Kitabı oku: «Organización familiar en la vida urbana»

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Índice de contenido

Portadilla

Legales

Investigación de la organización de vida familiar cotidiana en el contexto urbano y su impacto en el desarrollo en la infancia media / Rebeca Mejía–Arauz

Rasgos y contrastes en las familias de hogares con hijos en infancia media en el Área Metropolitana de Guadalajara / Rocío Enríquez Rosas y Tania Zohn Muldoon

Organización de vida cotidiana de familias cuyas madres tienen trabajo remunerado. Estudio en cinco grupos socioculturales / Rebeca Mejía–Arauz, Gabriel Dávalos Picazo y Tania Zohn Muldoon

Redes de cuidado: género, generación y participación parental en familias con hijos en infancia media /Rocío Enríquez Rosas, Vanessa Medrano González y Margarita Maldonado Saucedo

Cuidado e inclusión de familias con hijos con y sin discapacidad, desde la perspectiva de derechos humanos / Leticia Celina Velasco Jáuregui

Concepciones parentales sobre la autoridad, el trato y el desarrollo socioemocional en la infancia media. Un análisis con familias de cinco grupos socioculturales en contexto urbano / Rebeca Mejía–Arauz y Luis Felipe Gómez López

Comparación entre las prácticas y estilos parentales de familias de tres grupos socioculturales de la Zona Metropolitana de Guadalajara / Liliana Castillejos–Zenteno y Rolando Rivera–González

La familia en la red / Francisco Morfín Otero

Habitar la ciudad: un derecho fundamental en el desarrollo humano infantil / Claudia G. Arufe Flores

Creencias culturales sobre el suicidio infantil en padres de familia del Área Metropolitana de Guadalajara / Teresita Morfín López y Luis Miguel Sánchez Loyo

Continuidad y cambios en la vida cotidiana de familias indígenas p’urhépechas de la ZMG /Lucía Alcalá, Rebeca Íñiguez Segura y Rebeca Mejía–Arauz

Reflexiones finales acerca de la vida cotidiana familiar y su relación con el desarrollo en la infancia media / Rebeca Mejía–Arauz

Acerca de los autores

INSTITUTO TECNOLÓGICO Y DE ESTUDIOS SUPERIORES DE OCCIDENTE, AC

BIBLIOTECA DR. JORGE VILLALOBOS PADILLA, SJ


Mejía-Arauz, Rebeca (coordinación)Organización familiar en la vida urbana : un análisis de su impacto en el desarrollo en la infancia media / Coord. de R. Mejía-Arauz. -- Guadalajara, México, 2020.ISBN 978-607-8616-98-5 (Ebook HTML)1. Niños – Guadalajara, Jalisco – Cuidado e Higiene. 2. Niños – Guadalajara, Jalisco – Condiciones Psicológicas. 3. Niños – Guadalajara, Jalisco – Condiciones Sociales y Culturales – Tema Principal. 4. Niños – México – Condiciones Sociales y Culturales. 5. Personas con Discapacidad – Guadalajara, Jalisco – Condiciones Sociales y Culturales. 6. Tarascos – Guadalajara, Jalisco – Condiciones Sociales y Culturales. 7. Familia – Guadalajara, Jalisco – Condiciones Sociales y Culturales – Tema Principal. 8. Familia – México – Condiciones Sociales y Culturales. 9. Relaciones Padres-Hijos – Guadalajara, Jalisco – Tema Principal. 10. Relaciones Familiares – Guadalajara, Jalisco. 11. Roles de Género – Guadalajara, Jalisco. 12. Doble Jornada – Guadalajara, Jalisco. 13. Economía Familiar – Guadalajara, Jalisco. 14. Internet – Guadalajara, Jalisco – Aspectos Sociales y Culturales. 15. Redes Sociales – Guadalajara, Jalisco. 16. Espacios Sociales – Guadalajara, Jalisco. 17. Vida Cotidiana – Guadalajara, Jalisco. 18. Suicidio – Guadalajara, Jalisco – Prevención. 19. Psicología Evolutiva. 20. Psicología Social. 21. Sociología Urbana. 22. Sociología de la Cultura. I. t.[LC] 305. 23130972352 [Dewey]

Diseño original: Danilo Design

Diseño de portada: Ricardo Romo

Diagramación: Rocío Calderón Prado

La presentación y disposición de Organización familiar en la vida urbana: un análisis de su impacto en el desarrollo en la infancia media son propiedad del editor. Aparte de los usos legales relacionados con la investigación, el estudio privado, la crítica o la reseña, esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, en español o cualquier otro idioma, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, inventado o por inventar, sin el permiso expreso, previo y por escrito del editor.

1a. edición, Guadalajara, 2020.

DR © Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, AC

Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO,

Tlaquepaque, Jalisco, México, CP 45604.

publicaciones.iteso.mx

ISBN 978-607-8616-98-5 (Ebook HTML)

Digitalización: Proyecto451

Nuestro especial agradecimiento a todas las familias participantes y a las niñas y niños entrevistados.

Agradecemos la colaboración de las instituciones escolares y otras instituciones de atención infantil, las cuales nos facilitaron el contacto con las familias para invitarlas a participar.

Agradecemos la colaboración y apoyo del Centro Integral de Rehabilitación Infantil A.C. (CIRIAC), institución que estuvo de acuerdo en no permanecer anónima.

Agradecemos de manera especial a nuestra institución:

A la Dirección General Académica por el financiamiento a los proyectos de investigación. Accedimos a este financiamiento a través de concurso publicado en la convocatoria de apoyo a la investigación 2016.

A la Dirección del Departamento de Psicología, Educación y Salud.

A la Coordinación de Investigación y Posgrado.

Damos un especial agradecimiento a Diego Carrandi Casillas e Irasema Viedas Madrid, asistentes de investigación, por su riguroso trabajo de campo y de sistematización.

Por su cuidadoso trabajo de campo, agradecemos a las asistentes de investigación:


Ariana BañuelosMiriam Pulido
Ana Lucía CamachoVanessa Toledo
Daniela HernándezTatiana Trujillo
Vanessa OrtizAna Luisa Valle

Por su empeñoso trabajo de apoyo en la investigación, a las becarias:


Sara García ToranzoErika Vázquez Castelán
Valeria Magaña PelayoEdith Rojas Quiñones
Lilia Gutiérrez García

Investigación de la organización de vida familiar cotidiana en el contexto urbano y su impacto en el desarrollo en la infancia media*

REBECA MEJÍA–ARAUZ

Resumen: Este libro presenta el resultado del trabajo de un grupo de investigadoras e investigadores de diversas disciplinas sociales, interesados en comprender la complejidad actual de la vida de las familias con hijos en la etapa de la infancia media que viven en el contexto urbano y las implicaciones que tienen sus condiciones de vida en el desarrollo de sus hijos o hijas. Para atender a esta problemática social se configuró un multiproyecto de investigación que aborda diversas dimensiones. La complejidad y alcance de esta investigación no permite presentar todos los resultados en un solo volumen sino un avance que, sin embargo, es lo bastante sustancioso para alcanzar a revelar las grandes dificultades que enfrentan cotidianamente las familias de diversos grupos socioculturales en el área metropolitana de Guadalajara y cómo sus variantes en condiciones, recursos, estrategias y estilos de vida impactan el desarrollo infantil.

Palabras clave: organización familiar, familias urbanas, desarrollo infantil, infancia media, variantes socioculturales.

LA VIDA URBANA DE LAS FAMILIAS Y EL DESARROLLO DE NIÑAS Y NIÑOS EN LA INFANCIA

Las condiciones de vida contemporánea, en especial en las zonas urbanas, son cada vez más complejas y presentan una diversidad de dificultades y vulnerabilidad para sus habitantes.

Debido a la idea de encontrar más servicios y mejores condiciones de vida, se van desarrollando las zonas urbanas como lugares de gran concentración de habitantes, con lo que se generan diversas problemáticas que se agregan al hacinamiento, entre estas encontramos la contaminación y la repercusión en los tiempos y distancias en los traslados para atender a las necesidades de la vida cotidiana, de tal manera que las condiciones de trabajo se ven vulneradas, en especial para el género femenino. Otras problemáticas que agregar a lo anterior serían la extrema inseguridad y violencia, o la falta de servicios básicos para algunos sectores de la población, así como la necesidad de espacios públicos seguros para la infancia.

Ante tal contexto, las familias van trasformando sus prácticas de vida cotidiana, sus formas de organización y distribución de tiempos para atender a las diversas actividades necesarias en la vida de sus miembros, afectando las formas de relación y la calidad de las interacciones que tal organización implica y permite, así como, en general, su estilo de vida, aspectos que pueden provocar efectos importantes en el desarrollo infantil.

Los estudios acerca de la vida de las familias han señalado las marcadas trasformaciones que se identifican actualmente en la composición de estas, en sus roles y en las responsabilidades de las familias y los hogares. Sin embargo, a nivel social, el modelo de familia tradicional y de estructura nuclear, compuesto por padre proveedor, madre ama de casa e hijos, sigue prevaleciendo como referente normativo y simbólico (Tuirán, 2001), a pesar de que, en la realidad contemporánea, la heterogeneidad de las familias presenta una diversidad de problemáticas que no han sido estudiadas de forma suficiente y para las que se requiere hacerlo, como lo señala Enríquez (2013, 2016).

La familia, en distintas regiones del mundo, sigue mostrando relaciones inequitativas entre los géneros. Lo mismo ocurre en el panorama latinoamericano y mexicano que tradicionalmente ha mostrado tal inequidad y donde, además, ahora se advierte el debilitamiento de la protección social tradicional que aportaba la solidaridad familiar.

En el plano laboral, la mujer, al igual que en otras partes del mundo, ha incrementado su participación en este ámbito, contribuyendo a la economía, pero en Latinoamérica, persiste la desigualdad que se muestra en la diferencia de salarios percibidos por hombres y mujeres para un mismo tipo de trabajo y jornada. Este es el caso de México (Martínez Jasso & Acevedo Flores, 2004) y en especial para el caso de Jalisco, el cual se encuentra entre los primeros tres estados con mayor brecha salarial de género (Instituto Nacional de las Mujeres, 2016).

En el caso de las madres de familia, su participación en el mundo del trabajo, con su consecuente contribución a la economía del hogar, implicaría un necesario reajuste en las responsabilidades y tareas del hogar, pero este no se logra percibir plenamente en nuestra sociedad. Como expresa Esteinou (citada en Enríquez Rosas, 2016; Enríquez Rosas & Zohn Muldoon, 2020), la familia patriarcal sigue prevaleciendo en México, por lo que, ante la permanencia de las mujeres en el mercado laboral en algunos estratos socioeconómicos, se presentan tres desafíos alternativos:

a) Se mantienen las orientaciones de valores tradicionales en las relaciones de género.

b) Los hombres mantienen una concepción tradicional mientras que las mujeres luchan por una división del trabajo más equitativa, lo que trae como consecuencia situaciones de tensión, conflicto y posible violencia.

c) Ambos miembros de la pareja modifican sus orientaciones de valor con respecto a la estructura de roles tradicionales.

En muchas de las familias en que las madres tienen trabajo remunerado, los roles van cambiando de forma tan gradual que se deriva en la generación de tensiones, conflictos y desgaste al interior de las familias. De ahí la importancia de investigar diversos aspectos alrededor de la organización de la vida cotidiana familiar, por ejemplo: cómo es la organización cotidiana y a cargo de quién o quiénes está; si en esta organización se han reconfigurado los roles con una redistribución de las tareas y responsabilidades familiares; si tal reconfiguración incluye la trasformación del rol del padre de familia en el hogar; así como identificar el impacto que la vida urbana tiene en las condiciones de vida diaria de las familias y en especial en las condiciones para el desarrollo de los hijos.

Las trasformaciones en las condiciones de vida cotidiana familiar se identifican en particular en las formas de enfrentar la vida, es decir a través de las estrategias y formas de organización familiar, las cuales se convierten en estilos de vida que a la larga crean condiciones para el desarrollo familiar e infantil con consecuencias importantes.

En diversas partes del mundo, existe desde hace años una preocupación en grupos y redes científicas acerca de las consecuencias inmediatas y a largo plazo que pueden tener las complejas condiciones de vida contemporánea en el bienestar físico y psicológico de las personas. En el caso de las familias con hijos, algunos de los cambios en las condiciones de la vida actual en las zonas urbanas que se pudieran asociar a las dificultades en el logro del bienestar son: la disminución de los tiempos de convivencia entre padres, madres, e hijos; el mayor aislamiento de las familias entre sí y, por lo mismo, el debilitamiento de sus redes de apoyo social, —tan necesarias para lograr la sobrevivencia, en especial en las familias que viven en pobreza—. Paradójicamente, se vive de manera aislada en una multitud de sistemas que conforman las zonas urbanas.

En cuanto al desarrollo infantil, la familia ha sido considerada el pilar y la responsable absoluta; sin embargo, desde fines del siglo XX se empezaron a advertir diversos problemas que no se circunscriben de forma exclusiva al ámbito del hogar y que afectan tanto al desarrollo familiar como al infantil, de forma particular a la etapa de la infancia media; por mencionar un ejemplo, el incremento en el bullying en el contexto escolar (véase por ejemplo Perales–Franco, Arias–Castañeda & Bazdresch–Parada, 2014).

La familia se mueve cotidianamente en diversos ámbitos, de manera que es importante considerar, en el desarrollo de la familia, la influencia de diversos contextos cotidianos de vida tanto en la familia, como una entidad, así como en cada uno de sus miembros (Bronfenbrenner, 1979). Sin embargo, en México es escasa la investigación del desarrollo familiar e infantil desde esta perspectiva ecológica y que toma en cuenta la variabilidad de los contextos en que participan las familias o sus miembros, y la diversidad de participantes más allá de los miembros de la familia que inciden también en el desarrollo en la infancia media.

En el caso del desarrollo infantil, el reporte anual del año 2012 del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, 2012) se enfatiza, como preocupación central, las condiciones de vida de niñas y niños en zonas urbanas. Este reporte indica que la mitad de las niñas y niños del mundo viven en áreas urbanas, al igual que ocurre en México que experimenta un incremento en la migración de las personas de áreas rurales hacia las ciudades más pobladas del país, razón por la cual la Unicef urge a atender a las condiciones de vida de la infancia en estas zonas. Sin embargo, tampoco en esto se encuentra investigación relevante en México, es decir, investigación que aborde cómo la vida en los contextos urbanos afecta las prácticas de vida de familias y niños, y cómo tales prácticas afectan su desarrollo psicológico y sociocultural. Es poco lo que se conoce acerca del impacto que tienen las dinámicas y organización familiar en estos aspectos críticos del desarrollo infantil, mucho menos se conoce qué influencia tienen otros contextos de vida cotidiana más allá del familiar, en las vidas y desarrollo de las niñas y niños urbanos.

En el caso del desarrollo infantil en México, una revisión extensa y cuidadosa de las investigaciones en este campo durante los últimos 20 años muestra un mayor énfasis en la investigación de la infancia temprana (de 0 a 5 años de edad), mientras que en el caso de la infancia media (entre 6 y 11 años de edad) se enfatiza la investigación de los desempeños escolares, así como alguna investigación acerca de los factores y las problemáticas relacionadas con la salud. Existe muy poca investigación en México que se enfoque al estudio de las variables críticas del desarrollo infantil en esta etapa, como lo son la cognición social, el desarrollo socioemocional y, en general, el desarrollo social (Mejía–Arauz, Toledo–Rojas & Aceves–Azuara, 2013) y cómo estos pueden afectarse según las condiciones de vida en diferentes entornos.

La complejidad de la vida actual, en particular en el entorno urbano, incide en las formas de relación y en las oportunidades de desarrollo familiar y, de forma más específica, en el desarrollo infantil. Por ejemplo, las exigencias del trabajo y de instituciones en que participan los diversos miembros de la familia pueden incidir en el modo en cómo los padres estructuran la vida de los niños; esto y sus propias concepciones y experiencias orientan sus formas de relación con los hijos a través de diferentes estilos de crianza. Dichos aspectos influyen en los tiempos que se dedican a la convivencia, o los tiempos que los niños pasan en otros escenarios no familiares y con otros adultos que intervienen en su desarrollo.

Esta organización familiar también puede tener repercusiones en las formas cotidianas en que niñas y niños participan en los ámbitos privados, familiar y escolar, y en los espacios públicos. Sin embargo, como ya se ha señalado, este es un aspecto que poco se ha investigado, no obstante que desde el discurso teórico académico y político existe un reconocimiento a la importancia de que los niños y niñas participen en las decisiones que afectan su propia vida y la vida de la comunidad en la cual viven.

VARIANTES SOCIOCULTURALES EN LAS PRÁCTICAS DE VIDA FAMILIAR Y EN LA CRIANZA

Las formas de relación y cuidado por parte de padres, madres y otros adultos cuidadores de niñas y niños pueden estar orientados por las concepciones que estos tienen acerca del desarrollo. Estas concepciones resultan, en gran parte, de las experiencias durante el propio desarrollo personal, así como de los aprendizajes formales y no formales y las prácticas compartidas culturalmente. Así, se pueden observar importantes diferencias entre comunidades indígenas, rurales y urbanas en las orientaciones, concepciones y oportunidades que los padres, familias y comunidades ofrecen para el desarrollo infantil. De igual manera, se podrán observar diferencias entre diferentes grupos de personas, cuyas prácticas culturales y estilos de vida varían, pero que comparten un mismo entorno, por ejemplo el urbano.

Muchas de las variantes, en las prácticas de vida y en las formas de crianza, están asociadas a las propias experiencias de vida trasmitidas a través de las generaciones, a las nuevas trayectorias que generan nuevas ideas y a los conocimientos adquiridos a través de las experiencias educativas y otras variables asociadas, por ejemplo, a las oportunidades y restricciones que conllevan diversas condiciones socioeconómicas (Mejía–Arauz, Keyser Ohrt & Correa–Chávez, 2013). Como señalan Rogoff, Najafi y Mejía–Arauz (2014), en los grupos o comunidades socioculturales, hay muchos aspectos que son compartidos, por ejemplo, la experiencia educativa, el coincidir en prácticas de vida diaria, las prácticas religiosas, el uso del lenguaje y muchos aspectos más que forman una configuración particular de prácticas. Estas autoras llaman a ello “constelaciones culturales”, proponen un enfoque de estudio de estas variantes en términos de prácticas de vida en lugar de focalizarse en categorías sociales aisladas como el nivel de ingreso económico o el grupo étnico.

Este es el sentido que tiene la identificación de ciertos grupos socioculturales que participan en la investigación que aquí se reporta, en los que ciertas variables y categorías que comparten las familias permiten configurarlas como grupo, por lo que tales variables se toman como indicadores de coincidencias más complejas en prácticas de vida, en estilos de vida.

EL PROYECTO DE INVESTIGACIÓN, OBJETIVO, DESARROLLO Y MÉTODO

En México existen diversos programas e instituciones cuyos objetivos declarados pretenden incidir en el desarrollo de las familias y los niños y niñas; sin embargo, es muy probable que su diseño, formulación e implementación concreta estén muy lejos de responder al problema del desarrollo infantil en toda su complejidad y que, en consecuencia, sus resultados sean de alcance muy limitado, tal y como lo documenta Mejía–Arauz (2015) al referirse a la organización de la participación de los niños en contextos institucionales.

Moreno Jaimes (2016), por su parte, señala que la relativa inefectividad y limitado alcance de las políticas públicas —en especial aquellas que persiguen fines sociales como el combate a la pobreza, la prevención de la violencia o la promoción del desarrollo humano de grupos vulnerables— no es un fenómeno exclusivo de México sino que es un hecho más o menos generalizado debido a múltiples factores: variables de tipo político que reducen el incentivo de los gobiernos para promoverlas (Scharpf, 1997, citado en Moreno Jaimes, 2016); la extraordinaria complejidad que caracteriza su proceso de implementación (Pressman & Wildavsky, 1973, citado en Moreno Jaimes, 2016), pero también por el profundo desconocimiento entre quienes las diseñan sobre las situaciones y comportamientos en los cuales pretenden incidir.

A fin de aportar al conocimiento más preciso de las situaciones actuales del desarrollo familiar e infantil, discutidas en las secciones anteriores, se planteó una investigación enfocada en la Organización familiar en la vida urbana: un análisis de su impacto en la infancia media. Por la complejidad de factores involucrados en esta problemática, la investigación aborda 16 temas que se especifican más adelante.

Como eje central, esta investigación se enfoca en identificar cómo se caracterizan las formas de organización de familias de diversas configuraciones familiares y de diversas características socioeconómicas y culturales en el contexto urbano; cómo esas formas de organización se relacionan con el desarrollo en la infancia media en los aspectos del desarrollo físico, cognitivo, emocional y social; así como en reconocer el impacto que tienen otras esferas y contextos, tales como las instituciones educativas y los espacios públicos en el desarrollo de los niños y niñas.

La investigación tiene como principal objetivo obtener evidencias del panorama actual familiar en el contexto urbano, para sustentar la necesidad de un cambio social y cultural de paradigmas en cuanto a la concepción de la responsabilidad del desarrollo infantil que recae principalmente en la familia, cuando en la sociedad intervienen también en el desarrollo infantil otras instituciones y actores más allá de lo familiar y lo escolar. También se trata de analizar y reflexionar sobre las implicaciones de esta problemática para señalar necesidades y plantear propuestas con el fin de mejorar la participación de las organizaciones privadas y públicas relacionadas de diversas maneras con las familias y el desarrollo infantil, así como de las autoridades gubernamentales que regulan, supervisan o financian programas y políticas que también buscan incidir en el bienestar familiar.

El proyecto de investigación se inició en agosto de 2016. Entre las problemáticas a investigar se incorporaron los 16 temas que se presentan enseguida:

1. La organización familiar cotidiana y las demandas de vida.

2. Las configuraciones familiares y su caracterización.

3. Las redes de cuidado en que se apoyan las familias, las nuevas paterni-

dades y los cambios en las relaciones de género y entre generaciones.

4. Las concepciones parentales del desarrollo situado en la infancia media.

5. Las prácticas parentales de crianza.

6. Las prácticas alimenticias familiares y el desarrollo físico infantil.

7. Condiciones de vida familiar relacionadas con estados de estrés.

8. La relación familia–escuela.

9. Las condiciones de vida de familias con un hijo con discapacidad.

10. Las condiciones de vida de familias con un hijo en albergue.

11. Las condiciones de vida de familias indígenas urbanas.

12. Las prácticas de la familia en la red.

13. Las familias en la ciudad, uso de espacios y servicios públicos y parti-

cipación ciudadana.

14. El desarrollo sociocognitivo y socioemocional en la infancia media.

15. Los factores culturales de riesgo suicida en familias e infancia.

16. La vivencia familiar de la violencia urbana.

Para abordar estos diversos temas y sus interconexiones se integró un equipo de 25 investigadores de varias disciplinas y especialidades con diferentes enfoques teórico–metodológicos; sin embargo, la confluencia entre investigadores y la configuración del proyecto, en general, sigue una perspectiva psico–socio–cultural. En esta perspectiva se considera que la interacción social no se da en un vacío social (Tajfel, 1981) sino que está situada, históricamente y en el contexto social y cultural, en que las personas interactúan.

Esta dinámica sociocultural incide en el desarrollo de los procesos psicológicos tanto cognitivos como emocionales, de ahí que al interactuar de acuerdo a las prácticas situadas social, cultural e históricamente, se dé una mutua influencia en el desarrollo psicológico y cultural (Vygotsky, 1978, 1986; Cole, 1999). Es en este sentido que se consideran las prácticas de vida de las familias, las cuales se dan de acuerdo a los contextos en que ocurren e interconectan los procesos sociales, culturales y psicológicos de quienes participan en ella, incidiendo así, en el desarrollo infantil.

Por la diversidad de temas, perspectivas disciplinares y necesidades de abordaje metodológico, esta investigación es a la vez multimétodo, es decir, se aplicaron métodos mixtos y método de contraste (una versión de método comparativo). Es multimétodo porque en algunos de los temas o subproyectos se siguen distintas metodologías que contestan preguntas de diferente naturaleza a partir de datos recolectados de forma independiente, por ejemplo, el caso de los datos relativos al estrés en familias y algunos datos sobre condiciones físicas y nutricionales, datos que a su vez se analizan con técnicas independientes, aunque los resultados de los diferentes subproyectos eventualmente se relacionan.

La investigación también incluye métodos mixtos, ya que la mayoría de los subproyectos se apoyan en estadística descriptiva básica para dar una visión de conjunto de variables cuantificables; para otros aspectos complejos de la problemática central que se estudian se utilizaron análisis cualitativo–interpretativos. Otros subproyectos, por el contrario, se apoyan prevalentemente en análisis cuantitativos con soporte complementario de análisis cualitativo–interpretativo.

Es también una investigación que sigue el método de contraste, ya que, para la mejor comprensión de las prácticas de vida de los diferentes grupos socioculturales participantes, el contraste entre ellos resulta en una mayor comprensión de lo que los caracteriza después de identificar las similitudes y diferencias entre grupos.

En cuanto a la perspectiva teórica general, el proyecto tiene un abordaje transdisciplinar desde su planteamiento, ya que el modo en que se enfoca el problema central solo puede plantearse desde una perspectiva compleja psico–socio–cultural que incluye las visiones antropológica, bio–psico–socio–cultural y de políticas públicas. Bajo esta perspectiva transdisciplinar, el conocimiento obtenido de la problemática a nivel empírico arroja una nueva comprensión integral y articulada del problema, resultado del diálogo entre los aportes de estas perspectivas teórico–metodológicas.

En este volumen, cada capítulo presenta los referentes teóricos pertinentes a la temática que aborda, pero el trabajo dialogado entre todo el grupo de investigadores, a lo largo de tres años con presentaciones semestrales de avances y juntas mensuales, ha influido en una comprensión transdisciplinar que se refleja en los análisis y conclusiones de los y las autoras de cada capítulo.

Los datos que se obtuvieron provienen de varias fuentes e instrumentos. La entrevista constituyó la fuente común y central. Se realizaron entrevistas semiestructuradas tanto a padres de familia (en su mayoría madres) como a sus hijos de entre 8 y 11 años de edad. Más adelante se detallan las características y tamaño de la muestra (véase tabla 1.2 Muestra de familias y niñas y niños participantes por grupo sociocultural). Estas entrevistas se audiograbaron con el consentimiento de los participantes y se trascribieron para su análisis.

Adicionalmente, los padres respondieron a una escala de estilos y prácticas de crianza, e identificaron, en un instrumento gráfico, su percepción de la imagen corporal actual y deseable del hijo o hija participante.

Los niños y las niñas de las familias participantes que estuvieran entre 8 y 11 años de edad, además de la entrevista, respondieron también a la escala de prácticas de crianza con relación a sus padres (padre y madre), se les aplicaron las subpruebas de vocabulario y de razonamiento perceptivo de la Prueba Wechsler de inteligencia para niños (WISC–IV) como indicadores de algunos aspectos del desarrollo cognitivo y una subescala de recursos socioemocionales de la prueba del Sistema para la Evaluación de Niños y Adolescentes (SENA).

La elección de las subpruebas se hizo tratando de eliminar, en la medida de lo posible, las ventajas de familiaridad cultural que implican estos instrumentos para algunos grupos sociales (en lenguaje, contenidos, materiales y tipo de protocolos que siguen las pruebas) tratando de contrarrestar factores de inequidad cultural, pero finalmente se corroboró que, para algunas poblaciones, como es el caso de las familias indígenas, estas pruebas son definitivamente inadecuadas. En relación al tema del desarrollo físico y nutrición, a niños y niñas participantes se les tomaron mediciones de peso y estatura.

Además de lo anterior, se invitó a las familias a participar en una actividad que se videograbó, la cual trata de identificar las diversas formas de interacción y participación entre los miembros de la familia.

LAS FAMILIAS PARTICIPANTES

Para identificar la diversidad de contextos de desarrollo familiar e infantil en la zona urbana de Guadalajara y las variantes entre ellos, se invitó a participar a familias que se agruparon en cinco grupos socioculturales. Las invitaciones se hicieron a los padres de familia con la mediación de varias escuelas y centros de atención infantil, por ejemplo, espacios de talleres extraescolares o deportivos, así como por interés directo de algunas familias que se enteraron del proyecto. En todos los casos, se informó que la participación era voluntaria y no tenía implicaciones con la relación entre familia y escuela o familia y centro de atención infantil.

Grupo sociocultural para el caso de esta investigación, refiere a familias que comparten una configuración interconectada de factores que se relacionan con sus condiciones y estilos o prácticas de vida (Rogoff, 2003, 2011).

Para entender las variaciones en los procesos culturales de desarrollo, resulta más útil identificar a los grupos de familias en términos de sus prácticas culturales que en función de categorías sociales más amplias (Rogoff, 2003, 2011; Rogoff, Najafi & Mejía–Arauz, 2014; Mejía–Arauz, Dexter, Rogoff & Aceves–Azuara, 2019). Pero también, los grupos configurados en términos de prácticas culturales compartidas se identifican con relación a la conjunción de diversas variables que se correlacionan tales como el nivel educativo y el ingreso (Nuru–Jeter, Sarsour, Jutte & Boyce, 2010), que en sí se relacionan con otras variables relevantes al estilo y condiciones de vida de las familias y que permiten tener una primera identificación para categorizar los grupos de familias.

En otras palabras, en el caso de dos de los grupos, estas variables (aspectos educativos, sociales y económicos) se toman como indicadores / observables o aproximaciones iniciales para detectar posteriormente en forma más detallada las configuraciones de prácticas culturales compartidas por personas que coinciden en tales indicadores / observables, es decir, esto se verifica o corrobora una vez que se obtienen los datos más específicos de estas familias.

En el caso de los otros tres grupos participantes en esta investigación, se tomaron en cuenta otras condiciones de vida compartidas al interior del grupo que también marcan variantes en sus prácticas de vida: por tener un hijo con discapacidad; por tener un hijo en albergue durante la semana; o por ser familias indígenas o de herencia indígena que se asentaron en zona urbana.

Esta correlación de factores aporta explicaciones variadas acerca de qué influye y en qué medida en las prácticas de vida cotidiana, especialmente en relación con las prácticas de organización de la vida familiar cotidiana y las prácticas de crianza y del desarrollo, temas centrales de nuestra investigación.

Nuru–Jeter, Sarsour, Jutte y Boyce (2010) identificaron una serie de predictores de salud y desarrollo en la infancia media con relación a factores de ingreso familiar, educación en los miembros de la familia, en particular de la persona que asume el papel de cuidadora principal, así como el estatus social determinado subjetivamente, y otros factores de riesgo social. En forma muy resumida, estos autores identifican como relevantes los siguientes factores:

1. Factores económicos, entre otros, por ejemplo, el ingreso familiar conjunto y una razón entre el ingreso y el número de miembros de la familia.

2. Factores educativos, en especial los grados escolares en años de la persona que asume el rol de cuidador o cuidadora principal.

3. Factores sociales, como el riesgo de la percepción de ingreso de la familia, el grado educativo más alto logrado en esta, si se trata de una familia biparental o monoparental, el número de niños en el hogar y la relación con factores de pertenencia étnica.

En el caso de esta investigación, interesan las variantes en las prácticas culturales de las familias, en particular de aquellas prácticas relativas a la crianza. Estos aspectos culturales de una familia no se circunscriben a la educación de los padres y otros factores económicos o sociales sino que en relación a la crianza, entre otras prácticas culturales, resultan relevantes, además de lo señalado, sus elecciones educativas para sus hijos, y el fomento de otras prácticas cotidianas educativas formales e informales de los hijos.

Por lo anterior, se incluyó como indicador la elección familiar de la educación de los hijos en términos ya fuera de educación pública o de educación privada de paga. En México, la calidad de la educación pública no es similar a la de países desarrollados, razón por la que el tipo de escuela, en términos de escuela pública o privada, puede ser un indicador no solo relacionado con la capacidad económica familiar sino también con las posibilidades de desarrollo educativo y social en la infancia media.

Además, siguiendo a Rodríguez Fernández (2012) se incluyó un indicador relacionado con la ocupación de los padres de la familia, pero solo como un factor complementario o de decisión en caso de que los primeros factores de educación parental, ingreso familiar y tipo de escuela de los hijos dificultara tomar una decisión clara acerca de la inclusión de alguna familia en alguno de los grupos socioculturales.

Siguiendo tales lineamientos, se identificaron dos grupos socioculturales que se determinaron bajo los criterios que se presentan en la tabla 1.1. Estos dos grupos son los denominamos grupo 1, familias con recursos educativos y socioeconómicos amplios (GP1 FRA); y grupo 2, familias con recursos educativos y socioeconómicos limitados (GP2 FRL).

Como indica la tabla 1.1, en el caso de las familias biparentales se tomó en cuenta no solo el nivel educativo de la persona cuidadora principal, quien usualmente es la madre (excepto en algunos casos excepcionales), sino también del padre, debido a que de igual manera es un factor que influye directa e indirectamente en el desarrollo infantil (Rodríguez Fernández, 2012).

Se tomaron en cuenta los factores especificados en la tabla anterior para estos dos grupos familiares, considerando satisfacer los criterios de por lo menos dos de los factores y solo para los casos de duda se incluyó la ocupación del principal proveedor de la familia. Por ejemplo, una familia podría corresponder al grupo 1, familias con recursos económicos y educativos amplios (GP1 FRA) por el ingreso económico, pero si la escolaridad de ambos padres y el tipo de escuela elegida para el hijo satisfacía los criterios del grupo 2, familias con recursos económicos o educativos limitados (GP2 FRL), entonces el caso pertenecería a este último grupo, aun sin que se satisficiera el criterio del ingreso. Se considera que estos factores forman parte de “constelaciones de prácticas culturales” relacionadas con decisiones que afectan el desarrollo infantil y la crianza (Rogoff, Najafi & Mejía–Arauz, 2014; Mejía–Arauz et al., 2019). Como ya se mencionó, además se incluyeron otros tres grupos socioculturales: grupo 3, familias con un hijo con discapacidad (GP3 FHD); grupo 4, familias con un hijo en albergue entre semana (GP4 FHA); y grupo 5, familias indígenas urbanas (GP5 FIU).

TABLA 1.1 CRITERIOS DE IDENTIFICACIÓN DE FAMILIAS EN DOS GRUPOS SOCIOCULTURALES


GP1 FRAGP2 FRL
1. Escolaridad parental o del cuidador o cuidadora principal:a. Promedio de escolaridad en familias biparentales.b. Escolaridad materna en familias monoparentales cuya jefa de familia es la madre, o escolaridad paterna en familias monoparentales en que el jefe de familia es el padre.c. Escolaridad de la persona cuidadora principal cuando esta no es la madre.≥12(Preparatoria terminada o más grados).< 12(Menos de preparatoria completa, 11 grados o menos).
2. Ingreso familiar: suma del ingreso reportado de los miembros de la familia que aportan al hogar (independientemente de cuánto aporten en total) (punto medio de la escala de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH), 2016 (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2016).≥ $12,000.00mensuales< $12,000.00De 11,999.00 o menos mensuales.
3. Tipo de escuela a la que va el niño o niña meta.Privada de pagaPública o privada gratuita
4. Solo en caso de que los tres factores anteriores presenten dificultades de decisión en cuanto a ubicación en grupo 1 o grupo 2, se tomará en cuenta la ocupación de los padres.Profesionistas, niveles gerenciales, directivos o empleados con mando: Grupos 1 a 4 del Sistema Nacional de Ocupaciones 2011 Sinco (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2011).Oficios, empleados de niveles sin mando:Grupos 5 a 9 del Sistema Nacional de Ocupaciones 2011 Sinco (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2011).

La tabla 1.2 incluye la muestra de familias participantes por grupo sociocultural, el número de madres y padres que participaron en las sesiones de entrevista, así como el número de hijos de estas familias, ya fueran niños o niñas, de edades entre 8 y 11 años participantes. Llama la atención que se ofrecieron voluntariamente a participar un mayor número de familias con niños que con niñas. Posteriormente se detallan las características de cada grupo sociocultural.

Originalmente se había planteado enfocarse solo en tres grupos de familias, (GP1 FRA, GP2 FRL y GP5 FIU) con muestras de 30 familias para cada grupo, pero al dar a conocer el proyecto en un colectivo que lucha por los derechos de niñas, niños y adolescentes, algunas organizaciones de la sociedad civil solicitaron que se incluyeran familias con hijo con discapacidad y familias con hijo en albergue. En estos dos casos, se invitó a investigadoras especializadas en las problemáticas correspondientes, quienes solicitaron llevar a cabo estudios de caso, por lo que las muestras se determinaron de 10 y 7 casos respectivamente.

En los grupos 1, 2 y 5 no fue posible conseguir las muestras deseables de 30 casos por grupo. Especialmente en el caso de familias indígenas urbanas resultó muy difícil conseguir su participación. Entre las razones que dificultaron el proceso, se encuentra el hecho de que las familias indígenas se muestran renuentes debido a la saturación, debido a la continua investigación que se hace de sus personas sin que de ello resulte ningún beneficio para ellos.

En los casos de los otros dos grupos (GP1 FRA y GP2 FRL), algunas familias no completaron todos los procedimientos de la investigación, pues a varias de las familias interesadas les resultó complicado debido a la agenda de su vida cotidiana, de manera que el tiempo calculado para la obtención de datos se triplicó hasta llegar al punto en que se debió aceptar la situación de que no se completaran las muestras deseables, con lo que el proyecto quedó conformado con un 76% de familias con respecto a lo que lo inicialmente se propuso.

Se invitó a participar en las entrevistas tanto a padres como a madres de familia; en algunas familias también se ofrecieron a participar las abuelas, o se les invitó expresamente cuando estas eran las cuidadoras principales o frecuentes de sus nietos.

La tabla 1.2 muestra el número de padres y madres participantes. En la mayoría de los casos solo fue entrevistada la madre de familia. En el GP1 FRA, de los 13 padres participantes, tres corresponden a familias monoparentales con jefatura paterna, en cuyo caso fueron solo ellos quienes respondieron a la entrevista y demás instrumentos. Los otros 10 son casos de padres que participaron junto con la madre de familia al realizarse la entrevista.

En el GP2 FRL, cinco padres de familia fueron entrevistados junto con la madre de familia; de forma similar, tres padres del GP3 FHD, y dos del GP5 FIU. En el GP4 FHA, en uno de los casos solo participó la abuela del niño en cuestión ya que ella es quien se hace cargo de él. En el GP2 FRL, en un caso, además de la madre, participó la abuela en la entrevista, y en otro de los casos participaron de la entrevista tanto la madre como la abuela y el abuelo. En el GP3 FHD, se cuenta, entre las 10 madres entrevistadas, una madre adoptiva.

TABLA 1.2 MUESTRA DE FAMILIAS Y NIÑAS Y NIÑOS PARTICIPANTES POR GRUPO SOCIOCULTURAL


* No se entrevistó a los niños con discapacidad. Solo a una hermana de uno de ellos, por ser un caso de especial interés.

CARACTERÍSTICAS DE LAS FAMILIAS POR GRUPO SOCIOCULTURAL
GP1 FRA, familias con recursos educativos y socioeconómicos amplios

En este grupo participaron 29 familias y 34 niños y niñas entre las edades de 8 a 11 años de edad; es decir, en cinco familias participaron dos hermanos dentro del rango de edad que señalamos, los cuales asistían a escuela privada de paga.

El promedio de grado escolar de los padres —considerando el promedio de ambos padres en familias biparentales o solo los grados escolares de la persona cuidadora principal del niño meta, por ejemplo, en familias monoparentales—, fue de 16.6 grados (rango 13–19).

El promedio del ingreso mensual del principal proveedor fue de $55,107.00 (rango $12,000.00–$300,000.00). Las familias en este grupo arrojaron un promedio de ingreso conjunto familiar de $76,864.00 mensual (rango $14,000.00–$300,000.00).

Las ocupaciones de los padres o de la persona principal cuidadora del niño o de la niña meta se ubicaron entre los niveles 1 y 4 del Sistema Nacional de Clasificación de Ocupaciones 2011 Sinco (Instituto Nacional de Geografía y Estadística [Inegi], 2011) que incluye: funcionarios, directores, jefes, profesionistas, técnicos, trabajadores auxiliares en actividades administrativas, comerciantes formales, empleados en ventas y agentes de ventas.

GP2 FRL, familias con recursos educativos y socioeconómicos limitados

Participaron 24 familias y 25 niños y niñas que en su mayoría asistían a escuelas públicas; solo tres de los casos asistían a escuela privada gratuita.

El promedio de grados escolares de los padres y madres de familia —calculado tal como se señala en la tabla 1.1— fue de 9.6 grados escolares (rango 2–16).

El promedio de ingreso mensual —bajo el criterio de ser igual o menor a $11,999.00 mensuales correspondiente a los niveles inferiores 1 al 5 de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH), 2016 (Instituto Nacional de Geografía y Estadística [Inegi], 2016)— fue de $8,753.00 en el caso del principal proveedor (rango $3,200.00– $20,000.00), con un promedio de ingreso conjunto de los miembros de la familia de $12,274.00 (rango $4,000.00–48,000.00).

Los tipos de ocupaciones de los padres o de la persona principal cuidadora del niño o niña participante se ubicaron entre los niveles 5 y 9 del Sistema Nacional de Clasificación de Ocupaciones 2011 Sinco (Inegi, 2011) que para este caso, incluyó trabajadores en servicios personales o de vigilancia, empleados de comercios pequeños, autoempleo de ventas menores, trabajadores artesanales, operadores de maquinarias, conductores, trabajadores de la construcción, empleadas domésticas y trabajadores en actividades elementales y de apoyo.

Las familias de estos dos grupos se contactaron a través de escuelas privadas, organizaciones laborales e instituciones que ofrecen actividades extraescolares para niños y niñas.

GP3 FHD, familias con un hijo con discapacidad

Este grupo se incluyó como respuesta a una solicitud del Centro Integral de Rehabilitación Infantil A.C. (CIRIAC), para identificar las dificultades especiales que enfrentan estas familias.

Se decidió que la muestra estuviera conformada solo por 10 casos y se enfocara en familias con hijo con discapacidad relativa a parálisis cerebral. Solo se entrevistaron a los padres o madres, no a los hijos, excepto el caso, que se refiere en la tabla 1.2, en el que la entrevista se realizó a la hermana de uno de los niños por ser un caso de especial interés por el grado de colaboración y ayuda que esta niña representa para la familia.

Este grupo incluye familias muy diversas en términos de los criterios de los grupos 1 y 2 en especial en términos educativos y de ingreso. El promedio de escolaridad de los padres o cuidadora principal fue de 14.45 grados escolares (rango 9–17).

El promedio de ingreso mensual del proveedor principal de la familia fue de $14,967.00 (rango $1,200.00–$44,000.00) y el promedio de la suma de ingresos familiares de $19,788.00 (rango $3,000.00–$44,000.00).

Las ocupaciones varían desde empleada doméstica hasta profesionistas de niveles gerenciales o de servicios profesionales como médicos u otros profesionistas altamente especializados.

GP4 FHA, familias con un hijo en albergue

Este grupo fue incluido también a solicitud de un albergue de estancia no permanente, para obtener mayor información acerca de las condiciones de vida de las familias que en el lugar se atienden. Con el interés de seguir un estudio de casos, se decidió que en este grupo la muestra fuera de siete familias, cada una con un niño participante.

En este grupo, los niños pasan los cinco días de la semana en el albergue y el fin de semana con su familia o con la cuidadora principal. En seis de los siete casos, la cuidadora principal, durante el fin de semana, es la madre, mientras que en uno de los casos es la abuela.

El promedio de ingreso mensual de la principal proveedora es de poco más de $6,700.00 (rango $2,800–$16,800), con un promedio de ingreso familiar mensual de un poco más de $13,000.00 (rango $2800–$20,400). El promedio de grados escolares de estas madres y abuela es de 10.14 grados (rango 6–16).

GP5 FIU, familias indígenas urbanas

Este grupo se eligió con el interés de dar cuenta de las variantes que viven estas familias, aun cuando en aspectos de ingreso y recursos educativos se pueden asemejar al grupo de familias de recursos limitados, sin embargo, por investigaciones previas se consideraba que habría diferencias en las prácticas culturales de vida y de crianza relacionadas con prácticas indígenas.

El grupo en particular se eligió bajo el criterio de que todas las familias tuvieran antecedentes o herencia de un mismo grupo indígena ya que sus prácticas de vida pueden variar entre diferentes comunidades indígenas. En este caso, participaron 10 familias de origen o herencia P’urhépecha de una comunidad o colonia en las orillas de la ciudad y 13 niños y niñas de estas familias. Las familias se contactaron con la ayuda de un grupo jesuita que realiza labor social en esta colonia.

En este grupo se redujo el contenido de la entrevista y no se preguntó sobre el ingreso económico, pero el nivel de escolaridad promedio de los padres de estas familias, incluyendo a una madre en una familia monoparental y en una ampliada, es de 5 grados escolares (rango 2–9).

Los contactos para invitar a las familias se hicieron a través de escuelas y otras instituciones relacionadas. Se enviaron comunicaciones informativas acerca de la intención de la investigación en donde se solicitó a los padres su participación voluntaria, así como la de sus hijos en el rango de edad entre 8 a 11 años. Una vez que la familia accedió a participar, se acordó una cita para visitarlos en sus casas.

Al inicio de la sesión acordada, se les leyó y solicitó que firmaran la carta de consentimiento informado que reiteraba la explicación de los motivos del proyecto, y se les aseguraba la confidencialidad.

En el caso de los niños y niñas, además de obtener primero el consentimiento de los padres, se les preguntó de forma oral si estaban dispuestos a participar y si estaban de acuerdo en que se grabara la entrevista. Tanto a padres de familia —en algunos casos también a otros participantes como las abuelas— como a niños y niñas se les indicó que podían no responder, o bien, interrumpir su participación en cualquier momento del proceso.

Las entrevistas se diseñaron con las variantes necesarias para aplicarlas a familias biparentales y monoparentales. En el caso de las familias monoparentales, no se preguntaron los datos del padre o madre que no formara parte del hogar familiar.

Las entrevistas para familias con hijo con discapacidad, familias con hijo en albergue y familias indígenas urbanas, incluyeron otras preguntas para obtener datos relevantes acerca de sus situaciones particulares de vida, datos que no eran pertinentes para los otros grupos de familias. Para no alargar demasiado la entrevista que de por sí era extensa, se tuvieron que eliminar algunas otras preguntas.

El tema del suicidio no se incluyó en el caso de las familias con hijo con discapacidad, pero sí en el caso de las familias de los otros grupos culturales. Dado que este tema es delicado, y se abordaba tanto con los padres entrevistados como con los hijos o hijas participantes, se obtuvo otro consentimiento en particular para esta sección de la entrevista.

El procedimiento de solicitud del consentimiento incluía, además de una explicación acerca de la relevancia de investigar este tema, una explicación acerca del tipo de preguntas para los adultos y de las preguntas que se harían a sus hijos, de tal manera que se pudiera tomar una decisión informada con respecto a que se incluyera esta sección en las respectivas entrevistas.

Los y las entrevistadoras recibieron un entrenamiento especial para abordar este tema, así como documentos de apoyo para las familias, en caso de que estas solicitaran información u orientación al respecto.

LOS RESULTADOS

En este libro, cada capítulo se enfoca en una problemática específica alrededor de la cual se presenta una perspectiva teórica que fundamente el análisis de los datos relativos a la problemática planteada. La investigación es mucho más extensa de lo que se puede presentar aquí, sin embargo, los capítulos reportan resultados sustanciosos que corroboran la relevancia del proyecto y la urgencia de dar cuenta de cómo son las vidas de las familias, a qué se enfrentan en su dinámica cotidiana, qué estrategias despliegan y cuáles son las consecuencias para las familias y sus miembros en términos de efectos de esta forma de vida en sus personas y en la interacción familiar.

En otras publicaciones se presentarán los resultados que no se pudieron incluir en el presente volumen debido a la extensión de esta obra.

Los tres primeros capítulos dan una visión de aspectos básicos y fundamentales de la vida cotidiana de los grupos de familias participantes en la investigación. Primero, se presenta una caracterización en términos de configuraciones familiares y otras variables relevantes. El capítulo siguiente da cuenta de la forma de cómo se organizan las familias cuyas madres tienen trabajo remunerado. El tercero analiza las redes de apoyo social a las que necesitan recurrir las familias para el cuidado de los hijos.

En seguida, se presenta un capítulo acerca del derecho al cuidado a partir de una comparación entre familias con hijo con discapacidad y familias que no tienen estas condiciones.

Posteriormente, se presentan dos capítulos en los que se abordan temas de crianza y desarrollo; uno, analizando las etnoteorías o concepciones parentales de la autoridad, trato a los hijos y su desarrollo socioemocional; mientras que el siguiente capítulo analiza las prácticas y estilos de crianza reportados por las madres y padres participantes.

Los subsiguientes dos capítulos abordan temas actuales de la vida familiar, como son las prácticas y preocupaciones familiares en el uso de la Internet y cómo habitan las familias los espacios públicos en la ciudad. El capítulo que sigue a estos dos se enfoca en los factores de riesgo de suicidio en los niños.

Finalmente, se aborda la vida en la ciudad de las familias indígenas, las trasformaciones y continuidad en sus prácticas de vida en contraste con tradiciones comunitarias de su grupo cultural de referencia. Se cierra este volumen con algunas reflexiones e implicaciones de estas contribuciones.

Para entrar en más detalles, Enríquez y Zohn Muldoon, en el capítulo “Rasgos y contrastes en las familias de hogares con hijos en infancia media en el área metropolitana de Guadalajara”, estudian, desde la socioantropología de la familia y de la terapia familiar sistémica, la heterogeneidad de las configuraciones familiares. Además, las autoras profundizan en rasgos de las familias participantes, los cuales son clave en la forma en que se estructuran las interacciones, las jerarquías intrafamiliares, y cómo esto se relaciona con la organización cotidiana.

Los hallazgos apuntan a señalar la gran necesidad que hay de diseñar políticas públicas y programas sociales que incluyan las diversas formas en las que las familias urbanas contemporáneas con hijos en infancia media se estructuran, para que con ello se pueda hacer frente al acontecer cotidiano. Este capítulo permite una comprensión más extensa e integrada de las temáticas y análisis que presentan los capítulos siguientes.

Si bien, la investigación realizada incluye familias de diversas composiciones con hogares biparentales, monoparentales, ampliados, reconstituidos y compuestos, y en estas familias hay padres y madres que tienen trabajo formal remunerado y hay otras familias en que las madres se autoemplean o se dedican al trabajo del hogar y del cuidado de los hijos, resulta importante distinguir las complejidades y dificultades de los hogares en que la madre de familia tiene trabajo remunerado. En estas familias se centra el capítulo de Mejía–Arauz, Dávalos Picazo y Zohn Muldoon en el que se caracteriza a este tipo de familias en los cinco grupos socioculturales, para luego examinar, con mayor precisión, la organización de su vida cotidiana, enfocándose en algunos aspectos que influyen en la organización del tiempo y de las actividades familiares, como la jornada laboral y otras características del trabajo y la vida diaria de madres y padres de familia.

A partir de lo anterior, se contextualiza el análisis cualitativo de la organización de dos aspectos fundamentales de la vida cotidiana de estas familias: la atención a los hijos y el mantenimiento del hogar.

Los hallazgos resaltan la doble jornada laboral de las madres, la del trabajo formal y el trabajo no remunerado que implica el cuidado de los hijos y del hogar. Las reflexiones de las autoras y el autor señalan esto como un desbalance sociocultural en donde las prácticas y tradiciones se modifican significativa y positivamente con la aportación femenina a la economía, pero se estancan inequitativamente en la distribución de las tareas del cuidado de los hijos y del hogar, con una mínima e incipiente incorporación de algunos padres en estas tareas.

Este capítulo da pie a una mejor comprensión de la complejidad de la vida cotidiana familiar en el contexto urbano y ayuda a entender la gran necesidad que tienen las familias de contar con el apoyo de otras personas, ya sean familiares, amistades, vecinos, u otros vínculos que forman la red de cuidado de las familias.

En este último aspecto mencionado se enfocan Enríquez, Medrano y Maldonado en el capítulo “Redes de cuidado: género, generación y participación parental en familias con hijos en infancia media”.

Estas autoras descubren que las nuevas configuraciones familiares van generando nuevos estilos de crianza y cuidado en donde se empieza a notar cierta trasformación en la participación de los padres (varones) en el cuidado de los hijos, sobre todo en familias en que los padres tienen mayor nivel educativo. Sin embargo, estas incipientes trasformaciones no son suficientes.

Las autoras dan evidencias de que sigue prevaleciendo la feminización del cuidado, con la madre como principal responsable, pero cada vez más con la ayuda de los abuelos, especialmente la abuela materna, por lo que señalan la fragilidad de estas redes que tienen a un adulto mayor en el cuidado de los nietos y la consecuente gran necesidad de una mayor participación por parte del estado y otros agentes sociales para apoyar estas condiciones familiares.

Siguiendo con el tema de cuidado infantil, Velasco Jáuregui presenta un análisis, desde la perspectiva de los derechos humanos, de las condiciones de vida de familias que tienen un hijo con discapacidad, en contraste con familias que no están en esta condición.

La autora argumenta, desde la legislación y las convenciones internacionales aceptadas por México, cómo el estado no atiende o proporciona las condiciones necesarias para que las familias de niñas y niños con discapacidad puedan hacer uso de sus derechos y logren mejores condiciones de vida. El contraste con las familias con hijos que no tienen esta condición, se analiza en cuanto a las condiciones materiales, económicas, de servicios de salud y psicológicos con los que deberían contar estas familias.

Los dos capítulos siguientes se adentran en una temática más específica relativa a la crianza de los hijos.

En el capítulo “Concepciones parentales sobre la autoridad, el trato y el desarrollo socioemocional en la infancia media. Un análisis con familias de cinco grupos socioculturales en contexto urbano”, Mejía–Arauz y Gómez López analizan las etnoteorías parentales de autoridad y trato a los hijos, y las relacionan con la manera en que los padres conciben y atienden algunos aspectos del desarrollo socioemocional de sus hijos en la etapa de la infancia media.

Entre los hallazgos, se detectan variantes entre grupos socioculturales en un continuo que va desde padres con autoridad y trato vertical y estricto, a padres con flexibilidad en la autoridad y consideración en el trato a sus hijos.

Los autores analizan también las concepciones parentales del desarrollo socioemocional en los aspectos de sociabilidad, afecto y desarrollo del carácter, y reflexionan en las implicaciones que tienen la autoridad, el trato y el desarrollo socioemocional en el desarrollo en la infancia media.

Por su parte, Castillejos–Zenteno y Rivera–González analizan las percepciones que tienen los padres y madres, de tres de los grupos socioculturales, acerca de sus prácticas parentales de crianza, y las percepciones que reflejan los hijos de estas familias acerca de las prácticas de crianza de sus padres. Especialmente interesantes son los resultados relativos a la percepción de una mayor frecuencia de prácticas coercitivas en familias de menores recursos, en contraste con prácticas que promueven mayor autonomía en las de mayores recursos, corroborando algunos de los resultados del capítulo de Mejía–Arauz y Gómez López, pero discrepando de los resultados del capítulo de Alcalá, Íñiguez Segura y Mejía–Arauz en algunos aspectos de las prácticas de crianza de familias indígenas urbanas.

Por otra parte, resalta el trabajo que se reporta en este capítulo, basado en la observación de prácticas de interacción parental a partir de videos de una actividad familiar de la vida cotidiana, mismo que aporta una mirada externa a los intercambios dados al interior de las familias.

Los siguientes dos capítulos ubican sus temáticas en dos aspectos sumamente relevantes de la problemática de la vida cotidiana actual de las familias urbanas. Se trata de cómo viven las familias su actividad en la Internet, especialmente con respecto a cómo orientan estos padres a los hijos en la infancia media al respecto y, por otra parte, cómo viven los espacios públicos en la ciudad.

El capítulo de “La familia en la red”, de Morfín Otero, da cuenta de cómo las familias de todos los grupos socioculturales que participaron en la investigación son en mayor o menor medida, usuarias de la Internet. Las familias con hijos en edades comprendidas en el periodo de la infancia media, hacen uso de la Internet, indica este autor, como medio de comunicación, de entretenimiento y de acceso a información educativa o de aprendizaje formal o informal.

El autor encuentra evidencias de que las familias asumen la red digital tanto como un riesgo para sus hijos en cuanto al tipo de información al que pueden llegar a encontrar, como algo útil y necesario para la actividad educativa y de aprendizaje. Resultan especialmente interesantes los dos estilos parentales que este autor detecta en cuanto al modo en que estas familias tratan de enfrentar los riesgos. El autor discute la conveniencia de diseñar propuestas y estructuras de acción para aprender a estar conectados y para el aprendizaje por medios digitales.

Por su parte, Arufe Flores enfoca su capítulo en el derecho de familias y niños y niñas a habitar la ciudad, pero descubre que este acceso varía dependiendo de los recursos económicos de las familias, es decir, hay claras diferencias entre las familias de los diferentes grupos socioculturales para acceder a los espacios públicos. En este sentido, la autora señala un déficit en el desarrollo humano infantil con relación a la autonomía y los sentidos de pertenencia, identidad y colectividad que la ciudad propicia, por lo que cuestiona las políticas públicas y programas asociados que se esperaría que fomentaran equitativamente el acceso a los espacios públicos.

En una línea diferente, pero igualmente relevante, Morfín López y Sánchez Loyo, en su capítulo “Creencias culturales sobre el suicidio infantil en padres de familia del área metropolitana de Guadalajara”, alertan sobre el incremento de las conductas suicidas en niñas, niños y adolescentes en México, situación ante la cual se manifiesta ignorancia o falta de atención por parte de las autoridades, al igual que desatención por parte de investigadores.

Por lo anterior, el análisis de respuestas de los padres y madres entrevistados a preguntas diseñadas a propósito de este tema contribuye a su comprensión, ya que identifica dos aspectos que se revelan en las creencias de estos padres de familia participantes: uno, relacional, centrado en la familia, el cual refiere a la falta de atención y amor de los padres hacia los niños; y otro, desde una perspectiva individual que mencionan la soledad, la depresión y sentimientos de abandono en los niños.

Estos hallazgos, independientemente de que sean creencias de las familias, se conectan —de nuevo— con la idea de que las familias asumen la responsabilidad total del desarrollo familiar e infantil, dejando de lado en sus creencias la participación del estado mexicano y de la sociedad en la prevención de un problema multifactorial y complejo. Esta responsabilidad total del desarrollo familiar e infantil es inviable ante la diversidad de tareas y actividades familiares afectando el cuidado y la atención a los hijos.

La presentación de resultados se cierra con el trabajo de Alcalá, Íñiguez Segura y Mejía–Arauz, el cual se enfoca en el análisis de las entrevistas realizadas con familias indígenas urbanas. Estas autoras analizan la vida de un grupo de familias p’urhépechas asentadas en el área metropolitana de Guadalajara, para dar cuenta de la resiliencia que estas familias muestran ante las dificultades que enfrentan al adaptarse a este contexto; resiliencia sustentada en los valores característicos de su herencia cultural indígena y motivada por la búsqueda de empleos para padres y madres, así como de una mejor educación para sus hijos.

Siguiendo el paradigma de aprendizaje por medio de la observación y el acomedirse en la familia y la comunidad (LOPI) de Rogoff (2014) (veáse también Rogoff, Mejía–Arauz & Correa–Chávez, 2015), las autoras detectan la forma en que estas familias mantienen la organización social comunitaria originaria de su grupo cultural de referencia con respecto al sistema de mayordomía como una forma de mantener la identidad cultural, la cual, sin embargo, trasforman respondiendo a la dinámica de su actual comunidad.

Por otra parte, a nivel intrafamiliar, las autoras identifican la persistencia de formas de interacción entre los miembros de la familia que favorecen en los hijos el desarrollo de la autonomía y aprendizajes por medio de la observación y participación. Con relación a las dificultades que viven estas familias, estas autoras señalan la escasa labor de las instituciones para facilitar a los migrantes indígenas la vida en el contexto urbano.

Como se puede notar, hay una interconexión densa entre las diversas temáticas de los capítulos. Un eje que atraviesa a estos, además de las diversas condiciones familiares ligadas al desarrollo infantil, es la reflexión que hacen las y los autores respecto del papel de diversas instituciones privadas y del estado en cuanto a la urgencia de contar con políticas públicas y programas sociales que respondan eficazmente a la gran complejidad y dificultades que viven las familias en el contexto urbano contemporáneo.

El capítulo de cierre, correspondiente a las reflexiones, sintetiza e integra estas discusiones y propuestas bajo la propuesta de la necesidad urgente de un cambio de concepción y paradigma social y cultural acerca de las vidas y responsabilidades familiares.

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Rasgos y contrastes en las familias de hogares con hijos en infancia media en el Área Metropolitana de Guadalajara (*)

ROCÍO ENRÍQUEZ ROSAS

TANIA ZOHN MULDOON

La familia es una de las instituciones de referencia más importante

para las personas, tanto en sus biografías

como en sus proyectos de vida.

IRMA ARRIAGADA (2007).

Resumen: El objetivo de este estudio es caracterizar y contrastar las configuraciones familiares de hogares de cinco grupos socioculturales: grupo 1, familias con recursos educativos y económicos amplios (GP1 FRA); grupo 2, familias con recursos económicos y educativos limitados (GP2 FRA); grupo 3, familias con hijos con discapacidad (GP3 FHD); grupo 4, familias con hijos en situación de albergue (GP4 FHA) y grupo 5, familias indígenas urbanas (GP5 FIU). El análisis incluyó las siguientes categorías transversales: configuración familiar, tamaño del hogar, estado civil de la jefa, jefe o ambos, jefatura declarada del hogar, jefatura de hecho del hogar, jefatura económica del hogar, ciclo vital familiar y ciclo doméstico del hogar. La problemática a tratar es la heterogeneidad de las configuraciones familiares en el entorno urbano contemporáneo en México y su relevancia para la comprensión de las formas de organización familiar en hogares con hijos en infancia media. Se trata de un acercamiento interdisciplinario en el que se incorporan elementos de las perspectivas de la socioantropología de la familia y de la terapia familiar sistémica. Los hallazgos se representan en tablas que concentran los resultados de los distintos grupos, a partir de ello, se elaboran las interpretaciones a la luz de los datos y de la literatura citada en el apartado correspondiente. La heterogeneidad familiar es una constante en los resultados, los cuales ponen de manifiesto la imprescindible necesidad del diseño de políticas públicas y programas sociales que incluyan las formas creativas contemporáneas en las que las familias urbanas, con hijos en infancia media, se estructuran para hacer frente al acontecer cotidiano.

Palabras clave: familias mexicanas, configuraciones familiares, jefatura del hogar, ciclo vital de la familia, desarrollo familiar.

HACIA UNA PROBLEMATIZACIÓN DEL FENÓMENO FAMILIAR EN MÉXICO: ANTECEDENTES Y PROPUESTA TEÓRICO–METODOLÓGICA

Para Giddens (2000), las trasformaciones más importantes se gestan en el mundo de vida íntimo de las relaciones familiares y de pareja. Es en este ámbito en donde el sujeto se interroga a sí mismo sobre sus vínculos, y es también el espacio social donde se están gestando las trasformaciones más importantes a nivel mundial y con tendencias diferenciadas de acuerdo a las distintas regiones, “Hay quizás más nostalgia de refugio perdido de la familia que de ninguna otra institución que hunda sus raíces en el pasado” (Giddens, 2000, p.67). Por su parte, Therborn (2007), experto en el estudio del fenómeno familiar, considera que las expresiones, tipos y tendencias de las familias actuales se decantan en: complejidad, contingencia y contradicción. La complejidad tiene que ver con la copresencia y entrecruzamiento de formas familiares; la contingencia se refiere a las relaciones, debido a las posibilidades actuales para ello, y la contradicción se lleva a cabo entre preferencias, recursos y situaciones. Giddens (2000) afirma:

[...] la posición de los niños en todo esto es interesante y algo paradójica. Nuestras actitudes hacia ellos y su protección han cambiado radicalmente en las últimas generaciones. En parte, apreciamos tanto a los niños porque se han vuelto mucho más escasos, y porque la decisión de tener un hijo es muy distinta de lo que era en generaciones anteriores. En la familia tradicional los niños eran un beneficio económico. Hoy, por el contrario, en los países occidentales un niño supone una gran carga económica para los padres. Tener un hijo es una decisión más concreta y específica que antes y está impulsada por necesidades psicológicas y emocionales (pp. 73–74).

Este sociólogo, intelectual contemporáneo, pone sobre la mesa de debate lo que significa tener descendencia en la sociedad contemporánea y también alude a un aspecto central, la democracia en la familia: “En una democracia de las emociones, los niños pueden y deben ser capaces de replicar” (Giddens, 2000, p.77).

Hablar de fomentar una democracia emocional no implica debilidad respecto a los deberes familiares, ni sobre las políticas públicas hacia la familia. Democracia significa aceptación de obligaciones, además de derechos protegidos en la ley. La protección de los niños tiene que ser el rasgo primario de la legislación y la acción pública (Giddens, 2000, p.77).

Dada la importancia de los niños y niñas, y en virtud de que están en el centro de la investigación macro que abriga este trabajo, es necesario problematizar el fenómeno familiar; esto implica distinguir entre el concepto de familia y el concepto de hogar. La familia es reconocida, por los estudiosos de este campo en las ciencias sociales y humanidades, como una categoría cultural, y el hogar, como una categoría analítica.

En la región latinoamericana y en particular en México, el predominio de los hogares es familiar, si bien, hay hogares no familiares, su porcentaje es menor (Selby, Murphy, Lorenzen, Cabrera, Castañeda et al., 1994). De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) (2019), de cada 100 hogares familiares, hay 70 nucleares, 28 ampliados y un hogar compuesto. Con respecto a los hogares no familiares, de cada 100, 93 son hogares unipersonales y siete son hogares corresidentes.

Selby, Murphy, Lorenzen, Cabrera, Castañeda et al. (1994) describen las relaciones ideales al interior de los hogares mexicanos y concluyen en coincidencia con González de la Rocha (1994), García (1998), de Oliveira (1998), Salles (2001), García y de Oliveira (2006b), Jelin (2007); Giddens (2000), entre otros, sobre el entendimiento de los hogares como escenarios sociales saturados de contradicciones, donde se reproducen las ideologías dominantes sobre los papeles sexuales y, por ende, el sistema patriarcal. Al respecto, Díaz–Guerrero (1974) encontró, desde la década de los años sesenta, mujeres mexicanas con estudios de secundaria que mostraron pautas de comportamiento en transición en relación a los roles tradicionales de género, a su posible participación en el mercado de trabajo, así como la confrontación del rol del varón y de la sumisión total.

La complejidad de las familias exige establecer marcos de referencia y criterios de clasificación para su comprensión. En el contexto latinoamericano, tomando en cuenta la información de las encuestas de hogares y las lógicas de parentesco entre las personas con respecto a la jefatura de hogar declarada, se distingue entre los hogares unipersonales y los hogares sin núcleo, es decir, hogares en donde no hay un núcleo conyugal y con hijos, aunque es posible ubicar otras relaciones de parentesco.

Por otra parte, en cuanto a la tipología de familias, se reconocen las familias extendidas (padre o madre o ambos con o sin hijos y otros parientes), las familias compuestas (padre o madre o ambos, con o sin hijos, con o sin otros parientes y otras personas no parientes, sin incluir el servicio doméstico que vive con la familia ni sus familiares).

También, se encuentran las familias biparentales, la pareja con hijos o sin hijos y las familias monoparentales, solo uno de los padres, en general, la madre e hijos (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2005). Estas diversas “configuraciones familiares” dan cuenta de la complejidad de cercar analíticamente el fenómeno familiar, así como de la necesidad de crear consensos para poder mantener las comparaciones entre casos nacionales y regionales.

También se analiza a los hogares tomando en cuenta la fase en la que se encuentran, así, se cruzan los datos referentes a la estructura de los hogares con la fase específica que atraviesan, la cual tiene que ver con el “ciclo doméstico”, categoría central que ha sido ampliamente analizada por González de la Rocha (1994).

Desde la clasificación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) (CEPAL, 2005, p.11) las fases son:

1. Pareja joven sin hijos: pareja que no ha tenido hijos, donde la mujer tiene menos de 40 años. 2. Etapa de inicio de la familia: corresponde a la familia que solo tiene uno o más hijos de 5 años o menos. 3. Etapa de expansión: corresponde a aquella familia cuyos hijos mayores tienen entre 6 y 12 años (independiente de la edad del hijo menor). 4. Etapa de consolidación: se refiere a las familias cuyos hijos tienen entre 13 y 18 años de edad, o en los que la diferencia de edad entre los mayores y los menores es típicamente en torno a 12–15 años. Es probable que en esta etapa del ciclo vital familiar se concentre también la mayor proporción de familias reconstituidas, debido a que las grandes distancias de edad entre los hijos mayores y menores podrían deberse en algunos casos a la existencia de nuevas uniones con hijos pequeños. 5. Etapa de salida: familias cuyos hijos menores tienen 19 años o más. 6. Pareja mayor sin hijos: pareja sin hijos donde la mujer tiene más de 40 años.

Las etapas del ciclo doméstico relacionadas con la expansión y la consolidación están íntimamente ligadas a una mayor demanda sobre los recursos familiares y mayor número de miembros económicamente dependientes (CEPAL, 2005).

Así como desde las ciencias sociales se plantea el ciclo doméstico como un concepto central para dar cuenta de las etapas por las que atraviesan los hogares, sus dinámicas internas y sus economías domésticas, también, desde aproximaciones psicológicas y particularmente desde la terapia familiar sistémica, se plantea el concepto de “ciclo vital familiar” y se asume que la familia no es un sistema estático; vive en un proceso de continuo cambio y movimiento, al igual que otros sistemas sociales de los cuales forma parte (Carter & McGoldrick, 1989).

El planteamiento central de la noción de desarrollo familiar es que estos sistemas se trasforman en su conformación y funcionamiento a lo largo del ciclo vital, en una serie de etapas evolutivas (Falicov, 1991). El grupo familiar, oscila entre momentos de cambio y otros de conservación (Minuchin & Fishman, 2004). Para estos autores “[...] la familia [...] posee una capacidad asombrosa para adaptarse y cambiar, manteniendo sin embargo su continuidad” (p.35).

A continuación, se presenta una síntesis de las etapas que componen el ciclo vital de la familia, así como de los cambios y los desafíos que estas fases implican para el sistema familiar y sus integrantes (Minuchin & Fishman, 2004; Carter & McGoldrick, 1989; Rage Atala, 1997; Belart & Ferrer, 1998):

1. La unión de la pareja: en esta fase se construyen las pautas de interacción para conformar la estructura de subsistema conyugal. La tarea de desarrollo es generar el compromiso hacia el nuevo sistema marital y el reordenamiento de las relaciones con las familias extensas para incluir al cónyuge.

2. La familia con hijos pequeños: inicia con la llegada del primer hijo y se generan nuevos subsistemas de interacción en la familia. La principal tarea de desarrollo en esta etapa es la incorporación de nuevos miembros a la familia y reordenar las pautas de interacción del matrimonio para asumir las tareas de crianza y educación de los hijos.

3. La familia con hijos en edad escolar: en este periodo se da un cambio contundente en el sistema familiar cuando los hijos empiezan a asistir a la escuela. Este evento le implica a la familia relacionarse con un sistema nuevo que tiene sus propias reglas y estructura. Con esto, se generan nuevas pautas de interacción referentes al sistema escolar; entre estas, organizar quién y cómo ayuda a los hijos con las tareas escolares, determina las reglas en torno a los horarios y las horas de sueño, el tiempo que se ha de dedicar al estudio y al esparcimiento, así como la manera de resolver y enfrentar lo relacionado con las calificaciones escolares de los hijos (véase Mejía–Arauz, Dávalos Picazo & Zohn Muldoon, 2020).

4. La familia con hijos adolescentes: el proceso de transición clave requiere el incremento de la flexibilidad de las fronteras familiares para incluir la incipiente independencia de los hijos e integrar el cuidado de los abuelos.

5. La familia con jóvenes adultos: se caracteriza por la aceptación de múltiples entradas y salidas de los hijos en el sistema familiar. Los hijos empiezan a desprenderse de la familia de origen, generando sus propios compromisos de vida.

6. La familia en el “nido vacío”: el subsistema de los cónyuges vuelve a ser el centro de la vida de la familia de origen, así que implica la renegociación de este sistema marital como una diada, así como la forma en que se construye la relación padres e hijos.

Además del esquema de las etapas ya revisadas, se propone utilizar la propuesta de Combrinck–Graham (1985) de estilos y fases familiares centrípetos y centrífugos, como un referente para analizar los cambios estructurales que se generan en las familias. Esta autora explica la vida de la familia como un espiral en donde se concibe a las diferentes generaciones del sistema oscilando a través del tiempo entre periodos de cercanía y periodos de distancia. Estos periodos coinciden con fluctuaciones entre tareas de desarrollo que requieren vinculación intensa o altos niveles de cohesión familiar, como por ejemplo la crianza de hijos pequeños y, por otra parte, tareas que enfatizan la identidad personal y la autonomía, como en la adolescencia.

Durante un periodo centrípeto, tanto los miembros de la familia, como la estructura vital de la unidad familiar están volcados hacia la vida interna de la familia. Las fronteras externas que rodean a la familia tienden a cerrarse, mientras que las fronteras personales entre los miembros son algo difusas para crecentar el trabajo familiar “en equipo”. En la transición a un periodo centrífugo, la estructura de vida de la familia se mueve para enfocar las metas que enfatizan el intercambio de los miembros de la familia con el entorno extra familiar. Entonces las fronteras externas de la familia se abren al tiempo que aumenta la distancia entre algunos de sus miembros.

Además, habrá que considerar otras variables que impactan y modifican el curso de estas etapas del ciclo vital y que generan reestructuraciones en las pautas familiares de interacción. Este tipo de situaciones son, por ejemplo, las separaciones, los divorcios, la formación de familias reconstituidas, la muerte y otro tipo de pérdidas en la familia, la presencia de adicciones, enfermedades crónicas, entre otros, así como diversos factores del contexto sociocultural en que habitan las familias, los cuales también tienen una incidencia en su organización.

Estos sucesos que modifican el curso del ciclo vital de la familia implican cambios importantes en relación a la conformación de la familia, así como pérdidas en el estatus de pertenencia y afiliación de los miembros a la misma. A continuación se abordarán algunas de estas situaciones, sobre todo aquellas que tienen que ver con la realidad de las familias que participaron en esta investigación.

En el caso de separaciones y divorcios, además de los movimientos estructurales referidos, los miembros de la familia enfrentan tareas emocionales importantes, duelos que requieren resolver para seguir con su proceso de desarrollo (Carter & McGlodrick, 1989).

La formación de familias reconstituidas implica, en la mayoría de las ocasiones, un proceso previo de separación y divorcio. Es un reto para los integrantes de unidades familiares anteriores conformar un nuevo sistema en el que las fronteras sean lo suficientemente flexibles para incluir la interacción con otros familiares y, al mismo tiempo, proteger la integración y la cercanía de los que pertenecen a la familia recién creada (Carter & McGlodrick, 1989).

Otra situación que altera el desarrollo de una familia es la presencia de una enfermedad crónica. Rolland (1989) propone una tipología psicosocial para clasificar las enfermedades que entreteje cuatro aspectos de la enfermedad:

1. Inicio (agudo o gradual).

2. Curso (progresivo, constante o episódico).

3. Resultado (qué tanta amenaza de muerte representa).

4. Grado de incapacidad (cognitiva, sensorial, motriz, producción de ener- gía, desfiguramiento o estigma social).

De acuerdo con la interacción de estos aspectos, el autor clasifica las distintas enfermedades crónicas y, con ello, plantea los retos que han de enfrentar tanto la persona que sufre la enfermedad como el sistema familiar, así como lo que ello requiere en cuestión de ajustes en la interacción y en el funcionamiento del sistema.

Un último aporte, que sirve como marco de referencia para el análisis de las situaciones que tienen impacto en el curso evolutivo de las familias, es la tipología que proponen Minuchin y Fishman (2004). En esta propuesta —de la que se toman aquellos tipos de familias que tienen pertinencia para la presente investigación—, los autores entrelazan el ámbito de conformaciones diversas de la unidad familiar con los desafíos que las familias y sus integrantes enfrentan:

1. Familias de dos (por lo general familias monoparentales), en las que prevalece el apego entre sus integrantes, una fuerte vinculación y mutua dependencia.

2. Familias de tres generaciones, conformada por la cohabitación de varias generaciones (familia extendida). Este tipo de familia es común en contextos socioeconómicos limitados; una de sus características más significativas es el apoyo y soporte a sus integrantes; en la misma medida, puede haber confusión en cuanto a los límites y los roles de cada uno de sus integrantes.

3. Familias con soporte, en las que se delegan responsabilidades parentales a los hijos mayores para asumir la crianza de sus hermanos de menor edad. Este tipo de ordenamiento implica la exclusión de los hijos parentalizados del subsistema de los hermanos.

4. Familias acordeón, en donde uno de los progenitores permanece lejos de la familia por lapsos de tiempo prolongados. Así, las tareas parentales se concentran en uno de los padres, quien toma la carga de estas funciones durante el periodo en que el otro progenitor está ausente. En las fases en las que están ambos, pueden darse situaciones críticas debido al desbalance que representa el ajuste que se requiere para incluir al padre o madre ausente.

5. Familias cambiantes; son las que constantemente se mudan de domicilio. Este tipo de organización familiar enfrenta a sus integrantes con la necesidad de hacer ajustes continuos en sus interacciones con las personas significativas del contexto extrafamiliar, ya que no pueden echar raíces.

6. Familias con padrastro o madrastra, en las que se requiere gestionar el proceso de inclusión de una nueva figura parental a la unidad familiar que antes había sufrido una pérdida, ya sea por una separación o divorcio, o bien, por la muerte de uno de los padres.

7. Familias con un fantasma; son sistemas en los que se ha tenido una pérdida, ya sea por muerte o abandono de uno de sus miembros. Una tarea que estas familias enfrentan es resolver la manera en que se han de tomar las responsabilidades o funciones que ejercía el integrante ausente.

Otra categoría que ha dado lugar a fértiles debates y que contiene una enorme complejidad, es la “jefatura de hogar”. Se trata de conocer quién es la autoridad en la familia (Chant, 1997, 1999; Rodríguez, 1997; González de la Rocha, 1994, 1999; De Oliveira, Eternod & López, 2000; Vicente & Royo, 2006; Enríquez Rosas, 2008; entre otros). Esta categoría ha sido ampliamente discutida porque la asunción de la jefatura está asociada a los códigos culturales de los distintos contextos sociales.

Existe la “jefatura declarada / de jure” y “la jefatura de hecho / de facto”, los resultados pueden ser muy distintos cuando se registra la jefatura de acuerdo a lo que se declara con respecto a lo que de hecho puede observarse a través de acercamientos cualitativos / etnográficos en los hogares y sus miembros.

Hoy en día, cuando se despliega la ruta de indagación tomando en cuenta otros criterios como: la toma de decisiones, la administración de los recursos, el manejo de la autoridad, el apoyo emocional, entre otros, la jefatura que se declara, en muchos de los casos, es jefatura compartida, especialmente entre los miembros de la pareja, pero puede también estar conformada por la madre o el padre y algún otro miembro emparentado.

La jefatura compartida (Enríquez Rosas, 2008) es una dimensión que abre la posibilidad al registro de cambios y trasformaciones que se están gestando al interior de los grupos domésticos, los cuales tienen que ver con los avances en la forma de manejar la autoridad y con el mayor reconocimiento, por parte de las mismas mujeres y de los hombres, acerca de su corresponsabilidad para dirigir un hogar.

También es importante la categoría de “jefatura económica”, la cual se refiere a quién es el perceptor de ingresos principal o exclusivo de los miembros del hogar. Esta categoría ha permitido reconocer la participación económica de las mujeres, aun cuando la pareja está presente, para el sostenimiento de los hogares y su importante papel en muchos de los casos. Para García y de Oliveira (1994), se trata de una categoría central en términos analíticos para identificar las dinámicas propias de género e intergeneracionales en este tipo de organizaciones domésticas.

Cuando hablamos de familias, tendemos a pensar en un modelo tradicional y de estructura nuclear compuesto por padre proveedor, madre ama de casa e hijos. Este modelo es percibido como referente único, normativo y simbólico (Tuirán, 2001). La familia tradicional de padre proveedor y madre ama de casa, ha disminuido significativamente y se han incrementado los hogares de personas que viven solas (Giddens, 2000).

En las sociedades contemporáneas, las expresiones / configuraciones familiares son cada vez más diversas. Las familias experimentan cambios económicos, demográficos, sociales y culturales que, sin lugar a dudas, tienen que ver con nuevas formas de conformación familiar distintas al modelo tradicional (Esteinou, 1999; Gonzalbo & Rabell, 2004; CEPAL, 2005; Jelín, 2007; Golombok, 2012; Estrada & Molina, 2015; Estrada, 2018; entre otros).

La familia, advierte Therborn (2007), reproduce, hoy en día y en diversas regiones del mundo, una geografía del poder en la cual el patriarcado se impone ante la posibilidad de relaciones más equitativas entre los géneros. Se observa una economía de la desigualdad en la cual hay población femenina en América Latina que no recibe ningún tipo de ingreso. En las zonas urbanas, los perceptores de ingresos siguen siendo principalmente varones; el 43% de las mujeres no reciben ingresos y solo el 22% de los hombres se encuentran en esta condición.

Con respecto al matrimonio, Giddens (2000) señala que este no es más una institución económica, pero como compromiso ritual, estabiliza las relaciones y puede favorecer la consolidación de los vínculos contra la fragilidad de los mismos. Para Giddens (2000), lo que está en el centro de las relaciones de pareja en las sociedades contemporáneas es la comunicación emocional, la intimidad y la confianza.

Arriagada (2007) enfatiza que una demanda central que debe ser atendida con mayor planeación y diseño de programas y políticas públicas, tiene que ver con el fenómeno de la violencia intradoméstica. Además, en la región latinoamericana se advierte el debilitamiento de los mecanismos de protección social tradicional: “familismo latinoamericano”.

Hay trasformaciones en la estructura de los hogares que están asociados con el incremento de hogares con doble ingreso, así como los cambios en las configuraciones familiares, a consecuencia de las migraciones internas e internacionales. Se advierte también una asociación más estrecha entre tipos específicos de hogares y condiciones de pobreza extrema. Estos hogares son principalmente los que se encuentran en etapa de expansión y con miembros dependientes económicamente. Hay también una importante incorporación de las mujeres al mercado laboral en etapas de expansión y consolidación del ciclo doméstico, el cual demanda nuevas respuestas para el cuidado de los miembros que así lo requieren (Arriagada, 2007; CEPAL, 2005; entre otros).

Jelin (2007) advierte, desde su análisis sociológico de las familias latinoamericanas, sobre las tasas de nupcialidad en descenso, el incremento de uniones consensuales, así como el aumento en la edad para contraer el primer matrimonio. También señala el incremento de las tasas de divorcio, el descenso de la fecundidad, y la relación directa entre esta última y la posición social de las mujeres, es decir, a mayor educación formal, menor es la fecundidad. A su vez, indica que hay un decremento en el número de miembros de las familias y un paulatino cambio en los roles tradicionales de género al interior de los hogares.

Arriagada (2007) confirma, para la región latinoamericana, la reducción de las familias nucleares biparentales con hijos o sin hijos, así como el incremento de los hogares de jefatura femenina y el decremento de las familias extendidas junto con el aumento de los hogares no familiares, especialmente los unipersonales. Al igual que Jelin (2007) confirma el debilitamiento del patriarcado y el descenso en la fecundidad.

Estudios recientes como el de Roca (2015), muestran el incremento en la elección de parejas extranjeras debido al mercado (oferta) matrimonial actual. También muestran la presencia cada vez mayor de relaciones conyugales y parentales en las familias trasnacionales (González & Rivas, 2015).

A su vez, hay un proceso de borramiento del trabajo como eje estructurador de la vida de los sujetos. Este proceso socioeconómico está teniendo a su vez repercusiones en las dinámicas familiares internas (Hopenhayn, 2007). Las situaciones de estrés y tensión cotidiana de los padres en el contexto de las grandes ciudades, como el caso de Guadalajara, está cobrando factura en la calidad de los vínculos al interior de las familias y los tiempos de cuidados, convivencia y esparcimiento (Enríquez Rosas, 2009).

Actualmente en México, el 29% del total de los hogares es dirigido por una mujer. La jefatura femenina aumentó en cuatro puntos porcentuales entre los años 2010 y 2015 (Inegi, 2019). En el caso de Jalisco, el promedio de número de personas que residen en un hogar es de 3.8%. Con respecto a la jefatura de hogar, 28% son hogares de jefatura femenina y 72% son hogares de jefatura masculina. Con respecto al estado civil, por cada cien matrimonios, hay 22.3 divorcios (Inegi, 2019). Estos datos deben ser considerados con toda la seriedad que requieren. Los hogares comandados por mujeres no son una desviación del modelo hegemónico sino formas alternativas de conformación familiar que van en incremento en nuestra sociedad y que requieren el reconocimiento y el respaldo social de las instituciones para su bienestar e inclusión social.

López y Salles (2006) señalan con respecto al divorcio y la asunción de la jefatura femenina en México, lo siguiente: el divorcio está asentado entre el primero y el quinto año de matrimonio o bien después de los diez primeros años. Hay mayor tolerancia y menor estigmatización con respecto a las separaciones y las rupturas matrimoniales. Por su parte, García y De Oliveira (2006a) señalan el papel determinante que juega la participación laboral de las mujeres para concluir una relación cuando esta no es satisfactoria.

Asimismo, las jefas gozan de mayor poder de decisión al interior de sus grupos domésticos. En las familias extensas o ampliadas, la generación mayor y el género masculino juegan un papel preponderante en las relaciones de poder, también coexisten las relaciones de conflicto y solidaridad que se complejizan ante los distintos tipos de vínculos de parentesco que conforman estas organizaciones familiares.

Hay un incremento de hogares reconstituidos en México (Esteinou, 1999) así como un decremento en el número de miembros por hogar. Hay un periodo menor de crianza que, asociado con el alargamiento de la esperanza de vida, tiene como consecuencia una dispersión mayor del mapa biográfico y una diversificación de los itinerarios familiares (Tuirán, 2001). Los hogares reconstituidos llevan a la complejización de los vínculos y las dinámicas cotidianas y requieren ser estudiados a profundidad tanto en las formas en que se estructuran como en la dimensión subjetiva y socioemocional (Estrada, 2018; Arám, 2019).

La literatura para el caso mexicano pone también especial énfasis en los usos del tiempo y las diferencias de acuerdo al género y a la generación. Adquiere especial relevancia el tiempo que se utiliza para el cuidado de los miembros del grupo doméstico y la ausencia casi total de formas de corresponsabilidad con otros agentes del bienestar social (Rendón, 2004; Pedrero, 2005; Aldrete, Pando, Aranda & Franco, 2005; Fraga, 2018).

Sin embargo, para Rendón (2004), la flexibilización del mercado laboral ha propiciado algunos ajustes en la división intrafamiliar del trabajo doméstico en beneficio de las mujeres. Hoy en día, advierte la autora, se mantiene, para muchas mujeres en hogares de jefatura masculina, la condición económicamente dependiente y subordinada de la mujer. Aun así, autores como Esteinou (2006), quien confirma la persistencia de la familia patriarcal en México, señala que ante la permanencia de las mujeres en el mercado laboral y la motivación del desarrollo profesional, de acuerdo al estrato socioeconómico, se presentan tres desafíos:

a. Se mantienen las orientaciones de valor tradicionales en la relaciones de género.

b. Los hombres mantienen una concepción tradicional mientras que las mujeres luchan por una división del trabajo más equitativa y esto trae como consecuencia situaciones de tensión y de conflicto así como de posible violencia (señalado con anterioridad por autoras como García y De Oliveira, 1994).

c. Ambos miembros de la pareja modifican sus orientaciones de valor con respecto a la estructura de roles tradicionales.

De la misma manera es necesario continuar con los estudios sobre la cultura colectivista y comunitaria de las familias mexicanas asociadas a la comunicación, cohesión y flexibilidad (Esteinou, 2006), tomando en cuenta el incremento en los escenarios de inseguridad, desconfianza y deterioro del tejido social en el entorno urbana de ciudades como el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) (Siqueiros, 2009; Enríquez Rosas, 2009; entre otros).

En el caso de las familias mexicano–americanas, los estudios realizados por Falicov (2005) señalan la situación persistente de vulnerabilidad debido a la fragmentación de las redes de apoyo, la precariedad laboral y la discriminación. Este tipo de familias se ha caracterizado por su tamaño y configuración que favorece las relaciones de cuidado y la posibilidad de reproducción social en contextos de sobrevivencia.

Finalmente, la historia de la familia y la literatura sobre ella, muestran a la familia nuclear con ambos padres e hijos, como la familia ideal; las políticas públicas se han diseñado tomando en cuenta esta configuración. Sin embargo, la heterogeneidad en las configuraciones familiares está presente al interior mismo del paradigma familiar hegemónico y también en las otras conformaciones familiares (CEPAL, 2005).

La diversidad en las configuraciones familiares exige el diseño de políticas públicas incluyentes, que tomen en cuenta la conciliación del trabajo doméstico y extradoméstico y la corresponsabilidad entre los agentes del bienestar implicados (CEPAL, 2005).

Las importantes trasformaciones tanto de la familia como de las condiciones laborales demandan nuevos enfoques en las políticas que redistribuyan las tareas domésticas y de cuidado y atención de la población infantil y de los adultos mayores. Tres son los conflictos principales entre trabajo y familia que enfrenta la población, especialmente la femenina: el tiempo, puesto que la demanda de un tipo de trabajo impide el cumplimiento del otro; la tensión derivada de la obligación de cumplir bien ambos papeles; y las diferentes cualidades demandadas por uno y otro. Para enfrentar estos problemas son importantes las medidas relacionadas con la organización del tiempo de trabajo, con servicios de asistencia en labores domésticas y familiares, y con medidas de asesoramiento y soporte laboral (CEPAL, 2005, p.27).

PRECISIONES METODOLÓGICAS

A partir de la caracterización de los debates presentados sobre las familias, así como de la incorporación de las categorías de análisis seleccionadas para el presente estudio: configuración familiar, estado civil, tamaño del hogar, jefatura familiar, jefatura económica, ciclo vital familiar y ciclo doméstico; se arriba entonces a la resolución metodológica.

Se parte de que la perspectiva cualitativa es la opción que resulta pertinente para el estudio de la vida familiar, de sus dinámicas internas y su interacción con el entorno sociocultural (Zohn Muldoon, 1997).

Para el análisis de los datos se realizó un proceso de codificación de los materiales empíricos retomando los elementos centrales de la propuesta de Flick (2007) y a partir de las categorías teóricas preexistentes. Una vez sistematizada la información de cada grupo sociocultural, se elaboraron tablas que concentran los hallazgos del total de los grupos tomando en cuenta cada una de las categorías. Así, se privilegia el reconocimiento de los rasgos, características, semejanzas y también contrastes de las familias que componen los distintos grupos.

En este estudio se mencionará, de forma indiferenciada, familia y hogar ya que el total de casos analizados son hogares familiares; es decir, compuestos por relaciones de parentesco (Selby et al., 1994).

El estudio fue realizado con cinco grupos socioculturales, (1) el grupo 1 está conformado por familias con recursos educativos y económicos amplios (GP1 FRA), el grupo 2 está compuesto por familias con recursos educativos y económicos limitados (GP2 FRL), el grupo 3 lo constituyen familias que tienen un hijo con discapacidad (GP3 FHD), el grupo 4 está conformado por las familias que tienen un hijo en situación de albergue (GP4 FHA) y el grupo 5 está constituido por familias indígenas urbanas (GP5 FIU).

HETEROGENEIDAD FAMILIAR EN EL ÁREA METROPOLITANA DE GUADALAJARA (AMG): DESAFÍOS E IMPLICACIONES

Esta sección presenta los hallazgos encontrados a partir del análisis de los datos de las familias pertenecientes a cada grupo sociocultural y tomando en cuenta las categorías señaladas.

La lógica de presentación de los datos está en clave de categoría, así que se muestran los hallazgos con respecto a cada categoría mencionada y en relación a los cinco grupos socioculturales. Los hallazgos son interpretados a la luz de la literatura expuesta y con el interés de poder, finalmente, en las conclusiones, elaborar algunos comentarios que señalen la relevancia de las distintas configuraciones familiares situadas en su contexto sociocultural, para comprender las cualidades del desarrollo de los niños y niñas en la infancia media y la imprescindible necesidad de avanzar en el diseño de políticas públicas incluyentes de la heterogeneidad familiar que presentan las grandes ciudades, como es el caso del AMG.

CONFIGURACIÓN FAMILIAR

Se entiende como el tipo de arreglo / estructura que presenta la familia tomando en cuenta la presencia y los tipos de relaciones de parentesco y de no parentesco. La clasificación propuesta tiene su base en la literatura expuesta, principalmente la propuesta por CEPAL (2005) (véase tabla 2.1).

Los hallazgos muestran el predominio de las familias nucleares biparentales (48 de 80) (60%), modelo hegemónico familiar actualmente interrogado. Sin embargo, tal como lo marca la literatura (Arriagada, 2007; Jelin, 2007; entre otros), la heterogeneidad de arreglos familiares ha ido en incremento.

Las familias monoparentales nucleares femeninas están por debajo del promedio nacional, son 8 de 80 y se muestran como una forma alternativa de arreglo familiar y no como casos desviantes de un modelo normativo (González de la Rocha, 1999).

Las familias ampliadas son 16 de 80 (20%) y este tipo de configuración familiar está presente principalmente en los grupos 2 (GP2 FRL) y 4 (GP4 FHA), que cuentan con menores recursos económicos y educativos.

Este tipo de organización ampliada ha sido reconocido como un recurso / estrategia de las familias más pobres para hacer frente a la sobrevivencia cotidiana y, en algunos casos, al cuidado infantil. En este sentido, este tipo de configuración familiar no debe ser leído como una desventaja sino como una alternativa frente a la estrechez de recursos, refleja la flexibilidad de las familias y también la imperante necesidad de contar con un sistema de protección social que les cobije en la resolución de las demandas de la vida diaria, tanto en términos materiales como sociales y emocionales.

TABLA 2.1 CONFIGURACIÓN FAMILIAR


Se encontraron también 6 de 80 familias reconstituidas (7.5%) y sin duda se trata de un porcentaje importante que muestra conformaciones inéditas en incremento y que requieren estudios específicos por la complejidad de los vínculos, las fronteras difusas, los bordes y límites en reconfiguración, el desplazamiento y residencia de los niños o niñas en más de una vivienda. Estrada (2018) ha realizado acercamientos cualitativos a profundidad a este tipo de familias en el contexto urbano y muestra, en sus hallazgos, los múltiples desafíos que enfrentan este tipo de organizaciones y dinámicas domésticas.

Llama especialmente la atención la presencia de este tipo de organización familiar en el GP4 FHA. Los niños en situación de albergue forman parte de familias con configuraciones no tradicionales y que responden a las necesidades de las madres, varias de ellas, jefas de familia, de contar con un trabajo de tiempo completo y constituir nuevas relaciones de pareja.

Investigaciones como la de Arám (2019) muestran con claridad la necesidad de abordajes interdisciplinarios para la atención y el acompañamiento de este tipo de organizaciones familiares. En este grupo no hay familias biparentales nucleares, se trata de arreglos domésticos que muestran la versatilidad de la vida en familia y el cuidado mixto de los niños, entre el escenario social del albergue en días ordinarios y el escenario familiar monoparental y ampliado, principalmente, durante los fines de semana.

Las políticas públicas en materia de lo familiar requieren una respuesta innovadora e integral para respaldar, desde las instituciones del estado, las necesidades y demandas de este tipo de organización del cuidado que implica simultáneamente a varios actores sociales, en este caso, asociaciones civiles y familias.

Sobresale el caso de una familia monoparental masculina en el GP1 FRA el cual muestra la construcción de nuevas narrativas y prácticas para el ejercicio de la paternidad desde masculinidades emergentes. Con respecto a la presencia de familias compuestas, se encontró un caso y confirma la literatura para el caso mexicano que muestra la prevalencia del parentesco en la conformación de los hogares.

En el GP3 FHD, compuesto por diez familias, siete de ellas son biparentales nucleares, una monoparental femenina, una ampliada y una reconstituida. En las familias con hijos con discapacidad, la literatura advierte que en este tipo de organizaciones familiares, ante el suceso o el evento del nacimiento de un hijo con discapacidad o bien, que la discapacidad inicie más tarde por un accidente, sucede que la relación conyugal se tensa y en ocasiones se fractura, y esto tiene mucho que ver con las demandas que están implicadas en el cuidado de un hijo con discapacidad.

Llama la atención que, de las diez familias de este grupo (GP3 FHD), solamente una es dirigida por mujeres. Se identificó una familia monoparental nuclear femenina y una familia ampliada; esto habla de que los niños con discapacidad son menores, que cuentan la mayor parte de ellos con ambos padres y eso es importante para las tareas de cuidado, las cuales son especialmente demandantes.

ESTADO CIVIL Y TAMAÑO

En este apartado se analizan dos categorías en conjunto; el estado civil declarado por las madres de familia —que fueron las entrevistadas principales en la gran mayoría de las familias—, así como el número de habitantes de la unidad doméstica en la que residen los niños meta de la investigación. Ambas categorías refieren a variables estructurales importantes de las familias en cuanto a la configuración, así como al funcionamiento de los hogares (Minuchin & Fishman, 2004) (véase tabla 2.2).

Como se puede verificar en la tabla 2.2, predominan las personas casadas (53 de 80 – 66%). A excepción del GP4 FHA, en todos los grupos, el 70% de las madres están casadas. Aquí es importante considerar que se toma el estado civil declarado, y que en distintos grupos socioculturales puede existir un prejuicio hacia situaciones de convivencia alterna al matrimonio.

Con todo, llama la atención que un alto porcentaje estén casadas; esto coincide con lo que plantea Therborn (2007) en cuanto a que el matrimonio permanece como la institución prevaleciente que enmarca las relaciones sexuales y generacionales en el mundo. Tal dato refiere a un contenido sociocultural del significado del matrimonio. Lo que se muestra es que en esta generación, el matrimonio, la unión formal sigue siendo la central.

Por otra parte, las madres solteras, viudas y separadas tienen mayor presencia en el GP4 FHA. Esto implica que en este grupo, en donde los hijos están internos en el albergue durante la semana, prevalecen arreglos familiares diversos.

Llama la atención el hecho de que el divorcio solamente está presente en dos grupos, el GP3 FHD y el GP5 FIU; sobre todo resalta el caso de la familia del GP5 FIU, ya que no sería algo usual en ese grupo buscar la dislocación del grupo familiar.

En la intersección del estado civil y el tamaño de las familias, se pueden resaltar situaciones y arreglos familiares alternativos a la familia nuclear biparental. En familias en donde hay separación, divorcio, madres solteras y viudas, se presentan formas de organización diversas, tal como lo señalan Minuchin y Fishman (2004), lo que implica la gestión de alternativas en la interacción, tales como familias extendidas o con soporte en donde se puede tener la participación de los abuelos, los tíos o los hermanos mayores en tareas de crianza. La participación de los abuelos, particularmente de las abuelas, está presente en todos los grupos analizados. En el caso del GP2 FRL, los hermanos también participan en las tareas de cuidado de los infantes.

Solamente hay madres solteras (y un padre soltero) en los grupos 1, 2 y 4, (GP1 FRA, GP2 FRL, GP4 FHA). Si bien los porcentajes son bajos, esto es importante, porque son mujeres que están teniendo mayores responsabilidades tanto de atención y cuidado de los hijos como de realización de actividades económicas. Esto concuerda con lo que señala Therborn (2007) cuando habla de que un problema importante es cómo combinar la familia con el trabajo fuera de casa. Ciertamente, esto se vuelve más difícil en hogares con un solo progenitor.

TABLA 2.2 ESTADO CIVIL (DECLARADO) DE LAS MADRES


Con respecto a datos del tamaño de las familias, se puede observar en la tabla 2.3 que hay un predominio de cuatro miembros en el GP1 FRA. Esto es consistente con lo que reporta Jelin (2007) en términos de que las mujeres con mayor educación tienen una fecundidad significativamente más baja que las menos educadas. Mientras que en los grupos 2, 4 y 5 (GP2 FRL, GP4 FHA y GP5 FIU) se presenta el predominio en cinco miembros. Este dato está relacionado con una configuración familiar ampliada (extendida) en varios casos de estos grupos socioculturales.

Por otra parte, destaca el hecho de que hay cuatro familias en el GP2 FRL que están relacionadas con “unidades domésticas” en las cuales corresiden varios núcleos domésticos emparentados entre sí. Dos familias de nueve miembros, una de once y una de diecinueve miembros. Familias ampliadas como estrategia para la sobrevivencia ante la estrechez económica y las necesidades de organización familiar y de cuidados.

Hallazgos similares han sido reportados en el AMG por González de la Rocha (1994) y Enríquez Rosas (2008). Habrá que considerar las particularidades en la distribución de los roles, no solo en cuanto al sostén económico sino a propósito del cuidado y la crianza de los hijos, tal como advierten Minuchin y Fishman (2004), cuando señalan que en este tipo de familias se comparten las funciones parentales.

TABLA 2.3 TAMAÑO DE LOS HOGARES


Un dato relevante en el GP3 FHD tiene que ver con que el 70% de estas familias son hogares biparentales; esto se relaciona de manera directa con el porcentaje de madres que se declara casada. Son familias en las que se requiere atención muy específica por la circunstancia de la enfermedad de los hijos; el cuidado implica una dedicación especial. Debido a ello, se vuelve más factible mantener una conformación nuclear como estrategia para atender las necesidades de cuidado de estos hijos que, por lo general, no pueden valerse por sí mismos.

En el caso de este grupo, se presentan dos familias grandes, una de seis y otra de siete miembros. Estas unidades familiares están relacionadas con configuraciones familiares monoparentales y extensas; esto coincide con los datos estadísticos de los datos de Inegi (2019) que muestran que en las familias en donde está presente un miembro con discapacidad tienden a configurarse unidades extensas para poder distribuir las exigencias y las demandas de un niño, niña o adolescente con discapacidad.

En el GP4 FHA existe cierta heterogeneidad en cuanto al estado civil. Con todo, se presenta un factor común, ya que, en cuatro familias de este grupo, se muestra que la madre vive sola (ya sea separada, soltera o viuda). Esta situación probablemente está vinculada con la decisión de internar a su hijo en un albergue, en función de que no tienen una situación económica resuelta como para hacerse cargo de sus hijos en casa.

Asimismo, una característica de este grupo es que la mayoría de las madres trabajan como empleadas domésticas (de permanencia semanal en la casa que las emplea), por lo que les es más complicado atender a sus hijos, de manera que el albergue es una respuesta aparentemente adecuada a las necesidades que ellas tienen para obtener recursos económicos.

Para terminar el análisis por grupos, es importante señalar que en el GP5 FIU, como ya se había comentado, el 70 % de las madres se declaran casadas, y de la misma manera, el 70% de los hogares son biparentales. Esto habla de una conformación de la familia tradicional o convencional en donde están ambos padres y en donde el padre se hace cargo de la economía, aunque la mamá puede tener actividades económicas de tipo informal. En este grupo, llama la atención la presencia de una mujer divorciada, porque en estratos medios bajos y bajos es muy difícil encontrar casos de mujeres divorciadas y aún más en estratos bajos de familias indígenas.

JEFATURA FAMILIAR

Esta categoría se refiere a quién o quiénes son las personas que están a cargo del hogar. Como se mostró en el apartado de la literatura, la jefatura puede ser declarada o de hecho. A su vez, se divide en femenina, masculina o compartida (véase tabla 2.4).

Los hallazgos muestran de forma contundente el predominio de la jefatura compartida en la totalidad de los grupos. En tres de ellos, asciende a más del 50% y en el GP5 FIU, familias indígenas urbanas, llega a un 80%. Este dato es especialmente importante pues indica cambios en los códigos culturales sobre la autoridad en la familia. El debilitamiento del sistema patriarcal (Therborn, 2007; Jelin, 2007; entre otros) se evidencia en los hallazgos y advierte sobre formas más democráticas e igualitarias de compartir la autoridad en el ámbito familiar.

También llama la atención la presencia de las abuelas como jefas de familia, tanto en el GP4 FHA como en el GP5 FIU. Las organizaciones familiares actuales requieren ser analizadas también en clave generacional. Las abuelas están teniendo un papel preponderante en algunas de las organizaciones familiares, sin embargo, es necesario tomar con cautela estos hallazgos pues advierten sobre personas mayores, que pueden estar teniendo una carga de cuidados importante de los nietos y que se trate de organizaciones de cuidado que fragilizan tanto el bienestar de niñas y niños como de la gente mayor. Con esto, se busca enfatizar que no corresponde a la familia, en solitario, hacerse cargo de las múltiples e inacabables demandas de lo doméstico.

TABLA 2.4 JEFATURA FAMILIAR: NÚMERO DE FAMILIAS Y COMPOSICIÓN


Es impostergable la formulación de un nuevo pacto social que ponga en igualdad de posiciones y de responsabilidades del cuidado y el bienestar de los ciudadanos, al estado, en tanto garante, y a sus instituciones, a las empresas y su responsabilidad social, a las redes vecinales y comunitarias, así como a las organizaciones de la sociedad civil. Las familias no son ni deben ser fuentes inagotables de recursos y respuestas a una realidad que les rebasa por los múltiples riesgos sociales y las formas contemporáneas de vulnerabilidad social.

La jefatura masculina declarada tiene mayor presencia en el GP2 FRL; esto tiene que ver con el nivel de educación formal y el acceso a los discursos e ideologías que confrontan los roles tradicionales de género y promueven la equidad entre hombres y mujeres en las sociedades contemporáneas.

En el GP4 FHA, familias con hijos en situación de albergue, la jefatura muestra la mayor heterogeneidad, este dato es importante pues se trata de organizaciones domésticas que coexisten con organizaciones sociales como los albergues, las cuales son, además, familias en condiciones de pobreza urbana y que están haciendo frente a las demandas domésticas de múltiples formas, sin un patrón claramente definido con respecto a la autoridad.

Estos hallazgos deben interrogar a los estudiosos de las familias y a los hacedores de políticas públicas, acerca de las realidades familiares, las cuales rebasan las clasificaciones tradicionales y merecen especial atención y respuesta, así como claves de lectura, interpretación e intervención particulares. No se trata de incorporar en “camisa de fuerza” las realidades familiares sino de ampliar la mirada analítica y comprehender que el mundo de lo familiar es cada vez más complejo, heterogéneo, creativo y desafiante.

Son las instituciones y el estado quienes deben, en primer lugar, colocar las condiciones para el respeto de los derechos sociales de cada uno de los miembros de la familia, más allá de la conformación doméstica que se tenga.

JEFATURA ECONÓMICA

Esta categoría se refiere a quién es el perceptor de ingresos principal o exclusivo para el sostenimiento del hogar. El criterio económico ha permitido visibilizar a muchos hogares en los que, de hecho, son las mujeres las que se están haciendo cargo económicamente de sus familias, aun cuando cuenten con pareja. También, estos hogares han sido relacionados con situaciones de violencia doméstica contra las mujeres debido a su rol como proveedoras económicas y la confrontación con la proveeduría masculina (véase tabla 2.5).

Los datos muestran un predominio de la jefatura masculina económica, es decir, el padre como principal o único perceptor de ingresos. Sin embargo, hay 19 familias de 80, en las cuales la jefatura económica es femenina. La información confirma la literatura al respecto, la participación cada vez mayor de las mujeres en el mercado laboral y la asunción del papel de proveedoras principales en sus hogares, en un porcentaje importante. Nuevamente el GP4 FHA merece especial atención por la carga importante (57%) que tienen las mujeres, madres y abuelas, de proveer de recursos económicos al hogar. Se trata de mujeres que se desempeñan principalmente como trabajadoras domésticas y que no cuentan con seguridad social. Son organizaciones domésticas especialmente vulnerables a la pobreza y la marginación.

Existen dos abuelas y cinco abuelos que son perceptores principales de ingresos. Cerca del 10% de las familias están siendo sostenidas económicamente por la generación de los abuelos. Visibilizar este tipo de economía doméstica debe confrontar sobre las posibilidades de esta generación para sostener las demandas materiales de los grupos domésticos en cuestión.

TABLA 2.5 JEFATURA ECONÓMICA


CICLO VITAL FAMILIAR

En este apartado se presentan los resultados y el análisis de la situación evolutiva de las familias que participaron en el estudio, en términos de la fase que están viviendo, de acuerdo con la edad del hijo mayor y con ellos las tareas de desarrollo que están encarando como sistema. El ciclo vital refiere no solo a una situación de edades y tareas de desarrollo instrumentales, tiene una gran relevancia en la comprensión de la familia, ya que integra aspectos relativos a los procesos de construcción de vivencias y significados que orientan al curso de vida de cada uno de sus integrantes. En distintos momentos de su evolución, la familia brinda un sentido de pertenencia y de identidad (Zohn Muldoon, 2009).

En la tabla 2.6 se muestra la distribución de frecuencias y porcentajes de las familias de los distintos grupos en las etapas del ciclo vital de la familia, de acuerdo con la clasificación presentada previamente; además, se discuten estos datos en tanto la caracterización de los temas y procesos que están viviendo.

Como se observa en la tabla 2.6, no hay ninguna familia en las primeras dos etapas de formación de la pareja y de familias con hijos en primera infancia. Esto resulta claro en tanto que la investigación está enfocada en la organización familiar y desarrollo de familias con hijos en infancia media, de manera que es evidente que las familias estarían al menos en fase de familias con hijos en edad escolar.

TABLA 2.6 CICLO VITAL FAMILIAR


* En esta categoría, en los grupos 4 y 5 faltó información de una familia.

Se puede apreciar que en todos los grupos socioculturales hay un predominio de familias que están atravesando por la etapa de hijos en edad escolar o infancia media (47 familias de 80, cuyo hijo mayor tiene entre 7 y 12 años de edad). En promedio, el 60% de las familias entrevistadas están viviendo esta fase; esto quiere decir que, en la mayoría de las familias, el niño meta es posiblemente el hijo mayor de la familia, lo cual resulta relevante en cuanto al ordenamiento estructural sistémico. Son familias que están enfocadas de manera prioritaria en la situación escolar y en resolver los dilemas que les representa los inicios de procesos de desprendimiento de los hijos (Carter & McGoldrick, 1989; Minuchin & Fishman, 2004; Belart & Ferrer, 1998).

En segundo lugar están las familias en la etapa de hijos adolescentes (13–18 años), estas configuran el 25% del total. Solamente hay cuatro familias con hijos jóvenes adultos (19 en adelante), las cuales representan el 5%, mientras que hay siete familias iniciando la etapa del nido vacío, las cuales configuran el 10% de las familias.

La etapa que predomina, la de hijos en la infancia media, está asociada con mayores demandas al interior de la familia; demandas referidas al cuidado de los hijos y el trabajo doméstico. Los perceptores de ingresos son menos y el riesgo de vulnerabilidad es mayor, especialmente en familias con recursos limitados.

Es importante comprender los procesos internos que estas familias están viviendo. En términos de Combrinck–Graham (1985), la mayoría de las familias están atravesando por fases de organización centrípeta, es decir, que su energía y tiempo está enfocada en generar lazos de vinculación y cohesión para fortalecer el proceso de crianza y educación de los hijos. Sin embargo, también se presenta el inicio de un periodo de oscilación hacia movimientos centrífugos, en tanto se van incorporando, cada vez más, elementos externos que tienen impacto en la vida de los hijos, sobre todo a través del contexto escolar y la participación de los hijos en distintas instancias extrafamiliares, lo que favorece el desarrollo de cierta autonomía.

En un análisis más detallado por grupos, se puede apreciar que en el GP1 FRA la distribución está básicamente en tres etapas; 19 familias en la etapa de hijos en edad escolar (65.5%), ocho familias en etapa de hijos adolescentes (27.5%) y dos familias con jóvenes adultos (7%).

La situación evolutiva de estas familias (GP1 FRA) está enfocada en atender las demandas del contexto escolar, tanto a nivel primaria alta como en educación media y media superior y en mucho menor medida, educación superior. Así que, como se mencionó anteriormente, en estas familias se están presentando fases de transición importantes en el desarrollo gradual de cierta independencia de los hijos, en contextos con posibilidades económicas y educativas en los que se suele contar con mayor apoyo social y de recursos materiales para el logro de estas tareas.

En este grupo (GP1 FRA) se puede evidenciar que hay heterogeneidad, aunque la concentración mayor está en familias con hijos en edad escolar. Esta concentración demanda de los padres o de los tutores (en familias en las que participan abuelos y otros cuidadores) una serie de tareas de acompañamiento con relación a las actividades escolares, donde está puesta la atención principal del sistema; son familias en donde los hijos no suelen participar en tareas domésticas y mucho menos en la generación de ingresos, de manera que tienen la posibilidad de enfocarse en sus estudios.

En el GP2 FRL hay una dispersión mayor en cuanto a la etapa del ciclo vital que viven estas familias. Prácticamente es el mismo porcentaje de familias que atraviesan por la etapa con hijos en edad escolar (41%) y las que tienen hijos adolescentes (38%). Con todo, las tareas principales de estas etapas tienen mucho que ver con la atención y seguimiento de la vida escolar, pero con diferencias importantes en cuanto a la autonomía, ya que, en las familias con adolescentes, por el propio proceso de consolidación de estos, las demandas de independencia y el desprendimiento es mayor.

En este grupo (GP2 FRL) se podría suponer que los hijos sí tienen mayor participación en tareas domésticas, así como (en las familias con adolescentes y en las de siguientes etapas) en generar ingresos económicos que apoyen el sustento familiar. Llama la atención que en este grupo hay cuatro familias (17%) en etapa de nido vacío, lo que implica que alguno de los hijos ya salió del hogar familiar, de manera que son familias en donde las fronteras hacia el exterior se abren y la distancia interna entre los miembros se incrementa, como parte del proceso centrípeto de organización (Combrinck–Graham, 1985).

En estas familias (GP2 FRL) es importante considerar lo que lo que los padres o cuidadores están viviendo, ya que seguramente son adultos de mayor edad que pueden estar requiriendo tal vez más apoyo de parte de los hijos para cumplir con sus tareas o sus responsabilidades.

En el GP3 FHD hay heterogeneidad en las etapas del ciclo vital familiar, aunque la mayoría se ubica en la etapa de hijos en edad escolar (7 familias o 70%). Hay una familia con adolescentes, otra más con hijos jóvenes adultos y una familia en nido vacío. En estas familias, independientemente de la etapa, prevalece un estilo de funcionamiento centrípeto, de acuerdo con lo que Combrinck–Graham (1985) plantea. Este autor refiere que las enfermedades crónicas en general ejercen una atracción centrípeta en el sistema familiar. Como si fuera un nuevo miembro de la familia, el sistema integra la enfermedad como parte de su funcionamiento y estructura organizativa, con todas las implicaciones y complejidad que esto tiene. De tal manera que los síntomas, la pérdida de funcionamiento, las demandas (prácticas y afectivas) en cuidado y atención generan que la vida familiar se enfoque al interior.

De acuerdo con la tipología psicosocial de Combrinck–Graham (1985), la parálisis cerebral es un padecimiento que le implica a la familia organizar su dinámica para poner al centro la presencia del miembro con discapacidad, ya que requiere de atención y cuidados de manera permanente, lo que enfrenta a la familia con una vivencia de tensión también permanente.

En términos del ciclo vital, más allá de la edad del hijo con discapacidad y de los logros que estos pueden tener en cuanto a su formación educativa y profesional, las familias parecen estacionarse en formas centrípetas de estructuración, ya que, por lo general, los hijos no podrán valerse por sí mismos. Esta realidad requiere de la familia un despliegue de recursos afectivos e instrumentales de enorme envergadura para afrontar una situación de gran complejidad.

En el GP4 FHA de familias con hijos en albergue, se tienen cinco familias (83%) en etapa de hijos en edad escolar y una familia (13%) en nido vacío. Por lo que los hijos mayores de estas familias, en su mayoría, están cursando la primaria; quiere decir que son los que estarían en situación de albergue. De manera que las tareas principales relacionadas con el entorno escolar no son atendidas por los integrantes de la familia sino por lo cuidadores y tutores del albergue.

Así que, de acuerdo con el planteamiento de Combink–Graham (1985), a pesar de la edad de los hijos, las familias de este grupo (GP4 FHA) están organizadas de una forma centrípeta, ya que el intercambio con el exterior —el albergue, como institución en donde se desarrolla la mayor parte de la vida de los hijos— hace que las fronteras externas de la familia se abran y la distancia (física y emocional) entre los miembros individuales, aumente.

Cabe suponer que la convivencia de fines de semana está concentrada en otro tipo de tareas, por ejemplo, las tareas domésticas o, en su caso, ciertas actividades de esparcimiento y recreación. Es importante hacer notar cómo el ciclo vital familiar no se vive de una sola manera sino que se cursa de distintas formas, tomando en cuenta las características y demandas de las familias como es el caso estas familias que tienen a sus hijos en situación de albergue.

Con relación al GP5 FIU, la distribución de las etapas es similar al de los otros grupos, en cuanto a que la mayoría de las familias (6) atraviesan por la etapa de hijos en edad escolar (66%), mientras que hay dos familias con hijos adolescentes (22%) y una familia (11%) en nido vacío.

Las demandas que viven la mayoría de estos sistemas familiares (GP5 FIU) generan una forma de funcionamiento centrípeto, orientado hacia el interior, y centrado en tareas de desarrollo relacionadas con el entorno escolar y la crianza de los hijos. Una diferencia que puede destacarse, con respecto a otros grupos, es que en estas familias se enfatiza el sentido de comunidad, de manera que el sistema más amplio, que genera un sentido de identidad y pertenencia, va más allá del núcleo familiar.

CICLO DOMÉSTICO

De acuerdo con Arias (2013), el concepto de “ciclo de desarrollo doméstico” se generó para comprender a la familia como un proceso dinámico. Desde esta conceptualización, se plantea que los sistemas familiares (o grupos domésticos) transitan por distintas fases de desarrollo como unidades económicas y productivas. Las fases se definen de acuerdo con la edad de los hijos, quienes son los que establecen el balance entre el número de productores y el de consumidores.

Para efectos de esta investigación, se toman como base las etapas propuestas por González de la Rocha (1994), particularmente tres de ellas, las cuales se relacionan de manera directa con la situación de las familias del estudio:

a. Etapa de expansión: familias cuyos hijos mayores tienen entre 6 y 12 años.

b. Etapa de consolidación: familias donde los hijos tienen entre 13 y 18 años de edad.

c. Etapa de dispersión, que atraviesan familias cuyos hijos menores tienen 19 años o más.

Se puede evidenciar que en casi todos los grupos, con excepción del GP2 FRL, la mayoría de las familias están ubicadas en la etapa de expansión, en donde el hijo mayor tiene hasta 12 años de edad. Esto coincide con la etapa predominante del ciclo vital que es la de hijos en edad escolar. Además, en términos de la reproducción, se considera que esta es todavía una etapa de procreación. Por ello, en la mayoría de las familias estudiadas, no se cuenta con la participación económica de los hijos para el sustento del sistema.

En el GP1 FRA, se tiene un predominio de la etapa de expansión (62%), lo que implica mayores demandas al interior de la familia, asociadas a la organización y los cuidados. Suelen ser familias más pequeñas y con prevalencia del modelo biparental nuclear. Esta etapa del ciclo doméstico se caracteriza por una alta demanda en las tareas de procreación, de cuidado y atención de hijos pequeños y de atención también del hogar, de preparación de los alimentos, de aseo y cuidados de hijos pequeños e hijos en edad escolar (CEPAL, 2005).

Como se señaló previamente, la mayoría de las familias de este grupo (GP1 FRA) son biparentales nucleares, lo que quiere decir que los perceptores de ingresos principales son los padres, en muchas ocasiones solo uno de ellos, tradicionalmente el hombre. Por lo que, de manera regular, la mamá estará a cargo de los hijos.

TABLA 2.7 CICLO DOMÉSTICO


* En esta categoría, en los grupos 4 y 5 faltó información de una familia.

Algo característico en estas familias, por el estrato socioeconómico al que pertenecen (FRA), es que contraten servicios domésticos, con ello, las madres tienen más tiempo para dedicar al cuidado de los hijos, el acompañamiento para las tareas, etcétera. Otra característica importante de estos hogares es que están concentrados hacia dentro, por las tareas a las que tienen que hacer frente. En algunos casos sí cuentan con más de un perceptor de ingresos, que puede ser la madre o alguno de los abuelos, según el tipo de configuración familiar que prevalezca. Cuando es la madre quien trabaja, suele hacerlo en medias jornadas, o en actividades que no impliquen un trabajo formal.

En este mismo grupo (GP1 FRA), hay nueve familias que están en fase de consolidación (31%). Son familias que tienen hijos más grandes, adolescentes o terminando la adolescencia; la madre puede estar todavía en etapa de procreación (más o menos en los 40 años de edad). En este nivel socioeconómico se considera que los hijos siguen estudiando. Empiezan a concluir la preparatoria y se preparan para la entrada a la universidad. También estas familias empiezan a tener un incremento en sus redes de relaciones porque los hijos empiezan a tener vínculos más fuertes con sus pares y a tener más atención en sus propias actividades.

Por otra parte, en el GP2 FRL, la mayor parte de las familias (50%) se encuentra en fase de consolidación y se incrementa el número de perceptores posibles de ingreso. Esta respuesta se da principalmente en la economía informal. Esta característica marca la organización familiar, la cual no tiene puesta su atención de manera primordial en el terreno de la educación de los hijos sino que se vive la presión por generar mayores ingresos e incorporar en actividades productivas a los hijos. En segundo lugar, están las familias en etapa de expansión (29%) y cinco familias en etapa de dispersión (21%). Lo que esto refleja es que es menor el porcentaje de familias que están cargadas a las tareas de procreación y cuidado de hijos pequeños.

La mayoría de las familias del GP2 FRL están más bien en consolidación; en este estrato socioeconómico medio bajo, es común que una forma de organizarse para resolver la vida cotidiana y la sobrevivencia sea contar con dos o más perceptores de ingresos en el hogar.

También es importante destacar que se tiene un total de cinco familias en etapa de dispersión y que en muchos de los casos en este grupo socioeconómico y cultural (FRL) puede suceder que los hijos salgan para formar sus propias familias ya que los enlaces se dan en edades tempranas y algunas veces no se llegan a formalizar. También puede ser que en esta etapa de dispersión, los hijos mayores dejen completamente su formación educativa y se dediquen a actividades laborales informales.

Otra cuestión importante en este grupo sociocultural (GP2 FRL) es la presencia de varias familias que viven en configuraciones ampliadas (33.3%) y esto también ayuda a que en las distintas etapas del ciclo doméstico se pueda contar con otros miembros adultos que coadyuven en el cuidado y en el acompañamiento de las tareas escolares. Desde luego, si bien se puede generar menos tensión en lo económico mediante una configuración ampliada en donde hay más perceptores, esto le añade complejidad a la vida familiar, por cuanto representa la interacción cercana de diferentes generaciones en un mismo hogar (Selby et al., 1994).

En los grupos 3 y 4 (GP3 FHD y GP4 FHA) el predominio está en la fase de expansión y puede implicar mayores demandas tanto para las familias con un hijo con discapacidad como para las que tienen a sus hijos en condición de albergue.

En el GP3 FHD, de familias con un hijo con discapacidad, la mayoría de las familias (7 de 10) se encuentran en la etapa de expansión, en la que se viven el mayor número de demandas porque todavía están en procreación o pueden estar en fase de procreación y tienen hijos pequeños. Así que la carga es alta, lo que se exacerba con el trabajo que implica la presencia de un hijo o una hija que tiene discapacidad, específicamente de parálisis cerebral. Esto representa una necesidad de reconfigurar a la familia, en cuanto a los roles que cada integrante asume. Son familias que pueden vivirse sobrepasadas y experimentar niveles altos de estrés.

En este grupo (GP3 FHD) solo se tiene una familia en periodo de consolidación, en donde el hijo mayor tiene máximo 18 años. Es una etapa un tanto más relajada en cuanto a demandas de hijos pequeños, sin embargo, hay que tomar en cuenta la presencia de un hijo con discapacidad, lo cual hace que el proceso del ciclo doméstico no sea similar en estas familias con respecto a lo que vive una familia común en etapa de consolidación. Puede ser que existan hermanos que puedan apoyar en las tareas relativas al cuidado del hermano que presenta la discapacidad.

En etapa de dispersión, solamente hay dos familias; en estas se puede estar viviendo una fase de cierta independencia de los hijos, pero al mismo tiempo la familia continua enfrentando tareas que tienen que ver con etapas anteriores, relacionadas con un cuidado intensivo cotidiano importante hacia el hijo con discapacidad.

En el GP3 FHD, tal como se planteó en la categoría del ciclo vital familiar, es importante considerar que son familias en donde no se podrá vivir (o es muy poco probable) un proceso de desprendimiento de los hijos, porque su condición les va a estar implicando tareas de etapas previas, características de una familia centrípeta, de acuerdo con lo que señala Combrinck–Graham (1985).

En el GP4 FHA, cinco de las seis familias de las cuales se tiene información están en la etapa de expansión, de manera que se trata de familias en donde los hijos están en esta primera fase del ciclo doméstico, es decir, son hijos pequeños y que están residiendo en el albergue, lo que implica que los procesos de cuidado y educación se verifican de manera fundamental en la institución. En el contexto de que la mayoría de las madres de esos niños están solteras o separadas, se puede pensar que el albergue es una respuesta y una solución temporal para este tipo de familias, las cuales son de estratos socioeconómicos bajos; es entonces una respuesta para el cuidado, la supervisión y la atención de los niños.

En el GP5 FIU, siete de nueve se encuentran en etapa de expansión, la cual implica mayores demandas de trabajo doméstico y cuidado de los hijos. Los niveles de saturación pueden ser mayores y las necesidades de contar con apoyos sociales formales e informales pueden ser cruciales.

CONCLUSIONES E IMPLICACIONES

Hay una heterogeneidad de formaciones familiares tomando en cuenta las categorías analizadas, así como los cinco grupos socioculturales abordados. La estructura nuclear biparental tradicional, con padre proveedor y madre ama de casa, no tiene predominio en algunos de los grupos culturales, y en el resto, el porcentaje no dicta prevalencia. Los hallazgos confirman las tendencias señaladas por CEPAL (2005) para la región latinoamericana.

Los datos muestran cambios en los códigos culturales sobre la jefatura de los hogares. La asunción de una jefatura compartida puede posicionar en una plataforma de mayor igualdad a las mujeres, con respecto a los hombres, en la toma de decisiones.

Hay una participación importante de las abuelas y los abuelos en la economía de los hogares. Este dato debe ser un indicador de la necesidad que están enfrentando las familias de mantener a sus mayores en el mercado laboral para asegurar la subsistencia y la reproducción social.

El estudio muestra la necesidad de diseñar políticas públicas y programas sociales que sean incluyentes de las distintas formas de vivir en familia en entornos urbanos contemporáneos como lo es el AMG. Es necesario tomar en cuenta la relevancia de contar con programas sociales específicos, por ejemplo, para las familias en fase de expansión que requieren resolver múltiples demandas de atención y cuidado de los hijos además de obtener los recursos económicos y materiales necesarios (véase Enríquez Rosas, Medrano González & Maldonado Saucedo, 2020).

Los datos muestran un porcentaje importante de mujeres que trabajan, tanto en el mercado formal como informal, y es necesario poder contar con un mayor número de escuelas con horario extendido para corresponsabilizarse, desde las instituciones del estado, en la procuración de bienestar de niños y niñas y sus familias.

La diversidad en las configuraciones familiares exige el diseño de políticas públicas que tomen en cuenta la conciliación del trabajo doméstico y extra doméstico (véase Mejía–Arauz, Dávalos & Zohn Muldoon, 2020) y, la corresponsabilidad entre los agentes del bienestar implicados (CEPAL, 2005).

La necesidad de un nuevo pacto social que ponga en el centro el criterio de corresponsabilidad entre los agentes del bienestar, y desde el respeto a los derechos sociales, es una acción impostergable para garantizar el cuidado de los niños y niñas y de todos los miembros de la familia (véase Enríquez Rosas, Medrano González & Maldonado Saucedo, 2020).

Existe heterogeneidad también en cuanto a las etapas que viven las familias y esto requiere de comprensión de este elemento interno, en conjugación con las dinámicas socioculturales que sostienen e inciden en la vida familiar.

Los resultados reflejan una necesidad de reflexionar en las dinámicas familiares de las distintas etapas de desarrollo, no solo en términos de lo que sucede con los hijos y sus demandas particulares sino también la situación vital de los padres y otros miembros de la familia, en cuanto a su manera de integrarse en el sistema familiar y sostener dinámicas de interacción que pueden ser desbalanceadas y generar impactos emocionales negativos a diferentes niveles.

Esto quiere decir que, si bien el desarrollo de los niños es esencial, también es indispensable considerar y analizar el contexto familiar y sociocultural.

Es necesario incluir en el estudio de las familias, el análisis psicológico de su estructura y de los modos de interacción que se generan en su interior, así como las formas en que se entabla el intercambio con el mundo extrafamiliar y las mediaciones que esto requiere para un desarrollo favorable de sus integrantes.

Las familias son configuraciones humanas flexibles, cambiantes, creativas y que responden de maneras diversas a las demandas del entorno social. También son escenarios atravesados por las relaciones de género e (inter) generacionales y con recursos educativos y económicos diferenciados. Son, entonces, núcleos humanos en constante trasformación que requieren de sistemas de protección social universal que resguarden y respeten los derechos humanos de cada uno de los miembros de la familia y favorezcan relaciones de equidad en un marco de justicia social.

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*- Nuestro especial agradecimiento a todas las familias y niñas y niños participantes que de forma generosa nos dieron su tiempo y compartieron información de sus vidas, así como también a las instituciones escolares y de atención infantil que nos facilitaron el contacto con las familias. Agradecemos al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) por el financiamiento para esta investigación, a las estudiantes becarias y a los exalumnos y exalumnas del iteso que colaboraron como asistentes de investigación apoyando en el trabajo de campo y sistematización de datos.

1- Una descripción densa de cada grupo se presenta en el capítulo introductorio de esta obra colectiva.

Organización de vida cotidiana de familias cuyas madres tienen trabajo remunerado. Estudio en cinco grupos socioculturales (*)

REBECA MEJÍA–ARAUZ

GABRIEL DÁVALOS PICAZO

TANIA ZOHN MULDOON

Resumen: En la actualidad la vida cotidiana familiar —especialmente en los contextos urbanos— resulta cada vez más compleja y demandante, con lo que se llegan a afectar las relaciones familiares y el desarrollo de los hijos. Este capítulo presenta los hallazgos de una investigación que examina la organización de vida cotidiana de familias cuyas madres tienen trabajo remunerado. Se presenta, comparativamente, una caracterización de las familias de cinco grupos socioculturales, habitantes del área metropolitana de Guadalajara, con especial énfasis en algunos aspectos que influyen en la organización del tiempo y de las actividades familiares, como lo son la jornada laboral y otras características del trabajo y la vida diaria de madres y padres de familia. Con ello, se contextualiza el análisis cualitativo que se presenta posteriormente, enfocado en la organización de dos aspectos fundamentales de la vida cotidiana de estas familias: la atención a los hijos y el mantenimiento del hogar. Los hallazgos, conclusiones e implicaciones resaltan la doble jornada laboral de las madres de estas familias, la del trabajo formal y el trabajo del hogar, como parte de un desbalance sociocultural en donde las prácticas y tradiciones se modifican significativa y positivamente con la aportación femenina a la economía, pero se estancan inequitativamente en cuanto a la distribución de las tareas del cuidado de los hijos y del hogar, con una mínima e incipiente incorporación de algunos padres en estas tareas.

Palabras clave: organización familiar, vida urbana, madres con trabajo remunerado, cuidado de los hijos, responsabilidades parentales.

LA FAMILIA EN UN CONTEXTO SOCIOCULTURAL

A través del tiempo se ha considerado a la familia como una unidad en sí misma y pilar de la sociedad, pero aun cuando se le identifique como una entidad por sí sola, la familia no es un sistema cerrado ni un sistema que opera en un vacío sociocultural. Se trata de un sistema abierto con dinámicas continuas de trasformaciones situadas socioculturalmente. Es decir, las familias se van construyendo y desarrollando de acuerdo a los contextos históricos, sociales y culturales concretos en que participan. A su vez, estas trasformaciones de las familias definen y caracterizan aspectos histórico–culturales de la sociedad. Por tal razón, resulta importante estudiar la organización de la vida cotidiana familiar, así como la organización de las participaciones, coordinaciones y relaciones entre los miembros de la familia, situadas en contextos históricos y socioculturales específicos.

Esta línea de pensamiento sigue las propuestas de Bronfenbrenner (1979, 1986), quien señaló la importancia de identificar el entrelazamiento de las influencias de varios sistemas que configuran la ecología del desarrollo de familias e individuos.

Estos sistemas se refieren tanto al tiempo (cronosistema) como al espacio sociocultural configurado por el “microsistema” que refiere a las estructuras, relaciones e interacciones directas de una persona o, en este caso, de la familia y sus miembros; el “mesosistema” que incluye la interconexión de los entornos en que participa la familia o sus miembros; el “exosistema” que incluye estructuras que afectan a la familia, pero con las que algunos de los miembros no interactúan directamente; y el “macrosistema” que refiere a los aspectos culturales que influyen en los diversos sistemas anteriores (Perry–Jenkins, Newkirk & Ghunney, 2013).

En forma similar, Minuchin (1986) coincide en que la familia, como sistema sociocultural abierto, pasa por procesos de trasformación, desplazándose por una serie de etapas de desarrollo con continuas reestructuraciones. Al tiempo que se adapta a las circunstancias cambiantes de su entorno y de sus miembros, la familia mantiene un sentido de continuidad interna y favorece el desarrollo de sus integrantes.

Minuchin (1986) propone que las diversas funciones que se llevan a cabo en la familia atienden a dos propósitos distintos; uno, que es interno, este tiene que ver con la protección psicosocial de sus integrantes; el otro que es externo, el cual se manifiesta en la adaptación a un determinado contexto cultural, así como en la trasmisión de dicha cultura.

El funcionamiento del sistema familiar, de acuerdo con Bronfenbrenner (1979, 1986) y Minuchin (1986), supone la interconexión entre diversos contextos, implica una tarea que cada vez se vuelve más compleja y demandante en la época actual, especialmente en los contextos urbanos, lo cual requiere de una organización y un manejo cuidadoso del tiempo por parte de la familia.

Pareciera que las demandas que se presentan a las familias, simplemente para seguir la vida diaria, aumentan cada vez más, haciendo más complejas sus vidas. Las familias, entre otras actividades, dedican tiempo a resolver o atender las necesidades de los hijos, mantener un hogar limpio y en buen estado, atender al trabajo, a las demandas escolares de los hijos, lograr el necesario descanso, poner atención a la salud y cuidado personal, proporcionar y tener entretenimiento, lograr espacios y tiempos para la convivencia y para el fomento de buenas relaciones tanto intrafamiliares como con la familia extensa y las amistades. Todo ello implica una organización y participación demandante, como maquinarias de reloj, que de no articularse cuidadosamente dejan de funcionar adecuadamente con consecuencias para la salud física y psicológica de adultos y niños de la familia.

En concreto, las diversas demandas de vida diaria que atienden los padres, pueden afectar su disponibilidad tanto en tiempo como en actitudes y energía para la atención adecuada de los hijos. A esto se le ha llamado “disponibilidad psicológica”: un estado mental de disponibilidad junto con la habilidad de dirigir los recursos cognitivos y emocionales para la atención a los hijos (Matias, Ferreira, Vieira, Cadima, Leal et al., 2017).

Se trata de que la madre y el padre estén en un estado de alerta respecto de las necesidades y comportamientos de los hijos, manteniendo el interés de realizar las acciones relevantes o necesarias en el día a día para proveer a los hijos de las condiciones deseables para favorecer su desarrollo. Sin embargo, esta disponibilidad puede afectarse por la necesidad de atender aspectos prácticos de la vida en el hogar o del trabajo, lo que podría causar conflicto y dificultades que afecten a la familia como un todo, y en particular al desarrollo infantil.

El trabajo que aquí se presenta forma parte de una investigación más amplia acerca de la Organización familiar de vida cotidiana en el contexto urbano y su impacto en el desarrollo en la infancia media (Mejía–Arauz, 2016) la cual centra la atención en las familias cuyos hijos se encuentran en la infancia media y obedece a la necesidad de mayor investigación de diversos aspectos psicosociales y psicoculturales del desarrollo en esta etapa infantil ya que, en contraste, abunda la investigación de los desempeños escolares de los niños en estas edades.

En forma similar, es usual que los padres en esta etapa se enfoquen más en aspectos de la educación escolar y necesidades básicas como la alimentación y la salud, descuidando, en muchos casos, otros aspectos de la vida y desarrollo de los niños que son de igual manera importantes, como la sociabilidad, el afecto, y los aprendizajes para la vida, los cuales en sí requieren para su atención, tanto de la “disponibilidad psicológica”, mencionada en líneas anteriores, como de recursos cognitivos, emocionales, habilidades de interacción y del tiempo de los padres.

La investigación referida incluyó entrevistas a 80 familias de cinco grupos socioculturales del área metropolitana de Guadalajara: grupo 1, familias con recursos educativos y socioeconómicos amplios (GP1 FRA); grupo 2, familias con recursos educativos y socioeconómicos limitados (GP2 FRL); grupo 3, familias con un hijo con discapacidad (GP3 FHD); grupo 4, familias con un hijo en albergue (GP4 FHA); y grupo 5, familias indígenas urbanas (GP5 FIU). El detalle de las definiciones de estos grupos de familias se presenta en el capítulo introductorio de este libro, así como otras características de la muestra.

El trabajo que se presenta en este capítulo analiza diversos aspectos de tipo cuantitativo, relevantes a la organización cotidiana en las 80 familias participantes en la investigación, y profundiza con un análisis cualitativo en una submuestra de 38 familias cuyas madres tienen trabajo remunerado con jornadas laborales estables, la mayoría de ellas.

Primero se presenta una caracterización de algunos aspectos que influyen en la organización del tiempo y de las actividades familiares, como la jornada laboral y otras características del trabajo y la vida diaria de madres y padres de familia, para dar contexto al análisis que se presenta posteriormente, de la organización de dos aspectos fundamentales de la vida cotidiana de estas familias, como son la atención a los hijos y el mantenimiento del hogar.

Este análisis se orienta desde la perspectiva psicosociocultural con especial influencia de las concepciones de Bronfenbrenner (1979, 1986) acerca de la importancia que tienen los contextos sociales y el tiempo social para moldear las trayectorias y curso de vida de los individuos.

Si bien, Bronfenbrenner (1979, 1986) planteó la interconexión de los sistemas (microsistema, mesosistema, exosistema, macrosistema) y el desarrollo del individuo a través de una mutua influencia, el énfasis e interpretación de los datos que se presentan en este capítulo está en que los contextos son en sí generados por los participantes de acuerdo a sus prácticas culturales, de manera que contexto e individuo no son elementos independientes que se influyan mutuamente sino que son, en sí, las personas las que configuran sus contextos e incorporan en ellos sus vivencias —en el sentido vygotskiano de perzhivanie— (Vygotsky, 1996; González Rey, 2013), sus experiencias, conocimientos, modos de interacción y los valores y atribuciones que tienen acerca del mismo y los que tienen y viven en otros contextos externos al hogar.

Christensen y O’Brien (2003) señalan que con frecuencia se ha concebido al hogar como un contexto estático, sin considerar que las actividades familiares implican movimientos de entrada y salida de la casa de los miembros de las familias. Asimismo, los autores sugieren que estos movimientos impactan en la comprensión que los niños tienen de la casa y la familia, así como en el desarrollo de sus habilidades y competencias sociales.

Otra contribución teórica relevante proviene de la perspectiva llamada del “curso de vida” que estudia las dinámicas familiares tanto internas como externas situadas histórica y culturalmente como un entretejido que caracteriza el curso de la vida moderna o actual. Esta perspectiva resulta útil para entender el papel y las implicaciones que tienen las trayectorias de vida que siguen las familias, para comprender, a su vez, cómo está organizada una sociedad y cómo ocurre su desarrollo (de la sociedad y de la familia) a lo largo de la vida (Macmillan & Copher, 2005).

Desde el punto de vista de Boscolo y Bertrando (1996) las trayectorias familiares pueden estudiarse desde dos ejes: el eje sincrónico que identifica a la familia tal como es en el momento de la observación en cuanto a sistema de elementos y relaciones entre sus integrantes; y el eje diacrónico que describe a la familia desde los marcos de la estabilidad y del cambio.

La estabilidad del sistema familiar se expresa en los eventos recursivos a través de las generaciones, y el cambio se identifica en las trasformaciones que se producen a lo largo del tiempo y que modifican la estructura y organización familiar. Ambos ejes, estático y dinámico no son excluyentes sino complementarios.

En tales ejes sincrónico y diacrónico de las trayectorias de las familias, se detectan elementos “reguladores” de la estructura familiar; aquellos acontecimientos de carácter habitual que se generan de manera repetida o continua (Boscolo & Bertrando, 1996). Estos elementos “reguladores” orientan a la familia en el tiempo y posibilitan que cada miembro del sistema y la familia en su totalidad puedan sincronizarse en un horizonte temporal compartido.

Las perspectivas teóricas expuestas anteriormente orientan la interpretación de las entrevistas de una submuestra de familias de la zona metropolitana de Guadalajara, para dar cuenta de su cotidianeidad, de cómo responden a las demandas de vida en un contexto urbano junto con las instituciones ligadas a sus vidas y cómo se le sigue atribuyendo a la familia la responsabilidad total del desarrollo de los hijos con pocos apoyos institucionales.

MADRES DE FAMILIA CON TRABAJO REMUNERADO Y NO REMUNERADO

Este trabajo se enfoca en el análisis de la organización cotidiana de familias cuyas madres tienen trabajo remunerado porque en estos casos, a diferencia de los de familias cuyas madres se dedican al hogar, se puede identificar mayor complejidad en términos de la disponibilidad de tiempo y presiones asociadas a ello, que afecta la organización de su vida diaria. Aunque el criterio de inclusión se centra en la madre con trabajo remunerado, se analiza también la participación de los padres en los casos de las familias en que el padre forma parte del hogar. Por otra parte, se presentan contrastes y similitudes entre los cinco grupos socioculturales participantes.

De las 80 familias entrevistadas, se identifican 54 familias (67.5%) en las que la madre tiene un trabajo remunerado y 26 familias (32.5%) en las que la madre se dedica al cuidado de los hijos y al trabajo del hogar no remunerados. La siguiente tabla muestra las frecuencias y porcentajes de madres de familia con trabajo remunerado y de madres que se dedican al hogar por cada grupo sociocultural (véase tabla 3.1).

TABLA 3.1 NÚMERO Y PORCENTAJE DE FAMILIAS CUYAS MADRES TIENEN TRABAJO REMUNERADO

(Tr) Y MADRES QUE SE DEDICAN AL HOGAR POR GRUPO SOCIOCULTURAL


Como se puede observar, prácticamente siete de cada 10 madres (67.5%) están incorporadas al mundo laboral. En la muestra total, todos los padres de las familias biparentales y reconstituidas de todos los grupos reportaron contar con trabajo remunerado; en el caso de las familias monoparentales, ya fueran nucleares o ampliadas, no se solicitó información acerca de los padres.

En su conjunto, el promedio de horas de trabajo que reportan es de 34 horas semanales, la jornada mínima es de cuatro horas y la máxima, de 70. La jornada laboral de los padres promedia 54 horas, con un rango de 35 a 112 horas a la semana.

La figura 3.1 muestra los promedios de horas semanales de jornada de madres y padres con trabajo remunerado en cada grupo sociocultural, donde se observa que el promedio de jornada semanal para los padres de los grupos 2 y 3, (GP2 FRL y GP3 FHD) sobrepasa cuantiosamente la jornada de tiempo completo con un promedio de 60 horas semanales. En cuanto a las madres, las del GP3 FHD y GP4 FHA son las que en promedio trabajan jornadas de tiempo completo de 40 horas semanales. En estos datos resulta notable que en las familias con hijo con discapacidad tanto los padres como las madres son quienes tienen los promedios más altos de horas de jornada semanales.

En cuanto al trabajo a lo largo de la semana, el 88.7% de las madres trabaja de lunes a viernes mientras que el 11.3% trabaja también durante el fin de semana; en cuanto a los padres, el 83% trabaja de lunes a viernes y el 17% trabaja entre semana y durante el fin de semana.

Como un referente comparativo, en España, a lo largo de las últimas tres décadas se ha incrementado el número de personas que compaginan el trabajo con las responsabilidades familiares. Dicho incremento se relaciona con la incorporación de manera más extensa de las mujeres madres de familia al mundo laboral, ya sean de familias monoparentales o biparentales, acompañado de un incremento en el número de padres con mayor involucración en la crianza de los hijos y en el reparto de las tareas del hogar (Pérez Rodríguez, Palací Descals & Topa Cantisano, 2017). En la investigación que aquí se reporta, también se observa la tendencia de incremento en la incorporación de la mujer al mercado laboral, pero no así —como se evidenciará posteriormente en el análisis cualitativo, la del reparto más equitativo de la atención a los hijos y de las tareas del hogar.

FIGURA 3.1 PROMEDIO DE HORAS SEMANALES DE JORNADA DE PADRES Y MADRES DE LOS CINCO GRUPOS SOCIOCULTURALES, INCLUYENDO HORAS DE TRABAJO EN CASA


A nivel comparativo entre los grupos socioculturales, se muestran algunas diferencias relevantes en varios aspectos laborales. En relación con el lugar donde realizan el trabajo remunerado, las madres del GP4 FHA y las del GP5 FIU lo realizan de forma exclusiva fuera de casa ya que en su mayoría son empleadas domésticas o de comercios.

En contraste, 52% de las madres del GP1 FRA lleva a cabo su trabajo fuera del hogar con ocupaciones en general de tipo profesional (por ejemplo, maestras, doctoras, contadoras, etcétera). El 43% realiza su trabajo tanto fuera como en casa, y el 5% lo realiza exclusivamente en casa.

En el GP2 FRL, la mayoría de las madres también realizan su trabajo fuera de casa, ya que son empleadas de comercios o instituciones (67%), cerca de un tercio (26%) lo realiza tanto en casa como fuera, ya que varias de estas madres de familia elaboran alimentos en casa para su venta fuera de ella, mientras que el 7% realiza el trabajo exclusivamente en casa, este es el caso de quienes venden productos por catálogo mientras atienden las ventas en su propia casa.

El GP3 FHD se trata de familias más heterogéneas en términos de nivel educativo, ocupacional y de condiciones socioeconómicas, pero en este grupo es mayor el porcentaje de las madres con trabajo remunerado que lo realiza exclusivamente fuera de casa (80%), con solamente un 20% que combina el trabajo tanto fuera como en casa.

En el caso de los padres, en términos generales, en todos los grupos prevalece el realizar el trabajo fuera de casa, aunque un buen porcentaje de padres del GP1 FRA también lleva trabajo para realizar en casa (52%) y un porcentaje menor también del GP3 FHD (25%).

Conjuntando los datos de jornada y lugar de trabajo, se observa que las madres, en comparación con los padres, tienden a tener una jornada laboral más reducida pero un porcentaje considerable se lleva el trabajo a casa. Estas condiciones de trabajo les permiten la flexibilidad para estar más tiempo en casa y al pendiente de sus hijos.

Una comparación entre los grupos socioculturales respecto de la naturaleza de las ocupaciones, refleja que las madres del GP2 FRL, cuyo nivel educativo y socioeconómico es más limitado, se dividen entre trabajos que pueden realizar en casa, como preparación y venta de alimentos o ventas por catálogo que les permiten un horario de trabajo hasta cierto punto flexible, o trabajos como empleadas de comercios o de limpieza de edificios o casas que implican un horario fijo. Esto último también aplica al grupo de mujeres de familias indígenas urbanas (GP5 FIU) que en su gran mayoría son empleadas domésticas.

En otras palabras, algunas de las madres profesionistas tienen oportunidad de realizar parte de su trabajo en casa; las madres no–profesionistas de menor experiencia educativa buscan oportunidades de obtener ingresos laborando prevalentemente en casa; mientras que otras madres, también con recursos educativos limitados, apoyan a las familias en que las madres son profesionistas, atendiendo las labores de las casas de estas últimas con trabajos domésticos con horarios fijos.

Este resultado es similar al reportado en el estudio de Fawaz y Soto (2012) quienes señalaron que la mayoría de las mujeres adapta su inserción laboral eligiendo tipos de ocupaciones y duración de la jornada que permitan combinar el trabajo remunerado con el tiempo destinado a las responsabilidades familiares.

Pérez Rodríguez, Palací Descals y Topa Cantisano (2017) resaltan el conflicto que puede surgir de la necesidad de invertir tiempo y dedicación tanto al trabajo, que proporciona ingresos y seguridad económica, como a la familia que representa apoyo afectivo y desarrollo personal; de ahí que se genere una necesidad de conciliación entre estos dos ámbitos de vida. Los resultados de una investigación que reportan estos autores indican que los trabajadores y trabajadoras tienden a utilizar cada vez más las medidas conciliadoras relativas a la flexibilidad horaria que el recurrir a personas que ayuden en el cuidado de los hijos. Sin embargo, el análisis de Enríquez, Medrano y Maldonado (2020) reportan que las familias participantes en nuestra investigación recurren con bastante frecuencia al apoyo de los abuelos para el cuidado de los niños.

Es importante considerar que, excepto en el caso de las ayudas que provienen de la familia extensa, como es el caso de los apoyos que proporcionan los abuelos, otras ayudas externas usualmente implican una inversión económica que no es factible para todas las familias (solo un grupo de los cinco tiene estas posibilidades económicas), mientras que la organización y participación de los diferentes miembros de la familia no implicaría dinero, pero sí cambios en las ideas predominantes de la cultura respecto de la distribución de las responsabilidades familiares.

Estos dos ámbitos, del trabajo y de la familia orientan a preguntar acerca de qué demandas o responsabilidades enfrentan las familias, qué tareas, y actividades prevalecen en su vida diaria, qué importancia le dan y si estas son realizadas con fluidez y facilidad o les representan una carga en sus vidas.

DEMANDAS DE VIDA COTIDIANA

La organización diaria familiar implica ir resolviendo una diversidad de tareas y asuntos que tienen diferente peso y valor para las familias. La figura 3.2 muestra las diferencias entre los cinco grupos socioculturales en cuanto a qué consideran prioritario como “demandas” a atender en la cotidianeidad de sus vidas.

FIGURA 3.2 PORCENTAJE DE TIPOS DE DEMANDAS DE VIDA COTIDIANA SEÑALADOS POR LOS PADRES Y MADRES ENTREVISTADOS


Resulta un tanto paradójico que las familias del GP1 FRA que son las que cuentan con mayores recursos económicos, reporten lo económico como demanda y preocupación prioritaria a atender, mientras que en los grupos 2, 4 y 5 (GP2 FRL, GP4 FHA y GP5 FIU), que tienen mayores limitaciones económicas, esta demanda aparece en segundo lugar, ya que consideran más demandantes las labores del hogar, lo cual está asociado a que no cuentan con empleadas domésticas, cosa que sí ocurre en el GP1 FRA de familias con recursos amplios.

Para las familias del GP1 FRA, en segundo lugar, señalan como demandante o responsabilidades prioritarias a atender todo lo que está implicado en la educación escolar de los hijos. Las madres de los grupos 2, 4 y 5 (GP2 FRL, GP4 FHA y GP5 FIU), identifican en segundo lugar de importancia las demandas que refieren a lo económico, mientras que para las familias con hijo con discapacidad (GP3 FHD), en segundo lugar, reportan como demandante la atención a los hijos.

La figura 3.3 presenta información complementaria, en el sentido de qué tanto estas demandas resultan agobiantes, implican dificultades de tiempo, u otras complicaciones. Como se observa en la figura, para los grupos 1 y 2 (GP1 FRA y GP2 FRL), las demandas que reportan les resultan especialmente agobiantes; sin embargo, las dificultades de tiempo y otras complicaciones son también señaladas como algo frecuente en el GP1 FRA, mientras que no se alude a ello con tanta frecuencia en el GP2 FRL.

FIGURA 3.3 SIGNIFICADO QUE DAN LOS PADRES Y MADRES ENTREVISTADOS A LAS DEMANDAS DE VIDA COTIDIANA


En el GP3 FHD diversas complicaciones aparecen mencionadas con mayor frecuencia; estas complicaciones en general se relacionan con diversas dificultades que enfrentan para atender al hijo con discapacidad, como lo detalla Velasco Jáuregui (2020). Para las madres del GP4 FHA y madres y padres del GP5 FIU, las demandas de vida les representan dificultades de tiempo. Se trata de familias que requieren de tomar transporte público para llegar y regresar de sus trabajos, lo cual les resta tiempo y energía para atender otras actividades de la vida familiar.

Estas dificultades de tiempo que reportan especialmente cuatro de los grupos, junto con la baja frecuencia con que reportan las familias el atender a demandas de tipo personal que se muestra en la figura 3.2, coinciden con investigaciones de Gershuny (citado en Christensen, 2002) que indica que los padres y madres de familia dedican un número considerable de horas al trabajo y a la atención a los hijos a costa de una reducción en su tiempo de actividades y atención personal.

Uno de los aspectos especialmente importante en términos de la salud física y psicológica que se puede considerar “atención personal” refiere al descanso, al tiempo que se dedica a dormir y descansar. A continuación, se presentan los datos relativos al tiempo que reportan los padres y madres de dormir y su contraparte, el periodo de vigilia o tiempo en que se tiene actividad.

DESCANSO Y ACTIVIDAD COTIDIANA

Las horas de sueño y de actividad diurna de los padres resultan especialmente relevantes dado que crean condiciones de salud física y psicológica para atender a las diversas demandas de la vida diaria. En las entrevistas se obtuvieron los datos de horas de acostarse y levantarse y con ello se obtuvieron las horas de sueño y de actividad diurna. De acuerdo con las horas que declararon, aunque no hay mucha diferencia entre padres y madres, solo los padres y madres de los grupos 4 y 5 (GP4 FHA y GP 5 FIU) duermen 8 horas en promedio entre semana, mientras que en los demás grupos la mayoría de padres y madres duermen poco más de 6 horas diarias en promedio.

En el GP1 FRA, las madres duermen entre semana un promedio de 6.4 horas y los padres 6.2. Aunque las diferencias en tiempo de dormir de padres y madres son mínimas, en los demás grupos las madres duermen un poco menos tiempo que los padres: en el GP2 FRL, las madres duermen 6.8 horas y los padres 7.3 horas; en el GP3 FHD, las madres duermen 6.1 horas y los padres 6.8 horas. En síntesis, las madres y padres de los grupos 1 y 3 (GP1 FRA y GP3 FHD) son quienes duermen menor número de horas en promedio, lo cual significa que su actividad diurna ocurre en periodos más extensos.

Como se observa en la figura 3.4, vale la pena notar que el periodo de actividad diurna de los padres de tres de los grupos es extenso, y como se mostró con anterioridad, se verá más adelante la atención a las diversas demandas y labores de la vida diaria hace que este periodo resulte estresante o una carga pesada para muchas familias.

En el GP1 FRA, la actividad de las madres entre semana promedia 17.6 horas diarias, y de los padres 17.8; en el GP2 FRL, 17.2 horas, y los padres 16.7; en el GP3 FHD, las madres promedian 17.9 horas y los padres 17.2; y en los dos grupos restantes (4 y 5), 16 horas en promedio tanto de los padres como de las madres. En la figura 3.2 resalta que las madres de familia con hijo con discapacidad son quienes tienen el promedio más alto de horas diarias de actividad. En síntesis, los padres y madres de estos tres grupos no llegan a dormir las 8 horas recomendables entre semana.

FIGURA 3.4 PROMEDIO DE HORAS DE ACTIVIDAD DIURNA ENTRE SEMANA DE PADRES Y MADRES EN LOS CINCO GRUPOS SOCIOCULTURALES


En resumen, aun cuando se observan diferencias relevantes entre los grupos culturales, resulta preocupante identificar las atribuciones de agobio y dificultades de las familias ante las diversas demandas de vida cotidiana y cómo se enfrentan a un posible deterioro por no contar con el tiempo para atender el debido descanso.

ANÁLISIS CUALITATIVO DE UNA SUBMUESTRA DE FAMILIAS CUYAS MADRES TIENEN TRABAJO REMUNERADO

Para el análisis cualitativo se seleccionó una submuestra de 38 casos de familias cuyas madres tienen trabajo remunerado, ya fueran biparentales, monoparentales, ampliadas o reconstituidas. De las familias con recursos socioeconómicos y educativos amplios (GP1 FRA) y del grupo de familias con recursos limitados (GP2 FRL) se seleccionaron al azar diez casos de cada grupo. De las 10 familias con hijo con discapacidad entrevistadas (GP3 FHD) se incluyeron los 5 casos en que la madre de familia tiene trabajo remunerado; igualmente, del GP4 FHA de las siete familias entrevistadas con un hijo en albergue, elegimos las siete, dado que todas estas madres tienen empleo o trabajan por su cuenta, y de las 10 familias indígenas urbanas entrevistadas identificamos y analizamos las seis cuyas madres reportan tener trabajo remunerado.

TABLA 3.2 PROMEDIO DE JORNADAS LABORALES DE LOS CASOS ANALIZADOS


FIGURA 3.5 HORAS DE JORNADA SEMANAL POR CASO, POR GRUPO


Las jornadas de trabajo de estas madres son muy variadas, la tabla 3.2 presenta los promedios y los rangos de horas jornada semanales, y la figura 3.5 muestra caso por caso las jornadas de las madres de familia por grupo sociocultural.

En general, en el GP1 FRA se puede notar que la mayoría de estas madres de familia trabajan jornadas completas, es decir de 40 o más horas semanales; en los extremos se encuentran el caso de una madre que trabaja cuatro horas semanales apoyando con la contabilidad en el negocio del esposo y otra que trabaja 70 horas semanales.

En el GP2 FRL, quienes tienen un empleo externo al hogar o de horarios fijos reportan ya sea jornadas completas o de 30 horas semanales. Los grupos 3 y 4 (GP3 FHD y GP4 FHA), de madres con hijo con discapacidad, y de madres con hijo en albergue presentan un perfil similar en términos de las jornadas semanales laborales al reportar, en general, jornadas de tiempo completo, incluso casos muy por encima de ello con 60 y 62 horas semanales.

En el GP5 FIU de familias indígenas urbanas, la mayoría de las mujeres tienen trabajo como empleadas domésticas y presentan un promedio y rango menor, de alrededor de 25–30 horas semanales, excepto un caso que, además de su trabajo como empleada doméstica, atiende el negocio familiar de abarrotería con un reporte de 65 horas semanales.

Estos perfiles de jornada, si bien son bastante variables, reflejan una carga laboral fuerte, en muchos casos similar o igual a la que reportan los padres de familia. Esto permitiría suponer que lo deseable en estos casos sería que estas mujeres compartan equitativamente la carga de responsabilidades del hogar y de atención a los hijos. A continuación, se presentan las tareas relativas a la atención a los hijos y posteriormente las del hogar y su distribución entre los miembros de las familias.

LA ORGANIZACIÓN COTIDIANA DE LA RESPONSABILIDAD DE LA ATENCIÓN Y CUIDADO DE LOS HIJOS

Según Macmillan y Copher (2005), los integrantes de las familias asumen roles que se pueden identificar como herramientas culturales que definen la configuración de las funciones que cada integrante desempeña. Estos roles que se relacionan con la organización familiar interactúan con otros roles que cada integrante de la familia asume en otros contextos culturales y que pueden cambiar a través del tiempo en el curso de la vida, impactando a su vez la configuración de roles al interior de la vida familiar. Las configuraciones de los roles familiares involucran complejas relaciones de interdependencia intra y extra familiar, como puede ocurrir, por ejemplo, en el caso de las demandas que representan para la familia las relaciones con otras instituciones y actividades como la escuela y el trabajo.

Al interior de la familia, esta definición y organización de los roles ha sido estudiada por diversos autores. De acuerdo con la revisión que han realizado Torres Velázquez, Ortega Silva, Garrido Garduño y Reyes Luna (2008), son los hombres quienes típicamente consideran que la responsabilidad primordial de ser padres es trabajar para el sustento económico de la familia y que las tareas relativas a la educación y la formación de los hijos son obligación de la madre. Con frecuencia, las madres asumen estas creencias, a pesar de participar en el sostenimiento económico del hogar. Esto se puede apreciar en los resultados que se describen a continuación, en donde se evidencia que la madre asume la mayor parte de las responsabilidades relacionadas con la vida de los hijos.

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