Kitabı oku: «Actividades físicas y deportes adaptados para personas con discapacidad»
ACTIVIDADES FÍSICAS Y DEPORTES ADAPTADOS PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD
Dr. David Sanz RivasDr. Raúl Reina Vaíllo

Diseño de cubierta: Rafael Soria
© 2021, David Sanz Rivas
Raúl Reina Vaíllo
Editorial Paidotribo
www.paidotribo.com
E-mail: paidotribo@paidotribo.com
7ª reimpresión de la 1ª edición
ISBN: 978-84-9910-157-6
ISBN EPUB: 978-84-9910-414-0
BIC: JNS
Fotocomposición: Editor Service, S.L.
ÍNDICE
Prólogo
Introducción
CAPÍTULO 1. La actividad física adaptada (AFA)
LA ACTIVIDAD FÍSICA ADAPTADA DENTRO DE LAS CIENCIAS DE LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL DEPORTE
ANÁLISIS TERMINOLÓGICO EN REFERENCIA A LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD
SITUACIÓN ACTUAL DE LAS POBLACIONES OBJETO DE ESTUDIO
ÁMBITOS DE APLICACIÓN Y TIPOS DE PROGRAMAS DE ACTIVIDAD FÍSICA ADAPTADA
ÁMBITOS DE APLICACIÓN DE LAS AFA
TIPOS DE PROGRAMAS DE ACTIVIDAD FÍSICA ADAPTADA
CAPÍTULO 2. Fundamentos del deporte adaptado
CONCEPTO Y TIPOS DE DEPORTE ADAPTADO
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LOS DEPORTES ADAPTADOS
GÉNESIS Y EVOLUCIÓN DEL DEPORTE ADAPTADO CONTEMPORÁNEO
EVOLUCIÓN DEL DEPORTE ADAPTADO DENTRO DEL MOVIMIENTO PARALÍMPICO
ESTRUCTURA DEL DEPORTE ADAPTADO
ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL DEPORTE ADAPTADO
ORGANIZACIÓN NACIONAL DEL DEPORTE ADAPTADO
BASES ACERCA DE LAS CLASIFICACIONES DEPORTIVAS
CAPÍTULO 3. Discapacidad sensorial visual
LA DISCAPACIDAD VISUAL
CONCEPTO
PRINCIPALES DEFICIENCIAS VISUALES
CLASIFICACIÓN DE LAS DEFICIENCIAS VISUALES
CARACTERIZACIÓN DE LA POBLACIÓN
BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICA Y DEPORTIVA PARA EL COLECTIVO
ORIENTACIONES METODOLÓGICAS PARA LA INTERVENCIÓN EN ACTIVIDAD FÍSICA Y DEPORTE
DEPORTES ADAPTADOS
CLASIFICACIÓN Y ORGANIZACIÓN DEPORTIVA
MODALIDADES DEPORTIVAS ADAPTADAS
CAPÍTULO 4. Discapacidad sensorial auditiva
DISCAPACIDAD AUDITIVA
CONCEPTO
TIPOS DE DISCAPACIDAD AUDITIVA
CLASIFICACIÓN DE LA DISCAPACIDAD AUDITIVA
CARACTERIZACIÓN DE LA POBLACIÓN
BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICA Y DEPORTIVA
ORIENTACIONES METODOLÓGICAS PARA LA INTERVENCIÓN EN ACTIVIDAD FÍSICA Y DEPORTE
DEPORTES ADAPTADOS
ORGANIZACIÓN Y MÍNIMA DISCAPACIDAD
MODALIDADES DEPORTIVAS PRACTICADAS
CAPÍTULO 5. Discapacidad física
DISCAPACIDAD FÍSICA
CONCEPTO
CLASIFICACIÓN DE LAS DISCAPACIDADES FÍSICAS
LESIÓN MEDULAR
CONCEPTO, CLASIFICACIÓN Y CONSECUENCIAS
BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA Y ORIENTACIONES ESPECÍFICAS
ESPINA BÍFIDA
CONCEPTO, CLASIFICACIÓN Y CONSECUENCIAS
BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA Y ORIENTACIONES ESPECÍFICAS
PARÁLISIS CEREBRAL
CONCEPTO, CLASIFICACIÓN Y CONSECUENCIAS
BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA Y ORIENTACIONES ESPECÍFICAS
TRAUMATISMO CRANEOENCEFÁLICO (TCE)
CONCEPTO, CLASIFICACIÓN Y CONSECUENCIAS
BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA Y ORIENTACIONES ESPECÍFICAS
ACCIDENTE CEREBROVASCULAR (ACV)
CONCEPTO, CLASIFICACIÓN Y CONSECUENCIAS
BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA Y ORIENTACIONES ESPECÍFICAS
AMPUTACIONES
CONCEPTO, CLASIFICACIÓN Y CONSECUENCIAS
BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA Y ORIENTACIONES ESPECÍFICAS
OTRAS DISCAPACIDADES FÍSICAS
POLIOMIELITIS
DISTROFIAS MUSCULARES
ESCLEROSIS MÚLTIPLE
PARÁLISIS DEL PLEXO BRAQUIAL
OSTEOGÉNESIS IMPERFECTA
ENANISMO
ARTRITIS REUMATOIDE JUVENIL Y ARTRITIS
ARTROGRIPOSIS
ATAXIA DE FRIEDRICH
RECOMENDACIONES GENERALES PARA LA DISCAPACIDAD FÍSICA
ASPECTOS COMUNES A TENER EN CUENTA
RECOMENDACIONES ESPECÍFICAS
DEPORTES ADAPTADOS
ORGANIZACIÓN FEDERATIVA
MÍNIMA DISCAPACIDAD Y CLASIFICACIONES GENERALES
Clasificación para lesionados medulares y usuarios de sillas de ruedas
Clasificación para amputados y les autres
Clasificación para personas con parálisis cerebral
MODALIDADES DEPORTIVAS ADAPTADAS
Modalidades incluidas en los Juegos Paralímpicos de Verano
Modalidades incluidas en los Juegos Paralímpicos de Invierno
Otras modalidades deportivas
CAPÍTULO 6. Discapacidad intelectual, trastornos de la personalidad y de la conducta
DISCAPACIDAD INTELECTUAL
CONCEPTO
TIPOS Y CLASIFICACIÓN DE LA DISCAPACIDAD INTELECTUAL
CARACTERIZACIÓN DE LA DISCAPACIDAD INTELECTUAL
BENEFICIOS DE LA PRÁCTICA DE ACTIVIDADES FÍSICO-DEPORTIVAS
ORIENTACIONES METODOLÓGICAS PARA LA INTERVENCIÓN
TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD Y DE LA CONDUCTA
CONCEPTO
PRINCIPALES TIPOS DE ALTERACIONES DE LA CONDUCTA Y LA PERSONALIDAD
Autismo
Trastorno por déficit de atención con hiperactividad
BENEFICIOS DE LA PRÁCTICA DE ACTIVIDADES FÍSICO-DEPORTIVAS Y ORIENTACIONES PARA LA INTERVENCIÓN
MODALIDADES DEPORTIVAS PRACTICADAS
ORGANIZACIÓN DEL DEPORTE PARA ESTOS COLECTIVOS
International Sports Federation for Persons with Intellectual Disability
Special Olympics International (SOI)
CLASIFICACIÓN PARA LA PRÁCTICA DEPORTIVA
MODALIDADES DEPORTIVAS PRACTICADAS
INAS-FID
Special Olympics
Juegos de verano
Juegos de invierno
Otras modalidades reconocidas
CAPÍTULO 7. Recursos documentales relacionados con la actividad física y el deporte adaptado
FUENTES DOCUMENTALES DE LA ACTIVIDAD FÍSICA ADAPTADA
FUENTES PRIMARIAS
Revistas científicas
Actas de congresos
FUENTES SECUNDARIAS
Revistas de resúmenes bibliográficos / boletines
Centros de información y documentación
FUENTES TERCIARIAS
RECURSOS WEB
FEDERACIONES DEPORTIVAS
Federaciones deportivas internacionales
Federaciones deportivas nacionales
Federaciones y comités deportivos específicos
Fundaciones deportivas
ASOCIACIONES POR GRUPOS DE DISCAPACIDAD
Discapacidad sensorial
Discapacidad física
Discapacidad intelectual y otros trastornos de la conducta
WEBS CORPORATIVAS
Institucionales
Webs de recursos
Webs informativas
Referencias bibliográficas
PRÓLOGO
La presente obra supone un avance, un nuevo paso adelante, en la documentación que tenemos a disposición cuando hablamos del deporte y las actividades físicas adaptadas para personas con discapacidad. No disponemos, como en otros ámbitos de conocimiento, de demasiadas publicaciones en las que consultar, contrastar o ampliar información como la que este libro desarrolla en profundidad y con detalle, y que nos permite acceder a sus contenidos de una forma sencilla, al tiempo que rigurosa y con criterio.
En España podemos decir, con satisfacción y orgullo, que somos una potencia mundial, como así lo confirman los extraordinarios resultados que vienen consiguiendo nuestros deportistas bien en los Juegos Paralímpicos, bien en Campeonatos Mundiales o Europeos, gracias también a una sólida organización cimentada fundamentalmente en las Federaciones Nacionales y autonómicas y en el Comité Paralímpico Español. Sin embargo, como apuntaba antes, carecemos, salvo excepciones, de documentación de calidad que permita ofrecer la mejor información a todas aquellas personas que estén vinculadas, o tengan intención de estarlo, con el deporte adaptado.
En este sentido, esta obra nos ayudará a reducir esas lagunas formativas y de información. Pero también es nuestro deseo que esta publicación sirva de acicate para que se desarrollen otras y, así, poder seguir creciendo en todos los niveles.
Los autores, con una amplia experiencia en el mundo del deporte y las actividades físicas adaptadas, tanto a nivel académico como empírico, han plasmado a lo largo de los diferentes capítulos todo un compendio de la información necesaria para conocer las principales características de los grupos de personas con discapacidad en torno a los cuales se organiza el deporte adaptado actualmente, las actividades recomendadas y ofertadas, y, lo más importante, las orientaciones metodológicas a tener en cuenta para una intervención eficaz.
Animo a los lectores a leer esta obra, que supondrá un estímulo para todo aquel que desee conocer y profundizar sobre el deporte y las actividades físicas adaptadas, considerando esta publicación como una fuente de valiosa información.
D. Miguel Sagarra
Vicepresidente del Comité ParalímpicoInternacional y Secretario General del Comité Paralímpico Español
INTRODUCCIÓN
La sociedad pretende cubrir las necesidades de toda la población de forma que se consiga el estado de bienestar que anhela toda sociedad civilizada. Frente a este planteamiento nos encontramos con algunos colectivos, dentro del marco social, que precisan una atención especial, sea por la dificultad, sea por la imposibilidad de incorporarse a ciertas actividades que se desarrollan en su entorno, como ocurre con las personas con discapacidad.
A lo largo de numerosos años de experiencia en el ámbito del deporte y la actividad física adaptada, hemos ido comprobando cómo, progresivamente y en los diferentes ámbitos de actuación (deportivo, terapéutico, educativo y recreativo), tanto las actividades físicas dirigidas a personas con discapacidad como el deporte adaptado han sufrido una notable mejora en lo que se refiere a su promoción, desarrollo y difusión, teniendo una presencia mucho mayor y quedando, por lo tanto, al alcance de los potenciales beneficiarios.
Un tema que nos preocupa de forma especial es todo lo que concierne a la formación de los futuros profesionales que se encargarán de dirigir, desarrollar y potenciar este tipo de actividades, puesto que, si bien aparecen de forma puntual cursos de especialización, la formación específica en este ámbito dista mucho de la que consideramos oportuna. Al margen de cursos de formación específicos, existen materias relacionadas con las actividades físicas y los deportes adaptados como la materia de Actividad Física y Deporte Adaptado en el título de grado en Ciencias de la Actividad Física y de Deporte, el Ciclo de Grado Superior de Técnico Superior en Actividades Físicas y Deportivas (ofertado por el Ministerio de Educación, Política Social y Deporte), o el bloque común de las nuevas titulaciones de técnicos deportivos de diferentes federaciones deportivas (regulado por el Consejo Superior de Deportes). En todas ellas, esta obra pretende ser un complemento a la formación de las personas allí participantes.
En este sentido, la presente obra pretende ofrecer al lector una visión panorámica de la actividad física y el deporte adaptado para personas con discapacidad, con un análisis de la terminología, los orígenes de la práctica y los posibles ámbitos de intervención, todo ello concretado en diferentes grupos de discapacidad (sensorial, intelectual y física), proponiendo toda una serie de orientaciones metodológicas para la intervención.
De forma concreta, pasaremos a comentar brevemente la estructura capitular de la obra, para que el lector tenga una visión más detallada de los contenidos que se abordan en la misma.
En el primer capítulo nos centramos en la conceptualización del objeto de estudio, enmarcando la actividad física adaptada dentro de las áreas de conocimiento de las Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, pasando por una revisión terminológica, así como por una descripción de las poblaciones especiales y de los ámbitos y tipos de programas de actividad física adaptada que nos podemos encontrar.
En el segundo capítulo abordaremos los fundamentos del deporte adaptado, definiendo el concepto y pasando por su evolución histórica hasta la estructura que los regula, tanto a nivel nacional como internacional, para acabar con una explicación en torno a las clasificaciones deportivas, fundamentales para comprender la organización deportiva de competición.
A partir del tercer capítulo comenzamos a profundizar en cada una de las discapacidades, abordando en los capítulos tercero y cuarto la discapacidad sensorial visual y auditiva respectivamente, en el quinto la discapacidad física y en el sexto la discapacidad intelectual y otras alteraciones de la conducta. La estructura de todos estos capítulos es muy similar, y en cada uno de ellos presentamos una primera parte en la que definimos la discapacidad y sus clasificaciones para a continuación comentar los beneficios que reporta la práctica de la actividad físico-deportiva, en particular, para cada discapacidad. Posteriormente, nos centramos en uno de los apartados que consideramos más importantes de esta obra; nos referimos a las orientaciones metodológicas a tener en cuenta para la intervención en la actividad físicodeportiva, finalizando cada capítulo con una descripción de los diferentes deportes adaptados que en cada discapacidad podemos encontrar.
Por último, en el capítulo séptimo se aporta una información actualizada de las fuentes documentales a las que el lector puede acudir para profundizar, ampliar o consultar información en torno a estos temas, puesto que, pese a que las publicaciones no son numerosas en este ámbito, cada vez encontramos más fuentes de información en soporte de papel o en soporte digital que nos permiten acceder a información tanto científica como informativa y divulgativa. En este sentido, consideramos oportuno taxonomizar dichas fuentes y ofrecerlas para que su acceso y consulta sean más operativos por parte de las personas interesadas en la temática de esta obra.
Por todo ello, planteamos la presente obra como un material didáctico que sirva de guía a los profesionales de la actividad física y el deporte que estén trabajando o vayan a trabajar con personas con discapacidad, aunando el conocimiento empírico de los autores con la justificación teórica de por qué realizar cada una de las propuestas manifestadas.
Para finalizar esta introducción, nos gustaría destacar que consideramos el proceso de integración e inclusión de las personas con discapacidad como un proceso que aglutina diferentes factores (físicos, socioculturales, económicos, …), y que, sin lugar a dudas, es de gran trascendencia la formación en este ámbito para actuar de forma eficaz y oportuna, y, en ese sentido, perseguir el objetivo que tanto las propias personas con discapacidad como las asociaciones y organismos relacionados con este ámbito pretenden, que no es otro que romper las barreras que obstaculizan el proceso de inclusión en la sociedad y reclamar lo que la carta de la ONU promulga entre sus miembros: “Igualdad para todos”.
CAPÍTULO 1
LA ACTIVIDAD FÍSICA ADAPTADA (AFA)
LA ACTIVIDAD FÍSICA ADAPTADA DENTRO DE LAS CIENCIAS DE LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL DEPORTE
ANÁLISIS TERMINOLÓGICO EN REFERENCIA A LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD
SITUACIÓN ACTUAL DE LAS POBLACIONES OBJETO DE ESTUDIO
ÁMBITOS DE APLICACIÓN Y TIPOS DE PROGRAMAS DE ACTIVIDAD FÍSICA ADAPTADA (AFA)
ÁMBITOS DE APLICACIÓN DE LAS AFA
TIPOS DE PROGRAMAS DE ACTIVIDAD FÍSICA ADAPTADA
LA ACTIVIDAD FÍSICA ADAPTADA DENTRO DE LAS CIENCIAS DE LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL DEPORTE
Tomando como partida el Real Decreto 1670/1993, por el que se ha regulado hasta la fecha el título oficial de Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (CAFD en adelante) en el Estado Español, la materia de Actividades Físicas para Poblaciones Especiales (o denominaciones afines) se ha englobado dentro de otra materia más amplia denominada Actividad Física y Salud. Según el Diccionario de la Real Academia Española, especial es aquello “que se diferencia de lo común o habitual” (RAE, 2005, pág. 593). Por tanto, consideraremos como especial a todo aquel colectivo que se encuentre apartado de la “norma” en cuanto a sus condiciones físicas, fisiológicas o sociales. Dicha situación podría ser tanto temporal como permanente, condicionando en muchas ocasiones el desarrollo evolutivo y/o madurativo del sujeto, amén de su propia calidad de vida. La forma en la que abordemos la actividad física destinada a estos colectivos buscará, entre otros muchos objetivos, la salud integral de la persona, ya sea a nivel personal o colectivo.
Sin embargo, esto nos obliga a hacernos la pregunta de ¿qué entendemos por normalidad? Son varias las aproximaciones al concepto de normalidad que se pueden hacer, entre las que podríamos destacar, por ejemplo: a) desde un punto de vista estadístico, considerando todo aquel colectivo o persona que se alejara o acercara a la media de unos parámetros considerados “normales” para la población en la que se encuentre o compare; b) desde un punto de vista psicológico, que sería cuando el individuo o grupo se adaptara al medio y/o exigencias que se le plantean, por lo que no aparecerían notorias conductas disruptivas o de falta de autocontrol; c) desde un punto de vista cultural, cuando la persona o grupo se ajustara a una serie de pautas de comportamiento establecidas por la sociedad en la que resida, o d) desde un punto de vista legal, en el que la normalidad se estableciera en base a unos parámetros estipulados por juristas. Desde el punto de vista de la salud, consideraríamos “normal” a toda aquella persona que no tuviera una alteración notable de su estado de salud. Por ejemplo, en Estados Unidos el término poblaciones especiales hace referencia “a las personas con discapacidad” (DePauw y Gavron, 2005, pág. 115), mientras que en Finlandia hace referencia a “los discapacitados, los mayores y las personas que sufren enfermedades crónicas” (Koivumaki, 1987; en DePauw y Gavron, 2005, pág. 115).
Si partimos de la premisa de que un colectivo especial posee una serie de características que lo diferencian del grueso de la población, ello implicará que nuestra intervención será adaptada a aquél, aunque consideramos que cualquier intervención desde las CAFD debe estar adecuada a un colectivo o persona en cuestión, independientemente de si tiene o no una alteración de su estado de “salud”. Esto nos lleva a abordar el esclarecimiento terminológico del término acuñado dentro de las CAFD como Actividad Física Adaptada (AFA en adelante), aunque en la bibliografía actual se acuñan otros términos similares como Educación Física Especial, Educación Física Adaptada o Deporte Adaptado.
En 1977, se reunió en Quebec (Canadá) un relevante grupo de expertos, y desde aquella reunión se empezó acuñar el término Actividad Física Adaptada, fecha en la que comenzó su andadura la Federación Internacional de Actividad Física Adaptada (IFAPA: International Federation for Adapted Physical Activity), organización centrada en la investigación y en el desarrollo académico de la AFA. Con el objetivo de poner en común los avances en este ámbito, se decide organizar un simposio bianual de carácter internacional denominado ISAPA (International Symposium on Adapted Physical Activity), que viene desarrollando sus actividades hasta la fecha y en el que participan importantes investigadores en torno a esta área de estudio.
Para Sherrill (2004), AFA es un término global al servicio de la promoción de un estilo de vida activo y saludable, con el fin de mitigar problemas psicomotores que interfieren en el desarrollo personal del ser humano. Los beneficios que la práctica de actividad física pueden reportar a colectivos especiales son numerosos a nivel físicobiológico, social o psicológico, a saber (Barrios, 2000; Warburton, Nicol y Verdín, 2006):
a) Sistema cardiovascular:
• Fortalecimiento del músculo cardíaco, mejorando la contractilidad del corazón. Un entrenamiento con un mayor componente aeróbico permite aumentar la capacidad de las cavidades cardíacas, mientras que uno de tipo más anaeróbico aumenta el grosor del miocardio. Una de las consecuencias de tales mejoras es un aumento del volumen sistólico (Warburton, Gledhill, Jamnik, Krip, y Card, 2004).
• Disminución de la frecuencia cardíaca (FC) en reposo y durante el ejercicio.
• Aumento de la capilarización cardíaca, mejorando el transporte de oxígeno a todos los tejidos y músculos del organismo. A su vez, también mejora el retorno venoso (Warburton, Gledhill y Jamnik, 1999).
• Prevención de enfermedades cardíacas (p. ej., infarto de miocardio), reduciendo así el riesgo de mortalidad derivado de ellas (Wessel et al., 2004).
• Mejora del flujo sanguíneo (Hambrecht et al., 2000), evitando la aparición de cardiopatías (p. ej., isquemia coronaria) derivadas de la formación de placas ateromatosas1 (Franklin, Swain y Shephard, 2003).
• Mantenimiento de la elasticidad arterial (Gokce et al., 2002).
• Reducción del riesgo de hipertensión arterial debido a un descenso de la resistencia periférica del flujo sanguíneo (diámetro de las arteriolas o viscosidad de la sangre) o del gasto cardíaco (volumen sistólico o FC).
b) Sistema respiratorio:
• Mejora de la capacidad pulmonar, unida a una disminución del volumen residual respiratorio.
• Mejora de los músculos respiratorios.
• Disminución de la frecuencia respiratoria por un aumento de la capacidad vital (CV).
c) Sistema metabólico y endocrino (Berg, Halle, Franz, y Keul, 1997; Halle, Berg, von Stein, Baumstark, Koning, y Keul, 1996):
• Aumento del consumo basal (gasto energético).
• Disminución de los lípidos (León y Sánchez, 2001).
• Disminución del colesterol, con un aumento del colesterol HDL y una disminución del colesterol LDL en los tejidos y arterias.
• Ayuda a la prevención y el control del sobrepeso o la obesidad, y contribuye al mantenimiento de un peso adecuado (Seidell, Cigolini, Deslypere, Charzewska, Ellsinger y Cruz, 1991).
• Incremento de la sensibilidad a la insulina, reduciendo el riesgo de aparición de diabetes mellitus tipo II (Dunstan et al., 2005).
d) Aparato locomotor (Warburton, Gledhill y Quinney, 2001):
• Mantenimiento de los músculos con un tono y capacidad funcional adecuados, remarcando la función de sostén que posee la columna vertebral.
• Conservación de la flexibilidad de las articulaciones, permitiendo una mayor relación con el medio y una autonomía mayores.
• Mantener íntegros los tejidos de las articulaciones sometidos a rozamiento y desgaste (cartílago articular).
• Reducción de la pérdida de calcio y otras sales minerales en los huesos, implicada directamente en la aparición de osteoporosis.
e) Nivel psicológico, social y emocional:
• Disminución de la ansiedad o depresión (Dunn, Trivedi y O’Neal, 2001).
• Mejoría en aspectos como autoconcepto, autoestima, competencia percibida, autoeficacia o imagen corporal (Tortolero, Taylor y Murray, 2000).
• Disminución del estrés (Dua y Hargreaves, 1992) y la agresividad (Norris, Carroll y Cochrane, 1992).
• Parece que la actividad física se asocia a un descenso del estado de ánimo negativo, de la desesperación y del distrés emocional, aminora la soledad e incrementa la felicidad (Page y Tucker, 1994; Tortolero et al., 2000).
• Mejora de los niveles de relajación, la actividad sexual y el sueño.
• A nivel social favorece el compañerismo, la cooperación, la mejora de las relaciones afectivas o la solidaridad.
f) Piel:
• Eliminación de toxinas, mejorando la transpiración mediante el sudor.
g) Otros beneficios:
• Disminuye el riesgo de aparición de cáncer (Lee, 2003), especialmente de algunos como el de mama, por estimulación del sistema inmunitario, o el de colon, por estimulación del peristaltismo intestinal (Thune y Furberg, 2001).
h) Mitiga los efectos adversos sobre la funcionalidad del organismo derivados del envejecimiento (figura 1.1).
Vemos cómo la actividad física regular puede desempeñar un papel importante, tanto desde el punto de vista de la prevención primaria, disminuyendo el riesgo de padecer ciertas enfermedades (p. ej., diabetes mellitus tipo II, hipertensión o cardiopatía isquémica, entre otras), como desde la prevención secundaria, formando parte del tratamiento precoz de algunas enfermedades, mejorando su control y disminuyendo la morbimortalidad asociada. En todo caso, esta actividad física va a contribuir a la mejora de la calidad de vida de quien la realiza, y en el caso de los colectivos especiales que nos ocupan, permitirá determinadas mejoras sobre las estructuras o funciones corporales con un estado alterado de su salud.
La propuesta, desarrollo y consecución de objetivos o los beneficios anteriomente planteados, entre otros más específicos que abordaremos más delante, dentro de la AFA pueden ser atendidos desde áreas tan diferentes como la Pedagogía, la Psicología, la Gestión, la Fisioterapia, la Psicomotricidad, la Medicina, la Arquitectura, la Sociología, la Recreación, la Historia o las Ciencias de la Actividad Física o del Movimiento (Doll Tepper y DePauw, 1996) (figura 1.2).
| Órgano/sistema | Efectos del envejecimiento | Efectos de la actividad física |
| Cardiovascular | Descenso del consumo máximo de O2, FC máxima y volumen de eyección | Incremento del consumo máximo de O2, mantenimiento de la FC y VE, incrementando la capacidad volitiva |
| Respiratorio | Descenso de la CV y del FEV* | Incrementa la sensibilidad a la respuesta ventilatoria, mejorando los parámetros pulmonares funcionales |
| Neurológico | Desciende el número de axones, la velocidad de transmisión nerviosa y la propiocepción | Mantenimiento de los tiempos de respuesta, mejorando el equilibrio (menor riesgo de caídas) |
| Tejido conectivo | Disminuye la flexibilidad | Aumenta la producción de colágeno y la flexibilidad |
| Muscular | Disminuye la fuerza y contractilidad | Incremento de la masa muscular y de la fuerza |
| Esquelético | Disminuyen los niveles de calcio | Incremento de los niveles de calcio y densidad ósea |
| Cartilaginoso | Atrofia | Mejora del espesor del cartílago y protección de las articulaciones |
| Endocrino | Deficiente captación de glucosa | Disminuye la resistencia a la insulina |
Figura 1.1. Efectos del envejecimiento y de la actividad física sobre los principales órganos (traducido y adaptado de Kirkendall y Garrett, 1998).
* Volumen espiratorio forzado en 1 segundo.
Pero la falta de un consenso claro en torno a este término, “Actividad Física Adaptada”, sigue vigente en la actualidad, y otras definiciones aportadas al respecto han ido apareciendo en los últimos años a medida que se han ido diversificando las posibilidades o colectivos de trabajo.
Para la propia Sherrill, AFA es “una teoría y práctica multidisciplinarias relacionadas con las actividades a lo largo de la vida de aquellas personas cuya estructura funcional o apariencia única requieren un conocimiento experto para: a) adaptar y adecuar ecosistemas, y b) facilitar los cambios necesarios para un acceso igualitario, integración e inclusión, bienestar a lo largo de la vida y posibilidades de éxito a través del movimiento y empowerment2” (Sherrill, 1994; en Pérez, 2003, pág. 232).
Según las conclusiones del Congreso Mundial de Actividad Física Adaptada de Quebec en 1998: la “Actividad Física Adaptada se define como un cuerpo de conocimiento multidisciplinario dirigido a la identificación y solución de las diferencias individuales en la actividad física. Es una profesión de prestación de servicios y un cuerpo académico de estudio que apoya una actitud de aceptación de las diferencias individuales, aboga por mejorar el acceso a estilos de vida y al deporte, y potencia la innovación y la cooperación en la prestación de servicios y la adaptación de las normativas. La Actividad Física Adaptada incluye, además de otros aspectos, la Educación Física, el deporte, la recreación, la danza y las artes creativas, la nutrición, la medicina y la rehabilitación” (Sherrill; en Drouin, 1998).

Figura 1.2. Áreas de estudio en torno a la actividad física adaptada (adaptado y traducido de Doll-Tepper y DePauw, 1996, pág. 2).
Otra definición, a destacar por su simplicidad, es la que realiza Doll-Tepper (2001), quien consideraba la AFA como “todo movimiento, actividad física y deporte en los que se pone especial énfasis en los intereses y capacidades de las personas con condiciones limitantes o problemas de salud o de las personas mayores”.
Finalmente, queremos apuntar la definición dada por la Federación Internacional de Actividad Física Adaptada (IFAPA), que define AFA como “un cuerpo de conocimientos interdisciplinario dedicado a la identificación y solución de las diferencias individuales en actividad física. Es una profesión de servicios y un campo académico de estudio que se basa en una actitud de aceptación de las diferencias individuales y en la defensa del acceso a un estilo de vida activo y al deporte, y promociona la innovación y cooperación para ofertar programas y sistemas de empowerment. AFA incluye, pero no está limitada a, la Educación Física, el deporte, la recreación, la danza y artes creativas, la nutrición, la medicina y la rehabilitación (IFAPA, 2004; en Hutzler y Sherrill, 2007).
Como podemos observar, AFA es un concepto aglutinador, amplio y generalista, de tal forma que de él se derivan otros términos como los de “juego adaptado”, “deporte adaptado” o “Educación Física Adaptada”, entre otros. Por lo tanto, consideramos que la AFA recoge todos los ámbitos de la actividad física que no recoge la AF “formal”, y no hace referencia tan sólo, como tradicionalmente se ha entendido, a las personas con discapacidad, sino también a otros grupos con connotaciones determinadas tales como el de tercera edad, drogodependencias, reclusos, poblaciones marginales, etc.
Además, vemos que esta última definición incluye muchos de los aspectos que deben ser recogidos por cualquier definición, y que Hutzler y Sherrill (2007) concretan en: a) especificar las dimensiones y propósitos de una profesión; b) delimitar los límites del conocimiento base de una profesión y sus prácticas; c) clarificar la naturaleza de los servicios proporcionados, y d) indicar las poblaciones a las que van destinados tales servicios. Este último aspecto es del que, en nuestra opinión, adolece esta definición, que sí recogen otras de las apuntadas anteriomente. Sin embargo, los propios Hutzler y Sherrill (2007) nos indican una aplicación de las prácticas a realizar en AFA, en relación con los componentes recogidos en la International Classification of Functioning, Disability and Health (ICF) (OMS, 2001) (figura 1.3).
Existe actualmente una discusión en la literatura especializada sobre si este campo de estudio es un área de conocimiento (o disciplina) o una profesión, ambos términos incluidos en la definición apuntada anteriormente. Esta controversia resulta de interés para nuestro objeto de estudio. De hecho, son varios los profesionales que pueden ser prestadores de servicios, de ahí que la investigación o formación que podamos hacer en este campo de estudio pueda realizarse desde varias perspectivas o disciplinas (ver figura 1.2).

Figura 1.3. Ejemplo específico de prácticas en AFA respecto a las categorías de la ICF durante la planificación de la AFA (adaptado y traducido de Hutzler y Sherrill, 2007, pág. 12).
Cabe indicar aquí que términos como discapacidad (el cual abordaremos en el siguiente epígrafe) son categorías establecidas desde una perspectiva social (Shogan, 1998). El crear categorías, respecto a una norma, no hace más que identificar subpoblaciones en función de una serie de parámetros comunes que, en el caso de la ICF, aglutina la presencia de una alteración en una estructura o función corporal, la limitación a la hora de hacer una actividad o la restricción en la participación en una actividad o área de la vida cotidiana. Cualquier definición o conceptualización de las AFA debería tener en consideración los componentes de la ICF y determinar de forma consensuada los cambios propuestos en los servicios y apoyos (p. ej., compañero asistente en clases con grupos numerosos), equipamiento empleado (p. ej., balón con mayor diámetro para facilitar el bote), variables del entorno (p. ej., reducir el tamaño de la pista de bádminton), estructura de las tareas (p. ej., impulsión de una silla de ruedas en lugar de correr), las reglas (p. ej., doble bote en tenis en silla de ruedas) y las instrucciones (p. ej., ayudas táctiles como complemento a las indicaciones verbales) (Hutzler y Sherrill, 2007). Estos ejemplos no hacen más que identificar áreas de investigación que permitan ayudar a comprender y optimizar los programas de intervención en AFA, independientemente del ámbito de su aplicación.
Cuando nos referimos a si la AFA es una disciplina o campo de estudio, aludimos a que recoge el conocimiento base que subyace y dirige la prestación de servicios y proporción de actividades a personas con limitaciones personales y/o sociales (Hutzler y Sherrill, 2007, pág. 15). En este sentido, Reid y Stanish (2003) añaden que, además de la búsqueda de conocimiento como principal motivación, está la utilización de una metodología y terminología propias. Esta consideración de AFA como disciplina sucede especialmente en Europa, donde ésta incluye la educación física, ciencia del deporte, recreación y rehabilitación como áreas de subespecialización dentro de la AFA (DePotter, Van Coppenolle, Djobova, Dobreva, Wijns y Van Peteghem, 2003).
Aunque el término “disciplina emergente” ha sido usado por algunos investigadores de reconocido prestigio en el ámbito de las AFA (p. ej., Sherrill, 1998), la investigación es el medio a través del cual un cuerpo de conocimientos o disciplina crece y se desarrolla (Reid y Stanish, 2003). Estos autores apuntan una serie de criterios que deben reunirse para que un área de estudio sea considerada como una disciplina, a saber: a) dominio identificable en el que se planteen cuestiones vitales; b) una teoría sustancial y una tradición pública reconocida; c) una estructura conceptual única; d) integridad única; e) reconocimiento de los métodos y procedimientos utilizados; e) reconocimiento de los procesos y de los productos, y f) utilización de un lenguaje claro y correcto que garantice la comunicación. El trabajo realizado por Reid y Stanish (2003) analiza las publicaciones aparecidas en una de las revistas más relevantes en AFA (Adapted Physical Activity Quarterly), dada su especificidad y su inclusión en dos áreas del Journal Citation Reports, donde se analizan sus publicaciones durante el período comprendido entre 1984 y 2000. Las conclusiones más reseñables de dicho trabajo, en relación con los criterios que debe reunir para ser considerada una disciplina, las resumimos a continuación:
• Se cumple el primer criterio de un cuerpo de conocimientos propio, al existir numerosos trabajos específicos de poblaciones especiales, tanto en esta revista como en otras.
• No existe predominancia de técnicas y metodología propias, sino que suelen aplicarse unas procedentes de otras disciplinas.
• Existe disparidad en el establecimiento de un marco conceptual en el que se desarrolla la investigación, si bien muchos de ellos proceden de disciplinas como la psicología del deporte, el aprendizaje motor o el desarrollo motor. De hecho, muchos trabajos han tenido como objetivo primordial determinar si el modelo teórico creado en otras disciplinas se cumple en personas con discapacidad o en contextos de AFA (p. ej., Tripp, French y Sherrill, 1995). Por ello, no cabe considerar que cumpla el criterio de posesión de un marco conceptual único.
• La mayor parte de la terminología empleada procede de otras disciplinas como la cinesiología, la educación especial, la educación física o la rehabilitación, y son menos los términos específicos como paraolimpíadas, goalball, boccia, quad rugby, twin-basketball, entre otros (p. ej., Evaggelinou y Grekinis, 1998).
A tenor de la discusión planteada en párrafos anteriores, Reid y Stanish (2003) consideran que la AFA no puede ser considerada como una disciplina, sino como un campo de estudio profesional, con una base de conocimiento interdisciplinario.
Una profesión hace referencia a la ocupación de un servicio, normalmente tras la realización de unos estudios superiores o especializados, la cual está guiada por unos códigos éticos y tiene unos órganos de representación formales (Reid y Stanish, 2003). La consideración de la AFA como una profesión comienza al principio de la década de 1970, cuando se empezaron a ofertar los primeros programas de formación (Sherrill y DePauw, 1997). Baker y Wade (1995) realizan un análisis acerca de la consideración de la Educación Física como una profesión, mientras que nosotros, partiendo del trabajo de Reid y Stanish (2003), analizaremos las implicaciones específicas de esos criterios para la AFA:
a) Es en esencia una actividad intelectual. Dada la heterogeneidad de personas que trabajan en el campo de las AFA (p. ej., voluntarios), este criterio es difuso, si bien la investigación en este campo cumpliría este requisito.
b) Basa su conocimiento en la investigación. Cabe indicar que dicho conocimiento no ha sido equitativo para las diferentes subdisciplinas que podemos en contrar en las AFA. Por ejemplo, en el caso del deporte adaptado, si bien el origen de éste se ubica a mi tad del siglo pasado, la investigación ha desempeñado en él un rol menor en la evolución que se le asigna a las AFA desde la década de 1980 (Reid y Prupas, 1998). Así, podemos encontrar numerosas revistas con trabajos de investigación en relación con las AFA, mientras que las específicas existen en menor medida (p. ej., Adapted Physical Activity Quarterly o Palaestra).
c) Deben existir objetivos prácticos, apoyados por la investigación. No cabe duda de la naturaleza práctica de las AFA, si bien hay multitud de propósitos, determinados por las características, necesidades y orientaciones que se dé a la citada práctica.
d) Autoorganización. Existen numerosas organizaciones que tratan de coordinar las directrices de los programas de intervención para con estas poblaciones.
e) Capacidad de comunicación. Aquí se hace referencia a las numerosas fuentes bibliográficas en las que podemos encontrar trabajos en relación con las AFA.
f) Servicio público. Dada la voluntariedad que suele acompañar a la puesta en práctica de programas de AFA, así como la persecución de una serie de objetivos y beneficios a nivel biológico, psicológico y/o social, este criterio podría considerarse cumplido.
Por esta justificación que hemos apuntado anteriormente, Reid y Stanish (2003, pág. 215) consideran que la AFA incluye muchos de los criterios para que ésta sea considerada como una profesión.
A tenor de lo apuntado anteriormente, resulta complejo decantarnos por considerar la AFA como un campo profesional, donde los argumentos parecen ser más sólidos, que una disciplina o ámbito de estudio con entidad propia, ya que recoge argumentos de los dos. En opinión de Hernán Ariel Villagra, en los Cursos de Verano de la Universidad Politécnica de Madrid (2007), es posible que el mercado laboral acabe demandando a aquellos profesionales que satisfagan las necesidades específicas de estas poblaciones, sin importar tanto la titulación específica del profesional en cuestión. En cualquier caso, no debemos olvidar que el International Council in Sport Sciences and Physical Education (2007), reconoce la Actividad Física Adaptada como una disciplina de investigación con entidad propia, junto con otras dieciocho, a saber: 1. Pedagogía del Deporte; 2. Sociología del Deporte; 3. Historia del Deporte; 4. Filosofía del Deporte; 5. Psicología del Deporte y del Ejercicio; 6. Biomecánica; 7. Fisiología del Ejercicio; 8. Ciencias del Entrenamiento; 9. Comparativa Educación Física y Deporte; 10. Cineantropometría; 11. Psicología Neuromotriz, Control y Aprendizaje Motores; 12. Ciencias Políticas del Deporte; 13. Instalaciones Deportivas; 14. Información Deportiva; 15. Derecho Deportivo; 16. Gestión Deportiva; 17. Medicina del Deporte, y 18. Visión y Deporte.
Finalizaremos este apartado indicando una serie de reflexiones críticas que Hutzler y Sherrill (2007) apuntan en su ar tículo reciente acerca de las perspectivas internacionales en torno a la definición del concepto de Actividad Física Adaptada:
• Es probable que la AFA siga prosperando como una profesión si se la considera un campo de estudio multidisciplinario (o disciplina) o una subespecialización de la educación física, las ciencias del deporte o la cinesiología.
• La categorización apuntada en la ICF de la OMS (2001) puede servir como marco teórico para la integración de la discapacidad y los estudios sobre motricidad, así como para especificar las poblaciones objeto de estudio.
• La AFA abarca la participación en diferentes contextos (inclusión, integración o segregación).
• La subespecialización de la AFA podría incluir la educación física, deporte, recreación y rehabilitación. Algunos países optan por subespecializaciones en componentes académicos separados, mientras que otros prefieren un enfoque multi-disciplinario.
• Los estándares para proporcionar servicios de AFA varían en función del país y de los recursos disponibles. Esta cuestión también podemos extrapolarla a la hora de estimar los recursos disponibles para hacer investigación de calidad en este campo. No obstante, dichos estándares requieren diversas competencias, tanto para los especialistas como para los generalistas que haya en los diferentes puestos laborales afines.
• La AFA es un campo de estudio con una creciente evidencia empírica de base, que debe avanzar en la elaboración de un cuerpo único de conocimientos.
• En algunos países el término AFA no es el más utilizado, coexistiendo con otros como deporte adaptado, terapia deportiva o terapia psicomotriz, los cuales pueden tender a integrarse dentro de las AFA o a permanecer como entidades aisladas.
En nuestro caso, y teniendo en cuenta el eje vertebrador en torno al cual vamos a desarrollar esta obra, consideraremos las AFA como un cuerpo de conocimientos interdisciplinario dentro de las CAFD para la investigación y programación de nuestras intervenciones en cualquiera de los colectivos o grupos que estableceremos como objeto de nuestra intervención, y, en definitiva, donde los esfuerzos irán encaminados al diseño de estrategias de éxito que permitan el acceso a toda persona “especial” a la práctica de actividad física, educativa o deportiva en entornos lo más normalizados posible (figura 1.4).
ANÁLISIS TERMINOLÓGICO EN REFERENCIA A LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD
Creemos oportuno apuntar aquí los términos que pueden hacer referencia a alguna de las dimensiones que nos permitirían catalogar a una persona o población como especial desde el punto de vista de la actividad física, tal y como nos ocupa en la presente obra. A principio de la década de 1980, la Organización Mundial de la Salud acuñó tres términos que todavía en nuestros días se suelen utilizar, de una forma más o menos acertada (OMS, 1980):

Figura 1.4. Definición que aportamos al término “Actividad Física Adaptada”.
• Deficiencia (impairment). Dentro de la experiencia de la salud, la deficiencia es toda pérdida o anormalidad de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica. La deficiencia representa la exteriorización de un estado patológico y, en principio, refleja alteraciones de un órgano.
• Discapacidad (disability). Dentro de la experiencia de la salud, una discapacidad es toda restricción o ausencia (debido a una deficiencia) de la capacidad para realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para un ser humano. La discapacidad representa la objetivación de una deficiencia, reflejando alteraciones en el ámbito de la persona.
• Minusvalía (handicap). Dentro de la experiencia de la salud, una minusvalía es una situación desventajosa para un individuo determinado, consecuencia de una deficiencia o una discapacidad, que limita o impide el desempeño de un rol que es normal en su caso. La minusvalía representa la socialización de una deficiencia o una discapacidad, reflejando las consecuencias culturales, sociales, económicas y ambientales que para el individuo se derivan de la presencia de esa deficiencia o esa discapacidad.
Vemos que cualquiera de los términos expuestos (figura 1.5) parte de una enfermedad o trastorno de la persona, que hace referencia a una situación intrínseca en el estado de salud de esa persona con respecto a la norma. Sin embargo, consideramos que la relación entre tales términos no siempre es una relación lineal, ya que puede existir una deficiencia sin que se produzca una minusvalía, o una minusvalía puede ser consecuencia de una deficiencia sin que medie un estado de discapacidad. Por ejemplo, una persona que tenga una amputación simple al nivel de una falange de uno de los dedos de sus manos presenta evidentemente una deficiencia, sin que ello le suponga una discapacidad (no la limita para hacer las actividades consideradas normales en su caso) ni una minusvalía (no va a encontrar el rechazo del entorno que la rodea ni va a estar limitada su participación en él).
Si analizamos las diferencias entre estos términos bajo el parámetro de la socioafectividad, nos encontramos que, en el caso de los dos primeros, no podemos intervenir, es decir, en la deficiencia y la discapacidad. De hecho, sólo podríamos hacerlo mediante estrategias de intervención basadas en la prevención y/o rehabilitación, puesto que es algo propio del sujeto que puede condicionar su desarrollo socioafectivo. Sin embargo, el término minusvalía refleja claramente una situación desventajosa que la propia sociedad hace evidente y relevante, por lo que constituye un elemento de incursión directa en el desarrollo de relaciones del sujeto con el resto de la población. Aquí sí podemos intervenir y procurar que la desventaja se iguale, de forma que desaparezca lo que podríamos considerar como “minusvalía social”. Un caso práctico lo puede constituir un lesionado medular que utilice la silla de ruedas, a quien consideraríamos minusválido si para acceder a su puesto de trabajo dependiera de los demás para subir las escaleras, pero, si por el contrario contamos con una rampa de acceso al edificio, el sujeto será autónomo y no dependerá de los demás, pese a tener una discapacidad.

Figura 1.5. Diferenciación terminológica y su descriptor más característico aplicado a la deficiencia musculoesquelética (Reina, Sanz y Mendoza, 2003; pág. 20).
Extrapolando esta diferenciación terminológica a la propuesta por la OMS con la International Classification of Impairments, Disabilities and Han dicaps de 1999 (ICIDH), encontramos un claro paralelismo con la terminología expuesta anteriormente, de manera que (Reina, Sanz y Mendoza, 2003; pág. 21):
• Impairment = deficiencia. Hace referencia a la función y estructura del sujeto, siendo toda pérdida o anormalidad de la estructura del cuerpo, o de las funciones psicológicas o fisiológicas.
• Activities = actividades. Hace referencia a la limitación en la actividad por parte del sujeto, pudiendo estar limitadas en su naturaleza, duración o calidad, al igual que en la naturaleza y funcionamiento a nivel de la persona.
• Participation = participación. Hace referencia a la restricción en la participación, de manera que la naturaleza y la extensión de la persona están relacionadas con las situaciones de su vida en relación con las deficiencias, condiciones de salud y factores contextuales. La participación puede estar restringida en su naturaleza, duración y calidad.
En 2001, la OMS desarrolla la International Classification of Functioning, Disability and Health (Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud), a la que nos referiremos como ICF (OMS, 2001), y que citamos brevemente en el epígrafe anterior. El objetivo principal de esta nueva clasificación es brindar un lenguaje unificado y estandarizado, y un marco conceptual para la descripción de la salud, el bienestar y los estados relacionados. Debemos tener presente que la ICF no versa únicamente sobre personas con discapacidades, siendo válida para todas las personas, considerándose de aplicación universal (Bickenbach, Chatterji, Badley y Ünstün, 1999). Ha pasado, pues, de ser una clasificación de “consecuencias de enfermedades” (versión de 1980) a ser una clasificación de “componentes de salud” (versión de 2001).
Esta clasificación está en clara consonancia con un concepto actual de salud, cercano a las ideas de bien integral y equilibrio personal, social y ambiental. Por lo tanto, pensamos que la concepción actual de salud guarda una estrecha relación con la adopción de un estilo de vida saludable, en el que la realización de la actividad física esté adaptada a las posibilidades de práctica de la persona, respondiendo, a su vez, a sus necesidades e intereses. Ello contribuirá, unido a otros factores, como una correcta alimentación o el descanso adecuado, a incrementar la calidad de vida de la persona (Sánchez Bañuelos, 1996). A su vez, Devís (1998; pág. 369) indica que hemos pasado “de una actividad física relacionada con la salud… de higiene, a la noción de bienestar”. Coincidimos, pues, con Devís en que “la salud es el logro del elevado nivel de bienestar físico, mental, social y de capacidad de funcionamiento, así como del reducido nivel de enfermedad que permitan los cambiantes y modificables factores políticos, sociales, económicos y medioambientales en los que vive inmersa la persona y la colectividad” (Devís, 2000; pág.16).
Siguiendo a Generelo (2001; pág. 117), hemos pasado de una concepción tradicional de la salud, que compete exclusivamente al sector sanitario, a una perspectiva de miras mucho más general, y que abre las competencias a equipos multiprofesionales, en los que deben tener cabida los profesionales de las CAFD (figura 1.6). Así, la salud será uno de los componentes esenciales de lo que denominamos comúnmente “calidad de vida”, que incorpora un conjunto de aspectos psicoafectivos (bienestar o salud mental), físicos (autonomía), sociales y cognitivos (autopercepción de la salud y de la enfermedad).
| CONCEPTO RENOVADO | CONCEPTO TRADICIONAL |
| Positivo | Negativo |
| Dinámico (se construye continuamente) | Puntual (presencia o no de enfermedad) |
| Perspectiva integral (más general) | Perspectiva parcial |
| Competencia multiprofesional | Competencia del sector sanitario |
| El sujeto participa en la construcción | El sujeto es pasivo, “paciente” de la enfermedad |
Figura 1.6. Diferencias entre la concepción tradicional y la actual de salud (Generelo, 2001; pág. 117).
Volviendo a la propuesta del ICF (OMS, 2001), se presentan dos listados básicos de dominios o componentes que hacen referencia a la salud de la persona: a) funciones y estructuras corporales, y b) actividades-participación. El concepto de funcionamiento acuñado en el título de la clasificación se puede considerar como un término global, que hace referencia a todas las funciones corporales, actividades y participación, de manera similar a como la discapacidad engloba las deficiencias, limitaciones de la actividad o restricciones en la participación, tal y como vimos en la clasificación anterior. Una de las principales aportaciones de la ICF reside en la identificación de una serie de factores contextuales que interactúan con el resto de constructos (figura 1.7).
Veamos y analicemos cada uno de los elementos que se contemplan en esta nueva clasificación de componentes de la salud. Cuando seguimos hablando de deficiencia, hacemos referencia a problemas en las funciones3 o estructuras corporales4, ya sea por una desviación significativa respecto a la “norma”, ya sea por la pérdida de alguna de esas funciones o estructuras (figura 1.8). Dichas deficiencias deben ser parte o una expresión de un estado de salud, pero no indican necesariamente que esté presente una enfermedad o que el individuo sea considerado un enfermo. Los componentes actividades y participación cubren el abanico completo de dominios que indican aspectos relacionados con el funcionamiento, tanto desde una perspectiva individual como social. Por un lado, la actividad es la realización de una tarea o acción por parte de un individuo, por lo que una limitación de la actividad estaría constituida por las dificultades que ese individuo puede tener en el desempeño o realización de determinadas actividades. Por su parte, la participación sería el acto de involucrarse en una situación vital, de manera que una restricción en la participación estaría constituida por los problemas que un individuo puede experimentar al involucrase en determinadas situaciones, en las que la actividad física y deportiva será considerada como una más. Por lo tanto, la mayor o menor afectación de alguna o varias de esas estructuras o funciones es lo que va a determinar la menor o mayor capacidad para que el individuo pueda desempeñar las actividades que son normales en su caso, así como su participación en ellas.

Figura 1.7. Interrelación de conceptos de la ICF.
Así pues, nos encontramos ante un amplio espectro de discapacidades o colectivos que pueden ser objeto de nuestra intervención como docentes o profesionales de las CAFD. La propuesta de clasificación de los colectivos especiales que realizan Simard, Caron y Skrotzky (2003) se articula en torno a los sistemas psicosomáticos afectados, para los que establecen, de forma simplificada, un diagnóstico (figura 1.9).
Por su parte, Kelly (1995) enumera un amplio grupo de discapacidades y problemas de salud que supone un consenso para acotar las áreas de trabajo en el ámbito de la educación física y la recreación con personas con discapacidad, a saber5: retraso mental, sordera y deficiencia auditiva, habla y trastornos del lenguaje, ceguera y deficiencia visual, alteraciones del comportamiento, problemas de aprendizaje, parálisis cerebral, distrofia muscular, espina bífida, amputaciones, lesión medular, problemas posturales, artritis juvenil reumatoide, enanismo, osteogénesis imperfecta, autismo, lesión cerebral traumática, problemas cardiovasculares, tuberculosis, nefritis, asma, anemia, hemofilia, leucemia, diabetes, envenenamiento, multidiscapacidad, sordoceguera, déficit de atención e hiperactividad, SIDA y problemas de toxicomanías.
| FUNCIONES CORPORALES | ESTRUCTURAS CORPORALES |
| Funciones mentales / intelectuales | Estructuras del sistema nervioso |
| Funciones sensoriales y del dolor | Ojo, oído y estructuras relacionadas |
| Voz y funciones del habla | Estructuras involucradas en la voz y el habla |
| Funciones cardiovasculares, sistemas hematológico, inmunitario y respiratorio | Estructuras de los sistemas cardiovascular, inmunitario y respiratorio |
| Funciones de los sistemas digestivo, metabólico y endocrino | Estructuras relacionadas con los sistemas digestivo, metabólico y endocrino |
| Funciones genitourinaria y reproductora | Estructuras relacionadas con los sistemas genitourinario y reproductor |
| Funciones musculoesqueléticas relacionadas con el movimiento | Estructuras relacionadas con el movimiento |
| Funciones de la piel y estructuras relacionadas | Piel y estructuras relacionadas |
Figura 1.8. Funciones y estructuras corporales dentro del contexto de la salud (OMS, 2001).
| CATEGORÍAS | TRASTORNOS | DIAGNÓSTICO |
| Limitaciones psíquicas | Mentales | PsicosisNeurosis |
| Retraso mental | Debilidad mental leveDebilidad mental mediaDebilidad mental grave | |
| Socioafectivos | Alteraciones en la infanciaAlteraciones en la adolescenciaAlteraciones en adultos y mayores | |
| Drogas y alcoholismo | Toxicomanías | |
| Limitaciones somáticas | Organomotores | ParálisisAsma y otrosTrombosis y otrosDiabetesSobrepeso |
| Sensoriomotores | CegueraSorderaApraxia | |
| Relacionados con la maternidad (prevención) | Embarazo (estado) | |
| Relacionadas con el envejecimiento | Senilidad | |
| Coronarios | Infarto |
Figura 1.9. Clasificación de los colectivos especiales según los sistemas psicosomáticos afectados (Simard, Caron y Skrotzky, 2003; pág. 13).
Estableciendo un símil con la conceptualización clásica del comportamiento humano basado en el procesamiento de la información, ubicaremos las discapacidades sensoriales (visuales o auditivas) en el nivel perceptivo, donde la incidencia del déficit de la persona se refleja primordialmente en la captación y el análisis de la información que recibe del entorno en el que se encuentra (figura 1.10). En segundo término, ubicaremos las discapacidades intelectuales, en las que la disfunción reside en la capacidad de la persona para procesar la información del contexto y tomar decisiones, amén de en otros problemas comportamentales debidos a alteraciones de la conducta. En última instancia, encontraremos las discapacidades físicas, en las que el problema se circunscribe al ámbito motor de la persona, limitando o condicionando su capacidad para de senvolverse con su cuerpo en la actividad físicomotriz en la que participa.
Volviendo a la ICF, encontramos que las actividades vitales que pueden ser objeto de una restricción en la participación de la persona con discapcidad son las siguientes: a) aprendizaje y aplicación de conocimientos; b) tareas generales y demandas; c) comunicación; d) movimiento; e) cuidado personal; f) áreas de la vida doméstica; g) relaciones interpersonales; h) áreas superiores de la vida, e i) vida comunitaria, social y cívica.
Desde el punto de vista de las actividades físicas y deportivas, objeto de esta obra, prestaremos una mayor atención a aquellas que requieran nuestra intervención para superar las restricciones que pudieran limitarlas, principalmente la comunicación, el movimiento o las relaciones interpersonales.
Autores como Kiernan, Butterworth, Schalock y Sailor (1993) o Verdugo (2002a) indican que la discapacidad no está fijada ni dicotomizada, siendo más bien fluida, continua y cambiante, dependiendo de las limitaciones funcionales de la persona y de los apoyos disponibles en el ambiente personal. La mayor o menor disponibilidad de recursos facilitadores, la presencia de unas características personales más positivas por parte del sujeto, o la menor presencia de barreras, entre otras cosas, contribuirán a que la persona con una deficiencia cualquiera pueda realizar actividades en la medida en que ésta se lo permita, minimizando la restricción en la participación en tales actividades. Es aquí donde entraríamos a analizar los factores contextuales que indicábamos anteriormente (figura 1.7). Algunos de estos principales factores serían:

Figura 1.10. Principales problemas que existen atendiendo a las fases del procesamiento de la información.
• Productos y tecnología: p. ej., una persona con una tetraplejía precisará una silla de ruedas eléctrica para tener cierta independencia en su vida diaria.
• Entorno natural y cambios del entorno realizados por el hombre: p. ej., las adaptaciones que se hacen en una playa para que puedan acceder usuarios en silla de ruedas.
• Apoyo y relaciones: p. ej., una persona con una ceguera puede tener una mayor autonomía en la vida diaria con el apoyo de un perro guía.
• Actitudes: p. ej., en un entorno educativo donde tenemos a alumnos con discapacidad integrados en el aula ordinaria de Educación Física, vamos a conseguir una mayor participación e integración de esos alumnos si contamos con unas actitudes positivas hacia la práctica deportiva integrada de los propios alumnos y de los compañeros de clase, pero también una actitud de esfuerzo por parte del profesor/a.
• Servicios, sistemas y políticas: aquí entrarían todos los protocolos de intervención que las autoridades públicas y/o privadas contemplan para atender a los colectivos con discapacidad, orientados siempre al desarrollo de su autonomía, mejora de su estado de bienestar y, por último, a incrementar su integración en la sociedad en la que viven.
De una forma más concreta, los factores ambientales ejercen un efecto en todos los componentes del funcionamiento y la discapacidad, y están organizados partiendo del contexto/entorno más inmediato al individuo, llegando hasta el entorno general. Tales factores tendrán un efecto facilitador o de barrera en función de las características del mundo físico, social o actitudinal, y entre ellos distinguimos:
• Factores individuales, presentes en el contexto/entorno inmediato del individuo, incluidos espacios como el hogar, el lugar de trabajo o las escuelas. Están incluidas las propiedades físicas y materiales del ambiente a las que el individuo debe enfrentarse, así como el contacto directo con otras personas como la familia, amigos, compañeros o desconocidos.
• Factores sociales, donde encontramos las estructuras sociales formales e informales, servicios o sistemas globales existentes en la comunidad, o la cultura, y que tienen un efecto sobre los individuos. Este nivel incluye organizaciones y servicios relacionados con el entorno laboral, actividades comunitarias, agencias gubernamentales, servicios de comunicación y transporte, leyes, reglas formales e informales, actitudes e ideologías.
Los factores personales son un componente más de los factores contextuales, pero su consideración es más compleja debido a la gran variabilidad social y cultural asociada a ellos. De esta manera, algunos de los factores personales que podríamos considerar son, entre otros: el sexo, la edad, otras condiciones de salud asociadas, el estilo de vida, el ideario de la persona, la educación recibida, su profesión, su personalidad o sus experiencias pasadas, ya sean de actividad física u otra dimensión de la persona (p. ej., actitud para consigo mismo en caso de una discapacidad adquirida de forma traumática).
Por lo tanto, dentro de los factores contextuales, en los que distinguimos entre factores ambientales y personales, podremos diferenciar entre elementos facilitadores y barreras/obstáculos, a saber (INSERSO, 2003; pág. 21):
• Facilitadores: son todos aquellos factores del entorno de una persona que, cuando están presentes o ausentes, mejoran el funcionamiento y reducen la discapacidad. Por ejemplo, la disponibilidad de una tecnología asistencial adecuada o la existencia de servicios de apoyo que intentan aumentar la participación de las personas con discapacidad en determinadas áreas de la vida (educación, empleo…). Los facilitadores pueden prevenir o evitar que un déficit o una limitación de la actividad se convierta en una restricción en la participación.
• Barreras/obstáculos: son todos aquellos factores del entorno de una persona que, cuando están presentes o ausentes, limitan el funcionamiento y generan discapacidad. Por ejemplo, un ambiente físico inaccesible, un producto no utilizable por todos o un servicio existente que, sin embargo, no es accesible para las personas con discapacidad.
SITUACIÓN ACTUAL DE LAS POBLACIONES OBJETO DE ESTUDIO
La Constitución Española (López, 1997) reconoce a todos los españoles la igualdad ante la Ley y, en su artículo 9.2, establece el derecho a la igualdad de oportunidades, que corresponde garantizar a los poderes públicos mediante la promoción de las condiciones necesarias para que esa igualdad sea efectiva, y mediante la remoción de aquellos obstáculos que impidan o dificulten la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social. En este sentido, la práctica de actividades físicas y deportivas no está exenta de ese derecho, tal y como se recoge en los artículos 27.1, 27.2 y 148 de la Carta Magna. Además, en el Art. 49, refiriéndose a las personas con discapacidad, se ordena a los poderes públicos que presten la atención especializada y el amparo especial necesario para el disfrute de sus derechos.
Desde el punto de vista legal, se han ido sucediendo documentos que se han hecho eco de la situación de las personas con discapacidad en la sociedad y así, en España, la Ley 13/82 de 7 de abril de 1978, Ley de Integración Social de los Minusválidos (LISMI), desarrollando el artículo 49 de la Constitución Española, establece los principios de normalización, sectorización de servicios, integración y atención individualizada, que deben presidir las actuaciones de las administraciones públicas, de cualquier nivel y área, en relación con las personas con alguna discapacidad. Dicha Ley ha sido coetánea del Programa de Acción Mundial para las Personas con Discapacidad (PAMPD), aprobado por la ONU en 1982 (INSERSO, 2003; pág. 23). La LISMI reconoce la minusvalía en los siguientes términos:
“Toda persona que a causa de un determinado suceso (anomalía, enfermedad o accidente) presenta un deterioro o maduración incompleta de sus facultades físicas, psíquicas o sensoriales, o varias a la vez, que afectan actualmente o en un futuro, de una manera grave y prolongada, su capacidad de adaptación al entorno, con posibilidad de restauración parcial, que estará en relación inversa con la gravedad del proceso o directa con una atención social adecuada”.
A partir de documentos legislativos como la LISMI han ido surgiendo otra serie de iniciativas promulgadas por los poderes públicos y los agentes sociales, encaminadas todas ellas a la mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidad. El año 2003 fue declarado por la Unión Europea el “Año Europeo de las Personas con Discapacidad”, lo que a nuestro entender es una iniciativa más encaminada a la concienciación social de las necesidades de este colectivo, ya que, tal y como recoge la Carta de los Derechos Humanos de la ONU, se debe perseguir la igualdad de oportunidades entre los miembros de una sociedad. Ese impulso iniciado desde las autoridades europeas se ha traducido en nuestro país en una serie de iniciativas encaminadas a incrementar el proceso de integración social, tales como la Ley 41/2003, de 18 de noviembre, de protección patrimonial de las personas con discapacidad; la Ley 52/2003, de 10 de diciembre, de disposiciones específicas en materia de Seguridad Social, o la Ley 53/2003, de 10 de diciembre, sobre empleo público de discapacitados. Pero algunas de las leyes aprobadas más relevantes en este sentido han sido la Ley 51/2003, de 2 de diciembre, de igualdad de oportunidades, no discriminación y accesibilidad universal de las personas con discapacidad, o el II Plan de Acción para las personas con discapacidad 2003-2007 (INSERSO, 2003), así como otros planes como el Plan Nacional de Accesibilidad 2004-2012. Referente al II Plan de Acción anteriormente citado, aprobado en sesión del Consejo de Ministros de 5 de diciembre de 2003, éste se organiza en cuatro grandes áreas (INSERSO, 2003; pág. 14):
• Atención a personas con grandes discapacidades.
• Políticas activas de inserción laboral para personas con discapacidad.
• Promoción de accesibilidad de entornos, productos y servicios.
• Cohesión de los Servicios Sociales para personas con discapacidad.
El informe 4/2003 del Consejo Económico y Social, en sesión ordinaria del pleno de 17 de diciembre de 2003, indica que las situaciones de discapacidad sufren un incremento continuo debido, entre otras causas, al envejecimiento de la población y a la supervivencia de enfermedades y accidentes que antes eran mortales (CES, 2004). Ante esta situación, se aprobó en nuestro país la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia.
Según la Encuesta sobre deficiencias, discapacidades y estado de salud (EDDES), realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 1999, en España viven en torno a 3,5 millones de personas con alguna discapacidad, lo que supone el 9% de la población de ese año. No obstante, debemos considerar este número relativo, ya que los criterios utilizados en tal encuesta no fueron homogéneos (CES, 2004; pág. 12). Sin embargo, el porcentaje mostrado por la EDDES nos permite hacernos una idea de la gran presencia de este colectivo dentro de nuestra sociedad.
En la figura 1.11 se muestra cómo la prevalencia de las situaciones de discapacidad se incrementa con la edad de forma lineal, aunque cabe indicar que casi 2/3 de la población afectada la componen personas mayores de 65 años. El notable aumento de la esperanza de vida se encuentra entre las principales razones de la fuerte asociación entre discapacidad y edad, ya que la prolongación de la vida supone una mayor exposición al riesgo de padecer alguna. Vemos cómo es a partir de los 50 años cuando se empieza a registrar un crecimiento más acelerado, por lo que la mayoría de personas con discapacidad en edad laboral se concentra entre los 50 y los 64 años. Según resultados de la misma encuesta, la prevalencia entre los menores de 6 años es 22 de cada mil personas, suponiendo una cifra en torno a los 50.000 niños. Cuando analizamos las cifras en las edades de educación obligatoria (6-16 años), las cifras aumentan hasta alrededor de 80.000 niños (figura 1.12).

Figura 1.11. Tasas de prevalencia de la discapacidad según el sexo y la edad (Fuente: INEEDDES, 1999; en CES, 2004; pág.13).

Figura 1.12. Prevalencia por deficiencias en el grupo de edad de 6 a 16 años (Fuente: INE, 1999).
En la figura 1.12 se hace una distinción entre unos grandes grupos de deficiencias contemplados durante la realización del estudio anteriormente citado, entre las que se encuentran las mentales (con la mayor prevalencia en ambos sexos), visuales, auditivas, del lenguaje, osteoarticulares o viscerales. Cando analizamos los resultados ampliando el margen de edad desde los 6 hasta los 64 años y mayores de 65 años, respectivamente (figura 1.13), encontramos que las deficiencias osteoarticulares, visuales y auditivas manifiestan una mayor prevalencia, siendo algunas de las discapacidades a las que prestaremos una mayor atención en esta obra.
Por lo que respecta a las causas que dieron origen a la situación de discapacidad (figura 1.14), la enfermedad común es la principal causa, con un repunte más notable para el grupo de edad de más de 65 años debido a la involución propia del envejecimiento. Las causas congénitas se encontrarían en segundo lugar, seguidas por los accidentes laborales y de tráfico, siendo estos últimos objeto de una atención muy grande para reducir su incidencia por parte de entes como la Dirección General de Tráfico. Recomendamos la obra de Puga y Abellán (2004) para un análisis pormenorizado de las repercusiones sociales, sanitarias o políticas de la EDDES de 1999.

Figura 1.13. Distribución de las deficiencias por grandes grupos de edad (Fuente: INE, 1999).
| Causa | De 6 a 64 años | > 65 años |
| Congénita | 279.613 | 62.557 |
| Problemas en el parto | 69.266 | 3.111 |
| Accidentes de tráfico | 62.482 | 30.869 |
| Accidente doméstico | 29.013 | 62.144 |
| Accidente de ocio | 25.514 | 18.537 |
| Accidente laboral | 94.197 | 54.838 |
| Otro tipo de accidente | 39.379 | 55.433 |
| Enfermedad común | 849.745 | 2.124.057 |
| Enfermedad profesional | 63.481 | 54.966 |
| Otras causas | 211.200 | 680.279 |
| No consta | 4.713 | 12.936 |
Figura 1.14. Causas que originaron las deficiencias, por grandes grupos de edad (Fuente INE, 1999).
ÁMBITOS DE APLICACIÓN Y TIPOS DE PROGRAMAS DE ACTIVIDAD FÍSICA ADAPTADA
ÁMBITOS DE APLICACIÓN DE LAS AFA
Llegados a este punto, queremos exponer una breve estructuración de los posibles ámbitos de intervención de la AFA: educativo, deportivo, terapéutico, recreativo y preventivo (Ríos, 2003; Sanz y Reina, 2002) (figura 1.15). El elemento común a cualquiera de tales ámbitos es que nos servimos de la actividad física para la consecución de unos objetivos que difieren, en mayor o menor medida, de uno a otro.
Ámbito educativo
En el ámbito educativo se pretende el desarrollo integral del alumno, procurando ofrecerle una práctica de actividad física dentro de un aula lo más normalizada posible, y donde deberemos realizar algunas modificaciones, más o menos significativas, en algunos de los pasos o niveles de nuestra intervención docente. Hay que conocer las características principales de los alumnos con necesidades educativas específicas (NEE), así como los recursos que el centro puede brindar para que ese alumnado se encuentre en un entorno lo más normalizado posible. De esta manera, conseguiremos que el alumno con NEE se sienta incluido en su grupo de iguales, mejorando aspectos de salud psicosocial. En este ámbito nos serviremos de cualquiera de las tareas motrices que planteamos dentro de las clases de Educación Física, enmarcadas en cualquiera de los bloques de contenidos establecidos en el currículo (juegos y deportes, actividades en el medio natural, condición física o expresión corporal). Por lo tanto, resulta importante conocer cuáles son las orientaciones metodológicas que permitan que nuestra intervención docente sea más efectiva y eficaz.

Figura 1.15. Ámbitos de aplicación de las Actividades Físicas Adaptadas.
Ámbito deportivo
En el ámbito deportivo cobra importancia el rendimiento y/o resultado de aquellas personas que lo practican, por lo que los niveles de organización son mayores en tales prácticas. La distinción que realiza Arráez (2000) entre juego y deporte nos ayudará a dirimir la diferenciación que podemos establecer entre ambos términos. De esta manera, el juego es: a) una acción o actividad que forma parte del repertorio del comportamiento del ser humano; b) una actividad sin objetivo externo a la misma, y c) una actividad que causa placer, convirtiéndose éste en el auténtico “motor interno” del juego. En cambio, el deporte es: a) un género particular del juego, poseyendo por tanto, en parte, las características esenciales de aquel, actividad autotélica, desinteresada y placentera; b) un juego de carácter activo, agonístico y competitivo, lo que se constituye en auténtica esencia de aquél y c) un juego altamente reglado e institucionalizado. El ámbito del rendimien to deportivo para personas con discapacidad ha tenido una gran evolución en nuestro país desde la celebración de los Juegos Paralímpicos de Barcelona en 1992, siendo España una de las principales potencias mundiales en cuanto se refiere a deporte adaptado. Esa evolución ha sido paralela a la tecnificación de los métodos de entrenamiento de los deportistas con discapacidad.
Ámbito terapéutico
El ámbito terapéutico se sirve de la actividad física como un recurso importante para complementar los procesos de readaptación, reeducación o rehabilitación de personas con algún tipo de disfunción, sobre todo cuando ésta se adquiere de forma traumática. Concretamente, la rehabilitación busca otorgar capacidades perdidas a la persona para que pueda desenvolverse en su medio habitual, por lo que nos servimos nuevamente de la AFA como objeto de estudio y campo de acción de la rehabilitación (Castellote, 2003). En este sentido, Josep Oriol Martínez (2003; pág. 21) indica que, en el ámbito de las Ciencias de la Salud, el desarrollo de actividades físicas o deportivas para personas con alguna discapacidad es de vital importancia en la aplicación de planes integrales de salud, orientados principalmente a:
• La conservación, y si es posible la mejora, de las capacidades físicas, sensoriales o mentales afectadas, dentro de los programas de readaptación funcional.
• Fortalecer la autoestima, aumentando la confianza en sus positivas capacidades y verdaderas competencias.
• Favorecer su salud, en su concepto más amplio, tanto física como psíquica y psicosocial.
Un buen ejemplo de la aplicación de las actividades físicas y deportivas en este ámbito es el programa Hospisport, que es un programa de iniciación al deporte adaptado para personas con movilidad reducida que estén ingresadas en centros hospitalarios o sociosanitarios (p. ej., Instituto Guttmann de Barcelona). El objetivo general del programa es favorecer el proceso de readaptación y reinserción social de las personas con discapacidad física ingresadas para su rehabilitación en los hospitales o bien ingresadas en centros sociosanitarios, utilizando el deporte como estímulo y complemento de la rehabilitación. El programa agrupa a los pacientes por características, posibilidades e intereses deportivos, y les ofrece la posibilidad de realizar una o dos sesiones por semana en diferentes instalaciones deportivas adaptadas. Hospisport ofrece la oportunidad de continuar durante un largo período de tiempo haciendo deporte en las mismas instalaciones y con los mismos monitores, una vez que el paciente ha recibido el alta hospitalaria.
Ámbito recreativo
Cuando nos referimos al ámbito recreativo, nos referimos a la práctica de actividad física que la persona realiza en su tiempo libre, que la Real Academia Española (RAE, 2001; pág. 1.475) define como “el tiempo del que dispone una persona al margen de sus ocupaciones habituales”. De acuerdo con Laura Ruiz (2002; pág. 55) consideramos el tiempo libre “como aquel tiempo en el que no hay obligación de realizar una determinada tarea y que, en la mayoría de personas, es un espacio deseado y elegido libremente”. Por su parte, el ocio sería “la parte del tiempo libre empleado en actividades con las que disfrutamos, haciendo referencia más a la actividad que al tiempo” (Ruiz Rivas, 2002; pág. 56). El ocio, por tanto, poseerá unas características propias tales como: a) es libre y voluntario; b) es motivante en sí mismo, siendo las actividades gratificantes para la persona; c) es hedonístico, buscando la satisfacción, el placer y el disfrute, y d) cumple funciones importantes como el descanso, la diversión y el desarrollo personal.
Los beneficios que aportan las actividades de ocio han sido descritos por varios autores y abarcan varias dimensiones de la persona (ver revisión de Ruiz Rivas, 2002; pág. 57):
• Físicos: combate el estrés, permite la rehabilitación de determinados déficits, etc.
• Cognitivos y conductuales: ayuda al aprendizaje y mejora las habilidades sociales, desarrolla la creatividad, etc. A su vez, es un buen instrumento para el aprendizaje y desarrollo de conocimientos y destrezas, permitiendo trabajar mediante el juego contenidos curriculares diversos: áreas perceptivas, motrices, verbales, afectivosociales, etc.
• Emocionales: favorece el crecimiento personal y el desarrollo de la autoestima al proporcionar experiencias positivas de éxito, de competencia personal y autoconfianza.
• Sociales: permite a la familia disponer de tiempo libre para sus propias ocupaciones, un mayor apoyo social y grupos de ayuda. También se previenen problemas de aislamiento y, muy especialmente, es un recurso para la integración, ya que a través de las actividades planteadas se inician y consolidan relaciones, educándose en la solidaridad y el respeto.
Así pues, las actividades físicas que podemos realizar en este ámbito estarán enmarcadas en contextos de intervención como clubes de tiempo libre, colonias y/o campamentos, campos de trabajo, ludotecas, terrenos de aventura, casas de la juventud, casas de la cultura, centros de información juvenil o centros cívicos, entre otros (Ruiz Rivas, 2002).
Ámbito preventivo
Dentro del ámbito preventivo ubicaríamos toda actividad física que se hace con el fin de mejorar la salubridad de la persona. Ello implica la superación de la concepción tradicional de la salud, en la cual los comportamientos para con la actividad física eran pasivos y cualquier problema de salud se solventaba acudiendo a los profesionales sanitarios. Tal y como vimos en la concepción actual de salud, es preciso que la persona adopte e integre en su vida unos hábitos saludables, tales como una correcta alimentación, un descanso adecuado y, por supuesto, una actividad física regular.
Desde nuestra perspectiva, consideramos que las aportaciones que podemos hacer desde cualquiera de los otros cuatros ámbitos de intervención pueden ser muy variadas, previniendo la aparición de problemas de tipo fisiológico, físico o psicosocial.
TIPOS DE PROGRAMAS DE ACTIVIDAD FÍSICA ADAPTADA
Cada uno de los programas de actividad física que planteemos para un colectivo especial en cualquiera de los ámbitos vistos hasta ahora podrá realizarse de diferentes formas, en función del nivel de integración que consigamos dentro la actividad física catalogada como “formal”, es decir, aquella actividad física practicada por personas que no tengan ningún tipo de discapacidad o disfunción de sus condiciones normales. Detallaremos un poco más cada uno de los programas que podemos clasificar en función de su relación con la actividad física formal (figura 1.16):
a) Programas segregadores. Se refiere a los programas en los que aquellas personas que tengan una discapacidad o condición especial realizan la actividad física al margen del resto de componentes de la sociedad o grupo en el que se hallen inmersos. Un ejemplo lo encontraríamos cuando se celebra un campeonato deportivo para un colectivo determinado (p. ej., Copa del Rey de Baloncesto en Silla de Ruedas), al margen del deporte equivalente para personas sin discapacidad (p. ej., Copa del Rey de Baloncesto ACB6).
b) Programas paralelos. Este tipo de programas significa un avance en la normalización de las prácticas deportivas y de actividad física para colectivos especiales, ya que implica el compartir las instalaciones, materiales, horarios, entre otros, dispuestos para su actividad equivalente para el resto de la población. El ejemplo más claro de este tipo de programas lo hayamos en el Movimiento Olímpico-Paralímpico en el cual, desde Seúl ’88, los Juegos Olímpicos y Paralímpicos se volvieron a celebrar en la misma ciudad organizadora y en las mismas instalaciones. La diferencia reside en que no comparten el mismo momento de celebración, ya que los Juegos Paralímpicos se celebran una vez han finalizado los Olímpicos. Otro ejemplo lo tenemos en determinados torneos del circuito profesional de tenis (ATP), donde, durante la celebración del torneo, transcurre igualmente su equivalente de tenis en silla de ruedas, concretamente en los Grand Slam.
c) Programas integrados. Este tipo de programas implican que debe existir una “convivencia” entre ambos colectivos durante la realización de la actividad física en cuestión. Sin embargo, para la correcta práctica conjunta debemos realizar una serie de adaptaciones en las tareas o en el programa que permitan que las personas con discapacidad puedan tomar parte en la actividad de una forma lo más normalizada posible. Por ejemplo, las adaptaciones, en cualquiera de los elementos del currículo, que podemos hacer dentro de la clase de Educación Física son un buen ejemplo de la intervención que debemos llevar a cabo para desarrollar un programa integrado.
d) Programas Inclusivos. Este tipo de programas representa la total normalización en la práctica, en la medida en que no hacemos distinción en nuestra intervención o tareas planteadas en función de las características de las personas que en ella toman parte. Así pues, nuestras actividades estarían planteadas de manera que, independientemente de las limitaciones en la práctica que tenga una persona, ésta tiene las mismas oportunidades de participación y práctica que el resto de participantes.
No obstante, creemos que las posibilidades de llevar a cabo un determinado tipo u otro de programa, dependerá de las posibilidades de práctica que tenga la persona, amén de los factores personales y contextuales que expusimos en el epígrafe anterior al explicar la ICF.

Figura 1.16. Diferentes tipos de programas de actividad física adaptada (AFA) en relación con la actividad física formal (AF).
CAPÍTULO 2
FUNDAMENTOS DEL DEPORTE ADAPTADO
CONCEPTO Y TIPOS DE DEPORTE ADAPTADO
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LOS DEPORTES ADAPTADOS
GÉNESIS Y EVOLUCIÓN DEL DEPORTE ADAPTADO CONTEMPORÁNEO
EVOLUCIÓN DEL DEPORTE ADAPTADO DENTRO DEL MOVIMIENTO PARALÍMPICO
ESTRUCTURA DEL DEPORTE ADAPTADO
ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL DEPORTE ADAPTADO
ORGANIZACIÓN NACIONAL DEL DEPORTE ADAPTADO
BASES ACERCA DE LAS CLASIFICACIONES DEPORTIVAS
CONCEPTO Y TIPOS DE DEPORTE ADAPTADO
Hasta ahora hemos hablado de Actividad Física Adaptada como un término que abarca diferentes ámbitos de intervención. Sin embargo, queremos hacer una mención especial al Deporte Adaptado, al prestarle una atención especial en los próximos capítulos cuando hablemos de las diferentes poblaciones especiales que son incluidas en esta obra.
El término “Deporte Adaptado” engloba todas aquellas modalidades deportivas que se adaptan al colectivo de personas con algún tipo de discapacidad o condición especial, bien porque se han realizado una serie de adaptaciones y/o modificaciones para facilitar la práctica de ese colectivo, o porque la propia estructura del deporte permite su práctica sin “adaptaciones”. De esta forma, los deportes convencionales han adaptado una serie de parámetros para poder ajustarse a las necesidades del colectivo que lo va a practicar (por ejemplo, baloncesto en silla de ruedas o tenis en silla de ruedas para personas con discapacidad física), y, en otros casos, el deporte se ha diseñado a partir de las necesidades y especificidades de la discapacidad (goalball para personas con discapacidad sensorial visual o boccia para personas con parálisis cerebral) (figura 2.1).

Figura 2.1. Posibilidades de génesis de un deporte adaptado.
En algunos casos, las adaptaciones que se realizan suelen concretarse en los siguientes apartados, con el fin de ajustar la modalidad deportiva a las posibilidades funcionales del colectivo que la practica:
• Reglamento (p. ej., posibilidad de dos botes de la bola, el primero siempre dentro de las dimensio nes de la pista, en el tenis en silla de ruedas).
• Material (p. ej., balón sonoro en el goalball o fútbol sala para ciegos y personas con discapacidad sensorial visual).
• Instalación (p. ej., distintos tipos de superficies o sistema térmico en el tatami de judo para ciegos y personas con discapacidad sensorial visual).
• Adaptaciones técnicotácticas (p. ej., uso de un determinado tipo de apoyo para los golpeos en tenis en silla de ruedas).
La práctica del deporte adaptado integrará tres elementos básicos: la modificación de estructuras ajustadas a los practicantes, la individualización para cada necesidad y la socialización generada a través de prácticas grupales.
Como en cualquier otro colectivo, es indudable que la práctica deportiva de forma regular produce una serie de beneficios que contribuyen a un régimen de vida saludable y que, en muchos casos, favorecen los procesos de recupe ración, rehabilitación socialización, adqui sición de hábitos higiénicos, etc. (fi gu ra 2.2).
De igual forma que vimos para las Actividades Físicas Adaptadas, los ámbitos de aplicación del Deporte Adaptado se referirán a los objetivos que se persigan a través de su práctica, siendo éstos varios. Todos ellos están íntimamente ligados y no constituyen compartimientos estancos, aunque podríamos diferenciar nuevamente cuatro grandes ámbitos de aplicación (Sanz y Reina, 2002):
| OBJETIVOS FÍSICOS | OBJETIVOS PSÍQUICOS | OBJETIVOS SOCIALES |
| – Mejora o compensación de las alteraciones fisiológicasanatómicas.– Desarrollo de las cualidades perceptivomotrices.– Desarrollo de las habilidades motrices básicas.– Desarrollo de las cualidades físicas básicas.– Adquisición de experiencias motrices.– Evitar el sedentarismo y la atrofia consecuente.– Evitar la obesidad. | – Mejora del autoconcepto y autoestima.– Conocimiento de los límites personales.– Función hedonista.– Mejora de la capacidad de atención, memoria y concentración.– Control del estrés y ansiedad.– Mejora de la capacidad volitiva. | – Mejora de la socialización.– Respeto a normas y reglas.– Desarrollo de actitudes de colaboración.– Ocupación del tiempo de ocio.– Facilitar la integración y normalización.– Posibilitar la independencia y autonomía.– Desarrollar la capacidad de relación (aspectos afectivosociales). |
Figura 2.2. Beneficios de la práctica física y deportiva a nivel físico, psicológico y social (Sanz y Mendoza, 2001).
• Ámbito educativo: tales como escuelas de iniciación deportiva, donde se adquieren los conocimientos básicos de una modalidad deportiva en cuestión.
• Ámbito recreativo: aquel deporte realizado con el objetivo de ocupar el tiempo de ocio de los participantes y disfrutar mediante la prácti ca.
• Ámbito rehabilitador: circunscrito al ámbito hospitalario, formando parte de los programas de rehabilitación a través de deportes que faciliten, potencien y contribuyan a la recuperación de la persona. Un ejemplo de este ámbito de aplicación sería el programa HospiSport, del cual hablamos en el capítulo 1.
• Ámbito competitivo: la práctica deportiva está marcada por un objetivo de rendimiento, cobrando una mayor importancia el componente competitivo. Aquí deberíamos, no obstante, distinguir entre un deporte competitivo de alto rendimiento (que incluye incluso la profesionalización) y uno que se práctica por el mero placer de competir.
En este sentido, García de Mingo (1992) propone una serie de estadios o tipos de práctica de actividad física o deportiva por los que puede pasar una persona con discapacidad para lograr su máxima integración en el aspecto motor:
1) Primera fase de rehabilitación en los diferentes niveles motores, psíquicos y sociales.
2) Segunda fase de deporte terapéutico, donde se busca un perfeccionamiento de las cualidades desarrolladas en la anterior fase.
3) Tercera fase de deporte recreativo, en el cual se busca ocupar el tiempo de ocio mediante la práctica deportiva.
4) Cuarta fase de deporte de competición con el objetivo de conseguir beneficios en el ámbito personal, como su autonomía personal o su máximo desarrollo personal.
5) Quinta fase de deporte de riesgo y aventura, fase a la que llegan pocas personas, aunque cada vez son más las asociaciones y clubes que potencian este tipo de deporte con las máximas garantías de seguridad (p. ej., Fundación También o Fundación Deporte y Desafío).
Sobre el ámbito de intervención más deportivo o competitivo, encontramos un continuo de participación, que expresa las posibilidades de integración en el movimiento deportivo normalizado (figura 2.3). Este continuo se basa en la provisión de programas de actividad deportiva en entornos lo menos restrictivos, donde el deportista tendría más oportunidades de escoger qué práctica deportiva desea realizar en cualquiera de los cinco niveles indicados. Los niveles 1 y 2 son esencialmente entornos regulares de práctica deportiva distinguidos únicamente por la necesidad de acomodación. Un ejemplo lo podemos encontrar en un deportista con discapacidad intelectual que participa en una carrera de velocidad de los campeonatos escolares/universitarios (Paciorek, 2005). En cambio, un ejemplo del nivel 2 lo podemos encontrar en una persona con deficiencia visual que participa en una competición de bolos, con la acomodación única de que él puede participar con las guías laterales que impiden que la bola salga de la pista en un mal lanzamiento; o una persona en silla de ruedas que compite en una carrera de larga distancia con deportistas sin discapacidad. La problemática de la acomodación radica en que ésta no debe suponer una desventaja para las personas con discapacidad, y debe proporcionar las mismas oportunidades para obtener los mismos be neficios o resultados que los otros participantes en la actividad (Paciorek, 2005).
El nivel 3 incluye tanto deporte regular como adaptado, desarrollados en entornos que son parcialmente o totalmente integradores. Un ejemplo lo podríamos encontrar en un partido de tenis de dobles, en el que un miembro de una pareja va en silla de ruedas y el otro no, de manera que se permite el doble bote de la bola para el deportista en silla de ruedas. Pero un ejemplo claro de este nivel de participación lo hayamos en los Deportes Unificados de Special Olympics, donde participan conjuntamente personas con y sin discapacidad intelectual. Este nivel también recoge la posibilidad de participar parte del tiempo en deporte regular o deporte adaptado, como, por ejemplo, una persona ciega que compita en halterofi lia como deporte regular y en goalball como deporte adaptado (Paciorek, 2005).
En el nivel 4, los deportistas con y sin discapacidad participan en una versión modificada del deporte, como, por ejemplo, un partido de tenis en silla de ruedas, donde las personas sin discapacidad se sientan en una silla para el juego. Aunque a nivel competitivo esta situación no se da, valoramos mucho su utilidad como elemento sensibilizador hacia las personas con discapacidad. En última instancia, el nivel 5 representaría la situación más frecuente a nivel competitivo, donde los deportistas con discapacidad participan de forma segregada al movimiento del deporte en cuestión (en caso de que fuere una adaptación de éste: voleibol, baloncesto…).

Figura 2.3. Continuo de la participación en deporte adaptado (adaptado y traducido de Winnick, 1987; en Paciorek, 2005, pág. 40).
Además, la práctica de actividades deportivas va a reportar a la persona una serie de beneficios tales como conocer nuevas gentes, culturas, entablar comunicación e intercambios culturales, humanos y técnicos, amén de todos los beneficios a nivel biológico, psicológico y social ya expuestos. La mayoría de estos beneficios suelen alcanzarse a medida que las prácticas deportivas se van integrando en entornos lo más normalizados posible, en los que se igualen los derechos y oportunidades de participación. Así pues, ese continuo de participación del que acabamos de hablar se concreta en tres posibilidades de integración del deporte adaptado, con una serie de beneficios e inconvenientes de cada uno de ellos. Holland (1993) divide en tres los tipos de integración que se pueden producir en el deporte adaptado:
1) Integración en el deporte específico. Es la combinación de deportistas con diferentes discapacidades en un sistema de clasificación integral funcional. Las ventajas de esta integración son que un mayor número de deportistas pueden registrarse para cada evento, es más atractivo para los medios de comunicación y el público, la consolidación de recursos, y la logística de la organización de la competición será más fácil y proporcionará más oportunidades para competir. Los inconvenientes son la eliminación de deportistas con discapacidades graves en el deporte de elite y que cambiaría el sistema actual de clasificación en algunos deportes que no se adaptan a esta clasificación, aunque sobre la problemática de las clasificaciones deportivas profundizaremos en el siguiente epígrafe.
2) Integración recíproca. Este proceso consiste en la integración de las personas sin discapacidad en lo que tradicionalmente se han considerado programas específicos o segregados. Las consecuencias positivas pueden resumirse en la socialización de los participantes en un terreno común y el cambio actitudinal y la eliminación de barreras arquitectónicas en nuestra sociedad (Brasile, 1990). Por otro lado, puede reducir las oportunidades de competición para las personas con discapacidad, ya que, según Lindström (1992), la unión de deportistas de elite con deportistas con discapacidad en deportes adaptados no es integración y no deberían, por tanto, ser incluidos.
3) Integración en deportes normalizados. Para las personas con discapacidad que quieren formar parte de la sociedad, el deporte puede tener un importante papel en este proceso. La integración empieza en casa, en la escuela, en el club, etc. La principal influencia proviene de los padres, jueces, deportistas, así como de los agentes gubernamentales. A nivel internacional, los miembros de los diferentes cuerpos internacionales son quienes ejercen la mayor influencia, como, por ejemplo, el Comité Olímpico Internacional (COI) o el Comité Paralímpico Internacional (CPI). Los deportistas de eli te deberían poder participar con los de más deportistas para demostrar que, aun con su discapacidad, pueden realizar deportes al más alto nivel, siendo el caso del deportista sudafricano Oscar Pistorius un claro ejemplo de esta problemática.
En cualquiera de las formas en las que la práctica deportiva sea realizada, compartimos la visión que DePauw y Doll-Tepper (1989) expusieron en la Carta Europea del Deporte para Todos, cuyos puntos más relevantes en relación con el deporte adaptado resumimos a continuación:
1) Las personas con discapacidad son aquellas que no pueden participar en muchos deportes o actividades recreativas sin un ajuste de los equipamientos o formas de entrenamiento. Se incluye a las personas con retraso mental, discapacidad física o múltiple, enfermedades crónicas (diabetes, asma, cardíacas), ceguera, sordera o mudez.
2) El Deporte para Todos es comprensible e incluye cuatro tipos principales de deportes: deporte de elite, deporte organizado (clubes), deporte recreativo y deportesalud por razones médicas o de fitness. Por lo tanto, el deporte es beneficioso como terapia y/o rehabilitación para las personas con discapacidad.
3) El Deporte para Todos para personas con discapacidad debe ser promocionado porque: a) las personas con discapacidad tienen el mismo derecho a la práctica deportiva que el resto de ciudadanos; b) el deporte contribuye a la mejora de la calidad de vida de quienes lo practican; c) las personas con discapacidad pueden alcanzar el máximo nivel de competición, y d) las personas con discapacidad obtienen beneficios tanto psicológicos como sociales.
4) Los gobiernos tienen la responsabilidad de asegurar que cualquier persona, con discapacidad o no, pueda participar en el deporte y las actividades recreativas al nivel que desee. Los medios para el deporte y la recreación deben ser accesibles para las personas con discapacidad.
5) Las organizaciones deportivas nacionales, agencias públicas o semipúblicas y los clubes deben considerar las necesidades de las per sonas con discapacidad en relación con las decisiones y políticas deportivas.
6) En el deporte, como en otras áreas de la sociedad, la integración de las personas con y sin discapacidad es esencial. Debe proporcionarse un adecuado y suficiente abanico de oportunidades deportivas a las personas con discapacidad. Las federaciones deportivas deberían asu mir progresivamente más responsabilidades para las necesidades e intereses de las personas con discapacidad, lo que incluye: a) educadores y entrenadores; b) organización y arbitraje de eventos deportivos; c) organización de eventos para personas con discapacidad; d) desarrollo de programas para los jóvenes; e) inclusión de eventos de deportes adaptados dentro de competiciones convencionales, y f) organización regular de actividades y eventos integradores.
7) El deporte para las personas con discapacidad requiere la coordinación y cooperación de médicos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, profesores y maestros, profesores de educación especial y gestores deportivos. Un esfuerzo coordinado de todos estos activos debería incluir la provisión de programas deportivos, accesibilidad a los recursos deportivos, asistencia en el transporte y ayudas técnicas para la participación deportiva.
8) La Educación Física para los alumnos con discapacidades ha de impartirse en la escuela ordinaria.
9) La investigación en deporte para personas con discapacidad debería incluir; a) revisión del estado de la cuestión; b) beneficios de la participación; c) clasificación e integración; d) entrenamiento y dirección de equipos, y e) preparación profesional.
10) La formación y educación debe ser proporcionada por personal deportivo, incluyendo: a) conocimiento de la deficiencia o discapacidad; b) comprensión de las discapacidades específicas y las implicaciones para la vida diaria; c) conocimiento de las actividades físicas apropiadas para cada discapacidad; d) conocimiento de la investigación técnica y científica en actividad física adaptada, y e) habilidad para comunicarse con las personas con discapacidad.
11) El deporte para las personas con discapacidad debería recibir cobertura de los medios de comunicación para: a) influir positivamente en las actitudes de la sociedad hacia las personas con discapacidad; b) reclutar nuevos deportistas, y c) crear para los deportistas con discapacidad un tratamiento similar al de quienes no la tengan.
12) Los gobiernos deberían asegurar que las personas con discapacidad reciban una dotación económica justa respecto al deporte en general.
13) Las personas con enfermedades crónicas o permanentes, o enfermedad mental, deben también poder acceder a programas deportivos organizados en su nombre.
En cualquier caso, el deporte adaptado puede asumir una serie de roles y funciones sociales que detallamos a continuación (Sanz y Reina, 2002):
• Sensibilizador, en la medida en que puede mostrar a la sociedad en general las posibilidades y rendimientos de las personas con discapacidad.
• Supresor de barreras, ya que la creación de competiciones deportivas conllevará la adaptación de instalaciones accesibles y seguras para los deportistas con discapacidad.
• Vehículo para la integración, en la medida en que las personas con discapacidad van a compartir espacios y actividades con otras personas, ya tengan discapacidad o no.
• Promotor de programas de actividad física y deporte. La tecnología y la mejora de los recursos profesionales han propiciado el desarrollo de una oferta de actividades variada y adaptada a las necesidades de cada colectivo.
• Generador de recursos materiales. La mejora de la oferta de actividades ha permitido el desarrollo de materiales deportivos y tecnologías aplicadas al deporte que hacen que éste sea más seguro y satisfactorio para el usuario.
• Favorecedor de valores como el fairplay.
• Potenciador de la autosuperación y autonomía personal, ya que la actividad física va a permitir que la persona con discapacidad aprenda a ser más autónomo, al salir de su entorno familiar próximo, y se esfuerce por alcanzar el máximo rendimiento en la modalidad deportiva escogida.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LOS DEPORTES ADAPTADOS
GÉNESIS Y EVOLUCIÓN DEL DEPORTE ADAPTADO CONTEMPORÁNEO
La exclusión, el rechazo y la marginación de las personas con discapacidad han sido la reacción que hasta principios del siglo XX ha prevalecido y que lamentablemente sigue vigente en algunos casos. En la antigüedad clásica era habitual atribuir a fenómenos sobrenaturales las manifestaciones de la discapacidad que la “ciencia” del momento no podía explicar. Entre ellas, las derivadas de las limitaciones físicas, sensoriales y, especialmente, aquellos trastornos psíquicos que no tenían una manifestación física evidente. Sin embargo, en la figura 2.4 podemos hallar algunos momentos históricos de relevancia relacionados con la aplicación de actividades físicas y/o deportivas a personas con alguna discapacidad.
La primera referencia, ubicada en China hacia 2700 a.C., reside en la práctica de una serie de ejercicios llamados Cong Fu para evitar la degeneración y mantener un buen equilibrio psicofísico. Posteriormente, en Grecia, Herodico y su alumno Hipócrates postularon enseñanzas sobre la forma de prevenir y curar ciertos males. También Aristóteles y Platón continuaron escribiendo sobre la relación existente entre el ejercicio y la salud. Posteriormente, entre los romanos destaca Galeno con diversos tratados sobre la terapia aplicada a través del ejercicio físico.
A partir del siglo XV a las personas con discapacidad se las considera “sujetos de asistencia”; más tarde, en el siglo XIX, como “objetos de estudio psicomédicopedagógico”, y posteriormente como “sujetos de protección o tutela” y de “previsión sanitaria” (Mendoza, 2001). Así, en la Edad Media, Hieronymus Mercurilanis, en la obra De Arte Gimnastica, establece algunos principios sobre los que debe basarse una recuperación física a través del ejercicio, resaltando un principio de individualización para tratar a cada sujeto de acuerdo con sus deficiencias.
En el siglo XIX, en 1780, Joseph-Clement Tissot introduce los conocimientos anatómicos para establecer los postulados que sirvieron de base para plantear los deportes adaptados y la actividad recreativa, empleando por primera vez los términos “deporte adaptado” y “terapia ocupacional”. También en este siglo, Per Henrik Ling propone una categoría de ejercicios destinados a personas con discapacidad.
| Antigüedad | Fuerza y resistencia necesarias para sobrevivir |
| 2700 a.C. en China | – Período curativo para la prevención y alivio de los trastornos físicos |
| 500 a.C. en Grecia | – Desarrollo del cuerpo bello y armónico: equilibrio mental, social y entrenamiento físico |
| Siglos XVI y XVII en Europa | – Cuerpo sano y mente sana a través de la gimnasia médica |
| Años 1850 en EEUU | – Gimnasia médica empleada por los médicos |
| I y II Guerras Mundiales | – Revoluciones industrial y tecnológica– Rehabilitación a través de la actividad física– Educación física correctiva |
| Perspectiva educativa (años 1950) | – Desarrollo de la Educación Física– Entrenamiento perceptivo motor |
| Derechos civiles y reformas sociales (años 1960 y 1970) | – Educación física segregada pero igualitaria |
| Derechos para las personas con discapacidad y movimiento inclusivo | – Órdenes legislativas para la igualdad de oportunidades en Educación Física, recreación y deporte– Educación Física y deporte inclusivo– Deporte como rehabilitación– Deporte para todos– Deporte de competición |
Figura 2.4. Momentos históricos relacionados con la actividad física y el deporte (traducido y adaptado de DePauw y Gavron, 2005; pág. 30).
Ya en el siglo XX, realizando sesiones monótonas de terapia física o rehabilitación, se denominó “deporte terapéutico”, con un carácter más lúdico o motivante, a la vez que aparece el “deporte recreativo”, verdadero inicio del deporte para personas con discapacidad. Tras la Primera Guerra Mundial, en Alemania ese tipo de práctica recibe un gran impulso por parte de pequeños grupos de ciegos o amputados de guerra. Este deporte seguía teniendo un carácter recreativo para superar lo mejor posible el trauma psicológico que suponía su estancia en el hospital.
Si hacemos una revisión histórica del proceso de rehabilitación de las personas con discapacidad, especialmente de las que han sufrido una lesión medular, se constata que el período que se extiende desde la Primera Guerra Mundial se caracteriza por una ausencia casi total de cuidados a estos pacientes, lo que dio como resultado que entre el 80% y el 90% de los sujetos que sufrían una lesión medular morían a las pocas semanas (Mendoza, 2001). Hacia 1918, Carl Diem y Mallwitz reavivan la idea del deporte, pero hasta el término de la Segunda Guerra Mundial no se adquiere una verdadera conciencia del problema y de su importancia.
Con el descubrimiento de las sulfamidas y antibióticos cambian las perspectivas de estos pacientes, de forma que los sujetos con lesiones medulares ocasionadas en la Segunda Guerra Mundial tienen un mejor pronóstico y mayores expectativas de vida. En este período, Munro en EEUU y Riddoch en Gran Bretaña, comienzan a establecer una normativa para el cuidado de estos pacientes. Pero es con la creación, por Sir Ludwig Guttmann, del centro especializado en Stoke-Mandeville, cuando la rehabilitación de estos pacientes comienza a especializarse, extendiéndose posteriormente a otros países. Y en ese contexto surge la idea de potenciar la práctica de actividad física y deportiva como una ayuda más en el proceso de rehabilitación.
Ante este panorama fue significativa la creación en 1944 del Centro de Lesionados Medulares del Hospital de Stoke Mandeville, en Aylesbury (Inglaterra). Decimos que fue significativo este hecho porque en ese entorno surge la figura de Sir Ludwing Guttmann, como padre del deporte adaptado, quien, como director de dicho centro, introdujo deportes competitivos como una parte integral en la rehabilitación de los veteranos de guerra con discapacidades. Los deportes incluidos en esos orígenes eran ejercicios de golpeo (punchball), escalada de cuerda y polo en silla de ruedas (Guttmann, 1976). Poco después, bajo la tutela de Guttmann, se celebraron los primeros Juegos de Stoke Mandeville para Parapléjicos en 1948, en los que 23 hombres y 3 mujeres compitieron en tiro con arco en silla de ruedas. Más tarde, en 1952, Guttmann organizó la primera competición internacional para deportistas en silla de ruedas, en la que deportistas ingleses y holandeses compitieron en un total de 6 deportes en silla de ruedas (tiro con arco, lawn bowling, tenis de mesa, tiro, lanzamiento de jabalina y lanzamiento de club).
Por otra parte, en otro continente, Lipton creo la Fundación norteamericana para los deportes en silla de ruedas y fijó sus objetivos en (Mendoza, 2001): a) alentar a las personas impedidas a participar en actividades deportivas y estimular el deporte competitivo; b) fomentar y promover el entendimiento y las buenas relaciones entre Estados Unidos y otros países por el deporte en silla de ruedas, y c) solicitar y reunir fondos para estos fines.
Así pues, las guerras mundiales de la primera mitad de siglo XX ejercieron una influencia significativa desde el punto de vista de la sociedad y la rehabilitación de personas con discapacidad, pasando a ocupar un papel relevante en ese momento histórico (Huber, 1984). Antes de las citadas guerras, las personas con discapacidad vivían al margen de la sociedad, siendo consideradas en ocasiones un “peso” para ella. En todo el mundo, muchos veteranos de guerra regresaron a sus hogares con múltiples deficiencias físicas y necesidades psicológicas que no podían ser abordadas con técnicas tradicionales, de manera que los programas de rehabilitación fueron desarrollados para asistir a esas personas y permitir su reintegración en la sociedad.
Vemos como, con algunas excepciones, las personas con discapacidad han tenido limitadas oportunidades para la organización de competiciones deportivas hasta mediados del siglo XX (ver DePauw y Gavron, 2005; págs. 277-287). Aunque posteriormente veremos que los sordos participan al margen del International Paralympic Committee (IPC), éste fue el primer grupo que accedió al deporte de forma altamente organizada. En 1924 se fundó el Comité International des Sports des Sourds (CISS) con motivo de la celebración de los primeros Juegos Mundiales para Sordos celebrados en París. De esta manera, el CISS se convirtió en la primera organización internacional para organizar la participación deportiva de personas con un tipo de discapacidad determinado.
Volviendo a la figura de Guttmann, el deseo de éste era que, a finales de julio, conmemorando la creación del Centro de Stoke Mandeville, se celebraran unos juegos cada cuatro años en la misma ciudad donde se celebraran los Juegos Olímpicos. De esta manera, los Juegos Paralímpicos (término por el que los identificamos en la actualidad y que fue reconocido por el Comité Olímpico Internacional [COI] en 1984) empezaron a celebrarse en Roma en 1960, limitándose la participación a deportistas con lesión medular y pospoliomielitis (Labanowich, 1989), es decir, que tuvieran afectadas las extremidades inferiores y, por lo tanto, la función locomotora. Ante esta tesitura, el denominador común de estos primeros juegos era que todos sus participantes iban en silla de ruedas, por lo que el término para referirse a tales juegos en ese momento era el de Juegos para Parapléjicos (Paraplegic Sports), ya que definía mejor el colectivo participante. Dicha terminología servía además para restringir la participación a aquellos que, a pesar de tener problemas locomotores, éstos no eran de origen medular, por lo que podrían tener alguna ventaja funcional indeterminada, como es el caso de los amputados de las extremidades inferiores (Labanowich, 1989).
El propio Sir Ludwig Guttmann definía el deporte como una fuerza impulsora para que las personas con discapacidad busquen o restablezcan el contacto con el mundo que les rodea y, por consiguiente, el reconocimiento como ciudadanos iguales y respetados, manifestando que: “en términos generales, los objetivos del deporte incluyen los mismos principios para los minusválidos que para los no minusválidos. Además, el deporte posee un enorme valor terapéutico y desempeña un papel fundamental en la rehabilitación física, psicológica y social de los minusválidos”.
La participación en tales eventos estaba regulada al amparo de un único ente organizativo, que hace referencia a esta génesis inicial del deporte adaptado. Nos referimos a la International Stoke Mandeville Wheelchair Sport Federation (ISMWSF). Pero el deseo de participación en este incipiente movimiento por parte de otros colectivos cuya discapacidad no era de origen medular o que afectara esas funciones locomotoras, amén de los comentados Juegos Mundiales para sordos, dio lugar a la génesis de otro movimiento independiente en 1964: ISOD (International Sports Organization for the Disabled). Dicha nueva organización pretendía proporcionar oportunidades de práctica deportiva a nivel internacional para los ciegos, amputados y personas con otras discapacidades locomotoras como parálisis cerebral (Lindstrom, 1984). Sin embargo, la evolución del Movimiento Paralímpico dio lugar a la creación de organizaciones independientes como CP-ISRA (Cerebral Palsy-International Sports and Recreation Association) para el colectivo de paralíticos cerebrales en 1978, aunque previamente, en 1968, se había creado la Cerebral Palsy Society para patrocinar los primeros juegos para paralíticos cerebrales en Francia debido a la insatisfacción de este colectivo con las competiciones existentes en ese momento. El otro gran ente surgido fue IBSA (Internacional Blind Sports Association), en 1981, para ciegos y deportistas con deficiencias visuales, el cual pretendía dar respuesta al creciente interés de dicho colectivo, ampliando sus oportunidades de participación.
La coexistencia de estas cuatro grandes organizaciones (ISMWSF, ISOD, CPISRA e IBSA) derivó en la constitución, en 1982, de una organización que aglutinara a todas ellas: el International Coordinating Committee (ICC), dentro de la International Organization of Sports for the Disabled (IOSD)7. El ICC se formó para coordinar el deporte adaptado y negociar con el COI en nombre de tales colectivos. Más tarde, en 1986, pasaron a formar parte del ICC el ente que organizaba el deporte para los sordos (CISS) y una nueva organización para los deportistas con discapacidades intelectuales (INAS-FMH en su origen e INAS-FID en la actualidad [International Sports Federation for Persons with Intellectual Disability]). Sin embargo, éste no era un organismo democrático, puesto que la presidencia cambiaba cada 6 meses en cada comisión ejecutiva, y las decisiones eran tomadas de forma unánime (Stead-ward, 1996). Dentro del ICC, el International Fund for Sport for the Disabled (IFSD), que actuaba como Secretariado del ICC, y las naciones miembros del mismo determinaron la necesidad de crear una estructura democrática, con representación nacional y regional, y con representación para las organizaciones internacionales de deportes para personas con discapacidad y los propios deportistas.
La andadura del ICC fue corta, ya que, en 1987, en Arhem (Holanda), se celebró un seminario en el que 39 países de las 6 federaciones indicadas decidieron que debía crearse una nueva organización internacional para representar a los deportistas con discapacidad en todo el mundo. En dicha organización debería estar representado cualquier país que tuviera un programa de deporte adaptado, y debía organizarse por sí misma a través de los respectivos comités nacionales. Además, esta nueva estructura tenía la responsabilidad de desarrollar actividades no sólo a nivel de deporte de elite o internacional, sino también de desarrollar actividades de tipo recreativo. Fue entonces cuando, el 21 y 22 de septiembre de 1989 en Dusseldorf (Alemania), se creó el Internacional Paralympic Committee (Comité Paralímpico Internacional) (CPI), el cual sustituiría oficialmente al ICC tras los Juegos Paralímpicos de Barcelona en 1992. De esta manera, el CPI se convirtió en un potente interlocutor con el COI para la potenciación de la integración del movimiento paralímpico en el olímpico. Un acuerdo firmado en Sydney en el año 2000 entre el presidente del COI, Juan Antonio Samaranch, y el del CPI, Robert Steadward, puso el énfasis en “un sentimiento común en el derecho de todos los seres humanos para alcanzar su desarrollo físico e intelectual” (DePauw y Gavron, 2005; pág. 44), y en él se identificaron áreas específicas de cooperación que incluían representación del CPI en las comisiones del COI y sus grupos de trabajo, o que el presidente del CPI pudiera ser miembro del COI (DePauw, 2001a). Una confirmación de esa nueva sólida relación fue la elección de Phil Craven, presidente actual del CPI, como el miembro número 123 del COI.
EVOLUCIÓN DEL DEPORTE ADAPTADO DENTRO DEL MOVIMIENTO PARALÍMPICO
En la segunda parte de este apartado acerca de la génesis y evolución del deporte adaptado hasta nuestros días, queremos hacer una breve exposición de la evolución del movimiento paralímpico, reflejado en su máximo exponente deportivo: los Juegos Paralímpicos. Así pues, siguiendo las aportaciones de DePauw y Gavron (2005), Labanowich (1989) y Steadward (1996), hemos elaborado la figura 2.5, en la cual se recogen los aspectos más significativos (discapacidades participantes, países asistentes, atletas inscritos o deportes contemplados en el programa, entre otros) de tal evolución desde los primeros juegos de Roma en 1960.
Podemos observar como, en un principio, se celebraron dos ediciones de los juegos en la misma sede que los Juegos Olímpicos, retomándose dicho sistema en los Juegos de Seúl en 1988, una vez que se había constituido el CPI al amparo del COI. Observamos también cómo la participación en los Juegos se ha ido incrementando a lo largo de las distintas ediciones, amén de los grupos de discapacidad. De los distintos grupos contemplados, el de discapacidad intelectual es el que ha tenido una más tardía incorporación, en Madrid en 1992, y actualmente se está estudiando la posibilidad de incluirlo de alguna forma en los Paralímpicos de Londres 2012, puesto que lo hizo en la modalidad de exhibición en Atenas 2004, tras el fraude acaecido en los Juegos de Sydney del año 2000, en el que varios deportistas participaron sin tener discapacidad intelectual alguna.
Por lo que respecta a los Juegos Paralímpicos de invierno, la primera edición se realizó en 1976 en Omskoldsvik (Suecia), cuando los Juegos Olímpicos se celebraron en Innsbruck (Austria). En esos juegos participaron 250 deportistas ciegos y amputados de 14 países en tan sólo dos deportes. Al contrario que su homónimo de juegos de verano, las discapacidades participantes se vinieron agrupando en visuales y físicas, y así siguió ocurriendo en las siguientes tres ediciones en sedes distintas a las de los Juegos Olímpicos: Geilo (Noruega) e Innsbruck (Austria) en dos ocasiones consecutivas, 1884 y 1988. En 1992, en Tignes-Albertville (Francia), se empezaron a celebrar los juegos en la misma sede que los olímpicos, y en esta edición participaron deportistas con discapacidad intelectual como exhibición, hecho que también se repitió en Lillehammer (Noruega) en 1994, sede que también acogió los Juegos de Invierno de Special Olympics ese mismo año. En 1998, en Nagano (Japón), el programa oficial se amplió a 5 deportes, donde participaron 571 deportistas de 32 países. En esa edición de los juegos participaron, por primera vez en el programa oficial, los deportistas con discapacidad intelectual. El programa se redujo a 3 deportes en Salt Lake City (EEUU) en 2002 por la suspensión acarreada a INAS-FID tras el escándalo de Sydney 2000, por lo que sólo participaron los grupos de discapacidades físicas y visuales (416 deportistas de 36 países). En los juegos de Torino de 2006 (Italia), volvieron a participar los tres grupos en un total de 4 modalidades deportivas (esquí alpino, nórdico, biatlón y hockey en trineo), incluyéndose el curling como deporte de exhibición.
Hasta su inclusión en el programa paralímpico, los deportes para personas con discapacidad intelectual al amparo de INAS-FID vinieron celebrando una serie de competiciones desde 1985 que empezaron a marcar su diferenciación con Special Olympics. Este último organismo no seleccionaba a sus deportistas en función de una serie de estándares de rendimiento deportivo, de ahí el más notorio enfoque competitivo de INAS-FID. Para volver a tener pruebas con acceso a medalla dentro de los Juegos Paralímpicos, este organismo tuvo que patrocinar en 2004 los Juegos Globales, donde debían demostrar los seis deportes que serían susceptibles de ser incluidos en Pekín en 2008.
En cuanto a Special Olympics, és tos se empezaron a celebrar en 1968 (verano) y 1977 (invierno) bajo la denominación de International Special Olympics Summer Games para, a partir de 1991 (verano) en Minneapolis (EEUU) y 1993 (invierno) en Salzburgo (Austria), hacerlo bajo la denominación de Special Olympics World Summer/Winter Games, siendo estos últimos la primera edición en la que se celebraron fuera de los Estados Unidos. Los niveles de participación se han ido incrementando considerablemente a lo largo de los años, habiendo participado más de 7.500 deportistas de 164 países en las últimas ediciones de verano de Shanghai (China) de 2007 y 2.000 deportistas de 100 países en los de invierno de Idaho (EEUU) en 2009.
Por lo que se refiere al colectivo de sordos y personas con deficiencia auditiva, sus juegos vienen celebrándose al amparo de CISS (ahora denominada International Commission of Sports for the Deaf [ICSD], desde 1924 en París (Francia) hasta 1965 (verano) y 1967 (invierno) en Washington (EEUU) y Berchtesgaden (Alemania) respectivamente, bajo la denominación de International Silent Games. Hasta 1997 (verano) en Copenhage (Dinamarca) y 1999 en Davos (Suiza), estos juegos se denominaron World Games for the Deaf. Las ediciones celebradas en el nuevo milenio, tanto de verano como de invierno, han venido denominándose Deaflympics en un intento por proporcionar un foro para intercambiar información culturalmente relevante (Stewart y Ammons, 2001), siendo más que una competición deportiva.



Figura 2.5. Evolución histórica de los Juegos Paralímpicos (LM=lesión medular, DV=deficiencia visual, A=amputación, PC=parálisis cerebral, LA=les autres (otras), DI=discapacidad intelectual).
ESTRUCTURA DEL DEPORTE ADAPTADO
ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL DEPORTE ADAPTADO
Aunque en próximos capítulos abordaremos la organización internacional y nacional para cada uno de los grupos de personas con discapacidad que abarcaremos en esta obra, a continuación exponemos algunas directrices acerca de la organización global del deporte adaptado, tomando como referencia el máximo exponente internacional del deporte adaptado: los Juegos Paralímpicos.
Al contrario de lo que muchos piensan, el término “paralímpico” viene de la unión de la preposición griega “para”, que significa “junto a”, y “olympics”, por lo que su significado viene a ser “Juegos paralelos a las Olimpiadas”.
Como dijimos en el epígrafe anterior, el CPI es el organismo que engloba a distintas federaciones de deporte adaptado, concretamente ISMWSF e ISOD (en la actualidad, agrupadas bajo la denominación de IWAS), CP-ISRA, IBSA e INAS-FID. Por su parte, el CISS (también conocido como ICSD: International Committee of Sports for the Deaf) permanece como un ente autónomo al CPI, ya que sus deportistas no compiten en los Juegos Paralímpicos, y, aunque se ha venido debatiendo durante varios años su inclusión en el movimiento paralímpico, obtuvo el reconocimiento del COI como el único ente que debía velar por la organización de los Juegos Mundiales para Sordos (DePauw y Gavron, 2005).
Algo similar ha ocurrido con Special Olympics Internacional (SOI), que no es miembro del CPI y sus atletas no participan en las Paralimpiadas o eventos asociados, pero que también ha conseguido establecer un acuerdo con el COI, de quien obtuvo el permiso para usar el término “Olympics”, siempre que se usara junto con el término “Special”. Como veremos más adelante, ésta es una asociación que fomenta la práctica deportiva en personas con discapacidades intelectuales más graves (figura 2.6).
El CPI organiza, supervisa y coordina los Juegos Paralímpicos y otras competiciones multidiscapacidad al nivel del deporte de elite. Está formado y funciona mediante 161 Comités Paralímpicos Nacionales8 (incluido el Español) y las cuatro federaciones específicas de deporte adaptado que componen IOSD9. Debido a la complejidad del deporte adaptado en cuanto a las múltiples categorías que deben constituirse para la organización de la competición, su organigrama presenta notables diferencias con respecto al COI. Las principales estructuras de este organismo vienen reflejadas en la figura 2.7.

Figura 2.6. Estructura internacional del Deporte Adaptado (Menayo, Reina y Sanz, 2008).
Tras la elección de Phil Craven10 como nuevo presidente del CPI en 2001, se adoptó una nueva visión del CPI por parte de su Comité Ejecutivo para “permitir a los deportistas paralímpicos alcanzar la excelencia deportiva e inspirar y emocionar al mundo” (DePauw y Gavron, 2005; pág. 66). Ello dio lugar a la revisión de sus principios, los cuales resumimos a continuación:
• Garantizar y supervisar la organización de los Juegos Paralímpicos de forma satisfactoria.
• Asegurar el crecimiento y fortalecimiento del Movimiento Paralímpico a través del desarrollo de Comités Paralímpicos Nacionales de todas las naciones, y el apoyo a todas las actividades de todos los miembros del CPI.
• Promover y contribuir al desarrollo de las oportunidades deportivas y de competición, desde la iniciación hasta el alto nivel.
• Desarrollar oportunidades para las mujeres y los deportistas con discapacidades graves en deportes a todos los niveles y todas las estructuras.
• Apoyar y promover actividades educativas, culturales, de investigación y científicas que contribuyan al desarrollo y promoción del Movimiento Paralímpico.
• Buscar la promoción global continua y la cobertura mediática del Movimiento Paralímpico, su visión de inspiración y emoción a través del deporte, sus ideales y actividades.
• Promover el autogobierno de cada deporte paralímpico como una parte integral del movimiento deportivo internacional para deportistas sin discapacidad, o como una organización independiente, aunque siempre salvaguardando y preservando su propia identidad.
• Asegurar que prevalece el espíritu del juego limpio dentro de los deportes practicados en el Movimiento Paralímpico, prohibir la violencia, prevenir los riesgos para la salud de los deportistas y mantener los principios éticos fundamentales.
• Contribuir a la creación de un entorno deportivo libre de drogas para todos los deportistas paralímpicos en colaboración con la Agencia Mundial Antidopaje (WADA).
• Promover deportes paralímpicos sin discriminación por razones políticas, religiosas, económicas, por discapacidad, sexo o raza.
• Asegurar los medios necesarios para apoyar el futuro crecimiento del Movimiento Paralímpico.
A su vez, queremos indicar otra serie de organismos e instituciones que guardan una estrecha relación con el fomento y desarrollo de los deportes adaptados. Uno de los organismos que viene desempeñando una labor fundamental en la composición actual del deporte para personas con discapacidad es la Commission for the Inclusion of Athletes with Disabilities (CIAD [Comisión para la Inclusión de Atletas con Discapacidad]), que tiene como uno de sus grandes propósitos la organización de eventos deportivos para deportistas con discapacidad en el mayor número de competiciones internacionales, así como dentro del panorama deportivo social (Steadward, 1996). También persigue la integración de los deportistas con discapacidad en los Juegos Olímpicos, de manera que los deportistas paralímpicos tengan los mismos privilegios que los Olímpicos: disfruten de las mismas residencias y actividades, participación en la misma ceremonia de apertura y clausura y, en definitiva, que todos formen un Equipo Nacional sin distinciones (Mendoza, 2001).

Figura 2.7. Organigrama del Comité Paralímpico Internacional (traducido de Brittain, 2010).
La colaboración con el COI ha permitido que, desde 1984, sean varios los Juegos Olímpicos donde se han incluido algunos eventos deportivos con pleno derecho a obtener una medalla olímpica. Ejemplos de esta colaboración pueden hallarse en las conferencias impartidas por Silvana Mestre para esquí, Chris Cohen para atletismo o Mark Bullock para tenis en silla de ruedas, todas ellas en la Conferencia Internacional del Deporte Adaptado de Málaga (en Martínez, 2003).
Sin embargo, cabe indicar que han sido numerosas las iniciativas puestas en marcha que han tratado de crear un cuerpo de conocimientos y un conjunto de profesionales al servicio de la mejora de las condiciones de práctica deportiva para las personas con discapacidad. En primer lugar, dentro del propio CPI se constituye a finales de los años 1990 el Sports Science Commitee (SSC [Comité de Ciencias del Deporte]) con la finalidad de responder a las necesidades de los deportistas de una forma más eficaz. Este International Paralympic Sport Science Commitee (IPCSSC) aúna los esfuerzos de deportistas, entrenadores, gestores, personal médico e investigadores en pro de tres líneas prioritarias de trabajo (Doll-Tepper, 1999): a) iniciación y continuación en la práctica deportiva; b) rendimiento deportivo, y c) retiro de la práctica deportiva.
En este sentido, y al servicio de la investigación y formación de profesionales en actividad física y deporte adaptado, se constituyó en 1973 la International Federation of Adapted Physical Activity (IFAPA [Federación Internacional de Actividad Física Adaptada]), organización multidisciplinaria que sirve de punto de encuentro para todas las áreas de conocimiento que trabajan en torno a los colectivos con discapacidad o condiciones especiales. Por lo tanto, se trata de una asociación científica interdisciplinaria enfocada a la promoción, difusión e investigación de la actividad física adaptada en diferentes ámbitos. Esta entidad reúne a especialistas en las disciplinas de educación física adaptada, deporte para discapacitados, medicina del deporte y otras ciencias del deporte como psicología, educación especial, ciencias del movimiento humano, fisioterapia, terapia ocupacional, terapia recreativa, terapia por la danza y otras terapias de movimiento, todos ellos con la finalidad de promocionar y desarrollar la actividad física adaptada (Berridge y Ward, 1987; Doll-Tepper y Dahms, 1990).
Esta asociación se ha concretado en diferentes áreas mundiales como Asia (Asian Society for Adapted Physical Education and Exercise [ASAPE]), Europa (European Association for Research into Adapted Physical Activity [EARAPA]) o Norteamérica (North American Fe deration of Adapted Physical Activity [NAFAPA]) (Doll-Tepper, 2001). Además, cabe indicar que IFAPA trabaja en colaboración con otras dos asociaciones mundiales relacionadas con la investigación en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte: el International Council in Sport Sciences and Physical Education (ICSSPE) y la AIESEP (Association Internationale des Ecoles Superieures d´Education Physique). Tampoco debemos olvidar la relación que ésta guarda con el Comité Científico del Comité Paralímpico Internacional (IPC-SSC).

Figura 2.8. Organizaciones Internacionales relacionadas con el desarrollo del deporte adaptado.
ORGANIZACIÓN NACIONAL DEL DEPORTE ADAPTADO
A nivel nacional, el Comité Paralímpico Español (CPE) es un fiel reflejo de la actual composición de su homónimo internacional. Se compone de una serie de grandes federaciones determinadas en función de la discapacidad a la que representan, y no por los distintos deportes que reconoce, tal y como ocurre en el ámbito deportivo para deportistas sin discapacidad. Creado en 1995, el CPE es un organismo sin ánimo de lucro y con personalidad jurídica propia, cuyos fines fundamentales son (Título I, Art. 3 de los Estatutos del CPE):
• El desarrollo y perfeccionamiento del movimiento paralímpico y del deporte.
• El estímulo y la orientación de la práctica deportiva.
• La promoción y preparación de las actividades que tengan representación en los Juegos Paralímpicos.
• El fortalecimiento del ideal paralímpico entre todas las personas mediante la adecuada divulgación de su espíritu y filosofía.
• La difusión de los principios fundamentales del deporte y del olimpismo como instrumento de paz y de solidaridad entre los seres humanos.
• La preservación de la ética deportiva, singularmente mediante la lucha contra el dopaje, de acuerdo con las normas del Código Antidopaje del movimiento paralímpico y el fomento de los valores de cooperación y justicia, obrando contra toda forma de discriminación en el deporte.
• El fomento de una práctica deportiva fundada en una consideración responsable del medio ambiente y de los recursos naturales.
• El fomento del voluntariado deportivo y otras fórmulas de cooperación altruista.
Son cinco las Federaciones al amparo del CPE: la Federación Española de Deportes de Personas con Discapacidad Física (FEDDF), la Federación Española de Deportes para Paralíticos Cerebrales (FEDPC), la Federación Española de Deportes para Ciegos (FEDC), la Federación Española de Deportes para Discapacitados Intelectuales (FEDDI) y la Federación Española de Deportes para Sordos (FEDS) (figura 2.9). Por otra parte, junto a estas federaciones existe la delegación nacional de Special Olympics Internacional. El CPE está compuesto por una Asamblea General, un Comité Ejec de Special Olympics Internacional. El CPE está compuesto por una Asamblea General, un Comité Ejecutivo y sendas Comisiones de Garantía y otra Permanente. En la Asamblea General cuenta con la participación, además de las distintas federaciones de deportes para personas con discapacidad, del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, del Ministerio de Asuntos Exteriores, del Consejo Superior de Deportes, del Comité Olímpico Español, de la Fundación ONCE y de la Asociación Española de Periodistas e Informadores Deportivos.

Figura 2.9. Estructura nacional del deporte adaptado.
Como hemos podido comprobar, la organización a nivel internacional y nacional del deporte adaptado acoge a organizaciones en función de la discapacidad de los deportistas, y no tanto por modalidades deportivas. Sin embargo, a nivel de campeonatos mundiales existen organismos propios como, por ejemplo, para baloncesto en silla de ruedas (International Wheelchair Basketball Federation), Rugby en silla de ruedas (International Wheelchair Rugby Federation), voleibol adaptado (World Organization Volleyball for the Disabled) o la de vela para discapacitados (International Foundation for Disabled Sailing), que están organizadas en función de la modalidad deportiva en cuestión, estando algunas de ellas amparadas por la Federación Internacional correspondiente de deportes practicados por personas sin discapacidad.
En el caso concreto de España encontramos, por un lado, comunidades autónomas como la Valenciana que tienen un modelo mediante el cual, bajo una misma organización (la Federació d´Esports Adaptats [FESA]), se organiza todo el deporte adaptado de esa comunidad autónoma (Jiménez, 2003). En cambio, el otro modelo, como el de Extremadura, es más similar al nacional, disponiendo tanto de una federación específica de deportes para personas con discapacidad física (Federación Extremeña de Deportes para Minusválidos Físicos [FExDMF]) como una para paralíticos cerebrales (Federación Extremeña de Deportes para Paralíticos Cerebrales [FExDPC]), entre otras. Ante esta organización del deporte adaptado a nivel nacional, sin ir más lejos, podemos poner como ejemplo la organización de los campeonatos nacionales de un deporte como el atletismo que se diferencia en tres campeonatos diferentes: uno para discapacitados intelectuales, otro para ciegos y otro para personas con discapacidad física y paralíticos cerebrales (Segarra, 2003) lo cual ha llevado a la participación conjunta, desde 2008, de los tres últimos colectivos en una misma edición. Por ello, en aras de incrementar la operatividad en su organización, tal vez podría valorarse la posibilidad de organizar un campeonato donde se acoja a las distintas discapacidades o tal vez incluir competiciones para deportistas con discapacidades en los campeonatos nacionales para atletas sin esta discapacidad, proceso que se ha iniciado ya para deportes como el zumo, la hípica o el ciclismo. Y es aquí donde entra en discusión el tema de las clasificaciones deportivas, el cual abordaremos en el último epígrafe de este capítulo.
Por ello, queremos finalizar apuntando lo siguiente, ¿qué ocurriría si fueran las Federaciones Deportivas las que tuvieran la sección correspondiente de ese deporte adaptado a personas con discapacidad? Esto ya ocurre a nivel internacional en algunos deportes como el tenis en silla de ruedas, cuya integración en la International Tennis Federation (ITF) ha permitido el establecimiento de una estructura que ha contribuido enormemente al desarrollo y establecimiento de un circuito profesional internacional de tenis en silla de ruedas. De igual forma, a nivel nacional señalamos el caso del tenis en silla de ruedas, que está regulado de forma simultánea por la FEDDF y la Real Federación Española de Tenis (RFET), lo que amplía las posibilidades de promoción y desarrollo de esta modalidad deportiva.
Según Craven (2003), las motivaciones que llevan a establecer colaboraciones entre ambas Federaciones (a nivel internacional y/o nacional) obedece a motivos tan diversos como pudiera ser el anhelo de prestigio (a veces político) de la Federaciones Deportivas por tener a su amparo a los deportistas con discapacidad, aunque existen otros motivos como el de colaboración, reciprocidad, apoyo, asociación y mejora del deporte en cuestión.
La discusión está servida en un panorama en el que uno de los principales deseos del Movimiento Paralímpico es su inclusión en el movimiento de deportes para deportistas sin discapacidad, donde la atención de los medios de comunicación al deporte adaptado dista mucho de lo que desearíamos los que estamos involucrados en este ámbito y donde los recursos económicos suelen tener, en muchísimas ocasiones, la última palabra a la hora de avanzar en el desarrollo del deporte adaptado. Además, la formación en habilidades profesionales de aquellas personas que trabajan en este ámbito es uno de los objetivos que nos planteamos con esta obra, de manera que puedan contribuir en un futuro al fomento, de sarrollo y evolución del deporte adaptado, así como de las actividades físicas adaptadas en cualquiera de sus ámbitos de aplicación.
BASES ACERCA DE LAS CLASIFICACIONES DEPORTIVAS
Cuando hablamos de clasificaciones deportivas, es inevitable referirnos a su vez al término de mínima discapacidad, en tanto en cuanto es el punto de partida de cualquier clasificación deportiva, si bien dicho término se ha encontrado frecuentemente en tela de juicio por todas las personas relacionas con el deporte adaptado (Biering-Sorensen, 1993). Para poder competir a nivel internacional y nacional, todos los participantes deben tener una mínima discapacidad definida por las diferentes organizaciones. Esta definición difiere de acuerdo con las discapacidades y los diferentes deportes. La aceptación general es que una persona puede participar en los deportes adaptados cuando sufre una desventaja, por causa de su discapacidad, que le impide participar en el deporte normalizado.
Así, la clasificación de deportistas con alguna discapacidad para la competición ha sido un tema de gran controversia en el contexto del deporte adaptado (DePauw y Gavron, 2005; Paciorek, 2005). Por un lado, el propósito de la clasificación parece ser permitir a cada competidor, independientemente de la gravedad de la discapacidad, el competir de forma justa con el resto de deportistas con una habilidad/discapacidad similar (Richter, Adams-Mushett, Ferrara y McCann, 1992). Esta concepción estaría más cercana a un proceso de clasificación médica. Así pues, se debe detectar una discapacidad mínima para que el sujeto sea apto para la práctica deportiva en una modalidad adaptada, no estando relacionado con la funcionalidad del deportista (Davis y Ferrara, 1996). Esta especie de valoración proporciona un punto de partida equitativo basado en parámetros médicos, por lo que el éxito o el fracaso en la competición dependerían de la habilidad o nivel de entrenamiento de los deportistas.
Por otro lado, el proceso de clasificación también debe centrarse en la habilidad funcional del deportista aplicada a ese deporte en cuestión, de manera que el rendimiento se base en la habilidad, no en la discapacidad, es decir, en la ejecución de las habilidades específicas para ese deporte (Davis y Ferrara, 1996). Nos encontramos entonces ante un proceso de clasificación funcional, que combina información médica con información sobre la ejecución técnica del deporte, pero siempre la funcionalidad prima sobre el aspecto médico (Paciorek, 2005). Sin embargo, este tipo de clasificación tiende a eliminar las grandes discapacidades de las competiciones deportivas de elite (DePauw y Gavron, 2005). Este modelo de clasificación ha surgido a raíz de los problemas logísticos y administrativos de las numerosas clases para la competición, ya que, por ejemplo, en una prueba de atletismo de 100 m la cantidad de pruebas sería ingente en función del sexo y el tipo de discapacidad: nueve para amputados, seis para les autres, tres para ciegos, ocho para parálisis cerebral y siete para usuarios de silla de ruedas (Higgs, Babstock, Buck, Parsons y Brewer, 1990). Además, debido a esa multitud de eventos para una misma prueba, podía darse el caso de que no hubiera suficientes deportistas para realizar la competición, lo que desvirtuaría en cierta medida la misma.
Así pues, a principios de la década de 1990 se comenzó a desarrollar sistemas de clasificación “integrados”, que hacen un gran énfasis en el rendimiento deportivo de grupos de discapacidad en vez de en la especificidad de ésta (DePauw y Gavron, 1995). Estos nuevos sistemas de clasificación funcionales hacen que los deportistas deban ser clasificados en términos de qué pueden hacer y qué no pueden hacer en un deporte en particular (Sherrill, 1993). Los deportistas son asignados en una clase basada en un perfil funcional. Podemos decir que los sistemas de clasificación médica hacen referencia a características de la discapacidad, mientras que los funcionales lo hacen a las características del deporte. De todos modos, desde el punto de vista del deportista, éste es un tema difícil de afrontar (Lorinez, 2001), ya que se asume que, dentro de un tipo específico de discapacidad, existe un amplio continuo en cuanto a habilidades y características físicas (Paciorek, 2005).
La tendencia actual en los deportes con un mayor número de practicantes y eventos internacionales es la confección de sistemas de clasificación específicos de las modalidades deportivas en los que se agrupe a diferentes discapacidades. En ese caso, las características de una clasificación integrada y funcional se pueden resumir en que (Mendoza, 2001):
• Se garantice la clasificación deportiva de cualquier deportista, sea cual fuere su discapacidad o minusvalía física.
• Sean específicas a cada actividad deportiva.
• Sean objetivas en su proceso y aplicación.
En esta línea, Vanlandewijck y Chappel (1996) consideran que las clasificaciones deportivas, además de la mencionada finalidad de proporcionar un punto igual de partida para la competición, también deben estimular la participación de personas con discapacidad en deporte competitivo y, al mismo tiempo, prevenir el abandono deportivo de deportistas con niveles de discapacidad elevados.
En todo caso, hoy en día siguen vigentes algunas de las dificultades para realizar una adecuada clasificación deportiva debido a aspectos como (Alonso, Relimpio y Sirera, 1996):
• Muchos sistemas de clasificación posibilitan una gran incidencia de la subjetividad del clasificador. En algunos casos, como en la parálisis cerebral, la ficha de clasificación únicamente recoge el resultado final de la clasificación y no pormenoriza el proceso, lo que hace más difícil el análisis posterior.
• Como consecuencia del punto anterior, son únicamente los clasificadores muy experimentados los que realizan una “clasificación fiable”.
• Las diferentes etiologías y características de la discapacidad, por ejemplo de la física, hacen más complejo definir un sistema válido para cualquier deportista.
• Los continuos cambios y modificaciones, a veces pequeños ajustes, en la clasificación deportiva no permiten el desarrollo y la estandarización de un sistema integral único.
Aunque en próximos capítulos veremos diferentes propuestas de clasificación en función de la discapacidad o del deporte a practicar, la discusión sobre la conveniencia de la utilización de clasificaciones médicas o funcionales ha estado presente en el mundo del deporte adaptado desde los orígenes del CPI (ver Lindstrom, 1985; Strohkendl, 2001; Weiss y Curtis, 1986). Los deportes de baloncesto en silla de ruedas, natación y atletismo (pruebas de pista y campo) fueron los primeros deportes en los que se plasmó una patente controversia (Brasile, 1990; Gehlsen y Karpuk, 1992). Sin embargo, los resultados de la investigación en esta área son muy variados, ya que los objetivos por los que tales investigaciones se han realizado han sido también diversos (Brasile, 2003). En todo caso, algunas de esas investigaciones van en la línea de la necesidad de reducir el número de clases resultantes de la propuesta médica (Gorton y Gavron, 1987; Higgs et al., 1990), ya que ello podría contribuir a un nuevo cambio social y a que resurgieran los valores del olimpismo, adquiriendo los eventos deportivos una mayor legitimidad (Landry, 1993). En este debate intenso estamos de acuerdo con Lindström (1992) en que tal vez sea necesario ese proceso de reducción de clases, pero “sólo si se salvaguarda y preserva la identidad de los deportes para las personas con discapacidad” (pág. 31), es decir, que no nos olvidemos de las discapacidades más graves o limitantes.
En cualquier caso, el proceso de clasificación, comparándolo con el deporte practicado por deportistas sin discapacidad, puede considerarse en ocasiones como un elemento segregador (clasificaciones médicas, competiciones diferenciadas…), a pesar de las finalidades que con él se persiguen. La labor de la CIAD va encaminada en este sentido, persiguiendo propósitos tales como (DePauw y Gavron, 1995):
• Desarrollar estrategias de inclusión de una serie de eventos con derecho a medalla para atletas con discapacidad, dentro de los Juegos Olímpicos o los Juegos de la Commonwealth.
• Incrementar la concienciación y comprensión de la inclusión en eventos con acceso a medalla para atletas con discapacidad dentro del mayor número de competiciones internacionales.
• Establecer colaboraciones con entidades deportivas ajenas al deporte adaptado.
• Conseguir fondos para la labor de la CIAD.
En cualquier caso, la organización futura del deporte adaptado pasará necesariamente por la revisión de los sistemas de clasificación, amén de la génesis de nuevas propuestas o la revisión de las ya existentes. Como las presiones recibidas para reducir el número de clases ha seguido vigente hasta los pasados Juegos Paralímpicos de Atenas, empiezan a surgir otras propuestas como la de Higgs (2003), quien defiende un sistema justo, transparente y fácil de comprender para que se celebren pruebas significativas. Un ejemplo que propone este autor es el de una carrera en la que compitieran todas las clases conjuntamente, pero con diferentes puntos de partida a lo largo de la carrera, lo que permitiría mantener un mayor número de clases en menos eventos.
Otra propuesta en este sentido se extrapola a otros deportes como el tenis de mesa, en el que una determinada clase podréa partir con una puntuación inicial para compensar la teórica diferencia debido a la discapacidad.
CAPÍTULO 3
DISCAPACIDAD SENSORIAL VISUAL
LA DISCAPACIDAD VISUAL
CONCEPTO
PRINCIPALES DEFICIENCIAS VISUALES
CLASIFICACIÓN DE LAS DEFICIENCIAS VISUALES
CARACTERIZACIÓN DE LA POBLACIÓN
BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICA Y DEPORTIVA PARA EL COLECTIVO
ORIENTACIONES METODOLÓGICAS PARA LA INTERVENCIÓN EN ACTIVIDAD FÍSICA Y DEPORTE
DEPORTES ADAPTADOS:
CLASIFICACIÓN Y ORGANIZACIÓN DEPORTIVA
MODALIDADES DEPORTIVAS ADAPTADAS
LA DISCAPACIDAD VISUAL
CONCEPTO
Para Gibson (1979), la percepción es “un proceso dinámico por el cual obtenemos información de primera mano sobre nuestro entorno inmediato mediante el uso e integración de los receptores sensoriales o funcionales”. Así, la percepción es una operación activa y compleja que conlleva la creación de categorías perceptuales y que, junto al aprendizaje y al pensamiento, constituyen los procesos cognitivos (Toro y Zarco, 1998).
La deficiencia visual se puede definir entonces como cualquier pérdida visual del sujeto, la cual admite gradaciones, es decir, puede ser una pérdida total o parcial. Concretamente, la ceguera implica la pérdida total de la visión, que consiste en la ausencia de percepción y proyección de luz (Toro, 1994). Debemos tener presente que las personas etiquetadas como ciegas no constituyen una población homogénea en habilidades, aptitudes, actitudes o talento propio para la realización de tareas o para dar sentido al mundo donde viven, sino que cada una constituye una unidad única e irrepetible, tal y como ocurre con las personas videntes.
No debemos ver a la persona ciega como una persona vidente que carece de visión. La manera de percibir el mundo que ella misma elabora no es igual a la de una persona privada de la vista. La diferencia estriba en la organización sensorial que opera en sus modalidades sensoriales (Leonhardt, 1992). Partiendo de la anterior premisa, y teniendo en cuenta que alrededor del 80% de la información recibida del entorno se adquiere por vía visual, podemos hacernos una idea de la cantidad de información que deja de recibirse cuando no se dispone de este sentido, y más aún si tenemos presente el carácter globalizador de la visión. La información que nos aporte cualquier otro sentido es siempre más restringida y parcial, ya que la vía visual proporciona la mayor parte de la información que recibimos del entorno y, además, lo hace en menos tiempo que cualquier otra vía sensorial. El ojo proporciona al cerebro sensaciones que le permiten interpretar el color, el tamaño y la distancia, o seguir el movimiento de un elemento en el espacio mientras el cuerpo permanece estático (Barraga, 1992).
Toda deficiencia sensorial visual está caracterizada por una reducción de la información que la persona recoge del ambiente. Un ciego, por ejemplo, no recibe toda la información que existe en su medio de la misma manera y en igual cantidad que lo hace un vidente. Es decir, no puede recibir todos los aspectos o claves sensoriales que la visión transmite y que desempeñan un papel de extraordinaria importancia en la construcción del conocimiento del ambiente que lo rodea (Ochaíta y Rosa, 1988).
Volviendo a una nueva definición de deficiencia visual, encontramos la aportada por Leonhardt, Codina y Valls (1997; pág. 196), quienes, desde un punto de vista legal, definen que “un ojo es ciego cuando su agudeza visual con corrección es 1/10 (0,1), o cuando el campo visual se encuentra reducido a 10º”. Esa definición hace que debamos tener presente las implicaciones de dos conceptos claves: la agudeza visual y el campo visual.
Dentro de la agudeza visual, debemos distinguir entre agudeza visual dinámica y estática. La agudeza visual estática corresponde a la facultad de analizar el detalle de los objetos cuya imagen se forma en la retina (Chaveleraud, 1986), es decir, la capacidad para hacer discriminaciones visuales finas entre los objetos del campo visual. En cambio, la agudeza visual dinámica se refiere a la capacidad del sujeto para resolver con detalle situaciones dinámicas en las que se muevan los objetos del entorno o ambos (Sanderson, 1981). Por tanto, es la capacidad para detectar detalles de un objeto en movimiento como la velocidad, el color, la textura o la dirección (Millslagle, 2000), y podemos interpretarla como la facultad del ojo para, en combinación con el cerebro, percibir la figura y forma de los objetos a una distancia determinada. La disminución de la agudeza visual se identifica con una sensación de visión borrosa, oscuridad, visión nebulosa, independientemente de que se pueda identificar los detalles de un objeto a una distancia más o menos cercana. Para determinarla se utilizan optotipos, es decir, láminas con letras y figuras que van de mayor a menor tamaño. La más conocida y utilizada es la Escala de Snellen, que está formada por varias filas de letras cuadradas, disminuyendo de tamaño de arribaabajo. La expresión numérica de la agudeza visual se hace mediante una fracción cuyo numerador es la distancia entre la persona y el optotipo, y el denominador es la distancia a la que lo percibiría un ojo normal (figura 3.1).
Entendemos por campo visual toda la zona que puede ser vista fijando los ojos en un punto determinado. Un campo visual normal sería el que abarcara una amplitud de 180º aproximadamente en el plano horizontal (90º por el lado temporal y 50º11 / 60º12 por el nasal), y 120º aproximadamente en el plano vertical (50º hacia arriba y 65º11 / 70º12 hacia abajo) (figura 3.1). Sin embargo, este término de campo visual ha sido acuñado en la literatura acerca de la deficiencia visual, pero queremos hacer una pequeña distinción propuesta por algunos autores que creemos de interés para comprender las consecuencias de las pérdidas o anomalías en la visión a nivel central o periférico. Cuando hablamos de campo de visión, también conocido como campo estimular, nos referimos al máximo arco visual o ángulo en el cual los sujetos pueden detectar un estímulo presentado en la periferia visual (Smythies, 1996). Suele entenderse como un elemento de “hardware” visual del individuo, y suelen percibirse estímulos a 160º en el eje vertical y a 200º en el horizontal (Harrington, 1964; en Williams, Davids y Williams, 1999), cifras que varían ligeramente de las apuntadas anteriormente. En cambio, el campo visual o campo percibido se relaciona con el intervalo o margen exacto de conciencia periférica que se tiene durante el proceso perceptivo (Smythies, 1996), entendiéndose más en este caso como un elemento de “software” (Reina, 2004). Este tipo de campo no es fijo y varía dependiendo de la tarea u objeto que los sujetos tienen en la fóvea, del nivel de fatiga y del estrés o arousal13 de la persona, por lo que parece depender más de elementos cognitivos.

Figura 3.1. Representación gráfica de los parámetros de agudeza visual (AV) y campo visual.
Este “arco visual” que hemos descrito tiene una especial relevancia a la hora de obtener información del entorno, en la medida en que permite al sujeto obtenerla tanto de su visión en fóvea como de su periferia visual, ya que ambas fuentes informativas proporcionan al sujeto tanto información exteroceptiva, acerca de los eventos externos, como propioceptiva, es decir, información respecto a la orientación de su propio cuerpo (Williams et al., 1999) (figura 3.2).
Algunas definiciones de ceguera son establecidas con una agudeza visual de 1/50, o bien menor de 1/35 con un campo de visión limitado a 30º, o una agudeza de 1/20 con un campo visual de 15º. En nuestro país, la ONCE considera ciego a “quien no consiga (tras la mejor corrección posible) con ninguno de sus dos ojos 1/10 de visión, con carácter permanente e incurable” (en Pelechado, de Miguel e Ibáñez, 2002; pág. 341).
Junto a estos dos parámetros visuales (agudeza y campo visual), debemos considerar otros que pueden verse afectados en función de algunas deficiencias que trataremos en el siguiente epígrafe, tales como la sensibilidad al contraste, la sensibilidad cromática o la visión binocular. La sensibilidad al contraste es entendida como la capacidad de discriminación entre los diferentes grados de contraste de los objetos (Plou, 1995), es decir, el contraste mínimo que debe haber entre el objeto y el fondo para que el objeto pueda ser percibido, independientemente de su tamaño. Relacionada con ésta, la sensibilidad cromática sería la que permite discriminar unos colores de otros. Por su parte, la visión binocular es el resultado de la parcial superposición de los dos campos monoculares de cada ojo y representa la porción del espacio visible simultáneamente con los dos ojos dirigidos hacia un punto común.

Figura 3.2. Contenido de la información y ejecución para la acción obtenida por visión en fóvea (VF) y periférica (VP) (tomado, con modificaciones formales, de Ripoll, Simonet, Menant y Papin, 1981; pág. 71).
PRINCIPALES DEFICIENCIAS VISUALES
La visión se define como el sentido espacial, así como la audición es el sentido temporal, y ambos se ejercen a distancia (exteroceptores). El resto de los sentidos, como el tacto, el olfato y el gusto, son de contacto. Por lo tanto, cuando una persona tiene un déficit de un sentido a distancia, está obligada a depender más de los sentidos de contacto (Linares, 1993). Como hemos esbozado anteriormente, el espectro de deficiencias visuales posibles es muy amplio, por lo que vamos a definir brevemente algunas de las más frecuentes siguiendo a distintos autores (Bueno y Ruiz, 1994; Bueno, Espejo, Rodríguez y Toro, 1999; Pelechado, et al., 2002; Toro y Zarco, 1998):
A. Afecciones de la córnea
a. Queratitis. Inflamación de la córnea asociada a traumatismos, infecciones, trastornos de nutrición corneal, etc. Consecuencia: disminución de la visión, sobre todo a distancia.
b. Distrofia corneal. Alteraciones primarias, hereditarias y bilaterales de la cornea. Consecuencias: pérdida de la visión periférica, con aumento de la distorsión en todo el campo y disminución progresiva de la agudeza visual.
B. Afecciones de la úvea
a. Albinismo. Presenta un iris traslúcido por disminución o ausencia de pigmentación. Consecuencias: agudeza visual disminuida, presencia de fotofobia en diverso grado, astigmatismo y miopía, requiriendo a menudo gafas oscuras y la prevención de reflejos luminosos que resultan muy molestos.
b. Aniridia. Ausencia parcial o subtotal del iris. Consecuencias: agudeza visual disminuida que se normaliza en ambientes de luz muy baja, fotofobia que precisa de filtros para luces intensas, pudiendo presentar complicaciones secundarias tales como glaucoma u opacidad corneal y del cristalino.
c. Coloboma. Defecto o ausencia de estructuras por cierre imperfecto de la hendidura fetal ocular, existiendo una sola muesca del iris o abarcan su totalidad. En función de su tamaño, la alteración de la visión será mayor o menor. Consecuencias: agudeza visual disminuida, pérdida sectorial del campo visual, fotofobia o estrabismo.
C. Afecciones del cristalino
a. Cataratas congénitas. Opacidad congénita de etiología hereditaria que afecta el cristalino, impidiendo el paso de los rayos luminosos hacia la retina. Consecuencias: miopía, pérdida de la percepción de la profundidad, agudeza visual variable en función de la intensidad y localización de la catarata y visión doble (diplopía).
b. Afaquia quirúrgica por cataratas congénitas. Ausencia total o parcial del cristalino por intervención quirúrgica subsiguiente a cataratas congénitas. Consecuencias: incapacidad de acomodación y deslumbramiento tras la operación.
c. Subluxación del cristalino. Luxación total o parcial del cristalino. Consecuencias: agudeza visual variable, miopía y astigmatismo.
D. Afecciones de la retina
a. Coriorretinitis. Inflamación de la retina que se produce como manifestación de una enfermedad general de etiología variable. Puede ser de origen congénito o adquirido. Consecuencias: disminución variable de la agudeza visual, anomalías en la visión periférica, disminución del sentido luminoso y alteraciones en la forma de ver los objetos.
b. Acromatopsia. Anomalía congénita que se caracteriza por la ceguera total o parcial a los colores debido a la ausencia o anomalía de los conos. Consecuencia: incapacidad para distinguir colores.
c. Degeneración macular. Anomalía de desarrollo y proceso degenerativo que afecta la mácula. Consecuencias: dificultad para distinguir colores y ausencia de percepción de detalles a distancia.
d. Desprendimiento de retina. Agujeros, desgarros y separación entre la retina y la coroides a consecuencia de traumatismos o enfermedades oculares. Consecuencias: disminución del campo visual periférico y actividad física limitada.
e. Fibroplasia retrolental. Neovascularización y aparición de pliegues retinianos. Consecuencia: agudeza visual variable.
f. Retinopatía diabética. Alteración de la retina por tratamientos insuficientes prolongados o por repetidos tratamientos deficientes de la diabetes. Consecuencias: agudeza visual variable, distorsión de la imagen, anomalías del campo visual central y visión nocturna defectuosa.
g. Retinopatía del prematuro. Está causada por un exceso de oxígeno en las incubadoras para niños prematuros, apareciendo pliegues en la retina que pueden provocar su desprendimiento. Se observan cinco grados, el más grave de los cuales provoca la ceguera. Consecuencias: agudeza visual variable pero frecuentemente muy deficiente, miopía, zonas de pérdida de visión y glaucoma.
h. Retinosis pigmentaria. Degeneración progresiva crónica de la capa pigmentaria de la retina, que implica una degeneración periférica de la retina (bastones) y que progresa de forma concéntrica hacia el área central. Consecuencias: ceguera nocturna, visión central que se empobrece con la edad, percepción defectuosa de colores, visión sin relieves ni perspectivas, fotofobia y evolución hacia la ceguera.
E. Afecciones del nervio óptico
a. Atrofia óptica. Degeneración de las fibras ópticas asociada a lesiones cerebrales. Consecuencias: disminución y alteraciones del campo visual, disminución del sentido luminoso, palidez papilar, alteración de la agudeza visual, afectación de la percepción de formas y colores, dilatación e inmovilización progresiva de la pupila y progresión hacia la ceguera.
F. Alteraciones de la presión interna del ojo
a. Glaucoma. Aumento de la presión intraocular por una anomalía del líquido o la formación del humor acuoso. Consecuencias: disminución general de la capacidad visual, alteración de la visión periférica, dificultades para ver objetos grandes, visión nocturna disminuida, alteraciones del campo cromático, fotofobia, lagrimeo y posible evolución hacia la ceguera.
G. Alteraciones de la movilidad ocular
a. Nistagmo. Oscilación corta, rápida e involuntaria del globo ocular que conduce a una visión imperfecta. Consecuencias: disminución de la agudeza visual y movimientos u oscilaciones oculares iguales en naturaleza, dirección y frecuencia.
H. Otras anomalías no patológicas
a. Estrabismo. Desviación manifiesta del paralelismo de los ojos en las posiciones primaria y cardinales de la mirada, de manera que, mientras un ojo fija, el otro se desvía (ojo estrábico) ya sea hacia dentro (estrabismo convergente) o hacia fuera (estrabismo divergente). Consecuencias: afecta la agudeza visual del ojo estrábico gravemente y la visión binocular.
b. Anomalías de refracción ocular. Impiden que el ojo en reposo pueda formar sobre la retina las imágenes de los objetos distantes.
• Hipermetropía. El menor tamaño del ojo produce una dificultad para apreciar los detalles a corta distancia, por lo que hay una fuerte fatiga ocular que puede estar acompañada de cefaleas y náuseas.
• Miopía. Anomalía de refracción que tiene como consecuencia una visión deficitaria a distancia, alterando la percepción cromática y la visión nocturna. Pueden aparecer síntomas perceptibles como prominencia de los ojos y pupila amplia. En los casos que revistan mayor gravedad puede dar lugar a complicaciones secundarias, concretamente desprendimientos de retina y glaucoma.
• Miopía progresiva.
• Astigmatismo. Existe una curvatura irregular de la córnea, de manera que los rayos solares no se enfocan en el mismo punto de la retina. Se observan problemas de la visión de cerca y de lejos que pueden producir algunos problemas posturales de la cabeza.
• Anisometría. Sucede cuando existe un defecto de refracción que da lugar a una fuerte diferencia de graduación entre los dos ojos. Esto puede a su vez impedir la visión binocular, originando un fuerte estrabismo y ambliopía.
Al analizar las distintas deficiencias visuales que acabamos de esbozar, podemos hacer una breve clasificación atendiendo a los restos visuales que dicha deficiencia provoca (figuras 3.3 y 3.4):
• Resto visual con percepción de sombras y bultos.
• Resto visual con distinción de formas y percepción de éstas a cierta distancia.
• Resto visual en tubo.
• Restos visuales con reducción del campo de visión.
• Resto visual con cataratas (visión borrosa).
• Resto visual con escotomas (manchas).
CLASIFICACIÓN DE LAS DEFICIENCIAS VISUALES
Aunque el epígrafe anterior pudiera ser entendido como una clasificación desde el punto de vista oftalmológico y/o médico, queremos en éste hacer mención a otras clasificaciones que hacen referencia a la funcionalidad de la persona con la deficiencia visual, así como a su grado de educabilidad, según proceda. En primer término, atendiendo a los parámetros de agudeza visual anteriormente descritos, encontramos la clasificación de Delfour (Picq y Vayer, 1977), que incorpora tanto criterios oftalmológicos como funcionales-educativos:

Figura 3.3. Página de inicio de la Web (www.nicolas.brb.es)

Figura 3.4. Simulación de diferentes deficiencias visuales mediante gafas de natación.
a) Poca afectación: la agudeza visual se sitúa entre 5/10 y 3/10, no precisando educación especial.
b) Mayor afectación: la agudeza visual se sitúa entre 3/10 y 1/20, y se precisan clases especiales de educación sensorial.
c) Grave afectación y amenaza de ceguera: 1/20 y 1/50 son los límites de la agudeza visual, precisando educación especial y sensorial para invidentes.
d) Ceguera absoluta: recoge todas las deficiencias visuales con una deficiencia visual por debajo de 1/50, teniendo una gran dependencia de estímulos no visuales.
Herren y Guillemet (1982) asocian a cada una de las categorías de agudeza visual sus correspondientes niveles de competencia:
a) Ciego total: ausencia total de visión o simple percepción luminosa.
b) Ciego parcial: resto visual que permite la orientación a la luz y la percepción de masas, facilitando considerablemente el desplazamiento y la comprensión del mundo exterior. Visión de cerca insuficiente para su utilización en la vida escolar y profesional.
c) Ambliope profundo: los restos visuales son mejores que los del grupo anterior. Los volúmenes están mejor definidos, se perciben bien los colores y la visión de cerca permite la adquisición de la lectura y escritura en negro. No permite, sin embargo, seguir una escolarización exclusivamente en negro.
d) Ambliope propiamente dicho: se posee una visión de cerca que permite seguir en la escolarización con lectura en negro, con métodos pedagógicos particulares.
Por otro lado, Barraga (1992) establece una nueva clasificación en función de las características educacionales de los sujetos con deficiencia visual, estableciendo los siguientes grupos:
a) Ciegos: individuos que tienen sólo percepción de la luz, sin proyección, o que carecen totalmente de visión. Desde el punto de vista educacional, aprenden mediante el sistema Braille y no pueden utilizar la visión para adquirir ningún conocimiento, aunque la percepción de luz les ayude en sus movimientos de orientación.
b) Ciegos parciales o con deficiencia visual profunda: personas que mantienen unas posibilidades mayores que los anteriores, tales como capacidad de percepción de la luz, percepción de los bultos y contornos, y algunos matices de color. Imposibilidad de hacer tareas que requieran visión de detalle.
c) Niños con baja visión o con deficiencia visual elevada: niños que mantienen un resto visual que les permite ver objetos a pocos centímetros. No se les debe llamar ciegos ni educar como tales, pero deben aprender a desenvolverse con el sistema táctil para lograr un desempeño mejor según las tareas y los momentos. Posibilidad de realizar tareas visuales con inexactitudes, requiriendo adecuación del tiempo, ayudas y modificaciones.
d) Niños limitados visuales o con deficiencia visual moderada: niños que precisan una iluminación o una presentación de objetos y materiales más adecuados, bien reduciendo o aumentando la primera, bien utilizando lentes o aparatos especiales. Pueden ser integrados con niños videntes en el ámbito educativo.
Simplificando la ordenación que acabamos de apuntar, Toro y Zarco (1998; págs. 136-137) clasifican las deficiencias visuales graves en dos niveles generales de funcionamiento.
a) Ceguera, caracterizada por la ausencia total de visión o la simple percepción de luz. Estas personas no serían funcionales, desde el punto de vista educativo, para la lectoescritura funcional en tinta,
b) Baja visión. Se caracterizan por la capacidad, al menos, de la percepción de masas, colores y formas, y por una limitación para ver de lejos, aunque con capacidad para discriminar e identificar objetos y materiales situados en el medio próximo a una distancia de pocos centímetros o pocos metros. El resto funcional puede permitir la lectura de carteles grandes, aunque no sea posible la lectura funcional en tinta ni siquiera con medios específicos. En las personas con restos superiores, la baja visión se puede utilizar en determinadas actividades escolares de aprendizaje, incluida la lectura en tinta, aunque con atención especializada y estimulación para hacerlo.
En líneas generales, las personas con baja visión tendrán dificultades para percibir aspectos visuales relacionados con los rasgos desproporcionados en el espacio, las representaciones tridimensionales, las formas compuestas, la profundidad, el movimiento, los objetos o materiales situados sobre fondos similares, los objetos con poca luz o los detalles distintivos en las formas y dentro de las figuras.
CARACTERIZACIÓN DE LA POBLACIÓN
De acuerdo con Ríos (2003), y al igual que haremos en próximos capítulos para otras discapacidades, no se puede agrupar ni etiquetar a un colectivo determinado de acuerdo con sus características más comunes, como es el hecho de presentar una discapacidad concreta, sino que hay que tener en cuenta las diferencias individuales y las consecuencias enormemente variadas que se derivarán tanto del mismo déficit como del contexto en el que esa persona se desarrolle o desenvuelva. Una segunda dificultad radica en saber si los problemas en el desarrollo son consecuencia directa del déficit o no lo son. En nuestro caso caracterizaremos a esta población basándonos en las obras de autores como Gomendio (2000), Ríos (2003) o Toro y Zarco (1998), entre otros, señalando además cuáles son las necesidades de cada colectivo a nivel motor, que deberán ser atendidas por profesionales de las CAFD.
Es conocido por todos que el movimiento permite al niño relacionarse con el espacio, las personas y los objetos, y facilita la integración sensomotora esencial para el desarrollo perceptivo. A través del movimiento, el niño con poca o ninguna visión puede ir tomando conciencia del mundo que le rodea, por lo que la integración interna de los esquemas motores necesitará reemplazar los estímulos externos que llegan por la visión. Barraga (1985) afirma que, cuando se logra el movimiento independiente, es necesario estimular todas las acciones corporales, nunca limitarlas. Se debe proporcionar oportunidades para mover el cuerpo y para explorar con el fin de prevenir cualquier atraso en el aspecto motor y de la coordinación.
En el niño con deficiencia visual grave el aprendizaje de las habilidades motrices y la formación de patrones de movimiento están determinados por las características mencionadas. Por ello se sigue una progresión diferente a la del niño vidente, de manera que la secuencia de aprendizaje va de lo específico a lo general antes que de lo general a lo específico. Para aprender acciones, éstas han de ser experimentadas en su totalidad, y en algunos casos los movimientos deben ser analizados para que el niño los pueda asimilar.
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