Kitabı oku: «Miradas de la vejez: calidad de vida, identidad, violencia y trabajo»
Miradas de la vejez: calidad de vida,
identidad, violencia y trabajo

Universidad Nacional Autónoma de México
Dr. Enrique Luis Graue Wiechers
Rector
Dr. Leonardo Lomelí Vanegas
Secretario General
Dr. Alberto Ken Oyama Nakagawa
Secretario de Desarrollo Institucional
Dra. Verónica Montes de Oca Zavala
Coordinadora del Seminario Universitario
Interdisciplinario sobre Envejecimiento y Vejez
Miradas de la vejez: calidad de vida,
identidad, violencia y trabajo
María Montero-López Lena
María del Pilar Alonso Reyes
Cuauhtémoc Sánchez Vega
Coordinadores

Universidad Nacional Autónoma de México
México, 2020
Catalogación en la publicación UNAM. Dirección General de Bibliotecas
Nombres: Montero-López Lena, María, editor. | Alonso Reyes, María del Pilar, editor. | Sánchez Vega, Cuauhtémoc, editor.
Título: Miradas de la vejez: calidad de vida, identidad, violencia y trabajo / María Montero-López Lena, María del Pilar Alonso Reyes, Cuauhtémoc Sánchez Vega, coordinadores.
Descripción: Primera edición. | Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2019.
Identificadores: LIBRUNAM 2064209 (impreso) | LIBRUNAM 2092047 (libro electrónico) | ISBN 978-607-30-2849-3 (impreso) | ISBN 978-607-30-3889-8 (libro electrónico).
Temas: Personas adultas mayores -- México -- Condiciones sociales. | Personas adultas mayores maltratadas. | Vejez -- México
Clasificación: LCC HQ1064.M49.M55 2019 (impreso) | LCC HQ1064.M49 (libro electrónico) | DDC 305.260972—dc23
Este libro fue sometido a un proceso de dictaminación por académicos externos al SUIEV de acuerdo con las normas establecidas por el Reglamento del Comité Editorial de la Secretaría de Desarrollo Institucional de la Universidad Nacional Autónoma de México
Miradas de la vejez: calidad de vida, identidad, violencia y trabajo
Primera edición electrónica: 25 de noviembre de 2020.
D.R. © 2019, Universidad Nacional Autónoma de México
Ciudad Universitaria, Alcaldía de Coyoacán, C.P. 04510
Secretaría de Desarrollo Institucional
Ciudad Universitaria, 8o. Piso de la Torre de Rectoría
Alcaldía de Coyoacán, C.P. 04510, Ciudad de México
ISBN: 978-607-30-3889-8
Esta edición y sus características son propiedad
de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio
sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.
Hecho en México / Made in Mexico
Diseño de portada: S y G editores / Enrique Sánchez Parra
Formación: S y G editores / Rosa Alicia Castillo Jaén
Revisión: S y G editores / Arturo Sánchez y Gándara
Introducción
María Montero-López Lena
Ma. del Pilar Alonso Reyes
Cuauhtémoc Sánchez Vega
Los sentidos nos permiten descubrir, detallar, reflexionar, aprehender e integrar las vivencias que ocurren durante el ciclo de nuestras vidas. Desde este punto de vista, se puede considerar que envejecer es un verbo que implica un proceso con un inicio aún indeterminado; es también un objeto de estudio para diversas disciplinas que se encargan de su análisis e investigación a múltiples niveles. Desde una mirada cotidiana, envejecer es un privilegio, puede ser un horizonte, pero esencialmente, es un desafío.
El desafío de envejecer y específicamente de envejecer de manera funcional, saludable, armoniosa, creativa y digna, es una de las bases fundamentales de la calidad de vida. Si bien ya existen esfuerzos documentados que abogan por la promoción y delimitación de la calidad de vida, particularmente en las personas mayores, estos esfuerzos aún no han sido cristalizados en la cotidianidad que vive este sector de la población latinoamericana y particularmente en México.
Las diferentes miradas sobre la vejez y el envejecimiento facilitan la identificación de componentes críticos que promueven la calidad de vida. También ponen sobre la mesa factores que pueden obstaculizarla o promoverla.
Entre los factores que contribuyen a la delimitación de una calidad funcional durante el envejecimiento, es esencial la identidad que se adquiere y se transforma como persona mayor.
La delimitación de la identidad supone la búsqueda de significados a diferentes niveles, desde lo individual hasta lo cultural. Desde Aristóteles hasta Kant podemos encontrar diversas formas de conocer el mundo y a partir de ese conocimiento darle sentido. En esta interacción entre el sujeto que conoce y el objeto conocido median procesos complejos tanto psicológicos como sociales. Entre los procesos psicológicos que se van construyendo en esta dialéctica continua y que impactan en el desarrollo de la persona mayor, se encuentran los conceptos de abuelidad o de viudez. Por otra parte, entre los procesos sociales que adquieren significados relevantes para las personas mayores sobresalen los de pensión, retiro y victimización.
Los 12 capítulos incluidos en este texto recorren desde evaluación de la calidad de vida en un contexto latinoamericano hasta la propuesta de un modelo de pensiones que busca mejorar las opciones económicas de las personas mayores.
Este volumen contiene cuatro apartados: I. Calidad de vida y diversidad funcional, II. Significados e identidades, III. Violencias y IV. Trabajo, mendicidad y pensiones.
I. Calidad de vida y diversidad funcional
En este apartado se agruparon cuatro escritos que abordan diferentes dimensiones que evidencian polos extremos de funcionalidad psicosocial durante la vejez.
En términos positivos se aborda el significado de la calidad de vida y en contraste, se abarca la disfuncionalidad a nivel individual y familiar.
El trabajo de Carmen Curcio et al. “SABE Colombia: Una aproximación al sentido y significado de la calidad de vida”, documenta el sentir de un grupo de personas mayores sobre la calidad de vida. Los autores señalan que la vejez es una percepción individual y subjetiva de la propia experiencia.
En la investigación “El envejecimiento en un grupo de académicas del IPN” de Guadalupe Zavala et al., se analizó la reticencia de los académicos para ejercer su derecho al retiro a pesar de haber cumplido los requisitos legales. Las investigadoras encontraron que las participantes se sentían a gusto e íntegras en sus capacidades físicas y cognoscitivas para seguir siendo productivas e independientes en el trabajo, estando en una etapa de su vida que les permitía el desarrollo profesional y familiar.
En el escrito de Alejandra Rosales et al. “Análisis y perspectivas en la medición del deterioro cognitivo de adultos mayores analfabetas en México”, se hace una revisión de diversos instrumentos que miden deterioro cognitivo en adultos mayores. En el caso mexicano, dicho deterioro está relacionado con el analfabetismo, la condición económica baja y la edad avanzada.
En el estudio titulado “Antonieta, Luis y Mario. La diversidad funcional de una familia puesta en escena” de Jourdain Hernández, se hace una analogía de la vida cotidiana mediante una obra de teatro con tres personajes: mujer, hombre de edad y el tercero, una persona madura que presenta una discapacidad. En el contexto de pobreza, enfermedad y abandono, las redes funcionan como estrategias de sobrevivencia, a pesar de limitaciones corporales y económicas.
II. Significados e identidades
Es este apartado se incluyeron tres trabajos donde los significados son lo dominante en el discurso. Las identidades de las personas mayores en diferentes contextos constituyen tópicos cruciales en el estudio de las vejeces. La muerte y la vida en cualquier etapa humana son estructuralmente difíciles, porque requiere de relaciones de vivencia, de coexistir en el mundo para construir la relación recíproca entre colectividad e individuo.
En el escrito de María Montero et al. “Redes semánticas naturales un acercamiento al significado psicológico en la vejez”, se emplea la técnica denominada Redes Semánticas Naturales para identificar el significado connotativo y denotativo de conceptos relevantes para las personas mayores (vejez, vida y muerte). Este estudio da evidencia de la accesibilidad de la técnica referida para obtener información compleja (cognoscitiva) de manera rápida y confiable. Mientras los jóvenes describían la vejez en términos mayoritariamente negativos, la muerte como algo lejano y la vida como desafiante; las personas mayores asociaban la vejez a su cotidianidad, la muerte como algo cercano y la vida como un continuo temporal que transita desde el pasado hasta el futuro.
El trabajo a cargo de Elizabeth Andia Falgade, “Construcción de la identidad del mayor en el imaginario de la comunidad Aymara”, se muestra el valor simbólico que una persona anciana tiene en una comunidad indígena. La concepción “del mayor” como una persona con moral, autoridad y obligaciones en la comunidad está ligada a la concepción de la experiencia y la sabiduría. Es la construcción de la identidad del viejo, como sabio, lo que otorga una connotación positiva a la vejez y establece un orden en la cosmovisión de la comunidad Aymara.
El escrito de Leticia Huerta, “De la casa al asilo. La construcción sociocultural de la vejez y la enfermedad de adultos mayores en condición de internamiento”, refiere un estudio antropológico y etnográfico de las experiencias que un grupo de personas mayores viven en un asilo. Se describe cómo conciben su vejez y cómo ésta se relaciona con la enfermedad. Leticia Huerta señala que las personas mayores asilados encaran de manera diversa su vejez y su enfermedad.
III. Violencias
En esta sección se agruparon tres trabajos que exponen de manera progresiva la vulnerabilidad que presentan las personas mayores al enfrentar diversos tipos de violencia.
En el trabajo de Liliana Giraldo y Natalia Guevara, “Exploración cualitativa de la violencia hacia las personas adultas mayores”, se estudia la violencia desde la subjetividad del adulto mayor (víctima) y desde la posición de quien ejerce la violencia (familiares). Las autoras describen cómo la violencia introyectada desde la infancia, la dependencia económica, las enfermedades se conjugan para hacer un entorno familiar poco saludable que promueve la mala calidad de vida para los que se desarrollan en un ambiente disfuncional.
Sánchez y Tinajero en el capítulo “Acumulación de la violencia basada en género en el curso de vida de mujeres envejecidas”, muestran los resultados de un taller vivencial con base en cuentos con los cuales facilitaron la evocación de eventos violentos en el curso de vida de las mujeres mayores participantes. Sugieren que las vivencias violentas están asociadas a su género, se manifiestan durante el matrimonio y se vinculan con las creencias de lo que debe ser y hacer una mujer. Destacan el reconocimiento del fenómeno de la violencia por las propias mujeres y el proceso de reconstrucción personal.
El trabajo de Leandro García y Pilar Torices, “Violencia, suicidio y muerte en el cotidiano de personas adultas mayores. Centro Comunitario 'Santos Fundadores'”, explora concepciones de violencia, suicidio y muerte en adultos mayores. Los autores hacen énfasis en cómo dichos conceptos se relacionan entre sí. Señalan que la violencia ha sido parte de la vida de los adultos mayores, en tanto que el suicidio no necesariamente está en su imaginario. En contraste, la muerte, en esta etapa de vida, está siempre presente.
IV. Mendicidad, trabajo y pensiones
Se agruparon dos escritos que muestran ejemplos concretos en la vida cotidiana: el empleo y las pensiones.
Dentro de esta sección, el primero de ellos muestra la situación de mujeres mayores que tienen que trabajar en condiciones difíciles, donde la mendicidad se vuelve su mundo cotidiano. Martha Ramírez y Carolina Cuarenta, en su escrito “Mendicidad y trabajo informal: Adultos mayores en las calles de la ciudad de Guadalajara”, responden al cuestionamiento de por qué siguen trabajando las personas mayores en espacios públicos, sobre todo en las calles. Esto se enmarca en procesos de mendicidad, de economía informal, de envejecimiento y en la relación inclusión-exclusión característica de los contextos urbanos.
En el último capítulo, “Propuesta de un modelo de plan ocupacional de pensiones”, se expone un modelo de pensiones para relacionar el empleo con el buen vivir en la vejez. Quetzalli Atlatenco et al., analizan a profundidad fuentes especializadas para bosquejar una propuesta que modela pilares complementarios, tales como ahorros personales, pensiones privadas, entre otras fuentes de ingreso, que las políticas sociales proponen como opciones para generar recursos en la vejez.
De este modo, los 12 capítulos contenidos en este texto representan una de las miradas prevaleciente sobre el estudio del envejecimiento y la vejez. Si bien no se agotan las temáticas a explorar en torno a esta etapa de vida, sí representan claramente un avisoramiento del estado del arte en el que se encuentra la investigación sobre la temática en cuestión.
Sea pues, el contenido de este texto una posibilidad para reflexionar y, en consecuencia, aprender a mirar nuestra vejez y envejecimiento con los ojos propios
y los del otro, de manera equitativa, amorosa y compasiva, construyendo presentes y futuros en una sociedad donde quepamos todos, de todas las edades.
Tabla de contenidos
Introducción
María Montero-López Lena, María del Pilar Alonso Reyes y Cuauhtémoc Sánchez Vega
I. CALIDAD DE VIDA Y DIVERSIDAD FUNCIONAL Capítulo 1.SABE Colombia: Una aproximación al sentido y significado de la calidad de vida en personas adultas mayores
Carmen-Lucía Curcio, María Cristina Palacio y José Hoover Vanegas
Capítulo 2. Envejecimiento en un grupo de académicas del Instituto Politécnico Nacional (IPN)
Guadalupe Estela Zavala Pérez, Gloria Berenice Rodríguez Belmonte y María Fernanda Guerrero Zavala
Capítulo 3. Análisis y perspectivas en la medición del deterioro cognitivo de adultos mayores analfabetas en México
Alejandra Rosales Lagarde, Claudia Martínez Alcalá, Patricia Pliego-Pastrana y María Eugenia Zaleta Arias
Capítulo 4. Antonieta, Luis y Mario. La diversidad funcional de una familia puesta en escena
Jourdain Israel Hernández Cruz
II. SIGNIFICADOS E IDENTIDADES Capítulo 5. Redes semánticas naturales: un acercamiento al significado psicológico en la vejez
María Montero-López Lena, Fátima Fernández Christlieb y María del Pilar Alonso Reyes
Capítulo 6. Construcción de la identidad del mayor en el imaginario de la comunidad Aymara
Elizabeth Andia Fagalde
Capítulo 7. De la casa al asilo. La construcción sociocultural de la vejez y la enfermedad de adultos mayores en condición de internamiento
Leticia Huerta Benze
III. VIOLENCIAS Capítulo 8. Exploración cualitativa de la naturaleza de la violencia hacia las personas adultas mayores
Liliana Giraldo Rodríguez y Natalia Guevara Jaramillo
Capítulo 9. Acumulación de la violencia basada en género en el curso de vida de mujeres envejecidas
Cuauhtémoc Sánchez Vega y Marisela Tinajero Martínez
Capítulo 10. Violencia, suicidio y muerte en el cotidiano de personas adultas mayores, Centro Comunitario "Santos Fundadores"
Leandro Román García Chávez y María del Pilar Torices Carranco
IV. TRABAJO, MENDICIDAD Y PENSIONES Capítulo 11. Mendicidad y trabajo informal: adultos mayores en las calles de la ciudad de Guadalajara
María Martha Ramírez García y Claudia Carolina Cuarenta Berumen
Capítulo 12. Propuesta de modelo de plan ocupacional de pensiones
Quetzalli Atlatenco Ibarra, Ma. Antonieta Martín Granados y María del Pilar Alonso Reyes
Reflexiones finales y prospectiva
María Montero-López Lena, María del Pilar Alonso Reyes y Cuauhtémoc Sánchez Vega
I. CALIDAD DE VIDA y DIVERSIDAD FUNCIONAL
Capítulo 1
SABE Colombia: Una aproximación al sentido y significado de la calidad de vida en personas adultas mayores
Carmen-Lucía Curcio
Universidad de Caldas, Grupo Investigaciones en Gerontología y Geriatría, Colombia
María Cristina Palacio
Universidad de Caldas, Grupo Investigaciones en Gerontología y Geriatría, Colombia
José Hoover Vanegas
Universidad Autónoma de Manizales, Grupo de Investigación
Cuerpo-Movimiento, Colombia
Introducción
Calidad de vida (CV), es un término ampliamente utilizado en los últimos tiempos por los especialistas de las más diversas disciplinas. Dada la necesidad de unificar criterios y posiciones, el Grupo de Calidad de Vida de la OMS (WHOQOL Group), en 1995 propuso una definición: “Percepción del individuo sobre su posición en la vida en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive, y en relación con sus objetivos, sus expectativas, sus normas e intereses”. Este concepto no puede tomarse solamente desde un punto de vista individual, sino que tiene que abordarse económica, social, cultural y ambientalmente, ya que toda evaluación subjetiva está inmersa en un contexto socio histórico determinado (OMS, 1995).
La vejez supone uno de los contextos en los que más importancia se está dando a la CV. Es reconocido que la investigación en salud, bienestar y envejecimiento de las personas mayores debe servir de herramienta para la toma de decisiones políticas y técnicas (Engler, 2002; OMS, 2015). También se reconoce la importancia de la combinación de metodologías y/o métodos con el fin de obtener una visión integral de los fenómenos sociales estudiados (Flick, 2004; Vera y Villalón, 2005). Por ello, el componente cualitativo de la Encuesta SABE Colombia busca comprender el sentido y significado de CV desde la perspectiva de los participantes, es decir, desde la subjetividad.
La pregunta por la CV quizás puede aparecer como porosa al centrarse en una dimensión subjetiva y cualitativa, pero en términos de Senn (2000) y Nussbaum (2002) se traduce en el contenido intangible e imprescindible para una vida humana que merece la pena ser vivida. El envejecimiento y la vejez se entrelazan en esta pregunta, pero con distinciones; la primera como el proceso de transformación del ser humano (Dulcey-Ruiz, 2013) anudadas a las dinámicas de interacción social y familiar; que en otras palabras alude a la trayectoria de vida de las personas, donde se forman los equipajes culturales, emocionales y sociales. La segunda, la vejez, con su doble connotación de condición y situación, la condición de vejez se adquiere a partir de un momento cronológico definido cultural y políticamente en los 60 años y marca giros en la vida cotidiana de las personas; la situación de vejez expresa desde las condiciones y la CV, el lugar de inclusión o exclusión, desigualdad, dependencia, autonomía y cuidado en la vida social y familiar. Pero tanto la condición como la situación de la vejez son construcciones culturales que configuran el peso de su valoración y reconocimiento. Esto sitúa el campo de este estudio, no en la vejez como hecho social, cultural, biológico o psicológico, sino en los sentidos y significados de la CV que las personas adultas le atribuyen y construyen en su vivencia y experiencia de vida.
La interrogación en torno a la vejez y el envejecimiento en clave de CV es puesta desde la centralidad del sujeto, la voz de su subjetividad y la construcción colectiva. En este artículo se presenta un análisis en torno a dos tesis de hallazgos referidas a una mirada subjetiva acerca del bienestar en la vejez y la reconfiguración de la vida familiar. Este análisis se sitúa como marco de referencia a la ciudad de Manizales, Colombia.
Método
La lógica metodológica de esta investigación se sitúa en la interacción de la voz de quien narra, en la aceptación de quien escucha, en la sospecha de quien investiga y la expectativa de quien recibe. Un entrelazamiento de múltiples subjetividades: los participantes y el equipo de investigación, en torno a las dimensiones de la lectura, la observación, la conversación, la escucha, la reflexión y la escritura (Araujo, 2013; Larrosa, 2013), como soportes del proceso de construcción de un saber sobre la CV de las personas adultas mayores, en la ciudad de Manizales. Hablar, enunciar, descubrir e interpretar los sentidos y significados de la CV de las personas mayores de diversas regiones del país, es el producto y entrelazamiento de escenarios de descubrimiento, codificación y relativización propios de la investigación cualitativa (Taylor y Bogdan, 1990).
Descubrimiento: el registro de información y su transformación en dato, tiene una trayectoria no solamente técnica, es una apuesta epistémica, conceptual, metodológica y técnica, mediada por el interrogante central ¿Cuáles son los sentidos y significados de la CV de las personas mayores? Para iniciar la búsqueda de la información se identifican porteros (Galeano, 2004) a través de organizaciones o programas dirigidos a personas mayores, quienes son el enlace inicial para contactar a los informantes claves.
Con estas preguntas, en Manizales se realiza un grupo focal con tres hombres y tres mujeres y 15 entrevistas semiestructuradas a ocho mujeres y siete hombres, correspondientes a los tres estratos (alto, medio y bajo) entre 61 y 85 años. La exploración de las percepciones de sus vivencias y experiencias de vida, permiten afinar el foco exploratorio de sujetos situados en contextos temporales (mayores de 60 años), e identificar desde la producción discursiva colectiva e individual, las condiciones y situaciones de su vejez.
Esta polifonía de voces se constituye en el foco analítico central. Además, se incluyen otras técnicas en este estudio como: diario de campo, fichas sociodemográficas y registros de la relatoría y la observación del grupo focal. Aquí se condensa la mirada de los responsables del trabajo de campo y se constituyen en conectores entre la referencia empírica (adultos mayores) y la construcción de las respuestas a los interrogantes planteados.
Codificación: demanda marcar fronteras conceptuales para la distinción de las categorías centrales (sentidos y significados) y las categorías de soporte (bienestar, redes, relaciones y vínculos, entorno físico y social, participación, vivencias y experiencias) como precedente para la definición de códigos conceptuales requeridos en la clasificación y ordenamiento de la información. La cual se registra en las diversas técnicas, se somete a un procesamiento, comenzando con la asignación de códigos numéricos que identificarán cada técnica. En segundo lugar, se construyen códigos conceptuales desde las categorías (centrales y de soporte) para fraccionar y seleccionar los relatos correspondientes para la utilización del ATLAS TI; con este resultado se realizó un primer barrido y decantación de los códigos, que permiten afinar el peso conceptual y metodológico de la sistematización y su emergenciacomo dato de la investigación. Proceso que no es neutral, es intencional en la apuesta epistemológica y la trayectoria de las subjetividades del equipo investigador, así, la organización de la información está cargada de matices interpretativos (González y Cano, 2010).
Relativización: depuración y condensación de los datos al someterlos a un entrelazamiento analítico de triangulación. Se parte de un agrupamiento por código conceptual de sistematización y sujeto informante (triangulación por agregados), luego se identifican similitudes y diferencias desde la mirada intra e inter género por ciudad (triangulación interactiva). La abstracción de los datos permite señalar tendencias para la interpretación, las cuales se describen con relación a las categorías centrales. Y en el proceso de lectura y relectura que identifica la estructura y esencia de la experiencia vivida individual, grupal y colectivamente, emergieron las tesis de hallazgos (triangulación colectiva).
Hallazgos
Una mirada subjetiva del bienestar en la vejez
Bien-estar, una noción que abre la mirada subjetiva de los participantes y marca una distancia con la palabra Bienestar, la cual alude a la definición de indicadores del desarrollo económico y social presente en los grandes meta-relatos de los Estados y Agencias de Cooperación Internacional; por su parte el bien-estar se muestra al mundo de los otros como producto del mundo interior particularizado en el pensamiento y expresado a través de las palabras y contiene un referente valorativo. El bienestar o estar bien fluye en el tiempo, lo que se vivió, lo que se vive y lo que se espera vivir.
Las voces de los participantes muestran un concepto de calidad de vida significativamente más complejo, incorporando relaciones tales como la tenencia de vivienda, tener o no pensión e ingresos, el empleo incierto o la desocupación estructural y diversas expresiones emocionales; coinciden en el reconocimiento de la satisfacción y gratificación que tienen en su vida presente en términos de casa propia y disponibilidad de una pensión, sin diferencia evidente por género y estrato, hombres y mujeres disponen de una valoración positiva no sólo a lo que tienen actualmente, sino del esfuerzo realizado durante su trayectoria de vida. El trabajo y el ahorro se conectan colateralmente con los dispositivos que sostiene la economía de la gratitud (Hochschild, 2008) y la valoración del dispositivo trascendente en Dios como generador del bienestar.
La vejez: narración individual y subjetiva
Aspectos como la edad, la salud, la movilidad, la finitud y la autonomía se anudan en una revelación corporal donde se cruzan “estar viejo” y “sentirse viejo”. Cómo se ven y se sienten, cómo ven a sus pares y cómo consideran que los ven. Son voces a través de las cuales se hacen evidentes realidades subjetivas y colectivas en torno a la dependencia o independencia, la autonomía, la enfermedad, la responsabilidad o la obligación; las cuales se encuentran anudadas a la expresión del cuidado, ya sea que se brinda o que se espera o no recibir, como una figura asociada a la vejez. Pero que también se constituyen en centros de debates actuales, con implicaciones profundas tanto para las políticas sociales y públicas como para la vida cotidiana de las personas (Tobío, et al., 2010).
La categoría de vejez nombra una realidad social que marca una frontera entre la percepción individual y subjetiva de la propia experiencia, como conciencia del ser y estar en el mundo y los imaginarios sociales que se trazan en la mirada hacia la otredad. Así, los relatos demarcan un límite entre la propia condición y situación y la de otros. Con relación a la primera, resaltan la valoración, el reconocimiento, la satisfacción de estar y sentirse bien, además de expresar la felicidad de la libertad. Respecto a la vejez de otros hay un señalamiento negativo por la enfermedad, la discriminación, el abandono y la exclusión a la que están sometidas las personas mayores, no ellos sino los demás.
En esta mirada subjetiva sobre la vejez propia y de los otros pares generacionales, se atraviesa en los relatos la referencia de la finitud, vinculada a dos elementos: el aumento de la edad y la proximidad de la muerte. La edad es atravesada por la enfermedad, y la proximidad de la muerte se enreda en la contención del tiempo esperado, el cual se acorta. Ante esta certeza y a su vez incertidumbre del futuro, se detonan con mayor fuerza el dispositivo de la fe y el desplazamiento de la resignación y la petición de no sufrir a la voluntad de un ser superior.
La calidad de vida en la vejez: connotaciones subjetivas
Las connotaciones sobre la CV en la vejez desde las apreciaciones subjetivas de las personas consultadas son puestas en las garantías para vivir la vida cotidiana desde tres dimensiones: individual, familiar e institucional; entrelazadas en los distintos relatos, en una economía de la gratitud a Dios, por otorgarles la satisfacción y la realización que sienten en sus vidas. En lo individual, a partir del tener y del sentir, marcan en primer lugar la salud y de manera colateral los recursos económicos para la satisfacción de las necesidades básicas como la alimentación y la casa; además, la valoración que reciben de las personas cercanas.
En lo familiar, se proyecta la CV en la vejez en tener reconocimiento, acompañamiento y la satisfacción del deber cumplido. La mirada hacia la trayectoria de vida y las evidencias que se identifican en el tiempo presente le dan contenido al cumplimiento de las reglas del sentimiento y los códigos emocionales que focalizan el lugar transitado en la familia. Finalmente, las personas mayores consultadas, ponen otro acento en la connotación de la CV en cuanto a la disponibilidad y acceso a recursos institucionales, de manera puntual a la atención en salud y a la atención a las personas mayores. Además, incluyen en sus relatos una expresión emocional sobre la CV referida a la capacidad de aceptar la vejez, la demanda de ser reconocidos y no excluidos, la manifestación de los miedos y temores y la consideración de una muerte digna.
Escenarios de interacción cotidiana
Desde los relatos aportados por los informantes se pueden marcar tres ejes de referencia sobre los entornos: el que alude a la casa y al hogar como un escenario cotidiano doméstico y privado; otro entorno de carácter institucional vinculado con prácticas participativas y, el último, a un marco más amplio de movilidad por la ciudad. Tres escenarios de interacción que se entrelazan en el funcionamiento de la vida cotidiana para las personas mayores participantes. Con relación al entorno físico, las personas identifican la casa y en ella la habitación propia, en esto coinciden hombres y mujeres de distintos estratos. En cuanto a los entornos sociales, conectados con escenarios públicos institucionalizados a través de programas, grupos de oración y gimnasio, se hace evidente el lugar que tienen éstos en la vida cotidiana de las personas mayores, al constituirse en un referente de satisfacción, de sentido de pertenencia y de validación de una utilidad social que gratifica su vida. Finalmente, la conexión con la ciudad les brinda arraigo, confianza y familiaridad.
Vida familiar: configuración del tejido parental, anclaje de convivencia y cuidado.
Con base en los relatos de participantes se describen dos dinámicas de convivencia familiar como panorama de su vida cotidiana: una desde la delegación de tareas y la otra a partir de acuerdos establecidos. Dos asuntos que expresan el paisaje que traen las transformaciones demográficas y los cambios en su vida familiar, con el envejecimiento poblacional y la amplia presencia de grupos poblacionales de adultos mayores.
La vida familiar para las personas adultas mayores ocupa un lugar central en sus relatos cotidianos; es el tema de conversación diaria, en torno a lo que hacen o han dejado de hacer. Expresiones que contienen movilizaciones emocionales de un recuerdo de su pasado y una adaptación a las realidades presentes. El desplazamiento o giro en sus capacidades, actividades y lógicas de vida asociado a las situaciones de salud o a la disposición de tiempo diario en su vejez, los enfrenta a un tiempo familiar de presencia o ausencia de sus parientes más próximos (pareja o hijos) y a la redefinición de acuerdos de convivencia, participación y cuidado. Es decir, la vida cotidiana de las personas viejas participantes presenta una relación directa con los movimientos de las redes parentales y sociales.
Cuando la pareja llega a la vejez, se evidencia una redefinición de convivencia, compartiendo más tiempo en el hogar y la participación directa de los hombres en la “domesticidad” a través de la compra del mercado, el pago de facturas y otras diligencias que mantienen su vinculación a espacios públicos; y la conservación del lugar de las mujeres en la preparación de alimentos, el cuidado y la atención del hogar. Y con relación a los hijos, quienes ya salieron del hogar parental, se conserva la práctica cultural filio parental de una línea de atención y comunicación generalmente diaria y de presencia directa en el ritual de una “comensalidad” en los fines de semana, especialmente los domingos.
Ante la muerte del cónyuge o salida de los hijos e hijas del hogar, se produce una ruptura en el ritmo de la cotidianidad familiar, al detonarse la configuración del hogar unipersonal por decisión o imposición. Respecto a la primera, la persona adulta mayor asume el vivir sola en su hogar. Una decisión que se encuentra asociada con su trayectoria de vida, su concepción y realidad presente de vida autónoma e independiente y confronta, desde esta decisión personal y subjetiva, la generalización cultural de la soledad y el abandono. Y con relación a la segunda por imposición, la muerte de la pareja y la salida o ausencia de los hijos e hijas también puede configurar la presencia de hogares unipersonales, marcados por la connotación emocional de débiles o inexistentes vinculaciones parentales. Además de relacionarse con equipajes culturales y emocionales de dependencia hacia las personas ausentes y de cierto sentimiento de victimización.
Un paisaje que permite vislumbrar una resignificación de las relaciones y vínculos emocionales y afectivos hacia y desde la persona adulta mayor. Los rituales de comunicación con una temporalidad diaria o permanente le brindan certeza y confianza para afinar el sentimiento de sentirse cuidado y conservar un lugar de atención entre sus redes parentales y sociales.
En otras palabras, a través de las narraciones de las personas mayores participantes en la investigación, se puede identificar un umbral de cambios en las condiciones y calidad de vida en la vejez. Los giros en la cotidianidad familiar por ausencia de figuras parentales próximas y significativas; la decisión o imposición de estilos de vida doméstica en el hogar compartido o no y el despliegue de movimientos emocionales importantes para garantizar, conservar, sostener o mantener sus condiciones de salud física, emocional y social.
Además, una cotidianidad marcada por la inclusión de la tecnología virtual. A partir del computador, su aprendizaje como mediador de la comunicación familiar y el uso del chat como dispositivo tecnológico, le presentan al adulto mayor una nueva lógica del mundo, a través de la descorporización de las relaciones, el acortamiento de las distancias, la presencia ausente de quienes están en otros lugares y las imágenes virtuales de sus próximos, conservan y mantienen el anclaje a la vida familiar. No obstante, enfrentar dificultades en la asimilación e interiorización de códigos de comprensión, vinculados a dichos procesos tecnológicos, reconocen con asombro la asistencia y participación de estos movimientos de la vida contemporánea.
Cuando los adultos mayores hablan de familia y vida familiar atraviesan asuntos como la maternidad, la paternidad y los enlaces intergeneracionales. Las dos primeras nociones expresan relaciones parento-filiales y desde las subjetividades enunciadas en las narraciones, movilizan una amplia emotividad y afectividad, relacionada con la distancia y la proximidad. Un tema que se constituye en la columna vertebral de su vida cotidiana. Las conversaciones en torno a la historia familiar expresan el reconocimiento del anclaje, la valoración de una trayectoria marcada por avances y retrocesos, el significado de la identidad y la perseverancia de la pertenencia.
Una voz que desde los adultos mayores enuncia su lugar como padre o madre con relación a sus descendientes, como también desde éstos hacia ellos mismos. Entrelazan su auto reconocimiento, con la responsabilidad, el sacrificio y la lucha que desplegaron para sacar a sus hijos adelante y la compensación que reciben en este tiempo, mediada por los cambios generacionales y con cierta añoranza entre la expectativa que tenían y la realidad que enfrentan.
Por otra parte, estos relatos ponen la proyección de la vida familiar como un escenario de enlace intergeneracional. El entrelazamiento que, a través de los procesos de crianza y cuidado, trenza los tiempos sociales y configura los umbrales donde se gestan los cambios y transformaciones de la sociedad. Los relatos de las personas consultadas incluyen la mirada de estos enlaces, señalando como puntos de descripción sus ideas sobre la transmisión de valores y conocimientos, la percepción sobre el tiempo actual y las opciones a las que se enfrentan. Estos relatos también consideran que los tiempos actuales los sitúan ante el desgaste de los valores, el señalamiento de la pérdida del respeto hacia las personas mayores, la debilidad de las normas sociales, la incertidumbre de la protección y seguridad familiar, el desorden de las buenas costumbres especialmente referidos al vestido, los comportamientos sexuales y las libertades de las mujeres.
Estos relatos no evidencian diferencias significativas por género ni estrato socioeconómico, pero permiten disponer de cierta arquitectura social sobre las condiciones y calidad de vida de las personas adultas mayores consultadas y situadas en la ciudad de Manizales y su manera de significar los cambios sociales y generacionales.
Discusión y conclusiones
Las personas mayores le otorgan un significado a la CV en la enunciación de un bienestar o estar bien a través del entrecruzamiento de dos vértices: uno material y físico y el otro simbólico. El primero, alude a la disposición de condiciones que les garantizan la autonomía y la independencia; y el otro, se refiere a la valoración y reconocimiento que reciben como personas y como adultos mayores y la confianza que sienten y brindan.
En lo que respecta a la autonomía y la independencia y desde el punto de vista de los derechos, se consideran conceptos interdependientes y términos que se suelen usar indistintamente en diversos ámbitos y marcos jurídicos. Mientras la autonomía consiste en la capacidad de ejercer la libertad de elección y el control sobre las decisiones que afectan a la propia vida, la independencia consiste en vivir en sociedad sin asistencia, o al menos con un grado de asistencia que no someta a las personas mayores al arbitrio de otros (Naciones Unidas, 2015). Como lo expresa Huenchuan (2012, 2014), desde una perspectiva de derechos humanos, la autonomía supone, por un lado, una dimensión pública que tiene que ver con la participación activa en la organización de la sociedad y, por otro, una dimensión personal que se expresa en la posibilidad de formular y realizar los propios planes de vida. En ambos casos, la autodeterminación y la libertad para decidir por uno mismo son la base de su ejercicio.
Se habla con naturalidad de vidas y personas independientes que pasan a ser dependientes, de personas autónomas que dejan de serlo, como es el caso de las personas mayores. Ellas a menudo son despojadas de manera arbitraria de su autonomía, es decir, de su capacidad de responder a sus propias necesidades, expresar sus deseos, tomar decisiones, optar entre distintas posibilidades y alcanzar sus metas, lo que limita cualquier posibilidad de mantener un control sobre sus vidas (Huenchuan, 2018).
En el escenario actual del envejecimiento poblacional, la capacidad de vivir de forma autónoma e independiente en la comunidad constituye un objetivo prioritario para la persona mayor y para la sociedad (Huenchuan, 2016, 2018). En palabras de las personas mayores, la calidad de vida se expresa, en primera instancia, en la posibilidad de continuar viviendo de esta manera: con autonomía e independencia.
El proceso de envejecimiento implica una serie de cambios que influyen en la calidad de vida de la población adulta mayor, cuando su entorno es discriminatorio y cuestiona las capacidades de las personas mayores, la calidad de vida se deteriora (CEPAL, 2017). Las personas mayores están expuestas a elevados niveles de exclusión por la falta de reconocimiento que las afecta y por la obstaculización que enfrentan para ejercer sus derechos y contar con oportunidades fundamentales (Huenchuan, 2013).
Así, desde la perspectiva de los participantes, la calidad de vida como bienestar desde una perspectiva simbólica, se conecta con la satisfacción y la necesidad de ser reconocidos y valorados, especialmente en su ámbito familiar, social y vecinal.
La marca cultural del lenguaje del déficit sobre la vejez se somete a una confrontación: desde la propia experiencia se ve como bienestar, pero a partir de la mirada ajena, sobre una otredad generacional, se señala un malestar de la vejez. Esta frontera entre la percepción individual y subjetiva de la propia experiencia, expresa la conciencia del ser y estar en el mundo y los imaginarios sociales que se trazan en la mirada hacia la otredad en los demás. En otras palabras, los relatos presentan un límite entre la propia condición y situación y la de otros adultos mayores. En las narraciones se encuentra una línea de referencia que distingue la percepción de la propia vejez de la de otros adultos mayores. Un asunto que pone un giro lingüístico en la enunciación de la vejez como situación individual a la de condición como categoría social. Además, existe una gran diferencia entre ser viejo y sentirse viejo. La valoración subjetiva sobre la experiencia de la propia vejez se distancia del señalamiento deficitario al significar el bienestar que se tiene. No desconocen los cambios que se dan con el envejecimiento, pero señalan la compensación de satisfacción y gratificación de su propia autonomía e independencia. Se encuentran narraciones que revelan la manera como las personas adultas mayores se saben a sí mismos, esta percepción está acorde y es coherente con el concepto de viejo que se maneja, la vejez es pérdida, deterioro, declinación; así, si estas condiciones no están presentes no se es viejo. En palabras de la vejez se relaciona principalmente con la enfermedad, la falta de capacidades, el deterioro y la finitud material.
De otro lado, la centralidad de la vida familiar de las personas mayores aún continúa vigente. El estudio SABE Colombia (2016) muestra que alrededor de una tercera parte de los ancianos vive en familias nucleares, igual proporción, en familias extensas, una quinta parte vive en familias compuestas y uno de cada diez adultos mayores vive en familias unipersonales. Estos hogares unipersonales merecen especial atención, es un indicador por excelencia de la tensión entre la individualización, la autonomía e independencia del espacio cotidiano y la dependencia de residencia y doméstica del grupo familiar. Alternativas que se producen ya sea por elección (decisión personal), por situación (separación, divorcio, muerte) o por condición (migración, desplazamiento, trabajo o educación).
Emerge un nuevo paradigma sobre la vejez que hace visible la paradoja social y cultural entre las viejas reglas del sentimiento de vulnerabilidad, déficit y pérdida hacia unas nuevas demandas sociales en torno al individualismo, la autonomía y la independencia. Un paradigma que enfrenta tensiones y conflictos, avances, retrocesos y escollos culturales, sociales, económicos y políticos por los contenidos de obligaciones, responsabilidades y decisiones que contienen. Una realidad que está presente cada día, con mayor fuerza para hacerse innegable e ineludible. Los acelerados cambios demográficos, que se traducen en la vida familiar, en la consistencia y garantía de redes parentales, sociales, vecinales e institucionales para el cuidado y auto cuidado de las personas que diariamente envejecen y con su proyección certera de ser viejas, ponen el lente al Estado y la Sociedad ante el compromiso de una vida digna y de construir una conciencia sobre el vivir, la finitud de la vida y el compromiso de su continuidad.
“La vejez es experimentar, adquirir sabiduría, amar y perder, y estar más cómodos en la propia piel, por mucho que se torne ajada. La vejez es muchas otras cosas. Para muchas personas tendrá que ver con los remordimientos, la preocupación, la acumulación de objetos y la necesidad. También puede tener que ver con el voluntariado, la comprensión, la guía, el redescubrimiento, el perdón y, cada vez con más frecuencia, el olvido” (Nussbaum y Levmore, 2017:11).
Agradecimientos
Este estudio se llevó a cabo gracias al patrocinio de Colciencias y el Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia.
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Capítulo 2
Envejecimiento en un grupo de académicas del Instituto Politécnico Nacional (IPN)
Guadalupe Estela Zavala Pérez
Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud Milpa Alta
Instituto Politécnico Nacional
Gloria Berenice Rodríguez Belmonte
Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud Milpa Alta
Instituto Politécnico Nacional
María Fernanda Guerrero Zavala
Escuela Nacional de Antropología e Historia
Introducción
En las últimas décadas se vive una transición demográfica como consecuencia del crecimiento de la población de 60 años y más, resultado del aumento en la esperanza de vida, el descenso en la tasa de mortalidad y de fecundidad. El envejecimiento demográfico involucra un cambio en la estructura por edad que se expresa en un aumento de las personas en edad avanzada. En el 2012 de acuerdo con el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés) reportó que el 11.5% de la población mundial corresponde a este grupo etario, mientras que en las regiones más desarrolladas llega a ser de 22.6% y sus proyecciones indican que para el 2050 uno de cada cinco habitantes en el planeta (21.2%) tendrá 60 años y más y en las regiones menos desarrolladas será de 19.5%, es decir, casi el nivel que actualmente se observa en las regiones más desarrolladas, en éstas, una de cada tres personas (32%) será un adulto mayor. En México, la tendencia actual de envejecimiento poblacional apunta que para el 2030 habrá 15.3 millones de mexicanos mayores de 65 años (INEGI, 2013).
El proceso de envejecimiento tiene un orden jerárquico establecido por los niveles de organización celular, tisular, orgánico y sistémico, entre otros, que conlleva a un envejecimiento estructural y funcional, visión eminentemente biologicista, sin embargo, este proceso está en interacción con aspectos socioculturales y psicológicos, lo que permite pensar que el envejecimiento va más allá de la perspectiva anatómica y/o fisiológica (García, 2012). La industrialización y la modernización han impactado en la forma en que la sociedad mira a este grupo asignándole sentido de desvalorización y discriminación por su deterioro físico, mental y social, viviendo en abandono y con sentimientos de soledad, condición que ha sido naturalizada socioculturalmente. Esta condición puede variar en el caso de las mujeres académicas trabajadoras ya que generan diversas expectativas frente a la construcción de su vejez asociada a la jubilación.
Es importante resaltar que el término “vieja o viejo” es una categoría sociocultural cuyo significado es cambiante en su historicidad, de esta manera se ha decidido utilizar en esta investigación el término de mujeres mayores, para eliminar cualquier clase de connotación negativa que reafirme el temor a la vejez, a la enfermedad, a la soledad y a la muerte. De acuerdo con Osorio (2006), al referirnos a envejecimiento resulta inevitable ligarlo al círculo de vida en el cual se denomina “viejos y viejas” en función de cómo se ha vivido en el sentido de “hacerse así mismo”, es decir, que el sujeto se va apropiando de los cambios, significados y experiencias de la vida cotidiana que conforman su trayectoria de vida. Con base en lo anterior, surge el interés en conocer cómo ha impactado la trayectoria académica y laboral en las mujeres trabajadoras politécnicas en la construcción de su vejez a más de 30 años de servicio.
El acceso de las mujeres a la ciencia ha sido un camino difícil de conquistar, fundamentalmente antes de finales del siglo XIX; sin embargo, a pesar de las prohibiciones que tuvieron para su acceso a las universidades, es innegable que han participado en la transferencia y construcción del conocimiento científico y tecnológico, ya que son poseedoras del saber, un saber de vida y para la vida, un saber que pocas veces ha sido reconocido por la ciencia oficial (Solsona, 2003), la ciencia está tradicionalmente ubicada en el ámbito androgénico y por tanto son los hombres los que “hacen y estudian ciencia”; en México, la incorporación de las mujeres al campo de la ciencia y la tecnología se fortalece en 1936 con la creación del Instituto Politécnico Nacional donde se privilegia la coeducación (Ballarín, 1993). El ingreso de las mujeres a las Instituciones de Educación Superior (IES) representa un capital académico expresado en conocimientos, habilidades, destrezas y valores en las tareas de docencia, investigación, y difusión del conocimiento. A pesar de esto, las mujeres han tardado en ocupar cargos de decisión en el campo laboral debido a las desigualdades, jerarquías, y por tanto, relaciones de poder, producto de un largo proceso histórico de construcción social (Scott, 2000); adicionalmente, algunas mujeres perciben una barrera invisible en la carrera laboral difícil de atravesar, que les impide seguir avanzando profesionalmente, constructo sociocultural, al que Burín (2003) denominó “techo de cristal” en el siglo XX. El ingreso de las mujeres a las IES no aseguró su individualidad y autonomía, al quedar inscritas bajo el tutelaje de los hombres, y por tanto, subordinadas tanto en el ámbito público como en el privado, perpetuándose en el imaginario social el sistema mujer-hogar-privada, hombre-trabajo-público; es hacia los años 70 del siglo pasado, con el movimiento de la mujeres en la búsqueda al reconocimiento de sus derechos universales que van logrando alejarse del tutelaje de los hombres, basando su autoestima en su autonomía e independencia (Fernández, 1993).
Contexto
La investigación se realizó en el Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud-Unidad Milpa Alta (CICS-UMA) unidad académica del área médico-biológica perteneciente al Instituto Politécnico Nacional el cual se crea por decreto presidencial en la década de los 70 del siglo XX ofertando seis programas académicos: Enfermería, Medicina, Nutrición, Optometría, Odontología y Trabajo Social, asignándole 700 hectáreas en el kilómetro 39 de la carretera Xochimilco-Oaxtepec en los linderos de los estados de México, Morelos y Ciudad de México (el Distrito Federal) con el propósito de descentralizar la educación superior. El horario de trabajo sería de las 8:00 a las 14:00 horas. Su estructura curricular se sustentó en un Sistema de Enseñanza Modular para superar la falta de integración de las tres actividades sustanciales: investigación, docencia y servicio, para abordar los problemas concretos de la comunidad. El profesorado sería guía y facilitador del proceso enseñanza-aprendizaje, integral e interdisciplinario, razón por la cual el profesorado recibió una formación y/o actualización docente. Este centro representó una fuente de trabajo para jóvenes recién egresados de universidades, que vieron en él una oportunidad de desarrollo profesional y personal obteniendo desde su ingreso tiempo completo y exclusivo en una institución de vanguardia en materia de salud (IPN, 1979). La presente investigación, con perspectiva de género, es producto del interés por explorar la experiencia del envejecimiento de un grupo de mujeres académicas de 60 años y más, con una antigüedad laboral de más de 30 años en el CICS-UMA. La pregunta que guía es: ¿Por qué las académicas de 60 años y más no se han jubilado?
Objetivo general
Analizar la construcción social del envejecimiento-jubilación de las académicas mayores de 60 años del CICS-MA.
Metodología
Debido a la complejidad del sujeto/objeto de estudio recurrimos al uso de la metodología exploratoria mixta. Aplicamos una encuesta para obtener datos sociodemográficos, solicitamos información al Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) para conocer las condiciones académico-administrativas y tener una “radiografía” de las académicas (García de León, 2001). Realizamos una entrevista guiada para conocer su historia de vida (Bock, 2005), éstas permitieron la articulación de datos cuantitativos y cualitativos, para construir categorías de análisis. El universo de estudio fue de 12 académicas de 60 años o más con una antigüedad mayor a 30 años de servicio en el IPN.
La primera parte del estudio descansa en una serie de datos duros resultado de una encuesta aplicada a toda la planta docente del CICS-UMA, complementada con datos emitidos por el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI, 2014) a partir de éstos seleccionamos al universo de estudio para las entrevistas. La segunda parte del estudio consistió en entrevistas guiadas que fueron grabadas y transcritas para descubrir la vida cotidiana y extraer los que parece invisible y hacerlo documentable (Calvo, 1990; Geertz, 1997). Con el propósito de cuidar rigurosamente los aspectos éticos de esta investigación las participantes fueron informadas sobre la naturaleza del estudio (consentimiento informado), aclarando que se trataba de un proyecto de investigación y garantizando que la información obtenida sería absolutamente confidencial y usada para fines estrictamente de investigación, omitiendo los nombres para guardar el anonimato sustituyéndolos por siglas, edad de las participantes y número de entrevista.
Resultados
Las 12 académicas nacieron en la década de los 50, en la posguerra, egresaron de escuelas de prestigio del IPN como la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y la Escuela Superior de Medicina, así como de la Facultad de Ciencias de la UNAM, ingresaron al CICS-UMA en la década de los 70, siendo desde entonces su único trabajo, fueron tuteladas por los fundadores del centro para formarse como profesionales de la educación superior logrando tiempo completo, máxima categoría, condición que les favoreció para realizar estudios de posgrado y su ingreso al sistema de becas.
Cuadro 1. Datos Académico-Administrativos-Sociodemográficos de las académicas del CICS-UMA.

Fuente. Encuesta-Datos del INAI 2014. Sueldo mensual corresponde al concepto 07; Entrevista guiada 2014 y datos del INAI 2014.
En la actualidad cuentan con 60 años o más y han laborado en este centro por más de 30 años, en general son reconocidas por pares, estudiantes y autoridades. La edad cronológica promedio de este grupo de académicas es de 63 años, el 85% residen en la Ciudad de México, realizaron estudios de posgrado en dos periodos un grupo inmediatamente después de la licenciatura y el otro cuando terminaron con la crianza de sus hijos/as o bien cuando quedaron viudas o divorciadas, la mayoría se casaron con compañeros de trabajo cuando éstos ocupaban cargos administrativos como jefes de departamento o subdirectores, datos de la entrevista, todas son becarias y realizan actividades de docencia e investigación, en cuanto a su estado de salud, el principal padecimiento es dolor en articulaciones de la columna vertebral, cadera y extremidades inferiores (Véase Cuadro 1).
Categoría de Análisis. Narraciones
Pasión o adicción por el trabajo académico
“A mí me ofrecían trabajo en la superior de medicina… pero cuando ingresé a esta escuela me enamoré del proyecto CICS y me dije… eso es lo que yo quiero hacer… dar clases, ir a las comunidades y a los hospitales y no dudé en aceptar quedarme a trabajar en el CICS” (MM1, 68).
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