Kitabı oku: «Mensajes para los jóvenes»
Mensajes para los jóvenes
Elena G. de White

Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.
Índice de contenido
Tapa
Prefacio
Sección I - EL PROPÓSITO DE DIOS PARA LA JUVENTUD
1 - La edificación del carácter para la eternidad
2 - Un llamado a la juventud
3 - Tratar de agradarle
4 - Normas para alcanzar el éxito
5 - Nuestro día de oportunidad
6 - Alturas que se pueden alcanzar
7 - Las normas de eficiencia
8 - Escalar las alturas
9 - En sociedad con Dios
Sección II - EL CONFLICTO CON EL PECADO
10 - Satanás es un poderoso enemigo
11 - El carácter del conflicto
12 - El esfuerzo especial de Satanás
13 - La tentación no excusa el pecado
14 - La fortaleza
15 - El templo del ser
16 - No me pertenezco
17 - La verdadera conversión
18 - Consejos a una hija consentida
19 - La fortaleza de carácter obtenida por la lucha
20 - Cómo resistir la tentación
21 - La falacia del pecado
22 - Una advertencia contra el escepticismo
23 - Un punto débil
Sección III - LA VIDA VICTORIOSA PROGRESIVA
24 - Hacia adelante y hacia arriba
25 - El perfeccionamiento del carácter
26 - La batalla de la fe
27 - Apropiarse de la victoria
28 - Cómo ser fuertes
29 - La vida victoriosa
30 - Fe viviente
31 - La unión con Cristo
Sección IV - EL ANDAR EN LA LUZ
32 - El crecimiento en la gracia
33 - La conformidad con el mundo
34 - Una experiencia cristiana genuina
35 - La disciplina propia
36 - Una experiencia viviente
37 - Fiel en lo poco
38 - La responsabilidad por la luz recibida
39 - Seriedad de propósito
40 - El ejercicio de la voluntad
41 - La dirección divina
42 - La obra silenciosa del Espíritu Santo
43 - El Cristo que mora en nosotros
44 - La abnegación
45 - El carácter que Dios aprueba
46 - La presencia permanente de Cristo
Sección V - LA PREPARACIÓN PARA LA OBRA DE LA VIDA
47 - La educación cristiana
48 - La verdadera educación
49 - La necesidad de una educación cristiana
50 - La educación para la eternidad
51 - Una preparación práctica
52 - La lealtad de los estudiantes
53 - Oportunidades para el estudiante
54 - Adiestramiento para el servicio
55 - La aspiración de mejorar
56 - La verdadera sabiduría
57 - Fijarse una norma elevada
Sección VI - EL SERVICIO
58 - Los jóvenes están llamados a ser obreros
59 - La responsabilidad de ganar a otros
60 - Dar testimonio por Cristo
61 - La obra personal
62 - Los jóvenes como ganadores de personas
63 - Servicio de diferentes clases
64 - El servicio abnegado
65 - El premio de la diligencia
66 - La dignidad del trabajo
67 - Sembrar junto a todas las aguas
68 - Muchos ramos de trabajo
69 - Un servicio aceptable
Sección VII - LA SALUD Y LA EFICIENCIA
70 - La fidelidad en el servicio
71 - La ciencia del vivir
72 - La protección de la salud
73 - La santidad de la salud
74 - Una educación equilibrada
75 - La educación obtenida a expensas de la salud
76 - La insignia de la nobleza
Sección VIII - LA VIDA DE DEVOCIÓN
77 - La oración es nuestra fortaleza
78 - El poder de la oración
79 - Nuestra actitud en la oración
80 - La fe y la oración
81 - El valor del estudio de la Biblia
82 - Investigar las Escrituras por uno mismo
83 - El esfuerzo perseverante en el estudio de la Biblia
84 - La recompensa del estudio diligente de la Biblia
85 - La Biblia como agente educador
86 - La reverencia
87 - Una esperanza bien fundada
Sección IX - LA LECTURA Y LA MÚSICA
88 - La elección de la lectura
89 - El ejemplo de los efesios
90 - El alimento mental apropiado
91 - La Biblia, el libro más interesante
92 - Guardar bien las avenidas del ser
93 - La edificación del carácter cristiano
94 - El efecto de la ficción
95 - Los beneficios de la música
96 - Usos de la música
97 - Un uso indebido de la música
Sección X - LA MAYORDOMÍA
98 - Lecciones sobre economía
99 - El espíritu de sacrificio
100 - El diezmo
101 - “Honra a Jehová con tus bienes”
102 - La responsabilidad individual
103 - Los regalos en las fiestas
104 - La economía en la indumentaria
105 - La satisfacción propia
106 - La economía y la benevolencia
Sección XI - LA VIDA EN EL HOGAR
107 - Un hogar cristiano
108 - La fidelidad en los deberes domésticos
109 - La religión en el hogar
110 - El hogar es una escuela
111 - El respeto y el amor a los padres
112 - Una bendición en el hogar
113 - La edificación del carácter en el hogar
114 - Los jóvenes han de llevar responsabilidades
115 - La hora del culto
116 - Hospitalidad religiosa
Sección XII - LA VESTIMENTA Y LOS ADORNOS
117 - Elementos para la edificación del carácter
118 - El vestuario y el carácter
119 - La indumentaria apropiada
120 - La influencia del vestuario
121 - La sencillez en el vestir
122 - La idolatría en el vestir
123 - El verdadero adorno
Sección XIII - LA RECREACIÓN Y LA DIVERSIÓN
124 - El valor de la recreación
125 - El amor a los placeres mundanos
126 - Palabras de consejo
127 - Diversiones peligrosas para los jóvenes
128 - Inculcar principios rectos en los jóvenes
129 - Las influencias no santificadas en acción
130 - Gozo en la religión
131 - La recreación cristiana
132 - Las reuniones sociales
133 - Cómo pasar los días feriados
134 - Las sociedades literarias
135 - El baile
Sección XIV - LAS RELACIONES SOCIALES
136 - La sociabilidad como medio para salvar a otros
137 - La sociabilidad y la cortesía cristianas
138 - Principios guiadores
139 - La influencia de las compañías
140 - La propia influencia
141 - La elección de los compañeros
142 - La regla de oro
143 - La verdadera cortesía
144 - Rechazar las relaciones mundanas
145 - La conversación elevada
146 - La vida licenciosa de la juventud
147 - Los visitantes irreligiosos
Sección XV - EL NOVIAZGO Y EL MATRIMONIO
148 - El amor verdadero
149 - Formas erróneas de noviazgo
150 - El casamiento con incrédulos
151 - La necesidad de consejo y dirección
152 - El matrimonio prematuro
153 - Matrimonios prudentes e imprudentes
154 - Casándose y dándose en matrimonio
155 - Las responsabilidades del matrimonio
156 - El buen criterio y el dominio propio en el matrimonio
157 - El ejemplo de Isaac
Mensajes para los jóvenes
Elena G. de White
Título del original: Messages to Young People, Ellen G. White Publications, Washington, D.C., 1967.
Dirección: Aldo D. Orrego
Traducción: Anónimo
Diseño del interior: Carlos Schefer
Diseño de tapa: Nancy Reinhardt, Nelson Espinoza
Ilustración de tapa: Shutterstock (banco de imágenes)
Libro de edición argentina
IMPRESO EN LA ARGENTINA - Printed in Argentina
Primera edición, e - Book
MMXX
Es propiedad. © Ellen G. White Publications. © 1984 ACES.
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
ISBN 978-987-798-112-4
| White, Elena G. deMensajes para los jóvenes / Elena G. de White. - 1ª ed. - Florida : Asociación Casa Editora Sudamericana, 2020.Libro digital, EPUBArchivo Digital: onlineISBN 978-987-798-112-41. Cristianismo. 2. Jóvenes. 3. Iglesia Adventista. I. Título.CDD 286.7 |
Publicado el 30 de marzo de 2020 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).
Tel. (54-11) 5544-4848 (Opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)
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Prefacio
En la antigüedad, cuando Jerusalén iba a ser reedificada, el profeta oyó en visión que un mensajero celestial decía a otro: “Corre, habla a ese joven”. Y así, en nuestros días, se ha dado a los jóvenes adventistas de ambos sexos una parte importante que realizar en el último drama de la historia terrenal.
“El Señor ha designado a los jóvenes para que acudan en su ayuda” (Joyas de los testimonios, t. 3, p. 105).
“Con semejante ejército de obreros como el que nuestros jóvenes, bien preparados, podrían proveer, ¡cuán pronto se proclamaría a todo el mundo el mensaje de un Salvador crucificado, resucitado y próximo a venir!” (La educación, p. 271).
Desde el mismo comienzo de nuestra obra, mediante el Espíritu de Profecía, los jóvenes de este movimiento han estado recibiendo mensajes como éstos. El instrumento escogido por el Señor para la manifestación de este don, Elena G. de White, era una joven que apenas tenía diecisiete años cuando comenzó sus labores. Conocía las luchas de la niñez y la juventud con los poderes de las tinieblas, y la vida victoriosa en Cristo. De su pluma salieron muchos mensajes de instrucción, simpatía, reprensión y aliento dirigidos expresamente a los jóvenes. Y tales mensajes, que siempre guían la mente de los jóvenes a Cristo y a su Palabra como la única fuente de poder para la formación de hombres y mujeres cristianos y nobles, han hecho mucho para fomentar el espíritu de consagración que caracteriza a tantos de nuestros jóvenes.
Así fue que en 1892 y 1893 se dieron mensajes que sugerían la necesidad de que nuestros jóvenes se organizaran en grupos y sociedades para la obra cristiana. A raíz de estas sugerencias se creó la Sociedad de Jóvenes Misioneros Voluntarios (hoy llamada de Jóvenes Adventistas), que demostró ser un gran poder elevador y sostenedor en la vida de la juventud adventista del mundo entero.
Aunque muchos de los escritos de la Hna. White destinados a los jóvenes se publicaron en sus libros, numerosos artículos que aparecieron en la revista The Youth’s Instructor [El Instructor de la Juventud] y en otros lugares no se conservaron en forma permanente. Esas instrucciones son una herencia preciosa, y debieran estar en las manos de todos nuestros jóvenes hoy día. Por tanto, el departamento de Jóvenes de la Asociación General repasó todo lo que ella escribiera en nuestros periódicos desde el comienzo de sus tareas, y eligió los temas referentes a los jóvenes y a sus problemas. Aunque no ha sido posible conservar siempre el artículo entero, se tuvo el cuidado de hacer la selección de tal manera que ofrezca claramente la idea de la autora sobre el asunto tratado.
De modo que la compilación y el arreglo de los artículos que aparecen en este tomo fueron realizados de común acuerdo por los fideicomisarios del Patrimonio White y los directores del departamento de Jóvenes de la Asociación General. Y para cumplir el propósito de ofrecer a los lectores de habla castellana los más valiosos mensajes dados por Dios a su pueblo mediante Elena de White, y gracias a la labor esmerada de los editores que revisaron su traducción, este material se publica en la forma presente.
Esperamos que el interés de nuestros jóvenes los induzca a estudiar con cuidado todos los mensajes enviados a la iglesia remanente mediante el Espíritu de Profecía. Nuestro más ferviente ruego es que estos mensajes sean una fuente de gran fortaleza moral para los jóvenes adventistas de habla castellana en todo el mundo, para el perfeccionamiento del carácter cristiano y para dar nuevo impulso a la consumación de nuestra gran tarea: “El mensaje adventista a todo el mundo en esta generación”.
DEPARTAMENTO DE JÓVENES DE LA ASOCIACIÓN GENERAL
Sección I
Con el fin de que la obra pueda avanzar en todos los ramos, Dios pide vigor, celo y valor juveniles. Él ha escogido a los jóvenes para que ayuden en el progreso de su causa. El hacer planes con mente clara y ejecutarlos con mano valerosa requiere energía fresca y no estropeada. Los jóvenes están invitados a dar a Dios la fuerza de su juventud, para que por el ejercicio de sus poderes, por medio de la reflexión aguda y la acción vigorosa, le tributen gloria e impartan salvación a sus semejantes (Obreros evangélicos, p. 69).
1
La edificación del carácter para la eternidad
Tengo profundo interés en la juventud y deseo grandemente ver a los jóvenes esforzándose por adquirir un carácter cristiano perfecto, tratando de lograr, mediante el estudio diligente y la oración fervorosa, la preparación esencial para prestar un servicio aceptable en la causa de Dios. Anhelo verlos ayudándose mutuamente para alcanzar un nivel más elevado en la experiencia cristiana.
Cristo vino a enseñar a la familia humana el camino de la salvación e hizo este camino tan llano que hasta un niñito puede andar por él. Invita a sus discípulos a que avancen en el conocimiento del Señor; y a medida que éstos sean guiados diariamente por su dirección, aprenderán que su salida está aparejada como el alba.
Ustedes han observado la salida del sol, y la aparición gradual del día sobre la Tierra y el cielo. Poco a poco progresa la aurora, hasta que aparece el sol; la luz se hace cada vez más fuerte y clara hasta que se llega a la plena gloria del mediodía. Es ésta una bella ilustración de lo que Dios desea hacer por sus hijos en el perfeccionamiento de su experiencia cristiana. Andando día tras día en la luz que él nos envía, en la obediencia voluntaria a todos sus requerimientos, nuestra experiencia crece y se amplía hasta que alcanzamos la estatura plena de hombres y mujeres en Cristo Jesús.
Los jóvenes necesitan tener siempre presente el camino que Cristo siguió. Fue en todos sus pasos un camino de victorias. Cristo no vino a la Tierra como rey, para gobernar a las naciones. Vino como hombre humilde para ser tentado y para vencer la tentación; para que sigamos en pos de él, como debemos ir, para conocer al Señor. En el estudio de la vida de Jesús aprenderemos cuánto hará Dios, por su medio, en favor de sus hijos. Y sabremos que por grandes que sean nuestras pruebas, no pueden exceder a lo que Cristo soportó para que pudiésemos conocer el camino, la verdad y la vida. Mediante una vida de conformidad con su ejemplo, hemos de mostrar nuestro aprecio por el sacrificio que hizo en favor de nosotros.
Los jóvenes han sido comprados a un precio infinito: el de la misma sangre del Hijo de Dios. Consideren el sacrificio del Padre al permitir que su Hijo fuera inmolado. Consideren lo que Cristo abandonó cuando dejó los atrios celestiales y el trono real para dar su vida como sacrificio diario por los hombres. Sufrió reproches y abusos. Soportó todo el insulto y la burla que los hombres malvados pudieron acumular sobre él. Y cuando hubo cumplido su ministerio terrenal, sufrió la muerte de cruz. Consideren sus sufrimientos en la cruz: los clavos con que le atravesaron las manos y los pies; la mofa y el vituperio por parte de quienes vino a salvar; el ocultamiento del rostro de su Padre. Pero mediante todo esto Cristo hizo posible que todos los que quieran lleguen a poseer la vida que se mide con la vida de Dios.
Un fiel Amigo
Cuando Cristo ascendió al Padre, no dejó a sus seguidores sin ayuda. El Espíritu Santo como representante suyo, y los ángeles celestiales como espíritus ministradores, son enviados para ayudar a quienes están peleando la buena batalla de la fe con gran desventaja. Recuerda siempre que Jesús es tu ayudador. Nadie entiende tan bien como él las peculiaridades de tu carácter. Él vela sobre ti, y si estás dispuesto a dejarte guiar por él, te rodeará de influencias para el bien que te capacitarán para cumplir la totalidad de su voluntad respecto de ti.
En esta vida nos preparamos para la vida futura. Pronto habrá una gran inspección en la cual cada persona que trata de perfeccionar el carácter cristiano tendrá que someterse a la prueba de las preguntas escudriñadoras de Dios: “¿Has dado un ejemplo que los demás pudiesen seguir con seguridad? ¿Has estado expectante por los seres humanos, como quien debe rendir cuentas?” Los miembros de la hueste celestial se interesan por los jóvenes y albergan un intenso anhelo de que soporten la prueba y de que a cada uno se le dirijan las palabras de aprobación: “¡Bien, siervo bueno y fiel!... Entra en el gozo de tu señor”.1
Recuerden los jóvenes que aquí han de formar caracteres para la eternidad, y que Dios requiere de ellos que hagan lo mejor que puedan. Vigilen los que tienen más experiencia a los más jóvenes, y cuando los vean tentados, llámenlos aparte y oren con ellos y por ellos. El Señor quisiera que reconozcamos el gran sacrificio que Cristo ha hecho por nosotros, mostrando interés por la salvación de quienes él vino a salvar. Si los jóvenes buscan a Cristo, él hará que sus esfuerzos sean eficaces (The Youth’s Instructor, 21 de noviembre de 1911).
1 Mateo 25:23.
2
Un llamado a la juventud
Dios quiere que los jóvenes lleguen a ser hombres de mente seria, a estar preparados para la acción en su noble obra y a ser aptos para llevar responsabilidades. Dios llama a jóvenes de corazón incorrupto, fuertes y valientes, decididos a pelear varonilmente en la lucha que les espera, para que glorifiquen a Dios y beneficien a la humanidad. Si los jóvenes tan sólo hicieran de la Biblia un objeto de estudio, calmasen sus impetuosos deseos y escuchasen la voz de su Creador y Redentor, no sólo estarían en paz con Dios, sino que se sentirían ennoblecidos y elevados. Joven amigo, redundará en beneficio de tu interés eterno si prestas atención a las instrucciones que contiene la Palabra de Dios, pues son de inestimable importancia para ti.
Te ruego que seas prudente y consideres el resultado de llevar una vida sin freno, no gobernada por el Espíritu de Dios. “No os engañéis, nadie puede burlarse de Dios. Todo lo que el hombre siembre, eso también segará. El que siembra para su carne, de la carne segará corrupción”.2 Por amor a tu ser, por amor a Cristo, quien se dio a sí mismo para salvarte de la ruina, detente en el umbral de tu vida y pesa bien tus responsabilidades, tus oportunidades, tus posibilidades. Dios te ha dado la oportunidad de cumplir un elevado destino. Tu influencia puede dar testimonio de la verdad de Dios: puedes ser colaborador de Dios en la gran obra de la redención humana...
Llamados a un elevado destino
¡Ojalá los jóvenes apreciasen el elevado destino al cual son llamados! Examinen bien el sendero que siguen sus pies. Comiencen su obra con elevado y santo propósito y determinen que, por el poder y la gracia de Dios, no se apartarán de la senda de la rectitud. Si empiezan a ir en la dirección equivocada, cada paso estará lleno de peligro y desastre, y seguirán desviándose del camino de la verdad, la seguridad y el éxito. Ustedes necesitan que el poder divino fortalezca su intelecto y avive sus energías morales.
La causa de Dios requiere las facultades más elevadas del ser, y en muchos campos hay necesidad urgente de jóvenes que tengan aptitudes literarias. Hay necesidad de hombres a quienes se pueda confiar el trabajo en campos extensos que hoy están blancos para la cosecha. Los jóvenes de aptitudes comunes, que se entreguen completamente a Dios, que no estén corrompidos por el vicio y la impureza, tendrán éxito y serán habilitados para hacer una gran obra para Dios. Atiendan los jóvenes la amonestación, y sean de mente sobria.
¡Cuántos jóvenes han malgastado en insensateces y disipación la fuerza que Dios les ha dado! ¡Cuántas historias dolorosas recuerdo de jóvenes que, por entregarse a hábitos viciosos, han llegado a ser mental, moral y físicamente náufragos humanos! Sus organismos están arruinados, y la utilidad de su vida grandemente menoscabada por haberse entregado a placeres ilícitos.
Jóvenes indiferentes y descuidados de hoy, les ruego que se conviertan y lleguen a ser colaboradores con Dios. Sea el tema de estudio de su vida beneficiar y salvar a otros. Si buscan la ayuda de Dios, su potencia, obrando en ustedes anulará todos los poderes opositores y serán santificados mediante la verdad. El pecado prevalece de una manera alarmante entre los jóvenes de hoy día, pero sea el propósito de ustedes hacer cuanto puedan para rescatar a las personas del poder de Satanás.
Ser portadores de luz
Lleven la luz a dondequiera que vayan; muestren que tienen fortaleza de propósito, que no son indecisos, ni se dejan llevar fácilmente por las persuasiones de los malos compañeros. No den presto asentimiento a las sugerencias de los que deshonran a Dios; antes bien, traten de reformar, restaurar y salvar a las personas del mal.
Recurran a la oración, persuadan con mansedumbre y humildad de espíritu a los que se oponen. Un ser humano salvado del error y puesto bajo el estandarte de Cristo producirá gozo en el cielo y añadirá una estrella a la corona de regocijo de ustedes. El ser salvado, mediante su influencia piadosa traerá a otros al conocimiento de la salvación, y así la obra se multiplicará y sólo las revelaciones del día del juicio pondrán de manifiesto su extensión.
No vacilen en trabajar por el Señor porque les parezca que es poco lo que pueden hacer. Hagan ese poco con fidelidad, pues Dios obrará junto con sus esfuerzos. Él escribirá en el libro de la vida los nombres de ustedes, como nombres de quienes son dignos de entrar en el gozo del Señor. Roguemos fervientemente a Dios porque se levanten obreros, pues los campos están blancos para la siega; la cosecha es grande y los obreros son pocos...
Tener ideas amplias
Los jóvenes deberían tener ideas amplias, planes sabios, para sacar el mayor provecho de sus oportunidades e imbuirse de la inspiración y el valor que animaban a los apóstoles. Juan dice: “Os escribí a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, la Palabra de Dios mora en vosotros y habéis vencido al maligno”.3 Se presenta a los jóvenes una norma elevada, y Dios los invita a emprender un verdadero servicio por él. Los jóvenes de corazón recto que se deleitan en aprender en la escuela de Cristo, pueden hacer una gran obra por el Maestro si tan sólo quieren prestar oído a la orden del Capitán, tal como ha resonado a lo largo de las filas hasta nuestro tiempo: “Portaos varonilmente, y esforzaos”.4
Ustedes han de ser hombres que anden humildemente con Dios, que permanezcan delante de él con la virilidad por él impartida, libres de impureza, libres de toda contaminación, de la sensualidad que corrompe a esta época. Han de ser hombres que desprecien toda falsedad y maldad, que se atrevan a ser veraces y valientes, que mantengan en alto el estandarte ensangrentado del Príncipe Emanuel. Sus talentos aumentarán a medida que los usen para el Maestro y serán considerados preciosos por aquel que los compró a un precio infinito. No se sienten ni dejen de hacer algo simplemente por no poder hacer algo grande; antes bien, hagan todo lo que les viniere a la mano para hacer, en forma cuidadosa y enérgica...
El llamado a alistarse
Cristo pide voluntarios que se alisten bajo su estandarte y sostengan ante el mundo la bandera de la cruz. La iglesia languidece por falta de la ayuda de jóvenes que den un testimonio valiente, que con celo ardoroso aticen las indolentes energías del pueblo de Dios, y aumenten así el poder de la iglesia en el mundo. Se necesitan jóvenes que resistan la marea de mundanalidad y eleven una voz de advertencia contra los primeros pasos de la inmoralidad y el vicio.
Pero los jóvenes que quieren servir a Dios y entregarse a su obra, deben primero limpiar el templo de su ser de toda impureza y entronizar a Cristo en el corazón; entonces estarán habilitados para poner energía en su esfuerzo cristiano y manifestarán celo entusiasta para persuadir a los hombres a reconciliarse con Cristo. ¿No quieren los jóvenes responder a la invitación de Cristo y contestar: “Aquí estoy, envíame a mí”?5 Jóvenes, pónganse resueltamente a la vanguardia, y muéstrense como colaboradores de Cristo, emprendiendo la obra donde él la dejó, para llevarla a su terminación (Review and Herald, 16 de junio de 1891).
Elementos esenciales del carácter
Dios no ordena que los jóvenes tengan menos aspiraciones. Los rasgos de carácter que dan éxito y honores a un hombre entre sus semejantes; el deseo inextinguible de algún bien mayor; la voluntad indomable; los esfuerzos arduos; la perseverancia incansable, no deben eliminarse. Por la gracia de Dios, deben encauzarse hacia fines que superen los intereses egoístas y temporales como los cielos son más altos que la Tierra (Patriarcas y profetas, pp. 651, 652).
2 Gálatas 6:7, 8.
3 1 Juan 2:14.
4 1 Corintios 16:13.
5 Isaías 6:8.
3
Tratar de agradarle
El Señor tiene una obra especial que hacer por nosotros individualmente. Al ver la maldad del mundo puesta de manifiesto en los tribunales de justicia y publicada en los diarios, acerquémonos a Dios y, por medio de una fe viva, echemos mano de sus promesas, para que la gracia de Cristo se manifieste en nosotros. Podemos ejercer una influencia, una influencia poderosa en el mundo. Si nos acompaña el poder convincente de Dios, seremos capaces de conducir a las personas del pecado a la conversión.
Nuestra sencillez realizará buena parte de esta obra. No debemos tratar de ascender hasta ocupar puestos elevados, ni conquistar la alabanza de los hombres. No debiéramos tener por meta el ser superiores a los demás. Debemos tener por único blanco la gloria de Dios. Debemos trabajar con toda la inteligencia que Dios nos ha dado, colocándonos donde fluye la luz, para que la gracia de Dios pueda derramarse sobre nosotros para amoldarnos y conformarnos a la semejanza divina. El cielo está esperando otorgar sus más ricas bendiciones a los que quieran consagrarse para hacer la obra de Dios en estos últimos días de la historia del mundo. Seremos probados; tal vez debamos pasar noches en vela; pero pasemos esos momentos en oración ferviente a Dios, con el fin de que él nos dé entendimiento y avive nuestra mente para discernir los privilegios que nos pertenecen (Review and Herald, 1º de abril de 1909).
4
Normas para alcanzar el éxito
“Venerar al Señor es el principio de la sabiduría”.6 Muchos de nuestros jóvenes no sienten la necesidad de ejercitar vigorosamente hasta lo sumo sus facultades en todo momento y bajo todas las circunstancias. No tienen ante la vista el temor de Jehová, y sus pensamientos no son puros ni elevados.
El Cielo entero conoce todo pensamiento, toda acción. Las acciones de ustedes podrán ser invisibles para sus conocidos, pero están abiertas a la inspección de los ángeles. Los ángeles tienen la comisión de servir a los que se esfuerzan por vencer todo hábito malo y mantenerse libres de las artimañas de Satanás.
Fiel integridad
No se da la importancia que se debiera al poder que los pequeños actos malos, las pequeñas inconsecuencias, tienen en la formación del carácter. En la Palabra de Dios se nos revelan los principios más grandiosos y elevados. Nos son dados para fortalecer todo esfuerzo en favor del bien, para gobernar y equilibrar la mente, para inducirnos a aspirar al logro de una norma elevada.
En la historia de José, Daniel y sus compañeros, vemos cómo la áurea cadena de la verdad puede ligar a la juventud al trono de Dios. No podían ser tentados a apartarse de su integridad. Valoraron el favor de Dios por encima del favor y la alabanza de los príncipes, y Dios los amó y los cobijó bajo su escudo.
El Señor los honró señaladamente delante de los hombres por su fiel integridad, por su determinación a honrar a Dios por encima de todo poder humano. Fueron honrados por el Señor Jehová de los ejércitos, cuyo poder se extiende sobre todas las obras de sus manos, arriba en el cielo y abajo en la Tierra. Estos jóvenes no se avergonzaban de desplegar su verdadero estandarte. Hasta en la corte del rey, en sus palabras, en sus hábitos, en sus prácticas, confesaron su fe en el Señor Dios del cielo. Rehusaron inclinarse ante cualquier mandato terrenal que detrajera el honor de Dios. Tenían fuerza del cielo para confesar su lealtad a Dios.
Ustedes deberían estar preparados para seguir el ejemplo de estos nobles jóvenes. No se avergüencen jamás de su bandera; tómenla y despliéguenla a la mirada de los hombres y los ángeles. No se dejen dominar por una falsa modestia, una falsa prudencia que les sugiera un curso de acción contrario a este consejo. Por la elección de sus palabras y una conducta consecuente, por su corrección, su ferviente piedad, hagan una profesión eficaz de su fe, decididos a que Cristo ocupe el trono en el templo del ser, y pongan sus talentos sin reservas a los pies del Señor, para que sean utilizados en su servicio.
Completa consagración
Conviene a tu bienestar presente y eterno ponerte enteramente de parte de lo recto, para que el mundo sepa cuál es tu posición. Muchos no se entregan completamente a la causa de Dios, y su posición vacilante es una fuente de debilidad en sí misma y una piedra de tropiezo para otros. Sin principios fijos, sin consagración, son apartados por las olas de la tentación de lo que saben que es recto, y no se esfuerzan santamente por vencer los errores y por perfeccionar un carácter recto mediante la justicia imputada de Cristo.
El mundo tiene derecho a saber exactamente lo que se puede esperar de cada ser humano inteligente. El que es una personificación viva de los principios firmes, inequívocos y rectos, ejerce un poder viviente sobre sus compañeros, y con su cristianismo influirá sobre otros. Muchos no perciben ni aprecian cuán grande es la influencia de cada persona para el bien o para el mal. Todo estudiante debiera comprender que los principios que adopta llegan a ejercer una influencia viva y modeladora sobre el carácter. El que acepta a Cristo como Salvador personal, amará a Jesús y a todos aquellos por quienes él murió; pues Cristo será en él un manantial de agua que brota para vida eterna. Se entregará sin reservas al dominio de Cristo.
Afirmar la propia libertad
Establezcan como ley de su vida, de la cual no los harán apartar las tentaciones ni ningún interés ajeno a la vida cristiana, el honrar a Dios, porque “de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino tenga vida eterna”.7 Dios solicita de ustedes, como agentes morales libres, redimidos, rescatados mediante un precio infinito, que afirmen su libertad y utilicen las facultades que les ha otorgado el Cielo, como súbditos libres del reino celestial. No continúen en la servidumbre del pecado, sino muestren su lealtad a Dios como súbditos leales del Rey de reyes.
Muestren, mediante Jesucristo, que son dignos del sagrado cometido con que el Señor los ha honrado al otorgarles vida y gracia. Deben rehusarse a estar sujetos al poder del mal. Como soldados de Cristo debemos aceptar, deliberada e inteligentemente, sus condiciones de salvación en cualquier circunstancia, tener en alta estima los principios rectos y actuar de acuerdo con ellos. La sabiduría divina debe ser lámpara a sus pies. Sean leales consigo mismos y sean leales a su Dios. Será sacudido todo lo que vacile, pero si están arraigados y cimentados en la verdad, permanecerán firmes con las cosas que no pueden ser sacudidas. La ley de Jehová es inmutable, inalterable, pues es expresión del carácter de Jehová. Resuelvan que ni con palabras ni influencias arrojarán la menor deshonra sobre su autoridad.
Entrega completa
Tener la religión de Cristo significa que ustedes han entregado a Dios, de un modo absoluto, todo lo que son y tienen, y que han consentido en ser guiados por el Espíritu Santo. Mediante el don del Espíritu Santo se les dará poder moral, y no sólo tendrán los talentos que anteriormente se les habían confiado para el servicio de Dios, sino que la eficiencia de los mismos será grandemente multiplicada. La entrega de todas las facultades a Dios simplifica mucho el problema de la vida. Debilita y abrevia mil luchas con las pasiones del corazón natural. La religión es como un cordón de oro que liga a Cristo los espíritus tanto de los jóvenes como de los ancianos. Mediante ella, los voluntarios y obedientes son llevados en salvo a la ciudad de Dios, a través de senderos oscuros e intrincados.
Hay jóvenes que sólo tienen aptitudes comunes, y sin embargo, mediante la educación y la disciplina, con maestros que actúen de acuerdo con principios puros y elevados, pueden salir del proceso de preparación aptos para ocupar algún puesto de confianza al cual Dios los ha llamado. Pero hay jóvenes que fracasarán porque no han resuelto vencer las inclinaciones naturales y no están dispuestos a prestar oídos a la voz de Dios registrada en su Palabra. No han levantado alrededor de su ser barricadas contra las tentaciones ni han resuelto, contra todo riesgo, cumplir con su deber. Se asemejan a aquel que al emprender un viaje peligroso rehúsa toda guía e instrucción por las cuales pudiera evitar accidentes y ruina, y avanza por un camino de destrucción segura.
La elección de mi destino
¡Ojalá comprenda cada uno que él es el árbitro de su propio destino! En ustedes yace su felicidad para esta vida y para la vida futura e inmortal. Si lo quieren, tendrán compañeros que, por su influencia, restarán valor a sus pensamientos, sus palabras y sus normas morales. Pueden dar rienda suelta a los apetitos y las pasiones, despreciar la autoridad, usar un lenguaje grosero y degradarse hasta el más bajo nivel. La influencia de ustedes puede ser tal que contamine a otros y la causa de la ruina de quienes podrían haber sido traídos a Cristo. Pueden hacer apartar a otros de Cristo, de lo recto, de la santidad y del cielo. En el juicio podrán los perdidos señalarlos y decir: “Si no hubiera sido por su influencia, yo no habría tropezado ni me habría burlado de la religión. Él tenía la luz, conocía el camino al cielo. Yo era ignorante y fui con los ojos vendados por el camino de la destrucción”. Oh, ¿qué respuesta podremos dar a tal acusación? Cuán importante es que cada uno considere hacia dónde conduce a las personas. Estamos a la vista del mundo eterno, y cuán diligentemente debiéramos computar el costo de nuestra influencia. No deberíamos excluir la eternidad de nuestra consideración, sino acostumbrarnos a preguntar continuamente: “¿Agradará esta conducta a Dios? ¿Cuál será la influencia de mi acción sobre la mente de los que han tenido mucho menos luz y evidencia en cuanto a lo recto?”
Preguntas escudriñadoras
¡Ojalá los jóvenes escudriñen las Escrituras y hagan como les parece que Cristo hubiese hecho en circunstancias semejantes! Nuestras oportunidades para obtener conocimiento de origen divino han colocado sobre nosotros grandes responsabilidades, y con solicitud intensa debiéramos preguntar: “¿Estoy andando en la luz? ¿Estoy, de acuerdo con la gran luz que he recibido, guiando a otros por el buen camino? ¿O estoy haciendo senderos tan torcidos que el cojo será desviado del camino?”...
Deberíamos estar imbuidos de un sentimiento profundo y constante del valor, la santidad y la autoridad de la verdad. Los rayos brillantes de la luz celestial están alumbrando tu sendero, querido joven, y te ruego que saques el mayor provecho de tus oportunidades. Recibe y aprecia cada rayo enviado del cielo, y tu senda aumentará en brillo hasta el día perfecto (The Youth’s Instructor, 2 de febrero de 1893).
6 Proverbios 9:10.
7 Juan 3:16.
5
Nuestro día de oportunidad
La experiencia de los que trabajaron para Dios en generaciones pasadas tiene lecciones que debemos aprender los que vivimos en este tiempo. Cuán poco conocemos los conflictos, las pruebas y las labores que soportaron estos hombres mientras se equipaban para hacer frente a los ejércitos de Satanás. Poniéndose toda la armadura de Dios, fueron capaces de hacer frente a las astucias de Satanás.
Estos hombres que en tiempo pasado se entregaron a Dios y al engrandecimiento de su causa eran tan firmes en los principios como el acero. Eran hombres que no decaían ni se desanimaban; hombres que, como Daniel, estaban llenos de reverencia y celo por Dios, llenos de propósitos y aspiraciones nobles. Eran tan débiles e impotentes como cualesquiera de los que hoy están ocupados en la obra, pero ponían toda su confianza en Dios. Tenían riqueza, pero consistía ésta en la cultura de la mente y el espíritu. Y puede tenerla cualquiera que dé a Dios el primero, el último y el mejor lugar en todas las cosas. Aunque estemos destituidos de sabiduría, conocimiento, virtud y poder, podemos recibir todo esto si queremos aprender de Cristo las lecciones que es nuestro privilegio aprender.
La clase de obreros que se necesita
Tenemos en esta época oportunidades y ventajas que no era fácil obtener en generaciones pasadas. Tenemos más luz, y ésta la hemos recibido gracias a la obra de los fieles centinelas que hicieron de Dios su sostén, y recibieron de él poder para hacer brillar la luz con rayos claros en el mundo. En nuestra época tenemos mayor luz de la cual sacar provecho, así como en épocas pasadas los hombres y las mujeres de noble valor aprovecharon la luz que Dios les diera. Largo tiempo trabajaron asiduamente para aprender las lecciones que les fueron dadas en la escuela de Cristo, y no trabajaron en vano. Sus esfuerzos perseverantes fueron recompensados. Se unieron con el mayor de todos los poderes, y sin embargo anhelaban siempre una comprensión más profunda, elevada y amplia de las realidades eternas, para poder presentar con éxito los tesoros de la verdad a un mundo necesitado.
Ahora se necesitan obreros de este carácter. Los que a la vista de Dios son hombres, y que así figuran en los libros del cielo, son los que, como Daniel, cultivan todas sus aptitudes en la forma que les permita representar mejor el reino de Dios en un mundo que yace en la impiedad. El progreso en el conocimiento es esencial, pues empleado en la causa de Dios, el conocimiento es un poder para el bien. El mundo necesita hombres de pensamiento, hombres de principios, hombres que estén creciendo constantemente en comprensión y discernimiento. La prensa necesita hombres que la usen aprovechando todas sus ventajas, con el objetivo de que la verdad reciba alas para ir velozmente a toda nación, lengua y pueblo.
Nuestra fuente de eficiencia
Necesitamos hacer uso de los jóvenes que cultiven la laboriosidad honrada, que no teman poner a prueba sus facultades. Jóvenes tales encontrarán empleo en todas partes, porque no vacilan en el camino; llevan la semejanza divina en la mente y el espíritu. Sólo tienen una cosa en vista, y avanzan y se elevan constantemente gritando: “¡Victoria!” Pero no hay llamamiento para el indolente, el temeroso y el incrédulo, quien, por su falta de fe y de disposición a negarse a sí mismo por la causa de Cristo, impide que la obra avance...
Dios llama a los que quieren ser sus colaboradores. Relacionada con Cristo, la naturaleza humana llega a ser pura e íntegra. Cristo provee la eficiencia y el hombre se convierte en un poder para el bien. La veracidad y la integridad son atributos de Dios, y el que posee estos atributos posee un poder invencible (Review and Herald, 10 de marzo de 1903).
Justicia interior
La justicia exterior da testimonio de la justicia interior. El que es justo por dentro, no muestra un corazón duro ni falta de simpatía, sino que día tras día crece a la imagen de Cristo y progresa de fuerza en fuerza. Aquel a quien la verdad santifica, tendrá dominio de sí mismo y seguirá en las pisadas de Cristo hasta que la gracia dé lugar a la gloria. La justicia por la cual somos justificados es imputada; la justicia por la cual somos santificados es impartida. La primera es nuestro derecho al cielo; la segunda, nuestra idoneidad para el cielo (Review and Herald, 4 de junio de 1895)
6
Alturas que se pueden alcanzar
Queridos jóvenes, ¿cuáles son la meta y el propósito de su vida? ¿Ambicionan una educación para tener renombre y posición en el mundo? ¿Tienen el pensamiento que no se atreven a expresar, de estar algún día en la cima de la grandeza intelectual; de sentarse en asambleas legislativas y deliberantes, y de ayudar a dictar leyes para la nación? No hay nada malo en estas aspiraciones. Cada uno de ustedes puede llegar a distinguirse. No deberían contentarse con adquisiciones mezquinas. Escojan una norma elevada y no escatimen esfuerzos para alcanzarla.
La religión es la base de la vida
El temor del Señor es el fundamento de toda verdadera grandeza. La integridad, la integridad inalterable, es el principio que necesitan en todas las relaciones de la vida. Lleven con ustedes la religión a la escuela, a la pensión donde viven, a todas sus ocupaciones. La cuestión importante para ustedes ahora es cómo escoger y perfeccionar sus estudios de modo que mantengan la solidez y la pureza de un carácter cristiano sin mancha, poniendo todos los intereses y las exigencias temporales en sujeción a las demandas superiores del evangelio de Cristo.
Ahora deben edificar de acuerdo con lo que después pueden amueblar, relacionarse con la sociedad y la vida en una forma que responda al propósito que tuvo Dios al crearlos. Como discípulos de Cristo, no se los priva de emprender ocupaciones temporales, pero deberían llevar su religión con ustedes. Cualquiera sea la empresa para la cual se preparen, no abriguen la idea de que no tendrán éxito en ella sin sacrificar los principios.
Responsabilidades elevadas
Equilibrados por el principio religioso, pueden ascender a la altura que quieran. Nos alegraría verlos elevarse a la noble altura que Dios ha determinado que alcancen. Jesús ama a la preciosa juventud; y no le agrada verla crecer con talentos sin cultivar ni desarrollar. Pueden los jóvenes llegar a ser hombres fuertes de principios firmes, capacitados para que se les confíen elevadas responsabilidades, y pueden consagrar lícitamente a este fin todo su vigor.
Pero no cometan jamás crimen tan grande como el de pervertir, para hacer el mal y destruir a otros, las facultades que Dios les ha dado. Hay hombres de talento, que usan su habilidad para extender la corrupción y la ruina moral; pero todos ellos están sembrando una semilla que producirá una cosecha que no se enorgullecerán en recoger. Es cosa terrible usar para esparcir daño y desgracia en la sociedad, en vez de bendición, las capacidades que Dios ha concedido. Es también cosa terrible envolver en un pañuelo el talento que se nos confió y esconderlo en el mundo, pues esto es despreciar la corona de la vida. Dios demanda nuestro servicio. Hay responsabilidades para cada uno; y sólo podemos cumplir la gran misión de la vida cuando aceptamos plenamente estas responsabilidades y las desempeñamos fiel y concienzudamente.
La influencia de la religión
Dice el sabio: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”.8 Pero no supongan, ni por un momento, que la religión los hará tristes y sombríos y les cerrará el camino del éxito. La religión de Cristo no borra, ni siquiera debilita, una sola facultad. No incapacita al individuo para gozar de la verdadera felicidad; no ha sido designada para disminuir nuestro interés en la vida o para hacernos indiferentes a las demandas de los amigos y la sociedad. No cubre la vida de cilicio; no se la expresa en profundos suspiros y gemidos. No, no; aquellos para quienes Dios es lo primero, lo último y lo mejor, son las personas más felices del mundo. No se borran de su rostro las sonrisas y la luminosidad. La religión no hace tosco, desprolijo y descortés al que la acepta; al contrario, lo eleva y ennoblece, refina sus gustos, santifica su criterio, y lo hace apto para estar en la sociedad de los ángeles celestiales y para el hogar que Jesús ha ido a preparar.
No perdamos nunca de vista el hecho de que Jesús es un manantial de gozo. No se deleita en la miseria de los seres humanos, sino en verlos felices. Los cristianos tienen a su disposición muchas fuentes de felicidad y pueden decir con exactitud infalible qué placeres son lícitos y buenos. Gozarán de las recreaciones que no disipen la mente ni rebajen el ser, que no desilusionen ni dejen tras sí una triste influencia que destruye el respeto propio u obstruye el camino de la utilidad. Si pueden llevar consigo a Jesús y mantener un espíritu de oración, están perfectamente seguros...
Nuestra administración de los talentos
Jóvenes amigos, el temor del Señor se halla a la base misma de todo progreso; es el principio de la sabiduría. El Padre celestial tiene derechos sobre ustedes, pues sin que se lo soliciten y sin que haya méritos de parte de ustedes, les da la plenitud de su providencia, y más aún, les ha dado todo el cielo en una dádiva: la de su amado Hijo. Como retribución por este don infinito, les pide obediencia voluntaria. Por cuanto son comprados por precio, la misma preciosa sangre del Hijo de Dios, él requiere que hagan el debido uso de los privilegios que disfrutan. Las aptitudes intelectuales y morales son dones de Dios, talentos que se les han confiado para que los aprovechen sabiamente, y no tienen la libertad de dejarlos latentes por falta del debido cultivo, o que sean mutilados o atrofiados por la inacción. A ustedes les toca decidir si habrán o no de hacer frente fielmente a las pesadas responsabilidades que descansan sobre ustedes, si sus esfuerzos serán o no bien dirigidos, y si serán o no los mejores de que son capaces.
Vivimos en medio de los peligros de los últimos días. Todo el cielo se interesa por el carácter que están formando. Se ha hecho plena provisión para que participen de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que está en el mundo a causa de la concupiscencia. El hombre no es dejado solo para vencer los poderes del maligno por sus propios y débiles esfuerzos. La ayuda está a mano y será dada a todo el que realmente la desee. Los ángeles de Dios, que ascienden y descienden por la escalera que Jacob vio en visión, ayudarán a toda persona que quiera ascender hasta el más elevado cielo. Ellos están guardando al pueblo de Dios y observando cómo da cada paso. Los que ascienden por el camino iluminado serán recompensados; entrarán en el gozo de su Señor (Fundamentals of Christian Education, pp. 82-86).
Un alto ideal que alcanzar
El ideal que Dios tiene para sus hijos está por encima del alcance del más elevado pensamiento humano. La meta a alcanzar es la piedad, la semejanza a Dios. Ante el estudiante se abre un camino de progreso continuo. Tiene que alcanzar un objeto, lograr una norma que incluye todo lo bueno, lo puro y lo noble. Progresará tan rápidamente e irá tan lejos como fuere posible en todos los ramos del verdadero conocimiento. Pero sus esfuerzos se dirigirán a fines tanto más altos que el mero egoísmo y los intereses temporales, cuanto son más altos los cielos que la Tierra (La educación, pp. 18, 19).
Conductos de la gracia de Dios
Es el privilegio de toda persona ser un canal vivo por medio del cual Dios pueda comunicar al mundo los tesoros de su gracia, las inescrutables riquezas de Cristo. No hay nada que Cristo desee tanto como agentes que representen al mundo su Espíritu y carácter. No hay nada que el mundo necesite tanto como la manifestación del amor del Salvador mediante la humanidad. Todo el cielo está esperando que haya canales por medio de los cuales pueda derramarse el aceite santo, de modo que sea un gozo y una bendición para los corazones humanos (Palabras de vida del gran Maestro, p. 345).
8 Eclesiastés 12:1.
7
Las normas de eficiencia
Pesan sobre la juventud graves responsabilidades. Dios espera mucho de los jóvenes que viven en esta generación de luz y conocimiento abundantes. Espera de ellos que impartan esa luz y ese conocimiento. Desea usarlos para disipar el error y la superstición que nublan la mente de muchos. Han de disciplinarse reuniendo toda jota y tilde del saber y la experiencia. Dios los hace responsables de las oportunidades y los privilegios que se les dan. La obra que tienen delante espera sus esfuerzos diligentes para ser llevada adelante progresivamente, como la época lo requiera.
Si los jóvenes quieren consagrar su mente y corazón al servicio de Dios, alcanzarán una elevada norma de eficiencia y utilidad. Es ésta la norma que el Señor espera que los jóvenes alcancen. Hacer menos que esto es rehusarse a sacar el mayor provecho de las oportunidades dadas por Dios. Esto será considerado como traición a Dios, como dejar de trabajar para el bien de la humanidad.
Cómo adquirir idoneidad para el servicio
Quienes se esfuerzan por ser colaboradores de Dios, que buscan diligentemente adquirir para impartir, recibirán constantemente luz de Dios, para que sean medios de comunicación. Si, como Daniel, los jóvenes de ambos sexos conforman todos sus hábitos, apetitos y pasiones con los requerimientos de Dios, se harán idóneos para realizar una obra más elevada. Deberían apartar de sus mentes todo lo vulgar y frívolo. Deberían abandonarse la propensión a los placeres y la liviandad como cosas que están fuera de lugar en la vida y la experiencia de los que viven por la fe en el Hijo de Dios, comiendo su carne y bebiendo su sangre.
Deberían comprender que, aunque estén a su alcance todas las ventajas del saber, pueden no llegar a obtener la educación que los hará aptos para trabajar en alguna parte de la viña del Señor. No pueden ocuparse en el servicio del Señor sin las cualidades indispensables de una piedad inteligente. Si dedican al placer y las diversiones la preciosa mente que debería ser fortalecida por un propósito elevado y noble, degradan las facultades que Dios les ha dado y se hacen culpables a su vista, porque no mejoran sus talentos mediante un uso sabio.
Su espiritualidad empequeñecida es una ofensa a Dios. Manchan y corrompen las mentes de los seres con quienes se asocian. Por sus palabras y acciones estimulan el descuido y la desatención de las cosas sagradas. No sólo ponen en peligro su propia vida, sino que dan un ejemplo perjudicial a todos aquellos con quienes se relacionan. Son enteramente incompetentes para representar a Cristo. Siendo siervos del pecado, descuidados, temerarios y desatinados, hacen apartar a otros del Señor.
Los que se satisfacen con normas bajas, no llegan a ser colaboradores de Dios. A los que permiten que su mente vaya a la deriva, hacia donde irá si no se la vigila, Satanás les sugiere cosas que la absorben en tal forma, que los hace adiestrarse en su ejército para engatusar a otras personas. Pueden profesar ser religiosos, pueden tener una forma de la piedad, pero son amadores de los placeres más bien que de Dios.
La habilidad no es piedad
Hay jóvenes que tienen cierta clase de habilidad, reconocida y admirada por sus conocidos, pero esta habilidad no está santificada. No está fortalecida y solidificada por las gracias y las pruebas de la experiencia, y Dios no puede usarla para beneficiar a la humanidad y glorificar su nombre. Bajo la máscara de la piedad, usan sus facultades para erigir normas falsas, y los inconversos lo consideran como excusa para seguir su errónea conducta. Satanás los induce a divertir a sus compañeros con su tontería y así llamada agudeza. Todo lo que emprenden tiende a la vulgaridad, porque se hallan bajo el control del tentador, quien dirige y modela sus caracteres para que hagan su obra.
Tienen habilidad, pero sin cultivar; tienen capacidad, pero sin aprovechar. Han recibido talentos, pero los usan mal y los degradan con necedades, arrastrando a otros a su propio bajo nivel. Por la vergüenza y el vituperio que soportó, por la abnegación, el sacrificio y la humillación, Cristo pagó el rescate de sus vidas. Lo hizo para libertarlos de la esclavitud del pecado, de la esclavitud de un amo que se ocupa de ellos sólo en la medida en que puede usarlos para arruinar a las personas. Pero ellos invalidan el amor que el Redentor les prodiga, y su obra es contemplada por él con tristeza.
Tales jóvenes hallarán eterna perdición. ¿Qué les parecerán sus diversiones en aquel día cuando el Juez de toda la Tierra recompense a cada hombre de acuerdo con sus acciones? Ellos han aportado para el cimiento, leña, heno y paja, y toda la obra de su vida perecerá. ¡Qué pérdida!
¡Cuánto mejor es la condición de los que desempeñan su parte en el servicio a Dios, que miran a Jesús en busca de su aprobación, que diariamente escriben en sus libros de registro sus errores, sus equivocaciones, sus penas, las victorias que han ganado sobre la tentación, su gozo y paz en Cristo! Tales jóvenes no tendrán que hacer frente a la crónica de su vida con vergüenza y desaliento (The Youth’s Instructor, 22 de junio de 1899).
El agente escogido
Nuestra confesión de su fidelidad es el factor escogido por el cielo para revelar a Cristo al mundo. Debemos reconocer su gracia como fue dada a conocer por los santos de antaño; pero lo que será más eficaz es el testimonio de nuestra propia experiencia. Somos testigos de Dios mientras revelamos en nosotros mismos la obra de un poder divino. Cada persona tiene una vida distinta de todas las demás y una experiencia que difiere esencialmente de la suya. Dios desea que nuestra alabanza ascienda a él señalada por nuestra propia individualidad (El ministerio de curación, pp. 67, 68).
8
Escalar las alturas
Al perfeccionar un carácter cristiano, es esencial perseverar en el bien hacer. Quisiera impresionar a nuestros jóvenes con la importancia de la perseverancia y la energía en la obra de la formación del carácter. Desde los más tempranos años es necesario entretejer en el carácter principios de severa integridad, para que los jóvenes de ambos sexos puedan alcanzar, al llegar a adultos, la más alta norma personal. Deberían tener siempre presente el hecho de que han sido comprados por precio, y deberían glorificar a Dios en sus cuerpos y espíritus, los cuales son de él...
El progreso diario
Es tarea de la juventud progresar día tras día. Pedro dice: “Poned la mayor diligencia en agregar a vuestra fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas virtudes están en vosotros, y abundan, no os dejarán ociosos, ni sin fruto en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”.9
Al empezar no se tendrán presentes todos estos pasos sucesivos, ni se los contará; pero fijando la mirada en Jesús, y teniendo sólo en vista la gloria de Dios, progresarán. No pueden alcanzar en un día la plenitud de la medida de la estatura de Cristo, y se sumirían en la desesperación si pudiesen contemplar todas las dificultades que hay que afrontar y vencer. Tienen que contender con Satanás, quien tratará por toda estratagema posible de apartar la mente de ustedes de Cristo.
Cómo hacer frente a los obstáculos
Pero debemos hacer frente a todos los obstáculos colocados en nuestro camino y vencerlos uno a la vez. Si vencemos la primera dificultad, seremos más fuertes para afrontar la segunda, y con cada esfuerzo nos haremos más capaces de progresar. Podemos ser vencedores, contemplando a Jesús. Pero cuando fijamos la mirada en las dificultades y esquivamos las batallas serias en favor del bien, nos volvemos débiles e incrédulos.
Dando un paso después de otro se puede subir la más elevada cuesta y llegar al fin a la cima del monte. No se sientan abrumados por la gran cantidad de trabajo que tengan que hacer en el espacio de su vida, pues no se requiere de ustedes que lo hagan todo a la vez. Apliquen toda facultad de su ser a la tarea del día, aprovechen toda preciosa oportunidad, aprecien las ayudas que Dios les da y avancen paso a paso por la escalera del progreso. Recuerden que han de vivir sólo un día a la vez, que Dios les ha dado un día, y los registros celestiales mostrarán cómo han valorado sus privilegios y oportunidades. Ojalá aprovechen cada día que Dios les ha dado de modo tal que, al fin, hagan decir al Maestro: “¡Bien, siervo bueno y fiel!”10 (The Youth’s Instructor, 5 de enero de 1893).
9 2 Pedro 1:5-8.
10 Mateo 25:23.
9
En sociedad con Dios
Tienen a su alcance algo más que posibilidades finitas. Un hombre, según Dios aplica el término, es un hijo de Dios. “Amados, ahora ya somos hijos de Dios. Y aunque no se ve aún lo que hemos de ser, sabemos que cuando Cristo aparezca, seremos semejantes a él, porque le veremos como es él. Todo el que tiene esta esperanza en él, se purifica, así como él es puro”.11 Es un privilegio de ustedes apartarse de lo vulgar e inferior y elevarse a una alta norma, a ser respetados por los hombres y amados por Dios.
La obra religiosa que el Señor da a los jóvenes y a los hombres de todas las edades, muestra la consideración que les tiene como hijos suyos. Les da el trabajo de gobernarse a sí mismos. Los llama a ser participantes con él en la gran obra de la redención y elevación de la humanidad. Así como un padre hace a su hijo socio suyo en su negocio, el Señor hace socios suyos a sus hijos. Somos hechos colaboradores de Dios. Jesús dice: “Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo”.12¿No escogerían más bien ser hijos de Dios que siervos de Satanás y del pecado, teniendo el nombre registrado como enemigos de Cristo?
Los jóvenes necesitan más de la gracia de Cristo para practicar los principios del cristianismo en la vida diaria. La preparación para la venida de Cristo es una preparación hecha mediante Cristo, para ejercitar nuestras más elevadas cualidades. Es privilegio de cada joven hacer de su carácter una hermosa estructura. Pero hay una necesidad positiva de mantenerse allegado a Jesús. Él es nuestra fuerza, eficiencia y poder. Ni por un momento podemos depender de nosotros mismos...
Hacia alturas cada vez mayores
Por grandes o pequeños que sean los talentos de ustedes, recuerden que lo que tienen es de ustedes, pero que sólo lo tienen en custodia. Dios los prueba así, dándoles la oportunidad de mostrarse fieles. Le son deudores por todas las aptitudes que poseen. Las facultades del cuerpo, la mente y el espíritu le pertenecen, y han de usarlas para él. Ante aquel que lo da todo deben rendir cuenta del tiempo, la influencia, las aptitudes, la habilidad. El que por esfuerzos fervientes trata de llevar a cabo el gran plan del Señor para elevar a la humanidad, es quien mejor usa sus dones.
Perseveren en la obra que han empezado hasta ganar victoria tras victoria. Edúquense para un fin. Tengan en vista la más elevada norma para que puedan realizar cada vez mayor bien, reflejando así la gloria de Dios (The Youth’s Instructor, 25 de enero de 1910).
11 1 Juan 3:2, 3.
12 Juan 17:18.
Sección II
El ejemplo de Cristo nos muestra que nuestra única esperanza de victoria está en la continua resistencia a los ataques de Satanás. Aquel que triunfó sobre el adversario de los hombres en el conflicto de las tentaciones, comprende el poder de Satanás sobre el género humano, y lo ha vencido en favor de nosotros. Como vencedor, nos ha dado la ventaja de su victoria, para que, en nuestros esfuerzos por resistir las tentaciones de Satanás, podamos unir nuestra debilidad a su fortaleza, nuestra indignidad a sus méritos. Y sostenidos por su constante poder, bajo la fuerza de la tentación, podamos resistir en su nombre todopoderoso y vencer como él venció (The Signs of the Times, 4 de marzo de 1880).
10
Satanás es un poderoso enemigo
El hombre caído es el cautivo legítimo de Satanás. La misión de Jesucristo fue libertarlo de su poder. El hombre se inclina naturalmente a seguir las sugerencias de Satanás y por sí mismo no puede resistir con éxito a un enemigo tan terrible, a menos que Cristo, el poderoso Vencedor, more en él, guiando sus deseos y dándole fuerza. Sólo Dios puede limitar el poder de Satanás. Éste anda en la Tierra de aquí para allá. Ni por un momento deja de estar alerta por temor a perder una oportunidad para destruir a los hombres. Es importante que el pueblo de Dios entienda esto, para que pueda evadir sus trampas.
Satanás disfrazado
Satanás está preparando sus engaños para que en su última campaña contra el pueblo de Dios, éste no lo reconozca. “Y no es de extrañar, el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz”.13 Mientras algunos seres engañados alegan que no existe, él los toma cautivos y trabaja en extenso grado por medio de ellos. Satanás conoce mejor que los hijos de Dios el poder que pueden tener sobre él cuando su fuerza está en Cristo.
Los más débiles creyentes en la verdad, cuando piden humildemente ayuda al poderoso Vencedor, pueden, confiando firmemente en Cristo, rechazar con éxito a Satanás y a toda su hueste. Él es demasiado astuto para presentarse abierta y osadamente con sus tentaciones, pues se despertarían entonces las adormecidas energías del cristiano, y confiaría en el fuerte y poderoso Libertador. Pero Satanás se presenta inadvertidamente y trabaja disfrazado a través de los hijos de la desobediencia que hacen profesión de piedad. Satanás hará uso de todo su poder para acosar, tentar y descarriar al pueblo de Dios.
Quien se atrevió a hacer frente, tentar y vituperar a nuestro Señor, y tuvo poder para tomarlo en sus brazos y llevarlo a las almenas del templo y a una montaña muy elevada, ejercerá su poder hasta un grado sorprendente sobre la presente generación, que es muy inferior en sabiduría a su Señor, y que ignora casi totalmente la sutileza y la fuerza de Satanás.
Afectará de un modo maravilloso los cuerpos de quienes se inclinan naturalmente a ejecutar sus mandatos. Satanás se congratula, por amor a su propia causa, de que se lo considere una ficción. Le conviene que se burlen de él, que lo representen con figuras infantiles, o como un animal. Se lo considera tan inferior, que las mentes no están preparadas para hacer frente a sus planes sabiamente trazados, y casi siempre tiene mucho éxito. Si se comprendiese su poder y sutileza, las mentes estarían preparadas para resistirlo con éxito...
La batalla por cada ser humano
Vi a ángeles malos que contendían por las personas, y ángeles de Dios que los resistían. El conflicto era recio. Los ángeles malos se amontonaban alrededor de los hombres, corrompiendo la atmósfera con su influencia venenosa y adormeciendo su sensibilidad. Los ángeles santos observaban ansiosamente a estas personas y aguardaban la oportunidad para hacer retroceder a la hueste de Satanás. Pero no es tarea de los ángeles buenos manejar las mentes contra la voluntad de los individuos. Si ceden al enemigo y no hacen ningún esfuerzo por resistirle, poco más pueden hacer los ángeles de Dios que contener las huestes de Satanás para que no destruyan, hasta que los que están en peligro reciban conocimiento adicional que los haga despertar y dirigir la vista al cielo en procura de ayuda. Jesús no comisionará a los santos ángeles a que saquen de apuros a los que no hacen esfuerzo alguno por ayudarse a sí mismos.
Si Satanás ve que está en peligro de perder a una persona, se esfuerza hasta lo infinito por conservarla. Y cuando el individuo se percata del peligro, y con aflicción y fervor mira a Jesús para obtener fuerza, Satanás teme perder un cautivo y pide un refuerzo de sus ángeles para cercar al pobre ser humano y formar a su alrededor un muro de tinieblas con el fin de que no reciba la luz del cielo. Pero si el que está en peligro persevera, y en su impotencia y debilidad confía en los méritos de la sangre de Cristo, Jesús escucha la ferviente oración de fe y envía un refuerzo de sus ángeles, que sobresalen en fuerza, para librarlo.
Satanás no puede soportar que se apele a su poderoso rival, pues teme y tiembla ante su fuerza y majestad [la de Cristo]. Toda la hueste de Satanás tiembla al sonido de la oración ferviente... Y cuando los ángeles todopoderosos, vestidos con la panoplia del cielo, acuden en ayuda del ser desfalleciente, perseguido, Satanás y su hueste retroceden, pues saben bien que su batalla está perdida (Review and Herald, 13 de mayo de 1862).
13 2 Corintios 11:14.
11
El carácter del conflicto
La voluntad del hombre es agresiva y está constantemente esforzándose por doblegar todas las cosas a sus propósitos. Si está alistada de parte de Dios y la justicia, los frutos del Espíritu aparecerán en la vida; Dios ha señalado “gloria, honra y paz a todo el que obra el bien”.14
Cuando se permite que Satanás amolde la voluntad, él la usa para llevar a cabo sus fines. Fomenta teorías de incredulidad e incita al corazón humano a guerrear contra la Palabra de Dios. Con esfuerzos persistentes, perseverantes, trata de inspirar a los hombres con sus propias energías de odio y antagonismo contra Dios, y de ponerlos en orden de batalla contra las instituciones y los requerimientos del cielo y las operaciones del Espíritu Santo. Alista bajo su estandarte a todos los agentes del mal, y los lleva al campo de batalla bajo su mando, para oponer al bien el mal.
Llamamiento a oponerse a las fuerzas del mal
La obra de Satanás es destronar a Dios del corazón y moldear la naturaleza humana conforme a su propia imagen deforme. Excita todas las malas propensiones, despierta las pasiones impuras y las ambiciones. Declara: “Te daré todo este poder, estos honores, estas riquezas y estos placeres pecaminosos”. Pero pone por condición que la integridad sea sacrificada y la conciencia embotada. De ese modo degrada las facultades humanas, y las hace cautivas del pecado.
Dios llama a los hombres a oponerse a los poderes del mal. Dice: “No reine el pecado en vuestro cuerpo mortal, para obedecer a sus malos deseos. Ni tampoco ofrezcáis vuestros miembros como armas al servicio del pecado, sino ofreceos a Dios, como quienes han vuelto de la muerte a la vida; y ofreced vuestros miembros a Dios por instrumentos de justicia”.15
La vida del cristiano es una lucha. Pero “no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra dominadores de este mundo de tinieblas, contra malos espíritus de los aires”.16 En este conflicto de la justicia contra la injusticia, sólo podemos tener éxito mediante la ayuda divina. Nuestra voluntad finita debe ser sometida a la voluntad del Infinito; la voluntad humana debe unirse a la divina. Esto traerá al Espíritu Santo en ayuda de nosotros, y cada conquista tenderá a la recuperación de la posesión comprada por Dios, a la restauración de su imagen en el ser.
La ayuda del Espíritu Santo
El Señor Jesús actúa mediante el Espíritu Santo, pues éste es su representante. Por su medio infunde vida espiritual en el ser, avivando sus energías para el bien, limpiándola de la impureza moral, y dándole idoneidad para su reino. Jesús tiene grandes bendiciones para otorgar, ricos dones para distribuir entre los hombres. Es el Consejero maravilloso, infinito en sabiduría y fuerza, y si queremos reconocer el poder de su Espíritu y someternos a ser amoldados por él, nos haremos completos en él. ¡Qué pensamiento es éste! En Cristo “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Y vosotros estáis completos en él”.17 El corazón humano nunca conocerá la felicidad hasta que se someta a ser amoldado por el Espíritu de Dios. El Espíritu conforma el ser renovado al modelo, Jesucristo. Mediante la influencia del Espíritu, se transforma la enemistad hacia Dios en fe y amor, el orgullo en humildad. El ser humano percibe la belleza de la verdad, y Cristo es honrado por la excelencia y perfección del carácter. Al efectuarse estos cambios, prorrumpen los ángeles en arrobado canto, y Dios y Cristo se regocijan por las personas formadas a la semejanza divina...
El precio de la victoria
La lucha entre el bien y el mal no se ha vuelto menos fiera de lo que era en los días del Salvador. El camino al cielo no es más liso ahora que entonces. Debemos apartar todos nuestros pecados. Debemos abandonar toda indulgencia predilecta que obstaculice nuestro progreso espiritual. Si el ojo derecho o la mano derecha son causas de ofensa, debemos sacrificarlos. ¿Estamos dispuestos a renunciar a nuestra propia sabiduría y a recibir el reino de los cielos como niñitos? ¿Estamos dispuestos a deshacernos de nuestra propia justicia? ¿Estamos dispuestos a sacrificar la aprobación de los hombres? El premio de la vida eterna es de valor infinito. ¿Estamos dispuestos a dar la bienvenida a la ayuda del Espíritu Santo y a cooperar con él, haciendo esfuerzos y sacrificios proporcionales al valor del objeto a obtenerse? (Review and Herald, 10 de febrero de 1903).
14 Romanos 2:10
15 Romanos 6:12, 13.
16 Efesios 6:12.
17 Colosenses 2:9, 10.
12
El esfuerzo especial de Satanás
Me ha sido mostrado que debemos estar en guardia por todos lados y resistir con perseverancia las insinuaciones y estratagemas de Satanás. Él se ha transformado en un ángel de luz y esta engañando y llevando cautivos a miles. Es tremenda la ventaja que saca de la ciencia de la mente humana. Aquí, bajo la apariencia de serpiente, se arrastra imperceptiblemente para corromper la obra de Dios. Hace humanos los milagros y las obras de Cristo.
Si Satanás hiciese un ataque abierto y atrevido al cristianismo, llevaría al cristiano afligido y agonizante a los pies de su Redentor, y el poderoso y fuerte Libertador haría huir atemorizado al osado adversario. Pero Satanás, transformado en ángel de luz, obra sobre la mente para seducirla y apartarla del único camino seguro y recto. Las ciencias de la frenología, la psicología y el mesmerismo han sido el conducto por el cual Satanás se ha allegado más directamente a esta generación, y ha obrado con ese poder que iba a caracterizar su obra hacia el fin del tiempo de gracia.
Al acercarnos al fin del tiempo, la mente humana es afectada más fácilmente por los ardides de Satanás. Este induce a los mortales engañados a atribuir las obras y los milagros de Cristo a principios generales. Satanás ha ambicionado siempre falsear la obra de Cristo y establecer su propio poder y sus pretensiones. Por lo general, no lo hace abierta y osadamente. Es astuto, y sabe que el medio más eficaz de efectuar su obra consiste en presentarse al pobre hombre caído, en forma de ángel de luz.
En el desierto, Satanás se presentó ante Cristo en forma de hombre joven y hermoso, más parecido a un monarca que a un ángel caído. En su boca traía las Escrituras. “Escrito está”, etc., le decía. Nuestro Salvador, doliente, le hizo frente con la Escritura, diciendo: “Está escrito”.18 Satanás sacó ventaja del estado débil, doliente de Cristo, quien tomó sobre sí nuestra naturaleza humana...
La confianza propia es fatal
Si Satanás consigue nublar y engañar la mente humana de tal manera que induzca a los mortales a pensar que hay en ellos poder inherente para realizar obras grandes y buenas, éstos dejan de confiar en que Dios hará en favor de ellos lo que creen poder hacer por sí mismos. No reconocen un poder superior. No dan a Dios la gloria que él reclama y que se debe a su grande y excelente majestad. De este modo se realiza el intento de Satanás. Se alegra de que el hombre caído se exalte presuntuosamente, así como él se exaltó en el cielo y fue expulsado. Sabe que si el hombre se exalta a sí mismo, su ruina es tan segura como lo fue la suya.
La destrucción de la confianza
Él [Satanás] ha fracasado al tentar a Cristo en el desierto. Se ha consumado el plan de salvación. Ha sido pagado el caro precio para la redención del hombre. Y ahora Satanás trata de arrancar el cimiento de la esperanza del cristiano, y dirigir las mentes de los hombres por otro cauce, de modo que no sean beneficiados ni salvados por el gran sacrificio ofrecido. Él induce al hombre caído, mediante “todo tipo de maldad”,19 a creer que puede muy bien arreglarse sin propiciación; que no necesita depender de un Salvador crucificado y resucitado; que los méritos propios del hombre le darán derecho al favor de Dios; y luego destruye la confianza del hombre en la Biblia, sabiendo bien que está seguro si tiene éxito en esto, y es destruido el detector que lo señala.
Afirma en las mentes la ilusión de que no hay demonio personal, y los que creen esto no se esfuerzan por resistir lo que no existe y luchar contra ello; así, los pobres y ciegos mortales adoptan finalmente la máxima: “Todo lo que existe está bien”. No reconocen regla para medir su conducta. Satanás induce a muchos a creer que la oración a Dios es inútil, que no es sino una forma. Bien sabe él cuán necesarias son la meditación y la oración para mantener despiertos a los seguidores de Cristo para que resistan su astucia y sus engaños. Los ardides de Satanás apartarán la mente de estas prácticas importantes para que la persona no se apoye en el Poderoso para recibir ayuda y obtener fuerza para resistir sus ataques...
Convendrá a sus propósitos que descuidemos la práctica de la oración, pues entonces se aceptan más fácilmente sus maravillas mentirosas. Al presentar sus tentaciones engañosas al hombre, Satanás cumple el objeto que no pudo realizar al tentar a Cristo. A veces se presenta bajo la forma de una hermosa persona joven, o de una bella sombra. Efectúa curaciones y es adorado por mortales engañándolos como benefactor de nuestra raza...
El dominio de la mente
Me ha sido mostrado que Satanás no puede manejar las mentes a menos que ellas cedan a su dominio. Los que se apartan de la rectitud están ahora en serio peligro. Se separan de Dios y del cuidado vigilante de los ángeles de Dios, y Satanás, que siempre está en acecho para destruir a los seres humanos, empieza a presentarles sus engaños y los pone en extremo peligro. Y si ellos se dan cuenta, y tratan de resistir a los poderes de las tinieblas y de libertarse de la trampa de Satanás, no les resulta tarea fácil. Se han aventurado a penetrar en terreno de Satanás y él los reclama. No vacilará en emplear todas sus energías y en llamar en su ayuda a toda la hueste del mal para arrebatar a un solo ser de la mano de Cristo.
Quienes han incitado al demonio a que los tiente, tendrán que hacer esfuerzos desesperados para libertarse de su poder. Cuando empiecen a trabajar en favor de sí mismos, acudirán a rescatarlos los ángeles de Dios, a quienes han entristecido. Pero Satanás y sus ángeles no están dispuestos a perder su presa. Luchan con los santos ángeles y es severo el conflicto. Y si los que han errado continúan suplicando y confiesan con profunda humildad sus errores, los ángeles de irresistible poder prevalecerán y los arrebatarán del poder de los ángeles malos.
El velo se levanta
Al levantarse el velo y mostrárseme la corrupción de esta época, mi corazón enfermó y mi espíritu casi desfalleció dentro de mí. Vi que los habitantes de la Tierra estaban llenando la medida de la copa de su iniquidad. Se encenderá la ira de Dios, y no será apaciguada hasta que los pecadores sean eliminados de la Tierra.
Satanás es el enemigo personal de Cristo. Es el originador y director de toda clase de rebelión en el cielo y en la Tierra. Su furia aumenta, y no nos damos cuenta de su poder. No nos sentiríamos tan seguros si pudieran abrirse nuestros ojos para discernir a los ángeles caídos cuando trabajan con quienes viven descansadamente y se consideran seguros. En todo momento los ángeles malos siguen nuestros pasos. Esperamos en los hombres malos una disposición a actuar de acuerdo con las sugerencias de Satanás; pero mientras nuestra mente no esté en guardia contra los agentes invisibles de Satanás, éstos ganarán nuevo terreno y obrarán maravillas y milagros a nuestra vista. ¿Estamos preparados para resistirlos por la Palabra de Dios, única arma que podemos usar con éxito?
Algunos serán tentados a aceptar estas maravillas como procedentes de Dios. Los enfermos serán sanados ante nuestros ojos. Se realizarán milagros a la vista de nosotros. ¿Estamos preparados para la prueba, cuando sean exhibidas más plenamente las maravillas engañosas de Satanás? ¿No serán entrampadas y tomadas muchas personas? El error, en sus distintas formas, el alejamiento de los claros preceptos y mandamientos de Dios y el prestar oídos a las fábulas, son cosas que preparan las mentes para estas maravillas engañosas de Satanás. Todos debemos tratar ahora de armarnos para la lucha en la cual deberemos empeñarnos pronto. La fe en la Palabra de Dios, estudiada con oración y aplicada prácticamente, será nuestro escudo contra el poder de Satanás, y nos hará salir vencedores mediante la sangre de Cristo (Review and Herald, 18 de febrero de 1862).
18 Mateo 4:4, 7, 10.
19 2 Tesalonicenses 2:10.
13
La tentación no excusa el pecado
No hay en nuestra naturaleza impulso alguno, ni facultad mental o tendencia del corazón, que no necesite estar en todo momento bajo el dominio del Espíritu de Dios. No hay bendición alguna otorgada por Dios al hombre, ni prueba permitida por él, que Satanás no pueda ni desee aprovechar para tentar, acosar y destruir a la persona si le damos la menor ventaja. En consecuencia, por grande que sea la luz espiritual de uno, por mucho que goce del favor y de las bendiciones divinas, debe andar siempre humildemente ante el Señor, y suplicar con fe a Dios que dirija cada uno de sus pensamientos y domine cada uno de sus impulsos.
Todos los que profesan la vida piadosa tienen la más sagrada obligación de guardar su espíritu y de dominarse ante las mayores provocaciones. Las cargas impuestas a Moisés eran muy grandes; pocos hombres fueron jamás probados tan severamente como lo fue él. Sin embargo, ello no excusó su pecado. Dios proveyó ampliamente en favor de sus hijos; y si ellos confían en su poder, nunca serán juguetes de las circunstancias. Ni aun las mayores tentaciones pueden excusar el pecado. Por intensa que sea la presión ejercida sobre el ser, la transgresión es siempre un acto de nosotros. No puede la Tierra ni el infierno obligar a nadie a que haga el mal. Satanás nos ataca en nuestros puntos débiles, pero no es preciso que nos venza. Por severo o inesperado que sea el asalto, Dios ha provisto ayuda para nosotros, y mediante su poder podemos ser vencedores (Patriarcas y profetas, p. 446).
14
La fortaleza
Los que al fin salgan victoriosos, tendrán épocas de terrible perplejidad y prueba en su vida religiosa; pero no deben desechar su confianza, pues es ésta una parte de su disciplina en la escuela de Cristo y es esencial para que toda la escoria pueda ser eliminada. El siervo de Dios debe soportar con fortaleza los ataques del enemigo, sus dolorosos vituperios, y debe vencer los obstáculos que Satanás coloque en su camino.
Satanás tratará de desanimar a los seguidores de Cristo para que no oren ni estudien las Escrituras, y arrojará su odiosa sombra a través del sendero para ocultar a Jesús de la vista, para excluir la visión de su amor y las glorias de la heredad celestial. Se deleita en hacer andar a los hijos de Dios vacilantes, temblorosos, apenados, bajo una duda continua. Trata de hacer la senda tan triste como sea posible; pero si miran hacia arriba, no hacia abajo, a sus dificultades, no desmayarán en el camino, verán pronto a Jesús extendiendo su mano para ayudarlos, y sólo tendrán que tenderle la de ustedes con confianza sencilla, y dejar que los guíe. A medida que cobren confianza, cobrarán esperanza.
En la fuerza del Señor
Jesús es la luz del mundo, y ustedes han de amoldar la vida a la suya. Hallarán en Cristo fuerza para formar un carácter fuerte, simétrico, hermoso. Satanás no puede anular la luz que irradie de semejante carácter. El Señor tiene un trabajo para cada uno de nosotros. No ha dispuesto él que seamos sostenidos por la influencia de la alabanza y el halago humanos; él da a entender que cada persona debe mantenerse con la fuerza del Señor. Dios nos ha dado su mejor don, su mismo Hijo unigénito, para elevarnos, ennoblecernos, y capacitarnos, invistiéndonos de su propia perfección de carácter para que tengamos un hogar en su reino. Jesús vino a este mundo y vivió como él esperaba que sus seguidores vivieran. Si somos indulgentes con nosotros mismos y demasiado perezosos para hacer esfuerzos fervientes por cooperar en la maravillosa obra de Dios, afrontaremos pérdida en esta vida, y pérdida en la vida futura, inmortal.
Dios se propone que trabajemos, no de un modo desesperado, sino con poderosa fe y esperanza. Al escudriñar las Escrituras y ser iluminados para contemplar la maravillosa condescendencia del Padre al dar a Jesús al mundo, con el fin de que todos los que creen en él no perezcan, mas tengan vida eterna, deberíamos regocijarnos con gozo indecible y lleno de gloria. Es el propósito de Dios que usemos para el adelanto de la verdad todo lo que pueda obtenerse mediante la educación. La piedad vital, verdadera, debe irradiar de la vida y el carácter, para que la cruz de Cristo sea levantada ante el mundo y a la luz de la cruz sea revelado el valor de la persona. Nuestra mente debe abrirse para entender las Escrituras, con el propósito de que obtengamos poder espiritual alimentándonos del pan del cielo (Review and Herald, 8 de abril de 1890).
15
El templo del ser
La obediencia fiel a los requerimientos de Dios, tendrá una sorprendente influencia para elevar, desarrollar y fortalecer todas las facultades del hombre. Los que en su juventud se han entregado al servicio de Dios, llegan a ser hombres de sano criterio y agudo discernimiento. ¿Y por qué no habría de ser así? La comunión con el mayor Maestro que ha conocido el mundo fortalece el entendimiento, ilumina la mente y purifica el corazón; eleva, refina y ennoblece al hombre entero. “La explicación de tus Palabras ilumina, da inteligencia a los sencillos”.20
El ideal de Dios
Entre los jóvenes que profesan piedad, hay una clase numerosa que parece contradecir esta declaración. No progresan en conocimiento ni en espiritualidad. Sus facultades se atrofian en lugar de desarrollarse. Pero las palabras del salmista son ciertas en cuanto al cristiano genuino. No es ciertamente la letra desnuda de la Palabra de Dios lo que da luz y entendimiento; es la Palabra abierta y aplicada al corazón por el Espíritu Santo. Cuando un hombre se convierte de veras, se hace hijo de Dios, participante de la naturaleza divina. No sólo renueva el corazón, sino que se fortalece y vigoriza el intelecto. Ha habido muchos casos de personas que antes de la conversión eran tenidas por poseedoras de común y hasta inferior habilidad, pero quienes después de la conversión parecían enteramente transformadas. Manifestaban entonces notable poder para comprender las verdades de la Palabra de Dios y para presentarlas a otros. Hombres de elevada reputación intelectual han considerado un privilegio tener relaciones con tales personas. El Sol de justicia, iluminando sus mentes con sus brillantes rayos, avivaba toda facultad para que produjera una acción más vigorosa.
Dios hará una gran obra por los jóvenes si ellos quieren, mediante la ayuda del Espíritu Santo, recibir su Palabra en el corazón y obedecerla en la vida. Él trata constantemente de atraerlos a sí, el Manantial de toda sabiduría, la Fuente de bondad, pureza y verdad. La mente que se ocupa en asuntos elevados, se ennoblece.
Sagrarios profanados
Los que profesan servir a Dios y sin embargo no progresan en conocimiento y piedad, son cristianos sólo de nombre. El templo del ser se llena de sagrarios profanados. La lectura frívola, la conversación trivial, el placer mundano ocupan la mente de un modo tan completo, que no queda lugar para la entrada de la Palabra de Dios. La mundanalidad, la frivolidad y el orgullo ocupan el lugar que debería ocupar Cristo en la persona...
La degradación causada por la entrega a la sensualidad
Los que buscan como bien principal la satisfacción de los apetitos y las pasiones, no son nunca hombres buenos o verdaderamente grandes. Por elevada que sea su posición ante la opinión del mundo, son bajos, viles y corruptos en la estimación de Dios. El cielo ha ordenado que en su mismo rostro lleven impresa la marca de su depravación. Sus pensamientos son de la Tierra, terrenos. Sus palabras revelan el bajo nivel de la mente. Han llenado el corazón de vileza y casi borrado de él la imagen de Dios. La voz de la razón ha sido ahogada y el criterio se ha pervertido. ¡Cuán enteramente degradan la naturaleza del hombre las prácticas sensuales! Cuando se somete la voluntad a Satanás, ¡a cuán grandes profundidades del vicio y la locura descienden los hombres! En vano llama la verdad al intelecto, pues el corazón se encuentra en oposición a sus puros principios (The Signs of the Times, 1º de diciembre de 1881).
Ayuda en la tentación
Por medio de la fe y la oración todos pueden cumplir los requisitos del evangelio. Nadie puede ser forzado a transgredir. Primero tiene que ganarse el consentimiento propio; la persona tiene que proponerse cometer el acto pecaminoso antes que la pasión pueda dominar a la razón o que la iniquidad triunfe sobre la conciencia. No importa cuán fuerte sea la tentación, no es excusa para el pecado. “Los ojos del Señor están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos”. Ser humano tentado, clama a Jehová. Arrójate indefenso e indigno sobre Jesús y reclama su promesa pura. El Señor escuchará. Él sabe cuán fuertes son las inclinaciones del corazón natural, y brindará su ayuda en todo momento de tentación.
¿Has caído en el pecado? Entonces, sin más dilación, procura de Dios la misericordia y el perdón... Todavía se extiende misericordia al pecador. En medio de todos nuestros desvaríos, el Señor nos llama así: “Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones21” (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 165, 166).
20 Salmo 119:130.
21 Jeremías 3:22.
16
No me pertenezco
A veces oímos las preguntas: “¿No he de hacer nunca lo que me agrada? ¿No he de hacer jamás mi propia voluntad? ¿He de estar siempre sometido a restricciones? ¿No podré nunca proceder de acuerdo con mis inclinaciones?”
Cuanto menos sigan sus inclinaciones naturales, tanto mejor será para ustedes y para los demás. Las inclinaciones naturales han sido pervertidas; se ha hecho mal uso de las facultades naturales. Satanás ha puesto al hombre en antagonismo contra Dios. Trabaja continuamente para destruir la imagen divina en el hombre. Por tanto, debemos poner freno a nuestras palabras y acciones.
Resultados de la consagración completa
Cuando la gracia de Dios se posesiona del corazón, se ve que hay que crucificar las tendencias al mal, cultivadas y heredadas. Debe empezar en el ser una nueva vida, bajo un nuevo mando. Todo lo que se haga, debe ser hecho para gloria de Dios. Esta obra incluye al hombre exterior y al interior. Todo el ser —el cuerpo, la mente y el espíritu— debe someterse a Dios, para que él lo use como instrumento de justicia.
El hombre natural no está sometido a la ley de Dios; ni lo puede estar por sí mismo, ciertamente. Pero mediante la fe, el que ha sido renovado vive día tras día la vida de Cristo. Día tras día muestra que reconoce que es propiedad de Dios.
El cuerpo y el espíritu pertenecen a Dios. Él dio a su Hijo para la redención del mundo, y a causa de esto se nos ha otorgado una prolongación de la vida, un tiempo de gracia, para desarrollar caracteres de perfecta lealtad. Dios nos ha redimido de la esclavitud del pecado, y nos ha dado la posibilidad de vivir vidas de servicio regeneradas, transformadas.
Todas nuestras facultades le pertenecen
Hemos sido sellados con el sello de Dios. Él nos ha comprado y desea que recordemos que nuestras facultades físicas, mentales y morales le pertenecen. El tiempo, la influencia, la razón, los afectos y la conciencia, todos pertenecen a Dios y deben ser usados de acuerdo con su voluntad. No deben emplearse con la orientación del mundo, pues el mundo está sometido a un jefe que se halla enemistado con Dios.
La carne, en la cual tiene su morada el espíritu, pertenece a Dios. Cada tendón, cada músculo, es suyo. En ningún caso debemos, por descuido o abuso, debilitar un solo órgano. Debemos cooperar con Dios manteniendo el cuerpo en la mejor condición posible de salud, para que sea un templo en el que el Espíritu Santo pueda morar, y amoldar cada facultad física o espiritual de acuerdo con la voluntad de Dios.
La mente debe ser provista de principios puros. La verdad debe ser esculpida en las tablas del ser. La memoria debe ser llenada de las preciosas verdades de la Palabra. Entonces, como hermosas gemas, estas verdades brillarán en la vida.
El precio de una persona
El valor que Dios atribuye a la obra de sus manos, el amor que tiene por sus hijos, se revelan en el don que dio para redimir a los hombres. Adán cayó bajo el dominio de Satanás. Trajo el pecado al mundo, y por el pecado, la muerte. Dios dio a su Hijo unigénito para salvar al hombre. Lo hizo para poder ser justo y, con todo, el justificador de todos los que aceptan a Cristo. El hombre se vendió a Satanás, pero Jesús volvió a comprar a la especie humana...
Ustedes no se pertenecen. Jesús los ha comprado con su sangre. No sepulten los talentos en la tierra. Úsenlos para él. Sea cual fuere la ocupación en que estén empeñados, lleven con ustedes a Cristo. Si encuentran que están perdiendo su amor por el Salvador, abandonen su ocupación y digan: “Aquí estoy, mi Salvador; ¿qué quieres que haga?” Él los recibirá con bondad y los amará sin reservas. Perdonará abundantemente, pues es misericordioso y paciente, y no quiere que ninguno perezca...
Nosotros, y todo lo que tenemos, pertenecemos a Dios. No deberíamos considerar un sacrificio el darle el afecto de nuestro corazón. El mismo corazón debería serle entregado como ofrenda voluntaria (The Youth’s Instructor, 8 de noviembre de 1900).
Se requiere decisión
Es peligroso detenerse para contemplar las ventajas de ceder a las sugerencias de Satanás. El pecado significa deshonra y ruina para toda persona que se entrega a él; pero es de naturaleza tal que ciega y engaña, y nos tentará con presentaciones lisonjeras. Si nos aventuramos en el terreno de Satanás, no hay seguridad de que seremos protegidos contra su poder. En cuanto sea posible, debemos cerrar todas las puertas por las cuales el tentador podría llegar hasta nosotros (El discurso maestro de Jesucristo, p. 100).
17
La verdadera conversión
“Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos. Os daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne”.22
Muchos que hablan a otros de la necesidad de un nuevo corazón, no saben ellos mismos lo que estas palabras significan. En esta frase, “un corazón nuevo”, tropiezan especialmente los jóvenes. No saben lo que significa. Esperan que se efectúe un cambio especial en sus sentimientos. A eso llaman conversión. Miles han tropezado, para su ruina, en este error, no comprendiendo la expresión: “Es necesario nacer de nuevo”.23
No se trata de sentimientos, sino de un cambio de vida
Satanás induce a las personas a pensar que, porque han experimentado un arrobamiento de los sentimientos, están convertidas. Pero su vida no cambia. Sus actos siguen siendo los mismos de antes. Su vida no muestra buen fruto. Oran frecuente y largamente, y se refieren constantemente a los sentimientos que experimentaron en tal o cual ocasión. Pero no viven la nueva vida. Están engañados. Su experiencia no va más allá de los sentimientos. Edifican sobre arena, y cuando soplan vientos adversos, su casa se derrumba.
Muchas pobres personas andan a tientas en las tinieblas, en busca de los sentimientos que otros dicen haber experimentado. Pasan por alto el hecho de que el creyente en Cristo debe obrar su propia salvación con temor y temblor. El pecador convicto tiene algo que hacer. Debe arrepentirse y manifestar verdadera fe.
Cuando Cristo habla del nuevo corazón, se refiere a la mente, a la vida, al ser entero. Experimentar un cambio de corazón es apartar los afectos del mundo y fijarlos en Cristo. Tener un nuevo corazón es tener una mente nueva, nuevos propósitos, nuevos motivos. ¿Cuál es la señal de un corazón nuevo? Una vida transformada. Se produce día tras día, hora tras hora, una muerte del orgullo y el egoísmo.
El carácter práctico de la religión genuina
Algunos incurren en un gran error al suponer que una elevada profesión sustituye al verdadero servicio. Pero una religión que no es práctica, no es genuina. La verdadera conversión nos hace estrictamente honrados en nuestro trato con nuestros semejantes. Nos hace fieles en nuestro trabajo diario. Todo seguidor sincero de Cristo mostrará que la religión de la Biblia lo habilita para usar sus talentos en el servicio del Maestro.
“En el trabajo no seáis perezosos”.24 Estas palabras se cumplirán en la vida de todo verdadero cristiano. Aunque el trabajo les parezca penoso, pueden ennoblecerlo por la forma en que lo hagan. Háganlo como para el Señor. Háganlo animosamente y con dignidad celestial. Son los principios nobles de acuerdo con los cuales se hace el trabajo, los que lo tornan totalmente acepto a la vista del Señor. El verdadero servicio liga al más humilde de los siervos del Señor en la Tierra con el más encumbrado de sus siervos en las cortes celestiales...
Como hijos e hijas de Dios, los cristianos deberían esforzarse por alcanzar el elevado ideal que el evangelio les presenta. No deberían conformarse con nada menor que la perfección, pues Cristo dice: “Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”.25
La vida santificada
Hagamos de la sagrada Palabra de Dios nuestro tema de estudio, aplicando sus santos principios en nuestra vida. Andemos delante de Dios con mansedumbre y humildad, corrigiendo diariamente nuestras faltas. No separemos, por un orgullo egoísta, a nuestro ser de Dios. No acaricien ningún sentimiento de altiva supremacía, considerándose mejor que los otros. “El que piensa estar firme, mire que no caiga”.26 Hallarán descanso y paz al someter su voluntad a la voluntad de Cristo. El amor de Cristo reinará entonces en el corazón, poniendo las motivaciones secretas de la acción bajo el dominio del Salvador. El aceite de la gracia de Cristo suavizará y subyugará el genio precipitado, fácilmente irritable. La sensación de los pecados perdonados proporcionará esa paz que desafía toda comprensión. Habrá una seria lucha por vencer todo lo que se opone a la perfección cristiana. Desaparecerán todas las desavenencias. El que otrora criticara a los que lo rodeaban, verá que existen en su propio carácter faltas mucho mayores.
Hay quienes prestan atención a la verdad y se convencen de que han estado viviendo en oposición a Cristo. Se sienten condenados y se arrepienten de sus transgresiones. Confiando en los méritos de Cristo y poniendo por obra la verdadera fe en él, reciben el perdón del pecado. A medida que cesan de hacer el mal y aprenden a hacer el bien, crecen en la gracia y en el conocimiento de Dios. Ven que tienen que hacer sacrificios para separarse del mundo, y, después de calcular el costo, consideran todo como pérdida, con tal de ganar a Cristo. Se han alistado en el ejército de Cristo. Tienen delante una guerra, y la emprenden animosa y alegremente, luchando contra sus inclinaciones naturales y sus deseos egoístas y sometiendo su voluntad a la voluntad de Cristo. Buscan diariamente al Señor para que les dé gracia para obedecerle, y son fortalecidos y ayudados. Esta es verdadera conversión. El que ha recibido un nuevo corazón, confía en la ayuda de Cristo con humilde y agradecida dependencia. Revela en su vida el fruto de la justicia. Antes se amaba a sí mismo. Se deleitaba en el placer mundanal. Ahora su ídolo ha sido destronado y Dios reina supremo. Ahora odia los pecados que en otro tiempo amaba. Sigue firme y resueltamente por la senda de la santidad (The Youth’s Instructor, 26 de septiembre de 1901).
Las cuerdas de Satanás
Los rigores del deber y los placeres del pecado son las cuerdas con las que Satanás ata a los hombres en sus trampas. Sólo los que estén dispuestos a morir antes que cometer un mal acto, serán hallados fieles (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 50).
22 Ezequiel 36:25, 26.
23 Juan 3:7.
24 Romanos 12:11.
25 Mateo 5:48.
26 1 Corintios 10:12.
18
Consejos a una hija consentida
Tienes un temible informe del año pasado, que está abierto ante la vista de la Majestad del cielo y de las miríadas de ángeles puros e inmaculados. Pueden haber estado ocultos a los mortales tus pensamientos y actos, tus sentimientos violentos y no santificados; pero recuerda que los actos más triviales de tu vida están abiertos a la vista de Dios. Tienes un registro manchado en el cielo. Allí están anotados todos los pecados que has cometido.
Dios te mira con desaprobación, y sin embargo pareces desprovista de sentimientos; no te percatas de tu condición perdida y arruinada. A veces sientes remordimientos, pero pronto se sobrepone tu espíritu independiente y orgulloso, y ahogas la voz de la conciencia.
No eres feliz; y sin embargo imaginas que si pudieras hacer tu voluntad sin restricciones, lo serías. ¡Pobre niña! Ocupas una posición semejante a la de Eva en el Edén. Imaginaba ella que si tan sólo comía del fruto del árbol que Dios le había prohibido tocar siquiera, so pena de muerte, se exaltaría grandemente. Comió, y perdió todas las glorias del Edén.
El dominio de la imaginación
Deberías dominar tus pensamientos. No será esto tarea fácil; no lo puedes realizar sin severo y serio esfuerzo. Sin embargo, eso es lo que Dios requiere de ti; es el deber que descansa sobre todo ser responsable. Eres responsable ante Dios de tus pensamientos. Si fomentas ideas vanas, y permites que tu mente se espacie en temas impuros, en cierta medida eres tan culpable ante Dios como si llevaras a la práctica tus pensamientos. Todo lo que impide la acción es la falta de una oportunidad.
Soñar de día y de noche y construir castillos en el aire son hábitos malos y excesivamente peligrosos. Cuando se han arraigado, es casi imposible quebrar esos hábitos y dirigir los pensamientos a temas puros, santos y elevados. Tendrás que transformarte en una fiel centinela de tus ojos, oídos y sentidos si quieres controlar tu mente y evitar que los pensamientos vanos y corruptos manchen tu ser. Sólo el poder de la gracia puede cumplir esta muy deseable obra. Eres débil en este sentido.
El sometimiento de las pasiones y los afectos
Te has vuelto díscola, atrevida y osada. La gracia de Dios no tiene lugar en tu corazón. Sólo por el poder de Dios puedes colocarte en una posición que te permita recibir su gracia, ser un instrumento de justicia. No sólo requiere Dios que controles tus pensamientos, sino también tus pasiones y afectos. Tu salvación depende de que te gobiernes en estas cosas. Las pasiones y los afectos son agentes poderosos. Si se utilizan mal, si se ponen en marcha por motivos equivocados, si se los dirige hacia objetivos equivocados, serán poderosos para arruinarte y convertirte en una miserable piltrafa, sin Dios y sin esperanza.
La imaginación debe ser positiva y persistentemente controlada si se desea sujetar las pasiones y los afectos a la razón, la conciencia y el carácter. Estás en peligro, porque estás a punto de sacrificar tus intereses eternos ante el altar de la pasión. La pasión está obteniendo el manejo positivo de tu ser entero. ¿Qué clase de pasión? La de una naturaleza baja y destructora. Si cedes a ella, amargarás la vida de tus padres, acarrearás tristeza y vergüenza a tus hermanas, sacrificarás tu propio carácter, y perderás el cielo y una vida gloriosa e inmortal. ¿Estás dispuesta a hacer esto? Te ruego que te detengas donde estás. No avances ni un paso más en tu proceder terco y caprichoso, porque ante ti están la desgracia y la muerte. A menos que domines tus pasiones y afectos, ciertamente te desprestigiarás a ti misma y a todos los que te rodean, y traerás la desgracia a tu carácter por el resto de tu vida.
Eres desobediente a tus padres, impertinente, desagradecida e impía. Estos miserables rasgos de carácter son los frutos de un árbol corrupto. Eres atrevida. Te gustan los muchachos y te encanta hacerlos el tema de tu conversación. “De la abundancia del corazón habla la boca”.27 Los hábitos se han fortalecido y te controlan, y aprendiste a engañar para llevar adelante tus propósitos y cumplir tus deseos (Testimonios para la iglesia, t. 2, pp. 496-498).
27 Mateo 12:34.
19
La fortaleza de carácter obtenida por la lucha
Los primeros treinta años de la vida de Cristo transcurrieron en la oscura aldea de Nazaret. La maldad de los habitantes de esta aldea era proverbial; de aquí la pregunta de Natanael: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”28
Poco dicen los evangelistas en cuanto a la vida temprana de Cristo. Exceptuando un breve relato de su ida a Jerusalén en compañía de sus padres, tenemos sólo la sencilla declaración: “Y el niño crecía, se fortalecía y se llenaba de sabiduría. Y la gracia de Dios estaba sobre él”.29
Cristo es nuestro ejemplo en todas las cosas. De acuerdo con la providencia de Dios, su vida temprana transcurrió en Nazaret, donde los habitantes eran de tal carácter, que él se encontraba continuamente expuesto a las tentaciones y necesitaba estar en guardia para permanecer puro y sin mancha entre tanto pecado y maldad. Cristo mismo no escogió ese lugar. Su Padre celestial se lo eligió, para que su carácter fuese probado de diversos modos. La vida temprana de Cristo fue sometida a severas pruebas, dificultades y conflictos con el fin de que desarrollase el carácter perfecto que lo convierte en ejemplo perfecto para los niños, los jóvenes y los adultos.
Los niños y jóvenes están frecuentemente colocados en un ambiente que no es favorable para la vida cristiana, y ceden fácilmente a las tentaciones, alegando como excusa por su conducta pecaminosa que el ambiente es desfavorable para ellos. Cristo escogió el retiro, y mediante una vida industriosa, que mantenía activas sus manos, no invitó a la tentación, sino que se mantuvo alejado de la compañía de aquellos cuya influencia era corruptora. Cristo recorrió el camino más desparejo que hayan de transitar alguna vez los niños y los jóvenes. No le tocó en suerte una vida de abundancia e indolencia. Sus padres eran pobres y dependían de su trabajo diario para ganar el sustento; por tanto, la vida de Cristo fue una vida de pobreza, abnegación y privaciones. Compartió con sus padres su vida de laboriosidad diligente.
La pureza no depende de las circunstancias
Nadie será jamás llamado a perfeccionar un carácter cristiano bajo circunstancias más desfavorables que las que rodearon a nuestro Salvador. El hecho de que Cristo viviera treinta años en Nazaret, lugar del cual muchos consideraban una maravilla que saliese algo bueno, es un reproche para los jóvenes que piensan que su carácter religioso debe conformarse a las circunstancias. Si el ambiente de los jóvenes es desagradable y positivamente malo, muchos hacen de esto una excusa para no perfeccionar un carácter cristiano. El ejemplo de Cristo sería un reproche para la idea de que sus seguidores han de depender del lugar, la fortuna o la prosperidad para vivir vidas sin culpa. Cristo les enseñaría que su fidelidad haría honorable cualquier puesto, por humilde que sea, al cual los haya llamado la providencia de Dios.
La vida de Cristo tuvo por objeto mostrar que la pureza, la estabilidad y la firmeza de principios no dependen de una vida libre de dificultades, pobreza y adversidad. Cristo soportó sin murmurar las pruebas y privaciones de que se quejan muchos jóvenes. Y esta disciplina es la experiencia que necesitan los jóvenes, la que dará firmeza a sus caracteres y los hará como Cristo, fuertes en espíritu para resistir la tentación. Si se separan de la influencia de quienes los harían descarriar y corromperían su moral, no serán vencidos por los ardides de Satanás. Orando diariamente a Dios, recibirán de él sabiduría y gracia para soportar el conflicto y las severas realidades de la vida y salir victoriosos. Sólo se puede conservar la fidelidad y la serenidad de la mente mediante la vigilancia y la oración. La vida de Cristo fue un ejemplo de energía perseverante que no se dejó debilitar por el vituperio, el ridículo, la privación o las dificultades.
Lo mismo debería ocurrir con los jóvenes. Si aumentan para ellos las pruebas, deben saber que Dios está probando su fidelidad. Y en el mismo grado en que mantienen la integridad de carácter bajo circunstancias desalentadoras, aumentarán su fuerza, estabilidad y poder para resistir, y se fortalecerán en espíritu (The Youth’s Instructor, marzo de 1872).
La muerte antes que la deshonra
Prefiramos la pobreza, el oprobio, la separación de nuestros amigos, o cualquier sufrimiento, antes que contaminar al ser con el pecado. El lema de todo cristiano debiera ser: “La muerte antes que el deshonor o la transgresión de la ley de Dios” (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 137).
28 Juan 1:46.
29 Lucas 2:40.
20
Cómo resistir la tentación
Los que son participantes de la naturaleza divina, no cederán a la tentación. El enemigo está trabajando con todo su poder para vencer a los que se esfuerzan por vivir la vida cristiana. Con la esperanza de que cedan, los tienta. Así espera desanimarlos. Pero los que han asentado firmemente sus pies en la Roca de los siglos, no cederán a sus estratagemas. Recordarán que Dios es su Padre y Cristo su Ayudador. El Salvador vino a este mundo a traer fuerza a cada persona tentada y probada para que venza, así como él venció. Yo conozco el poder de la tentación; yo conozco los peligros que yacen en el camino; pero sé también que hay provisión de fuerza suficiente para cada momento de necesidad, para los que están luchando contra la tentación.
Hay que evitar las tentaciones innecesarias
“Pero Dios es fiel, y no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir. Antes, junto con la tentación os dará también la salida, para que podáis soportar”.30 Y también a nosotros nos toca una parte que realizar. No nos hemos de colocar innecesariamente en el camino de la tentación. Dios dice: “Salid de en medio de ellos, y apartaos... No toquéis lo impuro, y yo os recibiré. Y seré vuestro Padre, y vosotros seréis mis hijos e hijas”.31 ¿Cómo podemos esperar que Dios nos guarde de caer, si por la asociación con los mundanos en busca de placer, por nuestra conformidad con prácticas mundanales, por la unión de nuestros intereses con los incrédulos, colocamos nuestros pies en la senda de la tentación y el pecado?
Manténganse alejados de las influencias corruptoras del mundo. No vayan espontáneamente a lugares donde las fuerzas del enemigo se hallan poderosamente atrincheradas.
No vayan a donde han de ser tentados y descarriados. Pero si tienen un mensaje para los incrédulos, y si viven tan cerca de Dios que pueden hablarles una palabra a tiempo, pueden hacer una obra que los ayudará y honrará a Dios. Jesús dijo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del maligno”32 (Review and Herald, 14 de abril de 1904).
El deber antes que la inclinación
Cuando los jóvenes intenten romper con el dominio de Satanás, él redoblará sus tentaciones. Sacando ventaja de la ignorancia y la inexperiencia de ellos, intenta oscurecer la distinción entre el bien y el mal. Se transforma en un ángel de luz, y con engañosas promesas de placer los induce a entrar en su sendero prohibido. Si los jóvenes han formado el hábito de seguir la inclinación antes que el deber, hallarán difícil resistir la tentación. No ven el peligro de entregarse, aunque sea una sola vez, a los placeres prohibidos. Las sugestiones de Satanás despertarán todo vestigio de depravación que haya en el corazón (The Signs of the Times, 19 de enero de 1882).
30 1 Corintios 10:13.
31 2 Corintios 6:17, 18.
32 Juan 17:15.
21
La falacia del pecado
Nada es más traicionero que la falacia del pecado. Es el dios de este mundo que engaña, ciega y conduce a la destrucción. Satanás no expone todas sus tentaciones a la vez. Las disfraza con una máscara de bien. Mezcla con diversiones y extravagancias algunas pequeñas ventajas, y los seres engañados dan como excusa que el tener parte en ellas reporta un gran bien. Esta es sólo la parte engañosa. Son las artes infernales de Satanás enmascaradas. Las personas engañadas dan un paso y se preparan para el siguiente. Es mucho más placentero seguir las inclinaciones del corazón que estar a la defensiva y resistir la primer insinuación del astuto enemigo, y así impedir sus intrusiones.
Oh, ¡cómo acecha Satanás para ver cuán fácilmente se toma su carnada, y para ver a las personas andar precisamente en la senda que él ha preparado! Él no quiere que abandonen la apariencia de oración y prácticas religiosas, pues así puede hacerlos más útiles en su servicio. Une su sofistería y sus trampas engañosas con la experiencia y la profesión de fe de ellos, y así hace progresar maravillosamente su causa.
El examen de sí mismo
Existe la necesidad de examinarse íntimamente y de preguntarse a la luz de la Palabra de Dios: “¿Soy íntegro o corrupto de corazón? ¿Estoy renovado en Cristo o soy todavía carnal de corazón, cubierto sólo exteriormente con un vestido nuevo?” Acérquense al tribunal de Dios y observen, como a la luz de Dios, si hay algún pecado secreto, alguna iniquidad, algún ídolo que no hayan sacrificado. Oren, sí, oren como nunca antes para que no sean engañados por lo ardides de Satanás; para que no se entreguen a un espíritu descuidado, indiferente, vano y presten atención a los deberes religiosos para acallar la propia conciencia...
Uno de los pecados que constituyen una de las señales de los últimos días es que los cristianos profesos son amadores de los placeres más que de Dios. Traten sinceramente con sus propios seres. Investiguen cuidadosamente. Cuán pocos, después de un examen fiel, pueden levantar la vista al cielo y decir: “No soy uno de los así descritos. No soy un amador del placer más que de Dios”. Cuán pocos pueden decir: “Estoy muerto para el mundo; la vida que ahora vivo es por la fe del Hijo de Dios. Mi vida está escondida con Cristo en Dios, y cuando aquel que es mi vida aparezca, yo también apareceré con él en gloria”.
¡El amor y la gracia de Dios! ¡Oh preciosa gracia, más valiosa que el oro fino! Eleva y ennoblece el espíritu por encima de todos los demás principios. Coloca el corazón y los afectos en el cielo. Mientras los que nos rodean se ocupan en vanidades mundanas, placeres y frivolidades, nuestra conversación está en el cielo, de donde esperamos al Salvador; el ser se dirige a Dios para obtener perdón y paz, justicia y verdadera santidad. El trato con Dios y la contemplación de las cosas de arriba transforman a la persona a la semejanza de Cristo (Review and Herald, 11 de mayo de 1886).
22
Una advertencia contra el escepticismo
Siento la más intensa angustia por nuestra juventud. Los amonesto, como quien conoce el peligro, que no se dejen entrampar por Satanás, por medio del pequeño conocimiento científico que puedan haber adquirido. Es mejor tener un corazón puro y humilde que toda la ciencia que puedan obtener sin el temor del Señor.
Es probable que los jóvenes de hoy encuentren a escépticos e incrédulos dondequiera que vayan, por lo cual, ¡cuán necesario es que vayan equipados de modo que puedan dar razón de su esperanza con mansedumbre y temor! Tomás Paine ha pasado al sepulcro, pero sus obras viven para maldecir al mundo, y quienes dudan de la verdad de la Palabra de Dios colocarán estas producciones incrédulas en manos de los jóvenes inexpertos para llenar su corazón de la atmósfera ponzoñosa de la duda. El espíritu de Satanás obra mediante los hombres impíos para llevar a cabo sus ardides para la ruina de las personas.
El peligro de la relación con los escépticos
Vivimos en una época de disipación, y los hombres y los jóvenes son atrevidos en el pecado. A menos que nuestra juventud sea guardada en santidad, y fortificada por principios firmes, y ejerza un mayor cuidado en la elección de sus compañeros y de las publicaciones que nutren su mente, será expuesta a una sociedad cuyas normas son tan corrompidas como fueron las de los habitantes de Sodoma. La apariencia de las personas del mundo puede ser muy atrayente, pero si éstas continuamente sugieren dudas en cuanto a la Biblia, son compañías peligrosas, pues tratarán constantemente de minar los cimientos de la fe, de corromper la escrupulosidad de la religión antigua, evangélica.
Los jóvenes se relacionan a menudo con personas de tendencias escépticas, y sus padres ignoran el hecho hasta que se consuma la terrible obra del mal y los jóvenes quedan arruinados. Se debería instruir diligentemente a los jóvenes para que no sean engañados en cuanto al verdadero carácter de tales personas, y no formen amistades con ellas, ni escuchen sus palabras de sarcasmo y sofistería. A menos que nuestros jóvenes tengan valor moral como para cortar la relación con esas personas cuando descubran su incredulidad, serán entrampados y pensarán y hablarán como tales amistades lo hacen, expresándose con liviandad sobre la religión y la fe de la Biblia.
La confianza propia y la ceguera
Si pudiesen ser abiertos los ojos de los jóvenes engañados, verían la mirada maliciosa y de triunfo con que Satanás contempla su éxito en arruinar a las personas. Trata, por todo medio concebible, de adaptar sus tentaciones a las distintas disposiciones y circunstancias de aquellos a quienes desea enredar. Ensayará todo ardid, y si los que son objeto de estas tentaciones no buscan a Dios, serán cegados para no ver sus engaños, y se sentirán confiados en sí mismos, autosuficientes, ignorando su condición y su peligro. Pronto llegarán a despreciar la fe entregada una vez a los santos.
Hablo a los jóvenes como persona que sabe, a quien el Señor ha puesto de manifiesto los peligros que acompañan la senda por donde van. La confianza en ustedes mismos los conducirá a la trampa del enemigo. Los jóvenes no piden consejo a Dios ni lo hacen su refugio y fortaleza. Entran en sociedad con plena seguridad, confiados en que son enteramente capaces de escoger lo bueno y de comprender los misterios divinos por medio de sus facultades de raciocinio, como si pudiesen descubrir la verdad por sí mismos.
Tememos más por los que confían en sí mismos que por cualquiera de los otros, pues serán atrapados ciertamente en la red tendida por el gran adversario de Dios y del hombre. Alguna persona elegida como amigo familiar y que ha sido manchada con la corrupción de la duda, instilará su levadura de incredulidad en las mentes de esta clase. Conquistará su atención adulándolos ampliamente por su talento, por su superioridad intelectual, incitándolos a ambicionar una elevada posición, y la atrofia moral se manifestará en ellos. Los que se exaltan en su propia opinión, despreciarán la sangre del Sacrificio expiatorio y contrariarán al Espíritu de gracia.
Quizá sean los hijos de padres observadores del sábado, que han tenido gran luz y han sido el objeto de la más tierna solicitud, los que dejen una herencia vergonzosa, los que siembren viento y recojan torbellino. En el juicio, los nombres de los que han pecado a despecho de una gran luz, se hallarán escritos con los de los que estén condenados a estar separados de la presencia del Señor y de la gloria de su poder. Se perderán y serán contados entre los despreciadores de la gracia de Cristo.
Preferiría ver a mis hijos en el sepulcro, antes que verlos tomar el camino que conduce a la muerte. El hecho terrible de que yo hubiera alimentado hijos para que pelearan contra el Dios del cielo, para que engrosaran las filas de los apóstatas en los últimos días, para que marcharan bajo la negra bandera de Satanás, sería ciertamente para mí un pensamiento horroroso.
Se necesita valor moral
Nuestros jóvenes hallarán tentaciones por todas partes, y deben ser educados de tal modo que dependan de un poder y una enseñanza superiores a los que pueden dar los mortales. Por todas partes hay despreciadores de nuestro Señor que habitualmente arrojan su menosprecio contra el cristianismo. Lo llaman juguete de niños inventado para embaucar la credulidad de los ignorantes.
Los que no tienen poder moral, no pueden defender la verdad; no tienen valor para decir: “A menos que cese esta conversación, no puedo permanecer en su presencia. Jesús, el Redentor del mundo, es mi Salvador; en él se concentra mi esperanza de vida eterna”. Pero es exactamente el modo de hacerlos callar. Si arguyen con ellos, tendrán argumentos para hacerles frente y nada de lo que digan los conmoverá; pero si viven para Cristo, si son firmes en la fidelidad al Dios del cielo, harán por ellos lo que los argumentos no pueden hacer, y por el poder de la piedad los convencerán de la falacia de sus doctrinas.
No hay espectáculo más triste que el que dan los que han sido comprados por la sangre de Cristo, los que han sido dotados de talentos con los cuales glorificar a Dios, al burlarse de los mensajes que generosamente les han sido enviados en el evangelio, al negar la divinidad de Cristo, y al confiar en su razonamiento finito y en argumentos que no tienen fundamento. Cuando sean puestos a prueba por la aflicción, cuando se vean cara a cara con la muerte, todas estas falacias que han acariciado se desvanecerán como la escarcha se derrite al sol.
¡Cuán terrible es estar junto al ataúd de quien ha rechazado los llamamientos de la misericordia divina! Cuán terrible es decir: “He aquí una vida perdida. ¡Aquí está quien pudo haber alcanzado la más elevada norma y obtenido la vida inmortal, pero entregó su vida a Satanás, llegó a enredarse en las vanas filosofías de los hombres y fue juguete del maligno!” La esperanza del cristiano es como ancla para el ser, segura y persistente, y entra hasta dentro del velo, adonde ha entrado por nosotros Cristo, el Precursor. Tendremos que hacer una obra individual en preparación para los grandes acontecimientos que nos esperan.
La tempestad se avecina
Los jóvenes deberían buscar más fervientemente a Dios. La tempestad se avecina, y debemos prepararnos para afrontar su furia mediante el arrepentimiento para con Dios y la fe en nuestro Señor Jesucristo. El Señor se levantará para sacudir terriblemente la Tierra. Veremos desgracias por todas partes. Miles de barcos serán arrojados a las profundidades del mar. Armadas enteras se hundirán, y las vidas humanas serán sacrificadas por millones. Estallarán incendios inesperadamente y no habrá esfuerzo humano capaz de extinguirlos. Los palacios de la Tierra serán arrasados por la furia de las llamas. Serán cada vez más frecuentes los desastres ferroviarios; en las grandes vías de tránsito habrá confusión, choques y muerte sin la advertencia de un momento. El fin está cerca, el tiempo de gracia termina. ¡Oh, busquemos a Dios mientras puede ser hallado, llamémosle en tanto que está cercano! El profeta dice: “Buscad al Señor todos los humildes de la tierra, los que obedecéis sus mandatos. Buscad justicia, buscad mansedumbre. Quizá seáis protegidos en el día del enojo del Señor”33 (The Signs of the Times, 21 de abril de 1890).
La dependencia diaria de Dios
Cuando se levantan por la mañana, ¿sienten la impotencia y la necesidad de fuerza divina? ¿Y dan a conocer humildemente, de todo corazón, sus necesidades al Padre celestial? En tal caso, los ángeles notan esas oraciones, y si éstas no han salido de labios fingidores, cuando estén en peligro de pecar inconscientemente y de ejercer una influencia que induciría a otros a hacer el mal, el ángel custodio estará al lado de ustedes para inducirlos a seguir una conducta mejor, escoger las palabras que han de pronunciar e influir en sus acciones (Joyas de los testimonios, t. 1, pp. 347, 348).
33 Sofonías 2:3.
23
Un punto débil
Podremos jactarnos de estar libres de muchas faltas de las que otros son culpables, pero aunque tengamos algunos puntos fuertes en nuestro carácter y tan sólo un punto débil, hay comunión entre el pecado y la persona. El corazón se halla dividido en su servicio, y dice: “Algo consagro al yo y algo a Dios”. El hijo de Dios debe buscar el pecado que ha acariciado y ha practicado, y permitir que Dios lo desaloje de su corazón. Debe vencer ese pecado, pues no es asunto trivial a la vista de Dios.
Alguien dice: “No soy nada suspicaz, pero cuando soy provocado digo cosas hirientes, aunque después siempre lamento el haberme airado”. Otro dice: “Tengo esta o aquella falta, pero detesto tal o cual ruindad manifestada por cierta persona de mi relación”. El Señor no nos ha dado una lista graduada de pecados de modo que consideremos a algunos de poca consecuencia y digamos que harán poco daño, mientras que otros sean de mayor magnitud y causen mayor perjuicio.
Ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil. Podemos considerar cierta cadena como buena en conjunto, pero si un eslabón es débil, no se puede tener confianza en ella. La tarea de vencer debe ser el tema de estudio de cada persona que entre en el reino de Dios. No debe ser pronunciada la palabra impaciente que palpita en los labios. Debe ser apartado el pensamiento de que el carácter de ustedes no es debidamente estimado, pues debilita su influencia y produce como seguro resultado la disminución de la estima en que otros los tienen. Deberían vencer la idea de que son mártires y asirse de la promesa de Cristo, que dice: “Bástate mí gracia”34 (Review and Herald, 1º de agosto de 1893).
El dominio del pensamiento
Deben apartarse del terreno encantado de Satanás y no permitir que sus mentes sean disuadidas de la alianza con Dios. En Cristo pueden y deben ser felices y adquirir hábitos de dominio propio. Aun sus pensamientos han de ser sujetados a la voluntad de Dios, y los sentimientos puestos bajo el control de la razón y la religión. La imaginación no les fue dada para permitir que anduviera desbocada siguiendo su propia voluntad, sin que se hiciera esfuerzo alguno para restringirla o disciplinarla. Si los pensamientos son malos, los sentimientos también lo serán; y los pensamientos y los sentimientos combinados constituyen el carácter moral de la persona. Cuando deciden que como cristianos no se requiere que dominen los pensamientos y los sentimientos, caen bajo la influencia de los ángeles malos e invitan su presencia y su control. Si ceden a sus impresiones y permiten que sus pensamientos se encaucen en dirección de la sospecha, la duda y el descontento, se contarán entre los mortales más infelices y la vida de ustedes resultará un fracaso (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 289, 290).
34 2 Corintios 12:9.
Sección III
En realidad no hay nada más invencible, aunque parezca totalmente desamparada, que la persona que acepta su incapacidad y confía totalmente en los méritos del Salvador. Dios enviaría en su ayuda a todo ángel del cielo en lugar de permitirle que sea vencida (Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 20).
24
Hacia adelante y hacia arriba
Desearía poder describir la belleza de la vida cristiana. Empezando en la mañana de la vida, gobernado por las leyes de la naturaleza y de Dios, el cristiano avanza progresivamente hacia adelante y hacia arriba, acercándose cada día más a su hogar celestial, donde lo espera una corona de vida, y un nombre nuevo, “que ninguno conoce sino el que lo recibe”.35 Crece constantemente en felicidad, en santidad, en utilidad. El progreso de cada año excede al del año anterior.
Dios ha dado a los jóvenes una escalera que han de ascender; una escalera que llega de la Tierra al cielo. Dios está por encima de esa escalera, y los rayos de su gloria iluminan cada peldaño. Observa a los que van subiendo, listo para enviar ayuda cuando la mano afloja y el paso vacila. Sí, díganlo con palabras llenas de ánimo, que ninguno de los que suben perseverantemente por esa escalera dejará de obtener entrada en la ciudad celestial.
Satanás presenta muchas tentaciones a los jóvenes. Juega el partido de la vida para obtener su corazón, y no dejará de probar un solo medio para engañarlos y arruinarlos. Pero Dios no los deja luchar sin ayuda contra el tentador. Tienen ellos un Ayudador todopoderoso.
Mucho más fuerte que su enemigo es aquel que en este mundo, y en forma humana, hizo frente y venció a Satanás, resistiendo toda tentación que hoy día sobreviene a los jóvenes. Él es su Hermano mayor. Siente hacia ellos profundo y tierno interés. Los vigila constantemente, y se regocija cuando tratan de agradarle. Cuando oran, él mezcla con sus oraciones el incienso de su justicia, y las ofrece a Dios como sacrificio fragante. En su fuerza pueden los jóvenes soportar la dureza como buenos soldados de la cruz. Fortalecidos con su poder, son hechos aptos para alcanzar los elevados ideales que tienen delante. El sacrificio hecho en el Calvario es la prenda de su victoria.
Dios no es irrazonable
La iglesia de Dios está compuesta de vasos grandes y pequeños. El Señor no pide nada que sea irrazonable. No espera que los vasos más pequeños tengan la capacidad de los más grandes. Espera retribución de acuerdo con lo que el hombre tiene, y no de acuerdo con lo que no tiene. Hagan lo mejor que puedan, y Dios aceptará los esfuerzos de ustedes. Emprendan el cumplimiento del deber que tengan más a mano y llévenlo a cabo con fidelidad, y el trabajo será completamente aceptable para el Maestro. En el deseo de hacer algo grande, no pasen por alto las tareas más pequeñas que les esperan.
Guárdense de descuidar la oración secreta y el estudio de la Palabra de Dios. Estas son las armas contra aquel que se esfuerza por obstaculizar el progreso hacia el cielo. El primer descuido de la oración y del estudio de la Biblia hace más fácil el segundo. La primera resistencia a los ruegos del Espíritu prepara el camino para la segunda. De este modo se endurece el corazón y se hace insensible la conciencia.
Por otra parte, cada resistencia a la tentación hace más fácil la resistencia. Cada negación de sí mismo hace más fácil la abnegación. Cada victoria ganada prepara el camino para una nueva victoria. Cada resistencia a la tentación, cada acto de abnegación, cada triunfo sobre el pecado, constituye una semilla sembrada para vida eterna. Cada acto altruista da nueva fuerza a la espiritualidad. Nadie puede tratar de parecerse a Cristo sin hacerse noble y fiel.
Desarrollar la confianza
El Señor reconocerá todo esfuerzo que hagan para alcanzar el ideal que él tiene para ustedes. Cuando fracasen, cuando por traición sean inducidos a pecar, no se sientan imposibilitados para orar, no se sientan indignos de presentarse ante el Señor. “Hijitos míos, esto os escribo para que no pequéis. Pero si alguno hubiera pecado, Abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo el Justo”.36 Él espera con brazos extendidos para dar la bienvenida al hijo pródigo. Vayan a él y cuéntenle sus errores y fracasos. Pídanle que los fortifique para un renovado esfuerzo. Nunca los chasqueará, nunca burlará la confianza de ustedes.
Tendrán pruebas. De ese modo pule el Señor la tosquedad del carácter. No murmuren. Con las quejas hacen más dura la prueba. Honren a Dios con una sumisión alegre. Soporten pacientemente la presión. Aunque sean perjudicados, mantengan el amor de Dios en el corazón. “Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, haz el bien; busca la paz, y síguela. Los ojos del Señor están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos”.37
“Guardaos de dar pasos desesperados; el día más oscuro habrá pasado si esperáis hasta mañana”. “En quietud y en confianza está vuestra fortaleza”.38 Cristo conoce la fuerza de las tentaciones y el poder de ustedes para resistir. Su mano está siempre tendida con compasiva ternura hacia cada criatura que sufre. Dice a los tentados y desanimados: “Hijo por quien he sufrido y muerto, ¿no puedes tener confianza en mí?” Y también: “Como tus días dure tu fuerza”.39
“Encomienda al Señor tu camino, confía en él y él obrará”.40 Él será para vosotros como la sombra de una gran roca en una región desierta. Dice: “Venid a mí... y yo os haré descansar”,41 con el descanso que el mundo no puede dar ni quitar.
No se puede describir con palabras el gozo y la paz de aquel que acepta al pie de la letra lo que Dios dice. Las pruebas no lo perturban, los desaires no le afectan. Ha crucificado el yo. Día tras día pueden hacerse sus deberes más abrumadores, sus tentaciones más fuertes, sus pruebas más severas; pero no vacila, pues recibe fuerza igual a su necesidad (The Youth’s Instructor, 26 de junio de 1902).
El costo de la victoria
Cristo sacrificó todo por el hombre para hacerle posible conquistar el cielo. Ahora le toca al hombre caído mostrar lo que sacrificará de su parte, por causa de Cristo, para alcanzar la gloria inmortal. Los que tienen exacta noción de la magnitud de la salvación y de su costo, jamás murmurarán porque tengan que sembrar con lágrimas, y porque el conflicto y la abnegación sean la suerte del cristiano en esta vida (The Signs of the Times, 4 de marzo de 1880).
35 Apocalipsis 2:17.
36 21 Juan 2:1.
37 Salmos 34:13-15.
38 Isaías 30:15.
39 Deuteronomio 33:25.
40 Salmos 37:5.
41 Mateo 11:28.
25
El perfeccionamiento del carácter
Cristo no nos ha dado la seguridad de que sea asunto fácil lograr la perfección del carácter. Un carácter noble, cabal, no se hereda. No lo recibimos accidentalmente. Un carácter noble se obtiene mediante esfuerzos individuales, realizados por los méritos y la gracia de Cristo. Dios da los talentos, las facultades mentales; nosotros formamos el carácter. Lo desarrollamos sosteniendo rudas y severas batallas contra el yo. Hay que sostener conflicto tras conflicto contra las tendencias hereditarias. Tendremos que criticarnos a nosotros mismos severamente, y no permitir que quede sin corregir un solo rasgo desfavorable.
Nadie diga: “No puedo remediar mis defectos de carácter”. Si llegan a esta conclusión, dejarán ciertamente de obtener la vida eterna. La imposibilidad reside en la propia voluntad. Si no quieren, no pueden vencer. La verdadera dificultad proviene de la corrupción de un corazón no santificado y de la falta de voluntad para someterse al gobierno de Dios.
Proponerse un blanco elevado
Muchos a quienes Dios ha calificado para hacer un excelente trabajo, realizan muy poco porque intentan poco. Miles pasan por la vida como si no tuvieran objeto definido por el cual vivir, ni norma que alcanzar. Los tales recibirán una recompensa proporcional a sus obras.
Recuerden que nunca alcanzarán una norma más elevada que la que ustedes mismos se fijen. Fíjense, pues, un blanco alto y asciendan todo el largo de la escalera del progreso paso a paso, aunque represente penoso esfuerzo, abnegación y sacrificio. Que nada los estorbe. El destino no ha tejido sus redes alrededor de ningún ser humano tan firmemente que éste tenga que permanecer impotente y en la incertidumbre. Las circunstancias adversas deberían crear una firme determinación de vencerlas. El quebrantar una barrera dará mayor habilidad y valor para seguir adelante. Avancen con determinación en la debida dirección, y las circunstancias serán los ayudadores, no los obstáculos.
Cultivar todas las gracias del carácter
Para gloria del Maestro, ambicionen cultivar todas las gracias del carácter. Deben agradar a Dios en todos los aspectos de la formación del carácter. Pueden hacerlo, pues Enoc agradó al Señor aunque vivía en una época degenerada. Y en nuestros días también hay Enocs.
Permanezcan firmes como Daniel, el fiel estadista a quien ninguna tentación pudo corromper. No chasqueen a aquel que los amó de tal manera que dio su propia vida para expiar los pecados de ustedes. Dice: “Separados de mí, nada podéis hacer”.42 Recuerden esto. Si han cometido errores, ganan ciertamente una victoria si los ven y los consideran señales de advertencia. De ese modo transforman la derrota en victoria, chasqueando al enemigo y honrando al Redentor.
Un carácter formado a la semejanza divina es el único tesoro que podemos llevar de este mundo al venidero. Los que en este mundo andan de acuerdo con las instrucciones de Cristo, llevarán consigo a las mansiones celestiales toda adquisición divina. Y en el cielo mejoraremos continuamente. Cuán importante es, pues, el desarrollo del carácter en esta vida.
Sus mandatos son habilitaciones
Los seres celestiales obrarán con el agente humano que con determinada fe busque esa perfección de carácter que alcanzará la perfección en la acción. Cristo dice a cada uno de los que se ocupan en su obra: “Estoy a tu mano derecha para ayudarte”.
Cuando la voluntad del hombre coopera con la voluntad de Dios, llega a ser omnipotente. Cualquier cosa que debe hacerse por orden suya, puede llevarse a cabo con su fuerza. Todos sus mandatos son habilitaciones (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 266-268).
Nuestra constante dependencia
Los que dejan de sentir que dependen constantemente de Dios, serán vencidos por la tentación. Podemos suponer ahora que nuestros pies están seguros y que nunca seremos movidos. Podemos decir con confianza: “Yo sé a quién he creído; nada quebrantará mi fe en Dios y su Palabra”. Pero Satanás está proyectando aprovecharse de nuestras características heredadas y cultivadas, y cegar nuestros ojos acerca de nuestras propias necesidades y defectos. Únicamente comprendiendo nuestra propia debilidad, y mirando fijamente a Jesús, podemos estar seguros (El Deseado de todas las gentes, pp. 345, 346).
42 Juan 15:5.
26
La batalla de la fe
Muchos de los jóvenes no tienen un principio fijo para servir a Dios. Se rinden bajo cada nube, y no tienen poder de resistencia. No crecen en gracia. Aparentan guardar los mandamientos de Dios, pero no están sometidos a la ley de Dios, y ciertamente no pueden estarlo. Su corazón carnal debe cambiar. Deben ver belleza en la santidad; entonces suspirarán por ella como el cervatillo suspira por los manantiales de agua; entonces amarán a Dios y su ley; entonces será liviano el yugo de Cristo y ligera su carga.
Si el Señor ha ordenado sus pasos, queridos jóvenes, no deben esperar que el camino sea siempre de paz y prosperidad exteriores. El camino que lleva al día eterno no es el más fácil de recorrer, y a veces parecerá oscuro y espinoso. Pero tienen la seguridad de que los brazos eternos de Dios los rodearán para protegeros del mal. Él quiere que tengan ferviente fe en él, y que aprendan a confiar en él tanto en la sombra como a la luz del sol.
Fe viviente
La fe debe morar en el seguidor de Cristo, porque sin esto es imposible agradar a Dios. La fe es la mano que se ase de la ayuda infinita; es el medio por el cual el corazón renovado late al unísono con el corazón de Cristo. Con frecuencia, el águila que se esfuerza por llegar a su nido es arrojada por la tempestad a los estrechos desfiladeros de las montañas. Las nubes, en masas oscuras, airadas, se interponen entre ella y las soleadas alturas donde ha fijado su nido. Por un momento parece aturdida, y se precipita de aquí para allá batiendo sus fuertes alas como si quisiese hacer retroceder las densas nubes. Con su grito salvaje, en sus vanos esfuerzos por encontrar la salida de la prisión, despierta a las palomas de las montañas. Por fin se lanza hacia arriba para atravesar la oscuridad, y da un chillido agudo de triunfo al surgir de ella un momento después y ver la serena luz del sol. Han quedado por debajo de ella la tempestad y la oscuridad, y la luz del cielo brilla a su alrededor. Llega a su amado hogar en el alto despeñadero, y se siente satisfecha. Atravesando la oscuridad, llegó a la luz. Le costó un esfuerzo hacerlo, pero ha sido recompensada logrando el objeto que buscaba.
Es éste el único proceder que podemos seguir como cristianos. Debemos ejercer esa fe viva que penetra en las nubes que, como espeso muro, nos separan de la luz del cielo. Tenemos que alcanzar las alturas de la fe donde todo es paz y gozo en el Espíritu Santo.
Un conflicto que dura toda la vida
¿Han observado alguna vez un halcón que persigue a una tímida paloma? El instinto ha enseñado a la paloma que, para que el halcón agarre su presa, debe volar por encima de su víctima. Por eso se eleva cada vez más en la bóveda celeste, perseguida siempre por el halcón, que quiere sacarle ventaja. Pero en vano. La paloma está segura mientras no permite que nada la detenga en su vuelo, o la haga ir hacia la tierra; pero si vacila una vez y vuela más bajo, su vigilante enemigo se arrojará sobre ella y la atrapará. Repetidas veces hemos observado esta escena con interés palpitante, simpatizando con la palomita. ¡Qué tristeza habríamos sentido al verla caer víctima del cruel halcón!
Nos espera un conflicto, conflicto de toda la vida, con Satanás y sus seductoras tentaciones. El enemigo usará todo argumento, todo engaño, para enredar al ser humano; y debemos hacer esfuerzos fervientes, perseverantes, para ganar la corona de la vida. No debemos deponer la armadura ni dejar el campo de batalla hasta que hayamos ganado la victoria y podamos triunfar en nuestro Redentor. Mientras tengamos la mirada fija en el Autor y Consumador de nuestra fe, estaremos seguros. Pero debemos colocar nuestros afectos en las cosas de arriba, no en las de la Tierra. Por medio de la fe debemos elevarnos cada vez más en la adquisición de las gracias de Cristo. Contemplando diariamente sus incomparables encantos, debemos crecer más y más a la semejanza de su imagen gloriosa. Mientras vivamos así en comunión con el cielo, Satanás nos tenderá en vano sus redes (The Youth’s Instructor, 12 de mayo de 1898).
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