Kitabı oku: «Preparación para la vida»

Yazı tipi:

Índice de contenido

1  Portada

2  Créditos

3  Prefacio

4  Introducción

5  CAPÍTULO 1 SUPREMACÍA DE JESUCRISTO ¿Por qué escribir sobre Él? El Testimonio del Padre El Testimonio de Cristo

6  CAPÍTULO 2 JESUCRISTO EN LA TRINIDAD El Hijo Unigénito del Padre Los Atributos de Dios Las Cualidades de Dios

7  CAPÍTULO 3 PREPARACIÓN DEL HOMBRE INTERIOR El Principal Propósito del Hombre Fijando Prioridades Exhortación a la Sabiduría El Amor por Jesucristo El Amor por el Prójimo Amistad con Dios No Confíes en tu Entendimiento La Racionalización del Pecado El Bautismo del Espíritu Santo Los Dones del Espíritu Los Frutos del Espíritu Caminando con Dios La Oración La Unción La Comunión Las Aflicciones del Cristiano La Duda El Perdón El Ayuno Contentamiento

8  CAPÍTULO 4 LA PREPARACIÓN DEL HOMBRE EXTERIOR El Hombre Exterior La Gran Comisión Respondiendo al Llamado Enviados de Dios Coraje Cristiano Hermandad en el Espíritu Las Obras Trabajadores con Dios Ministerio de Intercesión Ministerio de Ánimo Fidelidad hacia los Hombres Responsabilidad hacia el Amigo El Misionero Victoria en Jesucristo

9  CAPÍTULO 5 PREPARACIÓN PARA LA LUCHA Nuestra Lucha Tiempo de Engaño Las Fuerzas del Mal Idolatría No desechéis a Dios Lo Religioso vs. lo Espiritual

10  CAPÍTULO 6 PREPARACIÓN PARA LA MADUREZ

11  La Madurez Espiritual Emocionalidad vs. Espiritualidad La Renovación de la Mente La Batalla de la Mente La Obediencia La Integridad Cristo: la Luz

12  CAPÍTULO 7 PREPARACIÓN PARA LA VIDA Avanzando hacia la Meta El Rapto de la Iglesia

13  CAPÍTULO 8 EL PERÍODO DE LA TRIBULACIÓN Breve Resumen Segunda Venida de Cristo El Milenio El Juicio Final

14  CAPÍTULO 9 EL INGRESO A LA VIDA El Reino de Dios La Eternidad

15  Conclusiones

16  Nota Personal del Autor

17  Antecedentes Biográficos del Autor

18  Sinopsis

19  Índice

Hitos

1 Índice de contenido

2  Portada

Dr. Héctor Caram-Andruet

Caram-Andruet, Héctor

Preparación para la vida : un diálogo con la Palabra de Dios / Héctor Caram-Andruet. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: online

ISBN 978-987-87-1624-4

1. Religiones. I. Título.

CDD 231.04

EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA

www.autoresdeargentina.com info@autoresdeargentina.com

Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723

Impreso en Argentina – Printed in Argentina

A Jesucristo, nuestro Señor.

A Graciela, mi esposa.

A mis hijos: Martín, Roger y Andrea.

A mis nietos: Ian y Lucas.

Prefacio

Este libro está dirigido a Cristianos y No-Cristianos, a todos quienes sean guiados por el Espíritu de Dios a leerlo. A los primeros, para su edificación espiritual; a los segundos, para el conocimiento de la verdad.

Ha sido escrito y estructurado dando total preeminencia a la Palabra de Dios, intercalando comentarios a la misma bajo la guía y sabiduría del Espíritu Santo. Por ello, las referencias bibliográficas a libros otros que la Sagrada Biblia son mínimas, apelando en vez al uso amplio y frecuente de concordancias.

El estilo del autor procura claridad y precisión en su mensaje, incorporando en forma asidua y literal los textos bíblicos analizados, de manera que la evaluación de los comentarios e interpretaciones del autor puedan ser directa y rápidamente cotejadas con los mismos. El uso de párrafos y sub-párrafos de contenido temático tienen el mismo propósito.

El autor sostiene la interpretación literal de la Palabra de Dios, que es la posición que adoptó la Congregación Patriarcal en sus primeros 300 años de vida, antes de que se desarrollaran “doctrinas de hombres” paralelas y ocasionalmente contradictorias a las Escrituras, como el propio Señor Jesucristo lo advirtió (Mt.15:9). Por ello, el autor se opone firmemente a los que pretenden editarla o modificarla de su texto original.

Introducción

El autor publicó en el 2014 en EEUU de Norteamérica, por medio de la Editorial Charisma Media Company, el libro titulado “The World Crisis and Bible Prophecies- Discerning the Signs of the Later Days”, lo que traducido significa: “La Crisis Mundial y las Profecías Bíblicas- Discerniendo las Señales de los Días Tardíos”, donde se analizaron todas la profecías concernientes al tiempo presente, o lo que las Escrituras denominan como “Los Días Tardíos”. El autor ha considerado importante Incorporar un breve resumen del mismo en el presente libro, de manera de proveer al lector una visión escatológica de lo que el Señor nos advierte habrá de ocurrir en el futuro cercano. Es esencial ampararnos en la protección de Dios para que lo que viene sea motivo de bendición, y no de consternación.

En décadas recientes ya se han cumplido extraordinarias “señales externas” anunciadas por Dios, tal como el regreso de la diáspora Judía desde todas las naciones del mundo a la Tierra Prometida, profecía cumplida con la fundación del Estado de Israel en 1948. Así también el retorno del pueblo Judío a Jerusalén ocurrido en 1967. Concurrentemente, el “florecimiento” (Mt.24:32-33) de Israel desde 1967 hasta el presente, período durante el cual se ha convertido en una de las naciones más avanzadas del mundo en lo que era una tierra desértica y desolada. La profetizada permanencia del Estado de Israel en la Tierra Prometida también se cumplirá (Am.9:14-15), a pesar de los intentos bélicos por parte de los 100 millones de musulmanes que la rodean, porque Dios así lo ha prometido.

Asimismo, están ocurriendo numerosas “señales espirituales” profetizadas para los “días tardíos”, como el avance del conocimiento, la degradación ética y moral del hombre moderno, como lo describe la Palabra en términos muy claros (2 Tim.3:1-5). Se nos advierte de igual manera: “Revestíos de la armadura de Dios, para que podáis resistir contra las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los seres espirituales de la maldad que están en las alturas” (Ef.6:10-12). El propio Señor Jesucristo, respondiendo a sus discípulos sobre la parusía (su regreso a este mundo) y el final de los tiempos, les advirtió “mirad que nadie os engañe, porque vendrán muchos amparándose en mi nombre y dirán: ¨Yo soy el Cristo¨ y engañarán a muchos. Habéis de oír fragores de batallas y noticias de guerras. ¡Cuidado! No os alarméis. Porque eso tiene que suceder, pero todavía no es el fin. Efectivamente se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y habrá pestilencias y terremotos en diversos lugares. Todo esto será el comienzo del doloroso alumbramiento” (Mt.24:3-8).

Las precedentes son profecías originalmente escritas hace más de 2.000 años, referidas por el autor en su libro del 2014, y que están hoy siendo consideradas en el presente libro (escrito en el 2020) en medio de la Pandemia del Covid-19, las que se están ya cumpliendo para el desconcierto del mundo. Jesucristo advirtió que “no os alarméis” porque Satanás y sus ángeles caídos inducirán a los líderes mundiales a controlar la humanidad por medio del miedo, restricciones a las libertades individuales, la manipulación de la mente y las emociones, lo que en el presente es agravado por el uso de los medios masivos de comunicación.

Adviertan que “la activación de terremotos de gran intensidad en diversos lugares” ya está ocurriendo, pero se agravarán en el futuro cercano. Para los que digan: terremotos y guerras los ha habido siempre, Cristo aclaró que estos aumentarán en frecuencia e intensidad, como los dolores del parto, en la medida que el tiempo se acerca (Mt.24:8). La presente pandemia está ya categorizada como uno de los mayores desastres en la historia de la humanidad, si bien el Señor ha dicho “no es el fin aún”. Por ende, en el contexto de las profecías previamente referidas, esta pandemia no puede sino ser considerada como una advertencia de Dios para la humanidad que se ha alejado de Él para que se arrepientan, y para los cristianos, para que se mantengan firmes en la fe. La llamada “Revolución Tecnológica” y en particular la aplicación de la Inteligencia Artificial y el Trans-humanismo (la supuesta futura digitalización de la conciencia humana), están igualmente siendo promovidas por las fuerzas del mal y representan un pretendido desafío al Omnipotente. No obstante, la presente pandemia no será significativa comparada con los cataclismos apocalípticos de los tiempos finales, los que sí causarán terror en el mundo, con el propósito de que los hombres reconozcan sus limitaciones frente al Todopoderoso. “Porque escrito está: Destruiré la sabiduría de los sabios, y anularé la inteligencia de los entendidos” (1 Cor.1:19).

Período Intermedio

Esas mismas Escrituras advierten que esta crisis es sólo el “comienzo del doloroso alumbramiento”, por cuanto al presente ya estamos incursionando en el período previo al Rapto de la Iglesia y a la Gran Tribulación de los días finales. Durante este período se materializará un creciente desorden socio-económico y moral en el mundo que preparará el camino para un Nuevo Orden Mundial y una Nueva Religión Universal dominados por el mal, temas sobre los que ya se habla hoy y se continuarán desarrollando en los próximos años. Por ello, el autor se concentrará en los capítulos siguientes de este libro en el período actual de la humanidad que culminará con el Rapto de la Verdadera Congregación Cristiana (1 Tes.4:16-17), el que analizará conforme a las Escrituras y sin incursionar en aspectos doctrinarios o tradicionales que no están mencionados en las mismas. La auténtica Congregación Cristiana representa a aquéllos que verdadera y fielmente guardan los preceptos y admoniciones de Jesucristo, quién es el Verbo y nuestro Señor. Por eso este libro ha sido titulado “Preparación para la Vida” y se enfoca en lo que debemos creer y hacer para encontrar el Camino, comprender la Verdad y alcanzar la Vida eterna en el Reino de Dios. Es la esperanza del autor que ello ayude a desplazar la actual preocupación de tantos por doctrinas demoníacas, la muerte terrenal y las cosas de este mundo. El aguijón de la muerte ya ha sido vencido por Cristo en la cruz (1 Cor.15:54-55). No obstante, “El Espíritu dice expresamente que, en los últimos tiempos, algunos desertarán de la fe y se entregarán a espíritus engañosos y enseñanzas demoníacas” (1 Tim.4:1) y eso es hoy una creciente realidad. Por ello, los cristianos sufrirán un nuevo período de persecución.

El Rapto de la Iglesia Fiel

Pero los que persistan en la fe serán rescatados: “Porque has guardado la consigna de Mi constancia, también Yo te guardaré en la hora de la prueba que va a venir sobre todo el mundo para probar a los que habitan sobre la Tierra. Vengo enseguida. Conserva lo que tienes, para que nadie te quite tu corona” (Ap.3:10). El Rapto del pueblo de Dios de la Tierra y la simultánea remoción del Espíritu Santo que habita en él, antes del Período de la Gran Tribulación, ocasionarán gran consternación y confusión en el mundo. Por una parte, millones de fieles a Cristo de todas las edades, sexo y condición social serán arrebatados de la Tierra simultáneamente y en todo el mundo. Los infieles que queden en el mundo reaccionarán de diversas maneras, en medio del estupor y el miedo. Pero es de esperar que cada uno reaccione acorde a su espíritu, educación e instintos, lo que significa que habrá empatía en muchos por los demás, así como que otros demostrarán lo peor que hay en ellos: crímenes, robos y violencia. El Espíritu Santo, que habrá sido removido, tampoco estará en el mundo para constreñir las fuerzas del mal: “Ahora ya sabéis lo que le retiene, hasta que aparezca en su momento (el Anticristo, o “el hijo de la perdición”). Porque el misterio de la impiedad está ya en acción. Apenas desaparezca el que hasta ahora lo está reteniendo (el Espíritu Santo) aparecerá el impío, a quién el Señor (Jesús) destruirá con un soplo de su boca y lo aniquilará con la manifestación de su parusía” (2Tes.2:6-8).

Por ello, reafirmamos que el foco de este libro será concentrarnos en la oportunidad actual de consolidar la decisión de los que creen, y de esforzarse en mantenerlos fieles a la Palabra para ameritar ser escogidos por Dios para el Rapto de este mundo, previo a la Tribulación. En otras palabras: Cristo nos reitera hoy, a los que estamos vivos, la posibilidad de no conocer muerte; y a los que habrán de morir en el Señor antes del Rapto de la Iglesia, el ser resucitados primero; todos liberados en cuerpos de incorrupción, para conjuntamente unirnos por siempre a Él (1Tes.4:15-18). Es por eso que consideramos de extrema importancia que se conozca y comprenda esta promesa del Señor, así como los horrores de la Tribulación para no ser tentados y caer en ella, lo que se analizará bíblicamente en este libro, si bien de manera breve y resumida. La decisión que se tome ahora tendrá consecuencias eternas, y lo eterno es para siempre! Dice el Espíritu a través del Apóstol Pablo:

“Considera, pues, la bondad y la severidad de Dios: para los que cayeron, severidad; para contigo, en cambio, bondad divina, si es que te mantienes dentro de esta bondad. De otro modo, también tú serás cortado” (Rom.11:22). Por cuanto que es difícil para el hombre comprender lo infinito del amor de Dios, quién no dudó en enviar a su Hijo unigénito a morir vicariamente por nosotros en la cruz, para que el que crea en Él no se pierda sino gane la vida eterna en su reino; así también le es difícil al hombre entender la magnitud del odio y maldad de Satanás y sus adeptos contra Jesucristo y los que creen en Él. Por ello, deberemos comprender que la justicia perfecta demanda que el castigo sea proporcional a la ofensa infligida contra Dios y su Cristo, ergo el porqué de la severidad de la Tribulación.

Período de la Gran Tribulación

(7 años), previo al regreso glorioso del Señor Jesucristo se producirá el advenimiento de la Falsa Trinidad y de sus ángeles caídos: “Aquél (el Anticristo) tendrá también su parusía, por la acción poderosa de Satanás, bajo la forma de toda clase de poder, de signos y de prodigios falsos y de toda especie de maldades, que seducirán a los que están en vías de perdición, por no haber acogido el amor de la verdad que los habría salvado. Y por eso Dios les manda una poderosa fuerza seductora que los llevará a creer en la mentira, de suerte que acaben condenados todos los que no creyeron la verdad, sino que se complacieron en la iniquidad” (2Tes.2:9-12).

Durante este período, a muchos les costará comprender y se confundirán con el despliegue de poder de las fuerzas del mal, específicamente autorizadas por Dios para dictatorialmente dominar al mundo durante ese período. Pero el designio de Dios es que ésta sea una prueba final para el remanente de cristianos, judíos y creyentes que no ameritaron ser rescatados en el Rapto de los fieles. A pesar de esto, una buena parte de ellos regresarán a Dios durante la Tribulación, pero a costas de enormes sufrimientos o de morir mártires (los Santos de la Tribulación).

Durante los 3.5 primeros años de este Período, el Anticristo gobernará con extraordinaria sagacidad y con el despliegue de falsas señales y milagros, dominará y consolidará su poder sobre un mundo desquiciado, confuso y dividido durante los años que lo precedieron, y auspiciará el Nuevo Orden y la Nueva Religión Universal que se promovió durante ese tiempo. Como un gran logro, el Anticristo firmará un acuerdo de Paz con Israel, y el pueblo Judío lo confundirá con el “Mesías” que han estado esperando por siglos (por cuanto que no reconocieron a Cristo cuando vino), pero antes del fin de este período los traicionará, e Israel será invadido por una coalición de naciones dirigidas por él. Asimismo, el Anticristo sobrevivirá en forma aparente una falsa herida de muerte en su cabeza, que impactará a muchos. Formará también una coalición de Diez Reinos en Europa (a semejanza del viejo Imperio Romano), consolidando su hegemonía territorial y causando persecución y muertes masivas sin piedad alguna. “Porque entonces será la angustia tan grande como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás. Y si no se abreviaran aquéllos días nadie se salvaría; pero en atención a los elegidos, se abreviarán los días aquéllos” (Mt.24:21-22). Su reino durará otros 3.5 años (la segunda mitad del Período de la Tribulación), durante el cual el Anticristo reconstruirá el ala del Templo de Jerusalén y entrará en el lugar sagrado y se declarará Dios, acto que las Escrituras llaman “la Abominación de Desolación” (Dn.11:31). Esto desatará el juicio final de Dios sobre el Satanás, el Anticristo, el Falso Profeta y la población mundial que ha aceptado la marca de la Bestia, un sistema satánico de control reconocido por el nombre de la Bestia o el número “666” (en el lenguaje de hoy, seguramente un sistema computarizado de extraordinaria velocidad y memoria, con reconocimiento de imágenes y estructuras robotizadas), siendo la “marca” seguramente un chip insertado en la mano derecha o en la frente de la población, “sin el cual nadie podrá comprar ni vender”, y que permitirá a la Bestia matar a quienes se nieguen a recibir dicha marca (Ap.13:15-18). Esta es una profecía extraordinaria por dos razones fundamentales:

 Nos conmina a aceptar en fe que Dios ha otorgado a la Falsa Trinidad el poder de dominar a los Santos de la Tribulación y al mundo durante los últimos 3.5 años del período de la Tribulación, para probar su arrepentimiento y fidelidad (su Iglesia Fiel ya habrá sido previamente rescatada del mundo sin conocer muerte, como se comenta más arriba: El Rapto de la Iglesia). Esta será una dura prueba, en cierta manera semejante a la obediencia de Jesucristo al pedido del Padre, quién estando en igualdad con Dios, no vaciló en aceptar su sacrificio y muerte vicaria para salvar a los pecadores que creyesen en Él (Flp.2:5-9).

 La anticipación profética (2.000 años) de un sistema de computación de avanzada tecnología para los tiempos finales, que solo los que vivimos hoy pudiésemos entender (algo imposible para los que nos antecedieron), representa una extraordinaria profecía.

Los Juicios de Dios

Éstos serán anunciados al inicio de la etapa final del Período de la Tribulación, acorde a lo descripto en el libro de Apocalipsis, Capítulo 5, Los Siete Sellos, y que representan el preanuncio de los flagelos que se ejecutarán posteriormente a través de Las Siete Trompetas (Ap. Cap. 8 y 9) y Las Siete Copas (Ap. Cap.16), como se comentará seguidamente.

 La Apertura de los Siete Sellos: por parte del Cordero (el Señor Jesucristo), seguirán un orden cronológico y progresivo. Los cuatro primeros corresponden a los Jinetes del Apocalipsis, a quienes se les dará autoridad sobre un cuarto de la Tierra para conquistar, quitar la paz, imponer justicia, a matar con la espada, con hambruna, pestilencia y con fieras salvajes. El quinto sello alude a los mártires, Santos de la Tribulación, que darán sus vidas por causa de la Palabra de Dios. El sexto sello advierte sobre un gran terremoto, en que el Sol se volverá negro, la luna como de sangre, y los astros del cielo caerán como una higuera deja caer sus brevas. Y cuando se abra el séptimo sello habrá un silencio absoluto en toda la Tierra durante 30 minutos. En ese momento, a los cuatro ángeles del Señor con poder de dañar la tierra, el mar y los árboles, se les ordenó no proceder hasta que los “144.000 siervos escogidos de todas las tribus de Israel” sean sellados en sus frentes como protección (Ap.14:1-4). Estos habrán de predicar la salvación de Dios a los gentiles remanentes en la Tierra. También se enviarán a “Dos Testigos” con gran poder a predicar la salvación de Jesucristo al remanente Judío, que si bien no son identificados (Ap.11:3-12) se considera que pudiesen ser los profetas Elías y Enoc, quienes en su tiempo fueron llevados a Dios sin conocer muerte. Estos dos siervos predicarán con gran vigor y poderosas señales durante 3.5 años, y serán matados públicamente por las fuerzas del mal, pero Dios los resucitará públicamente al tercer día, como testimonio de su autoridad, en el mismo sitio de su muerte.

 El Sonar de la Siete Trompetas (Ap .Cap. 8 y 9): de la enunciación de los Juicios mencionados precedentemente se pasará a la ejecución de los mismos, en lo que la Palabra identifica como Las Siete Trompetas, a cargo de siete ángeles:

 La primera trompeta causará granizo y fuego mezclado con sangre que abrasará una tercera parte de la tierra, de los árboles y de toda hierba verde;

 La segunda arrojará al mar algo así como una gran montaña ardiendo en fuego y la tercera parte del mar se convertirá en sangre, matando una tercera parte de la fauna marítima, y una tercera parte de las naves se hundirán;

 La tercera trompeta desplomará del cielo una estrella ardiente sobre ríos y fuentes de agua que se contaminarán, causando la muerte de muchos hombres;

 La cuarta afectará una tercera parte del sol, de la luna y de las estrellas, oscureciéndolas;

 La quinta causará que la caída de una estrella abra el pozo del Abismo, del que surgirá una humareda como la de un gran horno, y de ésta saldrán langostas como escorpiones con autoridad para atormentar solo a los hombres que no tienen el sello de Dios durante cinco meses, y serán guiadas por el Rey del Abismo (Satanás);

 La sexta soltará a cuatro ángeles con miríadas de miríadas de jinetes prestos para matar, conjuntamente con las dos trompetas anteriores, hasta un tercio de los hombres no protegidos por Dios; “pero el resto de los hombres no se convirtieron de sus asesinatos, ni de sus maleficios, ni de su fornicación, ni de sus robos” (Ap.9:21).

 El séptimo ángel “declaró consumado el misterio de Dios anunciado por los profetas… y declaró: El reino del mundo ha pasado a nuestro Señor y a su Cristo. Él reinará por los siglos de los siglos” (Ap10:7; 11:15).

 Las trompetas precedentes representan gravísimos castigos dirigidos a idólatras, asesinos, maléficos, fornicarios y ladrones, quienes a pesar de la magnitud de las pruebas no se arrepentirán ni retornarán a Dios. Importantemente, debe observarse que los hombres sellados o protegidos por Dios serán eximidos de las consecuencias de dichas pruebas y tormentos.

 Las Siete Copas de la Ira de Dios (Ap.Cap.16): serán derramadas en forma sucesiva y rápida por siete ángeles:

 El primero derramará su Copa sobre la Tierra, y una úlcera maligna y dolorosa sobrevendrá sobre los hombres que tienen la marca de la Bestia y que adoran su Imagen;

 El segundo derramará su Copa sobre el mar, y éste se convertirá en sangre como de muerto, y todos los seres vivientes que existan en el mar perecerán;

 El tercero derramará su Copa sobre los ríos y fuentes de agua, que se convertirán en sangre. Y se oyó al ángel de las aguas decir: “Justo eres, el que Es y el que Será, por haber hecho así justicia. Porque derramaron sangre de santos y de profetas, sangre les ha dado a beber. Bien se lo merecen”;

 El cuarto derramará su Copa sobre el Sol y le será concedido abrasar a los hombres con fuego. “Blasfemaron entonces del nombre de Dios, que tiene potestad sobre estas plagas, pero no se convirtieron para darle gloria”;

 El quinto derramará su Copa sobre el trono de la Bestia. Su reino se cubrirá de tinieblas y la gente se morderá la lengua de dolor. Blasfemarán entonces del Dios del cielo a causa de sus dolores y de sus úlceras, pero no se convertirán para darle gloria;

 El sexto derramará su Copa sobre el río Éufrates, que se secará para dar camino a los reyes, con más de 200 millones de combatientes, que vendrán de Oriente. Declara el profeta que “vio salir de las fauces del Dragón (Satanás), y de la Bestia (el Anticristo) y del Falso Profeta tres espíritus inmundos…que obran señales y visitan a los reyes de la Tierra entera con el objetivo de congregarlos para la batalla del gran día de Dios todopoderoso…y los congregó en el lugar que en hebreo se llama Harmaguedón” (Ap.16:18). Entonces, el Señor Jesucristo regresará al mundo con sus ángeles para liderar esta batalla contra las fuerzas del mal, a las que derrotará con el poder de su boca.

 El séptimo derramará su Copa al aire, y del Santuario saldrá una gran voz que proveniente del trono dirá: ¡Hecho está! , y habrá relámpagos, y voces y truenos, y sobrevendrá un terremoto tan violento como nunca antes. Dios se acordó entonces de Babilonia la grande, para darle a beber la copa del vino de su terrible ira. Desaparecerán entonces las islas y los montes, y una enorme graniza caerá sobre los hombres quienes blasfemarán a Dios, porque la plaga será terrorífica.

La Caída de Babilonia (Ap.Cap.17-18)

Fue ésta una ciudad originada de Babel, a la que el Señor destruyó por el desafío de sus hombres de querer construir una torre que alcanzara el reino de Dios. Para confundirlos, Él creó entonces diversos lenguajes. Babilonia fue demoníaca desde sus orígenes ya que la esposa de Nimrod, su fundador, fue Semiramis, reconocida como la primera gran sacerdotista de la idolatría y la madre de todo sistema pagano en el mundo, cuya influencia ha perdurado a través de los siglos. Espiritualmente, las Escrituras nombran a Babilonia como la “Gran Prostituta”, porque “con ella fornicaron los reyes de la tierra y con el vino de su fornicación se embriagaron los moradores de la Tierra…sus mercaderes eran magnates… y con sus maleficios se extraviaron todas las naciones. Y en ella se encontró sangre de profetas y santos, y cuantos fueron asesinados sobre la Tierra” (Ap.18). Apocalipsis advierte que Babilonia está construida sobre “siete colinas” y por su pasado de gran poder e influencia, así como de persecución al cristianismo, el comentario en la Biblia Católica de España (usada como referencia en este libro) a 1 Pe.5:13, considera que Babilonia representa a Roma.

Sea ésta, u otras metrópolis como Nueva York o Londres, según la opinión de otros estudiosos bíblicos, Dios pondrá en la mente del Anticristo y de los diez reinos ejecutar Su propio plan divino, por lo que ellos mismos destruirán Babilonia y la dejarán despojada y desnuda. Bajó entonces un ángel del cielo y gritó a gran voz: “Cayó Babilonia, la grande”… mientras otro ángel decía: Salid pueblo mío de ella, para que no os hagáis cómplices de sus pecados ni partícipes de sus plagas”. Y aunque la ceguera demoníaca del mundo parezca poco menos que imposible, la Palabra dice que se levantarán contra ella y “será arrojada Babilonia, la gran ciudad, y no aparecerá nunca más” (Ap.18:21).

El Retorno de Jesucristo

La primera venida de Jesucristo, hace algo más de 2.000 años, fue el evento más importante de la historia del mundo, y dividió el tiempo entre “antes” (a.c.) y “después” (d.c.) de Él. Vino primeramente a su pueblo y este no lo recibió, pese que existían 38 profecías explícitas sobre su nacimiento: cuando sería, como sería, donde sería, de que familia, de su linaje, nacido de una virgen, que sería declarado “Hijo de Dios”, que su ministerio sería en Galilea, que sería rechazado por su pueblo, que sería crucificado, etc…, y por cuanto todas y cada una de éstas profecías se han cumplido, la probabilidad de un error estaría en la enésima potencia, o sea, virtualmente imposible. Esta prueba irrefutable de la veracidad de las Escrituras y de lo que éstas declaran sobre el Señor Jesucristo, la analizaremos en detalle en el Capítulo 1º de este libro.

Concerniente a la Segunda Venida de Cristo, el respaldo profético es igualmente abrumador: hay 1.845 profecías en las Escrituras sobre este evento, de las cuales 1.527 están en el Viejo Testamento. La mayoría de ellas ya se han cumplido! Sólo la falta de conocimiento de la Palabra de Dios, y de comunión con el Espíritu Santo que nos ha sido dado para guiarnos a la Verdad, pueden aun someramente explicar la presente falta de fe de Judíos y Cristianos, quienes aún piden una “señal” para creer. Pues aquí la tienen delante de sus ojos, y consideren que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hch.11:6). Por ello, incursionaremos en profundidad sobre estos temas en los capítulos siguientes de este libro.

La Segunda Venida de Cristo no será como la primera, vista por un grupo pequeño de pastores y algunas huestes angelicales. Esta vez la Palabra nos dice: “Inmediatamente después de la Tribulación de aquéllos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará su brillo, las estrellas caerán del cielo y el mundo de los astros se desquiciará. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, se golpearán el pecho todas las tribus de la Tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad. Y enviará a sus ángeles con potente trompeta, para que reúnan a sus elegidos desde los cuatro vientos, de un extremo al otro de los cielos” (Mt.24:29-31). Cristo montará un caballo blanco, al igual que los ejércitos del cielo que lo siguen, y sobre su manto lleva un nombre: “Rey de Reyes y Señor de Señores”, y frente a Él lo confrontarán todas las naciones de la Tierra con todos sus ejércitos, guiados por la Bestia y por cuantos adoraron su imagen. Pero el Anticristo y el Falso Profeta serán rápidamente tomados prisioneros, y “ambos … arrojados vivos al lago de fuego que arde en azufre. Los demás fueron muertos por la espada que salía de la boca del jinete” (Ap.19:20). Dice la Palabra que después de esto, habrá un gran clamor en el cielo, y se oirá: “¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder de nuestro Dios, porque sus designios son verdaderos y equitativos…”.

Y entonces aparecerán tronos y las almas de los que habían sido decapitados por causa de dar testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios durante la Tribulación, quienes “volvieron a la vida y reinaron con Cristo por mil años. Esta es la Primera Resurrección. Dichoso y santo el que tiene parte en la primera resurrección. Sobre éstos no tiene potestad la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con Él por mil años” (Ap.20:4-6).

El Milenio

Por designio de Dios, sólo Satanás será entonces encadenado (constreñido) y arrojado al Abismo por 1.000 años, tiempo durante el cual Cristo reinará en la Tierra en lo que se llamará “el Milenio”. Los Santos de la Tribulación serán entonces resurrectos y reinarán con Cristo durante ese período como sacerdotes y la muerte no tendrá ya potestad sobre ellos. Los demás muertos no volverán a la vida hasta cumplidos los 1.000 años y los grandes y pequeños serán entonces juzgados delante del Trono Blanco de Jesucristo, según las obras registradas en los libros. Y a los que su nombre no se encontró escrito en el Libro de la Vida fueron precipitados en el lago de fuego, junto con Satanás, el Hades y la Muerte. Esta es la Segunda Muerte.

Al final del Milenio, Satanás será liberado del Abismo por un breve tiempo y saldrá una vez más “a seducir a los pueblos que están en los cuatro ángulos de la Tierra para congregarlos a pelear, tan numerosos como la arena del mar. Avanzaron por la superficie de la Tierra y cercaron el campamento de los Santos y la ciudad amada. Pero bajó fuego del cielo y los devoró. El diablo que los había seducido fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también están la Bestia y el Falso Profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Ap.20:7-10). Resulta casi incomprensible que tantos hombres que habrán de vivir durante el Milenio bajo la gloria y bendiciones del reinado de Cristo pudiesen ser, una vez más, seducidos por Satanás para rebelarse contra Él. Pero la Palabra dice que “engañoso es el corazón de los hombres más que todas Las cosas” (Jr.17:9). Podría tal vez compararse esta situación con la tentación de Adán, quién rodeado de bendiciones en el paraíso se dejó seducir por el diablo por la idea de ser como Dios, y pecó comiendo del Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal, que era lo único que se le había prohibido.

La Nueva Jerusalén

Las Escrituras cierran con la más gloriosa promesa de Dios: “Vi luego cielo nuevo y Tierra Nueva, porque el primer cielo y la primera Tierra pasaron, y el mar no existe ya. Y vi la ciudad santa, la Nueva Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios, preparada como esposa ataviada para su esposo. Oí una gran voz que procedía del trono, la cual decía: ¨Aquí está la morada de Dios con los hombres. Morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos. Enjugará toda lágrima de sus ojos y la muerte ya no existirá, ni existirán ya ni llanto ni lamentos ni trabajos, porque las cosas de antes ya han pasado¨. El que estaba sentado en el trono dijo: ¨Mirad, todo lo hago nuevo¨. Y añadió: ¨Escribe, porque estas son las palabras fidedignas y verdaderas¨. Luego prosiguió: Hecho está! Yo soy el Alfa y el Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed, Yo le daré gratis de la fuente de la vida. El que venza heredará estas cosas. Y Yo seré su Dios y él será mi hijo”. (Ap.21:1-7). Pero Su advertencia es igualmente clara: Nada impuro entrará en ella, ni tampoco los que cometen abominación o falsedad, sino sólo los que están inscritos en el Libro de la Vida del Cordero.

capítulo 1
Supremacía de Jesucristo

“Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Nadie llega al Padre, sino por Mí”

(Jn.14:6)

¿Por qué escribir sobre Él?

Es tanto lo que se ha escrito sobre Jesucristo que uno pudiera preguntarse: otra que la Palabra de Dios misma, ¿porque considerar que sea válido y deseable escribir sobre el Hijo de Dios? ¿Para qué ofrecer, aún con la mejor intención, comentarios y pensamientos sobre su persona, su amor, su humildad, su misión en la Tierra y su sacrificio por nosotros, que nada merecíamos? ¿Qué nos hace pensar que estamos calificados para ello?

El autor considera que la humanidad está compuesta por individuos, cada uno un ser diferente con capacidades y cualidades distintas, quienes viven inmersos en entornos y tradiciones variadas, a quienes el acceso a la Verdad se filtra a través múltiples prejuicios e inhibiciones, y a quienes por la gracia de Dios, el título de este humilde libro los pueda atraer a leerlo. Sin arrogancia alguna, debe aclararse que ese título le fue sugerido al autor por el Señor: “Preparación para la Vida”. Meditando sobre ello, fue el propio Jesucristo quien preparó a sus discípulos durante tres años en el conocimiento de su misión y de su persona, antes de enviarlos a predicar su Palabra – la Gran Comisión que Él nos encomendó. Fue Él quien les impartió el Espíritu Santo antes de su partida, para colmarlos de sabiduría y valor para enfrentar las huestes de maldad, la ignorancia y la idolatría del mundo al que se enfrentarían. Y fue Cristo quien estuvo con ellos un tiempo más después de su resurrección, y los acompañó hasta su martirio por no negar su nombre. En verdad, un grupo de hombres sencillos que amaron entrañablemente al Señor y que cambiaron al mundo señalando el Camino, predicando la Verdad y mostrando la Vida eterna que estaban en Él.

En cuanto a las calificaciones del autor para escribir sobre el Señor, éstas nos alientan de la propia Palabra:

 Cristo dijo: “Si fuera Yo el que da testimonio de Mi mismo, mi testimonio no sería válido. Es otro el que da testimonio de Mí” (Jn.5:31). El Autor anhela que este libro glorifique a Cristo y ofrezca un digno testimonio más de Él;

 Confía en la guía del Espíritu Santo que dice: “todo espíritu que confiesa que Jesús es Cristo venido en carne, es de Dios” (1Jn.4:2);

 Se respalda en la aseveración profética de Dios: “Así es la palabra que sale de Mi boca, no volverá a Mí vacía, sino que hace lo que Yo deseo y consigue aquello para lo que la envío” (Is.55:11).

 El autor depende de la sabiduría del Espíritu Santo, basado en la promesa de Jesucristo: “Todavía tengo muchas cosas que deciros, pero os sobrepasan ahora. Cuando venga Él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la Verdad plena…” (Jn.16:12-13).

 Y también se fundamenta en la exhortación: “Pues es Dios quien, según su beneplácito, activa en vosotros tanto el querer como el obrar” (Flp.2:13).

 El autor está muy claro en guiar sus comentarios y admoniciones exclusivamente basado en la Palabra de Dios, porque “el conocimiento infla, mientras que el amor construye. Si alguno piensa que conoce algo, todavía no conoce como es debido” (1Cor.8:2).

Por último, todos los cristianos hemos sido llamados a anunciar la Buena Nueva de la Salvación en Cristo, a “que instes en tiempo y a destiempo” (2Tim.4:2). Unos mediante la predicación; otros por su testimonio de vida, que nos convierten en epístolas vivientes vistos y leídos de todos. Y aún otros por sus escritos, que si son guiados por el Espíritu representan solo una versión más formal de la predicación. Y que todo sea para la gloria de Dios.

El Testimonio del Padre

“Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que ninguno de los que creen en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn.3:16).

Y esta ofrenda del Padre fue hecha cuando todos éramos pecadores, porque todos nos habíamos desviado, nos habíamos pervertido, sin que hubiese uno que hiciese el bien, ni siquiera uno (Rom.3:12).

El sacrificio de Jesucristo, cuyo nombre significa: “Jesús”: la salvación de Dios; y “Cristo”: el Mesías, el Ungido, Emmanuel (Dios entre nosotros), el Hijo de Dios, fue inevitable, porque nuestra rebeldía (el rechazo de su Nombre), acorde a la magnificencia del ofendido, fue también de naturaleza infinita y no existía nadie más que pudiese condonarla. Asimismo, la justicia de Dios, siendo perfecta, exigía una reparación perfecta, otra que Cristo, inexistente en el mundo. Por ello, Cristo aceptó el sacrificio solicitado por el Padre, maravillosamente resumido en la Palabra: “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, el cuál, siendo de condición divina, no se encastilló en ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo, tomando condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose en el porte exterior como hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios, a su vez, lo exaltó, y le concedió el nombre que está sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús, toda rodilla se doble en el cielo, en la Tierra y en los abismos; y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para la gloria de Dios Padre” (Flp.2:5-11).

La consustanciación entre el Padre y el Hijo, en la unidad del Espíritu Santo, representa una verdad difícil de comprender para los seres humanos, espiritualmente imperfectos, mayoritariamente egoístas, sujetos al pecado, constreñidos en cuerpos corruptibles, donde la carne es enemiga del espíritu y el alma se debate entre ambos. La Palabra dice que “en un plano meramente humano, el hombre no capta las cosas del Espíritu de Dios, porque son para él necedad; y no puede conocerlas, porque sólo pueden ser examinadas con criterios espirituales” (1Cor.2:14-15). Por lo tanto, bienaventurado el que acepta el testimonio del Padre sobre su Hijo unigénito, a través de Quién todas las cosas creadas fueron hechas.

Como se ha mencionado en el Prólogo de este libro, el Padre nos ha dado una extraordinaria señal de la exactitud de su Palabra a través de 38 profecías sobre Cristo en el Viejo Testamento y cumplidas en el Nuevo Testamento en su integridad, a saber:

1 Nacido de Mujer: Gn.3:15 > Cumplida: Gal.4:4;

2 Descendiente de Abram: Gn.12:3 >Cumplida: Mt.1:1;

3 Descendiente de Isaías: Gn.17:19 > Cumplida: Lc.3:34;

4 Descendiente de Jacob: Nm.24:17> Cumplida: Mt.1:2;

5 De la Tribu de Judá: Gn.49:10 > Cumplida: Lc.3:33;

6 Heredero del Trono de David: Is.9:6 > Lc.1:32-33;

7 Originario de Nazaret: Miq.5:1 > Mt.2:23;

8 Nacido en Belén: Miq.5:1 > Lc.2:4-7;

9 Tiempo de su Nacimiento: Dan.9:25 > Lc.2:1-2;

10 Nacido de una Virgen: Is.7:14 > Lc.1:26-27;

11 Matanza de los Inocentes: Jr.31:15 >Mt.2:16-18;

12 Huida a Egipto: Os.11:1 > Mt.2:14-15;

13 Precedido por un mensajero: Mal.3:1 > Lc.7:24-27;

14 Declarado Hijo de Dios: Sal.2:7; Is.9:6 > Mt.3:17;

15 Ministra en Galilea: Is.8:23 > Mt.4:13-16;

16 Un Profeta: Dt.18:15 > Hch.3:18-20;

17 Para liberar a los cautivos: Is.61:1-2 > Lc.4:18-21;

18 Rechazado de su Pueblo: Is.53:3 > Jn.1:11;

19 Del Rito de Melquisedec: Sal.110:4 > Heb.5:5-6;

20 Entrará triunfalmente en Jerusalén: Zac.9:9 > Mc.11:7-11;

21 Traicionado por un amigo: Sal.41:10 > Lc.22:47-48;

22 Por 30 monedas de plata: Zac.11:12 > Mt.26:14;

23 Acusado por falsos testigos: Sal.35:11 > Mc.14:57-58;

24 Silente ante sus acusadores: Is.53:7 > Mc.15:4-5;

25 Escupido y golpeado: Is.50:6 > Mt.26:67;

26 Odiado sin razón: Sal.35:19 > Jn.15:24-25;

27 Sacrificio vicario: Is.53:5 > Rom.5:6-8;

28 Crucificado con malhechores: Is.53:12 > Mc.15:27;

29 Traspasado de manos y pies: Zac.12:10 > Jn.20:27;

30 Burlado y ridiculizado: Sal.22:7-8 > Lc.23:35;

31 Le dieron vinagre y hiel: Sal.69:22 > Mt.27:34;

32 Oró por sus enemigos: Sal.109:4 > Lc.23:34;

33 Soldados jugaron por su ropaje: Sal.22:19 > Mt.27:35;

34 No rompieron sus huesos: Sal.34:21 > Jn.19:33;

35 Perforaron su costado: Zac.12:10 > Jn.19:34;

36 Sepultado con los ricos: Is.53:9 > Mt.27:57-60;

37 Resurrección profetizada: Sal.16:10;49:16 > Mr.16:6-7;

Ascendió a la diestra de Padre: Sal.110:1 > Mr.16:19.

La probabilidad estadística de que 38 variables profetizadas, provenientes de fuentes diversas, a través de un período de más de 3.000 años y cumplidas con una precisión del 100%, sea una “casualidad”, estaría en la enésima potencia. Sencillamente imposible.

El Testimonio de Cristo

“Para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para ser testigo de la Verdad” (Jn.18:37).

Ese testimonio define el propósito de su venida a la Tierra, que no es el de juzgar al mundo, sino el de ofrecerse como el camino de salvación para los que creen en Él. Porque si uno no sabe adónde va, cualquier camino le parece bien. Pero si uno conoce a Jesucristo, sabe adónde va, que el camino es angosto y que pocos son los que lo encuentran, pero sabe también que cuenta con una ayuda insustituible, la guía del Espíritu Santo.

Esa es la Verdad consustanciada en el Señor y declarada en su Palabra, que nos asegura que “quien escucha mi Palabra, y cree en aquél que me envió, tiene vida eterna y no va a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida” (Jn.5:24).

La verdadera Vida es consecuencia de la fe en Jesucristo y en quién lo envió, y el creer en ésta afirmación define donde uno pasará el resto de la eternidad. Algo para meditar profundamente, porque de que le sirve a uno si ganase el mundo entero y pierde su alma (Lc.9:25).

La “palabra” es un término poco o superficialmente comprendido por la generalidad de la gente. Si se busca su significado lato es “un medio de expresión o comunicación”, y su contenido está definido por su propósito y contexto. Pero no es precisamente así en las Escrituras:

“En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba al principio junto a Dios. Todo llegó a ser por medio de ella, y sin ella nada se hizo de cuanto fue hecho” (Jn1:3). Esta revelación bíblica nos habla del Hijo de Dios, por intermedio de quién el Padre realizó la creación. Y por cuanto que Él era, y es, la luz verdadera, ilumina a todo hombre y disipa las tinieblas. Por eso, nosotros lo vemos en su gloria, “como de Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn.14:14). No obstante, debemos diferenciar entre lo que el Señor nos dice respecto de la palabra que oímos y de la que hablamos (Sant.1:19-27):

 Nos advierte a ser prontos para escuchar, tardo para hablar, tardo para la ira;

 Nos insta a recibir con mansedumbre la Palabra plantada en nosotros;

 Llevarla a la práctica y no limitarnos a ser meros escuchas;

 A no creernos religiosos y no saber “frenar la lengua”.

 Los que así actúan se engañan a sí mismos, pues seremos juzgados tanto por nuestras palabras como por nuestras obras. ¿De qué sirve si alguien dice tener fe y no tiene obras? Peor aún: si se dice cristiano y sus obras no concuerdan con su confesión. La hipocresía es profundamente desagradable a Dios porque es la negación de la Verdad (que está en Cristo), se disfraza de verdad y se sustenta en la arrogancia y el engaño. Es necedad el creer que se pueda engañar a Dios.

 En definitiva, por cuanto el hombre es espíritu, alma y cuerpo, y la carne tiene enemistad en contra del espíritu, “la Palabra de Dios que es viva y eficaz, y más tajante que una espada de dos filos, penetra hasta la división de alma y espíritu, de articulaciones y tuétanos, y discierne las intenciones y pensamientos del corazón” (Heb.4:12).

La libertad, por otra parte, es el fundamento del libre albedrío otorgado por Dios a los hombres, y que lo hace a imagen y semejanza del Él. El amor, la cualidad esencial de Dios, porque Él es amor, requiere de la libertad para su expresión y autenticidad. Por eso el Señor busca que lo conozcamos y coparticipemos del plan divino que Él concibió para nosotros. Porque: ¿cómo podríamos amar a quién no conocemos íntimamente? Temerlo, sí; respetarlo, tal vez; soslayarlo, aún; amilanarnos, probablemente; y aún ignorarlo. Pero el amor que Dios desea de nosotros requiere de nuestro libre albedrío. Por eso Jesucristo nos ofrece: “Si vosotros permanecéis en mi Palabra, sois verdaderamente discípulos míos: conoceréis la verdad, y la Verdad os hará libres” (Jn.8:31-32).

Y el amor a Dios es el Gran Mandamiento: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente….El segundo es semejante a él. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos pende toda la ley y los profetas” (Mt.22:37-40). Al margen de ser nuestro Creador, Emanuel, el Mecías, el Hijo del Hombre, tiene todo el derecho de reclamar nuestro amor e infinita gratitud por sobrellevar nuestros pecados, afrontar la infamia de ser golpeado, escupido, azotado, ridiculizado y finalmente crucificado por nosotros. La plenitud de esa ofensa no la podemos comprender ahora, porque no nos es posible identificarnos con su naturaleza divina, con su inconmensurable amor, así también como con la magnitud de su poder. Un pensamiento del Él hubiese bastado para pulverizar a sus malhechores. Pero lo aceptó todo por nuestra salvación, sin defenderse, sin condenarlos, como ofrenda de justicia. Y oró por ellos.

Este sacrificio vicario se magnifica más aún si consideramos que entonces éramos todos pecadores, no había un justo, ni siquiera uno! No merecíamos sino el castigo por nuestra vanidad, maldad e ignorancia. Gracias sean dadas a Jesucristo, que con su sacrificio habilitó la salvación para aquellos que creyeron, y que creen en Él.

capítulo 2
Jesucristo en la Trinidad

“Apenas bautizado Jesús, salió enseguida del agua, y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y venir sobre Él, mientras de los cielos salió una voz que decía: Éste es mi Hijo amado, en quién me complazco” (Mt.3:16-17)

El Hijo Unigénito del Padre

Quienes con el Espíritu Santo constituyen la Trinidad Divina, y a quienes reconocemos como “Dios”. Si bien la tradición judía considera a Dios como “uno” (“`el”), en las Escrituras israelitas del Viejo Testamento el uso predominante (2.600 veces) para Dios es “ ‘Elohim”, que es el plural de “‘el”, lo cual es consistente con la pluralidad de la Trinidad. En la creación, “Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, semejante a nosotros” (Gn.1:26).

El Nuevo Testamento, y las múltiples referencias del propio Jesucristo, de sus apóstoles, profetas y escribas dirigidas al Padre y al Espíritu Santo, no dejan duda alguna sobre la revelación de Dios como la “Trinidad”. Por cuanto que los humanos somos seres individuales (además de egocéntricos, narcisistas, egoístas y materialistas), dotados de un cuerpo corrupto y singular, nos es difícil comprender la consustanciación, comunión y concordancia de tres seres espirituales y divinos en una Deidad, que piensa y actúa en unidad de propósito y perfecta armonía:

 Cristo da siempre deferencia al Padre:

 “sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre Celestial (Mt.5:48);

 Nos enseñó a orar al Padre (Lc.11:2);

 Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído por su temor reverente, y aunque era Hijo, “aprendió, padeciendo, a obedecer” (He.5:8);

 Y ante Poncio Pilato, Cristo le increpó: “ninguna autoridad tendrías sobre Mi si no te la hubieron dado de lo alto (Jn.19:11).

 No obstante, Jesucristo, en sus días de hombre, tuvo autoridad para dar su vida, y para volverla a tomar. “Porque del mismo modo en que el Padre posee vida por sí mismo, así también concedió al Hijo el poseerla por sí mismo” (Jn.5:25).

 De igual manera, estando Jesucristo con sus discípulos, Felipe le pidió: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta. Jesús le contesta: Llevo tanto tiempo con vosotros, ¿y no me Has conocido, Felipe? El que me ha visto a Mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ´Muéstranos al Padre? ¿No crees que Yo estoy en el Padre y el Padre está en Mí? Las palabras que Yo os digo, no las digo por Mi cuenta, el Padre que mora en Mí es quién realiza sus obras” (Jn.14:8-10).

 En Fil.2:5-8 (referida en el Prólogo de este libro), la Palabra nos exhorta a ser semejante a Cristo en su humildad “el cuál siendo de condición divina, no se encastilló en ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres”.

Los Atributos de Dios

Un serio problema de los no creyentes, o de aquellas religiones politeístas y panteístas, es la humanización de Dios, o la necesidad de “ver para creer”. Por el contrario, el Cristianismo se fundamente en la fe, que la Palabra nos indica que “es anticipo de las realidades que se esperan y prueba de las que no se ven” (Heb.11:1). No obstante, Jesucristo apelaría a los milagros y prodigios de manera tal que, si la gente no creía en sus palabras, por lo menos creyesen en Él por sus obras (Jn.5:36). El propio apóstol Juan dio testimonio de ello, al decir que Jesús hizo muchas cosas que, si se quisieran narrar una por una, ni en todo el mundo cabrían los libros que serían necesarios escribir.

Pero la gran mayoría de la humanidad no cree verdaderamente en Dios porque acorde a su percepción egocentrista de la vida, y basados en eventos o circunstancias que desde su perspectiva no le son positivos o productivos, para ellos eso probaría la inexistencia de un “Dios Bueno”. Porque de no ser así, piensan ellos, no les causaría dolor y sufrimientos, no los mantendría en la pobreza, no les ocasionaría tristeza y depresión; y por otra parte, una Deidad magnánima no les privaría del poder y riqueza que desean, o el reconocimiento que aspiran, o la seguridad que procuran (deseos de la carne). La respuesta de tales es ignorar a Dios, o repudiarlo en su corazón, porque no les da lo que desean (lo que contradictoriamente significa que si creen que existe). Obviamente, ignoran la perspectiva eterna de Dios, y no pueden ver un problema como una prueba para soluciones duraderas, ni una privación como un camino a la bendición. Lamentablemente, ésos no se salvan, ni ayudan a que los suyos se salven (ciegos que guían a ciegos). Que el Señor se apiade de ellos, les abra los ojos para que vean el Camino, y el entendimiento para comprender la Verdad. Con este propósito, describiremos lo que la Palabra enuncia sobre nuestro Dios, su magnificencia y cualidades:

A) Dios es Omnipotente: el poder de Dios es sencillamente inimaginable para la mente humana, pero intentaremos una descripción basada en lo que la inmensa mayoría de los científicos consideran como el momento de la creación de “nuestro Universo” (si hay otros, como algunos sugieren, sólo incrementaría aún más la percepción de su poder). Esta es la llamada “Teoría del Big-Bang”, la que sostiene que en la fracción de un segundo se produjo una materialización de energía molecular del tal magnitud que, a velocidades superiores a la luz (la máxima medida observada por el hombre), billones de estrellas y partículas fueron lanzadas al espacio (que pre-existía), formando billones de galaxias, a su vez con billones de estrellas, y eventualmente otras formaciones como los “agujeros negros”, de increíble densidad y fuerza gravitacional. Estas formaciones estelares están a su vez a billones de años luz de distancia (km x velocidad de la luz) unas de otras, y siguen su movimiento expansivo en el universo a una velocidad que va en aumento (algo que Albert Einstein no advirtió). Para darnos cuenta aún más de lo infinitésimo del ser humano y de nuestro planeta, la realidad cósmica perceptible (lo que podemos ver con la ayuda de nuestros “sofisticados” telescopios satelitales), es tan sólo el 4.9% del universo. Del otro 95.1%, al que llaman “materia negra”, se sabe muy poco, pero se estima que un 26.8 % es “materia negra” per se (que no interactúa con materia ni radiación), y el otro 68.3% es “energía negra” (que no contiene partículas o masa), a la que también llaman “anti-materia¨, de características desconocidas. No obstante, la arrogancia y petulancia de nuestros científicos es tal, que con la “Revolución Tecnológica” y el advenimiento de la Inteligencia Artificial, supuesta y eventualmente millones de veces superior a la inteligencia del “hombre biológico” que Dios creó, presumen eventualmente “conquistar el Universo”.

Si bien hacen 2.700 años que el profeta Daniel anunció que en “los días tardíos el conocimiento aumentará”, hoy podemos claramente anticipar que Dios pronto pondrá un límite a las intenciones satánicas que manipulan estas especulaciones científicas. ¿Quién puede dudar que este “progreso” del que se habla no está sino contaminando al mundo en lo espiritual, emocional y material, a la vez que ocasionando desequilibrios en el clima y naturaleza del planeta, ergo del hombre? Tomemos en cuenta lo que las Escrituras nos dicen del Poder de Dios:

 “Los cielos proclaman la gloria de Dios, el firmamento anuncia las obras de sus manos” (Sal.19:2);

 “Tú fundaste la Tierra en los comienzos y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, mientras Tú permaneces” (Sal.102:26-27);

 “Así dice el Señor, que creó el cielo y lo extendió, que dilató la Tierra y cuanto en ella brota, que da respiro al pueblo que la habita, y aliento a los que andan por ella” (Is.42:5);

 “Desde la creación del mundo, están claramente visibles, a través de sus obras, las perfecciones invisibles de Dios, tanto su eterno poder como su deidad, de suerte que ellos (los incrédulos) no tienen excusa” (Rom.1:20)

B) Dios es Espíritu Omnipresente: nuevamente, usando nuestro don de fe, recordemos que Dios es Espíritu, luz infinita que no tiene confinamiento alguno. Está fuera del espacio y del tiempo.

 “Pero ¿quién es capaz de construirle un templo, cuando los cielos ni los cielos de los cielos pueden contenerlo? (2 Cro.2:5);

 “En todo lugar los ojos de Yahveh, vigilan a los malos y a los buenos” (Prov.15:3);

 “Él habita sobre el globo de la Tierra, y sus habitantes son como langostas. Extiende como un toldo los cielos, los despliega como tienda que se habita” (Is.40:22);

 Por eso, su Palabra nos dice que “…los que lo adoran tienen que adorarlo en espíritu y verdad” (Jn.4:24).

 Y también, “A Dios nadie le ha visto jamás; el Hijo único, Dios, el que está en el seno del Padre, Él es el que lo dio a conocer” (Jn.1:18).

 Cuando las Escrituras se refieren a las “manos” de Dios, a sus pies, ojos, dedos, alas, y plumas, son referencias para facilitar nuestro entendimiento y son figurativas.

C) Dios es Omnisciente: Él representa la sabiduría en su infinita expresión, el conocimiento de todo lo que es comprensible en el pasado y en el futuro, porque el tiempo y el espacio no lo constriñen. Su inteligencia y memoria no tienen límite. Él percibe lo visible y lo invisible, las cosas del espíritu, las del alma y las de la carne. Las de la Tierra, las del espacio celestial, y hasta lo infinito. Él está en lo infinito y en lo más pequeño, nada le está oculto a Dios. Ni las fuerzas del bien, ni las del mal. Bienaventurado el que discierne y acepta la omnisciencia de Dios, porque “los necios desprecian sabiduría y disciplina” (Prov.1:7), y la sabiduría de este mundo es necedad para Él. Y “quién conoció la mente del Señor, de modo que pueda aconsejarle”? (1Cor.2:16).

 Revisemos lo que algunas escrituras dicen sobre la omnisciencia de Dios:

 “En Él residen la sabiduría y el poder, suyos son el consejo y la prudencia” (Job 12:13);

 “Si subiera a los cielos, allí estás, si bajara al Seol, estás presente; aunque me alce en las alas de la aurora o me instale en el extremo de los mares, aún entonces tu mano me conduce, tu diestra me alcanza” (Sal.139:8-10);

 ¡“Oh profundidad de la riqueza y de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Que insondables son sus decisiones, y qué inexplorables sus caminos!” (Rom.11:33);

 Aunque a veces nuestra conciencia nos reprenda al tomar en cuenta nuestras debilidades, “Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todas las cosas” (1 Jn.3:20).

D) Dios es Inmutable y Eterno: Moisés recibió del Señor la comisión de ir a Egipto, que en ese entonces era la nación más poderosa del mundo, donde debía hablar con el Faraón y reclamarle que libere al pueblo judío de su esclavitud y los deje salir. Ante semejante comisión, éste le preguntó: ¿y quién soy yo para hablarle así al Faraón? El Señor le dijo: Ve, porque Yo estaré contigo. Y Moisés insistió: ¿quién le diré al pueblo judío que me manda? Respondió Dios: “Yo Soy el que Soy. Así dirás a los hijos de Israel: “Yo Soy me envió a vosotros”. Que maravillosa respuesta a una pregunta innecesaria. Dios “es el que es”, soberano de todo, Rey de Reyes y Señor de Señores, sin origen ni fin. Moisés entonces tenía una apreciación muy superficial de con quién hablaba, y esto no ha cambiado hoy para la mayoritaria de la humanidad. Como lo hemos mencionado previamente en este libro, la inmutabilidad de Dios, sin la ayuda del Espíritu, no es posible comprenderla.Desde que el ser humano nace está sujeto al cambio: físicamente, en sus emociones e intelecto, y luego en su espiritualidad. Su entorno igualmente cambia. Y finalmente, si lo logra, su relación con Dios también cambia y frecuentemente “culpamos” a Dios de ello, sin advertir que es el hombre quien transmuta, porque no hay variación alguna en Él. Las Escrituras afirman esta verdad:

 “Mil años a tus ojos, son igual que el ayer, que ya pasó” (Sal.90:4);

 “Ellos perecerán, mientras tu permaneces: todos ellos se gastan como un manto, cuál vestido que se muda. Pero Tú eres el mismo, tus años no terminan” (Sal.102:27);

 “El Padre de los astros, en Quién no hay fases ni períodos de sombra” (Sant.1:17);

 “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por siempre” (Heb.13:8).

Las Cualidades de Dios

El Señor es perfecto, y por lo tanto todo su ser, sus palabras y obras son perfectas. Él no cambia, ni puede ser tentado por el mal y, por lo tanto, Él tampoco tienta a nadie. Dios desea que los que lo siguen y creen en Él sean también perfectos, y para ello nos ofrece la guía de su Palabra, y a través del Espíritu Santo, el conocimiento y poder para ejecutarla. Jesucristo nos alienta asegurándonos que todo aquello que pidamos con fe y sea consistente con sus preceptos, Él lo concederá.

Las cualidades de Dios que comentaremos seguidamente surgen de la Palabra, pero su enumeración no pretende ser taxativa ni completa. Las bondades y maravillas del Señor, son inescrutables:

Bondadoso: el amor es la esencia de su ser y lo más profundo de su persona. Nos hemos ya referido a ello en este libro, pero es necesario ampliarlo. El mundo ha sido educado desde tiempos inmemoriales a “temer a Dios”, una combinación de respeto y miedo fundamentalmente opuesta a la noción bíblica del amor. Es el Señor quien nos rebela el verdadero significado de su amor (Ágape): “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó (primero) y envió a su Hijo como sacrificio de purificación por nuestros pecados” (1Jn.4:10).

Y lo más asombroso es que nos amó así cuando no lo merecíamos, porque todos habíamos pecado y estábamos destituidos de la gloria de Dios (Rom.3:21). Bienaventurados los que lleguen a amar a Dios, porque para eso fuimos creados, para ser adoptados como hijos y vivir en su reino por la eternidad. “Por esta razón, doblo mis rodillas ante el Padre, de quién toma nombre toda familia en el cielo y la Tierra, para que os conceda , según la riqueza de su gloria, ser poderosamente fortalecidos por la acción de su Espíritu en vuestro interior, para que Cristo habite, mediante la fe, en vuestro corazón y para que, arraigados y cimentados en el amor, seáis capaces de captar, con todo el pueblo santo, cual es la anchura y largura, la altura y profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento, para que quedéis llenos de la plenitud total de Dios” (Ef.3:14-19).

Fiel: en la invariabilidad de Dios resta la Verdad, su amor y su fidelidad. No se han acabado las bondades de Señor, ni se ha agotado su misericordia, que “nuevas son cada mañana. ¡Grande es tu fidelidad!” (Lam.3:22-23). En estos “días tardíos” estamos viviendo tiempos de creciente degradación espiritual, de avasallante corrupción e infidelidad a los preceptos de Dios. Pero no nos confundamos, la infidelidad de éstos no afecta la fidelidad de Dios. “Grande es su amor hacia nosotros, y su lealtad dura por siempre” (Sal.117:2).

Misericordioso: después de recibir Moisés del Señor las primeras dos tablas de piedra de la Ley en el Monte Sinaí, regresó para encontrar a su pueblo en idolatría con un becerro de oro, y enfurecido las rompió. Yahveh le hizo construir dos nuevas tablas que Moisés llevó consigo al mismo lugar, donde Yahveh lo visitó. Conmovido, Moisés exclamó: “Yahveh, Yahveh, Dios compasivo y misericordioso, tardo para la ira y rico en amor y fidelidad, que guarda su benevolencia por mil generaciones, que tolera culpas, transgresiones y pecados, pero que no deja nada impune y castiga la falta de los padres en los hijos, y en los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación. Moisés cayó enseguida de rodillas en el suelo, y adoró. Y dijo: Ahora, mi Señor, si gozo de tu favor, dígnese mi Señor caminar con nosotros. Ciertamente, este es un pueblo de dura cerviz, pero tú perdonarás nuestras faltas, nuestros pecados, y harás de nosotros tu heredad” (Ex.34:5-9). De esta escritura podemos aprender importantes designios de Dios:

Grande es la misericordia de Dios, que perdona nuestros pecados si nuestro arrepentimiento es sincero y cabal. Sin embargo, cuando un pueblo está involucrado, ese arrepentimiento puede no ser absoluto y general, y Su castigo a los insensatos puede extenderse hasta la 4ta. generación. Moisés apeló a su propio estado de favor con Él, y Dios fue compasivo, pero puso claros preceptos y condiciones para renovar la Alianza con su pueblo.

Con el advenimiento de Jesucristo y su sacrificio vicario por nosotros, Dios habilitó un nuevo camino para el perdón de nuestros pecados: “Dios, sin embargo, rico como es en misericordia, por el mucho amor con que nos amó, también a nosotros, muertos por nuestros pecados, nos vivificó juntamente con Cristo- pues de gracia habéis sido salvados- con Él nos resucitó y con Él nos sentó en el cielo por Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros la extraordinaria riqueza de su gracia por su bondad hacia nosotros en Cristo Jesús.” (Efe.2:4-7).

Generoso: Dios es el Creador de todas las cosas, y todo le pertenece. Uno podría preguntarse: ¿cómo puede Él ser generoso poseyéndolo todo? Porque su generosidad se funda en la disposición de dar por amor, y sin posibilidad material de ser reciprocado. El deseo del Señor es que respondamos a su caridad con amor y gratitud. Es por eso que David admite ante el Todopoderoso: “¿Porque quién soy yo y quién mi pueblo para que podamos hacerte estas ofrendas? Todo viene de Ti, y de tus manos proviene lo que te damos.” (1Crón.29:14).

Nos conforta el Señor Jesucristo al decirnos:”No temas, pequeño rebaño, que ha tenido a bien vuestro Padre daros el Reino” (Lc.12:32).

Paciente: por cuanto nuestro Dios es paciente, esa virtud nos la ha ofrecido como un “don del Espíritu” (Gal.5:22). Y Él nos ha dado el ejemplo: tolera nuestros pecados, desagradecimiento, falta de respeto y de amor al prójimo, deshonestidad, egoísmo, etc…, pero siempre nos llama y nos espera como a un hijo perdido a quién recibir y abrazar si regresamos a Él (Lc.15:19).

Nos exhorta a enfrentar con gran alegría toda clase de pruebas, sabiendo que ellas tonifican nuestra fe y aumentan nuestra paciencia (Sant.1:2-3).

La Biblia proclama dichosos a los que son constantes: “habéis oído hablar de la paciencia de Job y habéis visto el final que le dio el Señor, porque Él es compasivo y misericordioso” (Sant.5:11).

Imparcial: los juicios de Dios son perfectos, y así lo son para con todos los hombres y naciones. Todos somos su creación y todos tenemos libre albedrío. Esto los lleva por distintos caminos, pero Él ha dispuesto para nosotros un camino que es el que lleva a la verdad y la vida: Jesucristo. Fuera de Él no puede haber comunión con el Padre y el Espíritu Santo. Dios no es imparcial ni indiferente en esto.

No obstante, a pesar del poder omnímodo de Dios, Él es imparcial con respecto a las decisiones que tomen los hombres y las naciones, si bien “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tim.2:4).

Justo: “En verdad, Yahveh es justo y amante de lo recto; los perfectos disfrutarán de su presencia” (Sal.11:7). La justicia de Dios no está contrapuesta a su misericordia, ni a su generosidad, pues sus juicios son rectos y ecuánimes.

Como lo hemos referido previamente, todo hombre ha nacido en pecado, “porque por las obras de la ley nadie será justificado ante Él, ya que la ley sólo lleva a más reconocimiento del pecado. Pero ahora, con independencia de la ley, ha quedado bien manifiesta la justicia de Dios, atestiguada por la ley y los profetas: justicia de Dios que, por medio de la fe en Jesucristo, llega a todos los que creen” (Rom.3:21-22).

En definitiva, todos los que creen en Cristo y viven acorde a sus preceptos, serán “justificados en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús” (Rom.3:24).

Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.

Türler ve etiketler

Yaş sınırı:
0+
Hacim:
210 s. 1 illüstrasyon
ISBN:
9789878716244
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:

Benzer kitaplar