Kitabı oku: «Intensas decisiones»

| Falzone, DelfinaIntensas decisiones / Delfina Falzone. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Imprenta de libros, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descargaISBN 978-987-8910-17-81. Novelas. 2. Novelas Románticas. 3. Narrativa. I. Título.CDD A863 |
Prólogo
Si me hubiesen dicho que mi vida iba a cambiar en un cien por ciento, y no de una forma muy convencional, jamás les hubiese creído.
Luca ha llegado a mi vida para modificarla por completo y todavía me encuentro buscando la explicación.
Si me hubiesen dicho que iba a abandonar mis sueños y mis metas por él, jamás hubiera empezado esto.
Capítulo 1
Comienza mi vida. Y digo que comienza porque es la verdad. Durante toda mi adolescencia tuve que lidiar no sólo con compañeros de escuela abusivos, sino también con padres que hicieron de mi vida un infierno.
Hoy por fin, después de tanto esperar, puedo decir que comienza mi vida.
Camino a la universidad voy observando el paisaje, algo nuevo para mi dado que me trasladé desde Italia hacia Nueva York, la cuidad de mis sueños.
Desde que tengo memoria quise vivir aquí, sé que suena raro, Nueva York no es de las ciudades más tranquilas de Estados Unidos, pero a mí me encanta y disfruto mucho la sensación que me provoca el venir a vivir a esta ciudad.
El caos del tráfico y las luces enceguecedoras hacen vibrar mi cuerpo.
Me llena de emoción tener la posibilidad de recorrer cuantas veces quiera esta ciudad tan hermosa y soñada para mí.
— Hemos llegado, son 30 dólares — La voz del taxista interrumpió mi estado de total alucinación. Procedí a entregarle el dinero, el poco que me quedaba teniendo en cuenta que había prácticamente escapado de mi antiguo hogar, sin llegar a pensar en que necesitaría más dinero del que poseía hasta encontrar un empleo —.
Bajé del taxi, tomé mis cosas y me encaminé hacia la residencia donde me hospedaría. Era de locos, personas de todas las edades y clases sociales caminaban, hablaban y hasta gritaban de la emoción de asistir a la universidad. Muchos de los que consideraba, entrarían por primera vez al campus, estaban acompañados por sus padres. Eso es algo que no podía permitirme, mi madre nunca se había interesado en mis cosas, y mi padre, el único ser en la faz de la tierra que creía y parecía comprenderme, había tenido que desaparecer por inconvenientes con su trabajo. Y por inconvenientes me refiero a que tuvo que escapar porque su mejor amigo, o eso pensábamos que era, lo traicionó e intentó matarlo. Larga historia que seguramente contaré luego, la verdad es que ahora no me apetece hacer viajar a mi mente por esos recuerdos oscuros.
No traía conmigo muchas cosas, por lo que no me resultó muy difícil cargarlas hasta mi habitación.
Cuando llegue note que la puerta estaba entreabierta por lo que supuse que ya había llegado mi compañera.
— Hola, mi nombre es Charlie, supongo que a partir de este instante compartiremos habitación. No es que me entusiasme muchísimo la idea de compartir habitación con una desconocida pero qué más da — Me sorprendió su arrebato y su forma tan instantánea de presentarse, pero lo dejé pasar —.
— Soy Lina — Y le sonreí de una forma un poco extraña, no sé porque, pero me miro como con desconcierto. No me gustaba dar mi apellido, aquello sería un suicidio instantáneo dado que el nombre completo de mi padre estaba por todos lados —.
— Bien, Lina...— Me miró pensativa — Me tome la atribución de elegir mi cama, así que la tuya será la de la izquierda, si lo miras de forma positiva te toca el armario más grande, aunque observando las pocas cosas que traes, creo que no te hará falta — Y era verdad, la habitación no estaba mal, era espaciosa, paredes de ladrillo oscuro, contaba con dos armarios bastante cómodos y las camas... Bueno, las camas eran lo que todos imaginamos que pueden llegar a ser unas camas de campus, incomodas y posiblemente llenas de sustancias extrañas provenientes de cuerpos ajenos, totalmente asqueroso —.
— Tu acomoda tus cosas que yo me voy a dar una vuelta por ahí, quizás sea mi día de suerte y encuentre un bombonazo que quiera acompañarme el resto del semestre — Me reí de su ocurrencia y procedí a acomodarme —.
No era una persona que hablara mucho, de hecho, casi no emitía sonido alguno. No estaba acostumbrada a eso, casi toda mi vida me la pasé encerrada en mi habitación leyendo libros, mirando películas o simplemente haciendo nada. La gente de mi escuela siempre me trato mal, siempre fueron abusivos conmigo. O bueno, no siempre. Susan, la maldita bruja, esa persona que se encarga de hacerte de la vida lo más imposible que se puede, se enteró de que trabajaba mi padre, que era lo que hacía y de donde sacábamos todo el dinero que teníamos y no dudo ni un solo segundo en divulgarlo por toda la escuela. Ya pueden imaginarse cómo reaccionó el resto... Fue horrible para mi tener que pasar toda la secundaria sola, sin nadie que quiera acercarse a mí. No es que el trabajo de mi padre hubiese estado confirmado al cien por ciento, era más bien una especie de rumor que corría por los pasillos. Ahora supongo que estarían todos felices al escuchar que esos rumores eran puramente verdaderos, y odiaba eso, créanme que lo odiaba con todos y cada uno de mis poros.
Terminé de ordenar y acomodar mis cosas, y me tomé el tiempo de observar por la ventana la parte del campus que se mostraba. Me pareció de lo más tranquilo, había chicos tendidos en el césped leyendo, otros charlando y riendo, unos cuantos caminando, otros que todavía seguían ingresando y buscando su residencia. Estaba lleno de árboles y plantas, me transmitió paz, sentí que iba a ser un buen lugar para despejar mi mente. Siempre me habían gustado los parques, de hecho, en mi antigua casa teníamos uno enorme, papá lo había hecho así porque de niña se lo pedí, siempre me daba todo lo que le pedía.
Un golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos y me giré para ver qué pasaba.
— No vuelvas a meterte donde no eres bienvenido, ¿me oyes? — Una chica gritaba a alguien que no puede llegar a observar con detenimiento dado que había salido corriendo —.
— ¿Y tú que me ves? —Ahora dirigiéndose a mí.
— Nada, disculpa, es que oí un golpe en mi puerta y me asusté — De verdad no quería que la gente de este lugar empezase a odiarme desde un principio. Pero de repente empezó a acercarse y temí que vaya a hacerme algo, de verdad parecía muy cabreada —.
— Perdona, el capullo al que le estaba gritando hacía no menos de un segundo es mi exnovio acosador, de verdad que ya no puedo soportarlo.
— Descuida, no hay problema, soy Lina — Si quería empezar bien, pues debería empezar a hacerme de amigos —.
— Soy Britt, ¿Eres recién llegada? — Y noté que se formó una pequeña sonrisa en su rostro.
— Pues sí, acabo de llegar, formaré parte del edificio de Leyes — Desde pequeña soñaba con ser abogada, la mejor abogada de todo Estados Unidos o de cualquier país en el que pudiera ejercer mi profesión. Lo sé, sueno patética —.
— Pero mira nada más...— Me sonrió completamente, ¿emocionada? No lo sé — Seremos compañeras de clases, yo también estudio leyes.
— Bueno pues, no me viene nada mal tener una nueva compañera.
— Ya verás como nos llevamos de bien. Debo irme, luego nos vemos — Y se fue, no me sentí mal, es más, me sentí muy a gusto, creo que este lugar iba a hacer conmigo una mejor persona, o eso esperaba —.
El día transcurrió sin más, tranquilo. Coordiné mis horarios y fui a buscar algo para comer. El buffet era enorme, con mesas gigantes colmadas de estudiantes. Las paredes estaban llenas de carteles deportivos. Me sorprendió la cantidad de grupos de amigos que había en ese lugar.
Cuando logré encontrar un lugar tranquilo para comer, donde por cierto tenía una vista casi panorámica del lugar, algo logró captar mi atención.
La chica con la que había hablado hacía un rato, Britt, estaba sentada junto a un grupo de 10 personas, riendo, gritando y hasta bromeando unos con otros. Me pareció de los más divertido, pero no quise acercarme. Luego de 5 minutos apareció un chico, uno de esos que logran captar tu interés en segundos, esos que parecen sombríos y que ocultan demasiados secretos como para ser contados en sólo una noche.
Me resultó familiar su cara, como si lo conociera de algún lugar, pero no lo sé a ciencia cierta la verdad.
Decidí dejarlo correr y procedí a comer mi cena, que por cierto me sorprendió que estuviera tan buena.
Al cabo de media hora, si lo sé, como muy despacio, dejé la bandeja de comida en su respectivo lugar y me encaminé hacia mi habitación.
Para llegar a mi residencia debía caminar por un sendero no muy largo. No había mucha gente al rededor, de hecho, casi nadie, lo que me sorprendió bastante teniendo en cuenta la hora.
Estaba casi por entrar al lobby de la residencia cuando un chico muy simpático y atractivo me interceptó.
— ¿Te vienes? — Dijo casi eufórico.
— ¿A dónde? — Sonreí ante su estado de ansiedad, pero no ansiedad de la mala, sino más bien de esa que sentimos cuando estamos emocionados por algo y queremos que se cumpla en ese inmediato momento.
— ¡Chica! A la celebración de los novatos — Lo miré con el cejo fruncido, no entendía de que hablaba —. Madre mía — Dijo revoleando los ojos, lo que me hizo algo de gracia —, deja, ven y te lo explico en el camino - Acto seguido cogió mi mano y me llevó hasta donde se suponía era la tan famosa celebración —.
En el camino me fue contando sobre lo que se hacía esa noche. Nos presentamos y la verdad es que me cayó super bien. Su nombre era Noah e iba en segundo año de leyes, increíble pero cierto. Me contó que tenía novio hacía más de cuatro años y que cada semana acordaban para verse en el Central Park, ambos estudiaban en Nueva York.
Noah se percató de que mi inglés no era el mejor y me preguntó de dónde venía. Le conté a grandes rasgos quien era, pero sin dar muchos detalles, los detalles me los guardaba para mí.
Llegamos a lo que era una especie de anfiteatro abandonado, estaba colmado de estudiantes de todas las edades, parecía divertido. La verdad es que no me apetecía para nada estar en este lugar pero que más daba, era una nueva Lina, debía hacer cosas que nunca había hecho si quería empezar con el pie derecho.
Capítulo 2
— ¡Necesito la atención de todos los presentes! — Gritó por un megáfono una chica que hasta ahora desconocía — Vamos a dar comienzo a la celebración de los novatos — La muchedumbre comenzó a gritar, saltar, lanzar puños al aire, en fin, estaban felices por aquello.
— Te lo vas a pasar de puta madre — Dijo Noah en mi oído, trate de contestarle con la mejor sonrisa forzada del universo, pero su expresión solo me demostró que había logrado hacer una mueca extraña —.
Comenzó la música y en seguida todos los presentes comenzaron a bailar animados. Obviamente con la música también comenzó a correr el alcohol por las manos de todos los estudiantes.
Noah me tendió una vaso rojo, lleno de no sé qué.
— ¡Cariño! Bebé esto, te ayudará a sacarte la timidez — Dijo por encima de la música —.
— Es que yo no bebo — Le contesté con cara de circunstancia—.
— ¡Anda ya, Lina! — Revoleaba más los ojos de lo que hablaba. Reí como respuesta y acepté el vaso.
— Sólo tomaré uno y me marcho, estoy agotada — Sonreí y automáticamente su actitud cambio de fastidio a felicidad. Saber que se encontraba fastidiado me daba pena, pero no por él, si no por mí. No hacía ni media hora nos habíamos conocido que ya se sentía fastidiado. Eso era lo que causaba en las personas, fastidio. Seguramente por eso estaba tan sola —.
Saqué esos pensamientos de mi mente y me dispuse a pasarlo bien. No me iba a quedar mucho tiempo, así que el poco tiempo que pasara en esa maldita celebración quería que fuera agradable.
Bebimos más de tres o cuatro copas, no lo recuerdo. Estaba agotada y quería marcharme, pero algo logró captar mi atención.
El mismo chico de la cafetería había llegado y todo mundo comenzó a saludarlo, como si fuera una especie de celebridad o algo parecido.
Fue como si todo se detuviera por un instante, mis sentidos solo me permitieron centrarme en aquel hombre y en nadie más.
Creo que se dio cuenta que me había quedado como una tonta observándolo porque me dedico una mirada rápida pero intensa.
Me recordaba a alguien, debía averiguar quién era.
El comienzo de clases estuvo bien, resulta que comparto más clases con Britt de las que me hubiese imaginado. Es una chica muy agradable, con la que se puede conversar de cualquier cosa. Pero la realidad es que no le va tan bien en sus estudios así que me ofrecí para ayudarla y acepto encantada.
En cuanto a mi compañera de cuarto, la verdad es que no tuve mucho tiempo con ella, sale de fiesta más de la cuenta y casi nunca duerme en su cama. No es algo que me moleste, pero al final siento que quizás no estamos destinadas a formar una amistad.
La semana transcurrió más rápido de lo normal y me dispuse a buscar un trabajo; los libros y mi comida no iban a pagarse solos. Habíamos discutido sobre este tema con mi padre, estuvo insistiendo con que él podía darme la cantidad de dinero que necesitara, siempre que lo necesitara, pero me negué, no quería estar más involucrada de lo que ya estaba con él.
Sentía una sensación rara, pero la realidad es que prefería mantener las cosas al margen y que los demás no se alertaran de nada. Lo último que necesitaba en este momento era llamar la atención de las personas en este lugar. Puse los ojos en blanco ante la idea.
Era una tarde hermosa, voy a clases por la mañana, así que tengo toda la tarde disponible para hacer cualquier cosa, ya sea estudiar, leer o simplemente echarme en mi cama a pensar sobre la vida misma.
Salí del campus con la idea de encontrar esa misma tarde un trabajo que me permita no solo estudiar sino también ganar el suficiente dinero para poder mantenerme.
Britt me comentó que había un bar a no más de dos calles del campus, donde siempre necesitaban empleadas. No lo dude y fui hasta allí.
Como era de esperarse el lugar estaba a reventar de estudiantes y profesores, lo que me llamó la atención dado que eran las tres de la tarde.
— Hola, me gustaría hablar con el encargado, si es posible — Salude a una mujer de no más de 30 años que se encontraba haciendo cuentas del otro lado de la barra —.
— Estas de suerte, soy yo, me llamo Teresa, ¿En qué puedo ayudarte? — Era morena, con unos ojos verdes tan hermosos que enamoraría a cualquier hombre que quisiera, parecía exhausta pero seguía siendo muy guapa.
— He oído que necesitan empleada y estoy buscando un empleo — Le conteste animada —.
— ¡Ay, cariño! Nos has caído del cielo, ya puedes ver la cantidad de personas que debemos atender y el poco personal que tenemos, ¿puedes empezar hoy mismo? — Nunca imaginé que conseguir empleo sería tan fácil.
— Claro, no hay problema.
— No he oído tu nombre, cielo — Diablos, ¿por qué es tan necesario presentarse con cada persona que uno va conociendo por la vida? —.
— Lina, encantada — Medio forcé una sonrisa y le tendí la mano como signo de cordialidad, si es que podía llamarse así —.
— Perfecto, puedes pasar por la cocina y cambiarte en los vestidores, si consigues a alguien desocupado puedes preguntar y que te indiquen donde es — No me dio más importancia y volvió a la tarea que la tenía tan sumergida en preocupación —.
Pasé por la puerta de la cocina pero lamentablemente todo el mundo allí estaba ocupadísimo, así que tuve que arreglármelas sola.
El bar era bastante pequeño considerando la cantidad de personas que se encontraban en el lugar, pero era un ambiente agradable. Las luces eran tenues, el ambiente era adornado por música tranquila, que te permitía hacer cualquier cosa, desde hablar hasta estudiar a gusto. Las paredes estaban decoradas con pósteres de películas, películas de todas las épocas. Era bonito.
Cuando por fin encontré el vestidor, me dispuse a cambiarme y empezar con la labor.
Jazmine, una de las empleadas del lugar, me explico que tenía que hacer, que era básicamente tomar pedidos, recordarlos y llevarlos a la mesa cuando estuvieran listos. Tarea simple. Podría hacerlo.
Mi turno terminó a eso de las nueve p.m., estaba agotada. Trabajaría todos los días, exceptuando fines de semana, de cuatro de la tarde a nueve de la noche. No parecía tanto tiempo, pero era realmente agotador.
Volví a cambiarme de atuendo para poder irme a mi residencia. Me encontraba saludando a los que, de ahora en más, serían mis compañeros de trabajo, cuando volví a ver al mismo chico que había captado mi atención el primer día que llegué a la universidad.
Esta vez estaba más cerca, por lo que pude contemplarlo de mejor forma. Era alto, aproximadamente uno noventa, con brazos bien contorneados y supongo que su abdomen debería estar igual, su cabello estaba bien cortado hacia los costados y tenía un poco más de pelo por la parte de arriba, lo que hacía que pareciera un poco alborotado, algo que sin dudas me encantaba en los hombres. Creo que tenía algunas pocas pecas en su cara, lo que lo hacía parecer un poco más aniñado; era realmente bello.
— ¡Luca!, tío — Observé como un grupo de chicos lo llamaba. Hizo señas como que iría en un momento y me miró; no sé qué hice para llamar su atención, o porque estaba mirándome...
Empezó a acercarse hacia mi dirección, sonriéndome; ¿por qué de repente estaba haciendo eso? Ni siquiera lo conocía.
— Hola, hermosa — Me quede descolocada. Iba a responderle y detrás de mi salió una rubia, esas que salen en el catálogo de Victoria’s Secret, y lo saludó con un beso un poco fuera de lugar—.
No sé si fue por mi cara de decepción -por no haber sido yo a quien salude aquel muchacho- o por la cara de disgusto que puse ante aquel beso, lo que provocó que ambos dos, señorita barbie perfección y señor <<en tus sueños solamente podré hablarte>>, me miraran como si les hubiese contado un chiste de mal gusto -.
— ¿Y tú que miras? — Me espetó la barbie caminante.
— ¿Perdona?
— Te veo, observándonos, a mí y a mi novio, como si quisieras algo de nosotros, ¿Qué quieres? — Siguió inquiriendo, con aires de diva, ¿Quién se creía?
— ¡Oh, discúlpame! — Mi contestación fue cargada de ironía-, no sabía que no podía mirar lo que me rodeaba — A mí nadie me habla de esa manera. Si algo había aprendido de mi padre era a no dejarme pisotear —.
Siguió mirándome como si quisiera asesinarme, pero no le di más importancia de la que merecía. A su novio pareció hacerle gracia mi forma de contestarle puesto que dirigió una sonrisa cómplice en mi dirección.
Sentí una leve sensación de triunfo, la Lina que quedó en Italia jamás hubiese hecho eso. Quizás poner en práctica los consejos que un día recibí podrían ayudarme a hacerme un lugar en esta sociedad de mierda.
Salí del local con una sensación de triunfo mezclada con algo más que no podía determinar que era.
Coloqué mis audífonos en mis respectivas orejas y emprendí el camino de vuelta.
Tenía que caminar unos cuantos minutos hasta la residencia así que aproveche ese mínimo rato para despejar mi mente.
Le di al botón de play en mi iPod y comenzó a sonar <<Secrets>> de Regard, una de mis canciones favoritas del momento.
Respiré y exhalé lo más profundo que pude, obviamente para sacarme las vibras extrañas que había sentido en el instante en el que se me acercó el tal Luca y emprendí mi vuelta.
No era ni muy temprano ni muy tarde, supuse que el buffet del campus ya estaría por cerrar dado que la cena comenzaba a las siete de la tarde. Me resultaban extraños los horarios en esta ciudad, en Italia acostumbramos a cenar mucho más tarde, pero qué más da, no tenía otra opción, o cenaba a esa hora o no cenaba, y créanme prefería hacerlo más temprano que nunca.
El clima estaba bien, pronto comenzaría el invierno, algo que sin dudas amaba con todo mi ser.
Una ráfaga de viento hizo que de repente no me sintiera tan segura caminando sola por allí. Llámenme paranoica si quieren, pero sentí a alguien detrás mío, siguiéndome desde muy muy cerca.
No quise darme vuelta por si las dudas, aceleré el paso todo lo que pude, pero sin llamar la atención, quizás solo eran mis pensamientos y no pasaba nada.
Cuando entré al lobby de la residencia me sentí más segura. Me atreví a mirar hacia atrás solo para comprobar que en realidad era mi imaginación y nadie me estaba siguiendo, pero entonces vi la sombra de una persona escabullirse entre los árboles del campus, y debo admitir que mi respiración se entrecortó un poco y mi corazón comenzó a latir un poco más rápido de lo normal.
Me convencí a mí misma que era mi imaginación, porque vamos, aquí estaba a salvo, nadie podía ubicarme, nadie sabía dónde estaba, nadie podía hacerme daño.
La puerta de la habitación donde habitaba estaba cerrada con llave, por lo que suponía estarían pasando dos cosas, la primera era que Charlie se había marchado, como siempre, y la segunda era que la mismísima Charlie estuviera dentro con cualquier chico que se hubiese cruzado en su camino. Crucé los dedos para que la primera opción sea la acertada.
— ¡Mierda, Lina! — Gritó Charlie que inmediatamente se tapó con lo primero que encontró. Me puse roja de la vergüenza al segundo de verla en aquella situación. Maldije entre dientes.
— ¡Lo siento tanto! — Contesté sumamente avergonzada. Mordí mi labio y le dediqué una expresión de lamento mezclada con complicidad.
— ¡Vete de una vez! — Dijo Charlie enfadada. Me sentí mal por un segundo, pero ¡vamos!, esa también era mi habitación, tenía derecho a aparecer y desaparecer cuando quisiera. Cerré la puerta algo enojada y recordé que Brittany tenía espacio disponible en su cuarto, así que rogué a todos los dioses del universo que estuviera allí en ese preciso momento, de lo contrario debía dormir en el pasillo, y no me apetecía ni un poco.
Toqué suavemente rezando para que me abriera, pero no obtuve respuesta alguna.
Insistí un poco y nada que aparecía.
— ¿Qué haces aquí? — Dijo detrás de mí la que sería mi salvadora de por vida. Llevaba puesta una bata de baño y traía consigo su bolsito de necesidades básicas.
— Necesito pedirte un favor — Le contesté o más o menos supliqué.
— ¿Recién nos conocemos y ya estas pidiendo favores? — Ladeó la cabeza hacia un costado analizándome y sonriendo un poco también — ¿Qué necesitas?
— Charlie me ha dejado afuera, ¿me dejas dormir contigo esta noche? — Puse mis ojos de consternación, sabía que era un arma infalible.
— Sabía que esa tía era una estúpida — Contestó revoleando los ojos —, venga entra — Pasó por mi lado, no sin antes cogerme de la mano para que la siguiera. Sonreí a modo de respuesta e hice lo que me dijo —.
Capítulo 3
Es sábado por la tarde y como siempre no tengo ningún plan. Había terminado mis deberes hacía un rato ya y me encontraba sola en el cuarto; Charlie jamás estaba. Después del inconveniente del otro día no volvió a aparecer.
Estaba sumida en un libro cuando oí que tocaban la puerta. A veces me fastidia un poco cuando interrumpen mi lectura, pero qué más da. Me acerqué a la puerta y la abrí de un tirón, algo molesta.
— Tengo una gran noticia para las dos — Britt entró con un montón de bolsas que parecían contener ropa y maquillaje en su interior —. Iremos a la fiesta de bienvenida que celebra el departamento de Leyes, será una completa locura.
— Britt, sabes que no me van las fiestas — Me encogí de hombros, quitándole importancia. Había estado toda la semana insistiéndome para que la acompañase a aquella fiesta, y como era de esperarse, me negué en cada oportunidad —. Por cierto, ¿Qué traes en esa montaña de bolsas?
— Sabía que ibas a volver a negarte a acompañarme, así que básicamente traje todo esto — y señaló nuevamente la pila de bolsas que había tirado en mi cama — para que no te quede de otra y me tengas que acompañar.
— ¿Es una especie de secuestro? — y las dos nos echamos a reír —, te acompañaré, pero con una condición.
— Sin condiciones tía, no te vendrá mal conocer gente nueva, quien te dice, puedes conocer al próximo amor de tu vida — Y se acercó a mí simulando que iba a darme un beso, la aparte y juntas nos volvimos a reír. Britt era de lo más agradable, me gustaba pasar tiempo con ella, de hecho, toda esta primera semana había sido muy cordial al presentarme con su grupo de amigos, también me llevo a recorrer el campus —.
— ¡Bieeeeeeen!, está bien, pero si la fiesta está muy mala, ¡me largo! — Puse los ojos en blanco y me dispuse a buscar entre las tantas cosas que Brittany había puesto sobre mi cama. Por el rabillo del ojo note que tenía una sonrisa triunfadora. La odiaba, pero esta la única persona en la faz de la tierra capaz de sacarme de mi habitación un sábado por la noche. Sacudí mi cabeza y sonreí para mis adentros.
Dos horas después ya estábamos completamente listas. Había optado por ponerme unos shorts de jean, una camiseta blanca y un blazer color negro, agregué algunos accesorios a mi outfit, me puse un cinturón de lo más precioso, collar largo con algunos dijes discretos, me puse unos tacones también discretos, de color negro; esa noche no quería llamar tanto la atención.
Britt en cambio había optado por un vestido de lentejuelas, unos tacones altísimos, de hecho, la hacían aún más alta y esbelta de lo que ya era; a diferencia de mí, ella si quería que la notaran. Había roto con su novio hacía menos de una semana, lo llevaba bastante bien, pero ella quería que la viera. Nos habíamos enterado de que su ex iba a asistir a aquella fiesta, así que Britt no dudo ni un segundo en ir también. Esa noche iba a ser una especie de <<mírame, ya te he superado, no te necesito, ¡cabrón!>>.
La razón por la cual rompieron fue porque Alex, se acostaba con la compañera de cuarto de Britt, a la que apodamos como <<la innombrable>>. Me hacía especial gracia porque cada vez que hablábamos del tema, Britt se ponía histérica.
Ambas nos hicimos un maquillaje de lo más precioso, pero sin cargarnos demasiado. Brittany dejó su pelo negro, perfectamente liso, suelto. Yo opte por recogerme el pelo en un moño desordenado pero perfecto para la ocasión.
Nos hicimos una foto, a mi ahora nueva amiga le gustaban las fotos, así que no me negué. No me hacía mucha ilusión aparecer en las redes sociales de nadie, más aun conociendo mi situación.
— Lina apúrate, se nos hace tarde — Estaba terminando de acomodar el desastre que habíamos montado en mi cuarto —. No quiero llegar a la fiesta y que el cabrón de Alex ya esté revolcándose con otra — Me informó un poco ¿alterada?, sí, definitivamente alterada —.
— Ya, vámonos.
Brittany tenía carro así que no tardamos más de 20 minutos en llegar a la fiesta.
En el camino fuimos charlando sobre trivialidades, conociéndonos un poco más y cantando alguna que otra canción que sonaba en la radio.
— Tía, hay alguien... — comenzó a decir y le lancé una mirada de advertencia — ¿qué? No me mires así.
— ¿Alguien qué, Brittany?
— Alguien interesado en ti, Lina... Su nombre es Luca — Luca, ¿Luca? ¿Sería el mismo de la cafetería y el bar? —, y parece estar muy al pendiente de lo que haces, de verdad.
— ¿Y que se supone que tengo que hacer con eso? — Lo que menos quiero en estos momentos es involucrarme con alguien, que además de todo, tiene novia.
— Buenos, pues, puedes hablarle como la persona normal que eres, ¿no?
— No lo sé, tía, me lo pensaré — Me reí porque Britt puso los ojos en blanco, claramente fastidiada —.
Nos bajamos del auto y comenzamos a caminar en dirección a la fiesta. Cuando estábamos llegando pudimos identificar enseguida el lugar porque no solo la música estaba a tope, sino porque había demasiada gente yendo en esa dirección.
Entramos y enseguida empezaron a saludar a Brittany, y bueno, a mí también claro. Quizás ser amiga de una persona reconocida como lo era ella, tendría ciertas ventajas.
Bien adentrada la fiesta me fui a un lugar un poco más tranquilo del que me encontraba puesto que por alguna razón comencé a sentirme un poco sofocada. Había realmente mucha gente en esa casa, creo que no estaba acostumbrada a tanta acumulación de personas en un mismo sitio. La última vez que había estado en una situación parecida fue cuando estuve en el concierto de Justin Bieber, y créanme, eso fue hace mucho tiempo.
Me tope con un pequeño jardín en el cual no había muchas personas, de hecho, ninguna, a excepción de una pajera que no paraba de meterse la lengua mutuamente, que asco.
Las demostraciones de amor en público nunca me agradaron, creo que es mejor dejar algo para la intimidad. Negué con la cabeza ante mis pensamientos.
— ¿Te gustaría tomar algo Li? — Pregunto Jeff, sacándome del trance de mis pensamientos. Era uno de los amigos más <<íntimos>> de Brittany. Era un muchacho guapo, alto, el pelo un poco largo, era rubio, casi albino, con los ojos grandes y azules, y tenía algo de barba.
— Pues sí, la verdad — Le contesté con una sonrisa; no tomaba mucho alcohol, de hecho, casi nada, pero me daría el gusto esta noche —.
— Al parecer Britt ya encontró algo que hacer — Señaló en dirección a ella, que estaba bailando y restregándose vaya a saber con quién, mientras su exnovio los observaba a ambos, con cara de pocos amigos. Era gracioso, hacía menos de 10 minutos estaba llorisqueando porque pensaba que no iba a poder logar su propósito, pero al parecer pudo hacerlo más rápido de lo que canta un maldito gallo —.
— ¿Qué hay de ti? Cuéntame algo, al parecer nadie sabe nada sobre tu vida — Ahí estaba esa maldita pregunta. Déjame decirte, amigo Jeff, que no quieres saber absolutamente nada sobre mí —.
— Que te puedo decir... no soy interesante, de hecho, todo lo que me rodea es aburrido — Y ahí va otra vez la misma mentira que le he dicho a todo aquel que me conoce—. Me limito a leer libros, estudiar y trabajar para poder sobrevivir. Como te dije, no hay nada interesante en mí.
— Parece que ocultas más de lo que podríamos llegar a conocer — Espera ¿qué? Seguro lo mire tan mal que no le quedo otra opción que disimular lo serio de su contestación con una risa muy forzada. Iba a contestarle, pero Luca hizo acto de presencia —.
— ¿Qué hay tío? — Saludó a Jeff, pasando de mi olímpicamente. Ambos se dieron un abrazo y se sumieron en una conversación que poco escuché porque enseguida me fui a otro lugar lejos de aquellos dos.
Sentí su mirada en mi nuca, pero no quise darle importancia, al fin y al cabo, era un completo desconocido para mí, no me interesaba en lo más mínimo.
Habrían pasado ¿tres horas?, desde que habíamos llegado y Britt ya había desaparecido. No estaba tan entretenida como para quedarme sola allí, así que decidí que me iría por mis propios medios. El problema radicaba en cómo iba a volver si no tenía coche. Definitivamente debía ahorrar dinero y comprarme uno, no podía tener esta clase de problemas.
Estaba contemplando mis posibilidades cuando Luca apareció detrás de mí.
— Creo que no hemos tenido el placer de presentarnos.
— Si no quieres tener problemas con tu novia, te recomiendo que las cosas sigan así. Paso de problemas de parejas ajenos — Le lancé sin más. No sé porque estaba actuando de esa forma, si por el hecho de que su novia había estado hablándome del carajo, o porque Britt había comentado que este tipo estaba <<interesado>> en mí —.
— Que suerte que no sea mi caso. Luca, un placer conocerte...
— Lina, me llamo Lina — Le contesté, un poco cortada, pero claro que eso el ya lo sabía. Simplemente estaba en plan <<fingiré que no sé quién eres solo para parecer más imbécil de lo que realmente soy>> —.
— Me recuerdas a alguien que conocí en el pasado, una tontería — Dijo alzando los hombros, quitándole importancia; y automáticamente a mí me transmitió lo mismo, como si lo conociera de algún lugar que no podía recordar con exactitud. Creo que me quede en silencio un buen rato porque volvió a hablar —.
— ¿Necesitas ir a algún lugar? — Preguntó despreocupado.
— La verdad es que sí, he venido aquí con Brittany y ha desaparecido, necesito volver a mi residencia.
— ¿No te van mucho las fiestas, no es así? — Preguntó riendo por lo bajo; pero ¿acaso esto era un interrogatorio? Maldita sea.
— No creo que sea de tu incumbencia, y a menos que quieras llevarme tú, a donde quiero ir, es mejor que te apartes — Le espeté algo furiosa, ya estaba poniéndome de mal humor, y eso era algo muy difícil de hacer —.
— Tranquila, si quieres que te de una noche entera de sexo, sólo debes comunicarlo así sin más, no debes darle tantas vueltas al asunto — Me contestó mofándose y riendo. Me estaba sacando de las casillas, menudo idiota —.
— ¿Y eso que tiene que ver con lo que te acabo de decir? — Lo miré algo asqueada, no entendía a que quería llegar con eso.
— Bueno, solo basta con mirarte las pintas para saber qué es lo que buscas, ¿por qué otra razón me pedirías que te lleve a algún lugar? Además, yo no hago favores gratis.
— Vete a la mierda, Luca — Y me eche a andar, no sabía hacia donde porque todavía no me ubicaba del todo bien, pero prefería irme a quedarme con ese imbécil —.
Después de caminar alrededor de cinco calles empecé a sentir el ruido de una moto muy cerca de mí. Me estaba asustando, pero preferí notarme firme, sea lo que fuere si tenía que luchar, lo haría.
— Venga, sube, que a pesar de que recién me conoces y me mandaste a la mierda, te llevaré — Luca otra vez. Supongo que lance todo el aire que venía conteniendo porque se echó a reír—.
— Que conste que me subo sólo porque no sé a dónde carajos estoy yendo — Soltó una carcajada, tiró el cigarrillo que estaba fumando al piso y me tendió el casco; me ayudó a subir y arrancó —.
No es la primera vez que me subo a una moto, de hecho, solíamos hacer motocross con mi padre cuando era más pequeña. Recordé esos momentos con un nudo en la garganta, a veces me gustaría que las cosas hubiesen sido diferentes en cierto punto para mí.
Algo en el ambiente hizo que me diera un poco de vértigo el estar subida en aquella moto, así que me agarre de su chaqueta; creo que lo hice un poco fuerte porque se frenó.
— ¿Estás bien? — Me preguntó sacándome de mis pensamientos.
— Si, perdona — Y noté que ya habíamos llegado a la residencia —. Gracias por traerme.
— Puedes pagarme con lo que hablamos hace unos momentos — Haciendo referencia al sexo. Me resulta repugnante, lo detesto —.
No lo salude, aquellos comentarios me resultan repulsivos, ¿es que los tíos no pueden estar ni dos minutos sin pensar en sexo? Por favor. Entre a mi habitación y para mi sorpresa, estaba sola nuevamente. Definitivamente la noche había terminado.
Me quité los zapatos, los short, la remera, absolutamente todo. Me quedé únicamente en bragas y brasier, me senté en la cama claramente frustrada.
No sé porque me sentía de esa forma, no tenía por qué sentirme así, sin embargo, lo sentía.
Aquel encuentro con ese muchacho me hizo sentir muchas cosas, cosas que pocas veces había sentido en mi vida, sin admitir que jamás las había sentido.
Tenía la sensación de que lo conocía, de verdad sentía que habíamos compartido algo en algún momento.
Algo comenzó a formarse dentro de mí, no sabía que era, porque era algo totalmente desconocido para mí. Sabía que no podía sentir nada por aquel sujeto, algo en mí me decía que era peligroso y que mejor mantenerse alejada.
Me recosté en la cama, pensando en lo sucedido esta noche. Suspiré y cerré los ojos, y mi mente automáticamente comenzó a crear escenarios imposibles, escenarios donde Luca y yo éramos almas gemelas. ¡Vaya estupidez! Siquiera lo había visto dos o tres veces como mucho y ya me estaba imaginando cosas. Maldije internamente, pero lo dejé correr.
Cinco minutos después estaba dormida.
Capítulo 4
Mi teléfono comenzó a sonar insistentemente y cuando lo cogí advertí que tenía cinco llamadas perdidas de Brittany y tres mensajes de Noah, aquel chico que había conocido el primer día que estuve aquí.
Eran las diez de la mañana, por lo que me levante velocidad rayo puesto que era tardísimo y si no me daba especial prisa perdería la primera clase del día.
El ritmo del bar y la universidad me estaban agotando, y eso que recién iban dos semanas del larguísimo semestre que me esperaba por delante.
Llamé a Brittany cinco minutos después de terminar de cambiarme y salir disparada hacia el edificio donde se dictaban las clases.
— ¿Qué haces que no estás aquí? — Gritó mi amiga al otro lado del teléfono un tanto alborotada. El día de hoy debía exponer ella sola un tema muy importante, el cual nos había costado dos noches enteras sin dormir.
— ¡Me he dormido! — Le dije consternada — En menos de cinco minutos estoy ahí — y corté antes de que pudiera decirme nada —.
Comencé a correr por los senderos del campus hasta llegar al maldito edificio. Para mi fortuna el aula de la clase que comenzaba dentro de un minuto se encontraba en la plata baja así que me apuré lo más posible para llegar a tiempo.
Entré sin más y allí estaba parada Britt con cara de pocos amigos, cruzada de brazos. Sabía que iba a regañarme por dejarla sola aquella mañana, pero de verdad no lo había hecho adrede.
— ¡Eres una pésima amiga! — Me dijo totalmente enojada, pero aun guardando las composturas.
— ¡Lo siento tanto! Mi alarma no sonó esta mañana — Le puse la cara que sabía que no fallaba en estas situaciones. Revoleó los ojos y me tendió los brazos para que la abrazara. Estaba super nerviosa, pero sabía que le iría bien, yo misma me encargué de que todo estuviera perfecto para que se sacara un sobresaliente —. Tú puedes — Le dije mirando hacia la puerta, donde se encontraba el profesor parado esperando a que todos nos acomodáramos en nuestros asientos —.
Todo salió según lo planeado y Brittany recibió sus respectivas felicitaciones por parte del profesor.
Así concluyó la clase y cada una se fue por su lado. La siguiente clase no la teníamos juntas así que nos veríamos más tarde.
Era la última hora y me encontraba en los pasillos de la universidad cuando me encontré con Jeff, aquel amigo de Brittany.
— Que hay Li, ¿Qué tienes ahora? — Le sonreí amablemente como respuesta a su saludo. No lo había visto desde el sábado en la fiesta.
— Mmm...— Realmente no recordaba que clase me tocaba ahora — Creo que tengo clases de historia de las ciencias jurídicas, no lo recuerdo — y solté una risa ante mi escasa memoria —.
— Excelente, te acompañaré, si no te molesta.
— ¡No, claro que no me molesta!, vamos.
En el camino, que por cierto era un poco largo, charlamos sobre la universidad, nuestros planes para la semana, le comenté que estaba trabajando en el bar de Joe’s y me dijo que con gusto se pasaría a verme hacer el ridículo.
Cuando llegamos nos despedimos y cada uno entro a su respectivo salón.
Esta clase me tocaba nuevamente con Brittany así que no sería tan aburrido, siempre nos sentábamos en el medio de las filas, concordábamos con que desde allí se veía y escuchaba mejor.
Pero cuando divisé nuestros lugares advertí que junto a Britt estaba sentado Luca. ¿Es que ahora también debía compartir clases con él? Que pesadilla.
— Pero miren nada más a quien tenemos aquí — Dijo con una sonrisa malvada en el rostro —. Parece que el paseo del sábado te gustó, ¿verdad? No puedes separarte de mí.
— ¿Estás escuchando lo que dices? Me das pena — Le solté con desagrado —.
— La que da pena eres tú, que no paras de seguirme. El bar, la fiesta, ahora en clase...
— En el bar trabajo, a la fiesta me llevo Brittany y a clase es la primera vez que asistes, ¿Qué estás diciendo? — Me fastidia más de lo impensado.
— Vale, vale, no te alteres pequeña, va a salir humo de tu cabeza — Mire a Brittany para que interviniera, al fin y al cabo, era su amigo, no el mío —.
— Basta ya ustedes dos, Luca muévete a otro asiento, ¡capullo! — Le doy las gracias internamente a mi amiga por eso. Luca salió de mi lugar y se movió a otra fila, una llena de chicas; todas y cada una de ellas trataron de llamar su atención, y déjenme decirles que no entendía aquello, si era un idiota.
La clase transcurrió normal, como todas las clases de la semana.
Cinco minutos antes de terminar la clase el profesor anunció que debíamos hacer un trabajo en grupos de a dos personas; quise elegir a Britt, pero el profesor escogió las parejas por su cuenta.
Rogué a todo ser existente para que me toque con ella, pero desgraciadamente me tocó con Luca. Iba a ser la peor semana de mi vida.
Al terminar quise salir lo más rápido posible de allí, pero algo no me lo permitió.
— Estas de suerte hoy, ¿no crees? — Apareció por detrás obligándome a parar.
— Querrás decir de mala suerte — Le espeté —.
— ¿Qué te parece si quedamos en mi apartamento el viernes por la noche y hacemos el trabajo? Será fácil.
— Bien, espero que sea rápido, así que empieza a buscar información si no quieres terminar enterrado cinco metros bajo tierra.
— Tranquila, pequeña. Tienes un carácter del carajo, me gusta — Me contestó riendo —.
— No me digas <<pequeña>>.
— Quedamos el viernes después de que termines en el bar, te recojo por allí — Y se fue tan rápido que no pude negarme —.
La semana pasó demasiado lenta, quede con mi amiga para estudiar varias veces, pero seguía sin lograr que comprendiera la constitución estadounidense.
Llegó el viernes y tuve que prepararme mentalmente todo el día, debido a que por la noche tendría que realizar el maldito trabajo con el maldito Luca.
— Cielo, tu paga de la semana — Teresa me tendió un sobre con cuatrocientos dólares, la verdad es que no me podía quejar, pagaban bien y la gente era de lo más agradable —. He oído por ahí que Luca viene a recogerte hoy — me lanzó una mirada cómplice —.
— Si, pero no es lo que crees, por desgracia tengo que hacer un trabajo con él para la universidad. Es una verdadera pesadilla.
— Bueno pues, ándate con cuidado, no es un chico muy normal.
— ¿A que te refieres con eso? — Pregunté intrigada.
— No se cariño, dicen las malas lenguas que anda metido con gente muy pesada — Que extraño me resultaba aquel comentario, igual ya lo averiguaría de alguna forma u otra —.
Me despedí de Teresa y salí del local. Allí estaba parado él, con una camisa blanca arremangada, unos jeans oscuros que se le pegaban muy bien a sus piernas y unas vans; arreglado, pero no tanto. Era sin dudas muy guapo, empezaba a comprender un poco más a las mujeres que se quedaban pasmadas viéndolo.
Esta vez vino con un carro, un Audi R8; sabía de autos, o por lo menos conocía aquel, porque era el mismo que me había regalado mi padre cuando me gradué; lo sé, exagerado.
— Hola, pequeña — Puse los ojos en blanco ante aquel apodo —.
— Hola — Le contesté sin más, cortante —. Un R8, ¿eh? — Alcé mis cejas y lo miré sorprendida; soltó una pequeña risa, incrédulo.
— Así que conoces de coches...
— No hay que ser muy experto para darse cuenta de que coche es — Hice una mueca en su dirección, me encogí de hombros y esperé que me contestara. La única respuesta que obtuve fue una seña para que me monte en el carro —.
Subí al auto y arrancó. Su apartamento quedaba a un par de calles del bar así que fue un recorrido corto, pero incómodo debido al silencio que había en el auto.
Llegamos a un edificio hermoso, la fachada era más bien rústica, esas que aparentan vejez pero que en realidad son más jóvenes que uno mismo.
Sacó de su bolsillo trasero un aparatito que supuse sería para abrir el garaje del edificio. Como mis sospechas eran ciertas, el portón comenzó a abrirse dejando a la vista una hilera de coches impresionantemente caros. Me llamó increíblemente la atención, pero me limite a quedarme en silencio, no me interesaba aquello y tampoco me interesaba nada que tuviera que ver con ese sujeto.
Aparcó el coche en el número 10, supongo que es el número de su piso o apartamento o que se yo.
— ¿Te apetece salir del auto o prefieres quedarte encerrada aquí? — Volví a revolear los ojos, parece que ese será mi estado de ánimo siempre que esté cerca de él.
Salí del auto y lo seguí hacía el ascensor. Todo parecía muy sofisticado y caro. Me resultaba extraño que un universitario pudiera llevar este estilo de vida, aunque pensándolo bien, si ese universitario venía de una familia con mucho dinero, quizás no lo sea tanto.
Llegamos a su apartamento y era realmente bellísimo, tenía un ventanal inmenso, del piso al techo y del ancho de la pared. Todo estaba pintado de negro, gris y blanco, sobrio pero hermoso. Estaba todo pulcramente limpio, producto, seguramente, de una persona contratada para esa tarea.
Me encantaba, era un lugar donde querrías quedarte a vivir. La televisión era enorme y el sillón lucía de lo más cómodo.
Puse mis cosas sobre una silla y esperé a que el trajera las suyas para poder empezar con el trabajo y poder largarme de allí cuanto antes.
— Lina, ¿te gustaría tomar algo? O comer, o lo que sea.
— No en este momento, quizás luego — Me encontraba rebuscando entre las cosas que había traído, mis lentes; sin ellos me dolería la cabeza y eso no terminaría nada bien. Cuando los encontré, me los puse y apareció Luca por la puerta de su habitación. Me observó detenidamente y se echó a reír —.
— ¡Que bien te quedan las gafas, Li! — Siguió riéndose.
— No veo la gracia del asunto, pero como sea, ¿podríamos comenzar? — No les voy a mentir, su presencia generaba cosas en mí que nadie había generado nunca. Era un hombre hermoso, despreocupado, divertido y su mirada escondía algo que sin dudas me gustaría descubrir.
— Parece que no te agrada mi presciencia — Dispuso, algo molesto —.
— Disculpa no es eso — Le contesté suspirando —, es que... — y noté algo, algo que llamó mi atención más de lo que podría llamar cualquier cosa; era una cadena muy sutil que contenía un dije, una cruz dentro de un círculo ahuecado, la recuerdo porque mi padre y Benny, su hasta ese momento mejor amigo, la traían consigo todo el tiempo- ¿De dónde sacaste esto? — Se lo puse en frente de su cara.
— Un regalo de un viejo amigo, no tiene importancia- Y me lo arrebato de las manos. Parecía nervioso —.
Decidí volver a lo que vine, a hacer el maldito trabajo y marcharme. Pero no logro sacarme de la cabeza el porqué de lo que acabo de ver, ¿Conocería Luca a mi padre? ¿A Benny? Me molesta la idea de no poder descubrir que hay detrás de esto, a mi padre es imposible localizarlo, ¿Cómo hablaría con él si ni siquiera tenía teléfono celular? Esto comenzaba a extrañarme cada vez más.
Luca notó mi incomodidad porque no paró de hacerme preguntas al respecto.
— Lina, de verdad, no tiene ninguna relevancia, deja de pensar en eso por un momento, céntrate en el trabajo y así acabaremos rápido.
No volví a darle importancia al asunto del dije y nos pusimos a investigar y a preparar la presentación.
Media hora más tarde terminamos todo, había quedado espectacular. Era un trabajo sobre cárceles importantes, con historia y relevancia para el mundo, elegimos Alcatraz, era impresionante la cantidad de historia que poseía ese lugar.
Al parecer Luca era una persona muy inteligente, casi que realizó todo el trabajo él. Me gustaba porque congeniábamos bastante bien en relación al estudio, pensaba que iba a ser tedioso, pero resulto interesante.
— Te propongo que vayamos a comer algo por ahí, sin compromisos, como dos personas normales. Creo que no hemos empezado del todo bien, me gustaría compensar mis comentarios de los últimos días — Me ofreció Luca, algo entusiasmado. No es que me hiciera total gracia ir a comer con un chico que tenía novia, pero moría de hambre y la verdad es que tenía razón, podríamos empezar de nuevo, quizás podríamos ser buenos amigos después de todo —.
— Bien, pero cuando terminemos me llevarás a la residencia - Le advertí señalándolo —.
— Me parece una buena idea — Me dijo sonriendo. Era encantador, de verdad, pero no caería como todas las demás; además está en pareja, imposible. Ni siquiera se fijaría en mi de esa forma —.
Llegamos al cabo de 15 minutos a un restaurante más bien apartado del campus, discreto. Aparcamos el coche y salimos rumbo a la entrada del lugar.
En el camino Luca parecía un poco más cercano, no sé cuál fue la razón. Sentí que quería estar cerca mío.
Cuando entramos nos recibió una moza que parecía conocer a Luca, de hecho, le preguntó si quería la misma mesa de siempre.
— Parece que traes a muchas chicas aquí — Le dije en un tono burlón. Me sentí un poco celosa, hubiese deseado que no haya traído a más nadie a este lugar. Parecía tan íntimo... —.
— De hecho, eres la primera que pisa este lugar conmigo — Me respondió y noté su sonrisa. Y digo que noté porque no quise mirarlo directamente a los ojos, no quería que notara la ilusión que me hacía su comentario. Y luego, otra vez, volvieron mis dudas, ¿con quién habrá estado en este lugar tantas veces como para que la moza le haya ofrecido la misma mesa “de siempre”? —.
— ¿Gustan una carta o ya saben que van a pedir? — La señorita que nos atiende me sacó de mis pensamientos.
— Pediremos dos cortes de carne americanos con espárragos salteados — Contestó Luca enseguida —.
— De hecho, me gustaría pedir spaghettis a la carbonara — Mire desafiante a Luca, nadie pide y hace por mí. Se hacer las cosas sola —.
— Bien, entonces que así sea.
Esperamos un rato, hablamos de trivialidades, me preguntó porque había venido desde Italia a estudiar aquí, entre otras cosas. Me limité bastante en mis respuestas, no quería que supiera más de lo necesario.
— Me parece que me toca a mí, en esta oportunidad, preguntarte sobre ti — Lo miré mordiéndome el labio inferior, deseosa de saber sobre su vida, seguía con la sensación de que ocultaba muchas cosas —.
— ¿Qué te gustaría saber? — Me respondió algo incomodo.
— No lo sé, ¿por qué me trajiste a este lugar? — Él tenía pareja, porqué mejor no me llevaba a un McDonald’s y ya.
— Me gusta este lugar, es especial y hacen muy rica comida, ¿por qué no te traería?
— Bueno, no lo sé, dices que no has traído a nadie más aquí, pero tienes novia... ¿Qué me hace diferente? — Trato de que por una vez me dé una respuesta consistente.
— Deja de darle tanta importancia Lina — Contestó molesto—. Si hay algo más que quieras preguntar, pues este es el momento, de lo contrario no responderé ninguna de tus dudas.
— Me gustaría saber de dónde vienes, porque estudias en esta ciudad, qué haces de tu vida, si vives con tus padres, no lo sé...
— Bueno, la verdad es que no tengo mucho que contar... Soy de aquí, estudio en esta universidad porque me ha gustado desde siempre, no trabajo y no, mis padres no viven aquí conmigo — Claro sí, eso va a servir para calmar todas mis dudas... —.
— ¿Por qué tus padres no están aquí? ¿Te refieres a que no están en NY y están en otro estado?
— Me refiero a que están muy lejos de aquí...
— ¿Qué hay del dije que encontré en tu apartamento? — Aunque quisiera, no podía sacar esa imagen de mi cabeza.
— Deberías dejar de preguntar y comer de una vez, si no quieres que se enfríe tu maldita comida — Su tono cambió completamente, parecía muy molesto, como si ya no quisiera hablar de nada más —.
— ¿Qué es lo que escondes Luca? — Hice caso y comí sin volver a emitir un solo sonido. Al parecer la conversación había terminado. Algo escondía, y me asustaba la idea de que mis sospechas sean ciertas. Me asustaba pensar en que podía llegar a estar relacionado con el maldito Benny.
Terminamos de cenar y nos dispusimos a volver a mi residencia. Para ser sinceros, resultó más incómodo de lo que esperaba.
Capítulo 5
El viaje de vuelta a la residencia pasó sin más inconvenientes, no volví a mencionar lo del dije y el pareció estar de acuerdo con eso.
Al terminar la comida continuamos charlando sobre cosas sin mucha relevancia, sobre cuestiones relacionadas con la universidad y demás.
Me contó que tenía un hermano al que no veía mucho, puesto que estaban algo distanciados. Se abrió bastante en cuanto a lo personal, lo cual me extrañó porque no era algo que hubiese preguntado.
Empecé a sentir que él era mucho más, había un hombre tranquilo, dedicado y protector detrás de esa fachada de <<chico malo>> que quería aparentar.
La cena y el rato que pasé con el provocaron sentimientos en mi interior difíciles de callar.
Sabía que no debía darle tantas vueltas a lo que fuera que sucedía con el en su ámbito personal, el hecho de que haya encontrado ese collar no debía significar nada, y más si me ponía a pensar en que Benito y mi padre no serían los únicos poseedores de aquel dije.
La música del carro generaba un ambiente agradable, el silencio no era incomodo y sentí que Luca pensaba lo mismo. A pesar de mis prejuicios contra él, habíamos pasado un rato agradable y me hacía ilusión que, en el fondo, muy en el fondo, quizás podríamos comenzar a llevarnos bien.
Aparcó en la puerta de la residencia así que cogí mis cosas y le dediqué un saludo rápido.
— Gracias por traerme — Le dije con una sonrisa tímida en los labios, ojalá estuviera ocultando muy bien el hecho de que lo había pasado bien con él esta noche —.
— No hay de que — Dijo mirándome a los ojos con un aire despreocupado, como si aquello no significara nada. La verdad es que no se en que estaba pensando, pero con ese pequeño gesto me demostró que no nos encontrábamos en la misma sintonía, me sentía una idiota por creer que lo de esta noche cambiaría algo —.
Fui a abrir la puerta del coche para bajarme, pero con su mano me cogió del brazo e hizo que volviera a ponerme en mi lugar. Lo miré directamente a los ojos esperando que dijera o hiciera algo.
— No puedo decirte qué oculto, porque no oculto nada. Mi vida es esta, no tengo secretos, así que deja de mirarme como si trataras de descifrar algo oscuro en mí, no descubrirás nada — Me dijo aun sosteniéndome del brazo, su mano era tan grande que lo cubría a la perfección y sin ningún tipo de esfuerzo —.
— De todos modos, no me interesa saber nada sobre tu vida, ni siquiera te conozco — Le contesté enfadada. ¿Por qué carajos se porta así conmigo? Ni que hubiera querido hurgar en sus cuestiones personales —.
Me bajé del carro sin siquiera esperar una respuesta. Tenía demasiados problemas en mi vida, como para agregarle uno más llamado Luca.
Era sábado así que no escatime en horarios y me permití dormir un poco más de la cuenta. Los deberes de la universidad los tenía al día y trabajo no tenía, así que aproveche para descansar.
La noche de anoche fue un tanto extraña, en un principio pensé que podíamos llegar a llevarnos bien con Luca, pero descubrí que no sería así con el correr de las horas.
Tuve un sueño un tanto raro... Nos encontrábamos en la finca que poseemos con mi padre, charlábamos, reíamos, éramos felices, pero aparecía Benny y todo se tornaba oscuro, de repente Benny me agarraba por la espalda e intentaba llevarme, no sin antes dispararle a mi padre. Gritos, sollozos, intentos de huir y al final del camino estaba él, y de verdad no entiendo porque mi cabeza relacionaba aquella situación con Luca, pero estaba él, esperándome.
Decidí que hoy sería un día productivo así que me cambie el pijama por unos jeans negros, una camiseta blanca y una campera color verde militar que poseía en la parte trasera un estampado de rosas, era mi campera favorita. Decidí escoger unos converse cómodos, ya que iba a dar una vuelta por la ciudad. Tenía muchas ganas de conocer NY, no había tenido nada de tiempo desde que había llegado aquí.
Para mi sorpresa, Charlie seguía durmiendo en su cama, algo que me resultó extraño y gracioso a la vez, dado que, si la he visto tres o cuatro veces desde que llegue, era mucho.
No quise hacer mucho ruido para no despertarla, así que cogí mis cosas lo más cautelosa posible y salí de la habitación.
No había mucha gente en los pasillos, lo que no me resulto extraño dado que anoche se había celebrado una fiesta en una casa de fraternidad. Britt había insistido en ir, pero no tenía ni energía ni ganas, después de la espantosa cena con Luca.
Una vez fuera de la residencia, me puse los cascos y comencé a caminar. El día era hermoso y me acompañaba la hermosa voz de Kehlani, sin dudas una de mis artistas favoritas.
Diez minutos más tarde, y muchísimo más animada, tomé el metro y me dirigí hacia el Times Square. Había soñado con conocer esta ciudad desde pequeña. Y no es que no hubiese podido venir antes, simplemente mi padre estaba en contra de salir de Italia. Cuando era más pequeña no comprendía el porqué, simplemente me echaba a llorar y decía cosas como “tu no me quieres”, “nunca hacemos lo que quiero yo”, entre otras cosas. Lo sé, era bastante caprichosa de niña. Hoy lo comprendo.
Mi padre tenía más de un enemigo, no sólo en Italia, si no alrededor del mundo.
Paseé por un montón de tiendas, compré algunas cosas que necesitaba, como ropa interior, algunas prendas nuevas y otras cosas para el cuidado personal. La verdad es que no había tenido mucho tiempo para mí misma así que aproveche el día al máximo.
Estaba alucinada con la vista, era impresionante e imponente lo que me rodeaba. Saqué mi móvil para hacer unas cuantas fotos.
Seguí caminando y paseando por las calles neoyorquinas, ahora sí con un café en mi mano.
Este tiempo a solas me permitió despejar un poco mi mente de malos pensamientos y de cosas de las que no debería preocuparme.
Mi teléfono comenzó a sonar sacándome de mis pensamientos. Número desconocido.
— ¿Hola? — Traté de contestar con cautela... Tenía instrucciones de no contestar a números desconocidos, quizás rastrearían las llamadas.
— 2704 — Contestó una voz. Era mi padre, mi maldito padre. 2704 era nuestro código. Si él llamaba desde un número desconocido y yo desobedecía y atendía, ese sería nuestro código, así lo identificaría como él. De lo contrario, si atendía y del otro lado de la línea nadie decía eso, debería cortar la llamada —.
— No me lo creo, ¿Cómo estás? ¿dónde? — Necesitaba hacerle mil preguntas, lo extrañaba muchísimo.
— Tita, hija, estoy bien, no dispongo de mucho tiempo, es una conversación rápida mi amor, sólo te llamo para que sepas que estoy bien, que no corro peligro, pero la que corre peligro eres tú hija mía — Hacía tanto no me llamaba por mi apodo... pero ¿Qué me estaba diciendo? ¿Peligro? Pero si me había mudado a la otra punta del mundo esperando estar a salvo... —.
— Pero ¿Cómo es eso posible? ¿Acaso no vine a este lugar a propósito? Me habías prometido que aquí estaría bien, que no debería seguir huyendo, ¿Qué pasa? — Pregunte preocupada, sabía que no tenía más tiempo, que debía irse, pero no podía dejarme sin respuestas.
— Hemos hecho una investigación del lugar en el que te encuentras y nos dimos cuenta de que hay alguien, una persona que no logramos identificar aún, que es peligroso y se mueve en nuestro ambiente.
— No puedes dejarme así, ¿Cómo lo identificaré? ¿Cómo me daré cuenta si estoy en peligro o no? Te necesito — Estaba totalmente angustiada, mi día estaba oficialmente arruinado —.
— No lo sé Tita, ya lo veremos, no tengo más tiempo, debo cortar la llamada, cuando sepamos algo más nos comunicaremos, hasta tanto cuídate mucho, trataremos de protegerte desde aquí — Y cortó —.
La sensación que tenía era de angustia total, era un desastre emocional. Extrañaba a mi padre, era la primera vez que estábamos separados por circunstancias ajenas a nosotros. Necesitaba que me protegiera y odiaba la idea de estar en peligro.
Sin dudas, debía volver al campus, la idea de recorrer en profundidad NY la dejaría para otro momento.
Comencé a caminar hacia el metro y otra vez sentí como si alguien estuviera calculando mis pasos detrás de mí. Me giré para comprobar si había alguien, pero como es obvio, estaba lleno de personas yendo y viniendo de todos los lugares posibles.
Tragué saliva acompañada de una sensación extraña. La cabeza comenzó a dolerme, como era de costumbre, así que no le di mucha importancia.
Seguí caminando, esta vez sin audífonos debido a que tenía que estar alerta. Todo esto me resultaba tan extraño, se salía de mi cotidianeidad y me aterraba lo que podría suceder si alguien me encontraba.
Era la primera vez, desde que había huido de Italia que me sentía totalmente aterrada. Y no quería admitir que todo aquello era culpa de mi padre, pero realmente lo era.
Capítulo 6
Tuve que estar alerta todo el viaje de vuelta. No sé si la llamada de mi padre fue para peor, por mi bien o porqué fue. Sabía que mi padre no me anunciaría nada a menos que fuera importante, así que este asunto sí lo era.
Durante todo el trayecto no pude parar de pensar en Luca, en lo raro que es todo a su alrededor, en las cosas que sé que oculta, pero no quiere que salgan a la luz...
El día estaba bellísimo, me angustiaba no poder terminar de disfrutarlo. Amaba caminar despreocupadamente, observando el paisaje que me rodeaba, escuchando música, ya saben, lo normal que hace uno cuando sale a pasear por la cuidad.
Toda esta situación me generaba furia, estaba furiosa con mi padre, lo estaba con mi madre y con todo aquel que atentaba contra mi tranquilidad.
Nunca fui una persona que se metiera en problemas, me gustaba mantener un perfil más bien bajo. Odiaba tener que lidiar con problemas ajenos y más aún si esos problemas también me involucraban a mí.
Pero sabía que todo esto era por mi bien, sabía que era para protegerme y para que no me sucediera nada. Aun así, maldecía todas las noches por tener que vivir esto.
Mi mente era una máquina imposible de parar, en todo el viaje de vuelta no me he detenido un solo segundo para pensar en que debería dejarlo estar.
Sin embargo, mi maldita mente me jugó una mala pasada, porque también incluyó pensamientos sobre Luca.
Nunca he tenido un novio, creo que ningún chico jamás se fijó en mí de esa forma. Quizás por el <<miedo>> que generaba en otras personas la idea de que mi padre era una persona demasiado peligrosa, o quizás el hecho de que no me considero tan atractiva como para que un hombre se fije en mí. ¿Quién en su sano juicio se fijaría en una mujer bajita, con ojos grandes, pelo ondulado y cachetes rechonchos llenos de pecas? Digamos que no soy el tipo de nadie.
Se que no debo hacerme ilusiones, ni siquiera es que me haya dado una señal, pero tenía algo, algo especial, sabía que era diferente, sabía que no íbamos a poder ser amigos por el simple hecho de que ninguno de los dos tiene esa intención.
Cada vez que estamos cerca siento que hay algo que nos une más allá de un vínculo <<amistoso>>. Sentía que compartíamos historia, pero no podía entender por qué.
Algo en él me atrae más de lo normal, no quiero estar lejos suyo, pero tampoco quiero estar cerca, me da temor y a la vez intriga.
Eran cerca de las ocho treinta de la noche cuando sonó mi teléfono.
— ¿Qué hay Britt? — Respondí media soñolienta. Al llegar a la residencia decidí que había muchas cosas en que pensar así que me recosté, pero caí rendida en un sueño bastante profundo.
— No me digas que te pasaste todo el puto sábado encerrada, sin llamarme y sin hacer nada —Me contestó —.
— No, de hecho, salí por un rato, pero decidí volver, no me encontraba con muchos ánimos.
— Debes contarme que sucedió ayer. No creas que lo he olvidado...— Dijo riéndose y mofándose de mí. Puse los ojos en blanco.
— No hay mucho que contar, salvo el hecho de que quise hacerle unas preguntas y no quiso responder ni una sola, evasor a la vista — Y me reí yo también ante el recuerdo —.
— ¿Sabes qué? Paso por ti en veinte minutos, iremos a comer algo por ahí y me contarás absolutamente todo, desde el momento en que te recogió hasta el color del calzón que traía puesto — Diablos, Brittany podía tornarse muy pesada —.
Corté la llamada y me dispuse a cambiarme. Debería darme una ducha rápida si no quería apestar a zorrino, así que cogí mis cosas y me fui directo a las duchas.
No eran la gran cosa, pero servían para cumplir su función, es decir, botar agua para que puedas sacarte la peste.
Noté que no había nadie, raro. Sin embargo, cuando me dispuse a buscar una ducha lo más lejana posible, para no sufrir alguna especie de <<espionaje>> por parte de algún desquiciado, escuché sonidos que provenían de la última ducha del pasillo. Cuanto más me acercaba, más fuertes se oían, pero ya no eran sonidos al pasar, sino más bien gemidos.
No es que no sucediera nunca... Todos sabemos que las residencias universitarias se caracterizan por estas cosas. Pero algo logró llamarme aún más la atención.
Noté que hablaba la misma voz que había escuchado en el bar, esa que me había espetado que <<dejara de mirar a su novio o sufriría consecuencias>>. Me reí mentalmente por eso.
Me resultó asqueroso, como era capaz de tener sexo en las duchas de la residencia.
Una voz masculina, aquella que ya conocía bastante bien, se unió a la voz de aquella barbie chillona. Debo admitir que se me hundió un poco el corazón, pero igual, ¿qué esperaba? ¿qué por llevarme a cenar una vez ya sería mi próximo marido? Que puta ilusa.
El agua se cerró y la cortina se abrió, sin darme tiempo a esconderme para que no me vieran.
— ¿Otra vez tú? — Me espetó la plástica, claramente molesta.
— Los baños son públicos — Me limité a contestarle. Noté que empezó a cabrearse porque empezó a acercarse a mí de una manera un tanto amenazadora. Quise correrme del lugar en donde estaba, pero para mí desgracia choqué con una pared, lo que me imposibilitaba salir de ahí —.
— No me interesa si los baños son públicos o no, aléjate de mí y de mí novio si no quieres que te arranque esos pelos espantosos que tienes — Me miró desafiante. Empezaba a cabrearme y eso no era nada bueno —.
— Venga, te voy a dar una buena noticia... — Me acerqué a ella de la misma manera que ella se acercó a mí hacía menos de un minuto — Me importa un carajo tu novio, y me importas un carajo tú — Y sin más la empuje para que me dejara pasar de una buena vez. Que se vaya enterando quien es Lina Salvatore... —.
— Bueno pues no lo parece, te entrometes en el bar, vas de puta metiéndote en su apartamento, luego te vas a cenar con él... A mí no me parece que te importe una mierda — Me miró con esa cara tan particular. Definitivamente estoy a un solo paso de arrancarle todas esas malditas extensiones de pestañas que lleva puestas, pero algo se interpone entre las dos, y como no, Luca —.
— Ya basta, ¿Qué carajos te pasa Steff? — Dijo mirándola a ella.
— Bueno ya veo, ahora también estas de su lado... ¿Sabes qué? Estoy harta de tus mierdas —Agarró todas sus cosas y se marchó, dejando a un Luca semi desnudo enfrente mío —.
— Oye mira, discúlpame ¿sí? — No sonaba muy sincero.
— No tienes que disculparte, me importa un carajo — Dije revoleando los ojos, esta situación ya me tenía cansada —.
— Pues, claro que no tengo que disculparme, pero lo hago para ser educado contigo, maldición.
— No necesitas serlo, Luca — Le contesté lo más cortada que pude, necesitaba que me dejara en paz. Necesitaba paz —.
Lo dejé con la palabra en la boca porque entre a una de las duchas más cercana para poder terminar con lo que quería desde un principio.
Estaba sacándome la remera cuando alguien abrió la cortina de la ducha y entró. Me asusté demasiado pero enseguida bajé a la tierra cuando me di cuenta de que quien había entrado era Luca.
No dijo nada, sólo me empujo contra la pared de la ducha y se acercó peligrosamente a mi boca. Tenerlo tan cerca hizo que mil mariposas revolotearan en mi estómago provocándome una sensación extraña y nueva.
Sus ojos no se apartaron de los míos en ningún momento. Su mirada era intensa, demasiado intensa y oscura, y rogué internamente para que me besara.
Sus manos se encontraban a ambos lados de mi cabeza, pegadas a la pared. No sé cuánto tiempo habremos pasado así, sentí que fue un siglo.
Desprendía un aroma espectacular, aquello se había convertido en una nueva droga para mí, al mismo instante que supe que necesitaría más de aquello.
Estaba torturándome, lo sabía, pero no sería yo quien diera el paso siguiente. Si quería seguir en esa posición lo que restaba del año, adelante, no me movería ni un solo centímetro.
Pero entonces sucedió, como si hubiese podido escuchar mis pensamientos, estampó su boca contra la mía, primero de manera un poco violenta, como si quisiera demostrar algo que no comprendía, como si quisiera sacar toda la furia que contenía en ese instante.
Fue intenso, demasiado. Jamás me habían besado de aquella forma y se sintió jodidamente bien.
Me obligo a abrir mi boca cuando paso su lengua por mi labio inferior, así podría profundizar aún más el beso.
Estaba extasiada, me gustaba aquella sensación, pero algo me obligó a parar.
— ¿Qué estás haciendo? Tu novia acaba de irse, acabas de tener sexo con ella hace menos de cinco minutos, ¿Qué mierda haces? — Le dije exasperada por aquella situación.
No dijo nada, sólo me miró y se marchó, dejándome semi alborotada y confundida.
Capítulo 7
No dejé de pensar en lo sucedido ni un solo instante. Flashbacks del beso inundaban mi mente sin siquiera poder controlarlo.
Aquel beso provocó que algo en mí se encendiera, Luca me gustaba, no iba a negarlo, pero siendo sinceros, jamás avanzaría lo nuestro, simplemente porque no había tal cosa.
Me sentía confundida, porque nadie en mi vida había logrado causar lo que Luca causa en mí tan solo a tres o cuatro semanas de conocernos, la verdad sentía que era un tiempo récord.
Me atraía más de la cuenta, pero analizando bien la situación, creo que me atrae más descubrir qué es lo que esconde.
Su cabello alborotado y su boca hinchada me hacen desearlo más de lo que debería.
Dejé que el agua caliente se llevara todos mis pensamientos, necesitaba un respiro y en este preciso momento, todo lo que tenía no se asemejaba a nada parecido con la paz.
Todo es caos en mi vida. Últimamente no puedo gozar de tranquilidad. Nunca me metí en problemas, nunca tuve que salir despavorida hacia otro país, nunca tuve que lidiar con el hecho de que quieran hacerme daño por venganza, y tampoco tuve que lidiar con alguien como él.
Todo esto estaba causándome tanta rabia que no sabía si podría ser capaz de aguantarla.
Cuando terminé de bañarme agarré mis cosas y fui directo hacia mi cuarto. Allí me estaba esperando Brittany, debería darle explicaciones de por qué había tardado tanto.
— ¿Te ahogaste o qué? — Preguntó un poco molesta, no le gustaba que la hiciesen esperar.
— Tuve un inconveniente en las duchas, por eso tarde un poco más de la cuenta — Y no se si fue por mi tono de voz un poco apagado o porque ni siquiera la estaba mirando cuando le contesté, porque enseguida me miró extrañada y preguntó... —.
— ¿Qué tipo de percance? ¿Uno llamado Luca? — Alzó una ceja a modo de intriga mezclado con obviedad.
— ¿Qué? No, de eso nada — Mentí —.
— Li, sabes que no puede ocultarme las cosas... Acabo enterándome, aunque no quiera. Lo vi salir de las duchas cuando venía hacia tu cuarto, se lo notaba realmente alborotado.
— Bueno, sí, tiene que ver con él. Pero prométeme que antes de hacerme tu interminable interrogatorio vas a dejar que me arregle y vamos a ir por una hamburguesa. De verdad muero de hambre y no tengo energías en este momento para nada más — Le dije casi suplicando —.
— De acuerdo, pero de verdad no te salvas, Lina — Hizo un gesto como si me estuviera amenazando, obviamente en broma, lo que me hizo reír. Siempre encontraba la forma de hacerme reír —.
Nos encontrábamos en un local llamado <<American’s Order Now>>, según mi amiga era el mejor lugar para comer hamburguesas, y no mentía.
Estábamos pasando un buen rato, de verdad necesitaba esto. Necesitaba despejar por un rato mi mente de cualquier cosa que tenga que ver con la palabra <<peligro>>.
Le conté todo sobre la cena con Luca y también sobre el pequeño percance que tuvimos en las duchas.
— Es una maldita perra y como me la encuentre le arranco cada una de sus extensiones de barbie mal peinada — Dijo mega furiosa. Era tan divertido hablar con ella que hasta me reí de aquella situación, que en su momento no había hecho más que enfadarme hasta la médula —.
— No tiene mucha importancia, de hecho, ahora que te lo cuento, hasta me da risa. No merece la pena — Le contesté, aun sabiendo que no podría sacarle esa especie de enfado que tenía —.
— Créeme, es una perra, siempre hace lo mismo con cada persona que intenta acercarse a Luca, es realmente enferma.
— ¡Ya!, deja de darle importancia, al fin y al cabo, no tenemos nada que ver con ella, ni siquiera la vemos por ahí jamás — Le dije tratando de tranquilizarla, pero aun riendo por su reacción —.
— Bien, ahora sí iremos a lo importante, ¿lo viste desnudo? — Preguntó la muy atrevida de mi amiga.
— ¡Claro que no!, o sea, sí, bueno más o menos...
— ¡Decídete, Lina! Me vas a matar de la desesperación, niña — Dijo sujetándose la cabeza a modo de exasperación —.
— O sea, estaba medio desnudo, es decir, tenía una toalla cubriendo su parte baja, pero su torso estaba desnudo — Medio me sonrojé ante el recuerdo —.
— ¡Mmm, Li! Estás cada vez más cerca, cerda — Dijo levantando las cejas burlándome —.
— ¡Déjame en paz, maldita! — Y juntas nos reímos.
La noche transcurrió normal, seguimos hablando sobre cosas sin importancia. Me contó una infinidad de anécdotas divertidas y yo le conté unas cuantas mías. Me resultaba raro que no preguntara sobre mi vida en Italia, pero se lo agradecía internamente. No estaba lista para dar ese paso.
Me ofreció ir a un bar a tomar unas cuantas copas y accedí, parecía un buen plan.
Cuando llegamos nos encontramos con la sorpresa de que allí estaba Jeff, aquel amigo de Brittany, el que era de lo más agradable.
Nos invitó a su mesa y nos sentamos con él. Resulta que era muy fácil entablar una conversación con él, así que en ningún momento me sentí incomoda, ni nada que pueda parecérsele.
No sé en qué momento sucedió, pero de repente Britt estaba en la pista de baile refregándose contra un desconocido. Y por supuesto, los tragos ya habían empezado a hacer efecto en mí, y lo noté porque estaba mucho más animada de lo habitual, al punto de casi pedirle a Jeff que bailara conmigo en la pista, justo como lo estaba haciendo Brittany. Y de hecho lo hice.
No se cuánto tiempo pasamos en la pista de baile, pero parecía una eternidad. Hacía mucho tiempo no pasaba un rato tan agradable.
Seguimos bailando por algún tiempo más, y no sé qué fue, pero Jeff intentó acercarse mucho más de lo debido a mí. No me gustó. No tenía esa intención, no me interesaba hacer lo que seguramente Jeff estaría planeando.
No logré decirle que parara, porque un segundo antes de hacerlo, me besó. No quise acceder a aquello, de hecho, me quedé bastante quieta, me sentía extraña. Aquella boca no era precisamente la boca que quería que me tocase. El beso no era igual al que me había dado con Luca y eso me enfurecía. Me enfurecía no poder dejar de pensar en él y en aquel momento que habíamos compartido.
Creo que intenté zafarme, de algún modo, pero no resultó posible. Aquello se estaba tornando demasiado incomodo y necesitaba que Brittany despegara su culo y viniera ayudarme. Pero eso no sucedió.
— Jeff, déjame, no me gusta lo que estás haciendo — Trate de ser lo más clara posible debido a que la música estaba demasiado alta —.
— ¡No te oigo! Disfruta el momento, déjate llevar — Me contestó, pero yo quería irme, ya no quería estar más allí —.
Forcejeé un instante, pero Jeff no me soltaba, no sabía que hacer. Me estaba sintiendo realmente mal. El alcohol en mi sangre no estaba ayudando tampoco a esa situación.
En un momento dado creí que mis esfuerzos por sacarlo de encima de mí habían dado fruto, pero sucedió todo lo contario.
Jeff se separó de mí de un tirón y noté que instantáneamente cayó al piso, alguien lo había empujado.
Mi visión estaba borrosa, no logré distinguir quien era la persona con la que Jeff estaba peleando y estaba tan agotada que ni siquiera intenté separarlos. Creo que logré pronunciar algo así como que quería vomitar y salí del lugar. Definitivamente necesitaba aire fresco para despéjame.
Me encontraba realmente mal, mi estomago estaba revuelto y tenía muchísimas ganas de largarme de este sitio.
La bilis me subió por la garganta y ya no pude contenerme más. Agradecí estar apartada de la gente que seguía ingresando al lugar, desde donde estaba nadie podría verme hacer semejante payasada.
Sentí unas manos sujetarme y no logre reaccionar, o más bien no quise. Sabía perfectamente de quien eran esas manos.
— ¿Por qué siento que siempre apareces para rescatarme? — Le dije claramente ebria.
— Eres tú la que aparece siempre, vaya a donde vaya, parece que ni yo puedo librarme de ti y tú tampoco puedes librarte de mí — Me dijo, pero no pude descifrar si lo decía en serio o si lo decía en broma. Para ser sinceros, todo me parecía una broma, hasta me reí de su comentario —.
Quise decirle que estaba bien, que podía irse ya a hacer lo que se le dé la gana, no necesitaba un niñero. Me resultó imposible porque ni bien quise incorporarme medio me desmayé.
Después de unos cuantos minutos logré recomponerme y ahí estaba Luca, abrazándome para que el frío no me afectara.
Me incorporé un poco dado que me encontraba con la cabeza apoyada en sus piernas; siguió cada uno de mis movimientos con su intensa mirada. Me extrañaba que siempre llevara esa mirada en su rostro, como si quisiera calcularlo todo. Era extraño, pero a la vez muy sensual.
Entonces me pregunté internamente por qué era que siempre aparecía en los momentos indicados, siempre estaba ahí, aunque no me hubiese percatado de su presencia; y créanme, eso era algo muy difícil de lograr, llamaba la atención de todo el mundo, entonces... ¿Cómo era posible que siempre estuviera ahí?
— ¿A qué hora llegaste a la fiesta? — Le pregunté tratando de descifrar algo en sus bellos ojos. Desvió la mirada hacia un punto lejano y suspiró.
— He estado aquí todo el rato — Contestó despreocupado, algo no me cuadraba.
— ¿Y por qué no te he visto? — Insistí.
— ¿Nunca te cansas de hacer tantas preguntas? — Respondió un poco molesto — Eres un real fastidio — Dijo levantándose ya que nos encontrábamos sentados en la acera. Su comentario me hirió, pero no iba a dejar que viera que me afectaba, además, el aparecía como si nada a poner mi mundo patas para arriba y el fastidio era yo, si como no. Revoleé los ojos ante mis pensamientos —.
— Me reconforta saber lo que significo para ti — Contesté de manera sumamente sarcástica —.
— ¿Y qué otra cosa podrías significar para mí, Lina? — ¡Auch!, eso sí dolió. Se encontraba dándome la espalda por lo que no podía ver mi reacción ante aquellas palabras. Era un gilipollas, un idiota, un animal y lo odiaba con cada parte de mi cuerpo. Me maldije a mí misma por permitirme pensar cosas bonitas sobre él. No era bonito, no era educado, era un arrogante y un egocéntrico. Estaba realmente enfadada, quería largarme lo más lejos posible de él y de todo lo relacionado con su persona.
Me levanté del suelo y me eché a andar. Estaba desorientada, pero que más daba, necesitaba alejarme, pero estaba tan borracha todavía que ni bien comencé a andar un poco más rápido mi cabeza empezó a dar vueltas y de repente me sentí como si estuviera en un maldito samba.
Me detuve por un instante para comprobar que seguía sola y obviamente para tratar de recomponerme.
Maldije a Brittany por no encontrarse conmigo en ese momento, por abandonarme como hacía en cada maldita fiesta, entonces noté que alguien se acercaba por detrás.
— No puedes volver así y menos que menos sola — Dijo el hombre que tanto odio me provocaba —.
— ¡Ya basta! — Le grité, sé que mi reacción fue un poco desmedida, pero estaba furiosa por sus comentarios de hacía unos instantes -, déjame en paz, desaparece — Volví a subir el tono de voz; estaba dando un espectáculo y sabía que estaba cabreándolo, pero no me importaba, yo también estaba cabreada —.
— Te llevaré a tu residencia y me importa una mierda que no quieras venir conmigo — Contestó tratando de mantener la calma, pero claramente comenzaba a enojarse. ¡Que te den, maldito imbécil! —.
— ¿Qué harás al respecto? — Me crucé de brazos desafiándolo, no me movería ni un centímetro de mi lugar hasta que no se marchara por donde había venido.
Y entonces sucedió lo obvio; dio dos grandes zancadas que no le costaron absolutamente nada de esfuerzo, dado que sus piernas eran tan largas como dos postes de luz, me cogió como si fuese una bolsa de vaya a saber uno que y así como estábamos comenzó su recorrida hasta, supongo, su coche.
— ¡Bájame maldito infeliz! — Mis gritos no cesaban, no pararía hasta que me soltara y me dejara volver a mi residencia por mis propios medios.
— Si no dejas de gritar...
— Si no dejo de gritar ¿qué? — Lo desafié desde mi posición de clara desventaja, la cual ya comenzaba a hacerme daño. La bilis amenazaba con subir nuevamente y no sabía si iba a poder contenerla. Estaba tan borracha que creía que iba a fallecer. La Lina de siempre se arrepentirá de esto en la mañana.
No contestó, siguió caminando y yo lo dejé estar, no iba a conseguir nada. Pero de repente todo se puso negro ante mis ojos y aseguré que, si no me baja ya mismo, terminaríamos los dos bañados en vomito.
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