Kitabı oku: «El movimiento estudiantil mexicano 1958-1968»

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Cuauhtémoc Domínguez Nava es licenciado y maestro en historia por la Facultad de Filosofía y Letras, y doctorante en Economía por la Facultad de Economía de la unam. Fue becario del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (conacyt). Realizó tres estancias de investigación en el Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, de la Universidad de Cantabria, en Santander, España.

Ha publicado artículos en revistas nacionales e internacionales. Algunos de ellos en Relatos e Historias en México; Revista Diacronías; Revista Historias del inah, y Revista Renacimiento Preparatoriano de la unam.

Desde el 2016 ha participado de forma ininterrumpida en el Coloquio “México moderno a través de sus décadas”, coordinado por el doctor Javier Garciadiego, en el Colegio Nacional.

Entre sus publicaciones recientes destaca: “La fundación de la Confederación de Trabajadores de México (ctm). El nuevo liderazgo obrero y el control del Estado”, en Javier Garciadiego, México (moderno) a través de sus décadas (El Colegio Nacional, 2019).

Es autor de 1968. La escuela y los estudiantes (unam, 2015), y coautor de Historia Universal I. Libros de recursos para el profesor (Santillana, 2011), y Presencia y participación preparatorianas (unam, 2006).

Es profesor del Colegio de Historia en la Escuela Nacional Preparatoria, Plantel 1, Gabino Barreda, unam.

El movimiento estudiantil mexicano 1958-1968

Los estudiantes de la unam

El movimiento estudiantil mexicano 1958-1968

Los estudiantes de la unam

Cuauhtémoc Domínguez Nava

universidad nacional autónoma de méxico

México 2020

A Maximiliano y María

A Aurora

Introducción

El presente trabajo se propone analizar el movimiento estudiantil mexicano de la década de los años sesenta, tema que ha dado lugar a numerosas investigaciones, la mayor parte de ellas se centran en el año de 1968. Sin embargo, poco se ha estudiado su etapa inicial, la cual tiene dos márgenes temporales: primero los acontecimientos que se suscitaron entre 1958 y 1959, que tuvieron que ver de forma significativa con los estudiantes, como fueron la Revolución cubana, el Movimiento Ferrocarrilero, el Movimiento Revolucionario del Magisterio (mrm) y el Movimiento de los Camiones; y segundo, el movimiento del 68.

Nuestro estudio se ha concentrado en analizar el movimiento estudiantil de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) a lo largo de los años sesenta, subrayando tres etapas de este proceso político. El primer periodo inició como un reflejo de las movilizaciones sociales, poniendo en evidencia la falta de una organización estudiantil de izquierda. El segundo se remitió a los problemas de la educación en la universidad. Y el tercero fue una síntesis interna de los problemas sociales como necesidad urgente a resolver; éste fue el matiz que tomó el movimiento estudiantil de 1968.

La reconstrucción histórica del movimiento estudiantil se realizó a partir de la consulta de los documentos que organizó Luis Olivera, porque sin ningún interés y con amplia disposición académica me permitió revisar numerosos documentos, panfletos e impresos sueltos de los diferentes grupos políticos estudiantiles de la unam, que actuaron a lo largo de toda la década.

Al realizar la revisión del material proporcionado, se detecta su importancia y lo poco que ha sido consultado. Se hizo una reconstrucción fresca y novedosa de lo que ocurrió en aquellos años. Versión distinta a la de otros archivos históricos que se concentran únicamente en los acontecimientos de 1968. Por ejemplo, aquí se analizan los manuscritos sobre la huelga de 1966 en la unam, emitidos por las diferentes escuelas y facultades que se organizaron en torno al primer Consejo Estudiantil Universitario (ceu).

Olivera seleccionó expedientes completos y los organizó año por año. En ellos aparecen diferentes escuelas y facultades de la unam, del Instituto Politécnico Nacional (ipn), de diferentes universidades de los estados de la República, como la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, “Nicolaíta” y algunos sobre normales rurales.

Esta información fue un complemento fundamental de lo investigado en otros archivos históricos, como el del Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Sindical (cemos), lugar donde se consolidaron las primeras hipótesis, de las que hablaremos más adelante y que nos sirvieron como guía.

La consulta al archivo histórico de cemos, fue muy enriquecedora, pues se encontraba en un proceso de organización y tuve la oportunidad de revisar ampliamente expedientes y cajas completas, sin ninguna restricción. Además, la atención y el servició del personal fue muy profesional.

En cemos me concentré en la revisión de los documentos que hacían referencia a los grupos políticos juveniles y estudiantiles del periodo señalado. En particular, hice el análisis histórico de diferentes momentos de la Juventud Comunista de México (jcm), de algunas células del Partido Comunista Mexicano (pcm), como la Liga Espartaco, entre otros.

También consulte documentos sobre una importante organización estudiantil creada en 1963 en Morelia, Michoacán, denominada la Confederación Nacional de Estudiantes Democráticos (cned). De este material sobresale la “Declaración de Morelia”. En este archivo tuve la oportunidad de encontrarme con expedientes completos sobre el movimiento estudiantil de la Universidad Michoacana. Los materiales son poco conocidos y no han sido trabajados históricamente, no obstante que hacen referencia a la huelga de la universidad que terminó expulsando injustamente al entonces rector doctor Eli de Gortari.

Por último, en cemos localicé documentos catalogados como de rigurosa circulación interna, donde se analizaba la crisis interna del partido, de las juventudes comunistas y del pcm en la unam. Escritos que criticaban la política estudiantil.

Por otro lado, en el Fondo Reservado de la Biblioteca Samuel Ramos, de la Facultad de Filosofía y Letras de la unam, el personal que atiende, conoce a fondo los materiales, orienta y sugiere algunas ideas para desarrollar, agilizó mi búsqueda y optimizó el tiempo. Ahí consulté la colección de la revista Política. Este material, me permitió comprender el contexto histórico, político y social de la década de los años sesenta. Cabe señalar que Política es un material imprescindible para cualquier estudioso de lo social en México, durante los años sesenta.

El trabajo que tiene en sus manos el lector, tuvo como guía las siguientes preguntas e hipótesis, mismas que se fueron contestando y confirmando a lo largo de la investigación realizada.

¿Por qué el movimiento estudiantil mexicano surgió en los años sesenta y no antes o después? ¿Cuáles fueron las circunstancias históricas que permitieron la movilización política de los estudiantes durante los años sesenta? ¿Cuál fue el impacto del proceso de masificación mundial universitaria en la unam? ¿Cómo reaccionaron los estudiantes ante la política de Ignacio Chávez? ¿Cuáles fueron los motivos políticos que impulsaron a los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras a salir a la calle a manifestarse? ¿Los dirigentes políticos estudiantiles de izquierda de los años sesenta, son los mismos que dirigen las organizaciones políticas actuales?

Las respuestas a estas preguntas se amparan en el uso de las herramientas metodológicas del pensamiento de Marc Bloch, el cual estuvo presente en el proceso de nuestra investigación. Bloch definió a la historia “como una ciencia de los hombres en el tiempo y esa ciencia tiene necesidad de unir el estudio de los muertos con el de los vivos.”1 Nuestro principal objetivo fue conocer las circunstancias históricas en las que se desarrolló el movimiento estudiantil mexicano sesentero y al mismo tiempo identificar los cambios que generó en lo inmediato y a largo plazo.

Las siguientes tres hipótesis son centrales y sirven para articular históricamente el presente trabajo y van a irse demostrando a lo largo de los cuatro capítulos.

Primera: durante los años sesenta los estudiantes retomaron los principios de rebelión del movimiento ferrocarrilero de 1958-1959 y de la de la Revolución cubana. Los enfocaron hacia la cultura crítica de la universidad, hacia la transformación de la política nacional y hacia la constitución de un movimiento estudiantil de izquierda.

Segunda: fueron los estudiantes los formadores de las nuevas bases de participación social, modificaron el concepto de libertad; abrieron el camino para nuevas formas de organización política más festivas y democráticas y menos jerárquicas y autoritarias.

Tercero: durante los años sesenta la participación política de los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras fue muestra de los profundos cambios que tuvo la universidad y de la nueva dinámica que adquirió el movimiento estudiantil nacional.

Por último, agradezco a Alberto del Castillo y a Jacinto R. Munguía la lectura realizada al presente trabajo, así como las observaciones que emitieron, las cuales sirvieron para enriquecer la perspectiva histórica y desarrollar aún más algunos aspectos fundamentales en la investigación.

1 Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio de historiador, México, fce, 2001, p. 58.

capítulo i Los orígenes del movimiento estudiantil
Presentación

El horizonte explicativo del presente estudio se sitúa al finalizar la década de los años cincuenta, considerando algunos aspectos internacionales y nacionales que influyeron en la formación del pensamiento estudiantil de los años sesenta.

En el primer caso se aborda en líneas generales el impacto político de la Revolución cubana, así como la participación de varios estudiantes mexicanos en el Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes en Cuba en 1960 y en el Foro Mundial de la Juventud en Moscú, en 1961.

Por lo que toca al ámbito nacional, se examina en líneas generales al movimiento ferrocarrilero de 1958-1959, al que se vincularon algunos grupos estudiantiles.

El derrumbe de los mitos

Los estudiantes cubanos han tenido una participación política muy activa a lo largo de la historia del siglo xx. En lo individual y lo colectivo se han manifestado en contra de las injusticias y buscaron un beneficio común para la universidad y la sociedad. Sin embargo, vivieron la represión en tiempos de la dictadura de Gerardo Machado (1925-1933),2 cuando mandó cerrar la Universidad de la Habana, para reprimir al movimiento de la Reforma Universitaria y deportar a algunos dirigentes estudiantiles a México. Tal fue el caso de Julio Antonio Mella, fundador de la Federación Estudiantil Universitaria (feu). Desde aquellos años la universidad se había convertido en un centro de discusión y de gran actividad política.

Al trascurrir el año de 1933, Gerardo Machado fue desplazado por la Rebelión de los Sargentos. En este grupo participó Fulgencio Batista, quien logró formar su primer gobierno ilegítimo (1940-1944). Sin embargo, fue hasta 1952 cuando se detecta una participación abierta en su contra por parte de los estudiantes cubanos. Pues el dictador Batista dio un nuevo golpe de Estado, para evitar que se reconociera como triunfador al Partido Ortodoxo, y de esa forma instauró su segundo régimen (1952-1958).

El movimiento estudiantil protestó enérgicamente contra la dictadura de Batista. Los focos de protesta se concentraron en las clases medias y en las ciudades más urbanizadas de la isla: La Habana y Santiago de Cuba. El objetivo del movimiento era simple: dar fin a la dictadura.

Los estudiantes se radicalizaron y tomaron las armas. La historia registra los orígenes del movimiento revolucionario el 26 de julio de 1953, con el intento de los jóvenes de asaltar el cuartel de Moncada en Santiago de Cuba, que fue frustrado por las tropas leales del gobierno. Los revolucionarios fueron encarcelados en la isla de Pino, y posteriormente liberados y exiliados a México. En el grupo se encontraba Fidel Castro, quien había sido candidato a diputado por parte del Partido Ortodoxo en las elecciones de 1952.

El exilio de los jóvenes revolucionarios cubanos en México se convierte en una línea de investigación central, para un nuevo proyecto.3 Pues en su paso por nuestro país, los cubanos en compañía de Fidel Castro tuvieron contacto con otros estudiantes, que se encontraban en condiciones similares, provenientes de Perú, de República Dominicana, de Guatemala. En ese contexto se ubica el acercamiento con Ernesto Che Guevara y con la guatemalteca Hilda Gadea.

Por otro lado, el triunfo de la revolución4 de 1959 hizo de Cuba un referente imprescindible para la ideología y la teoría de izquierda latinoamericana, de manera similar al que tuvo la Revolución rusa de 1917, en su momento, en distintas lugares del mundo. Motivó la apertura de nuevos espacios de reflexión, discusión y estrategia política. Esto impactó en los estudiantes universitarios mexicanos.

La Revolución cubana, triunfante en 1959, al ser hostilizada por Estados Unidos, alimentó ideológica y políticamente la lucha mantenida por la izquierda y los estudiantes mexicanos durante mucho tiempo, la que, junto con los conflictos sindicales de 1958, desembocó en un “centro aglutinador” que se definió como una “nueva izquierda” en México.5

La figura de los guerrilleros, expresada en su juventud; su estrategia militar, el foquismo; el haber logrado la hazaña heroica sin la dirección de algún par­tido político; su vestimenta; su barba crecida; el fumar tabaco y puro, fueron algunos elementos que enriquecieron a la nueva cultura de la izquierda latinoamericana y lograron el reconocimiento y admiración de los jóvenes y estudiantes universitarios a nivel mundial.

Sin embargo, el elemento central de la Revolución cubana que impactó en el movimiento estudiantil mexicano de principios de los años sesenta, fue la importancia que los guerrilleros cubanos dieron a los jóvenes, para formar una organización internacional de estudiantes y prepararlos para la revolución. De esta forma toma sentido el Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes, el cual analizaremos más adelante.

Fidel Castro y el Che Guevara,6 triunfaron con la Revolución cubana el 1 de enero de 1959. Castro nació en 1927, pertenecía a una familia rica de terratenientes, se formó como abogado, participó en los movimientos estudiantiles y en los de liberación. Ernesto Che Guevara nació en 1928 en Argentina y estudió medicina. Ambos personajes se convirtieron en guerrilleros y estuvieron al frente de la escena político-militar contra la dictadura de Fulgencio Batista.

El pensamiento político del Che fue fundamental en los años sesenta para los estudiantes, pues promovía la libertad, la justicia y la honestidad. Su influencia ideológica aumentó después de haber sido asesinado en Bolivia, en 1967. Y al igual que Mao Tse-tung y Ho Chi Minh, se convirtió en un icono de la Revolución cultural de 1968.

Adolfo Sánchez Vázquez explicó la importancia que adquirió El Che, después de muerto y cómo fue retomado por los estudiantes durante las jornadas políticas de 1968. El mito que se formó en torno del personaje desaparecido sirvió para dar nuevos bríos a la revolución.

La figura de El Che, entre la realidad y la leyenda, se iría agrandando cada vez más hasta entrar esplendorosa en 1968, año que por muchos conceptos iba a ser crucial [...] El Che, como el Cid, habría de obtener claras victorias después de muerto. El año 68 fue en cierto modo el año de El Che, y lo fue sobre todo para las muchedumbres juveniles que, al conjuro de su nombre, de su palabra y su acción, se veían sacudidas por un nuevo fresco espíritu revolucionario.7

Sánchez Vázquez tuvo el acierto de ubicar la importancia del Che dentro de un contexto muy amplio, en el año del 68. En México, los estudiantes colgaron en las calles grandes retratos del Che y de Mao.8 Situación similar ocurrió en el mundo.

Otros elementos que complementan la aceptación del Che en el mundo, al igual que ocurrió con los otros guerrilleros, fue su juventud y carisma. Se convirtieron en elementos de atracción para los estudiantes mexicanos y del resto del mundo. Pero su aportación fue más lejos, pues encausaron al movimiento estudiantil hacia la ruptura del mito9 que concebía a la política como actividad sólo para los adultos.

En 1963, en La Habana, se realizó un Encuentro Internacional de Estudiantes y Profesores de Arquitectura, en el cual el Che Guevara señaló algunas de las tareas fundamentales que debían asumir los estudiantes revolucionarios de todo el mundo:

Y la tarea de ustedes, compañeros estudiantes, es cumplir al máximo las indicaciones de Lenin: “Cada revolucionario debe ser en su lugar de trabajo, de lucha, el mejor”. Y a ustedes les corresponde el lugar de lucha de la universidad, del estudio, la preparación urgente de nuestros profesionales para suplir las faltas que teníamos, las lagunas que nos dejó el imperialismo llevándose nuestros cuadros, el atraso general del país y construir aceleradamente la sociedad.10

Es decir, los estudiantes fueron considerados por vez primera como parte fundamental para combatir el imperialismo, para realizar la revolución, para transformar a la universidad y a la sociedad.

La Revolución cubana abrió múltiples formas de crítica a la cultura establecida. Tanto los mitos como las teorías tradicionales fueron derrumbados. Por ejemplo, desencadenó una crítica a los partidos comunistas de todo el mundo, que se prolongó hasta el 68.

José Revueltas fue, quizás, el primero que señaló las causas esenciales, la raíz más profunda del desastre de los comunistas mexicanos que se iniciaba a fines del régimen cardenista y que había de durar más de veinte años. Los días terrenales es un grito contra el dogmatismo; un llamado de atención angustioso, no contra tal o cual error pasajero, sino contra la deformación cognoscitiva de concepción, que había de carcomerlo todo, alejando a los marxistas de la realidad nacional concreta, impidiéndoles comprender los cambios que se gestaban en el país.11

En otro sentido la Revolución cubana, permitió combatir al pcm, como la única institución capaz de dirigir al proletariado para efectuar la revolución. Antonio Gramsci lo planteó así en el terreno teórico: “El partido comunista es el instrumento y la forma histórica del proceso de liberación interior por medio del cual el obrero pasa de ejecutor a iniciador, de masa que es, se convierte en jefe y guía, de brazo se convierte en cerebro y voluntad”.12 Sin embargo, en la práctica, tanto en Cuba como en México los partidos comunistas abandonaron sus objetivos revolucionarios. Habían dejado de ser organizaciones de masas. Ante ello, los obreros, maestros y estudiantes buscaron nuevos caminos fuera de la izquierda oficial a lo largo de los años sesenta.

Régis Debray, en Ensayos sobre América Latina, recuperó algunas lecciones de la Revolución cubana, las cuales cimbraron la política de izquierda en Latinoamérica. El autor subrayó ocho enseñanzas de la Guerra de Guerrillas Latinoamericana. De ellas rescatamos la tercera, pues es central para esta parte de nuestro trabajo: “3. La presencia de un partido de vanguardia no es un requisito previo absoluto para el desencadenamiento de la lucha armada”.13

La política tradicional fue criticada porque la vieja izquierda consideraba fundamental e imprescindible la presencia un partido marxista-leninista para la realización de la revolución. En México la burocracia del partido nunca renunció a ese dogma. Coincidimos con el punto de vista de Regis Debray: “Sobre este punto la Revolución cubana ha demostrado que en la etapa insurreccional de la revolución, si bien es indispensable tener una organización y una dirección política firmes (el 26 de julio), se puede prescindir de un partido marxista-leninista de vanguardia de la clase obrera”.14

Los impactos de la Revolución cubana en el movimiento estudiantil mexicano de los años sesenta fueron múltiples. Algunos estudiantes, maestros y campesinos, con el ánimo de modificar la injusta realidad social, radicalizaron su participación política.

Laura Castellanos,15 en México armado 1943-1981, describe que en 1965 el Che Guevara se introdujo de forma clandestina en las montañas de Bolivia con la intención de iniciar el arranque de una guerra de guerrillas que alcanzara a toda Latinoamérica. Sin saber uno del otro, un grupo de mexicanos recorrió las rancherías de la sierra de Chihuahua, con la intención de formar una red política y solidaria a partir de un “foco insurreccional” inspirado en la experiencia militar del Che. El 23 de septiembre se llevó a cabo el ataque al Cuartel Militar de Ciudad Madera, donde fue asesinado el dirigente Arturo Gámiz junto con otros de sus siete compañeros. Dicho evento dejó una huella profunda en la historia de los movimientos estudiantiles y guerrilleros de los años sesenta y setenta.

En otro orden, la Revolución cubana no sólo impactó en los estudiantes, también lo hizo en el pensamiento de los jóvenes intelectuales mexicanos de los años sesenta, al respecto Enrique Semo escribió:

Hacia los años sesenta, el centralismo del marxismo soviético y la socialdemocracia se desgastaban para abrir paso a la influencia de la Revolución cubana y al Che, la nueva izquierda europea, el feminismo y el ecologismo. Ya para aquel entonces la izquierda era una suma de impulsos extraordinariamente heterogéneos en lo ideológico y lo político.16

Al igual que Semo, Adolfo Sánchez Vázquez reflexionó sobre los años sesenta, en El valor del Socialismo, y subrayó el cambio de la ideología marxista en Latinoamérica con el triunfo de la Revolución cubana en 1959. “Por lo que a mí toca, la influencia de la Revolución cubana en mi evolución ideológica marxista fue notable al contribuir a distanciarme cada vez más del marxismo dogmático dominante. Su triunfo ponía en cuestión un modelo universal de revolución calcado de la victoriosa Revolución rusa en 1917.”17

Las reflexiones de ambos autores acerca de la influencia de la Revolución cubana y del pensamiento del Che en los intelectuales de la izquierda mexicana de los años sesenta, resultan muy importantes. Sin embargo, falta la tarea de escribirla, que implicaría hacer el análisis de la producción teórica e ideológica, así como la praxis de cada uno de estos personajes y de muchos otros profesores universitarios que contribuyeron a la movilización estudiantil.

Un estudio respecto a las aportaciones de los profesores universitarios hacia el movimiento estudiantil de los años sesenta permitiría ahondar en la nueva relación entre profesores y alumnos que se dio durante esa época, pues éstos reconocieron la contribución intelectual de sus maestros para aplicar el método de observación, así como el análisis y la crítica de los problemas sociales y las formas como podrían participar en su solución.

Los profesores impulsaban a los estudiantes para que se incorporaran al estudio de los problemas sociales que estaban padeciendo. La necesidad de nuevas herramientas teóricas, expresada por los jóvenes en la huelga de 1966 en la unam, forma parte de los nuevos roles que se empezaron a dar entre profesor y estudiante con la referencia siempre de lo social.

La solidaridad estudiantil con Cuba

En México, los estudiantes fueron los primeros en manifestarse públicamente en favor del pueblo cubano y en contra de la amenaza de invasión por parte de Estados Unidos, desaprobando la política imperialista. Se organizaron en sus escuelas, formaron grupos políticos, convocaron a sus compañeros y salieron a la calle a protestar. Esto forma parte de la nueva cultura política estudiantil de los años sesenta.

El gobierno norteamericano justificaba su actitud hacia Cuba con el argumento de que se debía impedir la influencia de la Revolución cubana en la izquierda de Latinoamérica. De lo contrario, se cumpliría la Teoría del Dominó. Cuando están paradas todas las fichas y se cae la de atrás, al chocar con la de enfrente se derriban todas las demás. Por ello se creó una estrategia política que censuraba la ideología de la revolución en todos los sectores y niveles educativos. “Incluso en nuestro país, el embajador de los Estados Unidos, Robert C. Hill tuvo la desfachatez de proclamar que ‘el comunismo de Cuba es un problema que debe preocupar a todos los latinoamericanos’ y de proponer acción conjunta contra el régimen de Fidel Castro.”18

La amenaza de invasión a Cuba por parte de Estados Unidos se acentuó entre 1961 y 1962, así como también las manifestaciones estudiantiles en apoyo al pueblo cubano19 fueron espontáneas y en diversos casos estuvieron influenciadas por las Juventudes Comunistas de México (jcm), del Movimiento de Liberación Nacional (mln) y por el Partido Comunista Mexicano (pcm). Esto último significó una piedra de toque para el movimiento estudiantil, se crearon nuevos grupos universitarios altamente politizados. Algunos de los ya existentes fueron criticados, al descubrir sus nexos con las autoridades, sus prácticas de corrupción y de inoperancia.

En este contexto fue relevante el Primer Congreso Latinoamericano de Juven­tudes realizado en Cuba en 1960, uno de los efectos inmediatos de la Revolución cubana. Tuvo dos propósitos centrales: difundir los objetivos de la revolución y crear una organización internacional para los jóvenes latinoamericanos.

Una primera aproximación a los documentos que se produjeron durante dicho Congreso denota la presencia ideológica del trotskismo. El trotskismo,20 como ideología, fue influyendo lentamente en los estudiantes de la unam durante toda la década.

Al evento asistieron estudiantes mexicanos representando a diferentes organizaciones políticas, como el Partido Obrero Campesino, la Federación Estudiantil Universitaria de Michoacán, el Bloque Estudiantil Revolucionario y la Federación de Estudiantes de Guadalajara.

El Congreso puso a los jóvenes y a los estudiantes como elementos cen­trales en las discusiones y planeó una futura organización masiva para ellos. Se les asignó la tarea de buscar soluciones a los problemas políticos y sociales de Latinoamérica. Esto criticó de forma indirecta a los partidos políticos de izquierda en México, pues los jóvenes y los estudiantes eran tratados como menores de edad, se les otorgaban tareas superficiales como la pega y reparto de propaganda.

En Cuba, los estudiantes mexicanos demandaron su incorporación en las tareas políticas fundamentales del país. Solicitaron “que el Congreso siguiera funcionando ininterrumpidamente como un Movimiento Revolucionario Juvenil Latinoamericano”. Es decir, empezaron a manifestar cierta vocación revolucionaria, en el sentido de poder cambiar a la sociedad. Además, se consideraban con la obligación y capacidad de efectuar la “resolución de los problemas comunes de nuestros países”.21 Esto fue uno de los antecedentes del movimiento estudiantil en su incorporación política a la sociedad.

El deber fundamental de este Congreso, tarea específica, es la de discutir a fondo la crisis revolucionaria de Latinoamérica y del mundo, y resolver la intervención de la Juventud en esta lucha, ocupando el puesto de vanguardia en la lucha que las masas explotadas están librando contra el imperialismo y el capitalismo. Como juventud nos cabe la responsabilidad y el deber de encabezar esta lucha por echar abajo al imperialismo y al capitalismo. Ninguna solución podrá encontrar la juventud a sus problemas específicos en los marcos de esta sociedad en descomposición. La verdadera solución la encontraremos en nuestra incorporación audaz, dinámica y resuelta en la lucha antiimperialista y anticapitalista de los pueblos explotados del mundo.22

Las tareas para los estudiantes fueron: combatir al capitalismo; estudiar los problemas de las “economías latinoamericanas”; y, en particular, el subdesarrollo. Así como los vínculos reales con la “dependencia” y la “monoproducción” en los países Latinoamericanos. Pues, se afirmó, esto último generaba pobreza y debilitaba las industrias nacionales, impidiendo su fortalecimiento y el aprovechamiento de los recursos naturales.

Los estudiantes consideraban que la “estructura económico-social” impuesta por el dominio imperialista hacia las economías latinoamericanas, debía de eliminarse. Pues, este tipo de estructura beneficiaba al imperialismo norteamericano, principalmente, de la siguiente manera:

1 El imperialismo, principalmente el norteamericano, controla los puntos clave de las economías latinoamericanas.

2 Los monopolios extranjeros ejercen el control casi absoluto del comercio exterior de los países latinoamericanos.23

Los estudiantes en Cuba, acordaron “dar a conocer las resoluciones y acuerdos del Congreso Latinoamericano de Juventudes”.24 Así, los congresistas mexicanos trasladaron a sus centros educativos su experiencia, provocando cambios en la academia y en la política universitaria.

El primer Congreso de Juventudes Latinoamericanas llama al estudiantado a constituir en cada país una Gran Central Estudiantil Nacional y la unificación en una Gran Central Latinoamericana de Estudiantes. Los problemas de la enseñanza, la educación y la cultura no son problemas particulares del estudiantado, son problemas generales de una sociedad.25

La propuesta de crear una Gran Central Estudiantil Nacional, fue un elemento fundamental que puso en crisis a las organizaciones juveniles entonces vigentes. En particular, el pcm fue criticado en el sentido de verse obligado a exponer los logros y limitaciones de la Juventud Comunista de México (jcm). La jcm, como organización política de la juventud y de los estudiantes, prácticamente no existía.

El pcm respondió a los acuerdos del Congreso de Juventudes Latinoamericanas reformando sus estatutos en el XIII Congreso Nacional, lo cual significó cambiar la estructura de la jcm, con la intención de abrir espacios en el partido, organizar a los jóvenes y convocar a más estudiantes.

A partir de la experiencia de 1960 en Cuba, reinició el trabajo de reclutamiento en los centros de enseñanza superior en México, por parte del pcm y de la jcm. Ambas organizaciones habían dejado de realizar esa tarea durante décadas. Los militantes del partido eran muy pocos y mucho menor el número de los integrantes de la jc. Barry Carr26 reportó que había 337 militantes del pcm en el Distrito Federal, entre 1960 y 1961.

El problema de reclutamiento lo tenían todos los partidos comunistas en el mundo. Esta situación fue abordada en el Congreso Latinoamericano, para criticarlo e intentar superarlo. Sobre todo, se pensaba que los jóvenes podían contribuir en los cambios políticos que la sociedad necesitaba, a fin de:

1 Crear las brigadas latinoamericanas para la defensa de Cuba.

2 Reclutar en cada país tantos jóvenes como lo estimen conveniente los organismos encargados de cumplir las resoluciones de este Congreso…

3 Las brigadas latinoamericanas podrán ser integradas por jóvenes de ambos sexos menores de treinta y cinco años.27

Además, el Congreso le imprimió importancia a la participación de la mujer en la actividad política. Ello generó de manera gradual cambios en la estructura tradicional de las organizaciones políticas mexicanas. Se sabía que no había representatividad ni participación de la mujer, ni en los partidos políticos ni en el Poder Legislativo. Al proponerse la formación de brigadas con jóvenes de ambos sexos, se iniciaba una nueva etapa, pues socialmente se consideraba la política como una actividad exclusiva de los hombres y de los adultos.

Al Congreso asistieron hombres y mujeres. México fue representado por Adelita Sánchez Flores, Jaime Labastida y Eraclio Zepeda, entre otros. Propusieron la creación de una “Revista Latinoamericana de la Juventud”, publicada en español y en portugués, donde se abordaran los problemas comunes del Continente y que tuviera una circulación constante entre las organizaciones juveniles.

Esta propuesta fue una demanda para que existieran espacios exclusivos para los jóvenes, donde pudieran expresar sus ideas con libertad sin la acostumbrada censura de los adultos. Y fue un antecedente central de las revistas que se crearon después del movimiento del 68, como Punto Crítico28 que tuvo la colaboración de Raúl Álvarez Garín, Gilberto Guevara Niebla y Roberto Escudero, entre otros.

Por otro lado, la jcm estuvo presente en el primer Congreso Latinoamericano de Juventudes e intentó interpretar, sin lograrlo, el significado del evento en dos sentidos: promover el espíritu de unidad y buscar la democracia.29 Ambos elementos formaron parte de un discurso tramposo implementado a lo largo de toda la década. Además, retomó la consigna manejada en el evento, combatir al imperialismo yanki,30 para hacerse de adeptos e ir con los tiempos.

Por último, como producto de la experiencia en Cuba, en 1963 el pcm y la jcm por inercia dieron apertura a la idea de crear la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (cned),31 lo cual ocurrió dentro del contexto que implicó la injusta expulsión del doctor Eli de Gortari de la Universidad Nicolaíta. En Michoacán se reunieron 200 delegados, representantes de más de cien mil estudiantes de todo el país. Se obtuvo como resultado un importante documento para el movimiento estudiantil nacional, conocido como la Declaración de Morelia,32 firmado el 17 de mayo de 1963, por Raúl Álvarez Garín, Walter Ortiz Tovar, David Aguilar Mora y Antonio de Haro.

La reunión de 200 delegados en Morelia, Michoacán, pudo realizarse debido al trabajo y claridad política de Rafael Aguilar Talamantes, quien se encargó de recorrer diferentes escuelas normales y centros de educación superior de todo el país. Talamantes y otros compañeros, obtuvieron diferentes compromisos políticos con múltiples organizaciones estudiantiles.

Por último, se debe agregar, como lo ha señalado Sergio Aguayo en El 68. Los estudiantes, el presidente y la cia, ante la masacre del 2 de octubre de 1968, “una de las grandes debilidades del Movimiento era que sus aliados internacionales más lógicos –Cuba y la urss– eran cómplices o respaldaban a Gustavo Díaz Ordaz”.33 Lo cual no significa una contradicción a nuestro texto, porque la formación política de los estudiantes no fue lineal ni univoca. A lo largo de la década histórica que se analiza, la política social de ambos países ya había dado su aportación formativa.

Los estudiantes fueron a Moscú y se desató la crítica

Al iniciar la década de los años sesenta se realizaron diversas actividades políticas dirigidas hacia los jóvenes. Una de ellas fue el Foro Mundial de la Juventud en 1961, llevado a cabo en la ciudad de Moscú, al que asistieron líderes de organizaciones juveniles y estudiantiles de diferentes partes del mundo y de las más variadas creencias políticas y religiosas.

En la ciudad de Moscú, el 25 de julio se inauguró el Foro Mundial de la Juventud, evento único en nuestros tiempos porque marca una nueva etapa en las relaciones juveniles internacionales, al tener participación en el mismo cerca de mil delegados miembros de 300 organismos de 92 países de todos los continentes, mismos que representaban las más variadas tendencias políticas y credos religiosos. Participaron juventudes católicas, protestantes, sin religión, etc., también demócratas-cristianos, socialistas, comunistas, etc., todas ellas con iguales derechos gozaban de las mismas posibilidades para expresar sus puntos de vista en forma oral o escrita acerca de cuantas cuestiones se traten en dichos comicios.34

La presencia en Moscú de los estudiantes mexicanos, forma parte del proceso de formación política del movimiento estudiantil de los años sesenta. El evento permitió la concentración masiva de jóvenes, durante diez días, donde se discutieron temas tales como: “La juventud, la comprensión, la cooperación y la coexistencia pacífica; La juventud y la lucha contra el imperialismo y los problemas de la paz; La juventud y el desarme; La juventud y la cultura, etc.”35

Algunas de las organizaciones juveniles y estudiantiles mexicanas más importantes de los años sesenta se dieron cita en el Foro Mundial y fueron un reflejo del significado que tenía la política tradicional en aquellos años.

La delegación mexicana estuvo compuesta de las siguientes organizaciones, nombradas por el Comité Preparatoriano Mexicano: Confederación de Jóvenes Mexicanos, Federación Nacional de Estudiantes Técnicos, Movimiento de Liberación Nacional, Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Federación Estudiantil Universitaria, Sociedad de Alumnos de la Escuela Nacional de Maestros, Movimiento América Latina, Bloque Estudiantil Universitario, Juventud Popular y Juventud Comunista…36

Diversas organizaciones asistentes, fueron cuestionadas por los estudiantes. Eran consideradas como corruptas y carentes de una auténtica representatividad. Tal fue el caso de la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (fnet), el Bloque Estudiantil Universitario y la Confederación de Jóvenes Mexicanos (cjm). Esta última, de filiación claramente priista.

Otro aspecto del Foro Mundial de la Juventud fue un aliento para que en México las organizaciones estudiantiles vigentes intentaran actualizar su discurso hacia la izquierda; pero resultó un intento fallido porque no se dieron cambios en sus estructuras. Por ejemplo, la cjm “…a principios de los sesenta […] organización juvenil priista […] se fue desacreditando”.37 Algo parecido ocurrió con la fnet, que estuvo al frente de la organización y de la marcha conmemorativa del 26 de julio de 1968, en apoyo al triunfo de la Revolución cubana, pero sin una representación real de los estudiantes.

En el libro La estela de Tlatelolco, aparece la historia política de la fnet:

La fnet –escribe Álvarez Garín–, fue durante muchos años la organización representativa de los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, y gozó de un merecido respeto. En los marcos de la fnet se articularon las huelgas y movimientos de 1942, 1950 y 1956, pero después de la represión y la ocupación militar del internado del ipn el 23 de septiembre de 1956 y el encarcelamiento de sus principales dirigentes, Nicandro Mendoza y Mariano Molina, acusados del delito de disolución social, la fnet empezó a ser cooptada por el gobierno. En 1968, la fnet estaba totalmente controlada por el pri y, especialmente, por personas del entonces regente del Distrito Federal, general Alfonso Corona del Rosal.38

La fnet fue considerada por los estudiantes politécnicos como una organización corrupta, antidemocrática, deshonesta y al servicio de las autoridades. Por ello creció la propuesta de construir una organización de izquierda, con principios democráticos, con una auténtica representatividad estudiantil, con capacidad crítica ante los acontecimientos políticos y sociales fundamentales en el país. Éstos fueron algunos de los objetivos que intentó alcanzar la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (cned).

Esta organización articuló durante los años de 1963 a 1968 los esfuerzos de los líderes y escuelas que se rebelaban en contra del control oficial. En los primeros congresos de la cned, se dio atención especial a elaborar un diagnóstico preciso de la realidad educativa y del movimiento estudiantil del país. La cned fue promovida por la Juventud Comunista.39

La cned no logró articular los esfuerzos políticos estudiantiles durante los años sesenta. Tuvo algunos momentos de mucha actividad política; sin embargo, eso se diluyó por la falta de una propuesta clara para organizar a los estudiantes y a los jóvenes de todo el país. Ese mismo destino tuvo la jcm.

La jcm y la cned fueron productos políticos del pcm. La burocracia del partido las controlaba y las inmovilizaba, provocando el desencanto de cientos de estudiantes que se incorporaron a sus filas. Los universitarios llevaron a cabo serios intentos para transformar la vieja cultura de izquierda, en algunos casos actuaron bajo la influencia de la Revolución cubana y en otros fueron motivados por la propia realidad mexicana.

Formular la crítica de la izquierda burocrática en México permitió a los estudiantes comprender diferentes problemas similares que ocurrían en el mundo. Analizaron los fenómenos de Vietnam y el movimiento pacifista; la Revolución cubana; el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos; el Mayo francés; la entrada de los tanques soviéticos a Praga para aplastar su “primavera”, etc. Esos elementos enriquecieron y fortalecieron su pensamiento político, y les dieron herramientas para enfrentar al régimen autoritario dominante en aquellos años. De tal forma que el movimiento de 1968 en México fue una expresión de esa universalidad y modernidad.40

La rebelión de los ferrocarrileros y la izquierda

¿Por qué protestan los ferrocarrileros en 1958?41 Porque su situación económica era muy desfavorable, ya que sus salarios eran bajos, pero sobre todo, porque el Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (stfrm) recibió en 1948 un golpe a su democracia, conocido como “el charrazo”. Ello dio origen a la entrada de líderes sindicales charros, al incremento de corrupción y a mayor control del Estado sobre el sindicato de lo que fue la industria más importante del siglo xx.

Durante 1958 y 1959 el movimiento ferrocarrilero42 tuvo una intensa actividad política en todo el país. Denunció las anomalías que existían en el stfrm, la falta de defensa de los derechos laborales, el incremento de la represión y del corporativismo autoritario.

Al organizar un movimiento de base a nivel nacional, los ferrocarrileros pusieron en evidencia los problemas que existían en otros sindicatos, como el de petróleos, electricistas, mineros y maestros, por ello recibieron el apoyo de todo el movimiento obrero.

El movimiento ferrocarrilero de 1958-1959 tiene sus antecedentes inmediatos en el golpe al sindicato ferrocarrilero de 1948,43 conocido como el charrazo. En ese año inició un proceso de represión en contra del stfrm que buscaba eliminar su democracia y acabar con su cultura de protesta, pero sobre todo, fulminar su independencia política, vigente durante buena parte del siglo xx.

Entre 1948 y 1958 los ferrocarrileros de base, de forma silenciosa y clandestina, organizaron lo que hoy se conoce como el movimiento ferrocarrilero que tuvo su auge entre 1958 y 1959, y tenía como fin combatir el charrismo sindical, expulsar a los líderes impuestos, demandar incremento salarial, recuperar la independencia política y reconquistar el espíritu de lucha obrera perdido en la década anterior.

Al iniciar el año de 1947, los ferrocarrileros comenzaron un proceso de denuncia y crítica hacia el stfrm y la empresa Ferrocarriles Nacionales de México (fnm), razón por la cual surgieron varios líderes con la intención de hacer cambios fundamentales e impulsar dos estrategias: la depuración y la morali­zación de dicha compañía, con el fin de mejorar la situación laboral y económica de los trabajadores.

En septiembre de 1947, Luis Gómez, secretario general del stfrm, eligió a Jesús Díaz de León, apodado “el Charro” por su afición a la charrería, como candidato para ocupar el cargo de secretario general. En un error de cálculo político, la izquierda mexicana también lo apoyó a través de Hernán Laborde y Valentín Campa. El historiador inglés Barry Carr ha explicado que con dicha decisión se abrió el camino a los líderes sindicales corruptos.

El 31 de enero de 1948 finalizaron las funciones de Luis Gómez como se­cretario general stfrm. En febrero, Díaz de León ocupó el cargo y anunció la formación de una comisión tripartita integrada por el gobierno, la empresa (fnm) y el sindicato. Dicha medida no fue aceptada por todos los trabajadores (Campa encabezó a los inconformes) por considerar que tenía como objetivo “crear una ofensiva de reajustes contra los ferrocarrileros, que era en lo que a final de cuentas se concentraría la labor de reorganización financiera”.44

El presidente Alemán marcó los nuevos tiempos políticos del stfrm, específicamente entre agosto y octubre de 1948, cuando hizo actuar a su nuevo líder Díaz de León contra la izquierda ferrocarrilera y sus líderes Campa y Gómez. El 28 de septiembre, el nuevo dirigente los acusó de “fraude y apropiación indebida de fondos sindicales” por la cantidad de 226 mil pesos45 cuando estaban al frente del sindicato, y de manera inusual llevó el caso directamente ante la Procuraduría General, sin pasar antes por los procedimientos internos de la agrupación.

A partir del 8 de octubre, la policía del Distrito Federal inició la persecución de Gómez y Campa. Fue hasta ese momento cuando los ferrocarrileros comprendieron que las acciones asumidas por Díaz de León no eran sólo acusar a dichos líderes, sino que en realidad lo que se pretendía era acabar con la línea comunista y la oposición en el sindicato, y aumentar el control de éste por parte del Estado.

El 13 de octubre de 1948 los comités Ejecutivo General y de Vigilancia del stfrm decretaron la suspensión temporal de Díaz de León en el cargo de secretario general, por haber violado el contrato colectivo de trabajo y traicionado la integridad del sindicato. La respuesta no se hizo esperar y en medio de la “confusión y desmoralización” que existía en el sector ferrocarrilero, el 14 de octubre el gobierno alemanista atacó de forma violenta las instalaciones del stfrm.

Tropas federales, policía y agentes de la Dirección Federal de Seguridad tomaron los locales nacionales del sindicato, así como las oficinas de cuatro secciones de la Ciudad de México (15, 16, 17 y 18). Los operativos fueron personalmente supervisados por el coronel [Carlos I.] Serrano que, como se sabía, era íntimo amigo (algunos decían que era compadre) de Díaz de León. Más tarde, en octubre, Gómez fue detenido acusado de fraude, mientras Valentín Campa se veía obligado a pasar a la clandestinidad durante un año hasta que, en noviembre de 1949, fue detenido, juzgado y condenado a ocho años de prisión.46

Díaz de León violentó la vida interna del sector ferrocarrilero y convirtió su gestión en sinónimo de corrupción. Ello abrió un abismo entre los ferrocarrileros de base y los líderes sindicales charros; estos últimos estuvieron amparados por el gobierno durante la década analizada. A partir de dichos actos, en el medio ferrocarrilero se generó descontrol, desmoralización e inmovilización política.

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