Kitabı oku: «La cocina de Daksha»

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Dedico este libro a Sri Prabhupada y a sus discípulos, quienes fueron y son mi inspiración constante y me han enseñado y me siguen enseñando.

A mi amada mamá y a mi abuela, quienes inculcaron en mí el amor por la cocina desde mi infancia.

A mis mejores comensales, mis hijos, Gopal y Sundari.

Y a mi esposo, Muktinath.


“Cocinar, para mí, es como meditar. Cuando mezclo y salteo mis especias, me siento la persona más afortunada del mundo. Mientras corto los vegetales, escucho mantras. Elijo con cuidado cada ingrediente, lo huelo; pienso en las personas para las que estoy cocinando, las tengo en mi mente, recuerdo sus gustos… Disfruto desde lo más simple, hasta lo más exótico. Es una práctica sagrada”.

Prólogo

Si bien en este libro encontrarán recetas únicas y sabores asombrosos, me gustaría invitarlos a llevar su experiencia a niveles más profundos de lo que se ve en los primeros planos de la obra. Además de la excelencia de los ingredientes, de la perfección de la técnica o de la fina combinación de sabores y aromas, diría que uno de los elementos más importantes —por no decir el más— de La cocina de Daksha, es todo aquello que no se ve, que se siente.

Podríamos hacer un estudio genealógico de las preparaciones de Daksha, ya que cada una de ellas surge esencialmente de un anhelo que cruza el mundo físico de la gastronomía para llegar al mundo metafísico de seres individuales y colectivos, tales como una persona, una familia o, en este caso, ustedes, un enorme y heterogéneo grupo de lectores. Recetas que han llegado al extranjero (en manos de ella misma, cocinando para incontables personalidades internacionales, o a través del gran número de estudiantes de distintas partes del mundo) encuentran su origen en la improvisación de un almuerzo de verano en familia, para apresurar la ida a la playa. Recetas que nacieron hace miles de años en culturas antiguas como la india o la de nuestros antepasados, llegan hoy a cientos de miles de personas (en este libro, en sus clases, en sus entregas diarias de comidas), honradas e intervenidas por el extraordinario talento de Daksha y por el respeto fiel a sus maestros, a sus ancestros y a las historias que esas preparaciones traen consigo.

Recetas que nacieron hace miles de años en culturas antiguas llegan hoy a cientos de miles de personas honradas e intervenidas por el extraordinario talento de Daksha y por el respeto fiel a sus maestros, a sus ancestros y a las historias que esas preparaciones traen consigo.

El espíritu de La cocina de Daksha está puesto en despertar, con el despliegue culinario como canal impulsor, ciertos aspectos del Ser habitualmente adormecidos, considerados campo de estudio de otras disciplinas, tales como la filosofía, la religión o las diversas ciencias de la autorrealización. Utilizar la cultura de la alimentación como base para cualquier camino evolutivo es uno de los puntos centrales de este libro.

Existe un vínculo directo, si bien poco comprendido, entre el mundo físico (externo) y el metafísico (interno). Creemos que desde una base armónica y consciente sobre qué nos hace quienes somos (qué comemos, cómo nos expresamos, cómo pensamos, dónde y de qué forma vivimos, etc.) podemos escalar hacia los planos más complejos del Ser (emociones como la empatía o la plenitud, las realizaciones del espíritu) también de manera armónica, consciente y positiva. La famosa frase “Somos lo que comemos” no es nada inocente en este contexto, ya que si consideramos el alimento como el ingrediente básico de nuestro desarrollo y crecimiento, podemos asegurar que mientras más puro y de mejor calidad sea este ingrediente, más puros y de mejor calidad podrán ser sus productos finales; nuestro desarrollo, nuestro crecimiento y nuestra vida.

Si consideramos el alimento como el ingrediente básico de nuestro desarrollo y crecimiento, podemos asegurar que mientras más puro y de mejor calidad sea este ingrediente, más puros y de mejor calidad podrán ser sus productos finales; nuestro desarrollo, nuestro crecimiento y nuestra vida.

Las verdades axiomáticas de las ciencias duras son cada año más blandas y los conceptos aún regentes sobre las moralidades de los últimos siglos están cada día más alejados de las necesidades esenciales de los seres vivos de este planeta. Tenemos la maravillosa oportunidad de cambiar de paradigma, de cultivar juntos las facultades elevadas y profundas del Ser y de ayudar a nuestros entornos —pequeños y gigantes— a conectarse con su verdadera Esencia.

En los bosques californianos, por medio de la observación de los árboles más altos y antiguos del mundo, se ha descubierto que la principal causa de la supervivencia de estos especímenes centenarios —que resisten tormentas y movimientos sísmicos— es que todas sus raíces se encuentran entrelazadas y fusionadas entre sí, generando un escudo y apoyo compartido ante las inclemencias de la Naturaleza. De forma similar, si logramos unificar nuestras raíces en lo esencial, no habrá catástrofes que puedan atentar contra el avance de nuestra Conciencia colectiva. Si nutrimos nuestras raíces y éstas son profundas, nuestro tronco será firme y seguro, nuestras ramas serán altas y sanas, y nuestros frutos serán dulces y maduros.

Le agradezco a Daksha, mi madre, y a Mukti, mi padre, haberme dado la vida, haberme inculcado la importancia de las raíces, de la Conciencia, del alimento, del trabajo, del respeto, de la excelencia y de siempre desarrollar un camino espiritual hacia adelante. Ellos me han enseñado a sentir empatía por todos los seres vivos que me rodean, humanos o no, y a actuar partiendo de esa empatía. Agradezco a todos los maestros espirituales de mis padres, por guiarlos a ellos por los caminos profundos del Alma, por haberles inspirado a dar solo lo mejor, y por inspirarme a mí a seguir sus huellas, en esta gran misión de transformar el mundo tal y como lo conocemos.

Les propongo, entonces, abordar este libro y su aprendizaje con su conciencia puesta en este desarrollo, en este puente entre el mundo que se ve y el mundo que se siente.

Nos encontramos en un momento crucial de la Humanidad, en el que es cada vez más evidente el desequilibrio entre estos dos mundos y el verdadero camino hacia el equilibrio se debe comenzar desde adentro, desde la raíz. Daksha nos regala, a través de estas recetas, sus vivencias más íntimas, y sus más profundos deseos de un mundo mejor, para que cada uno pueda, a su vez, compartir con los suyos, potenciando así la evolución del Ser Humano en el planeta Tierra.


Gopal Guevara Delgado,

hijo de Daksha

Buenos Aires, 28 de agosto de 2020

Con la intención
de servir

Cocinar, para mí, es como meditar. Cuando mezclo y salteo mis especias, me siento la persona más afortunada del mundo. Mientras corto los vegetales, escucho mantras. Elijo con cuidado cada ingrediente, lo huelo; pienso en las personas para las que estoy cocinando, las tengo en mi mente, recuerdo sus gustos… Disfruto desde lo más simple, hasta lo más exótico. Es una práctica sagrada. El tiempo que dedico es un regalo para los demás y para mí misma. Y no me aburro jamás.

Daksha es el nombre que me dio mi maestro espiritual cuando me uní al movimiento Hare Krishna. El nombre de pila que me dieron mis padres es Daniela. Me volví vegetariana en 1985. En esa época, en Montevideo, no era lo común. ¡Para nada! “¿Y qué comes? —preguntaban mis amigos—, ¿lechuga, zanahoria?”. Por entonces yo trataba de convencerlos. Con los años, fui comprendiendo que cada quien tiene su propio camino, y que mi misión es simplemente mostrar que se puede ser vegetariano y comer delicioso.

Mis abuelos eran eslovenos. Cuando inmigraron a Uruguay, se instalaron en un balneario cerca de Montevideo. Tenían ahí una huerta, la que con mucho trabajo de mi abuelo, Kazi, producía bastante como para cocinar cada día para las tres nietas cuando nos quedábamos de visita mis hermanas y yo. Nuestra abuela, Krista, nos llevaba al bosque a cosechar hongos; nos mandaba a traerle frutas y verduras de la huerta, a juntar uvas del parral, a ir a unas cuadras a buscar leche fresca. Todo eso se volvía desayunos, almuerzos, meriendas, cenas, mermeladas, licores. El amor y la dedicación por la cocina se lo pasó mi abuela a mi mamá, Silvia.

Con los años, fui comprendiendo que cada quien tiene su propio camino, y que mi misión es simplemente mostrar que se puede ser vegetariano y comer delicioso.


En nuestra casa en Montevideo no teníamos huerta, pero los sábados y domingos, a un par de cuadras, se instalaba una feria itinerante de productores. Íbamos temprano con mamá y ella organizaba la compra para toda la semana. Desde chica estuve en contacto con la tierra y sus dones, los colecté y los cargué, y miré de cerca las manos de mi abuela y de mi madre cocinándolos. A los diez años empecé a animarme y esperaba a que mamá volviera del trabajo preparándole una receta de alguno de los libros que teníamos. De ellas dos aprendí a ver detalles, a ser ordenada, dedicada y creativa. Agradezco muchísimo haberlas tenido en mi vida.

A los diecinueve, como ya conté, me volví vegetariana, y un poco más: me uní al movimiento Hare Krishna. En el templo de Montevideo primero, y después en el de Buenos Aires, comprendí que la cocina es sagrada, que por ser el lugar desde donde se nutre y se sirve a los demás, debe ser tratada con la limpieza, el respeto y el amor de un altar. ¡Nada más coincidente con lo que yo ya venía sospechando!

Luego me casé y seguí cocinando. Cuando mis hijos eran chiquitos, pasaba horas intercambiando recetas por teléfono con mi amiga Padma y con mi preciosa mamá, que no era vegetariana pero casi, y me llamaba entusiasmada para compartir las combinaciones que había descubierto.

Cocinar y servir son casi el mismo gesto. Y todo servicio (seva, en sánscrito) es una meditación, un acto de amor y de purificación.

Cocinar y servir son casi el mismo gesto. Y todo servicio (seva, en sánscrito) es una meditación, un acto de amor y de purificación. Se cierra un círculo cuando disponemos de todo lo que Krishna y su Naturaleza nos dan, y —luego de nuestra modesta intervención— lo ofrecemos y agradecemos de vuelta a Dios.

Algo en lo que siempre me inspiro y medito es en el hecho de que todos buscamos y anhelamos las preparaciones de nuestras abuelas. Si bien es cierto que muchas hacían gala de una gran técnica, otras simplemente cocinaban con lo que tenían, entonces, ¿cuál era ese ingrediente que hacía que sus platos fueran tan especiales? El amor. Por eso en mis clases siempre recomiendo que creemos lindos momentos para nutrirnos y nutrir a otros, que usemos buenos productos, pero sobre todo que busquemos dentro de nosotros ese amor que todos tenemos: es el gran ingrediente fundamental que no se puede comprar en ninguna tienda.

El maestro Srila Prabhupada, viajó desde la India en los años sesenta y enseñó que un servicio muy íntimo a Dios es cocinar esmeradamente y con devoción, con el fin de agradecerle y complacerlo. Pero no solo transmitió este concepto, sino que él en persona enseñó numerosas recetas tradicionales indias: chapatis, dhal, vegetales con especias, kichari, dulces con ingredientes rarísimos para Occidente en esa época. De los discípulos de Srila Prabhupada, de mis viajes a la India, de mi insistencia por servir en las cocinas y en los altares de los templos, de mis escapadas para charlar en idioma cocina con alguna abuelita de allá, fui formando en mí una fusión de estilos y un manual mental de secretitos y recursos que me acompañan hasta hoy y que tengo la fortuna de seguir compartiendo desde mi actual espacio, La cocina de Daksha, un lugar maravilloso, rodeado de plantas y flores cerca del Delta del Tigre, en Buenos Aires.

Aprendí y aprendo de tantas personas, que este libro es un intento de saldar esa deuda de amor con todas ellas, enseñando recetas, sí, pero también queriendo transmitir ese sentimiento profundo y feliz de cocinar y servir con agradecimiento y devoción.

No son trucos; prefiero la palabra tips. Se trata de rutinas que hacen a la esencia de mi manera de cocinar y algunos secretitos que fui descubriendo con la práctica cotidiana a lo largo de los años.




El salteado de especias

Siempre salteo primero las especias y luego agrego las verduras, el arroz o lo que vaya a preparar. Es una práctica bien característica de la India que aprendí en el templo. La combinación de ghi y especias para mí es la mejor, aunque también se puede usar aceite.

¿Cómo lo hago? Caliento el ghi a fuego suave y coloco las especias. Primero, las de grano y luego las que son en polvo. Las salteo durante unos segundos: literalmente ese tiempo; si se dejan más, se queman y el sabor obviamente se arruina. Las revuelvo un poquito y enseguida incorporo el resto de la preparación.

Algo importante: antes de empezar, me aseguro de tener cerquita todas las variedades que voy a necesitar, para no tener que ir a buscar alguna y que en ese momento se me quemen las demás.



Las frituras sequitas

Algunas preparaciones de este libro son fritas. Yo utilizo ghi o aceite de coco.

Tengo un tip para que las frituras absorban menos grasa, queden cocidas por dentro y crocantes por fuera. Ahí va:

Coloco la porción de preparación en la sartén con el ghi caliente, con el fuego fuerte. La dejo durante cinco minutos, para que se selle. Luego, bajo el fuego para que la cocción siga por tres minutos más y, finalmente, lo vuelvo a subir, para terminar con un minuto a fuego fuerte.

Los tiempos pueden variar según la preparación que estemos friendo. Lo fundamental es el cambio en la intensidad del fuego.



Buenas ollas

Es importante tener una olla que cierre bien, por ejemplo, para cocinar el arroz. No hace falta que sea especial o hermética, sino que no se escape el vapor, porque ese vapor es parte de la cocción.

También conviene tener un wok: es ancho y profundo y permite cocinar un salteado rápidamente, sin que los vegetales pierdan su color.



El ambiente agradable

La cocina tiene que estar limpia, ordenada. Si alguien nos ayuda, genial. La música es una gran aliada: yo escucho mantras, pero también puede ser música clásica, o la que prefiramos.



La actitud consciente

Me gusta hablar de la conciencia a la hora de cocinar, porque nos nutrimos no solo de los ingredientes, sino también de los estados de ánimo. El mejor ingrediente servido con mal humor no nos va a caer bien.

Por eso, hay que entrar a la cocina con una actitud linda, predisponernos con buena energía para esta tarea que requiere gran responsabilidad: lo que estamos preparando va a formar parte de nuestros cuerpos.



Agradecer

Siempre, antes de servir, llevo mi plato al altar, lo ofrezco a Krishna y agradezco.

Estas preparaciones son la base de casi todas mis recetas. Si bien se trata de productos disponibles en las tiendas, siempre recomiendo hacerlos en casa: son mucho más ricos y nutritivos.




Ghi: manteca clarificada

¡Soy tan apegada al ghi! En la India, lo llaman oro líquido: como es inflamable, en las ceremonias védicas se utiliza para encender los fuegos. Será por eso que su perfume me emociona… Mirarlo, olerlo, contemplar la mezcla con las especias, me transporta a un lugar sagrado.

Todo lo que se cocina con ghi queda increíble. Además, tiene muchas propiedades, por eso la medicina ayurveda lo utiliza como remedio. Algunos sanadores recomiendan prepararlo horas antes de la luna llena.

¿Cómo lo hago? Antes de empezar, me ocupo de que mi cocina esté limpia y ordenada. Y también tengo presente que cuanto más linda esté mi conciencia, mejor resultará el ghi. No hay ningún secreto, pero sí una clave: no apurarlo.


Para tener en cuenta

Esta receta lleva entre cuatro y seis horas por kilo de preparación.



Manteca

1 kilo



Derrito la manteca en una olla y dejo que hierva a fuego fuerte durante 15 minutos, revolviendo siempre con una cuchara de madera.


Luego, bajo el fuego al mínimo. (Se pueden colocar dos ladrillos entre la olla y la hornalla de manera que el calor llegue más suavemente). El objetivo es que la humedad de la manteca se vaya evaporando y los sólidos comiencen a separarse. Por lo general, los sólidos se van al fondo, donde se tuestan; algunos suben a la superficie y los quito con una espumadera.


El ghi está listo cuando se vuelve totalmente transparente, color ámbar y con un aroma muy atractivo a avellanas o nueces tostadas. Debemos poder ver el fondo de la olla.


—

Cuelo el ghi lentamente en un colador con un poco de algodón en su interior. (Cuando utilizo manteca orgánica, uso los sólidos que quedan en el algodón para preparar pan o tortas; de lo contrario, los desecho).


—

Cada vez que cocino, lo vuelvo a colar para eliminar cualquier partícula que hubiera podido quedar. Es importante cuidar que no se queme.

—


Cómo se conserva

El ghi dura seis meses y, si está bien hecho –sin nada de humedad, ni restos sólidos–, no es necesario guardarlo en la heladera.



Dahi: yogur casero

Para hacerlo por primera vez, utilizo un buen yogur orgánico. Luego, separo una taza de dahi recién hecho y la reservo en la heladera para preparar más. Dura cuatro días para tomarlo y hasta siete para cocinar.


Para tener en cuenta

Se prepara en diez minutos. Lleva entre cinco y siete horas de reposo.



Leche

1 litro

Yogur natural

1 taza



Caliento la leche (no la hiervo, pero se puede).

—

Retiro del fuego y dejo que comience a enfriarse.

—

Para saber cuál es la temperatura correcta, introduzco un dedo en la leche y cuento diez segundos. Si quema, hay que esperar. Si no quema, pero se siente la temperatura, la leche está lista. Hasta adquirir práctica, hay que repetir el procedimiento varias veces. El dedo tiene que resistir la temperatura de la leche, pero no debe estar fría.


Añado el yogur a la leche y mezclo bien.


Una variante

Si quiero lograr yogur más espeso, agrego al litro de leche una taza de leche en polvo y la mezclo bien con el batidor. En ese caso, vuelvo a verificar la temperatura, que baja con el agregado de la leche en polvo.


Dejo reposar tapado, entre cinco y siete horas.

—

En verano, es suficiente dejar la olla sobre la mesada. En invierno, hay que calentar el horno y apagarlo, y poner la olla adentro, cubierta con dos repasadores, durante siete horas.

—

Pasado el tiempo indicado, descubro el yogur.


Además de consumirlo directamente, lo utilizo en postres, bebidas y en platos salados, por eso no agrego azúcar a la preparación.

—



Panir: queso indio

El panir es queso fresco hecho en casa, obtenido de la mezcla de leche caliente y algún agente de cuajada, como limón, yogur o ácido cítrico. Si bien se puede reemplazar por la ricota, su sabor es incomparable.

Aprendí a hacerlo en el templo Hare Krishna, donde los domingos se sirven muchas preparaciones de manera gratuita. Allí se cocina en ollas inmensas, con cincuenta litros de leche. Es muy sencillo, pero hay algunos secretos que quiero compartir.

Con jugo de limón


Leche

1 litro

Jugo de limón

2 cdas., aproximadamente



—

Caliento la leche en una olla a fuego moderado.

—

Cuando llega al punto de hervor, comienzo a agregar, poco a poco, una cucharada de jugo de limón.

—

Espero que la leche hierva nuevamente.

—

Agrego lentamente otro poco de jugo, media cucharada más, y dejo que la leche vuelva a hervir (este proceso es muy importante).


—

En el momento del hervor, hay que observar si la leche se corta, es decir, si se cuaja y queda por un lado el suero de color verde amarillento pero bien traslúcido, y por otro el panir. Si eso no sucede, agrego limón de a poquito hasta lograrlo.

—

Es muy importante agregar el jugo de limón lentamente y no pasarse, porque si se utiliza demasiado jugo, la parte sólida queda sin volumen, formada por pequeñas islitas, y no sirve para todas las preparaciones.


Una vez cuajada la leche, la cuelo con un lienzo (que coloco sobre un colador grande) y dejo escurrir todo el suero.

—

A base de leche en polvo


Agua

1 ½ litro

Leche en polvo entera

400 gramos

Jugo de limón

2 cdas.


Pongo a calentar el agua en una olla grande, para que la preparación no se desborde al hervir.

—

Cuando llega al punto de ebullición, agrego la leche en polvo revolviendo bien con un batidor manual.

—

Bajo un poco el fuego y, a diferencia de cuando uso leche líquida, enseguida agrego el jugo de limón poco a poco. (No se espera a que hierva porque la leche en polvo es más espesa y puede quemarse).

—

La ventaja de utilizar leche en polvo es que obtenemos más cantidad de panir y en menos tiempo.

—

Una vez que se cuaja la leche, cuelo el panir.

—

Cortado con yogur

El yogur es el mejor cuajante. El único inconveniente es que resulta más caro y trabajoso, pero vale la pena. Si vamos a preparar panir para prensarlo y freírlo, lo más indicado es utilizar yogur para que quede bien esponjoso.


Leche

2 litros

Yogur

2 tazas


En una olla, pongo a calentar la leche.

—

Cuando hierve, agrego poco a poco el yogur y revuelvo todo el tiempo hasta que se cuaje.

—

Luego, cuelo con un liencillo.

—

Cómo prensarlo


Una vez que cuelo con el liencillo, lo cierro por arriba, oprimiendo bien el panir.


Coloco algo pesado encima: yo utilizo una tabla de picar con una olla llena de agua arriba.

—

Es importante centrar bien el bollo de panir para que el peso sea parejo y se prense bien.


Luego de por lo menos una hora, descubro el panir y lo corto en cubos.

—

En la heladera, dura tres o cuatro días.

—


Nada se tira

El suero se puede utilizar en sopas o como agregado en preparaciones vegetales.


Seitán

Es el gluten del trigo. Tiene una textura contundente, por eso es conocido como la carne vegetal.


Para tener en cuenta

Lleva más de seis horas entre reposo y preparación.



Harina integral

3 kilos

Agua

1 litro y medio

Alga kombu

una tira pequeña



Hago una masa con la harina y el agua. Amaso bien.


La coloco en un recipiente grande y la cubro con agua.


Dejo en reposo tres horas.


Luego empiezo a moverla y amasarla dentro del agua.


Voy tirando el agua que se torna blanca.


Vuelvo a cubrir con agua limpia y repito el proceso hasta que el agua queda transparente. Es como lavar la masa varias veces.


La masa va a resumirse a una tercera parte y se va poner pegajosa.


La envuelvo en un paño finito tipo lienzo y hago un nudo para que no se abra.

—

La coloco en una olla. Cubro con agua.


—

Agrego la tira de alga.

—

Dejo hervir por tres horas.


—

Apago el fuego y dejo enfriar dentro del agua.


—

Cuando se enfría, está listo para utilizar. Sirve para hacer milanesas y samosas.

—


Cómo lo conservo

En la heladera, cubierto con agua, dura siete días como mínimo.


Gomasio

Aprendí a hacerlo hace más de veinte años, cuando conocí la macrobiótica y la practiqué durante un tiempo.


Sésamo integral

20 cdas.

Sal marina

1 cda.



Primero, pongo a dorar el sésamo solo, a fuego moderado.


Aparte, tuesto la sal marina.


Después, muelo todo junto en un molinillo de café o en un mortero.


Cómo lo conservo

En un frasco de vidrio a temperatura ambiente.

En los templos, en la calle y en las viviendas de la India, la comida se ofrece y se toma con la mano derecha. Así, el cuerpo comienza a relacionarse con el alimento mucho antes de que este llegue a la boca: desde la yema de los dedos.

Cada año, visito el templo de Iskcon Krishna Balarama, en Vrindavan. Allí, todas las tardes, me gusta comprarme una bandejita de maha prasadam: las preparaciones hechas especialmente para la Deidad, que se sirven sobre un platito de hojas, con un curry y un puri, que es un pancito chato frito en ghi. Me siento en una escalinata grande que hay allí y como esa bandejita con las manos. ¡Es mi cena de lujo!

Para traerles un poquito de esa experiencia, les propongo que agasajen a sus familias y amigos con estas preparaciones que son ideales para comer con la mano.



Bolitas
de lentejas
y sésamo



Lentejas bien cocidas

2 tazas

Tomates secos

1 taza

Harina de garbanzos bien finita

½ taza o un poquito más

Gomasio

8 cdas.

Sésamo integral

2 cdas.

Perejil fresco picado

2 cdas.

Pimentón

1 cdta.

Sal

½ cdta.


Hidrato los tomates en agua caliente durante quince minutos.

—

Los cuelo y los proceso hasta obtener una pasta.

—

Por otro lado, proceso las lentejas.

—

Junto las dos pastas en un bol, agrego los demás ingredientes y mezclo hasta formar una masa homogénea.

—

Armo bolitas de unos tres centímetros de diámetro. Es importante que queden bien compactas y no se desarmen. Si se desarman, agrego un poquito más de harina de garbanzos.

—

Las frío en ghi o en aceite de coco durante ocho o diez minutos. La mitad del tiempo a fuego fuerte y luego más bajo.

—


Muy nutritivas

Además de ser fáciles de hacer, son ricas en proteína y completan cualquier comida.


Mini croquetas
de acelga y
arroz yamaní



Arroz yamaní cocido

2 tazas

Panir o ricota casera

½ taza

Acelga blanqueada escurrida y picada

½ taza

Queso parmesano

4 cdas.

Semillas de girasol tostadas y molidas

4 cdas.

Fécula de maíz

6 cdas.

Nuez moscada

½ cdta.

Pimienta negra

a gusto


Ubico la acelga en un bol amplio y voy agregando el resto de los ingredientes.

—

Mezclo bien y armo bolitas pequeñas con las manos. Las aplasto un poquito para darles forma de croqueta.

—

Las cocino en una sartén con apenas un poquito de ghi (puede ser aceite, pero el ghi aporta un sabor muy especial), de un lado y del otro, hasta que se doren.

—


Pizzetas de mijo
Masa



Mijo pelado

½ taza

Agua

1 ½ taza

Gomasio

2 cdas.

Fécula de maíz

2 cdas.

Perejil fresco picado

1 cda.


Lavo bien el mijo en una ollita. Lo cubro con el agua y llevo a fuego mediano.

—

Remuevo un poco de vez en cuando para que no se pegue en el fondo.

—

Una vez que rompe el hervor, bajo el fuego y tapo la olla. Lo dejo hasta que se haya evaporado el líquido (treinta o cuarenta minutos) y los granos estén bien cocidos.

—

Dejo enfriar.

—

Cuando el mijo está frío, incorporo el gomasio, la fécula y el perejil, y mezclo con las manos hasta obtener una masa.

—

Formo diez bolitas con la masa. Las aplano para que queden finitas, con la ayuda de un film o separadores.

—

Llevo al horno en una placa aceitada hasta que se doren un poquito abajo.

—

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Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
27 mart 2025
Hacim:
225 s. 243 illüstrasyon
ISBN:
9789500211697
Telif hakkı:
Bookwire
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