Kitabı oku: «Ciudad ocupada»

Yazı tipi:

CIUDAD OCUPADA


SENSIBLES A LAS LETRAS, 79

Título original: Occupied City

Primera edición en Hoja de Lata: febrero del 2022

© David Peace, 2009

Published by arrangement with Casanovas & Lynch Literary Agency S. L.

© de la traducción: Javier Calvo Perales, cedida por Penguin Random House Grupo Editorial

S. A. U.

© de la presente edición: Hoja de Lata Editorial S. L., 2021

Hoja de Lata Editorial S. L.

Avda. Galicia, 21, 4.º E, 33212 Xixón, Asturies [España]

info@hojadelata.net / www.hojadelata.net

Edición: Hoja de Lata Editorial S. L.

Corrección: Hoja de Lata Editorial S. L.

Diseño de la colección: Trabayadores culturales Glayíu

ISBN: 978-84-18918-25-4

Producción del ePub: booqlab

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo las excepciones previstas por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

A mi madre

ÍNDICE

Ciudad Ocupada

La primera vela.

El testimonio de las víctimas del llanto

La segunda vela.

Testimonio Cuaderno de un detective, H.

La tercera vela.

El testimonio de una superviviente

La cuarta vela.

Las cartas (sin reclamar) de un americano

La quinta vela.

Las maldiciones y los conjuros del Hombre del Templo

La sexta vela.

Los relatos de un periodista

La séptima vela.

Exhortaciones de un soldado, gángster, hombre de negocios y político

La octava vela.

El diario-mártir de un Homo Sovieticus

La novena vela.

Las treinta y seis heridas de un segundo detective, N.

La décima vela.

Las protestas, denegaciones y confesiones del acusado, convicto y condenado en su celda, ¿como realmente sucedió?

La undécima vela.

Las últimas palabras del Asesino de Teikoku, o una historia personal de la iniquidad japonesa, el sufrimiento local y la indiferencia universal (1948)

La duodécima y última vela.

Las lamentaciones

NOTA DEL AUTOR

FUENTES

AGRADECIMIENTOS

Tokio

CIUDAD OCUPADA

Y lo que el escritor encontró en ella…

El hijo obediente y virtuoso mata a su padre.

El hombre casto sodomiza a sus vecinos.

El libidinoso se vuelve puro.

El avaro arroja su oro a puñados por la ventana.

El héroe de guerra incendia la misma ciudad que

[arriesgó su vida por salvar.

«El teatro y la peste»,

ANTONIN ARTAUD, 1933

En la Ciudad Ocupada, eres escritor y estás corriendo.

En pleno invierno, cargado de papeles, en esta noche de enero, por estas calles de Tokio, estás huyendo de la escena del crimen; de la nieve y del barro, del banco y de los cadáveres; huyendo de la escena del crimen y de las palabras del libro; unas palabras que al principio te atrajeron y te hipnotizaron, luego te engañaron y te derrotaron, y por fin te han dejado atrapado y encarcelado.

Bajo un cielo que amenaza con más que la noche, con más que la nieve, ahora jadeas y resuellas, rejadeas y recontrarresuellas, jadeas y resoplas.

Porque los oyes, los oyes acercarse, paso a paso, susurrando y murmurando. Los oyes, los oyes acortar distancias, paso a paso, babeando y gruñendo, paso a paso, paso a paso.

El Desfile Nocturno de un Centenar de Demonios…

En pleno tambaleo nocturno, se te caen las gafas de la nariz. Mientras das tumbos por la nieve, se te caen los papeles de la mano. En la noche y en la nieve, buscas a tientas tus gafas y tus papeles, buscas tu visión y buscas tu trabajo. Pero el viento cargado de fantasmas ya está aquí, el aire con gafas te ha vuelto a alcanzar. Te roba los papeles y te hace trizas las gafas, convierte las hojas-sueltas en fajos-ventiscas, arma una galerna-de-trizas con las lentes-esquirlas, mientras tú te abres paso a manotazos por el viento cargado, mientras te revuelves en medio del aire lleno de fantasmas.

Pero el viento ha muerto y ya no hay aire, los fajos se desploman y las trizas caen. Agarras tus gafas, agarras tus papeles, tu manuscrito; tu manuscrito de

el libro por venir

ese libro que

no vendrá

nunca.

Este libro inacabado de un crimen no resuelto. Este libro del Invierno, este libro del Asesinato, este libro de la Plaga.

Con las hojas en blanco en las manos, con la montura vacía sobre la nariz, ahora ves delante de ti la Puerta Negra, de manera que echas a correr otra vez, por la noche de enero, soplando y jadeando, por las calles de Tokio, resoplando y resollando.

Por fin dejas de correr.

Bajo la Puerta Negra, buscas cobijo. Te pones en cuclillas en sus sombras húmedas. No hay nadie más bajo los tejados de la puerta, solo las yemas-de-la-noche, los pasos-de-la-nieve. Esta puerta que antaño era un tesoro y hoy es casi una ruina; y sin embargo, sigue aquí, tal vez ahora sea un santuario. Esta noche no hay cuervos ni zorros ni maleantes ni prostitutas. Solo la noche y la nieve, sus yemas-heladas y sus sucios-pasos. Tú jadeas, con el abrigo empapado, escupes sangre, con los papeles manchados de rojo. Respiras con dificultad y tienes el vientre hinchado, los ojos inyectados de sangre y la cara inflada.

Pero aquí, bajo esta Puerta Negra, en estas sombras húmedas, te esconderás. Aquí dentro, dentro de aquí.

Aquí te esconderás.

¡Escóndete! ¡Escóndete!

De esta ciudad, sin aliento, de esta ciudad, fuera del tiempo. Esta ciudad maldita, ciudad de disturbios y de terremotos, ciudad de asesinatos políticos y de golpes de Estado, ciudad de bombas y de fuego, ciudad de enfermedad y de hambre, ciudad de derrota y de rendición.

Esta ciudad maldita, ciudad de robos y

ciudad de violaciones y asesinatos,

de asesinatos y de plagas.

Son cosas que tú has presenciado, son cosas que tú has documentado, con esa tinta que has derramado, en esos papeles que has echado a perder. Aquí dentro, aquí

dentro.

«… un juego de cuentos de fantasmas, popularizado durante el periodo Edo. A mediados del siglo XVII cobró forma entre los samuráis como forma lúdica de probar la valentía, pero a principios del siglo XIX ya se había vuelto un entretenimiento común entre la plebe. El juego empieza cuando un grupo de gente se reúne al anochecer a la pálida y azulada luz de un centenar de velas encendidas. A continuación todos se turnan para contar historias de terror sobrenatural, y al final de cada historia se apaga una vela. A medida que la velada avanza y se suceden las historias, la sala va quedando más y más a oscuras, y al apagarse la última vela se hace la oscuridad total. En ese momento se cree que en las tinieblas aparecen espectros o monstruos de verdad, conjurados por las aterradoras narraciones…»

Los manchones-de-sangre, los rastros-de-lágrimas, las cartas sin reclamar y las sentencias de muerte. Levantas la vista de tus papeles, aciertas a ver una escalera, una escalera amplia que sube a un piso superior, un piso superior alejado de la ciudad. Te apresuras a recoger tus papeles, subes corriendo los escalones, seguido escaleras arriba por yemas-de-luz, entre ecos de pasos-leves.

Un paso, dos pasos, tres pasos, cuatro pasos.

En pleno ascenso te detienes, paralizado

en la escalera, escoliado, acuclillado,

sin respirar.

En la cámara del altillo, justo debajo de la techumbre, brilla una luz sobre tu cabeza, aquí dentro de la Puerta Negra,

aquí no estás solo, aquí en-presencia-do…

Subes un poco más, vuelves a pararte, y ahora ves.

En la cámara superior, dentro de un círculo mágico.

Doce velas y doce sombras.

En la Ciudad Ocupada, bajo la Puerta Negra, en su cámara superior, dentro de ese círculo mágico de doce velas,

ahora estás de rodillas.

De pronto, el destello de un relámpago ilumina el techo de la cámara. Miras, escuchas. Oyes el retumbar de un trueno, la lluvia que cae con fuerza sobre el tejado de la puerta. Escuchas, miras.

A la luz de las velas, ves y ahora oyes una campanilla, sacudida en medio de la habitación; oyes y ves una campanilla y una mano.

La campanilla roja y la mano blanca, el brazo blanco y la manga roja, la túnica roja y la cara blanca de una mujer.

La mujer, la médium, delante de ti.

En el centro del círculo de las velas,

plantada en su desagüe circular.

Ahora una repentina tormenta le agita el pelo y la túnica, porque te acaba de encontrar de nuevo el viento cargado, el viento lleno de fantasmas,

y la médium vuelve a sacudir la campanilla, una y otra vez.

Y a la campanilla se le suma un tambor que retumba despacio,

mientras la médium se pone a danzar, a girar sobre sí misma.

Frenética, la campanilla tintinea y el viento aúlla,

el tambor retumba una y otra vez, sin parar.

Los pies se mueven por la madera astillada,

danza y gira, gira sobre sí misma.

Y de pronto se detiene, como una

estatua, y se le cae la campanilla…

Te mira de golpe y te dice:

«Que empiece el juego de contar historias…».

Y se abalanza hacia ti,

en esta Ciudad Poseída.

La médium cae al suelo delante de ti, a continuación se incorpora hasta sentarse, quieta y tensa, y abre la boca para hablar. Con voz monótona y etérea, la médium habla. Y pronuncia las palabras de los muertos.

—Es por ti que estamos aquí —susurran—. Es por ti, querido nuestro, querido escritor, es por ti…

LA PRIMERA VELA
EL TESTIMONIO DE LAS VÍCTIMAS DEL LLANTO

Es por ti. La ciudad es un ataúd. Bajo la nevada. En la parte de atrás de un camión. Aparcado delante del banco. Bajo el aguanieve. Bajo la lona húmeda y pesada. Conducido por las calles. Bajo la lluvia. Al hospital. Al depósito de cadáveres. Bajo el aguanieve. A la morgue. Al templo. Bajo la nevada. Al crematorio. A la tierra y al cielo.

En nuestros doce ataúdes baratos de madera.

En estos doce ataúdes baratos de madera estamos. Pero no estamos quietos. En estos doce ataúdes baratos de madera nos agitamos. Ni a oscuras ni a la luz; nos agitamos en el color gris; porque aquí solo hay gris, aquí solo nos agitamos.

En este sitio gris,

que no es un sitio,

nos agitamos, todo el tiempo, a cada minuto.

En este sitio, que no es un sitio, que está entre dos sitios. Los sitios donde estábamos antes y los sitios donde estaremos.

Los muertos que viven,

la muerte en vida.

Entre estos dos sitios, entre estas dos ciudades:

Entre la Ciudad Ocupada y la Ciudad Muerta, aquí habitamos, entre la Ciudad Perpleja y la Ciudad Póstuma.

Aquí habitamos, en la tierra, con los gusanos,

en el cielo, con las moscas, ya no estamos en las casas del ser. Más allá de la pérdida, bandadas enteras de pájaros caen del cielo y nos rocían de plumas ensangrentadas y alas cortadas. Pero aun así te oímos. Los que ahora estamos en las casas del no-ser. Más allá de la pérdida, bancos enteros de peces saltan desde el mar y nos rocían de tripas ensangrentadas y de cabezas cortadas. Aun así te vemos. Queremos volver a respirar, pero nunca volveremos a respirar. Más allá de la pérdida, rebaños enteros de ganado se escapan corriendo de los campos y nos pisotean con sus cadáveres ensangrentados y sus brazos y piernas cortados. Te escuchamos. Queremos regresar una vez más, pero nunca lo conseguiremos. Más allá de la pérdida. Te seguimos mirando. A través de nuestros velos.

Esos velos que ya no nos cuelgan ante los ojos, esos velos que ahora nos cuelgan detrás de los ojos, de hilos tejidos con nuestras lágrimas, de tramas tejidas con nuestras muertes, esos velos que han reemplazado a nuestros nombres, que han reemplazado a nuestras vidas.

A través de estos velos,

seguimos viendo.

Te seguimos mirando, te miramos…

Con las bocas siempre abiertas, con las bocas ya abiertas. Pero ya no hablamos, ya no podemos hablar, solo podemos articular, en silencio:

¿Te importamos? ¿Alguna vez te importamos?

Nuestras bocas siempre gritan,

ya gritan, ya grita

esa boca:

Tu apatía es nuestra enfermedad; tu apatía, una plaga…

Habitamos más allá de la pena. Tienes la boca cerrada. Habitamos más allá del dolor. Tienes los ojos cerrados. Más allá de la aflicción y de la desesperación. Tienes los oídos cerrados, porque no nos oyes, porque no nos escuchas…

Y estamos cansados, muy cansados, increíblemente cansados.

Pero seguimos habitando, entre estos dos lugares.

Seguimos más allá del abandono y la ruina. Cuando te emborrachas, nos sueltas una arenga. Esperamos más allá de la extinción. Sobrio, no nos haces caso. Olvidados y sin que nadie nos atienda, enterrados o quemados, atormentados y agitados, bajo tierra y por encima del cielo, sin sueños y sin descanso. Estamos cansados, muy cansados. Eres ciego a nuestro sufrimiento. Estamos muy cansados, muy y muy cansados. Eres sordo a nuestras súplicas. Lloramos sin lágrimas, gritamos sin hacer ruido,

pero seguimos esperando, y seguimos

mirando.

Entre la Ciudad Ocupada y la Ciudad Muerta, entre la Ciudad Perpleja y la Ciudad Póstuma, esperamos y nos agitamos. En este sitio gris, en el que seguimos esperando,

mirando y agitándonos:

¡Maldito seas por habernos arrojado a este lugar! ¡Maldito seas por retenernos aquí! Veleidoso, eso es lo que eres.

Veleidosos es lo que sois, los vivos sois veleidosos…

Mientras nosotros seguimos olvidados, olvidados y denegados.

Vidas olvidadas y muertes denegadas.

Porque nos negáis la muerte…

Nos denegáis y nos atrapáis…

En la Ciudad Perpleja, la Ciudad Póstuma, más allá de la Ciudad Ocupada, antes de la Ciudad Muerta, seguimos atrapados, atrapados en el color gris, atrapados en la ciudad. En esta ciudad que no es una ciudad,

este lugar que no es ningún lugar.

Aquí nos removemos, no paramos de movernos, de ir en círculos, con nuestras cajas. ¿Has oído nuestros pasos en tu corazón? Nuestras cenizas, colgando del cuello, nuestros huesos, en estas cajas. ¿Has sentido nuestras yemas en tu carne? Levantamos los hombros, levantamos la cara, levantamos la vista. ¿Has venido a llevarnos de vuelta, de vuelta a la luz? De vuelta a la luz, empezamos a arrastrar los pies. ¿De vuelta a la Ciudad Ocupada? En la Ciudad Ocupada, vamos en círculos, alrededor de estas doce velas, nos congregamos, damos vueltas y vueltas.

De vuelta en la Ciudad Ocupada, volvemos a ser las víctimas.

Aquí nunca somos los testigos. A cada minuto somos las víctimas.

Y por eso lloramos. A cada minuto estamos llorando.

Aquí, los que una vez estuvimos vivos.

Ahora lloramos todo el tiempo, aquí.

Aquí y esta noche, llorando.

En la Ciudad Ocupada, donde los que lloran buscan a los vivos. Pero los vivos no están aquí, no están aquí esta noche, ante estas velas.

Aquí, esta noche, están solo los que lloran.

Aquí, esta noche, estamos solo nosotros:

Esta noche volvemos a estar aquí Sutejiro Takeuchi, Yoshiyasu Watanabe, Hidehiko Nishimura, Shoichi Shirai, Miyako Akiyama, Hideko Uchida, Yoshio Sawada, Teruko Kato, Tatsuo Takizawa, Ryu Takizawa, Takako Takizawa y Yoshihiro Takizawa.

Pero seguimos llorando. A cada

minuto lloramos,

a cada minuto rompemos a llorar otra vez en la Ciudad Ocupada:

En la Ciudad Ocupada vuelve a ser 26 de enero de 1948.

Aquí es 26 de enero de 1948 a cada minuto.

Esa fecha es nuestra herida a cada minuto.

Nuestra herida que no se curará nunca.

Aquí, aquí, donde a cada minuto vuelve a ser esa fecha y esa hora, a cada minuto vuelve a ser la última vez:

Por última vez. Por la mañana nos despertamos en nuestras camas. En nuestras camas que ya no son nuestras camas. Por última vez. Nos vestimos en nuestras casas. En nuestras casas que ya no son nuestras casas, con nuestra ropa que ya no es nuestra ropa. Por última vez. Comemos arroz blanco. Ahora solo comemos arroz negro, el arroz negro que nos vacía el estómago. Por última vez. Bebemos agua limpia. Aquí solo bebemos el agua oscura, el agua oscura que nos vacía la boca. Por última vez. En nuestros genkan les decimos adiós a nuestros padres y madres, a nuestros hermanos y hermanas, a nuestras mujeres e hijos, a nuestros maridos e hijas. A esos padres y madres, a esos hermanos y hermanas, a esas mujeres e hijos, a esos maridos e hijas que ya no son nuestros padres y madres, ya no son nuestros hermanos y hermanas, ya no son nuestras mujeres e hijos y ya no son nuestros maridos e hijas. Por última vez. Bajo la nevada, nos vamos a trabajar. A nuestro trabajo que ya no es nuestro trabajo. Por última vez. Entre las multitudes, cogemos nuestros trenes y nuestros autobuses. Esos trenes y autobuses que ya no son nuestros trenes y autobuses…

Por última vez. A través de la Ciudad Ocupada, vamos arrastrando los pies.

Salimos arrastrando los pies de la estación de Shiinamachi. Bajo el aguanieve. Por última vez. Nos alejamos por la calle, arrastrando los pies. Por el barro. Por última vez. Hasta el Banco Teikoku. El Banco Teikoku que ya no es un banco…

Por última vez. Abrimos la puerta corredera. Esa puerta que ya no es una puerta. Por última vez. Nos sacamos los zapatos. ¿Dónde están ahora nuestros zapatos? Por última vez. Nos ponemos las pantuflas. ¿Dónde están nuestras pantuflas? Por última vez. Nos sentamos a nuestras mesas. Esas mesas que ya no son nuestras, que ya no son nuestras mesas…

Por última vez.

Entre los papeles y entre los libros de contabilidad, esperamos a que abra el banco. Por última vez, en este último día, el 26 de enero de 1948.

Vemos que las manecillas del reloj marcan las nueve y media. Por última vez. El banco abre y empieza la jornada. Por última vez. Atendemos a los clientes. Por última vez. Escribimos en los libros de contabilidad.

Bajo el resplandor de las luces, al calor de las estufas, oímos cómo la nieve se convierte en aguanieve y el aguanieve en lluvia, y cómo cae sobre el tejado del banco. Y nos preguntamos si hoy el banco cerrará temprano. Nos preguntamos si podremos salir temprano, volver a nuestras casas, volver con nuestras familias. Por culpa del tiempo,

por culpa de la nieve.

Pero la nieve se ha convertido en aguanieve, y el aguanieve en lluvia, de manera que hoy el banco no cerrará temprano y nosotros no podremos irnos temprano, no nos podremos volver temprano a nuestras casas,

con nuestras familias.

De manera que nos sentamos a nuestras mesas del banco, bajo el resplandor de las luces, al calor de las estufas, y miramos las manecillas del reloj y echamos vistazos a la cara de nuestro director, de nuestro director que está sentado a su mesa del fondo; sabemos que el señor Ushiyama, nuestro director, no está muy bien de salud. Se lo vemos en la cara. Se lo oímos en la voz. Sabemos que tiene dolores fuertes de vientre. Sabemos que hace casi una semana que los tiene. Todos sabemos lo que puede querer decir; sabemos que puede ser disentería y que puede ser fiebre tifoidea. En la Ciudad Ocupada,

todos sabemos lo que puede querer decir.

En la Ciudad Ocupada, sabemos

que puede querer decir muerte, muerte.

Pero él sobrevivirá a esto,

sobrevivirá a

esto…

Por última vez. Vemos que las manecillas del reloj marcan las dos y vemos que el señor Ushiyama se levanta de su mesa del fondo, con la cara blanca y cogiéndose el vientre con las manos. Por última vez. Vemos que el señor Ushiyama hace una reverencia y escuchamos cómo se disculpa ante todos nosotros. Por última vez. Vemos cómo el señor Ushiyama se marcha temprano.

Y todos sabemos lo que esto puede querer decir.

Sabemos que puede querer decir muerte.

Pero él sobrevivirá, él seguirá con vida. En su casa, que sigue siendo su casa, con su familia, que sigue siendo su familia…

Pero hoy no nos marchamos temprano. No nos volvemos a nuestras casas y no nos volvemos con nuestras familias. Nos quedamos sentados a nuestras mesas, bajo el resplandor de las luces, al calor de las estufas, y seguimos atendiendo a nuestros clientes y escribiendo en nuestros libros de contabilidad. Y escuchamos el ruido de la lluvia.

Y miramos las manecillas del reloj.

Vemos que las manecillas del reloj llegan a las tres y el banco cierra sus puertas hasta el día siguiente. Rodeados de montones de recibos, ponemos en orden las transacciones de la jornada. Por última vez. Rodeados de montones de billetes, cuadramos el dinero de la jornada. Por última vez. Y luego oímos los golpecitos en la puerta lateral. Por última vez.

Levantamos la vista para mirar las manecillas del reloj.

Por última vez:

Son las tres y veinte del lunes 26 de enero de 1948.

Las tres y veinte en la Ciudad Ocupada.

Y ahora llaman a la puerta lateral.

Las tres y veinte y él ha llegado.

Nuestro asesino ha llegado.

Miramos cómo la señorita Akuzawa se levanta para abrirle la puerta lateral a nuestro asesino. Dice usted que tiene cuarenta y dos años. Nuestro asesino presenta su tarjeta de visita: Dr. Jiro Yamaguchi, Oficial Técnico del Ministerio de Salud y Bienestar. Dice usted que tiene cincuenta y cuatro años. Nuestro asesino pregunta por el director. Dice usted que tiene cuarenta y seis años. La señorita Akuzawa le pide a nuestro asesino que entre por la puerta principal. Dice usted que tiene cincuenta y ocho años. Nuestro asesino vuelve a salir. Dice usted que mide metro sesenta y dos. Nuestro asesino abre la puerta principal. Dice usted que mide metro sesenta. La señorita Akuzawa tiene un par de pantuflas listas para él. Dice usted que mide metro sesenta y cinco. Nuestro asesino se quita las botas en el genkan. Dice usted que mide metro cincuenta y siete. Escuchamos cómo la señorita Akuzawa le dice a nuestro asesino que el director ya se ha marchado, pero que lo puede recibir el subdirector. Dice usted que es más bien flaco. Vemos que nuestro asesino asiente con la cabeza y le da las gracias a la señorita Akuzawa mientras ella lo acompaña por el banco. Dice usted que tiene una complexión normal. Vemos pasar a nuestro asesino por entre las hileras de mesas donde estamos trabajando. Dice usted que tiene una complexión media. Escuchamos cómo la señorita Akuzawa le presenta a nuestro asesino al subdirector, el señor Yoshida. Está usted de acuerdo en que es bastante flaco. Nuestro asesino hace una reverencia. Dice usted que tiene la cara ovalada. Nuestro subdirector le ofrece un asiento al asesino. Dice usted que tiene la cara alargada. Nuestro asesino se sienta, mirando hacia la derecha. Dice usted que tiene la nariz respingona. Nuestro subdirector examina su tarjeta de visita: Dr. Jiro Yamaguchi, Oficial Técnico del Ministerio de Salud y Bienestar. Dice usted que tiene una cara bien parecida. Nuestro asesino le cuenta a nuestro subdirector que en el vecindario ha habido un brote de disentería. Dice usted que tiene la tez pálida. Ahora es nuestro subdirector quien enseña su tarjeta de visita: Takejiro Yoshida, Subdirector de la Sucursal de Shiinamachi del Banco Teikoku, Nagasaki-cho, Distrito de Toshima, Tokio. Dice usted que tiene la tez amarillenta. Nuestro asesino le cuenta al señor Yoshida que el origen del brote es el pozo público que hay delante de la residencia de los Aida en la Nagasaki chome-2. Dice usted que tiene dos manchas marrones en la mejilla izquierda. El señor Yoshida asiente con la cabeza y menciona que el director del banco, el señor Ushiyama, se ha marchado temprano porque le dolía mucho el vientre. En la mejilla derecha. Nuestro asesino le cuenta al señor Yoshida que a uno de los inquilinos del señor Aida le han diagnosticado disentería, y que justamente hoy ese hombre ha hecho un depósito en nuestra sucursal. Dice usted que tiene un moretón en la mejilla izquierda. Al señor Yoshida le asombra que el Ministerio de Salud y Bienestar se haya enterado tan deprisa del caso. Una cicatriz en la derecha. Nuestro asesino le cuenta al señor Yoshida que el médico que ha atendido al señor Aida ha informado enseguida del caso a las autoridades. Dice usted que tiene el pelo al rape. El señor Yoshida asiente con la cabeza. Dice usted que tiene el pelo canoso. Nuestro asesino dice que lo envía el teniente Parker, que es quien está a cargo del equipo de desinfección de esta zona. Dice usted que tiene el pelo más bien largo y entrecano. El señor Yoshida vuelve a asentir con la cabeza. Dice usted que tiene el pelo oscuro. A nuestro asesino le han encargado que vacune a todo el mundo contra la disentería y que desinfecte todos los objetos que hayan resultado contaminados. Dice usted que llevaba un traje de calle gris. El señor Yoshida asiente con la cabeza por tercera vez. Dice usted que llevaba un traje de invierno viejo. Todos los empleados, todas las habitaciones, todo el dinero que haya en la sucursal, dice nuestro asesino. Dice usted que llevaba uniforme. El señor Yoshida vuelve a examinar la tarjeta de visita: Dr. Jiro Yamaguchi, Oficial Técnico del Ministerio de Salud y Bienestar. Está usted seguro de que era un uniforme, ¿no? Nuestro asesino dice que nadie tiene permiso para marcharse hasta que él haya terminado su trabajo. Dice usted que llevaba abrigo marrón. El señor Yoshida se mira el reloj de pulsera. Dice usted que llevaba un abrigo en la mano. El teniente Parker y su equipo llegarán pronto para asegurarse de que el trabajo se ha hecho como es debido, dice nuestro asesino. Dice usted que llevaba un abrigo puesto pero otro en la mano. El señor Yoshida asiente con la cabeza. Dice usted que llevaba un abrigo de entretiempo. Nuestro asesino coloca ahora su pequeña bolsa de color oliva sobre la mesa del señor Yoshida. Dice usted que llevaba zapatos de goma marrones. El señor Yoshida mira cómo nuestro asesino abre la bolsa. Dice usted que llevaba botas de goma de color naranja tostado. Nuestro asesino saca un botiquín metálico y dos frascos de distintos tamaños con las etiquetas en inglés. Dice usted que tenía barro en los zapatos. El señor Yoshida lee las palabras inglesas FIRST DRUG en el frasco más pequeño, de 200 cc, y SECOND DRUG en el de 500 cc. Dice usted que tenía las botas limpias. Nuestro asesino le dice al señor Yoshida que se trata de un antídoto oral extremadamente potente que los americanos han desarrollado hace poco, a partir de una serie de experimentos con aceite de palma. Dice usted que llevaba un brazalete de tela blanca en el brazo izquierdo. El señor Yoshida asiente con la cabeza. Dice usted que ponía en letras rojas: «Líder de equipo de desinfección». Es tan potente que quedarán ustedes completamente inmunizados de la disentería, dice nuestro asesino. Dice usted que llevaba un brazalete de la Oficina Metropolitana de Tokio. El señor Yoshida vuelve a asentir con la cabeza. Dice usted que ponía en letras negras: «Doctor en Medicina Preventiva». Nuestro asesino avisa al señor Yoshida de que el procedimiento de administración del fármaco es complicado y poco habitual. Dice usted que llevaba un brazalete del Distrito de Toshima. El señor Yoshida vuelve a mirar la tarjeta de visita que tiene sobre el escritorio: Dr. Jiro Yamaguchi, Oficial Técnico del Ministerio de Salud y Bienestar. Dice usted que ponía: «Equipo de prevención de epidemias». Nuestro asesino le pide al señor Yoshida que reúna a sus empleados. Dice usted que llevaba una cartera pequeña de color verde oliva colgada del hombro derecho. ¿También el conserje, su mujer y sus dos hijos?, pregunta el señor Yoshida. ¿O era en el izquierdo? Nuestro asesino asiente con la cabeza. Dice usted que llevaba una bolsa de médico. El señor Yoshida se levanta de su mesa. Una bolsa negra de médico. El señor Yoshida nos llama. Soy Sutejiro Takeuchi y tengo cuarenta y nueve años, pero aquí ya no soy Sutejiro Takeuchi y ahora ya no tengo cuarenta y nueve años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. Nos levantamos de nuestras mesas de trabajo. Soy Yoshiyasu Watanabe y tengo cuarenta y tres años, pero aquí ya no soy Yoshiyasu Watanabe y ahora ya no tengo cuarenta y tres años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. Cruzamos el banco arrastrando los pies. Soy Hidehiko Nishimura y tengo treinta y ocho años, pero aquí ya no soy Hidehiko Nishimura y ahora ya no tengo treinta y ocho años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. Nos congregamos alrededor de la mesa del señor Yoshida. Soy Shoichi Shirai y tengo veintinueve años, pero aquí ya no soy Shoichi Shirai y ahora ya no tengo veintinueve años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. Todos vemos cómo nuestro asesino se dirige a la señorita Akuzawa y le pide que traiga suficientes tazas de té para todos los empleados de la sucursal. Soy Miyako Akiyama y tengo veintitrés años, pero aquí ya no soy Miyako Akiyama y ahora ya no tengo veintitrés años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. La señorita Akuzawa trae dieciséis tazas en una bandeja. Soy Hideko Uchida y tengo veintitrés años, pero aquí ya no soy Hideko Uchida y ahora ya no tengo veintitrés años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. Nuestro asesino abre el frasco más pequeño, el que lleva la etiqueta FIRST DRUG. Soy Yoshio Sawada y tengo veintidós años, pero aquí ya no soy Yoshio Sawada y ahora ya no tengo veintidós años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. Nuestro asesino nos pregunta si ya estamos todos. Soy Teruko Kato y tengo dieciséis años, pero aquí ya no soy Teruko Kato y ahora ya no tengo dieciséis años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. Nuestro subdirector nos cuenta las cabezas, asiente con la cabeza y dice: Ya estamos todos. Soy Tatsuo Takizawa y tengo cuarenta y seis años, pero aquí ya no soy Tatsuo Takizawa y ahora ya no tengo cuarenta y seis años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. Nuestro asesino sostiene una pipeta en la mano como si fuera un puñal. Soy Ryu Takizawa y tengo cuarenta y nueve años, pero aquí ya no soy Ryu Takizawa y ahora ya no tengo cuarenta y nueve años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. Todos miramos cómo nuestro asesino echa unas gotas de líquido transparente en cada una de las tazas. Soy Takako Takizawa y tengo diecinueve años, pero aquí ya no soy Takako Takizawa y ahora ya no tengo diecinueve años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. Todos escuchamos cómo nuestro asesino nos dice que cojamos cada uno nuestra taza. Soy Yoshihiro Takizawa y tengo ocho años, pero aquí ya no soy Yoshihiro Takizawa y ahora ya no tengo ocho años; ahora siempre me agito, aquí solamente lloro. Todos estiramos el brazo para coger nuestras tazas. Los que estamos aquí en medio del color gris. Ahora nuestro asesino alza una mano en señal de advertencia. Los que estamos agitándonos a cada minuto. Todos escuchamos cómo nuestro asesino nos avisa de que el suero es muy fuerte y de que nos puede hacer daño en las encías y en el esmalte dental si no miramos con atención la demostración que nos va a hacer él y si no seguimos sus instrucciones con exactitud. Los que estamos llorando a cada minuto. Ahora todos miramos cómo nuestro asesino saca una jeringa. Tú nos defines como las víctimas. Todos miramos cómo nuestro asesino hunde la jeringa en el líquido. Tú nos maldices como las víctimas. Todos miramos cómo nuestro asesino extrae una medida del líquido con la jeringa. Te contentas con recordarnos en el blanco y negro de nuestras muertes. Todos miramos cómo nuestro asesino abre la boca. No sabes nada de cómo éramos en vida y en colores. Todos miramos cómo nuestro asesino apoya la lengua sobre los incisivos de abajo y luego la recoge bajo el labio inferior. Somos simples evidencias de la escena de un crimen. Todos miramos cómo nuestro asesino se pone el líquido sobre la lengua. Somos simples cadáveres en un libro criminal; cadáveres, nunca personajes. Todos miramos cómo nuestro asesino echa la cabeza hacia atrás. En vida no nos conociste. Todos miramos cómo nuestro asesino se mira el reloj de pulsera, con la mano derecha en alto. Solamente nos descubriste por nuestras muertes. Todos miramos cómo nuestro asesino baja la mano. En la escena de un crimen. Todos escuchamos cómo nuestro asesino nos dice que la medicina nos puede dañar las encías y los dientes, o sea que tenemos que tragarla rápido. En un libro criminal. Todos asentimos con la cabeza. Nuestros nombres, nuestras caras. Todos escuchamos cómo nuestro asesino nos dice que exactamente un minuto después de que hayamos tomado la primera medicina, nos administrará la segunda. En texto y en fotografías. Todos miramos el segundo frasco, el de 500 cc, el que dice SECOND DRUG. Reducidos a un simple número. Todos escuchamos cómo nuestro asesino nos dice que después de tomar la segunda medicina podremos beber agua o enjuagarnos la boca. Doce, siempre escribirás 12. Ahora nuestro asesino nos dice a todos que levantemos las tazas. En este número, este número 12. Todos nos llevamos las tazas a los labios. En este número, volvemos a morir. Y ahora todos bebemos. Una y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez. Nuestro asesino nos dice que nos dejemos caer las gotitas de líquido sobre la lengua. Porque no somos doce. Y ahora todos notamos el sabor amargo del líquido. Somos Sutejiro Takeuchi, Yoshiyasu Watanabe, Hidehiko Nishimura, Shoichi Shirai, Miyako Akiyama, Hideko Uchida, Yoshio Sawada, Teruko Kato, Tatsuo Takizawa, Ryu Takizawa, Takako Takizawa y Yoshihiro Takizawa. Todos nos lo tragamos. Los que ahora estamos en el color gris. Y todos oímos a nuestro asesino decirnos que nos administrará el segundo fármaco dentro de exactamente sesenta segundos. Nosotros, los que a cada minuto nos agitamos. Vemos a nuestro asesino mirarse el reloj de pulsera. Los que a cada minuto lloramos. Lo vemos mirarse fijamente el reloj de pulsera. Llorar y esperar. Todos esperamos el segundo fármaco. Esperar y mirar. Todos miramos cómo nuestro asesino nos va poniendo el segundo fármaco en las tazas. Esperar y coger las tazas. Todos volvemos a coger las tazas. Cogerlas y volver a esperar. Volvemos a esperar mientras nuestro asesino se mira el reloj de pulsera y volvemos a esperar la señal. La sonrisa. Ahora vemos que nuestro asesino nos hace la señal a todos para que volvamos a beber. Con una sonrisa. Y todos bebemos. Y tú sonríes mientras bebemos. Y todos vemos a nuestro asesino esperar. Sin dejar de sonreír. Y todos vemos que nuestro asesino nos sigue mirando. Con esa sonrisa en tu cara. Y ahora todos sentimos el segundo líquido en la boca, lo sentimos en la garganta y lo sentimos en el estómago. Pero tú estás sonriendo. Y ahora todos oímos a nuestro asesino decirnos que nos enjuaguemos la boca. Sin dejar de sonreír, sin dejar de sonreír, sin dejar…

Son las tres y veinte minutos del lunes 26 de enero de 1948, en Tokio, y yo estoy bebiendo y estoy bebiendo y estoy bebiendo y estoy bebiendo y estoy bebiendo y estoy bebiendo y estoy bebiendo y estoy bebiendo y estoy bebiendo y estoy bebiendo y estoy bebiendo y estoy bebiendo y estoy bebiendo y ahora, ahora corremos y sufrimos arcadas, nos tambaleamos y perdemos el equilibrio, y empezamos a caer y a caer y a caer.

Infectados, caemos y caemos.

Caemos. Caemos.

Caemos con lágrimas en la cara.

Con lágrimas y lágrimas.

Estamos llorando. Estamos llorando.

Lloramos todo el tiempo.

Lloramos a cada minuto,

aquí. Pero en la Ciudad Ocupada, son las tres y veinte,

ahora son las tres y veintiuno,

ahora las tres y veintidós,

y veintitrés.

En la Ciudad Ocupada, los minutos y las horas, los días y las semanas, los meses y los años pasarán. Pero en la Ciudad Perpleja, en la Ciudad Póstuma, entre dos lugares, los minutos y las horas, los días y las semanas, los meses y los años no pasarán.

Aquí donde a cada minuto es enero, pero donde enero no es enero, aquí donde a cada minuto es 1948,

pero donde 1948 no es 1948;

aquí donde no envejecemos.

En la Ciudad Perpleja, en la Ciudad Póstuma,

a cada minuto son las tres y veinte.

Pero aun así te vemos envejecer, te vemos

envejecer y te vemos olvidar…

Aquí, donde a cada minuto son las tres y veinte.

Aquí, donde a cada minuto es gris.

Y estoy cayendo al color gris, estoy cayendo, estoy cayendo, estoy cayendo, estoy cayendo, estoy cayendo, estoy cayendo, estoy cayendo, estoy cayendo.

Estoy cayendo, estoy cayendo.

Estoy cayendo.

Cayendo.

Aquí, en la Ciudad Perpleja, la Ciudad Póstuma, esta ciudad que no es ninguna ciudad, en el lugar gris, este lugar que no es ningún lugar,

todos caemos, alejándonos de la luz,

de la Ciudad Ocupada,

todos caemos, a la tierra y al cielo,

todos caemos, caemos, caemos.

De tu ciudad y a nuestros ataúdes…

Doce ataúdes baratos de madera.

Tu ciudad, nuestro ataúd …

Aquí, aquí.

Bajo la nieve. En la parte de atrás de un camión. Aparcado delante del banco. Bajo el aguanieve. Bajo la lona húmeda y pesada. Conducida por las calles. Bajo la lluvia. Al hospital. Al depósito de cadáveres. Bajo el aguanieve. A la morgue. Al templo. Bajo la nieve. Al crematorio. A la tierra y al cielo. En nuestros doce ataúdes baratos de madera.

Ceniza en vez de pelo, tierra en vez de piel, entre los copos y los terrones / desafiamos al fuego y al rastrillo, a la pala y a la tumba / a la tumba de la tierra y a la tumba del cielo / en el abismo del cielo y en el abismo de la tierra / tu tierra y tu cielo, que no son nuestro cielo, ni

nuestra tierra / ni aquí ni ahora

Hacia las alturas caemos,

hacia las profundidades…

Estos doce ataúdes baratos de madera, en los que yacemos. Pero no yacemos quietos. En estos doce ataúdes baratos de madera, nos agitamos. En el color gris, nos agitamos. En esta ciudad, nos agitamos. Nos agitamos y lloramos, lloramos las palabras:

¿Dónde está la ley, preguntamos al caer, al caer del ser al no-ser, mientras nos agitamos, entre un lugar y el no-lugar,

mientras lloramos, dónde está la ley?

En el Ab-grund, en el No-suelo, la ausencia de fondo, la caída sin fondo / Aquí, otras voces en este Reino de lo Otro pronunciarán el otro-nombre de este otro-lugar.

En este no-lugar, en esta no-ciudad, entre dos lugares, en este Reino de lo Otro / No hay golondrinas, aquí no vuelan las golondrinas / Aquí arrastramos los pies por la alfombra de sus cadáveres, de un lado para otro, por sus pechos hinchados y sus alas estériles / Aquí, donde sus ojos quietos nos acusan, amarillos / Aquí, donde sus picos vacíos siguen abiertos, amarillos.

En este lugar de no-lugar, yacemos. Tiene un nombre

y no lo tiene. Dilo pues,

dilo ahora: Cesura.

Entre nosotros.

En este lugar-no-lugar / ausencia de lugar, este lugar llamado Cesura, nombrado Cesura, este lugar que nos quita el aliento, este lugar que nos deja llorando. Siempre llorando. A cada minuto.

Eres sordo, eres mudo y eres ciego,

es por eso que no puedes ni quieres oírnos,

no puedes ni quieres ayudarnos,

¿verdad…?

En la Ciudad Perpleja, en la Ciudad Póstuma, en Cesura, a cada minuto.

No quieres ayudarnos, ¿verdad que no, querido escritor?

La primera vela es apagada.

Apagada a cada minuto.

En-Cesura, In-diferencia…

Bajo la Puerta Negra, en su cámara superior, en el círculo mágico, con la cara blanca cayendo y la túnica roja ondeando, la médium ya se ha desplomado al suelo antes de que puedas hacer nada. El viento, la campanilla y el tambor quedan en silencio, la médium queda muda y tumbada en el suelo,

en el suelo bañado de lágrim-astillas.

In-diferencia y en-cesura…

La primera vela apagada,

la médium agotada.

Des-in-corpor-ada…

Ahora que ya no estás poseído, te has quedado solo aquí. Aquí en la Ciudad Ocupada, solo y sordo, mudo y ciego.

Y aun así, intentas escribir,

coger tu pluma

para volver a escribir

aquí. Aquí, en este lugar situado entre las cosas que hiciste y las que no hiciste, entre las cosas que sentiste y las que no sentiste, entre las cosas que dijiste y las que no dijiste,

aquí, en este lugar situado entre lo hecho y lo des-hecho, entre lo sentido y lo no-sentido, entre lo dicho y lo desdicho.

Y aun así, intentar escribir,

volver a escribir

aquí.

Pero aquí lo hecho nunca puede des-hacerse,

ni lo des-hecho hacerse.

Aquí lo sentido nunca puede no-sentirse,

ni lo no-sentido sentirse.

Lo dicho nunca puede des-decirse,

ni lo des-dicho

decirse.

Aquí donde ya sabes que lo escrito no puede des-escribirse,

y donde tienes miedo —miedo, miedo, miedo— a lo no-escrito,

lo no-escrito nunca puede escribirse,

lo no-escrito no puede escribirse

aquí. Aquí donde la vista se te nubla, donde el oído te falla. Aquí y ahora, donde las pesadillas y los dolores de cabeza atormentan tus días y tus noches. Aquí y ahora, mientras confundes el sol con la luna, la luz del sol con la de la luna, la caída del sol con la luz de la lluvia,

la vida con la muerte, tos-tos,

la muerte con el nacimiento. Aquí.

En este círculo mágico de once velas, en esta cámara superior de la Puerta Negra, toses y tos-toses, viendo-nublado y oyendo-mal, toses y tos-toses, lagrimeando y sangre-manchando aquí. Aquí entre las lágrimas vacías y los papeles que caen, estás tosiendo, tos-tos, y también dando vueltas, vueltas y más vueltas, sin poder escribir, sin ver nada,

todavía medio sordo a los pasos-en-escalera,

a las sirenas y a los teléfonos.

—Basta de llorar —susurra una voz, la voz de un viejo—. Basta de llorar, basta de llorar por él…

Se te cae la pluma, la pluma-sin-tinta. Abres los ojos, los ojos rojo-secos. Las once velas se han apagado, la Puerta Negra ha desaparecido, la Ciudad Ocupada ha desaparecido. Estás de pie en un cobertizo, en un establo, con olor a tierra, olor a humedad. Estás mirando cómo un anciano abre cajas de cartón y saca expedientes de ellas, expedientes polvorientos y telarañosos, y se pone a ojear los papeles y los documentos, los documentos y los cuadernos, cuadernos y más cuadernos.

—Fue hace muchos años —está diciendo el viejo—. Ya no hay mucha gente que se acuerde de cómo fue en realidad el caso de Teigin.

»Pero yo sí me acuerdo. Porque yo estaba en la Unidad de Asesinatos. La Unidad n.º 2 de la Primera División de Investigaciones de la Policía Metropolitana de Tokio. Y la Unidad n.º 2 era la que se ocupaba de todos los asesinatos.

»El jefe de nuestra división era Suzuki y el jefe de nuestra unidad era Minegishi…

»Pero usted quiere saber qué pasó, ¿verdad? —repite el viejo—. ¿Verdad? ¿Quiere usted saber la verdad? ¡Aclárese! ¿Qué es lo que quiere saber? ¿Lo que pasó o la verdad? ¿Cómo que son lo mismo? ¡Pues claro que no son lo mismo! Yo puedo creerme que algo haya pasado, pero eso no hace que sea verdad.

»¿O sí?

»Por ejemplo, yo una vez conocí a un detective. Casado. Con un hijo. Toda la pesca. Y en fin, resulta que ese detective empezó a creer que su mujer estaba teniendo una aventura. Un lío. Con un americano. Con un soldado. No era verdad. Pero él se lo creía igualmente. Me venía a mí y me contaba: Anoche mi mujer se fue a follarse al soldado americano. Falso. Pero él se lo creía igualmente. Creía que estaba pasando. Creía que era real. Creía que era verdad. Y era verdad para él. Era real para él y al final también fue muy real para ella. Pero eso es otra historia. En fin, ya ve usted adónde voy a parar, ¿verdad? En todo caso, si lo que quiere saber usted es lo que pasó, yo le cuento lo que pasó. Está todo aquí.

»Aquí en estas cajas, aquí en estos cuadernos…

»Pero recuerde, basta de llorar.

»Basta de llorar por él…

LA SEGUNDA VELA
TESTIMONIO CUADERNO DE UN DETECTIVE, H.

La ciudad es un cuaderno. Con lápiz y papel,

con lápiz sin punta y papel basto,

EN LA CIUDAD OCUPADA

yo escribí estas palabras:

26-1-1948; 16.00: Nieva / día libre / en los baños públicos / llaman desde la jefatura de la metropolitana / «Diez muertos en la jurisdicción de la Comisaría de Mejiro» / «¿Otra guerra de la Yakuza?» / «Mucho más grande. Envenenamiento masivo. ¡Preséntese de inmediato!» / Trolebús de Naka-Meguro a Ebisu / Taxi a la escena del crimen / La sucursal de Shiinamachi del Banco (Imperial) Teikoku, Nagasaki 39, 1-chome, Toshima-ku, Tokio / Edificio de una sola planta / delante del Templo de Nagasaki / Joder / Diez cadáveres desplegados en fila en una de las dos habitaciones del conserje / ojos abiertos / boca abierta / sangre y vómito / marcas de tiza donde los encontraron / detrás del mostrador / en el cuarto de baño / en el pasillo / en la sala de estar del conserje / seis supervivientes llevados al Hospital Católico de Seibo / médicos, vecinos y periodistas por todo el banco / escena del crimen contaminada / pruebas destruidas y cambiadas de sitio / A mi unidad, la Unidad n.º 2 (Unidad de Asesinatos) de la Primera División de Investigaciones de la Policía Metropolitana de Tokio, le asignan provisionalmente el caso.

Empieza el Periodo Primero: los primeros veinte días de la investigación, del 26 de enero al 14 de febrero de 1948

26-1-1948; 23.00: Segunda planta de la Comisaría de Mejiro / establecida como sede de la Investigación Especial / primera reunión del equipo de la Investigación Especial / informe basado en la información recabada en la escena del crimen y en la declaración que ha hecho uno de los supervivientes / establecimiento de los datos conocidos / dos de los seis supervivientes han muerto / el total de víctimas sube a doce / cuatro supervivientes / fecha y hora del crimen: las 15.30 del (lunes) 26 de enero de 1948, quince minutos arriba o abajo / Lugar del crimen: el interior de la sucursal de Shiinamachi del Banco Teikoku, en el 39 de la Nagasaki 1-chome, Toshima-ku, Tokio. Dicho establecimiento, que antes albergaba la casa de empeños Fujita, ocupa un edificio con tres entradas, situado entre las zonas residenciales y de negocios que hay delante del templo de Nagasaki, a unos sesenta metros al nordeste de la estación de Shiinamachi de la Línea Agrícola de Seibu (antes llamada Línea Musashino) / Víctimas: Takejiro Yoshida (43), ahora mismo en tratamiento, con domicilio en Oguchi-machi 812, Otaku; Yoshiyashu Watanabe (43), muerto, con domicilio en Oizumimachi 758, Itabashi-ku; Hidehiko Nishimura (38), muerta, con domicilio en Shin Ogawa-machi 10, chome-2, Ushigome, Shinjuku-ku; Shoichi Shirai (29), muerto, con domicilio en Asagaya 519, chome-3, Suginami-ku; Yoshio Sawada (22), muerto, con domicilio en Fujisawa 449, Fujisawa-mura, Irima-gun, Prefectura de Saitama; Tokukazu Tanaka, en tratamiento, con domicilio en Kami-ochiai 793, chome-2, Shinjuku-ku; Miyako Akiyama (23), muerta, con domicilio en casa de Kunosuke Akiyama, Nagasaki 18, chome-1, Toshima-ku; Hideko Uchida (23), muerta, con domicilio en Kita Toyotama 5, Nerima-ku; Yoshiko Akuzawa (19), en tratamiento, con domicilio en casa de Shobei Akuzawa, Nagasaki 14, chome-1, Toshima-ku; Teruko Kato (16), muerta, con domicilio en Ikebukuro 713-1, chome-2, Toshima-ku; Sutejiro Takeuchi (49), muerto, con domicilio en Horikiri-cho 170, Katsushika-ku; Tatsuo Takizawa (46), sirviente, su mujer Ryu (49), su hija Takako (19) y su hijo Yoshihiro (8), todos ellos muertos, todos ellos con residencia en la sucursal de Shiinamachi del Banco Teikoku / Autor del crimen, nombre y dirección: desconocidos / dijo ser miembro médico de la Sección Sanitaria de la Oficina Metropolitana de Tokio y del Departamento de Bienestar del Ministerio de Bienestar, y tenía un título de doctor en medicina / tarjeta de visita que presentó: «Dr. Jiro Yamaguchi, Oficial Técnico del Ministerio de Salud y Bienestar» / descripción: entre cuarenta y cinco y cincuenta años de edad, metro sesenta de altura aproximadamente, bastante delgado, nariz respingona, tez pálida, pelo corto o bien largo y entrecano / aspecto: vestido con traje de calle (marrón, de trencilla, usado); abrigo o gabán ligero en el brazo; zapatos de goma marrón (no es seguro); brazalete de tela blanco en el brazo izquierdo, con el logotipo de la Oficina Metropolitana de Tokio en letras rojas y debajo del logotipo la siguiente inscripción en negro y con buena caligrafía: «Líder de Equipo de Desinfección» o bien «Doctor en Medicina Preventiva» / artículos en posesión del autor del crimen: una caja metálica, de unos 3 × 15 cm de tamaño, como la que llevan a menudo los médicos (es la caja de la que sacó el veneno); un frasco de medicina de cristal pequeño y otro mediano (con veneno dentro) / rasgos característicos: dos manchas marrones de 1,5 cm en la mejilla izquierda (no cicatrices de quemaduras ni forúnculos, sino de esas que se ven a menudo en la piel de los ancianos). Un hombre atractivo; bien vestido y con aspecto de hombre inteligente / breve crónica del caso: las víctimas abrieron su establecimiento como de costumbre, a las 9.30 horas, y después de que Senji Ushiyama, el director, se marchara a su casa con dolor de vientre sobre las 14.00, siguieron trabajando hasta las 15.00, momento en que cerraron la puerta de entrada y se dispusieron a cerrar los asuntos pendientes hasta el día siguiente / aproximadamente a las 15.30, el autor del crimen hizo su aparición repentina por la entrada lateral; le enseñó su tarjeta de visita (donde había impreso el título falso que se describe más arriba) a Yoshiko Akuzawa, una de las víctimas, y manifestó su deseo de ver al director. De manera que esta última lo acompañó a las oficinas, donde Takejiro Yoshida, el subdirector, estuvo hablando con él / el malhechor declaró entonces que habían surgido una serie de casos de disentería entre quienes habían bebido el agua de un pozo público situado delante de la casa de Aida, y que se había informado del tema al teniente Porton (o algo que sonaba parecido), así como a las autoridades japonesas. De manera, les contó, que ahora estaba en camino un equipo de desinfección de las Fuerzas Aliadas. A él lo mandaba el teniente a modo de avanzadilla de dicho equipo para investigar el caso, y así había descubierto que cierto inquilino de la casa de un enfermo de disentería había visitado aquel mismo día la sucursal donde se encontraban. En consecuencia, todo lo que había en la sucursal, incluyendo los libros, papeles, billetes, etcétera, tenía que recibir tratamiento de desinfección, razón por la cual afirmó que nadie podía hacer nada hasta que llegara el equipo de desinfección / cuando Yoshida le dijo: «Me pregunto cómo pueden haber recibido la información tan pronto», el malhechor respondió: «Lo que pasa es que el médico que ha examinado al paciente ha emitido un informe directamente a las autoridades de la Ocupación» / «El equipo de desinfección llegará pronto —continuó el villano—, y entretanto todos ustedes tienen que tomarse esta medicina que nos dan las autoridades de la Ocupación. Es una medicina tan potente y eficaz que, si la toman, los hará completamente inmunes a la disentería». Y diciendo eso, sacó unas ampollas, una grande y una pequeña, de su botiquín (un cofrecito metálico como el que usan los médicos, descrito más arriba) / las víctimas, sin sospechar nada de la intención diabólica del autor del crimen, cuya perfecta compostura, así como la verosimilitud de sus explicaciones y su brazalete de la Oficina Metropolitana de Tokio, los habían llevado a otorgarle total credibilidad a sus palabras, formaron un círculo alrededor del hombre, un círculo de desdichadas víctimas, dieciséis en total / a continuación el diablo les dijo: «Esta medicina les dañará el esmalte de los dientes, de manera que yo les enseñaré cómo tragarla. Hagan lo mismo que voy a enseñarles. Hay dos tipos de medicina. Tómense la segunda un minuto después de la primera. Asegúrense de tomarla al cabo de un minuto, o les hará un mal efecto» / después de esa explicación sirvió en las tazas de las víctimas sendas medicinas líquidas, una transparente y otra no, que había sacado de las ampollas con una jeringa para rellenar estilográficas, llenando una jeringa por cabeza / a continuación cogió una taza él también y, diciendo «Hay que beberla así», se tragó su contenido dejándolo caer gota a gota sobre su lengua, que había sacado ahuecada / de manera que las pobres víctimas, sin excepción, se tragaron el líquido letal siguiendo el ejemplo de aquel diablo / el líquido en cuestión quemaba el paladar, y las víctimas tuvieron la sensación de haber tomado un whisky muy fuerte / al cabo de un minuto, el taimado villano les mostró cómo beber la segunda medicina, y nuevamente los pobres inocentes siguieron su ejemplo, sin sospechar para nada que se estaban matando a sí mismos / el villano tuvo el descaro de aconsejarles que se enjuagaran la boca para no dañarse los dientes, y ellos se fueron a beber agua al grifo, que estaba entrando unos metros por el pasillo / fue en aquel momento cuando se vieron invadidos por un letargo repentino y se desplomaron uno a uno en la sala de oficinas, en el pasillo, en la sala de estar, etcétera, quedando sumidos en un estado comatoso / como resultado natural, nadie —más que el diablo y Dios— sabe qué hizo el autor del crimen después de que sus víctimas perdieran el conocimiento / REGLAS QUE HAN DE SEGUIR LOS AGENTES DE LA INVESTIGACIÓN CRIMINAL: (1) Mandar advertencias sin tardanza a bancos, oficinas de correos y otros lugares donde se manejan grandes sumas de dinero, a fin de que no caigan víctimas fáciles de intentos similares. Instituir al mismo tiempo una investigación minuciosa para averiguar si se han hecho otros intentos así en el pasado. (2) Emprender una investigación inmediata para averiguar dónde se imprimió la tarjeta de visita del malhechor, llevando esa búsqueda hasta el último rincón de la Metrópolis donde algún impresor de tarjetas de visita haya podido imprimir dichos artículos. (3) Emprender una investigación inmediata para averiguar si dentro de la zona que se le ha asignado a cada detective vive alguna persona sospechosa que se parezca en algo a la descripción que se ha ofrecido del diabólico autor del crimen. Prestar una atención especial a los empleados de banco, a los oficiales de desinfección y sus ayudantes, y a quienes tengan en su historial el haber sido empleados en el trabajo sanitario de las autoridades de la Ocupación. (4) Examinar a cualquier persona mínimamente sospechosa, con mayor rigor que nunca, prestando una atención especial a su tarjeta de visita, ampollas y botiquín hecho de metal. (5) Intentar recoger pistas relacionadas con todo aquel que haya podido tener negocios u otras conexiones con el banco en cuestión. (6) Rebuscar en la memoria y en los memorandos a cualquier persona con antecedentes criminales (sobre todo de fraude), que guarde algún parecido con el diabólico malhechor antes descrito, ya sea en su fisionomía o en su peculiar forma de cometer crímenes. (7) Emprender una vigilancia secreta de los hábitos diarios y rasgos característicos de todos los oficiales sanitarios metropolitanos, así como de otra gente que lleve a cabo trabajos sanitarios en la Metrópolis. / Insertar: Memorando del Director del Departamento Criminal de la Policía Metropolitana, dirigido a los jefes de todas las comisarías, Tema: Instrucciones relativas al caso del asesinato de los miembros del Banco Teikoku: Aproximadamente a las 15.30 de hoy, un hombre que se ha identificado como miembro de la Sección Sanitaria de la Oficina Metropolitana de Tokio les ha pedido a los dieciséis empleados de la sucursal de Shiinamachi del Banco Teikoku, situado dentro de la jurisdicción de la Comisaría de Mejiro, que se tragaran un veneno líquido que llevaba consigo, diciéndoles que era un remedio preventivo contra la disentería y que debían tomárselo por orden de las Fuerzas de Ocupación, como resultado de lo cual diez de las víctimas han muerto en el acto y dos más en el hospital, y las cuatro víctimas restantes están recibiendo atención médica aunque su destino todavía está en el aire. Este crimen, que se ha cometido a la hora del cierre del banco y usurpando el nombre de las Fuerzas de Ocupación, es uno de los más raros y osados que hemos visto en toda la historia del crimen. En vista de la tremenda repercusión que está teniendo el caso entre la opinión pública, nos vemos obligados, por medio de la cooperación de todas las fuerzas policiales, a llevar a cabo todos los esfuerzos posibles por detener al autor. Por esta razón se les pide que reconozcan la importancia extraordinaria de este caso, que den instrucciones exhaustivas a sus oficiales subordinados acordes con las siguientes reglas de la investigación y que se presenten de inmediato en la sede de la investigación en cuanto obtengan cualquier dato que ayude a la investigación, teniendo siempre cuidado especial de mantenerlo en el más estricto secreto. Se adjunta información sobre los detalles y el lugar del crimen, las víctimas, el autor y una breve crónica del caso. / Nota: en cuanto completen sus tareas, se esperan con impaciencia en la Sede de la Investigación sus informes escritos con presteza / Fin del memorando / se asignan cien detectives al caso / se confirma que mi unidad, la Unidad n.º 2 (Unidad de Asesinatos) de la Primera División de Investigaciones de la Policía Metropolitana de Tokio, está a cargo de la investigación del caso, a las órdenes de mi jefe, el detective inspector Minegishi / Minegishi responderá ante el inspector jefe Suzuki, jefe de la Primera División de Investigaciones, que a su vez responderá ante el jefe Kita de la Policía de Tokio / los detectives de la Unidad de Robos ayudarán en la investigación / divididos en tres equipos de investigación ji-dori / mi pareja será el detective Fukushi / me han asignado la Nagasaki 2-chome / empezamos a interrogar a los vecinos al alba.

27-1-1948; 06.00: Buen tiempo, con vientos del noroeste / interrogatorios calle a calle y puerta a puerta por el vecindario de la Nagasaki 2-chome, en compañía de Fukushi-kun / establecer los nombres y las ocupaciones de todos los residentes / establecer y verificar el paradero de todos los residentes en el momento del crimen / repetir la descripción del sospechoso basada en las declaraciones de los supervivientes / apuntar cualquier posible avistamiento de individuos que encajen con la descripción del sospechoso / apuntar cualquier sugerencia de la identidad del sospechoso que puedan hacer los vecinos basada en la descripción que se les ha proporcionado / 18.00: se nos pide que regresemos a la Sede de la Investigación Especial para una reunión de emergencia / se ha recibido aviso de dos casos parecidos / ha dado aviso del primer caso en la Comisaría de Marunouchi a las 15.30 de esta tarde Taizo (o Yasuzo) Ogawa, director de la sucursal de Nakai del Banco Mitsubishi / el caso se produjo aproximadamente a las 15.20 del 19 de enero del presente año, en la sucursal de Nakai del Banco Mitsubishi, situada en el chome-4, Shimo-ochiai, Shinjuku-ku / de acuerdo con la declaración de Ogawa, llegó un hombre al banco justo cuando estaban cerrando y presentó la misma tarjeta de visita: «Dr. Jiro Yamaguchi, técnico médico adjunto a la Sección Anti-Epidémica del Ministerio de Bienestar» / el visitante le dijo a Ogawa que lo mandaba un tal teniente Porter o Parker para desinfectar toda la sucursal porque aquel mismo día había hecho un depósito allí un hombre llamado Otani de la Compañía Industrial Kinuhara situada en el chome-4, Shimo-ochiai / Ogawa investigó en los registros de la sucursal y encontró un depósito hecho por un hombre llamado Otani de la Compañía Industrial Kinuhara / sin embargo, el depósito no había sido una cantidad en metálico, sino un giro postal de 65 ¥ / Ogawa le mostró el giro postal al visitante / el visitante se sacó del maletín un frasco de líquido transparente e incoloro / el hombre roció el giro postal y el libro de contabilidad con una pequeña cantidad del líquido / Ogawa le preguntó si quería llevarse el giro postal, pero nuevamente el hombre no contestó con claridad / a continuación Ogawa le preguntó si era posible infectarse de fiebre tifoidea por el simple hecho de tocar el giro postal, y nuevamente el hombre no estuvo seguro / Ogawa le dijo: «Pero para contagiarse habría que lamer el giro postal o la mano del cliente, ¿no?» / el hombre se mostró de acuerdo y se levantó para marcharse / antes de marcharse, sin embargo, el hombre le echó un último vistazo a las cámaras acorazadas que había al otro lado de la sala y le preguntó al director si el banco ya había mandado los depósitos en metálico de la jornada al Banco Central / el hombre usaba los mismos términos técnicos que los empleados del banco para referirse a los depósitos en metálico y las prácticas y procedimientos bancarios / sin embargo, antes de que Ogawa pudiera contestar, el hombre hizo una reverencia muy marcada, le dio las gracias al director y salió de la sucursal / Ogawa ha dicho que el hombre tenía cincuenta y pico años, constitución media, cara redonda con una cicatriz en la mejilla izquierda y pelo al rape / también llevaba uniforme con brazalete en el que había pintadas las palabras: «Centro de Prevención de Epidemias de Tokio» / del segundo caso ha informado hoy a la Sede de la Investigación Especial un tal señor Kawasumi, director en funciones de la sucursal en Ebara del Banco Yasuda / Kawasumi ha informado de que el 14 de octubre de 1947 entró un hombre en la sucursal de Ebara del Banco Yasuda, situada en el 722 de la Hiratsuka-machi, chome-3, Shinagawa-ku, y se presentó como el doctor Shigeru Matsui, oficial de la Unidad de Prevención de Epidemias del Ministerio de Bienestar / el hombre dijo: «He venido en jeep con el teniente Parker porque ha tenido lugar un caso nuevo de tifus en las viviendas cercanas al mercado que hay detrás de su banco, y como hay residentes de esas viviendas que son clientes del mercado es necesario que yo inmunice a los empleados del banco contra un posible contagio» / sin embargo, Kawasumi sospechó del tal doctor Matsui y mandó a un empleado al koban de la zona de Hiratsuka para que le preguntara al agente de guardia si se había producido un brote de fiebre tifoidea en el vecindario / el agente en cuestión se llamaba Ryuzo Iida / el agente Iida dijo que a él no le constaba que hubiera ningún brote, pero que lo comprobaría e iría al banco / entretanto el director aceptó cooperar con la desinfección / el tal doctor Matsui dijo que tenía que recoger su equipo del jeep y salió / al regresar, distribuyó alguna clase de medicina entre los veintitrés empleados de la sucursal / les contó a los empleados que era una medicina preventiva para el control del tifus y les dio instrucciones para que se la bebieran / la medicina se administraba en dos dosis / la primera dosis era al parecer del color de la salsa de soja diluida y tenía un regusto acre / la segunda medicina carecía de sabor y se cree que era agua / todos los empleados se bebieron ambas dosis pero no sufrieron efectos perniciosos / en aquel momento llegó el agente Iida y habló directamente con aquel tal doctor Matsui / el agente Iida le dijo a aquel tal Matsui que había ido a hacer comprobaciones al vecindario y no había encontrado señales de ningún brote de fiebre tifoidea / el tal doctor Matsui le dijo al agente Iida que debía de haberse equivocado de vecindario, y le sugirió que volviera y comprobara la zona correcta / el agente Iida se fue del banco para volver a comprobar la zona / pero el hombre no esperó a que volviera el agente y se marchó al cabo de unos minutos / sin embargo, Kawasumi le ha entregado a la Sede de la Investigación Especial la tarjeta de visita que les dejó el hombre / «Shigeru Matsui, doctor en medicina; Gikan, División de Yobo; Ministerio de Salud y Bienestar» / ya se ha localizado a un médico llamado Shigeru Matsui en Sendai / el detective (Bucho Keiji) Tomitsuka de la Primera División de Investigaciones ha sido enviado a Sendai para entrevistar al doctor Matsui / el agente Iida también ha sido entrevistado esta tarde en la Sede de la Investigación Especial y ha proporcionado una descripción detallada del hombre / Iida ha explicado que el hombre tenía cuarenta y muchos o bien cincuenta y pocos años, medía 1,60 m de altura aproximadamente y mostraba una marca en la mejilla izquierda / el señor Kawasumi también ha declarado que el hombre no hablaba en el dialecto de Tokio sino que tenía acento de otra región (aunque no sabe decir cuál) / como el agente Iida fue incapaz de verificar ningún informe de brotes de disentería en el vecindario, informó del caso a su superior, el detective Meiga / el detective Meiga se puso en contacto con el Ministerio de Salud y Bienestar, donde le dijeron que había un doctor Shigeru Matsui asignado a su ministerio, pero que estaba destinado en Sendai y no encajaba con la descripción del hombre que había visitado la sucursal de Ebara del Banco Yasuda / Meiga e Iida escribieron un breve memorando del caso y lo archivaron junto con la tarjeta de visita / no se emprendieron más acciones en aquel momento / Iida ha sido trasladado temporalmente a la Sede de la Investigación Especial / los detectives de la Unidad de Robos han sido retirados de los equipos de ji-dori para formar el Equipo de Investigación de Tarjetas de Visita, a las órdenes del jefe Komatsu / 19.30: termina la reunión de emergencia / se ordena a los agentes que se presenten para la segunda reunión de sus equipos de interrogatorio de ji-dori / cada pareja de detectives presenta su informe del trabajo de la jornada / no se aportan pistas sustanciales / se ordena a los agentes que pongan por escrito todas las declaraciones recogidas / se ordena a los agentes que sigan interrogando mañana los vecindarios que les han sido asignados, poniendo énfasis en la descripción del sospechoso / Fukushi y yo planteamos objeciones / es una pérdida de tiempo / nos dicen que nos callemos y hagamos nuestro trabajo.

28-1-1948; 06.00: Aguanieve / a la calle otra vez, recorriendo la Nagasaki chôme-2 casa por casa y puerta por puerta / una pérdida de tiempo / 12.00: un agente uniformado de Mejiro nos dice que nos presentemos inmediatamente en la Sede de la Investigación Especial / que falta personal / 12.30: reunión / resumen: al detective Tomitsuka de la Primera División de Investigaciones lo mandaron ayer a entrevistar al doctor Shigeru Matsui / el doctor Shigeru Matsui era el nombre que figuraba en la tarjeta presentada en la sucursal de Ebara del Banco Yasuda / se verifica que es el nombre de una persona empleada en la actualidad en Sendai por el Ministerio de Salud y Bienestar / pero resulta que ese doctor Matsui está sentado ahora aquí, en la sala de interrogatorios que hay al final del pasillo de la segunda planta de la Sede de la Investigación Especial, situada en la Comisaría de Mejiro, Tokio / porque ese doctor Matsui lee los periódicos / ese doctor Matsui sabe que se usó una de sus tarjetas de visita en el incidente de la sucursal de Ebara del Banco Yasuda / de manera que, esta mañana, el doctor Matsui coge un tren a Tokio para asistir al funeral de un pariente / y al llegar a Tokio, el doctor Matsui viene directo aquí / el doctor Shigeru Matsui está sentado en estos momentos aquí, en la sala de interrogatorios que hay al final del pasillo de la segunda planta de la Sede de la Investigación Especial de la Comisaría de Mejiro, Tokio / falta personal en la Sede de la Investigación / nos destinan al equipo de interrogatorios / 13.00: recorremos el pasillo que lleva a la sala donde está ese doctor Matsui / el tal doctor Matsui está sudando con el abrigo de invierno puesto / un hombre con secretos / el tal doctor Matsui, de cara pálida y demacrada, de manos temblorosas y voz quebrada / todos los hombres tienen secretos / Transcripción de la entrevista: «El año pasado, el Emperador realizó una gira por todo el país. El Emperador viajó durante la primavera pasada por las seis prefecturas de la región de Tohoku. Antes de la visita del Emperador, yo recorrí las seis prefecturas de la región de Tohoku, enviado por el Ministerio de Salud y Bienestar, a fin de determinar si dichas prefecturas eran lo bastante seguras como para que el Emperador las visitara. Investigué el riesgo de enfermedades y epidemias en dichas prefecturas (…)» / «Antes de mi viaje, hice imprimir cientos de tarjetas de visita nuevas (…)» / «¿Dónde? ¿Quién se las imprimió?» / «En el sótano de la Oficina de la Prefectura de Miyagi» / «¿Cuándo?» / el doctor Shigeru Matsui saca un cuaderno de cubiertas negras / «El 25 de marzo de 1947» / el doctor Matsui es un hombre muy metódico y meticuloso / el doctor Matsui lleva un registro en su diario de todo el mundo con quien ha intercambiado tarjetas de visita / el doctor Matsui ha guardado todas las tarjetas de visita que ha recibido a cambio de la suya / el doctor Matsui vuelve a observar la tarjeta de visita que tiene delante, sobre la mesa de la sala de interrogatorios / «Dr. Shigeru Matsui, oficial del Ministerio de Salud y Bienestar» / el doctor Matsui reconoce que la tarjeta que el sospechoso usó el pasado otoño en la sucursal de Ebara del Banco Yasuda parece ser de él / el doctor Matsui admite que el sospechoso podría perfectamente ser un conocido suyo / ahora el doctor Matsui vuelve a abrir su cuaderno de cubiertas negras / ahora el doctor Matsui nos da los nombres de sus conocidos / los nombres de cualquier conocido a quien le haya podido dar una tarjeta de visita; los nombres de sus compañeros de la Oficina de Prevención de Epidemias / todos los hombres tienen secretos, todos los hombres dicen mentiras / el doctor Matsui no para de referirse a un mismo nombre / a un compañero de la Oficina de Prevención de Epidemias que en la actualidad trabaja para la Sección de Higiene Pública de la Prefectura de Miyagi / un tal señor Shoji Hoshi / 15.00: se suspende la entrevista / se llama por teléfono a Tomitsuka, en Sendai / larga espera / 18.00: reunión con el jefe Kita / Kita nos transmite el informe de Tomitsuka: Esta mañana el detective Tomitsuka ha visitado la imprenta del sótano de la Oficina de la Prefectura de Miyagi / el impresor le ha dicho al detective que no cabe duda de que la tarjeta usada en el Banco Yasuda forma parte de la remesa que le hizo al doctor Matsui, a juzgar por lo poco común de la fuente tipográfica / impresa en fuente Mincho y sobre papel Kento / además, los caracteres kanji usados para formar el nombre Shigeru son tan poco comunes que el impresor tuvo que juntar dos caracteres distintos para imprimir el nombre de forma correcta / a fin de formar la letra , el impresor juntó con / por eso el carácter de Shigeru es un poco más alto que los demás / por consiguiente, no cabe duda alguna de que esta tarjeta pertenece a la remesa que se le hizo al doctor Shigeru Matsui el 25 de marzo de 1947 / por la tarde, después de recibir la llamada de Tokio, el detective Tomitsuka ha buscado al señor Shoji Hoshi / el señor Shoji Hoshi se encuentra en estos momentos en la sala de interrogatorios de la Jefatura de Policía de Sendai / pero el señor Hoshi no encaja con la descripción del sospechoso del Banco Teikoku / y al señor Hoshi no se le ocurre ningún conocido suyo que pudiera encajar con la descripción del asesino / sin embargo, el señor Hoshi se refiere con insistencia a un nombre / el nombre de un antiguo brigada médico del ejército que estuvo entre el personal del doctor Matsui durante la guerra / sin embargo, el señor Hoshi admite que la descripción del hombre tampoco encaja con la del asesino / aunque el hombre en cuestión vive ahora en Tokio / 18.30: otra vez con el doctor Matsui en la sala de interrogatorios, al final del pasillo / este hombre tiene secretos / el doctor Matsui, sudando con el abrigo puesto / todos los hombres tienen secretos / se reanuda la entrevista / «¿Conoce usted al brigada Karajima que estaba en la sección médica del Ejército?» / todos los hombres dicen mentiras / el tal doctor Matsui, pálido y demacrado, con las manos temblorosas y la voz quebrada / «Sí, lo conozco…» / 19.00: la Sede de la Investigación Especial emite una orden de búsqueda del antiguo brigada médico Karajima / a los detectives se nos manda que regresemos a nuestros equipos de interrogatorio de ji-dori.

29-1-1948; 06.00: Nublado, con vientos del nordeste / reanudar los interrogatorios calle por calle y casa a casa de los vecinos de la Nagasaki chome-2, en compañía de Fukushi-kun / un vecino nos habla de un hombre que siempre llevaba brazalete y que visita con frecuencia la casa de una viuda / vamos corriendo a la casa de la viuda / mientras nosotros llamamos a la puerta principal, otra pareja de detectives aporrea la puerta de detrás / una buena pista, está claro / envío a Fukushi-kun de vuelta a la comisaría para que informe inmediatamente de la pista / para asegurarme de que se nos reconozca el mérito / la gloria / entrevistamos a la viuda / el novio del brazalete es médico de una compañía de seguros / con buena reputación / con coartada para el incidente de Teigin / la coartada la proporciona ella / vuelvo a comisaría para usar el teléfono / bastan diez llamadas para certificar que el médico no es tal cosa / es un exmédico del Ejército, veterano de China, sin licencia / vive en Shibusawa, pasado Atsugi, en la línea Odakyu / siempre lleva pistola / el jefe de policía Kita da luz verde / un equipo de detención de cuatro hombres / nada de sake, de manera que nos tomamos cada uno un mizu-sakazuki, un chupito ceremonial de agua antes de la batalla / llevamos una manta para protegernos de los disparos / 12.00: en tren hasta Shibusawa / el falso médico vive en una habitación de alquiler de una casa grande con techo de paja situada cerca de la estación / el resto de la tarde, y casi toda la tarde-noche, me la paso agachado en un prado de plantas de té / aburrido, congelado y con miedo / 24.00: por fin el médico se apea del último tren de la noche / se detiene de improviso a treinta metros de su casa / mea en los matorrales donde están escondidos el detective Sudo y su compañero / ellos se le echan encima desde detrás, le agarran el cuello / Sudo le coge las piernas / unos cuantos puñetazos y las esposas ya están puestas / lo arrastran hasta el koban que hay delante de la estación / el agente uniformado de la garita dice: «¡Doctor! ¿Qué está pasando?» / el agente uniformado nos mira a los cuatro y dice: «¡Esto es un atropello! ¿Sabéis quién es este hombre?» / «¡Sí! ¡El asesino de Teigin!» / eso le hace callarse / examinamos las pertenencias del bueno del médico / le encontramos una pistola Browning cargada con cuatro balas / una para cada uno de nosotros / ¡loado sea el poder del mizu-sakazuki! / regresamos a la Sede de la Investigación Especial con el sospechoso.

30-1-1948; 04.00: Interrogamos al sospechoso / su coartada es válida / lo acusamos de hacerse pasar por médico y de poseer un arma de fuego ilegal / pérdida de tiempo / 06.00: calle por calle, casa por casa y puerta a puerta / nada / estoy harto de esto / 18.00: reunión de todo el Equipo Especial de Investigaciones / está presente el jefe de policía Kita / se cancelan todos los permisos de la Policía Metropolitana de Tokio / se moviliza a 20.000 agentes por todo el país / Kita vaticina una investigación prolongada / hay que prepararse para trabajar largo y tendido / repasamos todas las pistas significativas que tenemos de momento / algunos detectives conjeturan con insistencia posibles vínculos con la Tokumu Kikan, la División de Operaciones Especiales de los tiempos de la guerra / una corazonada basada en la precisión militar con que se cometió el crimen de Teikoku / rumores de que hubo crímenes similares en la China Ocupada / se hace necesario formar un segundo equipo con personal de la Segunda División de Investigaciones para investigar los vínculos con la Tokumu Kikan / se piden voluntarios para el «equipo anexo» / «¿Y por qué usted?» / «Viejos contactos» / «Pues úselos».

31-1-1948; 09.00: Llueve / Ginza / reunión con [NOMBRE BORRADO] / viejo amigo, veterano de la Tokumu Kikan, antiguo pez gordo en la China Ocupada / tras la guerra ha cambiado de vida y de trabajo, pero sigue siendo un pez gordo, siempre lo fue / profundas reverencias y charla trivial / té y cigarrillos / «No has venido por los viejos tiempos, ¿verdad que no?» / «No» / «Has venido por el caso ese de Teigin, ¿verdad?» / «Sí» / «Crees que ha sido alguien que hacía el mismo trabajo que yo, ¿verdad?» / «Sí» / «Bueno, ¿pues quieres que te diga por qué te equivocas? ¿Por qué estás perdiendo el tiempo?» / «Por favor…» / «Por lo que he oído, el hombre del banco le dijo al director que era médico, ¿no?» / «Sí» / «Y está claro que el director le creyó, ¿verdad?» / «Sí» / «Por la actitud del hombre, su conducta y su carácter, ¿no?» / «Sí» / «Pues mira, en mi experiencia, todo el mundo que yo conozco, todos los hombres con quienes yo trabajé allí, tienen mal aspecto» / «¿Ah, sí?» / «Sí, les ha quedado mala pinta, están quemados por las vidas que llevaron allí» / «¿Ah, sí?» / «Sí, no creo que ninguno de ellos se pudiera hacer pasar por médico» / «¿En serio?» / «Sé que no me crees. Sé que piensas que te estoy diciendo esto solamente para que no te pongas a escarbar en mi pasado y en el de mis colegas. Pero te equivocas» / «Sí que te creo» / «Eso espero» / «Te creo» / «Olvídate de la Tokumu Kikan. Céntrate en los médicos. Sigue el rastro de las tarjetas de visita» / «Gracias» / regreso a comisaría / les digo a los diversos jefes que se olviden de la Tokumu Kikan / que se centren en los médicos / que sigan el rastro de las tarjetas de visita / 18.00: me vuelven a asignar a los equipos de interrogatorios de ji-dori / mierda.

1-2-1948; 06.00: No hay días libres / lluvia, aguanieve, nieve / se reparte un aviso impreso entre todos los detectives: El Banco Teikoku ha establecido que la cantidad total de dinero desaparecido o robado el 26 de enero de su sucursal de Shiinamachi es 164.405 ¥. El Banco Teikoku declara que también ha desaparecido un cheque (con n.º B09216) por un valor nominal de 17.450 ¥, expedido a nombre de un tal Toyoji Goto / de vuelta a las calles / ji-dori interminable; a veces por la zona de Shiinamachi, a veces por Nakai y a veces hasta Ebara / vecindarios distintos pero el mismo juego / calle por calle, casa por casa y puerta a puerta, interrogando a los vecinos en compañía de Fukushi-kun / esclarecer los nombres y las ocupaciones de todos los vecinos / esclarecer y verificar el paradero de cada vecino en el momento de los distintos crímenes / repetir la descripción del sospechoso basada en las declaraciones de los supervivientes / apuntar cualquier posible avistamiento de individuos que encajen con la descripción del sospechoso / apuntar cualquier sugerencia de la identidad del sospechoso que puedan hacer los vecinos basada en la descripción que se les ha proporcionado / pérdida de tiempo, pérdida de tiempo, pérdida de tiempo.

2-2-1948; 06.00: Un poco de nieve y después lluvia / segunda planta de la Comisaría de Mejiro / Sede de la Investigación Especial / reunión del Equipo Especial de Investigaciones / está presente el jefe de policía Kita / Nueva pista: el cheque n.º B09216 por valor de 17.450 ¥, que consta como desaparecido y presuntamente robado de la sucursal de Shiinamachi del Banco Yasuda / cheque endosado por un tal Toyoji Goto, con domicilio en el 2661 de Itabashi, chome-3, Itabashi-ku / el director de la sucursal de Itabashi del Yasuda recibió ayer un cheque que coincide con el que consta como desaparecido o robado durante el incidente de Teigin / ha avisado a la policía / los detectives le han tomado declaración / las descripciones que ha llevado a cabo el personal del banco del hombre que cobró el cheque no coinciden con las descripciones que han dado los supervivientes del incidente de Teigin / según las descripciones, el hombre que acudió a la sucursal de Itabashi del Banco Yasuda era corpulento, llevaba gafas con montura de concha y hablaba con voz ronca / se han mandado agentes a la dirección que hay escrita en el dorso del cheque / en esa dirección no vive nadie llamado Toyoji Goto / los ocupantes tampoco conocen a nadie que se llame así.

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

4-2-1948; 06.00: Frío, lluvia / segunda planta de la Comisaría de Mejiro / Sede de la Investigación Especial / reunión del Equipo Especial de Investigaciones / está presente el jefe de policía Kita / se está distribuyendo a todos los detectives, a todas las comisarías y a todos los periódicos del país un retrato robot del sospechoso, basado en las descripciones que proporcionaron los supervivientes de Teigin / es la primera vez en toda la historia de la policía japonesa que se usa el retrato robot de un sospechoso / se espera una respuesta enorme del público / todos los equipos de interrogatorio de ji-dori usarán el retrato / nos ordenan que volvamos a interrogar a todos los individuos y vecinos que ya interrogamos, pero esta vez llevando el retrato robot / nota a todos los detectives y agentes de policía: ahora se cree que el veneno que se usó en los asesinatos NO FUE cianuro potásico, sino cianuro de plata / por consiguiente, se cree que el asesino tiene una dilatada experiencia en el manejo y uso de sustancias / 07.00: reanudamos los interrogatorios de ji-dori llevando el retrato robot / los mismos vecindarios, las mismas calles, las mismas casas, las mismas puertas, las mismas caras y la misma pérdida de tiempo.

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

Periodo Segundo: los veinte días siguientes de la investigación, del 15 de febrero al 5 de marzo de 1948

15-2-1948; 06.00: Nublado y después encapotado / segunda planta de la Comisaría de Mejiro / Sede de la Investigación Especial / reunión del Equipo Especial de Investigaciones / está presente el jefe de policía Kita / repaso a la investigación hasta la fecha / interrogados más de quinientos sospechosos / seguidas innumerables pistas / todos los sospechosos eliminados y puestos en libertad / todas las pistas investigadas y agotadas / vuelta al ji-dori / vuelta a las reuniones / ji-dori interminables y reuniones interminables / pérdida de tiempo interminable / que nos lleva interminablemente a ninguna parte.

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

23-2-1948; 18.00: Frío / reunión de la Primera División de Investigaciones al pleno en la Sede de la Investigación Especial / El oficial de enlace entre la Comandancia Aliada y el Ministerio de Justicia, Miyakawa, informa de los resultados de la reunión con la División de Seguridad Pública de la Comandancia Aliada que tuvo lugar el 19 de febrero de 1948 / en nombre de la investigación, Miyakawa solicitó la ayuda de la División de Seguridad Pública de la Comandancia Aliada para localizar a un tal teniente Hornet y a un tal teniente Parker / ambos nombres están relacionados con los equipos de desinfección del tifus operativos en la zona de Tokio / se cree que el teniente Hornet tuvo relación con el equipo de Toshima en los distritos de Oji y Katsushika / el teniente Parker tuvo relación con el equipo de desinfección de Ebara / los testigos de la sucursal de Ebara del Banco Yasuda informaron de que el sospechoso dijo: «He venido en jeep con el teniente Parker porque ha tenido lugar un caso nuevo de tifus en el vecindario» / en la sucursal de Shiinamachi del Banco Teikoku, consta que el mismo individuo dijo: «Vengo porque hay muchos casos de disentería en la zona. Enseguida vendrá el teniente Hornet» / Miyakawa solicitó que la División de Seguridad Pública de la Comandancia Aliada suministrara información, nombres o direcciones de cualesquiera individuos japoneses que tuvieran algún conocimiento o relación con el trabajo de desinfección llevado a cabo por cualquiera de los susodichos tenientes, y en particular de intérpretes o individuos que hablaran inglés / Miyakawa aconsejó eliminar de la lista a los individuos de menos de treinta años o de más de sesenta / el señor Eaton de la División de Seguridad Pública informó a Miyakawa de que había hablado con el señor Allen del Equipo Médico de Control Sanitario de Tokio, y el señor Allen le había dicho que en 1946 el Equipo Médico tenía empleados a diez oficiales médicos de rango inferior para sus actividades de control de la epidemia del tifus / en estos momentos, sin embargo, el Equipo Médico no tiene personal militar empleado para esas tareas / ahora todas las tareas de desinfección las llevan a cabo empleados japoneses de las Oficinas de Distrito de Tokio / además, el Departamento de Salud Pública y Bienestar ya no emplea a esa clase de equipos / el señor Eaton declaró que en la actualidad hay cierto número de personal de la Comandancia Aliada que trabaja en el control de roedores a las órdenes del Cuartel General y de la División de Grupos de Servicio, Reparaciones y Mantenimiento, pero nadie que se llame Parker ni Hornet / finalmente, el señor Eaton declaró que se pondría en contacto con la Sección de Personal del Cuartel General para averiguar la identidad y el paradero de cualquier teniente o capitán llamado Parker o Hornet que estuviera destinado a Japón / fin de la reunión / vuelta al ji-dori / vuelta a las reuniones / vuelta a las reuniones y al ji-dori / al ji-dori completamente interminable y a las reuniones completamente interminables / a la pérdida completamente interminable de tiempo / que nos lleva de forma completamente interminable a ninguna parte.

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

4-3-1948; 18.00: Reunión del pleno de la Primera División de Investigaciones en la Sede de la Investigación Especial / el jefe de policía Kita ha solicitado que la División de Seguridad Pública de la Comandancia Aliada colabore proporcionando cualquier información de que disponga relativa a un grupo de antiguo personal militar japonés que fue enviado a Corea para hacer de envenenadores durante la guerra / se cree que esas personas recibieron formación avanzada en materia de preparación de diversos venenos / también se cree que la Comandancia Aliada está investigando a esos mismos individuos por posibles crímenes de guerra / termina la reunión / nos esperan más ji-dori y más reuniones / más ji-dori y más reuniones / más y más ji-dori y más y más reuniones / más y más tiempo perdido / que nos lleva más y más a ninguna parte.

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

Periodo Tercero: los veinte días siguientes de la investigación, del 6 al 25 de marzo de 1948

6-3-1948; 06.00: Vientos fuertes del nordeste / reunión del pleno de la Primera División de Investigaciones en la Sede de la Investigación Especial / el jefe de policía Kita nos hace un resumen de la investigación hasta la fecha y perfila la dirección que asumirá la investigación durante el Periodo Tercero / tenemos que concentrarnos en la nueva pista que apunta al personal del antiguo Laboratorio Químico Imperial de Japón que había en Tsudanuma, Chiba-ken / se sabe que allí se realizaban experimentos en los que se usaba ácido prúsico como veneno / durante la guerra se enviaron contingentes a Manchuria / esos contingentes usaron con éxito el susodicho veneno sobre animales y personas / se hizo llegar un panfleto sobre el uso del veneno al personal militar japonés / el modus operandi del criminal y el hecho de que usara ácido prúsico remiten al adiestramiento que se desarrollaba en el Arsenal de Tsudanuma / el lenguaje empleado por el criminal indica que fue adiestrado en este laboratorio / más pruebas: el uso de las expresiones «First Drug» y «Second Drug» en inglés; la capacidad para beber del mismo frasco que las víctimas, a sabiendas de que el veneno se había precipitado en el fondo de la solución; el conocimiento del proceso de precipitación del ácido prúsico por medio de aceite de palma / además, el equipo usado concuerda con el equipo que se usaba en el laboratorio de Tsudanuma / Nota: al acabarse la guerra y cerrar el laboratorio, los empleados se llevaron el equipo a casa / el excomandante Nonoyama y el excoronel Yokoyama han suministrado información sobre los antiguos empleados / se requiere que toda la información se mantenga en secreto por miedo a que el Tribunal de Crímenes de Guerra emita acusaciones / el jefe de policía Kita cierra la reunión declarando que se presentará ante la Comandancia Aliada una queja por la conducta de la prensa / vítores / termina la reunión / 08.00: reunión de la Unidad n.º 2 para reasignar tareas / a mí me mantienen junto a Fukushi en un equipo de ji-dori / discusión con Suzuki (jefe de la Primera División) / los interrogatorios son ineficaces / no llevan a ninguna parte / las tres escenas de los crímenes —Ebara, Nakai y Shiinamachi— no nos están ayudando / sugiero que se sigan únicamente las pruebas sustanciales que constituyen las tarjetas de visita de Matsui y Yamaguchi / si seguimos el rastro de las tarjetas, encontraremos al asesino / me reprenden por insubordinación / me degradan y me transfieren junto con Fukushi a la Unidad de Robos / 09.00: comparezco para ser trasladado a la Unidad de Robos / un cuartito de alquiler situado junto a la Sede de la Investigación en Mejiro / ahora estoy a las órdenes del inspector Iki-i / ocho hombres, cuatro para Matsui y cuatro para Yamaguchi / me asignan junto con Fukushi a la tarjeta de Matsui / respondemos directamente ante Iki-i / Iki-i responde directamente ante el jefe de policía Kita / no hay que informar para nada a la Primera División de Investigaciones (por miedo a las filtraciones a la prensa) / nos mandan que leamos todos los informes y notas de que dispone hasta la fecha la Unidad de Robos / 09.30: empezamos por el informe que redactó el detective Tomitsuka sobre su entrevista con Matsui y sobre la información y declaraciones que recabó en Sendai / la tarjeta forma parte de un centenar que se imprimió el 25 de marzo de 1947 en el sótano de la Oficina de la Prefectura de Miyagi / el doctor Matsui ha intercambiado un total de 128 tarjetas / se ha localizado a todos los individuos que intercambiaron tarjetas con Matsui, se los ha entrevistado y se les ha pedido que entreguen las tarjetas que recibieron / a quienes no han podido entregarlas se les ha asignado un expediente / a nosotros nos mandan que trabajemos en esos expedientes / que los revisemos todos y señalemos aquellos donde se pueda llevar a cabo otra entrevista / me pongo a revisar y a revisar y a seguir revisando / no me arrepiento de nada.

7-3-1948; 06.00: Siguen los vientos fuertes / revisar y revisar y seguir revisando / hay un expediente y un nombre, que destacan sobre los demás: Daisho Hirasawa / Daisho Hirasawa es el nombre artístico de un tal Sadamichi Hirasawa, de cincuenta y siete años / Hirasawa reside en Otaru, Hokkaido, con su padre y su hermano menor / su esposa y sus tres hijos residen en Tokio / se solicita a la Comisaría de Otaru que mande información sobre Hirasawa / el informe de Otaru: Hirasawa es un artista famoso, con buen carácter y buena reputación / no llegan más datos ni más informaciones procedentes de la policía de Otaru / los detectives Tomitsuka e Iki-i viajan a Otaru / entrevistan a Hirasawa / Hirasawa declara que conoció al doctor Matsui en julio del año pasado, a bordo del ferri para trenes que va de Hokkaido a Honshu / Hirasawa afirma que él estaba viajando a Tokio para entregarle una de sus acuarelas al Príncipe Coronado / Hirasawa y Matsui intercambiaron tarjetas de visita / Hirasawa declara que perdió la tarjeta de visita de Matsui más tarde, cuando le robó la billetera un carterista en Tokio, en la estación de Mikawashima, en la línea Joban, en agosto de 1947 / Hirasawa informó del robo al koban de la estación de Mikawashima / los detectives le preguntan a Hirasawa dónde estaba el 26 de enero / Hirasawa admite que el día del crimen estaba en Tokio / Hirasawa admite que pasó la mañana y la primera hora de la tarde con su hija y su yerno en el Distrito de Marunouchi / a continuación Hirasawa cogió un tren para ir a casa de su otra hija, donde se pasó el resto de la tarde y la velada jugando a cartas con el novio de su hija / los detectives llegan a la conclusión de que Hirasawa no es sospechoso / inocente / me muestro en desacuerdo, me parece prematuro / la coartada está sin comprobar y las declaraciones sin corroborar / dejo el expediente a un lado / sigo revisando y revisando y revisando expedientes.

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

Periodo Cuarto: los veinte días siguientes de la investigación, del 26 de marzo al 14 de abril de 1948

26-3-1948; 06.00: Cielos despejados / reunión del Equipo de Tarjetas de Visita de la Unidad de Robos / solicito permiso para ir al koban de la estación de Mikawashima y volver a comprobar la historia del carterista de Hirasawa / los demás detectives se muestran escépticos / una pérdida de tiempo, dicen / pero el inspector Iki-i me concede permiso / hago una llamada telefónica / pregunto por el agente que tomó declaración a Hirasawa en relación al robo que este sufrió en agosto del año pasado / me entero de cuándo va a estar ese agente de guardia / 09.00: voy al koban de la estación de Mikawashima / me encuentro con el agente / nervioso / expediente en mano / él se disculpa por la falta de detalle y por las discrepancias de su informe original / no consta la fecha real de nacimiento de Hirasawa / la edad que consta es cuarenta y cinco años, etcétera / me cuenta que lo hipnotizó la forma que tenía de hablar Hirasawa, su uso del lenguaje, su reputación, sus contactos con la Familia Imperial, etcétera / admite que, después de la entrevista, buscó a Hirasawa para confirmar su edad y su fecha de nacimiento / Hirasawa ya se había marchado / ya no estaba / el agente y dos colegas suyos acordaron escribir «cuarenta y cinco años» en el informe, basándose en sus impresiones / le digo al agente que en agosto de 1947 Hirasawa debía de tener cincuenta y seis o cincuenta y siete años / Nota: todos los supervivientes del incidente de Teigin afirmaron que el autor aparentaba unos «cincuenta años» / Nota: a los agentes de Mikawashima les pareció que Hirasawa era más joven de lo que era en realidad / Nota: no hay que eliminar a Hirasawa únicamente por su edad / a continuación el agente de Mikawashima saca un abanico de la carpeta de un expediente / se trata de un abanico que Hirasawa le dio al agente mientras este le estaba tomando declaración / Hirasawa declaró que el ladrón le había dejado el abanico en el bolsillo en el momento de quitarle la cartera / el abanico tiene estampado el nombre de una heladería y su dirección / 10.00: salgo del koban de la estación de Mikawashima / sigo la pista del abanico / la dirección de la heladería está en el mismo vecindario que la casa de una de las hijas de Hirasawa / hablo con el vendedor de helados / el tipo vende carbón y leña en invierno / helados en verano / el verano pasado hizo cincuenta abanicos para regalar a sus clientes habituales / la hija de Hirasawa es una de las clientas habituales / el heladero recuerda haberle regalado un abanico a la hija de Hirasawa / la historia del carterista es mentira / kuro-kuro / me paso bastante rato delante de la casa de la hija de Hirasawa / cada vez más negro / no entro / cada vez más culpable / 12.00: regreso a la sede del Equipo de Tarjetas de Visita de la Unidad de Robos / 13.00: me reúno con el inspector Iki-i / informo de mis entrevistas con el agente de Mikawashima y con el vendedor de helados / me mandan que escriba un informe y que lo adjunte al expediente de Hirasawa / me mandan que pase a otros expedientes y compruebe si requieren nueva entrevista / de manera que vuelvo a revisar y a revisar y a seguir revisando / a repetir entrevistas y repetirlas y repetirlas.

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

Periodo Quinto: los veinte días siguientes de la investigación, del 15 de abril al 4 de mayo de 1948

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

Periodo Sexto: los veinte días siguientes de la investigación, del 5 al 24 de mayo de 1948

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

Periodo Séptimo: los veinte días siguientes de la investigación, del 25 de mayo al 13 de junio de 1948

25-5-1948; 06.00: Calor / reunión del Equipo de Tarjetas de Visita de la Unidad de Robos / el inspector Iki-i nos da la noticia que todos estábamos esperando oír / se ha concedido el permiso y se ha aprobado el presupuesto para viajar a Tohoku y a Hokkaido y entrevistar a todos los individuos con quienes Matsui intercambió tarjetas de visita / se nos manda confirmar y detallar la situación en que se intercambió cada tarjeta / se nos manda reclamarle a todo el mundo sus tarjetas de visita de Matsui / un total de 128 tarjetas / a los detectives Iiga y Fukushi se les asignan las setenta y siete tarjetas intercambiadas en la zona de Tohoku / a mí y al inspector Iki-i nos corresponde investigar las cincuenta y una tarjetas intercambiadas en la zona de Hokkaido / el primer nombre de la lista: Sadamichi Hirasawa / nos dicen que seguramente nos tocará pasar un mes fuera / que vayamos a casa a hacer la maleta.

26-5-1948; 06.00: Calor / salimos de la estación de Ueno con rumbo a Hokkaido.

27-5-1948; 06.00: Fresco, ligera brisa / Sapporo, Hokkaido / empezamos la investigación.

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

Cada día un autobús distinto, o bien un tren distinto, para ir a un pueblo distinto y a una entrevista distinta / en cada entrevista, un alto funcionario del gobierno local / todos los funcionarios presentan las tarjetas que les dio el doctor Matsui a cambio de las suyas / cada día tachamos otro nombre de la lista / otro informe a escribir y otra llamada por hacer a Tokio / cada noche una posada distinta o bien el suelo de una comisaría o koban distintos / cada noche el mismo sueño y el mismo nombre / kuro-kuro / Sadamichi Hirasawa / más y más negro / cada día más y más cerca / más y más culpable…

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

6-6-1948; 08.00: Clima húmedo / Shikinai-cho, Otaru, Hokkaido / la residencia del padre de Sadamichi Hirasawa / la segunda planta de la casa / el padre de Hirasawa está sentado delante de la estufa apagada de la primera habitación, fumando en pipa / Hirasawa está sentado en la sala contigua, en kimono, delante de un lienzo de amapolas / «Empieza usted a pintar muy temprano…» / «Tengo la costumbre de empezar a primera hora todas las mañanas. Hoy no es ninguna excepción» / Nota: la pintura del lienzo está seca y endurecida / «¿Es que solamente pinta usted flores?» / «El día del incidente de Teigin fui a una exposición que había en los grandes almacenes Mitsukoshi de Tokio. No soy el asesino» / «No hemos dicho que lo sea. Solamente hemos venido a preguntarle por la tarjeta de visita del doctor Matsui» / «Yo no soy el hombre al que buscan» / «Bueno, pues. El día en que estuvo usted en el ferri, ¿intercambió tarjetas con alguien más que no fuera el doctor Matsui?» / «No me acuerdo» / «¿Puede usted decirnos por qué vive aquí si su mujer y sus hijos viven en Tokio?» / «Mi padre podría fallecer pronto. Este es mi último deber de buen hijo hacia mi anciano padre» / Nota: el padre de Hirasawa es un excoronel de la Kempeitai y parece estar bien de salud / la conversación sigue en círculos / Hirasawa alega mala memoria y dice no saber nada / evasivas / le pido a Hirasawa una fotografía suya para llevármela a Tokio y enseñársela a los testigos presenciales a fin de eliminarlo como sospechoso / «No tengo ninguna fotografía» / termina la entrevista / en el genkan hay una bolsa de tela colgada de un gancho / Nota: consta que el asesino de Teigin llevaba una bolsa de tela colgada del hombro / «¿Esa bolsa es de usted?» / «No» / 09.00: Salgo de la residencia de Hirasawa / me paso mucho rato plantado delante de la casa de Hirasawa / kuro-kuro / el inspector Iki-i se muestra de acuerdo en que la conducta y las declaraciones de Hirasawa resultan sospechosas / más y más negro / Iki-i se muestra de acuerdo en que Hirasawa se parece mucho al retrato robot del sospechoso de Teigin / más y más culpable.

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

12-6-1948; 18.00: Día caluroso y con lluvia / terminada la investigación de las cincuenta y una tarjetas de visita / regresamos a Tokio pasando por Otaru / urdo un plan para hacerle una fotografía a Hirasawa / vuelvo a visitar la residencia de Hirasawa / invito a Hirasawa a cenar en un restaurante cercano / Hirasawa acepta encantado la invitación / «Pero, por favor, recuerden que yo no soy el asesino. Yo no soy el hombre al que están buscando» / conversación informal en el restaurante / Hirasawa vuelve a decir sin venir a cuento: «El 26 de enero pasé la mañana y primera hora de la tarde jugando con mi hija y mi yerno en el distrito de Marunouchi de Tokio. Allí visitamos la compañía de transporte de mercancías de mi sobrino. Que se llama Yamaguchi. Luego, poco después de las dos de la tarde, cogí un tren a Nippori para ver a la hija de mi sobrino, Hanako. También compré unas briquetas de carbón. Sobre las cinco de la tarde volví a mi casa de Nakano. Mi otra hija tenía en casa a un invitado, un soldado americano llamado Wayne Ely, creo. Me pasé la tarde hablando inglés y jugando a las cartas con su invitado» / yo desvío la conversación hacia temas triviales; la comida, el tiempo, etcétera / Hirasawa no para de mencionar sus contactos con la Familia Imperial y su buena reputación como pintor y como hombre / el fotógrafo del restaurante nos pregunta si estamos listos para el tradicional retrato que se hace a los clientes sentados a la mesa de la cena / Hirasawa se muestra reticente / se pone las gafas y saca mentón / retrato hecho / luego, nuevamente sin venir a cuento, Hirasawa dice: «Lamento haber perdido la tarjeta del doctor Matsui. Me gustó conocerlo y hablar con él. Me gustaría volver a verlo. Por desgracia, en agosto del año pasado un carterista me robó. Me quitó la cartera donde yo tenía 10.000 ¥ y todas las tarjetas de visita que había recibido, incluyendo la que me había dado el doctor Matsui» / se termina la cena / el inspector Iki-i paga el retrato que nos han hecho a la mesa de la cena / nos despedimos de Hirasawa / Iki-i coloca el retrato en el expediente de Hirasawa / regresamos a la Comisaría de Otaru / no duermo.

13-6-1948; 06.00: Cogemos el tren de vuelta a Tokio.

Periodo Octavo: los veinte días siguientes de la investigación, del 14 de junio al 3 de julio de 1948

14-6-1948; 06.00: Lluvia y humedad / segunda planta de la Comisaría de Mejiro / reunión del pleno del Equipo Especial de Investigaciones, incluyendo al Equipo de Tarjetas de Visita de la Unidad de Robos / está presente el jefe de policía Kita / el inspector Iki-i detalla las entrevistas realizadas en Tohoku y en Hokkaido / se distribuye a todos los miembros la fotografía de Hirasawa y el informe de la entrevista / el inspector en jefe Suzuki (jefe de la Primera División) y otros miembros de la Primera División de Investigaciones se muestran escépticos / hace meses que se comprobó que Hirasawa tenía coartada / coartada sólida y buena reputación / su edad y su aspecto no concuerdan con las descripciones hechas por los testigos del asesino de Teigin / Iki-i declara nuevamente que Hirasawa es un sospechoso sólido, de conducta sospechosa / una corazonada fuerte, una buena pista / a Suzuki no le interesa / una pérdida de tiempo / otras pistas, pistas mejores / seguir adelante.

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

25-6-1948; 08.00: Calor / reunión del Equipo de Tarjetas de Visita de la Unidad de Robos / nueva directiva: Los detectives deberán prestar una atención especial a todas las personas que tengan: i) experiencia en el manejo de medicinas o en higiene, ii) experiencia en investigación médica o en experimentos médicos, o bien estudios de medicina, iii) experiencia en China con las cosas antes mencionadas, y iv) exmiembros de la Tokumu Kikan o de la Kempei, puesto que el sospechoso tenía experiencia y conocimientos de: i) las cantidades de veneno necesarias, ii) del tiempo necesario, iii) de cómo controlar a las víctimas, iv) de la cantidad que él podía ingerir, y v) del equipamiento y herramientas necesarias / se vuelve a restar importancia a los equipos de tarjetas de visitas / se pasa por alto la información / nos marginan otra vez / desaliento.

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

Periodo Noveno: los veinte días siguientes de la investigación, del 4 al 23 de julio de 1948

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

Periodo Décimo: los veinte días siguientes de la investigación, del 24 al 12 de agosto de 1948

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

Periodo Undécimo: los veinte días siguientes de la investigación, del 13 de agosto al 1 de septiembre de 1948

[VARIAS PÁGINAS DAÑADAS, DESTRUIDAS O DESAPARECIDAS POR RAZONES DESCONOCIDAS]

13/8/1948; 08.00: Calor y humedad / reunión del Equipo de Tarjetas de Visita de la Unidad de Robos / está presente el jefe de policía Kita / el jefe Kita declara que todas las demás pistas están agotadas / Kita ordena la investigación directa de Sadamichi Hirasawa / empezando por la familia de Hirasawa en Tokio / ordena que lo informemos de los resultados de la investigación directamente a él, en su residencia de Meguro / que no revelemos la dirección de nuestra investigación ni tampoco compartamos información con la Primera División de Investigaciones / toda la información será clasificada como SECRETA.

14-8-1948; 10.00: Calor / visitamos al padre de la nuera de Hirasawa, la esposa de su hijo mayor / el padre de la nuera de Hirasawa es adicto al juego / tiene deudas cuantiosas y afronta pequeños cargos judiciales / acudimos a él en busca de información / él nos suministra una lista de gente que fue invitada a la boda de su hija con el hijo de Hirasawa / sugiere que hablemos directamente con la hija mayor de Hirasawa / afirma que la hija ha manifestado sospechas sobre su padre y el incidente de Teigin / 14.00: visitamos a la hija de Hirasawa en su lugar de trabajo; la cafetería Marufuku / nerviosa e intimidada / le pedimos hablar con ella en privado / fuera de su lugar de trabajo, la hija dice de pronto: «Vienen ustedes por lo que pasó en Teigin y mi padre, ¿verdad?» / «¿Por qué dices eso?» / «Porque ya lo han interrogado ustedes a él y porque mi padre se parece mucho al retrato robot» / «¿Tú crees que se parece al retrato?» / «No solo yo. El encargado de la cafetería era jefe de policía antes de la guerra, en Kanagawa, y me dijo que había el parecido suficiente como para que la policía sospechara» / le decimos que este interrogatorio es puramente rutinario / hablamos de cosas triviales para tranquilizarla / nos ponemos a preguntarle por su padre y por la relación de este con el resto de su familia / ella dice que llevan sin verlo desde finales de enero / le pregunto si eso es normal / «No» / «¿Cómo os las apañáis con tu padre en Hokkaido y vosotros en Tokio?» / «Antes de irse a Hokkaido, le dio a mi madre 80.000 ¥» / «80.000 ¥ es mucho dinero» / «Sí, pero mi padre le dijo que le tenía que durar ocho meses. Le dijo que si no gastaba más de 10.000 ¥ al mes, le llegaría» / «¿Y tu padre le dio a tu madre esos 80.000 ¥ a finales de enero?» / «Sí» / kuro-kuro / «¿No antes?» / «No» / más y más negro / «¿Estás segura?» / «Sí. ¿Por qué? ¿He dicho algo que no debería?» / más y más culpable / «No» / ahora nos dice que se tiene que volver a casa con sus dos hijos / la acompañamos a su vivienda en el Distrito de Nakano / le compramos una caja de melocotones para darle las gracias por el tiempo que le hemos quitado / 18.00: volvemos para informar al Equipo de Tarjetas de Visita de la Unidad de Robos / más y más negro, más y más culpable.

16-8-1948; 06.00: Mucho calor y mucha humedad / reunión del Equipo de Tarjetas de Visita de la Unidad de Robos / nos dividimos en equipos de ji-dori para interrogar a los vecinos de Nakano acerca de la familia Hirasawa / 08.00: empezamos los interrogatorios por la zona de Nakano / calle por calle, casa por casa y puerta a puerta / todo el día / 22.00: reunión del Equipo de Tarjetas de Visita de la Unidad de Robos / está presente el jefe Kita / todos los equipos de ji-dori informan de sus interrogatorios de la jornada / a continuación el inspector Iki-i detalla la información recabada sobre las finanzas de Hirasawa / en diciembre del año pasado, Hirasawa tenía unas deudas considerables; por ejemplo, no le llegaba el dinero para comprar un pequeño ropero que valía 2500 ¥ / kuro-kuro / Hirasawa y su mujer se vieron obligados a pedir diversos préstamos de 500 ¥ y de 1000 ¥ a una serie de amigos y parientes / más y más negro / sin embargo, después del incidente de Teigin, la sucursal de Higashi Nakano del Banco Mitsubishi muestra que aparecieron 20.000 ¥ en la cuenta de su mujer y 44.500 ¥ en la cuenta de Hirasawa / más y más culpable / no hay explicación para esos depósitos repentinos / yo repito la declaración que ha hecho la hija mayor de Hirasawa sobre los 80.000 ¥ que este le dio a su mujer a finales de enero / el jefe Kita declara que presentará todas las pruebas y toda la información por la mañana en la Oficina del Fiscal de Tokio / Kita confía en que se obtendrá una orden de detención / nos dicen que nos preparemos para viajar a Hokkaido con el objeto de detener a Hirasawa y traerlo a Tokio para ser formalmente interrogado / júbilo.

17-8-1948; 08.00: Calor / nos reunimos en la residencia del inspector Iki-i, en Omori / cotejamos todas las pruebas y toda la información que tenemos sobre Hirasawa / preparamos la petición de orden de arresto para Sadamichi Hirasawa / preparamos peticiones de órdenes de registro de las casas de la familia de Hirasawa y de sus parientes en Tokio / nadie duerme.

18-8-1948; 13.00: Calor / Sede del Equipo de Tarjetas de Visita de la Unidad de Robos / recibimos una llamada telefónica de la hija mayor de Hirasawa / frenética, desesperada / nos pide que nos reunamos con ella / le decimos que estamos demasiado ocupados / ella insiste, desesperada / el hermano mayor de su madre, su tío, la está acusando de haber vendido a su propio padre a la policía a cambio de una caja de fruta / hablamos con el inspector Iki-i / aceptamos la reunión / 16.00: reunimos a la hija mayor de Hirasawa con Iki-i en la segunda planta de la cafetería Marufuku / la hija nos pide que visitemos a su madre en el domicilio familiar para aliviar sus miedos e inquietudes / nosotros le prometemos visitarla en los días siguientes / la hija insiste / nos pregunta qué día exactamente y a qué hora exactamente / nosotros le prometemos visitar a su madre dentro de tres días / 17.00: termina la reunión con la hija / regresamos a la residencia de Iki-i en Omori / el detective [NOMBRE BORRADO] de la Primera División de Investigaciones nos está esperando / declara que la detención inminente de Hirasawa ya es del conocimiento público / que los periódicos ya andan husmeando / nos pide arrestar a Hirasawa en lugar de nosotros / discutimos, peleamos / se vuelca la mesa, vuelan puñetazos / el detective [NOMBRE BORRADO] dice: «Los equipos de tarjetas estáis locos» / el detective [NOMBRE BORRADO] se marcha / 20.00: recibimos una llamada de la Sede de la Investigación / todos los fondos y el dinero para gastos del Equipo de Tarjetas de Visita quedan suspendidos hasta próximo aviso / es un intento obvio de impedir que el Equipo de Tarjetas de Visita viaje a Hokkaido para detener a Hirasawa / 21.00: el inspector Iki-i llama al director de su banco a su domicilio / se hipoteca la casa de Omori y la línea telefónica para cubrir los gastos del viaje a Hokkaido en caso de que consigamos la orden de arresto / todos estamos ansiosos y nerviosos / nadie duerme.

19-8-1948; 17.00: Mucho calor y mucha humedad / reunión del Equipo de Tarjetas de Visita de la Unidad de Robos, en la Sede / está presente el jefe de policía Kita / nos conceden la orden de arresto para Sadamichi Hirasawa / júbilo / el jefe Kita nos avisa de que la noticia de la orden de arresto ya se ha filtrado a los periódicos / se sospecha de los detectives de la Primera División de Investigaciones / furia / Kita declara que el inspector jefe Suzuki ha ordenado que esté presente en el arresto de Hirasawa el detective Tomitsuka de la Primera División de Investigaciones / furia / Kita señala que el detective Tomitsuka ya ha salido de Tokio con rumbo a Otaru / resignación / nadie duerme.

20-8-1948; 06.00: Calor / salimos de Tokio con rumbo a Otaru, Hokkaido, pasando por Niigata y Akita / viajo con el inspector Iki-i y los detectives Iiga y Fukushi / el tren va muy despacio y dentro hace mucho calor / no conversamos ni tampoco dormimos / estamos muy ansiosos, muy nerviosos.

21-8-1948; 10.00: Llegamos a Otaru, Hokkaido / nos encontramos con el detective Tomitsuka de la Primera División de Investigaciones / vamos a la residencia del padre de Hirasawa / el padre y el hermano menor de Hirasawa nos reciben formalmente / nos acompañan al piso de arriba / Hirasawa ya está vestido y esperando, sentado delante del mismo lienzo que la otra vez / detenemos a Hirasawa por sospechoso del asesinato de los doce empleados de la sucursal de Shiinamachi del Banco Teikoku, el 26 de enero del presente año, y por el intento de asesinato de otros cuatro empleados el mismo día y en el mismo lugar / 11.00: nos llevamos a Hirasawa a la Comisaría de Otaru / llamadas telefónicas a la Sede de Tokio / nos avisan de las informaciones que han salido en prensa / organizamos el viaje de vuelta / pasamos el resto del día y de la noche en la Comisaría de Otaru / nadie duerme.

22-8-1948; 06.00: Calor / regreso a Tokio con la línea Tohoku Honsen / la noticia del arresto se ha filtrado a la prensa / en todas las estaciones por las que pasamos hay multitudes para ver a Hirasawa / en Morioka, Sendai y Taira se suben al tren periodistas y fotógrafos con sus cámaras / el tren acumula retraso por culpa de las aglomeraciones / nos pasamos el viaje manteniendo a raya a la prensa / Hirasawa está en cuclillas en el suelo / con una manta sobre la cabeza / ni habla ni duerme ni come ni bebe.

23-8-1948; 05.45: Calor y humedad / llegamos a la estación de Ueno / caos, aglomeraciones / la hora de llegada se ha filtrado a la prensa / nos esperan miembros de la Primera División de Investigaciones y agentes de la Oficina del Fiscal de Tokio / entregamos a Hirasawa a los miembros de la Primera División de Investigaciones / perdemos de vista a Sadamichi Hirasawa en medio del caos y las aglomeraciones.

[EL CUADERNO SE TERMINA AQUÍ]

Bajo la Puerta Negra, en su cámara superior, dentro del círculo mágico, ahora el detective dice:

—Eso es todo lo que a mí me concierne. Y el resto ya lo conoce. El interrogatorio y la confesión. La retractación y el juicio. La condena y la sentencia. Las apelaciones y las campañas.

»Pero no me puedo morir —continúa el detective—. No me puedo morir sin ver ejecutado a Hirasawa. Porque yo sé que él cometió el crimen. Sé que mató a aquella gente. De manera que basta de llorar. Basta de llorar por él.

»Porque esta ciudad es un cuaderno. De papel basto y escrito con un lápiz sin punta. Un cuaderno que ya está cerrado. Un cuaderno ya cerrado…

Se apaga la segunda vela.

Pero en esta ciudad de condenas, tú dices, riendo, gritando:

—¡Ya te haré llorar yo, perro! ¡Perro mentiroso y embustero!

Porque tú odias a los detectives, y odias a los perros, y todos los detectives son perros, y todos los perros detectives, de manera que empujas al suelo a este detective, a este perro, y te pones a darle patadas en la barriga y patadas en la cabeza, patadas en las mentiras y en los embustes, y luego vuelcas sus cajas y haces trizas sus cuadernos, y por último sacas tus cerillas y enciendes un fuego, les pegas fuego a sus cajas y a sus cuadernos, mientras gritas:

—¡Mentiroso! ¡Mentiroso! ¡Perro mentiroso! ¡Perro embustero! ¡Mientes! ¡Mientes!

Pero el detective se está riendo de ti, riéndose y ladrando:

—¡Fue él! ¡Fue él! ¡Y usted, usted debería darme las gracias!

Entre el humo y entre las llamas, entre dedos y pezuñas, él sigue riendo y sigue ladrando, mientras tú gritas:

—¡No fue él! ¡Yo sé que no fue él!

Pero ahora los pasados y los futuros, sus recuerdos y sus sueños, sus engaños y sus mentiras, sus voces y sus palabras, todo ha vuelto a desaparecer; la Puerta Negra, el círculo mágico vuelven a girar, a dar vueltas y más vueltas, y tú estás dando vueltas y vueltas y más vueltas,

por el aire cargado, por el aire lleno de fantasmas,

vueltas y más vueltas, y el detective ya no está.

Solamente quedan sus notas y sus palabras.

Provocándote y burlándose de ti.

De ti y de tu libro, de ese libro que no es un libro, mientras recoges tu pluma y la dejas caer, la recoges y se te vuelve a caer, arrancas y te paras, te paras y…

Aquí, bajo la Puerta Negra, en el círculo mágico de diez velas, una voz susurra, susurra desde las sombras: «Soy una Superviviente. Y tengo el mismo sueño, noche tras noche…».

Y de esas sombras sale una mujer arrastrándose hacia ti, caminando a cuatro patas, y vuelve a decir: «El mismo sueño».

—Noche tras noche, el mismo sueño…

LA TERCERA VELA
EL TESTIMONIO DE UNA SUPERVIVIENTE

La ciudad es un purgatorio. Noche tras noche, el mismo sueño, EN LA CIUDAD OCUPADA, noche tras noche, el mismo sueño:

SOY LA SUPERVIVIENTE

Y por supuesto, lo sé: es pura suerte

que haya sobrevivido a tantos amigos.

Pero noche tras noche

en un sueño

tras otro

oigo a esos amigos decir de mí: «Los supervivientes son más fuertes». Y me odio a mí misma.

Me odio a mí misma.

EN LA CIUDAD OCUPADA, me despierto. En la Ciudad Ocupada hace frío. Es lunes y no quiero levantarme de la cama. No me quiero vestir. No quiero ir a trabajar. Pasa algo malo. Quiero pasarme el día acostada bajo esta colcha. Dormir y soñar, soñar con comida y calor, con el hombre que vendrá y me sacará del frío y del hambre, con el hombre montado en un caballo blanco que me salvará de la Ciudad Ocupada. Pero tengo que levantarme. Tengo que vestirme. Tengo que desayunar e irme al trabajo. Porque es lunes.

Lunes 26 de enero de 1948.

En la Ciudad Ocupada, camino por el barro y el aguanieve, barro en los zapatos y aguanieve en el pelo. Pasa algo malo. Tal vez hoy el banco cierre temprano. Tal vez hoy nos podamos marchar temprano. Tal vez hoy me pueda volver a casa temprano. Tal vez me pueda volver a acostar bajo mi colcha. Porque pasa algo malo. Pero sigo andando por el barro y el aguanieve, paso por delante del templo y subo la colina.

La calle está abarrotada de gente, gente que viene a trabajar a Shiinamachi y gente que se va de Shiinamachi para trabajar. Un jeep americano hace sonar la bocina y nos obliga a todos a apartarnos de un salto. Las ruedas del jeep americano giran y nos salpican a todos de barro.

Sé que pasa algo malo.

Abro la puerta corredera de madera. Entro al genkan del banco. Me quito los zapatos sucios. Me pongo las pantuflas heladas. Me adentro en el pasillo del banco. Le doy los buenos días a la señorita Akuzawa y a la señorita Akiyama. Hablamos del fin de semana y hablamos del tiempo mientras nos ponemos los uniformes azules. Nos preguntamos si acaso hoy el banco cerrará temprano. Nos preguntamos si acaso hoy nos podremos marchar temprano. Volvernos a casa, con nuestras colchas. Luego cogemos el pasillo que lleva a la sala principal del banco.

Al calor de la estufa, bajo la luz de las lámparas, ocupo mi silla tras el mostrador y espero a que abra el banco, a que empiece la jornada de trabajo, la semana laboral.

Justo antes de las nueve y media, el señor Ushiyama pronuncia su discurso de costumbre, con el que siempre empieza la semana. Los demás le hacemos una reverencia, el reloj marca las nueve y media, el banco abre y empieza la jornada laboral, otra semana de trabajo.

Llegan los clientes, procedentes del barro y del aguanieve, yo los saludo y me pongo a su servicio, y pienso en mi almuerzo y escucho cómo el aguanieve se convierte en lluvia y cae sobre el tejado del banco. Recién pasadas la doce y media, el señor Yoshida me dice que puedo ir a buscar mi almuerzo. Me cambio de sitio con la señorita Akiyama. Me alejo por el pasillo. Me siento en el cambiador. Saco mi bento. Abro la caja del almuerzo. Me como el arroz frío y el encurtido. Bebo té caliente de mi taza. Escucho cómo cae la lluvia sobre el tejado del banco y sé que hoy no me podré marchar temprano. Y cuando ya casi es la una, vuelvo a mi sitio detrás del mostrador, saludo a los clientes y me pongo a servirlos.

Luego, justo antes de las dos, el señor Ushiyama nos dice que no se encuentra bien, que no se encuentra nada bien. Nos dice que se tiene que ir temprano. Se disculpa con nosotros, hace una reverencia y se marcha.

—Pobre señor Ushiyama —susurra la señorita Akiyama—. Lleva enfermo desde la semana pasada. Debe de ser grave. Tendría que ir al médico. Podría ser… podría ser…

Me quedo mirando el mostrador y asiento con la cabeza. Pasa algo malo.

—¿Y qué pasa si es contagioso? —dice la señorita Akiyama—. Puede que todos lo hayamos cogido. Puede que todos vayamos a enfermar. Puede que todos…

Me quedo mirando el mostrador y asiento con la cabeza. Algo muy malo.

Pero me vuelvo al trabajo. Me vuelvo a mis pensamientos.

¿Es que nadie me va a salvar de la Ciudad Ocupada?

Son casi las tres y cuarto y el banco ya ha cerrado sus puertas y a mí solamente me quedan treinta depósitos por cuadrar. Podré hacerlos en diez minutos. Dentro de diez minutos me podré marchar.

Dentro de diez minutos me podré volver a casa, podré volver con mi colcha y volver con mis sueños. Pero algo va mal, muy mal. Hoy hay algo que no va bien…

Y entonces oigo que llaman a la puerta lateral. Solamente me quedan veinticinco depósitos por cuadrar. Veo que la señorita Akuzawa se levanta para abrir la puerta lateral. Solamente me quedan veinte depósitos por cuadrar. Veo que la señorita Akuzawa va a la trastienda del banco. Quince depósitos. Veo que la señorita Akuzawa va a la antesala del banco. Catorce depósitos. Veo que la puerta principal se abre y entra un hombre. ¿Acaso es el hombre? Trece depósitos. Veo que el hombre se quita las botas y se pone el par de pantuflas que le ofrece la señorita Akuzawa. ¿El hombre que me va a salvar? Debe de andar por los cuarenta y tantos años, pero tiene una cara ovalada y bien parecida. ¿El que me va a salvar de la Ciudad Ocupada? Oigo que la señorita Akuzawa le dice al hombre que el director ya se ha marchado pero que nuestro subdirector lo recibirá.

Confío en que esto no comporte trabajo extra. Confío en que esto no me impida marcharme pronto. Veo que la señorita Akuzawa lleva al hombre por un lado de mi mostrador y hasta la trastienda del banco. A continuación la señorita Akiyama se levanta del asiento contiguo al mío y yo me vuelvo a mis depósitos:

Doce, once, diez, nueve, ocho, siete, seis depósitos. Ya he terminado.

Pero hay algo que va mal, muy mal…

La señorita Akiyama regresa a su silla detrás del mostrador. Me da un codazo y me dice en voz baja:

—¿Has visto a ese hombre? Es un médico del Ministerio de Salud y Bienestar. Acabo de oír que le decía al señor Yoshida que el Ministerio de Salud y Bienestar ha descubierto un brote de disentería en Shiinamachi. El Ministerio de Salud y Bienestar ha localizado un brote en ese pozo que hay delante de la casa del señor Aida. ¿Conoces al señor Aida?

Levanto la vista de mi montón de depósitos. Asiento con la cabeza.

—Ese médico del Ministerio de Salud y Bienestar le acaba de decir al señor Yoshida que le han diagnosticado disentería a uno de los inquilinos del señor Aida. Y que ese inquilino ha venido hoy al banco y ha hecho un depósito…

—¿Cómo se llamaba? —le pregunto yo.

La señorita Akiyama está negando con la cabeza, hojeando el montón de depósitos que tiene sobre el mostrador.

—No lo he oído, pero si es verdad, entonces es por eso que el señor Ushiyama ha estado tan enfermo. Y eso quiere decir que todos podemos estar contagiados. Puede querer decir…

Vuelvo a mirar mi montón de depósitos, todos cuadrados y terminados. Me pongo a hojearlos, en busca de la dirección de Aida.

—El médico va a tener que vacunar a todo el mundo contra la disentería —susurra la señorita Akiyama—. Y va a tener que desinfectar todo lo que pueda haber sido infectado. Todas las salas, todo el dinero. Nadie va a poder marcharse hasta que haya terminado…

Miro los depósitos y vuelvo a asentir con la cabeza. Por fin sé que ya no me podré marchar temprano. Por fin sé que algo va muy mal. Por fin sé que no me podré volver a mi casa, volver a mi colcha, volver a mis sueños, porque por fin sé que esos sueños se han ido para siempre.

El señor Takeuchi se acerca al mostrador. El señor Takeuchi suspira y dice:

—Tenemos que reunirnos todos junto a la mesa del señor Yoshida, en la trastienda del banco. Vamos a tener que tomar todos una medicina…

—Te lo dije, te lo dije —susurra la señorita Akiyama, mientras nos levantamos de nuestras sillas tras el mostrador y vamos a la mesa que tiene el señor Yoshida en la trastienda del banco.

La señorita Akuzawa ha traído todas nuestras tazas de té en una bandeja a la mesa del señor Yoshida. El médico del Ministerio de Salud y Bienestar está abriendo un frasquito. Debe de tener cuarenta y tantos años.

Ahora lo miro a la cara.

La tiene redonda, muy redonda.

Como un huevo. Y de pronto lo sé: no olvidaré nunca esa cara.

Luego miro el frasco que tiene en la mano. Miro las palabras FIRST DRUG que hay escritas en inglés en la etiqueta.

—¿Ya está todo el mundo? —pregunta el médico.

El señor Yoshida nos echa un vistazo rápido a todos, contándonos las cabezas. Han venido hasta los dos hijos del señor Takizawa. El señor Yoshida asiente con la cabeza.

—Bien —dice el médico, y coge una pipeta.

El médico nos echa unas gotitas de líquido transparente en las tazas. Luego nos dice que cojamos cada uno nuestra taza. Yo cojo la mía.

Me la llevo a los labios pero me detengo.

El médico ha levantado una mano a modo de advertencia. El médico nos dice:

—Este suero es muy fuerte, y si les toca los dientes o las encías, puede dañárselos gravemente. De manera que, por favor, escuchen y miren con mucha atención mientras les hago una demostración de cómo tragarse el suero de forma segura.

Ahora el médico saca una jeringa. Hunde la jeringa en el líquido. Extrae una medida del líquido con la jeringa. Abre la boca. Se apoya la lengua en los incisivos inferiores y la recoge bajo el labio inferior. Se echa el líquido sobre la lengua. Echa atrás la cabeza y deja que la medicina le caiga hacia la garganta.

A continuación se mira el reloj de pulsera, con la mano derecha en alto, suspendida en el aire. De pronto baja la mano y dice:

—Como esta medicina puede dañarles las encías y los dientes, tienen que asegurarse de tragársela deprisa. Exactamente un minuto después de tomarse la primera, les administraré una segunda medicina…

Vuelvo a mirar la mesa del señor Yoshida. Veo otro frasco, este con las palabras SECOND DRUG en letras inglesas en la etiqueta.

—Después de tomarse la segunda medicina, podrán ustedes beber agua y enjuagarse la boca.

Todos asentimos con la cabeza. Yo asiento con la cabeza.

—Ahora levanten las tazas —dice el médico.

Yo cojo mi taza.

—Ahora échense el líquido en la lengua.

Me llevo la taza a los labios y me bebo el líquido. Es horrible. Tiene un sabor muy amargo, muy pero que muy amargo.

—Echen la cabeza hacia atrás.

Echo la cabeza hacia atrás.

—Ahora traguen.

Y trago.

—Les administraré el segundo fármaco dentro de exactamente sesenta segundos, de manera que vuelvan a dejar las tazas sobre la mesa.

Vuelvo a dejar la taza en la mesa del señor Yoshida. Levanto la vista para mirar al médico. El médico se está mirando el reloj de pulsera. Todavía tengo el sabor del líquido en la boca.

—Sabe un poco a ginebra —dice el señor Yoshida, riendo.

—Creo que no me he tragado nada —dice el señor Tanaka—. Tal vez tendría que tomarme otra dosis. Por si acaso…

»Para estar seguros.

Pero el médico niega con la cabeza, sin dejar de mirarse el reloj de pulsera.

—Tiene un sabor asqueroso —dice la señorita Akiyama—. ¿Puedo hacer unas gárgaras de agua, por favor?

Pero el médico vuelve a negar con la cabeza, sin dejar de mirarse el reloj de pulsera.

—Pero es que da mucho asco —vuelve a decir la señorita Akiyama.

A continuación el médico empieza a verternos el segundo fármaco a cada uno en nuestra taza. Luego levanta la vista y nos mira a todos. Y nos dice:

—Por favor, cojan sus tazas otra vez.

Vuelvo a coger mi taza.

El médico se vuelve a mirar el reloj de pulsera. Por fin nos hace una señal para que bebamos.

Y me vuelvo a llevar la taza a los labios y me bebo el segundo líquido y noto el sabor del segundo líquido en la boca, en la garganta, y también es horrible, y necesito beber agua, agua, agua, y oigo a gente que se queja y a gente que tose, y oigo que el médico dice:

—Ya se pueden enjuagar la boca…

Y veo que todo el mundo se va a toda prisa hacia el fregadero, hacia el grifo, hacia el agua, y yo voy a toda prisa hacia el fregadero, hacia el grifo, hacia el agua, y ahora veo a gente que cae al suelo, y veo que la señorita Akiyama está tumbada en el suelo, y trato de ir con ella, pero necesito el fregadero, el grifo, el agua, y estoy pensando en llegar primero al fregadero, el grifo y el agua y después ir con la señorita Akiyama, oigo a gente que tose, a gente con náuseas, a gente que vomita. Y ahora siento a gente que me aparta a empujones, a gente que me pasa por encima para llegar al fregadero y al grifo y al agua, y yo estoy bebiendo y bebiendo y bebiendo, pero ahora la luz se está apagando y apagando y apagando, la luz nos está abandonando, nos está abandonando aquí, aquí en la Ciudad Ocupada, y siento que se avecina algo gris, que me adentro en lo gris.

Y caigo, y caigo, y caigo.

Y caigo, y caigo.

Y caigo

en lo gris, caigo,

caigo y me desplomo,

alejándome de la luz,

de la Ciudad Ocupada a un lugar gris,

un lugar que no es ningún lugar. Pero luego la luz

me aferra, me agarra fuerte, fuerte,

fuerte, y tira de mí hacia atrás

por los pasillos del banco, hasta el genkan del banco. ¡Socorro! Por las puertas y hasta la calle. Camino a cuatro patas por la Ciudad Ocupada. Adentrándome en la luz y en el aguanieve. Socorro, digo. Está borracha, está loca. En el barro y en el aguanieve, a cuatro patas, en la Ciudad Ocupada. Socorro…

—¡Socorro, por favor!

EN LA CIUDAD OCUPADA oigo botas en el barro, oigo sirenas en el cielo. Pero vuelvo a caer. En la Ciudad Ocupada, la gente me pregunta cómo me llamo. Sigo cayendo. En la Ciudad Ocupada, no sé cómo me llamo. Porque estoy cayendo. En la Ciudad Ocupada, me muevo. Caigo. En la Ciudad Ocupada, estoy en una habitación blanca. Pero sigo cayendo. En la Ciudad Ocupada, la gente no para de preguntarme cómo me llamo. En la Ciudad Ocupada, no sé cómo me llamo. Porque estoy cayendo. En la Ciudad Ocupada, la gente me pregunta qué ha pasado. Sigo cayendo. En la Ciudad Ocupada, no sé qué ha pasado.

Y luego me detengo. Paro de caer,

EN LA CIUDAD OCUPADA, una joven. Socorro. Camina a cuatro patas por la Ciudad Ocupada. Socorro, dice. Por el barro y el aguanieve, a cuatro patas, por la Ciudad Ocupada.

Socorro, por favor.

EN LA CIUDAD OCUPADA hay monjas que me meten un tubo por la garganta, hay médicos que me hacen un lavado de estómago, y yo toso y tengo arcadas, fluidos y bilis, deliro y desbarro. Pero puedo hablar otra vez. Y estoy hablando. Hay hombres sentados junto a mi cama. Hay hombres de pie junto a mi cama. Hombres que me cogen la mano. Hombres que me susurran al oído.

Y yo hablo, hablo con los hombres que hay junto a mi cama. Con los hombres que me cogen la mano, que me la cogen bien fuerte, fuerte, fuerte.

—La bebida —les susurro—. La bebida…

—Pero ¿qué ha comido usted? —me preguntan.

—Ha sido la bebida. La bebida…

—¿Y qué ha bebido?

—Era medicina…

—¿Medicina?

—Un médico…

—¿Qué médico?

—Disentería…

Los hombres que hay junto a mi cama me sueltan la mano. Los hombres que hay junto a mi cama se ponen de pie. Los hombres que hay junto a mi cama dicen:

—Esto no es un caso de intoxicación alimentaria, detectives.

Los hombres que hay junto a mi cama se marchan, gritando:

—¡Es un caso de asesinato! De robo…

Y luego los hombres ya no están y yo me quedo sola, en la habitación blanca, vuelvo a estar sola, en la Ciudad Ocupada.

Y tengo miedo.

Mucho miedo.

Esa noche, el sueño, EN LA CIUDAD OCUPADA, esa noche, por primera vez, el sueño: SOY LA SUPERVIVIENTE.

Y, por supuesto, lo sé: es pura suerte

que haya sobrevivido a tantos amigos.

Pero noche tras noche

en un sueño

tras otro

oigo a esos amigos decir de mí: «Los supervivientes son más fuertes». Y me odio a mí misma.

Me odio a mí misma.

En la habitación blanca, me vuelvo a despertar. Es un hospital. Hay monjas, hay enfermeras y hay médicos. Me están dando medicinas. Me están dando remedios. Pero yo tengo miedo.

Me da miedo este sitio, este sitio, este hospital. Me dan miedo las monjas. Me dan miedo las enfermeras.

Me dan miedo los médicos.

Me dan miedo sus medicinas. Me dan miedo sus remedios.

Pero en este lugar, en este hospital, cierro los ojos y, por segunda vez, tengo el mismo sueño: SOY LA SUPERVIVIENTE.

Y, por supuesto, lo sé: es pura suerte

que haya sobrevivido a tantos amigos.

Pero noche tras noche

en un sueño

tras otro

oigo a esos amigos decir de mí: «Los supervivientes son más fuertes». Y me odio a mí misma.

Me odio a mí misma.

EN LA CIUDAD OCUPADA abro los ojos. Vuelvo a estar despierta en la habitación blanca. En el hospital. Pero hay un hombre con bata blanca que me coge la mano, que me habla en voz baja al oído, que está sentado junto a mi cama. Y tengo miedo, así que me aparto de ese hombre con bata blanca que hay junto a mi cama, de ese hombre que me está hablando en voz baja al oído y cogiéndome la mano, y le digo:

—¡Váyase! ¡Váyase! ¡Déjeme en paz!

Y el hombre me suelta la mano y yo me vuelvo a quedar a solas en la habitación blanca, en este lugar

EN LA CIUDAD OCUPADA, una joven. Socorro. Camina a cuatro patas por la Ciudad Ocupada. Socorro, dice. Por el barro y el aguanieve, a cuatro patas, por la Ciudad Ocupada.

Socorro, por favor.

—Yo la puedo ayudar. Créame, por favor. Yo la puedo ayudar…

EN LA CIUDAD OCUPADA vuelvo a estar despierta, en compañía de alguien que me tiene cogida la mano y de una voz que me vuelve a susurrar al oído:

—Yo la puedo ayudar. Puede usted confiar en mí…

—¿Quién es usted? ¿Es médico?

—No, esta bata blanca la llevo solo para hablar con usted. Nada más. Solo quiero hablar con usted. Solo quiero ayudarla.

—Pero ¿por qué? ¿Quién es usted?

—Me llamo Riichi Takeuchi. Soy periodista.

En este lugar, en esta habitación blanca, en este hospital, tengo ganas de llorar, pero me echo a reír:

—¿Es usted periodista?

—Sí, del Yomiuri.

Tengo ganas de reírme, pero me echo a llorar.

—¡Déjeme en paz!

Y una vez más, la mano desaparece, y los susurros vuelven a desaparecer, y me vuelvo a quedar a solas en este lugar, en esta habitación blanca, en este hospital, y vuelvo a tener miedo de este lugar, y otra vez

EN LA CIUDAD OCUPADA, una joven. Socorro. Camina a cuatro patas por la Ciudad Ocupada. Socorro, dice. Por el barro y el aguanieve, a cuatro patas, por la Ciudad Ocupada.

Socorro, por favor.

—Yo puedo ayudarla. Créame, por favor. Yo puedo ayudarla. Puedo hacer que se le vaya ese sueño.

En este lugar, abro los ojos. En esta habitación blanca, le aprieto la mano. En este hospital, le pregunto en voz baja:

—¿Cómo puede ayudarme?

—Puedo salvarla de este sitio, de estos sueños.

—Hasta ayer —le digo—, yo creía que una taza era una taza. Hasta ese momento, una mesa era una mesa. Yo creía que la guerra se había terminado. Yo sabía que habíamos perdido. Sabía que nos habíamos rendido. Sabía que ahora estábamos ocupados.

»Pero yo pensaba que la guerra se había terminado. Pensaba que una taza seguía siendo una taza. Que la medicina era medicina. Creía que mi amigo era mi amigo, que un colega era un colega. Y un médico, un médico.

»Pero la guerra no se ha terminado. Y una taza no es una taza. Y la medicina no es medicina. Un amigo no es un amigo y un colega no es un colega. Porque una colega mía que estaba ayer con nosotros, sentada en la silla de al lado de la mía detrás del mostrador, esa colega ya no está. Porque un médico no es un médico.

»Un médico es alguien que mata. Un asesino.

»Porque la guerra no se ha terminado.

»La guerra no se termina nunca.

—Lo sé —dice el hombre con bata blanca que hay junto a mi cama, ese hombre que no es médico, que es periodista, ese hombre llamado Riichi Takeuchi, ese Riichi Takeuchi que ahora me aprieta la mano bien fuerte, fuerte, fuerte, y que no para de decirme una y otra vez: «Lo sé».

—Yo todavía estaba repasando los treinta depósitos de ese día cuando llegó el asesino. No vi qué hora era cuando entró, pero el banco había cerrado como de costumbre a las 15.00, y yo me había puesto de inmediato a contar los depósitos. Y en contar los depósitos nunca tardo más de diez minutos, de manera que el asesino debió de llegar entre las 15.00 y las 15.10.

»Cuando el asesino se puso a repartir el veneno, yo le miré a la cara. No me olvidaré nunca de esa cara. La reconocería en cualquier parte.

—Lo sé —dice él—. Lo sé.

—Soy una superviviente —le digo—. Y, por supuesto, sé que es pura suerte que haya sobrevivido a tantos amigos. Pero noche tras noche, en un sueño tras otro, oigo a esos amigos decir de mí: «Los supervivientes son más fuertes». Y me odio a mí misma.

»Me odio a mí misma.

—Lo sé —repite él—. Pero yo la ayudaré.

EN LA CIUDAD OCUPADA es 4 de febrero de 1948.

Hay flores y hay regalos, hay fotógrafos y gente que me desea una pronta recuperación. Las monjas, las enfermeras y los médicos se ponen en fila para hacerme reverencias y desearme que todo me vaya bien. Y yo les devuelvo la reverencia y les doy las gracias y me marcho de este lugar, de este hospital, me voy.

Pero todavía hay algo que va mal…

EN LA CIUDAD OCUPADA hace frío y todo es gris, y hay más flores y más regalos, más fotógrafos y más gente que me desea una pronta recuperación. El señor Yoshida, el señor Tanaka y la señorita Akuzawa también están aquí, y nos saludamos por primera vez desde aquel día, intentando sonreír entre los flashes de las cámaras y los gritos de los reporteros, pensando en nuestros colegas que no están aquí, que nunca estarán aquí para recibir esas flores y esos regalos, y las sonrisas se nos despegan de los labios y se caen al suelo de esta fría y gris Ciudad Ocupada.

Y ahora nos llevan por entre las multitudes hasta los coches, esos coches que están esperando para llevarnos de vuelta, de vuelta al banco y a la escena del crimen. De manera que nos sentamos en los asientos de atrás de esos coches y contemplamos por la ventanilla la fría y gris Ciudad Ocupada, la fría y gris Ciudad Ocupada que a su vez contempla el interior de estos coches donde estamos nosotros y nos susurra a través de las ventanillas: «A su tiempo, a su debido tiempo…».

Los coches pasan por delante del templo de Nagasaki y por fin se detienen delante de la sucursal de Shiinamachi del Banco Teikoku, y yo no quiero salir del coche, no quiero salir del coche, pero un policía ya me ha abierto la portezuela y me tiene cogida la mano mientras yo salgo del coche y camino por el barro y bajo el aguanieve, y tengo ganas de dejarme caer al suelo y alejarme a cuatro patas de este sitio, de alejarme de esta ciudad, pero ¿adónde voy a gatear, adónde voy a ir, si aquí no hay caballos blancos, no hay nadie que me vaya a salvar de la Ciudad Ocupada, y ahora estoy plantada en el genkan del banco, quitándome los zapatos del hospital, poniéndome mis pantuflas congeladas y adentrándome por el pasillo del banco con los ojos cerrados bien fuerte, fuerte, fuerte, fuerte, fuerte y fuerte, porque SOY LA SUPERVIVIENTE.

Y, por supuesto, lo sé: es pura suerte

que haya sobrevivido a tantos amigos.

Pero noche tras noche

en un sueño

tras otro

oigo a esos amigos decir de mí: «Los supervivientes son más fuertes». Y me odio a mí misma.

Me odio a mí misma.

EN LA CIUDAD OCUPADA me despierto. Hace frío, en la Ciudad Ocupada. No sé qué día es y no me quiero levantar. No me quiero vestir. Porque algo va mal. Pero no me quiero pasar todo el día acostada debajo de esta colcha. No quiero dormir porque no quiero soñar. De manera que me levanto y pienso: Algo va mal. Hace frío en la habitación y yo sé: Algo va muy mal. Recorro la casa pero no hay nadie. Abro armarios y abro cajones. En la basura encuentro el periódico y lo abro y busco su nombre: Riichi Takeuchi. Y encuentro su nombre y veo el artículo que ha escrito, un artículo que trata de una carta, de una carta que ha recibido el periódico, y leo el artículo, leo sus palabras:

Querido Banco Teikoku, Shiinamachi, Distrito de Toshima.

Siento haber causado un alboroto el otro día. Al principio me produjo una sensación desagradable ver a tanta gente convulsa y retorciéndose de agonía, pero luego dejó de afectarme. Dejé con vida a la señorita Masako Murata porque puede que me sea útil en el futuro.

A su debido tiempo, la visitaré por segunda vez.

Firmado: Jiro Yamaguchi.

Y ahora oigo los golpes en la puerta principal y atravieso la casa y abro la puerta, deseando por lo más sagrado encontrármelo a él, que sea él quien viene a llevárseme, a salvarme de la Ciudad Ocupada, pero no es más que otro policía, no es más que otro coche, otro coche que viene para llevarme a comisaría, a contestar otro interrogatorio y examinar otro álbum de fotografías, de manera que ocupo el asiento de atrás del coche y vuelvo a contemplar por la ventanilla la fría y gris Ciudad Ocupada, la fría y gris Ciudad Ocupada que a su vez contempla el interior del coche donde estoy y me susurra una y otra y otra y otra y otra vez por la ventanilla: «A su tiempo, a su debido tiempo…».

EN LA CIUDAD OCUPADA, en la Comisaría de Mejiro, los detectives dicen:

—El hombre se llama Shosuke Hibi. Lo detuvo hace dos días la Policía Municipal de Toyohashi por hurtar en una tienda. Cuando lo llevaron a comisaría, la policía de Toyohashi le encontró encima varios recortes de prensa relativos al incidente de Teigin, así como un mapa del Distrito de Itabashi, 10.000 ¥ en metálico y billetes de lotería por valor de 1.000 ¥. Las investigaciones posteriores han revelado que Hibi se pidió cuatro días de vacaciones del Gabinete de Ingeniería Eléctrica y de Comunicaciones donde trabaja, del 24 al 28 de enero. Hibi también compró bonos de ahorro por valor de 10.000 ¥ el 31 de enero. De acuerdo con su empresa, Hibi tiene acceso fácil al cianuro potásico en el trabajo. Y finalmente, la policía de Toyohashi cree que los rasgos de Hibi concuerdan exactamente con los de nuestro sospechoso de Teigin.

Ahora los detectives me ponen un papel delante, sobre la mesa, y me dicen:

—Así pues, nos gustaría que examinara usted con atención esta telefoto del sospechoso que nos han mandado desde la oficina de la agencia Kyodo en Nagoya.

Me quedo mirando el papel que me han puesto delante, sobre la mesa, deseando por lo más sagrado encontrármelo a él, que sea él quien viene a llevárseme, pero me limito a negar con la cabeza y a repetir:

—Cuando el asesino se puso a repartir el veneno, yo le miré a la cara. No me olvidaré nunca de esa cara.

»La reconocería en cualquier parte.

—Lo sabemos —me dicen.

—Pero esta no es esa cara. Esta no es su cara. Lo siento.

Los detectives se llevan el papel de la mesa y me dicen:

—Gracias por su tiempo. La llevaremos a casa en coche.

Y la policía vuelve a desaparecer, y las preguntas vuelven a desaparecer, y vuelvo a estar a solas en mi habitación, a solas en esta ciudad, y vuelvo a tener miedo en esta ciudad, a tener miedo en este lugar

EN LA CIUDAD OCUPADA, una joven. Socorro. Camina a cuatro patas por la Ciudad Ocupada. Socorro, dice. Por el barro y el aguanieve, a cuatro patas, por la Ciudad Ocupada.

Socorro, por favor.

EN LA CIUDAD OCUPADA, me despierto. Ahora hace calor, es primavera en la Ciudad Ocupada. Pero es lunes y no me quiero levantar. No me quiero vestir. Porque todavía hay algo que va mal. Pero hoy no me puedo pasar todo el día debajo de esta colcha. Hoy me tengo que levantar. Me tengo que vestir. Pero no quiero desayunar. Hoy no puedo desayunar. Porque hoy es el día en que vuelvo al trabajo.

Trabajo. Trabajo. Trabajo.

En la Ciudad Ocupada, camino por el barro y bajo la llovizna, barro en los zapatos y llovizna en el pelo. Algo sigue yendo mal. Pero yo camino por el barro y bajo la llovizna, dejo atrás el templo y subo la colina, por la calle abarrotada de gente, gente que viene a trabajar a Shiinamachi y gente que se va de Shiinamachi para trabajar. Un jeep americano hace sonar la bocina y nos obliga a todos a apartarnos de un salto. Las ruedas del jeep americano giran y nos salpican a todos de barro.

Algo va mal siempre.

Abro la puerta corredera de madera. Entro al genkan del banco. Me quito los zapatos sucios. Me pongo las pantuflas heladas. Me adentro en el pasillo del banco. Le doy los buenos días a la señorita Akuzawa. Pero no hablamos del fin de semana ni tampoco hablamos del tiempo mientras nos ponemos los uniformes azules. Nos preguntamos si acaso hoy el banco cerrará temprano. No decimos nada. Luego cogemos el pasillo que lleva a la sala principal del banco.

Al calor de la estufa, bajo la luz de las lámparas, ocupo mi silla tras el mostrador y espero a que abra el banco, a que empiece la jornada laboral, la semana de trabajo.

Justo antes de las nueve y media, el señor Ushiyama pronuncia su discurso de costumbre, con el que siempre empieza la semana. Los demás le hacemos una reverencia, el reloj marca las nueve y media, el banco abre y empieza la jornada laboral, otra semana de trabajo.

Porque la policía viene todas las semanas, todos los días, a llevárseme del banco, de regreso a Mejiro, a contestar más interrogatorios y examinar más álbumes de fotografías. Y luego vienen la prensa y los fotógrafos. Y yo paso más tiempo con la policía y con la prensa que trabajando en el banco. Y a veces viene él, Riichi Takeuchi del Yomiuri. Y a veces me lleva a tomar un café. Y a veces me trae flores. Y a veces me invita a cenar. Pero todas las noches me vuelvo a mi habitación, me vuelvo a mi colcha, y todas las noches cierro los ojos fuerte, fuerte, fuerte, y recuerdo que SOY LA SUPERVIVIENTE.

Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.

₺666,14