Kitabı oku: «Esta no es la vida que pedí»

Título original:
This is not the life I ordered
© 2019 por Deborah Collins Stephens, Michealene Cristini Risley, Jan Yanehiro, and Jackie Speier
© Publicado en el 2019 por Conari Press
© Ilustraciones de interior: John Grimes
© Prólogo: Rita Moreno
© PARA MÉXICO 2020 EDICIONES DABAR, S.A. DE C.V.
Mirador, 42
Col. El Mirador
C.P. 04950, Ciudad de México
Teléfonos: (55) 5603 3630 / 5673 8855
E-mail: contacto@dabar.com.mx
Traducción
Laura Patricia Ríos Alvarado
Diseño de portada
Paola Ávarez Baldit
Diagramación
Carla Quevedo Yenque
ISBN: 978-607-612-214-3
Hecho en México
Contenido
Esta No Es La Vida Que Pedí
Reconocimientos
Introducción a la segunda edición: La esperanza sigue siendo (siempre) una estrategia
Prefacio: Poco menos que el peor de los escenarios
Prólogo
01 Para lidiar con el infortunio
Convoca a una reunión de amigas en torno a la mesa de cocina
Trasciende los eventos desafortunados
Cuando te dejen en la pista de aterrizaje, comienza a caminar
Cuando la vida no sea lo que pediste, comienza de nuevo
Obstáculos y posibilidades
La luz viaja a través de piezas rotas
Este no es mi primer rodeo
Finales
Cuando estés parada al borde de la piscina, salta
Escucha a tus hijos
02 Aprende a amar los errores
Debes estar dispuesta a cometer grandes errores
Renuncia a la idea de que puedes hacerlo todo
Crea listas de cosas para “no hacer”
Nunca te subestimes
No esperes hasta estar deprimida o desesperada (o ambas cosas) para crear una red
No creas que para tener éxito debes comportarte “como un hombre”
Avanza, asciende o busca otras alternativas
Confía en Dios, pero rema lejos de las rocas
Escucha tu voz interior
Toma en cuenta que los riesgos son parte del paquete
03 Haz de la valentía una compañía cotidiana
Los obstáculos que enfrenta la corriente, son los que producen la música del río
Muchas veces, tener valor implica hacer renuncias
Desarrolla el sentido del humor
Recorre los senderos del miedo
Sé valiente, por tu propio bien
Gana tu propia medalla al valor
Permítete llorar cuando muera Campanita
Usa una pulsera de la valentía
Comprende que la valentía no es solo para los héroes
04 Entiende la importancia del dinero
Cuando te falte el dinero sé rica en espíritu
Aprende las lecciones de la casa de tus sueños
No esperes hasta que tu ADN financiero esté en cuidados intensivos
Date cuenta de que la realidad de las finanzas ha cambiado mucho
Vigila tu dinero para que no termine en un bolsillo ajeno
05 Cuando la vida no sea lo que pediste, comienza de nuevo
Nunca digas nunca
Solo quédate en paz
Inventa un lenguaje secreto para el cambio
Expresa lo que no se puede decir
06 Reinvéntate
Reconoce que el chocolate tiene que fundirse para tomar una nueva forma
Cuando los sueños se conviertan en polvo, usa la aspiradora
No te quedes con las migajas; llévate todo el pastel
Agradece que el perro no orinó en la alfombra
No te quejes; crea
07 Carga con lo que no puedas arreglar
El club al que nadie deseaba unirse
Ríe en la oscuridad
Forma un club de viudas alegres
Construye tu propio “gabinete de cocina”
Pide ayuda
Cambia tu entorno, cambia tu vida
Ponte a limpiar algo
08 Enfrenta a los detractores
Persiste
Presta atención a tus creencias, no a tus dudas
Recupera tu poder
No aceptes ser prisionera de tu pasado
09 Recupérate de los errores, la desventura y el caos
Date cuenta de que el éxito muchas veces viene disfrazado de idea tonta
Busca a un cazador de sueños
Programa una cita para pintar
Busca a tres mujeres sabias
10 Diseña tu vida
Aprovecha los momentos difíciles
Piensa como si fueras un ingeniero
Sé curiosa
11 Enciende una vela en la oscuridad
En lugar de quejarte de la oscuridad enciende una luz
Aprende a perdonar
Aplica estas lecciones aprendidas
Reconocimientos
Se requiere de una comunidad para que una mujer se ponga en pie después de una caída, se sacuda el polvo y se levante. Estamos en deuda con la comunidad de mujeres que compartieron sus historias con nosotras. Sus aportaciones han ayudado a crear un buen libro. Pero aún más importante, han enriquecido nuestras vidas de modo que permanecerán con nosotras para siempre.
¡Nuestras familias nos dan sentido de tantas maneras que entrar en detalles nos implicaría escribir otro libro! A nuestros hijos, Aaron y Lily Stephens; Christopher, Austin y Dillon Risley; Jackson y Stephanie Sierra; Jaclyn, Jenna (Robinson) y J. B. Zimmerman; Meredith (Flynn) y Christopher Eves, ¡gracias por ser el amor de nuestras vidas!
A Greg Brandenburgh, nuestro editor de Conari Press, gracias por tu apoyo y sentido del humor. Si el trabajo editorial no funciona, ¡estamos convencidas de que la comedia en vivo puede convertirse en tu próximo empleo!
Finalmente, John Grimes (www.grimescartoons.com), el hombre más divertido que conocemos, leíste cada palabra de nuestro manuscrito y elaboraste unas ilustraciones que siempre hacen reír a las mujeres.
Introducción a la segunda edición: La esperanza sigue siendo (siempre) una estrategia
Es posible que enfrentes muchas derrotas,
pero no debes sentirte derrotado.
Es necesario enfrentar las derrotas
para poder saber quién eres
y de qué puedes levantarte.
MAYA ANGELOU
POETA ESTADOUNIDENSE (1928–2014)
Lo que comenzó alrededor de una mesa de cocina, con el único objetivo de reinventarnos a nosotras mismas, ha dado como resultado una comunidad de mujeres que todavía nos comunican sus historias. Gracias a todas ellas. Nos sentimos privilegiadas por haber escrito un libro que brinda esperanza, inspiración, aliento y lecciones de vida a todas las mujeres, de cualquier edad, en cualquier lugar, en cualquier momento. La esperanza sigue siendo una estrategia, siempre.
Esta edición llega a un mundo que parece un tren fuera de control, e incluso, en algunas ocasiones, ¡un auténtico choque de trenes! En 2008, nuestra edición de bolsillo apareció en un mundo en el que los titulares clamaban que habíamos entrado en la peor crisis financiera desde la Gran Depresión. En verdad, fueron tiempos que pocos de nosotros vimos venir y ninguno de nosotros pidió. Sin embargo, sobrevivimos.
Escribimos este libro debido a la gran agitación que existe en este mundo convulsionado. La polarización en nuestras comunidades se suma a la ansiedad que muchas mujeres enfrentan a diario. Creemos que cada vez que una mujer se levanta en medio de circunstancias difíciles, nuestro mundo sana. Este libro es nuestra contribución a esa sanación.
¿Cuáles son las novedades?
Prométeme que no perderás tanto tiempo
manteniéndote a flote, intentando que tu cabeza
permanezca por encima de las olas para olvidar,
verdaderamente olvidar, lo mucho que te ha gustado siempre nadar.
TYLER KNOTT GREGSON,
AUTOR ESTADOUNIDENSE (1981–)
Desde la primera edición de nuestro libro hemos aprendido algunas lecciones nuevas, que hemos agregado a esta segunda edición. Nos emociona presentarte a mujeres que han resurgido y creado vidas notables. Estamos entusiasmadas por compartir los avances científicos que respaldan muchas de las lecciones que recomendamos en nuestro primer libro. Además, hemos agregado las voces de nuestros hijos, al compartir sus experiencias mientras experimentaban con nosotras las vidas que no habíamos pedido. Esperamos que su sabiduría, obtenida con tanto esfuerzo, ayude a otros. En esta edición también encontrarás nuevos capítulos sobre la resiliencia, acompañados de pasos y planes para diseñar una vida que te provoque alegría. Para ayudarte en esta tarea, hemos ampliado las herramientas, las tácticas y las lecciones sobre el duelo y la pérdida.
Estamos viviendo en la era del empoderamiento, donde las marchas de las mujeres, los movimientos (Time´s up y Me Too) contra el acoso y la agresión sexual muestran lo que puede suceder cuando las mujeres se unen para hacer que el mañana sea mejor que el hoy. No hay mejor momento que ahora para que formes tu propio “grupo en torno a la mesa de cocina”, ya sea en persona o en línea, y crear un lugar donde las mujeres puedan unirse para apoyarse mutuamente. Este libro ofrece una hoja de ruta para crear tu propio grupo y un marco de referencia para encender tu motivación.
¿Quiénes somos?
Está bien si caes y pierdes tu chispa.
Solo asegúrate de que cuando vuelvas a levantarte,
lo hagas con el ímpetu de una llamarada.
ANÓNIMO
La vida es una serie interminable de cambios, tanto buenos como malos, y a menudo indistintos. Juntas, hemos aprendido a navegarlos y sobrevivirlos. Tal vez estés pensando: “¿Quiénes son estas mujeres? ¿Qué las acredita?” Bueno, no somos psicólogas (aunque sí hemos visto a algunos). No somos expertas en autoayuda (aunque sí hemos leído sus libros). No declaramos haber descubierto ninguna verdad definitiva. Somos simplemente cuatro mujeres que nos hemos unido para ayudarnos mutuamente en nuestro viaje por la vida.
Jan Yanehiro dice: “¡Mi divorcio está concluido y estoy gloriosamente soltera! La muerte de mi primer esposo fue triste y horrible, pero el divorcio me pareció mucho peor. Sigo diciendo que el próximo libro que escriba será Este no es el esposo que pedí. El cambio crea nuevas oportunidades, y una excelente cayó en mis manos cuando me pidieron que comenzara una Escuela de Tecnología y Medios de Comunicación para la Academia de Arte de la Universidad de San Francisco. Cuando acepté la dirección, le dije a Elisa Stephens, presidenta de la universidad: ‘¿Sabes?, soy vieja y mandona... ¡y puedo hacer de esto una realidad!’ La vida es plena. Si alguna vez necesito una red de seguridad, mis amigas estarán allí, y estoy agradecida por ello”.
Jackie Speier perdió, por menos de tres puntos, la elección para convertirse en asistente del gobernador de California, y concluyó su periodo como senadora estatal. Después empezó a trabajar en un despacho de abogados, con la obstinada determinación de continuar en el servicio público, pero sin tener un camino claro para lograrlo. Entonces, Jackie tuvo un momento de “deseo contra destino”. ¡Se postuló para el puesto del Distrito XIV en la Cámara de Representantes de Estados Unidos y ganó! “Siempre espera lo inesperado, o al menos prepárate”, dice Jackie. Con más de diez años en la Cámara, Jackie se ha convertido en una figura nacional cuando se trata de hablar en contra del acoso sexual, la violencia armada y los ataques a nuestra democracia por parte de intereses extranjeros.
Michealene Cristini Risley hizo un viaje a África, y no fue de vacaciones. Su intención era documentar la terrible situación de las niñas y mujeres jóvenes en Zimbabue. Arrestados e interrogados por funcionarios zimbabuenses, Michealene y su equipo fueron encarcelados y luego expulsados del país. Ella continuó su trabajo como activista de derechos humanos, y su documental Tapestries of Hope (“Tapices de esperanza”), ganó múltiples premios. Es presidenta de Curiosity Ink Media, empresa especializada en el desarrollo de franquicias de medios y la creación de entretenimiento sano para los niños. Junto a su esposo Eric y sus hijos Christopher, Austin y Dillon, ha descubierto que el hogar se encuentra en donde el se halla corazón.
El esposo de Deborah Collins Stephens murió; poco después, su hija se graduó de la universidad. “Ahora estoy aprendiendo a vivir sola, después de un matrimonio de treinta y tres años”, dice. Cuando su hijo Aaron se casó, Deborah caminó con él hacia el altar, ganando una nuera a la que adora. La selección de sus pertenencias, al pasar de una casa grande a un pequeño bungaló, tuvo su propia versión en el ámbito laboral. “Ahora solo elijo pasar mi tiempo con personas y en proyectos que realmente amo”, dice. “¡Me he ganado ese derecho!” Deborah continúa dando consultoría en desarrollo de liderazgo y es asesora ejecutiva, pero solo para mujeres líderes. ¿Por qué? “Simplemente porque necesitamos más de ellas, y estoy comprometida a hacer mi parte”, afirma.
Gracias por leer nuestro libro. Que puedas escalar a una nueva vida y lograr tus sueños. Ten la certeza de que te estaremos animando.
DEBORAH COLLINS STEPHENS
MICHEALENE CRISTINI RISLEY
JACKIE SPEIER
JAN YANEHIRO
Prefacio:
Poco menos que el peor de los escenarios
Sin importar que se tengan veinte, cuarenta o sesenta años,
que se haya tenido éxito, que se haya fracasado
o simplemente se transite por la vida,
que el pasado haya estado lleno de sol,
cubierto de tormentas o haya sido uno de esos días
aburridos sin clima, la vida comienza de nuevo
cada mañana en el corazón de una mujer.
LEIGH MITCHELL HODGES
POETA (1876–1954)
Somos, simplemente, cuatro mujeres que el destino unió al azar. En conjunto hemos experimentado las alegrías extremas y las penas profundas que la vida ofrece, desde los momentos mundanos hasta los dramáticos y surrealistas. Tenemos un historial de seis matrimonios, un divorcio, diez hijos, cuatro hijastros, seis perros, dos abortos espontáneos, dos gatos, doce peces koi, una adopción fallida, la viudez, dos periquitos y la experiencia de haber fungido como padres sustitutos. Hemos construido empresas, perdido empresas y vendido empresas. A una de nosotras le dispararon y fue dada por muerta en una pista de aterrizaje en Sudamérica, y tres hemos sobrevivido a la muerte de nuestros cónyuges.
Hemos criado bebés y adolescentes, y seguimos vivas para contarlo. Las relaciones románticas han roto nuestros corazones, y nuestra amistad los ha reparado. Hemos conocido la fama y la soledad; también la duda sobre nuestras capacidades y la amenaza de la ruina económica. Hemos cuidado a nuestros seres queridos que han enfrentado enfermedades terminales, y hemos apoyado a quienes han perdido a sus seres queridos.
Crecimos en familias que no eran ricas, donde vivir de quincena en quincena era la norma. ¡Hemos conocido más riqueza de la que nuestros padres podrían haber imaginado, y hemos perdido más dinero del que ellos pudieron ganar! Obligadas a ser creativas, hemos criado familias con presupuestos reducidos y, en ocasiones, hemos sido el único sustento económico cuando nuestros cónyuges estuvieron desempleados, gravemente enfermos o en etapa terminal. En la vida profesional, a menudo hemos sido las únicas mujeres en la mesa. ¡Hemos tomado riesgos como apostar la empresa, apostar las elecciones y, en algunos casos, apostar la casa!

Cuando suceden cosas malas a mujeres inteligentes
Cierta vez, un reportero se refirió a nuestra colección de eventos desafortunados como la versión femenina del libro de Job... ¡casi como si una plaga de langostas estuviera a punto de caer sobre nosotras en cualquier momento! Sin embargo, no vemos nuestras vidas con tristeza o arrepentimiento. Las vemos como regalos, como el resultado de un cúmulo de acontecimientos que nos han ayudado a desarrollar un agudísimo sentido de lo que es importante y de lo que simplemente no lo es. Hemos aprendido a reinventarnos una y otra vez. Ahora sabemos que el proceso de reinvención se lleva mejor con humor, amistad, optimismo, y una linterna de largo alcance para ver la luz al final de cada túnel.
Tenemos una característica en común: la pérdida. Hemos experimentado la desgarradora pérdida de vidas, matrimonios e hijos; la pérdida de la inocencia y el dinero, de la estabilidad y la esperanza. Las pérdidas provocan transiciones formidables que tocan a todas las mujeres en algún momento; sin embargo, nunca deben enfrentarse en solitario, por lo que creamos una reunión mensual en torno a nuestras mesas de cocina para compartir nuestras vidas, y para apoyarnos y alentarnos mutuamente. Estas conversaciones informales junto a la estufa siempre fueron terapéuticas e inspiradoras. Nuestras pláticas nos dieron esperanza y fuerza interior. Sabíamos que juntas, como amigas, nunca caminaríamos solas.
Amigas en torno a una mesa de cocina
Se corrió la voz sobre nuestras conversaciones en la mesa de la cocina. Nos pidieron que habláramos en conferencias y ante grupos de mujeres. Titulamos nuestra charla “Sobrevivir y prosperar. Diez consejos turbocargados para mujeres en transición”, y supusimos que quizá unas treinta personas asistirían a la presentación.
¡Más de 400 mujeres llegaron a nuestra primera sesión, obligando a los bomberos a cerrar las puertas! Ese día contamos nuestras historias. Las mujeres hicieron fila para hablar con nosotras. Compartieron sus versiones personales de “sobrevivir y prosperar”. Semanas después nos animaron a escribir un libro. Más organizadores de conferencias nos invitaron a hablar. Utilizamos la idea de escribir un libro como excusa para continuar con nuestras reuniones mensuales, pero sin escribir una sola palabra.
De hecho, seguimos reuniéndonos durante más de una década antes de poner en papel una palabra de ese libro imaginario que les dijimos a todos que estábamos escribiendo. Hablamos sobre perder negocios, perder maridos y querer perder maridos. Hablamos sobre construir carreras, construir familias y reforzar nuestra frágil habilidad para crear redes. Hablamos sobre encontrar nuestra autoestima, encontrar nuestro camino, e incluso encontrar nuevas parejas. Hablamos sobre desafíos, asumir riesgos y la oportunidad de amar de nuevo. Hablamos con sinceridad sobre la amenaza de la ruina financiera, sobre la ruina financiera real, y sobre cómo evitar la ruina financiera. Hablamos sobre nuestros hijos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros colegas y nuestras vidas sexuales. No dejamos ningún tema por explorar.
Nos animábamos mutuamente en medio de las numerosas transiciones que estábamos experimentando. Incluso nos pusimos un nombre: “Mujeres en transición”. met, para abreviar; sin duda, necesitaríamos nuestro ingenio colectivo para navegar por estos momentos complicados. Con el tiempo, nuestras reuniones se convirtieron en algo así como un club de tejido. Sin embargo, lo que tejíamos era el estambre de nuestras propias vidas.

Aprendimos muchas lecciones a lo largo de nuestras décadas de amistad. Nos dimos cuenta de que nos habían engañado. Nos habíamos convencido de que si podíamos organizar nuestro tiempo, romper el techo de cristal, pasar tiempo de calidad con nuestras familias, traer a casa el tocino (y freírlo en una sartén), mientras mecíamos a nuestros hijos en brazos y creábamos relaciones cálidas y amorosas con nuestros esposos, familia política y colegas, de algún modo, de alguna manera, seríamos recompensadas con la vida libre de problemas que tanto nos había rehuido. Pero estábamos equivocadas.
Sobrevivir y prosperar
Desde nuestras conversaciones en la cocina hasta los miles de conversaciones que hemos sostenido con mujeres de todo el mundo, aprendimos que la vida libre de problemas que buscábamos es peor que una simple ilusión: es un mito que vació de sentido la vida de muchas de sus víctimas. La vida de una mujer es mucho más que el éxito, tenerlo todo o lograr el frágil equilibrio que todas buscamos (y podemos encontrar). Se trata de algo más que buscar la perfección o conquistar el mundo (aunque podrías hacerlo). Se trata de algo más que apretar los dientes y salir adelante (sin importar cómo). Se trata de sobrevivir y prosperar.
Para nosotras, sobrevivir y prosperar significó reinventar y reconstruir, y darnos cuenta de que el éxito nunca es definitivo y el fracaso nunca es fatal. Significó dar lo mejor de nosotras y caminar hacia el futuro que habíamos diseñado. Con mucha frecuencia nuestra pequeña voz interior nos hizo ver que, aunque pudiéramos parecer exitosas por fuera, nuestros adolescentes no se estaban portando bien, nos podíamos quedar sin trabajo al día siguiente, y nuestros cónyuges, colegas y jefes a menudo eran falsos, egoístas, infieles, habían muerto o simplemente eran unos cretinos.
Sobrevivir y prosperar significaba aprovechar lo que la vida nos ofrecía mientras buscábamos las oportunidades, la alegría y la compasión en circunstancias poco agradables y siempre menos que perfectas. Juntas, sortearíamos algunos momentos intrincados de la vida.
¿Y qué tal va tu vida?
En conjunto, nuestras vidas han estado llenas de más transiciones de las que creíamos posibles. Las transiciones son una parte importante del tejido de la vida de cualquier mujer. Nos afectan individualmente, pero también tienen un efecto dominó en nuestras familias. Las transiciones pueden construir nuestro carácter y convertirnos en mujeres sabias, o hacernos sentir deprimidas y solas. Las transiciones exitosas pueden hacernos sentir fuertes, listas para extender una mano amiga a otras mujeres, o provocarnos miedo ante lo que nos espera.

Ofrecemos este libro como una especie de mapa-guía para sortear las transiciones de la vida. Contiene las muchas lecciones que hemos aprendido sobre cómo surcar las olas del cambio que a menudo hacen sucumbir a las mujeres. Hemos resumido estas lecciones en sesenta imperativos para sobrevivir a las vicisitudes de la vida y prosperar a pesar de ellas. En el camino, hemos tenido el honor de conocer a muchas mujeres magníficas y valientes cuyas historias de desafío, resiliencia y triunfo incluimos como ejemplos de esperanza para todas. Nuestra intención es que esta sea una conversación de cocina hecha libro: te invitamos a acercar una silla y unirte a nosotras, para que no tengas que vivir la vida sola. Esperamos que este inspirador círculo de mujeres te brinde esperanza, lucidez e inspiración para lidiar con tus propios desafíos y cambios.
La educación no es suficiente si no va acompañada por la acción. Con esto en mente, cada sección de nuestro libro termina con sugerencias de planes de acción y herramientas para ayudarte a implementarlos. Llamamos a esta sección Estuche met, y esperamos que las ideas que ahí se ofrecen te resulten valiosas. Aún más importante, esperamos que te sientas motivada a adaptarlas y aplicarlas a tu propia vida, para que puedan darte resultados en el mundo real.
Sabemos que estás ocupada. Somos conscientes de que probablemente estés corriendo desde el momento en que te despiertas hasta que te acuestas. Pero también sabemos que tomarse el tiempo para seguir las recomendaciones que se encuentran en el Estuche met puede marcar la diferencia entre simplemente sobrevivir a lo que la vida te ponga delante, o prosperar a pesar de lo que la vida te mande.
Algunas de las acciones descritas en el Estuche met toman solo unos minutos. Otras requieren más tiempo y planeación. Todas ellas pueden ser útiles. Si sientes que la vida te está arrastrando hacia las profundidades, estas acciones pueden ayudarte a mantener la cabeza fuera del agua, y a crear una mejor calidad de vida para ti y tus seres queridos desde ahora, no en el futuro.
DEBORAH COLLINS STEPHENS
MICHEALENE CRISTINI RISLEY
JACKIE SPEIER, JAN YANEHIRO
SAN FRANCISCO, CALIFORNIA, JULIO DEL 2018
Prólogo
En el mundo hay solo quince personas que han ganado un Emmy, un Grammy, un Oscar y un Tony. Rita Moreno es una de ellas. El expresi dente Barack Obama se refirió a Rita, la única latina que ha ganado estos premios, como una pionera con la valentía de romper barreras y forjar nuevos caminos. La jueza de la Suprema Corte estadouniden se, Sonia Sotomayor, dijo: “Cuando era joven, idolatraba a Rita Moreno. Todavía lo hago”.
Rita es un modelo a seguir para los millennials y un ícono de inspira ción para todas las generaciones. Hoy, a los ochenta y seis años, sin que la jubilación corra por su adn, Rita tiene un exitoso programa de tele visión, One Day at a Time, e incluso más premios y reconocimientos: un Kennedy Center Honor, un premio de la American Civil Liberties Union (aclu) y una medalla de honor Ellis Island por su trabajo en derechos ci viles, portadas en las revistas Time, Newsweek, Glamour y una cobertu ra completa en el programa Today Show. Sin embargo, su camino hacia la fama y el éxito no ha sido fácil. Rita ha vivido casi todas las leccio nes incluidas en este libro, y ha salido de ellas más fuerte, más sabia y más realizada. A continuación, un recuento de sus experiencias, en sus propias palabras.
Simplemente enfrenta las cosas
Cuando leí por primera vez Esta no es la vida que pedí, le dije al editor que era una lectura obligada para todas las mujeres y los hombres que las aman. En sus historias y lecciones vi muchos paralelismos con mi propia vida. Cuando Jan me pidió que escribiera el prólogo, de inmediato dije que sí. Estas cuatro mujeres son el perfecto ejemplo de cómo yo, y muchas otras, enfrentamos las situaciones: simplemente lo hacemos. En mi libro, Rita Moreno: Memorias, empiezo con ese consejo: solo enfrenta las cosas. Pasé buena parte de mi vida buscando una identidad que me mantuviera a salvo. No quería ser solo esa “chica latina” con “atractivo sexual”.
No tenía modelos a seguir, así que elegí uno: Elizabeth Taylor. En retrospectiva, todos sabemos que imitar a alguien sencillamente no es posible; no es factible; no funciona. El resultado es que vives una vida muy confusa respecto de tu identidad. Pierdes algo extremadamente valioso e importante: el respeto propio. Esta lucha fue muy dolorosa. Siempre les digo a las mujeres que sean ellas mismas y dejen que la vida fluya.
Nadie muere por no caerle bien a los demás
Siempre fui la niña linda, del tipo “por favor quiéreme”. Es el síndrome del inmigrante; es resultado de ser puertorriqueña, de no sentirme parte del juego. A mí, como a tantas mujeres, se nos dice de manera sutil y no tan sutil: “No hagas olas; no hagas ruido”. Mi madre era muy consciente de ello. Crecí tratando de complacer al mundo. Quería gustarle al mundo. La mayor lección que he aprendido es esta: nadie muere por no caerle bien a los demás. Sin embargo, hay una pequeña voz, una presencia oscura que permanece contigo todo el tiempo. Es la que hasta el día de hoy dice cosas como: “Ja, ja, te dije que no podrías hacerlo”. Esa pequeña criatura todavía existe en mí, y tengo la sensación de que también en muchas otras mujeres. No piensan en ella como una entidad, pero yo sí. La llamo “mi Rosarita”, y la envío a su habitación todo el tiempo. Es imposible deshacerse de ella, pero he aprendido a no dejar que dirija mi vida.
Perseverancia
Había ganado el Oscar y un Globo de Oro por Amor sin Barreras (West Side Story). De verdad creí que después de eso iba a tener mucho trabajo, y que todo iba a ser color de rosa, pero sucedió lo contrario. Me resultaba imposible encontrar trabajo. No lo podía creer. Me rompió por completo el corazón. Hoy, a los ochenta y seis años, miro hacia atrás y considero esos eventos como una recompensa por todos los años difíciles en una profesión que desafió mi sentido de dignidad y autoestima a cada momento. Me recuerdan, en este tercer acto de mi vida, que caerse y levantarse constituyen una gran parte del sueño americano.
Esta no es la vida que pedí está lleno de historias sobre caer y volver a levantarse. Lo que le digo a mi gente es que resistan y recuerden quiénes son. Siéntete orgullosa de quién eres y sigue hablando; sigue quejándote. Y nunca, nunca, te des por vencida. Sé perseverante. No hay nada más poderoso que una mujer que encarna la perseverancia. Las lecciones de este libro, y las mujeres que lo escribieron, evidencian perseverancia en todo lo que hacen. Lo maravilloso de la perseverancia es que está disponible para todos, sin importar nuestros antecedentes o estatus socioeconómico.
Mi buena amiga, la brillante autora Amy Tan, dijo que Esta no es la vida que pedí da a las mujeres la inspiración para sobrevivir a la peor suerte y a las más difíciles circunstancias, y para escalar hacia una nueva vida de felicidad inesperada. Eso es lo que le deseo a cada mujer: la capacidad de sobrevivir y prosperar.
RITA MORENO

01

Convoca a una reunión de amigas en torno a la mesa de cocina
Eres el narrador de tu propia vida. Puedes crear una leyenda... o no.
ISABEL ALLENDE
ESCRITORA CHILENO-ESTADOUNIDENSE (1942-)
Encuentra un lugar seguro para contar tu historia
La primera y más importante forma de mantener la cabeza fuera del agua cuando la vida amenaza con arrastrarte hacia las profundidades, es crear un lugar seguro, en donde tu historia pueda ser escuchada: una reunión de amigas en torno a la mesa de cocina. Reunirnos alrededor de una mesa de cocina y contar nuestras propias historias nos dio poder. No lo sabíamos en ese momento, pero estábamos “validando el testimonio” mutuo al hablar de nuestras experiencias en un entorno confiable. Los psicólogos dicen que “validar el testimonio” es un ingrediente vital en el proceso de sanación.
Esperábamos con ansias nuestras reuniones, porque sabíamos que nos proporcionaban el único lugar en nuestras vidas donde seríamos escuchadas, que eran un espacio y un momento en el que otras mujeres nos escucharían sin juzgar. No tenemos duda de que poder contar nuestras historias salvó nuestra cordura y, en algunos casos, nuestras vidas. Creemos que cada mujer necesita crear para sí misma un lugar seguro donde su historia pueda ser escuchada. Sabemos, por experiencia propia, que permanecer conectadas entre nosotras ha hecho toda la diferencia en cuanto a nuestra capacidad para lidiar con los desafíos que hemos enfrentado.
¿Crees que no tienes tiempo para tus amigas? Te exhortamos a que lo pienses de nuevo. Si en este momento piensas que no tienes la energía para hacerlo, es precisamente por eso que deberías hacerlo. Si tu energía está baja, se debe a que estás tratando de hacer todo por ti misma. Te estás quedando vacía, y necesitas llenar tu tanque emocional con el apoyo y el aporte de las mujeres que son importantes para ti. Tu propio grupo, reunido alrededor de una mesa de cocina, alimentará tu alma. Puedes comenzar hoy mismo, siguiendo estos siete simples pasos para crear una maravillosa red de amigas.
Siete pasos para formar un grupo en torno a una mesa de cocina
1. Invita. No importa cuán mal esté tu vida en este momento. Organiza una reunión con mujeres que admires. No es necesario que sean famosas, ricas o fabulosamente realizadas. Tampoco que las conozcas bien, aunque sí deben ser personas a las que respetes y con las que compartas valores y prioridades similares: mujeres íntegras que estén dispuestas a escuchar, alentar y ser honestas. Muchas mujeres se sienten tan aisladas como tú. Este es el momento perfecto para conocer a esa mamá que comparte su auto para llevar y traer a los niños. ¿Qué hay de esa conocida en tu trabajo, a quien solo has saludado con un movimiento de cabeza, pero con quien siempre has sentido una chispa de conexión? En muchos de los ámbitos que frecuentas puede haber alguien a quien admires, alguien que te parezca confiable.
2. Elije el lugar de la reunión. Trata de que sea un ambiente cómodo y que brinde privacidad. Puede ser el rincón de una cafetería o la sala de tu casa. En nuestro caso, las mesas de cocina de nuestras diferentes casas nos han funcionado bien todos estos años.
3. Cita a una primera reunión. No tienes que hacer nada elaborado. Solo levanta el teléfono, envía un correo electrónico o haz la invitación en persona. Empieza por decir a tus invitadas que sabes que están ocupadas, que el propósito de esta reunión es crear una red de apoyo que se reúna con regularidad, para expresar lo que está sucediendo en sus vidas en un entorno confidencial. Las participantes son bienvenidas a hablar sobre sus trabajos (o la falta de ellos), sus familias, su salud, sus finanzas o cualquier otra cosa que haya en sus mentes y sus corazones. Den un nombre a su grupo y comprométanse a reunirse regularmente (cada dos semanas, o al menos cada mes). En nuestro propio grupo nos reunimos cada mes, aunque a veces, cuando una de nuestros miembros está pasando por una crisis, convocamos con mayor frecuencia.
4. Establece reglas básicas. Las primeras reuniones de tu grupo de mesa de cocina podrían beneficiarse de cierto tipo de estructura. En nuestras reuniones grupales siempre comenzamos con algunas preguntas esclarecedoras:
Entonces, ¿cómo va tu vida?
¿Cómo podemos ayudar?
¿A quién conocemos que pueda ayudar?
¿Qué podría alegrarte en este momento?
¿De qué podrías reírte?
Al terminar la reunión de hoy, nos comprometemos frente a las demás a hacer tres cosas por nosotras mismas. ¿Cuáles son?
5. Mantente positiva. No permitas que tu grupo se convierta en el “club de la queja”. La queja constante te roba el espíritu y no hace nada para empoderarte. El propósito de la reunión debe ir más allá. No te limites: expresa lo que te está molestando, lo que te está preocupando, lo que te está lastimando, y luego pide consejo. Hagan una lluvia de ideas sobre posibles soluciones y estrategias para los problemas que enfrentan.
6. Usa el Estuche met. Las sugerencias incluidas al final de cada sección de este libro pueden ayudar a que tus reuniones tengan un punto focal. Creamos el Estuche met a propósito, para darte herramientas con las que puedas trabajar en grupo en tus propias reuniones de mesa de cocina. Comenten los temas y las preguntas entre ustedes.
7. Compartan sus experiencias. Visiten nuestro sitio de internet, www.kitchentablefriends.com, y cuéntenos sus historias.
Nuestro grupo en torno a la mesa de cocina se reunió durante más de diez años; a lo largo de ese tiempo contamos muchas historias, resolvimos muchos problemas y reparamos muchos corazones rotos. A continuación, comenzaremos por presentarte los momentos decisivos que nos unieron como amigas para toda la vida.
02

Trasciende los eventos desafortunados
Aunque pueda haber tragedia en tu vida,
siempre existe la posibilidad de triunfar.
No importa quién seas o de dónde vengas.
La capacidad de triunfo comienza contigo.
Siempre.
OPHRA WINFREY
PRESENTADORA DE TELEVISIÓN (1954-)
Encuentro en la selva
“Pesadillas. Todavía invaden mis sueños cuarenta años después. Las pesadillas me recuerdan que la vida es un recurso precioso que debemos agotar, disfrutar, vivir. Soy Jackie Speier, y mis pesadillas me llevan a un fatídico día de noviembre de 1978. Tenía veintiocho años y estaba preparándome para comprar mi primera casa. Era asesora legislativa de un congresista estadounidense, ¡y lo tenía todo! También tenía un fuerte presentimiento de que el viaje que estaba preparando a Sudamérica podría ser el punto final de mi vida. ‘Son ideas tontas’, me aseguró mi amiga Katy. ‘Después de todo, viajarás con el cuerpo de prensa y un congresista estadounidense. ¿Qué podría salir mal?’
”Enclaustrada en una oficina del Congreso durante horas, estuve leyendo los informes del Departamento de Estado sobre una comunidad religiosa creada por el reverendo Jim Jones. Investigábamos numerosas denuncias de personas que alegaban que sus familiares estaban siendo retenidos contra su voluntad en un escondite de la selva, conocido como Templo del Pueblo. Mientras revisábamos las entrevistas grabadas con los desertores, me invadió una escalofriante sensación que no podía apartar de mí. Un exmiembro nos había dicho que las personas estaban siendo obligadas a suicidarse en un ejercicio que Jones llamaba la Noche Blanca.
”El congresista Leo Ryan, mi jefe, ya había escuchado suficiente. Decidió ver personalmente la difícil situación de los ciudadanos estadounidenses en Guyana. Pero incluso aunque la cia (Agencia Central de Inteligencia) y el Departamento de Estado habían dado el visto bueno en cuanto a la seguridad del viaje, yo tenía mis dudas.
”Volamos a Georgetown, la capital de Guyana, cambiamos de avión, y continuamos hacia Puerto Caituma, una remota pista de aterrizaje en lo profundo de la selva sudamericana. Un convoy de varias camionetas nos llevó al campamento de Jonestown. Entramos en un claro de la selva, donde vi un anfiteatro al aire libre rodeado de pequeñas cabañas. No podías evitar sentirte impresionado por el asentamiento. En menos de dos años, una comunidad había sido esculpida en la densa jungla. Durante nuestra primera y única noche en el Templo del Pueblo, los miembros nos entretuvieron con música y canto. Recuerdo haber mirado a Jim Jones a los ojos, y lo que vi fue locura. Ya no era el líder carismático que había atraído a más de 900 personas a una remota comuna de la selva; en aquel momento era un hombre poseído.
”El congresista y yo seleccionamos algunas personas al azar para entrevistarlas y determinar si estaban siendo retenidas en contra de su voluntad. Muchos de los individuos eran jóvenes (dieciocho o diecinueve años), mientras que otros eran personas mayores.
Uno por uno confirmaron que les encantaba vivir en el Templo del Pueblo. Era casi como si hubieran sido entrenados para responder a nuestras preguntas. Cuando la noche se acercaba, el corresponsal de noticias de nbc, Don Harris, salió solo a caminar y fumar un cigarrillo. En la oscuridad, dos personas se le acercaron y le pusieron unas notas en la mano. Harris me dio las notas, y tuve entonces la evidencia de lo que había percibido todo el tiempo: aquellas personas sí estaban siendo retenidas contra su voluntad en el complejo sudamericano.
”Cuando amaneció, entrevisté a las dos personas que le habían dado las notas a Harris, diciendo que querían irse. Se había corrido la voz sobre la oportunidad de dejar ese lugar, y más personas comenzaron a presentarse, afirmando que también querían partir. Entonces, de repente, aparecieron un par de hombres con armas de fuego. El caos sobrevino a medida que más individuos se nos acercaban queriendo salir. Jim Jones comenzó a vociferar y a gritar. Larry Layton, uno de los asistentes más cercanos de Jones, dijo: ‘No piensen mal. Todos estamos muy felices aquí. Miren la belleza de este lugar tan especial’. Una hora después, Larry Layton se había convertido en uno de los desertores, y también solicitó escapar del complejo de la selva”.
03

Cuando te dejen en la pista de aterrizaje, comienza a caminar
El mundo es redondo,
y el lugar que puede parecer el final,
puede también no ser más que el principio.
IVY BAKER PRIEST
EXSECRETARIA DEL TESORO
DE ESTADOS UNIDOS (1905-1975)
A tres minutos de la muerte
“La gente comenzó a gritar y a llorar. Algunos padres se enfrascaron en un estira y afloja con sus hijos, porque uno quería partir y el otro quedarse. Era tanta la gente que había decidido escapar del Templo del Pueblo, que el consulado tuvo que pedir otro avión.
”Partimos hacia la pista de aterrizaje. Vestido con un poncho amarillo que le quedaba grande, Larry Layton, el asistente de Jones, parecía demasiado ansioso por subir al avión de carga. Desconfiaba de él, por lo que pedí que lo registraran antes de abordar. Un periodista lo cateó, pero no encontró el arma que Layton había escondido debajo de su poncho. Al recordarlo me doy cuenta de lo indefensos que estábamos: un congresista, sus asistentes, periodistas y camarógrafos; no había entre nosotros ningún oficial de policía o escolta militar. No teníamos nada que nos protegiera, más que el escudo imaginario de la invulnerabilidad de un congresista y los miembros del cuerpo de prensa de Estados Unidos.
”De repente, escuchamos un grito. Segundos después oí un sonido poco familiar. Vi gente corriendo hacia los arbustos y me di cuenta de que el ruido era de disparos. Me tiré al suelo y me acurruqué alrededor de una llanta del avión, fingiendo estar muerta. Escuché pasos. Sentí mi cuerpo contraerse mientras alguien me disparaba a quemarropa. Recibí cinco disparos.
”Los hombres armados continuaron caminando por la pista de asfalto, disparando a gente inocente. Pronto se hizo el silencio. Abrí los ojos y miré mi cuerpo. Un hueso sobresalía de mi brazo y había sangre por todas partes. Recuerdo haber pensado: ‘Dios mío, tengo veintiocho años y estoy a punto de morir’. Le grité al congresista Ryan, llamándolo varias veces. No hubo respuesta.
”El motor del avión todavía estaba encendido, y pensé que si me las arreglaba para llegar a la escotilla de carga, podría escapar de aquel lugar. Me arrastré hacia la abertura del compartimiento de equipaje, reptando tanto como pude. Un periodista del Washington Post me recogió y me puso dentro del área de carga. Recuerdo haberle preguntado si podía darme algo para detener la hemorragia, y él me dio su camisa. Estaba perdiendo tanta sangre que la camisa se empapó en segundos.
”El avión estaba lleno de orificios de bala, y pronto nos dimos cuenta de que nunca podríamos salir de aquel infierno en la tierra. Alguien me sacó del avión y me puso de nuevo en la pista. Accidentalmente colocaron mi cabeza sobre un hormiguero, y las hormigas comenzaron a subirse a mí. Tirada a mi lado estaba la grabadora de algún reportero. Grabé mi último mensaje para mis padres y hermano, diciéndoles que los amaba.
”Supuestamente el Ejército de Guyana aseguraría la pista de aterrizaje y vendría a rescatarnos. Decidí creer firmemente que así sería; sin embargo, oscureció y seguíamos esperando. Aunque mi dolor era insoportable, me aferré a la vida.
”A mitad de la noche, entre los que estábamos en la pista de aterrizaje se corrió la voz de que había ocurrido un suicidio masivo en el Templo del Pueblo. A la una de la tarde del día siguiente, veinte horas después del tiroteo, llegó la Fuerza Aérea de Guyana. Su arribo coincidió con la transmisión de un mensaje en el que se anunciaba al mundo que más de 900 personas, incluido un congresista estadounidense y miembros de su delegación, habían muerto. Los titulares lo calificaron como el peor suicidio masivo de la historia. Hasta la fecha, todavía me refiero a los eventos de Jonestown como un asesinato masivo.
”La Fuerza Aérea de Guyana transportó a los sobrevivientes a un avión Medivac de la Fuerza Aérea estadounidense que ya estaba esperándolos. En mi memoria está grabado el recuerdo de cómo me sentí en aquel instante: como si alguien me hubiera envuelto en la bandera estadounidense. Me sentí tan agradecida.
”Cargado de sobrevivientes, el avión de la Fuerza Aérea partió hacia Estados Unidos. Mientras avanzábamos por la pista, recuerdo haber mirado mi cuerpo de reojo. Aquello era tan surrealista; era como si el trozo de carne destrozada que veía perteneciera a alguien que no era yo. Meses después me dijeron que el paramédico que me atendió durante el vuelo afirmó que estuve a tres minutos de la muerte”.
Un paso adelante, un día a la vez
“Cuando finalmente llegamos a la Base Andrews de la Fuerza Aérea, donde de inmediato me ingresaron a cirugía, ya había desarrollado gangrena y los cirujanos se debatían entre si debían amputarme la pierna o no. Después de cuatro horas de cirugía, la enfermera me sacó del quirófano; ahí estaba mi madre, que había viajado desde San Francisco para estar conmigo. Le dijeron que tenían que trasladarme al Centro de Traumatología de Baltimore, para intentar detener la propagación de la gangrena. Le supliqué a mi madre y a los médicos que me llevaran en ambulancia, pues temía morir en otro vuelo.
”El Centro de Traumatología estaba iluminado con luces increíblemente brillantes. Me conectaron numerosas sondas intravenosas. Recuerdo haberle preguntado a la enfermera cuántas calorías había en todos los líquidos que fluían hacia mi cuerpo. ‘Tres mil’, respondió ella. Dije: ‘¡Dios mío, voy a engordar muchísimo!’ Es interesante cómo podemos perder la perspectiva en medio del trauma.
”Después de una cirugía más, me llevaron de regreso a mi habitación del hospital. Los cirujanos habían reparado mi cuerpo, pero mi cabello todavía estaba enmarañado con sangre seca, tierra de Guyana y hormigas muertas. En un acto de amor que nunca olvidaré, mi hermano me lo lavó con ternura.
”Los médicos seguían muy preocupados por la gangrena en mis heridas. En un último y desesperado esfuerzo, comenzaron una serie de tratamientos hiperbáricos que requerían que entrara a una cámara parecida a un pulmón de hierro, lleno de microbios antibacterianos y oxígeno. Cada vez que me sacaban de la cámara, vomitaba violentamente. Por desgracia, tuvieron que repetir ese proceso varias veces.
”Confiando en que habían vencido a la gangrena, me transfirieron de regreso al Hospital Arlington, donde me colocaron bajo la protección de oficiales de alto rango de las fuerzas armadas, que se apostaron fuera de mi puerta durante las veinticuatro horas, porque había recibido amenazas de muerte por parte de individuos asociados con el Templo del Pueblo. Ellos culpaban a la investigación del Congreso por las muertes masivas en Guyana, y querían tomar represalias.
”Los cirujanos colocaron injertos de piel en mis piernas. Los disparos me habían hecho explotar el brazo derecho, por lo que me insertaron un clavo de acero para mantener unido lo que quedaba de él. El nervio radial de mi brazo estaba dañado, y no podía usar mis dedos ni levantarlo. La primera vez que intentaron ponerme de pie para caminar, me desmayé. Después de estar hospitalizada durante casi dos meses y someterme a diez cirugías, finalmente fui dada de alta y volé de regreso a San Francisco.
”En los días posteriores se sucedió una ráfaga de entrevistas sobre la masacre de Jonestown. No me permitieron quedarme en mi casa, debido a las amenazas de muerte, así que me fui a vivir con una amiga. Todavía tenía en mi cuerpo dos balas, que los médicos consideraron demasiado arriesgado sacar. Nunca aparecí en público sin usar varias capas de ropa, para cubrir lo que había empezado a creer que era un cuerpo repulsivo y desfigurado. En los años que siguieron tuve que soportar meses de fisioterapia para recuperar el uso de mi brazo.
”Tenía veintiocho años. Era una mujer soltera, que apenas podía alimentarse sola, cuyo cuerpo estaba lisiado y marcado. Pero un día me di cuenta de que si iba a superar aquello, de que si alguna vez iba a salir adelante, tenía que encontrar la manera de no quedar atrapada en la autocompasión.
”El momento exacto en que me reconcilié con lo que había sucedido en Guyana ocurrió años después, en una playa llena de gente en Hawái. Aquel cuerpo desfigurado con el que caminaba era el mío; sin embargo, la alegría que sentía por el solo hecho de estar viva, era más grande que mis inseguridades. Había llegado a la conclusión de que el cuerpo de una persona es irrelevante, y que la belleza física es un asunto superficial. Estaba discapacitada, pero no creía que una discapacidad de cualquier tipo me impidiera vivir una vida plena y maravillosa. En todo caso, mi cuerpo desfigurado me había abierto los ojos respecto del prejuicio que solemos albergar hacia aquellos que son diferentes.
”Ese día me puse un traje de baño y crucé la playa de Hawái mientras la gente miraba las cicatrices de mis heridas de bala. Seguí caminando. Y con cada paso aprendí que, por difícil que sea, solo tienes que dar el siguiente. Solo tienes que obligarte a hacerlo. Mi tiempo de morir no había llegado aquel día de noviembre, en la selva. Pero sin duda alguna, este sí era mi tiempo de vivir”.
La vida no ofrece garantías
“Sobreviví a la masacre en Guyana, y terminé casada con un médico de urgencias. También fui elegida para servir en la legislatura de California. Tuvimos nuestro primer hijo, y la vida empezaba a ser tal como la había soñado. Intentamos tener más niños, pero después de dos abortos espontáneos, tratamientos de fertilidad y una adopción fallida, Steve y yo decidimos renunciar a nuestro sueño de incrementar la familia. Me lancé entonces a una campaña estatal para convertirme en Secretaria de Estado de California, pero, milagrosamente, tres meses después supe que estaba embarazada. Los médicos diagnosticaron que se trataba de un embarazo de alto riesgo. En consecuencia, me retiré de inmediato de la campaña, para centrarme en la salud del hijo que esperaba.
”Un lluvioso día de enero, cuando tenía tres meses de embarazo, iba de camino a Sacramento cuando mi secretaria me localizó para decirme que Steve había tenido un accidente automovilístico. Inmediatamente llamé a la sala de emergencias y hablé con el médico tratante. Por su voz, me di cuenta de que las heridas de mi esposo eran graves. Yo estaba a una hora de distancia. Me apresuré a ir al hospital, temiendo lo peor.
”Una vez que llegué, me pareció que pasaron horas antes de que me dejaran ver a Steve. Cuando finalmente pude verlo en la unidad de cuidados intensivos, tenía una válvula en la cabeza y se hallaba conectado a un respirador. Su cuerpo estaba tibio, pero las máquinas indicaban que ya no tenía función cerebral. Lo besé. Lo abracé. Le dije que lo amaba, aunque sabía que no podía oírme. No podía creer que otra pesadilla se estuviera desarrollando frente a mí.
”Más tarde me enteré de que un conductor sin frenos ni seguro de auto se había pasado una señal de alto a toda velocidad, y después de perder el control, chocó de lado con el vehículo de Steve. Su negligencia mató a un hombre talentoso, cariñoso y lleno de vida. Ahora yo era una viuda, embarazada y con un hijo pequeño.
”La pérdida de mi esposo fue traumática. Ni siquiera quería salir de la cama. Pero en realidad, no tenía opción. Yo era el único sostén de dos niños, uno de ellos todavía por nacer. Steve no tenía seguro de vida, por lo que su muerte fue un desastre emocional y económico. Tuve que vender todo, incluyendo mi casa. Pasé los siguientes ocho años criando a dos hijos como madre soltera.
”Hoy, muchos años después, tengo la suerte de llevar una vida alegre y feliz. Estoy casada con un hombre maravilloso, Barry Dennis, a quien conocí en una cita a ciegas. Él era un soltero empedernido; sin embargo, cinco meses después, ¡estábamos comprometidos! Mis hijos son unos adultos felices, bien adaptados y saludables.
”Quiero que las mujeres recuerden que cuando la vida las deje solas, tiradas a media pista, ya sea por la devastadora pérdida de un ser querido, el desmoronamiento de un sueño de toda la vida, la pérdida de un trabajo, o por eventos que ponen nuestro mundo de cabeza, siempre pueden aprender a caminar de nuevo. Soy una prueba viviente de que las mujeres pueden reinventar y reconstruir sus vidas, sin importar las adversidades que hayan enfrentado”.
04

Cuando la vida no sea lo que pediste, comienza de nuevo
Una de las cosas más difíciles que alguna vez
tendrás que hacer, querida mía,
es llorar la pérdida de una persona que aún está viva.
ANÓNIMO
Muerte y divorcio
“Han pasado veintitrés años desde que mi esposo, John Zimmerman, murió de glioblastoma en etapa 4, el tipo más agresivo de cáncer cerebral”, dice Jan Yanehiro.
“John tenía cuarenta y seis años; yo, cuarenta y siete. Habíamos estado casados por veintidós años. Nuestros hijos tenían doce, diez y seis años cuando lo perdimos. Me complace decir que los niños crecieron y se convirtieron en adultos extraordinarios, y a los setenta, yo todavía trabajo (y me encanta).
”Y para que conste: sí, pienso en John con frecuencia. Lo extraño sobre todo cuando me doy cuenta de cuántos momentos especiales se perdió en la vida de nuestros hijos: licencias de conducir, bailes de graduación, actuaciones en obras escolares y competencias de natación, empleos de verano, graduaciones del bachillerato, graduaciones de la universidad, empleos después de la universidad y la boda de nuestra hija. Las lágrimas brotan de mis ojos en momentos inesperados, como este, mientras escribo.
”Dos años y medio después de la muerte de John, me volví a casar. El matrimonio duró diez años y terminó en divorcio. Alguien me preguntó una vez qué era más difícil, perder un esposo por muerte o por divorcio. Sin vacilar, respondí: ¡por divorcio! Está bien, tal vez sin el signo de exclamación, pero el divorcio fue más difícil.
”La muerte es definitiva. No hay nada que puedas hacer al respecto. John no quería morir. Estaba seguro de que vencería el cáncer cerebral. No pudo. En contraste, el divorcio es hiriente, mordaz y traicionero. La traición lastima tan profundo que, incluso diez años después, apenas estoy empezando a sentir que las heridas no son tan profundas. Creo que eso significa que estoy sanando. Una persona me preguntó con curiosidad por qué me había divorciado. Mi respuesta fue simple: me engañó.
”Si ahora parezco tan firme, tan segura, tan clara mientras escribo sobre esto, en aquel entonces no lo era. Me llevó años (y años) procesar el divorcio. ¡Todavía me da vergüenza decir que estoy divorciada! Me resulta difícil incluso admitir quién solicitó el divorcio. Él lo hizo. ¡Me siento tan cobarde por no haberlo hecho primero!
”Han pasado once años desde que me mudé de nuestra casa, decisión que tomé en contra del mejor consejo de todos, incluido mi abogado de divorcio. Mi exesposo solicitó la separación legal, y se mudó a la casa de huéspedes. Cada día, cada noche, cada semana, yo era un desastre, hasta que mi autoestima tocó fondo. Jackie me dijo que estaba actuando como una esposa maltratada emocionalmente. Por supuesto, lo negué. ¿Yo? No, yo no. Tenía una carrera en televisión, tres hijos y tres hijastros. Pertenecía al consejo de un corporativo. ¿Maltratada?
”La respuesta corta es sí, lo era. Solo para aclarar: no hubo abuso físico, pero abuso emocional sí. Cuando recibía un correo electrónico de mi ex, sentía náuseas y hasta miedo de abrirlo. Podía notar cómo mi corazón latía con fuerza. ¿Qué quiere ahora? ¿Cuál es su nueva exigencia? ¿El divorcio judicial? ¿Un arreglo económico? ¿Qué hice mal en este matrimonio? Cuando tu autoestima cae bajo cero, es sorprendente lo que un simple correo electrónico puede provocar.
”Han pasado nueve años desde que mi divorcio se consumó definitivamente. Tardé dos años en obtener el divorcio, y me costó 250,000 dólares (yo no tenía esa cantidad de dinero, así que pedí prestado). Y ni siquiera estaba pidiendo pensión alimenticia. Habíamos firmado un acuerdo post-nupcial aproximadamente un año antes del divorcio, porque según él, quería proteger su empresa. Tontamente, lo firmé. Durante el divorcio, su abogado mencionó que los negocios no iban bien, y que mi ex estaba considerando pedirme una pensión alimenticia.
”Hace un año pagué todo el dinero que debía por mi divorcio a abogados, mediadores, contadores y valuadores de bienes raíces. Al final, solo quería terminar con aquello. Acabar con el dolor, la incertidumbre y la ira. Un buen amigo de la familia, Larry Howell, me dio un gran consejo: ‘Si quieres que se termine, tú haz que se termine’.
”¿Perdí dinero? Probablemente. ¿Siento que todo fue justo? No.
¿Qué obtuve? La mitad del valor de la casa en la que había invertido. Pero llegué al punto en que podía decirme a mí misma: me siento condenadamente bien. Al fin. La mayor parte del tiempo me siento como la mujer soltera más feliz de todo San Francisco. Cumplí setenta años siendo más sabia. No puedo decir que setenta años más vieja, porque no me siento vieja. Quiero decir, no vieja como pensamos que seríamos… almas arrugadas, grises, encorvadas, tambaleantes y balbuceantes. Claro, tengo arrugas y estoy canosa. Sin embargo, mi estilista se asegura de que vuelva a mi color ‘natural’ cada cinco semanas.
”Siento que apenas estoy agarrando mi paso. Dios, se siente bien decirlo, y también experimentarlo. Mis tres hijos ya son adultos. Y estoy enormemente orgullosa de ser su madre. En la mañana en que John murió, hice dos promesas. Le prometí a John que me aseguraría de que nuestros hijos crecieran felices, recibieran una educación y vivieran sus vidas. Y me prometí a mí misma que mis hijos no usarían la muerte de su padre como excusa para no vivir.
”Mi primera hija, Jaclyn Mariko Zimmerman, tiene treinta y seis años, y vive y florece en Berlín, Alemania. Jaclyn es una de las mujeres más valientes que conozco. Vive sin temores en un país extranjero, y crea sus propias oportunidades de trabajo. Mi primogénita va a toda velocidad.
”Jenna Reiko Zimmerman tiene treinta y cuatro años. Después de pasar diez en la ciudad de Nueva York, produciendo programas para Food Network, trabajó en siete programas que fueron nominados al Emmy; ella misma fue nominada a un Emmy como productora de Guy´s Big Bites, programa de televisión sobre gastronomía, después de lo cual regresó a San Francisco. En su segundo día ahí conoció a un joven llamado John Robinson, a quien adoro, y que encaja a la perfección como otro miembro de nuestro ‘Clan-J’. (Mi difunto esposo John y yo pusimos a todos nuestros hijos nombres que comienzan con la letra J).
”Mi hijo, JB (John Blake) Zimmerman, tiene treinta años y lleva vida de soltero en Santa Mónica, California. Se graduó en la Universidad de Arizona, y siempre supo que quería una carrera en televisión y producción de películas. Al igual que a su padre (quien era contador público), le encantan las películas. Desde que JB tenía aproximadamente dos años, ambos veían películas juntos en el despacho de mi marido. JB trabaja para varias compañías de producción que están definiendo lo que los millennials y centennials quieren ver: formato corto, en línea y con disponibilidad permanente.
”El lado positivo de mi divorcio son mis dos hijastros, Meredith y Christopher Eves. Puedo estar divorciada de su padre, pero elegí no divorciarme de ellos. Meredith está casada con una persona maravillosa, Conor Flynn. Tienen dos hijos adorables, Kieran y Gigi, y viven en Connecticut. Chris está trabajando en Los Ángeles, tratando de darse a conocer a través de sus videos musicales”.
Seguir adelante
“Mucha gente dio por hecho que, dado que trabajé en radio y televisión durante más de veinticinco años, tendría una buena posición económica. ¡Ay, cómo desearía que eso fuera cierto! Sí, viví bien, pero la vida se complicó. Ahora necesito trabajar para asegurarme de que podré ser autosuficiente cuando me retire. Detesto pensar que podría tener que depender de mis hijos.
”Creo firmemente que uno debe pedirle al universo lo que necesita. En 2008, necesitaba un trabajo. La diosa del trabajo escuchó mi súplica y un gran empleo me cayó del cielo. La presidenta de la Academia de Arte de la Universidad de San Francisco, la doctora Elisa Stephens, me llamó y me ofreció la oportunidad de abrir un departamento totalmente nuevo: una Escuela de Tecnología y Medios de Comunicación.
”En dos meses (y con mucha ayuda), construimos un estudio, contratamos profesores y diseñamos un programa de cuatro años, así como un programa de maestría. Es realmente sorprendente la manera en que los estudiantes pueden hacerte sentir joven e inspirarte a reinventarte a ti misma. Como directora-fundadora del departamento, ¡me la estoy pasando en grande! Por supuesto, he tenido que aprender un nuevo idioma, que incluye conceptos como ‘currículum’, ‘plan de estudios’ y ‘boleta de calificaciones’. He cometido errores: malas contrataciones, aceptar las excusas de los alumnos con mucha facilidad, atiborrar demasiada información en un solo semestre. Pero esta es la buena noticia: puedes transferir tus habilidades de una carrera a otra. Soy una reportera calificada; siempre estoy haciendo preguntas. Y ahora, estoy haciendo preguntas a mis alumnos: ¿qué pasó con esa tarea? ¿Por qué no arriesgarse? ¿Qué es lo que realmente quieres lograr?”
¿Estoy saliendo con alguien… o no?
“No.
”A estas alturas, si tengo una noche libre, prefiero pasarla en casa viendo una buena serie de televisión, en lugar de sentarme frente a un hombre en un restaurante y tener que acariciar otro ego masculino. Como dice mi amiga Mary Les Casto (fundadora de Casto Travel, una compañía internacional): ‘No hay hombre suficientemente bueno para mí’. Yo soy lo suficientemente buena para mí.
”¿Mencioné que rediseñé mi anillo de matrimonio después de mi divorcio? Decidí que merecía cada quilate de ese anillo de diamantes que me regaló mi segundo esposo, y realmente quería usarlo a diario. Pero no deseaba que fuera la misma argolla que cuando él me la dio. Me traía demasiados recuerdos desagradables, y mal karma también. Así que lo rediseñé, y lo uso con mucho orgullo en mi dedo derecho, todos los días.
”Puede que esté sola, pero no estoy en soledad. La vida es plena. Y yo a propósito la mantengo así. Continúo sirviendo en la junta directiva de la fundación de Kristi Yamaguchi Always Dream (“Sueña Siempre”), y en la Asociación de Ciudades Hermanas San Francisco-Osaka. De hecho, acabo de ir a Osaka a celebrar el sexagésimo aniversario de la asociación de ambas ciudades. También fungí durante seis años como presidenta del Proyecto de Representación, cuya misión es la igualdad de género, y seis años en el Consejo Americano-Japonés. Y después de diez años y medio, cedí el puesto en la junta corporativa del Bank of Marin.
”El año pasado, Deborah me pidió ir a Indianápolis a su Conferencia de Mujeres en Indiana, para entrevistar a Diane Keaton, actriz y autora ganadora de un Oscar. ¿Entrevistar a Annie Hall, el emblemático personaje de la cinta de Woody Allen? ¡Sí, cuenta conmigo! Al leer los libros de Keaton me enteré de que ella es muy consciente de que su cabello está adelgazando, de que se niega a hacerse un estiramiento facial, y de que adoptó a sus hijos cuando tenía cincuenta y cincuenta y cinco años de edad. En el escenario de la conferencia, compartió además que pronto cumplirá los setenta y dos. ¡Bravo, Diane!
”En una cena reciente, me senté junto a LeRoy Morishita, presidente de la Universidad Estatal de California en East Bay, quien me dijo que no hay miembros asiático-estadounidenses en el Consejo de Administración del sistema de la Universidad Estatal de California. Me sentí escandalizada. Yo me gradué de la Universidad Estatal de California en Fresno, y por ello siento un interés particular, así que pensé: ‘Hmm…, debería poner mi nombre en la lista como una candidata potencial’. Mujeres, no podemos ser tímidas; debemos encontrar la manera de tener un asiento en la mesa. ¡Esperen más noticias!
¡Me siento como si apenas estuviera comenzando!”
05

Aprende los secretos de la dama de cabello azul
Yo estaba muy lejos de una posición de poder,
pero mi ingenuidad jugó a mi favor.
Cuando me dijeron que el estudio había “aprobado”
mi primer piloto, pensé que era algo bueno,
ya sabes, como cuando “apruebas” en la universidad.
LINDA BLOODWORTH-THOMASON,
PRODUCTORA DE TELEVISIÓN Y ESCRITORA (1947-)
Cabello azul los viernes
“Me preguntaba si él había notado su cabello azul. De hecho, aquel hombre no mostró inguna reacción al ver que la anciana que tenía sentada frente a sí, en su opulenta oficina de banquero, portaba el cabello más azul que jamás hubiera visto en su vida. Soy Deborah Stephens, y esa mujer de cabello azul era mi abuela.
”Su cabello azul, combinado con una actitud desenfadada, ojos penetrantes y una calidez provinciana, no dejaban dudas de que el Señor Banquero era tan solo un obstáculo menor entre ella y su objetivo: un préstamo. Nunca se le ocurrió que hubiera razones que le impidieran tener éxito: la falta de garantías (su casa no estaba a su nombre), ningún historial crediticio, y el hecho de que, en aquellos días (hace apenas unos treinta años), en Estados Unidos una mujer ni siquiera podía tener una tarjeta de crédito a su nombre. No obstante, sabía que el Señor Banquero no era rival para la dama de cabello azul.
”Sus mechones plateados eran teñidos de azul una vez por semana: un tinte, un rizado y un peinado todos los viernes por la mañana, invariablemente. El proceso completo la hacía sentirse bella, poderosa y resuelta. En consecuencia, llegué a amar ese cabello azul casi tanto como la amaba a ella. Por otro lado, crecí creyendo que todas las mujeres de cierta edad, seguras de sí mismas, teñían su cabello de azul.
”Aquel día fue decisivo para mí. Sí, mi abuela recibió el préstamo, un crédito de estudios universitarios, para mí. Sus habilidades de negociación podían abrir las puertas de cualquier sala de juntas de un corporativo. Sin embargo, no tenía educación y era pobre. Su riqueza consistía en profundas creencias religiosas y una bondad incondicional. También poseía la tenacidad de un bulldog, ya que nunca dejó que la palabra ‘no’ se interpusiera en su camino.
”Lo que le faltaba en dinero, mi abuela lo compensaba con abundancia de sueños. Creía firmemente en mí, más de lo que yo creía en mí misma. Sin importar las circunstancias o los desafíos, estaba decidida a que alcanzara en la vida aquello que tanto ella como mi madre solo habían soñado. Toda mujer debería tener en su vida una dama de cabello azul como mi abuela. Esa persona que piensa que eres maravillosa, incluso cuando no te sientas como tal. La mujer que siempre cree que todo es posible, sin importar las probabilidades.
”Gracias a ella asistí a la universidad, conseguí un emocionante trabajo en un corporativo y gané más dinero en un año que el que mi madre había ganado en diez. Años más tarde fui cofundadora de un despacho de consultoría gerencial, escribí seis libros y di discursos en todo el mundo. Brindando consultoría a líderes (incluido un presidente de Estados Unidos), tuve la oportunidad de trabajar con algunas de las personas más poderosas del país, en un mundo que había estado cerrado para mi abuela. Sin embargo, ella era mi inspiración.”
Obstáculos y posibilidades
“Los obstáculos y las posibilidades a menudo se combinan para formar momentos decisivos en la vida, que aparecen justo cuando pensamos que tenemos la existencia resuelta. Por desgracia, las vidas organizadas perfectamente en categorías y compartimentos pueden voltearse de cabeza en un segundo. Una situación así tuvo que ver con mi esposo, Mike. Después de jugar un partido de golf, experimentó un dolor repentino que se fue incrementando y que le impedía caminar, mientras su cuerpo sufría espasmos en todos los músculos. Después de seis meses y numerosos viajes al Centro Médico de la Universidad de California en San Francisco, los médicos comenzaron a descifrar la enfermedad que estaba devastando su cuerpo y que, para ese entonces, ya había destruido más de la mitad de su capacidad pulmonar. Su diagnóstico comenzaba con estas palabras: ‘fibrosis pulmonar, causada por dermatomiositis y polimiositis’, términos que no pude pronunciar ni entender. Nos dijeron que le quedaban de cinco a seis años de vida. Nuestros hijos tenían seis y diez años en ese entonces. Los médicos sugirieron un trasplante de pulmón.
”Mientras escribo en el Día de los caídos, fecha en que los estadounidenses honramos a quienes han servido y muerto en las guerras, me doy cuenta de que mi esposo fue veterano de una guerra muy diferente: una guerra contra una enfermedad rara. Han pasado doce años desde su diagnóstico y tres y medio desde su muerte. Mike sobrevivió tantos años al pronóstico de los médicos, que estuvo entre los pacientes más longevos tratados por fibrosis pulmonar. Cuando murió, Jackie honró a este guerrero haciendo ondear la bandera estadounidense a media asta en la capital de la nación.
”Mike, nuestros hijos y yo pasamos más de la mitad de nuestras vidas luchando contra esa terrible enfermedad, al mismo tiempo que intentábamos llevar una existencia normal. Pasamos por momentos de temor y tristeza, y muchos de felicidad. Tuvimos discusiones con las compañías de seguro por medicamentos experimentales, autorizaciones y asignación de responsabilidades. Hubo hospitalizaciones y viajes en ambulancia a mitad de la noche. Nos mudamos de nuestra casa en San Francisco a una pequeña ciudad del Medio Oeste, lo que nos acercó más a la familia de Mike, además de que la lista de trasplantes de pulmón en esa región era más corta. Muchas mujeres tienen historias como la mía. ¿La diferencia? Estoy bendecida con amigas como Jackie, Jan y Michealene, y he sido apoyada por la sabiduría de otras mujeres que me ayudaron a prepararme para un futuro que no quería.
”Mudarse a una pequeña comunidad en el Medio Oeste a los cincuenta años significó dejar atrás mi hogar, los amigos que amaba y un sistema de apoyo en el que siempre había confiado. Para darme valor, llevaba un trozo de papel en mi bolso que decía: ‘¿Qué haría la dama del cabello azul?’ Aunque no conocía a ninguna mujer en mi nueva zona de residencia, sabía cuán importante era la amistad femenina en mi vida. Por lo tanto, traté de encontrar la manera de conocer a tantas mujeres como pude, en el menor tiempo posible. Mi solución fue crear una conferencia de mujeres similar a la que Jackie había comenzado en California. Hoy, esta conferencia está en su octavo año y ha crecido para convertirse en el evento más grande en su tipo para las mujeres del Medio Oeste.
”Billie Dragoo, ahora mi mejor amiga en mi nuevo hogar, se me unió para hacer que la conferencia despegara. Después de reunirme con ella una mañana para tomar café, supe que era el tipo de persona que toda mujer debería tener de su lado. Ella me abrió puertas, me presentó a otras personas, me alentó y fue amable conmigo.
”Asumí la enfermedad de mi esposo, nuestro traslado y la transición de nuestra familia como mi proyecto más importante. Seguí casi al pie de la letra los pasos y los consejos dados en este libro. Sin embargo, a medida que la enfermedad de Mike progresaba, nunca pensé en cómo sería mi vida después de su muerte. Planear un futuro sin él era algo que nunca había pasado por mi mente”.
La luz viaja a través de piezas rotas
“Una fuerte voz en mi interior me hablaba durante muchas noches de insomnio. Me decía que mi obligación era ayudar a mi esposo a morir con dignidad. Gail Sheehy, autora del icónico libro Passages (“Transiciones”), había recorrido un camino similar con su esposo, y me introdujo a los cuidados paliativos en casa cuando habló en mi conferencia. Siempre estaré agradecida por su entrañable consejo. Programé una reunión con el médico de Mike y abordé el tema de los cuidados paliativos. Él estuvo de acuerdo y, con gentileza, le dijo a Mike que necesitaba poner sus asuntos en orden.
”A Mike, todavía decidido a combatir su enfermedad, le costó mucho aceptar su realidad. ‘Después de haber luchado tanto, durante tantos años, y haber superado todos los pronósticos, es difícil dejar de pelear’, dijo. Como cuidadora principal, pasé la mayor parte de mi tiempo en casa, que ahora parecía un hospital. Estaba enormemente agradecida de poder cuidar a Mike, pero muy pronto me di cuenta de cuán solitaria y aterradora puede resultar la labor de cuidar de alguien.
”Todavía estaba trabajando; tenía que hacerlo, ya que nuestros gastos médicos eran enormes. Tuvimos mucha suerte de haber escapado de la bancarrota. De hecho, más del 60 por ciento de las familias que padecen una enfermedad terminal quiebran económicamente, y muchas mujeres pierden sus hogares y cualquier sensación de seguridad cuando muere su cónyuge. Todo el proceso es semejante a aterrizar un 747 en medio de una zona de guerra.
”Rápidamente aprendí a separar las cosas: iba a la habitación de arriba a realizar conferencias telefónicas relacionadas con mi trabajo, sabiendo que en el piso de abajo mi esposo yacía en cama, agonizando. Tratar de ser ‘normal’ mientras vivía en las circunstancias más anormales y desgarradoras, era un tormento. Michealene describió a la perfección cómo me sentía: como un viejo termo, cuyo depósito interior se ha roto. Por fuera, el termo se veía completamente normal, pero al moverlo podía escucharse el tintineo de las piezas rotas en su interior. Esa era yo.
”Mi amiga Billie me presentó al doctor B., un psiquiatra a quien veía semanalmente para ayudarnos en la travesía de nueve meses de Mike por los cuidados paliativos. Más un maestro que un psiquiatra, el doctor B. me desbordó con sabiduría de vida. Me asignó tareas cada semana, todas diseñadas para ayudarnos a atravesar los momentos difíciles. Una en particular causó un impacto asombroso. Me preguntó en qué pensaba cuando escuchaba música de circo. Respondí: en niños felices, alegres, sonrientes, relajados. Me dio instrucciones de descargar en mi computadora tanta música de circo como fuera posible, y me pidió que comenzara a tocarla en casa. Lo que en aquel momento me pareció absurdo, resultó nada menos que extraordinario. La música llevó nuestra imaginación a un lugar alegre, logrando que las situaciones fueran más manejables. Mi esposo tenía la más grande sonrisa en su rostro cada vez que la escuchaba. Hoy, ese es el rostro que recuerdo, con una gran sonrisa. Encontrar a un ser humano tan notable como el doctor B, es un verdadero golpe de suerte. Sus lecciones me acompañarán por siempre”.
Este no es mi primer rodeo
“Sheryl, la enfermera de cuidados paliativos que cuidaba a Mike, llevaba veinticinco años atendiendo enfermos terminales. Estoy convencida de que la dama del cabello azul nos la envió. La frase favorita de Sheryl era: ‘Deborah, este no es mi primer rodeo, y espero que aprendas a confiar en mí. Voy a estar contigo en cada paso del camino’. Sheryl me aconsejó que viviera ese periodo sin remordimientos, y me enseñó lo que eso significaba: saborear el día, la hora, el momento. Significaba no dejar pasar por mis labios palabras de las que pudiera arrepentirme después de la muerte de Mike. Cuando vives con alguien que está muriendo, incluso los días más triviales se vuelven importantes. Te preguntas: ¿será este el último minuto? ¿La última hora? ¿El ultimo día? Son momentos estresantes y desgarradores, divertidos, memorables y devastadores”.

“Sheryl creía que las personas mueren tal como han vivido. Sus palabras fueron ciertas en el caso de Mike, quien se negó a ver la muerte como una posibilidad. Esa admirable cualidad le fue muy útil en la lucha contra su enfermedad. Sin embargo, ante la cercanía de la muerte, estaba provocando caos, junto con dolor físico y emocional que derramaba en la vida de todos. Entonces emprendimos la tarea de alentar a Mike a rendirse a su enfermedad. Nuestros hijos, Aaron y Lily, asumieron papeles que ningún niño debería tener que jugar. Se sentaron con su papá, el equipo de cuidados paliativos y el sacerdote, y le pidieron que dejara de luchar. Le dieron permiso para morir. Varias semanas después, las últimas palabras de Mike para mí fueron: ‘Eres hermosa. Te amo. Vayamos a casa’”.
Finales
Tres meses después de la muerte de su esposo, la madre de Deborah fue hospitalizada, diagnosticada con insuficiencia congestiva cardiaca y trasladada a un hogar para ancianos. Varias semanas más tarde, a su cuñada le diagnosticaron leucemia. Le realizaron un trasplante de células madre y se sometió a más sesiones de quimioterapia de las que creía que cualquier persona podría soportar. “Mi esposo había muerto; mi cuñada había muerto; y mi madre estaba a punto de morir. Mi mente y mi cuerpo, pero sobre todo mi alma, estaban agotados.
”Recuerdo que Jackie y Jan describieron el duelo como estar de pie en una playa, sin prestar atención, cuando de pronto las olas te pasan por encima sin previo aviso. La muerte lo cambia todo. Los amigos bien intencionados, incluso los miembros de tu propia familia, quieren que estés ‘bien’ lo más rápido que sea humanamente posible. Cada vez que te miran a los ojos, pones en evidencia la realidad de los finales, y esto a menudo les resulta incómodo. Los finales impactan a nuestros hijos, sin importar cuánto nos esforcemos en protegerlos. He sido bendecida. Mis hijos son adultos notablemente amables, saludables y bien adaptados. Debido a sus experiencias de vida, tienen una sabiduría y una resiliencia que la mayoría de su edad no tiene. Aaron es gerente internacional de producto para una compañía de dispositivos médicos. Lily es ejecutiva de cuentas en una empresa de dispositivos médicos, y Mairi es enfermera. Mis hijos, mis coautoras, algunos amigos cercanos, y un extraordinario equipo de cuidados paliativos, me ayudaron de innumerables maneras.
”Es cierto lo que afirma Ram Dass: ‘Todos nos hacemos mutua compañía en el camino a casa’”.
06

Cuando estés parada al borde de la piscina, salta
Recité y caminé kilómetros durante la noche
a lo largo de la playa, escribiendo poesía mala
y buscando sin cesar a alguien maravilloso
que saldría de la oscuridad y cambiaría mi vida.
Nunca me pasó por la cabeza
que esa persona podría ser yo.
ANNA QUINDLEN, ESCRITORA (1952-)
Jugar a las escondidas
“De niña, y también en la edad adulta, aprendí a esconder mi luz de los demás para que nadie me lastimara. Tal vez se debió al abuso sexual, y a darme cuenta de que las personas pueden tomar partes muy especiales de ti sin tu permiso. Como resultado, desarrollé el temor de que alguien tomara esa parte muy especial de mí y la destruyera. Soy Michealene Christini Risley, y me convertí en una experta en jugar a las escondidas.
”Escondí mis talentos porque no quería que la gente me notara, me lastimara o me quitara esos dones. Me las arreglé para recorrer el camino de mi vida, acercándome a todas las cosas que soñé, pero sin tenerlas nunca. A lo largo de mi carrera, tomé empleos que giraban en torno a mis sueños. Miraba con nostalgia desde la orilla, esperando aquello que parecía tan lejos de mi alcance. Era como llevar el traje de baño puesto y estar al borde de la piscina, pero nunca tener el valor de saltar. En secreto, esperaba que alguien me tomara de la mano y me ayudara a entrar en el agua.
”Lo que más necesitaba era que alguien me dijera que estaba bien querer esas cosas, que estaba bien soñar y ser, y que ya no era un niña. Siempre fantaseé que esa persona haría crecer mis talentos mientras me protegía. Pero mi propia voz interior era difícil de vencer. ¿Cómo me atrevo a esperar cosas en la vida? ¿Cómo me atrevo a soñar tan en grande? Amigos y familiares veían mi carrera y se maravillaban de lo feliz y exitosa que era. Solo yo sabía la verdad: que todavía estaba de pie al borde de la piscina, esperando saltar.
”Di a luz a mi primer hijo el mismo día que le extirparon un tumor cerebral a mi padre. La vida y la muerte parecen estar siempre entrelazadas. No sabía si papá saldría vivo de la cirugía, pero tenía que encontrar la manera de celebrar el regalo de haber tenido un bebé sano. Aquellos fueron momentos agridulces.
”Semanas después, viajé para visitar a mi padre en el hospital, y él pudo ver a su undécimo nieto. Observé su rostro iluminarse de alegría al ver a mi hijo por primera vez. Pero mientras pasaba tiempo con él en la unidad de cuidados intensivos, me resultó evidente que su vida terminaría pronto.
”Estaba parada al pie de la cama del hospital, cuando papá se volvió hacia mí y dijo: Mary Jane. Aquel era el nombre de una amiga de la infancia. Me congelé, ya que había pasado años ensayando esa conversación. Siempre quise confrontar a mi padre, pero mientras crecía, de algún modo llegué a creer que si le decías a tus padres cosas malas, causarías su muerte. Era una creencia difícil de sostener dentro de una familia llena de secretos. ¿Aquel podría ser, tal vez, el momento adecuado? No, no cuando él estaba muriendo. Sin embargo, él estaba tratando de hablar sobre ello. Quise correr hacia la salida más cercana.
”De pie en la unidad de cuidados intensivos, me sentí transportada al pasado. Había un azulejo color verde vómito que enmarcaba el espejo en la pared de la cocina. Podía oír el crujir del aceite de oliva, calentándose en la sartén. El terror me invadió cuando me acerqué a mi madre, que estaba parada con las manos sumergidas en el fregadero lleno de agua jabonosa, de espaldas a mí. Ella giró rápidamente cuando le dije: ‘Mamá, Mary Jane dice que papá le metió la mano entre los pantalones’”.
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