Kitabı oku: «La flor artificial»

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La flor artificial

La flor artificial


Sophie Canal

Christiane Félip Vidal



La flor artificial

©2016, Sophie Canal

©2016, Christiane Félip Vidal

©2016, Contratapa Proyectos Culturales S.A.C., para su sello Cocodrilo Ediciones

Jr. Nicolás de Piérola 451, urb. Liguria, Surco, Lima, Perú

cocodriloediciones@contratapa.pe

www.contratapa.pe

Críticas a la obra literaria de Silvia Li: Alessandro Pucci, Diego Trelles Paz, Lucho Zúñiga.

Diseño de portada: Rafael Juárez Sarasqueta

Fotografía de solapa: Inti Vidal Félip

Primera edición: julio de 2016

Primera edición digital: febrero de 2021

ISBN: 978-612-46999-7-9

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro, por cualquier medio físico o digital, sin el permiso previo del editor. Todos los derechos reservados.

On croit que la vie se déroule comme une route entre deux bornes, début et fin. Comme un livre qu´on en ferait. Que la vie, c´est la chronologie. C´est faux… L´histoire de votre vie, de ma vie, elle n´existe pas, ou bien il s´agit de lexicologie. Le roman de ma vie, de nos vies, oui, mais pas l´histoire. C´est dans le registre des temps par l´imaginaire que le souffle est rendu à la vie.

Marguerite Duras

PRE-TEXTO

Dicen que una historia está condenada a repetirse hasta que la contemos.

¿Así será la historia de Silvia Li?

¿Quién conoce el nombre de esta poeta arequipeña surrealista del siglo XX? ¿Quién sabe de la amiga desapercibida de César Moro al que consideraba el «mejor lector-traductor» de su alma?, ¿de esa amante de Man Ray, ignorada al punto de querer matar a Lee Miller cuando él le manda flores para disculparse por sus ausencias? ¿Quién recuerda a esa musa peruana de los surrealistas con quienes París es una fiesta? ¿Quién leyó, en el Perú o en Francia, a la autora despreciada de Los Mirliflores y de La flor artificial? ¿Algún turista o etnólogo en busca de las plantas sagradas de la Madre Selva habrá cruzado el destino de Soy Niwe, curandera iniciada y ocultada por el famoso brujo de las amazonías Manuel Córdoba-Ríos?

Negada por su familia y por la sociedad conservadora de su época desde sus primeros intentos de rebeldía creativa, opacada por los egos machistas de la banda de Breton en París, asesinada por la crítica literaria de su propio país hasta desvanecerse por completo en la Selva, la obra y vida de Silvia Li parecen haber seguido una marcha similar a lo largo del siglo, marcadas por ciclos de desaparición y resucitación en la sombra: sombras de su historia, sombra de la historia. Hasta que nos apareció recientemente su luz tenue, tal como un alma penando, en un nuevo intento desesperado por reivindicarse.

Al inicio del 2013, nos llegó por correo una caja de documentos, acompañada de un audio casete etiquetado «Soy Niwe, Historia de Silvia Li por Séraphine Le Piège. Grabación de Bárbara Román» y de una carta1 escrita a mano por cierta Bárbara Román quien decía ser biógrafa oficial y traductora de la poeta Silvia Li, y donde explicaba las razones por las que recurría a nosotras.

El final de la carta era una colección de lugares comunes que pretendía abarcar la identidad cultural francesa que, sin llegar a recurrir al camembert, al vino de Burdeos o al pan baguette, demostraba la distancia que puede haber entre lo real y lo mitológico, incluso para quien es conocedor de una cultura. Se suponía que todo eso hacía de nosotras las posibles nuevas albaceas de Silvia Li.

La mujer parecía estar tan desesperada que nos sentimos con el deber de escuchar las grabaciones de Séraphine Le Piège.

[…] Al fin y al cabo, quien cuente la historia de Silvia Li tendrá que decidir […] que empezará con una casualidad objetiva que ya lo contiene todo, suerte de madrina cósmica que los padres se olvidaron de invitar al bautizo, como en los cuentos de hadas, y que impondrá su sello en la vida de la pequeña Silvia […].

¡Azar objetivo! ¡Así que de eso se trataba! A medida que la voz de Séraphine Le Piège nos poseía como una suerte de mantra, el propósito de la carta de Bárbara Román se iba iluminando: hacía tiempo que intentábamos, cada una por su lado, dar forma y sentido a nuestra expatriación literaria a través de este concepto del azar objetivo… y ahora nos llamaba una filiación posible: antes de desaparecer, Silvia había escogido a Séraphine para terminar con su meta incumplida; al morir, Séraphine había escogido a Bárbara para el mismo fin. Ahora Bárbara Román nos pedía tomar la posta, y Séraphine nos revelaba el método: quien narrase la historia de Silvia Li tendría que empezar arbitrariamente, como fruto de su voluntad, libertad y deseo, las tres únicas puertas que abren al mundo de Silvia. Porque contar autoriza todos los caprichos, en la medida en que rapta al lector de alguna forma. El narrador tendría que desempeñar el papel que mejor corresponda a su elección, el papel del dios, de la conciencia suprema capaz de leer un caso semejante. Y si eso no basta: ponga a la vista todos los documentos de la caja y escoja uno al azar. Haga lo mismo para el segundo, y el tercero, y repítalo hasta que dé a luz a otra Silvia.

La voz de Séraphine seguía poseyéndonos, y fue esta voz salida de ultratumba, con acento francés acholado, la que nos retó a darle un propósito literario y metafísico al material que nos había entregado Bárbara Román: armar trozos de una vida que su misma protagonista se esmeró en desmantelar, contar el desesperado caminar de la escritora en esta tierra de nadie entre sueño y realidad, la búsqueda de sí misma más allá de las fronteras de lo racional, su intento por inventarse y volverse otra para seguir siendo ella. Intentar romper el hechizo de las desapariciones. Darle sepultura simbólica en el cementerio Presbítero Maestro para que, junto a César Moro, al fin pueda descansar en paz. Contar la verdadera historia de Silvia Li, reinventándola.

Para adentrarnos en el personaje, de la forma más adecuada a su vida y obra, escogimos mostrar las máquinas detrás de la pantalla, considerando cada pieza del material entregado por Bárbara Román2 como parte y todo de la figura de Silvia Li.

La construcción fragmentada por la que optamos nos pareció la forma más idónea para dar cuenta de una personalidad caleidoscópica, y retratar así a una mujer que hizo de su vida un rompecabezas del que escondió la última pieza.

Y esa es nuestra Silvia.

Las autoras
Sophie Canal y Christiane Félip Vidal
Lima, febrero de 2016
1

SOY NIWE

Historia de Séraphine Le Piège grabada por Bárbara Román3, 25 de febrero de 2000

¡Pase, pase usted, bienvenida a mi antro…! Pero antes, y parafraseando a Dante, ¡abandone la esperanza si entra aquí!… En este perchero, por favor. Perteneció a Silvia. No sabe cuántas esperanzas han sido colgadas allí… no, no, con esa cara de miedo, ¡no! Ya entró, no hay marcha atrás, déjese llevar nomás, y mucho mejor con sonrisa… ahí está… no es tan difícil, ve… Es cuestión de acostumbrarse un poco a la oscuridad. Los ojos son sabios… unos minutos más y, ¡listo!… podrá distinguir hasta el color negro de mi gata… y el oído se hará más agudo… póngase cómoda, allí en ese cojín de terciopelo, el único que tengo… ¿Ya puede usted percibir esas notas que deambulan en mi carpa desde hace años? Erik Satie, Gnossienne número 3… ¿o solo estarán en mi cabeza?… bueno, ahora me es un poco doloroso el tema de la diferenciación entre lo que viaja por mi mente y lo que pertenece al mundo exterior, perdóneme… En general, quien me suele ayudar en eso es mi gata, Frida. Todas las gatas que tuve las he llamado así… Ella reacciona a Satie ronroneando… ¿Le puedo ofrecer una taza de té? Me queda un poquito de la mañana, se lo puedo calentar con ese horno a carbón que me trajo Félix, mi mayordomo… Él recoge esas cosas de la basura de los ricos… ¿se ha dado cuenta de la cantidad de cosas útiles que botan los ricos? ¡Mire!, ahora que puede ver, ¡le presento mi carpa basural! ¡Tatatán! No se ve tan mal, ¿no?… casi todo de origen: San Isidro, Miguel Dasso y Conquistadores… Muy acogedor, ¿no? ¿Qué le parece?… bueno, lo admito, ese dibujo, no. Es de Picasso. Silvia me lo regaló y para esto sí, tengo papeles, ella fue al notario, la única cosa que me legó. Silvia lo trajo en su baúl por barco, de regreso a Lima. La acompañó también a Iquitos, y luego me lo dio porque dice que me parezco mucho a la mujer del dibujo… bueno, cuando era más joven, obviamente… Bien, ¿qué tal el té? ¿Un poco amargo? ¿Sabor a caramelo quemado? Normal, hija, le puse algunas plantitas mías, para relajarse nomás.

Podemos empezar. Déjeme cerrar los ojos… haga lo mismo… sí, sí, por favor… Perfecto. Mmm… ¿qué es eso? Aj, ¡silencio!, ¡no abra la boca!, tenemos que callarnos un ratito. Deje de hablar. Quiero ver su resistencia al silencio. A ver a qué categoría de gente pertenece usted… ¿Sabe que hay tres tipos de gente? La con quien solo se puede hablar, la con quien solo se puede escuchar, y la con quien se puede entrar juntos en el silencio… y construir una arquitectura del silencio. Ya, así es, la veo más relajada, muy buen inicio…

Ahora, a ver lo que tiene usted, ¿cuál ha sido su verdadera motivación para entender los textos de Silvia? La contrató ese jovencito editor, el nieto de Orlando, ¿verdad? Ni sabía que tenía nieto, el viejo… ¿de quién habrá nacido? Tuvo tantas mujeres… Si nos viene de la rama Carla, on est cuits4… ojalá sea nieto de La Che, sí, le decían La Che porque era argentina, solo la vi una vez cuando fui a visitarlo a mi regreso de la selva, pero Silvia me había hablado varias veces de ella, creo que La Che estaba un poco celosa de ella, por el encanto que tenía Silvia y, a decir la verdad, también yo me di cuenta, creo que el viejo estaba loco por ella… no tenía ninguna posibilidad, porque ya hacía tiempo que a Silvia le gustaban las mujeres, pero bueno, como usted sabrá, ese tipo de desafíos excita a los hombres… en fin, no sabía que La Che había tenido hijos… los tenía escondidos… ¿y ahora qué?, resulta que el mocoso transforma Gradiva en editorial… Seguramente será una de esas nuevas editoriales que nacen de la noche a la mañana y que mueren con el amanecer… Ya basta con eso. Hace tiempo que renuncié a gastar el poco de energía que me queda en labores inútiles, no me interesa tampoco publicar para cuatro gatos y terminar limpiándome en el baño público de una galería del centro de Lima con una hoja que escribí yo, eso ya me ocurrió demasiadas veces… ¡imagínese! Arrugarse la piel del sagrado lugar con el aparato crítico de Los Mirliflores… Ha leído Los Mirliflores, ¿verdad? No me sorprendería que haya redactado esa biografía sin haberlo leído… tan pocas personas se dan el lujo de leer hoy por hoy… ni siquiera esos críticos de la época… ¿cómo se llamaban? Unos tales Zunz y Guerra, me parece… bueno, el texto estaba en la caja con todos los documentos de Silvia… ¿Cómo? ¿Solo clasificó los documentos? Aja, adoptó el método de las bibliotecarias… todo por fechas, aja, veo, veo… y solo se ha dado cuenta que había pocas fechas y que casi todo estaba escrito en francés… ah, ça ouiiii, estamos muy mal, querida Bárbara. Muy mal… ¿sabe usted que los números no interesan a los surrealistas cuando son fechas? ¿Que solo usaban los números para reflejar el significado de las cosas? Bueno, si pretende escribir una verdadera biografía de Silvia Li, tendrá que empezar por eso, abandonar fechas… encontrarles otro sentido a los números, a las matemáticas, descubrir que 1+1 no siempre iguala a 2. En el amor, por ejemplo. Los griegos tenían tres conceptos para definir tres tipos de amores: Eros, el amor erótico, el más común. El deseo de volver a encontrarse con la media naranja perdida. Ahí 1+1=1. Una equivocación total, si quiere mi opinión… Después viene Philia, lo que solemos llamar amistad, ahí somos dos entidades completas y autónomas que deciden unirse libremente, 1+1=2; y para terminar, Ágape, el amor perfecto, el más difícil de conseguir, el triángulo punta arriba, 1+1=3, dos seres de excepción que se unen para dar vida a una tercera entidad, puede ser un hijo o cualquier otra creación, pero algo que tenga que ver con lo divino… Yo me considero una persona feliz, Bárbara, tuve la suerte de vivir los tres tipos de amores. Con Silvia, el Ágape, por supuesto. Ahora no me interesan las otras formas, son muy inferiores, ¿me entiende?, muy decepcionantes… Silvia tiene algunos cuantos textos sobre ese tema, también se ve en Los Mirliflores… la relación entre el hada y el Mirliflor A… 1+1=3, ¡recuerde! Entre usted y yo también habrá que realizar aquella ecuación si queremos trabajar bien juntas, ma belle… si no, no pasará absolutamente nada, nos quedaremos chatitas… mire mi gata, miu miu miu… ven aquí, reina… escuche cómo se pone… aún no abra los ojos… ella y yo estamos en un Ágape total, ¿no se siente algo divino?, ¿percibe ese algo diferente en el aire?, ¿no huele? Sí, ¡c’est ça!, ¡olor a jazmín! Lo que olía usted cuando solía pasear sola en las noches de verano en Lima y se dejaba llevar por la ligera brisa marina y su imaginación… ¿Cómo? ¿No lo había vuelto a vivir desde la secundaria? ¿Cómo es posible, querida? Entonces, eso confirma que nos teníamos que conocer… bien le haga empezar a sentir eso de nuevo… ¡ay, ay, ay! Bienvenida a mi antro, corazón. Usted realmente me necesitaba… ese es uno de los poderes del surrealismo que experimentará si es que acepta perder el miedo a la tiranía de lo real. De nuevo podrá gozar del olor a jazmín en las noches y luego también en las mañanas, y en las tardes, y hasta en invierno cuando todo se vuelve olor a humedad en Lima… su vida entera tendrá un nuevo olor, querida. El olor que exhala la creatividad constante. Pero le advierto también… los otros olores, los desagradables, el olor a caca, a basura, a carroña, se harán más agresivos que antes cuando aparezcan, ese es el precio que hace pagar la otra realidad, cuando uno ha sido autorizado a visitarla, más profundiza en una, menos le perdona la otra, son celosas entre ellas las realidades opuestas de este mundo, chiquita, a veces se pelean duro, tiene que estar lista usted para resistir cuando se encuentre en medio de la tormenta, a veces uno cae en una o en la otra, a veces uno se queda atracado entre ambas, y termina aplastado. Y lo encuentran boca abajo en medio de un basural, ¡sin que se sepa por qué! No quiere terminar así, mi querida Bárbara, ¿no? No querrá morirse oliendo a carroña, ¿verdad? Entonces tiene que seguirme muy de cerca. Le serviré de guía. Ya penetré en esos mundos. Ya conozco el camino. También sé cómo regresar. No me puede perder de vista. No se olvide, ella, Silvia, no quiso regresar. Silvia desapareció. De cierto modo, Silvia ha muerto a ese mundo. Debe de haberse quedado atrapada en unos limbos, y a veces creo escucharla gritar. Intenta asustarme en las noches. Me llama, mueve cosas en la carpa, se me aparece por la boca de Frida, come mis sobras. ¿Usted está preparada para ese destino? Existe ese riesgo, hija. Porque yo siempre supe salir de allí hasta ahora, pero me persiguen demasiado los comedores de sobras, ya no sé si podré aguantar más fantasmas en mi choza, ya no me quedan muchas sobras, pronto me estaré muriéndome de hambre.

Entonces, si decide seguirme, si decido guiarla, tenemos que hacer un pacto, Bárbara. Un pacto, sí. Suena muy adolescente, lo sé. Ahora escucho a la gente rumorear alrededor, hoy en día dicen que el surrealismo es cosa de adolescentes, ¿n’est-ce-pas? Seguro lo habrá escuchado también. Ahora todos piensan haber llegado a la adultez doctrinal, ¿no? Hemos pasado a la era virtual, ¿verdad? Ya digitalizamos los otros mundos y hasta los vendemos, ¿no? Ya no tenemos nada que aprender del azar objetivo5, de la escritura automática, de las veladas entre amigos drogados. Manejamos los patrones, apretamos botones y teclados, tomamos pepas para dormir, hacemos micro sueños, escribimos micro cuentos y publicamos nuestras pequeñas producciones diarias en in-ter-net. Bueno, ahí va el pacto, Barbará, prepárese para sufrir, alístese para el gran salto. Nada será fácil, Bárbara. Tendrá que mirar la muerte a los ojos. Y no habrá ningún teclado. Pero nunca, nunca, me escucha, nunca le dé importancia. Cada vez que pase eso, respire hondo, y deje pasar la imagen. Convoque a Satie. Sola desaparecerá. Y si no, llámeme a mí, hija. Ahí, se lo prometo, estaré.

Ahora, déjeme dormir, hija. Van a ser las tres, hora de mi siesta. Mañana temprano leeré su biografía. Regrese el lunes a las 8 y le diré lo que opino.

2
OBRA DE SILVIA LI
Cuadernos (1931)6 (Traducción y anotaciones de Bárbara Román).
Te llamaré mi monstruo, mi gran monstruo, el que ha de mostrarme…

27 de agosto

París es una fiesta. Primera velada en Francia en casa de Alina7. La razón: los cuarenta años de Man Ray quien llegó disfrazado de Clyde Barrow, un bandido que está volviendo loco a Estados Unidos. «Están todos esta noche», me dice Alina al oído. Mi prima Alina y su primo César Moro presentan a la pequeña peruana a André Breton, Paul Eluard, Benjamin Péret, Man Ray, Max Ernst, Pablo Picasso, Hans Arp y a sus mujeres. ¡Ah! ¡Pero, qué mujeres!… Lee, Remedios, Dora, Valentine, Leonor, Nusch8… ¡Y también están Alice y su esposo Wolfang!… Escuchamos únicamente el lado B de los discos… ¡y todos ellos solo tienen ojos para mí!

Me oigo decir: «El Perú es el lado B de América Latina». Aplauden todos.

Sigo: «El lado B, es el lado de los discos que nunca se escucha, es la parte trasera de las cosas. El lado B, no es …………(ilegible) igual a la locura o al Mister Hyde de tu vida, porque tienes opción de ponerlo o no, según se te antoje».

Aplauden con mayor entusiasmo. Y nos emborrachamos hasta morir.

28 de agosto

Convencida de que ciertas vidas tienen un lado A y un lado B. Cuando pienso en mi vida acá, en Francia, me veo un poco como una embajadora cultural del lado B, hago de Bonnie Parker en París. Sobre todo, porque me parece que apareció mi Clyde…

«El Perú es un sueño».

29 de agosto

He dormido poco.

Paseos solitarios por París. Levanto la mirada y, tras el vaho de mis lágrimas, leo: «Extranjero, ¡tú que pasas! No sabes tú el deseo ardiente con que te miro», Walt Whitman - Librería Shakespeare. Sonrío.

30 de agosto

Primer taller de escritura donde Alice. Hay también un montón de sosas que solo vienen para aprender a entretener a sus futuros esposos. Son tan insulsas que parecen gansas. Con solo verlas se me corta el apetito. No importa. Las cocinaré para la Navidad y me las comeré con Alice…

«Man Ray te invita a su casa» —me anuncia Alice—.

Man me invita a su casa. Man me invitó a su casa. Man me invitará a su casa.

Man invitó a Silvia a su casa.

El hombre invitó a la mujer.

Clyde invitó a Bonnie.

Me encantan las repeticiones. Me dan ganas de cantar, de bailar, de volar, de besar a Alice.

18 de setiembre

Inicio de clases en el colegio Molière. Odio a estas jovencitas, mujercitas en ciernes. Son seguramente mucho más peligrosas que las del curso de Alice. Formarán parte del lado A de mi vida. Los únicos cursos interesantes son los de arte y filosofía. Escribir, escribir, escribir. Centrarme en Man, en César, Alice y Alina, mis alimentos celestes.

Futuros biógrafos, ¡cuánto los quiero!

Lista de lecturas que me dio Alice9:


LISEZ
BerkeleyPlaton
YoungVirgile
RousseauRabelais
DiderotMontaigne
KantMolière
SadeLa Fontaine
LaclosHoffmann
HegelSchopenhauer
LewisLamartine
NervalBalzac
FeuerbachComte
MarxTaine
EngelsVerlaine
BaudelaireVerne
LautréamontBergson
RimbaudJaurès
HuysmansDurkheim
FreudLévy-Brühl
LénineProust
ApollinaireGandhi
Y sigue una lista de surrealistasEtc… etc…

«Desaconsejados»: Montaigne, Proust, Bergson.
25 de octubre

Una semana sin ver a M. Acepto acompañar a César quien ha sido invitado al 54, rue du Château, con la esperanza de verlo. Se trata de una velada «cadáver exquisito» con Marcel Duhamel, Jacques Prévert e Yves Tanguy. César me pone al tanto: el «cadáver exquisito» es un juego que encandila a los surrealistas. Se trata de que varias personas construyan una frase sin que ninguna de ellas pueda ver lo escrito anteriormente por los demás. La idea es que cada participante escriba por turno parte de una frase respetando el orden sujeto-verbo-complemento. El juego se llama así porque «El cadáver exquisito beberá el vino nuevo» fue la frase que salió cuando jugaron por primera vez. Bretón pretende que solo se trata de una actividad lúdica, pero lo que experimenté esta noche me da la impresión de poder ir mucho más allá de la simple diversión. ¿Será porque no estaba M? ¿O porque yo estaba lista para el deseo puro, para la pura ausencia presencia?…

Participaron:

Yves Tanguy, Marcel Duhamel, Jacques Prévert, Benjamin Péret, Pierre Reverdy, André Breton, René Char, Paul Eluard, Nusch Eluard, Robert Desnos, César Moro, Remedios Varo, Leonor Fini.

César, Remedios, Dora, Leonor y yo ¿armamos / amamos? (ilegible) nuestro pequeño grupo hispanista aparte.

Resultados:

–El ser vivo aguantaba bajo la manga de una chica de dieciocho años.

–Nada tiene sentido si no hay tinta en el lapicero, pero, como hay vino en la botella, podemos escribir un poema.

–Y me he callado porque mi vida está en tu boca.

–No sabemos el lugar de las personas, fuerza golpeando la ausencia, escúchame, fuerza, diciendo, fuerza, nosotros gritando.

–Llega el final del camino en la mesa cuadrada.

–Bajo la cama hay más polvo que sobre el colchón.

–El circulo redondo como la tierra, donde los secretos fulgurantes, se expresan en las miradas.

–Y entonces el caos se vio en el espejo, sonrió. No había errores. Solo varias formas de decirte… ¡Estoy!

17 de diciembre

Me han expulsado del criadero de pavas. Es que debo ser un patito feo. ¡Qué felicidad! Ahora, lo único que queda es libertad, amor loco y encontrar la mejor mentira para mi madre… Alina me botará de su casa, pero Alice ya me dijo para ir a vivir con ellos… Así tiene que ser…

3

MATERIAL PARA UNA BIOGRAFÍA

Certificado de estudios de Silvia Linares Lira11, Arequipa, 18 de diciembre de 1928



4

SILVIA LI O LAS PEREGRINACIONES DE UNA PARIA

Biografía, por Bárbara Román

Proyecto de número especial Silvia Li, revista Gradiva,

Lima, 2000

Silvia Linares Lira
(Arequipa, 1913-¿Iquitos, 1987?)
INFANCIA Y ADOLESCENCIA (1913-1929)

1913

Silvia Linares Lira nace en Arequipa el 29 de febrero de 191312 en el seno de una familia acomodada. Es hija de Alberto Linares, comerciante exportador de lana y de Clorinda Lira, hija de un rico hacendado. Dicha alianza del comercio con la oligarquía permitió que la familia viviera en una bonanza que se vio aún más favorecida durante la Primera Guerra Mundial por el incremento de las exportaciones.

La amistad de sus padres con el representante en Arequipa de la empresa exportadora francesa Braillard-Claussen influye en el hecho de que le pongan una maestra particular francesa sin sospechar que, posteriormente, el conocimiento de dicho idioma desempeñaría un papel clave en su vida.

Hija única de una pareja que, pese a no llevarse bien, no se separó por temor al qué dirán de la tradicional sociedad arequipeña, Silvia tiene en su primera infancia escaso contacto con niños de su edad. Está al cuidado de una nana, Casilda Samamé Barahona, con quien pasa la mayor parte del tiempo y cuyo cariño compensa la relación difícil que tiene con su madre. Silvia siempre definirá su infancia como una época feliz, especialmente durante sus estadías veraniegas en la hacienda familiar a la que se trasladaba con su nana y demás empleados de la casa.

1923

Se degrada la relación entre los padres debido al alcoholismo de su madre y a las ausencias de su padre quien viaja con frecuencia a Lima. La niña inicia sus estudios de secundaria en el colegio de monjas francesas Los Sagrados Corazones13.

1927

Afirma ya sus dotes literarias al hacerse acreedora del primer premio en los Juegos Florales organizados con ocasión de la tradicional fiesta arequipeña de la Primavera.

1928

Termina secundaria. Su diploma de fin de estudios hace referencia a frecuentes incumplimientos a las normas educativas y religiosas impartidas en el colegio.

1930

Viaja a Lima con su padre. Para evitar el regreso a una vida arequipeña que le parece ya demasiado aburrida, pide que la manden a Francia para completar sus estudios con el bachillerato francés14.

PERÍODO PARISINO - SURREALISMO INFERIOR

1931

A mediados de año sus padres la envían a París, donde se aloja en casa de una pariente lejana de la familia Lira, la cantante soprano Alina Lestonnat15/16, esposa del compositor Alfonso de Silva17. Es en casa de los Lestonnat de Silva que conoce a César Moro18 a quien Alina aloja a veces a cambio del cuidado de sus hijos. Silvia entabla con él una amistad que durará hasta la muerte del poeta en 1956.

En setiembre, inicia las clases en el Lycée de Jeunes filles Molière19. Al no haber estudiado anteriormente latín ni griego, solo se le acepta en la sección B, es decir idiomas. Si bien su nivel de francés le permite cumplir con las exigencias académicas en todas las asignaturas, su formación es insuficiente en literatura y la poeta Alice Rahon20 le dicta clases particulares ampliando la gama de autores mucho más allá del programa y dándole a conocer obras consideradas, en la época, como «no aptas» para la educación de las señoritas tales como, Justine o los infortunios de la virtud21, Las flores del mal22y Los cantos de Maldoror23.

Frecuenta a los surrealistas y se inicia en la escritura automática. Más interesada por las veladas musicales en casa de sus huéspedes, las reuniones con el grupo de André Breton, su amistad creciente con Alice Rahon y César Moro, y sus recorridos por la ciudad luz, Silvia Linares lleva una vida bohemia poco compatible con su condición escolar y sus reiteradas inasistencias le valen la expulsión del liceo Molière a los tres meses de haberse matriculado.

Pese a la adoración que le tiene, se distancia un tiempo de Alice Rahon quien vive ahora con Wolfang Paalen24. Por la misma época, aún menor de edad, inicia una relación amorosa con Man Ray25 recién separado de la periodista Lee Miller.

1932

Debido a las frecuentas giras artísticas de la pareja Lestonnat de Silva que la alojaban, sus padres le alquilan una habitación en una pensión para señoritas a la que acude más de día que de noche y retoma su relación con la pareja Rahon/ Paalen. Posesiva, no acepta que su amante fotografíe desnudos femeninos y arma escándalos con las modelos. Acosa a Man Ray con la sospecha de que sigue teniendo relaciones con Lee Miller: «Por supuesto teníamos cita… Estoy casi segura de que sigue en casa de Lee». Entre peleas y reconciliaciones Silvia busca consuelo en amores fugaces tanto masculinos como femeninos mayormente dentro del grupo surrealista. Encontramos en su diario la siguiente pregunta a Man Ray: «¿A tu parecer, fue un error acostarme de nuevo con Max?26».

La producción poética sustituye progresivamente a la escritura del diario y suele leer sus poemas en las reuniones en casa de Breton quien, en el número 3 de LS.ASDLR27, la tilda de «auténtica surrealista» viendo en su espontaneidad a la mujer niña, mediadora entre la realidad y el misterio, tal como los surrealistas verían dos años después a la niña Gisèle Prassinos28 que, a sus catorce años, solo tenía de surrealista el poder de la imaginación. Según breve nota en el diario de Silvia, parece haberles encantado dos producciones: el poema «La pesca milagrosa», puro producto de la imaginación, lo cual, pregonaba Breton, no era un «don», un regalo, sino algo por conquistar, por ser el primer y último recurso contra lo insoportable, así como sus reflexiones acerca del azar objetivo que ella llama «HO29» jugando así con las palabras tal como les gustaba a los surrealistas.

Quién sabe si demasiado rebelde y orgullosa para aceptar ser solo «musa» de los padres del surrealismo, sin que se reconozca su papel activo en la difusión y expresión del movimiento, Silvia se aleja un tiempo del grupo de la rue du Château30, pero sigue frecuentando los bares literarios31 y entra en una fase de escritura que solo da a conocer a César Moro a quien la une la nacionalidad y el uso del francés como lengua literaria. Por aquel entonces ya está en busca de una identidad que se va gestando, pero que no ha adquirido una forma definitiva.

Sus relaciones, en las que dominan poetas, pintores y artistas no necesariamente surrealistas, son amplias y cosmopolitas, sin embargo, no incluyen al poeta César Vallejo, recién retornado de la Unión Soviética y que, como es sabido, criticaba ferozmente el surrealismo.

5

SOY NIWE (2)

Historia de Séraphine Le Piège grabada por Bárbara Román,

27 de febrero de 2000

Me pone usted en una posición muy, pero muy incómoda, Bárbara. La insistencia con la que impuso a una vieja mujer cansada y sin lentes la lectura de tantas páginas, merece un pequeño castigo de parte de los dioses. Usted no está sin saber que luchamos aquí, mi gata, yo y algunas cucarachas de por medio, para la supervivencia en las afueras de lo que fue mi interior, es decir mi casa. Con una luz escasa y unos ojos deficientes, nos fue casi imposible, para empezar, descifrar la letra enana que usted eligió en este —no sé cómo diablos llamarlo— especie de reporte zoológico.

¿Cómo pretende usted dar a conocer a la gran Silvia Li a través de unas rejas tan ajustadas como pueden ser los espacios entre fecha y fecha? ¿Cómo puede cometer el error de confundir la esencia cualitativa del tiempo creativo con la esencia cuantitativa del tamaño de un guion? ¿Qué clase de demonio engañó su pluma para que la creadora de La flor artificial, hada de Los Mirliflores y luego bruja de los bosques amazónicos, se vea reducida a unas miserables páginas, una mosca más del zoológico surrealista universal? Hasta los estoicos tenían más humor y grandeza cuando mandaban inscribir en la lápida de sus discípulos recién fallecidos el cínico: nació, vivió, murió.

A ver… que no se equivoque, no empiece a llorar. Aquí no se trata de destrozarla. Lejos de mí infligirle a usted el mismo golpe que la crítica de la época le dio a Silvia. No hay nada peor que las repeticiones inconscientes de sí mismas, disfrazadas de venganzas. Odio a los críticos. Son perros hambrientos que se autoalimentan del vómito que producen en sus víctimas. No soy y nunca seré una crítica de usted. Si no fuese por el interés que tenemos en común en la gestación de Silvia Li, no me tomaría la pena de malograrme los ojos y luego la voz armando esas palabras. Lo que me mueve hacia usted es la luz que percibo bajo las pequeñas celdas que ha ido acumulando en esas largas páginas, una luz tenue que ha empezado a acompañarla sin que se dé cuenta, iluminando algunas partes de la selva Silvia como si fuesen plantas sagradas. La meticulosidad con pizca de humor con la cual, por ejemplo, redacta algunas de sus notas al pie de página, me ha dado ganas de empezar todo de nuevo con usted. Hasta debo admitir que esas ganas me rejuvenecieron unas décadas. ¿Podemos empezar todo de nuevo? ¿Me permite cogerla de la mano para que saltemos juntas en búsqueda de quién era Silvia Li? Por lo que me cuenta, tenemos muchos y a la vez pocos documentos para contestar esa pregunta. Empecemos desde el principio. ¿No tenemos ningún documento para el inicio? Dejemos sus fechas de lado. Inventemos uno.

Dicen que hay principio y fin para todo. Ahí empieza nuestro problema, ¿cierto? Si el fin de una historia casi siempre es evidente, nunca lo es el inicio. Nadie es suficientemente consciente ni sabio para imponer principio a una historia. Porque siempre una historia es parte de otra más amplia. En realidad, cualquier historia lleva al principio del todo: tomemos la primera frase del Génesis que afirma que todo empieza con el verbo. El principio de esta historia tiene que empezar por un acto de fe literaria, presentándose como necesario, aunque sea arbitrario. En el caso de un cuento, todo bien, el inicio se define como parte de un juego que ya tiene sus bases escritas y a sus jugadores. En la vida real, una historia de amor, por ejemplo —y yo sigo creyendo que la vida de Silvia Li es una gran historia de amor—, nada claro, podría tener tantos inicios. ¿Acaso empieza en el momento en que los dos protagonistas se encuentran por primera vez?, ¿o cuando nace en cada uno el motivo del encuentro que lo hace posible? ¿En el punto en que cada uno recibe señales que lo anuncian? —como en el caso del anuncio a María que se puede considerar el principio de la llegada de Cristo—. ¿Cuándo empieza la historia de Silvia con Man?, ¿de adolescente, con la visita de Silvia a un brujo de Máncora que le dice «¡Busca al hombre blanco con un hijo!»? (Man Ray ya tenía un hijo cuando Silvia lo conoció), ¿ o cuando entra por primera vez en la casa de Alina en París y cruza su mirada con la del hombre disfrazado de Clyde Barrow?, ¿o más bien, con el relato de aquel hecho en su diario?, ¿ o cuando César, su aliado celeste, los toma a ambos en foto, el hombre disfrazado de Clyde Barrow dándole su número de teléfono con su cara la más fea, él escribiéndolo en su mano, con mueca de dandi nórdico, y lengua afuera, foto que tomará su alta simbología luego porque las dos siluetas dibujan un corazón inesperado en absoluta simetría? (¿Por cierto, encontró esa foto en la caja?), ¿o cuando ella, luego de dos días de espera, decide enfrentar su libreta para poner en palabras la historia de ambos, tres años después, porque dicen que al final todo empieza con el verbo?, ¿o a partir del momento en que usted y yo nos sentamos frente a frente para que le cuente mi versión de la historia de Silvia Li? ¿Y, por qué no, con el encuentro bizarro de una mujer apellidada Lira con un hombre apellidado Linares en la ciudad de Arequipa al inicio del siglo XX? En fin, con la presencia evidente de una casualidad objetiva narrada.

Al fin y al cabo, quien cuente la historia de Silvia Li debe de decidir (arbitrariamente, pero consciente de lo arbitrario que es, y eso lo cambia todo), que empezará con una casualidad objetiva que ya lo contiene todo, suerte de madrina cósmica que los padres se olvidaron de invitar al bautizo, como en los cuentos de hadas, y que impondrá su sello en la vida de la pequeña Silvia. ¿Ya lo tiene claro? Bastaría con describir la foto que les tomó César aquella noche en la casa de Alina, con el hombre personaje clave de la historia, respondiendo al nombre de Emmanuel y con ella, aún Silvia Linares. Bastaría con sumergirse en un lema cantado por ella como un mantra en la época que usted llama del «surrealismo inferior» y recitarlo, Le Pérou, c’est la face B de l’Amérique latine, hasta que una imagen borrosa y luego clara de Silvia aparezca; bastaría con hacer de la nota al pie de página sobre el 29 de febrero el primer capítulo de una novela llamada La flor artificial; bastaría con imaginar a partir del texto titulado Caso del cementerio Montparnasse, una película dirigida por Luis Buñuel; bastaría con hacer una canción llamada Acariciaré la ausencia / Sin desvío posible; bastaría con montar Los Mirliflores en Lima y París a la vez; basta con recordar que en latín «Emmanuel», el verdadero nombre de Man Ray, es Dios y que «Silvia» significa bosque…

En fin, la elección que hará quien narre la historia de Silvia Li empezando arbitrariamente, se justificará con el único argumento de que es fruto de su voluntad, libertad y deseo, las tres únicas puertas que abrirán al mundo de Silvia, porque contar autoriza todos los caprichos, en la medida en que raptan al lector de alguna forma. Además, ella decidirá actuar el papel que mejor corresponde a su elección, el papel del dios, digamos de la conciencia suprema, que puede leer un CASO32 en algo que, de lo contrario, sería pura imaginación y afabulación de los protagonistas.

Y si eso no basta: ponga a la vista todos los documentos de la caja y escoja uno al azar. Haga lo mismo para el segundo, y el tercero, y repítalo hasta que dé a luz a otra Silvia.

Para darle el ejemplo, haré lo mismo con mi propia historia. Quizás le ayude ¿empezamos mañana?

6
OBRA DE SILVIA LI
Los Mirliflores, revista Gradiva, Lima, 1948
Obra de teatro en catorce actos
A mi hermano César Moro

Mirliflor: joven pedante que se jacta de elegante e importante.

(Considerado como una alteración (siglo XVIII) del latín mirare, de una forma latinizada de mil flores, para referirse a un joven elegante y perfumado).

Personajes:

Mirliflor A, Mirliflor B, Mirliflor C, Hada de salón.

Coro griego: juez, mozo, ángel, dictador latinoamericano, administrador, bufón del rey.

Escenografía: dos escenarios A y B.

Escenario B: amplia sala de estar, con pequeños elementos dispares (sillones alrededor de mesas de centro de estilos distintos. Es el nivel donde se desarrollarán las acciones del lado B de los hechos. Los espectadores se instalarán ahí para asistir a la obra.

Escenario A: tres niveles distintos (unidades de tiempo y espacio) donde se desarrollarán las acciones del lado A de los hechos).

Estilo: Surrealismo y Barroco latino en el lado B, estética industrial tipo «Bauhaus» en el lado A.

Dos bastidores: uno en el lado A, otro en el lado B. En cada bastidor se muestran imágenes que reflejan en paralelo un inconsciente colectivo del mundo A y B.

Bastidor A: corbatas, carros, cuero, falos, cuadrados, relojes, boletas de ventas, dientes, botas, esquemas, iglesias, conceptos, desfiles militares, patrones, jueces, madres histéricas, índices, cadenas, monos enjaulados, medicamentos…

Bastidor B: niños traviesos, juguetes, risas, plastilinas, artistas en éxtasis, escenas de sueños, de adolescencia loca, orgasmos, espaldas que sudan, ositos de peluche, dulces, escenas de La bella y la bestia de Cocteau…

Todos los personajes, menos el Coro, ya están posicionados en el escenario B, inmóviles como estatuas del lado A, vestidos con uniforme gris y las caras cubiertas con pantis de nylon.

Acto 1 (Escenarios B y A)

CORO GRIEGO (Máscara de Tiresias, harapos de mendigo, bastón, capa oscura).

La realidad es demasiado cruda, hay que cocinarla.

Acá, (Se desplaza por el escenario B, haciendo grandes gestos) quemaremos hasta el último cartucho, los momentos entre amigos se ofrecerán a nuestras copas vacías.

Allá, (Sube a los escenarios A) todo amenazará con derretirse sin que los invitados se den cuenta. El ser social hará de tirano.

Acá, (Baja al escenario B) la ciencia no resistirá a la química de los cuerpos celestes.

Allá, (Vuelve a subir en A) el súper yo le ganará al oriente del yo.

Acá, (Vuelve a bajar en B) fraternizarán con sus demonios.

Allá, (Sube en A) obreros de construcción se abrirán paso en la ciudad entre los deseos masculinos y femeninos.

Acá, (Baja en B) se dejarán llevar por las tareas de los niños. Aunque todavía usarán armas contra el desorden del mundo fenomenal, excavándolo y depositándolo en un gran basural que bien podría ser una cuna gigante.

Allá, (Sube en A) los niños erotizados se abrazarán sobre la tumba de sus padres.

Acá, (Baja de nuevo en B) se harán cantantes de sus propias psicologías.

Allá, (Vuelve a subir en A) vivirán en el olvido de sus metamorfosis.

Acá, (Vuelve a bajar en B) harán la amistad, ocupación mil veces más agotadora que la de hacer el amor.

Allá, (Vuelve a subir en A) sus únicos crímenes consistirán en ser superficiales.

Acá y allá, la ficción le ganará a lo real.

(Saluda al público con el gesto de quien acaba de presentar la condición humana y, contento de sí mismo, como si fuese un mirliflor, se instala en el fondo del escenario B).

Telón negro.
7

MATERIAL PARA UNA BIOGRAFÍA

Carta de Clorinda Lira de Linares a Alina Lestonnat, Arequipa,

21 de diciembre de 1930

Querida prima Alina:

Recurro a ti hoy día como vengo a Dios. Necesito que me ayudes con mi hija Silvia. Tú sabes que no soy de las que suelen quejarse de un destino que siempre he considerado como don del Señor. Pero mi vida nunca ha sido fácil. Me tocó, para empezar, un marido inútil que, luego de años de sacrificios y rezos, logró por fin darme una hija. ¡Y qué hija! Si el demonio fuese mujer, te juro que le hubiera encantado criarla. Ya te hablé, creo, del sufrimiento que fue para mí el embarazo. Por la energía que me demandaba la niña, luego las patadas y el cordón enrollado siete veces alrededor del cuello; yo, mujer activa, tuve que quedarme los tres últimos meses en cama sin poder moverme, y casi me muero al dar a luz. Como reconocimiento, se me nace un 29 de febrero, fecha improbable entre todas y que solo regresa los años bisiestos. Como la bebe no dejaba de llorar sin razón, volviéndome loca, impidiéndome descansar durante nueve meses, y en esa época de vacas flacas, sin nadie para ayudarme, el marido siempre ausente, solo Dios sabe con quién andaba, jugando cartas o seduciendo a mujeres de mala muerte, consulté a una bruja quien relacionó los individuos nacidos un 29 de febrero con los gatos, esas criaturas del diablo. Decía que, como aquellos animales, los individuos nacidos en esa rara fecha tienen siete vidas, porque son repetidas las veces que salen indemnes de situaciones verdaderamente difíciles, que la conciencia de su peculiaridad es absoluta ya que notan desde muy jóvenes que su manera de entender el mundo difiere de la de los demás. Así como su verdadera fecha de nacimiento es un acontecimiento inusual y, por consiguiente, particular, tienden a considerar especiales ciertos aspectos de la vida que para los demás son corrientes. En el peor de los casos, el espíritu rebelde que los anima puede manifestarse en un proceder con marcados visos de infantilismo y desamparo. ¿Te conté entonces que a la niña le dio por darme ferozmente la contra a partir de los dos años de edad, desobedeciendo sin vergüenza y ya usando un vocabulario que Dios sabe dónde lo habría aprendido? Seguro de esa mulata de nombre Casilda que le servía de nana. Andaba con ella días y noches, corriendo por el campo con las ovejas y regresaba sucia y con la piel quemada. Hice todo lo posible para darle la buena educación que una niña de su rango social merecía. La vio el padre Martín en varias ocasiones, intentando imponer con fierro lo que con algodón no entraba. Pero la niña terrible siempre lograba escaparse y hasta desaparecía un día entero. A los cinco años de edad me pidió permiso para vivir sola y jaló de su dormitorio a la granja del frente toda una mudanza. A su padre le parecía gracioso y siempre tuve que luchar contra dos y no uno. A pedido de ella, él le leía a escondidas cuentos de terror e historietas para hombres, y se les escuchaba reírse en la granja hasta horas avanzadas de la madrugada. A los diez años, luego de haber cortado en dos todos los peces de la pileta, me aseguró tener una fascinación por la Condesa de Segur y querer aprender el francés para leer Las desgracias de Sofía en su idioma original porque, según ella, la traducción le habría dado al libro una nota moralista que seguramente no tenía. ¿Te imaginas, querida? Bueno, entonces fue por esa época que acudí a los Braillard-Claussen para que me recomienden a una maestra francesa particular, pues pensé que quizás esa era una posible solución a mis dificultades con Silvia. Además, por las exportaciones que generó la Gran Guerra, la situación económica se veía mejor y a Alberto se le dio por concretizar algunas de sus extravagancias. Puso luces en el patio de la hacienda en una época en que nadie tenía electricidad, y los viernes en la noche invitaba a todos los peones para un espectáculo gratuito de iluminación donde Silvia actuaba en francés las historietas que escribía. A todos les parecía gustar esas fiestas, pero a mí siempre me ha dado una vergüenza sin nombre y me escondía para no tener que presenciar tales manifestaciones de Satán. Debo admitir que el poco consuelo que tuve lo conseguí gracias a las visitas esporádicas en la hacienda de Don Prudencio Paz Soldán, representante y fundador de la Bodega Paz Soldán de Vítor que venía para cantarme las beneficencias del famoso «Brandy de Arequipa», que también se exportaba a toda Europa. Cada vez que venía, me regalaba una botella que degustábamos mientras conversábamos. Era un hombre culto y sensible que escribía poesía, y me hacía más dulces las veladas de mi marido. Pero la imaginación de Silvia parecía no tener límites en cuanto a sabotear planes. Se quejó la maestra francesa, una señorita católica de muy buena educación, de que la niña la maltrataba psicológicamente, contradiciendo cada libro que le hacía leer, con el pretexto de que no era literatura sino adoctrinamiento. Silvia la encerraba en el closet y se iba a hacer travesuras con los niños del pueblo. Un día, el padre Martín la encontró robando una bolsa de ostias en el tabernáculo de la capilla. Otro día la pescaron en la fosa común del cementerio jugando con huesos humanos. Tuve que ponerla de interna casi a la fuerza en el colegio de las monjas francesas Los Sagrados Corazones con la esperanza de que su larga experiencia en el campo de la fe y de los espíritus torcidos fuera eficiente. Por otro lado, te confieso que mis relaciones con su padre ya se habían vuelto más que escasas, no teníamos ningún interés en común salvo esta hija que yo consideraba como una extranjera en mi propia casa. Cuando a él se le ocurría visitarnos luego de largas ausencias, se iba a montar caballos con Silvia o se refugiaba en su habitación para excluirme de sus conversaciones, hablando en francés y riéndose a mis espaldas. En esa época otro escándalo vino a sacudir nuestras tierras como un terremoto: encontraron a Silvia y a la hija de un peón encerradas en un armario en el más simple aparato de Eva. Ella acababa de cumplir catorce años. Obviamente fue a la india a quien despedimos inmediatamente, pero todos sabíamos quién era la culpable. Entonces podrás entender qué alivio me dio la partida de Silvia.

Paso por alto los detalles de su estancia en Los Sagrados Corazones, fueron cuatro años de largas e intensivas negociaciones con la Madre Superiora, un espíritu de acero con corazón de hielo en cuerpo de piedra. Y si a Silvia no la botaron fue gracias a las generosas donaciones que mandábamos, así como a sus excelentes performances en el curso de francés y a las tareas de limpieza y renovaciones del convento que le daban por castigo.

Y allí va el motivo de ese largo preámbulo, querida prima. Ahora que por fin logró Silvia terminar la secundaria, entenderás que el único lugar en donde manifiesta el deseo de vivir es Francia. Tú solo la conociste de niñita, pero ella siempre te ha recordado, y ¡es increíble cómo habla de ti! Pareces ser el modelo de vida que quiere seguir, quizás sea por el carácter rebelde que tienen en común. Sabemos que te va muy bien por allá y que has conseguido, gracias a tu talento y el de Alfonso, una vida a la altura de tus grandes deseos artísticos. Yo también no he dejado de admirarte en secreto desde la infancia que compartimos, y confío en tus posibilidades de tener éxito donde nosotros hemos fracasado con Silvia. Obviamente, seríamos muy generosos contigo y muy al tanto de tus necesidades, hasta podríamos pensar en mandar a su nana con ella para que te ayude. Sabemos todos qué lujo es tener una empleada ahora en Europa. Podríamos hacer un intento de un año para empezar, ¿qué te parece?

En la espera de tu respuesta, me despido de ti, querida prima.

¡Que el Señor te bendiga!

Clorinda Lira de Linares
8
OBRA DE SILVIA LI
El jardinero. Revista Hojas Libres, Arequipa, 1927

El 21 de setiembre, en el Colegio Nacional de la Independencia Americana de Arequipa, siendo Director el Dr. Antonio Francisco Urrelo y con la activa participación del Profesor Augusto Prialé, se realizaron los Primeros Juegos Florales con ocasión de celebrarse la primavera. Es la primera vez que se realiza un evento literario de tal magnitud y trascendencia y dicho acontecimiento ha despertado ferviente entusiasmo en toda la provincia; conjuntamente se llevaron también a cabo elecciones para el Reinado de la Primavera.

Entre los trabajos presentados, resultó ganador el de la escolar Silvia Linares Lira del Cuarto Año de Media, en mérito a su poemario titulado El Jardinero.

En medio de una gran actuación artístico-cultural, en el Teatro de la ciudad, le ciñeron la testa con una corona de laureles como en las olimpíadas de la antigua Grecia y le fue entregada la Flor Natural por la señorita Mercedes Garto. Este triunfo de la escolar fue celebrado merecidamente en la ciudad de Arequipa.

EL JARDINERO
Por Silvia Linares Lira
¿Quién habré sido yo?, sin duda un jardinero
Yo no sé si fui hombre bueno o malo, solo fui un jardinero
Solo observé cielos, tierras, lunas y ramificaciones
¿Habré lastimado a algunos, empezando por mis padres?
A mi madre le decían la duquesa, hasta en sus decisiones
De conseguir rosas en épocas de las mimosas
Yo, siempre callada como la tierra, sembrando seres verdes
Ella, con flores de papel en sus grandes recepciones
¿Mis hijos me perdonarán la infamia que les habré causado?
¿O se dedicarán a mantener mi tumba con falso artefacto?
«Ni flor, ni corona», será mi último deseo
Quizás algunos poros y zanahorias creciendo en mi tumba
Para que piensen en mí comiendo ensalada
Ni cruz, ni mármol, una sola rama en un montículo de tierra
O mejor una fogata, y mis cenizas en el jardín detrás de la casa,
Mi cuerpo y alma como fertilizantes de mis amadas plantas,
Un polvito de estómago para que crezcan más verdes mis alcachofas,
Un soplo de corazón mío para que engorden mis tomates de invierno
Todo menos un barco de piedra pulida importada de Italia
Donde solo brillan un guion entre dos números y las letras de un nombre
Que, de hecho, todos habrán olvidado, dentro de poco.
9
MATERIAL PARA UNA BIOGRAFÍA Carta de Valentine Hugo a Silvia Li, 24 de noviembre de 1933

Querida Silvia,

Pensaba verla el sábado pasado en la rue du Château pero nos comentó Alicia que el regreso al Perú de su encantador amigo César la dejó tan deprimida que no solo dejó de visitarlos sino que tampoco contesta sus mensajes. No sabía que se había ido César y entiendo su pena: siempre me maravilló el talento innato de ustedes dos jugando con las palabras, la evidente afinidad entre ambos y esa intensa y contagiosa fuerza vital que los animaba. Espero que Man la esté acompañando para aliviar su pena y que pronto podamos disfrutar de nuevo de su presencia.

De haber estado con nosotros este sábado la conversación le habría devuelto algo de alegría pues, justamente, se habló de usted en términos muy elogiosos. Y quien abordó el tema fue nada menos que el mismo André al hacer un balance de las experiencias en las que usted siempre ha participado y poniendo énfasis en el atrevimiento de sus juegos poéticos, en su desbordante imaginación y, sobre todo, en su convicción de que para usted la poesía no es un arte sino una actitud vital. Sabiendo lo crítico e intransigente que suele ser André, sus declaraciones la convierten en la nueva musa del grupo y me agrada que así sea pues se lo merece ampliamente.

Ojalá esta breve nota la encuentre con mejor ánimo. Le ruego no nos deje más tiempo sin noticias pues su alegre juventud es un bálsamo en medio de las diatribas con las que nuestros hombres, demasiado convencidos de su genialidad, envenenan a veces las veladas.

Le abraza con mucho afecto,

Valentine
10

OBRA DE SILVIA LI

Cuadernos (1932)

(Traducción y anotaciones de Bárbara Román)

18 de enero

Conversación entre Bonnie y Clyde:

B: Me duele, me duele mucho.

C: ¿Qué es lo que te duele, mi niña? ¿Te golpeaste las rodillas en una mesa?

B: Sí.

C: ¿Y cuál era el sexo de la mesa?

B: Masculino, por supuesto. ¡Las mesas son siempre de sexo masculino, eso todo el mundo lo sabe!

C: No necesariamente, pero si vieras las mesas que yo tengo…

B: Creo que estamos entrampados en un callejón sin salida. ¿Qué será de nosotros?

C: No sé, de veras no tengo la menor idea… Aguzo el oído, pero no oigo ningún tac, tac, tac…

B: No entiendo, tienes que ser más claro conmigo, no jugar con las palabras, es lo menos que puedas hacer para mí…

C: Estoy hablando de las metralletas. ¡Están que vuelven a la carga!

26 de enero

Frases sueltas y apuntes:

–Los amigos son gente cuyo inconsciente se parece.

–Las amistades están hechas de robos sucesivos.

–Quisiera que mi corazón cambiara de llave.

–Número de teléfono de André Breton: Trinité 2833

–Leer a Benjamin Péret.

–Ellos también son tres: Breton, Eluard, Aragon. Los tres mosqueteros del surrealismo.

12 de febrero

Conversación con Clyde:

–Desear un mundo, es el fuego

–Tenerlo, es el humo.

–¿Y tenerlo y renunciar a él?, pregunto yo.

–Es la sabiduría.

–¿Y tenerlo y destruirlo?

–Eso es locura.

13 de febrero

Llueve. Tarde del domingo dedicada a inventar palabras con César en su pensión. Tendríamos que redactar un diccionario con ellas:

Pecufaniar33: (anagrama): esfuerzo mental y material para que Francia valga un Perú.

Tirapadres34: herramienta francesa y lúdica para librarse de padres peruanos.

César es el mejor lector traductor de mi alma. Tendrá que ser el único. Hasta el final.

21 de marzo

Para la llegada de la primavera Man me manda la foto de una flor con el siguiente poema:

Amo la hermosa flor de oro

Para tus cabellos, mi amor,

Y un lirio, para tu corpiño

¿O quieres otra flor?

Mis labios para tu beso.

Por supuesto teníamos cita… Estoy casi segura de que sigue en casa de Lee…

Odio las flores. Son tan… naturales. Haré una, ¡pero artificial! ¡Mataré a Lee y la escupiré en su tumba!

16 de abril

Conversación con Clyde:

Yo: ¿A tu parecer, fue un error acostarme de nuevo con Max35?

Él: No, no es un error, a no ser que le des demasiada importancia al asunto.

(Definición del error: darle demasiada importancia a algo).

Yo: Pero no funciona en el caso del amor (caso en el que se le da más importancia a algo). ¿El amor es un error?

Él: ¡Claro que no! Porque entonces pasas del campo de la moral al del sentimiento. Y en dicho caso se invierte el criterio de verdad y error: la verdad consiste en darle mucha importancia a algo. Amar es apostar a que hay algo tras la pared, una puerta, por ejemplo. El error consiste en golpearse la cabeza contra una pared y lo que se plantea entonces es la capacidad de evaluar si se está frente a una puerta o a un muro. Respecto a Max, sabes de antemano que se trata de una pared, ¿no es cierto?

Yo: Sí.

Él: Y en lo que a mí se refiere, deberías usar el mismo método, determinar si soy una puerta o una pared. Y también se trata de evaluar si las mordeduras son más importantes que las cosquillas…

Yo: Entonces, ya sé: ¡eres una puerta con candado!

25 de mayo

«En avril, ne te découvre pas d´un fil», «En mai, fais ce qu´il te plaît36». ¡Me encantan estos refranes franceses! Me quedan por lo tanto cinco días para hacer lo que me plazca. Le voy a pedir a Alice que experimente este juego que inventé para ella: el poetidiálogo37. Lo probé conmigo en su versión poetimonólogo y salió esto:

Yosilvia: Un corazón verde colgando como un mango

Yolice: todas las voces hembras en la linde del bosque

Yo: el bosque imantado se va a la deriva

Yolice: pechos liberados que voláis y cantáis

Yo: el pájaro de una sola ala ingresó en la casa…

Yolice: Al otro lado encontrarás

El sendero de aquellas praderas de las que te hablé

27 de mayo

Leo Alice en el país de las maravillas. Ahora sé por qué Alice se llama Alice…

«¿Podría decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

–Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar, contestó el gato.

–No me importa mucho el sitio…, dijo Alicia.

–Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes, respondió el gato.

–… siempre que llegue a alguna parte, añadió Alicia a modo de explicación.

–Oh, siempre llegarás a alguna parte —aseguró el gato—, si caminas lo suficiente».

28 de junio

«Pero ¿por qué escriben en francés?» —nos pregunta Alice—. «¡Qué tal manera de complicarse la vida!».

«Justamente por eso» —le contesto yo—. «Para complicarme la vida, es decir, para inventármela».

Igual que César, sé que no me publicarán en Francia porque no soy francesa, y aún menos en Perú porque habría que traducirme, pero a diferencia de César, yo no me quejo. Aún.

12 de setiembre

César se está amargando y eso no me gusta. Insiste en llamar a nuestro continente Cretinoamérica y no es nada bueno para su salud… ¡tampoco para la mía!

26 de noviembre
La pesca milagrosa

La pesca es un ejercicio fascinante. Hace que uno se hunda en una disposición interior, la de la espera silenciosa de un posible milagro. Nos reconcilia con nuestra infancia mediante un hilo.

Luego surge la idea de que todo es pesca y que la vida consiste en buscar la caña de pescar adecuada, el sitio más apropiado, la distancia exacta, el cebo universal y las orillas de un silencio. Y entonces uno se instala en la espera.

Sí, ya sé:

Escribir

Leer

Dictar clase

Soñar

Callarme

Hacer las compras

Imaginar

Festejar

Escuchar a mis amigos

Aconsejar

Preparar una maleta

Escoger un disco

Cocinar

Amar

Hablar en exceso

(Páginas arrancadas).
11

SOY NIWE (3)

Historia de Séraphine Le Piège grabada por Bárbara Román,

28 de febrero de 2000

Siete veces, me costaron para ver, hijita, como las vidas de los gatos… siete tomas de un brebaje asqueroso, viscoso, marrón, amargo, que parecía hecho de una sustancia viva crujiente, que no bajaba nunca, se quedaba ahí dando vueltas y vueltas en el estómago, mutando como para torturarlo y recordarle su eficiencia creativa. Nada salía. Por ningún lado. Yo ya solo era un estómago hinchado, inflamado, a punto de reventar. Una mujer estómago, hija. Y así me quedé tres días y tres noches interminables, torcida de dolor en la hamaca húmeda de esa selva mojada, incapaz de ingerir otra cosa que líquidos verdes y amarillos que me preparaba Silvia para hacerme dormir y soñar y evacuar. Al tercer día logré recordar una sensación similar. Tengo siete años, estoy en cama y mi mamá entra, como todos los días desde hace meses, para llevarme mi comida. Me duele el hígado y la cabeza sin parar desde hace un tiempo indefinible. Me he vuelto verde y amarilla. Toda amarilla. Dicen que me enfermé de hepatitis. Tengo que quedarme en cama hasta que se desinfle el órgano culpable y comer sano. Siento mucha cólera. Sin saber por qué. Mi madre aprovecha para molestarme más de lo habitual. Dice que por mi culpa tiene que quedarse en casa, que le hago la vida imposible, que fácil me enfermé a propósito. Está obligada a dictarme clases. No puedo ir a la escuela. Cada día la profesora le manda las tareas. Y como mi mamá no confía en nadie, dice que mejor que se encargue ella misma, ¡qué lástima! y que todo por culpa de mi padre que si bien lo podría hacer no lo haría porque nunca está en casa cuando se le necesita, entonces me tira el cuaderno a la cara y me pide que lo abra rápido y que más valga que haga los ejercicios sin error porque si no, me iré a dormir sin comer. ¡A mí qué me importa dormir sin comer, si no duermo y no como, y si ya estoy en la cama! Entonces hago los ejercicios bien, luego finjo comer y, cuando ella sale del cuarto dejando un apestoso olor a alcohol, saco el cuaderno y arranco las páginas gritando con toda la fuerza que tengo. Siento mucha rabia y mi hígado a punto de reventar.

Y las cinco primeras veces fueron así, hija, cada vez más asqueroso el líquido, cada vez más orgánico, monstruoso, sentía que tomaba su tiempo para volverse animal, para definir sus curvas y pensar la manera en qué me iba a atacar, a penetrarme, a violentarme, a poseerme. Todo era lluvia alrededor. Días y noches de lluvia. Silvia no hablaba mucho, solo decía que era normal, que todo era un proceso, que yo soy una cabeza dura, que con ella había pasado lo mismo, y luego se iba, dejándome sola en la maloca. Y escuchaba su risa de hiena que resonaba a lo lejos. Y la lluvia encima de todo. Y el tiempo que no pasaba.

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203 s. 6 illüstrasyon
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9786124699979
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