «control de daños» y que pueden lograr un impacto «neto positivo», e incluso más allá. Aquí es donde entra el concepto de economía circular o regenerativa.

La idea es que no se limite a tomar recursos, hacer algo y deshacerse de los desechos. Es que diseñe el proceso o el producto para que no tenga un impacto negativo para empezar. «Se basa en tres principios: diseñar los desechos y la contaminación, mantener los productos y materiales en uso y regenerar los sistemas naturales14».

Eso es exactamente lo que quiero que hagas con tu vida y con tu carrera también, en cierto modo. ¡Quiero que apuntes a la mejor vida posible, que la rediseñes, que diseñes los elementos negativos que contaminan tu propio sistema natural y te regeneres y aumentes tu nivel de felicidad y energía!

PENSAMIENTO DE DISEÑO: ¿QUÉ?

El pensamiento de diseño se utiliza en todo el mundo para resolver problemas o simplemente hacer cosas. Es un proceso de pensamiento, es imaginación, creatividad o los pasos necesarios para que esto suceda también. Imagínate dos islas que alguna vez estuvieron separadas por un gran lago y que ahora están conectadas con un puente. Alguien tenía que inventar ese puente primero. Luego hubo que hacer los planes, involucrar a los ingenieros, encontrar los materiales, etc. Así como aplicamos el pensamiento de diseño a los productos, modelos de negocio, problemas, etc., también podemos aplicarlo a nuestras carreras y a nuestras vidas. La idea aquí, para estar preparados para el futuro, es rediseñar nuestro trabajo y poner mucho más peso en dos áreas: cuidar tu salud y luchar contra el cambio climático.

¿Cómo hacemos eso? Vayamos paso a paso.

Encontrar tu trabajo ideal significa volver a la casilla de salida y a los principios básicos, volver a la acción y, con suerte, a una ristra de momentos de asombro.

En los siguientes capítulos hablaremos de lo siguiente:


Haré una descripción breve de estos temas, pero la idea es que trabajéis (por vuestra cuenta). No tiene mucho sentido que os explique las cosas de pe a pa. Lo que funciona es tomar apuntes.

Entiendo que podáis pensar: «Yo esto ya me lo sé», «No quiero perder tanto tiempo con esto, solo quiero la respuesta» o «Si hago todo esto, igual descubro cosas que no me gustan».

Son todos argumentos la mar de válidos. Pero es muy posible que sean reflejos neurológicos y biológicos que no te dejan salir de tu zona de confort. O quizá seas un poco vago, que tampoco pasa nada. ¡Aun así! Recuerda que escogiste este libro porque buscas algo que te entusiasme, porque quieres descifrar las claves y dar con la tecla, porque ansías algo distinto, te mueres por aprender y cambiar, en el sentido que sea.

¡No te menosprecies solo porque no te aporte satisfacción a corto plazo!

Cuanto entrevisté al profesor Ioannou de la London Business School, especializado en sostenibilidad, sobre cómo cambiar nuestros métodos para hacer bien y mejor las cosas, dijo estas bellas palabras:

Creo que probablemente haya dos niveles a la hora de pensar en la gente que intenta cambiar: el corazón y la cabeza. Están los argumentos fundamentados en datos y evidencia (como los efectos del calentamiento global, la pobreza, la desigualdad social, etc.) y, luego, considero que para conmover emocionalmente a la gente, tienes que mostrarles el problema de forma muy directa. Me viene a la cabeza todo el trabajo de campo que hacemos en la London Business School, por ejemplo. Desde las favelas de Río a Birmania... la gente necesita vivir el problema. Necesitan ver la destrucción medioambiental y la desigualdad social para sentirse llamados a hacer algo. Y en cierta medida, el activismo juvenil, como el que hace Greta Thunberg, es muy importante. Dan un rostro al problema. Ya no vale decir: «Oh, las futuras generaciones van a sufrir». Sabemos de buena tinta quiénes van a sufrir, porque ya viven y nos lo están diciendo. Así pues, esos dos niveles se manifiestan de formas diferentes. Habría que pensar en cómo encajamos ambas piezas para motivar a la gente a cambiar y a tomar decisiones para el bien colectivo.

El corazón y la cabeza. Por eso te he dicho que tomes apuntes, también. Te lo he aconsejado porque subestimamos muchísimo el poder que tiene para el autocrecimiento una lista de preguntas y frases poderosas, sobre todo en una libreta de papel reciclado, por supuesto. Y también subestimamos el hablar con alguien sobre lo que anotamos. Tanto si te puedes permitir un coach como si no, busca un colega ante el que rendir cuentas y empieza a compartir tu realidad. Para encontrar tu trabajo ideal, tienes que compartir y probar cosas. Experimenta, habla con personas y aprende de ellas. Y aunque puedes emprender este proceso a solas, creo que los resultados se disparan exponencialmente al lado de un coach, un mentor, un asesor o un amigo.

Escribe a ese amigo con quien te sientes cómodo hablando sobre tus objetivos laborales o tu vida, a ese familiar que te entiende mejor que nadie, a esa persona que admiras cuando la tienes a tu lado, o alguien con dotes empáticas y que esté dispuesto a seguir contigo esa senda.

Yo he tenido la suerte de contar con un coach y mentor impagable desde una edad muy temprana. Me hizo sentir comprendida cuando me sentía completamente sola y alejada de mis deseos y sueños, me hizo sonreír de nuevo y recuperar la alegría cuando estaba muy deprimida y me hizo responder de muchas cosas. Su fe profesional en mí me impulsa de formas que no se pueden explicar, a diario.

Y si no encuentras a nadie con quien hacer esto, abrir esa libreta dedicada al rumbo que te vas a marcar ya es un gran paso.

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Yaş sınırı:
0+
Hacim:
181 s. 20 illüstrasyon
ISBN:
9788418741159
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Telif hakkı:
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