Kitabı oku: «Historia de los animales. Libros IX-XVII»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 67

Asesor para la sección latina: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por CARLOS GARCÍA GUAL .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1984.
REF. GEBO189
ISBN 9788424930875.
LIBRO IX

SINOPSIS
1.
El león en la vejez.
2.
Las plumas del águila.
3.
Los ratones. Los cocodrilos, las águilas y sus respectivas crías
4.
El áspid y el escorpión. Sus instrumentos para atacar.
5.
Las crías de la perra.
6.
La luna y su influencia en los crustáceos y otros animales.
7.
La lubina y su otolito. Los peces y sus parásitos.
8.
Amor del elefante a su cría.
9.
La foca.
10.
El águila y el águila «de Zeus».
11.
La tarántula y el áspid. Su picadura y mordedura.
12.
El zorro de mar.
13.
El apareamiento de las ranas.
14.
El torpedo.
15.
Mordeduras venenosas.
16.
La serpiente cambia de camisa y aclara su vista.
17.
El martín pescador.
18.
La hierba «matalobos» o acónito amarillo.
19.
Animales ahogados en vino y aceite.
20.
La «piedra tracia».
21.
Helena de Troya y las serpientes de Faros.
22.
Las estrellas de mar y las ostras.
23.
La anfisbena.
24.
La rana «pescador».
25.
La langosta y el pulpo.
26.
Efectos de ciertas hierbas sobre las serpientes.
27.
La hierba «matahembras» o acónito.
28.
La carne de cerdo.
29.
Las serpientes en el nacimiento del Eufrates.
30.
El rastro del león.
31.
Cómo se cura el hipo.
32.
Manera de recolectar el beleño y la cañaheja.
33.
La lombriz intestinal.
34.
El argonauta.
35.
La profundidad del mar.
36.
El pez ádōnis .
37.
Plantas parásitas.
38.
La oveja marina y otros peces.
39.
Diversos insectos de las plantas.
40.
Los animales saben dónde reside su fuerza.
41.
El ratón doméstico y el ratón de mar.
42.
El atún.
43.
El cangrejo común.
44.
Trogloditas y serpientes.
45.
Los pulpos y osmilos saqueando los frutales.
46.
Los «emigrantes».
47.
El erizo de mar.
48.
Estímulos sexuales para los animales hembras.
49.
Los grandes cetáceos.
50.
Las morsas, las ballenas y las focas.
51.
El salmonete.
52.
Peces voladores.
53.
Peces en formaciones.
54.
Diverso trato a los animales.
55.
Cómo mantener callados a los animales.
56.
El elefante.
57.
Los peces en el invierno y en la primavera.
58.
La longevidad del elefante.
59.
Peces de mar que desovan en aguas dulces.
60.
Las agujas de mar.
61.
La mordedura invisible del áspid.
62.
Muerte de un encantador de serpientes.
63.
Los peces y su cópula.
64.
Agua dulce en el mar.
65.
Los iniciados se abstienen de comer ciertos peces.
66.
Cópula de la víbora y la murena.

El león en la vejez
Cuando el león llega a una edad [1 ] avanzada y está abrumado por la vejez, en manera alguna puede cazar y gusta de descansar en cuevas o en las guaridas de la selva, y no se atreve a enfrentarse ni siquiera con las fieras más débiles porque desconfía de su edad y conoce la debilidad de su cuerpo. Y son sus cachorros, que confían en el vigor de su juventud y en su fuerza natural, los que van a cazar, si bien llevan consigo, empujándole, al ya viejo león. Después, dejándolo en medio del camino por el que es preciso ir, se dedican a la caza y, cuando han conseguido lo suficiente para ellos y su progenitor, con un soberbio y penetrante rugido llaman, como unos anfitriones a su huésped, los jóvenes hijos a su padre al banquete. Él acude reposadamente, paso a paso y como arrastrándose, abraza a sus hijos y, lamiéndolos suavemente con la lengua como si alabara así su éxito en la caza, se pone a comer y se solaza con sus hijos. Y no fue Solón el que ordenó este comportamiento (el cuidar a sus padres) a los leones jóvenes, sino que lo aprendieron de la Naturaleza, a la que «nada le importan las leyes de los hombres» 1 ; pues ella es una ley inmutable.
Las plumas del águila
[2 ] Los animales temen y se aterran ante la presencia del águila, reina de las aves, mientras posee vigorosa vida; pero también, si alguien mezcla las plumas de aquélla con las de otras, las del águila permanecen enteras e incorruptas, mientras que las otras, incapaces de soportar el contacto con las del águila, se pudren.
Los ratones. Los cocodrilos, las águilas y sus respectivas crías
[3 ] Los ratones son, además de otras cosas, prolíficos y, en un solo parto, paren muchas crías. Y si por ventura gustan la sal, paren muchísimos, muchos más de lo habitual.
Cuando los cocodrilos tienen sus crías, distinguen las legítimas y las espurias de esta manera. Si, en cuanto rompe el cascarón, inmediatamente se lanza a coger algo, en lo sucesivo pasa la cría a formar parte de la familia, goza del cariño de los progenitores y se la considera y cuenta como uno más de los cocodrilos; pero si se queda inmóvil, se muestra perezosa y remisa a coger una mosca, un mosquito 2 , un gusano de tierra o un lagarto pequeño, el padre la despedaza porque la considera criatura vil, espuria y ajena a su familia.
Y parece que las águilas, al igual que estos animales, comprueban la legitimidad del nacimiento de sus polluelos exponiéndolos a los rayos del sol 3 , y los aman de acuerdo con el resultado de la experiencia y no arrastrados por el sentimiento.
El áspid y el escorpión. Sus instrumentos para atacar
Tengo entendido que los colmillos [4 ] del áspid, a los que con propiedad habría que llamar «portadores de veneno», están forrados como de unas camisas delgadas y semejantes a membranas. Así pues, cuando un áspid aplica la boca a algo dicen que las membranas se rasgan dando paso al veneno y que, luego, aquéllas se cierran y unen.
La uña del escorpión tiene una canal sinuosa completamente invisible a causa de su estrechez. En ella dicen que se contiene y forma el veneno, y en cuanto pincha el escorpión, el veneno fluye por la uña y se vierte fuera. Además, el orificio por el que sale es tan diminuto que resulta invisible. Pero si se escupe en él, la uña se embota y entumece, quedando incapacitada para herir.
Las crías de la perra
[5 ] Aun cuando una perra alumbre muchas crías, es la que sale primero del claustro materno y la más vieja de la camada la que lleva el distintivo del padre, es decir, la más parecida a él en todo, mientras que las demás nacen con las características que el azar determine. En esta cuestión, la Naturaleza parece seguir el criterio de valorar más al macho fecundante que a la hembra receptora.
La luna y su influencia en los crustáceos y otros animales
[6 ] He aquí otra característica de los testáceos y de los crustáceos. Éstos suelen hacerse más vacíos y ligeros cuando la luna mengua. Las púrpuras, los buccinos, los espóndilos 4 y otros parecidos a ellos, pertenecientes al grupo de los testáceos, prueban lo que digo, así como, entre los crustáceos, los cangrejos comunes, las langostas 5 , los bogavantes, los cangrejos en general 6 y cualquiera otros similares a éstos.
Dícese también que las crías de las bestias de carga son menos capaces y más débiles que otras cuando la luna mengua. Es más, los entendidos en estas cosas aconsejan no criar a los animales nacidos en esta fase lunar, porque no son diligentes. Pero los animales bajo la luna nueva, según tengo entendido, o emiten su sonido natural o sucumben; sólo el león, como dice Aristóteles 7 , no hace ni lo uno ni lo otro.
La lubina y su otolito. Los peces y sus parásitos
Aristóteles dice 8 que la lubina 9 posee [7 ] un finísimo oído, y lo mismo, el verrugato 10 , la salpa 11 y el salmonete 12 . Me he enterado de que la lubina sabe muy bien que tiene en la cabeza una piedrecita 13 . Durante el invierno, ésta se enfría muchísimo y le produce grandes molestias; por eso, en esta estación del año la lubina se calienta a sí misma 14 , excogitando este remedio sumamente eficaz contra el frío producido por la piedra. Sé que también el verrugato, el pargo 15 y el pez águila 16 hacen lo mismo, pues éstos tienen idéntica piedra.
Parece que también hay peces parásitos 17 . Por ejemplo, la llamada «rémora» 18 , que mordisquea las presas del delfín, en lo cual éste se complace y de buena gana le deja participar. Con ello, el parásito engorda muchísimo, como el que se atiborra en rico y copioso festín. (Terón, en la comedia de Menandro 19 , se envanece de que ha cogido hombres por la nariz y los ha utilizado como manjar. Y Clísofo 20 se vendó uno de sus ojos por congraciarse con Filipo, que perdió uno en el asedio de Metone 21 .) La rémora y el delfín son, a mi entender, amigos y compañeros de rancho, pero mientras el hombre sabe adular y posee otros vicios, las bestias no saben hacerlo.
Amor del elefante a su cría
[8 ] He aquí un ejemplo del gran amor del elefante hacia sus hijos. Los que se dedican a cazarlos cavan zanjas en las que caen estos animales: a unos los capturan y a otros los matan. Sabréis por otros autores cómo cavan estas zanjas, qué forma y qué profundidad tienen, a qué se parecen sus entradas. Yo me ocuparé ahora de revelar y mostrar el amor de estos animales.
Cuando una madre ve a un hijo suyo caído en una de las zanjas, no vacila, no pierde tiempo, sino que, corriendo con todo ímpetu animosa y apasionadamente, se tira de cabeza sobre su hijo y ambos encuentran el mismo fin: el hijo es aplastado por el peso de la madre y ésta cae sobre la cabeza *** Por consiguiente, los que dudan de que los elefantes sienten un amor natural hacia sus hijos son ridículos.
La foca
[9 ] Las focas paren en tierra. Gradualmente llevan a sus crías al agua para que vayan tomando gusto al mar; luego las reconducen a su primitivo lugar de nacimiento, y las vuelven a llevar al mar sacándolas en seguida. Cuando han repetido muchas veces esta operación, acaban siendo expertísimas nadadoras. Fácilmente se habitúan a la vida del mar: la instrucción las tiene entrenadas y la Naturaleza las fuerza a amar los habitáculos y costumbres de sus madres.
El águila y el águila «de Zeus»
El águila es ave de rapiña, vive de [10 ] sus presas y es carnívora. En efecto, captura liebres, cervatillos, patos de corral y otros animales. Únicamente el águila que se llama «de Zeus» se abstiene de carne. Aunque jamás ha oído a Pitágoras de Samos, se abstiene de alimento animal.
La tarántula y el áspid. Su picadura y mordedura
Dicen que con sólo tocar a una tarántula [11 ] muere uno, pero sin sufrir grandes dolores. Cleopatra, por su parte, descubrió que la mordedura del áspid es muy «suave» cuando, al acercarse ya Augusto, preguntó a sus comensales por una muerte indolora. Averiguó que la muerte a espada era dolorosa, según la opinión concorde de los que habían sido heridos, y que la muerte por ingestión de veneno era aflictiva, ya que producía convulsiones y dolores de estómago; en cambio, la muerte por mordedura de áspid era dulce o, para hablar en términos homéricos, «suave» 22 . Y hay animales que matan por medio de un eructo, si se les toca, como la araña de mar y el sapo.
El zorro de mar
Me dirás que el zorro (me refiero al [12 ] que vive en tierra) es animal astuto. Pues escucha las artimañas del zorro de mar y entérate de todo lo que hace. O se abstiene de acercarse al anzuelo, o bien se lo traga y, al instante, vuelve su cuerpo del revés como se vuelve una camisa y, de esta manera, se desprende del anzuelo.
El apareamiento de las ranas
[13 ] Los hombres dicen que hay ciertos hechizos amorosos. Pues bien, la rana dirige a la hembra un grito, como el enamorado dirige su canción festiva a la amada, y este grito, que es una contraseña, se llama croar, según dicen. Cuando el macho atrae a la hembra, ambos aguardan la llegada de la noche, pues en el agua no pueden aparearse y rehúyen hacerlo en tierra a plena luz del día. Pero cuando llega la noche, se encuentran con absoluta despreocupación y sacian sus ansias de placer.
Si las ranas croan con más fuerza y con más claridad que de ordinario, anuncian la llegada de las lluvias.
El torpedo 23
[14 ] Cuando era niño, oía decir muchas veces a mi madre que, si uno toca a un torpedo, su mano sufre la molestia que lleva el mismo nombre que el pez. He sabido por gentes expertas que, si alguien toca la red con la que ha sido pescado, todo él queda paralizado. Y si se le pone, todavía vivo, en una vasija y se le echa agua salada, si el pez está grávido y le ha llegado el momento de desovar, desova. Y si alguien derrama el agua de la vasija sobre la mano o el pie de una persona, la mano y el pie de ésta quedan, necesariamente, entumecidos.
Mordeduras venenosas
[15 ] Los animales no tienen siempre la misma fuerza ni en sus picaduras ni en sus mordeduras, sino que a menudo esa fuerza suya aumenta por alguna causa. Por ejemplo, la picadura de la avispa que ha gustado la carne de la víbora es más dolorosa, y la picadura de la mosca que ha estado cerca de algo parecido es más acerba y produce dolor. La mordedura de un áspid es absolutamente insufrible, si ha devorado una rana. Si un perro que goza de salud muerde a alguien, le produce una herida y le inflige un dolor cáustico; pero si padece rabia, produce la muerte. (Una costurera, ocupada en coser una camisita rota por un perro rabioso, la mordió con la boca para extenderla, y cogió la rabia y se murió.) La mordedura de un hombre en ayunas es peligrosa y de difícil curación.
Dicen que los escitas mezclan suero humano al veneno con que impregnan las flechas para envenenarlas. Parece que este suero flota en la sangre, †y ellos saben la manera de separarlo† 23 bis . Teofrasto 24 es testigo suficiente de esto.
La serpiente cambia de camisa y aclara su vista
Cuando la serpiente se desprende de [16 ] su camisa (lo cual hace al comienzo de la primavera), procede también a limpiar la nube de sus ojos, y las sombras de su vista y lo que es como la vejez de sus ojos, y, al excitarlos restregándolos con hinojo, se libera de esas molestias. Guarecida, pues, durante el invierno en un agujero oscuro, su agudeza visual se debilita. Entonces las propiedades caloríficas del hinojo clarifican la visión del animal, debilitada por las heladas, y su vista se hace más penetrante.
El martín pescador
Cuando el martín pescador hembra [17 ] nota que está fecundada, fabrica el nido 25 que ha de recibir a los polluelos, y no necesita de barro, de techo ni de casa, a diferencia de la golondrina que, necesitada de cobijo, viene a las casas como huésped no invitado, produciendo molestias al amanecer con su chirriar, interrumpiendo los sueños en su momento más agradable; ni se aplica a la tarea antedicha con su cuerpo*** <sino que, con su pico> solo, en lugares apartados va tejiendo y reuniendo las espinas de la aguja de mar, y por procedimientos misteriosos, traba y cierra la construcción, fruto de su cuidadosa invención, porque sujeta unas verticalmente y otras en sentido horizontal (diríase que el ave es como una mujer experta en el arte de tejer, que entrelaza la lana con la urdimbre) y fabrica el nido ligeramente redondo y ventrudo, como si estuviese haciendo el entretejido de una nasa. Y cuando ha terminado de tejer el susodicho nido, lo traslada al mar y allí, cuando se hinchan las olas, el oleaje en su avance pone a prueba la obra del martín pescador; pues el agua, penetrando por las partes no cubiertas bien *** el martín pescador las vuelve a reparar. Y si se golpean con una piedra las partes bien trabadas, es imposible traspasarlas. Y si pretendes cortarlas con un hierro, no cederán porque están tan bien y hermosamente entretejidas como la coraza de lino que ofreciera, según dicen, Ámasis 26 a la Atenea de Lindos 27 . La boca de esta especie de nasa no es accesible ni visible a nadie y sólo admite la entrada del ave. Ni siquiera una gota de agua del mar podría pasar por ella. Y allí el martín pescador, mecido por las olas, cría a su nidada, según dicen.
La hierba «matalobos» o acónito amarillo
[18 ] Cerca del Nilo crece una hierba llamada «matalobos» 28 , y éste es su verdadero nombre, porque, cuando un lobo se pone encima de ella, muere en medio de convulsiones. De donde resulta que aquellos egipcios que veneran a este animal impiden que esta planta sea introducida en el país.
Animales ahogados en vino y aceite
Dicen que, si un ave doméstica cae [19 ] en un recipiente con vino y se ahoga, no perjudica ni al vino ni a ninguno de los moradores de la casa. Pero si cae en el agua, ésta se vuelve maloliente y esparce hediondez en el aire ambiente.
Si un geco 29 resbala, cae al agua y se ahoga, no hace ningún daño. Pero si cae en el aceite y muere, el aceite se hace maloliente y el que lo prueba se cubre de piojos.
La «piedra tracia»
Es evidente que la cremación del [20 ] cuerno del ciervo ahuyenta a las serpientes, y dice Aristóteles 30 que una piedra 31 existente en el río Ponto (el cual está en el país de los sintos y medos) 32 , al ser quemada, también las ahuyenta y, más aún, describe la naturaleza de la piedra de esta guisa: si se derrama agua sobre ella se ilumina, y si, al quemarla, quieres que arroje una llama más grande avivándola con un abanico, se apaga. Dicen que, al quemarse, despide un olor más fuerte que el asfalto. Nicandro 33 está de acuerdo con esto.
Helena de Troya y las serpientes de Faros
La isla de Faros (lo que voy a decir [21 ] lo cuentan los egipcios) estaba antiguamente llena de serpientes, numerosas y diferentes. Pero, cuando Tonis, rey de los egipcios, se hizo cargo de Helena, la hija de Zeus (se la encomendó Menelao que andaba errante por el Alto Egipto y por Etiopía), se enamoró de ella e intentó entablar con ella relaciones sexuales, refiere la historia que ésta, la hija de Zeus, se lo contó todo a la mujer de Tonis, que se llamaba Polidamna, la cual, temerosa de que la extranjera llegara a superarla en hermosura, abandonó a Helena en Faros garantizando su seguridad, pues le dio una hierba aborrecible a las serpientes que allí había: en cuanto las serpientes notaban su presencia, se escondían bajo tierra; Helena plantó la hierba, que con el tiempo creció y produjo simiente aborrecible a las serpientes, y además, desapareció de Faros este reptil. Los entendidos en estas cosas dicen que la hierba se llama helénion 34 .
Las estrellas de mar y las ostras
[22 ] Las estrellas de mar tienen blando caparazón y son enemigas de las ostras, pues se alimentan de ellas. He aquí el ardid que emplean para atacarlas: las ostras, para refrescarse y para comer lo que se pone a su alcance, abren frecuentemente sus valvas; entonces, las estrellas de mar introducen uno de sus brazos entre éstas y se sacian del blando contenido, y las valvas no pueden volver a cerrarse. Ésta es una peculiaridad, digna de nota, de las estrellas de mar.
La anfisbena
[23 ] A la Hidra de Lerna, uno de los trabajos de Heracles, canten los poetas y compiladores de antiguas leyendas, entre quienes figura el analista Hecateo. Cante también Homero a la Quimera con sus tres cabezas 35 , el monstruo licio de Anisódaro, rey de los licios, criatura de naturaleza varia e invencible, forjado para destrucción de muchos, !por Zeus! Me parece que todo esto hay que relegarlo a la esfera de los mitos. Pero la anfisbena es una serpiente de dos cabezas, una en la parte superior y otra en la cola. Cuando avanza, como la necesidad de un movimiento hacia adelante la impulsa, deja que una de las cabezas haga de cola y la otra de cabeza. Y si desea, luego, moverse hacia atrás, utiliza las cabezas de manera contraria a la de antes 36 .
La rana «pescador »
Hay un género de rana que se llama [24 ] «pescador» y recibe este nombre de las operaciones que ejecuta. Tiene encima de los ojos hechizos, como si dijéramos unas pestañas alargadas, en la extremidad de las cuales se aprecia una diminuta esfera. Sabe que la Naturaleza la ha dotado de estos medios para atraer a otros peces, más aún, los ha aumentado. Así pues, se esconde en lugares fangosos y, sobre todo, llenos de limo, donde permanece quieta y extiende las susodichas pestañas. Los peces más chicos se dirigen nadando hacia estas pestañas, creyendo que los objetos redondos situados en sus extremos son comestibles. La rana «pescador» está inmóvil y al acecho, y, cuando los pececillos se aproximan saca los pelos hacia ellos (los tiene escondidos valiéndose de ciertos procedimientos secretos e invisibles) y ellos, llevados de su glotonería, se aproximan, con lo cual proporcionan un festín a la susodicha rana.
La langosta y el pulpo
[25 ] La langosta es enemiga del pulpo. He aquí por qué. Cuando el pulpo la rodea con sus tentáculos, no le preocupan a éste las espinas que aquélla tiene en el dorso, sino que, envolviéndose todo él sobre la langosta, la asfixia. Esto lo sabe bien ella y, por eso, huye de él.
El proceder natural de la langosta es éste. Cuando no tiene por qué temer, «este pez» se dirige hacia delante moviendo a un lado y a otro las antenas para que el agua que corre en dirección contraria a su movimiento natatorio no las eche hacia atrás, impidiendo así su avance. Pero si se propone escapar, retrocede relajando completamente las antenas para situarse a gran distancia, como haría el tripulante de un bote al mover ligeramente los remos. Y cuando las langostas entablan combate las unas contra las otras, levantan sus antenas, caen unas sobre otras como carneros y topan entre sí. Ya hablé antes de la lucha entre la murena y la langosta 37 .
Efectos de ciertas hierbas sobre las serpientes
[26 ] Dicen que la menta de agua 38 , cubierta de rocío, y el sauzgatillo 39 son muy apropiados para ahuyentar a las serpientes. Las mujeres áticas esparcen este último en las yacijas durante las Tesmoforias. Y parece que (el sauzgatillo) es también aborrecido por las bestias feroces; es, además, represor del impulso afrodisíaco, y parece que de esta propiedad tomó su nombre. Las mismas bestias feroces temen también a la hierba llamada «romero-olíbano» 40 .
La hierba «mata-hembras » o acónito
He aprendido en Teofrasto 41 también [27 ] lo siguiente. Este varón insigne habla de una hierba, a la cual llama «mata-hembras» 42 . Si se la deja puesta en el dorso de un escorpión, al instante éste se deseca. Pero el mismo autor dice que el escorpión revive, si le derramas encima eléboro blanco. Mas yo soy partidario del mata-hembras, y en modo alguno del eléboro blanco. Razón: que odio a los escorpiones y amo a los hombres.
Calímaco 43 cuenta que, en Traquis, crece un árbol que dicen «tejo» y, si los animales reptantes se acercan a él y lo tocan, al instante mueren.
La carne de cerdo
Es creencia común que la carne de [28 ] cerdo es más gustosa que las otras carnes. La experiencia confirma esto con toda claridad. Si por ventura come una salamandra, el cerdo permanece indemne, pero mata a los que comen su carne.
Las serpientes en el nacimiento del Eufrates
Diré, en otro lugar, en qué aspecto [29 ] el Eufrates, que corre entre Partia y Siria, es superior a los otros ríos. Ahora voy a decir lo que sobre él saben los partos y los sirios y lo que armoniza con el presente discurso. En el nacimiento de este río se crían ciertas serpientes muy dañinas a los hombres, pero no a los indígenas criados en medio de ellas, sino a los extranjeros ajenos completamente a ellas. Y castigan con la muerte a los visitantes.
El rastro del león
[30 ] El león, cuando camina, no avanza en línea recta ni permite que las huellas sean sencillas, sino que unas veces avanza, otras retrocede, luego se detiene y marcha en dirección opuesta, más tarde va de aquí para allá, borrando así sus huellas para evitar que los cazadores lo sigan y puedan descubrir fácilmente la guarida donde descansa y habita con sus cachorros. Estas costumbres de los leones son dones otorgados por la Naturaleza.
Cómo se cura el hipo
[31 ] Piensa en un pastor entendido en su oficio. El pastor ama a sus ovejas, ama a sus cabras, pero aborrece el hipo. Esta enfermedad aflige de ordinario al hombre, y la repleción origina hipo también en el ganado. Por esto, los pastores plantan alrededor de los rediles de dichos animales una hierba 44 que es un remedio para este mal, como que ahuyenta de ellos la enfermedad. Dicen los entendidos que esta hierba es buena también para los hombres afectados de esta molestia.
Manera de recolectar el beleño y la cañaheja
[32 ] Cuantos se ocupan de recolectar el beleño y el silfio 45 cavan zanjas alrededor de estas plantas y remueven un poco las raíces; no las arrancan con sus propias manos, sino que atan la hierba a la pata de algún ave que cazan o compran y el ave, con sus revoloteos, arranca la hierba. Y si no se arrancan así estas plantas, el tesoro que el hombre cree haber encontrado tan afortunadamente y para subvenir a sus necesidades, no le sirve de nada.
La lombriz intestinal
No es ésta la ocasión de referir los [33 ] beneficios que reporta el abrótano, cómo deja expeditos los conductos respiratorios y cómo, además, limpia los pulmones. Mas es, ciertamente, enemigo de una funesta criatura, la lombriz intestinal, a la cual destruye.
La lombriz va aumentando de tamaño hasta convertirse en monstruo, alimentado en los intestinos, y figura en el número de las enfermedades humanas difíciles de curar y que se resisten a ser tratadas por mano mortal. Basta Hipis como testimonio de esto. He aquí lo que cuenta el historiador de Regio.
Una mujer tenía lombrices y los médicos más expertos renunciaron a curarla. Así pues, se encaminó a Epidauro 46 y pidió al dios verse libre de la enfermedad, compañera inseparable. El dios no acudió. Así que los ministros de éste mandaron a la mujer acostarse en el lecho, en donde el dios suele curar a los suplicantes. La mujer se estuvo quieta en el lecho, como se le ordenó, y los ministros del dios se dispusieron a curarla. Separaron la cabeza del tronco y uno de ellos metió la mano y sacó la lombriz que era una descomunal criatura. Mas no podían ajustar la cabeza y ponerla en su primitivo lugar. Entonces llegó el dios y se irritó contra ellos porque habían acometido una empresa superior a su sabiduría. Pero él, revestido de un poder invencible y divino, devolvió la cabeza a su cuerpo e hizo levantar a la extranjera.
En cuanto a mí, oh rey Asclepio, el más benéfico de los dioses, no antepongo el abrótano a tu sabiduría. ¡Que mi locura no llegue a tanto! Pero, al referirme a él, me acordé de tu benéfica acción y de tus maravillosas curaciones. Y no hay que dudar de que esta hierba es un presente tuyo.
El argonauta
[34 ] También el argonauta es un pulpo y tiene una sola concha. Ahora bien, emerge volviendo su concha hacia abajo para no coger agua salada y ser impulsado de nuevo al fondo. Cuando está en la cumbre de las olas, si reina la calma y los vientos están sosegados, pone la concha (la cual flota a manera de un bote) hacia arriba y, alargando dos tentáculos, uno a cada lado, con suave movimiento rema y empuja esta nave sin artificio. Y si sopla el viento, extiende aún más los tentáculos que hasta ahora le servían de remos, los utiliza como gobernalles y extiende otros entre los cuales se forma una especie de camisa de trama finísima, que despliega y convierte en vela. De esta manera navega sin temor. Pero si teme el ataque de algún pez más corpulento, se sumerge llenando su concha, que, al aumentar de peso, lo arrastra al fondo, y, desapareciendo, burla a su enemigo. Luego, cuando ha recobrado la tranquilidad, surge y se pone a navegar otra vez. Y de este comportamiento recibe su nombre 47 .
La profundidad del mar
Dicen que las cosas del mar pueden [35 ] ser examinadas por el hombre hasta una profundidad de trescientas brazas, pero no más. Mas yo no me ocupo de esto con especial interés, ni ningún otro nos dice si viven peces u otros animales a mayor profundidad o si estos lugares son inaccesibles a ellos. Lo que sí es cierto es que los dioses del mar, las divinidades marinas, y sobre todo, el señor del líquido elemento escogieron como morada estos lugares.
El pez «ádōnis »
Hay, según parece, un pez perteneciente [36 ] al género del mújol, que acostumbra a vivir en las rocas, y es de aspecto amarillo. Tiene un doble nombre. Pues unos lo llaman ádōnis , y otros exōcétos 48 porque, cuando las olas se aquietan en lugares sosegados y tranquilos, embarranca arrastrado por la fuerza del oleaje, se tiende en las rocas y se sume en un sueño profundo y sumamente tranquilo.
Sabe muy bien que entre él y los demás hay un pacto de paz, pero teme a todas las aves que se alimentan del mar. Así pues, si aparece alguna de ellas, se yergue de repente y se pone a dar saltos interpretando una especie de danza no aprendida y una pantomima, por decirlo así, indescriptible, hasta que saltando desde la roca, cae al mar y se salva.
Gustan llamarlo ádōnis 49 , porque tiene querencia por la tierra y el mar. Y los que por vez primera dieron este nombre al pez lo hicieron pensando, según yo creo, en la vida del hijo de Ciniras repartida entre dos divinidades: una, que lo amaba y vivía bajo tierra, y otra, que hacía lo mismo sobre ella.
Plantas parásitas
[37 ] En el tronco de un árbol suele, a veces, crecer la rama de otro con el que, a menudo, no tiene ninguna afinidad. La razón la trae Teofrasto 50 , el cual ha averiguado, de una manera muy científica, que las avecillas se alimentan de la flor de los árboles y, después, depositan los excrementos sobre las plantas en que se posan. De modo que la semilla cae en sus oquedades, grietas o cavidades, que reciben el riego de la lluvia del cielo, y produce la misma planta de la que procede. De esta manera verás crecer en el tronco del olivo una higuera y, en otros troncos, otras plantas.
La oveja marina y otros peces
[38 ] En los recovecos del mar tienen su guarida la oveja marina los llamados hḗpatos 51 y aquellas criaturas que los pescadores suelen llamar prépontes 52 . La Naturaleza les ha dado enorme tamaño, y son torpes nadadores y merodean en torno a sus guaridas, de donde resulta que nunca abandonan sus lugares de refugio. Pero acechan a los peces más débiles que ellos, que pasan cerca nadando. También la merluza podría incluirse en el número de estos peces. Más que ningún otro pez teme la merluza el orto de Sirio.
Diversos insectos de las plantas
Según parece, en los campos de trigo, [39 ] en los chopos y también en las higueras se cría la familia de las cantáridas 53 , como dice Aristóteles 54 ; en los garbanzales, la de las orugas; ciertas arañas, en las arvejas, y en los puerros, la llamada oruga del puerro 55 . En la berza nace una especie de gusano, cuyo nombre deriva de la planta en que vegeta, pues se llama oruga de la berza 56 . También el manzano cría otra especie de oruga 57 , que frecuentemente destruye el fruto de este árbol, aunque es buena para facilitar la concepción a las mujeres que todavía están en edad de tener hijos. Otro dirá cómo.
Los animales saben donde reside su fuerza
Cada animal sabe, al parecer, en qué [40 ] parte de su cuerpo reside su fuerza y en esta parte confía; cuando ataca, usa de ella como de un arma, y cuando ventea el peligro, como medio de defensa. Así por ejemplo, el pez espada utiliza la mandíbula superior como una espada cuando se defiende: de aquí su nombre; la pastinaca lo hace con el aguijón; la murena, con los dientes, y puede hacerlo muy bien, pues tiene doble fila de ellos.
El ratón doméstico y el «ratón de mar »
[41 ] El ratón casero es un animal tímido y débil: le asusta el ruido y se horroriza al oír el chillido de la comadreja. También son tímidos los ratones de campo. Son más intrépidos que los domésticos, los ratones de mar 58 . Su cuerpo es pequeño, pero su audacia irresistible. Reside su fortaleza en dos armas: su piel vigorosa y sus potentes dientes. Se enfrentan a peces de tamaño más grande y a los más débiles pescadores.
El atún
[42 ] Los atunes barruntan el cambio de las estaciones, conocen perfectamente los solsticios y no necesitan para nada a las personas enteradas de las cuestiones relacionadas con el cielo. Donde quiera que les sorprenda el comienzo del invierno, allí gustan de quedarse quietos y tranquilos, permaneciendo así hasta la llegada del equinoccio. De lo cual da testimonio Aristóteles 59 .
Que ven con un ojo y no con el otro lo declara Esquilo cuando dice 60 :
mirando recelosamente con su ojo izquierdo a la manera de un atún .
Pasan al Ponto teniendo a su costado derecho la tierra, de la que no apartan la vista; pero al salir de dicho mar, nadan siguiendo la costa opuesta sin apartarse de ella, poniendo el mayor cuidado en preservar su vida por medio del ojo que ve.
El cangrejo común
Los cangrejos pierden su primer [43 ] caparazón y se despojan de él como las serpientes de su camisa. Y cuando se aperciben de que se les está desprendiendo de la carne, van de aquí para allá como picados de tábano, deseosos de mayor pitanza para que, al hincharse su cuerpo con ella, rompan el caparazón. Cuando salen de él y quedan libres, permanecen quietos, como muertos, en la arena, pues temen por su recién formada piel, que es húmeda y delicada. Poco a poco se juntan unos con otros, reviven, por así decirlo, y comienzan a comer arena. Su timidez y extraordinaria cobardía duran mientras su cubierta exterior es sólo una membrana. Cuando esta cubierta empieza a consolidarse y adquiere las características de un caparazón, se desprenden de su timidez, convencidos como están de que la cubierta que les protege es para ellos a manera de armadura o, por decirlo así, de escudo.
Trogloditas y serpientes
Es célebre la raza de hombres llamados [44 ] trogloditas y toman su nombre del género de vida. Las serpientes los temen, y con razón, porque se las comen.
Las serpientes, cuando se aparean, despiden un hedor muy desagradable.
Los pulpos y osmilos saqueando los frutales
Si un campo está cerca del mar y [45 ] tiene árboles frutales, los campesinos muchas veces sorprenden en el estío a pulpos y osmilos 61 , arrastrados por las olas, que suben por los troncos, rodean con sus tentáculos las ramas y cogen el fruto. Y cuando los campesinos los capturan, infligen su castigo a los ladrones. En compensación de lo que los susodichos pulpos han cosechado, suministran a los propietarios de los frutos saqueados un festín con su carne.
Los «emigrantes »
[46 ] «Emigrantes» es el nombre de un pez marino que conoce el tránsito de las estaciones. En efecto, cuando llega el invierno, estos peces permanecen inmóviles, temerosos del frío, y se solazan calentándose en su estado de inactividad, comunicándose unos a otros fraternalmente su calor. Luego, en primavera, emprenden nadando viajes más largos y se alimentan no sólo de lo que encuentran al paso, sino también de lo que buscan y persiguen.
El erizo de mar
[47 ] Si uno despedaza a los erizos de mar que se conservan vivos aún dentro de sus conchas y con las púas erectas, y arroja los pedazos al mar dejándolos dispersos, se reúnen de nuevo para formar una unidad: cada pedazo reconoce su afinidad de parentesco y, al unirse entre sí, crecen a la vez. Y por maravillosa y peculiar disposición de la Naturaleza, se forma un conjunto homogéneo de nuevo.
Estímulos sexuales para los animales hembras
[48 ] Para obtener de los animales mayor descendencia, sus cuidadores, en la época del apareamiento, cogen puñados de sal y nitro y restregan con ellos el aparato genital de las hembras: ovejas, cabras y yeguas. Con estos procedimientos se provoca en ellas un mayor apetito sexual. Otros las untan con pimienta y miel, otros con nitro y semilla de ortigas, y algunos lo hacen con apio caballar y nitro. Gracias a esta irritación, las hembras de un rebaño no son dueñas de sí mismas y se lanzan enloquecidas en busca de los machos.
Los grandes cetáceos
Ninguno de los más grandes cetáceos [49 ] se acerca a las playas, a las bahías, a los lugares llamados «rocosos», ni a las aguas poco profundas. Viven en el mar abierto. Los de mayor tamaño son el león marino, el pez martillo, el leopardo de mar 62 , la ballena, el prḗstis 62 y el pez que llaman máltha 62 ; este último cetáceo es un terrible e invencible enemigo. La orca 63 es también bestia temible y peligrosa aunque aparezca a lo lejos, porque agita el mar y levanta oleaje. Tampoco la hiena marina es un espectáculo de buen augurio para los navegantes. Más arriba me referí a las diferentes especies de tiburones y a su arrojo.
Las morsas, las ballenas y las focas
Las morsas 64 son animales marinos. [50 ] En los promontorios y rocas saledizas emiten una especie de grito de mal agüero y un profundísimo bramido. Es más, el que oye este bramido no tiene escapatoria y, al poco tiempo, muere.
La ballena sale del mar y se calienta al sol. En cambio, las focas prefieren salir a la superficie cuando hay oscuridad; aunque en realidad duermen en la playa al mediodía, fuera del mar. Esto ya lo sabía Homero, y en la Odisea 65 presenta a Menelao exponiendo a Telémaco y a Pisístrato cómo descansan las focas en el pasaje en que el caudillo les cuenta los sucesos de Faros y todo lo relativo al dios marino Proteo y a la profecía que le hizo éste.
El salmonete
[51 ] He hablado antes 66 del salmonete. Y lo que no dije antes, lo diré ahora. En Eleusis es venerado por los iniciados y el motivo de esta veneración es doble: unos dicen que porque tiene tres alumbramientos al año, y otros que porque se come a la liebre de mar 67 , que es mortífera para el hombre. Pero quizás vuelva a hablar del salmonete.
Peces voladores
[52 ] Los calamares, el pez golondrina 68 y el pez volador 69 , cuando están asustados, salen a la superficie y vuelan. Los calamares por medio de sus alas brincan y se levantan a una gran altura y se trasladan en compactas bandadas a manera de aves. Mas las golondrinas tienen un vuelo más raso. Y los peces voladores se levantan tan poco sobre la superficie del mar, que es difícil saber si nadan o vuelan.
Peces en formaciones
[53 ] Al parecer, los peces vagan y se mueven, unos en formación compacta, como tropas de animales o agrupaciones de hoplitas que marchan en hileras y falanges; otros nadan en columnas ordenadas, y otros podríamos decir, en compañías. Los hay que se agrupan por docenas y nadan juntos de este modo. Incluso hay algunos que nadan en parejas y otros que se quedan en sus guaridas y en ellas pasan la vida.
Diverso trato a los animales
Me he enterado de que los pastores [54 ] con experiencia, cuando quieren conseguir que el ganado engorde, les quitan los cuernos. Y cuando quieren estimular el apetito sexual de los machos cabríos, les ungen las narices con perfume e, incluso, sus barbas. Pero, por otra parte, cohíben su excesivo apetito atando una cuerda de lino en la parte central del rabo.
Aristóteles 70 dice que las yeguas malparen, si, durante algún tiempo, huelen una mecha de lámpara apagada. He oído también que se ha ideado el siguiente expediente para impedir que los perros domésticos huyan: miden la cola con una caña, que untan luego con manteca, la cual dan luego a lamer al perro. Y dicen que se quedan en casa como atados.
Cómo mantener callados a los animales
He aquí otras características del perro. [55 ] No ladran si uno se acerca a ellos sujetando la cola de una comadreja; mas después de haber cortado la dicha cola de la comadreja cazada, hay que dejarla marchar viva. Un burro no rebuzna, si se ata, según dicen, una piedra a su cola.
El elefante
En el estío, cuando el calor del sol [56 ] está en su apogeo, los elefantes se dan unos a otros una capa espesa de barro que los refresca y les es más agradable que una casa sombreada por una cueva protegida por árboles y ramas. Estos animales siguen muy bien la pista con el olfato, pues tienen penetrante percepción de los olores. Caminan sucesivamente, y el primero (pues marchan en fila) se apercibe de la hierba que pisa y, conjeturando por el aplastamiento del césped que por allí pasaron hombres, arranca la hierba, dándosela a oler al de atrás y éste al que viene después, y esta cesión (así podría llamarse) recorre toda la fila. Y cuando llega al que es el jefe, éste lanza un gran barrito y todos, como soldados que obedecen una orden, se dirigen después a los valles y espesuras de las montañas, a las marismas bajas o a las partes llanas, cubiertas de tupidos arbustos. Y evitan todo territorio hollado por el hombre, pues consideran a éste como su peor enemigo.
Cuando les faltan pastos, unos arrancan raíces y se las comen y otros se marchan en busca de forraje. Y el primero que encuentra lo que busca regresa, y llama a sus compañeros y los conduce hasta el lugar de su hallazgo.
Los peces en el invierno y en la primavera
[57 ] En el rigor del invierno, cuando las olas del mar se embravecen y soplan los vientos con fuerza y violencia, los peces temen a su nativo y querido mar. Y unos amontonan con sus aletas la arena y, cubriéndose con ella, se calientan; otros se enrollan bajo una roca y gustan de reposar, resguardados del frío, en su abrigo; otros, refugiándose en los recovecos del mar, abajo en lo profundo, se libran de la agitación de arriba, pues dicen que la violencia del oleaje no es tan grande ni golpea tanto en las profundidades del mar.
Cuando comienza la primavera, el cielo se hace radiante, las plantas empiezan a echar hojas y los prados se van cubriendo de su natural verdor, los peces se dan cuenta de que el mar está sereno y tranquilo, y ascienden, y saltan, y se acercan nadando a la costa como si vinieran de un largo viaje.
La longevidad del elefante
Tres son, al parecer, los animales [58 ] que, de pequeñísimos que son al nacer, se hacen grandísimos: de los acuáticos, el cocodrilo; de los volátiles, el avestruz, y de los cuadrúpedos, el elefante. Y Juba dice que su padre poseía un elefante libio viejísimo que remontaba a sus antepasados, y que Tolomeo Filadelfo tenía un elefante etíope, el cual también vivió muchos años y, en parte, por convivir con los hombres y, en parte, por los ejercicios de adiestramiento, llegó a ser benignísimo y mansísimo. Juba celebra también a un elefante indio, propiedad de Seleuco Nicátor, y dice, además, que sobrevivió a la hegemonía de los Antíocos 71 .
Peces de mar que desovan en aguas dulces
Todos los peces que disponen de un [59 ] río o de una laguna cercanos al mar, que es su medio natural, cuando tienen que desovar, abandonan nadando el agua salada, para lo cual aprovechan el momento en que las olas están en calma y nada agitadas o golpeadas por el viento. La calma de las aguas del río o del lago contribuye favorablemente a recibir la freza y a preservar a los pececillos de todo daño y de todo ataque por muchas razones, pero, sobre todo, por la ausencia o escasez de alimañas, pues los ríos y lagunas suelen tener esta prerrogativa. Por esto, el Ponto Euxino es abundante en peces, porque no ha aprendido a críar criaturas salvajes. Cría focas y delfines, pero pequeñísimos, y los peces están aquí protegidos de todos los otros animales dañinos.
Las agujas de mar
[60 ] Las agujas de mar 72 , que son delgadas y no tienen matriz para albergar el feto, no pueden soportar el aumento de tamaño de las crías en el cuerpo y revientan; así que no realizan la función del parto, sino que expelen a sus hijos.
La mordedura invisible del áspid
[61 ] Dicen que el rastro y señales de la mordedura del áspid no son, en absoluto, aparentes o fáciles de advertir. Y ésta es la causa, según he averiguado, que el veneno de este reptil es fortísimo y se difunde con suma rapidez. Así, el áspid inocula el veneno y éste no se detiene, sino que, por los conductos interiores, se desliza dentro del cuerpo, desaparece de la vista y de la piel ante la mirada de uno y avanza por dentro. Esto explica que la muerte de Cleopatra no fuese advertida por los compañeros de Augusto enseguida, sino tarde, cuando vieron dos puntitos difíciles de apreciar y descubrir, mediante los cuales se reveló el enigma de su muerte, además se vieron señales del rastro del áspid, que eran evidentes para los que tenían conocimiento de los movimientos de estos reptiles.
Muerte de un encantador de serpientes
[62 ] Siendo agoránomo en las fiestas Panateneas 73 Pompeyo Rufo, un mancebo de botica de los que crían serpientes para exhibirlas en espectáculos y que estaba rodeado por otros muchos compañeros de profesión aplicó a su brazo un áspid para demostrar su pericia y fue mordido. Después, con la boca chupó el veneno. Como no pudo tragar rápidamente agua, pues no la tenía, ya que la vasija que estaba preparada para el caso había sido derramada a traición, y como no había hecho desaparecer el veneno con el lavado y enjuagándose a fondo, murió, según creo, a los dos días sin sufrir dolor alguno, si bien poco a poco el veneno pudrió sus encías y su boca.
Los peces y su cópula
Cuando la primavera está en su apogeo [63 ] y la tierra se cubre de flores, los animales se llenan de impulso afrodisíaco y desean celebrar sus bodas, y los que habitan las montañas o el mar y los que vuelan en el aire anhelan emparejarse unos con otros. Algunos peces frezan en la arena manteniendo sus huevos unidos formando una masa, y otros, al nadar, sueltan gran cantidad de huevos, muchos de los cuales los devoran los peces que vienen detrás. En realidad, los machos encabezan la formación, van derramando lecha y las hembras que les siguen abren la boca para tragarla insaciablemente. Y en esto consiste su cópula. Dije más arriba que algunos peces cohabitan con las hembras y las cuidan, y que, en ciertas especies de peces, se enciende una especie de rivalidad amorosa.
Agua dulce en el mar
Dice Aristóteles 74 , díjolo antes que [64 ] él Demócrito 75 y, en tercer lugar, lo dice Teofrasto 76 , que los peces no se nutren de agua salada, sino del agua dulce que está mezclada con la del mar. Y como en cierta manera parece increíble, queriendo el hijo de Nicómaco corroborar lo dicho con hechos fehacientes, afirma que en todo mar hay una cierta cantidad de agua potable y lo prueba de la siguiente manera: si uno fabrica una vasija de cera hueca y fina y la deja caer vacía en el mar, atándola de manera que pueda ser izada cuando se la levanta, al cabo de una noche y un día aparece llena de agua dulce y potable. También Empédocles de Acragante 77 dice que hay agua dulce en el mar, aunque no a todos resulte esto evidente, y que sirve de alimento a los peces. Y apunta que este endulzamiento del agua obedece a una causa natural que podréis aprender en su obra.
Los iniciados se abstienen de comer ciertos peces
[65 ] Dicen que los iniciados en los misterios de las dos diosas no se avienen a comer cazón. Pues no es alimento puro, ya que este pez pare por la boca. Mas dicen algunos que no es esto lo que hacen, sino que, cuando las crías temen el ataque de algún enemigo, la madre las esconde tragándoselas y, cuando ya ha pasado el peligro, las vomita vivas. Estos mismos iniciados se abstendrán de gustar el salmonete y lo mismo haría la sacerdotisa de la Hera de Argos. Yo sé que las razones de esto las he explicado más arriba 78 .
Cópula de la víbora y la murena
[66 ] No me olvido de que en capítulos anteriores 79 me he referido al ayuntamiento de la víbora y la murena, cómo lo realizan saliendo ésta del mar y aquélla, reptando, de su cubil. Pero voy a decir ahora lo que entonces omití. Cuando la víbora se dispone a copular con el pez, para parecer tierna como conviene a un novio, vomita y expulsa el veneno y luego con un ligero silbido llama a la novia, como si ejecutase una especie de himeneo prenupcial. Cuando ya han realizado los ritos amorosos, la murena se dirige al mar, y la víbora, después de volver a tragarse el veneno, se dirige a su habitual morada.

1 EURÍPIDES , Fr . 920 NAUCK . — FRAY LUIS DE GRANADA , en El Símbolo de la fe (1.a parte, cap. XIV, 2), parafrasea este capitulo: «De él [del león] escribe Eliano que después que, por la edad, está flaco y pesado, y así es inhábil para cazar, sale con sus cachorros, y espéralos en cierto puesto, y ellos traen al padre viejo la caza que hallaron; el cual los abraza cuando vienen y los lame la cara en señal de agradecimiento y amor, y después de este amoroso recibimiento asiéntanse todos a comer de la caza. ¿Pues qué más hicieran si tuvieran razón como los hombres? Y aún en esta piedad nos sobrepujan; pues muchos hijos vemos muy escasos e inhumanos para con sus padres pobres y viejos. Lo cual no cabe aun entre animales fieros.»
2 Se discute sobre el verdadero significado de sérphos , que nosotros traducimos por «mosquito». Se trata, sin duda, de un mosquito pequeñísimo, lo que vulgarmente se llama «jején», de tamaño mucho menor que el mosquito corriente, pero de picadura muy mortificante. Sin embargo, L. A. W. C. VENMANS , «Serphos », Mnemosyne , N. S., 58 (1930), 58-62, afirma que, de los pocos textos en que aparece la palabra, se deduce que se trata de un bicho pequeño, cuya denominación se empleaba proverbialmente para indicar algo insignificante. Gramáticos insignes, como Crates, Dídimo, Focio y otros, creían que con sérphos se designaba a una hormiga. A. WILLEMS , en «Qu’est ce que l’insecte appelé serphos? », publicado en Act. de l’Acad. Roy. de Belgique , 1896, cree que se trata de la termita u hormiga blanca. Venmans, en el artículo mentado, cree que se trata de un gusano y se basa en la etimología, que supone ser la raíz serp , «arrastrarse». En el mismo artículo, este autor rechaza la idea de que sérphos designe a las termitas, ya que en los autores antiguos no hay mención de estos insectos, que, de existir, no hubieran pasado inadvertidos a causa de sus devastadores efectos. Cf. también L. GIL FERNÁNDEZ , Nombres de insectos en griego antiguo , Madrid, 1959, pág. 225, que sustenta, como nosotros, la opinión de que se trata de un mosquito.
3 Cf. II 26.
4 El espóndilo es la Ostrea edulis . Cf. D’ARCY THOMPSON , Glossary of Greek Fishes , Londres, 1947, s. v. sphóndylos .
5 En XI 37 las langostas se incluyen en el número de los testáceos.
6 Karkínos del texto es el cangrejo en general. Páguros es el término que se emplea para designar al cangrejo comestible.
7 Cf. fr . 236 (ROSE , pág. 254). No hay mención de esto en ninguna obra conservada.
8 Hist. Anim . 534a9.
9 Labrax lupus .
10 El verrugato es la Umbrina cirrhosa , un esciénido de hasta 70 cm. de longitud.
11 La salpa o sopa es la Box salpa . Se llama también salema. Es un espárido. El Sparus auratus , la dorada, es comestible.
12 Es el Mullus barbatus , en español «salmonete».
13 Es el otolito, concreción reguladora del equilibrio, que tienen ciertos animales.
14 Cf. IX 57.
15 Pargus vulgaris , el pargo o pagro, pez muy semejante al pagel (Pagellus) .
16 Sciaena aquila , es un pez perteneciente a la familia de los esciénidos que alcanza los dos metros. Vive en las costas occidentales de África y en el Mediterráneo próximo.
17 En el sentido que esta palabra tiene, en griego, de «pegote» o «gorrón».
18 Echeneis remora , de la que ya se habló en I 36 y II 17.
19 Frs. 895, 937 KOCK .
20 Cf. ATENEO , VI 248D-E, y frs . 107, 108.
21 En la costa noroeste del golfo Termaico; Filipo se apoderó de ella después de un prolongado asedio en 352 a. C.
22 Od . XI 135.
23 En griego nárkē , «entorpecimiento» y «pez torpedo».
23 bis Sentido conjeturable, porque el texto es corrupto.
24 Este testimonio no aparece en ninguna obra conservada.
25 Cf. ARISTÓTELES , Hist. Anim . 616a19, 32.
26 Rey de Egipto, s. VI a. C.
27 Ciudad de Rodas.
28 Es el acónito, planta ranunculácea muy venenosa.
29 El geco es un reptil saurio de África (Platydactylus mauritanicus) .
30 Mirab . 481a27.
31 Quizás sea el lignito.
32 Es el río Strunitza.
33 Ther . 44.
34 Helénion , «énula campana, hierba del ala», he aqui los nombres españoles de la compuesta Inula helenium , planta vivaz y medicinal. De ella habla DIOSCÓRIDES , en I 29.
35 Il VI 181; XVI 328.
36 De esta fantástica criatura habla NICANDRO (Ther . 372). Cf. comentario de Gow-Scholfield al pasaje.
37 Cf. I 32.
38 Es la Mentha viridis o aquatica .
39 Es la verbenacea Vitex agnus-castus , que crece a orillas de los ríos.
40 Lecokia cretica .
41 TEOFRASTO , Hist. Plant . 18, 2.
42 Es otro nombre del acónito. En el texto thelýphonos , que es uno de los diversos nombres que da a esta planta NICANDRO , Alex . 36 ss, y desde luego de significado más ominoso que el de «matalobos» español.
43 Frs . 100 y 48 PEARSON .
44 Si hemos de hacer caso a PLUTARCO , Mor . II 648A, se trata del Alyssum .
45 Propiamente, se trata de la Ferula tingitana .
46 Al templo de Asclepio. Una curación semejante representa el íama 23 de la estela B comentado por R. HERZOG , «Die Wunderheilungen von Epidauros» (Philol ., Supplementband XXII, Heft III [Leipzig, 1931], págs. 1-164), que reza así: «Aristágora de Trozén. Ésta tenía una solitaria en el vientre, se acostó en el templo que Asclepio tiene en Trozén y tuvo un sueño: le pareció que sus hijos, como el dios no estaba allí sino en Epidauro, le seccionaban la cabeza, pero, no pudiendo colocarla de nuevo en su sitio, enviaron a uno de ellos para que hiciera venir al dios. Entretanto, llega el día y el sacerdote ve, despierto, la cabeza separada del cuerpo. A la noche siguiente, Aristágora ve un rostro. Parecióle que el dios venía de Epidauro, colocaba su cabeza en el cuello y después, rasgando el vientre, sacaba de él la solitaria, volvía a coser y después quedaba curada.»
47 Argonauta argo . Es un pulpo en el que la hembra construye una concha externa temporal entre los tentáculos para depositar los huevos. La hembra mide 80 cm., el macho fecundante 10.
48 Es un pez sin identificar. La palabra significa «que duerme fuera del agua».
49 Adonis era hijo de Cíniras y de la hija de éste, Mirra. Afrodita ocultó al recién nacido en un cofre que entregó a Perséfone. Al negarse ésta a devolver el niño, Zeus ordenó que pasase medio año con una diosa y otro medio con la otra.
50 Bien explicada la causa del parasitismo de algunas plantas. (Cf. Introducción, pág. 22, y TEOFRASTO , Caus. Plant . 17, 5 y 8.)
51 La oveja marina y el hḗpatos son peces sin identificar.
52 Sin identificar.
53 Son coleópteros meloideos, cuyo cuerpo posee una sustancia cáustica, vejigatoria venenosa, empleada antiguamente en medicina y para la fabricación de filtros amorosos.
54 Hist. Animal . 552b1.
55 En griego prasokourís es el cortón o grillo cebollero, según J. B. GEZE , en Comptes rendus de l’Académie des inscriptions et Belles-Lettres , París, 1931, págs. 47-49, citado por GIL FERNÁNDEZ , Insectos ..., págs. 142 y 143, que acepta su explicación. La palabra estaría compuesta de práson (puerro) y kourís (cortadora o peluquera). Esta explicación es más racional que la de A. F. SCHOLFIELD , en su versión de la Loeb (cf. II, pág. 259 n), que apunta la opinión de que sea un «milpies» o la Hylemyia antiqua Meig , antómido, cuyas cresas minan los bulbos de las cebollas.
56 Es la Pieris rapae , la mariposa conocida en español con el nombre de «blanquita de la col».
57 Es la Carpocapsa pomonella que, en estado larvario y con el nombre de «gusano» u «oruga», ataca a las manzanas.
58 THOMPSON , Gr. Fishes , s.v. mûs (II), pág. 167, cree que se trata de una tortuga que, aunque carece de dientes, tiene mandíbulas fuertes. Debe de ser el mismo animal al que se refiere OPIANO (Hal . I 174).
59 Hist. Animal . 599b9.
60 Fr . 308 NAUCK .
61 Cf. V 44.
62 Sin identificar.
63 Se vuelve a hablar de ella en XV 2.
64 Traducimos por «morsa», pero la descripción que sigue corresponde a la foca.
65 Od . IV 400.
66 Cf. II 41.
67 Traducimos por «liebre de mar» la palabra griega lagón del texto, pero esta liebre es el Diodon histrix o pez erizo que, como todos los diodóntidos, se infla como un globo al tocarlo.
68 Se llama también cuclillo. Pertenece a la familia de los tríglidos y su nombre científico es Trigla hirundo .
69 El pez volador es el Exocoetus volitans .
70 Hist. Animal . 604b30.
71 Seleuco Nicátor reinó del 312 al 280 a. C.; Antíoco I, del 280 al 269 a. C.
72 Syngnathus acus . Son peces alargados, delgados y acorazados que nadan mal, con el hocico tubuliforme, sin aletas ventrales. Las hembras incuban la puesta en una bolsa ventral.
73 Estas Panateneas son el Quinquatrus romano, festival celebrado en marzo. Pompeyo fue cónsul en el 88 a. C. y colega de Sula.
74 Hist. Animal . 590a18.
75 DIELS -KRANZ , vol. I, pág. 295; vol. II, pág. 126.
76 TEOFRASTO , Caus. Plant . VI 10, 2.
77 Fr . 66 DIELS -KRANZ .
78 Cf. cap. 51.
79 Cf. I 50.
LIBRO X

SINOPSIS
1.
Los celos de un elefante.
2.
Acoplamiento de los peces en distintas estaciones.
3.
Las camellas.
4.
Las ovejas de Arabia.
5.
La babosa (areíon) .
6.
Las caballas del Ponto.
7.
Cómo cocer los salmonetes.
8.
El delfín y su prole.
9.
La víbora.
10.
Doma de elefantes.
11.
Peces ruidosos.
12.
La carne del elefante. Su grasa.
13.
Los animales de Arabia. Las perlas.
14.
El gavilán.
15.
El escarabajo.
16.
El cerdo en Egipto.
17.
Añoranza del elefante por su tierra natal.
18.
El descanso del carnero.
19.
Los phágros y los meotas .
20.
Moluscos del Mar Rojo.
21.
Los cocodrilos en Ombos y Apolonópolis.
22.
El buitre.
23.
Los escorpiones de Copto.
24.
El cocodrilo, perseguido en Tentira y venerado en Copto.
25.
Los «cara de perro» o kynoprósōpos .
26.
El lobo. Amado por Apolo, descubridor de un robo sacrílego.
27.
La vaca y Afrodita.
28.
El asno y el antílope, objeto de antipatía en Egipto.
29.
El ibis.
30.
El cinocéfalo.
31.
El áspid thermúthis .
32.
El «acanto» y el aegíthus .
33.
La tórtola.
34.
La golondrina, animal ominoso.
35.
La perdiz.
36.
El cisne.
37.
La lechuza, ave ominosa.
38.
El pulpo y la langosta. Peces negros en el río Lusias.
39.
El leopardo ámpelos .
40.
Los cuernos de los asnos de Escitia.
41.
Éupolis y su perro.
42.
La hormiga y la avispa llamadas laértes .
43.
Peces cogidos después de las inundaciones del Nilo.
44.
Nombres de distintas cigarras.
45.
El perro venerado en Egipto.
46.
El pez «oxirrinco».
47.
El ikneumón .
48.
Historia de Pindo y la serpiente.
49.
Claro, libre de animales dañinos por voluntad de Apolo.
50.
Sacrificios a Afrodita en Érice.

Los celos de un elefante
Dicen que el elefante rara vez se enamora, [1 ] pues es continente, como antes he dicho 1 . Conozco, sin embargo, el sentimiento amoroso de los elefantes, que es digno de admirarse. Lo que he averiguado es lo siguiente.
Cuenta en su relato una persona, experta en la caza de estos animales, que obtuvo permiso del emperador romano y fue enviado a una cacería, organizada a la manera habitual de los mauritanos. Una hembra joven y dotada de lo que ellos consideran gentileza se acercó a un elefante joven y hermoso. Entonces, otro más viejo, no sé si consorte o amante de la antedicha hembra, considerándose menospreciado, se enfureció. E inflamado en cólera violenta se puso en marcha, llegó hasta el elefante joven y hermoso y, cayendo sobre él, entabló combate, como si se sintiera dolido por causa de una novia o amante. Y hasta tal punto se trabaron entre sí, que sus colmillos salieron malparados. Ninguno de los dos venció, sino que los cazadores los separaron lanzando proyectiles contra ellos, porque los animales, privados de sus defensas, no les eran de utilidad alguna.
El combate amoroso de los enamorados elefantes, que se había mantenido indeciso hasta el final, acabó de esta manera; y Paris fue arrastrado por Menelao y estuvo a punto de ser estrangulado por el barboquejo del yelmo, y el hijo de Atreo
lo hubiera llevado a rastras y hubiese obtenido gloria inmensa 2 ,
si no se hubiera roto el barboquejo y le hubiera apartado de la ignominiosísima y cobarde contienda la hija de Zeus y de Dione 3 . El cobarde se alejó para ir a acostarse con la adúltera.
Acoplamiento de los peces en distintas estaciones
[2 ] Parece que no todos los peces dan rienda a su apetito sexual en la misma estación, sino que unos realizan la cópula en primavera, otros sienten el impulso en el verano, otros en el otoño y algunos se entregan a dicho menester a lo largo del invierno. La mayoría descansan después de su desove anual. Aunque me han dicho que la lubina desova dos veces y dicen que el salmonete lleva el nombre de tríglē porque lo hace tres veces.
Las camellas
[3 ] Heródoto dice 4 que las camellas tienen en los remos traseros cuatro coyunturas y otras tantas rótulas y que sus genitales, situados entre las patas traseras, están orientados en dirección de la cola.
Las ovejas de Arabia
[4 ] Heródoto dice 5 que las ovejas de los árabes tienen rabos desacostumbrados, en comparación de las demás. Este mismo autor nos enseña que hay dos especies de ovejas arábigas, unas que tienen rabos larguísimos, como que si se les miden, alcanzan no menos de tres codos, y si uno permitiera a las ovejas arrastrar sus rabos, se llenarían éstos de llagas en el roce con el suelo. Los pastores no pueden hacer otra cosa, sino proveerse de unos carritos destinados a sostener los rabos de estos animales y protegerlas, así de las heridas. Pero dice que las otras ovejas tienen colas anchas y que su anchura es de un codo.
La babosa («areíon»)
Los caracoles 6 saben que son enemigos [5 ] suyos las perdices y las garzas y huyen de ellas; por eso, no verás caracoles arrastrándose donde aquellas aves hacen su vida. Pero los caracoles llamados areíones 7 engañan y burlan, con una astucia connatural, a las mencionadas aves. Pues saliendo de las conchas que les ha dado la Naturaleza, comen sin preocupación alguna, mientras las aves que he dicho se abaten sobre las conchas vacías, como si fueran los caracoles mismos, y al no encontrar nada dentro, se apartan de ellos como de cosa inútil y se van. Mas los caracoles regresando se meten de nuevo en su propia casa, saciados de hierba y sanos y salvos gracias a la emigración que engaño a las aves.
Las caballas del Ponto
[6 ] Parece que las caballas del Ponto imitan al rey de los persas, que pasa el invierno en Susa y el verano en Ectabana. En efecto, estos peces hibernan en la región que llaman la Propóntide, puesto que este territorio es cálido; pero, en el verano, viven cerca de Aegíalo 8 , pues dicho mar les proporciona brisas suaves.
Cómo cocer los salmonetes
[7 ] Me he informado de que los cocineros que conocen a la perfección su oficio, cuando quieren que los estómagos de los salmonetes no se abran al cocer, besan sus bocas. Y dicen que si hacen esto, los peces permanecen intactos.
El delfín y su prole
[8 ] El delfín hembra tiene mamas como las mujeres y amamanta a sus crías con leche abundante y copiosa. Nadan en grupo, distribuidos según la edad. A la cabeza se colocan ordenadamente los jóvenes y tiernos. Tras ellos nadan los adultos; pues el delfín es un animal amante de su prole, afectuoso y preocupado por ella, y para protegerla, como soldados dispuestos en falanges, unos van con la primera línea, otros con la segunda y otros con la tercera: los jóvenes nadan al frente, les siguen las hembras y, en la cola, están los machos vigilando y guardando la actividad natatoria de la prole y de sus consortes. Ante esto, ¿qué diría, oh noble Homero, Néstor, al que tú proclamas el táctico más experto de los de su época? 9 .
La víbora
Hay quien dice que la échis es diferente [9 ] de la échidna , pero esta diferencia reside en el sexo no en su naturaleza, pues la primera es macho y la segunda hembra. Pero otros creen que son diferentes en naturaleza: la una pertenece a determinada especie, y la otra, a otra diferente. He oído decir a algunos que los que han sido mordidos por la échis padecen convulsiones, pero no, los mordidos por la échidna . Otros dicen que la mordedura de la échidna es blanca, mientras que la mordedura de la échis no es así, sino morada. Nicandro afirma que, después de morder la échis , quedan bien visibles las señales de dos colmillos; pero que si muerde la échidna , las señales son más numerosas.
Doma de elefantes
Merece contarse lo que hacen los [10 ] hombres, después de una afortunada cacería de elefantes, para amansarlos y domesticarlos. Primero, los conducen atados con cuerdas a un bosque poco distante de la zanja en la que los cazaron sin permitirles ni avanzar, ni pararse, ni retroceder. Después, sujetando a cada uno a un árbol altísimo, a una distancia medida, de manera que no puedan ni saltar hacia delante ni retroceder mucho, aunque dejándoles libertad para brincar y enfurecerse, con la abstinencia y el hambre se quebranta su vigor y fuerza y gradualmente, aminoran la rigidez de su espíritu, de suerte que olvidan la fiereza hasta entonces indomable y abandonan su primitivo humor. Se acercan entonces los tratantes en estos animales y les ofrecen comida en la mano, y ellos, apremiados por la necesidad, la toman sin hacerles daño y les dirigen unas miradas dulces y cansinas.
Pero los que son extremadamente fuertes y crecidos rompen las ataduras y arrancan los árboles con las puntas de sus colmillos y con las trompas, e incluso hacen pedazos a algunos a causa de su acometida y por caer sobre ellos; pero al cabo de mucho tiempo se amansan ya por el hambre, a veces mediante alimentos que les resultan agradables y a veces por medio de la aguijada. Durante el período de domesticación, el alimento apropiado para estos animales son hogazas muy grandes, cebada, higos pasos, pasas, cebollas, ajos, grandes cantidades de miel, brazadas de ramas de lentisco y de palmera y de hiedra y toda clase de materia comestible y familiar a ellos, y, por ende, aceptada por ellos.
Peces ruidosos
[11 ] Cuantos condenan al silencio a todos los peces sin excepción son desconocedores de su naturaleza. Ya que algunos silban y otros gruñen. La lira 10 gruñe y también el verrugato y el capro 11 , como dice Aristóteles 12 . La dorada silba; el cuclillo imita la voz del ave homónima y emite un sonido parecido.
La carne del elefante. Su grasa
[12 ] El elefante tiene la apariencia de un montón de carne y es enormemente grande; pero su carne no es comestible, a excepción de la trompa, los labios de su boca y el tuétano de los colmillos. Al parecer, la grasa del elefante es sumamente aborrecible a las criaturas venenosas, porque si uno se frota con ella o la pone en combustión, aquéllas huyen a gran distancia.
Los animales de Arabia. Las perlas
La variedad de colores y de formas [13 ] de los animales de Arabia es capaz de poner a prueba a cualquier pintor; y no sólo si se trata de animales poderosos y nobles, sino también de criaturas insignificantes, como las langostas y las serpientes, porque las manchas que tachonan la piel de éstas se parecen al oro. Los peces que tienen una coloración todavía más espléndida producen pasmo al contemplarlos. Y las ostras del Mar Rojo no carecen de este esplendor, pues están rodeadas por unas franjas de tonos rojizos, y dirías al verlas que, con la mezcla de colores, imitan al arco iris, habiendo pintado en ellas la Naturaleza bandas paralelas. Y la perla, tan celebrada entre los fatuos y admirada por las mujeres, es un producto del Mar Rojo, y cuentan la maravillosa historia de que se origina cuando los relámpagos se reflejan en las valvas abiertas.
Estas conchas, que son las madres de las susodichas perlas, se cogen cuando el tiempo es bonancible y la mar está en calma. Los buscadores las cogen y arrancan las perlas que enhechizan el ánima de los lascivos. Y acaece que, en una concha grandísima, se puede encontrar una perla pequeña, y una grande, en una concha pequeña; y que tal concha carece de perla, otra tan sólo tiene una y hay muchas que albergan muchas. Hay quienes dicen que en una sola concha se crían hasta veinte perlas.
Ahora bien, la concha es la carne y estas perlas se adhieren a ella como una espina. Si se abre la concha antes de tiempo o sea, antes de que el nacimiento sea completado, se encontrará carne, más no contendrá el objeto que se persigue en la búsqueda. La perla se parece, en verdad, a una piedra que se ha ido endureciendo, y no es propio de su naturaleza contener ni retener ni siquiera la menor cantidad de humedad. A los traficantes y a los compradores parécenles las más bellas y estimables las muy blancas y las grandes, y no pocos que viven de este negocio han llegado, ¡por Zeus!, a hacerse ricos.
No ignoro tampoco que, arrancadas estas piedras y liberadas las conchas que han entregado el susodicho codiciado objeto como rescate por su propia vida, vuelven a producirlo de nuevo. Y si la ostra que cría la perla muere antes de ser extraída ésta, se dice que, juntamente con la carne, se pudre y perece la perla.
La Naturaleza le ha dado una superficie lisa y perfectamente redonda, pero si alguien, recurriendo a medios artificiales, pretende redondear y alisar a una perla a la que la Naturaleza no hizo redonda, queda burlado en su propósito, pues no se aviene a ello y genera rugosidades, denunciando así que se está atentando contra su belleza.
El gavilán
[14 ] Parece que los egipcios consideran al gavilán como ave consagrada a Apolo y lo llaman, en su propia lengua, el dios «Horus». Consideran a estas aves dignas de admiración y tienen razón cuando dicen que son propiedad de dicho dios, porque los gavilanes son las únicas aves que miran de hito en hito a los rayos del sol sin esfuerzo y sin sentir molestias, y, cuando remontan el vuelo a una altura elevadísima, la divina llama no las ofende lo más minímo. Además, quienes lo han visto dicen que el gavilán vuela al revés, como quien nada de espaldas, y de esta manera mira al cielo y al sol que todo lo ve con completa confianza y sin recelo.
Es enemigo implacable de serpientes y animales venenosos. En efecto, no hay serpiente ni escorpión ni ninguna otra criatura de índole dañina que le pase inadvertida. No prueba frutos ni semillas, sino que disfruta devorando carne, bebe sangre, alimenta a sus polluelos con dichos manjares y es, en grado sumo, lujurioso.
Si se acerca un hueso de su pata a un pedazo de oro, atrae a éste y lo arrastra hacia sí con un misterioso hechizo y le persuade a seguirlo, como, según dicen, la piedra de Heraclea 13 hechiza de alguna manera al hierro. Dicen los egipcios que el gavilán dilata su vida hasta los quinientos años, pero no me convencen. Mas yo cuento lo que he oído. Dicen que Homero parece aludir a que el gavilán es amado del hijo de Zeus y de Leto cuando afirma 14 :
Y se encaminó hacia las cumbres del Ida, semejante a un raudo gavilán, asesino de palomas ...
El escarabajo
El escarabajo es un insecto que no [15 ] tiene hembra y deposita el semen en la pelota que hace rodar. Después de hacer esto y calentar la pelota durante veintiocho días, al día siguiente alumbra a su prole. Los guerreros egipcios llevan grabados escarabajos en sus anillos, queriendo significar con esto el legislador que los que luchan por el país deben ser siempre y por todos los medios hombres, ya que el escarabajo no participa de la naturaleza femenina.
El cerdo en Egipto
La cerda, en su insaciable glotonería, [16 ] no perdona ni a sus propios hijos; es más, si se encuentra con el cuerpo de un hombre, no se abstiene de él, sino que lo devora. Por esto, los egipcios aborrecen a este animal por impuro y por omnívoro. Y los hombres inteligentes suelen preferir a los animales de benigna condición y que poseen una cierta dosis de moderación y respeto.
Por ejemplo, los egipcios llegan a prosternarse ante las cigüeñas, porque estas aves cuidan y respetan a sus padres cuando son viejos. Estos mismos egipcios respetan a las ocas de Egipto y a las abubillas, porque las primeras son amantes de su prole y las segundas son piadosas con sus progenitores.
Y yo he oído que el egipcio Manetón, varón que alcanzó la cumbre de la sabiduría, dijo que la persona que prueba la leche de cerda se llena de erupciones escamosas y de lepra; y en verdad que los asiáticos aborrecen estas enfermedades. Y los egipcios creen que la cerda es el ser más abominable para el sol y para la luna. Y así, cuando celebran sus fiestas en honor a la luna, le sacrifican cerdos una sola vez al año, pero en ninguna otra ocasión se avienen a sacrificarlos ni a ella ni a ningún otro de los dioses. Pero los atenienses, en los misterios, sacrifican cerdas, y con toda razón, porque perjudican a los cereales y, saltando con frecuencia sobre las cañas jóvenes del trigo, rompen algunas antes de que maduren y a otras las arrancan hozando. Eudoxo dice que los egipcios se abstienen de sacrificar a los cerdos porque, cuando está sembrado el trigo, introducen en el campo las piaras y estas piaras pisotean el terreno húmedo, con lo cual introducen más la semilla, de manera que conserva su fertilidad y no es arrebatada por los pájaros.
Añoranza del elefante por su tierra natal
[17 ] Cuando se arranca a los elefantes del territorio al que están acostumbrados y se les domestica, primero, mediante la cautividad y el hambre, y después, alimentándoles con alimentos variados, jamás puede lograrse desterrar de su memoria la añoranza del país que los crió. En efecto, la mayoría de ellos mueren de sentimiento y algunos, a fuerza de llorar a torrentes y con lágrimas incontables, llegan a perder la vista. Se los embarca utilizando un puente, en cada uno de cuyos lados hay elevadas ramas recién cortadas y cubiertas de hojas y todo otro tipo de ramaje verde extendido, para engañarles e impedirles ver el mar. Al encontrarse los elefantes con todos estos dispositivos, se imaginan que caminan aún por tierra firme. El agua cercana a la tierra, de la cual tienen que partir, es somera y poco profunda y los barcos de carga están distantes, y, por esto, es preciso el puente y la invención de un ardid realizado con ramas y con la maleza, como hemos dicho.
El descanso del carnero
Tengo oído que el carnero, durante [18 ] los seis meses de invierno, reposa y duerme del lado derecho cuando le sorprende y domina el sueño; pero, durante el equinoccio de primavera, descansa en posición contraria y se echa sobre el lado izquierdo. Así que en cada equinoccio el carnero cambia su manera de reposar.
Los «phágros » y los meotas
Los habitantes de Siene consideran [19 ] sagrados a los peces llamados phágros 15 y los de la ciudad llamada Elefantina dicen lo mismo de los «meotas» 15 . También éstos son una especie de peces. He aquí el origen de la veneración que ambos pueblos tributan a cada especie. Cuando el Nilo está a punto de crecer y desbordarse, estos peces se adelantan nadando, como si anunciasen la llegada del agua, y alegran el espíritu atribulado de los egipcios con placentera esperanza, porque son los primeros en comprobar la llegada de la riada y en predecirla con un admirable instinto natural. Además, los mencionados pueblos acostumbran a añadir, en relación con el respeto a estos peces, que nunca se devoran entre sí.
Moluscos del Mar Rojo
[20 ] Parece que en el Mar Rojo existen también otros moluscos cuyas conchas no son lisas, sino que tienen estrías y oquedades 17 . Éstas tienen bordes afilados y, cuando se cierran, se encaja una en otra, porque se engranan sus salientes como ocurriría con los dientes de una sierra encajados en los de otra. Y así, cuando sorprenden a un pescador nadando y le muerden en alguna de sus partes, se la cortan, aunque en la parte mordida haya un hueso, y cuando muerden alguna articulación, la cortan igualmente, y es natural, porque su mordedura es sumamente cortante.
Los cocodrilos en Ombos y en Apolonópolis
[21 ] Hay egipcios, como los ombitas, que veneran a los cocodrilos; y así como nosotros consideramos a los dioses olímpicos dignos de reverencia, así también ellos a los dichos reptiles. Y cuando sus hijos son arrebatados por ellos, los padres se alegran extraordinariamente, y las madres de los desdichados están contentas y caminan orgullosas de haber engendrado hijos que sirven de comida y alimento a un dios.
Pero los apolonopolitas, que son parte de los tentiritas, cogen con red a los cocodrilos, los cuelgan en árboles llamados perséa 18 (que son indígenas), los azotan propinándoles toda clase de azotes y los magullan mientras ellos gimen y lloran; finalmente, los descuartizan y se los comen.
La gestación de este animal dura sesenta días y pone sesenta huevos que incuba en otros tantos días. Tiene otras tantas vértebras en la espina dorsal y dicen que rodean su cuerpo sesenta tendones. Desova el mismo número de veces, y vive sesenta años. (Yo no hago más que repetir lo que dicen y creen los egipcios.) Se pueden contar los dientes de este reptil, cuyo número es de sesenta. Durante sesenta días al año permanecen quietos en sus guaridas y se abstienen de comida.
Los cocodrilos están habituados a los ombitas y los que están encerrados en los lagos hechos por ellos obe decen cuando les llaman. La gente les lleva las cabezas de los animales sacrificados (pues ellos jamás probarían esta parte del cuerpo), se las arrojan y los cocodrilos se lanzan en torno de ellas.
En cambio, los habitantes de Apolonópolis odian al cocodrilo porque dicen que Tifón tomó la forma de este animal. Mas ellos dicen que no es ésta la causa, sino que un cocodrilo raptó a la hija del rey Psamético 19 , hombre extremadamente bueno y justo, y, por esto, en memoria de este triste suceso, incluso las generaciones posteriores odian a la raza entera de los cocodrilos.
El buitre
Los vácceos (pueblo de Occidente) 20 [22 ] ultrajan a los cadáveres de los muertos por enfermedad, ya que consideran que han muerto cobarde y afeminadamente, y los entregan al fuego; pero a los que han perdido la vida en la guerra, los consideran nobles, valientes y dotados de valor y, en consecuencia, los entregan a los buitres porque creen que éstos son animales sagrados. Y cuando Rómulo, en la colina del Palatino, adivinó por el vuelo de doce buitres que tenía un favorable augurio, imitando el número de las aves, decretó que los emperadores romanos deberían ir precedidos por un número de lictores 21 igual al de las aves vistas entonces.
Los egipcios creen que el buitre es un ave consagrada a Hera, adornan la cabeza de Isis con plumas de buitre y, en los techos de los propíleos, esculpen en relieve las alas de unos buitres. Ya he dicho anteriormente mucho sobre esta ave, pero no a este propósito.
Los escorpiones de Copto
[23 ] En Copto, ciudad de Egipto, los egipcios rinden veneración a Isis con diversos ritos, pero, sobre todo, con la adoración y servicio que le tributan las mujeres que están de luto por el marido, por los hijos o por los hermanos. Hay allí escorpiones de tamaño grandísimo, de pinzas afiladísimas y peligrosísimas en sus ataques (pues matan instantáneamente cuando pican), y los egipcios recurren a innumerables expedientes para protegerse de ellos. Pero las mujeres de luto, aunque duermen en el templo de la diosa en el suelo y caminan en él descalzas y tan sólo procuran no pisar a los mentados escorpiones, resultan completamente indemnes.
Estos habitantes de Copto veneran y consideran diosas a las gacelas hembras, pero sacrifican a los machos. Dicen que las hembras son predilectas de Isis.
El cocodrilo, perseguido en Tentira y venerado en Copto
El cocodrilo (a las cosas ya referidas [24 ] sobre este animal hay que añadir otras que yo he oído) es de condición tímida, dañino y gran malhechor. Se pone en tensa alerta cuando quiere capturar su presa, pero teme cualquier ruido, y se asusta del fuerte griterío de los hombres y se aterroriza ante aquellos que le atacan vigorosamente.
En efecto, los llamados «tentiritas», de Egipto, conocen la manera más fácil de cazar este animal. La manera más eficaz de herirle es golpearle en los ojos, en las axilas o en el vientre. El dorso y la cola son impenetrables, porque están protegidos y, por así decirlo, armados con escamosas placas que semejan tejas o conchas. Los susodichos habitantes son tan tenaces en la persecución de los cocodrilos, que su parte de río se mantiene en la más profunda paz. Así se entregan confiados a la natación y se divierten nadando. En cambio, no resulta fácil mojarse los pies, ni seguro coger agua en el territorio de Ombos, Copto o Arsínoe. Es más, no puede uno caminar libremente y sin adoptar precauciones por las márgenes del río. Pero los habitantes de Tentira veneran a los gavilanes. En consecuencia, los que habitan la ciudad de Copto, en su deseo de molestar a los últimos, como enemigos que son de los cocodrilos, crucifican a menudo gavilanes. Las gentes de Copto comparan al cocodrilo con el agua y por esto le rinden veneración, mientras que los tentiritas comparan al gavilán con el fuego, y de aquí que le tributen adoración. Y alegan como testimonio *** que el agua y el fuego no pueden mezclarse. Éstas son las maravillosas historias que cuentan los egipcios.
Los «cara de perro» o «kynoprósōpos »
[25 ] Después de atravesar el oasis egipcio, el viajero se encuentra con un dilatadísimo desierto, de siete días completos. A lo largo del camino que conduce a Etiopía y después de este desierto, viven unos hombres, los kynoprósōpos 22 . Al parecer, viven cazando gacelas y antílopes, tienen la tez negra y cabeza y dentadura de perros. Y como se parecen a este animal, es muy natural que haga aquí mención de ellos. No están dotados de habla, sino que dan gritos agudos. De su mentón pende la barba, una barba comparable a la de los dragones, y sus manos se terminan en uñas muy fuertes y afiladas. Todo su cuerpo está cubierto de espesa pelambre como la de los perros. Son velocísimos y conocen los lugares que son inaccesibles: he aquí por qué su captura presenta tantas dificultades.
El lobo. Amado por Apolo, descubridor de un robo sacrílego
[26 ] El pescuezo del lobo es corto y estrecho. Por eso, no es capaz de volverse y mira siempre hacia delante, y cuando quiere mirar hacia atrás, vuelve todo el cuerpo. Es el animal de vista máspenetrante, como que ve de noche, aunque no haya luna. De aquí que este momento de la noche, en el que sólo él por el privilegio de la Naturaleza puede ver, se llame lícofo . Y yo creo que Homero 23 llama anfílice a la noche en la que los lobos se pasean viendo.
Dicen que es amado del sol y hay quienes afirman que el año se llama «licabante» en obsequio a este animal. Es fama que Apolo se complace en él y ha llegado a mis oídos la razón, que es del dominio común: dicen que el dios nació después de haberse transformado Leto en una loba. Por esto le llama Homero: «el nacido de loba, ilustre por el arco» 24 . Por esto también, según tengo entendido, hay erigido en Delfos un lobo de bronce que alude a los dolores de parto de Leto. Otros, sin embargo, dicen que no fue ésta la razón, sino que un lobo descubrió que habían sido robadas del templo las ofrendas y enterradas por sacrílegos ladrones; y, acercándose al templo, cogió con sus dientes el sagrado vestido de una de las sacerdotisas, la arrastró hasta el lugar en que las ofrendas estaban ocultas y luego se puso a excavar con sus patas delanteras.
La vaca y Afrodita
Hay una aldea egipcia llamada Cusas [27 ] (se considera que pertenece a la provincia de Hermópolis; es pequeña, al parecer, pero linda). En ella se venera a Afrodita bajo la advocación de Urania. Veneran también a una vaca. He aquí la causa que alegan. Creen que las vacas se relacionan con esta diosa, porque sienten fuerte impulso amoroso y son más vehementes que los toros. Y así, en cuanto oye el mugido, la vaca se solivianta e inflama con ardiente deseo de aparearse con él. Y los que están en el secreto de todo esto sostienen que una vaca oye a treinta estadios 25 de distancia a un toro cuando muge, y su mugido es indicio de amoroso apetito genésico. Y los egipcios esculpen y pintan a Isis con cuernos de vaca.
El asno y el antílope, objeto de antipatía en Egipto
[28 ] Las gentes de Busiris, de Abidos, la egipcia, y de Licópolis desprecian el sonido de la trompeta porque se parece, según ellos, al rebuzno de un asno. Como el persa Oco 26 sabía esto, mató a Apis y deificó al burro en su deseo de mortificar a los egipcios lo más posible. Y, por esto, dio una satisfacción al sagrado buey, que mereció la general aprobación, no inferior a la que pagó Cambises 27 , que fue el primero en cometer tamaño sacrilegio.
Y los mismos ministros del mentado Zeus (Sérapis) odian también al antílope. Y la razón es la siguiente: los egipcios dicen que este animal expulsa las superfluidades de su alimento volviendo la espalda en la dirección del sol naciente.
Los pitagóricos dicen del burro que es el único de los animales que no ha nacido conforme a armonía, ésta es la razón por la que es completamente sordo al sonido de la lira. Además, algunos dicen que fue amado por Tifón. Item más, a las censuras antedichas contra el asno pretenden añadir la siguiente: la fertilidad en todos los órdenes es estimada, pero este animal es por naturaleza refractario a ella; en efecto, no es fácil recordar ningún relato referente a una burra que haya parido dos crías en el mismo parto.
El ibis
He aquí otra peculiaridad del ibis [29 ] que yo he aprendido de las narraciones egipcias. Cuando esconde el cuello y la cabeza bajo las plumas del pecho, asume la figura de un corazón. Creo que he hablado anteriormente 28 de que son implacables enemigos de los animales nocivos al hombre y a las cosechas. Realizan la cópula por la boca y paren de la misma manera. Y dicen los egipcios (aunque a mí no me persuaden fácilmente) que los que se dedican a embalsamar animales y son expertos en este menester convienen en que el intestino del ibis tiene una longitud de noventa y seis codos. He oído también que, al andar, da zancadas de un codo. Y cuando la luna se eclipsa, cierra sus ojos, hasta que la diosa brilla de nuevo. Dicen, asimismo que es amado de Hermes, padre de la elocuencia, porque su figura remeda la naturaleza del habla: las negras plumas volanderas pueden compararse al discurso silencioso e interior, y las plumas blancas al discurso exteriorizado que se hace audible, siervo y nuncio de la vida interior 29 , por así decirlo.
Ahora bien, yo he dicho que esta ave tiene larguísima vida. Apión afirma que el ibis es inmortal y pone por garantes de esta afirmación a los sacerdotes de Hermópolis. Apión cree que dicha afirmación está muy alejada de la verdad y a mí se me antoja completamente falsa.
El ibis es un ave de sangre muy caliente, muy voraz y de perverso yantar, si es verdad que come culebras y escorpiones. Y, por supuesto, digiere bien algunos alimentos, y otros los expulsa fácilmente en la defecación. Muy rara vez puede verse a un ibis enfermo; hinca el pico en cualquier lugar, sin preocuparse para nada de inmundicias, que engulle con la esperanza de arrastrar con ellas algo provechoso. Pero cuando se dirige a descansar, se baña y se purga antes. Anida en las palmeras para escapar a los gatos, porque este felino no puede trepar fácilmente y encaramarse en la palmera, ya que se ve constantemente estorbado y lanzado a tierra por los salientes del tronco.
El cinocéfalo
[30 ] Me viene ahora a la boca mencionar los siguientes hechos relativos a los cinocéfalos. Si un cinocéfalo 30 coge algo comestible con envoltura (por ejemplo, almendras, bellotas o nueces), quita la envoltura o cáscara y lo limpia, rompiéndola antes muy inteligentemente, y sabe que lo de dentro es comestible y que hay que tirar lo de fuera. Bebe vino y se atiborra, cuando le ponen delante carne asada o cocida, gusta de alimentos bien condimentados, y se disgusta si los alimentos están mal cocidos. Si se pone vestidos, tiene cuidado de ellos. Y hace todo lo demás que he dicho más arriba. Si, cuando es todavía pequeñito, lo acercan al pecho de una mujer, mamará como un lactante.
El áspid «thermúthis »
[31 ] Dicen que el áspid, al que los egipcios pusieron el nombre de thermúthis , es sagrado, y que los naturales del país le tributan veneración y adornan con él las estatuas de Isis, como si fuera una diadema real. Dicen también que no ha nacido para destruir y dañar a los hombres. Pero deliran cuando dicen que se abstiene de atacar a los hombres buenos y que matan a los impíos. Si fuera esto así, la Justicia estimaría a este áspid sobre todas las cosas, como agente vengativo suyo dotado, además, de vista agudísima. Otros añaden que Isis lo envía contra los más grandes transgresores. Los egipcios afirman, que éste es el único áspid inmortal de las dieciséis especies y variedades que pueden enseñarse de este reptil. Y, en sus templos, como ellos mismos dicen, construyen madrigueras y guaridas a manera de capillas y en cada ángulo convirtiéndolas en moradas de los thermúthes , y a ratos les echan comida grasa de ternero.
El acanto y el «aegíthus »
Los entendidos en achaques de aves [32 ] dicen que el ave «acanto» 31 , trae su nombre de la planta «acanto», que constituye su alimento. Canta armoniosa y melódicamente. Dice Aristóteles 32 que si alguien quiere verter la sangre del acanto y del llamado aegíthus en la misma vasija y mezclarla, no habrá manera de mezclarlas y unirlas en una sola mixtura. Dicen que el acanto está consagrado a los dioses que acompañan y guían a los hombres en sus viajes.
La tórtola
He dicho arriba 33 que la tórtola es [33 ] continente y que, a excepción de la pareja con la que se ayuntó por vez primera, jamás se uniría con otro compañero ni desearía un lecho extraño y ajeno. Yo sé, por aquellos que poseen conocimientos minuciosos sobre estas materias, que se ven a menudo tórtolas blancas. Dicen que éstas son sagradas a Afrodita y a Deméter, mientras que las demás lo son a las Moiras y a las Erinias.
La golondrina, animal ominoso
[34 ] También golondrinas blancas han sido vistas a veces, como dice Alejandro de Mindo. En la tienda de Alejandro 34 , hijo de Pirro, una golondrina fabricó su nido y este suceso había de presagiar luego que la expedición que había emprendido, deshonrosa para él, sería totalmente ineficaz. Y <otra golondrina > que fabricó su nido en <la tienda de> Antíoco 35 le auguró obscuramente lo que había de sucederle en el futuro: en efecto, se dirigió contra los medos, pero no pudo regresar a Siria porque cayó a un precipicio. Como se ve, también éste se lanzó a una empresa desgraciada. Y cuando Dionisio 36 abandonó por vez primera la acrópolis, las golondrinas, que tenían allí sus nidos, se juntaron todas a la vez y presagiaron su regreso. La golondrina es tenida por consagrada a los dioses del hogar y a Afrodita, que también es hogareña.
La perdiz
[35 ] Cuando las perdices están empollando, cubren los huevos con ramas y espeso follaje para protegerlos del relente, de la lluvia y de toda clase de humedad. Porque si llegan a mojarse, como la madre no acuda presto al lugar a calentarlos de nuevo, se malogran. Las perdices ponen en una sola puesta hasta quince huevos. Teofrasto dice 37 en algún lugar que en las perdices de Pafaglonia puede verse un corazon doble. Hay autores que dicen que la perdiz es prenda amada de la hija de Zeus y Leto.
El cisne
Hablé más arriba de los cisnes y [36 ] ahora diré todo lo que antes omití. Aristóteles 38 dice que, en cierta ocasión, se vio en el mar de Libia una bandada de cisnes y que se oía una melodía provinente de ellos, como si dimanase de un coro de voces bien conjuntadas, muy dulce, pero triste y como capaz de mover a piedad a los oyentes. Y dice que algunas de las aves aparecieron muertas al término de la melodía.
Parece que el cisne es amigo de las fuentes, charcas y lagunas, y de todos los lugares en donde hay y abundan aguas. Y, desde luego, los entendidos en estos achaques dicen que en ellos es donde el cisne ensaya su música.
La lechuza, ave ominosa
Dicen que la lechuza que acompaña [37 ] y está al lado del hombre que se embarca en algún negocio, no es un buen augurio. He aquí un testimonio.
Pirro de Epiro caminaba de noche hacia Argos y salióle al encuentro dicha ave cuando cabalgaba en su caballo con la lanza erecta. Luego se posó sobre ésta el ave que no quería alejarse. ¡Mala salvaguardia le proporcionaba la susodicha ave, al acompañarle sobre la lanza! Como que al llegar Pirro a Argos encontró la muerte más ignominiosa. De aquí deduzco el que Homero 39 , porque sabía bien que la lechuza no es ave de buen augurio, diga que Atena envió una garza real a los compañeros de Diomedes cuando se dirigieron a espiar el campo de los troyanos, y no una lechuza a pesar de que es su favorita. Y que la comarca de Troya es húmeda y abundante en agua Homero puede testimoniarlo en los versos que preceden a la batalla delante de las murallas 40 .
El pulpo y la langosta. Peces negros en el río Lusias
[38 ] El pulpo infunde terror a la langosta. Por eso, si los capturan juntos en la misma red, las langostas mueren al instante.
Hay en Turios un río llamado Lusias cuyas aguas son de las más limpias, y el río es de corriente completamente transparente, pero cría peces muy negros.
El leopardo «ámpelos »
[39 ] Dicen que hay un leopardo llamado ámpelos , como la planta 41 , y que tiene características propias y distintas de los demás leopardos. He oído decir que no tiene rabo y que, si lo contemplan las mujeres, son víctimas de inesperada enfermedad.
Los cuernos de los asnos de Escitia
[40 ] En Escitia hay asnos con cuernos, los cuales cuernos admiten el agua del río de Arcadia llamado Éstige (esta agua quebranta todas las demás vasijas, aunque estén hechas de hierro).
Dicen que <uno> de estos cuernos fue enviado por Sópatro 42 a Alejandro de Macedonia y sé que éste, lleno de admiración, depositó el cuerno como ofrenda votiva en el templo pítico de Delfos, poniéndo en él esta inscripción:
A ti, dios de la salud, ofreció Alejandro de Macedonia este cuerno / de un asno de Escitia, objeto maravilloso/que no fue sojuzgado por la corriente incontaminada de la Lúside 43 Éstige, / sino que resistió la fortaleza del agua .
Fue Deméter quien hizo brotar esta agua en las cercanías de Feneo, y ya hablé en otro lugar de por qué lo hizo.
Éupolis y su perro
Áugeas de Eleusis dió a Éupolis, autor [41 ] de comedias, como regalo, un perro de bella estampa; y Éupolis le puso el nombre del dador. El perro Áugeas, regalado en las comidas y ganado por la dilatada convivencia, llegó a enamorarse de su amo. Un día, un joven compañero de esclavitud, llamado Efialtes, robó algunos dramas de Éupolis; pero el robo no pasó inadvertido, sino que el perro vio al ladrón, cayó sobre él y, mordiéndole sin piedad, lo mató. Algún tiempo después, Éupolis cerró los ojos en Egina y allí fue enterrado. El perro, aullando e hipando a la manera de los canes, murió consumido por la pena y el hambre sobre la sepultura del amo que lo había criado, aborreciendo la vida. Y en memoria del triste suceso el lugar se llama «El treno del perro».
La hormiga y la avispa llamadas «laértes »
Dicen que hay una especie de hormiga [42 ] mortífera que lleva el nombre de laértes . Así llaman también a ciertos géneros de avispas 44 . Esto lo dice el gramático Télefo de Pérgamo en Misia.
Peces cogidos después de las inundaciones del Nilo
A lo largo del calurosísimo verano, [43 ] el Nilo, inundando los campos de Egipto, les da la apariencia de un mar encalmado y suave, y los egipcios pescan en lo que antes era terreno firme y navegan en barcas hechas para esta estación y para esta avenida del rey. Después, el río regresa y vuelve al cauce que la Naturaleza le ha asignado; pero los peces, huérfanos de padre y privados del agua en que navegaban, se quedan atrás y, retenidos en el fango espeso, se ofrecen como alimento a los campesinos. Y Aunque la expresión sea un tanto cruda, ésta es la cosecha egipcia de pescado.
Nombres de distintas cigarras
[44 ] A lo que parece, no son pocas las especies de cigarras, y los expertos en esto las enumeran y refieren sus nombres. Así, una se llama «la cenicienta» por su color; de dónde le viene a otra el nombre de mémbrax , no lo sé; según parece, «chirriante» es el nombre de otra cigarra; y yo he oído hablar de una «colilarga», de la «estrídula» y de la «espinosa». Así que yo he oído hablar de todas estas especies de cigarras y las recuerdo; pero si alguien ha llegado a conocer más de las que yo he mencionado, que las diga.
El perro venerado en Egipto
[45 ] He aquí más cosas de perros oídas por mí. Los cachorros nacen ciegos y cuando salen del claustro materno no ven. En la primera quincena son víctimas de esta aflicción, es decir, durante todas las noches en que la luna no sale; pero, después de este período de tiempo, el perro posee una vista más aguda que cualquier otro animal.
Los egipcios honran al perro y una comarca 45 ha recibido su nombre, y aseguran que la razón de ello es doble. La primera, que, cuando Isis iba buscando por todas partes a Osiris 46 , los perros le enseñaron el camino precediéndola, e intentaban ayudarla a encontrar las huellas de su hijo y también a ahuyentar a las fieras. Y la segunda razón es que, al tiempo que surge la estrella del perro (del que la fama dice que era el perro de Orión), el Nilo, en cierto sentido, también se levanta e inunda la tierra egipcia y se derrama por los campos de cultivo. Así pues, los egipcios tributan honores al perro por traer e incitar a venir a esta agua fertilizadora.
El pez oxirrinco
Hay un pez llamado «oxirrinco» por [46 ] su cara y la figura de ella. El Nilo cría dicho animal y de él recibe su nombre la comarca 47 en la que, al parecer, al pez se le tributa veneración. Los habitantes del mismo jamás comerían un pez cogido con anzuelo, por temor de que el pez que he mencionado, y que ellos consideran sagrado y digno de admiración, pueda haberse casualmente ensartado en el anzuelo. Y si por ventura caen peces en las redes, las examinan cuidadosamente, ante el temor de que alguno de aquéllos haya sido apresado sin conocimiento de ellos, y estiman más el fracaso en la pesca, que una pesca afortunada que conlleve la captura de un oxirrinco. Dicen los naturales del país que este pez nació de las heridas de Osiris, y creen que Osiris no es ni más ni menos que el Nilo.
El «ikneumón »
Parece que el ikneumón es a la vez [47 ] macho y hembra y que participa de ambos sexos: la Naturaleza les dotó de la facultad de inseminar y de parir. Los vencidos en la batalla son reducidos a una clase menos honrosa y los vencedores cubren a los vencidos y los inseminan. Y éstos sufren las consecuencias de la derrota: aguantar los dolores del parto y convertirse en madres en vez de padres. El ikneumón es odiosísimo a los animales más odiados por el hombre, el áspid y el cocodrilo, y ya me he referido anteriormente 48 a la guerra que entablan entre sí. Se dice que están consagrados a Leto e Ilitía. Los heracleopolitanos, al parecer, les tributan culto.
Historia de Pindo y la serpiente
[48 ] Licaón, rey de Ematia, tuvo un hijo de nombre Macedón, del cual recibió su nombre el país, que abandonó su antiguo nombre. Éste tenía un hijo valiente, de sobresaliente hermosura, llamado Pindo. Tenía también otros hijos, pero eran de espíritu alocado y de cuerpo endeble; y así, con el transcurso del tiempo, como sentían celos del valor y de la buena fortuna del hermano —que, sabedor de la asechanza de sus hermanos contra él, había abandonado el reino de su padre para vivir en el campo— lo mataron, pero encontraron su propia ruina y purgaron su culpa como era justo.
Además de ser fuerte en otros respectos, era también experto cazador. En cierta ocasión estaba cazando cervatillos. Éstos corrían a todo correr, mientras él cabalgaba persiguiéndolos a toda velocidad, dejando muy rezagados a sus camaradas cazadores. Pero los cervatillos se precipitaron en una cavernosa y profundísima sima y, hurtándose a la mirada de su perseguidor, desaparecieron. Así pues, apeóse del caballo Pindo, lo ató de la rienda a uno de los árboles que allí había, y se disponía a inspeccionar la sima y a buscar a los susodichos ciervos, cuando oyó una voz que decía: «¡No toquéis a los cervatillos!» Y cuando, después de mirar mucho, no vio nada, temió que la voz proviniese de algún agente superior y entonces él se marchó llevando consigo el caballo.
Al día siguiente regresa solo, pero recordando la voz que hirió sus oídos y lleno de temor, y mientras daba vueltas a su cabeza y se preguntaba perplejo quién sería el personaje que le apartara el día anterior de su impulso a perseguir a los cervatillos, y mientras estaba ocupado en mirar, como era natural, a los pastores del monte o a otros cazadores, vio una enorme serpiente que arrastraba la mayor parte de su cuerpo, pero levantando el cuello que era pequeño comparado con aquél. (Y el cuello juntamente con la cabeza excedían en tamaño a un hombre crecido.) Al punto se llenó de terror al verla. Pero Pindo no se dio a la fuga, sino que cobró ánimos y con astucia engañó a la serpiente, pues le ofreció las aves que había cazado, y se las largaba como dones amicales y como rescate de su propia vida. Y la serpiente, ablandada por los dones y embaucada, por así decirlo, se marchó.
Esto agradó al joven y, en adelante, como hombre bueno que era, acostumbró a llevar una recompensa a la serpiente por haberle salvado su vida, dándole de grado las primicias de la caza, ya fuera salvajina o aves montaraces. Y el otorgamiento de los dichos dones, fue sumamente fructuoso para Pindo, y su fortuna comenzó a prosperar y a crecer de día en día; pues cuando iba de caza salíanle al paso buenas piezas, lo mismo de animales que habitan en las selvas que de aves. Así que disfrutaba de abundancia y, aún más, se difundió por todas partes la fama de que atacaba valientemente a las fieras y las capturaba.
Era de gran estatura y capaz de impresionar por su corpulencia y por su talante espléndido, y evidentemente con su belleza inflamaba y encandilaba a todo el sexo femenino. Las mujeres viudas, enardecidas como bacantes, acudían a su puerta, y las que cohabitaban con sus maridos, aunque obligadas por la costumbre a vivir en el interior de la casa, estaban esclavizadas por la fama de la belleza de Pindo y hubieran preferido ser sus esposas a ser diosas. Incluso muchos hombres lo contemplaban atónitos y le mostraban su amor.
Sólo sus hermanos le odiaban. Y cuando estaba cazando a solas, le esperaron en acecho (el lugar de la cacería era las cercanías del río) y, luchando los tres contra él solo, le hirieron con las espadas. Él se puso a gritar. La serpiente, su amiga, oyó los gritos, pues es criatura de buen oído y de penetrante vista. Así pues, salió de su cubil y, enroscándose en el cuerpo de los asesinos, los mató asfixiándoles.
La serpiente no abandonó la custodia del cadáver, hasta que los parientes del joven, que le habían echado de menos, se llegaron hasta él y lo encontraron muerto. Le lloraron, mas no se atrevían a cuidarse del difunto por miedo del guardián. Y comprendiendo éste por cierto natural y misterioso instinto que su presencia los ahuyentaba, se alejó a toda prisa permitiendo que recibiera el último homenaje de sus parientes. Así pues, fue enterrado con gran solemnidad y el río cercano al lugar de su muerte se llamó Pindo, del nombre del muerto y de su tumba.
Así que es propio de los animales corresponder a los favores de sus benefactores, como ya he dejado dicho y como se constata especialmente en esta ocasión.
Claro, libre de animales dañinos por voluntad de Apolo
[49 ] Los habitantes de Claro, en particular, y todos los griegos, en general, tributan honores al hijo de Zeus y de Leto. Por esto, el lugar no está hollado por animales ponzoñosos y es sumamente hostil a ellos. Y esto, porque el dios lo quiere y porque los animales le temen en cualquier circunstancia, puesto que Apolo no sólo puede salvar la vida, sino que, además, es padre de Asclepio, salvador y vencedor de las enfermedades. Es más, Nicandro es testigo de lo que digo. He aquí sus palabras:
Ni la víbora ni las arañas odiosas ni el que hiere profundamente ,
el escorpión, viven en los bosquecillos de Claros,
puesto que Apolo ocultó su profunda gruta con fresnos .
y limpió el herboso suelo de animales dañinos 49 .
Sacrificios a Afrodita en Érice
Sé, por haberlo oído, que en Érice, [50 ] donde está el célebre templo de Afrodita, del cual hice mención más arriba 50 al referirme a las peculiaridades de las palomas que allí anidan, hay mucho oro, muchísima plata, collares y anillos muy valiosos, pero todo esto está libre de saqueos y es intocable gracias al temor que inspira la diosa. Sé también que los hombres de las pasadas generaciones miraron a la mencionada diosa y a sus tesoros con respetuosa admiración. Y sé que el cartaginés Amílcar 51 saqueó este tesoro y, fundiendo el oro y la plata, hizo un sacrílego reparto entre el ejército, y a causa de estos hechos sufrió los tormentos más atroces y severos y fue castigado con la muerte de cruz, mientras que todos los que participaron en este impío sacrilegio murieron de muerte violenta y terrible; y su patria, que hasta entonces había sido tan próspera y que había sido considerada digna de envidia entre la mayoría de las ciudades cuando estos sagrados objetos fueron introducidos en ella, cayó en la esclavitud 52 .
Pero, por sensacionales que estos hechos sean, no atañen a mi preocupación presente; mas yo referiré ahora lo que es digno de nota en mi discurso presente. Los naturales del país y los extranjeros hacen sacrificios a la diosa todos los días del año. El altar más grande de todos está al aire libre y en él se ofrecen muchos sacrificios, y durante todo el día y toda la noche el fuego permanece encendido. Resplandece la aurora y en el altar no aparecen rescoldos, ni cenizas, ni restos de antorchas medio quemadas, sino que está cubierto de rocío y de hierba recién nacida que brota cada noche. Las víctimas de cada rebaño caminan espontáneamente y se acercan al altar conducidas, en primer lugar, por la diosa y, después, por las posibilidades económicas y el deseo del sacrificador. Porque si uno quiere sacrificar una oveja, ésta se presenta al punto ante el altar y hay que empezar la ceremonia de la ablución; pero si fueres hombre de posibles y quisieres <sacrificar> una vaca o incluso más de una, el pastor no abusará cobrándote demasiado ni tú le defraudarás, porque la diosa ve que los precios de venta son justos y, si pagas bien, la tendrás propicia. Mas si pretendes comprar más barato de lo que es justo, pagarás inútilmente: el animal se marchará y no podrás sacrificar. Como complemento a lo dicho por mí anteriormente, quede constancia de las peculiaridades de los animales de Érice.

1 Cf. VIII 17.
2 HOMERO , Il . III 373.
3 O sea, Afrodita.
4 HERÓDOTO , III 103.
5 Ibid ., 113. También el Licenciado GERÓNIMO DE HUERTA , en sus Anotaciones a Plinio (VIII 48), habla de estas ovejas o carneros. Dice: «En Arabia se crían dos géneros (de carneros) de admirable forma: unos tienen las colas de tres codos de largo, y otros de un codo de ancho. De estos hemos visto algunos en España y los llaman de cinco cuartos porque tienen tanto en la cola como en un cuarto del cuerpo.» También en CERVANTES , en La ilustre fregona (ed. de SCHEVILL y BONILLA , Novelas ejemplares , tomo II, Madrid, 1923, pág. 323), se dice: «los carneros de Berbería ordinariamente tienen cinco cuartos y cuando los tales carneros se cuartean, tanto vale la cola como cualquier cuarto. Si el testimonio de Huerta que dice: ‘de estos hemos visto algunos en España’, no es jocoso, no hay por qué dudar de los testimonios de Heródoto, de Plinio y de Eliano».
6 El areíon a que se refiere Eliano es la babosa.
7 Es una babosa llamada por la ciencia Arion empiricorum .
8 Ciudad situada en la costa de Paflagonia.
9 Cf. HOMERO , Il . II 555; IV 293-309.
10 Quizás se trate del pez triglido Trigla lyra . Efectivamente, este pez utiliza los tres radios primeros de las aletas pectorales para andar, produciendo ruidos, como un gruñido, rozando los huesos de los opérculos unos contra otros.
11 Sin identificar.
12 Hist. Animal . 535b17.
13 La magnetita.
14 Il . XV 237-8.
15 Según D’ARCY THOMPSON , Glossary of Greek Fishes , Londres, 1947, pág. 274, phágros no es el Pagrus vulgaris (pargo) de IX 7.
16 No identificado.
17 Parece que se trata de un molusco tridácnido, que vive en los arrecifes coralinos, el Tridacna gigas . Son comestibles. Se comprende la potencia de sus valvas, si se tiene en cuenta que tiene hasta 2 m. de longitud y pesa 250 kg.
18 Es el árbol egipcio conocido en botánica por Mimusops Schimperi .
19 Psammínto puede ser corrupción de Psamménito .
20 Se refiere a los vácceos habitantes del noroeste de España.
21 Lat. fasces .
22 Palabra que significa «cara de perro». H. GOSSEN , «Die Tiernamen in Aelian’s 17 Büchern Perì zṓōn », Quellen u. Studien zu Gesch. d. Naturwissenschaften u. d. Medizin 4 (1935), 258, cree que se trata del mandril.
23 Il VII 433.
24 Il . IV 101.
25 Casi 5 km.
26 Éste es el nombre que tenía Artajerjes antes de ascender al trono de Persia en 359 a. C. Conquistó Egipto en 359 a. C. y murió envenenado.
27 Cambises, rey de Persia, HERÓDOTO , III 64, nos habla de su crueldad y de su impiedad ejercitada en ultrajes a la religión egipcia. Murió a consecuencia de una herida que él mismo se infirió con su espada.
28 Cf. I 38; II 38.
29 Son declaraciones estoicas en consonancia con la ideología de Eliano (cf. Introducción, págs. 34 y sigs.).
30 Este cinocéfalo es el Cynocephalus maimon (mandril).
31 Puede ser un jilguero o un lugano, en todo caso un pájaro perteneciente a la familia de los fringílidos. El aegíthus del texto es, probablemente, el herrerillo (Parus cyanus) .
32 Hist. Animal . 610a6.
33 Cf. III 44.
34 Alejandro II, rey de Epiro en 272 a. C. Expulsó a Antígono Gonatas de Macedonia, pero, a su vez, fue expulsado de este y de aquel país por el hijo de Antígono.
35 Antíoco III, rey de Siria, derrotado por los partos en 128 a. C.
36 Dionisio el Viejo, tirano de Siracusa que vivió hacia 430-367 antes de Cristo.
37 Fr . 182.
38 Hist. Animal . 615b4.
39 Il . X 274.
40 Il . XII 18.
41 Quizás sea el serval: Felis serval .
42 Autor de parodias de tragedias.
43 Lusi es una ciudad situada al N. de Arcadia.
44 Quizás se trate del avispón: Vespa crabro .
45 Cinópolis.
46 Osiris era esposo de Isis. Fue asesinado por su hermano Tifón. Cuenta la fábula que, confundiendo a su hermana Isis con Neftis, engendro en ella a Anubis. Isis solicitó la ayuda de éste para rescatar el cuerpo de Osiris.
47 Es el Mormyrus caschive , en español «mormiro». La palabra griega oxýrrhynchos significa «de morro puntiagudo». La ciudad de Oxirrinco que, como luego se dice, lleva el nombre del pez, está situada al lado oeste del Nilo, y Cinópolis al lado contrario.
48 Cf. III 22 y VIII 25.
49 NICANDRO , fr . 31.
50 Cf. IV 2.
51 Derrotado en Hímera (Sicilia) y muerto en 480 a. C.
52 Eliano, en su deseo de buscar la ejemplaridad, falsea los hechos. No hubo tal esclavitud.
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