Kitabı oku: «Transformaciones masticables»

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CLAUDINA RESTAINO Prólogo de Luis María Cravino

Transformaciones masticables Un libro para personas que trabajan con personas


Claudina Restaino

Transformaciones masticables : un libro para personas que trabajan con personas / Claudina Restaino. - 1a ed. revisada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Temas Grupo Editorial, 2022.

Libro digital, Amazon Kindle

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-8387-48-2

1. Desarrollo Humano. 2. Estrategias. I. Título.

CDD 658

© Claudina Restaino, 2022

© TEMAS Grupo Editorial SRL, 2022.

Cerrito 136 Piso 3°A.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires

C1010AAD. República Argentina

Teléfonos: (5411) 4381.1182 o 4383.6336

www.editorialtemas.com

ISBN 978-987-8387-48-2

1ra. edición, enero de 2022

Diseño de cubierta: Cali Hernández y Vero Lara

Corrección general: Julieta Berardo

Comité TEMAS Grupo Editorial

Dirección : Jorge Scarfi

Supervisión general: Betiana Cabutti

Diseño & Diagramación: Caterina Tabbia

Conversión a formato digital: Libresque

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723 Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este libro en cualquier forma y medio sin previo permiso por escrito de los autores y/o titulares de Copyright.

Índice

  Cubierta

  Portada

  Créditos

  Dedicatoria

  Prólogo

  Introducción

  Las transformaciones masticables

  Los vínculos nutritivos La red de contactos Un modelo para crecer

  El propósito de Francisco

  Las cápsulas Mashup de herramientas Elige tu propia mezcla

  El nuevo mindset Poder decir adiós es crecer Surfeando el cambio El mindset de la curiosidad El mindset de la exploración El mindset de los guardavidas El mindset de la aventura: embarcarse en la agilidad

  David Bowie, el camaleón “Mashup de herramientas”

  El viaje del héroe y de la heroína Los personajes principales Etapas de una transformación exitosa Primer acto: el planteamiento Segundo acto: la confrontación Tercer acto: la resolución

  Cápsula 1. Storytelling 1.1. Las conversaciones 1.2. El discurso o “speech” 1.3. Rituales: historias y espacios liminales Mashup de herramientas

  Cápsula 2. Emociones 2.1 Emotional agility: la salud mental en las agendas 2.2 La empatía 2.3 El “Sí mágico” 2.4 GEP: un modelo para conectarte con otros 2.5 Consideraciones sobre la entrega y el límite 2.6 Los enemigos de la empatía 2.7 Contagiando emociones 2.8 Gamification 2.9 Cápsulas para la transformación emocional Mashup de herramientas

  Hoy

  Cápsula 3. Hackeando organigramas 3.1. ¿Qué ves cuando ves? Conexiones a medida 3.2. El capital social 3.3 ¿Qué sucede en una organización? 3.4. Los organigramas 3.5. Insights del social network analysis 3.6 Las redes artificiales 3.7.Cápsulas “Mapping” teams Mashup de herramientas

  Beatles transformadores

  Más humanos que nunca

  Bonus track: “El presente del trabajo: Reverse Poem”

  Glosario

  Agradecimientos

  Bibliografía

  Sobre este libro

  Sobre Claudina Restaino

A Clara García Fachal y a Carlos Restaino, mis padres.

Los amo con todo mi corazón. ¡Gracias eternas por tanto!


Prólogo

Todo libro es siempre hijo de sus progenitores, que, en el lenguaje común o en el que proponen las leyes de la propiedad intelectual, se denominan “los autores” (incluyendo las respectivas variantes que el género y el número impongan a ese término). Sin embargo, todo libro también es hijo del tiempo en el que se lo concibe desde su idea original hasta que termina siendo un producto de nuestra cultura.

Por lo tanto, además de Claudina, la madre natural de la creatura que prologo, debemos sumar como progenitora a la pandemia de nuestros tiempos. Jacques Attali, el pensador francés, nos dice: “Como las anteriores grandes pandemias de la historia, la de hoy es en primer lugar un acelerador de metamorfosis que ya estaban latentes. Metamorfosis desastrosas y metamorfosis positivas”. Quienes navegamos en el mundo de las organizaciones solemos esconder la palabra “metamorfosis” a la que alude Attali y preferimos hablar más de cambios, o bien de transformaciones. Es así que este texto se adentra en una temática crucial, y además “acelerada”, la de las transformaciones organizacionales.

Cuando tuve la oportunidad de leer la primera palabra del título del libro, “transformaciones”, me llenó de curiosidad y de ganas de satisfacer necesidades del orden profesional, de modo que estaba decidido a abordar su lectura con dedicación. La segunda palabra, “masticables”, en cambio, me transportaba a otro universo más íntimo y personal.

Siendo un niño –pongamos como referencia, entre mis ocho y diez años–, podía clasificar a los caramelos en dos subconjuntos (aclaro que amaba la teoría de conjuntos, que era una gran novedad para las maestras de aquella época): los “duros” y los “masticables”. Es cierto que podía haber otras clasificaciones relacionadas con el macroconjunto de las golosinas, como por ejemplo los “confites”, que se asociaban a la repostería vinculada con los cumpleaños, y también lo que denominábamos “chocolatitos”, que se nutrían, además de cacao, de mayores universos paralelos en su contenido. Comer un “chocolatito” era buscar un personaje de caricatura que se atesoraba luego de lavarlo para que los rastros de chocolate no le complicaran su visión en nuestra galería de objetos coleccionables.

Pero volviendo al conjunto de los caramelos, que ya mencioné que se dividían en “duros” y “masticables”, recuerdo sobre los primeros que venían con una promesa asociada más a su duración que a su sabor. ¿Realmente duraban media hora? Era quizá la pregunta más existencial cuya respuesta buscábamos resolver. En mi casa, con mis hermanas, establecíamos verdaderos certámenes para determinar quién podía hacer durar el caramelo de media hora esa meta temporal o, inclusive, superar ese objetivo a quizá cuarenta y cinco minutos. La técnica para ganar consistía en, literalmente, no hacer nada. Cada movimiento de la lengua para disfrutar del sabor eran segundos menos en la integridad del caramelo. Los ganadores, que en nuestro caso eran ganadoras, eran los que dominaban la técnica de llevar el caramelo al costado de la boca y luego aplicar un ejercicio tibetano de concentración para no hacer nada, ni siquiera hablar, hasta que bastante después los jugos y secreciones bucales disolvieran el caramelo hasta declarar su inexistencia.

Ahora, tiempo después, podría atribuir mi fracaso en estas competiciones a varios factores; sin embargo, ya de grande creo haber encontrado la respuesta. No era la falta de disciplina tibetana la que me llevaba inexorablemente a la derrota sin honra, sino más bien (ahora me siento más seguro de mis convicciones) que abiertamente era, soy y seré partidario del bando de los masticables. Por eso estaba condenado a perder una y otra vez. Puedo reconstruir mi historial financiero –de esos ocho a diez años–, en el cual cada moneda que podía capturar del “Quedate con el vuelto” o del apenas generoso Ratón Pérez se depositaba religiosamente en el kiosco a cambio de un “masticable” que empezaba con “s”. El caramelo masticable te invitaba al disfrute activo, a la experiencia rica e interactiva de sabores y movimientos, a poder contar lo que se iba viviendo en tiempo presente, a elegir, a sentir, a vivir, y luego a hacer el storytelling de nuestras emociones en el momento más importante del día, en el que las relaciones se hacían intensas, públicas y amplias. Sí, ese momento era el recreo. De modo que la secuencia del masticable era tan simple como: storytelling, emociones y relaciones.

Todos desarrollamos identidad a partir de aquello a lo que pertenecemos: yo soy –y lo digo sin pudor– del bando de los “masticables”.

Es así como el título de este gran libro, Transformaciones masticables, me pone en una posición francamente parcial y comprometida. No fui neutral desde el momento en que Jorge Scarfi me preguntó: “¿Te gustaría prologar el libro de Claudina Restaino?”. Tengo un gran aprecio por la autora y hubiera dicho que sí aun sin conocer el título. Pero repito el sí por mis afectos y por mi declarada pasión por los masticables. Y grito un sí todavía más fuerte luego de la lectura completa del texto. Mi síntesis es triple: es una gran autora, un gran título y, por sobre todo, un extraordinario libro. Más para estos tiempos. Lo prologo sin duda, pero lo recomiendo con todo mi fervor para nada neutral.

Claudina hace un maravilloso mashup. Es más, puedo aseverar que es una gran artista del mashup. ¡Uy!, tal vez alguna lectora o lector no conozca el significado de este término. Y no seré yo quien lo spoilee (¿estará autorizado este anglicismo popular de nuestros tiempos por la Real Academia Española?) en este prólogo. Lean el libro y lo sabrán.

La autora nos invita a reflexionar pasando por textos profundos, por canciones –de esas que sabemos todos y otras que no–, por palíndromos (aquí va otra palabra difícil), por su experiencia profesional, y nos invita a un verdadero camino del héroe o heroína que tiene altos y bajos, como la vida misma.

Byung-Chul Han, el gran filósofo coreano, nos dice: “Que un paradigma sea elevado de forma expresa a objeto de reflexión es a menudo señal de su hundimiento”. Tal vez seamos protagonistas de un cambio de época notable que, entre muchas otras cosas, hunda el paradigma de cómo creemos que las organizaciones deben cambiar. Vale entonces repensar, reescribir, pedir ayuda al arte, hacer mashup, capitalizar las enseñanzas de los héroes y las heroínas que emprendieron largos recorridos, volver a leer lo que ya leímos, volver a cantar o escuchar lo que ya cantamos o escuchamos, seguir, bajonearse, retirarse, activarse, levantarse y volver emprender el camino de una transformación que busca nuevos propósitos.

Es obvio, invito con entusiasmo a leer este hermoso y profundo libro de Claudina. Pero no como un caramelo duro al que solo queremos hacer durar –aunque sea media hora–. Invito a que este libro se mastique, se disfrute, se cuente, se sienta y se comparta.

Dr. Luis María Cravino

Presidente de AO Consulting S. A.

Introducción

Late y resuena por donde se mire o escuche la necesidad de una nueva forma de gestión de las organizaciones, con enfoques centrados en lo “humano”, que permitan que las personas sean personas por fin, porque todo lo que se pueda digitalizar se hará.

Este libro parte de la premisa de que, para que tengamos culturas organizacionales humanizadas, necesitamos explorar, reflexionar y repensar lo que es trabajar con personas, teniendo en consideración que todo lo que escape a eso que es único de la condición humana es pasible de ser intervenido por tecnología digital.

Hay una pregunta central en el desarrollo de los conceptos que se van a plasmar en este libro: ¿de qué forma podemos potenciar a las personas en un contexto digital?

Podemos…, pero ¿quiénes? Todos.

Estamos todos invitados a participar en esta misión que es entre personas y para personas. Porque, como dice Ernesto Gore (2021): “Todo el mundo es líder en algo para alguien”, y aquí necesitamos el mix completo de inteligencia.

Para esto, primero, es importante tener en cuenta que una de las características de los seres humanos por excelencia, inherente a ellos, son los procesos de cambio. La transformación es la única constante que atraviesa a todas las generaciones. Es parte de nuestro crecimiento y desarrollo. No hay personas que no se transformen en el correr de su vida. No hay comunidades ni equipos que permanezcan estancos. Tampoco hay sociedades ni culturas que lo hagan.

Y esta movilización implica una transición en el hacer, pensar o sentir de una persona o equipo que se traduce en una serie de componentes observables, como los comportamientos, las acciones o los símbolos, entre otros.

Bucear, adentrarse e identificar las trasformaciones claves que pueden suceder en la vida profesional y personal de una persona o de un equipo parece ser un ejercicio imperativo que requiere del análisis del ciclo de vida personal y profesional de principio a fin.

En términos organizacionales, con el fin de facilitar la comprensión de cuáles son las mayores problemáticas que puede estar atravesando una compañía, por lo cual necesita transformarse, David Ulrich y Arthur Yeung (2019), proponen recopilar información relevante que esté afectando a un negocio. Seguidamente, distribuirla en las categorías: social, técnico, económico, político, ambiental y demográfico.

1 Social: es el análisis de los cambios en los estilos de vida. Por ejemplo, la flexibilidad del lugar de trabajo, el equilibrio entre la vida laboral y la personal, los mix generacionales, los asuntos personales o la globalización.

2 Técnico: se refiere al aumento del uso de la tecnología digital para la eficiencia, la innovación, la información y la conexión.

3 Económico: marca la aparición de nuevos competidores o modelos de negocios.

4 Político: son los disturbios sociales que puedan estar ocurriendo o los cambios regulatorios.

5 Ambiental: es la responsabilidad social, la reputación de la comunidad, los efectos del cambio climático, la sostenibilidad.

6 Demográfico: son los cambios en la población de una organización, como los ingresos, los egresos, los temas generacionales o etarios, la diversidad, etc.

Todos estos aspectos pueden ser impulsores de una transformación organizacional y esta clasificación permite por un lado establecer las prioridades sobre las cuales se va a trabajar y por otro, realizar un diseño acorde al problema que se quiera solucionar.

Si bien hay muchos tipos de transformaciones, en particular, aquellas que suceden en los momentos que les importan a las personas o a los equipos, representan disrupciones que producen una fractura en la biografía personal y/o laboral porque porque pasan de un estado a otro que es irreversible. Son cambios de alto impacto y, por consiguiente, resultan memorables o significativos. Ejemplos de ellos podrían ser tener hijos, convertirse en magíster, ser promocionado, jubilarse, mudarse, publicar un libro, cumplir años trabajando en una organización, cambiar de trabajo, retornar a una compañía, atravesar una reorganización, conseguir inversión para un emprendimiento, la digitalización de un proceso de trabajo en nuevo sistema, empezar a tener gente a cargo…

Pero ¿se pueden mezclar aquellos cambios que impactan en nuestra vida personal y en la vida profesional?, ¿cuánto pesa cada uno en el desarrollo de una persona?

Entender qué es relevante para una organización y para los actores del ecosistema en el que se vinculan las personas para realizar una tarea es un paso fundamental para que una organización decida cuál va a ser su estrategia de abordaje, en la cual va a poner el acento y para la cual va a designar recursos, si les quiere dar entidad a los momentos que resultan trascendentales.

Es importante destacar que el hecho de que haya algún factor externo que impulse una transformación puede ser motivo necesario pero no suficiente para que un individuo o equipo elabore el cambio de mindset, o mentalidad, en paralelo y a la misma velocidad.

Por ejemplo, la pandemia del COVID-19, que comenzó en China a finales de 2019, impuso formas de trabajo diferentes que deben ser acompañadas por una transformación en la forma en que pensamos este ámbito. ¿Podríamos considerar, en líneas generales, que todos los profesionales ya están provistos de una nueva perspectiva que permite hacerles frente a los desafíos que hoy atraviesan las organizaciones? Más bien parece estar todavía en proceso de elaboración.

El cambio en la forma en que sentimos y pensamos no se puede imponer. Se construye sin un listado de instrucciones, pero sí con una invitación para que las personas se sumen a pensar en conjunto sobre estos temas.

Las transformaciones masticables

“Transformaciones masticables” es un concepto que permite pensar en lo que sucede con las personas ante contextos cambiantes. Cualquiera sea el fin de esa transformación, hacerla masticable permite que, en el pasaje hacia un “nuevo mundo”, las personas sean abordadas desde programas “humanizados” que las custodien teniendo en cuenta que son fuentes de resiliencia y creatividad inigualables.

“Masticables” es una metáfora que refiere a la atención que hay que poner en las personas porque toda transición necesita ser incorporada, asimilada, apropiada, para que el proceso resulte enriquecedor profesional o personalmente.

Es un término que remite a algo complejo que se vuelve fácil, digerible. Esto es posible a través de acciones como curar, catalizar, traducir y graduar contenido para llevar a una persona (incluso, a aquellos que pueden estar en niveles profesionales o educativos muy avanzados) de un lugar conocido a otro que no lo es y que puede parecer inalcanzable, confuso, inabarcable o abstracto.

Toda transformación puede hacerse masticable si se antecede con la pregunta

“¿En qué afecta esto a las personas?”

Los cambios organizacionales movilizan capital humano y demandan tácticas y estrategias articuladas para que el resultado de las transiciones se considere enriquecedor y recordable, lo que deriva en organizaciones fabulosas porque tienen culturas donde las personas dan lo mejor de sí mismas.

Algunos cambios pueden sonar a que vamos corriendo y nos topamos con un precipicio. Hacerlos masticables no es frenar ni bajar la velocidad sino poner una rampa para descender en equipo sin que nadie sienta que cae al vacío.

Ninguna transición humana está libre de emociones.

Siempre conllevan una alta carga emocional, y los equipos a los que pertenece una persona pueden obstaculizar o favorecer este pasaje. Toda organización tiene en sus manos el poder de trabajar para encauzar a un equipo como facilitador de crecimiento.

Que un cambio sea masticable es una decisión sustancial que permite que una organización se implique, integre y acompañe activamente todas las instancias. Deja entrever una cultura de empatía.

El acompañamiento y el soporte de una comunidad y de una organización frente a quienes transiten para migrar de un estado a otro del que no se puede regresar genera un cauce virtuoso en la experiencia. Este hecho nos lleva, indefectiblemente, a tener que abrir el espectro del análisis de los cambios individuales para hacer extensible el concepto de “trasformaciones masticables” al trabajo que se realiza en equipos, comunidades, tribus o clusters organizacionales. Esto sucede por varias razones. En primer lugar, porque el ser humano se desarrolla inserto en una sociedad. En segundo lugar, porque la envergadura de desafíos que vayamos a tener que resolver en un contexto ambiguo requiere que las personas interactúen, de las mejores maneras posibles, para resolver problemas complejos, juntas. Las formas de vincularse de una comunidad funcionan como una red, que es la que verdaderamente mueve el hacer, saber y sentir de las personas.

Las trasformaciones masticables se elaboran con equipos multidisciplinarios. Celebran tener en la mesa de discusión a profesionales de las especialidades más diversas compartiendo puntos de vista que se integran para construir nuevas realidades.

En esta configuración, la “empatía” es un elemento clave que le abre la puerta a la diversidad que trae consigo la necesidad de personalización en los abordajes e implementaciones.

En el mundo de las personas, no basta solo con explicar la parte racional de un cambio para que sea entendido y acatado. Las llamadas al cambio usualmente son rechazadas, tal como veremos en las etapas del capítulo “El viaje del héroe y de la heroína”.

Las transformaciones masticables también abrazan los nuevos desarrollos digitales, los hacen más inteligentes para que sobre espacio que pueda ser destinado a mejorar capacidades para el desarrollo humano.

Las trasformaciones masticables son recordables porque se aprecian.

Tienen contenido significativo. Se viven en equipo y le dan valor a los juegos porque entienden que esta herramienta les aporta la libertad de explorar escenarios y suposiciones liberados de prejuicios. Se almacenan en la memoria del vínculo nutritivo (el cual desarrollaremos posteriormente), por lo cual persisten y resisten el paso del tiempo y largos períodos de desconexión. Pero en el reencuentro, se reestablecen.

Por último, las transformaciones masticables se miden de forma diferente. La naturaleza humana no permite cronometrar cuánto tiempo concreto se tarda en cambiar a una persona o a una comunidad desde el inicio hasta el final. Sin embargo, la calidad de las ideas, la disrupción de lo previsible y la sofisticación de las propuestas que surgen como resultado de haber atravesado un proceso de transformación dan cuenta de que el traspaso fue masticable en la medida en que en ese nuevo mundo se festejen y se celebren las nuevas formas de hacer, pensar y sentir creadas por personas y para personas.

Los vínculos nutritivos

“

“If there’s anything that you want

If there’s anything I can do

Just call on me and I’ll send it along

With love, from me to you”.

The Beatles, “From Me to You”

Este es uno de los temas más cruciales sobre los que debemos trabajar en el trascurso de nuestras biografías, sin importar si decidimos ejercer de forma independiente, emprender, crear una startup, sumarnos al mundo corporativo o a cualquier otro mundo laboral. Me animo incluso a sugerir que hubiera sido útil dedicarnos a aprender la importancia de generar vínculos nutritivos desde el comienzo de nuestra educación.

Nuestro crecimiento intelectual, emocional y profesional se inicia, fortalece y potencia de forma directamente proporcional a la calidad de interacciones significativas que podamos construir a lo largo de nuestra vida. Más aun, depende de las mismas.

De esta idea surge el concepto “vínculos nutritivos”, que nos habla de tomar conciencia de quiénes son las personas que nos rodean porque esta exposición nos impacta en nuestro éxito profesional y en nuestra felicidad.

Los “vínculos nutritivos” son lazos significativos que establecemos con otras personas, lejanas o cercanas, que nos aportan valor profesional o personal porque están conformados con amor, generosidad o confianza recíproca.

El hecho de que sean significativos no refiere a la profundidad en el lazo, sino a algún tipo de huella que debió dejar marcada la interacción. Hay un aporte resultante de ese intercambio que no tiene que ser necesariamente grandilocuente, pero sí definitivamente válido para diferenciarlo de aquellos a los que llamamos “contactos”. Eso que marca la diferencia es lo que construye un puente, que será más o menos sólido de acuerdo a cómo decidamos desarrollarlo en el tiempo.

Los contactos carecen de ese puente. Podemos tener abultadas agendas, pero si no hay vínculo con quienes las componen, solo son datos. Aislados y acumulados en un reservorio.

Los vínculos nutritivos al ser significativos son persistentes. Resisten el paso del tiempo y largos períodos de desconexión. Por esto, lo particular es que en el reencuentro se reestablecen tal como los dejamos. Se burlan del tiempo porque es como si no hubiera pasado.

Se pueden ver claramente cuando volvés a ver a un viejo amigo, a un profesor, a un colega con quien por cuestiones de la vida no seguiste en contacto y parece que lo hubieras visto ayer. El vínculo sigue intacto, en el estado en el que lo dejaron.

Una persona puede y debe trabajar en pos de crear y construir lazos que sean de valor, en algún sentido. Es un ejercicio enriquecedor, de largo plazo, educativo y divertido. Para esta tarea es necesario que pongamos a trabajar nuestras habilidades blandas que son las que nos permiten comunicarnos, influenciar, colaborar, participar y negociar, entre otras cosas.

Los vínculos nutritivos representan interacciones con personas, a las cuales elegimos para que sean parte de nuestro trayecto profesional y personal, las que nos interpelan, nos ayudan, nos alientan, nos influencian, nos confortan.

Y en cualquier camino de desarrollo, lleno de cambios y transformaciones vamos a necesitar todo eso, y muchas más cosas que de forma espontánea nos van a saber brindar, aun sin que lo pidamos, cuando lo necesitemos.

Los vínculos nutritivos “sacan sus brazos para afuera”, aun en las organizaciones más conservadoras. Esto quiere decir que una persona puede ser parte de una compañía o de un equipo y aun así, tener lazos de este tipo con personas que no pertenezcan ese mismo entorno pero que lo impacten. Pueden venir de consultoras, cámaras, profesores, mentores, coaches, amigos, clientes, proveedores, familiares, etc. Los ecosistemas no se limitan al interior de una organización.

Es posible que un equipo se nutra de otro, por ejemplo, para mejorar sus prácticas, obtener información novedosa o relevante, innovar o mejorar sus habilidades blandas.

Boca y River, aunque contrincantes, son ejemplos de esta relación. Coexisten y se retroalimentan uno en función del otro porque se desafían. No sería lo mismo uno sin el otro; esto quiere decir que existe un aporte significativo que hace al vínculo y excede a la rivalidad.

Cuando pensamos en una red de vínculos nutritivos potente, tenemos que considerar la variedad por sobre la cantidad. En este sentido y en líneas generales podemos distinguir cinco tipos de vínculos nutritivos de acuerdo a lo que se vehiculiza en la interacción entre las personas o equipos:

1 Aprendizaje: son las relaciones que establecemos con quienes nos enseñan, inspiran, los que saben de un tema en particular. Referentes y expertos que ya recorrieron los caminos antes de que vos o que tu equipo lo hagan.

2 Confianza: son aquellos a los que se les puede contar secretos e intimidades, cuestiones confidenciales o privadas. A los que se les puede delegar a ojos cerrados, quienes conocen los miedos, la vulnerabilidad y pueden reconfortar. Con estos vínculos una persona o un equipo pueden expresarse abiertamente sin temor a ser juzgados o sentirse poco inteligentes.

3 Influencia: son los lazos de alto impacto que tienen la capacidad de influir sobre tus decisiones o las de otros. Aquellos que tienen la capacidad de que otros hagan lo que indican pero no por imposición, sino porque tienen la capacidad de convencer con argumentos bien confeccionados por lo que son escuchados.

4 Diversión: son aquellos que aportan alegría, que ayudan a desdramatizar, que hacen reír o entretienen y con esto tienen la capacidad de hacer que veamos las cosas desde perspectivas más livianas.

5 Difusión: son los que conocen, respetan y aprecian tu trabajo y el de tu equipo y por esto, pueden hablar del mismo con otros. Recomendarte, hablar de tu trayectoria, referirte o hasta influenciar en una reunión de calibración para que te promuevan.

Estas cinco categorías son solo algunos lineamientos ya que un vínculo nutritivo puede también conformarse a través de otras cuestiones que no están mencionadas y son perfectamente valederas para incluir a una relación dentro de nuestra red de interacciones que importan.

Es importante resaltar que cuando entramos en contacto con alguien nuevo, no lo podemos clasificar inmediatamente como vínculo nutritivo o como contacto. Con el correr del tiempo y de acuerdo a como se vaya conformando la interacción, cada relación se va alojando en el lugar que corresponde.

La red de contactos

Como mencionamos anteriormente, posiblemente todos tengamos una cierta cantidad de conexiones que se acumularon tal vez sin tener muy claro con qué fin o bien, por algún propósito esporádico, potencial o irrelevante.

En el caso de los contactos es posible que haya habido una interacción (aunque menor), pero son “contactos” en la medida en que no llega a construirse el propósito que inició el lazo ni aparece una razón para profundizarse o perpetuarse.

En palabras de la Licenciada Macarena Figueroa en una charla informal, la red de contactos “es inmediata y pragmática”

Mientras los contactos permanezcan en este estado, no vamos a obtener ninguno de los beneficios de un vínculo nutritivo. Más aún, si no se fomenta o construye el vínculo, el contacto se desvanece al punto tal que, podamos leer todos los datos guardados de una persona en nuestra agenda o redes sociales y desconocer quién es, donde la conocimos o por quien llego a nosotros.

Por este motivo, es poco probable que acudamos a ella o, de forma opuesta, que ella acuda a nosotros, tal vez por vergüenza, respeto o porque haya pasado mucho tiempo desde el encuentro inicial. Lo cierto es que sin una construcción previa, muchas veces hay gente muy valiosa, que queda archivada en el olvido, por más cercanas que estén física, ideológica o emocionalmente.

Sin embargo aquí hay un punto extremadamente importante: la red de contactos es débil, pero de alto potencial, siempre que se construyan puentes.

Es decir, las personas de nuestra red de contactos tienen la potencialidad de transformarse en vínculos nutritivos si construimos lazos de valor. A través de nuevos intercambios, dependiendo de cómo se reconfigure la relación, puede producirse este cambio que es de suma relevancia para nuestro desarrollo.

Adicionalmente, las personas que no están en nuestra red, por más inalcanzables que parezcan, de acuerdo a los estudios popularizados por Stanley Milgram (Morse, 2003), están solo a seis grados de distancia, comenzando a contar desde alguien a quien conocemos. De esta forma, cualquiera podría revisar su red de contactos, elegir uno y a partir de ahí, llegar a través de seis pasos como máximo, a quien quiera en el mundo. Hay un juego muy conocido nacido en Estados Unidos que se llama el “Kevin Bacon game” en el que cualquier participante debe revisar sus contactos y conexiones para determinar a través de qué seis contactos puede llegar a Kevin Bacon (que es un actor famoso).

Solo de forma aclaratoria, es importante mencionar que los “Followers” o “seguidores” que pueda tener una persona en diferentes plataformas no son contactos, de acuerdo a la clasificación que revisamos anteriormente. El hecho de que alguien haya logrado alcanzar, por ejemplo, un millón de seguidores, puede ser sumamente útil para una enorme cantidad de cuestiones pero que escapan a la conformación de vínculos nutritivos que estamos desarrollando.

Tanto los contactos como los vínculos nutritivos suponen un ida y vuelta, no son unidireccionales, y son de naturaleza humana (a diferencia de algunos seguidores que pueden no serlo).

Un modelo para crecer

El siguiente modelo, que se desprende del concepto de los vínculos nutritivos, te invita a que puedas determinar cómo está compuesta tu red y si fuera necesario, realizar algunos ajustes para enriquecerla.

Cada esfera contiene los tipos de vínculos nutritivos que revisamos anteriormente. Te invito a que pienses en aquella sexta dimensión que tenga significado para vos y agregues libremente una característica que en tu opinión construya un vínculo nutritivo.


1. Primer paso. MAPEAR

Pensá un momento en quiénes conocés o quiénes son tus interlocutores o referentes y colocá sus nombres en cada una de las esferas de acuerdo a lo que te aportan las interacciones.

Luego, abrí tu agenda y tomá algunos de los contactos que consideres relevantes. Escribí estos nombres en el área blanca, pero cerca de aquella esfera a la cual podría eventualmente pertenecer.

Hecho este ejercicio, vas a poder tener una visualización de cómo está compuesta tu red nutritiva.

2. Segundo paso. OBSERVAR

Tu mapa armado, te da la posibilidad de realizar algunas observaciones.

Por ejemplo:

1 ¿Hay alguna persona que pertenezca a más de una dimensión? ¿Hay alguna persona que pertenezca a todas?

2 ¿Hay alguna esfera completamente vacía?

3 Típicamente, la cantidad de contactos son muchos más que las personas alojadas dentro de las esferas de vínculos nutritivos.

4 “Los brazos para afuera”: como mencionamos, los ecosistemas de hoy traspasan los límites del interior de una compañía o de un equipo. ¿Has detectado algún vínculo nutritivo de este tipo?

5 ¿Hay alguna esfera superpoblada, desbalanceando al conjunto de dimensiones?

3. Tercer paso. ACCIONAR

Esta es la parte donde debés determinar cuál es tu diagnóstico y tomar acción para lograr equilibrar las esferas en busca de la variedad que mencionamos anteriormente. Diversificar y poblar nunca es mala idea, pero para esto vas a tener que proponerte algunos objetivos que dependerán del estado de tu mapa.

Vamos a ver algunos ejemplos, considerando los revisados en el paso anterior:

1 Si en tu mapa una misma persona ocupa varios espacios, y es la única presente, podés elegir entablar nuevos vínculos nutritivos. Dejar a esta persona en todos los espacios tal como está es una elección personal, pero decidir en cambio habilitar nuevos lazos te va a permitir obtener diversas miradas de personas que puedan tener talentos o especialidades afines a la esfera que representan.

2 Con respecto a las esferas vacías, podés enfocarte en generar vínculos nutritivos nuevos para poblarlas. Tal vez, hay algún contacto cerca de estas esferas vacías que puedas incorporar a tu red.

3 Por más que las esferas estén en equilibrio, revisar quienes son los contactos puede generar valiosos aportes ¿A dónde alojarías a algunas de estas personas si pudieras convertirlas en vínculos nutritivos? ¿Vale la pena entablar un vínculo nutritivo o se queda en su lugar? ¿Qué podría aportar el uno al otro este acercamiento? ¿Qué acciones deberías tomar para lograr el cambio? ¿Qué beneficios puede aportar esta transformación?

4 Si en una organización, una persona o un equipo detecta que tiene, por ejemplo, un vínculo nutritivo de aprendizaje fuera de la organización a quien por su especialidad e idoneidad siempre consulta temas complejos. ¿Valdrá entonces la pena acercarlo a la compañía para embeber de estas habilidades al equipo?

5 Las esferas superpobladas no tienen nada negativo en sí mismas, hablan de dónde estoy poniendo el foco. Por esto, para poder crecer y desarrollarse a cualquier nivel, tal vez es debamos poner atención en desarrollar a las restantes.

Realizar este ejercicio periódicamente es importante ya que los vínculos nutritivos no son estancos ni eternos. Si bien los vínculos persisten, los mapas pueden y van a cambiar y esto nos llama a tomar acción y realizar nuevos ajustes.

Mantener el equilibrio es importante porque nos da la variedad y la potencia que necesitamos para crecer y desarrollarnos en el camino que elijamos.

Para que una transformación sea masticable necesitamos contar con vínculos nutritivos en todas las categorías, interlocutores diversos que nos puedan acompañar en las distintas etapas de cambio. Las personas que integran cada esfera nos ayudan a resolver un problema diferente, porque cada una tiene su propia especialidad.

El propósito de Francisco

“Mi mayor sueño en la vida es intentar aportar a crear un mundo, donde ya no nos lastimemos. Considero que existen todas las condiciones para que cada uno de nosotros alcance su propósito, se realice y deje en el mundo ese valor que puede generar para los demás.

Todo lo que hacemos tiene que ver con otros. Y esa interacción con los otros es la que define qué vivimos. Está en nosotros y en nuestra más profunda responsabilidad interpretar lo que sucede y poder contarnos las historias correctas, poder utilizar las herramientas para tener el poder de “hacer posible”. Eso es lo que define emprender: crear realidades, transformar realidades, lograr que suceda en el mundo lo que uno desea y es lo que vengo haciendo con más de mil quinientos emprendedores en más de cincuenta países del mundo”

Este texto fue confeccionado y expuesto en redes por Francisco Santolo, CEO & Fundador de Scalabl® y reconocido por Forbes como el Hacker de las Startups.1

1 El video se puede visualizar en Linkedin: www.linkedin.com

Las cápsulas

Las personas transitan sus caminos de desarrollo atravesadas por desafíos que se desprenden de la propia intención de crecer o del contexto en el que habitan.

Hay una enorme cantidad de formas de pensar en las transformaciones, sus significados, sus requerimientos, sus impactos, sus etapas y su coordinación, en particular cuando hablamos de cambios que implican a seres humanos e impactan en ellos.

Pero sea cual fuere el camino que tomemos, no podemos dejar de contextualizar la problemática que implica estar inmersos de forma global en una realidad que no da respiro, donde queda claro que las transformaciones son y serán nuestra forma de vida. Esto nos da motivo suficiente para comenzar revisando cuál sería la nueva forma ideal de disponernos para poder renovar nuestra mirada, y con ello, hacerles frente a los desafíos actuales. Por este motivo, vamos a comenzar explorando cuáles son los elementos que componen este nuevo mindset, apuntalado por un nuevo mercado que necesita profesionales con destacadas habilidades blandas para el trabajo creativo, colaborativo y en red en un mundo digitalizado.

Adicionalmente, de la definición de transformaciones masticables se desprende la necesidad de que, para facilitar procesos de cambio que impacten o impliquen a personas, vamos a tener que explorar materias inherentes a los seres humanos. Y esto incluye una mezcla de historias bien contadas, persuasión, influencia, ceremonias, emociones, mentores, coaches, aliados, interacciones, ceremonias, etc. Todos estos componentes, en el marco de la confianza, se potencian porque aportan la seguridad psicológica para que cada uno pueda ser quien es y expresarse en sus aspectos más vulnerables.

Para poder organizar todo el “mix de humanidad” recién mencionado, este libro propone pensar las temáticas en tres cápsulas y con un modelo abierto. Esto significa que la mezcla de tópicos es una captura del hoy, y que se pueden redistribuir, reemplazar o reconfigurar, siempre teniendo en mente que el único propósito que perseguimos es lograr transformaciones masticables.

En el modelo, quedan cápsulas abiertas para que quien lea pueda incluir otros temas de impacto que considere importantes con el mismo fin.


Los contenidos de las cápsulas contienen temas que abordan los cambios desde diversos puntos de vista. La primera refiere a cómo transforman la manera en la que contamos y nos cuentan historias, las conversaciones e intercambios que tienen lugar entre personas; con estos crecemos y nos desarrollamos. La segunda revisa las emociones, que son un marco que opera como bisagra posibilitadora de intercambios saludables, eficientes, humanizados y humanizadores. La última explora los vínculos que construimos, los equipos que conformamos, las interacciones que nos apuntalan, nos hacen avanzar, sostienen y rescatan.

¿Y qué es lo que se modifica en una transformación? Ni más ni menos que nuestros pensamientos, emociones y comportamientos.

Nuestro transcurrir está determinado por la manera en la en que vivenciamos, asimilamos y articulamos estas esferas, entre otras.

Las cápsulas nos dan permiso a ser flexibles en la lectura, un imperativo en este mundo cambiante, no tienen orden de prioridad. La lectura salteada permite sumergirse en cada temática por separado y explorar cada dimensión de forma individual. Son dinámicas y están concatenadas por el nuevo mindset que, dentro de sus características, integra al mundo de las personas como elemento prioritario de transformación.

Mashup de herramientas

Las cápsulas antes mencionadas se encuentran acompañadas por material que ilustra o ejemplifica el contenido expuesto. En algunos casos, también hay ejercicios o frameworks para poder poner en práctica los temas abordados, en los equipos de trabajo.

Algunas herramientas son propias de la materia o tema que se desarrolla. Otras provienen de otros campos y son maleables, por lo que lo pueden ser usadas en relación a lo significan los cambios y facilitar la reflexión del tema desde otro punto de vista.

Por esto las llamamos “mashup de herramientas”. Según el diccionario Cambridge, mashup es una palabra en inglés que significa la creación de una nueva canción a partir de la mezclar partes de otras.

Elige tu propia mezcla

¿Quién dijo que las tres cápsulas tenían el mismo peso, impacto, prioridad o importancia en las transformaciones masticables?

Te invito a que, usando el siguiente gráfico, contornees el tamaño de cada una de acuerdo a lo que te parezca que debería ser más importante a tener en cuenta en una transformación.

En la que creas que amerita poner mayor dedicación o foco, realizá el contorno por el lado de afuera. En la que sea menos relevante, dibujá el círculo siguiendo la línea interna. Por último, quedará una cápsula para contornear el tamaño medio.

Una aclaración: es válido que todas o solo algunas tengan el mismo tamaño, si es que así considerás la importancia de los temas.


Te propongo que repitas el ejercicio al finalizar el libro para poder reflexionar sobre cómo pudo haber cambiado tu punto de vista respecto de estos temas y por qué se generó esa transformación.

El nuevo mindset

“

“Todas las desdichas de los hombres, todos los reveses funestos de los que está llena la historia, los errores de los políticos y las derrotas de los capitanes, todo ello ha sucedido por no saber bailar”.

Molière, “El burgués ennoblecido” (1670) - Acto I, escena II

Hay quienes trabajan sobre la idea de que el tiempo no solamente puede medirse con un reloj, sino de acuerdo a la cantidad de eventos que nos suceden. Esta mirada nos puede ser de utilidad cuando reflexionamos sobre lo que estamos viviendo desde fines de 2019, a partir del surgimiento de la pandemia global del COVID-19.

Para explicar este concepto, Walter Sosa Escudero (2020) realiza un paralelismo con la función “densidad” en estadística, invitándonos a imaginar que vamos de paseo a caminar por un pequeño pueblo rumbo al centro comercial.

Cuando empezamos nuestro recorrido, tal vez no haya ningún negocio. Pero conforme lo vamos haciendo, empezamos a ver los clásicos comercios, uno al lado del otro (tiendas, cafés, quioscos, etc.). Si seguimos caminando, estos comienzan a desaparecer paulatinamente. La forma en que aparecen y desaparecen la cantidad de negocios va formando una curva que se conoce como la campana de Gauss.

Es decir, si asumimos que la calle es un eje horizontal, la campana de Gauss se iría formando a medida que vamos caminando: con casi ningún comercio al principio, varios acumulados en el centro y, luego, se esfuman hacia el final del centro comercial hasta desaparecer.


Al iniciar la caminata, a medida en que vamos acercándonos al centro, puede aparecer la sensación de que “… anduvimos (¿vivimos?) mucho más, a juzgar por la cantidad de comercios” (Sosa Escudero, 2020).

La acumulación produce una percepción diferente del paso del tiempo, de mayor o menor lentitud, que no tiene que ver con los minutos o segundos que hayan sucedido, sino con la cantidad de eventos consecutivos o solapados que se experimentan.

No es lo mismo pasar ocho horas con llamados remotos, reuniones y presentaciones sucesivas, o a veces hasta solapadas, que tener ocho horas libres…, y siguen siendo ocho horas.

En tren de experimentar, aquí en la Tierra podríamos dejar de medir el paso de la vida en años y hacerlo en páginas de libros leídos, en litros de lágrimas derramadas por amores no correspondidos, en abrazos o en cualquier cosa que sume o agregue vida. —Sosa Escudero, 2020.

El año 2020 fue bisiesto, por lo que tuvo 366 días y 8760 horas para todos.

Hay quienes lo arrancaron alzando la copa recién el 1° de enero de 2021, como si el anterior hubiera sido invisible, un paréntesis ausente en contenido.

Algunos pasaron el 2020 felices de poder estar más tiempo en su hogar, se volvieron creativos, cocineros, ¡y hasta arquitectos! A juzgar por las remodelaciones que se animaron a hacer con sus propias manos.

Hubo también quien experimentó el agotamiento de tener que balancear la esfera profesional inmiscuida en su casa y las dinámicas de su vida personal atravesando su profesión.

Otras personas tuvieron que cargar con el peso de tremendos acontecimientos en lo personal o de sus allegados: pérdidas de trabajo, dificultades económicas, depresión, miedo, angustia y, en los casos más severos, enfermedades y muerte.

El año 2020 fue bisiesto, por lo que tuvo 366 días y 8760 horas, pero… ¿para todos?

“En un minuto hay muchos días” expresó Julieta en la tragedia Romeo y Julieta, de William Shakespeare, y en un año calendario tan tergiversado y lleno de subjetividades, teniendo en cuenta la acumulación de sucesos o por la ausencia de ellos, para algunos, probablemente, duró una vida; para otros, ninguna.

Para que una acumulación de hechos tome lugar, tiene que haber una razón. En el caso de la caminata del pueblo que nos propone Sosa Escudero, será la decisión de que a partir de cierto punto comience el centro comercial. En la vida, hay diversos disparadores que operan de forma similar.

Como en el arte dramático, toda obra conlleva un conflicto que significa que hay fuerzas contrapuestas que en algún momento, por un motivo, chocan. Sin esto, se perpetuarían en el limbo de la disputa irresuelta por los siglos de los siglos. Tiene que haber un detonante, una urgencia que haga que las cosas empiecen a suceder en un preciso momento y no en otro. Y es entonces cuando el tiempo no medido con el reloj empieza a correr diferente porque se van acumulando situaciones que movilizan acciones tendientes a buscar una salida, una resolución.

En la película The Matrix, Neo, un hombre con un trabajo de oficina en su “mundo convencional”, guarda dentro suyo una pregunta existencial sobre “la matriz” y viene explorando esta respuesta en la intimidad de su hogar. Pero, en un momento, mientras trabaja en su oficina, recibe un llamado (momento crucial que desarrollaremos en el capítulo “El viaje del héroe y de la heroína”) y tiene que tomar una decisión ahí. Ni antes ni después, sino en ese preciso momento. Por un lado, está en riesgo su vida; por otro, es una oportunidad única e irrepetible de encontrar una respuesta a la pregunta que ocultaba en su interior.

Los grandes cambios necesitan disparadores que pongan un punto y aparte. En el mundo del trabajo, veníamos abordando temáticas de suma relevancia con comas; como si hubiera tiempo de sobra para tomar decisiones o realizar nuevas implementaciones.

El COVID-19 fue el detonante de esta discusión que ya estaba dada, de herramientas que ya estaban a disposición. La importancia de la transformación digital no nació en 2020, tampoco las reuniones virtuales, la preocupación por la automatización de las tareas repetitivas, los entrenamientos online o la inmensa cantidad de opciones para digitalizar prácticas de reclutamiento, de experiencia del empleado, de cultura, etc. Pero se daban sin fecha de inicio ni deadline. No había una urgencia concreta para realizar una verdadera transformación colectiva. La pandemia, de forma imperativa, ordenó: “A usar todas las herramientas digitales ya”. Y en este caso, hay una particularidad adicional: no terminó y no conocemos cómo lucirá el final.

Siempre es más fácil mirar al “monstruo” de frente y deconstruirlo para analizarlo, pero en este momento estamos casi a ciegas. “Casi” porque estamos advertidos por diversos expertos sobre una tremenda disrupción tecnológica que se espera en los próximos años. Desde la vida en Marte hasta los autos voladores o los chips insertados adentro de nuestro cuerpo, todo siempre parece lejano.

Es como seguir la caminata por el centro comercial y ver que este no termina…; solo tenemos la clara sospecha de que lo que viene no se parece en nada al pueblo del que partimos. Es una campana de Gauss por la mitad, inconclusa, que no se cierra…todavía.

Al día de hoy no sabemos si ya estamos en condiciones de describir una “nueva normalidad”. Al respecto, David Ulrich (2020) comenta: “Me preocupa entrar a LinkedIn y ver a alguien que dice: ‘Esta es la nueva normalidad, este va a ser nuestro futuro’. Yo no creo saber lo que es la nueva normalidad. Creo que la nueva normalidad va a ser un proceso”.

En este contexto, se despierta la necesidad de adoptar una nueva forma de mirar las cosas, un nuevo paradigma de pensamiento o mindset que sea funcional a lo necesitamos hoy. Abordar este camino como un proceso nos permite ir de a pasos, buscando la dirección correcta y construyendo a medida que aprendemos colectivamente cuál es la dirección a seguir, disfrutando los aciertos y descartando aquello que ya no nos es instrumental en nuestra búsqueda.

Ya no nos sirve pensar en que “estamos dando un paseo” cuando detectamos que el centro comercial se extiende y sigue… Tenemos que cambiar la forma en la que encaramos ese trayecto, hacernos nuevas preguntas, plantearnos nuevas opciones.

Y ahora sí tenemos un deadline porque hay una alarma sonando para que de este proceso disruptivo que comenzó en 2020 podamos obtener la oportunidad de reinventarnos cuestionando la forma en que abordamos nuestra realidad.

Este “renacimiento de las personas” necesita adoptar un nuevo mindset con características que nos permitan hacerle frente a una realidad llena de preguntas y a un futuro donde reina la incertidumbre.

Lo más importante de todo será la capacidad de habérselas con el cambio, de aprender nuevas cosas y de mantener el equilibrio mental en situaciones con las que no estemos familiarizados. Para estar a la altura del mundo de 2050, necesitaremos no solo inventar nuevas ideas y productos: sobre todo necesitaremos reinventarnos una y otra vez. —Harari, 2018.

Poder decir adiós es crecer

Un mindset está compuesto por un sistema de creencias que alimentan a los comportamientos. Estas pueden facilitar u obstaculizar el entendimiento de nuestra realidad de acuerdo al “cuento que contemos” o “que nos contemos” cuando la pensamos. En el storytelling que producimos al realizar ciertas observaciones sobre las cosas que suceden, que observamos, que sentimos, se manifiesta la interpretación que damos a los hechos e impacta en la forma de conducirnos y de orientar a los demás.

“Poder decir adiós es crecer” cantaba Gustavo Cerati en “Adiós”2, y en un contexto donde lo que necesitamos es personas en su máximo potencial, vamos a tener que despedir a los sistemas de creencias que funcionan como barreras de desarrollo para que puedan crecer todas las habilidades que se encuentran en la naturaleza humana.

Vamos a mencionar algunos:

1 El mindset binario: es el que cree que hay solo dos opciones. Si te va bien en un examen, sos bueno; si te va mal, no sos muy inteligente. Si entraste a tal compañía reconocida, sos un genio; si no, es porque no tenés talento. Frente a este tipo de mindset, Carol Dweck (2006) propone cambiar la mirada y empezar a ver las situaciones de fracaso como un “todavía no” (“not yet”). Esto significa no juzgar las capacidades por un hecho o situación puntuales que pueden no haber sido exitosas, determinando que entonces nunca lo serán. El desarrollo es un proceso y el mayor potencial radica en la capacidad de construir habilidades en el tiempo.

2 El mindset de la rigidez: es aquel conocido por todos que dice “Esto se hace de esta forma porque siempre se hizo así”. No hay otra opción, y con esto se anula toda alternativa para mejorar una tarea o un proceso.

3 El mindset de la competencia: es el que cree que “es” en función de otro. Usa al otro como parámetro de comparación en su desarrollo. Por lo cual, si no puede alcanzar lo que otro hace en la misma medida y en los mismos tiempos, nunca podrá hacerlo.

4 El mindset “vos podés”: es el que se enfoca en la autoestima solamente. Quien recibe este mensaje tal vez puede llenarse de confianza, pero también quedar a la deriva por no saber cómo hacer para “poder”.

5 El mindset “decidite”: es aquel que sigue pensando en que su hijo será “el doctor” y solo eso. Es una posibilidad que se convierta en doctor, pero aparte también puede ser youtuber, instagrammer, monetizar contenido, cobrar en criptomonedas y cantar karaoke en un bar. Cada actividad suma al proceso de aprendizaje y al valor que va a poder dar un profesional.

6 El mindset lineal: es aquel que piensa que una persona tiene una misma profesión de por vida y no que la misma se construye en base a diversas elecciones que se van haciendo en la medida en que uno crece y elige hacia dónde orientarse. Es posible que, en el transcurso de la biografía laboral, un profesional de hoy atraviese diversas transformaciones en su forma de empleo, en el contenido de su tarea, en su modelo de trabajo.

7 El mindset de la exigencia: es aquel que solo ve el final. Cuando los estándares son altos y una persona no llega a alcanzarlos se genera frustración, vergüenza, desaliento y abandono. Una meta tiene estadios. Alcanzarlos paulatinamente debe ser estimulante. Como en los videojuegos, cada etapa que se avanza tiene valor en sí misma.

8 El mindset verticalista: es aquel que cree que hay una “verdad” y la tiene siempre aquel que ocupa un puesto de mayor rango, que es distante y, en muchos casos, desconocido. Esta posición bloquea la posibilidad de integrar diversos puntos de vista, inhibe a los de menor rango y obstruye las dinámicas colaborativas.

El nuevo mindset no trata de apagar, sino de encender a las personas. Se suelen escuchar frases como: “Está estudiando Ingeniería y toca el piano, una pérdida de tiempo, jamás será pianista, ¡que suelte el piano por favor!”. En ese soltar del piano se está dejando ir también un cúmulo de aprendizaje que no se relaciona directamente con mover los dedos para hacer que el instrumento suene. Se trata de habilidades que ahora tienen más valor que nunca antes y se relacionan, por ejemplo, con la creatividad, con poder expandir la mente, contrarrestar tensiones, sensibilizarse, aprender otro lenguaje, entre otras.

Muchas vocaciones han sido truncadas por intentar encasillar talentos en compartimientos tradicionales, competitivos, rígidos y lineales, que no dan lugar a contemplar aquellas cosas que puede traer una persona que lo hacen especial para sí misma y para un grupo.

Muchos equipos con gente sumamente valiosa pierden la posibilidad de convertirse en equipos de alto desempeño porque la evaluación que se hace de sus miembros se remite a descripciones de puesto tabuladas e inflexibles, en las que no hay espacio para incorporar y desarrollar aquello que aporta una persona que es propio y auténtico, en lo que agrega valor único y que se puede potenciar para que se empape de ello también el equipo del que es parte.

No es tan fácil cambiar nuestra forma de pensar, aun cuando tenemos los argumentos para hacerlo. El cambio de mentalidad no tiende a ser tan veloz como los hechos que ocurren, viene posteriormente. La elaboración tiene otro tiempo, oscila hasta ceder; como cuando un elástico se estira, pero, si la intensidad no es suficiente, vuelve a su lugar.

El nuevo mindset no describe el “qué” hay que pensar, sino más bien nos invita a renovar el “cómo” pensar; es una disposición para poder navegar la incertidumbre de la forma más adecuada. Esta reflexión ocupa un lugar, un tiempo de discusión y nuevas acciones que den cuenta que el cambio de creencias se ha producido.


Surfeando el cambio

El nuevo mindset no se puede definir de forma precisa y unívoca, pero hay gran cantidad de académicos y experimentados que nos señalan por dónde empezar a recorrer el camino. Si, como dijimos anteriormente, vamos a disponernos de manera distinta, ¿por dónde comenzamos?

Entre las figuras que describen esta “nueva forma” de pensar que debemos construir, han aparecido “ciudadanos y ciudadanas del mundo”, especialistas en antropología, aventuras y ciencias, entre otras profesiones y oficios, que nos hablan de un mindset particular.

“House of Beautiful Business” es un think tank global y multidisciplinario que nos propone reflexionar sobre este nuevo mindset con la analogía de una lección de surf, de la siguiente forma:

¿Hay personas a las que podamos recurrir? ¿Hay un guardavidas a tu disposición por si las cosas van mal? […] ¿estamos abiertos para responder a las llamadas de los que más nos necesitan? Y, crucialmente, ¿qué podemos hacer colectivamente, como comunidades de ideas afines para proteger y mejorar el estado material de nuestros mundos?

Cuando cultivamos la mentalidad del surfista, cuando equilibramos la curiosidad, la exploración y la aventura con una dosis saludable de realismo, nos encontramos mejor situados para superar los altibajos, y nos prepara para los inevitables choques a lo largo del camino (House of Beautiful Business, 2020) 3

Este fragmento contiene componentes que nos permiten la clasificación de las características más sobresalientes de un mindset reconfigurado, por lo que vamos a usarlos para tener un marco de referencia.

Cada elemento servirá de anclaje para compartir algunas aproximaciones sobre los puntos importantes que conforman una mentalidad renovada, que puede pensar la realidad y sus opciones, sin tener precisiones sobre lo que sucederá en el futuro.

El mindset de la curiosidad

“Cuando Galileo descubrió las montañas de la Luna, su telescopio no tenía realmente la potencia suficiente para respaldar ese hallazgo. Pero reconoció el patrón zigzagueante que separaba las áreas claras y oscuras de la luna porque, más allá de ser un experto en física y astronomía, tenía una amplia experiencia en pintura y dibujo que le permitió detectar montañas donde otros no veían nada”. —Grant, 2016

La curiosidad es el punto de partida y viene haciendo carrera hace años para tener un lugar en el podio. Ha llegado el momento.

La innovación, tan apreciada y valorada en lo que corre de esta época, es como una mamushka que contiene creatividad y en el centro, un corazón curioso que permite cuestionar aquello que está predeterminado. Sin corazón, la innovación no late.

La creatividad es la capacidad que tienen las personas de hacer algo nuevo, mientras que la innovación es el pasaje de convertir las ideas en diversos dispositivos (servicios, productos, procesos, etc.) que mejoren lo que hay ya disponible, en versión renovada. Pero en el centro de ambos siempre están las preguntas, cuestionamientos sobre diversos misterios que pueden ser detectados y que traen de la mano la oportunidad de explorarlos, de ser creativos en el abordaje y de innovar en las propuestas.

Hay una distinción en relación con el tipo de curiosidad que Grant (2016) decide poner en relevancia porque en el diseño de un nuevo mindset, esta diferencia es importante.

Por un lado, está la curiosidad aplicada a resolver, por ejemplo, crucigramas o rompecabezas, que supone una orientación a la resolución de problemas cuya solución puede ser deducida a través de método, técnicas y atajos con la práctica porque hay una única respuesta correcta.

Por otro, se encuentra la curiosidad que se dispone a resolver misterios y que no tienen una respuesta predeterminada, sino que se explora para ir realizando progresos. Este es el tipo de curiosidad que se necesita construir en el diseño de un mindset cuando el mundo es incierto.

En este sentido, Ulrich (2021) también coincide en puntualizar en esta diferenciación. Dice este autor: “Explorar opciones o misterios puede ser el camino hacia la sabiduría y la percepción, en lugar de la inteligencia intelectual, la resolución de problemas o la respuesta a preguntas” (Ulrich, 2021). La siguiente tabla, de su confección, revela las características principales de cada perfil.


Requerido cuandoLíderes que resuelven rompecabezasLíderes como exploradores de misterios
Prioridad en su agendaResolver problemas.Generar opciones.
¿Cómo accionan?Imparten direccionamiento con confianza, se focalizan en las respuestas.Comparten los problemas, cocrean la dirección a tomar. Se enfocan en el proceso de generar alternativas.
Uso de la informaciónAnalíticos. Usan los datos como se presentan.Antropológicos. Observan y hacen hipótesis.
Comienzan conContenido: ¿qué tiene que suceder?Contexto: ¿por qué tiene que suceder una cosa o la otra?
PoderHacen que las cosas “se hagan”.Empoderan a otros y comparten el quehacer.
AmbigüedadIntentan resolver lo incierto.Abrazan lo incierto y lo desconocido.
ÉnfasisDetectan cómo resolver un problema.Guían futuros eventos cambiando los patrones estipulados.
Resolución de problemasBuscan la solución correcta.Viven la tensión de no tener una solución correcta.
Visión de “Lo humano”Las personas son un recurso.Las personas son el aspecto social del sistema organizacional.
Mayores capacidadesProcesos y técnicas.Colaboración y equipo.

La curiosidad es un elemento clave para la generación de ideas, pero hay algunas barreras que podemos destacar porque inhiben que fluya la creatividad.

En primer lugar, se encuentran los miedos a ir contra la corriente. Porque no alcanza simplemente con generar ideas creativas, sino que se necesita iniciativa para hacer realidad una visión, y esto requiere sobreponerse al temor al rechazo o al sentirse ridículo, lo cual es completamente necesario porque son las nuevas ideas las que nos propulsan hacia adelante al ejecutarlas y probarlas.

Esta dificultad, a diferencia de lo que se puede creer, se hace particularmente notoria en las personas que han ganado expertise en algún tema. A mayor experiencia, comienza la preocupación profesional por mantener la estabilidad o reputación y ahí es cuando se pierde la originalidad. Hay una tendencia a retener ese posicionamiento y a no tomar los riesgos a los que habrían estado abiertos si no hubieran tenido una especialización profesional. “Hay experimentos que arrojan pruebas de que, en cuanto las personas pasan a un nivel intermedio su necesidad de logros, se vuelven menos creativas”, afirma Grant (2016).

La analogía de la mentalidad del surfista, que nos ha abierto la posibilidad de pensar en la curiosidad, menciona también la necesidad de tener “una dosis saludable de realismo”, en oposición a lo que sería tener “una dosis saludable de locura”. Lo que prima no es la lógica racional porque, posiblemente, si una persona analizara con seriedad los peligros que conlleva enfrentar olas de pie en una tabla, la actividad en sí misma no tendría ningún asidero. Esta dosis de realismo se traduce en la imperiosa necesidad de agudizar el pensamiento crítico para hacer una mejor evaluación de los datos, cualquiera sea su tipo, integrar información variada y tomar mejores decisiones.

La segunda problemática, es la de la escasez de ideas en términos cuantitativos y cualitativos. En relación con la cantidad, para que haya muchas ideas, en primer lugar, hay que darles rienda libre a todas, incluso a las que parezcan disparatadas, inaplicables o inviables. Sin filtrarlas. No hay posibilidad de generarlas si no se dejan disponibles en este proceso, y parece que eso es lo que está sucediendo. A veces se pierde la perspectiva de la cantidad de ideas descartadas que hay detrás de una persona considerada exitosa por su idea disruptiva. No es suficiente con tener una, dos o tres ideas… Se necesitan cientos o miles, hasta dar con las que puedan tener potencial para la innovación.

Existe una falsa ilusión en la percepción de que a alguien se le puede “prender la lamparita” y que con esto es suficiente para proponer un cambio transcendental. En la mayoría de los casos, hay una gran cantidad de trabajo previo, volumen de producción, experimento e investigación. Picasso realizó por lo menos setenta y nueve bocetos diferentes antes de llegar al Guernica. Pero muchas personas no logran ser originales porque producen unas pocas ideas y luego se obsesionan con refinarlas hasta la perfección (Grant, 2016).

La creación puede tener una faceta individual en el diseño, en la que se necesita reducir el ruido y dedicarle agenda. Pero la exposición destraba. Sin interlocutores, el diálogo individual no progresa porque no hay testeo ni feedback. Va a contramano de lo que propone la agilidad, de la que hablaremos posteriormente.

Gore (2021) menciona que la escasez de buenas ideas nuevas responde a la falta de redes adecuadas, es decir, vínculos de calidad dentro y fuera de la organización que permitan hilvanar sugerencias y perspectivas diversas. Por esto sugiere que este problema podría solucionarse fortaleciendo lazos nuevos, por ejemplo interactuando con consultores, cámaras empresarias, expertos de otras industrias, clientes, usuarios, competidores, universidades, centros de investigación y proveedores.

A este respecto, Michael Arena (2020) suma su preocupación. Comenta que, debido a la pandemia y a la necesidad de conectarnos virtualmente, la interacción con los vínculos más cercanos creció en un 15% y pero contrariamente se detecta una gran caída de las interacciones con personas que pueden no ser tan cercanas pero justamente por esto son las que se encargan de brindarnos ideas o información que no conocemos, a la vez que retransmiten la nuestra para lograr su implementación.

De acuerdo al autor, en el mundo virtual y físico, sabíamos que aproximadamente nueve de diez conexiones nuevas se desintegran en un año si no se retroalimentan. Como resultado del contexto actual de la pandemia del COVID-19, esto se ha agravado, mostrando una caída de aproximadamente un 30% de los vínculos en desarrollo.

Esto significa, por un lado, que nos vamos a mover más rápido porque los grupos de personas van a estar cohesionados, más unidos, con menos interrupciones. Pero, por otro, esta falta de interacción por fuera de sus entornos de pertenencia más cercanos podría afectar aún más la capacidad de creatividad e innovación.

En relación con la preocupación por la escasez de ideas, el aspecto cualitativo tiene que ver con aquello que hace que una idea sea diferente, que contenga una propuesta nueva. El pedido de creatividad puede paralizar a aquellos con formación más analítica porque han aprendido que lo más importante es “atenerse a los datos”, más aún, se les insta a “no ser creativos”. ¿El hecho de que pueda haber una cuerpo teórico probado y comprobado, opera como cimiento facilitador o limitante para la creatividad?

Adicionalmente, es muy difícil pensar “fuera de la caja” (out of the box) estando dentro de ella. Por esto, las limitaciones en la creatividad pueden también estar dadas por la falta de exposición a ámbitos que no son propios de la tarea que se realiza. Es decir, porque no se fomenta la apertura mental para explorar junto con personas de diferentes entornos o disciplinas que no guardan correlación directa con el área de expertise profesional desarrollada. El abordaje de problemáticas con equipos multidisciplinarios, instruidos en temáticas diferentes y con una formación profesional más rica en contenidos variados podría dar solución a esta necesidad.

Por ejemplo, Grant (2016) comenta sobre estudios que demuestran que entre los emprendedores y los inventores, la mayor cantidad de personas que abrieron negocios y solicitaron patentes son propensas a tener aficiones como el dibujo, la pintura, la arquitectura, la escultura y la literatura. El autor trae a colación un estudio desarrollado por quince investigadores de la Universidad Estatal de Míchigan en el que se comparaba a todos los científicos galardonados con el premio Nobel entre 1901 y 2005 con los demás científicos de la misma época. El mismo reveló que, si bien los dos grupos lograron una amplia experiencia en sus respectivos campos de estudio, los ganadores del premio Nobel eran infinitamente más propensos a relacionarse con las artes.

Los resultados se encuentran en la siguiente tabla.


Afición artísticaHabilidades desarrolladas por los galardonados con Premio Nobel en relación con los no premiados
Música: tocar un instrumento, componer, dirigir2 veces mayor
Artes: dibujo, pintura, grabado, escultura7 veces mayor
Oficios: carpintería, mecánica, electrónica, soplado de vidrio7,5 veces mayor
Escritura: poesía, teatro, novelas, cuentos, ensayos, libros divulgados12 veces mayor
Actuación: actor aficionado, bailarín, mago22 veces mayor

La forma de tener buenas ideas es construir, desarrollar y estimular una mente que las genere. Esto conlleva, en principio, un proceso de pensamiento individual que es lo que garantiza una de las más preciadas características que puede aportar una persona a un equipo: la autenticidad.

Ampliar los conocimientos culturales, ya sea viajando o interiorizándose con las costumbres y valores de otros países, también puede ayudar, ya que apuntalan la flexibilidad y adaptabilidad.

En este sentido, hace ya mucho tiempo, también, los expertos en educación vienen puntualizando la necesidad de potenciar destrezas que fomenten la creatividad, la resolución de problemas, el pensamiento crítico y la comunicación. Por este motivo es que a las conocidas dimensiones STEM (del inglés Science, Technology, Engineering, and Math, es decir, ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), que describen un modelo de educación que articulan las disciplinas de mayor empleabilidad, se les agregó la letra A de “artes”, de lo que resultó una nueva sigla: STEAM.

“Cualquiera que intente decir que conoce el futuro solo trata de poseerlo, una especie espuria de destino manifiesto. La verdad más dura y profunda es que el futuro es desconocido, que no podemos mapearlo hasta que lleguemos allí. Pero eso está bien, porque tenemos mucha imaginación... si la usamos. Tenemos profundos talentos de inventiva y exploración, si los aplicamos. Somos lo suficientemente valientes como para inventar cosas que nunca hemos visto antes. Si perdemos esas habilidades, estamos a la deriva. Pero si las perfeccionamos y desarrollamos, podemos hacer cualquier futuro que elijamos”. —Heffernan, 2019

El mindset de la exploración

El modo “aprendedor” es aquel que habilita que el aprendizaje no finalice con los estudios formales que un profesional pueda haber realizado, ni se limite a creencias fijas que pueden estar arraigadas y obstaculizando la aparición de nuevos abordajes o comprensiones sobre un tema.

Es importante señalar que no usamos la palabra “aprendiz” porque este segundo refiere a un principiante, y el mindset “aprendedor” no tiene relación con la cantidad de conocimiento que una persona pueda haber alcanzado. Cualquiera puede ser el punto de partida porque el lifelong learning (aprendizaje de por vida) habla de una predisposición frente a las novedades lo suficientemente flexible como para permitir aprender, reaprender y desaprender a lo largo de la vida entera.

Si bien parece haber consenso en el diagnóstico de la necesidad de incorporar conocimientos y desaprender otros, hay varios puntos para destacar sobre el aprendizaje de por vida.

Uno de ellos tiene que ver con el tiempo que le dedicamos al aprendizaje en la edad adulta. Santiago Bilinkis (2019) destaca que de niños, podríamos decir que es el 100% del tiempo porque se ocupa la totalidad del día a aprender. A medida que vamos creciendo y atravesamos la educación formal, esta dedicación disminuye significativamente conforme vamos asumiendo diversas responsabilidades, como trabajos de tiempo completo u obligaciones familiares. Bilinkis observa que, durante la etapa del colegio secundario, dedicamos en promedio 5 horas a la formación, cada día hábil. Durante la universidad, ya cae a menos de la mitad. La década siguiente, caracterizada por el ingreso al mundo laboral, las horas son solo 126 al año. “Y en el momento de mayor desarrollo profesional de la vida el número se desploma. Entre los 35 y los 54 años, ¡destinamos 27 horas al año!” (Bilinkis, 2019).

Otro punto a destacar se relaciona con una de las creencias limitantes y generalizadas que consiste en el supuesto de que los adultos no tienen la misma capacidad de aprendizaje que los niños. Mariano Sigman (2019) explica que no hay restricciones sustanciales a nivel del cerebro que inhiban la capacidad de cambiar. Salvo en casos muy puntuales donde, por ejemplo, deban detectarse fonemas (como en el aprendizaje de un nuevo idioma), no existen características que hagan que el aprendizaje adulto sea más dificultoso que el de un niño. Hay varios experimentos que comprueban que, a la misma cantidad de horas, la capacidad de aprendizaje de un niño y de un adulto es similar. Sigman (2019) lo ejemplifica con la observación que se hace sobre alguien que “toca la guitarra muy bien porque aprendió de pequeño”, a lo cual responde: “No es porque aprendió de pequeño, es porque paso ochenta y siete mil horas tocando la guitarra”. Adicionalmente, menciona el factor de la escasez de la motivación como uno de los mayores inconvenientes en este proceso, aspecto que tiene una correlación directa con la curiosidad que desarrollamos previamente.

Resulta muy alentador confirmar que el aprendizaje adulto no tiene limitaciones en tanto y en cuanto se dedique el tiempo necesario a la construcción de conocimiento. Esto quiere decir que estamos siempre a tiempo de equiparnos, a cualquier edad.

Con respecto a la motivación, es un tema que también resalta Dweck (2006) cuando refiere a la “mentalidad de crecimiento” y destaca la importancia de elogiar el proceso mediante el cual se logra un aprendizaje porque, cada vez que hay un esfuerzo, el cerebro forma nuevas conexiones que, con el tiempo, hacen a las personas más inteligentes. De esto los videojuegos entienden muy bien y pueden ser un buen recurso para demostrar qué importante que es ir venciendo obstáculos paso a paso y recibiendo una correspondiente celebración cada vez que se logra vencer un desafío, es decir, se logra un aprendizaje. Este es uno de los recursos más importantes que tienen los juegos porque logran cautivar a un jugador; aunque falle, vuelve a intentar. Desarrollaremos más sobre este tema en la sección “Gamification” del capítulo “Cápsula 2. Emociones”.

La otra buena noticia es que hoy la disponibilidad de entrenamientos y cursos gratuitos, impartidos por universidades y profesionales de primera línea. Están al alcance de la voluntad de cualquier individuo que decida embarcarse en esta ola de cambio disruptivo.

La categoría de lifelong learning no abarca solamente a la formación formal que puede impartir una escuela o una universidad. Hay un variado menú de opciones que incluyen, por ejemplo, los entrenamientos autodirigidos, en los que los estudiantes tienen control de los horarios, por lo que pueden realizar su cursada de acuerdo a sus agendas. Dentro de esta categoría, se han vuelto relevantes los MOOC (Massive Online Open Courses), que son cursos virtuales, algunos impartidos por destacadas instituciones a nivel mundial (Harvard, MIT, Stanford, por nombrar a algunas). Este formato, incorpora la modalidad peer-to-peer assessment, en la que los evaluadores de las asignaciones que tiene que aprobar un estudiante son los mismos compañeros, que pueden estar haciendo el entrenamiento al mismo tiempo, pero del otro lado del planeta.

Otro ejemplo es el formato que ha desarrollado LinkedIn con su LinkedIn Learning, donde se imparte formación en diversos skills (habilidades) a través de videos cortos y de cursos actualizados que se van renovando constantemente.

No es la intención de en este apartado sobre lifelong learning brindar una lista de capacidades (skills) con los cuales vamos a tener que familiarizarnos. En primer lugar, porque los mismos envejecen rápidamente. Es decir, todo indica que lo que podríamos aconsejar hoy, en uno, dos, tres o cinco años, quedará desactualizado. Por ejemplo, pudimos haber aprendido la importancia de juntarnos físicamente con nuestro grupo como algo fundamental en la construcción de equipos. Sin embargo, hoy hay que aprender a trabajar de forma remota, sin perder de vista el mismo fin. Los tiempos de renovación son cortos y la agilidad para aprender y desaprender es clave.

Por eso, cuando incluimos el lifelong learning dentro de las cualidades del nuevo mindset, no nos referimos a un listado de capacidades, sino a una disposición. Sin embargo, en este contexto, no podemos dejar de mencionar que el mundo se ha vuelto digital, característica que se va a seguir profundizando con el desarrollo de nuevas tecnologías. Por este motivo, es razonable, para quien no ha comenzado ya, realizar una inmersión en este campo y empezar a entender de qué se trata.

Al mismo tiempo que nos informamos sobre estas temáticas, resulta igual o más importante añadir capacidades que nos permitan generar vínculos nutritivos –temas vistos en el capítulo que lleva estos conceptos en su nombre– para nuestro crecimiento y desarrollo profesional, intelectual y emocional, cualquiera sea la tarea que desempeñemos.

Y aquí viene la parte donde le damos una gran bienvenida al acento que se ha puesto en la relevancia de las habilidades blandas (soft skills), de las que hablaremos posteriormente. Porque esa es su función, que seamos mejores en los intangibles. Por ejemplo, en crear relaciones de calidad, y con ello, confianza, colaboración y comunicación.

En relación con la temática del aprendizaje, vamos a traer a colación algunas de las explicaciones que nos proporciona el benemérito profesor de la Universidad de San Andrés, Ernesto Gore, en su reciente libro La vida en las organizaciones. Gore (2021) señala que una organización imparte conocimiento a través de dos vías: la información (cursos, entrenamientos, manuales, job descriptions) y las relaciones personales. Con el fin de lograr cambios, la información, que es individual y explicita, debe coordinarse con el otro. Esto sucede cuando ese conocimiento comienza a circular por la práctica y en la comprensión mutua se producen cambios en los comportamientos. Por este motivo es que el conocimiento supone relaciones personales que se establecen en la medida en que haya redes de información, confianza y habilidades.

Este autor nos facilita un buen ejemplo:

Alguien puede bailar magníficamente pero para ser parte del colectivo de los artistas del ballet es necesario que se considere a sí mismo como uno de ellos y que ellos lo consideren parte de ese colectivo. [Es decir] […] ser bailarín requiere, por una parte, aprender lo que saben y hacen los artistas, y por otra, integrarse a un grupo de individuos que se consideren a sí mismos– y sean considerados por otros– bailarines (Gore, 2021).

Si una compañía compra otra e ingresan, por consecuencia, nuevos integrantes a un equipo ya conformado, no alcanza con que tengan la misma profesión, la misma trayectoria o, incluso, sean más sobresalientes. Hay un espacio en el cual habrá que demostrar y aprender las competencias necesarias para amalgamarse, ser aceptados, integrarse, es decir, para convertirse en un miembro más del equipo.

Aprender no es absorber ideas, no tiene que ver con un hecho intelectual que se da solo en el interior de una persona, sino que es un proceso para el cual es imprescindible tener las competencias necesarias para participar, pertenecer y construir un significado común en conjunto, como comenta Ernesto Gore (2021).

Construimos conocimientos que se explicitan en el intercambio, a la vez que generamos relaciones interpersonales que aumentan nuestro capital social.

El mindset de los guardavidas

El reino de lo tácito está situado en la intersección entre dos personas que se conectan. Es donde habitan importantes habilidades intangibles que podemos desarrollar a lo largo de nuestra vida y solo se logran a través de los vínculos. Ahí reside el lugar a donde acudimos cuando las cosas no están bien porque nos aporta una infinita cantidad de herramientas para lidiar con las dificultades que aparecen y van a seguir surgiendo. Aquellas que nos dan, por ejemplo, valentía, coraje, confianza, generosidad, solidaridad y son nuestros reservorios de emociones... Todo lo que nos aporta resiliencia y resistencia, necesarias para salir de cualquier crisis.

De momento, ninguna tecnología digital puede dar respuesta a nuestras necesidades humanas elementales porque para que eso suceda se las tendríamos que enseñar, lo que supone explicitar cuestiones que, por su naturaleza, no se pueden transmitir si no es en la interacción entre humanos.

Quisiera recordar una poderosa escena de la película El indomable (Good Will Hunting) que ilustra de forma perfecta este punto. Will tiene una mente brillante, es huérfano y es quien realiza la limpieza en una universidad. Por las noches, se acerca a los pizarrones y resuelve ejercicios matemáticos complejos que quedaron escritos de las clases que se impartieron en las aulas durante el día. En algún momento, comienza una terapia con un psicólogo que se llama Sean, con quien comparte el amor por la matemática, y se convierte en su confidente.

Cada diálogo con Will, el protagonista, tiene cierta similitud con aquel que podemos tener con Hey Google, Alexa u otro similar porque tiene una inteligencia superior… en algún aspecto.

El problema comienza con una pelea en la que Will se burla de un cuadro que pintó su profesor, haciéndole hirientes comentarios sobre su vida personal. Pasan un tiempo sin verse, luego del cual se sientan en el banco de una plaza a conversar. Lo que sigue son las palabras que le dice su psicólogo en este reencuentro:

Entonces, si te preguntara sobre arte, ¿probablemente me darías información detallada sobre todos los libros de arte que se hayan escrito Sobre Miguel Ángel? Seguramente sabés mucho sobre él. El trabajo de la vida, las aspiraciones políticas, él y el papa, la orientación sexual, todo, ¿no? Pero apuesto a que no podés decirme a qué huele en la Capilla Sixtina. En realidad, nunca te has parado allí y miraste ese hermoso techo […]

Y si te pregunto sobre el amor, probablemente me cites un soneto. Pero nunca has mirado a una mujer y has sido totalmente vulnerable. Sintiendo como si Dios hubiera puesto un ángel en la Tierra solo para vos, que podría rescatarte de las profundidades del infierno […]

Te veo y no veo a un hombre inteligente y seguro; veo a un niño engreído y asustado. Pero sos un genio, nadie lo niega. Nadie podría entender tu profundidad. Pero presumís de saberlo todo sobre mí porque viste un cuadro mío y destrozaste mi maldita vida. Sos huérfano, ¿verdad? ¿Creés que sabría lo difícil que ha sido tu vida, cómo te sentís, quién sos porque leí Oliver Twist?

Los invito a hacer este ejercicio para que lo comprueben por ustedes mismos: busquen entre sus familiares, amigos o colegas a aquella persona que, debido a la pandemia, le haya ido verdaderamente mal en su negocio o en su trabajo. Pregúntenle a quien acudieron en esos momentos en busca de consejo profesional o soporte emocional. Y cómo lo sobrepasaron, si es que eso sucedió.

Creo que la respuesta, la podemos imaginar: la familia, los amigos, los colegas. ¿Nuestros “guardavidas”? La tarea de un guardavidas reside en vigilar, prevenir accidentes; detectarlos, por un lado, y atenderlos si es que suceden, por otro. En este caso, extrajimos a los guardavidas de la analogía con el surf para titular este fragmento a manera de metáfora, para resaltar la importancia que tienen las personas para las personas.

“El viaje del héroe y de la heroína”, del que hablaremos en un próximo capítulo, nunca se realiza en soledad. Hay momento de introspección, reflexión y confusión, pero en algún punto aparecen los mentores y los aliados. Las transformaciones se realizan en compañía porque son los vínculos los que los equipan de habilidades blandas necesarias que solo se desarrollan en el interior de una relación y son tan necesarias como las habilidades (a veces, incluso mucho más). La seguridad, la comunicación, el empoderamiento, entre otras habilidades, no se pueden desarrollar si no es a través de lazos significativos entre humanos.

La disrupción tecnológica y todos los dispositivos derivados han hecho aportes magníficos y tienen un potencial maravilloso en infinidad de campos. Pero, en esto no pueden participar. Ni tampoco deberíamos dejarlos porque sería entregarles el expertise de las personas, en la ilusión de creer que, alimentando diversa tecnología digital, se puede capturar aquello que se construye en el vínculo y con el otro, siendo uno y el otro seres humanos.

Cada vez que usamos tecnología tercerizamos algunas habilidades claves para nuestra evolución y la creación de futuro (Hefferman, 2019). Cuanto más se usan las aplicaciones para “ser padres”, menos se conoce a los hijos; cuanto más se usan las aplicaciones para tener amigos, menos sabemos cómo desenvolvernos en la vida real. Cuanto más un médico utiliza un monitor para evaluar un paciente, menos interactúa con la persona-paciente. Sin embargo, no podemos dedicar tiempo a intentar detener la enorme cantidad de desarrollos digitales que ya están disponibles, ni a los que vendrán. Santiago Bilinkis (2019) plantea esta disyuntiva de con el siguiente ejemplo:

Por un lado, todos queremos que si nos vamos a operar, nuestro médico tenga la mejor tecnología posible y las herramientas más avanzas para realizar el diagnóstico y tratamientos más acertados.

Pero si tenemos alguna enfermedad y nos van a dar la mala noticia, necesitamos una persona que pueda tener acercamiento afectivo y empático en la comunicación que se nos va a proporcionar. Que además de aportar la información técnica, pueda explicarla, contener las emociones familiares, estar abierta a preguntas. No podemos dejarle esta parte a un dispositivo que nos informe digitalmente los hallazgos de nuestra salud.

¿Cómo podemos movernos en la intersección entre estos dos supuestos contradictorios? ¿Cómo podemos hacer para convivir con un mundo digital, mientras que custodiamos aquello que necesitamos de las personas para crecer y desarrollarnos? ¿Es posible integrar los dos mundos?

Hay algunas posturas que inhiben, obstaculizan o niegan la posibilidad de que estas dimensiones se armonicen:

1 La frustración de quien sienta herido su ego por no poder competir con inteligencias que nos exceden en memoria, capacidad de razonamiento y resolución de problemas complejos.

2 La entrega de quien, ante el avasallamiento digital, asume que desde el lado de las personas, en este escenario, no tenemos más nada que aportar.

3 El entusiasmo de quien se enamora de las virtudes digitales, se deja eclipsar y en este proceso pierde contacto humano.

4 El que “se hace el distraído” y no destina tiempo a informarse y formarse en nuevas capacidades que van a demandarse en un mercado laboral renovado.

Bilinkis (2019) nos alienta a no pensar en los aspectos humanos y los tecnológicos desde la rivalidad porque pueden integrarse. Para esto, utiliza la metáfora del centauro. Es una combinación que surge de talentos humanos y de la capacidad de las inteligencias artificiales. En esta misma línea, Alejandro Melamed (2021) comenta que la nueva diversidad estará compuesta por humanos y no humanos. Por esto, llama “inteligencia aumentada” a la capacidad de expandir las capacidades colaborativas, mixturando lo mejor que nos puede brindar la tecnología y las capacidades únicas del ser humano.

La inteligencia artificial imita cómo los humanos actuamos, sentimos y decidimos. Solo nos imita, ¡y no se cansa de eso! Por lo tanto, para todo lo repetitivo y sujeto a procesos rígidos es ideal. Pero los humanos podemos imaginar, anticipar, emocionarnos y tenemos juicio propio. En eso somos absolutamente distintivos. —Melamed, 2021.

La solución, entonces, parece no ser la de obstaculizar los desarrollos tecnológicos; por el contrario, tal vez efectivamente tenemos que hacer herramientas aún más inteligentes, pero sin perder de vista que al mismo tiempo debemos acelerar el desarrollo de las fortalezas que residen en nuestras habilidades blandas y que nos hacen únicos como especie.

En este sentido, Santiago Bilinkis (2019) agrega: “Frente al avance de la automatización, tenemos la oportunidad y el desafío de liderar el proceso inverso: hacer que nuestros trabajo actuales y futuros desborden de humanidad”, y aclara que, en este proceso, la empatía juega un papel preponderante porque no hay robot que parezca estar preparado para desempeñarse con esta cualidad.

De todos los oráculos, el más famoso en el Mundo Antiguo fue el de Delfos. En el templo de Apolo en Delfos se encuentran escritos en los muros los principales preceptos por los que se debían regir los griegos.

En el frontón del templo destacaban visibles los siguientes:

 Debajo, a la izquierda, ΓΝΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ (Conócete a ti mismo).

 A la derecha, ΜΗΔΕΝ ΑΓΑΝ (Nada en exceso).


“Nada en exceso”: la tecnología tiene y ocupa un lugar en nuestras vidas. El gran desafío es mantenerla su “justa medida” para que pueda compartir espacio con el tiempo que nos lleva conocernos a nosotros mismos y a las personas que nos rodean.

Lograr este equilibro es, en buena parte, reconocer que lo que es más importante en nuestras vidas se encuentra en nuestro interior y a nuestro alrededor…, pero en el terreno humano. El nuevo mindset no es digital. Sabe de lo digital, por ejemplo, porque puede usar datos para tomar decisiones que no estén basadas en percepciones, pero es más humano que nunca. Hay una nueva toma de conciencia sobre la importancia humana, nuevas reflexiones y una búsqueda en lograr culturas que pongan a las personas en el centro.

La época de mayor digitalización de la historia del hombre nos llama a un renacimiento de “lo humano”, esto quiere decir que tenemos la posibilidad de reinventarnos y que ello implique adueñarnos del expertise de nuestras fortalezas naturales para construir más y mejores interacciones que importan. La manera de hacerlo es encontrando nuevas formas de colaborar que refuercen nuestras redes lingüísticas, comunicacionales y afectivas, todos componentes de la productividad y la riqueza que componen el superávit social (Hardt y Negri, 2012).

A la vez que el trabajo se vuelve más digital, más importante resulta añadir capacidades que nos permitan generar vínculos nutritivos para nuestro crecimiento y desarrollo intelectual y emocional.

La calidad de las relaciones se forja y construye con el ejercicio de habilidades blandas (soft skills), de las que hablamos anteriormente; por esto han tomado tanta relevancia.

Durante años, las habilidades blandas han sido relegadas a un segundo plano por la mayoría de sistemas educativos. Hoy son las habilidades que nos hacen únicos en un mundo de abundancia de profesionales y automatización de labores (La revolución blanda, s.f.).

A diferencia de las habilidades duras (hard skills), que parten de una formación reglada, con diferentes niveles de competencia y un camino preestablecido para aprender cada una de ellas, las soft skills solo pueden ser aprendidas en un contexto de interacción porque son interpersonales y sociales.

Dentro de las habilidades duras, se encuentran, por ejemplo, el aprendizaje de programas de computación, de un idioma, grados y certificaciones, etc.

Las habilidades blandas, por su lado, se construyen de forma diferente: con herramientas como debates, conversaciones, reflexiones, introspección y la articulación con otras habilidades blandas que se van concatenando, siempre en la vinculación entre personas. Por ejemplo, no se puede enseñar el coraje de una forma específica, ni transmitir en forma de manual, pero sí se pueden facilitar las condiciones para que una persona se empodere. Tampoco hay una forma única de expresarlo, sino que cada uno lo vivencia y experimenta en primera persona. Las conductas observables que denotan esta habilidad pueden variar de persona a persona.

McKinsey y otros (2019) distinguen las siguientes esferas como claves para focalizar en nuestro camino de desarrollo personal y profesional: comunicación avanzada y negociación, habilidades interpersonales y empatía, liderazgo y management, emprendedurismo e iniciativa, adaptabilidad y educación continua, enseñanza.

Nuestros vínculos humanos se refuerzan en la medida en que aprendemos a tener interacciones más armoniosas y efectivas, elaboremos redes de contención y confianza y habilitemos momentos de pensamiento y reflexión.

Son “Desordenados, tal vez”, como dice Heffernan (2020), “ineficientes por veces, pero únicos en recargarnos con una ilimitada capacidad de adaptación, variedad e invención, es decir, todo lo que no se va a automatizar”.

“Para sobrevivir y prosperar en semejante mundo necesitaremos muchísima flexibilidad mental y grandes reservas de equilibrio emocional. Tendremos que desprendernos de manera repetida de algo de lo que mejor conocemos, y sentirnos cómodos con lo desconocido. Por desgracia, enseñar a los chicos a aceptar lo desconocido y a mantener su equilibrio mental es muchísimo más difícil que enseñarles una ecuación de física o las causas de la Primera Guerra Mundial. No podemos aprender resiliencia leyendo un libro o escuchando una conferencia”.

—Harari, 2018

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