Kitabı oku: «Manifiesto por el progreso social»

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Manifiesto por el progreso social

Manifiesto por el progreso social

Ideas para una sociedad mejor

MARC FLEURBAEY CON OLIVIER BOUIN, MARIE-LAURE SALLES-DJELIC, RAVI KANBUR, HELGA NOWOTNY Y ELISA REIS

Traducción de

Ana Inés Fernández Ayala


Primera edición, 2020 | Primera edición en inglés, 2018

© Cambridge University Press, 2018

This translation of A Manifesto for Social Progress.

Ideas for a Better Society is published by arrangement

with Cambridge University Press

Traducción: Ana Inés Fernández Ayala

Diseño de portada: León Muñoz Santini y Andrea García Flores

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ISBN 978-607-98762-5-8 (Grano de Sal)

Índice

Prólogo, por AMARTYA SEN

Prefacio

Agradecimientos

Introducción: el futuro está en nuestras manos

Parte I | Fuentes de preocupación, razones para la esperanza

1. Éxitos globales y catástrofes inminentes

2. Globalización y tecnología: decisiones y contingencias

3. El círculo extensivo del respeto y la dignidad

4. El gran reto

Parte II | Acciones para el progreso social

5. En busca de una nueva “tercera vía”

6. Reformar el capitalismo

7. Del Estado de bienestar al Estado emancipador

8. De la polarítica a la política

Conclusión: movilizar a los que harán el cambio

Apéndice. Índice de Repensar la sociedad para el siglo XXI. Informe del Panel Internacional sobre Progreso Social

Bibliografía

Prólogo
AMARTYA SEN

¿Se puede cultivar la justicia social? ¿Se puede impulsar el progreso social mediante la investigación dedicada y su aplicación? Este manifiesto —con su poderosa visión y sus recomendaciones prácticas— se basa en investigaciones individuales y colaborativas de más de 300 científicos sociales. Un equipo guiado por Marc Fleurbaey reunió aquí los hallazgos con claridad y fuerza.

Si el mensaje epistémico subyacente del Manifiesto del Partido Comunista publicado hace 170 años fue el diagnóstico de que “la historia de toda sociedad existente es la historia de la lucha de clases”, el mensaje principal del presente manifiesto por el progreso social es que la justicia sí puede cultivarse y que el progreso social puede impulsarse de manera sustancial combinando una visión constructiva con cambios bien planeados en instituciones y convenciones. En los debates contemporáneos sobre economía política se ha dedicado demasiado tiempo a argumentar a favor o en contra de la economía de mercado. Necesitamos avanzar y reconocer que las instituciones de mercado son necesarias, pero que están muy lejos de ser suficientes como base de una sociedad justa, una sociedad que garantice justicia y dignidad humana, así como sustentabilidad y solidez. El capitalismo contemporáneo va más allá de usar la economía de mercado —muchas veces de manera poco crítica— reforzando ciertas prioridades y exclusiones, las cuales están sometidas a cuestionamientos y a un escrutinio cuidadoso. Son este cuestionamiento y este escrutinio los que identifican en este manifiesto los cambios institucionales y de comportamiento que exige el progreso social justo.

Sería un error pensar que la necesidad de un manifiesto de esta naturaleza surgió sólo de las recientes manifestaciones de inequidad y fragilidad que hoy vive el mundo. Como apuntó Adam Smith hace más de dos siglos, la economía de mercado necesitaba —incluso entonces— tanto apoyo como escepticismo. Él era partidario de permitir que los mercados funcionaran en circunstancias normales, pero también de tener instituciones que restringieran las actividades de mercado contraproducentes llevadas a cabo por “pródigos y proyectistas”, y de permitir que el Estado hiciera las cosas esenciales que sólo el Estado puede hacer bien. Si tal equilibrio era necesario en el siglo XVIII, en los albores del capitalismo moderno, es totalmente esencial en el próspero y sin embargo injusto mundo en el que vivimos hoy.

Espero de verdad que este manifiesto, basado en hallazgos de investigación exhaustiva, genere iniciativas que puedan cambiarle el rostro al orbe entero. Se necesitan cambios radicales en el mundo golpeado e injusto en el que vivimos, y hay buenas razones para pensar que la visión positiva y las propuestas constructivas presentadas en este manifiesto contribuirán de forma sustancial a esa tan necesaria transformación. Es difícil exagerar la importancia global de un manifiesto de gran alcance como éste.

Prefacio

Las décadas recientes han vivido el declive de la pobreza mundial y la ampliación de la democracia en muchos países del mundo. No obstante, mucha gente siente que también ha sido un periodo de reveses sociales; reina una atmósfera general de escepticismo sobre la posibilidad de un progreso social de largo plazo, por no mencionar la de una transformación más profunda que revierta las injusticias sociales prevalecientes. La mayoría de los intelectuales se alejan no sólo del pensamiento utópico, sino de cualquier análisis prospectivo de largo plazo de las estructuras sociales. La crisis de la democracia social tras el colapso del imperio soviético parece, en Occidente, haber disminuido las esperanzas de conseguir una sociedad justa, al tiempo que las condiciones de vida de cientos de millones de personas en las economías emergentes mejoran drásticamente. Sin embargo, esos países ya también abandonaron la búsqueda de un camino diferente hacia el desarrollo; la tendencia actual es imitar a los países desarrollados en lugar de inventar un nuevo modelo, aunque en los países en desarrollo campean las adversidades sociales que nos recuerdan la primera fase del capitalismo occidental.

Pero ni el colapso de las ilusiones ni el auge del capitalismo en los países en desarrollo deberían marcar el fin de la búsqueda de justicia. Dada sus especiales competencias, los científicos sociales deben pensar en la transformación de la sociedad, junto con los estudiosos de las humanidades y de las ciencias duras. Si la esperanza de progreso es posible, ellos deberían despertarla. Y si no es posible, deberían explicar por qué no lo es.

Paradójicamente, los científicos sociales nunca han estado tan bien preparados para asumir tal responsabilidad, gracias al desarrollo desde la segunda Guerra Mundial de todas las disciplinas relevantes. Pero el auge de esas disciplinas, su creciente especialización y la globalización de la producción académica han impedido que incluso las mentes más brillantes capten, ellas solas, la complejidad de los mecanismos sociales y que hagan propuestas serias para transformar las instituciones y las estructuras sociales. Esa tarea ahora debe ser colectiva e interdisciplinaria.

PANEL INTERNACIONAL SOBRE PROGRESO SOCIAL

El International Panel on Social Progress (IPSP), conocido en español como Panel Internacional sobre Progreso Social (www.ipsp.org), se desarrolló para desempeñar esa tarea. Reunió a más de 300 académicos —de todas las disciplinas, las perspectivas y las principales regiones del mundo— dispuestos a y capaces de involucrarse en un verdadero diálogo interdisciplinario sobre las dimensiones clave del progreso social. Con base en estudios novedosos, dichos científicos sociales revisaron qué tan deseables y posibles eran todas las formas relevantes del cambio social de largo plazo, exploraron los retos actuales y sintetizaron su conocimiento sobre los principios, las posibilidades y los métodos para mejorar las principales instituciones de las sociedades modernas.

El panel es un esfuerzo verdaderamente colaborativo en su organización y en su financiamiento, proveniente de múltiples fuentes. Busca trabajar de acuerdo con los valores y los principios clave que sustentan su misión: bienestar y libertad, seguridad y solidaridad, pluralismo e inclusión, justicia distributiva e igualdad, conservación ambiental, transparencia y democracia.1 El grupo ha producido un extenso informe en tres volúmenes: Rethinking Society for the 21st Century, que cubre las dimensiones socioeconómica, política y cultural del progreso social, y explora los valores, las oportunidades y las restricciones que subyacen al conocimiento de punta sobre las posibles mejorías en las instituciones y las políticas públicas. El informe abarca temas globales y regionales, y considera el futuro de diferentes regiones del mundo: se ocupa de la diversidad de retos y de su interacción.

Todos los capítulos del informe del IPSP se enfocan en un conjunto particular de temas a partir de la doble perspectiva de entender 1] cuáles son los principales riesgos y retos actualmente y 2] cómo se pueden mejorar las instituciones y las políticas públicas si se quieren combatir las plagas de la desigualdad, la segregación, la intolerancia, la exclusión y la violencia. El índice completo de contenidos y autores está en el apéndice de este volumen.

EL PROPÓSITO DE ESTE LIBRO

Este manifiesto está dirigido a un público amplio con el fin de compartir el mensaje de esperanza del informe completo: es posible una mejor sociedad, sus límites pueden describirse en términos generales y lo único que necesitamos es reunir fuerzas para alcanzar la meta. Aunque se basa a grandes rasgos en el informe, es complementario y ofrece su propia perspectiva original mediante un análisis coherente. No busca resumir el informe con toda su riqueza de temas ni pretende reflejar toda la diversidad de visiones de los miembros del panel. Es una invitación a tomarse en serio los temas y a explorarlos más profundamente con ayuda del informe completo.

El equipo que escribió este libro estuvo en el centro de los trabajos del IPSP y está formado por estudiosos comprometidos con la investigación científica y con lograr que las ciencias sociales sirvan al bien común:

▸OLIVIER BOUIN, director de la Fondation Réseau Français des Instituts d’Études Avancées y ex director del Collège d’Études Mondiales, de la FMSH

▸MARIE-LAURE SALLES-DJELIC, profesora y codirectora de la École du Management et de l’Innovation, de Sciences Po

▸MARC FLEURBAEY, titular de la cátedra R. E. Kuenne de economía y estudios humanísticos en la Universidad de Princeton y miembro del Collège d’Études Mondiales, de la FMSH

▸RAVI KANBUR, titular de la cátedra T. H. Lee de asuntos mundiales, profesor internacional de economía aplicada y profesor de economía en la Universidad de Cornell

▸HELGA NOWOTNY, profesora emérita de estudios sociales sobre las ciencias en la ETH Zürich y ex presidenta del European Research Council

▸ELISA REIS, profesora de sociología, Universidade Federal do Rio de Janeiro

Se invita a los lectores a seguir el trabajo, ver los videos y asistir a los eventos públicos del IPSP; la información está disponible en www.ipsp.org y en YouTube, Facebook y Twitter.

Nota

1 Una discusión detallada de los valores y los principios del progreso social está disponible en IPSP (2018a: capítulo 2).

Agradecimientos

Mucha gente ha contribuido a la realización de este libro y merece agradecimientos especiales. Damien Capelle, Brian Jabarian y Flora Vourch fueron excelentes asistentes de investigación. Ottmar Edenhofer brindó consejos muy útiles sobre impuestos al carbono y al ingreso, así como Jean-Paul Vallée sobre iniciativas de los movimientos de base. En varias etapas de preparación del texto, Nico Cloete, David de la Croix, Fernando Filgueira, Nancy Folbre, Jeff Hearn, Nora Lustig, Wolfgang Lutz, Anne Monier, Fabian Muniesa, Gian Paolo Rossini, Saskia Sassen, Erik Schokkaert, Simon Schwarzman, Noah Scovronick, Greg Shaffer, Christiane Spiel, Alexander Stingl, Lorraine Talbot, Peter Wallensteen, Finn Wölm y otros tres revisores anónimos hicieron comentarios con gran generosidad. Las instituciones que han apoyado todo el proyecto del IPSP también merecen reconocimiento especial, sobre todo el Center for Human Values [Centro por los Valores Humanos] de la Universidad de Princeton, el Collège d’Études Mondiales [Colegio de Estudios Mundiales] del FMSH, en París, y el Institute for Future Studies [Instituto de Estudios del Futuro], en Estocolmo, entre más de una treintena. Por último, pero de igual importancia, el apoyo del equipo de Cambridge University Press (en particular Karen Maloney, Stephen Acerra, Adam Hooper, Gail Welsh y Kristina Deusch) ha sido muy importante para que este proyecto viera la luz en conjunto con el informe.

Introducción: el futuro está en nuestras manos

En los tiempos que corren, mucha gente ha perdido la esperanza en el futuro y cree que la siguiente generación estará peor. No sólo ven aumentar las dificultades en la vida diaria, sino que ya no creen en las ideologías y sus promesas sobre el futuro, ésas que inspiraron los movimientos sociales y políticos del siglo XX. El comunismo perdió el alma en el gulag y ahora ya ni siquiera en China mantiene vivo el sueño de una sociedad radicalmente distinta y mucho mejor. Las ideas libertarias resurgieron bajo la etiqueta de “neoliberales” y tuvieron gran influencia en las últimas décadas en varios países, hasta que la Gran Recesión cimbró la fe en el libre mercado que muchos analistas mostraban.

La muerte de las ideologías debería ser bien recibida. Ofrece una ventana de oportunidad para abandonar los viejos dogmas y repensar el camino a seguir. Tras la devastadora competencia entre el comunismo y el capitalismo rampante, ¿qué podemos inventar? Esta ventana también es, al parecer, la última oportunidad para ajustar nuestra forma de pensar y actuar antes de que estallen las inminentes catástrofes, como el colapso de los sistemas sociales y ecológicos. Este libro está animado por una sensación de urgencia y de gravedad. Los investigadores,1 los ciudadanos, los agentes de cambio: todos tenemos la responsabilidad de estar a la altura de los retos de nuestra época y de encontrar soluciones antes de que los problemas acumulados se conviertan en crisis vitales.

Este capítulo introductorio resume los mensajes clave y el discurso principal de este manifiesto. Aclara nuestra concepción del progreso social y expone algunos de los errores comunes en la sabiduría convencional de nuestra época que deben disiparse para dar paso a un pensamiento mejor. El lector con prisa recibirá los elementos clave al leerlo.

¿QUÉ ES PROGRESO SOCIAL?

Este libro está escrito por investigadores, pero va más allá de presentar datos y hechos científicos. Toma posturas en el debate sobre la dirección que deberían seguir las políticas públicas y los agentes de cambio, pues, bajo algunos supuestos básicos de lo que sería una buena sociedad, hay cosas que se deben hacer y otras que no, así como algunas ideas prometedoras que deben explorarse y con las cuales conviene experimentar.

La idea nodal de una buena sociedad se inicia con que cada ser humano tiene derecho a una dignidad íntegra, sin importar el género, la raza, la religión, la educación, el talento ni las capacidades productivas. Esa idea de dignidad incluye la posibilidad de participar en la vida social en igualdad de circunstancias y de controlar las dimensiones importantes de su propia vida. Mientras que la dignidad igualitaria a veces se percibe como una noción mínima, nos basamos en la Agenda 2030 de la ONU y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y entendemos dignidad como una palabra poderosa, con implicaciones prácticas sustanciales. De hecho, cuando aparecen desigualdades estructurales en las relaciones sociales, la dignidad está en peligro. Si observas la sociedad que te rodea y te preguntas si todos realmente tenemos la misma dignidad, encontrarás repetidos ejemplos de dignidades desiguales que se derivan de desigualdades grandes o sutiles en el estatus, los recursos y el poder.

Como el esfuerzo por construir una mejor sociedad debería ser amplio e inclusivo, este libro no se compromete con una teoría precisa de justicia social, pero sostiene valores y principios que pueden encontrarse en la mayoría de las culturas del mundo. Sin embargo, debemos admitir que el ideal de dignidad igualitaria choca con ciertas concepciones que atribuyen un nivel distinto de inclusión y de dignidad a los géneros, a los grupos étnicos o a la gente con orientaciones sexuales diferentes. Si crees que el papel de la mujer es servir a su esposo y criar a sus hijos, que hay una jerarquía natural de las razas o que los homosexuales son inferiores o repugnantes, este libro chocará con tus posturas. Si crees que es buena la dignidad igualitaria, pero que cada comunidad debería mantener su pureza y evitar la migración y el mestizaje, este libro también irá contra tus posturas, pues pone la dignidad y el florecimiento de la persona por encima de la preservación de los grupos y las naciones, y trata de evitar formas estrechas de individualismo.

Los valores y los principios que subyacen a este libro incluyen bienestar y libertad, seguridad y solidaridad, pluralismo y tolerancia, justicia distributiva y equidad, conservación ambiental, transparencia y democracia.2 Cualquier proyecto que choque de forma severa con cualquiera de estos valores y principios se considera aquí objetable.

IDEAS FALSAS Y ERRORES COMUNES

No se espera que todos los lectores queden totalmente convencidos por los argumentos del libro, pero ojalá que todos se sientan orillados a deshacerse de esas partes de la sabiduría convencional que encarcelan la mente de la gente hoy en día y que se han convertido en obstáculos graves en el camino hacia una mejor sociedad.

Margaret Thatcher, quien promovió de manera vigorosa una agenda de libre mercado, popularizó la primera idea falsa que debe enfrentarse: “no hay alternativa”. También la diseminó Francis Fukuyama (1992) con su tesis de “el fin de la historia”, según la cual la democracia liberal y el sistema capitalista eran la cúspide de los logros humanos. Es irónico que dicha idea fuera impulsada por Thatcher, política que hizo importantes y estratégicas maniobras de políticas públicas con consecuencias de largo plazo. En realidad, existen muchas posibilidades para el futuro, incluso sin innovar ni experimentar con nuevas ideas. Hay muchas variantes del capitalismo ya establecidas, algunas mucho mejores que otras para promover el florecimiento humano. La tesis de que “no hay alternativa” es engañosamente atractiva porque se funda en el evidente fracaso de las opciones socialistas que se intentaron en la antigua URSS, en China y en la ex Yugoslavia. Sin duda contiene una pizca de verdad: no hay alternativa que no incluya un papel central del mercado como mecanismo económico (con sus salvaguardas). El gran error, no obstante, es creer que mantener un lugar para las transacciones de mercado significa adoptar un capitalismo irrestricto. De hecho, como han afirmado muchos pensadores con el paso de las generaciones, el mercado sí es compatible con la idea de que la gente debería dominar las cosas, y no al revés. La mano de obra puede contratar al capital, en lugar de ser contratada por éste y servirle. En ese sentido, este libro incluso afirma que una economía de mercado no necesita ser parte de una sociedad capitalista. Así, se vuelven posibles muchas más alternativas que las variantes actuales del capitalismo. De hecho, ya se están experimentando por aquí y por allá, y pueden proliferar. En resumen, hemos identificado no sólo una, sino dos ideas falsas: 1] que no hay alternativa al sistema actual —de hecho, ni siquiera hay un solo sistema actual, sino muchas variantes alrededor del mundo— y 2] que la economía de mercado y el capitalismo son lo mismo, y que impulsar la primera implica aceptar el segundo; de hecho, el mercado es necesario, pero puede superarse el capitalismo.

Sobre la misma línea, una idea falsa y perniciosa, especialmente extendida en los medios de comunicación, es que las causas sociales tradicionales han sido reemplazadas por objeciones más complejas y vagas al statu quo, relacionadas con problemas culturales e identitarios o con crisis ambientales, y que ya no generan conflictos sociales y políticos masivos. Este error se debe a la confusión entre el declive de algunos movimientos particulares y la aparente desaparición de los problemas sociales subyacentes, y está influido por la idea de que, si no hay alternativa, entonces todos los movimientos que promueven alternativas se han vuelto irrelevantes y por ello simplemente pueden ignorarse. Así que dejemos en claro de una vez por todas: la labor de liberar a las mujeres, a los trabajadores y a varios grupos étnicos de su posición de subordinación que tienen desde hace siglos no está terminada. La labor de incluir por completo a los discapacitados, tampoco. Ni la integración de los migrantes con trasfondos culturales que difieren de los de su nueva comunidad. Dichas causas tradicionales siguen siendo esenciales y tan urgentes como siempre. Es verdad que las dificultades de la comunidad LGBTQI han surgido recientemente en nuestra conciencia colectiva y merecen añadirse a esta lista, y en definitiva es cierto que la devastación de los ecosistemas y las especies ha alcanzado una escala que exige acciones urgentes. El reciente surgimiento del movimiento #MeToo [#YoTambién] contra la agresión sexual hacia las mujeres ha llevado a un momento crítico de epifanía en muchas culturas y continentes. Pero, a fin de cuentas, la autocomplacencia de los expertos sobre el sufrimiento social tradicional es inadmisible.

Otra idea falsa pero extendida es que la salvación proviene de la política y de los cambios en las políticas públicas. La mayoría de la gente cree que hay demasiada o muy poca intervención gubernamental en la economía y en la sociedad, y que la principal solución a nuestros predicamentos actuales consiste en cambiar ese aspecto. Lo que afirma este libro es que, a largo plazo, los cambios sociales se inician en capas mucho más profundas de la sociedad, mediante la transformación de métodos y convenciones, normas y hábitos, y que las políticas públicas por lo común llegan después a estabilizar y coordinar la nueva normalidad. Por lo tanto, aunque el juego político siga siendo importante, para nada es la única manera de esperar un cambio y trabajar por él. No tenemos que volvernos políticos ni activistas para generar los cambios.

Hay muchas otras ideas falsas que se abordarán en el libro; por ejemplo, que el progreso tecnológico sigue una trayectoria determinista en la que no podemos influir, que la globalización implica convergencia de las economías y el choque de las civilizaciones, o que el progreso social requiere crecimiento económico acompañado de destrucción ambiental. Las trataremos en su debido momento en los capítulos siguientes.

NARRATIVA

En resumen, ésta es la historia que cuenta el libro: la llegada del Antropoceno —es decir, una nueva época geológica donde el principal factor de cambios en el planeta es la actividad humana—3 pone a la humanidad al mando del mundo, y nos volvemos colectivamente conscientes de que, si seguimos así, estaremos al borde del abismo, pues varias tensiones clave se convertirán en cataclismos. Las desigualdades y la falta de cohesión social se están volviendo insoportables en los diversos continentes y países, pues generan conflictos, migración, agitación social e inestabilidad política; la degradación ambiental está alcanzando una escala planetaria, con un clima cambiante y más volátil, y el grave riesgo de una nueva extinción masiva.

La idea occidental de que las instituciones capitalistas liberales y democráticas ya alcanzaron su forma final y representan para todas las naciones del mundo la meta última (“el fin de la historia”) debe rechazarse de manera tajante. Los logros en las políticas sociales y en las instituciones democráticas pueden borrarse del mapa con una sola elección y ser reemplazadas por políticas autoritarias y destructivas a nivel social y ambiental. La historia continúa y necesitamos explorar nuevas instituciones que garanticen la sustentabilidad social y ambiental. Hay ideas e innovaciones interesantes en todos los continentes que pueden llevar a nuevas formas de participación popular, a una mayor armonía con la naturaleza o a un manejo más efectivo de los conflictos. En todo el mundo, una gran diversidad de avances económicos, políticos y sociales muestran el poder de la imaginación y una impresionante gama de ideas que prometen una sociedad mejor.

El reto de nuestra época es encontrar formas de lograr simultáneamente la igualdad (sin dejar a nadie rezagado, ni a nivel nacional ni internacional, creando una sociedad incluyente), la libertad (económica y política, que incluya Estado de derecho, derechos humanos y derechos democráticos exhaustivos) y la sostenibilidad ambiental (preservar a los ecosistemas no sólo para las generaciones futuras de seres humanos, sino también por sí mismos, si es que queremos respetar toda forma de vida). La libertad se entiende aquí de manera comprehensiva: incluye no sólo los derechos humanos y la integridad individual, sino también el derecho a participar en las decisiones colectivas de forma democrática, gozando de los derechos de libertad de expresión y asociación, y recibiendo la capacitación y los conocimientos adecuados para una participación plena. Libertad y democracia son, por lo tanto, inseparables, y no deberían oponerse. La democracia sólo puede suprimir la libertad cuando las instituciones democráticas están mal concebidas y mal instrumentadas.

La globalización y la innovación tecnológica son factores clave de las transformaciones socioeconómicas. Los expertos conocen —aunque los que toman decisiones no siempre, desafortunadamente— las virtudes y los peligros de la primera, pero hay mucha incertidumbre sobre si la segunda afectará la calidad de vida y las desigualdades sociales. Un punto importante es que la globalización y la innovación tecnológica no son procesos naturales que las sociedades deban impulsar o frenar. Al contrario, las maneras particulares en que la globalización y la innovación se desenvuelven pueden moldearse mediante políticas públicas y es importante encauzarlas hacia la inclusión social. Por lo tanto, no sólo debemos asegurarnos de apoyar a los que pierden con la economía globalizada y con las perturbaciones tecnológicas, así como facilitar su adaptación y transición a las nuevas oportunidades que ofrecen tales acontecimientos, sino que debemos trabajar para hacer que ocurran los cambios, de tal forma que generen menos pérdidas y más ganancias para todos.

Otro factor de cambio importante es el giro cultural que expande el “círculo de respeto y dignidad”, es decir, el conjunto de gente, formas de vida y seres vivos tratados con el debido respeto y dignidad — dignidad igualitaria en el caso de todos los seres humanos, incluida la participación plena en todos los organismos de decisión relevantes; en cuanto a los seres vivos no humanos, es más difícil poner el respeto y la dignidad bajo el ideal de igualdad, aunque son valores relevantes—. Esto parece una tendencia universal e irreversible, a pesar de muchos reveses y resistencias. Esta tendencia, que incluye una expansión de la aprobación de los valores democráticos, es un elemento muy prometedor de la sociedad mejorada que debemos imaginar.

¿Cómo podemos imaginar un mejor conjunto de instituciones y políticas públicas? Sería totalmente insuficiente vislumbrar el progreso social en términos de acaparar el poder político central para instrumentar políticas sociales y económicas desde arriba. En cambio, se debe enfrentar la desigualdad de recursos, y más importante aún, de poder y estatus, que permea a todas las instituciones, organizaciones y grupos, desde la familia hasta las corporaciones trasnacionales, desde la comunidad local hasta el grupo de gobiernos regionales, desde la organización no gubernamental (ONG) local hasta el partido político. La reforma de las instituciones y las organizaciones económicas, políticas y sociales no se dará simplemente logrando que los partidos más “progresistas” lleguen al gobierno, sino que se deben involucrar iniciativas de base y cambios en la gobernanza de muchas organizaciones, en particular y sobre todo dentro de las instituciones económicas clave, en todos los niveles, desde las empresas pequeñas hasta las organizaciones internacionales.

Las herramientas que nos pueden ayudar a concebir una mejor sociedad incluyen las dos instituciones económicas clave que estructuran la producción y las finanzas: el mercado y la empresa. Ambas generan muchos de los problemas actuales (en particular mediante externalidades4

y desigualdades), pero, bien manejadas, son esenciales para cualquier sociedad exitosa concebible, pues el mercado es piedra angular de la libertad y la empresa es una institución colaborativa clave que llena las brechas del mercado. El mercado debe manejarse de tal forma que se mitiguen todas sus fallas y la empresa debe transformarse en una verdadera asociación de productores que reúnan diferentes activos (capital, mano de obra) y compartan poder, recursos y estatus de una forma mucho más horizontal de lo que es común en la economía “capitalista” —e incluir, en su gobernanza, a otras partes interesadas tales como las comunidades locales y los proveedores—. Por desgracia, ni siquiera en las sociedades supuestamente más avanzadas el trabajador ha logrado adquirir un estatus ni unos derechos democráticos plenos en el “círculo de respeto y dignidad”, y la forma tradicional de la empresa privada es completamente anacrónica en la época del respeto y la democracia. Muchos emprendedores y líderes empresariales entienden esto: el avance hacia la “liberación empresarial” ya está en marcha.5 Reformar el propósito de la empresa para expandir su función social más allá del enriquecimiento de los accionistas tiene que venir junto con la reforma de su gobernanza. Las firmas productivas de varios tipos (corporaciones, cooperativas, empresas sociales, organizaciones de beneficencia, plataformas de intercambio, etcétera) pueden evolucionar en conjunto y ocupar diferentes nichos en la economía y el mercado laboral, con el requisito de que todas respeten la dignidad plena de sus miembros, incluidos los derechos democráticos y, en consecuencia, definan su misión social.

Entender de esta manera los mecanismos sociales y la necesidad de confiar en el mercado y en la empresa permite revisar el papel del Estado e imaginar una nueva forma de Estado de bienestar que se adapte mejor a la economía globalizada del siglo XXI. El Estado de bienestar socialdemócrata es una opción seria que debe reconsiderarse. Es una fórmula probada que ha demostrado su capacidad de funcionar en economías abiertas y promover el manejo eficiente de los recursos y, al mismo tiempo, preservar un alto grado de solidaridad social. Ciertamente, usa la disciplina del mercado abierto para mantener la productividad y la rentabilidad en niveles altos, promueve la producción eficiente invirtiendo mucho en capital humano mediante educación y servicios de salud generalizados, e incentiva la difusión de tecnologías modernas para reducir las desigualdades entre profesiones e industrias, lo que obliga a todas las empresas a ser lo suficientemente productivas como para pagar buenos salarios. Al mismo tiempo, los ciudadanos se benefician del empoderamiento que les dan la educación, la protección social, la alta cobertura sindical y el conjunto eficiente de instituciones centralizadas de servicios públicos y negociación colectiva. Al proteger a la gente, y no a los empleos, esta fórmula mezcla la flexibilidad del mercado con la seguridad económica que necesitan los hogares. Este sistema de bienestar recibe un fuerte apoyo por parte del electorado debido a que sus servicios universales cubren a una amplia gama de la población.

Sin embargo, el Estado de bienestar socialdemócrata sufre limitaciones que podrían reducir su capacidad de ser la fórmula dominante del siglo XXI. Primero, requiere una forma de negociación muy centralizada que no embona bien con las tradiciones descentralizadas de muchos países. Segundo, involucra un fuerte sentido de responsabilidad y solidaridad entre las partes negociadoras, un “ ethos de la cooperación” a nivel de la sociedad, que también podría ser difícil de exportar a países con poblaciones más diversas. La cooperación y la negociación centralizadas también podrían resultar poco familiares para las compañías trasnacionales extranjeras que invierten en tal o cual país. Tercero, sólo empodera a los ciudadanos en un grado limitado, pues los protege y por tanto les ofrece mejores posiciones de negociación, pero a nivel local no necesariamente les otorga mucha voz. En términos sistémicos, la receta socialdemócrata es una “gran negociación” entre capital y mano de obra, pero no enfrenta realmente el desequilibrio estructural de la economía capitalista.

Una forma más profunda del progreso social involucra una forma más directa de empoderamiento o, con más precisión, de emancipación, que incluye derechos para controlar la vida personal y participar, con el debido conocimiento e información, en las decisiones que afectan a los individuos en todos los grupos, las asociaciones, las comunidades y las organizaciones a las que pertenecen. La emancipación ideal requiere un Estado de bienestar que no sólo acompañe la formación de capital humano y la determinación de salarios, sino que también busque aplicar un equilibrio de poder más igualitario en todas las organizaciones, en todos los niveles.

Por lo tanto, este nuevo tipo de Estado de bienestar se concentrará menos en transferir recursos y más en otorgar derechos para acceder al poder, al estatus y al conocimiento en todas las instituciones en las que la gente participe. Esto incluye el estatus y las prerrogativas como miembros de pleno derecho en los hogares y en las asociaciones de la sociedad civil, de socios de pleno derecho en las compañías productivas, de ciudadanos de pleno derecho en los procesos participativos de la política local, nacional y supranacional. Es interesante ver que este enfoque ya se está promoviendo en algunos países en desarrollo, lo que demuestra que no es adecuado solamente en una fase de desarrollo muy avanzada, además de que puede ayudar a acelerar el desarrollo, sobre todo cuando las instituciones no son lo suficientemente maduras para el complejo mecanismo con el que se establecen compromisos que subyacen a la negociación socialdemócrata.6 Al reorganizar los procesos de toma de decisiones para empoderar a las partes interesadas locales, este enfoque también podría ser capaz de vencer la dificultad que enfrenta la socialdemocracia a la hora de hacer que las corporaciones trasnacionales se involucren en negociaciones colectivas.

La economía de las partes interesadas que vislumbra este enfoque contribuirá a conducir la innovación tecnológica en una dirección más incluyente, en particular eligiendo tecnologías más amigables con la mano de obra. Si los actores clave de la economía internalizaran mejor el impacto humano de su comportamiento por medio de su propia gobernanza incluyente, la globalización y la innovación tendrían, de manera natural, una cara más humana. Las organizaciones democráticas, también de manera natural, tienen brechas más pequeñas entre los salarios más bajos y los más altos de su nómina, con lo cual reducen la necesidad de redistribución estatal. Entre más “predistribución” haya, menos redistribución se necesita.

Esto no significa que el nuevo Estado de bienestar —más que uno “de bienestar”, uno “emancipador”— no deba brindar seguridad económica en forma de una red de seguridad. La economía de mercado también genera demasiados riesgos para las ganancias individuales. Como demuestra la fórmula socialdemócrata, tener la subsistencia y los servicios básicos garantizados es una forma de liberación y de protección a la hora de negociar con los socios comerciales. Pero en lugar de distorsionar la economía imponiendo cargas fiscales principalmente al trabajo, el Estado puede impulsar la eficiencia de la economía y obtener ingresos gravando o poniendo precio a las externalidades7 y a los ingresos. Es poco probable que esto baste, pero sí puede reducir sustancialmente el papel de los impuestos distorsionadores. Esto, una vez más, contribuiría a orientar la innovación tecnológica hacia una dirección más útil socialmente, porque los precios de los insumos (incluidos los impuestos) se reflejarían mejor en los efectos sociales de las decisiones sobre procesos y productos. Gravar el ingreso puede contribuir con el enfoque de aumentar la eficiencia. Los ingresos no laborales son ingresos que no recompensan la contribución productiva, sino sólo la posesión de los recursos escasos o las posiciones exclusivas en un mercado. Reducir el valor neto de poseer tales activos mediante impuestos contribuirá a reducir las actividades inútiles que “buscan rentas”, en las que los agentes económicos se esmeran en asegurar tales posesiones.

Esta nueva economía de mercado democrática es compatible con fronteras abiertas al comercio y a la inversión de capitales, pero podría exponerse a padecer el fenómeno del polizón, en el que otros países ofrecen tratos más ventajosos a los inversionistas, gestores y trabajadores calificados. Sin embargo, la única restricción real, con respecto a la fuga de capitales, es garantizar el mismo nivel de rentabilidad del exterior, y cualquier empresa productiva que solicite inversiones de capital o cualquier banco que pida préstamos en los mercados internacionales podría tratar tal restricción de la misma forma que un impuesto. Incluso los ejecutivos de las empresas, acostumbrados a un poder y unas ventajas extravagantes, se pueden acostumbrar fácilmente a los nuevos retos y a los gozos más profundos de la gestión democrática, al igual que no hay escasez de políticos en las democracias, a pesar de que sus privilegios sean considerablemente menores que los de los tiranos. La expansión de la cultura democrática en muchos lugares ya está volviendo incómoda la situación de los anticuados directores ejecutivos. Igualmente, los trabajadores altamente calificados pueden verse tentados por los mayores salarios de otros países, pero hay ventajas reales en un ambiente laboral amigable y en una sociedad cohesionada, cosa que convencerá a muchos de quedarse en su lugar de origen.

Este Estado emancipador es compatible con las instituciones descentralizadas, a diferencia del tipo socialdemócrata, y no impone una vigilancia política sobre la economía. También es contrario al enfoque socialista autoritario. En cambio, inculca la política por medio de todas las instituciones y las asociaciones para que cada ciudadano se involucre más en las decisiones en todos los niveles. El mismo movimiento emancipador debería transformar la “política” estándar: ésta seguirá siendo una importante esfera de la sociedad pero necesita algunas reformas clave en la deteriorada situación actual de las llamadas “democracias avanzadas”. Tal deterioro está asociado con las crisis sociales y con la creciente desconfianza de la población. Los populistas acusan a la democracia representativa de no dar suficiente voz a quienes sienten que fueron dejados atrás. El remedio se busca en una democracia más directa sin ver el peligro que ello enfrentará. La democracia directa tiende a debilitar la democracia en lugar de fortalecerla, pues corre el riesgo de marginar o de silenciar las posturas de las minorías y, por lo tanto, de abrir la puerta a regímenes autoritarios. Otra tendencia preocupante está asociada con la omnipresencia de los medios de comunicación, incluidas las redes sociales. La política se ha vuelto un escenario público, dirigido por encabezados llamativos y por mensajes de Twitter.

Se pueden identificar elementos clave de algunas reformas que pretenden democratizar las democracias. Tienen que ver con el financiamiento de la política, con los medios de comunicación, con las reglas electorales, con las formación de partidos y con la distribución del poder dentro y entre las instituciones estatales. Tales reformas, en particular, frenarían la tendencia actual hacia la polarización política y serían muy útiles para aumentar la calidad de la deliberación sobre las políticas públicas. También es importante reconocer que la calidad de la política democrática y el grado de cohesión social son sumamente interdependientes. Trabajar por una sociedad más incluyente hace avanzar la causa de una democracia que funcione mejor. Las instituciones políticas son muy vulnerables a la corrupción, que genera la disgregación social, y la mejor salvaguarda de los principios democráticos es una sociedad abierta y cohesionada con desigualdades limitadas.

La visión que aquí se defiende implica que la oposición entre ideologías promercado y progobierno es equivocada. Se necesita tanto un mercado muy vivo como salvaguardas fuertes, garantizadas por el gobierno y la sociedad civil, para limitar el efecto de las fallas de mercado y para empoderar a la gente, al igual que se necesita una democracia política muy viva y salvaguardas contra las fallas de la política democrática y las acciones gubernamentales. Más importante aún, la supuesta oposición entre mercado y gobierno esconde el papel central de la empresa, que no es el de un conjunto de mercados ni el de una institución pública, sino que juega un papel clave en el tejido social, junto con otras instituciones de la sociedad civil. La compañía privada tradicional históricamente ha sido un factor importante de progreso económico y social, pero también ha sido fuente de muchas adversidades sociales y externalidades negativas. Puede convertirse en un factor mucho más positivo de progreso social.

¿Cómo podría convertirse en realidad esta visión de una sociedad mejor? Se puede hacer mucho mediante iniciativas locales. Por ejemplo, muchas ciudades han desarrollado mecanismos participativos, muchas empresas tienen estructuras administrativas horizontales e incluso democráticas, y lo mismo se puede decir sobre los cambios en las normas de comportamiento en los hogares, las ONG y las comunidades religiosas. El enorme potencial que ofrecen las recopilaciones de datos responsables y cuidadosas, así como su procesamiento, que se está convirtiendo con rapidez en la fuente para que las empresas desarrollen nuevos modelos de negocios y expandan sus servicios, aún no se han aprovechado para incluir a los ciudadanos y no sólo a los consumidores y clientes. El Estado también necesita cambiar si quiere convertirse en un Estado emancipador, y esto conlleva problemas difíciles en una economía globalizada en la que las compañías trasnacionales y los mercados financieros ejercen tanta presión sobre la política nacional. Por eso la fuerza de los movimientos de base será esencial para desatar un cambio real en las instituciones, y el Estado será el último garante de los derechos de todos, derechos que muchos ya habrán disfrutado de manera informal gracias a iniciativas locales, de abajo hacia arriba. El giro cultural que se citó antes es un conductor clave de este movimiento y necesita impulso. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU están cuidadosamente estructurados en torno a la noción de una “vida digna”, pero siguen siendo bastante vagos con respecto a las reformas institucionales. Este libro pretende convertir ese conjunto de objetivos visionarios en una fuerza verdaderamente transformadora.

PUNTOS PRINCIPALES

Siguiendo la narrativa de este libro, tal como se resumió en la sección anterior, los mensajes clave se pueden formular de la siguiente manera.

1] EN LA CIMA DE LAS POSIBILIDADES, ESTAMOS ANTE UN ABISMO: en los últimos siglos, una proporción considerable de la humanidad ha salido de la pobreza, cosa que es extraordinaria, pero, en las siguientes décadas, seguir haciendo lo mismo de siempre será catastrófico. Las desigualdades y la degradación ambiental generan cada vez más daño físico, institucional y moral, y cada vez hay más conflictos y consecuencias políticas destructivas. El Antropoceno es una época en la que hacer lo mismo de siempre puede desencadenar una reacción negativa que lleve a la destrucción de gran parte de nuestros logros colectivos y, posiblemente, a la extinción de nuestra especie. El tiempo se está acabando y se necesita llevar a cabo una acción colectiva muy pronto. Además, tenemos muchas oportunidades de mejorar las instituciones y hacer que funcionen en beneficio de la población. Tales oportunidades provienen de que entendamos mejor lo que funciona y de que contemos con mejores tecnologías que faciliten la coordinación y la posibilidad de compartir información.

2] DEBERÍAMOS USAR LA GLOBALIZACIÓN Y LA TECNOLOGÍA EN BENE-FICIO DE TODOS: la globalización y el cambio tecnológico son conductores importantes de los cambios actuales. En particular, perturban muchas vidas, pues ofrecen grandes oportunidades a unos cuantos y minan la forma de vida de otros. Además, la economía se ha salido de control porque, desde la década de 1980, la regulación de las instituciones ha estado bajo la influencia de una enérgica directriz promercado (más actores privados, menos regulación, supervisión deficiente) y no están a la altura de la acción económica. Ahora, muchos ciudadanos se ven tentados por las sirenas autoritarias o por la demagógica promesa de volver en el tiempo, volviendo a alzar barreras y estimulando conflictos interculturales. La innovación tecnológica también ofrece la aterradora perspectiva de la tecnología invasiva y la vigilancia omnipresente, así como los sospechosos intentos de mercantilizar o transformar a los seres humanos. El mensaje clave aquí es que la dirección y las formas de la globalización y del cambio tecnológico están moldeadas por instituciones y políticas públicas, así como por grupos de actores, y se pueden reorientar hacia las necesidades humanas con el fin de servir y no de minar el progreso social.

3] DEBERÍAMOS VOLVER A PONER A LA GENTE AL MANDO: los modelos tradicionales de economía de mercado y de Estado de bienestar no están funcionando bien porque los mercados fracasan de muchas formas que no están siendo atendidas, y las políticas gubernamentales buscan proteger a los ciudadanos pero sin empoderarlos realmente, manteniendo a demasiada gente en una situación de gran dependencia con respecto al mercado laboral, a sus patrones y a los servicios públicos. La dignidad se proclama en la mayoría de los países como un derecho igualitario para todos los ciudadanos, pero mucha gente sigue padeciendo severas desigualdades raciales, de género, religiosas y socioeconómicas y viven en la humillación y el miedo. Vale la pena desarrollar una nueva forma de mercado democrático que combine protección y servicios básicos universales, gobernanza entre todas las partes interesadas de las organizaciones económicas y en especial de las empresas (que las ayude a internalizar mejor los impactos de sus actividades y a cambiar el propósito de la empresa), y manejo comprehensivo de las fallas de mercado (gravar las externalidades y los ingresos no laborales en lugar del trabajo puede generar ingresos y, al mismo tiempo, aumentar la eficiencia). El enorme potencial inherente a las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial y el aprendizaje automático, los modelos de simulación basados en agentes y otras formas de lidiar con sistemas complejos, todavía pueden aprovecharse para otros fines que no sean aumentar las ganancias de las grandes corporaciones, las cuales están cerca de adquirir el monopolio de su uso. Las instituciones políticas, que ahora están bajo presión excesiva por parte de intereses particulares, también se podrían reformar para poner a los ciudadanos en una mejor posición para deliberar con energía sobre las políticas públicas. Esto encaja con la tendencia actual de aumentar la autonomía individual y responde a nuestra mayor comprensión de los problemas de acción colectiva.

4] SE NECESITA UN MOVIMIENTO DE BASE: el papel del Estado nación sigue siendo importante, pero ya no podemos contar sólo con el Estado y con las políticas nacionales. La presión popular es una condición importante para la transformación esperada, pues los intereses arraigados son fuertes. Además, como la meta de esta nueva sociedad democrática es que todo mundo tenga el control de su propia vida, lógicamente ésta será, en gran parte, una revolución de “hágalo usted mismo”. Todos podemos cambiar nuestro comportamiento, como miembros de una familia, como consumidores, como inversionistas, como trabajadores, como ciudadanos, y promover estilos de vida y organizaciones que tomen más en cuenta las externalidades y respeten más la dignidad y la autonomía de todos —está sucediendo un gran cambio cultural en ese sentido—. Además, el grado de conectividad ahora permite que el conocimiento circule y que se coordinen la gente, las organizaciones y las comunidades de todo el mundo, lo que hace que se multiplique la efectividad de las acciones de la sociedad civil. La educación, los medios de comunicación abiertos y las deliberaciones democráticas extendidas serán esenciales para permitir que los ciudadanos desempeñen un papel central en la transformación de las sociedades.

Notas al pie

1 Véase IPSP (2018c: capítulo 22) para un resumen de cómo la formulación de políticas públicas ha sido influida por ideas provenientes de las ciencias sociales.

2 Una discusión detallada de los valores y los principios del progreso social se encuentra en IPSP (2018a: capítulo 2).

3 El Antropoceno sigue siendo una idea debatida. Algunos sugerirían que empezó con la agricultura, hace más de 10 mil años, y otros, apenas con la primera explosión nuclear durante la segunda Guerra Mundial. Pero el término capta muy bien la idea de que la humanidad ahora tiene una gran responsabilidad.

4 Las externalidades son efectos paralelos de las actividades económicas (como la contaminación) para los cuales las transacciones de mercado no ofrecen incentivos apropiados, porque los que padecen los efectos no pueden negociar con quienes los causan.

5 Carney y Gertz (2016) dan muchos ejemplos de empresas que han transformado su gobernanza para que sus empleados se emancipen.

6 Véase en el capítulo 5 la presentación de la filosofía de acción de la Asociación de Mujeres Autoempleadas (India).

7 Como los precios de mercado no incentivan espontáneamente las decisiones privadas, se necesita un precio artificial, ya sea en forma de impuestos o de un mercado ad hoc de permisos.

Parte I

1. Éxitos globales y catástrofes inminentes

En muchos sentidos, las tres cuartas partes de siglo posteriores a 1945 fueron una época dorada para el mundo. De entrada, no hubo una conflagración global similar a la segunda Guerra Mundial. Ha habido una tendencia de largo plazo de aumento del ingreso promedio, impulsada por el incremento del comercio y de la innovación tecnológica. El crecimiento del ingreso estuvo acompañado por la disminución de la pobreza mundial en su conjunto. China registró la reducción de la pobreza, por lo que toca al ingreso, más espectacular de la historia humana. Los indicadores globales de desarrollo humano como escolarización, mortalidad infantil, mortalidad materna y esperanza de vida han mejorado de forma indiscutible comparados con los de hace siete décadas. Ha habido una constante expansión de la democracia, con una ola de descolonizaciones en la primera mitad de ese periodo, y la caída del comunismo y de muchas dictaduras en la segunda. La posición de las mujeres en las estructuras de gobierno ha mejorado, aunque lentamente, y los derechos civiles han avanzado en muchas partes del mundo.

Pero el exitoso desempeño global, en general y en promedio, esconde profundos huecos de progreso lento, incluso con retrocesos. La cifra absoluta de pobres en África ha aumentado, pues el crecimiento económico no ha seguido el ritmo del crecimiento poblacional. La peor crisis económica desde la década de 1920 golpeó al mundo en 2008, un golpe del cual la economía mundial se sigue recuperando. Aunque la desigualdad entre individuos en el mundo en su conjunto ha caído por el rápido crecimiento de China, la desigualdad en los países desarrollados como Estados Unidos ha aumentado abruptamente, en especial durante los últimos 30 años. Ese aumento en la desigualdad combina ingresos muy altos en las altas esferas con declives relativos en los sectores medios y bajos de la distribución del ingreso, pues muchas industrias y ocupaciones tradicionales han sufrido fuertes presiones. Esos dos rasgos —el rápido crecimiento de algunos países pobres y el rápido aumento de la desigualdad en los países ricos— están relacionados con el avance de la globalización y de la tecnología, y con la forma en que los actores y las instituciones han orientado tales procesos. La brecha relativa entre países ricos y países pobres se ha cerrado, una vez más, por el rápido crecimiento de países como China, la India, Vietnam y otros, pero la brecha absoluta es grande y sigue aumentando.

FIGURA 1.1. Mil años de crecimiento económico global


NOTA: el ajuste en la paridad de poder de compra (PPC) sigue el valor real de las divisas en mercados nacionales.

FUENTE:www.gk1world.com/NewOurVision.

La degradación ambiental y el uso excesivo de agua han aumentado y el cambio climático añade más presión a los ecosistemas en una dimensión escandalosa. Aunque la democracia formal haya avanzado y no ha habido guerras a gran escala, los conflictos de menores proporciones han aumentado, algunos de ellos ocasionados por la escasez de recursos. El aumento del terrorismo en los albores de tales conflictos ha desestabilizado el entorno político, normalmente tranquilo, de muchos países. Una combinación de conflictos, degradación ambiental y desigualdades entre naciones ha aumentado de manera significativa la presión migratoria de refugiados que buscan seguridad y migrantes económicos que buscan una vida mejor. El aumento de la presión, a su vez, ha producido una reacción violenta en los países receptores de migrantes, sobre todo aquellos donde los ingresos medios y bajos se han contraído por las fuerzas del comercio y de la tecnología. En las democracias establecidas, los procesos políticos formales han puesto en el escenario a líderes y discursos animados por la xenofobia y con una fuerte vena autoritaria. Los líderes de opinión no han temido hacer comparaciones con la turbulenta década de 1930, cuando la inseguridad frente a los rápidos cambios llevó al auge del fascismo en algunos países. Incluso ya no parecería ciencia ficción pensar que Estados Unidos pudiera tener un gobierno protofascista, racista y xenófobo que simpatizara con los regímenes autoritarios del mundo y con una diplomacia voluble que pudiera provocar una escalada nuclear.

Por lo tanto, conforme nos acercamos a la tercera década del siglo XXI, resultan palpables la confusión y la aprehensión de la población a pesar de todos los logros de los últimos tres cuartos de siglo. El miedo es que el progreso de largo plazo de la humanidad se descarrile en las próximas décadas conforme las crecientes presiones sobre la equidad, la sostenibilidad y la democracia se influyan unas a otras, y que las tensiones resultantes destrocen el tejido económico, político y social. Los éxitos de los últimos 75 años no deberían esconder que ahora estamos al borde de un abismo. Si logramos sobrepasar el obstáculo con éxito, las probabilidades de que continuemos con un progreso social de largo alcance son buenas. Pero es importante asomarse al abismo para entender cómo hay que cruzarlo.

ÉXITOS GLOBALES

Antes de asomarnos al abismo, veamos brevemente el reciente progreso en retrospectiva. Durante el último milenio, el PIB per cápita real global aumentó más de 15 veces. La figura 1.1 muestra el PIB mundial en los años 1000, 1600 y después, cada cuatro años a partir de 1820 y hasta 2008. El primer despegue llegó con la Revolución industrial en el siglo XIX, pero la verdadera aceleración llegó tras la segunda Guerra Mundial. Las tres décadas posteriores a ese conflicto se han llamado “la época dorada del capitalismo”, pero para el mundo en su conjunto las seis décadas previas a la crisis de 2008 también fueron una época dorada. Debieron pasar mil años para que el PIB per cápita mundial se multiplicara por 15, pero sólo 60 años para multiplicarse casi al cuádruple entre 1950 y 2008.

Las cifras para los países a nivel individual representan el patrón global del éxito. Para 1945, el PIB per cápita del Reino Unido era más de 15 veces su valor en el año 1000, gracias a la Revolución industrial del siglo XIX; en sólo 60 años tras 1945, su PIB per cápita aumentó más del triple. En 1978, al inicio del proceso de reformas, el PIB per cápita chino apenas duplicó el nivel que tenía en el año 1000 pero 30 años después ya era seis veces mayor a su valor de 1978. Al momento de su independencia, en 1947, el PIB per cápita de la India era 20% superior a su valor mil años antes; durante los 60 años posteriores a su independencia, aumentó casi cinco veces.1

FIGURA 1.2. Tres décadas de reducción de la pobreza


FUENTE: Banco Mundial, Grupo de Investigaciones sobre el Desarrollo.

Por supuesto que se critica el uso del PIB per cápita por ser un promedio, pues esconde la desigualdad y la pobreza. Desafortunadamente, los datos distributivos no se remontan tan lejos, pero la información que tenemos también sugiere un patrón de éxito a nivel global en las últimas tres décadas. Para el mundo en su conjunto, ha habido un espectacular declive de la pobreza (véase la figura 1.2). La proporción de gente en extrema pobreza —el porcentaje de la población por debajo de un nivel de consumo de $1.90 dólares al día— se desplomó de 42% en 1981 a 11% en 2013. Esta caída tan pronunciada se debió sobre todo al éxito de China, donde la pobreza ha disminuido drásticamente desde el inicio del proceso de reformas. Algunos lo han llamado el desempeño más espectacular de la historia de la humanidad por lo que toca a la pobreza, pues muchos cientos de millones de personas han salido de esa situación en el transcurso de tres décadas. Se pueden ver patrones similares para muchos países asiáticos como la India tras 1991, Bangladesh en las décadas de 1990 y 2000, y Vietnam luego del año 2000. Por supuesto que la reducción de la pobreza no es uniforme (como discutiremos más adelante), pero el declive de la pobreza a nivel mundial y en los mayores países debe valorarse como un éxito global de las últimas décadas.

FIGURA 1.3. Medio siglo de indicadores sociales


FUENTE: Base de datos del Banco Mundial.

Los datos de las gráficas 1.1 y 1.2 dan una visión monetaria del bienestar, la cual ha sido criticada, con razón, por ser demasiado acotada. ¿Cómo se han desempeñado en el mundo otros indicadores que capturan distintas dimensiones del desarrollo humano? La figura 1.3 presenta datos globales sobre cuatro de esas dimensiones: escuela primaria terminada, mortalidad infantil, mortalidad materna y esperanza de vida.

Es clara la drástica mejoría en todas esas dimensiones durante el último medio siglo. La esperanza de vida ha aumentado de menos de 50 años en 1960 a más de 70 medio siglo después. Este incremento fue apuntalado por una reducción de la mortalidad infantil que se redujo de una tasa de alrededor de 120 muertes por cada mil nacidos vivos a 30 en el mismo periodo. La estimación de la mortalidad materna ahora representa sólo poco más de 200 muertes por cada 100 mil nacidos vivos. Esta cifra sigue siendo muy alta, pero bajó en comparación con la tasa de casi 400 muertes hace un cuarto de siglo.2 Por último, la tendencia de la tasa de la escuela primaria terminada también es impresionante en el mundo. La tasa ha aumentado de 74% en 1970 a 90% en la década de 2010. En todas esas dimensiones de desarrollo humano, por lo tanto, el mundo muestra éxitos en promedio y en el largo plazo.

Los indicadores no asociados al ingreso que se presentan en la figura 1.3 no captan otros aspectos del progreso social, en particular los relacionados con la democracia. La figura 1.4 presenta algunas tendencias y patrones de dicha dimensión. El primer indicador es, de manera bastante simple, el número de países que son miembros de la ONU. La cifra se duplicó: pasó en 15 años de 51 países en 1945 a 102 y se triplicó la cifra original 30 años después. Esto refleja las olas de descolonización de las décadas posteriores a la segunda Guerra Mundial, lo que representó una luz para el progreso social gracias a las independencias y la autodeterminación de las ex colonias.

Pero la independencia de las antiguas potencias coloniales no necesariamente significa democracia dentro de los países. La figura 1.4 muestra el número de democracias existentes en el mundo, de acuerdo con la categorización de Polity. Lo anterior representa un aumento constante que coincide con las oleadas de descolonización que también se reflejan en el número de miembros de la ONU. Pero vino una ola posterior tras la caída del Muro de Berlín en 1989, cuando el número de democracias saltó de 49 a 56 y luego a 67; este número siguió aumentando conforme la ola se extendió hacia África en la década de 1990. Por supuesto, la democracia formal no significa necesariamente participación popular en el gobierno, lo cual depende de muchas cosas, como el acceso a la información, que ha avanzado muchísimo durante las últimas dos décadas gracias a la propagación de los teléfonos celulares y al creciente contacto social, así como a la coordinación que esto ha permitido. Se dice que la Primavera Árabe se apoyó en Facebook y en Twitter. Las estimaciones indican que la cantidad de gente que usaba redes sociales en 2010 era de mil millones, número que llegó a ser de más del doble en los siguientes cinco años.

FIGURA 1.4. Descolonización y democracia


FUENTE: www.un.org/en/sections/member-states/growth-unitednations-membership-1945-present/index.html (miembros de la ONU); www.systemicpeace.org/inscr/p4v2015.xls (número de democracias).

TENDENCIAS Y PATRONES ALARMANTES

Por lo tanto, en general y en promedio, muchos indicadores del progreso social han mostrado tendencias positivas en el periodo posterior a la segunda Guerra Mundial. ¿Por qué, entonces, hay inquietud y aprehensión sobre lo que se avecina para el mundo? Hay otras tendencias y patrones mucho más alarmantes que motivan el trabajo del Panel Internacional para el Progreso Social. Empecemos con el crecimiento del ingreso per cápita, que ha mostrado fuertes tendencias positivas como promedio global. Esto esconde el pobre desempeño en algunos países respecto al espectacular desarrollo de países como China, la India y Vietnam. Muchos países, sobre todo en África, están sumidos en conflictos armados y claramente no tienen crecimiento de ningún tipo —de hecho, ni siquiera tienen datos de crecimiento disponibles: los servicios estadísticos están entre las primeras pérdidas cuando hay fragilidad en un Estado.

FIGURA 1.5. Pobreza en África subsahariana


FUENTE: Banco Mundial, Grupo de Investigaciones sobre el Desarrollo.

La figura 1.5 subraya un patrón escondido que podría perderse en los promedios globales. Ya hicimos énfasis en la reducción de la proporción de gente que está por debajo de la línea de la pobreza en el mundo en su conjunto, debido a la espectacular reducción de este problema en China. La figura 1.5 muestra la evolución de la pobreza en África subsahariana, que presenta un declive en los últimos 20 años —otra historia de éxito—. Pero veamos la cifra total de gente pobre en África: aunque la proporción de africanos pobres haya caído, la cantidad total ha aumentado en más de 100 millones en el último cuarto de siglo debido al crecimiento poblacional. La proporción decreciente de pobres podrá ser reconfortante, pero el aumento en números absolutos es preocupante, y además es una fuente de presión migratoria y una plataforma para la insatisfacción interna.

Si la caída en la proporción de pobres fuera lo suficientemente rápida, contrarrestaría el crecimiento poblacional y la cantidad total de gente que vive en pobreza disminuiría. Una razón por la cual la proporción de pobres no está cayendo lo suficientemente rápido, no sólo en África sino tampoco en otros lugares, es el aumento de la desigualdad. Cuando las desigualdades aumentan, los frutos del crecimiento no se diseminan a nivel general y el poder del crecimiento para reducir la pobreza se ve afectado, a veces de forma severa. Por lo tanto, hay un círculo vicioso cuando la pobreza a su vez retrasa la transición demográfica hacia tasas de natalidad más bajas. Los patrones de cambio de la desigualdad en el mundo han sido diversos en las últimas tres décadas.3 Latinoamérica ha vivido un declive en la desigualdad gracias a útiles políticas públicas, aunque la desigualdad sigue siendo alta para los estándares mundiales. Asia, por otro lado, ha tenido un crecimiento de la desigualdad en varios países, incluidos China y la India. Una estimación dice que, si el crecimiento asiático se hubiera dado sin un aumento en la desigualdad, 240 millones más de personas habrían salido de la pobreza (Banco Asiático de Desarrollo, 2012). Finalmente, por supuesto, la desigualdad ha aumentado en muchos países ricos, especialmente en Estados Unidos, donde, tras un largo periodo de caída de la desigualdad después de la segunda Guerra Mundial, la proporción del ingreso del 10% más rico pasó de ser de alrededor de 35% a cerca de 50% en un cuarto de siglo, a partir de la década de 1980 (Piketty, 2014).

Las tendencias de crecimiento nacional y de cambios en la desigualdad nos han legado un notable patrón de cambio en la distribución global, como se muestra en la figura 1.6. La gráfica muestra el crecimiento del ingreso para cada posición en la distribución global de ingresos en el periodo de 1988 a 2008. La forma de la curva capta gran parte del discurso político actual. Los ganadores han sido los súper ricos globales y quienes están en los percentiles4 del 10 al 70 de la distribución del ingreso mundial. Los perdedores han sido los que están entre el 75% y el 95% más alto de la población mundial, que son precisamente las clases medias y medias bajas de Estados Unidos, Reino Unido y otros países ricos. La elección de Trump, gracias a la clase blanca trabajadora del Estados Unidos rural, y el triunfo del Brexit en el Reino Unido, por aquellos que se encuentran en la parte más baja de la distribución del ingreso, son algunas de las consecuencias políticas concretas de la famosa “curva del elefante” presentada en la figura 1.6.

FIGURA 1.6. Curva de incidencia del crecimiento global, 1988-2008


NOTA: un punto en la curva representa el crecimiento, entre 1988 y 2008, del ingreso disponible en una posición particular en la distribución.

FUENTE: Lakner y Milanovic (2015). Datos disponibles en go.worldbank.org/NWBUKI3JPO.

La desconexión entre proporción de pobres y número total de gente en pobreza que se muestra en la figura 1.5 está causada, por supuesto, por la alta tasa de crecimiento poblacional en África. La tasa de crecimiento de la población mundial está descendiendo, pero la población mundial no. Ahora alcanza los 7500 millones de personas y se proyecta que crecerá a 8000 millones en la siguiente década y a 9000 millones en las siguientes dos décadas.5 El crecimiento poblacional a largo plazo es una medida de éxito global: ahora el planeta puede albergar algunos miles de millones más que antes. Pero hay otra cara de la moneda. El crecimiento poblacional y las tendencias demográficas clave son las realidades con las que tendrá que lidiar el mundo en los próximos años. La presión ambiental y migratoria por los recursos, que se deriva del aumento poblacional, ya se está sintiendo, en particular en ciertas regiones del mundo: a África le corresponderá más de la mitad de los 2000 millones de personas en que se calcula que aumentará la población global en los siguientes 30 años.6

FIGURA 1.7. Seis décadas de envejecimiento en el mundo


FUENTE: Base de datos del Banco Mundial.

El perfil de edad de la población ha cambiado y seguirá cambiando con rapidez. La mediana de la edad de la población mundial era de 22 años en 1980 y será de 35 años en 2045.7 La figura 1.7 muestra que la proporción de la población de 65 años o más ha crecido en el mundo en su conjunto, pero particularmente en los países ricos. El rápido aumento de la población más vieja en los países ricos, comparados con los países pobres, afectará la naturaleza de las presiones migratorias, que ya se están sintiendo: una población más joven en los países pobres está buscando trabajo y una población más vieja en los países ricos está buscando quién se ocupe de ella. En los países ricos, esto también afectará el contrato social implícito conforme crezca la razón de dependencia de la población retirada frente a la de la población en edad productiva.

FIGURA 1.8. Degradación ambiental


FUENTE: Indicadores del Desarrollo Mundial del Banco Mundial (bosques); www.nature.com/articles/srep38495/tables/1 (escasez de agua); www.stateofglobalair.org/data (contaminación del aire).

El aumento en el ingreso mundial y la caída en las mediciones de la pobreza respecto del ingreso se han celebrado mucho como un logro económico y un éxito global. Pero el verdadero concepto económico de ingreso también nos exige ver el posible agotamiento de los activos que generan ese ingreso, y asimismo nos hacemos responsables de ello. Aunque los reportes económicos nacionales sí hacen un esfuerzo por medir la depreciación del capital físico, las mediciones estándar del PIB no se refieren al estado del capital natural. Cuando se hacen tales esfuerzos, se necesitan correcciones significativas. Esto no sorprende, dados los patrones que muestra la figura 1.8. El mundo ha estado perdiendo superficie forestal constantemente y las presiones por obtener agua han aumentado por la extracción de los mantos superficiales y subterráneos para dedicar el líquido a la agricultura y la industria. Otro activo natural es la atmósfera, que se está contaminando a niveles alarmantes. La figura 1.8 muestra un aumento de 10% de la contaminación de partículas en el último cuarto de siglo. Las posibles consecuencias para la salud por el aumento de la contaminación son una gran limitante para el éxito global por lo que se refiere al crecimiento del ingreso.

FIGURA 1.9. Emisiones de gas de efecto invernadero y cambio en la temperatura global a lo largo del siglo


FUENTE: climateactiontracker.org/assets/publications/briefing_papers/TempUpdate2017/CAT-2100WarmingProjections-2017.11.png.

Copyright © 2016 by Climate Analytics, Ecofys, and NewClimate Institute.

Por supuesto que el impacto de la contaminación atmosférica por las emisiones de gas de efecto invernadero trasciende las implicaciones de salud inmediatas. Dichas emisiones han afectado de manera significativa los patrones climáticos y lo seguirán haciendo según las tendencias actuales, como se muestra en la figura 1.9. Las previsiones de que podamos mantener el aumento de la temperatura global debajo del valor crítico de 2 °C en los próximos cien años no son alentadoras, de seguir las cosas como están, e incluso tras el Acuerdo de París no parecen ser muy promisorias en el mejor de los casos. Superar el valor crítico detonaría una espiral global de perturbaciones ambientales que amenazarían a muchas especies y, quizá, la propia supervivencia humana.

FIGURA 1.10. Migrantes internacionales (gente que vive fuera de su país de nacimiento, como porcentaje de la población mundial)


FUENTE: Centro de Análisis de Datos sobre la Migración Mundial, de la OIM.

Muchas de las tendencias globales mencionadas están ejerciendo serias presiones migratorias. En la figura 1.10 se muestran datos sobre migración transfronteriza. La cantidad de gente con el estatus de migrantes internacionales —es decir, la proporción de la población mundial que vive en un país distinto al de nacimiento— en 2015 fue superior a 3.3%, o sea unos 240 millones de personas. En 2000, la cifra era de alrededor de 170 millones, lo que significa que, durante los primeros 15 años del nuevo milenio, el flujo migratorio fue de alrededor de 5 millones de personas por año.8 A primera vista, son cifras relativamente bajas que ocultan las tensiones en torno a la migración internacional. Sin embargo:

FIGURA 1.11. Conflictos según su intensidad 1946-2016


FUENTE: IPSP (2018b).

1.los migrantes se concentran en países de destino específicos y representan una proporción mucho mayor en los grandes países receptores: 15% en Estados Unidos y Alemania, 17% en Suecia…;

2.los migrantes se concentran en las grandes ciudades; los datos muestran que en muchas de ellas representan entre 20% y 40% de la población;

3.las cifras que tenemos son cifras oficiales sobre la migración legal: la ilegal no se cuenta;

4.las cifras captan la migración exitosa y no reflejan las solicitudes de migración que se están reteniendo en los controles fronterizos.

Un posible resultado de todas las tensiones descritas en los párrafos anteriores —desigualdad creciente, degradación ambiental, presiones migratorias, etcétera— es en el aumento de los conflictos bélicos y de la violencia en todo el orbe. La figura 1.11 presenta información del Programa de Datos sobre Conflictos de Uppsala sobre la cantidad de conflictos armados. Las cifras se pueden leer de varias maneras: se podrían ver como una tendencia general hacia el aumento de conflictos desde la segunda Guerra Mundial. Sin embargo, si se analizan desde la perspectiva de mediados de la década del año 2000, se puede ver un declive, desde el pico de la década de 1980 y el de mediados de la década de 1990. Sin duda, tal es la perspectiva que Pinker (2011) y Goldstein (2011) presentaron de distintas formas. Sin embargo, como apuntan Wallensteen, Wieviorka et al. (IPSP, 2018b: 413-414), esa cifra

FIGURA 1.12. Incidentes terroristas a nivel mundial, 1970-2015


FUENTE: www.start.umd.edu/gtd/contact.

demuestra la dificultad de hacer predicciones: más o menos al mismo tiempo, se estaba gestando un conjunto de nuevos conflictos armados que, en los años posteriores, cambiaron el panorama global: grupos yihadistas islámicos tuvieron notorios avances militares que resultaron en grandes ganancias territoriales (Estado Islámico en Irak y Siria, Boko Haram en Nigeria, otros afiliados en Libia, Mali y Yemen, al-Shabaab en Somalia). El perfil de los movimientos trasnacionales coordinados, basados en la capacidad militar y en la actividad terrorista, representó un cambio real para el orden mundial existente.

Sin duda, la figura 1.12 muestra el marcado aumento del número de incidentes terroristas en todo el mundo desde inicios de la década del año 2000. Por lo tanto, el estatus de los conflictos armados en el mundo es otra de las grandes preocupaciones para contrastar con los éxitos globales en el terreno económico.

EFECTOS DE RETROALIMENTACIÓN Y MONSTRUOS A LA VUELTA DE LA ESQUINA

Las secciones anteriores identificaron algunas de las tendencias y los patrones preocupantes que deberían activar las alarmas. En particular, deberíamos desconfiar del falso sentido del progreso constante que pueden ofrecer las tendencias pasadas. Por ejemplo, la figura 1.3 muestra un incremento sostenido de la esperanza de vida, pero esconde el hecho de que ha caído en la ex URSS después de la transición, en regiones de África durante el pico de la pandemia de VIH y ahora en algunos grupos sociales de Estados Unidos afectados por ciertas disrupciones del mercado laboral. Las principales amenazas para el progreso social hoy son los riesgos sobre la cohesión social, la sostenibilidad ambiental, la paz y la democracia. Como hemos visto, el progreso en esos frentes está en duda.

Pero los efectos de retroalimentación que atraviesan estas dimensiones son particularmente alarmantes, pues hacen que empeore la espiral. Con los efectos de retroalimentación, el progreso social se enfrenta a un abismo inminente que podría tragarse los avances de los últimos tres cuartos de siglo desde la segunda Guerra Mundial. Esta sección discute algunos de esos peligrosos ciclos de retroalimentación.

Primero, los pronósticos ambientales dependen de brechas de desarrollo y de las reacciones que éstas inducen. Aunque, en términos relativos y en promedio, los ingresos de los países más pobres han ido aumentando más rápido en comparación con los de los ricos, la brecha en términos absolutos sigue siendo muy grande (figura 1.13). En 2015, el ingreso per cápita de la India era de 1600 dólares, mientras que el de Estados Unidos era de 56000 dólares.9 La relación de 35 a 1 es lo suficientemente grave, pero la diferencia absoluta de más de $54000 dólares también es reveladora. Aunque la India creciera a una tasa de 10% anual —pronóstico heroico—, el aumento en su ingreso sería menor al de Estados Unidos si éste creciera sólo a 1%. La comparación en dólares con paridad de poder de compra (ppc) arroja 5700 dólares en la India y 53400 dólares en Estados Unidos: es sólo un poco menos grave. Con tal desigualdad entre naciones ricas y pobres, la demanda por un crecimiento del ingreso en las naciones pobres seguirá siendo alta y los acuerdos mundiales sobre el clima estarán sujetos a esa desigualdad. Pero si la India tuviera el ingreso per cápita de Estados Unidos sin ningún cambio en las tecnologías de producción, y si tal proyección se multiplicara en todos los países pobres, las emisiones de carbono aumentarían en forma drástica, dañarían seriamente el medio ambiente y amenazarían los puntos de inflexión del cambio climático.

FIGURA 1.13. Brechas absolutas y relativas entre países


FUENTE: Proyecto Maddison.

El efecto de retroalimentación en la otra dirección, desde el cambio climático hacia la desigualdad entre países, también es revelador. Los aumentos de temperatura mejorarán las temporadas de cultivo en latitudes alejadas del ecuador, donde se localiza la mayoría de los países ricos; al mismo tiempo, se verán afectadas las previsiones para los cultivos tradicionales en los climas actualmente más cálidos conforme se vayan calentando. El efecto de la variabilidad pluvial o de los aumentos del nivel del mar quizás estén distribuidos de forma más equitativa entre las líneas costeras y los países ricos y pobres, pero el hecho más importante es que la capacidad de lidiar con el aumento del nivel del mar y con los desastres naturales también está correlacionada con la riqueza económica nacional. Así, aunque ricos y pobres se vean igual de afectados por las consecuencias del cambio climático, los pobres se empobrecerán más y la espiral de la desigualdad se agravará. La falta de sostenibilidad se agudizará si los mecanismos establecidos desde hace tiempo para la cooperación local se incumplen debido a la presión ambiental sobre el agua y los bosques.

La degradación ambiental en los países pobres, consecuencia de la pobreza misma y de las presiones poblacionales, exacerbada por el cambio climático, puede traer efectos de retroalimentación severos e intensificar la presión migratoria. La escasez de agua ya está provocando migración entre zonas contiguas, lo que eleva los microconflictos. Esto se suma a las presiones migratorias y a los flujos de refugiados causados por otras confrontaciones, y tales presiones ya se presentan en los países ricos. Esto a su vez eleva la xenofobia y el resurgimiento de la extrema derecha, lo que amenaza las estructuras democráticas en los países ricos. De hecho, el fenómeno también está muy presente en países en desarrollo como Sudáfrica y Malasia. Por lo tanto, aquí tenemos un efecto de retroalimentación que va de la insostenibilidad a las amenazas a la democracia.

El aumento de la desigualdad en países ricos, con la desaparición de oportunidades para la estabilizadora clase media, como se discutirá en el siguiente capítulo, también contribuye a la espiral en la que el aumento del ingreso y la desigualdad de riqueza empujan a la política a favorecer los intereses de los ricos mediante exenciones tributarias para empresas y personas ricas. La creciente desigualdad económica y política, por lo tanto, puede alimentarse a sí misma en las estructuras institucionales actuales. Las tendencias de largo plazo de crecimiento sin empleo, que se discuten en el siguiente capítulo, se están esparciendo a nivel global y están creando predicamentos tanto para el trabajador siderúrgico desempleado en el Medio Oeste estadounidense como para los empleados de empresas estatales chinas, además de estar generando dilemas para las naciones africanas que no pueden montarse en el “modelo de Asia del Este” para crear más empleos. Esto, junto con las presiones migratorias, está llevando al resurgimiento del nacionalismo y del proteccionismo, y a una tendencia a culpar de los problemas de cada quien a “los otros”, estén dentro o fuera del país. La pérdida de confianza en las instituciones democráticas es una consecuencia probable.

El auge del nacionalismo dificulta aún más llegar a acuerdos sobre las emisiones de carbono y el cambio climático, lo que empeora las perspectivas de sostenibilidad. Además, si se tambalea el contrato social dentro de los países ricos y los mecanismos para la gobernanza global se debilitan, también menguará la capacidad de los Estados nación para mantener la competencia en regulación ambiental y para aplicarla. La carrera hacia abajo nos llevará cada vez más a lo profundo de la espiral de degradación ambiental conforme las industrias contaminantes vayan reubicándose en países con sistemas políticos incapaces de resistirse a los incentivos privados y corporativos, y que estén dispuestos a hacer la vista gorda en cuanto a la aplicación de normas. Estas tendencias también estarán presentes en la agricultura, tal y como ya se manifiestan en la “apropiación de tierras” agrícolas en curso en África y en la lucha por los recursos naturales. Estos lastres en la sostenibilidad aprietan aún más la tuerca, pues los mecanismos señalados dan otro giro y la espiral continúa.

Son esos efectos de retroalimentación los que deberían alertarnos de la posibilidad de los “monstruos a la vuelta de la esquina”, incluso cuando las tendencias observadas parezcan benignas si las consideramos de manera aislada. La creciente polarización dentro y entre países, las fallas fiscales y el colapso de los Estados, las crisis financieras globales, las catástrofes ambientales —incluidos los riesgos biológicos—, el auge de las dictaduras y de las repúblicas bananeras, y la llegada a puntos de inflexión climáticos se hacen cada vez más inminentes en el estado actual de cosas, aun si este escenario no luce tan mal en el futuro cercano cuando se mira de cerca.

En conclusión, en los últimos tres cuartos de siglo se ha vivido un progreso social decoroso, aunque con contratiempos y lapsos significativos sin mejoría o incluso con retroceso. Pero el progreso no debería engañarnos con una falsa sensación de seguridad. La trayectoria ascendente del progreso social de las últimas siete décadas está amenazada por una cantidad de tendencias y patrones trepidantes. Tales amenazas inminentes son como un abismo que se abre en el camino del progreso social. Las amenazas en las dimensiones de la igualdad, la sostenibilidad ambiental, la paz y la democracia son algo serio en sí mismas, pero con los efectos de retroalimentación mutuos constituyen un reto sistémico para el progreso social.

Notas al pie

1 Véase IPSP (2018a: capítulo 4) para un análisis retrospectivo del crecimiento mundial.

2 Un análisis detallado de las tendencias en la salud pública global se encuentran en IPSP (2018c: capítulo 18).

3 Una presentación detallada de las tendencias de desigualdad se puede encontrar en el capítulo 3 del IPSP (2018a), y en particular en la versión en línea, más extensa (www.ipsp.org/download/chapter-3-2nd-draft-long-version). Véase también el importante informe publicado por Alvaredo et al. (2018).

4 Un percentil es la proporción de la población que está por debajo del nivel considerado: si 75% de la población está por debajo de tu nivel, tú te encuentras en el percentil 75.

5 Véase www.census.gov/population/international/data/idb/worldgrgraph.php.

6 Véase ourworldindata.org/future-world-population-growth/#un-population-projection-by-country-and-world-region-until-2100.

7 Véase ourworldindata.org/age-structure-and-mortality-by-age.

8 Véase 2015 Global Migration Trends Factsheet, International Organization for Migration, disponible en publications.iom.int/system/files/global_migration_trends_2015_factsheet.pdf.

9 Véase data.worldbank.org/indicator/ny.gnp.pcap.KD.

2. Globalización y tecnología: decisiones y contingencias

El mundo enfrenta crisis inminentes de igualdad, sostenibilidad ambiental, paz y democracia. Ciertas fuerzas y tendencias —algunas fuera de nuestro control; otras, producto de las instituciones que nosotros mismos hemos moldeado— están generando déficits en todas esas dimensiones. Los ciclos de retroalimentación de esos déficits son tales que se ha abierto un abismo potencial en el camino hacia el progreso social. Ese abismo explica el sentido de inseguridad y de aprensión que hoy se siente en el mundo, a pesar de los logros de los últimos 75 años, o sea desde el fin de la segunda Guerra Mundial.

Entre las fuerzas que guían la evolución de la economía, de la política y de la sociedad, están la globalización y el cambio tecnológico. Ninguno de las dos es un fenómeno nuevo, pero la escala y el alcance de la ola actual parecen al menos tan perturbadores como todas las anteriores en conjunto. Se podría afirmar que la humanidad ha llegado a un punto de no retorno: el cambio climático y la degradación ambiental pusieron al planeta bajo una presión inminente, y lo mismo podrían hacer las posibles consecuencias una vez que se concreten las migraciones masivas relacionadas con el medio ambiente. Ya también se volvió evidente que las respuestas institucionales a nivel global son lentas y sin duda resultan inadecuadas. Por lo tanto, enfrentamos la paradójica situación de que un mundo globalmente interconectado con los niveles más altos de desarrollo tecnológico de la historia se esté rezagando en su capacidad institucional de lidiar en forma adecuada con los retos sin precedentes que lo confrontan.

El punto principal de este capítulo es que la disrupción y las crecientes desigualdades no son consecuencias inevitables de esas tendencias transformadoras y que las instituciones adecuadas no sólo podrían aliviar los efectos negativos, sino que, de hecho, la propia dirección de las tendencias depende de las decisiones políticas y de la deliberación democrática.

No deberíamos temer ni detener la globalización y el cambio tecnológico: deberíamos controlarlos. Es cierto que las tendencias y los golpes fuera del control humano son parte del panorama —sólo la arrogancia tecnológica y política afirmaría que hemos llegado a una fase en la que todo está bajo nuestro control—. El progreso social tampoco avanza de forma unitaria y lineal, pero el fatalismo ante la globalización y las tendencias tecnológicas se debe rechazar de manera tajante.

FIGURA 2.1. Comercio mundial en porcentaje del


FUENTE: Indicadores del Desarrollo Mundial.

TENDENCIAS DISRUPTIVAS

Los historiadores han observado la aparición de varias olas de globalización en el pasado. Según la ubicación geográfica, podríamos empezar con el Imperio romano, que “globalizó” el mundo mediterráneo; luego, el descubrimiento de América llevó a intercambios de plantas, animales y minerales sin precedentes desde el “Nuevo Mundo” hacia Europa, así como a una primera ola de explotación colonial; o la más reciente ola de globalización hacia fines del siglo XIX, que se terminó abruptamente con la primera Guerra Mundial. Sin embargo, el periodo desde la segunda Guerra Mundial ha vivido aumentos significativos, si no es que drásticos, de la conectividad global en una amplia gama de dimensiones, y es esa ola de globalización la que ahora está creando tanto oportunidades como retos para el progreso social en el mundo.

Por lo común, se entiende por globalización la creciente interconexión e integración de la economía global por encima de las fronteras nacionales mediante el comercio, la inversión y la migración. El gran aumento de la interdependencia financiera global, que ha alcanzado niveles sin precedentes, está apuntalando, si no es que dirigiendo, muchos de esos desarrollos. Los flujos de bienes, capital y mano de obra han aumentado en el periodo de la posguerra, y con más fuerza en las últimas cuatro décadas.

FIGURA 2.2. Inversión extranjera directa (IED) mundial. Salidas como porcentaje del PIB.


NOTA: la IED se refiere a inversiones extranjeras que establecen o adquieren el control de actividades empresariales locales.

FUENTE: UNCTAD.

Las figuras 2.1 y 2.2 esbozan el aumento de los flujos de bienes e inversión transfronterizos. Por supuesto que hay altibajos, a veces severos, pero la tendencia general es inequívoca. Para el mundo en su conjunto, el comercio como porcentaje del PIB aumentó de alrededor de 25% a alrededor de 60% en las cinco décadas posteriores a 1960. La inversión extranjera directa (IED) en 1970 representó sólo poco más de 0.5% del PIB mundial. Llegó a más de 5% justo antes de la crisis de 2008-2009, pero se quedó aproximadamente en 2.5% en 2016, cinco veces más que el valor que tuvo cuatro décadas y media antes. Ese vasto aumento del comercio y de la IED se vio impulsado por una disminución general de los aranceles en el mundo, como se muestra en la figura 2.3, y por un aumento en la apertura de los mercados de capital, como se ve en la figura 2.4.

En el capítulo anterior ya señalamos que el aumento de los flujos de bienes y de capital ha venido acompañado de una migración económica de gente entre las fronteras —la cantidad que vive fuera de su país de origen aumentó de 170 millones a 240 millones durante los primeros 15 años de este siglo—. La figura 2.5 muestra el fuerte aumento de otro tipo de flujos de personas y el de los viajes internacionales: la cantidad de pasajeros aéreos se quintuplicó entre 1980 y 2015.

Esta integración mundial ha estimulado el crecimiento global y ha sido una plataforma para el rápido crecimiento de países pobres como China y la India. Pero también creó una presión distributiva en los países ricos, con consecuencias políticas y sociales. Asimismo, ha facilitado una carrera a la baja respecto a los estándares ambientales, en un momento en que los problemas ecológicos luchan por ganar una mayor cobertura y una instrumentación más estricta.

FIGURA 2.3. Tasas arancelarias


FUENTE: Indicadores del Desarrollo Mundial.

FIGURA 2.4. Índice de liberalización de capital


FUENTE: web.pdx.edu/~ito/Chinn-Ito_website.htm.

FIGURA 2.5. Pasajeros de transporte aéreo a nivel mundial


FUENTE: Indicadores del Desarrollo Mundial.

Al igual que la globalización, la tecnología y el progreso tecnológico están sujetos a oscilaciones, lo que permite que surjan nuevas trayectorias tecnológicas, en tanto que otras se saturan o decaen. Se inician cuando ocurre una innovación realmente radical o algún avance científicotecnológico mayor que cambia el funcionamiento de toda la economía y de la sociedad. El cambio tecnológico en los últimos 75 años ha sido espectacular. Históricamente, el cambio tecnológico en los medios de comunicación y transporte —desde embarcaciones hasta cables submarinos, desde vías férreas y electricidad hasta aviones y drones, desde contenedores hasta satélites— ha abierto infinidad de nuevas rutas y ha cambiado la naturaleza de los bienes transportados, así como la movilidad de la gente. Esto por supuesto se relaciona con los cambios descritos en las figuras 2.1 y 2.3. Más drásticamente, en las últimas cuatro décadas, la informatización y la digitalización se han esparcido a prácticamente todos los sectores de la actividad económica y a la mayoría de los aspectos de la vida diaria. Durante el último cuarto de siglo, la penetración de internet llegó a niveles exponenciales (figura 2.6), al igual que el uso de los teléfonos celulares (figura 2.7). Cerca de la mitad de la población mundial ahora está conectada a internet y las suscripciones a teléfonos celulares exceden el número de habitantes. Estos aumentos han venido acompañados de profundas caídas en el precio de las telecomunicaciones.

Resulta más que obvio que las nuevas tecnologías de la información han revolucionado las comunicaciones y han llevado a nuevas formas de organización laboral que no se vislumbraban hace poco tiempo. La automatización no sólo ya está en vías de transformar los trabajos poco calificados, sino que está haciendo incursiones en los trabajos profesionalizados. El uso de contenedores para el transporte marítimo significó que el trabajo de estibadores, intensivo en mano de obra, prácticamente ha desaparecido. La excavación a cielo abierto y los trabajos de minería, así como la automatización financiera y los trabajos de cajero de banco, son otros ejemplos de las dos caras de la acelerada marcha tecnológica que está moldeando el mundo que nos rodea. En un detallado estudio econométrico reciente sobre Estados Unidos, Acemoglu y Restrepo (2017) concluyen que un robot por cada mil trabajadores reduce la tasa de empleospoblación en alrededor de 0.18-0.34 puntos porcentuales, y los salarios en 0.25%-0.5%. La figura 2.8 muestra cómo se predice la expansión del uso de robots en el mundo: seguirá creciendo conforme a una curva exponencial en los años siguientes.

FIGURA 2.6. Suscriptores a internet en porcentaje de la población mundial


FUENTE: Indicadores del Desarrollo Mundial.

FIGURA 2.7. Suscriptores a telefonía celular (por cada 100 personas)


FUENTE: Indicadores del Desarrollo Mundial.

FIGURA 2.8. Existencias operativas de robots industriales estimadas a nivel mundial (con proyección para 2017-2020)


FUENTE: International Federation of Robotics (IFR), Robótica mundial 2017.

Una forma simple de medir los efectos de las nuevas tecnologías en el uso de la mano de obra es medir las tendencias en la intensidad de mano de obra en la producción —por ejemplo, la relación de la mano de obra con respecto al capital—. En la figura 2.9 se muestra la fuerte caída de la intensidad de la mano de obra en la producción en Estados Unidos y el Reino Unido. La proporción del ingreso de la mano de obra en el PIB es más variable y tiene una tendencia menos pronunciada; no obstante, se puede ver que cae en el largo plazo. Esos movimientos en los ingresos de los mercados también han venido acompañados de cambios en las políticas fiscales, que han favorecido al capital frente a la mano de obra, como se discutirá en el capítulo 6 (véase la figura 6.1).

El hecho de que tan profundos cambios tecnológicos se den en el contexto de la globalización hace que sea más urgente analizar los efectos interconectados que podrían tener en distintas partes del mundo, así como sus consecuencias inesperadas. Las tendencias tecnológicas no siempre han favorecido el remplazo de mano de obra básica por otra calificada ni por capital. En los 30 años posteriores a la segunda Guerra Mundial, el “milagro asiático” se basó en el avance de la industria ligera con tecnología intensiva en mano de obra. Pero el rumbo ha cambiado en la últimas tres décadas conforme los avances tecnológicos y organizacionales han optado por el ahorro de mano de obra. La minería se ha vuelto cada vez más mecanizada, conforme los métodos intensivos en capital han ido reemplazando los empleos tradicionales de los mineros. Más importante aún, se espera que continúe la automatización de lo que una vez fueron puestos de clase media. La próxima ola de innovación no se enfocará en el trabajo manual, como en las olas previas, sino que desplazará labores “rutinarias”, ya sean manuales o cognitivas. Incluso algunos profesionistas, como abogados, médicos y profesores, podrían verse amenazados por la llegada de algoritmos, lo que añade preocupación respecto de la “desaparición de la clase media”, al menos en las economías desarrolladas. En las últimas décadas se ha visto que la creación neta de empleos se da en los dos extremos de la escala laboral, a saber, en puestos de servicios, mal pagados, que no pueden automatizarse, y en puestos altos, creativos o de supervisión. Esto se ilustra en la figura 2.10 para algunos países europeos y Estados Unidos; la figura 2.11 muestra cómo se distribuye la creación de empleos en periodos de expansión y recesión en Estados Unidos (puede verse el inicio del nuevo patrón desde 1980). Ése y otros remplazos tecnológicos han tenido un efecto drástico en los ingresos medios y medios-bajos, lo que a su vez ha elevado la desigualdad y las dificultades económicas y sociales. Incluso en países pobres, la creación de puestos de nivel bajo por cada unidad de crecimiento económico está causando preocupaciones políticas.

FIGURA 2.9. Participación laboral como porcentaje del PIB e intensidad de mano de obra


FUENTE: estadísticas de la OCDE (participación del ingreso del trabajo), www.conference-board.org/data/economydatabase/index.cfm?id=27762 (intensidad de mano de obra).

FIGURA 2.10. Desrutinización de empleos en economías desarrolladas, 1993-2006


FUENTE: Autor (2010); véase también Banco Mundial (2018) para un análisis más reciente en países europeos.

Otra forma de afirmar algunas de esas tendencias de largo plazo es observar las relaciones cambiantes entre recursos naturales, mano de obra, información y capital. Un informe sobre el futuro ambiente de la seguridad en Estados Unidos (Ausubel et al., 2015) describe un escenario posible en el que el uso futuro de los recursos naturales y la mano de obra cae, mientras que el uso de información y de capital aumenta. Los componentes estratégicos en ese escenario, que tiene un horizonte temporal hasta 2050, tienden a ser avances tecnológicos que se pueden caracterizar por ser “más pequeños, más rápidos, más ligeros, más densos y más baratos”. Tales tecnologías incluyen elementos y aspectos como sensores, precisión, autonomía, hidrógeno, pilas de combustible, motores lineales, tierras raras, impresión 3D, logística a gran escala, compartir (para incrementar el uso) y mejoras al desempeño. Sin embargo, tales sistemas tan afinados y sin desperdicio también son frágiles y entrañan riesgos. El giro predicho hacia el papel dominante que asumirán en conjunto la información (incluida la “inteligencia artificial” y el “aprendizaje profundo”) y el capital concentrado en grandes corporaciones, como las GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple), se enfoca aún más en las preguntas sobre el futuro del trabajo, en el uso de los recursos humanos y en un marco regulatorio general adecuado.

FIGURA 2.11. Crecimiento de empleos entre quintiles de salarios durante expansiones y recesiones, Estados Unidos, 1963-2016


NOTA: las recesiones usan los quintiles de la expansión anterior.

FUENTE: Wright y Dwyer (2017).

Una gran amenaza al progreso social es el riesgo de una “brecha digital”. Gran parte de la población se quedará atrás si no se le da acceso a educación y oportunidades para adquirir las habilidades que ahora se requieren. En un mundo cada vez más digitalizado, la exclusión de facto de una gran cantidad de ciudadanos significa que tampoco tendrán incentivos ni oportunidades para la participación política. La educación deficiente o nula tiene implicaciones significativas para la salud y la longevidad, medidas en años de esperanza de vida y en bienestar. Menores niveles de educación y una falta de alfabetización científico-tecnológica y de habilidades se traducen en una falta de alfabetización en genética que, por lo tanto, limita gravemente el acceso a servicios futuros de salud. La gente con baja educación quedará excluida del mercado laboral, siendo el grupo de hombres jóvenes el más vulnerable: es un riesgo no sólo para ellos sino para toda la sociedad.

La tecnología y la globalización se encuentran en el plano internacional, donde las alineaciones y los conflictos se dan por medio de acuerdos de comercio internacional. El efecto de las nuevas tecnologías en los países ricos se ha magnificado gracias al comercio. El llamado “impacto chino” condujo a lo que equivaldría a un conjunto de minirrecesiones prolongadas en aquellas regiones de Estados Unidos expuestas al comercio con China y afectó más a aquellos con bajos salarios y educación también más baja (Autor et al., 2016). A pesar de las visiones tradicionales sobre el funcionamiento eficiente del mercado laboral estadounidense, tales segmentos de dicho mercado no se ajustaron, lo que llevó al desempleo y a la pérdida de ingreso en las partes media e inferior de la distribución del ingreso.

Queda claro que los mecanismos que han instrumentado los países ricos para manejar los golpes temporales al empleo se han visto sobrepasados por la severidad y la naturaleza prolongadas de las tendencias tecnológicas y comerciales. En Estados Unidos, por ejemplo, la Trade Adjustment Assistance [Asistencia por Ajustes Comerciales] (TAA) ha resultado inadecuada en términos del nivel y la duración del apoyo concedido. Los afectados tuvieron que empezar a solicitar incapacidades para conseguir el apoyo económico de largo plazo, con el resultado de que, bajo los términos de los programas de incapacidad, ya no pueden regresar al mercado laboral. Éste es otro ejemplo del potencial efecto desestabilizador de la tecnología y de la globalización en ausencia de políticas públicas adecuadas para lidiar con ellas.

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